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“Si alguien te escribe una carta, yo te escribiré un

libro.

Y si alguien te escribe un libro, yo te escribiré una


biblioteca entera.”

Alba Prieto Marín


Prólogo

Hola mi amor. ¿Qué tal estás?

Sentía la necesidad, en el día de tu cumpleaños y a


su vez del primer año juntos, expresarte por escrito
una gran parte del amor que siento por ti. Si
intentara escribir todo lo que significas para mi, no
sería capaz de ponerle un final, porque el amor que
te tengo es infinito.

Siento que una carta se queda corta, entonces he


preferido escribir un libro para demostrarlo.

No es necesario que lo leas, pero quiero que tengas


en cuenta lo mucho que te quiero y lo que te valoro
en mi vida.

Antes de comenzar todo…

Quiero desearte un feliz cumpleaños vida mía, que


sepas que estoy super orgullosa de ti, y aspirar a
pasar “toda una vida contigo”.
0

Alba… la chica “rarita”, esa que era incapaz de


sentir atracción física por ningún chico, ya que
ninguno encajaba con sus estándares.

Al fin y al cabo, por rumores, al principio fue


tomada como “lesbiana”.

A Alba le daba rabia ver cómo sus amigas se


enamoraban o les gustaba fácilmente algún chico.
Ella quería saber lo que era estar pillada por alguien,
hasta que…

Carlos, el chico que era tomado por “gay” por su


grupo de amigos, ya que nunca había tenido novia ni
se había interesado por ninguna chica.

Estaba en las mismas condiciones que Alba: ninguna


encajaba con lo que él pedía.

Sin saberlo, estaban destinados el uno para el otro…


desde el primer día.

***
El primer día de instituto, Alba paseaba por los
pasillos, mientras que Carlos se encontraba con un
amigo suyo.

—Esa para ti —dijo su amigo.

—Pues no está mal —respondió Carlos, con una


sonrisa en el rostro.

***
Con el paso de los días, a Alba le llamaba cada vez
más la atención aquel chico moreno y alto,
aumentando su atracción física hacia él.

Cada vez que llegaba a casa, las charlas con su


madre mientras comían eran sobre Carlos.

Fue entonces cuando Alba comenzó a experimentar


lo que era enamorarse, mientras intentaba
convencerse a sí misma de que no podía ser
posible… de que ella no podía interesarse por nadie.

Mientras que Carlos, siendo un chico bastante


reservado, nunca le contó a nadie, desde un
principio, que estaba empezando a interesarse por
alguien; ni siquiera a aquellos en los que más
confiaba.​
Cada vez que veía a Alba, sentía algo distinto.​
No era solo que le pareciera guapa, sino que notaba
en ella una energía diferente, algo que las demás no
tenían.​
A veces incluso la buscaba entre la multitud,
observándola desde lejos mientras ella, distraída, no
se daba cuenta.

***
Aun así, ambos intentaban convencerse de que no
era nada; pero, en el fondo, sabían que no podían
evitarse el uno al otro, ya que aquello crecía cada
vez más.

***
Pasaba el tiempo, y la química entre ellos era cada
vez mayor.​
Alba conoció a su hermana pequeña, Isabel.

Isabel era una niña que todo el mundo debería


conocer: alegre, con un corazón noble y puro,
siempre dispuesta a ayudar a los demás. En cuanto a
gustos, le encantaba leer, escuchar música variada
—como k-pop, pop e incluso un poco de rock—, y
tocar el saxofón.
Desde el primer momento trató a Alba con mucho
cariño y aprecio; así, poco a poco, fueron
construyendo una relación de amistad basada en la
confianza.

Las clases de música eran mucho más entretenidas


cuando ninguna de las dos faltaba: hablaban, se
reían y cooperaban juntas, compartiendo risas y
complicidad.

Aquel mismo día, Isabel regresó a casa y, con


ilusión, le contó a su hermano Carlos sobre Alba,
feliz de haber conocido a alguien tan afín a ella.

Carlos, por su parte, era un apasionado de la Semana


Santa, del rock y el heavy metal, y del saxofón…​
Y, por pura casualidad —o quizás no tanta—, a Alba
le gustaba exactamente lo mismo.

***
Pasaban los días, y al terminar las clases, todos se
dirigían a los autobuses camino a sus pueblos.​
Alba se encontraba en la segunda fila a la derecha,
mientras que Carlos e Isabel estaban a la izquierda.

Durante el trayecto, Alba hablaba con Isabel, hasta


que Carlos se unió a la conversación, intentando
entablar diálogo con ella. Mencionó que su hermana
le había contado sobre su gusto por el rock, y a
partir de ahí empezaron a charlar durante todo el
tramo que quedaba hasta La Zarza, el pueblo de
Alba.

Desde entonces, Carlos y Alba hablaban todos los


días, tanto en el autobús de ida como al terminar las
clases.​
Habitualmente, se enseñaban mutuamente la música
que escuchaban y se hacían preguntas sobre
canciones, artistas o géneros.

Aun así, Alba sentía cierto temor; lo veía un poco


serio con ella, y no sabía muy bien cómo interpretar
sus gestos.

***
Era por la noche, Alba había acabado de cenar y
estaba preparando todo para irse a dormir, hasta
que…

—¡¡ELSA!! —gritó entusiasmada.

Carlos le había mandado un mensaje por Instagram,

empezando una conversación.


Elsa, la hermana pequeña de Alba se dirigió a su
habitación:

—¿Qué pasa? —responde algo confundida.

—¡A qué no sabes quién me ha hablado! —hace una


pequeña pausa—. ¡Carlos, él me ha mandado un
mensaje!

—¿Cómo? —dijo la pequeña, sorprendida pero, a su


vez feliz—. ¡Biennn!

Fue entonces cuando por esa conversación, las


piezas del puzle comenzaron a encajar más para los
dos.

***
Cuanto más tiempo pasaba, más química había entre
ellos: más confianza, más bromas, más conexión.​
Hasta que, una noche del 28 de noviembre de 2024,
ocurrió algo que cambiaría su historia para
siempre…
Alba: Oyee

Carlos: Dime

Alba: Mañana mis padres irán al Cerro a merendar,


¿quieres quedar un rato? Hasta que me tenga que ir
a saxo.

Carlos: Vale.

Carlos: Pero por cierto, solo podemos quedar tú y


yo. Mi hermana tiene planes.

Alba: Ah vale. De todas formas, quería quedar


contigo solo, JAJAJA.

Carlos: Ahh vale.

Carlos: Mañana tengo que decirte algo.

Alba se quedó un poco confundida leyendo el


mensaje. De todas formas, siguió tecleando en el
móvil algo nerviosa:

Alba: ¿Ah sí? ¿Sobre qué?

Alba: ¿Te ha tocado la lotería? ¿Has conseguido


entradas para ver a Iron Maiden?
Carlos: No, pero es una noticia demasiado buena.

Carlos: O eso creo… Bueno, ya mañana te diré.

Alba: Bueno, vale.

La conversación finalmente termina con ellos dos,


dándose las buenas noches de manera amorosa.

Alba

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