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Duques

El documento detalla la historia y la estructura del Reino de Bretonia, fundado por Gilles el Bretón en el 977 CI, donde los duques, leales al rey, gobiernan sus respectivos ducados. Se presentan varios duques actuales, como Adalhard de Lyonesse y Alberic de Bordeleaux, describiendo sus personalidades, hazañas y objetos mágicos. La narrativa resalta la importancia de la lealtad, la nobleza y las tradiciones en la cultura bretoniana.

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Duques

El documento detalla la historia y la estructura del Reino de Bretonia, fundado por Gilles el Bretón en el 977 CI, donde los duques, leales al rey, gobiernan sus respectivos ducados. Se presentan varios duques actuales, como Adalhard de Lyonesse y Alberic de Bordeleaux, describiendo sus personalidades, hazañas y objetos mágicos. La narrativa resalta la importancia de la lealtad, la nobleza y las tradiciones en la cultura bretoniana.

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Historia

En el pasado distante, las tierras de la tribu humana de los bretoni fueron aseguradas por Gilles el
Bretón, y se formó así el Reino de Bretonia en el 977 CI (año 1 para los bretonianos). Cada uno de
los señores bretonianos, los poderosos Compañeros del Grial, hicieron juramentos de lealtad a
Gilles, a quien proclamaron como su gobernante supremo. Los propios señores recibieron el título
de Duque, y se formalizaron las fronteras tradicionales de sus tierras, creando los catorce ducados.
Gilles se convirtió en el Royarca de toda Bretonia, aunque también cumplió el papel de Duque de
Bastonne.
Un Duque de Bretonia tiene poder real dentro de su ducado, pero todavía está sujeto al rey. Esto
significa que un duque que actúa dentro de su propio ducado no puede infringir la ley, a menos que
desobedezca una orden directa del propio rey. Los duques son también cada uno un noble
bretoniano, guerreros poderosos y renombrados, ya que no podrían conservar su posición si no
fuera así.
Es común que el Royarca también sea un Duque, especialmente si tenían este rango antes de
ascender al trono. Sin embargo, se sabe que algunos reyes bretonianos otorgan este título a otro
noble, a menudo un miembro de su propia casa real. Si tal Duque muere en batalla o es depuesto de
alguna manera, el Rey heredará el puesto.
En teoría, el rey puede nombrar a tantos duques como desee, aunque el título no significa nada si no
se poseen tierras. En la práctica, sólo los catorce grandes feudos heredados de Gilles y de sus
Compañeros se consideran meritorios de tal posición.

Actuales Duques de Bretonia


• Adalhard de Lyonesse.
• Alberic de Bordeleaux.
• Armand de Aquitaine.
• Bohemond "Matabestias" de Bastonne.
• Cassyon de Parravon.
• Chilfroy de Artois.
• Folcard de Montfort.
• Hagen de Gisoreux.
• Huebald de Carcassonne.
• Louen Leoncoeur de Couronne.
• Maldred (fallecido) de Mousillon. El puesto ha estado vacante desde la muerte de Maldred.
• Tancred II de Quenelles.
• Taubert de L'Anguille.
• Theodoric de Brionne.
Adalhard de Lyonesse
Adalhard es el actual Duque de Lyonesse.

Historia
El Duque Adalhard parece un hombre sencillo. Destaca en el campo de batalla, y cuando no está en
él, disfruta de banquetes, del juego y demás entretenimientos propios de los guerreros. Algunos de
los que han analizado su estilo sugieren que su verdadera lealtad es hacia Ulric, y no hacia la Dama
del Lago, y lo achacan a la sangre Norse que corre por las venas de los lyonenses del norte.
El duque se mantiene al margen de la política de su Ducado en la medida de lo posible. Si un
conflicto crece hasta el punto de que no puede ignorarlo, suele enviar a sus tropas para interrumpir
fiestas, tomar territorios y declarar una resolución. Siempre que ha tomado esta medida ha
demostrado ser eficaz, por lo que actualmente la nobleza trata de evitar que sus conspiraciones
atraigan la atención de su señor.
Adalhard es un hombre grande de rostro rubicundo que luchó en muchas batallas duras en su
juventud y todavía rara vez se le ve sin su armadura. Es brusco, intransigente y superior y está muy
acostumbrado a salirse con la suya.
La heráldica de su familia es la cabeza de un león, símbolo adoptado por Thierulf, primero y más
devoto de los Compañeros de Gilles, después de que su hermano y él diesen muerte a un enorme
león devorador de niños. A partir de aquel día, y siempre que cabalgaba a una batalla, llevaba sobre
sus hombros la piel del león, y de él ha quedado grabado que combatía con la fiereza y el valor de la
bestia.

Alberic de Bordeleaux
"Tan rotundo y decidido como el océano infinito y tan salvaje como la imparable
tempestad."

—Anónimo

En la túnica de Alberic puede verse la orgullosa cimera de Bordeleaux, el Tridente de Manann,


Dios de las olas y las tormentas. Como Manann, Alberic de Bordeleaux es tempestuoso como el mar
e incansable como la marea. Es estricto, valeroso y desciende de una larga estirpe de poderosos
Duques gobernantes de Bordeleaux, caracterizados por la paciencia de un océano en calma, lo que
ha brindado seguridad y prosperidad. Alberic piensa seguir la misma línea. Del mismo modo que las
olas nunca dejan de chocar contra la costa de Bretonia, el incansable Alberic no se rinde. Muchos
no sabrán apreciar su progreso, pero este se va produciendo con la lentitud y la inevitabilidad de la
misma naturaleza.
Bordeleaux está gobernada por el estricto y valiente Duque Alberic, vencedor de los Campos del
Palantor. Lleva el escudo de armas de su familia, el tridente del dios del mar Manann, que vela por
las costas de Bordeleaux y cuya importancia en la región es tal que compite con la mismísima
Dama del Lago por los afectos de su pueblo. Cuenta la leyenda que el Duque Marcus, antepasado
de Alberic y uno de los Compañeros de Gilles y virtuoso primer duque, luchó junto a Manann para
acabar con los invasores marinos de las costas de Bordeleaux, restablecieron la paz y este símbolo
heráldico sirve para demostrar el fuerte lazo que existe entre el linaje de Marcus y la tempestuosa
ciudad marina.
El Duque Alberic es célebre por su valor personal y su sorprendente autodisciplina, siguiendo una
estricta obediencia al Código de Caballería. También por exigir a todos los caballeros de su casa que
alcancen su mismo nivel, y por deshacerse de quienes no lo hacen así, lo expulsa de su seno. Como
resultado, posee el menor cuerpo caballeresco de todos los Duques, pero sus caballeros se cuentan
entre los más formidables del reino, tan valientes que muchos en el campo de batalla los tildan de
suicidas, sin arredrarse ante ningún oponente, por grande o importante que este sea.
Por desgracia, estas circunstancias le han impedido llegar a alcanzar la gran ambición de su vida, el
Duque siempre ha querido partir en busca del Grial, pero su padre murió durante su periodo de
Caballero Novel, y Alberic nunca ha sido capaz de confiar las responsabilidades del ducado a nadie
más. Su hijo mayor, Frermund, seria un buen candidato pero partió en su propia búsqueda del Grial.
Esto, unido a la avanzada edad del Duque, parece haberlo llevado a hacer algo más que soñar;
corren rumores bien fundados de que busca un administrador de confianza que dirija el ducado en
su ausencia, ya que el Duque aún alberga la esperanza de que surja un candidato que le permita
abandonar su cargo ancestral para buscar el santo cáliz de la leyenda en el nombre de la Dama.

Objeto Mágico
• Tridente de Manann - Aquellos que sean golpeados por el tridente del Dios del mar son
derribados por una devastadora marea de furiosa ira.

Armand de Aquitaine
El Portaestandarte de Batalla de Bretonia es siempre un caballero de valor excepcional, ya que tiene
el honor de portar el sagrado Estandarte de Batalla de Bretonia. Este estandarte representa a la
Dama del Lago y se cree que es el mismo estandarte que fue portado por Gilles el Bretón hace más
de mil años.
El Duque Armand era un hermano menor del último Duque de Aquitaine y no esperaba heredar el
Ducado. Como Caballero Novel era famoso por su imprudencia y su suerte, y rechazó todos los
feudos que se le brindaron hasta que el propio Rey Louen Leoncoeur le ofreció el puesto en la casa
real. De nuevo, Armand destacó gracias a sus valerosas hazañas: la más notable de ellas consistió en
dar muerte al Bestigor Darmal el Encorvado en combate singular. Muchos esperaban que se le
concediera una baronía y probablemente fuera nombrado marqués.
En vez de eso, tras sólo dos años partió en busca del Grial. Lo buscó discretamente, y no ha hablado
de sus actividades desde su regreso. Algunos juglares intentan reconstruir sus movimientos, pero no
es el único caballero andante que ha ocultado su identidad. A su regreso como Caballero del Grial,
consiguió el honor de portar este sagrado y venerable estandarte, derrotando a todos los demás
caballeros que aspiraban a este honor en el gran Torneo de Couronne. Armand es uno de los
caballeros más jóvenes que han conseguido convertirse en Caballeros del Grial tras partir en su
búsqueda en cuanto realizó la hazaña para ser armado caballero, renunciando así a toda aspiración
al Ducado de Aquitaine a favor de su hermano mayor. Armand custodia el estandarte día y noche en
la Capilla del Grial de Couronne, durmiendo en el umbral con un escudo como almohada.
Hace tres años, el Duque de Aquitaine murió y por mandato real Armand fue declarado heredero
para el cargo. Aún está ubicándose como administrador; siente un fuerte deseo de solucionar los
problemas personalmente y mediante fuerza marcial.

Objeto Mágico
• Pabellón de la Dama.

Bohemond "Matabestias"
"Con lanza y espada, abatiremos al cobarde enemigo. Nosotros, los orgullosos
caballeros de Bretonia, los descabalgaremos. Con Fe en la Dama, seremos insensibles
al daño. Seremos recordados por siempre, nuestras heroicas hazañas vivirán más allá
de nuestros años. Por Bretonia y la Dama, ¡A la carga!"

—Bohemond "Matabestias" en la batalla de Grismar Crossing

Bohemond "Matabestias" es el Duque del extenso Ducado de Bastonne, situado en el corazón de


Bretonia.

Sumario
• 1 Historia
• 2 Objetos Mágicos
• 3 Miniatura
• 4 Fuentes

Historia
El ducado de Bastonne es quizás el más viejo del reino de Bretonia, y el Duque es tradicionalmente
uno de los nobles más importantes del Rey. Bohemond completó su búsqueda del Grial antes de
acceder al ducado, y el Rey en persona le pidió que aceptara el señorío de estas ancestrales tierras
en vez de convertirse en un caballero ermitaño en el santuario del Grial de Bastonne.
Las grandes posesiones de Bohemond son rurales prácticamente en su totalidad. Su castillo de
Bastonne está situado en un alto promontorio rocoso desde donde domina el Bosque de Chalons.
Desde él, Bohemond y su poderoso séquito de caballeros mantienen una guerra constante contra los
Orcos, Skavens y otras criaturas malignas que infestan las montañas salvajes del corazón de
Bretonia.
El Duque Bohemond es particularmente famoso por luchar contra monstruos, hasta el punto en que
se le conoce como el "Matabestias". También es famoso por negarse a luchar contra adversarios
inferiores; incluso aunque le ataquen se limitará a dejarlos inconscientes para poder centrar su
atención en cualquier otra parte. Según aumentaba su destreza, la búsqueda de enemigos dignos le
ha llevado a muchos lugares de Bretonia y de más allá. Fue de los pocos Duques que cabalgó
personalmente en ayuda del Imperio contra la Tormenta del Caos.
A pesar de ser descendiente directo de Gilles el Bretón, Bohemond es absolutamente leal al Rey
Louen Leoncoeur y no ansía la corona. De hecho, delega toda la administración de su ducado a su
administrador, y el tema de la justicia a su justicia mayor. Pero no se le da bien juzgar a la gente y
ha de sustituir a estos hombres con una frecuencia alarmante.

Objetos Mágicos
• La Maza de Bastonne - La enorme Maza de Bojemond es un arma temible, tan cargada de
magia como pesada. Su mango ha sido tallado del fémur de un Dragón cazado por
Bohemond, y su cabeza maciza fue forjada con hierro meteórico por Herreros Rúnicos
Enanos.
• Escudo de Bohemond - Cuando Bohemond encontró finalmente el Grial, la Dama del Lago
le pidió que limpiase la sangre de Dragón de su Escudo. Las aguas del lago sagrado
limpiaron el Escudo y lo imbuyeron de poder mágico que hace que en ocasiones las armas
enemigas se rompan al impactar contra el.

Cassyon de Parravon
El Duque Cassyon es el soberano de las tierras de Parravon y su familia porta el pegaso rampante
en su heráldica. Esto se hace en memoria de Agilgar, primer Duque de Parravon y compañero de
Gilles el Bretón, puesto que fue el primero en trabar con amistad con Glorfinial, señor de todos los
pegasos.

Historia
El Duque Cassyon es el más joven de todos los Duques de Bretonia (tiene veintipocos). Aun así, ya
es un Caballero del Grial y monta un pegaso real. Su padre murió mientras Cassyon buscaba el
Grial, y el joven Duque ignoraba cuál era su posición hasta que regresó a Parravon.
Los consejeros del Duque se sintieron muy frustrados. Es un muchacho abierto y enérgico, que no
siente malicia hacia nadie, por lo que es casi imposible que no caiga bien. Por otro lado cree que
puede desempeñar sus obligaciones ducales cabalgando por el cielo y abatiendo monstruos. No cabe
duda de que eso se le da bastante bien, pero también debería encargarse de otros asuntos como los
impuestos, la justicia y la administración.
La destreza del Duque Cassyon no ha pasado desapercibida entre los parravonenses, y ha
comenzado a extenderse el rumor de que se trata de la reencarnación del Duque Agilgar.

Chilfroy de Artois
El boscoso Ducado de Artois es el dominio del Duque Chilfroy, quien sale a menudo a patrullar sus
bosques y a dar muerte a todas las criaturas malvadas que viven en ellos.
Descripción
El Duque Chilfroy es un hombre enorme, más duro que cualquiera de sus caballeros o nobles.
También es celebre por su seriedad; nadie le ha oído jamás reírse, y supuestamente sólo sonríe
cuando contempla la devastación que ha causado entre sus enemigos. Aunque no es una persona
sutil, es un gran líder de batalla cuando las estrategias son simples y lo único que necesitan sus
seguidores es inspiración.
El duque pasa la mayor parte del tiempo cazando animales, Hombres Bestia y demás monstruos de
las profundidades del Bosque de Arden. El gran salón del castillo de Artois está decorado con las
pieles y cabezas disecadas de las mayores victorias. En él congrega al tribunal de la ley ducal, y es
célebre por despachar los casos rápidamente fallando a favor de la parte de mayor rango, y
aplicando castigos brutales al perdedor. Por ello, la gente hace todo lo posible para evitar presentar
un caso ante el Duque (y así es como le gusta a Chilfroy).

Folcard de Montfort
"Puede que Gilles el Unificador y sus Compañeros hayan luchado aquí a lomos de un
caballo, pero nosotros no podemos igualar sus hazañas. Debemos combatir como
podamos, contra los mismos enemigos, con el mismo coraje."

—Duque Folcard de Montfort

El Duque Folcard de Montfort destaca como anomalía entre los Duques de Bretonia. Es un
guerrero temible, pero casi nunca combate a lomos de un caballo. Las montañas que cubren su
ducado imponen graves limitaciones a los combatientes montados, y el Duque no acepta
limitaciones en su persecución de los pieles verdes que infestan sus tierras.
El Duque Folcard es posiblemente el Duque bretoniano más amado por su pueblo. Parece
preocuparse verdaderamente por las aldeas de campesinos y procura ayudarlos cuando son atacados
por goblinoides. Ha dispuesto un entramado de almenaras por todas las montañas (gracias a las
cuales las tropas de ayuda suelen llegar al poco tiempo con bastante frecuencia), y el Duque acude
en persona cada vez que puede. Una vez ha salvado una aldea, establece un tribunal improvisado en
el que se atienden todas las quejas de tratos injustos y se ponen las cosas en su sitio.
El Duque es un hombre alto de cabellos oscuros muy cortos y mirada feroz e intensa. Muchas
campesinas montforteñas sueñan con su Duque (como la mayoría de las nobles).

Hagen de Gisoreux
"Todos somos gisorenes, y nuestra propia diversidad nos da fuerzas."

—El duque Hagen, en un discurso dirigido a los habitantes de Gisoreux del


Norte, en el que los instaba a abandonar la poca civilizada práctica de fingir
matrimonios el Día del Lirio

Las tierras de Gisoreux las gobierna el fiel y virtuoso Duque Hagen. El Duque Hagen es un
Caballero del Grial y compañero íntimo del Rey Louen Leoncoeur. El Duque está absolutamente
comprometido con los ideales de la caballería, más aún que la mayoría de los Caballeros del Grial,
y el Rey sabe que puede confiar en su consejo sobre la forma más caballeresca de proceder. Las
decisiones del Duque Hagen no se ven nubladas por la preocupación por las consecuencias, de
modo que el Rey no siempre le pide consejo; el Rey Louen es consciente de que hay veces en las
que es mejor actuar de forma no caballeresca para evitar el desperdicio de centenares de vidas.
Hay veces en que el Duque tiene problemas con estas decisiones. Sabe que el Rey posee
responsabilidades mayores, y aún confía en el compromiso de su amigo para con los ideales de la
caballería. Aun así, cada vez que el Rey Louen sacrifica dichos principios por un bien mayor, el
Duque se preocupa por la posibilidad de corrupción.
El Duque Hagen casi nunca se aleja del lado de su Rey. Al Rey Louen le gusta tener pronto acceso a
los consejos del Duque, y éste (aunque ni siquiera lo admitiría para él mismo) desea vigilar al Rey.

Huebald de Carcassonne
"Mantenemos a los orcos alejados del resto de Bretonia. Es nuestro deber, y no pedimos
otra recompensa que poder hacerlo ¡Somos los hombres de Carcassonne, y
lucharemos!"

—Duque Huebald (Su discurso más largo documentado)

El Duque Huebald es el serio y respetado señor de Carcassonne, cuyo escudo lleva la imagen de
una espada, símbolo muy importante en la tierra de este guerrero.

Descripción
El Duque Huebald es un hombre relativamente pequeño, más enjuto y veloz que poderoso. Sólo
habla cuando es absolutamente necesario, y aun entonces utiliza las menos palabras posibles.
Ninguno de los que le conocen le han visto sonreír nunca, y mucho menos oírle reír. Su esposa
Schermilde fue un matrimonio de conveniencia, y el hecho de que los cuatro hijos de la pareja
hayan salido al Duque es motivo de asombro.
Aún así, el Duque es muy respetado entre todos sus hombres. Es el mejor líder bélico que han
tenido los carcassonianos en generaciones, y en persona es un valiente guerrero. A diferencia de
muchos caballeros bretonianos, está dispuesto a valerse de emboscadas y engaños para derrotar a
adversarios monstruosos. Su postura es que los Orcos que surgen de las montañas para quemar
aldeas no merecen ser combatidos con honor.

Louen Leoncoeur
"¿Qué es un caballero sin su montura? Pero, ¿qué es la montura sin su caballero?
Caballero y montura, noble y campesino; Bretonia está construida en base a estas
relaciones."

—Rey Louren Leoncoeur.

Louren Leoncoeur es el Rey que actualmente ocupa el trono de Bretonia, siendo también el Duque
de Couronne. Louen ya ha demostrado su temple en varias grandes batallas, ganándose el
sobrenombre de "el Corazón de León" a causa de su gran coraje personal y su desprecio al peligro.
Es conocido también como Louen el Temerario, el León de Bretonia, el Amado Hijo de Bretonia, el
Señor de la Lanza, el Paladín Dorado y el Gran Paladín de la Corte Bretoniana.
Es un Caballero del Grial, como se exige a todos los reyes de Bretonia, y muchos afirman que es el
mejor Royarca que ha habido desde hace siglos: los aduladores dicen que incluso es el mejor desde
el mismísimo Gilles el Bretón.
El Rey Louen Leoncoeur es el mayor líder que ha tenido Bretonia desde Gilles el Unificador. Es
un poderoso rey guerrero y sus súbditos saben bien que es el paradigma de la perfección y el honor
caballeresco. Su habilidad en el campo de batalla no tiene igual y el Rey Louen Leoncoeur es un
maestro de la táctica y la estrategia.
Louren inició la búsqueda del Grial cuando todavía era un joven príncipe, y después de muchos
años consiguió encontrar el Grial. Poco después de su regreso ascendió al trono, y fue coronado por
Morgana, el Hada Hechicera en persona.
Nunca ha conocido la derrota. Tanto la gente de baja cuna como los nobles hablan de Leoncoeur
con verdadera reverencia, igualándolo a los Compañeros de Gilles de antaño. Algunos dicen que la
sangre de Gilles corre por sus venas. El Rey Louen, el Corazón de León, es como diplomático igual
de feroz y honorable y muy respetado más allá de las fronteras de Bretonia.
Desde su coronación en el 2500 CI, Louen ha demostrado su valía una y otra vez. Acabó por
completo con la invasión Orca de 2508 CI en la Batalla del Pantano Profundo y ha limpiado de No
Muertos los campos de batalla de las afueras de Mousillon en varias ocasiones. Ha combatido y se
ha alzado victorioso contra los invasores del Norte, empujándolos de vuelta al mar, y ha limpiado
de las ciudades la mancha que suponen los insidiosos aquelarres.
El rey Louen suele hacerse al campo de batalla junto a sus tropas, y en tales ocasiones cabalga un
hipogrifo que siembra el pánico entre sus enemigos. Su destreza en combate es tal que incluso
quienes se enfrentan a él a pie son propensos a huir, y la presencia del rey en el campo de batalla
parece insuflar valor a los bretonianos.
Leoncoeur siempre ha atacado con gran furia y decisión a los enemigos de Bretonia; y, aun así, sus
acciones siempre han sido honorables y han seguido los parámetros marcados por las leyes de
Caballería. Aunque una manera tan rígida de comportarse, de acuerdo al Código de Caballería,
puede parecer que sirva para esconder otros comportamientos no tan escrupulosos, se trata de una
fuente de fuerza para el Rey Louen. Ha sido bendecido por la Dama del Lago más que ningún otro
mortal y algunos rumorean que incluso ha llegado a besarla. Es evidente que el poder del Grial
corre por sus venas; y la leyenda cuenta que, cuando Leoncoeur sufre una herida, de esta sale un haz
de luz que no se extingue hasta que la herida está curada, segundos después.
Lejos de la guerra, es célebre por ser un monarca justo. No permite que la ley escrita enmascare
abusos de su espíritu, y hasta los nobles de menor estatus pueden esperar ser recibidos
personalmente. El rey ha promulgado un decreto según el cual nadie ha de sufrir por lo que diga
durante estas audiencias, y se encarga de cumplirlo. Allí donde se involucra el rey, se hace justicia.
Lo único de lo que se lamentan los bretonianos es de que su rey sigue siendo tan sólo un hombre.
Después de más de veinte gloriosos años en el trono, Louen parece estar todavía en la flor de la
vida, aunque los sabios dicen que está cerca de cumplir noventa años. Se rumorea que la mayor
ambición de Louen como Rey es la reconquista y reconstrucción de Mousillon, que ha permanecido
perdida para el reino desde el Caso del Falso Grial y la Viruela Roja que siguió su estela, limpiar
Mousillon de toda mancha y devolverle su gloria pasada. Si lo consigue, las tierras de Bretonia por
fin estarán unidas bajo un mismo estandarte.
Los caballeros de Louen están constantemente pidiendo a Louen que declare una Guerra de
Caballeros Noveles para reconquistar Mousillon. Sin embargo, el Rey no ha podido emprender aún
esta gran misión a causa de las guerras a lo largo de la frontera con el Imperio, mientras las
malvadas hordas de No Muertas acechan en las Montañas Grises. También existe la posibilidad de
una invasión Skaven desde el Sur, que intente infiltrase en Brionne y Bordeleaux.
Historia
Juventud
Nacido en la ilustre Casa Real de Couronne, Louen tomó el Voto de la Búsqueda cuando aún era un
joven príncipe. Viajó durante años a través del reino de Bretonia y a tierras más allá, expulsando el
mal de dondequiera que pudiera encontrarse.
Se había reunido con profetas y fantasmas por igual en sus viajes, había sobrevivido a batallas
contra Dragones y Demonios en sus intentos por ganarse el favor de la Dama y había librado a
Bretonia de muchos monstruos devastadores. Incluso había luchado junto al Caballero Verde en un
momento dado, y recibió la bendición del Hada Hechicera después de matar a una manada de
Hombres Bestia en las orillas de un Lago Sagrado.
Sin embargo, a pesar de estos logros, Louen sabía que a la Gran Corte de Couronne no le
importaban los alardes huecos. Sin pruebas de sus victorias, y sin haber visto aún el Grial, era
probable que rechazaran tales afirmaciones…

El Regreso a la Corte
Louen Leoncouer no regresaría a Couronne hasta cinco años después de que comenzara su
búsqueda. El joven caballero estaba tan lleno de cicatrices y sucio por sus batallas que al principio
los Hombres de Armas del Rey lo confundieron con un compañero campesino. Fue solo cuando
limpió la mayor parte de la suciedad de su escudo, revelando la heráldica que ocultaba, que se le
permitió pasar a su hogar ancestral.
Había venido a pedirle ayuda a su padre. Se decía que un vasto ejército de No Muertos avanzaba
tambaleante hacia las aldeas del norte del ducado, y el hechicero renegado Myldeon aumentaba su
número con cada fosa de cadáveres por la que pasaba. Aunque eran reacios a admitirlo, la Gran
Corte había creado un poderoso enemigo el día que echaron a Myldeon de sus filas por practicar las
artes prohibidas. El vil Nigromante tenía que ser llevado ante la justicia, para que no levantara a la
mitad del reino de sus tumbas.
Cuando Louen salió del castillo de Couronne una vez más, solo lo acompañaban dieciséis
caballeros, porque su padre estaba disgustado de que hubiera regresado de su búsqueda con nada
más que la súplica de un mendigo. La pequeña fuerza de valientes caballeros se encontró con el
ejército de muertos vivientes a orillas de un lago místico, y frente a ellos había cientos de guerreros
no muertos con el vil Myldeon asomando en la distancia.
La carga desesperada de los caballeros destruyó a muchos de los no muertos, y lucharon ferozmente
contra todo pronóstico, pero uno por uno comenzaron a caer. El amigo y compañero más cercano de
Louen, Brocard el Temerario, se abrió camino hacia el vil nigromante y bramó un desafío sin
palabras, apuntando con su maza a Myldeon. Justo después resultó inmolado con magia oscura,
dejando solo un cadáver carbonizado con una armadura plateada.
Agotado y angustiado, Louen chapoteó en el barro a la orilla del lago, docenas de cadáveres
agarrándolo lo arañaron mientras cortaba y acuchillaba. En poco tiempo, el lago estaba sembrado de
cadáveres de muertos vivientes. Cuando llegaron más, una marea interminable de zombis en
descomposición y guerreros esqueléticos, el miedo tocó el corazón de Louen y se derrumbó en las
aguas heladas del lago.
Louen Leoncouer se hundió más y más profundamente hasta que rayos de luz comenzaron a
acariciar su rostro. La oscuridad se hizo más clara y sintió que una sensación de paz llenaba su
corazón. Eso fue hasta que apareció una bestia de las profundidades; un León Lacustre, un horror
acuático primordial con el que luchó desesperadamente. Durante la pelea, su espada se perdió y
tuvo que arreglárselas con una simple daga antes de finalmente matar a la criatura, enterrando la
espada profundamente en su garganta. Mientras Louen descendía, sus ojos empezaron a
entrecerrarse y luego se cerraron por completo, rodeándolo de oscuridad.
Se despertó para descubrir una hermosa sala de audiencias de roca submarina, habitada por muchas
criaturas maravillosas y extrañas, aparentemente participando en un gran banquete. Presidiéndolos
había una impresionante figura femenina, sus rasgos inmaculados rodeados por un halo de
magníficos mechones plateados que se enroscaban y giraban uno contra el otro como serpientes
cortejándose. Louen se arrodilló en la arena y bajó la mirada con respeto. Sintió una gran calidez y
su alma trascendió sus sentidos mortales. Era ella, la Dama del Lago.

Ascensión como Caballero del Grial


La Dama le pidió a Louen que cenara con ella, y le explicó que Bretonia se enfrentaría a una edad
oscura y que necesitaba un gran hombre para dirigirla. Ella reveló que el Grial era simplemente
simbólico, que el agua dentro era su propia sangre, al igual que todos los Lagos Sagrados en
Bretonia. Louen estaba perdida en el asombro mientras juntaba los brazos y ahuecaba las manos. El
agua dentro de ellos resplandecía dorada, iluminada desde dentro. Él entrelazó sus dedos callosos
alrededor de sus delicadas manos y bebió profundamente. El resplandor se vertió en él como la luz
del sol líquida, el calor ardiente fluyó por sus venas mientras su cuerpo era renovado y fortalecido
por la diosa. Su corazón tronó como un toro y sus músculos se volvieron tan fuertes como el roble,
los años cayeron lejos de él como la nieve que se derrite bajo el sol primaveral. La euforia cantaba
en sus venas, una sensación de auténtico poder. Nunca volvería a estar cansado, podía sentirlo. El
sueño se había convertido en una preocupación para los hombres inferiores. Tenía demasiado contra
lo que luchar por tales indulgencias.
La Dama resplandeció de placer cuando Louen renació de las arenas. En un impulso repentino,
tomó su rostro entre sus manos y lo besó. Antes de separarse, la Dama le dijo a Louen que sentía la
verdadera grandeza en él, llamándolo Louen Leoncouer ("Corazón del León" en bretoniano) y
pidiéndole que reclamara Bretonia en su nombre. A su lado venía un grupo de misteriosos
caballeros. Vestidos con una armadura arcaica y piel pálida, sus ojos brillaban con la gloria reflejada
de la diosa. Se trataba de los Hijos de Bretonia perdidos, muchachos que la Dama tomó a una edad
temprana y que nunca más se los volvió a ver.
Louen y los Hijos Perdidos brotaron del interior del Lago Sagrado; el no muerto se dio la vuelta
cuando Myldeon se quedó en estado de shock. Su carga dio en el blanco con la fuerza de un
maremoto. Los títeres no muertos del nigromante se estrellaron contra el barro con la fuerza del
impacto, los cuerpos en descomposición prácticamente salpicaban mientras la hueste plateada
regresaba a casa. Louen era un relámpago plateado en el corazón de la tormenta. Incluso estar cerca
del Caballero del Grial era mortal para los no muertos que lo asaltaban. La piel se desprendió de la
carne y la carne se desprendió de los huesos cuando las podridas criaturas comenzaron a deshacerse
a su paso. Imparable, Louen golpeó a izquierda y derecha con su espada, cada golpe decapitante
dejaba una curva de luz plateada que se desvanecía lentamente en el aire. Una sucesión de arcos
relucientes se extendía por el campo de cadáveres como la escritura mágica de alguna raza antigua.
Habiendo superado su asombro, Myledon sonrió mientras convocó a los no muertos a la no-vida,
creando un muro de hueso entre él y el Caballero del Grial, sus afilados dientes manchados de
sangre mientras sacaba un cuchillo de sacrificio. En respuesta, Louen cortó las correas de su escudo
con su espada brillante y lanzó el blasón de acero de Couronne girando en un gran arco, poniendo
toda su fuerza recién descubierta en un gran lanzamiento. El extremo puntiagudo del escudo
atravesó la caja torácica y la armadura por igual en una lluvia de hueso y polvo, sin que ni la
columna ni el cráneo frenase su paso. La puntería de Louen era acertada, el escudo se estrelló contra
el escuálido cuello de Myldeon, decapitándolo en una lluvia de sangre antes de caer al suelo. La
sangre silbaba sobre el león rampante de la heráldica del escudo como lluvia en un plato caliente.
Cuando el cuerpo decapitado de su amo cayó al suelo, los esqueléticos hombres de armas y los
zombis que se tambaleaban hacia Louen se derrumbaron. Una ola invisible de liberación salió del
cuerpo del nigromante y atravesó los campos fangosos. Los muertos cayeron por docenas, luego por
centenares, hasta que no quedó nada más que montones carbonizados a millas a la redonda. La furia
de la batalla se desvaneció, reemplazada por una gran tristeza. Con expresión sombría, Louen hizo
un balance de los buenos hombres que se habían perdido en la primera batalla. Cerró sus ojos uno
tras otro, rezando una oración rápida cada vez que lo hacía por cada caído, antes de juntar sus restos
para enviarlos a sus seres queridos...

Rey de Bretonia
Louen fue coronado oficialmente en el año 1522 (2500 CI), tras haber ascendido al trono tras el
voto unánime de sus pares y con el consentimiento del Hada Hechicera, Morgana le Fay. Para
entonces se decía que tenía más de setenta años, pero todavía parecía estar en el mejor momento de
su vida.
El reino que heredó Louen fue acosado por todo tipo de amenazas. El Señor de los Muertos
Heinrich Kemmler, a pesar de su derrota en La Maisontaal, todavía acechaba en las Montañas
Grises con una horda de sirvientes no muertos. En el sur corrían rumores de que unos viles hombres
rata se infiltraban en las tierras de Brionne y Bordeleaux. Las provincias del norte sufrieron las
incursiones de los bárbaros adoradores del Caos de Norsca, mientras que otros ducados se vieron
obligados a enfrentarse a las incursiones de las tribus pieles verdes.
Se rumoreaba que la preciada ambición de Louen como rey era la reconquista y reconstrucción de
Mousillon, que estaba casi perdida en el reino después del Asunto del Falso Grial y la Viruela Roja
que siguió a su paso. Los Caballeros lo instaban constantemente a declarar una Guerra de los
Caballeros Noveles para hacer esto. Sin embargo, a menudo se distraía de esta gran tarea por las
guerras a lo largo de la frontera con el Imperio, donde ambiciosos nobles amenazaban los dominios
bretonianos.
Debido a estas amenazas, Louen promulgó una política para fomentar aún más justas y torneos en
todo el país que sus predecesores, con el fin de garantizar que todos los caballeros perfeccionaran
sus habilidades y estuvieran listos para la guerra. Realizó magníficos torneos cuatro veces al año
que se prolongaron durante varias semanas. También hizo una procesión real por los distintos
ducados, y con motivo de sus visitas los duques celebraban banquetes y torneos en su honor. Así, el
calendario de Bretonia se convirtió en una sucesión de torneos y entrenamientos. Esta política fue
más que bienvenida, ya que a los caballeros bretonianos nada les gusta más que un torneo, excepto
quizás una guerra justa y virtuosa.
Además de todo esto, Louen revivió la vieja costumbre de las justas entre regimientos nobles de
caballeros en un gran torneo marcado especialmente para este propósito. Estos Torneos Reales
también se convirtieron en ocasiones para la investidura de muchos Caballeros Errantes como
nuevos Caballeros del Reino, y el establecimiento de tareas para otros. Louen solía participar él
mismo en estos torneos, demostrando una y otra vez que era uno de los caballeros más hábiles,
feroces y honorables del país. Con el rey animando a sus caballeros a perfeccionar sus habilidades
marciales en cada oportunidad, el poderío militar de Bretonia pronto superó incluso al de los
mejores ejércitos de la historia.
Tanto los plebeyos como los nobles hablaban de Louen con reverencia, comparándolo con los
poderosos Compañeros de Gilles de épocas pasadas. Muy hábil en el campo de batalla y un maestro
de la táctica y la estrategia, nunca había conocido la derrota. Tan feroz y noble en la diplomacia
como en la guerra, el rey Louen el "Corazón de León" era conocido más allá de las fronteras de la
propia Bretonia y respetado por todos. Aplastó por completo la invasión pielverde de 2508 en la
Batalla del Pantano Profundoy ha limpiado de No Muertos los campos de batalla de las afueras de
Mousillon en varias ocasiones. Ha combatido y se ha alzado victorioso contra los invasores del
Norte, empujándolos de vuelta al mar, y ha limpiado de las ciudades la mancha que suponen los
insidiosos aquelarres. Leoncoeur siempre atacó a los enemigos de Bretonia con feroz ira y
determinación, pero sus acciones nunca fueron más que caballerosas y honorables. Montado sobre
su feroz hipogrifo, el rey siempre luchó al frente de su ejército, descendiendo sobre el enemigo y
persiguiéndolo mientras huían ante su asombroso poder.
En un momento, el Rey dirigió a su ejército para ayudar a los Enanos a expulsar a las fuerzas de un
señor de los bandidos establecido en los desfiladeros de Karak Norn. Baste decir que los asaltantes
fueron aplastados y el señor de los ladrones asesinado por el propio hacha del Gran Rey Thorgrim.
Esto luego dió lugar el tema de los cautivos en la batalla. Louen suplicó con Thorgrim en su
nombre; le explicó que no tenían elección, porque no eran más que campesinos hambrientos, y
procedió a detallar el código de caballería. Sin embargo, Thorgrim no estuvo de acuerdo, creyendo
que los campesinos tenían una opción y habían optado por no morir de hambre. Al final, el suelo de
Karak Norn estuvo bien nutrido ese día.

El Asedio de Couronne
En algún momento al principio de su reinado, Louen se vio obligado a defender su amado reino de
un vasto ejército de muertos vivientes. Habiendo presenciado el regreso del vampírico Duque
Merovech de Mousillon, el famoso Caballero del Grial Calard de Garamont había enviado
mensajeros a la corte real del Rey, advirtiéndole de la amenaza que se avecinaba. Muy pronto, las
hordas de no muertos de Merovech se abrieron camino hasta las mismas puertas de Couronne.
Un trueno retumbante recorrió los cielos como los tambores de guerra de los dioses, y el viento y la
lluvia azotaron el campo de batalla. Lanzas dentadas de relámpagos cayeron a través de las nubes
turbulentas, y con cada destello cegador, se reveló toda la extensión de la desesperada batalla que se
libraba antes de las poderosas murallas de Couronne.
La llanura ante Couronne estaba repleta de muertos vivientes, sus interminables filas se extendían
hasta donde alcanzaba la vista. Las fosas comunes de los osarios de Mousillon habían sido vaciadas,
los cadáveres de los muertos por la peste, la pestilencia y la guerra exhumados y elevados a la
maldita no vida. Avanzaron tambaleándose en filas interminables, impulsados por la voluntad de su
amo vampírico de desgarrar y mutilar. Muchos no eran más que esqueletos vestidos con restos
andrajosos de tabardos y restos de armaduras oxidadas, mientras que otros, los fallecidos más
recientemente, eran cadáveres ambulantes, con la carne podrida y pálida. Algunos empuñaban las
espadas y lanzas que habían llevado en vida, pero otros no llevaban armas en absoluto, matando a
los vivos con nada más que uñas incrustadas de suciedad y dientes podridos.
Se lanzaron grandes nubes de flechas de millares de arqueros colocados a lo largo de las almenas,
pero no hicieron mella visible en la horda interminable. Poderosos trebuchets arrojaron enormes
trozos de mampostería al aire, girando de un extremo a otro a través de la lluvia torrencial antes de
estrellarse contra el enemigo, aplastando a cientos mientras rebotaban entre las filas densamente
apiñadas. Avanzaron por el lodazal de barro y sangre, sin poder sentir ni miedo ni pánico.
Diez mil hombres de armas con los colores del rey estaban enzarzados en una batalla desesperada
ante las puertas de Couronne, y los gritos del moribundo y horrible sonido húmedo de las espadas
cortando la carne se alzaron hasta los estacionados a lo largo de las murallas de la ciudad. Guerreros
y Caballeros a pie gritaron sus órdenes, tratando desesperadamente de mantener el orden mientras la
horda aterradora se acercaba a ellos una y otra vez, trepando sobre los cuerpos de los caídos.
Los dos ejércitos habían estado encerrados en un conflicto brutal durante casi seis horas, y los
bretonianos estaban a punto de quebrarse. El agotamiento y el horror de su enemigo no muerto
estaba pasando factura, y la determinación incluso de los guerreros más acérrimos estaba
comenzando a flaquear.
Las trompetas sonaron cuando docenas de formaciones de caballeros que se habían reunido de toda
Bretonia cargaron una vez más contra las filas enemigas. Los jóvenes Caballeros Noveles iban a la
vanguardia, todavía hambrientos de gloria, desesperados por demostrar su valía. Pasaron a través de
los no-muertos, cortando cientos con lanza y espada, mientras incontables más fueron aplastados
bajo los cascos centelleantes de sus pesados caballos de guerra.
Los caballeros espolearon a sus monturas, desesperados por mantener el impulso. Empantanarse en
el combate era la muerte; con su ímpetu perdido, los valientes caballeros se verían rápidamente
rodeados y abrumados. Una a una, las formaciones de caballeros vacilaron, aplastadas por la gran
cantidad de enemigos presionando contra ellas. Se plegaron, rompiendo cráneos y atacaron a todo lo
que tuvieran al alcance de sus filos, pero eran arrastrados de sus sillas y atacados por hordas
voraces. Sus corceles relincharon de miedo cuando ellos también fueron arrastrados hacia el barro,
desapareciendo bajo el torbellino de cuerpos de no muertos que clamaban por darse un festín con la
carne de los vivos.
Por encima del campo de batalla, grandes enjambres de murciélagos giraban y se zambullían a
través de la lluvia torrencial y las nubes de flechas. Descendieron sobre los vivos, agarrándose a
cualquier carne expuesta para alimentarse, mordiendo y arañando. Algunas de estas criaturas eran
inmensas, llevaban caballos de guerra completamente blindados al suelo antes de envolver sus alas
de cuero alrededor de su presa y drenarles la sangre.
En el centro de la lucha, el Duque Merovech de Mousillon y su cuadro caballeros de élite vampiros,
sus senescales, abrieron una franja a través de las líneas bretonianas, masacrando a todos los que se
cruzaron en su camino. Montados sobre caballos de guerra negros con ojos que brillaban como
carbones encendidos, avanzaban tronando, haciendo añicos a los caballeros de sus monturas y
cortando los mejores de Bretonia con despreciativa facilidad. Más caballeros presionaron para
detener su ofensiva, pero todos cayeron ante su ira asesina.
Más rápidos y más fuertes que cualquier humano mortal, estos caballeros vampiros lucharon con
una ferocidad cruel. Sus ojos estaban enrojecidos y eran salvajes, sus pupilas abiertas se dilataban a
medida que aumentaba su sed de sangre. Golpearon con tal fuerza que los escudos se rompieron
bajo sus hachas y espadas. Sus lanzas perforaron directamente los petos acorazados, levantando a
los guerreros de sus sillas y arrojándolos a un lado como niños. Merovech luchó como un demonio,
con los labios hacia atrás para exponer sus caninos alargados. La sangre se esparció por su rostro
blanco como la nieve cuando cortó la cabeza de un Caballero Andante de sus hombros y siguió
adelante, conduciendo su pesado corcel de pesadilla hacia las inmensas puertas de Couronne. Cortó
a izquierda y derecha, matando con cada golpe. El centro de la línea de batalla bretoniana se dobló
hacia adentro, amenazando con romperse en cualquier momento.
Una sombra descendió desde arriba y el rey Louen Leoncoeur se unió a la refriega. Montado sobre
un feroz hipogrifo, el rey aterrizó entre los caballeros vampiros, lanzando a varios a un lado con la
fuerza de su impacto, deteniendo su impulso. Uno de los caballeros pálidos como la muerte fue
empalado con su lanza reluciente, y dos más murieron en un abrir y cerrar de ojos, destrozados
salvajemente por su bestia. La sangre manchó las garras de quince centímetros del hipogrifo y goteó
de la punta curva de su pico. Gritó un desafío ensordecedor, con sus garras arañando el suelo. El rey
arrojó su lanza a un lado y desenvainó su espada ancestral, su hoja brillaba como el sol.
Leoncoeur mató al primero de los caballeros oscuros que se le acercaron, defendiéndose con su
escudo de león sagrado y clavando su espada en el pecho del vampiro. Se balanceó hacia atrás en la
silla para evitar la estocada de otro enemigo, y su respuesta relámpago golpeó al caballero no
muerto en la cara.
Saltando hacia adelante, el hipogrifo del rey derribó a otro caballero vampiro en el suelo,
inmovilizándolo bajo sus extremidades delanteras con garras de águila, garras clavadas
profundamente en la armadura de placas. El hipogrifo abrió la garganta del vampiro, rociando
sangre y casi decapitando a la criatura no muerta.
Con un hábil giro de su espada, el rey desvió una hoja dentada que empujaba hacia su corazón. Los
colmillos del vampiro estaban al descubierto, sus ojos eran poco más que puntos brillantes. Siseó y
retrocedió ante la luz cegadora de la espada del rey, con el rostro lleno de ampollas como si
estuviera directamente bajo la luz del sol. La espada de Leoncoeur golpeó la cabeza del vampiro y
le cortó el yelmo y el cráneo. Con un giro, liberó su arma y lanzó su mirada ardiente a su alrededor,
buscando al próximo enemigo.
De repente, le clavaron una lanza en el pecho de su hipogrifo, el golpe fue asestado con tal poder y
fuerza que atravesó la armadura y el músculo, perforando profundamente en el cuerpo de la
poderosa criatura, buscando su corazón.
Todos los soldados apostados en las murallas de Couronne observaron con un último y desgarrador
grito cómo el hipogrifo real del rey caía y se derrumbaba sobre las llanuras fangosas. La lluvia
siguió cayendo a raudales, y los relámpagos destellaron, arrojando a la terrible figura de Merovech
en un absoluto relieve cuando se cernió sobre el rey desde la silla de su corcel de pesadilla.
Leoncoeur quedó atrapado debajo de su montura asesinada y no pudo levantarse. Miró al Señor de
los Vampiros y profirió una maldición. El duque vampiro sonrió, exponiendo sus colmillos
alargados. Se bajó de la silla de su infernal corcel y desenvainó una enorme espada dentada.
Los caballeros se adelantaron para proteger a su señor feudal. Se encontraron con la furia de
Merovech y sus guerreros oscuros, y estalló un cuerpo a cuerpo desesperado. Docenas de caballeros
leales avanzaron, interponiéndose ante su rey y los caballeros vampiros asesinos, vendiendo cara
sus vidas. Merovech comenzó a reír mientras mataba, el espantoso sonido retumbó en el campo de
batalla.
El resultado de la batalla se balanceó en el filo de un cuchillo cuando el feroz duque derribó a los
caballeros que se interponían entre él y el rey. Golpeó con su poderosa espada el cuello del
abanderado, la hoja atravesó la armadura, los huesos y la carne, y el estandarte real cayó.
Caballeros y hombres de armas a lo largo del frente de batalla vieron caer ese tapiz resplandeciente
y su determinación se hizo añicos. Comenzó como un goteo, un hombre de armas girando para huir
de la abrumadora horda, pero pronto se convirtió en un torrente incontrolable. El pánico era
contagioso, y pronto miles de soldados campesinos se dieron la vuelta y huyeron hacia las puertas
de Couronne, pisoteándose unos a otros en su prisa por escapar, ignorando las órdenes de los nobles
y oficiales para resistir. La huída se volvió imparable, ganando números con cada segundo que
pasaba. Surgió ciegamente, y los no muertos se abalanzaron sobre sus líneas.
Las trompetas sonaron en retirada, y el ejército bretoniano se volvió para abandonar el campo de
batalla, la risa siniestra de Merovech resonó en el lugar. Entonces, el duque vampiro se acercó al rey
Louen y preparó su espada.
Sin embargo, el golpe mortal nunca llegaría, porque Calard de Garamont había tenido éxito en su
búsqueda del Grial. Al cargar en el campo de batalla, vio a Merovech avalanzándose sobre el rey
herido, y se abrió paso entre las hordas de no muertos hacia el guardaespaldas vampiro del duque,
una luz brillante atravesando la oscuridad y la lluvia torrencial.
Capitanes impíos, con los ojos llenos de odio, se movieron para interponerse entre Calard y su señor
oscuro. Ataviados con una armadura arcaica de diseño antiguo y empuñando armas de poder impío,
cada uno era un poderoso guerrero y un campeón oscuro por derecho propio, pero aun así, no
podían esperar frenar la furiosa carga del Caballero del Grial. En poco tiempo, el último de los
temidos Capitanes había caído en la santa ira de Calard. Fue entonces cuando el duque de
Mousillon se volvió hacia él, alejándose del rey bretoniano caído, todavía atrapado bajo el peso de
su enorme montura.
Merovech era un ser de poder impío, pero en una demostración de habilidad y velocidad que superó
incluso las habilidades del señor vampiro, Calard superó al duque caído. Mientras la Espada de
Garamont atravesaba su peto, la boca del vampiro se abrió de par en par en un grito final silencioso.
Su carne comenzó a marchitarse y ennegrecerse, como un pergamino bajo la llama de una vela.
Calard soltó su espada y la criatura que había sido Merovech cayó al suelo, colapsando hasta
convertirse en polvo de tumba. Todo el ejército de los muertos cayó, la magia oscura que los unía y
los animaba se disipó. La lluvia cesó y un viento aullante comenzó a despejar el cielo. Los
caballeros se adelantaron para ayudar al rey, mientras que otros, ensangrentados y cansados de la
batalla, miraban a su alrededor sin comprender que la batalla había terminado.
Liberado por fin del peso de su montura asesinada, el rey Louen Leoncouer se puso de pie y Calard
cayó de rodillas, un movimiento que fue reflejado por todos los guerreros en el campo de batalla. El
día estaba ganado. Merovech, el Duque vampiro de Mousillon, ya no existía.

La Visión
En el año 2502 CI, Louen recibió una visión profética de la Dama del Lago. Vio el Viejo Mundo en
ruinas, con los Poderes Ruinosos reinando de forma suprema. Comprendió que Bretonia necesitaba
un vecino igualmente fuerte para formar un baluarte contra las depredaciones de los Dioses Oscuros
y sus seguidores en el norte. Sin embargo, el Imperio era débil y la humanidad solo tenía una
oportunidad con el emperador Karl Franz en el trono. Las naciones de Bretonia y el Imperio no
siempre habían sido amigas, pero eso fue culpa de los reyes y emperadores de épocas pasadas. Si
Karl Franz cometiera el mismo error, entonces Señor del Fin de los Tiempos sería el único en
reclamar la victoria en las próximas décadas.
El mismo Caballero Verde fue enviado para informar a Karl Franz de su convocatoria,
materializándose de la nada para salvarlo de la daga de un asesino político. Debiendo su vida al
místico caballero, el joven Príncipe de Altdorf viajó al Paso del Mordisco del Hacha, para celebrar
un encuentro con el rey guerrero de Bretonia.

Ayudando al Príncipe de Altdorf


Cuando Franz y su séquito de Reiksguard llegaron al dominio montañoso, fueron testigos de un
vasto campamento de guerra. En el centro del campamento había una gran carpa, una carpa de
proporciones épicas en los colores azul y rojo con adornos dorados. Era el pabellón del rey Louen
Leoncoeur. El Príncipe entró en el pabellón, escoltado por el Conde von Königswald de Ostland y
un par de Reiksguard completamente armados. Dentro de la carpa había una gran multitud de
diversos nobles bretonianos, cada uno de los cuales se contaba entre los más poderosos del país. La
tienda del rey era tan opulenta por dentro como por fuera. El suelo estaba lleno de pieles de grandes
felinos exóticos y había una enorme fogata en el medio, en el que un jabalí se asaba en un asador.
Largas mesas de banquetes se alineaban en la pasarela principal, que iban directamente desde la
entrada hasta la parte trasera de la carpa, donde, en un estrado elevado, se sentaba el Rey.
Junto al rey Louen había una mujer de unos treinta y tantos años, innegablemente hermosa. El
propio rey se sentó cómodamente en su trono de madera. Llevaba cota de malla y una espada a su
lado, su rostro, ilegible. Leoncoeur saludó a Franz y su escolta en perfecto Reikspiel, aunque con un
ligero acento bretoniano. Anunció que Karl Franz debía dirigirse a él como "su majestad", lo que
provocó que el séquito del príncipe se erizara de ira y los nobles reunidos se rieran divertidos por la
situación. Luego, hizo un gesto y todos se quedaron en silencio.
La hermosa mujer se volvió hacia el Rey y le susurró al oído. Asintió y se despidió de los nobles allí
reunidos. Muy pronto, la tienda quedó vacía y Louen tuvo que caminar por el pabellón con Franz,
enfrascado en una conversación. El rey informó al joven príncipe de las frustraciones del gobierno,
de lo que un líder debe hacer por su pueblo. Explicó que Franz tenía razón al evitar el liderazgo, que
solo los tontos buscaban deliberadamente el gobernar, pero que para hombres como ellos, era su
responsabilidad. Le contó su visión y le dijo que Franz tenía que convertirse en Emperador, o la
tierra de Sigmar caería ante los Poderes Ruinosos.
El discurso de Louen terminó repentinamente con el sonido del acero chocando y el inconfundible
grito de batalla de los Orcos. Los pieles verdes de la Tribu Quiebracuellos habían invadido el Paso
del Mordisco del Hacha, buscando venganza por sus compañeros asesinados y atraídos a la
llamativa tienda del Rey. Louen fue por su espada mientras Franz sacaba su Colmillo Rúnico de su
vaina. Orcos enormes irrumpieron en el pabellón, corriendo hacia los dos con pasos largos y
hambrientos. Un Orco, inconscientemente, atravesó la fogata de la tienda en su desesperación por
atacar a los hombres, prendiendo fuego al pabellón. El torpe Orco fue derribado por el Colmillo
Rúnico de Franz, la legendaria hoja cortó su cuerpo en dos. El Príncipe y el Rey lucharon espalda
con espalda mientras los Orcos pululaban a su alrededor. El rey Leoncoeur blandió la Espada de
Couronne con la gracia de un caballero, cortando a dos Orcos con un giro fatal que les abrió el
cuello, maldiciendo a los de su especie mientras acabó con otro más. El humo comenzó a llenar la
tienda cuando los dos miembros de la realeza mataron a varios Orcos más, incapacitando a Franz
cuando entró en sus pulmones.
Luego, el frente de la tienda casi explotó, con fragmentos ardientes que cayeron mientras los
Caballeros del Reino bretonianos cargaban a toda velocidad. Los caballos saltaban a través de las
mesas mientras sus jinetes ensartaban y pisoteaban pieles verdes. Otros corrieron por el lugar,
dispersando a los Orcos con lanza y espada. En la estela de los caballeros bretonianos llegaron los
Alabarderos Imperiales y la Reiksguard, matando con cada golpe.
Con la Tribu Quiebracuellos derrotada, los bretonianos e imperiales se reunieron dentro de las
humeantes ruinas del pabellón del Rey. Con una sonrisa, Leoncoeur declaró que a los pieles verdes
sólo se les había dado una muestra de lo que la humanidad podía hacer cuando estaba unida. Se
echó a reír y Franz se le unió. Entonces, el rey de Bretonia se dirigió a su nuevo aliado y le informó
de lo que debía hacer. Karl Franz volvería a su capital e iba a ganar las elecciones y convertirse en
Emperador, no para él ni para Louen, sino para el Viejo Mundo.

La Tormenta del Caos


Durante la Tormenta del Caos, el Rey Louen recibió en su corte a mensajeros del Cónclave de la
Luz de Karl Franz. Como monarca siempre consciente de las amenazas a su nación, Louen
Leoncoeur no se sorprendió al escuchar la terrible noticia que trajeron los emisarios. Algunos de los
duques y caballeros argumentaron que los peligros del Imperio no eran de su incumbencia y que
debían buscar asegurar sus propias fronteras y defensas en caso de que el Imperio cayera ante el
poder de Archaón.
Como el rey guerrero en las más grandes tradiciones de Bretonia que era, Leoncoeur reprendió a
estos consejeros y habló de los barcos nórdicos que se habían vuelto atrevidos y se habían
aventurado al sur para asaltar las aldeas costeras de Bretonia. Vio que si el Imperio sucumbía ante
las hordas del norte, Bretonia no podía esperar resistir la marea que se desataría contra su pueblo. El
Hada Hechicera también guio su decisión, diciendo a la corte que era la voluntad de la Dama que
Bretonia tomara las armas y ayudara a sus semejantes. Su divina señora había acudido en sueños a
muchos Caballeros del Grial en las noches anteriores, e incluso ahora se estaban reuniendo en
Montfort para la marcha hacia el norte. El Rey no dudó en declarar una nueva Guerra de Caballeros
Noveles contra las fuerzas de Archaón.
Caballeros de todos los ducados de Bretonia se reunieron para la marcha, ansiosos por demostrar su
valía contra los sirvientes de los dioses del Caos. El rey Louen cabalgó hacia el norte a la cabeza de
sus caballeros, demostrando al mundo que la fuerza de Bretonia no había disminuido bajo su
reinado. Sin embargo, Bretonia era un reino grande y sus caballeros se extendían por todas partes, y
aunque muchos miles respondieron al llamado a las armas, el ejército tardaría varios meses en
prepararse para la guerra. La marcha hacia el norte sería un viaje largo, el cruce de las Montañas
Grises no era una tarea pequeña en sí misma, y Leoncoeur temía que, a pesar de sus grandes
esfuerzos, pudiera llegar demasiado tarde y encontrar el Imperio arruinado y en llamas.
El Asedio de Middenheim
A pesar de sus temores, el ejército de Louen llegó para ayudar al Imperio en su hora más oscura. En
la ciudad del Imperio de Middenheim, en el calor del sol del mediodía, las tropas del Imperio
escucharon el toque de una veintena de cuernos. El bosque alrededor de Middenheim cobró vida
con cubiertas de colores brillantes y banderines gloriosos, el sol brillaba en miles de puntas de
lanzas mientras los Caballeros de Bretonia formaban y cargaban. Cayeron sobre la retaguardia de
las tropas del Caos con alboroto, encabezados por una figura brillante sobre un majestuoso
Hipogrifo, el propio Rey Louen Leoncoeur. Cargó directamente hacia el corazón de la línea del
Caos, rodeado por una estrecha cuña de Caballeros del Pegaso. Los juglares de esa tierra estarían
ocupados en las próximas semanas.
Cuando Boris Todbringer dio la orden de retirarse a las defensas exteriores de Middenheim e
imperiales, los Enanos y los Elfos se retiraron de Grimminhagen; una carga sólida liderada por el
Rey Louen dispersó a las fuerzas del Caos que las perseguían. Cuando los defensores comenzaron a
regocijarse, el aire comenzó a brillar y los cielos mismos parecieron partirse como un cadáver. Un
gran lago de oscuridad se derramó, fusionándose en diez mil Demonios mientras se extendía hacia
Middenheim. Los ojos brillaron dentro del velo de sombras, y las risas crueles y maldiciones de
pesadilla fueron llevadas sobre los defensores en retirada en el viento caliente. Las olas de
oscuridad cayeron sobre el ejército imperial y el terror comenzó a extenderse visiblemente entre sus
filas. Cientos de hombres se arrodillaron y se arañaron los ojos cuando una gran figura alada en
sombras se elevó en el aire por encima de la antinatural legión. Este era el poderoso Be'lakor y su
impío ejército, que marcharon sobre Middenheim con el Gran Teogonista del Imperio encadenado a
su estandarte de guerra.
En el tumulto que siguió, el rey bretoniano y sus caballeros lucharon ferozmente con la hueste
demoníaca. Protegido de las malvadas hechicerías del Príncipe Demonio por los encantamientos de
la Dama, Louen se enfrentó a Be'lakor en un combate singular. Mientras el Rey de Bretonia luchaba
valientemente contra el Señor Oscuro, se escuchó un grito de angustia en el campo de batalla.
Volkmar el Sombría se había liberado de las cadenas que lo sujetaban al estandarte del ejército de
Be'lakor y se había lanzado sobre los demonios circundantes con esas mismas cadenas encantadas.
Ensangrentado pero imperturbable, el herido Volkmar fue liberado a lomos del hipogrifo de Louen y
llevado al Templo de Shallya en Middenheim.
Habiendo rescatado al Gran Teogonista, Louen se vio obligado a liderar una hueste de Caballeros
Noveles contra una emboscada lanzada por Archaón y sus Espadas del Caos. Incluso con
Leoncouer a la cabeza, los jóvenes nobles tenían pocas posibilidades contra los Caballeros del Caos
más poderosos . Luchando para despejar el camino, Louen y el valiente Leofric estaban entre los
únicos supervivientes.
Impertérrito, el Rey continuó liderando a su ejército contra las hordas oscuras del Caos. Él y los
Caballeros de Bretonia cargaron junto a la Legión del Grifo de Kislev, mientras que las flechas con
astas blancas de los Arqueros Elfos atravesaban la armadura y las balas de los Enanos penetraban en
la carne, empujando a los invasores hacia atrás. En última instancia, a pesar de los esfuerzos de los
Guerreros del Caos más valientes y temerarios, y de las exhortaciones de Archaón, los muros de
Middenheim se enorgullecieron. Maltratados, ensangrentados pero intactos, los defensores se
unieron a las llamadas de sus líderes y salieron de la ciudad para perseguir al ejército disperso del
Elegido. Después de semanas de guerra brutal, el Imperio y sus aliados obtuvieron la victoria.
Con su honor cumplido, el rey Louen y la mayoría de sus nobles caballeros regresaron a Bretonia.
Algunos, sin embargo, aquellos que todavía codiciaban la gloria y el renombre, se dispersaron en
sus propias partidas y búsquedas individuales. Muchos hicieron el viaje al Torreón de Latón para
luchar con los monstruos allí reunidos, mientras que otros ayudaron a los Lanceros de Kislev a
rastrear los bosques de Hombres Bestia del Imperio y las bandas de guerreros del Caos rezagadas.
La Corona Némesis
Más de un valiente caballero se había hecho un nombre durante la Tormenta del Caos. Si bien esta
afirmación de los principios caballerescos calentó el corazón del rey Louen Leoncoeur, le presentó
un problema. En Bretonia, la tradición dictaba que el valor en el campo de batalla fuera
recompensado con tierra. Sin embargo, sus caballeros habían tenido tanto éxito que Louen se estaba
quedando sin tierra para premiar. Así fue como el Rey emitió un decreto. Estaba claro que el
Imperio estaba acosado por las fuerzas del mal que buscaban la Corona Némesis, y que Bretonia
debía volver a levantarse para defender a sus primos. Se declaró una Guerra de Caballeros Noveles,
con el objetivo de purgar el Imperio de todas las amenazas. Además, a los caballeros con rango de
barón o superior se les permitió extender la protección de la corona a cualquier municipio del
Imperio que deseara una mayor protección de la lucha que los acechaba y un gobierno más estable
que el ofrecido por el Emperador Karl Franz.
Un día después del decreto, el primero de los ejércitos de Louen cabalgó hacia el Imperio, su
heráldica brillaba bajo el sol. Caballeros de todos los rincones del reino habían respondido a la
declaración del Rey. En medio de la columna de los ejércitos, los azules y blancos de Quenelles se
mezclaban con el blanco de Montfort, el oro de Bastonne y el rojo de Gisoreux. Los Caballeros del
Pegaso venían de Parravon, los poderosos Caballeros del Grial de Châlons; incluso algunos
Caballeros Andantes habían dejado de lado sus tribulaciones para unirse a la causa. A su alrededor
fluía el mar de campesinos, labradores y escuderos que se reúnen en la estela de un caballero
cruzada. Louen luego nombró al famoso Paladín Philippe d'Artaud como líder de sus ejércitos.
La cruzada de los bretonianos resultó ser un éxito glorioso, habían superado a todas las demás
naciones humanas, e incluso a los Elfos. Solo los Enanos, los verdaderos dueños de la Corona
Némesis, lucharon más duro para eventualmente reclamar su poderoso artefacto.
(En construcción, disculpe las molestias).

El Fin de los Tiempos


Más de un valiente caballero se había hecho un nombre durante la Tormenta del Caos. Si bien esta
afirmación de los principios caballerescos calentó el corazón del rey Louen Leoncoeur, le presentó
un problema. En Bretonia, la tradición dictaba que el valor en el campo de batalla fuera
recompensado con tierra. Sin embargo, sus caballeros habían tenido tanto éxito que Louen se estaba
quedando sin tierra para premiar. Así fue como el Rey emitió un decreto. Estaba claro que el
Imperio estaba acosado por las fuerzas del mal que buscaban la Corona Némesis, y que Bretonia
debía volver a levantarse para defender a sus primos. Se declaró una Guerra de Caballeros Noveles,
con el objetivo de purgar el Imperio de todas las amenazas. Además, a los caballeros con rango de
barón o superior se les permitió extender la protección de la corona a cualquier municipio del
Imperio que deseara una mayor protección de la lucha que los acechaba y un gobierno más estable
que el ofrecido por el Emperador Karl Franz.
Un día después del decreto, el primero de los ejércitos de Louen cabalgó hacia el Imperio, su
heráldica brillaba bajo el sol. Caballeros de todos los rincones del reino habían respondido a la
declaración del Rey. En medio de la columna de los ejércitos, los azules y blancos de Quenelles se
mezclaban con el blanco de Montfort, el oro de Bastonne y el rojo de Gisoreux. Los Caballeros del
Pegaso venían de Parravon, los poderosos Caballeros del Grial de Châlons; incluso algunos
Caballeros Andantes habían dejado de lado sus tribulaciones para unirse a la causa. A su alrededor
fluía el mar de campesinos, labradores y escuderos que se reúnen en la estela de un caballero
cruzada. Louen luego nombró al famoso Paladín Philippe d'Artaud como líder de sus ejércitos.
La cruzada de los bretonianos resultó ser un éxito glorioso, habían superado a todas las demás
naciones humanas, e incluso a los Elfos. Solo los Enanos, los verdaderos dueños de la Corona
Némesis, lucharon más duro para eventualmente reclamar su poderoso artefacto.
(En construcción, disculpe las molestias).

El Fin de los Tiempos


Tras largos años de preparativos, y aprovechando la devastación sufrida por Bretonia durante el Año
de la Aflicción, Mallobaude se alzó en rebelión contra su padre el Rey Louen Leoncoeur en el 2521
CI. Caballeros caídos en desgracia de todo el reino se congregaron en torno al estandarte de la
Serpiente y, tras la Batalla de Châlons y la calamitosa desaparición de Morgana, el Hada Hechicera,
los Duques de Carcassonne, Lyonesse y Artois se decantaron por Mallobaude. La rebelión se
convirtió en una guerra civil.
Al principio, las fuerzas del rey llevaron las de ganar. Uno tras otro, Leoncoeur derrotó a los
traicioneros duques y metió en cintura a sus revoltosas provincias. Tras un año de campaña, parecía
que se acercaba la hora final de la Serpiente. Fue entonces cuando fue revelada la auténtica
dimensión de la maldad de Mallobaude; había sellado un pacto con el ancestral liche Arkhan el
Negro, y a medida que los aliados humanos del Caballero Negro caían, los muertos marchaban a
engrosar sus filas.
Cuando Leoncoeur se enfrentó a su hijo bastardo en la Batalla de Quenelles, Mallobaude
comandaba una horda bastante más numerosa que el ejército real. La situación había llegado a
extremos tan graves que los Elfos Silvanos de Athel Loren prestaron apoyo a la causa del Rey
Louen. Al final, para Bretonia, no sirvió de nada. En el momento culminante de la batalla,
Mallobaude luchó contra Leoncoeur en combate singular, y arrojó al barro el cuerpo quebrado de su
padre. Con la caída de su rey, los bretonianos perdieron toda voluntad de lucha. Abandonaron el
campo de batalla, dejando que los Elfos Silvanos se las apañasen para escapar por su cuenta.
Muchos lo creían muerto, pero Louen vagó por los confines de Bretonia durante días,
tambaleándose al borde de la muerte. Cuando por fin encontró el camino de regreso a Couronne, se
derrumbó frente a un Caballero del Grial, que casi lo mata por tomarlo por un Espectro antes de
notar su heráldica salpicada de barro. Para entonces, Mallobaude había sido destruido y Gilles le
Bretón se había quitado de encima su apariencia de Caballero Verde, convirtiéndose en el verdadero
Rey de Bretonia. Después de recuperarse de sus heridas, Leoncouer fue apodado el Gran Paladín de
Couronne por Gilles, y actuó como regente cuando el antiguo héroe se fue a cazar a las huestes del
Caos.

La Caída de Altdorf
Liberado de las obligaciones de la realeza por el regreso de Gilles el Unificador, Louen Leoncoeur
centró cada fragmento de su esfuerzo en esgrimir los ejércitos de caballeros de Bretonia como las
mejores lanzas contra el enemigo. Fuera de los muros de Altdorf iba a romper el poder del Caos con
un feroz golpe, pasando a través de las hordas para romper su cohesión y derribando a sus mortales
campeones en el nombre de la Señora - por docenas, si pudiera.
• La Caída de Altdorf.

Destino de Louen Leoncoeur


El antiguo rey se había visto muy debilitado por su lucha contra Ku'gath y los muchos monstruos
y campeones con los que había luchado para alcanzar al asqueroso demonio. Estaba agotado hasta
la médula y apenas podía mantenerse en pie. No obstante, cuando una horda de nuevos Portadores
de la Plaga entró en el patio, se puso de pie, sangrando pero orgulloso en el lugar de la estatua caída
de Magnus.
Aunque luchó valientemente, Louen finalmente fue derribado por Festus el Apotecario Siniestro,
empoderado por Nurgle. Cuando el caballero rugió su desafío y saltó del podio hacia su enemigo, el
boticario arrancó una sanguijuela demoníaca larga de su espalda y la arrojó al bretoniano. La cosa
segmentada enredó las piernas del caballero herido, soltando su carga.
Tan diestro como cualquier Elfo, Louen dobló su hombro y rodó una vez más, usando lo último de
sus fuerzas para subir con la hoja primero y hundir su espada brillante profundamente en las
entrañas del Dr. Anélido. Sin embargo, al igual que el Padre de la Plaga antes que él, Festus estaba
lleno del poder de Nurgle, en el mismo nivel que el Demonio, y casi inmune a las lesiones. El Señor
de las Sanguijuelas rompió un vial que había puesto un momento antes en el rostro del bretoniano, e
hirviendo icor demoníaco arruinó para siempre el hermoso rostro del caballero. Louen se tambaleó
hacia atrás, gritando de rabia y dolor. Festus arrancó una sierra de huesos sucia de su cinturón y
saltó hacia adelante como un sapo abalanzándose, rasgando la hoja dentada a través de la garganta
del caballero tambaleante, antes de cortarle el pecho como un carnicero maníaco. Sin embargo,
incluso cuando la sierra de plaga de Festus partió el músculo y cortó las costillas, Louen luchó
contra el dolor. Miró directamente a la cara de su asesino y esbozó una sonrisa. Esto enfureció aún
más al Apotecario Siniestro, pero antes de que pudiera incrustar su sierra de plaga más
profundamente, fue asesinado por el recién llegado Vlad von Carstein.
Mortalmente herido, lo último que vio Louen fue el resto de los demonios que eran expulsados del
patio, perseguidos por guerreros de piel gris con armaduras arcaicas. La Gran Sacerdotisa estaba
entonces a su lado, acunándolo. Se las arregló para dedicarle una última sonrisa, como
agradecimiento. Así fue que, cortés hasta el último momento, Louen Leoncoeur murió en el recinto
del Templo de Shallya, lejos de casa, rodeado de vivos y muertos.
Incluso el Señor de los Vampiros tenía una mirada de tristeza mientras se paraba sobre el cuerpo
devastado del bretoniano, antes de finalmente retirarse del lugar. Louen fue encontrado horas
después de que la batalla finalmente hubiera terminado. Recogido por sus afligidos caballeros, fue
llevado como un héroe, en silencio y con reverencia.
Más tarde, cuando Lileath se reunió con los otros dioses del Viejo Mundo, se volvió hacia el
brillante Paladín Dorado a su lado, inspirada por el sacrificio leal que había hecho...

Familia Conocida de Louen Leoncoeur


A lo largo de su larga vida, se sabe que Louen había engendrado al menos dos hijos. Tenía una hija
llamada Isabeau, que en un momento fue capturada por el Dragón Malgrimace y rescatada por
Jasperre el Hermoso. También tenía un hijo bastardo, Mallobaude, que se convertiría en su mayor
enemigo.
Se presume que la Casa Real de Couronne está compuesta de muchos otros nobles, pero no son
conocidos y tampoco otros parientes cercanos a Louen. Se sabe que el propio padre de Louen fue un
rey anterior de Bretonia y, por lo tanto, un Caballero del Grial.

Heráldica de Louen Leoncoeur


Louen, como todos los caballeros bretonianos, entró en batalla con una armadura adornada con una
magnífica heráldica. Su escudo, gran yelmo, banderín y sobreveste llevaban sus marcas heráldicas
personales, indicando a todos sus logros y estatus, y atemorizando a sus oponentes en la batalla.
El escudo de armas de Louen es el león característico de la Familia Real de Couronne coronado
(cuando se convirtió en Rey) sosteniendo en su garra siniestra una espada (cuando se convirtió en
Duque), con fondo Gules (por su padre) y Azur (por su madre), dentro de una bordura cargada con
catorce flores de lis (por los ducados de Bretonia).
Objetos Mágicos
• Corona de Bretonia.
• Espada de Couronne.
• Escudo del León - El Rey Louren porta un escudo que le ha protegido desde el día que pasó
a ser un caballero. Los mejores artesanos de Bretonia han trabajado en él a lo largo de los
años y ha sido encantado por las más poderosas profetisas hasta convertirlo en un poderoso
objeto.
En 5ª Edición, El Rey Louen usaba una serie de objetos mágicos diferentes.
• La Armadura Brillante - Las pulidas placas metálicas de esta armadura resplandecen de tal
forma que es imposible miralra sin pestañea.
• La Lanza del León - Cuando el Rey marcha a la guerra, empuña tradicionalmente la Lanza
del León, una poderosa reliquia empleada por muchos reyes de Bretonia en el pasado. La
lanza ataca sin piedad, como si tuviera voluntad propia.
• Tabardo de Reyes - El Rey de Bretonia viste un magnífico tabardo bordado que ha sido
pasado de Rey en Rey. El tabardo está entretejido con poderosas defensas mágicas para
proteger a su portador de la magia enemiga, ya que el hechicero que ataco al Rey sera herido
a causa de la protección del Tabardo, si el hechicero muere, el hechizo no funcionara y el
Rey saldrá ileso.

Curiosidades
• Louen está claramente inspirado en el rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León.
• Hay una clara posibilidad de que el Rey Charlen sea el padre de Louen Leoncoeur. Louen
tenía más de 70 años cuando ascendió al trono en 2500 CI, habiendo bebido del Grial
cuando aún era un hombre joven. Esto sitúa el tiempo de Louen como Caballero Andante en
el 2400, durante el gobierno de Charlen. Charlen también provenía del Ducado de Couronne,
y su personalidad guerrera encaja con la descripción del padre de Louen en "The Court
Beneath".
• En su juventud, antes de regresar a la corte real, Louen se destacaba por ciertas conductas
hedonistas poco caballerescas. Se le atribuye la siguiente cita: "Cinco años han pasado, y
nunca se hará más fácil. Un día volveré a dormir en una cama, quizás con una mujer o dos
para calentarla. Y ese día comeré estofado de conejo, cisne relleno, jabalí asado y mucho
más. Hoy, sin embargo, me gustaría no estar hasta las axilas en los cadáveres a la hora del
almuerzo. Aún así, lo que está escrito debe cumplirse..."
• Si bien se conoce que tiene una hija llamada Isabeau, nada se sabe de con quién la tuvo.
• Mallobaude podría no ser el único hijo ilegítimo de Louen dado su pasado.

Maldred de Mousillon
El duque Maldred de Mousillon fue el último duque oficial de Mousillon, que comenzó una guerra
civil en Bretonia conocida como el Caso del Falso Grial.
Historia
En el año 1319 (2297 CI), el duque Maldred afirmó haber desposado a la Dama del Lago. Apareció
junto a su consorte con un reluciente cáliz, que según ellos era el Grial, y muchos caballeros que se
sentían injustamente tratados se unieron a su estandarte. Cuando el duque se dirigió a Gisoreux para
reclamar la corona, fue recibido por el ejército del rey. Maldred sostuvo en alto el Grial, preguntado
quién osaba desafiar a su portador.
El ejército antagónico se mantuvo en silencio, pero en aquel momento el Caballero Verde emergió
del bosque y retó al duque. Todos pudieron ver a la Dama del Lago a su lado, sosteniendo el
autentico Grial en sus manos. El falso Grial quedo al descubierto como la baratija que era, y los
seguidores de Maldred desertaron en masa. El duque huyó de vuelta al castillo, pero el rey le privo
de título y de cargo nobiliario. Desde entonces no ha vuelto a haber un duque de Mousillon.
Cuando las pretensiones al trono de Maldred fueron desestimadas por el Hada Hechicera, él y su
mujer, la hechicera Malfleur, se retiraron a Mousillon. Defendieron la ciudad del asedio de
los caballeros de Bretonia durante tres años. Durante el asedio se produjo un extremadamente
virulento brote de viruela roja que asoló la ciudad. Maldred juró que podía engañar a la muerte, e
invitó a todas las familias nobles de la ciudad a una gran fiesta, que se prolongaría hasta que
acabase la plaga. Confiscó toda la comida y el vino de la ciudad y selló todas las puertas de su
palacio contra las hordas de campesinos hambrientos e infectados de la peste del exterior y
Maldred, Malfleur y decenas de cortesanos y sirvientes permanecieron dentro, ignorando la
enfermedad y la batalla que se libraba alrededor.
Los trovadores tocaban cuadrillas y música para bailar, y los nobles se divertían mientras los pobres
de la ciudad morían y pasaban hambre en el exterior. Durante la Geheimnisnacht, el duque organizó
el tradicional baile de disfraces. Los nobles de su corte se entregaron a una orgía de
autoindulgencia. Vestidos con trajes de seda y satén rojo, y utilizando espectaculares máscaras,
bailaron y bebieron vino espumoso. Algunos cuentan (aunque nadie puede asegurarlo) que se
cometieron los más atroces crímenes de libertinaje esos últimos días, ordenados por Maldred para
ahogar las súplicas de los moribundos.
Se dice que entre la concurrencia pudo verse un visitante vestido de rojo y con una gran guadaña.
Maldred pensó que era una broma de muy mal gusto, y ordenó que le echaran a patadas del palacio.
Cuando los guardias se apresuraron a coger a la fantasmal figura cayeron fulminados al suelo, con
los signos evidentes de la viruela roja en sus manos y rostros. Una a una, fueron apagándose las
antorchas del palacio, mientras el extraño vestido de rojo avanzaba por el salón de banquetes. Al día
siguiente finalizó el asedio, y cuando el ejército del rey abrió finalmente las puertas y envió
hombres al palacio para arrestar a Maldred, encontraron las doradas habitaciones llenas de
cadáveres. Todos en el palacio murieron en medio de la jarana, algunos muertos a causa de la
viruela roja y otros por causas desconocidas. El rey ordenó sellar el palacio, y los muertos
permanecieron donde estaban; hasta donde se sabe, aún están allí. El Palacio está sellado a día de
hoy y nadie se aventura cerca de él. Muchos dicen que es el foco de la maldición de Mousillon,
aunque realmente el ducado estaba condenado mucho antes de Maldred. En cualquier caso, el
Palacio es un lugar de maldad y muerte.

Tancred II
"El enemigo está en el corazón de nuestras tierras, como un cáncer. No permitiremos
que crezca y, Dama mediante, los fulminaremos de una vez por todas."

—Duque Tancred II, congregando otro ejército para asaltar el Cerro del Orco

El duque Tancred II ha sido un buen señor de Quenelles. Su mejor momento fue la Batalla de La
Maisontaal, donde derrotó a su acérrimo enemigo del Señor de Nigromantes Kemmlery y Krell el
paladín del Caos, que se aliaron con los Skavens y atacaron la abadía de La Maisontaal. El Duque
había jurado perseguir y matar al Señor de Nigromantes y aniquilar a sus seguidores. Para ayudarle,
el Rey le entregó unas reliquias muy poderosas contra los No Muertos, tales como la Espada de
Couronne, forjada para luchar contra las hordas No Muertas de Settra, que asediaron el lugar
durante la Edad Siniestra de Bretonia o el Escudo del Grial. Kemmler pudo escapar y ahora acecha
en las Montañas Grises e infecta la frontera oriental de Bretonia, reconcomiéndose por su derrota a
manos del ejército del Duque. Esto ocurrió en el año 1513 (2491 CI), y el duque es ahora un
anciano, encorvado y encogido aunque aún conserva su antiguo vigor.
Sin embargo, el duque ve cercana la hora de su muerte, y le preocupa el futuro del ducado. El duque
Tancred tenia cuatro hijos. El mayor murió derrotando a un tumulario que había creado un ejercito
de muertos vivientes dentro de la propia Quenelles. El segundo murió como caballero novel en la
batalla contra Heinrich Kemmler. El tercero era un gandul licencioso que murió ahogado en un
tonel de vino tres años atrás. El cuarto, Einhard, partió en busca del Grial hace 10 años y no se ha
vuelto a tener noticias de él.
Diez años es mucho tiempo para una búsqueda del Grial, pero no es ni de lejos la más larga que se
tiene constancia. Tancred teme que todos sus hijos hayan muerto, pero abriga la esperanza de que su
cuarto hijo sea un sucesor digno. Sea como fuere, quiere conocer la verdad, pues cree que debe
disponer definitivamente el futuro del ducado.
El duque de Quenelles es el único duque que usa un título con cierta frecuencia. Es también conde
de Cuileux, y por respeto a los valientes caballeros de aquella región, promulga los estatutos y toma
decisiones que afecta a dicha zona ostentando este título.

Objetos Mágicos
• Espada de Couronne.
• Agua Bendita - Tancred posee un frasco de agua recogida en el lago sagrado donde la Dama
del Lago le concedió la Visión del Grial. Tancred puede beber la poción, la cual incrementa
su fuerza.
• El Escudo del Grial - Esta herencia ancestral fue regalada al Duque de Quenelles por sus
grandes poderes contra los No Muertos. El escudo muestra una imagen del Sagrado Grial
que brilla con una luz tan pura que los No Muertos no pueden soportar mirar directamente
hacia él.

Taubert de L'Anguille
Humilde y virtuoso, el Duque Taubert gobierna L'Anguille y porta en su escudo de armas real la
imagen de una enfurecida bestia marina.

Descripción
El Duque Taubert era un marinero en su juventud, pero lleva más de 15 años sin poner un pie en un
barco ni vivir con vistas al mar, desde que regresó de su último viaje. No ha comentado sus razones
con nadie.
A su regreso, el duque Taubert se asentó en el Castillo Grasgar, situado en el margen del Bosque de
Arden. Los Duques han usado este castillo como pabellón de caza durante generaciones, pero el
Duque Taubert lo ha ampliado y lo utiliza como base de operaciones para las expediciones que
exploran las profundidades del bosque. Afirma que su propósito es derrotar a los Hombres Bestia,
pero muchos creen que lo único que desea es mantenerse tan lejos del mar como sea posible.
Theodoric de Brionne
El Duque Theodoric gobierna a las gentes de Brionne, y porta un escudo blasonado con el hacha de
Brionne.

Descripción
El Duque Theodoric casi da la impresión de ser dos personas distintas. En combate es terrorífico, y
blande su gran hacha de batalla con eficacia mortal. Se ha enfrentado a enemigos aterradores,
dejando sus cadáveres en el suelo. Siempre encabeza los ataques, y casi nunca regresa ileso. Entre
sus caballeros se rumorea que le posee un espíritu guerrero, pues parece deleitarse con las masacres.
Lejos de la batalla, el Duque es un epicúreo y amante de la música y el canto. Es el mayor mecenas
de juglares de toda Bretonia, y escucha sus historias de amor con gran atención. También hace sus
pinitos como juglar, y sus composiciones son bastante competentes. De hecho, casi todos los artistas
pueden elogiarlas sin pensar que están sacrificando su integridad.
También se rumorea que el Duque practica con entusiasmo el amor adúltero alabado en las
canciones de los juglares. Se dice que las mujeres nobles de Brionne esperan que este rumor sea
cierto, y sus maridos temen que así sea.

El Fin de los Tiempos


Batalla de la Maisontaal
El historial de embriaguez y lujuria de Theodoric garantizaba que nunca estaría destinado a pasar a
la historia como un modelo de nobleza. Sin embargo, cuando el Duque dejaba de lado la botella y
trataba de reconstruir su reputación, obtenía renombre por hazañas de valentía en el campo de
batalla.
Queda por ver si se le recordará como a un chistoso borrachín o como a un salvador tras la Batalla
de La Maisontaal, si es que alguien se acuerda de él en absoluto.
• La Batalla de la Maisontaal.

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