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Tema 6. Abba, Dios Es Amor: El Mensaje Cristiano

El documento aborda el concepto de Dios como amor, enfatizando la importancia del amor personal (agapé) en la relación entre Dios y la humanidad, así como en las interacciones humanas. Se destaca que el amor a Dios y al prójimo son inseparables y constituyen un único mandamiento, que se manifiesta a través de la vida y enseñanzas de Jesucristo. Además, se menciona que el amor cristiano trasciende el amor natural y se fundamenta en la experiencia de la gracia divina, siendo esencial para la vida espiritual y comunitaria en la Iglesia.

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Tema 6. Abba, Dios Es Amor: El Mensaje Cristiano

El documento aborda el concepto de Dios como amor, enfatizando la importancia del amor personal (agapé) en la relación entre Dios y la humanidad, así como en las interacciones humanas. Se destaca que el amor a Dios y al prójimo son inseparables y constituyen un único mandamiento, que se manifiesta a través de la vida y enseñanzas de Jesucristo. Además, se menciona que el amor cristiano trasciende el amor natural y se fundamenta en la experiencia de la gracia divina, siendo esencial para la vida espiritual y comunitaria en la Iglesia.

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Tema 6

El Mensaje Cristiano

Tema 6. Abba, Dios es amor


Índice
Ideas clave

6.1. Dios es amor

6.2. Amor a Dios y amor a los demás

6.3. La doctrina cristiana desde el punto de vista del


amor

6.4. Dios es Padre: nuestra relación con Dios

6.5. Referencias bibliográficas

A fondo

Papa Francisco, Misericordiae vultus

Dios, rico en misericordia


Ideas clave

6.1. Dios es amor

En la Biblia se trata, sobre todo, del amor personal (agapé), no tanto del amor

sexual ni del eros (deseo de algo) o de la amistad, aunque todos ellos están

presentes, como dones de Dios. Pero es el amor personal el que redime, renueva,

purifica y da plenitud a los otros amores. El amor personal de Dios se muestra en la

Escritura como la razón última y el sentido de todo. Aunque en el Antiguo

Testamento se insiste más en la trascendencia de Dios sobre el hombre y el mundo,

en el Nuevo Testamento se llega a decir: «Dios es amor» (Sagrada Biblia de la CEE,

s.f., 1 Juan 4:8).

Todo ello se va preparando pedagógicamente desde el Antiguo Testamento. Dios

crea el mundo y, especialmente, al hombre por amor —«Vio Dios que era bueno»,

«Vio Dios que era muy bueno» (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Génesis 1)—. A lo

largo del primer capítulo del Génesis, estas palabras aparecen tras cada acto

creador. Dios establece una «alianza» con los hombres, que pasará por diversas

etapas. Esa alianza va tomando un perfil más definido a partir de Abraham y sobre

todo con Moisés, con la constitución de un «pueblo elegido» al que compromete su

fidelidad y sus dones: un linaje perpetuo, una tierra prometida y un mesías salvador.

Esa alianza se compara continuamente con las bodas o nupcias del amor humano

entre un esposo y una esposa. En la historia de la salvación, Dios hace el papel del
esposo y el pueblo hace el papel de la esposa (esto se ve especialmente en los

libros de algunos profetas, como Oseas y Ezequiel). Todo ello desemboca en Jesús,

que es el Mesías prometido, el rostro humano del Dios vivo, amoroso y

misericordioso (Francisco, 2015). A la vez, el amor humano entre los esposos se

manifiesta como la imagen del amor divino por la humanidad y por cada persona.

El Mensaje Cristiano 3
Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

Frente a los otros pueblos antiguos, en los que la divinidad (o más bien los dioses) es

«amada», la biblia presenta a Dios como alguien que ama: «El Dios único en el que

cree Israel, sin embargo, ama personalmente. Su amor, además, es un amor de

predilección: entre todos los pueblos, Él escoge a Israel y lo ama, aunque con el

objeto de salvar precisamente de este modo a toda la humanidad» (Benedicto XVI,

2005, párr. 9).

El Nuevo Testamento presenta a Jesucristo como el amor de Dios encarnado. Esto

se muestra en la misma vida de Jesús y en su predicación (el buen pastor, la mujer

que busca la moneda perdida, el padre que espera con amor al hijo pródigo, etc.).

En el trasfondo de los evangelios sinópticos está Dios, que se muestra con amor

paternal, misericordioso y siempre fiel a la alianza. El amor de Dios salvador se

manifiesta en Jesucristo, su hijo amado. A la vez, el mensaje de los evangelios

apela al seguimiento de Cristo, que vivió su propia vida y su propio amor hasta la

cruz. De esta forma, enseñó a practicar el perdón y el amor a Dios, al prójimo e

incluso a los enemigos.

Jesús se entrega por los hombres en la cruz, lo que es amor en su forma más

radical: «Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cf.

19, 37), ayuda a comprender que […] «Dios es amor» (1 Juan 4, 8). Es allí, en la

cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora
qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir

y de su amar» (Benedicto XVI, 2005, párr. 12).

Podemos encontrar una profundización en este aspecto en los escritos de san Pablo

y de san Juan. San Pablo habla de que «Dios del amor» (Sagrada Biblia de la CEE,

s. f., 2 Corintios 13: 11) y que por su misericordia llegó hasta la entrega de su propio

hijo por nosotros (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Romanos 8: 32).

El Mensaje Cristiano 4
Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

El amor cristiano es la comunión del amor con Jesús, gracias a que se nos ha dado

el Espíritu Santo en nuestros corazones (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Romanos 5:

5). Así podemos llegar a participar de los sentimientos mismos de Cristo (Sagrada

Biblia de la CEE, s. f., Filipenses 2: 1-11). El amor cristiano es la participación en el

amor creador, redentor y santificador de Dios.

El amor a Dios y el amor al prójimo (es decir, a todos los hombres, principalmente

los que nos están más próximos y tienen especial necesidad) son inseparables

hasta constituir la comunión en la Iglesia, que es la comunidad del amor de Dios,

cuyo origen es Dios Padre, amor encarnado en la historia en Cristo por la acción del

Espíritu Santo (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Efesios 4: 15), sin mérito alguno

previo por nuestra parte.

Los escritos joánicos señalan el amor como mandamiento, un «mandamiento

nuevo» de Jesús (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Juan 13: 34). Esto es posible

porque él nos amó primero y nos hace capaces de participar de su mismo amor al

Padre y, por el Padre, a nosotros. Así, nosotros hemos de amar a Dios y al prójimo,

como imitación a él, con él y en él. Todo esto es posible porque «Dios es amor»

(Sagrada Biblia de la CEE, s. f., 1 Juan 4: 8; 4: 16).

El amor cristiano es, por tanto, más que un afecto o incluso más que una entrega
total: «Es un ser, el ser “nuevo” en Cristo, la realidad misma de la salvación (cf.

Romanos 8, 35-39; 1 Juan 4, 16), en el cual estamos, nos movemos y

“permanecemos” (cf 1 Corintios 16, 14 ; Efesios 3, 17 ; 5, 2 ; Juan 15, 9s) »

(Warnach, 2012, p. 60).

El amor es la plenitud de todo ser.

El Mensaje Cristiano 5
Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

El amor de Dios se identifica con la vida misma intratrinitaria. El amor entre el Padre

y el Hijo es no solo el fruto de las dos relaciones que les constituyen (paternidad y

filiación), sino una persona divina distinta: el Espíritu Santo. El amor que llena la

vida de la Trinidad se extiende al mundo por medio de la creación (atribuida a Dios

Padre), la encarnación redentora (atribuida al Hijo) y la santificación (atribuida al

Espíritu Santo). Estas tres obras «ad extra» (fuera de la Trinidad) son todas ellas

manifestaciones y, al mismo tiempo, etapas de un mismo amor, en el que estamos


llamados a participar.

Así, aunque el amor, sobre todo si se entiende a partir de nuestra experiencia, no

agota la esencia divina (pues Dios es también infinitud y eternidad, conocimiento y

voluntad, simplicidad y unicidad, santidad y justicia, providencia, sabiduría y belleza,

etc.), es el atributo que la revelación cristiana destaca para expresar que es la

manifestación más propia de Dios, como se muestra por el amor y misericordia de

Cristo hacia nosotros.

El amor es el que nos da el mejor conocimiento de Dios. Es lo que nos hace

permanecer en Dios y que él permanezca en nosotros, porque nos ha hecho nada

menos que hijos suyos (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Romanos 8: 16; 1 Juan 3:

1), partícipes de la naturaleza divina (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., 2 Pedro 1: 4) en

su Hijo. El amor (o caridad) es el «vínculos de la perfección» (Sagrada Biblia de la

CEE, s. f., Colosenses 2: 14), en el sentido de que da unidad y vida profunda y

verdadera a todas las demás virtudes.

El Mensaje Cristiano 6
Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

6.2. Amor a Dios y amor a los demás

La Biblia enseña que:

«[...]en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera

conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo con Dios, un

encuentro que se ha convertido en comunión de voluntad, llegando a implicar el

sentimiento. Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya sólo con mis ojos y

sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo» (Benedicto XVI, 2005, párr. 18).

Por eso:

«Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podré ver siempre en el prójimo
solamente al otro, sin conseguir reconocer en él la imagen divina. Por el contrario, si en

mi vida omito del todo la atención al otro, queriendo ser sólo ‘piadoso’ y cumplir con mis

‘deberes religiosos’, se marchita también la relación con Dios. Será únicamente una

relación ‘correcta’, pero sin amor. Sólo mi disponibilidad para ayudar al prójimo, para

manifestarle amor, me hace sensible también ante Dios. Sólo el servicio al prójimo abre

mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama» (Benedicto XVI, 2005,
párr.18).

En definitiva:

«Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables, son un único mandamiento. Pero

ambos viven del amor que viene de Dios, que nos ha amado primero. Así, pues, no se

trata ya de un “mandamiento” externo que nos impone lo imposible, sino de una

experiencia de amor nacida desde dentro, un amor que por su propia naturaleza ha de

ser ulteriormente comunicado a otros. El amor crece a través del amor. El amor es

“divino” porque proviene de Dios y a Dios nos une y, mediante este proceso unificador,
nos transforma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convierte en una

sola cosa, hasta que al final Dios sea “todo para todos” (cf. 1 Corintios 15, 28)»

(Benedicto XVI, 2005, párr. 18).

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Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

En la perspectiva cristiana, el más verdadero y «pleno amor» solo puede ser el

amor de Dios. Esto no quiere decir que el amor humano no sea auténtico o que no

tenga valor, pero es siempre limitado y conlleva el riesgo de cambiar la alegría y el

gozo, que es fruto de alcanzar el bien junto con otros, por el egoísmo de querer usar

a alguien o algo en exclusiva para uno mismo.

Aunque al hombre, en principio, le resulta difícil amar a otra persona (incluso a Dios)

por sí misma, porque busca siempre su propia felicidad, el cristiano debe moverse

por amor a Dios y al prójimo y no por un mero amor o interés propio.

Como dijo san Agustín (412-426) en su obra La ciudad de Dios, sólo hay dos

amores: el amor a uno mismo y el amor a Dios (que comporta el amor a los demás).

Con esto no se excluye el amor ordenado a uno mismo, es decir, adecuado según el

orden, que pone a Dios en primer lugar, por ser nuestro máximo bien: así se une

nuestro máximo anhelo (la felicidad) y la voluntad de Dios para nosotros, que solo

desea nuestra felicidad. De esta manera «el amor de sí mismo encuentra en el amor

y goce de Dios su verdadera plenitud» (Warnach, 2012, p. 63).

El amor al prójimo tiene su raíz y su fundamento en la eucaristía, que nos permite

la actualización y la identificación con la entrega de Cristo por nosotros y por

nuestros hermanos. Esto es lo que máximamente «edifica» la Iglesia y sostiene el

mundo.

Para santa Teresa de Ávila, el verdadero amor a Dios consiste en la donación total e

incondicional de uno mismo a la voluntad de Dios. Dios corresponde a este amor

con la gracia de una total unión con él ya en este mundo. Después de la llamada

universal a la santidad proclamada por el Concilio Vaticano II (1965), hoy puede

considerarse que el amor a Dios y al prójimo es la sustancia de la santidad a la que

todo cristiano ha de dirigirse, también para colaborar en la extensión de esa llamada

a otras personas.

El Mensaje Cristiano 8
Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

En la espiritualidad cristiana, la relación con Dios tiene lugar sobre el centro de la

oración y de los sacramentos, particularmente la eucaristía (la misa) y el sacramento

de la penitencia o de la confesión de los pecados. El hecho de poner el amor de

Dios como fundamento y meta de la vida cristiana no significa que deban valorarse

como malas las alegrías que comportan los amores humanos en sus distintos tipos

(amor de amistad, amor entre el varón y la mujer en el matrimonio, etc.). Esto

significa que en todas sus actividades (incluyendo el trabajo, las relaciones culturales

y sociales, el ocio, el deporte, etc.) los cristianos han de buscar el amor de Dios que

está en la raíz y es el impulso y horizonte de todo verdadero amor.

Como se ve, el amor cristiano se diferencia del amor meramente natural (entre

amigos, esposos, etc.) o de la mera filantropía. Al mismo tiempo, el amor cristiano no

se opone a todos los amores nobles y legítimos, sino que los asume, los sana de sus

limitaciones e imperfecciones y los eleva hasta el nivel del amor divino, haciéndolos

cauce de ese amor sin desnaturalizarlos.

El verdadero amor (que es sobre todo el amor personal y que conviene distinguir del

«enamoramiento» inicial), en cualquiera de sus niveles, comporta siempre la

inclinación a la unión con la persona amada, no ante todo en busca de un bien para

uno mismo, sino una unión a nivel del ser: una «comunión» interpersonal. En esta
unión cada persona conserva su identidad, mientras libremente mira la realidad y la

construye «junto» con el otro o los otros.

Por eso, el amor verdadero surge del centro de la persona y es un acto de la persona

entera. Está sostenido por el respeto y la veneración ante la dignidad del ser

personal del otro. No depende del estado de ánimo o de otras circunstancias,

porque se sitúa en un nivel más profundo: el nivel del ser personal.

El Mensaje Cristiano 9
Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

Al mismo tiempo, esto es una meta que, en la perspectiva cristiana, requiere de la

ayuda de Dios, pues toda perfección en el amor es siempre provisional mientras ese

amor no sea asumido, curado y elevado por el amor divino, donde encuentra su

fundamento y madurez. Nada de esto significa que los cristianos no valoren como

auténtico un amor fuera del ambiente cristiano. En todo caso, cabe pensar que las

tendencias sexuales y las inclinaciones psíquicas han de superar las ataduras del

«yo» para que puedan servir a la totalidad de la persona y entrar en la realización


personal como dimensiones del amor verdadero (cf. Warnach, 2012, p. 72). En el

cristianismo, esto pasa debido a la cruz, por la aceptación del sufrimiento (a la vez

que se ponen los medios adecuados para evitarlo o paliarlo) como camino hacia la

resurrección y nueva vida con Cristo.

Hoy también debe tenerse en cuenta una interpretación materialista y nihilista (que

puede ir desde el escepticismo a un cinismo radical) que ve en el amor, sobre todo

entendido en la perspectiva cristiana, un espejismo inútil. Ya Thomas Hobbes veía en

el amor solo una emoción pasajera destinada a satisfacerse a uno mismo: «el

hombre es un lobo para el hombre» (p. 73) afirma en su obra De cive, de 1642,

donde quiere decir que su naturaleza le lleva al hombre a una lucha continua contra

su prójimo.

En nuestros días, diversos factores, entre ellos la reflexión antropológica

(personalismo y fenomenología) y la espiritualidad cristiana, han contribuido al mayor

desarrollo de una teología del amor o sobre el amor fundada en la Sagrada

Escritura. Esto es importante en nuestra cultura occidental de corte cientificista,

individualista y hedonista, que, como no podía ser menos, conserva el impulso de las

personas y de las comunidades a una interpretación más plena del sentido de la vida

y de la transformación del mundo.

El Mensaje Cristiano 10
Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

6.3. La doctrina cristiana desde el punto de vista


del amor

El vídeo El sufrimiento se centrará en este tema complejo, que no se puede entender

su existencia. La respuesta no es sencilla. Distinguiremos el mal físico del mal moral.

Dios respeta la libertad del hombre y además obtiene bienes de males.

Accede al vídeo:
[Link]

417f-a80b-b11f00fc21ec

El Mensaje Cristiano 11
Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

Cuando se enfoca la doctrina cristiana desde el punto de vista del amor, se

comprende que el amor, junto con el conocimiento (pues Dios es esencialmente y a

la vez amor inteligente y conocimiento amoroso), es lo que mueve las relaciones

íntimas y eternas en la Trinidad: el Padre (amante) y el Hijo (amado) se unen en el

amor que es el Espíritu Santo. Este «trinomio», amante, amado y amor, fue

formulado por san Agustín (c.f. Cantalamessa, 2023). Así entendemos mejor cómo la

unidad de Dios es a la vez comunión y pluralidad de personas divinas, entre las que

Dios Padre es la fuente y el origen de toda la Trinidad (cf. Mateo Seco, 2003, pp. 62-

64).

L a creación es la manifestación del amor de Dios, ya que crea el mundo para

manifestar y difundir su amor.

El amor es el verdadero motivo del plan eterno de salvación, que pasa por la

redención obrada por Cristo. La libre y gratuita entrega de Cristo, verdadero Dios y

hombre, en efecto, manifiesta ante el mundo el proyecto divino de Dios para el

hombre, pues el hombre fue creado con vistas a Cristo. Además, nos restituye a

nuestra vocación inicial: al amor, vocación que se había roto por el pecado, tanto a

nivel de la historia universal (pecado original), como a nivel de la historia de cada

persona (pecados personales).

«Dios Padre decide la encarnación del Verbo […] porque quiere tener fuera de sí
mismo alguien a quien amar con un amor digno de sí mismo» (Cantalamessa, 2023).

Por eso, tanto en el bautismo de Jesús como en su transfiguración se escucha la

voz del Padre, que decía: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Sagrada

Biblia de la CEE, s. f., Marcos 1: 11) y «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo»

(Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Marcos 9: 7).

El Mensaje Cristiano 12
Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

En la pasión de Jesús, se expresa, sobre todo, el amor de Dios. «¡No fuimos

salvados por el dolor de Cristo, sino por su amor! Más precisamente, por el amor que

se expresa en el sacrificio de sí mismo» (Cantalamessa, 2023). Esto nos informa que

el amor siempre va unido a cierto grado de dolor. De ese dolor o sufrimiento

participan también, de un modo que no podemos comprender del todo (porque solo

tenemos experiencia del sufrimiento humano), Dios Padre y el Espíritu Santo.

El dolor de Cristo en la cruz es la máxima expresión del amor divino por nosotros

(Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Romanos 5: 8; Juan 13: 1). La pasión de Jesús no

se puede explicar simplemente como el pago de una «deuda» a Dios por el pecado,

sino más bien por el amor gratuito y misericordioso de Dios, que hizo el sacrificio de

darnos a su Hijo (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Romanos 5: 8; Juan 13: 1). En la

vida cristiana estamos llamados a ofrecer todo lo nuestro en unión con la obra

creadora, redentora y santificadora de Dios.

Como fruto del misterio pascual (de la muerte y resurrección de Cristo) se nos ha

dado el Espíritu Santo el día de Pentecostés. Él, que es el amor en la Trinidad,

también es «como el alma de la Iglesia» (San Agustín, 412-426): le da unidad y vida.

A la vez, se desborda en nosotros para hacernos participar del amor mutuo entre

Dios Padre y su Hijo.

L a Iglesia, como comunión con Dios Padre por Cristo y en el Espíritu Santo, nos

introduce en el amor de Cristo y nos hace, como hijos en el Hijo, participar de su vida

de resucitado. La gracia es esa vida nueva que el Espíritu Santo desarrolla en el

alma del cristiano a partir del bautismo.

El Mensaje Cristiano 13
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La vida cristiana, también en medio de las actividades ordinarias, es introducida en

el movimiento del amor de Dios, que surge de él y vuelve a él por medio de la obra

redentora de Cristo, llenándolo todo. Así, el amor de Dios se despliega en el mundo

por medio de los cristianos. A esto se lo llama santificación y en ella colaboramos

cuando procuramos llevar una vida de amor en todas nuestras actividades,

realizadas del mejor modo posible.

El Mensaje Cristiano 14
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6.4. Dios es Padre: nuestra relación con Dios

Hoy no resulta, a veces, fácil hablar de Dios como Padre. En la situación actual,

especialmente en Occidente, se ha vuelto difícil una relación serena y constructiva

entre padres e hijos por diversas razones: «Las familias rotas, los compromisos de

trabajo cada vez más absorbentes, las preocupaciones, y muchas veces el esfuerzo

por equilibrar el presupuesto familiar o la invasión distractiva de los medios de

comunicación en la vida diaria» (Benedicto XVI, 2013).

Además, es difícil imaginar a Dios como un padre, sin tener modelos adecuados de

referencia. Para aquellos que han tenido la experiencia de un padre demasiado

autoritario e inflexible, indiferente y poco afectuoso o, peor aún, ausente no es fácil

pensar con serenidad en Dios como un padre y entregarse a él con confianza.

¿Qué hacer, entonces? ¿Dónde acudir? La Biblia y, particularmente, el Evangelio

vienen en nuestra ayuda. Nos hablan de «[…]un Dios que nos muestra qué significa

verdaderamente ser “padre”; y es sobre todo el Evangelio –como hemos señalado–

lo que nos revela este rostro de Dios como Padre que ama hasta el don del propio

Hijo para la salvación de la humanidad» (Benedicto XVI, 2013).

Remontándonos a las religiones, muchas de ellas invocan a Dios como «padre» o

«padre de los dioses y de los hombres». En la Biblia, se le llama Padre en cuanto

Creador del mundo (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Deuteronomio 32: 6; Malaquías
2: 10), más todavía, debido a la alianza y al don de la ley otorgado al pueblo de

Israel, su «primogénito» (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Éxodo 4: 22). También se le

llama Padre del rey de Israel (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., 2 Samuel 7: 14) y

especialmente «Padre de los pobres», del huérfano y de la viuda (Sagrada Biblia de

la CEE, s. f., Salmos 68: 6).

El Mensaje Cristiano 15
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Ideas clave

¿Qué quiere decir el lenguaje de la fe cristiana cuando llama Padre a Dios?

Principalmente subraya dos aspectos:

▸ Dios es el origen de todo y la autoridad que trasciende al hombre y a la sociedad.

▸ Dios es, al mismo tiempo, bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos.

En un sentido amplio, Dios es padre de todas las personas que han existido,

existen y existirán: somos hijos de un mismo Padre y por eso formamos una familia y

aspiramos a la fraternidad universal. En un sentido más especial, es padre de los

cristianos, porque los ha llamado a ser hijos en su propio Hijo en la familia de la

Iglesia, que es como la semilla de una plena fraternidad humana.

La ternura paternal de Dios se expresa en la Biblia también con la imagen de la

maternidad (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Isaías 66: 13; Salmos 131: 2), que

indica más bien la intimidad entre Dios y sus criaturas. De esta manera, el lenguaje

de la fe se sirve de la analogía de los padres, que son o deberían ser, en cierto

modo, los primeros representantes de Dios para el hombre. Pero, de hecho, los
padres humanos pueden desfigurar la imagen de la paternidad y de la maternidad.

Por eso conviene tener presente que Dios trasciende la distinción humana de los

sexos; no es varón ni mujer. En este sentido nadie es padre como lo es Dios. Su

paternidad hacia nosotros pasa por Cristo y el Espíritu Santo. No es padre solamente

de cada uno, sino al mismo tiempo de todos los cristianos y por eso le podemos

rezar el «Padre nuestro» en la familia de la Iglesia.

Jesús revela que Dios es Padre en un sentido único. No solamente como creador

(lo que ya se había revelado en el Antiguo Testamento), sino que es eternamente

Padre en relación con su Hijo único: «Todo me ha sido entregado por mi Padre, y

nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a

quien el Hijo se lo quiera revelar» (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Mateo 11: 27).

El Mensaje Cristiano 16
Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

A Dios, solamente Jesús le llama, sobre todo en su oración, con el término arameo

«Abbá», equivalente a nuestro «papá» (Marangón, 1990, pp. 444-446; Mateo Seco,

2003, pp. 27-30).San Pablo nos invita a tratarle con semejante familiaridad,

impulsados por el Espíritu Santo (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Gálatas 4: 6;

Romanos 8: 15). El Padre le escucha (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Juan 11: 42)

incluso cuando permite que Jesús se sienta abandonado mientras sigue rezando

(Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Mateo 27: 46), porque le resucita con su poder y el

amor que mutuamente se profesan en el Espíritu Santo.

Para conocer plenamente a Dios como Padre, se requiere acoger la revelación que

de él hace Cristo y llegar a vivir por Cristo, con él y en él, por la acción del Espíritu

Santo y en comunión con su misterio pascual.

Esto lo confiesan los apóstoles al decir que:

▸ «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios»

(Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Juan 1: 1).

▸ «Él es imagen del Dios invisible» (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Colosenses 1: 15).

▸ «Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra

poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la

derecha de la Majestad en las alturas» (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Hebreos 1:


3).

El Mensaje Cristiano 17
Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

Después de ellos, el primer concilio ecuménico de Nicea (325 d. C.) declaró que el

Hijo es «consustancial» al Padre, es decir, un solo Dios con él. Y el segundo

concilio reunido en Constantinopla (381 d. C.) enriqueció esa expresión

confesando: «Hijo único de Dios, / nacido del Padre antes de todos los / siglos: Dios

de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, / engendrado, no creado, /

de la misma naturaleza del Padre» (Iglesia Católica, 1997). La traducción española

para decir que el Hijo es «de la misma naturaleza del Padre», no debe entenderse en
el sentido de que los dos tienen una naturaleza similar (como que dos o más

personas humanas pertenecen al género humano por tener la misma naturaleza),

sino que tienen una sola naturaleza (la misma, numéricamente una).

Además de enseñarnos a tratar a Dios como nuestro Padre, especialmente en la

oración (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Lucas 11: 1), Jesús nos invita a perdonar y

ser misericordiosos con los demás, como Dios Padre lo hace con nosotros

(Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Marcos 11: 25).

En definitiva, de muchas maneras el mensaje del evangelio explica, con referencia a

la figura paterna, que el amor de Dios es infinitamente más grande, fiel y completo

que el de cualquier hombre (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Mateo 7: 9-11; Lucas 11:

11-13). Dios es nuestro Padre porque nos ha bendecido y escogido antes de la

fundación del mundo (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Efesios 1: 3-6), nos hizo

realmente sus hijos en Jesús (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., 1 Juan 3: 1) y, como

Padre, nos acompaña con amor en la vida, dándonos su palabra, sus enseñanzas,

su gracia y su Espíritu Santo.

Jesús nos muestra cómo Dios cuida de nosotros (Sagrada Biblia de la CEE, s. f.,

Mateo 5: 45; 6: 26-32 y Lucas 12: 24-28): nos acoge, nos perdona y nos ofrece el

pan del cielo y el agua que da vida para siempre (Sagrada Biblia de la CEE, s. f.,

Juan 6: 32; 6:51 y 6: 58).

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En la línea de los salmos (Sagrada Biblia de la CEE, s. f., Salmos 27: 10; Salmos 103

y Salmos 136), afirma Benedicto XVI: «Dios es un Padre que nunca abandona a sus

hijos, un Padre amoroso que apoya, ayuda, acoge, perdona y salva, con una

fidelidad que supera inmensamente a la de los hombres, para abrirse a dimensiones

de eternidad. […] El amor de Dios nunca falla, no se cansa de nosotros; es el amor el

que da hasta el extremo, hasta el sacrificio de su Hijo» (Benedicto XVI, 2013)

La fe en Dios Padre nos ayuda en los acontecimientos de la vida: «La fe nos da una

certeza, que se convierte en una roca para la construcción de nuestras vidas:

podemos afrontar todos los momentos de dificultad y de peligro, la experiencia de lo

oscuro de la crisis y del tiempo del dolor, apoyados por la fe de que Dios no nos deja

solos y siempre está cerca, para salvarnos y llevarnos a la vida eterna». (Benedicto

XVI, 2013).

En Jesús se muestra plenamente ese rostro misericordioso de Dios Padre (Sagrada

Biblia de la CEE, s. f., Juan 8: 19; 14: 7; 9; 11; Colosenses 1: 13-20), que con amor y

ternura infinitos se inclina sobre nosotros, hijos débiles y necesitados de todo. Así,

Dios nos hace hijos suyos, Jesús nos enseña a rezar diciendo «Padre Nuestro» y el

Espíritu Santo nos hace exclamar también: Abbá, Padre (Sagrada Biblia de la CEE,

s. f., Romanos 8: 15).

Finalmente, podemos preguntarnos cómo es posible que un padre todopoderoso

permitiera la muerte de su Hijo. Nosotros nos imaginamos que un Dios

todopoderoso debería intervenir para resolver y evitarnos los problemas, vencer a

nuestros adversarios, cambiar el curso de los acontecimientos y anular el dolor.

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Ante tanto sufrimiento y maldad en el mundo, hay quienes niegan que Dios sea

omnipotente o reaccionan buscando refugio en los ídolos, en su supuesta

omnipotencia «mágica» y en sus promesas ilusorias. La fe nos lleva por otros

caminos. Dios ha creado seres libres y, en ese sentido, ha renunciado a parte de su

poder: ama y respeta nuestra respuesta libre. Su omnipotencia se expresa

precisamente en ese respeto a nuestra libertad, en su amor, en su misericordia y

perdón (c.f. Comité para el jubileo de año 2000, 1998, pp. 61-89) y en esa actitud

aparentemente débil (pensemos en Jesús rezando, que se deja matar), llena de

paciencia, mansedumbre y amor. Pero ese poder es el que vence (cf. Sagrada Biblia

de la CEE, s.f., Sabiduría 11: 23-26).

El amor es, pues, el mayor poder, que nos hace parecidos a Dios y partícipes de su

omnipotencia. Jesús nos manifiesta que el amor de Dios no tiene límites, que es más

poderoso que la muerte y que, en la cruz, la muerte es definitivamente derrotada

porque es transformada en don de la vida. Dios Padre resucita a su Hijo y así

nosotros, liberados del pecado, podemos acceder a nuestra realidad de hijos de

Dios. Por ello, cuando decimos al principio del credo Símbolo de los Apóstoles «Creo
en Dios Padre todopoderoso» (Iglesia Católica, 1997), reconocemos su poder y

modo de ser padre.

En la Semana Santa sevillana se venera y procesiona, desde el siglo XVII, la imagen

del «Jesús del Gran Poder», que no es otro que Jesús nazareno cargando con la

cruz. Así, Jesús consuela, fortalece y puede suscitar actitudes decisivas —certeza,

seguridad, confianza, etc.— para nuestra vida como hijos de Dios y en las

circunstancias ordinarias de cada día.

Entre las consecuencias de ser hijos de Dios, cabe destacar:

▸ El amor al prójimo sin límites, incluso a los enemigos (Sagrada Biblia de la CEE, s.

F., Mateo 5: 43-48).

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▸ La preocupación por llevar a otros la buena noticia (Evangelio) de la filiación divina.

▸ El crecimiento de la vida espiritual por medio de la oración, los sacramentos y la

ofrenda de la propia vida, también en las dificultades pequeñas o grandes que


conlleva, hasta la identificación progresiva con Cristo.

▸ Vivir las «obras de misericordia», puesto que la misericordia es la virtud que más

manifiesta el amor (cf. Comité para el jubileo del año 2000, 1998, pp. 57-60).

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6.5. Referencias bibliográficas

Benedicto XVI (25 de diciembre de 2005) Carta encíclica. Deus caritas est. La Santa

Sede, Vatican.

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Benedicto XVI (30 de enero de 2013) Audiencia general. La Santa Sede, Vatican.

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Cantalamessa, R. (17 de marzo de 2023). ¡Dios es amor! Tercer sermón de

cuaresma 2023. Cantalamessa. Recuperado el 14 de mayo de 2023 de


[Link]

Comité para el jubileo de año 2000 (1998). Dios, Padre misericordioso. BAC.

Francisco (11 de abril de 2015). Misericordiae vultus (El rostro de la Misericordia):

bula de convocación del jubileo extraordinario de la misericordia. La Santa Sede,

Vatican.
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Hobbes, T. (1983). De cive. Clarendon press. (Trabajo original publicado en 1642).

Iglesia Católica (1997). Catecismo de la Iglesia Católica (primera parte, artículo 2).

Vatican.

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Mateo Seco, L. F. (2003). Teología trinitaria: Dios Padre. Rialp.

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Tema 6. Ideas clave
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Ideas clave

Mateo, A. (1990). Dios. En P. Rossano, G. Ravassi y A. Girlanda (Dirs.), Nuevo

diccionario de Teoloogía Bíblica (pp. 441- 463). San Pablo.

Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española (s. f.). Conferencia Episcopal

Española.

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San Agustín (412-426) La ciudad de Dios. Biblioteca Clásica Gredos.

Warnach, V. (2012). Amor. En H. Fries (dir.). Conceptos fundamentales de la

Teología I. Herder, 56-76.

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Papa Francisco, Misericordiae vultus

Francisco (11 de abril de 2015). Misericordiae vultus (El rostro de la Misericordia):

bula de convocación del jubileo extraordinario de la misericordia. La Santa Sede,

Vatican.
[Link]
francesco_bolla_20150411_misericordiae-[Link]

Cristo, que siempre está viendo al Padre, nos mira con el amor misericordioso que

hay en la Santísima Trinidad. El contenido de esta bula profundiza en ese amor

misericordioso.

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Dios, rico en misericordia

NSEtv Perú (12 de mayo de 2016). Curso: Dios rico en misericordia 04 [Vídeo].

YouTube.

[Link]

Podemos preguntarnos cómo se manifiesta la misericordia de Dios en nuestras

vidas. Se manifiesta en la amabilidad, la asistencia al necesitado, especialmente, en

el perdón y la reconciliación. La misericordia es más que un sentimiento de simpatía,

es una práctica. En el cristianismo, es uno de los principales atributos divinos.

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