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Comme

La obra 'La cara borrada' presenta un encuentro entre un anfitrión y un huésped que escapa de un monstruo sin rostro, que resulta ser el espectro de un amigo fallecido. El huésped relata su historia de culpa y pérdida, revelando que su amigo murió mientras él sobrevivió gracias a la mujer que ambos amaban. Al final, se revela que el anfitrión es el verdadero torturador, habiendo asesinado al huésped y tomado su rostro como venganza.

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La obra 'La cara borrada' presenta un encuentro entre un anfitrión y un huésped que escapa de un monstruo sin rostro, que resulta ser el espectro de un amigo fallecido. El huésped relata su historia de culpa y pérdida, revelando que su amigo murió mientras él sobrevivió gracias a la mujer que ambos amaban. Al final, se revela que el anfitrión es el verdadero torturador, habiendo asesinado al huésped y tomado su rostro como venganza.

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La cara borrada.

Acto Único.

(Decorado con el mimo y el celo burgués tan común en la segunda mitad del [Link] se presenta en
escena un amplio salón, de una casa acomododada. La estancia la domina una mesa maciza, más
larga que ancha, que deja su lado de mayor longitud cara a público. Hay un par de sillones , uno
presidiendo la mesa y el otro en un costado. Un perchero también al otro lado, vacío

A la derecha de la habitación, sobre una mesita pequeña una botella de Whisky añejo se alza,
cercada por dos vasos anchos de cristal.)

Anfitrión:

La tormenta fuera apremia


con relámpagos mortuorios
hoy son libres los demonios
y la misma noche tiembla.

Y apenas ésta mansión


habrá de darnos refugio
de los horrores que fuera
nos cercan sin compasión

(llaman a la puerta)

¡No fue un trueno pardiez,


sino la puerta! ¿Quién es?

Huésped:

¡Abrid la puerta por Dios!


¡Tened piedad, que mi suerte
es encontrar a la muerte
si no me abrís, por favor!

Anfitrión:

El tono de ésta velada


se ha tornado macabro
pues morirá si no abro
o al menos eso proclama
¡Aguardad, dadme un momento!
(se busca en los bolsillos de la bata)
He aquí la llave, ¡ya está!
Me apresuro a abrir ¡Ya va!
(se acerca al fondo y abre la puerta)
Buen hombre, pasad adentro

Huésped:

Gracias, me daba por muerto.


Anfitrión:

Dejad ahí el abrigo


(señalando el perchero)
y el sombrero, sentaos
al fuego, y calentaos
es vuestra casa, amigo.
(conduce al Huésped a la mesa, y lo sienta
en el sillón, delante del fuego)
contadme ahora ¿Qué sucede?

Huésped:

Es una historia muy larga,


sólo el recordarla duele
pensar en ello me amarga
pues me escondo de la muerte.

Anfitrión:

No pasa nada, contadme

Huésped:

bien, señor, si insistís


viene en la noche a buscarme
y ello me impide dormir
es una bestia, un monstruo
como un hombre, más sin rostro
que arrastra los pies y llora,
y aún sin cara, se que otrora
fue mi más cercano amigo.

Anfitrión:

¿Tal disparate es verdad?

Huésped:

Sí, no lo pongáis en duda


pues se que ésta criatura
es el espectro enfadado
de uno que no se olvida
de lo que le hice en vida
y en castigo, me tortura.

Anfitrión:

Seguid, señor pero, antes


permitidme que os ofrezca
una manta, y bebida
que es la ofrenda debida.

Huésped:

Gracias, buen hombre, sin duda


sois un caballero amable
en pago quiero contarle
aquello que sucedió
hace hoy ya muchos años.
Yo era apenas un mozo
de sólo veinte veranos
aprendiz de zapatero
y aún viendome sin dineros
tenía un amigo precioso
para mí, y una mujer
amiga también, de siempre
era objeto de mi amor
mi amigo, siempre decente
fue por la mujer mi rival
y venció, pues fue mejor
mi amiga y el se casaron
y yo les fui el padrino
más no quise ser ladino
y me alegré por los dos.
A menudo salíamos
los tres antiguos amigos
a pasear por la montaña
como cuando éramos niños
y en éstas estábamos
cuando aquello sucedió:
Bucábamos espárragos
y mi amigo encontró
en la pendiente una mata
y se acercó sin cuidado,
lo seguí por descontado
y estando allí los dos
desafiando a la pendiente
la tierra a mis pies cedió
y caímos por el barranco
más sólo uno murió.
La chica, pudiendo elegir
salvarle a él o a mí,
me agarró por la muñeca
y así pude yo vivir.

Anfitrión:

¡Vaya una historia, pardiez!


Sin duda habréis sufrido.
La muerte de vuestro amigo
seguro fue un gran revés.
Huésped:

Sí... El destino a menudo


tiende a mostrarse cruel.
Continuando mi relato
Os diré que ella murió
de una forma terrible
dejó el hambre de venirle,
el sueño la abandonó
se tornó blanca y delgada
y se sumió en la desgana
por más que quise ayudarla
de poco o nada sirvió.
Y a raiz de su muerte
fui yo el que perdió el sueño
y no fue sólo la pena
la que me lo arrebató.

Al principio, inocente,
pensé que era de mi mente
alguna broma pesada:
Veía un hombre sin cara
acechándome por ahí
emanaba un aura extraña
de celos y de rencor
y yo le reconocí
aún sin rosto, era él.
Quise borrar su recuerdo
y por eso me mudé
más no me sirvió de nada
y al mes en una posada
desencadenó un infierno
y al alba, todos murieron
con las caras arrancadas
y supe que era real
y desde entonces huí
porque soy presa del pánico
pues se que viene a por mí
aquel espectro maníaco.
Nunca de día le veo
siempre de noche me sigue
por eso al alba me duermo
y vivo en la noche huyendo
pero el destino funesto
que ya se acerca presiento:
Pronto acabará su caza
y al fin tomará mi cara...

(sentado a la mesa, hunde el rostro en la manta que le cubre, presa del


profundo pesar que le ha do invadiendo mientras daba su relato.)

-
(a público)
Pobre hombre, qué horrores
habrá sufrido en silencio
huyendo de pueblo en pueblo
más es un castigo suave
para el daño que causó
pues no tomó una vida
sola, se llevó dos
la de su antiguo amigo,
la de la mujer que amaba,
aquella dama tan bella
que le salvó de la parca.
No pudo salvarla a ella:
A la mujer que le amó
a aquella impía doncella
que al marido traicionó.
(al Huésped)
Ahora hundes la cabeza
ahogado en pena y terror
sabed que ella dudaba
el día en que se casó
y aún seguía dudando
siempre que estaba con vos
lo que vos estáis sufriendo
no es nada comparado
con lo que yo he soportado
por estarla compartiendo.
Tenías razón, la caza
ha terminado por fin
pues al dueño de esta casa
embosqué con gran cuidado
me lo encontré ahí tumbado
y le partí el cuello en dos
luego me puse su cara
y esperé que llegaras
tú, mi presa descuidada
¡Ahora el rostro levanta
y mírate en este espejo!
(Agarrándolo del pelo le hace levantar la cabeza, que es un rostro plano sin facciones
y poniéndole un espejo pequeño delante le obliga a contemplarse.)
¡Eres tu ahora el espectro
ésa será mi venganza!

(La música rompe como un trueno mientras las risas del torturador espectro resuenan por la sala.
Éste sin dejar de reir cual demente abandona por el fondo la habitación dejando sólo al nuevo
hombre sin cara gimiendo al ver su reflejo. Poco a poco los gemidos se convierten en llanto y el
espejo cae de sus manos cuando se entierra en su manta y se sume en un lastimero y profundo
sollozo. De nuevo una música siniestra y suave y termina la obra.)

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