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Juan Ruddock

Juan Ruddock fue un destacado misionero de origen irlandés que dedicó más de 50 años de su vida a la obra cristiana en Centroamérica, especialmente en Honduras y la Costa de Mosquitos. Este libro escrito por Pedro L. Márquez presenta una breve biografia de Juan Ruddock y su esposa Nettie Ruddock.

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Juan Ruddock

Juan Ruddock fue un destacado misionero de origen irlandés que dedicó más de 50 años de su vida a la obra cristiana en Centroamérica, especialmente en Honduras y la Costa de Mosquitos. Este libro escrito por Pedro L. Márquez presenta una breve biografia de Juan Ruddock y su esposa Nettie Ruddock.

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1

JUAN RUDDOCK
Un misionero irlandés en Honduras

Por
Pedro L. Márquez
2
DEDICATORIA

A mis amados hijos, Sahily Paola, Pedro David y Luis Alfredo.


A todos los MK (Missionary’s kids) o Niños Misioneros.
A todos los Maestros de las Escuelas Dominicales de Honduras.

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AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer a Dios nuestro Padre por permitirme escribir este libro.
Al Señor Jesucristo por mostrarme su amor al perdonarme de todos mis pecados y
salvarme.
Al Espíritu Santo por guiarme, enseñarme y sostenerme en cada momento de mi
vida.
A mi esposa por su paciencia hacia mí.
A mis hijos por toda su ayuda.
A mis padres por todo su amor.
A mis suegros Selvin Castro e Hilda Sosa por su fidelidad a Cristo.
A mis cuñados y cuñadas por ser buenos hermanos.
A todos los Ancianos y Diáconos de las Salas Evangélicas de Honduras por su
trabajo amoroso por todos nosotros.
A nuestro hermano Luis Isai Armijo Figueroa por escribir el prólogo a este libro.
A Marcos Gago Otero de la Iglesia Evangélica de Marín, Galicia, España por toda
la ayuda incondicional a los hermanos en Honduras y otras partes del mundo.
A todo el equipo de BUHHOS (Buscadores de Historia en Honduras) por el trabajo
silencioso y abnegado al compartir la Historia de la Obra del Señor en Honduras.
A la Biblioteca John Ryalan por el acceso a la información y por la ayuda prestada
para este proyecto.
A la Universidad de Manchester Inglaterra por compartir los reportes de la
Revistas Echoes of Service (Ecos de Servicios) de Juan Ruddock y otros misioneros.
A la revista Echoes of Service (Ecos de Servicios) por recopilar y compartir los
reportes misioneros de Juan Ruddock. Y su permiso para publicarlos en este libro.
A mis compañeros de milicia en el Evangelismo Personal, Gracias.

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INDICE
Dedicatoria
Agradecimientos
Prólogo
Prólogo del Autor
Primera Parte
Growell, County Down, Irlanda del Norte
1. Simplemente Hermanos
2. Escuela Dominical
3. Un niño irlandés
4. El Llamado
Segunda Parte
Los Ángeles, California, Estados Unidos
5. Niños Mexicanos
6. La Espera
Tercera Parte
Quetzaltenango, Guatemala, Centro América
7. El Camino
8. Dificultades
9. Niños Guatemaltecos
10. Más al Sur
Cuarta Parte
Trujillo, Colón, Honduras, Centro América
11. Enclave Bananero
12. Un Viaje en Pipante
13. El Reino Misquito
14. Avancemos
15. Niños Hondureños
Quinta Parte
Los Ángeles, California, Estados Unidos
16. Memorias
17. Fotografía
18. Epílogo
19. Fuentes

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PROLOGO

El incesante esfuerzo de nuestros padres, por acercarnos a Dios desde pequeños,


nos hizo coincidir en este camino; hoy su vida marcada por un desdén a las cosas de
este mundo y su apego fiel a la predicación del evangelio, lo han llevado a investigar
con diligencia el trabajo de los hombres que Dios usó para llenar nuestro país del
precioso mensaje de salvación.

‘‘Me quedé cerca del mar azul brillante


y allí las olas me gritaban:
“Los hombres se están ahogando,
¿no puedes verlos?
Lanza la cuerda salvavidas para salvarlos”.

Juan Ruddock

Con la misma pasión que estas líneas fueron escritas, se despierta una nueva pasión
por llevar el Evangelio y la vida de aquellos que incansablemente desgastaron sus
vidas por seguir el fiel llamado del maestro.

Luis Isai Armijo Figueroa,


14 de Febrero del 2026,
Choloma, Cortés, Honduras.

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PROLOGO DEL AUTOR
En alguna parte del sur de Honduras, un colportor de la Sociedad Bíblica Americana
se encontró rodeado de la selva salvaje, mientras caía la noche amenazante. Su
ayudante voltio hacia a él para decirle: Hermano Heberto vamos perdidos. A lo que el
misionera Heberto Peaslee respondió: No, vamos conociendo. Y continuaron su
camino hasta encontrar la salida. Esta historia fue contada por el hermano Arturo
Ferrufino de la iglesia Centroamericana de la aldea La 29 del Negrito, El Progreso,
Yoro. Esta es una pequeña muestra de las dificultades que los primeros hermanos
en Cristo tuvieron que enfrentar por alcanzar las almas de muchos hondureños.

Este libro, es el resultado de un esfuerzo personal por poner a la disposición de los


Hermanos de las Salas Evangélicas de Honduras, la historia apasionante de los
hermanos Juan y Nettie Ruddock. Quienes entregaron sus vidas a la tarea de
predicar el evangelio en Honduras y especialmente en el oriente de nuestro país.
Sus vidas marcaron muchas vidas, por lo que es justo recordarles e imitar su
ejemplo. Fueron compañeros files de los primeros hombres y mujeres de Dios que
dedicaron también sus vidas al progreso del evangelio del Señor Jesucristo en
Honduras, Centroamérica y otras partes del mundo. Sus vidas fueron más grandes
de lo que mis limitados y débiles esfuerzos han logrado conseguir en este libro. Pero
es mi esperanza, que al encontrarnos con ellos en el cielo podamos abrazarles y
decirle uno a uno, gracias por todo lo que hicieron por nosotros. Y cumplir la letra
del himno 141 del Himnario Himnos y Canticos del Evangelio:

‘‘Cuando al fin de tus desvelos entres en tu posesión,


y ese amor allí celebres en la celestial mansión,
quien allá te habrá guiado, conocido te ha de ser;
de su amor bien comprobado vas la gloria pronto a ver. ’’

Pedro L. Márquez,
18 de Febrero del 2025,
Choloma, Cortés, Honduras

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PRIMERA PARTE
Growell, County Down, Irlanda del Norte
1897 - 1921

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1
SIMPLEMENTE HERMANOS
‘‘Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y
todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno
es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es
vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que
se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.’’
Mateo 20: 8-12

El movimiento de los Hermanos comenzó en Dublín, Irlanda, donde varios grupos


de cristianos se reunieron informalmente para celebrar juntos la Cena del Señor, la
primera reunión fue en 1825. Las figuras centrales fueron Anthony Norris Groves,
un dentista que estudiaba teología en el Trinity College; Edward Cronin, estudiante
de medicina; John Nelson Darby, coadjutor del condado de Wicklow; y John Gifford
Bellett, un abogado que los reunió. No requerían ministros ni siquiera una orden de
servicio, ya que su guía era solo la Biblia. Por lo que desde el primere momento
decidieron llamarse a sí mismos simplemente ‘‘Hermanos’’ tal como la Escritura lo
enseña. Pues, su intención primordial era rescatar las antiguas practicas ya
olvidadas de la Iglesia Primitiva del primer siglo que comenzó en Jerusalén con los
apóstoles del Señor Jesucristo.
Un estímulo temprano importante fue el estudio de la profecía, que fue el tema de
una serie de reuniones anuales en Powerscourt House en el condado de Wicklow a
partir de 1831. Lady Powerscourt había asistido a las conferencias de profecía de
Henry Drummond en Albury Park, y Darby estaba adoptando la misma teoría
(tribulacional) vista en 1831 como Edward Irving. Muchas personas asistieron a
estas reuniones que se hicieron importantes en el movimiento inglés, incluidos
Benjamin Wills Newton y George Müller.
Las dos aspiraciones principales pero conflictivas del movimiento eran crear una
comunión santa y pura, por un lado, y permitir que todos los cristianos tuvieran
comunión por el otro. Los creyentes en el movimiento sintieron que la iglesia

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establecida de Inglaterra (iglesia anglicana) había abandonado o distorsionado
muchas de las antiguas tradiciones de la cristiandad, luego de décadas de disidencia
y la expansión del metodismo y las revoluciones políticas en los Estados Unidos y
Francia. Las personas en el movimiento querían simplemente reunirse en el nombre
del Señor Jesucristo sin referencia a las diferencias denominacionales.
El movimiento de los Hermanos comenzó a ser muy conocido en toda Irlanda, pues,
mostraba una Iglesia sin clasismo ni pretensiones o ideas extravagantes como las
otras denominaciones con sus liturgias y doctrinas alejadas de la Palabra de Dios y
el amor fraternal. Todo esto propicio que el movimiento de los hermanos creciera
y se expandiera rápidamente por toda Irlanda y más allá. Llegando incluso a
Inglaterra, Estados Unidos y de ahí a todo el mundo.
La primera reunión en Inglaterra se llevó a cabo en diciembre de 1831 en Plymouth,
Devon. Fue organizado principalmente por George Wigram, Benjamin Wills
Newton y John Nelson Darby. El movimiento pronto se extendió por todo el Reino
Unido, y la asamblea en Plymouth tenía más de 1,000 personas en compañerismo
en 1845. Por lo que pronto se les llamó "Hermanos de Plymouth".
Sin embargo, el movimiento de los Hermanos, aunque rescato la antigua forma
sencilla y humilde de la iglesia primitiva de ofrecer culto a Dios, renovando a así el
sacerdocio espiritual de cada creyente, no careció de problemas e incluso divisiones.
La primera división dentro de los Hermanos se daría en 1845, comenzando entre
dos hermanos de renombre en la iglesia local de Plymouth, llamados John Nelson
Darby y Benjamin Wills Newton. Por lo que también se usa el término darbyitas,
especialmente cuando se describe la rama exclusiva de los Hermanos que tiene una
influencia más pronunciada de Darby. Aunque, muchos hoy en día dentro del
movimiento se niegan a aceptar cualquier nombre que no sea "cristiano".
En 1845, Darby regresó de una extensa visita a Suiza, donde había logrado un éxito
considerable al plantar iglesias. Regresó a Plymouth, donde Newton tenía el
control, y no estuvo de acuerdo con algunos detalles en un libro que Newton había
publicado sobre la tribulación que se avecinaba. También se opuso al lugar de
Newton como anciano en la reunión de Plymouth. Pero varios intentos de resolver
la disputa en presencia de otros hermanos no produjeron ningún resultado claro.
Dos años más tarde, Darby atacó a Newton por una conferencia que Newton había
dado sobre el Salmo 6, y siguió un intercambio de tratados. Newton se retractó de

11
algunas de sus declaraciones, pero finalmente dejó Plymouth y estableció otra
capilla en Londres.
Darby había instituido una segunda reunión en Plymouth y se quejó de la asamblea
de Bristol Bethesda en 1848, en la que George Müller se destacó; estaba preocupado
porque habían aceptado a un miembro de Ebrington Street, la capilla original de
Newton. Bethesda investigó al individuo, pero defendió su decisión y Darby no
quedó satisfecho. Emitió una circular el 26 de agosto de 1848, cortando Bethesda y
todas las asambleas que recibían a cualquiera que fuera allí. Esto definió la
característica esencial del "exclusivismo" que persiguió por el resto de su vida.
Darby visitó asambleas exclusivistas en Estados Unidos siete veces entre 1862 y
1877. Predicadores itinerantes de Escocia e Irlanda establecieron la mayoría de las
primeras asambleas Open Brethren (Hermanos Abiertos) en Estados Unidos en la
segunda mitad del siglo XIX.
Los Hermanos Exclusivos experimentaron muchas divisiones, dispersiones y
recombinaciones posteriores. Los Hermanos Abiertos también sufrieron una
división (con respecto a la autonomía de las asambleas) que ocurrió en diferentes
momentos en diferentes partes del mundo. Sin embargo, tanto los hermanos
exclusivos como los abiertos continuaron expandiendo sus congregaciones, y los
abiertos se expandieron más rápidamente que los exclusivos.

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(En el sentido de las agujas del reloj) El abuelo de John, Joe Ruddock, un visitante, el padre de
John sosteniéndolo y la madre de John sosteniendo al hermano de John, Hugh, frente a la casa
natal de John en Growell, Irlanda del Norte.
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2
ESCUELA DOMINICAL
‘‘Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el
reino de los cielos.’’
Mateo 19:14
El Condado de Down es uno de los seis condados de Irlanda del Norte, uno de los
nueve condados del Ulster y uno de los treinta y dos condados tradicionales de
Irlanda. El cual cubre un área de 961 millas cuadradas (2,490 km2) y tiene una
población de 552,261 habitantes. Limita al norte con el condado de Antrim, al este
con el mar de Irlanda, al oeste con el condado de Armagh y al suroeste con el
condado de Louth a través de Carlingford Lough.
En el este del condado se encuentra Strangford Lough y la península de Ards. El
asentamiento más grande es Bangor, una ciudad en la costa noreste. Otros tres
grandes pueblos y ciudades están en su frontera: Newry se encuentra en la frontera
occidental con el condado de Armagh, mientras que Lisburn y Belfast se encuentran
en la frontera norte con el condado de Antrim. Down contiene tanto el punto más
meridional de Irlanda del Norte (Cranfield Point) como el punto más oriental de
Irlanda (Burr Point).
El condado de Down toma su nombre de dún, la palabra irlandesa para fuerte, que
es una raíz común en los topónimos gaélicos (como Dundee, Dunfermline y
Dumbarton en Escocia, Donegal y Dundalk en la República de Irlanda). El fuerte
en cuestión se encontraba en la histórica ciudad de Downpatrick, originalmente
conocida como Dún Lethglaise ("fuerte del lado verde" o "fuerte de los dos grilletes
rotos").
Durante la Guerra Guillermita en Irlanda (1689-1691), el condado fue un centro de
rebelión protestante contra el gobierno del católico Jacobo II. Después de formar
una fuerza de rasguño, los protestantes fueron derrotados por el ejército irlandés
en el Break of Dromore y se vieron obligados a retirarse, lo que llevó a que todo
Down cayera bajo el control jacobita. Más tarde ese mismo año, la gran expedición
guillermita del mariscal Schomberg llegó a Belfast Lough y capturó Bangor.

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Después de asediar Carrickfergus, Schomberg marchó hacia el sur hasta el
campamento de Dundalk, limpiando el condado de Down y gran parte del resto del
Ulster Oriental de tropas jacobitas.
El Condado de Down era uno de los dos condados de Irlanda del Norte que tenía
una mayoría protestante. El otro condado de mayoría protestante era el condado de
Antrim, al norte, por lo que en ese mismo siglo nacería una pequeña congregación
del movimiento de los Hermanos en Growell, Irlanda del Norte, quienes al igual
que muchas otras congregaciones a lo largo y ancho de Irlanda, decidieron
recuperar la sencilles de la Iglesia Primitiva sin estar sometido a ninguna
denominación en particular, reconociéndose entre ellos simplemente como
Hermanos, sin importar su credo o procedencia. Y con el único propósito de
estudiar las Escrituras y reivindicar el culto a Dios como él mismo lo demandaba
en su Palabra. El nacimiento de esa pequeña iglesia local se describió por uno de
sus antiguos miembros de la siguiente manera:
‘‘Hace unos 200 años, John Wesley visitó Irlanda y predicó el Evangelio en el
distrito entre Lisburn y Hillsborough. Su púlpito era un carro “rígido” y su tema era
la santidad de Dios y la pecaminosidad del hombre. Como resultado de estas
reuniones, un hombre católico romano llamado Peter Cunningham puso su confianza
en el Señor Jesucristo para la salvación y, debido a su testimonio cristiano, su
presencia ya no era apreciada en la capilla católica romana local en Lisburn. Esto
recuerda el incidente del hombre ciego en el capítulo 9 de Juan. Después de crecer en
la gracia y en el conocimiento del Señor Jesucristo, el Sr. Cunningham se dedicó a
sus compatriotas y, a su vez, comenzó a predicar el Evangelio en el pueblo de Blaris,
cerca de Lisburn. Estaba tan dispuesto a que otros escucharan el Evangelio que
construyó un lugar de reunión, cuyos materiales consistían principalmente en piedras
y terrones de hierba. Esta obra prosperó y, a lo largo de varios años, el Evangelio se
difundió por Hillsborough, Magheraconluce y Growell, y como resultado, muchos se
convirtieron. Estos conversos eran conocidos como “evangélicos metodistas”.
Fue a esta parte del país a donde los evangelistas, el Sr. James Campbell y el Sr.
John Smyth, llegaron a predicar el Evangelio hace unos 90 años. Comenzaron a
reunirse en un granero que les prestó un Sr. Smyth de ese distrito. Entre los que se
salvaron en ese momento se encontraban el dueño del granero y su esposa. El actual
Sr. Samuel Smyth, mejor conocido como “el sastre” Smyth (porque ese era su oficio)

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es el hijo de este Sr. Smyth. La conversación de la Sra. Smyth es digna de ser
incluida. El suministro de agua para la casa se obtenía de un pozo, que estaba situado
cerca del granero. Cada noche, cuando la Sra. Smyth iba a buscar agua del pozo, se
detenía y escuchaba a los hermanos predicar el camino de la salvación. Dios la
despertó a la necesidad de la salvación y la salvó, aunque hasta ese momento no había
asistido a ninguna de las reuniones. También es interesante notar que, después de
que nació su primer bebé, no lo hizo bautizar, por lo que la gente de la parroquia lo
consideraba como el “pequeño pagano”. Durante esas reuniones, la persecución por
causa del Evangelio era muy evidente.
Los señores Campbell y Smyth eran considerados como “predicadores vagabundos”
y, como era costumbre no levantar colectas en las reuniones, la gente los comparaba
con el profeta Elías, que era alimentado por cuervos. Fue la influencia de los
cristianos metodistas lo que les permitió continuar con las reuniones en medio de
tanta oposición. Como ejemplo de la oposición, el siguiente es solo uno de los muchos
incidentes de ese tipo. Una noche, un hombre entró en la reunión con dos herraduras
y dijo: “Si Campbell dice las mismas cosas esta noche que anoche, entonces ‘sentirá’ el
peso de estos zapatos”. Pero la presencia de Dios era tan real en la reunión que el
posible ofensor no pudo mover su dedo meñique para dañar al siervo del Señor.
El escritor tuvo el privilegio, el 3 de octubre de 1965, de ver el granero todavía en
pie y en uso en la granja donde Dios había obrado en la salvación de muchas almas
por medio de las labores de estos dos evangelistas. Después de que terminaron las
reuniones, los jóvenes cristianos pensaron que les gustaría reunirse de acuerdo con la
enseñanza sencilla que se muestra en el Nuevo Testamento. Llegaron al punto de
presentar planes al Consejo del Distrito Rural de Hillsborough para obtener permiso
para construir un salón de reuniones, pero, lamentablemente, no se les concedió el
permiso. Entonces buscaron un lugar tranquilo para estudiar las Escrituras.
Hablaron de esto con los dos evangelistas y un hombre llamado George Fryer les dio
el uso de su sala de estar para reunirse y estudiar las Escrituras juntos. Con la ayuda
y la guía de los amados hermanos Campbell y Smyth, no pasó mucho tiempo hasta
que aprendieron que, como creyentes, debían bautizarse y reunirse en el Nombre del
Señor para recordarlo en la fracción del pan el primer día de cada semana. El Sr.
Fryer prestó nuevamente su sala de estar para la primera reunión del partimiento
del pan y este testimonio ha continuado durante casi 90 años. Los creyentes que fueron
bautizados fueron unos veinte y los bautismos se llevaron a cabo en la represa de lino

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propiedad del Sr. Fryer. (Como dato interesante, el difunto Sr. Fryer era el abuelo
del escritor). En ese momento, el difunto James Ferguson tenía una cabaña vacía,
que ofreció a los creyentes para convertirla en un lugar de reunión. Esto lo hicieron
quitando la pared del medio y colocando un piso y un techo nuevos. Al final del
edificio había una parte conocida como la Casa de Césped.
Fue en esta casa donde se inició la primera Escuela Dominical hace más de 80 años.
Uno de los primeros maestros de la escuela fue el Sr. John Ruddock… El actual
"sastre" Smyth, al que ya se hizo referencia, fue a la Escuela Dominical en este mismo
edificio. El Sr. Smyth tiene ahora noventa años. Alabado sea Dios porque la obra
entre los jóvenes, iniciada hace más de 80 años, continúa hasta el presente. En la
reunión anual de creyentes, que también comenzó hace unos 80 años, el difunto James
Stewart de Mill, Lisburn, fue uno de los primeros oradores. Otros hermanos que
ayudaron en la predicación del Evangelio y la edificación de los santos en aquellos
primeros días fueron el Dr. Matthews, Tom Lough, James Meharg, Jeremiah
Meneely, Tom McKelvey (el abuelo del actual T. McKelvey), David Rea y Andrew
Frazer.
Alrededor del año 1897, el difunto Sr. Alexander Jardine (un pastor destacado entre
los círculos bautistas y el padre de Samuel Jardine, el evangelista) llegó a la iglesia
bautista de Ballykeel para las reuniones del Evangelio. Varios jóvenes asistieron a
esas reuniones y Dios los alcanzó y salvó gloriosamente. Entre ellos estaban Thomas
Graham, el "sastre" Smyth, James Spence, Robert Morrison y otros. Estos jóvenes
fueron bautizados y luego recibidos en la comunión en Growell. A partir de estos y
otros, Dios comenzó a establecer y desarrollar el Testimonio de la Asamblea de
Growell, que ha continuado hasta el día de hoy. ’’ (Buchanan, 2013)
Entre los bancos de esta pequeña congregación de los Hermanos de Growell,
crecería Andrew Reid Ruddock hijo de John Ruddock, uno de los primeros
creyentes de esta iglesia y cuyo ministerio principal seria la Escuela Dominical,
donde Andrew también escuchó la Palabra del Señor. Con el paso de los años
Andrew creció, se convirtió en un creyente fiel y dinámico que compartía el
Evangelio con muchas personas. Una breve biografía de su vida menciona lo
siguiente sobre él:
‘‘El señor Andrew Reid Ruddock nació en Growell, Condado de Down, hijo de
padres granjeros, que eran salvos y miembros de la Iglesia Presbiteriana local

17
(posteriormente miembro de la Asambleas de Hermanos en Growell). Habían sido
llevados a Cristo durante las reuniones dirigidas por los señores Campbell y Smith.
Cuando Andrew tenía trece años experimentó el nuevo nacimiento mientras recogía
patatas en el campo de su padre. Aunque el país estaba en plena actividad evangélica,
había mucha oposición al bautismo de los creyentes y a los principios eclesiásticos del
Nuevo Testamento, y algunos de los conversos tuvieron que pagar un alto precio por
su sumisión a los caminos de Dios.
¿Es de extrañar que, habiendo comprado la verdad, no la vendieran y caminaran en
ella hasta el final de sus vidas? Muchas personas más jóvenes, más o menos "libres
de nacimiento", dejarían las cosas así con más facilidad. La familia Ruddock se
bautizó pronto y estuvo entre los primeros miembros de la Asamblea de Growell. Fue
desde esta asamblea que Andrew fue encomendado a la obra del Señor, en la que
continuó tan leal y provechosamente hasta que Dios lo llevó a casa. Con el Sr. T.
Lough como compañero, visitó el distrito de Mourne para buscar un sitio donde
montar una carpa para reuniones. Al ver un lugar en Mullartown, preguntaron al
propietario, cuya hija se opuso, pero su objeción fue desestimada y se le concedió el
permiso. Dios obró y muchos fueron salvos, incluida la objetora, la señorita Margaret
McCracken, que más tarde se convirtió en la esposa del Sr. Ruddock. Después de la
temporada de carpas, se erigió un salón de madera y se formó una asamblea; ahora
se reúne en un buen salón en Annalong.
El Sr. Ruddock era un hombre débil físicamente y a menudo en vida se pensó que
estaba al borde de la muerte, llamando a la familia a su alrededor y despidiéndose,
pero Dios lo necesitaba. Era muy sensible a la conciencia de los demás. Alguien le
dio una bicicleta para viajar a una asamblea lejana el día del Señor, pero un hermano
se sintió muy ofendido; ¡la idea de usar algo tan mundano era terrible! El Sr.
Ruddock dijo que dejaría la bicicleta y caminaría, lo cual hizo. Probablemente el
querido hermano pensó que era valiente por la verdad, cuando en realidad era sólo
un prejuicio tonto, sin principios involucrados. Uno se pregunta qué dirían algunos
en esta época de autos, aviones, etc. Durante un tiempo vivió en Ballygorian,
Rathfriland, donde durante seis años trabajó diligentemente y vio la bendición de
Dios. Al regresar al distrito de Growell, continuó en Orange Halls, tiendas de
campaña, graneros y cocinas. A veces se le unían otros nobles siervos de Dios: los
señores Meharg, Gould, Megaw, Poots, el Dr. Matthews y otros.

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Por razones de salud se mudó a Newcastle, donde no había asamblea. En su casa de
Riverside pronto se reunieron algunos creyentes para tratar de llevar a cabo la mente
de Dios. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, miles de hombres fueron
entrenados en la zona y nuestro hermano utilizó gran parte de su tiempo y sus medios
para asegurarse de que estos hombres, muchos de los cuales pronto harían el sacrificio
supremo, escucharan el evangelio. En esta obra recibió la ayuda y el aliento de una
hermana de Earl Haig, que vivía allí en ese momento. Más tarde se mudó a Belfast,
donde por un corto tiempo estuvo en la asamblea de Donegall Road, pero en 1921,
por consejo médico, dejó Irlanda y se fue a vivir a California, donde el calor y el sol
parecían ser beneficiosos. Allí se unió a T. Dempsey y W. J. McClure, y allí vio a
muchos salvos y se formaron asambleas, y entre ellos pasó los últimos años de su vida.
Aunque tenía mucha experiencia, era un hombre tranquilo y retraído, que siempre se
mantenía en un segundo plano y se esforzaba por regular su vida según las
Escrituras. A la edad de ochenta años, Dios lo llamó a casa, dejando a su esposa y a
su familia...’’ (Believers Magazine, 2005)
Los frutos de esta primera Escuela Dominical en Growell, se verían multiplicados
providencialmente al ciento por uno, a través uno de esos niños que escucharon
atentamente la Palabra del Señor. Pues Andrew Reid Ruddock fue el padre de
nuestro hermano Juan Ruddock, un niño que Dios usaría maravillosamente para
llevar el Evangelio del Señor Jesucristo a Honduras muchos años después.
Por los momentos Juan Ruddock se entretenía armando y desarmando objetos
electrónicos y aprendiendo cada día cosas nuevas de la vida, la Palabra del Señor y
el amor de Dios. Paralelamente, en una comarca no muy lejana a Growell, Dios
prepararía a la persona que sería su eterna aliada y compañera de trabajo en la obra
del Señor. Una pequeña niña de ojos claros y tirabuzones rubios que pasaba sus días
jugando entre la escuela, la iglesia y su casa.

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Andrew Reid Ruddock

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3
UN NIÑO IRLANDES
‘‘Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás
todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice
Jehová’’
Jeremías 1:7-9
Juan Ruddock nació en Growell, Dromore, Condado de Down, Irlanda, el 17 de
diciembre de 1897. Hijo de Andrew Reid Ruddock y Margaret McCracken dos
cristianos devotos que servían al Señor con fidelidad en una Góspel Hall (Capilla
del Evangelio) conocidas en Honduras y Centroamérica como Salas Evangélicas.
Juan Ruddock fue el primogénito de Andrew y Margaret Ruddock. Luego de Juan
Ruddock nacerían cinco hijos más, Hugh McCrafton Ruddock (nacido en 1899),
Thomas Ruddock (nacido en 1900), Bertha Addie Ruddock (nacida en 1901), Ruby
Marina Ruddock (nacida en 1902) y Andrew Reid Ruddock Jr. (nacido en 1905).
Como todo niño irlandés, Juan Ruddock fue a la escuela y ayudaba a sus padres en
los quehaceres de su casa. Desde muy temprano demostró un interés profundo por
la mecánica y la electricidad. Uno de sus pasatiempos preferidos era ayudarle a su
abuelo Juan Ruddock quien solía reparar todo tipo de aparatos y herramientas que
los amigos y vecinos de la comarca utilizaban. El abuelo de Juan Ruddock había
adquirido mucho conocimiento empírico a lo largo de su vida, lo cual le sirvió para
ayudar a otros.
Juan Ruddock aprendió muchas cosas de su abuelo y entre ellas la habilidad de
reparar máquinas y crear aparatos. En sus ratos libres trataba de experimentar con
aparatos de casa, creando inventos útiles para facilitar la vida de todos. Esto no era
de extrañar, pues en ese tiempo todos querían encontrar la manera de hacer el
trabajo menos pesado. Aún no existían los teléfonos celulares, ni las grandes
fábricas de automóviles, no había ni siquiera electricidad en muchos lugares de
Irlanda del Norte ni del mundo.
Muchos años después don Juan Ruddock contaría su testimonio de esta manera:

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‘‘Growell, Dromore, County Down en Irlanda, donde nací, es una parte muy famosa
del país. Fui a una pequeña escuela allí junto con los niños vecinos. Uno de ellos
resultó ser el famoso Harry Ferguson, famoso por su tractor. Era un poco mayor que
yo. Conocía muy bien a sus hermanos. Había bastantes. Eran nuestros compañeros
de juegos; también íbamos juntos a la escuela dominical en el salón del evangelio que
estaba cerca. Harry iba a la escuela dominical. Su padre era cristiano. De hecho, él
fue el primero que cedió el terreno para que se construyera el salón del evangelio. Era
un viejo establo en el que habían guardado caballos, pero estaba fuera de uso todo el
tiempo. Lo entregó como salón de evangelio. Mi abuelo fue el primero en formar una
escuela dominical allí. Continuó con esa escuela dominical durante muchos años. Mi
padre era un predicador del evangelio; viajaba a los lugares del campo y celebraba
reuniones evangélicas en tiendas de campaña, graneros, cocinas, cualquier lugar que
pudiera encontrar abierto para proclamar el evangelio. Yo me crie en un hogar
cristiano bajo la influencia de una madre cristiana, por lo que estoy muy agradecido.
Por supuesto, hubo malas influencias que podrían haberme llevado por otros caminos
si no hubiera tenido esa base.
Ese fue el entorno en el que crecí. Yo también debo haber nacido ingeniero, recuerdo
el primer reloj que reparé. Tuve mucho éxito en hacer que ese reloj volviera a
funcionar. Después, me dijeron que tenía tres años de edad cuando mostré interés en
ese tipo de cosas. Me divertí mucho con los relojes. Reparaba todos los que caían en
mis manos. Algunos de ellos requerían mucho tiempo y paciencia, y mucha reflexión.
Ponía en marcha uno y me iba a la cama, pero no dormía. Bajaba en la oscuridad y
escuchaba para saber si el reloj hacía tictac. Si no hacía tictac, no podía esperar hasta
la mañana; quería saber a qué hora se había parado el reloj. No había luz eléctrica
en ese momento, solo velas; sin embargo, no quería despertar a la familia. Me
levantaba en una silla y trataba de sentir dónde estaban las manecillas del reloj.
Entonces sabía a qué hora se había parado. Intentaba ponerlo en marcha de nuevo
en la oscuridad. A veces lo conseguí, a veces no. Una noche, me levanté de la silla y
con una mano agarré un cubo de carbón que se usa para encender fuego. Me resbalé
y el cubo de carbón se cayó y la silla se cayó. ¡Qué estruendo! Me la llevé a la cama lo
más rápido que pude. Al poco rato oí a mi padre salir y mirar a su alrededor con
una vela. Volvió a la cama y lo oí decirle a mi madre: “Oh, era sólo John, en su
trabajo como siempre”. Sin embargo, logré reparar muchos otros relojes viejos.

22
Recuerdo haber trabajado en ese primer reloj a los tres años. El último reloj en el que
trabajé a mi edad tenía 89 años. Este era un reloj eléctrico, que funcionaba con una
pequeña batería. Sin embargo, después de mucho pensar y trabajar, logré que
funcionara con electricidad hecha de agua de mar. Mantuvo la hora correcta durante
meses. Puede que haya sido el primer y único reloj que funcionó con agua de mar.
Con el tiempo, fui a la escuela como todos los demás, me divertí mucho esos años.’’
(Colman, 1993)
La infancia del pequeño Juan Ruddock estuvo llena de aventuras y momentos
alegres y divertidos. Pero también de dificultades. Una de ellas fue la precaria salud
de su padre Andrew Ruddock quien sufrió constantemente por sus enfermedades.
Don Juan Ruddock recordaba esos momentos, así:
‘‘Gracias al Señor por mi madre y mi padre, aunque mi padre estaba fuera la mayor
parte del tiempo, predicando el evangelio en varios lugares. Mi padre también estaba
muy débil en muchos aspectos. Una vez me llamó a su lado; estaba seguro de que se
estaba muriendo. Me pidió que prometiera que sería un buen chico y ayudaría a mi
madre en todo lo que pudiera. Como era el mayor de la familia, yo tenía la
responsabilidad de ayudar a mis hermanos y hermanas. Tenían dos hermanas y tres
hermanos, lo que hacía que fuéramos seis en total. Nunca olvidé esa escena. También
me exhortó acerca de las cosas eternas y lo que debía hacer. ’’ (Colman, 1993)
La vida en el hermoso pueblo de Growell era pacífica y sana, especialmente en el
hogar de los Ruddock. Don Juan Ruddock recordaba de veces en cuando aquellos
dorados días del pasado en las lejanas tierras de Irlanda del Norte donde se deslizo
su infancia dulce y serena. Alguna vez dijo esto:
‘‘En ese tiempo, las cosas eran muy diferentes. Los sábados teníamos un poco de
trabajo que hacer ayudando con las tareas de la casa y limpiando, pero el domingo
todos los lápices, papel y libros de la escuela se dejaban a un lado. También se
guardaban todas las pelotas, canicas y otros juguetes. El domingo era un día especial.
Íbamos a la escuela dominical por la mañana. Cuando regresábamos a casa, nos
quitábamos la ropa que usábamos para ir a la reunión del domingo, nos poníamos
nuestra ropa normal y nos poníamos a trabajar. El trabajo era el mismo los domingos
que cualquier otro día. Significaba que sacábamos la Biblia y empezábamos a
aprender versículos de las Escrituras. En la siguiente escuela dominical se suponía

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que debíamos repetir lo que habíamos aprendido durante la semana anterior. En
años posteriores descubrí que esa era una educación muy buena y necesaria. Pasé
algún tiempo aprendiendo diez versículos cada domingo. Los repetía el domingo
siguiente en la escuela dominical. Aprendí a repetir los primeros diez capítulos de
Romanos, el Salmo 119, el Salmo 23 y los primeros ocho capítulos de Juan. Había
muchos otros versículos que podía repetir de memoria en cualquier momento sin
perder una sola palabra. En años posteriores descubrí que eso era realmente muy útil.
Mi hermano podía aprenderlos mucho más rápido que yo. Yo tenía que pasar mucho
tiempo repitiéndolos, leyéndolos y releyéndolos antes de poder recordarlos. Además,
había reuniones regulares.
Mi padre predicaba en una carpa evangélica junto con otras personas. A lo largo de
los años, ya fuera mojado o con frío, predicaba en cualquier refugio que pudiera
encontrar. Las reuniones se llevaban a cabo constantemente, de modo que yo ocupaba
la mayor parte de mi tiempo libre, cuando no estaba en la escuela, asistiendo a las
reuniones. A veces no escuchaba muy bien, pero aprendí que era un pecador. Aprendí
que, aunque había nacido en un hogar cristiano; aunque iba a la escuela dominical;
aunque podía repetir versículos; aunque me habían criado para ser un buen
muchacho; seguía siendo un pecador, necesitaba al Salvador. Finalmente encontré a
ese Salvador y puse mi confianza en Él; sólo entonces supe que estaba listo para la
eternidad. Todos mis pecados habían sido perdonados y el cielo era mi hogar. A
medida que aprendía más y más de las Escrituras, supe que el Señor Jesucristo pronto
vendría para llevarse a todos los que eran Suyos de este mundo de pecado y dolor
para estar con Él en la gloria; Sin embargo, pasaron años antes de que tuviera esa
experiencia real en mi vida.’’ (Colman, 1993)
Por esos días, el abuelo de don Juan vivía con ellos. La influencia que su abuelo tuvo
en él marco la vida de don Juan Ruddock para siempre, por su piedad, amor y
fidelidad al Señor. Este es el testimonio que don Juan dio sobre su abuelo:
‘‘Mientras tanto, me divertía al máximo. En esa época, no había muchas
oportunidades de hacer ningún tipo de maldad. Nos criaron de manera bastante
estricta y nos mantuvieron bastante solos. No se nos permitía tener mucho contacto
con muchos de los otros niños, quienes tenían la libertad de hacer lo que quisieran.
Yo ayudaba bastante en casa. Mi abuelo, que vivía con nosotros en ese momento, fue
una gran ayuda para mí. Era como yo, un poco inclinado a la mecánica. Era

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constructor de profesión. Construía y reparaba casas. Además, cualquiera que tuviera
maquinaria -y muy pocos la tenían en ese momento- le llamaba para que reparara
sus máquinas. Algunos tenían trilladoras combinadas para maíz y trigo, por ejemplo.
Yo lo acompañaba en esas ocasiones y eso me proporcionó una gran educación. Lo
ayudaba de varias maneras. Se levantaba por la mañana a las 5:00. Yo también me
levantaba. Él salía al jardín y cultivaba patatas y todo tipo de verduras: col,
zanahorias, chirivías, cebollas, puerros, apio e incluso una gran variedad de bayas.
Vivíamos en un lugar donde la caza se producía de vez en cuando. Aquellos que
tenían tiempo, dinero y conocimientos pasaban mucho tiempo cazando ciervos por
diversión. Llevaban el carro con un ciervo dentro hasta un punto determinado,
abrían la puerta y dejaban salir al ciervo. Esperaban alrededor de media hora y
luego soltaban unos 26 perros. Después de haber captado el olor, se iban. El cazador
con el abrigo rojo debía seguirlos a dondequiera que fueran. Detrás de él venían
muchas de las personas de la clase ociosa en buenos caballos, tanto hombres como
mujeres. Seguían al cazador y a los perros por los senderos. Saltaban las vallas y
cruzaban los campos, a dondequiera que los llevara el ciervo. En esos momentos, nos
dejaban salir de la escuela. Nosotros también estábamos muy interesados. Había un
premio especial para aquellos que pudieran atrapar al ciervo, y eso era algo bastante
difícil de hacer. Los ciervos eran muy rápidos y corrían kilómetros y kilómetros con
los perros persiguiéndolos. Los perros eran muy buenos persiguiendo el olor.’’
(Colman, 1993)
Uno de los pasatiempos Juan Ruddock era crear cosas con sus manos. Algunos de
esos hermosos recuerdos los describió un día de esta manera:
‘‘Pasé mi tiempo libre en muchas cosas. Una vez hice un avión. No me refiero a un
juguete; me refiero a uno en el que se supone que vuelas. Le puse alas y pedí a mis
hermanos que me empujaran por un acantilado. Hice un mapa de las alas, pero caí
con un golpe. No volaba. Copié otras máquinas. Hice un caballo y un carro. Hice
una excavadora de patatas. También volé cometas y les puse linternas con una vela.
Eran un espectáculo extraño por la noche, con la luz rebotando por todo el cielo.
Había muchas otras cosas que hacíamos. Jugábamos a las canicas y a la pelota.
Hacíamos girar aros, una pieza redonda de hierro con un gancho. Hicimos algunas
carreras con ellos. Yo ayudaba en la pequeña granja que teníamos. Solo cultivábamos
allí lo necesario para vivir. Pasamos momentos maravillosos en el lago que bordeaba

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nuestro terreno. Teníamos solo un pequeño trozo de tierra, no mucho, pero tenía una
casa muy cómoda y mucho espacio para jugar, lo que nos venía bien a los niños.
La casa estaba hecha de piedra y tenía un pequeño y bonito porche en la parte
delantera que tenía un techo de paja en parte. Un techo de paja era la moda en
aquellos días. Una cosa sobre el techo de paja es que hacía que la casa fuera cálida.
Aunque podía hacer frío afuera, hacía bastante calor adentro debido al techo de paja.
Otra parte de la casa que se había añadido tenía un techo de pizarra. Esa parte de
la casa se llamaba el salón en aquellos días. Allí era donde llevábamos a todos los
invitados que venían a visitarnos. Se suponía que ninguno de nosotros, los niños,
podía entrar allí. Estaba cerrado hasta que llegaban visitas. Encima de ese salón
había un desván. Era mi habitación, donde dormía, reparaba los relojes y estudiaba.
Era mi casa. Había una escalera muy estrecha que subía y era bastante difícil de
subir, pero era buena para mí porque mantenía a toda la gente fuera. Me sentía muy
feliz allí arriba, solo, trabajando.’’ (Colman, 1993)
La educación de Juan Ruddock fue como la de cualquier niño irlandés de su época y
aunque no destaco más que el promedio en lo secular, si lo fue en lo espiritual. Fue
uno de los pocos creyentes que aprendió desde muy pequeño a vivir por encima del
promedio. De esos días don Juan Ruddock describe lo siguiente:
‘‘Como era el mayor, se suponía que tenía más sentido común que el resto, no sé si lo
tenía o no, pero sé una cosa: todos hacíamos algún tipo de travesuras. Me burlaba
bastante de mis hermanas, pero creo que en el fondo ellas lo disfrutaban. Íbamos todos
juntos a la escuela. Mi hermano era un año menor, pero era el líder de la clase. Se
llamaba Hugh. Nunca me gustó ser el primero de la clase, y descubrí que esa iba a
ser mi característica desde entonces, nunca intenté ser el primero, pero tenía mucho
cuidado de no ser el último.
El maestro me dijo que nunca podría cantar y que nunca podría escribir
correctamente. En cuanto a la escritura, estaba equivocado. Aunque tengo 80 años,
otros me dicen que pueden leer fácilmente mi letra. Siempre traté de escribir de tal
manera que otros pudieran leerla. En cuanto al canto, tenía razón. Nunca pude
cantar, pero el cálculo mental me salía fácil.’’ (Colman, 1993)
La familia de Andrew Ruddock no fue una familia acomodada materialmente
hablando, pero había formado un hogar sano y agradable para sus hijos. Para Juan

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Ruddock su hogar era un castillo donde podía sentirse feliz y seguro. Y a pesar de
la buena educación, la diciplina y la formación espiritual, esto no significaba que sus
vidas fueran obtusas. Al contrario, don Juan Ruddock recordaba su hermosa
infancia y la narraba de una manera maravillosa como el siguiente fragmento lo
describe:
Jugábamos en casa, de hecho, todo era un asunto familiar en ese momento. La granja
era bastante pequeña. Difícilmente podría llamarse granja. Era más como una casa
y un jardín. Consumíamos las verduras que ayudaba a mi abuelo a cultivar. Siempre
teníamos dos vacas para la leche. En aquellos días, hacíamos nuestra propia
mantequilla. Después de recoger la leche en una olla durante aproximadamente una
semana, se vaciaba en una mantequera. Tuvimos que batir durante casi una hora
antes de que apareciera la mantequilla. Mi madre tomó el control, vació la
mantequilla y la preparó. Por supuesto, también se ocupó de la comida. Ella sabía
preparar buena comida. El nombre de mi madre era Margaret. Su nombre de soltera
era Margaret McCracken. El nombre de mi padre era Andrew Ruddock. En aquellos
días, no usábamos Margaret o Andrew. Siempre era Señor y Señora. Así era como
todos los llamaban, especialmente a los más jóvenes. También eran los días en que se
suponía que los niños debían ser vistos, pero no escuchados; sin embargo, nos hacíamos
oír cuando no había moros en la costa. Cuando llegaban visitas, entonces había
silencio. Una vez que las visitas se iban, teníamos plena libertad para ejercitar la
fuerza de nuestros pulmones. Lo cual, de hecho, hicimos con gusto. Pasamos un
tiempo muy feliz allí. ’’ (Colman, 1993)
En su niñez, Juan Ruddock tuvo la oportunidad de conocer otras partes de Irlanda,
esto debido a la enfermedad de su padre. Sin embargo, fue una experiencia que le
permitió ampliar su visión en la vida y aprender muchas cosas nuevas. Esos
momentos los describió de la siguiente manera:
‘‘Después de vivir en Growell, debido a la mala salud de mi padre nos mudamos a
otro lugar, Ballygorian, cerca de Rathfriland. Rathfriland era un pueblo bastante
peculiar en muchos sentidos. Estaba construido sobre una colina. Lo llamaban
Rathfriland sobre la colina. Tenías que subir por un camino empinado si querías
llegar desde cualquier lugar, no importaba de qué dirección vinieras. No había tren
a Rathfriland. El tren venía a Ballyroney. Cuando llegabas a Ballyroney, te bajabas
del tren. En Ballyroney había un caballero llamado Larry Downey. Tenía un carro

27
de paseo irlandés y estaba encantado de llevarte a cualquier lugar al que quisieras ir.
Por supuesto, era su negocio y así se ganaba la vida.
El carro de paseo, por cierto, era un buen coche. Había dos asientos a cada lado del
carro que miraban hacia afuera. Cada lado tenía capacidad para dos pasajeros. Te
sentabas en el lado que miraba hacia afuera, sin protección. Entre los dos asientos
había un hueco especial para el equipaje de los pasajeros. El conductor se sentaba en
la parte superior y dirigía al caballo que tiraba del carro. Un día, iba a Hillsboro y
era una mañana bastante fría. El caballo se resbalaba por todas partes. Una vez se
cayó de rodillas y, cuando se cayó, me caí del carro. No me lastimé. Simplemente me
levanté, me subí al carro de paseo irlandés y partimos de nuevo. También tenían en
ese momento algo llamado caballos y carruajes. Con el coche, uno se sentaba dentro
en lugar de fuera. Mucha gente tenía coches para recorrer distancias cortas. Ese era
el modo de viajar en Irlanda en aquellos tiempos. Eso era antes de la época del coche,
el auto o incluso la motocicleta. Así que cada vez que uno quería ir de la estación de
Ballyroney a Rathfriland, Larry Downey lo llevaba en el cochecito. El hombre que
barría las calles era una especie de poeta, y también lo era Larry Downey. Larry
Downey y él organizaban algún entretenimiento para los pasajeros. Cuando este
hombre estaba barriendo las calles, Larry se acercaba con su cochecito y el barrendero
le decía: “Baja a Ballyroney, no está muy lejos, pero ahí viene Larry Downey con su
cochecito”. Y entonces Larry le decía: “Tonto, levanta tu escoba y deja pasar a
alguien”. Y el barrendero le decía a Larry: “Tonto, tienes espacio para pasar entre
la pared y yo”.
De vez en cuando íbamos a Rathfriland a comprar provisiones y caminábamos. Era
una caminata de tres cuartos de hora, más o menos. Era un paseo muy agradable con
un paisaje bonito, pero el problema era subir la colina. Te costaba respirar hondo
todo el camino caminando; sin embargo, con el tiempo, tuve una de esas motocicletas.
Era una Rudgemulty. Así se llamaba. Una Rudgemulty era una bicicleta con
marchas variables. Era algo así como automática, así que cuando llegabas a una
colina o a un lugar alto en la carretera, automáticamente cambiaba a otra marcha.
También podías controlar las marchas con la mano. Era una bicicleta glorificada,
se podría decir. Después de unos seis años, regresamos a nuestra antigua casa en
Growell. Yo estaba creciendo un poco más, pero no sé si tenía más sentido común que
cuando era joven; sin embargo, tenía más responsabilidades. Tuve que ayudar a
arreglar la casa. Había estado vacía durante un tiempo y necesitaba reparaciones,

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así que ayudé a mi padre a repararla. En un tiempo, había habido una panadería en
esa casa. Había un cobertizo construido en uno de sus lados. Este cobertizo se había
utilizado cuando era un niño pequeño para guardar un poni que mi padre usaba a
veces en sus viajes. Ahora estaba en mal estado, y también, el frontón, como lo
llamaban, estaba en mal estado. Tanto es así que al menos una parte tuvo que ser
derribada. Mi tío, que era muy experto en esas cosas, comenzó a trabajar en él.
Derribó por completo el viejo establo, quitó las piedras y comenzó con el frontón.’’
(Colman, 1993)
Los antiguos recuerdos de Juan Ruddock en su infancia eran como los dorados
rayos de sol que se filtraban por su ventana y que traían mucha alegría, pero
también algo de nostalgia. Uno de los recuerdos agradables que aquel niño irlandés
guardo en su mente sería los días aquellos en los meses de junio en el que llegaban
las vacaciones para él y todos los demás niños irlandeses. Don Juan Ruddock dijo:
‘‘Pero junio era el mes del año para nosotros los niños. La escuela estaba cerrada
durante tres semanas. Si íbamos a casa de nuestra abuela (la madre de mi madre) en
Mullertown, más allá de Newcastle, cerca de Annalong. Mullertown era una gran
comunidad agrícola, cerca del mar. Formaba parte del distrito de Mourne, donde
las montañas de Mourne descienden hasta el mar. De camino hacia allí, pasamos por
el Salto de Maggie, que era un agujero muy profundo y ancho, que se supone que
Maggie saltó cuando la persiguió un toro enloquecido. “El Windy Gap también era
un lugar de interés. Allí, te agarras a tu sombrero.
Para llegar allí, caminamos hasta Dromore y luego tomamos el tren a Newcastle.
En Newcastle, Old Arthur nos estaba esperando con su Long Car. El Long Car era
en realidad un carro de paseo doble con cuatro ruedas tirado por dos caballos o un
vehículo llamado Mourne Mountain. Se necesitaba una escalera para entrar, pero
una vez dentro, tenías una buena vista. Todos disfrutamos de Mullertown. Había
mucho que ver y nos lo pasamos de maravilla con nuestros primos. Luego regresamos
a casa. Como mi padre estaba fuera, me encargué de plantar patatas y verduras.
Cuidé de las vacas y ayudé a mi madre con las gallinas. Yo la ayudaba a batir la
mantequilla y a hacer suero de leche. Después de batirla, colocaban una gran sábana
blanca sobre un arbusto. Cuando los vecinos vieron eso, supieron que allí podían
comprar suero de leche. Finalmente, terminé allí mi educación y comencé a abrirme
camino como hombre.’’ (Colman, 1993)

29
Juan Ruddock

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4
EL LLAMADO
‘‘Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.’’
Mateo 11:28
En su infancia el hermano Juan Ruddock había escuchado el evangelio en muchas
ocasiones tanto por su padre Andrew como de su abuelo John. Pero a pesar de eso
aún no había aceptado a Jesús como Señor y Salvador personal. Los años pasaron
rápidamente y llego el día en el que don Juan Ruddock recibió a Cristo Jesús en su
vida. Eso momento fue narrado por el mismo de esta manera:
‘‘Fui salvo en Newry, Irlanda, cuando tenía unos 21 años (el 26 de septiembre de
1918). Mi padre inició algunas reuniones especiales en ese momento. Era un
predicador del evangelio. Un tal Sr. McGaw y mi padre habían alquilado un lugar
en el que celebrar reuniones. Empecé a asistir a esas reuniones cuando estaba libre,
pero había otro objetivo en mi vida: estaba ocupado trabajando en un nuevo invento
en ese momento con otro joven. La mayor parte de mi tiempo lo ocupaba eso. Cuando
terminaba de trabajar, comenzaba a trabajar en este nuevo invento. Estábamos
haciendo un pequeño progreso en él, aunque era muy lento. Cuando mi jefe dijo por
primera vez que les gustaría que fuera a Newry por unas tres semanas, dejé atrás
mis libros de estudio. Dejé atrás mi aparato experimental; todos los imanes, las
ruedas, las poleas y todo lo demás. Lo empaqueté y lo dejé a un lado. Me dije a mí
mismo que tendría unas verdaderas vacaciones, que no pensaría en esas cosas.’’
(Colman, 1993)
Para don Juan Ruddock aquel viaje a Newry duraría más de lo que él pensaba. Pero
la Providencia de Dios está actuando a fin de atraerle a su salvación gloriosa. En su
relato, don Juan Ruddock recuerda su estancia y trabajo en aquel lugar donde el
Señor le encontró y le salvo, de esta manera:
‘‘Volví con la cabeza despejada y mejor preparado para seguir adelante con el
verdadero trabajo de mi vida, que en ese momento pensé que era inventar; sin
embargo, cuando llegué a Newry, en lugar de estar allí tres semanas, estuve allí tres
años. Después de poner en orden la central eléctrica, me preguntaron si podía hacer

31
algún otro trabajo para ellos: poner una dinamo adicional y volver a cablear el
cuadro de distribución principal, lo que hice con mucho gusto. También reparé un
sistema financiero neumático en una gran tienda. Cuando un cliente le daba dinero
al empleado, este lo ponía en un cartucho y lo enviaba a través de un tubo a un lugar
central donde se contaba el dinero. Algunos de los tubos se atascaban, pero pronto lo
puse en perfecto estado de funcionamiento.
Realicé también muchos otros trabajos en Newry. Muchos negocios podrían
funcionar si no tuvieran electricidad y la ayuda de expertos fuera escasa. Venían
corriendo a mí cuando tenían problemas, yo estaba ocupado de esa manera y me había
olvidado por completo del invento. Gracias a Dios por eso.
El primer sábado que estuve allí no tenía nada que hacer, así que salí a caminar,
caminé por la orilla del río y mientras lo hacía me puse a pensar. Pensé en mi futuro
y en algunos versos que había repetido y aprendí en la escuela dominical cuando era
niño. Había oído al predicador del evangelio usarlas a menudo: “¿Qué aprovecharía
al hombre si ganara todo el mundo y perdiera su alma?” ¿Qué me aprovecharía si
este gran invento tuviera éxito? ¿Qué me aprovecharía si viviera hasta los 100 años
e hiciera tantas cosas maravillosas que los periódicos publicaran columna tras
columna sobre las cosas maravillosas que había hecho en mi vida? ¿Qué beneficio
tendría, porque cuando yo muriera, abriría los ojos en el infierno, allí es donde
estaría? Yo lo sabía. Lo sabía cuando era niño en la escuela dominical. Lo escuché
en las rodillas de mi madre. Lo escuché en las reuniones evangélicas. Sabía que era
un hecho. Sabía que no estaba listo para encontrarme con Dios en mis pecados.
Mientras el mundo estaba leyendo acerca de todas esas cosas maravillosas que había
hecho, yo estaría llorando en el infierno. Eso me hizo pensar mucho; sin embargo,
pronto se me pasó de la mente. ’’ (Colman, 1993)
Dios había utilizado muchas personas para que Juan Ruddock conociera su amor
mostrado a través de su Hijo Jesucristo. Ahora utilizaría uno más de sus hijos para
llevar el mensaje del evangelio a este joven que un día se convertiría en un valiente
testigo de Cristo en Honduras. Don Juan continuo así el relato de su conversión:
‘‘Un día, mientras estaba en mi trabajo, un caballero vino y se presentó. Él dijo que
yo no lo conocía, pero que él había conocido bien a mi padre. “T predicó junto con él
durante muchos años”, dijo. “Mi nombre es Moneypenny, y estoy iniciando algunas
reuniones en Bessbrook. Me gustaría que vinieras y asistieras a las reuniones”.

32
Bessbrook estaba a dos millas de Newry. Le dije que estaría muy feliz de asistir
cuando estuviera libre. Estaré libre los domingos y miércoles por la noche, le dije. Yo
asistía a esas reuniones y yo escuchaba. Se adaptaba muy bien a mi disposición como
predicador. Me despertó. Era un hombre maravilloso.
En ese momento, me había ido ocupando cada vez más de las cosas terrenales. Él
presentó el evangelio de una manera muy clara. En primer lugar, habló de mi
necesidad. Dijo que todos éramos pecadores ante Dios, que nuestras vidas quedarían
registradas y todo estaría ante nosotros después de la muerte. Si moríamos en nuestros
pecados, finalmente seríamos castigados por ellos. Comencé a pensar más seriamente
en las cosas espirituales. Yo usaba mi bicicleta para ir a las reuniones, y no había
lugar para guardar una bicicleta afuera. Tenía que ser traída y dejada en la parte
de atrás del salón, pero esa noche alguien la había llevado hasta el frente. Por lo
tanto, después de que terminó la reunión, no pude salir hasta que todos los demás
salieran, hasta que el frente se despejó, mientras esperaba, el Sr. Moneypenny me
habló y me preguntó si ya era salvo, dije: "No". Yo sabía que tenía la cintura, él dijo:
"¿Por qué no? ¿Qué edad tienes?" Le dije. "¿No crees que ya es el momento?" Dije:
"Sí, creo". Él marcó algunos pasajes de la Biblia para que los leyera cuando llegara
a casa y oró conmigo.’’ (Colman, 1993)
Don Juan Ruddock tuvo una lucha interior muy fuerte para aceptar al Señor
Jesucristo. Parte de esa lucha por su alma la describió él mismo de esta manera:
‘‘Cuando llegué a casa, los otros chicos trataron de burlarse un poco de mí. Me acosté
y leí los versículos que Moneypenny me había dado, y también comencé a leer
Apocalipsis, capítulo 1. Leí todo el libro hasta que llegué al capítulo 22 de
Apocalipsis, casi todo el libro.
Mi idea era tratar de ponerme ansioso, de ponerme serio, de ponerme a pensar en
cosas espirituales, pero no funcionó. Cuando llegué casi al final del libro, mis
pensamientos volvieron a esta invención. Había estado haciendo algunas mejoras en
ella. En años posteriores, ese mismo concepto en el que había trabajado fue
perfeccionado por algunos ingenieros navales británicos, y sigue funcionando hasta
el día de hoy. La idea era utilizar un electroimán en un submarino o barco para
hacer que un torpedo fallara. El imán tendría tal efecto sobre él que lo alejaría del
barco o submarino. Tenía la invención completa en mi mente; todo estaba listo. Lo
probé en mi mente. Me paré en el interruptor con otro aparato electrónico que me

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diría de dónde venía el misil para que supiera el momento preciso para activar los
imanes de tal manera que el torpedo fallara su objetivo. Se salvarían vidas, y el barco
no sería torpedeado, como tenía mi mano en el interruptor imaginario, pensé para
mí mismo, ¿y si no funciona? No funciona, todo el barco va a explotar, y yo explotaré
con él.
Aunque había estado leyendo el Apocalipsis, todavía no podía hacer que mis
pensamientos permanecieran en cosas espirituales. Me fui a dormir llorando. "A la
mañana siguiente, tenía que levantarme a las cinco. Cuando sonó la alarma, salté de
la cama y me fui a trabajar para conectar la electricidad para todos los demás en la
ciudad. Luego volví para desayunar. Cuando entré por la puerta, vi el periódico de
la mañana sobre la mesa. No tenía pensamientos de lo que había sucedido la noche
anterior; No de la reunión del Evangelio, ni de mis propios pensamientos después de
leer el Apocalipsis. Levanté el periódico de la mañana y las primeras palabras que
leí fueron: “Johnny Hartley muere de heridas recibidas en acción”. Esas palabras me
golpearon como un torpedo. Llegaron a mi corazón y a mi conciencia, eso fue durante
la Primera Guerra Mundial, alrededor de 1917. Johnny era un compañero mío. Fui
a la escuela dominical con él y, de hecho, había tomado el té con él tres semanas antes.
Lo habían enviado a luchar en Francia y solo estuvo tres semanas fuera cuando lo
mataron. Entonces pensé: ¿cómo debería ser llamado a continuación? ¿Dónde estará
mi alma para siempre cuando se acabe mi tiempo? Estos fueron los pensamientos que
llenaron mi corazón. Me senté con el corazón cansado, terminé el desayuno y volví a
trabajar.’’ (Colman, 1993)
Todo aquellos eventos aparentemente desconectados uno de otros eran las cuerdas
de amor que Dios estaba utilizando para atraer hacia él a este joven irlandés que
debatía en su interior entre la vida y la muerte. No era una casualidad, era el plan
de Dios, su llamado a la salvación. Un llamado que Juan Ruddock no pudo seguir
ignorando ni posponiendo más. Pues la voz inconfundible de Dios prevaleció, como
un silbo apacible que hizo que algo en su interior se rompiera, como una cuerda
gastada, que hizo que todo encajara en su lugar. Ese santo momento fue descrito
así por el mismo Juan Ruddock:
‘‘El trabajo de esa mañana me llevó al metro, un espacio de trabajo subterráneo. Bajé
con el corazón apesadumbrado, preguntándome si nunca sería salvo. De hecho, ya
había decidido que nunca sería salvo porque nunca podía pensar lo suficiente en las

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cosas espirituales. Entré en el metro y caminé por el pasillo. Caí de rodillas y elevé
una oración a Dios: “Oh Dios, ten piedad de un pobre pecador culpable como yo. Me
temo que no habrá salvación para mí. No puedo pensar en estas cosas. No puedo
tomarlas en serio”. En ese momento, recordé un himno que se cantaba a menudo. Dije
las líneas de ese himno:
“Él llevó en el madero la sentencia por mí.
Él hizo eso por mí”.

Pensé, ¿por qué debería preocuparme más? Él lo hizo por mí. Yo no podía hacerlo
por mí mismo. Él lo hizo. Y entonces recordé que solo podía ser salvo por la fe y la
obra terminada del Señor Jesucristo. Me di cuenta: “¡Soy salvo!”. Puedo recordar
ese momento muy bien. Yo estaba allí, en el metro, debajo de esa gran tienda. No
podía mantenerme en pie porque no había espacio, pero salté de alegría y mi cabeza
golpeó el techo de ese metro. Lo recuerdo bien. Yo estaba libre y salté de alegría. Y,
sabes, he estado saltando desde entonces porque soy salvo y estoy en camino al cielo.
Nunca podré olvidar esa mañana. Conozco el lugar; todavía lo veo.
Esa fue mi experiencia de salvación, allí mismo, debajo de la tierra, no en un salón
de evangelización, no en una iglesia, no con una compañía de personas a mi
alrededor, sino completamente solo en ese lugar oscuro. Tomé mi lugar como pecador
y recibí a Cristo como mi Salvador. Yo era un hombre nuevo en Cristo Jesús.’’
(Colman, 1993)
Aquel dulce momento fue plasmado en poesía por el hermano Juan Ruddock, quien
tenía un maravilloso talento para componer poesía como para narrar. Esta es lo que
nuestro hermano Juan Ruddock escribió:
‘‘Llegó el momento en que dejé Newry y me fui a Belfast. Allí estuve dos semanas en
las que no tenía nada que hacer. Eso sí que fue algo para mí, porque siempre estaba
muy ocupada. El caso es que estaba demasiado ocupada. Ése fue uno de los grandes
obstáculos de mi vida, ahora que lo pienso: siempre estaba demasiado ocupada.
Durante esas dos semanas me senté en un parque, en un jardín botánico. Los pájaros
cantaban en los árboles. Era un espectáculo maravilloso ver el verde de las distintas

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hojas y las flores. Mientras estaba sentada allí,
empecé a escuchar a los pájaros cantar en los
árboles, y saqué un papel y un bolígrafo y anoté
estas palabras.
Un día me senté en el parque,
bajo el muro sombreado,
y escuché a los pájaros cantar
en lo alto de los árboles,
"Hay trabajo que hacer", parecían decir,
"El Maestro te llama,
así que levántate y trabaja mientras aún es de día
antes de que caigan las sombras de la tarde".

Recuerdo bien que me vinieron de manera


automática. No tuve ninguna dificultad en escribir
las palabras. No sabía de dónde venían, pero las
Biblia de Juan Ruddock-
escribí de esa manera. Luego, cuando estaba
Regalo de los hermanos de Irlanda
caminando por el río Largon, me detuve, saqué el
tras su partida a Los Ángeles.
papel y el bolígrafo y escribí las palabras:
Me quedé en la orilla del río
Y escuché el suave murmullo de las aguas.
Las almas son llevadas por la corriente
Hacia el feroz escenario ardiente del Infierno.

Recuerdo haber anotado esas palabras. Luego, otro


día, cuando estaba de visita en Newcastle una vez
más, saqué papel y bolígrafo de nuevo. Mientras mis
ojos escudriñaban el mar donde había visto tantos
naufragios en el pasado, comencé a escribir:
Me quedé cerca del mar azul brillante
y allí las olas me gritaban:
“Los hombres se están ahogando, ¿no puedes verlos?
Lanza la cuerda salvavidas para salvarlos”.

36
Me quedé en la cima de la montaña
Y escudriñé el mundo entero.
Vi a todos arruinados en la caída,
Corriendo hacia la oscura puerta del infierno.

Me senté en un sillón mullido


Y planeé un futuro descanso,
Cuando con una voz tranquila y pequeña escuché:
“Vayan y díganle al resto”.

“Vayan a las lejanas tierras de Dios


Y difundan la noticia.
Vayan y díganle a toda la humanidad
Que Cristo murió por los perdidos”.

Recibí el mensaje. Debo ir,


O la perdición de Jonás caerá sobre mí,
Así que no me detengan, les ruego que no,
Porque Dios mismo me ha llamado.

“Era Dios quien me hablaba, tratando de hacerme entender que había trabajo que
hacer, un trabajo que era muy importante en otras partes del mundo, y que Él me
estaba enviando allí. (Colman, 1993)

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Padres de Nettie Ruddock, Dugald y Jean Baird

38
SEGUNDA PARTE
Los Ángeles, California, Estados Unidos
1921 - 1926

39
5
NIÑOS MEXICANOS
‘‘Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan
el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida. ’’
Oseas 11:4
Después de haber entregado su vida al Señor, a la edad de veintiún años, don Juan
Ruddock sintió como todo creyente en Cristo, una profunda necesidad de hablarles
a otros del Salvador Jesucristo. Por esos días, su padre había enfermado gravemente
y los médicos habían recomendado un cambio de ambiente. Un lugar donde el clima
fuera más favorable. Fue así como la familia Ruddock se trasladaría a la ciudad de
Los Ángeles, California en Estados Unidos, donde tenían algunos familiares y el
clima era más amable para la salud del hermano Andrew Ruddock padre de nuestro
hermano Juan. Pero todo aquello no era una casualidad, sino, parte del plan de Dios,
quien estaba preparando así, el camino de este joven que desde muy temprano
‘‘enseguida predicaba a Cristo’’ como lo hiciera el apóstol Pablo tras su conversión.
Mientras don Juan Ruddock predicaba en un distrito de inmigrantes mexicanos en
California, aprendió algo de español y además conoció un poco lo que significaba
servir al Señor con poca ayuda y mucho trabajo. Este pasaje de su vida lo describió
don Juan Ruddock de esta manera:
‘‘Después de mi conversión, el campo extranjero y sus necesidades estaban
constantemente ante mí, pero temía no estar dispuesto a escuchar la voz de Dios que
me hablaba. Junto con otro hermano en Cristo, que ahora está trabajando en África,
pasé la mayor parte de mi tiempo libre distribuyendo folletos y participando en
reuniones al aire libre. ’’
Algún tiempo después de esto, junto con mi familia, dejé Irlanda y vine a residir a
Los Ángeles, California. No pasó mucho tiempo antes de que viera la necesidad del
evangelio entre los mexicanos de esa ciudad.
Pidiendo ayuda a Dios, comencé a trabajar entre los niños mexicanos en mi tiempo
libre. Alquilé una casa en la que podía celebrar reuniones, fui a algunos hogares con

40
evangelios y folletos, e invité a los niños a las reuniones. Pronto un gran número de
niños venían regularmente, y algunas de las personas mayores también comenzaron
a asistir. Dios bendijo el esfuerzo con el resultado de que algunos se salvaron…
Durante todo este tiempo estuve preocupado por la obra más lejana y esperaba que
un día se abriera el camino para que yo pudiera ir a servir al Señor en México. Sin
embargo, ese país estaba cerrado a los misioneros, y, por lo tanto, la puerta estaba
cerrada para mí.’’ (Colman, 1993)
Pero en ese camino, Dios le permitió conocer a una persona quien sería su aliada,
amiga y compañera en las incontables luchas que vendrían más adelante, la señorita
Janet Baird. Una joven cristiana muy devota y consagra al Señor Jesús y a su obra.
Dios había dispuesto que Juan y Janet se encontraran en el mismo camino de su
voluntad, como el mismo lo describe a continuación:
‘‘Fue en esa época cuando conocí a mi esposa. Ella también estaba interesada
en los pueblos de habla hispana y se había preocupado por servir al Señor en
Sudamérica…
Mi esposa (Janet Baird) nació en Kilwinning, Ayrshire, Escocia, el 25 de
mayo de 1901. Nació de nuevo en Saltcoats, Escocia, el 5 de marzo de 1918.
Después de su conversión, se interesó especialmente en la obra misional en los
países católicos romanos. Al escuchar a un misionero de uno de estos países
hablar en una conferencia en Paisley, Escocia, se sintió definitivamente
interesada en servir al Señor en Sudamérica. El orador habló sobre la gran
necesidad de obreros y presentó a los jóvenes, especialmente el primer versículo
de Romanos 12. Este mensaje permaneció con ella.
Más tarde dejó Escocia y fue a los Estados Unidos, estableciéndose finalmente
en Pasadena, California. Fue miembro de la Asamblea de Jefferson Street,
Los Ángeles. En el camino de Pasadena a Los Ángeles, el tranvía pasó por
una parte del distrito mexicano. Se fijó en la gente y se enteró de que eran
mexicanos. Ella le preguntó a la hermana en el Señor con quien viajaba si se
estaba haciendo algo por estos mexicanos, y de esta manera se enteró de la
obra que yo había comenzado entre ellos. En Pasadena, ella vivía al lado de
la señorita Ulrich (una hermana que era responsable de enviar Mensajes de
Amor a los muchos países de habla hispana) y de ella escuchó más acerca de

41
los mexicanos. Fue en la casa de la señorita Ulrici donde mi esposa y yo nos
conocimos por primera vez.’’ (Colman, 1993)
La señorita Ulrici, era la que suministraba tratados o folletos con mensajes bíblicos
en español para repartirlos entre los latinos con los que el hermano Juan Ruddock
trabajaba. Un día, esta hermana decidió visitar el lugar donde el hermano Juan
Ruddock había estado repartiendo estos tratados. Y junto a ella vino también Janet
Baird quien sentía mucho interés en la obra de evangelismo en ese lugar. Don Juan
Ruddock narro ese encuentro de la siguiente manera:

Certificado de Matrimonio de John Ruddock y Janet (Nettie) Reid Baird

‘‘Me alegró mucho ver a la señorita Ulrich y a su hermana, la señora Kinsman, que
también estaba ocupada en la obra. Esta jovencita también estaba allí. Su nombre
era Nettie Baird. Teníamos mucho en común. Le di una descripción de la obra que
estaba haciendo y ella se interesó mucho en el relato.’’ (Colman, 1993)

42
Aquel primer encuentro fue suficiente para darse cuenta que ambos están de
acuerdo en dos cosas. La primera, sus intereses espirituales eran los mismos. Y
segundo, ambos sentían atracción el uno por el otro. Con el tiempo y después de
trabajar juntos en este lugar, Juan y Nettie decidieron unir sus vidas en matrimonio,
lo cual hicieron. Don Juan Ruddock continua su narración:
‘‘Ella y otra hermana, la señorita Storrie, comenzaron a ayudarme en el distrito
mexicano. Más tarde nos comprometimos para casarnos, y un año después nos
casamos en Pasadena.’’ (Colman, 1993)
Para don Juan Ruddock se había cumplido la maravillosa promesa de Dios que dice:
‘‘El que haya esposa haya el bien’’. Especialmente al considerar que su amor al Señor
y su obra eran igualmente importantes y prioritarias en sus vidas. Inicialmente sus
visiones fueron lentamente ajustadas por el Señor hasta que fue claro para ambos
hacia donde el Señor les estaba enviando. Don Juan Ruddock lo menciono de esta
forma:
‘‘Me dijo que el Señor la había estado llamando, según creía, a Sudamérica; sin
embargo, yo pensaba en México. Así que nos lo dividimos y finalmente fuimos a
América Central, antes de ir a Guatemala, por supuesto, nos unimos en matrimonio.’’
(Colman, 1993)

Juan Ruddock y unos niños mexicanos en Los Ángeles, California en 1923

43
Janet Reid Baird

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6
LA ESPERA
‘‘Del hombre son las disposiciones del corazón; Mas de Jehová es la respuesta de la lengua.
Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; Pero Jehová pesa los
espíritus. Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados. ’’
Proverbios 16:1-3
Aun y cuando don Juan y doña Nettie Ruddock sentían un claro llamado de Dios
para sus vidas, decidieron hacer todo de manera correcta y en orden. Decidieron
comenzar por escuchar la voz de Dios. Para lo cual, aprovecharon su viaje de luna
de miel. Este viaje fue de mucha bendición para sus vidas y les dio también la
oportunidad de visitar muchas Asambleas de Hermanos en los Estados Unidos.
Esto es lo que don Juan Ruddock decía:
‘‘Después del matrimonio hicimos un viaje de luna de miel. Viajamos en tren hasta
San Francisco y Oakland. Visitamos las asambleas allí. Luego fuimos a Seattle y
Portland y más adelante a Canadá. Pasamos un tiempo maravilloso mientras
visitábamos las asambleas, contándoles acerca de la obra que habíamos estado
haciendo. También les dijimos que parecía que se estaba abriendo el camino para que
fuéramos a Guatemala. También fuimos a la isla de Vancouver y visitamos la
mayoría de las asambleas allí.’’ (Colman, 1993)
El camino a Centroamérica había sido ya trasado por Dios en sus mentes y
corazones, pero aún faltaba hacer algo más para confirmar aquella certeza que
tenían. Una de ellas y tal vez la más difícil era renunciar a cosas, que no eran malas
pero que podrían detenerles antes de aferrarse únicamente a la buena mano de Dios.
Don Juan Ruddock escribió lo siguiente:
‘‘Después de nuestro viaje, regresamos a casa en Los Ángeles. Al regresar, le notifiqué
a mi empleador que me marcharía pronto. Antes de eso, se habían acercado a mí y
me habían ofrecido un trabajo mejor. Había una vacante para un hombre que
asumiera una mayor responsabilidad, y yo era el hombre al que querían dar el
trabajo. Necesitaría estudiar un poco más, y ellos habían hecho provisiones para eso.
Me iban a enviar a la universidad donde estudiaría y entonces estaría en condiciones

45
de aceptar este trabajo. A mí eso no me gustaba, por supuesto, pero debo decir que fue
realmente una gran lucha dentro de mí. Habría tenido un muy buen trabajo, de hecho,
habría tenido un buen salario, y me describieron lo que podría haber hecho con el
dinero. Podría haber tenido una linda casa, bien amueblada. Me habrían cuidado
bien de por vida. Tropicalmente, el hombre al que me enviaron a ver para que me
contara todo esto se llamaba Sr. Mundano. Cuando me lo presentaron como Sr.
Mundano, comencé a pensar: Mundano, ¿dónde he oído ese nombre antes? Entonces
recordé que era un nombre de El progreso del peregrino, y eso me puso en guardia de
inmediato. Si hubiera tenido otro nombre, tal vez hubiera tenido más dificultades
para tomar la decisión, pero con un nombre como Sr. Mundano no podía
equivocarme. Tenía que elegir entre el mundo y Dios: lo que Dios quería que hiciera
y lo que el mundo quería que hiciera. Le dije a este querido hombre después de que
me habló durante un tiempo considerable que era inútil, que ya había decidido cuál
sería el trabajo de mi vida. No quería engañar a la empresa para la que trabajaba.
Si hubiera ido a la escuela para aprender, sólo habría sido por poco tiempo. Por lo
tanto, sería mucho mejor que buscaran a alguien que pudiera dedicar todo su tiempo,
energías y pensamientos al trabajo. Muy a regañadientes cedieron y, por supuesto, me
dejaron libre. Sí, me dejaron libre, libre para pensar seriamente. Recordé un poema
que había escrito justo después de haber sido salvado:
Oí una historia más dulce
Estoy buscando un juego más grande
Las almas de los hombres son mucho más preciosas
Que la riqueza o la fama terrenal.
Me paré en la cima de la montaña
Y escudriñé el mundo entero.
Vi todo arruinado en la caída,
Corriendo hacia la oscura puerta del infierno,
Entonces recibí el mensaje, debo ir,
O la perdición de Jonás caerá sobre mí.
Así que no me retengas, te lo ruego,
Porque Dios mismo me ha llamado.

Esas experiencias volvieron a mí de una manera que se apoderaron de mi alma. No


podía alejarme de ellas; no había escapatoria. Tenía que enfrentarlas y, ahora que

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había obtenido la victoria sobre el señor mundano, me sentía más libre. Pensamientos
serios llenaron mi mente. ’’ (Colman, 1993)
Esa decisión sería una de las muchas decisiones que don Juan y doña Nettie tendrían
que tomar en su camino de servicio por el Señor. Y que dejarían un buen ejemplo
para todos los que queremos servir al Señor de igual manera. Pero además de esta
prueba, tenían que pasar otra igual o mayor para poder confirmar su llamado a la
obra del Señor en el campo misionero, esta era la prueba del tiempo y la espera.
Pues sin saltarse ningún paso, expusieron a los Ancianos de su iglesia local este
buen propósito en el que ambos estaban de acuerdo y sentían el llamado de Dios.
Porque entendían que nadie puede tener autoridad, sin estar bajo autoridad. Así que
después de contarles su deseo y propósito a sus Ancianos, tuvieron que esperar en
oración mientras Dios mostraba su voluntad. Esto es lo que don Juan Ruddock
describe:
‘‘Tanto Nettie como yo habíamos trabajado durante algún tiempo en esta decisión.
Nos acercamos a los hermanos, los ancianos de la asamblea local. Les dijimos lo que
había en nuestros corazones con respecto a Centroamérica, y ellos escucharon muy
atentamente. Nos dieron buenos consejos; más tarde, se encargarían de eso. ’’
(Colman, 1993)
El llamado a las misiones ahora tendría su confirmación final para ir o para
quedarse. De cualquier manera, don Juan y doña Nettie Ruddock se sintieron en
paz y conformes con lo que Dios estaba haciendo con ellos hasta el momento,
entendiendo que la falta de luz acerca de ir es luz acerca de quedarse. Así que mientras
esperaban la confirmación de los Ancianos, don Juan y doña Nettie continuaron su
trabajo entre los inmigrantes mexicanos de California, pues como lo dice el viejo
refrán: ‘‘esperar no es pereza’’.
El tiempo paso y los líderes estaban listos para dar su respuesta. Ese momento tan
importante fue descrito así por don Juan Ruddock:
‘‘Una noche memorable nos habían invitado a ir a York Boulevard en Los Ángeles.
Ese es el lugar donde había pasado tanto tiempo trabajando en días pasados. Nettie
y yo fuimos.

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La asamblea allí, junto con la asamblea de Jefferson Street, escucharon muy
atentamente las palabras que tenía que decir. Les conté cómo había estado convencido
de que el Señor me había estado llamando a campos más allá.
Algún tiempo después de eso, me informaron que en lo que a ellos respectaba, todo
estaba en orden. Habían examinado nuestras vidas. No encontraron nada que
pudiera impedir nuestro viaje y muy amablemente nos dieron una carta de
recomendación para trabajar en Centroamérica. ’’ (Colman, 1993)
Fue así como don Juan y doña Nettie tuvieron su confirmación para ir al campo
misionero en Centroamérica y el camino libre para sembrar el evangelio a voluntad
donde el Espíritu Santo les enviara.
Este propósito fue debidamente informado ese año de 1926 a la revista misionera
Ecos de Servicio de esta manera:
Nos llegan dos recomendaciones de Estados Unidos: una desde Los
Ángeles, del Sr. y la Sra. John Ruddock, quienes viajan a Guatemala
para servir al Señor, y la otra desde la calle 125 Este, Nueva York, de la
Srta. Florence May Carruth, quien se une al Sr. y la Sra. Drake en
Quilmes, Argentina, para ayudar con la obra de los huérfanos allí.
(Echos de Servicio 1926)

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Juan Ruddock junto a una niña y un niño mexicanos en Los Ángeles, California en 1923

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TERCERA PARTE
Quetzaltenango, Guatemala, Centro América
1926 - 1930

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7
EL CAMINO
‘‘No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino,
ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.
Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad
allí hasta que salgáis. ’’
Mateo 10:9-11
La providencia de Dios llevo a don Juan y doña Nettie Ruddock primeramente a
Guatemala, aunque no de manera definitiva. Sin embargo, su trabajo en Guatemala
fue de mucha bendición también para la obra del Señor en ese lugar. Don Juan
describe cómo se despertó en ellos el interés de ir a Guatemala para servir al Señor.
Esto es lo que don Juan Ruddock dijo:
‘‘Poco después de esto, recibí una carta del hermano Kramer en Guatemala
contándome sobre la necesidad que había allí. Esto nos hizo considerar seriamente el
asunto de servir al Señor en Guatemala, y por eso lo convertimos en un asunto
definido de oración. Después de esperar en el Señor, lo pusimos ante los ancianos de
nuestra asamblea. Ellos, después de considerarlo con oración, nos encomendaron a la
obra del Señor, y en octubre de 1926 salimos de Los Ángeles hacia Quetzaltenango,
Guatemala. Esta fue nuestra primera estación.’’ (Colman, 1993)
Tomada la decisión de ir a Guatemala. Los preparativos se hicieron debidamente.
Su viaje a Centroamérica seria en barco y había una mezcla de emoción y de temores
en sus corazones y mentes. Pero Dios quiso aligerarles un poco su carga
permitiéndoles viajar de una manera inesperadamente cómoda. Esta es la narración
de don Juan Ruddock:
‘‘Se acercaba el momento de nuestra partida. Tuvimos una maravillosa despedida
por parte de los cristianos de los Salones del Evangelio de Jefferson Street y Avenue
54. Salimos de Los Ángeles en noviembre de 1926 en Grace Line, rumbo a
Guatemala. Navegaríamos por la costa del Pacífico y haríamos escala en algunos
puertos de México. Unos días antes de partir, recibí un mensaje para que fuera a la
oficina de Grace Company Line. Un caballero quería verme. Este caballero

51
trabajaba en el negocio de la madera en México. Generalmente viajaba en tren, pero
había una huelga de ferrocarriles en México, el barco estaba lleno y él y el agente
querían saber si mi esposa y yo le cederíamos nuestra habitación a él y a su esposa
hasta Mazatlán, en México. Yo compartiría habitación con otros tres hombres y
Nettie compartiría habitación con otras damas. Al llegar a Mazatlán, habría una
cabina de primera clase vacía, que tendríamos para nosotros solos durante todo el
viaje hasta Guatemala. Esto nos pareció maravilloso, así que inmediatamente
hicimos los arreglos necesarios para hacerlo. Pronto el barco zarpó del puerto de
Wilmington. Pasamos un buen rato navegando por el Pacífico. Se desató una
tormenta y vimos y oímos relámpagos y truenos que nunca antes habíamos
experimentado. Esto hizo que muchos de los pasajeros se sintieran incómodos. Pronto
llegamos a Mazatlán y, como habíamos planeado, nos trasladaron a los camarotes
de primera clase. Estábamos muy, muy cómodos allí. Agradecimos al Señor por su
bondad al hacer esta provisión para nosotros.’’ (Colman, 1993)
Al llegar a Guatemala, desembarcaron en el puerto de Champerico. Y por primera
vez en sus vidas experimentaron, lo que era estar entre las personas a las que Dios
les había enviado a alcanzar con su evangelio. Para Juan Ruddock fue emocionante
ver en el puerto los hombres, mujeres y niños hablando con fluides el español que
ellos apenas conocían. Guatemala era más de lo que Carlos Kramer el antiguo
colportor de la Sociedad Bíblica Americana les había descrito en sus cartas. Estaba
llena de personas besadas por el sol, con sus mejillas sonrosadas y su cabello negro
y lacio. Vestidos con sus coloridos trajes confeccionados artesanalmente por ellos
mismos. Pero su mirada se dirigió principalmente hacia los muchos niños vestidos
humildemente con trajes hechos con tela de manta, que cargaban bultos sobre sus
cabezas o corrían descalzos por las calles de tierra. Donde muchos podrían ver
mucha necesidad, Juan Ruddock vio una gran oportunidad para comenzar a ganar
almas para Cristo. Don Juan Ruddock recordó así esos momentos al llegar a
Guatemala por primera vez:
‘‘Disfrutamos del viaje más adelante, y pronto llegamos a Champerico, un puerto en
Guatemala, donde desembarcamos. No había muelles reales allí. El bote ancló
afuera, y una grúa y una pequeña canasta nos trasladaron del bote a uno de los botes
pequeños para llevarnos a la orilla. Esta fue toda una experiencia. Lo disfruté
mucho, pero otros pasajeros no. Pronto desembarcamos y nos recibió alguien que nos
llevaría de allí a Quetzaltenango; Sin embargo, primero teníamos que pasar por la

52
aduana, el hombre de la aduana no parecía muy amable, tanto así que fue necesario
que nos quedáramos a pasar la noche, cosa que no queríamos hacer. Sin embargo, no
había otra salida. Nos permitieron llevar nuestro equipaje de mano. Al día siguiente
nuestro equipaje pasó por la aduana. Había autos para llevarnos a Quetzaltenango.
El caballero que nos recibió trató de hacer todos los arreglos, pero parecía imposible,
todo lo que podíamos hacer era esperar. Por fin, llegó alrededor de las diez de la
noche. Nos dijo que había hecho arreglos para un viaje especial a Quetzaltenango.
Al hombre que contrató no parecía importarle los arreglos, así que cuando salimos
un poco de la ciudad, el auto se detuvo y él se bajó. Por lo que pudimos ver, él mismo
desinfló una de las llantas de modo que se nos pinchó. Nos dijo que no podía ir más
lejos; tenía una llanta pinchada y no tenía forma de repararla. Llegó otro auto y
tampoco tenían nada. Dijo que tendría que regresar en el otro auto y nos dejó sentados
allí. Por supuesto, no sabíamos qué estaba pasando. No entendíamos lo suficiente el
idioma como para saberlo. Sospeché que podría tratarse de algún tipo de asalto, así
que saqué de mi bolsillo el poco dinero que teníamos, que ascendía a $400, y lo puse
en la pierna de mi calcetín. Pensé que allí estaría seguro. Al final, llegó otro hombre
con otro auto y se hicieron arreglos para llevarnos desde allí hasta Quetzaltenango.
Fue muy amable.
Creo que eran entre las 2:00 y las 3:30 de la mañana cuando llegamos allí. Por
supuesto, teníamos hambre y pronto comimos algo. Luego nos llevaron a nuestro
dormitorio. Era bastante estrecho y tampoco muy largo. Tenía una sola puerta que
daba al patio trasero de la casa. No había ventanas a los lados, sólo una ventana en
la sala de estar que daba a la calle principal. Todas las casas eran muy parecidas. A
Nettie no le gustaban mucho; sin embargo, como ahora éramos misioneros, decidimos
que teníamos que aceptar las cosas como vinieran. Esa es la mejor manera de hacerlo.
Todo tiene un final. En otros momentos de nuestra vida estábamos en una situación
más cómoda, pero por el momento estábamos bien. ’’ (Colman, 1993)

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Don Juan y doña Nettie Ruddock celebrando 50 años de aniversario de Boda y Servicio.

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8
DIFICULTADES
‘‘Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del
Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he
mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. ’’
Mateo 28: 19-20
Fue en Guatemala donde don Juan y doña Nettie Ruddock aprendieron mejor el
español por la necesidad que tenían de comunicarse para sobrevivir y predicar el
evangelio del Señor Jesucristo. En su narración, don Juan Ruddock recordó esos
días de esta manera:
‘‘Nuestra vida entonces estaba dedicada al estudio del idioma. Encontramos allí a
una joven que era muy capaz. Nos ayudó de manera maravillosa con el idioma.
Este querido caballero con quien nos estábamos quedando resultó no ser muy
agradable. Sin embargo, estábamos agradecidos por el momento, sabiendo que todas
las cosas llegan a su fin algún día. Con el tiempo, descubrimos que, si él no daba la
orden para algo, no era bíblico. Entonces, lo mismo que él declaraba no bíblico, más
tarde se convertiría en bíblico. Llegamos a la conclusión de que era escritural si él
estaba de acuerdo con ello, pero si no lo estaba, no era escritural. Para mí eso era
bastante extraño.
Su esposa no estaba muy bien y parecía estar en gran necesidad. Amablemente
ayudamos en todo lo que pudimos. Nettie incluso vendió los regalos de boda que había
recibido antes de que nos fuéramos de Los Ángeles para que pudiéramos ayudarlos.
Muy pronto se acabó todo el dinero, pero con el tiempo el Señor muy bondadosamente
intervino y envió todo lo que era necesario. Pronto esta querida mujer tuvo que irse
a los Estados Unidos y, después, su esposo la siguió. Entonces nos quedamos
completamente solos. Tuvimos más libertad. La vida se hizo un poco más agradable.
Seguimos aprendiendo el idioma. En nueve meses, yo era capaz de dar mensajes en
español; sin embargo, estos mensajes habían sido traducidos al español y luego

55
prácticamente los leí en voz alta. La gran dificultad fue que cuando yo terminaba de
leer, el mensaje estaba terminado y la reunión había terminado.’’ (Colman, 1993)
Sumado a estas dificultades don Juan Ruddock recuerda sus limitaciones físicas, que
aun y cuando no eran muchas, sí representaban una dificultan, especialmente al
momento de aprender el idioma. Esto es lo que don Juan Ruddock decía:
‘‘Había padecido casi toda mi vida dolores de cabeza, migrañas. Debía tener mucho
cuidado de no leer ni estudiar demasiado. De hecho, eso era un gran obstáculo para
el aprendizaje del idioma. A veces me frustraba tanto que incluso tiraba el libro a la
basura. Aunque estaba desanimada, podía seguir adelante y hacer lo que podía. Así
que, en cierto modo, nunca aprendí el idioma, simplemente crecí en él. Mientras
pudiera hacerme entender, eso era todo lo que hacía falta. Gracias a Dios por aquellos
que pudieron estudiar hora tras hora y nunca tuvieron un dolor de cabeza. Nettie
era así. Podía continuar con los estudios hora tras hora. No sabía lo que era un dolor
de cabeza. Gracias a Dios por eso. Eso era maravilloso porque no me gustaría que
nadie tuviera que sufrir como otros con migrañas. El hecho es que no podemos
explicar el dolor a los demás. No pueden tener una idea de lo que significa tener un
dolor de cabeza persistente, minuto tras minuto, hora tras hora y día tras día. Te
deja inconsciente. Te quita tu modo normal de pensar. A veces ni siquiera puedes
ordenar tus pensamientos. A veces, de hecho, te deja inútil. Eso sí que es molesto.
Pensar que no sirves para nada; pensar que estás impidiendo que los demás avancen;
eso es un dolor en sí mismo. Pero los que tienen migrañas tienen que soportarlas».
Creo que el Señor se lo compensa de alguna otra manera. Doy gracias al Señor por
Nettie. Ella era capaz de aprender español a la perfección. De hecho, se convirtió en
una gran profesora de español. Ha sido una ayuda maravillosa para mí en ese
aspecto. No sé cómo me habría arreglado sin sus habilidades lingüísticas. Me ayudó
mucho. Si había una dificultad con el idioma, ella lo superaría. Podía explicármelo
como otros no parecían tener la capacidad de hacerlo. Por supuesto, ella conocía mi
debilidad. Tenía la paciencia de explicarme y volver a explicarme de tal manera que
pronto pude, al menos en cierta medida, expresarme y hacer llegar el mensaje. Pronto
pude salir y tener reuniones evangelísticas en varios lugares. ’’ (Colman, 1993)
Después del idioma, el choche transcultural era una segunda dificultad que Juan y
Nettie Ruddock tuvieron que superar. El acoplamiento natural entre dos culturas
era inevitable y necesaria. Especialmente, en lo concerniente a los cultos, como se

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le llamada en Centroamérica a las reuniones de las Asambleas de Hermanos. Su
adaptación a la cultura guatemalteca fue descrita por él mismo de esta manera:
‘‘Aprendí algo sobre la cultura de allá a través de eso. A mí me habían enseñado,
especialmente para el trabajo en el que estaba involucrado, a ser puntual. Así que
cuando se anunció que una reunión comenzaría a las 7:00, comencé a las 7:00. En
aquellos días, con muy poca gente, era bastante difícil saber si alguien vendría, así
que adquirí el hábito de comenzar la reunión a las 7:00 en punto. Una noche había
muy pocos en la reunión. Después de leer el mensaje, cerré la reunión. Luego, vinieron
bastantes personas. Se sorprendieron al saber que la reunión había terminado. Bueno,
dije: "¿No comenzamos a las siete? [Comenzamos a las siete y cuando terminé la
reunión, no pude continuar más; mi mensaje había terminado”. Llegaron tarde, una
vez sugerí que, si las 7 en punto era demasiado pronto, tendríamos la reunión a las
7:30. Bien, la reunión se anunció a las 7:30. Aun así, no llegaron hasta 5 o 10
minutos después. Entonces dije que sería mejor tener la reunión a las 8:00; llegaron
10 o 15 minutos después. Aprendí que no importaba a qué hora comenzara, siempre
había algunas personas que llegaban 10 o 15 minutos tarde. Por lo tanto, comencé a
pensar que no era el momento; tienen mucho tiempo, pero simplemente no lo usan
como lo hacemos nosotros.
Muy pronto pude dar mis mensajes solo mediante notas. Esto de hecho hizo que los
mensajes fueran más interesantes y, a medida que pasaba el tiempo, ni siquiera
necesitaba notas; sin embargo, debido a circunstancias fuera de mi control, no pude
aprender el idioma a la perfección. ’’ (Colman, 1993)
Durante su tiempo en Guatemala, don Juan y doña Nettie enviarían algunos
reportes a la revista misionera Ecos de Servicio en Inglaterra al igual que lo hacían
muchos misioneros más de las Asambleas de los Hermanos dispersos en todo el
mundo. En 1927 don Juan Ruddock escribiría:
Quezaltenango, 3 de septiembre. —Estamos experimentando en cierta medida
gotas de bendición de la buena mano de Dios. Durante las últimas semanas hemos
tenido el gozo de bautizar a ocho, mientras otros están esperando. La mayoría de
ellos son fruto de las labores de nuestro hermano Kramer en estas partes. También
nos ha animado ver que algunos que antes eran idólatras han sido llevados a conocer
al Señor como su Salvador. Una de ellas, una muchacha de diecisiete años recibió su
primera comunión en la Iglesia Católica hace unos meses. Un cristiano de la

57
comunidad la persuadió a que viniera a la reunión, y esa noche puso su confianza en
el Señor Jesús. Su vida muestra un cambio decidido, y parece ansiosa de alimentarse
de la Palabra. Otra joven fue traída a las reuniones por el mismo cristiano, pero la
primera noche parecía completamente despreocupada y sólo quería reír y mirar a su
alrededor. Sin embargo, el Espíritu de Dios la detuvo, y por algún tiempo estuvo
angustiada, leyendo su Biblia y orando. Hace unas dos semanas confió en el Señor
en la reunión de las hermanas. Ha destruido sus ídolos y dice que ya no tiene que
quemar caramelos. Oren por ella, ya que ha estado viviendo en pecado durante
muchos años y ahora tendrá que trabajar para ganarse la vida y mantener a sus
hijos. Están llegando muchas invitaciones de otras partes para las reuniones. Ayer
llegaron dos cristianos aquí, después de caminar quince millas, para pedirnos que
fuéramos a tener reuniones en su pueblo. La Sra. Ruddock se mantiene ocupada
visitando a las mujeres y atendiendo a los enfermos. John y Nettie Ruddock
(Ruddock, AMERICA, 1927)

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Don Juan y doña Nettie Ruddock celebrando un aniversario más en Trujillo.

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9
NIÑOS GUATEMALTECOS
‘‘Y dijo: De cierto os digo, que, si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el
reino de los cielos. ’’
Mateo 18:3
En Guatemala, Juan Ruddock pondría en práctica su natural talento con los niños
y jóvenes a fin de atraerles y predicarles el Evangelio del Señor Jesucristo, tal como
lo había hecho por algunos años entre los niños mexicanos de los Angeles,
California. Esa habilidad era innata en él, casi un rasgo familiar heredado de su
abuelo y su padre quienes también fueron por mucho tiempo maestros de la Escuela
Dominical. Aunque nunca fue una tarea fácil, se esforzó por hacer que los niños y
niñas especialmente pudieran tener un encuentro personal con el Salvador
Jesucristo.

Juan Ruddock creía que los grandes cambios comienzan con pequeños pasos y uno
de ellos eran los niños. Si alcanzaba a los niños para Cristo sería más fácil después
hacerlo con los mayores. Sin embargo, los obstáculos y la persecución en contra de
él y todos aquellos que intentaban seguir a Jesús fue grande. Don Juan Ruddock
escribió un pequeño ejemplo de esa oposición, de la siguiente manera:

Quezaltenango, 17 de marzo de 1928. — Últimamente hemos tenido el


privilegio de bautizar a seis creyentes. Aunque algunos de ellos han sido llamados a
sufrir persecución, se mantienen firmes en la Roca, Jesucristo. Una niña indígena
pobre es golpeada por su padre cada vez que asiste a la reunión. Otro joven busca
empleo en otro lugar debido a la persecución de su familia y parientes. Dos de los seis
eran jóvenes salvos en nuestro hogar. Son excepcionalmente brillantes y están ansiosos
por aprender. Hace unas dos semanas, Lucas y yo no pudimos ir a San Felipe a la
reunión habitual. Llegó la hora de la reunión y la gente comenzó a reunirse. Cuando
se supo que no podríamos estar allí, uno de estos jóvenes subió a la plataforma y, entre
las burlas de sus antiguos compañeros, que estaban reunidos alrededor de la puerta,
contó con sencillez cómo el Señor había salvado su alma. El otro joven vino a casa

60
el lunes pasado para decirme que quería aprender más de la Palabra de Dios para
poder ayudarme un poco, ya que sabía que tenía muchas responsabilidades y mucho
trabajo. Pedimos a nuestros hermanos en sus países de origen que oren por estos
jóvenes conversos, ya que Satanás siempre está activo y tiene muchas tentaciones,
especialmente ahora, cuando se celebran todas las fiestas especiales. El Hno. Kramer
espera llegar a finales de este mes. La Sra. Kramer vino hace unos dos meses, y
también la Srta. Greaves, quien fue recomendada desde Toronto, Canadá, y está
dedicando todo su tiempo a la obra del Señor.
John y Nettie Ruddock.

La decisión de Juan y Nettie Ruddock de trasladarse a San Felipe, fue posiblemente


motivada por la gran oportunidad de predicar que tuvieron en ese lugar, pues solían
visitarlo regularmente como uno de los ‘‘Campos Blancos’’, como se suele llamar en
Centroamérica a estos potenciales lugares, donde se está comenzando una obra de
evangelización. Una de esas visitas s San Felipe, fue narrada por el propio Juan
Ruddock de esta manera:

‘‘Una vez me invitaron a una boda en la costa guatemalteca. En la costa hace mucho
calor, tanto que me resultó imposible usar abrigo. Me las arreglé solo con camisa y
pantalones. Nunca usé ni siquiera ropa interior. Hacía demasiado calor para mí y
el calor me provocaba dolores de cabeza. En esta ocasión, cuando fui a la boda, no
me permitieron entrar porque no tenía abrigo. Nettie vino al rescate. Me dio su
suéter, me lo puse y luego pude entrar y asistir a la ceremonia de la boda. La
ceremonia fue dirigida por el alcalde de la ciudad. Me di cuenta de que el alcalde de
la ciudad estaba sentado descalzo. No tenía ni calcetines ni zapatos. Noté que tenía
cuatro bolígrafos que sobresalían de su bolsillo, pero su secretaria realizó la
ceremonia. Después de hablar durante un tiempo, le dio la licencia al alcalde para
que firmara. Este querido hombre, me di cuenta, firmó con una "X". No sabía
escribir, así que la secretaria también tuvo que escribir. Había mucho que aprender
en Guatemala, aunque fue bastante divertido verme sentado allí con el suéter de mi
esposa puesto. Sin embargo, encajaba con la ocasión y salvó la situación. ’’ (Colman,
1993)

61
Estas visitas a San Felipe fueron las que permitieron a los Ruddock familiarizarse
con el lugar, de tal modo que, llegado el momento, no fue difícil para ellos mover
su campamento hasta esta pequeña ciudad costera de Guatemala.
Para el hermano Carlos William Kramer, ese lugar era especial, pues allí había
nacido, en el pueblo de San Felipe, en las afueras de Quetzaltenango, el 26 de abril
de 1894. Su padre, Charles William Kramer, fue un luterano devoto, quien había
sido enviado desde Alemania para construir la nueva Empresa Eléctrica de
Quetzaltenango. Allí conoció a Adelina Delfina Dorát Sandoval, originalmente del
pueblo de Santa Ana en El Salvador quien fue una de las primeras en convertirse al
Presbiterianismo en Quetzaltenango, después de haber sido por algún tiempo
monja.

El matrimonio de Charles y Adelina Delfina produjo 6 hijos: Magdalena, Carlos,


Rigoberta, Mercedes, Guillermo y Delfina. Magdalena, la hermana mayor de Carlos
W. Kramer, trabajó en la escuela de la Sociedad de Amigos (Cuáqueros) en
Chiquimula en 1914, nunca se casó y vivió la mayor parte de su vida en la casa de
su hermano Carlos en la Zona 11 de la Ciudad de Guatemala, cerca del Trebol, al
lado de la Sala Evangélica. Carlos W. Kramer se casó con Margarita Dalrymple
Fleming, nacida en 1898, hija de George Fleming y Catherine Gourlay McLeod,
quienes habían emigrado desde Escocia a los Estados Unidos cuando Margarita era
niña. Tuvieron cuatro hijos; Margarita quien murió al nacer, Charles Kramer quien
se volvió médico y asesor de la Clínica Mayo en Minnesota, Hugh Kramer quien
trabajó para IBM Latino América durante 45 años y Eleanor quien murió en 1937,
cuando tenía solo 4 años de edad.

Durante muchos años, los hermanos Kramer habían trabajado en San Felipe y
creían que Dios tenía el propósito de levantar una iglesia local en ese lugar. El
trabajo había sido efectivo y ya había algunos creyentes en ese lugar. Estos
primeros cristianos sentían una necesidad profunda y sincera por el Señor y su
Palabra y hacían grandes esfuerzos para escuchar y aprender más de ella,
especialmente en las Conferencias Generales. Una de esas conferencias fue descrita
por el hermano Juan Ruddock en uno de sus reportes a la revista misionera Ecos de
Servicio en Inglaterra. Don Juan Ruddock escribió lo siguiente:

62
Quezaltenango, 13 de septiembre de 1928. — Hace tres semanas tuvimos
reuniones especiales. Fue muy alentador que tantos cristianos dejaran sus trabajos en
San Felipe, Sevilla y Cantel para pasar la semana escuchando la Palabra de Dios,
día tras día. De cuarenta y cinco a cincuenta comieron con nosotros tres veces al día,
y el Señor demostró su fidelidad al proveer para todos. Por las noches, el Hno.
Kramer predicaba el evangelio, usando su mapa de los dos caminos y los dos destinos.
Nuestro nuevo salón se llenaba cada noche, mientras muchos se quedaban afuera
escuchando. No hubo muchos disturbios; solo una noche se arrojó una piedra. Dios
usó los mensajes y un feligrés declaró haber tenido el privilegio de ver a seis creyentes
seguirlo en el bautismo. Hace unas diez semanas bautizamos a otros tres. La Srta.
Greves se mantiene ocupada y es de gran ayuda con el periódico (Contendor Por la
Fe) que el Hno. Kramer imprime mensualmente para los cristianos. Muchos de estos
documentos se envían por correo y también se distribuyen. De vez en cuando recibimos
cartas contándonos las bendiciones recibidas gracias a ellos. John y Nettie
Ruddock.

Antigua Ilustración de Los Dos Caminos, Dos Destinos – Usa comúnmente por
los Hermanos de las Salas Evangélica o Sana Doctrina
Después de esto y luego de haber estado un año en Quetzaltenango, los Ruddock
decidieron mover su campamento a la pequeña aldea costera de San Felipe. Ahí
esperaban continuar sirviendo al Señor y buscando su rostro en oración para

63
conocer su voluntad en cuando al trabajo misionero que hasta entonces habían
realizado. Don Juan Ruddock diría lo siguiente al respecto:

‘‘Al cabo de un año, el señor de la casa regresó a Quetzaltenango y pensamos que


sería un buen momento para mudarnos a un nuevo lugar. Nos mudamos a San
Felipe, Guatemala, a 30 millas de la costa. Allí hacía bastante calor, pero había
buenas oportunidades de visitar los muchos pueblos de los alrededores y llevar el
evangelio a esa gente. Aprendimos muchas más lecciones mientras estábamos
ocupados en la obra. Sin embargo, poco después de llegar a Guatemala, decidimos
que nuestro llamado era ser misioneros pioneros, y el Señor estaba abriendo el camino
más al sur, hacia Honduras y la Costa de Mosquitos. ’’ (Colman, 1993)

Don Juan Ruddock narra el momento en el que él y su esposa se trasladaron a San


Felipe, luego del regreso del hermano Carlos Kramer a Guatemala. Don Juan
Ruddock dijo:
‘‘Cuando el hermano Kramer regresó de su permiso, todos pensamos que sería más
ventajoso para la obra si nos fuéramos a vivir a la costa de Guatemala, en el pueblo
de San Felipe. Así que, después de haber estado dos años en Quetzaltenango, fuimos
a San Felipe y, después de dos años de servicio allí, regresamos a la patria británica
debido a mi salud.’’ (Colman, 1993)
Para 1929 los Ruddock ya se encontraban establecidos en San Felipe y habían
enviado ya su primer reporte a la revista Ecos de Servicio con su nueva dirección
postal. Esto es lo que se decía de ellos:
América.—El Sr. Ruddock escribe acerca del bautismo de nueve
creyentes durante la conferencia en Quezaltenango, Guatemala. Él y su
esposa se han mudado ahora a un pueblo costero, llamado San Felipe
(Apartado 45, San Felipe, Retalhuleu, Guatemala). Allí hay una
asamblea de aproximadamente una docena, y otros han profesado su
conversión desde su llegada. (Ruddock, AMERICA, 1929)
Ese mismo año don Juan Ruddock reporto lo siguiente sobre el trabajo en San
Felipe:
Guatemala. —Sr. J. Ruddock —"Hace dos semanas tuvimos nuestra conferencia
en Quetzaltenango, y tuvimos el gozo de ver a diecisiete creyentes seguir al Señor en

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el bautismo. La mitad de ellos eran de la costa, y como vendrán aquí a San Felipe a
partir el pan, serán de gran ayuda en nuestra pequeña asamblea. Algunos de ellos
han dado tan buen testimonio en la finca donde trabajan, que el dueño nos ha
invitado a tener reuniones allí, para que, como él dice, podamos 'hacer evangelistas
a todos los trabajadores'. Estaremos felices de aprovechar la oportunidad y orar para
que los demás trabajadores se alejen de los ídolos para servir al Dios vivo y
verdadero". (Ruddock, AMERICA, 1929)
En San Felipe, don Juan Ruddock pondría especial atención en la Escuela
Dominical, un ministerio en el que se sentía especialmente atraído y disfrutaba
mucho. Sin embargo, habría un elemento que Dios agregaría a su nueva vida en San
Felipe, el cual era el embarazo de su esposa, quien espera su primer hija. Esto por
supuesto fue una enorme alegría y agregaba, naturalmente, algunas tareas extras
en su labor misionera. El trabajo en la predicación del evangelio era constante,
difícil y cansado. Requería mucho tiempo y esfuerzo, solo el hecho de viajar era una
tarea difícil. Pero si querían que la luz de Cristo llegara a todas partes, debían
hacerlo. Esto suponía dejar a su esposa embarazada por algunos días. Aunque
procuro siempre dejarla al cuidado de alguien y abastecida de todo. Pero las
dificultades siempre vinieron. Una de esas dificultades sucedería vísperas al
nacimiento de su primera hija. Don Juan Ruddock lo narro de esta manera:
‘‘Yo viajaba mucho y predicaba el evangelio, y a veces me ausentaba durante días.
Una vez, cuando regresé, encontré a Nettie muy enferma y muy débil. En San Felipe
no había médico ni farmacia. Estábamos bastante abandonados a nuestra suerte.
Cuando Nettie se enfermó, una de las hermanas cristianas se encargó de tratar de
ayudarla. Sin embargo, debe haberle dado demasiado aceite de ricino. Le dijeron que
era aceite de ricino lo que necesitaba, pero la dosis era demasiado para ella. Nettie
estaba embarazada de nuestra primera hija, Margaret Jean, así que nos mudamos a
la ciudad de Guatemala, donde había un hospital, para el nacimiento. Esa fue, en
efecto, la dirección del Señor, aunque, en ese momento, fuimos muy criticados por
hacerlo. Nettie se puso de parto después de presenciar un accidente aéreo. El avión le
dio un buen susto a Nettie, ya que se estrelló a sólo dos cuadras de donde ella estaba
parada.
Fuimos al hospital americano que estaba allí, que era administrado por la iglesia
presbiteriana. Un médico cristiano muy bueno examinó a Nettie y sintió que estaba

65
bien, pero cuando llegó el momento, descubrimos que era un parto muy, muy grave.
De hecho, el médico se acercó a mí y me dijo que había poca o ninguna esperanza de
salvar al niño. Dijo que sería la vida del niño o la de mi esposa, y que yo tenía que
tomar la decisión. Afortunadamente, había un médico experto allí en ese momento,
de los Estados Unidos. Fue obra del Señor, de eso no había duda. Este joven había
estudiado y era un experto en obstetricia. Estaba de visita en la ciudad de Guatemala,
y ese mismo día debería haber estado en el avión de regreso a los Estados Unidos,
pero la noche anterior enfermó de disentería, fue improbable que se le diagnosticara
un cáncer de pulmón. Le fue posible hacer el viaje. Sabía exactamente qué hacer y
nuestra primogénita, Margaret Jean, nació normalmente, le damos gracias al Señor
por eso. A mi esposa le tomó un tiempo considerable recuperarse.’’ (Colman, 1993)
Ese año de 1929, la revista Ecos de Servicio daba la noticia del nacimiento de
Margaret Jean Ruddock de esta manera:
30 de septiembre, en S. Felipe, Guatemala, la esposa de J. Ruddock, una
hija: Margaret Jean. (Ruddock, MISCELLANEOUS, 1929)
Pero las dificultades estaban lejos de desaparecer. Pues, unos meses después del
nacimiento de Margaret Ruddock, haría erupción el volcán Santiaguito que
cobraría casi cinco mil muertes. Don Juan Ruddock escribiría en su diario aquellos
momentos difíciles de la siguiente manera:

6:30 pm - Llegué de donde había dejado a la señora Ruddock (Nettie) y al bebé. El


tren se retrasó, me sentía cansada y tenía dolor de cabeza.

8 pm - Me fui a la cama. 1 pm - Pensé que sentía hollín en la boca. Algo debe estar
ardiendo, me dije a mí misma, pero como mi dolor de cabeza había mejorado un poco,
no quería levantarme para ver qué me pasaba por si volvía a doler, así que me fui a
dormir con el sabor a hollín en la boca.

11:30 pm - Escuché a alguien afuera de mi ventana gritando: "Don Juan, Don


Juan". "¿Qué sucede?", dije. "Cierren las ventanas y las puertas", dijo este cristiano
que había venido a advertirme. "El volcán de Santa María está en erupción y está
arrojando bolas de fuego y cenizas. Pronto las cenizas estarán aquí; es bueno
prepararse para poder correr de inmediato si la lava viene por aquí”. Luego siguió

66
su camino para advertir a los demás. Las cenizas estaban cayendo, pero pensé que
era como otras veces; sin embargo, cerré las ventanas y las puertas, y subí al techo de
la casa, para echar un vistazo al volcán, claro, allí estaba arrojando fuego y haciendo
ruidos como truenos. Justo entonces las cenizas comenzaron a caer más espesas y
pesadas y apenas había llegado al suelo cuando un diluvio regular de cenizas cayó
rápido y fuerte, repiqueteando contra el techo de zinc como granizo. Entré en mi
dormitorio y cerré la puerta, abrí la ventana para mirar hacia afuera, pero tuve que
cerrarla muy rápido. La emoción hizo que mi dolor de cabeza volviera a aparecer,
pero pensé que, si tenía que correr, preferiría dejar el dolor de cabeza atrás, así que
después de ocuparme de las cosas que valoramos, me acosté nuevamente y me fui a
dormir.

Domingo 3:30 a.m. - Desperté y miré hacia afuera para ver un mundo blanco de
cenizas. Las cenizas ya no caían, pero las calles estaban llenas de gente emocionada.
Luego cayó lluvia durante media hora y luego cenizas comenzaron a caer
nuevamente durante otras dos horas.

6:30 am - Me levanté y fui a la casa de uno de los cristianos, para ver y escuchar los
resultados. Dos refugiados ya habían llegado de una de las fincas que más sufrió, y
que se encuentra al pie del volcán. Salieron de la finca alrededor de las
9 p.m. la noche anterior después de verla en ruinas. Caían piedras grandes y bolas
de fuego, dijeron, por lo que huyeron para salvar sus vidas.

7:30 am - Llegaron otros y nos dijeron que cuando se fueron comenzó a caer agua
caliente. En unos momentos llegaron más refugiados y dijeron que un anciano y una
anciana, dos niños y otra mujer habían muerto escaldados.

8 am - Las cenizas habían dejado de caer, pero por todas partes se veían cenizas y
la comida sabía a ceniza. Un grupo de rescate partió hacia el pueblo de Palmar, que
se encuentra en la falda del volcán y al lado del volcán que estaba en acción. Sin
embargo, los camiones, en las mejores condiciones, solo pueden ir una cierta distancia
porque no hay carreteras para autos. Entonces comenzó a salir humo negro y vapor
al aire desde el cráter, a cientos de pies de altura.

67
3 p. m. — El primero del grupo de refugiados llegó con un camión lleno de
refugiados. El conductor trajo historias terribles de familias enteras que fueron
aniquiladas, algunos murieron por las piedras, otros quemados por el barro caliente
y el agua, etc. La carga que traía era un espectáculo. El cabello de la mujer estaba
lleno de cenizas finas que la lluvia había convertido en una especie de cemento.
Estaban cansados porque habían estado huyendo en la oscuridad por caminos
terribles que en realidad no eran caminos en absoluto. Las casas fueron destruidas y
sepultadas, el café y otros cultivos arruinados, y tristes fueron las historias contadas
de ancianos que no podían correr. Otros no querían abandonar la terrible escena; Sin
duda por no poder encontrar a sus seres queridos y perder a otros. Muy pronto
llegaron otros camiones con los heridos, la mayoría quemados.

Lunes - Hoy supimos más de lo que pasó después de la fuerte lluvia de cenizas del
sábado por la noche. El volcán comenzó a arrojar fuego y la lava caliente comenzó
a fluir llevándose todo a su paso, sepultando casas, animales y cultivos y también
almas preciosas. Aquí en San Felipe, había gran emoción en todas partes ya que
nadie sabía exactamente cuáles serían los resultados de la erupción, y el volcán
todavía parecía estar activo. Por la tarde, más refugiados llegaron a la puerta de
nuestra casa buscando un lugar para dormir. Los acompañé hasta el pasillo. Un
hombre tenía a una mujer boca arriba con ambos pies quemados. Otro tenía a un
hombre boca arriba con ambos pies y manos quemados gravemente. Después de
ponerlos cómodos, tuve alegría al contarles la vieja, vieja historia. Por la mañana,
fueron al hospital mientras sus amigos se quedaron aquí. Como mi esposa no estaba
en San Felipe, otro cristiano se ofreció a cocinar para los refugiados que teníamos
bajo nuestro cuidado. De esta manera, cuidamos a 28 personas. Otra cristiana tenía
bajo su cuidado a 15 personas. Tuvimos reuniones especiales de evangelización con
buena asistencia y distribuimos ropa a los niños. Esta ropa había sido enviada hace
algún tiempo por las clases misioneras. El hombre que vivía al lado de nuestro hogar
era dueño de una granja muy cerca del volcán y solo escapó con vida, mientras que
la lava quemó su automóvil y su conductor ante sus ojos. Tan pronto como pude visité
el distrito arrasado por la lava con evangelios y folletos. ¡Qué terrible espectáculo!
Lo que antes era una ladera fértil era ahora un desierto. Cenizas, arena, lava,
piedras, etc., por todas partes. No se veía ni una brizna de nada verde. El grupo de
rescate seguía trabajando, enterrando cuerpos humanos y también animales para

68
evitar que se desatara una plaga. Los que habían escapado buscaban a sus seres
queridos entre las ruinas, desenterrando sus cuerpos de la lava debajo de su casa que
había caído sobre ellos. Otros habían sido alcanzados por la lava caliente mientras
huían para salvar sus vidas. Al parecer, un hombre había tratado de trepar a un
árbol, pero fue alcanzado por la lava y lo encontraron con los brazos alrededor del
árbol. Me dijeron que encontraron a una familia cristiana, todos de rodillas como si
hubieran estado orando. Sin duda, muchos se arrodillaron ante la terrible catástrofe.
Distribuí el evangelio al grupo de rescate y a los que buscaban a sus amigos,
hablándoles mientras caminaba, sobre la salvación de sus almas. Sus corazones
parecían estar mucho más tranquilos y mostraron más interés en el evangelio que
antes, cuando los visité. Que el Señor tenga misericordia de los que escaparon y salve
sus almas, este distrito ha estado muy en contra del evangelio. Cuando ocurrió la
calamidad, la gente estaba terminando una celebración de lo que podríamos llamar
una fiesta de muertos. Se supone que este es un día de duelo por los muertos, pero lo
convierten más en una fiesta que en otra cosa.
John Ruddock
San Felipe, Guatemala
Centroamérica
2 de noviembre de 1929 (Colman, 1993)

Don Juan Ruddock describió con sus palabras el desastre dejado por el volcán luego
de haber hecho erupción el 5 de noviembre de 1929. Esto es lo que describió:

‘‘Había un pueblo debajo de ese volcán. La lava, el agua y el lodo cayeron con tanta
fuerza que sepultaron por completo ese pequeño pueblo. Pasó a 10 minutos de nuestro
pueblo; sin embargo, por la mañana, el polvo del volcán tenía una pulgada de espesor
en todas partes. El polvo del volcán entró directamente en la casa. La casa estaba
completamente cubierta de muebles y todo lo demás. En pocos días, fue posible llegar
hasta el volcán. Subimos y nos quedamos en el mismo lugar donde había estado el
pueblo. Esas queridas personas no tuvieron ninguna posibilidad. Fueron enterrados
vivos. Ocurrió el Día de Todos los Santos. Esas queridas personas estaban de fiesta.
Era una fiesta religiosa, pero mezclaba bailes paganos y bebida y todo tipo de
maldad. El volcán entró en erupción y ellos no sabían nada al respecto. Algunos de
ellos corrieron, otros escaparon, pero muy, muy pocos en realidad. Creo que 300
perdieron la vida esa noche. ’’ (Colman, 1993)

69
Después de todas estas dificultades podríamos pensar que Juan y Nettie Ruddock
pensaron en abandonar el campo misionero y regresar a la tierra de donde vinieron.
Pero no fue así. Su amor al Señor y a las almas le hicieron quedarse y continuar
anunciando el evangelio a muchas almas perdidas que aún estaban bajo el peligro
de morir sin Cristo Jesús y enfrentarse a algo más terrible el fuego de un volcán,
como son las llamas eternas del infierno. Consciente de esto y a pesar de tener ahora
una niña recién nacida que cuidar, decidieron quedarse, confiando en Aquel que
prometió diciendo:

Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.


Isaías 43:2

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Don Juan y doña Nettie Ruddock en Estados Unidos

71
10
MÁS AL SUR
‘‘¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo:
Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.’’
Juan 4:35
Habían pasado cinco años desde que Juan y Nettie Ruddock, abandonaron las
comodidades de los Estados Unidos, para ir a Centroamérica a compartir el
evangelio del Señor Jesucristo. El trabajo en Quetzaltenango y en San Felipe, no
había sido fácil pero ya había buenos frutos y eso era lo importante. Los primeros
Hermanos de Guatemala habían aprendido desde el primer momento la importancia
de estar juntos, por lo que procuraban reunirse lo más constantemente posible. De
esa manera nació la idea de las Conferencias Generales que los Hermanos vieron
como una buena oportunidad para hacer edificar de manera solida las pequeñas
congregaciones de las Salas Evangélicas de Guatemala y Honduras que poco a poco
se estaban formando en muchas comunidades de ambos países.

A estas Conferencias Regionales, como se les llamaba, solían asistir muchos


creyentes de todas partes y por supuesto los misioneros que solían tener a su cargo
el ministerio de la Palabra. Entre estos misioneros se encontraba Juan y Nettie
Ruddock y su pequeña hija Margaret, quienes sentían la emoción de ver a tantos y
tan entrañables hermanos en Cristo Jesús. Para Juan Ruddock era cautivador ver
los sacrificios que hacían mucho de estos queridos hermanos solo para estar juntos
y oír la Palabra del Señor. En uno de sus reportes a la revista Ecos de Servicio, don
Juan Ruddock escribió lo siguiente en 1930.

Guatemala. —Sr. Ruddock—"Tuvimos una conferencia para creyentes en


Quezaltenango, y por supuesto los cristianos del distrito costero querían ir, pero dejar
sus hogares por una semana significaba el riesgo de que les robaran sus pertenencias
durante su ausencia. Un hermano indígena nos sorprendió la mañana en que
debíamos partir para la conferencia, al llegar al lugar con una pesada carga de ropa
de cama, ropa, etc., y una buena selección de ollas, sartenes y platos esparcidos por

72
todas partes. Entonces apareció su esposa con una canasta llena sobre la cabeza,
seguida por el niño de siete años con su carga. Incluso las dos niñas más pequeñas
llevaban cada una su canasta pequeña sobre la cabeza. Estas estaban guardadas en
el salón."
El hermano Carlos Kramer narro también algo más sobre esa misma conferencia
de la siguiente manera:
Quezaltenango, 21 de enero. — Celebramos nuestra primera
conferencia para cristianos en San Felipe durante la última semana del
año. Ese es el pueblo donde viven los Ruddock. Comenzamos la obra
allí hace más de cinco años y es un verdadero gozo ver cómo ha crecido
en todo el distrito, de modo que ahora hay varias asambleas pequeñas.
Hay cuatro o cinco jóvenes con un verdadero corazón para la obra del
Señor, capaces de predicar el evangelio de manera clara y convincente,
además de dar buenas palabras de exhortación y ánimo al pueblo del
Señor. Son muy fieles al ir de un lugar a otro para dar a conocer la
Palabra y distribuir tratados y evangelios, y como resultado, la obra
está creciendo. Todos son muy pobres y tienen que trabajar duro para
ganar lo suficiente para comprar sus frijoles negros, maíz, etc. Tuvimos
reuniones de oración durante semanas antes de la conferencia, así que
no nos sorprendió que el Señor nos diera una buena conferencia, con un
ministerio que fue escrutador y edificante. Hubo una buena asistencia
a las reuniones y el salón se llenó por la noche para escuchar el
evangelio. Tuvimos el gozo de bautizar a dos hermanos jóvenes y seis
hermanas. Oren por quienes obedecieron al Señor; tienen dificultades
que ustedes en casa quizás no comprendan, pero son dificultades y sus
oraciones los ayudarán. Durante la conferencia, los hermanos
distribuyeron 10,000 tratados y 2,500 Evangelios en los pueblos y
aldeas cercanas. Estos Evangelios nos son entregados gratuitamente
por la Misión de Donación de las Escrituras y otras Sociedades, pero
tenemos que pagar el flete, los impuestos, etc., y a menudo es una suma
considerable, aunque consideramos que está bien gastada. Hace unas
seis semanas, nuestro hermano Don Anselmo tuvo el privilegio de
bautizar a ocho creyentes indígenas en un pueblo llamado Varsovia. Ha
realizado una buena labor allí y en otros lugares aislados, y los

73
indígenas lo quieren y respetan; les habla en su propio dialecto y lo
agradecen mucho, ya que entienden muy poco español. C. W. Kramer.
San Felipe era en ese momento a penas uno de tantos Campos Blancos donde los
Hermanos de las Salas Evangélicas estaban predicando el Evangelio, tan
frecuentemente como el tiempo, los medios y las fuerzas se los permitían. Pero para
don Carlos Kramer era una enorme satisfacción y alegría saber que don Juan y doña
Nettie Ruddock se establecieran en San Felipe, su tierra natal. En una de sus cartas
a la revista Ecos de Servicio, don Carlos William Kramer describe una visita hecha
a los hermanos Juan y Nettie Ruddock y además una crónica de sus viajes
misioneros por Guatemala a inicios de ese mismo año de 1930 de esta manera:
Quezaltenango, 25 de febrero. —Pasamos tres días en San Felipe con el
Sr. y la Sra. Ruddock, y de allí visitamos Retalhuleu (una importante
ciudad comercial) distribuyendo el Evangelio de puerta en puerta.
Retalhuleu es un lugar muy caluroso, y lo sentimos mucho, pues
veníamos del frío intenso (como lo llama la Revista Geográfica) de
Quezaltenango. Durante nuestra estancia en San Felipe, tuvimos el
privilegio de asistir a la reunión regular en el pequeño pueblo de Mulúa;
había varios inconversos allí, y fue un verdadero gozo presentarles el
Evangelio. En todos estos pequeños pueblos, las mujeres indígenas solo
usan falda y los hombres pantalones; los niños no usan absolutamente
nada.
De San Felipe continuamos hasta San Francisco, un pequeño pueblo
donde vive un matrimonio en comunión; nos quedamos con ellos dos
semanas, viajando a diferentes lugares. Antes de llegar a Samayac, el
primer lugar que visitamos, tuvimos que cruzar veinte ríos en coche;
algunos eran pequeños, pero otros de buen tamaño. Nos dijeron que en
el primero que cruzamos, los indígenas bañaban a sus muertos antes de
enterrarlos; ¡el mismo río es el que usa la gente de San Francisco para
su baño semanal! Samayac es un pueblo bastante grande y no hay ningún
testimonio del evangelio en él, ni un solo cristiano que sepamos;
parecen completamente ignorantes del evangelio. Algunas partes del
pueblo parecían imágenes que he visto de aldeas africanas, con
pequeñas chozas bajas y todo desordenado alrededor.

74
Hay una gran necesidad de que otro hombre o un matrimonio viva en
un lugar así. En San Antonio hay adventistas y espiritistas. ¡Qué
ocupado está el diablo difundiendo sus malvadas enseñanzas en los
rincones más remotos de la tierra! Chocola es una enorme plantación
de azúcar y plátano. Hay tantos peones que es un pueblo pequeño en sí
mismo, y tienen su iglesia católica, pero nadie que testifique del Señor.
Tuvimos dos reuniones con los cristianos en Mazatenango y tres en una
gran plantación llamada Chita, donde viven algunos de ellos. Las
reuniones allí son muy interesantes y alentadoras; la gente es muy
cordial y alegre, y se alegraron mucho de tenernos entre ellos. Hay dos
hileras de chozas donde viven los peones; cuando llegamos, hubo un
gran revuelo y todos salieron a mirar, mientras que los cristianos o
quienes asisten a las reuniones vinieron a saludarnos; las mujeres no
llevaban ningún tipo de prenda en la parte superior del cuerpo, pero
cuando vienen a la reunión usan blusa y se cubren la cabeza. Nos
invitaron de inmediato a tomar fresco y, antes de irnos de la choza, nos
dieron un tallo entero de plátanos para llevar a casa; luego nos llamaron
a otra choza para cenar y, después de la reunión, sirvieron café y plátano
hervido (un plátano grande y grueso que está muy delicioso). La cabaña
donde se celebró la reunión estaba llena; unos sesenta se sentaron en
bancos improvisados. Fue fácil predicar el evangelio a un grupo tan
interesado y necesitado, y confiamos en que más de ellos puedan ser
rescatados como tizones del fuego. Regresamos a casa bien cargados de
plátanos, bananos y piñas, sus regalos de amor.
Una noche fuimos a una plantación llamada Quiskil y tuvimos otra
buena reunión allí. Tuvimos una larga caminata a través de plantaciones
de café y banano, matorrales, etc., para llegar allí, y los hombres
cargaron a las mujeres para cruzar un río que tuvimos que cruzar; había
un frágil puente giratorio sobre otro río que daba un poco de emoción
a quienes tuvieron que cruzarlo. En Cuyotenango hay una reunión una
vez a la semana y tuvimos el privilegio de estar allí una noche; es un
pueblito agradable, pero los espiritistas también tienen una presencia
considerable allí. Tuvimos dos reuniones en San Francisco, y aunque
asistieron pocos inconversos, porque dicen que les da vergüenza asistir

75
a una reunión evangélica, nos alegró hablar personalmente con varios
interesados en conocer más del evangelio. Una mujer dijo: «Me gusta
el evangelio y sé que es bueno, pero no puedo dejar a mis santos. Tengo
un hermoso Cristo, y cuando hay procesiones en el pueblo, también
vienen a llevárselo, pero los hombres que lo cargan siempre se quejan
mucho porque es muy pesado; lo hice con una madera amarga que los
insectos no comen». Oramos para que se vuelva a Dios, dejando los
ídolos.
El sábado y el domingo los pasamos en otra gran plantación llamada El
Maricón, donde ya hay una pequeña asamblea establecida. Hay
kilómetros y kilómetros de palmeras bananeras y cafetos. Instalamos
nuestras camas plegables bajo un techo de palma —sin paredes— y
colgamos nuestros mosquiteros. La primera noche, una especie de
murciélago nos molestó toda la noche, pero a la noche siguiente
cubrimos el techo de nuestros mosquiteros con grandes hojas de
plátano y dejaron de molestarnos. Pasamos dos días muy felices allí;
algunos cristianos de San Andrés vinieron para la fracción del pan el día
del Señor. Ahora estamos de regreso en Quezaltenango y confiamos en
que el Señor bendecirá su Palabra como lo ha prometido.
Carl W. Kramer
A mediados de ese mismo año 1930, don Juan Ruddock escribió lo siguiente sobre
su labor misionera en San Felipe, una Conferencia General y la visita del hermano
misionero Alfredo Hockings desde Honduras. Esto es lo que don Juan Ruddock
escribió:
San Felipe, 3 de mayo. —Nuestra conferencia durante la semana de Pascua en
Quezaltenango fue la más grande que jamás habíamos tenido. Había 250 personas
en las reuniones evangélicas algunas noches, y un promedio de 130 se alojaban en la
casa. Tuvimos al hermano Hockings, de Honduras, con nosotros y disfrutamos
mucho de su presencia. Trajo a un hermano joven que trabaja con él en el evangelio.
Esperan regresar la próxima semana. Los hemos tenido con nosotros esta semana en
la costa visitando las diferentes asambleas, y su visita ha sido una verdadera
bendición y ayuda. Anoche tuvimos una excelente reunión en una finca llamada "El
Carmen". Habría alrededor de cien personas escuchando el evangelio allí. Al final

76
de la conferencia, nueve creyentes fueron bautizados. Una de ellas es una hermana
llamada Doña Lina. Ella deseaba bautizarse desde hacía tiempo, pero como no
estaba casada con el hombre con quien vivía, no pudo hacerlo. Estaba muy... Sin
embargo, se preocupó y finalmente le dijo al hombre que, si no se casaba con ella
dentro de cierto tiempo, lo dejaría. Él le dijo que lo pensaría. Ella estaba lista para
dejarlo cuando él le dijo que todo estaba listo para la boda. Se casaron hace un tiempo
y ella se bautizó al final de la conferencia y fue recibida en la comunidad de
Quezaltenango. Seguimos teniendo buenas reuniones en la costa. Ya he distribuido
miles de Evangelios y espero distribuir varios miles más.
John y Nettie Ruddock.
Esta visita del hermano Alfredo Hockings no había sido casualidad, pues Dios había
dispuesto que así fuera. Pues durante esa semana don Alfredo Hockings describiría
la gran necesidad que había en Honduras y los pocos obreros que había en el país.
Y menciono con especial énfasis un lugar más al sur de Guatemala, en el noreste de
Honduras, un lugar casi inaccesible y poco conocido aún, incluso para el gobierno
hondureño. Era la región de la Mosquitia, un territorio virgen para la obra del
Señor. Eran las tierras del antiguo Reino Mosquito, un reino ya extinto pero cuyos
habitantes permanecían aun en ese remoto lugar sin conocer de Cristo Jesús y de
su amor por ellos. Esto despertó el interés de don Juan y doña Nettie Ruddock.
Pero decidieron esperar y orar para saber que haría Dios, por ellos, en ellos y con
ellos.
El trabajo realizado por el hermano Juan Ruddock en las costas guatemaltecas
habían comenzado a producir sus primeros frutos y los cristianos de San Felipe eran
paulatinamente afirmados en la fe. Pero no había sido fácil para don Juan y doña
Nettie Ruddock todo ese trabajo. Especialmente al considerar las limitaciones
físicas y materiales que implicaban el llevar el evangelio un poco más allá. Para don
Juan Ruddock fue particularmente difícil debido a su enfermedad, sin embargo, su
deseo de llevar el evangelio a más lugares lo impulsaba a continuar. Su testimonio
de esos días difíciles se describe a continuación por el mismo Juan Ruddock de la
siguiente manera:
‘‘Las migrañas que siempre me habían molestado estaban haciendo estragos.
Recuerdo un día que estaba distribuyendo folletos en un pequeño pueblo no muy lejos
de donde vivíamos en San Felipe, el dolor era tan fuerte que me acosté en el camino.

77
Mientras estaba allí acostado, escuche un ruido retumbante. Miré hacia arriba y vi
una gran piedra que bajaba del acantilado, justo donde yo estaba. Tuve tiempo de
saltar y nada más. Cómo lo hice no lo puedo decir, pero salté hacia atrás tres pies de
una vez sobre mi espalda, justo cuando salté, la gran piedra cayó donde había estado
acostado. Esa experiencia me impresionó para seguir el consejo del médico y alejarme
por un tiempo para poder recuperar mi salud y tratar de aliviar mis dolores de
cabeza, eso fue lo que hicimos. (Colman, 1993)
Después de esta dura experiencia, don Juan Ruddock decidió aceptar las
recomendaciones médicas y buscar un lugar adecuados por el bien de su propia
salud. Por lo que fue en ese año de 1930 que don Juan y doña Nettie Ruddock
decidieron regresar a Escocia e Irlanda para visitar a sus familias y buscar un
cambio de ambiente que favoreciera la salud de don Juan Ruddock. Esto es lo que
don Juan Ruddock diría de esa decisión:
‘‘Hicimos los arreglos y zarpamos hacia Escocia. Fue un viaje memorable. Nos tomó
cuatro semanas viajar en barco, pero fue un viaje muy relajante. El clima fue
maravilloso todo el camino. Paramos en un puerto en Costa Rica y tuvimos el
privilegio de ver el Canal de Panamá. Finalmente pudimos visitar a la gente de la
Sociedad Bíblica Americana que nos proporcionó Biblias durante nuestro tiempo en
Guatemala, continuamos hacia Venezuela y luego a Trinidad. ’’
'‘Finalmente llegamos a Plymouth, Inglaterra. Había oído que uno de los hermanos
de Plymouth allí era muy activo en el cuidado de los misioneros visitantes. Me dijeron
que lo encontraría en la parte superior de un gran edificio. Fui allí y, como era de
esperar, estaba en la cima, muy ocupado. La única manera de verlo era subiendo por
una escalera, así que me dirigí hacia la escalera de 60 pies. Estaba acostumbrado a
las alturas, así que eso no me molestó mucho, pero debo confesar que fue una sensación
extraña cuando llegué a las tres cuartas partes del camino. Por fin, conocí a uno de
los famosos Hermanos de Plymouth. Tuvimos una agradable charla y después llegó
el momento de irme. Al bajar del barco, tuvimos que esperar un poco el tren a
Escocia.’’
‘‘Sin embargo, cuando llegamos a Glasgow en el tren, había unos amigos allí que
amablemente nos llevaron a su casa. Nettie estaba encantada. Su madre, su padre y
sus hermanas estaban allí. (Ella no tenía hermanos.) Su madre dijo que no la habría
conocido si no hubiera sabido que venía. Aquellos años en Guatemala habían surtido

78
efecto. Las dos estábamos muy cansadas y decaídas en la salud. Había más huesos
que carne, así que no es de extrañar que ella no conociera a su propia hija. Sin
embargo, un corto tiempo en Escocia nos revivió a las dos. Los dolores de cabeza,
aunque todavía me molestaban, no me molestaban tanto, y Nettie comenzó a ser
bastante famosa por aquellos lugares. Durante la estancia en Guatemala, el Señor
pudo ayudarla de muchas maneras. Comenzó a ser conocida como una persona capaz
de eliminar las tenías. Las tenías, en ese momento en Guatemala, molestaban a
muchas, muchas personas, y era algo raro curarlas por completo. Sin embargo, Nettie
comenzó a estudiar la situación, y su padre pudo enviarle una medicina especial desde
Escocia. Esta medicina tuvo el efecto de eliminar la tenia de inmediato; cabeza, cola
y todo. Algunos de estos gusanos tenían muchos metros de largo. De hecho, es difícil
creer que existiera algo así en un cuerpo humano. Así que, en mi casa en Escocia,
mientras viajábamos, le pidieron que contara la experiencia y se convirtió en una
oradora bastante popular.
Mientras tanto, hice arreglos para ir a Irlanda. Me invitaron a hablar en una
conferencia. Hablé junto con Ernie Wilson, mi antiguo compañero. Él había estado
en África Central y había tenido una gran experiencia allí. El Señor bendijo sus
palabras a medida que se difundían y muchas almas fueron salvadas. Tenía una
gran historia que contar y nos divertimos mucho juntos. Mientras iba contando a la
querida gente lo que aún quedaba por hacer en América Central, se despertó un gran
interés. Muy pronto Nettie se unió a mí en Irlanda y tuvimos una maravillosa
experiencia. ’’ (Colman, 1993)
Su salida de Guatemala fue naturalmente informada en la Revista Ecos de Servicio
de la siguiente manera:
Desde Guatemala, Sr. y Sra. J. Ruddock (125, Argyle Road, Saltcoats,
Ayrshire).
El cambio de clima logro mejorar la salud de don Juan Ruddock y su visita a su
familia y las diferentes congregaciones en Gran Bretaña fue bien recibida y
aprovechada. En cada lugar que visitaron, don Juan Ruddock aprovecho para poner
al tanto a las Asamblea de los Hermanos de la gran necesidad de misioneros en
Centroamérica en general y Guatemala en particular. Su descripción de la obra de
en Guatemala y Honduras era apasionante y conmovedora a la vez. Aun y cuando
don Juan Ruddock lo acompañaba de anécdotas graciosas.

79
Pero su trabajo en Centroamérica aún no había terminado. Sus corazones aun latían
fuerte por todas las almas perdidas. Pero especialmente por las más olvidadas de
todas. Don Juan Ruddock siempre busco a los más pequeños, pobres y débiles. Y en
esa búsqueda vio un poco más allá de Gran Bretaña, más allá de Irlanda, paso sus
pensamientos aun por sobre el ancho océano y vio las almas perdidas de América y
su corazón latió más y más fuerte al pensar en los niños mexicanos de California, o
los niños guatemaltecos de Quezaltenango y hasta que sus pensamientos se vieron
ahí frente al mar de San Felipe desde el otro lado del Atlántico y recordó la voz de
alguien que decía, de un lugar más lejos, de un poco más allá, de un poco más al sur.
Una voz que decía: Honduras. De tal manera que la llama que ardía en su corazón
apasionado se encendió con más fuerza.
Después de un año de descanso en Gran Bretaña, don Juan y doña Nettie Ruddock
regresaron a Los Ángeles, California para visitar a su familia y a los hermanos en
Cristo. Hicieron una breve gira por algunas Asambleas de Hermanos y contaron la
situación actual, especialmente en Guatemala y Honduras. Los hermanos
confirmaron el trabajo que los Ruddock habían realizado hasta el momento y
decidieron encomendarlos nuevamente a la obra misionera en Centroamérica.
Antes de su despedida, los hermanos de Los Ángeles, California les hicieron una
despedida muy especial que incluyo cantos, oraciones, un regalo especial y el
siguiente poema:
Una Bienvenjda Misionera
Fuisteis obligados por el amor de Cristo
A proclamar sus misericordias,
Sacrificasteis vuestras preciadas esperanzas
Para difundir su fama.

Fue con regocijo mezclado con lágrimas,


Que os vimos zarpar,
Pero alabamos a nuestro Dios,
que respondió a nuestras oraciones,
Y os guardó durante todo el camino.

Ahora, bienvenidos a casa,


labradores de la cosecha,
Corazones alegres con alabanzas resuenan;
Bienvenidos a casa desde tierras de oscuridad,
Bienvenidos a casa, cantamos,

80
Trabajasteis durante años de tristeza
Disipando la noche oscura del pecado,
Esparcisteis la luz del sol, desterrasteis los temores,
Y esparcisteis la luz del Evangelio.

“Con regocijo supimos


Que Dios bendijo vuestros esfuerzos de amor;
Y que las almas de los ídolos se volvieron a Cristo,
Para servir al Señor de arriba.

Ahora, bienvenidos a casa, vosotros los labradores de


la cosecha,
Corazones alegres resuenan con alabanzas;
Bienvenidos a casa desde tierras de oscuridad,
Bienvenidos a casa, a ti, te cantamos.
Con cuánta frecuencia, mientras trabajabas allí,
Nuestros pensamientos se volvían hacia ti,
Con cuánta frecuencia te hemos seguido con oración,
Y anhelado tu regreso.

Oh, qué regocijo supimos entonces


Cuando regresabas a casa,
Tres veces te cantamos bienvenido a casa,
Oh, que la palabra resuene.

"Bienvenidos a casa, labradores de la cosecha,


Corazones alegres con alabanzas resuenan;
Bienvenidos a casa desde tierras de oscuridad,
Bienvenidos a casa, a ustedes, les cantamos.
Copyright, 1931, por Marie Olson, Upland, Calif.
Usado con permiso.
(Colman, 1993)
Su regreso a Guatemala en 1932 fue informado
debidamente en la Revista Ecos de Servicio de
esta manera:

Libro ‘‘UNA VIDA ENTREGADA’’


Junio, de regreso a Guatemala, vía EE.
UU., el Sr. y la Sra. Ruddock.
Una Breve biografía de la misionera en
Honduras, la Señorita Fannie May Arthur
Regalo de los hermanos de Estados Unidos.
tras su partida a Centroamerica

81
82
CUARTA PARTE
Trujillo, Colón, Honduras, Centro América
1932 - 1978

83
11
ENCLAVE BANANERO
‘‘Porque si callas absolutamente en este tiempo,
respiro y liberación vendrá de alguna otra parte…
más tú y la casa de tu padre pereceréis.
¿Y quién sabe si para esta hora has llegado…?’’
Ester 4:14
Un enclave es un territorio o un grupo que se encuentra dentro de otro con
diferentes características. El enclave bananero en Honduras fue un período
histórico en el que la producción y exportación de bananos dominó la economía del
país, especialmente entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

El enclave bananero comenzó a finales


del siglo XIX, cuando empresas
estadounidenses como la United Fruit
Company y la Standard Fruit
Company establecieron grandes
plantaciones en la costa norte de
Honduras. Estas compañías
adquirieron extensas tierras y controlaron poblados, convirtiéndose en actores
clave en la economía y la política del país.

La industria bananera se convirtió en la


principal fuente de ingresos de
Honduras, generando empleo y
atrayendo inversiones extranjeras. Sin
embargo, esta dependencia también
hizo que el país fuera vulnerable a las
fluctuaciones de los precios
internacionales del banano. Durante
este período, la exportación de bananos representó una parte significativa de las

84
exportaciones totales de Honduras, transformando la estructura económica del
país.

El enclave bananero tuvo un impacto


profundo en la sociedad hondureña. Las
empresas bananeras establecieron
condiciones laborales precarias y
explotadoras, lo que llevó a un
desplazamiento de pequeños productores y
cambios en la estructura social. Además,
estas compañías ejercieron una influencia
considerable en la política del país, a menudo
actuando como gobiernos paralelos en las
áreas donde operaban.

El enclave bananero en Honduras no solo


transformó la economía del país, sino que
también dejó un legado de desigualdad y
dependencia económica que ha perdurado a
lo largo de los años. La historia de este
fenómeno es crucial para entender la realidad
socioeconómica actual de Honduras y su
desarrollo a lo largo del tiempo.

Las empresas bananeras en Honduras han


tenido un impacto profundo en la economía
y la sociedad del país. Desde su llegada a
finales del siglo XIX, estas empresas han
sido una fuerza motriz en el desarrollo
económico, pero también han generado
controversias debido a sus prácticas
laborales y ambientales. Las principales
compañías han sido la United Fruit
Company, la Standard Fruit Company y la
Cuyamel Fruit Company, que han

85
controlado grandes extensiones de tierra y han influido en la política y la economía
hondureñas. A pesar de los desafíos, la industria bananera sigue siendo una fuente
significativa de empleo e ingresos para la región.

86
87
Don Juan Ruddock junto a algunos hermanos en la Sala Evangélica de Tela
12
UN VIAJE EN PIPANTE
‘‘De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza,
A causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo.
Salmos 8:2
Para el año 1932 don Juan y doña Nettie Ruddock llegaron de regreso a Guatemala,
pero con miras a trasladarse desde San Felipe a Honduras. Esta decisión fue el
resultado de mucha oración y consejo de hermanos respetables como don Alfredo
Hockings y Carlos William Kramer, ambos misioneros en Honduras y Guatemala
respectivamente. Todos estuvieron de acuerdo que aún y cuando había mucha
necesidad de predicar el evangelio en todas partes, el noreste de Honduras era quizá
el lugar más urgente de todos. La Mosquitia hondureña era un lugar inexplorado
aún, tanto que hasta el gobierno de Honduras desconocía lo que había en ese lugar.

Tras su regreso a Centroamérica, los Ruddock visitaron a don Alfredo y doña


Evelyn Hockings en Honduras para conocer un poco de la vida en este país. Esto
fue lo que la revista Ecos de Servicio informaría:

El Sr. y la Sra. J. Ruddock esperan salir de EE. UU. la primera semana


de febrero a su regreso a Guatemala, visitando al Sr. Hockings en
Honduras durante el camino.
Por su parte don Alfredo Hockings también escribiría sobre la visita de don Juan y
doña Nettie Ruddock a ellos en Honduras. Esto es lo que don Alfredo Hockings
escribió al respecto:

HONDURAS. San Pedro Sula, 23 de febrero.—Mi compañero Don


Miguel se fue a la presencia del Señor. Estaba muy cansado y ansioso
por partir. El Señor levantó a otro para que ocupara su lugar, pero
siempre extrañaremos a Don Miguel por su fidelidad en todo sentido.
Mañana esperamos ir al puerto a recibir al Hno. Ruddock y a su esposa,
quienes nos visitan. Esperamos que la visita se prolongue, pues

88
necesitamos mucha ayuda. La semana pasada tuvimos la alegría de
inaugurar una nueva capilla en el puerto. La construyó uno de los
hermanos y ya hay varios creyentes allí. Tuvimos la alegría de bautizar
a tres personas y a unos diez más que profesaron su conversión en estas
reuniones inaugurales. Los hermanos están muy animados. La nueva
capilla se llenó a rebosar, y el hermano que la construyó derramó
lágrimas de alegría al ver realizadas sus esperanzas y oraciones. En el
puerto de Tela también bautizamos a tres creyentes y abrimos una
nueva casa que también se utilizará para reuniones. Ya hemos bautizado
a creyentes en cuatro de los puertos del Atlántico. De otro pueblo
donde llevamos años celebrando reuniones, nos llegan noticias de una
familia entera que ha aceptado a Cristo. Recibimos muchas llamadas de
otras partes, y ahora hay muchos interesados en el evangelio. Nos
preocupa el bolchevismo. En El Salvador, 4000 comunistas fueron
fusilados; en Guatemala, 86, incluyendo algunos que conocemos aquí
en San Pedro. Alfred Hockings.
Después de dos meses en Honduras, don Juan Ruddock pudo darse cuenta de la
gran necesidad que realmente había en el país. Esto se deja ver en una de sus cartas
enviadas a la revista Ecos de Servicio en abril de ese mismo año de 1932:
HONDURAS. San Pedro Sula, 14 de abril. — Hace casi dos meses que
llegamos aquí. Nos asombra la gran necesidad de Honduras y admiramos los
incansables esfuerzos del Sr. y la Sra. Hockings durante los años que trabajaron
aquí, años llenos de pruebas y peligros. Fue muy interesante ver los impactos de bala
en su casita y escuchar cómo el Señor los preservó a través de las numerosas
revoluciones. Dios ha bendecido sus esfuerzos y muchas almas han sido salvadas.
Debido a la situación actual de los negocios, muchos de estos cristianos han tenido
que dispersarse a otras partes de la República en busca de trabajo. Esto puede ser una
bendición, ya que llevan el evangelio consigo. Un hermano informa que cuarenta y
cinco cristianos se están reuniendo en la zona adonde él ha ido, y donde, hasta donde
sabemos, no hay ningún esfuerzo evangelizador. Hace poco visité un pueblo no muy
lejos de aquí. Me dijeron que hace dos años solo había un cristiano allí. Ahora todo
el pueblo, con la excepción de dos familias, ha profesado a Cristo como su Salvador.
¡Qué cambio! Este pueblo, que antes era uno de los peores, ha cambiado por completo.
Las autoridades no pueden comprender lo que ha sucedido. Es maravilloso ver el

89
efecto del evangelio de esta manera. Tuvimos una conferencia aquí para creyentes
durante la semana de Pascua. El Señor brindó ayuda y bendición. Una mujer fue
salva y tres jóvenes fueron bautizados. Hemos sabido de la conversión de varios desde
que llegamos. Esperamos ir pronto al interior con tratados y Evangelios, y también
con el fin de conocer mejor el país. D.V. Los cristianos de aquí desean mucho que
establezcamos este lugar como nuestra sede.
John y Nettie Ruddock
A mediados de 1932 don Juan Ruddock escribió una carta para informar a los
Hermanos sobre su primer viaje por las costas hondureñas con la intención de
acercarse lo más posible a la Costa de los Mosquitos. Don Juan Ruddock descubrió
que no iba a ser nada fácil llegar a la Mosquitia hondureña sin pasar primero por la
burocracia del Gobierno Nacional. Todo este protocolo era digno de ser recordado
por lo que el hermano Juan Ruddock decidió escribirlo, como parte de la aventura.
Esto es lo que don Juan Ruddock narra:

HONDURAS. San Pedro Sula, 17 de junio. —A continuación, un breve relato


de un viaje que hicimos por la costa atlántica de Honduras. Salimos de San Pedro
Sula una mañana y llegamos al puerto de Tela esa noche. Allí nos quedamos dos días
y tuvimos una reunión, además de interesantes conversaciones con algunos cristianos.
Luego tomamos el tren por la mañana y llegamos a La Ceiba por la tarde. Nos
dijeron que salía un tren a la mañana siguiente que conectaba con el tren a Trujillo.
Partimos a las 5:30 a. m. y alrededor de las 11:00 a. m. llegamos al final de la línea.
Luego cruzamos otro río en una pequeña barca y llegamos al pueblo donde debíamos
tomar el otro tren. Para nuestra consternación, descubrimos que no habría tren a
Trujillo hasta dentro de dos días. El día anterior había sido día de pago en las
diferentes plantaciones bananeras y, como suele ocurrir después del día de pago, hay
mucha borrachera y asesinatos, la compañía decidió no operar ningún tren después
del día de pago. Una aventura en un viaje por el país nos llevó al pueblo donde
debíamos tomar el tren. No había nada más que hacer que alojarnos en el "Hotel",
donde tuvimos la suerte de conseguir una habitación. La zona comercial de Saba era
bastante ruidosa, pero la zona residencial estaba tranquila, así que al fresco de la
tarde recorrí el pueblo con folletos, que tuvieron buena acogida. La zona comercial
de Saba era bastante ruidosa, pero la zona residencial estaba tranquila, así que al
fresco de la tarde recorrí el pueblo con folletos, que fueron bien recibidos. Encontré a

90
una mujer cristiana que llevaba tres años viviendo allí. "Era", dijo, "la única
creyente del lugar". Me llevó a una casa cercana y allí mismo tuvimos una reunión
evangélica. La señora de la casa parecía muy interesada. Hasta entonces habíamos
viajado gratis, pero nuestro pase no era válido para el ferrocarril de Trujillo. Hablé
con el jefe de estación, quien telegrafió a la oficina central y consiguió permiso para
darnos un pase temporal. Al día siguiente, al mediodía, llegó un tren que iba tierra
adentro hacia Olanchito, así que partimos. Alrededor de las 6:00 p. m. llegamos a
Olanchito. A las 6:45 de la tarde siguiente llegamos a Trujillo. Tiene una población
de 4000 habitantes, y Cristales, un pueblo caribeño adyacente, tiene 1500. Estos
caribeños son gente de color. Trujillo es el inicio del ferrocarril en el paseo marítimo.
Un viaje de tres cuartos de hora lleva a Puerto Castillo. Este puerto pertenece a la
Trujillo Fruit Co., y como es su sede, varios estadounidenses viven allí. Vi al gerente
general de la Compañía Ferroviaria y le pregunté si otorgaban pases a los misioneros
como las demás. Me hizo muchas preguntas. Luego llamó a su asistente y le pidió
que nos extendiera un pase anual para viajar en sus rutas como misioneros. Obtener
este pase significaba que podíamos viajar directamente a la región de la Mosquitia,
donde tanto habíamos deseado ir. En las montañas y en toda la Mosquitia aún viven
indígenas incivilizados, totalmente desatendidos incluso por el gobierno. El otro día
vimos un artículo en el periódico que decía que cientos de indígenas se están muriendo
de viruela y pedían ayuda para ellos. Únanse a nosotros en oración por ellos.
Pensamos en ir a esta parte, pero como teníamos un bebé y no estábamos
completamente preparados para un viaje así, decidimos no hacerlo esta vez. Hay que
empezar por el principio del evangelio y tener mucha paciencia para esperar los
resultados.
John y Nettie Ruddock
Luego de esta visita exploratoria a la costa Atlantica de Honduras, los Ruddock
quedaron decididamente convencidos de trasladarse a esa zona de Honduras y
regresaron a Guatemala con esa firme convicción para hacer los arreglos necesarios,
ese mismo año, para regresar a Honduras lo más pronto posible.
Tal como lo había planeado, los Ruddock llegaron a Honduras para establecerse
definitivamente ahí como misioneros. Decidieron establecer su base misionera en el
bello puerto de Trujillo, en el departamento de Colon, esto con el propósito de estar
más cerca de la Costa de los Mosquitos en el departamento de Gracias a Dios. Para
el año 1933 los reportes enviados por el hermano Juan Ruddock a la revista Ecos

91
de Servicio, ya desde Honduras, describían algo del trabajo cotidiano que realizaban
para alcanzar a las personas de estos lugares. Este es el primer reporte enviado por
los Ruddock ese año de 1933:

HONDURAS. Trujillo, 12 de febrero. —En Río Cristales, tenemos una


reunión evangélica al aire libre muy concurrida cada Domingo, y se presta muy
buena atención. La Sra. Ruddock ha encontrado a algunas personas de color en Río
Negro. Vienen de Jamaica, y una de las mujeres conoció a la señora H. Barker
cuando vivía allí. Ayer, la Sra. Ferguson y la Sra. Ruddock fueron y conversaron
brevemente con algunas de estas mujeres y también con los niños. Están muy ansiosas
por tener reuniones cada domingo, y como algunos hombres también parecen estar
interesados, esperamos comenzar reuniones en inglés allí. Aquí, en Trujillo, aunque
el Señor no ha dispuesto asientos para la sala que esperamos usar como salón, tuvimos
dos reuniones para los soldados estacionados al lado. Algunos se sentaron en el suelo,
mientras que otros se quedaron de pie, pero todos escucharon con suma atención. Uno
de estos soldados dijo que nunca había escuchado el evangelio y que siempre había
entendido que los evangelistas estaban en contacto con el Diablo. Tras una breve
charla con él, se marchó sintiéndose diferente. El hermano Ferguson y yo hemos
estado un rato en los campamentos bananeros. Adondequiera que hemos ido, hemos
sido bien recibidos y nos han invitado a regresar.
John Ruddock.
Los hermanos Alan y Lily Ferguson eran misioneros también recién llegados a
Honduras desde los Estados Unidos, quienes también se establecieron en Trujillo
para colaborar con los Ruddock en ese lugar. Esto se informó debidamente en la
revista Ecos de Servicio de esta manera:

Estados Unidos. —El Sr. y la Sra. Ruddock y los nuevos ayudantes de EE. UU.,
el Sr. y la Sra. Alan Ferguson, han decidido establecer su sede en Trujillo, una
ciudad de Honduras donde hay mucho interés y nadie más está trabajando.
A mediados de ese mismo año, don Juan Ruddock escribió los avances obtenidos
hasta el momento en Honduras, esto es lo que decía su carta:

92
Trujillo, 12 de junio. — Un hombre en Puerto Castilla aceptó al Señor Jesús.
Antes de que comenzara la reunión, me pidió que orara por él, pues estaba muy
preocupado. Al terminar, me dijo que se había decidido por Cristo. El Sr. Ferguson
fue a Castilla para la reunión el lunes de esta semana y dice que hubo una gran
multitud y un gran interés. Nos sentimos muy animados, ya que habíamos estado
orando para que se lograra un cambio allá. Durante una conversación que tuve con
un hombre, me contó que fue salvo mientras leía una Biblia aquí en Trujillo. Esta
Biblia le había sido regalada por un misionero en la frontera con Guatemala hace
muchos años. La llevaba consigo y finalmente Dios lo salvó mientras la leía. La
semana pasada, mientras distribuía folletos en un pueblo, una mujer me llamó a su
casa y me pidió que le explicara qué contenía el pequeño gancho que le había dado.
Después de conversar un rato con ella, un joven me preguntó qué pensaba de un
pequeño ídolo que sacó de su bolsillo. Dijo que había sido bendecido por el sacerdote
y que se suponía que tenía gran poder. Le dije que le leería lo que Dios decía al
respecto. Después de leerle las Escrituras y escuchar sobre este tema, pareció
sorprendido y me preguntó si lo que había leído era cierto. Pareció muy
impresionado. Ayer visité por primera vez un lugar llamado Santa Fe. Este pueblo
está a seis millas de donde estamos y está poblado por caribes. Los tratados y los
Evangelios fueron bien recibidos, y recibí una invitación para volver allí y tener una
reunión.
John Ruddock
Para el año 1934, don Juan Ruddock informaría lo siguiente a la revista Ecos de
Servio:
Honduras John Ruddock. (TRUJILLO) Hace una semana tuvimos nuestros
primeros bautismos aquí en Trujillo. Tres creyentes fueron bautizados en el mar. Un
buen número se reunió para presenciar los bautismos y escucharon atentamente. Uno
de los tres es un joven caribeño. Fue salvo en San Pedro Sula hace algún tiempo,
pero ha regresado a su pueblo para compartir las buenas nuevas de la salvación
gratuita de Dios. El Sr. Ferguson lo conoció en el tren una noche, y desde entonces
ha estado asistiendo a las reuniones. Es un joven brillante e inteligente, y un estudioso
entusiasta de la Palabra. En su pueblo, Santa Fe, celebra reuniones en la calle varias
veces por semana. Al principio, estas reuniones eran muy concurridas, pero los
sacerdotes han estado allí y han hablado con la gente en su contra. Como resultado,

93
algunos ahora tienen miedo de asistir a las reuniones, aunque dicen que lo que predica
es bueno. En Río Cristales, sin embargo, la gente está acudiendo en mayor número
para escucharlo predicar el evangelio. Después de las reuniones, visita el pueblo y ha
tenido conversaciones muy interesantes con algunos hombres. Llevamos casi un año
celebrando reuniones semanales en Río Cristales y anhelamos ver almas salvadas.
Hay muchas aldeas caribeñas por aquí. Hace dos semanas visité una de estas aldeas,
llamada Punta Piedra, con Evangelios. A mi llegada, me llevaron a la casa del
segundo jefe. Unos veinticinco hombres se apiñaron detrás de mí y les expliqué mi
propósito y, sacando mi Nuevo Testamento, prediqué el evangelio. Me escucharon
con suma atención y me preguntaron cuándo podría regresar para explicarles más.
Nunca antes habían escuchado el evangelio. En Sonaguerra, La Ceiba y Piedra
Amarilla, el Sr. Ferguson lo ha pasado muy bien. En estos lugares hay varios
creyentes, fruto del esfuerzo de un hermano que fue bautizado en San Pedro Sula por
el Hno. Hockings hace varios años. Por favor, sigan orando por la obra en esta zona.
Procuramos que la página impresa llegue a tantos hogares como sea posible y hemos
distribuido varios miles de Evangelios, así como tratados.
Fue a inicios de 1934 que nacería la segunda hija de Juan y Nettie Ruddock. Una
hermosa niña a quien llamarían Cornelia Johnett. Naturalmente su nacimiento seria
informado a los lectores de la revista misionera Ecos de Servicio.

Nacimiento: 16 de febrero, en Trujillo, Honduras, esposa de J.


RUDDOCK, una hija: Cornelia Johnette.
Para ese mismo año don Juan Ruddock informaba del bautismo de
cinco creyentes y la profesión de fe que muchos otros habían hecho.
Esto era una buena muestra del respaldo que Dios estaba haciendo a
través de ellos en Honduras. Esto es lo que la revista Ecos de Servicio
informo al respecto:

América. —El Sr. Ruddock (Honduras) habla del bautismo de cinco


creyentes y de otros que profesan ser salvos.

94
Ese mismo año de 1934, don Juan
Ruddock lograría por fin visitar por
primera vez la Mosquitia
hondureña, después de meses de
preparación y oración. Este viaje
era con el propósito de conocer
cómo era el camino, a las personas
que había en ese lugar, su forma de
vida y las condiciones materiales y
espirituales en las que se
Juan y Nettie Ruddock navegando por el encontraban. Su informe a la revista
río Patuca rumbo a la Mosquitia Ecos de Servicio mostraba la gran
hondureña. impresión que este viaje causo en el
corazón de don Juan Ruddock y no
solo por los misquitos sino por
todos hondureños en general. Esto
es lo que don Juan Ruddock
escribió:

Trujillo. —John Ruddock—Viaje


a la región de Mosquito y pasé
momentos interesantes con los
indígenas río arriba del Patuca. Son
gente muy amable, y dondequiera que
fui recibí una cálida bienvenida. De regreso a casa, me impresionó mucho la cantidad
de aldeas caribes a lo largo de la costa. Los caribes son el pueblo con el que hemos
estado realizando una pequeña obra en los alrededores de Trujillo, y Dios ha salvado
a varios. Recibí una invitación de una gran aldea caribe para ir a predicar el
evangelio; un hombre de allí nos escuchó predicar en Río Cristales. Agradeceríamos
mucha oración por estas personas, que son tímidas por naturaleza y se ven reprimidas
por los sacerdotes. Antes de la temporada de lluvias espero visitar todas las aldeas
por las que pasé, ya que el Señor ya ha provisto Evangelios y folletos para este viaje.
La pequeña asamblea marcha bien y los hermanos son muy activos en el evangelio.
Dios se ha complacido en bendecir sus esfuerzos. En Sonaguera me animé mucho al

95
ver cómo van los creyentes, pero debemos valorar la oración por Olanchito, ya que los
creyentes son muy lentos para ver que su caminar no es como debe ser.
A finales de ese mismo año, don Juan Ruddock escribió lo siguiente:

HONDURAS Trujillo. —John Ruddock —He hecho otro viaje a las aldeas
caribes mencionadas en mi última carta. Me inclino a pensar que pertenecen a la
misma raza que el Hno. M'Cune menciona en el número de mayo de Echoes. Los
encontré muy interesados en mi Biblia, y cuando la mencionaron lo hicieron con gran
reverencia, llamándola el libro de Dios. Un anciano me contó que tenía una Biblia
escondida en su baúl, ya que el sacerdote había intentado quitársela. La mayoría de
la gente nunca había escuchado el evangelio. En casi todas las aldeas me pidieron
que regresara y les contara más del libro de Dios.
Después de casi dos años de trabajo misionero en Honduras, don Juan y doña Nettie
Ruddock habían logrado establecerse en Trujillo, donde ya había una pequeña
congregación de Hermanos que alquilaban un local para realizar sus reuniones.
Esto es lo que don Juan Ruddock escribió:

John Ruddock. (TRUJILLO) 13 de noviembre. — Por fin hemos alquilado


una casa en Río Cristales para celebrar reuniones. Esperamos así conectar más
estrechamente con la población caribe. El Hno. Hockings vino de visita justo cuando
la conseguimos, así que la semana pasada tuvimos reuniones todas las noches. Desde
la primera noche, la sala estuvo repleta. De hecho, a medida que pasaban las noches,
salía más gente hasta llenar el lugar. Muchos se quedaban afuera escuchando. Se
mostró un verdadero interés, y nos sorprendió lo silenciosa que se sentaba la gente a
escuchar. Todos estaban ansiosos por cantar, y pronto aprendieron los coros que les
enseñaba el Hno. Hockings. Si un niño empezaba a burlarse o a interrumpir la
reunión, uno de los hombres mayores se levantaba, le daba un golpe en la cabeza y
volvía a sentarse. Por lo general, el niño no causaba más problemas. El hombre al
que le alquilamos la casa vino a la reunión la primera noche. A la mañana siguiente,
vino a la casa y nos dijo que quería comprar una Biblia. Dijo que quería leerlo y que
iba a pedirle a su hijo que también lo leyera. Las reuniones aquí en Trujillo han
tenido buena asistencia últimamente, y varias personas nuevas asisten con
regularidad. Una mujer le dijo a mi esposa que ya no tiene que pedirle a su esposo
que venga a las reuniones. En cambio, él le dice a su familia que todos irán. El

96
hermano Hockings también ha estado celebrando reuniones para la gente de habla
inglesa. Desde que llegamos aquí, hemos hecho todo lo posible por llegar a la
población blanca de habla inglesa, pero no ha tenido éxito. Sin embargo, últimamente
parece haber un cambio, y ahora asisten a las reuniones en inglés, y algunos también
a las de español. Una de las señoras le dijo a mi esposa que fue salva y bautizada de
niña, pero que se había alejado del Señor desde que llegó aquí. Después de una de las
reuniones, dijo que el mensaje fue agua para un alma sedienta, y que de ahora en
adelante servirá al Señor.
Para el siguiente año de 1935, don Juan Ruddock informaría a la revista Ecos de
Servicio sobre algunos jóvenes y niños alcanzados para Cristo, esto es lo que se
informó:
América.—El Sr. Ruddock, de Honduras, nos informa del bautismo de dos
conversos en La Ceiba, y que el hermano del joven de Sonaguerra, que sufrió tanta
persecución, ha aceptado a Cristo. Una de las alumnas mayores de la Escuela
Dominical de la Sra. Ruddock ha hecho lo mismo.
A mediados de ese mismo año, don Juan Ruddock haría un viaje más a través de
las costas hondureñas con el fin de predicar el evangelio en las diferentes aldeas.
Esto es lo que don Juan Ruddock escribió:

Honduras J. Ruddock. (TRUJILLO) 9 de septiembre . —Recientemente hice


otro viaje por la costa a las aldeas caribes. En Sangrelaya, nuestro hermano caribe,
Vicente, me acompañó a las diferentes aldeas. Tuvimos reuniones en algunas aldeas;
Vicente habló en caribe mientras yo hablaba en español. Me sorprendió ver a las
mujeres entrar a las reuniones; normalmente se quedan afuera escuchando. Vendí de
nuevo todas las Biblias que llevaba y volví con pedidos de más. Distribuimos tratados
y evangelios, y conversamos con la gente en sus casas. Casi en todas partes. Fuimos y
nos pidieron que volviéramos pronto. Anhelamos dedicar más tiempo a esta obra
entre los caribes, pero con todas las demás responsabilidades parece imposible por el
momento. Están muy interesados en las Escrituras; quienes han comprado Biblias
las leen con atención. También veo que los tratados y evangelios que reparto se
conservan con cuidado. Los sacerdotes hacen todo lo posible para destruirlos y
alejarlos del pueblo, pero a pesar de esto, la Palabra está entrando. Hemos
comprobado, por experiencia propia, que la entrada de la Palabra trae luz, y oramos
para que el Señor bendiga Su Palabra para la salvación de muchas almas entre los

97
caribes. En San José, una madre y su hija han profesado ser salvas y están dando un
buen testimonio. El padre está leyendo las Escrituras; dice que quiere saber más sobre
lo que predicamos, así que las leerá él mismo. La semana pasada, llamaron a la Sra.
Ruddock para hablarle a una mujer sobre el evangelio. Pasaron una hora juntas
repasando las Escrituras, y cuando la Sra. Ruddock se retiró, la mujer le dijo que
veía las cosas con mayor claridad. Oren por esta mujer; su vida ha sido triste.

El progreso del Evangelio en Honduras no había sido fácil. Aun había amenazas y
peligros que los misioneros debían soportar. Esto se deja ver, en un informe del
misionero inglés Alfredo Hockings, en 1935. Su informe describía estos peligros de
esta manera:

San Pedro Sula. —A. Hockings—Otro creyente ha sido brutalmente


asesinado por alguien que intenta vengarse del padre por las malas
acciones del hijo. Cada día oímos más muertes violentas. Nos llegan
rumores de un nuevo levantamiento en la costa con algunas muertes, y
sentimos que el querido hermano Ruddock y su familia necesitan mucha
oración ahora mismo, ya que están más expuestos que nosotros, pues se
encuentran en la zona afectada. He recibido noticias de que nuestro
hermano ha tenido que obtener documentos especiales para poder
circular libremente con el evangelio.
Para 1936 escribió el siguiente informe sobre su trabajo en Honduras hasta el
momento:

HONDURAS Trujillo. —J. Ruddock—Regresé hace cinco días de un viaje a


San Pedro Sula y lugares en ruta. Encontré a la familia Hockings bien y muy
ocupada en su servicio al Maestro. Los creyentes allí también están bien, y me alegró
saber que ninguno de ellos había sufrido en las recientes inundaciones severas. En
Tela encontré una excelente obra en marcha. Los creyentes han construido un bonito
salón y lo tienen bien equipado. Pasé dos noches allí y tuve el gozo de ver a dos
mujeres aceptar al Señor Jesús. En La Ceiba, las cosas siguen como siempre.
También visité un nuevo lugar llamado Jutiapa. Una hermana vive en este pueblo,
quien fue salvada hace algún tiempo gracias a los esfuerzos de nuestro hermano
Zelaya. Tuve dos reuniones allí y encontré interés. Luego visité Sonaguerra. Los

98
cristianos continúan yendo a los lugares cercanos con el evangelio y se llevan mejor
juntos que antes.
También del hermano Juan Ruddock ese mismo año de 1936:

El Sr. Ruddock, Honduras, pide oración por un joven, que inició la obra
en S. José, y que recientemente visitó su hogar, de donde había sido
expulsado por confiar en Cristo.
Y también del hermano Juan Ruddock:

Es bueno escuchar del Sr. Ruddock (Honduras) que un hermano del


joven cristiano, Alonzo, quien fue severamente perseguido por su
familia, ha sido salvado y sigue adelante brillantemente, y el hermano
mayor, que golpeó cruelmente a Alonzo, vino a una reunión y pareció
interesado. Se agradecería una oración por él.
Como era ya costumbre entre los hermanos de Honduras y Guatemala, las
Conferencias Generales se realizaban con mucho éxito en diferentes partes del país.
Estas reuniones eran de mucha bendición y regocijo espiritual para todos los que
podían asistir. Era un momento propicio para enseñar y aprender más de la Sana
Doctrina, así como coros e himnos nuevos. Además, se procuraba salir juntos a
predicar y bautizar en los ríos más cercanos a los hermanos que habían esperado
ese pasó de fe. Ese año se realizó una Conferencia General en San Pedro Sula.
Muchos hermanos llegaron de diferentes partes del país y recibieron la Palabra del
Señor de parte de hermanos como Juan Ruddock, quien solía compartir con
sencilles y amor el mensaje glorioso del Evangelio. Este es el reporte que el
hermano Alfredo Hockings escribió sobre esa conferencia en 1936:
HONDURAS S. Pedro Sula. —A. Hockings—Tuvimos un tiempo muy
espiritual y refrescante en las conferencias. El hermano Ruddock y su
familia estuvieron presentes y fueron de gran ayuda para todo el pueblo
del Señor, además de compartir claros mensajes del Evangelio.
También estaba allí, Don Juan García, un hermano mayor que salió de
las sectas. Muchos de los creyentes en estos campamentos son fruto de
su labor en el Señor. Don Sergio, mi compañero de obra, se ha ido a la
República vecina para variar, con la esperanza de dar un testimonio

99
claro a su propia gente durante un tiempo; está trabajando con sus
manos tanto como puede para cubrir sus gastos. Algunos se unieron al
Señor a través de las conferencias y cuatro que se habían desviado
fueron recibidos de nuevo en la comunidad.
Ese mismo año de 1936, la familia Ruddock tomó un descanso y viajaron a Escocia.
Su salida de Honduras fue debidamente informada en la revista misionera Ecos de
Servicio de esta manera:

LLEGADAS Desde Honduras, Sra. Ruddock, a/c Sr. Dugald Baird, 125,
Argyle Road, Saltcoats, Ayrshire.
A su regreso, don Juan Ruddock su trabajo en la obra del Señor en Honduras,
mientras que doña Nettie y sus hijas se quedaron en Escocia un tiempo más. Don
Juan Ruddock sabía que aún faltaba mucho por hacer, especialmente en la formación
de nuevos líderes. Por lo que las Conferencias Generales seguían siendo muy
valiosas para todos, ya que permitía entregar la Palabra del Señor a hermanos de
todas partes del País los cuales las llevaban y compartían a los Hermanos de sus
Asambleas Locales. Este reporte del hermano Alfredo Hockings describe muy bien
esos momentos de fraternidad y camaradería que se Vivian entre los hermanos en
las Conferencias Generales. Nuestro hermano Alfredo Hockings escribió:
San Pedro Sula. —A. Hockings—Acabamos de terminar nuestra
conferencia de tres días en esta ciudad. El número de asistentes fue
reducido en comparación con otras ocasiones; solo cuarenta y cinco
personas se sentaron a comer. Nuestro hermano Ruddock estuvo con
nosotros y sentimos que el Señor nos bendijo. Las reuniones vespertinas
tuvieron buena asistencia, a pesar de que toda la ciudad estaba con
gripe. Tan pronto como terminó la conferencia, todos nosotros también
contrajimos gripe y aún no estamos del todo bien, pero estamos
mejorando. Asistí a la reunión anoche, aunque muy débil. Un hombre
que había estado asistiendo a la conferencia se puso de pie anoche para
testificar que estaba convencido de su estado pecaminoso y que había
aceptado a Cristo.

100
A mediados de ese mismo año de 1936, don Juan Ruddock escribió sobre uno de
sus viajes a lo largo de la costa hondureña para predicar el evangelio. Esto es lo
que don Juan Ruddock escribió:

John Ruddock (TRUJILLO), 21 de agosto. — Realicé un viaje muy


provechoso por las aldeas caribes y, como de costumbre, encontré mucho interés. Don
Vicente me acompañó al llegar a su aldea, y me animó mucho verlo seguir adelante
en medio de tantas dificultades. Su mayor anhelo sigue siendo compartir con su gente
lo que el Señor ha hecho por él, y creo que el Señor lo está usando. En Tocomacho y
Batalla tuvimos varias noches de reuniones con buena asistencia, incluyendo a
mujeres. Durante el día, tuvimos muchas charlas interesantes en los hogares de la
gente. En otros lugares, descubrimos que los sacerdotes católicos habían recopilado
de nuevo todos los Evangelios y folletos que distribuimos en nuestro último viaje.
Actualmente estoy celebrando reuniones especiales en La Ceiba, y aunque hay otras
atracciones, un buen número asiste a las reuniones y esperamos la bendición del Señor.
También de don Juan Ruddock a finales del año 1936:
Honduras John Ruddock. (TRUJILLO) 29 de octubre . —Desde la última
vez que le escribí, tuve dos semanas de reuniones especiales en Tela. El Hno.
Hockings acababa de bautizar a doce creyentes y tres parejas se casaron, así que las
reuniones que siguieron fueron un tiempo de bendición y regocijo; uno profesó y otros
fueron animados a limpiar sus vidas. Pronto el pequeño salón que los cristianos
nativos construyeron ellos mismos tendrá que ser ampliado. El Señor ha hecho
maravillas en Tela estos últimos años. En Agua Blanca, también asistí a otra boda
con el Hno. Juan García; entre cincuenta y sesenta escucharon los mensajes. Acabo
de regresar de Sonaguera. La obra allí ha sufrido debido a los tiempos difíciles,
muchos de los cristianos se han ido a otros lugares; otros, sin embargo, están
asistiendo a las reuniones, y esta semana dos nuevos profesaron recibir a Cristo.
Para 1937, doña Nettie Ruddock y sus hijas regresaron a Honduras para continuar
su trabajo junto a nuestro hermano Juan Ruddock. Su llegada desde Escocia a
Honduras fue anunciada en la revista Ecos de Servicio:

Salidas. —8 de enero, regreso a Honduras, Sra. Ruddock.

101
Ese mismo año el hermano Alfredo Hockings informaría sobre el trabajo que los
primeros Hermanos en Tela estaban realizando a su alrededor y los maravillosos
resultados que ya habían conseguido por la gracia del Señor. Esto es lo que don
Alfredo Hockings escribió:

Alfred Hockings. (SAN PEDRO SULA) 2 de febrero. —Desde mi última


carta, he visitado de nuevo cerca de Tela, donde tuvimos el gozo de
bautizar a cinco creyentes más. Los hermanos construyeron su propio
salón y allí celebraron la partición del pan por primera vez. También
visitamos otra aldea, que no habíamos visitado antes, donde
encontramos a unos veinte creyentes, atraídos al Señor gracias a las
visitas de los hermanos de Tela. Esto es lo que más nos alegra: ver a los
creyentes testificando y buscando almas con fervor. Un coronel
convertido dice que no estará satisfecho hasta que toda la aldea sea del
Señor. Visitamos otro campamento y tuvimos la tristeza de enterrar a
dos castores. Uno había regresado a los placeres del mundo y se había
endurecido mucho. Vino de visita cerca de donde vivían los creyentes,
sufrió una hemorragia, luego se reconcilió con el Señor y los creyentes
se hicieron cargo de él. Se hizo un ataúd rústico que no cerró bien la
base, pero fue lo mejor que se pudo hacer en el bosque. El otro, una
mujer, había aceptado a Cristo aproximadamente una semana antes,
durante su enfermedad.
Este era el resultado del trabajo y sacrificio realizado por hermanos como Juan y
Nettie Ruddock, quienes incansablemente compartían Palabra del Señor y el amor
de Dios con todos los que podían. Don Juan Ruddock escribió ese mismo año de
1937 estos reportes misioneros donde menciona algunos triunfos obtenidos en por
la gracia del Señor:

Trujillo. —J. Ruddock—En La Ceiba me animó ver a un joven que asistía a las
reuniones, quien dijo que escuchó el evangelio por primera vez en Olanchito, mientras
yo tenía algunas reuniones allí. Ahora confiesa ser salvo.
Y también:

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América. —El Sr. Ruddock (Honduras) recibió recientemente una carta de un
hombre que había recibido literatura evangélica (probablemente arrojada por nuestro
hermano desde el tren) y, por lo tanto, estaba preocupado por su alma.
En mayo de 1937, don Juan Ruddock escribió un reporte misionero desde Tela,
anunciado el interés de una persona por escuchar la Palabra después de haber
presenciado varios bautismos de Hermanos en Cristo. Además, anuncio la
construcción de una nueva Sala Evangélica en Mezapa, Atlántida. Esto es lo que
escribió:
REP. DE HONDURAS. JOHN RUDDOCK, Tela, 22 de mayo. Un
excomunista declarado estuvo entre varios bautizados recientemente. Se ha
inaugurado un nuevo salón en Mezapa. (p. 167)
Para junio de 1937, don Juan y doña Nettie Ruddock escribirían sobre su labor
realizada ese año entre los hondureños caribes que vivían en las costas. Esto es lo
que don Juan Ruddock escribió ese año:

Honduras J. Ruddock. (TRUJILLO) 24 de junio. —Recientemente visité


Sonaguerra. La obra allí es ciertamente alentadora, especialmente entre los jóvenes.
Estando en este pueblo conocí a un hombre del pueblo de Ilanga. Me contó que alguien
le había dado un Evangelio de Juan hace un tiempo. Como estaba desempleado y con
el tiempo apremiante, comenzó a leerlo. Al principio, dijo que no le interesaba, pero
a medida que leía, las palabras lo cautivaron y lo repitió una y otra vez, hasta que,
como pecador arrepentido, aceptó al Señor Jesús. Un día, mientras leía este
Evangelio, entró una mujer y, al verlo leerlo, le preguntó por qué leía ese libro tan
malo. Él le dijo que se sentara y escuchara lo que decía. Al terminar de leer, le
preguntó si lo que leía era malo. Ella dijo: «No». Ahora hay tres creyentes en ese
pueblo, salvos gracias a la lectura del Evangelio de Juan. ¡Cuánto nos ha animado
esto! Muchas veces al distribuir estas pequeñas porciones nuestros corazones han
suplicado a Dios que salvé almas como resultado de leerlas y, al escuchar la historia
de este hombre, no pude evitar pensar que tal vez hay muchos más como él en esta
República.
Ese mismo reporte se compartió a los lectores de la revista The Witness, quienes
publicaron lo siguiente:

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OTRAS PARTES.-Honduras. J. Ruddock, Trujillo, escribe: «Recientemente,
tres personas fueron salvadas en un pueblo que nunca habíamos visitado, gracias a
la lectura del Evangelio de Juan. Agradecemos a Dios por esta muestra de su
bendición sobre la distribución de la Palabra. Ahora hay un gran interés en el
pueblo».. Revista The Witness de 1937.
Después de las Conferencias Generales, celebradas en Julio de 1937 en el Progreso,
Yoro, los Ruddock saldrían del país para visitar a sus familiares en Los Ángeles,
California. Esto se informó en la revista Ecos de Servicio:
El representante de Honduras, John y Nettie Ruddock, partieron hacia
Los Ángeles después de la Conferencia General de Progreso del 7 al 9.
Hoy, para comprar seis Biblias para seis nuevos creyentes, nos contó
que uno de ellos era un pecador muy duro y perverso, pero que ahora es
una nueva criatura en Cristo Jesús. En otro pueblo, tres creyentes
pasaron por las aguas del bautismo.
John Ruddock, Tela, 29 de julio.
En agosto de 1937, don Juan y doña Nettie Ruddock quedarían al frente de obra
misionera en Honduras. Ya que don Alfredo y doña Evelyn Hockings saldrían de
Honduras hacia Inglaterra para tener un tiempo de descanso con sus familiares. Y
fue en ese tiempo que don Juan Ruddock pudo ver que el trabajo en las costas
hondureñas ya daba sus primeros frutos y esto era causa de mucho gozo para don
Juan y doña Nettie Ruddock, quienes sentían el respaldo y confirmación de Dios en
su decisión de venir a Honduras. En su reporte de agosto de 1937, don Juan
Ruddock escribió sobre esa alegría que sentían por el crecimiento de la obra. Esto
es lo que don Juan Ruddock escribió en esos días:
John Ruddock (TRUJILLO) 23 de Agosto
La obra en Tela es muy alentadora, no sólo en Tela misma sino también en las zonas
rurales. En un pequeño pueblo hay cincuenta nuevos creyentes. Recibí un pedido de
150 himnarios. Le pregunté a uno de los creyentes qué hacían con todos los
himnarios. Me dijo que eran para los nuevos creyentes. De esto podemos ver que el
Señor está bendiciendo en esa parte. Dos parejas recientemente salvadas se casaron
en La Ceiba la semana pasada. Han expresado su deseo de ser bautizados. Nos
regocijamos en el testimonio dado al haber enderezado sus vidas. Nuestra hermana

104
caribe, Santos, fue a estar con el Señor hace tres semanas. Dio un testimonio brillante
de lo último. Sus amigos trataron de persuadirla para que se confesara con el
sacerdote, pero ella se negó firmemente, diciéndoles que su fe y confianza estaban en
el Señor Jesucristo. En el funeral tuvimos el privilegio de predicar el evangelio a casi
todo el pueblo, ya que todos parecían salir corriendo al funeral. Cuando regresamos
a casa, dos hombres nos siguieron para decirnos que estaban interesados en lo que
habían oído y que les gustaría saber más. Agradeceríamos las oraciones del pueblo
de Dios por la obra en esta costa. Recuerden también a San Pedro Sula y a los
creyentes que están allí ahora que nuestro hermano y hermana, el señor y la señora
Hockings, están ausentes. (Ruddock, AMERICA, 23 de Agosto de 1937)
Ese mismo año de 1937 se comenzaría a construir una Sala Evangélica en Trujillo
donde don Juan y doña Nettie se habían radicado. Esto fue lo que don Juan Ruddock
escribió al respecto:
John Ruddock - La construcción del Salón avanza a buen ritmo, y a menudo nos
maravillamos al ver que casi tocamos fondo, pero de alguna manera siempre hay
suficiente por el momento. Esperamos tenerlo terminado para nuestras conferencias
anuales alrededor del 15 de septiembre. El hermano McKianie estuvo con nosotros y
tuvo algunas reuniones muy concurridas en la carpa. Hubo mucho interés y sabemos
de dos que recibieron a Cristo como su Salvador. Creo que bautizamos a cuatro
creyentes en Tela desde la última vez que escribimos, y casi al mismo tiempo, cuatro
fueron bautizados en Santa Rita y cuatro en Tegucigalpa.
El trabajo misionero de Juan Ruddock abarcaba casi todo el territorio de los
departamentos de Yoro, Atlántida, Colón, Olancho y Gracias a Dios. Era
ciertamente una obra enorme la que tenían por delante. Pero buscaba la manera de
abarcar lo más que podía, aprovechando los pases especiales que el Gobierno de la
Republica le facilitaba para viajar en los trenes de las compañías bananeras con el
fin de que llevara el evangelio del Señor Jesucristo a todos los campos que le fuera
posible, porque se habían dado cuenta que el evangelio disminuía la violencia y
producía paz en aquellas comunidades donde se le permitía a Cristo reinar.
La revista The Witness informo del trabajo de Juan Ruddock en esos días de la
siguiente manera:

105
Honduras. J. Ruddock reporta bendición tras una semana de reuniones
en Olanchito. El cambio en las vidas de los creyentes habla con fuerza
a sus amigos... (Witness, 1937)
Y también de lo siguiente:
OTRAS PARTES.-Honduras. J. Ruddock, Trujillo, escribe que las
reuniones especiales tuvieron buena asistencia en los diferentes lugares
y se mostró mucho interés. " En Tela, llegó un cristiano de otro pueblo para ver
si yo podía ir a bautizar a seis creyentes. Tuve que dejar esto para el futuro".
(Witness, 1937)
Entre las personas a las que don Juan y Doña Nettie Ruddock solían evangelizar,
se encontraba una familia de origen Palestino, quienes escuchaban de buena gana
la Palabra del Señor que los Ruddock les compartían. Esta familia era la de don
Salvador y doña Florinda Hode Nasrrala, quienes con el tiempo aceptaron a Cristo
y sirvieron al Señor en Honduras. En uno de sus reportes misioneros a la revista
The Witness don Juan Ruddock menciona este trabajo por alcanzar esta familia:
OTRAS PARTES.-Honduras. J. Ruddock, de Trujillo, escribe que
esperaban bautizar a dos creyentes. Una pareja que vive a unos 64
kilómetros de distancia tiene un testimonio tan brillante que ahora hay
un gran interés entre los no salvos de su distrito. En Trujillo, una
familia árabe, originaria de Palestina, asiste a las reuniones con
regularidad. (Witness, 1937)
Gracias al ministerio paciente y amoroso de don Juan y doña Nettie Ruddock
muchos más eran lentamente atraídos a los pies del Señor Jesucristo. En otro
reporte más a la revista The Witness el mismo año de 1937, don Juan Ruddock
menciona lo siguiente:
OTRAS PARTES.-Honduras. J. Ruddock, de Trujillo, informa de un
gran interés durante un viaje por las aldeas caribes. Se dejaron folletos
en todos los hogares. (Witness, 1937)
Pero aun y cuando todo parecía marchar bien, don Juan y doña Nettie Ruddock
pensaban mucho en las almas menos alcanzadas con la luz del Evangelio del Señor
Jesucristo. Su mirada siempre vio hacia la Mosquitia. Donde a pesar de lo difícil del

106
camino seguía siendo su prioridad. Intentando ir lo más que podían a la Costa de
los Mosquitos para alcanzarlos también a ellos con el mensaje del amor de Dios.
A finales del año 1937 don Juan y doña Nettie Ruddock mostrarían su hospitalidad
a algunos predicadores de la Misión Morava, quienes, al igual que ellos intentaban
ayudar materialmente a los misquitos Estos misioneros Moravos, buscaban
ingresar a la región, pero no contaban con los permisos necesarios. Por lo que los
hermanos Ruddock intercedieron ante el gobierno a fin de que se les permitiera
ingresar sin problema. Don Juan Ruddock mencionó este hecho en uno de sus
reportes misioneros a finales de ese mismo año de 1937, de la siguiente manera:

Honduras John Ruddock. (TRUJILLO) 11 de noviembre. —Hace unas


semanas, asistimos a la conferencia en Tela. Unos 350 creyentes y sus amigos se
reunieron durante tres días. Pasamos un tiempo feliz y provechoso; siete creyentes
fueron bautizados y cuatro personas profesaron ser salvas. Una mujer que se había
descarriado fue restaurada al Señor. Un aspecto positivo fue que los hermanos
nativos hicieron todos los arreglos y planes para la conferencia. La obra en Tela está
creciendo constantemente, al igual que en los distritos circundantes. El salón ahora
es demasiado pequeño, por lo que están planeando ampliarlo. Fui a Punto Rieles y
durante dos noches, 125 escucharon el mensaje. De este número, solo cinco no eran
salvos. Se está construyendo un nuevo salón en Punto Rieles, ya que el actual es
demasiado pequeño. En Olanchito, dos personas confesaron ser salvas durante
reuniones especiales celebradas allí. En Danto, varios confesaron ser salvas y tres
creyentes fueron bautizados. Oramos para que no haya conflictos entre Nicaragua y
Honduras; sería triste ver a los jóvenes tener que ir a la guerra. Recientemente, dos
indígenas zambos, predicadores de la Misión Morava, fueron hechos prisioneros.
Hubo un malentendido sobre algo que habían hecho, pero en cuanto las autoridades
descubrieron la verdad, fueron liberados. Fue un gozo conocerlos y saber que muchos
indígenas mosquitos están plenamente salvos y siguen adelante por Dios.

Y en uno de sus reportes misioneros, estos hermanos escribieron al respecto, sobre


la valiosa ayuda que los hermanos Ruddock les brindaron en esos momentos. Esto
es lo que escribieron:
Informe de la Provincia Misionera de Honduras para 1938.

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El año comenzó con dificultades. Debido al conflicto entre Honduras y
Nicaragua, se privó a Honduras de los sacramentos; mientras que, en la
región occidental, nuestros obreros se sintieron obstaculizados en sus
desplazamientos e inseguros respecto al futuro. Sin embargo, hubo
bautismos o confirmaciones de conversos en cada uno de nuestros tres
centros occidentales durante la Pascua. Tenemos una gran deuda de
gratitud con el Sr. y la Sra. John Ruddock, misioneros británicos de
“Los Hermanos” en Trujillo, quienes, a pesar de los principios de
“estrecha comunión”, no solo abrieron sus hogares a nuestros obreros,
sino que asumieron temporalmente la responsabilidad de ellos ante el
Gobierno, lo que hizo posible la continuación de nuestra obra. El Hno.
y la Hna. Heath llegaron a La Ceiba el 22 de abril, con autorización de
la Junta de la Provincia de Belén para administrar el campo
independientemente de la Provincia de Nicaragua. Tras visitar la
misión de la Iglesia Evangélica y Reformada en San Pedro Sula y a los
funcionarios del Gobierno en Trujillo, como invitados del Sr. y la Sra.
Ruddock, llegaron a Kokobila el 21 de mayo. Con el consentimiento de
nuestra Junta Provincial de Nicaragua, se accedió a la solicitud de la
congregación de Brus y del Hno. y la Hna. Dannery Downs, de modo
que este último permaneció en Brus. El catequista de Kokobila,
Francisco Gómez, fue trasladado a Auka, un distrito importante pero
aislado del interior, no lejos de la frontera con Nicaragua. Se retrasó en
Butukauas por falta de medios de transporte y no se hizo cargo de Auka
hasta principios de agosto.
Mientras tanto, estos dos obreros, junto con Leo Mueller de Kaurkira
y dos de nuestros "Ayudantes" (o Ancianos), fueron citados a Trujillo
en julio para tratar algunas cuestiones relacionadas con su registro. De
estos cinco hermanos, tres son hondureños, pero no tenían documentos
que lo acreditaran, ya que en el Territorio de la Mosquitia los
nacimientos de indígenas rara vez se registran oficialmente. Los otros
dos, al ser nicaragüenses, necesitaban certificados de inmigración y
documentos de identidad. Todos fueron tratados con cortesía y
consideración por los altos funcionarios.

108
En septiembre se realizó una visita oficial a Brus, Auas (Paptalaya),
Kaurkira y Auka.
En Kaurkira, la congregación ha crecido en número, conocimiento y
gracia. Se ha iniciado, o, mejor dicho, se ha reactivado, una clase de
estudio bíblico, compuesta por quince personas, todas ellas
alfabetizadas, que se reúne todos los miércoles por la mañana. La
escuela diurna está realizando una labor útil, aunque de alcance
limitado y obstaculizada por la escasa asistencia. El Hno. Leo Mueller
lleva el registro civil del Gobierno. «La asistencia a los servicios
religiosos (un período que incluye la escuela dominical) es el doble que
hace tres años. Hay más comida en el territorio ahora que hace cinco
años; Pero aún se necesita mucho esfuerzo en materia de cultivo. Una
proclamación clara de que los indígenas nunca serán gravados ni
penalizados por aumentar o diversificar sus productos agrícolas,
aumentar su ganado ni construir mejores casas o embarcaciones podría
ser de ayuda.
La iglesia construida para el grupo de aldeas de Tansen no ha resultado
tan útil como antes. (Missions, Junio de 1939)
Pero aun y cuando la obra del Señor Jesucristo crecía en Honduras, aún faltaba
mucho por hacer. Don Juan y doña Nettie Ruddock apenas se daban a vasto para
visitar enfermos, evangelizar, mantener la Escuela Dominical, realizar los servicios
en la iglesia local, visitar hermanos y Asambleas, así como atender sus propios
asuntos personales y familiares. La obra del Señor en Honduras a un clamaba por
manos dispuestas a servir al Señor sin reservas. Por lo que don Juan Ruddock se
acordaba siempre de pedir al Señor de la mies que enviara más obreros a Honduras.

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13
EL REINO MOSQUITO
‘‘Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas
naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del
Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos y clamaban a gran voz,
diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.
Apocalipsis 7:9-10

Para el año 1932 don Juan y doña


Nettie Ruddock llegarían a
Guatemala, pero con miras en
trasladarse desde San Felipe a
Honduras definitivamente. Esta
decisión fue el resultado de mucha
oración y consejo de hermanos
respetables como don Alfredo
Hockings y Carlos William Kramer,
ambos misioneros en Honduras y
Guatemala respectivamente. Todos
estuvieron de acuerdo que aun y
cuando había mucha necesidad de
JEFE MOSQUITO Y CONSEJO EJECUTIVO 1894 predicar el evangelio en todas partes,
1 Robert Henry Clarence, jefe; 2 Hon. Charles Patterson,
vicepresidente y tutor; 3 Hon. J. W. Cuthbert, fiscal general y
el noreste de Honduras era quizá el
secretario del jefe; 4 Sr. J. W. Cuthbert, Jr., secretario del lugar más urgente para llevar el
gobierno; 5 el Sr. George Haymond, concejal y jefe de la casa; evangelio del Señor Jesucristo.
6 el Sr. Edward McCrea, concejal y jefe de la ciudad.

La Nación Misquita, más conocida


como el reino mosquito, fue un Estado en la región histórica de la costa de
Mosquitos constituido como reino desde 1620, cuando el pueblo misquito se agrupó
en un reino. En 1687 se estableció un protectorado británico que se mantendría
hasta la firma del Tratado de Managua el 28 de enero de 1860.

111
La Nación Misquita llegó a ser un reino en algún momento antes de 1625. Su primer
rey del que hay registros fue Oldman, el hijo de un jefe de los misquitos, cuyo
nombre se desconoce. El primer contacto con los británicos se produjo durante el
mando del padre de Oldman, que le envió a la Gran Bretaña, en donde éste fue
recibido en audiencia por el rey Carlos I de Inglaterra.

En 1740 el rey misquito Edward I y la Corona británica sellaron un tratado de


amistad y alianza formal, seguido del nombramiento en 1749 de un Superintendente
residente.

El reino de los misquitos ayudó durante la guerra de Independencia de los Estados


Unidos atacando colonias españolas, y consiguieron numerosas victorias junto a los
británicos. Aun así, tras la firma de la paz en 1783, los británicos tuvieron que ceder
el control sobre la costa oriental (caribeña o atlántica) de Nicaragua. El retiro
británico concluyó a finales de junio de 1787, aunque se siguió manteniendo un
protectorado no oficial sobre el reino, a menudo protegiendo los intereses de los
misquitos frente a las reclamaciones españolas.

España integró la costa de Mosquitos y las islas de San Andrés a la capitanía general
de Guatemala, sin que este tuviera presencia material en la zona, pero después de
la guerra anglo-española (1779-1783) le entregó esos territorios al virreinato de
Nueva Granada, actual Colombia, por real cédula del 30 de noviembre de 1803, se
formalizó la anexión de estos territorios al virreinato.

Posteriormente la costa de Mosquitos fue restituida a la Capitanía General de


Guatemala, mediante una real orden del 13 de noviembre de 1806, enviada al
capitán general de Guatemala, Antonio González Mollinedo y Saravia, expresando
lo siguiente:

Ha resuelto Su Majestad [el rey de España] que Vuestra Señoría [el


capitán general de Guatemala] es quien debe entender en el
conocimiento absoluto de todos los negocios, que ocurran en la colonia
de Trujillo y demás puestos militares de la Costa de Mosquitos
concernientes a las cuatro causas referidas [justicia, policía, hacienda
y guerra].

112
El 31 de marzo de 1808, mediante real orden dirigida al capitán general de
Guatemala, en contestación a sus comunicaciones del 5 de enero y del 18 de julio
de 1805, se dispone que haga subsistir la habilitación del río San Juan de Nicaragua
para la navegación y el comercio; además, que promueva el desmonte y el cultivo
de los terrenos inmediatos, concediendo a sus habitantes las mismas gracias
concedidas en otra real orden del 20 de noviembre de 1803, para ser dispensadas a
los nuevos pobladores de la costa de Mosquitos, indicando que se eximan de
derechos y diezmos por diez años, los frutos que se cosechen en distancia de diez
leguas del río, por cualquiera de sus márgenes; y que se procure establecer una
población en las inmediaciones del río San Juan de Nicaragua. Estas diez leguas de
costa al norte del río San Juan caían en la llamada costa de Mosquitos; las diez del
sur pertenecían a Costa Rica. Dicha real orden de 1808 prueba, por tanto, que
continuaba la jurisdicción de la Capitanía General de Guatemala en la costa de
Mosquitos, en la desembocadura del río San Juan y también en Costa Rica.

En la coronación de Robert Charles Frederic como rey, los británicos reconocieron


la independencia de la nación misquita, y en un pergamino con los sellos de las
autoridades de Jamaica le ofreció alianza y protección. El 12 de agosto de 1841, el
superintendente de la Honduras británica (actual Belice) y el monarca misquito
desembarcaron en San Juan del Norte y comunicaron a las autoridades
nicaragüenses que esa ciudad y el resto de la Costa Atlántica pertenecían al Reino
Misquito. El 4 de julio de 1818, una fuerza naval al mando de Luis Aury capturó la
isla de Providencia en nombre del Ejército Libertador. El 23 de junio de 1822 fue
izada por primera vez la bandera colombiana en San Andrés y el archipiélago pasó
a ser parte de un cantón de la provincia de Cartagena. Colombia consideraba
también como parte de este territorio la costa de Mosquitos, con base en la Cédula
de 1803 y el tratado de paz de 1783, pero los británicos volvieron a hacer presencia
en la costa y continuaron sosteniendo el reino misquito.

Para tratar de contener la presencia británica en la costa, el gobierno de Colombia


expidió el decreto del 9 de marzo de 1822 que prohibía el comercio entre la colonia
de Jamaica y la costa de Mosquitos y el decreto del 5 de julio de 1824 que declaraba
«ilegal toda empresa que se dirija a colonizar cualquier parte de aquella costa de
Mosquitos»

113
A medida que los conflictos internos se apoderaron de América Central después de
la Independencia de Centroamérica del Imperio español en 1821, la posibilidad de
cualquier amenaza potencial regional contra el reino mosquito disminuyó. Los
reyes misquitos renovaron su alianza con Gran Bretaña, y Honduras británica
(actual Belice) reemplazó a Jamaica como la principal conexión británica con el
reino. La coronación de Jorge Federico Augusto en Belice en 1816 fue imitada por
su sucesor Roberto Carlos Federico en 1845. En 1837, el Imperio británico
reconoció formalmente al reino mosquito como un Estado independiente y tomó
medidas diplomáticas para evitar que las nuevas naciones que surgieron tras la
disolución de la República Federal de Centroamérica amenazaran al reino.

En 1844, el gobierno británico declaró un nuevo protectorado sobre el reino


mosquito y nombró a Patrick Walker, cónsul general de la costa de Mosquitos, con
sede en Bluefields. La proclamación estuvo motivada por el estado de anarquía en
el reino mosquito tras la muerte de Roberto Carlos Federico, pero también por la
inminente anexión estadounidense de Texas y el deseo británico de construir un
canal artificial navegable a través de América Central antes de que lo hiciera
Estados Unidos. El protectorado se extendía desde el cabo de Honduras en el norte
hasta la desembocadura del río San Juan en el sur, incluyendo San Juan del Norte.
Nicaragua protestó de nuevo y envió fuerzas a San Juan del Norte, a lo que el rey
misquito Jorge Augusto Federico II respondió con un ultimátum exigiendo que
todas las fuerzas nicaragüenses se fueran antes del 1 de enero de 1848. Nicaragua
apeló a los Estados Unidos, pero los estadounidenses, entonces en guerra contra
México, no respondieron. Después de que expiró el ultimátum, las fuerzas misquito-
británicas lideradas por el rey y Patrick Walker, y respaldadas por dos buques de
guerra británicos, tomaron San Juan del Norte. También destruyeron Serapaqui,
donde fueron internados los prisioneros británicos capturados durante el primer
intento en San Juan del Norte, y avanzaron hacia el lago Nicaragua, donde Walker
se ahogó. El 7 de marzo, Nicaragua firmó un tratado de paz donde cedió San Juan
del Norte al Reino Mosquito, que lo rebautizó como Greytown en honor a Charles
Edward Grey, gobernador de Jamaica.

Concluida la guerra entre México y Estados Unidos, el nuevo delegado de Estados


Unidos en Centroamérica, Ephraim George Squier, intentó que Nicaragua, El

114
Salvador y Honduras formaran un frente común contra los británicos, que ahora
amenazaban con anexar la isla del Tigre en la costa del pacífico de Honduras.
Después de que las fuerzas británicas y estadounidenses casi se enfrentaron en El
Tigre, ambos gobiernos reprendieron a los comandantes de sus fuerzas allí y
concluyeron el Tratado Clayton-Bulwer el 18 de abril de 1850. En este documento,
las dos potencias se comprometieron a garantizar la neutralidad y el uso igualitario
del canal propuesto, y a no "ocupar, fortificar, o colonizar, o asumir o ejercer ningún
dominio sobre Nicaragua, Costa Rica, la Costa de Mosquitos o cualquier parte de
Centroamérica", ni hacer uso de ningún protectorado o alianza, presente o futura,
para tales fines.

Estados Unidos asumió que esto significaba la evacuación británica inmediata de la


Costa de Mosquitos, mientras que los británicos argumentaron que solo los
obligaba a no expandirse más en América Central y que tanto el protectorado de
1844 como el tratado de paz de 1848 todavía estaban vigentes. El 21 de noviembre,
el vapor estadounidense Prometheus fue atacado a tiros por un buque de guerra
británico por no pagar las tarifas portuarias en Greytown. Uno de los pasajeros era
Cornelius Vanderbilt, magnate de negocios y una de las personas más ricas de los
Estados Unidos de la época. El gobierno británico se disculpó después de que
Estados Unidos enviara dos balandras armadas a la zona.

En los años siguientes se produjeron más incidentes. En 1852, Gran Bretaña creo
la Colonia de las Islas de la Bahía frente a la costa de Honduras y rechazó las
protestas estadounidenses alegando que habían sido parte de Honduras británica
(actual Belice) antes del tratado. La proclamación de estas islas (junto a la cuestión
de la Costa de Mosquitos) como colonia británica atrajo inmediatamente la atención
de los Estados Unidos, donde fue considerada universalmente como una violación
directa del Tratado Clayton-Bulwer de 1850. El asunto fue llevado a la atención del
Congreso de los Estados Unidos, y el Comité de Relaciones Exteriores del Senado
de los Estados Unidos, después de un estudio completo, informó "que las islas de
Roatán, Bonacca, Utila, etc., en y cerca de la bahía de Honduras, constituyen parte
del territorio de la república de Honduras, y por lo tanto forman parte de América
Central; y, en consecuencia, que cualquier ocupación de estas islas por Gran Bretaña
es una violación del tratado del 5 de julio de 1850". Estaba originándose un conflicto
diplomático que se extendió en el tiempo.

115
El representante estadounidense en Nicaragua, Solon Borland, consideró que se
había incumplido el tratado y abogó abiertamente por la anexión estadounidense de
Nicaragua y el resto de América Central, por lo que se vio obligado a dimitir. En
1853, los edificios de la Accessory Transit Company, propiedad de Estados Unidos,
en Greytown fueron saqueados y destruidos por los lugareños. En 1854, un capitán
de un barco de vapor estadounidense mató a un criollo de Greytown, y Borland,
que había permanecido en Greytown después de su dimisión, detuvo el arresto por
asesinato amenazando al alguacil y a sus hombres con un rifle, argumentando que
no tenían poder para arrestar a un ciudadano estadounidense. Aunque no ocupaba
ningún cargo, Borland ordenó a 50 pasajeros estadounidenses con destino a Nueva
York que permanecieran en tierra y "protegieran los intereses estadounidenses"
mientras él navegaba hacia Estados Unidos en busca de ayuda.

En un ejemplo de diplomacia de cañonero, los estadounidenses enviaron la balandra


de guerra USS Cyane y exigieron 24.000 dólares en daños, una disculpa y una
promesa de buena conducta en el futuro. Cuando no se cumplieron los términos, la
tripulación bombardeó Greytown, luego desembarcó y quemó la ciudad hasta los
cimientos. Los daños fueron cuantiosos, pero no hubo muertos. Con su atención
centrada en la Guerra de Crimea en curso y la firme oposición de los empresarios
mercantiles ingleses a una guerra contra los Estados Unidos, el gobierno británico
se limitó a protestar y exigió una disculpa que nunca fue recibida.

En 1859, la opinión británica ya no apoyaba la presencia de su nación en la Costa


de Mosquitos. El gobierno británico devolvió las islas de la Bahía y cedió la parte
norte de la Costa de Mosquitos a Honduras por el Tratado de Comayagua,
negociando con Guatemala la ampliación del territorio británico en Belice como
compensación. Al año siguiente, el 28 de enero de 1860, se firmó el Tratado de
Managua entre Nicaragua y el Reino Unido, por lo cual este renunció a su
protectorado misquito y reconoció la soberanía de Nicaragua; mientras que
Nicaragua reconoció los derechos de autonomía de los misquitos. Así el Reino
Mosquito se convirtió en la "Reserva Mosquitia". A cambio de la entrega de
posesiones inglesas a Nicaragua y Honduras, Estados Unidos permitía al Reino
Unido total libertad de acción en su colonia conocida como Honduras británica
(actual Belice).

116
Un año después de firmado el Tratado de Managua, en Bluefields se reunieron 51
Witas (alcaldes) y aprobaron la Constitución de la Reserva, inspirada por el cónsul
británico y que establecía de manera general, leyes británicos. El rey misquito Jorge
Augusto Federico aceptó el Tratado de Managua con la condición de que
conservara su autoridad local y recibiera una subvención anual de 1000 £(libras
esterlinas) hasta 1870. A su muerte en 1864, Nicaragua se negó a reconocer a su
sucesor, William Henry Clarence. Sin embargo, la reserva siguió siendo gobernada
por un jefe electo, ayudado por un consejo administrativo que se reunía en
Bluefields; y los miskitos negaron que la soberanía de Nicaragua connotara derecho
alguno a interferir en sus asuntos internos. La cuestión fue remitida para arbitraje
al Emperador de Austria, Francisco José I, cuyo laudo, publicado el 2 de julio de
1881, confirmó el argumento de los habitantes nativos y afirmó que la soberanía de
Nicaragua estaba limitada por el derecho de autodeterminación del gobierno de la
reserva. Por lo que la soberanía de Nicaragua en ese territorio fue en realidad una
formalidad hasta el año 1894.

A principios de 1894 durante el gobierno de José Santos Zelaya, en una operación


efectuada por Rigoberto Cabezas, Nicaragua invadió la Reserva Mosquito, ocupó
Bluefields y depuso al príncipe Robert Henry Clarence, su jefe hereditario, el 12 de
febrero de 1894, solo para ser forzada a salir en julio por una intervención británica
y estadounidense. Después de que las fuerzas británicas se retiraron, estalló un
motín en la ciudad de Bluefields, lo que llevó a una segunda invasión nicaragüense.
En agosto, 11 súbditos británicos y 2 súbditos estadounidenses fueron arrestados
por participar en el motín y enviados a Managua para ser juzgados. Las tropas
nicaragüenses permanecieron y comenzaron el proceso de reincorporación política
del territorio Mosquito. La Reserva Mosquito pasó a ser incorporada formalmente
a la de la República de Nicaragua. La antigua Costa Mosquito pasó a ser un
departamento nicaragüense con el nombre de Departamento de Zelaya.
Cuando Nicaragua se negó a pagar a Gran Bretaña una indemnización por la
anexión de la Reserva Mosquito, los británicos respondieron ocupando el puerto
nicaragüense de Corinto en el Pacífico el 27 de abril de 1895. Finalmente, los
británicos se marcharon después de recibir indemnizaciones del gobierno
nicaragüense La actitud agresiva de Zelaya había sus frutos, y el Reino Unido, que
probablemente no quería ir a la guerra por esta tierra lejana, acabó reconociendo la
toma nicaragüense del área por medio del Tratado Altamirano-Harrison en 1905,

117
a cambio de garantizar a los nativos exención de impuestos y del servicio militar y
garantizarles vivir en sus aldeas y territorios ancestrales según sus costumbres
propias.

Los intentos de decidir la soberanía entre Honduras y Nicaragua sobre la ribera


norte del río Coco, que divide en dos el Cabo Gracias a Dios, comenzaron en 1869,
pero no se resolverían hasta noventa y un años después, cuando la Corte
Internacional de Justicia falló a favor de Honduras en 1960. Colombia, durante
muchos años, hizo a Nicaragua reclamaciones territoriales por la Mosquitia. Ambas
naciones se pusieron de acuerdo recién en 1928 mediante un tratado, por el cual
Colombia reconocía la posesión nicaragüense sobre la Costa de Mosquitos y, a su
vez, Nicaragua le otorgaba reconocimiento soberano a Colombia sobre el
Archipiélago de San Andrés y Providencia.

La Nación Misquita fue regida por los reyes misquitos, y después los jefes
hereditarios, cuya sucesión histórica es la siguiente:

Reyes Misquitos
❖ Oldman 1625-1687 Rey de Mosquitia
❖ Jeremías I 1687-1718
❖ Jeremías II 1718-1729
❖ Pedro I 1729-1739
❖ Eduardo I 1739-1755
❖ Jorge I 1755-1776
❖ Jorge II 1776-1801
❖ Jorge Federico Augusto I 1801-1824
❖ Roberto Carlos Federico 1824-1842
❖ Jorge Augusto Federico de Mosquitia 1842-1865
Jefes hereditarios
❖ 1865–1879 — William Henry Clarence, Jefe Hereditario de los Misquitos
❖ 1879–1888 — S.E. George William Albert Hendy, Jefe Hereditario de los Misquitos
❖ 1888–1889 — S.E. Andrew Hendy, Jefe Hereditario de los Misquitos
❖ 1889–1890 — S.E. Jonathan Charles Frederick, Jefe Hereditario de los Misquitos
❖ 1890–1908 — S.E. Robert Henry Clarence, Jefe Hereditario de los Misquitos (último Rey Misquito)
❖ 1908–1928 — Robert Frederick, Heredero Regente del Reino de la Mosquitia.

118
119
Costa de los Mosquitos, Honduras – 1934. Dos niños misquitos junto a don Juan Ruddock, sus hijas Margaret y Cornelia y don
Alfredo Hockings, sentado a la par de hija Alfredita Hockings.
14
AVANCEMOS
‘‘Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo:
Levántate y come, porque largo camino te resta.’’
1 Reyes 19:7
Después de 10 años en la obra del Señor en Centroamérica, los Ruddock habían
aprendido muchas cosas. No solamente en lo espiritual, sino también en lo material.
Doña Nettie utilizaba sus conocimientos de medicina para atender a muchas
mujeres y sus niños con lo que se ganaba la confianza de ellos y así predicarles el
evangelio del Señor Jesucristo. Don Juan Ruddock por su parte había aprendido a
utilizar el machete para cortar el zacate en el patio de su casa o para cortar leña y
frutas de las matas de plátano.
Sus vidas habían cambiado radicalmente desde que habían salido de las ruidosas
calles de Los Ángeles, California en los Estados Unidos a las pacificas costas de
Honduras en Trujillo. En muchas ocasiones don Juan Ruddock salía a visitar
personas por las tardes para conversar con ellas y hablarles del Señor Jesucristo.
Su español aun no era perfecto, pero era claro y colorido. Había aprendido bien las
frases que los latinos utilizaban con frecuencia y sus significados.
Podía saludar a la manera nativa de los hondureños, cuando pasaba cerca de él
diciendo ‘‘Jo, don Juan’’ a lo que él respondía ‘‘hoy, Manuel’’. Lo más fascinante para
don Juan Ruddock eran las historias que los pescadores solían contarle, cuando se
detenía a platicar con alguno de ellos a la orilla del mar mientras, limpiaban sus
pescado o preparaban su canoa para salir a pescar por las noches. Don Juan
Ruddock, a penas y podía imaginar, todo lo que aquellos hombres le decían sobre
sus aventuras en el mar. Don Juan Ruddock solía escuchar con admiración y su
buen humor hacía que estar cerca de él fuera muy atractivo, al punto de tener muy
cerca, en poco tiempo a más de algún niño que se reía cuando sorpresivamente le
tocaba la nariz o lo levantaba por los aires. En su interior, don Juan Ruddock seguía
siendo un niño, un niño irlandés que aun soñaba y jugaba como un niño alegre y
despreocupado. Pero con la única diferencia que su visión era construir por encima

120
de las estrellas algo que perdurara por la eternidad. Su meta era llevar muchas
almas a la gloria eterna y en esa misión había dedicado toda su vida.
Don Juan Ruddock siempre fue alguien dinámico, inquieto y divertido. En cambio,
sus palabras eran pocas, pero profundas y llenas de un peso eterno, tanto que aun
los ancianos las escuchaban con respeto.
La brisa del mar solía hacerle pensar por las tardes, de veces en cuando. Se detenía
delante del mar para ver como las olas barrían una y otra vez la arena blanca de la
playa y entonces pensaba en la brevedad de la vida y lo inmenso de la eternidad. Y
pedía a Dios ayuda en el trabajo que él y su familia estaban realizando en Honduras
para ganar almas para Cristo y fortalecer la fe de los Hermanos.
En 1938 la obra del Señor Jesucristo en Honduras había crecido mucho más desde
la llegada de los hermanos Juan y Nettie Ruddock, especialmente en las costas
norte. Cada año había más hondureños que aceptaban al Señor Jesucristo y querían
obedecerle y servirle. Ese año la revista Ecos de Servicio reporto lo siguiente:

América. — El Sr. Ruddock, de Honduras, bautizó recientemente a dos


creyentes; el Señor está bendiciendo grandemente la obra en Tela.

Pero era claro para don Juan Ruddock que la tarea era demasiada grande para ellos,
por lo que Dios contesto es una de sus oraciones más fervientes ese año, la llegada
de una nueva pareja misionera. Dios movería el corazón de los misioneros Santiago
y Olivia Scollon, quienes al igual que ellos habían venido desde los Estados Unidos
a Centroamérica. Y al igual que ellos, don Santiago y doña Olvia Scollon habían ido
primeramente a Guatemala. Pero al escuchar la gran necesidad de obreros en
Honduras decidieron venir y ver con sus propios ojos esa gran necesidad, no solo
material, sino también espiritual. Fue así como en 1938 los hermanos Santigo y
Olivia Scollon vendrían desde Detroit, Michigan a Honduras. Al venir, fueron
recibidos por don Juan y Nettie Ruddock quienes les ayudaron, al igual que don
Alfredo y doña Evelyn Hockings lo habían hecho con ellos, a familiarizarse con ese
nuevo país. Les mostraron el país viajando por los trenes de las bananeras a lo largo
de la costa. Visitaron a muchas personas, especialmente hermanos quienes les
permitieron conocer su estilo de vida y su fe sencilla pero firme. Don Santiago
Scollon pudo darse cuenta que verdaderamente Honduras era un país con grandes
oportunidades para predicar el Evangelio del Señor Jesucristo. Así que sin pensarlo

121
mucho, decidieron quedarse y radicarse en la ciudad costera de La Ceiba, en el
departamento de Atlántida. Así, don Alfredo Hockings estaría en San Pedro Sula
en Cortés, don Santiago Scollon en La Ceiba y don Juan Ruddock en Trujillo,
abarcando toda la costa norte de Honduras con el evangelio y la Sana Doctrina.
Durante ese año se dio el cierre de la Cuyamel Fruit Company, una de las empresas
bananeras más grandes que había en el país, lo cual afectaría también el ferrocarril
que don Juany doña Nettie utilizaban para movilizarse entre los campos bananeros
donde predicaban. Aquello se convirtió en un problema para ellos. Pero aun así
decidieron orar y esperar hasta saber que haría Dios con ellos. Con el tiempo, don
Juan y doña Nettie Ruddock tuvieron que mudarse también a Tela, donde
continuaron con su trabajo misionero. Pero por los momentos esperaban en la
voluntad de Dios. Don Juan Ruddock recuerda esos días en su siguiente relato
tomado del libro Iluminando Las Costas de los Mosquitos:

‘‘Sin embargo, con gusto habríamos entregado toda nuestra vida a esos queridos
caribes mientras estuvimos en Trujillo, pero las circunstancias no nos permitieron
quedarnos. El negocio bananero había sufrido un fracaso colosal. Una enfermedad
se coló y destruyó los cultivos, por lo que las empresas no pudieron continuar. Las
plantaciones bananeras en esa parte del país cerraron por completo. Eso significó
que... Todos los cristianos, y casi todos los hombres que vivían en los alrededores de
Trujillo, tuvieron que buscar trabajo en otro lugar. No había tren. Incluso
levantaron las vías. No había comunicación ni transporte; en aquel entonces, apenas
estaban poniendo en marcha las aerolíneas, pero eran muy caras, lo que impedía que
alguien como un misionero las usara con frecuencia. Así que todos se fueron de
Trujillo. Conté 60 creyentes que habían formado parte de nuestras vidas mientras
estuvimos allí, y todos se habían ido a otros lugares. Y debido a este éxodo, había una
gran necesidad en otra parte del país.

Después de mudarnos a Tela, volvimos a tener transporte para llevarnos a cualquier


parte, pero si nos hubiéramos quedado en Trujillo, nos habríamos quedado
confinados. Teníamos que caminar a cualquier parte. Caminar también es
maravilloso, pero cuando se trata de recorrer 96 kilómetros seguidos, es diferente. Así
que nos mudamos a la costa norte, a Tela. Después tuvimos mucho trabajo en Tela y
sus alrededores. Hasta entonces, había muy pocos otros lugares. Misioneros que
habían venido a ayudar, pero por esa época llegaron más. Ahora contábamos con la

122
ayuda de James Scollon y su esposa, d Detroit. Y, por supuesto, los propios cristianos
caribes siguieron adelante con gran éxito.

El hermano James Scollon y su esposa se unieron a nosotros en 1938 y se establecieron


en el puerto de La Ceiba, donde realizan una excelente obra para el Señor. El
transporte desde Trujillo a tantos lugares se convirtió en un problema para nosotros
cuando se levantó el ferrocarril, y nuestro único medio de transporte era mediante un
servicio de barco irregular o un avión ocasional. Nos sentimos muy preocupados por
esto y, tras mucha oración, nos sentimos impulsados a establecernos en Tela, donde
había una pequeña asamblea y los cristianos habían estado pidiendo ayuda.

Tela sería un pueblo desconocido e insignificante si no fuera por ser uno de los
principales puertos de exportación de banano. Cada año, miles y 241 miles de racimos
de esta deliciosa fruta se embarcan desde este puerto. Mientras vivíamos en Trujillo,
visitábamos Tela con frecuencia, al igual que el hermano Hockings. Los cristianos
habían construido un pequeño salón (iglesia); el arquitecto y constructor era un
querido hermano mayor que no sabía leer ni escribir, y que, antes de su conversión,
había sido un gran político y participaba a menudo en actividades revolucionarias.
Este salón ha sido ampliado dos veces en los últimos seis años.’’ (Colman, 1993)

Un dato importante de ese tiempo es el narrado por Don Manuel Hode Nasralla en
su testimonio:
En 1938, las fincas de banano se arruinaron por la Sigatoka y la enfermedad
de Panamá; la primera afectaba las hojas y la segunda, las ralees. Miles
quedaron sin trabajo y se fueron a otras partes del país. Mediante un arreglo
vergonzoso, la frutera entregó el ferrocarril al gobierno de Honduras, de
conformidad con la concesión que gozaba, y el gobierno, a continuación, se
lo vendió a la frutera por $ 500,000.00. Según el Dr. Nutter, la frutera lo
vendió a Colombia por $ 2, 000,000.00 (Nasralla, 1998).
En junio de 1938, don Juan Ruddock menciona el trabajo que el hermano Santiago
Scollon y él realizaban juntos. Estos es lo que don Juan Ruddock escribió:

Honduras J. Ruddock. (HONDURAS) 13 de junio.—Pasamos un buen rato


en la conferencia de Punto Rieles. Veintiún creyentes profesaron ser salvos y seis

123
fueron bautizados. Diez creyentes fueron restaurados al Señor; 250 asistieron a la
conferencia durante tres días. Las hermanas trabajaron arduamente para proveer
alimento a esta cantidad. Como no hay agua corriente en Punto Rieles, tuvieron que
acarrear toda el agua utilizada desde el río, que está bastante lejos. Sin embargo, fue
un servicio alegre, y todo se hizo con tanta buena disposición y alegría que fue un
verdadero gozo verlos. Un hermano de esa zona nos acompaña ahora y nos cuenta
que, desde la conferencia, cinco más han profesado ser salvos. La semana pasada
visité Olanchito con el Sr. Scollon. Fue un placer ver que a quienes profesaron ser
salvos hace unos meses les va bien. El cambio en sus vidas es tan marcado que no cabe
duda de su conversión. Varios de ellos desean ser bautizados.

Para 1938, don Juan y doña Nettie Ruddock, quienes permanecían aun en Trujillo,
lograron comprar un local donde se estableció formalmente una nueva Sala
Evangélica en Trujillo. Esto es lo que don Juan Ruddock escribió al respecto a la
revista Ecos de Servicio:

Honduras J. Ruddock. (TRUJILLO) 19 de agosto. —Hace dos semanas


pudimos comprar una casita en Río Cristales para usarla como salón. Hasta ahora,
le habíamos pedido a una de las creyentes de allí que usara su casa para las reuniones.
La afluencia de gente, especialmente en la escuela dominical, ha aumentado tanto que
se ha vuelto imposible que todos los niños asistan. El hombre al que se la compramos
está muy enfermo. El domingo pasado, cuando mi esposa lo visitó, le pidió que me
pidiera que fuera a verlo. El lunes por la mañana temprano fui a visitarlo. Estaba
preocupado por su alma y me dijo que no encontraba satisfacción ni seguridad en la
religión católica. Fue un gozo señalarle a Aquel que podía darle seguridad y
satisfacción. En ese mismo instante aceptó al Señor Jesús. Ayer lo visité y lo encontré
regocijándose al saber que sus pecados habían sido perdonados. En Jutiapa,
recientemente, una mujer, que ha sido la figura principal de la iglesia católica de allí,
fue salva. Siempre se ha opuesto al evangelio y su conversión ha sido una sorpresa
para todos. El periódico ha publicado que cambió de religión y se hizo evangelista, y
que la Virgen del Tránsito ha considerado oportuno castigarla de esta manera, y se
lo merece. ¡Sin duda, no es un castigo saber que los pecados han sido perdonados!
Oren por ella, pues sin duda pasará por muchas pruebas. El Hno. Scollon y su esposa
viven en La Ceiba. Han visto la mano del Señor bendiciéndolos allí y en los
alrededores. Su visita nos ha sido de gran ayuda, ya que ahora podemos dedicar más

124
tiempo a la población caribe. En Río Cristales vemos más interés cada semana, y
muchos, en la privacidad de sus hogares, leen las Escrituras.

Ese mismo año de 1938, la revista Ecos de Servicio informaría oficialmente de la


llegada a Honduras de los nuevos misioneros, Santiago y Olivia Scollon:

Honduras. —El señor y la señora James Scollon, recomendados desde


Central Hall, Detroit, están ahora trabajando en Honduras, con el señor
y la señora Ruddock.

A finales de ese mismo año de 1938, don Juan Ruddock escribió un reporte a la
revista Ecos de Servicio sobre uno de sus viajes a San Pedro Sula y algo del trabajo
que don Santiago Scollon realizaba a en La Ceiba:

Honduras, John Ruddock (TRUJILLO), 8 de noviembre. Acabo de


regresar de un viaje a San Pedro Sula y otros lugares en ruta. Fue un viaje feliz, ya
que encontré a los hermanos bien. En San Pedro Sula hubo varias cosas que me
desanimaron, pero mucho que animar. Tres creyentes se bautizaron y varios
profesaron ser salvos. En Zapotal, un pueblo a pocos kilómetros de San Pedro, seis
creyentes se bautizaron y algunos profesaron su conversión. Luego, en Tela, tres
creyentes se bautizaron y varios se han salvado allí recientemente. El Hno. Scollon
nos cuenta que dos hombres han profesado ser salvos en La Ceiba y que las reuniones
son alentadoras.

El año 1938 cerraría con buenas noticias por parte de don Juan Ruddock,
informando del bautismo de más creyentes. Esto es lo que escribió a la revista Ecos
de Servicio:

Estados Unidos.—El 25 de diciembre, el Sr. Ruddock (Honduras) tuvo


la alegría de bautizar a dos creyentes caribes, ambos salvos desde hace
algún tiempo.

Por su parte, el hermano Santiago Scollon informaría también lo siguiente a la


revista Ecos de Servicio a finales de 1938:

125
Honduras James Scollon. (LA CEIBA) 27 de diciembre.—Tuvimos el
privilegio de pasar nuestros primeros dos meses en Honduras con el Sr.
y la Sra. Ruddock en Trujillo, y después de orar mucho pidiendo guía,
nos sentimos guiados a establecernos aquí en La Ceiba. Este lugar había
sido visitado con frecuencia tanto por el Sr. Ruddock como por el Sr.
Hockings, y todos sentíamos la necesidad de que alguien estuviera aquí.
Hemos encontrado muchas puertas abiertas y plena libertad para la
predicación del evangelio, y Dios está obrando y salvando algunas
almas. Ahora somos dieciséis en la congregación; el Señor ha añadido
algunos desde que llegamos aquí hace unos ocho meses. Durante la
actual temporada de lluvias, hemos sufrido inundaciones, y las vías del
ferrocarril y los puentes han sido arrasados, cortando los medios de
transporte, por lo que hemos estado visitando más de puerta en puerta.
Les pedimos sus oraciones por la semilla sembrada. (Scollon,
AMERICA, 1939).

Era maravilloso ver como el Señor añadía cada día los que habían de ser salvos,
como lo dice la Palabra del Señor. Muchas personas en diferentes parte,
especialmente en los campos bananeros, decidían aceptar al Señor Jesucristo y
bautizarse. Luego, con mucho entusiasmo espiritual decidían predicar a sus familias
y alcanzarlos con la verdad del Evangelio. Para don Juan Ruddock era algo
asombroso, como Dios se movía entre su pueblo en esos días. En uno de sus reportes
misioneros, el hermano Santiago Scollon, quien trabajo muy cerca de don Juan
Ruddock en esos primeros años, describe como estaba la obra del Señor en
Honduras a finales de los años 30. Esto es lo que el hermano Santiago Scollon
escribió a la revista Ecos de Servicio en febrero de 1939:

James Scollon. (LA CEIBA) 11 de febrero —Nos regocijamos al ver a


algunos más profesar su fe en Cristo. Tuve algunas reuniones en Tela
después de principios de año, y la visita fue muy apreciada por los
santos. Los hermanos nativos de allí son activos en el Evangelio y están
extendiendo la mano a las plantaciones bananeras y a las aldeas
caribeñas de los alrededores, viendo algunos resultados. Satanás
también ha estado muy activo en esos lugares, y los cristianos a veces,
aunque no se sientan muy probados, siguen adelante. El mes pasado

126
también visité un lugar llamado Las Palmas. Al bajar del tren, solo
encontré una casa, que es la oficina de correos y la tienda. Caminé de
regreso por el bosque aproximadamente una milla y encontré el Salón
del Evangelio: un techo de paja sobre unos pocos postes y una pequeña
cabaña a cada lado. Uno no esperaría mucha gente para las reuniones
en tales condiciones, pero entre cincuenta y sesenta personas vinieron
a escuchar el Evangelio. Sus pequeñas chozas están escondidas entre los
bananos, y se ganan la vida vendiendo algunos plátanos a la Compañía
Frutícola y cultivando maíz, frijoles y algunas verduras para su propio
consumo. Aunque son muy pobres, son muy activos y dedicados a las
cosas de Dios. Mantienen un buen testimonio y están llevando el
evangelio a los distritos circundantes, y el Señor ha bendecido sus
esfuerzos salvando a algunos en una aldea caribeña a unos dieciséis
kilómetros de distancia. Los cristianos dejaban su trabajo por las tardes
para reunirse para las lecturas bíblicas, y pasamos un tiempo
provechoso con la Palabra. Durante la breve visita, dos de ellos
profesaron ser salvos. Hace dos semanas, fuimos a un lugar llamado
Olanchito, donde conocimos al Sr. y la Sra. Ruddock, y esa misma tarde
tuvimos una reunión a la orilla del río, después de la cual el Sr. Ruddock
bautizó a cinco. Un buen grupo se reunió para ver y escuchar
atentamente. Por la noche, tuvimos una reunión en casa de uno de los
cristianos, y mucho antes de la hora de la reunión, la sala ya estaba llena
de niños, así que los hermanos movieron un tabique temporal para dar
cabida a los adultos que asistieron. Algunos permanecieron de pie en la
puerta escuchando durante toda la reunión. Al final, una joven confesó
a Cristo. Hay unos doce salvos y bautizados que desean reunirse para
recordar al Señor. Agradecemos las oraciones fervientes del pueblo de
Dios por estos pequeños grupos, que buscan poner en práctica las
verdades que enseña la Palabra.

Ese mismo año de 1939, don Juan Ruddock escribió lo siguiente sobre la obra del
Señor en Honduras:

Honduras, John Ruddock (TRUJILLO), 18 de marzo.—La semana pasada


visité a algunos creyentes que han salido de aquí en busca de trabajo. Suelen vivir en

127
zonas apartadas, ya que, debido a las condiciones económicas actuales, les es imposible
encontrar trabajo en los pueblos. Dondequiera que iba, encontraba a los creyentes
buscando difundir la Buena Nueva, y como resultado, muchos de sus vecinos y amigos
estaban interesados en el evangelio.

Algunos meses después, el hermano Juan Ruddock escribió también sobre el interés
profundo que estos primeros cristianos hondureños tenían por la Palabra de Dios y
su deseo de conformarse a la enseñanza de la Sana Doctrina, esto es lo que don Juan
Ruddock escribió:

Honduras John Ruddock. (TRUJILLO) 30 de agosto.—La semana pasada


visité nuevamente el pueblo de Aguán. Dios bendijo nuestra visita y tuvimos el gozo
de ver a varios profesar su salvación. Entre ellos había tres mujeres. Alabamos al
Señor por ellas, ya que ha sido realmente difícil alcanzarlas con el evangelio.
Encontramos a quienes habían profesado su salvación en nuestra visita anterior,
prosperando para Dios con sencillez. Los creyentes nos hicieron muchas preguntas.
Una de ellas fue qué debían hacer si un creyente fallecía. Agradeceremos las oraciones
del pueblo de Dios por este pueblo.

Para entonces las pequeñas iglesias locales de las Salas Evangélicas en Honduras
habían aumentado a más de diez. Y aun que eran pequeñas en número, tenían un
ferviente deseo por predicar a Cristo, aun en medio de la oposición y las amenazas,
especialmente de muchos jerarcas religiosos que se veían descubiertos una vez que
las personas eran guiadas amorosamente por la Palabra de Dios a los brazos del
amoroso Salvador Jesucristo Sumado a esto el mundo entraría en un conflicto
bélico. Pues, ese mismo año de 1939 inicio la Segunda Guerra Mundial, la cual trajo
implicaciones nefastas para todos. Sin embargo, la fe de Juan y Nettie Ruddock
resistió aun en medio de este conflicto.

Al llegar el año de 1940 don Santiago Scollon escribió el siguiente reporte a la


revista Ecos de Servicio sobre el progreso del Evangelio en Honduras:

Honduras James Scollon. (TRUJILLO) 12 de febrero. —Nuestra


temporada de lluvias parece estar alargándose este año y está
dificultando las visitas a otros pueblos y aldeas, e incluso aquí las lluvias

128
han sido tan intensas que pocos han podido asistir a las reuniones. Hay
varias aldeas caribes más al norte de la costa, pero es necesario ir en
lancha y luego de una aldea a otra en canoa río arriba o a pie. El Sr.
Ruddock y yo hicimos el viaje el otoño pasado en canoa a vela, pero fue
un viaje muy peligroso. Nos sorprendió una fuerte tormenta y pasamos
tres días y tres noches en alta mar. Es una zona muy primitiva del país,
y la gente es muy sencilla. Parecen ansiosos por escuchar el evangelio.
El Señor está tratando con una familia árabe aquí en el pueblo. Durante
algún tiempo, la madre ha sido una fiel creyente y ha buscado guiar a
su familia a Cristo. Uno de los hijos fue de aquí a Jerusalén y desde
entonces ha sido salvo. El otoño pasado, una hija casada confesó estar
salva, pero el esposo se ha mantenido fiel a su religión. Debido a
algunos problemas familiares recientes, parece humilde y dispuesto a
escuchar. Oremos para que se salve. La hija menor también parece muy
preocupada.

Ese mismo año de 1940, don Juan y doña Nettie Ruddock, visitarían su familia en
los Estados Unidos. Y aprovecharon este viaje para visitar algunas Asambleas de
Hermanos e informar del trabajo que estaban realizando en Honduras y de la gran
necesidad que había aun de obreros. Su viaje naturalmente fue informado en la
revista Ecos de Servicio de esta manera:

El Sr. y la Sra. Ruddock, de Honduras, están de visita en EE. UU.

En su ausencia se llevarían a cabo una Conferencia General en la finca bananera de


Punta Rieles. En uno de sus reporte, el hermano Alfredo Hockings daría cuenta de
esta conferencia y además informaría a los lectores de la revista Ecos de Servicio la
ausencia momentánea de los hermanos Juan y Nettie Ruddock de esta manera:

HONDURAS Alfred Hockings. (SAN PEDRO SULA) 19 de abril. —En


las conferencias de Punta Rieles estuvieron presentes entre 300 y 400
creyentes. El Hno. Scollon estuvo con nosotros; es de gran ayuda y muy
servicial con la gente. El Señor lo está usando mucho en cada lugar.
Ahora está en Trujillo, mientras que el Hno. Ruddock está en Estados
Unidos. Nos faltan ayudantes aquí. Hay mucho que visitar entre las

129
asambleas, además de los nuevos campos y las oportunidades que
constantemente nos llaman. Acabamos de regresar del campamento
llamado Guaruma Tres. El supervisor de la Compañía Frutícola me
acaba de prometer que les proporcionará a los creyentes un salón para
el partimiento del pan y las reuniones de oración. Ha sido una gran
dificultad para ellos, ya que no pueden construir sus propios lugares en
los campamentos. Tuvimos el gozo de bautizar a cinco allí, y cuatro
más están esperando, pues deseamos más testimonio y pruebas. Por
favor, oren especialmente por este campamento. Este es el fruto del
testimonio de un hermano, que vino al Señor aquí hace no muchos años.

Eventualmente los hermanos Ruddock regresaron a Honduras para continuar con


la labor misionera, que más que nunca necesitaba más ayuda espiritual. Y cuando
llego el año de 194, don Juan Ruddock escribió el siguiente reporte a la revista Ecos
de Servicio para informar su trabajo pionero en el pueblo de Aguan, en el
departamento de Colón. Esto es lo es lo que don Juan Ruddock escribió:

AMÉRICA HONDURAS. John Ruddock (Trujillo). —Cuando visité el


pueblo de Aguán, tuve el gozo de bautizar a dos creyentes, un hombre y su hijo.
Fueron los primeros en recibir el Evangelio cuando fuimos a ese pueblo hace unos
años. Varios otros desean bautizarse y buscan reorganizar sus vidas. Tuvimos una
visita muy feliz. Fue una sorpresa encontrar a un zapatero y a su esposa viviendo en
Aguán. Solían vivir aquí en Trujillo. A través de uno de los cristianos de aquí, que
también es zapatero, escucharon el Evangelio. Después de mudarse a Aguán, un
creyente les habló de nuevo sobre el Evangelio y asistieron a las reuniones, como
resultado de lo cual ambos aceptaron al Señor Jesús.

También el hermano Santiago Scollon, escribió ese mismo año de 1941, un reporte
misionero a la revista Ecos de Servicio para informar del trabajo en La Ceiba con la
Escuela Dominical, el trabajo en la Mosquitia y la obra del Señor en general. Esto
es lo que don Santiago Scollon escribió:

James Scollon (La Ceiba). —Aquí vemos más interés en las reuniones y
varios niños asisten a la Escuela Dominical. Les pedimos que oren para
que muchos de ellos se salven. Nuestras oraciones se transformaron en

130
alabanza hace dos semanas cuando uno de nuestros creyentes más fieles
pudo asistir a la reunión por primera vez en casi un año. Había quedado
incapacitado por un accidente y todos nos alegramos de verlo salir de
nuevo. Hemos acogido en casa a una niña cristiana que ha sufrido un
declive de salud y se le ha ordenado reposo absoluto. Oren por ella. En
Tela, el Señor está bendiciendo su obra y se están salvando almas. Unos
doce han profesado en las últimas semanas. Su pequeño salón siempre
está lleno y muchos se quedan afuera escuchando. Les pedimos que oren
nuevamente por la necesitada Costa de Mosquitos, a unos 190
kilómetros de aquí, donde viven los indígenas caribes. Necesitan a
alguien que viva entre ellos y aprenda su dialecto. Solo podemos
visitarlos de vez en cuando. Allí no hay carreteras, y solo se puede llegar
a ellos en lancha motora por la costa.

La revista Ecos de Servicio informaría ese mismo año de 1941 sobre el crecimiento
que había en la obra del Señor en Honduras desde la llegada del hermano Alfredo
Hockings, Juan Ruddock y Santiago Scollon, de esta manera:

En Honduras se han formado trece asambleas desde que el señor


Hockings regresó a ese país hace algunos años, además de las asambleas
donde trabajan el señor Ruddock y la señor Scollon.

Para el año de 1942, la revista Ecos de Servicio escribió el siguiente reporte sobre
el trabajo del hermano Juan Ruddock en Honduras:

AMÉRICA.—En Honduras, el Sr. A. Hockings menciona un éxito


considerable al asistir a la obra que realizan el Sr. y la Sra. Ruddock
entre los indígenas y caribes. Esperan celebrar una gran conferencia en
marzo en Trujillo.

Ese mismo año, don Alfredo Hockings escribió también un reporte misionero a la
revista Ecos de Servicio, donde informaba de los frutos obtenidos en la viña del
Señor ese año de 1942. Entre ellos el bautismo de la hermana Florinda de Nasralla,
a quien los hermanos Ruddock habían llevado a los pies de Cristo algunos años
atrás. Además del bautismo de su hijo Manuel Nasralla, quien más adelante sería

131
una pieza fundamental en el progreso de la obra del Señor en Honduras. Esto es lo
que don Alfredo Hockings escribió:

HONDURAS. Alfred Hockings (San Pedro Sula). —La semana pasada


estuvimos en La Ceiba, donde los hermanos celebraron su conferencia
por primera vez. Nuestros hermanos Ruddock y Scollon con sus esposas
estaban allí, y obreros y creyentes de muchas partes. Tres fueron
bautizados y después fueron recibidos en la mesa del Señor. Un general
muy conocido en esta República, quien fue bautizado recientemente por
el Sr. Ruddock, estuvo presente con su esposa. Está dando un
espléndido testimonio y desea realizar algunos viajes evangelísticos con
el Sr. Ruddock. Una señora de Palestina también fue bautizada en
Trujillo y recibida en la comunión. Ella ha tenido mucha oposición de
su esposo, pero ahora él le ha dado permiso. Uno de sus hijos fue de
aquí a Jerusalén, su hogar, y ha sido bautizado allí y recibido en la
comunión. Ahora dos de sus hermanas han sido traídas a la reunión,
habiendo aceptado a Cristo. Una de ellas ha sido bautizada; Algunos de
ellos estuvieron en la conferencia. Oren por el padre, quien ahora asiste
a todas las reuniones y, creemos, está convencido.

Don Juan Ruddock escribió también el siguiente reporte a la revista Ecos de


Servicio en ese mismo año de 1942:

HONDURAS. John Ruddock (Trujillo).—Recientemente pasé cuatro días en


Olanchito, donde los cristianos se llevan bien. Una mujer recibió al Señor Jesús hace
poco y parece muy sincera. Escuchó el evangelio por primera vez mientras trabajaba
con su esposo en un campamento bananero, donde trabajan dos jóvenes creyentes de
Olanchito. Quedó impresionada y le habló a su esposo sobre su aceptación del Señor
Jesús. Él golpeó la pistola que llevaba en la cadera y dijo que su fe estaba en ella y
que no necesitaba más ayuda. Salió a trabajar más tarde y, pocas horas después, lo
trajeron a casa muerto con cinco balazos en el cuerpo. Un hombre, su enemigo, le
había disparado. La mujer quedó profundamente impresionada y no encontró
descanso hasta que puso su fe en Cristo.

132
Las Conferencia Generales eran a la sazón una buena oportunidad para instruir a
los hermanos recién convertidos, preparar nuevos predicadores, bautizar hermanos
y predicar el evangelio. Cada Conferencia General era muy anhelada y esperada por
todos los hermanos. Y para don Juan Ruddock y los otros misioneros era muy
hermoso ver a los hermanos juntos en armonía como lo dice la Palabra de Dios. Don
Juan Ruddock describió muy bien esa armonía y amor fraternal en uno de sus
reportes misioneros a la revista Ecos de Servicio ese mismo año de 1942, de la
siguiente manera:

HONDURAS. Sr. John Ruddock (Trujillo).—Aunque muchos creyentes no


pudieron asistir a la Conferencia en Las Sarrosas debido a las fuertes lluvias,
doscientos cincuenta estuvieron presentes. Se dedicó un tiempo muy útil y valioso a la
Palabra, siendo el ministerio práctico y refrescante. Las reuniones evangélicas
tuvieron buena asistencia y nueve personas profesaron ser salvas. Un creyente fue
bautizado. Debido a las lluvias, había lodo por todas partes y literalmente
caminamos a través de él hasta diez centímetros de profundidad durante los cinco
días que estuvimos allí. Quienes usábamos zapatos teníamos dificultad para
mantenerlos en pie debido a la naturaleza pegajosa del lodo, y no era raro ver a
alguien irse y dejar un zapato atrás. El dormitorio no era muy cómodo, ya que el
dormitorio era el pasillo, y los colchones de resortes estaban aserrados a través de
troncos de árboles que servían de asientos. El suelo del pasillo, a pesar de estar
húmedo, también sirvió de cama para muchos. Una hermana práctica volteó la mesa
de la plataforma y acostó a sus dos hijos allí, mientras usaba la funda de hule para
el colchón. A juzgar por el sonido de los cantos durante la noche, muchos ni siquiera
intentaron dormir. Noté que el hermano Hockings, después de dormir dos o tres horas
en su hamaca, se unió a los cantantes. Las incomodidades eran muchas, pero nada
podía empañar la alegría y la felicidad que llenaban los corazones de los creyentes y
se expresaban tan claramente en sus rostros sonrientes. Las únicas quejas que se
escuchaban eran las de los bebés y los pequeños, y debo admitir que a veces, cuando
todos unían sus llantos, parecía un concierto de gatos. Al mirar alrededor del salón
y ver a los diferentes grupos, algunos cantando los cánticos de Sion y otros hablando
de las cosas del Señor, nuestros corazones se llenaron de profunda gratitud por las
grandes obras que nuestro Dios había realizado. Para llegar a esta Conferencia
viajamos parte por mar, parte en tren, parte en mula y parte a pie. Estuvimos seis

133
días en este viaje. En casa, se podría recorrer la misma distancia en la misma
cantidad de horas.
Ahora no tenemos forma de salir de Trujillo en tren y el avión solo sale una vez por
semana a La Ceiba y es caro. Esto no solo interfiere con nuestros viajes, sino que
significa que la gente abandona el distrito y busca trabajo en otros lugares. Si
continúan abandonando esta zona y las aldeas caribes como lo han estado haciendo,
también podríamos considerar establecer nuestro centro donde podamos ser de mayor
utilidad para el Señor y su pueblo. Estamos muy preocupados por este asunto ante el
Señor y agradeceremos las oraciones del pueblo de Dios para que seamos guiados
correctamente. El otro día, de regreso a casa por Olanchito, descubrimos que dos
personas más se habían salvado.

Por más de 10 años, don Juan y doña Nettie y sus tres hijas habían vivido en Trujillo
predicando el evangelio del Señor Jesucristo, estableciendo iglesias locales y
discipulado a los nuevos cristianos. Pero desde sus condiciones materiales habían
cambiado desde que la Cuyamel Fruit Company había cerrado y por ende el
ferrocarril también. Así que después de resistir por cinco años en Trujillo y
habiendo orado al Señor, decidieron mudarse la ciudad de Tela, Atlántida. Donde
continuaron con su labor misionera. Siempre con la mira de alcanzar a los pueblos
más lejanos y olvidados de todos como los que vivían en las Costas de los
Mosquitos. Para el año 1943, don Juan Ruddock escribió su reporte misionero,
ahora desde su nuevo domicilio en Tela. Este es uno de sus reporte de ese año a la
revista Ecos de Servicio:

HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela). Recientemente tuvimos el privilegio de


bautizar a seis creyentes aquí. Nuestra hija, Margaret Jean, fue una de ellas. Esto
ha sido una verdadera alegría para nosotros. Es bueno ver crecer la asamblea. En
Progreso, tres creyentes se bautizaron hace unas semanas. La asamblea allí marcha
bien y los hermanos esperan construir pronto un salón. Visité Kilómetro Siete la
semana pasada. Como de costumbre, la reunión estuvo muy concurrida. Nos alegró
ver a la esposa de uno de los hermanos fieles de esa asamblea presente. Siempre se
había negado a asistir y no hablaba bien de los creyentes. Ahora parece que ha
cambiado de opinión y está ansiosa por ir. Todos hemos estado orando por ella
durante algún tiempo. Sería de gran ayuda para las mujeres de esa zona si fuera
salva, ya que era maestra de escuela antes de casarse y es una persona

134
excepcionalmente inteligente. Muchas mujeres de Kilómetro Siete ni siquiera saben
leer y necesitan ayuda. Un hermano de la asamblea ha estado evangelizando un
pequeño pueblo en la montaña, a unas dos horas a pie de Tela. Fui allí hace diez
días y encontré un público atento al Evangelio. La reunión que celebramos tuvo
buena asistencia y tres personas se declararon salvas. Varias más parecían
preocupadas. Espero volver pronto.

Ese mismo año de 1943 don Carlos Kramer, quien continuaba con su labor en
Guatemala escribió el siguiente reporte a la revista Ecos de Servicio, donde
menciona una buena acción de nuestro hermano Juan Ruddock al compartir con
otros la revista Contendor por la Fe escrita por el hermano Kramer. Esto es lo que
don Carlos Kramer escribió al respecto:

Carlos Kramer (Ciudad de Guatemala. — En una conferencia que


tuvimos recientemente, tres fueron bautizados en el río. Caminaron en
fila india por un sendero angosto hasta la empinada orilla del río. Las
mujeres encontraron asientos reservados en las rocas. Don José predicó
en uno de los dialectos indígenas. Otros cinco fueron bautizados en un
pueblo costero donde hay una asamblea creciente. Recientemente, un
misionero en Uruguay nos escribió: "Hay varios grupos de creyentes en
el interior donde no se forma ninguna asamblea y donde no hay un
ayudante experimentado, sin embargo, un trabajador de entrenamiento
bíblico me dijo que estaba sorprendido por el conocimiento de la verdad
divina que poseían algunos de estos creyentes. Cuando se les preguntó
dónde habían aprendido estas verdades, casi todos dijeron: "Del
Contender Par la Fe". Un general en Honduras nos escribió y nos dijo
que se convirtió profundamente a través de la lectura de nuestro
periódico, del cual el Sr. Ruddock le había entregado varias copias.

Ese mismo año de 1943 don Juan Ruddock escribió el siguiente reporte a la revista
Ecos de Servicio:

HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela). — Durante los intervalos entre reuniones


en una conferencia reciente, fue interesante escuchar a algunos hombres contar cómo
Dios los había alcanzado y salvado. Escuché a un hermano decir que había recibido

135
un Evangelio de Juan de un creyente caribeño del distrito de Trujillo. Después de
leer un poco, decidió que no le interesaba y lo dejó a un lado. Sin embargo, mientras
trabajaba, se sintió obligado a leer un poco más. Continuó leyendo y pronto se alarmó
por su condición de pecador. Poco después, mientras hacía negocios con un hombre,
descubrió en el transcurso de una conversación que era creyente. Al enterarse,
inmediatamente comenzó a hacer preguntas. El hermano prometió visitarlo en su
casa y contarle más sobre el Evangelio. Llegó el día, pero desafortunadamente, el
hermano no pudo cumplir su promesa. El hombre, angustiado, lo esperaba
ansiosamente. Dijo que no podía conformarse y no dejaba de caminar de un lado a
otro deseando que el hermano viniera. Pasaron unos días antes de que el creyente
pudiera visitarlo. ¡Pero qué gran visita fue cuando finalmente llegó! Para entonces,
el hombre inconverso era un alma sedienta, anhelando las Palabras de Vida. El
resultado de la visita fue su completa salvación y, desde entonces, ha seguido adelante
con gran entusiasmo para Dios. También supe de otros dos que se salvaron gracias
a la lectura de la Guía del Viajero.

También de don Juan Ruddock ese mismo año de 1943:

HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela). La conferencia en Santa Rita ya terminó.


Como de costumbre, contó con una buena asistencia. Se sirvieron más de setecientas
comidas diarias a quienes vinieron de lugares lejanos. Muchos que no podían pagar
el pasaje de tren caminaron hasta cuarenta y ocho kilómetros para asistir. Cinco
creyentes se bautizaron el Domingo del Señor y al menos diez profesaron aceptar a
Cristo como su Salvador. Aquí en Tela, hemos visto la mano del Señor
bendiciéndolos recientemente. Dos hijas de un hermano y una hermana, que se
bautizaron al mismo tiempo que nuestra hija Margaret Jean, recibieron al Señor
Jesús. Hace dos semanas, una pareja bajó de un pueblo de la montaña para contarnos
que habían aceptado a Cristo. Hace cinco semanas, un hombre árabe aceptó a Cristo
en el salón, y hace dos semanas, una mujer, que había escuchado el Evangelio durante
tres años y se había resistido a él, se derrumbó y recibió al Señor Jesús.

Ese mismo año de 1943 don Juan Ruddock escribió el siguiente reporte a la revista
Ecos de Servicio:

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Sr. J. Scollon (La Ceiba). — Nos ha animado ver a algunos jóvenes salvos y a
tres jóvenes bautizados recientemente. Sin embargo, nuestra pequeña congregación
parece no crecer, ya que los cristianos siempre buscan trabajo. Teníamos la esperanza
de que estos jóvenes estuvieran con nosotros y ayudaran en la obra, pero dos ya se han
ido a Panamá a trabajar y otros dos planean seguirnos pronto. Únanse a nosotros
en oración para que el Señor guarde a estos jóvenes y los use en los lugares donde
están dispersos. También ha habido algunas bendiciones en Danto y algunas mujeres
caribes han profesado la salvación. Las mujeres caribes son muy difíciles de alcanzar,
ya que muchas no hablan español, así que alabamos al Señor por ellas y confiamos en
que serán usadas para alcanzar a su propia gente.

Casi a final del año 1943 la revista Ecos de Servicio informaría de los avances en la
obra del Señor en Honduras de la siguiente manera:

América. — En San Pedro Sula, Honduras, el Sr. A. Hockings habla de


un joven prometedor, bautizado hace tres años, que se une a él en la
obra pionera. El Sr. J. Ruddock ha estado visitando regularmente
Kilómetro Siete. En una conferencia reciente, doce creyentes se
bautizaron allí y hubo varias profesiones de fe. En una de las aldeas, la
Sra. Ruddock guía a la maestra de escuela hacia el Señor.

Ese mismo año de 1944 don Juan Ruddock escribió el siguiente reporte a la revista
Ecos de Servicio:

América. —En Tela, Honduras, el Sr. J. Ruddock habla del gran aliento que
recibió a finales del año pasado. Diez personas han declarado su conversión, y el hijo
de un matrimonio que se bautizó a principios de año también se ha salvado. Ha
habido varios bautismos, entre ellos el de dos hermanas mayores del joven
mencionado.

Cuando llego el año 1944, el mundo estaba aún envuelto en una Guerra Mundial
que sería atroz para muchos. Y en Honduras la obra del Señor se vería naturalmente
afectada por ella, aun y cuando las batallas se libraban más allá de las cálidas costas
de Honduras. Uno de los principales dificultades era la comunicación y la poca
ayuda económica y material que los misioneros podían recibir en esos años de

137
conflicto bélico. Para don Juan y doña Nettie Ruddock no fue la excepción. La
guerra trajo consigo momentos de prueba para ellos. Pero a pesar de todo la obra
del Señor en Honduras no se detuvo y la fe de don Juan y doña Nettie Ruddock hizo
frente a cada tormenta. Ese año de 1944, don Alfredo Hockings escribió lo siguiente
sobre la obra del Señor en Honduras:

HONDURAS. Sr. A. Hockings (San Pedro Sula).—Permítanme


contarles sobre una conferencia que acabamos de celebrar en un
pequeño pueblo a nueve millas de aquí. Los creyentes vinieron de
muchos kilómetros a la redonda; algunos de unos sesenta kilómetros a
pie. Viajaron temprano por la mañana y por la noche para evitar el calor
insoportable del día; 36 grados a la sombra. Un hombre con una pierna
de palo bajó de las montañas y regresó de nuevo sobre un pie y su
bastón, con su equipaje a la espalda. ¡Cincuenta y tres millas de ida y
vuelta! Luego insistió en ayudar a servir las mesas. Cómo fue tan rápido,
y a veces más rápido que los demás, cargando tres platos de sopa y su
muleta, es un milagro para mí. Pero su amor por el Señor y su pueblo
era natural porque es uno del pequeño rebaño. Cinco de estas nuevas
criaturas en Cristo dieron testimonio descendiendo a las aguas del
bautismo. Otros cuatro dieron testimonio de haber entrado en el
rebaño. Muchos otros pidieron luz y guía. Los fríos dejaron el fuego del
mundo y se calentaron de nuevo con el calor de su amor. Teníamos ollas
de todo tipo. Bidones de gasolina, barriles de gasolina partidos por la
mitad para la sopa. Grandes cubos y ropa para lavar la carne, las
verduras, el café, etc. Grandes piedras para las estufas, tapas de barriles
de gasolina para tostar las tortillas de maíz. Los asientos del salón eran
simplemente árboles cortados por la mitad a lo largo y colocados sobre
púas hechas de ramas, clavadas profundamente en la tierra. Como eran
de corcho, eran ligeros. Un armonio muy antiguo tocaba la música para
mantenernos cerca de la melodía. Nuestro gran lujo eran platos y tazas
esmaltados, y cada persona tenía una cuchara bastante desgastada y a
veces oxidada. Por supuesto, todo estaba cortado, ¿qué más se puede
pedir? La ensalada se puso encima de la sopa. Solo se necesitaba un
plato y todo se come igual. ¿Pero estábamos contentos? Bueno, todos
esperan con ilusión otro momento feliz en la próxima conferencia

138
dentro de unas seis semanas en un pueblo más lejano. Oren por
nosotros, ¿quieren? Todos lo necesitamos. Los principales oradores de
esta conferencia fueron los misioneros. Nuestros amigos Ruddock y su
esposa, y el Sr. Scollon, estuvieron presentes, y también asistieron
varios obreros nativos. Nuestros dormitorios eran variados. Los
misioneros tenían un pasillo al aire libre y camas de lona. Algunos
dormían bajo los árboles en hamacas, otros en el suelo de barro de las
chozas con techo de paja, otros bajo el techo de paja. Otros en los
bancos del salón. Algunos sobre pieles de vaca secas sobre el suelo de
barro. En los bambúes, las hamacas estaban por todas partes. Los
pájaros dorados, los periquitos y los loros nos despertaron. Una
hermosa luz de luna. ¿Qué más podíamos tener?

Doña Nettie Ruddock junto algunas hermanas en la Sala Evangélica de Tela

Cuadros de amor fraternal como este eran muy comunes en esos días de estreches
y pobreza material, pero de abundante riqueza espiritual. Para don Juan Ruddock
aquello parecía un hermoso sueño. Era el fruto de su labor y la de todos los
hermanos de Honduras. La obra del Señor crecía y eso era lo importante.

139
También el hermano Santiago Scollon escribiría una carta a la revista Ecos de
Servicio ese mismo año de 1944 informando lo siguiente

Honduras James Scollon La Ceiba).—16 de febrero de 1944. Tenemos


un joven árabe, bautizado hace dos años, que se lleva muy bien con los
niños de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y
otros dos hermanos que predican bien el Evangelio. Vemos que la obra
crece y que el Señor está levantando a algunos con el don de predicar
la Palabra. Lo que más nos está ayudando es que los ancianos de las
diferentes asambleas pequeñas se están convirtiendo en una escuela
aquí, pero ahora se han ido a la ciudad a trabajar, dejándola con tres
niños pequeños. Los dos mayores estaban anémicos, delgados y con
malaria, y como no tienen amigos ni familiares en esta región, nos
encargamos de alimentarlos mientras recibían tratamiento. Tras la
conversión de la madre, vino y se ofreció a revestir las barracas del
hospital, que necesitaban reparación, mostrando su disposición a
retribuir lo que se está haciendo por sus hijos. Una nueva forma de
empezar en el hospital es lo que, a falta de un nombre mejor, llamamos
"comedor de beneficencia". La carne fresca es escasa y costosa, pero
algunos de nuestros pacientes la necesitan con urgencia. Además, un
poco de carne apetitosa o sopa de carne ayuda a digerir una buena
porción de gran parte del alimento básico de nuestros nativos. Hemos
pedido que nos envíen carne dos veces por semana por tren, y con
cuidado, esto proporciona alimento y un apetitoso condimento a
nuestros pacientes más necesitados una vez al día durante cuatro días,
y con tomates, cacahuetes, etc., la olla se mantiene hirviendo los días
restantes. Aquí en La Ceiba, vemos más interés y tanto la reunión de las
Escuela Dominical como la de la evangelización tienen buena
asistencia. Casi todos los domingos por la noche, todos los asientos
están llenos, y necesitamos un salón más grande. Hasta ahora no hemos
podido encontrar un lugar adecuado para las reuniones. Por favor, oren
para que el Señor nos guíe en este asunto. Se están salvando algunas
almas: la esposa de cada uno de los jóvenes presentes en la congregación
profesó su salvación, y el domingo pasado por la noche, otra joven

140
profesó su salvación mientras un joven se ponía de pie y le pedía al
Señor que lo salvara, y otros parecían estar preocupados.

Y don Juan Ruddock escribió lo siguiente ese mismo año de 1944:

24 de marzo de 1944. La semana pasada fui a Trujillo y Aguán, acompañado


por la Sra. Ruddock y otro hermano joven. Tuvimos un buen viaje y vimos la
bondadosa mano del Señor con nosotros. No tenemos carretera a Trujillo y el avión
es mucho más seguro y rápido que las pequeñas lanchas que recorren la costa, así que,
en lugar de pasar trece horas en una navegación insegura, llegamos en treinta y cinco
minutos en avión. Al llegar, nos dijeron que un viejo amigo estadounidense, que ha
pasado la mayor parte de su vida aquí, estaba muy enfermo, pero que la única manera
de verlo era en lancha naval. El oficial naval amablemente nos hizo el favor, y
viajamos en lo que supongo que era una barcaza de desembarco, y luego nos llevaron
en un jeep a la casa, donde descubrimos que nuestro amigo había revivido por
primera vez en días, podía oír, hablar y nos reconoció. Nos llevó un tiempo
comprenderlo y tuvimos un forcejeo para quitarle las hélices falsas en las que se
apoyaba. Leímos y oramos con él y cantamos el Salmo 23. Cantó el Salmo con
nosotros y dijo que era la primera vez en cincuenta años que lo oía cantar así. Le
hablamos con claridad, como si se tratara de alguien que pronto dejaría este mundo.
Mientras razonábamos con él, siempre decía: «Es razonable, y no sé por qué no
debería aceptar». Lo dejamos y fuimos a cenar, y luego tuvimos la oportunidad de
hablar con los muchos amigos que llegaron. Poco antes de irnos, el tío Ed, como lo
llamamos desde hace mucho tiempo, llamó a la Sra. Ruddock para que lo viera, y él
se derrumbó, lloró y dijo que sí había aceptado a Cristo y que ahora estaba seguro de
que todo estaba bien. Dijo que había sido el mejor día de su vida. Al regresar a
Trujillo en lancha, alabamos a Dios por habernos guiado de esa manera y pensamos
que bien valió la pena pagar una docena de billetes de avión para ver a esta alma
salvada.

Cuando llego el año de 1945 don Juan Ruddock escribió el siguiente reporte a la
revista Ecos de Servicio para informar sobre el creciente interés que las personas
tenían en conocer más de la Palabra del Señor en los diferentes lugares donde solían
ir a predicar. Esto es lo que don Juan Ruddock escribió:

141
HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela).—Un domingo por la noche, tuvimos la
alegría de ver a dos jóvenes aceptar a Cristo. Ambas son hijas de creyentes. La
reunión evangélica fue muy solemne y creo que escucharemos más resultados. Una
joven pareja que fue salva aquí regresó al interior con su familia. Desde entonces,
diez miembros de esa familia han sido salvos, y el domingo pasado, madre e hija, que
habían viajado desde Capulín hasta Tela, fueron bautizadas. Una maravillosa obra
de gracia se ha llevado a cabo en esa región montañosa y aún se salvan almas. Esta
anciana nos dijo que nunca se cansará de agradecer a Dios por el Evangelio y por
enviárselo a la montaña. Nos ha pedido que oremos por su esposo, quien no ha creído.
Él ahora está escuchando la lectura de las Escrituras, pero cuando uno de sus hijos,
que es salvo, le preguntó por su alma, señaló los árboles en la ladera de la montaña y
dijo que no tenía alma y que era como uno de esos árboles. Al principio, su hijo mayor
se resintió de la predicación del Evangelio y no quiso escuchar, pero un día llegó a la
casa y, con su rudeza, pues es un auténtico hombre de montaña y habla con una voz
que es como un rugido, le pidió a un hermano que le prestara su Biblia. El hermano
lo hizo con gusto y se fue con ella al corazón de la montaña. Durante dos días no
supieron nada de él, y un día, mientras estaban sentados fuera de la pequeña cabaña,
oyeron su potente voz riendo y hablando mientras venía por el sendero de la montaña.
En cuanto los vio, saludó con la mano y gritó algo, pero no pudieron entenderlo. Sin
embargo, al acercarse, vieron que les mostraba la Biblia y la aplaudía, y entonces
comprendieron que les decía desde lejos que había recibido a Cristo. Cuando se acercó
al grupo, dijo: «Ahora lo veo, Jesús murió por mí». No conozco a este hombre, pero
entiendo que tiene un testimonio maravilloso. Su esposa también ha sido salva. Uno
de nuestros obreros locales visitará pronto este distrito y llevará Biblias, pues hay sed
de la Palabra de Dios. La Buena Nueva se está extendiendo por el distrito y otros
están siendo llevados a Cristo. Oren con nosotros para que esta obra de gracia
continúe. Madre e hija regresan mañana llenas de alegría y con mucho que contarle
a la familia. La anciana le dijo a mi esposa que tenía que ser salva para poder salir
de casa a visitarlos. Esta es la primera vez desde que se casó que sale de casa para
visitarlos, y ya tiene sesenta y tres años.

Ese mismo año de 1945 se llevaría a cabo una Conferencia más en Santa Rita la cual
fue descrita por don Juan Ruddock de esta manera:

142
HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela). —La Conferencia en Santa Rita fue
excelente. Me pareció que la reunión fue más numerosa que nunca. Se sirvieron más
de mil comidas diarias. Veinte creyentes siguieron al Señor en las aguas del bautismo
y varios profesaron ser salvos. Se ha establecido una nueva asamblea en Morazán.
El hermano Hockings visitó la ciudad después de la Conferencia y tuvo el gozo de
bautizar a tres creyentes. La nueva obra en el distrito de Capulín continúa con buen
ritmo. En nuestra última carta les contamos sobre la conversión del pastor. Asistió a
la Conferencia en Santa Rita y fue un gozo conocerlo y ver su felicidad en las cosas
del Señor. Ahora está tratando de obtener su certificado de nacimiento para casarse
con la mujer con la que vive, y luego dice que quiere seguir al Señor en el bautismo.
El padre parece estar impresionado por el cambio en la vida de su familia. Ahora los
escucha leer las Escrituras. Tuve el privilegio de visitar Salada, donde algunos
hermanos de La Ceiba habían estado celebrando reuniones y predicando el Evangelio
a más de ciento veinte trabajadores de la finca bananera. Parece haber un verdadero
interés, y el supervisor de la finca es muy favorable al Evangelio.

También el hermano Alfredo Hockings escribiría un reporte a la revista Ecos de


Servicio ese mismo año de 1945 en el que decía lo siguiente sobre la conferencia en
Tela y el bautismo de algunos creyentes ese año:

HONDURAS. Sr. A. Hockings (San Pedro Sula).—Nuestra conferencia


cerca de Tela fue todo un éxito. Un buen número se bautizó, y los
creyentes esperan con ilusión el próximo bautismo, que probablemente
se celebrará en septiembre. También tuvimos el placer de bautizar a
cuatro creyentes en las montañas, adonde solo podemos ir una vez al
año debido al sendero. Esta vez no tuvimos ningún accidente con las
mulas. El sendero se había excavado en algunos lugares muy peligrosos,
así que pudimos avanzar mejor. Es una gran alegría visitar a estos
"santos" de corazón tan cálido, tan alejados de pueblos y aldeas. Como
solo hay unas pocas casas cerca del lugar de reunión, los creyentes
tienen que recorrer un largo y difícil camino para llegar. Regresan de
noche, cada uno con su antorcha de ramas de pino encendidas, y parecen
luciérnagas en la noche, serpenteando por las laderas de las montañas.
El hombre de una sola pierna nunca falta, y parece muy feliz, pero vive
muy lejos de la sala de reuniones. Es maravilloso cómo sube y baja las

143
montañas con una sola pierna y una muleta sin resbalar, especialmente
en las noches lluviosas. En la cima de las montañas, sentimos cuatro
temblores muy fuertes y nos preguntamos si uno de los picos nos haría
volar por los aires. Era extraño ver las rocas, las colinas y los árboles
temblando como si tuvieran fiebre. Estábamos en nuestras hamacas
cuando llegó el primer temblor. La vieja casa de madera con cuevas de
madera hizo un crujido terrible, pero sabíamos que estaba bien. Estaba
atado con cuerdas de vid naturales y no era probable que se cayera, por
lo que simplemente sufrimos el temblor, rezando para que no sufriera
daños la ciudad que estaba tan abajo.

Sería muy difícil describir la alegría que don Juan Ruddock sentía al ver las
multitudes de creyentes reunidos en cada Conferencia General. Aún y cuando las
condiciones materiales no les permitían muchas comodidades, los hermanos se
movían de diferentes partes para escuchar la Palabra del Señor expuesta por los
hermanos. El trabajo para las hermanas en la cocina era mucho por supuesto, pero
todo se hacía de buena gana. Los hermanos preparaban con tiempo bancas de
madera improvisadas. construían chozas de manaca y caña brava donde los
hermanos pudieran colgar sus hamacas. Todo era hecho con amor. Esto se puede
ver en uno de esos reportes enviado por nuestro hermano Juan Ruddock a la revista
Ecos de Servicio en 1945:

Sr. J. Ruddock (Tela). —La Conferencia en Kilómetro Siete, del 13 al 15 de


julio, fue una de las más numerosas que se celebraron allí. Calculamos una asistencia
promedio de trescientas personas. El domingo, a la hora del almuerzo, servimos
comida a cuatrocientas cincuenta personas. Siete creyentes siguieron al Señor en las
aguas del bautismo, y una querida anciana, madre de un hermano en la congregación,
aceptó a Cristo como su Salvador. Muchos habían orado por ella durante mucho
tiempo, por lo que hubo regocijo al escuchar la buena nueva. Esta Conferencia fue
única, ya que dos de nuestros hermanos nativos fueron encomendados solemnemente
y con oración a la obra del Señor. Estos hermanos, durante años, han estado
trabajando con sus manos y sirviendo al Señor según la oportunidad han tenido, y se
han encomendado al pueblo de Dios por su testimonio fiel y constante. Sabemos que
valorarán las oraciones del pueblo de Dios.

144
También don Juan Ruddock escribió lo siguiente en 1945:

En Tela Honduras, en una conferencia reciente asistieron más de 400


creyentes y siete fueron bautizados (J. Ruddock).

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, ese mismo año de 1945, la hermana Nettie
Ruddock y sus hijas viajaron a Escocia, después de lo cual, don Juan Ruddock
regresó inmediatamente a Hondura, mientras ellas permanecieron algún tiempo en
Escocia. Este viaje se anunció así en la revista Ecos de Servicio:

Llega — Desde Honduras la Sra. J. Ruddock.


RUDDOCK, Sra. J. (Honduras), 125, Argyle Rd., Saltcoats, Ayrshire.

Después de esas vacaciones, don Juan Ruddock viajaría nuevamente a Escocia para
traer a su esposa y sus hijas. Esto también se informó en la revista Ecos de Servicio
de esta manera:

Desde Honduras el señor J. Ruddock.


RUDDOCK, Sr. y Sra. J. (Honduras), 125, Argyle Rd., Saltcoats,
Ayrshire.
Salidas. —Sr. y Sra. J. Ruddock hacia Honduras.

Fue durante ese año de 1946 que don Juan Ruddock hizo un viaje a Trujillo para
visitar a los hermanos que habían quedado ahí después de haberse mudado a Tela.
Esto es lo que se describe en el libro Iluminando las Costas de los Mosquitos:

‘‘En Honduras, hay un oído atento para el evangelio y los folletos, por lo general, son
bien recibidos. Al viajar en tren, la gente suele acercarse a nosotros para pedirnos
folletos. Muchos que no entran a los pasillos para escuchar el evangelio por miedo a
ser vistos, se quedan afuera durante toda la reunión escuchando lo que se dice. Los
siguientes son extractos de una carta que recibí recientemente de la Sra. Scollon,
quien nos cuenta sobre un viaje que ella y su esposo hicieron a Trujillo y a la aldea
caribe de Aguán.

145
“Tuvimos un buen viaje a Trujillo, aunque corto como siempre. Las reuniones fueron
muy buenas. Las celebramos en una habitación de la casa de los Hode, justo enfrente
de la prisión. Como los guardias querían asistir, trajeron a sus prisioneros. También
vinieron algunos soldados y otras personas del pueblo. Doña Florinda no sabe qué
hacer últimamente con su escuela dominical. Al principio era para los niños, luego
empezaron a venir algunas mujeres y ahora vienen algunos hombres, que recitan sus
versos con los niños. Uno es guardia de la prisión y dice que se ha salvado. Fuimos
a la aldea caribe de Aguán y tuvimos un viaje encantador. Lydia Clotter se bautizó,
al igual que su hermana, quien debía bautizarse el año pasado, pero lo pospuso porque
su esposo amenazó con abandonarla. Una noche, a medianoche, la echó de casa sin
ropa y la golpeó mucho, pero ella dice que incluso si la golpea, quería bautizarse.

El primer extracto muestra la necesidad de más obreros. Doña Florinda ha


continuado la escuela dominical en Río Cristales y Trujillo desde que nos fuimos de
allí a Tela. Debido a la cojera, no pudo ir a Río Cristales a la escuela dominical, así
que resolvió el problema invitando a los niños a su casa. Dios está usando a esta
hermana de una manera maravillosa para difundir el evangelio. Siete personas de
su propia casa han sido salvadas en los últimos seis o siete años. En la última carta
del hermano Scollon, recalcó la necesidad de más obreros en Honduras y preguntó si
alguno de los jóvenes parecía interesado. Oramos, y pedimos al pueblo del Señor que
también ore al Señor de la mies para que envíe obreros a su cosecha. Oremos también
para que el Señor ayude a quienes ya somos fieles en nuestro servicio a Él.

John Ruddock
Trujillo, República de Honduras,
Centroamérica
4 de noviembre de 1946 (Colman, 1993)

El siguiente año de 1947 don Alfredo Hockings, quien permanencia en San Pedro
Sula, escribió el siguiente reporte a la revista Ecos de Servicio:

Honduras Sr. A. Hockings (San Pedro Sula) 8 de febrero.—Acabamos


de regresar de un viaje a varios pueblos y aldeas donde hay pequeñas
asambleas. Tuvimos la alegría de recordar al Señor en Su mesa en un
nuevo campamento, donde la planta de Albaca se prepara para ser

146
convertida en la llamada cuerda de Manila. Debido a que los japoneses
están en Filipinas, esta planta tuvo que cultivarse aquí y las fibras
prensadas enviarse a los Estados Unidos para su acabado. Parece que
esto va a ser una industria permanente para Honduras. Ahora
exportamos caucho y quina, y aceites para todos los insecticidas,
obtenidos de hierbas y plantas. La misma compañía también realiza
negocios agrícolas a gran escala. Con arroz, frijoles, etc.; esto significa
más campamentos, ya que el comercio del banano se ha reactivado. Hay
varios campamentos grandes donde se cultiva la Albaca, todos con
nombres filipinos, como Bataan, Cebou, Mandinao, Lousanne, etc.;
Bataan es el centro donde se ubica la fábrica y cuenta con cuarenta casas
grandes o barracones. Cada barracón tiene habitaciones para seis
familias. Hay una docena de casas más pequeñas, cada una con
capacidad para dos familias, además de varias viviendas unifamiliares
donde viven los altos funcionarios. Como celebramos un servicio con
linterna esta vez, tuvimos mucha gente, pero incluso cuando no usamos
la linterna, la gente viene a escuchar la Palabra. El hermano Ruddock
también lo ha pasado bien allí, pero esta es la primera vez que tenemos
la alegría de partir el pan en este campamento.

En 1947 don Juan Ruddock viajó a los Estados Unidos y regresaría ese mismo año.
Esto también se informó a los hermano en la revista Ecos de Servicio de esta
manera:

Salidas. —Sr. J. Ruddock (de EE. UU.) Para Honduras

Para cuando llego el año de 1948 don Juan Ruddock escribió el siguiente reporte a
la revista Ecos de Servicio:

HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela). —13 de abril. Hace cuatro años, un


grupo de hermanas comenzó a orar por una joven pareja de este pueblo y los visitaba
de vez en cuando. Pronto se dieron cuenta de que las visitas no eran muy bien
recibidas, así que decidieron seguir orando. Sin embargo, una hermana dijo que les
gustaría regalarles una Biblia para que, aunque no asistieran a las reuniones,
pudieran leer las Escrituras. Supimos que la Biblia no se abrió hasta finales del año

147
pasado. Alrededor del mes de octubre, la esposa de este joven nos contó que, después
de que toda la familia se acostara, él comenzó a leer la Biblia y que noche tras noche
se interesaba más. Entonces le permitió asistir a las reuniones y, unas semanas
después, se unió a ella y envió a los niños a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de
los Últimos Días. Toda la asamblea comenzó entonces a orar por esta pareja y se
sintió animada al ver que no solo asistían a las reuniones evangélicas, sino también
a la Reunión de Oración y a la Reunión Ministerial. Se hicieron amigos de los
creyentes, y mi esposa y otras hermanas los visitaban de vez en cuando. Hace
aproximadamente un mes, mi esposa me sugirió una mañana que fuéramos a
visitarlos. Estaba muy preocupada por ellos ese día y volvió a mencionar por la tarde
que deberíamos ir a visitarlos pronto. Planeamos que, a mi regreso de Puerto Cortés,
los visitaríamos y, mientras tanto, seguiríamos orando. Pero Dios tenía otros planes
para esa misma noche que vinieron a visitarnos por primera vez, y en cuanto vimos
sus rostros supimos cuál era su misión. ¡Qué alegría fue guiarlos hacia Cristo! Están
pasando por un momento de verdadera prueba, pero están felices en el Señor. En
cuanto su madre supo que se había convertido en evangelista —como dicen aquí—,
lo visitó y lo insultó públicamente. Le ha prohibido visitar su casa y no lo visitará.
Su esposa nos contó que, al terminar de regañarla, él le dijo que lamentaba no poder
visitarla, pero que agradecía a Dios poder orarle para que le abriera el corazón y
salvara su alma como había hecho con la suya. Por favor, oren por ellos.

La revista Ecos de Servicio también publico en 1948 el siguiente reporte de nuestro


hermano Juan Ruddock:

En Tela, Honduras, el Sr. J. Ruddock habla del crecimiento de varias


asambleas rurales. Recientemente se celebró una conferencia con 200
creyentes.

En 1948 llego también a Honduras la señorita Alfredita Hockings, hija de don


Alfredo y doña Evelyn Hockings encomendada ahora como misionera
independiente de sus padres. Su labor misionera fue de gran ayuda en La Ceiba,
junto a los hermanos Olivia y Santiago Scollon quienes habían comenzado a
producir en su propia imprenta la revista cristiana VERDADES BIBLICAS en ese
mismo año de 1948. Esta revista fue tal vez la primera forma de propagar de manera
masiva el mensaje del Evangelio y de la Sana Doctrina. Don Santiago Scollon era

148
el editor de esta revista y la hermana Olivia Scollon y la señorita Hockings
colaboraban en la preparación de cada ejemplar impreso, doblado, grapado y
empaquetado. Eran enviados a todas las Asambleas de Honduras y a otros países
desde la solicitaran.

Un año después, es decir, en 1949, llegaría otra joven hermana irlandesa que
también deseaba servir al Señor en Honduras. Su propósito inicial era establecer un
orfanato, pero este proyecto no pudo concretarse debido a cuestiones legales con el
gobierno hondureño. Por tal razón, decidió trabajar junto a los hermanos Juan y
Nettie Ruddock en Tela, Atlántida. En el documento La Historia de la Obra
Evangélica a través de las Salas Evangélicas en Honduras se menciona este hecho de la
siguiente manera:

La Señorita Alfreda Hockings siguiendo el ejemplo de sus padres, sirvió


al Señor en Honduras radicada en La Ceiba. Le siguió en Mayo de 1949,
la Señorita Eva Johnston de Belfort Irlanda. Venía con la intención de
fundar un orfelinato, idea que no se cristalizó por varios motivos. La
Señorita Hockings decidió ayudar en la imprenta y en la obra en La
Ceiba, y la Señorita Johnston se quedó en Tela hasta su regreso a
Irlanda (Evangelico, Mayo de 2020)

Y casi al terminar la década de los años cuarenta don Juan Ruddock escribió este
pequeño reporte en 1949 a la revista Ecos de Servicio:

‘‘Doce creyentes fueron bautizados en el Día del Señor, varios de ellos mujeres
jóvenes, hijos de cristianos criados en la Escuela Dominical y salvos durante dos o
tres años.’’
(J. Ruddock).

Y también el siguiente reporte en 1949 de la revista Ecos de Servicio:

América. —En Tela, Honduras, el Sr. J. Ruddock habla de un cristiano


que estuvo preso allí durante tres días por una falsa acusación. Oró y
cantó alabanzas, y los presos lo escucharon; dos de ellos recibieron a

149
Cristo. Las autoridades descubrieron su error y lo liberaron, aunque él
habría estado dispuesto a quedarse tres días más.

Al terminar ese año de 1949, don Juan Ruddock y su familia viajaron a Los Ángeles,
California y estarían durante algún tiempo considerable en los Estados Unidos, lo
cual les permitió visitar muchas Asamblea de los Hermanos y agradecer
personalmente la ayuda brindada a lo largo de todos los años que habían servido en
Guatemala y Honduras. Esto se informaría en la revista Ecos de Servicio de esta
manera:

Cambios de domicilio. —Sr. J. Ruddock (Honduras), 1953, Calle


Chariton, Los Ángeles 34, California, EE. UU.

Desde los Estados Unidos, don Juan Ruddock escribió lo siguiente en 1949:

Sr. J. Ruddock, Honduras. —


"Solo unas palabras personales. Es difícil expresar cuánto nos han
animado las notas del Sr. Vine sobre Isaías 54 en su reciente carta. Su
mensaje parecía ser la voz de Dios hablándonos, y no solo hablándonos,
sino elevándonos por encima de las cosas pasajeras de esta vida."

La revista Ecos de Servicio también informo su ausencia de Honduras en ese año


1949 y su estadía en los Estados Unidos así:

El Sr. y la Sra. J. Ruddock (Honduras) trabajan temporalmente con


mexicanos en California. Su dirección es: 142, S. Vendome Street, Los
Ángeles A, California, EE. UU.

Los hermanos de Ecos de Servicio escribieron también la siguiente aclaración sobre


la visita de los hermanos Ruddock a las Asambleas de los Hermanos en los Estados
Unidos en 1949:

El Sr. J. Ruddock (de Honduras, pero ahora temporalmente en Los


Ángeles, 24 de julio) ha estado pasando su permiso trabajando entre los
mexicanos en Los Ángeles, donde varios han profesado su conversión.

150
Seis semanas antes, se inició la primera asamblea mexicana en esa
ciudad y 15 se sentaron a recordar al Señor. Más de 50 personas asisten
a la Santa Cena y la clase bíblica, y las reuniones de evangelización y
ministerio tienen una buena asistencia.

(El Sr. Ruddock parece estar actuando de una manera completamente


bíblica. Originalmente fue recomendado desde Los Ángeles y ahora ha
regresado allí. Después de lo que se llama su primer viaje misionero,
Pablo y Bernabé regresaron a Antioquía y permanecieron allí un largo
tiempo con los discípulos (Hechos 14:28). Después de una breve visita
a Jerusalén para una conferencia, en el camino aprovecharon la
oportunidad para contarles a las iglesias sobre su obra (Hechos 15:3),
regresaron de nuevo a Antioquía y continuaron allí, enseñando y
predicando la Palabra del Señor (Hechos 15:35), antes de considerar
nuevamente emprender un viaje.
¿No sería posible que más de nuestros hermanos y hermanas
practicaran esto? Creemos que sería para la bendición permanente de
quienes lo hacen, la asamblea que Los elogió a ellos y a la gente que
vivía en el distrito. —Eds.)

Eventualmente y después de haber visitado a los hermanos en Los Ángeles,


California, los Ruddock regresaron a Honduras el mismo año de 1949. Desde donde
don Juan Ruddock escribió lo siguiente:

‘‘Doce creyentes fueron bautizados en el Día del Señor, varios de ellos mujeres
jóvenes, hijos de cristianos criados en la Escuela Dominical y salvos durante dos o
tres años.’’
(J. Ruddock).

Ese mismo año de 1949 la revista Ecos de Servicio reportaría lo siguiente del
trabajo que don Juan y doña Nettie Ruddock continuaban realizando desde Tela:

América.—En Tela, Honduras, el Sr. J. Ruddock habla de un cristiano


que estuvo preso allí durante tres días por una falsa acusación. Oró y
cantó alabanzas, y los presos lo escucharon; dos de ellos recibieron a

151
Cristo. Las autoridades descubrieron su error y lo liberaron, aunque él
habría estado dispuesto a quedarse tres días más.

Al terminar esa década de los años cuarenta, la obra del Señor en Honduras sufriría
un duro golpe. El enemigo logró abrir una división entre los Hermanos de
Honduras, la cual se prolongaría por algunos años más. Esto golpeo duramente el
trabajo realizado por los misioneros y los obreros, especialmente en las Conferencia
Generales. Pero don Juan Ruddock se arrodillaba como solía hacerlo y pedía a Dios
la sanidad para todos los corazones heridos. Luego de orar se levantaba y decía:
Avancemos.

152
Don Juan, doña Nettie Ruddock y sus hijas Margareth y Cornelia Ruddock.

153
15
NIÑOS HONDUREÑOS
‘‘De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza,
A causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo.
Salmos 8:2
El trabajo que don Juan y doña Nettie Ruddock habían realizado entre los niños
hondureños, comenzaba a dar fruto después de algunos años. Estos fueron los
primeros niños que conocieron las Escuelas Dominicales en Honduras. Ahí
pudieron recibir el amor que muchas veces no recibían en sus casas. Eran vistos y
tomados en cuenta. Y don Juan Ruddock tenía una gracia especial para atraerlos y
hacer que conocieran al Señor.

Los niños hondureños eran tímidos, pero don Juan Ruddock siempre tenía alguna
cara chistosa con las que los hacia reír y así romper el hielo. Además, siempre traía
alguna cosa en sus bolsillos que compartía con los niños o los entretenía. Ya fuese
un globo, un confite o una moneda que hacía aparecer de las orejas de alguno de
ellos. Para don Juan Ruddock era fácil hacer reír a las personas, pero su especialidad
eran los niños.

Nettie Ruddock por su parte siempre se interesó por la salud de los niños. La
mayoría de ellos con problemas de desnutrición o con parásitos. Por lo que cada
año solía hacer una campaña de desparasitación entre los niños. Además, solía
atender algunas emergencias que se daban comúnmente entre los vecinos, como
heridas accidentales con machete, alguna quebradura o fiebres altas producto de la
malaria. Al llegar el año de 1950 don Juan Ruddock reporto a la revista Ecos de
Servicio el bautismo de algunos cristianos, los cuales eran en parte, jóvenes que
hijos de cristianos que se habían criado en la Escuela Dominical. Esto es lo que don
Juan Ruddock escribió:

154
América. — En Tela, Honduras, doce creyentes fueron bautizados la mañana del
Domingo, varias de ellas mujeres jóvenes, hijas de cristianos criados en la Escuela
Dominical y salvos durante dos o tres años (J. Ruddock).

Sin embargo y pasar de estas buenas noticias, también había cosas que la mentar en
la obra del Señor. Aun había oposición y adversidad para los hermanos de la Sana
Doctrina. Algunos de ellos incluso eran arrestados y encarcelados injustamente.
Don Juan Ruddock escribió sobre esto en un reporte a la revista Ecos de Servicio
ese mismo año de 1950:

América.—En Tela, Honduras, el Sr. J. Ruddock habla de un cristiano


que estuvo preso allí durante tres días por una falsa acusación. Oró y
cantó alabanzas, y los presos lo escucharon; dos de ellos recibieron a
Cristo. Las autoridades descubrieron su error y lo liberaron, aunque él
habría estado dispuesto a quedarse tres días más.

En 1950 llego al país el misionero Roberto Shedden y su esposa Jean. Jean era
sobrina de doña Nettie Ruddock por parte de madre. Fueron los Ruddock quienes
les hablaron a los Shedden de la obra en Honduras y ellos oraron al Señor para
saber si ese era el lugar donde ellos debían ir después de haber estado orando por
algún tiempo para salir a la obra. Después de la confirmación, don Roberto y doña
Juanita (como le llamaron los hondureños) llegaron a Honduras desde Escocia en
septiembre de 1950 y se radicaron inicialmente en Tegucigalpa, la capital del país.
Su labor en Honduras fue muy importante y valiosa. Además de providencial, pues
gracias a la ayuda espiritual que dio don Roberto Shedden y al amor fraternal que
mostro se logró sanar la división entre los Hermanos de Honduras.

Fue ese mismo año de 1950 que partiría a la presencia del Señor madre de nuestra
hermana Nettie Ruddock. Esto por supuesto fue una noticia triste para ella, sin
embargo, su carrera había concluido y Nettie Ruddock recibió la consolación del
Señor en esos momentos. El fallecimiento de su madre fue anunciado por medio de
una nota en la revista Beliver´s Magazine en Enero de 1951 de esta manera:

FALLECIMIENTOS - Sra. D. Baird, de Saltcoats, falleció el 14 de enero


a los 76 años. Participó en la asamblea en su adolescencia y desde

155
entonces está asociada con ella. Madre de la señora de John Ruddock y
abuela de la señora de Allister Shedden, de Honduras.( Beliver´s
Magazine – Enero de 1951) (RITCHIE, Enero de 1951)

El siguiente año de 1951 también llegaría desde Inglaterra a Honduras los


hermanos Jaime y Vera Pugmire, el 22 de agosto de 1951. Ellos se establecieron en
San Pedro Sula y fueron de gran apoyo para don Alfredo Hockings quien ya era
mayor y tenía muchas enfermedades. Su labor fue invaluable y permitió que la Sana
Doctrina de la Palabra de Dios se propagara por medio de la Radio. Don Jaime
Pugmire fue el creador del programa radial EN ESTO PENSAD y también LO
QUE LA BIBLIA ENSEÑA. Por mucho tiempo don Jaime Pugmire trabajaron
entre los jóvenes y comenzaron las Conferencias Juveniles donde permitían a los
jóvenes cristianos reunirse para ser instruidos de forma especial.

Ese mismo año de 1951, la salud de doña Avelina Hockings se vería muy afectada
debido a la disentería. Y su estado de salud fue debidamente anunciado a los lectores
de la revista Ecos de Servicio para que orasen por ella. La señorita E. Johnston,
quien fue muy cercana a los Hockings, informó a la revista Ecos de Servicio sobre
la salud de la hermana Avelina de la siguiente manera:

La señorita E. Johnston (que escribe desde San Pedro Sula, el 31 de


marzo) nos cuenta que se quedó con la señora Hockings después de la
Conferencia… tanto para ayudar con la limpieza como para visitar uno
o dos lugares con la señora Hockings. Sin embargo, esta última tuvo
que ir al médico para que le hicieran una radiografía y varios análisis.
Está muy anémica y, por lo tanto, es propensa a contraer enfermedades.
Tiene síntomas de disentería amebiana (Johnston, 3 de Marzo de 1951).

Para los misioneros como Alfredo Hocking, Juan Ruddock y Santiago Scollon, la
llegada de los nuevos refuerzo fue de mucho ánimo y aliento espiritual.
Especialmente al considerar que sus cuerpos se iban poco a poco desgastando en la
ardua tarea de predicar a Cristo en todo tiempo. En palabras de don Alfredo
Hockings podemos notar esa alegría y descanso por la llegada de don Roberto
Shedden y don Jaime Pugmire a Honduras:

156
‘‘El señor A. Hockings (San Pedro Sula, 13 de noviembre) escribe con
regocijo por la llegada de refuerzos. Dice que las oportunidades son
tremendas: 28,000 hombres trabajan en las plantaciones de banano y
nunca les falta un público de incrédulos. Desde Honduras se puede
viajar en automóvil a cada una de las seis repúblicas de América Central
y atravesarlas.’’ (Hockings, THE NEW "PRAYER LIST", 13 de Noviembre
de 1951)

También Don Alfredo Hockings informó del avance de la salud de su esposa


Evelyn:

Sr. A. Hockings (San Pedro Sula), 18 de abril.


La Sra. Hockings ha tenido que estar bajo el cuidado del médico
durante más de una semana; está mejorando, pero todavía está bajo
tratamiento. El Sr. y la Sra. Ruddock la llevaron a la capital en su
automóvil durante una semana, pero al regresar aquí estaba muy
enferma, con fiebre, etc. Ahora está cada vez más fuerte y esperamos
que el médico le dé hoy un tratamiento más fuerte. Hay mucha
enfermedad, pero el personal sanitario luchó mucho contra la
poliomielitis. (Hockings A. , THE NEW "PRAYER LIST", 18 de Abril
de 1952)

Un año después, es decir en 1952, llegó otra pareja de misioneros desde Canadá,
ellos fueron los hermanos Guillermo y Lina Tidsbury, quienes apoyaron las iglesias
establecidas a lo largo de las costas de Honduras. El libro ‘‘Turning the World Upside
Down’’ (Poniendo al Mundo de Cabeza) lo dice de esta manera:

El Sr. y la Sra. Tidsbury llegaron en 1952 y han ayudado en La Ceiba,


Puerto Cortés y El Progreso. El Sr. Tidsbury ha podido hacer una
cantidad considerable de trabajo evangelístico en estas áreas, llevando
a hermanos con él en un Land Rover (SERVICE, 1972).

Un año después, en 1953, la señorita Eva Johnston, quien había venido


encomendada a la obra en Honduras casi al mismo tiempo que la señorita Alfredita

157
Hockings desde Irlanda, escribió lo siguiente en uno de sus reportes misionero,
mencionando la intención por parte de los hermanos Juan y Nettie Ruddock de
comprar un terreno para establecer ahí una nueva Sala Evangélica:

Señorita E. Johnston (Tela).—13 de agosto. Llegué a La Ceiba el lunes


pasado por la noche, y D.V., la Srta. Hockings y yo esperamos visitar
por primera vez una de las islas del Caribe, frente a esta costa. Ambas
hemos sido invitadas desde hace unos cuatro años y por fin sentimos
que debemos aceptar. Llevamos folletos, tanto en inglés como en
español, historias bíblicas en franela y el pequeño gramófono de los
Ruddock, con discos (himnos y sermones) en ambos idiomas. La señora
con la que nos alojaremos es, creo, una verdadera cristiana; muchos de
estos isleños son muy religiosos, pero uno teme que a menudo no tienen
experiencia del nuevo nacimiento. Todavía no teníamos nada definido
sobre un nuevo lugar de reunión en Tela cuando me fui de allí, pero el
Sr. Ruddock y los hermanos de allí han estado negociando la compra de
un terreno grande en una buena ubicación en el pueblo.

Ese mismo año de 1953 Señorita Eva Johnston escribió el siguiente acerca de la
entrañable labor del hermano Juan Ruddock entre los niños hondureños, esto es lo
que escribió a Ecos de Servicio:

AMÉRICA REPÚBLICA DE HONDURAS. Srta. E. Johnston (Tela).—


21 de octubre. Nuestra clase para jóvenes se imparte cada dos noches.
Después de media hora de canto, el Sr. Ruddock lleva a los niños (unos
diez) al porche para un estudio bíblico y yo invito a las niñas (seis o
siete) a mi habitación. Luego, hacemos media hora de manualidades y,
antes de separarnos, la Sra. Ruddock nos sirve una bebida casera.
Continuamos, si el tiempo lo permite, con nuestras clases para mujeres
y niños en los demás distritos, aldeas y campamentos. Calculamos que
ahora estamos ayudando a unos 300 niños de esta manera. Debo
contarles sobre una nueva obra que comenzamos hace unas semanas,
tras meses de persuasión por parte de dos señoras estadounidenses.
Estas dos señoras vinieron a casa al enterarse de la llegada de los
Ruddock. Desde la primera visita, fue evidente que la Sra. Keen es una

158
mujer verdaderamente salva, pero la Sra. Millar, más joven, no tiene tan
claro el "nuevo nacimiento". Ahora tenemos estudios bíblicos los
sábados por la noche en casa de los Millar, una clase bíblica para
mujeres en casa de los Keen los lunes por la tarde y estamos
considerando la posibilidad de ofrecer una clase para niños en casa de
los Millar. Si las tardes de los domingos les convienen, el Sr. Ruddock
las atenderá; si no, probablemente yo me encargaré de la tarde que se
decida.

Ese mismo año de 1953 Juan Ruddock escribió el siguiente reporte a la revista Ecos
de Servicio:

REPÚBLICA DE HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela).—15 de abril.


El Domingo pasado bautizamos a tres creyentes. Uno de ellos es un joven que confesó
a Cristo como su Salvador hace algunos años en la Escuela Dominical. Pronto irá
a la capital para continuar su educación, y enfrenta muchas tentaciones. Nos alegra
que el Sr. y la Sra. Shedden estén allí, y que él tenga la comunión en la asamblea de
la capital. El segundo es un hombre mayor que fue salvo el año pasado, y la tercera
es una mujer que ha sido salva por varios años, pero que solo ahora ha podido ser
bautizada. Fueron bautizados en alta mar, y luego fuimos a la casa para la fracción
del pan.

El siguiente año de 1954, don Juan Ruddock escribió el siguiente reporte a la revista
Ecos de Servicio para informar sobre la obra en Tela, donde la cantidad de
hermanos había crecido:

REPÚBLICA DE HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela). — 22 de abril.


Las Conferencias de Pascua se celebraron en San Pedro Sula este año y tuvimos
muchas bendiciones. Cinco creyentes confesaron al Señor en el bautismo, y algunos
reincidentes fueron restaurados. Varios no salvos también profesaron ser salvos,
mientras que otros estaban preocupados. El salón era demasiado pequeño para todos
los asistentes, pero armamos la carpa y la Srta. Johnston, la Srta. Hockings y la Sra.
Shedden se hicieron cargo de los niños, más de 90, desde la mañana hasta la noche
durante la reunión. Esto fue una ayuda maravillosa en muchos sentidos. (Los amigos
sabrán que hubo una huelga grave y generalizada en la República de Honduras, y se

159
esperan elecciones en breve. No es fácil para los creyentes mantenerse al margen de la
política en tales circunstancias. La Sra. C. Bowen estaba extremadamente enferma
después del nacimiento de su segundo hijo, un niño, pero nos complace decir que parece
haberse recuperado y pudo ser trasladada de regreso del hospital en La Ceiba a
Ollantaytambo el lunes 10 de mayo por la mañana. ¡Esa misma tarde la huelga se
extendió al mismo hospital!

Fue durante ese


año de 1954 que
se produjo la
histórica Huelga
Bananera del 54.
Esto como
producto de la
explotación
laboral que se
había mantenido
durante muchas
décadas en
Honduras. La
huelga comenzó el
1 de mayo de 1954
y se extendió hasta el 8 de julio del mismo año. Durante este tiempo, miles de
trabajadores de la industria bananera, junto con otros sectores, se unieron en un
paro masivo. A pesar de la represión y la oposición de las empresas, los trabajadores
mantuvieron su lucha, lo que resultó en un movimiento de gran envergadura que
abarcó varias ciudades, incluyendo San Pedro Sula y Tegucigalpa. La huelga fue
impulsada por condiciones laborales precarias en las plantaciones de banano,
especialmente bajo la administración de la United Fruit Company. Los trabajadores
enfrentaban largas jornadas laborales, salarios bajos, y falta de derechos laborales
básicos. La situación se volvió insostenible, lo que llevó a los trabajadores a
organizarse y exigir cambios significativos.

La huelga de 1954 logró importantes victorias para los trabajadores, incluyendo:

160
Reducción de la jornada laboral de 12 a 8 horas diarias. Reconocimiento del derecho
a la sindicalización y a la negociación colectiva. Promulgación de leyes que
garantizaban derechos laborales fundamentales, sentando las bases para el Código
de Trabajo de 1959. Este movimiento no solo mejoró las condiciones laborales,
sino que también inspiró futuras luchas por la justicia social en Honduras. La huelga
es recordada como un símbolo de la resistencia y la unidad de los trabajadores
hondureños en su búsqueda de derechos y dignidad.

En uno de sus reportes misioneros de ese año de 1954, don Juan Ruddock escribió
lo siguiente al respecto de la huelga bananera:

REPÚBLICA DE HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela). —24 de julio.


Hemos tenido una época bastante emocionante aquí en Honduras. Primero, comenzó
una huelga entre los trabajadores de la Compañía Bananera y luego estalló una
revolución en Guatemala, acusada de iniciarla. Ahora se ha restablecido la paz y la
tranquilidad. La huelga, que en cierto modo estaba relacionada con la situación en
Guatemala, ha terminado. Actualmente, la situación está tranquila, pero este es año
electoral y eso generalmente significa agitación aquí.
(Desde que se escribió esto, se reportaron más combates desde Guatemala, pero, una
vez más, se restableció la paz. Se esperan elecciones en octubre. —Eds.)

A finales de 1954, don Juan y doña Nettie Ruddock visitarían a los hermanos en la
capital y acompañarían a los jóvenes misioneros Roberto y Juanita Shedden durante
algunas semanas en su labor misionera en ese lugar. Esto es lo que don Juan
Ruddock escribió sobre esos días:

Sr. J. Ruddock (Tela). —7 de octubre.


Pasamos tres semanas con el Sr. y la Sra. Shedden en Tegucigalpa. La pequeña
asamblea allí está creciendo, pero por el momento es imposible tener reuniones
especiales debido a la situación política. El hermano Shedden está realizando una
obra maravillosa en los numerosos hospitales de Tegucigalpa, especialmente en el
hospital de tuberculosis, y también en la prisión. Los jueves y domingos son días de
visita, pero solo se permiten dos horas al día. Esto no deja mucho tiempo, pero el
hermano Shedden superó esta dificultad enviando mensajes escritos a máquina con
las respuestas a los pacientes. Los estudian durante la semana y él les explica los

161
mensajes con más detalle la próxima vez que los visita. Incluso los incrédulos piden
estos papeles, así que él escribe mensajes apropiados para ellos también.

En diciembre de 1954, don Juan Ruddock escribió sobre una visita a los campos
bananeros de Santa Rita en el Progreso, Yoro. En su reporte menciona su trabajo
de restauración y misericordia, en esos días en los que la división, producida algunos
años antes, aún permanecía en los corazones de algunos hermanos. Esto es lo que
don Juan Ruddock escribió a la revista Ecos de Servicio:

Sr. J. Ruddock (Tela). —28 de diciembre de 1954.


Pasé tres días esta semana en Santa Rita, y todas las reuniones fueron muy
concurridas. También fui de allí a otros lugares en bicicleta y encontré en uno o dos
un verdadero interés por el evangelio, así que espero volver en dos semanas para tener
algunas reuniones allí.

En otro lugar, que no pude visitar por falta de tiempo, 13 personas se han salvado
recientemente. Un hermano que visita el lugar cada viernes me dijo que no necesita
invitar a la gente a las reuniones cuando llega, ya que lo están esperando. También
me gustaría visitar este lugar si se abre la oportunidad. En esas asambleas y entre
las personas donde se sembró un espíritu de división, ha habido un gran
arrepentimiento y algunos han regresado a la comunión, pero muchos aún se
mantienen alejados de nosotros y algunos incluso muestran un espíritu de odio,
mientras que otros se preocupan porque sus vidas no son lo que deberían, y algunos
creyentes sencillos y sinceros han sido desviados y engañados por mentiras. El
domingo pasado hablé con algunos que vinieron a vernos deseando restaurar la
comunión, y una noche conversé con algunos hasta casi la medianoche sobre el mismo
asunto. Unos 30 creyentes desean regresar y tener comunión con nosotros.

(Sigamos orando para que las lamentables divisiones causadas por un misionero de
otro estado se sanen por completo. —Eds.)

Un año después llegaron a Honduras los hermanos misioneros Samuel y Edna


Hanlon. Procedentes de Escocia e Inglaterra respectivamente. Los Hanlon se
radicaron inicialmente en Puerto Cortés donde predicaron el evangelio y enseñaron
la Palabra del Señor a las pequeñas congregaciones que ya estaban establecidas a lo

162
largo de la costa y en las montañas de la cordilleras del Merendón. Con la ayuda de
los Ruddock, aprendieron el español rápidamente y colaboraron la construcción de
la Sala Evangélica de La Ceiba. Además, fueron elementos muy importantes para
los muchos ministerios que dieron inicio en durante esos años, como los
campamentos para niños y niñas en Tela, La Ceiba y Trujillo. Así como los estudios
y discipulado para hermanos Ancianos y responsables de las iglesias locales del país.
La labor del hermano Samuel Hanlon permitió la construcción de muchos edificios
de las Salas Evangélicas, gracias a su conocimiento como arquitecto. Una de esas
Salas Evangélicas construidas con su ayuda fue la Sala Evangélica de El Porvenir
en Puerto Cortes, de la cual él si familia fueron miembros por muchos años. La labor
de Edna Hanlon también fue muy valiosa en la parte de la salud de los hermanos,
pues era enfermera de profesión. Al igual que la hermana Nettie Ruddock, Vera
Pugmire y Juanita Shedden contribuyo a la atención medica de muchas personas en
Honduras.

En el libro Turning the World Upside Down se dice lo siguiente sobre ellos:

‘‘Los siguientes obreros que llegaron fueron el Sr. y la Sra. S. Hanlon en


1955. Después de estudiar el idioma, ayudaron en La Ceiba durante la
construcción del salón allí, y después de unos meses en San Pedro Sula,
se mudaron a Puerto Cortés y vieron mucha bendición en El Porvenir.
La Sra. Hanlon pudo hacer trabajo médico y de partería en el distrito y
algunos se acercaron al Señor como resultado directo.’’ (SERVICE U. P., 1972)

Y en el libro They Finished Their Course, Volume 4 (Ellos terminaron su curso,


volumen 4) sobre la vida de Samuel Hanlon, se dice lo siguiente por parte de don
Roberto Shedden:

‘‘Habiendo conocido a Sam y Edna por primera vez en Escocia durante


nuestro primer permiso en 1955 en un encuentro misionero en
Glasgow, no nos imaginábamos cuán fuertemente se entrelazarían
nuestras vidas durante los años que nos esperaban en la pequeña
República de Honduras, en Centroamérica. Veríamos tanto las
fortalezas como las debilidades de cada uno. Sin embargo, trabajamos
en armonía en muchas ocasiones, aunque la mayor parte del tiempo,

163
Sam y Edna desarrollaron su ministerio en el norte del país mientras
nosotros estábamos en el interior.

Poco después de su llegada a Honduras, aprender español se convirtió


en una prioridad para Sam y Edna. La utilidad de un misionero en el
campo depende de su capacidad para comunicarse con fluidez con la
gente del país en su propio idioma. Una buena memoria y la capacidad
de recordar nombres e incidentes son fundamentales, especialmente al
aprender un idioma. Estas eran cualidades latentes tanto en Sam como
en Edna, y bajo la hábil tutoría de la Sra. John Ruddock, aprendieron
rápidamente la gramática y los fundamentos del idioma. Pronto se
volvieron bastante competentes hablando y entendiendo español, y en
poco tiempo, ambos interactuaban con la gente dondequiera que iban.’’
(Plant, 2010)

Un año después, a inicios de1956, don Alfredo Hockings escribió sobre la buena
asistencia de los hermanos a la reunión anual de misioneros y ancianos de
Honduras, lo cual era una buena señal de unidad y amor fraternal. A demás de una
muestra del trabajo de restauración que los Hermanos en sus diferentes Asambleas
habían estado realizando. Esto es lo que don Alfredo Hockings escribió a la revista
Ecos de Servicio:

AMÉRICA REPÚBLICA DE HONDURAS. Sr. A. Hockings (San Pedro


Sula).—23 de enero. Nos complace decir que el Señor nos bendijo en la
reunión especial de misioneros y ancianos para una reunión de
confraternidad. Estuvieron representadas unas 13 asambleas y todos los
presentes prometieron dar un testimonio unido de la unidad de la
Iglesia, a la luz de la venida del Señor por sus santos. Este es un
comienzo: creemos que muchos más se unirán en respuesta a la oración.

Ese mismo año de 1956, Jaime Bruton Pugmire escribió el siguiente reporte a la
revista Ecos de Servicio sobre su labor en San Pedro Sula. Especialmente entre los
niños y jóvenes de la Escuela Dominical:

164
Sr. J. B. Pugmire (San Pedro Sula).—3 de enero. El Sr. Hockings me ha
encomendado la responsabilidad de la reunión evangélica y la Escuela
Dominical. En lo anterior, recibimos bastante ayuda de algunos
hermanos, y nos alegra que tres creyentes se interesen activamente en
la obra de la Escuela Dominical, ya que cada uno trae un grupo de niños
cada domingo. Tuvimos 93 niños en la fiesta de la Escuela Dominical,
todos registrados, pero algunos asistieron con muy poca asistencia. Fui
a Cortés a proyectar la película “La Primera Navidad”. Había más de 70
niños y unos 30 adultos en la reunión, algunos de los cuales nunca antes
habían asistido a un servicio evangélico.

Ese mismo año de 1956 Jaime Bruton Pugmire escribió el siguiente reporte a la
revista Ecos de Servicio:

AMÉRICA REPÚBLICA DE HONDURAS. Sr. J. B. Pugmire (San


Pedro Sula). —16 de noviembre. Hemos estado esperando para darles
noticias concretas sobre nuestro viaje a Panamá. Durante este tiempo,
se han presentado solicitudes tanto desde Canadá como desde
Inglaterra, y también a través del Consulado aquí, ¡sin recibir respuesta!
Como parecía que el Señor nos había cerrado la puerta, buscábamos su
voluntad para saber cuál sería nuestro próximo paso. El Sr. Hockings
expresó su deseo de que viniéramos aquí y, aceptando esto como la
voluntad del Señor, nos encontramos una vez más en la segunda ciudad
del país. Después de Navidad, llegan las vacaciones de verano, cuando
se planea, junto con los Ruddock, tener una Escuela Bíblica de
Vacaciones más extensa que la del año pasado, visitando a varios en
cada una de ellas. Los Scollon han comenzado a producir una revista
evangélica mensual, además de las Verdades Bíblicas que publican para
los creyentes. Aunque esto les implicará mucho más trabajo, es una gran
ventaja, especialmente donde hay acceso a prisiones, hospitales y otras
instituciones. La labor de mi esposa como enfermera sigue brindando
oportunidades para predicar el evangelio, a menudo en los hogares de
los creyentes. Actualmente, atiende a una hermana aquí en San Pedro y
ha conversado con algunos familiares que son apóstatas o incrédulos.
El curso de la Escuela Bíblica de Emaús, “Lo que enseña la Biblia”, sigue

165
circulando. No tenemos la gran acogida que se observa en algunos
países asiáticos, pero muchos están ocupados con él actualmente.
Aunque muchos saben leer y escribir, a menudo parece faltarles la
capacidad para estudiar. Se han hecho varios intentos divertidos,
incluido el de un joven que respondió a la "Tabla de Contenidos" al
principio del curso.

Para el año de 1958 Señorita Alfredita Hockings escribió el siguiente reporte a la


revista Ecos de Servicio sobre el trabajo que ella y los hermanos Scollon estaban
realizando en La Ceiba:

Señorita A. L. M. Hockings (La Ceiba).—1 de marzo del 1958.


Últimamente hemos podido visitar varios lugares para repartir folletos.
Pocos los rechazan y, por lo general, al regresar vemos a la gente
sentada en las puertas de sus casas o entre troncos en el bosque leyendo
los folletos. La Sra. Scollon y yo visitamos el hospital público hace unos
días y encontramos a una anciana ciega que está muy enferma. No
dudamos de que sea salva, pero por alguna razón, ella cree que debe
bautizarse antes de morir o su salvación no es segura. Le hablamos muy
claramente sobre el camino de la salvación y el significado del
bautismo, y parecía satisfecha cuando la dejamos. Sin embargo,
sabemos que hay algunos amigos y familiares que insisten en que debe
bautizarse, y en realidad la pobre está demasiado enferma para
levantarse de la cama.

La necesidad de la Sana Doctrina seguía siendo una necesidad muy grande. Pero
los esfuerzos conjuntos de todos los hermanos en las diferentes iglesias locales,
estaba avanzando, permitiendo que muchas personas conocieran la verdad del
Evangelio y de la Sana Doctrina de los Apóstoles como se encuentra en la Biblia.
Los Ruddock por su parte continuaban su labor incesante en Tela, pero también en
casi toda la costa norte. Su deseo era abarcar desde San Pedro Sula hasta la
Mosquitia. Y más allá si fuera posible, pero hacían tanto y cuanto Dios y sus fuerzas
les permitían. Con su ayuda, las iglesias locales de San Pedro Sula, Tela, La Ceiba,
Trujillo y La Mosquitia eran fortalecidas y enseñadas en el Buen Camino de la Vida
que es Cristo Jesús.

166
Doña Nettie Ruddock entregando desparasitantes y vitaminas a niños hondureños.

167
Don Juan Ruddock escribió el siguiente reporte a la revista Ecos de Servicio ese
mismo año de 1958:

REPÚBLICA DE HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela). —11 de marzo


de 1958. Desde la reunión especial en San Pedro Sula en enero, cuando varias
asambleas, así como unos 16 creyentes aquí en Tela, regresaron a la comunión, he
estado ocupado visitando estas asambleas. La mayoría necesita enseñanza,
especialmente con respecto a su testimonio privado y público. El ejemplo que han
tenido durante los últimos cinco o seis años no ha sido muy bueno; sin embargo,
parecen estar respondiendo a la enseñanza. Mi esposa y yo estuvimos en Batán unos
días, y otro pecador “pasó de muerte a vida”.

Un converso tuvo una discusión bastante verbal con el católico romano. Sacerdote y,
aunque solo llevaba cinco semanas salvo, pudo usar las Escrituras de tal manera que
el sacerdote quedó confundido. Este finalmente le preguntó al joven cuánto tiempo
llevaba siendo evangelista. “Cinco semanas”, fue su respuesta. “¿Quieres decir que
has aprendido todo esto en cinco semanas?”, dijo el sacerdote: “Estudié durante cuatro
años y he olvidado casi todo”. En ese momento, el hermano del joven entró en la
habitación, y el sacerdote le preguntó si él también era evangelista. “Sí”, respondió,
“hace unos días recibí a Cristo como mi Salvador”. Esto fue demasiado para él. Solo
recordando que tenía que irse.

El mismo año de 1958, llegaron a Honduras desde Estados Unidos los hermanos
Stanley y Esma Hanna. Don Stan Hanna nació en Tailandia, Asia, el 9 de octubre
de 1926. Hijo de los misioneros Loren Stanley Hanna y Hazel E. Bruner. Aceptó al
Señor a los 5 años de edad. Vivió en Tailandia y luego en los Estados Unidos. Por
su parte, doña Esma Hode Nasrralla nació el 7 de octubre de 1923 en Trujillo,
Honduras, hija de dos inmigrantes palestinos, Salvador Hode Nasralla y Florinda
Qumiyeh. Conoció al Señor en su adolescencia, influenciada por el testimonio de los
misioneros Juan y Nettie Ruddock.

Durante la segunda guerra mundial, don Stan Hanna, ingresó a la Marina de los
Estados Unidos. Al terminar la guerra, dedicó su vida al servicio del Señor en el
año de 1947, uniéndose a la Asamblea en Nueva Orleans y laborando en el Centro
de Buenas nuevas que el hermano Vernon Schlief había establecido. En Nueva

168
Orleans conoció y contrajo matrimonio con doña Esma, hija de don Salvador y doña
Florinda Hode Nasralla.

Al llegaron a Honduras en 1958, residieron en Tela, Puerto Cortés, Trujillo y


Comayagua, donde vieron la asamblea principiar y mayormente en Tegucigalpa.
Por varios años laboraron en Managua, Nicaragua, donde establecieron una
asamblea.

En la zona norte don Stan y doña Esma, viajaban en una moto pequeña,
conduciéndose desde Trujillo y todos aquellos lugares donde había iglesias en el
Valle del Aguán, sólo había en Trujillo, Santa Rosa de Aguán, Taujica, Río Arriba,
El Olvido, Paso Aguán, Sonaguera y Olanchito. En Tegucigalpa sirvieron con tanto
amor a los hermanos que continuamente llegaban a la Capital en busca de salud.
Fueron muchos los pueblos y ciudades donde el hermano Stan pasaba semanas
impartiendo Estudios de Discipulado y Estudios Regionales para ancianos y
hermanos responsables. Raras veces faltó a conferencias regionales, aun en lugares
distantes, y su ministerio fue muy bendecido y solicitado. Don Stan profundizó sus
conocimientos de la Palabra de Dios. Poseía el don de predicar el Evangelio, así
como de exponer las grandes verdades doctrinales y edificadoras. La primera
conferencia general en La Guadalupe, Tegucigalpa se celebró en la semana santa
de 1958. Cuando los Shedden regresaron un tiempo a Escocia, por motivos de salud,
los misioneros Stanley y Esma Hanna, laboraron intensamente en La Guadalupe,
atendiendo también La Travesía y Colonia 21 de octubre.

En el libro ‘‘Turning the World Upside Down’’ (Poniendo al Mundo de Cabeza) se


menciona su llegada y, además, agrega un breve comentario del trabajo misionero
que realizaron:

En 1958 hubo otra incorporación al grupo misionero con la llegada del


Sr. y la Sra. S. Hanna. Siguieron al Sr. y la Sra. Hanlon en El Porvenir, y
posteriormente sirvieron al Señor en Tegucigalpa. Los misioneros
viajan con frecuencia a áreas alejadas de donde residen, a menudo
acompañados por creyentes nacionales. Una característica de la obra a
través de los años ha sido la distribución de literatura. Se han vendido
muchas Biblias y porciones del Evangelio, ya que la gente tiene el deseo

169
de leer las Escrituras, mientras que la literatura evangélica y los folletos
se han distribuido ampliamente. Los cristianos se deleitan en hacer esta
obra. Los hospitales y las prisiones están abiertos a los misioneros y, en
general, la literatura evangélica es bien recibida. Se han salvado almas
tanto en hospitales como en prisiones.’’ (SERVICE U. P., 1972)

Doña Nettie Ruddock junto a unos niños y hermanas Caribes.

Ese mismo año de 1958 Srta. E. Johnston escribió el siguiente reporte sobre la labor
que los Ruddock junto con otros misioneros y hermanos estaban realizando:

REPÚBLICA DE HONDURAS. Srta. E. Johnston (Tela). —9 de abril


de 1958. La Conferencia celebrada en San Pedro Sula desde el Viernes
Santo hasta la noche del Domingo de Pascua, según se dice, fue una de
las más grandes y mejores en años. No asistí este año porque le tocaba
a la Sra. Ruddock ir, y alguien debía quedarse. Tuvimos espléndidas

170
reuniones durante la Pascua con Stanley Hanna, cuando algunos del
pueblo vinieron al Salón por primera vez. El gerente del banco y el
cajero cumplieron su promesa y vinieron una noche y dijeron que lo
habían disfrutado; hubiéramos preferido que se hubieran sentido
incómodos por el bien de sus almas. El gerente de la granja lechera de
la United Fruit Co., de Puerto Artura, también vino una noche: fue
digno de mención que ese hombre se familiarizara con el evangelio, ya
que es una persona bastante extraña y difícil de tratar. Es un anglo-
jamaicano, cuya esposa muestra un gran interés en las cosas espirituales
y, de hecho, un día dijo: «No hay otra manera» (en español) cuando su
criada (con quien la Sra. Ruddock y yo estábamos hablando en su
puerta) le preguntó qué pensaba de estas cosas. También había tres
mujeres árabes en una noche; dos son hijas del comerciante en cuyo
funeral el Sr. Ruddock predicó el evangelio hace unos 13 meses, y la
otra es su tía.

En abril de ese mismo año de 1958, la señorita Eva Johnston, quien trabajaba junto
a los Ruddock en Tela, informó de un triunfo para el Señor y su reino, en la vida de
una familia que había conocido al Señor Jesucristo, gracias al ministerio de Juan y
Nettie Ruddock, esto es lo que ella escribió al respecto:

REPÚBLICA DE HONDURAS. Srta. E. Johnston (Tela).—11 de abril


de 1958. Un acaudalado comerciante árabe de este pueblo falleció
repentinamente hace unas semanas y su viuda le pidió al Sr. Ruddock
que hablara en su hogar justo antes de que se llevaran el cuerpo para el
entierro. De esta manera, tuvo la maravillosa oportunidad de predicar
el evangelio a toda la "clase alta" de Tela, ya que todos estaban allí,
desde el alcalde hasta los más jóvenes. El Sr. Cassis le había dicho al Sr.
Ruddock en varias ocasiones que confiaba solo en Cristo para su
salvación, y en los últimos meses había comprado un Nuevo
Testamento para regalar a sus amigos y clientes. Su esposa e hija
siempre asistían a la clase de Biblia en inglés de la Sra. Ruddock y ellas
también profesan amar al Señor, pero aún no lo han declarado
abiertamente. (RECUERDA.—República de Honduras: La revista

171
mensual para creyentes, de la cual se imprimen 4,500 ejemplares cada
vez. El folleto evangélico mensual.)

Ese mismo año de 1958 Juan Ruddock escribió sobre el trabajo que algunos obreros
del Señor en Honduras estaba realizando para llevar el evangelio a muchas partes
del país. Esto es lo que don Juan Ruddock escribió al respecto:

AMÉRICA – REPÚBLICA DE HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela). —


24 de julio de 1958. Nuestro querido hermano nacional, Don Margarito, regresó
esta tarde de un viaje a diferentes lugares al otro lado de La Ceiba. Nos acaba de
contar que la obra en los diferentes lugares visitados es motivo de mucha gratitud.
Hay muchos creyentes aislados y se llenaron de alegría con la visita de nuestro
hermano y Don Pedro, el otro obrero que lo acompañaba. Encontró a dos hermanos
que tuvieron que dejar esta zona para ir a trabajar donde no hay asamblea. Viven
en diferentes lugares, pero ambos celebran reuniones en sus casas y predican el
evangelio. Damos gracias al Señor por esta noticia de estos dos hermanos.

Casi al terminar ese mismo año de 1958, don Juan Ruddock escribió sobre una de
las Conferencias Generales realizada en septiembre, donde el Señor obró
poderosamente y dos almas encontraron la salvación en Cristo Jesús:

AMÉRICA REPÚBLICA DE HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela). —3


de octubre de 1958. Adjunto una foto del nuevo Salón Evangélico de Tela. El
Señor nos permitió terminarlo lo suficiente para celebrar allí la Conferencia anual
de septiembre. ¡Qué alegría fue tener un edificio tan espacioso para la Conferencia, y
cuánto más fresco estaba! El domingo por la noche, al contemplar la reunión
evangélica y ver el Salón repleto, nuestros corazones rebosaban de gratitud a Dios
por todo lo que Él ha obrado. Dos almas ya han profesado ser salvas en este nuevo
edificio. Tuvimos una buena Conferencia con una asistencia nutrida, aunque no
acudieron tantos como en años anteriores. La gripe asiática ha estado haciendo
estragos aquí, y sin duda ha sido la causa de la ausencia de algunos. El ministerio
de la Palabra fue práctico. Un buen número de personas de aquí asistieron a las
reuniones evangélicas. Nuestros dos hermanos nacionales, Don Pedro Decorado y
Don Margarito Hernández, predicaron el evangelio con poder a una audiencia
atenta.

172
Por primera vez, el Sr. Hockings no pudo asistir a nuestra Conferencia. No se sentía
lo suficientemente bien como para venir. Todos lo extrañamos mucho. Desde entonces
ha estado con gripe y ayer, cuando mi esposa y yo fuimos a visitarlo a él y a la Sra.
Hockings, lo encontramos muy débil. Al parecer, la malaria lo estaba afectando de
nuevo. La Sra. Hockings también ha tenido gripe.

En diciembre de 1958, don Juan Ruddock informó sobre el bautismo de tres


hermanos. Esto es lo que don Juan Ruddock escribió al respecto:

Sr. J. Ruddock (Tela). —16 de diciembre de 1958. Tuvimos el gozo de


bautizar a tres creyentes en el nuevo Salón; uno de ellos era un anciano con parálisis
de un lado del cuerpo. Le hice una silla especial y, con la ayuda de varios hermanos,
lo bajamos con cuerdas. Así pudimos bautizarlo sin dificultad. Salió del agua
exclamando: "¡Alabado sea el Señor! ¡Él es mío y yo soy suyo!".

También la señorita Alfreda Luisa Hockings escribió el siguiente reporte a la


revista Ecos de Servicio sobre la obra en Honduras en diciembre de 1958:

Señorita A. L. M. Hockings (La Ceiba). —21 de diciembre de 1958. Nos


sentimos alentados por la impresión. Nuestra revista para creyentes,
Verdades Bíblicas, está siendo utilizada por el Señor para guiar a
algunos al lugar que Él ha escogido, y muchos escriben sobre la ayuda
recibida a través de sus páginas. Acabamos de terminar el libro de
Franklin Ferguson, “La Iglesia de Dios”, y estamos a la mitad de “El
Vicario de Cristo”, de H. P. Barker. Muchos nos han escrito diciendo
que están viendo la verdad sobre el Espíritu Santo y su obra.
Recomendamos este libro del Sr. Barker a todos los jóvenes cristianos.
Contamos con buenos materiales para la impresión. Hace unos meses
pudimos comprar 2 toneladas de papel offset, y aunque la demanda de
nuestras revistas aumenta continuamente, nuestra prensa automática
imprime las páginas rápidamente. Imprimimos unas 5000 revistas al
mes. Esperamos imprimir textos murales tan pronto como podamos
conseguir un tipo de letra más grande. Nuestro objetivo es imprimir

173
textos económicos y en abundancia, para que la Palabra llegue a los
ojos del pueblo.

Doña Nettie Ruddock junto a unos niños y hermanas Caribes.

Dos años después, es decir en 1960, don Jaime Bruton Pugmire escribió el siguiente
reporte a la revista Ecos de Servicio sobre el trabajo de la obra del Señor en
Honduras, especialmente de las almas convertidas en 1959 en San Pedro Sula:

REPÚBLICA DE HONDURAS. Sr. J. B. Pugmire (San Pedro Sula). —


13 de enero. Una persona hizo profesión de salvación en la reunión
ministerial del martes pasado, cuando el Sr. Ruddock estuvo de visita
por un par de días. Había estado asistiendo a las reuniones con
regularidad y mostrando interés. Otra persona, que ha estado alejada
del Señor por algún tiempo, manifestó su deseo de volver a Él mientras
Pedro Decorado predicaba el evangelio en Nochebuena. Es el segundo
que ha tomado esta decisión este mes, pero tiene un lío terrible que

174
resolver en su vida doméstica. Los hermanos y hermanas hondureños
han participado activamente en todo esto. Durante 1959 se agregaron
cinco personas a la asamblea, y todos han progresado positivamente.

Por su parte, don Juan Ruddock escribió el siguiente reporte a la revista Ecos de
Servicio a inicios de ese mismo año de 1960, para informar de la decisión que dos
personas habían tomado de aceptar a Jesús como su Señor y Salvador. Esto es lo
que decía:

Sr. J. Ruddock (Tela). —6 de enero de 1960. El domingo pasado por la noche,


dos personas aceptaron a Cristo como su Salvador, y el domingo anterior por la
noche, otro hombre también confesó ser salvo. La noche del 31 de diciembre, dos
creyentes fueron bautizados. Parece haber un gran interés en este momento en las
familias de creyentes en comunión. Dos jóvenes, ambas hijas de creyentes, aceptaron
a Cristo como su Salvador hace un par de meses. Esto fue un gran aliento para
nosotros, ya que hemos depositado mucha confianza en el Señor por los hijos del
pueblo de Dios.

Aquellos eran días de avivamiento espiritual y el Señor añadía cada día los que habían
de ser salvo, tal como la Palabra de Dios lo dice. Los misioneros mostraban una
unidad y amor fraternal que cautivaba los corazones de todos aquellos que los
conocían. Los primeros cristianos de Honduras procuraban predicar el evangelio en
todo lugar que el Señor les permitiera. Las iglesias locales estaban comprometidas
con la proclamación del evangelio y encomendaban a los obreros para que salieran
a anunciar las Buenas Nuevas a donde el Señor les dirigiera. La obra del Señor había
crecido y se multiplicaba desde aquellos días en el que don Alfredo Hockings y don
Juan Ruddock habían llegado a Honduras para abrir los primeros surcos del
evangelio. Pero mientras la obra del Señor crecía, las fuerzas de ellos disminuían.
Especialmente la vida de don Alfredo Hockings quien había sido un mentor para
don Juan Ruddock y por medio de quien, el Señor le había traído a Honduras. Pero
aún había muchas cosas que hacer y la iglesia debía seguir caminando.

En uno de sus reportes de ese año de 1960, don Juan Ruddock describió muy bien
ese espíritu fervoroso que caracterizo esos días de avivamiento espiritual. Esto es
lo que don Juan Ruddock escribió:

175
REP. DE HONDURAS. Sr. J. Ruddock (Tela). — 30 de mayo de 1960.
Recientemente hemos visitado muchas asambleas en la Costa Norte con buenos
resultados. La Conferencia de Hombres en San Pedro Sula fue una bendición,
aunque extrañamos mucho al hermano Hockings, quien acababa de partir hacia
Inglaterra. En Santa Rita tuvimos una semana de reuniones que culminó con una
boda, en la que el hermano del novio confesó ser salvo. Solo pasamos unos días en
Tela, antes de partir de nuevo para visitar Olanchito, El Chorro, Sonaguera, Aguán
y Trujillo. Estos lugares han estado muy abandonados, sin haber recibido la visita
de un misionero durante mucho tiempo.

Nos entristeció ver a tantos que habían caído en el camino. Sin embargo, nuestra
visita fue bendecida por la restauración de muchos de ellos. Por otro lado, nos
sorprendió ver cómo la obra había crecido en otros lugares, y qué alegría ver de nuevo
a muchos que habían sido salvos hacía 20 años o más, todavía regocijándose y dando
un buen testimonio de su Señor y Salvador.

También de don Juan Ruddock a finales de ese mismo año de 1960:

Sr. J. Ruddock (Tela). —10 de octubre de 1960. Ayer tuvimos nuestra


primera transmisión de radio. Una nueva estación local nos ofreció algunas semanas
de tiempo libre para ver cómo funcionaba, así que ahora estamos buscando la
voluntad del Señor para continuar con las transmisiones. Durante la última semana
de este mes, tendremos estudios especiales para los ancianos y hermanos principales
de las diferentes asambleas. Los Sres. Shedden y Pugmire esperan estar aquí para
ayudar, al igual que el Sr. Scollon. El Señor también ha estado bendiciendo en otros
lugares. En Tepiquilares se bautizaron diez creyentes y en Progreso, cuatro.

En noviembre de ese mismo año de 1960, don Jaime Bruton Pugmire escribiría lo
siguiente para la revista Ecos de Servicio, sobre la Primera Escuela o Discipulado
Bíblico para Ancianos y Hermanos Responsables de las iglesias locales en
Honduras, donde don Juan Ruddock era el organizador y anfitrión. Esto es lo que
don Jaime Pugmire escribió:

176
AMÉRICA REPÚBLICA DE HONDURAS. Sr. J. B. Pugmire (San Pedro
Sula). — 12 de noviembre de 1960. Celebramos nuestra primera Escuela
Bíblica para ancianos y hermanos responsables en Tela la última
semana de octubre. Asistieron 32 personas y, de vez en cuando, también
asistían los miembros de la asamblea de Tela que tenían una o dos horas
libres del trabajo. El Sr. Shedden y yo dedicamos el ministerio cuatro
horas diarias, tratando respectivamente de «La Iglesia» y «Las
Doctrinas de la Gracia». El Sr. Ruddock, quien tenía la responsabilidad
de organizar la escuela, también estuvo presente para ayudarnos en los
períodos de preguntas, cuando su amplia experiencia en las condiciones
locales y la perspectiva latina fue muy valiosa. Cada noche, dos
hermanos Hondura predicaban el evangelio, y dos jóvenes hacían
profesión de fe. La Sra. Ruddock, la Srta. Johnston y algunas hermanas
de Tela se encargaron de la comida. En la última sesión, algunos
hombres, entre lágrimas, confesaron sus errores del pasado y
decidieron esforzarse por mejorar en el futuro. Se planea celebrar una
escuela similar el próximo octubre, D.V.

Durante la década de 1960, la obra del Señor en Honduras logro multiplicarse y


afirmarse con la ayuda de los misioneros que habían dedicado sus vidas a la
proclamación del evangelio sin importar el precio a pagar. Para entonces, las
ciudades principales del país contaban al menos con una Sala Evangélica y los
campamentos para niños están comenzando a dar los primeros frutos en La Ceiba,
Tela y Trujillo. Los Hockings y los Pugmire en San Pedro Sula estaban
proclamando la Palabra del Señor por la radio y los Scollon junto a la señorita
Alfredita Hockings continuaban propagando la Sana Doctrina a través de la revista
Verdades Bíblicas. Los Shedden y los Hanna por su parte, radicado en Tegucigalpa
estaban abriendo nuevos campos de trabajo en los hospitales de la ciudad y los niños
de los barrios más pobres, así como el estudio de la Palabra en la Escuela Bíblica
Emmaus. Y con la ayuda de los Hanlon y los Tidsbury muchas Salas Evangélicas
se edificaron espiritual y físicamente. El trabajo mancomunado de todos estos
hermanos era evidente. Y con la ayuda de los obreros nacionales muchas iglesias
locales de las Salas Evangélicas eran afirmadas en la Palabra de Dios. Demostrando
así que, el amor al Señor era un combustible poderoso para hacer funcionar todo los
engranajes de la obra del Señor en Honduras. Pero así como el sol brillante la vida

177
había llegado al cenit de la voluntad de Dios en esos momento, el lento descenso
había comenzado para alguno de esos pioneros del evangelio en Honduras. Uno de
ellos era la vida de don Alfredo y doña Evelyn Hockings, quienes después de medio
siglo de servicio al Señor habían llegado al fin de su obra en Honduras.

Al llegar el año de 1963, don


Juan y doña Nettie Ruddock,
vieron la oportunidad de servir
al Señor de una manera especial,
y pensaron que Tela necesitaba
un lugar para las personas
mayores de la tercera edad,
donde pudieran ser cuidados y
atendidos en los últimos años de
su vida. Por lo que establecieron
un Hogar de Ancianos, donde
recibieron a muchas personas de
la tercera edad, especialmente hermanos en Cristo, quienes habían quedado solos
en la vida y sin nadie que velara por ellos. Ese Hogar de Ancianos continúa
funcionando hasta hoy en día y sirviendo a muchas personas desamparadas y en
necesidad.

Fue en esa misma década en el año de 1968 que partió para estar con el Señor la
madre del hermano Juan Ruddock y también su hermano Hugh Ruddock. Esto se
informó en la revista cristiana Words in Season de Enero de 1968 de esta manera:

Sra. Margaret Ruddock, de Los Ángeles, California, viuda del difunto


Andrew R. Ruddock, evangelista, nació el 16 de abril a los 103 años.
Nació en el norte de Irlanda, llegó a Estados Unidos con su esposo y su
familia en 1921 y estuvo vinculada a la Asamblea de la Calle Jefferson
hasta que no pudo asistir. Le sobreviven una hija, dos hijos, cuatro
nietos y 15 bisnietos. Su hijo mayor, John Ruddock, ha servido al Señor
en Centroamérica durante más de 40 años.
Hugh Ruddock, de Los Ángeles, California, pasó a la presencia del
Señor el 3 de mayo tras una larga enfermedad, dos semanas después del

178
llamado a domicilio de su madre (arriba, Ed.). Era un hombre tranquilo
y modesto, y dio un testimonio constante hasta su llamado a domicilio.
Estuvo vinculado a la asamblea de Culver City. (Season, 1968)
Y también en la revista Words in Season se menciona la partida de Margaret
Ruddock, madre de don Juan Ruddock:

Culver City, California - Nuestra querida hermana, la Sra. Margaret


Ruddock, esposa del difunto Andrew, regresó a casa el 16 de abril a la
edad de 103 años. Fue salva a los 20 años. Devota de la hospitalidad,
muchos siervos del Señor se alojaron en su hogar. Le sobreviven tres
hijos (uno de los cuales es John Ruddock, de Honduras) y una hija. Tito
2:13 (Season, 1968)
Nuestro querido hermano, el Sr. Hugh Ruddock, partió a casa para estar
con el Señor el 3 de mayo a la edad de 69 años. Fue salvo en su juventud
y estuvo aquí durante años. Participaba en la antigua Asamblea de la
calle Jefferson, ahora conocida como Culver City Gospel Hall. Asistía
regularmente cuando su salud se lo permitía. (Season, 1968)

Doña Evelyn y don Alfredo Hockings.


179
Ese mismo año de 1968, don Alfredo y doña Evelyn Hockings se retiraron de la
obra en Honduras, debido a su avanzada edad y sus enfermedades, las cuales ya no
les permitían continuar sirviendo al Señor en Honduras. Pero, tras ellos quedaban
muchas iglesias establecidas, muchas almas salvadas por el Señor a través de su
ministerios y muchos relevos que continuarían con el trabajo que aún faltaba. Para
don Juan y doña Nettie Ruddock, las vidas de los Hockings habían sido muy valiosas
y fundamentales desde su llegada a Honduras. Por lo que sintieron mucho la
despedida, pero entendían que para ellos su labor había terminado.

Ese mismo año de 1968 Nettie Ruddock participaría de un estudio misionero para
damas en California donde compartiría sus experiencias como misionera en
Honduras:

CLASE DE ESTUDIO MISIONERO DEL SUR DE CALIFORNIA


La Clase de Estudio Misionero del Sur de California ha elegido a Allen
Jones como presidente para el nuevo año. La Clase de Estudio
Misionero de Carolina del Sur celebra siete sesiones mensuales al año.
La Clase Misionera de Carolina del Sur, que se reúne mensualmente,
tuvo su sesión de septiembre el jueves 1 de septiembre en Villa Chapel,
Pasadena. La asistencia a la Clase fue la más numerosa jamás vista en
Villa. Las oradoras fueron las hermanas Nettie Ruddock y la Srta. Irene
Gallagher. (Noviembre de 1968)
En el año de 1970 Juan Ruddock escribió el siguiente reporte a la revista Ecos de
Servicio:

REP. DE HONDURAS. JOHN RUDDOCK, Tela. La asamblea de Tela


continúa creciendo, al igual que la obra de la rama en San Alejos. Los hermanos de
este último lugar trabajan en las plantaciones, pero dedican gran parte de su tiempo
libre al Señor.
Ese mismo año de 1970 la señorita Alfredita Hockings escribió el siguiente reporte
a la revista Ecos de Servicio sobre el estado de salud de su padre Alfredo Hockings
quien fue sometido a una operación:

180
ALFREDA HOCKINGS, Torquay, 19 de noviembre, informó que su
padre pudo regresar a casa el 18 después de una cirugía y tratamiento
en Bristol. El 1 de diciembre escribió regocijándose de haber
encontrado un apartamento "a la vuelta de la esquina de la casa de mi
hermana". (Véase cambio de domicilio). (HOCKINGS, 20 DE ENERO
DE 1970)
Y también de Roberto Shedden en 1970:

REP. DE HONDURAS. ALLISTER SHEDDEN, Tela, 16 de marzo. "El


Sr. Ruddock y yo tenemos algunos mensajes grabados, listos para enviar
a asambleas aisladas y poco visitadas. Hay nueve o diez grabadoras
pequeñas en diferentes asambleas. Nuestro hermano John McAllister,
ex miembro de Paraguay ha colaborado en esta obra enviándonos
algunos mensajes sobre la epístola a los romanos." (SHEDDEN,
HONDURAS, 16 DE MARZO DE 1970)
Y del hermano Jaime Pugmire en marzo de ese mismo año 1970:
JIM PUGMIRE, San Pedro Sula, 11 de marzo. Se realizarán estudios
bíblicos en Trujillo durante la segunda semana de junio. "El Sr.
Tidsbury y yo volveremos a impartir la enseñanza." 1970 revista Echos
de Servicio. (PUGMIRE, HONDURAS, 11 DE MARZO DE 1970)
Ese mismo año de 1970, la hermana Nettie Ruddock recibiría la noticia del
fallecimiento de su hermana, la madre de su sobrina Jean (Juanita) Shedden. Sobre
esto, el hermano Roberto Shedden escribió el siguiente reporte a la revista Ecos de
Servicio:

REP. DE HONDURAS. ALLISTER SHEDDEN, Tela, 2 de junio.


"Recibimos la triste noticia de la visita a casa de la madre de mi esposa,
quien también era hermana de la Sra. Ruddock, lo cual fue un gran
impacto para todos nosotros". Que el Señor consuele a nuestras
hermanas y demás miembros de la familia. (SHEDDEN, HONDURAS,
1970)
Por su parte el hermano Jaime Bruton Pugmire anunciaba su nuevo programa
radial LO QUE LA BIBLIA ENSEÑA, el cual se transmitiría los domingos en la

181
mañana. Esta era una nueva oportunidad de proclamar las buenas nuevas a muchas
personas y también la Sana Doctrina a los hermanos. Esto es lo que don Jaime
Pugmire escribió en su reporte misionero de 1970:
JIM PUGMIRE, San Pedro Sula, 4 de junio. Se han ofrecido cinco
minutos diarios en la radio, inmediatamente después del noticiero
mundial a las 7:10 a. m. Este será un programa devocional para
mantenernos en contacto con los oyentes habituales del domingo. 1970
revista Echos de Servicio. (PUGMIRE, AMERICA, 4 DE JUNIO DE
1970)
Algunos años después, en 1973. Los hermanos Ruddock recibirían la noticia de la
partida a la presencia del Señor de la hermana Evelyn Hockings. La noticia
entristeció a los hermanos de Honduras y entre ellos a don Juan y doña Nettie
Ruddock. Pero también fueron consolados al saber que don Alfredo Hockings, a
pesar de la partida de su esposa, continuaba confiando en la fidelidad de Dios y
dando gracias por la vida que Dios les había permitido vivir juntos.
La década de los setenta estuvo llena de muchos triunfos para la obra del Señor en
Honduras. Y a pesar de las muchas dificultades que los hermanos seguían
enfrentando, la obra del Señor Jesús en Honduras se mostraba fuerte. Las nuevas
parejas de misioneros que llegaron en los años cincuenta habían comenzado a tomar
las responsabilidades que los veteranos misioneros como los Hockings, los Ruddock
y los Scollon habían comenzado a delegar en ellos.

Las Conferencias Generales continuaban siendo de mucha bendición y ayuda


espiritual para los nuevos creyentes que necesitaban la instrucción sana de la
Palabra de Dios. Un espíritu de fervor y animo espiritual se podía sentir en cada
iglesia que nació en cada pueblo, aldea y ciudad. Por primera vez en muchos siglos,
Honduras escucho el canto de los hijos de Dios reunidos que al unísono cantaban:

A Dios sea la gloria, al mundo El dio


Al Hijo bendito que por nos murió.
Expió los pecados de quien en El cree;
Abriónos la senda hacia Dios por la fe.

182
¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios!
Que de tal modo amó
Al que lejos de El en pecado se halló.
Venid por el Hijo al gran Dios Salvador,
Y dadle la gloria por tan grande amor.

Algunos años después de la salida de don Alfredo Hockings, llegaron a Honduras


Don David y Lourdes Domínguez, quienes llegaron a Honduras en el año 1976
desde los Estados Unidos. En el documento ‘‘La Historia de la Obra Evangélica A
través de las Salas Evangélicas En Honduras’’ se menciona de esta manera:

El 2 de Julio de 1976, llegó de Houston, don David Domínguez y su


esposa Lourdes. Ellos comenzaron la obra en Tegucigalpa, teniendo
entre otras cosas en esos años, la responsabilidad del Campamento El
Encuentro en Valle de Ángeles y los ministerios Cristianos de
Mayordomía (El Pregonero, Mayo, 2020).
Don David y doña Lourdes Dominguez vendrían a servir al Señor especialmente
en Tegucigalpa, pero su impacto sería mucho más grande en todo Honduras porque
su ministerio, especialmente en el campamento El Encuentro en Valle de Ángeles,
tocaría muchas vidas de niños y jóvenes que hoy sirven al Señor Jesús fielmente.
Ellos serian tal vez, la culminación de esta época de oro en la obra del Señor en
Honduras. Quienes lograron disfrutar todavía un poco de aquella camaradería en la
obra del Señor entre estos Pioneros del Evangelio en Honduras. Ellos también
experimentaron estrecheces, dificultades y problemas como los primeros cristianos
de Honduras. Y decidieron a hacer de este su hogar para siempre.
Los años habían pasado rápidamente y mientras unos venían, otros se preparaban
para partir. Después de haber servido al Señor por más de 50 años en Centroamérica
(mayormente en Honduras), don Juan y doña Nettie Ruddock se preparaban para
partir, al igual que lo habían hecho don Alfredo y doña Evelyn Hockings una década
antes.
No era fácil despedirse de un lugar que se había convertido en su hogar por casi
media vida. Un lugar lleno de contradicciones, pobreza y dificultades. Pero también
de ensueño y aventuras. Donde aprendieron a convivir con todos los hondureños.

183
Un lugar encantador y pero peligroso a la vez. Donde habían crecido sus hijas y
donde habían sembrado con lágrimas la bendita Palabra del Señor. Pero los años
les habían alcanzado. Y las enfermedades en sus cuerpos se habían agudizado. Don
Juan Ruddock deseaba quedarse por más tiempo y morir en esta tierra si le fuera
posible, pero la obra del Señor requería manos más jóvenes y fuertes. Y ellos ya
habían gastado las suyas. Así que, llegado el momento, decidieron regresar a
Estados Unidos. Pero no para descansar y morir. Sino para sostener desde allá a los
que seguían bajando a la oscuridad de aquellas Honduras.

Los Tidsbury y los Hanna junto a los Ruddock en su despedida a Estados Unidos

Fue así como, el 25 de febrero de 1978, don Juan y doña Nettie Ruddock se
despidieron de los hermanos de Honduras y regresaron a los Ángeles, California.
Dejando tras sí una estela de luces encendidas en muchos corazones que habían sido
tocados por el amor de Dios a través de sus manos. Una pequeña comitiva los
acompaño al aeropuerto para despedirlos con abrazos, himnos y oraciones.

184
Casi mediados de ese mismo año, seria llamado a la presencia del Señor el hermano
Alfredo Hockings. Quien partiría para estar con Cristo el 23 de septiembre de 1978.
La noticia no tardaría en llegar a los hermanos Juan y Nettie Ruddock en su retiro
en los Estados Unidos. Quienes sintieron el pesar natural de la despedida, pero la
confianza eterna de los que han creído en Cristo para su salvación.

185
Don Juan y doña Nettie Ruddock en Valle de Ángeles.

186
QUINTA PARTE
Los Ángeles, California, Estados Unidos
1978 - 1988

187
16
MEMORIAS
‘‘Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas
naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del
Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos y clamaban a gran voz,
diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.
Apocalipsis 7:9-10
En 1969, los Ruddock harían una visita especial a los hermanos en Honduras. Esto,
con motivo de un reconocimiento especial hecho en su honor. En el campamento
Valle de Ángeles, donde los hermanos habían nombrado una de las cabañas del
campamento con sus nombres. Ahí, rodeados de muchos niños, jóvenes y hermanos
mayores, don Juan y doña Nettie Ruddock sintieron el cálido amor de los
hondureños. Y apoyado sobre el dintel de la entrada que llevaba su nombre, don
Juan Ruddock vio a unos niños que corrían libres y alegres en el campo abierto del
Valle de Ángeles y con un fuerte suspiro de satisfacción, sintió esperanza.
Ese mismo año de 1969, Honduras entraría en guerra con el vecino país de El
Salvador. Esta guerra fue conocida como La Guerra del Fútbol, por ser un partido
de futbol entre estos países la detonante del conflicto y también es conocida como
la "Guerra de las Cien Horas", por el tiempo que duro este conflicto. La guerra
ocurrió entre el 14 y el 18 de julio de 1969. Aunque popularmente se le asocia con
los partidos de clasificación al Mundial de México 1970, el fútbol no fue la causa
principal del conflicto. Las verdaderas causas incluían tensiones sociales, problemas
de tierra, desigualdades económicas y conflictos fronterizos que habían escalado
durante años. Ambos países tenían economías basadas en la agricultura y
enfrentaban presiones internas que los gobiernos militares buscaban canalizar.
Naturalmente los hermanos y especialmente los misioneros sintieron esta presión
y ambiente de guerra. Pero el trabajo en la obra del Señor en Honduras no podía
detenerse. Muchas almas debían ser alcanzadas aun y muchos hermanos en Cristo
debían ser discipulados, bautizados y enseñados en la Palabra del Señor. Aun había
mucho por hacer y don Juan y doña Nettie Ruddock lo sabían. Por lo que, aún en

188
su retiro en los Estados Unidos seguían orando por todos los hermanos en
Honduras.
Sentado en una banca de los jardines del Hogar Misionero de las Asambleas
Occidentales en Claremont, California. Don Juan Ruddock sentía que los años de
su vida se habían deslizado rápido. Le gustaba platicar mucho con los demás
hermanos residentes ahí, siempre tenía muchas historias que contar y lo hacía con
una gracia única. Muchas veces sus hijas y nietos lo encontraban en el comedor o
el patio rodeado de personas riéndose a carcajadas por la manera graciosa que don
Juan Ruddock tenia de contar sus historias. Doña Nettie Ruddock por su parte le
gustaba ayudar a cuidar las flores que tenían frente a la ventana de su habitación.
Pero esto apenas era un pasatiempo para ellos, pues continuaban involucrados
activamente en la obra del Señor, no solo orando por los hermanos misioneros que
quedaban en Honduras y por los hermanos hondureños en todas las iglesias locales.
Sino que también utilizaban parte de su pensión para imprimir tratados bíblicos, los
cuales enviaban a Honduras para que la Palabra de Dios continuara avanzando. No
hubo ni un tan solo día en que se desconectaran de esta misión. Sus pensamientos
todos, estaban involucrados en la misiva de proclamar las Buenas Nuevas de
Salvación a toda creatura.
Las vidas de don Juan y doña Nettie Ruddock habían sido fructíferas para Dios y
su obra en Honduras. Habían sembrado el amor de Dios en muchos corazones que
les recordaban con cariño y admiración. Durante toda su vida don Juan Ruddock
intento agradar al Señor y servirle con fidelidad, para dejar un buen ejemplo a los
que venían tras él. Muchas veces se encontró en peligros, enfermedades, pobrezas
y dificultades, pero de todas ellas le había librado el Señor.
A lo largo de sus 90 años de vida, Dios había sido fiel a sus promesas. Don Juan
Ruddock lo sabía. Y solía recordar en silencio todos los caminos que el Señor le
había permitido recorrer en su vida. Como su viaje en barco desde Irlanda o su viaje
de luna de miel en tren por Estados Unidos. Recordó el día en que viajo en primera
clase hasta Mexico y Guatemala. Y también su viaje en barco hasta Honduras. Los
largos caminos recorridos a pie por las selvas de la Mosquitia o sus viajes en
bicicleta por las costas caribes. Su memoria siempre lucida, le llevo por toda la costa
norte de Honduras en un viaje en tren que parecía no tener fin. Contemplando en
cada tramo de su memoria las extensas plantaciones de bananos que se perdían en
el horizonte, los campos con sus barracones altos y el mar… un amplio mar, donde

189
su memoria se detuvo para siempre. Una fresca mañana de febrero de 1988, don
Juan Ruddock partió para estar con el Señor Jesucristo a sus 91 años de edad,
dejando tras sí una estela de muchas almas encendidas con la luz del evangelio. Y
un maravilloso ejemplo de servicio y entrega a la causa de Cristo y su Reino. La
noticia de su partida a la Patria Celestial fue anunciada en la revista Ecos de Servicio
de esta manera:
Se durmió
21 de febrero, en EE. UU., el Sr. John Ruddock. John Ruddock y su
esposa Nettie fueron encomendados desde EE. UU. en 1926 para servir
al Señor en Guatemala y se establecieron en San Felipe y
posteriormente en Quesada, donde presenciaron la salvación y el
bautismo de muchos. En 1936 se mudaron a la República de Honduras,
donde sirvieron durante 40 años entre los indígenas caribes. No fue un
ministerio fácil, pero vieron a muchos convertirse. En 1942 se mudaron
a Tela para ayudar a una pequeña asamblea. En su ministerio,
participaron en campamentos juveniles y también en campamentos
establecidos para albergar a trabajadores migrantes que venían a
recoger plátanos. Recorrió muchos kilómetros en bicicleta, visitando a
creyentes solitarios y aislados, y animándolos en su fe. John Ruddock
era un hombre con un gran deseo por su Señor y por las necesidades de
los hombres y las mujeres. En una ocasión escribió: «Aunque sigo
disfrutando de predicar el evangelio, la gran necesidad entre los cristianos es tal que
dedico la mayor parte de mi tiempo a ayudarlos». Se jubilaron en Estados
Unidos en 1977. Ahora se ha ido con su Señor, a quien sirvió fielmente
durante tantos años. Extendemos nuestro pésame a su esposa y sus dos
hijas. (Colman, 1993)
También se escribió el siguiente obituario sobre él en la revista irlandesa Harvest
Fields (Campos de cosecha):
Llamado a casa:
El Sr. John Ruddock (anteriormente de Honduras) 21 de febrero de
1988 en California. John Ruddock nació en Growell el 17 de diciembre
de 1897. Fue salvo a los 21 años e inmediatamente se unió a Ernest

190
Wilson para testificar de Cristo y predicar el evangelio cuando surgían
las oportunidades. En 1921, toda la familia Ruddock se mudó a Los
Ángeles y John se involucró en la obra entre los hispanohablantes. Se
casó con Nettie Baird, originaria de Escocia, en 1926 y, poco después
de su boda, fueron a Guatemala para ayudar en la obra del Señor. Seis
años después, las asambleas de Los Ángeles los encomendaron a servir
al Señor en Honduras, primero en San Pedro Sula, luego en Trujillo y
luego en Tela, hasta su regreso a California en 1978. Cuando John y
Nettie Ruddock se unieron a la obra en Honduras, probablemente solo
había una asamblea en todo el país. Las vías de comunicación eran
limitadas. Los Ruddock viajaban en tren donde podían y subían las
empinadas laderas de las montañas a pie o en mula. Sufrían frecuentes
ataques de malaria. John Ruddock trabajó con todas sus fuerzas,
predicó el evangelio, discipuló a los conversos, enseñó de casa en casa,
construyó salones de reunión, vio cómo se formaban asambleas en
lugares remotos y, aun así, encontró tiempo para viajar con otros
hermanos a los países vecinos de Costa Rica y Nicaragua. Hoy en día,
hay 160 asambleas en la República de Honduras. John y Nettie Ruddock
son recordados con cariño y aprecio por miles de creyentes en toda la
república. No hay palabras para expresar adecuadamente lo que Dios
permitió que John y Nettie Ruddock contribuyeran a la obra en
Centroamérica durante 52 años de dedicado servicio. 246 Cuando, por
necesidad, John y Nettie Ruddock se mudaron a la sede de las
Asambleas del Oeste en California en marzo de 1978, no se estaban
retirando de la obra del Señor. Comenzaron a recopilar textos bíblicos
en español y a combinarlos con láminas a color de tamaño revista.
Enviaban más de 500 al mes para distribuirlos como premios de la
escuela dominical y para la obra entre adultos en Costa Rica,
Guatemala, El Salvador y Honduras. Recientemente, tras obtener un
libro sobre la historia de la familia Ruddock, que incluía los nombres y
direcciones de sus miembros en muchas partes del mundo, John
Ruddock le escribió a cada uno contándoles sobre su lugar de
nacimiento, infancia, inmigración, matrimonio y trabajo, y
explicándoles claramente el camino de salvación de Dios. Al recibir
respuestas, procuraba mantener el contacto; algunos eran creyentes,

191
pero la mayoría no. Las palabras no son suficientes, los párrafos no son
adecuados, un libro planeado no será adecuado; solo los registros del
cielo contarán cuán trascendentales para Dios fue la vida del joven que
cayó de rodillas en su lugar de trabajo en Irlanda en 1918 y clamó en
voz alta: "Dios, sé propicio a mí, pecador". Puede que tenga
contemporáneos, pero ¿dónde están sus sucesores? (Colman, 1993)

Seis años después de la partida de nuestro hermano Juan Ruddock, también la


hermana Nettie Ruddock seria llamada a la Patria Celestial. El siguiente es el
obituario escrito por nuestros hermanos Roberto y Juanita Shedden en memoria de
nuestra hermana Nettie Ruddock:

Con el Señor
Janet Reid. Ruddock
26 de mayo de 1901 - 12 de julio de 1994

"Ha sido de gran ayuda para muchas personas..."


Romanos 16:2 (NVI)

Nacida en Escocia en una familia que amaba a Cristo, Janet Baird


renació en su ciudad natal, Saltcoats, a los 17 años. Nettie, como la
conocían cariñosamente, dedicó su vida a Aquel que la amó y se entregó
por ella. Ningún sacrificio sería demasiado grande; ningún servicio
demasiado insignificante; ninguna exigencia demasiado costosa.
¡Nettie lo había entregado todo sobre el altar! Desde ese día, sería una
verdadera nazarea para su Señor toda su vida. No habría vuelta atrás a
la luz de todo lo que Él había hecho por ella.

Tras dejar Escocia para vivir en Estados Unidos, Nettie residió en


Cleveland, Ohio, durante aproximadamente un año. Posteriormente, se
mudó a Pasadena, California, donde conoció a John Ruddock, con quien
más tarde se casó. Su interés común era la gran necesidad de la
comunidad hispanohablante, y no escatimaron esfuerzos para dar a
conocer el Evangelio a estas queridas personas. Dios las usó de manera

192
maravillosa entre el pueblo hispano, y luego les abrió la puerta para
servirle, primero en Guatemala de 1926 a 1930, y luego en Honduras de
1932 hasta su jubilación en 1978. Varias asambleas en el área de Los
Ángeles, California, las encomendaron a la obra del Señor. Nettie
dominaba el español, y esta fue la clave para abrir los corazones de
cientos de pecadores. Aprendió rápidamente las costumbres de la gente,
y su preocupación por quienes la rodeaban era evidente. Nettie era, sin
duda, una epístola viviente, conocida y leída por todos. Atendía a los
enfermos y moribundos con habilidad y paciencia, sin preocuparse
demasiado por su propia salud. Ningún servicio se prestó jamás para ser
visto por los hombres; todo se hacía para la gloria de Aquel que la
amaba, y Él era su ejemplo por excelencia. Hoy en día, muchas mujeres
piadosas en Honduras aprendieron los fundamentos del cristianismo de
la mano de su querida "doña Nettie", así como el ABC de su lengua
materna. La preocupación de Nettie por las mujeres hondureñas, y
especialmente por aquellas que confiaban en el Señor, abarcaba a todas
las edades. En todo sentido, era una verdadera "madre en Honduras".
El trabajo de campamentos, que ha sido verdaderamente bendecido por
Dios en las muchas almas que han sido ganadas para Él, tuvo su inicio
en la visión de Nettie. Hoy, entre 1200 y 1500 jóvenes de entre 8 y 17
años se reúnen cada año bajo el sonido de la Palabra de Dios en tres
campamentos diferentes, que se realizan simultáneamente en tres zonas
estratégicas del país.

Doña Nettie no descuidó a los cristianos mayores. Hoy, en el pueblo de


Tela, existe un hogar dedicado a quienes están en el ocaso de la vida.
Hay alojamiento para entre 14 y 16 residentes (aunque al momento de
escribir esto solo hay seis), y no hay ningún costo, ni siquiera por los
servicios médicos o medicamentos que puedan necesitar.
Una verdaderamente extraordinaria "mujer de Dios" ha sido llamada a
un servicio superior. Nettie Ruddock no era perfecta, y sería la primera
en reconocerlo. Era una mujer con pasiones similares a las nuestras,
pero, a pesar de sus imperfecciones, Dios le había confiado muchos
talentos que usó para Su gloria en todo momento. Empezó bien, corrió

193
bien y terminó bien su carrera. La suya fue una "fe para seguir
considerando su manera de vivir" (Hebreos 13:7, NVI).

Aunque falleció, aún habla a todos los que confiesan a Jesús como
Señor.

Sus "hijos en la fe" y sus compañeros de trabajo en Honduras saludan


la memoria de una verdadera santa de Dios que tembló ante Su Palabra,
ahora en casa con el Señor, y sus obras la siguen.

Allister y Jean Shedden,


Antiguos colegas que ahora residen en Surrey,
Columbia Británica. (SERVICE E. O., 1994)

Tumba de Juan y Nettie Ruddock

194
Jesús mismo se acercó y fue con ellos. Lucas 24:15
¿VOLVERÍAS?

Si hubieras estado en países extranjeros,


Donde las almas cansadas extienden sus manos
Para suplicar, pero nadie entiende.
¿Volverías? ¿Lo harías?

Si hubieras visto a las mujeres llevar


Sus pesadas cargas sin nadie con quien compartir.
Las hubieras oído llorar, sin nadie que se preocupara.
¿Volverías? ¿Lo harías?

Si las hubieras visto desesperadas,


Golpeándose el pecho y halándose el cabello,
Mientras poderes demoníacos llenaban el aire.
¿Volverías? ¿Lo harías?

Si hubieras caminado por la arena de Honduras,


Con tu mano en la mano del Salvador
Y supieras que Él te había llamado a esa tierra.
¿Volverías? ¿Lo harías?

Si hubieras visto morir al cristiano,


Sin temor a la muerte cercana,
Los hubieras visto sonreír y despedirse,
¿Volverías? ¿Lo harías?
Sin embargo, aún esperan, una multitud cansada,
Han esperado, algunos tantos tiempos,
¿Cuándo la desesperación se convertirá en canción?
¡Voy a volver! ¿Lo harías?

AUTOR DESCONOCIDO

195
Sí, volvería.
Pero no, no puedo,
He vuelto y vuelto y vuelto.
Ahora he llegado a los ochenta,
Mis piernas están quietas y
También me duelen,
Mis ojos están apagados,
Mi audición se ha ido,
Más apto para el Cielo
Que para viajar ahora.
No, no puedo volver.
¿Puedes?
¿Puedes?

JOHN RUDDOCK
(Colman, 1993)

196
Cornelia Johnette (Ruddock) Colman

197
En el año 2022 partiría para estar con el Señor la hija menor de los hermanos Juan
y Nettie Ruddock, Cornelia Johnette Ruddock. El siguiente es el obituario que se
escribió para recordarla:
Obituario de Johnette (Ruddock) Colman
16 de febrero de 1934 - 15 de abril de 2022

Johnette (Ruddock) Colman (también conocida como Cornelia


Johnette Colman murió pacíficamente en su casa de Redondo Beach el
viernes Santo, 15 de abril de 2022, a la edad de 88 años por causas
naturales. Sus dos hijos y su esposo estaban a su lado. Johnette nació
en Puerto Castillo, Honduras, en el Hospital de la United Fruit
Company, al borde de la Costa de los Mosquitos, hija de John Ruddock
y Janet Ruddock (Baird). Durante su vida, Johnette mantuvo estrechos
vínculos con su hermana, Margaret Randall (fallecida en 2021), y su
hermano adoptivo Jorge Chumilio. Era la orgullosa madre de Dinnette
Chanana, Rancho Palos Verdes, y Barry Colman (María), Santa Clarita,
y abuela de Timothy, hijo de Dinnette; y Natalie y Lukas, hijos de
Barry. El servicio de los padres de Johnette como misioneros cristianos
pioneros durante 50 años en México, Guatemala y Honduras moldeó su
vida. Sus padres emigraron, Janet (de Escocia) y John (de Irlanda), a
Los Ángeles, donde se conocieron y se casaron en 1926. Johnette se
mudó permanentemente de Honduras, donde se crio, a los Estados
Unidos en 1949, donde ingresó a la Escuela Secundaria Hamilton como
estudiante de primer año y luego asistió y se graduó de la Academia
Culter (The Linfield School) en Los Ángeles, donde conoció a su esposo.
Se casó con Dick Colman en Los Ángeles en 1952. Cuando estaba
embarazada de su primer hijo, se convirtió en ciudadana
estadounidense naturalizada mientras su esposo servía en el Ejército de
los Estados Unidos en Corea. Dick y Johnette habrían cumplido 69 años
de casados en agosto. En su infancia, su primer idioma fue el español y
luego el inglés. En años posteriores, no era raro ver el asombro de los
hispanohablantes naturales mientras charlaban con una pequeña mujer
británica con un perfecto acento hondureño. Johnette vivió una vida a
veces difícil cuando era niña en el campo misionero. En años

198
posteriores, se dio cuenta de que había sido una oportunidad para
sacrificarse por el Señor. Tenía historias fascinantes de haber
presenciado una decapitación con un machete, ataques de perros,
violentos intentos de golpe de Estado, falta de comida, mordeduras de
serpientes, fiebre de aguas negras y una vida agitada junto a la selva
salvaje. Algunas de las historias están documentadas en el libro
Lighting the Mosquito Coast (ISBN 0888735588). Johnette participó y
fue testigo del legado de sus padres, como instrumentos del Señor,
quienes ayudaron a plantar más de 160 iglesias (asambleas), fundaron y
mantuvieron un hogar de ancianos, establecieron y llevaron a cabo
conferencias anuales y mejoraron la vida de cientos de hondureños en
ese entonces y por la eternidad. A lo largo de los años, las casas de Dick
y Johnette se convirtieron en respiros y residencias temporales para su
extensa familia hondureña mientras hacían la transición a la vida en
California, incluyendo a Inez Stefan (Sheddon), Grace Turk (Hanna),
Florence Wright (Hanna) y Jack Hanna. Johnette fue una voluntaria
comunitaria dedicada y activa durante toda su vida. Ella y su esposo
ministraron a los pacientes del hospital Torrance Memorial Medical
Center (TMMC) como "payasos" certificados, y trabajó como
recepcionista en la entrada del hospital durante 12 años. También pasó
muchas horas cuidando a los demás, incluyendo la tutoría de jóvenes,
en la Iglesia Bíblica de South Bay durante 20 años. A sus 80 años, jugó
un papel decisivo en el mantenimiento de un grupo de mujeres en su
vecindario de Hollywood Riviera. Su trabajo como agente de viajes
compensó sus viajes por todo el mundo por negocios y placer a 38
países. Cruzó el Atlántico desde Nueva York hacia y desde Gran
Bretaña dos veces. Una vez, al final de la Segunda Guerra Mundial en
un barco de tropas, el SS Argentina, con soldados y familias que
regresaban, y otra vez en el Queen Elizabeth II. Otros pasatiempos de
larga duración fueron el diseño de interiores, la repostería, la costura y
pasar tiempo con su esposo. Lo más importante para ella era ser la
mejor madre, esposa, abuela, tía y testigo del Señor que pudiera ser. La
familia solicita una donación a las Misiones Cristianas en Muchas
Tierras en lugar de flores. (News, 2022)

199
Don Juan y doña Nettie Ruddock con su nieto Barry Colman.

200
FOTOGRAFIAS

Doña Nettie Ruddock preparando alimentos en una Conferencia


General junto a otras hermanas en Cristo

Sala Evangélica de Tela – Fotografía tomada por los Ruddock


201
Don Juan y doña Nettie Ruddock en Estados Unidos.

Santiago y Olivia Scollon, David y Lourdes Dominguez, Manuel y Ana Nasralla,


Roberto y Juanita Shedden, Jaime Pugmire y al centro Nettie y Juan Ruddock.

202
Don Juan y doña Nettie Ruddock en Estados Unidos.

Don Juan y doña Nettie Ruddock visitando203


a los hermanos de Trujillo, Colón, Honduras.
Don Stan Hanna, don Juan y doña Nettie Ruddock y doña Esma Nasralla de Hanna.

Don Juan y doña Nettie Ruddock junto a don Stan Hanna

204
EPILOGO
Camino a la montaña llamada Neblina, en la cordillera del Merendón en el
departamento de Cortés, Honduras. A casi 1,200 metros sobre el nivel del mar. Nos
detuvimos a descansar por un momento en la rivera de un rio, antes de proseguir
con nuestro camino. Algunos decidieron quedarse un tiempo más a descansar,
mientras otros se preparaban para seguir. Yo por mi parte, decidí adelantarme un
poco, para alcanzar a los que ya habían comenzado a caminar. Sin darme cuenta,
me encontré solo y perdido en medio de la montaña, mientras la noche comenzaba
a caer. No logré ver a nadie a delante de mí, entre las sinuosas cuestas de las
montañas. Entonces, intente regresar, pero también había perdido el camino de
regreso. Así que, comencé a desesperarme e hiperventilarme.
Estaba perdido, y no sabía si alguien me encontraría, o si podría sobrevivir a los
peligros de la montaña. Pensaba en las serpientes venenosas, las tarántulas e incluso
en alguna fiera que intentaría devorarme. Fue entonces que los vi. Atrás de mi
venían sin prisas, pero sin pausas y en amena platica, el hermano Victoriano
Rodríguez de Corpus, montado en su caballo a paso lento y caminando junto a él,
el hermano Arnulfo Sandoval, uno de mis Ancianos.
Nunca se los dije, pero ese momento me salvo la vida. Desde entonces intento andar
cerca de los que realmente conocen el camino, porque es muy fácil perderse.
Al terminar este libro, debo decir, que tengo una gran satisfacción al saber que el
Señor me permitió a mí, el reconstruir de alguna manera, parte de la historia y
testimonio, de vidas tan excelentes y extraordinarias como las de Juan y Nettie
Ruddock. Porque son sin duda alguna, ejemplos dignos de imitar que Dios nos ha
dejado para no perdernos en el camino que aún tenemos por delante. Amén.

Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará


inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este
camino, por torpe que sea, no se extraviará.
Isaías 35:8

205
FUENTES

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Buchanan, S. S. (2013). Lisburn. Obtenido de [Link]:
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SALAS EVANGÉLICAS. Tegucigalpa, Honduras: ASOCIACION DE SALAS
EVANGELICAS.
Evangelico, E. P. (Mayo de 2020). La Historia de la Obra Evangélica a través de las Salas
Evangélicas en Honduras . Tegucigalpa: Salas Evangélicas de Honduras.
Hockings, A. (13 de Noviembre de 1951). THE NEW "PRAYER LIST". ECHOES OF SERVICE,
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NASRALLA. (R. A. Castro, Entrevistador)
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206
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SHEDDEN, A. (1970). HONDURAS. ECHOES OF SERVICE.
Witness, T. (1937). OTHER PARTIES. The Witness.

207
NOTA: ESTE LIBRO NO DEBE SER REPRODUCIDO CON FINES DE
LUGRO. EL AUTOR LO HA PUESTO A DISPOSICIÓN DE LAS SALAS
EVANGELICAS DE HONDURAS DE FORMA TOTALMENTE
GRATUITA. PARA MAYOR INFORMACION CONTACTESE CON EL
AUTOR DIRECTAMENTE A TRAVES DE:

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208
Juan Ruddock ( 17 de diciembre de 1897 - 21 de febrero de 1988) fue
un destacado misionero de origen irlandés que dedicó más de 50 años
de su vida a la obra cristiana en Centroamérica, especialmente en
Honduras y la Costa de Mosquitos. Nació el 17 de diciembre en 1897
en Growell, Irlanda. Fue hijo de Andrew Reid Ruddock, un líder
prominente de los Hermanos de Plymouth (Plymouth Brethren).
Tras emigrar a Estados Unidos, se convirtió al cristianismo en 1918.

Antes de viajar al extranjero, trabajó con la población latina en Los


Ángeles y realizaba viajes de fin de semana a México para trabajar
con niños.

En 1926 inició su labor misionera a tiempo completo. Primero se


estableció en Guatemala y cuatro años después se trasladó a
Honduras. Gran parte de su trabajo se centró en la región selvática
de la Costa de Mosquitos, en la frontera entre Honduras y Nicaragua,
un área difícil y poco explorada en esa época. Se le recuerda por su
habilidad para navegar situaciones complejas, interactuando con
comunidades indígenas (como los Garífunas y Misquitos), dictadores,
y compañías bananeras. Se menciona que en una ocasión intercedió
ante el General Sanabria para lograr la liberación de pastores
detenidos. Este libro narra sus aventuras entre canoas, malaria,
revoluciones y su labor espiritual.

Juan Ruddock partió a la presencia del Señor 21 de febrero de 1988,


dejando tras sí, muchas iglesias de las Salas Evangélicas establecidas
e incontables almas ganadas para Cristo.

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