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Generación

Este documento es una compilación poética de obras de destacados poetas de la Generación del 27, como Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Carmen Conde y Ernestina de Champourcín, destinada a la PAU de Lengua Castellana y Literatura en la Comunidad Valenciana. Incluye una variedad de poemas que exploran temas como el amor, la soledad y la naturaleza. La recopilación se distribuye bajo una licencia Creative Commons para uso educativo y sin ánimo de lucro.
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Este documento es una compilación poética de obras de destacados poetas de la Generación del 27, como Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Carmen Conde y Ernestina de Champourcín, destinada a la PAU de Lengua Castellana y Literatura en la Comunidad Valenciana. Incluye una variedad de poemas que exploran temas como el amor, la soledad y la naturaleza. La recopilación se distribuye bajo una licencia Creative Commons para uso educativo y sin ánimo de lucro.
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Nuevas lecturas PAU

Generación del 27

Rafael Alberti • Vicente Aleixandre • Luis Cernuda


Pedro Salinas • Carmen Conde • Ernestina de Champourcín

Compilación poética para la PAU de Lengua Castellana y Literatura de la Comunidad Valenciana

Licencia Creative Commons BY-NC-SA 4.0.


Uso educativo y sin ánimo de lucro.
Francisco Chacón García © 2025 by Francisco Chacón García is licensed under
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Esta recopilación se distribuye bajo licencia Creative Commons Atribución – No
Comercial – Compartir Igual 4.0 Internacional (CC BY-NC-SA 4.0).
Se comparte con fines educativos y sin ánimo de lucro, conforme al artículo 32 de
la Ley de Propiedad Intelectual española.
Índice general

1. Rafael Alberti 5
1.1. El mar. La mar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
1.2. Galope . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
1.3. La paloma . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6

2. Vicente Aleixandre 7
2.1. Siempre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
2.2. Unidad en ella . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
2.3. Se querían . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8

3. Luis Cernuda 11
3.1. Quisiera estar solo en el sur . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
3.2. Si el hombre pudiera decir . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
3.3. No decía palabra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12

4. Pedro Salinas 13
4.1. Los dos solos. Navacerrada, abril . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
4.2. Para vivir no quiero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
4.3. Perdóname por ir así buscándote . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14

5. Carmen Conde 17
5.1. Quiero tu hijo, aviador . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
5.2. Lo infinito . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
5.3. Hallazgo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18

6. Ernestina de Champourcín 19
6.1. Te esperaré apoyada en la curva del cielo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
6.2. Espera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
6.3. El beso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20
Capítulo 1

Rafael Alberti

1.1 El mar. La mar


Marinero en tierra, 1924
El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá? Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera!

1.2 Galope
Capital de la Gloria, 1938
Las tierras, las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.
¡A galopar,
a galopar,

5
Capítulo 1. Rafael Alberti

hasta enterrarlos en el mar!


A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

1.3 La paloma
Entre el clavel y la espada, 1941
Se equivocó la paloma
se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur
creyó que el trigo era agua,
se equivocaba.
Creyó que el mar era el cielo,
que la noche la mañana,
se equivocaba,
se equivocaba.
Que las estrellas, rocío,
que la calor, la nevada,
se equivocaba,
se equivocaba.
Que tu falda era tu blusa
que tu corazón, su casa,
se equivocaba,
se equivocaba.
Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.

6
Capítulo 2

Vicente Aleixandre

2.1 Siempre
Espadas como labios, 1932
Estoy solo. Las ondas; playa, escúchame.
De frente los delfines o la espada.
La certeza de siempre, los no-límites.
Esta tierna cabeza no amarilla,
esta piedra de carne que solloza.
Arena, arena, tu clamor es mío.
Por mi sombra no existes como seno,
no finjas que las velas, que la brisa,
que un aquilón, un viento furibundo
va a empujar tu sonrisa hasta la espuma,
robándole a la sangre sus navíos.
Amor, amor, detén tu planta impura.

2.2 Unidad en ella


La destrucción o el amor, 1935
Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.
Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera

7
Capítulo 2. Vicente Aleixandre

no es mío, sino el caliente aliento


que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.
Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.
Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

2.3 Se querían
La destrucción o el amor, 1935
Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.
Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.
Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.
Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.
Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.
Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,

8
2.3. Se querían

mar altísimo y joven, intimidad extensa,


soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.
Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.
Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

9
Capítulo 3

Luis Cernuda

3.1 Quisiera estar solo en el sur


Un río, un amor, 1929
Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.
El sur es un desierto que llora mientras canta,
y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.
En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.

3.2 Si el hombre pudiera decir


Los placeres prohibidos, 1931
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;

11
Capítulo 3. Luis Cernuda

aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos


proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

3.3 No decía palabra


Los placeres prohibidos, 1931
No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.
La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Auque sólo sea una esperanza
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.

12
Capítulo 4

Pedro Salinas

4.1 Los dos solos. Navacerrada, abril

Seguro azar, 1924-28


Los dos solos. ¡Qué bien
aquí, en el puerto, altos!
Vencido verde, triunfo
de los dos, al venir
queda un paisaje atrás;
otro enfrente, esperándonos.
Parar aquí un minuto.
Sus tres banderas blancas
-soledad, nieve, altura-
agita la mañana.
Se rinde, se me rinde,
ya su silencio es mío:
posesión de un minuto.
Y de pronto mi mano
que te oprime, y tú, yo,
-aventura de arranque
eléctrico-, rompemos
el cristal de las doce,
a correr por un mundo
de asfalto y selva virgen.
Alma mía en la tuya
mecánica; mi fuerza,
bien medida, la tuya,
justa: doce caballos.

4.2 Para vivir no quiero

13
Capítulo 4. Pedro Salinas

La voz a ti debida, 1933


Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

4.3 Perdóname por ir así buscándote


La voz a ti debida, 1933
Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú

14
4.3. Perdóname por ir así buscándote

en su busca vendrías, a lo alto.


Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eres.

15
Capítulo 5

Carmen Conde

5.1 Quiero tu hijo, aviador


Mientras los hombres mueren, 1938-9
Quiero tu hijo, aviador enemigo; quiero tu hijo para enseñarle el cuerpo destrozado del mío,
para que te oiga volar, con tus bombas y tus balas, sobre nuestras cabezas.
Dame tu hijo, hombre que guardas en impunidad los tuyos. Dámelo, rubio y luminoso
como era el mío; quiero ver que sus labios suspiran junto a mi hijo, que en sus ojos está el
llanto de terror de ti. Porque soy madre del que tú has deshecho y quiero que tú me des el
tuyo intacto.
No te lo heriré. No le diré mal. Mi voz será pura y ardida para llamarlo. ¡Sólo quiero que te
oiga, que sepa de tu vuelo junto a la muerte de mi hijo!
Dame tu hijo, aviador enemigo. Yo te lo guardaré cantándole junto a la tumba del mío,
muerto por ti.

5.2 Lo infinito
Ansia de Gracia, 1945
Tú vives en el alba.
Los pájaros te aclaman.
De túnicas de aves te viste la alegría.
¡Qué aurora la que exaltas!
¡Qué noble luz la tuya!
Te escuchan las mañanas y las noches
porque eres como un cirio,
porque eres como un corzo.
Sentirte a ti que pasas
rozándome las rosas y los ayes...
Doler en tus rodillas, estrujada

17
Capítulo 5. Carmen Conde

por riscos y malezas.


Y que un céfiro de alondras venga dulce,
que tú llegues aventando mis heridas...
Ser mujer y tuya, ¡qué inefable
fundirse la conciencia entre tus brazos!

5.3 Hallazgo
Ansia de Gracia, 1945
Desnuda y adherida a tu desnudez.
Mis pechos como hielos recién cortados,
en el agua plana de tu pecho.
Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
Y tú, flotante en mi desnudez.
Alzaré los brazos y sostendré tu aire.
Podrás desceñir mi sueño
porque el cielo descansará en mi frente.
Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
Navegaremos juntos, tú serás mi vela,
y yo te llevaré por mares escondidos.
¡Qué suprema efusión de geografías!
Tus manos sobre mis manos.
Tus ojos, aves de mi árbol,
en la yerba de mi cabeza.

18
Capítulo 6

Ernestina de Champourcín

6.1 Te esperaré apoyada en la curva del cielo


La voz en el viento, 1931
Te esperaré apoyada en la curva del cielo
y todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.
Te esperaré desnuda.
Seis túnicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.
Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inasible.
Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre.

6.2 Espera
Cántico inútil, 1936
No te impacientes. Espera.
Él vendrá por donde menos
lo esperes: por un sendero
que no figura en tus cuentas.

19
Capítulo 6. Ernestina de Champourcín

Vendrá cuando tú no puedas


ya más... cuando estés vencida,
y la esperanza dormida
bajo su mortaja negra.
Vendrá cuando tu cabeza
se incline sobre tu pecho,
y el corazón, deshecho,
no te dé sino tristeza...
Vendrá por donde no quieras.

6.3 El beso
Cántico inútil, 1936
¡Tus labios en mis ojos!
Qué dulzura de estrellas alisa lentamente
mis párpados caídos...
Nada existe del mundo. Sólo siento tu boca
y el temblor de mi espíritu hecho carne de luz.
Sé cruel al besarme. Desgarra mis pupilas
y arranca de su sombra la lumbre de mi sueño.
Con ella te daré mi última mirada.
¡Abrásame los ojos! Que el peso de tus labios
despoje mi horizonte de lo que tú no has visto.
Quiero olvidarlo todo y anularme en la niebla
que ciñen tus caricias.

20

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