La periodificación histórica es fundamental para que las sociedades comprendan y organicen el tiempo.
Inicialmente, se basaba en fenómenos naturales, pero con el tiempo las mediciones se volvieron más complejas.
Se diferencian el tiempo cronológico, que se mide en segundos, minutos, horas y años, del tiempo histórico, que
abarca periodos más largos como décadas o siglos. Cada uno de estos tiempos impacta de forma diferente en la
historia, donde eventos como invasiones militares pueden durar años y cambios económicos pueden extenderse a
lo largo de décadas.
Para entender la historia no solo se debe contar eventos, sino también analizar cambios y permanencias en las
sociedades. Un cambio se considera evolución si mejora la situación y involución si la empeora. Aquellas cosas
que permanecen constantes en una sociedad, como edificios o espacios públicos, se estudian como
"permanencias".
Los calendarios son también esenciales para ordenar sucesos históricos. Actualmente, el calendario cristiano
cuenta como referencia el nacimiento de Cristo, donde los años antes de este evento se computan de forma
descendente (a. C.) y después de él de forma ascendente (d. C.). Sin embargo, hay otros calendarios
culturalmente significativos, como el judío que inicia su conteo 3700 años antes del nacimiento de Cristo, y el
musulmán que empieza en el año 622 de nuestra era. Los mayas tenían su propio sistema conocido como "cuenta
larga", que remonta los sucesos a la creación de los seres humanos en el año 3114 a. C.
La organización de la historia permite a los historiadores entender los procesos a lo largo del tiempo al establecer
etapas. La etapa agraria y la etapa de la historia escrita son dos grandes periodos. La etapa sin escritura
tradicionalmente se conoce como “prehistoria”, que se refiere a los primeros antepasados humanos hasta el
desarrollo de la escritura. Además, la etapa agraria se puede subdividir en dos periodos según el estilo de vida,
cazador-recolector y agricultor, y algunos historiadores agregan la Edad de los Metales.
El análisis de estas etapas ayuda a comprender no solo el desarrollo de las civilizaciones, sino también el
impacto de eventos significativos como la caída del Imperio Romano, la llegada de Colón a América y la llegada
de la Revolución Francesa en el contexto más amplio de la historia mundial.