4.
Tipos de estrés
El estrés es un proceso psicofisiológico complejo que surge como
respuesta del organismo ante demandas del entorno que son
percibidas como desafiantes o amenazantes. Esta respuesta implica
la activación de mecanismos biológicos, cognitivos y conductuales
orientados a la adaptación. Sin embargo, no todas las formas de
estrés tienen el mismo impacto en la salud, ya que su efecto
dependerá de la intensidad, duración y forma en que la persona lo
afronta.
Uno de los principales aportes teóricos en el estudio del estrés fue
realizado por Hans Selye, quien distinguió entre dos tipos
fundamentales: el eustrés, considerado positivo y funcional, y el
distrés, asociado a efectos negativos sobre el organismo. No
obstante, enfoques contemporáneos han ampliado esta clasificación,
incorporando criterios como la duración, el contexto y la naturaleza
del estímulo estresor.
4.1 Estrés agudo
El estrés agudo es la forma más común de estrés y se presenta como
una respuesta inmediata ante situaciones específicas que requieren
una reacción rápida. Estas situaciones pueden incluir exámenes,
entrevistas de trabajo, exposiciones públicas o conflictos
interpersonales.
Desde el punto de vista fisiológico, este tipo de estrés activa de
manera temporal el sistema nervioso simpático, generando
respuestas como el aumento de la frecuencia cardíaca, la tensión
muscular y la liberación de adrenalina. Estas reacciones permiten al
individuo afrontar eficazmente la situación demandante.
Según Walter Gutiérrez Camacho, el estrés agudo cumple una función
adaptativa, ya que prepara al organismo para responder ante
desafíos inmediatos. Cuando su duración es breve, no suele generar
consecuencias negativas e incluso puede mejorar el rendimiento y la
concentración. Sin embargo, si ocurre con demasiada frecuencia,
puede convertirse en un factor de riesgo para la salud.
4.2 Estrés crónico
El estrés crónico se produce cuando una persona se encuentra
expuesta de manera continua a factores estresantes sin lograr una
adecuada recuperación. Este tipo de estrés suele estar asociado a
problemas persistentes como dificultades económicas, conflictos
familiares, sobrecarga laboral o enfermedades prolongadas.
A diferencia del estrés agudo, el estrés crónico implica una activación
constante del organismo, lo que genera un desgaste progresivo en los
sistemas fisiológicos y psicológicos. Entre sus efectos más comunes
se encuentran el agotamiento físico, la fatiga mental, los trastornos
del sueño y el debilitamiento del sistema inmunológico.
De acuerdo con Aníbal Meza Borja, este tipo de estrés es
especialmente perjudicial, ya que deteriora de manera gradual la
salud integral del individuo. Además, puede favorecer la aparición de
enfermedades crónicas y trastornos psicológicos como la ansiedad y
la depresión.
4.3 Estrés laboral
El estrés laboral, también conocido como síndrome de burnout, se
origina en el contexto del trabajo y está relacionado con la exposición
prolongada a demandas laborales excesivas, falta de control sobre las
tareas, escaso reconocimiento y ambientes organizacionales
desfavorables.
Este tipo de estrés se caracteriza por tres dimensiones principales: el
agotamiento emocional, la despersonalización (actitudes negativas o
distantes hacia el trabajo o las personas) y la baja realización
personal. Estas manifestaciones afectan no solo el desempeño
laboral, sino también la salud mental y las relaciones interpersonales
del individuo.
Según César Merino Soto, el estrés laboral constituye uno de los
principales problemas de salud ocupacional en la actualidad, debido a
su impacto en la productividad, la satisfacción laboral y el bienestar
general. Asimismo, su presencia prolongada puede derivar en
ausentismo, rotación laboral y disminución del compromiso
organizacional.
4.4 Estrés académico
El estrés académico es una forma de estrés frecuente en estudiantes
de distintos niveles educativos. Se origina a partir de las demandas
propias del contexto educativo, como la sobrecarga de tareas, la
presión por obtener buenos resultados, los exámenes, la competencia
entre pares y las expectativas familiares.
Este tipo de estrés no solo afecta el rendimiento académico, sino
también el bienestar emocional del estudiante. Entre sus
manifestaciones se encuentran la ansiedad ante los exámenes, la
procrastinación, la dificultad para concentrarse y el agotamiento
mental.
De acuerdo con Raúl Quezada Zevallos, el estrés académico influye
directamente en los procesos de aprendizaje, ya que puede interferir
en la atención, la memoria y la motivación. Si no se maneja
adecuadamente, puede generar deserción escolar, bajo rendimiento y
problemas emocionales.
4.5 Eustrés y distrés
Complementando las clasificaciones anteriores, es importante
retomar la distinción propuesta por Hans Selye entre eustrés y
distrés.
El eustrés se refiere al estrés positivo que motiva al individuo a
enfrentar desafíos y alcanzar objetivos. Este tipo de estrés está
asociado con emociones positivas, sensación de control y crecimiento
personal. Por ejemplo, puede experimentarse al iniciar un nuevo
proyecto o asumir un reto académico.
En contraste, el distrés es el estrés negativo que supera la capacidad
de afrontamiento del individuo, generando malestar, ansiedad y
deterioro en el funcionamiento general. Este tipo de estrés está
relacionado con las consecuencias perjudiciales para la salud física y
mental.
5. Consecuencias del estrés
El estrés es una respuesta adaptativa del organismo frente a
demandas internas o externas; sin embargo, cuando se presenta de
forma intensa, frecuente o prolongada, deja de cumplir una función
protectora y se convierte en un factor de riesgo para la salud integral.
Diversos estudios en el campo de la psicología y la medicina han
demostrado que el estrés crónico afecta de manera significativa el
funcionamiento físico, psicológico y conductual del individuo,
generando un deterioro progresivo en su calidad de vida.
Las consecuencias del estrés pueden clasificarse en tres grandes
dimensiones: físicas, psicológicas y conductuales, las cuales suelen
estar interrelacionadas y retroalimentarse entre sí.
5.1 Consecuencias físicas
Desde el punto de vista fisiológico, el estrés activa el sistema
nervioso autónomo, particularmente el sistema simpático, así como el
eje hipotálamo-hipófisis-adrenal. Esta activación provoca la liberación
de hormonas como el cortisol y la adrenalina, que preparan al
organismo para responder ante situaciones de amenaza. No obstante,
cuando esta activación se mantiene en el tiempo, genera efectos
negativos en distintos sistemas del cuerpo.
En primer lugar, se observan problemas cardiovasculares, como el
aumento sostenido de la presión arterial, la aceleración del ritmo
cardíaco y la vasoconstricción. Estas respuestas, mantenidas en el
tiempo, incrementan el riesgo de desarrollar enfermedades como la
hipertensión arterial, infartos de miocardio y accidentes
cerebrovasculares.
Asimismo, el estrés impacta el sistema digestivo, dando lugar a
trastornos gastrointestinales como gastritis, úlceras pépticas y
síndrome de colon irritable. Esto se debe a que el estrés altera la
secreción de ácidos gástricos y modifica la motilidad intestinal,
afectando el proceso digestivo.
Otro aspecto relevante son las alteraciones del sueño, como el
insomnio o el sueño no reparador. La activación constante del
organismo dificulta la relajación necesaria para conciliar el sueño, lo
que a su vez genera fatiga, irritabilidad y disminución del rendimiento
diario.
Además, el estrés crónico produce un debilitamiento del sistema
inmunológico, reduciendo la capacidad del organismo para
defenderse de infecciones y enfermedades. Las personas sometidas a
altos niveles de estrés suelen presentar mayor susceptibilidad a
resfriados, infecciones y una recuperación más lenta ante
enfermedades.
En este sentido, Patricia Valdivia Moral sostiene que el estrés
prolongado mantiene al organismo en un estado de alerta constante,
lo cual ocasiona un desgaste físico progresivo y una disminución de la
capacidad adaptativa del cuerpo.
5.2 Consecuencias psicológicas
En el ámbito psicológico, el estrés tiene un impacto directo en el
equilibrio emocional, cognitivo y afectivo del individuo. Uno de los
efectos más comunes es la aparición de trastornos de ansiedad y
depresión, los cuales pueden manifestarse a través de
preocupaciones excesivas, sensación de angustia constante, tristeza
persistente y pérdida de interés por actividades cotidianas.
También es frecuente la presencia de irritabilidad y cambios de
humor, lo que dificulta la regulación emocional y afecta las relaciones
interpersonales. Las personas estresadas pueden reaccionar de
manera desproporcionada ante situaciones cotidianas, mostrando
enojo, frustración o impaciencia.
El estrés también interfiere en los procesos cognitivos, generando
dificultades en la concentración, atención y memoria. Esto se debe a
que los altos niveles de cortisol afectan el funcionamiento del
cerebro, especialmente en áreas relacionadas con el aprendizaje y la
toma de decisiones.
Otro efecto importante es la disminución de la autoestima, ya que el
individuo puede percibirse como incapaz de afrontar las demandas
del entorno, generando sentimientos de inseguridad, inutilidad o
fracaso.
De acuerdo con Saúl Peña Kolenkautsky, el estrés sostenido altera la
estabilidad emocional del individuo, afectando su manera de
interpretar la realidad y limitando sus estrategias de afrontamiento, lo
que puede derivar en trastornos psicológicos más complejos si no se
interviene oportunamente.
5.3 Consecuencias conductuales
El estrés no solo afecta el cuerpo y la mente, sino también el
comportamiento y las formas de interacción social. Entre las
consecuencias conductuales más evidentes se encuentra el
aislamiento social, ya que la persona puede evitar el contacto con
otros debido a la fatiga emocional o la falta de motivación.
Asimismo, se presentan cambios en los hábitos alimenticios, que
pueden manifestarse tanto en el aumento excesivo de la ingesta de
alimentos (especialmente ricos en azúcares y grasas) como en la
pérdida del apetito. Estas alteraciones pueden derivar en problemas
nutricionales y de salud a largo plazo.
Otra consecuencia relevante es el consumo de sustancias nocivas,
como alcohol, tabaco u otras drogas, utilizadas como mecanismos
inadecuados para aliviar la tensión. Si bien pueden generar un alivio
momentáneo, a largo plazo agravan el problema y generan
dependencia.
El estrés también influye negativamente en el desempeño académico
o laboral, produciendo bajo rendimiento, falta de concentración,
ausentismo y disminución de la productividad. Esto puede generar
conflictos en el entorno educativo o profesional, incrementando aún
más los niveles de estrés.
Según Miguel Gallegos, el estrés puede modificar los patrones de
conducta del individuo, generando respuestas desadaptativas que
afectan su funcionamiento cotidiano y su calidad de vida. Estas
conductas, si se mantienen en el tiempo, pueden consolidarse como
hábitos perjudiciales difíciles de modificar.
BIBLIOGRAFIA
Referencias bibliográficas
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