Accidente Cerebrovascular
Grupo 2505
Dr. Edwin Christian García Valdés
Guerrero Sotomayor Joshua
Introducción
El accidente cerebrovascular (ACV), también conocido como “stroke”, es una de las
patologías más relevantes en la práctica médica por su impacto en la salud pública y en la
calidad de vida de los pacientes. Se trata de una enfermedad neurológica de inicio súbito
que ocurre cuando el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro se interrumpe, ya sea por
una obstrucción arterial (ACV isquémico) o por la ruptura de un vaso sanguíneo (ACV
hemorrágico). Esta interrupción provoca que las células cerebrales mueran en cuestión de
minutos, generando déficit neurológicos que pueden ser permanentes si no se actúa con
rapidez. El ACV es considerado una urgencia médica porque cada minuto que pasa sin
tratamiento significa pérdida de tejido cerebral y, por lo tanto, pérdida de funciones como el
movimiento, el lenguaje o la memoria. Además, es una de las principales causas de
discapacidad en adultos y una de las primeras causas de muerte en el mundo. Por ello,
resulta fundamental que los profesionales de la salud y los estudiantes de medicina
comprendamos no solo la fisiopatología de la enfermedad, sino también las herramientas
clínicas que permiten identificarla, clasificarla y tratarla de manera adecuada.
Desarrollo
El accidente cerebrovascular puede dividirse en dos grandes tipos: isquémico y
hemorrágico. El primero representa alrededor del 80% de los casos y ocurre cuando un
trombo o émbolo bloquea una arteria cerebral. Esto genera una zona central de necrosis y
alrededor una región llamada “penumbra”, que aún puede salvarse si se restablece el flujo
sanguíneo. El segundo tipo, el hemorrágico, se produce por la ruptura de un vaso
sanguíneo, lo que ocasiona sangrado intracerebral o subaracnoideo. En este caso, el daño
se debe tanto a la presión ejercida por la sangre acumulada como a la interrupción del flujo
normal.
El cuadro clínico del ACV es característico por su inicio súbito. Los pacientes pueden
presentar hemiparesia o hemiplejía, alteraciones del lenguaje como afasia o disartria,
pérdida de visión, alteraciones de la sensibilidad y, en los casos hemorrágicos, cefalea
intensa descrita como “la peor de su vida”. También puede haber alteración del nivel de
conciencia o crisis convulsivas. Estos síntomas son suficientes para justificar el ingreso
inmediato a urgencias, especialmente si el déficit neurológico es evidente o si la escala
NIHSS supera los 4 puntos.
Para la valoración inicial existen varias escalas. La Escala de Cincinnati (FAST) es sencilla
y práctica: evalúa la simetría facial, la fuerza en los brazos y la capacidad de hablar. Si
alguno de estos parámetros es anormal, se sospecha ACV. La NIH Stroke Scale (NIHSS)
es más detallada y cuantifica la gravedad del evento en un rango de 0 a 42 puntos,
evaluando conciencia, movimientos oculares, fuerza, sensibilidad y lenguaje. Un puntaje
bajo indica un evento leve, mientras que un puntaje alto refleja mayor gravedad y peor
pronóstico. Por otro lado, la Escala de Hunt and Hess se utiliza en hemorragia
subaracnoidea y clasifica al paciente desde grado I (cefalea leve) hasta grado V (coma
profundo), siendo útil para decidir el manejo neuroquirúrgico y estimar el pronóstico.
El tratamiento depende del tipo de ACV. En el isquémico, la terapia de elección es la
trombolisis intravenosa con alteplasa (rt-PA), administrada en una dosis de 0.9 mg/kg, con
un máximo de 90 mg, dentro de las primeras 4.5 horas desde el inicio de los síntomas. El
10% se aplica en bolo y el resto en infusión durante una hora. En casos seleccionados, se
puede realizar trombectomía mecánica hasta 6–24 horas después, especialmente en
oclusiones de grandes vasos. Además, se recomienda controlar la presión arterial antes de
la trombolisis (<185/110 mmHg) y administrar aspirina después de 24 horas si no se realizó
trombolisis.
En el ACV hemorrágico, el manejo incluye control estricto de la presión arterial (<140
mmHg), suspensión de anticoagulantes, control de glucosa y temperatura, y en algunos
casos cirugía para evacuar hematomas o reparar aneurismas. En la hemorragia
subaracnoidea, el nimodipino (60 mg cada 4 horas) es fundamental para prevenir el
vasoespasmo, complicación frecuente que puede agravar el daño cerebral.
Considero que el abordaje debe ser integral. Primero, reconocer los signos de alarma con la
escala de Cincinnati, luego cuantificar la gravedad con la NIHSS y, en caso de hemorragia
subaracnoidea, aplicar Hunt and Hess. Si el paciente cumple criterios y llega dentro de la
ventana terapéutica, propondría trombolisis con alteplasa, cuidando la presión arterial. En
caso de hemorragia, daría nimodipino y solicitaría valoración neuroquirúrgica. Finalmente,
enfatizaría la importancia de la rehabilitación temprana y el control de factores de riesgo
como hipertensión, diabetes y tabaquismo, para prevenir recurrencias.
Conclusión
El accidente cerebrovascular es una enfermedad de inicio súbito que representa una
verdadera urgencia médica. Su fisiopatología nos recuerda que cada minuto cuenta, pues el
tejido cerebral es extremadamente sensible a la falta de oxígeno. Reconocer los síntomas y
aplicar las escalas de valoración adecuadas permite clasificar la gravedad y orientar el
tratamiento. La escala de Cincinnati es útil para la detección rápida, la NIHSS para
cuantificar el déficit neurológico y la Hunt and Hess para valorar la hemorragia
subaracnoidea.
El tratamiento debe seguir las guías de práctica clínica: trombolisis y trombectomía en el
ACV isquémico, control de presión y nimodipino en el hemorrágico, además de medidas
generales de soporte. Sin embargo, más allá de los protocolos, como estudiantes debemos
entender que detrás de cada paciente hay una persona que enfrenta la posibilidad de
perder funciones vitales. Por eso, nuestra responsabilidad es actuar con rapidez, aplicar el
conocimiento con humanidad y acompañar al paciente en su proceso de recuperación.
El ACV es una patología que exige preparación técnica y sensibilidad humana. Aprender a
reconocerlo, clasificarlo y tratarlo no solo nos convierte en mejores profesionales, sino
también en agentes de cambio capaces de mejorar la calidad de vida de quienes lo
padecen.
REFERENCIAS
● Donoso Noroña, R. F., Gómez Martínez, N., & Rodríguez Plasencia, A. (2021).
Manejo inicial y tratamiento del accidente cerebrovascular isquémico. Una visión
futura. Revista Dilemas Contemporáneos: Educación, Política y Valores, vol. 8, no.
spe3. SciELO.
● Organización Mundial de la Salud (OMS). (2025). Accidente cerebrovascular: datos y
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● Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares
(NINDS). (2025). Accidente cerebrovascular: esperanza en la investigación.
Publicación informativa en español.
● Sociedad Española de Neurología. (2022). Guía de práctica clínica en el manejo del
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universitarias).
● World Health Organization (WHO). (2025). Stroke: Key facts and global burden. Fact
sheet. WHO.
● Feske, S. K. (2021). Ischemic Stroke: Epidemiology and Management. The American
Journal of Medicine, 134(12), 1457–1464.