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5 AC (Rol y Status)

El documento aborda la definición de status y rol en la sociedad, destacando que el status es la posición de un individuo en un grupo y el rol es la conducta esperada asociada a ese status. Se distingue entre roles y status adscritos, que son asignados por factores externos, y adquiridos, que se obtienen por decisiones personales. Además, se discuten las transiciones de roles, conflictos de roles y la inconsecuencia de status, enfatizando la complejidad de las expectativas sociales en sociedades modernas.

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5 AC (Rol y Status)

El documento aborda la definición de status y rol en la sociedad, destacando que el status es la posición de un individuo en un grupo y el rol es la conducta esperada asociada a ese status. Se distingue entre roles y status adscritos, que son asignados por factores externos, y adquiridos, que se obtienen por decisiones personales. Además, se discuten las transiciones de roles, conflictos de roles y la inconsecuencia de status, enfatizando la complejidad de las expectativas sociales en sociedades modernas.

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ROL Y STATUS

En general, se define el status como el rango o la posición de un individuo en un grupo o


sistema social. El status hace referencia a la posición que uno ocupa, no a la persona misma.
Puede tratarse de una posición en determinado grupo, como la familia, el grupo de amigos, el
club o el vecindario. Puede tratarse de una posición reconocida por otras personas en general.
Cada persona posee una serie de status. El status de una persona puede ser: empleado, padre,
esposo, vecino, socio de un club. La suma de status se llama haz de roles. Los status cambian
constantemente a medida que se abandonan algunos anteriores e incorporan otros nuevos.

Cada status es acompañado por su rol correspondiente. Rol se define como la conducta
esperada en quien ocupa un determinado status. En el caso de una mujer o de un hombre, su
ropa, su manera de comportarse, su tipo de trabajo y sus intereses son influidos por la imagen
de lo que la sociedad define como conducta femenina.

Rol y status adscritos y adquiridos

Los roles y los status son de dos tipos: adscritos y adquiridos. Los status y los roles adscritos
son los que se asignan en relación con la cuna o con otros factores que la persona no puede
controlar, tales como el sexo biológico, la raza o la edad. Los status y los roles adquiridos son
los que uno obtiene por propia decisión o por sus actos (estudio y soy universitario, me enrolo
en el ejército y soy militar). Normalmente se nos asigna la posición de clase social de nuestros
padres, pero podemos alcanzar una posición de clase diferente por nuestros propios actos.

Aprendizaje de roles

Aprender a representar roles es un aspecto fundamental de la socialización. Por ejemplo, a


medida que el individuo aprende la conducta que se espera de los estudiantes, aprende
también las actitudes y los sentimientos corrientes en la mayoría de ellos. Todos los alumnos
de primer año universitario están familiarizados con la transición de roles de la condición de
estudiante secundario a la de estudiante universitario. Durante los primeros días en el claustro
se esfuerzan por identificar el sistema de normas y hábitos propios del nuevo status de
estudiantes universitarios. Así despliega el rol esperado al nuevo status.

El proceso de aprendizaje de roles comienza en la infancia y continúa durante toda la vida. Dar
ciertos juguetes al niño (muñecas y cocinitas a la niña, juegos de destreza a los niños), hacerle
ciertas preguntas (¿qué quieres ser cuando seas grande?) se refuerzan ciertos roles esperados
de los niños.

Transición de roles

A medida que una persona avanza en la vida ocupa nuevos status y ejecuta nuevos roles
adecuados a ese status. El paso de una condición civil a otra, el servicio militar, el matrimonio,
la jubilación y otros cambios implican transiciones de roles.
Las transiciones de roles no siempre son fáciles. Puede haber cierto retraso en la preparación
de roles, lo que constituye una crisis para quien los representa. Son relativamente sencillas las
transiciones de roles cuando hay continuidad en la preparación para el nuevo rol: si soy
estudiante en un nivel educativo no será demasiado diferente el serlo en el siguiente. Pero no es
lo mismo ser un civil (plomero, abogado) y verse lanzado a un frente de combate (soldado).

Parece que esta confusión en las expectativas de roles es una característica original de las
complejas sociedades modernas, plenas de cambios y desafíos. En las sociedades primitivas y
tradicionales se establecían claramente los derechos y deberes para cada condición social. Y
por generaciones no había cambios. La transición en sociedades tradicionales a una condición
ulterior se anunciaba mediante una serie de pruebas de iniciación, ritos formales que
representaban el paso de una etapa a otra. En la sociedad moderna, en cambio, carece de tales
ritos formales bien definidos, lo cual produce a menudo incertidumbre y temores, problemas
de adecuación y stress respecto de los derechos y obligaciones.

Conducta de rol y personalidad

Es importante distinguir entre los rasgos de la personalidad y el comportamiento requerido por


un rol. Las características de la personalidad necesarias para representar un rol eficazmente se
denominan personalidad del rol. Hay tensión emocional cuando difiere la personalidad de el rol
que esa persona debe realizar. Es más efectivo y grato si la personalidad y el rol a ejecutar
coinciden. La representación del rol adecuada es al mismo tiempo una adaptación a las
normas sociales y una forma de satisfacer los requerimientos personales.

En un trabajo o en una orientación vocacional, por ejemplo, una persona puede valerse de
pruebas psicológicas para determinar si posee las cualidades necesarias para desempeñar
determinados cargos. Sin embargo, el desempeño del rol exigido por la tarea no siempre
coincide exactamente con la verdadera personalidad del individuo.

Conflicto de roles

Hay dos formas de conflicto de roles: (a) Roles diferentes pueden imponer demandas diferentes
y conflictivas entre sí; (b) o bien en un mismo rol pueden manifestarse presiones conflictivas.

En el primer caso tenemos el ejemplo de las mujeres casadas en las últimas décadas. No
pueden escapar a las presiones contradictorias de ser esposas (madres, cuidadoras del hogar)
y trabajadoras (para desarrollarse personalmente, para ayudar económicamente a la familia).
En nuestra sociedad, también vemos el caso de los hombres: que tengan éxito en su trabajo,
que ganen más dinero, que asciendan; pero se espera también que sean buenos padres y
esposos. Vemos que los conflictos de roles pueden chocar entre sí. Un joven que es hijo y a la
vez amigo de sus compañeros (es decir posee un haz de roles) puede tener que elegir entre
obedecer a sus padres o ser leal a sus amigos. Dicho de otro modo, los roles pueden entrar en
conflicto dentro de una misma persona.
En el segundo caso podemos ver la situación de un médico o un electricista, entre otros casos
similares. Tienen la obligación de ser honestos con el paciente o cliente y esto choca con el
deseo de ganar más dinero (no es extraño que se pidan más estudios médicos de los necesarios
o bien se infle el presupuesto de un arreglo hogareño).

Una de las soluciones al conflicto de roles consiste en redefinir inconscientemente el rol. Y esto
puede darse a través de dos mecanismos. Es importante aclarar que no hay autoengaño aquí
sino un convencimiento interior en que no se ve el conflicto al que uno se expone. Un
mecanismo es la racionalización y otro es la compartimentalización.

En el primero, se disimula existencia de un conflicto de roles redefiniendo la situación en


términos aceptables para la persona. Juan no puede realizar cierta tarea a la que aspira, otra
persona toma el puesto en la empresa, Juan se convence (cuidado, no es que la persona se
engaña si no que se convence racionalmente) que ese trabajo no era para él en realidad y de
hacerlo quedaría agotado como quedará esa otra persona. En el segundo mecanismo, uno aísla
los roles conflictivos en espacios separados: me comporto como buen cristiano en mi
congregación, pero cuando emito juicios sobre las personas en reuniones sociales o familiares
rompo ciertos preceptos morales de mi fe y lo veo como natural por lo que no me siento culpable
ni se me presenta reparo alguno (por ejemplo, discriminar, estigmatizar, inducir a la violencia,
etc.).

Inconsecuencia de status

Cada persona tiene varios status diferentes. Ellos no siempre están bien integrados. Un
individuo puede ser un profesor apreciado, un gerente reconocido, un médico valorado, es decir
un miembro respetado de la comunidad, pero tener poca autoridad o respeto dentro de su
propia familia. O viceversa. La inconsecuencia de status se produce cuando los diferentes
status de una persona no se vinculan entre sí de manera coherente o esperada.

Edad, sexo y clase social son tres tipos importantes de status que pueden combinarse de modo
inconsecuente. Se puede ser mayor para votar (16 años) pero no para comprar alcohol (18
años). Se puede ser adulto y con una historia de ubicación y responsabilidad, pero salir con
alguien dos o tres décadas menor es ser objeto de comentarios por lo bajo y hasta
ridiculización. Se puede ser una persona leída, culta y formada pero la condición social humilde
puede impedir la socialización esperada con otras personas de esa formación de otro contexto
social.

También hay incongruencia de status cuando no se reconoce a una persona con el status que
ella cree merecer o merece. Por ejemplo, el nuevo rico que no es aceptado en ciertos círculos
tradicionales. O bien, el hombre que se transforma en objeto de miradas por acompañar a su
esposa que ha sido elegida presidenta o primera ministro, en una sociedad no acostumbrada a
tales status. La incongruencia de status en principio produce confusión.

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