pregunta 2 : El español hablado en Andalucía
Como todo idioma, el español no es homogéneo y presenta una amplia variedad de
modalidades. Cada individuo habla de manera diferente y según Ana María Vigara Tauste,
podemos diferenciar estas formas de hablar en dos grandes categorías.
En primer lugar, la lingüista distingue la variedad diafásica dentro de las modalidades de
habla. Esta variedad depende del contexto de la conversación y de su grado de formalidad.
El individuo adapta su estilo de lengua a la circunstancia y elige entre un lenguaje escrito u
oral y un lenguaje coloquial o más formal.
Luego, fuera de los estudios de la señora Vigara Tauste, los lingüistas encontraron otra
modalidad lingüística, la variedad diacrónica, que se refiere a la evolución cronológica de la
lengua. Desde la imposición del castellano en la península y en otras áreas del mundo, esta
lengua no ha dejado de evolucionar. En la Edad Media, el castellano o español medieval
empezó a unificarse y fijarse. Esto se debe particularmente a la labor de Alfonso X el Sabio
que permitió una unificación gráfica y la creación de una norma lingüística. Posteriormente,
la lengua adquirió mayor prestigio con el español clásico, convirtiéndose en una lengua
franca y de cultura. Después, a partir del siglo XVIII, con la llegada del español moderno,
van a seguir entrando transformaciones en la lengua, aunque de manera menos frecuente,
hasta llegar al español actual.
La segunda categoría que permite distinguir entre las variedades lingüísticas es la de los
niveles de lengua.
Dentro de esa, encontramos en primer lugar las variedades diastráticas, que son el fruto de
los estudios de la sociolingüística. Diferencian entonces entre el lenguaje culto, el popular y
el vulgar con las jergas o el argot. El lenguaje empleado dependerá aquí de varios
parámetros como la edad, el sexo o el nivel cultural.
Por último, la variedad diatópica, más conocida como variedad geográfica condiciona la
existencia de varias modalidades de habla distintas en función de la región.
En este trabajo, nos centraremos en esta variedad diatópica y más precisamente en el caso
del español hablado en Andalucía.
La variedad diatópica es el objeto de estudio de la dialectología y de la geografía
lingüística. La dialectología estudia de manera general las variedades geográficas y sociales
de una lengua, mientras que la geografía se centra en la distribución de estas variedades en
el espacio.
Los dialectólogos distinguen por tanto entre dos términos para calificar estas modalidades
de lengua que varían en función del lugar : el dialecto y el habla.
Antes que nada, recordamos que la lengua es un sistema de signos escritos y orales
utilizados dentro de una comunidad para comunicarse, y que se concreta a través del habla.
Esta lengua puede variar en función la geografía. La noción de dialecto se define entonces
como un “sistema de signos desgajados de una lengua común viva o desaparecida.
Normalmente con una concreta limitación geográfica pero sin una fuerte diferenciación
frente a otros de origen común. De modo secundario, pueden llamarse dialectos a las
estructuras lingüísticas simultáneas a otras que no alcanzan la categoría de lengua”.
Por otro lado, Manuel Alvar distingue dos hablas diferentes : las regionales y las locales.
Según su definición en Hacia los conceptos de lengua, dialecto y hablas, serían más bien “
peculiaridades expresivas propias de una región determinada, cuando carezcan de la
coherencia que tiene el dialecto» y ”aquellas innovaciones que por su insuficiente
determinación, por la escasez o poco alcance social de sus rasgos propios, no logran la
diferenciación de un dialecto”.
Por su parte, las hablas locales están más situadas en “pequeñas circunscripciones
geográficas, normalmente con carácter administrativo (municipio, parroquia, valle)».
Estas definiciones subrayan que el límite entre estos conceptos de dialecto y hablas puede
ser difícil de establecer. En Andalucía, desde el siglo XX, el debate se intensificó a propósito
del andaluz, : ¿ se trata de un dialecto o un conjunto de hablas ?
Para responder a esta pregunta, es imprescindible analizar de manera general las
diferencias geográficas del español.
Primero, el español hablado en la zona norteña o septentrional es muy distinto del que se
habla en la zona meridional. El español de la zona septentrional sería más conservador,
más próximo al español que se considera normativo. Por otro lado, en la zona meridional,
que incluye regiones como Murcia, Extremadura o Canarias, se encontrarían los dialectos
innovadores, que se alejan más de la norma, sobre todo en cuanto a la fonética.
Manuel Alvar distingue entonces dos grupos de dialectos españoles : los históricos o
arcaicos y los modernos o innovadores.
Los dialectos históricos proceden del latín como por ejemplo el asturiano o el aragonés. Los
dialectos modernos, en cambio, proceden de los dialectos primarios. A modo de ejemplo, el
español hablado en Andalucía procede del castellano.
El dialectólogo afirma entonces que el español hablado en Andalucía es un dialecto
moderno o innovador ya que cumple todos los rasgos de su definición. Sin embargo, otro
investigador, José Mondéjar, se opone a su visión afirmando que no es un dialecto, sino un
conjunto de hablas. Estima que los rasgos del español hablado en Andalucía son muy
intensos en esta zona, pero que no hace de ello un dialecto.
En la actualidad, se tiende a adoptar la postura de Mondéjar. Es decir, el español hablado
en Andalucía es un conjunto de hablas porque no existe un rasgo común a todos los
hablantes del andaluz y además, los rasgos que consideramos peculiares en Andalucía se
dan en otras partes del mundo como América Latina.
Efectivamente, desde el punto de vista consonántico, Andalucía se divide en 3 zonas : la de
seseo en el interior, la de ceceo en la costa y la de rasgo no distinguidor en el norte.
Esto demuestra que el fenómeno de ceceo, muy a menudo atribuido a Andalucía, no es
homogéneo en toda la región.
Por otro lado, desde el punto de vista vocálico, la región andaluza se divide en 2 zonas, la
zona oriental, en las provincias de Almería, Granada, Jaén y Málaga, donde se abren las
vocales y donde encontramos por tanto diez realizaciones distintas de vocales. Y la zona
occidental, donde no hay apertura de vocal porque la caída de la s- a final de palabras no
deja rastro en la vocal y entonces se mantienen las cinco vocales del español.
Sin embargo, cabe notar que hay otras zonas, como la de Málaga, en las que encontramos
un modelo mixto. En efecto, es una zona de transición y los hablantes andaluces no hablan
todos de la misma manera. Algunos abren las vocales, otros no, también es confuso la
separación entre el seseo y ceceo. En la Costa del Sol, en general, se mezclan los rasgos
expuestos anteriormente con rasgos más neutros debido a la llegada de inmigrantes.
Entre otros rasgos característicos del español hablado en Andalucía, podríamos citar la
caída de la -d- intervocálica como en “cansao” en vez de “cansado”, así como la pérdida de
las consonantes finales como -r o -l. También se observa un fuerte fenómeno de aspiración
o de desaparición de la -s. Por último, se confunden en algunas ocasiones la -r- con la -l-
,en por ejemplo, “arma” que se pronuncia “alma”.
A nivel gramatical, no se notan tantas diferencias respecto al español normativo. Excepto
para el uso del pronombre ustedes en vez de vosotros, que se produce sobre todo en la
zona occidental.
En cuanto al léxico, en Andalucía, se dan numerosos andalucismos como los recuperados
en el Tesoro léxico de las hablas andaluzas de Manuel Alvar.
Estos andalucismos también han sido incorporados en el diccionario oficial de la academia,
que incluye palabras como “malaje” o ”corralón.
Asimismo, existen términos que tienen un significado diferente en Andalucía, como frito y
frita o guarrito.
Cabe subrayar, por último, que estos fenómenos orales también se reflejan en la escritura
formal de algunos andaluces.
No importa cómo lo denominemos, el español hablado en Andalucía es una
variedad rica, que ha influido y sigue influyendo en muchas zonas, e incluso en América
Hispánica. Aunque ha sido históricamente desprestigiado por considerarse como un “mal
hablar”, no se debería considerar incorrecto. Además, la lengua siempre se renueva y se
adapta constantemente, por lo que no debemos quedarnos anclados en prejuicios o
visiones normativas rígidas.