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Bloque 5: 5.1. La Guerra de Independencia: Antecedentes Y Causas Bandos en Conflicto Y Fases de La Guerra

El documento aborda la Guerra de Independencia de España, sus causas, bandos en conflicto y fases, destacando la crisis del Antiguo Régimen y la intervención de Napoleón. También se analizan las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812, que establecieron principios liberales en un contexto de vacío de poder. Finalmente, se detalla el reinado de Fernando VII y la evolución política durante el reinado de Isabel II, incluyendo conflictos carlistas y desamortizaciones que transformaron la sociedad española.

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Bloque 5: 5.1. La Guerra de Independencia: Antecedentes Y Causas Bandos en Conflicto Y Fases de La Guerra

El documento aborda la Guerra de Independencia de España, sus causas, bandos en conflicto y fases, destacando la crisis del Antiguo Régimen y la intervención de Napoleón. También se analizan las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812, que establecieron principios liberales en un contexto de vacío de poder. Finalmente, se detalla el reinado de Fernando VII y la evolución política durante el reinado de Isabel II, incluyendo conflictos carlistas y desamortizaciones que transformaron la sociedad española.

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BLOQUE 5

5.1. LA GUERRA DE INDEPENDENCIA : ANTECEDENTES Y CAUSAS


BANDOS EN CONFLICTO Y FASES DE LA GUERRA
El reinado de Carlos IV supone la crisis del Antiguo Régimen: crisis económica, la Corona
se encuentra al borde de la bancarrota; crisis social, aumentan los motines y las revueltas; y
crisis política. Carlos IV se apoya para gobernar en Godoy, donde se encuentra con una
fuerte oposición, y aristócratas, clero e ilustrados marginados por el monarca se organizan
en torno al príncipe Fernando (futuro Fernando VII). En la esfera internacional España
depende cada vez más de Francia y se alinea con esta contra su secular enemigo, RU. La
batalla de Trafalgar en 1805 supone la destrucción de la armada española, y Napoleón
decide el bloqueo continental.
En el Tratado de Fontainebleau 1807 se permitía al ejército francés atravesar España para
ocupar Portugal, colaborando así con el bloqueo continental contra Inglaterra (el plan de
Napoleón incluía la invasión de España). En el Motín de Aranjuez de 1808 asaltaron el
palacio de Godoy y fuerzan a Carlos IV a abdicar en Fernando VII. Napoleón fuerza la
situación para convertir a España en una monarquía satélite e invita a la familia real
española a Bayona. El 2 de mayo de 1808 el pueblo de Madrid se levantó contra el invasor
francés, dando comienzo a la guerra de la Independencia. En las Abdicaciones de Bayona
1808, Carlos IV y Fernando VII renunciaron al trono de España a favor de Napoleón, quien
entregó la Corona española a su hermano José Bonaparte.
Las tropas francesas entran como aliados e imponen un sistema liberal. La ausencia del
monarca y el no reconocimiento de José I lleva a un vacío de poder que será cubierto por
un poder político alternativo. Se encontraban oponentes como el ejército francés y el ejército
y pueblo españoles. La guerrilla y la ayuda de unidades portuguesas e inglesas fueron de
gran importancia. La guerra se compone de tres fases: en la primera (incapacidad francesa
de dominar la Península), algunas ciudades se rebelan, y el ejército español (general
Castaños) derrota al francés (general Dupont) en la batalla de Bailén 1808, impidiendo la
ocupación francesa de Andalucía y provocando así el abandono de José I a Vitoria. En la
segunda fase (hegemonía francesa), Napoleón se pone al frente con la Grand Armée,
restablece a José I en Madrid, toma Zaragoza y Gerona y Cádiz resiste con ayuda inglesa.
Aparece la guerrilla popular como nueva táctica. Además, durante estos años tiene lugar el
reinado de José I, quien establece el Estatuto de Bayona y lleva a cabo una serie de
reformas que continúan el despotismo ilustrado anterior. En la tercera fase (la ofensiva de
los aliados), destaca la victoria de Arapiles, que es el punto de inflexión y abre las puertas
de Madrid. Las de Vitoria y San Marcial expulsan completamente a los franceses. En el
Tratado de Valençay 1813, Napoleón devuelve el trono de España a Fernando VII.
La guerra tiene diversas consecuencias, como la pérdida del 5% de la población, la
destrucción de infraestructuras y la Hacienda queda arruinada. Con la guerra de la
Independencia se inicia en España la revolución liberal. Ante el vacío de poder, y para hacer
frente al gobierno francés considerado ilegítimo, el pueblo creó las Juntas locales, que
asumieron el poder en nombre de Fernando VII y acabaron derivando en la Junta Suprema
Central. Las Cortes asumieron la soberanía y promulgaron la constitución de 1812,
sentando las bases del sistema liberal español. No obstante, la vuelta de Fernando VII
supuso la vuelta al absolutismo.
5.2. LAS CORTES DE CÁDIZ Y LA CONSTITUCIÓN DE 1812
Con la guerra de la Independencia se inicia en España la revolución liberal. Ante el vacío de
poder, y para hacer frente al gobierno francés considerado ilegítimo, el pueblo creó las
Juntas locales, que asumieron el poder en nombre de Fernando VII y acabaron derivando
en la Junta Suprema Central que inició la convocatoria a Las Cortes. La discrepancia en
torno a cómo convocar las Cortes llevó a la ruptura de la Junta. Esta fue finalmente
sustituida por un Consejo de Regencia que se estableció en Cádiz y se dedicó a dirigir la
guerra. En el Decreto de Constitución, las Cortes establecieron soberanía nacional, división
de poderes, una Constitución y el reconocimiento a Fernando VII como rey legítimo. Su
objetivo final era liquidar los fundamentos de la sociedad estamental y crear una nueva
sociedad sobre las bases del liberalismo (sistema político constitucional y parlamentario,
igualdad ante la ley y libertad económica).
En cuanto a la composición de las Cortes de Cádiz, la mayoría eran clases medias urbanas,
y se distinguían tres grupos entre los diputados: liberales (Argüelles), ilustrados jovellanistas
y absolutistas. Las Cortes de Cádiz aprobaron en su legislación la abolición de las
instituciones feudales (extinción del señorío), libertad de trabajo, comercio y propiedad
(supresión de los gremios y de la Mesta, limitación de los mayorazgos y aprobación de
leyes desamortizadoras), y el reconocimiento de libertades individuales (abolición de la
Inquisición).
La Constitución de 1812 (19 de marzo,“La Pepa”) es la primera constitución española y fue
el resultado del compromiso entre liberales y absolutistas. En primer lugar, establecía
soberanía nacional y una monarquía constitucional con división de poderes. El poder
ejecutivo lo ejercía el monarca, las Cortes son unicamerales y elaboran leyes. Se establece
el sufragio universal masculino e indirecto y la colaboración de la Corona en las tareas
legislativas. El poder judicial corresponde a los tribunales de justicia y garantiza derechos
fundamentales, así como declara el catolicismo como religión oficial y única.

5.3. EL REINADO DE FERNANDO VII: LIBERALISMO FRENTE AL


ABSOLUTISMO. EL PROCESO DE INDEPENDENCIA DE LAS COLONIAS
AMERICANAS.
El reinado de Fernando VII se divide en tres etapas: el Sexenio Absolutista (1814-1820), el
Trienio Liberal (1820-1823) y la Década Ominosa (1823-1833).
Durante el sexenio absolutista, se firma el Manifiesto de los Persas, en el que se animaba a
Fernando VII a ignorar la labor legislativa de las Cortes de Cádiz y a restablecer el
absolutismo. Fernando VII firmó el decreto de Valencia, donde declaró nulos y sin ningún
valor la Constitución y los decretos promulgados por las Cortes de Cádiz. Algunos liberales
recurrieron a pronunciamientos para hacerse con el poder y otros se exiliaron en Inglaterra.
Sin embargo, la monarquía absoluta restablecida presentaba problemas: inestabilidad en el
Gobierno, crisis en la Hacienda y oposición creciente. Esta fase termina al sublevarse
Rafael de Riego, exigiendo a Fernando VII el juramento de la Constitución de 1812 e
iniciando así el Trienio Liberal.
Durante el Trienio Liberal, las nuevas Cortes pusieron en marcha la obra de Cádiz, en cuyas
medidas destaca la creación de la Milicia Nacional, así como se definieron las bases de una
desamortización de tierras eclesiásticas. Durante este periodo surgen dos problemas:
Fernando VII impidió la labor legislativa de las Cortes y demostró la limitación de la
Constitución a la hora de llevar a la práctica con un monarca no liberal, y la división de los
liberales en moderados y exaltados. La oposición absolutista se reunió en el verano de 1822
en el grupo conocido como los realistas, quienes protagonizaron la sublevación de la
Guardia Real, la organización de fuerzas guerrilleras, y la creación de la Regencia de Urgel.
Finalmente, Fernando VII forzó la intervención de la Santa Alianza, y más tarde entraron en
España los Cien Mil Hijos de San Luis. Así se restaura de nuevo el absolutismo.
La Década Ominosa comienza cuando Fernando VII declaró nulos todos los actos del
Trienio Liberal, excepto la abolición de la Inquisición. Se distinguieron dos grupos políticos:
liberales, que intentaron insurrecciones que fracasaron, y los absolutistas, entre los que se
hizo una división. Los reformistas, quienes eran partidarios de una política reformista para
evitar una revolución y; y los apostólicos, que eran absolutistas radicales y protagonizaron la
revuelta de los Malcontents. En los últimos años se le plantean a Fernando VII nuevos
problemas. No tenía descendencia, por lo que a su muerte el trono pasaría a su hermano
Carlos. Al casarse con su sobrina María Cristina, con la que tiene una hija, la futura Isabel II,
Fernando VII firma la Pragmática Sanción, para así derogar la Ley Sálica y permitir reinar a
las mujeres. Los partidarios de don Carlos como sucesor protagonizaron los llamados
sucesos de la Granja. A la muerte del rey se iniciaba la regencia de María Cristina en apoyo
a la infanta Isabel.
Simultáneamente, en América se vive la emancipación de la América española, causada
por la política de control de los Borbones y las aspiraciones de los criollos. Se distinguen
cuatro virreinatos: En el virreinato del Río de la Plata, tras Argentina lograr su
independencia, José de San Martín inició una expedición para conquistar Chile, conseguido
tras la batalla de Chacabuco. En el virreinato de Nueva Granada, Colombia, Venezuela,
Panamá y Ecuador lograron su independencia por medio de Simón Bolívar, cuyo ejército
derrotó al español en Colombia y Venezuela. En el virreinato de Perú, este se independizó
tras la batalla de Ayacucho. En el virreinato de Nueva España, México y Centroamérica
lograron su independencia tras el Plan de Iguala (1821-1824). España conservó en América
Cuba y Puerto Rico.
La independencia de los países americanos tuvo consecuencias: España sufrió la pérdida
de su mercado exterior más importante, pasando a ser una potencia de segundo orden, y
América la fragmentación en repúblicas.
BLOQUE 6

6.1. EL REINADO DE ISABEL II (1833-1868): LA PRIMERA GUERRA


CARLISTA. LA EVOLUCIÓN POLÍTICA, PARTIDOS Y CONFLICTOS. EL
ESTATUTO REAL DE 1834 Y LAS CONSTITUCIONES DE 1837 Y 1845
Durante el reinado de Isabel II se produjo el desmantelamiento del Antiguo Régimen y la
construcción del liberal. Se produjo un conflicto carlista con dos vertientes: dinástica debido
a la publicación de la Pragmática Sanción por Fernando VII, derogando la Ley Sálica; e
ideológica debido a la cuestión foral. Se enfrentaron el carlismo, con el apoyo internacional
de Austria, Prusia y Rusia; y el liberalismo, con el apoyo de Inglaterra, Francia y Portugal. Al
morir Fernando VII en 1833, Carlos María publicó dos manifiestos reclamando el trono de
España con el nombre de Carlos V. Comienza así la primera guerra carlista (1833-1839) en
la que se distinguen tres etapas. En la primera (1833-35), el general carlista Zumalacárregui
forma un ejército regular, y aunque se aseguró el control de las áreas rurales, fracasó en
Bilbao. En la segunda los carlistas emprenden la Expedición Gómez (1836) y la Expedición
Real (1837). La última fase (1837-1839) se caracteriza por la división de los carlistas en
transaccionistas y exaltados. Además el general Espartero y el general Maroto firmaron la
paz mediante el Convenio de Vergara 1839 tras la victoria de Luchana. Espartero se
comprometió a remitir la cuestión foral a las Cortes para su discusión y los exaltados no
aceptaron negociar la paz y continuaron la lucha bajo el mando del general Cabrera, hasta
la conquista de Morella por los liberales en 1840. Como consecuencia hay lastre económico
y aumenta el prestigio de los militares liberales.
Durante el periodo de Regencias se desmanteló el Antiguo Régimen y el ejército se
convirtió en el elemento decisivo del futuro político. Al comenzar su regencia, María Cristina
se apoya en el absolutismo moderado de Cea Bermúdez. Le sigue Martínez de la Rosa,
quien redacta el Estatuto Real de 1834, una carta de carácter conservador. María Cristina
nombra Jefe de Gobierno al progresista Juan Mendizábal, quien impulsa la Ley de
Desamortización eclesiástica, que causa que la iglesia y el ejército se pongan en su contra.
La regente lo sustituye y los progresistas realizan el Motín de la Granja en 1836. José María
Calatrava es nombrado Jefe de gobierno y se promulga la Constitución de 1837 que declara
la soberanía nacional, derechos individuales, la división de poderes y facultades de la
Corona más amplias. María Cristina acaba cediendo la regencia al líder de los progresistas,
el general Baldomero Espartero y éste lleva a cabo una forma de gobierno autoritaria. El
Bombardeo de Barcelona (1842) le hace perder apoyos, y se exilió tras el triunfo del
pronunciamiento del general Narváez, líder de los moderados. Los moderados y
progresistas acordaron adelantar la mayoría de edad de Isabel II, aunque fracasaron en su
intento de gobernar conjuntamente. Comienza el reinado efectivo (1843-1868).
Durante la Década Moderada (1844-1854) se elabora la Constitución de 1845 que establece
la soberanía compartida, Estado confesional, sufragio restringido, bicameralismo, se limitan
los derechos individuales, se crea la Guardia Civil y se firma el Concordato de 1851.
Además se lleva a cabo una profunda labor de centralización y unificación, y ocurre el
segundo conflicto carlista.
Comienza el Bienio Progresista (1854-1856). El general O’Donnell dio un golpe militar con el
general Serrano en Vicálvaro, firmando ambos el Manifiesto de Manzanares (apoyo de
progresistas y demócratas). Se llevan a cabo reformas, entre ellas la culminación de la
desamortización con la civil de Madoz, la reordenación económica con la Ley de
ferrocarriles, la creación del Banco de España, la Constitución non nata de 1856 y
O’Donnell funda la Unión Liberal.
Finalmente, el Gobierno Largo (1856-1863), se caracteriza por la estabilidad social y el
crecimiento económico. Se produce después una alternancia del partido moderado
(Narváez) y la Unión Liberal. No obstante, no se pudieron solucionar los problemas de
España: hubo crisis política, causada por el descrédito de la Corona, económica, y social,
en la que destacan la protesta de la Noche de San Daniel y la sublevación de los sargentos
del cuartel de San Gil. Los progresistas intentaron acceder al poder mediante el
pronunciamiento del general Prim, quien más tarde firmó con los demócratas el Pacto de
Ostende (1866) para destronar a Isabel II. A la muerte de O’Donnell, el general Serrano,
sucesor de la Unión Liberal, se adhirió al pacto.

6.2. EL REINADO DE ISABEL II (1833-1868): LAS DESAMORTIZACIONES


DE MENDIZÁBAL Y MADOZ. DE LA SOCIEDAD ESTAMENTAL A
SOCIEDAD DE CLASES.
En el siglo XIX se pasa de una economía feudal a una capitalista. La desamortización
ocurre cuando el Estado expropia y vende mediante subasta pública los bienes y las tierras
vinculadas a la Iglesia y los concejos. Este proceso lo llevaron a cabo los gobiernos
progresistas durante el reinado de Isabel II, con motivos de reconocer el derecho a la
propiedad libre y circulante, aumentar el número de propietarios medianos y disminuir la
deuda pública del Estado.
La desamortización de Mendizábal de 1836 afectó a los bienes del clero. Los bienes
desamortizados se dividieron en lotes y se vendieron en pública subasta, aceptándose el
pago en metálico o con títulos de deuda pública. Esto impidió que el pequeño campesinado
accediera a la propiedad de la tierra y favoreció la creación de una burguesía agraria.
La desamortización de Madoz de 1854 afectó a las propiedades de la Iglesia y a los bienes
propios y comunales. La recaudación fue superior a la de Mendizábal y el método de
compraventa fue el mismo. El proceso desamortizador tuvo diversas consecuencias:
disminución de la deuda del Estado, las tierras pasaron a manos de la oligarquía dirigente
(el campesinado resultó gravemente perjudicado); y la agricultura continuó siendo
tradicional, sin innovaciones técnicas significativas.
La sociedad estamental del Antiguo Régimen dió paso a la sociedad de clases, que estaba
dividida en clases sociales en función de la situación económica. La clase alta estaba
formada por la antigua aristocracia terrateniente, la nueva burguesía de los negocios, altos
cargos del estado, mandos militares y la Iglesia. La clase media fue escasa (5%), y estaba
formada por pequeños comerciantes, funcionarios, liberales, propietarios rurales y
artesanos. La inmensa mayoría de los españoles constituían las clases populares: los
campesinos, eran el grupo más numeroso; y con la desamortización, muchos emigraron y
otros se convirtieron en jornaleros, por lo que sus condiciones de vida eran muy inestables.
La población urbana era menos numerosa y en ella estaban los criados, trabajadores de
talleres artesanales, mendigos, etc. El proletariado industrial era aún escaso.
Las formas de lucha obrera durante esta época fueron fundamentalmente tres. El ludismo
consistía en la destrucción de maquinaria industrial que los obreros identificaban como el
origen de sus males (fábrica de Bonaplata). La sociedad de socorros mutuos eran
agrupaciones de trabajadores que ayudaban a los afiliados en paro, enfermos, inválidos...
Tenían como objetivo impedir el descenso de los salarios y conseguir el pleno derecho de
asociación. Finalmente, las huelgas fueron importantes durante el Bienio Progresista. En
1854 hubo una huelga contra las selfactinas y en 1855 la primera huelga general contra la
ilegalización de las asociaciones obreras.
6.3. EL SEXENIO DEMOCRÁTICO (1868-1874): LA CONSTITUCIÓN DE
1869. EVOLUCIÓN POLÍTICA: GOBIERNO PROVISIONAL, REINADO DE
AMADEO DE SABOYA Y LA PRIMERA REPÚBLICA
En 1868 Isabel II había perdido todos los apoyos, debido a la exclusión del poder de los
progresistas, así como la crisis económica y los continuos escándalos financieros. Todo ello
motivó varias protestas progresistas, como la revuelta de la Noche de San Daniel y la
sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil. En 1866 progresistas y demócratas
firman el Pacto de Ostende para derrocar a la reina. Serrano se convierte en el líder de los
unionistas y se adhiere al pacto. La revolución comenzó en septiembre de 1868 con el
pronunciamiento de la flota al mando del almirante Topete en Cádiz, con el apoyo de Prim y
Serrano. En el manifiesto de España con honra se animaba a las masas a que se
organizasen en juntas locales contra el Gobierno. Así el pronunciamiento militar se convirtió
en una revolución y Isabel II se exilia en Francia.
Tras su huída se constituyó un Gobierno provisional de coalición formado por progresistas,
unionistas y demócratas, presidido por Serrano. Se convocaron elecciones y se elaboró la
Constitución de 1869, primera en España que estableció un régimen altamente
democrático. Establecía una amplia declaración de derechos, aconfesionalidad del Estado,
soberanía nacional, Monarquía parlamentaria, y Cortes bicamerales que ejercen el control
de Gobierno. Tras su aprobación, Serrano fue nombrado regente hasta que el Gobierno de
Prim encontrase un rey. Finalmente, las Cortes votaron a favor de Amadeo de Saboya
(Amadeo I), quien antes de jurar la Constitución, lidió con el asesinato de Prim, su principal
valedor. El reinado de Amadeo I fracasó por enfrentamientos armados ( la guerra de Cuba y
las guerras carlistas), falta de apoyos políticos (los progresistas se dividieron en
constitucionalistas y radicales; además del rechazo de alfonsinos, carlistas y republicanos) y
por falta de apoyos sociales (el movimiento obrero alcanza gran vitalidad). Ante la falta de
apoyos Amadeo I abdicó y abandonó España en febrero de 1873.
La Proclamación de la Primera República fue una solución de urgencia votada en las Cortes
ante el vacío político. Los republicanos y progresistas tuvieron que hacer frente a graves
dificultades: la división de los republicanos en federalistas y unitarios, la oposición política,
el movimiento federalista cantonal, desmesuradas expectativas de las clases populares y la
falta de apoyo internacional. Durante el tiempo que duró la Primera República, se
sucedieron cuatro gobiernos. El primero fue encabezado por Figueras, quien llevó a cabo
una república unitaria, y convocó a las Cortes Constituyentes. Así comienza el gobierno de
Pi y Margall. Durante su gobierno se redactó la Constitución de 1873, que no llegó a entrar
en vigor. Los republicanos federales se dividieron en transigentes (régimen federal desde
arriba) e intransigentes (desde abajo). Tiene lugar el movimiento insurreccional cantonal; y
desbordado por el cantonalismo, Pi y Margall dimitió; comenzando el gobierno de Salmerón.
El Gobierno tuvo que enviar al Ejército, dirigido por los generales Pavía y Martínez Campos,
que sofocó la insurrección. El movimiento obrero también se reprimió. Más tarde, el
gobierno de Castelar tiene lugar, quien trató de dar un giro conservador a la República.
Suspendió las Cortes y reforzó el Ejército. Fue acusado de autoritarismo y destituido como
presidente, y durante la sesión parlamentaria en que se elegía a su sucesor, el general
Pavía entró en las Cortes y las disolvió. Se nombró un gobierno autoritario presidido por
Serrano. Las conspiraciones monárquicas, lideradas por Cánovas del Castillo, fueron
tomando fuerza, culminando con la restauración borbónica en la figura de Alfonso XIII.
Se pusieron una serie de medidas para atajar la crisis y propiciar el crecimiento económico:
la implantación de la peseta y el otorgamiento al Banco de España el monopolio de emitir
billetes, la Ley arancelaria para los mercados exteriores y la aprobación de la Ley de
Sociedades Anónimas y Ley de Minas.
La libertad de asociación y el avance en la industrialización propiciaron un auge del
movimiento obrero durante estos años. Esto se vio incrementado por la acción de la
Asociación Internacional de Trabajadores. Hubo dos corrientes, la de los marxistas, que
querían una AIT centralizada y eran partidarios de la intervención directa en la política, y los
anarquistas, que preferían una AIT federada y se consideraban apolíticos. En 1868, Fanelli
fundó los dos primeros núcleos de la AIT, se constituyó la Federación Regional Española
(FRE) y en Madrid, Lafargue fundó un nuevo núcleo socialista (marxista) que constituyó la
Nueva Federación Madrileña (NFM). Los anarquistas se implantaron entre el Mediterráneo y
Andalucía; y los socialistas en Madrid y la cornisa cantábrica. Finalmente, en 1874, se
prohibieron las asociaciones obreras. Los obreros dieron la espalda a los demócratas y
republicanos y al sistema liberal burgués.

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