Necesidades básicas
El cuento necesita de tensión, de ritmo, de lo imprevisto y de lo sorpresivo dentro
de parámetros previstos (o sea, dentro de cierto cauce razonable de los
acontecimientos), y además necesita unidad, continuidad, compactación,
conflicto, y división en partes (principio-planteamiento, medio-nudo, y fin-
conclusión) más o menos clara y definida. El pasado y el futuro en el cuento tienen
una significación menor, y el flashback (retroceso temporal) no está impedido,
aunque debe usarse solamente si es absolutamente necesario, y de la forma más
corta y marginal posible.
Final enigmático
El final enigmático en el cuento prevaleció hasta Henry Guy de Maupassant (fin del
siglo XIX) y por cierto hasta esa época ello era muy importante, pues aportaba un
desenlace generalmente sorprendente, cerrando la obra con broche de oro, como
entonces solía decirse. Hoy en día este tipo de final tiene mucho menos
importancia; algunos escritores y algunos críticos incluso opinan que esta
característica es perfectamente superflua o dispensable, léase aún anacrónica.
Asimismo, no se puede negar que el final en el cuento mayoritariamente siempre
es más cargado de tensión que en la novela o que en el relato, y que un buen final
en un cuento es fundamental: Eu diria que o que opera no conto desde o começo
é a noção de fim; tudo chama, tudo convoca a um "final" (Antonio
Skármeta, Assim se escreve um conto, cf.[43]).
En el género cuento, como afirmó Antón Chéjov, es mejor no decir lo suficiente
que decir de más; y para no decir demasiado, es mejor sugerir, como si tuviera que
haber cierto silencio o cierta cortina en el curso del relato, para así sustentar la
intriga, para así mantener la tensión. Y como ejemplo, puede ponerse el cuento A
missa do galo, de Joaquim Machado de Assis;[44] en ese texto, y especialmente en
los diálogos, no es tan importante lo que se dice sino lo que se deja de decir.
Ricardo Piglia,[45] comentando algunos cuentos de Ernest Hemingway (1899-1961),
afirma que lo más importante nunca se cuenta:
O conto se constrói para fazer aparecer artificialmente algo que estava oculto.
Reproduz a busca sempre renovada de uma experiência única que nos permite
ver, sob a superfície opaca da vida, uma verdade secreta (O laboratório do
escritor, cf.[46]).
El citado Piglia decía que había que contar una historia como si se estuviese
contando otra, o sea, como si el escritor estuviera narrando una historia visible,
pero disfrazando y escondiendo una historia secreta apenas insinuada o
sospechada:
Narrar é como jogar pôquer: todo segredo consiste em fingir que se mente quando
se está dizendo a verdade (Prisão perpétua, cf.[47]).
Es como si el cuentista o el relator pegara en la mano del lector o le hiciera señas
para darle a entender que lo llevaría para un lugar, para una encrucijada, aunque el
personaje y la acción en el final de la historia, lo empujan hacia otro lugar. Tal vez
por lo que acaba de decirse, David Herbert Lawrence dijo que el lector debía
confiar en el cuento pero no en el cuentista, pues el cuentista suele ser un
terrorista que se finge diplomático (como por su parte decía Alfredo Bosi sobre
Machado de Assis, op. cit.).
Según Cristina Perí-Rossi, el escritor contemporáneo de cuentos no narra
solamente por el placer de encadenar hechos y situaciones de una manera más o
menos casual y original, sino para revelar lo que verdaderamente hay detrás de los
mismos (cita de Mempo Giardinelli, op. cit). Desde este punto de vista, la sorpresa
se produce cuando, al final del relato, la historia secreta o escondida viene a la
superficie.
En el cuento, la trama es lineal y objetiva, pues el cuento, dada su brevedad, ya
desde el inicio no está tan lejos del desenlace, así que es preciso que el lector
clara y rápidamente vea y tome conciencia de los acontecimientos. Si en la novela
el espacio/tiempo es saltarín, en el cuento ciertamente es lineal, y expresado
bajo la forma narrativa por excelencia.
En el cuento, la narrativa ideal probablemente comienza con una situación
estable, que pronto será perturbada por alguna fuerza o por algún desequilibrio,
resultando en una situación de inestabilidad. Con posterioridad entra en acción
otra fuerza, inversa, que restablece el equilibrio, aunque la estabilidad lograda en
el desenlace, nunca es idéntica a la inicial si bien podría tener con ella cierta
similitud (Gom Jabbar en Hardcore, basado en Tzvetan Todorov).
En otras palabras: En general, el cuento se presenta con un orden o un conflicto
antes de un desorden y la solución de ese conflicto (favorable o no) o frente a la
posibilidad de retornar al orden (retornar al inicio), aunque ahora con pérdidas y
ganancias, puesto que ese otro orden difiere del primero. El cuento es un
problema y una solución, dice Enrique Aderson Imbert.
Diálogos
Los diálogos son de suma importancia en la novela y en cierta medida también en
el cuento, pues con este recurso se transmiten bien las discordias, los conflictos,
las particularidades de género, etc. Los diálogos son un muy buen recurso para
informar, incluso en el cuento en donde el ingrediente narrativo sin duda siempre
es importante (Henry James, 1843-1916).
Para algunos escritores, el diálogo es una herramienta absolutamente
indispensable. Caio Porfírio Carneiro por ejemplo, llega al punto de escribir
cuentos solo compuestos por diálogos, y sin que, en ningún instante surja un
narrador. Considerado el mayor autor brasileño en el arte de escribir diálogos y un
verdadero maestro, el escritor Luiz Vilela es inclusive quien escribió una novela
corta, Entre amigos (1984), donde allí también solamente se expresa con diálogos
y sin presencia de un narrador. Otro ejemplo del mismo tipo son las 172 páginas
de Trapiá, un clásico de la década de 1960, también escrito por Caio Porfírio
Carneiro, y en donde apenas hay seis páginas sin diálogos.
Veamos seguidamente los distintos tipos de diálogo:
1. Directo: Discurso directo. Los personajes conversan entre sí. Además de
ser el tipo de diálogo más conocido, también es el que predomina en el
cuento.
2. Indirecto: Discurso indirecto. Es cuando el escritor resume el habla del
personaje en forma narrativa. O sea, es cuando el personaje cuenta cómo
aconteció el diálogo, casi reproduciéndolo. Tanto el diálogo directo como el
diálogo indirecto pueden ser observados en el cuento A Missa do Galo, del
escritor Machado de Assis.
3. Indirecto libre: Discurso indirecto libre. Es una fusión entre autor y
personaje (primera y tercera persona de la narrativa); el narrador narra en la
forma habitual, pero en un punto de la narrativa surgen diálogos indirectos
del personaje, como complementando lo que expresa el narrador.
Es interesante analizar el caso de Vidas secas, donde en ciertos pasajes no se
sabe exactamente quién es el que habla: ¿es el narrador (tercera persona) o
la consciencia de Fabiano (primera persona)? Este tipo de discurso permite
exportar o expresar los pensamientos del personaje, sin que el narrador pierda su
poder y su condición de mediador.
1. Monólogo interior (o flujo de conciencia): Es lo que pasa dentro del mundo
psíquico del personaje, hablando consigo mismo; véase por ejemplo
algunos pasajes de Perto do coração selvagem, de Clarice Lispector.
Corresponde señalar que el libro A canção dos loureiros (1887), de Édouard
Dujardin, es un precursor moderno de este tipo de discurso del personaje.
Por su parte, la conocida obra Lazarillo de Tormes, de autor desconocido,
también es considerado un precursor de esta clase de discurso.
En Ulises, James Joyce (inspirado en Édouard Dujardin) radicalizó el
monólogo interior.[48][49][50]
Focos narrativos
1. Primera persona: El personaje principal cuenta su historia;
este narrador generalmente se limita a saber sobre sí mismo, o sea, se
refiere a sus propias vivencias.[51] Esta es una narrativa típica de la novela
epistolar (siglo XVIII).
2. Tercera persona: El desarrollo del texto se hace en tercera persona,[52] y en
este caso se puede tener:
1. narrador observador: El narrador se limita a expresar lo que está
sucediendo, describiendo todo desde el exterior, o sea, sin
involucrarse, sin colocarse en la cabeza del personaje principal ni de
ningún personaje, y de esta forma, no se usa esta vía para transmitir
emociones, ideas, opiniones. El observador es imparcial y objetivo
dentro de lo que puede esperarse, limitándose a describir lo que
pasa y no especulando por sí mismo.[53]
2. narrador omnisciente: Al contar la historia y ya desde su inicio, el
narrador todo lo sabe sobre todos los personajes, sobre sus
destinos, sobre sus ideas y pensamientos, sobre sus sentimientos,
sobre sus respectivas buena o mala suerte.[54]
Expresiones relacionadas
• Cuento de nunca acabar: relación muy pesada y en extremo difusa. Cosa
parecida a la tela de Penélope, que por la noche destejía lo que había tejido
por la mañana. Esta animosa griega, a quien se creía viuda por la larga
ausencia de Odiseo, rey de Ítaca, viéndose cada día más apurada por las
reiteradas pretensiones de sus amantes, prometió contraer nuevos lazos
luego que terminase un tejido de púrpura que tenía comenzado. Valiéndose
del ingenioso medio que hemos visto, acalló a sus pretendientes y vio al fin
coronada su estratagema con la vuelta de Odiseo.
• Cuento de hornos: cuento o hablilla vulgar de la que se hace conversación
entre la gente común. Noticia de la que se apodera el vulgo y que va
desfigurando y adicionando hasta desfigurarla y hacerla apócrifa.
• Cuento de vieja; la noticia o especie que se juzga falsa o fabulosa, tomada
la alusión de las consejas que las ancianas suelen referir en los hogares
para entretener a los niños, procurar que no se duerman, etc.
• Cuento largo: locución familiar que hace referencia a un asunto cualquiera
del que hay mucho que hablar o decir.
• En todo cuento (anticuado): En todo caso, de cualquier modo, sea como
quiera.
• Acabados son cuentos: frase familiar que equivale a punto concluido, no se
hable más del asunto, capítulo de otra cosa, etc. Locuciones dirigidas a
cortar alguna disputa, especie o conversación desagradable.
• Como digo de mi cuento, como decía, o iba diciendo de mi cuento:
expresión familiar del estilo festivo o jocoso con que se suele principiar una
relación o anudar el hilo interrumpido de ella. Equivalen a las usualísimas
de: pues señor...", "pues como decía... y otras locuciones análogas que
emplean los narradores de cuentos del hogar doméstico.
• Degollar algún cuento: cortar el hilo del discurso, interrumpiéndolo con
otra narración, episodio o pregunta impertinente. Frase enérgica por medio
de la cual protesta el vulgo contra las digresiones inoportunas o pesadas.
También se alude con ella al narrador que no sabe lo que cuenta con todos
sus pelos y señales, es decir, de una manera minuciosa y a satisfacción de
sus oyentes.
• Dejarse de cuentos: tiene una significación análoga a la anterior, pues
tiende a significar que se omitan los rodeos ya en un relato, ya en la
conversación, o que se vaya en derechura a lo más interesante o sustancial
de una cosa. Significa igualmente no mezclarse en chismes, no intervenir
en asuntos ajenos, prescindir, en fin, de cuanto pueda alterar la paz en lo
más mínimo.
• No querer cuentos con la vecindad: no meterse con nadie, no provocar a
nadie, ni buscar rencilla, especialmente con ningún vecino; vivir
tranquilamente en su casa sin buscar ruidos ni promover disensiones de
ninguna clase.
• Ese es el cuento o ahí está el cuento: esa es, o ahí está la dificultad, el quid,
el alma, lo fuerte, el busilis del negocio: en eso consiste, y se reasume la
sustancia de lo que se trata.
• Estar a cuento: ser alguna cosa útil o provechosa por algún respecto. Llegar
oportunamente para alcanzar alguna cosa, sacar provecho o presenciar
algún negocio.
• Venir o no venir a cuento alguna cosa: ser o no oportuna, a propósito,
conveniente para el caso; venir o no a la cuestión una especie vertido.
Convenir o no un objeto a otro u otros de que se trate.
• Poner en cuentos: comprometer a alguno, exponerlo a un riesgo o peligro, a
un disgusto o cosa equivalente, dando lugar o pretexto para que hablen de
él de una manera que le desdore o difame.
• Quitarse, dejarse de cuentos: atender solo a lo esencial y más importante
de una cosa; huir de todo compromiso, separarse de personas y de cosas
capaces de comprometerle a uno, después de haber vivido entre chismes y
bachillerías.
• Sabe su cuento: locución con que se da a entender a otro, que alguno obra
con reflexión o motivos que no quiere o no puede manifestarle.
• ¡Es mucho cuento! modismo que expresa burla, chacota, etc., o bien
admiración o extrañeza y que equivale a decir ¡es mucho asunto!, ¡tiene
que ver!, ¡parece increíble!, etc. Se usa ponderando la extrañeza o
sensación que causa alguna cosa y entonces se dice en el sentido de: ¡es
admirable! ¡sorprendente! ¡grandioso!.
• Traerá cuento: citar oportunamente, hacer venir a la conversación de una
manera hábil la especie o especies que conviene tocar, poner en juego el
modo de que recaiga la plática sobre determinado asunto; enderezar,
encaminar, llevar o dirigir el discurso hacia el fin u objeto que se desea, que
se quiere. Sacar a colación las faltas de alguno, echárselas al rostro, etc.
• Amigo de cuentos: el que es aficionado a chismes y enredos; el que lleva
de una parte a otros para indisponer, ocasionar disgustos, enemistades,
etc. El que es pendenciero y busca continuas ocasiones de disputa o
pendencia.[55]