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Cuentos Basicos

El documento presenta tres cuentos que abordan temas de amor, amistad y honestidad. En 'La pulsera', una niña ahorra para comprar una joya para su madre, mostrando su amor y sacrificio. 'La rosa y el sapo' narra la historia de una amistad que se ve afectada por la vanidad, mientras que 'Las entradas del circo' destaca la importancia de la honestidad en la relación madre-hija.

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Cuentos Basicos

El documento presenta tres cuentos que abordan temas de amor, amistad y honestidad. En 'La pulsera', una niña ahorra para comprar una joya para su madre, mostrando su amor y sacrificio. 'La rosa y el sapo' narra la historia de una amistad que se ve afectada por la vanidad, mientras que 'Las entradas del circo' destaca la importancia de la honestidad en la relación madre-hija.

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La pulsera

Un joyero venía observando ya durante un


tiempo, cómo una niña se detenía delante del
escaparate de su establecimiento y se quedaba
mirando una bonita pulsera de oro.
Así pasaron varias semanas hasta que, un día, la
niña se decidió a entrar:
-¡Hola! -dijo la pequeña.
-¡Hola! -contestó educadamente el joyero-. ¿En
qué puedo ayudarte?
-¿Me puede usted enseñar esa pulsera que hay
en el escaparate, la dorada?
-Claro que sí -le respondió.

La niña la cogió y comenzaron a temblarle las


manos mientras la acariciaba con sus dedos. En
ese momento el joyero pudo ver cómo unas
lágrimas de emoción brotaban de sus ojos.
-Es que me gustaría regalársela a mi madre,
pues hoy es su cumpleaños y me está ayudando
mucho en mis estudios. Se pasa el día
trabajando, y cuando llega cansada por la tarde

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se queda conmigo haciendo los deberes hasta
que consigo entenderlos.
-Sí, seguro que le encantará, es preciosa -le
contestó el joyero.
-¿Cuánto vale? -preguntó la niña.
-¿Cuánto tienes? -le respondió el hombre.

La niña sacó una pequeña bolsa repleta de


monedas y las dejó sobre el mostrador.
-Es que he estado ahorrando durante muchos
meses.
-Bien, veamos qué hay por aquí... -contestó el
joyero mientras contaba el dinero- a ver... ¿no
tienes nada más, pequeña?
-Bueno, sí, espere... -dijo mientras metía sus
manos en los bolsillos y continuaba sacando
varias monedas más, un pequeño billete
arrugado, un anillo de plástico, un coletero
rosa y dos caramelos de fresa.
-A ver... creo que sí, creo que con esto será
suficiente -le respondió el joyero mientras
recogía todo lo que la niña había dejado en el
mostrador- ¿Quieres que te la envuelva para
regalo?
-¡Sí, sí! -exclamó la niña ilusionada.
Tras unos minutos, el joyero le dio el paquete
y la pequeña se llevó la joya.

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A la mañana siguiente, la madre de la niña se
presentó en el establecimiento con la pulsera
en su estuche.
-Hola -saludó nada más entrar.
-Hola -le saludó también el joyero-, ¿en qué
puedo ayudarle?
-Verá, es que ayer por la tarde, mi hija me
regaló esta pulsera para mi cumpleaños y me
dijo que la había comprado aquí.
-Sí, así es -contestó el joyero mientras la
observaba-, yo mismo se la vendí.
-Pero... pero creo que debe haber un error
porque... esta pulsera es de oro, ¿verdad?
-Sí, por supuesto, aquí solo vendemos
productos de primera calidad.
-Entonces no lo entiendo, mi hija jamás podría
pagar una joya así, no tiene tanto dinero,
¿cuánto le ha costado?
-Verá -le contestó seriamente el joyero-, en este
establecimiento tenemos por costumbre
mantener la confidencialidad de nuestros
clientes, así que, sintiéndolo mucho, no puedo
darle esa información.
-Pero... -protestó la madre.
-Lo que sí puedo decirle es que su hija pagó
por esta pulsera el precio más alto que puede

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pagar una persona.
-¿Qué quiere decir? -contestó la madre
preocupada.
-Su hija me dio todo lo que tenía.

***
Cuento extraído del libro “Cuentos para entender el mundo 2”

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11
La rosa y el sapo
En un precioso jardín, una rosa y un sapo
habían ido creciendo juntos. Durante mucho
tiempo compartieron todo tipo de vivencias,
secretos y, sobre todo, una amistad que parecía
eterna.

La vida iba pasando y el sapo observaba cómo


su amiga se volvía cada vez más y más
hermosa. Para él era un placer ir a visitarla,
saltar a su alrededor y contarle todo lo que
sucedía fuera de aquel jardín.

Pero la rosa comenzó a darse cuenta de su


hermosura y de la atracción que ejercía sobre la
gente que la miraba.
El único problema era que, de vez en cuando,
aparecía un sapo dando saltos a su alrededor
que espantaba a los que se acercaban.

Llegó el día en el que la rosa, ya cansada de la


situación, habló con el sapo.

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-Oye -le dijo-, ¿no podrías hacer lo mismo que
haces aquí, eso de ir saltando de un lado a otro,
en cualquier otra parte del jardín?
-Pero... -contestó confundido- hasta ahora
nunca te había molestado mi presencia,
siempre te había gustado tenerme alrededor...
-Sí, es cierto, pero me he dado cuenta de que
espantas a todos los visitantes que vienen a
verme. Les asustas y además... tu aspecto ya no
armoniza con mi belleza.
-Vaya... -contestó triste el sapo- qué lejos han
quedado aquellos tiempos...

Ambos se quedaron callados durante una


eternidad. Él esperando una rectificación y
ella, en cambio, esperando a que se fuera.
-Vale... -contestó finalmente el sapo- no te
preocupes, el jardín es muy grande, puedo
irme a cualquier otro sitio -y se alejó de allí.

Y la primavera pasó, y el verano, y también el


otoño...
Y durante todo aquel tiempo, ambos hicieron
su vida por separado. No volvieron a verse en
meses, hasta que un día el sapo decidió
acercarse a visitar a la rosa.

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Pero al llegar se quedó totalmente sorprendido.
Su amiga, aquella bonita flor, estaba ahora
marchita, apenas quedaba rastro de la belleza
que había tenido meses atrás. Sus pétalos
estaban agujereados, su tallo caído...

-Hola, Rosa.
-Hola, Sapo -contestó ella con rocío en las
mejillas.
-Pero, ¿qué te ha pasado? ¿qué te han hecho?
¿por qué tienes tan mal aspecto?
-No lo sé. Los primeros días todo fue bien,
pero poco a poco comenzaron a comerme los
bichos, sobre todo las hormigas. Un día un
picotazo aquí, otro día otro picotazo allá y se
han apoderado de mí...
-¡Ay, Rosa! -le contestó el sapo- nunca te diste
cuenta de que antes había alguien que se comía
todos esos bichos que estaban cerca de ti.
Estabas demasiado ocupada observando tu
propia belleza.

***
Cuento extraído del libro “Cuentos para entender el mundo 1”

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Las entradas del circo
Una madre decidió celebrar el cumpleaños de
su hija llevándola a un circo que acababa de
llegar a la ciudad.
La niña se sentía feliz y a la vez orgullosa al ver
que cada vez se iba haciendo más mayor.
Cuando por fin llegaron, se dirigieron a las
taquillas.
-¿Cuánto cuestan dos entradas? -preguntó la
madre.
-Tenemos dos precios: 10 euros para los
adultos y 7 euros para los menores de cinco
años.
-Está bien -le dijo la madre mientras buscaba
en la cartera dinero para pagarlas-, entonces
deme dos de adulto.

El hombre de la taquilla le entregó el cambio y


le dio las entradas.
-¿Sabe, señora...? Podría haberse ahorrado 3
euros, pues yo no me hubiera dado cuenta de
que su hija tiene más de cinco años.

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-Sí, lo sé -contestó la madre-, usted no se
hubiera dado cuenta, pero ella sí.

***
Cuento extraído del libro “Cuentos para entender el mundo 2”

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