TEMA 4.
Platón
Presentación
¿Quién era Platón? ¿Cuáles eran los principales intereses de la filosofía en su época? ¿En
qué consistió su originalidad específica como filósofo? El tema que aquí se presenta trata
de responder a tales cuestiones.
En primer lugar, se va a ofrecer una breve introducción al contexto histórico y filosófico.
En segundo lugar, se va a presentar una panorámica general de su pensamiento. La
exposición girará en torno a su concepción dualista de la realidad. En tercer lugar, se
compartirán algunas consideraciones finales acerca de las diferencias y semejanzas entre
Sócrates y Platón, así como la importancia decisiva que jugó este último en el terreno de la
filosofía.
1.- Introducción
2.- La concepción dualista de la realidad. Teoría de las Ideas
3.- Antropología. Dualismo antropológico
4.- Teoría ética. El mito del carro alado
5.- Teoría política. El mito de la caverna
6.- Algunas consideraciones finales
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1.- Introducción: contexto histórico y filosófico
Platón nace en Atenas, en el año 427 a. C. Poco después de la muerte de Pericles, el
gobernante que había llevado a la polis griega a su máximo esplendor político, filosófico y
cultural. La guerra del Peloponeso acaba con la derrota de Atenas y con ella comienza la
decadencia de la ciudad. Frente al régimen democrático, Esparta impone un gobierno
oligárquico, los 30 tiranos, que duró un año y del que formaron parte algunos familiares de
Platón, ya que pertenecía a una familia noble. Debió recibir, en consecuencia, una
educación aristocrática y es probable que luchara como soldado contra Esparta. A los 20
años de edad conoce a Sócrates, a quien siempre considerará “el hombre más justo del
mundo”. En el 399 a. C. otro régimen democrático condena a muerte a su maestro, un
hecho definitivo en la vida de Platón. Si en la juventud se había sentido inclinado hacia la
política, la muerte de Sócrates lo inclina definitivamente hacia la filosofía. Tras su muerte,
se refugia en Megara y viaja al sur de Italia, donde toma contacto con el pitagorismo.
También viaja a Sicilia, donde entabla amistad con Dion, el cuñado del tirano de Siracusa
Dioniso I, a quien trata de convencer para que aplique su filosofía política, pero fracasa y
llega a ser vendido como esclavo. De regreso en Atenas funda la Academia, en cuya
entrada se puede leer que “que nadie entre si no sabe matemáticas”, una muestra de la
influencia pitagórica. Volverá a Siracusa dos veces más, tentado por la posibilidad de
instaurar el gobierno de los filósofos, pero su amigo Dion es asesinado y Platón renuncia
para siempre a su sueño político. Dedica sus últimos años a escribir y dirigir la Academia.
Durante los diez años posteriores a la muerte de Sócrates, Platón se dedicará a escribir una
serie de pequeñas obras en las que se limita a exponer, en forma de diálogo, el pensamiento
de su maestro, pero pronto se da cuenta de las limitaciones de esta estrategia. No basta con
poner en entredicho la sabiduría de políticos y sofistas, como hizo Sócrates. Es necesario
buscar algo sólido sobre lo que construir una ciencia política. Entre sus obras principales
cabe destacar, entre otras, Protágoras, Gorgias, Fedón, El banquete, Timeo o República.
Esta última refleja a la perfección la gran preocupación de Platón: la organización de un
sistema político justo. Todas sus reflexiones sobre la realidad, el conocimiento, la
antropología y la moral giran en torno a este problema central, y todas ellas dependen, a su
vez, de su concepción dualista de la realidad.
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2.- La concepción dualista de la realidad. Teoría de las Ideas
Al igual que su maestro, Platón se centrará en buscar aquellos principios objetivos y
universales, que se descubren a través del ejercicio de la razón, y que exigen ellos mismos
su cumplimiento. Ahora bien, la diferencia estriba en que Platón otorga autonomía
ontológica a lo que Sócrates sitúa en el interior de las personas. Es decir, quien quiera
defender unos valores absolutos deberá defender también la existencia de una realidad
absoluta, que se encuentra más allá del mundo material y que llama mundo de la Ideas. Esta
es la base de su dualismo. Si queremos aceptar la existencia de principios objetivos y
universales, además del mundo material, imperfecto y cambiante, que descubrimos por los
sentidos, es imprescindible aceptar la existencia de un segundo tipo de realidad, inmaterial,
perfecta e inmutable, a la que no se accede por los sentidos sino por la razón. En ese mundo
de las Ideas, sitúa las esencias o definiciones que nos permiten decir qué es cada cosa.
Platón basa toda su teoría moral y política en este dualismo. Es decir, sitúa en ese mundo de
las Ideas el fundamento de los grandes ideales morales que deben orientar toda nuestra
acción. El camino para llegar a tales ideales es muy similar a la mayéutica socrática. La
diferencia es que ahora la verdad no depende simplemente del individuo sino que existe en
sí misma fuera de nuestro mundo y es necesario un esfuerzo intelectual para poder llegar a
ella.
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3.- Antropológica. Dualismo antropológico
Para Platón, el ser humano es una realidad compuesta de dos partes o elementos
independientes pero relacionados entre sí: cuerpo y alma. El cuerpo, que es mortal y
pertenece al mundo material, será siempre valorado por Platón de un modo peyorativo y
despectivo, como una prisión o cárcel del alma que la limita y somete a las pasiones o
enfermedades que le impiden realizar sus actividades específicas. El alma, que es inmortal
y pertenece al mundo de la Ideas, infunde vida y movimiento al cuerpo. En función de las
actividades que realice, Platón divide el alma humana en tres partes: alma racional, alma
irascible y alma concupiscible. A cada una le corresponde una habilidad. Al alma
concupiscible, que Platón sitúa en el abdomen, le corresponde el apetito y es fuente de los
impulsos, instintos y pasiones más bajas. Al alma irascible, situada en el tórax, le
corresponde el ánimo y es fuente de las emociones y sentimientos. Al alma racional, situada
en la cabeza, le corresponde la razón y es fuente del pensamiento que rige y controla las
otras dos partes. Además, a cada parte del alma le corresponde una virtud propia. Así,
sabiduría o prudencia, valentía o fortaleza y moderación o templanza son las virtudes a las
que debe aspirar el alma racional, irascible y concupiscible, respectivamente.
4.- Teoría ética
La ética platónica estudiará la manera de alcanzar una vida virtuosa, aunque es importante
señalar que la concepción de virtud en Platón evoluciona a lo largo de su pensamiento. En
La República, una de sus obras de madurez, la justicia aparece como la virtud más
importante, entendida como la armonía entre las tres partes del alma. Es decir, es justo
aquel individuo cuya alma racional actúa de acuerdo con su propia virtud y gobierna con
prudencia y sabiduría las otras dos partes del alma, de tal forma que actúa con valentía y
templanza ante las presiones que ejercen las pasiones y placeres materiales. La justicia
consiste, en definitiva, en que cada parte del alma cumpla con la función que le
corresponde, pero siempre bajo la vigilancia y control de la parte racional. Surge así un
modelo ético de conducta basado en el autocontrol y en el dominio racional de sí mismo.
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Platón acude a una imagen o alegoría para explicar su dualismo antropológico así como la
división tripartita del alma. Se trata del mito del carro alado, y aparece en el Fedón. De
acuerdo con el mito, el alma es como un carro conducido por un auriga y tirado por dos
caballos, uno de ellos blanco, bello y bueno, y el otro negro, feo y malo. Este carro circula
por el cielo contemplando la realidad inteligible, esto es, la Ideas. Sin embargo, la fuerza
del caballo negro hace que el carro caiga a la tierra encarnándose en algo sólido y material,
que es el cuerpo. Al encarnarse se produce el olvido de todo lo contemplado antes de la
caída. De ahí que la tarea del auriga sea controlar los dos caballos y conseguir el impulso
necesario para volver a la región celeste. De este modo, el auriga simboliza el alma
racional, el caballo blanco el alma irascible y el caballo negro el alma concupiscible. La
caída simboliza la unión del alma con el cuerpo. Los tirones del caballo negro simbolizan
las presiones que ejercen sobre nosotros los placeres y deseos materiales, mientras que el
impulso del caballo blanco simboliza el impulso erótico del conocimiento, que nos aparta
de lo material, efímero y corruptible, y nos aproxima hacia lo inmaterial, eterno y
permanente.
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5.- Teoría política
De manera paralela, Platón se imagina la polis o ciudad-estado organizada exactamente
igual que el alma humana, dividida en tres grupos o clases sociales: los productores, los
guardianes y los gobernantes. Cada una se corresponde con las tres partes del alma y las
virtudes específicas de cada una. Así, en la clase de los productores, compuesta por los
artesanos, comerciantes y campesinos, predomina la parte concupiscible del alma y será la
encargada de producir todo aquello que la ciudad necesita para sobrevivir, e incluso vivir
con cierto lujo. En la clase de los guardianes predomina la parte irascible del alma y será la
encargada de la defensa de la ciudad. Mientras que en la clase de los gobernantes
predomina la parte racional del alma y será la encargada de elaborar las leyes y las normas
que han de regular la vida social. Los productores deberán ser educados en la templanza,
los guardianes en la valentía y los gobernantes en la sabiduría. En definitiva, para Platón la
cuestión política es también una cuestión ética: cada ciudadano debe practicar aquellas
virtudes propias del grupo social al que pertenece, y en eso consiste la justicia entendida
como armonía.
Para explicar la pertenencia de cada uno a un determinado grupo social, Platón acude a la
imagen de los metales, según la cual hay hombres de oro, que serán incluidos en el grupo
de los gobernantes; hombres de plata, que serán incluidos en el grupo de los guardianes; y
hombres de bronce y hierro, que serán incluidos en el grupo de los productores.
“El alma es como una ciudad en caracteres pequeños, la ciudad es como un alma en
caracteres grandes”. Con esta frase, Platón establece una clara correlación entre el alma y la
polis, y consecuentemente entre la justicia a nivel individual y la justicia a nivel social. Es
decir, de la misma manera que una persona justa y virtuosa demuestra armonía entre las tres
partes del alma, la justicia social consiste en la existencia de una armonía entre las tres
clases sociales, de manera que cada una realiza la función que le es propia. Dicho de otra
manera, la justicia, en la sociedad, consiste en que cada uno cumpla con su cometido y que
la sociedad entera en su conjunto se subordine a aquellos que saben gobernar
racionalmente, los técnicos del gobierno. Y los verdaderos tecnócratas son, para Platón, los
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filósofos, aquellos que han avanzado del conocimiento puramente sensible y de las
apariencias al conocimiento racional de las ideas de bien, belleza y justicia. Ahora bien,
¿Cómo llega uno a hacerse un filósofo? Platón lo explica al principio del libro VII de La
República con el conocido mito de la caverna.
El mito de la caverna
En el mito de la caverna se describen seis estados sucesivos del hombre respecto de la
ciencia y la ignorancia.
Un grupo de personas está prisionero en una caverna subterránea, con las cabezas sujetas de
tal modo que solo pueden mirar a la pared del fondo de la cueva. A espaldas de los
prisioneros un muro cruza la cueva, y por detrás de este muro transportan diversas figuras
que sobrepasan la altura de la pared. Detrás de estas figuras arde una hoguera por lo que se
dibujan sombras contra la pared de la cueva. Por tanto, lo único que pueden ver los
moradores de la caverna es un teatro de sombras y entenderán que estas son las únicas
realidades que hay.
Pero si uno de los habitantes de la caverna empieza a preguntarse de donde vienen todas
esas sombras en la pared de la caverna, intentará soltarse hasta que al final lo consiga.
Entonces, lo primero que ocurrirá es que la fuerte luz del fuego lo cegará y será incapaz de
distinguir las figuras, ya que hasta ese momento solo había visto las sombras de las mismas.
Si consigue atravesar el fuego y salir a la naturaleza exterior, la luz del sol le cegará aún
más. Pero después de haberse restregado los ojos se dará cuenta de la belleza de todo. Por
primera vez verá colores y siluetas nítidas. Verá las plantas y los animales de los que las
figuras de la caverna eran solo copias. Entonces, se volverá a preguntar de donde vienen
todos esos seres, y mirando al Sol, en el cielo, comprenderá que es el sol el que da vida a
toda la naturaleza, de la misma manera que podía ver las sombras en la caverna gracias al
fuego de la hoguera.
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Interpretando este mito en clave epistemológica, el ascenso de la caverna al mundo exterior
simboliza el ascenso del mundo sensible, que conocemos a través de los sentidos, al mundo
de las Ideas, accesible solo a través de la razón. El Sol simboliza la Idea de Bien, causa de
todo lo recto y bello que hay en las cosas, productora de verdad y conocimiento. Así, Platón
concluye que la Idea de Bien es el fundamento ontológico de todo lo que existe, el
fundamento ético de nuestra conducta, y el fundamento político del buen gobierno. De ahí
que el conocimiento de la Idea de Bien sea el fin último que debe perseguir la educación de
quienes van a ser los gobernantes de la polis, porque quien conoce el Bien sin lugar a duda
lo cumple (intelectualismo moral).
De hecho, en otra interpretación del mito, la caverna aparece como la ciudad, regida por
sabios en sombras. Una ciudad sumida en la oscuridad del error y la injusticia. Su salvación
consiste en que alguien rompa las cadenas que le ligan a las sombras para poder
contemplarla iluminada por la verdadera luz. De este modo, la ciudad de las sombras se
podrá convertir en la ciudad de la luz, la verdad y la justicia.
Ahora bien, una vez que el filósofo ha ascendido hasta la contemplación de las Ideas, la
verdadera realidad para Platón, éste ha de volver a la caverna. Es decir, el filósofo no ha
recibido su educación en provecho propio, sino en provecho de la ciudad. Por ello debe
volver para regir el destino de la ciudad. Sin embargo, le espera un destino trágico:
aparecerá como un personaje inadaptado al mundo de las sombras y su discurso resultará
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increíble. Si insiste demasiado molestará y será llevado a la muerte (clara alusión a la
condena de Sócrates). Solamente si todos son liberados de las cadenas de la oscuridad y
encaminados a la luz podrán aceptar las enseñanzas y el gobierno de los filósofos. Todos
deben ser educados si se quiere que la ciudad de las sombras se convierta en la ciudad de la
luz. Platón aprovecha para exponer aquí su teoría pedagógica.
La organización de la polis
Por último, dada la orientación política de este tema, resulta adecuado terminar este
apartado con el estudio platónico de las diferentes formas de gobierno: la monarquía,
cuando el poder es ejercido por una sola persona; la aristocracia, cuando el poder está en
manos de un pequeño grupo de personas; y la democracia, cuando el poder es ejercido por
el pueblo. Además, Platón prevé las diferentes etapas de degeneración que puede sufrir una
comunidad humana: la tiranía, que es la forma corrompida de la monarquía; la oligarquía,
que es la forma corrompida de la aristocracia; y la demagogia, que es la forma corrompida
de la democracia.
Como ya se adelantó, para Platón la forma ideal de gobierno es la monarquía, como
gobierno de uno solo; y la aristocracia, como gobierno de varios, siempre que los
gobernantes sean buenos y sabios. Esto es, filósofos. Así lo expresa Platón: “si los filósofos
no gobiernan la ciudad o si aquellos a quienes ahora llamamos reyes o gobernantes no
cultivan de verdad y seriamente la filosofía, si el poder político y la filosofía no coinciden
en las mismas personas, es imposible que cesen los males de la ciudad e incluso los del
género humano”.
El problema es que esta forma de gobierno puede acabar degenerando en la timocracia, que
es el dominio de los militares sobre el resto de la sociedad. Es decir, en la timocracia no
gobiernan los mejores, sino los ambiciosos; hombres que se tienen por capaces y
excelentes, porque son buenos soldados, y se apropian de las tierras y propiedades. Con el
tiempo, la timocracia se convierte en una oligarquía o plutocracia donde gobierna una
minoría regida por el afán de riqueza. Los excesos de este régimen generan pobreza y
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desigualdad social, lo que conduce, por lo general, a una rebelión que hace triunfar la
democracia o gobierno de todos. Aquí impera la plena libertad de acción, especialmente en
el hablar. Frente a ella nos quedamos sin autoridad que la sujete y limite. De este modo, la
democracia corre el peligro de verse sometida a la manipulación o demagogia. Entonces,
viene el peor régimen de todos, la forma más extrema de degradación política: la tiranía. Es
decir, en Platón la tiranía no es lo opuesto a la democracia, sino su consecuencia. Del
exceso de libertad surge el desorden. El pueblo necesita un líder para dirimir sus
disensiones. Y como tiene por costumbre “encumbrar siempre a uno con preferencia sobre
los otros y a ése mima y hace omnipotente”, puede llegar el caso de que tal dirigente del
pueblo, una vez en posesión y disfrute del poder, caiga en la embriaguez del poder y en la
ilusión de grandeza. Entonces se ve claramente lo que significa la tiranía: esclavitud entre
esclavos, pues no solo el pueblo es esclavo, sino también el déspota y sus gobernantes
subalternos, sometidos a sus deseos y pasiones.
6.- Algunas consideraciones finales
Sin duda, en el siglo V a. C., la enseñanza de la virtud es un problema central. Para Platón,
la virtud más importante es la justicia y a ello dedicó una de sus obras más célebres, La
República. Su objetivo es constituir en ciencia la moral y la política, las cuales coinciden en
su motor común, el Bien. Además de la defensa de una determinada concepción de la
justicia, presenta una detallada descripción de cómo sería el Estado ideal. De ahí que Platón
sea considerado el fundador de la teoría utópica. En este sentido, su sombra gravita también
sobre la obra de San Agustín de Hipona. La diferencia estriba en el enfoque cristiano.
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