René Descartes (1596 – 1650)
Frans Hals – ca. 1649
Siguiendo a Miguel Cirilo, podemos
reconocer dos “comienzos” en el campo
de la filosofía:
(i) El primero de ellos, en Grecia,
representado por Sócrates como héroe
indiscutido y cuya figura –Platón– dibujó
en su obra Apología de Sócrates, en la
que lo presenta como un hombre
profundamente comprometido con sus
ideas y dispuesto a morir por ellas.
(ii) El segundo comienzo podemos
ubicarlo en la Modernidad, y tiene como
héroe indiscutido a Descartes, que en su
Discurso del método se pinta a sí mismo
como héroe de la razón moderna. Hegel
supo leer de forma muy precisa esto:
“Descartes es un héroe del pensamiento
que aborda de nuevo la empresa desde
el principio y reconstruye la filosofía sobre
los cimientos puestos ahora al
descubierto, al cabo de mil años.” (HEGEL, 1977:
254)
A diferencia de Sócrates, Descartes no
se encontraba dispuesto a morir por sus
ideas, por tal motivo cuidó mucho de
elegir con precisión dónde vivir. En
cierto momento de su vida abandona
su Francia natal y fija su residencia en
Holanda, un país libre en la época
revuelta de las “guerras de religión”,
propias de su contexto histórico.
Un aspecto importante que
podríamos destacar es que, en
Descartes se refleja toda su época.
Con él se constituyó la Modernidad,
y en ella asistimos a un nuevo
comienzo de la filosofía, que va a
colocar al hombre en su centro. Ahí
reside su gran tarea: abrir el camino
a la ciencia y a la técnica
modernas.
Su filosofía encarna
perfectamente el verdadero
sentido del Renacimiento, la
época del resurgimiento del
espíritu teórico y del
conocimiento de la verdad
como tema central de la
investigación científica.
Consideremos, también, que en el
Renacimiento, se ha dado un cambio
profundo en la concepción del saber,
el cual puede ejemplificarse en el
cambio ocurrido en torno al concepto
de método, proceso que tiene como
mayor exponente al replanteamiento
que Galileo hizo del método científico,
junto al concepto de experimentación.
Nació el 31 de marzo de 1596 en el
pequeño pueblo de La Haye,
Francia, en el seno de una familia
de la baja nobleza. Vivió y creció
con su abuela, dado que al poco
tiempo de vida es separado de su
padre y pierde a su madre.
Recibió su educación en el colegio
jesuita de La Flèche (1607 – 1614),
recibiendo clases de lógica y
estudiando a los clásicos, especialmente
la filosofía tradicional aristotélica.
También aprendió matemáticas, la
única disciplina que logró satisfacerlo
durante su estadía en el colegio; tal es
así que terminaron convirtiéndose en la
base de su pensamiento y en el
instrumento que le serviría de
fundamento para todos sus trabajos.
Por ese entonces también se
relacionó con la lectura (y clases)
de Clavius –uno de los grandes
científicos del momento–; como así
también se ocupó de leer los
Ensayos de Michel de Montaigne.
Tras finalizar sus estudios en el
colegio jesuita Descartes cursó
estudios de Derecho en la
Universidad de Poitiers, donde
obtuvo la licencia en 1616.
Concluida su Licenciatura en Derechos se
alistó en la Escuela de Guerra de Breda
(Holanda). Allí, se relacionó con el
científico holandés Isaac Beeckman, con
quien comenzó a estudiar matemáticas y
mecánica en 1618. Las enseñanzas de
Beeckman le orientaron a buscar una
ciencia unificada de la naturaleza.
Asimismo, la físico-matemática también
fue decisiva para que el filósofo
considerara a la matemática como la
ciencia fundamental del saber.
En 1619 Descartes se unió al ejército
bávaro. Según el propio francés, fue
durante su estadía en el mismo que tuvo
un revelador sueño donde afirma que
visualizó la esencia de lo que sería su
filosofía; en dicho sueño, se encuentra
frente a una biblioteca de la cual toma
un libro en particular: el Corpus
poetarum; al abrirlo se detiene en una
pregunta: “¿Qué camino seguiré en la
vida?”.
Desde 1620 a 1628 Descartes viajó por
toda Europa hasta establecerse en
Holanda. El objetivo de esto era poder
escribir y desarrollar su pensamiento
con libertad y no correr el riesgo de
ser condenado, como sí sucedió con
Galileo.
Modelo de subjetividad y dualismo
A partir de Descartes la experiencia
del “yo” constituye el fondo de una
nueva forma de hacer filosofía, que
tiene como referente fundamental
la individualidad humana
considerada desde el punto de
vista de la subjetividad.
El modelo cartesiano reivindica la
necesidad de la metafísica como ese
saber que se ocupa de la posibilidad del
conocer antes de que éste se
especifique en distintas ciencias. El
objeto fundamental de la investigación
cartesiana es la mente (llamada
“espíritu”), y es hacia ella donde se
orienta el giro que introduce en la
historia de la metafísica.
Otro concepto importante en la
filosofía de Descartes es el de
naturaleza humana. Por un lado se
refiere a nuestra esencia humana, que
es una esencia pensante; al mismo
tiempo que se refiere a la totalidad del
compuesto humano y por tanto incluye
también el cuerpo. Es decir, el hombre
es una cosa que piensa y como tal es
también un cuerpo.
Para Descartes se da una distinción real
entre mente y cuerpo, aunque forman
una unidad, que es la que viene
expresada por la noción de naturaleza.
Es importante distinguir estos aspectos
para entender adecuadamente la
filosofía cartesiana.
La idea del Método
En 1644 Descartes publicará Los principios de
la filosofía. En el Prefacio de dicha obra
establecerá las diversas maneras que el
hombre posee para conocer las cosas: “por
la intuición, las nociones que no son tan claras
que se obtienen sin meditación; por la
experiencia de los sentidos; por la
conversación que mantenemos con otros
hombres, y por la lectura o conversación con
los hombres sabios del pasado.
Otro modo de conocer es la
revelación, que nos conduce al saber
de golpe, no gradualmente. Hay, por
último, un quinto grado de acceder a
la sabiduría, más elevado que los
anteriores, que consiste en indagar y
poseer los verdaderos principios y las
causas primeras, de las que se podrían
deducir las razones de todo en cuanto
se puede saber.” (MORILLO-VELARDE: 2001, p. 41).
La filosofía es la que se va a encargar
de dicho estudio, pero previo a esto,
Descartes elaboró un método.
En 1637 publica su Discurso del método,
allí el cogito sustituirá a la duda como
primer principio de la filosofía y la
metafísica va a pasar a primer plano,
mientras que el método quedará
subordinado a la metafísica.
Esto da lugar a que el método filosófico, tal
como lo plantea Descartes, desemboque
necesariamente en la pregunta por el
hombre y por el lugar que éste ocupa en el
mundo con vistas a orientarle en su camino
hacia la verdad: “Descartes busca un
‘fundamento absoluto e inconmovible de
verdad’ en el que poder basar el
conocimiento científico. Este conocimiento
no puede obtenerse sin método, hasta el
punto de que es preferible no buscar la
verdad que ponerse a hacerlo sin método.”
(MORILLO-VERLADER: 2001, pp. 44 a 45)
El método cartesiano tiene un
componente moral y práctico que
mira necesariamente al hombre
mismo, a fin de que éste encuentre un
suelo seguro en el que apoyarse. A
partir de la unidad de las ciencias
Descartes va a elaborar los cuatro
preceptos de acción que posee su
método. Son para todo tipo de saber y
aquellas que no los pueden adaptar
no son ciencias.
Tengamos presente que ciencia, para
Descartes, es aquello que la razón
puede elaborar sin la ayuda de la
memoria y la experiencia pero
fundamentalmente a partir de sí
mismo; aquello que la Razón puede
derivar de sí misma para lo cual no es
necesario ningún tipo de experiencia
previa.
Los saberes vinculados
estrechamente a la experiencia
y a la memoria no son
estrictamente científicos, la
única ciencia existente está
vinculada al proceder
autónomo y ordenado de la
Razón.
Descartes habla del “buen sentido”,
esto equivale a decir la “luz natural de
la Razón” en su pureza, sin prejuicios. La
biografía (los saberes previos)
obstaculiza el aumento de la luz natural
de la Razón, la salida de las razones
seminales (ideas innatas) de la Razón,
por eso resulta necesaria la destrucción
de los saberes aprendidos.
La unidad sistemática de las ciencias requiere
restablecer a la Razón en su pureza y el método de
purificación será la duda. Así, al aplicar la duda,
debemos tener en claro que ante la diversidad de
opiniones existentes caemos en la incertidumbre, la
cual nos lleva hasta la probabilidad, y si nos
encontramos en el terreno de la “probabilidad”
entonces no estamos seguros, nos vemos infundidos
por la falsedad, por el no-saber; y la ciencia es
unívoca, no es un terreno para la diversidad de
opiniones. La duda aparece, entonces, como el
instrumento de purificación, para reconstruir el
edificio del saber, el orden gnoseológico; y para
reconstruir el edificio del conocimiento empiezo a
partir del Ego (Yo).
Los preceptos del método son cuatro y son
“suficientes”, es decir, se encuentran
perfectamente delineados:
1. Evidencia: se fundamenta en los criterios de
claridad y distinción, donde no debo admitir
nunca como verdadero aquello que no
conozca con evidencia, de modo claro y
distinto; debo evitar la precipitación, dado
que ésta me conduce al error. Es preferible dar
pasos tan cortitos como sea posible. De esta
manera, la duda metódica me libera de los
viejos prejuicios a través de la evidencia, la
cual debe regular mi proceder en cada caso.
Sólo debo aceptar aquello que no puedo
poner en duda.
2. Análisis: contrario a síntesis o composición, donde
ante algo complejo debo identificar cuáles son los
elementos más simples y a partir de esa división
intentar la reconstrucción hacia lo complejo.
3. Síntesis: reconstrucción, donde me dirijo desde los
conocimientos u elementos más simples hacia los más
complejos. Esto implica un orden epistemológico (es
decir, se organizan los distintos fenómenos a medida
que los voy “conociendo”).
4. Enumeración: Consiste en revisar tantas veces como
sea necesario lo que hago para que pueda
comprenderlo en un solo acto; que pueda reducir al
mínimo la memoria e intuir lo complejo cada vez con
mayor facilidad.
Discurso del Método
Se encuentra dividido en seis partes.
Puede ser leído como una autobiografía,
como el método (práctica) que hace
posible los “Ensayos” que vienen detrás de
él y como una introducción a la filosofía
cartesiana. Nos muestra el camino de
Descartes hacia la razón. Él elige su propia
vida como “ejemplo”, hace de la historia
de su vida la “fábula” por medio de la
cual nos introduce en el nuevo modo de
hacer filosofía.
Primera Parte: Descartes refiere a su camino hacia la
subjetividad, destacando tres momentos: el de los
preceptores como directores de su saber (lector de
libros), el de la salida al mundo como actor (soldado-
viajero) y el de su constitución como sujeto (autor).
Segunda Parte: Se orienta hacia la búsqueda de
argumentos entendidos como razonamientos (lógica)
que permitan articular de manera deductiva el método.
En su esfuerzo por encontrar un punto firme sobre el que
sentar su filosofía; desecha la lógica, el análisis de los
antiguos y el álgebra de los modernos y opta por su
conocido método matemático integrado por cuatro
principios famosos que colocan las matemáticas (en
cuanto que ciencia del orden y la medida) como su
núcleo.
Tercera Parte: Se encarga de desarrollar la moral
provisional propuesta por el propio Descartes.
Elaborando máximas capaces de ser
comprendidas y ejecutadas por todos los
hombres.
Cuarta Parte: Aplica su método a los temas de la
metafísica y hace una síntesis muy lograda de su
filosofía. Es la síntesis que suele transmitirse al
hablar de la filosofía de Descartes y en la que
aparece su tópico más conocido: “pienso, luego
existo”. Aquí la tarea de Descartes se centra en
reflexionar y razonar sobre las dos sustancias
primeras de su filosofía: la mente o alma y Dios.
En la aplicación de su método a la metafísica, Descartes
plantea su diferencia con respecto a “las opiniones que
sabemos muy inciertas” de las costumbres. El punto de
partida de la metafísica es la certeza que resiste a toda
posible duda, tanto si procede de los sentidos, de los
razonamientos o de los pensamientos en general. Esa
primera certeza indudable es formulada en este texto
como la existencia indudable del yo como sustancia
pensante: “[…] y observando que esta verdad: ‘yo pienso,
luego soy’, era tan firme y segura que las más
extravagantes suposiciones de los escépticos no son
capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla, sin
escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que
andaba buscando”. ¿Este primer principio puede
interpretarse también como fundamento? G. Olivo (2005)
defiende distinguir entre fundamento y punto de partida.
El punto de partida es el yo, mientras que el fundamento
es Dios.
Quinta Parte: nos muestra la teoría acerca del
mundo. Constituye un resumen de su obra anterior,
Tratado del mundo.
Sexta Parte: Finalmente, expone su concepción de
la ciencia, en la cual es importante su carácter
técnico y aplicado. Descartes no entiende la
ciencia como una contemplación desinteresada
de la naturaleza sino como un útil humano
fundamental; y aquí resulta esencial comprender
que la ciencia cartesiana no es teoría,
contemplación desinteresada del mundo, sino
saber aplicado que busca la utilidad. A su vez, en
esta última parte realiza un llamamiento al público,
a seguir sus pasos y comenzar a aplicar su método.