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El Tríptico de Benedicto Xvi: "Cristo Del Envío"

El tríptico 'Cristo del Envío', entregado por el Papa Benedicto XVI en el santuario de Aparecida, es un regalo que busca fortalecer la evangelización en Latinoamérica y el Caribe, utilizando el lenguaje de las imágenes para conectar con la cultura mestiza. Este tríptico, que representa la espiritualidad de ser 'discípulos y misioneros de Jesucristo', incluye ocho cuadros que ilustran momentos clave de la fe cristiana y la misión de la Iglesia. A través de su arte, se espera que el tríptico inspire a los fieles y se convierta en un ícono de devoción y esperanza en la región.

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El Tríptico de Benedicto Xvi: "Cristo Del Envío"

El tríptico 'Cristo del Envío', entregado por el Papa Benedicto XVI en el santuario de Aparecida, es un regalo que busca fortalecer la evangelización en Latinoamérica y el Caribe, utilizando el lenguaje de las imágenes para conectar con la cultura mestiza. Este tríptico, que representa la espiritualidad de ser 'discípulos y misioneros de Jesucristo', incluye ocho cuadros que ilustran momentos clave de la fe cristiana y la misión de la Iglesia. A través de su arte, se espera que el tríptico inspire a los fieles y se convierta en un ícono de devoción y esperanza en la región.

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EL TRÍPTICO DE BENEDICTO XVI

“Cristo del Envío”

P. Joaquín Alliende
Asistente Eclesiástico Internacional
Ayuda a la Iglesia Necesitada

1. UN REGALO QUE PERMANECE

En el santuario mariano de Aparecida, el Papa Benedicto XVI entregó al Episcopado


de Latinoamérica y el Caribe un tríptico. Por decisión de los obispos participantes de la V
Conferencia General, ese conjunto de pinturas catequéticas, quedó allí para veneración del
extenso y abigarrado pueblo que peregrina a encontrarse con María Madre.

1.1. La Iglesia de Latinoamérica y del Caribe considera como hito inicial de su


evangelización un icono: la figura mestiza de María de Guadalupe, representada
en la tilma indígena de san Juan Diego. Benedicto XVI quiso retomar esa
tradición primigenia, porque está consciente de la eficacia evangelizadora y
devocional del lenguaje de las imágenes en nuestras culturas.

1.2. Este tríptico contiene la espiritualidad y un programa pastoral característico, ya


antes propuesto por el Santo Padre como lema de la V Conferencia: “Discípulos
y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos -en Él- tengan vida. ‘Yo
soy el Camino, la Verdad y la Vida’ (Jn 14,6)”. En lo pictórico, las imágenes
provienen de la tradición del arte cuzqueño, del taller limeño Artes Velásquez,
del pincel del maestro Eduardo Velásquez y sus ayudantes. En este regalo del
Papa se encuentran simbólicamente, las regiones americanas bañadas por el
Atlántico y por el Pacífico. El hecho de haber sido pintado en Lima, asume lo
andino. Por quedarse ahora en el santuario de Aparecida, irradia memoria de fe
hacia la otra ribera del otro mar.

2. DOS LENGUAJES DEL PAPA

2.1. Benedicto XVI en las primera horas de su estadía en Brasil declaró en portugués:
“Ayer por la tarde, al sobrevolar el territorio brasileño, pensaba ya en nuestro
encuentro y despertaba en mi el deseo de dar a todos vosotros un abrazo bien
brasileño”. Este Papa alemán universal quiso, en su primer viaje americano,
entrar en comunicación con nuestras Iglesias. Como obispo de Roma él es un
sacramental, un signo muy específico, de la caridad del Buen Pastor. En tal
condición quiso entregar un enjundioso mensaje a la mitad de los católicos del
mundo, los que peregrinan por la América mestiza. En su valija de viaje venían
sus homilías y discursos largamente preparados. Por ellos habló a los que, más
naturalmente, siguen los textos doctrinales. Además, en varios instantes, se
comunicó con el lenguaje del gesto espontáneo y de la sonrisa tímida de bávaro
sucesor de Pedro. En la retina permanecerá inolvidable cuando largo abrazo
estrechó a unos cinco niños en la Granja de la Esperanza próxima a Aparecida.

2.2. Benedicto XVI buscó además otro lenguaje, el idioma “no verbal”: la imagen, la
iconografía religiosa. Por sus viajes anteriores a lo largo y ancho del Continente
latinoamericano, él estaba consciente que la cultura mestiza nació del abrazo,
intenso y doloroso, de las culturas indígenas con los ibéricos que iban saliendo
del mundo medieval tan poblado de rostros, figuras y colores. Por su parte, el
universo autóctono se expresaba en un río de signos y jeroglíficos riquísimos de
semillas del Verbo. La cultura que emerge del encuentro de esos dos orígenes,
tiene un icono mayor, una bandera inicial, una clave misteriosa y supra-humana.
Al comienzo fue la imagen. Un rostro moreno de mujer. Ni ibérico, ni azteca.
Una fusión de ambos. La imagen de María de Guadalupe fue la síntesis del
Evangelio que el Señor de la historia nos regaló cual vagido de nuestra fe
primigenia.

2.3. En los meses previos a su peregrinación a Brasil, el Santo Padre encargó un


tríptico, a la usanza pictórica de las regiones andinas. Escogió por cuna de la obra
a la vieja capital del Virreinato del Perú, la mística Lima de San Toribio de
Mogrovejo, de Santa Rosa, del mulato Martín de Porres... A través de esta
pintura de cinco superficies cromáticas, el mensaje papal a Latinoamérica puede
pasar a esas gentes que, más que leer, miran y contemplan. Puede hablar a
pueblos que están marcados por una evangelización barroca figurativa y teatral,
desplegada en figuras y cromatismos. Benedicto XVI entroncó así con los
retablos de catedrales y parroquias y con la humilde pintura popular de los
artistas anónimos. Nuestra historia americana muestra que esas imágenes
religiosas tienen una gran permanencia evangelizadora. Cuando sólo muy pocos
siguen citando los textos y homilías pretéritas, el pueblo creyente vuelve a
encender cirios titilantes ante los iconos de su fe y su esperanza.

2.4. Texto y pintura: dos lenguajes de un Pontífice y de un mensaje con vigor de


futuro. Durante meses Benedicto XVI maduró, en contacto con el Cardenal
Presidente del CELAM, el programa pictórico-catequético del tríptico. Es la
síntesis apretada y comunicativa de la espiritualidad de discípulos que son
enviados a evangelizar. En la próxima Misión Continental, convocada por los
Pastores en Aparecida, este regalo del Papa puede jugar una función muy
importante, si los pastores y catequistas tienen la habilidad pedagógica de
presentarlo y difundirlo bien y seriamente. El tríptico de Benedicto XVI tiene
grandes potencialidades pastorales en el anuncio y en la devoción, en los
militantes y en la religiosidad popular. El lugar que actualmente ocupa la
televisión en nuestras sociedades, viene a reforzar la importancia de la imagen,
de lo “icónico”, dándole al tríptico de Aparecida nuevas posibles resonancias en
una estrategia pastoral creativa y apremiante.
3. EL PROGRAMA ICONOGRÁFICO SE DESPLIEGA EN OCHO CUADROS

3.1. El motivo central lo ocupa una representación de Cristo Resucitado, a la hora del
envío misionero de los discípulos. La radiante figura de Jesús preside la totalidad
del tríptico con el halo de una serena victoriosidad. En los rostros de los enviados
se manifiesta la plural riqueza del pueblo de Dios. Hay hombres y mujeres. Son
algunos de tez blanca. Otros rostros son de mulatos, de indígenas, o de mestizos.
Hacia el fondo, se ve la escena del Calvario y dos ángeles, tan presentes éstos en
nuestra tradición de fe. En la leyenda se reproduce la autodefinición del Mesías,
las palabras del envío discipular -“vayan y hagan discípulos a todos los pueblos”
(Mt 28,19)- y el encargo solemne de la Madre de Dios confiada a la Iglesia.

3.2. A la luz del milagro de Caná se señala catequéticamente el imperativo pastoral de


movilizar el amor de los fieles a María a una obediencia irrestricta al querer de
Jesús -“hagan lo que él les diga”-. La figura de los esposos, destaca la grandeza
del sacramento del matrimonio. Las tinajas del vino expresan la alegría de los
discípulos que, por la “manifestación de su gloria… creyeron en él”, adelantando
la boda mesiánica en la casa del Padre.

3.3. Vocación de los primeros. Pedro y Andrés, Santiago y Juan son llamados. Las
palabras de elección de Jesús, tienen una réplica humilde de Pedro, quien se
siente del todo indigno para seguir la vocación de apóstol. Desde ahora serán
pescadores de hombres. Los cuatro escogidos aceptan remar mar adentro y echar
las redes sólo “en tu nombre”. El resultado es una abundancia milagrosa. Han
dejado todo. Comienzan la senda del seguimiento discipular.

3.4. La multiplicación de los panes. El verde de la hierba recuerda que ocurrió en


primavera. Cristo despliega el poder de su misericordia, haciendo abundante el
escaso alimento inicial. Pero no es él quien entrega el pan a la multitud –“denles
ustedes de comer”. Los discípulos tienen el mandato de atender a los
menesterosos. Resuena aquí una urgencia mordiente. Es un imperativo de la
Iglesia Latinoamericana y del Caribe de atender a los pobres y postergados, “sea
en el socorro de sus necesidades más urgentes, como también en la defensa de
sus derechos” (Homilía de Benedicto XVI a los obispos brasileños, 11.05.07).

3.5. Encuentro con los discípulos de Emaús. Esta escena muestra cómo Jesús mismo
entra en el dinamismo peregrinante de la Iglesia. Durante el camino, él explica
las Escrituras. En la mesa de Emaús, el Resucitado parte y comparte el pan.
Pictóricamente, la atención se focaliza en la centralidad complementaria de la
Palabra y la Eucaristía. El texto de la leyenda registra la intensidad del encuentro
del discípulo con su Maestro. Es un ardor contemplativo que llevará a un nuevo
trayecto misionero hacia Jerusalén.

3.6. La venida del Espíritu Santo. Es el nacimiento de la Iglesia. Los apóstoles se


congregan en torno a María Madre. Pedro tiene las llaves, como símbolo de su
encargo específico en el Colegio Apostólico. “Todos quedaron llenos del Espíritu
Santo”. Aparecen las mujeres, de las que habla el libro de los Hechos. Unidad en
la comunión del Espíritu Santo. Variedad de carismas. Sólo por el vigor divino
que el Paráclito les concede, podrán asumir la ardua misión encomendada.

3.7. Los discípulos de Jesús evangelizan. Sucede ahora. Los discípulos entran en la
vida de “nuestros pueblos”. La evangelización ocurre en el diálogo cotidiano. Los
discípulos y misioneros del siglo XXI prolongan el amor y el compromiso de san
Juan Diego de Guadalupe, con la Biblia en la mano. En su tilma va, impresa por
el cielo, la imagen de la Virgen María, discípula perfecta y sabia educadora de
los elegidos por Jesús para la tarea de evangelizar.

3.8. El Padre Eterno y el Espíritu Santo. Corona el tríptico una imagen del Padre de
Jesucristo. Se muestra a la Primera Persona, unida por el Espíritu al Señor
Resucitado. Con este remate, todo el tríptico logra un expreso carácter trinitario,
tal como era usual en los retablos de la primera evangelización. Se indica así cuál
es la fuente y el destino de la historia humana. El Dios Uno y Trino es propuesto
como la suprema realidad de amor, en la que se sostienen e inspiran todas las
formas fraternas de comunión y solidaridad que brotan del evangelio en la
historia concreta de los pueblos. Dos santos son retratados como testigos mayores
del acontecimiento fundante: Toribio, varón, español y misionero, primer obispo
de Lima y Rosa, mujer de cuna limeña, misionada, consagrada, primera santa de
la nueva frontera de la Iglesia.

4. PRESENCIA SUYA

4.1. Benedicto XVI ha dejado a los países de América Latina y el Caribe el regalo de
su presencia, de su oración, de sus palabras vivificantes y valientes. Junto a ello
está el don de este tríptico que representa el “Cristo del Envío”. El pueblo
creyente lo irá recibiendo, no sólo como una ilustración de verdades. Tal vez lo
hará suyo y lo transformará, por la plegaria, en un icono de su devoción cálida y
confiada. Será una parábola pictórica en la cual se unan el Credo de la fe con la
persona del Sucesor de Pedro, el padre común.

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