Roma:
l. De Rómulo a Constantino: Roma pasó de ser pequeño arrabal sobre el Palatino, a ser la
más grande metrópoli de la Antigüedad. Sus primeros habitantes bajaban a pacer los
rebaños y a enterrar a sus muertos en el valle donde se alzó el Foro; pasados diez siglos, el
recinto habitado de Roma tenía un perímetro de casi veinte kilómetros y una población
numerosísima y estable.
Las orillas del Tiber, desde Porta Trigemina hasta más allá de las laderas del Aventino
hacia el sur, estaban urbanizadas mediante obras portuarias, de manera que asegurase los
abastecimientos necesarios, en abundancia y con regularidad. Once acueductos
suministraban diariamente tal cantidad de agua, que se calcula en mil millones y medio de
litros.
II. De la Roma Quadrata, a las catorce regiones augústeas y a la Roma aureliana: la Roma
Quadrata sobre el Palatino se transformó en el Septimontium y más tarde en la ciudad
quattuor regionum, ciudad serviana, en la Roma de Augusto y finalmente en la de Aurelio.
La densidad de la población varió según las épocas; alcanzó su máximo en el siglo II de
Jesucristo. Pero también en aquella época una parte del área urbana quedó libre.
Augusto dio a la ciudad, una sistematización administrativa que permaneció en todo el
período del Imperio. El territorio de la ciudad fue limitado por él con una zona aduanera, y
dividido en catorce regiones. Las regiones de Augusto son circunscripciones
administrativas, que en su mayoría no tienen en cuenta las unidades topográficas edilicias e
históricas de la ciudad. A la cabeza de cada región se colocaba un magistrado anual; en
todas había un cuartel (excubitorium) donde residían los Vigiles, cuerpo de policía creado
sobre todo para la extinción de los incendios. Cuando en el siglo IV de J.-C fueron
instituidos los médicos públicos, cada región tuvo los suyos. La región augústea
comprendía cierto número de circunscripciones menores, llamadas vici, que tenían a su
cabeza magistri o vicomagistri elegidos por los ciudadanos del barrio. El circuito exterior
de la ciudad, en el siglo III de J.-C., fue fortificado con las murallas aurelianas, que seguían
aproximadamente la línea aduanera de Vespasiano y Tito.
La ciudad augústea e imperial es la Roma mayor, la de que poseemos más grande número
de monumentos.
III. El centro de la gran Roma: También cuando Roma se hubo extendido, el centro de la
vida romana no se desplazó. Donde habían sido los orígenes, allí quedó el corazón de
Roma. En la hondonada, a los pies del Capitolio y del Palatino, Roma vivía su vida más
intensa: la política, los negocios, la administración de la justicia, los cortejos oficiales y
hasta el comercio ciudadano del cotidiano vender y comprar, tenían su mayor centro en el
Foro y en sus inmediatas cercanías. Además del Foro, constituían por esto mismo el centro
de Roma la región del Circo Máximo, entre el Palatino y el Aventino.
IV. El foro: El Foro, cuando nació Roma, era una llanura pantanosa y deshabitada; pero
muy pronto la cuna de Roma, el Palatino, no tuvo ya terreno para contener la población,
que había aumentado rápidamente. Entre los primeros templos que se alzaron, el más
famoso es el templo de Jano.
En los primeros siglos, la vida política del Foro se redujo a la parte septentrional, en el
ángulo que se llamó Comitium; los hombres de negocios se encontraban en la Baslica
Porcia; en el resto de la plaza estaba el mercado ciudadano. Algunos versos de Plauto
documentan que en aquella época (siglos antes de J.-C.) el Foro era siempre, además del
centro de la vida pública, un gran mercado.
En 179 a. de J.-C todas las mejores tiendas del Foro fueron reunidas en un gran Macellum
(mercado de toda clase de comestibles).
El Foro se transformó; fue adquiriendo cada vez más la magnificencia monumental que
demuestran hasta hoy importantes reliquias. El mayor esplendor del Foro comenzó con
César, que levantó en él la Basílica Julia y los Rostra. En 42, Munancio Planco, hombre
fiel al dictador muerto, reconstruyó el Templum Saturni. Después, todos los príncipes
contribuyeron a aumentar su magnificencia.
Cuando el Foro hubo alcanzado su mayor desarrollo, quedaban en él algunos de los
monumentos y construcciones de la época anterior; los principales eran la Basílica Aemilia,
y en las laderas del Capitolio, el Tabularium y la Curia, donde habitualmente se reunía el
Senado: lo nuevo no destruyó del todo lo antiguo.
La calle principal y la más antigua del Foro era la Via Sacra, y salian de ella las dos vías tan
centrales, llamadas Vicus Iugarius y Vicus Tuscus. La Via Sacra partia del Sacellum
Streniae, situado en el lugar donde hoy se encuentra el Coliseo, y pasando por la Velia
llegaba hasta el Foro.
En un lado de la Vía Sacra, en el Foro, César edificó la Basílica Julia. A lo largo de la Via
Sacra, en el trecho que pasa más allá del Foro, se aglomeraban las casas particulares,
muchas de las cuales pertenecían a las familias más nobles de Roma, y un número
considerable de tiendas.
V. Los foros imperiales: Con el engrandecimiento del Imperio romano, creciendo también
la población de Roma, el Foro comenzó a parecer estrecho y a extenderse, con los foros
imperiales, fuera de sus primitivos confines. El Forum lulium con el templo, incluido en él,
de Venus Genetrix, y el Forum Augusti, con el templo de Marte Vengador, se prolongaban
hacia la zona libre entre el Capitolio y el Quirinal.
A la parte oriental del Forum Augusti, Vespasiano edificó el templo que tomó más tarde el
nombre de Forum Vespasiani. En el intervalo entre los foros de César y de Augusto,
Domiciano inició y Nerva llevó a su término la construcción del Forum Nervae. Trajano,
ensanchado el estrecho espacio entre el Capitolio y el Quirinal, continuó al Forum Augusti
con el Forum Traiani y con la Basilica Ulpia, y alzó alli su alta columna historiada.
VI. La vida en el Foro: La vida del Foro culminaba en la hora quinta (las once
aproximadamente); pero se prolongaba hasta la sexta y la séptima. Desde la salida del sol a
la hora décima estaba prohibido el paso de los vehiculos; circulaban sólo peatones o
portadores de literas, pero la muchedumbre era enorme. Si se moría un hombre ilustre,
entonces desfilaba lentamente, cruzando el Foro, su magnífico y regio funeral. Horacio
recuerda los funerales como los acontecimientos más ruidosos de Roma y, desde los
comienzos de la República, las leyes procuraron poner freno a los gritos de las mujeres.
Pero continuaron arañándose y dando gritos.
Todas las clases, todas las nacionalidades, todos los intereses, todas las ambiciones tenían
allí sus representantes. Bastaba una ojeada al Foro para comprender cuán numerosa era y
diversa la población de Róma.
Hacia las dos (hora octava), la actividad de las oficinas había cesado. Entonces de todas
partes acudía al Foro una muchedumbre de ociosos, y allí se estaba horas y horas dando
vueltas por entre tantos monumentos hermosos, para divertirse y pasar el tiempo.
VII. Los barrios populares. Las tiendas. El barrio de la “Subura”: con el engrandecimiento
del Foro, el mercado había tenido que emigrar. Echada del Foro, la vida tendera buscó otros
centros.
En las proximidades del Tíber adquirió proporciones gigantescas; el Vicus Tuscus, donde
Horacio nos dice que se vendían aromas y pimienta, y el Vicus lugarius desembocan en la
región del Velabrum; y la región del Velabrum continuó extendiéndose hacia el sur, donde
se desarrolló la mayor zona comercial de Roma. En el sentido opuesto, en cambio, el
Argiletum, calle de libreros y zapateros, era continuado por el populoso barrio de la
Suburra; la Suburra, maloliente y ruidosa, siempre llena de movimiento donde la gente baja
y los esclavos encargados de las provisiones iban a hacer las compras. Era un barrio de
operarios y proveedores; laborioso, pero con un tono bajamente plebeyo. También hab!a,
especialmente en su parte interior (media Suburra), un aire de vida equívoca. En Suburra
había santuarios y casas señoriales; la uniformidad absoluta en un barrio grande puede ser
creada artificialmente.
VIIl. La zona monumental de Roma: entre el Celio y el Palatino, fue la zona en que el
fausto monumental de Roma alcanzó en la época imperial su más espléndida expresión.
Allí se alzaron la Domus Aurea y el Colossus de Nerón; luego el anfiteatro Flavio y el arco
de Tito; bajo Adriano, el Templum Urbis et Veneris; después el arco de Constantino.
El Templum Urbis era el más grandioso de todos los templos de Roma, y el más rico. Pero
en la lucha con los siglos, el Templum Urbis no tuvo buena suerte. Destruido en 307 por un
incendio, fue restaurado por Masencio. Luego cayó en ruinas; su misma riqueza fue un
incentivo para el saqueo.
En los últimos siglos del Imperio, también en zonas periféricas, se alzaron edificios
grandísimos: las termas de Caracalla en la región I, las termas de Diocleciano en la VI.
- IX. El Circo Máximo. El Aventino: Al centro de Roma pertenecía también la región del
Circo
Máximo, en la Vallis Murcia, entre el Palatino y el Aventino; lugar de reunión de la plebe
en el período de las luchas con los patricios, fue en todo tiempo populosa y animada. Era un
barrio central no tan concurrido como el Foro; allí se gozaba plenamente de la vida
ciudadana. En la época imperial se nos muestra como una de las colinas más habitadas.
- X. Los grandes mercados junto al Tíber. La zona de los grandes almacenes y del comercio
ultramarino: el pequeño comercio tendero tenia su centro en las prolongaciones de las vías
y, por el otro lado, en el Argileto y en la Suburra, en esta zona lindante con el Tíber, se
efectuaban los grandes negocios. Fueron allí construidos los Pimeros puertos fluviales de la
ciudad.
Aquel barrio, en época imperial fue ensanchándose, se construyeron las mayores obras
portuarias en el Tiber, y surgieron enormes almacenes de trigo de aceite, de vino, de garum,
etc. Allí, en el Emporium, se amontonaban mercancías de toda especie, venidas del mar.
- XI. El Palatino desde Los orígenes de Roma a Neron. El Palatino, con sus aspectos
sucesivos, ha ido siguiendo la historia de Roma; se ha agrandado con el engrandecimiento
del Imperio y ha cambiado muchas veces de vestido; Con el cambio de aspecto exterior fue
cambiando poco a poco de significado: de centro primigenio de Roma, la Roma Quadrata
de Rómulo, se convirtió en sede de los príncipes; su mismo nombre se adaptó a los
tiempos: el Palatinus se convirtió en el Palatium de los emperadores.
El Palatino era en la época republicana el barrio de los políticos, y cuando la política
enardecía los ánimos, la furia popular se arrojaba sobre alguna de aquellas casas, la demolía
y la incendiaba.
En el Palatino habitaron el orador Craso, cuya casa era recordada como la más espléndida
de Roma; Licinio Calvo, el poeta y abogado famoso, amigo de Catulio; Hortensio, el
orador; Milán, el matador de Clodio; Cicerón, en la casa de Craso, y, vecino a él, su
hermano Quinto; M. Antonio, el triunviro, y, en la época de Augusto, Agripa y Mesala;
queda hoy todavía la casa de Tiberio Nerón, el marido de Livia, padre del emperador
Tiberio (Domus Liviae).
- XII. La Domus Aurea de Nerón.
- XIII. El Palatino desde la época Flavia al Bajo Imperio.
- XIV. El Capitolio.
- XV. El ampliado centro de Roma. El Celio. El Quiriinal y el Viminal. El Pincio, collis
hortorum».
- XVI. El cCampus Martius».
- XVII. El Esquilino.
- XVIII. Paredes y puertas. -
XIX. Trans Tiberim.
- XX. La vida en las calles de Roma. -
XXI. Roma de noche.