ORÍGENES DE LA MASONERÍA
Por José Schlosser
Nuestro trabajo de hoy hace referencia muy parcial a una Historia de la
Masonería que hace algunos años comenzamos a escribir, pero que nunca
terminaremos. Porque en la investigación misma, precisamente allí, en-
contramos la razón para abandonar el proyecto al convencernos de que
ningún documento histórico podría probar fehacientemente todas las
hipótesis idealistas y las ilusiones románticas que hasta ese momento nos
hacían soñar con una Masonería casi tan vieja como el comienzo de los
tiempos.
Por el contrario: a medida que íbamos tamizando el material seleccionado
para la investigación íbamos convenciéndonos de que un cúmulo de he-
chos históricos verdaderos se había mezclado con la expresión de los
desvelos que en casi tres siglos difundieron especuladores románticos, im-
provisados narradores, místicos inspirados, filósofos de la utopía y aún
dirigentes interesados. Todos estos elementos contribuyeron a construir
una estructura donde las crónicas fidedignas y las quiméricas aunque bel-
las leyendas estaban tan íntimamente unidas que su separación sólo po-
dría ocasionar una total y gratuita destrucción.
Estamos por lo tanto limitados a la difícil tarea de extraer de esa estruc-
tura los elementos de historia que sean comprobables, para poder distin-
guir el núcleo que estos forman, de aquellas leyendas que tienen el mérito
de aportar un alentador sentido lírico y un significativo sentido didáctico a
nuestro quehacer.
El nivel Histórico.
Comencemos a hacerlo contando, como en los buenos cuentos, que había
una vez... en el Londres de 1717, cuatro Logias de entre las muchas exis -
tentes, o mejor dicho subsistentes, que como todas, estaban ya in-
tegradas por muy pocos constructores y muchos Hermanos aceptados [1].
En estos `'talleres'' encontraban refugio lícito para comer bien, brindar
mejor y, - protegidos por un manto de reserva,- intercambiar sus ideas lib-
erales. [2] [3] Se unieron pues y formaron una altisonante Gran Logia cuyo
primer Gran Maestro fue Antonio Sayer que en su único año de Veneratura
solamente logró integrar otras dos Logias al incipiente cuerpo. Lo sucedió
Jorge Payne [4], activo y emprendedor anticuario, que dio a los trabajos un
ritmo extraordinario, amplió las Columnas, se dedicó a reunir y compilar
documentos y manuscritos referidos a la historia, usos y reglamentos de la
antigua masonería Operativa [5] y redactó las treinta y nueve Ordenanzas
Generales. El fue quien le encomendó a Jaime Anderson la revisión de sus
trabajos con el fin de que aquellas Antiguas Ordenanzas se adecuaran a la
nueva organización.[6]
Corría el año 1721. El pastor Anderson, con inigualable entusiasmo, ter-
minó su trabajo en el increíble plazo de tres meses, presentándolo a una
Comisión que lo sometió a exhaustivos exámenes, siendo finalmente
aprobado e impreso en el año 1723 bajo el título de LA CONSTITUCIÓN DE
LOS FRANCMASONES.
La obra consta de cuatro partes: comienza con una breve historia de la
Masonería a partir de la Creación, en la que se pueden encontrar innumer-
ables inexactitudes bienintencionadas. Se han dado por lo menos dos ex-
plicaciones al hecho de que Anderson haya escrito este prólogo, a pesar
de su reconocida capacidad intelectual: una, el deseo del autor de re-
spetar los documentos que cada Logia había aportado y de no corregirlos
para evitar desavenencias.[7].
Otra explicación es la de que el propio Anderson, viendo en sus sueños
proféticos una masonería de influencia tal que pudiera cambiar los desti-
nos del mundo, no se resignó a aceptar orígenes tan modestos como los
que surgen de la asociación de obreros manuales, muchos de ellos quizá
analfabetos a pesar de su maestría profesional. Y Anderson quiso darles
brillo y espectacularidad.[8] O quizá Anderson fue sólo un compilador de
historias creadas por los masones operativos para destacarse de otros
gremios.
La segunda parte contiene las LEYES FUNDAMENTALES o ANTIGUOS DE-
BERES (Old Charges), sacadas de antiguos documentos y que está com-
puesta de seis artículos. [9]
La tercera contiene las ANTIGUAS ORDENANZAS GENERALES recogidas por
Jorge Payne (compuesta de 39 Ordenanzas).
La cuarta parte y final contiene las Aprobaciones y cuatro cantos masóni-
cos.
Este documento nos permite establecer formalmente el origen de la Ma-
sonería especulativa, como institución.
Cumple en primer término con la condición de poseer reglamentos sistem-
atizados, y en segundo término, con la de ser aprobados por cuerpos con-
stituyentes que proclamaron su voluntad de cumplirlos.[10].
Este hecho formal no impide que busquemos las fuentes: vamos a
referirnos a la realidad histórica dentro de la que nacieron las asociaciones
que precedieron a la Francmasonería especulativa, su raíz directa y su in-
spiración: las Logias de la Masonería Operativa.
El nivel prehistórico.
Hagamos una síntesis muy apretada, obligada por el carácter de este tra -
bajo. Siglo III, los Bárbaros comienzan a invadir el Imperio Romano. Para
defenderse de ellos, los nativos más poderosos construyen las primeras
vallas protectoras de madera, -tiempo después reforzadas por obras de al-
bañilería.- que se convertirían en verdaderas ciudades medievales, cuyos
habitantes estaban razonablemente protegidos de las hordas invasoras,
aunque se obligaran con ello a aceptar una situación de servidumbre en
favor del señor feudal y a pagarle impuestos a cambio de su seguridad.
Año 1000, siglo XI. Recuperado el cristianismo, exhumadas las reliquias
que se escondieron para que los Bárbaros no las destruyeran, ya los orato-
rios de madera no cumplían con las condiciones de seguridad y boato am-
bicionadas por los monjes. Y así comienzan a construirse gran cantidad de
abadías y monasterios por toda Europa.
En el siglo XII florecen los artesanos dedicados a construir palacios y edifi -
cios sagrados. Destacada actividad se atribuye en esta etapa a los monjes
benedictinos de la Abadía de Cluny [11] que poseían una impresionante
biblioteca, centro cultural al que acudían nobles y religiosos para ampliar
sus conocimientos. Junto a los monjes dedicados a la filosofía y a la cien -
cia, nos encontramos allí con el grupo llamado de `'monjes operarii'' que
eran excelentes arquitectos y se dedicaban a la construcción de edificios.
Lo mismo puede decirse de los cistercienses de la Abadía de Citeaux . [12]
En ambos centros, Compañeros laicos recibían instrucción. [13] No podría
decirse de muchos de estos operarios que fueran totalmente libres, sino
que en general estaban sometidos al poder de los propios monjes o en
otros casos dependían de reyes y clérigos.[14]
Es fácil aceptar la tesis de que elementos bíblicos propios del Antiguo y
del Nuevo Testamento fueron introducidos en el bagaje ideológico de la
Masonería operativa por los monjes benedictinos (Ver llamada 11), así
como los anglicanos contribuyeron posteriormente al esquema doctrinario
de la Masonería especulativa. Pero la demanda de servicios permitió que
los artesanos laicos aumentaran poco a poco su independencia y ampli-
aran sus conocimientos[15] constituyendo las primeras Corporaciones de
Constructores, de Masons en inglés o de Maçons en francés[16].
Se les conocía como CONSTRUCTORES DE PIEDRA FINA o PULIDA (Free
Stone Masons), uno de los posibles orígenes de su nombre actual.[17] La
otra opción es la de considerar a este adjetivo, free en free masons, como
libre, por oposición al siervo sometido a la autoridad del señor feudal.
Así se forman las primeras `'Guildas'' [18] en Inglaterra, el `'Compagnon-
nage'' en Francia [19], las ''Corporazioni de Liberi Muratori'' en Italia y las
asociaciones de `'steinmetzen'' alemanes[20].
Las técnicas se fueron perfeccionando y los Maestros Constructores agre-
garon nuevos conocimientos influencia y poder, a medida que la importan-
cia de sus obras iba creciendo. En la logia [21] levantada al lado del predio
donde se construían las grandes catedrales, abadías, iglesias y palacios,
los aprendices y compañeros recibían las instrucciones orales del Maestro.
Para ello se fueron creando fórmulas que preservaran el secreto profe-
sional. Aún más: es indudable que para que cada confraternidad se man-
tuviera unida y sus obreros trabajaran en paz, debieron imponerse normas
de concurrencia regular, de lealtad al cuerpo y de afecto fraternal entre
los obreros, estableciéndose inclusive formas de ayuda mutua en caso de
que uno de ellos sufriera una crisis pecuniaria o familiar. [22]
A comienzos del siglo XVIII, año 1700, culminó el proceso que llevó a las
Logias de artesanos a una situación crítica: la Iglesia había ido perdiendo
poder económico. Las ideas iluministas se imponían entre la elite intelec-
tual y la nobleza.
La instrucción de las masas se incrementó con el desarrollo de la imprenta
que Gutemberg había descubierto en el siglo XV. El arte retomó su riqueza
clásica. Los reyes propiciaban revolucionarias técnicas de construcción
más acordes con los nuevos tiempos. ¿Cómo podrían estas asociaciones
profesionales mantener la situación privilegiada que habían tenido hasta
entonces?
Comenzaron a admitir en sus columnas a filósofos, alquimistas y cabalis -
tas místicos[23] , junto a miembros no profesionales pero influyentes en la
corte, en la Iglesia, en la ciencia, en los grupos de profesionales libres, en
el comercio o en círculos intelectuales[24].
Estos miembros simbólicos fueron convirtiéndose en mayoría, dándose así
el fenómeno de transformación de la Masonería Operativa en Especula-
tiva. Pero debemos aceptar la evidencia de que los constructores me-
dievales son parientes muy lejanos de los modernos masones nacidos en
1717. Incluso los términos `'Masonería Operativa'' y `'Masonería Especula-
tiva'' pertenecen a una terminología propia de los masones `'aceptados''.
Las piedras dejaron su lugar a las ideas y el objetivo ya no fue el de elevar
catedrales en honor a Dios, sino el de propender al bien de la Humanidad.
El nivel de las hermosas Fábulas. Tales son las recreadas y sublimadas por
aquellos autores que tratan de explicar los orígenes de la Orden con afir-
maciones que aunque improbables no son imposibles y cuya legitimidad
está dada en parte por el propio Anderson en la introducción a sus Consti-
tuciones. Así es como nos encontramos con desarrollos pseudo históricos
que nos llegan a hablar de los principios masónicos presentes en las
teogonías unitaristas de la India o en el trideísmo de Manu que daría lugar
siglos después al sistema de castas de los brahmanes.
Igualmente se han llenado infinidad de textos con las elucubraciones de
aquellos que ven a Zoroastro (Zaratrusta, VII A.C.), -el creador de los prim -
igenios Misterios enseñados a los Magos Persas,- como el maestro de los
Maestros Masones. No menos fabulosas son las exquisitas proyecciones
místicas de quienes encuentran que nuestros antecesores directos son los
sacerdotes egipcios que practicaban los Misterios de Isis y Osiris. O los
Dionisiacos ( VIII A.C.). O los cretenses ( II A.C.). O Pitágoras (VI A:C:). O los
obreros de los Colegia
Fabrorum [25] . Retrogradación
Y finalmente, llegamos a la posible vinculación de la Masonería con el Rey
Salomón y los constructores de su Templo, y con el Cristianismo
primitivo[26]: tampoco existe aquí una relación fáctica. Pero ''el conjunto
de tradiciones, usos y costumbres, de simbolismo y ritualismo, fue en
parte heredado de antiguas corporaciones a través de la propia Iglesia
Católica (como el triángulo equilátero o el ojo que todo lo ve). Las corpora-
ciones de oficio eran fundamentalmente cristianas. El tetragrama judío era
también empleado por el catolicismo en los frontispicios y los altares de
sus iglesias.''[27] En general, recordemos la esencial relación entre el ju-
daísmo y el cristianismo, entre el Nuevo y el Antiguo Testamento y que de
los tres grupos religiosos cuyos adeptos formaron la primera Gran Logia
(ver llamada 6), dos eran Protestantes que daban igual importancia a los
dos Libros. Judaísmo y Catolicismo forman un conjunto
cultural que fue adoptado por la Masonería en forma voluntaria, en dos
etapas: una dentro de la Masonería operativa, la medieval que men-
cionamos; y la segunda, a partir de 1717, como desarrollo intelectual pos-
terior a la Constitución de la Gran Logia. Se consuma así una verdadera
retrogradación que nos lleva hasta el real y concreto origen histórico de la
Orden.
Conclusiones
Ateniéndonos solamente a los hechos, podemos concluir que la Masonería
moderna es una creación inglesa. Cuando en 1717 se creó la Gran Logia
de Londres, los constructores europeos continentales ya hacía mucho
tiempo que estaban inactivos por no haber adoptado la fórmula de incluir
masones `'aceptados'' en sus Logias . El único vínculo realmente comprob -
able es precisamente el que existe con las Guildas inglesas. Es por ello
que no nos sorprendemos al descubrir que cuando hoy nos ubicamos en el
Templo, los Hermanos se forman enfrentados en Columnas y el Venerable
Maestro y los Oficiales se ubican en forma similar al del Parlamento Inglés.
Muchas de las normas que rigen el funcionamiento de esta Institución, en-
cuentran su paralelo en los rituales masónicos. [28]
Qué cabe decir entonces de todos los símbolos, las leyendas y los intentos
de asimilación histórica que hoy conocemos? Vimos ya que muchos de los
símbolos provienen de la etapa operativa, y se les dio un significado `'es-
peculativo'' ejemplarizante. Las leyendas con base bíblica fueron
recreadas para que contuvieran una enseñanza moralizadora. Pero su nú-
cleo puede también ser encontrado por el investigador a lo largo de toda
la historia del mundo, en todas las civilizaciones. Porque las ideas tienen
vida propia y por lo tanto se desarrollan y multiplican sin ninguna relación
temporal: desde el momento en que el hombre consolidó su dominio sobre
la naturaleza y creó métodos para saciar más cómodamente sus apetitos,
pudo elevar sus ojos hacia las estrellas y comenzar a soñar con una vida
mejor. Pan y fantasía.
Por qué los masones debieran ser entonces una excepción? China, India,
Persia, Judea, Egipto, Grecia, Roma, pudieron muy bien haber formado un
sistema cultural donde construcciones cosmogónicas, altas reglas morales
y principios altruistas traducidos a estructuras religiosas, hayan contenido
elementos coincidentes con los que sostienen el edificio masónico. Su
identidad casual o su adopción por la Masonería les otorgan nueva vida y
los adaptan al mundo de hoy. Esto es válido a pesar de la fragilidad de los
vínculos y aún de las contradicciones que se presentan en muchos de los
eslabones que forman esta hipotética cadena. Y su aceptación condicional
es constructiva, aunque sea ajena a la realidad histórica. En definitiva, la
Masonería no vino de, sino que fue a las fuentes, para incluir en su doct-
rina principios de valor universal e intemporal. Míticos o reales, brindan
una armoniosa
base para construir un firme camino ideológico. Recordemos que también
la Masonería ha sido calificada de utópica por querer superar las condi-
ciones del mundo profano, tratando de volar como Icaro [29] .
Quizá la pretensión de acercarse a la verdad constituya una aventura
igualmente peligrosa. Enfrentémosla practicando con la imaginación
abierta nuestra ciencia de la moral, buscando respuestas tras los ricos ve-
los de nuestras alegorías y respondiendo calurosamente al incentivo int-
electual que nos brinda la luz de nuestros símbolos.
Liberemos nuestras alas y dejemos que nos remonten para superar los vi-
cios mundanos, perfeccionarnos, luchar por el bien y constituir un ejemplo
para los profanos en un mundo que parece haber perdido el rumbo y
avanzar inexorablemente hacia su autodestrucción.
* Bibliografía
* O APRENDIZ MAÇON - Assis Carvalho
* A MAÇONERIA E SUA HERANÇA HEBRAICA - José Castellani
* LA MASONERÍA - José A. Ferrer Benimeli
* EL SIMBOLISMO FRANCMASÓNICO - Albert G. Mackey
* LA MASONERÍA OPERATIVA - Walter Gotzl
* LA MASONERÍA QUE VUELVE - Angel María de Lera
* DIC. ENC. DE LA MASONERÍA - Lorenzo Frau Abrines, Rosendo Arús y
Arderiu, Luis Almeida.
* ESTUDIOS MASÓNICOS - León Zeldis
* LA FRANCMASONERÍA, PREGUNTAS Y RESPUESTAS - Touvia Goldstein
[1] Llamadas ''Aceptado'' en el sentido de admitido o adepto (dentro de
las logias de masones operativos) sin ser del oficio.
[2] Estas ideas liberales estaban de acuerdo a lo que podemos llamar la
`'Evolución'' inglesa, por oposición a la `'Revolución'' francesa. John Locke
(1632-1704) con su `'Ensayo sobre el entendimiento humano'', publicado
unos cincuenta años antes de la fundación de la Gran Logia de Inglaterra,
abre las puertas a una nueva forma de considerar al hombre, ya no como
un elemento del régimen patriarcal de la Edad Media, ya no como un inte-
grante de las Guildas que le eran necesarias para ser más fuerte. Son los
albores de la Ilustración y comienza a imponerse una concepción
[Link] hombre vale como individuo y no como integrante de
una familia o de un gremio. El inglés Francis Bacon (1561-1626) proclamó
la preminencia de la investigación científica. René Descartes (1596-1650)
lanza su revolucionario `'pienso, luego existo''
[3] La ilustración, a pesar de sus ideas liberales, no logró abstraerse del
''machismo'' medieval.. La mujer siguió teniendo como función principal
dentro de la sociedad, la de ser madre. La exhortación a ampliar
conocimientos era dirigida solamente a los hombres, mientras que las mu-
jeres continuaron sometidas a una educación llena de prejuicios. He aquí
la causa por la cual se estableció que las Logias debían estar integradas
solamente por hombres.
[4] Lo sucedieron: 1719, Theófilo Desaguliers; 1720, reelección de Jorge
Payne; 1721 y 22, Juan, Duque de Montagú; 1723, Felipe, Duque de Whar-
ton, de tan importante actuación en la creación de la masonería española.
[5] Las Constituciones Góticas, el conjunto de más de un centenar de
pergaminos y libros de diversos países de Europa (Italia, Francia, Alema-
nia, Escocia, Inglaterra) que llegaron a manos de Payne. (Como el Poema
Regio de 1399 y el Manuscrito de Coocke de 1430). Pero no todos, pues
muchos masones aprensivos, temiendo por las consecuencias que podría
acarrear la difusión de sus secretos, destruyeron parte de documentos de
valor inapreciable, causando con ello un daño irreparable.
[6] Cabe pensar que en la elección de Anderson no influyeron solamente
sus virtudes intelectuales y su título de Doctor en Filosofía, sino también
su calidad de predicador presbiteriano, que le permitía un diálogo ade-
cuado con los masones católicos irlandeses, los anglicanos ingleses y los
presbiterianos escoceses, temerosos de los reformas que se proponían.
[7] En la edición de 1738 muchos de estas inexactitudes fueron corregi-
das.
[8] Creó una cronología poco científica, para ubicar una historia del arte de
la construcción que comienza con la presentación de Adán como primer
masón, y partiendo de Caín recorre toda la descendencia de éste. Pasa por
Noé y llega a Abraham. Asiria, los israelitas invadiendo la tierra de
Canaán, Egipto y sus Pirámides, Moisés, Salomón, el Templo, la mención
de Hiram. Jesús. Grecia y sus ricas construcciones, Pitágoras, el Imperio
Romano, las invasiones bárbaras y Britania.
[9] `'Las Antiguas Leyes Fundamentales (Leyes Generales de la Sociedad)
o Reglas para los Francmasones, sacadas de los antiguos documentos de
las Logias de ultramar, de Inglaterra, de Escocia y de Irlanda, para uso de
las Logias de Londres, las que deben leerse siempre en la ceremonia de
recepción de un nuevo Hermano y siempre que el Maestro lo crea opor-
tuno''
[10] Condiciones imprescindibles para la real existencia de una Institución.
[11] Abadía de Cluny, fundada en el año 910, en las alturas que separan
los valles de los ríos Loira y Saona, cerca de Lyon.
[12] Ubicada en la Cote d´Or, en Borgoña, cerca de Dijon.
[13] ''Cofradías Legas''.
[14] Es lícito suponer que estos monjes no limitaron su actividad a Francia,
sino que Alemania, Inglaterra y otros países europeos también gozaron de
su dirección de obras, con lo que podría ser acertado considerar que este
es e