4.
NOS OFRECE
SU AMISTAD
Cuenta una parábola que cierto día Confucio vio a
un
hombre atrapado por la arena movediza, y comentó:
“Esto
es prueba de que los hombres deben evitar lugares
como
éste”. Poco después pasó por allí Buda y,
al ver al pobre hombre, dijo: “Que
ésta sea una lección para los demás”,
y siguió tristemente su camino. Más
tarde pasó Mahoma por el lugar. Y
al ver que el hombre se seguía
hundiendo más y más en la
arena, dijo: “¡Ay! pobre hombre, es la voluntad
de Alá”.
Y por fin pasó Jesús por
allí. Y al ver que el hombre
ya estaba por desaparecer, se
inclinó todo lo que pudo y,
extendiéndole la mano, le
dijo: “Dame tu mano, hermano, que te sacaré de
aquí”.
Esta parábola ilustra la
extraordinaria disposición de
Jesús de tendernos su mano para
ofrecernos su ayuda y su amistad.
El te la ofrece de mil manera
diferentes. Cuando estás desorientado, El te
muestra el
camino. Cuando te encuentras abatido, El levanta
tu ánimo.
En la hora de la tentación, El es tu fortaleza.
Si estás solo o
sola, El te brinda su compañía. Así como El
cambió la vida de
tanta otra gente, puede cambiar la tuya en la
medida en que
lo necesites. El te ama, y puedes confiar en su
amor. Con San
Pablo puedes decir: “Todo lo puedo en Cristo que
me fortalece” (Filipenses 4:13).
A cierta muchacha le pidieron una vez que anotara
las
razones para elegir, o bien para no elegir, a
Cristo como su
Amigo. Pensó y pensó. Finalmente, como sólo
encontró
razones para sí elegir a Cristo como su Amigo, se
hizo cristiana de todo corazón. ¿Cuáles serían
“tus” razones?