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Dossier Modulo 1

El documento presenta un material didáctico para la Tecnicatura Universitaria en Gestión e Innovación Pública, centrado en el papel de las tecnologías en la administración pública del siglo XXI. Se exploran diferentes enfoques sobre la tecnología, destacando su complejidad y su impacto en la sociedad informacional, así como la evolución de las tecnologías digitales y su influencia en la economía y la gestión pública. Se busca fomentar un aprendizaje crítico y reflexivo sobre el uso y la implementación de tecnologías en contextos sociales y administrativos.

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Dossier Modulo 1

El documento presenta un material didáctico para la Tecnicatura Universitaria en Gestión e Innovación Pública, centrado en el papel de las tecnologías en la administración pública del siglo XXI. Se exploran diferentes enfoques sobre la tecnología, destacando su complejidad y su impacto en la sociedad informacional, así como la evolución de las tecnologías digitales y su influencia en la economía y la gestión pública. Se busca fomentar un aprendizaje crítico y reflexivo sobre el uso y la implementación de tecnologías en contextos sociales y administrativos.

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TUGIP

Tecnicatura Universitaria en Gestión


e Innovación Pública

Tecnologías para la
Administración
Pública del Siglo XXI
Este material didáctico digital es una producción original de la docente responsable y
los docentes invitados y ha sido elaborado a partir de una cuidadosa selección bibliográfica,
así como de diversos materiales y recursos que enriquecen el abordaje de las temáticas
específicas contempladas en el programa de la cátedra.

En este acápite se presentan los contenidos correspondientes a cada clase del Módulo
I, proporcionando una guía teórico-conceptual que facilita la comprensión del rol de las
tecnologías en la sociedad en general y en las administraciones públicas en particular.

Se alienta a las y los estudiantes a profundizar en las temáticas tratadas a través de


las fuentes bibliográficas y los recursos didácticos seleccionados como material obligatorio,
promoviendo así un aprendizaje reflexivo y crítico.

1
Módulo I: TECNOLOGÍAS PARA EL APRENDIZAJE
ORGANIZACIONAL EN EL SIGLO XXI

Un breve comentario sobre eso que llamamos tecnología

La polisemia (es decir, la falta de una definición única) en el uso del término tecnología suele
generar confusiones. Lejos de ser un objeto, un artefacto o una “cosa” que podemos usar (o
dejar de usar) en determinados contextos y situaciones, las tecnologías conforman sistemas
en los que se desarrolla nuestra vida (y la de otros agentes no humanos).

La comprensión de la tecnología como un artefacto que sirve para cumplir ciertas funciones,
se encuentra muy arraigada en nuestra cultura. Esta idea tiende a considerarla desde una
neutralidad valorativa que deposita en la sociedad la responsabilidad de sus usos. ¿Quién no
escuchó alguna vez la frase “la tecnología no es ni buena ni mala, depende cómo se la use”?
El foco de una perspectiva como ésta se centra en su utilidad y eficiencia, y por tanto es
concebida como un medio para alcanzar determinados fines. Uno de los problemas que
presenta este tipo de concepciones es que se torna opaca la posibilidad de hacernos
preguntas interesantes y comprender cuestiones relevantes, como por ejemplo: ¿Cuál es la
procedencia de los artefactos o máquinas que utilizamos? ¿Qué conocemos sobre quienes
los diseñan y crean? ¿Quién se responsabiliza por los efectos producidos por sus usos? ¿Qué
recursos, conocimientos y habilidades deben movilizarse para la implementación de una
tecnología? ¿Cuál es la cadena de valor de las distintas etapas de producción de una
tecnología, en qué países ocurre y quién lo motoriza? ¿Qué posibilidades de control tenemos
sobre ellas? ¿Cuál es la capacidad de agencia que tenemos las personas, de qué depende y
qué capacidades tenemos en tanto usuarios para realizar usos alternativos de las mismas?

Otros enfoques consideran que la tecnología es un producto del conocimiento científico


aplicado. Desde esta perspectiva cognitivista, la tecnología no se trata sólo de artefactos, sino
que implica un tipo de saber práctico que vincula teoría y práctica, ciencia y técnica. El
desarrollo tecnológico, entonces, dependería del avance del conocimiento científico y su
aplicación práctica. Históricamente, esta concepción se encontró muy próxima a la idea de
progreso y desarrollo: a más ciencia, más tecnología; a más tecnología, más progreso. Una
limitación de este enfoque, sería la invisibilización de los efectos que el desarrollo tecnológico
podría generar: contaminación, riesgos tecno-científicos, desigualdad, desempleo

2
tecnológico, accidentes, entre otros. Asimismo, podría encubrir las discusiones e intereses
detrás del aliento al diseño de un tipo de tecnología, descartando otras posibles.

Mientras que algunos conciben a la tecnología como artefactos y otros lo hacen como ciencia
aplicada, existen perspectivas que recurren a un enfoque sistémico. La noción de sistema
técnico permite entender a la tecnología como un producto de una unidad compleja entre
componentes (materiales, artefactos, energías), agentes (individuos, conocimientos, cultura),
estructuras (flujos de información, regulaciones, normas, infraestructuras) y objetivos
(resultados esperados/obtenidos)1. Esta perspectiva resulta productiva para ampliar el
entendimiento de estos fenómenos, pero presenta un riesgo: asociar la tecnología a una
multiplicidad de elementos que la tornan inabarcable al punto de extraviar la capacidad
explicativa del término. No todo es tecnología, aunque se trate de aspectos que ciertamente
están relacionados con ella.

Por último, resulta conveniente estar atentos a un aspecto que suele estar muy presente en
los discursos vinculados con la tecnología. Como señala Mariano Zukerfeld 2, es muy común
encontrar asociado el término tecnología con lo digital. Algo similar sucede con las tecnologías
de la información y comunicación (TIC) con las tecnologías digitales (TD), invisibilizando que
existen TIC que no son digitales, como los pizarrones, el teléfono de línea, los libros o carteles.
Se trata de tecnologías analógicas, en tanto que no son capaces de procesar, producir,
reproducir, transmitir ni almacenar información digital.

Materia

Tecnología Analógicas

Información y
Comunicación

Digitales

Llegado a este punto, el/la lector se preguntará, entonces, qué es la tecnología. Este curso no
pretende cerrar la discusión ni proporcionar una respuesta concluyente, sino que considera

1 Ver Osorio, C. (2019). “Enfoque sobre la tecnología”, en FormaciónIB, Red Iberoamericana de


Formación en Tecnología y Sociedad.
2 Zukerfeld, M. (2015). La tecnología en general, las digitales en particular. Vida, milagros y familia de

la “Ley de Moore”, Hipertextos, 2(4), pp. 1-30.

3
oportuno establecer un piso común de entendimiento que nos acompañe a lo largo del
trayecto. En este sentido, es posible comprenderla como “aquellos conocimientos que se
concretizan en la forma que asume un bien determinado con un propósito instrumental (y que
en general funcionan como medios para producir otros bienes o servicios)” (Zukerfeld, 2015:
5). Desde este punto de vista, las tecnologías serían conocimientos objetivados en artefactos
que pueden prefigurar conductas pero también pueden ser resignificados por los usuarios.
Así, las tecnologías pueden comprenderse como parte de complejos entramados de
conocimientos históricamente situados, al tiempo que son parte de sistemas socio-técnicos
en los que componentes, recursos, materiales, estructuras, agentes, instituciones,
racionalidades, saberes, modos de gestión, relaciones de poder, en fin, lo social, se amalgama
de forma compleja. Asimismo, el tipo de materialidad en la que se objetiven dichos
conocimientos será central: no es lo mismo que lo hagan en un soporte analógico que en uno
digital.

Si bien éste no es un curso de filosofía de la técnica, resulta imprescindible precisar algunas


claves conceptuales que subyacen transversalmente las diversas temáticas que conforman la
asignatura. Como habrán advertido, partiremos de pensar a la tecnología de un modo que
escape a la razón artefactual (“es una cosa”) como única puerta de entrada, no sólo porque
constriñe las preguntas que podemos hacernos al respecto, sino porque también limita las
posibilidades de acción cuando interacciona con el Estado y la Administración Pública.

4
Clase 1: EL PARADIGMA 4.0: OPORTUNIDADES Y
DESAFÍOS PARA LA GESTIÓN PÚBLICA

Las tecnologías digitales: el corazón del orden social informacional

Pensar nuestro tiempo implica, más que nunca, pensar en las tecnologías digitales. Éstas
incrementaron su complejidad y escala de forma acelerada -exponencial, diría Oszlak (2020)-
al punto que presentan un rol fundamental en la conformación del mundo que habitamos.
Como señala Flavia Costa (2021), nos encontramos en una época caracterizada por el
despliegue masivo de tecnologías de altísima complejidad y riesgo, cuyas huellas transforman
nuestra vida y nuestro mundo3.

¿Cómo llegamos a este punto? A riesgo de simplificar, nos vamos a situar en el último cuarto
del siglo XX. Más puntualmente en la década de 1970. Podemos identificar ese momento
como el inicio de una etapa de profundos cambios en las sociedades occidentales como
consecuencia de dos grandes fenómenos que confluyeron temporalmente: la reestructuración
económica del capitalismo como salida a la crisis del modelo de bienestar solidificado a
posteriori de la Segunda Guerra Mundial, y la revolución de las tecnologías de la información
y comunicación (TIC) que dieron lugar a que las tecnologías digitales (TD) se expandieran
hacia múltiples órdenes de la vida. Estos procesos, de naturaleza sociotécnica, permitieron
delinear un orden social emergente en el que las lógicas rígidas y verticalistas, típicas de las
sociedades del capitalismo industrial, dieron paso a nuevos esquemas societales
estructurados bajo las lógicas de las redes (Castells, 1999).

Las ciencias sociales y las humanidades se han interrogado mucho acerca de cómo
denominar esta etapa en la que las tecnologías digitales devienen en un factor clave para la
valorización económica, al mismo tiempo que adquieren un papel fundamental para viabilizar
la materialización de un mundo que comienza organizarse bajo la lógica de las redes globales.

Siguiendo a Manuel Castells (1999), llamaremos sociedad informacional al nuevo orden social
en el que la generación, procesamiento y transformación de la información se convierte en
fuente de productividad y poder. En un contexto de crisis del modelo industrialista de
desarrollo, la información digital se erigió en el factor que hizo posible incrementar la

3 Pueden conocer más al respecto en este enlace: [Link]

5
productividad del conjunto de la economía, transformar procesos, posibilitar nuevas formas
de organización de la producción y el trabajo, y viabilizar la comunicación en tiempo real y a
escala global para operar de forma flexible y en red.

Estos procesos de índole estructural, están estrechamente vinculados con un conjunto de


innovaciones tecnológicas que confluyeron temporal (fines de la década del ‘60, ‘70 y ‘80) y
espacialmente (Silicon Valley, Estados Unidos).

- En 1969 se produjo la primera comunicación entre computadoras desde la Universidad


de California en Los Ángeles y el Instituto de Investigación de Standford de San
Francisco, mediante la red ARPANET, un sistema de comunicación descentralizado
mediado por computadoras, considerado como el antecesor directo de la Internet
actual.

- En 1971 se lanzó el primer microprocesador, el Intel 4004, que implicó la posibilidad


de colocar un ordenador dentro de un chip, alterando profundamente el mundo de la
electrónica.

- En 1976 se fabricó el primer microordenador para uso personal comercializado con


éxito, el Apple I, por parte de Steve Wozniak, quien fundó Apple Computers junto a
Steve Jobs ese mismo año. En 1981, IBM presentó su propia versión de
microordenador con el nombre de Personal Computer (PC).

- En 1984 Apple lanzó el Macintosh, lo que constituyó el primer paso hacia una
informática accesible para los usuarios, gracias a la introducción de la tecnología de
la interfaz basada en los íconos, desarrollada por Xerox (Castells, 1999).

- El software para computadoras personales surgió a mediados de los setenta,


motorizado de forma colaborativa por una enorme comunidad de desarrolladores
universitarios y académicos, quienes años más tarde fueron conocidos como hackers
(Himanen, 2001).

- Por su parte, el software asociado al desarrollo y uso de Internet fue determinante para
su masificación en la década de 1990. Durante esos años, se produjo la invención del
hipertexto, de navegadores, y de la Word Wide Web, que permitió el surgimiento de
múltiples sitios, buscadores y foros.

La maduración y profundización de estas innovaciones, no sólo posibilitaron la reorganización


de la producción y el consumo de la economía global, sino que además impactaron en
múltiples actividades desde diferentes lógicas. Una de las más visibles es la digitalización de

6
ciertas actividades gracias a la conversión de información y conocimiento analógico en digital,
permitiendo agilizar la organización, gestión y transferencia de información; de lo que se
desprende una sustitución paulatina de actividades humanas. Si bien la sustitución no es
nueva en la historia de las humanidad (la revolución industrial significó la posibilidad de
reemplazar tareas manuales-pesadas-rutinarias por máquinas), las tecnologías digitales
posibilitaron otros modos de sustituciones, más próximas a las tareas realizadas por
trabajadores cognitivos (Gendler y Girolimo, 2025).

Como se señaló al inicio de este apartado, para comprender las condiciones de posibilidad en
el surgimiento, expansión y consolidación de la sociedad informacional, es preciso
comprender que el modelo estructurado post Segunda Guerra Mundial había encontrado sus
límites, precipitados por la crisis del petróleo de 1973. La alta inflación a nivel global, la baja
en la productividad y la caída de las ganancias, encontró en las tecnologías de la información
y comunicación una vía para coordinar dos grandes procesos que conducirían a posibles
salidas a esa crisis: por un lado, los procesos de offshoring, que hicieron posible
descentralizar y flexibilizar el proceso productivo, disminuyendo los costos de producción; y
por otro lado, la financiarización de la economía, que le permitió al capital transnacional
liberarse de las regulaciones de posguerra y convertirse él mismo en el regulador de los flujos
financieros globales (Galliano, 2023).

La primera gran crisis que experimentó la sociedad informacional se produjo a finales del siglo
XX. Con el boom del internet comercial a partir de 1994, en un contexto especulativo y de
estancamiento del sector manufacturero estadounidense, la creación de una economía digital
que habilitaba el comercio electrónico y los negocios en la web comenzó a ser atractiva para
atraer inversiones y capital financiero. En 2000, las inversiones en empresas puntocom
alcanzaron su pico y en 2001-2002 se produjo el colapso del NASDAQ por la explosión de la
burbuja de las puntocom, cuando el capital advirtió que las ganancias tardarían en llegar.

Como consecuencia, el ecosistema de internet experimentó una transformación debido al


cierre, fusión y compra de empresas, así como también a la reconfiguración de sus modelos
de negocios (orientados a la publicidad en internet) y el desarrollo de una internet interactiva
que protagonizaron las redes sociales (pasaje de la web 1.0 a la 2.0), delineando lo que serían
las bases para la conformación a posteriori de un nuevo ciclo de valorización económica
comandado por grandes empresas tecnológicas.

7
Las tecnologías 4.0: protagonistas ineludibles en los cambios y continuidades del
orden social informacional

Transcurrido el primer lustro del siglo XXI, comenzaron a vislumbrarse algunos hitos
sociohistóricos que permiten delinear nuevas lógicas en la sociedad informacional:

- En 2007, Apple lanzó el primer IPhone al mercado, permitiendo la incorporación de


una enorme cantidad de usuarios a la red que hasta ese momento se encontraban por
fuera de ella, y con ella la expansión de la cantidad de datos generados.

- En 2008, con la crisis internacional de las hipotecas subprime (si te interesa el tema,
te recomendamos que veas La gran apuesta de Adam McKay), los Estados
norteamericanos y europeos salieron al rescate de las entidades financieras para
paliar la crisis. Al mismo tiempo, se efectuaron políticas de ajuste fiscal y nuevas
desregulaciones para la circulación del capital financiero, que posibilitaron el retorno
de capitales al sector tecnológico: sitios web, redes sociales, plataformas digitales,
start-ups, que conjugaron el crecimiento de los usuarios y las posibilidades de una
mayor extracción y análisis de datos para desarrollar nuevos negocios, tras la
masificación de los teléfonos inteligentes.

- Surgieron y se consolidaron empresas articuladas sobre la base de las plataformas


digitales, que pueden ser entendidas como constructos socio-técnicos que ofician de
infraestructuras en las que dos o más grupos de usuarios interactúan entre sí vía
internet (OECD, 2019). No sólo se posicionan como intermediarias, sino que
proporcionan el ámbito en el que distintos tipos de agentes interactúan, conducidos
por una lógica algorítmica que comanda su operatoria (Aliosi & Potockta-Sionek,
2022). Estas plataformas organizaron sus negocios en torno a la rentabilidad obtenida
a partir de la extracción, análisis y control de los datos digitales de los usuarios
(Srnicek, 2018).

- En 2011 se introdujo el término Industria 4.0 en la Feria Industrial de Hannover Messe,


Alemania. Fue un programa orientado a revitalizar la industria manufacturera mediante
la digitalización de la producción y la incorporación de sistemas ciber-físicos. Años
más tarde, Schwab acuñó el concepto de Cuarta Revolución Industrial para señalar
una nueva realidad producto de la madurez y convergencia de un conjunto de
tecnologías usualmente agrupadas bajo el término tecnologías 4.0 (texto que leeremos
en el Módulo III) cuya sofisticación e integración creciente estarían transformando

8
profundamente a las sociedades y la economía, con una amplitud, velocidad e impacto
inéditos.

Tecnologías 4.0: principales vectores

Fuente: elaboración propia en base a Basco et al. (2018)

El consenso alcanzado por estos diagnósticos contribuyó a que el tema ingrese en las
agendas de gobierno de diferentes países. Alemania, por ejemplo, creó la Plataform
Industrie 4.0 y la High Tech Strategy 2020, que apuntaron a la digitalización y la
incorporación de IoT en la manufactura (Casalet, 2018). Estados Unidos, luego del
proceso de offshoring que caracterizó a la primera etapa de la sociedad informacional
lanzó el programa Manufacturing USA en 2014, con el objetivo de desarrollar una
estructura organizativa de apoyo público-privado para la digitalización de la industria y
el apoyo a la investigación aplicada (Casalet, 2018). China, por su parte, propuso
transformarse en un líder innovador, capaz de transformar su matriz productiva y el
perfil de sus exportaciones a partir de su liderazgo en las tecnologías digitales,
desarrollar aplicaciones nativas y sus propios centros de datos, y liderar el
patentamiento en IA e IAG (WIPO, 2024). Entre sus principales acciones, se destaca
el Plan General de China 2025, el Plan Made in China 2025 y la Nueva Ruta de la

9
Seda Digital (Casalet, 2018). Las estrategias mencionadas, se enmarcan en un
contexto de discusión entre China y Estados Unidos que no sólo refiere a una
contienda geopolítica sino que incluye una puja por el dominio tecnológico en el que
se visualizan diversas disputas relacionadas4 (Gendler y Girolimo,2025).

Iniciativas de Política Pública en Industria 4.0

Fuente: Plan de Desarrollo Productivo Argentina 4.0 (2021).

- En noviembre de 2022 irrumpió la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en el


mercado, cuando la empresa OpenAI lanzó ChatGPT. Sólo dos meses le tomó
alcanzar los 100 millones de usuarios.

La IAG constituye, en sí misma, una tecnología de propósito general. La característica


principal de este tipo de tecnologías es permitir métodos de producción nuevos y
complementarios para transformar procesos.

Si la Inteligencia Artificial (IA) es la capacidad que tienen las computadoras para imitar
funciones cognitivas humanas gracias a su entrenamiento mediante grandes
volúmenes de datos, lo que le permite mayormente clasificar y predecir, la IAG es un
tipo de IA capaz de generar contenidos en diferentes formatos: textos, imágenes,
audios, códigos, entre otros.

4Si te interesa profundizar en el caso latinoamericano, podés leer el siguiente artículo: Feldman, P. y
Girolimo, U. (2021) “La Industria 4.0 en perspectiva latinoamericana: limitaciones, oportunidades, y
desafíos para su desarrollo”. Revista Perspectivas de Políticas Públicas vol. 10 No 20: 459-491.
Accesible en: [Link]

10
La adopción masiva de una tecnología capaz de intervenir en tareas cognitivas, generó
(y genera) efectos en diversos planos:

- En primer lugar, la IAG se convirtió en la estrella del paradigma 4.0, relegando a


otros desarrollos tecnológicos que se encontraban en agenda, como el metaverso,
por ejemplo.

- En segundo lugar, se puso de relieve un nuevo campo de disputa geopolítica,


profundizando la confrontación entre empresas estadounidenses y chinas. Quien
controle esta tecnología estará en condiciones de fortalecer su posición en el
concierto internacional, en parte, porque la masificación en el uso de IAG comenzó
a gestar un nuevo salto de escala en la datificación social5.

- En tercer lugar, se produjo la emergencia de nuevos desafíos en múltiples planos:


la potencial sustitución de trabajadores por agentes de IAG capaces de realizar
tanto tareas rutinarias/repetitivas como cognitivas/creativas; el potencial para
incrementar la productividad y la potencial ampliación de brechas cognitivas entre
regiones y países; los impactos ambientales provocados asociados a las
infraestructuras de la nube, los materiales y el consumo energético generados por
el uso de IAG; la necesidad de enfrentar nuevos dilemas éticos que se estructuran
en diferentes ejes (proliferación de fake news, sesgos algorítmicos, posibilidades
de accountability), entre muchas otras.

Si en los orígenes de la sociedad informacional, la microelectrónica, las computadoras


personales, el desarrollo de software e internet, fueron imprescindibles para el surgimiento de
una etapa en la que la información digital posibilitó la transformación de procesos y el
desarrollo de nuevos bienes y servicios gracias a la digitalización; con el devenir de los
procesos descriptos que dieron paso al paradigma 4.0 (ver recuadro 1), se produjo: a) una
mayor capacidad de extraer, gestionar, aplicar y transferir datos e información digital; b) una
fuerte convergencia de tecnologías que permitieron una articulación creciente entre lo
biológico, los físico-material y lo digital (Schwab, 2016); y c) la irrupción y expansión de nuevas
infraestructuras que permitieron reorganizar procesos y agentes, como fueron las plataformas
digitales, operadas bajo una lógica algorítmica. Estas lógicas, cuestionan los modos de hacer

5 Entendemos por datificación social al proceso de recolección, medición, almacenamiento y uso de


datos con finalidades diversas entre las que se incluye la modulación algorítmica de las conductas de
los individuos. Este proceso no es nuevo, sino que ha acompañado a la historia de la humanidad desde
la creación de la escritura. Actualmente ha adquirido una nueva centralidad, y una nueva escala, en el
marco del despliegue de las tecnologías 4.0 (Gendler, 2024).

11
que caracterizaron tanto a la sociedad industrial como a la sociedad informacional en sus
inicios, habilitando nuevos procesos y tendencias como la profundización en la digitalización,
nuevas formas de automatización y sustitución de tareas (ahora afectando a las cognitivas e
intelectuales), y nuevos modos de organización social a partir de la expansión de las
plataformas.

Recuadro 1

En los últimos años proliferaron distintos conceptos que intentaron comprender los
profundos procesos de cambio socio-tecnológico que caracterizan nuestros tiempos. El
repertorio es amplio, pero se destacan las ideas de la cuarta revolución industrial, la
industria 4.0, el capitalismo 4.0, el capitalismo de plataformas, el capitalismo de vigilancia,
la era exponencial, la era meta, entre otras variantes.

Si bien refieren a cuestiones vinculadas, las posibilidades explicativas de cada una de


estas perspectivas son diversas, en tanto que algunas de ellas puntualizan más en
cuestiones técnicas, otras en cuestiones macroestructurales, y otras logran sintetizar de
muy buena manera ambos elementos. A los fines de la presente clase, nos interesa
detenernos en aquellos conceptos más recurrentes en la literatura provista.

Era Exponencial: Oszlak (2020) la asocia con una nueva era en la que convergen
tecnologías digitales, físicas y biológicas, que en su despliegue y combinación producen
cambios radicales en el mundo y en las relaciones humanas tal como las conocemos. La
revolución 4.0 ha creado sistemas ciberfísicos que combinan dispositivos y aplicaciones
basados en computación avanzada, nanotecnología, internet de las cosas, sensores y
comunicación digitalizada. En la actualidad, hemos ingresado en una etapa de fuertes
disrupciones tecnológicas y sociales que son de carácter rupturista y exponencial
(profundo y veloz) con respecto al pasado, sobre la que desconocemos hacia dónde nos
pueden conducir los procesos innovativos, que son indefinidos e ilimitados. Esta
conceptualización, guarda mucha cercanía con el enfoque de la Cuarta Revolución
Industrial de Klaus Schwab (2016).

Era Meta: Campos Ríos (2022) la define como la continuación necesaria y evolucionada
de la era digital pero con el interregno de la Era Exponencial, que permitió condensar los
avances tecnológicos de la era de la información para dar pie al metaverso, una era en
la que se produce una conjunción entre lo real y lo virtual. Un rol fundamental para que
se produzca el pasaje hacia la era meta lo desempeñó la pandemia del COVID-19,
momento en el que se llevó a cabo un uso masivo de tecnologías digitales que
vehiculizaron el desarrollo de una nueva forma de conectividad social virtual.

Como señala Bellomo (2020), estamos en un tiempo de interconexión global de máquinas y


personas, de disponibilidad de datos en magnitudes astronómicas, de capacidades de su
aprovechamiento inéditas, y de una automatización, customización y digitalización creciente;

12
que nos ubican en el ojo de un huracán que implica mucho más que una revolución
tecnológica, sino que trata de cambios culturales profundos, nuevos modos de concebir las
relaciones sociales y organizacionales, y perfila nuevas identidades y patrones de
comportamiento.

Para profundizar en estos procesos, te invitamos a leer el siguiente texto obligatorio:

- Gendler, M. y Girolimo, U. (2025). De la primera a la segunda oleada


informacional: una genealogía de la cuestión. Revista Estudios Sociales sobre
Derecho y Pena, Universidad Nacional de San Martín. (en prensa).

Cambios socio-técnicos y desafíos para la Administración Pública en el siglo XXI

Desde una perspectiva macrosocial, los procesos que llevaron a la emergencia, desarrollo y
consolidación de la sociedad informacional desde el último cuarto del siglo XX, vehiculizaron
desplazamientos y desconexiones respecto al orden social e institucional estructurado bajo
las lógicas de la modernidad y el industrialismo. Se produjo una reconfiguración global que
incluyó discontinuidades en la experiencia, disfuncionalidades en las instituciones, y fuertes
transformaciones macro y micro sociales (Peirone et. al., 2019).

Reconfiguración global

Fuente: Peirone (2014)

13
El desencuentro entre el Estado y la ciudadanía se acentuó, así como lo hizo la escuela y los
alumnos, la empresa y el management, los partidos políticos y los militantes, la universidad y
los estudiantes, los sindicatos y los delegados, la familia y los roles reificados (Peirone [Link].,
2019).

Más acá en el tiempo, con las nuevas lógicas introducidas con el desarrollo y adopción masivo
de tecnologías 4.0, los Estados y las Administraciones Públicas comenzaron a experimentar
retos que refieren a lógicas que acontecen por fuera de ellas, pero que requieren de su
intervención; y retos en su interior, que implican transformar procesos, capacidades y
funciones para abordar los desafíos que trae el paradigma 4.0.

Como señala Bellomo (2020), el paradigma 4.0 impone la necesidad de realizar esfuerzos
significativos para aprehender cuestiones de difícil asimilación y gran impacto. Las
Administraciones Públicas (AP) se encuentran interpeladas por nuevas situaciones que
surgen de la mano de los cambios tecnológicos en marcha y las nuevas dinámicas sociales,
culturales, económicas y políticas (el front desk de la transformación digital). Por otro lado,
las AP deben asimilar prácticas y procesos propios del paradigma 4.0 que contribuyan al
cumplimiento de sus misiones (el back office de la transformación digital). Esta distinción
analítica resulta productiva para establecer una primera aproximación a pensar al Estado y la
AP en este momento de fuerte disrupción tecno-social.

El front desk de la transformación digital

Se trata del rol de las AP frente a lo que ocurre “puertas afuera”. Estos roles refieren, por
ejemplo, a la regulación, la provisión de servicios, la promoción de la innovación y el
aseguramiento de los derechos.

- Regulación: el Estado debe crear y modificar normativas para adaptarse a nuevas


dinámicas generadas por el cambio tecnológico. Por ejemplo, las regulaciones sobre
las fintech o empresas de tecnologías financiera que, basadas en las tecnologías
digitales, proveen servicios que en algunos casos no operan sobre la base de la
bancarización.

- Provisión de servicios: el Estado debe readaptarse para prestar servicios que le


permitan cumplir con su misión. Por ejemplo, en la pandemia se debió asegurar la
continuidad educativa mediante tecnologías digitales, lo que implicó garantizar
conectividad y acceso a contenidos, entre otras cuestiones.

14
- Promoción de la innovación: la innovación y la transformación digital difícilmente
ocurren de forma automática. Por el contrario, es responsabilidad del Estado y las
administraciones públicas promoverla mediante inversiones, fortalecer capacidades,
formar personal, en definitiva, realizar esfuerzos innovativos. Por ejemplo, mediante
incentivos para el estudio de determinadas carreras, financiar proyectos de
transferencia tecnológica en universidades, crear incentivos para desarrollar
laboratorios de innovación pública y social, entre otras.

Sobre estos tres roles se enfoca el siguiente trabajo, que te invitamos a leer el siguiente
texto obligatorio:

- Oszlak, O. (2020) “El Estado como regulador, proveedor de servicios y promotor


de la innovación” en Bellomo, S. y Oszlak, O. Desafíos de la Administración
Pública en el contexto de la Revolución 4.0. Konrad Adenauer Stiftung.

- El cuarto rol señalado por Bellomo (2020) es el aseguramiento de los derechos básicos
y fundamentales de la ciudadanía. La revolución traccionada por las tecnologías 4.0
puede generar directa o indirectamente externalidades negativas (desconexiones y
desplazamientos, decíamos anteriormente), que implican nuevos roles en: la
protección de los datos personales y la privacidad de las personas, la seguridad frente
a nuevos delitos informáticos, la preservación de la soberanía y la seguridad nacional,
las brechas digitales de género y la inclusión digital.

El back office de la transformación digital

Remiten a las condiciones que deben generarse en las administraciones públicas para
resolver problemas que se producen “puertas adentro” en el contexto descripto. Entre ellas se
encuentra:

- Definir un modelo de gobernanza que contribuya a superar las naturales


desarticulaciones que acompañan al diseño y la gestión de las políticas públicas.

- Digitalizar procesos implica agilizar, simplificar y desburocratizar trámites. Va más allá


de la despapelización, implica rediseñar procesos que dotan de una mayor eficiencia
a la administración pública.

- Utilizar datos masivos (big data) para la toma de decisiones públicas. Implica
aprovechar los datos generados para mejorar la toma de decisiones, lo que incluye la

15
analítica de datos y avanzar en el desarrollo de un paradigma de políticas basadas en
datos (datos driven policies).

- Gestionar los recursos humanos y el cambio cultural, implica abordar marcos jurídicos
laborales, la idiosincrasia cultural, la necesidad de una estrategia integral de gestión
del empleo público, el desarrollo de talento digital e incentivos para atraer y retener
perfiles, entre otros desafíos.

El front desk y el back office son dos perspectivas esenciales para comprender cómo la
revolución 4.0 afecta y desafía a las dependencias estatales en general. Desarrollar
capacidades back office para adaptarse y transformarse digitalmente es imprescindible para
que el Estado pueda intervenir eficazmente en los problemas que surgen en el front desk.

Como señala Oszlak (2020), es preciso sincronizar las exigencias que plantean la velocidad
de los cambios con las capacidades institucionales del Estado para absorberlos, procesarlos
y enfrentar sus consecuencias. En su trabajo, se alerta acerca de la necesidad de aumentar
la capacidad anticipatoria y adaptativa del Estado por las siguientes razones:

a) librado a su propia dinámica, se producirán transformaciones sobre la estructura de poder


de los países, por lo que se requiere de un Estado con capacidad preventiva y reactiva para
enfrentar este proceso mediante la conducción de la innovación al servicio de la producción
de bienes y servicios de interés colectivo;

b) la posibilidad de que se ensanche la brecha entre quienes lideran estos procesos y quienes
ni siquiera los contemplan;

c) la posibilidad cierta de que la sociedad se vea expuesta a la voracidad de las empresas


para las cuales las consideraciones éticas o morales no cuenten y primen sólo los criterios
mercantiles.

El trabajo de Oszlak, apunta a discutir aquello que deberían hacer los Estados en países
menos desarrollados para enfrentar los desafíos de una era exponencial que avanza a un
ritmo vertiginoso y complejo, en el que las expectativas ciudadanas de recibir mejores y menos
costosos bienes y servicios públicos se incrementaron ostensiblemente en un mundo en el
que la tecnología avanza a un ritmo exponencial.

En paralelo, Campos Ríos (2022) señala que la irrupción de algunas de las tecnologías que
protagonizan la etapa actual -la era meta, según su perspectiva teórica- están pujando por
redefinir los roles y funciones estatales, en tanto que cuestionan la necesidad y vigencia de
instituciones económicas y financieras tradicionales, por mencionar un ejemplo (recuadro 2).

16
Recuadro 2

Según se desprende del trabajo de Campos Ríos (2022), el avance de tecnologías como
blockchain, por detenernos en una de las tecnologías 4.0 más paradigmáticas, no sólo
representa una innovación técnica sino que revela un cambio profundo acerca de cómo
se almacena, valida, intercambia y representa el valor en una sociedad. Blockchain,
puede ser entendida como una infraestructura socio-técnica que permite descentralizar
procesos reemplazando a instituciones centralizadas (bancos, organismos estatales) por
redes distribuidas de validación.

Si hasta el siglo XX el Estado fue el principal garante de la identidad, la propiedad y la


seguridad jurídica, en el siglo XXI estas funciones son cada vez más disputadas por
tecnologías que prometen transparencia, inmutabilidad y eficiencia, aunque sin
mecanismos claros de rendición de cuentas, acceso equitativo o control democrático. La
expansión de estos sistemas interpela directamente a los sistemas de gestión pública, no
sólo desde lo técnico, sino desde lo institucional, ético y político.

¿Es posible pensar en registros descentralizados? ¿Qué desafíos y oportunidades


conlleva? ¿Qué tipo de arquitectura institucional puede integrar estas tecnologías sin
sacrificar principios de justicia, transparencia y control democrático?

En este marco, siguiendo con Campos Ríos (2022), pensar en el futuro del Estado es pensar
en el Estado Meta. Si el avance de la sociedad informacional, con los procesos de
digitalización como bandera, dejó en claro la necesidad de promover una gestión pública que
se nutra de tecnologías digitales y cuyo foco sea el usuario, el advenimiento de la era
exponencial y las tecnologías 4.0 no se condice con los modos de organización estatal, por lo
que resulta necesario preparar la administración pública para el mundo actual.

El modelo clásico de administración pública conocido como modelo burocrático o weberiano,


se regía sobre procesos, normas y estructuras rígidas. Este modelo, que colapsó con el
advenimiento del neoliberalismo, dio paso al modelo posburocrático y a la nueva gestión
pública (NGP) centrada en los resultados y orientada al usuario/cliente. Si bien la NGP
significó un salto de calidad en la prestación de servicios, para prestar esos mismos servicios
hoy se requieren nuevas competencias dados el flujo de información y la fuerte digitalización.
En la actualidad, la gestión pública atraviesa otro punto de quiebre apalancado en los
procesos de digitalización e incorporación de tecnología que motivó el surgimiento de otro
modelo, conocido como modelo de gestión pública basado en personas (gpbp) o design
oriented, enfocado en el usuario y con el foco puesto en la implementación (incorporando
herramientas basadas en IA, Big Data, Internet de las Cosas, etc.). Sobre este punto
volveremos en la clase 2.

17
Modelos de gestión pública

Fuente: elaboración propia en base a Campos Ríos (2022)

Más allá de los cambios e impactos de la era exponencial y la era meta, el Estado sigue siendo
significativo para un sinnúmero de procesos. Es el Estado, junto con la ciudadanía y el
conjunto de los actores sociales el agente capaz de encauzar los procesos de innovación en
el sentido del aprovechamiento de sus ventajas y evitar sus consecuencias. Es el Estado el
único capaz de intervenir para evitar que la velocidad del cambio tecnológico genere mayores
desigualdades. Pero para ello, es necesario un Estado capaz de direccionar las
transformaciones tecnológicas en herramientas de gestión adecuadas.

Como señala Campos Ríos (2022: 27) “Las TIC, la era exponencial o el metaverso no deben
constituir un fin en sí mismo, sino que deben entenderse como el medio que permita crear
estos Estados inteligentes, que brinden respuestas a los ciudadanos de modo rápido y ágil y
presten servicios de calidad. El Estado inteligente será el paso final para entrar en una nueva
forma de burocracia y relaciones sociales que den origen a nuevas formas de interacción con
el Estado que no requieran de la presencia física de los usuarios y aun así les asegure la
prestación de servicios acordes a sus necesidades o, incluso mejor, que preste servicios que
los propios usuarios no llegan a demandar”

18
Para profundizar en estos procesos, te invitamos a leer el siguiente texto complementario:

- Campos Ríos, M. (2022). El Estado en la Era Meta. Del Estado Inteligente al


Estado Inmersivo. Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo
(CLAD). Introducción.

Preguntas orientadoras:

- ¿Qué transformaciones sociales y tecnológicas dieron origen a la sociedad


informacional y qué papel jugaron las tecnologías digitales en este proceso?
- ¿Cuáles son las principales características de las tecnologías 4.0 y qué impacto tienen
en la sociedad y el Estado?
- ¿Qué nos aportan los conceptos de “era exponencial”, “industria 4.0”, “capitalismo de
plataformas” y “era meta” para el entendimiento del Estado en la etapa actual?

19
Clase 2: PENSAR A LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA EN
EL SIGLO XXI

El Estado y el paradigma 4.0

La velocidad del cambio tecnológico impone al Estado el desafío de no quedar rezagado en


su capacidad de intervención y acción en el ámbito social. Para enfrentar este contexto, las
instituciones públicas deben anticipar el rumbo de las transformaciones tecnológicas, adquirir
herramientas de gestión adecuadas y establecer políticas y regulaciones oportunas (Oszlak,
2020).

En este marco, el Estado tiene un rol clave para evitar que la tecnología profundice las
desigualdades sociales, aumente la dependencia tecnológica y consolide la concentración del
poder en manos de los países líderes y las grandes corporaciones que controlan el desarrollo
de tecnologías emergentes (Novomisky, 2023). Sin embargo, para cumplir con este rol, debe
transformarse, fortalecer sus capacidades institucionales y repensarse estratégicamente.

La era exponencial (Bellomo y Oszlak, 2020), la cuarta revolución industrial (Schwab, 2016),
la era meta (Campos Ríos, 2022) o la segunda oleada informacional (Gendler y Girolimo,
2025), refieren una etapa de fuertes transformaciones que exigen que el Estado se transforme
en un sentido estratégico, proactivo y centrado en la gestión de lo público, con capacidad
desarrollar instrumentos de planificación y elaborar políticas efectivas (Novomisky, 2023).

Si bien la adopción de tecnologías por parte de los estados, ha aumentado las capacidades
para producir bienes, regulaciones y servicios con mayor especificidad, eficiencia y rapidez,
cabe preguntarse si ello es suficiente para diseñar y ejecutar políticas que respondan
adecuadamente a las cuestiones socialmente problematizadas que plantea la etapa actual
(Oszlak, 2020). En esta clase, vamos a intentar profundizar sobre estos y otros elementos.

De la Administración Pública del pasado a la Administración Pública del futuro

Al encontrarnos en un momento de grandes transformaciones, nos invade la sensación de


que vivimos el final de un ciclo iniciado en la modernidad y el inicio de uno que no terminamos
de asimilar. En línea con lo planteado anteriormente, empezamos a vislumbrar que el Estado

20
y las administraciones públicas deben ser repensados en aras de adaptarse a un orden social
que lo interpela desde múltiples ángulos.

Para comprender estas transformaciones, resulta productivo mirar cómo se han ido
transformando las administraciones públicas en diferentes momentos signados por
discontinuidades históricas. En esta línea de trabajo, Ramió (2017) nos invita a concebir a la
administración pública como una formación geológica que sedimenta múltiples estratos
conceptuales. Desde finales de siglo XIX existen distintos modelos:

- Modelo premoderno, de patronazgo o clientelar: es un tipo de organización que


producen los individuos de forma natural y espontánea. Los puestos públicos son
ocupados de manera discrecional gracias a redes informales, compra de los puestos
o heredarlos. El modelo de patronazgo se transformó en un modelo clientelar,
practicado y teorizado por Jefferson, presidente de Estados Unidos. Se concibe que
cualquier ciudadano con una mínima cultura está capacitado para ocupar puestos
públicos. Cuando un partido gana las elecciones, elige a los empleados públicos para
implementar su programa electoral (spoils system). Los efectos de este modelo son
los de construir un Estado con bajas capacidades y dominado por el partido político en
el gobierno.

- Modelo burocrático: representa la respuesta a la ambición de modernizar el Estado,


abandonando la lógica natural de las organizaciones a configurarse por pulsiones y
pasiones individuales y colectivas. Weber definió a la burocracia como una forma de
organización que realza la precisión, velocidad, claridad, regularidad, exactitud y
eficiencia a través de la división de tareas, la supervisión jerárquica y el detalle de
reglas y regulaciones. Fue Weber quien diseñó al Estado moderno y definió a la
burocracia como un sistema dirigido a garantizar la racionalidad de las acciones y de
las relaciones. Este modelo contribuye a diseñar un Estado fuerte que mantiene a la
política alejada del ámbito organizativo y de los aspectos técnicos e instrumentales.
Se trata de un modelo que empodera al poder político al mismo tiempo que blinda la
dimensión profesional. Pero es en esa rigidez institucional donde reside una de sus
debilidades: es muy difícil implementar reformas.

Según Ramió, este modelo puede ser mejorado y superado, pero no del todo
abandonado en términos conceptuales, ya que “agrupa unos valores institucionales
que son inamovibles y que siempre hay que preservar (entre otros la jerarquía, la
meritocracia y aspectos organizativos que aseguren la seguridad jurídica)” (2017: 22).

21
- Modelo gerencial: constituye uno de los intentos por superar el paradigma
burocrático. Es un modelo que surgió en los años ’80 bajo el paradigma de la Nueva
Gestión Pública (NGP). Las ideas que sostienen a este modelo se basan en establecer
objetivos concretos, otorgar cierta discrecionalidad y flexibilidad a los gestores para el
uso de los recursos, y en establecer mecanismos de control mediante la evaluación de
resultados. Estos enfoques tienden a incluir estrategias y herramientas como la
desregulación, agencialización, gerencialización, privatización, externalización (de
servicios públicos gestionados por el sector privado), la ética en la gestión pública, la
participación ciudadana, etc. Se trata de un Estado más relacional que
intervencionista, intermediador más que proveedor de servicios, pensar más en
clientes que en ciudadanos.

Según Ramió (2017), uno de los problemas de este modelo es que se asentó sobre
una crítica de lleno al modelo burocrático pero no reconoció sus méritos. El modelo
gerencial debilita al Estado y empodera a los expertos en detrimento de la política.

- Modelo de gobernanza: en los años ’90 emergió este paradigma que representa un
intento de configurar espacios públicos deliberativos en los que puedan interactuar
distintos niveles de administraciones públicas, agentes económicos, sociales y
sociedad civil, para afrontar los desafíos que tiene la sociedad actual. Parte del
principio que la legitimidad no se consigue sólo con la eficacia y la eficiencia de su
accionar, sino que también es importante el elemento democrático (transparencia,
rendición de cuentas, participación). Para Ramió, este paradigma es ambiguo. Si bien
es difícil estar en contra de sus principios, ya que habilita múltiples espacios de
deliberación, decisión y cogestión, representa la constatación de que la política carece
de los instrumentos para tomar decisiones en “una economía y una sociedad
globalizadas y dominadas por la infoeconomía y las redes sociales” (2017: 25).

Siguiendo a Ramió (2017), el modelo conceptual actual y futuro inmediato de la administración


pública no responde de manera pura a ninguno de los mencionados. Por el contrario,
responde a una hibridez que combina el predominio del modelo burocrático con ingredientes
gerenciales. Ahora bien, al momento de pensar en los escenarios posibles sobre los que
podría devenir la administración pública, el autor identifica cuatro, en función de las distintas
formas que adquiera la articulación entre el Estado, el mercado, la sociedad civil y la
ciudadanía.

- Gobernanza incremental o inercial: es el escenario más probable ya que se trata de


un modelo que incorpora cambios graduales que llevan a una paulatina reducción del

22
tamaño y la influencia de la administración pública, con el riesgo de que el sector
privado sea el que adquiera un mayor peso en las redes de gobernanza y la política
pierda peso como ámbito decisional.

- Modelo fallido: es un escenario extremo que implica una crisis total en la que el
sistema público pierde de forma absoluta sus funciones estratégicas y su espacio sea
ocupado por actores privados. El Estado se reduciría a las tareas de soberanía o la
justicia, sin capacidad de influir en la vida social y económica.

- Gobernanza institucionalizada e inteligente: es el escenario deseable desde la


perspectiva de Ramió, ya que la administración pública asume un rol activo que lidera
redes de colaboración entre actores diversos al mismo tiempo que garantiza el interés
general. Supone una transformación profunda del modelo burocrático, la erradicación
del clientelismo y el desarrollo de una institucionalidad que se basa en la innovación,
la regulación y la inteligencia institucional. Este modelo implicaría un Estado fuerte,
con poder político para diseñar políticas públicas, poco intrusivo y respetuoso de las
instituciones.

- Gobernanza institucionalizada e inteligente con una notable expansión del


Estado: comparte las características del modelo anterior pero con una ampliación
significativa en el rol del Estado, en la provisión y regulación de bienes públicos. Esta
expansión podría ser impulsada por demandas de la ciudadanía, por las tensiones
sociales o los desequilibrios económicos que requieren de una mayor intervención
estatal. Tiene riesgos de clientelismo o captura política si no es acompañado por
mecanismos de control democráticos.

Las propuestas de los autores

La búsqueda de la inteligencia institucional

Ramió (2017) considera que la administración pública del futuro debe apostar por la
inteligencia, es decir, ser capaces de gestionar información de manera estratégica,
anticipatoria y articulada, de forma que le permita tomar buenas decisiones públicas y regular
de forma efectiva las actividades. Pero atesorar cada vez más información no alcanza. Es
necesario, a su vez, crear nuevos perfiles profesionales capaces de gestionar la información.
El gestor de información es un profesional con conocimientos tecnológicos, técnicas de
investigación social cualitativa y cuantitativa, y capacidad analítica.

23
La propuesta de Ramió se basa en una estrategia que contempla cuatro niveles:

- Contar con información económica precisa para medir costos reales de las políticas y
servicios.

- Ubicar en un sistema agregado de información los datos desagregados existentes en


sistemas de información y bases de datos. Hay que superar la gestión feudal de la
información con bases de datos artesanales y fragmentadas, en la que cada unidad
conserva la información como una fuente de poder.

- Abrir los datos que históricamente estuvieron bajo el control de las organizaciones para
que estén disponibles de forma libre a todo el mundo, sin restricciones. El open data
es una exigencia ineludible para las instituciones públicas, derivada de la obligación
política, moral, social y legal de ser transparentes y facilitar el acceso a la información
pública a los ciudadanos.

- Considerar el uso de big data, es decir, de tratamiento y análisis de enormes


repositorios de datos. La proliferación de sitios web, aplicaciones, redes sociales,
dispositivos, sensores, etc., son generadoras de grandes volúmenes de información
que puede ser susceptible a ser analizada para mejorar la calidad de los servicios y
las políticas.

En la era de internet, los individuos somos totalmente visibles, no sólo para los Estados sino
para un grupo limitado de empresas de tecnología. Pero el enorme caudal de información no
puede estar en manos privadas y ser utilizada sin escrúpulos para hacer negocios. Según
Ramió, es necesario establecer regulaciones y utilizarlas para que las instituciones públicas
puedan proveer servicios efectivos y eficientes que mejoren la calidad de vida de las personas.
La peor situación es la actual, ya que hay pocas empresas que controlan un volumen enorme
de información y los Estados mendigan información a estas empresas.

24
Estrategia para la inteligencia institucional

Fuente: elaboración propia en base a Ramió (2017)

Estos preceptos se basan en discutir la idea de que la administraciones públicas no pueden


ser innovadoras. Sin embargo, para que lo sean, deben afrontar múltiples desafíos: deben ser
más inteligentes para conocerse mejor a ellas mismas y comprender mejor los problemas del
entorno, deben tener la vocación de generar innovación económica y social y contribuir a
incentivar el aprendizaje.

Para profundizar, te invitamos a leer el texto obligatorio:

- Ramió, C. (2017). De la Administración Pública del pasado a la Administración


Pública del futuro. Aportes para el Estado y la Administración Gubernamental,
23(33), 15-49.

Transformar al Estado en la Era Exponencial

El trabajo de Ramió (2017) puede ser complementado con el de Oszlak (2020), quien nos
ayuda a complejizar el diagnóstico sobre los desafíos que presenta el Estado y la
Administración Pública en este contexto, marcado por transformaciones vertiginosas que son
impulsadas por las tecnologías emergentes (repasemos la clase anterior, cuando hablamos
de Tecnologías 4.0).

Oszlak llama la atención respecto a que muchos Estados, sobre todo en el mundo en
desarrollo, enfrentan estas disrupciones sin haber desarrollado capacidades institucionales

25
para poder, primero, comprenderlas y luego anticiparlas y gobernarlas. Esta situación genera
un desacople entre el ritmo del cambio tecno-social y las respuestas que desarrollan los
estados, lo que podría tener efectos negativos sobre el conjunto de la sociedad en términos
de profundizar las desigualdades, perder soberanía, aumentar la exclusión y que el interés
público sea cooptado por actores corporativos. La indiferencia no es una opción, por lo que
propone repensar el papel del Estado.

Otro elemento subyacente, tanto al trabajo de Ramió como al de Oszlak, es que la innovación
es concebida como una estrategia central para generar respuestas a la altura de las
transformaciones que experimenta la sociedad. Quizás una de las diferencias entre ambos
trabajos, posiblemente por el año en el que fueron escritos y el estadio madurativo en el que
se encontraba el paradigma tecnológico, es Oszlak quien alerta sobre la inminencia de la crisis
y la velocidad adquirida por la disrupción digital.

En este marco, Oszlak señala que las herramientas que se incorporen en la gestión pública
deberán emplear los soportes tecnológicos que están transformando las pautas de
organización social. Al mismo tiempo, el Estado deberá intervenir para minimizar los riesgos
y enfrentar los desafíos que ello plantea, algo que los especialistas norteamericanos y
europeos vienen debatiendo hace un tiempo. En términos generales, se plantea que los
gobiernos estarán más orientados al ciudadano, más basados en redes y en garantizar que
los ciudadanos puedan incrementar su participación voluntaria en la gestión. Pero al mismo
tiempo, en lo que refiere al back office de la administración (ver clase 1), se espera que la
revolución tecnológica imponga nuevas modalidades de trabajo, mucho más colaborativas,
transversales y experimentales.

Uno de los modos de pensar al Estado en el contexto de la era exponencial, es mediante el


concepto del gobierno como plataforma. Esta concepción, busca trascender la concepción de
la administración pública como una máquina expendedora en la que el ciudadano coloca una
“moneda” (impuesto) y obtiene una prestación (educación, salud, seguridad). Por el contrario,
basado en la idea original de Tim O’Reilly, un modo alternativo implica concebirla como una
plataforma de servicios personalizados que permite romper los compartimentos
organizacionales, como una plataforma abierta a ser construida, como una nueva
infraestructura pública, una abreviatura de co-producción y una estrategia para facilitar nuevas
instituciones que se adecuen a la era actual.

Este modo de concebir a la administración pública, fue posible por la madurez de las
tecnologías digitales, el desarrollo de las redes sociales y los avances en el campo del big
data y la inteligencia artificial. Además, implicaría repensar las funciones de gobierno,

26
fortaleciendo su colaboración con otros agentes mediante el aprovechamiento de estas
infraestructuras que se convierten en habilitantes. De este modo, esta concepción puede
permitir dar respuestas:

- Rápidas y flexibles: empleando técnicas ágiles que permitan desarrollar software en


poco tiempo para resolver problemas específicos.
- Escalables: sin restringir la cantidad de usuarios que pueden acceder a los sistemas
en ciertos momentos.
- Extensibles: permitiendo expandir la funcionalidad y capacidades a nuevas áreas y
agencias.
- Responder a expectativas ciudadanas: un servicio unificado que conecte a los
usuarios de servicios gubernamentales con la agencia específica que lo requiera.
- Integrar los componentes de las plataformas como servicios: proveer los componentes
basados en la nube para programar nuevos servicios y aplicaciones.
- Centralizar los datos: permitiendo tener control de la información a las agencias,
acceder y reunir datos para realizar análisis predictivos.
- Apoyar al ecosistema digital mediante su vinculación y comunicación mediante APIs.

El viraje de la transformación digital hacia el desarrollo de plataformas, exige todavía un


importante cambio de mentalidad. En algunos casos, hay países -como Estados Unidos- que
desarrollaron plataformas centradas en los ciudadanos donde las interacciones con todos los
niveles de gobierno pueden realizarse mediante una única aplicación móvil.

En el caso de los países en desarrollo, Oszlak señala múltiples desafíos, la necesidad de


considerar a internet como un bien público global, asumir el compromiso de fortalecer la
ciberseguridad y adoptar una estrategia que conduzca al reemplazo de sistemas heredados
y en buena parte obsoletos. Pero además, será necesario avanzar en acuerdos regionales,
para lo que América Latina deberá homogeneizar marcos legales y regulatorios para generar
confianza, ampliar circuitos comerciales y potenciar el intercambio de bienes y servicios
mediante plataformas.

Recuadro 3

Otros autores. como Novomisky (2023), plantean la necesidad de construir una


Administración Pública 4.0 (AP4.0). Esa transición plantea fuertes desafíos pero también
interesantes oportunidades para mejorar el desempeño gubernamental en cuanto a la
eficiencia, transparencia y calidad de los servicios provistos. Pensar en una AP4.0 implica
mucho más que la adopción de nuevas tecnologías. Requiere de adoptar un enfoque
integral que contemple:

27
1. Que se transformen en organizaciones ambidiestras: que puedan adoptar una
perspectiva de futuro, equilibrando la atención hacia la gestión diaria y la mirada
estratégica.
2. Que asuman el rol de gestoras de la complejidad: que logren transformar el
conocimiento acumulado por las/os trabajadoras/es del Estado en inteligencia
organizacional, promoviendo entornos colaborativos (gestión del conocimiento).
3. Que promuevan la colaboración entre las organizaciones: que los liderazgos
políticos y estratégicos se adapten para fomentar la creatividad y se creen incentivos
para compartir el conocimiento de manera colectiva.
4. Que promuevan la identidad colectiva, enraizada en los valores y la ética pública.
La adopción de tecnologías como la IA, por ejemplo, requiere considerar un
desarrollo y adopción basado en valores en línea con la ética pública para asegurar
una adecuada implementación.

Si te interesa el tema, te recomendamos leer el siguiente texto complementario:

- Novomisky, S. (2023). Tecnologías y transformación digital para la innovación en


la Administración Pública. Estado Abierto. Revista sobre el Estado, la administración
y las políticas públicas, 7(3), abril-julio, 165-202. Lo encontrás en la bibliografía
optativa de este módulo!

Más allá de lo dicho, lo cierto es que una de las principales preocupaciones del autor -y sobre
las que nos alerta a lo largo de su trabajo- es la indiferencia por parte de los decisores públicos
de los países en desarrollo frente a los desafíos planteados. Al inicio del libro, señala tres
razones para justificar el abordaje de estas temáticas: a) los impactos sociales y económicos
que están produciendo las tecnologías exponenciales, b) las consecuencias sobre las
disparidades entre países, y c) los problemas éticos y culturales que se plantean. Si bien no se
encarga de elaborar un plan de acción específico, nos aporta al entendimiento del estado
general de la discusión en torno a los criterios, políticas e instrumentos que se están
considerando en los países que ya tienen un recorrido en la materia. Será tarea nuestra
contribuir a la tematización de la problemática y comenzar a delinear posibles cursos de acción.

Para profundizar, te invitamos a leer el siguiente texto complementario:

- Oszlak, O. (2020). El Estado en la Era Exponencial. Instituto Nacional de la


Administración Pública. Capítulo “Capacidades estatales frente a la disrupción
tecnológica”, pp. 101-148.

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Preguntas orientadoras.

Según tu perspectiva reflexioná sobre los siguientes interrogantes:

- ¿Qué ventajas y desafíos presenta el modelo de gobierno como plataforma en


contextos periféricos o desiguales?
- ¿Qué capacidades institucionales requiere implementar este enfoque?
- ¿Cómo se puede garantizar que estas plataformas públicas no reproduzcan lógicas
de exclusión o dependencia tecnológica?

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