IMPACTO DE LA SARCOPENIA EN LA SALUD, CAUSAS Y COMO
PREVENIRLA
Introducción
La sarcopenia se deriva de la frase griega que significa ¨pobreza de la carne¨ y fue
descrita por primera vez por Rosenberg en 1989. La sarcopenia se ha definido
como una pérdida de masa muscular esquelética y fuerza relacionada con el
envejecimiento (1). Varios estudios prospectivos han informado que la masa
muscular esquelética disminuye 6% por década después de la mediana edad. Se
cree que la sarcopenia implica varios procesos fisiopatológicos, como la
denervación (2), la disfunción mitocondrial y los cambios inflamatorios y
hormonales que pueden conducir a resultados adversos para la salud, como
caídas, deterioro funcional, fragilidad y mortalidad debido a una disminución de la
masa corporal magra (1,3).
La sarcopenia es un trastorno progresivo y generalizado del músculo esquelético
que ocurre comúnmente con el avance de la edad y se asocia con una mayor
probabilidad de una amplia gama de resultados adversos, incluyendo deterioro de
la movilidad, aumento de la morbilidad y mortalidad (1). El término fue acuñado
hace solo una décadas en el campo de la nutrición y la composición corporal,
inicialmente utilizado para describir la baja masa muscular. Alrededor de 2010, se
propusieron varias definiciones que agregaban fuera muscular y rendimiento físico
al concepto de sarcopenia (2). La investigación en el campo aumentó
exponencialmente, demostrando que la sarcopenia, con estas definiciones, era
predictiva de resultados y respondía al tratamiento. La investigación se ha
expandido a un buen número de disciplinas médicas y quirúrgicas. Sin embargo,
este crecimiento aún no se ha traducido, en la mayoría de los casos, en una mejor
atención al paciente y mejores resultados, como la reducción de caídas, fracturas
hospitalizaciones y mortalidad (1,4).
Marco teórico
La sarcopenia se ha definido como un trastorno progresivo y generalizado del
músculo esquelético, que implica la pérdida acelerada de masa y función
muscular. La sarcopenia se asocia con mayores resultados adversos, que incluyen
caídas, deterioro funcional, fragilidad y mortalidad (5). Cuando se utilizó por
primera vez, el término sarcopenia se refería a pérdida de masa y función
muscular relacionada con la edad. No obstante, durante décadas, el término se
usó para describir el desgaste muscular, es decir baja masa muscular solo, son
referencia a la función y este concepto todavía se usa hoy en día en algunos
estudios de investigación sobre cáncer y otras enfermedades relacionadas con la
sarcopenia (6).
Por muchos años se tenía la hipótesis que existe una relación de la sarcopenia
con el envejecimiento y las personas mayores ha sido reconocida durante mucho
tiempo, sin embargo, ahora se comprende que el desarrollo de la sarcopenia
comienza en etapas más tempranas de la vida y el fenotipo de la sarcopenia tiene
múltiples causas que van más allá del envejecimiento. Estas ideas tienen
implicaciones importantes para las intervenciones destinadas a prevenir o retrasar
el desarrollo de la sarcopenia (7).
La sarcopenia ahora se considera una enfermedad muscular, caracterizada por la
insuficiencia muscular, donde la baja fuerza muscular ha superado a la baja masa
muscular como el principal determinante. Se espera que este cambio facilite la
rápida identificación de la sarcopenia en la práctica clínica. La sarcopenia se
asocia con una baja calidad y cantidad muscular, aunque estos parámetros se
utilizan principalmente en la investigación y no tanto en la práctica clínica. La
medición precisa de la masa y la cantidad musculares presenta desafíos
técnicos (5).
La sarcopenia ha sido pasada por alto y subestimada en la práctica convencional,
aparentemente debido a la complejidad de determinar que variables medir, como
medir a las, cuáles son los puntos de corte más indicados para el diagnóstico y
tratamiento, como evaluar de manera más efectiva los efectos de las
intervenciones terapéuticas (6).
La masa muscular y la fuerza varían a lo largo de la vida, generalmente
aumentado con el crecimiento en la juventud y la edad adulta joven,
manteniéndose en la mediana edad y luego disminuyendo con el envejecimiento.
En la edad adulta joven, es decir, hasta los 40 años, se alcanzan los niveles
máximos, que son más altos en los hombres que en las mujeres. Más allá de los
50 años, se ha informado de pérdida de masa muscular de las piernas 1-2% por
año y pérdida de fuerza (5,6).
En las etapas iniciales del desarrollo de la sarcopenia, un individuo puede estar
por encima del umbral de bajo rendimiento físico y es muy probable que esté por
encima del umbral de discapacidad. Sin bien los factores genéticos y de estilo de
vida puede acelerar el debilitamiento muscular y progresión hacia el deterioro
funcional y discapacidad, las intervenciones, incluida la nutrición y entrenamiento
con ejercicio, paren ralentizar o revertir estos procesos. Por lo tanto, para prevenir
o retrasar la sarcopenia, el objetivo es maximizar el músculo en la juventud y la
edad adulta joven, mantener el músculo en la mediana edad y minimizar la pérdida
en la vejez (6,7).
La sarcopenia o la insuficiencia muscular se caracteriza por bajos niveles en tres
parámetros fundamentales:
Fuerza muscular
Cantidad/calidad muscular
Rendimiento físico (5,7)
La sarcopenia se vincula con diversos resultados negativos, como comorbilidades,
discapacidad física, bajo rendimiento físico, depresión, caídas frecuentes y
aumenta de la hospitalización, deterioro funcional y la mortalidad. En
consecuencia, los individuos mayores con sarcopenia suelen experimentar una
disminución en la calidad de vida, principalmente debido a la reducción de su
capacidad funcional (8). A menudo, los médicos deben suministrar a las personas
mayores cuestiones que evaluasen su calidad de vida, con el propósito de
comprender mejor sus necesidades, priorizar sus problemas, facilitar las
comunicación entre el paciente y el médico, hacer un seguimiento de los cambios
o la respuesta al tratamiento recibido. Por ende, surge una creciente necesidad de
emplear medidas adecuadas de calidad de vida en la práctica clínica, permitiendo
que los médicos se enfoquen en el tratamiento de los pacientes y no solo en la
enfermedad (7,8).
Prevención de la sarcopenia
Prevención primaria: Tanto la actividad física como las intervenciones
nutricionales han demostrado ser efectivas en la prevención de la sarcopenia (7).
El ejercicio
El ejercicio de resistencia mejora la masa muscular, la fuerza y el rendimiento
físico. Se ha observado que el ejercicio de resistencia de alta intensidad tiene un
impacto mayor en la fuerza muscular que el ejercicio de resistencia de baja
intensidad, donde la intensidad se refiere a la cantidad de resistencia utilizada, sin
embargo, ajustar los componentes del entrenamiento, como series, repeticiones e
intervalos de descanso, puede compensar parcialmente la falta de alta resistencia.
La introducción a la resistencia debe comenzar como menos resistencia y
progresar gradualmente ajustando los componentes del entrenamiento (5).
Nutrición
La cantidad diaria recomendada de proteínas se establece en 0.8 gramos por
kilogramos de peso corporal por día para adultos de todas las edades. Sin
embargo, una mayor ingesta de proteínas en adultos mayores ayuda a mantener
la masa muscular. Un estudio reciente mostró evidencia baja a moderada a favor
de suplementar por encima de la dosis diaria recomendada con proteína, leucina o
hidroximetilbutirato para aumentar la masa muscular, pero con evidencia no
concluye sobre la fuera muscular o rendimiento físico (6–8). La deficiencia de
vitamina D está relacionada con disminuciones tanto en la fuerza como en el
rendimiento físico. La suplementación con vitamina D en adultos mayores de 60
años ha demostrado aumentar la fuerza muscular y mejorar el equilibrio en
aquellos con deficiencia. Como se menciona anteriormente, las intervenciones
nutricionales para mejorar aspectos de la sarcopenia funcionan mejor cuando se
combina con el ejercicio de resistencia (8).
Con todo lo anterior mencionado se puede afirmar que una buena fuerza ósea y
muscular promueve un envejecimiento saludable. Aunque algunos cambios en el
hueso y músculo pueden ser inevitables con el aumento de la edad, existe
numerosas intervenciones que puede preservar y en algunos casos, aumenta la
fuerza ósea y muscular en los adultos mayores. La buena fuerza ósea y muscular
favorece una postura adecuada, mantiene la independencia funcional, reduce el
dolor, disminuye el riesgo de caídas, minimizar las fracturas y la discapacidad
asociada con dichas caídas (5,7).
Conclusiones
A medida que la población mundial envejece, la prevalencia del desperdicio
muscular en relación con la edad aumentará. Seguir un diagnóstico estandarizado
universal ayudará al descubrimiento de opciones de tratamiento viables. La
desnutrición y la baja actividad física parecen ser los dos factores principales
asociados con la sarcopenia. Las terapias individuales dirigidas, incluida la
suplementación y la dieta, podrían ser beneficiosas para las personas
sarcopénicas. Sin embargo, actualmente no hay terapias médicas aprobadas para
el tratamiento de la sarcopenia.
El aumento de la conciencia y compresión de esta enfermedad es esencial para
desarrollo continuo de un tratamiento estandarizado, así como de las opciones de
diagnósticos, lo que a su vez conducirá a una mejor atención y calidad de vida
para nuestras poblaciones geriátricas, debería ser de gran importancia para un
mejor resultado de los pacientes sarcopénicos y geriátricos.
Bilbiografia
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