David Ricardo:
Ricardo se ubica como continuador y a la vez como crítico de La riqueza y, al igual que hiciera
Smith en su introducción, coloca al trabajo en el centro de la escena, aunque lo hace con
algunas particularidades. En primer lugar, a diferencia de Smith que anudaba el trabajo con la
riqueza, en Ricardo la actividad humana aparece asociada, enigmáticamente, a la máquina y el
capital. Señala que su propósito es analizar la forma en la que el hombre transforma la
naturaleza, el producto de la tierra, apropiándose de sus frutos mediante la producción. Al
mismo tiempo, adopta como punto de partida a la división de la sociedad en tres clases
sociales principales.
se reparte entre tres clases sociales la comunidad, a saber: el propietario de la tierra, el dueño
del capital necesario para su cultivo, y los trabajadores por cuya actividad se cultiva.
Valor de uso y valor de cambio
es exclusivamente el trabajo lo que determina el valor (relativo) de las mercancías. En lugar de
tener un solo valor propio, la mercancía tendrá· muchos distintos.
los bienes escasos tiene un precio de mercado y no un precio natural.
Ricardo, por su parte, reprocha la ambigüedad que se refleja en dos puntos de la exposición de
Smith: la búsqueda de una medida invariable del valor y la separación del valor en dos
cantidades distintas, el trabajo incorporado en la mercancía y el trabajo que la mercancía
adquiere cuando es cambiada.
Si se cumple la determinación del valor por el tiempo de trabajo, un cambio en los salarios es
incapaz de modificar los precios, en tanto no hayan variado los requisitos de trabajo de cada
producto. Sin embargo, la variación debe ser absorbida de algún modo, y en efecto lo es
porque las ganancias guardan, según afirma Ricardo, una relación inversa con los salarios. El
valor está· determinado por la cantidad de trabajo, pero luego dicho valor debe resolverse en
salarios y ganancias. Al variar el salario, la magnitud total de valor no se modifica, dice Ricardo,
pero sí lo hace su distribución entre las clases.
De este modo Ricardo parece haber superado dos de los escollos que hicieron tropezar y caer
a Smith: ni la existencia de trabajo asalariado, ni tampoco el empleo de medios de producción
contradicen su principio.
La renta diferencial de la tierra
El estado primitivo de Smith suponía que las tierras eran de uso libre, pero una vez que hay
que pagar un alquiler a su dueño, esa renta debía considerarse como algo que se agrega al
precio, luego de pagar el salario y la ganancia.
Retomemos ahora el problema de la determinación del valor bajo el imperio de la propiedad
privada de la tierra. ¿Cómo es posible que mercancías idénticas contengan rentas distintas,
según la calidad de las tierras en las que fueron cultivadas? Dicho de otro modo, dos
productores que obtienen la misma cantidad de trigo en dos regiones distintas puede que
paguen un monto distinto en concepto de renta. ¿No es esta una violación de la ley del valor?
Una posibilidad es que el precio de un trigo y del otro sean distintos, lo que permitiría pagar la
renta correspondiente.
El planteo de Ricardo, en cambio, además de no contradecir la ley del precio único, pretende
ser consistente también con otro hecho empírico innegable: la igualación de las tasas de
ganancia entre los distintos productores agrícolas (y con los capitales que producen en otras
ramas).
Según Ricardo, la tierra que primero se cultiva es la que ofrece naturalmente una mayor
fertilidad y, además, por el uso de esa primera tierra no se paga renta. Cuando la demanda de
alimentos crece se hace necesario poner en cultivo nuevas tierras, de menor calidad. Sin
embargo, el empleo de iguales cantidades de capital y trabajo en la segunda tierra de inferior
calidad arrojar· por fuerza una cantidad menor de producto. Así, el capitalista que arrienda la
primera tierra, la más fértil, debería obtener una ganancia mayor. Pero esto es imposible,
porque de ser así se violaría el principio de igualación de las tasas de ganancia, lo cual
significaría que ningún productor estaría dispuesto a producir en tierras de peor calidad o, lo
que es lo mismo, todos ellos competirán por hacerlo en las mejores tierras, situación que
habrán de aprovechar sus propietarios. De esta manera, lo que garantiza que las tasas de
ganancia no difieran es que en la tierra más fértil, su terrateniente tendrá· derecho a exigirle
[el producto diferencial, AK] por concepto de renta adicional, ya que no puede haber dos tasas
de utilidades (Ricardo [1817] 1993: 54).
Según esta teoría, la existencia de renta, en lugar de traer complicaciones, colabora con la
equiparación de las tasas de ganancia. El terrateniente se encarga de asegurar que los
capitalistas que aplican sus capitales en tierras de distinta calidad obtengan igual beneficio
Es decir que en tierras menos fértiles se requerirán mayores cantidades de trabajo para
obtener una unidad de producto.
las tasas de ganancia se igualan entre todos los productores de una misma rama mediante la
intervención del terrateniente
Dificultades que Ricardo no consigue resolver
Para que las ganancias se igualen se deja de respetar la determinación del valor por el tiempo
de trabajo.
En segundo lugar, puede criticarse el modo en que se diferencia el capital fijo y el circulante.
Según la imprecisa definición de Ricardo, este ˙último coincide con los salarios pagados por el
capitalista, con lo cual los salarios se convierten en una porción del capital. Pero, ¿no estaba el
capital hasta aquí constituido exclusivamente por los elementos de trabajo?
Por ˙último, según lo que se dice en Los principios, pareciera que el capital engendra por sÌ
mismo, natural y mecánicamente una tasa de ganancia. Como el propio Ricardo había
afirmado que la ˙nica fuente de valor era el trabajo, en rigor, debería aceptarse que esa
ganancia no es más que una porción del valor creado por el trabajo y, por lo tanto, trabajo no
remunerado.
El dinero del sistema clásico es una medida de los valores y funciona también como un medio
de circulación. No afecta el salario, ni la ganancia, ni la tasa de interés ha Ésta ˙última solo
puede modificarla de manera transitoria.
Keynes
La teoría clásica según Keynes
la teoría del valor correspondiente a la teoría clásica según Keynes no es otra que la teoría de
los costos de producción.
se apoya nuevamente en las explicaciones ofrecidas por Marshall acerca de la determinación
de la tasa de interés y del salario; reposa por tanto en el mercado de capital y el mercado de
trabajo.
Crítica a marshall
En primer término, Keynes señala en el mismo Prefacio que la teoría clásica considera la
influencia del dinero como algo que debería tratarse separadamente de la teoría general de la
oferta y la demanda
la teoría clásica presupone que la economía se encuentra siempre en un estado de plena
ocupación.
De lo anterior se deduce que Keynes debe establecer un juego distinto de leyes del valor y de
la distribución donde no se presuponga la plena ocupación. Debe, por consiguiente, criticar y
descartar el mercado de bienes, el mercado de trabajo y el mercado capital de la teoría clásica.
Crítica al mercado de trabajo y nueva teoría de la ocupación
toda reducción del salario nominal provoca y viene acompañada por una reducción de los
precios de aproximadamente la misma magnitud Porcentual, con lo que resulta que el salario
real queda fijo aproximadamente en el mismo nivel que antes de la aplicación de la generosa
reducción por parte de los obreros. Si el salario real es el mismo, el exceso de oferta, es decir,
el volumen de desocupación, sigue siendo también igual.
no está· en poder de los trabajadores la reducción de los salarios reales hasta el nivel de
equilibrio con pleno empleo. El mercado de trabajo no sirve como base para una teoría
adecuada del salario real y del nivel de ocupación. Porque si los trabajadores y los empresarios
son incapaces de reducir voluntariamente el salario real, hay que concluir que el salario real se
determina de una manera completamente distinta
cuanto mayor sea el nivel de empleo, menor ser· el rendimiento del trabajo realizado con el
equipo productor y, por tanto, menor ser· el salario real.
Keynes explica que los aumentos en la producción y, por consiguiente, en el ingreso, sólo
influyen directamente en uno de estos componentes de la demanda: la demanda de consumo.
En efecto, los clásicos amparados en la ley de Say sostenían que cualquier aumento de la
ocupación y la producción elevaba el ingreso y Éste, por su parte, se canalizaba siempre hacia
la demanda. Pero si así fuera, no habría límite para que se incremente la ocupación hasta
agotar todos los recursos disponibles. La teoría general sostiene, en cambio, que los aumentos
en el ingreso producen un crecimiento ˙nicamente de la demanda de consumo, pero no
modifican la demanda de inversión.
la demanda de consumo se mueve siempre en la misma dirección que los cambios en la
producción y depende de ellos. Sin embargo, el consumo no basta para agotar los aumentos
del producto, de modo que para alcanzar el equilibrio ser· necesario que exista siempre un
determinado volumen de demanda de inversión que cubra la diferencia.
La demanda efectiva que trae consigo la plena ocupación
Pueden identificarse cinco pasos que concluyen con la determinación del nivel de ocupación
de equilibrio:
1. Entre la curva de preferencia por la liquidez L(i) y la cantidad de dinero M se fija la tasa de
interés i;
2. La tasa de interés así determinada (i*), en conjunto con la curva de eficiencia marginal del
capital EMK (I), establece el volumen de la inversión I;
3. A través del multiplicador k, los cambios en la inversión (I*) repercuten sobre la Demanda
agregada DA, que en conjunto con el precio de la oferta global Z fijan el Ingreso Y de equilibrio;
4. Cada nivel de producto y de ingreso de equilibrio (Y*) se asocia, a su vez, con un
determinado volumen de ocupación N; por ˙último,
5. Dada la productividad del trabajo, el nivel de ocupación de equilibrio (N*) está· asociado con
un nivel determinado de salario real W/P*.
Karl Marx
Marx señala que la utilidad que proporcionan las mercancías no se limita sólo a satisfacer las
más básicas necesidades fisiológicas del hombre sino también necesidades del espíritu. es la
mercancía la que es útil.
Se llamar· valor de uso al cuerpo material de la mercancía, un cuerpo que posee determinadas
propiedades físicas, químicas, geométricas y que convierten a ese objeto en algo útil. Ahora
bien, tal como señala Marx, no todo valor de uso es una mercancía.
El valor de cambio es, por tanto, la forma en la que se manifiesta un atributo que las
mercancías poseen pero que no se percibe a simple vista.
La cantidad de trabajo y, consecuentemente, la magnitud del valor, viene determinada por el
tiempo de trabajo requerido para fabricar una mercancía cualquiera de esa clase, es decir, por
el tiempo de trabajo necesario en promedio para producirla o, en otras palabras, por el tiempo
de trabajo socialmente necesario [que] es aquel que se requiere para producir un valor de uso
cualquiera, en las condiciones normales de producción y con el grado medio de destreza e
intensidad de trabajo imperantes en la sociedad.
¿cómo varia la magnitud del valor? Si se requiere más trabajo en la producción de una
determinada mercancía, mayor ser· su valor. Y de la misma manera, cuanto mayor sea la
capacidad productiva del trabajo, menor ser· la magnitud del valor, pues ser· menor la
cantidad de trabajo invertida para la producción de cada unidad.
Para que se produzcan mercancías hace falta, pues, que exista una división social del trabajo
pero no de cualquier tipo, sino entre trabajos que son autónomos entre sí.
todos los trabajos significan un gasto de fuerza humana de trabajo, más allá del fin con el que
esta energía productiva sea empleada para producir valores de uso de un tipo o de otro.
el producto del trabajo es objeto de uso en todos los tipos de sociedad; sólo en una Época
históricamente dada de progreso, aquella que ve en el trabajo invertido para producir un
objeto de uso una propiedad materializada de este objeto, o sea su valor, se convierte el
producto del trabajo en mercancía
ì[t]odo trabajo es, de una parte, gasto de la fuerza humana de trabajo en el sentido fisiológico
y, como tal, como trabajo humano igual o trabajo humano abstracto, forma el valor de la
mercancía. Pero todo trabajo es, de otra parte, gasto de la fuerza humana de trabajo bajo una
forma especial y encaminada a un fin y, como tal, como trabajo concreto y útil, produce los
valores de uso (p. 13). El trabajo abstracto y el trabajo concreto no son, por tanto, dos tipos
distintos de trabajo que puedan realizarse separada o alternadamente. No se puede realizar
trabajo concreto sin realizar a la vez trabajo abstracto. Tampoco es cierto que el carácter
concreto y el carácter abstracto del trabajo deban su existencia a una determinada etapa
histórica sino que, por el contrario, se trata de dos aspectos discernibles en todo acto de
trabajo desarrollado en cualquier forma social. La actividad laboral tanto cuando produce
simples valores de uso como cuando produce mercancías (valores de uso portadores de valor),
puede ser considerarse en su carácter concreto y en su carácter abstracto, las dos caras del
trabajo. Por así decir, tanto el trabajo concreto como el trabajo abstracto existieron siempre
fetichismo de las mercacías
Las mercancías son fetiches pero, como se ver·, son fetiches reales o forzosos dentro del
régimen de producción de mercancías. Y lo son, sencillamente, por algo que ya sabemos pero
que tiende a naturalizarse: son capaces de entablar por su cuenta relaciones entre sí,
relaciones de cambio. Puede afirmarse, por tanto, que tienen el poder sobrenatural de
igualarse y cambiarse la una por la otra.
Origen de la ganancia
El misterio del origen de la plusvalía queda entonces develado: el capitalista paga la fuerza de
trabajo por su valor, pero ni bien la adquiere la pone a trabajar durante la jornada completa,
para su provecho. Basta con que el trabajo requerido para cubrir el valor de la fuerza de
trabajo represente menos tiempo que la jornada de trabajo completa para que el capitalista
obtenga por la venta de sus mercancías más valor que el que ha invertido originalmente, es
decir, una plusvalía.