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Merida

El documento analiza la fundación y desarrollo urbano de Mérida, Venezuela, destacando su origen en un intento ilegal en 1558 y la posterior corrección realizada por Juan de Maldonado en 1559, quien estableció un orden geométrico como acto de legitimidad política. A través de un método riguroso de medición, se creó una retícula urbana que se mantuvo compacta y monocéntrica durante siglos, incluso durante el auge cafetalero del siglo XIX, preservando su estructura original. La historia de Mérida contrasta con la de otras ciudades, mostrando una resiliencia extraordinaria ante los cambios sociales y económicos hasta la llegada del automóvil en el siglo XX.
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Merida

El documento analiza la fundación y desarrollo urbano de Mérida, Venezuela, destacando su origen en un intento ilegal en 1558 y la posterior corrección realizada por Juan de Maldonado en 1559, quien estableció un orden geométrico como acto de legitimidad política. A través de un método riguroso de medición, se creó una retícula urbana que se mantuvo compacta y monocéntrica durante siglos, incluso durante el auge cafetalero del siglo XIX, preservando su estructura original. La historia de Mérida contrasta con la de otras ciudades, mostrando una resiliencia extraordinaria ante los cambios sociales y económicos hasta la llegada del automóvil en el siglo XX.
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INTRODUCCIÓN

El orden geométrico ante el desafío de los Andes


Dos ciudades, dos orígenes del orden...
En Valladolid, el urbanismo moderno fue la respuesta desesperada tras el fuego; en Mérida, fue la
herramienta para domesticar un paisaje imponente. El caso venezolano es fascinante porque invierte la
lógica vallisoletana: no hubo que reconstruir sobre ruinas humeantes, sino imponer la ley sobre el vacío.
Sin embargo, la historia de Mérida desmiente el mito de la 'hoja en blanco'. Su nacimiento fue convulso,
fruto de un primer intento ilegal en 1558 que tuvo que ser subsanado. La verdadera ciudad no nació del
deseo, sino de la corrección: fue Juan de Maldonado quien, en 1559, trasladó y trazó la urbe definitiva,
demostrando que en América el orden geométrico era, ante todo, un acto de legitimidad política.

1. CONTEXTO HISTÓRICO

De la ilegalidad al trazado “a cordel”

1.1. El escenario geográfico

La ciudad se emplaza en el occidente venezolano, en un territorio donde la montaña domina más del
80% de la superficie, generando una barrera física y climática determinante.
Esta singularidad topográfica dio lugar a una gran variedad de pisos térmicos, pero también restringió
severamente la habitabilidad. En consecuencia, la estructura territorial no siguió un patrón de manchas
expansivas, sino de líneas de ocupación a lo largo de los valles de los ríos Chama, Mocotíes y Santo
Domingo, configurando un sistema de ciudades-corredor adaptadas a la cota del terreno.

1.2. La doble fundación: el caos y la corrección

La ciudad no surgió perfecta en su primer intento. Su historia comienza con un acto de desobediencia: el
9 de octubre de 1558, el capitán Juan Rodríguez Suárez fundó la ciudad ilegalmente —sin autorización
real— en el sitio de la Laguna de Urao (actual Lagunillas), Este asentamiento inicial carecía del rigor
jurídico necesario para ser reconocido por la Corona.

La respuesta institucional fue inmediata y drástica, similar a la voluntad de orden que Felipe II impuso en
Valladolid. La Real Audiencia envió al capitán Juan de Maldonado para "corregir" la ilegalidad. En 1559,
Maldonado trasladó la ciudad a su ubicación actual, la Meseta de los Tatues. Lo crucial para este análisis
no es solo el traslado, sino el método: las crónicas relatan que esta refundación definitiva se ejecutó
estrictamente "a cordel y regla".

Este acto confirma que la retícula ortogonal en Mérida no fue una casualidad, sino una imposición
técnica deliberada para asegurar jurídicamente la incorporación de estas tierras a la Corona.

1.3. La Ejecución Técnica: La Vara de Castilla

Al igual que Francisco de Salamanca utilizó la geometría para racionalizar Valladolid, en Mérida se
aplicaron instrumentos de medición precisos sobre un terreno virgen (tabula rasa). Se utilizó la "Vara de
Castilla" (equivalente a 84 cm o un paso del conquistador) como unidad de medida patrón.

Bajo este sistema métrico, se cuadriculó la meseta asignando 100 varas por lado a cada cuadra y dejando
calles intermedias de 10 varas de ancho. Este rigor matemático permitió repartir los solares de forma
jerárquica: los vecinos más notables, la Iglesia y el Cabildo ocuparon los cuadros inmediatos a la Plaza
Mayor, replicando el modelo de centralidad y poder que las Ordenanzas codificarían formalmente años
más tarde, en 1573.

No hay constancia gráfica del plano fundacional o contentivo de los primeros años de la ciudad de
Mérida, más existe una escritura con la representación gráfica de la planta del centro poblado lagunilla,
vecino a Mérida, el cual fue fundado en 1586. los lineamientos básicos de la escritura y el grafico que la
acompaña hablan de una "plaza en cuadros de cuyos lados debían salir las calles y en su centro colocar la
cruz. la iglesia complementaria con la plaza funciones comunales y ordenadoras del casco urbano. igual
debían levantar la casa del cacique al lado de la la plaza y viviendas para el resto de los indígenas, de
tierra o piedra como acostumbraban. con una cruz de madera de media vara de alto sobre la punta de
cada casa.

El uso de esta medida estandarizada permitió la creación de una retícula modular matemática:
• La Manzana (La Cuadra): Se trazó en base a un cuadrado perfecto de 100 varas por lado (aprox. 84
metros), creando la unidad básica del tejido urbano.
• La Calle: Se establecieron calles intermedias con un ancho constante de 10 varas (aprox. 8,4 metros).
• Consecuencia Morfológica: Esta proporción matemática generó una relación lleno-vacío predecible y
repetitiva, muy diferente a la irregularidad medieval. La ciudad no creció al azar; se multiplicó copiando
este módulo perfecto de 100x100 varas.

1.4. Consolidación del Modelo: La ciudad compacta y monocéntrica (Siglos XVI-XIX)

A diferencia de las ciudades europeas que sufrieron transformaciones radicales con la Revolución
Industrial, Mérida experimentó una "congelación" de su modelo urbano fundacional. Durante los
periodos colonial y cafetalero, la ciudad funcionó bajo el esquema de "ciudad preindustrial",
caracterizada por ser una unidad compacta, de límites perceptibles y alta densidad funcional, donde la
traza original dictada por las Leyes de Indias no solo se respetó, sino que se densificó sin alterar su lógica
geométrica

- Escala peatonal: El modelo consolidado en Mérida se definió por la compacidad. Al no existir


medios de transporte motorizados, la ciudad se diseñó para la escala del peatón, lo que obligó a
concentrar todas las funciones en un espacio reducido y caminable
- Mezcla de usos: No existía la separación funcional que caracteriza al urbanismo moderno
(barrios solo para dormir vs. zonas industriales). En la Mérida colonial y cafetalera, la vivienda
era una unidad productiva mixta: albergaba a la familia, el taller artesanal en el fondo y el
comercio o servicio en la fachada frontal.
- La fachada continua: Morfológicamente, esto se tradujo en la ocupación de los bordes de la
manzana. Los solares se tapiaban hacia la calle, generando un "bloque urbano" sólido que
impedía ver los huertos interiores. Esto creó una fachada continua y un perfil urbano
homogéneo, cumpliendo con la estética de "muro" que definía el espacio público de la calle, tal
como se buscaba en el urbanismo español
- Segregación concéntrica (los 4 sectores): Según el modelo descrito por Amaya y Hardoy, la
ciudad se organizaba en anillos de jerarquía social alrededor de la plaza:
Sector I (El Centro): Rodeando la plaza se ubicaban los poderes (Iglesia, Gobernación) y las
viviendas de la élite (latifundistas y comerciantes). Vivir aquí era sinónimo de poder.
Sector II (Transición): Habitado por artesanos y empleados menores. Aquí surgieron los barrios
tradicionales (Milla, Belén).
Sector III (Suburbios): Quintas para el turismo y producción agrícola inmediata.
Sector IV (Extrarradio): Granjas operadas por peones y esclavos.
Esta estructura aseguró que, durante siglos, la ciudad no creciera de forma dispersa, sino que se
densificara "hacia adentro", reforzando la primacía de la cuadrícula centra

El Periodo Cafetalero (Siglo XIX): Densificación sin ruptura


Un hallazgo crucial de Rangel Mora es que el auge de la economía del café (mediados del s. XIX
a mediados del s. XX), aunque trajo riqueza y dinamismo, no rompió el modelo morfológico
colonial, sino que lo reforzó.
• Llenado de la Retícula: El crecimiento demográfico impulsado por el café no generó nuevas
urbanizaciones dispersas inicialmente, sino que ocupó los vacíos existentes dentro del damero
original. La trama urbana se hizo más densa ("grano grueso"), ocupando los solares baldíos pero
respetando la alineación de las calles y la altura tradicional.
• Continuidad del Estilo: Las nuevas edificaciones financiadas por el café mejoraron la calidad
constructiva y los acabados (refinamiento estético), pero mantuvieron la tipología de patio
central y fachada alineada a la calle, preservando la imagen unitaria de la ciudad heredada de la
colonia.
Conclusión del punto: La "consolidación del modelo" en Mérida demuestra una resiliencia
extraordinaria de la traza de Francisco de Salamanca (indirectamente aplicada vía Leyes de
Indias). Mientras Valladolid evolucionaba, Mérida mantuvo el ideal de la ciudad orden y
claustro hasta la aparición del automóvil y el petróleo en el siglo XX, momento en el cual este
modelo compacto finalmente se fracturó hacia la dispersión.

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