Tema 1 EL PASO DE MITO AL LOGOS
PUNTO DE PARTIDA -
Contexto histórico y cultural
La filosofía griega apareció en el siglo vii a. C. en las zonas de habla griega de las actuales
Italia y Turquía. Era la época de la segunda colonización griega del mar Medi-terráneo, el
momento de la máxima expansión de la civilización griega, que, sin embargo, no coincidió
con su apogeo filosófico y artístico.
En la aparición del fenómeno griego confluyeron varios factores de tipo sociocultural. En
primer lugar, una reli-gion humanızada —en la que dioses y humanos compartían defectos y
virtudes, y cuyo nexo narrativo se encontraba en los mitos de carácter poético que trataban
de explicar el origen último del cosmos y del ser hu-mano. Además, esa religión carecía de
libros sagrados que la dotaran de un cuerpo doctrinal institucionalizado (frente, por ejemplo,
a la Biblia de los hebreos o al Libro de los Muertos de los egipcios). Sin embargo, en los mi-
tos, existe una cierta ambición moral y teológica. Estas narraciones, debido a su naturaleza
oral, estaban sujetas a modificaciones y a críticas.
Por otro lado, en ese contexto de miscelánea cultural se desarrolló el teatro griego de mayor
relevancia, especialmente la tragedia griega, ejemplificada en poetas como Esquilo y
Sófocles. También son destacables las figuras de los poetas Homero (autor de la Ilíada y la
Odisea) y Hesíodo. A su vez, surgieron grandes e importantes centros comerciales en los
que confluyeron intercambios culturales. Esto posibilitó la aparición de un pensamiento libre
de tradiciones míticas y religiosas, no sometido a la tiranía de las oligarquías locales. Por
últi-mo, en la génesis de la civilización griega hay que destacar la influencia exterior de las
civilizaciones de Egipto y
Babilonia como parte de su sustrato sociocultural.
Contexto filosófico
A los primeros filósofos se los denomina presocráticos por un convencionalismo histórico: el
peso de Sócrates como trasunto de Platón hizo que se agrupase a una serie de filósofos
dispares en una categoría más cronológica que intelectual. Ellos iniciaron un modo de
especulación teórica que se centró en la búsqueda de sentido de la realidad.
Los filósofos considerados como presocráticos son nueve: Tales, Anaximandro,
Anaxímenes, Heráclito, Pitagoras, Anaxagoras, Parmenides, Empedocles y Demócrito. De
ellos, los seis primeros nacieron en Asia Menor, mientras que Parménides y Empédocles
procedían de la Magna Grecia (la actual Italia). Solo Demócrito era natural de la Grecia
continental. La filosofía presocrática apareció en un contexto geográfico oriental en el que
Atenas carecía de peso filosófico.
La actividad filosófica de Grecia se orientó a la búsqueda de la verdad. Esa indagación
comenzó en la naturaleza, alli donde la observación no consigue dar una explicación
suficiente; más tarde, el ser humano se preguntará sobre si mismo para vislumbrar el
sentido de la existencia.
La filosofía occidental vio la luz como actividad propia de varones que no necesitaban
trabajar para vivir, es decir, tuvo un cierto sesgo elitista y estaba ligada a la instrucción en
escuelas de carácter privado.
Así pues, el pensamiento filosófico se desarrolló predominantemente en círculos de
individuos alfabetiza-dos, en un ambiente en el que la lectura y la escritura estaban al
alcance de pocas personas.
1. Una novedad: la filosofía
1.1
Grecia, cuna de la filosofía occidental
La filosofía occidental tiene su comienzo histórico y geográfico entre finales del siglo vir a.
C. y principios del siglo via. C. en una ciudad griega llamada Mileto, situada en la costa de
Asia Menor, frente al mar Egeo. Pero ¿por qué surgió en Grecia?
Hacia el siglo xil a. C., los jonios, presionados por las invasiones de los pueblos dorios, se
vieron obligados a desplazarse a las costas de Asia Menor. En este período, las ciudades
de Mileto, Efeso, Clazomene y Samos alcanzaron un notable desarrollo comercial y cultural.
La fertilidad de sus tierras y, especialmente, su cercanía al mar Egeo convirtieron a estos
enclaves en importantes zonas comerciales, promovieron su desarrollo económico y los
transformaron en lugares de encuentro de diversas culturas y tradiciones. En el siglo
siguiente, debido a las invasiones de los persas, muchos hombres sabios, como Pitágoras,
se desplazaron hacia el sur de Italia y Sicilia, donde continuaron cultivando la filosofía.
Finalmente, con la sofística y Sócrates, el centro geográfico de la filosofía se trasladó a la
ciudad de Atenas.
Varios factores posibilitaron el nacimiento de la filosofía en Jonia durante el siglo via. C.:
• El desarrollo político y económico. Las ciudades griegas o polis habían alcanzado cierta
estabilidad política y económica. Esto permitió que algunos sabios disfrutaran de un nivel de
vida suficiente como para dedicarse a la ciencia y la sabiduría.
• La adquisición de nuevos conocimientos y el descubrimiento de otras formas de entender
la vida, a causa del contacto comercial con diversos pueblos y culturas.
• El interés por la educación. En Grecia surgió un gran interés por la participación ciudadana
en la política, lo cual exigía un mayor nivel educativo.
Gracias a esta circunstancia, en las polis creció la preocupación por la cultura.
• La confianza en la capacidad de la razón humana para conocer y comprender la realidad.
1.2
La explicación filosófica de la realidad.
Los presocráticos
Antes de los primeros filósofos, las explicaciones de la realidad procedían de la mitología, la
religión y la poe-sía. En la Grecia arcaica, los mitos daban cuenta del origen del universo y
del ser humano a través de na-raciones ancestrales de origen desconocido. Tales na-
rraciones, protagonizadas por dioses y héroes, se transmitían oralmente. Con posteridad,
también pasaron a formar parte de la tradición escrita, por ejemplo, en las obras de Homero.
Los primeros mitos griegos reciben el nombre de cos-mogonías, y narran el comienzo del
universo y de los dioses. Este interés por indagar sobre el origen de todo lo real se mantuvo
también —aunque transformado sustancialmente— en los primeros filósofos, denominados
presocráticos por pertenecer a una época anterior al nacimiento de Sócrates.
Estos pensadores se preguntaron por el principio constitutivo y material (o arje) de la
realidad en su conjun-to, pero principalmente del universo. Para explicar ese principio, no
recurrieron a los dioses ni emplearon fá-bulas, sino que se basaron en explicaciones
racionales a partir de causas naturales como el agua o el aire. Por eso, es posible afirmar
que la filosofía surgió en Grecia con el paso de las narraciones mitológicas al logos ('razón'
en griego). Es decir, se avanzó de los relatos fantásticos, de dudosa credibilidad y origen
incierto, hacia las explicaciones de naturaleza racional.
El desarrollo del pensamiento racional no sucedió de una manera repentina, sino que fue un
proceso lento. Así, por ejemplo, los primeros filósofos mezclaron motivos mitológicos y
racionales. Únicamente más tarde y de un modo paulatino las argumentaciones filosóficas
se fueron distanciando de las explicaciones mitológicas.
El descubrimiento del logos hace referencia a un proceso de cambio que, partiendo de un
conocimiento prerreflexivo, espontáneo y mitológico, culmina en un saber elaborado, más
reflexivo y justificado racionalmente.
1.3
La filosofía oriental
La filosofía oriental apareció hacia el siglo vil a. C. y se caracterizó por integrar corrientes de
distinto tipo y procedencia. Se puede considerar como su comienzo orientativo la fecha en
que nació Siddhartha Gautama o Buda: el año
623 a. C.
2. Los filósofos de Mileto
2.1
Tales de Mileto
Tales vivió entre los siglos vil a. C. y vi a. C., como los restantes filósofos de Mileto. Fue
legislador, matemático y astrónomo. Según Aristóteles, se trata del primer filósofo que
investigó sobre la naturaleza y el origen de las cosas.
Por naturaleza hace referencia a la esencia o núcleo de algo. Es lo que determina la
procedencia de una cosa y, a la vez, es aquello que permanece en ella a pesar de los
cambios que pueda experimentar. Así, por ejemplo, la naturaleza de un caballo es aquello
que explica qué hace que ese caballo sea un caballo y no otra realidad.
Por origen o principio se comprende aquello que produce algo. Como las cosas no pueden
surgir de la nada, entonces se afirma que proceden de alguna materia original, de algún
primer principio u origen. Tal principio es el elemento que permanece tras los cambios y las
apariencias sensibles; constituye, por tanto, su fundamento último.
Tales pensó que el primer principio de todas las cosas o arjé debía ser el agua.
Aristóteles señala que este pensador opinó así porque observó que los alimentos contienen
agua y que las semillas —de las que nacen las cosas— tienen una naturaleza húmeda. Al
situar el primer principio en el agua, parece que quiso afirmar que, puesto que la vida surge
de este elemento, sucede lo mismo con el resto de las cosas.
Este filósofo también se ocupó del alma como principio de la vida. Al pare-cer, consideró
vivas y animadas todas las cosas; así, la piedra magnética es un elemento animado, porque
es capaz de mover el hierro.
2.2
Anaximandro
El filósofo jónico Anaximandro (ca. 610-547 a. C.) posiblemente fue discípulo de Tales.
Pensaba que el origen de todas las cosas no podía ser algo tan concre-lo como el agua,
sino un principio material indeterminado e ilimitado. Llegó a esta conclusión tras percatarse
de que no todo se compone de agua.
Al existir cosas tan distintas entre sí y diferentes del agua, el principio común a todas ellas
tenía que ser más amplio y universal. Para referirse a él, Anaximan-dro acuñó el término
griego apeiron, que consta de la partícula negativa a y la palabra péras, que significa límite;
por tanto, se puede entender como lo que no tiene límite o es infinito, de modo que todo lo
que existe puede encontrar en él su origen y fundamento.
Según Anaximandro, todas las cosas surgen necesariamente del infinito y por separación
de los contrarios.
La primera pareja de contrarios que se disgregó fue la de lo frío y lo caliente.
De esta pareja procederían todos los demás opuestos y elementos materiales.
La Tierra se habría formado tras la primera separación de elementos, a partir de una esfera
húmeda. Los seres vivos procederían del elemento líquido del planeta, que se calentaría por
la acción del Sol, y los animales inferiores se irían transformando poco a poco en especies
superiores, entre las cuales se incluiría el ser humano.
2.3
Anaxímenes
Anaxímenes (ca. 560-528 a. C.) fue discípulo de Anaximandro. Creyó, como su maestro,
que el principio común a todas las cosas era infinito, pero lo identificó con el aire, un
elemento material determinado. ¿Por qué llegó a este convencimiento?
Es muy posible que Anaxímenes pensara que el aire era el principio común a todas las
cosas por considerar que el universo es un ser vivo y comprobar que el aire es
imprescindible para la vida. Para él, todo nace del aire a partir de dos procesos:
condensación y rarefacción. El aire, al condensarse, da lugar a las nubes y, si continúa
condensándose, se transforma en agua y luego, en tierra. De ahí, por tanto, surgirían los
diversos seres naturales que existen. La rarefacción consistiría en la pérdida de densidad
del aire, de tal manera que se convierte en fuego y después, en viento.
2.4
Heraclito
Heráclito (ca. 544-480 a. C.) nació en Éfeso y centró su filosofía en el problema del cambio.
Al observar lo que ocurre con los fenómenos sensibles, creyó que no había nada inmóvil o
inmutable y que la realidad se transforma continuamente.
La experiencia del movimiento lo llevó a entender que la realica última, o su primer principio,
no podía ser algo estático, sino que encontraba en algo dinámico, en el mismo fluir o
devenir que ne muestran los sentidos.
La esencia de las cosas consiste en no estar acabadas y, por tanto, es ir haciéndose, sin
detenerse nunca. Ahora bien, aunque para Hera-clito el mundo sensible se reduce al
movimiento y al cambio, también reconoce un principio de orden y unidad. Considera que el
movimiento o el cambio de los seres —incluido el ser humano— no se produce de un modo
arbitrario o casual, sino siguiendo un patrón ordenado y regular que constituye la ley del
universo. Heráclito llamó a esta ley logos, quizá uno de los términos más importantes de la
historia de la filosofía y que él usó por primera vez.
Para este pensador, el concepto expresa la racionalidad interna y el orden intrínseco que
existe en el cosmos, más allá la apariencia sensible. Como esta ley trasciende los sentidos,
se nos oculta y resulta difícil descubrirla.
La unidad y el orden que impone el logos consisten, en último término, en una lucha de
contrarios. Esa oposición fundamental sirve a Heráclito para explicar el cambio en la
naturaleza: hay enfermedad porque hay salud, hay guerras porque hay paz, etc. Existe, sin
embargo, una diferencia importante entre He-ráclito y Anaximandro, pues para Heráclito la
lucha es la esencia misma de cada cosa y lo que otorga estabilidad y realidad a todo ser:
«De las discordias
—escribió— surge la más hermosa armonía».
Heráclito también señaló un primer principio material del que están hechas todas las cosas:
el fuego. No es extraño que eligiera este elemento, ya que representa adecuadamente el
movimiento, puesto que el fuego todo lo destruye y transforma.
3. Los pitagóricos
Pitágoras nació en Samos alrededor del año 570 a. C., pero hacia el año 530 a. C.
se marchó a Crotona (sur de Italia)
donde fundó una escuela. No es posible conocer con precisión su pensamiento, pues no
dejó nada escrito y los testimonios que han llegado hasta nosotros son contradictorios.
Pitágoras y sus discípulos, los pitagóricos, crearon algo más que una escuela filosófica.
Constituían una especie de secta religiosa que vivía en comunidad con un régimen muy
riguroso. Consagraban su vida al estudio y al desarrollo de las matemáticas y la filosofía,
pues consideraban que de esta forma se logra la purificación del alma.
3.1
La cosmología
Los pitagóricos pensaron que el arjé estaba en los números, a los que consideraban el
fundamento constitutivo del universo. Esto supuso una novedad importante porque, a
diferencia de sus predecesores, para ellos el primer principio tenía dos características: era
múltiple e inmaterial.
A su juicio, todas las cosas están compuestas, en último término, por números. Llegaron a
esta conclusión tras hacer algunas observaciones relacionadas con las matemáticas, como
la posibilidad de convertir la armonía musical en una relación numérica.
Por otro lado, consideraron que no solo las cosas se dividen en números, sino que los
números mismos se pueden dividir en lo par y lo impar. El número par representa lo infinito
o ilimitado, porque resulta infinitamente divisible, mientras que el número impar viene a ser
lo finito o limitado, ya que no se puede di-vidir. En consecuencia, todas las cosas materiales
están hechas de números, que, a su vez, están constituidos por esta pareja de contrarios
(par-impar).
Los pitagóricos se sirvieron del concepto de cosmos para referirse al orden y el equilibrio
que reina en el universo. Aunque las cosas estén hechas de elementos contrapuestos, se
presentan como una composición armónica y equilibrada que oculta externamente esa
oposición constitutiva.
El mundo es un todo ordenado que, como la escala musical, está sometido a relaciones
numéricas, es decir, a leyes racionales.
3.2
La antropología
Los pitagóricos sostuvieron que el ser humano está compuesto de alma y cuerpo, si bien
estas dos partes no son cualitativamente iguales: el alma, in-material, es el elemento
principal y superior, mientras que el cuerpo es una realidad efímera y despreciable.
Debido a una culpa primitiva, el alma habría sido encerrada en un cuerpo del cual el ser
humano tiene que liberarse para alcanzar la felicidad. Lo relativo al cuerpo —todo lo
relacionado con lo material y sensible— es aborrecible, pues impide al alma elevarse a lo
espiritual. Por esta razón, propusieron un conjunto de estrictas reglas morales que
permitieran al alma purificarse de lo corpóreo (por ejemplo, evitar el consumo de carne o
cultivar los diferentes saberes, desde la música y las matemáticas hasta llegar a la filosofía,
el saber más elevado).
A diferencia del cuerpo, el alma es inmortal. Esta solo se puede desligar por completo del
cuerpo con la muerte. Pero, si no se encuentra purificada de todo lo corporal y sensible, ha
de reencarnarse en otro cuerpo. Los pitagóricos creían que las reencarnaciones se irían
repitiendo hasta lograr alcanzar la purificación definitiva.
4. Parménides
En su alán por articular una teoría explicativa de toda la realidad a partir de un único
principio, Parménides de Elea (ca. 540-470 a. C.) escribió el poema filosófico Sobre la
naturaleza, del que se conservan algunos fragmentos.
Se pueden diferencian tres partes: en la primera se da el encuentro del viajero protagonista
con la diosa Díke; la segunda parte contiene la exposición de la diosa del camino de la
verdad, que solo se puede recorrer haciendo uso del intelecto; por último, la diosa muestra
al viajero el camino de la opinión, el camino de los sentidos que solo proporcionan
apariencias.
La tesis principal del filósofo de Elea es que solo es lo que es, es decir, es imposible que
sea algo que no es. La consecuencia es inmediata: únicamente se puede pensar y decir lo
que es. Si se intenta pensar o decir otra cosa que no sea lo que es, entonces se dice lo que
no es; como esto último es imposible que sea, entonces en realidad no se piensa ni se dice
nada.
Según Parménides, si todas las cosas son, el principio común a todas ellas es el ser. Ahora
bien, si esto es así, lo que propiamente es o existe no son las cosas, sino el ser.
Para conocer la verdad de las cosas es necesario, por tanto, pensar y decir el ser; de otro
modo, estamos ante la apariencia y la falsedad, porque creemos que lo que no es, es. Así,
por ejemplo, para este filósofo, pensar que hay muchas cosas que son y que están en
movimiento es solo una apariencia que recibimos por el testimonio de los sentidos. El
auténtico conocimiento lo proporciona el intelecto, al pensar el ser.
Las ideas principales de la doctrina filosófica de Parménides son las siguientes:
1. Solo existe lo que es o el ser. Todo lo que no es no puede existir ni ser, luego solo existe
un único ser.
2. Solo hay conocimiento si se conoce el ser. Lo que no es no se puede co-nocer. El no ser
es pura apariencia y falsedad
3. Solo se puede pensar y decir lo que es o el ser. No podemos pensar ni decir lo que no es.
Hay identidad entre el ser y el pensar. Tan solo el intelecto nos permite captar el ser y la
verdad que encierra. El testimonio de los sentidos nos permite acceder únicamente a las
apariencias (lo que no es).
4. El ser es eterno, inmutable e indivisible. Si el ser estuviera en el tiempo, si se moviera o si
se dividiera, habría algo en él que no es el ser —algo que no es— que llegaría a ser, lo cual
es imposible, porque, en ese caso, el ser sería y no sería.
En resumen, la filosofía de Parménides se organiza en torno a una única pregun-ta: ¿cuál
es el principio a partir del cual se puede conocer y explicar la realidad?
Este pensador consideró que, para responder a esa pregunta, es preciso conocer la verdad
sobre las cosas. A ella se llega a través del intelecto, y el intelecto establece que solo es y
existe el ser. En consecuencia, únicamente el ser puede ser pensado y dicho; entonces, lo
que no es el ser (sobre todo, la pluralidad de las cosas y su movimiento) no existe ni es, a
no ser como mera apariencia.
5. Los pluralistas y los atomistas
La propuesta de Parménides supuso una seria dificultad para la filosofía de su época, pues
parecía contradictorio reducir todo a un solo principio fundamental y, al mismo tiempo,
mantener que existen seres diversos y múltiples. La respuesta a este planteamiento se
presentó durante el siglo v a. C. de la mano de los filósofos pluralistas. Según ellos, hay
varios principios o elementos constitutivos de todas las cosas a partir de los cuales se
explica la diversidad y multiplicidad de estas.
5.1
Empédocles
Empédocles (ca. 495-430 a. C.) era originario de Agrigento (Sicilia). Intentó conciliar las
posturas aparentemente incompatibles de quienes —como He-ráclito— defendían la
realidad de la multiplicidad y el cambio, y de los que
—como Parménides— afirmaban que la realidad es una y nada cambia. Em-pédocles creyó
hallar la solución al problema proponiendo la existencia de varios elementos o «raíces de
todas las cosas»: tierra, agua, aire y fuego.
Para Empédocles, cada uno de estos elementos es inmutable e idéntico a sí mismo. No
obstante, es posible la multiplicidad y diversidad de seres, porque las cosas se originan a
partir de diversas mezclas de esos cuatro elementos.
Así, los elementos se combinan de diferentes maneras y dan lugar a seres distintos, del
mismo modo que un pintor mezcla en su paleta los colores básicos —amarillo, rojo, azul y
negro— para producir toda la gama cromática.
La realidad procede de una determinada unión o separación de los elementos básicos que,
en sí mismos, no cambian. Uniéndose y separándose, explican la diversidad de las cosas y
la existencia del movimiento.
Los cuatro elementos se unen, mezclan y congregan a través de una fuerza que denomina
Amor, mientras que se separan, disgregan y corrompen por medio de otra fuerza llamada
Odio o Discordia
¿Por qué escogió estos cuatro elementos y no otros? Cada uno de ellos había sido tratado
anteriormente por uno u otro filósofo. Los milesios ya habían se ñalado el agua o el aire
como el único principio explicativo de la esencia de las cosas. El fuego también había
ocupado un lugar destacado en la doctrina de Heráclito. La contribución de Empédocles
consistió en integrarlos en su idea de una combinación de diferentes principios.
5.2
Anaxágoras
Anaxágoras nació en Clazomene (Jonia) en el año 500 a. C. Vivió en Atenas y fue
consejero de Pericles. Gracias a él, la filosofía llegó a la ciudad ateniense, donde Sócrates y
Platón recibieron su influencia. Aunque propone varios principios constitutivos de todas las
cosas, creyó que no bastaba con admitir los cuatro elementos de Empédocles.
Todo está hecho por la mezcla de innumerables pequeñas entidades, de forma ilimitada,
invisibles y cualitativamente diferentes entre sí: las semillas o gérmenes. Aristóteles llamó
homeomerías (que significa 'partes semejantes') al arjé que propuso Anaxágoras.
Las transformaciones que se producen en la naturaleza están provocadas por las distintas
combinaciones de semillas y por el predominio de unas sobre otras. Para explicar el inicio
del movimiento en el cosmos, Anaxágoras habló del Nous ('inteligencia' o 'intelecto' en
griego), que es un principio distinto de los seres materiales. El intelecto sería algo divino, un
principio ordenador y rector de todas las cosas.
El concepto de divinidad en Anaxágoras supuso un avance respecto a sus ante-cesores,
porque introdujo un elemento inteligente y racional en la explicación del universo. Las cosas
se conciben, no como fruto de un origen ciego, sino pensadas para algo, con una finalidad y
un sentido. Este nuevo concepto repercutió en la filosofía posterior.
5.3
Demócrito
El fundador de la escuela atomista fue Leucipo, si bien el atomista más importante fue su
discípulo Demócrito. Nacido en Abdera (Tracia), en el año 460 a. C, murió a una edad
avanzada (en 370 a. C.) y fue el único presocrático contemporáneo de Sócrates y Platón.
En su concepción de la naturaleza, Demócrito supuso también que el origen de todo debía
encontrarse en una pluralidad de entidades, pero creía que estas entidades eran todas
cualitativamente iguales y materiales. A esos principios los lamó átomos (término que
significa 'sin partes), al ser partículas indivisi-bles. Los átomos, además, eran imperceptibles
y se diferenciaban solo de modo cuantitativo, es decir, por su tamaño, orden, figura y
posición en el espacio.
Junto a los átomos, este filósofo admitió la existencia del vacío (el no ser). Esto le permitió
explicar la diversidad de cosas materiales y el movimiento, pues el vacío es el elemento por
el que los átomos se desplazan.
El vacío y los átomos son los principios constitutivos de la realidad
Este filósofo era materialista, ya que pensaba que los átomos eran diminutas partículas de
materia que se movían por azar y componían el mundo natural.
De este modo, los cuerpos se generaban por la unión de átomos y se corrompían cuando
estos se disgregaban.
También reflexionó sobre aspectos más vinculados a la existencia humana (como la ética),
que constituirán el centro de la filosofía de los sofistas. Propuso una moral basada en la
moderación y en la búsqueda del placer intelectual como forma de alcanzar la felicidad. Las
ideas de Demócrito influyeron en filósofos posteriores, como Epicuro y Aristóteles.