Hay una mansión ubicada al sur de la ciudad que me tiene obsesionado.
Con múltiples cerezos
plantados por todo el jardín y una pileta en medio de todo. La fachada combina la estética
victoriana con tintes de iglesia y un templo del japón antiguo. Una combinación extraña y
hermosa a mi parecer. La estudie durante unos pocos meses, pero me siento preparado con la
información que tengo: los residentes son una pareja de ancianos que viaja cada mes dejando
la casa por una semana siendo solo cinco guardias los que resguardan la mansión. No tengo
información del interior, no conozco los pasillos ni los cuartos ni donde el guardarán las cosas
de valor, o si tendrán cosas de valor. Pero algo me llama a entrar, una sensación indescriptible
que no puedo ignorar.
Fui un ladrón de casas durante toda mi vida y aunque esta será la primera vez que entre a una
mansión tengo confianza en mí mismo. Los ancianos viajaran mañana a primera hora, y tengo
planeado ir con mi novia Mary. Ella estuvo conmigo estos últimos cinco años, siendo mi
cómplice en múltiples hurtos. Todo está planeado, estaremos allá a las 2 am estacionando el
coche un poco antes de llegar a la mansión. Hay un punto flaco en una ventana que hace fácil
el ingreso una vez una vez evadamos a los guardias. Es un golpe precipitado lo sé, pero la
espera me carcome siendo imposible pegar el ojo esa noche y volviéndose el día más largo de
mi vida.
Mary ya no me sonríe, no me sonrió durante todo el camino y apenas me dirige la palabra. No
sé exactamente cuándo fue que Mary se volvió distante conmigo, pero me sigue apoyando,
creo que eso es lo importante. Que siga a mi lado.
El cielo está totalmente negro, ni la luna y ninguna estrella se logra ver en el basto cielo. Me
estaciono en el lugar planeado y mira mi viejo reloj con segundero mocho: 1:53 am. Estoy
puntual. “¿Ahora si me dejaras ver los planos de la mansión y la ubicación de las joyas?” Me
pregunta Mary sin mirarme a la cara. Naturalmente me quedo callado por un segundo
trabando un poco antes de responder.
—Entraremos por una ventana abierta.
—Espera, ¿Qué? Me estás diciendo que no tienes los planos.
—No, no dije eso-
—No puede ser, estoy segura que tampoco tienes idea donde guardan las joyas. Me hiciste
esperar a último minuto para esto…. Eres un imbécil.
En la voz de Mary no hay rabia, solo una mezcla de frustración y decepción. Simplemente
agacho la cabeza, pero una luz rara desde atrás que llama mi atención. Miro de reojo en el
retrovisor y veo un camión avanzando moviéndose de izquierda a derecha con el conductor
aparentemente dormido y antes de que pudiera reaccionar mi coche es envestido por el
camión.
Despierto cerca de la entrada de la mansión tendido en la carretera alejado de mi coche con
dolor de cabeza y sintiendo como la sangre chorea de mi cabeza. Miro el perímetro viendo mi
auto destrozado y sin encontrar señales del camión ni de Mary y entrando en desesperación
“Mary…. ¡Mary!” grito con la voz quebrada y la respiración agitada. Tengo ganas de llorar
escapándose las lágrimas de mis ojos “¡Hey, Daniel!” escucho una voz familiar llamándome a lo
lejos. Me limpio las lágrimas con la manga de mi abrigo alzando mi cabeza y viendo a Mary
dentro del jardín de la mansión haciendo una seña ambos brazos arriba y una sonrisa en su
cara “¡Ven, Daniel! Sígueme” menciona mientras se adentra en la mansión. Intento
reincorporarme desesperadamente tratando de ignorar el dolor en todo mi cuerpo y una vez
de pie voy cojeando en dirección de la mansión. Las rejas de la entrada están destrozadas y al
entrar no veo a ningún guardia. Pego un paso atrás, giro mi cabeza en todas direcciones para
confirmar la ausencia de los vigilantes y efectivamente no estaba nadie. Avanzo lento y recto
por el camino pavimentado que iluminado por farolas viajas a luz lados que emanan una débil
luz. Tengo en frente mío la fuente de agua que siempre miraba de lejos. Me detengo a
apreciarla. Tiene forma de piña, es redonda y alargada similar al cuerpo de la fruta decorada
con pequeños relieves repetitivos que recuerdan a su cascara y de esta salen chorros de agua
en los tres niveles de la fuente creando cascadas suaves alrededor de la base y en la sima una
escultura hecha en mármol de una criatura que todo su cuerpo se conforma por ocho alas y en
esas alas teniendo múltiples ojos y en el centro de todo un ojo más grande. Una criatura
extraña al que me la quedo mirando un rato. Bajo la cabeza mirando la base y al fondo observo
un montón de monedas de oro regadas y numerosos peces tropicales de color morado
nadando alrededor de ello.
Mary, me había olvidado totalmente de Mary al estar observando la fuente. Retomo el paso y
llego a la entrada donde se imponen dos grandes puertas de roble oscuro y una luna de vidrio
azul a cada extremo similar a la entrada de una iglesia. Intento forcejear el seguro sin éxito
desperdiciando mucho tiempo. Me aparto de la puerta, cojo impulso y golpeo con todo mi
cuerpo la luna derecha, estampando mi cara contra el suelo al entrar. Mis ojos están cegados,
poco a poco recupero la visión y a medida que lo hago escucho violines sonando y gente
hablando. Mi vista se ajusta y puedo ver el interior iluminado, personas tocando instrumentos,
hombres, mujeres y niños por todo el lugar. Algos charlando y otros bailando. Nadie se inmuto
por mi dramática entrada y no parece importarles mi presencia. Logro ponerme de pie a duras
penas y una niña se para al frente de mi “¿te perdiste niña?” le pregunto. La niña permanece
en silencio, con la cabeza mirando al suelo. “Traes el frio del exterior pegada a tu ropa….
Tonto, esas manos tan pesadas harán que el piso se caiga” responde en voz baja para luego
alejarse a paso rápido mientras se ríe. Trato de detenerla, pero el ruido de una copa de vidrio
golpeando me detiene. Instintivamente mi atención se dirige al lugar proveniente del ruido.
Arriba en el segundo piso; una mujer alta de piel exageradamente blanca porcelana, cabello
blanco recogido, los ojos color verde con las pupilas y los iris de los similares a las de un gato
llevando puesto un vestido negro victoriano con encaje.
Ella baja las escaleras, todos tienen puesto su atención en su caminata. Paso lento, cada pisada
resuena en el silencio junto al rechinido de la escalera de madera. Con la mirada al frente y sin
mirar a ningún punto fijo da la impresión de estar ciega. La mujer se detiene en seco a mitad
de su camino, el sonido de su último paso hace eco en toda la silenciosa sala. Ella alza la copa
con el brazo derecho totalmente extendido “Celebremos por el nuestro nuevo allegado” dijo
para posterior beber un sorbo de la copa. La multitud aplaude y silva con euforia con los
violines volviendo a sonar y las personas volviendo a bailar.
Mi cuerpo está helado y siento los latidos de mi corazón disminuir. La mujer baja el último
escalón y empieza a dirigirse a mi dirección posicionándose al frente mío con los ojos
totalmente abiertos sin parpadear ni una sola vez y los labios ligeramente arqueados hacia
arriba y voz áspera con eco sale de su boca “Encuentra a Mary. Ella es tu llave de salida”.
Las personas alrededor empiezan a reír de forma descontrolada y empujándose entre sí y los
adultos empezando a convertirse en cerdos y monos con traje comiéndose a sí mismo y a otros
mientras los niños se convierten en huevos que se fusionan al piso de los cuales eclosionan
ratas y cucarachas dejando un olor fétido al hacerlo.
Grito agudo y penetrante de los cerdos combinado con el chillido de los monos. Es imposible
contener el grito y caer al suelo por lo visto siendo presa del pánico y quedar confundido al ver
que esas criaturas no me atacan. Vuelvo a ver mujer de cabello blanco y esta ella con la mueca
decaída y venas hinchadas por todo su cuerpo sobresaliendo de su piel. Ella sonríe con una
mueca amplia retrayendo los dientes dejando ver el interior de su boca en donde se ve una
puerta abriéndose y después otra y otras infinitas veces para después cerrarla y fusionarse con
el piso de madera convirtiéndose en una especie de herida encarnada. Siento como el piso se
desquebraja y luego se rompe.
Abro los ojos es un desierto negro que se extiende sin nada que se pueda en varios metros.
Logro pararme con facilidad y lo sorprendente es que parece que todas mis heridas sanaron y
el dolor se desvaneció, pero persistiendo la sensación helada en todo mi cuerpo y el cómo mi
corazón parece perder el ritmo poco a poco. Giro mi cabeza en todas las direcciones logrando
visualizar una pequeña mancha marrón en todo el espeso negro. Sin meditarlo dos veces corro
a esa dirección con incertidumbre de no saber qué es y con alegría de ver algo más que no sea
el negro. Corro por dos minutos antes de cansarme y seguir la marcha a pie todavía con la
mancha viéndose muy a lo lejos como si me hubiese movido ni un centímetro del lugar inicial.
Camino y camino por aproximadamente una hora y por fin llego; es una puerta plantada en
medio de la nada con un marco y en la puerta tallada el numero “10”. Me quedo viéndola un
segundo y por curiosidad me dispongo abrirla “No abras esa puerta” me habla una voz por mi
espalda pegándome un susto haciendo que salte un paso atrás. Volteo a ver en la dirección de
la voz y es la misma niña que me hablo hace unos momentos detrás de mí.
—La pasaras menos feo si buscas otra puerta para abrir.
—¿Sabes donde esta la puerta que lleva a la salida?
—Nunca dije eso…. Solo la pasaras menos feo si ingresas por otra parte.
—Tu comentario no me sirvió de nada.
Abro la puerta y lo único que se ve es una luz cegadora. Dudo en entrar por todo un minuto
mirando con la cabeza al suelo. Aprieto los dientes, alzo la cabeza y me dispongo a entrar.
—Espera —habla la niña acercándose a mi costado —. Voy contigo. Quiero ver de cerca como
sufres.
Ignoro el ultimo comentario y entro con ella a mi costado. Por un segundo mi vista se nubla
mientras escucho la puerta serrarse de golpe. Siento un dolor insoportable en mi brazo
izquierdo que se extiende de mi mano hasta mi codo y al recuperar la vista puedo verlo
gangrenarse.
—Te lo dije —me reprocha la niña soltando pequeñas carcajadas—. Vamos, levántate, que el
camino sigue.
Agarro mi brazo presionándolo con fuerza tratando de disminuir el dolor que se extiende por
todo mi cuerpo. Un vacío inmenso es todo lo que veo. Doy un paso y el escenario empieza a
formarse con cada paso; montañas altas con abúndate vegetación verdosa, arbustos, lianas y
arboles altos sin fruta y cubiertos de espinas.
Veo la montaña mas alta con escaleras que conducen a la cima. Voy hasta allá; los escalones
son anchos y altos, cubiertos de agua que causo que el musgo lo cubriese en gran parte, y las
barandas oxidadas color marrón rojizo. Para subir cada escalón tengo levantar los pies a la
altura de la rodilla. Subir un nuevo escalón cuesta mas que el anterior, con el final pareciendo
igual de lejano que al empezar y el empezar ahora pareciendo un abismo. Volteo a ver a la niña
y ella sube con normalidad tarareando una melodía desconocida. Noto que los escalones se
vuelven cada vez mas cortos y los pasos cada vez mas ligeros. Corro emocionado y por fin
llegue a la cima. Al frente mío crese un rosal, floreciendo arriba del arbusto rosas rojas
agrupadas, y floreciendo una sola rosa gris abajo, alejada de las demás.
Una especie de ogro enano, gordo y narizón se acerca al árbol y arranca a la roza gris. La mira,
la huele y la desea. Con intenciones de comérsela y antes de meterla en sus fauces una dama
vestida de blanco con la cabeza cubierta de espinas corta el cuello del ogro salpicando sangre
en la rosa gris tiñéndose esta de negro. La dama recoge la rosa del suelo y vuelve a colocarle
en su lugar, siendo ahora la rosa totalmente negra.
Sigo avanzando y hay un grupo de niños corriendo y riendo cuando una de ellos se tropieza y
se queda solo llorando, sus amigos no le prestan atención y continúan jugando en frente de
ella. Cuando un hombre alto, rubio y hermoso se acerca a consolarle