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El documento aborda el impacto de la Guerra de Marruecos y la dictadura de Primo de Rivera en España, destacando la oposición política y social a la guerra, así como el contexto de crisis que llevó al golpe de Estado de 1923. La dictadura se caracterizó por un intervencionismo estatal en la economía y la represión de movimientos sociales, culminando en la dimisión de Primo de Rivera en 1930 y la proclamación de la Segunda República en 1931. La nueva Constitución de 1931 estableció un sistema democrático y reconoció derechos individuales, incluyendo el sufragio femenino.
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El documento aborda el impacto de la Guerra de Marruecos y la dictadura de Primo de Rivera en España, destacando la oposición política y social a la guerra, así como el contexto de crisis que llevó al golpe de Estado de 1923. La dictadura se caracterizó por un intervencionismo estatal en la economía y la represión de movimientos sociales, culminando en la dimisión de Primo de Rivera en 1930 y la proclamación de la Segunda República en 1931. La nueva Constitución de 1931 estableció un sistema democrático y reconoció derechos individuales, incluyendo el sufragio femenino.
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8.2.

El impacto de los acontecimientos internacionales: Marruecos, la Primera Guerra


Mundial y la Revolución Rusa

1. La Guerra de Marruecos

España tenía una tradición histórica de posesiones en el norte de África, como Melilla, Ceuta y
las Islas Canarias. Durante el siglo XIX ya había intervenido militarmente en la zona (1859-1860
y 1893-1894).

En el contexto de la expansión imperialista internacional, la Conferencia de Berlín, dirigida por


Otto von Bismarck, supuso el reparto de África entre las potencias europeas. Más adelante, la
Conferencia de Algeciras (1906) y el tratado hispano-francés de 1912 establecieron el reparto
de Marruecos entre Francia y España, con el apoyo del Reino Unido y frente a Alemania.

En este reparto, España actuaba como un Estado tapón, ya que su presencia en el norte de
Marruecos evitaba que una sola gran potencia controlara completamente la zona del Estrecho
de Gibraltar, manteniendo así el equilibrio internacional en un punto estratégico clave.

Los objetivos de España eran: renovar su participación activa en la política internacional,


cumplir con el llamado deber civilizador, defender intereses económicos (explotación minera y
construcción de ferrocarriles), mantener el equilibrio estratégico en el Estrecho de Gibraltar y
recuperar el prestigio profesional del Ejército tras la derrota de 1898.

Existió una fuerte oposición política y social a la guerra. La oposición política procedía de
partidos al margen del sistema de la Restauración, es decir, formaciones que no participaban
en el turno dinástico y que criticaban tanto la guerra como el funcionamiento del régimen. A
ello se sumaba la oposición del movimiento obrero.

La guerra generó una fuerte oposición política (partidos al margen del sistema) y social
(movimiento obrero). Las primeras derrotas, como la del Barranco del Lobo (1909), tuvieron un
enorme impacto social y provocaron la Semana Trágica en Barcelona.

Desde 1911-1912 se lograron victorias en Larache, Tetuán y Alcazarquivir, aunque la expansión


territorial se frenó durante la Primera Guerra Mundial.

El conflicto alcanzó su punto crítico con el ataque de las cabilas de Abd el-Krim. En julio de
1921, un error estratégico del general Fernández Silvestre provocó el Desastre de Annual (F-02
y 04), con miles de muertos y la amenaza sobre Melilla. Esto forzó la dimisión del presidente y
la formación de un Gobierno de concentración presidido por Maura, con participación de la
Lliga Regionalista.

La indignación social contra el Ejército y la monarquía llevó a la creación de una comisión de


investigación para depurar responsabilidades.

Esa investigación fue el Expediente Picasso, que analizaba detalladamente el Desastre de


Annual y las posibles responsabilidades militares y políticas. Antes de que sus conclusiones se
debatieran plenamente, el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera en 1923
interrumpió el proceso. La guerra finalizó en 1927.
8.3 DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA.
La dictadura de Miguel Primo de Rivera se enmarca en la crisis final del sistema de la
Restauración. El turnismo entre liberales y conservadores estaba agotado, los partidos
dinásticos desprestigiados y crecían el republicanismo, los nacionalismos y el movimiento
obrero.
El detonante inmediato fue el Desastre de Annual (1921) y el posterior Expediente Picasso,
que investigaba las responsabilidades militares e incluso políticas —llegándose a insinuar la
posible implicación del rey Alfonso XIII—. En este contexto, un gobierno militar se presentó
como solución a la crisis.
El golpe de Estado (1923)
El golpe de Estado se produjo en 1923, con el apoyo del rey y bajo la influencia del éxito de
Mussolini en Italia. Tras el golpe se suspendió la Constitución de 1876, se disolvieron las Cortes,
se prohibieron los partidos políticos, se estableció la censura de prensa y se restringieron las
libertades de reunión y asociación.
El golpe contó además con el apoyo del Ejército, que dudaba de la política del Gobierno en
Marruecos; de la burguesía catalana, los grandes terratenientes y las clases medias, que
buscaban el mantenimiento del orden frente al riesgo de revolución obrera; y de la Iglesia,
preocupada por el anticlericalismo popular. Primo de Rivera presentó el golpe como una
medida regeneracionista contra la corrupción, el caciquismo, la violencia social y la crisis
económica de posguerra.
Directorio Militar (1923 y 1925)
Entre 1923 y 1925 se estableció el Directorio Militar, considerado una solución temporal a la
crisis del país. Se limitaron las libertades mediante la censura de la prensa y la enseñanza, los
alcaldes fueron nombrados por el Gobierno y los militares quedaron al frente del gobierno civil
de cada provincia. Se reprimió el comunismo (PCE) y el anarquismo, que se radicalizó y se
escindió con la creación de la Federación Anarquista Ibérica, y se prohibieron las
manifestaciones y las huelgas. También se persiguió el nacionalismo catalán, disolviéndose la
Mancomunitat en 1925 y prohibiéndose el uso oficial del catalán, así como el sector más
radical del nacionalismo vasco.

Guerra de Marruecos
La guerra de Marruecos generó tensiones entre africanistas, como Mola o Francisco Franco, y
abandonistas, entre ellos el propio Primo de Rivera y quienes rechazaban popularmente la
guerra. El conflicto se resolvió con el Desembarco de Alhucemas (1925), realizado con ayuda
de Francia, y finalizó en 1927 bajo el mando del general Sanjurjo.

Directorio Civil (1925-1930)


En 1925 comenzó el Directorio Civil (1925-1930), etapa de institucionalización del régimen
según el modelo fascista italiano. Se creó la Unión Patriótica (1924), concebida como el partido
único de apoyo al régimen, y la Asamblea Nacional Consultiva, encargada de elaborar un
proyecto constitucional en 1929.

Se implantó un Estado corporativo, basado en la formación de comités paritarios, arbitrados


por el Gobierno e integrados por patronos y trabajadores, para regular las condiciones
laborales y prevenir y resolver conflictos. Un sector del socialismo apoyó temporalmente al
régimen, representado por Francisco Largo Caballero, mientras que otro sector, encabezado
por Indalecio Prieto, se mostró firme opositor. Se mantuvo, no obstante, la persecución del
anarquismo y el comunismo. Con el tiempo creció la oposición de liberales, conservadores,
republicanos, nacionalistas, intelectuales y militares ante el intento de perpetuar la dictadura.
2. La evolución económica durante la dictadura de Primo de Rivera

Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera se produjo, en un primer momento, una


mejora de la coyuntura económica internacional tras la Gran Guerra, lo que favoreció el
crecimiento económico en España.

La política económica del régimen se basó en el dirigismo, entendido como la combinación de


intervencionismo estatal y proteccionismo. El Estado intervino activamente en la economía,
especialmente mediante el control de la oferta, aprobando leyes para la fijación de precios y la
restricción de la competencia.

Asimismo, se fomentó la industria nacional autárquica mediante la elevación de los aranceles,


la concesión de exenciones fiscales y la entrega de subvenciones a empresas con problemas
económicos. Se produjo un aumento de la inversión pública, con participación también de la
iniciativa privada, lo que impulsó la construcción de grandes infraestructuras públicas, como
carreteras y vías de ferrocarril. Estas obras contribuyeron a la disminución del paro.

En esta línea intervencionista se crearon monopolios estatales en sectores estratégicos: en


comunicaciones, la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE, 1924); en transporte
aéreo, Iberia (1927); y en el sector del petróleo, CAMPSA (1927).

Además, el régimen celebró con carácter propagandístico grandes eventos internacionales,


como la Exposición Internacional de Barcelona y la Exposición Iberoamericana de Sevilla,
ambas celebradas en 1929. Sin embargo, se descuidaron las necesidades de impulso de la
modernización de la agricultura.

Entre las características negativas del modelo económico destacaron la inflación y el


crecimiento del déficit público. Con la crisis económica de los años treinta se produjo un
descenso de las exportaciones y un aumento del paro, lo que generó una coyuntura económica
insostenible en el momento del nacimiento de la Segunda República.

La decadencia de la dictadura y el final del reinado de Alfonso XIII

En la fase final del régimen, Miguel Primo de Rivera fue perdiendo apoyos de manera
progresiva. La burguesía se fue alejando debido a su política anticatalanista; el movimiento
obrero mantuvo su resistencia; y se produjeron conspiraciones militares en 1926 y 1929.
Además, liberales y conservadores deseaban la recuperación de la Constitución de 1876,
mientras que los republicanos identificaban dictadura y monarquía y reclamaban la
convocatoria de Cortes constituyentes. También se manifestó la oposición de la intelectualidad,
destacando Miguel de Unamuno.

Finalmente, Primo de Rivera dimitió el 28 de enero de 1930, sin el apoyo del Ejército ni del rey
Alfonso XIII. A esta situación se sumó el inicio de la crisis económica mundial en octubre de
1929, que agravó aún más el contexto político y social.

Tras su dimisión se inició la etapa conocida como “Dictablanda”, caracterizada por gobiernos de
transición orientados a la recuperación del régimen constitucional. Estos gobiernos estuvieron
presididos por el general Berenguer, hasta febrero de 1931, y posteriormente por el almirante
Aznar.

El 17 de agosto de 1930 se firmó el Pacto de San Sebastián, en el que participaron


republicanos, socialistas y nacionalistas catalanes y gallegos. Como resultado se formó un
comité revolucionario presidido por Niceto Alcalá Zamora (F-08), lo que supuso el inicio del
camino hacia la república. El movimiento contó con el apoyo de intelectuales como José Ortega
y Gasset y Gregorio Marañón, que impulsaron la Agrupación al Servicio de la República en
1931.

En diciembre de 1930 se produjeron sublevaciones militares a favor de la república, como la de


Jaca, protagonizada por los capitanes Galán y García Hernández, y la de Cuatro Vientos,
encabezada por el general Queipo de Llano y el comandante Franco.

Finalmente, se convocaron elecciones municipales el 12 de abril de 1931 (F-09 y F-10). La


victoria de los partidarios de la república en las capitales de provincia fue interpretada como un
plebiscito entre monarquía y república. Ante esta situación, Alfonso XIII suspendió el “ejercicio
del poder real” (F-11), y el 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República española.
LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA Y EL GOBIERNO PROVISIONAL

Elecciones municipales del 12 de abril de 1931.


Las elecciones municipales convocadas el 12 de abril de 1931 dieron una clara victoria
republicana en las capitales de provincia. Aunque eran elecciones locales, el resultado fue
interpretado como un plebiscito entre monarquía y república. Ante la falta de apoyos y la
evidencia del cambio político, Alfonso XIII suspendió el “ejercicio del poder real”. El 14 de
abril de 1931 se proclamó la Segunda República.
Apoyos de la república.
La República contó con apoyos importantes en las clases medias, los socialistas y los
intelectuales, mientras que despertó recelos en las élites económicas, los pequeños
propietarios agrarios y los anarquistas. Su nacimiento se produjo en el contexto histórico del
periodo de entreguerras, marcado por una fuerte inestabilidad política y social en Europa.

Gobierno provisional.
Tras la proclamación se formó un Gobierno provisional, un gobierno de concentración
integrado por miembros del Pacto de San Sebastián de 1930 y presidido por Niceto Alcalá-
Zamora. Entre sus primeras medidas destacó la amnistía para delitos políticos y de imprenta y
la convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes para el 28 de junio de 1931.

Modificaciones de la ley electoral.


Para estas elecciones se introdujeron diversas modificaciones en la ley electoral de 1907. Se
estableció la provincia como circunscripción electoral —salvo algunas excepciones como las
capitales de provincia— con el objetivo de poner fin al caciquismo. Se fijó la nueva edad
mínima para votar en 23 años. Las mujeres podían ser elegibles, pero todavía no eran
electoras. Los resultados fueron favorables a los partidos de izquierda.

Tensiones con Iglesia y Ejército.


Desde el principio surgieron tensiones con la Iglesia. El cardenal Segura, arzobispo de Toledo,
publicó una pastoral en defensa de la monarquía, lo que provocó una oleada de
anticlericalismo popular que incluyó la quema de conventos. Finalmente, el cardenal Segura
fue expulsado de España en junio de 1931.
También se produjo un enfrentamiento político con el Ejército. En abril de 1931 se aprobó el
Decreto de retiro de la oficialidad, que buscaba adecuar los efectivos militares a las nuevas
necesidades y asegurar su subordinación al poder civil. Se eliminaron los ascensos por méritos
de guerra, se cerró la academia de oficiales de Zaragoza y se exigió el juramento de fidelidad a
la República por parte de generales africanistas como Sanjurjo, Mola y Franco.

MEDIDAS DE MEJORA
El Gobierno provisional trató asimismo de mejorar las condiciones laborales de los
campesinos en un contexto de elevada conflictividad social en el campo, caracterizado por el
alto número de jornaleros y la fuerte concentración de la propiedad de la tierra. El ministro
Francisco Largo Caballero impulsó varias medidas:
 Prórroga automática de arrendamientos antes de la reforma agraria
 Contratación obligatoria de trabajadores del propio término municipal
 Laboreo forzoso de tierras y montes para reducir el desempleo rural
 Creación de jurados mixtos formados por trabajadores y propietarios como órganos de
negociación laboral
 Extensión práctica de la jornada laboral de ocho horas para los jornaleros, que no se
había cumplido en la década anterior.
En el ámbito territorial, se iniciaron negociaciones con el nacionalismo catalán. Francesc Macià,
líder de ERC, proclamó la “República Catalana como Estado integrante de la Federación
Ibérica” y se estableció una Generalitat provisional. Posteriormente, el Estatuto de Núria fue
aprobado en referéndum en Cataluña en agosto de 1931 y en las Cortes en septiembre de
1932.

Finalmente, en octubre de 1931 se aprobó la Ley de Defensa de la República , de carácter


excepcional debido a los sucesos de inestabilidad política y social ocurridos desde abril. Esta ley
generó una fuerte polémica política e historiográfica por su posible incompatibilidad con
ciertos derechos constitucionales, planteándose el debate sobre si fue una medida necesaria
—aunque arbitraria— ante la fuerza de las opciones políticas y sociales conservadoras.

2. La Constitución de 1931: el sufragio femenino

La Constitución de 1931 estableció un sistema plenamente democrático en el marco de la


Segunda República. En su preámbulo proclamaba la soberanía nacional, es decir, que el poder
residía en el pueblo. Esta definía a España como una República democrática como forma de
gobierno.

La Constitución reconocía amplios derechos individuales. Entre ellos destacaban la igualdad


ante la ley, la libertad de movimiento y residencia, la inviolabilidad del domicilio y del correo
(art. 32), así como la libertad de expresión , de reunión y de asociación.

Asimismo, establecía la división de poderes: el poder legislativo recaía en unas Cortes


unicamerales (arts. 51-53 y 60); el poder ejecutivo correspondía al Gobierno (arts. 75 y 90); y
el poder judicial quedaba regulado en el art. 94. La Presidencia de la República era elegida por
las Cortes (arts. 67-68 y disposición transitoria primera).

En materia religiosa, la Constitución declaraba la aconfesionalidad del Estado (art. 3) y


reconocía la libertad religiosa (art. 27). Además, suprimía la subvención estatal a la Iglesia
católica (art. 26), lo que mantuvo la fuerte oposición de la Iglesia al régimen republicano (F-
15).

También reconocía la posibilidad de autonomía regional (arts. 8 y 11-13) y establecía una


educación pública y laica (arts. 48 y 50).

Uno de los aspectos más relevantes fue el reconocimiento del sufragio femenino en el
artículo 36.

El derecho al voto de las mujeres fue defendido en las Cortes por Clara Campoamor, diputada
del Partido Radical, frente a la oposición de Victoria Kent, del Partido Radical Socialista, y
también de Margarita Nelken (PSOE), que consideraban que el voto femenino podía verse
influido por la Iglesia. Finalmente, se aprobó el sufragio femenino y las mujeres votaron por
primera vez en 1933, tanto en las elecciones municipales de abril como en las generales de
noviembre (F-19).

Además del derecho al voto, la Constitución reconoció otros derechos para las mujeres, como
la igualdad jurídica y la posibilidad de divorcio (arts. 25 y 43).

En 1932 se aprobaron las leyes de matrimonio civil y divorcio. Durante estos años continuó
ampliándose la participación femenina en la vida laboral, política y cultural, con figuras
destacadas como María Zambrano en filosofía, María de Maeztu en pedagogía, Maruja Mallo
en pintura y Carmen Conde como maestra y escritora.
Tras la aprobación de la Constitución, la Presidencia de la República recayó en Niceto Alcalá-
Zamora, republicano de derechas y católico, mientras que la presidencia del Gobierno fue
asumida por Manuel Azaña, con ministros socialistas y republicanos de izquierdas.

Se mantuvieron las Cortes Constituyentes sin convocar nuevas elecciones hasta noviembre de
1933, lo que provocó el alejamiento de los radicales de Lerroux debido a sus fuertes
desavenencias con los socialistas, especialmente con Francisco Largo Caballero.

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