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Introducción: Manejo Del Riego en Cultivos Protegidos

El documento aborda el manejo agronómico en cultivos protegidos, destacando la importancia del control del riego, la nutrición vegetal y la sanidad del cultivo para optimizar el rendimiento y la calidad de la producción. Se enfatiza la fertirrigación como técnica clave para la nutrición y se presentan estrategias para el control de plagas y enfermedades, así como prácticas de cosecha y postcosecha para asegurar la calidad del producto final. Además, se discuten aspectos técnicos sobre el acondicionamiento, empaque y conservación de los productos cosechados.

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Introducción: Manejo Del Riego en Cultivos Protegidos

El documento aborda el manejo agronómico en cultivos protegidos, destacando la importancia del control del riego, la nutrición vegetal y la sanidad del cultivo para optimizar el rendimiento y la calidad de la producción. Se enfatiza la fertirrigación como técnica clave para la nutrición y se presentan estrategias para el control de plagas y enfermedades, así como prácticas de cosecha y postcosecha para asegurar la calidad del producto final. Además, se discuten aspectos técnicos sobre el acondicionamiento, empaque y conservación de los productos cosechados.

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1.

INTRODUCCIÓN

En el contexto de los cultivos protegidos, el productor tiene la posibilidad


—y la obligación— de ejercer un control preciso sobre múltiples variables
que, en el campo abierto, están sujetas a los vaivenes del ambiente. Esta
ventaja, sin embargo, no elimina los desafíos; por el contrario, los redefine.
Las condiciones controladas exigen una mayor rigurosidad técnica en el
manejo de aspectos clave como el riego, la nutrición vegetal y la sanidad
del cultivo. Estos factores, lejos de ser independientes, se encuentran
estrechamente interrelacionados y su equilibrio es decisivo para el
rendimiento, la calidad de la producción y la sostenibilidad del sistema
productivo.

Manejo del riego en cultivos protegidos

El riego es una herramienta central en el manejo agronómico de los


cultivos bajo cubierta. Su relevancia radica no solo en la provisión de agua
como recurso vital, sino también en su rol como vehículo para la
aplicación de nutrientes, en su influencia sobre el clima interno (a través
de la evaporación) y en su impacto directo sobre la fisiología vegetal. La
ausencia de precipitaciones y la alta evapotranspiración interna
convierten al riego en el único aporte hídrico del sistema, por lo que su
correcta gestión es imprescindible.

Características del agua en el sistema protegido


El agua utilizada debe cumplir con parámetros de calidad estrictos. La
salinidad (expresada como conductividad eléctrica), el pH, la presencia de
sodio, bicarbonatos y otros elementos potencialmente tóxicos pueden
afectar la disponibilidad de nutrientes, la estructura del sustrato o suelo, y
la fisiología de las plantas.

Antes de implementar un plan de riego, es indispensable realizar análisis


de laboratorio que permitan caracterizar el agua de uso, detectar posibles
limitaciones y establecer estrategias de corrección, tales como el uso

Frecuencia y dosis del riego


La frecuencia y el volumen del riego deben ajustarse al tipo de cultivo, al
estadio fenológico, al tipo de sustrato o suelo, a la demanda atmosférica y
a la eficiencia del sistema de distribución. Un manejo basado en
calendarios rígidos suele ser inadecuado. Se recomienda, en cambio,
adoptar sistemas de toma de decisión basados en indicadores objetivos,
como sensores de humedad del suelo, tensiómetros, bandejas
lisimétricas o estaciones meteorológicas internas.

En cultivos en sustrato, donde el volumen de retención hídrica es


limitado y la planta depende completamente del agua y nutrientes
aplicados por el productor, es crucial evitar tanto la desecación como el
encharcamiento. En estos casos, la gestión del riego debe ser diaria y
basada en el seguimiento del contenido de humedad, pH y
conductividad eléctrica del drenaje.

Sistemas de riego y su eficiencia

Los sistemas más difundidos en cultivos protegidos son el riego por


goteo y el riego por microaspersión. El goteo, en particular, permite una
dosificación precisa del agua y es ideal para combinar con fertirrigación.
La eficiencia de aplicación supera el 90%, con mínima evaporación y
escasa escorrentía. El diseño del sistema debe garantizar una distribución
uniforme, con compensación de presión en líneas extensas y válvulas
sectoriales para riego diferencial por zonas.

En ambientes de alta temperatura, algunos productores combinan riego


por goteo con nebulización o microaspersión para bajar la temperatura
interna mediante enfriamiento evaporativo, especialmente en cultivos
sensibles al estrés térmico.

Nutrición vegetal en sistemas protegidos


En los sistemas bajo cubierta, el crecimiento acelerado de los cultivos y la
intensificación de los ciclos productivos elevan la demanda de nutrientes.
A diferencia del cultivo a campo, donde la fertilidad del suelo y la acción
de la microbiota actúan como factores amortiguadores, en los cultivos
protegidos —y particularmente en sistemas sin suelo— el productor debe
suplir por completo los requerimientos minerales de las plantas.

Fundamentos de la fertirrigación

La fertirrigación es la técnica predominante en la nutrición vegetal en


invernaderos. Consiste en la incorporación de fertilizantes solubles al
agua de riego, permitiendo una aplicación simultánea de agua y
nutrientes. Esta técnica presenta múltiples ventajas:

- Adaptabilidad a cada etapa fenológica.

- Mejor aprovechamiento de los nutrientes.

- Reducción de pérdidas por lixiviación.

- Posibilidad de ajustes inmediatos ante síntomas de deficiencia.

El diseño de una estrategia de fertirrigación implica conocer con


precisión los requerimientos nutricionales del cultivo, realizar análisis del
agua y del sustrato (o suelo), y formular soluciones nutritivas equilibradas.
Además, debe monitorearse continuamente la conductividad eléctrica
(CE) y el pH, ya que ambos afectan la disponibilidad de nutrientes y la
salud del sistema radicular.
Manejo de macro y micro nutrientes

Los macronutrientes primarios (nitrógeno,


fósforo, potasio) deben ser provistos en proporciones variables a lo largo
del ciclo del cultivo. Por ejemplo, el nitrógeno es clave en etapas de
crecimiento vegetativo, mientras que el potasio es fundamental durante
la floración y fructificación.

Los macronutrientes secundarios (calcio, magnesio, azufre) también


requieren atención, especialmente el calcio, cuya movilidad es limitada y
cuya deficiencia puede derivar en problemas fisiológicos como la
pudrición apical.

El manejo de los micronutrientes (hierro, zinc, manganeso, cobre, boro,


molibdeno) cobra especial relevancia en cultivos en sustratos inertes,
donde no hay reservas minerales naturales. Estos elementos deben estar
disponibles en concentraciones adecuadas y formas químicas estables en
la solución nutritiva. La quelación de algunos micronutrientes puede ser
necesaria para evitar su precipitación o inmovilización.

Formulación y monitoreo

El cálculo de la solución nutritiva debe contemplar:

- Las necesidades del cultivo por unidad de superficie y tiempo.

- El aporte que realiza el agua de riego.


- La compatibilidad química entre fertilizantes.

-La relación entre iones (relación NH₄⁺/NO₃⁻, Ca²⁺/Mg²⁺, etc.).

El seguimiento incluye la medición del pH y la CE de la solución aplicada,


pero también del drenaje, especialmente en cultivos hidropónicos.
Alteraciones en estos valores pueden ser indicio de acumulación de sales,
fallas en la absorción o desequilibrios iónicos.

Control sanitarios en ambientes protegidos

Aunque los cultivos protegidos se desarrollan en un entorno


parcialmente aislado, ello no garantiza la ausencia de problemas
sanitarios. De hecho, la atmósfera cálida y húmeda favorece el desarrollo
de diversas enfermedades, mientras que la circulación restringida de aire
y la alta densidad de siembra elevan el riesgo de transmisión.

Factores predisponentes
La principal causa del aumento de problemas sanitarios en sistemas
protegidos es el microclima. Temperaturas elevadas, humedad relativa
superior al 85% y mojado prolongado de la superficie foliar son
condiciones ideales para el desarrollo de patógenos como Botrytis
cinerea, Pythium spp., Fusarium spp. y Oidium spp.

El ingreso de vectores como pulgones, mosca blanca y trips puede


introducir virus, bacterias o esporas. Por ello, el diseño del sistema debe
contemplar barreras físicas como mallas antiinsectos, cortinas plásticas,
doble puerta o antecámaras sanitarias.

Estrategias de manejo integrado


El manejo integrado de plagas y enfermedades (MIP/MIE) es el
enfoque más efectivo y sostenible. Este se basa en combinar distintas
herramientas:

- Prevención: uso de semillas y plantines sanos, desinfección de


herramientas, rotación de cultivos, limpieza del área perimetral.

- Monitoreo: registros periódicos de síntomas, uso de trampas


cromáticas, diagnóstico temprano.

- Control cultural: manejo del microclima (ventilación, reducción de


humedad), eliminación de restos vegetales, densidades adecuadas.

Rol de la sanidad vegetal en la eficiencia productiva

La sanidad vegetal no solo es una condición para evitar pérdidas, sino


que también determina la calidad comercial, la vida postcosecha y el
cumplimiento de normativas para el acceso a ciertos mercados. En
sistemas protegidos, la incidencia de enfermedades puede traducirse en
un rápido deterioro del cultivo, dada la velocidad de propagación y las
condiciones propicias para la patogénesis.

Por esta razón, la sanidad debe ser comprendida como una dimensión
transversal a todo el manejo del cultivo: desde la planificación del ciclo
productivo hasta la cosecha.

- Control biológico: uso de enemigos naturales, microrganismos


benéficos, insectos parasitoides.

- Control químico racional: aplicación dirigida, rotación de ingredientes


activos, respeto a los tiempos de carencia y a las condiciones de
seguridad del ambiente cerrado.

2. COSECHA Y POSCOSECHA EN SISTEMAS PROTEGIDOS

En el ámbito de los cultivos protegidos, la cosecha y la postcosecha


representan la culminación del proceso productivo y constituyen etapas
críticas para asegurar la calidad final del producto, su vida útil, y su
aceptación en el mercado. A pesar de que el ambiente protegido permite
controlar múltiples factores que favorecen la obtención de frutas y
hortalizas de excelente calidad, los beneficios alcanzados durante el ciclo
productivo pueden verse fácilmente comprometidos por deficiencias en
el manejo de la recolección y del acondicionamiento posterior.

El objetivo de estas etapas no es solamente recolectar el producto en el


momento adecuado, sino también preservar sus atributos sensoriales,
nutricionales y sanitarios durante el almacenamiento, el transporte y la
comercialización. Esto exige no solo conocimientos agronómicos, sino
también una comprensión detallada de la fisiología postcosecha y de las
condiciones logísticas necesarias para mantener la calidad y minimizar
las pérdidas.

Criterios y técnicas de cosecha


Determinación del momento optimo

La determinación del momento óptimo de cosecha depende de


múltiples factores: el tipo de cultivo, el destino comercial (mercado en
fresco o industria), el manejo previo del cultivo y las condiciones
ambientales. En cultivos protegidos, donde se busca un producto de alta
calidad y estandarización, el momento de recolección debe coincidir con
el punto de madurez comercial, que no siempre se corresponde con la
madurez fisiológica.

Los criterios empleados pueden incluir:

- Cambios de color en frutos o estructuras cosechables.


- Firmeza o textura del tejido vegetal.

- Tamaño o peso mínimo comercial.

- Relación sólidos solubles/acidez (en frutos).

- Aparición de signos fisiológicos de maduración, como desprendimiento


natural.

Dado que los cultivos protegidos suelen ofrecer condiciones favorables


para la producción escalonada o la prolongación del ciclo productivo, el
momento de cosecha también puede ajustarse estratégicamente para
evitar picos de oferta o adaptarse a la demanda del mercado.

Métodos de recolección
La cosecha puede ser manual, semiautomática o mecanizada. En
hortalizas de fruto (tomate, pimiento, pepino), la cosecha manual sigue
siendo la más común, especialmente en estructuras protegidas
pequeñas o medianas. Esta técnica, sin embargo, requiere una mano de
obra capacitada que pueda realizar cortes limpios, identificar frutos con
defectos y evitar daños mecánicos en la planta y en los órganos
cosechados.

En cultivos de hoja o tallo (lechuga, acelga, rúcula), la recolección puede


realizarse por corte basal o extracción manual, y debe hacerse
preferentemente en horas frescas del día, para reducir la respiración
postcosecha y evitar marchitamientos.

En cultivos intensivos de gran escala bajo invernadero (por ejemplo,


tomate en sistema holandés o hidropónico), se han desarrollado
soluciones semimecanizadas con plataformas móviles, carros elevadores
o sistemas de transporte interno que optimizan los tiempos de
recolección y reducen el esfuerzo físico de los operarios.

Consideraciones sanitarias

Dado que los productos cosechados son generalmente destinados al


consumo fresco, es indispensable minimizar cualquier riesgo de
contaminación. Las buenas prácticas agrícolas (BPA) deben estar
plenamente implementadas en esta etapa. Esto implica:

- Higiene de manos, guantes y herramientas.

-
Uso de recipientes limpios, desinfectados y específicos para cada tipo de
producto.

- Separación inmediata de frutas o hortalizas con signos de enfermedad,


daño mecánico o alteración fisiológica.
La cosecha también debe realizarse con condiciones climáticas
adecuadas, evitando las horas de mayor temperatura o insolación directa,
que aceleran el metabolismo postcosecha y deterioran la calidad.

Manejo postcosecha inmediato


Transporte y traslado dentro del sistema

Una vez recolectado, el producto debe ser trasladado lo antes posible al


área de acondicionamiento. En sistemas protegidos, las distancias suelen
ser cortas, pero es igualmente importante evitar acumulaciones,
exposición al sol, golpes o compactación en los recipientes.

El uso de carros con ruedas neumáticas, cintas móviles o bandejas


deslizantes mejora la eficiencia del traslado interno y reduce el daño físico
a los productos, especialmente en estructuras tecnificadas.

Lavado, selección y clasificación


Dependiendo del cultivo, puede ser necesario realizar un lavado inicial
con agua potable o agua tratada con desinfectantes aprobados (por
ejemplo, hipoclorito de sodio en concentración adecuada). Este proceso
elimina restos de sustrato, polvo y algunos microorganismos, aunque no
sustituye al manejo sanitario anterior.

Luego se procede a la selección y clasificación de los productos:

- Selección sanitaria: separación de unidades con daño, podredumbre,


presencia de insectos o síntomas virales.

- Clasificación comercial: agrupamiento según tamaño, forma, color,


grado de madurez, calibre y otras características específicas del mercado
de destino.

Este proceso puede realizarse manualmente o mediante calibradoras


mecánicas, que en cultivos homogéneos aumentan la velocidad y la
estandarización.

Enfriamiento (precooling)
Una práctica clave en la conservación postcosecha es la reducción rápida
de la temperatura del producto, conocida como precooling. Esta técnica
disminuye la tasa respiratoria y ralentiza la maduración y senescencia,
prolongando la vida útil del producto.

Existen diversos métodos:

- Enfriamiento por aire forzado: el más utilizado en hortalizas de hoja.

- Hidroenfriamiento: útil para productos resistentes al agua.


- Enfriamiento por vacío: eficiente pero costoso, empleado en productos
delicados como la lechuga.

La elección del método depende del cultivo, el volumen de producción y


las instalaciones disponibles. En sistemas protegidos de alta tecnología,
los túneles de enfriamiento suelen estar integrados al área de empaque.

Una práctica clave en la conservación postcosecha es la reducción rápida


de la temperatura del producto, conocida como precooling. Esta técnica
disminuye la tasa respiratoria y ralentiza la maduración y senescencia,
prolongando la vida útil del producto.

Existen diversos métodos:

- Enfriamiento por aire forzado: el más utilizado en hortalizas de hoja.

- Hidroenfriamiento: útil para productos resistentes al agua.

- Enfriamiento por vacío: eficiente pero costoso, empleado en productos


delicados como la lechuga.

La elección del método depende del cultivo, el volumen de producción y


las instalaciones disponibles. En sistemas protegidos de alta tecnología,
los túneles de enfriamiento suelen estar integrados al área de empaque.

Acondicionamiento, empaque y conservación

Envases y materiales

Los envases deben cumplir múltiples funciones: proteger el producto,


permitir su manipulación, conservar su calidad y facilitar su
comercialización. Deben ser livianos, resistentes, higiénicos y, en lo
posible, reutilizables o reciclables.

En el caso de productos frescos, los envases deben permitir la circulación


de aire, minimizar la condensación interna y evitar la compactación. Para
productos delicados, como frutillas o tomates cherry, se utilizan bandejas
alveoladas o envases plásticos con divisiones.

El etiquetado también forma parte del proceso postcosecha: debe incluir


información sobre el origen del producto, fecha de cosecha, lote, variedad
y cualquier dato requerido por las normas de trazabilidad.

Almacenamiento en frío

La conservación en frío es una herramienta indispensable para mantener


la calidad de frutas y hortalizas durante el almacenamiento o transporte.
Cada especie y variedad tiene su temperatura óptima de conservación.
Un manejo incorrecto puede causar daños por frío (chilling injury) o
acelerar el deterioro.

Además de la temperatura, es fundamental controlar la humedad


relativa del ambiente de almacenamiento, ya que una humedad baja
provoca marchitamiento y pérdida de peso, mientras que una humedad
excesiva favorece el desarrollo de hongos.

En producciones destinadas a mercados exigentes o exportación, se


emplean también tecnologías complementarias como:

- Atmósfera modificada: reducción del oxígeno e incremento del


CO₂ para ralentizar la respiración.

- Cámaras controladas: regulación activa y continua del microclima.

Aspectos económicos y estratégicos


Una buena cosecha no garantiza rentabilidad si no va acompañada de
una adecuada gestión postcosecha. Las pérdidas en esta etapa pueden
alcanzar hasta el 30% del volumen cosechado, incluso en sistemas
protegidos. Estas pérdidas son particularmente graves cuando afectan
productos de alto valor, como hortalizas premium o producciones
orgánicas.

Por otro lado, la extensión de la vida útil del producto mediante un


manejo postcosecha adecuado permite al productor:

- Aumentar su capacidad de negociación en el mercado.

- Planificar mejor los tiempos de distribución.

- Acceder a mercados más distantes o más exigentes.

- Incorporar valor agregado mediante procesos de envasado, etiquetado


o transformación mínima.

La cosecha y la postcosecha no deben considerarse como etapas


terminales del proceso productivo, sino como una continuidad del
manejo integral iniciado en el cultivo. La inversión en tecnologías de
acondicionamiento, almacenamiento y conservación es tan estratégica
como la inversión en estructuras o insumos productivos.

En los sistemas protegidos, donde el objetivo es maximizar el


rendimiento y la calidad bajo condiciones controladas, el éxito final
depende de mantener esa calidad hasta que el producto llegue a manos
del consumidor. Por ello, el manejo postcosecha es una etapa crítica,
donde el conocimiento técnico, la planificación logística y las buenas
prácticas se combinan para sostener la competitividad del sistema.

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