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Tensiones conceptuales en la relación entre género y migraciones.
Reflexiones desde la etnografía y la crítica feminista
Article in Papers: Revista de sociologia · July 2012
DOI: 10.5565/rev/papers/v97n3.423
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1 author:
Carmen Gregorio
University of Granada
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Papers 2012, 97/3 569-590
Tensiones conceptuales en la relación
entre género y migraciones.
Reflexiones desde la etnografía y la crítica feminista
Carmen Gregorio Gil
Universidad de Granada. Departamento de Antropología Social
carmengg@[Link]
Recibido: 04-10-2011
Aceptado: 01-03-2012
Resumen
A partir de la revisión de la literatura sobre género y migraciones que toma el
contexto del Estado español como «país de inmigración», se plantean, desde la crítica
feminista en antropología social y desde la mirada etnográfica, diferentes
problemáticas que nos han venido ocupando a las investigadoras: la maternidad
transnacional, la organización de los cuidados a nivel mundial, la multiplicidad de
discriminaciones que producen la categoría
«mujer inmigrante no comunitaria», el cambio en las relaciones o sistemas de género
desen- cadenado por las migraciones y, por último, los vínculos entre inmigración,
desigualdades de género y diferencia cultural. Estas problemáticas se presentan
utilizando la categoría
«tensión conceptual» planteada por Maquieira (2008), que se basa en la propuesta de
Del Valle (2005) de recuperar el potencial de la tensión en la comprensión del cambio
social desde la perspectiva feminista en antropología social.
Palabras clave: maternidad transnacional; cuidados; mujer inmigrante; cambio social;
dife- rencia cultural; raza; etnicidad.
Abstract. Conceptual tensions in the ‘gender-migration’ relation: Reflections from ethnography
and feminist criticism
Based on a critical review of current literature on gender and migration in the context
of Spain as “a country of immigration”, feminist criticism in social anthropology and
ethnog- raphy has identified several problematic issues. The main issues of concern to
researchers are transnational maternity; the organization of care; multiple processes of
exclusion produced by the “non-EU immigrant women” category; changes in gender
systems or gender rela- tions produced by migration processes; and finally the links
between immigration, gender inequalities and cultural differences. In this paper we
analyse in depth the issues of most interest to researchers in order to stimulate new
discussions by identifying the ‘conceptual tensions’ that are believed to lie beneath each
of these research questions. Our approach is based on Virginia Maquieira’s definition of
‘conceptual tension’ as tensions triggered by
570 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
social events that change how subjects are perceived and their potential power to
change and reproduce an existing social order. In addition, we include the creative
aspect of this conceptual tension, which refers to opposed forces promoting outcomes
regarding social forces generated by diverse groups.
Keywords: transnational maternity; care; immigrant women; social change; cultural
dif- ference; race; ethnicity.
Sumario
La maternidad transnacional El cambio, ¿la mayor o menor igualdad
¿hecho esencial o político? en las relaciones de género?
Las cadenas mundiales de afecto Los símbolos demarcadores de la
y asistencia ¿explotación de las diferencia cultural. ¿Víctimas o
mujeres por parte de otras mujeres agentes de la cultura y de las religiones
o la politización de los cuidados? patriarcales?
La múltiple discriminación de las «mujeres Reflexiones finales
inmigrantes» ¿víctimas o agentes?
Referencias bibliográficas
La producción teórica sobre cuestiones de género e inmigración, aunque
reciente, se nos muestra muy prolija, tanto que, como he señalado en otro lugar
(Gregorio Gil, 2009a), podemos hablar de la configuración de un
«campo» de estudios, el de «género y migraciones», título con el que se
vienen pre- sentando cursos, jornadas, monografías conferencias y
simposios nacionales e internacionales. Sin duda, ello es fruto de la
relevancia que han ido toman- do los estudios de género y feministas en la
academia y de la incidencia del
«movimiento amplio de mujeres» a nivel global1. Las categorías de
análisis propuestas desde enfoques feministas para restituir la agencia de las
mujeres y el hecho de que ellas engrosan las filas de ciudadanas del mundo
que atraviesan fronteras —materiales y simbólicas— cada vez mas
fortificadas, sin duda, está contribuyendo al desmantelamiento de las
representaciones de las migraciones internacionales como un asunto de
hombres, «de los trabajadores inmigrantes y sus familias».
La conjunción de estos dos asuntos —las relaciones de género y las migra-
ciones internacionales— ha ido tomando una creciente relevancia política
y social, como vienen reflejando informes de organismos internacionales
que se centran específicamente en estas problemáticas. Ya no nos sorprende
que, en las últimas tres décadas, se venga hablando de la feminización de los
movimientos migratorios internacionales a nivel mundial para llamar la
atención sobre el aumento de la participación de las mujeres en éstos, ni
que problemas como
1. Virginia Maquieira (1995: 268-69) plantea la categoría «movimiento amplio de
mujeres» como nuevo espacio teórico y práctico, para referirse, siguiendo a Vargas
(1991: 195), a un movimiento cuya presencia, junto con la de otros movimientos
sociales, resquebraja viejos paradigmas de la acción política y de las ciencias sociales,
poniendo en cuestión la centralidad discursiva y política del sujeto unificado mujer.
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 571
migraciones
la violencia de género y el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual,
lamentablemente, hayan tomado un lugar prioritario en las agendas de las
orga- nizaciones de defensa de los derechos humanos de las mujeres
inmigrantes2.
En el contexto español, aparecen los primeros trabajos de
investigación sobre inmigración en la década de 1990 coincidiendo con la
llegada de pobla- ción inmigrante no comunitaria y la configuración de este
asunto como «pro- blema», un problema sociopolítico, al mismo tiempo que
área de investigación. Fue al comienzo de esta década cuando inicié mi
investigación de tesis doctoral tratando de buscar las conexiones entre
género y migración internacional. En este momento, los trabajos sobre la
materia eran inexistentes, lo que me llevó a rastrear en la literatura producida
fuera de nuestras fronteras. Como resultado, encontré algunas compilaciones
de la década de 1980 muy sugerentes, como las de Simon y Brettell (1986),
International Migration. The Female Experiencia, o la de Faccett, Khoo y
Smith (1984), Women in the cities of Asia. Migration and Urban
adaptation, o el número especial de 1984 de International Migra- tion
Review, titulado «Women and Migration». De esta época, es también el
trabajo de Mirjana Morokvasic de 1984, Birds of Passage are also Women,
quien, tomando el título del ya clásico trabajo de Piore (1979), Birds of
passa- ge, enfatizará —«are also women»— en la participación de las
mujeres en las migraciones internacionales3. Estos trabajos parten del
enfoque que llamé «de la mujer» (Gregorio Gil, 1996), en tanto proponen
visibilizar la experiencia y las particularidades de las migraciones
femeninas, con la intención de lle- nar el vacío de una mirada
androcéntrica que considera al hombre como el único protagonista. Junto
a estos trabajos, y en mi búsqueda de propuestas de análisis que articulasen
diferentes categorías de diferenciación social —clase, raza, etnicidad,
género—, llegué, de la mano de Susana Narotzky, entonces mi profesora
de Antropología del Trabajo en la Universidad Autónoma de Madrid, a
conocer el texto de la socióloga inglesa Phizacklea (1983) One way ticket:
Migration and female Labour4. En esta publicación, Phizacklea, desde un
enfoque marxista y económico-político, otorgará centralidad a la articula-
ción de las categorías de género, clase y etnicidad en el análisis de la
inmigra- ción femenina. Junto a estos trabajos, el texto de revisión teórica
de Michael Kearny (1986), From the invisible hand to the visible feet
anthropology studies
2. Sirvan como ejemplos el Informe del Estado de la Población Mundial, publicado por
United Nations Population Fund (UNFPA), del año 2006, que llevó por título Hacia la
esperanza: Las mujeres y la migración internacional, o el que elaboró Amnistía
Internacional para el caso español en noviembre de 2007: Más riesgos y menos protección.
Mujeres inmigrantes en España frente a la violencia de género.
3. Véase el estado de la cuestión expuesto en mi tesis doctoral (Gregorio Gil, 1996: 9-
50), donde cito estos trabajos pioneros.
4. Tuve la enorme fortuna que Annie Phizacklea fuese mi guía académica en la estancia
de investigación que realicé en la Universidad de Warwick en el año 1992. Allí no sólo
tuve la oportunidad de conocerla personalmente, sino también de acceder a muchos de sus
trabajos, que fueron muy relevantes para mis investigaciones en ese momento
(Phizacklea, 1982, 1983, 1988a, 1988b, 1990; Phizacklea y Miles, 1980; Phizacklea y
572 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
Wolkowitz, 1992, en
Gregorio Gil, 1996, 1998).
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 573
migraciones
on migration and development, y la etnografía de Grasmuck y Pessar
(1991), Between Two Islands, recomendados por mi director de tesis Carlos
Giménez, harán que mi mirada empiece a ver de forma más clara las
aportaciones desde la antropología social y la etnografía al campo de las
migraciones desde una perspectiva feminista. Por un lado, Kearny (1986)
planteará, con su modelo articulacionista, la necesidad de realizar estudios
microsociales, contextualiza- dos en el marco de las relaciones económico-
políticas e históricas, que traten de superar el economicismo existente, con
ello permite la articulación entre lo macro (estructuras económicas, histórico-
políticas) y lo micro (los significados y la acción de los sujetos)5. Por su
parte, el trabajo etnográfico de Grasmuck y Pessar (1991), realizado entre la
República Dominicana y los Estados Unidos de América, hará que me
plantee, en mi trabajo de campo, la necesidad de incorporar diferentes
contextos de observación, la posteriormente denominada
«multilocalidad» por Marcus (2001), como forma de seguir
empíricamente el hilo conductor de procesos culturales en el contexto del
sistema mundo, al incorporar la circulación de objetos, significados e
identidades culturales.
Kearny (1986), con su teoría de la articulación, nos propondrá, como
cate- gorías analíticas, el grupo doméstico y la red migratoria, pero será la
crítica feminista operada sobre éstas la que ponga en el centro las categorías
de género y parentesco como principios de organización social en la
comprensión de las causas y el impacto de las migraciones (Gregorio Gil,
1997, 1998). Gemma Aubarell (2000), en el trabajo de revisión que lleva a
cabo sobre más de cien obras escritas en la década de 1990, titulado Una
propuesta de recorrido biblio- gráfico por las migraciones femeninas en España,
destacará la relevancia que toman «las redes» y «las estrategias familiares» en
la consideración del papel protagonista de las mujeres en las migraciones. A
juicio de la autora, ello será posible «[…] gracias, por una parte, a
entender la importancia de las redes y las estrategias familiares en las
migraciones y, por otra, como consecuencia de considerar el papel de la
mujer inmigrante como población activa» (2000: 393). La difusión del
trabajo de Kearny (1986) junto a otros como el de Portes y Böröcz (1992),
que aparecerá en el primer monográfico publicado en castella- no sobre
migraciones en la revista Alfoz, titulado «Inmigrantes bajo sospecha», sin
duda, ejercerá una importante influencia en las personas estudiosas de las
migraciones, que no dudaremos en incorporar las ideas de estos autores acerca
de que «[…] la migración laboral debería ser conceptualizada como un
proceso de progresiva construcción de redes» (1992: 25). Concepto que será
redefini- do posteriormente a la luz de la llamada «perspectiva
transnacional»6. Serán
5. Para un análisis crítico de las teorías dominantes de las migraciones —dependencia,
moder- nización y articulación—, así como las críticas y aportaciones feministas hasta la
década de 1990, véase Gregorio Gil (1997, 1998).
6. Perspectiva que, a partir de finales de la década de 1990, es incorporada en la mayor parte
de los trabajos sobre migraciones internacionales. Desde esta perspectiva, cualquier
dimensión cobrará la cualidad de transnacional: la familia, la comunidad, las redes, las
organizaciones sociales y políticas o los agentes de desarrollo. Tal es así que, incluso entre
574 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
sus seguidoras, se nos advertirá acerca de que, con su adopción generalizada «corre el
peligro de morir de
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 575
migraciones
las antropólogas Linda Basch, Nina Glick Schiller y Cristina Szanton
Blanc, en su libro Nations unbound: Transnational projects, postcolonial
pedicaments and deterritorialized Nation-States, las que incorporen el
concepto de red en la propia definición de transnacionalismo, al aludir a él
«como el proceso por medio del cual los inmigrantes forjan y mantienen
relaciones multitrenzadas que encadenan sus sociedades de origen y
asentamiento» (Bach et al., 1994, en Gregorio Gil, 1996: 26).
Desde los dos monográficos publicados en el Estado español sobre cuestio-
nes de género y migraciones, el de la revista Papers, en 2000, titulado
«Inmigra- ción femenina en el sur de Europa», en el que se incluye el
trabajo de Aubarell anteriormente citado, y el de la revista OFRIM, de
diciembre de 1998, es mucho lo que se ha escrito en nuestro país sobre
género y migraciones: tesis doctorales, comunicaciones en mesas de trabajo,
simposios en congresos estata- les, autonómicos o locales, monografías, libros
y artículos de revistas nacionales e internacionales. La lectura de gran parte de
estos trabajos, mi participación en tribunales de tesis doctorales y en
diferentes congresos y seminarios, así como mi práctica docente
impartiendo cursos sobre la materia, tanto en América Latina como en
diferentes comunidades autónomas del Estado español en los últimos doce
años, me ha llevado a repensar categorías y metodologías desde la
antropología social en diálogo con otras disciplinas y posicionamientos
feminis- tas. Por ello, lo que me propongo traer aquí son las problemáticas
que nos vie- nen ocupando con más ahínco a las investigadoras7, con la
intención de abrir la discusión desde las tensiones conceptuales8 que, a mi
juicio, estarían detrás de sus enunciados. Me referiré a la «maternidad
transnacional», las «cadenas mundiales de afecto y asistencia», la «múltiple
discriminación de las mujeres inmigrantes», el «cambio en las relaciones de
género» desencadenado por las migraciones y, por último, las mujeres
inmigrantes y su diferencia cultural. No es mi pretensión profundizar en cada
una de estas problemáticas, sino tratar de conjugar, a partir de una serie de
propuestas e interrogantes, avances de inves- tigación con las demandas
prácticas y políticas de los movimientos feministas y de las mujeres, en
definitiva, teoría y práctica, epistemología y política, de esta forma me
situaré en una antropología social crítica, tal como la conciben autoras
como Maquieira y Díez (1993) y Del Valle (2005).
éxito» (Suárez, 2008: 55). Desde esta perspectiva, se propondrá superar el
«nacionalismo metodológico» que incorporamos cuando fragmentamos la realidad de los
procesos migra- torios y de las personas migrantes en dos contextos: el del país de
origen y el del país de llegada.
7. Lo escribo en femenino porque somos fundamentalmente mujeres quienes nos
venimos dedicando a estos asuntos. En otro lugar, he llamado la atención sobre el
riesgo que puede constituir la configuración de un área de especialización femenina en el
marco de las estruc- turas académicas de legitimación androcéntrica en las que nos
movemos (Gregorio Gil, 2008).
8. Utilizo el concepto de «tensión conceptual» propuesto por Virginia Maquieira para referirse
a aquellas tensiones, producto de aconteceres sociales, que inciden en el modo en que se
perciben los sujetos y las posibilidades de cambiar o reproducir el orden existente (2008:
62).
576 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
La maternidad transnacional ¿hecho esencial o político?
Con el término transnacional, trabajos como los de Escrivá (2000), Goñalons et
al. (2008), Parella (2007), Parella y Cavalcanti (2007), Pedone (2006) y Suárez
(2004) nos llaman la atención sobre el ejercicio de la maternidad a
distancia de las mujeres inmigrantes que han dejado a sus hijos en el país
de origen. Estos trabajos se presentan desde la perspectiva transnacional y
tratan de mos- trarnos, mediante la descripción de las prácticas de
maternidad de las mujeres inmigrantes, la agencia de las mujeres como
constructoras de «redes», «cadenas» y/o «comunidades» transnacionales. Desde
esta perspectiva, se trata de superar las limitaciones del análisis de los procesos
desencadenados por las migraciones circunscritos en los límites del territorio
nacional, sea los del país de origen o los del país de destino, y se hace uso
de la categoría de género como forma de visibilizar y restituir a las mujeres
su agencia en la construcción de «vida trans- nacional». Desde esta
perspectiva, el ejercicio de la maternidad viene a llenar el vacío que dejan
los trabajos que otorgan el protagonismo en la producción de vida
transnacional a aquellas actividades concebidas como mayoritariamente
masculinas, como son la participación en asociaciones o agrupaciones «políticas»9
o la circulación de remesas en el marco de proyectos empresariales10, en los
que la participación de las mujeres no siempre es registrada en términos
numéricos y, en caso de existir, lo es de forma minoritaria, casi anecdótica.
Las conclusiones a las que llegan trabajos como el de Goñalons et al.
(2008), «Las aportaciones y los retos de la perspectiva transnacional: Una
lec- tura de género», en el que se proponen realizar una lectura de género a
partir de la revisión de diferentes trabajos, me llevan a plantear la necesidad de
revisar nuestras categorías. En concreto, acerca de lo que estamos
entendiendo por prácticas de «carácter político y económico» y su
contraparte de prácticas vin- culadas a «familia y hogar», en las que se sitúa
la «maternidad transnacional». Así, los autores concluyen en su trabajo:
Varias investigaciones, como las que hemos mencionado, muestran un resul-
tado que se va repitiendo y que diferencia claramente las prácticas
transnacio- nales de hombres y mujeres. Por un lado, los hombres se
centran más en acti- vidades transnacionales de carácter político y
económico11, que, de hecho, están prácticamente dominadas por ellos. Por
ejemplo la investigación de Goldring (2001) muestra cómo las organizaciones
que realizan prácticas transnacionales están dominadas prácticamente por
hombres. Por otro lado, las mujeres se centran más en actividades
relacionadas con la sociedad de destino y las prác- ticas transnacionales que
desarrollan se vinculan, principalmente, a la familia y el hogar. (Itzigsohn y
Giorgukki-Saucedo, 2002; Golaños et al., 2008: 15)
9. Aquellas agrupaciones que se definen como políticas por su poder para influir en el
proceso de toma de decisiones, tanto en destino como en origen.
10. Véase, por ejemplo, uno de los trabajos pioneros Capitalistas del trópico, de Portes y
Guar- nizo (1991).
11. La cursiva es mía.
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 577
migraciones
Lo que nos trae viejos debates planteados desde el feminismo acerca
del uso de ciertas categorías diferenciadoras de lo social que vendrían a
afirmar la dicotomía entre hombre y mujer. Como nos plantearon
antropólogas feminis- tas como Sacks (1979) o Siskind (1978) en sus
trabajos ya clásicos, los nexos entre familia y parentesco no pueden
desligarse de las relaciones económicas y políticas. La distinción entre lo
económico-político y lo social-familiar no viene sino a afirmar dos
dominios creados artificialmente, para legitimar la existencia de dos tipos
de personas diferentes —hombres y mujeres— confor- mados de forma
homogénea. Desde una perspectiva feminista, más que partir de la
existencia de dos categorías preexistentes a la realidad social —hombre y
mujer—, deberíamos tratar de mostrar cómo se producen estas categorías
en tanto hechos construidos no atribuibles a ningún hecho esencial o
natural. Si asumimos patrones universales y esenciales que relacionan a
todas las mujeres, en su capacidad de concebir con el ejercicio de la
maternidad, la categoría «maternidad transnacional» podría quedar
reducida, a mi juicio, en su capacidad para mostrar cómo se construyen
las desigualdades de género. En este sentido, mi propuesta se dirige hacia
la politización de esta categoría, situando la maternidad transnacional en el
entramado específico de relaciones de poder en el que se inscriben las
prácticas, los significados, las imágenes y los sentimientos, social y
culturalmente producidos, incorporando los usos políticos de la misma
desde las subjetividades y las identidades que reprodu- cen la noción
cultural hegemónica de la maternidad, pero también la resis- ten. Nuestra
atención la pondríamos, de esta forma, en aquellas prácticas y
significados maternales (o paternales) desterritorializados, en el contexto
de las relaciones de poder que entraña la condición de extranjería,
observando cómo se definen y se redefinen identidades y subjetividades de
género, paren- tesco y sexualidad. Quizás esto nos ayudaría a aportar
miradas diferentes a los tan frecuentes relatos culpabilizantes y
victimizantes, o de heroicidad en su polo opuesto, que leemos en los
medios de comunicación en relación con las mujeres madres
transnacionales, pero también a cuestionarnos si, en nuestra pretensión,
epistemológicamente fundamentada, de superar el
«nacionalismo metodológico», no estaremos convirtiendo las prácticas mater-
nales en artificios metodológicos. Que todas las mujeres inmigrantes, que
han dejado hijos biológicos en su país de origen, se guían en sus prácticas
y sentimientos por el vínculo amoroso entre madre e hijo que las
convierte en transnacionales, más que un hecho dado, debería ser un
hecho a indagar. En esta dirección, es interesante el trabajo de Heike
Wagner «Maternidad transnacional y estigmatizaciones de mujeres
ecuatorianas en Madrid: Una investigación más allá de estereotipos», en el
que, además de recordarnos que no todas las madres han ejercido el papel
principal en la crianza y el cuidado de sus hijos biológicos, trata de
mostrar las múltiples formas de ser madre de las migrantes ecuatorianas
en Madrid. La autora se propone contrarrestar la imagen estereotipada
acerca de la «destrucción de la familia» que provoca el hecho de que las
mujeres madres dejen a sus hijos biológicos en el país de origen y centra
578 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
su análisis en la renegociación de los roles de género de estas
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 579
migraciones
mujeres, en su cuestionamiento de la restricción de un «ser-para-otros» y un
«ser-a través-de otros» (Wagner, 2007).
Es pertinente recordar aquí los esfuerzos de la etnografía feminista por
tra- tar de desencializar el supuesto vínculo universal entre madre e hijo,
mostrando las múltiples formas en las que se expresan las prácticas
maternales y el amor maternal, amor que, por ejemplo, Nancy Scheper-
Hughes, en un contexto de extrema pobreza en el nordeste de Brasil,
propondrá colocar entre paréntesis y añadirle la acepción de «amor
alterno» (1997: 329).
Las cadenas mundiales de afecto y asistencia ¿explotación de las mujeres
por parte de otras mujeres o la politización de los cuidados?
Diferentes autoras se han propuesto, en sus investigaciones, evidenciar las des-
igualdades entre las mujeres partiendo del concepto utilizado por Hochschild
de «cadenas mundiales de afecto y asistencia», para referirse a «una serie
de vínculos personales entre gente de todo el mundo, basadas en una labor
remu- nerada o no remunerada de asistencia» (2001: 188). Inspirada en el
trabajo de Pierrete Hondagneu-Sotelo y Ernestine Avila (1997), realizado
mediante entrevistas a mujeres latinas trabajadoras domésticas en Los
Ángeles, Hochs- child dirá que:
[…] estas cadenas, muchas veces conectan tres series de cuidadoras: una
se encarga de los hijos de la emigrantes en el país de origen, otra cuida de los
hijos de la mujer que cuida de los hijos de la emigrante, y una tercera, la
madre, emigrante, cuida de los hijos de las profesionales en el Primer
Mundo. Las mujeres más pobres crían a los hijos de las mujeres más
acomodadas, mientras mujeres todavía más pobres —o más viejas, o más
rurales— cuidan de sus hijos. (2001: 195)
Este asunto no pasó desapercibido en mi trabajo etnográfico. Madres,
sue- gras, hermanas, otras parientes, trabajadoras domésticas y las
denominadas des- pectivamente «chopas»12 conforman eslabones de la
«cadena de reproducción social» de los hogares de las migrantes
trabajadoras en el servicio doméstico procedentes del suroeste de
República Dominicana y de los hogares de clase media en Madrid
(Gregorio Gil, 1996, 1998). Sin bien Hochschild, a partir de la
identificación de estas cadenas, llamará la atención sobre la «plusvalía del
afecto», de la que se beneficiaría el hijo ajeno y su madre en tanto
empleadora de una mujer inmigrante, con lo cual lleva el viejo debate en el
seno del femi- nismo acerca de la necesidad de tomar conciencia de la
explotación que infligen algunas mujeres a sus «hermanas» y se presenta,
además, esta cuestión de las jerarquías entre las mujeres como un asunto
característico de la globalización de finales del siglo XX y principios del XXI.
Como mostró Badinter en su trabajo de 1981 sobre la historia del amor
maternal en las sociedades estratificadas,
12. Mujeres muy pobres que realizan trabajos domésticos por los que reciben bienes
básicos para su subsistencia, como cobijo, comida, ropa y agua potable.
580 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
las mujeres más pobres siempre se han dedicado a la crianza de la prole de las
clases más pudientes. Aunque, sin duda, lo que sí se nos muestra diferente
es que las trabajadoras tengan que desplazarse miles de kilómetros de sus
hogares para cuidar a otros y pierdan con ello sus derechos como
ciudadanas.
Algunas autoras como Pilar Rodríguez (2002), en sus trabajos, han
llamado la atención sobre las relaciones de poder que deberíamos observar
entre mujeres a partir del hecho de que otras de ellas, las inmigrantes,
realizan las tareas de las españolas que se incorporan al mercado de trabajo.
La autora nos pregunta:
¿Se podría decir que a las europeas blancas de clase media nos interesa que
per- manezca el actual estado de cosas que impide que otras mujeres puedan
llegar a tener los mismos derechos que nosotras? ¿Qué pasaría si no hubiera
mujeres migrantes que se dedicaran a desarrollar las tareas domésticas?
¿Lucharían todas las mujeres europeas contra sus esposos hasta conseguir un
reparto equitativo de las tareas o se acentuaría el proceso de la vuelta al
hogar de empresarias y profesionales que se inició hace años? (2002: 272)
Aun estando de acuerdo con la necesidad de complejizar el concepto
de género que subyace a los planteamientos de esta autora desde sus
articulacio- nes con otras categorías de diferenciación social —clase,
extranjería, relación poscolonial— que superen la identidad esencial «mujer»,
considero, sin embar- go, una vez más, que deberíamos superar las
categorías homogeneizadoras y desalentadoras en términos políticos de
«mujeres profesionales del Primer Mundo» contra el de «mujeres
inmigrantes procedentes del Tercer Mundo»,
«europeas blancas» contra «inmigrantes negras o de color». Desde mi punto
de vista, no deberíamos analizar esta cuestión al margen de las relaciones
his- tóricas económico-políticas de producción, ni de las dimensiones
subjetivas e identitarias. Situar el problema en el supuesto conflicto entre
mujeres hace un flaco favor a la empresa feminista, que, sin dejar de
denunciar la geografía del poder de la globalización y el régimen de
fronteras del «Primer Mundo» de «Europa», viene denunciando el
régimen económico y político que invi- sibiliza e infravalora el trabajo
«reproductivo» en el contexto actual de «crisis de cuidados»13. Por ello, a
mi modo de ver, es urgente politizar los cuidados sacándolos del espacio
«privado» del hogar y de su contenido naturalizado en su asociación con lo
femenino, para situarlos en el centro de procesos políticos e históricos que
construyen cuerpos generizados, sexualizados, racializados, etnizados y
desterritorializados en su relación con el cuidado (Gregorio Gil, 2009b),
tratando de evitar, con ello, la definición de las mujeres como seres
afectivos y asistenciales desde la asunción de su presunta relación con la pro-
creación y la crianza.
Necesitamos comprender los cuidados en todas sus dimensiones —
emocio- nales, corporales, sociales, económicas, políticas y éticas— como eje
de nuestra
13. Ver el apartado especial «La crisis de los cuidados» del periódico Diagonal, del 3 al 16
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 581
migraciones
de marzo de 2005, p. 12-13, y los trabajos de precarias a la deriva en la web de La
Eskalera Karakola ([Link]
582 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
existencia en el sentido de «sostenibilidad de la vida» planteado por Carrasco
(1991), tratando de comprender situacionalmente sus propias lógicas de
jerar- quización y tramas de significación. La naturalización de los cuidados
a partir del supuesto sentimiento de «amor de la cuidadora», como parece
subsumir Hochschild cuando plantea que «sea lo larga que sea la cadena,
dondequiera que empiece y acabe, muchos de nosotros, si nos fijamos en un
eslabón y otro, vemos el amor de la cuidadora por el niño como una cosa
privada, individual e independiente del contexto» (2001: 189), desde mi
perspectiva, implicaría poner en el mismo plano todos los cuidados y, en
relación con ello, a las mujeres, con lo cual se opacarían las múltiples
significaciones del cuidado y el marco de las relaciones económico-políticas
en las que tendrían lugar: a quién se cuide, por qué, a cambio de qué, si es
un trabajo pagado y/o reconocido, si es a mis parientes o no, qué
expectativas y demandas genera en quien cuida o en quien es cuidado,
etc., al mismo tiempo que circunscribiría los cuidados al estrecho marco de
los principios de descendencia y afinidad (matrimonio y familia) ratificados
en las prácticas políticas y el derecho14.
La transferencia de amor al hijo ausente que ha quedado en el país de
ori- gen de la mujer inmigrante, en caso de darse, entiendo yo, no tendría
por qué darse con el hijo de la empleadora —por cierto, por qué no empleador
— como asume Hochschild (2001), además, señalar como beneficiarias de la
«plusvalía del afecto» «al hijo ajeno y su madre», a mi juicio, desvía la
atención de los procesos económico-políticos que están en la base de la
injusta división sexual del trabajo en el contexto local y transnacional.
La múltiple discriminación de las «mujeres inmigrantes»
¿víctimas o agentes?
Una parte importante de los trabajos a los que he accedido han puesto su aten-
ción en las «mujeres inmigrantes no comunitarias», de las cuales han mostrado
su posición de desventaja o desigualdad, al tratar de desvelar las
diferentes dimensiones o ejes de discriminación15. Discriminación doble,
como mujer e inmigrante (o extranjera), triple, por su pertenencia a una
etnia, clase y géne- ro, de tal forma que ya es común escuchar como frase
construida «la triple discriminación de las mujeres inmigrantes». Estos
trabajos se han centrado en mostrar la realidad de las mujeres inmigrantes
como trabajadoras del sector servicio doméstico16. Quizás, como ha
señalado Daniele Provansal:
14. Para una crítica acerca de cómo el conocimiento antropológico ha reducido el estudio
de las formas de cuidar y de ser cuidado, véase Bonerman (1997).
15. Concepto utilizado para hacer referencia a diferentes dimensiones estructurales —clase,
etnia, género y raza— que sitúan a las personas en posiciones de desigualdad en el
mercado laboral, por ejemplo, en Parella (2005), o en el acceso a los recursos en un
sentido amplio, por ejemplo, en Solé y Flaquer (2005).
16. Véanse, entre otros, los trabajos de Escrivá (1999, 2000), Herranz (1999), Ioé (2001), Oso
(1998) y Parella (2005).
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 583
migraciones
El hecho de que los sectores en que trabajan mayoritariamente las
mujeres inmigrantes sean el trabajo doméstico y el cuidado de niños y
ancianos, induce lógicamente a orientar gran parte de los estudios en estos
mismos campos, lo que, en mi opinión, contribuye involuntariamente a la
naturalización científica de lo que es visto comúnmente como especialidades
femeninas. (2008: 342)17
Con la intencionalidad de poner de manifiesto las múltiples
discriminacio- nes de las «mujeres inmigrantes», encontramos otros trabajos
que se proponen mostrarnos, y con ello denunciar, la realidad de las
«mujeres inmigrantes», situándolas como víctimas de la violencia de
género, de la trata de personas con fines de explotación sexual, de la
prostitución o, desde las desventajas para conciliar la vida familiar y laboral,
ejercer la maternidad o acceder a los servicios de salud sexual reproductiva o
a los servicios públicos en un sentido amplio.
La tensión conceptual en el abordaje de estas problemáticas la
encuentro en el lugar que se le otorgará a estas mujeres en el entramado de
relaciones de desigualdad, bien como víctimas, bien como agentes. Ha sido
en los debates sobre prostitución en el espacio de construcción de la agenda
feminista donde este asunto se ha mostrado de la forma más extrema y
apasionada entre las posturas abolicionista y regulacionista. Desde el
abolicionismo, se considera la prostitución como producto de la
subordinación del sexo femenino por parte de los varones («pacto
patriarcal»), y a las mujeres «prostituidas», víctimas de esta realidad, con el
añadido, en el caso de la situación de inmigración, de la coacción y
explotación de las redes internacionales de tráfico y trata de per- sonas.
Por todo ello, la abolición de la prostitución se conforma, para autoras
como Rosa Cobo, como «criterio normativo» en la tradición intelectual
femi- nista (Cobo, 2006: 1). Desde la postura regulacionista, se ofrece una
visión más heterogénea y compleja del mercado del sexo, en donde no sólo
son mujeres las que se insertan en él, con lo cual se dejaría la puerta abierta
a la posibilidad de trabajar de forma elegida en este sector (Agustin, 2000;
Osborne, 2003) y se observarían las posibilidades de negociación de las
mujeres en el intercambio de sexo por dinero con los clientes (Juliano,
2002).
Desde mi punto de vista, la denuncia de las relaciones de poder que
pro- ducen las diferenciaciones —género, clase, extranjería, etnicidad, raza,
sexua- lidad— que nos llevan a construir la categoría «mujer(es)
inmigrante(s)», no tendría por qué llevarnos a asignar pasividad a quienes
están en esa posición de subalteridad y, mucho menos, colocarnos en una
relación con ellas (ma)pater- nalista. Autoras como Dolores Juliano (1992,
1994, 1998) tratan de llamarnos la atención al respecto con títulos tan
elocuentes como el de «Pobres mujeres o mujeres pobres», mediante el que
nos interpelan sobre la mirada victimizadora o compasiva («pobres mujeres»)
que dirigimos hacia las «mujeres pobres» o el título de Las que saben,
mediante el que trata de mostrarnos las estrategias de
17. La autora, huyendo de esta «naturalización científica», orienta su investigación sobre las
584 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
mujeres inmigrantes en aquellas actividades en las que son minoritarias, en concreto
el comercio y el empresariado artesanal (Provansal y Miquel, 2005).
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 585
migraciones
las mujeres, su sabiduría y astucia para enfrentarse al poder y a las relaciones
de dominación. En esta dirección, situaría mis últimos proyectos de
investi- gación18, en los que nos hemos propuesto observar las prácticas
cotidianas de las «mujeres inmigrantes», entendidas como prácticas
políticas, bien sea por su poder cuestionador de las representaciones
hegemónicas, de la propia cate- goría «mujer inmigrante» (Gregorio et al.,
2010), bien sea por su capacidad de agencia y autoorganización desde y
contra las posiciones de subalteridad en las que son situadas (Gregorio y
Arribas, 2008), con lo cual contribuyen a la necesaria redefinición del
concepto de ciudadanía.
El cambio, ¿la mayor o menor igualdad en las relaciones de género?
Uno de los asuntos que más parece llamar nuestra atención es la indagación
sobre el cambio en las relaciones de género como consecuencia de la
inmi- gración. Las migraciones internacionales, se argumentará,
constituyen un hecho social total que no sólo impacta en las estructuras
económicas, sociales y políticas a nivel global y local, sino que también
debe afectar a las vidas de quienes las acometen. En este sentido, se han
concebido las migraciones transnacionales como facilitadoras de cambios
dirigidos a una mayor igualdad en las estructuras de género de las
sociedades de origen19, al tiempo que se han tratado de observar los
cambios —en términos de ganancias u oportuni- dades, pero también de
pérdidas o desventajas— en el estatus de las mujeres inmigrantes en sus
posiciones de género. Autoras como Marcela Tapia, en su trabajo sobre
relaciones de género entre inmigrantes de origen boliviano en Madrid,
nos advierte:
[…] la emigración abriga al menos la potencialidad de ser un factor de
cambio en las relaciones de género, en la medida en que puede modificar la
estructura de oportunidades existente en un momento dado, pero el
sentido del cam- bio no debe presuponerse, como tampoco su ocurrencia
(Ariza, 2000: 200). (Tapia, 2010: 90)
Las conclusiones a las que llegan los trabajos son tan dispares como
los contextos en donde se han llevado a cabo las investigaciones y las
experiencias particulares de las mujeres. Incluso, desde un punto de vista
metodológico, podríamos decir que las conclusiones son precipitadas por el
corto período de tiempo en el que pretendemos observar cambios estables
en los «sistemas de
18. El proyecto de investigación Etnografiando prácticas de resistencia: Escenarios, eventos y
narrativas en la construcción de la ciudadanía, financiado por el Plan Nacional I+D+I del
Ministerio de Educación y Ciencia, y los realizados en los últimos tres años para la
Direc- ción General de Coordinación de Políticas Migratorias de la Junta de Andalucía,
titulados Representaciones de las mujeres inmigrantes como sujetos de acción política y Análisis de
buenas prácticas participativas e inmigración desde la perspectiva de género.
19. Desde la perspectiva transnacional, se vienen incluyendo estos cambios dentro de las
deno- minadas «remesas sociales». Ver, por ejemplo, Parella y Calvanti (2007), Rivas y
Gonzálvez (2009) y Tapia, Gonzálvez y Nubia (2009).
586 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
género» y en las identidades de género. Las pérdidas y las ganancias se ponen
en una balanza que parece bascular inclinándose hacia las ganancias,
como probaría, para algunas autoras, el hecho de que las migrantes se
resistan más que sus compañeros a invertir en proyectos económicos en
sus sociedades de origen o a retornar (Escrivá, 1999; Saucedo e Itzigsohn,
2006). Otras autoras terminan encontrando la raíz en el «sistema de género
previo a la inmigración», que parece permanecer e impedir cambios
profundos. Así, por ejemplo, Ramí- rez (1998), en su trabajo, concluye que
la base del modelo de relaciones de género que prescribe la ideología
islámica no parece cambiar, a pesar de que las acciones cotidianas de las
mujeres nos parecen decir que sí, y ello es posible que se deba a la posición
de dependencia simbólica en la que se sitúan las mujeres en relación con el
hombre. Incluso las vidas de mujeres con trayectorias simi- lares, en lo
relativo a su inmersión en supuestos sistemas de género, clase o
procedencia idénticos, se nos muestran en sus contradicciones y
ambigüedades, lo cual cortocircuita cualquier esquema más o menos lineal
del cambio, como muestra el trabajo de Gregorio (1996, 1998) para las
mujeres originarias de la región suroeste de la República Dominicana que
emigraron a la Comunidad de Madrid a comienzos de la década de 1990.
Encontrar tendencias generales acerca de una mayor independencia y
autonomía de las mujeres que provienen de un mismo país o de un
supues- to «sistema de género» común constituye probablemente más un
deseo de quienes investigamos forzados por nuestras propias categorías,
interrogantes y métodos, que una realidad. Sin negar la relevancia que el
hecho migrato- rio tiene en las historias de mujeres particulares
enmarcadas en un contexto de relaciones sociales específicas, considero que
deberíamos replantearnos la formulación de nuestras preguntas tratando de
superar el etnocentrismo y la linealidad con la que, a mi juicio, se viene
formulando esta cuestión. Los diferentes acercamientos muestran que las
realidades, experiencias y subje- tividades de las mujeres son complejas,
cambiantes y difíciles de apresar en nuestras categorías
homogeneizadoras de las «mujeres de la cultura X o del país de origen X»,
aun tomando en consideración otras variables que se vienen a añadir al
«género», como la clase social, la procedencia rural o urbana, el momento
migratorio, el estado civil, la edad, el tipo de familia antes y después de
emigrar, etc., chocaremos una y otra vez con realidades cambiantes y con
las múltiples significaciones que las mujeres otorgan a hechos a los
cuales, como investigadoras, en nuestra definición de «sistema de
género», damos un único significado: la gestión del dinero, las tareas
domésticas, el trabajo fuera del hogar, el cuerpo, la sexualidad, la familia,
el cuidado, el amor, la maternidad, etc., etc.
Con toda seguridad, necesitamos un mayor refinamiento en nuestros
acercamientos etnográficos. Debemos tratar de identificar desde
localizacio- nes específicas los significados que las actoras dan a sus
prácticas, así como problematizar la propia noción de «sistema de género», al
tiempo que desvelar las asunciones etnocéntricas implícitas en la concepción
del cambio a partir del hecho migratorio, lo que sin duda nos habla de la
dificultad que tenemos para
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 587
migraciones
desterrar nuestras categorías dicotómicas entre público y privado, mercado
y hogar, hombre y mujer a la hora de entender los procesos de cambio.
Juego de espejos, en el que la etnografía está inmersa, que nos devuelve
una y otra vez nuestra imagen, con lo que terminamos por conocer más de
nosotros mismos que de los demás. Por ello, quizás podríamos
preguntarnos: ¿Por qué nos preocupa el cambio de «las mujeres inmigrantes»
y de las relaciones de género en sus sociedades de origen? ¿No será que
seguimos viendo a las mujeres inmi- grantes como esas «otras» procedentes de
«sociedades tradicionales» y pensamos que nuestras «sociedades occidentales»
pueden ser el motor de cambio de sus realidades de opresión? ¿No sería más
fructífero reflexionar sobre nuestras pro- pias lentes para tratar de romper las
representaciones de las «otras», bien como víctimas de sus sociedades
patriarcales, o bien como heroínas que rompen con sus realidades de
opresión?
Los símbolos demarcadores de la diferencia cultural.
¿Víctimas o agentes de la cultura y de las religiones patriarcales?
Por último, me referiré a una de las tensiones conceptuales que subyace tras
el debate político sobre la regulación del uso de símbolos religiosos en el
espacio público, que viene emergiendo en el contexto del Estado español
fundamen- talmente con el traído y llevado velo20.
En relación con este asunto, en primer lugar, quiero plantear aquí la
nece- sidad de seguir interrogándonos acerca de la vinculación
naturalizada entre inmigración y diversidad cultural. Puesto que, si bien el
debate sobre la inter- culturalidad emerge con fuerza con la llegada de
población inmigrante no comunitaria y la construcción de un «otro»
diferente a un «nosotros», ello no obedece sino a un concepto altamente
restrictivo de cultura que hace recaer la diferencia del «otro» en su origen
nacional. Como hemos dicho en otro lugar, esta noción restrictiva
[…] consigue borrar las heterogeneidades, las asimetrías y las tensiones
que articulan la dinámica social y política del lugar de «origen» —por
ejemplo, en términos de clase social, de género, de movimientos
ideológico-políticos, e incluso propiamente étnicos; al mismo tiempo que
las reelaboraciones, nego- ciaciones y sobre todo las transformaciones surgidas
del juego de las contradic- ciones y de las interacciones entre los sujetos
diversos en diversos escenarios de la vida. (Gregorio y Franzé, 1999: 171-
72)
En este sentido, voces críticas desde la antropología social tratamos de
llamar la atención sobre los riesgos de esencializar la cultura en contextos
de jerarquización y de diferenciación de la ciudadanía (Delgado, 2004;
Maquieira, Gutiérrez y Gregorio, 2000; Stolcke, 1995; Wright, 1998) y del
peligro de
20. El debate se ha venido dando a partir de casos muy puntuales acontecidos en colegios
públi- cos o concertados en los que alguna niña ha asistido a la escuela con hijab y la
dirección del centro ha prohibido su uso.
588 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
adoptar un discurso explicativo de la exclusión que haga recaer en la diferencia
cultural el supuesto problema de integración de la población inmigrante21.
Desde una noción de cultura, entendida como proceso dinámico y
conflic- tivo de construcción de significados, no podemos sino negarnos a
asumir los argumentos utilizados para justificar la prohibición de ciertas
prácticas sociales, que alegan a la relación de sumisión y opresión que las
mujeres mantienen con su cultura, o según se mire su religión. Como he
planteado en otro lugar:
[…] la tendencia a sustancializar la diferencia cultural reclama, desde un
enfo- que crítico, un análisis más profundo que se nutra de datos
contextuales e históricos y observe la cultura como entramado de
prácticas sociales, atra- vesadas por el poder, dentro de las cuales las
mujeres no sean representadas como colectivo mudo unitario y
homogéneo, sino como actoras sociales que
«asumen, negocian redefinen, cuestionan y seleccionan los rasgos de diferen-
ciación frente a otros grupos» (Maquieira, 1998: 183). (Gregorio, 2004:
13)
Las representaciones sociales que sostienen la categoría de mujeres
inmi- grantes naturalizan su existencia, con lo cual desposeen a las mujeres
de voz propia como sujetos históricos y particulares. Es necesario que nos
interro- guemos permanentemente sobre las relaciones de poder que están
detrás de la construcción de significados, sobre «¿quién crea cultura, qué
cultura y para qué fines?» en aquellas situaciones en las que la cultura
deviene en discurso legitimador de la diferencia, cómo nos plantea
Virginia Maquieira siguiendo a Willians (1991) (Maquiera, 1998: 200). O,
dicho de otra manera, que tra- temos de «politizar la cultura» (Wrigth,
1998), de desvelar el uso hegemónico de esta noción cuando se nos
presenta como un objeto coherente, sistemático y consensuado más allá de
la acción humana.
Reflexiones finales
Desde el inicio de la década de 1990 hasta la actualidad, la producción cien-
tífica sobre cuestiones migratorias ha sido inmensa por parte de un
abanico de disciplinas. En el caso de la disciplina socio-antropológica, su
entrada en escena se ha debido fundamentalmente al lugar que ocupa en el
campo de las ciencias sociales en la teorización sobre la diversidad cultural.
Con la llegada de
«población inmigrante no comunitaria» al territorio español, la asunción de la
existencia de un «Nosotros» y un «Otros» se erigirá en frontera
diferenciadora hacia el «otro», el «inmigrante», un «Otro» que será
culturizado y, como conse- cuencia, vendrá justificada la necesidad de
conocerlo (investigarlo)22. Por ello,
21. Véase el trabajo de Franzé, Casellas y Gregorio (1999), en el que se pone el acento en
la necesidad de interrogarnos sobre cuál es el hecho diferencial que impulsa la creación de
pro- gramas específicos de atención a la población inmigrante o de quién proviene esta
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 589
migraciones
demanda y qué fundamentos teóricos e ideológicos la sustentan.
22. Para un análisis crítico de los procesos de construcción cultural del otro desde las
instancias públicas que intervienen en asuntos migratorios, véase Gregorio y Franzé
(1999).
590 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
no sorprende que la demanda institucional hacia la antropología social se haya
concretado en asuntos relacionados con la llamada «mediación intercultural» o
en la gestión de la diversidad cultural en diferentes ámbitos: salud,
educación, vivienda, violencia, servicios sociales, asociacionismo, mujer23.
Aunque la amplia producción científica por parte de las ciencias sociales
en esta materia es algo de lo que sin duda nos debemos congratular, si bien,
estan- do de acuerdo con Enrique Santamaría, observamos una «desatención
episte- mológica rampante» (2008: 8). La ausencia de reflexión teórica y
metodológica con la que se construyen los problemas asumiendo no pocas
presunciones y verdades categóricas, así como la carencia de datos
etnográficos contextualiza- dos, lamentablemente no es algo infrecuente.
Como apunta Danielle Provansal al referirse específicamente a la excesiva
generalización que encontramos en los trabajos sobre mujeres migrantes:
A pesar de que algunos trabajos hacen hincapié en su papel de actoras
sociales y en su capacidad de emprender iniciativas, estas afirmaciones no
se apoyan siempre en ilustraciones convincentes, sino en pinceladas que
revelan un déficit de trabajo de campo. (2008: 342)
De esta forma, es común que muchos de los trabajos terminen
realizando descripciones con propósitos de generalización de determinadas
características culturales de grupos concretos definidos por su origen
nacional (peruanas, marroquíes, colombianas, rusas, etc.) en localidades
concretas (Madrid, Huel- va, Barcelona, Totana, El Ejido, etc.). Las
categorías emic en los trabajos, salvo contadas excepciones,
lamentablemente brillan por su ausencia en las investi- gaciones, al ser
engullidas por la necesidad de generalizar que parece presidir nuestras
conclusiones —«la mayoría piensa», «las pautas reproductivas de las
mujeres peruanas», «las mujeres extranjeras en el servicio doméstico», etc.
—, en un campo de estudios que surge aparejado a la demanda de las
instituciones públicas y en disputa por parte de diferentes disciplinas.
Es por ello que considero urgente restituir el valor de la etnografía en
su capacidad para mostrar de forma contextualizada los procesos
mediante los que se producen las diferenciaciones, así como la multiplicidad
de significados de las prácticas sociales, aun siendo consciente de que es una
metodología de acercamiento que no responde casi nunca a las demandas
institucionales de las que depende, en definitiva, la financiación de nuestras
investigaciones.
23. Yo misma, como antropóloga social, tuve la experiencia de dirigir, entre 1994 y 1997,
en el momento en que se comenzaban a implementar desde las instituciones públicas
planes y proyectos de integración dirigidos a la población inmigrante, dos proyectos
de intervención social para el Área de Servicios Sociales del Ayuntamiento de
Madrid: La Oficina Comunitaria Intercultural (OCI). Proyecto de Intervención social con la
población inmigrante de Aravaca-Moncloa y El Proyecto de prevención e inserción de
menores hijos de inmigrantes y otras familias de los distritos de Centro y Arganzuela, y
participar en el diseño del Plan de Integración Social para la Población Inmigrante en
el Ayuntamien- to de Parla, donde desarrollé la Investigación-acción con el colectivo
de inmigrantes del Municipio de Parla.
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 591
migraciones
Por otra parte, desde la crítica feminista, he tratado con esta
contribución de hacer una invitación a la elaboración de propuestas
conceptuales y meto- dológicas que traten de superar las dicotomías
existentes entre producción y reproducción, público y privado, hombre y
mujer, sistema de género de la sociedad de origen y sistema de género de
la sociedad receptora, pasividad y agencia, mediante las que seamos
capaces de mostrar cómo se construye el género, pero también la raza, la
etnia, el parentesco, la cultura y otras diferen- ciaciones sociales que son
asumidas desde nuestros marcos teóricos y episte- mológicos como
realidades preexistentes.
El trabajo de Sandra Ezquerra presentado en el V Congreso de
Migraciones celebrado en Valencia (España) en 2007 constituye, a mi juicio,
una aportación fructífera en este sentido, al mostrar, a partir de su
«etnografía institucional», cómo el Estado, a través de sus diferentes
políticas, trata de construir los cuer- pos de las trabajadoras filipinas como
cuerpos dóciles, sin deseos sexuales, responsables de procurar el bienestar
a su familia y, por extensión, a su país. Esta autora incorpora al Estado en
su análisis a partir de la identificación de sus prácticas de poder para
«racializar y feminizar a las trabajadoras migrantes filipinas» (2007:2). Son las
prácticas de poder, la colonialidad del poder, la que construye los cuerpos
racializados, generizados y sexualizados, no la biología o el origen nacional
(Gregorio Gil, 2009c).
También en nuestro trabajo etnográfico sobre inmigración y servicio
doméstico (Gregorio, Alcazar y Huete, 2003) nos propusimos indagar
acerca de los significados de género, raza y etnicidad mediante los que se
«produce» el servicio doméstico en el contexto actual, huyendo de la
consideración de estas categorías como realidades fijas y preexistentes
dimanadas del hecho de que los sujetos que trabajan en el servicio
doméstico sean «mujeres inmigrantes, extranjeras y de orígenes nacionales
diversos». En nuestra investigación, con- ceptualmente partimos de la
consideración del trabajo en el sector de servicio doméstico como una
producción histórica enmarcada en prácticas de poder, por lo que tratamos
de indagar en las lógicas de diferenciación y jerarqui- zación que
subyacen a lo que se nos presentaba como algo obvio y natura- lizado, a
saber, su ocupación por parte de «mujeres inmigrantes». Como la
literatura etnográfica ha dado, quizás, no tan sobrada cuenta, la
variabilidad de condiciones y de diferenciaciones —género, edad,
etnicidad, raza, clase y estatus migratorio— en las que se produce el trabajo
en el servicio doméstico es enorme24. En el contexto español, podemos
mirar apenas unos años atrás para observar quiénes eran los grupos
sociales que se encargaban entonces del trabajo de servicio doméstico en
los núcleos urbanos25. Concebir de esta forma el servicio doméstico pasa
por entender este trabajo desde la estructura
24. Véase, por ejemplo, Sanjek y Colen (1990).
25. Para este asunto, véase Sarasúa (1994), quien diferencia los sirvientes hombres, entre
los que estarían los mayordomos, con funciones que incluyen la gestión económica de
la casa y a los que están subordinados los otros criados, y las sirvientas mujeres, donde
estarían las camareras, que son las criadas de confianza de las señoras de las casas ricas,
592 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
que ayudan a éstas en el cuidado de su aspecto físico.
Tensiones conceptuales en la relación entre género y Papers 2012, 97/3 593
migraciones
de relaciones y significados cambiantes que devienen del contexto económico y
político en el que se produce, pero también de las prácticas y significaciones
de los diferentes actores que intervienen en su reproducción y
transformación. Como plantean las autoras:
Más allá de dar cuenta de las diferenciaciones y jerarquizaciones que incorpora
como consecuencia de las condiciones económicas y políticas estructurales
en las que se produce —segmentaciones de extranjería y de género en el
mercado de trabajo como consecuencia de las políticas de extranjería e
inmigración o la permanencia de un régimen especial regulador de este
trabajo discrimina- torio—, nos proponemos dar cuenta de los
significados que subyacen a las prácticas de los actores implicados en su
producción, para preguntarnos acerca del peso que toman las
representaciones feminizadas y domésticas, al mismo tiempo que su
desvalorización e invisibilización como trabajo. (Gregorio, Alca- zar y Huete,
2003: 218-219)
Analíticamente, estos posicionamientos al situar el trabajo doméstico
y de cuidados en el centro de la reproducción social estarían
contribuyendo a superar las dicotomías existentes entre producción y
reproducción, hombre y mujer, mujer inmigrante y mujer española.
Igualmente, desde la etnografía, considero que tenemos mucho que
aportar a la revisión de las categorías «mujer», «inmigrante», «madre», «afri-
cana», «pobre», etc. en las que encorsetamos a los sujetos con los que
reali- zamos nuestras investigaciones, con lo que se convierten en
compendios de alteridad mediante los que legitimamos nuestra
investigación antropológica. Necesitamos, a mi juicio, operar un giro
radical, que vaya de la confirma- ción de su existencia a la interrogación
constante sobre su construcción y utilización, tanto desde las prácticas de
poder institucionales, económicas y científicas, como desde las prácticas
cotidianas y los discursos de los sujetos, convertidos en actores en
nuestros objetos de estudio. En esta dirección es donde veo
imprescindibles acercamientos etnográficos que contribuyan a describir
situacionalmente la organización de los cuidados en el contexto global de
crisis, con lo cual trato de contribuir a la desnaturalización de la relación
«mujer = madre = cuidadora» como un hecho dado, enfatizando en los
procesos políticos e históricos que construyen cuerpos generizados,
sexualizados, racializados, etnizados y desterritorializados en su relación con
el cuidado.
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598 Papers 2012, 97/3 Carmen Gregorio Gil
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