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NINGUN RASTRO
GENERO: GROTESCO
AUTOR: CARLOS CAZILA
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OBRA REGISTRADA – ORIGEN: Argentina
Personajes
María: Joven de aspecto y modales refinados.
Sara: Su madre, de condición popular.
Francisco: El padre, igual que la anterior.
Gervasio: Comerciante de barrio.
Alejandro: Intelectual misterioso.
La acción se desarrolla a fines de los años 70, en un entorno de
crímenes.
Ámbitos de la escena:
Comedor de una casa en decadencia.
Otras escenas transcurren en el banco de una plaza.
María se encuentra de pie, junto a la mesa, sobre la cual se
hallan colocadas unas servilletas que cubren los platos, con
sus correspondientes vasos y utensilios. En el centro de dicha
mesa hay solamente una jarra de agua. Ella imagina que es
la conductora de un programa de almuerzos por televisión a
punto de comenzar, retocando algunos detalles del modesto
mantel.
María: (Entona)... “En un mismo destino, a veces, otro
destino...” (Imagina haber sido sorprendida por la cámara.)
¡Oh, muy buenos días, queridos telespectadores que
diariamente comparten conmigo estos almuerzos!... (Con
candor.) Hoy, catorce de abril de mil novecientos setenta
y nueve, es un día muy feliz para mí, ya que cumplimos
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con la emisión número... (Vacila y mira hacia un costado,
como consultando.) Sí, mil quinientos treinta y cuatro, y
en segundo lugar, soy feliz por la figura que compartirá
esta mesa con exclusividad, ¡pero todavía no les digo! Lo
dejo en suspenso. Como siempre, comienzo enviándoles
un besito a todos los canales que nos están transmitiendo,
y yo sé que ustedes ya mismo quieren ver mis zapatitos en
tono violáceo (Los muestra.) que hace juego con mi vestido
en lila, ¿de qué género? ¿Seda?... (Vuelve a mirar hacia
el costado.)... Sí, es seda, pueden ustedes apreciarlo... Se
contonea exhibiendo.) ¿Ya está?... bueno, ahora recordemos
que salimos en vía diferida por los canales veintiséis,
treinta y cinco y cuarenta y dos, entre muchos otros que
menciono diariamente, y ¡perdón, me olvidaba! A partir
de hoy saldremos también por el canal sin número de
la localidad de Pampa Seca, a quien mando otro besito,
saludando mi nueva legión de amigos, y pido a todos
aquellos que aún no tienen televisión en colores y que
no pueden apreciar el color de mis ojos, que no pierdan
las esperanzas. Yo también fui una como tantas, y miren
hoy... Por eso les pido que sepan esperar. No olviden que
si han sido elegidos por el destino, triunfarán. ¡Y ya llega
mi primer invitado!... Antes, me faltaba decirles que
mis labios son de rojo carmesí. (Imagina la llegada del
invitado, aplaudiendo y saludándolo.) ¡Ahora sí, Manuel
querido! ¡Qué gusto tenerte otra vez aquí, recién llegado
de tu viaje! ¡Quiero decirte que te hemos esperado con
verdadera ansiedad, y seguramente tienes muchas cosas
que contarnos, por lo tanto, comencemos ya mismo!... (Se
sienta, imaginando que el lo hace en el otro extremo.) Estoy
segura de que hoy todos estarán celebrando... (Se oye la
voz áspera de Sara, que proviene del interior de la casa.)
Sara: ¡María!... (Entra.) ¿No viste a tu padre?
María: No, mamá...
Sara: ¡Borracho ya de mañana!... ¡Cualquier día de éstos
le abro la panza y no sale más que vino!
María: ¿Por qué hablás así?
Sara: (Despectiva.) ¡¿Por qué hablo así?! ¡Por qué hablo
así! ¡Me importa un cuerno adónde se fue!
María: ¡Mamá, por favor, sentante!
Sara: ¡Sentate un carajo! ¡¿Si él no está, me querés decir
quién va a cocinar?!
María: ¡Yo, yo cocine!
Sara: ¿Vos? ¿Delirando de nuevo?
María: (Quita las servilletas que cubrían los platos.) ¡Mire
usted, todo listo!
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Sara: ¡¿Pero qué?! ¡¿Abriste las latas?!
María: Bueno, yo...
Sara: ¡¿Y los fideos?!
María: Tenían bichos...
Sara: ¿Todas, las abriste?
María: Sí...
Sara: ¡¡Derrochando, encima!!
María: ¡No grites, había dos, nada más, y encima me lastimé
un dedo!
Sara: ¿Estás segura de que tenían bichos?
María: ¡Pero sí! ¡Andá y fijate!
Sara: Está bien... Me chifla de hambre. (Se sienta en el
lugar del presunto invitado.)
María: ¡Mamá!
Sara: ¿Qué?
María: Ahí no es tu lugar... (La madre mira con fiereza;
Maria finalmente se muestra sumisa. Sara come con ansiedad;
se sirve agua de la jarra.)
Sara: ¡Anoche no encontré más que dos facturas, y encima,
viejas!
María: No te preocupes, creo que hoy voy a cobrar.
Sara: Yo ya empecé a arreglar con el Gervasio... (Destapa
otro plato y lo toma.)
María: ¿Va a reconsiderar?
Sara: ¿Qué?
María: Digo, si te va a seguir fiando.
Sara: Quiere hablar con vos.
María: ¿Conmigo?
Sara: ¡Sí! No te hagás la idiota.
María: ¡Mamá, yo no soy una prostituta!
Sara: ¡Comé y callate la boca! (Maria se marcha. Llega el
padre desde el exterior.)
Francisco: (Burlón.) Buen provecho...
Sara: (Contenida.) Gracias.
Francisco: De nada... (Intenta dirigirse al interior.)
Sara: ¡Esperá un momento!
Francisco: ¡¿Qué pasa?!
Sara: ¿Dónde anduviste toda la noche?
Francisco: Por ahí...
Sara: ¡Sí, se te nota en el olor a vino!... Pero decime, ¿no
ves que no tenemos un mango?
Francisco: ¡Y laburá, vaga!
Sara: ¡Sabés que estoy enferma!
Francisco: ¡Enferma! Enferma toda la vida... Pero, ¡¿enferma
de qué?!
Sara: ¡¿Cómo de qué?! ¡Francisco, tenés que escucharme!
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¡Anoche me volvió a dar presión; sentí como que se me
salían los ojos, después me vino como un temblor y empecé
a golpear la cabeza contra la almohada hasta que me
desmayé!
Francisco: Entonces está bien, pudiste dormir... (Intenta
marcharse nuevamente.)
Sara: ¡Francisco, por favor!
Francisco: ¿Qué querés, ahora?
Sara: Te lo pido por las buenas, ¿cuándo vas a trabajar?
Francisco: Sabés que no me toman en ningún lado.
Sara: Pero seguí buscando, al menos.
Francisco: ¡Trabajé toda mi vida... Y ya estoy cansado de
mantener vagos! (Sale hacia interior.)
Sara: (Grita.) ¿Yo soy una vaga? ¡¿Yo soy una vaga?!
Francisco: (Reaparece.) ¡Sí! ¡Yo sé que te hacés la enferma
para pasarla bien! (Señala hacia la habitación de Maria.) ¿Y
aquella?... ¿Dónde está la guita?
Sara: ¿Qué querés, que nos comamos el televisor?
Francisco: El televisor... ¡Cualquier día de estos, se lo
rompo a patadas!
Sara: ¡Callate! ¡Es la única que trabaja!
Francisco: ¡Trabaja... Se pasa sólo cuatro horas sentada
como una reina en sillita de lujo!... ¡Trabajar es lo que
hacía yo! ¡Destrozarme las manos! ¡Eso es laburar!... ¡Y
porque trae un mango...! Pero decime (Refiriéndose al te-
levisor.) ¿Para qué mierda sirve esto? ¿Para ver el show del
almuerzo, y nosotros qué? (Sara se va con un plato, hacia
interior.)... ¡Trabajar!... ¡A ver si yo, a mi edad voy a tener
que seguir cinchando para mantener vagos! (Mira el retrato
del muchacho.). ¡Vos! (Lo descuelga.) Vos sí que fuiste
flor de vago. (Le acerca el plato.) Tomá, todavía papito te
da de comer... ¡Comé, no despreciés!... Si yo te puedo
invitar; acá nadamos en guita... Porcelana importada...
Televisor en colores. ¡Mirá, control remoto! (Pulsa el control.
Se oye la voz de un periodista.)
Periodista: ¡Y ahora, para todos ustedes, iremos con
nuestro equipo móvil hacia el lugar del macabro suceso!...
(Francisco presta atención.) Usted, señora, ¿fue la primera
en encontrar el cadáver?... (parece Sara, precipitada.)
Sara: ¡¿Qué, un cadáver?!
Francisco: (Atento.) ¡Shh!
Voz de la entrevistada: Yo sólo puedo decir que tengo
mucho miedo.
Voz del periodista: Usted, señor... ¿Cuál es su informe
ante estas cámaras?
Voz del entrevistado: ¡Era una muerta estupenda; todas
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las mañanas me decía chau; no sé cómo pudo pasarle esto!
Voz del periodista: ¡Y ahora sí, en primicia exclusiva, el
testimonio de la madre!
Sara: ¡La madre!
Voz de la entrevistada: No sabe cuánto le agradezco.
Voz del periodista: ¡Hable, díganos qué siente!
Voz de la entrevistada: ¡Yo quiero decir a todo el mundo
que mira estas cámaras que me brindan la posibilidad de
gritar mi verdad a los cuatro vientos, que mi hija, la única
vez que salió de noche, fue cuando estaba sonámbula, y
nunca anduvo por abajo de la autopista!
Sara: ¡Fue en la autopista!
Voz del periodista: Y así, luego de los testimonios recogidos
acerca del cadáver de una mujer bastante joven
que fue hallada en la noche de ayer, desconociéndose sus
victimarios y las causas...
Sara: (Apaga el televisor) ¡Eso les pasa por putas!
Francisco: ¿Vos qué sabés?
Sara: ¿Cómo no voy a saber? ¿Qué va a andar haciendo
por ahí, a esas horas?
Francisco: Capaz que el asesino ya la había matado y la
llevó después...
Sara: ¿Y no los iba a ver nadie? ¡No, la mató ahí mismo,
estoy segura! Le hizo creer que iban para otras cosas, y ahí
nomás, aprovechó...
Francisco: Vos decís, pero la pudo llevar amenazada.
Sara: Amenazada no creo, porque si él le dice “Vamos
hasta allá para asesinarte, porque si no vas te mato”, ella
no va nada...
Francisco: Sí, va, ¡para pensar qué puede hacer mientras
tanto!
Sara: ¿Te parece?
Francisco: Capaz que quería llevarla más lejos, pero la cosa
se puso densa, entonces...¡A lo mejor ni pensaba matarla!
Sara: Sí. Pensaba. ¡Por puta!
Francisco: Tenés razón. Por puta... La llevó asustada,
para gozar mejor...Amenazada...
Sara: ¿Vos decís, para ver la cara del terror?
Francisco: (Toma el cuchillo de la mesa y lo acerca a ella.)
¡Amenazada, sí!...¡“Si decís una sola palabra, te mato”!
Sara: No jodas ¡Si fue a tiros!
Francisco: ¡A cuchilladas!
Sara: ¿Pero qué decís?
Francisco: (Reacciona violentamente con el cuchillo.) ¡Cuchilladas,
dije! (Ella logra esquivarlo y huye hacia su cuarto.
Francisco se conecta con la realidad y luego de observar el cuchillo
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clavado y su mano empuñándolo, lo guarda con cierta
ceremoniosidad. se dirige a un estante. toma un libro que
abre sobre la mesa, y lee con devoción.) ...“Señor, no nos
dejes llevar por instintos malsanos, perdónanos por nuestros
malos pensamientos y que tu fuerza justiciera caiga
siempre de tus manos y nunca de las nuestras” (Coloca la
palma de su mano sobre el libro y cierra los ojos como continuando
la oración. Luego lo vuelve a guardar prolijamente.
Retorna a su normalidad. busca una botella de vino. canturrea.)
“Cuanto tiempo ha pasado, desde aquellos veinte
abriles...” (Señala el retrato del hijo.) ¿Sería así, como vos?
¿Tenía esa cara?... Qué se yo... ¡Flor de turro!¡Te banqué
una carrera y te fuiste!... ¿Qué?, ¿me vas a decir que laburabas?...
¡Seis horas!... Mi viejo me hacía cinchar de sol
a sol y si no le pasaba toda la guita me reventada a patadas...
¡Ingeniero químico! ¿Para qué sirve? ¿Para saber si
el vino tiene vino, sirve, eh?... ¡Ingeniero químico! Hay
que romperse el lomo, como yo, para saber lo que es yugarla,
y yo ahora tendría que nadar en guita, porque estas
cicatrices... (Mira sus manos.) no me las hice con jabón
perfumado... (Se inclina sobre la mesa y llora.) Ahora yo
tendría, yo tendría...
Sara: (Reaparece, compasiva. coloca el retrato en su lugar)...
Francisco, acostate en la cama...
Francisco: Dejame...
Sara: No, Francisco, vamos, vamos... (Comienza
a llevarlo al interior)
Escena siguiente: Se oye sonar el timbre.
Sara: ¿Quién es?
Gervasio: ¡Soy yo!
Sara: ¡Gervasio! ¿Cómo está? ¡pase, pase!
Gervasio: Permiso...
Sara: Suyo... Siéntese, cuénteme cómo le va.
Gervasio: Y qué quiere... ¡Con tanto aumento de precios!
Sara: ¿No vendrá a cobrarme, no?
Gervasio: ¡Eh! ¿Qué se piensa, que soy un interesado, yo?
Sara: ¡Perdone, no quise decir eso!
Gervasio: ¡No, claro, no!... ¿Lindo día, hoy, no?
Sara: Sí. Lástima que la televisión dijo que a la noche va
a llover... Por la gotera, ¿sabe?
Gervasio: Cállese, que si llueve, mañana no se juega...
Sara: Sí, claro, lo importante es que se juegue... ¿Apostó
al Prode?
Gervasio: ¡No! Vamos a la quinta del Pancho; salimos
con la camioneta mía.
Sara: (Le sirve agua.) ¡Ah, qué bien!
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Gervasio: ¿Y María?
Sara: Todavía en el trabajo... Viene más tarde.
Gervasio: ¿Le dijo algo?
Sara: Algo le dije... Que usted quiere hablar con ella;
que tiene buenas intenciones...
Gervasio: Sí, sí, dígale eso...
Sara: Pero tendría que verla después; a las siete, o cuanto
más, a las ocho, casi siempre cae.
Gervasio: Lo que pasa, que mi mujer... ¿Sabe?, le dije que
volvía pronto ...Me creí que ella iba a estar acá...
Sara: ¡No! Ya le dije que trabaja...
Gervasio: Me pensé que podía faltar...
Sara: Gervasio, ¿habló algo?
Gervasio: ¿Cómo?
Sara: Si habló con su mujer...
Gervasio: Sí, ya le dije, que volvía enseguida.
Sara: No; digo, del divorcio...
Gervasio: ¡Ah, sí! Cualquier día de estos; con todo, nomás.
Sara: Claro, yo lo comprendo, es un asunto delicado...
(Intenta servirle mas.)
Gervasio: ¡No! Basta de agua.
Sara: Pero a veces hay cosas que no se pueden pasar por
alto...
Gervasio: (Trata de retirarse.) Bueno, yo...
Sara: (Lo detiene.) ¡Gervasio! Yo no quisiera hablar demasiado,
pero conociéndolo como lo conozco, no puedo
callarme. Todos estas días me los pasé pensando y preguntándome:
¿Qué hago, se lo cuento al Gervasio o no
se lo cuento? No quisiera pasar por chismosa, pero es que
está su honor de por medio...
Gervasio: ¡Y dele, diga!
Sara: Bueno, el jueves...Usted sabe que desde acá se ve
todo...
Gervasio: ¡Sí! ¿Qué?
Sara: El jueves, le decía, cuando usted se fue para el mercado...
En fin, el albañil...
Gervasio: ¿Qué?
Sara: Pasó adentro de la pieza con su mujer, ¿me entiende?
Gervasio: ¡La muy hija de puta!... ¡La voy a moler al golpes!
(Intenta salir.)
Sara: (Lo contiene.) ¡Por favor, Gervasio! ¡Se lo pido por
nuestra amistad! ¡No diga que se lo conté yo!... (Vuelve a
sujetarlo.) ¡Espere!, ¿qué va a hacer? ¡Mátela, si quiere, que
se lo merece, pero primero déjela que se descubra, que se
deschave sola!
Gervasio: ¡Pero a mí; justo a mí, hacerme eso! ¡Déjeme!
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Sara: ¡Escúcheme con calma! Si va a lo loco, ella se va
a hacer la víctima... Mejor deje que sola pise el palito, y
después ya va a ver que todo será más fácil para usted. ¡Es
lo que le conviene!
Gervasio: ¿Le parece?
Sara: ¡Sí! Hágame caso, lo importante es el diálogo.
Gervasio: Tiene razón. Enseguida le mando una tira de
embutidos. (Sale.)
Sara: (Complacida.) ¡Gervasio!
Escena siguiente: Maria se encuentra sentada en el banco de
una plaza. Tiene en sus manos un paquete con el cual esparce
alimento a las palomas. A su lado, Alejandro, circunspecto y
de anteojos, lee, mirándola discretamente de tanto en
tanto. Ella le habla, decidida.
María: (Por las palomas.) ¿Se fijó, hace un ratito?
Alejandro: (Sale de la lectura.) ¿ Sí...?
María: Vinieron todas juntas. ¡Me dieron miedo!
Alejandro: ¿Miedo? ¿Por qué?
María: Bajaron en tropel... Pero ahora, si quiero agarrar
alguna, hasta apuran los pasitos y se escapan.
Alejandro: (Sostiene su actitud de estudio.) ¿Le gustan los
pájaros?
María: Me encantan...Los que viven sueltos, los que pueden
volar.
Alejandro: ¿Por eso vino hasta acá?
María: No sé... Sí, quizá por eso. ¿Sabe? Amo la libertad...
Alejandro: No son tan libres. Dependen de usted...
María: ¡Me encanta darles de comer! Una vez tuve un
canario enjaulado. Era un animalito arisco; si uno se acercaba,
empezaba a revolotear sin control... Revoloteaba y
se golpeaba con todas las cosas, pobrecito.
Alejandro: ¿Y se domesticó?
María: No.
Alejandro: ¿Nunca?
María: No.
Alejandro: Es raro, con el tiempo....
María: Bueno, pasó que yo no quería, no quería que se
golpeara. Y un día, finalmente abrí la jaula para que anduviera
por la casa. Me acuerdo de que me costó mucho
hacerlo salir, y luego...Volaba torpemente, cómo si no tuviera
fuerzas... Se golpeaba, quería escapar y tenía miedo...
Fue así que me oculté un poco, para que se sintiera libre ...
Alejandro: ¿Y después?
María: No sé... Después no sé...
Alejandro: ¿No se acuerda?
María: No.
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Alejandro: Algo habrá pasado. Cuénteme.
María: Fue horrible... En casa había un gato.
Alejandro: Ah, comprendo.
María: Un gato negro...Mi madre lo llamaba Lucifer.
Saltó como un flecha sobre el pobre animalito, y...yo tuve
la culpa.
Alejandro: Usted no tuvo la culpa.
María: Muchas veces, mi madre lo sigue trayendo a mi
memoria... Ella no hacía más que decir que yo lo había
matado...“Asesina”, fue lo primero que me gritó, “¡lo mataste,
asesina!”... Y cuando estaba sola, yo miraba al negro
gato Lucifer y le gritaba, igualmente: “¡Asesino!” “¡Asesino!”
Escena siguiente: En la casa. Sara se encuentra mirando televisión.
Sara: ¡Francisco!
Francisco: (Desde el interior) ¿Qué pasa?
Sara: (Suplicante.) ¡Vení, dale!
Francisco: ¡Dejá de hinchar!
Sara: (Grita.) ¡Francisco!
Francisco: ¡¿Qué pasa, carajo?!
Sara: (Condescendiente.) Francisco, no quiero que te pases
todo el día ahí adentro...
Francisco: (Se acerca.) ¡Si ando en la calle, porque ando
en la calle; si estoy adentro, porque estoy adentro...!
Sara: Quedate acá conmigo; ¡mirá la televisión!
Francisco: ¡Hacé el favor!
Sara: Bueno, entonces, charlemos, vení...
Francisco: ¿Y de qué querés que hablemos, eh?
Sara: No sé...
Francisco: Entonces, ¿por qué no te quedás mirando eso
tranquila y me dejás dormir?
Sara: No. Lo apago... Vení, quedate. Sentate, que te voy
a preparar mate... Decime, ¿no sabés si hubo alguna novedad?
Francisco: ¿Qué, otra vez me vas a salir con lo del laburo?
Sara: No. No pienses mal, no te estoy hablando de eso...
Digo, si por ahí, otra cosa...
Francisco: No sé de qué hablás.
Sara: Bueno, mirá... ¿Te acordás que antes llegaban cartas
de Manuel?
Francisco: ¿Qué, escribió?
Sara: No. Pero eso es lo que te quería decir...¿No te parece
raro? Ya va como un año.
Francisco: Será porque no se las contestábamos...A esta
altura no te vas a poner sentimental...
Sara: Qué se le va a hacer, siempre me queda la idea de
que le pase algo y nos manden la noticia...
Francisco: ¿Que le pase algo?
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Sara: ¡Claro, podría ser!
Francisco: Alguna caldera que se reviente, o algo así...
¡No se me había ocurrido!
Sara: No se te había ocurrido... ¡No se te había ocurrido
porque nunca hablamos de nada!
Francisco: ¿Sabés lo que estoy pensando?
Sara: ¿Qué?
Francisco: Si rezamos... ¡Vos y yo, juntos!
Sara: ¿Te parece?
Francisco: ¡Sí, claro!
Sara: Mirá, yo soy devota de San...
Francisco: ¡No! Nada de Santos... Yo creo nada más que
en Dios.
Sara: Bueno, le rezamos a Dios. Nunca rezamos juntos.
Francisco: ¡Traé lápiz y papel, dale!... (Sara busca. El
toma su libro sagrado y lee.) “Roguemos para que tu mano
justiciera obre con certeza y que nuestra súplica llegue
hasta tus oídos... por los siglos de los siglos...” (Ella se sienta,
con intenciones de redactar.)
Sara: “Estimado señor... Le escribimos...”
Francisco: ¡ Pero no! ¡Eso es para una oficina!
Sara: ¡Bueno, dale, decí vos!
Francisco: “Señor que estás en las alturas”...
Sara: (Sigue el dictado.) “Señor que ...estás”...
Francisco: “Sara y Francisco Veltuoto te piden que castigues”...
Sara: Pará, ¡no soy una máquina!... “Te piden...”
Francisco: “Que castigues... A nuestro hijo que nos
dejó”...
Sara: “...que nos dejó...”
Francisco: “Que tenga una muerte atroz”
Sara: (Vacila un instante.) ...“que tenga una muerte...
atroz.”
Francisco: Ahora hay que sellarlo.
Sara: ¿Qué?
Francisco: Sí, porque si no, no sirve.
Sara: Mirá, mejor lo dejamos...
Francisco: Vos empezaste; ahora hay que terminar.
Sara: ¿Que querés hacer?
Francisco: Hay que ofrecerle algo a Dios para que te dé
lo que le pediste. ¡Traé un cuchillo!
Sara: ¿Para qué?
Francisco: ¡Haceme caso, te digo!
Sara: ¡Yo no pensé...!
Francisco: (Le acerca el cuchillo.) Tomá... Cortate el dedo.
Sara: ¡No!
Francisco: ¡Un poco, nomás! Se sella con sangre.¡Vamos!
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(Ella lo hace, con resistencia. Francisco toma la mano de Sara
y la coloca sobre el papel. Luego ella se venda con un pañuelo,
mientras él toma el cuchillo, cierra los ojos y en un impulso descontrolado,
se hace un tajo, acompañado por un grito, mezcla
de satisfacción y dolor, dejando caer la sangre sobre el papel.)
Sara: ¡Francisco! ¡¿Qué te hiciste?! (Cubre la mano de él con
el pañuelo.) ¿Sos loco? ¿Qué te hiciste?
Francisco: Yo sé lo que hago... Doblá el papel. (Ella lo
pliega.)... ¡Dame! (Lo coloca en la parte de atrás del retrato.)
Sara: (Intenta limpiar.) Mirá cómo pusiste todo...
Francisco: ¡Hay que seguir!
Sara: Esperá que busque otro trapo...
Francisco: ¡No se puede perder tiempo! ¡Repetí lo que
digo! (Se ubica frente al retrato, reclinado sobre una silla,
actitud que ella trata de imitar.) “Señor... Te pedimos que
hagas justicia”...
Sara: (Repite.) “Que hagas justicia”...
Francisco: “Con aquellos que abandonan”...
Sara: Francisco... ¿Dónde pasás la noche?
Francisco: (Prosigue con firmeza.)... “Y que siempre nos
escuches” ...¡Repetí!
Sara: “Y que siempre nos escuches”...
Francisco: “Porque sin ti, ¿qué sería de nosotros?”
Sara: (A Francisco.) Tené en cuenta que esta es tu casa...
Francisco: (Imperativo.) “¡Porque sin ti, qué sería de nosotros!”
Sara: “Porque sin ti, qué sería de nosotros”...
Francisco: “El pacto, sellado está.”
Sara: Te puede ver alguien, ¿qué van a pensar?
Francisco: (Prosigue tenaz.) ”¡Por los siglos de los siglos,
amén!”
Sara: “Amen.”
Entra Maria. No alcanza a comprender la situación; los otros
se incorporan, yendo el padre hacia la calle y la madre al interior.
Maria recorre visualmente el entorno, luego toma el mantel,
ahoga un grito y se dirige rápidamente a su habitación.
Escena siguiente: Suena el timbre reiteradamente.
Sara: ¿Gervasio?
Gervasio: (Desde afuera, agitado.) ¡Soy yo!
Sara: (Abre.) ¡Gervasio!
Gervasio: (Entra desesperado.) ¡La maté! ¡Parece que la
maté!
Sara: ¿Cómo dice?
Gervasio: ¡Estaba con el albañil, hablaban y se reían! ¡Ahí
nomás me la llevé de un brazo y la molí a golpes!
Sara: Siéntese, tranquilícese... ¿Está seguro de que le pegó
bien fuerte?
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Gervasio: Si, ya le dije. ¡Después apareció la madre y se
puso a gritar!
Sara: ¿Y el albañil?
Gervasio: No sé... ¡Habrá sido el que llamó a la vieja! ¡Me
va a buscar la policía!
Sara: ¡Bueno, no va a tener miedo, ahora!
Gervasio: ¿Y si se murió?
Sara: Tranquilícese, se lo merecía...
Gervasio: ¡¿Ahora, qué hago?!
Sara: ¿Lo vieron venir para acá?
Gervasio: No, me parece que no...
Sara: Espere que voy a espiar. (Se dirige al interior. Vuelve
inmediatamente.) ¡Hombre, no pasó nada! Le están poniendo
una bolsa con hielo.
Gervasio: ¡Qué julepe!
Sara: ¿Tanto le pegó?
Gervasio: Se cayó, parecía que se había quedado dura,
ahí nomás...
Sara: Seguro que se mandó la parte.
Gervasio: ¡Es capaz!
Sara: Pero le dio buen fuerte, ¿no es cierto? ¡Usted sí que
es un hombre!
Gervasio: ¿Qué dice...? ¡Tendría que matarla de veras!
Sara: ¡Escúcheme, lo que le conviene es hacerle la vida
imposible! Trate de que se vaya de su casa. Búsquele la
vuelta.
Gervasio: ¿Pero si me denuncia de que la golpié?
Sara: ¿Y qué?
Gervasio: ¿Cómo “y qué”?
Sara: Usted tiene un motivo...
Gervasio: Sí, ¿qué motivo?
Sara: ¡Y... La pesco justo!
Gervasio: ¡Magoya, me va a creer!
Sara: ¿Y los testigos?
Gervasio: ¿Quién, el albañil?
Sara: ¡Qué albañil ni albañil; ese está involucrado!...
¡échelo, hágame caso!
Gervasio: ¿Y con eso?
Sara: Gervasio, piense que yo pude haber visto todo lo
que usted me contó, y si es necesario, hasta mi hija, también...
Gervasio: ¡Gracias, gracias, de todo corazón!
Sara: Por favor, Gervasio, ya sabe que yo lo aprecio...
¡Vea, hoy sí le puedo servir un vinito!
Gervasio: No; mejor mate...
Sara: Como quiera.
Gervasio: La joda, cuando vuelva. ¡Uy, si me encuentro
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con la vieja, capaz que no me contengo!
Sara: No se olvide de lo que le dije. No se comprometa,
Gervasio. Son cosas que nos pasan a todos... Fíjese, sin ir
más lejos, mi marido anda con otras, por ahí... ¡Gervasio!...
Gervasio: ¿Eh?
Sara: Francisco, ¿sabe? Yo no sé qué arrastrada le puede
dar calce a ese viejo...Alguna puta barata...
Gervasio: (Reconcentrado.) Lo que más bronca me da es
que se hacía la santita...
Sara: (Sigue en su tema.) ...Esas, de dos mangos...
Gervasio: ...Ahora se le terminó...
Sara: ¡Gervasio!...¿me escucha?
Gervasio: Ah, sí...¿Qué?
Sara: Francisco, ¿sabe? A veces le roba plata a María, y
ella hace como que no se da cuenta...
Gervasio: (En lo suyo.)...¡Y decía que quería ser madre!
Sara: (Prosigue.)...Pero, ¡si apenas le alcanza para vino...!
Gervasio: ¡Y meterse con el enano ése...!
Sara: ¿Será posible que otra lo quiera?...¿Gervasio, usted
puede pensar que otra lo puede querer?... ¡Gervasio!
Gervasio: ¿Cómo?
Sara: ¿A usted le parece que otra mujer lo puede querer?
Gervasio: Y...dicen que soy fachero...
Sara: ¡No, Gervasio! Le estoy hablando de Francisco.
Gervasio: Ahí sí que me mató.
Sara: Escúcheme, Gervasio...Francisco es un viejo...Siempre
fue viejo...Dos ó tres veces me hizo el amor, nada más;
fíjese, ¡y me nacieron dos hijos! Parece mentira...¿Sabe lo
que se me ocurrió? (Con maléfica picardia.) Durante muchos
años le hice creer que no eran de él, para vengarme.
Yo estaba segura de que andaba con otras, por eso que
le conté, de que no me hacía el amor, y se lo hice creer
a los chicos también, para que tuvieran vergüenza de su
padre... después, con el tiempo, tuve que decir la verdad,
porque me pareció que él ya no era capaz de sentir celos...
Si tan siquiera me hubiera abandonado, o me hubiera
molido a golpes, como hace usted...
Gervasio: ¡Entonces, a usted le gusta!
Sara: Eran otros tiempos; yo era joven, hasta pensé que
podría buscar otro amor...Pero fui una cobarde que no
salió ni a la esquina...Por eso, al final le dije la verdad,
para que me perdonara...¿Sabe?, nunca me perdonó.
Ni siquiera me escuchó... Yo era una muchacha linda,
¡Mire! (Le muestra un retrato antiguo de ella.)...era bonita,
¿no es cierto?
Gervasio: Y...sí...
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Sara: Por favor, Gervasio, dígamelo más fuerte; aunque
el espejo me mienta, ese muchacha vive...Es mentira
que estoy vieja, ¿es mentira, no es cierto?...¿No es
cierto?...¡Gervasio! ¡No lo oigo!
Gervasio: (Eleva el volumen.) ¡Sí!
Sara: Gracias, gracias, Gervasio, y perdóneme que me
ponga sentimental, seguro que usted seguirá pensando en
lo que le espera, ¿no?
Gervasio: (Como cumplido.) No. La verdad, usted todavía
no se volvió una vieja...
Sara: ¡Gracias, gracias, Gervasio!
Gervasio: ¿Y María?
Sara: Ah, María, claro. Está en su pieza...La voy a llamar
(Lo hace.) ¡María! ¡María! Regresa.) No quiere salir. Cerró
con llave.
Escena siguiente: En la plaza. Maria, algo abstraída, canta
muy bajo. Se acerca Alejandro por detrás de ella, intentando
sorprenderla.
Alejandro: ¡Ho...la! (Ella se sobresalta.) Perdoname...Soy
muy torpe...
María: No es nada. Estaba distraída...
Alejandro: ¿Nos...sentamos?
María: (Lo hace.) Es tan lindo este lugar, siento que ya
llegó la primavera...
Alejandro: (Se abriga.) Sí...Es muy lindo...Te esperé todas
estas tardes.
María: ¿A mí?...¿De veras?...¡Y yo que volví por casualidad!
Alejandro: Eso quiere decir que no te acordaste.
María: Disculpame, muchas veces me distraigo...
Alejandro: No importa, igualmente estamos acá.
María: Casualidad...
Alejandro: ¿Qué hacés habitualmente?
María: Trabajo...
Alejandro: ¿Dónde?
María: En una oficina.
Alejandro: ¿Cerca de aquí?
María: No...No queda cerca.
Alejandro: ¿A qué hora salís?
María: A las seis...
Alejandro: Pero...Recién son las cuatro.
María: Salgo en comisión...
Alejandro: (La observa, escrutante.) Ajá...
María: ¿Y vos?
Alejandro: ¿Yo, qué?
María: Digo, ¿qué hacés?
Alejandro: Bueno... ¡qué curiosa!
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María: ¿Te parece? Hasta ahora no me hiciste más que
preguntas.
Alejandro: Tenés razón, sos buena observadora. Disculpame,
en realidad, fui desatento, me había olvidado
de que tengo un regalo para vos.
María: ¡Un regalo para mí!... (Desenvuelve el presente.) ¡Un
libro!...“Las vidas de los pájaros”...Es muy lindo, gracias.
Alejandro: Te gusta, ¿de veras? (Trata de tomarle la mano,
pero no se anima.)
María: ¡De veras! (Aprieta la mano de el.)
Alejandro: Pensé que podrías ser uno de esos pájaros.
María: ¿Y vos?
Alejandro: Esperándote, como el gato. (Se rie de su propia
ocurrencia.) Perdoname otra vez...Fue un chiste de mal
gusto...Me llamo Alejandro.
María: Y yo, María. (Pausa.)
Alejandro: (Se refiere a una flor, pequeño adorno de ella.)
¿María o Margarita?
María: (Se refiere al detalle por él indicado.) Ah, sí...desde
hace tiempo.
Alejandro: ¿Y tenés con quién deshojarla?
María: No... (Dulcemente.) Ni siquiera espero...
Alejandro: ¿Por...?
María: Prefiero soñar con un príncipe que quiere llegar,
pero que no puede encontrarme...
Alejandro: ¿Tenés miedo de desilusionarte?
María: Sí...Que de pronto su imagen se deshaga y que
todo su esplendor se pierda...
Alejandro: Entonces no sueñes con un príncipe, sino con
el más pobre de los hombres...
María: (Involuntariamente.) Mi padre...
Alejandro: ¿Cómo?
María:.No me dijiste de qué te ocupabas.
Alejandro: Bueno, yo...soy periodista.
María: ¡Periodista, eso debe ser apasionante!
Alejandro: (Apático.) Sí...Puede ser...
María: ¿Por qué decís así?
Alejandro: Por que...las cosas no son siempre como queremos...
María: ¡Pero vos debés saber escribir!...Yo, cuando me siento
inspirada, escribo en el diario de mi vida; es un relato que
sé cuándo empieza, pero nunca cuándo va a terminar...
Alejandro: Y yo, ¿podría verlo alguna vez?
María: Es un secreto. Lo guardo escondido. No quiero
que nadie lo lea. Ni siquiera yo misma...
Alejandro: ¿Cómo es eso?
María: Hay cosas lindas, pero otras para olvidar.
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Alejandro: A veces sirven...
María: Bueno, sigamos con lo tuyo.
Alejandro: Soy reportero.
María: ¿Y decís que no te apasiona?
Alejandro: No veo porqué...
María: ¿Estás en eso y no lo ves?
Alejandro: Bueno, vos sabrás que todos odiamos el trabajo
que nos toca en suerte; yo podría decirte que tu oficina
es encantadora, pero me parece que tratás de escaparte.
María: ¡Pero vos debés visitar mundos distintos!
Alejandro: ¿Y si así fuera?
María: Yo...Me imagino lo que podría sentir frente a la
presencia de alguna gran estrella...
Alejandro: Bueno, en fin, no hablemos más de trabajo...
María: Si vos no querés...
Alejandro: De lo contrario, yo tendría derecho a preguntarte
por tu oficina...
María: No, eso no, por favor.
Escena siguiente: En la casa.
Sara: ¡Francisco! ¡Una rata!
Francisco: (Acude rapidamente.) ¡¿Una rata?! ¿Dónde?
Sara: (Señala un rincón.) ¡Ahí! ¡Dale, alcanzame un palo!
Francisco: ¡Acorralá, que no se escape!
Sara: ¡No, apurate! (El aporta un cepillo y una escoba.)
¡Dame! (Toma la escoba.) Vos quedate ahí (Hace un
amague.)...¡Ay! (La rata se mete en el mueble.) ¡Se escondió
atrás!
Francisco: ¿Habrá subido?
Sara: ¡No! ¡Vos cuidá ahí!
Francisco: (En el mueble.) ¡Empujá, que la reventamos!
Sara: ¿No ves que está arqueado?
Francisco: ¡Dale, empujá vos también!
Sara: ¡No le hacés nada, te digo que no le hacés nada! ¡Se
va a escapar!
Francisco: Pero...¡no!
Suena el timbre.
Sara: ¡Adelante! (Entra Gervasio con un paquete.) ¡Gervasio!
¡Ayúdenos, una rata!
Gervasio: (Se quita la campera.) ¡¿Dónde?! ¡¿Dónde?!
Sara: ¡Ahí atrás! ¡No quiere salir!
Francisco: ¿No estará arriba?
Sara: ¡Te dije que no!
Gervasio: ¡Esperen!...¡Póngase en guardia, que yo corro
el mueble! (Ejecuta esta acción; Sara y Francisco introducen
sus palos, guiándolos cada vez mas alto.)
Sara: (Mira hacia arriba y dice a la rata.) ¡Ah! ¡Te quedaste
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colgada!
Francisco: (Acerca una silla. intenta subir.) ¡Esperá!
Sara: ¡No, dejame a mí! (Sube y golpea.) ¡¡Tomá!! (Logra
derrivar al animal, que es perseguido por los hombres y por
la misma Sara, que llega a caer al suelo pero logra asentar un
golpe a la rata) ¡le di! (El animal luego es golpeado por ella
y Francisco y pisoteado con saña por Gervasio, compitiendo
todos. Sara y Francisco, finalmente agitados, terminan por
sentarse.)
Sara: ¡No hay cosa que me dé más asco que las ratas!
Gervasio: ¡A mí también!
Francisco: ¡Casi nos hace echar los bofes!
Gervasio: ¡Pero la reventamos; hay que brindar! Se dirige
al paquete que trajo y extrae unas botellas.)
Sara: ¡Gervasio!
Gervasio: ¡Y, sí! ¡No me olvidé del día!
Francisco: ¿Qué día?
Sara: (Finge estar al tanto.) ¿Cómo, qué día? El día de...
la amistad.
Gervasio: ¿Pero cómo? ¿No me había dicho que el veinte
era el cumpleaños de María?
Sara: ¿Yo, le dije?
Gervasio: ¿No se acuerda? Un día antes de la primavera, me dijo.
Sara: ¡Pero claro, sí, mañana es primavera!, ¿cómo se me
pudo haber pasado!...¡El cumpleaños de María! (A Francisco.)
¿Te fijaste, vos? ¡Primavera, ya tan pronto!
Francisco: Qué se le va a hacer...
Gervasio: ¿Tiene vasos?
Sara: ¡Vasos! ¡Hay que buscar vasos! (Los llenan con el
vino.)
Gervasio: Bueno...¡A brindar! ¡ Por María!
Sara: ¡Por María!
Francisco: ¡Por la rata! (Festejan la ocurrencia.)
Sara: ¡Cierto! (Se detiene en el lugar donde quedo el animal
y vuelve a alzar el vaso.) ¡Feliz muerte, ratita mía! (A los
otros.) ¡El primer gran triunfo de mi vida! Yo jamás maté
ni a una mosca...¡Y esta es más grande, vale mucho más
que una mosca!
Francisco: ¡De veras! ¡Estás razonando mucho!... ¡Al lado
tuyo me voy a volver sabio!
Sara: ¡Si vos lo único que sabés es darle al vino!
Francisco: ¡Y bueno, le damos! ¡Brindemos de
nuevo!...¡Ahora sí, por la rata!
Todos: ¡Por la rata!
Gervasio: ¡Traje una torta, también!
Sara: (Busca el cuchillo.) ¡Bueno, también le damos!
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Gervasio: ¿Qué? Ahora?
Sara: ¿Por qué no?
Gervasio: ¡Y...falta ella!
Sara: ¡Cierto! Ya tendría que estar acá... (Francisco comienza
a empinar la botella.) ¡No importa, se le habrá hecho
tarde!... (Intenta cortar la torta. en ese instante entra Maria.
Sara toma la iniciativa de cantarle.)...“¡Cumpleaños feliz,
cumpleaños feliz...!” (Los otros la siguen a coro.) “¡Que los
cumplas, María, que los cumplas feliz!”...¡Bravo!
María: ¿Quién cumple años?
Sara: ¡Vos!
María: (Rápidamente, toma dirección hacia su cuarto.) ¡Se
están burlando!
Sara: ¡Veinte de septiembre...!
Gervasio: ¡Parece que no!
Sara: ¡Ché, Francisco! ¿Ella no cumple años el veinte?
Francisco: ¡Ah!...Si no sabés vos...
Sara: Y bueno, nosotros, igual, sigamos...Vos, Francisco,
¡no te tomés todo! Te hace mal... Pero, ¿no era el veinte?
Francisco: (Ebrio.) ¡Que muestre los documentos!
Sara: ¡Tenés razón! (Comienza a golpear en la puerta, luego
Gervasio tambien lo hace. Francisco se va con las botellas.)
Sara y Gervasio: ¡María! ¡Abri! ¡Dale! ¡Abrí!
María: (Reaparece.) ¡¿Pero... qué quieren?!
Gervasio: ¡La cédula!
Sara y Gervasio: ¡La cédula! ¡Queremos ver la cédula!
(La madre intenta avanzar. Maria le propina un empujón.
Gervasio la sostiene para que no caiga. Maria arroja su cartera
y vuelve a interior.)
Sara: ¡Qué bruta, tratar así a una madre!... (Toma la cartera.)
¿A ver?... ¿Qué día?... (Extrae el documento de identidad.)
Léalo usted, sin lentes, no veo...
Gervasio: (Lee) ¡Buenos Aires, veintisiete de marzo!
Sara: ¿Veintisiete de marzo? ¿A ver?...No veo nada, pero
debe ser cierto...veintisiete de marzo...Pero entonces,
¿quién cumple hoy?... (Se conecta con el retrato de su hijo.)
¡Ese! ¡Ese! ¡Estamos festejando el cumpleaños de ése!...¡Ay,
Dios mío, no nos castigues!
Gervasio: ¡Que metida de pata! ¡Yo tuve la culpa!
Sara: ¡No, Gervasio, no! Usted fue inocente en todo esto,
y yo igual le agradezco las atenciones.
Gervasio: Igual que ustedes...
Sara: ¿Nosotros?, ¿nosotros, qué atenciones le hacemos?
Gervasio: Y...Acuérdese de lo que me prometió.
Sara: ¿Que yo le prometí?...¡Ay, no sé!, será el vino...
Gervasio: Acuérdese...Eso de que iba a salir de testigo.
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Sara: ¡Tiene razón, perdóneme! No vaya a creer que tuve
mala fe.
Gervasio: ¡Sí, sí, le creo!
Sara: Ya le dije que hasta María, si es preciso.
María: (Reaparece. Intenta ordenar la mesa.) No va a ser
necesario. (A Gervasio.) Su mujer se fue de casa.
Gervasio: ¿Qué decís?
María: Usted fue el último en enterarse.
Gervasio: ¿Hablás en serio?
María: Vaya y fíjese. Después vuelva con más vino para
festejar.
Gervasio: ¡Lucía...! ¡No! (Corre hacia afuera. Sara, con
desazón, lo ve salir.)
Sara: ¿De veras que se fue?
María: Sí.
Sara: Y ese, corriendo atrás. ¿Quién entiende a los
hombres?...¡No! ¡No tirés el vino!, ¿qué va a decir tu padre?...
(Maria prosigue en lo suyo.) la verdad, que yo también
me marié un poquito, ¡pero, que se va a hacer!, es
linda una fiesta de vez en cuando (Ríe.) ¡brindamos! Lástima
que se terminó... ¡Tan linda la fiestita!...¡Cuidado, no
pisés la rata! (Maria descubre esto. lanza un grito, volviendo
a su dormitorio.)
Gervasio: (Entra) ¡Se fue! ¡Se fue!
Sara: ¡Era cierto, entonces!
Gervasio: ¡Se fue y me dejó!
Sara: Pero, ¿no era lo que usted quería?
Gervasio: ¡No! ¡Yo quería asustarla, nada más!... ¡Asustarla,
y ella me dejó a mí!... (Se derrumba.) ¡Yo no la eché
y ella se fue sola!... ¿me entiende? ¿Ahora qué voy a hacer?
Sara: Bueno, bueno, trate de calmarse...
Gervasio: (Llora) ¡Ay, tana, tanita!
Sara: (Le acaricia los cabellos.) Bueno, bueno, bueno...
Escena siguiente: En el parque. Maria llega hasta el asiento y
encuentra a su padre tendido sobre él.
María: ¡Papá! ¡Papá, soy yo, despertate!
Francisco: ¿Eh?...Apagá el reloj.
María: ¡Papá, estamos en la calle!
Francisco: Es mi casa.
María: ¡Qué va a ser tu casa!...¡Mirá dónde estás!
Francisco: Tenés razón... (Se acuesta en el suelo.) ¡Mejor acá!
María: ¡Papá! ¿Por qué me hacés esto?
Francisco: Es mi lugar.
María: Por favor, papá, levantate...¡Va a venir la policía!
Francisco: Y con razón, yo me aproveché del banco.
María: No quiero...No quiero que vayas preso. ¡Hacelo
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por mí!
Francisco: (Se va incorporando.) Tenés que entender (Señala
su propia cabeza.)...La cárcel está acá.
María: ¡Eso no es cierto!
Francisco: Entonces, ¿a ver?, ¿qué es cierto?
María: ¡Papá!, ¿por qué no querés reconocer que tendrías
que ser otro hombre?
Francisco: (Despectivo.) ¡Otro hombre!...
María: ¡Vos naciste para emprender cosas! Vos sabés que
es cierto. Lo que pasa es que no tuviste suerte.
Francisco: ¿Ves? ¡En eso estamos de acuerdo!
María: ¡Pero a la suerte hay que ayudarla!
Francisco: ¿Qué tipo de ayudita, una contribución?
María: No te burles.
Francisco: Está bien, nada, nada de burla.
María: A la suerte se la ayuda...
Francisco: ¿Cómo, querida, cómo?
María: Pensando en cosas buenas...Vos no naciste para
obrero. ¡Tendrías que haber sido un artista, papá!
Francisco: ¡Un artista!
María: Esas manos no estarían así si hubieras hecho otra
cosa...
Francisco: ¿Otra cosa?...No, nena, ni siquiera pude ser
bueno como obrero.
María: ¡Estás equivocado!...
Francisco: (La interrumpe.) ¡Mirá, si pudieras estar adentro
de mi cabeza! ¡Todo el día me tengo que bancar mis
propios divagues! ¿Vos sabés lo que son los tuyos, encima?
María: ¿Y entonces?
Francisco: No sé...Depende de cómo vayan ciertas cosas.
María: ¿Qué cosas?
Francisco: No, nada...
María: ¡Decime, por favor!
Francisco: Vale poco. De sereno, en una fábrica.
María: ¿Con eso dejarías de tomar?
Francisco: No sé, capaz que sí...Si consiguiera ganar algún
mango ...
María: Pedime, si necesitás.
Francisco: Sabés que me lo gasto en vino.
María: Pero entonces, ¿en qué quedamos?
Francisco: ¡No, pará!, no me regeneré, todavía...Tengo
que tratar de medirme. Si consigo laburo, no me tienen
que ver borracho...Lo que pasa, es que de noche, las horas
se hacen difíciles...
María: ¿Te acordás de que antes te gustaba la radio?
Francisco: ¡La radio!...Al final no es más que un moscardón
21
que te taladra los sesos.
María: También, antes...
Francisco: Antes era antes.
María: ¿Qué decís? ¡Nunca hay que perder las esperanzas!
Francisco: Tenés razón, nunca. (Transicion.) ¿Esperanzas
de qué?
María: Papá, todavía podés conseguir muchas cosas ...te
sobran condiciones...
Francisco: ¡Condiciones, condiciones!...Aunque las tuviera,
¿a quién le importaría?
María: ¡A mí sí, me importa!
Francisco: ¿Y con eso alcanza?
María: ¡Sí, alcanza!...¡Alcanza para crear mi mundo!...
Para crear el mundo que nos merecemos... (Se abraza a el.)
para tener un hogar y que no haya que escaparse...¡Para
que vuelva Manuel!
Francisco: (Se va apartando.) Sí, sí, para que vuelva...Y
ahora yo me voy porque (Sarcástico.) es la hora del té...
(Sale.)
María: (Se ensimisma.) ¡Mentira! ¡Mentira! ¡La miseria
no existe! “Los que estén tocados por la varita mágica
del destino, triunfarán”... (Observa a las palomas en el
suelo.)...Ustedes deben tener hambre...No se preocupen...
(Extrae un paquete con alimento.) Su hada madrina
nunca las olvida...¿Saben? Yo también tengo un duende
generoso... que me dice que me recuerda siempre, que
me pide que los viejos lo perdonen y le escriban algún
día...¿Ustedes creen que ellos lo van a perdonar?...Sí, ¿no
es cierto?...Es un alma noble, y me envía todo lo que necesito...
Alguna de ustedes que vuela lejos, ¿lo vio alguna
vez?
Escena siguiente: En la casa. Sara junto a Gervasio. Ella extrae
objetos de una caja. El sorbe mate.
Sara: María, usted vio cómo es...arisca, pero con el tiempo...
Déjemela que la convenza, y ya va a ver... (Encuentra
un disco.) ¡Mire! Acá está el vals... (Lo coloca en un aparato.)
¡es el vals de mis quince años!
Gervasio: Está bien, vuelvo otro día.
Sara: ¡Espere, espere, no se vaya!...Escuche... Mi padre
fue el primero que me sacó a bailar...¿No es hermoso?
Gervasio: (Indiferente.) Si...
Sara: ¡Acompáñeme, por favor! (Lo impulsa.) Sí, Sí, bailemos,
venga!
Gervasio: (Riendo.) ¡No sé bailar!
Sara: Sígame a mí, despacito, un dos, tres, un dos tres,
vamos...(El la sigue, en broma.) Bueno, así, qué bien...¡Es
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hermoso!...
Llega francisco, desde el exterior.
Francisco: (Se burla.) ¡Buen día, linda milonga! (Gervasio
sale. Sara trata de quitar la música.)
Francisco: (La detiene.) ¡Dejá, dejá!... ¡Me toca a mí!...
(Trata de menearla. ella se irrita y quiere librarse de el, que
prosigue y pugna por levantarle el vestido.) ¡Así, como bataclana!
Sara: ¡Dejame!
Francisco: (Retoma.) ¡Desnuda! ¡En un piringundín tenés
que estar desnuda!
Sara: ¡No sabés ni lo que decís!
Francisco: ¡Soy un magnate...Te pago bien!
Sara: ¡Basta de payasadas!... Ese hombre tiene buenas intenciones
y María lo quiere.
Francisco: ¡María! ¡María no quiere a nadie!
Sara: ¿Vos qué sabés?
Francisco: ¡Ella nunca va a seguir tus consejos podridos!
Sara: Francisco, yo nunca te falté...
Francisco: ¡¿Que nunca me faltaste?!... (La toma de un brazo
y señala la frente de ella.) ¿Y este resumidero?, ¿decime si
no salió de acá toda la mierda que me hundió?... ¡Me das
asco, hacés cualquier cosa por un poco de comida!
Sara: ¡Y de vino, si querés! ¡Pero tenés que saber que si de
algo puedo jactarme, es de llevar la frente bien alta!
Francisco: (Rie.) ¡Frente bien alta con el almacenero!
Sara: ¡Entendé! El necesita una chica como ella para rehacer
su vida, y yo... puedo ayudar, ¿por qué no?
Francisco: ¿Ayuda de entregadora?
Sara: (Le asienta un sopapo.) ¡No voy a permitir que me
insultes!
Francisco: ¡Vení para acá!... (La arrastra de un brazo.) ¡Yo
te voy a enseñar! ¡¿Te creés que vas a mandar siempre
vos?! ¡Si sos lo mismo que esto! (Toma los restos de la rata y
los refriega en la cara de ella.)
Escena siguiente: Maria y Alejandro en la plaza.
Alejandro: Yo, ¿qué significo para vos?
María: Bueno...Un amigo que comparte estas tardes...
Alejandro: ¿Y no pensás en que te puedo llegar a querer?
María: No. Yo no pienso en esas cosas.
Alejandro: Está bien, seguiremos con de la vida de los
pájaros...
María: Pero a mi manera.
Alejandro: Bien, a tu manera...Contame algo de tu familia.
María: Tengo un hermano.
Alejandro: Un hermano...¿Es toda tu familia?
María: Nos une un vínculo muy cálido, muy fuerte ...
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Alejandro: ¿Soltero?
María: Por supuesto, los dos.
Alejandro: ¿Viven juntos?
María: No. El se fue al extranjero. Ahora gana mucho...
Alejandro: ¿Profesional?
María: Sí, papá quería que fuera como él, pero Manuel
consiguió volar más lejos. Se recibió...Después llegó la carta.
Alejandro: ¿Qué carta?
María: De un compañero, allá en el exterior. Y lo convenció.
Lo llamaron con dólares... Manuel decía que acá
no tenía nada que hacer.
Alejandro: ¿Y tu padre qué dijo?
María: El, le guarda rencor desde que empezó a sentirse
inferior; y para mi madre fue como si hubiese muerto.
Alejandro: ¿Y para vos?
María: Yo siempre estoy con él. Lo perdoné porque sé
que va a volver...Lástima que no lo puedo nombrar en
casa. Por eso puse el retrato a la vista de todos, y lo tienen
que respetar, porque soy lo único que les queda.
Escena siguiente: Sara sale del cuarto de Maria, trayendo
algo envuelto en un delantal de niña. Dentro de este, encuentra
un álbum. Se sienta y comienza a observarlo.
Sara: (Lee) “Mi Diario...Soy María, o no importa quien.
Puedo gritar que lo más importante es sentirse libre y que
no hay fortuna alguna que pueda compararse...”
Continua Maria con Alejandro
María: Salgo todas las tardes a caminar. A veces me gusta
perderme entre la gente, y hay otras en que quiero estar
sola, contemplando el cielo, la dulce ilusión de los adolescentes...
Continua Sara, leyendo.
Sara: “Siento mucha lástima por aquellos que viven resignados
tan sólo a las cuatro paredes de una jaula oscura, y
por eso quiero decirles que no habrá día en que el sol no
vuelva a brillar, que no habrá primavera en que los brotes
de la vida no vuelvan a florecer...” (Mira en derredor y siente
la pobreza de su hogar. contempla el retrato de su juventud, y
tomando un batón rojo, comienza a salir de la casa.)
Continua Alejandro, junto a Maria.
Alejandro: ¿Y el amor?
María: Una vez me pasó algo parecido...
Alejandro: ¿Algo parecido al amor?
María: Fue una tarde de otoño...Entré a un café; siempre
recuerdo ese momento...Yo miraba la llovizna, la tarde
gris junto a la ventana de cortinitas pálidas. Sentía nostalgias,
recuerdos de la eternidad...
Alejandro: ¿De la eternidad?
24
María: Sí, ¿no te fijaste? Los días grises son iguales. En un
día gris pareciera que el tiempo no hubiera transcurrido
nunca... en ese entonces, lo conocí.
Alejandro: ¿Y qué pasó?
María: Cometimos un error.
Alejandro: ¿Un error?
María: En una de esas tardes, él me invitó a conocer el
lugar dónde vivía...Era un lugar muy chiquito, que inspiraba
ternura...
Alejandro: Y vivieron bien el resto de la tarde.
María: No. No fue así. Pasó bastante tiempo hasta intentarlo,
y cuando lo hicimos, yo le dije la verdad, que no me
había gustado y alguna otra cosa más que no recuerdo, no
sé si sólo fue para herirlo o para que no volviera a insistir.
Yo le expliqué que a mí, lo único que me importaba era
su amistad...Nos vimos unas pocas veces más; yo cociné
para él y hasta llegué a dormir en su cama sin que él supiera.
Todavía tengo la llave... Mirá, es esta. Tendría que
devolvérsela...
Alejandro: ¿Querés volver a verlo?
María: No sé... Estoy en falta...
Alejandro: ¿Por qué?
María: Por esto de la llave
Alejandro: Ah...Por eso...
Maria: La voy a dejar sobre la mesa de aquel bar. Si él
recuerda, quedamos en volver a encontrarnos ahí, otra
tarde. No fijamos el día, pero sería otra tarde. Allí la va a
encontrar... (Se marcha.)
Alejandro: (Se desconecta de ella y mira a las palomas.
Extrae alimento de su bolsillo y les dice, mientras se aleja.)
¿Quiénes son ustedes...? ¿Quienes son ustedes, pequeños
seres alados...?
Sara llega hasta el banco y se sienta.
Sara: Palomita...palomita ...¿Sabés?... Cuando tenía
veinte años, no hubiera caminado sola sin que alguien se
me acercara; ahora ya ves, nadie me mira, nadie me dice
nada y tengo frío...Ustedes se esconden., va a llover. Es
mi primavera...Tengo frío y llueve...
Escena siguiente: Maria entra en la casa y encuentra su diario
sobre la mesa. Se aferra a el.
María: (Dice, mirando el retrato de su hermano.) ¡Llegaron
a manosear mis recuerdos! ¿Por qué buscarán destruirme?...
Y me pedís que te perdonen... (Se dirige hacia el
interior,)
Escena siguiente: En el banco de la plaza. Alejandro declama
de pie, jocoso, algo escrito en un papel.
25
Alejandro: “¿Y quiénes son ustedes, pequeños seres alados,
que sin ser livianos como mariposas, cruzan raudos
los tejados, sin poner la cara más triste que por un quilo
y medio de alpiste, y que en las tardes de estío cubren su
pecho y el mío...?
María: (Se acerca lentamente, por detrás de el. Se refiere al
poema.) ¡Es muy hermoso!
Escena siguiente: Francisco, en la casa, en actitud de plegaria,
enciende una vela junto al retrato de su hijo.
Francisco: Te ruego... Te ruego que no te mueras sin
volver a esta casa que te vio nacer. Yo, le pido a Dios que
me perdone porque tuve malos pensamientos. No sé qué
me pasó... Ahora necesito que me mandes un poco de
la suerte que vos tuviste, así puedo cambiar. Perdoname
por la maldición. ¡Estuve ciego, te quiero mucho, te quise
siempre...!
Sara: (Se acerca, sigilosa.) ¿Qué estás diciendo?
Francisco: Nada, nada...
Sara: Te oí, Francisco, te oí.
Francisco: Bueno, ¿y qué?
Sara: Cómo “¿y qué?”
Francisco: ¿No puedo arrepentirme?
Sara: ¡Sí, a ver si a esta altura, porque vas a trabajar, te hacés el santo!
Francisco: ¡Sara, hay que romper ese papel!
Sara: ¡Dale, animate, rompelo! (El se dirige hacia el cuadro;
ella lo detiene.) ¡Pará; pará!, ¿qué haces? ¿No sabés
que no se puede? ¿Te olvidaste que está sellado?
Francisco: Yo mismo te obligué...
Sara: Y yo tuve miedo. Pero ahora, si lo tocás, los que
tenemos que pagar somos nosotros. ¡Fue con nuestra san-
gre!...Francisco, el otro día entró una gitana, ¿sabés?, ¡me
dijo que si lo rompemos, la sangre nos va a terminar ahogando!
¿Te das cuenta, Francisco?
Francisco: Yo...Solo espero una cosa... Que no se cumpla...
Que Dios no nos haya escuchado...Que no se cumpla...
(Sale. Sara mira fijamente al retrato. suena el timbre.)
Sara: ¡Gervasio! ¡Qué susto!
Gervasio: (Viene con un paquete pequeño.) ¿Molesto?
Sara: No, ¡que ocurrencia!
Gervasio: ¿Y María?
Sara: ¿María? Ya tendría que estar acá...¿A ver, qué me
trajo?
Gervasio: Guindas al natural, ¿le gustan?
Sara: ¡Sí, claro!
Gervasio: ¿María llega a cualquier hora?
Sara: No... (Se dispone a abrir el recipiente.)Lo que pasa, es
26
que no tiene horario fijo...
Gervasio: Parece que sabe cuándo voy a venir y entonces
no aparece...
Sara: Pero no, es que... a veces se le hace tarde.
Gervasio: ¿Muy tarde?
Sara: No. Ya le dije, debe estar por llegar.
Gervasio: ¿Vio lo que pasó anoche?
Sara: No, ¿qué pasó?
Gervasio: ¿No se enteró de lo de la enfermera?
Sara: ¿Qué enfermera?
Gervasio: Una que apareció toda estrangulada.
Sara: (Come con avidez.) ¿Toda estrangulada?
Gervasio: ¿Sabe?...Esta mañana temprano anduve por
el lugar. Estaba lleno de gente y policías...En una casilla
abandonada entre los árboles.
Sara: ¿Se fue hasta el lugar?
Gervasio: Por el reparto, entiéndame...Pero yo le digo
para que tenga cuidado con su hija.
Sara: No. Ella viene temprano y no va a lugares raros...
Gervasio: Es que no se sabe de dónde las traen. Sólo se
sabe es que aparecen por ahí...
Sara: Bueno, cambiando de tema, ¿cómo anda el asunto
suyo?
Gervasio: Y...Medio jodido...El abogado, ¿sabe? Me dijo
que ella cuando se fue, pasó por la comisería...
Sara: ¿Se fue a la comisería?
Gervasio: Todavía tenía los moretones.¡Me denunció, la
muy hija de puta!
Sara: Y eso que no la mató...¡Desagradecida!
Gervasio: Tendría que haberla matado...
Sara: ¿Y pueden ponerlo preso por eso?
Gervasio: ¿Por matarla?, ¡sí!
Sara: ¡No, por los moretones!
Gervasio: No sé, capaz que sí...Para mí que son mentiras.
Sara: ¡Claro, claro! ¡Qué va a denunciar, esa!
Gervasio: ¿Pero si me denunció?
Sara: No se haga problema, ya le dije...¡Confíe en nosotros!
(Entra Maria. Mira friamente a Gervasio.) María,
repetí lo que vimos la otra tarde.
María: ¿Qué tarde?
Sara: El día que Gervasio se peleó con la mujer.
María: Yo no ví nada.
Sara: ¡Haceme caso a lo que te digo! ¿Qué viste?
María: Yo estaba recostada. Escuché que hablaban y después
empezó a insultarla.
Sara: ¡Explicá bien!
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María: Me molestaban los gritos y me levanté a cerrar la
ventana.
Sara: ¿Entonces?
Maria: Entonces ví que él empezaba a pegarle.
Sara: ¡Estás mintiendo!,¡ repetí lo que te dije!
María: ¡No me importa lo que dijiste! ¡El empezó a golpearla
porque sí, y basta!
Sara: (Reacciona pegándole; Maria intenta alejarse, pero su
madre continua reteniéndola.) ¡Te quedás acá! ¡Vas a cantar
todo lo que yo quiera!
María: ¡Dejame, por favor!
Gervasio: (Hipócrita.) ¡Déjela, Sara; yo no quiero que la
chica se ponga así!...(Se acerca a ella y le acaricia el rostro
con pretendida amabilidad.) María...
María: ¡No me toque!
Gervasio: ¡No!... ¡No me contestes así! ¡Yo no te hice
nada!
María: ¡No me van a obligar a mentir!
Gervasio: ¡Pero la viste! ¡Las dos la vieron hacer porquerías
con el albañil!
María: ¡Yo no vi ningún albañil, y si tengo que hablar,
voy a decir la verdad!
Sara: ¡Nadie le va a creer, es loca!
María: ¡Loca! ¿Ah, sí?, ¿loca? ¿Quieren ver cómo esta loca
los hace meter presos?
Gervasio: (La sujeta.) ¡Pará, pará, nenita, no te pongás así!
María: ¡Suélteme, degenerado!
Gervasio: ¡Nenita, que me hacés calentar!... (Avanza
en ella. Sara, alelada, toma un poco de distancia. En ese
instante llega Francisco. Gervasio se detiene, pero el otro se
muestra inerme y se aleja. Maria alcanza a tomar el cuchillo
de la cocina.)
María: (A Gervasio.) ¡Váyase! ¡Váyase ya mismo!
Sara:¡No! ¡Andate vos si querés! (Maria se aleja.)
Sara: (Se aferra a Gervasio.) ¡No quiero que usted se vaya,
por favor!
Geranio: ¡Me puse como loco!
Sara: Usted no tuvo la culpa, Gervasio, la culpa la tienen
los otros...Además, es joven, es lógico que tenga deseos...
Gervasio: ¡Oigo ruidos en casa! (Sale hacia
allá.)
Sara: Gervasio...
Escena siguiente: Francisco se encuentra sentado en el respaldo
del banco de la plaza.
Francisco: (Irónico.) ¡Escuche, don! Hoy soy un hombre
de bien. Hoy trabajé. Conseguí el laburo “¡Francisco,
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hombre servicial!”, como dice la recomendación... La
recomendación... ¡Hasta tuve que pagar por conseguirla!
No sea cosa que entre un cualquiera que no tiene coraje
para nada ¡Coraje! (Rie) Yo lo perdí hace rato!
Escena siguiente: En la casa.
Gervasio: (Desesperado.) ¡Se mató, Sara, me mató!
Sara: ¿Quién?
Gervasio: ¡Lucía!... ¡Volvió y se mató! Vino con una
valija, a llevarse las cosas...Cerró la puerta...Yo no sabía
qué hacer...Después, no salía... ¡Con mi navaja, ¿sabe?!
¿Cómo podía tener eso entre sus cosas?
Sara: No tengas miedo. No te va a pasar nada...
Gervasio: ¡Yo le iba a pedir perdón de rodillas!
Sara: ¿Perdón?
Gervasio: ¿Ahora qué hago, yo sólo?
Sara: No estás solo, Gervasio.¡Todavía estamos a tiempo!
¡Vayámonos juntos, Gervasio!... ¿No me oís? ¡Gervasio!
¡Vayámonos juntos!
Gervasio: ¿Nosotros?
Sara: ¡Sí, Gervasio, sí!
Gervasio: Está loca...
Sara: ¡Sí, estaré loca, pero soy una mujer!... Y también
una madre. Lo que vos que vos necesites
Gervasio: (Cortante.) No, salga.
Sara: ¿Entonces, para qué viniste?
Gervasio: No sé. ¡Tengo que volver!
Sara: ¡Gervasio, escuchame!
Gervasio: ¡Ella ya debe estar fría!
Sara: ¡Gervasio!...
Gervasio: (Se libera de ella.) ¡Tana!¡Mi tanita! (Sale. Sara
permanece perpleja unos instantes, desliza su mano por los
surcos de su rostro, como si se estuviese mirando ante un espejo.
En ese momento se oye un disparo.)
Sara: ¡¡Gervasio!! (En actiud de autómata, se dirige al televisor,
al cual enciende.)
Voz del periodista: Una nueva víctima del notorio y tristemente
célebre asesino de mujeres, ha sido hallada en las
adyacencias del Riachuelo... (Sara hace sonar el disco del
vals, cuya música competirá con la voz del informante. Se
coloca el batón rojo y comienza a moverse lentamente al son
de dicha grabación.) Se trata en este caso de una mujer
de unos cincuenta años de edad, cuyo macabro hallazgo
conmueve a la opinión pública, dada la frecuencia con
que vienen ocurriendo estos hechos...
Escena siguiente: en el banco de la plaza. Alejandro se encuentra
discurriendo.
29
Alejandro: De todas las cosas tiene que surgir un ordenamiento
lógico...Sí, sí, eso es cierto, porque aun lo que
se muestra como más confuso, tiene su razón de ser; esa
es la única manera de encontrar un camino a seguir, aun
cuando la razón final sea más oscura y contraria a toda
lógica, ¿entonces, qué hacer? ¡Sí! Seguir buscando, hasta
llegar al punto final en que nada se entiende... (Se acerca
Maria por detrás de él, tocándolo, apenas; él se aferra a su
mano. Ella ahora intenta alejarse, pero él la retiene.) No te
vayas, necesito saber muchas cosas... (Ella se sienta a su lado,
y comienza a llorar abrazada.) ¿Qué pasa?
María: Llegó una carta...
Alejandro: ¿Algo malo?
María: Se despide.
Alejandro: ¿Quién?
María: Manuel. Se casó y ya no me necesita. Ya no soy
nadie.
Alejandro: ¿Por qué decís eso?
María: Me pide que le envíe hasta las cosas que tenía de
chico y me manda un dinero por última vez... Es terrible,
nunca creí que los sentimientos se pudieran indemnizar.
Alejandro: (Mira el texto de la carta) No se despide...
María: Pero yo entiendo, me pide hasta los recuerdos...¿Para
qué los querrá la otra, si también son míos?...
Alejandro: Entonces tendrías que escribirle, contarle
todo eso...
María: (Muestra otro papel.) El último giro bancario,
dice. Claro, ahora tiene un hogar... Sí, le voy a escribir, le
voy a escribir, junto con sus cosas, una carta extensa... (Se
aleja.)... muy extensa...
Escena siguiente: En la casa. Francisco revisa un periódico y
Sara cose, observándolo de reojo.
Sara: Francisco...
Francisco: ¿Qué?
Sara: ¿Nunca más?... Digo, ¿nunca más te pusiste borracho?
Francisco: No.
Sara: Francisco...
Francisco: ¡¿Qué?!
Sara: ¿Por qué mirás el diario?
Francisco: ¿Por qué miro el diario?...Bueno, lo compré.
Sara: Vos nunca te fijaste en el diario.
Francisco: Ahora sí, ¿qué hay?
Sara: Nada... ¿Querés un mate?
Francisco: ¡No!, lo que quiero es que me dijes en paz...
Sara: (Aguarda un instante.) ¿Lo vas a comprar siempre?
Francisco: No sé.
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Sara: Yo...quería preguntarte si tenés plata; digo, si te pagan
bien...
Fransciso: No...Ya sabés que no, ¡¿qué mas te tengo que
contestar?!
Sara: Si compraste el diario, puede ser que tengas.
Francisco: No, ya te dije que no.
Sara: Francisco...Te encontré un toco escondido.
Francisco: ¡Es mío!
Sara: Está bien; no te saqué nada. Quiero saber de dónde
salió.
Francisco: ¡Cobré! ¿De dónde va a salir?
Sara: ¿Y tanto te pagan?
Francisco: Es por los méritos.
Sara: ¿Méritos?, ¿qué méritos?
Francisco: Bueno, ayudo... horas extras.
Sara: ¡Si me dijiste que hoy no ibas porque no te daba la
gana!
Francisco: Es que ...estoy de franco.
Sara: Francisco, por favor, decime la verdad.
Francisco: Es la verdad.
Sara: Yo sé que vos no cumplís, que vas cuando querés, si
es que vas...Decime, ¿de dónde salió ese dinero?
Francisco: ¡Está bien ¿Qué te pensabas? ¿Que me iban a
dar un trabajo? ¿Que iba a ir todos los días para cobrar un
sueldo y traértelo, querida?...¡No, demasiado
pedir! Me engancharon porque esta noche hay que
quemar la fábrica...El seguro y esas cosas...Me necesitan,
sabelo. ¿Estás contenta, ahora?
Sara: ¿De ahí salió el dinero?
Francisco: ¡Claro! ¿Tenías miedo que sea de la nena?
Sara: No; pero podías haberme dicho...
Francisco: Hacé de cuenta que no te dije nada.
Sara: Está bien, pero,¿sabés lo que pasa?...Una se encuentra
con eso y piensa...
Francisco: ¿Qué pensaste, qué?
Sara: Francisco, también te revisé la ropa, y hay manchas de sangre.
Francisco: Me lastimé...
Sara: ¿Dónde?
Francisco: Eh...¡Ma sí!¿Quién te manda revisar?
Sara: ¡¿Qué hiciste, Francisco?!
Francisco: ¿Qué hice? ¿Qué hice?... (Entra Maria sin que
acusen su presencia. Ella intenta tomar el retrato del hermano
y es testigo del relato.) Era una de esas que trabajan en la
noche. Vivía cerca de la fábrica. Le tenía todos los pasos
estudiados, la hora en que salía, por donde rumbeaba, le
conocía hasta el ruido al caminar... entonces, me acerqué
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muy despacio por detrás, la golpié en la cabeza, le dí bien
fuerte, no tuvo ni tiempo de gritar...
Sara: ¡¡Francisco!! ¡¡Te animaste, Francisco!!
Francisco: ¡¡Sí, Sara, me animé por primera vez en la
vida!!
Sara: ¡¡Francisco!!... (Se besan apasionado, luego ella lo
toma con firmeza, impulsándolo a salir) ¡Vamos Francisco!
¡Vamos! (Maria, aterrada, no logra retener el retrato,
cayéndosele, y conservando en sus manos tan sólo el papel del
conjuro. lo observa y profiere finalmente un grito.)
Escena siguiente: Sara y Francisco en el banco de la plaza.
ambos, aferrados.
Sara: ¡Mirá, Francisco, mirá la Luna!...¡Mirá como brilla!
¡Otra vez nos está viendo como a dos enamorados!
Francisco: Parece que hoy brillara para nosotros dos, solamente.
Sara: Eso nos decíamos cuando éramos novios, ¿te acordás?,
cuando casi no nos conocíamos...
Francisco: ¿Y ahora, nos conocemos?
Sara: Ya vas a ver que sí...¡Mirá las estrellas, mirá qué
hermosas! ¡Francisco, tenemos que recordar esta noche
para siempre!
Francisco: ¡Si, tenemos que recordar esta noche para
siempre!
Epilogo
En la casa.
María: (Se encuentra preparando la mesa con esmero, imagina
que esta por comenzar su propio programa de televisión.
Entona.) “En un mismo destino, a veces, otro destino...”
(Suena el timbre) ¡Ya estoy!... (Se apresura a arreglar los últimos
detalles y acude a recibir)
María: ¡Alejandro!¡Muy buenos días!, ¿cómo estás?
Alejandro: (Entra) Muy bien. Es un día especial. (Le entrega
un ramito de flores.)
María: ¡Ah, muchas gracias, para el centro de mesa! ¡Adelante,
esta es tu casa!...Antes que nada, querido Alejandro,
tendré que presentarte. Dime, ¿cuál es tu ocupación?
Alejandro: Estudio.
María: Es suficiente. No soy una inquisidora. Yo, por mi
parte, puedo informarte que he comprado un pasaje. Me
iré a encontrar con Manuel. Para él será una grata sorpresa,
¿no es cierto?
Alejandro: Sí, claro.
María: Bien, podremos dar comienzo. ...Como verás (Señala
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dos sillas vacias.)...hay dos lugares que nunca volve-
rán a ocuparse...¡Tú, siéntate, por favor!... (Lo ubica en
un extremo.) Hoy no he podido contar con el servicio
doméstico. Serviré yo misma. Es más cálido, ¿no es así?
Alejandro: (Vive todo como natural, haciendo una acotación
al tomar sus utensilios.) María...
María: ¿Sí?
Alejandro: Este cuchillo, está manchado de sangre...
María: ¡Oh! ¡Perdona mi descuido! ¡La falta de servidumbre!...
(Se vuelve de espaldas para alcanzar otro. experimenta
una transición y regresa a él.) Alejandro...
Alejandro: ¿Sí?
María: Quiero pedirte un favor. Necesito ayuda.
Alejandro: Sí...
María: ¡Que no quede ningún rastro!
Alejandro: Podés confiar en mí.
María: (Lo abaraza y llora.) Gracias, muchas gracias...No
podía esperar menos, no podía esperar menos de vos...
FINAL
(1982)
FINAL ALTERNATIVO
(EPILOGO)
EN LA CASA.
María: (SE ENCUENTRA PREPARANDO LA MESA CON ESMERO, IMAGINA
QUE ESTA POR COMENZAR SU PROPIO PROGRAMA DE TELEVISION.
ENTONA.) “En un mismo destino, a veces, otro destino...”(SUENA EL
TIMBRE.)¡Ya estoy!...( SE APRESURA A ARREGLAR LOS ULTIMOS
DETALLES Y ACUDE A RECIBIR.)
María: ¡Alejandro!¡Muy buenos días!, ¿cómo estás?
Alejandro: (ENTRA). Muy bien. Es un día especial. (LE ENTREGA UN RAMITO
DE FLORES.)
María: ¡Ah, muchas gracias, para el centro de mesa! ¡Adelante, esta es tu
casa!…Antes que nada, querido Alejandro, tendré que presentarte. Dime, ¿cuál es
tu ocupación?
Alejandro: Estudio.
María: ¿Qué estudias?
Alejandro: Psiquiatría.
María: Es suficiente. No soy una inquisidora. Yo, por mi parte, puedo informarte
que he comprado un pasaje. Me iré a encontrar con Manuel. Para él será una grata
sorpresa, ¿no es cierto?
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Alejandro: Sí, claro.
María: Bien, podremos dar comienzo. ¡Acerquémonos a la mesa!...Como verás
(SEÑALA DOS SILLAS VACIAS.)...hay dos lugares que nunca volverán a
ocuparse…¡Tú, siéntate, por favor!...(LO UBICA EN UN EXTREMO) Hoy no he
podido contar con el servicio doméstico. Serviré yo misma. Es más cálido,¿no es
así? (PROSIGUE CON SU ENTONACION.) “A veces se trata del mismo
destino...El destino de Lucifer” (HACE VISIBLES LAS CABEZAS DE SUS
PADRES Y COLOCA A CADA UNA DE ELLAS EN SENDOS PLATOS DE LOS
LUGARES VACIOS DE LA MESA.)
Alejandro: (VIVE TODO COMO NATURAL, HACIENDO UNA ACOTACION AL
TOMAR SUS UTENSILIOS.) María…
María: ¿Sí?
Alejandro: Este cuchillo, está manchado de sangre…
María: ¡Oh!¡Perdona mi descuido! ¡La falta de servidumbre!... (SE VUELVE DE
ESPALDAS PARA ALCANZAR OTRO. EXPERIMENTA UNA TRANSICIÓN Y
REGRESA A EL.) Alejandro…
Alejandro: ¿Sí?
María: Quiero pedirte un favor. Necesito ayuda.
Alejandro: Sí...
María: ¡Que no quede ningún rastro!
Alejandro: Podés confiar en mí.
María: (LO ABARAZA Y LLORA.) Gracias, muchas gracias…No podía esperar
menos, no podía esperar menos de vos…
FINAL
(1982)
AUTOR: Carlos Cazila
carloscazila@[Link]
mensaje70@[Link]
ORIGEN: Argentina