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Mundo

El documento examina la noción fenomenológica de 'mundo' en la obra de L. Polo, destacando su evolución desde Husserl y su relación con la cognición y el sujeto personal. Se analizan distintas acepciones del mundo, incluyendo su carácter pragmático y objetivo, así como la conexión entre el sujeto y el mundo como apertura. Polo propone una comprensión del mundo que trasciende la mera correlación entre conciencia y objeto, enfatizando la inmediatez y la pluralidad de la experiencia vivida.

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El documento examina la noción fenomenológica de 'mundo' en la obra de L. Polo, destacando su evolución desde Husserl y su relación con la cognición y el sujeto personal. Se analizan distintas acepciones del mundo, incluyendo su carácter pragmático y objetivo, así como la conexión entre el sujeto y el mundo como apertura. Polo propone una comprensión del mundo que trasciende la mera correlación entre conciencia y objeto, enfatizando la inmediatez y la pluralidad de la experiencia vivida.

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1

AMPLIACIONES DE LA NOCION FENOMENOLÓGICA DE


MUNDO EN LA OBRA DE L. POLO

(THE EXTENT OF THE PHENOMENOLOGICAL NOTION OF


WORLD IN THE THOUGHT OF L. POLO)

Urbano FERRER

RESUMEN: Desde que Husserl introdujera el mundo de la vida como


base de sus análisis el concepto ha recibido posteriormente distintas
inflexiones. Es mi propósito examinar la fecundidad que Polo extrae a
esta noción en orden a efectuar el paso de la operación cognoscitiva
al sujeto personal. Para ello se toma en cuenta la dualidad de
presencia y del más allá de la presencia en lo referente al mundo.
Palabras Claves: Presencia, Concausalidad, Mundo de la vida,
Prosecución operativa, Intencionalidad, Hábito.

ABSTRACT: Since Husserl introduced the world of the life, this concept
has received several inflexions. It´s my aim to examine the fecundity
that L. Polo finds in the notion of world in order to have access from
cognitife operation to personal subject. For the fulfilment of the
passage this paper takes over the duality of presence and beyond
presence as regard the world.
Palabras Claves: Presence, Concausality, World of the Life,
Operation, Intentionality, Habit.

I. Introducción

Como hemos de ver, las aproximaciones husserlianas a la


noción de mundo proceden tanto de los objetos percibidos como de la
conciencia trascendentalmente reducida. Ambas aproximaciones
convergen antepredicativamente en el mundo unitario, nunca
presente de un modo explícito y que se sustrae, por consiguiente, a
su tematización en un juicio (e incluso en un concepto).
2

En el primer sentido, el mundo es lo que hace de trasfondo


común a cualesquiera objetos percibidos y es dado junto con ellos con
una certeza simple o no confirmada. Justamente la certeza que es
tendida inicialmente a los objetos, antes de su corroboración en los
modos respectivos de donación, proviene de la certeza que
acompaña a la conciencia del mundo, como siendo ya. Según Husserl:
“Antes de instaurarse la actividad cognoscitiva los objetos están
siempre ahí ya para nosotros, dados con certeza simple” 1. Es así
posible —sobre el suelo del mundo— la anticipación de la unidad de
los objetos de percepción, sin tener que esperar a la articulación
sintética de los actos en que inadecuadamente se ofrecen los objetos
percibidos: pues mientras los perfiles parciales del objeto se motivan
entre sí, la unidad percibida se destaca inmotivadamente del conjunto
del mundo.

Si adoptamos la segunda perspectiva, la de la conciencia, el


mundo se esboza en ella desde el ahora absoluto en el que se contrae
su curso temporal, en la medida en que el ahora es a la vez el punto-
cero desde el que se enmarcan las diferencias espaciales. En este
sentido, el anudamiento temporal de las vivencias hace aparecer
simultáneamente una conexión espacial entre sus términos objetivos,
a la que denominamos mundo: así, una situación evocada está tanto
a distancia temporal del ahora como en uno u otro contorno espacial
por relación al aquí, o bien —en el sentido inverso— los objetos
percibidos en lejanía son aquellos a los que puedo volverme en una
percepción futura… Y análogamente a como las vivencias ya tenidas
son el halo que da espesor al presente actual, también los objetos
que bordean a los actualmente percibidos contribuyen a la
delimitación de estos. Solo que esta mostración del mundo a partir de
la temporalidad intervivencial pasa por el cuerpo como órgano de la
percepción.

Una tercera aproximación husserliana al mundo podría venir de


la categoría de sustrato. Pero entiendo que, aun cuando Husserl
emplea alguna vez esta noción para caracterizar al mundo, parece
tener un significado solo traslaticio a partir de los sustratos
predicativos, únicos que lo son en sentido propio 2. Más bien el mundo
1
EDMUNDO HUSSERL, Erfahrung und Urteil, Claassen&Goverts, Hamburgo, 1948, 23.
2
A ello me he referido en URBANO FERRER, Conocer y actuar. Dimensiones fenomenológica, ética y
política, San Esteban, Salamanca, 1992, 41-42.
3

remite fenomenológicamente al sujeto corpóreo, que lo hace


comparecer relacionalmente, y se diluye como objeto si se lo separa
de él, en beneficio de los términos percibidos, que adquieren una
constancia y reiterabilidad objetivas más allá de los actos perceptivos
singulares en que se dan. De aquí deriva el nuevo sesgo, relativo al
sujeto, que adquiere la noción de mundo de la vida (Lebenswelt) en el
propio Husserl y que es retomado con distintos matices en
fenomenólogos posteriores (A. Schutz, M. Merleau-Ponty, H.G.
Gadamer o M. Heidegger).

En este marco antepredicativo se registran distintas


presentaciones del mundo unitario —desarrolladas por el mismo
Husserl o por alguna de las direcciones fenomenológicas
subsiguientes—, a las que me referiré a continuación. Si el mundo es
puesto de manifiesto en todas ellas de un modo antepredicativo, es
porque, al centrarse el juicio en la determinación predicativa, pasa
por alto la pertenencia del sujeto de la predicación al mundo, la cual
solo podría mostrarse a sí misma antes de todo enunciado. A este
respecto, atenderé seguidamente a los esclarecimientos y
contribuciones debidos a Leonardo Polo en relación con cada una de
las acepciones de mundo que nos vayan apareciendo según un cierto
orden lógico de clasificación.

II. Acepciones del mundo

A) Polo ha tomado en cuenta en su Curso de Teoría del


Conocimiento la comparecencia del mundo que expone Heidegger en
Ser y tiempo. Partiendo de ella nos será más fácil acceder a las otras,
que remontan el encuadre existencial-pragmático de referencia en
que se sitúa esta primera acepción.

Heideggerianamente el mundo es un haz de remitencias


(Verweisungen) significativas, que se enlazan en función del proyecto
existenciario. La escalera de mano es en función de los clavos que he
de alcanzar, los clavos son en función de la recomposición de la
mesa, la mesa es en función de los papeles que apoyo…, siendo el
Dasein quien establece el conjunto mundanal de acuerdo con las
posibilidades constitutivas de acción en que existencialmente se
4

despliega. Así, pues, la articulación de los enseres o entes a la mano


(Zuhandenes) reside en la anticipación que mediante el cuidado
(Sorge) el existente humano hace de sí mismo (sich-vorweg-sein),
como ser que habita.

En continuidad con Heidegger, Polo ha caracterizado como un


“entre” la relación que el hombre traslada a los utensilios que
componen el mundo habitado por él a partir del interés práctico
originario. El “entre” significa que “nada está alojado (en la
habitación) de una manera casual; esa no casualidad es el entre” 3.
Más explícito es este otro párrafo: “Precisamente porque el hombre
es un ser que puede establecer una relación de interés, comunica ese
interés estableciendo la comunidad de los entes según una conexión
que tiene esta estricta índole: todo se hace por algo” 4. No está, pues,
una cosa “entre” otras si no es por la mediación del interés del sujeto
que las entrelaza. Y correlativamente: interesarse el hombre por algo
es aludir mediante una cosa a otra, instaurando las referencias
correspondientes en que se traba el mundo.

Ahora bien, tan cierto como que es el sujeto quien sostiene este
modo de relación mundanal lo es también que la posesión del mundo
así dispuesta es inferior como hábito a la posesión cognoscitiva: pues
mientras el hábito práctico en que se constituye el mundo es “por
mor de”, “en vista de lo otro”, el hábito de conocimiento es absoluto
en términos finales, posee en acto su telos. Pero esto nos lleva de
inmediato a la cuestión de qué quiere decir tener el mundo como
objeto, pensarlo. Es la segunda acepción de “mundo”.

B) Por contraposición a los plexos pragmáticos, dependientes


del proyecto del sujeto, el mundo como conjunto de nexos objetivos o
pensados es lo que posee la consistencia suficiente para despertar en
mí la admiración y suspender el interés, no integrando, por tanto, al
sujeto en él. Para ser un telos poseído, el mundo tiene que
destacarse, no estar en el plexo. “Mundo significa ahora
objetualidad”5. Es el mundo en tanto que conocido en sus nexos
lógico-objetivos. En el sentido husserliano, corresponde a las
conexiones de esencia: cualquier nota esencial objetiva no es, en

3
Curso de Teoría II, 1ª ed., 58.
4
Ibid.
5
Ibid., 72.
5

efecto, posible sin otra serie de notas (ya sean extensión-figura-color-


longitud…), componiendo entre todas el a priori objetivo regional del
mundo.

A diferencia de antes, el sujeto, por definición, no está


supuesto en el mundo objetivo, porque no es objeto. Por su parte, la
relatividad husserliana del mundo a la conciencia no es objeción a la
objetividad irreductible e inmediata del mundo, ya que no es una
relatividad tal que significara que aquel apareciese al término de un
proceso de cumplimiento, sino que el mundo es esencialmente
correlativo de los actos de conciencia, aunque no lo sea como objeto
de percepción. Así, la husserliana separación —por abismos de
sentido— entre conciencia y mundo no afecta desde luego a su
coimplicación esencial, sino más bien al respectivo modo
fenomenológico de donación. No obstante, en contraste con Husserl
Polo no entiende bajo ningún aspecto el estar-en-el mundo como una
correlación de esencias objetivas.

Es original en Polo su modo de situar la relación entre sujeto


personal6 y mundo, que, no exponiéndose en términos de continuidad
entre dos todos —como con justeza había mostrado Husserl—,
tampoco es coimplicación entre esencias irreductibles, sino apertura.
A este respecto, somete la fórmula “estar-en-el mundo” a una
sugestiva exégesis, según la cual “estar-en-el mundo” es equivalente
a estar en lo dado (o inmediato), estar en lo que hay, estar en lo
abierto, estar en lo que ya7, y también estar en lo mismo, como
equivalencia pensada. El “en” resulta ser direccional sin trayecto:
pues el mundo lo hay, y no hay que ir por ello (es dado en
inmediatez)8. Pero, además, no hay que salvar ninguna distancia
espacial, hubiese o no que recorrerla (el mundo es abierto), ni
temporal (es ya) hasta él. Mientras que la luz física anula la distancia
espacial, pero no la temporal, el “en” del estar-en-el mundo, en
cambio, no ha de ser recorrido ni atravesado espacial ni
temporalmente.

6
A lo largo de este artículo nos irá quedando claro por qué Polo sustituye la correlación husserliana entre
conciencia y mundo por la correlación persona-mundo.
7
Ibid., 79. Cfr. los comentarios de JUAN JOSÉ PADIAL, “Aspectos gnoseológicos de la noción de mundo”,
Anuario Filosófico, 1996 (29/2), 901-910.
8
La relación de inmediación con el mundo queda reflejada en la expresión “encontrase en” el mundo, en
que, pese a la forma gramatical reflexiva del verbo, se excluye la relación personal en el encuentro con el
mundo (La persona humana, 1ª ed., 141-142).
6

En suma, según el análisis de Polo la objetividad del mundo no


es la de una esencia que haya de ser considerada de por sí,
aislándola de una conexión eidética en la que estuviera incluida —
como es el nexo conciencia-mundo en Husserl—, sino que es aquello
a lo que está abierto el hombre, pero sin una acción de abrir que lo
precediera. O bien, visto desde otro ángulo: el mundo es objeto sin
tener que pasar previamente por la formalización lógica del “objeto
en general”, sino en la inmediatez del abrirse cognoscitivo, que basta
para hacer de él un objeto (en el sentido etimológico de ob-jacere).

C) Una tercera acepción fenomenológica de mundo se refiere a


este en tanto que particularizado en la experiencia a través de los
actos de conciencia en los que es dado inadecuadamente. Llega a
solaparse con lo que Husserl en su obra tardía designa como “mundo
de la vida”, recubierto por los fines existenciales, por contraposición
al mundo idealizado y homogéneo de la ciencia postgalileana: “La
vuelta al mundo de la experiencia es vuelta al ‘mundo de la vida’,
esto es, el mundo en el que siempre ya vivimos y que constituye el
suelo de toda operación de conocimiento y de toda determinación
científica”9.

Pero también formula Husserl esta noción de mundo en los


términos de que las materias sintácticas de los enunciados lógicos,
una vez que se las ha despojado de toda forma lógica y gramatical,
reduciéndolas a sus núcleos semánticos, han de tener que ver entre
sí: ciertamente, en este caso el mundo es, igual que antes, relación
antepredicativa, pero, a diferencia de la acepción segunda tal como la
entiende Husserl, ahora no aparece la relación mundanal por
conexión eidética de notas, sino que está engarzada de un modo más
originario, como la multiplicidad de la experiencia concordante 10.

Polo llega a este sentido de mundo desde el anterior. Baste


reparar en que, al no ser la objetualidad “mundo” tautológica —
carece de toda autorreferencia—, el mundo ha de albergar lo plural
en respectividad; pues negar la pluralidad en los objetos sería tanto
como detener la prosecución operativa de la inteligencia. Esta
9
E. HUSSERL, ibid., 38.
10
“Antes de todo juicio se halla un suelo universal de experiencia; está supuesto constantemente como
unidad concordante de experiencia posible. Dentro de esta concordancia todo tiene ‘que ver’
objetivamente con todo” (E. HUSSERL, Formale und transzendentale Logik, Husserliana XVIII, M.
Nijhoff, La Haya, 1974, 226).
7

pluralidad de los objetos en el mundo no está unificada todavía por


ningún conectivo lógico, pues el conectivo solo puede ser la idea
general formada negativamente por la inteligencia a partir de los
abstractos.

Lo cual comporta oblicuamente que el mundo no es


permanencia sustancial, ni cosa, ni tiene valor sustantivo: sus notas,
antes expuestas, no son predicados. Así, “la fórmula ‘el mundo es lo
abierto’ ha de entenderse sin el es; el mundo es lo abierto significa
que el mundo se resuelve en lo abierto” 11. Por ello, el mundo y la
persona no son dos (vale decir, dos términos que hubiera que poner
en relación). La irreflexividad de lo abierto, lo que hay, lo inmediato,
el ya… equivale a la pluralidad no dispersa, a la multiplicación de la
presencia objetual.

El mundo se expone, pues, como la pluralidad distributiva de


objetos pensados respectivamente como lo mismo. Son objetos que
en el juicio “Pedro es blanco”, por ejemplo, se diversifican
categorialmente —como sustancia y accidentes—, ya que no es lo
mismo el sujeto que el predicado; y cada objeto es aliud quid (“algo”),
diferenciado de los otros algos, y no una parte de una totalidad. Por
ello, el mundo como conjunto ordenado se opone a la totalidad
indiferenciada, simplemente acumulativa. “Si hay una pluralidad de
mismidades, no hay totalidad posible; o, mejor, para pensar todas las
sustancias juntas haría falta una noción que no es la de totalidad, sino
más bien la de cosmos. Cosmos no significa totalidad sustancial, sino
unidad de orden. Lo característico de las sustancias es ser cwrivstai,
realidades separadas, y cada una es separada porque es un aliud
quid, otro qué: un algo distinto de otro algo” 12.

D) Pero la particularización del mundo también se acusa desde


el punto de vista de las tipificaciones que nos lo hacen familiar y que
como horizontes de experiencia diseñan el curso que habrán de
seguir los objetos, en tanto que todavía no percibidos en su
integridad. De este modo, la forma vacía de objeto —que está a la
base de la Lógica formal— se va diversificando en ejemplares típicos,
que nos permiten anticipar las determinaciones de los objetos con
anterioridad a su percepción propia. He aquí algunos ejemplos: “El
11
Curso de Teoría, II, 102.
12
Nominalismo, 211.
8

mundo fáctico de la experiencia es experimentado de modo


tipificado. Las cosas son experimentadas como árbol, matorral,
animal, serpiente, pájaro… Lo que es aprehendido según el tipo tiene
también un horizonte de experiencia posible con las correspondientes
prescripciones de conocimiento, por tanto una tipificación de notas
aún no experimentadas, pero esperadas: cuando vemos un perro,
vemos por adelantado su modo de comer, de jugar, de correr, de
saltar”13.

En relación con este sentido husserliano de mundo —retomado


en especial por la Teoría social de Alfred Schutz—, Polo no suscribe
los supuestos de su descripción: a saber, la dualidad entre individuos
y tipos objetivos, entre experiencia singular y objeto ideal
concretizado en tipos. Pues el origen logicista de esta dualidad
intencional —formas lógicas e individuos percibidos— implica una
logificación del mundo en objetos sustantivos. En contraste con ello
repone la intencionalidad en el objeto, frente a su constitución como
un a priori para los individuos dados en la experiencia. Acaso la crítica
al psicologismo sea lo que está en el origen de esta clasificación del
mundo en tipos ideales o en-sí. “La reacción de Husserl frente al
psicologismo es desconcertada (idealista)… Hemos dicho que el acto
no constituye el objeto. Esto es necesario para que la intencionalidad
no esté añadida a un eventual estatuto real de objeto… Si el acto
constituyera el objeto, este sería real y después intencional, pero no
puramente intencional”14. A juicio de Polo, por tanto, los individuos no
son soportes físicos de la tipificación ideal objetiva, y, en el sentido
inverso, tampoco se pasa de los objetos, representados como tipos, a
sus términos individuales, por cuanto los objetos son meros lugares
de paso, intencionalidad hacia sus términos.

E) Un nuevo sentido fenomenológico de mundo es el que delata


la condición mundanal del hombre por medio de su cuerpo. El hombre
es être-au-monde (G. Marcel), está en comercio continuo con el
mundo desde su adscripción corpórea (M. Merleau-Ponty), está
provisto de unas cinestesias corporales sin las cuales no podría
encontrar la posición y la distancia adecuadas para conocer
objetivamente (Husserl)… Lo significativo es que el “aquí” corporal

13
Ibid., 398-399.
14
Curso de Teoría, II, 1ª ed., 186.
9

del hombre, único y no objetivado, es la condición fenomenológica de


posibilidad de cualquier ahí o allí objetivables, que congregan a los
diversos sujetos. Por ello, antes que perteneciente al mundo externo
—objetivo— el cuerpo propio es índice mundanal de la subjetividad.

En la obra de Polo se cataloga este no aparecer de la


corporeidad subjetiva como uno de los cuatro sentidos de la
facticidad, a diferencia del cuerpo observado desde fuera. Es un
sentido que se contrapone a la objetualidad del mundo en presencia,
pero es a la vez su reverso necesario, que solo el conocimiento
habitual puede detectar, en la misma medida en que oculta el límite
mental de los objetos presentes. “Lo característico de la corporeidad
es no aparecer al pensar; es un sinsentido pretender que el
pensamiento asista a su correspondencia con la corporeidad… La
corporeidad es el hecho impensado sin más” 15. Con el cuerpo propio
se traspasa la línea de la presencia conferida al objeto por la
operación de pensar y se accede al mundo de un modo que no es
objetual. Es patente que “pensando no se descubre la
correspondencia de la corporeidad con el límite mental, pero esta
correspondencia es innegable, puesto que el límite se confiere al
objeto si no se confiere al cuerpo propio, el cual está constituido” 16.
Según ello, puede decirse que el hombre se enmarca en el mundo
mediante la corporeidad, restando la presencia conferida por el
pensar; o, a la inversa, el hombre se sitúa presencialmente en el
mundo, pero habiendo de restar la corporeidad no presente.

Esta última acepción de la noción de mundo nos sitúa ya en la


pista de los dos enfoques complementarios según los cuales cabe
abordarla y que habremos de desglosar a continuación: primero, el
mundo en presencia y, segundo, el mundo que no aparece en
presencia, sino por medio del conocimiento por hábito.

III. El mundo como presencia mental

15
Curso de Teoría, III, 1ª ed., 390.
16
Ibid., 393-394.
10

Según los análisis de Husserl, el mundo en su unidad no es


dado en una evidencia propia, pero tampoco es un cúmulo de objetos.
Su estatuto es más bien el del horizonte indefinidamente abierto y
desplazable, copresente con los objetos percibidos. Ahora bien, ser
horizonte no designa una característica objetiva, sino que para
Husserl proviene de la dinámica temporal de la presentificación
(Vergegenwärtigung) efectuada por la conciencia: en efecto, la
conciencia que retiene los momentos anteriores dilata el ahora
presente —es decir, lo hace ella misma presente o presentifica— y
desde él abre un horizonte indeterminado, que tiene su réplica en los
horizontes mundanos en continuidad. La prueba de que el horizonte
objetivo es réplica del horizonte temporal de la conciencia está en
que el único punto de fijeza para el primero es el presente constituido
temporalmente por la conciencia, para el que no hay un más acá
previo.

Los interrogantes que a Polo le suscita este planteamiento son


los siguientes: ¿es temporal la presencia como tal? Y si no lo fuera,
¿quedaría algún otro procedimiento para articular temporalmente las
diferencias de orientación en el mundo? Como respuesta a estas
preguntas, va a encontrar Polo, en diálogo crítico con Husserl, lo
peculiar de la presencia del mundo a la conciencia.

Desde la Física griega se ha respondido negativamente a la


primera pregunta sobre la temporalidad de la presencia, al sostener
que la presencia esférica —el movimiento en que los tres momentos
temporales coinciden— es la culminación de los movimientos
cósmicos temporales. La esfera como movimiento perfecto atrae
hacia sí los movimientos sublunares, cerrando en ella la imperfección
potencial de los actos desiderativos, en tanto que vueltos hacia su fin
per-fectivo o terminado. En cambio, la respuesta moderna desde Kant
ha sido la simétrica de la anterior: se ha sacado la presencia del
universo para ponerla, como conciencia trascendental, en el
fundamento del universo, derivando de ella el dinamismo constitutivo
de las leyes físicas.

Frente a los griegos Polo sustrae la presencia al universo físico,


pero no para fundar este desde la presencia al modo moderno,
fisicalizando y temporalizando la conciencia, sino para constituirlo
11

como universo en presencia. Lo determinante aquí es que quien


aporta el ahora de la presencia es la mente, frente al antes y el
después del movimiento físico, en que no hay presencia; mas
igualmente decisivo es que el ahora presencial carece de la cola de
cometa de las retenciones, que le incorporó Husserl —
temporalizándolo—, porque es una presencia ante, no un acto
presentificador, y tampoco es presentificada, porque no pertenece al
mundo.

Sin embargo —yendo a la segunda pregunta—, si es una


presencia no temporal, ¿cómo se vierte al tiempo cósmico, que no
reside en ella? ¿Qué tipo de objetivación del tiempo ha de correr a su
cargo? La tesis de Polo en este sentido es que “intencionalmente la
abstracción es la articulación presencial del tiempo” 17, la cual, por ser
mental, carece de la sucesión temporal; o, en otros términos, como el
término intencional de la abstracción a cargo de la presencia ha de
ser inferior a esta, el tiempo que ella articula no puede formar parte
de la presencia. Con ello, se sitúa el dinamismo temporal en la physis
y se asigna el objeto en presencia a la operación conmensurada con
él.

Con todo, Polo coincide con Husserl en reconocer un nivel


preenunciativo —preobjetivo, por tanto—, en el que tienen lugar las
husserlianas asociaciones de la pasividad en que transcurre el
mundo. Para Polo la unidad de proceso y de presencia se efectúa
cognoscitivamente en los abstractos particulares, en tanto que
estabilizan en un nombre la temporalidad no fijada de la memoria
(pasado) y de la cogitativa (futuro). Es un estadio en el que todavía
no se ha efectuado la síntesis predicativa, en la que se concede el
primado a la determinación abstracta del predicado sobre el sujeto
que la recibe; en cambio, lo que inicialmente aparece como abstracto
—temporalmente unificado— es lo que en el nivel siguiente del juicio
oficiará de sujeto.

El correlato mundano de esta asociación mente-imágenes


(conversio mentis ad phantasmata) está en la noción griega
presocrática de fuvsiß, la cual es a la vez proceso y principio. La
physis es, ciertamente, principio en el proceso de principiar: mientras

17
Curso de Teoría, II, 263.
12

el vocablo griego gevnesiß indica solo proceso y, en contrapartida, la


voz latina “natura” designa la esencia como principio (de
operaciones), la physis conjunta presencialmente ambos términos 18.
Esta solidaridad entre lo verbal y lo nominal remite al mundo, que
viene, así, pre-dado al nivel del conocimiento operacional abstractivo,
cuando falta todavía la síntesis copulativa: a este nivel nombre y
verbo son inseparables, como en agua-agúa, salto-salta, baile-baila,
juego-juega o ente-es, donde “es” apunta al ejercicio verbal del estar
siendo19. De un modo análogo, es de notar que la Física
contemporánea funde masa y energía en una única magnitud, que la
ley entrópica hace cada vez más energética en sus manifestaciones.

Sin embargo, si se entiende desde la physis su asistencia al


proceso del principiar, se está extrapolando la presencia mental 20, ya
que el mundo no tiene presencia en sí mismo. La presencia, que se
oculta en el acto al otorgarse al objeto, solo se puede manifestar con
el paso al conocimiento por hábito, en el que se expone
lingüísticamente la temporalidad como verbo adherente a un nombre
abstracto. Por esto el hábito que prosigue a la abstracción no puede
ser sino el “saber hablar”, en el que se aúnan los nombres, como
determinaciones abstractas, con los verbos, en los que la presencia
articula intencionalmente el tiempo mundano. “El lenguaje expresa
verbalmente lo que manifestativamente es sabido como presencia
articulante, En tanto que la presencia articula, su expresión lingüística
es verbal y, precisamente por su conmensuración con los objetos
abstractos, en la expresión se da unidad semántica (nombre-
verbo)”21.

La paradoja de la presencia verbal es que acaba en nombre, y


al designar este el límite mental, no puede descubrir el mundo. En la
physis y en el tiempo prevalece el verbo sobre el nombre, pero falta
la presencia, por lo que aquellos no pueden ser objetos

18
“La noción de physis es el ‘fisicar’ quedando lo ‘fisicado’ en el ‘fisicar’. Esto resuena todavía en la
noción de ousía de Aristóteles. Ousía es la consideración nominal del estar siendo” (Ibid., 291). “La
primordialidad, el brotar del fundamento, expresado verbalmente, asiste intrínsecamente al nombre y, por
tanto, lo sustantiviza. Este doblete —principio como verbo y sustantivación como nombre en indisoluble
unidad, sin la mediación de conectivo alguno— es la noción presocrática de physis” (Ibid., p. 314).
19
Son de notar las coincidencias entre esta descripción activa del verbo “ser” y la que recoge Zubiri, en
alusión igualmente a la noción presocrática de physis (Xavier Z UBIRI, Naturaleza, Historia, Dios, Ed.
Nacional, Madrid, 1963, 176 ss.).
20
Curso de Teoría, III, 22.
21
Ibid., 18.
13

conmensurados con la operación; por el contrario, en las operaciones


mentales el verbo, que articula la presencia, se detiene en los
nombres abstractos, por lo que es menester el hábito de la
inteligencia (nouß)para que haya prosecución operativa.

Para que el mundo se hiciera presente habría que poder unificar


los abstractos como determinaciones primeras que descubre la
inteligencia; pero a su nivel no pueden ser unificados 22, sino solo
mediante la generalización negativa, es decir, negando sus
determinaciones particularizadas. Por ello, el mundo es la pluralidad
inconexa, no totalizada, de los abstractos, antes de su inserción en la
idea general. Para pensar el mundo hay que ir más allá de la
presencia. Así lo corrobora el hecho de que el movimiento, que el
mundo incluye, es lo que no puede estar presente como objeto; el
fundamento del mundo no puede, por consiguiente, resolverse en la
presencia.

En los análisis husserlianos encontramos, paralelamente, que el


mundo no es dato absoluto, originario, para la conciencia, sino
siempre correlato irreductible, no asimilable a ella (la evidencia de lo
mundano solo puede ser inadecuada). De modo inverso, tampoco el
yo-sujeto, que adquiere sus determinaciones y está en crecimiento,
necesita para ello ser integrado en el mundo, sino que depende de la
ley de la nominalización de la conciencia. El mundo queda, en
consecuencia, para el yo como un factum irreferencial, que nunca
llega a hacerse trasparente. El crecimiento del yo se conduce para
Husserl a partir de las habitualidades inconscientes o
sedimentaciones que van de suyo y a partir de las unificaciones
teleológicas de la razón; pero ni en unas ni en otras el mundo se hace
explícito: las primeras se hunden en la pasividad, y los fines asumidos
por fines ulteriores más comprensivos ponen de relieve la
consistencia de la persona23.

Sin duda Polo concede un mayor espacio de juego que Husserl a


los hábitos en el crecimiento de la persona, en la medida en que no
son el precipitado de las operaciones, sino un nivel de actualidad

22
Ibid., 37.
23
La noción husserliana de persona se encuentra particularmente tratada en E. H USSERL, Ideas relativas
a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica II, Husserliana IV, Martinus Nijhoff, La Haya,
1952.
14

cognoscitiva superior a estas y que declaran su límite. Precisamente


la segunda de las líneas de prosecución operativa de la inteligencia
está en la explicitación o aumento de la referencia real del abstracto.
Se sobrepasa, así, la presencia con el tránsito de lo actual a lo posible
real. En efecto, mientras el conocimiento de la presencia habitual se
expresa mediante el verbo, que articula presencialmente las
diferencias temporales, el conocimiento habitual del mundo requiere
los primeros principios del ser, condición de posibilidad de la
reducción trascendental. Para Husserl el mundo es un mero hecho
trascendental (bloß Faktum), en tanto que precede a lo que en él se
puede objetivar. Pero solo desde el hábito de los primeros principios
es posible elevar el mundo de enlace antepredicativo a concreción del
ser trascendental. Así, pues, para la explicitación del mundo nos
vemos remitidos a un nivel de conocimiento no presencial.

IV. El mundo anterior a la presencia

La Fenomenología sostiene que en su sentido primordial el


mundo es previo a toda presencia y a toda orientación entre los
objetos. Es la Tierra como base inmóvil de nuestra presencia
corpórea: solo desde ella advertimos las diferencias objetivas
mundanas y los movimientos que el conocimiento científico
determina. Husserl llega, así, a una cierta inversión de la revolución
copernicana24. El medio de acceso al mundo en este sentido
primordial e inmediato es la explicitación de la experiencia
correspondiente, por la que se nos ofrece el mundo en su realidad
preobjetiva, en correlación con las propias cinestesias. Las cualidades
sensoriales —visuales, auditivas y táctiles— del mundo en torno solo
se destacan porque el cuerpo pertenece ya al mundo y se coloca en
las condiciones idóneas de interacción para que se le hagan
presentes; pero tanto la mundaneidad del cuerpo como la interacción
física con los otros cuerpos se sustraen a toda presencialidad
objetiva.
24
“El cuerpo físico que sirve de suelo en un sentido relativo reposa de un modo relativo o se mueve de un
modo relativo en relación con el suelo de la Tierra que no se experimenta como cuerpo —en originaria
experiencia efectiva… Conozco la inversión del modo de experimentar reposo y movimiento que se
produce desde un vehículo en marcha —tantas veces como he subido y bajado de ellos. Mas todo ello sí
que está referido en primer término al suelo de todos los cuerpos que sirven de suelo relativo, esto es: al
suelo de la Tierra” (E. HUSSERL,, La Tierra no se mueve, Univ. Complutense, Madrid, 1995, 18-19;
LUDWIG LANDGREBE, El camino de la Fenomenología, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1963, 75 ss.).
15

Traslaticiamente, estas diferencias entre lo inmediato y lo


objetivamente distante se encuentran también en los órdenes
histórico y cultural. La pertenencia a una generación es, en efecto, la
condición no objetivada, pero indispensable, para adquirir la
perspectiva que enmarque objetivamente a las otras generaciones,
otorgándoles un progresivo distanciamiento respecto del punto de
partida no histórico de su aparición. O bien, en el plano cultural, los
usos y pattern conductuales, vividos de un modo habitual, hacen
posible reparar en las diferencias interculturales, delimitando, en el
curso de la comunicación entre los grupos humanos, el mundo en
proximidad de los mundos simultáneos en lejanía. La Teoría social
fenomenológica (Alfred Schutz, Thomas Luckmann…) ha acogido este
sesgo histórico y cultural del mundo de la vida, que interviene como
el punto cero de orientación para toda comunidad humana (así, por
ejemplo, en el ensayo de Schutz sobre el forastero).

A este respecto, si se considera el mundo en tanto que


excluyente de la presencia, resulta de ahí, a juicio de Polo, uno de los
sentidos que admite la noción de hecho, pues si se hiciera presente el
hecho, habría que conferirle la presencia por medio de la operación, y
entonces se convertiría en objeto conmensurado en acto con la
operación. Pero no por ello es el hecho la realidad extramental, ni
aquella realidad particular que excluye la presencia: ambos son
descalificados como sentidos sofísticos. El hecho es más bien el envés
de la presencia, en tanto que se la paraliza, no prosiguiéndola
operativamente. En la presencia solo hay; no hay, además de los
hechos. “No existe un orden de hechos y otro de objetos, sino que
hay, y en esa medida solo hay (solo es pensado lo que hay). El hecho
aparece como residuo impensable (si “todo” fuera pensable
objetivamente, no aparecería el hecho; solo hay indica, por tanto,
límite)”25.

Es un modo de advertir el mundo que, según entiendo, puede


ser asumido desde la Fenomenología husserliana. El mundo como
hecho es lo irreductible, lo que no puede ser reducido
fenomenológicamente, en la medida en que es la otra cara del límite
mental, su residuo inobjetivable. En términos similares, dirá Husserl
que el mundo acompaña a la conciencia como hecho trascendental

25
Curso de Teoría, III, 401.
16

después de la reducción, sin que pueda ser percibido objetivamente


—menos aún de un modo adecuado—, pero a la vez sin poder
separarlo de la conciencia de objetos (ya que es el otro lado de la
presencia). Mientras la prosecución mental obtiene nuevos objetos
por generalización negativa, el hecho es la detención del proseguir, lo
que no puede ser reducido a presencia.

Esta ocultación del mundo se extiende tanto al hecho de la


propia corporeidad mientras se está pensando como a los hechos
físico-mundanos científicamente comprobados cuando se los hace
objeto de consideración (los dos únicos sentidos válidos del “hecho”
que admite Polo). Pero el modo como se ocultan es distinto en cada
uno: en el primer caso, estando por debajo del umbral, y en el
segundo, dando por supuesto el hecho abstracto mundano sobre el
cual la idea general versa. Mientras el hecho del influjo corporal en el
pensamiento no alcanza la medida del límite mental, lo que la idea
general mide del abstracto mundano es solo una parte, dejando un
resto y transformando al abstracto en hecho, en tanto que caso
particular de la idea general. En otros términos: el cuerpo como
hecho queda totalmente prescindido al pensar, mientras que el
abstracto convertido en hecho —al acogerse a una determinación
genérica— es dado por pensado, en vez de tenerlo como objeto.

A la anterioridad fenomenológica del mundo de la vida respecto


de toda operación mental corresponde, en el pensamiento poliano, la
prioridad de lo plural —mundano— sobre la antecedencia de la
presencia mental: así se pone de manifiesto en el concepto. Al formar
el concepto, el abstracto es devuelto a la realidad, reconociéndose la
aprioridad del mundo en la pluralidad del unum in multis, en tanto
que los muchos no son debidos a la presencia mental. Pero la
aprioridad extramental se desvela a su vez como causalidad física, en
pugna con la aprioridad del límite mental de la operación, que ha de
ser postergado. “Las causas se conocen al pugnar con ellas la
presencia mental, que es superior a ellas”26.

El prius de la causa sobre el efecto se esclarece, así, en la


pugna con la prioridad mental debida a la operación. Y se revela
como necesario desde el conocimiento habitual de la insuficiencia de

26
Curso de Teoría., IV/1, 21, nota 14.
17

la abstracción en orden a dar cuenta de la diferencia interna del


abstracto, guardada implícita por él. Así, lo que diferencia
específicamente al gato no puede ser abstraído, ni tampoco es una
nota parcial en su composición lógica, sino que está completo —no
repartido— en cada uno de los gatos incluidos en su concepto; lo cual
equivale a que la diferencia actúa concausalmente con la materia en
los singulares, como causa formal. “La causa cuyo valor causal es la
diferencia es la causa formal. Explicitar la diferencia implícita es
encontrar la diferencia como causa… Por eso la llamo causa
analítica”27. Un ejemplo husserliano de suposición es el
emparejamiento intencional (Paarung) de los elementos de un
conjunto, en la medida en que aprehendemos los distintos elementos
del conjunto conforme al sentido intencional del primero, que damos
por supuesto al pasar a los otros. Por contraste, el esclarecimiento de
la causa no puede efectuarse como cosa, al margen de su estar
causando, o fuera de la explicitación del ejercicio causal: de otro
modo, la causa no podría ser prius.

La razón de la diferencia implícita en el objeto está, pues, en el


orden causal. Pero ni los objetos ni las causas son en sí, las causas
solo lo son ad invicem o en concausalidad. La pluralidad implícita en
el objeto se explicita como taleidad en el concepto, que está entero in
multis, ya que la presencia mental del objeto, al ser constante, no da
razón de la diversidad. Esta diversidad inherente al concepto
contrasta con la diversidad de los abstractos, abarcada en una misma
idea generalizante y que contempla a los abstractos como casos. A su
vez, la diferencia guardada implícita en los conceptos se explicita en
el juicio categorialmente distribuida, ya que los conceptos por sí solos
no dan razón de ella. La prioridad extramental de la causa, en pugna
con la prioridad de la presencia mental, es lo que da cuenta de la
diferencia objetiva, no resuelta desde la constancia de la presencia.
“En suma, la diferencia entre objetividad y causalidad es la solución
al problema de la diferencia objetiva”28

El prius temporal concausal con la causa formal y apto para


fijarla es la causa material: es un tiempo no hecho de instantes —
supuestos—, sino explicitado como anterioridad o retraso en

27
Ibid, 126.
28
Ibid, 125.
18

concurrencia con la diferencia formal causal 29. El Universo físico


resulta, así, de la interacción recíproca de las distintas causas, que no
tienen paralelo en la sucesión discontinua de los supuestos mentales.
La Física cuántica, al diseccionar, entre otras posibilidades, la
velocidad de las partículas de su posición influida por el observador, o
bien la Física newtoniana, al separar la trayectoria continua de la
determinación causal, irían en la misma dirección. También Husserl
había reconducido el mundo ideal de la ciencia al mundo de la vida,
de acuerdo con determinadas tareas, como fue para los primeros
geómetras la tarea de contener las crecidas del Nilo. Pero poner en
juego las concausalidades físicas en relación con el estatuto propio
del Universo es desembarazar al mundo con más radicalidad que
Husserl del primado de las idealidades lógico-generales. Terminaré
desarrollando este aspecto.

Según Husserl, la Lógica formal-apofántica se prolonga en una


Lógica trascendental, que incluye el movimiento intencional hacia el
mundo, evitando así la detención de los principios vigentes para la
intencionalidad en principios meramente lógicos, que son de validez
incondicionada, sí, pero no originarios. Es lo que le lleva a sustituir la
fórmula “A no es no-A” u otras semejantes por esta otra: “No se
puede a la vez afirmar A y no-A”…, según el doble giro que admiten
los primeros principios. Las idealizaciones, de frecuente empleo en las
ciencias normativo-ideales, como “y así sucesivamente” o “dadas las
condiciones ideales de partida, sin rozamientos, opera el principio de
inercia”…, no exponen la verdad del Universo por obturar la
teleología implícita en la intencionalidad, subraya Husserl. Ahora bien,
el tránsito de lo intencional a lo extramental mundano requiere
reponer los implícitos causales que el concepto y el juicio almacenan,
superando con ello definitivamente el objetivismo supositivo de la
ciencia moderna, en el que Husserl había cifrado el obstáculo
principal para la autocomprensión de la humanidad europea.

Partiendo de la antecedencia de la causalidad material y de la


inestabilidad del compuesto hylemórfico, Polo pone en interacción —
bajo distintas modalidades— las cuatro causas aristotélicas con el
movimiento activante, explicitando así la unidad del Universo físico.

29
“En suma, la materia es un sentido causal en tanto que prioridad temporal, y es causa de imperfección
porque es el único sentido en que el tiempo es un prius” (Ibid., 176).
19

Las combinaciones posibles entre las diferentes causas y el


reemplazo de los compuestos a través del movimiento no son dos
procesos distintos, como sugeriría la cosificación injustificada de las
causas, en la que se proyecta una vez más el objetivismo mental. La
única unidad que subyace a los procesos es el conjunto dinámico del
Universo como unidad de orden, reflejado a su vez tanto en las
bicausalidades —hylemórficas— de las sustancias inertes como en la
tricausalidad —hylemorfoérgica— del viviente natural (siendo el
orden final justamente el implícito cósmico que las pone en
comunicación).

Sin embargo, la comprensión adecuada del mundo no resuelve


la crisis de la humanidad y de la ciencia europea, detectada y
denunciada por Husserl en su célebre conferencia en Viena de 1936,
en vísperas de la segunda guerra mundial. La instalación en el mundo
mediante su racionalización, operada por la lógica y la cultura, no
puede evitar que la inestabilidad constitucional de este se haga
visible por momentos y que, en todo caso, siempre esté, por así decir,
al acecho. Precisamente cuando el mundo hace crisis en la vida
personal o en sus figuras históricas es cuando la persona está en
mejor situación para advertir que ella misma es el sobrante radical no
integrado en el mundo. Así lo advierte Polo: “A mi juicio, lo radical se
destaca, o lo que es igual, la atención se concentra en él, en la
medida en que vacila la estabilidad de un mundo… Es claro que la
estabilidad del mundo excluye de sí lo radical. Como inmediación más
bien se opone a lo radical y, en este sentido, puede llamarse lo
superficial. Por consiguiente, lo radical se destaca si tal estabilidad
vacila”30. Pues mientras el mundo como conjunto inteligible se cifra
en el orden causal final, la persona es hiperteleológica, de acuerdo
con su capacidad donal.

Pero esta donación que manifiesta a la persona solo puede


consumarse en la aceptación por el ser personal que recibe la
donación. Entonces, el hecho de que el mundo no sea réplica
adecuada para el destinarse de la persona, es la razón profunda de
que la penetración del mundo por la intencionalidad no pase de
convertirlo en su correlato inagotable, al tiempo que nunca
translúcido en sí mismo, en los términos en que Husserl lo describe.

30
La persona humana, 141-142.
20

En el pensamiento de Polo el mundo es un tema de paso, incluido y


rebasado en la coexistencia, en tanto que solo aplicable a los seres
personales.

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