0% encontró este documento útil (0 votos)
7 vistas3 páginas

Ale Many

Jaime Sabines, poeta mexicano, se caracteriza por su autenticidad y la capacidad de transmitir emociones a través de su poesía, abordando temas como el amor, la muerte y la cotidianidad. A lo largo de su carrera, su estilo evolucionó hacia una expresión más directa y coloquial, alejándose de los círculos intelectuales y los formalismos de sus contemporáneos. Su legado literario, que incluye obras como 'Horal' y 'Algo sobre la muerte del Mayor Sabines', refleja una profunda reflexión sobre la condición humana y la realidad social, marcando su lugar como una de las voces más importantes de la poesía en español del siglo XX.

Cargado por

Nicolás3008
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
7 vistas3 páginas

Ale Many

Jaime Sabines, poeta mexicano, se caracteriza por su autenticidad y la capacidad de transmitir emociones a través de su poesía, abordando temas como el amor, la muerte y la cotidianidad. A lo largo de su carrera, su estilo evolucionó hacia una expresión más directa y coloquial, alejándose de los círculos intelectuales y los formalismos de sus contemporáneos. Su legado literario, que incluye obras como 'Horal' y 'Algo sobre la muerte del Mayor Sabines', refleja una profunda reflexión sobre la condición humana y la realidad social, marcando su lugar como una de las voces más importantes de la poesía en español del siglo XX.

Cargado por

Nicolás3008
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

JAIME SABINES, ENTRE LA PROVOCACIÓN Y EL ESCEPTICISMO

Jaime Sabines era de los escritores convencidos (aunque es suya la frase «No quiero convencer a
nadie de nada») de que la poesía es emoción y de que el poeta, desde la autenticidad poética
siempre, tiene el deber de transmitir esas emociones. «No sirve esconderse tras una máscara»: hay
que enfrentarse a lo que ofrece la vida y a lo que nos quita la muerte sin que el verso pierda el
asombro virginal al hablar de estos eternos temas poéticos. Sin duda, en sus más de treinta años de
escritura nos ha enseñado a través de las palabras que, donde hay vida, hay poesía.

Nacido en el estado de Chiapas, en el sureste de México en 1926, y fallecido en el último año del
siglo XX en Ciudad de México, Jaime Sabines nos ha dejado un legado literario que pocos lectores
de poesía en habla hispana han podido descubrir. Sus libros no traspasaron en muchas ocasiones
las fronteras mexicanas, a pesar de que, como ha dicho José Emilio Pacheco, es uno de los escasos
poetas mexicanos que verdaderamente han hecho una obra, y que, sin duda, muchas de sus
composiciones están entre las mejores de la lengua española.

Incluido en la llamada «generación mexicana del medio siglo» o «generación de los años 50»,
Sabines fue, con todo, un escritor poco amigo de círculos intelectuales. Su nombre, por edad y fecha
de publicación de su obra, y también por relación de amistad, se une a los deAlí Chumacero, Rubén
Bonifaz Nuño, Jesús Arellano, Miguel Guardia, Jaime García Terrés o Rosario Castellanos. Jaime
Sabines, junto a sus compañeros de grupo intentó distanciarse de esos otros poetas que en los años
20 y 30, nos referimos a «Los Contemporáneos», coparon con su intelectualismo formal las letras
mexicanas. El poeta chiapaneco, desde la sencillez y la llaneza de su expresión con versos claros y
directos, creará una poética que alabará y condenará nuestros actos cotidianos barajando sin pudor
lo dionisíaco y lo apolíneo, aunque más lo primero que lo segundo.

Era de esos poetas que llegó al colonialismo por una necesidad de expresión como tantos poetas
latinoamericanos en los años 60. Sin embargo, y esto lo colma de originalidad, se adelantó algunos
años en crear una poesía desnuda de ambages y con el pleno convencimiento de que el lenguaje
conversacional era el más indicado para expresar su pensamiento y la realidad.

Sus palabras, como el lector podrá comprobar, se van modulando con claras resonancias,
especialmente, del Antiguo Testamento: El libro de Job, el Eclesiastés o el Cantar de los cantares.
También en sus primeros libros notaremos, además, y notoriamente urdidos, ecos juanramonianos
o de García Lorca; pero la fuerza torrencial y la esencialidad de la palabra vendrán de Pablo Neruda,
«el poeta que más me influyó», ¿Vallejo?, su lectura llegará con el tiempo. Por tanto, lecturas bien
escogidas, como lo son sus palabras, que se completan con el conocimiento de «Los
Contemporáneos».

Con Horal, publicado en 1950, se abrirá camino Sabines en la poesía. Su acercamiento a lo poético
viene marcado por temas que de otra forma y manera fueron destacados por «Los
Contemporáneos»: el amor que muere, que renace, y que se redescubre; la temporalidad o la
esencialidad del hombre; la angustia; la soledad; la ausencia; la siempre presente y temida muerte
y, a veces, Dios. Como en toda su poesía posterior, el hombre se muestra en Horal como un ser
indefenso, adánico, que va descubriendo a grandes sorbos la verdad, una verdad a veces dolorosa
que le hace desear la muerte, su propia muerte: «¡Muérete, Jaime, muérete!». Pero el amor actúa
como antídoto y, especialmente (Sabines es de manera esencial un poeta del amor y de la muerte),
el cuerpo de la mujer que se convierte en tabla de salvación.

A partir de este primer libro, Jaime Sabines será ya reconocido como un «francotirador de las letras»
(Roberto Fernández Retamar), que emplea su empeño en poetizar lo cotidiano y que conversa en
sus poemas consigo mismo y con interlocutores eventuales logrando una expresión directa de
asuntos y motivos de la realidad más inmediata. Pero será en La señal (1951) donde ya exista un
interlocutor asiduo con el que Sabines identificará su poética: la presencia continua de un tú lo
aproxima hacia posturas claramente coloquialistas. El autor, ahora, se centra en hechos más
cotidianos y se difumina el tono angustioso de los temas sobre la vida y la muerte que aparecía en
su primer libro; sus versos se vuelven más libres y las expresiones de la conversación, unidas a
continuas repeticiones, antítesis, paralelismos, contradicciones, conforman un texto en permanente
diálogo.

La incesante labor poética en los años 50 seguirá con la publicación de un libro, Adán y Eva (1952),
en el que el escritor mexicano incursiona por primera vez en la prosa poética, pero, adecuándose al
tema, será una prosa de clara raigambre bíblica. Jaime Sabines reflexiona, nuevamente, sobre el
tema de la muerte e intenta rescatar el sentido del mito bíblico para aplicarlo a nuestro presente:
su Adán y su Eva son seres contemporáneos y perdidos en las limitaciones de su propia condición
humana.

Otro talante tendrá su libro Tarumba (1956). «Tarumba» es el otro yo del autor, y es el perfecto
interlocutor para que Sabines escriba un extenso poema que se convertirá en un pretexto
comunicativo en el que a través de ese tú = Tarumba (el tarambana, el veleta) hable nuevamente
de escenas cotidianas. El libro supone su reafirmación como poeta: ha desaparecido el
trascendentalismo presente en su obra anterior y su Dios es más humano. La suya, cada vez más, es
una poesía que se nutre en la calle, por ello no invita ni el exabrupto, ni lo escatológico, ni el insulto,
ni tampoco el humor: un humor cargado de ironía que marcha hacia la interioridad reflexiva del
propio poeta y que en ocasiones es transferida al lector. En suma, los versos de Tarumba son la
afirmación y la fe de uno en el mundo, son, en definitiva, un canto a la vida.

La década de los 60 se abrirá con Diario semanario y poemas en prosa (1961), una crítica en prosa
poética a la vida moderna, a la vida de hoy, en la ciudad de México. Es una especie de juego en el
que el autor habla del tumultuoso mundo de las cosas sencillas de la gran ciudad en la que descubre
la infinitud de lo cotidiano. En su siguiente libro, Yuria (1967), el lenguaje se nutre de un humor
picaresco, descarado y mordaz, en poemas que Octavio Paz no tardó en calificar de «realismo de
hospital y burdel». El autor ha inventado esta palabra que da título al libro para crear un lugar en el
que también tiene cabida la denuncia, especialmente al imperialismo norteamericano; de hecho,
gran parte de los poemas fueron escritos tras su visita a la isla de Cuba, así que el autor reflexiona
en algunas composiciones sobre la situación política de la isla. Son intensos poemas de talante
social, llenos de cólera y ternura, que también aparecen en Maltiempo (1972), y en los que Sabines
aborda lo prosaico y lo aforístico con una inteligencia maliciosa e irónica que se apodera de unos
versos cargados de descreimiento y donde el recurso de la memoria como actualización del pasado
empieza a abrirse camino.

Su último libro de poemas (a partir de estos momentos sólo publicará algunas composiciones en
revistas y semanarios) es, sin lugar a dudas, el mejor legado que nos ha dejado Sabines. Se trata de
un bellísimo canto elegíaco dedicado a la muerte de su padre, Algo sobre la muerte del Mayor
Sabines (1973), en el que el poeta habla con más profundidad que nunca sobre temas que nacieron
con la misma poesía: la muerte y ese largo peregrinar que es la enfermedad. Al lector le vendrán a
la memoria, rápidamente, los versos de Jorge Manrique o la «Elegía a Ramón Sijé» de Miguel
Hernández, pero esa relación sólo está determinada por el género elegido, ya que la originalidad de
los desgarradores versos de Sabines y el haber sabido actualizar la poesía elegíaca a finales del siglo
XX es sólo mérito suyo.

Un cierto regusto nihilista, no exento de provocación y escepticismo, surgirá en las últimas


composiciones del poeta mexicano que desde hacía muchos años se resistía a que el cáncer le
arrancase de la vida. Ahora el poeta se muestra grave y trivial; no busca el chiste ni impresionar al
lector a través de sus poemas —tampoco nunca lo había hecho— sino que, mediante la ironía sigue
denunciando el caos y el fracaso del mundo en el que vivimos, la convencionalidad y el falseamiento.

Jaime Sabines, poeta expresionista de estilo directo y preciso, nos ha dejado unos versos cargados
de amor, muchas veces de amor amargo, pero también a través de éstos se ha enfrentado con la
muerte para subrayar más si cabe la impotencia del hombre en este mundo. Pero también con su
escritura descoyunturada, agresiva, ha logrado, como muchos otros repetirán, desmitificar el
lenguaje, desacralizarlo, dándole nueva vida. Sin duda, el lector se identificará con muchos de los
versos de Jaime Sabines, o al menos con la fuerza con la que grita el poeta. Esperemos que esta
primera antología publicada en España contribuya a conocer una de las principales voces poéticas
de este siglo.

Carmen Alemany Bay

Alemany, C (2012). “Jaime Sabines, entre la provocación y el escepticismo.” En: Uno es el poeta.
Antología. Madrid, Visor, págs. 7-12.

También podría gustarte