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Copia de Fe Razonable

El documento explora la relación entre fe y razón, afirmando que ambas son complementarias y provienen de Dios, y que la verdadera sabiduría se encuentra en el temor de Dios. Se argumenta que la fe cristiana no contradice la razón, sino que la perfecciona, y que el conocimiento verdadero se logra a través de la revelación divina en Jesucristo. Además, se discuten los elementos constitutivos de la fe salvífica, enfatizando la importancia de la confianza personal en Cristo como el objeto de la fe.

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Copia de Fe Razonable

El documento explora la relación entre fe y razón, afirmando que ambas son complementarias y provienen de Dios, y que la verdadera sabiduría se encuentra en el temor de Dios. Se argumenta que la fe cristiana no contradice la razón, sino que la perfecciona, y que el conocimiento verdadero se logra a través de la revelación divina en Jesucristo. Además, se discuten los elementos constitutivos de la fe salvífica, enfatizando la importancia de la confianza personal en Cristo como el objeto de la fe.

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Fe vs Razon

2da. Corintios capítulo 4 y capítulo 5

Jesucristo es “el camino, la verdad y la vida” Juan 14.6

No hay, pues, motivo de competitividad alguna entre la razón y la fe; una está dentro de la
otra, y cada una tiene su propio espacio de realización.

“Gloria de Dios es encubrir un asunto; Pero honra del rey es escudriñarlo” Proverbios 25:2

Al hombre le corresponde la misión de investigar con su razón la verdad y en esto consiste su


grandeza.

● Primer punto, consiste en tener en cuenta el hecho de que el conocimiento del


hombre es un camino que no tiene descanso.
● Segundo punto, nace de la conciencia de que dicho camino no se puede recorrer con
el orgullo de quien piense que todo es fruto de una conquista personal.
● Tercer punto, se funda en el “temor de Dios”, del cual la razón debe reconocer a la vez
su trascendencia en el gobierno del mundo.

Cuando nos alejamos de las reglas, el hombre se expone al riesgo del fracaso.

En perspectiva la razón es valorizada, pero no sobrevalorada, pero adquiere significado pleno


solamente si su contenido se sitúa en un horizonte amplio, que es el de la Fe.

Por tanto, con razón, el verdadero conocimiento es fundamentado en el temor de Dios.

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová”… Proverbios 1:7

“Y dijo al hombre. He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la
inteligencia” Job 28:28

“El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la


inteligencia” Proverbios 9:10

El verdadero punto central, que desafía toda filosofía, es la muerte de Jesucristo.

Todo intento de reducir el plan salvador del Padre a pura lógica humana está destinado al
fracaso.
La razón no puede vaciar el misterio de amor que la Cruz representa, mientras que esta puede
dar a la razón la respuesta última que busca.

La sabiduría de la cruz, pues, supera todo límite cultural y obliga a abrirse a la universidad de la
verdad.

Aquí se evidencia la frontera entre la razón y la fe. Pero se aclara también el espacio en el cual
ambas pueden encontrarse.

La razón necesita ser sostenida en su búsqueda por un diálogo confiado y una amistad sincera.

El hombre se encuentra en un camino de búsqueda, humanamente interminable de quien


fiarse. La Fe cristiana ayuda ofreciendo la posibilidad concreta de ver realizado el objetivo de
esta búsqueda.

Está verdad, que DIOS nos revela es en Jesucristo, no está en contraste con las verdades que se
alcanzan filosofando.

El mismo e idéntico Dios garantiza que sea inteligible y racional el orden natural de las cosas
sobre las que se apoyan los científicos confiados, que se revela como padre de nuestro Señor
Jesucristo.

Lo que la razón humana busca “sin conocerlo” puede ser encontrado solo por medio de Cristo.

Galileo declaró explícitamente que las dos verdades, la de la fe y la de la ciencia, no pueden


contradecirse jamás. “La escritura santa y la naturaleza, al provenir ambas del verbo divino, la
primera en cuanto dictada por el Espíritu Santo, y la segunda en cuanto ejecutora fidelísima de
las órdenes de Dios”

Pablo a los Colosenses,… mira que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas,
según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según
Cristo.”… Colosenses 2:8

Qué actualizadas son estas palabras del apóstol si las referimos a las diversas formas de
esoterismo que se difunden hoy.

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San Justino afirmaba con fuerza y claridad que en el Cristianismo había encontrado “la única
filosofía segura y provechosa”, Clemente de Alejandría llamaba al Evangelio “la verdad
filosófica”.

La fe mueve a la razón a salir de todo aislamiento y a apostar de buen grado por lo que es
bello, bueno y verdadero.

La gracia no elimina la naturaleza, sino que nos ayuda a mejorar. Del mismo modo, el acto de
fe, que requiere tanto la mente como la voluntad, no elimina la libertad de elección de cada
creyente que acepta la revelación de Dios.

La razón iluminada con la luz de la fe puede conocer verdades que el hombre con sus propios
ojos no puede ver, ni conocer, esta vía entonces nos permitirá conocer la verdad y la verdad
absoluta que es Dios, de quien procede toda la verdad.

La fundamentación del conocimiento filosófico; la Fe requiere que su objeto sea comprendido


con la ayuda de la razón, la Razón, en la cima de su búsqueda, admite como necesario lo que la
fe le presenta.

Santo Tomás, dice que la luz de la razón y la luz de la fe proceden ambas de Dios. Por tanto, no
pueden contradecirse entre sí. Tomás reconoce que la naturaleza, objeto propio de la filosofía,
puede contribuir a la comprensión de la revelación divina.

La fe, por tanto, no teme la razón, sino que la busca y confía en ella.

Así como la gracia supone la naturaleza y la perfecciona, así la fe supone y perfecciona la


razón.

San Agustín, “ la fe no substituye a la inteligencia ni la elimina; al contrario; la fe estimula y


mueve a la inteligencia”

La fe y la razón son complementarias ya que “la inteligencia no elimina la fe, sino que la
refuerza y en cierto modo la clarifica”.

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El creer en Dios, que es la verdad última y suprema, de donde proviene la revelación por
medio de la fe, es el Ser en donde la persona encuentra todo su sentido iluminado por la fe y la
razón.

La razón no puede vaciar el misterio de amor que la Cruz representa, mientras que esta puede
dar a la razón la respuesta última que busca.

La religión cristiana es adoptar ciertos principios bíblicos que Jesús dijo y abandonar e ignorar a
la razón y abandonar al mundo.

Para conocer lo que dice el cristianismo se necesitan unos buenos años, y de los medios de
Gracia (La oración, el ayuno, el escudriñar la palabra, pertenecer a una iglesia local).

No hay nada más razonable que la fe, y específicamente la Fe Cristiana, teniendo la


resurrección como pilar y como la piedra angular de la institución cristiana.

¿Que tienen en común la Razón y la Fe?

La razón y la fe, de por sí no se oponen. Porque tienen ambas como origen a Dios.

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El Dr. R.C Sproul define dos tipos de Fe, la Fe Natural y la Fe Salvifica.

La Fe natural es la Fe que todos tenemos.

Ejemplo del Avión: Todos cuando subimos a un avión, tenemos Fe en el sistema, o vamos a
revisar el avión? ¿O nos ponemos a pensar que el avión puede fallar o tenga algún problema?
¿Es inevitable pensar que el avión pueda fallar, estoy perdiendo mi fe en el sistema, estamos
abandonando la razón? No, estamos razonando, mis sentimientos, mis emociones y mi
imaginación me hacen dudar de mi fe.

¿La Fe pelea con la razón?

No, la fe y la razón pelean contra la emoción e imaginación. Y contra la ignorancia.

¿De qué se compone la fe? ¿Cuáles son los elementos constitutivos de la fe salvífica?” Y los
Reformadores enunciaron especialmente tres ingredientes para la fe salvífica. El primero se
llama ‘notitia’, a veces ‘noti’. El segundo se llama ‘assensus’ y el tercero se llama ‘fiducia’.
Ahora, esta distinción tiene estas cosas a la vista. La notitia se refiere al contenido de la fe – la
información – lo que de hecho se cree. Algunas personas dicen que no importa lo que creas
mientras seas sincero. Eso está tan lejos de lo que realmente es el cristianismo, porque el
cristianismo dice que importa eternamente lo que tú crees.

La Biblia no sólo dice “cree”. Tú puedes creer en Satanás o puedes creer en Baal o puedes
creer en lo que quieras. No, dice: “Cree en el Señor Jesús, y serás salvo”. Es decir, hay un
objeto de la fe y ese objeto es Cristo. Y hay ciertas cosas a las que estamos obligados a creer
acerca de Cristo, es decir, que Él es el Hijo de Dios, que Él es nuestro Salvador, que Él ha
provisto una expiación. Hay cierta información que debe ser creída. Y, por supuesto, parte de
la tarea de la comunidad cristiana del siglo I era declarar esa información esencial al mundo
circundante a la iglesia primitiva. Pablo proclamó el Evangelio. La predicación de la iglesia era
comunicar lo esencial de la persona y obra de Jesús, y luego llamar a la gente a aceptarlo y
creerlo. Pero para que ellos crean, debían tener esta información en la mente.

Entonces, de nuevo, lo primero que decimos es que la fe (fe salvífica) no es sin contenido.
Tiene un contenido. El segundo ingrediente – vamos a llamar a esto los datos – el segundo
ingrediente de la fe salvífica es lo que llamaron ‘assensus’, que viene al español simplemente
como ‘asentimiento’, que es la afirmación intelectual de la verdad de los datos. Si te dijera:
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“¿Crees que George Washington fue el primer presidente de los Estados Unidos?” y tú dijeras
“Sí”, no estarías haciendo una declaración religiosa en el sentido de que ahora confiaste por fe
en George Washington para ser tu salvador. Pero si te preguntara si crees que él fue el primer
presidente, estaría preguntando si intelectualmente estabas preparado para afirmar la
veracidad de la propuesta de que George Washington fue el primer presidente de los Estados
Unidos.

Ahora, cuando se trata del Evangelio hay ciertos elementos, como ya hemos visto en los datos,
y antes de que una persona pueda realmente creer en Jesucristo, tiene que creer que Cristo es
realmente el Salvador, que Él es quien dice ser. No puedo tener fe salvífica si soy consciente de
lo que dice la Biblia que Jesús hizo, pero de hecho no lo creo intelectualmente. No puedo
asentir a esa verdad. Creo que es un mensaje falso, creo que los discípulos estaban locos o lo
que sea… Ahora no he cumplido con el segundo paso de la fe salvífica. Tengo que estar
convencido de que es verdad. Y aquí es donde mucha gente lucha porque nos asaltan las
dudas sobre las afirmaciones verdaderas. “¿De verdad crees que Jesús regresó de entre los
muertos?” Dudo que alguien que me escuche decir esto, lo crea inequívocamente.

Es decir, sin una sombra de duda. Porque la siguiente persona que lo crea de la manera en que
el apóstol Pablo lo creyó y de la forma en que el resto de los discípulos lo creyeron,
posiblemente será tan eficaz para poner al mundo de cabeza como ellos lo fueron. Pero hemos
sido bombardeados con escepticismo y cinismo y todo eso diciendo: “¡Oh, tú no crees
realmente en una resurrección! Bueno, no lo has visto con tus propios ojos” y así por el estilo.
Entonces, puede haber ese elemento de duda mezclado con tu fe y llegas a ser como Pedro:
Señor, “creo; ayúdame en mi incredulidad.” Pero tiene que haber un cierto nivel de afirmación
intelectual y convicción para que una persona sea salva. No puedes estar solo convencido de
que no sucedió, tienes que estar básicamente listo para afirmar la verdad de estas cosas.

Pero entonces supongamos que tienes estos dos primeros elementos, ambos de carácter
principalmente intelectual. Tú entiendes los datos, tienes la información y estás convencido de
que la información es verdadera. Y te digo: “¿Crees que Jesucristo murió en la cruz por tus
pecados?” Y tú dices, “Sí, lo creo. Afirmo que es verdad.” ¿Es eso suficiente para salvarte?
Bueno, lo que Santiago nos dice es que todo lo que eso hace es calificarte para ser un demonio
porque aun el diablo cree eso. Él dice: “los demonios creen, y tiemblan”. Pero una cosa es dar
un consentimiento intelectual a un conjunto de proposiciones, a un credo o algo más, y luego
otra muy distinta es poner mi confianza personal en eso.

Recuerdo haber oído al Dr. Jim Kennedy cuando hizo una presentación del evangelio usando el
Evangelismo Explosivo y mencionó una ilustración en la que había una silla vacía frente a él y le
dijo a esta persona: “¿Crees que esa silla es fuerte en sí como para sostenerte?” Y la persona
miró la silla y dijo: “Sí, creo que la silla es capaz de soportar mi peso”. Y luego el Dr. Kennedy
dijo: “Bueno, ¿esa silla está aguantando tu peso ahora mismo?” Y la persona dijo, “Bueno, no.”
Y Jim dijo, “Bueno, ¿y por qué no?” Y la persona dijo, “Porque no estoy sentado ahí.” Él dijo:
“Una cosa es decir ‘yo creo que esa silla soportará mi peso’. Y otra cosa es arriesgarte a
sentarte en esa silla.”

Y eso es lo que queremos decir con fiducia en donde uno realmente confía en Cristo para la
salvación. Puedo decir que creo en la justificación solo por la fe y sin embargo todavía en mi
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vida diaria y en mi pensamiento interno en realidad pienso que voy a llegar al cielo por mis
logros o por mis obras o por mi esfuerzo. Y por eso es fácil llegar a la doctrina de la justificación
por fe en tu cabeza. Otra cosa es entrar en el torrente sanguíneo donde de verdad, totalmente
y finalmente te desanimas de llegar al cielo por tus medios y te aferras a Cristo y solo a Cristo
depositando tu confianza en Él y sólo en Él para tu salvación.

Pero hay otro elemento para fiducia además de la confianza. Y ese es el elemento de afecto.
Hablamos anteriormente sobre el llamado eficaz de Dios Espíritu Santo a aquellos que están en
cautiverio para pecar. Y dijimos que la fe es algo que es obra de Dios. Dios crea fe dentro de
nuestro corazón. Sin la obra del Espíritu Santo en nuestras almas, nunca llegaríamos a este tipo
de fe salvífica porque el problema es que no tenemos disposición hacia Cristo. La razón por la
que una persona no regenerada nunca aceptará a Jesús ni se rendirá a Jesús ni vendrá a Jesús
es porque esa persona no quiere a Jesús. Esa persona está, en su mente y en su corazón,
radicalmente en enemistad con Dios y con las cosas de Dios. Y mientras sea hostil a Cristo, no
tengo afecto por Cristo.

Mira a Satanás. Satanás sabe la verdad. Satanás podría sacarse una ‘A’ en un examen de
teología sistemática – ¡100%! Él sabe la verdad, pero odia la verdad. Él está completamente sin
disposición y sin inclinación hacia la adoración de Dios porque no tiene amor por Dios. No hay
amor por Cristo. Y somos así por naturaleza. Estamos muertos en nuestro pecado. Caminamos
según los poderes de este mundo e imitamos las lujurias de la carne. Hasta que Dios el Espíritu
Santo no cambie nuestro corazón, de lo que el Antiguo Testamento llama un corazón de piedra
– y un corazón de piedra es un corazón sin afecto – no sólo es un corazón sin vida, sino que es
un corazón sin amor. No tiene afecto por Cristo. Y cuando el Espíritu Santo nos cambia y nos da
el don de la fe, lo que Él hace principalmente es que Él cambia la disposición de nuestro
corazón, por lo que antes despreciábamos a Cristo, ahora vemos la dulzura de Cristo. Ahora
vemos la hermosura de Cristo y ahora aceptamos a Cristo. Elegimos a Cristo. Confiamos en
Cristo porque ahora esa fe que el Espíritu Santo ha derramado en nuestro corazón incluye
afecto – afecto real – por Cristo.

Ahora, de nuevo, en esta vida ninguno de nosotros ama a Cristo perfectamente. Pero no
podríamos amarlo en absoluto a menos que Dios el Espíritu Santo nos cambie ese corazón de
piedra y lo convierta en un corazón de carne. Así que estos son los elementos de la fe salvífica.
Ahora, cuando hablamos de conversión, eso tiende a ser un término más general que la
regeneración. Cuando una persona es llevada a la fe por el Espíritu Santo, esa persona
experimenta una conversión. Su vida da un vuelco. Ahora piensen esto. Si antes no habían
tenido fe y ahora tienen fe, si antes no tenían afecto por Cristo y ahora tienen afecto por
Cristo, eso literalmente hace toda la diferencia del mundo. Y tu vida dará un vuelco. Y es en
esa situación que experimentamos uno de los frutos inmediatos de la fe genuina que algunas
personas incluirían como parte integral de la fe genuina, y eso es arrepentimiento. Y aunque la
Biblia distingue entre arrepentirse y creer, realmente uno es la otra cara del otro porque
realmente no puedo tener afecto por Cristo y aceptar a Cristo hasta que reconozca y admita
que soy pecador y que necesito desesperadamente su obra a mi favor.

Y, por supuesto, el arrepentimiento incluye en sí el odio por mi propio pecado. Y eso está en
contraste con el nuevo afecto que nos ha sido dado para Dios y para las cosas de Dios. Así que,

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ahora siempre me molesta cuando los ministros dicen “Ven a Jesús y todos tus problemas
serán resueltos”. Mi vida no se complicó sino hasta que llegué a ser cristiano, hasta que me
convertí. Porque antes de ser cristiano, caminaba por un solo rumbo. Mi curso a seguir era el
de una calle de un solo sentido. Ahora, todavía estoy tentado por el curso de este mundo y, sin
embargo, ha sido derramado en mi corazón un amor y afecto y una confianza por Cristo, y esos
dos a veces están en verdadero conflicto y tenemos que pasar por eso. En otras palabras, nos
arrepentimos porque odiamos nuestro pecado y, aún, parte de nosotros todavía ama nuestro
pecado. Pero el verdadero arrepentimiento implica un dolor piadoso por haber ofendido a
Dios, un dolor genuino y la determinación de deshacerse de eso, huir y alejarse de eso, en
Cristo.

El arrepentimiento no significa victoria sobre el pecado. Si el requisito fuera una victoria total
sobre el pecado para ser salvo, nadie se salvaría. Pero el arrepentimiento sigue siendo un
alejamiento; tener una postura distinta. Mentanoia significa un cambio de mente. Donde antes
trataba de racionalizar mi pecado, me aprobaba a mí mismo, realmente disfrutaba y me
animaba en la práctica de estos pecados, ahora me doy cuenta de que mi pecado es algo malo
y tengo una mentalidad distinta hacia él. No significa que lo haya conquistado, pero mi mente
ha cambiado. ¡Y cambiado drásticamente! Ahora, veremos el fruto de las obras que fluyen de
la fe cuando veamos la santificación. Entre tanto, permítanme hablar de un par de otros
resultados de la fe verdadera.

Inmediatamente después de la justificación viene la adopción. Cuando Dios nos declara justos
en Jesucristo, Él nos adopta en su familia. Su único hijo natural verdadero es Cristo. Pero Cristo
se convierte en nuestro hermano mayor por medio de la adopción. Nadie ha nacido en la
familia de Dios. Ustedes son por naturaleza hijos de ira, no hijos de Dios. Dios no es por
naturaleza tu padre. La única manera de tener a Dios como padre es si Él nos adopta. Y la única
manera en que Él te adoptará es por la obra de su Hijo. Pero cuando ponemos nuestra fe y
confianza en Cristo y confiamos en Él, Dios no sólo nos declara justos, sino que nos declara sus
hijos e hijas por medio de la adopción. Finalmente, Pablo nos cuenta en capítulo 5 de Romanos
algunos de los otros frutos de la justificación. El primer versículo de Romanos 5 dice: “Por
tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro
Señor Jesucristo, por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia
en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”. Tres cosas se
mencionan rápidamente.

El primer fruto de la justificación es la paz. Paz para con Dios. Éramos enemigos. Se acabó la
guerra. Los enemigos han sido reconciliados. Dios ha declarado un tratado de paz con todos
aquellos que ponen su fe en Cristo. Y no es una guerra fría. No es una tregua inestable donde a
la primera que hagamos algo malo Dios empieza a agitar la espada. Esa paz es una paz eterna,
una paz duradera, una paz inquebrantable porque ha sido ganada por la justicia perfecta de
Cristo. Y debido a que tenemos paz con Dios, la segunda cosa viene inmediatamente –
tenemos acceso a Él. ¿Ven?, Dios no permite que sus enemigos tengan una relación íntima con
Él, pero una vez que hemos sido reconciliados a través de la cruz y a través de Cristo, tenemos
acceso a su presencia y tenemos gozo en la gloria de quien es Él. Estos son los primeros frutos
de nuestra justificación.

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E. J. Carnell – Introduction to Christian Apologetics

La razón puede ser utilizada para mostrar la consistencia sistemática de la fe cristiana, sin que
se convierta en la base de esa fe.

¿Qué es una Fe razonable?

Por razonable lo que quiero decir es racional. Ahora, ¿que hace que una creencia sea racional?

Alvin Plantinga (escritor epistemólogo cristiano) menciona que por racional se puede entender
en cualquiera de dos sentidos.

En primer lugar, se puede decir que el creyente está dentro de lo plantinga llama sus
“derechos epistémicos” al sostener la creencia en cuestión. La idea aquí es que las personas
tienen ciertas obligaciones o deberes relacionados con sus creencias.

Ejemplo: Mientras estoy sentado en mi escritorio en el trabajo, una computadora parece estar
en frente de mí. Yo no estaría en mi derecho de creer que hay un caballo delante de mí. Tal
creencia, por tanto, seria irracional. Por otro lado, mi creencia de que hay una computadora
delante de mí no viola ningún deber intelectual y por lo tanto es racional para mí. De hecho,
me siento inclinado a decir que tal creencia es inclusive racionalmente obligatoria para mí.

Una forma alternativa de entender que hace que una creencia sea racional es en términos de
lo que plantinga llama una “estructura noética” de una persona.

Una estructura noética es el sistema de creencias de una persona. Algunas creencias se


basarán en otras creencias y de esa manera se encuentran más altas en la estructura. Pero en
la base de la estructura habrá una colección de creencias básicas que no son inferidas de otras
creencias, pero que se toman inmediatamente como verdaderas en diversas circunstancias en
las que una persona se encuentre.
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Una persona es racional siempre y cuando él no exhiba defecto en su estructura noética.

Un ejemplo de un sistema defectuoso de creencias seria uno en el que una persona que
creyera en A sobre la base de B y que creyera en B sobre la base de A, mostrando así una
circularidad en su estructura de creencias.

Una persona que tenga una estructura noética defectuosa es irracional con respecto a la
creencia errónea. Una persona que sostenga una creencia sin ningún tipo de defecto en
respecto a ella es racional en sostener esa creencia.

Para que una creencia sea racional para alguien, esa creencia no necesita ser necesariamente
verdadera y mucho menos ser probada verdadera, por no hablar de conocer o saber con
certeza que es verdadera.

La persona solo tiene que estar entre sus derechos epistémicos o no exhibir ningún defecto en
su estructura noética en sostener esa creencia.

¡De hecho, al decir que el cristianismo es una fe razonable, uno está haciendo una afirmación
muy modesta!

Hacer tal afirmación no quiere decir que el Islam o que el ateísmo no sean también creencias
razonables.

Ahora, obviamente creo que el cristianismo no solo es racional, sino que es verdadero y que
sus competidores son falsos. Este procedimiento ilustra lo que se llama el principio de la
apologética modesta. Es decir, en lugar de hacer afirmaciones extravagantes a favor de la fe
cristiana que pongan la barra tan alta que se haga difícil de alcanzarla, es mejor poner la barra
baja haciendo declaraciones muy modestas y luego navegar a través de ellas al demostrar
mucho más que lo que uno ha afirmado.

De esta manera, uno exhibe humildad cuando se encuentra cara a cara con un no creyente y
excede sus expectativas al ofrecer evidencia que sea más que suficiente para establecer su
modesta declaración.

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Entonces, ¿Que quiero decir por fe? Por un lado, uno podría querer decir el contenido de la
religión cristiana. En este sentido “fe” se utiliza para designar las afirmaciones de verdad de la
cosmovisión cristiana.

En este sentido podríamos contrastar las doctrinas de la fe cristiana, por ejemplo, con las de la
fe musulmana. Cuando hablamos de “fe” en ese sentido nos referimos a un cuerpo de
doctrinas. Decir que la fe es razonable en ese sentido es afirmar que esas doctrinas son
racionales para que una persona las sostenga.

Por otro lado “fe” se podría tomar para referirse al acto de creer.

Según Martin Lutero, fe en este sentido tiene tres partes.

En primer lugar, se encuentra la “notitia” o el entendimiento. Es decir, una persona debe


entender la afirmación de verdad que se está haciendo.

En segundo lugar, esta “asensos” o consentimiento. Uno debe aceptar de manera intelectual
que la afirmación de hecho es verdadera. Uno no solo la entiende, sino que la consiente o que
está de acuerdo con ella.

Por último, está la “fiducia” o la confianza. La fe salvadora involucra no meramente un


consentimiento intelectual de algunas doctrinas sino un compromiso o una confianza completa
en Dios, de quien se hace las afirmaciones.

Decir que la fe cristiana es razonable en este sentido es decir que creer en el Dios de la Biblia
es una cosa racional para una persona hacer. Tomar el paso de fe es un paso razonable para
una persona inteligente e informada.

Para que una Fe sea razonable, ella tendrá que ser lógicamente coherente y encajarse a los
hechos de la experiencia, ya sean estos científicos, históricos, y así sucesivamente.

Esa coherencia sistemática, como se le ha llamado, es solo una condición necesaria para la
verdad de una cosmovisión, pero ella también puede ser una condición suficiente para su
razonabilidad. Además, para determinar la verdad uno necesitara o argumentos sólidos, que
no cometan una petición de principio basados en premisas más plausibles que sus negaciones
o una manera de saber su verdad de una forma propiamente básica.

Así que ¿Quién decide que la fe es o no razonable? ¡Bueno, obviamente, usted lo hace! Cada
uno de nosotros lo hace. Como decía Pascal, el juego ya se está jugando. Usted debe hacer una
apuesta. ¿Cómo va a elegir?

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Ahora bien, al decir que usted debe decidir, yo de ninguna manera insinúo que la verdad está
determinada por su elección. Si usted está perdido escalando en las montañas y debe elegir un
camino de la bifurcación a tomar, eso no implica que su elección determine qué camino le
llevará a un lugar seguro. Por el contrario, lo que es el verdadero camino está ya determinado
por los hechos. Pero depende de nosotros de sopesar los hechos y así tomar esta decisión
trascendental, a menudo con una profunda ansiedad e incertidumbre.

Pero como cristianos sabemos que nadie está verdaderamente solo en tomar la decisión de
creer en el Evangelio, ya que Dios ha enviado el Espíritu Santo para convencer al mundo y
atraer a la gente a sí mismo. Jesús ha prometido que "El que esté dispuesto a hacer la voluntad
de Dios reconocerá si mi enseñanza proviene de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta" (Juan
7. 17). Finalmente, será Dios mismo quien juzgará de si o no una persona en sus circunstancias
históricas hizo una decisión racional.

¿Cómo se relaciona la fe y la razón?

La razón está ligada a lo tangible, a algo que se puede comprobar físicamente, la fe se mueve
en el ámbito de lo trascendente y no tangible, también sería un engaño pensar que no tiene
ninguna repercusión sobre lo tangible.

¿Qué aporta la razón a la fe?

La razón humana de por si tiene capacidad para alcanzar la verdad, aunque necesita ayuda
para hacerlo. La razón puede ayudar a la fe a explicarse, y puede advertir cuándo el creyente
no es coherente, en su inteligencia o en su vida, con su fe.

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