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Sol

El Sol es una estrella de tipo-G y la principal fuente de energía del sistema solar, compuesta principalmente de hidrógeno y helio. Se formó hace aproximadamente 4600 millones de años y se espera que permanezca en la secuencia principal durante otros 5000 millones de años antes de convertirse en una gigante roja. Su luz es crucial para la vida en la Tierra, ya que sustenta la fotosíntesis y regula el clima.

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El Sol es una estrella de tipo-G y la principal fuente de energía del sistema solar, compuesta principalmente de hidrógeno y helio. Se formó hace aproximadamente 4600 millones de años y se espera que permanezca en la secuencia principal durante otros 5000 millones de años antes de convertirse en una gigante roja. Su luz es crucial para la vida en la Tierra, ya que sustenta la fotosíntesis y regula el clima.

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Características

Luz solar

Color

Composición

Estructura del Sol

Actividad solar

Nacimiento y muerte del Sol

Importancia de la energía solar en la Tierra

Observación astronómica del Sol

Véase también

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Sol

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Para otros usos de este término, véanse Sol (desambiguación) y Disco solar
(desambiguación).
Sol ☉
Primera imagen: fotografía de la luz visible del Sol con un filtro solar en 2013
Segunda imagen: fotografía ultravioleta retocada de la NASA en 2020
Datos derivados de la observación terrestre
Distancia media desde la Tierra 149 597 870 700 m (~1.5 × 1011 m)
Brillo visual (V) −26.8
Diám. angular en el perihelio 32′35.64″
Diám. angular en el afelio 31′31.34″
Índice color (U-B) +0.10
Índice color (B-V) +0.63
Características físicas
Diámetro 1 391 016 km
(~1.4 × 109 m)
Diámetro relativo (dS/dT) 109
Superficie 6.0877 × 1012 km²
Volumen 1.4123 × 1018 km³
Masa relativa a la de la Tierra 332 946
Masa 1.9891 × 1030 kg
Densidad 1411 kg/m³
Densidad relativa a la de la Tierra 0.255
Densidad relativa al agua 1.41
Gravedad en la superficie 274 m/s² (27.96 g)
Velocidad de escape 617.8 km/s
Temperatura efectiva de la superficie 5778 K (5505 °C)
Temperatura máxima de la corona 1-2 ×105 K[1]
Temperatura del núcleo ~1.36 × 107 K
Luminosidad (LS) 3.827 × 1026 W
Periodo de rotación
En el ecuador: 27 d 6 h 36 min
A 30° de latitud: 28 d 4 h 48min
A 60° de latitud: 30 d 19 h 12 min
A 75° de latitud: 31 d 19 h 12 min
Características orbitales
Distancia máxima al centro de la Galaxia
~2.5 × 1017 km
~26 000 años luz
Periodo orbital alrededor del
centro galáctico 2.25-2.50 × 108 años[2]
Velocidad orbital máxima ~251 km/s[3]
Inclinación axial con la eclíptica 7.25°
Inclinación axial con el plano de la galaxia 67.23°
Composición de la fotosfera
Hidrógeno 73.46 %
Helio 24.85 %
Oxígeno 0.78 %
Carbono 0.30 %
Hierro 0.16 %
Neón 0.12 %
Nitrógeno 0.09 %
Silicio 0.07 %
Magnesio 0.06 %
Azufre 0.05 %

El Sol (del latín sol, solis, ‘dios Sol invictus’ o ‘sol’, a su vez de la raíz
protoindoeuropea sauel, ‘luz’)[4] es una estrella de tipo-G de la secuencia
principal y clase de luminosidad V que se encuentra en el centro del sistema solar
y constituye la mayor fuente de radiación electromagnética de este sistema
planetario.[5] Es una esfera casi perfecta de plasma, con un movimiento convectivo
interno que genera un campo magnético a través de un proceso de dinamo. Cerca de
tres cuartas partes de la masa del Sol lo forman gases como el hidrógeno; el resto
es principalmente helio, con cantidades mucho más pequeñas de elementos como
oxígeno, carbono, neón y hierro.

Se formó hace aproximadamente 4600 millones de años a partir del colapso


gravitacional de la materia dentro de una región de una gran nube molecular. La
mayor parte de esta materia se acumuló en el centro, mientras que el resto se
aplanó en un disco en órbita que se convirtió en el sistema solar. La masa central
se volvió cada vez más densa y caliente, dando lugar con el tiempo al inicio de la
fusión nuclear en su núcleo. Se cree que casi todas las estrellas se forman por
este proceso. El Sol es más o menos de edad intermedia y no ha cambiado
drásticamente desde hace más de cuatro mil millones de años, y seguirá siendo
bastante estable durante otros 5000 millones de años más. Sin embargo, después de
que la fusión del hidrógeno en su núcleo se haya detenido, el Sol sufrirá cambios
importantes y se convertirá en una gigante roja. Se estima que el Sol se volverá
entonces lo suficientemente grande como para engullir las órbitas actuales de
Mercurio, Venus y posiblemente la Tierra.[6][7]

La Tierra y otros cuerpos (incluidos otros planetas, asteroides, meteoroides,


cometas y polvo) orbitan alrededor del Sol.[5] Por sí solo, representa alrededor
del 99.86 % de la masa del sistema solar.[8] La distancia media del Sol a la Tierra
fue definida exactamente por la Unión Astronómica Internacional en 149 597 870 700
metros[9] (aproximadamente 150 millones de kilómetros). Su luz recorre esta
distancia en 8 minutos y 20 segundos.

La energía del Sol, en forma de luz solar, sustenta a casi todas las formas de vida
en la Tierra a través de la fotosíntesis y determina el clima de la Tierra y la
meteorología.

Es la estrella del sistema planetario en el que se encuentra la Tierra; por lo


tanto, es el astro con mayor brillo aparente. Su visibilidad en el cielo local
determina, respectivamente, el día y la noche en diferentes regiones de diferentes
planetas. En la Tierra, la energía radiada por el Sol es aprovechada por los seres
fotosintéticos que constituyen la base de la cadena trófica, siendo así la
principal fuente de energía de la vida. También aporta la energía que mantiene en
funcionamiento los procesos climáticos.[10]

El Sol es una estrella que se encuentra en la fase denominada secuencia principal,


con un tipo espectral G2 y clase de luminosidad V, por tanto, también es denominada
como enana amarilla. Se formó hace entre 4567.9 y 4570.1 millones de años y
permanecerá en la secuencia principal aproximadamente 5000 millones de años más. El
Sol, junto con todos los cuerpos celestes que orbitan a su alrededor, incluida la
Tierra, forman el sistema solar.

A pesar de ser una estrella enana, es la única cuya forma se puede apreciar a
simple vista, con un diámetro angular de 32′35″ de arco en el perihelio y 31′31″ en
el afelio, lo que da un diámetro medio de 32′03″ . La combinación de tamaños y
distancias del Sol y la Luna son tales que se ven, aproximadamente, con el mismo
tamaño aparente en el cielo. Esto permite una amplia gama de eclipses solares
distintos (totales, anulares o parciales).[11]

El vasto efecto del Sol sobre la Tierra ha sido reconocido desde tiempos
prehistóricos y el astro ha sido considerado por algunas culturas como una deidad.
El movimiento de la Tierra alrededor del Sol es la base del calendario solar, de
uso predominante hoy en día.

La disciplina científica que se encarga del estudio del Sol en su totalidad es la


física solar.
Características

El Sol es una estrella de tipo-G de la secuencia principal que abarca


aproximadamente el 99.86 % de la masa del sistema solar. Éste tiene una magnitud
absoluta de +4.83, estimada como más brillante que el 85 % de las estrellas de la
Vía Láctea, la mayoría de las cuales son enanas rojas. Pertenece a la Población I,
o a las estrellas ricas en elementos pesados. La formación del Sol pudo haber sido
provocada por ondas de choque de una o más supernovas próximas. Esto fue planteado
debido a la gran abundancia de elementos pesados en el sistema solar, como el oro y
el uranio, en relación con las abundancias de estos elementos en la llamada
Población II de estrellas, siendo estas pobres en elementos pesados. Estos
elementos podrían haberse producido por reacciones nucleares endotérmicas durante
una supernova, o por transmutación a través de la absorción neutrónica dentro de
una estrella masiva de segunda generación.[12]
GIF, hecho por la NASA, abril 2008.

El Sol es, con diferencia, el objeto más brillante en el cielo, con magnitud
aparente de −26.74. Es unos 13 000 millones de veces más brillante que la segunda
estrella más luminosa, Sirio, que tiene una magnitud aparente de −1.46. La
distancia media del centro del Sol al centro de la Tierra es de aproximadamente 1
unidad astronómica (alrededor de 150 millones de kilómetros), aunque la distancia
varía a medida que la Tierra se mueve desde el perihelio en enero hasta el afelio
en julio. En esta distancia media, la luz viaja desde el horizonte del Sol hasta el
horizonte de la Tierra en unos 8 minutos y 19 segundos, mientras que la luz desde
los puntos más cercanos del Sol y de la Tierra tarda aproximadamente dos segundos
menos.

El Sol no tiene un límite definido y en sus partes externas su densidad disminuye


exponencialmente al aumentar la distancia a su centro. No obstante, a efectos de
medición, se considera el radio solar como la distancia que engloba desde su centro
hasta el borde de la fotosfera, la superficie visible aparente del Sol. Con base en
esta medida, el Sol es una esfera casi perfecta con un achatamiento estimado de 9
millonésimas, lo que significa que su diámetro polar difiere de su diámetro
ecuatorial por tan solo 10 kilómetros. El efecto mareal de los planetas es débil y
no afecta significativamente a la forma del Sol. El Sol rota más deprisa por su
ecuador que por sus polos. Esta rotación diferencial está causada por el movimiento
de convección debido al transporte de calor y al efecto Coriolis producido por la
rotación del Sol. En un marco de referencia definido por las estrellas, el periodo
de rotación es de aproximadamente 25.6 días en el ecuador y de 33.5 días en los
polos. Visto desde la Tierra en su órbita alrededor del Sol, el período de rotación
aparente del Sol en su ecuador es de unos 28 días.
Luz solar
Artículo principal: Luz solar
Amanecer desde el mirador del Garbí en Valencia (España)

La constante solar es la cantidad de energía que el Sol deposita por unidad de


tiempo y superficie y que es directamente expuesta como luz solar. La constante
solar es igual a aproximadamente a 1361 W/m² (vatios por metro cuadrado) a una
distancia de una unidad astronómica (ua) del Sol (es decir, en la Tierra o a la
misma distancia del Sol que ella).[13] La luz del Sol en la superficie de la Tierra
es atenuada por la atmósfera terrestre, de modo que, llega menos energía a la
superficie (cerca de 1000 W/m²) en condiciones claras cuando el Sol está cerca del
cenit. La luz del Sol en la parte superior de la atmósfera terrestre está compuesta
(por energía total) de aproximadamente un 50 % de luz infrarroja, un 40 % por luz
visible y un 10 % de luz ultravioleta. La atmósfera terrestre filtra más del 70 %
de la radiación ultravioleta solar, especialmente en las longitudes de onda más
cortas. La radiación ultravioleta solar ioniza la parte superior de la atmósfera en
el lado diurno de la Tierra, volviendo a la ionosfera conductora de electricidad.

El Sol es una estrella G2V, con G2 se indica que su temperatura superficial es de


aproximadamente 5778 K (5505 °C), y V que, como la mayoría de las estrellas, es una
estrella enana de la secuencia principal. La luminancia media del Sol es de
aproximadamente 1.88 Gcd/m² (gigacandelas por metro cuadrado), pero como se ve a
través de la atmósfera de la Tierra, esto se reduce a aproximadamente 1.44 Gcd/m².
Sin embargo, la luminancia no es constante a través del disco del Sol
(oscurecimiento del limbo).[14]
Color

En ausencia de atmósfera el Sol presenta un color blanco. Se puede comprobar en


imágenes desde la alta montaña con un cielo completamente despejado y limpio, desde
la Estación Espacial Internacional [15] o en las fotos de los astronautas del Apolo
12 desde la superficie lunar. El color blanco tiene la explicación teórica en el
espectro solar, que emite en un amplio rango del longitudes de onda con una
temperatura de color en torno a 5780 K y un índice de color-espacio (CIE) cercano
al (0.3; 0.3)[16]

En la cultura occidental se suele representar al Sol de color amarillo; en Japón,


en cambio, se suele representar de color rojo. Al observar al Sol a baja altura
sobre el horizonte la atmósfera influye en su color y brillo. El Sol se ve menos
brillante pero con una tonalidad alterada.

Esto seguramente haya influido en que algunos autores hayan argumentado[17] que el
color del Sol viene dado por su máximo de emisión.[18] Pero hay dos problemas
interesantes aquí.

En primer lugar, el espectro de emisión presenta su máximo en unos 500 nm, que se
asocia habitualmente al color verde cercano al azul.[19] Esta asociación es incluso
discutible, puesto que sólo existe una correspondencia longitud de onda/color
visible en una emisión monocromática lo más pura posible. Por ejemplo, se pueden
ver colores verdes en la aurora boreal debido a la emisión monocromática a 500.7 nm
del oxígeno atómico doblemente ionizado (esto está provocado por el choque entre
los átomos de oxígeno con electrones de menor energía liberados por moléculas de
nitrógeno excitadas por la radiación solar en las capas altas de la atmósfera[20]).

El segundo error es más sutil y viene de no considerar que el máximo de la


distribución de Planck depende de la variable elegida, siendo la longitud de onda,
frecuencia y número de ondas las más frecuentes. El máximo de la distribución
dependerá de dicha variable. Si elegimos la frecuencia, el máximo se correspondería
a 880 nm, ya en el infrarrojo cercano. Por tanto, el máximo no tiene un sentido
físico tan claro como el interpretado según la ley de desplazamiento de Wien, donde
se utiliza la representación de la función de Planck exclusivamente en función de
la longitud de onda.[18]

El Sol también puede verse de muy diferentes colores según las condiciones
atmosféricas. Desde el rojizo de las salidas y puestas debido a la dispersión de la
atmósfera (que se puede ver aumentados por la presencia de pequeñas partículas
contaminantes), hasta, en raras ocasiones, el azulado (provocado por partículas de
mayor diámetro, como parece haber ocurrido durante la erupción del Krakatoa o por
la contaminación del humo de grandes incendios).[21][22]
Véase también: Ley_de_desplazamiento_de_Wien#Interpretaciones
Composición
Capas internas del sol

El Sol está compuesto principalmente por los elementos químicos hidrógeno y helio;
que representan el 74.9 % y el 23.8 % de la masa del Sol en la fotosfera,
respectivamente. Todos los elementos más pesados, llamados metales en astronomía,
representan menos del 2 % de la masa, con el oxígeno (más o menos el 1 % de la masa
del Sol), carbono (0.3 %), neón (0.2 %), y el hierro (0.2 %), que es el más
abundante.

El Sol heredó su composición química del medio interestelar a través del cual se
formó. El hidrógeno y el helio en el Sol fueron producidos por nucleosíntesis del
Big Bang, y los elementos más pesados se crearon por nucleosíntesis estelar en
generaciones de estrellas que completaron su evolución estelar y devolvieron su
material al medio interestelar antes de la formación del Sol. La composición
química de la fotosfera se considera normalmente como representativa de la
composición del sistema solar primordial. Sin embargo, desde que se formó el Sol,
parte del helio y de elementos pesados se han asentado gravitacionalmente desde la
fotosfera. Por lo tanto, en la fotosfera de hoy en día, la fracción de helio es
reducida, y la metalicidad es solamente el 84 % de lo que era en la fase
protoestelar (antes de que la fusión nuclear comenzara en el núcleo). Se cree que
la composición protoestelar del Sol ha sido de un 71.1 % de hidrógeno, 27.4 % de
helio, y de un 1.5 % de elementos más pesados.

Hoy en día la fusión nuclear en el núcleo del Sol ha modificado la composición


mediante la conversión del hidrógeno en helio, por lo que ahora la parte más
interna del Sol es más o menos un 60 % de helio, junto con la abundancia de
elementos más pesados que no han sido alterados. Debido a que el calor se
transfiere desde el centro del Sol por radiación en vez de por convección, ninguno
de los productos de fusión del núcleo ha llegado a la fotosfera.

La zona reactiva del núcleo de «combustión del hidrógeno», donde el hidrógeno se


convierte en helio, está empezando a ser circundado por un núcleo interno de
«cenizas de helio». Este desarrollo continuará y posteriormente tendrá lugar la
salida del Sol de la secuencia principal para llegar a convertirse así en una
gigante roja.

La abundancia de elementos pesados solares descritos anteriormente son medidos


usando tanto espectroscopia de la fotosfera del Sol como midiendo las abundancias
en los meteoritos que nunca han sido calentados a temperaturas de fusión. Se cree
que estos meteoritos retienen la composición del Sol protoestelar y, por lo tanto,
no se ven afectados por la sedimentación de elementos pesados. Por lo general, los
dos métodos concuerdan bien.[23]
Estructura del Sol
Artículo principal: Estructura estelar
Imagen detallada de un conjunto de manchas solares observadas en el espectro de luz
visible. La umbra y la penumbra son claramente discernibles, así como la
granulación solar.

Como toda estrella, el Sol posee una forma esférica, y a causa de su lento
movimiento de rotación, tiene también un leve achatamiento polar. Como en cualquier
cuerpo masivo, toda la materia que lo constituye es atraída hacia el centro del
objeto por su propia fuerza gravitatoria. Sin embargo, el plasma que forma el Sol
se encuentra en equilibrio, ya que la creciente presión en el interior solar
compensa la atracción gravitatoria, lo que genera un equilibrio hidrostático. Estas
enormes presiones se producen debido a la densidad del material en su núcleo y a
las enormes temperaturas que se dan en él gracias a las reacciones termonucleares
que allí acontecen. Existe, además de la contribución puramente térmica, una de
origen fotónico. Se trata de la presión de radiación, nada despreciable, que es
causada por el ingente flujo de fotones emitidos en el centro del Sol.

Casi todos los elementos químicos terrestres (aluminio, azufre, bario, cadmio,
calcio, carbono, cerio, cobalto, cobre, cromo, estaño, estroncio, galio, germanio,
helio, hidrógeno, hierro, indio, magnesio, manganeso, níquel, nitrógeno, oro,
oxígeno, paladio, plata, platino, plomo, potasio, rodio, silicio, sodio, talio,
titanio, tungsteno, vanadio, circonio y cinc) y diversos compuestos (como el
cianógeno, el óxido de carbono y el amoniaco) han sido identificados en la
constitución del astro rey, por lo que se ha concluido que, si nuestro planeta se
calentara hasta la temperatura solar, tendría un espectro luminoso casi idéntico al
Sol. Incluso el helio fue descubierto primero en el Sol y luego se constató su
presencia en nuestro planeta.[24]

El Sol presenta una estructura en capas esféricas o en «capas de cebolla». La


frontera física y las diferencias químicas entre las distintas capas son difíciles
de establecer. Sin embargo, se puede determinar una función física que es diferente
para cada una de las capas. En la actualidad, la astrofísica dispone de un modelo
de estructura solar que explica satisfactoriamente la mayor parte de los fenómenos
observados. Según este modelo, el Sol está formado por: 1) núcleo solar, 2) zona
radiante, 3) zona convectiva, 4) fotosfera, 5) cromosfera, 6) corona, 7) manchas
solares, 8) granulación y 9) viento solar.
Núcleo
Artículos principales: Nucleosíntesis estelar, Cadena protón-protón y Ciclo CNO.
Imagen que muestra las capas del interior del Sol

Ocupa unos 139 000 km del radio solar, 1⁄5 del mismo, y es en esta zona donde se
verifican las reacciones termonucleares que proporcionan toda la energía que el Sol
produce. Esta energía generada en el núcleo del Sol tarda un millón de años en
alcanzar la superficie solar.[25] En su centro se calcula que existe un 49 % de
hidrógeno, 49 % de helio y un 2 % que se distribuye en otros elementos que sirven
como catalizadores en las reacciones termonucleares. A comienzos de la década de
los años 30 del siglo XX, el físico austriaco Fritz Houtermans (1903-1966) y el
astrónomo inglés Robert d'Escourt Atkinson (1898-1982) unieron sus esfuerzos para
averiguar si la producción de energía en el interior del Sol y en las estrellas se
podía explicar por las transformaciones nucleares. En 1938, Hans Albrecht Bethe
(1906-2005), en los Estados Unidos, y Carl Friedrich von Weizsäcker (1912-2007), en
Alemania, simultánea e independientemente, encontraron el hecho notable de que un
grupo de reacciones en las que intervienen el carbono y el nitrógeno como
catalizadores constituyen un ciclo, que se repite una y otra vez, mientras dura el
hidrógeno. A este grupo de reacciones se le conoce como ciclo de Bethe o del
carbono, y es equivalente a la fusión de cuatro protones en un núcleo de helio. En
estas reacciones de fusión hay una pérdida de masa, esto es, el hidrógeno consumido
pesa más que el helio producido. Esa diferencia de masa se transforma en energía,
según la ecuación de Einstein (E = mc²), donde E es la energía, m la masa y c la
velocidad de la luz. Estas reacciones nucleares transforman el 0.7 % de la masa
afectada en fotones, con una longitud de onda cortísima y, por lo tanto, muy
energéticos y penetrantes. La energía producida mantiene el equilibrio térmico del
núcleo solar a temperaturas aproximadamente de 15 millones de kelvins.

El ciclo ocurre en las siguientes etapas:

1H1 + 6C12 → 7N13


7N13 → 6C13 + e+ + neutrino
1H1 + 6C13 → 7N14
1H1 + 7N14 → 8O15
8O15 → 7N15 + e+ + neutrino
1H1 + 7N15 → 6C12 + 2He4.
Sumando todas las reacciones y cancelando los términos comunes, se tiene
4 1H1 → 2He4 + 2e+ + 2 neutrinos = 26.7 MeV.

La energía neta liberada en el proceso es 26.7 MeV, o sea cerca de6.7 × 1014 J por
kg de protones consumidos. El carbono actúa como catalizador, pues se regenera al
final del ciclo.

Otra reacción de fusión que ocurre en el Sol y en las estrellas es el ciclo de


Critchfield, más comúnmente conocido como cadena protón-protón. Charles Critchfield
(1910-1994) era en 1938 un joven físico, alumno de George Gamow, (1904-1968) en la
Universidad George Washington, y tuvo una idea completamente diferente, al darse
cuenta de que en el choque entre dos protones a velocidades próximas a la de la
luz, puede ocurrir que uno de ellos pierda su carga positiva (e+), se fusionen y se
convierta en un neutrón, que permanece unido al otro protón y forma un núcleo de
deuterio, es decir, un núcleo pesado formado por un isótopo estable del hidrógeno.
El positrón (e+) al ser liberado tiende a aniquilarse con bastante rapidez,
fusionándose con un electrón (e−), produciendo en el proceso radiación fotónica. Al
mismo tiempo, en esta segunda fase, se libera un neutrino electrónico de baja
energía, que no interactúa con ningún átomo y se libera al espacio a velocidades
próximas a la de la luz sin colisionar con la materia.

Más tarde, la fusión de un protón (p+), o lo que es lo mismo, un núcleo H1, con un
núcleo de deuterio da lugar a un isótopo del helio He³ y a la emisión de fotones
gamma (γ). Finalmente, con un 97 % de probabilidad aproximadamente, dos núcleos del
isótopo He³ dan lugar, al ser fusionados, en un núcleo estable de He4 más dos
nuevos protones (p+), con lo que el ciclo se retroalimenta hasta la primera fase
inicial, al tiempo que pierde energía a razón de 26.7 MeV netos.

La reacción puede producirse de dos maneras algo distintas:

1H1 + 1H1 → 1H² + e+ + neutrino electrónico


1H1 + 1H² → 2He³ + fotones gamma
2He³ + 2He³ → 2He4 + 2 1H1
...también expresada con la notación:
p+ + p+ → H² + e + νe
H² + p+ → He³ + γ
He³ + He³ → He4 + p+ + p+

El primer ciclo se da en estrellas más calientes y con mayor masa que el Sol, y la
cadena protón-protón en las estrellas similares al Sol. En cuanto al Sol, hasta el
año 1953 se creyó que su energía era producida casi exclusivamente por el ciclo de
Bethe, pero se demostró durante estos últimos años que el calor solar proviene en
su mayor parte (~75 %) del ciclo protón-protón.

En los últimos estadios de su evolución, el Sol fusionará también el helio producto


de estos procesos para producir carbono y oxígeno (véase proceso triple-alfa).
Zona radiante

En la zona exterior al núcleo el transporte de la energía generada en el interior


se produce por radiación hasta el límite exterior de la zona radiante. Esta zona
está compuesta de plasma, es decir, grandes cantidades de hidrógeno y helio
ionizado. Como la temperatura del Sol decrece desde el centro (15 MK en el núcleo)
hacia la periferia (6000 K en la fotosfera), es más fácil que un fotón cualquiera
se mueva del centro a la periferia que al revés. Sin embargo, los fotones deben
avanzar por un medio ionizado tremendamente denso siendo absorbidos y reemitidos
infinidad de veces en su camino. Se calcula que un fotón cualquiera puede tardar un
millón de años en alcanzar la superficie y manifestarse como luz visible.[26]
Zona convectiva
Esta región se extiende por encima de la zona radiante y en ella los gases solares
dejan de estar ionizados y los fotones son absorbidos con facilidad y se convierten
en un material opaco al transporte de radiación. Por lo tanto, el transporte de
energía se realiza por convección, de modo que el calor se transporta de manera no
homogénea y turbulenta por el propio fluido. Los fluidos se dilatan al ser
calentados y disminuyen su densidad.[27] Por lo cual se forman corrientes
ascendentes de material desde la zona caliente hasta la zona superior, y
simultáneamente se producen movimientos descendentes de material desde las zonas
exteriores menos calientes. Así, a unos 200 000 km bajo la fotosfera del Sol, el
gas se vuelve opaco por efecto de la disminución de la temperatura; en
consecuencia, absorbe los fotones procedentes de las zonas inferiores y se calienta
a expensas de su energía. Se forman así secciones convectivas turbulentas, en las
que las parcelas de gas caliente y ligero suben hasta la fotosfera, donde
nuevamente la atmósfera solar se vuelve transparente a la radiación y el gas
caliente cede su energía en forma de luz visible, y se enfría antes de volver a
descender a las profundidades. El análisis de las oscilaciones solares ha permitido
establecer que esta zona se extiende hasta estratos de gas situados a la
profundidad indicada anteriormente. La observación y el estudio de estas
oscilaciones solares constituyen el campo de trabajo de la heliosismología.[28]
Fotosfera
Artículo principal: Fotosfera

La fotosfera es la zona visible donde se emite luz visible del Sol. La fotosfera se
considera como la «superficie» solar y, vista a través de un telescopio, se
presenta formada por gránulos brillantes que se proyectan sobre un fondo más
oscuro. A causa de la agitación de nuestra atmósfera, estos gránulos parecen estar
siempre en agitación. Puesto que el Sol es gaseoso, su fotosfera es algo
transparente: puede ser observada hasta una profundidad de unos cientos de
kilómetros antes de volverse completamente opaca. Normalmente, se considera que la
fotosfera solar tiene unos 100 o 200 km de profundidad.[29]
Esquema de la estructura de anillo de una llamarada solar y su origen causado por
la deformación de las líneas del campo electromagnético

Aunque el borde o limbo del Sol aparece bastante nítido en una fotografía o en la
imagen solar proyectada con un telescopio, se aprecia fácilmente que el brillo del
disco solar disminuye hacia el borde. Este fenómeno de oscurecimiento del centro al
limbo es consecuencia de que el Sol es un cuerpo gaseoso con una temperatura que
disminuye con la distancia al centro. La luz que se ve en el centro procede en la
mayor parte de las capas inferiores de la fotosfera, más caliente y por tanto más
luminosa. Al mirar hacia el limbo, la dirección visual del observador es casi
tangente al borde del disco solar por lo que llega radiación procedente sobre todo
de las capas superiores de la fotosfera, menos calientes y emitiendo con menor
intensidad que las capas profundas en la base de la fotosfera.

Un fotón tarda un promedio de diez días desde que surge de la fusión de dos átomos
de hidrógeno, en atravesar la zona radiante y un mes en recorrer los 200 000 km de
la zona convectiva, empleando tan solo unos 8 minutos y medio en cruzar la
distancia que separa la Tierra del Sol. No se trata de que los fotones viajen más
rápidamente ahora, sino que en el exterior del Sol el camino de los fotones no se
ve obstaculizado por los continuos cambios, choques, quiebros y turbulencias que
experimentaban en el interior del Sol.

Los gránulos brillantes de la fotosfera tienen muchas veces forma hexagonal y están
separados por finas líneas oscuras.[30] Los gránulos son la evidencia del
movimiento convectivo y burbujeante de los gases calientes en la parte exterior del
Sol. En efecto, la fotosfera es una masa en continua ebullición en el que las
células convectivas se aprecian como gránulos en movimiento cuya vida media es tan
solo de unos nueve minutos. El diámetro medio de los gránulos individuales es de
unos 700 a 1000 km y resultan particularmente notorios en los períodos de mínima
actividad solar. Hay también movimientos turbulentos a una escala mayor, la llamada
«supergranulación», con diámetros típicos de unos 35 000 km. Cada supergranulación
contiene cientos de gránulos individuales y sobrevive entre 12 a 20 horas. Fue
Richard Christopher Carrington (1826-1875), cervecero y astrónomo aficionado, el
primero en observar la granulación fotosférica en el siglo XIX. En 1896 el francés
Pierre Jules César Janssen (1824-1907) consiguió fotografiar por primera vez la
granulación fotosférica.
El Sol con algunas manchas solares visibles. Las dos manchas en el medio tienen
casi el mismo diámetro que la Tierra.

El signo más evidente de actividad en la fotosfera son las manchas solares.[31] En


los tiempos antiguos se consideraba al Sol como un fuego divino y, por
consiguiente, perfecto e infalible. Del mismo modo se sabía que la brillante cara
del Sol estaba a veces nublada con unas manchas oscuras, pero se imaginaba que era
debido a objetos que pasaban en el espacio entre el Sol y la Tierra. Cuando Galileo
(1564-1642) construyó el primer telescopio astronómico, dando origen a una nueva
etapa en el estudio del Universo, hizo la siguiente afirmación: «Repetidas
observaciones me han convencido, de que estas manchas son sustancias en la
superficie del Sol, en la que se producen continuamente y en la que también se
disuelven, unas más pronto y otras más tarde». Una mancha solar típica consiste en
una región central oscura, llamada «umbra», rodeada por una «penumbra» más clara.
Una sola mancha puede llegar a medir hasta 12 000 km (casi tan grande como el
diámetro de la Tierra), pero un grupo de manchas puede alcanzar 120 000 km de
extensión e incluso algunas veces más. La penumbra está constituida por una
estructura de filamentos claros y oscuros que se extienden más o menos radialmente
desde la umbra.
Imagen detallada de un conjunto de manchas solares observadas en el visible. La
umbra y la penumbra son claramente discernibles así como la granulación solar.

Ambas (umbra y penumbra) parecen oscuras por contraste con la fotosfera,


simplemente porque están menos calientes que la temperatura media de la fotosfera.
Así, la umbra tiene una temperatura de 4000 K, mientras que la penumbra alcanza los
5600 K, inferiores en ambos casos a los 6000 K que tienen los gránulos de la
fotosfera. Por la ley de Stefan-Boltzmann, en que la energía total radiada por un
cuerpo negro (como una estrella) es proporcional a la cuarta potencia de su
temperatura efectiva (E = σT4, donde σ = 5.67051 × 10−8 W/m²·K4), la umbra emite
aproximadamente un 32 % de la luz emitida por un área igual de la fotosfera y
análogamente la penumbra tiene un brillo de un 71 % de la fotosfera. La oscuridad
de una mancha solar está causada únicamente por un efecto de contraste; si
pudiéramos ver a una mancha tipo, con una umbra del tamaño de la Tierra, aislada y
a la misma distancia que el Sol, brillaría una 50 veces más que la Luna llena. Las
manchas están relativamente inmóviles con respecto a la fotosfera y participan de
la rotación solar. El área de la superficie solar cubierta por las manchas se mide
en términos de millonésima del disco visible.
Cromosfera
Artículo principal: Cromosfera
Eclipse solar del 3 de octubre de 2005.

La cromosfera es una capa exterior a la fotosfera visualmente mucho más


transparente. Su tamaño es de aproximadamente 10 000 km, y es imposible observarla
sin filtros especiales, pues es eclipsada por el mayor brillo de la fotosfera. La
cromosfera puede observarse durante un eclipse solar en un tono rojizo
característico y en longitudes de onda específicas, notablemente en Hα, una
longitud de onda característica de la emisión por hidrógeno a muy alta temperatura.
[32]

Las prominencias solares ascienden ocasionalmente desde la fotosfera, alcanzan


alturas de hasta 150 000 km y producen erupciones solares espectaculares.
Corona solar
Artículo principal: Corona solar
Manifestación de la naturaleza filamentaria del plasma al conectar dos regiones con
diferente polaridad magnética. Imagen tomada por el Telescopio Óptico Solar Hinode,
el 12 de enero de 2007.

La corona solar está formada por las capas más tenues de la atmósfera superior
solar. Su temperatura alcanza los millones de kelvin, una cifra muy superior a la
de la capa que le sigue, la fotosfera, siendo esta inversión térmica uno de los
principales enigmas de la ciencia solar reciente. Estas elevadísimas temperaturas
son un dato engañoso y consecuencia de la alta velocidad de las pocas partículas
que componen la atmósfera solar. Sus grandes velocidades son debidas a la baja
densidad del material coronal, a los intensos campos magnéticos emitidos por el Sol
y a las ondas de choque que rompen en la superficie solar estimuladas por las
células convectivas. Como resultado de su elevada temperatura, desde la corona se
emite gran cantidad de energía en rayos X. En realidad, estas temperaturas no son
más que un indicador de las altas velocidades que alcanza el material coronal que
se acelera en las líneas de campo magnético y en dramáticas eyecciones de material
coronal (EMCs). Lo cierto es que esa capa es demasiado poco densa como para poder
hablar de temperatura en el sentido usual de agitación térmica.
Vídeo de cámara rápida de una región activa en la superficie del Sol capturado con
un refractor de 152 mm y un filtro de cromosfera Daystar Quark.

Todos estos fenómenos combinados ocasionan extrañas rayas en el espectro luminoso


que hicieron pensar en la existencia de un elemento desconocido en la Tierra al que
incluso denominaron coronium hasta que investigaciones posteriores en 1942
concluyeron que se trataban de radiaciones producidas por átomos neutros de oxígeno
de la parte externa de la misma corona, así como de hierro, níquel, calcio y argón
altamente ionizados (fenómenos imposibles de obtener en laboratorios).[33]

La corona solar solamente es observable desde el espacio con instrumentos adecuados


que anteponen un disco opaco para eclipsar artificialmente al Sol o durante un
eclipse solar natural desde la Tierra. El material tenue de la corona es
continuamente expulsado por la fuerte radiación solar dando lugar a un viento
solar. Así pues, se cree que las estructuras observadas en la corona están
modeladas en gran medida por el campo magnético solar y las células de transporte
convectivo.

En 1970 el físico sueco Hannes Alfvén obtuvo el premio Nobel. Él estimó que había
ondas que transportaban energía por líneas del campo magnético que recorre el
plasma de la corona solar. Pero hasta hoy no se había podido detectar la cantidad
de ondas que eran necesarias para producir dicha energía.

Pero imágenes de alta definición ultravioleta, tomadas cada ocho segundos por el
satélite de la NASA Solar Dynamics Observatory (SDO), han permitido a científicos
como Scott McIntosh y a sus colegas del Centro Nacional Estadounidense de
Investigación Atmosférica, detectar gran cantidad de estas ondas.[34] Las mismas se
propagan a gran velocidad (entre 200 y 250 km/s) en el plasma en movimiento. Ondas
cuyo flujo energético se sitúa entre 100 y 200 W/km² (vatios por kilómetro
cuadrado) «son capaces de proveer la energía necesaria para propulsar a los rápidos
vientos solares y así compensar las pérdidas de calor de las regiones menos
agitadas de la corona solar», estiman los investigadores.

Sin embargo, para McIntosh esto no es suficiente para generar los 2000 W/m² (vatios
por metro cuadrado) que se necesitan para abastecer a las zonas activas de la
corona. Es por esto que se requiere de instrumentos con mayor capacidad temporal y
espacial para estudiar todo el espectro de energía irradiada en las regiones
activas de nuestra estrella.
Heliosfera
Vista de la heliosfera protegiéndonos de las radiaciones provenientes del centro de
la galaxia
Artículo principal: Heliosfera

La heliosfera sería la región que se extiende desde el Sol hasta más allá de Plutón
y que se encuentra bajo la influencia del viento solar. Es en esta región donde se
extienden los efectos de las tormentas geomagnéticas y también donde se extiende el
influjo del campo magnético solar. La heliosfera protege al sistema solar de las
radiaciones provenientes del medio interestelar y su límite se extiende a más de
100 UA del Sol, límite solamente superado por los cometas.
Véase también: Viento solar
Actividad solar
Eyección de masa coronal
Filamento solar fotografiado el 31 de agosto de 2012 (NASA). La eyección de masa
solar viajó a 1500 kilómetros por segundo.
Artículo principal: Tormenta geomagnética
Los puntos brillantes y los arcos iluminados de material solar que flotan en la
atmósfera del sol resaltan lo que se conoce como regiones activas en el sol, en
esta imagen del Observatorio de Dinámica Solar de la NASA, capturada el 20 de abril
de 2015. Estas son áreas de actividad magnética intensa y compleja que a veces
pueden dar lugar a erupciones solares y eyecciones de masa coronal.

La eyección de masa coronal (CME) es una onda formada por radiación y viento solar
que se desprende del Sol en el periodo llamado Actividad Máxima Solar. Esta onda es
muy peligrosa ya que daña los circuitos eléctricos, los transformadores y los
sistemas de comunicación. Cuando esto ocurre, se dice que hay una tormenta solar.

Cada 11 años el Sol entra en un turbulento ciclo (Actividad Máxima Solar) que
representa la época más propicia para que el planeta sufra una tormenta solar.
Dicho proceso acaba con el cambio de polaridad solar (no confundir con el cambio de
polaridad terrestre).
Nos encontramos en el Ciclo Solar 25, que comenzó en diciembre de 2019.[35]
Una potente tormenta solar es capaz de paralizar por completo la red eléctrica
de las grandes ciudades, una situación que podría durar semanas, meses o incluso
años.
Las tormentas solares pueden causar interferencias en las señales de radio,
afectar a los sistemas de navegación aéreos, dañar las señales telefónicas e
inutilizar satélites por completo.
El 13 de marzo de 1989 la ciudad de Quebec, en Canadá, fue azotada por una
fuerte tormenta solar. Como resultado de ello, seis millones de personas se vieron
afectadas por un gran apagón que duró 90 segundos. La red eléctrica de Montreal
estuvo paralizada durante más de nueve horas. Los daños que provocó el apagón,
junto con las pérdidas originadas por la falta de energía, alcanzaron los cientos
de millones de dólares.
Entre los días 1 y 2 de septiembre de 1859 una intensa tormenta solar afectó a
la mayor parte del planeta. Las líneas telegráficas de los Estados Unidos y el
norte de Europa quedaron inutilizadas y se provocaron varios incendios. Además, una
impresionante aurora boreal, fenómeno que normalmente solo puede observarse desde
las regiones árticas, pudo verse en lugares tan alejados de los polos como el sur
de Europa, el Caribe, Hawái.,[36] e incluso en Colombia, cerca del ecuador
terrestre.[37]

Cambio de polaridad solar

El campo magnético del Sol se forma como sigue: En el núcleo las presiones del
hidrógeno provocan que sus átomos únicamente queden excluidos por las fuerzas de
polaridad de los protones, dejando una nube de electrones en torno a dicho núcleo
(los electrones se han desprendido de las órbitas tradicionales, formando una capa
de radiación electrónica común). La fusión de los átomos de hidrógeno en helio se
produce en la parte más interna del núcleo, en donde el helio queda restringido por
ser un material más pesado. Dicho «ordenamiento» induce que los propios electrones
compartan estados de energía y en consecuencia sus campos magnéticos adquieran aún
más densidad y potencia. Las enormes fuerzas de gravedad, impiden que los fotones
(portadores de esas fuerzas) escapen de forma libre. De esta forma se genera en su
interior un potente campo magnético que influye en la dinámica del plasma en las
capas siguientes.[32]

Los campos magnéticos, tal como si se tratase de un material fluido, encuentran su


dinámica por las fuerzas magnetohidrodinámicas en constante interacción con las
gravitatorias y rotacionales de la estrella, llegando a la superficie de manera
que, los materiales más externos quedan ordenados conforme a las líneas de fuerza
Gauss. La rotación solar produce que las capas más externas no giren todas a la
misma velocidad, por lo que el ordenamiento de estas líneas de fuerza se va
descompensando a medida que los materiales distribuidos entre los polos y el
ecuador van perdiendo sincronismo en el giro rotacional de la estrella. Por cada
ruptura en la integridad del campo magnético, se produce un escape de líneas de
fuerza Gauss (produciendo las típicas manchas negras), en las que un aumento de
estas, puede tener como consecuencia una erupción solar consecuente por la
desintegración local del campo gauss. Cuando el Sol se acerca a su máximo desorden,
las tormentas solares son máximas. Estos periodos se dan cada 11 años. El Sol no
posee un campo electromagnético como el de la Tierra, sino que posee lo que se
denomina viento solar, producido por esas inestabilidades rotacionales del Sol. Si
no fuera por eso, los campos magnéticos del Sol quedarían restringidos a la
dinámica del plasma.

Por esa misma razón, una reacción de fusión entre dos átomos de hidrógeno en el
interior del Sol, tarda 11 años en llegar a escapar de las enormes fuerzas
gravitatorias y magnéticas.
Nacimiento y muerte del Sol
Artículos principales: Evolución estelar y Nebulosa protosolar.
La diferencia de tamaños entre el Sol y la Tierra queda patente en esta imagen
comparativa de ambos, con la Tierra en el lado izquierdo, y una porción del Sol a
la derecha.

El Sol se formó hace 4650 millones de años y tiene combustible para 7500 millones
de años más.[38][nota 1] Después, comenzará a hacerse más y más grande, hasta
convertirse en una gigante roja. Finalmente, se hundirá por su propio peso y se
convertirá en una enana blanca, que puede tardar unos mil millones de años en
enfriarse.[39]

Se formó a partir de nubes de gas y polvo que contenían residuos de generaciones


anteriores de estrellas. Debido a la metalicidad de dicho gas, de su disco
circunestelar surgieron, más tarde, los planetas, asteroides y cometas del sistema
solar. En el interior del Sol se producen reacciones de fusión en las que los
átomos de hidrógeno se transforman en helio, produciéndose la energía que irradia.
Actualmente, el Sol se encuentra en plena secuencia principal, fase en la que
seguirá unos 5000 millones de años más fusionando hidrógeno de manera estable.
El Sol rodeado por un arcoíris (halo solar).

Cada segundo se transforman 700 millones de toneladas de hidrógeno en cenizas de


helio, este proceso transforma cinco millones de toneladas de materia en energía,
lo que da como resultado que el Sol cada vez se vuelve más liviano.[25]
Sol rodeado por un halo solar, fotografía tomada en la Ciudad de Bogotá D.C
Colombia.

Llegará un momento en que el Sol agote todo el hidrógeno en la región central al


haberlo transformado en helio. La presión será incapaz de sostener las capas
superiores y la región central tenderá a contraerse gravitacionalmente, calentando
progresivamente las capas adyacentes. El exceso de energía producida hará que las
capas exteriores del Sol tiendan a expandirse y enfriarse y el Sol se convertirá en
una estrella gigante roja. El diámetro puede llegar a alcanzar y sobrepasar al de
la órbita de la Tierra, con lo cual, cualquier forma de vida se habrá extinguido.
Cuando la temperatura de la región central alcance aproximadamente 100 millones de
kelvins, comenzará a producirse la fusión del helio en carbono mientras alrededor
del núcleo se sigue fusionando hidrógeno en helio. Ello producirá que la estrella
se contraiga y disminuya su brillo a la vez que aumenta su temperatura,
convirtiéndose el Sol en una estrella de la rama horizontal. Al agotarse el helio
del núcleo, se iniciará una nueva expansión del Sol y el helio empezará también a
fusionarse en una nueva capa alrededor del núcleo inerte —compuesto de carbono y
oxígeno y que por no tener masa suficiente el Sol no alcanzará las presiones y
temperaturas suficientes para fusionar dichos elementos en elementos más pesados—
que lo convertirá de nuevo en una gigante roja, pero esta vez de la rama asintótica
gigante y provocará que el astro expulse gran parte de su masa en la forma de una
nebulosa planetaria, quedando únicamente el núcleo solar que se transformará en una
enana blanca y, mucho más tarde, al enfriarse totalmente, en una enana negra. El
Sol no llegará a estallar como una supernova al no tener la masa suficiente para
ello.
Ciclo de vida del Sol

Si bien se creía en un principio que el Sol acabaría por absorber a Mercurio, a


Venus y a la Tierra al convertirse en gigante roja, la gran pérdida de masa que
sufrirá en el proceso hizo pensar por un tiempo que la órbita terrestre —al igual
que la de los demás planetas del sistema solar— se expandiría posiblemente y
salvaría a nuestro planeta de ese destino.[40] Sin embargo, un artículo reciente
postula que ello no ocurrirá y que las interacciones mareales, así como el roce con
la materia de la cromosfera solar, harán que nuestro planeta sea absorbido.[41]
Otro artículo posterior apunta en la misma dirección.[42]

En cuanto a la vida en la Tierra durante ese proceso de evolución del Sol, se sabe
que en la actualidad, el brillo del Sol aumenta aproximadamente un 1% cada 100
millones de años. Se necesitarán por tanto al menos mil millones de años para
agotar el agua líquida de la Tierra debido a tal aumento.[43] Después de eso, la
Tierra dejará de poder sustentar vida multicelular compleja y los últimos
organismos multicelulares que quedan en el planeta sufrirán una extinción masiva
final y completa.[44]
Importancia de la energía solar en la Tierra

La mayor parte de la energía utilizada por los seres vivos procede del Sol, las
plantas la absorben directamente y realizan la fotosíntesis, los herbívoros
absorben indirectamente una pequeña cantidad de esta energía comiendo las plantas,
y los carnívoros absorben indirectamente una cantidad más pequeña comiendo a los
herbívoros.

La mayoría de las fuentes de energía usadas por el hombre derivan indirectamente


del Sol. Los combustibles fósiles preservan energía solar capturada hace millones
de años mediante fotosíntesis, la energía hidroeléctrica usa la energía potencial
de agua que se condensó en altura después de haberse evaporado por el calor del
Sol.

Sin embargo, el uso directo de energía solar para la obtención de energía no está
aún muy extendido debido a que los mecanismos actuales no son suficientemente
eficaces.[45]
Reacciones termonucleares e incidencia sobre la superficie terrestre

Una mínima cantidad de materia puede convertirse en una enorme manifestación de


energía. Esta relación entre la materia y la energía explica la potencia del Sol,
que hace posible la vida. ¿Cuál es la equivalencia? En 1905, Einstein había
predicho una equivalencia entre la materia y la energía mediante su ecuación E=mc².
Una vez que Einstein formuló la relación, los científicos pudieron explicar por qué
ha brillado el Sol por miles de millones de años. En el interior del Sol se
producen continuas reacciones termonucleares. De este modo, el Sol convierte cada
segundo unos 564 millones de toneladas de hidrógeno en 560 millones de toneladas de
helio, lo que significa que unos cuatro millones de toneladas de materia se
transforman en energía solar, una pequeña parte de la cual llega a la Tierra y
sostiene la vida.

Con la fórmula y los datos anteriores se puede calcular la producción de energía


del Sol, obteniéndose que la potencia de nuestra estrella es aproximadamente 3.8 ×
1026 vatios, o 3.8 × 1023 kilovatios —o, dicho de otra manera, el Sol produce en un
segundo 760 000 veces la producción energética anual a nivel mundial—.
Observación astronómica del Sol
Duración: 8 segundos.0:08
Tránsito lunar frente al Sol capturado durante la calibración de las cámaras de
imagen ultravioleta de la sonda STEREO B

Unas de las primeras observaciones astronómicas de la actividad solar fueron las


realizadas por Galileo Galilei en el siglo XVII, utilizando vidrios ahumados al
principio, y usando el método de proyección después. Galileo observó así las
manchas solares y pudo medir la rotación solar así como percibir la variabilidad de
estas.[46] En la actualidad la actividad solar es monitoreada constantemente por
observatorios astronómicos terrestres y observatorios espaciales. Entre los
objetivos de estas observaciones se encuentra, no solo alcanzar una mayor
comprensión de la actividad solar, sino también la predicción de sucesos de elevada
emisión de partículas potencialmente peligrosas para las actividades en el espacio
y las telecomunicaciones terrestres.[47][48]
Exploración solar
Video con un mosaico de imágenes captadas por instrumentos de la sonda espacial
Solar Dynamics Observatory que permite observar la luz producida por el Sol más
allá de lo que el ojo humano puede percibir

La luz solar que apreciamos a simple vista es de color amarillo, pero en realidad
el Sol la emite en todas las longitudes de onda.[49]

Para obtener una visión ininterrumpida del Sol en longitudes de onda inaccesibles
desde la superficie terrestre, la Agencia Espacial Europea y la NASA lanzaron
cooperativamente el satélite SOHO (Solar and Heliospheric Observatory) el 2 de
diciembre de 1995.[50] La sonda europea Ulysses realizó estudios de la actividad
solar,[51] y la sonda estadounidense Génesis se lanzó en un vuelo cercano a la
heliósfera para regresar a la Tierra con una muestra directa del material solar.
[52] Génesis regresó a la Tierra en el 2004, pero su reentrada en la atmósfera fue
acompañada de un fallo en su paracaídas principal que hizo que se estrellara sobre
la superficie.[53] El análisis de las muestras obtenidas prosigue en la actualidad.
Cálculo histórico del tamaño del Sol y su distancia

Aristarco de Samos fue el primero en hacer estimaciones sobre la distancia al Sol.


No llegó a distancias concretas, sino que estableció distancias relativas a la
distancia entre la Tierra y la Luna. Esperó a que la fase de la Luna sea de un
cuarto exactamente, momento en que el ángulo Tierra-Luna-Sol debería ser un ángulo
recto. Entonces la hipotenusa del rectángulo sería la distancia de la Tierra al
Sol. Para esto era necesario medir con exactitud el ángulo del Sol respecto a la
Luna, cosa que no es nada fácil.[54][55]

Entonces determinó la distancia y el tamaño del Sol (relativos). Sin embargo,


siendo necesario medir unos ángulos demasiado pequeños, y sin los instrumentos para
ello, no logró la suficiente exactitud. Determinó que el Sol se encuentra 20 veces
más lejos de lo que está la Luna, y determinó que su diámetro era al menos 7 veces
el diámetro de la Tierra.[55] Según los cálculos actuales, el Sol se encuentra 400
veces más alejado que la Luna, y su diámetro es 109 veces más grande que el de la
Tierra, por lo que fue muy grande el error de medición.

Para establecer la distancia real de la Tierra a la Luna sugirió un método


utilizando curvatura de la sombra de la Tierra proyectada en la Luna, durante los
eclipses lunares.[56] (Este método fue utilizado por Hiparco de Nicea
posteriormente para calcular esa distancia).

Aristarco, pensando que el Sol era al menos 7 veces más grande que la Tierra,
sugirió que no es el Sol el que gira alrededor de la Tierra, sino al contrario,
siendo el primero en sugerir un modelo heliocéntrico.[57] Sin embargo, sus ideas no
fueron aceptadas por sus contemporáneos y la teoría heliocéntrica no se retomó
hasta 1543, 17 siglos después, cuando Copérnico publicó su libro Sobre las
revoluciones de los orbes celestes.[58][59]

En 1650, Godefroy Wendelin repitió las mediciones de Aristarco midiendo


directamente la distancia al Sol, esta vez con mayores recursos técnicos que 18
siglos atrás. Llegó a la conclusión de que el Sol estaba unas 240 veces más alejado
que la Luna.[60] Esta vez el error fue menor, pero el valor todavía menor al que se
mide actualmente.[61]

En 1609, Johannes Kepler abrió el camino para determinar las distancias relativas
de todos los cuerpos del sistema solar, no solamente de la Luna y el Sol, por lo
que, sabiendo la distancia a cualquiera de los planetas, se podría saber la
distancia al Sol.[62] Posteriormente, Giovanni Cassini, en 1673, obtuvo el paralaje
de Marte, por lo que logró determinar su distancia. Entonces, sobre la base de los
cálculos de Kepler, determinó la distancia al Sol en 136 millones de kilómetros
(esta vez, la distancia se acercó bastante a los datos actuales, y el error fue
solamente de 7 %).[63]
Véase también

Ver el portal sobre Sistema solar Portal:Sistema solar. Contenido relacionado


con Sistema solar.

Ciclo solar 24
Día
Dios solar
Eclipse solar
Energía solar
Evolución estelar
Factor de protección solar
Orto
Sistema solar
Sol de medianoche
El Sol en la ficción
Variación solar
Viento solar
Clima espacial
HD 186302

Notas

En algunos documentos es posible encontrar 5.5 billones de años, error que se


comete por una mala traducción de 5.5 billions del sistema inglés.

Referencias

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Enlaces externos

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Generales

Sobre la edad más exacta del Sol/sistema solar (en inglés)


Sistema solar
El Sol (en [Link])
El Sol (en [Link])
Nuestro Sol. Actividad educativa: el sistema solar.

Observación del Sol

Recomendaciones para observar el Sol


OAN. Sección del Sol de la página de efemérides del Observatorio Astronómico
Nacional, con información actualizada sobre la actividad del Sol.
Lista de la mayoría de observatorios solares terrestres (en inglés)
Página web de SOHO (The Solar and Heliospheric Observatory) (en inglés)
Solar Position algorithm (en inglés)

Sistema solar
Estrella: Sol · Planetas: Mercurio - Venus - Tierra - Marte - Júpiter - Saturno -
Urano - Neptuno · Planetas enanos: Ceres - Plutón - Haumea - Makemake - Eris
Satélites: terrestres - marcianos - asteroidales - jovianos - saturnianos -
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