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Final

La autora expresa su dolor por la pérdida de una amistad que fue significativa en su vida, reflexionando sobre las expectativas y decepciones que experimentó. Reconoce su propia responsabilidad en la relación y elige soltar el pasado para encontrar paz y valor personal. Agradece las lecciones aprendidas y se despide con la esperanza de un futuro mejor.

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La autora expresa su dolor por la pérdida de una amistad que fue significativa en su vida, reflexionando sobre las expectativas y decepciones que experimentó. Reconoce su propia responsabilidad en la relación y elige soltar el pasado para encontrar paz y valor personal. Agradece las lecciones aprendidas y se despide con la esperanza de un futuro mejor.

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UN ADIÓS QUE ME LIBERA

1 de enero, 2025

No sé por dónde empezar. Tal vez por decir que me duele. Me sigue doliendo, aunque intento
ocultarlo, aunque le pida a Dios que me arranque el corazón para dejar de sentir, aunque el
mundo siga girando y yo haga como si nada pasara. Porque fuiste una parte importante de mi
vida. Porque fuiste mi mejor amigo. Porque sentí cosas por ti que no sentí por nadie más, y porque
pensé que tú también sentías algo especial por mí.
Al principio todo era tan bonito… tan bueno. Hablar contigo era mi lugar seguro. Me hacías reír,
me hacías creer que de verdad existía la amistad de una forma sana. Yo soñaba con un "más
adelante", con un momento en el que lo nuestro pudiera crecer sin prisas, desde la amistad pura y
sincera que teníamos. Pero poco a poco, sin darme cuenta, empezaste a cambiar. Y no sé si fue el
tiempo, las circunstancias, o simplemente tú.
Me hiciste sentir pequeña cuando más necesitaba que me escucharas. Me llamaste exagerada
cuando te hablaba desde el corazón. Me hiciste a un lado en momentos en que más necesitaba un
"Confía en Dios que sus planes son perfectos", un "sabes que cuentas conmigo aunque estemos
lejos", o simplemente tu compañía a través del teléfono.
Y aun así, me quedé. Aún así, trataba de comprender. Porque cuando uno quiere de verdad, busca
razones para seguir. Pero tú no lo hiciste. Tú te fuiste… sin irte del todo, y luego sin decir nada, ya
estabas con alguien más. Y eso me rompió más de lo que pensaba.
Todavía me duele recordar lo bonito. Todavía me pregunto por qué. Y aunque sé que no hay una
respuesta que cure todo esto, quiero empezar a dejar de buscarla. Porque merezco paz. Merezco
alguien que no me haga dudar de mi valor. Y tú, al final, no supiste cuidar lo que yo sí cuidaba.
No escribo esta carta con la intención de culparte solo a ti. También es mi culpa. Me culpo por
haberte dado tanto acceso a mi ser, por haber permitido que mis estados emocionales
dependieran de ti. Me culpo por creer que, al ser tú la única amistad que tenía, podía sostenerme
solo en ti. No me arrepiento de lo que te di. Si me dieran a elegir entre volver a conocerte o no, lo
haría todo de nuevo, pero esta vez pensaría más en mí. Porque te mostré mis inseguridades y
cicatrices… y aún así me lastimaste de nuevo.
Y entendí algo que me costó aceptar: el amor no se trata solo de palabras bonitas o promesas
vacías. El amor se demuestra en las acciones, en cómo cuidas a alguien cuando más lo necesita, en
cómo eliges quedarte cuando las cosas se ponen difíciles, y no solo cuando todo es fácil. Decirme
que era importante para ti no bastaba… no cuando tus actos me hacían sentir lo contrario.
No te odio. No te deseo mal. Al contrario, deseo de corazón que Dios te ayude a lograr tus sueños
y metas. Pero hoy elijo soltar todo esto. No porque ya no me importa, sino porque me importo yo.
Gracias por lo bueno. Pero gracias, sobre todo, por enseñarme a no aceptar menos de lo que
merezco.
Te dejo ir, aunque me cueste. Y me abrazo, aunque esté rota.
Porque sé que un día, esto también pasará.
Al final, si se hizo la voluntad de Dios.

ATTE: Zulanid López

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