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El documento aborda la necesidad de repensar la justicia desde un enfoque de género para promover la igualdad y reducir las brechas en el acceso a respuestas judiciales equitativas. Se destaca la importancia de erradicar estereotipos de género y adoptar un enfoque interseccional en las decisiones judiciales para garantizar la protección efectiva de los derechos humanos. Además, se proponen reformas estructurales en el sistema judicial argentino para incorporar la perspectiva de género y mejorar la representación y el acceso a la justicia para mujeres y personas de género diverso.
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El documento aborda la necesidad de repensar la justicia desde un enfoque de género para promover la igualdad y reducir las brechas en el acceso a respuestas judiciales equitativas. Se destaca la importancia de erradicar estereotipos de género y adoptar un enfoque interseccional en las decisiones judiciales para garantizar la protección efectiva de los derechos humanos. Además, se proponen reformas estructurales en el sistema judicial argentino para incorporar la perspectiva de género y mejorar la representación y el acceso a la justicia para mujeres y personas de género diverso.
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DEBATE [177-184] ISSN 0328-8773 (impresa) / ISSN 1853-001x (en línea)


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Repensar la justicia desde


un enfoque de géneros

" Viviana Laura Beigel


Universidad Champagnat

La perspectiva de géneros en la justicia es una herramienta metodológica que


contribuye a promover la igualdad en las prácticas y en las sentencias, pero que además
colabora en reducir las brechas que existen entre el derecho escrito y el acceso efectivo
a respuestas judiciales que aseguren la equidad. Los procesos no son neutros, sino que
están impregnados por los parámetros culturales que normalizan la discriminación
por razones de género. Por eso, repensar la justicia desde un enfoque de géneros es un
verdadero problema de derechos humanos, que obligatoriamente debe ser abordado
por los Estados que han ratificado las Convenciones Internacionales en la materia.

Una de las tareas más difíciles en estos tiempos, es la de modificar los patrones
socioculturales y los estereotipos de género que menoscaban y discriminan a las
mujeres y a las personas trans o de género diverso. La cultura patriarcal se inserta de
manera sigilosa y sutil en cada una de las actividades que desarrollamos, generando
violencias epistémicas. En palabras de Siegel (2000), los estereotipos de género
son resilientes, dominantes y persistentes. Son dominantes socialmente cuando se
articulan a través de los sectores sociales y las culturas y son socialmente persistentes
en cuanto se articulan a lo largo del tiempo.

Las prácticas cargadas de prejuicios discriminatorios no son ajenas a la justicia. Es así


como una mirada que permita hacer visibles las asimetrías de poder y las desventajas
en razón de los géneros tendrá un impacto en las decisiones que permita mejorar el
derecho de acceso a la justicia en un pie de igualdad.

La ex Reportera Especial de Naciones Unidas para la Violencia contra las Mujeres


consideró que “la persistencia de las normas culturales y sociales, las creencias
tradicionales y los estereotipos de género negativos fueron los obstáculos más
comúnmente citados por los gobiernos para el logro de la igualdad de género en
todas las regiones” (Ertürk, 2004).

Las prácticas alejadas de la debida diligencia, estereotipadas y discriminatorias


conducirán siempre a soluciones injustas y revictimizantes. Se trata de un fenómeno
estructural que es transversal a todas las instituciones y que afecta especialmente a
aquellos sujetos cuyas identidades son calificadas mediante estereotipos negativos
de género.

La Corte IDH viene desarrollando una labor intensa en la materia, identificando


estereotipos de género en diversos precedentes. Entre sus fallos, podemos citar el

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caso “Artavia Murillo y otros vs. Costa Rica”, en el que ha identificado estereotipos de
género que son incompatibles con el derecho internacional de los derechos humanos,
considerando que los mismos deben ser erradicados (Corte IDH, sentencia 28/11/12,
Párr. 302).

Para hacer realidad la tutela judicial en clave de géneros resulta fundamental diseñar
estrategias judiciales dirigidas a materializar el derecho a la igualdad ya que, si bien
está proclamado de manera formal en las normas del derecho internacional de los
derechos humanos, este principio muchas veces no se hace efectivo.

La perspectiva de géneros es una herramienta para el fortalecimiento del acceso a la


justicia, ya que permite advertir cuando las personas están atravesadas por relaciones
de poder marcadas por violencias y discriminaciones.

Debe tenerse en cuenta, además, que otros factores sociales, culturales, económicos,
étnicos o geográficos pueden afectar de manera diferenciada a las mujeres, a
las personas trans o de género diverso, produciendo situaciones de múltiple
discriminación. Por ello, en el análisis del caso, resulta fundamental identificar
adecuadamente a las partes, sus diferencias y sus asimetrías y el contexto específico
en el que se desarrolla el conflicto llevado a los tribunales.

La justicia debe aplicar un enfoque de género interseccional y sensible ante las


violaciones a los derechos humanos para evitar la desprotección debido a la falta de
recursos legales eficaces que sean acordes a los contextos y a las vulnerabilidades.
Cuando concurren y se entrecruzan diferentes categorías de discriminación, las
decisiones judiciales deberán interseccionar esas desventajas mediante un análisis
complejo para arribar a una solución que restituya los derechos vulnerados.

El desarrollo jurisprudencial de la Corte IDH, en casos como “Fernández Ortega vs.


México”, ha sido receptivo del concepto de interseccionalidad. En esta sentencia, la
Corte IDH particularmente señaló que “…el Estado al no tomar en cuenta la situación
de vulnerabilidad de la víctima, basada en su idioma y etnicidad, incumplió su
obligación de garantizar, sin discriminación, el derecho de acceso a la justicia”. En
esta sentencia, el tribunal interamericano entendió que “…es indispensable que los
Estados otorguen una protección efectiva que tome en cuenta sus particularidades
propias, sus características económicas y sociales, así como su situación de especial
vulnerabilidad, su derecho consuetudinario, valores usos y costumbres…” (Corte IDH.
Sentencia de 30/08/11. Parr 200).

La interseccionalidad es una herramienta de análisis multidimensional que tiene por


finalidad garantizar la efectiva aplicación de los derechos humanos sin perder de vista
el contexto y la experiencia discriminatoria particular. Utilizada en las decisiones
de la justicia, permitirá alcanzar una visión íntegra y específica del caso concreto en
miras de una solución reparadora.

Repensando claves para una justicia con perspectiva de géneros

La justicia argentina se encuentra en un punto de inflexión y de reformulación a partir


de la decisión política del Poder Ejecutivo Nacional de avanzar hacia reformas que,
entre otras cosas, buscan incorporar la perspectiva de géneros.

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En este marco, el Decreto 635/2020 promovió la creación de un Consejo Consultivo para el


Fortalecimiento del Poder Judicial y del Ministerio Público conformado por prestigiosos
juristas, con el fin de elaborar un dictamen con propuestas y recomendaciones. Los
expertos convocados fueron Hilda Kogan, Claudia Sbdar, María del Carmen Battaini,
Alberto Beraldi, Inés Weinberg de Roca, Enrique Bacigalupo, Andrés Gil Domínguez,
Gustavo Ferreyra, León Arslanian, Marisa Herrera y Omar Palermo.

Estos expertos propusieron un conjunto de reformas estructurales que incluyen


acciones positivas para contrarrestar el denominado “techo de cristal” en el ámbito
de la justicia, la incorporación de criterios de igualdad para el ejercicio de las
licencias laborales, la promoción de la diversidad de género, la paridad de género
y la representación federal en la integración del Poder Judicial, del Consejo de la
Magistratura y del Ministerio Público Fiscal. Se propuso, además, la realización
de diagnósticos con perspectiva de género para proponer modificaciones en las
reglamentaciones y prácticas vigentes.

Las propuestas elaboradas en este informe constituyen un gran aporte para mejorar
las desigualdades estructurales arraigadas en este poder del Estado, el que sin lugar
a duda requiere profundas modificaciones para avanzar hacia una justicia con
perspectiva de géneros.

En este marco, entiendo que las reformas estructurales necesarias para hacer efectivo el
nuevo paradigma basado en un enfoque de géneros y de derechos humanos en la justicia,
deben ser acompañadas por modificaciones normativas a fin de garantizar la aplicación
práctica de los principios de igualdad y de no discriminación por razones de género.

Entre las reformas procesales urgentes, se encuentra la de incluir medidas de acción


positivas para la efectiva protección de los derechos humanos de las mujeres y de
las diversidades en las decisiones judiciales. En este aspecto, surge la necesidad
de incorporar en las normas, el enfoque de género interseccional sensible ante las
violaciones a los derechos humanos bajo pena de nulidad. La interseccionalidad
resulta potencialmente útil para denunciar las múltiples desigualdades que han
condenado a importantes sectores de la población al “silencio” y a la invisibilidad por
parte del Estado y sus políticas (Magliano y Ferreccio, 2017), por ello es un elemento
de análisis que no puede estar ausente.

En el mismo sentido, las herramientas interpretativas utilizadas hasta el momento


para el análisis de los hechos deberán complementarse con la perspectiva de géneros
como metodología exigible para la validez de las decisiones jurisdiccionales. Ya no
basta con la utilización de la sana crítica racional como método interpretativo, es
necesario avanzar en razonamientos multidimensionales con enfoque de géneros
para desarticular los estereotipos negativos que provocan decisiones judiciales
discriminatorias.

Las normas deberán, además, descalificar las sentencias que contengan argumentos
contrarios a los principios de la no discriminación, de la igualdad y del pleno respeto
a la dignidad humana. En esta línea de análisis, la conceptualización utilizada en las
sentencias deberá ser cuidadosa al incluir un análisis ajustado a las convenciones
internacionales de derechos humanos que protegen los derechos de las mujeres y
de las diversidades, resultando inadmisibles las decisiones fundadas en patrones
socioculturales basados en prejuicios de género o en premisas que avalen la
inferioridad o superioridad de cualquiera de los géneros. Significantes discriminatorios
derivados de los roles tradicionales de género, como aquellos que se fundan en la
idea de la “buena madre” o del “buen padre de familia” no pueden ser admitidos en
las sentencias actuales.

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En el mismo sentido deben erradicarse del lenguaje judicial conceptos cosificantes y


deshumanizantes como los que son utilizados en el marco de los procesos penales por
narcotráfico, en los que se califica a las personas que transportan estupefacientes en su
cuerpo como “mulas”, por cuanto se trata de una forma de expresión que constituye un
trato indigno, inhumano, cruel y degradante. Estas referencias no son inocentes, sino que
provienen de una justicia de clase, que estigmatiza y margina. Esta justicia, sin perspectiva
en derechos humanos y géneros, revictimiza a las personas al calificar como animales de
carga a quienes han sufrido una situación de extrema violencia y explotación.

Una mirada judicial respetuosa de los derechos humanos requiere normas que
impongan nulidades a este tipo de construcciones simbólicas.

Es necesario que las decisiones de nuestros tribunales utilicen un lenguaje no sexista,


no discriminatorio, accesible y acorde a los estándares del derecho internacional de los
derechos humanos. Las sentencias redactadas en base a concepciones androcéntricas,
heteronormativas y sexistas dan lugar a construcciones autoritarias en las que se
privilegian los rasgos asociados con la masculinidad y la consiguiente devaluación y
desprecio de aquellas cosas que se codifican como femeninas (Fraser, 1997).

La justicia debe dejar atrás las discriminaciones propias de un poder arcaico y


patriarcal mediante nuevas formas de comunicación respetuosas de la autopercepción,
de la identidad de género, de la diversidad y de los derechos de las mujeres. De este
modo, las sentencias darán lugar a representaciones simbólicas que contribuyan a
erradicar los estereotipos de género negativos, las violencias y las asimetrías de poder.

Repensando las prácticas judiciales

Las diferencias entre lo público y lo privado, la división sexual del trabajo y la


jerarquización de valores fundados en la heteronormatividad solo pueden ser
comprendidas si las estructuras y las relaciones sociales se analizan desde la perspectiva
de géneros. Es necesario dejar atrás la vieja normalidad inserta en el derecho que
regula las relaciones jurídicas con una mirada androcéntrica, que solo incluye el
trabajo que se realiza en la esfera pública dejando de lado las tareas domésticas o de
cuidado y que no atiende los impactos profundos que tiene la violencia de género en
las distintas esferas de la vida en nuestras sociedades.

Incluir la categoría de género en las prácticas judiciales lleva implícito un análisis relativo
a “la síntesis histórica que se da entre lo biológico, lo económico, lo social, lo jurídico, lo
político, lo psicológico y lo cultural” (Lagarde, 2004). Por eso, las políticas de los poderes
judiciales que se funden en un diagnóstico hecho con perspectiva de género permitirán
mejorar el acceso a la justicia de la población. Si repensamos nuestro poder judicial en
función del sistema de géneros, podremos diseñar matrices de análisis para la emisión de
sentencias respetuosas del derecho internacional de los derechos humanos.

Es importante señalar que este enfoque no compromete la imparcialidad, ni la


independencia de quienes imparten justicia, ya que no se está proponiendo en
ningún caso, decidir el proceso a favor de las mujeres, sino, cosa distinta, buscan
mecanismos metodológicos que permitan a magistrados y magistradas reconocer
y considerar si se está ante un caso en que existe una discriminación de género,
visibilizar los estereotipos que contribuyen a perpetuar la desigualdad, analizar su
particular condición a la luz de las normas jurídicas nacionales e internacionales
pertinentes y garantizar que sea objeto de un tratamiento que permita el acceso
efectivo a la justicia de todas las personas… (Muñoz Sánchez, 2018)

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Las medidas de acción positiva necesarias para erradicar las desigualdades y las
discriminaciones en los procesos judiciales deben traducirse en prácticas concretas.
Desde el primer momento en que una persona accede al sistema judicial deben
activarse las buenas prácticas y una mirada con perspectiva de géneros que tenga
en cuenta los impactos diferenciados y las asimetrías de poder que existen en cada
caso concreto.

Es fundamental partir desde el respeto a la autopercepción de género de quien solicita


el auxilio de la justicia y desde la puesta en valor de la autodeterminación de las
personas como límite para llevar adelante acciones de protección, de reparación
integral o de sanción según corresponda a la situación planteada.

La matriz de análisis del caso en cuestión deberá tomar en consideración el contexto


en el que se desarrollan los hechos y las relaciones de poder existentes en la situación
particular. Se deben identificar los derechos vulnerados o reclamados y comprender
cabalmente quiénes son las partes procesales, sin que se pueda soslayar que todas
ellas están atravesadas por una cultura que puede validar situaciones discriminatorias.
Además, se debe comprender la petición de las partes de manera interseccional,
determinando si concurren las vulnerabilidades en el caso concreto.

La valoración de las pruebas debe realizarse con perspectiva de géneros, garantizándose


la plena libertad probatoria, en especial cuando se trata de aquellas relaciones jurídicas
vinculadas a la discriminación o a la violencia, dado que a veces no se logra la prueba
directa. Es necesario identificar cuáles son los roles de cada persona en la relación,
los estereotipos de género, las manifestaciones sexistas y la posible existencia de
situaciones que conllevan a la invisibilización de las violencias.

En este sentido, al analizar el caso, es imprescindible dilucidar la existencia de


relaciones de subordinación e incluso de sometimiento, por cuanto el modo en que
la violencia de género impacta en la disminución o anulación de la autodeterminación
de quien la padece, puede llevar a una decisión de exculpación de responsabilidad
por falencias en la esfera de la voluntad.

Para lograr una justicia con perspectiva de géneros, además, es necesario que las
prácticas judiciales se desarrollen en base a los parámetros que impone la debida
diligencia reforzada, concepto que ha sido desarrollado en diversos precedentes,
resoluciones y recomendaciones del sistema universal de protección de los derechos
humanos.1

En la solución del caso se deben revisar detenidamente las normas que resultan
aplicables para determinar si estas producen un impacto diferenciado y discriminatorio
por razones de género. Se deben, también, aplicar al caso los estándares del derecho
internacional de los derechos humanos y los precedentes jurisprudenciales del
sistema universal de protección, de modo tal de fortalecer los argumentos tendientes a
modificar los patrones socioculturales discriminatorios y violentos hacia las mujeres,
las personas trans y de género diverso. Esta justicia, así reformulada y repensada,
tendrá en miras la reparación integral de los perjuicios sufridos y la restitución de
todos los derechos vulnerados.
1 El deber de debida diligencia para prevenir, sancionar y erradicar hechos de violencia contra las
mujeres nace de las obligaciones genéricas de la Convención Americana de Derechos Humanos y
de las obligaciones específicas que impone la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar
y Erradicar la Violencia contra la Mujer. La Corte IDH, además, ha establecido que, en un contexto
de violencia, subordinación y discriminación histórica contra las mujeres, los compromisos
internacionales “imponen al Estado una responsabilidad reforzada”. “González y otras (‘Campo
Algodonero’) vs. México”, párrafo 283. Este criterio fue reiterado por la Corte en los fallos “Velásquez
Paiz y otro vs. Guatemala”, “Véliz Franco y otros vs. Guatemala” y “J. vs. Perú”.

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Para que el servicio de justicia deje de ser una mera declaración de posibilidades
y se transforme en una herramienta para la realización de los derechos humanos
fundamentales de todas las personas, necesitamos profundizar las instancias de
capacitación de los operadores y operadoras del sistema, fomentar la reflexión,
promover diagnósticos interseccionales y procurar el análisis de las prácticas en
clave de géneros.

La perspectiva de género debe ser incorporada como política del Poder Judicial si se
pretende cumplir con los compromisos internacionales.

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# Bibliografía

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