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La Red

El documento aborda la importancia de conectarse con Dios para enfrentar las dificultades de la vida, utilizando la historia de Pedro caminando sobre el agua como metáfora. Se enfatiza que todos enfrentamos momentos de inestabilidad y que, aunque podemos caer, Dios nos sostiene y no permite que seamos completamente destruidos. A través de la fe y la obediencia, se nos invita a mantener la mirada en Jesús, quien nos ofrece esperanza y rescate en medio de nuestras tormentas.

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La Red

El documento aborda la importancia de conectarse con Dios para enfrentar las dificultades de la vida, utilizando la historia de Pedro caminando sobre el agua como metáfora. Se enfatiza que todos enfrentamos momentos de inestabilidad y que, aunque podemos caer, Dios nos sostiene y no permite que seamos completamente destruidos. A través de la fe y la obediencia, se nos invita a mantener la mirada en Jesús, quien nos ofrece esperanza y rescate en medio de nuestras tormentas.

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“LA RED”

Idea central: Cuando caminamos solos podemos hundirnos, pero cuando estamos conectados a Dios y a Su red, no
quedamos postrados.
Propósito: Invitar a cada joven a conectarse verdaderamente con Jesú s y comprender que en E> l hay una red que
sostiene cuando comenzamos a hundirnos.
Texto base: Mateo 14:22–33 (Paralelos: Marcos 6:45–52; Juan 6:16–21)
Versículo clave: Salmo 37:24

I. Introducción

Esta noche estamos vestidos diferente. Hay luces, música, dinámicas, muchas cosas lindas ¿no?… todo se ve
bien. Pero la verdad es que, aunque hoy nos veamos firmes, lindos por fuera, muchos aquí saben lo que es
sentirse inestables por dentro.

Seguramente algunos han comenzado el año fuertes otros quizás no…pero podemos decir que la mayoría,
quizás el 99,9999% en algún momento sintieron como que estaban hundiéndose. Yo desconozco la situación de
todos los que están acá, quizás algunos sentían o sienten que se están hundiendo en el estudio, en su familia, en
su fe o quizás en decisiones que nadie más sabe, solo Dios conoce.

De hecho la OMS dice, 1 de cada 7 jóvenes en el mundo experimenta un trastorno mental, siendo la ansiedad y la
depresión de los más comunes entre adolescentes de 10 a 19 años. En varios países, estudios recientes muestran
que más del 60 % de los jóvenes reporta síntomas de ansiedad y depresión, superando por mucho la
expectativa de que “todo está bien” Y en algunos lugares, hasta 1 de 5 adolescentes ha tenido episodios de tristeza
profunda o desesperanza durante semanas.

Estos no son solo números, realmente son, historias, presiones internas… el peso del perfeccionismo,
compararnos con otros, sentimientos de insuficiencia, incertidumbre por el futuro… muchas veces sin saber
cómo decirlo en voz alta. Por ejemplo esto es algo que paso con algunas personas que describe la biblia como
Elías, que en un momento oscuro de su vida deseó que Dios le quitara la vida porque ya no podía más (1 Reyes
19), enfrentando agotamiento, miedo y desesperanza.

Esto no es extraño en el mundo de hoy, y tampoco debería ser ignorado en nuestra vida espiritual. Y hay una
pregunta que todos, creyentes o no, nos hemos hecho alguna vez:

¿Qué pasa cuando empiezo a caer?


¿Quién me sostiene cuando ya no puedo más?

El Salmo 37:24 dice:

"Aunque tropiecen, nunca caerán, porque el Señor los sostiene de la mano.."

Una palabra en particular de este versículo me llama la atención. Es la palabra "aunque" que aparece al principio
del versículo 24: "Aunque caiga". Algunas traducciones dicen "cuando caiga". Nótese que no dice "si cae". Hay
una gran diferencia entre "cuando" y "si". El segundo indica una probabilidad; el primero declara una certeza.
David comprendió que TODOS los creyentes caen eventualmente. Tropezamos, nos extraviamos, luchamos
y, a veces, tropezamos y caemos en nuestro camino. Nadie está exento. Todos caemos tarde o temprano, a pesar
de que estemos en el camino del Señor muchos años. Lo que sucede cuando caemos es lo que marca la diferencia.

Algunas versiones dicen: «Aunque tropiece, no caerá». Imagina un sendero en un bosque denso. Al avanzar, una
persona no ve la roca enterrada justo debajo de la superficie, así que tropieza y cae al suelo. O tropieza con una
raíz o no ve un hueco en el camino. Cuando el camino es estrecho y con baches, a veces es difícil no caer.
La vida es así. Todos tropezamos de muchas maneras. La palabra traducida como «completamente destruido»
significa ser arrojado de cabeza a un pozo profundo. Es lo que sucede cuando estás en el Gran Cañón, asomado
al borde, mirando hacia abajo a 900 metros, y alguien te empuja por detrás. Cuando finalmente tocas fondo, no
te sacudes el polvo y sigues adelante. Has sido «completamente destruido». Dios promete que eso no nos sucederá
ni a ti ni a mí. Aunque durante este año nos enfrentemos a circunstancias desesperadas que nos cambien la vida,
Dios no permitirá que seamos completamente destruidos. Nada puede suceder que rompa nuestra relación con
él.

Porque Él nos sostiene con su mano poderosa. Imaginen a un padre que camina con su hijo pequeño a su lado.
Hay dos maneras en que padre e hijo pueden tomarse de la mano. El niño pequeño puede extender su pequeña
mano para agarrar la enorme mano de su padre. Eso funciona hasta que el niño tropieza y se ve obligado a soltar
la mano de su padre. Pero si el padre rodea con su enorme mano la pequeña mano de su hijo, el niño está a salvo
pase lo que pase porque la mano de su padre lo sostiene. Puede tropezar, pero la mano del padre lo sostiene.

Es importante recalcar que la "caída" puede ser una caída en problemas, calamidades o catástrofes, o puede ser
una caída en un grave pecado moral. La caída puede ser ocasionada por la pérdida de un trabajo, un problema
de salud, la ruptura de una relación, el fin de una amistad, la bancarrota o cualquier tipo de crisis personal que
cause la pérdida de su reputación. O podría ser un pecado moral, una serie de decisiones necias que lo llevaron
por el camino equivocado, dañando su caminar con Dios y también a quienes lo rodean. A veces, la "caída" de
las circunstancias causa una "caída" en la amargura, el abuso de sustancias, la ira, la rabia, el lenguaje
abusivo, las decisiones necias u otras acciones pecaminosas.

La Biblia muestra repetidamente la facilidad con la que esto puede suceder incluso a las mejores personas debido
a la naturaleza humana. Vemos hombres y mujeres fieles un día y volubles al siguiente.

Podemos caer, pero realmente no llegamos a estar completamente destruidos porque Dios nos sostiene. El hecho
de cometer pecados es algo que está dado por hecho por nuestra naturaleza pecaminosa, sin embargo, el Señor
nos promete que no quedaremos totalmente destruidos, sino que él nos sostendrá, sea cual sea la situación que
atravesamos, extenderá su mano hacia nosotros, o como lo quiero denominar esta noche extenderá la red de la
gracia para nosotros cada vez que tropecemos, ahí estará Él para sostenernos.

Hay que historias en la biblia que nos enseñan que incluso los mejores hombres bajo presión pueden cometer
grandes insensateces. Nadie está a salvo de la tentación. Las personas muy piadosas pueden tomar decisiones
muy equivocadas y sufrir mucho como resultado. Y hacer que otros sufran con ellas. Es bueno que la Biblia nos
muestre esto; de lo contrario, nos sentiríamos tentados a negar esta realidad. Nos gusta pensar: "Estoy más allá
de esa tentación". Nunca digas eso. No sabes qué estás "más allá". La "victoria" de hoy puede, en realidad,
prepararte para la "derrota" de mañana. Satanás vaga por el mundo como un poderoso león, buscando cristianos
demasiado confiados para devorar (1 Pedro 5:8).

Así, Noé construyó un arca para salvar a su familia, y cuando terminó el diluvio, se emborrachó y se expuso ante
sus hijos. Por la fe, Abraham salió de Ur de los caldeos, siguiendo el llamado de Dios a la Tierra Prometida. Al
llegar allí, mintió sobre su esposa Sara, ¡no una, sino dos veces! Antes de que Moisés sacara a los hijos de Israel
de Egipto, mató a un egipcio e intentó encubrir la evidencia. Después de que David escribiera: «El Señor es mi
pastor», cometió adulterio con Betsabé y mandó asesinar a Urías el hitita en un vano intento de encubrir su pecado.
Luego está Pedro, por un lado, tiene el valor de declarar a Jesús: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente».
Pero qué poco se conoce a sí mismo. En el aposento alto, declara con jactancia que incluso si todos los demás se
apartan, él nunca lo hará. Pero este apóstol pronto se convirtió en mantequilla. Cuando una adolescente lo
confrontó alrededor de una fogata, perdió el valor, comenzó a maldecir como el pescador que era y negó al Señor
tres veces. Entonces vemos a Pedro jactándose, y luego su propio pecado lo desmiente. Vemos adoración
mezclada con preocupación, valentía seguida de cobardía, fe acompañada de duda, generosidad seguida de
avaricia, bondad vencida por la arrogancia. Aprendemos que las personas fuertes a veces cometen errores. Los
santos a menudo actúan como pecadores.
II Pedro y la tormenta (Mt 14:22–33)

Pedro me parece uno de los discípulos más interesantes en la biblia, antes llamado Simón, lo consideran una
persona impulsiva, impetuoso, vanidoso, conflictivo y confiado en sí mismo, pero Jesús vio en el un material
precioso para su reino. ¿Qué es lo que Jesús ve en nosotros? ¿Por qué nos ha elegido para ser sus discípulos?

Vamos a leer todos juntos.

- OBEDIENCIA

Bueno en primer lugar vemos que fue Jesús quien los envió a la barca, mientras el despedía a la multitud que había venido
a alimentarse y habían visto uno de los grandes milagros de Jesús. Imaginen el cansancio que debieron de haber sentido en
ese momento, lo más probable es que hayan tenido un cansancio físico y agotamiento tanto los discípulos como Jesús, y es
en ese contexto que él los manda a que vayan a la otra ribera y que se adelantaran. Vemos que en los discípulos hay
OBEDIENCIA y así lo hicieron, de acá podemos rescatar que muchas veces a pesar de que seamos obedientes y estemos
en el camino, enfrentaremos tormentas, Jesús no nos promete una vida sin problemas o conflictos pero si nos promete estar
con nosotros cuando tengamos que atravesarlas.

- PROCESO

Ahora sabemos que los discípulos habían obedecido y enfrentaban una tormenta, pero no solo eso sino que el viento
contrario era demasiado fuerte, en Marcos 6 :48 podemos leer que cuando Jesús los encuentra y los ve desde lejos ve que
estaban haciendo bastante esfuerzo y tenían fatiga. Esto refleja que el proceso, nuestra tormenta es parte del proceso
formativo, si nosotros no hacemos el esfuerzo de salir adelante, de buscar al Señor durante la prueba no tendremos
transformación. Esto es parte de que cada uno de nosotros pueda madurar a fin de que el Señor nos perfeccione para su obra.
Así como un diamante, para que llegue a tener un valor alto tiene que atravesar por un duro y detallado proceso, de la misma
manera cada uno de nosotros debe estar consciente que atravesaremos alguna situación y debemos dar lo mejor de nosotros.
Y también es así que Dios usa la tormenta para revelar lo que hay en el corazón; nos permite ver un panorama más claro de
como esta nuestra vida y auto examinarnos de cómo estamos caminando.

- ¿ABANDONO?

La aparente ausencia no significa abandono (Mt 14:23-25; Mr 6:48) Mientras nos encontramos atravesando la tormenta, sea
que estemos luchando o estemos al borde de tirar la toalla y pasa por nuestra mente que quizás Dios nos ha abandonado,
debemos entender que no es asi. Y vemos un lindo ejemplo en esta historia, mientras los discípulos remaban y remaban
contra viento y marea, Jesús que les había dicho que se adelantaran, él estaba orando en el monte, vemos que para nuestro
Señor Jesucristo la oración a pesar del cansancio físico es prioridad, no importa cuánto haya caminado o hablado ese día, él
fue a tener comunión con su padre antes de hacer otra cosa. Y cuando volvió a encontrarse con ellos desde lejos, veía su
esfuerzo y fatiga. (Marcos 6:48) pero llegó en el momento preciso (la cuarta vigilia). Era la cuarta vigilia de la noche,
aproximadamente entre 3:00 a 6:00am Se considera el tiempo de mayor oscuridad justo antes de la luz del nuevo día, a
menudo interpretado como el momento en que Dios actúa en medio de la máxima aflicción. Es significativo que Jesús
eligiera la Cuarta Vigilia para revelar su poder al caminar sobre el agua y calmar la tormenta. El mensaje aquí es claro: Dios
a menudo obra durante este tiempo para traer paz en medio del caos. Es así que, aunque creamos y remamos y remamos y
luchamos y nos sentimos como si estuviéramos solos, NO LO ESTAMOS. Dios nunca pierde de vista a sus hijos, EL NOS
AMA y está ahí mirándonos y trae a nosotros ESPERANZA. Cristo intercede mientras atravesamos la prueba, nunca nos
dejara solos (Deuteronomio 31:8: "Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni
te intimides")

- NO PIERDAS EL HORIZONTE (Mt 14:26)

Los discípulos viendo a Jesús andar sobre el mar se turbaron, que significa que estaban en un estado de agitación intensa,
temor o confusión, frecuentemente utilizado para reacciones emocionales ante sucesos inesperados o sobrenaturales.
Pensaron que veían un fantasma. Muchas veces el tener miedo en nuestro corazón, estar afligidos o confundidos nos hace
perder el horizonte de donde realmente importa, poner la mirada en Jesús es primordial, cuando perdemos de vista lo que
es realmente importante nuestra perspectiva cambia y nos sentimos turbados. A pesar de eso, Jesús estaba ahí para decirles
“Tened ánimo, yo soy, no temáis” y es lo mismo que nos recuerda el día de hoy. Tengan ánimo, es El Señor, ¡no teman!
Debemos aprender a reconocer la voz de nuestro pastor en medio de ese temor, que no nos pase como le paso a Pedro que
en su impulsividad pidió una palabra específica, nuestra fe, creer en Dios viene del escuchar la palabra de Dios, de leerla, y
por tanto nos permite a tener una vista clara cuando estamos en la tormenta. A lo que Jesús respondió con una orden clara:
“Ven.”, si pueden evidenciar, Jesús a pesar de que la expresión de Pedro denota su falta de fe, el continua la conversación
y Pedro sale de la zona de seguridad y decide caminar sobre el agua por fe, por un momento mientras sus ojos estuvieron
en Jesús, caminó sobre lo imposible. Pero en el momento en que Pedro desvió la mirada hacia el viento, dejo de poner los
ojos en Jesús y el temor que ya lo embargaba se produjo el hundimiento.

En esa historia, Pedro salió de la pequeña barca para caminar con Jesús sobre las olas. Sin embargo, "al ver el fuerte viento,
tuvo miedo y, comenzando a hundirse, gritó: '¡Señor, sálvame!” Como solía hacer, Jesús se acercó y rescató a su amigo.
Aunque Jesús reprendía a Pedro por su duda, en momentos como estos.

Ama a Jesús.
Quiere caminar.
Tiene fe.
Pero se asusta.
Se hunde.

Interpretaron mal la presencia de Jesús, lo confundieron y es que el TEMOR distorsionó su discernimiento, la tormenta
amplificó su inseguridad. Sin embargo la voz de Jesús restauró la calma: “No temáis.” Puede que alguno de nosotros este
así el día de hoy y no está mal, es parte del proceso, porque el Señor quiere moldearnos así como a Pedro Jesús estaba
moldeando a Pedro en el pastor y líder que Él quería que fuera. Y más adelante podemos ver que lo que tuvo que atravesar,
tenía un propósito.

• Denotemos que también le dijo a Jesús “Si eres tú…” No estaba 100% seguro. Dudó. Aun así, Jesús le dijo “Ven”.
Jesús no le dijo: “Primero cree perfecto y luego ven.” Le dijo: “Ven.” Vemos su gracia infinita una y otra vez, si
hoy no estás seguro, si tienes duda, confía, confía en que tienes un padre que te ama y que está dispuesto a salvarte
a tomarte de la mano a pesar de que dudas, así como con Pedro tiene un propósito contigo y quiere que confies en
él.

IMPORTANTE RECORDAR: que tanto el pecado como el quebranto nos hacen hundirnos. Uno puede hundirse por:

• Decisiones equivocadas.
• Culpa.
• Vergüenza.
• Ansiedad.
• Cansancio emocional.
• Orgullo.
• Miedo.

Pedro no se hunde por pecado en ese momento. Se hunde por MIEDO. La gracia no solo rescata pecadores.
La gracia también sostiene quebrantados. La fe escucha la voz de Cristo por encima del ruido del viento.

- NO ES UN FRACASO

El clamor de Pedro llevo a que diera al rescate. Jesús extendió inmediatamente su mano. Pedro cayó, pero no quedó
postrado (Salmo 37:24). La gracia de Dios es más grande que nuestras fallas momentáneas. Pedro no hizo una oración
teológica. No explicó su proceso emocional. No prometió cambiar. Solo dijo: “Señor, sálvame.” Este texto dice algo
precioso: Jesús extendió inmediatamente la mano.

- No lo dejó hundirse más.


- No lo hizo esperar.
- No lo regañó primero.
- No le dio un sermón antes de salvarlo.

Eso es gracia.

El salmo dice: “Cuando cayere, no quedará postrado…” ¿Por qué? Porque Jehová sostiene su mano. En Mateo 14 vemos
esa imagen literal: La mano extendida.

- SALVAME SEÑOR

La red de la gracia no es una teoría. Es una mano extendida. Cuando Jesús subió a la barca, cesó el viento. La tormenta
paro y hubo PAZ. La crisis produjo revelación, entendieron que no estaban frente a un fantasma, pasaron del miedo a la
adoración y reconocieron la identidad divina de Cristo. Le dijeron “Verdaderamente eres el Hijo de Dios”

Entonces, comprendemos que las tormentas bien atravesadas producen una fe más profunda.

- PEDRO, UN DISCÍPULO Y SUS TROPIEZOS

Durante su vida tuvo muchos aciertos y desaciertos.

- Falta de sumisión a la voluntad divina (Mateo 16:22)


- Orgullo y exceso de confianza en sí mismo (Mateo 26:31-33)

Para el no hay peligro y recibe una réplica del Señor (Lucas 22:31-32) Jesús conocía a Pedro y no impidió ninguna
de sus acciones, ni antes, ni en el huerto ni después. No se lo impidió sino:

- Rogo por el
- Le amonesto por anticipado
- Hirió su consciencia con su mirada
- Lo busco después de su resurrección

CONCLUSIONES:

Hoy hemos aprendido algo muy claro: Yo he sido Pedro más de una vez. He dudado. He tenido miedo. Mi
corazón se ha turbado. Y quizás hoy aquí hay jóvenes que no necesariamente sienten culpa… pero sienten
vacío. Se sienten cansados. Están luchando con pensamientos oscuros.

Y quiero que escuches esto con claridad:

- La gracia no solo te perdona cuando pecas.


- La gracia te sostiene cuando ya no puedes más.

Eso incluye:

• Al que falló moralmente.


• Al que negó a Jesús como Pedro.
• Al que está en ansiedad.
• Al que está dudando.
• Al que no sabe si cree.

- LA HISTORIA DE PEDRO ES LA HISTORIA DE LA GRACIA: Pedro se hundió. Pedro negó a Jesús.


Pedro fue confrontado. Pedro fue restaurado. Pedro fue usado poderosamente. Jesús no lo descartó.
Lo procesó. El que se hundió… terminó sosteniendo a otros. Esa es la red. Pedro, el impulsivo. Pedro, el
jactancioso. Pedro, el que se durmió cuando debía orar. Pedro, el que dijo “aunque todos te nieguen, yo
no”.

Y aun así… Jesús oró por él. Jesús lo buscó después de negarlo. Jesús lo restauró preguntándole tres veces:
“¿Me amas?” Jesús le confió ovejas.

- APRENDAMOS: Un hombre que caminó sobre el agua… también se hundió. Un hombre que vio milagros…
también dudó. Por eso luego escribiría que el enemigo anda como león rugiente.
Porque él sabía lo que era ser zarandeado. Pero también sabía lo que era ser sostenido. Por eso Salmo 37:24 cobra
vida: “Cuando cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano.” Y después de la resurrección, Jesús
no reemplazó a Pedro. No lo descartó. No buscó a alguien más estable, más perfecto o menos impulsivo. Fue a
buscarlo. En la orilla del mar, después de que Pedro lo había negado tres veces, Jesús lo confrontó con amor y le
preguntó: “¿Me amas?” No fue una pregunta para humillarlo, fue una pregunta para restaurarlo. Cada “¿me amas?”
sanaba una negación. Cada respuesta era una oportunidad nueva. Y después de restaurarlo… lo envió. Le dijo:
“Apacienta mis ovejas.” Es decir, “ahora cuida a otros”. El mismo Pedro que se hundió en el agua. El mismo que
tuvo miedo. El mismo que negó a Jesús frente a una criada. Ese mismo Pedro fue el que, en el día de Pentecostés,
se puso en pie con valentía y predicó acerca de Cristo, y miles de personas fueron transformadas. El que tuvo miedo
ahora proclamaba sin temor. El que se hundió ahora levantaba a otros. El que negó ahora afirmaba públicamente
que Jesús era el Señor. Cuando Jesús sostiene tu mano, no solo te salva del fondo… te prepara para sostener a otros.
- LLAMADO: Tal vez esta noche luces firme. Pero por dentro te estás hundiendo. La buena noticia es que
no necesitas fingir fuerza. No necesitas tener fe perfecta. No necesitas entender todo. Solo necesitas
decir: “Señor, sálvame.”

Ahora déjame hacerte una pregunta:

¿Qué tan agradecido estás por el regalo que Dios te da todos los días? Porque la gracia deja de ser gracia cuando
creemos que la merecemos. Cuando pensamos: “Yo soy bueno.” “Yo lo hago bien.” “Dios me debe algo.” La
gracia se vuelve rutina. Y entonces la pregunta es: ¿Qué áreas de tu vida aún no has soltado?

- Ofensas.
- Adicciones.
- Rencores.
- Orgullo.
- Dudas.
- Miedo.

La gracia transforma cuando soltamos. Cuando tú abres tu mano y sueltas lo que estás aferrando…
Dios llena tus manos con su gracia. Y ahora piensa: ¿A quién puedes extenderle gracia tú?

Tal vez hay alguien aquí con quien necesitas hablar.


Tal vez hay un perdón pendiente.
Tal vez hay una reconciliación que no puede esperar un día más.

Todos podemos hundirnos. Pero nadie tiene que quedarse en el fondo.

Porque la gracia no es un premio para los fuertes. Es una red para los que se están hundiendo.
Y esta noche… Si tú dices: “Señor, sálvame.” No quedarás postrado. Porque Jehová sostiene tu mano.

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