BLOQUE III: FILOSOFÍA MODERNA
ROUSSEAU
1. SER HUMANO
1.1. El estado de naturaleza. El buen salvaje
Rousseau sostiene que el ser humano nace libre y bueno, pero es la sociedad
quien lo esclaviza y lo corrompe. La sociedad fomenta la desigualdad y la
degeneración moral y vicios como el orgullo, la envidia, el permanente
enfrentamiento social, el poder despótico e ilegítimo, el dominio de unos sobre
otros. Es decir, es la sociedad y la cultura en la que vivimos la que nos hace
egoístas.
La sociedad ha provocado que se sustituya lo natural por la artificial al
distorsionar la verdadera naturaleza del hombre (bueno), además de que le ha
privado de su libertad.
Es aquí donde se encuentra una de las críticas de Rousseau a los ilustrados.
Estos pensadores consideraban que la cultura y la sociedad traen progreso,
bienestar y felicidad, hecho criticado por Rousseau.
En estado de naturaleza el ser humano se mantiene bondadoso, inocente y
piadoso. Es lo que Rousseau denomina el buen salvaje.
1.2. La educación
En su obra Emilio o de la educación, Rousseau defiende que el fin de la
educación será por tanto evitar que se pierda esta bondad originaria y mantener
la pureza de los instintos naturales. Para ello, no se debe educar en falsos
prejuicios, dejando libertad de acción para el niño y evitar tanto imposiciones
externas como enseñar conocimientos inútiles. El objetivo es que el niño siga
haciendo el bien incluso en la adversidad, que no se deje pervertir por la sociedad.
Eso es para Rousseau la virtud.
La educación ha de evitar que la sociedad destruya la bondad originaria del
ser humano. Más tarde, el hombre debe desarrollar la virtud cívica, es decir que
respete los intereses colectivos, que tenga en cuenta el bien general de la sociedad
a la que pertenece. Que sea solidario, lo cual implica que querer el bien propio
exige querer el de los demás.
2. POLÍTICA
2.1. El contrato social
En Del contrato social, Rousseau desarrolla su teoría política. En primer lugar,
se pregunta: ¿Por qué el ser humano se organiza en sociedad? La respuesta es
porque esa representa una asociación para protegerse de los peligros de la vida
natural, es decir, aumenta nuestras posibilidades de supervivencia. Sin embargo,
recordemos, la sociedad es la responsable de crear las desigualdades y el egoísmo.
Por lo tanto, será necesario reformar la sociedad y asentarla sobre una nueva
base que permita al ser humano vivir en sociedad, pero sin perder su auténtica
naturaleza. Para Rousseau el Estado solo tendrá legitimidad si es capaz de
garantizar la libertad e igualdad que existen en el estado de naturaleza. Para ello
es necesario el contrato social.
El contrato social es el pacto o acuerda por el que todos los individuos se
comprometen a aceptar la voluntad general. Esta será la única forma de dirigir un
Estado.
Esta institución incluye a todos los individuos los cuales pasan del estado de
naturaleza a un estado civil (no corrompido, sino justo e igualitario). Los derechos
naturales del ser humano se transforman en derechos civiles y políticos.
En función de este pacto que han alcanzado, los individuos conceden a la
comunidad todos sus derechos y toda su libertad para recibir de la comunidad los
derechos y las libertades a nivel social y político: ya no se obedecerá el instinto o
la voz de la naturaleza, sino la ley o la voz del pueblo. Esto es lo que Rousseau
denomina enajenación o alienación. Se sacrifica la libertad natural para ganar la
libertad civil. Esta es una libertad para participar en la política de su Estado, no
como ausencia de obstáculos (concepción liberal de Locke).
En este Estado no se produce una situación de sumisión, como en el caso de
Hobbes, ya que el contrato no se establece entre gobernantes y gobernados, sino
entre individuos que se encuentran en un mismo nivel de igualdad. Se trata de un
contrato horizontal, no para elegir gobierno, sino para determinar que el pueblo es
el soberano, la fuente de todo poder y de toda ley.
Así pues, el contrato social concierne a la formación del poder legislativo, no al
poder ejecutivo, que es una magistratura delegada y subordinada al poder soberano
del pueblo. Cualquier gobernante no puede hacer otra cosa que ejecutar los
mandatos establecidos por el pueblo en asambleas periódicas, en las que se
aprueban las leyes y se encargan las tareas a los magistrados responsables del
gobierno (al poder ejecutivo).
2.2. La voluntad general
Antes se ha mencionado que le contrato social implica seguir la voluntad
general. Esta no es la suma de todas las voluntades individuales o particulares, sino
que se identifica con el interés común. Esto supone una total renuncia del egoísmo
individual
Esta voluntad general emana directamente del pueblo, de modo que hablamos
de soberanía popular. Además, dado que el poder político reside en el pueblo se
da una relación recíproca: todos los ciudadanos son soberanos (porque tienen
poder político para promulgar leyes) y súbditos (porque tienen que cumplirlas).
Dado que la voluntad general es indivisible, se prohíbe formar partidos, ya que
estos defienden intereses particulares y no el bien común. Este punto es utópico, ya
que se necesitaría una tiranía para evitarlo.
Además, esta voluntad general constituye el poder legislativo, que para
Rousseau es el «corazón del Estado». El poder ejecutivo está subordinado al
legislativo. Los miembros del Gobierno son delegados del pueblo, encargados de
aplicar las leyes, están sometidos a su poder. La institución del Gobierno media
entre el pueblo como soberano y el pueblo como súbdito: el pueblo soberano
encomienda una tarea a los representantes del Gobierno, quienes deben aplicarla al
mismo pueblo, entendido en este caso como súbdito de sí mismo.
Para conseguir un Estado cohesionado, Rousseau no duda en aplicar la fuerza
de la ley sobre aquel que ponga su interés particular por delante del común
renunciando a seguir la voluntad general.
Con todo, Rousseau aspira a conseguir un nuevo Estado, una república (asunto
de todos los ciudadanos) donde la sociedad sería libre y feliz.
2.3. Críticas a la teoría política de Rousseau
Las principales críticas a esta concepción política de Rousseau han incidido
en los siguientes puntos:
a) No se puede aplicar a grandes Estados, sino que es una alternativa limitada
a pequeñas sociedades.
b) Pone el énfasis en la libertad como participación pública, en una época en la
que los individuos están más interesados en sus asuntos privados.
c) La imposición de la voluntad general sobre la voluntad o el interés particular
es señal de una actitud totalitaria y autoritaria que encaja mal con el ideal
de libertad que defiende el propio Rousseau.