Dossier Modulo 1
Dossier Modulo 1
Tecnologías para la
Administración
Pública del Siglo XXI
Este material didáctico digital es una producción original de la docente responsable y
los docentes invitados y ha sido elaborado a partir de una cuidadosa selección bibliográfica,
así como de diversos materiales y recursos que enriquecen el abordaje de las temáticas
específicas contempladas en el programa de la cátedra.
En este acápite se presentan los contenidos correspondientes a cada clase del Módulo
I, proporcionando una guía teórico-conceptual que facilita la comprensión del rol de las
tecnologías en la sociedad en general y en las administraciones públicas en particular.
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Módulo I: TECNOLOGÍAS PARA EL APRENDIZAJE
ORGANIZACIONAL EN EL SIGLO XXI
La polisemia (es decir, la falta de una definición única) en el uso del término tecnología suele
generar confusiones. Lejos de ser un objeto, un artefacto o una “cosa” que podemos usar (o
dejar de usar) en determinados contextos y situaciones, las tecnologías conforman sistemas
en los que se desarrolla nuestra vida (y la de otros agentes no humanos).
La comprensión de la tecnología como un artefacto que sirve para cumplir ciertas funciones,
se encuentra muy arraigada en nuestra cultura. Esta idea tiende a considerarla desde una
neutralidad valorativa que deposita en la sociedad la responsabilidad de sus usos. ¿Quién no
escuchó alguna vez la frase “la tecnología no es ni buena ni mala, depende cómo se la use”?
El foco de una perspectiva como ésta se centra en su utilidad y eficiencia, y por tanto es
concebida como un medio para alcanzar determinados fines. Uno de los problemas que
presenta este tipo de concepciones es que se torna opaca la posibilidad de hacernos
preguntas interesantes y comprender cuestiones relevantes, como por ejemplo: ¿Cuál es la
procedencia de los artefactos o máquinas que utilizamos? ¿Qué conocemos sobre quienes
los diseñan y crean? ¿Quién se responsabiliza por los efectos producidos por sus usos? ¿Qué
recursos, conocimientos y habilidades deben movilizarse para la implementación de una
tecnología? ¿Cuál es la cadena de valor de las distintas etapas de producción de una
tecnología, en qué países ocurre y quién lo motoriza? ¿Qué posibilidades de control tenemos
sobre ellas? ¿Cuál es la capacidad de agencia que tenemos las personas, de qué depende y
qué capacidades tenemos en tanto usuarios para realizar usos alternativos de las mismas?
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tecnológico, accidentes, entre otros. Asimismo, podría encubrir las discusiones e intereses
detrás del aliento al diseño de un tipo de tecnología, descartando otras posibles.
Mientras que algunos conciben a la tecnología como artefactos y otros lo hacen como ciencia
aplicada, existen perspectivas que recurren a un enfoque sistémico. La noción de sistema
técnico permite entender a la tecnología como un producto de una unidad compleja entre
componentes (materiales, artefactos, energías), agentes (individuos, conocimientos, cultura),
estructuras (flujos de información, regulaciones, normas, infraestructuras) y objetivos
(resultados esperados/obtenidos)1. Esta perspectiva resulta productiva para ampliar el
entendimiento de estos fenómenos, pero presenta un riesgo: asociar la tecnología a una
multiplicidad de elementos que la tornan inabarcable al punto de extraviar la capacidad
explicativa del término. No todo es tecnología, aunque se trate de aspectos que ciertamente
están relacionados con ella.
Por último, resulta conveniente estar atentos a un aspecto que suele estar muy presente en
los discursos vinculados con la tecnología. Como señala Mariano Zukerfeld 2, es muy común
encontrar asociado el término tecnología con lo digital. Algo similar sucede con las tecnologías
de la información y comunicación (TIC) con las tecnologías digitales (TD), invisibilizando que
existen TIC que no son digitales, como los pizarrones, el teléfono de línea, los libros o carteles.
Se trata de tecnologías analógicas, en tanto que no son capaces de procesar, producir,
reproducir, transmitir ni almacenar información digital.
Materia
Tecnología Analógicas
Información y
Comunicación
Digitales
Llegado a este punto, el/la lector se preguntará, entonces, qué es la tecnología. Este curso no
pretende cerrar la discusión ni proporcionar una respuesta concluyente, sino que considera
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oportuno establecer un piso común de entendimiento que nos acompañe a lo largo del
trayecto. En este sentido, es posible comprenderla como “aquellos conocimientos que se
concretizan en la forma que asume un bien determinado con un propósito instrumental (y que
en general funcionan como medios para producir otros bienes o servicios)” (Zukerfeld, 2015:
5). Desde este punto de vista, las tecnologías serían conocimientos objetivados en artefactos
que pueden prefigurar conductas pero también pueden ser resignificados por los usuarios.
Así, las tecnologías pueden comprenderse como parte de complejos entramados de
conocimientos históricamente situados, al tiempo que son parte de sistemas socio-técnicos
en los que componentes, recursos, materiales, estructuras, agentes, instituciones,
racionalidades, saberes, modos de gestión, relaciones de poder, en fin, lo social, se amalgama
de forma compleja. Asimismo, el tipo de materialidad en la que se objetiven dichos
conocimientos será central: no es lo mismo que lo hagan en un soporte analógico que en uno
digital.
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Clase 1: EL PARADIGMA 4.0: OPORTUNIDADES Y
DESAFÍOS PARA LA GESTIÓN PÚBLICA
Pensar nuestro tiempo implica, más que nunca, pensar en las tecnologías digitales. Éstas
incrementaron su complejidad y escala de forma acelerada -exponencial, diría Oszlak (2020)-
al punto que presentan un rol fundamental en la conformación del mundo que habitamos.
Como señala Flavia Costa (2021), nos encontramos en una época caracterizada por el
despliegue masivo de tecnologías de altísima complejidad y riesgo, cuyas huellas transforman
nuestra vida y nuestro mundo3.
¿Cómo llegamos a este punto? A riesgo de simplificar, nos vamos a situar en el último cuarto
del siglo XX. Más puntualmente en la década de 1970. Podemos identificar ese momento
como el inicio de una etapa de profundos cambios en las sociedades occidentales como
consecuencia de dos grandes fenómenos que confluyeron temporalmente: la reestructuración
económica del capitalismo como salida a la crisis del modelo de bienestar solidificado a
posteriori de la Segunda Guerra Mundial, y la revolución de las tecnologías de la información
y comunicación (TIC) que dieron lugar a que las tecnologías digitales (TD) se expandieran
hacia múltiples órdenes de la vida. Estos procesos, de naturaleza sociotécnica, permitieron
delinear un orden social emergente en el que las lógicas rígidas y verticalistas, típicas de las
sociedades del capitalismo industrial, dieron paso a nuevos esquemas societales
estructurados bajo las lógicas de las redes (Castells, 1999).
Las ciencias sociales y las humanidades se han interrogado mucho acerca de cómo
denominar esta etapa en la que las tecnologías digitales devienen en un factor clave para la
valorización económica, al mismo tiempo que adquieren un papel fundamental para viabilizar
la materialización de un mundo que comienza organizarse bajo la lógica de las redes globales.
Siguiendo a Manuel Castells (1999), llamaremos sociedad informacional al nuevo orden social
en el que la generación, procesamiento y transformación de la información se convierte en
fuente de productividad y poder. En un contexto de crisis del modelo industrialista de
desarrollo, la información digital se erigió en el factor que hizo posible incrementar la
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productividad del conjunto de la economía, transformar procesos, posibilitar nuevas formas
de organización de la producción y el trabajo, y viabilizar la comunicación en tiempo real y a
escala global para operar de forma flexible y en red.
- En 1984 Apple lanzó el Macintosh, lo que constituyó el primer paso hacia una
informática accesible para los usuarios, gracias a la introducción de la tecnología de
la interfaz basada en los íconos, desarrollada por Xerox (Castells, 1999).
- Por su parte, el software asociado al desarrollo y uso de Internet fue determinante para
su masificación en la década de 1990. Durante esos años, se produjo la invención del
hipertexto, de navegadores, y de la Word Wide Web, que permitió el surgimiento de
múltiples sitios, buscadores y foros.
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ciertas actividades gracias a la conversión de información y conocimiento analógico en digital,
permitiendo agilizar la organización, gestión y transferencia de información; de lo que se
desprende una sustitución paulatina de actividades humanas. Si bien la sustitución no es
nueva en la historia de las humanidad (la revolución industrial significó la posibilidad de
reemplazar tareas manuales-pesadas-rutinarias por máquinas), las tecnologías digitales
posibilitaron otros modos de sustituciones, más próximas a las tareas realizadas por
trabajadores cognitivos (Gendler y Girolimo, 2025).
Como se señaló al inicio de este apartado, para comprender las condiciones de posibilidad en
el surgimiento, expansión y consolidación de la sociedad informacional, es preciso
comprender que el modelo estructurado post Segunda Guerra Mundial había encontrado sus
límites, precipitados por la crisis del petróleo de 1973. La alta inflación a nivel global, la baja
en la productividad y la caída de las ganancias, encontró en las tecnologías de la información
y comunicación una vía para coordinar dos grandes procesos que conducirían a posibles
salidas a esa crisis: por un lado, los procesos de offshoring, que hicieron posible
descentralizar y flexibilizar el proceso productivo, disminuyendo los costos de producción; y
por otro lado, la financiarización de la economía, que le permitió al capital transnacional
liberarse de las regulaciones de posguerra y convertirse él mismo en el regulador de los flujos
financieros globales (Galliano, 2023).
La primera gran crisis que experimentó la sociedad informacional se produjo a finales del siglo
XX. Con el boom del internet comercial a partir de 1994, en un contexto especulativo y de
estancamiento del sector manufacturero estadounidense, la creación de una economía digital
que habilitaba el comercio electrónico y los negocios en la web comenzó a ser atractiva para
atraer inversiones y capital financiero. En 2000, las inversiones en empresas puntocom
alcanzaron su pico y en 2001-2002 se produjo el colapso del NASDAQ por la explosión de la
burbuja de las puntocom, cuando el capital advirtió que las ganancias tardarían en llegar.
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Las tecnologías 4.0: protagonistas ineludibles en los cambios y continuidades del
orden social informacional
Transcurrido el primer lustro del siglo XXI, comenzaron a vislumbrarse algunos hitos
sociohistóricos que permiten delinear nuevas lógicas en la sociedad informacional:
- En 2008, con la crisis internacional de las hipotecas subprime (si te interesa el tema,
te recomendamos que veas La gran apuesta de Adam McKay), los Estados
norteamericanos y europeos salieron al rescate de las entidades financieras para
paliar la crisis. Al mismo tiempo, se efectuaron políticas de ajuste fiscal y nuevas
desregulaciones para la circulación del capital financiero, que posibilitaron el retorno
de capitales al sector tecnológico: sitios web, redes sociales, plataformas digitales,
start-ups, que conjugaron el crecimiento de los usuarios y las posibilidades de una
mayor extracción y análisis de datos para desarrollar nuevos negocios, tras la
masificación de los teléfonos inteligentes.
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profundamente a las sociedades y la economía, con una amplitud, velocidad e impacto
inéditos.
El consenso alcanzado por estos diagnósticos contribuyó a que el tema ingrese en las
agendas de gobierno de diferentes países. Alemania, por ejemplo, creó la Plataform
Industrie 4.0 y la High Tech Strategy 2020, que apuntaron a la digitalización y la
incorporación de IoT en la manufactura (Casalet, 2018). Estados Unidos, luego del
proceso de offshoring que caracterizó a la primera etapa de la sociedad informacional
lanzó el programa Manufacturing USA en 2014, con el objetivo de desarrollar una
estructura organizativa de apoyo público-privado para la digitalización de la industria y
el apoyo a la investigación aplicada (Casalet, 2018). China, por su parte, propuso
transformarse en un líder innovador, capaz de transformar su matriz productiva y el
perfil de sus exportaciones a partir de su liderazgo en las tecnologías digitales,
desarrollar aplicaciones nativas y sus propios centros de datos, y liderar el
patentamiento en IA e IAG (WIPO, 2024). Entre sus principales acciones, se destaca
el Plan General de China 2025, el Plan Made in China 2025 y la Nueva Ruta de la
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Seda Digital (Casalet, 2018). Las estrategias mencionadas, se enmarcan en un
contexto de discusión entre China y Estados Unidos que no sólo refiere a una
contienda geopolítica sino que incluye una puja por el dominio tecnológico en el que
se visualizan diversas disputas relacionadas4 (Gendler y Girolimo,2025).
Si la Inteligencia Artificial (IA) es la capacidad que tienen las computadoras para imitar
funciones cognitivas humanas gracias a su entrenamiento mediante grandes
volúmenes de datos, lo que le permite mayormente clasificar y predecir, la IAG es un
tipo de IA capaz de generar contenidos en diferentes formatos: textos, imágenes,
audios, códigos, entre otros.
4Si te interesa profundizar en el caso latinoamericano, podés leer el siguiente artículo: Feldman, P. y
Girolimo, U. (2021) “La Industria 4.0 en perspectiva latinoamericana: limitaciones, oportunidades, y
desafíos para su desarrollo”. Revista Perspectivas de Políticas Públicas vol. 10 No 20: 459-491.
Accesible en: [Link]
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La adopción masiva de una tecnología capaz de intervenir en tareas cognitivas, generó
(y genera) efectos en diversos planos:
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que caracterizaron tanto a la sociedad industrial como a la sociedad informacional en sus
inicios, habilitando nuevos procesos y tendencias como la profundización en la digitalización,
nuevas formas de automatización y sustitución de tareas (ahora afectando a las cognitivas e
intelectuales), y nuevos modos de organización social a partir de la expansión de las
plataformas.
Recuadro 1
En los últimos años proliferaron distintos conceptos que intentaron comprender los
profundos procesos de cambio socio-tecnológico que caracterizan nuestros tiempos. El
repertorio es amplio, pero se destacan las ideas de la cuarta revolución industrial, la
industria 4.0, el capitalismo 4.0, el capitalismo de plataformas, el capitalismo de vigilancia,
la era exponencial, la era meta, entre otras variantes.
Era Exponencial: Oszlak (2020) la asocia con una nueva era en la que convergen
tecnologías digitales, físicas y biológicas, que en su despliegue y combinación producen
cambios radicales en el mundo y en las relaciones humanas tal como las conocemos. La
revolución 4.0 ha creado sistemas ciberfísicos que combinan dispositivos y aplicaciones
basados en computación avanzada, nanotecnología, internet de las cosas, sensores y
comunicación digitalizada. En la actualidad, hemos ingresado en una etapa de fuertes
disrupciones tecnológicas y sociales que son de carácter rupturista y exponencial
(profundo y veloz) con respecto al pasado, sobre la que desconocemos hacia dónde nos
pueden conducir los procesos innovativos, que son indefinidos e ilimitados. Esta
conceptualización, guarda mucha cercanía con el enfoque de la Cuarta Revolución
Industrial de Klaus Schwab (2016).
Era Meta: Campos Ríos (2022) la define como la continuación necesaria y evolucionada
de la era digital pero con el interregno de la Era Exponencial, que permitió condensar los
avances tecnológicos de la era de la información para dar pie al metaverso, una era en
la que se produce una conjunción entre lo real y lo virtual. Un rol fundamental para que
se produzca el pasaje hacia la era meta lo desempeñó la pandemia del COVID-19,
momento en el que se llevó a cabo un uso masivo de tecnologías digitales que
vehiculizaron el desarrollo de una nueva forma de conectividad social virtual.
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que nos ubican en el ojo de un huracán que implica mucho más que una revolución
tecnológica, sino que trata de cambios culturales profundos, nuevos modos de concebir las
relaciones sociales y organizacionales, y perfila nuevas identidades y patrones de
comportamiento.
Desde una perspectiva macrosocial, los procesos que llevaron a la emergencia, desarrollo y
consolidación de la sociedad informacional desde el último cuarto del siglo XX, vehiculizaron
desplazamientos y desconexiones respecto al orden social e institucional estructurado bajo
las lógicas de la modernidad y el industrialismo. Se produjo una reconfiguración global que
incluyó discontinuidades en la experiencia, disfuncionalidades en las instituciones, y fuertes
transformaciones macro y micro sociales (Peirone et. al., 2019).
Reconfiguración global
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El desencuentro entre el Estado y la ciudadanía se acentuó, así como lo hizo la escuela y los
alumnos, la empresa y el management, los partidos políticos y los militantes, la universidad y
los estudiantes, los sindicatos y los delegados, la familia y los roles reificados (Peirone [Link].,
2019).
Más acá en el tiempo, con las nuevas lógicas introducidas con el desarrollo y adopción masivo
de tecnologías 4.0, los Estados y las Administraciones Públicas comenzaron a experimentar
retos que refieren a lógicas que acontecen por fuera de ellas, pero que requieren de su
intervención; y retos en su interior, que implican transformar procesos, capacidades y
funciones para abordar los desafíos que trae el paradigma 4.0.
Como señala Bellomo (2020), el paradigma 4.0 impone la necesidad de realizar esfuerzos
significativos para aprehender cuestiones de difícil asimilación y gran impacto. Las
Administraciones Públicas (AP) se encuentran interpeladas por nuevas situaciones que
surgen de la mano de los cambios tecnológicos en marcha y las nuevas dinámicas sociales,
culturales, económicas y políticas (el front desk de la transformación digital). Por otro lado,
las AP deben asimilar prácticas y procesos propios del paradigma 4.0 que contribuyan al
cumplimiento de sus misiones (el back office de la transformación digital). Esta distinción
analítica resulta productiva para establecer una primera aproximación a pensar al Estado y la
AP en este momento de fuerte disrupción tecno-social.
Se trata del rol de las AP frente a lo que ocurre “puertas afuera”. Estos roles refieren, por
ejemplo, a la regulación, la provisión de servicios, la promoción de la innovación y el
aseguramiento de los derechos.
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- Promoción de la innovación: la innovación y la transformación digital difícilmente
ocurren de forma automática. Por el contrario, es responsabilidad del Estado y las
administraciones públicas promoverla mediante inversiones, fortalecer capacidades,
formar personal, en definitiva, realizar esfuerzos innovativos. Por ejemplo, mediante
incentivos para el estudio de determinadas carreras, financiar proyectos de
transferencia tecnológica en universidades, crear incentivos para desarrollar
laboratorios de innovación pública y social, entre otras.
Sobre estos tres roles se enfoca el siguiente trabajo, que te invitamos a leer el siguiente
texto obligatorio:
- El cuarto rol señalado por Bellomo (2020) es el aseguramiento de los derechos básicos
y fundamentales de la ciudadanía. La revolución traccionada por las tecnologías 4.0
puede generar directa o indirectamente externalidades negativas (desconexiones y
desplazamientos, decíamos anteriormente), que implican nuevos roles en: la
protección de los datos personales y la privacidad de las personas, la seguridad frente
a nuevos delitos informáticos, la preservación de la soberanía y la seguridad nacional,
las brechas digitales de género y la inclusión digital.
Remiten a las condiciones que deben generarse en las administraciones públicas para
resolver problemas que se producen “puertas adentro” en el contexto descripto. Entre ellas se
encuentra:
- Utilizar datos masivos (big data) para la toma de decisiones públicas. Implica
aprovechar los datos generados para mejorar la toma de decisiones, lo que incluye la
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analítica de datos y avanzar en el desarrollo de un paradigma de políticas basadas en
datos (datos driven policies).
- Gestionar los recursos humanos y el cambio cultural, implica abordar marcos jurídicos
laborales, la idiosincrasia cultural, la necesidad de una estrategia integral de gestión
del empleo público, el desarrollo de talento digital e incentivos para atraer y retener
perfiles, entre otros desafíos.
El front desk y el back office son dos perspectivas esenciales para comprender cómo la
revolución 4.0 afecta y desafía a las dependencias estatales en general. Desarrollar
capacidades back office para adaptarse y transformarse digitalmente es imprescindible para
que el Estado pueda intervenir eficazmente en los problemas que surgen en el front desk.
Como señala Oszlak (2020), es preciso sincronizar las exigencias que plantean la velocidad
de los cambios con las capacidades institucionales del Estado para absorberlos, procesarlos
y enfrentar sus consecuencias. En su trabajo, se alerta acerca de la necesidad de aumentar
la capacidad anticipatoria y adaptativa del Estado por las siguientes razones:
b) la posibilidad de que se ensanche la brecha entre quienes lideran estos procesos y quienes
ni siquiera los contemplan;
El trabajo de Oszlak, apunta a discutir aquello que deberían hacer los Estados en países
menos desarrollados para enfrentar los desafíos de una era exponencial que avanza a un
ritmo vertiginoso y complejo, en el que las expectativas ciudadanas de recibir mejores y menos
costosos bienes y servicios públicos se incrementaron ostensiblemente en un mundo en el
que la tecnología avanza a un ritmo exponencial.
En paralelo, Campos Ríos (2022) señala que la irrupción de algunas de las tecnologías que
protagonizan la etapa actual -la era meta, según su perspectiva teórica- están pujando por
redefinir los roles y funciones estatales, en tanto que cuestionan la necesidad y vigencia de
instituciones económicas y financieras tradicionales, por mencionar un ejemplo (recuadro 2).
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Recuadro 2
Según se desprende del trabajo de Campos Ríos (2022), el avance de tecnologías como
blockchain, por detenernos en una de las tecnologías 4.0 más paradigmáticas, no sólo
representa una innovación técnica sino que revela un cambio profundo acerca de cómo
se almacena, valida, intercambia y representa el valor en una sociedad. Blockchain,
puede ser entendida como una infraestructura socio-técnica que permite descentralizar
procesos reemplazando a instituciones centralizadas (bancos, organismos estatales) por
redes distribuidas de validación.
En este marco, siguiendo con Campos Ríos (2022), pensar en el futuro del Estado es pensar
en el Estado Meta. Si el avance de la sociedad informacional, con los procesos de
digitalización como bandera, dejó en claro la necesidad de promover una gestión pública que
se nutra de tecnologías digitales y cuyo foco sea el usuario, el advenimiento de la era
exponencial y las tecnologías 4.0 no se condice con los modos de organización estatal, por lo
que resulta necesario preparar la administración pública para el mundo actual.
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Modelos de gestión pública
Más allá de los cambios e impactos de la era exponencial y la era meta, el Estado sigue siendo
significativo para un sinnúmero de procesos. Es el Estado, junto con la ciudadanía y el
conjunto de los actores sociales el agente capaz de encauzar los procesos de innovación en
el sentido del aprovechamiento de sus ventajas y evitar sus consecuencias. Es el Estado el
único capaz de intervenir para evitar que la velocidad del cambio tecnológico genere mayores
desigualdades. Pero para ello, es necesario un Estado capaz de direccionar las
transformaciones tecnológicas en herramientas de gestión adecuadas.
Como señala Campos Ríos (2022: 27) “Las TIC, la era exponencial o el metaverso no deben
constituir un fin en sí mismo, sino que deben entenderse como el medio que permita crear
estos Estados inteligentes, que brinden respuestas a los ciudadanos de modo rápido y ágil y
presten servicios de calidad. El Estado inteligente será el paso final para entrar en una nueva
forma de burocracia y relaciones sociales que den origen a nuevas formas de interacción con
el Estado que no requieran de la presencia física de los usuarios y aun así les asegure la
prestación de servicios acordes a sus necesidades o, incluso mejor, que preste servicios que
los propios usuarios no llegan a demandar”
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Para profundizar en estos procesos, te invitamos a leer el siguiente texto complementario:
Preguntas orientadoras:
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Clase 2: PENSAR A LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA EN
EL SIGLO XXI
En este marco, el Estado tiene un rol clave para evitar que la tecnología profundice las
desigualdades sociales, aumente la dependencia tecnológica y consolide la concentración del
poder en manos de los países líderes y las grandes corporaciones que controlan el desarrollo
de tecnologías emergentes (Novomisky, 2023). Sin embargo, para cumplir con este rol, debe
transformarse, fortalecer sus capacidades institucionales y repensarse estratégicamente.
La era exponencial (Bellomo y Oszlak, 2020), la cuarta revolución industrial (Schwab, 2016),
la era meta (Campos Ríos, 2022) o la segunda oleada informacional (Gendler y Girolimo,
2025), refieren una etapa de fuertes transformaciones que exigen que el Estado se transforme
en un sentido estratégico, proactivo y centrado en la gestión de lo público, con capacidad
desarrollar instrumentos de planificación y elaborar políticas efectivas (Novomisky, 2023).
Si bien la adopción de tecnologías por parte de los estados, ha aumentado las capacidades
para producir bienes, regulaciones y servicios con mayor especificidad, eficiencia y rapidez,
cabe preguntarse si ello es suficiente para diseñar y ejecutar políticas que respondan
adecuadamente a las cuestiones socialmente problematizadas que plantea la etapa actual
(Oszlak, 2020). En esta clase, vamos a intentar profundizar sobre estos y otros elementos.
20
y las administraciones públicas deben ser repensados en aras de adaptarse a un orden social
que lo interpela desde múltiples ángulos.
Para comprender estas transformaciones, resulta productivo mirar cómo se han ido
transformando las administraciones públicas en diferentes momentos signados por
discontinuidades históricas. En esta línea de trabajo, Ramió (2017) nos invita a concebir a la
administración pública como una formación geológica que sedimenta múltiples estratos
conceptuales. Desde finales de siglo XIX existen distintos modelos:
Según Ramió, este modelo puede ser mejorado y superado, pero no del todo
abandonado en términos conceptuales, ya que “agrupa unos valores institucionales
que son inamovibles y que siempre hay que preservar (entre otros la jerarquía, la
meritocracia y aspectos organizativos que aseguren la seguridad jurídica)” (2017: 22).
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- Modelo gerencial: constituye uno de los intentos por superar el paradigma
burocrático. Es un modelo que surgió en los años ’80 bajo el paradigma de la Nueva
Gestión Pública (NGP). Las ideas que sostienen a este modelo se basan en establecer
objetivos concretos, otorgar cierta discrecionalidad y flexibilidad a los gestores para el
uso de los recursos, y en establecer mecanismos de control mediante la evaluación de
resultados. Estos enfoques tienden a incluir estrategias y herramientas como la
desregulación, agencialización, gerencialización, privatización, externalización (de
servicios públicos gestionados por el sector privado), la ética en la gestión pública, la
participación ciudadana, etc. Se trata de un Estado más relacional que
intervencionista, intermediador más que proveedor de servicios, pensar más en
clientes que en ciudadanos.
Según Ramió (2017), uno de los problemas de este modelo es que se asentó sobre
una crítica de lleno al modelo burocrático pero no reconoció sus méritos. El modelo
gerencial debilita al Estado y empodera a los expertos en detrimento de la política.
- Modelo de gobernanza: en los años ’90 emergió este paradigma que representa un
intento de configurar espacios públicos deliberativos en los que puedan interactuar
distintos niveles de administraciones públicas, agentes económicos, sociales y
sociedad civil, para afrontar los desafíos que tiene la sociedad actual. Parte del
principio que la legitimidad no se consigue sólo con la eficacia y la eficiencia de su
accionar, sino que también es importante el elemento democrático (transparencia,
rendición de cuentas, participación). Para Ramió, este paradigma es ambiguo. Si bien
es difícil estar en contra de sus principios, ya que habilita múltiples espacios de
deliberación, decisión y cogestión, representa la constatación de que la política carece
de los instrumentos para tomar decisiones en “una economía y una sociedad
globalizadas y dominadas por la infoeconomía y las redes sociales” (2017: 25).
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tamaño y la influencia de la administración pública, con el riesgo de que el sector
privado sea el que adquiera un mayor peso en las redes de gobernanza y la política
pierda peso como ámbito decisional.
- Modelo fallido: es un escenario extremo que implica una crisis total en la que el
sistema público pierde de forma absoluta sus funciones estratégicas y su espacio sea
ocupado por actores privados. El Estado se reduciría a las tareas de soberanía o la
justicia, sin capacidad de influir en la vida social y económica.
Ramió (2017) considera que la administración pública del futuro debe apostar por la
inteligencia, es decir, ser capaces de gestionar información de manera estratégica,
anticipatoria y articulada, de forma que le permita tomar buenas decisiones públicas y regular
de forma efectiva las actividades. Pero atesorar cada vez más información no alcanza. Es
necesario, a su vez, crear nuevos perfiles profesionales capaces de gestionar la información.
El gestor de información es un profesional con conocimientos tecnológicos, técnicas de
investigación social cualitativa y cuantitativa, y capacidad analítica.
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La propuesta de Ramió se basa en una estrategia que contempla cuatro niveles:
- Contar con información económica precisa para medir costos reales de las políticas y
servicios.
- Abrir los datos que históricamente estuvieron bajo el control de las organizaciones para
que estén disponibles de forma libre a todo el mundo, sin restricciones. El open data
es una exigencia ineludible para las instituciones públicas, derivada de la obligación
política, moral, social y legal de ser transparentes y facilitar el acceso a la información
pública a los ciudadanos.
En la era de internet, los individuos somos totalmente visibles, no sólo para los Estados sino
para un grupo limitado de empresas de tecnología. Pero el enorme caudal de información no
puede estar en manos privadas y ser utilizada sin escrúpulos para hacer negocios. Según
Ramió, es necesario establecer regulaciones y utilizarlas para que las instituciones públicas
puedan proveer servicios efectivos y eficientes que mejoren la calidad de vida de las personas.
La peor situación es la actual, ya que hay pocas empresas que controlan un volumen enorme
de información y los Estados mendigan información a estas empresas.
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Estrategia para la inteligencia institucional
El trabajo de Ramió (2017) puede ser complementado con el de Oszlak (2020), quien nos
ayuda a complejizar el diagnóstico sobre los desafíos que presenta el Estado y la
Administración Pública en este contexto, marcado por transformaciones vertiginosas que son
impulsadas por las tecnologías emergentes (repasemos la clase anterior, cuando hablamos
de Tecnologías 4.0).
Oszlak llama la atención respecto a que muchos Estados, sobre todo en el mundo en
desarrollo, enfrentan estas disrupciones sin haber desarrollado capacidades institucionales
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para poder, primero, comprenderlas y luego anticiparlas y gobernarlas. Esta situación genera
un desacople entre el ritmo del cambio tecno-social y las respuestas que desarrollan los
estados, lo que podría tener efectos negativos sobre el conjunto de la sociedad en términos
de profundizar las desigualdades, perder soberanía, aumentar la exclusión y que el interés
público sea cooptado por actores corporativos. La indiferencia no es una opción, por lo que
propone repensar el papel del Estado.
Otro elemento subyacente, tanto al trabajo de Ramió como al de Oszlak, es que la innovación
es concebida como una estrategia central para generar respuestas a la altura de las
transformaciones que experimenta la sociedad. Quizás una de las diferencias entre ambos
trabajos, posiblemente por el año en el que fueron escritos y el estadio madurativo en el que
se encontraba el paradigma tecnológico, es Oszlak quien alerta sobre la inminencia de la crisis
y la velocidad adquirida por la disrupción digital.
En este marco, Oszlak señala que las herramientas que se incorporen en la gestión pública
deberán emplear los soportes tecnológicos que están transformando las pautas de
organización social. Al mismo tiempo, el Estado deberá intervenir para minimizar los riesgos
y enfrentar los desafíos que ello plantea, algo que los especialistas norteamericanos y
europeos vienen debatiendo hace un tiempo. En términos generales, se plantea que los
gobiernos estarán más orientados al ciudadano, más basados en redes y en garantizar que
los ciudadanos puedan incrementar su participación voluntaria en la gestión. Pero al mismo
tiempo, en lo que refiere al back office de la administración (ver clase 1), se espera que la
revolución tecnológica imponga nuevas modalidades de trabajo, mucho más colaborativas,
transversales y experimentales.
Este modo de concebir a la administración pública, fue posible por la madurez de las
tecnologías digitales, el desarrollo de las redes sociales y los avances en el campo del big
data y la inteligencia artificial. Además, implicaría repensar las funciones de gobierno,
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fortaleciendo su colaboración con otros agentes mediante el aprovechamiento de estas
infraestructuras que se convierten en habilitantes. De este modo, esta concepción puede
permitir dar respuestas:
Recuadro 3
27
1. Que se transformen en organizaciones ambidiestras: que puedan adoptar una
perspectiva de futuro, equilibrando la atención hacia la gestión diaria y la mirada
estratégica.
2. Que asuman el rol de gestoras de la complejidad: que logren transformar el
conocimiento acumulado por las/os trabajadoras/es del Estado en inteligencia
organizacional, promoviendo entornos colaborativos (gestión del conocimiento).
3. Que promuevan la colaboración entre las organizaciones: que los liderazgos
políticos y estratégicos se adapten para fomentar la creatividad y se creen incentivos
para compartir el conocimiento de manera colectiva.
4. Que promuevan la identidad colectiva, enraizada en los valores y la ética pública.
La adopción de tecnologías como la IA, por ejemplo, requiere considerar un
desarrollo y adopción basado en valores en línea con la ética pública para asegurar
una adecuada implementación.
Más allá de lo dicho, lo cierto es que una de las principales preocupaciones del autor -y sobre
las que nos alerta a lo largo de su trabajo- es la indiferencia por parte de los decisores públicos
de los países en desarrollo frente a los desafíos planteados. Al inicio del libro, señala tres
razones para justificar el abordaje de estas temáticas: a) los impactos sociales y económicos
que están produciendo las tecnologías exponenciales, b) las consecuencias sobre las
disparidades entre países, y c) los problemas éticos y culturales que se plantean. Si bien no se
encarga de elaborar un plan de acción específico, nos aporta al entendimiento del estado
general de la discusión en torno a los criterios, políticas e instrumentos que se están
considerando en los países que ya tienen un recorrido en la materia. Será tarea nuestra
contribuir a la tematización de la problemática y comenzar a delinear posibles cursos de acción.
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Preguntas orientadoras.
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