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Capitulo Uno La Familia: Identidad

El documento explora la importancia de la familia como núcleo social fundamental, destacando su papel en la educación, desarrollo emocional y social de los individuos. Se enfatiza la necesidad de una educación familiar que fomente valores y habilidades para enfrentar los desafíos de la vida, así como la influencia de la religión en la vida familiar. Además, se menciona la orientación familiar como una disciplina que apoya a las familias en la actualidad, promoviendo la formación y el fortalecimiento de los vínculos familiares.

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Capitulo Uno La Familia: Identidad

El documento explora la importancia de la familia como núcleo social fundamental, destacando su papel en la educación, desarrollo emocional y social de los individuos. Se enfatiza la necesidad de una educación familiar que fomente valores y habilidades para enfrentar los desafíos de la vida, así como la influencia de la religión en la vida familiar. Además, se menciona la orientación familiar como una disciplina que apoya a las familias en la actualidad, promoviendo la formación y el fortalecimiento de los vínculos familiares.

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Capitulo Uno

LA FAMILIA

1.1. ¿QUE ES UNA FAMILIA?

¿Qué es la familia? Pregunta nada fácil de responder pues en las últimas

décadas son variadas las formas en que esta ha sufrido cambios que la hacen

compleja y a la vez interesante.

La familia constituye el núcleo de la sociedad, representa el tipo de comunidad

perfecta, pues en ella se encuentran unidos todos los aspectos de la sociedad:

económicos, jurídicos, socioculturales, etc.

Son muchas las definiciones que hay de familia pero la mayoría plantea que es

la estructura social básica donde padres e hijos/as se relacionan. Esta relación

se basa en fuertes lazos afectivos, pudiendo de esta manera sus miembros

formar una comunidad de vida y amor. Esta familia es exclusiva, única, implica

una permanente entrega entre todos sus miembros sin perder la propia

identidad. Entendemos de esta manera que lo que afecta a un miembro afecta

directa o indirectamente a toda la familia; por ello entonces que hablamos de

sistema familiar, de una comunidad que es organizada, ordenada y jerárquica y

muchas veces relacionada con su entorno.

La familia es una institución que influye con valores y pautas de conducta que

son presentados especialmente por los padres, los cuales van conformando un

modelo de vida para sus hijos enseñando normas, costumbres, valores que

contribuyan en la madurez y autonomía de sus hijos. Influyen de sobremanera

en este espacio la religión, las buenas costumbres y la moral en cada uno de


los integrantes más pequeños. Por ello, los adultos, los padres son modelos a

seguir en lo que dicen y en lo que hacen. La importancia de valores morales

como la verdad, el respeto, la disciplina, la autonomía, etc. hace que los hijos

puedan enfrentar el mundo que les rodea de manera madura y protagónica.

La familia es un hecho social universal, ha existido siempre a través de la

historia y en todas las sociedades. Es el primer núcleo social en el cual todo

ser humano participa. Para su constitución requiere del encuentro y relación de

un hombre y una mujer que quieren unirse, en un proyecto de vida común,

mediante el afecto entre ellos o hacia los hijos que surgirán de su relación.

En cuanto a las funciones que ella tiene, vemos que, independientemente del

tipo de familia que se trate, ésta cumple ciertas características básicas que

están relacionadas con lo que la familia hace. De hecho, como institución

primordial de la sociedad, la familia desempeña ciertas funciones básicas que

le son propias; éstas pueden variar en la forma cómo se expresen en el tiempo,

pero en todas las épocas las familias las han ejercido.

En líneas generales, la familia se preocupa de la reproducción y del cuidado

físico de sus miembros y está a cargo del bienestar y desarrollo psicológico y

social de cada uno de ellos.

La familia está orgánicamente unida a la sociedad, en este sentido, transforma

la sociedad, es revolucionaria al provocar cambios sustanciales. En la familia

se hacen ciudadanos, y éstos encuentran en ella la primera escuela de las

virtudes que engendran la vida y el desarrollo de la sociedad, constituyendo el

lugar natural y el instrumento más eficaz de humanización de la sociedad;

colabora de manera original y profunda en la construcción del mundo, haciendo


una vida propiamente humana, en particular protegiendo y transmitiendo las

virtudes y valores.

Está fundada en el amor, y esto es lo que mueve a todos sus miembros a

construir día tras día una comunidad siempre renovada, en la cual todos tienen

igual dignidad e importancia; el amor hace que la unidad familiar se de

basándose en la entrega de cada uno en favor de los demás. Es por ello que

la familia es el lugar por excelencia donde todo ser humano aprende a vivir en

comunidad con actitud de respeto, servicio, fraternidad y afecto.

En el sentido técnico-jurídico, la familia, "es el conjunto de personas entre las

cuales median relaciones de matrimonio de parentesco (consanguinidad,

afinidad o adopción) a las que la ley atribuye algún efecto jurídico". La familia

se considera como la unidad social básica, donde el individuo se forma desde

su niñez para que en su edad adulta se conduzca como una persona

productiva para la sociedad donde se desarrolla.

1.2 ¿POR QUE ES NECESARIA E IMPORTANTE LA EDUCACIÓN

FAMILIAR?

Al pensar en la importancia de la educación familiar, se vienen muchas cosas a

la memoria y podríamos decir tantas y no concretar, por esta razón tomaremos

tres ejes principales que forman la familia.


1.2.1 Biológicamente.- Todo niño nace absolutamente inseguro, necesitado e

incompleto. Cualquier cervatillo y nada más nacer se pone de pie y el ser

humano tarde un año –aproximadamente en andar.

1.2.2 Psicológicamente.- En la medida en que un cerebro está más

evolucionado más tiempo necesita para educarse y desarrollarse hasta llegar a

la edad adulta. Porque tiene mayor número de zonas finas en toda su

personalidad. No puede vivir sin la ayuda del adulto, sin la formación. Su

autonomía la alcanzará tras un largo proceso: lactancia, niñez, adolescencia.

No basta el hecho biológico. Necesita desarrollar su inteligencia, voluntad,

armonía, autonomía, autoestima: Nadie es nada si no se quiere a si mismo y

nadie que no se quiera a si mismo puede querer a los demás. La autoestima

es el motor del hombre. Esto solo lo logra en el Claustro protector de la familia.

Los niños que crecen privados de un ambiente familiar, aunque crezcan

físicamente, las deficiencias: psicológicas, afectivas, emocionales intelectuales

y sociales son clarísimas.

1.2.3 Sociológicamente.- El influjo de los padres es imprescindible. El niño

aprende a saber quién es a partir de su relación con sus padres -personas que

le quieren-. Nadie puede descubrirse a si mismo si no hay un contexto amor y

de valoración, proporcionan el mejor clima afectivo, de protección. El niño

aprende a ser generoso en el hogar. Protección, seguridad, aceptación, estima

y afecto. Cinco aspectos que debe aportar la familia a todo niño. Lo que

aprende el niño en la familia es determinante.

Tres anillos de formación de la persona:


Familia

Colegio

Sociedad.

Este último es el que hoy tiene más poder. Absorbe a los otros dos anillos. Es

necesario que los dos primeros anillos se unan y apoyen juntos. La sociedad

educa hoy, sobre todo a través de la TV, la calle, los amigos.

Muy importante: ver la TV con los niños y ayudarles a ser críticos frente a todo

lo que nos ponen en la tele. Sin darnos cuenta se nos pegan los modales de la

sociedad si no luchamos contra ellos, como se pega el olor a tabaco en el pelo

y la ropa si estamos con personas que fuman.

El niño llega a ser alguien por la consideración, aprecio y valor que le dan los

demás.
1.3. NADIE PUEDE SER UNO MISMO SI NO ES ALGUIEN EN SU CASA

La familia hoy más que nunca es la mayor fuerza personalizante contra la

domesticación y el espíritu borreguil que amenaza al mundo de hoy. Mucha

gente cree que es libre, nadie que no luche por su libertad es libre. Compran lo

que les mandan, hacen lo que les mandan.

Gran interrogante: la falta de interés por la cultura y la formación. La verdadera

cultura es la de la libertad, la de ser uno mismo. Se aprende a ser libre en la

familia.

La familia: comunidad de personas creadas sobre el sólido fundamento del

amor y no puede realizarse nada pedagógicamente sino a través del amor.

El vínculo de la sangre debe dar paso a otros vínculos más espirituales: el

respeto, el amor, la felicidad, el disfrutar de la vida juntos, el ayudarse.

Nuestros hijos nos brindan cada día ya a cada momento la oportunidad de

convertirnos en los padres que hubiéramos querido ser.

En una familia sana todos recuerdan a todos sus virtudes y en las familias

enfermas se está esperando para reprochar los defectos y limitaciones y

hacerlo públicamente.

El ejemplo vivo de lo que somos es la única forma importante de influir en los

demás

La sociedad es el desarrollo de la familia

La primera palestra de la virtud está en la familia


Todos los pueblos hostiles a la familia terminan por un empobrecimiento del

alma.

1.4. LA ORIENTACIÓN FAMILIAR

Los distintos cambios que ha tenido que enfrentar la familia actualmente han

hecho que se realicen estudios para investigar qué es lo que le pasa a la

familia hoy. Por ello, una disciplina proveniente de la Psicología se ha

encargado de apoyar a todos los miembros de la familia, y así permitir que esta

salga adelante, enfrentando todos los desafíos en la presente era. Nos

referimos a la Orientación Familiar, disciplina que es bastante nueva que

intenta ser un apoyo real para todos los miembros de la familia en todos sus

tipos.

Por lo anterior, es importante reconocer la importancia que tiene hoy más que

nunca el ser padre y madre, y por ello, a continuación se dan a conocer

algunas ideas generales de lo que la Orientación Familiar plantea a los padres

para cumplir de mejor manera su rol.

¿Cómo podemos unir el ser amigo/a y padre de los hijos a la vez? Es válido

ser un padre o una madre cercana que comparte actividades, que hace

deportes, discute ideas, comenta noticias, asume posturas y valores; pero

también es necesario que estos expresen sus valores personales, sus limites y

posiciones. Es decir, es indispensable poner límites, expresar abiertamente los

valores, pero en una postura de dialogo, discusión y conversación.


En segundo termino, reconocer que los hijos/as necesitan de lo material, que

sus necesidades básicas estén cubiertas, pero es central que los padres

también entiendan que muchas veces a los hijos no les falta nada, van a un

buen colegio, tienen ropa y alimento, pero están carentes de la presencia

afectiva de sus padres. La cercanía inspira seguridad, por ello la paternidad, la

maternidad es una relación personal, intransferible. Si existiendo los padres,

falta su presencia activa y afectiva estable, los hijos se sentirán solos y poco

seguros, cubiertos de todos los bienes que necesitan pero solos y tristes. Y en

tercer lugar señalar que, uno de los grandes desafíos que padres y madres

tienen que ir asumiendo de verdad, es saber reconocerse faltos de muchos

elementos formativos para sí mismo y en relación con sus hijos. O sea, la

paternidad y la maternidad no vienen por casualidad o por añadidura, no se

aprende solo por experiencias personales pasadas, no basta eso, se requiere

de procesos formativos sistemáticos para los padres, para formarse como

padres. Si bien, se han señalado algunos elementos de lo que debería ser una

madre y un padre, pero esto es lo que se debería cumplir, y bien sabemos que

no siempre se cumple. ¿Qué falta entonces? ¿Qué necesitan los padres y las

madres para llegar a cumplir estas tareas?

Ya no basta con la escuela de la vida, es insuficiente, es la hora que los padres

y madres asuman un rol protagónico formándose para formar, educándose

para educar. Este desafío puede ser enfrentado con la voluntad de cada uno

de ellos y con el respaldo del colegio que figura como la organización más

cercana a la familia la cual subsidia en muchas de las tareas que los padres no

pueden o no quieren asumir. Al mismo tiempo, al interior de la empresa se


pueden abrir espacios para que trabajadores en conjunto puedan aprender por

medio de un taller, lo que los padres pueden hacer para mejorar su vida

familiar.

1.5. LA RELIGION EN LA FAMILIA

1.5.1. PAPEL DE LA FAMILIA CRISTIANA EN EL MUNDO

La familia fue establecida desde el principio por Dios, el libro de Génesis nos

muestra la familia perfecta que creo nuestro Señor desde el principio y como la

desobediencia del hombre mismo lo llevó a tener que vivir en pecado y ha tener

que sufrir las consecuencias del mismo.

Es importante que el mundo sepa que las familias de Dios están establecidas

para ocupar un lugar importante en el mundo. Son la sal de la tierra y la luz

del mundo, y deben andar como Cristo anduvo. Saldrán vencedores de la gran

tribulación. El tiempo actual es un tiempo de guerra y prueba. Nuestro

Salvador dice en Apocalipsis 3: 21: "Al que venciere, yo le daré que se siente

conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre

en su trono." La recompensa no se da a todos los que profesan seguir a

Cristo, sino a los que vencen como él venció. Debemos estudiar la vida de

Cristo, y aprender lo que significa confesarle delante del mundo.


A fin de confesar a Cristo, debemos tenerlo en nosotros. Nadie puede confesar

verdaderamente a Cristo a menos que posea el ánimo y el espíritu de Cristo.

Si la forma de piedad, o el reconocimiento de la verdad fuesen siempre una

confesión de Cristo, podríamos decir: “Ancho es el camino que conduce a la

vida, y muchos son lo que lo hallan." Debemos comprender lo que significa

confesar a Cristo, y en qué le negamos. Puede suceder que nuestros labios

confiesen a Cristo, y que nuestras obras lo nieguen. Los frutos del Espíritu,

manifestados en la vida, son una confesión de Cristo. Si lo hemos abandonado

todo por Cristo, nuestra vida será humilde, nuestra conversión santa y nuestra

conducta intachable. La poderosa y purificadora influencia de la verdad en el

alma, y el carácter de Cristo manifestado en la vida, son una confesión de

Cristo. Si se ha sembrado en nuestro corazón las palabras de vida eterna, el

fruto será justicia y paz. Podemos negar a Cristo en nuestra vida

entregándonos al amor de la comodidad y del yo, bromeando y buscando los

honores del mundo.

Podemos negarle en nuestro aspecto exterior, conformándonos al mundo, o

mediante un porte orgulloso o atavíos costosos. Únicamente por la vigilancia

constante y tenaz y la oración perseverante y casi incesante podremos

manifestar en nuestra vida el carácter de Cristo y la influencia santificadora de

la verdad.
Muchos ahuyentan a Cristo de sus familias por abrigar un espíritu impaciente y

apasionado. Los tales deben vencerse en este respecto.

Me fue presentado el actual debilitamiento de la familia humana. Cada

generación se ha estado debilitando más y la enfermedad, bajo todas sus

formas, aflige a la especie humana. Miles de pobres mortales, con cuerpos

enfermizos, deformados, con nervios destrozados y mentes sombrías, arrastran

una mísera existencia. El poder de Satanás sobre la familia humana aumenta.

Si el Señor no viniese pronto a quebrantar su poder, la tierra quedaría

despoblada antes de mucho.

Se me reveló que el poder de Satanás se ejerce especialmente sobre los hijos

de Dios. Muchos me fueron presentados en una condición de duda y

desesperación. Las enfermedades del cuerpo afectan la mente. Un enemigo

astuto y poderoso acompaña nuestros pasos, y dedica su fuerza y habilidad a

tratar de apartarnos del camino recto. Y demasiado a menudo sucede que los

hijos de Dios no están en guardia y por lo tanto, ignoran sus designios.

Satanás obra por los medios que mejor le permiten ocultarse, y a menudo

alcanza su objeto.

Es importante que empecemos a trabajar en serio por nosotros mismos y

nuestras familias, entonces recibiremos ayuda de Dios. Vi que la mera

observancia del sábado, y el orar mañana y noche, no son evidencias positivas

de que somos cristianos. Se pueden observar estrictamente estas formas


externas y, sin embargo, carecer de verdadera piedad. "Que se dio a sí mismo

por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo

propio, celoso de buenas obras." (Tito 2: I4.) Todos los que profesan seguir a

Cristo deben dominar su propio genio, y no permitirse hablar nerviosa e

impacientemente. El esposo y padre debe refrenar la palabra impaciente que

está por pronunciar. Debe estudiar el efecto de sus palabras, no sea que

produzcan tristeza y heridas.

Las enfermedades y dolencias afectan especialmente a las 105 mujeres. La

felicidad de la familia depende en gran manera de la esposa y madre. Si ella

es débil y nerviosa, y se le permite cargarse de trabajo, su mente se deprime,

porque ésta siente la influencia del cansancio físico y además de eso, la

esposa encuentra demasiado a menudo una fría reserva de parte de su

cónyuge. Si no marcha todo tan agradablemente como él quisiera, culpa a la

esposa y madre. El se desentiende completamente de sus congojas y cargas,

y no siempre sabe simpatizar con ella. No se percata de que está ayudando al

gran enemigo en su obra destructiva. Por fe debiera levantar un estandarte

contra Satanás; pero parece no ver sus propios intereses ni los de su esposa.

La trata con indiferencia. No sabe lo que está haciendo. Obra directamente

contra su propia felicidad, y destruye la de su familia. La esposa se desalienta

y abate. Desaparecen la esperanza y alegría. Ella atiende mecánicamente a

sus tareas diarias porque ve que su trabajo debe ser hecho. Su falta de alegría

y ánimo se siente en todo el círculo de la familia. Hay muchas familias

desdichadas en las filas de los observadores del sábado. Los ángeles llevan

las vergonzosas nuevas al cielo, y el ángel registrador anota todo.


1.6. TIPOS DE FAMILIA

Ofrecer una definición exacta sobre la familia es una tarea compleja debido a

enormes variedades que encontramos y al amplio espectro de culturas

existentes en el mundo. "La familia ha demostrado históricamente ser el

núcleo indispensable para el desarrollo de la persona, la cual depende de ella

para su supervivencia y crecimiento". No se desconoce con esto otros tipos de

familia que han surgido en estas últimas décadas, las cuales también enfrentan

desafíos permanentes en su estructura interna, en la crianza de los hijos/as, en

su ejercicio parental o maternal. Por mencionar algunas, la familia de madre

soltera, de padres separados las cuales cuentan con una dinámica interna muy

peculiar.

Existen varias formas de Organización familiar y de parentesco, entre ellas se

han distinguido cuatro tipos de familias:

1.6.1. La familia nuclear o elemental: Es la unidad familiar básica que se

compone de esposo (padre), esposa (madre) e hijos. Estos últimos pueden ser

la descendencia biológica de la pareja o miembros adoptados por la familia.

1.6.2. La familia extensa o consanguínea: Se compone de más de una

unidad nuclear, se extiende mas allá de dos generaciones y esta basada en los
vínculos de sangre de una gran cantidad de personas, incluyendo a los padres,

niños, abuelos, tíos, tías, sobrinos, primos y demás; por ejemplo, la familia de

triple generación incluye a los padres, a sus hijos casados o solteros, a los

hijos políticos y a los nietos.

1.6.3. La familia monoparental: Es aquella familia que se constituye por uno

de los padres y sus hijos. Esta puede tener diversos orígenes. Ya sea porque

los padres se han divorciado y los hijos quedan viviendo con uno de los padres,

por lo general la madre; por un embarazo precoz donde se configura otro tipo

de familia dentro de la mencionada, la familia de madre soltera; por último da

origen a una familia monoparental el fallecimiento de uno de los cónyuges.

1.6.4 La familia de madre soltera: Familia en la que la madre desde un inicio

asume sola la crianza de sus hijos/as. Generalmente, es la mujer quien la

mayoría de las veces asume este rol, pues el hombre se distancia y no

reconoce su paternidad por diversos motivos. En este tipo de familia se debe

tener presente que hay distinciones pues no es lo mismo ser madre soltera

adolescente, joven o adulta.

1.6.5. La familia de padres separados: Familia en la que los padres se

encuentran separados. Se niegan a vivir juntos; no son pareja pero deben

seguir cumpliendo su rol de padres ante los hijos por muy distantes que estos
se encuentren. Por el bien de los hijos/as se niegan a la relación de pareja

pero no a la paternidad y maternidad.

La familia es la más compleja de todas las instituciones, aunque en nuestra

sociedad muchas de sus actividades tradicionales hayan pasado parcialmente

a otras, todavía quedan sociedades en las que la familia continua ejerciendo

las funciones educativas, religiosas protectoras, recreativas y productivas.

No falta quien la acuse de incapacidad para la misión encomendada, de que no

cumple con su deber, sea por negligencia deliberada o por torpeza moral, pero,

evidentemente, esas recriminaciones son absurdas, porque la familia no es una

persona ni una cosa, sino un comunidad. Ahora bien, algo de esto hay de

cierto al reconocer que no siempre los adultos, en específico los padres,

cuentan con todos los elementos que les permitan educar de manera correcta a

sus hijos. No es lejana la realidad de la violencia intrafamiliar, abusos

sexuales, abandonos de los hijos, problemas de Comunicación y comprensión

que llevan a los más débiles de la familia, los hijos, a ser vulnerables a un sin

fin de riesgos como las drogas, la violencia, y otros delitos contra la sociedad.

En ocasiones algunos padres transfieren a otras instituciones las tareas

familiares, no porque la familia sea incapaz de cumplir con su deber, sino

porque las actividades que realizan en la actualidad requieren del apoyo de

otras instituciones que les proporcionen un medio eficaz de conseguir los

mismos propósitos. Entra las más importantes se señala a la escuela.

1.7. MODOS DE SER FAMILIA


Como ya hemos visto hay diversos tipos de familia y por ello son múltiples las

formas en que cada uno de sus miembros se relaciona y viven cotidianamente.

Para entender un poco mejor los modos de ser familia a continuación veremos

algunas de sus características más importantes.

1.7.1. Familia Rígida: Dificultad en asumir los cambios de los hijos/as. Los

padres brindan un trato a los niños como adultos. No admiten el crecimiento de

sus hijos. Los Hijos son sometidos por la rigidez de sus padres siendo

permanentemente autoritarios.

1.7.2. Familia Sobreprotectora: Preocupación por sobreproteger a los hijos/as.

Los padres no permiten el desarrollo y autonomía de los hijos/as. Los hijos/as

no saben ganarse la vida, ni defenderse, tienen excusas para todo, se

convierten en "infantiloides". Los padres retardan la madurez de sus hijos/as y

al mismo tiempo, hacen que estos dependen extremadamente de sus

decisiones.

1.7.3. La Familia Centrada en los Hijos : Hay ocasiones en que los padres no

saben enfrentar sus propios conflictos y centran su atención en los hijos; así, en

vez de tratar temas de la pareja, traen siempre a la conversación temas acerca

de los hijos, como si entre ellos fuera el único tema de conversación. Este tipo

de padres, busca la compañía de los hijos/as y depende de estos para su

satisfacción. En pocas palabras "viven para y por sus hijos".


1.7.4. La familia Permisiva: En este tipo de familia, los padres son Incapaces

de disciplinar a los hijos/as, y con la excusa de no ser autoritarios y de querer

razonarlo todo, les permiten a los hijos hacer todo lo que quieran En este tipo

de hogares, los padres no funcionan como padres ni los hijos como hijos y con

frecuencia observamos que los hijos mandan más que los padres. En caso

extremo los padres no controlan a sus hijos por temor a que éstos se enojen.

1.7.5. La Familia Inestable: La familia no alcanza a ser unida, los padres están

confusos acerca del mundo que quieren mostrar a sus hijos por falta de metas

comunes, les es difícil mantenerse unidos resultando que, por su inestabilidad,

dar y recibir afecto, se vuelven adultos pasivos-dependientes, incapaces de

expresar sus necesidades y por lo tanto frustrados y llenos de culpa y rencor

por las hostilidades que no expresan y que interiorizan

1.7.6. La familia Estable: La familia se muestra unida, los padres tienen

claridad en su rol sabiendo el mundo que quieren dar y mostrar a sus hijos/as,

lleno de metas y sueños. Les resulta fácil mantenerse unidos por lo tanto, los

hijos/as crecen estables, seguros, confiados, les resulta fácil dar y recibir afecto

y cuando adultos son activos y autónomos, capaces de expresar sus

necesidades, por lo tanto, se sienten felices y con altos grados de madurez e

independencia.
Capitulo Dos

LA FAMILIA Y LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

2.1. LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

En la literatura relativa a la problemática de la violencia intrafamiliar y

fundamentalmente en la concerniente a las distintas formas que adopta la

violencia, coexisten, junto al de violencia intrafamiliar y violencia familiar, otras

definiciones como violencia de género, violencia doméstica y violencia

conyugal, las que aparentemente se superponen y plantean permanentes

dudas en relación a la pertinencia de su aplicación. Las definiciones

propuestas y utilizadas no pretenden ser determinantes o excluyentes ni cerrar

la discusión al respecto, sino aclarar este panorama para permitir una mejor

comprensión y abordaje del tema y unificar criterios al menos para la lectura de


la información aquí expuesta, comenzando por los conceptos de familia,

violencia intrafamiliar, violencia de género y violencia doméstica.

2.2. CATEGORÍAS DE VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

Las categorías de la violencia intrafamiliar se definen según el contexto en que

ocurren los actos y fundamentalmente de acuerdo a la identidad de la víctima,

la que generalmente se encuentra dentro de los grupos definidos culturalmente

como los de menor poder en la estructura jerárquica de la familia. Dado que en

el marco de una cultura patriarcal las variables decisivas para establecer la

distribución del poder son género y edad, los miembros de la familia en mayor

riesgo y quienes son las víctimas más frecuentes determinan las distintas

categorías de la violencia intrafamiliar, estas son: La violencia hacia la mujer (y

en la pareja), el maltrato infantil, el maltrato al adulto mayor y la violencia hacia

los discapacitados (físicos y mentales), estos últimos se consideran como una

categoría individual dada su particular condición de vulnerabilidad.

2.2.1. Violencia hacia la mujer y en la pareja.


La violencia en la pareja constituye una de las modalidades más frecuentes y

relevantes entre las categorías de la violencia intrafamiliar. Es una forma de

relación de abuso entre quienes sostienen o han sostenido un vínculo afectivo

relativamente estable, incluyendo relaciones de matrimonio, noviazgo, pareja

(con o sin convivencia) o los vínculos con ex parejas o ex cónyuges. Se

enmarca en un contexto de desequilibrio de poder e implica un conjunto de

acciones, conductas y actitudes que se mantienen como estilo relacional y de

interacción imperante en la pareja donde una de las partes, por acción u

omisión, ocasiona daño físico y/o psicológico a la otra. La violencia en la

pareja es ejercida mayoritariamente hacia la mujer, realidad que es constatable

y cruda, a nivel de estudios e investigaciones en casi la totalidad de los países

que registran algún dato al respecto, se señala que en al menos el 75% de los

casos esta se presenta como una acción unidireccional del hombre hacia la

mujer y salvo un 2% (razón por la cual no es considerado un problema social)

representativo de los casos en que son los varones los agredidos física y en su

mayoría psicológicamente, el porcentaje restante hace referencia a la violencia

bidireccional (también denominada recíproca o cruzada) que es aquella donde

ambos miembros de la pareja se agreden mutuamente. Se debe resaltar que

para utilizar esta última clasificación, es necesario que exista simetría en los

ataques y paridad de fuerzas físicas y psicológicas entre los involucrados. Las

cifras explican y justifican los esfuerzos e iniciativas que apuntan a la mujer

como víctima principal y dado que el espacio de mayor riesgo de una mujer

para sufrir violencia es su propio hogar, contrario al de los hombres para

quienes el espacio de mayor riesgo es la calle, en la variada literatura existente

al referirse a la violencia hacia la mujer en el contexto doméstico o al interior de


la pareja se suelen utilizar los conceptos de violencia domestica, violencia

conyugal e incluso violencia intrafamiliar.

La violencia sobre la mujer puede tomar muchas formas, desde las más sutiles

y difíciles de diferenciar hasta las más brutales. Puede ocurrir en cualquier

etapa de su vida, incluyendo el embarazo y afectar tanto su nivel físico como

mental. La violencia hacia el varón al interior de la pareja, dada la

excepcionalidad de los casos, no se consideran un problema social y menos

una categoría específica de la violencia intrafamiliar. Todo lo anterior a los ojos

de un hombre que sufre maltratos puede resultar irrelevante, además se debe

considerar que gran parte de los resultados expuestos se basan en la cantidad

y tipo de denuncias recibidas y es un hecho establecido que el hombre

agredido en general no denuncia las situaciones de maltrato. En que no se

produzcan estas denuncias influyen la ignorancia de la ley, la escasez de

instituciones relacionadas dirigidas a los varones, su prejuicio hacia la

imparcialidad de los, y principalmente, las profesionales (asistentes sociales,

psicólogas, etc.), pero son determinantes los aspectos socioculturales como el

machismo y la vergüenza, consecuencia de una ideología patriarcal de

estereotipos rígidos con respecto a lo que se espera del varón dentro de la

relación de pareja. Otras razones, y que también limitan a la mujer, son el

amor a la pareja, a los hijos o el temor a las consecuencias económicas y

judiciales que puede implicar una separación.

2.2.2. Maltrato infantil

El maltrato infantil, de manera general, puede definirse como todo acto no

accidental, único o repetido, que por acción u omisión (falta de la respuesta o


acción apropiada) provoca daño físico o psicológico a una persona menor de

edad, ya sea por parte de sus padres, otros miembros de la familia o

cuidadores que, aunque externos a la familia, deben ser supervisados por esta.

El maltrato infantil incluye el abandono completo o parcial y todo

comportamiento o discurso adulto que infrinja o interfiera con los Derechos del

Niño (Declaración Universal de la ONU, 1959). La violencia, ya sea física,

sexual o emocional es una de las más graves infracciones a estos derechos,

por las consecuencias inmediatas, a mediano y largo plazo que generan en el

desarrollo del menor. Dentro de esta categoría podemos clasificar también el

abuso fetal que ocurre cuando la futura madre ingiere, deliberadamente,

alcohol o drogas, estando el feto en su vientre. Producto de lo cual el niño(a)

puede nacer con adicciones, malformaciones o retraso severo, entre otros

problemas.

2.2.3. Violencia hacia el adulto mayor

La violencia o el maltrato al adulto mayor, de manera general, puede definirse

como todo acto no accidental, único o repetido, que por acción u omisión (falta

de la respuesta o acción apropiada) provoca daño físico o psicológico a una

persona anciana, ya sea por parte de sus hijos, otros miembros de la familia o
de cuidadores que, aunque externos a la familia, deben ser supervisados por

esta. Estas situaciones de maltrato son una causa importante de lesiones,

enfermedades, pérdida de productividad, aislamiento y desesperación. El

maltrato hacia los ancianos es producto de una deformación en nuestra cultura,

que siente que lo viejo es inservible e inútil. Los ancianos son sentidos como

estorbos o como una carga que se debe llevar a cuestas además de la familia a

sostener, por eso no es de extrañar que el tipo más frecuente de maltrato sea

el abandono y la falta de cuidados. Por otra parte la ausencia de registros o

estimaciones reales de la dimensión de este problema, así como la escasez de

denuncias, debido al miedo, la depresión, la incapacidad de moverse por si

mismos y la poca credibilidad, ha permitido que este fenómeno sea casi

invisible.

2.2.4. Violencia hacia los discapacitados

La violencia o el maltrato a los discapacitados, de manera general, puede

definirse como todo acto que por acción u omisión provoca daño físico o

psicológico a personas que padecen temporal o permanentemente una

disminución en sus facultades físicas, mentales o sensoriales, ya sea por parte

de miembros de la familia o de cuidadores que, aunque externos a la familia,

deben ser supervisados por esta. Este tipo de violencia afecta a personas que

por su condición de mayor vulnerabilidad se encuentran en una posición de


dependencia que los ubica en una situación de mayor riesgo en relación al

maltrato.

2.3. FORMAS DE VIOLENCIA

Algunas acciones de maltrato entre los miembros de la familia son evidentes,

generalmente las de que tienen implicancia física, otras pueden pasar

desapercibidas, sin embargo todas dejan profundas secuelas. La violencia

intrafamiliar puede adoptar una o varias de las siguientes formas: violencia

física, violencia psicológica, abandono, abuso sexual y abuso económico.

2.3.1. Violencia física

La violencia, maltrato o abuso físico es la forma más obvia de violencia, de

manera general se puede definir como toda acción de agresión no accidental

en la que se utiliza la fuerza física, alguna parte del cuerpo (puños, pies, etc.),

objeto, arma o sustancia con la que se causa daño físico o enfermedad a un

miembro de la familia. La intensidad puede variar desde lesiones como

hematomas, quemaduras y fracturas, causadas por empujones, bofetadas,

puñetazos, patadas o golpes con objetos, hasta lesiones internas e incluso la

muerte.
2.3.2. Violencia psicológica

La violencia psicológica o emocional, de manera general, se puede definir

como un conjunto de comportamientos que produce daño o trastorno

psicológico o emocional a un miembro de la familia. La violencia psicológica no

produce un traumatismo de manera inmediata sino que es un daño que se va

acentuando, creciendo y consolidando en el tiempo. Tienen por objeto

intimidar y/o controlar a la víctima la que, sometida a este clima emocional,

sufre una progresiva debilitación psicológica y presenta cuadros depresivos

que en su grado máximo pueden desembocar en el suicidio. Algunas de estas

acciones son obvias, otras muy sutiles y difíciles de detectar, sin embargo

todas dejan secuelas. Un caso particular de este tipo de abuso son los niños

testigos de la violencia entre sus padres, los que sufren similares

consecuencias y trastornos a los sometidos a abusos de manera directa.

La violencia psicológica presenta características que permiten clasificarla en

tres categorías:

-Maltrato: puede ser pasivo (definido como abandono) o activo que consiste en

un trato degradante continuado que ataca la dignidad de la persona.

Generalmente se presenta bajo la forma de hostilidad verbal, como gritos,

insultos, descalificaciones, desprecios, burlas, ironías, críticas permanentes y

amenazas. También se aprecia en actitudes como portazos, abusos de

silencio, engaños, celotipia (celos patológicos), control de los actos cotidianos,

bloqueo de las iniciativas, prohibiciones, condicionamientos e imposiciones.


-Acoso: se ejerce con una estrategia, una metodología y un objetivo, la víctima

es perseguida con críticas, amenazas, injurias, calumnias y acciones para

socavar su seguridad y autoestima y lograr que caiga en un estado de

desesperación, malestar y depresión que la haga abandonar el ejercicio de un

derecho o someterse a la voluntad del agresor. Para poder calificar una

situación como acoso tiene que existir un asedio continuo, una estrategia de

violencia (como cuando el agresor se propone convencer a la víctima que es

ella la culpable de la situación) y el consentimiento del resto del grupo familiar

(auque también de amigos o vecinos) que colaboran o son testigos silenciosos

del maltrato, ya sea por temor a represalias, por satisfacción personal o

simplemente por egoísmo al no ser ellos los afectados. El acoso afectivo, que

forma parte del acoso psicológico, es una situación donde el acosador depende

emocionalmente de su víctima, le roba la intimidad, la tranquilidad y el tiempo

para realizar sus tareas y actividades, interrumpiéndola constantemente con

sus demandas de cariño o manifestaciones continuas, exageradas e

inoportunas de afecto. Si la víctima rechaza someterse a esta forma de acoso,

el agresor se queja, llora, se desespera, implora y acude al chantaje emocional

como estrategia, amenazando a la víctima con retirarle su afecto o con

agredirse a si mismo, puede llegar a perpetrar intentos de suicidio u otras

manifestaciones extremas que justifica utilizando el amor como argumento.

-Manipulación: es una forma de maltrato psicológico donde el agresor

desprecia el valor de la víctima como ser humano negándole la libertad,

autonomía y derecho a tomar decisiones acerca de su propia vida y sus propios

valores. La manipulación hace uso del chantaje afectivo, amenazas y críticas


para generar miedo, desesperación, culpa o vergüenza. Estas actitudes tienen

por objeto controlar u obligar a la víctima según los deseos del manipulador.

2.3.3. Abandono

El abandono se manifiesta principalmente hacia los niños, adultos mayores y

discapacitados, de manera general, se puede definir como el maltrato pasivo

que ocurre cuando sus necesidades físicas como la alimentación, abrigo,

higiene, protección y cuidados médicos, entre otras, no son atendidas en forma

temporaria o permanente. El abandono también puede ser emocional, este

ocurre cuando son desatendidas las necesidades de contacto afectivo o ante la

indiferencia a los estados anímicos.

2.3.4. Abuso sexual

El abuso sexual dentro de una relación de pareja, de manera general se puede

definir como la imposición de actos o preferencias de carácter sexual, la

manipulación o el chantaje a través de la sexualidad, y la violación, donde se

fuerza a la mujer a tener relaciones sexuales en contra de su voluntad, esta

última acción puede ocurrir aún dentro del matrimonio pues este no da derecho

a ninguno de los cónyuges a forzar estas relaciones y puede desencadenar la

maternidad forzada a través de un embarazo producto de coerción sexual. El

abuso sexual afecta también a niños y adolescentes cuando un familiar adulto

o un cuidador los utiliza para obtener algún grado de satisfacción sexual. Estas
conductas abusivas pueden implicar o no el contacto físico, su intensidad

puede variar desde el exhibicionismo, el pedido de realizar actividades

sexuales o de participar en material pornográfico, hasta la violación.

Discapacitados y adultos mayores pueden verse afectados de igual forma, al

ser violentados sexualmente por familiares o cuidadores sirviéndose de su

incapacidad física o mental.

2.3.5. Abuso económico

El abuso económico ocurre al no cubrir las necesidades básicas de los

miembros de la familia en caso de que esto corresponda, como con los hijos

menores de edad y estudiantes, la mujer que no posee trabajo remunerado, los

adultos mayores u otros miembros dependientes. También sucede cuando se

ejerce control, manipulación o chantaje a través de recursos económicos, se

utiliza el dinero, propiedades y otras pertenencias de forma inapropiada o ilegal

o al apropiarse indebidamente de los bienes de otros miembros de la familia sin

su consentimiento o aprovechándose de su incapacidad.

2.4. CAUSAS DE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR


La causa de la aparición y mantención de la violencia intrafamiliar es compleja

y multifactorial, se relacionan con ella actitudes socioculturales como la

desigualdad de género, las condiciones sociales, conflictos familiares,

conyugales y los aspectos biográficos como la personalidad e historia de

abusos en la familia de origen. La historia nos muestra que las formas de

maltrato familiar existieron desde la antigüedad en diversas culturas donde los

hijos eran considerados propiedad privada de los padres, estos tenían derecho

sobre su vida y muerte, pudiendo decretar además su estado de libertad o

esclavitud. Derechos similares poseían los hombres sobre las mujeres, las que

se encontraban ancladas en relaciones de sumisión y dependencia con un

limitado rol a nivel social y donde la violencia masculina era aceptada y

tolerada por la sociedad e incluso por la mujer. La violencia ha sido y es

utilizada como un instrumento de poder y dominio del fuerte frente al débil, del

adulto frente al niño, del hombre frente a la mujer, su meta es ejercer control

sobre la conducta del otro, lo cual se evidencia en los objetivos como

"disciplinar", "educar", "hacer entrar en razón", "poner límites", "proteger",

"tranquilizar", etc., con que quienes ejercen violencia y también muchas

víctimas intentan justificarla. La estructuración de jerarquías que avalan el uso

de la fuerza como forma de ejercicio del poder es uno de los ejes conceptuales

del proceso de naturalización de la violencia el cual históricamente ha

dificultado su comprensión y reconocimiento al instaurar pautas culturales que

permiten una percepción social de la violencia como natural y legítima

favoreciendo su mantención. La naturalización de la violencia suele

materializarse en expresiones populares o mitos que recogen la pauta cultural.

La fuerza del mito radica en que es invulnerable a las pruebas racionales que lo
desmienten, de ese modo las víctimas suelen quedar atrapadas en medio de

un consenso social que las culpabiliza y les impide ser concientes de sus

derechos y del modo en que están siendo vulnerados.

Las instituciones no son ajenas a la construcción de significados que

estructuran nuestro modo de percibir la realidad y contribuyen a naturalizar la

violencia, pasaron siglos antes de que existieran leyes de protección a las

víctimas; las instituciones educativas durante gran parte de la historia utilizaron

métodos disciplinarios que incluían el castigo físico; en variadas organizaciones

se resisten aún a reconocer el efecto de la violencia sobre la salud física y

psicológica de las personas; los medios de comunicación continúan exhibiendo

violencia cotidianamente. Todo ello, junto a la transmisión de los estereotipos

de género a lo cual también contribuye la familia, forma un conjunto de

acciones y omisiones que tiene como resultado la percepción de la violencia

como un modo natural de resolver conflictos interpersonales y sienta las bases

para el desequilibrio de poder que se plantea en la constitución de sociedades

privadas como el noviazgo, el matrimonio y la convivencia.

De igual forma, el proceso de invisibilización del problema de la violencia,

relacionado con variados obstáculos epistemológicos (fundamentos y métodos

del conocimiento científico) ha estructurado las dificultades para identificarla y

ha permitido perpetuarla.

El proceso de invisibilización considera que para que un fenómeno resulte

visible deben existir inscripciones materiales que lo hagan perceptible, a su vez

el observador (en este caso el campo social) debe disponer de las

herramientas o instrumentos necesarios para percibirlo.


Respecto a las acciones violentas y sus consecuencias, durante la mayor parte

de la historia solo se consideraron los daños materiales producidos, de esta

forma en los casos de violencia interpersonal, se consideró como daño sólo

aquél que tuviera una inscripción corporal permaneciendo invisibles todas

aquellas formas de maltrato que no eran sensorialmente perceptibles. De

hecho las primeras referencias a las víctimas de la violencia en las relaciones

privadas utilizaron terminología referida exclusivamente al maltrato físico

(Kempe, H., Síndrome del Niño Apaleado. JAMA, Cincinnati, 1962; Lenore E.

Walter, Síndrome de la Mujer Golpeada. Harper Colophon Books, Nueva York,

1979). La histórica y sesgada visión de la familia y su realidad, entendida como

el espacio privado por excelencia y definida en un contexto idealizado como

proveedora de seguridad, alimentación, afecto, límites y estímulos; retrasó en

muchos años la posibilidad de visualizar la otra cara de la familia, como un

entorno potencialmente peligroso en el cual también se pueden violar los

derechos humanos, experimentar miedo e inseguridad y en el que se aprende

la resolución violenta de conflictos interpersonales.

En el campo social, la invisibilización estuvo directamente vinculada con la

ausencia de herramientas conceptuales que permitieran identificarla, definirla y

establecerla como objeto de estudio, se ignoró su existencia hasta que las

investigaciones específicas, conjuntamente con los cambios sociales de las

últimas décadas respecto al papel de la mujer, tanto en el ámbito privado

(pareja, familia) como público (laboral, social), hacia una relación más

igualitaria con el hombre la sacaron a la luz, mostrando su magnitud, formas y

consecuencias. Esto permitió una mayor sensibilidad social respecto al

problema, una mayor conciencia de la mujer y víctimas en general respecto a


sus derechos y su papel en la pareja y la familia y ha dejado de considerarse

un "asunto privado" para empezar a reconocerse como un problema social.

Al referirse a la mantención de la violencia intrafamiliar no se puede dejar de

mencionar el retraso o la ausencia de las denuncias que impiden determinar la

real magnitud del problema, detener el ciclo y su avance. Como causas de la

demora se esgrime: la esperanza de la víctima de que la situación cambie, el

miedo a represalias, la vergüenza ante la sensación de fracaso o culpa, la

tolerancia a los comportamientos violentos, la dependencia económica de la

víctima respecto a su pareja, su situación psicológica, sentimientos de

ambivalencia o inseguridad, miedo e ignorancia del aparato judicial y los

servicios de protección y la falta de apoyo familiar, social o económico.

Evidentemente la violencia intrafamiliar no es un problema nuevo aunque sin

duda es cada vez más próximo. Junto con lo expuesto coexisten muchas

razones mediante las cuales se intenta explicar, y los agresores justificar, el

maltrato, como los problemas económicos, el stress o cansancio, la ignorancia

respecto a como criar y educar a los hijos o cuidar y atender a los

discapacitados y adultos mayores, sin embargo estas situaciones de especial

vulnerabilidad no originan el maltrato aunque si representan factores de riesgo

para su aparición y mantención. En general podrá considerarse que los dos

factores epidemiológicos o circunstancias más importantes que pueden indicar

aumento del riesgo para la aparición de violencia intrafamiliar son la relación de

desigual y desequilibrio de poder en las relaciones humanas, principalmente

entre el hombre y la mujer, tanto en el ámbito personal como social y la

existencia de una cultura que supone la aceptación de la violencia en la

resolución de conflictos.
2.5. FACTORES DE RIESGO

Existen factores de riesgo y situaciones de especial vulnerabilidad que

explicarían por qué en contextos similares, en ocasiones se producen

situaciones de violencia y en otras no. La identificación de estos factores,

asociados con las distintas formas que adopta la violencia intrafamiliar resulta

decisiva a la hora de elaborar propuestas o realizar alguna intervención, tanto

en lo que respecta a la atención del problema como a su prevención. Los

factores riesgo no son los causantes de la violencia pero inciden en su

aparición y mantención.

Si bien cualquier persona puede verse afectada por la violencia intrafamiliar, ya

que esta se da en todas las culturas, sin distinción de sexo, edad, raza, religión

o clase social, el ser mujer, menor de edad, discapacitado o adulto mayor y

encontrarse en una relación de pareja con desequilibrio de poder o al interior

de una familia de estructura rígida, con un alto grado de control entre sus

miembros y con valores culturales que favorezcan una división jerárquica

vertical y autocrática; supone un mayor riesgo de sufrirla pues se es más

vulnerable mientras menor poder se tiene dentro de la estructura jerárquica

familiar o al ser física y/o psicológicamente dependiente.

Aunque dado el bajo índice de detección, probablemente muchas victimas de

maltrato no respondan a un perfil determinado, en la persona, principalmente

mujer, con mayor riesgo de convertirse en víctima se pueden encontrar

características como: un bajo nivel cultural y educacional, baja autoestima,


actitudes de sumisión y dependencia debido a una concepción rígida y

estereotipada del papel del hombre y la mujer, nivel socioeconómico de

pobreza (de gran relevancia en cuanto a medios y posibilidades para poder

escapar o no de una situación de violencia) y un aislamiento social que impide

acceder a fuentes de apoyo externas ya sean familiares o comunitarias;

además podrían presentarse situaciones de consumo o dependencia de

alcohol o drogas. El embarazo también suele representar una mayor

proporción de riesgo, en muchas ocasiones el primer episodio de agresión

física ocurre en ese período pues el agresor lo percibe como una amenaza

para su dominio, esto genera un mayor número de abortos, complicaciones en

el embarazo, partos prematuros y retrasos en la asistencia.

El factor que más se relaciona con las mujeres maltratadas y a la vez uno de

los más claramente vinculados con la aparición de conductas agresivas en el

hombre hace referencia a la historia, vivencias de violencia o exposición a la

misma que hayan tenido en la niñez o adolescencia, en sus respectivas

familias de origen, ya sea como víctimas directas de maltrato o como testigos

de actos violentos. La violencia puede transmitirse de una generación a otra al

repetir modelos basados en pautas culturales que mantienen la desigualdad

entre los géneros y la legitiman, tanto en la crianza de los hijos, como en las

relaciones interpersonales y resolución de conflictos. Los varones tendrán más

posibilidades de convertirse en hombres violentos y las niñas en víctimas al

aprender que la sociedad acepta la violencia hacia las mujeres. Otros factores

que incrementan el riesgo y están asociados al agresor, principalmente hombre

son: el consumo y la dependencia de sustancias psicoactivas como las drogas

y el alcohol que pueden extremar la personalidad, la tensión o el stress que


genera el desempleo, la inestabilidad laboral y las crisis económicas o

afectivas, estados depresivos profundos, baja autoestima, un bajo nivel cultural,

educacional y socioeconómico, ya que aunque la violencia no hace distinción

de clases sociales, la pobreza acarrea un stress social al que contribuyen

situaciones como el hacinamiento y las dificultades económicas. Si bien el

agresor es generalmente un individuo sin trastornos psicopatológicos evidentes

la violencia puede emerger de cualquier estructura de personalidad psicótica

(no tiene verdadera conciencia de sus actos), psicopática o perversa

(autoritarios, narcisistas y manipuladores, no sienten culpa) o neurótica

(pueden actuar impulsivamente como una manera de compensar frustraciones

y luego arrepentirse), siendo por lo general mas grave cuando mayor sea el

trastorno. Existen otras situaciones como el embarazo precoz o no deseado,

las depresiones post parto, la ignorancia o incomprensión de las necesidades

(fundamentalmente de ancianos, discapacitados u otros miembros de la familia

dependientes o semidependientes) y el cansancio o agobio por el exceso de

tareas a atender, que son claros factores de riesgo para la aparición de abusos

y negligencias.

Algunos factores como la inadecuada respuesta institucional y/o comunitaria a

los casos de violencia intrafamiliar debido a la naturalización de la violencia o a

la falta de capacitación o formación, la ausencia de legislación adecuada o

dificultades en la aplicación de la existente y la ausencia de redes comunitarias

de apoyo generan también un riesgo importante al actuar como elementos

perpetuadores de la violencia.
2.6. CONSECUENCIAS Y EFECTOS DE LA VIOLENCIA

La gravedad de sus consecuencias físicas y psicológicas, tanto para la víctima

como para la familia, hacen de la violencia intrafamiliar un importante problema

de salud con intensa repercusión social. Para la victima, las principales

consecuencias a nivel físico son cefaleas, dolores de espalda, trastornos

gastrointestinales, disfunciones respiratorias, palpitaciones, hiperventilación y

lesiones de todo tipo como traumatismos, heridas, quemaduras, enfermedades

de transmisión sexual y/o embarazos no deseados debido a relaciones

sexuales forzadas, embarazos de riesgo y abortos. Las mujeres maltratadas

durante el embarazo tienen mas complicaciones (hemorragias, infecciones y

otras) durante el parto y post-parto y, generalmente, los bebés nacidos bajo

esta situación tienden a ser de bajo peso o con trastornos que ponen en riesgo

su supervivencia y con secuelas que influyen en su crecimiento y desarrollo

posterior. Por lo demás la violencia puede acarrear para la víctima incluso

consecuencias letales mediante el homicidio o el suicidio. A nivel psicológico

se generan efectos profundos tanto a corto como a largo plazo. La reacción

inmediata suele ser de conmoción, paralización temporal y negación de lo

sucedido, seguidas de aturdimiento, desorientación y sentimientos de soledad,


depresión, vulnerabilidad e impotencia. Luego los sentimientos de la víctima

pueden pasar del miedo a la rabia, de la tristeza a la euforia, de la compasión

de sí misma al sentimiento de culpa. A mediano plazo, pueden presentar ideas

obsesivas, incapacidad para concentrarse, insomnio, pesadillas, llanto

incontrolado, mayor consumo de fármacos y adicciones. También puede

presentarse una reacción tardía descripta como Síndrome de Estrés Post-

traumático, consiste en una serie de trastornos emocionales, que no

necesariamente aparecen temporalmente asociados con la situación que los

originó, pero que constituyen una secuela de situaciones traumáticas vividas,

tales como haber estado sometida a situaciones de maltrato físico o

psicológico. Algunos de sus síntomas son: trastornos del sueño (pesadillas e

insomnio), trastornos amnésicos, depresión, ansiedad, sentimientos de culpa,

trastornos por somatización, fobias y miedos diversos, disfunciones sexuales y

el uso de la violencia hacia otros como con los propios hijos. A nivel social

puede ocurrir un deterioro de las relaciones personales, aislamiento social y la

pérdida del empleo debido al incremento del ausentismo y a la disminución del

rendimiento laboral. Cuando la víctima sea un menor de edad, se generarán

además trastornos del desarrollo físico y psicológico que pueden desembocar

en fugas del hogar, embarazo adolescente y prostitución. En el ámbito de la

educación aumentará el ausentismo y la deserción escolar, los trastornos de

conducta y de aprendizaje y la violencia en el ámbito escolar. Los hijos o

menores que sin haber sido víctimas directas de la violencia la han presenciado

como testigos sufrirán de igual forma riesgos de alteración de su desarrollo

integral, sentimientos de amenaza (su equilibrio emocional y su salud física

están en peligro ante la vivencia de escenas de violencia y tensión), dificultades


de aprendizaje, dificultades en la socialización, adopción de comportamientos

violentos con los compañeros, mayor frecuencia de enfermedades

psicosomáticas y otros trastornos psicopatológicos secundarios. A largo plazo

estos menores presentarán una alta tolerancia a situaciones de violencia y

probablemente serán adultos maltratadores en el hogar y/o violentos en el

medio social ya que es el comportamiento que han interiorizado como natural

en su proceso de socialización primaria, lo que llamamos violencia

transgeneracional, En otros ámbitos de la realidad social los modelos violentos

en el contexto privado generan un problema de seguridad ciudadana, al

aumentar la violencia social y juvenil, las conductas antisociales, los

homicidios, lesiones y los delitos sexuales. La economía se ve afectada al

incrementarse el gasto en los sectores salud, educación, seguridad y justicia y

al disminuir la producción. Para el agresor las principales consecuencias serán

la incapacidad para vivir una intimidad gratificante con su pareja, el riesgo de

perder a su familia, principalmente esposa e hijos, el rechazo familiar y social,

aislamiento y pérdida de reconocimiento social, riesgo de detención y condena,

sentimientos de fracaso, frustración o resentimiento y dificultad para pedir

ayuda psicológica y psiquiátrica. Los efectos de la violencia pueden ubicarse

en 6 (seis) niveles de acuerdo a la combinación de dos variables: el nivel de

amenaza percibido por la persona agredida y el grado de habitualidad de la

conducta estos son:

2.6.1. Disonancia cognitiva: Ocurre cuando se produce una situación de

violencia de baja intensidad en un contexto o en un momento inesperado

(como la luna de miel). La reacción es de sorpresa, de imposibilidad de integrar

el nuevo dato a la experiencia propia.


2.6.2. Ataque o fuga: Ocurre cuando se produce una situación de violencia de

alta intensidad de un modo abrupto e inesperado. En estos casos se

desencadena una reacción psicofisiológica de alerta, pudiendo reaccionar con

una posición defensiva, escapándose del lugar; u ofensiva, enfrentando la

amenaza. La sorpresa obra a modo de disparador de conductas.

2.6.3. Inundación o Parálisis: Ocurre cuando se produce una situación de

violencia extrema, que implica un alto riesgo percibido para la integridad o la

vida. La reacción puede incluir alteraciones del estado de conciencia,

desorientación y ser el antecedente para la posterior aparición del Síndrome de

Estrés Post-traumático. Frecuentemente las víctimas relatan esta experiencia

de paralización frente a situaciones tales como amenazas con armas, intentos

de estrangulamiento o violación marital.

2.6.4. Socialización cotidiana: Ocurre cuando las situaciones de maltrato de

baja intensidad se transforman en habituales, se produce el fenómeno de la

naturalización. Las víctimas, principalmente mujeres, se acostumbran a que no

se tengan en cuenta sus opiniones, que las decisiones importantes las tome el

hombre, a ser humillada mediante bromas descalificadoras, etc., pasando

todas estas experiencias a formar parte de una especie de telón de fondo

cotidiano que tiene efecto anestesiante ante la violencia.


2.6.5. Lavado de cerebro: Cuando las amenazas, coerciones y mensajes

humillantes son intensos y persistentes, la víctima suele incorporar esos

mismos argumentos y sistemas de creencias como un modo defensivo frente a

la amenaza potencial que implicaría defenderse o refutarlos, cree que la

obediencia automática la salvará del sufrimiento. Llegado a este punto, asume

y puede repetir ante quien intente ayudarla, que ella tiene toda la culpa, que se

merece el trato que recibe, etc.

2.6.6. Embotamiento o Sumisión: Cuando las experiencias aterrorizantes son

extremas y reiteradas, el efecto es un "entumecimiento psíquico" en el que las

víctimas se desconectan de sus propios sentimientos y se vuelven sumisas al

extremo. En estos casos, la justificación de la conducta del agresor y la

autoinmolación alcanzan niveles máximos. En todos los casos los efectos de la

violencia intrafamiliar están acompañados por la sintomatología descrita a nivel

físico y psicológico, siendo visibles estas consecuencias a través de los

individuos o señales de maltrato.

2.7. INDICADORES DE MALTRATO

La violencia intrafamiliar es un problema social que todos debemos conocer y

enfrentar, afecta a un alto porcentaje de familias, sin distinción de niveles

sociales, económicos o culturales. A las victimas les cuesta mucho relatar lo

que les sucede pues tienen miedo, vergüenza y por lo general, tienden a

culparse de la situación. Desde la posición de víctima suele ser fácil detectar

las acciones de maltrato físico o sexual pues producen dolor y daños evidentes.
Detectar la violencia psicológica o emocional puede ser mas complejo porque a

menudo desarrollamos mecanismos psicológicos que ocultan la realidad

cuando esta nos resulta excesivamente desagradable, sin embargo el

sorprenderse realizando determinados actos o en ciertas situaciones puede

evidenciar el hecho. Si sufres en silencio una situación dolorosa, esperas que

las cosas se solucionen por sí mismas o que el agresor deponga

espontáneamente su actitud; si deseas que alguien acuda en tu ayuda; si te

sorprendes haciendo algo que no quieres hacer, que va contra tus principios o

que te desagrada y te sientes incapaz de negarte o; si has llegado a la

conclusión de que la situación dolorosa que sufres no tiene solución y que lo

mereces porque te lo has buscado; podrías considerar que estás siendo

víctima de abuso, manipulación y/o acoso psicológico. Detectar la violencia,

física y/o emocional, que sufre otra persona es generalmente más fácil si nos

preocupamos de observar y escuchar. Todos los seres humanos expresamos

los sufrimientos, temores o problemas de algún modo. Muchas víctimas no

delatarán a su agresor abiertamente por temor a represalias o a empeorar la

situación, es el caso de mujeres y niños que además dependen de él. Otras,

como los ancianos o los discapacitados, pueden no contar con la capacidad de

expresión para denunciar lo que les sucede, sin embargo existen varios

indicadores o señales que permiten detectar una posible situación de violencia

intrafamiliar.
2.7.1. Indicadores físicos: Los indicadores físicos son frecuentemente más

visibles, aparecen en forma de lesiones físicas, generalmente múltiples,

hematomas, arañazos, mordeduras, quemaduras e irritaciones en la piel,

marcas y cicatrices en el cuerpo, fracturas, dislocaciones, torceduras, movilidad

y/o pérdida de los dientes. Si la víctima ha sido abusada sexualmente pueden

presentar además enfermedades de transmisión sexual, irritaciones o

hemorragias en la zona genital o anal y dificultad para caminar o sentarse,

situación que es aún más evidente cuando el afectado es un niño(a). Cuando

el maltrato consiste en el abandono o la falta de atención a las necesidades

físicas suelen haber síntomas de desnutrición, deshidratación, falta de higiene

corporal y dental y enfermedades, generalmente de tipo respiratorio o

dermatológico de frecuente aparición en ancianos, discapacitados y niños que

carecen de cuidados.

2.7.2. Indicadores emocionales y conductuales: Estos indicadores se

presentan en forma de llanto, sentimientos de culpa o vergüenza, temor,

tristeza, angustia, depresión, ansiedad, insomnio, irritabilidad, cambios de

humor, olvidos o falta de concentración, confusión, desorientación y

aislamiento, enfermedades como la anorexia y la bulimia, baja autoestima,

ideas o conductas suicidas. Cuando la víctima es un niño(a) pueden

presentarse además problemas en el lenguaje, cambios bruscos e inesperados

de conducta, temor al contacto con adultos o rechazo a determinadas personas

o situaciones, resistencia al contacto físico, alteraciones del sueño, del apetito

o de la evacuación, agresividad, retraimiento, aislamiento, erotización de la


conducta y de las relaciones, baja inesperada del rendimiento escolar, lenguaje

y comportamientos que denotan el conocimiento de actos sexuales

inapropiados a su edad y fugas del hogar. Se debe estar atento además a

expresiones como: "Estuve solo todo el fin de semana", "mi hermano no me

dejó dormir anoche", "la niñera me estuvo molestando", "El Sr. X usa

calzoncillos divertidos" que puedan dar señales indirectas de abuso. Una

víctima de maltrato físico o emocional, convencida de que su caso no tiene

solución, puede desarrollar mecanismos de defensa, inconscientes y

mecánicos, para adaptarse a la situación y lograr su supervivencia, existen

varios indicadores en su forma comportarse: Mantiene una relación con su

agresor al que agradece intensamente sus pequeñas amabilidades; suele

negar que haya violencia contra ella y si la admite la justifica; niega que sienta

ira o malestar hacia el agresor; está siempre dispuesta a mantenerlo contento;

intenta averiguar lo que piensa y lo que desea, llegándose a identificar con él.

Cree que las personas que desean ayudarla están equivocadas y que su

agresor tiene la razón y la protege. Le resulta difícil abandonarlo y tiene miedo

de que regrese por ella aún cuando este se encuentre en la cárcel o incluso

muerto. El reconocimiento de estos síntomas puede permitir la identificación, el

tratamiento precoz y la prevención de problemas futuros, por lo que ante la

menor aparición o sospecha de maltrato es imprescindible una seria

investigación, si bien esta corresponde a las autoridades, todos podemos y

debemos tomar ciertas medidas de reacción.

2.8. CICLO DE LA VIOLENCIA


Podemos encontrar distintos comportamientos de naturaleza cíclica dentro de

las distintas categorías de la violencia intrafamiliar: Los padres pueden llegar a

maltratar a sus hijos cuando sus exageradas expectativas no logran ser

cubiertas por estos, luego frustrados, los castigan y pueden llegar a agredirlos,

para posteriormente con la esperanza de haberlos aleccionado, renovar las

expectativas y reiniciar el ciclo. Sin embargo la violencia en la pareja y

principalmente hacia la mujer es en sí un ciclo de tres fases que difieren en

duración según los casos (Walter L. E., Síndrome de la Mujer Golpeada.

Harper Colophon Books, Nueva York, 1979), estos son:

 Acumulación de tensiones

 Crisis o episodio agudo de violencia

 Arrepentimiento y reconciliación

2.8.1. Acumulación de tensiones (Primera fase): Es el período que antecede

a una crisis o un episodio agudo de violencia. Su extensión varía en cada

pareja y puede prolongarse mucho, por lo que en ocasiones resulta invisible

como etapa. Se caracteriza por la aparición o un leve incremento del

comportamiento agresivo, con breves acciones violentas dirigidas más

habitualmente hacia objetos que hacia la pareja, conducta que es reforzada por

un pequeño alivio de la tensión luego del acto violento, a medida que esta

tensión aumenta, se acumula y la violencia se mueve desde las cosas hacia la

pareja mediante el abuso verbal y físico en menor medida. La victima intenta

modificar su comportamiento a fin de evitar la violencia, intenta controlar y

manejar la situación a través de los recursos que posee, que ha aprendido y


que antes le han servido, acepta los abusos como una forma de bajar la

tensión evitando que su pareja explote, todas sus conductas están centradas

en evitar una crisis mayor, por lo que presta poca atención a lo que siente, ya

sea rabia, impotencia o dolor tiende a minimizar y justificar las agresiones

atribuyéndolas a factores externos, los que intenta controlar al máximo. Se

siente responsable por el abuso y lo soporta con la creencia de que es lo mejor

que puede hacer. Si bien en esta fase el agresor no intenta controlarse, tiene

cierta conciencia de lo inapropiado de su conducta, esto aumenta su

inseguridad y el temor a ser abandonado, lo que refuerza sus conductas

opresivas, posesivas y sus celos, trata de aislar a la víctima de su familia y

amistades e intenta ejercer el máximo de control.

2.8.2. Crisis o episodio agudo de violencia (Segunda fase): En este

momento aparece la necesidad de descargar las tensiones acumuladas, lo que

se produce con tal nivel de destrucción y violencia que resulta fácil de

diferenciar respecto de los hechos ocurridos en la fase anterior. El nivel de

ansiedad y temor en la víctima ante la proximidad de una crisis y la creencia de

que tras el episodio agudo llegará la calma, puede provocar que esta,

generalmente de manera inconciente, lo propicie para tener algún control sobre

la situación, la anticipación de la crisis se acompaña en las mujeres de

sintomatología ansiosa y psicosomática como insomnio, inapetencia, cefaleas y

alzas de presión. Durante el episodio de violencia en la víctima suele primar la

sensación de que es inútil resistirse o tratar de escapar a las agresiones, que

no está en sus manos detener la conducta de su pareja, optando por no ofrecer


resistencia. Un mecanismo frecuentemente presente para sobrevivir al acto

violento es la disociación, mediante la cual la víctima siente como si no fuera

ella quien está recibiendo el ataque. En el agresor prevalecen sentimientos de

intensa ira y pareciera perder el control, sin embargo aún cuando tuviese la

voluntad disminuida (como sucede al consumir alcohol o drogas) la agresión es

su propia elección. El acto de violencia solo se detiene cuando la tensión y el

stress han sido descargados, lo que haga o no la víctima, como defenderse,

aguantar, gritar o llorar, pueden exponerla indistintamente a una mayor

agresión. Ante la intervención policial el agresor suele mostrarse calmo y

relajado, en tanto que la víctima, principalmente mujer, aparece confundida e

histérica debido a la violencia padecida. Cuando finaliza el episodio violento

suele haber un estado de shock que se caracteriza por la negación e

incredulidad sobre lo ocurrido, es frecuente encontrar sintomatología de estrés

post-traumático (miedo, angustia, depresión, sentimientos de desamparo). En

las ocasiones en que se busca ayuda se hace días después del incidente (a

menos que haya lesiones graves), el sentimiento que acompaña esta búsqueda

suele ser de desesperanza y es muy esperable encontrar ambivalencias tanto

en lo que la víctima desea, como en las acciones que realiza para lograrlo, esto

se relaciona con distintos aspectos, como su vinculación afectiva con la pareja,

su esperanza de que no ocurran nuevos episodios, el miedo de que sus

acciones se vuelvan en su contra y el arrepentimiento de su pareja, que

evidencia la entrada a la próxima fase del ciclo.


2.8.3. Arrepentimiento y reconciliación (Tercera fase): Esta etapa de calma,

también denominada "luna de miel", se caracteriza por el arrepentimiento del

agresor, las demostraciones de afecto y las promesas de no repetir el hecho.

El hombre intenta reparar el daño inflingido, entrega esperanzas de cambio y

puede que tome a su cargo parte de la responsabilidad, ante la amenaza o el

hecho concreto de que su pareja lo abandone puede buscar ayuda y/o aliados

en el entorno más cercano para recuperarla. Por otra parte la tensión ha sido

descargada y ya no está presente, siendo este un momento muy deseado por

ambos miembros de la pareja, pueden actuar como si nada hubiera sucedido y

comprometerse a buscar ayuda y no volver a repetir el incidente. En la víctima

existe una fuerte necesidad de creer que no volverá a ser maltratada, que su

pareja realmente ha cambiado como lo demuestra con sus conductas,

comienza entonces a idealizar este aspecto de la relación reforzada además

por la creencia de que todo es superable con amor, que también depende de

ella y del apoyo incondicional a su pareja, aparece una percepción de si misma

como refugio y salvación de su agresor. En esta etapa suele haber una mayor

apertura del problema hacia el entorno, es entonces cuando familiares, amigos

y la sociedad en general deben evitar reforzar el ciclo de la violencia a través

de acciones, ideas o consejos que tienden a mantener la situación y por el

contrario deben propiciar una intervención que evite una escalada de la

violencia.

2.8.4. Escalada de violencia: Este es un concepto complementario al de ciclo

de violencia y se define como un proceso de ascenso paulatino de la intensidad


y duración de la agresión en cada ciclo consecutivo. El agresor no se detendrá

por si solo de no mediar una intervención, ya sea policial, judicial, psiquiátrica y

psicológica o la separación, el ciclo volverá a repetirse cada vez con mayor

severidad pues hay una tendencia al aumento de la gravedad de la violencia en

el transcurso del tiempo y una relación entre la escalada de violencia y la

aparición sucesiva de distintas manifestaciones de agresión, siendo frecuentes

en el inicio las de índole psicológica, incorporándose progresivamente el abuso

físico y económico y por último las de tipo sexual, consideradas el indicador de

mayor gravedad. Mientras menor sea la intensidad de la escalada, menores

serán los riesgos y mejores las posibilidades que tendrá una intervención.

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