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Lección 2

El control judicial contencioso-administrativo permite a los interesados impugnar actos administrativos que contradicen la normativa vigente, asegurando que la actuación administrativa se someta al Derecho. En España, este sistema ha evolucionado desde un modelo administrativo hacia un modelo mixto y finalmente a un sistema judicial puro, con reformas significativas a lo largo de la historia, incluida la Ley 29/1998 que amplía el ámbito de control. La jurisdicción contencioso-administrativa se integra en el Poder Judicial y abarca diversas competencias, estableciendo límites y procedimientos específicos para su funcionamiento.

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Lección 2

El control judicial contencioso-administrativo permite a los interesados impugnar actos administrativos que contradicen la normativa vigente, asegurando que la actuación administrativa se someta al Derecho. En España, este sistema ha evolucionado desde un modelo administrativo hacia un modelo mixto y finalmente a un sistema judicial puro, con reformas significativas a lo largo de la historia, incluida la Ley 29/1998 que amplía el ámbito de control. La jurisdicción contencioso-administrativa se integra en el Poder Judicial y abarca diversas competencias, estableciendo límites y procedimientos específicos para su funcionamiento.

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LECCIÓN 2 EL CONTROL JUDICIAL CONTENCIOSO-ADMINISTRATIVO (I):

NATURALEZA, ELEMENTOS, PRESUPUESTOS SUBJETIVOS Y OBJETIVOS

1.- Aspectos generales acerca del control judicial especializado de la


Administración Pública

Dictado un acto administrativo previa la tramitación del


procedimiento correspondiente o, en su caso, ante una situación de
inactividad administrativa, el Ordenamiento jurídico reconoce a los
interesados la posibilidad impugnarlo debido a su contradicción con las
normas que lo integran, de manera que no prevalezca la actuación
administrativa por encima del Derecho: en definitiva, se trata de hacer
efectivo los mandatos constitucionales consagrados en los artículos 103 y
106. Una vez analizada la vía previa en sede administrativa que se articula
a través de los recursos administrativos, procede ahora ocuparnos del
control judicial que se opera a través de los recursos contencioso-
administrativos.

Según demuestra el Derecho Comparado y, tal y como se puede


constatar en nuestra reciente Historia constitucional, los modelos de
organización del control judicial de la actividad administrativa han sido
muy diversos. De forma esquemática, ciñéndonos a los diversos sistemas
consagrados en los países de tradición continental, podemos afirmar que el
control analizado responde a algunos de los siguientes parámetros:

* sistema administrativo o francés, donde la función de control se lleva a


cabo mediante órganos que, a pesar su independencia, no se integran en la
estructura judicial. Es el caso de nuestro país vecino, donde tanto el
Consejo de Estado como los Tribunales Regionales de Apelación forman
parte de la organización administrativa;

* sistema mixto, que admite a su vez dos variantes:


a) el italiano, en el que parte de los asuntos se somete a los Tribunales
ordinarios y otra al Consejo de Estado;
b) el armónico, establecido en España en 1888 por la Ley Santamaría
de Paredes, consistente en atribuir el conocimiento y resolución de los
asuntos a unos órganos compuestos por Jueces y miembros de la
Administración.

* sistema judicial puro, donde los órganos contencioso-administrativos se


integran plenamente en la organización judicial común, servida
Derecho Administrativo IV. Grado en Derecho. Grupo 3

exclusivamente por Jueces. En el actual sistema vigente en España, una


parte de las plazas se encuentran reservadas a magistrados especialistas.

No obstante, el modelo organizativo del sistema judicial de control


de la Administración Pública en España no siempre ha respondido a un
criterio único, pudiendo rastrearse diversos parámetros estructurales. La
efectiva instauración en España del sistema contencioso-administrativo
tuvo lugar en 1845, donde se instauró un sistema de control basado en el
modelo francés a diferencia del sistema de control judicial puro que se
pretendió instaurar bajo la irregular vigencia del Texto Constitucional de
1812. La reserva del conocimiento de los asuntos a los Tribunales de
Justicia orientó la reforma liberal auspiciada a partir de la Revolución
liberal de 1868, aunque en 1875 tuvo lugar un giro moderado que volvió a
instaurar el sistema administrativo.

Los evidentes defectos que planteaba este último diseño organizativo


determinó la reforma operada a través de la Ley Santamaría de Paredes de
1888, a través de la que se implantó un sistema mixto consistente en
atribuir el conocimiento y resolución de estos asuntos a unos órganos
constituidos al efecto que se encontraban integrados paritariamente por
representantes judiciales y de la Administración.

El sistema judicial del franquismo se organizó fundamentalmente a


partir de la Ley de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa de 1956, que
reintrodujo en nuestro país el control judicial especializado. A pesar de los
numerosos elogios técnicos que ha recibido esta regulación, tras la
aprobación de la Constitución y el posterior ingreso de España en la
Comunidad Europea su reforma se hacía necesaria ya que, pese a los
esfuerzos jurisprudenciales para adaptar el texto legal a los nuevos
principios, algunos de sus preceptos resultaban ciertamente dudosos en
cuanto a su conformidad con la Norma Fundamental. Además, algunas
previsiones legales habían determinado en gran medida una situación de
generalizado colapso que tenían a la justicia administrativa al borde del
colapso: así, el bloqueo de las Salas de lo Contencioso-administrativo,
órganos de primera instancia, que dejaba en entredicho el derecho
constitucional a la tutela judicial efectiva sin dilaciones indebidas; la escasa
regulación de las medidas cautelares más allá de la mera suspensión del
acto impugnado, circunstancia que determinó un intenso movimiento
doctrinal y jurisprudencial de creación del Derecho; la precariedad del
sistema de ejecución de sentencias, que en última instancia quedaban en
manos de la Administración... Estas circunstancias, entre otras muchas,
justificaron la reforma operada por la Ley 29/1998, de 13 de julio,

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Lección 2- El control judicial contencioso-administrativo (I)

Reguladora de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa (LJCA), cuyo


análisis llevaremos a cabo a lo largo de estas dos lecciones.

2.- Naturaleza, extensión y límites

El estudio de la naturaleza jurídica de la jurisdicción contencioso-


administrativo nos conduce a considerar su carácter revisor y, en especial,
en qué medida resulta conforme a la Constitución y cómo ha enfrentado
este problema la LJCA.

La doctrina francesa había atribuido a la jurisdicción contencioso-


administrativa una naturaleza objetiva, de manera que los recursos ante ella
planteados únicamente se podían dirigir a la anulación de un acto
administrativo previo a fin de someter la actuación administrativa a la
legalidad. En consecuencia, en el proceso judicial no se enjuicia a la
Administración como sujeto sino, por el contrario, a un producto de su
actividad: el acto administrativo. Así pues, se trataba de un proceso al acto,
sin que la Administración pudiera ser condenada a hacer o no hacer una
determinada conducta, sino sólo a obtener las consecuencias del
pronunciamiento puramente declarativo sobre la conformidad del acto a
Derecho. Esta situación ha cambiado a partir de la reforma operada en
1990, de forma que el Consejo de Estado puede imponer conductas de
hacer a la Administración, incluso multas coercitivas para forzar su
voluntad.

En España, el carácter revisor de la jurisdicción contencioso-


administrativa quedaba afirmado en varios preceptos de la Ley de 1956 y,
en consecuencia, su función se encontraba limitada al enjuiciamiento de la
validez del acto impugnado, sin posibilidad de pronunciarse sobre
cuestiones que no hubiesen sido planteadas de manera formal en vía
administrativa o respecto de las cuales no existiera un previo
pronunciamiento expreso de la Administración. Sin embargo, como había
advertido la doctrina, el objeto del recurso contencioso-administrativo en la
Ley de 1956 no era realmente el acto impugnado sino, por el contrario, las
pretensiones en relación con el acto, que podían limitarse a obtener una
declaración de invalidez del acto, pero también el reconocimiento de una
situación jurídica individualizada y la imposición a la Administración de
todas las conductas necesarias para el pleno restablecimiento de la misma.

Tras la consagración del derecho fundamental a la tutela judicial


efectiva —artículo 24 CE— y el control judicial pleno de la
Administración Pública —artículo 106 CE— esta interpretación se hizo

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Derecho Administrativo IV. Grado en Derecho. Grupo 3

ineludible, tal y como confirma la propia Exposición de Motivos de la


LJCA de 1998. Así, en coherencia con la regulación constitucional, en la
vigente Ley las pretensiones se dirigen contra “la actuación de las
Administraciones Públicas”, a diferencia del artículo 1 de la anterior
regulación que se refería a los “actos de las Administraciones Públicas”: se
amplía de este modo el ámbito del control.

A tal fin la LJCA establece dos nuevos recursos: contra la


inactividad y contra las actuaciones materiales constitutivas de vía de
hecho (artículos 29 y 30), si bien su ejercicio se hace preceder de una
previa reclamación en vía administrativa con la que no se pretende
conseguir un acto administrativo, expreso o presunto, susceptible de
impugnarse judicialmente, sino ofrecer a la Administración Pública una
última oportunidad de evitar el recurso judicial.

En cuanto a la extensión de la jurisdicción contencioso-


administrativa, el artículo 1.1 LJCA alude a las pretensiones que se
deduzcan en relación “con la actuación de las Administraciones Públicas
sujetas al Derecho Administrativo, con las disposiciones generales de rango
inferior a la Ley con los Decretos Legislativos cuando excedan de los
límites de la delegación”.

Desde una consideración subjetiva, el artículo 1.2 LJCA precisa qué


se entiende por Administración Pública a los efectos del control
contencioso-administrativo, incluyendo la Administración General del
Estado, la de las Comunidades Autónomas, las Entidades que integran la
Administración Local y las Entidades de Derecho Público vinculadas o
dependientes de algunas de las anteriores, siguiendo el modelo del artículo
2.2 Ley 30/1992.

No obstante, la LJCA también extiende la competencia de la


Jurisdicción Contencioso-Administrativa al conocimiento de otros Poderes
del Estado y órganos constitucionales que en modo alguno pueden
considerarse Administración Pública: Congreso, Senado, Tribunal
Constitucional, Tribunal de Cuentas, Defensor del Pueblo, así como las
Asambleas legislativas y demás instituciones autonómicas análogas.
Igualmente, el Consejo General del Poder Judicial, los órganos de
Gobierno de los Juzgados y Tribunales y la Administración electoral. Las
actuaciones de los citados órganos constitucionales susceptibles de ser
controladas en el orden contencioso-administrativo son, sustancialmente,
las referidas a materia de personal, administración y gestión patrimonial
sujetas al Derecho público.

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Lección 2- El control judicial contencioso-administrativo (I)

Por su parte, los límites concretan el ámbito positivo (artículo 2


LJCA) y negativo (artículo 3 LJCA) de las materias que competen a esta
jurisdicción. En concreto, conocerá de las cuestiones que se susciten en
relación con:
* los contratos administrativos y los actos de preparación y
adjudicación de los demás contratos sujetos a la legislación de
contratación de las Administraciones Públicas;
* los actos y disposiciones de las Corporaciones de Derecho público,
adoptados en el ejercicio de funciones públicas;
* los actos de los concesionarios de servicios públicos cuando puedan
ser recurridos directamente ante este Orden Jurisdiccional de
conformidad con la legislación sectorial correspondiente;
* la responsabilidad patrimonial de las Administraciones Públicas,
cualquiera que sea la naturaleza de la actividad o el tipo de relación
de que derive;
* en relación con los denominados actos políticos, la protección
jurisdiccional de los derechos fundamentales, los elementos reglados
y la determinación de las indemnizaciones que fueran procedentes.

Desde una consideración negativa, no corresponden al orden


jurisdiccional contencioso-administrativo:
* las cuestiones atribuidas expresamente a otros órdenes
jurisdiccionales;
* el recurso contencioso-disciplinario militar;
* los conflictos de jurisdicción entre los órganos judiciales y los
administrativos, así como los conflictos de atribuciones en el seno de
una misma Administración Pública.
* en 2010 se añadieron a los anteriores los recursos directos o
indirectos que se interpongan contra las Normas Forales fiscales de
las Juntas Generales de los Territorios Históricos de Álava,
Guipúzcoa y Vizcaya, que corresponderán, en exclusiva, al Tribunal
Constitucional en los términos establecidos por la disposición
adicional quinta de su Ley Orgánica.

Una mención especial merece el régimen previsto para las cuestiones


prejudiciales y las incidentales (artículo 4 LJCA): son aquéllas que, no
encontrándose incluidas dentro del ámbito positivo de la jurisdicción
contencioso-administrativa, aparecen implicadas en un recurso cuyo
conocimiento sí corresponde a la misma y su previa decisión resulta
indispensable para resolverlo.

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Derecho Administrativo IV. Grado en Derecho. Grupo 3

Cuando en el curso de la tramitación de un recurso contencioso-


administrativo se suscite una cuestión de carácter civil o laboral de cuya
resolución dependa el fallo de aquél, el órgano jurisdiccional contencioso-
administrativo podrá resolverla directamente, si bien su decisión sólo
surtirá efectos en el seno del proceso del que conozca, por lo que no impide
su ulterior planteamiento ante la jurisdicción competente. Por el contrario,
será preceptiva la intervención de las jurisdicciones de carácter penal y
constitucional, así como los órganos judiciales de carácter internacional
cuando así se deriva de una obligación asumida por España en virtud del
Derecho Internacional.

3.- Elementos subjetivos

3.1 La organización jurisdiccional

La jurisdicción contencioso-administrativa se encuentra plenamente


integrada en el Poder Judicial, si bien constituye un orden jurisdiccional
especializado con órganos singularizados a cada uno de los cuales les
corresponden las competencias específicamente atribuidas por los artículos
8 y ss. LJCA:
* Juzgados de lo Contencioso-Administrativo
* Juzgados Centrales de lo Contencioso-Administrativo
* Salas de lo Contencioso-Administrativo de los Tribunales Superiores
de Justicia:
* Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional
* Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo

Dada la pluralidad de órganos que integran la jurisdicción


contencioso-administrativa se ha imprescindible el establecimiento de una
serie de reglas complementarias de las anteriores para determinar el órgano
territorialmente competente (artículo 14 LJCA):
* con carácter general será competente el órgano en cuya
circunscripción tenga su sede el órgano administrativo que dictó la
disposición o acto impugnado;
* no obstante, en materia de responsabilidad patrimonial, personal,
propiedades especiales y sanciones se deja a la elección del demandante la
competencia territorial, pudiendo elegir entre el fuero de su domicilio o la
sede del órgano;
* en materia urbanística, expropiatoria y, en general, en todos los
casos de intervención en la propiedad privada, la competencia vendrá
determinada por la ubicación de los inmuebles afectados;

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Lección 2- El control judicial contencioso-administrativo (I)

* finalmente, la regla general del fuero de la sede del órgano


administrativo se impone en todo caso cuando el acto impugnado afecta a
una pluralidad de destinatarios.

3.2 Las partes

Conviene en esta sede recordar, diferenciándolos, varios conceptos


procesales esenciales. Por un lado y como correlato de la capacidad
jurídica, de orden sustantivo, la capacidad para ser parte en el orden
contencioso-administrativo remite a las reglas procesales generales, de
modo que, es la aptitud para ser titular de derechos, obligaciones, cargas y
expectativas procesales.

Junto a ella, otro presupuesto del proceso contencioso-


administrativo, es la capacidad procesal, esto es, la capacidad para
comparecer y realizar actos válidamente en el proceso, y sobre la que el
artículo 18 LJCA dispone que la tienen ante el orden jurisdiccional
contencioso-administrativo, además de las personas que la ostenten en el
ámbito procesal civil —esencialmente, quienes estén en el pleno ejercicio
de sus derechos civiles, según el art. 7 LEC—, los menores de edad para la
defensa de sus derechos e intereses legítimos cuando dicha actuación les
esté permitida por el ordenamiento jurídico sin necesidad de que actúe la
persona que ejerza la patria potestad, tutela o curatela.

Este mismo precepto también la reconoce, aunque de forma


condicionada a una previsión legal específica, a “los grupos de afectados,
uniones sin personalidad o patrimonios independientes o autónomos”.

El tercero de los requisitos para tener la condición de parte en el


proceso es la legitimación, que supone la existencia de una particular y
concreta conexión de la parte con el objeto del proceso. Se trata de un
presupuesto del proceso, que ha de examinarse de oficio por el órgano
judicial antes de entrar en el fondo del asunto, sin que su falta tenga la
consideración de defecto subsanable.

La legitimación activa para ser parte en un proceso contencioso-


administrativo se regula en el artículo 19 LJCA, donde se establece, entre
otras previsiones:
* se reconoce a los titulares de derechos e intereses legítimos, frente a
la anterior exigencia del interés directo;
* las corporaciones, asociaciones, sindicatos y grupos y entidades a
que se refiere el artículo 18 que resulten afectados o estén legalmente

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Derecho Administrativo IV. Grado en Derecho. Grupo 3

habilitados para la defensa de los derechos e intereses legítimos colectivos


(lo que ya viene sancionado en el art. 7.3 LOPJ);
* se admite el recurso directo frente a las disposiciones generales por
parte de cualquier persona física o jurídica;
* se reconoce expresamente la legitimación del Ministerio Fiscal para
aquellos supuestos determinados por Ley;
* se permite la impugnación de las actuaciones administrativas por
parte de otras Administraciones Públicas cuando afecten a sus derechos e
intereses legítimos o al ámbito de su autonomía;
* se contempla la acción popular, aunque limitada a los casos previstos
legalmente (urbanismo, costas, patrimonio histórico...) y de la acción
vecinal en los supuestos previstos por la legislación local (artículo 170
LHL, artículo 68 LBRL);
* desde 2007 y para la defensa del derecho de igualdad de trato entre
mujeres y hombres, además de los afectados y siempre con su autorización,
estarán también legitimados los sindicatos y las asociaciones legalmente
constituidas cuyo fin primordial sea la defensa de la igualdad de trato entre
mujeres y hombres, respecto de sus afiliados y asociados, respectivamente.
Cuando los afectados sean una pluralidad de personas indeterminada o de
difícil determinación, la legitimación para demandar en juicio la defensa de
estos intereses difusos corresponderá exclusivamente a los organismos
públicos con competencia en la materia, a los sindicatos más
representativos y a las asociaciones de ámbito estatal cuyo fin primordial
sea la igualdad entre mujeres y hombres, sin perjuicio, si los afectados
estuvieran determinados, de su propia legitimación procesal. En todo caso,
la persona acosada será la única legitimada en los litigios sobre acoso
sexual y acoso por razón de sexo;
* desde 2013 y al amparo de lo dispuesto en la legislación aplicable
(Ley Orgánica 3/2013, de 20 de junio), están asimismo legitimados para
recurrir las resoluciones del Tribunal Administrativo del Deporte en
materia de dopaje, diversos sujetos: el deportista o sujeto afectado por la
resolución; la eventual parte contraria en la resolución o los perjudicados
por la decisión; federaciones y organismos nacionales e internacionales
competentes, en función del ámbito de la competición.

Por lo que se refiere a la legitimación pasiva, para ser parte


demandada en el proceso contencioso-administrativo se establecen dos
requisitos: que se trate de una Administración Pública o de alguno de los
órganos de relevancia constitucional o estatutaria cuya actuación pueda ser
fiscalizable por esta jurisdicción y, adicionalmente, que el acto o
disposición hubiere sido dictada por la referida Administración u órgano
público.

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Lección 2- El control judicial contencioso-administrativo (I)

No obstante, estas reglas generales, resulta necesario realizar algunas


precisiones:
* los particulares pueden tener la condición de demandado cuando
sus derechos e intereses pudieran quedar afectados por la estimación de las
pretensiones del demandante, adquiriendo la condición de codemandados
(artículo 21.1.b LJCA). En ese sentido, las compañías aseguradoras de las
Administraciones públicas, siempre serán parte codemandada junto con la
Administración a quien aseguren;
* en los recursos contra las decisiones adoptadas por los órganos
administrativos a los que corresponde resolver los recursos especiales y las
reclamaciones en materia de contratación a que se refiere la legislación de
Contratos del Sector Público, los citados órganos no tendrán la
consideración de parte demandada, siéndolo las personas o
Administraciones favorecidas por el acto objeto del recurso, o que se
personen en tal concepto;
* en el caso de recursos indirectos frente a reglamentos, la
Administración autora del mismo también adquiere la condición de
demandada a pesar de que el acto impugnado lo haya dictado otra
Administración Pública;
* en el caso de los procesos de lesividad, la Administración Pública
adopta la condición de demandante, mientras que la parte demandada serán
los interesados beneficiados por el acto favorable cuya anulación se
pretende (artículos 43 y 45 LJCA).

Finalmente, en relación con la postulación, si se trata de actuaciones


ante órganos unipersonales la representación mediante Procurador es
potestativa, siendo preceptiva únicamente la asistencia letrada; por el
contrario, la actuación del Procurador es necesaria en los procesos que se
sigan ante órganos colegiados. A modo de excepción, los funcionarios
públicos pueden comparecer por sí mismos en defensa de sus derechos
estatutarios cuando el objeto del proceso venga referido a cuestiones de
personal que no impliquen la separación de empleados públicos
inamovibles (artículo 23.3 LJCA).
Por lo que se refiere a la Administración Pública, la representación y
defensa de la estatal y sus organismos públicos corresponde a la Abogacía
del Estado, mientras que en el caso de las autonómicas y locales se ejerce
por los letrados de sus respectivos servicios jurídicos, salvo que designen
abogado colegiado que les defienda y represente (artículo 551.3 LOPJ).

4.- Elementos objetivos

4.1 Actividad impugnable

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Derecho Administrativo IV. Grado en Derecho. Grupo 3

Tal y como ya se indicó, el proceso objetivo al acto del que partía la


LJCA de 1956 ha quedado en gran medida cuestionado desde la
consagración del derecho fundamental a la tutela judicial efectiva, que ha
obligado a configurar el proceso contencioso-administrativo con una
naturaleza subjetiva, extendiendo su objeto a todos los aspectos de la
actividad administrativa. En consecuencia, la LJCA de 1998 ha incluido
dentro de la actividad impugnable los siguientes supuestos:

a) disposiciones administrativas de carácter general, incluyendo los


Decretos-Legislativos en la parte de los mismos que excedan los límites de
la delegación. Una de las novedades en relación con el recurso indirecto
frente a las disposiciones reglamentarias radica en la necesidad de plantear
la cuestión de ilegalidad cuando el órgano jurisdiccional que conozca de
aquél estime el recurso y la sentencia devenga firme (artículo 27 LJCA);

b) actos administrativos expresos o presuntos que pongan fin a la vía


administrativa, ya sean definitivos o de trámite, siempre que estos últimos
decidan directa o indirectamente el fondo del asunto, determinan la
imposibilidad de continuar el procedimiento, producen indefensión o
perjuicio irreparable a derechos o intereses legítimos (artículo 25.1 LJCA).
Los únicos actos administrativos excluidos del recurso son los
denominados “actos consentidos”, es decir, los que sean reproducción de
otros anteriores definitivos y firmes y los confirmatorios de actos
consentidos por no haber sido recurridos en tiempo y forma (artículo 28);

c) inactividad administrativa (artículos 25.2 LJCA y 9.4 LOPJ). A


tenor de lo dispuesto en el artículo 29 LJCA, esta vía de control se plantea
fundamentalmente en dos supuestos:
* cuando la Administración esté obligada a realizar una prestación
concreta a favor de una o varias personas determinadas en virtud de una
disposición que no precise acto de aplicación alguno o, en su caso, por
exigencia de un acto, contrato o convenio;
* cuando no se ejecuten los actos firmes, tramitándose el recurso por
el procedimiento abreviado que regula el artículo 78 LJCA;

d) vía de hecho (artículo 25.2 LJCA y 9.4 LOPJ), expresión referida


a los supuestos en que la actividad administrativa material realizada
carezca de la cobertura de un acto administrativo previo según lo dispuesto
en el artículo 97.1 LPAC-2015. En este caso, a diferencia de lo que sucede
en los casos de inactividad, el requerimiento previo a la Administración es
potestativo.

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Lección 2- El control judicial contencioso-administrativo (I)

4.2 Pretensiones procesales

Tal y como disponen los artículos 1.1 LJCA y 9.4 LOPJ, el objeto
del recurso contencioso-administrativo son “las pretensiones que se
deduzcan en relación con la actuación de las Administraciones Públicas
sujeta al Derecho Administrativo...”. Todo el proceso gira, pues en torno a
las pretensiones concretas que las partes formulan ante el órgano judicial
solicitando una actuación concreta en un sentido determinado. La
pretensión acota el contenido del proceso, fija sus límites concretos,
condiciona su tramitación y resultado, delimitando el ámbito en el que
necesariamente ha de moverse el juzgador.

Los artículos 31 y 32 LJCA distinguen cuatro clases de pretensiones:

a) declarativas: en estos casos, el demandante se limite a “pretender


la declaración de no ser conformes a Derecho y, en su caso, la anulación de
los actos y disposiciones susceptibles de impugnación”. Al actor le basta en
este caso con tal pronunciamiento y no pretende el reconocimiento y
restablecimiento de situaciones individualizadas;

b) constitutivas: configuradas como complementarias de las


anteriores. De esta suerte, además de la pretensión puramente declarativa,
el demandante “también podrá pretender el reconocimiento de una
situación jurídica individualizada y la adopción de las medidas adecuadas
para el pleno restablecimiento de la misma, entre ellas la indemnización de
los daños y perjuicios, cuando proceda”;

c) de condena, vinculadas a los supuestos de inactividad. En tal caso,


“el demandante podrá pretender del órgano jurisdiccional que condene a la
Administración al cumplimiento de sus obligaciones en los concretos
términos en que estén establecidas”;

d) mixtas, vinculadas a los supuestos de vías de hecho. En estos


casos, el demandante podrá pretender los siguientes pronunciamientos:
* que la actividad material constitutiva de la vía de hecho se declare
contraria a Derechos (pretensión declarativa);
* que se ordene el cese de dicha actuación (de condena);
* que se acuerde el reconocimiento o restablecimiento de la situación
jurídica individualizada (constitutiva).

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