Tabla de contenido
Tabla de contenido
Resumen
Cap. 1.1 - Tierra frı́a
Cap. 1.2 - Tierra frı́a
Cap. 1.3 - Tierra frı́a
Cap. 1.4 - Tierra frı́a
Cap. 2.1 - Ceremonia de boda
Cap. 2.2 - Ceremonia de boda
Cap. 3.1 - Nueva vida
Cap. 3.2 - Nueva vida
Cap. 3.3 - Nueva vida
Cap. 3.4 - Nueva vida
Cap. 3.5 - Nueva vida
Cap. 3.6 - Nueva vida
Cap. 4.1 - Examen de ingreso
Cap. 4.2 - Examen de ingreso
Cap. 4.3 - Examen de ingreso
Cap. 4.4 - Examen de ingreso
Cap. 4.5 - Examen de ingreso
Cap. 4.6 - Examen de ingreso
Cap. 4.7 - Examen de ingreso
Cap. 4.8 - Examen de ingreso
Cap. 5.1 - Rumores sobre la pareja del Gran Duque
Cap. 5.2 - Rumores sobre la pareja del Gran Duque
Cap. 5.3 - Rumores sobre la pareja del Gran Duque
Cap. 5.4 - Rumores sobre la pareja del Gran Duque
Cap. 5.5 - Rumores sobre la pareja del Gran Duque
Cap. 6.1 - Tarde en la noche
Cap. 6.2 - Tarde en la noche
Cap. 6.3 - Tarde en la noche
Cap. 6.4 - Tarde en la noche
Cap. 7.1 - La hora del té del gato ladró n
Cap. 7.2 - La hora del té del gato ladró n
Cap. 7.3 - La hora del té del gato ladró n
Cap. 7.4 - La hora del té del gato ladró n
Cap. 7.5 - La hora del té del gato ladró n
Cap. 7.6 - La hora del té del gato ladró n
Cap. 7.7 - La hora del té del gato ladró n
Capı́tulo 8.1 - Asuntos del Trono
Capı́tulo 8.2 - Asuntos del Trono
Cap. 9.1 - El ú ltimo baile
Cap. 9.2 - El ú ltimo baile
Cap. 9.3 - El ú ltimo baile
Cap. 10.1 - Profecı́a ominosa
Cap. 10.2 - Profecı́a ominosa
Cap. 10.3 - Profecı́a ominosa
Cap. 10.4 - Profecı́a ominosa
Cap. 10.5 - Profecı́a ominosa
p
Cap. 10.6 - Profecı́a ominosa
Cap. 10.7 - Profecı́a ominosa
Cap. 10.8 - Profecı́a ominosa
Cap. 11.1 - Profecı́a ominosa
Cap. 11.2 - Profecı́a ominosa
Cap. 11.3 - Profecı́a ominosa
Cap. 12.1 - El rey del norte
Cap. 12.2 - El rey del norte
Cap. 12.3 - El rey del norte
Cap. 12.4 - El rey del norte
Cap. 12.5 - El Rey del Norte
Cap. 13.1 - Ciudad Imperial
Cap. 13.2 - Ciudad Imperial
Cap. 13.3 - Ciudad Imperial
Cap. 13.4 - Ciudad Imperial
Cap. 13.5 - Ciudad Imperial
Cap. 13.6 - Ciudad Imperial
Cap. 13.7 - Ciudad Imperial
Cap. 13.8 - Ciudad Imperial
Cap. 13.9 - Ciudad Imperial
Cap. 14.1 - Invitado no invitado
Cap. 14.2 - Invitado no invitado
Cap. 14.3 - Invitado no invitado
Cap. 14.4 - Invitado no invitado
Cap. 15.1 - Otro mago
p g
Cap. 15.2 - Otro mago
Cap. 16.1 - Otro mago
Capı́tulo 17.1 - El secreto de Rensley
Capı́tulo 17.2 - El secreto de Rensley
Capı́tulo 17.3 - El secreto de Rensley
Cap. 18.1 - Torre Blanca, Selva Negra
Cap. 18.2 - Torre Blanca, Selva Negra
Cap. 18.3 - Torre Blanca, Selva Negra
Cap. 18.4 - Torre Blanca, Selva Negra
Cap. 18.5 - Torre Blanca, Selva Negra
Cap. 19.1 - Persona preciosa
Cap. 19.2 - Persona preciosa
Cap. 19.3 - Persona preciosa
Cap. 19.4 - Persona preciosa
Cap. 19.5 - Persona preciosa
Cap. 19.6 - Persona preciosa
Cap. 20.1 - Todo está en su lugar
Cap. 20.2 - Todo está en su lugar
Cap. 20.3 - Todo está en su lugar
Cap. 21.1 - Verano sin in (El inal)
Cap. 21.2 - Verano sin in (El inal)
Cap. 21.3 - Verano sin in (El inal)
Cap. 21.4 - Verano sin in (El inal)
Campo de invierno (윈터필드) de
Mangobear (망고곰)
21 Capı́tulos ( Novela completa, 5 volúmenes sin extras )
Etiquetas: BL, Drama, Fantası́a, Romance, Recuentos de la vida, Smut,
1v1, EXITO
Resumen:
Rensley Maelrosen, prı́ncipe del cá lido reino sureñ o de Cornia, se
disfraza de mujer para asumir el papel de la novia del duque Gezell
Jivendad en lugar de su hermana desaparecida. Se embarca en un viaje
a la tierra norteñ a de Aldrant, donde le aguarda un frı́o gé lido, tanto en
cuerpo como en alma.
“Al inal me pediste que te salvara la vida, ¿no?”
Al llegar a la tierra del norte, abandonada por la familia real, Rensley se
enfrenta al desconocido frı́o extremo que congela no solo su cuerpo
sino tambié n sus emociones.
La calidez de la gente de esta tierra tan frı́a, similar a la hierba que
encuentra su lugar en sitios inesperados, y el afecto indiferente del
duque Gezell, que orquesta una ceremonia de boda falsa, hacen que el
corazó n de Rensley lorezca sin control.
“Despué s de que termine el viaje… espero que regreses.”
Incluso con la torpe confesió n del joven duque, surgen emociones
con lictivas cuando Rensley, que lo ama, debe partir.
“Te amo, Su Gracia.”
En Winter ield, la tierra má s frı́a del continente donde se reú ne todo el
calor del mundo, hay alguien que lo recibe con un abrazo reconfortante.
Traducción no o icial compilada y convertida a EPUB por NO_DRM
Tabla de contenido
Cap. 1.1 - Tierra Frı́a
Cap. 1.2 -
Tierra Frı́a Cap.
1.3 - Tierra Frı́a
Cap. 1.4 - Tierra Frı́a Cap. 2.1 - Ceremonia de Boda
Cap. 2.2 - Ceremonia de Boda Cap. 3.1 - Nueva Vida
Cap
.
3.2 - Nueva Vida Cap. 3.3 - Nueva Vida
Cap. 3.4 -
Nueva Vida
Cap. 3.5 - Nueva
Vida Cap.
3.6 - Nueva Vida Cap. 4.1 - Examen de Ingreso Cap. 4.2 - Examen de
Ingreso Cap. 4.3 - Examen de Ingreso Cap
.
4.4 -
Examen
de Ingreso Cap. 4.5 - Examen
de Ingreso Cap. 4.6
- Examen de Ingreso Cap. 4.7 - Examen de Ingreso Cap.
4.8 - Examen de
Ingreso Cap. 5.1 - Rumores de la Pareja del Gran Duque Cap.
5.2 - Rumores de la Pareja del Gran Duque Cap. 5.3 - Rumores de la
Pareja del
Gran Duque Cap. 5.4 - Rumores de la Pareja del Gran Duque Cap.
5.5 - Rumores de la Pareja del Gran Duque Cap.
6.1 - Noche Cap.
6.2 - Noche Cap .
6.3 - Noche Cap.
6.4 - Noche tardı́a Cap
. 7.1 - La hora del té del gato ladró n
Cap. 7.2
- La hora del té del gato ladró n Cap. 7.3 - La hora del té del gato ladró n
Cap
.
7.4 - La hora del té del gato ladró n Cap.
7.5 - La hora del té del gato ladró n Cap. 7.6 - La hora del té del gato
ladró n Cap. 7.7 - La hora del té del gato ladró n
Cap. 8.1 - Asuntos del trono
Cap. 8.2 - Asuntos del trono
Cap. 9.1 -
Ultimo baile Cap. 9.2 - Ultimo baile
Cap. 9.3
- Ultimo baile Cap.
10.1 - Profecı́a ominosa Cap.
10.2 - Profecı́a ominosa Cap. 10.3 - Profecı́a ominosa Cap. 10.4 -
Profecı́a ominosa
Cap.
10.5 - Profecı́a ominosa Cap.
10.6 - Profecı́a ominosa Cap. 10.7 - Profecı́a ominosa
Cap.
10.8 - Profecı́a ominosa Cap.
11.1 - Profecı́a ominosa Cap
. 11.2 - Ominoso Profecı́a
Cap. 11.3 - Profecı́a siniestra Cap
. 12.1 - Rey del Norte Cap.
12.2 -
Rey del Norte Cap.
12.3 - Rey del Norte Cap. 12.4 - Rey del Norte Cap. 12.5
- Rey del Norte Cap. 13.1
- Ciudad Imperial Cap. 13.2 - Ciudad Imperial
Cap
. 13.3 - Ciudad Imperial
Cap. 13.4 - Ciudad Imperial Cap.
13.5 - Ciudad Imperial Cap. 13.6
- Ciudad Imperial Cap . 13.7
- Ciudad Imperial
Cap . 13.8 - Ciudad Imperial Cap.
13.9 - Ciudad Imperial Cap . 14.1 -
Invitado no invitado Cap. 14.2 -
Invitado no invitado Cap. 14.3 -
Invitado no invitado Cap . 14.4
- Invitado no invitado Cap
. 15.1 - Otro mago Cap
. 15.2 - Otro mago Cap
. 16.1 - Otro mago Cap. 17.1
- El secreto de Rensley Cap.
17.2 - El secreto de Rensley Cap
. 17.3 - El secreto de Rensley
Cap. 18.1 - Torre Blanca, Selva Negra
Cap. 18.2 - Torre Blanca, Selva Negra
Cap. 18.3 - Torre Blanca, Selva Negra
Cap. 18.4 - Torre Blanca, Selva Negra Cap
. 18.5 - Torre Blanca, Selva Negra Cap . 19.1
- Persona Preciosa Cap.
19.2 - Persona Preciosa
Cap. 19.3 - Persona Preciosa Cap. 19.4 -
Persona
Preciosa Cap. 19.5 - Persona Preciosa Cap.
19.6 - Persona Preciosa
Cap. 20.1 - Todo está en su lugar
Cap. 20.2 - Todo está en su lugar
Cap. 20.3 - Todo está en su lugar
Cap. 21.1 - Verano sin in (El inal)
Cap. 21.2 - Verano sin in (El inal) Cap .
21.3 - Verano sin in (El inal)
Cap. 21.4 - Verano sin in (El inal)
Cap. 1.1 - Tierra fría
Rensley nunca habı́a experimentado el viento gé lido desde su
nacimiento. En las canciones de los poetas y en los libros de los
literatos, a veces aparecı́a la expresió n «un viento frı́o como un
cuchillo», pero era solo tinta sobre papel. El viento siempre fue el
compañ ero má s cercano de Rensley. Tras una vigorosa prá ctica de
esgrima, era una caricia refrescante que le enfriaba el sudor y le
acariciaba el cabello. Al leer un libro en un rincó n de la biblioteca con la
ventana abierta, era un compañ ero travieso, que pasaba las pá ginas y
escapaba. Era un compañ ero que lo acompañ aba cuando vagaba junto
al rı́o o por el bosque, corriendo juntos en carreras improvisadas.
En su juventud, el viento era aú n má s ı́ntimo. En momentos de burlas o
regañ os constantes, era un hermano que enjugaba con ternura las
lá grimas que luı́an sin control. En el oscuro á tico, atrapado por una
picadura de abeja, era un compañ ero que se aseguraba de que no
estuviera solo. Corriendo junto al rı́o o por el bosque, era un compañ ero
de juegos que participaba en carreras.
Siempre amable y gentil, el viento era cá lido. Ante la inesperada y
aterradora visió n de un amigo de tantos añ os, Rensley se encontró
llorando por primera vez en mucho tiempo. No de tristeza, sino
simplemente de frı́o.
Incluso las lá grimas se congelaron, endureciendo sus mejillas. Si no
fuera por el velo que le cubrı́a el rostro, parecı́a que ya se habrı́a
convertido en un bloque de hielo.
El gé lido viento del norte, mezclado con copos de nieve, atravesaba las
capas de ropa abrigada y la gruesa capa de cuero, alcanzando su piel. Le
dolı́a la carne, llegando incluso a los huesos. El Rensley de ahora
parecı́a capaz de cantar sobre el viento de maneras má s diversas que
los poetas. El frı́o lo habı́a aprendido solo con palabras. Era un dolor
que podı́a volver loca a la gente, má s que las espadas, las lechas o los
lá tigos.
"¿Quié n es?"
Si hubiera sabido que esto sucederı́a, habrı́a detenido a quienes lo
instaron a partir. Nunca habrı́a accedido a llegar a esa hora. Ahora que
faltaba poco, pensó que podrı́a llegar mientras aú n amanecı́a,
ignorando los pensamientos apresurados que le decı́an lo contrario.
En la puerta de entrada, Rensley oró en silencio mientras el portero,
vestido con ropas gruesas, gritaba. Ninguno de los asistentes de
Rensley permitió que el viento se llevara las palabras. "¡Su Gracia Gezell
Jivendad da la bienvenida a sus invitados!"
¿A estas horas? ¿Qué hace Su Excelencia en plena noche?
Uno de los asistentes acercó una linterna a la bandera sin decir palabra.
El portero entrecerró los ojos como si comparara el sı́mbolo de la
bandera con el documento o icial que tenı́a.
“¡Dios mı́o!”
Exclamó y gesticuló como si diera una orden.
Un momento despué s, la puerta de la muralla exterior del castillo se
abrió . El grupo de Rensley fue guiado al interior por el portero.
—No, pensá bamos que vendrı́as mañ ana. ¡Llegarı́as en plena noche!
¡Cruzando las llanuras a esta hora!
“Nosotros tambié n lo lamentamos.”
¿Viniste montado en eso? ¿Sin siquiera un carruaje?
Ese carruaje lo tomamos prestado de la ú ltima posada donde nos
alojamos. Ni siquiera es un carruaje, es un vehı́culo para acompañ ar el
viaje de la princesa. Y quien lo tira es un robusto burro nativo del norte,
resistente al frı́o.
“Si el carruaje se hubiera salido del camino helado, las ruedas se
habrı́an dañ ado y el caballo está enfermo, ası́ que lo dejamos en la
posada”.
Si nos hubieras informado incluso en la posada, habrı́amos ido a
buscarlo. Estamos acostumbrados a esta tierra, pero las llanuras de
noche son peligrosas para los hué spedes. Por favor, ven por aquı́.
Calié ntate junto al fuego y descongela tu cuerpo congelado.
“No esperaba que hiciera tanto frı́o”.
Rensley se tragó las palabras. Para empezar, no existı́a nada parecido a
un carruaje lujoso. Los porteros rá pidamente añ adieron má s leñ a a la
chimenea y sirvieron sopa caliente a los asistentes. Solo entonces los
asistentes se estiraron como animales reanimados, pero Rensley, con el
velo cubrié ndole todo el rostro, ni siquiera pudo beber un vaso de agua.
Sin embargo, el simple hecho de sentir el calor del fuego le bastó para
disfrutar de la sensació n de escapar del borde de la muerte.
No quedaban fuerzas para explicar esto y aquello. Por suerte, los
porteros no tardaron má s y llevaron el carruaje al interior del castillo.
“Has sufrido un largo viaje.”
“No fue un clima fá cil para los que venı́an del sur”.
Rensley bajó la cabeza en silencio en respuesta al consuelo de la gente.
Respondió con silencio, hundiendo aú n má s el rostro en el velo. Los
asistentes que lo acompañ aron se inclinaron en su lugar.
Por ahora, me gustarı́a acompañ ar a la princesa al interior. Tu cuerpo
debe estar congelado.
"Ven por aquı́."
Las mujeres del castillo guiaron a Rensley apresuradamente. Lo
llevaron de inmediato a un bañ o. La honda bañ era, hecha de piedra
trabajada, estaba llena de agua hirviendo.
El bañ o estaba hú medo, y aunque no fuera por el agua caliente, la
chimenea estaba cá lida. El cuerpo, que habı́a escapado por poco de
morir congelado hacı́a un rato, se acostumbró rá pidamente al calor, y
ahora incluso empezaba a sudar. Rensley respiró aliviado, sintiendo una
profunda sensació n de seguridad.
Pero solo por un momento. Ante las palabras de la criada, Rensley se
sobresaltó de nuevo y se estremeció . «Prepararé una toalla de bañ o».
Rensley asintió rá pidamente y escribió en la palma de la mano de la
criada.
En Cornia, una novia que se va a casar no habla ni se muestra a nadie.
Sigo siendo de Cornia. Por favor, dé jenme en paz.
Mientras Rensley esperaba ansiosamente su respuesta, las criadas
intercambiaron miradas y parecieron discutir algo entre ellas. Por
suerte, quien parecı́a ser su supervisor asintió , como si hubieran
llegado a una conclusió n fá cilmente.
Entendido. Descanse có modamente. Cuando termine de bañ arse,
sacuda esta cuerda. Iremos a ayudarle.
Rensley miró la cuerda. Estaba conectada a la pared exterior del bañ o.
Al tirar de ella, pareció sonar una campana. Mientras las criadas salı́an
del bañ o, Rensley permaneció de pie, esperando que regresaran o que
alguien má s entrara. Sin embargo, cuando el silencio se apoderó de
todo y toda señ al desapareció por completo, comenzó a desvestirse
lentamente. Primero, se quitó el gorro de piel y el velo que le cubrı́a el
rostro.
"Uf…."
A diferencia de las lá grimas que luı́an del frı́o intenso hacı́a un
momento, el sudor comenzó a brotar como si fuera una mentira.
Rensley se quitó rá pidamente la ropa: guantes, un grueso abrigo
exterior de cuero y piel, un abrigo acolchado con las mangas
abullonadas para cubrir los hombros, un grueso vestido de terciopelo
con mangas in ladas y varias capas de ropa interior debajo.
Finalmente, Rensley se quedó con un pantaló n ino, e incluso este se
deshizo de é l, revelando las lı́neas de inidas del cuerpo de un joven. La
igura era erguida, con hombros angulosos, pecho y abdomen irmes y
bien formados, y la forma de mú sculos toni icados se extendı́a a lo largo
de la espalda, los glú teos y las piernas largas, ligeramente sombreadas.
En lugar de suave y regordete, las palabras irme y esbelto parecı́an
má s apropiadas para su cuerpo blanco, y los genitales masculinos
descansaban suavemente en las ranuras.
Rensley se acercó a la bañ era y metió la mano en el agua caliente. La
temperatura no era solo tibia, sino bastante alta. Manojos de hierbas
secas de especies desconocidas colgaban del borde de la bañ era,
desprendiendo un aroma penetrante. En Cornia, no se bañ aban con
agua tan caliente. Usaban agua tibia con aceite aromá tico o se bañ aban
con agua frı́a.
Sin embargo, Rensley comenzó a sumergir su cuerpo desnudo en el
agua hirviendo sin dudarlo. Con cada inmersió n gradual, una sensació n
emocionante, parecida a un escalofrı́o, le recorrı́a el cuerpo y
aumentaba con cada inmersió n. Con solo la cabeza fuera del agua,
sumergió todo su cuerpo en el agua humeante y, con la boca
ligeramente abierta, tuvo que dejar escapar un suspiro silencioso.
¿Bañ arse siempre fue tan estimulante?
El sonido del viento, azotá ndole los oı́dos, no lograba penetrar los
bañ os de la residencia del Duque. Rensley, tras conseguir entrar, dejó
que el agua, ligeramente desbordada, salpicara el suelo de arena bajo la
bañ era. Sin embargo, solo se oı́a el sonido de las gotas adheridas a los
bordes.
Rensley removió el agua con las manos. La tensió n que lo habı́a
agarrotado se disipó gradualmente con el eco del chapoteo.
Sumergié ndose en la bañ era hasta la punta de la cabeza, sopló burbujas
de nuevo a la super icie. Al emerger, su cabello estaba empapado,
revelando una frente lisa y blanca bajo el rubio dorado.
Tras secarse bien con un pañ o seco, Rensley se vistió de nuevo. Por
suerte, las criadas le habı́an preparado ropa nueva, lo que le evitó tener
que volver a usar las mú ltiples capas de ropa interior y el vestido
empapado de nieve y hielo.
"Parece que llevan ropa tan gruesa incluso dentro del castillo en el
norte".
Por suerte, el vestido estaba diseñ ado para abrocharse en el pecho en
lugar de en la espalda. Al atar el tirante que se extendı́a desde la cintura
hasta el pecho y ponerse ropa de abrigo y de calle, Rensley solo dejó al
descubierto sus ojos, cubriendo todo el rostro con un velo. En cuanto se
cubrió el cuerpo, calentado por el bañ o caliente, con ropa y un velo,
sintió que volvı́a el calor.
Las criadas tiraron de las cuerdas que habı́an preparado. No se oyó
nada, pero al cabo de un momento, entraron.
“Por favor, venga por aquı́.”
Acompañ ado por quienes lo rodeaban, Rensley caminaba en silencio.
Los asistentes que lo escoltaban parecı́an haberse ido a descansar, tras
haber cumplido con su deber de transportar a la novia con seguridad.
Quizá s estaban bebiendo en algú n lugar. Rensley los envidiaba.
Ah, si ahora pudiera tomar un vaso de cerveza frente al horno caliente,
serı́a perfecto.
Bajó por una larga escalera de caracol. ¿Adó nde podrı́a llevarlo? La
rigidez comenzó a regresar a su cuerpo, que habı́a estado sumergido en
la bañ era. No habı́a explicació n, pero era evidente adó nde se dirigı́an.
El duque del Territorio del Norte, Gezell Jivendad.
Los rumores sobre é l se extendieron por todo el continente y má s allá
del mar. Un gigante y mago que gobernaba este vasto y desolado
territorio. Era un señ or que rehuı́a casi cualquier encuentro con el
exterior, recluido en su castillo, dedicado dı́a y noche a la investigació n
de la magia oscura.
Quienes a irmaron haberlo visto lo describieron como un cuervo
gigante. Algunos lo compararon con un enorme halcó n negro o incluso
con un lobo. Ataviado con la capa negra, emblema del Señ or del Norte,
su cabello era negro como el carbó n, y todo su cuerpo parecı́a sumido
en la oscuridad, con solo sus ojos brillando con un tono dorado. No era
un espectá culo bello, sino una apariencia verdaderamente inquietante.
Los habitantes del Norte, con su inclinació n por el salvajismo,
enfatizaban la importancia del linaje, sugiriendo que su linaje podrı́a
haber estado contaminado con sangre de salvajes o demonios...
“Su Gracia, la Princesa Ivet Elbanes de Cornia ha llegado.”
Como anunció el anciano sirviente, la puerta se abrió . Lo primero que
llamó la atenció n de Rensley fue el resplandor rojo. La luz carmesı́, que
titilaba como si surgiera de las fauces del in ierno, lo tensó y le hizo
apretar los puñ os. Sin embargo, al observar má s de cerca, se dio cuenta
de que la luz era simplemente el resplandor de un gran horno que
iluminaba la cá mara subterrá nea.
A continuació n, su mirada se posó en el largo cabello negro y el forro de
piel negra que lo cubrı́a, adornado con el emblema del Señ or del Norte
bordado en plata sobre una capa negra. La imponente igura se alzaba
irme frente a Rensley.
“En un dı́a como hoy…”
“…Probablemente se deba a que su linaje está mezclado con el de
salvajes o demonios, y por eso adquiere una apariencia tan siniestra…”
“A tan hora tardı́a.”
Murmurando para sı́ mismo en voz baja, el Duque se giró lentamente.
Rensley bajó la cabeza rá pidamente, esperando que sus gestos
transmitieran una disculpa por la visita tardı́a, ya que no podı́a hablar.
Su corazó n latı́a con fuerza como si fuera a salı́rsele del pecho. Todo
coincidı́a con los rumores. Un mago recluido en el subsuelo de un
castillo como este, dedicado exclusivamente a la investigació n má gica,
una gigantesca igura negra con aspecto de bestia, y ojos dorados que
brillaban en la oscuridad.
En general, el subsuelo de un castillo se utilizaba para almacenar
alimentos o bebidas, o como prisió n. La visita del señ or al subsuelo era
poco frecuente, generalmente reservada para ejecutar e interrogar a
criminales o inspeccionar personalmente el estado de los almacenes de
alimentos.
Sin embargo, el paisaje subterrá neo del castillo del Duque era muy
diferente. El entorno se llenaba del resplandor de una chimenea
encendida, teñ ida de un tono rojizo y dorado. Mapas y dibujos
adornaban las paredes vacı́as, y habı́a losas de piedra cubiertas de
rastros que parecı́an cá lculos. ¿Podrı́a ser todo esto preparativos para
estudiar magia oscura? Aunque ya no hacı́a frı́o, un escalofrı́o recorrió
la espalda de Rensley.
Mientras Rensley permanecı́a en silencio, observando el entorno con
los ojos en blanco, una criada habló en nombre del duque, siguiendo las
costumbres de Cornia, donde no se podı́a mostrar la cara ni hablar
hasta la ceremonia nupcial. Los ojos dorados del lobo miraron
directamente a Rensley mientras este se acercaba.
Jurando bajo el nombre de Cornia, Rensley no era bajo. Incluso se
consideraba má s alto que la media. Sin embargo, entre la gente de
Aldrant, no destacaba mucho, dada su complexió n generalmente má s
grande. Tener la ventaja de ocultar su gé nero fue un golpe de suerte,
pero al enfrentarse a un hombre mucho má s grande que é l, Rensley
sintió cierta inquietud. Nunca habı́a visto a una persona de ese tamañ o
en sus veinte añ os de vida. Si lo colocaran en la Plaza Celestina, todos se
asustarı́an y huirı́an. Sin embargo, por ahora, el miedo, la ansiedad y la
inquietud se ocultaban tras el rostro velado. El Duque, que se habı́a
acercado lentamente, abrió la boca con una voz frı́a y baja, má s
amenazante de cerca.
“Disculpen las molestias… Es medianoche y la noticia me llegó tarde.”
Tras un breve silencio, Rensley dudó antes de levantar la cabeza.
Mientras intentaba retrasar la inevitable confrontació n con el rostro,
solo los dos ojos que se revelaban a travé s del velo eran visibles. La
expresió n del Duque era severa, pero si sus oı́dos no lo engañ aban,
seguramente habı́a pronunciado la palabra «lo siento».
'¿Podrı́a ser que se disculpó ?'
Rensley parpadeó ante la disculpa inesperadamente corté s. Fue un
poco sorprendente, pero despué s de todo, era el gobernante de un paı́s.
A pesar de estar ubicado en el frı́o y desolado norte, se decı́a que
Aldrant era má s estable econó mica y polı́ticamente que cualquier otro
paı́s del continente. Aunque pudiera ser una persona excé ntrica, siendo
rey en un paı́s ası́, no era del todo descabellado suponer que se apegaba
a ciertas formalidades.
Rensley asintió , indicando que estaba bien. Despué s, el hombre se
quedó de pie, algo indeciso, cruzó frente a Rensley y se dirigió a las
escaleras.
“Por favor, sı́gueme.”
“…”
“Te guiaré hasta tu alojamiento”.
Incapaz de quedarse callado, pensando que la guı́a de las sirvientas
serı́a su iciente, Rensley dudó , pero el hombre de ojos dorados pareció
darse cuenta de algo y se dio la vuelta.
—Por favor, suba primero. Podrı́a ser peligroso si se resbala.
Su cuerpo no era tan lento como para tropezar y caer en las escaleras.
Rensley podı́a blandir una espada incluso en la estrecha barandilla del
balcó n o en el borde de una torre.
Aun ası́, Rensley levantó ligeramente el dobladillo de su tú nica,
expresando su gratitud y, como sugirió el hombre, comenzó a subir las
escaleras.
Sin embargo, pronto se arrepintió de que el hombre no lo siguiera. La
inquietante e incó moda sensació n de una bestia no identi icada
siguié ndolo por detrá s era algo que no querı́a volver a experimentar.
Afortunadamente, tras salir del subterrá neo, el Duque volvió a tomar la
iniciativa. Rensley lo siguió casi como un fantasma, pues parecı́a haber
olvidado có mo respirar.
Subiendo las escaleras y recorriendo varios pasillos, llegaron a una
puerta de madera oscura. Tras abrirla, una pequeñ a antesala los
recibió , sirviendo de entrada a una habitació n con una gran cama en el
centro. Varias lá mparas colgaban de las paredes, iluminando la
oscuridad, y una chimenea encendida.
“Este es el dormitorio del duque”.
Habló , luego frunció el ceñ o. Se tapó la boca con la mano y se sumió en
un breve silencio.
“Dado que la ceremonia nupcial aú n no se ha celebrado, utilizar el tı́tulo
'Duquesa' podrı́a considerarse inapropiado”.
No habrı́a ninguna incorrecció n en usar el tı́tulo de duquesa para
alguien que viniera a casarse. Má s bien, podrı́a considerarse una falta
de etiqueta si el propio duque lo usara.
Mientras Rensley hacı́a gestos y buscaba las palabras, una criada que lo
habı́a guiado desde el bañ o se acercó rá pidamente y le extendió la
mano.
Como dices, antes de la ceremonia nupcial, no hace falta que te dejemos
el dormitorio del Duque. Cualquier espacio para que descanses la vista
será su iciente.
Aunque el ambiente era tenso, la criada comunicó con calma las
intenciones de Rensley al duque, y este quedó impresionado. Frente a
ese temible gigante, fue impresionante có mo los sirvientes de la
residencia del duque de Gevendad manejaron la situació n.
El hombre de ojos dorados, que habı́a oı́do la historia, miró a Rensley
con frialdad. Sin reaccionar mucho, respondió con un tono brusco.
"Parece un chiste sureñ o."
Era genuino, pero Rensley decidió no discutir má s.
Los cuatro lados de la gran cama estaban adornados con altas
columnas, y entre ellas colgaban gruesas, lujosas e imponentes cortinas
con dosel color uva. Si bien la forma en sı́ no era muy diferente a la de
Cornia, las columnas eran mucho má s altas y las cortinas parecı́an má s
gruesas. En Cornia, inas cortinas, casi transparentes, colgaban de los
postes de la cama, permitiendo que la refrescante brisa pasara durante
el sueñ o y evitando que los insectos intentaran chupar la sangre.
Mientras Rensley admiraba la cama, el duque continuó su explicació n.
Entre el colchó n y la cama, colocamos una piedra caliente y, debajo de la
manta, una bandeja de carbó n para calentar, que se retira antes de
dormir. Durmiendo ası́, el calor dura hasta bien entrada la mañ ana
siguiente.
¿Poner piedras calientes en la cama? Rensley nunca habı́a visto ni oı́do
estos mé todos. Las criadas no tardaron en traer un carbó n al rojo vivo y
lo colocaron en una sarté n redonda con mango largo. Rensley,
olvidá ndose de su situació n inmediata, observó con curiosidad al
duque, quien le explicaba los rituales de la cama.
“Como vienes del sur, el clima aquı́ puede parecerte desconocido, pero
como puedes ver, hemos hecho varios preparativos, ası́ que no hará
demasiado frı́o si te quedas dentro del castillo”.
Tras terminar su explicació n, el Duque permaneció en silencio,
aparentemente sin nada má s que decir. La tapa del calentador se abrió ,
revelando dos ollas de cobre, como las de cocina, colocadas una frente a
la otra.
Las criadas colocaron la sarté n llena de carbó n caliente debajo de la
manta, como si se tratara de planchar las arrugas de la ropa. Quizá s era
un mé todo para distribuir uniformemente el calor del carbó n por toda
la cama.
Les presento a la camarera, Samlet. Si necesitan algo, no duden en
preguntar. Ella atenderá sus necesidades.
El Duque señ aló que la mujer era la de mediana edad que le habı́a
transmitido las intenciones a Rensley. Rensley asintió , desviando su
atenció n hacia las criadas que preparaban la cama.
“Bueno entonces.”
"Ah."
¡Uy! Rensley se tapó la boca rá pidamente con la mano. La despedida del
Duque lo habı́a pillado desprevenido, absorto en observar a las criadas
trabajar.
Un sudor frı́o amenazaba con brotar. Rensley, aú n con la mirada ija en
el Duque para evaluar su reacció n, lo miró ijamente. Fue una respuesta
involuntaria, como si la voz le hubiera salido sin que pudiera
contenerla.
Rensley estaba nervioso, tapá ndose la boca con la mano. Mientras
observaba a las criadas, quedó completamente cautivado por sus
actividades.
La despedida del Duque fue una sorpresa inesperada, y Rensley casi se
la pierde. Fue una voz re lexiva que salió antes de que pudiera pensar.
Su corazó n latı́a con fuerza mientras mantenı́a la mirada ija en el
Duque, incapaz de apartar la mirada, esperando obtener alguna
reacció n. En una situació n tan peligrosa, incapaz de escapar o apartar la
mirada, Rensley comprendı́a perfectamente lo que se sentı́a ser un
rató n frente a un gato.
Sin embargo, el primero en apartar la mirada no fue el rató n —o mejor
dicho, Rensley—, sino el gato, o mejor dicho, el Duque. Quizá s no lo
habı́a oı́do, o la breve voz externa no le hizo darse cuenta de que era
una voz masculina. Volvió la cabeza en silencio tras mirar a Rensley un
momento.
El Duque se dio la espalda y se alejó . El bordado plateado de su capa se
balanceaba con fuerza. Las criadas estaban demasiado ocupadas con
sus tareas como para notar a Rensley.
Al observar la igura del Duque que se alejaba y luego a las criadas que
calentaban la cama, Rensley inalmente soltó el aliento. Las grandes
zancadas del Duque se correspondı́an con sus anchos hombros, pero
Rensley, sujetá ndose las faldas del vestido, aceleró el paso y logró
seguirle el paso.
¿Tienes algo má s que decir?
El duque, que se habı́a acercado silenciosamente a Rensley, ahora lo
miraba con una mirada que parecı́a atravesar la capa exterior de la
fachada de su prometida.
Rensley no esperaba una conversació n tan humana, sobre todo
viniendo del Duque. El miedo inicial se habı́a disipado un poco. Ahora
podı́a ver el rostro del Duque con mayor claridad.
Los ojos dorados, que no parecı́an humanos, permanecieron
inalterados, y su semblante frı́o e impasible persistió .
Sorprendentemente, su rostro era notablemente re inado. Los ojos, que
parecı́an extraordinarios cuando brillaban, eran el ú nico rasgo que
insinuaba algo sobrenatural. Si los ojos estuvieran cerrados, incluso
podrı́a confundirse con una persona comú n y corriente, con rasgos
inamente esculpidos, cejas gruesas y rectas, y una nariz bien de inida.
Rensley percibı́a cierta cortesı́a en el hombre, a quien consideraba su
prometido, a pesar del velo. Sin embargo, ¿y si se revelaba que la
persona tras el velo era un hombre? ¿Cuá n aterradores se volverı́an
esos ojos dorados, que ahora brillaban con ira contenida?
Ante un destino cruel como la ejecució n o la tortura por engañ ar al
Duque, Rensley podrı́a preferir una decisió n misericordiosa. Ya fuera
sacri icado para la investigació n de magia oscura, brutalmente
torturado o reducido a esclavo, serı́a mejor elegir la muerte en
circunstancias tan desesperadas.
Por muy severo que fuese el juicio del Duque, no habı́a necesidad de
preocupaciones polı́ticas en Aldrant. Sin importar la situació n en la que
se encontrara Rensley, Cornia harı́a la vista gorda, sin ofrecer ayuda, ni
siquiera un atisbo de asistencia.
Ante la vacilació n de Rensley, el Duque, con un aire de ligera curiosidad,
extendió la mano de nuevo, como si recordara lo que habı́a hecho la
criada antes. Rensley, tras una breve pausa, la levantó lentamente, y el
Duque, sin decir palabra, le ofreció la palma. A pesar de su tamañ o,
acorde con su estatura, la mano del Duque conservaba una elegancia
aristocrá tica.
En contraste, la mano de Rensley, endurecida por las tareas domé sticas
y el entrenamiento marcial, parecı́a má s tosca. Puede que las criadas no
lo notaran, pero alguien con manos como las suyas podrı́a reconocer
que esos dedos no pertenecı́an a una princesa.
La vacilació n se apoderó de Rensley, pero la mano del Duque ya estaba
allı́. Rensley trazó palabras en la palma ofrecida con los dedos, dejando
un roce fugaz sin dejar marca visible.
<Gracias.>
Tan impredecible como el futuro, la cá lida cama de esta noche podrı́a
ser el ú ltimo lujo que disfrutarı́a en su vida. Incluso si fuera el ú ltimo,
quien se resentirı́a no serı́a el duque, quien lo acompañ ó a la habitació n
de la duquesa esa noche, sino el pueblo de Cornia, que lo abandonó por
la conveniencia polı́tica de la familia real Aldrant. Tenı́a que recordarlo.
<No olvidaré tu amabilidad esta noche.>
Tras retraer los dedos, el Duque, que habı́a extendido la palma
momentá neamente, la bajó . La habitació n, calentada por la lá mpara de
pared, se fue volviendo cada vez má s acogedora, y como resultado, los
ojos del Duque, que antes parecı́an gé lidos, parecieron tener un ligero
rubor, como si le hubieran devuelto el color al rostro.
"Descansar."
El Duque solo pronunció esas palabras y, sin má s respuesta, salió de la
habitació n. Rensley tambié n regresó a la cama.
Mientras tanto, parecı́a que los preparativos estaban completos cuando
las criadas sacaron la palangana de piedra tibia de debajo de la manta.
Princesa, ya puede irse a dormir. Pospondremos ayudarla a ponerse la
ropa de dormir hasta despué s de la ceremonia, ¿de acuerdo?
Rensley asintió en respuesta a las palabras de la criada. Observó cada
rostro, expresando en silencio su gratitud.
Gracias a todos. Gracias a ustedes, paso la noche en esta cama de lujo,
algo que nunca habı́a experimentado en mi vida.
El agua para lavarte la cara por la mañ ana está en la jarra junto a la
chimenea. Cuando esté s lista, tira de la cuerda junto a la cama y
vendremos a ayudarte, igual que en el bañ o.
Tras una despedida de las criadas, salieron de la habitació n y, al
cerrarse la puerta grande y robusta, el dormitorio quedó en silencio. El
ocasional crujido de la leñ a ardiendo y los lejanos gritos de los animales
interrumpı́an intermitentemente la quietud.
Aunque la ropa de dormir estaba diseñ ada para mujeres, era lo
su icientemente larga y amplia como para que Rensley la usara
có modamente. La sensació n de la suave muselina contra su piel
desnuda le hacı́a sentir como si la habitació n misma le diera la
bienvenida.
Al meterse en la cama, Rensley suspiraba como si padeciera una
dolencia. El calor, distinto a la sensació n de sumergirse en un bañ o
caliente, envolvió todo su cuerpo con una calidez suave y rica.
Disfrutando de una comodidad que nunca habı́a experimentado en la
eternamente cá lida Cornia, meció lentamente los brazos y las piernas
bajo la manta, saboreando la suave calidez.
«Esta debe ser la felicidad que uno puede sentir justo antes de morir
congelado».
Aunque Rensley albergaba dudas sobre poder dormir bien en una
situació n tan preocupante, su cuerpo, cansado del largo y frı́o viaje,
rá pidamente se rindió al suave abrazo y se encontró al borde de la
inconsciencia.
No te duermas demasiado. Tienes que despertarte temprano. Debes
levantarte antes que nadie. Tienes que vestirte, disimular tu apariencia
y estar listo, por si acaso… —murmuró para sı́ mismo.
A pesar de pensar que solo fue un instante antes de congelarse,
recordaba poco de las situaciones gé lidas que habı́a enfrentado durante
su viaje. Tras re lexionar sobre las terribles circunstancias, exhaló
lentamente, intentando liberar las preocupaciones que lo agobiaban.
No debı́a ser un sueñ o demasiado profundo. Necesitaba despertarse
temprano. Si por casualidad estaba dormido mientras alguien má s
entraba en la habitació n, no serı́a bueno. Debı́a despertarse antes que
los demá s, ponerse su atuendo y disimular su presencia...
Como rara vez habı́a experimentado el frı́o en Cornia, los ú nicos
recuerdos que le venı́an a la mente eran el frı́o excesivo que sentı́a
jugando en el agua del valle. Recordaba estar tumbado sobre las rocas
secas calentadas por el sol, y el frı́o se desvanecı́a enseguida.
El frı́o y el calor de Aldrant parecı́an persistentes en ambos extremos.
Pensando que la noche allı́ podrı́a ser similar, Rensley, abrumado por la
duració n y la dureza del viaje, sintió que su cuerpo se relajaba,
derritié ndose como queso en una parrilla caliente. La habitació n se fue
quedando en silencio poco a poco, y los leñ os de la chimenea
crepitaban suavemente. Los lejanos gritos de los animales resonaban
esporá dicamente en la quietud.
Aunque esta fuera la ú ltima felicidad que experimentarı́a antes de
morir congelado, estaba agradecido por ella. Sucumbiendo a la
somnolencia que lo invadı́a, Rensley cerró los ojos.
Cap. 1.2 - Tierra fría
"Jadear…"
Rensley se despertó sobresaltado, como si lo hubieran despertado de
una pesadilla. Respiró hondo y, al abrir los ojos, lo recibió la habitació n
oscura y silenciosa, protegida de la luz y las corrientes de aire por
pesadas cortinas.
Mirando a su alrededor, dejó escapar un pequeñ o y divertido "hmph",
saboreando la sensació n de haber dormido bien sin siquiera soñ ar. Le
parecı́a demasiado audaz llamarse alguien que enfrentaba la amenaza
de muerte.
Pensé en madrugar para vestirme. ¿Y si alguien hubiera echado un
vistazo en ese momento?
Temiendo tales pensamientos, Rensley se hundió aú n má s bajo las
sá banas. Asomá ndose solo por los ojos, examinó cuidadosamente su
entorno, intentando detectar cualquier señ al. Sin embargo, al menos
por ahora, no habı́a nadie en la habitació n.
Decepcionado, Rensley se acunó la cabeza entre las manos y frunció el
ceñ o. El calor en la cama se mantuvo como el Duque habı́a predicho,
conservando el calor y la temperatura corporal de Rensley,
mantenié ndola cá lida. Sin embargo, al apagarse el fuego, el aire de la
habitació n se habı́a vuelto ligeramente hú medo y má s fresco que la
noche anterior.
Rensley se levantó cautelosamente de la cama, se puso la ropa de abrigo
y se echó el chal de piel sobre los hombros. Cubrié ndose el rostro con la
cortina, se acercó a la ventana.
Al tirar de la manija de madera de la puerta, se reveló la ventana de
cristal, junto con la celosı́a decorativa de metal. El cristal estaba
adornado con exquisitos patrones de hojas, aparentemente elaborados
por un há bil artesano en plata. Fascinado por los misteriosos patrones
creados por el frı́o aire del norte, Rensley olvidó por un momento su
apuro.
A pesar de frotar el cristal empañ ado con la manga, la vista exterior
seguı́a borrosa. Con resignació n, decidió abrir la ventana. Al hacerlo, el
paisaje exterior se iluminó .
"Maldita sea..."
Rensley maldijo en voz baja, con los hombros temblando. El sol del
mediodı́a colgaba justo encima.
Aunque el sol del norte pudiera carecer de la calidez y el brillo de su
contraparte del sur, seguı́a siendo el sol, plenamente capaz de iluminar
el mundo.
Suspirando de nuevo, Rensley, con los brazos apoyados en el alfé izar,
miró hacia afuera. El paisaje del castillo del duque, Lauthken, y el cielo
de Orlant, que ayer no pudo ver bien en la oscuridad, ahora eran
visibles de un solo vistazo.
Aunque el sol del norte pudiera tener un aura pá lida y frı́a en
comparació n con el del sur, seguı́a siendo el sol. No le faltaba
resplandor en su funció n de iluminar el mundo.
—Je. —Rensley dejó escapar otro suspiro y, apoyá ndose en el alfé izar
de la ventana, se apoyó la barbilla con los codos mientras miraba hacia
afuera. Murmuró una palabrota mientras contemplaba el paisaje. El sol
seguı́a allı́, a pesar del aire frı́o.
Suspirando una vez má s, Rensley contempló el paisaje exterior. El cielo,
nublado sin rastro de azul, se veı́a sombrı́o. Bueno, considerando la
nieve acumulada por todas partes, los cielos despejados serı́an
realmente raros. Cuando salió de Cornia y vio la nieve por primera vez
camino al norte, se emocionó , olvidando las di icultades por un
momento. Pero ahora, al llegar a su destino, se habı́a acostumbrado a
los paisajes nevados.
'¿Qué pasa si me escapo antes de la ceremonia de la boda?'
Sin embargo, las murallas traseras de Lauthken tambié n servı́an de
barrera para proteger el extremo norte del continente. Má s allá se
extendı́a un mundo desconocido del que Rensley no sabı́a nada.
La boda era inminente, e incluso si lograba escapar del castillo antes,
probablemente morirı́a de frı́o o hambre en algú n lugar del vasto
desierto nevado. Quedarse en el castillo podrı́a ofrecer la posibilidad de
que el Duque mostrara clemencia, pero Rensley habı́a experimentado
en carne propia la falta de clemencia en el frı́o norte durante su
estancia allı́.
La gente que asomaba por la ventana se preparaba diligentemente para
el dı́a. Algunos llevaban bidones de agua, otros picos y palas, camino a
algú n lugar para trabajar, y otros llevaban ollas y cestas. Pequeñ os
carros y niñ os jugando con peonzas y canicas en el patio se sumaban a
la escena que Rensley observaba atentamente.
La forma en que jugaban los niñ os no variaba de un extremo a otro del
continente. Rensley los observaba con una leve sonrisa, a pesar del
ligero escalofrı́o que sentı́a en la nariz debido al aire frı́o que entraba
por la ventana. No dejó de observar el mundo exterior.
En ese momento, un niñ o que estaba agachado, rodando canicas,
levantó repentinamente la cabeza como si percibiera la mirada de
alguien. No habı́a tiempo para evadirlo. El niñ o se levantó , con los ojos
muy abiertos, mirando directamente a Rensley a travé s de la ventana.
Como un rayo, Rensley cerró las cortinas, con el pecho latiendo con
fuerza. Se apartó de la ventana, sintiendo la atmó sfera opresiva.
Consideró brevemente levantar el velo para respirar mejor, pero
decidió no hacerlo, para su gran alivio.
Sacó agua de la jarra junto a la chimenea, la vertió en la palangana y se
lavó la cara. Se echó el pelo hacia atrá s y se ajustó la ropa. Rensley se
acercó al poste de la cama para tirar del cordó n.
Dudó , dá ndose golpecitos en la barbilla, re lexionando sobre si era
necesario llamar a las criadas para llamar la atenció n. Al inal, Rensley
llegó a una conclusió n. La exhausta princesa, tras un largo y arduo viaje,
podı́a permitirse dormir hasta tarde y saltarse los preparativos de la
mañ ana. Aunque se quedara en la cama un rato má s, nadie sospecharı́a
nada.
Rensley pensó : "¿Realmente necesitamos llamar la atenció n
convocando a las criadas?"
Frotá ndose la barbilla, absorto en sus pensamientos, Rensley pronto
tomó una decisió n. Que la cansada princesa, tras un largo y difı́cil viaje,
durmiera hasta tarde. Nadie la cuestionarı́a ni siquiera si se quedaba un
poco má s en la cama.
Quedarse en la cama un rato má s no levantarı́a sospechas. La verdadera
princesa serı́a la protagonista de la historia, esperando pacientemente
la ceremonia nupcial y viviendo felizmente con su amado despué s. Para
la falsa novia, Rensley Maelrosen, un inal feliz era imposible. Si
esperaba tener alguna posibilidad de escapar de la desesperada
situació n, tendrı́a que encontrar al menos una salida.
Crujido. Abrió la puerta del dormitorio, irmemente cerrada. Rensley se
asomó por la estrecha rendija, observando atentamente el entorno.
El pasillo, tranquilo y sin transeú ntes, estaba en silencio, con dos
guardias a cierta distancia. Parecı́a improbable que Rensley pudiera
salir por la puerta principal.
Cerrando la puerta ligeramente, Rensley actuó con rapidez. Se quitó el
vestido, la ropa de abrigo y el velo, revelando la ropa de hombre que
habı́a mantenido cuidadosamente oculta. Incluso si la gente de allı́ viera
el atuendo de Cornia, probablemente se sentirı́a incó moda, pero era
má s seguro que aventurarse afuera como la futura duquesa.
'Ah, hace frı́o.'
A pesar de estar en el interior, la ropa má s ina dejaba pasar el frı́o.
Rensley se estremeció y se acercó rá pidamente a la chimenea. Añ adió
unos cuantos leñ os má s y le dio unas bocanadas, y las llamas se
encendieron.
Tras calentarse un momento, Rensley vio un pequeñ o espejo en la
chimenea. Al contemplar el tenso re lejo, sonrió . Al contemplar el rostro
ansioso del espejo, sintió una sensació n de mejorı́a.
Hola, guapo Rensley Maelrosen. No te preocupes demasiado. Si la
suerte nos acompañ a, podrı́amos vivir mejor, ¿verdad?
Rensley, sintié ndose un poco má s tranquilo, comenzó a explorar la
habitació n, examinando cuidadosamente su entorno. Tras una breve
inspecció n, abrió una pequeñ a ventana en el rincó n má s interior.
En esta parte menos frecuentada del castillo, bajo la ventana oeste, no
habı́a niñ os jugando ni sirvientes trabajando. La ventana era
relativamente pequeñ a y no tenı́a rejas.
Desdobló con cuidado toda la ropa que se habı́a quitado y la colocó en
el hueco entre la ventana interior de madera y el cristal exterior. La
estructura de doble capa de la ventana y el considerable espacio entre
las capas interior y exterior proporcionaban un escondite ideal. Por si
acaso, tomó un candelabro vacı́o.
"Está bien."
Listo para partir, Rensley se aferró irmemente al marco de la ventana y
se tumbó de cabeza, contemplando la vista. La habitació n de la Duquesa
estaba en el cuarto piso de la torre principal, donde residı́a el Señ or.
“No es una altura fá cil, pero deberı́a bastar”.
Para una persona comú n, la altura podrı́a parecer intimidante, pero
Rensley maniobró sin esfuerzo, agarrá ndose a ladrillos, piezas
ornamentales y puntos de apoyo. Preparado para cualquier imprevisto,
se llevó un candelabro vacı́o y saltó há bilmente por la ventana. Si
alguien lo presenciara, podrı́a confundirlo con un acró bata.
El á rea alrededor del dormitorio estaba en silencio, probablemente por
consideració n a que la futura duquesa descansara. Sin embargo, a
medida que Rensley salı́a, el bullicio se hacı́a má s cercano.
“¿Aú n no está terminado el teñ ido?”
“¡Comprueba nuevamente la cantidad de cubiertos!”
Necesitamos má s lima. Mira a ver si queda.
Al llegar al patio central, se hizo evidente el animado ambiente del
castillo que se preparaba para la boda. Rensley se escondió tras un
pilar, observando la escena.
¿Cuá nto tiempo vas a estar sin hacer nada? ¡Lleva estas cestas al
lavadero! ¡Ya casi terminamos!
Un niñ o, apenas un adolescente, cargaba una cesta de ropa sucia llena
de restos dejados por los té cnicos cuando un hombre mayor la regañ ó .
La cesta era casi la mitad del tamañ o del niñ o.
Aprovechando el á ngulo que creaba la canasta, Rensley se acercó
sigilosamente y agarró algo de ropa, haciendo un silbido. Dentro habı́a
una camiseta gris gruesa, pantalones e incluso guantes. Se puso la
camiseta rá pidamente y respiró hondo mientras se ponı́a los
pantalones.
“Casi muero congelado.”
Incluso con la capa adicional de ropa de algodó n, el frı́o cortante no
desapareció por completo, pero al menos evitó el peligro inminente de
congelarse.
Quizá s debido a las murallas del castillo que los rodeaban o al hecho de
que era de dı́a y brillaba el sol, el viento feroz que habı́a enfrentado en
las llanuras la noche anterior parecı́a haberse calmado. Rensley se
sentı́a mucho má s relajado mientras exploraba diversas partes del
castillo.
La muralla defensiva norte de Roudken ostentaba una estructura
imponentemente alta y robusta. Con solo dos muros atravesados
p y
durante la entrada, era evidente que el castillo, incluyendo las murallas
exteriores de la residencia del Duque, contaba con una formidable
defensa de tres niveles.
Habı́a altas torres de vigilancia en cada esquina de las murallas, y
ademá s de la torre principal donde residı́a el Duque, habı́a edi icios
para recibir invitados, residencias para sirvientes y obreros, y má s. Una
vez fuera de los muros exteriores de la residencia del Duque, se
encontraban zonas residenciales para la gente comú n.
Aldrant, a pesar de poseer el territorio má s extenso del continente,
contaba con vastas á reas de bosques inhabitables, montañ as y llanuras
heladas. Esto di icultaba la agricultura, la ganaderı́a o la apicultura, lo
que resultó en una població n signi icativamente mayor viviendo dentro
de la seguridad de las murallas del castillo. Roudken era el nombre del
castillo donde vivı́a el duque Jivendad y la capital de Aldrant.
¡Hola! ¿Por qué andas por aquı́ en vez de en la cocina?
«Si hubiera sabido que llegarı́a un dı́a ası́, habrı́a estudiado geografı́a
con má s ahı́nco». Rensley recorrió el patio central, el patio trasero, los
establos y la granja avı́cola, recordando las lecciones que habı́a
escuchado en su infancia.
Los animales de allı́ no eran muy diferentes a los de Cornia, pero ver
perros tan grandes como terneros con un pelaje espeso era algo que
nunca habı́a visto. Parecı́a que incluso los perros de aquı́ trabajaban,
tirando de carros como bueyes o caballos. En lugar de ruedas redondas,
los carros tenı́an peculiares soportes alargados que se extendı́an como
cuchillas. Fascinado, Rensley se quedó allı́, observando la escena.
¡Oye, tú ! ¿Qué haces ahı́?
Inicialmente ajeno a la conmoció n, Rensley só lo se dio vuelta cuando
una pequeñ a piedra le rozó la oreja.
Un hombre corpulento, vestido con un gorro de piel y ropa gruesa, lo
regañ aba con autoridad.
"Si vas a quedarte aquı́ sin rumbo y embolsarte algo de dinero durante
los preparativos de la boda, ¡será mejor que vuelvas a casa ahora
mismo!"
Disculpas. Vine a comprar huevos y me distraje un poco.
Rensley se disculpó con una rá pida reverencia y se sintió aliviado de
que no lo interrogaran má s. Al parecer, el dueñ o de la ropa que habı́a
robado era un miembro del personal de cocina.
¿Mmm? Pareces un desconocido. ¿Có mo te llamas?
"Me llamo Rensley."
Con una apariencia mitad y mitad, el hombre examinó a Rensley.
Si eres uno de esos sinvergü enzas que intentan ganar dinero fá cil
entrometié ndose en los preparativos de la boda, debes saber que no
ganará s ni un cé ntimo si no haces las cosas como es debido. ¡Anda ya, si
no quieres que te echen!
Por suerte, Rensley no fue interrogado má s. Aliviado, se alejó
rá pidamente del lugar. Parecı́a que, durante los preparativos de eventos
como bodas, incluso quienes no solı́an trabajar en el castillo tenı́an
trabajo.
Con festividades o banquetes a la vista, el nú mero de visitantes
forasteros al castillo aumentaba. Desde posibles amenazas como espı́as
o asesinos hasta pequeñ os ladrones, todo tipo de personas podı́an
in iltrarse en el castillo. Por ello, durante tales eventos, los supervisores
del castillo real de Cornia controlaban meticulosamente el nú mero y la
identidad de los trabajadores, vigilá ndolos de cerca.
Probablemente signi ica… que está n en tiempos de paz.
Aunque el frı́o intenso, los fuertes vientos y los paisajes á ridos pudieran
di icultar la vida, la gente de aquı́ no dañ arı́a a los demá s. Si los
guardias no fueran estrictos e identi icaran minuciosamente a los
trabajadores externos, Rensley podrı́a tener la posibilidad de escaparse
del castillo y esconderse en las aldeas de los plebeyos. Lo que sucediera
despué s serı́a un asunto completamente distinto...
Sumido en sus pensamientos, Rensley siguió la orden del hombre y se
dirigió a la cocina. Aunque la cultura era diferente, instintivamente, sus
pies lo llevaron a donde habı́a comida.
Al acercarse Rensley a la cocina, el tentador olor a aceite hirviendo y
derretido, especias y pan horneado impregnaba el aire, provocando un
rugido en su estó mago, recordá ndole el hambre que habı́a olvidado en
la tensió n. La cena temprana de ayer, un tazó n de gachas y unos trozos
de carne ahumada antes de salir de la posada, fue la ú ltima comida de
Rensley.
En un rincó n de la cocina, un fuego rugı́a bajo una gran brocheta de
metal, donde un cerdo joven y un pollo estaban ensartados y
cociná ndose. Al girar, las gotas doradas de aceite brillaban al crujir la
piel crujiente. El crujido acompañ aba a una llamarada que se
intensi icaba y luego se apagaba.
Colgando de las vigas del techo, las salchichas recuperadas de la
despensa se balanceaban en abundancia. Un chef sacó una con destreza,
le quitó la tripa y expuso su contenido. La salteó en el aceite hirviendo,
espolvoreó con sal, pimienta y especias. El aroma de los chiles o
pimentó n machacados le daba un toque picante.
Era evidente que estaban preparando una salsa para la salchicha.
Envolverla en pan pita y comerla ası́ estarı́a deliciosa. Añ adir algunas
hierbas como cilantro o romero, o incluso un poco de perejil, la harı́a
aú n mejor. Acompañ ada con vino o cerveza…
“…Si alguna vez me encuentro frente a una ejecució n, deberı́a pedir una
ú ltima comida como é sta”.
Al otro lado, se preparaban kebabs y ensaladas, y varias sopas se
cocinaban a fuego lento en una olla grande. Sobre la encimera se
colocaron varias pilas de pan blanco recié n horneado, de aspecto suave.
Rensley permaneció allı́, abrumado por la escena.
¿Por qué te quedas ahı́ parado? ¡Rá pido, toma esto!
Un chef, ocupado movié ndose entre el horno y el mostrador de
preparació n, le entregó a Rensley una gran bandeja con una fuerte
queja.
Al mirar a su alrededor, Rensley notó que varios sirvientes llevaban
bandejas similares, no solo é l. El chef refunfuñ ó por lo bajo.
No derrames ni dejes caer nada, llé vaselo al Duque Jivendad. Si no lo
recibe en su estudio, no pensará en comer. Pensé que cambiarı́a un
poco con la llegada de la boda, pero nada ha cambiado. Me pregunto
qué mujer se enamorarı́a de ese hombre excé ntrico y decidirı́a vivir con
é l.
No te enfades tanto, Reyna. Gracias a ese hombre excé ntrico, nuestras
vidas han mejorado un poco, y nada ha empeorado.
Con los ojos entrecerrados y observando la situació n, el chef le entregó
a Rensley una enorme bandeja. Parecı́a que, incluso en Aldrant, los
preparativos para un gran festı́n implicaban una variedad de platos y
exquisiteces.
¿Alguna vez he perdido los estribos de esa manera? En in, es una
virtud para la realeza y los nobles comer y beber mucho, ¿no? Al in y al
cabo, ¡los reyes y señ ores necesitan ser regordetes para ganarse el
respeto de otros paı́ses! Nadie en este continente se atreverı́a a ignorar
a Aldrant y a los gobernantes de las regiones del norte... Rensley se
respondió a sı́ mismo, murmurando.
Incluso el Emperador siempre habı́a descon iado de los gobernantes de
Aldrant. Ademá s, los rumores sobre el enigmá tico Duque Gezell
Jivendad circulaban como cuentos de fantasmas.
Habı́a mucho que decir, pero Rensley se mordió la lengua y se unió en
silencio a los demá s sirvientes que se dirigı́an al estudio del Duque. Era
un poco estresante, pero llevar el velo de colores vivos seguramente
impedirı́a que el Duque reconociera su rostro.
El estudio debe referirse al só tano de ayer... Se sumergió en la
investigació n de magia negra hasta el punto de saltarse comidas.
¿Recibió una maldició n que le dio esos ojos de bestia? Durante la
caminata silenciosa, Rensley recordó los ojos que brillaban con un tono
dorado.
“Duque, el almuerzo está listo.” La puerta de la familiar habitació n
subterrá nea, igual que ayer, se abrió .
La escena que aguardaba a Rensley tambié n era idé ntica a la de ayer.
Una chimenea encendida, la habitació n teñ ida del color de ese fuego,
varios pergaminos, dibujos, pinturas e incluso mapas estaban
esparcidos por la cá mara subterrá nea. Sin embargo, el espacioso
escritorio en un rincó n estaba aú n má s caó tico que ayer. Papeles y
utensilios de escritura estaban esparcidos por todas partes, y extrañ os
dispositivos y pociones desconocidos para Rensley estaban esparcidos
por todas partes.
Y allı́ estaba el Duque, sentado frente a la chimenea, có modamente
instalado en un gran silló n tapizado de piel. Ignoró a los sirvientes que
traı́an la comida, pero hizo un gesto de indiferencia.
—Dé jalo y vete. La puerta de la habitació n subterrá nea se cerró al
entrar Rensley. La habitació n, iluminada por la luz parpadeante de una
gran chimenea, estaba llena de un montó n de libros, pergaminos y
diversos instrumentos. El espacioso escritorio, normalmente ordenado
y ordenado, estaba ahora revuelto, cubierto de papeles y herramientas
desperdigadas. El Duque estaba sentado junto al fuego en un gran
silló n, cubierto de piel, aparentemente absorto en sus pensamientos.
Les hizo un gesto a los sirvientes para que se fueran mientras traı́an la
comida.
Cuando los sirvientes se marcharon, Rensley no pudo evitar notar que
habı́a otras personas en la habitació n. Parecı́an cansadas y, a juzgar por
su atuendo, no parecı́an nobles en asuntos o iciales.
Ayudando a los sirvientes, Rensley preparó la comida en una mesa con
ruedas. Mientras tanto, el Duque y los demá s en la sala intercambiaban
palabras esporá dicas.
“Intentaré cambiar la receta de nuevo”.
“Si la destilació n no funcionó , podrı́a haber un problema con la
ampli icació n”.
No se desilusione demasiado, Su Gracia. La transmisió n a las afueras de
Tergavem aú n está en curso, ası́ que ampliar el radio es solo cuestió n de
tiempo.
Empujando la mesa hacia la có moda silla donde estaba sentado el
Duque, Rensley vio un largo pergamino sobre su regazo al acercarse.
Incapaz de resistir la curiosidad, Rensley alargó la cabeza sutilmente,
intentando discernir su contenido. A pesar de la advertencia del Duque,
pareció percibir el movimiento y levantó la cabeza ligeramente.
Sus miradas se cruzaron inesperadamente, y al igual que ayer, Rensley
no pudo evitar quedarse rı́gido, como un rató n paralizado ante un gato.
Sin embargo, en medio de la rigidez, Rensley abrió mucho los ojos. ¿Qué
estaba pasando? De la noche a la mañ ana, el tono dorado de los ojos del
Duque se habı́a transformado en un tenue color calabaza.
¿Hermanos gemelos…? Se hablaba de esas cosas solo de oı́das.
¡Mocoso insolente! ¿Por qué me miras con tanta atenció n? Una clara
reprimenda provino del ayudante de cocina, quien observaba con
descaro el rostro del Duque. Era uno de los que habı́a estado
conversando con é l. Rensley se arrodilló rá pidamente y se postró en el
suelo.
¡He cometido una grave ofensa! ¡Por favor, perdó name!
Rensley perdió la cuenta de cuá ntas disculpas habı́a pedido desde que
salió del dormitorio. Parecı́a que incluso Rensley Maelrosen, a quien no
le faltaba ingenio, tuvo di icultades para adaptarse a la abrupta
transició n a la vida en el extranjero.
Sin embargo, el Duque no mostró signos de disgusto ni enojo. No hubo
cambio en su expresió n. El sirviente que lo reprendı́a, perplejo,
murmuró para sı́.
—¡Oh, no! ¿Por qué tomarse tantas molestias...?
"Levantarse."
La voz del Duque era tan baja y monó tona como siempre. No solo se
sentı́a frı́a, sino casi letá rgica. Rensley se puso de pie lentamente. A
pesar del tono despreocupado, la mirada del Duque, un ojo de un color
calabaza sin rasgos distintivos, permaneció ija en Rensley.
“Acé rcate má s.”
Rensley levantó la mirada del suelo para encontrarse con la del Duque.
Este no parecı́a especialmente enfadado, pero algo no cuadraba.
Aunque intentó mantener la calma, su corazó n se aceleró . A pesar de
intentar controlar la ansiedad, sentı́a que se le aceleraba el pulso.
Rensley se apretó los labios con fuerza, intentando contener cualquier
temblor, mientras se acercaba y se detenı́a junto a la silla del Duque. El
intenso calor de la chimenea rugiente le calentó las mejillas
rá pidamente.
Los ojos del Duque escrutaron a Rensley mientras se acercaba. Aunque
el brillo peculiar habı́a desaparecido, la mirada seguı́a siendo profunda
y penetrante. Las llamas de la chimenea se re lejaban en los iris color
calabaza, y parecı́a haber un leve rastro de ojos dorados bajo ellos.
Recrear esta atmó sfera era imposible. No era una imitació n de un
gemelo icticio, sino del propio Duque.
Aunque se desarrollaba un escenario similar, a diferencia del dı́a
anterior, Rensley no llevaba velo que protegiera su rostro. La mirada del
Duque se movı́a lentamente, como si evaluara o midiera algo, pasando
de la coronilla a la punta de los pies. Rensley se sentı́a como una perdiz
esperando el momento en que le arrancaran la piel delante de un
cazador. A pesar de llevar un abrigo de lana, sentı́a como si le
estuvieran arrancando la piel.
De repente, el Duque extendió la mano. Rensley se estremeció
instintivamente, su cuerpo se sacudió ligeramente, pero mantuvo los
pies irmes, inmó vil.
Una manga larga y negra se extendı́a desde el reposabrazos del silló n,
colgando pesadamente. Era la misma mano que habı́a servido de
pergamino para el dibujo de Rensley la noche anterior. La palma de la
mano se acercaba al rostro de Rensley.
Incapaz de comprender la intenció n de esta acció n y observando la
mano con aprensió n, Rensley sintió un momento de desá nimo. Solo se
le veı́an los ojos, mientras que el resto de su rostro permanecı́a oculto.
El Duque, con solo los ojos de Rensley al descubierto, examinó su rostro
atentamente. La sensació n era similar a la de una perdiz, esperando a
que le despellejaran con un abrigo de lana puesto.
Extendió la mano hacia el rostro de Rensley, sus dedos casi rozando su
piel. El ambiente se tensó , y Rensley contuvo la respiració n
involuntariamente. Justo cuando los dedos del Duque estaban a punto
de tocarlo, se retiró repentinamente.
¿Qué te parece esa cara? Nunca la habı́a visto.
Parecı́a que habı́a pasado una eternidad. Tras un largo instante, el
Duque retiró la mano y, a lo lejos, alguien respondió antes de que
Rensley pudiera hacerlo.
“Tenemos muchos trabajadores que entraron al castillo por primera
vez, prepará ndose para la boda”.
“Tampoco he visto esa cara entre los aldeanos”.
Miró a Rensley con una expresió n exigente, esperando una respuesta.
Todos en la sala, impulsados por las palabras del Duque, se
concentraron en Rensley. La mente de Rensley corrı́a.
'¿De qué se trata esto?'
Por muy dura que sea la tierra de Aldrant debido a los cambios, la
població n de la capital no es tan pequeñ a. Incluso si los sirvientes de la
residencia del Duque recordaban los rostros de los aldeanos de fuera...
Rensley puso los ojos en blanco con incredulidad, pero nadie en la sala
tomó a la ligera las palabras del Duque. Aunque costaba creerlo, por
ahora tenı́a que aceptarlo. El dilema de escapar o no a una zona comú n
por un tiempo se habı́a vuelto completamente inú til.
Rensley apretó las manos con fuerza. Si le revisaban los dedos, podrı́an
atraparlo. Por suerte, llevaba guantes. El Duque no parecı́a dispuesto a
pedirle que se los quitara. Rensley hizo una profunda reverencia y
empezó a echar humo.
¡Le pido disculpas, Su Gracia! Me llamo Maelrosen. Soy uno de los
asistentes que acompañ ó a la Princesa Ivet. Mientras que los demá s
decidieron regresar a Cornia de inmediato, yo, a decir verdad, era un
vagabundo que no encontraba un trabajo estable en mi paı́s. Cuando
llegué aquı́, a pesar del frı́o, encontré muchos lugares donde trabajar y
me pareció un buen lugar para vivir, ası́ que estaba considerando
establecerme.
En ese momento alguien refunfuñ ó , añ adiendo un tono de reproche.
Aunque vengas de viaje o por negocios, no puedes establecerte ası́
como ası́. Si quieres inmigrar, necesitas permiso de las autoridades. No
puedes ser reconocido como ciudadano de Aldrant simplemente por
establecerte.
—Lo entiendo. Lo siento mucho. Solicitaré permiso formal ahora
mismo. Su Excelencia, todos, por favor, denme una oportunidad.
El duque asintió con calma.
“Parece una historia comú n en el sur”.
"¿Qué ?"
Ve a preguntarles a esos asistentes. A ver si hay alguien llamado
Maelrosen entre ellos.
Entonces uno de los asistentes habló en tono perplejo.
Su Gracia, los asistentes de la Princesa se fueron temprano. Como
oscurece rá pido en el norte, querı́an irse rá pidamente, ası́ que les
preparamos el desayuno al amanecer.
Transportaron a Rensley hasta allı́, sabiendo que era un hombre. Los
mensajeros de la familia real de Cornia se habrı́an marchado
rá pidamente antes de involucrarse en asuntos problemá ticos. Habrı́an
querido regresar a casa cuanto antes, recibir una generosa recompensa,
descansar bien y disfrutar de la paz. Rensley no podı́a resentirse con
ellos, y al menos por ahora, agradecı́a su rá pida actuació n.
“Su Gracia, inspeccionaré estos platos primero”.
Una de las personas que conversaban con el Duque se adelantó y se
acercó a la mesa. Extendió la mano, pasando la mano sobre los platos
uno a uno. Una tenue luz envolvió el espacio entre su mano y el plato.
Magos. Rensley se dio cuenta de la identidad de las personas en la
habitació n subterrá nea y abrió la boca ligeramente, sorprendido. En
Cornia, encontrarse con magos era casi inaudito para la gente comú n.
El ambiente de los magos que habı́a visto en su juventud era muy
diferente al de la gente de aquı́. Los magos de Cornia solı́an ir juntos,
creando un ambiente estricto y cerrado entre ellos. Sin embargo, los
magos de aquı́ parecı́an eruditos comunes y corrientes.
La inspecció n no duró mucho. El inspector, al terminar el examen,
informó al Duque.
“No parece haber nada malo con la comida”.
Fue una sentencia que indicaba que estaban libres de sospecha de
conspiració n polı́tica.
El Duque pareció sumido en sus pensamientos por un momento, pero
este asunto no pareció captar su interé s por mucho tiempo. Hizo un
gesto que denotaba su enfado.
Bien, vá yanse todos. Me tomaré mi tiempo con la comida.
Los asistentes salieron corriendo de la cá mara subterrá nea. Rensley
tambié n se escabulló entre ellos, sin mirar atrá s y moviendo los pies sin
vacilar.
Cap. 1.3 - Tierra fría
Sintié ndose agotado, como si hubiera muerto y resucitado, a diferencia
de Rensley, cuyo cuerpo se sentı́a desprovisto de toda fuerza, los ojos de
los demá s brillaron de curiosidad. Se acercaron a Rensley con
entusiasmo.
¡Hoy hay tanta gente en la cocina que nunca habı́a visto! ¿De verdad
eres de Cornia?
“Oh, sı́… eso es cierto.”
“Entonces, durante su servicio, ¿vio el rostro de la princesa?”
Por mucho que te digan que no deberı́as mostrarte antes de la
ceremonia, seguro que la has visto al menos una vez. ¿Có mo está ? ¿Es
una belleza? Se rumorea que es una belleza impresionante.
Rensley rió entre dientes sin darse cuenta. Ivet Elbanes, una belleza
deslumbrante. Era una lá stima no poder contarle este rumor
directamente a Ivet. «¡Oye, Ivette! ¡Te está s volviendo famosa!».
Sin embargo, ahora solo les esperaba decepció n a quienes tenı́an
grandes expectativas. Rensley puso los ojos en blanco.
—Dinos rá pidamente. ¿Qué clase de persona es la princesa?
Bueno, si bien la princesa que espera la ceremonia en su dormitorio no
es precisamente una belleza, sigue siendo un rostro bastante conocido
en el castillo. No tiene una personalidad noble, pero es bastante amable.
No es excepcionalmente brillante, pero sı́ lo su icientemente lista como
para recibir elogios con frecuencia.
¿Y? Pensé que serı́a una princesa elegante y delicada, como en las
canciones o los cuentos antiguos. Tenı́a curiosidad, ya que no existe tal
princesa en Aldrant.
Serı́a mejor no mencionar que se destacaba en el manejo de la espada y
la equitació n, tenı́a un don para la magia y era lo su icientemente
robusto como para no ser una carga cuando se trataba de tareas
domé sticas.
La chica, imaginando a la inexistente Duquesa, tenı́a una mirada
soñ adora. Pecas salpicaban sus pá lidas mejillas, y su cabello, trenzado
bajo la capucha blanca, lucı́a adorable. Rensley sonrió y bajó la voz.
-En mi opinió n, pareces aú n má s bonita.
—Vamos. No me molestes.
Hablo en serio. ¿Có mo te llamas? Soy Rensley Maelrosen.
"Tı́a."
Mientras la conversació n entre los dos continuaba, los jó venes que
caminaban delante se giraron y se burlaron de ellos.
En el sur, dicen que es tierra de vagabundos, pero esos cornianos son
bastante impresionantes. ¿Ya te está s moviendo?
"Bueno, es un cumplido llamarlo movimiento".
A pesar de la refutació n de Rensley, las burlas continuaron sin
restricciones.
—Tia, ten cuidado. ¿Has visto el bloque del verdugo? Podrı́a resonar
con los gritos de muchas mujeres. ¿Acaso los hombres del sur tienen la
piel tan suave?
¿Y qué hay de tu pelo rizado? Si trabajas con nosotros, puede que te lo
afeitemos por completo.
Aunque bromeaban, los sirvientes parecı́an aceptar a Rensley como
colega sin sospechar nada. Aldrant es, sin duda, un paı́s pacı́ ico.
Rensley se sintió sinceramente conmovido y se integró entre ellos. Tras
intercambiar algunas palabras má s de conversació n intrascendente,
inalmente hizo la pregunta que má s le intrigaba.
¿Qué clase de persona es el Duque? Antes le tenı́a tanto miedo que
pensé que me iba a hacer pis encima, pensando que me podrı́an
ejecutar.
Esto provocó una carcajada entre la gente. Alguien le dio una palmada a
Rensley en el hombro.
¿Ejecutar a alguien solo por eso? Pareces tener má s miedo del que
aparentas.
Antes, de repente te caı́ste al suelo y empezaste a mendigar, ası́ que nos
sorprendimos. Como mucho, te regañ arı́a el sirviente de la cocina. No es
como si fueras un soldado violando la ley militar.
Su evaluació n comú n fue que no era del tipo estricto. Considerando las
quejas del personal de cocina, tenı́a sentido. A pesar de no ser
particularmente estricto, los soldados de menor rango se reı́an al
pensarlo.
No es de los que ejecutarı́an a alguien solo por eso. ¿Estabas má s
asustado de lo que aparentas?
Sı́, antes, de repente te tiraste al suelo y suplicaste con tanta
desesperació n que nos asustaste. Como mucho, te regañ ará el personal
de cocina. No es como si fueras un soldado violando la ley militar.
El consenso general era que no era de los estrictos. Dadas las quejas del
personal de cocina, tenı́a sentido. Aunque no era especialmente
estricto, los soldados a su cargo se reı́an de la idea.
Sin embargo, comparado con sus expectativas, el corazó n de Rensley no
se alegró fá cilmente. Era, sin duda, una respuesta esperanzadora, pero
la idea de un soldado violando la ley militar y enfrentando el castigo del
verdugo era bastante severa.
Timbre-.
En ese momento, las campanas de la iglesia empezaron a sonar. Rensley
se puso alerta. No era momento de dejarse llevar por el humor del
personal de cocina de Loudcan.
Ya era hora de que el Duque almorzara, y probablemente alguien
vendrı́a pronto a ver có mo estaba la princesa. Aunque habı́a pedido que
lo llamaran cuando despertara, no podı́a dejarla dormir para siempre.
Sin un plan concreto y tras haber engañ ado a otros hacié ndose pasar
por sirviente, Rensley necesitaba asegurarse de que la princesa
estuviera a salvo en su habitació n por el momento.
Me voy. Como ya mencioné , necesito revisar los trá mites de reubicació n
y considerar mis opciones. Hace frı́o, pero es un buen lugar para vivir. A
veces hay gente de fuera que tambié n quiere mudarse. ¡Nos vemos
luego! Espero poder quedarme aquı́.
Rensley estrechó la mano de sus nuevos compañ eros, se despidió y se
marchó rá pidamente. La gente que habı́a estado intercalando alguna
que otra palabra parecı́a lo su icientemente ocupada como para no
molestarse en llamarlo ni preguntarle dó nde se encontraba. De regreso
al dormitorio, encontró un objeto adecuado y lo recogió .
En la parte trasera oeste del castillo principal, por donde habı́a salido,
seguı́a sin haber gente. Rensley se acercó a la entrada de un pequeñ o
patio y ijó irmemente un cartel que decı́a «En reparació n, no entrar».
Se quedó de pie bajo la ventana del dormitorio, pegado a la pared del
edi icio.
Parecı́a má s difı́cil subir que bajar. Rensley juntó las palmas de las
manos, respiró hondo y agarró la decoració n de pared má s baja que
pudo alcanzar. Con un esfuerzo repentino, se impulsó . Colocando los
dedos de los pies entre la pared y la estructura de hierro, buscó nuevos
huecos o partes salientes a las que pudiera agarrarse.
Lenta pero constantemente, Rensley comenzó a escalar la pared, como
una arañ a, encontrando puntos de apoyo y grietas a medida que
ascendı́a.
"Bien hecho."
"Uf, es duro."
Tras una larga subida, la cima por in estaba a la vista. Rensley
murmuró palabras de aliento para animarse. El marco de la ventana del
dormitorio ya estaba a su alcance.
Tras respirar hondo por ú ltima vez, Rensley levantó el brazo con fuerza.
Las yemas de sus dedos derechos se aferraron irmemente al marco de
la ventana. Fue un regreso perfecto y sigiloso.
"¿Eh?"
Justo hasta que de repente se oye una voz desde abajo.
Por un instante, su concentració n laqueó y su mano casi resbaló .
Rá pidamente reajustó su agarre al marco de la ventana, Rensley hizo
fuerza, levantando su cuerpo. Con el brazo enganchado a la ventana,
miró hacia abajo.
Antes de que se pudiera oı́r al intruso desde abajo.
En un instante, una mano que habı́a perdido el foco momentá neamente
casi resbaló . Rensley rá pidamente ajustó su agarre a la ventana, ejerció
fuerza con el brazo y se incorporó . Con el brazo sobre la ventana, miró
hacia abajo.
A pesar de haber colocado un cartel de “Prohibida la entrada” en caso
de emergencia, el intruso que habı́a entrado sigilosamente al patio
apartado miró a Rensley con expresió n de asombro.
p y p
"¡Ladró n!"
Un niñ o con una pelota gritó fuerte.
No hubo tiempo para que Rensley argumentara que no era ladró n. Se
coló por la estrecha ventana y, dejando la puerta de madera
entreabierta a propó sito, entró . Con un golpe sordo, su cuerpo cayó al
suelo. No hubo tiempo para quejarse del dolor. Como un resorte, se
levantó rá pidamente, recuperó la ropa que habı́a escondido y se puso
un camisó n de muselina. Temblando, tomó la ropa de hombre, la bata,
la ropa de abrigo y el velo, abrazá ndolos todos, y corrió hacia la cama
como si se lanzara a un rı́o.
Tras esconder la ropa de hombre en el equipaje de la princesa y
acostarse como es debido, notó que la puerta de madera que acababa
de abrir estaba entreabierta. Dudó , pero desistió de revisarla de nuevo.
Fuera del dormitorio, ya habı́a un alboroto.
“Un intruso en el dormitorio de la duquesa…”
“Tenı́amos guardias en la entrada principal”.
Las voces se hicieron má s claras. Recuperando el aliento, Rensley
concentró todas sus fuerzas. Con un golpe sordo, la puerta se abrió de
golpe tras un fuerte golpe. Los gritos de los guardias se oyeron a
continuació n.
—¡Duquesa! ¿Está s bien?
—¡Disculpe la groserı́a! Hay un testigo que vio a un intruso entrar en el
dormitorio.
Aú n no es la duquesa…
La gente de Aldrant reaccionó má s rá pido de lo esperado. Rensley, que
aú n no era una duquesa, ingió sorpresa, acurrucá ndose bajo la manta y
cubrié ndose la cara con ella.
A continuació n estaban las criadas que entraron en la habitació n,
rodeando la cama mientras ahuyentaban a los guardias.
¡La princesa está asustada! Desde su llegada, no ha mostrado su rostro
ni una sola vez.
—Pero, Lady Samlet, la niñ a que vio al intruso está aquı́.
Espera. Dé jame preguntarte.
—Lady Samlet. Por ahora, explı́queme que aú n no soy duquesa. —
Murmullando quejas en su mente, Rensley, como una princesa
asustada, asomó la cara con vacilació n por debajo de la manta. Al
revelar su rostro tı́midamente, los soldados hicieron una profunda
reverencia o se dieron la vuelta, como si reconocieran una grave falta de
etiqueta. Lady Samlet se acercó .
Princesa, hace un rato, un niñ o que jugaba en el patio vio a alguien
escondido por la ventana del dormitorio. ¿Por casualidad has visto a
ese intruso?
Rensley levantó la cabeza bruscamente, provocando que el velo
ondeara.
“¿Nos da permiso para examinar el á rea alrededor de la cama por un
momento?”
Esta vez, asintió .
Varias criadas registraron minuciosamente alrededor de la cama,
debajo, detrá s de las columnas y entre las cortinas, desde el interior del
velo hasta la ventana. Temblando, Rensley, como una princesa asustada,
se subió el velo hasta los hombros y se apoyó en la cabecera de la cama,
observando el entorno con ojos asustados.
Mientras las criadas inspeccionaban el á rea alrededor de la cama, los
guardias tambié n registraron cada rincó n del dormitorio. Dentro del
armario, dentro de la có moda, debajo de la mesa, detrá s del valioso
cofre, dentro del tarro e incluso detrá s de la chimenea encendida.
A pesar de la meticulosa bú squeda, no se encontró ni un solo cabello
del intruso. Este, bajo la manta, se la habı́a subido hasta los hombros,
apoyado en la cabecera de la cama, con la mirada aterrorizada mirando
a su alrededor, exhibiendo una actuació n impresionante.
Mientras las criadas registraban la cama, los guardias tambié n
examinaban cada rincó n del dormitorio: el armario, los cajones, debajo
de la mesa, detrá s del valioso cofre, dentro del tarro e incluso detrá s de
la chimenea encendida.
A pesar de la minuciosa bú squeda, no habı́a rastro del intruso. Un
soldado se encogió de hombros, murmurando decepció n.
¿Quizá s el niñ o vio mal? Los niñ os tienden a ver cosas que no existen.
“Pero la descripció n era demasiado detallada como para descartarla”.
Cuando las opiniones entre los investigadores comenzaron a divergir,
uno de los guardias hizo una señ al a los demá s.
Ven aquı́. Algo parece extrañ o.
Maldita sea. Rensley maldijo para sus adentros. Esperaba que
simplemente siguieran adelante. Sin embargo, parecı́a que el guardia de
vista aguda habı́a notado que la puerta no estaba del todo cerrada.
Varios guardias corrieron hacia la ventana, donde parecı́a que se habı́a
descubierto la desafortunada puerta entreabierta. Rensley deseó
ansiosamente que no hubiera ninguna pista signi icativa. Reprimiendo
su ansiedad bajo el velo, guardó silencio.
“Parece que podrı́a haber algo escondido aquı́”.
—Se ve extrañ o… Si el intruso realmente entró , no tiene sentido que la
Duquesa no haya visto nada.
Mientras los murmullos de sospecha crecı́an, una voz que no era de los
guardias ni de las criadas dispersó el ruido, haciendo que todos se
enderezaran e inclinaran la cabeza, excepto Rensley, que permaneció
oculto bajo la manta.
“¿Có mo pasó esto?”
La voz, que no provenı́a de un guardia ni de una criada, disipó el ruido.
Todos en el dormitorio, excepto Rensley en la cama, se erguı́an,
inclinando la cabeza. Rensley, con el velo subido hasta los ojos, miraba
hacia la entrada.
Fue el hombre que recibió el informe de que una persona no
identi icada habı́a entrado en el dormitorio de la prometida y fue a
inspeccionar la situació n.
De pie en la entrada, observó la escena en el dormitorio y a los
presentes, y inalmente dirigió su mirada a Rensley. Bajo la manta,
Rensley le devolvió la mirada, encontrá ndose con la del desconocido.
Al recibir un informe de que un intruso habı́a entrado en el dormitorio
de la prometida, el futuro novio acudió personalmente a evaluar la
situació n.
Se quedó en la entrada, observando la distribució n del dormitorio y a la
gente que habı́a dentro, y inalmente dirigió su mirada hacia Rensley.
Bajo la manta, Rensley se encontró con la mirada del desconocido.
El hombre se quedó en la entrada, recorriendo con la mirada la
habitació n y a la gente que habı́a dentro, hasta que inalmente se ijó en
Rensley. Bajo la manta, Rensley sostuvo la mirada del desconocido.
El hombre entró lentamente, sin hacer ruido, pero su presencia era
imponente. Rensley sintió como si observara el paso merodeador de un
gran felino. Ni siquiera animales grandes como tigres o leones eran
completamente silenciosos al caminar.
“¿Có mo pasó esto?”
Aunque los pasos del hombre eran inaudibles, sus movimientos
parecı́an ligeros y sin esfuerzo. Rensley sintió como si estuviera
observando el andar silencioso de un depredador. Los tigres y los
leones, aunque no fueran completamente silenciosos, poseı́an cierta
gracia serena en sus movimientos.
Todos los guardias registraron el dormitorio, pero aú n no hemos
encontrado ningú n rastro especial. Sin embargo, el niñ o señ aló la
direcció n del intruso, y la ventana que da a esa direcció n está
entreabierta.
“¿Alguna huella u otra pista?”
“Necesitamos investigar má s a fondo”.
El Duque se acercó a la ventana que daba al oeste, donde se habı́an
reunido los guardias, y echó un vistazo rá pido a su alrededor. Tras un
momento de silencio, habló .
“Todos, vá yanse.”
"¿Qué ?"
Necesito hablar con la princesa. Salgan y esperen en sus respectivos
lugares.
No, por favor. Los labios de Rensley se torcieron tras el velo. Era el peor
resultado posible. Poner guardias en la habitació n y realizar
investigaciones durante todo el dı́a habrı́a sido mejor que la decisió n
actual del Duque.
Sin má s demora, las criadas y los guardias salieron del dormitorio. Solo
la Sra. Samlet mostró cierta preocupació n antes de darse la vuelta. Una
vez que la puerta se cerró con irmeza, la habitació n, antes bulliciosa, se
sumió en un silencio inquietante.
Rensley bajó la mirada y se concentró en una pequeñ a secció n bordada
de la manta. El lujoso bordado representaba un estilizado lirio de
montañ a, sı́mbolo de nobleza, tejido con hilo dorado.
El duque se acercó a la cama y tomó asiento en la silla cercana.
“Princesa Ivet Elbanes.”
Su voz era má s tranquila de lo esperado, y su tono se mantuvo tan
corté s como ayer. En lugar de responder, Rensley mantuvo la cabeza en
alto, asintiendo levemente.
—Ya que dijiste que aú n no puedes hablar, si deseas adherirte
estrictamente a las costumbres, al menos podrı́as habé rmelo informado
por escrito, como hiciste ayer.
“…”
Este matrimonio fue ordenado por el Emperador, ni siquiera una unió n
deseada por la familia real de Cornia. Por lo tanto, supongo que tú
tampoco lo deseabas realmente.
Tenı́a razó n. En la frı́a y desolada tierra septentrional de Aldrant, los
gobernantes rara vez contraı́an matrimonio, a menos que lo hicieran
por iniciativa propia o con una mujer del mismo paı́s. Aldrant era un
baluarte crucial que protegı́a el continente. Má s allá de las murallas de
Roudken, se extendı́an densos bosques y el Mar Negro. Al otro lado del
mar, habı́a paı́ses con creencias diferentes a las del gobierno del
Emperador, y lo má s importante, má s allá de las murallas, acechaban
monstruos aterradores.
Para Rensley, un nativo del sur que solo habı́a presenciado los apacibles
paisajes de Roudken, todos estos relatos parecı́an fantası́as o leyendas.
Sin embargo, las historias que escuchó eran ciertas.
En Aldrant, aú n má s al norte, má s allá de densos bosques, imponentes
montañ as cubiertas de hielo y el mar Negro, habı́a seres que no eran ni
humanos ni bestias, siempre conspirando para atacar a los habitantes
del continente.
Aunque el gobernante del norte rara vez intervenı́a en los con lictos,
entrenó una fuerza militar má s poderosa que cualquier otra nació n del
continente. El objetivo era combatir a los monstruos que
constantemente buscaban presas en la gente del continente.
El gobernante del paı́s del norte se abstuvo de intervenir en con lictos
regionales, pero mantuvo una formidable fuerza militar. El propó sito
era claro: luchar contra los monstruos.
Por lo tanto, el Emperador no podı́a ignorar ni desviar la mirada de
Aldrant. El Emperador respetaba su devoció n, reconocı́a su honor y les
concedı́a mayores bene icios y libertades que a otros reinos del
continente.
El hecho de que el Emperador otorgara el privilegio de elegir esposa al
gobernante recié n casado era uno de esos favores. A pesar de ser un
favor sencillo, todos sabı́an que era una clara intenció n de atar los hilos
de in luencia en las tierras fronterizas que debı́an ser respetados.
Aldrant era sin duda un paı́s necesario para el continente, pero
polı́ticamente no era tan atractivo para otros reinos. El territorio era
á rido y la distancia, enorme. Mostraba poco interé s en los con lictos
centrales y buscaba una vida independiente.
Si bien contaba con abundantes recursos naturales y una poderosa
fuerza militar, la minerı́a y la silvicultura estaban estrictamente
gestionadas por la familia real. La justi icació n para construir poder
militar era principalmente combatir monstruos, lo que di icultaba
solicitar apoyo para otros con lictos.
Como resultado, ningú n reino deseaba enviar herederos valiosos a
Aldrant. Sin embargo, encontrar una pareja adecuada para la esposa del
gobernante recaı́a naturalmente en la familia real o en una familia
noble equivalente. Se convirtió en un procedimiento similar a un sorteo
entre los reinos a lo largo de la historia del continente.
El actual Emperador ordenó al Rey de Cornia que enviara a una de sus
princesas a buscar al joven Duque del Norte. El Rey de Cornia tenı́a
siete hijos y tres hijas.
“¿Deseas regresar a Cornia incluso ahora?”
En respuesta, Rensley no tuvo má s remedio que encararlo. Sus ojos
color calabaza no revelaban emoció n alguna, y sus propios ojos,
probablemente temblando, los encontraron.
Cuando Rensley extendió la mano, el Duque, sin decir palabra, la
extendió . Los dedos de Rensley temblaron levemente al trazar una lı́nea
en la palma del Duque. No era por miedo ni tensió n. Si hubiera podido
responder, la rabia, avivada por una ira irracional, habrı́a estallado en
un tono á spero.
«No, no lo quiero», dijo en silencio.
“¿Deseas entonces continuar con este matrimonio?”
Rensley, con el dedo ı́ndice apoyado en la palma del Duque, negó
lentamente con la cabeza. No fue un sı́ ni un no claro; permaneció en
silencio.
Tras una breve pausa, el Duque retiró la mano. Rensley tambié n la dejó
caer sobre la cama. En el silencio que siguió , el Duque habló en voz baja.
“Despué s de recibir los informes de los soldados y re lexionar sobre lo
sucedido durante el dı́a, parece coincidir con los hechos”.
¿Qué pasó durante el dı́a? Rensley escuchó en silencio.
El hombre que decı́a ser su enviado, Maelrosen, no regresó a Cornia,
sino que se quedó aquı́. Dada su relació n, supongo que conoce bien el
nombre.
Bien conocido. Una ansiedad inesperada comenzó a oprimirle el pecho.
¿Por qué mencionarı́a de repente el nombre del hombre que habı́a
conocido durante el dı́a? El niñ o del patio trasero solo habı́a visto
brevemente al intruso.
Tras escuchar la impresió n general del intruso, parece parecerse a ese
hombre. El color de su cabello y ropa, y otros detalles. El color de sus
ojos es morado, similar al tuyo. No sé si es de Cornia, pero es bastante
raro aquı́.
Ante eso, Rensley abrió mucho los ojos. Aunque no eran exactamente
morados, sus ojos eran má s bien azules con un matiz rojizo, pero como
dijo el Duque, no era un color del todo raro, ni siquiera en Cornia.
Incluso dentro de la familia real, habı́a otra persona con un color de
ojos similar.
"Seguramente es muy difı́cil identi icar a alguien de esa magnitud aquı́".
Incapaz de comprender fá cilmente el signi icado de las palabras del
Duque, Rensley tragó saliva seca. El escote, oculto bajo el velo, se
descolgó ligeramente.
Su altura y color de ojos eran similares, ası́ que al principio pensé que
podrı́a ser un pariente... pero si es de la familia real, no habrı́a
necesidad de quedarse aquı́ en secreto ni de entrar por la ventana.
Podrı́a haber venido directamente con el pretexto de cumplir un deber
para la princesa. Eso signi ica que realmente es su enviado.
p p g q
El duque suspiró levemente. Rensley tambié n sintió un momento de
alivio. Habı́a estado tenso, temiendo que el duque llegara a la
conclusió n de que Malsen y la princesa Ivet eran la misma persona.
El Duque, aunque aú n inexpresivo, exhaló un leve suspiro que delataba
cierta inquietud. Rensley no pudo evitar sentirse cautivado al percibir
la profundidad de las emociones ocultas. Era un toque de una emoció n
profunda. Al darse cuenta del peligro, Rensley lo comprendió , pero no
pudo apartar la mirada.
“Cuando lo pienso hasta ese punto, creo que entiendo la razó n por la
que ese hombre se arriesgó al peligro de colarse en el dormitorio”.
“…”
Habiendo recibido la orden de casarme con otro hombre de la realeza,
comprendo en parte su angustia. Princesa Ivet, si lo desea, no molestaré
a ese hombre, Maelrosen, para que se quede aquı́. Mientras cumpla con
mis deberes como duque, no interferiré en sus reuniones secretas.
¿Qué …? ¿Qué está s diciendo?
Rensley abrió la boca de par en par tras el velo. La situació n de un joven
que se habı́a colado en la habitació n de una mujer a punto de casarse
habı́a sido expuesta al pú blico, incluso con las investigaciones en curso.
Las miradas de los guardias y las criadas ya se habı́an vuelto
sospechosas.
¿Pero afecto? ¿Reuniones secretas? ¿No iba demasiado rá pido? ¿Por qué
pensarı́a ası́? No podı́a preguntar porque no podı́a hablar.
Como alguien que apenas ha salido de Aldrant, no sé mucho del mundo
exterior, pero he leı́do tanto como cualquier erudito. La mayorı́a eran
libros con ines acadé micos o de investigació n, pero ocasionalmente
habı́a otros entremezclados. A veces, peregrinos o poetas que visitaban
castillos contaban historias o cantaban.
Eso tiene sentido. Incluso en Cornia, era comú n que peregrinos o
poetas entraran al castillo, compartiendo historias o canciones para
realzar el ambiente nocturno. Los peregrinos visitaban estas tierras
desde todas partes, y algunos incluso a irmaban haber viajado a travé s
del mar a otros continentes.
El acto de un hombre de colarse en la habitació n de una mujer por la
ventana sin que nadie lo supiera era principalmente para cortejarla o
superar un amor prohibido. Despué s de eso, lo má s comú n serı́a
escapar, evitando la mirada ajena.
—No, Su Gracia. Aunque ciertamente hay bardos y poetas que cantan
sobre amores fugaces, esas son en su mayorı́a historias de imaginació n.
La gente comú n no tiene la audacia para tales aventuras, por eso esas
canciones de amor se vuelven populares.
Aunque discute para sı́, el Duque no puede oı́rlo. La conversació n luye
inesperadamente, convirtié ndose en un torrente vertiginoso, lo que
di iculta cada vez má s seguirle el ritmo.
Pensé que era un hombre hermoso. Ası́ que debiste olvidarlo y lo
trajiste hasta aquı́.
Rensley parpadeó en silencio.
Claro, Rensley Maelrosen es guapo. Excepcional en artes marciales,
canta bien y baila de forma tan impresionante que recibe sutiles
muestras de afecto de las mujeres cada vez que aparece en la calle. Está
acostumbrado a pasar la noche bebiendo y bailando, y solo regresa a
casa al amanecer. Pero si lo categorizamos solo por su apariencia, por
mucho que se juzgue a sı́ mismo, parece imposible superar al hombre
que tenemos delante. Incluso si la verdadera Ivet Elbanes trajera a su
amante aquı́ en secreto, ver a su futuro esposo podrı́a hacerle cambiar
de opinió n al instante.
Bueno, incluso siendo hombre, podrı́a sentirse empequeñ ecido ante la
atmó sfera ú nica del señ or. ¿Pero no les darı́a una impresió n diferente a
las mujeres? Solo a juzgar por el rostro...
Pero, como sabes, este matrimonio es un matrimonio concertado por el
emperador. Fingir semejante escape podrı́a generar rumores y ser
difı́cil de manejar despué s. Serı́a mejor crear un pretexto adecuado y
reunirnos en el castillo el dı́a señ alado. Ası́, no habrá problemas como
los de hoy. ¿No serı́a aceptable?
¿De verdad está bien? Por muy estraté gico que sea este matrimonio,
sigues siendo la esposa del duque, ¿no? De hecho, para la realeza y los
nobles, es má s natural casarse y establecer un gobierno. Rensley se
mordió los labios. Cuando se sentı́a abrumado por la determinació n de
guardar el secreto, querı́a evitar el contacto visual y mezclar las
palabras lo má ximo posible. Pero a medida que surgı́an asuntos que
querı́a discutir, contener las palabras se volvı́a cada vez má s difı́cil.
Aunque avergonzado, Rensley no era de los que guardaban silencio.
Rensley apretó los labios, ejerciendo una presió n irme, y luego
extendió la mano. Sin dudarlo, trazó lentamente una lı́nea en la palma
del Duque, donde sus manos se unı́an.
<Su Gracia, ¿puede dejarme ir?>
La mirada del Duque pareció perder fuerza. Sin embargo, en lugar de
negarse rotundamente, preguntó como si objetara.
“¿Tienes que ir, incluso si tú y ese hombre podrı́an estar en peligro?”
No era el momento de discernir si el juicio del Duque era romá ntico,
inquietante o racional. Para Rensley, era una oportunidad que no podı́a
desaprovechar.
¿Qué debı́a hacer? El actual Duque, incluso si se tratara de una
escapada romá ntica con una amante, no parecı́a que fuera a morir
congelado cruzando una tierra helada solo con su cuerpo. Si hubiera
tenido la intenció n de guardarle rencor y ahuyentarlo desnudo, no
habrı́a propuesto un encuentro secreto.
Si se marchaba, ¿adó nde irı́a? No podı́a regresar a Cornia, ası́ que tal vez
podrı́a emprender un viaje, sintié ndose como un poeta. Quizá s un señ or
o un rey buscara mercenarios. En algú n rincó n de este vasto continente,
podrı́a haber un lugar donde sacri icarse y encontrar un lugar donde
morir. Abandonando su estatus, cambiando su nombre...
Mientras miraba al vacı́o, Rensley de repente llegó a una conclusió n.
“…Contrariamente a lo que he oı́do, ¿es Gezell Jivendad una persona
muy razonable?”
En el mundo circulaban rumores sobre un monstruo obsesionado con
la investigació n de la magia negra, una criatura que evitaba a la gente,
un salvaje mezclado con sangre demonı́aca, pero el duque que Rensley
conoció al llegar a Aldrant se mantuvo siempre tranquilo y mucho má s
racional de lo habitual. Incluso viendo la propuesta que hizo ahora,
parecı́a que sı́.
Aunque la extrañ a apariencia que encontró por la noche lo inquietó ,
aun ası́, su actitud fue corté s. La reputació n entre los residentes era
buena, y la gente expresaba abiertamente su cariñ o por la patria y la
capital.
En ese caso, tal vez…
Tal vez incluso si descubriera la verdad, el Duque no impondrı́a ningú n
castigo.
Tal vez podrı́a realmente… vivir como Rensley Maelrosen, un residente
del Castillo Aldrant.
“Princesa, respó ndeme.”
Extendió la mano y Rensley colocó los dedos sobre su palma. Los dedos,
que habı́an permanecido inmó viles hasta entonces, inalmente se
movieron lentamente para escribir, con má s claridad y nitidez que
nunca.
<¿Su Gracia todavı́a tiene la intenció n de celebrar una ceremonia de
boda con alguien como yo?>
El Duque miró a Rensley. Sus ojos dorados, como la sombra de una
pesadilla, no mostraban ni una sola ondulació n, como si fueran gemas
hundidas en aguas profundas. Sorprendentemente, su serenidad y su
silencio fueron calmando poco a poco incluso a Rensley.
—No me importa. Lo entiendo, pero este matrimonio es un
procedimiento convencional y estraté gico ordenado por el Emperador.
“…”
“Si nos casamos, cumpliré con mis deberes como esposo y eso es todo”.
…Le gustaban los mercados nocturnos y los festivales. Emborracharse
con vino de frutas dulce o cerveza fuerte, pasear por las cá lidas calles, y
al encontrarse con caras conocidas, se apoyaba en el hombro. Cuando
se reunı́a con gente, el lugar que solı́a visitar era el garito callejero que
se alzaba irmemente los dı́as de mercado. Aunque sabı́a que los
jugadores manipulaban los dados, Rensley solı́a sentarse a la mesa.
Rensley tambié n tenı́a sus trucos para el juego.
Sin embargo, incluso en las travesuras juguetonas, hay un lı́mite. Al
igual que con el engañ o y la pé rdida o la ganancia, hubo momentos en
que cayó en las mismas trampas. Si perdı́a la apuesta y bebı́a, sus
amigos se burlaban de é l, diciendo: "¿Por qué apostaste en una estafa
tan simple?". El respondı́a: "Solo se sabe realmente el resultado cuando
se intenta".
Drrrr, drrrr. El sonido de los dados rodando dentro del cubilete ahora se
escucha en sus oı́dos.
Atrapado en su incomprendida compasió n, abandonar este paı́s
discretamente como Ivet Elbanes podrı́a ser la opció n má s segura y
có moda. Sin embargo, su inherente tacañ erı́a no pudo evitarlo.
<No me iré .>
Rensley movió los dedos para agregar má s a la oració n.
<Te diré la verdad, por favor perdó name.>
En lugar de una respuesta, el Duque le dirigió una mirada interrogativa.
Rensley decidió interpretar su silencio como aprobació n.
Sabiendo que habı́a cometido un acto irreversible, Rensley retrasó su
ú ltima vacilació n. Como cuando la mano se resbala al principio de una
apuesta, es un mal presagio. Rensley no supo captar bien el velo esta
vez.
"Suspiro…"
Exhaló profundamente para calmarse. Fuera o no tan largo de lo
esperado, el Duque, que habı́a estado observando a Rensley, extendió
repentinamente la mano. Su mano se acercó al rostro de Rensley, tal
como lo hizo en el só tano hacı́a un rato.
Sobresaltado, Rensley casi retrocedió , pero se contuvo. La mano, que
hasta entonces habı́a sido como una pizarra ija, rozó ligeramente la
zona alrededor de su rostro.
Los largos dedos parecieron rozarle la mejilla y el ló bulo de la oreja.
Quizá s fue una ilusió n causada por el miedo y la agudeza de sus
sentidos.
El Duque bajó lentamente el velo. Al bajar la larga capucha, se reveló el
cabello rubio que ocultaba. Cuando Rensley vivı́a en Cornier, siempre
llevaba el pelo corto, pero durante el viaje a Oldenrand, le habı́a crecido
bastante.
Al levantarse el velo y la cubierta facial, se reveló la seda carmesı́
oscura, de rá pido deslizamiento y color similar al de la diadema. Los
botones del velo, unidos a la cubierta facial, se desabrocharon con un
suave toque. La seda carmesı́ oscura se deslizó por la piel con tanta
rapidez que parecı́a ingrá vida.
Con las miradas ijas, el paso del tiempo y el aire parecieron congelarse,
dejando la habitació n en silencio. Solo podı́an contemplar sus siluetas
re lejadas en sus ojos, incapaces de hablar ni de hacer nada má s.
j j p
Sintieron como si una cera invisible los hubiera cubierto,
congelá ndolos. Fue como si el mundo se hubiera detenido. Un
malentendido provocó el accidente.
El primero en moverse en el mundo helado fue Rensley. Desesperado,
saltó de la cama y cayó al suelo. Aunque no se conocı́an desde hacı́a
mucho tiempo, los ojos del Duque, que no habı́an mostrado
luctuaciones emocionales, se abrieron ligeramente de sorpresa esta
vez.
"…Tú …"
Una irme recomendació n que sonó como una orden interrumpió las
palabras de Rensley. Cerró la boca y dudó , luego levantó la cabeza.
El Duque permaneció sentado en su silla, repitiendo su gesto. Aunque la
sorpresa hubiera disminuido, su voz permaneció serena, sin ninguna
alteració n aparente.
Ponte de pie y habla despacio. No hay necesidad de apresurarse si
tienes oı́dos dispuestos a escuchar.
Rensley se levantó , juntando las manos. Aun ası́, su mirada estaba ija
en el suelo. Esta vez, comenzó a hablar con cautela.
El tono irme y autoritario, casi una orden, interrumpió las palabras de
Rensley. Cerró la boca y dudó antes de levantar la cabeza.
El Duque reiteró su declaració n sin abandonar la silla. Cualquier
sorpresa que pudiera haberle acompañ ado pareció disiparse, pues su
voz se mantuvo irme, sin luctuaciones perceptibles.
Ponte de pie y habla despacio. No hay necesidad de apresurarse; estoy
dispuesto a escucharte.
Rensley se levantó , juntó las manos al frente y esta vez, con cautela,
abrió la boca, con la mirada aú n ija en el suelo.
“Juro por mi honor que no hay ni una pizca de falsedad en lo que voy a
decir”.
Hubo una expresió n fugaz que pareció cuestionar el valor de cuatro
honores, pero el Duque hizo un ligero gesto como instá ndolo a
continuar.
El nombre que mencioné antes es mi verdadero nombre. Soy Rensley
Maelrosen, e Ivet Elbanes es mi medio hermana.
“…¿Está s diciendo que tambié n eres de sangre real?”
El rey Cornia tiene diez hijos, y entre ellos, dos son ilegı́timos. Uno se
llama Ivet y el otro soy yo, Rensley.
La primera reina del actual rey Kornia tuvo dos hijos, pero se vio
envuelta en los pecados de la familia y falleció . La segunda reina, tras
dar a luz a tres, fue destronada. La tercera reina, que ascendió al cargo
o icial tras destronar a la segunda reina, dio a luz al actual prı́ncipe
heredero y enfermó . La cuarta, la actual reina, ha tenido cinco hijos,
incluyendo gemelos. Tres de los hijos del rey murieron a temprana
edad.
Ivet Elbanes y Rensley Maelrosen nacieron de diferentes mujeres
comunes, y cada una de ellas a irmaba que su hijo era de sangre real.
Solo tras someterse a un ritual para con irmar su linaje real fueron
reconocidos como hijos.
La familia real de Cornia valora a las princesas. Mientras algunos reyes
se dedican a engendrar un prı́ncipe para heredar el trono, Cornia tiene
una situació n diferente. La escasez de prı́ncipes puede desestabilizar la
sucesió n, pero el exceso tambié n supone un problema. Por otro lado, las
princesas… mientras se resuelva el problema de la sucesió n, tener un
gran nú mero no es un problema, como bien sabe el duque Jivendad.
Las princesas, sin ser obstá culos en las luchas sucesorias, servı́an como
matrimonios estraté gicos para fortalecer la posició n del reino o se
convertı́an en sı́mbolos de alianzas. Esta era la importancia de una
princesa en diversas familias reales. Si bien existı́an paı́ses donde
personas de cualquier gé nero podı́an ascender al trono, Cornia no era
uno de ellos, sobre todo por su notable conservadurismo.
El rey de Kornia tenı́a tres hijas. Una de ellas ya mantenı́a un delicado
noviazgo con la conocida familia real Millayber, famosa por su comercio
de seda. A pesar del nú mero signi icativamente menor de hijas en
comparació n con los hijos, la exigencia de enviar a una princesa, que se
convertirı́a en la esposa del lejano duque norteñ o de Aldrant sin
ninguna interacció n previa, naturalmente inquietó al rey.
Sin embargo, cualquier rey en una posició n similar se mostrarı́a reacio
a enviar a su hija a una lejana tierra del norte. Decidiendo que negarse
solo complicarı́a las cosas, el rey Cornia aceptó a regañ adientes la
propuesta del emperador, y fue ló gico que la hija ilegı́tima, Ivet, fuera
elegida.
Ivet aceptó la decisió n del rey. Es un añ o menor que yo y ha sido muy
cercana a mı́. Aunque es miembro de la familia real por ser hija, ha
pasado por muchas di icultades hasta ahora. En aquellos tiempos, nos
apoyamos y con iamos mutuamente. Ivet solı́a hablar de su deseo de
irse de Cornia, y aunque me dolı́a el corazó n, al ser mi ú nica hermana
cercana, la bendecı́ muchas veces.
“…….”
Sin embargo, dos dı́as antes de la partida, Ivet desapareció . Pensé que
habı́a aceptado la propuesta de matrimonio, pero no fue ası́. Solo dejó
una carta que decı́a: «Familia real de Elbanes, ¿creı́an que aceptarı́a
discretamente?».
En realidad decı́a: “Ustedes, los bastardos de Elbanes, son má s bajos
que los ratones”, pero Ransley habı́a perfeccionado la redacció n.
Cuando escuchó en secreto la historia de la huida de Ivet, Rensley
acababa de regresar de jugar a las cartas en la taberna. Al enterarse de
la noticia, se rió a carcajadas. No pudo haber sido má s satisfactorio.
Aunque Ivet cantaba a menudo sobre su deseo de irse de Cornia, su
repentina transformació n en una hija obediente que cumplı́a la orden
del despreciado rey era tan extrañ a como ver a un extrañ o. ¿Pero era
todo solo una actuació n para este momento? No hace mucho, Rensley
habrı́a querido regresar a la taberna para celebrar el desafortunado
destino que se anticipaba para Ivet.
Sin embargo, la situació n dio un giro inesperado. Quienes maldecı́a Ivet
eran, por supuesto, el rey y sus secuaces. Ivet debió pensar que, si
desaparecı́a, expresarı́a su arrepentimiento al emperador o enviarı́a a
una de las princesas restantes a las tierras del norte.
¿Có mo podrı́a alguien predecir que el rey enfurecido, con su hijo
restante disfrazado de hija, lo enviarı́a al norte? Ni Rensley ni Ivet, ni
siquiera el clero de la iglesia, pudieron prever tal resultado. El mundo
se re iere a quienes cometen actos inimaginables como locos, incluso si
parecen normales.
“En ese caso…”
El duque, aparentemente desconcertado despué s de escuchar toda la
historia, golpeó suavemente el apoyabrazos con sus dedos.
¿Por qué no te fuiste? Incluso si te vigilaban en Cornia, durante el largo
viaje, deberı́as haber tenido oportunidades de evadir a los agentes. A
juzgar por tus acciones aquı́.
Si Ivet hubiera sabido que las cosas acabarı́an ası́, no se habrı́a
escondido. A mı́ me pasa lo mismo. Hay mucha gente en Cornia que me
importa. ¿Qué ganarı́a escapando sola, sabiendo que si la noticia de mi
escape les llega antes de llegar sana y salva a Aldrant, sufrirı́an las
consecuencias por mı́?
Una vez que llegues a Aldrant, en lo que respecta al Rey de Cornia,
habrá cumplido la propuesta. El Emperador no exigirı́a otra novia de
Cornia, ni siquiera para una segunda candidata.
El rey habı́a cometido este acto ú nicamente por aborrecimiento ante la
inexistente responsabilidad colectiva y por la ira hacia la doncella que
se le resistı́a. Aunque Rensley se sentı́a incó modo siendo el chivo
expiatorio solo por ser ambos hijos ilegı́timos, desconocı́a el plan de
escape de Ivet. Naturalmente, se sentı́a avergonzado. Mientras Rensley,
con una expresió n sombrı́a renovada, mantenı́a la cabeza gacha, el
duque planteó una nueva pregunta.
Aunque Cornia no pretendiera perjudicar a la Corona, me ha insultado.
Si protesto o icialmente e informo al Emperador sobre este asunto,
¿qué crees que harı́a el Rey de Cornia?
En Cornia, a irmaban que, por orden del Emperador, habı́an enviado a
una princesa. Dirı́an que todo fue obra mı́a.
Las comisuras de los labios de Rensley se levantaron ligeramente.
Un humilde sirviente, resentido, miró con desdé n la propuesta de
matrimonio de la familia real y cometió tal acto. O quizá s, un hombre
siempre descon iado conspiró para perjudicar a mi hermana,
aprovechá ndose de la situació n. Puedes inventar cualquier excusa, y la
gente creerá la má s conveniente. Ivet ya se fue y no puede testi icar, y
yo no soy má s que basura prescindible, incluso si muero.
Hubo silencio entre ambos por un momento. Rensley respiró hondo y
se arrodilló ante el Duque una vez má s.
Su Gracia, ciertamente no vine aquı́ con tales intenciones. Aunque sea
en broma, como hombre, no deseo codiciar la posició n de esposo del
Duque. Si tiene la amabilidad de perdonarme la vida, deseo vivir como
Rensley Maelrosen, un plebeyo de Aldrant. Por favor, diga solo que huı́
de Cornia; ası́ no lo cuestionará n má s.
“…”
Puede que sea de origen humilde, pero a pesar de ser medio hijo de un
rey, vivı́ en mi tierra natal como una cucaracha de la familia real. Aun
ası́, soy há bil en artes marciales y literarias, competente en equitació n,
há bil en la cocina, há bil en la crı́a de animales y bastante competente en
carpinterı́a. Si me acepta, le brindaré mi mayor lealtad en cualquier
asunto.
“Elegir vivir como si estuviera muerto o no existiera, al parecer”.
Rensley no refutó , y el Duque permaneció pensativo. Tras un breve
suspiro, volvió a hablar, rompiendo el silencio relativamente breve.
Para mı́, el matrimonio nunca ha sido un asunto urgente. No he tenido
ningú n interé s, ası́ que he pospuesto constantemente la bú squeda de
pareja. Sin embargo, si hubiera sabido que la situació n se complicarı́a
tanto, quizá me habrı́a ido mejor buscando a la persona adecuada y
buscando la aprobació n antes de que el Emperador diera la orden.
«De hecho, si ese fuera el caso, Ivet y yo no habrı́amos pasado por
esto…», pensó Rensley, pero se abstuvo de expresarlo.
Si se corre la voz de que la princesa enviada desde Cornia ha huido, es
probable que el Emperador envı́e a otra princesa de otro reino para
restaurar la autoridad. Bueno, puede que esa persona tampoco esté
ansiosa por venir. No quiero añ adir má s vı́ctimas innecesariamente.
"…Entonces…"
Ademá s, dejando de lado a la princesa desaparecida, no puedo
garantizar lo que hará el Emperador. Incluso si investigamos
discretamente y dejamos de lado a la princesa desaparecida en Kornia,
esta ceremonia matrimonial se celebró bajo la autoridad del
Emperador. En cualquier caso, engañ ar al Emperador se convierte en
una transgresió n tanto para ti como para tu hermana.
La explicació n fue tranquila y precisa. Incapaz de encontrar un
contraargumento, Rensley bajó la mirada.
Aunque el Rey de Cornia e Ivet habı́an violado cada uno la mitad de la
orden del Emperador, si este asunto resurgiera, Rensley e Ivet
acabarı́an cargando con las acusaciones. A menos que se elevaran por
los aires o desaparecieran bajo tierra, si iniciaban una cacerı́a o icial,
era casi seguro que Evette serı́a capturada.
Puede que el Emperador no le dé mucha importancia a un asunto
matrimonial, pero nunca se sabe. A veces, gestionar con grandeza
pequeñ as transgresiones puede demostrar autoridad ante todos.
Sin nada má s que decir, Rensley guardó silencio, y el Duque tampoco
habló . Los guardias y las criadas parecı́an haberse retirado; no se oı́a ni
un solo sonido en el dormitorio. Mientras Rensley, absorto en sus
pensamientos, observaba distraı́damente el estampado de la alfombra,
una voz grave llegó a sus oı́dos.
“Hace varios cientos de añ os, Aldrant tenı́a un duquesa varó n”.
—Entonces, habı́a un duquesa varó n... Espera, ¿qué dijiste?
“Ademá s, se decı́a que era una especie diferente”.
"¿Qué ?"
Su frente se arrugó involuntariamente. Suavizando rá pidamente su
expresió n, la mente de Rensley se enredó aú n má s.
¿Qué es esto de repente? ¿El Duque tambié n está loco?
Dicen que la locura extrema puede hacer que una persona parezca
tranquila. ¿Era el Duque tambié n uno de esos locos, como se
rumoreaba? Mientras la sospecha se apoderaba de los pensamientos de
Rensley, el Duque, aparentemente indiferente al caos que habı́a
causado, continuó su explicació n.
El caso de un duquesa parece iné dito, pero no del todo inaudito.
Aunque parezca ser el primero y el ú ltimo.
“…”
Sin embargo, incluso en aquel entonces, los registros matrimoniales
incluı́an el nombre de otra noble. Ası́ que su nombre quedó registrado
o icialmente, pero aú n persisten en varios lugares pruebas de la
existencia de un duque de otra especie. Aunque ya no existen, se dice
que en el pasado tambié n habitaron este continente seres distintos de
los humanos. Supongo que estos matrimonios se formaron por
acuerdos con ellos.
Rensley puso los ojos en blanco. Si no aguantaba con todas sus fuerzas,
sentı́a que su cuerpo se convulsionarı́a. Las yemas de sus dedos,
recogidos con gran cortesı́a, temblaban levemente.
Aunque adivinaba lo que el Duque intentaba decir, quiso negarlo.
Esperó a que el Duque diera una conclusió n clara, pero el momento
llegó sin piedad.
Planeo celebrar un banquete de bodas con la novia de Cornia. Tambié n
tengo la intenció n de enviar una carta a la familia real de Cornia
informando de que hemos recibido a la persona que enviaron sin
contratiempos. Solo he recibido a la novia de Cornia como duquesa, tal
como ordenó el Emperador.
“…”
De esta manera, parece que no habrá di icultades ni castigos para nadie
involucrado en esta situació n. ¿Qué opina al respecto, Lord Rensley?
“Pero si ese es el caso…”
Las palabras de Rensley se le quedaron atascadas en la garganta y tragó
saliva.
¿Sucesor, entonces? ¿No necesitas una duquesa que te dé el heredero?
Ademá s... aunque lo pasemos por alto ahora, ¿qué pasarı́a si la
Emperatriz u otros descubrieran mi verdadera identidad má s adelante?
Para presentar formalmente al Duque y la Duquesa al Emperador, se
necesitará al menos hasta el invierno. No hay necesidad de preocuparse
ya. ¿No me pediste que te salvara la vida?
El duque miró a Rensley con una mirada que exigı́a una respuesta.
…Su manejo de la situació n no fue perfecto, pero fue el má s apropiado
bajo las circunstancias actuales, especialmente en té rminos de
minimizar las responsabilidades del Duque y Aldrant.
El Emperador querı́a elegir a una «princesa» de Cornia y enviarla a
Aldrant, pero el Rey de Cornia se opuso a la mitad de la propuesta. A
pesar de ser un sirviente, envió a su «prı́ncipe», Rensley, al norte.
Sin embargo, Gezell Jivendad solo aceptarı́a a la «novia de Cornia» por
orden del Emperador. Aunque la gente cuestionara o ridiculizara su
decisió n posteriormente, si la justi icaba diciendo que la llegada de un
hombre tambié n era voluntad del Emperador, nadie debatirı́a
abiertamente si su declaració n era correcta o incorrecta. Ademá s, dado
que el pú blico consideraba al Duque una igura extrañ a, incluso si hacı́a
algo inexplicable, habı́a margen para la comprensió n.
En este matrimonio retorcido, solo Gezell Jivendad estaba libre de
culpa. Pero si el duque alegaba que la novia habı́a huido, a partir de ese
momento, tambié n se convertirı́a en có mplice.
¿Eso fue todo? Por muy poca interacció n con otros reinos, la mera
existencia de Rensley le dio a Cornia la oportunidad de cuestionar a
Aldrant en el futuro. ¿Por qué el duque Gezell renunciarı́a a una ventaja
estraté gica por cualquier motivo?
Cuando aú n sentı́a compasió n por la desafortunada prometida, podrı́a
haberlo persuadido para que lo ayudara a escapar por amor. Sin
embargo, la oportunidad ya se le habı́a escapado. No habı́a razó n para
que el duque mostrara piedad hacia Rensley Maelrosen, una falsa
princesa y otro hombre.
“Rensley Maelrosen,”
No habı́a otra opció n. Rensley colocó su mano derecha sobre su pecho
izquierdo e inclinó la cabeza.
De niñ o, querı́a convertirme en un esplé ndido caballero de mayor. No
como sirviente en la corte del rey de Cornia, sino para servir a un señ or
al que admirara. Un señ or capaz de convertir en caballero a un sirviente
de la familia real con poca educació n era extremadamente raro. El
sueñ o de convertirme en un guerrero puro, el tipo que idolatraba en mi
juventud, se habı́a esfumado desde que la realidad se impuso.
Finalmente, pensé que al menos podrı́a imitar algo similar. Pero pensar
que tendrı́a que hacerlo con la ropa de dormir puesta a toda prisa. A
pesar de eso, Rensley decidió irmemente:
Seguiré ielmente la decisió n del Duque. Por favor, dı́game qué debo
hacer.
No tienes nada especial que hacer. Simplemente celebra la ceremonia
nupcial como la Duquesa segú n el plan establecido.
“…Entonces, ¿planeas dejarle saber a la gente que soy un hombre?”
El Duque desvió ligeramente la mirada hacia un lado, pensó muy
brevemente y lo resumió concisamente:
Pié nsalo un momento. Al in y al cabo, hasta la ceremonia, no podrá s
mostrarte ni hablar con nadie.
Aunque pudiera parecer indecente, habı́a caı́do al nivel de encargarse
de las tareas de una prometida a la que le habı́a prometido compasió n y
amabilidad. Aun ası́, aceptó en silencio que su estatus hubiera caı́do a
tal nivel.
Sin embargo, habı́a evitado la pena capital. ¿Fue esto un é xito o un
fracaso? Mientras re lexionaba sobre la apuesta de su vida, el Duque se
puso de pie.
"¿Necesitas algo?"
"¿Qué ?"
Dada la situació n, es mejor limitar el contacto con la gente hasta que se
decida el rumbo. Si necesitas algo, avı́same. Me encargaré .
Rensley no pudo responder de inmediato y se sonrojó un poco.
—Eh, desde ayer no he comido nada desde que salı́ de la ú ltima posada.
Me gustarı́a comer.
Al inal, tenı́a que sobrevivir, ası́ que no podı́a permitirse morir de
hambre. Le preocupaba parecer desvergonzado en una situació n tan
grave, pero el Duque simplemente asintió .
“Espera un momento.”
Se levantó , ajustá ndose la capa. Sin mirar atrá s ni una sola vez mientras
Rensley lo observaba, salió de la habitació n. Solo despué s de que la
puerta del dormitorio se cerró por completo, Rensley dejó escapar un
profundo suspiro y se dejó caer en la cama. Varios pensamientos
inundaron su mente, pero negó con la cabeza vigorosamente,
intentando desecharlos.
“Seamos agradecidos por haber evitado la ejecució n, al menos”.
Si el rey de Cornia habı́a cambiado de reina varias veces, no habı́a razó n
para que el duque Gezell, quien habı́a evitado la pena capital, no hiciera
lo mismo. Su propio destino fue un matrimonio simulado para
disimular la situació n. Podı́a contemplar su futuro despué s de sortear la
crisis.
El duque probablemente no tenı́a la intenció n sincera de pasar toda la
vida con un duque. Rensley pensó que aú n no era tarde para
reconsiderar su postura tras presentar un matrimonio simulado para
embaucar la situació n.
Cap. 1.4 - Tierra fría
Mientras Rensley yacı́a en la cama, se dio vueltas, recordando los olores
de la cocina: el aroma de la carne asá ndose, el chisporroteo del aceite y
la fragancia picante de los condimentos. La idea de que podrı́a saciar su
hambre trajo un rayo de consuelo a su mente inquieta.
—Lo traeré yo mismo. Retrocede.
La voz esperada resonó desde el otro lado de la puerta. Rensley, como si
despertara de un ensueñ o, se levantó rá pidamente, juntó las manos
corté smente e inclinó la cabeza al ver entrar al Duque.
"¿Has venido?"
“No hay necesidad de formalidad siempre”.
Aunque no eran meras palabras vacı́as, considerando la posició n de
Rensley como duquesa, el duque no tenı́a motivos para comportarse
como un auté ntico lord comprometido a pasar su vida con é l. Con una
sonrisa torpe, Rensley se acercó a é l.
“No te preocupes, yo me encargo.”
“Por favor, tome asiento.”
El Duque pasó junto a Rensley y colocó una bandeja sobre la mesa. En la
gran bandeja habı́a muslos de ganso asados, pan, queso y una sopa roja
cuyos ingredientes se desconocı́an. El dulce aroma emanaba de las
tazas de té colocadas al lado. Al ver la tentadora presentació n, un
sentimiento de arrepentimiento se intensi icó mientras la saliva se
acumulaba involuntariamente en la boca de Rensley. En lugar de té con
miel en esta bandeja, una copa de alcohol habrı́a sido lo ú nico que se
habrı́a deseado. Sin embargo, no era el momento de revelar sus
preferencias.
“Gracias, Su Gracia.”
Con un asentimiento y una mirada llena de sinceridad, el Duque
respondió . Rensley se sentó a preparar su comida, dividido entre el
deseo de devorar la pata de ganso entera y mantener el decoro que se
esperaba en su situació n actual.
Mientras levantaba el cuchillo y el tenedor, el apetito que habı́a surgido
fue disminuyendo poco a poco.
—Si le parece bien, Su Gracia, ¿podrı́a ocuparse de otros asuntos
mientras ceno?
Apoyado en la pared opuesta, Rensley quiso preguntarle al Duque,
quien lo observaba ijamente, pero se contuvo y siguió actuando con
indiferencia. El primer plato que captó su atenció n fue, por supuesto, la
carne de ganso asada y crujiente. El ganso bien cocinado desprendı́a
una fragancia ú nica, que denotaba condimentos má s allá de la sal.
Rensley apreciaba las especias, especialmente en los platos de carne,
donde la combinació n adecuada podı́a realzar el sabor.
Habı́a pasado casi un dı́a desde que habı́a comido como era debido. Al
cortar la gruesa y tierna carne con el tenedor, una gota de aceite goteó
de la crujiente piel al levantar un trozo. Abriendo la boca, se comió el
primer bocado.
"¡Mmm!"
Los ojos de Rensley se abrieron de par en par al primer bocado. Incluso
con los labios cerrados, se le escapó una exclamació n involuntaria.
Sorprendido, Rensley se encontró mirando al Duque sin darse cuenta.
“¿Es de tu agrado?”
En respuesta a su pregunta, Rensley sonrió torpemente, asintió
vigorosamente y masticó y tragó la carne con diligencia. Tomó un sorbo
del té que habı́a cerca y ajustó su cuchillo y tenedor.
Curioso por lo que probarı́a a continuació n, Rensley miró el plato con
ojos ansiosos. Sin embargo, bajo la anticipació n, una sutil sorpresa lo
recorrı́a la mente.
No tiene buen sabor…
¿Có mo era posible? Tenı́a un sabor asquerosamente soso. Si hubiera
tenido tanta hambre antes, ya habrı́a descubierto sus huesos. ¿Acaso su
lengua le estaba fallando temporalmente debido al nerviosismo?
Dejó el cuchillo y el tenedor y probó la sopa con cautela.
Sorprendentemente, tenı́a un sabor casi idé ntico al de la carne de
ganso.
Reprimiendo el temblor en las manos y alrededor de los ojos, Rensley
logró controlarse. Esforzá ndose por mantener la compostura, probó el
pan y el queso uno por uno. Por suerte, sabı́an bien. Sintiendo un
profundo alivio, agradeció sinceramente al Duque.
Está realmente delicioso. Gracias.
No hubo respuesta inmediata. Rensley sospechó brevemente que el
Duque podrı́a haber manipulado la comida para castigarlo por
engañ arse a sı́ mismo. Sin embargo, descartó rá pidamente la idea
infundada. Una persona capaz de semejante fastidio probablemente
detestaba acciones tan problemá ticas.
Al contrario, era Rensley quien querı́a preguntar: «¿Les gustan a Su
Excelencia estos platos?». Claro que los gustos de los aldrantt y los
cornianos pueden no ser del todo similares…
“Debes estar ocupado con deberes o iciales; está bien si ceno solo”.
“No te preocupes por mı́, tó mate tu tiempo”.
Incluso si no estuviera presente, alguien de la talla del Duque habrı́a
hecho comentarios despectivos sobre la comida si no tuviera sabor.
Rensley asintió con una sonrisa.
Sin embargo, tuvo que llenar su estó mago vacı́o y terminar la comida
que el Duque le habı́a traı́do personalmente. Rensley probó y analizó
cuidadosamente cada bocado.
El uso excesivo de especias abrumó cada plato. Si bien el pan y el queso
estaban bien, la carne asada y la sopa roja estaban empapadas de todo
tipo de especias. Si se usan correctamente, las especias realzan el sabor,
pero el uso excesivo lo arruina.
Re lexionando, Rensley especuló sobre por qué el cocinero del Castillo
de Aldrant preparaba tales platos. Aldrant estaba bastante lejos de la
capital imperial, ası́ como del centro de reunió n de otros reinos del
continente. Existı́a la posibilidad de que los mé todos de cocina má s
modernos no se hubieran transmitido correctamente.
Los platos con abundantes especias ya no estaban de moda, sobre todo
desde que Rensley tenı́a unos veinte añ os. Aunque ocasionalmente
habı́a chefs que presentaban tales platos, incluso cuando Rensley tenı́a
unos quince añ os, los chefs de la nobleza de la é poca se abstenı́an de
prepararlos.
Incluso con condimentos caros, ¿qué sentido tenı́a que todos los
ingredientes supieran igual? En una é poca en que las especias eran muy
apreciadas, la moda entre los nobles, que querı́an ostentar su riqueza,
aú n perduraba en la remota Aldrant.
La calidad de la carne de ganso era excelente, y habrı́a estado deliciosa
solo con sal y pimienta. Incapaz de acompañ ar una comida de sabor tan
intenso con una copa de vino debido al ayuno, Rensley tenı́a
di icultades para tragar cada bocado. Sin embargo, con la ayuda de pan,
queso y té , logró terminar tanto el plato de ganso como la sopa.
Fue má s una prueba que una comida, pero inalmente llegó el inal. Con
una sensació n de logro, similar a la de quien ha logrado una gran
hazañ a, Rensley, tras dejar la cuchara, se levantó y agradeció al Duque.
Gracias por la comida, Su Gracia. Gracias a usted, sobrevivı́.
“La cultura culinaria es un aspecto que no se puede aprender só lo con
libros”.
El Duque se acercó , mirando los platos vacı́os. «Considerando lo lejos
que has llegado, me preocupaba que la comida no fuera de tu agrado.
Parece que mi preocupació n era innecesaria».
No te preocupes. Puedo comer lo que sea.
Mejor comer algo insı́pido que soportar el sabor del veneno. Aunque
a irmaba ser descendiente de la familia real, haber soportado diversos
castigos y alardear de ello, Rensley no pudo evitar reı́rse de sı́ mismo
por quejarse del sabor despué s de pasar hambre todo un dı́a.
Sumido en una breve re lexió n, Rensley se sobresaltó cuando el Duque
extendió la mano, aparentemente para retirar la mesa. Sorprendido,
agarró la muñ eca del Duque, pero rá pidamente la retiró , alarmado.
"Pido disculpas."
Hasta hace poco, era la princesa Ivet quien tenı́a permitido escribir en
la palma de su mano con los dedos.
Los ojos color calabaza que lo miraban ijamente, como los de un juez,
ensombrecieron su conciencia. Rensley evitó el contacto visual y ingió
estar ocupado recogiendo la mesa.
—Su Excelencia, por favor, dé jelo. Yo me encargo.
“¿Tienes intenció n de salir de esta habitació n con esa vestimenta?”
"Oh…"
El tintineo de los cubiertos cesó al no haber muchos platos. En lugar de
levantar la bandeja, el Duque miró a Rensley, bajó la voz y habló .
El compromiso se decidirá pronto. El sacerdote dijo que celebrarı́a la
ceremonia antes del atardecer de hoy.
Rensley no pudo decir nada y solo parpadeó . Aunque ya era una
decisió n tomada, la realidad de su inminente inminencia le di icultaba
la respiració n. No podı́a determinar qué emoció n era la má s
prominente en su rostro en ese momento.
Sus ojos, buscando re lexivamente un lugar adonde ir, se posaron en el
ventanal tras el Duque. El viento entraba por la puerta interior de
madera, abierta por los guardias que registraban la habitació n,
permitiendo ver el paisaje exterior.
Varias ventanas adornaban las paredes circundantes, junto con retratos
de nobles de Aldrant, probablemente padres o antepasados del duque.
Cerca de la cama, frente a la chimenea, Rensley notó un gran reloj
mecá nico con forma de persona, un dispositivo que ya habı́a visto
antes.
Un comerciante trajo el ú ltimo invento de la capital imperial al rey de
Cornia, a irmando que funcionaba con energı́a elé ctrica y se movı́a para
indicar la hora. El rey, muy complacido con el objeto, lo adornó con é l.
Má s tarde, compró otro para exhibirlo en la iglesia central de la Plaza
Celestina para el uso de la plebe.
Sin embargo, habı́a poca gente en Cornia que supiera leer la hora con
una varilla metá lica que giraba sobre un disco redondo. El propio
Rensley no lo habı́a aprendido. No obstante, podı́a sentir que las tardes
de Aldrant eran má s rá pidas que las de Cornia, incluso sin mirar el reloj.
Poco despué s de terminar de almorzar, el cielo tras el Duque ya se
preparaba para el atardecer. El cielo, que habı́a estado mayormente
nublado durante el dı́a, se despejó inesperadamente al atardecer,
haciendo que el sol pareciera grande y rojo.
Entre los paisajes de Aldrant, pintados mayormente en tonos blanco y
negro, el repentino cielo carmesı́ parecı́a inquietante y melancó lico en
lugar de hermoso. Se veı́an bandadas de grandes pá jaros negros
volando, alejá ndose en la distancia.
Rensley contuvo la respiració n, observando el rojo que se intensi icaba.
Lentamente, volvió a mirar al Duque. Su rostro, recortado contra el sol
poniente, se oscureció ligeramente debido a la luz de fondo.
El silencio se alargó demasiado. Cuando Rensley bajó la mirada, el
Duque inalmente habló .
"¿Está s bien?"
Aunque no lo fuera, no podı́a hacer nada; de hecho, desconocı́a su
propio estado. Rensley forzó la voz para responder.
Estoy bien. Mi decisió n sigue siendo la misma, ası́ que no te preocupes.
El sol se está poniendo. Si regreso a mis deberes, la ceremonia podrı́a
estar ya decidida.
—Sı́. Esperaré aquı́ tranquilamente.
Independientemente de si el mensaje de que ya no escaparı́a por la
ventana se habı́a transmitido correctamente o no, el Duque, cuyo
corpulento cuerpo se habı́a inclinado ligeramente hacia Rensley, se
enderezó . Sujetando la bandeja con una mano, la levantó sin esfuerzo y,
una vez má s, sin volverse, salió del dormitorio.
Como si hubiera estado conteniendo la respiració n, Rensley dejó
escapar un pequeñ o suspiro y se quedó allı́, mirando hacia afuera
confundido antes de moverse inalmente.
Al anochecer, la temperatura bajó rá pidamente. Rensley se puso la
gruesa capa de piel que colgaba junto a la cama y se sentó en la có moda
silla junto a la chimenea. Pensá ndolo bien, cuando llevó el almuerzo al
só tano del Duque, lo encontró sentado frente a la chimenea, leyendo un
pergamino de la misma manera.
Contemplando las llamas rugientes, Rensley, cautivado, observó el reloj
a su lado. Aunque nadie sabı́a leerlo, la ina varilla metá lica, inamente
elaborada, mantenı́a su velocidad en silencio, girando sobre el disco.
En la cocina, donde se preparaba comida de hace veinte añ os, y en el
dormitorio, se encontraba un invento moderno de la capital imperial.
Aldrant era un paı́s tan peculiar como su gobernante. Y Rensley
Maelrosen, por mucho que durara, se vio en el implacable destino de
convertirse, por el momento, en la extrañ a esposa del extrañ o Duque.
Se deslizó de la silla, casi tumbado, como si se hundiera en ella. La fecha
del compromiso se comunicó solo despué s de que el cielo oscureciera
por completo. En lugar de acudir en persona, el duque envió a alguien a
dar la noticia. Rensley solo permitió que le abrieran la puerta despué s
de cubrirse el rostro con un velo. Era Lady Samlet, la secretaria
principal.
En la carta, escrita con pulcritud y elegante caligrafı́a, habı́a una breve
frase junto con la petició n de no revelar nada: «Pase lo que pase, no lo
reveles bajo ninguna circunstancia». La breve frase anunciaba que la
boda se habı́a ijado para tres dı́as despué s, cuando el cielo se
oscureciera por completo.
Cap. 2.1 - Ceremonia de boda
Rensley abrió los ojos una mañ ana temprana, cuando el sol aú n no
habı́a salido. En el norte, el sol sale má s tarde y se pone má s temprano
que en Cornia, y la gente empieza a moverse en la oscuridad.
Desacostumbrado a las mañ anas de invierno, a Rensley le llevó unos
dı́as acostumbrarse a salir de la cá lida manta calentada por la
temperatura corporal.
La persona que acomodaba la ropa tranquilamente a su lado lo saludó
con una sonrisa: "¿Dormiste bien, Rensley?"
"Sı́…"
Reprimiendo un bostezo que le salió sin tensió n y secá ndose
ligeramente las lá grimas que se habı́an acumulado, saludó : «Señ ora
Samlet, gracias por su arduo trabajo desde temprano en la mañ ana».
Podrı́as haber dormido un poco má s. Debı́ de hacer mucho ruido.
—No, no pasa nada. Tengo que levantarme de todas formas.
El vestido que Lady Samlet estaba arreglando era lujoso. El terciopelo
azul oscuro y los adornos de seda blanca armonizaban con elegancia, y
las mangas abullonadas y las partes exteriores estaban adornadas con
joyas y perlas, lo que lo convertı́a a simple vista en un vestido digno de
una dama noble. El vestido de novia de la futura duquesa de Aldrant se
colocó entre ambos.
Rensley, ve a bañ arte. Lo he preparado para que puedas hacerlo en el
dormitorio.
Lo siento. Es molesto.
—Ni lo menciones. Luego saldré un momento, ası́ que llá mame cuando
termines.
La Sra. Samlet sonrió amablemente y cedió el paso. Originalmente, ella
misma habrı́a bañ ado el cuerpo de la princesa, lo habrı́a restregado a
fondo y lo habrı́a perfumado. Ya fuera porque estaba ayudando a
preparar la presentació n de un hombre de un paı́s extranjero con
sangre menos noble como futura duquesa, incluso la sonriente dama
estaba sin duda asombrada.
Con un ligero sentimiento de culpa, Rensley, cargando con esa emoció n,
se hundió en la pequeñ a y profunda bañ era de madera del bañ o. Fue
muy agradable bañ arse nada má s despertarse. El agua caliente, el
aroma a hierbas que emanaba, el aire cá lido y hú medo, y las pequeñ as
llamas que titilaban junto a é l, salpicando chispas al quemar leñ a. Sobre
todo en momentos como ese, ante un suceso preocupante, el bañ o
parecı́a tener el efecto de calmar los nervios que se habı́an vuelto
particularmente sensibles.
Anoche, solo oyó historias, pero Aldrant contaba con instalaciones
cercanas equipadas con un gran manantial termal, del que se extraı́a y
utilizaba agua. Se decı́a que no solo la realeza y la nobleza, sino tambié n
los residentes del castillo, podı́an usar libremente el agua caliente. Si se
tratara de un mar, un rı́o o un valle, le habrı́a resultado familiar, pero un
manantial del que brotaba agua caliente de forma natural le parecı́a un
misterio a Rensley, quien solo habı́a oı́do rumores y leı́do sobre é l.
Antes de la boda, el Duque decidió có mo abordar la situació n. Quienes
conocı́an la identidad de Rensley pronto se convertirı́an en pareja, y
ademá s, Lady Samlet, lı́der de la Orden Má gica Larcof, y el comandante
de los caballeros Anton Sorel. Excluyó a los altos funcionarios y solo
designó como subordinados a quienes necesitaban cooperació n directa.
Al principio, la gente se sintió nerviosa y apurada por las circunstancias
inesperadas. Sin embargo, tras escuchar las razones, re lexionaron y
mostraron comprensió n. Buscando compasió n, Rensley exageró
ligeramente y se lamentó de su situació n, lo que llevó a Lady Samlet a
exclamar: «¡Cuá nto debiste haber soportado en silencio todo este
tiempo!», con lá grimas en los ojos. Cuando la conoció como la princesa
Ivet, parecı́a una doncella experimentada y educada, pero,
contrariamente a la primera impresió n, resultó ser una persona con
gran capacidad emocional.
Rensley les pidió una cosa: que durante su estancia allı́, no lo trataran
como duquesa ni como noble, sino con la mayor comodidad. Aunque el
duque lo llamaba "Sir Maelrosen", tales tı́tulos y tratos le resultaban
incó modos. Incluso los asistentes de la familia real de Cornia lo
llamaban Rensley. Nunca habı́a experimentado el rol de superior,
dirigiendo gente ni teniendo subordinados. Desempeñ ar el papel de un
superior desconocido era impensable.
Hoy al mediodı́a, como estaba previsto, Gezell Jivendad celebrará una
ceremonia de boda con Ivet, la "Princesa", originaria de Cornia. Aunque
no existe ninguna ley que prohı́ba el matrimonio entre personas del
mismo sexo, es un hecho poco comú n, que solo existe como precedente
histó rico. Considerando el futuro, era opinió n comú n que no era
necesario revelar la verdadera identidad de Rensley desde el principio.
La princesa Ivet Elbanes, de nacimiento dé bil, se volvió frá gil debido a
un largo viaje y al frı́o, y rara vez se levantaba de la cama. Por lo tanto,
despué s de la ceremonia nupcial, pre irió quedarse en la habitació n del
duque y no revelarse a nadie. Al reunirse los conspiradores, todos
coincidieron en que no era necesario revelar la verdadera identidad de
Rensley, considerando la situació n que requerı́a examinar el futuro.
Como estaba previsto, cuando Rensley llegó por primera vez a este
castillo, se cubrirı́a el rostro con un velo y usarı́a un vestido. Sin
embargo, esta vez, no serı́a el atuendo de Cornia, sino el vestido de
novia de Aldrant.
Rensley se sumergió la cara en agua hasta la frente y sopló burbujas.
Puff, conteniendo la respiració n un momento, al sacar la cara, abrió
mucho los ojos y su cuerpo se calentó por completo.
Quizá s debido a la ansiedad por el futuro, su corazó n se enfriaba.
Necesitaba recomponerse. Rensley, quien le calentó el cuerpo y la
mente a la fuerza con agua caliente, le secó la piel, se puso una bata y
luego tiró del cordó n junto a la cama.
Autor de novelas originales y traductor de novelas coreanas (⑅˘͈ ᵕ ˘͈ )
Sié ntete libre de compartir tus pensamientos en los comentarios, ya sea
que se relacionen con mis proyectos de traducció n o mis obras
originales; tus comentarios son muy apreciados y brindan un aliento
reconfortante (⁄ ⁄•⁄ω⁄•⁄ ⁄)
Cap. 2.2 - Ceremonia de boda
—¡Caramba! —Lady Samlet habı́a estado expresando su admiració n sin
cesar. El solo hecho de que Rensley tuviera que sentarse en silencio en
la silla era una tortura para é l, y le picaba el coxis cada vez que ella
exclamaba de alegrı́a. Sin embargo, la admiració n de Samlet no
consideraba la situació n de Rensley.
Es una lá stima que solo yo pueda ver esta aparició n. Originalmente, el
maquillaje y la vestimenta de la Duquesa para su boda requerı́an un
equipo de al menos diez doncellas.
—Ası́ es. Lamento ser una carga para ti solo...
No me re iero a eso. Habrı́a sido genial que mucha gente lo hubiera
visto.
Samlet se lamentó , rozando los labios de Rensley con un pincel ino,
luego retrocedió y volvió a suspirar. Dentro del vestido, los dedos de los
pies de Rensley se crisparon.
—¡Qué hermoso, Rensley! ¡Ay, có mo... si no fueras hombre!
Perdó n por ser hombre. En muchos sentidos…
—Oh, no te culpes ası́. Todos debemos amarnos. No es tu culpa haber
nacido hombre. Vié ndolo ası́, ¡pareces encajar mejor con la novia de
nuestro Duque que cualquier princesa!
—Qué cosa má s terrible. —Rensley se estremeció .
Siguiendo las instrucciones de Lady, la sensació n de un pincel
recorriendo repetidamente sus ojos cerrados continuó incluso despué s
de que pensó que la tarea estaba hecha.
Abre los ojos un poco. Solo un poquito. Eso es todo.
Cada vez que el pincel rozaba sus ojos abiertos, no podı́a evitar un
sudor frı́o. Aunque Rensley habı́a recibido varias amenazas con
cuchillos, al menos en ese momento podı́a moverse con libertad. Ahora,
le habı́an ordenado que no se moviera ni abriera los ojos mientras el
pincel, que amenazaba con clavá rselos, continuaba con el meticuloso
trabajo.
¡Argh! ¡Me duele!
—¡Anda ya! Un hombre adulto gritando ası́. Ten paciencia. Tenemos que
pintarlo con mucho cuidado para que quede bonito.
A la Dama no le importó el dolor de Rensley. Su tono se volvió un tanto
brusco.
Como usará s velo, tu rostro no se verá bien. Hagá moslo con rudeza.
“En la ceremonia nupcial de la Duquesa no existe tal cosa como 'tosco'”.
“Señ ora, si realmente me considera la duquesa, ¿no deberı́a escuchar lo
que le digo?”
—¡Ay, Dios! Pero Rensley pidió que lo trataran con comodidad primero.
No habı́a nada que decir. Rensley cerró la boca, esperando a que la
preparació n terminara rá pidamente. Incluso despué s, Lady Samlet
repitió su admiració n y se maquilló sin parar.
Tras terminar el bañ o y desayunar algo sencillo y sin sabor, la sesió n de
maquillaje comenzó de nuevo tras limpiarse la cara y los dientes. A este
ritmo, la ceremonia nupcial comenzarı́a sin un momento para
recuperar el aliento.
Finalmente, Lady Samlet, con la expresió n orgullosa de un artista al
culminar una obra maestra, terminó el maquillaje, y Rensley, con su
ayuda, se puso el vestido de novia. Tras anudarlo meticulosamente, la
dama peinó cuidadosamente a Rensley y lo condujo hasta un rincó n de
la pared.
Mira, Rensley. Incluso tú debes admitir que es realmente hermoso.
Casi terminados los preparativos de la boda, Rensley, re lejado en el
largo espejo de cristal entre las ventanas, parpadeó y se enfrentó a su
propio re lejo. Su cabello dorado, meticulosamente peinado, sus ojos,
que parecı́an aú n má s violetas gracias a la iluminació n, y el hermoso
vestido, que armonizaba el azul intenso con el blanco puro, adornado
con joyas que realzaban su resplandor. Aunque partes como los
hombros y la clavı́cula, difı́ciles de ocultar para una mujer, estaban
cubiertas por la ropa.
Ciertamente, era atractivo. Incluso si un desconocido lo evaluara, no
dudarı́a en llamarlo una belleza digna de admiració n. Sin embargo, por
muy bien vestido que estuviera, a los ojos de Rensley, consciente del
contenido que representaba un hombre ingiendo ser mujer, parecı́a
simplemente ridı́culo.
Al pensar que Gezell Jivendad, el duque, lo verı́a de la misma manera,
una renovada sensació n de vergü enza le quemaba los oı́dos. Podrı́a
haber cien razones má s, pero la principal para celebrar esta ceremonia
nupcial se resumı́a en una sola palabra: vivir.
En comparació n con Ivet, quien huyó valientemente, tras haber
enfrentado las traiciones de miembros de la familia real a lo largo de su
vida, intentando engañ ar a la gente hacié ndose pasar por mujer y
arrebatá ndose la vida. Los elogios sobre su belleza no eran má s que una
broma.
"¿Listos?" Larcof, el lı́der de la Orden Má gica, entró en la habitació n
antes de ponerse el velo. El anciano, con los ojos entrecerrados tras sus
gafas, rió entre dientes.
Me cuesta reconocerte. Ası́ vestida, haces la pareja perfecta con nuestro
Duque.
¿No es realmente bonito? Deberı́amos dejar un retrato como la mayor
belleza en la historia de las duquesas de Aldrant.
No hubo contraargumento a las bromas de Lady Samlet y Larcof. Con
un suspiro, Larcof se acercó a Rensley, quien estaba descansando.
Ahora, por favor, bebe esta poció n. Te ayudará a conservar la voz
incluso despué s de la ceremonia. Aunque el efecto desaparezca, no te
preocupes, aú n queda poció n.
En su mano llevaba una botella con lı́quidos verdes y azules que se
mezclaban lentamente. Rensley no pudo evitar una expresió n de duda y
pidió con irmació n.
“¿Realmente volveré a mi voz original?”
—Sı́. Esto es magia muy bá sica. Adelante, bé betelo todo de golpe.
Era la primera vez que probaba una poció n má gica. Al abrir la tapa, el
olor que subı́a era amargo. Rensley cerró los ojos con fuerza. Arrugó la
frente, se humedeció la garganta como le habı́an indicado y se la bebió
toda de un trago. Era amargo, agrio, y un sabor difı́cil de describir, que
le hacı́a cosquillas en la garganta. Pronto sintió un hormigueo y calor en
el interior de la garganta. Sabores que habı́a experimentado cuando, de
niñ o, tragó accidentalmente unas raı́ces desconocidas, que le hincharon
y le picaron la garganta durante unos dı́as. Se sentı́a exactamente igual.
“Me pica la garganta… Ah.”
¡Qué é xito! Quien te escuche no sospechará que eres hombre.
Larcof asintió satisfecho. La sensació n era extrañ a, a diferencia de
cuando vio su apariencia despué s de maquillarse y vestirse. Tras beber
la poció n, Lady Samlet y Larcof bromearon má s.
Una vez que Rensley se vio en el espejo despué s de vestirse, se tocó
instintivamente el cuello con la mano. La nuez de Adá n, que habı́a
sobresalido, no habı́a desaparecido, sino que se habı́a asentado
perfectamente en su lugar.
No hay mucho que decir durante la ceremonia nupcial. El sacerdote
tomará el juramento, hará algunas preguntas y solo tendrá n que
responder que sı́. Despué s de la ceremonia, saludará n a los invitados y
residentes.
—Sı́ —respondió por re lejo, pero entonces Rensley se selló los labios
bruscamente. La voz brillante y perlada le resultó desconocida. Larcof
soltó una carcajada.
Bien. Lo está s haciendo bien. En Aldrant no les gusta alargar las bodas.
No hay mucha diferencia con la realeza o la nobleza. Una vez terminada
la ceremonia, los recié n casados no tienen que quedarse en sus
asientos. Son libres de moverse hasta mañ ana por la mañ ana.
¿No tienen que quedarse en sus asientos? ¿No son los recié n casados
los an itriones de la recepció n? Rensley no lo dijo en voz alta, pero su
confusió n debió ser evidente porque Larcof respondió .
“Los recié n casados necesitan enviar la cá mara nupcial”.
"¡¿Qué ?!"
Jeje, ¿qué te sorprende? ¿Los recié n casados no celebran la ceremonia
de la cá mara nupcial? Sobre todo en una boda real, el ritual de la
cá mara nupcial es crucial. Los asistentes preparará n el dormitorio con
antelació n, ası́ que despué s de los saludos, puedes subir cuando
quieras.
—Este tipo está diciendo tonterı́as. —Rensley lo miró sorprendido,
pero Lady Samlet permaneció indiferente.
No te sorprendas, Rensley. Por muy bien vestido que vayas, claro que
tienes que mostrarle a la gente que vas a celebrar la ceremonia de la
cá mara nupcial. Signi ica ir juntos al dormitorio, no celebrar la
ceremonia en persona. En Aldrant no es costumbre que la gente
observe la cá mara nupcial, ası́ que no tienes de qué preocuparte.
Aunque he oı́do que en algunos lugares sı́ existen esas costumbres.
En el paı́s donde trabajaba, existı́an tales costumbres. Los recié n
casados nobles debı́an demostrar su consumació n ante testigos de cada
familia.
—Ah, qué vergü enza. Pase lo que pase, ¿có mo puedes pasar la noche
delante de los demá s?
«Esta gente... Parece que se está n burlando de mı́». En lugar de
responder audiblemente a sus comentarios, Rensley frunció el ceñ o y
puso los ojos en blanco. Con clara intenció n de burlarse, Larcof volvió a
reı́rse.
Bueno, terminemos. Primero tengo que salir a saludar al Duque Gezell.
Lady Samlet trajo un velo de novia largo y extendido y una capa
ceremonial. A diferencia del velo que cubrı́a casi todo el rostro como
cuentas, este era semitransparente y vaporoso. La capa azul oscuro
lucı́a la insignia de la familia real Aldrant, similar a la que usaba el
duque.
“Por favor, inclina un poco la cabeza.”
Pronto, un suave color blanco lechoso se extendió como una niebla
sobre su vista. Tambié n pudo sentir la pesada corona ornamental en su
cabeza.
Fue un alivio ocultar su verdadero yo. Respirando hondo, Rensley sintió
que Lady Samlet le estrechaba la mano.
¿Có mo está , Rensley? ¿Puedes ver el frente sin problema?
"Sı́."
La voz levantada sonó incó moda y Lady Samlet asintió mientras
sostenı́a su mano.
Vá monos. El duque Gezell nos espera.
Aunque no bloqueaba por completo la vista, era un poco incó modo
tener algo que la obstruyera. Lady Samlet llamó a otras criadas.
Despué s de que varias se acercaran y levantaran la capa y el dobladillo
del vestido, Rensley por in pudo caminar con normalidad.
Bajando la escalera de caracol paso a paso, inalmente llegaron al saló n
central, que ya estaba abarrotado de gente.
La sala, má s iluminada de lo habitual, bullı́a de gente. Entre la multitud,
un hombre con una capa negra no necesitó ser buscado; se destacó sin
esfuerzo.
En Aldrant, parecı́a que los gobernantes vestı́an de negro para las
ceremonias nupciales. Aunque lucı́an elegantes adornos en la ropa y
alrededor de los hombros, la capa negra y el bordado de plata en el
centro eran acordes con el atuendo habitual. El cabello, que le cubrı́a la
frente, parecı́a cuidadosamente peinado hacia atrá s con algú n tipo de
aceite perfumado, lo que le daba un aspecto má s aristocrá tico de lo
habitual. A pesar de la inminente emoció n de la boda, conversaba con
quienes lo rodeaban, con expresió n indiferente.
Aunque no hubo anuncio de la llegada de la novia, en cuanto Rensley
entró solo, la atenció n de la multitud se centró en é l. La mirada del
Duque se dirigió naturalmente a Rensley. Desde detrá s del velo, Rensley
lo observó caminar entre la multitud.
Extendió la mano. Al contemplar la mano que se extendı́a hacia é l,
Rensley pensó en la pintura con los dedos que ya no harı́a. El duque fue
bastante amable con la princesa Ivet cuando llegaron al castillo.
No habı́a ningú n cambio notable en é l, quien solı́a ser tranquilo, pero la
sutil calidez que habı́a mostrado al enfrentarse a su prometida ya no
era visible. No era particularmente angustioso, pero por alguna razó n,
se sentı́a un poco solo, quizá s debido a la situació n de venir de una
tierra lejana.
“Mano, Princesa Ivet.”
Ante estas palabras, Rensley recobró el sentido rá pidamente y colocó
su mano sobre la del Duque. A pesar de su expresió n frı́a, la mano del
Duque estaba cá lida.
"Por aquı́."
El Duque ayudó a Rensley a caminar y movió los pies. Los lentos
movimientos de la futura pareja atrajeron la atenció n de los
espectadores. El coro, de pie contra una pared, comenzó a cantar una
melodı́a lenta. La gente observaba atentamente los movimientos de los
futuros esposos mientras se acercaban al centro del saló n, donde un
sacerdote con atuendo ceremonial estaba listo con un altar.
Gezell Jivendad y Rensley Maelrosen avanzaron uno al lado del otro, con
las manos entrelazadas. El sacerdote levantó una vara de metal y golpeó
suavemente una copa de metal colocada sobre el altar, produciendo un
sonido resonante. ¡Ding! Una vibració n resonante se extendió por toda
la sala.
El Duque, apretando la mano de Rensley con má s fuerza, bajó el cuerpo
mientras tiraba de é l hacia abajo. Rensley hizo lo mismo y se sentó
frente al altar.
La ceremonia de la boda habı́a comenzado.
Antes de que el sonido resonante se apagara por completo, el sacerdote
golpeó la copa unas cuantas veces má s. Curiosamente, el eco, similar a
una campana, calmó gradualmente el corazó n inquieto de Rensley.
Como si leyera los pensamientos internos de Rensley, el sacerdote
inalmente habló .
Gezell Jivendad, guardiá n de Aldrant. Quien gobierna la Selva Negra y el
Rı́o Plateado, sujeto al deber de la ley sagrada. ¿Está s de acuerdo con la
unió n de almas que tendrá lugar hoy?
"Sı́."
El Duque respondió en silencio, inclinando la cabeza. Absorto en el
ritual desconocido de una tierra extranjera, Rensley, mirando de reojo
al sacerdote vestido de forma diferente a los sacerdotes corneos, bajó
rá pidamente la vista.
Ivet Elbanes, compañ era de las Montañ as Heladas y la Tierra Firme,
camina junto al guardiá n por el camino de la protecció n. ¿Está s de
acuerdo con la unió n de almas que tendrá lugar hoy?
—Sı́, lo creo. —Rensley recuperó la voz al pronunciar la frase y
parpadeó asombrado. Al parpadear, sintió una mirada ija en é l.
—Mi voz suena divertida, ¿verdad? —Rindió Rensley con una risita
juguetona tras el velo. La mirada del Duque se posó brevemente en é l
antes de apartar la mirada.
Siguiendo las instrucciones de Larcof, se hicieron algunas preguntas
ceremoniales má s. Preguntas sobre el juramento de decir solo la
verdad, la promesa de dedicació n a Aldrant hasta su muerte en cuerpo
y alma, y otras preguntas mundanas.
Fue divertido, empezando por la pregunta de decir solo la verdad; tenı́a
que mentir. Sin embargo, Rensley respondió con un simple «Sı́».
Entonces, las sacerdotisas se acercaron en procesió n, cantando
oraciones en un idioma desconocido, como si recitaran conjuros. Fue un
momento que deberı́a haber sido tenso, pero el aburrimiento de tener
que escuchar oraciones que no entendı́a casi lo hizo dormitar.
“Ivet Elbanes, levá ntate de tu asiento.”
—¡Sı́! —Rensley se levantó de golpe, sintié ndose como si lo regañ aran
por distraerse, como si lo reprendieran en clase. Un silencio inusual se
apoderó del pú blico.
Ivet Elbanes, quien debı́a permanecer con inado en su dormitorio
debido a su fragilidad inherente, cometió tal error. Rensley se
recompuso rá pidamente, bajando la cabeza. El sacerdote continuó
como si no percibiera nada inusual.
“Si eres verdaderamente inocente y hasta ahora solo has dicho la
verdad, deberı́as ser capaz de soportar el juicio”.
¿Juicio? ¿De qué hablaba? Desconcertado, Rensley miró a las cuatro
sacerdotisas, que se acercaron con un gran jarró n con patas. Aunque se
suponı́a que debı́a estar tenso en esta situació n, el aburrimiento de
tener que escuchar oraciones que no entendı́a lo hizo parpadear y casi
se quedó dormido.
“Ivet Elbanes, sumerge tus manos en la llama pura y demuestra tu
verdad”.
—¿Qué ? ¿En qué se supone que debo sumergirme? —Rensley sonrió
torpemente tras el velo. El duque Jivendad, aparentemente impasible,
siguió escuchando lo que decı́a el sacerdote.
“Ivet Elbanes, acé rcate a la llama sagrada”.
“¡Sı́!” Rensley respondió rá pidamente y caminó hacia el frasco grande.
El sacerdote recitó un hechizo, dibujó sı́mbolos en el aire y, de repente,
una llama amarilla brotó del brasero, previamente vacı́o. A pesar de
llevar velo, Rensley cerró los ojos ante la luz cegadora que emanaba de
la llama ardiente.
No habı́a humo, pero sin duda era fuego. Al abrir los ojos, escuchó las
palabras del sacerdote, con la mirada alternando entre las llamas
rugientes y el sacerdote.
g y
“Ivet Elbanes, sumerge tus manos en el fuego sagrado y deja que dé
testimonio de tu verdad”.
¿En qué se supone que debo sumergirme?, se preguntó Rensley,
alternando entre el fuego ardiente y el sacerdote. El perfecto
desconocido, el duque Jivendad, seguı́a sentado tranquilamente frente
al altar, aparentemente imperturbable, con el rostro como si estuviera
mirando a otra persona.
Tenı́a la boca seca. ¿Habrı́a sido todo una trampa? Desde la propuesta
de matrimonio hasta la atenció n que recibió de Lady Samlet y Lord
Larcof esta mañ ana. En realidad, ¿planeaban ejecutar a un pecador, y la
gente allı́ reunida ansiaba verlo arder en las llamas?
No habı́a espectá culo tan popular como una ejecució n pú blica en un
lugar pú blico. En Cornia, en los dı́as de ejecuciones pú blicas, sobre todo
las que implicaban fuego, la gente terminaba sus quehaceres diarios
por la mañ ana para llegar a tiempo al espectá culo.
En particular, el cruel Prı́ncipe Heredero disfrutaba manipulando a los
condenados, dá ndoles esperanza como si los perdonara, solo para
inalmente dictarles sentencia de muerte. La risa escalofriante de aquel
hombre, que resonaba de alegrı́a en el momento de la muerte, mientras
los prisioneros caı́an en la desesperació n y la traició n, parecı́a resurgir
en los oı́dos de Rensley.
“Ivet Elbanes, somé tete rá pidamente a la prueba de la llama pura”.
Incluso si, por casualidad, se produjera un incendio misterioso que
pudiera probar la verdad, Rensley, quien habı́a proferido mentiras sin
parar, no podrı́a proporcionar tal "prueba". Pronto, el fuego se
transferirı́a a su ropa y cuerpo, convirtiendo este lugar en un alegre
festı́n de ejecuciones.
Mientras Rensley permanecı́a rı́gido, la multitud comenzó a murmurar
con fuerza. Finalmente, el Duque se levantó de su asiento. Se acercó a
Rensley por detrá s, bajó la cabeza y susurró .
“Pon tus manos en el fuego.”
—Pero está ardiendo, ¿no?
Rensley le susurró , reprendié ndolo levemente. A estas alturas, ni
siquiera se podı́a con iar ciegamente en el Duque. Sus ú ltimas palabras
transmitı́an una leve duda.
¿No te informaron de antemano sobre los procedimientos de la
ceremonia? Larcof te pidió que me informaras.
Deberı́a haberse hecho. Bastarı́a con unas cuantas preguntas sencillas
donde un "sı́" bastarı́a. En lugar de perder el tiempo con cuentos
innecesarios, podrı́an haber avisado sobre un asunto tan importante
como el aterrador ritual de quemarse las manos.
Con un leve suspiro, el Duque agarró las muñ ecas de Rensley. El
sacerdote pareció un poco desconcertado, pero decidió no intervenir,
observando sus acciones. Como nadie le habı́a pedido que lo soltara,
Rensley gritó desesperado.
"Su Gracia."
“Prometiste hacer lo mejor que pudieras”.
Las orejas de Rensley se enrojecieron levemente. Aunque llevaba ropa
de dormir y este momento le recordaba la vergonzosa ocasió n en que
imitó a un caballero hacı́a unos dı́as, se arrepintió de haber hecho un
intento tan inú til.
Sus ló bulos, cá lidos y tan cerca que sus labios secos casi los rozaban, se
acercaron. Rensley, el ú nico que podı́a oı́r, sintió el susurro apenas
audible penetrar profundamente en su interior.
“Señ or Maelrosen, no traiciono a quienes confı́an en mı́”.
Rensley miró tras el velo los silenciosos ojos color calabaza. "¿Qué
hago?". El breve horror que habı́a tentado a Rensley desapareció como
el polvo. El Gran Duque Jivendad fue quien le aconsejó esconderse en el
castillo si tenı́a que huir, indicá ndole que se reuniera en secreto en la
seguridad del castillo si tenı́a una amante.
Aunque el té rmino "traició n" podrı́a ser una exageració n, si alguien los
habı́a engañ ado a é l y al duque, sin duda era de su lado. Quien se
disfrazó de princesa, durmió en el dormitorio preparado para la
prometida, se escabulló a escondidas y evitó ser descubierto mintiendo
sobre su condició n de cortesano durante una crisis no era otro que é l.
Quizá s el té rmino “traició n” era excesivo, pero al menos en lo que
respecta a la promesa hecha al Duque, habı́a que decir la verdad.
Rensley asintió . Signi icaba que estaba listo, pero el Duque no lo soltó .
Inmó vil, permaneció detrá s de Rensley, bajando lentamente las manos.
Las manos de ambos, envueltas en el fuego abrasador, abrazaron
simultá neamente las llamas. Reprimiendo el impulso de gemir, Rensley
se mordió el labio.
Despué s de un tiempo, el sacerdote se aclaró la garganta y volvió a
golpear la copa de metal vacı́a como si fuera una campana.
“Ivet Elbanes, tu veracidad ha quedado demostrada”.
Rensley, que habı́a estado contemplando las llamas falsas que no ardı́an
ni con calor ni con frı́o, sintió que todo su cuerpo se desplomaba.
Resistió el impulso de maldecirse a sı́ mismo, asustado.
Fue una ilusió n perfecta, un engañ o má gico sin pruebas ni credibilidad.
Padre, he estado mintiendo todo este tiempo.
“Ahora, vuestras almas imperfectas se convertirá n en una, unidas entre
sı́”.
El sacerdote recitó un nuevo conjuro. Las llamas del horno
disminuyeron gradualmente, transformá ndose en una ú nica vara
dorada, delgada y larga.
Como una semilla de diente de leó n, lotó suavemente por el aire,
acercá ndose a Rensley y al Duque, entrelazando sus muñ ecas como un
brazalete. En un instante, se desvaneció como si se iltrara en su piel.
“Esto tambié n es só lo una ilusió n má gica”.
Rensley examinó frı́amente su muñ eca.
Al concluir la magia, la ceremonia nupcial se acercaba a su in. Las
palabras de Larcof sobre que Aldrant no tenı́a ceremonias nupciales
largas eran totalmente ciertas.
El sacerdote desplegó el documento de votos matrimoniales. Era el
momento de que los novios dejaran su huella, demostrando la e icacia
de este matrimonio. Con una pluma emplumada y tinta negra, el duque
Jivendad irmó con elegancia.
<Gezell Jivendad>
Fue el turno de Rensley. Recibió el bolı́grafo e imitó de memoria la letra
de Ivet.
<Ivet Monte Elbanes>
Incluso el falso voto matrimonial, con el añ adido de papel elegante y un
sello, parecı́a convincente. El sacerdote cerró el grueso libro que
contenı́a los votos matrimoniales de la familia real y anunció con
severidad.
“¡Abran las puertas!”
Los porteros abrieron las puertas del castillo principal y el coro
comenzó a cantar. Al abrirse las puertas, la multitud pudo ver a los
guardias y a la gente congregada afuera.
Con una mú sica ahora un poco má s alegre que antes, el Duque y la
Duquesa se dirigieron a la puerta del castillo. A diferencia de los nobles
invitados, que habı́an observado la ceremonia con calma desde el saló n,
los residentes má s allá de los muros del castillo estaban extasiados.
Vı́tores, aplausos y sonidos metá licos acompañ aron la actuació n de la
orquesta, que daba la bienvenida al duque y la duquesa, recié n casados.
Las voces del pú blico se fundieron en un solo rugido, pero algunas
palabras llegaron a oı́dos de Rensley.
“¡Oh, la duquesa es realmente una belleza!”
Incluso con el velo, se percibe su belleza. ¡Por in, Aldrant tiene una
duquesa!
Deslumbrante. Es como la legendaria diosa Adriel.
Seleccionando mujeres y mimá ndolas desde la mañ ana, lavá ndolas,
peiná ndolas, maquillá ndolas, vistié ndolas con vestidos caros,
adorná ndolas con joyas y cubrié ndolas con velos, Rensley estaba
seguro de que lucirı́an mucho má s hermosas que é l.
“¿Subimos?”
Absorto en la observació n de la gente, Rensley no captó las palabras del
Duque de inmediato y mantuvo la mirada ija al frente. El interrogatorio
se produjo tras una breve pausa.
"¿Mmm?"
No hace falta que sigamos celebrando. ¡Subamos!
"Oh…"
Aunque no pudo unirse al baile allı́ abajo, Rensley aú n querı́a observar
un poco má s. Sin embargo, no estaba en condiciones de complacerse
con sus deseos personales, y la expresió n del Duque mostraba
claramente su falta de interé s en las festividades en curso.
Rensley se alisó el vestido a regañ adientes mientras miraba hacia atrá s,
captando las miradas ocupadas de aquellos que estaban lidiando con
sus bebidas y disfrutando de la mú sica.
En ese momento, el Duque se acercó y abrazó repentinamente la
espalda de Rensley. Antes de que pudiera preguntar qué sucedı́a, el
Duque se agachó con gracia y levantó rá pidamente el cuerpo de
Rensley. La multitud estalló en una mezcla de risas y aplausos.
Rensley se puso rı́gido. Las luces brillantes de la decoració n de la iesta
le perforaron los ojos, y el techo giratorio lo mareó . Sudando gotas frı́as
en la frente y la espalda, se dio cuenta de que nunca habı́a estado en
una posició n en la que alguien lo levantara.
“Esto es parte de la ceremonia de la boda”.
—Ah, sı́. Ya veo…
Despué s de todo, en la mayorı́a de las ceremonias nupciales, el inal
consistı́a en que el novio alzara a la novia y la llevara a su habitació n.
Era algo comú n, nada fuera de lo comú n.
Rensley intentó alejar las preguntas ansiosas que invadı́an su mente,
pero no fue fá cil.
—Seguro, seguro, seguro que no tiene intenció n de... realizar el ritual
esta noche, ¿verdad? Aunque ahora llevo un vestido y hablo con voz de
mujer, si me quito una capa, verá que soy un hombre con las mismas
partes que é l, ¿verdad?
No corrı́an rumores de que el duque Gezell disfrutara de tales
peculiaridades. Aun ası́, tras haber disipado cualquier rumor creı́ble
sobre é l hasta el momento, resultaba aterrador no saber qué podrı́a
surgir a continuació n. Aterrorizado por una respuesta dura del
habitualmente impasible duque, Rensley no se atrevió a hablar.
El Duque pareció percibir la inquietud de Rensley, pero quizá
indiferente a ella, se alejó a grandes zancadas, dejando tras de sı́ un
torrente de bendiciones y elogios. Faltaba la respuesta del Duque a la
avalancha de bendiciones, y con paso majestuoso, salió del saló n de
banquetes. Varios asistentes los siguieron.
El dormitorio del Duque se encontraba en el ú ltimo piso del castillo
principal. Subiendo por una escalera de caracol, inalmente llegaron al
dormitorio del Duque, donde unos asistentes, unos pasos má s adelante,
abrieron la enorme puerta.
El interior era similar al dormitorio de la duquesa, pero todo parecı́a
má s grande, desde las dimensiones de la habitació n hasta las ventanas,
la cama, la chimenea y muebles como sillones. Un gran estandarte con
la insignia real adornaba la pared.
Aunque parecı́a có modo, emanaba una presencia digna. Rensley,
ansioso, deseó que el Duque lo soltara. Sin embargo, el Duque continuó
sujetá ndolo y dio ó rdenes a los asistentes sin reconocer la inquietud de
Rensley.
—Vá yanse todos. Que nadie diga una palabra hasta que yo los llame.
“Sı́, entendido.”
La puerta se cerró con un sonido apagado y la presencia de los demá s
desapareció por completo. Caminando con paso irme, el Duque llegó a
la cama y bajó con cuidado a Rensley. La sensació n de hundirse en el
aire sin control era extrañ a. Rensley emitió un sonido parecido a tragar
saliva al hundirse en el suave colchó n.
Sin dudarlo, la mano del Duque se extendió hacia la cabeza de Rensley.
La corona de oro que la habı́a envuelto durante toda la ceremonia
nupcial fue retirada, y el velo, que ocultaba parcialmente su rostro,
tambié n fue levantado.
En la visió n má s nı́tida de Rensley, los rasgos distintivos del hombre
que ahora se habı́a convertido en su esposo se hicieron evidentes.
Rensley se sorprendió emitiendo un sonido involuntario al ser
observado por el hombre con el que acababa de casarse.
“Su Gracia…”
Ah, su voz habı́a vuelto.
Rensley se tocó la garganta. Habı́a recuperado la voz en cuanto salieron
del saló n de banquetes. ¿Acaso Larcof era tan calculador como para
considerar siquiera el momento de abandonar el saló n de banquetes?
El duque, que se habı́a inclinado para quitarle el velo a Rensley, ahora
levantó la parte superior de su cuerpo.
“Vuelvo al laboratorio.”
¿El laboratorio? ¿Te re ieres al só tano?
¿Incluso ahora, estaba planeando ir al laboratorio en lugar del saló n de
banquetes?
Sorprendido por la inesperada declaració n, Rensley lo miró confundido.
Sin embargo, el Duque respondió con el mismo tono de siempre.
Tengo una investigació n en curso. Quiero recuperar el tiempo perdido
por la ceremonia de la boda. Como esta noche es nuestra primera noche
juntos, Maelrosen, descansa aquı́.
"¿Qué pasa con Su Gracia?"
Iré al laboratorio. Tambié n hay una cama allı́. Si pre ieres dormir sola,
quizá te resulte má s có modo. Todo lo que necesites, ya sea ropa, comida
o lo que sea, puede ser entregado a travé s del Santuario Sambit. Otros
no tendrá n acceso; descansa sin preocupaciones.
Dicho esto, el Duque comenzó a desabrocharse los adornos de los
hombros y el abrigo, dejá ndolos descuidadamente sobre la mesa. Se
echó el cabello hacia atrá s con los dedos, dejá ndolo despeinado.
A partir de mañ ana, puedes mudarte a la habitació n de la Duquesa y
quedarte allı́ hasta que se decidan los pró ximos preparativos. Será
mejor que no salgas tanto como puedas.
Con un tono y un comportamiento similares a los habituales, respondió
de una manera que desconcertó a Rensley. Sin inmutarse por la sala
bien preparada y los asistentes, el Duque continuó hablando.
"Buenas noches."
Al pisar una losa de piedra con un cı́rculo má gico dibujado, hizo un
gesto y una luz azul se encendió . Al instante siguiente, la igura del
duque Gezell desapareció del dormitorio.
Mientras miraba ijamente el lugar vacı́o donde desapareció , Rensley no
pudo evitar sentirse confundido y desconcertado.
Rensley, sentado en la cama, observaba atentamente el entorno, con la
mirada perdida en el vacı́o. Quizá s por ser el piso má s alto de la torre
principal, ni un solo sonido exterior penetraba el silencio. La enorme
habitació n se sentı́a realmente vacı́a, sin nadie má s que é l.
Las voces animadas y la emoció n del banquete, que habı́a presenciado
brevemente, ya parecı́an un sueñ o. Sintié ndose repentinamente
inquieto, se aferró a la colcha del asiento. "¿Se supone que debo
quedarme encerrado en esta habitació n de ahora en adelante?", se
preguntó .
Rensley, que llevaba dı́as de mal humor, pensando en el siguiente paso
hasta que lo decidiera, levantó la cabeza bruscamente. ¡Qué
pensamiento tan descarado! Solo habı́an pasado unos dı́as desde que
forcejeó y protestó . Hasta el siguiente paso, eso fue lo que dijo. Solo
hasta entonces...
Rensley se miró distraı́damente los dedos de los pies por un momento y
luego se levantó . Al igual que en otros lugares, habı́a una bata colgada
junto a la cama en el dormitorio del Duque.
“¡Rensley!”
Mientras tiraba del cordó n, Lady Samlet entró en el dormitorio poco
despué s. Se acercó a Rensley con una sonrisa radiante.
Te veı́as absolutamente deslumbrante hoy. Eras una duquesa perfecta.
Observá ndote desde lejos, me sentı́ muy orgullosa. ¿Tienes hambre? ¿Te
preparo algo de comer?
Sı́, tengo mucha hambre. Creo que estaba demasiado nervioso.
De todas formas, es mejor cambiarte de ropa primero. Vamos a
desmaquillarte, a darte un bañ o para quitarte el cansancio y, luego,
¿necesitas algo má s?
Rensley asintió y le sonrió como si dijera: "He estado esperando".
"¿Alcohol?"
¿Alcohol? ¿Quieres beber?
Sı́, por favor. Traigan bastante. La cerveza está bien, el vino está bien, el
ron está bien. He estado viendo a otros beber, y no puedo evitar
preguntarme a qué sabe el alcohol en Aldrant.
Lady Samlet asintió de inmediato, sonriendo cá lidamente. Mientras
desataba el vestido de Rensley, compartió algo de informació n.
¡Por supuesto! El sabor de la cerveza de Aldrant es realmente excelente.
El clima es complicado para la agricultura, pero gracias a las aguas
termales, existen zonas de gran altitud con alta temperatura
geoté rmica. Allı́, el suelo no se congela, ası́ que podemos cultivar.
Aunque tenemos que importar muchos alimentos de otros paı́ses, la
tecnologı́a cervecera es crucial, tan importante como las materias
primas. Aquı́, a la gente le encanta el alcohol, ası́ que nunca le falta la
cerveza a sus comidas. En invierno, el alcohol es el mayor placer.
“Señ ora, si no está muy ocupada, ¿le gustarı́a acompañ arme a tomar
una copa?”
¿Ahora mismo? Mmm, parece que necesito revisar el banquete en
curso. Si comes, vuelvo pronto. ¿O deberı́a enviar a Larcof?
Probablemente todavı́a esté disfrutando en el saló n de banquetes.
Rensley negó rá pidamente con la cabeza.
—No pasa nada. Ahora que lo pienso, todos deben estar ocupados. Dije
algo innecesario. Hoy deberı́a irme a dormir temprano. Ya es su iciente.
De ahora en adelante, me desnudaré .
Bien. Prepararé el bañ o y la comida. Regresaré pronto, ası́ que espera
un poco, por favor.
Rensley pensó que si fuera una duquesa de verdad, las doncellas lo
vestirı́an y desvestirı́an, pero ni siquiera las damas de compañ ı́a má s
experimentadas podı́an atender la desnudez de un hombre. Sin
embargo, era un reto para un sirviente masculino estar solo en una
habitació n que se sabı́a que estaba ocupada por la duquesa. Sin
embargo, ser un auté ntico acompañ ante de la duquesa tambié n era
impensable.
En esta situació n incó moda, sin ser hombre ni mujer, sin nada que
hacer y sin una existencia clara, ¿cuá nto má s tendrı́a que soportar? El
escalofriante recuerdo del viento frı́o de su primer paso por tierras del
norte, que le hizo llorar involuntariamente, cruzó por su mente. La
desesperació n actual era igual de abrumadora comparada con aquella
vez.
¿Cuá nto faltaba para el siguiente movimiento?, se susurró a sı́ mismo,
intentando tranquilizarse. Sin embargo, la ansiedad que antes lo
inspiraba no se disipó fá cilmente. Lady Samlet trajo una mesa llena de
alcohol y comida. Conversó brevemente y se fue, mencionando que
tenı́a algo urgente abajo.
Rensley abrió las grandes ventanas de la habitació n, se desvistió por
completo y se sumergió en la bañ era. Fue refrescante, como era de
esperar. La brisa frı́a que entraba por la ventana era insigni icante, pero
el calor del agua caliente cerca de la chimenea lo hacı́a olvidar el frı́o.
Rensley bebió cerveza dentro de la bañ era.
Quizá s porque era una regió n con abundante hielo, a diferencia de
Cornia, la cerveza de Aldrant estaba tan frı́a que sentı́a los labios
entumecidos. La cerveza, de la que Lady Samlet presumı́a, era, en
efecto, incomparable en sabor y aroma a cualquier alcohol que Rensley
hubiera probado jamá s.
Tras unos pocos sorbos, uno podı́a emborracharse. Rensley, empapado
en agua caliente, con el sudor goteando, disfrutó de la cerveza frı́a.
Estaba caliente y frı́a a la vez, frı́a y caliente. Podı́a experimentar ambas
sensaciones. Estando en un paı́s con un clima templado durante todo el
añ o, nunca habı́a sentido tanta euforia.
'Oh, tengo hambre.'
Rensley extendió la mano hacia la bandeja de plata, tomó un trozo de
queso y se lo tragó . Como precaució n, probó el plato de carne, pero no
tenı́a sabor. El queso y el pan eran lo ú nico comestible. A pesar del
delicioso sabor del alcohol, Rensley se sentı́a un poco melancó lico por
la falta de buena comida.
Se lavó las manos en la bañ era y salió , cerrando la ventana. Se puso con
naturalidad una bata suave, sin saber si era del Duque o suya, y luego se
acostó en la cama grande y mullida.
La cama se habı́a enfriado bastante al dejar la ventana abierta, lo que
hacı́a que el cuerpo, cuidadosamente calentado, sintiera frı́o.
Rá pidamente, se cubrió con la manta y la piel hasta la barbilla, y
Rensley sintió el frı́o persistente.
Cap. 3.1 - Nueva vida
La canica, cortada en una forma redonda del tamañ o aproximado del
puñ o de un adulto, encajó perfectamente en el centro del dispositivo
mecá nico. Al dirigir el mago su energı́a má gica hacia ella, el objeto de
piedra, aparentemente ordinario, comenzó a emitir una luz brillante.
Bip, bip, biiiiiiip… El ruido, parecido al de un mú sico inexperto tocando
la lauta, resonó . Entre los espectadores que observaban el proceso, se
oı́an murmullos y voces ocasionales. Aunque era difı́cil discernir lo que
se decı́a, sin duda eran voces humanas.
“¡Lo logramos!”
Alguien entre los espectadores exclamó con entusiasmo. Sin embargo,
los vı́tores duraron poco, pues las voces transmitidas por el receptor
conectado se apagaron pronto. La luz que rodeaba la canica tambié n se
apagó .
En medio de la multitud luctuante, el Gran Duque de Aldrant, Gezell
Jivendad, frunció ligeramente el ceñ o.
“Otro fracaso.”
Sin embargo, se ha logrado cierto grado de transmisió n de audio. Si
logramos corregir un poco má s la inestabilidad durante la conversió n
de energı́a má gica, el é xito es inminente.
Ante las palabras de Larcof, Gezell abrió en silencio un grueso libro que
tenı́a a su lado. Las pá ginas estaban llenas de notas y subrayados de
numerosas lecturas.
Como habı́an declarado los magos reales, la investigació n a largo plazo
podı́a ser lenta, pero arrojaba resultados prometedores de forma
constante. Aunque el resultado no siempre cumplió las expectativas, la
inversió n habı́a generado su icientes bene icios.
Recientemente, los magos reales se habı́an dedicado a investigar una
magia de comunicació n que pudiera reducir el tiempo transcurrido
entre Roudken y la mina de Tyrgavem. Si bien la mina era sin duda uno
de los recursos má s importantes de Aldrant, estaba alejada de la ciudad
y ubicada en las montañ as, lo que di icultaba recibir informació n
inmediata en caso de accidentes o invasiones repentinas de monstruos.
A lo largo de la historia, los gobernantes de Aldrant habı́an re lexionado
sobre el hecho de que solo podı́an abordar situaciones posteriores al
evento en la importante mina. Sin embargo, si esta investigació n tenı́a
é xito, podrı́an supervisar la situació n en la mina de Tyrgavem desde el
corazó n del Castillo de Roudken. Serı́a un avance sin precedentes en la
gestió n y supervisió n de la mina, un avance invaluable.
“Su Gracia, es hora de cenar.”
Mientras los magos discutı́an acaloradamente sobre los notables
resultados experimentales, la puerta del laboratorio subterrá neo de
investigació n se abrió y Samlet entró con varios sirvientes. Aunque la
mesa estaba puesta, como de costumbre, Gezell no la miró y continuó
leyendo en silencio.
—Dé jalo. Subiré despacio.
Sin embargo, como era habitual, Samlet no se marchó inmediatamente.
Sumido en sus pensamientos sobre los resultados del experimento,
Gezell inalmente giró la cabeza despué s de un rato, dá ndose cuenta de
que Samlet tenı́a algo má s que decir.
"¿Qué pasa?"
—Su Gracia, han pasado má s de diez dı́as desde la ceremonia nupcial.
—Bajó la voz como si susurrara.
Gezell revisó distraı́damente las fechas. ¿De verdad habı́a pasado el
tiempo tan rá pido? A menos que hubiera algo especial, habı́a estado
viviendo una rutina de ir y venir entre el laboratorio y su dormitorio sin
percatarse del paso del tiempo. Ultimamente, habı́a estado aú n má s
inmerso en su investigació n sobre la magia de transmisió n.
Pero la diferencia entre estar má s o menos ocupado era solo cuestió n
de grado. Habı́a sido la misma rutina desde que Gezell Jivendad asumió
el cargo de señ or. Sin sorpresas, habı́a vivido una vida normal. No
entendı́a por qué salı́a a relucir el tema de la boda, ası́ que siguió
hojeando las pá ginas, aparentemente sin cambios.
"¿Qué quieres decir con eso?"
—Su Gracia, usted es muy consciente del caó tico estado de cosas, pero
serı́a bueno que visitara la habitació n de la Gran Duquesa de vez en
cuando.
Larcof, que disfrutaba de salchicha y queso entre rebanadas de pan,
tambié n se acercó como si recordara algo. El tambié n bajó la voz para
que nadie lo oyera.
Ahora que lo pienso, es cierto. Desde la boda, no has hecho má s que
investigar aquı́ a diario. Despué s de la ceremonia, ni siquiera pudimos
hablar de su futuro como es debido. No estarı́a de má s visitarlo de vez
en cuando.
Gezell parpadeó lentamente y miró a los dos.
¿Eso signi ica que falta algo en la recepció n? La Gran Duquesa se
encarga de sus propios asuntos, y su habitació n deberı́a ser bastante
có moda.
“No se trata de eso…”
Como si dudara en sus pensamientos, Samlet vaciló en sus palabras y
luego enfatizó , mirando a los ojos a Gezell.
“Pasando tu tiempo como un pecador, con inado en tu dormitorio,
reunié ndote solo conmigo y unos pocos asistentes”.
Podrı́a ser aburrido. Si evita el contacto con la gente y se queda solo en
su habitació n, es mejor, pero si es necesario, al menos podrı́a ponerse el
atuendo formal y dar un paseo por el castillo.
“Aun ası́, el hecho de que solo pueda hablar conmigo con la cara
cubierta y exclusivamente en su dormitorio sigue siendo inalterable”.
Gezell la miró sin responder. Ella suspiró frustrada y luego miró el libro
que Gezell tenı́a en el regazo.
“Su Gracia, no todo el mundo se contenta con estudiar y leer libros
ú nicamente”.
Ya lo sabı́a. El otro Jivendad, enviado a la fortaleza en el extremo norte
para defender la muralla de la ciudad, habı́a dicho cosas similares.
Gezell bajó la mirada un momento, cerró el libro y se levantó . Por
alguna razó n, habı́a aceptado que necesitaba reservar tiempo para
recibir invitados y ahora, por un instante, no le resultaba difı́cil hacerlo.
Bien. Entonces, comamos en la habitació n de la Gran Duquesa.
Acompá ñ enme.
“Gracias, Su Gracia.”
Dejando atrá s a la desconcertada dama de compañ ı́a, Gezell salió del
laboratorio y subió la escalera de caracol, seguido por sus asistentes.
Entre el dormitorio, el despacho y la cá mara subterrá nea del Duque se
habı́a instalado un dispositivo mó vil para facilitar el acceso. Sin
embargo, hasta hace poco, no habı́a motivo para desplazarse entre
ellos, y el dormitorio de la Gran Duquesa no contaba con dicho
dispositivo. Por lo tanto, era necesario llegar directamente a pie.
Al subir del só tano al primer piso, Gezell inalmente notó el clima
afuera. Habiendo entrado al laboratorio temprano por la mañ ana, ya
estaba oscuro afuera. De pie, murmuró mientras miraba por la ventana.
"Está lloviendo."
“Sı́, empezó a llover hace un rato.”
En cuanto el asistente terminó de hablar, se oyó un trueno lejano. Si
bien Aldrant estaba má s acostumbrado a la nieve que a la lluvia, no era
raro que lloviera de vez en cuando. En esos momentos, los truenos
acompañ aban inevitablemente a la lluvia. El cielo comenzaba a gemir, y
pronto los relá mpagos iluminaban la noche sobre la Selva Negra y las
montañ as nevadas.
Al llegar al dormitorio de la Gran Duquesa, Gezell despidió una vez má s
a los asistentes.
No te acerques hasta que te llame. Cuando la comida esté lista, llama a
la puerta desde afuera.
"Comprendido."
Crujido. La pesada puerta se abrió . Gezell entró en la habitació n
silenciosamente.
El dormitorio de la Gran Duquesa lucı́a casi igual que cuando conoció al
dueñ o. Ardı́a leñ a en la chimenea y las velas iluminaban la habitació n
con una intensidad moderada. Las cortinas que cubrı́an los postes de la
cama estaban bien cerradas, sellando la habitació n en silencio.
… Rensley Maelrosen parecı́a estar dormido. Aunque aú n era temprano
para una buena noche de sueñ o, para alguien sin nada especı́ ico que
hacer, ya fuera una siesta tardı́a o acostarse temprano, no era inusual.
Gezell dudó , de pie en un lugar. A pesar de su visita inesperada, basada
en la menció n de una ceremonia nupcial formal, si Rensley Maelrosen
estaba durmiendo, no querı́a despertarlo. Re lexionando, visitarlo sin
previo aviso lo habı́a convertido en un invitado indeseable.
“Este es un comportamiento que va contra la cortesı́a”.
Gezell se giró silenciosamente hacia la puerta. La pró xima vez, serı́a
mejor anunciar y luego visitar. Levantó la mano hacia el pomo.
“¡Uf, de repente está lloviendo a cá ntaros, qué desastre!”
En ese momento, el aire estancado de la habitació n se estremeció de
repente. Una voz alegre, llena de quejas, entró como gotas de lluvia. La
ventana, que parecı́a bien cerrada, se abrió de repente, y por ella, una
persona empezó a entrar arrastrá ndose torpemente. El intruso, que
gemı́a mientras se apretujaba en la estrecha ventana, inalmente se
desplomó .
Al caer al suelo, el intruso no pareció inmutarse. Golpeá ndose las
rodillas con fuerza, se puso de pie. Aunque la habitació n parecı́a oscura
por la falta de luz, su cabello rubio y hú medo re lejaba la luz de la
chimenea, brillando a lo lejos.
Hace frı́o, mucho frı́o. Pensé que solo estaba nevando, pero tambié n
llueve. Qué lá stima. Si no me hubiera caı́do, hoy habrı́a sido un partido
ganado...
Su murmullo cesó de repente. Como una estatua, sus extremidades, que
se movı́an con gracia, se congelaron. Fue como si le hubieran lanzado
un hechizo de rigidez. Se quedó allı́, paralizado, como un ciervo
atrapado ante los ojos de un cazador. Gezell, cuyos ojos violetas se
encontraron con la mirada del intruso, observó en silencio al
inesperado visitante.
No llevaba velo que le cubriera el rostro, ni vestido de gran duquesa.
Como la primera vez que se conocieron en el só tano, Rensley se quedó
paralizado como una estatua, vestido con ropa de plebeyo, propia de un
hombre, con el agua goteando sin cesar del dobladillo de su ropa y las
puntas de su cabello.
Cuando estaban uno frente al otro en silencio, sin que nadie rompiera el
silencio, un golpe resonó desde afuera.
“Su Gracia, la comida está lista.”
—Dé jalo ahı́ —respondió Gezell secamente al anuncio de la criada y
desvió la mirada tardı́amente. Al acercarse, Rensley permaneció
inmó vil.
Aunque sus hombros se contrajeron levemente al acercarse Gezell, no
retrocedió ni intentó huir. Tras acercarse mucho, sintió un ligero
temblor en los hombros, pero no tropezó ni intentó escapar. Gezell
habló rá pidamente mientras observaba a Rensley intentando recuperar
el aliento.
“No te postres.”
Rensley, quien se habı́a postrado de nuevo en una postura de sú plica de
clemencia, dudó y se quedó paralizado. Su cuerpo, torpemente
encorvado, se enderezó lentamente y levantó la cabeza inclinada.
Los ojos que se movı́an rá pidamente de un lado a otro, como si no
supieran dó nde enfocar, inalmente bajaron al suelo. Los labios, que
habı́an estado temblando, comenzaron a moverse rá pidamente.
Lo siento. Es que es demasiado aburrido estar solo en la habitació n...
solitario, no aburrido. ¡Hoy fue la primera vez! De initivamente no es
algo que pase a menudo.
“¿No dijiste hace un momento que “hoy” fue la primera vez que perdı́?”
La cabeza de Rensley se inclinó gradualmente hacia abajo. A medida
que el á ngulo de su rostro agachado cambiaba, su voz tambié n se fue
haciendo má s grave.
—Bueno... en realidad, es la segunda vez. Cré eme, por favor. Juro por mi
honor que no volverá a ocurrir.
“¿Saliste a jugar?”
¡G-Gamble! No, solo era un juego. Nada de apostar dinero ni nada...
¡Ajá ! Rensley hizo una pausa y soltó un pequeñ o estornudo. La ropa y el
cabello empapados se hicieron má s visibles.
Gezell cogió una toalla de bañ o grande y gruesa que colgaba cerca de la
bañ era vacı́a. Mientras la colocaba sobre el cabello rubio y hú medo y se
secaba la humedad, Rensley permaneció en silencio, parpadeando.
Me acercaré a la chimenea. Cá mbiate, por favor.
“Sı́, sı́…”
Rensley asintió y se paró frente a la chimenea de pared. Quizá s olvidada
al salir, una bata para uso en interiores estaba colgada sobre el respaldo
de una có moda silla.
Bajo la mirada escrutadora, como si lo observaran, Rensley dudó y se
desprendió torpemente, como un niñ o que intenta desvestirse por
primera vez, desabrochá ndose la ropa con torpeza. Al apartar la gruesa
prenda exterior, la tú nica, pegada a su cuerpo por la lluvia, quedó al
descubierto. La piel se asomaba a travé s de la ina y ligera tela, con un
aspecto ligeramente translú cido.
Gezell frunció el ceñ o ligeramente. Rensley parecı́a desconocer aú n las
condiciones meteoroló gicas locales. Con solo un abrigo y una camisa
ina, ¿qué clase de atuendo era ese para una noche bajo la lluvia?
Incapaz de seguir mirando, Rensley dudó y continuó quitá ndose la
prenda exterior.
“¿N-no deberı́a desvestirme?”
Era un sonido incomprensible. En lugar de responder, Gezell respondió
con una pregunta.
“¿Có mo esperas cambiarte de ropa sin quitarte lo que llevas puesto?”
—Su Gracia, puede buscar en otra parte. No es apropiado que un
hombre vea el cuerpo desnudo de otro hombre...
Todos los cuerpos humanos son iguales. No hay distinció n entre los
cuerpos que merecen la pena ser vistos y los que no.
Aunque Rensley no pudo ocultar su vergü enza, inalmente se dio la
vuelta y continuó desvistié ndose. Al quitarse la camisa, su espalda
hú meda y tersa quedó al descubierto. Al bajar los pantalones, sus
piernas estiradas y sus nalgas irmes quedaron a la vista. A pesar de ser
algo delgado, era evidente que su cuerpo estaba bien toni icado. La tela
pá lida y ina dejaba entrever la piel adulta que se ocultaba debajo.
Gezell frunció el ceñ o levemente. Rensley Maelrosen aú n parecı́a
desconocer el clima local. ¿Salir con esa ropa en una tarde lluviosa?
¿Era eso lo que habı́a mencionado?
Despué s de secarse bruscamente el cuerpo y ponerse una tú nica suelta,
Rensley se dio la vuelta con una expresió n que parecı́a preguntar:
"¿Está bien ahora?"
Gezell dio un paso y aconsejó : “Sié ntate má s cerca del fuego”.
p y j g
Rensley asintió y se acercó a la chimenea. Mientras tanto, Gezell abrió la
puerta y las criadas trajeron la mesa puesta.
La mesa estaba repleta de una variedad de comida má s variada y
suntuosa de lo habitual. Como alguien con poco interé s en comer, a
Gezell no le pareció especialmente agradable la vista, pero habı́a algo
desconocido en ella. Quizá s las criadas se habı́an esforzado má s,
pensando que Rensley disfrutarı́a de la comida.
Al acercar la mesa a la chimenea, el hombre que se habı́a estado
derritiendo en el fuego giró la cabeza. Con ojos llenos de curiosidad
sobre «por qué estabas aquı́», una mirada que sugerı́a un fuerte deseo
de saber, miró a Gezell.
“Me sugirieron visitar ocasionalmente la habitació n de algú n hué sped y
me pareció una buena idea”.
¡Qué amable consideració n! Su Excelencia, se lo agradezco de verdad.
“Debe haber sido una visita incó moda para Sir Maelrosen”.
—No, Su Gracia. No, no —dijo Rensley negando con la cabeza e
haciendo una profunda reverencia—. De verdad que no sé qué palabras
de disculpa serı́an su icientes. Al igual que la gracia y la bondad que
usted otorgó a un humilde infeliz como yo, vasto como el cielo y
profundo como el mar, yo, sin pensarlo ni pensarlo…
—Basta, comencemos a comer —dijo Gezell, sentá ndose y empujando
la mesa. Apoyó los codos en el reposabrazos y la barbilla en el dorso de
la mano.
No hay problema en salir. Sin embargo, ¿no te notaron una vez mientras
te movı́as por la ventana? Si algo ası́ volviera a ocurrir, serı́a
problemá tico.
—Ah, ya lo sé . Por eso, esta vez me aseguré de poner una barrera
alrededor del patio trasero, donde se ve la ventana, usando la madera
sobrante. Construı́ una cerca que se abre y se cierra, y apilé paja, sobre
todo para evitar que los niñ os entraran sin cuidado...
Gezell hizo una pausa, dudando de si Rensley habı́a limitado sus
actividades al aire libre a solo dos. Sin embargo, se abstuvo de
preguntar má s. Lo hecho, hecho está , y mientras no se revele al pú blico,
es cuestió n de ser cautelosos en el futuro.
Cuando Rensley guardó silencio tras su explicació n, la conversació n se
interrumpió . La cena comenzó en silencio, acompañ ada por el
inconfundible tictac del reloj y el crepitar de la chimenea, inusualmente
audible ese dı́a.
Rensley consumió pan, queso, unas cuantas salchichas y té uno tras
otro. A pesar de que las criadas le prepararon un festı́n abundante, no
comió mucho. De igual manera, Gezell, que probó algunos platos,
pronto desistió de la comida y se levantó .
—Bueno, entonces descansa. La pró xima vez te avisaré con antelació n
antes de venir.
“¿Ya te vas?”
Rensley se levantó bruscamente. Gezell asintió , ajustá ndose la capa.
Quizá s te resulte má s có modo descansar sola. Sin embargo, insisto en
una cosa: de ahora en adelante, informa a la camarera antes de salir y
actú a como una Gran Duquesa.
—Espere, Su Gracia. Lady Samlet no sabe nada. Por favor, no la
confronte por mis acciones sin mi conocimiento. Se lo ruego.
Gezell no tenı́a intenció n de interrogarla desde el principio. Si hubiera
sabido que se escapaba del dormitorio, no habrı́a sugerido ir a ver a la
Gran Duquesa. El error má s grave fue no asignar un guardaespaldas
aparte y dejar la supervisió n de la esposa de un duque a una sola
camarera, Gezell Jivendad.
Aunque pudiera parecer inconveniente asignar un guardaespaldas a
alguien que estarı́a en la habitació n todo el dı́a, los acontecimientos de
hoy sugerı́an la necesidad de reconsiderarlo. Fue una decisió n
momentá nea, considerando los acontecimientos futuros. La tez de
Rensley luctuó rá pidamente en el silencio. Al percibir su silenciosa
determinació n, Gezell habló rá pidamente.
“No te postres.”
Ante eso, una expresió n de incertidumbre se dirigió a Gezell. «No hace
falta». Justo cuando estaba a punto de decir que no tenı́a intenció n de
interrogar a Lady Samlet, un estruendo atronador, que sacudió el
mundo, envolvió el espacio entre ellos.
Gezell, mirando la ventana cerrada, se acercó y abrió las contraventanas
de madera. En ese instante, brilló un relá mpago. En un instante fugaz,
una luz plateada lo cubrió todo, incluso el interior del dormitorio.
Tras una breve pausa, el sonido del cielo desgarrá ndose resonó de
nuevo. Fue un sonido imponente, como si sacudiera incluso el castillo,
que se habı́a mantenido irme durante siglos.
“Parece que está empezando a llover a cá ntaros”.
Cuando llovı́a, los truenos y relá mpagos eran habituales, pero la
tormenta de hoy parecı́a má s intensa de lo habitual. Gezell cerró la
ventana y corrió las gruesas cortinas. Aunque el sonido del cielo al
partirse aú n se oı́a en la habitació n, marcaba una ligera diferencia.
Lloverá toda la noche. Aunque llueve poco en Aldrant, cuando llueve,
dura bastante y suele venir acompañ ada de truenos y relá mpagos.
Puede que haya un poco de ruido, pero no podemos hacer nada al
respecto.
"Sı́…"
Rensley, con aspecto sorprendido, mantuvo la mirada ija en la ventana
cerrada. De repente, Gezell sintió curiosidad.
“¿El clima durante las temporadas de lluvias es diferente al de Cornia?”
Gezell tenı́a un amplio interé s en diversos campos del conocimiento,
pero la mayor parte de sus conocimientos eran teó ricos. A pesar de su
reciente capacidad para explorar lugares mediante magia sin
desplazamiento temporal, esta se limitaba a las zonas cercanas. Aú n no
habı́a ampliado su alcance a las Minas de Tyrgavem.
Sı́, claro. Es diferente. En Cornia, incluso cuando llueve, la temperatura
no baja mucho y no dura mucho. Cuando llueve en Cornia, los adultos
suelen refugiarse, pero los niñ os suelen jugar bajo la lluvia. De niñ o, me
encantaba jugar bajo la lluvia. Era fascinante ver el agua caer
constantemente. Hacı́amos charcos y chapoteá bamos, y, por supuesto, a
veces habı́a truenos y relá mpagos, pero no tantos como esto...
Su explicació n, que habı́a sido entusiasta, se detuvo. Otro rugido
atronador, como un intento de romper el mundo, resonó ,
interrumpiendo sus palabras.
Rensley miró hacia la ventana cerrada y, al ver que la lluvia comenzaba
a caer, pareció desconcertado. Gezell se preguntó si querı́a expresar su
sorpresa al ver una tormenta tan grande.
Puedo lanzar un hechizo para ayudarte. No, aunque no puedo borrar el
sonido en sı́, puedo adormecer tu audició n temporalmente. Deberı́as
poder dormir tranquilamente esta noche.
“….”
“Si lo deseas puedo lanzarlo para ti”.
Como era de esperar, parecı́a una sugerencia bien pensada, y parecı́a
que estaba cambiando el rumbo de su vacilació n. Tras considerar
brevemente qué opció n serı́a mejor, Rensley entrecerró los ojos
ligeramente y preguntó .
“¿No puedes oı́r ningú n otro sonido aparte del trueno?”
—Sı́, es correcto. Mañ ana deberı́a desaparecer. Quedará s sumido en un
silencio absoluto solo por una noche.
“Eso suena un poco aterrador…”
Todo se estaba volviendo má s silencioso; ¿qué tenı́a de aterrador? Sin
embargo, sin preguntar explı́citamente, Gezell observaba al hombre
frente a é l como si estuviera considerando algo.
Por supuesto, usar magia que adormecı́a los sentidos conllevaba
peligros potenciales. En el caso de la sugerida pará lisis auditiva, existı́a
el riesgo de no ser consciente de lo que sucedı́a a su alrededor, lo que
podı́a suponer un peligro. Si habı́a un incendio o un ladró n, no poder
darse cuenta mientras se seguı́a durmiendo podı́a ser un problema
grave.
Sin embargo, este era el dormitorio del Gran Duque en el Castillo de
Roudken. Aunque el propio Rensley Maelrosen no se diera cuenta,
habı́a sirvientes, caballeros y guardias a su alrededor para protegerlo
del peligro.
Que no oigas ruidos durante una noche no signi ica que haya peligro. Si
te preocupa, podemos reforzar la guardia.
“No, no me referı́a a eso… estar demasiado callado me hace sentir como
si estuviera solo”.
“Que Rensley Maelrosen duerma solo en el dormitorio no es una
cuestió n de sentimientos, sino de hechos”.
—Sı́, tienes razó n. Eso es lo que querı́a decir, pero…
Rensley murmuró y se frotó la mejilla con la palma de la mano, como si
se sintiera incó modo. En ese momento, un rayo interrumpió de nuevo
su conversació n. ¡Kwaagwang! Fue má s fuerte que nunca.
Independientemente de si este intenso sonido provocó un cambio en
las emociones de Rensley Maelrosen, la mirada de Gezell hacia el
hombre se endureció . Tras unos pasos vacilantes, Rensley se acercó ,
levantó ligeramente la barbilla y, con actitud irme, declaró algo.
Gran Duque, nunca he dormido solo en una noche con relá mpagos. No
me gustan los truenos ni los relá mpagos.
"…Es eso ası́."
Gezell inclinó ligeramente la cabeza, como si estuviera re lexionando.
Es problemá tico. No ocurre a menudo, pero los relá mpagos en Aldrant
siempre son ası́.
“Si me lo permites, me gustarı́a pasar esta noche como Rensley
Maelrosen al aire libre”.
¿Afuera? ¿Dó nde?
Tengo amigos en Roudken. Si les pido, me alojarı́an una noche.
Gezell lo miró en silencio. A pesar de que Rensley Maelrosen habı́a
jurado por su honor que sus secretos eran solo dos veces, Gezell no
pudo evitar preguntarse si habrı́a má s secretos ocultos. Sin embargo,
dejó esos pensamientos a un lado y continuó la conversació n.
No sé cuá nto tiempo má s te quedará s aquı́, pero ni siquiera ahora hay
certeza. ¿Dormir a la intemperie cuando llueve es una solució n? No
parece una solució n.
“Hoy es una excepció n, pero en el futuro intentaré adaptarme al clima
de aquı́”.
“Aunque hasta ahora no hayas podido dormir solo por la noche en
Cornia, no será fá cil adaptarse al clima de aquı́… pero…”
El joven señ or de Roudken se encontró ante un breve dilema. Atender
los asuntos de Samlet implicaba ocuparse de la vida cotidiana de
Rensley Maelrosen, pero no podı́a ordenarle que pasara la noche solo
en una habitació n.
Larcof, un mago que se dedicaba a estudiar dı́a y noche siempre que le
apetecı́a, especialmente sobre fuerzas naturales como el rayo, podrı́a
querer sumergirse en la investigació n en un dı́a como hoy. Roudken no
querı́a perder el tiempo en tales asuntos.
Antó n, el capitá n de los caballeros, tenı́a una familia que cuidar. Pedirle
que regresara al cuartel para encargarse de la escolta de un invitado en
una noche lluviosa, en lugar de cumplir con sus deberes como señ or, no
era apropiado.
Dado el nú mero limitado de personas que conocı́an la verdadera
identidad de la Gran Duquesa, no hubo necesidad de una deliberació n
prolongada para llegar a una conclusió n.
"Entonces durmamos juntos esta noche."
—¡Sı́! Muchas gracias... ¿Qué ?
Haciendo una corté s reverencia para expresar su gratitud, Rensley se
sorprendió cuando Gezell se quitó la capa.
“Si necesitas a alguien con quien dormir bien, puedo encargarme de
eso”.
—Pero… está molestando a Su Gracia por un asunto tan trivial…
Dormir es dormir, dondequiera que esté s. No hay necesidad de
preocuparse. Considerar ir y venir con frecuencia para este tipo de
situació n serı́a má s problemá tico.
Originalmente, Gezell habı́a planeado pasar má s tiempo en el estudio
despué s de la comida. Sin embargo, la agenda del Duque a veces
presentaba imprevistos. Si bien era contrario a su naturaleza aceptar
tales situaciones, era inevitable.
El reloj marcaba que eran má s de las ocho de la noche. Los campesinos,
que ahorraban aceite para las lá mparas, quizá se acostaran pronto, pero
para Gezell, que disfrutaba leyendo y estudiando, aú n era bastante
temprano.
Considerando si pedirle al bibliotecario que trajera los libros, Gezell
descartó la idea. ¿Podrı́a disfrutar de la lectura tranquilamente junto a
alguien a quien le disgustaban las tormentas? Parecı́a que no habı́a
mucho má s que hacer aparte de acostarse temprano.
Si no tienes nada importante que hacer, preparé monos para dormir.
Para cuando nos despertemos, ya deberı́a haber parado de llover.
p y p
“Ah… entendido.”
Rensley asintió y se acercó a la chimenea. Cerca del hogar, cubriendo el
objeto que sobresalı́a con un pañ o negro, Rensley lo humedeció .
Apareció una olla de hierro llena de carbó n. Tomó algunos trozos con
pinzas y los pasó a otro recipiente metá lico con asa.
Gezell, que planeaba llamar a una criada para prepararse para dormir,
observó a Rensley, que estaba ocupado sin decir palabra, y preguntó
tardı́amente: "¿Qué está s haciendo?"
Necesito encender el carbó n. Voy a ponerlo en el brasero. Es esa cosa
admirable que calienta la cama toda la noche.
La frente de Gezell se frunció ligeramente.
No pensó en que los asistentes descuidaran sus deberes y se
descuidaran. Sin embargo, tras haber recibido a un invitado que
conocı́a la verdadera identidad de la Gran Duquesa, parecı́a que Gezell
desconocı́a tal negligencia. El carbó n debı́a encenderse por separado en
la sala de calefacció n y luego llevarse a la habitació n de la Gran
Duquesa.
“¿Has estado calentando la cama personalmente todo este tiempo?”
Bueno, Lady Samlet y otras querı́an hacerlo por mı́, pero pensé que
serı́a una molestia hacerlo a altas horas de la noche. No soy una
verdadera Gran Duquesa, ¿acaso hay necesidad de molestar a tanta
gente por mı́? Si otras doncellas, que no sean Lady Samlet, se dan
cuenta, tendré que usar un velo cada vez, lo cual tambié n es molesto...
No es una tarea difı́cil, pero puedo hacerlo sola. Encender carbó n es
sorprendentemente divertido.
Con una sonrisa, la respuesta de Rensley se congeló como si de repente
se diera cuenta de algo. "Insistı́ en hacerlo. Naturalmente, intentaron
detenerme, pero me sentı́ incó modo... Espero que no regañ es a las
criadas por esto".
Mientras charlaban, el carbó n se encendió al rojo vivo, y Rensley, al
observar la reacció n de Gezell, usó las tenazas para recuperarlo.
Mientras el carbó n se enfriaba para usarlo en la cama, tanto Gezell
como Rensley guardaron silencio.
Rensley, como solı́an hacer las criadas, palmeó la cama con una placa
calefactora envuelta en hierro dentro de la colcha. Si hubiera estado
solo, simplemente habrı́a cubierto la cama bruscamente y ordenado,
pero hoy, por el hué sped, se esforzó al má ximo. Se movı́a alrededor de
la cama con agilidad, cambiá ndola de posició n para distribuir el calor
uniformemente por toda la cama.
—Listo, Su Gracia. Puede acostarse cuando quiera.
Rensley sacó la hornilla de debajo de la colcha, cubriendo la cama con
una expresió n de satisfacció n. Gezell, que lo habı́a estado observando,
se acercó . Querı́a preguntar muchas cosas, pero al no obtener
con irmació n de la persona en cuestió n, guardó silencio.
Ahora, Gezell tenı́a una nueva pregunta. Se dio cuenta de que su juicio
se habı́a visto momentá neamente nublado por las intrigantes historias
que Rensley Maelrosen habı́a compartido, dadas las interesantes
circunstancias y revelaciones. No habı́a dudado desde el principio, lo
cual parecı́a extrañ o. Incluso si se trataba de un sustituto del envı́o de
una princesa a una tierra lejana y agreste, no habı́a necesidad de usar a
un miembro de la familia real. Independientemente de saber la verdad,
mientras é l o iciara la ceremonia nupcial, la verdadera identidad de
Rensley Maelrosen no importaba. Sin embargo, la simple duda sobre la
verdad y la falsedad llevó a Gezell a preguntarse si la a irmació n de ser
secretario de un prı́ncipe tambié n era una mentira.
En ese momento, el cielo rugió , prepará ndose. Rensley, que estaba
limpiando el carbó n y lavá ndose las manos y la cara, se acercó a Gezell,
sobresaltado. «Parece que vuelve a tronar».
Su predicció n fue correcta. Mientras los poderosos sonidos resonaban,
como si se preparara un rugido atronador, Gezell sintió la respiració n
de Rensley, quien estaba cerca, tragando saliva con di icultad. Gezell vio
las pupilas mirando hacia la ventana cerrada y las largas pestañ as
temblando ligeramente. Ahora que los ruidos tormentosos habı́an
amainado, Gezell lo observó en silencio.
Mientras el trueno se desvanecı́a, Gezell habló en voz baja: «Los truenos
y relá mpagos son solo fenó menos naturales. No hay maldad en la luz ni
en el sonido, y mientras estemos dentro del castillo, no hay riesgo de
accidentes».
—Entiendo. Es solo que el trueno es muy fuerte... No es que tenga
miedo, pero es la primera vez que veo este tipo de truenos y
relá mpagos tan fuertes, ası́ que me sorprendió .
Al apagarse el estruendo, Rensley miró a Gezell con vergü enza. Aunque
parecı́a regordete allı́ de pie, Gezell notó lo incó modo que debı́a ser. Aun
ası́, antes de que Gezell pudiera hablar, Rensley lo miró .
"¿Qué tal si nos vamos a la cama ahora?"
De acuerdo. Por favor, vete a la cama primero.
En cuanto Gezell terminó de hablar, Rensley se acercó a la cama y se
arrojó sobre ella. La cama, meticulosamente preparada, era tan suave y
cá lida como pan recié n horneado. La tensió n se relajó , como si llevara
una armadura capaz de repeler cualquier ataque, y emergió el coraje
para enfrentar la noche desa iando el trueno.
El calor que envolvı́a su cuerpo, la almohada mullida, el pelaje suave y
la manta hasta la barbilla... no habı́a equipo de protecció n, solo
artı́culos cá lidos y acogedores, pero se sentı́a como si estuviera
protegido por la fuerza má s poderosa del mundo. Podrı́a ser una ilusió n
caprichosa, pero ¿a quié n le importa? Rensley se tranquilizó con esta
dulce idea erró nea.
Para cuando el cielo se preparaba para otro rugido, Gezell, que ya habı́a
terminado de acostarse, tambié n entró . Rensley, ligeramente
sorprendido, se hizo a un lado y se acostó .
La cama designada para la Duquesa era lo su icientemente espaciosa
como para que dos hombres adultos se tumbaran có modamente sin
tocarse. Gezell, sin acostarse del todo, sino incorporá ndose con el torso
inclinado, preguntó : "¿Cierro las cortinas de la cama?".
—Está bien. Esta noche, un poco de luz te vendrı́a bien. Ah, ¿te cuesta
dormir sin oscuridad?
“No, duermo bien incluso delante de una chimenea”.
Ante sus palabras, Rensley no pudo evitar reı́r sin querer, recordando la
imagen que vio al bajar al só tano.
Gezell, el duque, sentado có modamente frente a la chimenea, leyendo
documentos. Si hubiera gatos o perros en lugar de la difı́cil escritura del
documento, habrı́a sido una escena muy apacible.
"¿Por qué te rı́es?"
“Ah… yo…”
Rensley lo disimuló rá pidamente: "Estoy feliz de que Su Gracia se
acueste conmigo".
Aunque Gezell dijo que no era necesario cerrar las cortinas, Gezell no se
acostó , sino que permaneció de pie y miró a Rensley. Rensley tambié n
lo miró . En la penumbra, sus ojos color calabaza parecı́an aú n má s
profundos, como el suave y delicado color del té negro.
Tras quitarse la capa y la tú nica o icial y acostarse en la cama, el duque
Gezell Jivendad parecı́a má s có modo y menos formal que hacı́a un
momento. En realidad, no tenı́a protecció n alguna, cubrié ndose con una
colcha que no podı́a protegerlo en absoluto. Al igual que el acto de
cubrirse con una colcha que no podı́a protegerlo y alejar el miedo de su
corazó n, Rensley, sin ninguna protecció n, aceptó la ilusió n creada por la
situació n ú nica, con la luz de las velas, las sombras de las cortinas y
má s.
"Está bien."
Gezell, que no tenı́a otra respuesta, abrió lentamente la boca.
¿Dormimos juntos otra vez mañ ana?
"¿Qué ?"
Sorprendido por la inesperada propuesta, Rensley abrió mucho los
ojos. El que habló parecı́a haberlo hecho sin pensarlo mucho, como si
no le importara.
'Hace tiempo que no me acostumbro a dormir sola... Si tu Garce pre iere
que durmamos juntos, me parece bien.'
—No, Su Gracia. No quiero molestarla por mucho tiempo. Es solo por
los truenos de hoy. Antes vivı́a solo. Incluso ahora, a pesar de las
apariencias, soñ aba con convertirme en caballero.
Rensley se sobresaltó y negó con la cabeza. Por muy relajado que fuera
el ambiente comparado con lo habitual, ¿có mo podrı́a cerrar los ojos
có modamente cada noche compartiendo cama con este señ or enorme y
rudo? Quizá s desarrolları́a insomnio, algo de lo que solo habı́a oı́do
hablar.
—¿Caballero? —Gezell levantó el brazo, se apoyó la cabeza en la mano y
se inclinó . Rensley pensó que habı́a dicho algo innecesario, pero era
agua derramada. Rensley rió entre dientes y le restó importancia.
Eso fue cuando era niñ o. ¿Es comú n que los nobles nombren caballero a
un sirviente sin una educació n adecuada? Tras darme cuenta de que
habı́a muchos caballeros corruptos, perdı́ el interé s.
¿Es tan diferente el trato a enemigos y sirvientes en Cornia?
—Bueno... ¿No te das cuenta con solo mirarme? ¿No son iguales en
todas partes?
La mirada devuelta no fue muy convincente.
'¿Por qué de repente me pregunta esto?'
Solo entonces Rensley se sintió un poco tenso. Gezell pareció percibirlo
y no ocultó sus pensamientos.
“Parece que no está s acostumbrado a recibir privilegios como persona
de la familia real”.
—Ah, eso... En realidad, casi nunca lo he recibido. Aunque fui
reconocida por la lı́nea de sangre del rey y vivı́a en la ciudad real,
prá cticamente me trataban como a una sirvienta. El rey me reconoció
como princesa debido a la falta de hijas y me concedió el castillo de
Elbanes, pero no podı́a usarlo sin permiso.
Rensley se encogió de hombros mientras se acostaba.
Para ser sincero, la familia real de Cornia no tiene mucha suerte. Los
hijos de la reina actual son adorables, pero creo que es una suerte que
no me convirtiera en una persona repugnante, ya que me trataron como
a una sirvienta y me discriminaron. No fueron los plebeyos ni los
sirvientes, sino la realeza y la nobleza quienes me trataron mal. El
actual prı́ncipe heredero, en particular, es una basura. Si hablara de las
atrocidades que cometió , no terminarı́amos ni aunque nos quedá ramos
despiertos toda la noche. ¿Por qué pusieron a alguien como el prı́ncipe
heredero en el trono?... La gente de Cornia es la ú nica digna de lá stima.
Sin duda, se convertirá en un tirano recordado en la historia.
Mientras Rensley hablaba má s rá pido, de repente cerró la boca y bajó la
mirada.
Hablé demasiado de cosas inú tiles. Lo siento.
—No, no pasa nada. Como Prı́ncipe Heredero de Cornia, no puede ser
completamente ajeno a Aldrant. Se llama Fé lix, ¿verdad?
—Sı́. ¿Por qué Aldrants no discrimina tanto a la gente comú n?
Debido al duro entorno, en el pasado los niñ os morı́an con frecuencia.
Por lo tanto, no habı́a lugar para diferencias entre la gente comú n. El
adulterio se juzga, pero no hay discriminació n por origen.
"Veo…"
¡Bam! Se oyó otro trueno. Rensley, que se habı́a olvidado por un
momento del tiempo exterior debido a la tranquila conversació n con
Gezell, se sobresaltó y tiró de la manta con un grito breve.
Despué s de eso, se le encendieron las orejas. El hombre que acababa de
decir que querı́a ser caballero y se habı́a hecho adulto tenı́a miedo de
los «fenó menos naturales». No era algo de lo que enorgullecerse.
Se le hizo difı́cil ocultar el miedo, y Rensley retiró lentamente la manta
que lo habı́a cubierto de pies a cabeza. Entonces, con una mirada que
hasta ese momento habı́a permanecido tranquila, Gezell lo miró .
Yo tampoco odiaba los truenos como este desde el principio... El
prı́ncipe heredero, Pe... ese tipo una vez amenazó con castigarme
atá ndome a un á rbol en el patio del castillo cuando caı́a un trueno. ¿No
es una locura hacer eso cuando un rayo podı́a caer en el á rbol? ¿Sabes
qué es aú n má s aterrador? ¡El á rbol al que estaba atado se incendió
cuando le cayó un rayo!
“Entonces, ¿qué pasó ?”
Incluso Gezell pareció un poco sorprendido al preguntar. Accidentes
donde un á rbol alto era alcanzado por un rayo y se incendiaba o se
derrumbaba ocasionalmente ocurrı́an incluso en Aldrant, que tenı́a
vastas llanuras y muchos á rboles. La mayorı́a de las veces, solo el á rbol
sufrı́a dañ os, pero habı́a casos en que leñ adores o cazadores cercanos
se enredaban y sufrı́an lesiones leves o graves.
Pero estar atado a un á rbol y ser alcanzado por un rayo…
“Afortunadamente só lo se rompió el á rbol y no me lastimé en absoluto”.
“….”
¿No me creen? Mucha gente piensa que estoy fanfarroneando al oı́r esta
historia, pero lo juro por mi honor. Incluso yo y la gente nos
sorprendimos. Fue cuando era joven, y me quedé tan sorprendido que
me desmayé durante varios dı́as y noches. De verdad pensé que iba a
morir. Aun ası́, ese tipo solo recibió unas pocas reprimendas del
profesor de etiqueta y nada má s. ¿Pueden creerlo? Estaba atado a un
á rbol y le cayó un rayo, pero é l solo recibió una reprimenda del
profesor de etiqueta. ¡Salı́ ileso solo por mi buena suerte!
Gezell asintió como si comprendiera la extrañ a situació n. En lugar de
cuestionar má s la veracidad de la historia, arqueó una ceja como si
dijera que no la comprendı́a.
Ciertamente, eres una persona inusual. Tal comportamiento no puede
acarrear ningú n castigo signi icativo.
¡Claro que no! Lo hizo solo porque querı́a acosarme sin motivo alguno.
No solo me pasó a mı́; tambié n se lo hizo a Ivet.
“¿Por qué alguien acosarı́a a otra persona sin ningú n motivo?”
¡Eso es lo que digo! Entonces, no es normal, sino un loco.
Ahora que Gezell parecı́a comprender hasta cierto punto, asintió . Al
trazar una simple lı́nea en el aire con el dedo, la cortina se agitó de
repente y la puerta de madera dentro de la ventana de cristal se abrió
con un crujido.
Como un escenario donde acaba de terminar una obra, el cielo
nocturno lluvioso, cuidadosamente cubierto, se reveló ante los dos
hombres. El cielo lejano brilló blanco, iluminando el mundo
momentá neamente. Rensley, quien habı́a estado hablando con energı́a,
guardó silencio y su voz perdió vigor.
“Su Gracia… ¿Por casualidad usted tambié n quiere acosarme…?”
“No dará miedo si lo vemos juntos”.
Gezell se acercó un poco má s. Rensley, que estaba acostado, sintió el
pecho de Gezell contra su hombro.
El estruendo continuó de inmediato. Esta vez, Rensley se detuvo antes
de voltear la manta y, en cambio, se estremeció . Aunque aú n le
disgustaban los truenos y relá mpagos, su atenció n ahora estaba má s
centrada en las inexplicables acciones de Gezell. Sin embargo, el
hombre que lo habı́a presionado parecı́a completamente imperturbable
y habló con calma.
Mira. El sonido viene despué s de la luz. Ası́ que es mejor no
sorprenderse por el sonido, sino por lo que se ve.
“…Bueno, eso es verdad.”
A la gente de Aldrant le encantan las tormentas. Espero que lo
entiendas, ya que incluso el Duque pasó tiempo aquı́.
Aunque es comú n que las personas no le tengan miedo a los truenos ni
a los relá mpagos, ¿cuá l podrı́a ser la razó n por la que realmente les
gusta? Sobre todo en una noche como esta, cuando los truenos en la
oscuridad perturban el sueñ o.
Rensley miró por la ventana con expresió n perpleja. El cielo, ahora en
silencio, estaba completamente negro. Una voz suave y tranquilizadora
llegó a sus oı́dos.
“Se decı́a que el primer rey que fundó Aldrant nació de un rayo”.
“¿…Nacido del rayo?”
Esta es una antigua historia de la é poca en que no existı́a el Castillo
Roudken. En aquel entonces, criaturas del bosque y el mar del norte
invadı́an tierras humanas con má s frecuencia que ahora, matando y
atormentando a la gente. Hasta la fundació n de Aldrant, este lugar era
una tierra donde se reunı́an refugiados y fugitivos.
Inconscientemente, Rensley comenzó a escuchar atentamente su relato.
La persona que hablaba pareció olvidarse por un instante, y la voz baja
y clara tuvo un efecto reconfortante en el corazó n humano. A pesar del
frı́o caracterı́stico de la regió n norte, que se habı́a sentido como un
viento cortante antes de llegar al castillo, ya no se sentı́a frı́o bajo la
cá lida manta.
Entre la gente reunida se encontraba un general muy estimado que
habı́a sido despreciado y expulsado de su tierra natal. En una noche de
tormenta, se dio cuenta de que las criaturas no invadı́an la tierra donde
la gente se reunı́a cuando caı́an truenos y relá mpagos.
“…¿En serio, en las noches en que caen rayos, los monstruos no
invaden?”
Sı́. No llueve a menudo, pero nunca ha habido una intrusió n de
criaturas má s allá de la barrera con un clima como este.
Al oı́r esto, el trueno, que habı́a sido aterrador hasta hacı́a un momento,
se sintió como un aliado. Cuando Rensley cerró la boca, Gezell, que
habı́a estado esperando un momento de pausa, continuó su relato.
Una noche, un dı́a en que cayó un rayo, el general se dispuso a
encontrar el lugar. Tras un arduo viaje, inalmente encontró su destino.
Allı́, descubrió un manantial donde el rayo habı́a impactado la tierra,
creando un estanque de un brillo plateado.
Mientras escuchaba atentamente la historia, Rensley giró la cabeza para
mirar al orador.
—Absurdo, ¿verdad? ¿Un rayo que se convierte en un manantial?
"Es una historia antigua."
g
Ah, cierto. Esto no es un hecho real, sino un mito de Aldrant. Al
comprenderlo, Rensley volvió a asentir.
Creı́a que, al transportar el agua del manantial, podrı́a proteger a la
gente del peligro. Sin embargo, el manantial hecho de rayos era
diferente del agua comú n, y por mucho que lo intentara, no podı́a
contenerla en un recipiente. En sus vanos esfuerzos, inalmente cayó en
el manantial.
“…Entonces, ¿murió ?”
No. El elegido renació en la primavera. Adoptó la apariencia de un
humano, pero se convirtió en un ser mitad divino, obteniendo el poder
de usar libremente el rayo para proteger la tierra y a la gente. Regresó a
la tierra, fundó Aldrant y se convirtió en el primer rey en invitar y
cuidar del pueblo. Sacudió la tierra para crear un rı́o que pudiera llevar
el rayo lejos y se convirtió en el poderoso Rı́o de Plata de Aldrant.
—El rı́o, ¿eh? —Acababa de llegar al norte y Rensley aú n no se habı́a
aventurado fuera de Roudken. No solo no habı́a visto nada má s allá de
Roudken, sino que ni siquiera habı́a explorado má s allá del Gran
Castillo. La noche en que cruzó los campos frı́os y secos, con lá grimas
en los ojos, se sintió como una tierra desolada donde ninguna criatura
viviente podrı́a sobrevivir, muy parecida a la tierra á rida má s allá de
Roudken. Sin embargo, considerando la proximidad del mar, era natural
que tambié n hubiera rı́os o arroyos.
A Rensley siempre le habı́a encantado nadar en el mar o en los rı́os en
los dı́as claros y calurosos de verano. La vista de la super icie del agua
deslumbrada por el sol y la nı́tida vista del fondo arenoso eran
encantadoras.
¿Cuá ndo podrı́a volver a desnudarse, tomar el sol y sentir el agua en la
piel? Pensar que tal vez nunca volverı́a a visitar la hermosa orilla que
amaba desde niñ o lo hacı́a sentir perdido.
Probablemente aú n no hayas visto el rı́o, pero al mirarlo desde lejos,
parece plateado. Algunos dicen que se debe a un tipo de plata llamado
Membril que se distribuye en el lecho del rı́o, mientras que otros lo
atribuyen al clima de este lugar. Sin embargo, la gente de Olendrant
pre iere la historia de que el rı́o se originó a partir de un rayo.
'El que gobierna la Selva Negra y el Rı́o de Plata, obediente al deber de
la dominació n divina...'
La proclamació n pronunciada el dı́a del ritual aú n perduraba en la
memoria de Rensley. Al mirar por la ventana, el cielo brilló de repente.
Los largos rayos de luz se fragmentaban, como grietas entre casas
apiñ adas, como estrechos senderos creados por junturas. Parpadeaban,
revelá ndose antes de ocultarse de nuevo, y cada vez, el cielo retumbaba
como una bestia antes de emitir un rugido.
La tenue luz se convirtió rá pidamente en un haz de luz enorme que
atravesó el suelo. Posteriormente, se escuchó un estruendo atronador y
la habitació n volvió a iluminarse. Sin embargo, esta vez, Rensley no
apartó la mirada ni se sobresaltó ni se escondió bajo las sá banas.
Los relá mpagos parecı́an una cascada que caı́a a cá ntaros. La luz
brillante y frı́a tiñ ó de plata el suelo quemado y, como la Vı́a Lá ctea,
comenzó a luir suavemente. Ahora, incluso Rensley podı́a imaginar la
escena.
Esta historia explica por qué a la gente de Aldrant le gustan los rayos.
Para sobrevivir a un rayo, dicen que el clima actual es un saludo de
bienvenida de la tierra del norte, una tierra encantada por las palabras.
“….”
“¿Aú n da miedo?”
En lugar de responder a la pregunta de Gezell, Rensley lo miró
ijamente. Tras dudar, de repente exclamó : «No».
Confesar tan rá pido el miedo que habı́a albergado durante tanto
tiempo. Esto hacı́a que el horror previamente confesado pareciera
exagerado o incluso falso. Rensley sintió una punzada de vergü enza
ante el rá pido cambio en sus emociones.
'...Bueno, ¿no serı́a bueno si pudiera enfrentarlo sin miedo de ahora en
adelante?'
Donde aú n persistı́a la vergü enza, surgió una mayor sensació n de
alegrı́a. Rensley se volvió hacia Gezell.
“¿Puede Su Gracia tambié n controlar los rayos a voluntad?”
“Si pudiera, ya habrı́a detenido los relá mpagos durante la ceremonia”.
El tono de Gezell se mantuvo serio, lo que le di icultaba a Rensley
distinguir si bromeaba o hablaba en serio. Rensley, sin molestarse en
disimular su risa, lo saludó .
“Gracias por sus palabras, Su Gracia.”
Me alegra que la historia te haya sido ú til. Ahora, cierro la ventana.
Gezell hizo un gesto y la ventana de madera abierta se cerró , con el
silbido de las cortinas. Tras inclinarse hacia Rensley, con el torso
apoyado en las manos mientras estaba sentado, Gezell regresó a su
sitio. Se tumbó sobre la amplia almohada.
-Bueno entonces, buenas noches.
"Sı́."
Ambos se habı́an preparado para dormir en la misma cama. Gezell
pronto cerró los ojos, y despué s de eso, no hubo má s intercambio de
palabras.
En la penumbra, iluminada ú nicamente por la luz de las velas, Rensley
parpadeó . Aunque estaba acostumbrado a compartir la cama, le costaba
conciliar el sueñ o como siempre cuando su compañ ero era el duque de
Aldrant. Era diferente a los amigos habituales que bailaban juntos,
bebı́an juntos y se despatarraban en la cama del casero tras cansarse de
volver a casa. Al in y al cabo, esos amigos, que quizá se hubieran
quedado dormidos tras bailar o jugar a las cartas toda la noche, jamá s
podrı́an ser como Gezell Jivendad.
Yacı́a rı́gido, intentando no perturbar el sueñ o del Duque. Incapaz de
dar vueltas en la cama, pues no se atrevı́a a perturbar su descanso,
Rensley permaneció inmó vil, conteniendo la respiració n. El extrañ o
hormigueo en el hombro, donde el pecho irme y cá lido de Gezell lo
habı́a tocado, era el ú nico resultado de la acció n ligeramente
provocadora de Rensley.
Incluso despué s de quedarse dormido, los estruendos no cesaban. Cada
vez, se estremecı́a, sorprendido, pero era solo una reacció n al repentino
ruido. El profundo miedo que solı́a inquietar a Rensley en las noches de
tormenta se desvanecı́a poco a poco, mientras los truenos seguı́an
resonando.
Cap. 3.2 - Nueva vida
Los pá rpados, fuertemente cerrados, se abrieron silenciosamente,
revelando iris color calabaza. Nacido y criado en un paı́s donde el sol
sale tarde, supo que la mañ ana habı́a llegado incluso sin necesidad de
luz.
Parecı́a que la lluvia habı́a parado y, comparado con la noche anterior, el
ambiente estaba tranquilo. Aunque en las noches lluviosas, como de
costumbre, a veces se despertaba con el sonido de los truenos, esta vez
logró dormir sin que lo molestaran demasiado.
Gezell, al intentar incorporarse, sintió una ligera presió n en el pecho. Al
girar la cabeza, aú n acostado, notó que el hombre que hacı́a un rato
dormı́a en la cama contigua estaba ahora acurrucado má s cerca. Con la
cabeza apoyada en lo que quedaba de la almohada de Gezell y el brazo
sobre su pecho, Rensley, como una criatura que busca calor, se habı́a
acurrucado ligeramente.
Gezell exploró suavemente el interior de la manta con las manos. La
cama aú n estaba caliente, pero era solo el está ndar en la regió n norte, y
alguien del sur probablemente la encontrarı́a frı́a.
Levantando la manta para cubrir los hombros de Rensley, Gezell bajó
con cuidado el brazo que descansaba sobre su cuerpo e intentó
levantarse. Sin embargo, el invitado del sur, juguetó n, lo apretó aú n má s
cuando Gezell intentó levantarse.
'Extrañ o.'
Gezell esperó , incapaz de moverse. Rensley daba vueltas en la cama con
mucha intensidad, y Gezell no sabı́a si volverı́a a cambiar de postura
despué s de esperar un rato.
Solo visible al mirar hacia arriba se veı́a el techo de la cama y, al
inclinarla ligeramente, el rostro de su acompañ ante. Debido a que las
cortinas de la columna no estaban bien cerradas, la tenue luz de las
velas seguı́a iltrá ndose suavemente en el interior de la cama incluso
ahora.
Gezell observó en silencio el rostro del hombre que yacı́a a su lado.
Incluso en la habitació n tenuemente iluminada, su piel tersa y su
brillante cabello rubio emanaban una vitalidad peculiar. Bajo los inos
mechones de pelo, se veı́a una frente pulcra, y el intenso resplandor
carmesı́ de la luz de las velas del exterior se re lejaba en la robusta
nariz y la mandı́bula.
Mientras la mirada de Gezell permanecı́a ija, los labios de Rensley, que
antes estaban cerrados, se entreabrieron ligeramente. Murmurando
entrecortadamente, empezó a murmurar en sueñ os, hasta que
inalmente rozó el pecho de Gezell con los labios. La voz del hombre,
que al principio no habı́a sido clara, se volvió má s clara.
“Uf, Marilyn…”
Aunque no tenı́a intenció n de despertarlo, las manos y la boca de Gezell
se movieron delante de su cabeza. Finalmente, Gezell se levantó ,
deslizá ndose del brazo de Rensley.
“Maelrosen, Su Alteza.”
"Uhh, ¿quié n es ese…?"
“Maelrosen, Su Alteza, por favor despierte ahora.”
Acercando la cabeza al oı́do y hablando má s suavemente, Rensley
entreabrió los ojos. Parpadeó lentamente, hundiendo la cabeza en la
manta, y como si recobrara el conocimiento de repente, se incorporó
bruscamente.
Gezell, que yacı́a casi sobre su cuerpo, jadeó y se retiró
apresuradamente al comprender lo sucedido. Con movimientos
rá pidos, como una perdiz que se esconde de un perro de caza, Gezell
extendió los brazos involuntariamente.
—Por favor, detente. Si sigues avanzando, te caerá s.
—Su Excelencia, ¿se ha despertado? Sin querer, terminé en su lugar
debido a mis malos há bitos de sueñ o...
“Está bien, no te acuestes”.
Rensley asintió vacilante y se levantó de la cama. Pensó que no era
necesario despertarlo con tanta urgencia, pero ya era demasiado tarde.
Gezell, de igual manera, no tuvo má s remedio que levantarse.
Tras ponerse la capa y el atuendo que se habı́a quitado, Gezell se acercó
a la ventana y abrió la puerta. El cielo del amanecer era má s brillante de
lo esperado, azul.
Ha parado de llover. Es hora de empezar otro dı́a.
“Su Gracia, estoy realmente agradecido por lo de anoche”.
Como señ or, era un deber natural. Pasar todo el dı́a encerrado parece
un reto para Su Alteza, ası́ que tambié n buscaré una solució n.
—No, yo tuve la culpa. Actué con imprudencia, como si estuviera de
viaje, pero no volveré a tomar decisiones tan precipitadas. Por favor, no
te preocupes.
Aunque la expresió n abatida de Rensley parecı́a sincera, Gezell no
respondió con comprensió n. Se arregló el atuendo y se preparó para
salir de la habitació n. Luego, le habló a Rensley, quien habı́a
permanecido de pie, vacilante, intentando decidir cuá ndo saludarlo.
El fuego ha amainado mucho. Haré que las criadas cambien las velas.
—Oh, si son velas, tengo muchas aquı́. Puedo hacerlas yo mismo.
Mientras Rensley caminaba rá pidamente hacia un cajó n de madera a un
lado, Gezell sacó una pequeñ a joya azul marino que colgaba del borde
de su capa. Recitó un simple hechizo y la lanzó al aire; la joya
desapareció en el vacı́o en lugar de caer al suelo.
Gezell, que estaba ocupado insertando la nueva vela en el candelabro,
se despidió brevemente de Rensley.
-Bueno entonces me voy.
—¡Oh, Su Gracia! Que tenga un buen dı́a.
Gezell respondió con un gesto de reconocimiento, abrió la puerta y se
fue. Rensley, incapaz de decir nada má s que una torpe despedida, vio
aturdido có mo la capa negra de Gezell desaparecı́a tras la puerta que se
cerraba.
'Un buen dı́a... ¿Su Gracia es mi amiga o algo ası́?'
Rensley, autocrı́tico por el saludo espontá neo, negó con la cabeza.
Apoyado en su pecho y contemplando el relá mpago, sintió una cercanı́a
que le habı́a parecido tangible, pero que la noche anterior ya parecı́a un
sueñ o lejano.
Autor de novelas originales y traductor de novelas coreanas (⑅˘͈ ᵕ ˘͈ )
Sié ntete libre de compartir tus pensamientos en los comentarios, ya sea
que se relacionen con mis proyectos de traducció n o mis obras
originales; tus comentarios son muy apreciados y brindan un aliento
reconfortante (⁄ ⁄•⁄ω⁄•⁄ ⁄)
Cap. 3.3 - Nueva vida
La lluvia habı́a parado y el cielo, al pasar, estaba má s despejado de lo
habitual. Gezell, en lugar de bajar al só tano, subió a la habitació n del
señ or, se lavó , se cambió de ropa y luego se dirigió a la biblioteca en la
torre este del castillo. Hoy estaba previsto que los libros nuevos
llegaran a la biblioteca temprano por la mañ ana. Mientras esperaba a
que el bibliotecario los trajera a su estudio, Gezell quiso desdoblarlos y
examinarlos un poco antes.
Sin desayunar aparte, Gezell, instruyendo a los asistentes para que
trajeran una taza de té , se sentó ante un amplio escritorio. En lugar de
bajar a la biblioteca, habı́a decidido quedarse en el castillo para recibir
los nuevos libros. Desplegó uno de los ú ltimos libros teó ricos sobre
magia de transmutació n, captando la atenció n de los asistentes que lo
rodeaban.
“Hasta la ceremonia de la mañ ana, nadie debe entrar a la biblioteca”.
Los asistentes asintieron y retrocedieron. La biblioteca, con sus
estantes que parecı́an tocar el alto techo, entrelazados con enredaderas
y escaleras que los subı́an, era enorme. Incluso si se reunieran todos los
libros y manuscritos del mundo, no serı́a una exageració n. Gezell
Jivendad, la ú nica persona que quedaba, estaba allı́.
Ignorando la cambiante luz del sol a travé s del cristal, el aroma a papel
y té recié n hecho impregnaba sutilmente el aire. A pesar de su
preferencia por estar con inado en el laboratorio de investigació n
subterrá neo, esta vez no le fue mal a Gezell.
Solo habı́a un problema. Por desgracia, el libro que abrió con
entusiasmo resultó ser menos interesante de lo que esperaba.
Esto era simplemente una repetició n del contenido que el autor ya
habı́a escrito, con una pequeñ a descripció n nueva. Sin embargo, como
tenı́a la obstinada idea de que, al abrir un libro, debı́a leerlo hasta el
inal para tranquilizar su conciencia, continuó leyendo.
De vez en cuando inclinando su taza de té sin mucho entusiasmo, Lord
Roudken, que estaba hojeando las pá ginas del aburrido libro, de
repente sacó un espejo redondo como si le recordara algo.
Al limpiar el cristal con la mano, el espejo que re lejaba el rostro de
Gezell le permitió contemplar una escena que no existı́a en ese lugar.
Tras un breve descanso de su concentració n en el aburrido libro, Gezell
se miró al espejo.
Lo que parecı́a un espejo comú n y corriente era uno de los objetos
má gicos que se usaban ocasionalmente para observar el entorno
gracias a la conexió n y el poder má gico de su dueñ o. Usar magia para
proyectar un lugar lejano con un artefacto má gico consumı́a una
cantidad considerable de energı́a má gica, lo que di icultaba su uso
casual. Sin embargo, dentro del Gran Castillo, no era tan difı́cil.
En el espejo, un joven rubio se movı́a con paso rá pido. Abrió todas las
ventanas para que la luz del sol iluminara la habitació n y dejara pasar el
viento. A pesar del frı́o, aú n llevaba puesto un abrigo de lana mientras
se quitaba la manta que lo cubrı́a el dı́a anterior, doblá ndola con
cuidado.
Tras volver a colocar la manta con cuidado sobre la cama, añ adió má s
leñ a a la chimenea, limpió el suelo, se lavó la cara con agua del lavabo y
la secó . Tras deambular como si buscara algo má s que hacer, inalmente
se sentó frente a la chimenea en una silla.
Sin embargo, fue solo un instante. Se levantó de nuevo, dio una vuelta
por la alfombra, se acercó a la ventana, se apoyó en el codo y miró hacia
afuera. Rensley Maelrosen se retiró con un suspiro y, de repente, se
tumbó en el suelo, haciendo lexiones un rato. Esta vez, se levantó ,
agarró un pañ o de limpieza y empezó a bailar en el amplio espacio
vacı́o de la habitació n.
—No —Gezell cambió de opinió n rá pidamente. Los movimientos que al
principio creyó que eran danza ahora parecı́an má s propios de la
esgrima. Aunque no disfrutaba de las artes marciales, como heredero
del gobernante de Aldrant, habı́a aprendido los fundamentos de la
esgrima y el combate, y, como en muchos otros campos, tenı́a un interé s
acadé mico en las artes marciales.
Las artes marciales variaban en tipos y caracterı́sticas de una nació n a
otra y de una regió n a otra, e incluso las armas utilizadas diferı́an
ligeramente. Al examinarlas con má s detenimiento, se encontraron
bastantes puntos interesantes. Rensley, aunque no era experto en artes
marciales, practicaba un tipo de esgrima exclusivo de Aldrant, ligero,
luido y á gil, a diferencia de los estilos de los paı́ses vecinos.
“Su especialidad era la esgrima y la equitació n”, recordó Gezell mientras
el hombre en el espejo se arrodillaba y contaba apasionadamente su
historia.
—Ay, me aburro —dijo el hombre, que se movı́a con fuerza, y al cabo de
un rato tiró el limpiapolvo y tiró del cordó n de la cama. Poco despué s,
Lady Samlet entró en la habitació n.
—Rensley, ¿dormiste bien?
Siempre duermo bien. Pero ayer hubo un trueno tremendo. ¿Está bien
la señ ora?
Me resulta familiar. Con solo taparte los oı́dos, el ruido desaparece. En
Aldrant, la gente cree que los dı́as con tormenta son seguros, ası́ que
pueden dormir tranquilos. ¿Preparo el desayuno?
Sı́, por favor. Tengo hambre despué s de hacer ejercicio desde la mañ ana.
—En in, pareces tener mucha energı́a. Espera un momento.
Samlet parecı́a tener un á nimo autoritario mientras daba instrucciones
a los que estaban afuera. Al regresar a la habitació n, comenzó a charlar
con Rensley.
“¿Có mo estuvo la visita de Su Gracia ayer?”
¡Estuvo bien! Me sorprendió la visita repentina. Nos vimos despué s de
la boda. Hablamos mucho por primera vez.
Pero dejaste tanta comida. El chef se esforzó , pensando que ambos
tendrı́an una comida. Su Excelencia es ası́ de por sı́, pero es demasiado
exigente con la comida. Siempre quiere comer solo lo que le gusta.
—Exigente… Sı́, es cierto… Por cierto, Señ ora, ¿Su Gracia la regañ ó por
mi culpa?
¿Yo? ¿Por qué lo harı́a? No te preocupes. Su Gracia no se enoja
fá cilmente con los sirvientes del castillo.
Rensley negó con la cabeza, indicando que no era nada. Lady Samlet lo
tranquilizó con una palmada.
No sé qué pasa, pero no se preocupe. Su Gracia no se enoja fá cilmente
con los sirvientes de aquı́.
Bueno... Al principio era intimidante, pero parecı́a una persona amable.
Aunque quizá parezca un poco brusco por fuera...
No se puede evitar. Vivir como gobernante de un paı́s no es
precisamente un trabajo agradable, ¿sabes? Bueno, nosotros, la gente
comú n, no lo entenderı́amos.
Es cierto. Nunca entendı́ por qué la gente ansiaba tanto ascender al
trono desde que vivı́a en Cornia. Nunca he visto a nadie que quisiera ser
rey o reina con cara de felicidad. Involucrarse en luchas de sucesió n
solo puede llevar al asesinato o al envenenamiento. Agradezco haber
nacido como sirviente en tiempos como este, aunque eso signi ique
serlo.
Rensley respondió con una sonrisa. Gezell lo observó atentamente.
El clima es bastante diferente al de Cornia, ¿verdad? Aun ası́, tormentas
como la de ayer no son frecuentes.
—No pasa nada. Las tormentas no son nada para un hombre adulto
como yo...
Tras decir eso, Rensley se mostró algo avergonzado. Continuó con
cautela.
De hecho, ayer tuve un sueñ o un poco inquietante, quizá porque llovió .
Un viejo amigo de Cornia, el má s cercano a mı́, apareció en mi sueñ o.
Me pregunto si estará bien... Lo extrañ o y me preocupa.
—Oh... Tu amigo de la patria. Me cuesta comprender los sentimientos
de Rensley, que se fue tan lejos de su ciudad natal.
Marilyn.
Gezell recordó las tres sı́labas que se le escaparon a Rensley. Aunque lo
habı́a despertado apresuradamente, pensando que podrı́a confundirlo
con otra persona en su somnolencia, al recordarlo, no habı́a necesidad
de despertarlo. Hubo un breve instante en que Rensley Maelrosen fue
confundido con el amante oculto de Ivet Elbanes. Ası́ como parecı́a
razonable que la princesa Ivet trajera a ese hombre allı́, no habrı́a sido
extrañ o que Rensley hubiera dejado a un amante en Cornia.
Sin embargo, tal como dijo Lady Samlet, Gezell nunca habı́a estado en
una situació n similar. Por lo tanto, comprender plenamente los
sentimientos de Rensley Maelrosen era difı́cil. Simplemente escuchó la
conversació n en silencio.
Cornia está relativamente cerca de Roudken, no muy lejos. Pero quié n
sabe, quizá me vaya algú n dı́a... Si tan solo pudiera salir, podrı́a visitarla,
pero serı́a difı́cil incluso si se lo pidiera a usted o a Su Gracia.
—¡Ay, Dios mı́o! ¿En serio? ¿Dó nde vive tu amiga?
¡ y ¿ ¿ g
Intenté traerlo hasta Aldrant. Pero fue mi avaricia. Viajar era demasiado
agotador para é l, ası́ que tuvimos que separarnos en la posada de
camino. Aunque dijimos que nos verı́amos má s tarde, parece
improbable. Incluso si viene, no sé si podrá mantenerse bien... Me
gustarı́a saber si está bien, aunque sea una pequeñ a noticia.
Los ojos de Gezell se abrieron de par en par. ¿Acaso la menció n de
alguien llamada Marilyn signi icaba que estaban cerca de Roudken? La
imagen de Ivet Elbanes, o mejor dicho, Rensley Maelrosen, quien se
ocultaba tras el velo morado oscuro, le vino a la mente. Lo miró
ijamente con ojos violetas, usando el dedo para escribir, suplicante,
pidié ndole que no lo ignorara. ¿Podrı́a despedirlo ingiendo no saberlo?
Mientras la mirada de Gezell estaba ija en el espejo, una ventana en
algú n lugar estaba entreabierta y el viento entraba, haciendo que las
estanterı́as se agitaran sin que nadie las detectara. La conversació n
entre ambos, ajenos al isgó n, continuó sin cambios.
—Deja de evadirlo y habla, Rensley. Aunque no vayas tú mismo, si Su
Gracia lo permite, puedo enviar a alguien a su encuentro. Al menos,
puedes pedirle noticias, ¿no?
"¿Crees eso?"
—Sı́. Si no funciona, hablaré en secreto con Su Gracia.
Al oı́r esto, Rensley dudó , pero inalmente sacó el tema a colació n.
Insistió en que Lady Samlet no se lo mencionara a Su Gracia, por temor
a que pudiera causarle molestias. Tras varias advertencias de que no lo
mencionara debido a la incomodidad, inalmente fue al grano.
“Su nombre es Marilyn.”
—¡Ay, Dios! ¿Es una mujer? ¿Es una relació n especial?
La voz de Lady Samlet sorprendió a Gezell, y unas leves arrugas
aparecieron en la frente de Gezell.
—Bueno, ya verá s —respondió Rensley, rascá ndose torpemente la
nuca.
Nos conocemos desde jó venes, ası́ que se podrı́a decir que es especial.
Pasamos muchas noches juntos. Ella tambié n era famosa por su belleza
en la capital de Cornia. Siempre que salı́amos juntos, la gente se
maravillaba de su belleza.
¡Vaya! ¿Habı́a una persona ası́, y la enviaron aquı́ en lugar de la
princesa? ¿Qué palabras de consuelo puedo decir? Ni siquiera lo sabı́a,
y bromeé diciendo que Rensley le sentaba bien a la Gran Duquesa.
La atmó sfera incó moda parecı́a transmitirse incluso fuera del espejo.
Los dos guardaron silencio un momento. Rensley Maelrosen fue quien
rompió el silencio. Por alguna razó n, se echó a reı́r.
Lo siento, mi señ ora. De hecho, Marilyn es una yegua que he cuidado
desde pequeñ a. Cuando vivı́a en Cornia, solı́a dormir en el establo los
dı́as de tormenta, ası́ que supongo que soñ é con Marilyn.
"¿Qué dijiste?"
La sorprendida señ ora pronto estalló en risas.
—De verdad pensé que habı́as dejado a un amante. —La voz burlona de
Samlet se iltró desde el otro lado del espejo. Gezell, que se apoyaba en
la barbilla con el dorso de la mano, ajustó ligeramente su postura.
No mentı́a cuando dije que era una amiga cercana. La cuidé desde
pequeñ a, ası́ que era mucho má s cercana a mı́ que la mayorı́a de la
gente. Ası́ que intenté traerla a Aldrant. Sin embargo, parece difı́cil para
una niñ a que creció en el calor de Cornia adaptarse al frı́o de las
regiones del norte. Pensé que si insistı́a má s, podrı́a enfermar
gravemente, ası́ que simplemente me despedı́ en la posada.
—Oh, ya llegó la comida. Vengan por aquı́. Bueno, pasen rá pido. Y
dı́ganme dó nde está el alojamiento de Marilyn. Puedo enviar a alguien a
averiguarlo incluso sin el permiso de Su Excelencia.
"¿En realidad?"
Rensley preguntó , re lexionando. La señ ora respondió alegremente,
diciendo que no deberı́a haber problema.
“¿Má s que una persona, es un caballo?”
Mientras Gezell escuchaba la conversació n, recordó que Rensley
susurraba «Marilyn» como si estuviera contento mientras estaba medio
dormido. Gezelle se dio un par de golpecitos en el pecho con la palma
de la mano e inclinó la cabeza como si estuviera encantado.
“Su Gracia, es hora de la ceremonia de la mañ ana”.
En ese momento, un sirviente se le acercó en silencio y le habló . Al
pasar la mano por el espejo una vez má s, el cristal con la super icie
re lectante reveló una escena comú n y corriente al otro lado. Solo
entonces se dio cuenta de que no habı́a leı́do el libro cuidadosamente
seleccionado. Aunque tenı́a tiempo de sobra para leer, no era
especialmente interesante, ası́ que no importaba... Sin embargo, el libro,
que habı́a estado pasando pá ginas solo, se cerró y Gezell se levantó .
Al salir de la biblioteca y dirigirse a la o icina de la torre principal,
Gezell se detuvo un momento. Anton Sorel, el capitá n de los caballeros
que organizaba a sus subordinados, lo saludó .
—Su Gracia, ¿se ha recuperado de la tos?
“Anton, ven a mi o icina un rato despué s del entrenamiento de la
mañ ana”.
Era raro llamarlo tan temprano, a menos que fuera una emergencia.
Como si preguntara qué estaba pasando, Anton, el capitá n de los
caballeros, miró a Gezell con expresió n tensa. Gezell le dio una breve
explicació n.
“Tengo algo que preguntarte, ası́ que sié ntete libre de venir”.
"Comprendido."
Gezell continuó su camino. Las ené rgicas voces de los caballeros que
habı́an comenzado su entrenamiento temprano resonaron, rompiendo
el frı́o del norte.
Cap. 3.4 - Nueva vida
No hubo informes particularmente problemá ticos, pero la asamblea
para resolver el con licto entre los comerciantes y la iglesia sobre el uso
de la plaza Roudken se prolongó má s de lo habitual. Unos 30 minutos
despué s de inalizada la asamblea, el duque Aldrant, que revisaba
documentos en su despacho, levantó la cabeza al oı́r que alguien
entraba.
Un capitá n de caballeros de cabello castañ o corto, con porte solemne,
hizo una reverencia respetuosa y se acercó . Aunque ocupaba el puesto
má s alto en la Guardia, era relativamente joven, rondando los treinta y
cinco. Gezell dejó los documentos que estaba leyendo y lo saludó . Tras
preguntarle sobre la inalizació n del entrenamiento y cualquier suceso
inusual, Gezell le hizo una pregunta poco convencional.
“¿Có mo está el ambiente en los Caballeros de la Guardia ú ltimamente?”
“Los nuevos reclutas que se unieron a este trimestre está n
entusiasmados y el ambiente es bueno”.
Anton parecı́a preguntar: "¿Qué está pasando?" con su expresió n.
Gezell, despué s de mirar el espejo, que ahora habı́a vuelto a ser una
super icie re lectante normal, desvió la mirada.
“¿Alguna vez has criado animales?”
“Si te re ieres a criar… bueno, he cuidado perros de caza y caballos, pero
no he criado animales pequeñ os como gatos o pá jaros”.
Yo tampoco. Pero cuando era joven, vi a otros criá ndolos.
“En reinos como Valsena se crı́a una gran variedad de animales”.
Al responder la pregunta de Gezell, Anton no pudo ocultar su
curiosidad. A pesar de que le preguntaron si habı́a algo que discutir
relacionado con sus funciones, Gezell, quien solı́a ir directo al grano, no
abordó el tema principal de inmediato.
“Segú n un libro, el mundo está dividido entre los animales que se crı́an
en con inamiento y los que se crı́an en libertad”.
Bueno, ası́ es. Si mantienes a los que necesitan criarse libremente en
con inamiento durante demasiado tiempo, se enferman fá cilmente.
Incluso si no los dejas pastar, deberı́as sacar a animales como ovejas,
cabras y caballos de vez en cuando.
“La gente probablemente no sea diferente”.
Ante ese comentario, el capitá n caballero se encogió de hombros,
aparentemente divertido.
Si compará ramos a los humanos con los animales, sin duda somos
criaturas que necesitamos criar en libertad. Estar con inado en algú n
lugar causa sufrimiento, por lo que se convierte en un castigo, y por eso
encarcelamos a los criminales. Si los humanos fué ramos criaturas que
pudié ramos con inarlos, el encarcelamiento no serı́a un castigo.
“…Esa a irmació n es correcta.”
Gezell asintió y se reclinó en su silla. El Capitá n Caballero Anton Sorel,
al observar su expresió n algo seria, no pudo evitar sentir tensió n.
Recientemente, Roudken habı́a estado má s tranquilo que nunca. Gezell
Jivendad, quien ascendió al cargo de duque a los diecisé is añ os tras la
abdicació n del gobernante anterior, era un chico ú nico comparado con
su tı́o, quien habı́a gobernado Roudken hasta entonces, y, de hecho, con
todos los gobernantes anteriores.
El ex duque era conocido por sus excepcionales habilidades marciales
incluso entre los belicosos gobernantes de Roudken, y su hija, la
princesa Frida, heredó el temperamento de su padre, blandiendo con
valentı́a la espada fuera de las murallas de la ciudad desde muy joven.
En cambio, Gezell Jivendad siempre era reservado, pre iriendo
permanecer recluido en la biblioteca o en su habitació n, absorto en la
lectura.
En lugar de desarrollar destreza marcial y socializar, disfrutaba
buscando conocimiento e investigando escuchando las historias de
eruditos y magos. Pocos en Roudken predijeron que é l, quien parecı́a
má s inclinado a las actividades acadé micas, serı́a el pró ximo
gobernante.
Sobre todo, Roudken necesitaba centrarse en la defensa contra las
invasiones demonı́acas. ¿Serı́a la princesa Frida má s adecuada como
gobernante, dada su inclinació n por los asuntos militares?
En aquel entonces, muchos, incluido Anton, quien aú n no habı́a
asumido el cargo de capitá n de caballeros, albergaban tales dudas, e
incluso algunos se mostraban descontentos. Sin embargo, la selecció n
del pró ximo lı́der constituı́a una poderosa autoridad otorgada al
anterior gobernante.
La sucesió n al trono se desarrolló sin contratiempos, y Gezell Jivendad
ascendió al cargo de nuevo duque. Posteriormente, la princesa Frida,
sin poseer talento ni interé s en la polı́tica, asumió el mando como
comandante de la fortaleza del norte, dedicada a la defensa de la regió n
norte.
Sin embargo, tras varios añ os desde que Gezell Jivendad asumió el
cargo de Duque, nadie cuestionó las razones de su nombramiento como
nuevo gobernante. El joven Duque, con un profundo interé s por la
academia y la magia, dirigió el uso de la magia, antes empleada
ú nicamente en batallas contra demonios, a diversos campos necesarios
en Roudken.
Ahora, Roudken no solo se comunicaba usando magia dentro de la
capital, sino que tambié n intercambiaba comunicaciones directamente
usando magia en los castillos de la capital, extendié ndose a algunos
territorios fuera de Roudken gobernados por nobles.
Las tierras á ridas, que dependı́an del comercio con otros paı́ses para
obtener alimentos, experimentaron un aumento signi icativo en la
producció n gracias al uso de invernaderos controlados má gicamente y
al mejoramiento de semillas. La tecnologı́a para almacenar estos
productos tambié n avanzó notablemente, y la principal contribució n de
Gezell Jivendad fue resolver la escasez cró nica de alimentos.
La velocidad de comunicació n entre la fortaleza del norte y Roudken
mejoró y, lo má s importante, la efectividad de la magia de combate
utilizada en batallas reales se volvió incomparablemente má s fuerte
que en el pasado.
Anton, poco versado en magia, era consciente de que el poder má gico
no era in inito y de que el gobernante actual, que utilizaba con
e iciencia este poder inito, no era una persona comú n. La audaz
decisió n de nombrar a Anton, quien apenas tenı́a treinta añ os por aquel
entonces, como capitá n de los caballeros fue una decisió n sin
precedentes y audaz.
En resumen, bajo el gobierno de Gezell Jivendad, Roudken disfrutaba de
una innovació n y una paz sin precedentes. Ante la atmó sfera de tensió n,
Anton, como capitá n de los caballeros, no pudo evitar preocuparse.
“¿Tienes alguna inquietud?”
"Quiero discutir la disposició n de Sir Maelrosen".
Ah, entonces é l estaba preocupado por ese tema.
Anton asintió . Aunque solo se habı́an conocido brevemente,
naturalmente recordaba. El desafortunado vá stago de la familia real de
Cornia que llegó aquı́ en lugar de la princesa que deberı́a haberse
convertido en la Gran Duquesa.
Cuando escuchó por primera vez la declaració n del Gran Duque de que
se casarı́a con é l, Anton se sorprendió enormemente. Al principio pensó
que el Gran Duque era una persona excé ntrica, pero al conocer las
circunstancias y la difı́cil situació n de Rensley Maelrosen, despertó
compasió n. El Gran Duque mencionó que podrı́a necesitar la ayuda de
Anton cuando llegara el momento de decidir el tratamiento de Rensley
Maelrosen y compartió con é l los secretos relacionados con la boda y la
Gran Duquesa.
¿Qué decisió n has tomado?
Ahora que la boda ha tenido lugar, han dejado pasar temporalmente un
tiempo y, creando un pretexto adecuado, lo má s seguro serı́a remover
gradualmente a Rensley Maelrosen del puesto de Gran Duquesa y
enviarlo a vivir a un territorio apartado en lugar de mantenerlo en
Roudken.
En cualquier caso, dado que el invitado fue elegido personalmente por
el Gran Duque, serı́a apropiado enviar algunos caballeros como escolta.
Quizá s algunos de ellos necesiten quedarse allı́ unos añ os...
“Externamente, se decidió anunciar que la Gran Duquesa se encuentra
frá gil y será reubicada”.
Sı́. Hasta ahora, nadie parece tener dudas. Si esperamos un poco má s
antes de hacer el anuncio...
—Creo que no hay necesidad de con inar a Sir Maelrosen en el
dormitorio.
“…Supongo que sı́.”
Anton no pudo comprender completamente lo que el Gran Duque
estaba tratando de decir, por lo que dio una respuesta vaga.
Ahora que lo pensaba, parecı́a que nadie dudaba de que la Gran
Duquesa realmente vivı́a en sus aposentos. La ú nica persona con libre
acceso era el chambelá n, y si ella engañ aba sutilmente a la gente, esta
situació n podrı́a mantenerse.
…Pero en lugar de eso, serı́a má s sencillo calcular el momento oportuno
y enviar a Rensley Maelrosen a un territorio lejano. Mientras Gezell
re lexionaba sobre esto, habló .
Segú n sus propias palabras, es experto en esgrima y equitació n. Me
gustarı́a saber su opinió n sobre si deberı́a presentarse al examen de
ingreso a la Guardia Real.
“…¿Está s hablando del examen de ingreso a la Guardia Real?”
—Bueno, corromper el talento no es el estilo de Aldrant, y si tiene la
habilidad, ¿no serı́a apropiado emplearlo?
Claro que podemos prepararnos para el examen de ingreso... ¿pero no
será peligroso? La Gran Duquesa, o mejor dicho, Sir Maelrosen,
deambulando libremente por la calle o relacioná ndose con la gente
podrı́a aumentar el riesgo de revelar su verdadera identidad.
Ante la preocupació n de Anton, el Gran Duque Gezell respondió con una
sonrisa iró nica, como si revelara algo. Como su señ or era una persona
cuya expresió n apenas cambiaba, incluso estando juntos todo el dı́a,
esta ligera diferencia era bastante notoria. Anton esperó en silencio su
explicació n.
“Por eso no podemos encerrarlo en una prisió n”.
“No estoy seguro de lo que quieres decir…”
Te llamé porque tengo curiosidad por saber qué piensas como
comandante. Si Rensley Maelrosen tiene talento, ¿está s dispuesto a
aceptarlo como miembro?
“Si Su Gracia lo ordena, lo seguiré ”.
Aunque no comprendiera la orden, Anton estaba dispuesto a aceptarla.
Habı́a má s cosas que no entendı́a que cosas que tenı́an sentido desde
que se sentó en el trono.
La aprobació n personal no importa en los asuntos que decide el
gobernante. Ya era evidente que Gezell Jivendad era un lı́der excelente,
posiblemente uno de los mejores entre todos los gobernantes de
Aldrant.
Gezell asintió . Bajó la mirada como si calculara algo y murmuró como
quien recuerda algo tardı́amente.
Ya veo. Deberı́amos escuchar su opinió n tambié n.
“¿No habı́an discutido esto ya y luego me llamaron?”
Daré mi testimonio pronto. Por favor, regrese pronto.
"Comprendido."
Perplejo por dentro, Anton decidió no añ adir má s comentarios y salió
del despacho del Gran Duque. Al cerrar la puerta y echar un vistazo al
interior, vio que el Gran Duque, Gezell Jivendad, se miraba en un espejo.
Caminando con paso irme de regreso a la orden de caballeros, a
medida que la distancia entre la o icina y é l aumentaba, suspiró con
inquietud. El Gran Duque, Gezell Jivendad, era sin duda un lı́der
excelente, pero habı́a una cosa: por muy erudito que fuese, no era un
experto en equitació n ni en artes marciales.
Habı́a innumerables personas que podı́an hablar sin parar sobre su
destreza en la equitació n y el manejo de la espada, incluso si viajaban
constantemente en carruaje. Se habı́a reunido brevemente con Rensley
Maelrosen para hablar sobre la falsa ceremonia nupcial y los planes
para la vida de la Gran Duquesa, pero no se sentı́a guerrero.
Era difı́cil encontrarle dignidad, y su fı́sico era delicado comparado con
la gente del Norte. ¿Podrı́a manejar con destreza la famosa lanza pesada
de Aldrant, diseñ ada para luchar contra monstruos? Incluso como
aprendiz, asumir el rol de alguien requerirı́a mucho tiempo y esfuerzo.
Cumplirı́a la orden, pero por primera vez en mucho tiempo, Anton Sorel
tuvo que reprimir un ligero resentimiento hacia el juicio de su señ or.
Cap. 3.5 - Nueva vida
Los ojos violetas parpadearon con luz y rá pidamente la ocultaron,
parpadeando rá pidamente varias veces mientras los labios
permanecı́an irmemente sellados, sin formar un puchero.
Apenas diez minutos antes, Rensley Maelrosen murmuraba para sı́
mismo expresiones como «aburrido», «tedioso» y «quiero salir». Se
habı́a dado vueltas en la cama, se habı́a sentado un rato en la silla, habı́a
paseado de un lado a otro e incluso habı́a interpretado dos personajes
en una obra de teatro, recitando versos para sı́ mismo.
Ahora, el hombre que habı́a actuado ası́ se quedó de repente en
silencio, como si hubiera perdido la voz. Quizá s no entendı́a sus propias
palabras. Gezell pidió una aclaració n.
“¿Fue difı́cil mi declaració n?”
Los labios de Rensley se separaron lentamente. Sin embargo, su tono y
su voz diferı́an de lo que Gezell habı́a anticipado.
—Oh, no. No fue difı́cil, pero tus palabras, bueno, no las entendı́ bien...
Lo diré de nuevo. Si lo deseas, puedes presentarte al examen de ingreso
a la Guardia Real. Mencionaste tu dominio de la esgrima y la equitació n.
Gezell hizo una breve pausa y miró el rostro de Rensley para con irmar
si la otra parte entendı́a sus palabras.
La Guardia Real de Roudken siempre busca miembros excelentes. Si
tienes el talento que mencionaste, pensé que serı́a un desperdicio que
solo pasaras el tiempo en la cama.
"Pero…"
Rensley aú n tenı́a una expresió n de desconcierto. Dudó en silencio y
luego habló con voz apagada, como desanimado.
Pero si hago eso... ¿qué pasa con el cargo de Gran Duquesa? En aquel
entonces, todos decı́an que hasta que se anunciara pú blicamente el
divorcio o la abdicació n, yo debı́a asumir el cargo de Gran Duquesa...
La Gran Duquesa de Cornia está dé bil y se encuentra con inada en su
dormitorio todo el dı́a. Solo unos pocos, incluyendo a la dama de
compañ ı́a y algunas personas autorizadas, pueden entrar.
“…”
Finalmente, aparentemente entendiendo, Gezell continuó su
explicació n.
Claro que, a veces, hay eventos en los que la Gran Duquesa debe
acompañ ar o icialmente. En esos casos, bastará con lanzar un hechizo
de transformació n y cubrirse el rostro con un velo. Nadie ha visto el
rostro de la Gran Duquesa en persona todavı́a, ası́ que no hay de qué
preocuparse. Aunque la Gran Duquesa de Aldrant no usa velo... se
puede atribuir a la antigua costumbre de la princesa de Cornia, y no
deberı́a haber ningú n problema.
La expresió n congelada se suavizó . Rensley, que habı́a estado rı́gido
como un pez congelado, ahora lucı́a una sonrisa juguetona, relajá ndose
con una facilidad renovada.
Era mentira. En realidad, no existe tal costumbre en Cornia.
Ya veo. Sin embargo, como desconocemos las costumbres de Cornia, la
probabilidad de que se descubra la mentira es muy baja.
“Las palabras de Su Gracia son todas correctas.”
Rensley respondió con una sonrisa aú n má s radiante. Tras mirarse en
silencio durante un buen rato, Gezell señ aló la có moda silla frente a la
chimenea.
Sié ntese, por favor. Hablemos de esto con má s detalle.
Mientras Rensley se sentaba junto a la chimenea, su rostro se suavizó .
Sus ojos, que antes estaban rı́gidos por las preguntas y las sospechas,
ahora se llenaban de una relajada curiosidad y aprobació n al mirar a
Gezell.
Las llamas proyectaron una luz dorada en los ojos de Rensley,
hacié ndolos parecer rubı́es oscuros o amatistas. Con una mirada de
incertidumbre sobre por dó nde empezar, Rensley cerró la boca,
esperando las palabras de Gezell. Gezell, tras observar su rostro en
silencio, de repente comenzó a explicar, como si acabara de recobrar el
sentido.
Si apruebas el examen de admisió n... como sugerı́ inicialmente, podrá s
vivir como Rensley Maelrosen, como un residente normal. En ese caso,
necesitará s una habitació n aparte para Sir Maelrosen, no la de la Gran
Duquesa.
“Si me das algo de tiempo, reuniré el estipendio y encontraré un lugar
donde vivir lo antes posible”.
No, incluso despué s de fallecer, debes quedarte en el castillo. Ası́,
podrá s asumir inmediatamente el papel de la Gran Duquesa cuando sea
necesario. Sir Maelrosen es conocido como asistente de la Gran
Duquesa, y al ser un invitado de un paı́s lejano, a la gente no le
extrañ ará que el señ or del castillo le proporcione alojamiento.
Gezell extendió la mano hacia el pequeñ o escritorio a un lado del
dormitorio. Antes de que lo tocara, el cuaderno y el bolı́grafo que
estaban encima volaron por los aires y aterrizaron en su regazo. Sin
esperar, Gezell desdobló el cuaderno encuadernado en cuero.
"Oh."
Un pequeñ o suspiro de sorpresa se escapó del otro lado. Gezell miró
brevemente el cuaderno de cuero, que habı́a sido abierto para una
explicació n. Naturalmente, esperaba pá ginas en blanco, pero dentro de
la cubierta habı́a notas recientes y garabatos dispersos caó ticamente.
<Quiero comer algo delicioso, pastel de champiñ ones del Mercado de
Celestina, buñ uelos de crema, pastel de rosas, sopa de cebolla, estofado
de rabo de buey, el vino sabe diferente, estoy aburrido, sigue nevando,
me pregunto si la gente de Cornia estará bien, quiero tomar el sol…>
Murmullos intermitentes en tono fragmentado, escritos con una letra
que parecı́a salir volando de la pá gina, acompañ ados de pequeñ os
dibujos de animales, personas y paisajes. Aunque era difı́cil evaluar el
mé rito artı́stico de los dibujos, hechos solo con bolı́grafo y sin otros
colores, no estaban mal.
Garabateaba cuando me aburrı́a... Por favor, no te lo tomes tan en serio.
Son solo garabatos sin pensar mucho.
Las mejillas y las orejas de Rensley estaban ligeramente coloreadas.
Gezell asintió en silencio, hojeando las pá ginas hasta que aparecieron
algunas en blanco.
Tras ijar su bolı́grafo y acercar la mesita auxiliar, Gezell colocó el
cuaderno encima. Le explicó a Rensley mientras dibujaba un boceto del
castillo.
Aquı́, el dormitorio de la Gran Duquesa está en el cuarto piso, y el mı́o
en el ú ltimo piso de la torre principal, el quinto. Si creamos una
habitació n para Sir Maelrosen, puede usar una de las habitaciones de
invitados del segundo piso, quizá s la del fondo. Aunque aú n no hemos
instalado dispositivos de transporte entre las habitaciones, serı́a
conveniente tenerlos en cada una para facilitar el desplazamiento en el
futuro.
Al escuchar la explicació n de Gezell, los ojos de Rensley se abrieron
ligeramente con emoció n y preguntó .
“Por dispositivos de transporte, ¿te re ieres a esa fascinante losa de
piedra en la habitació n del Duque?”
Sı́, es correcto. Si hay acceso directo desde la habitació n de Sir
Maelrosen a la de la Gran Duquesa y a la mı́a, podrá desempeñ ar
discretamente el papel de Gran Duquesa sin llamar la atenció n.
Tambié n será conveniente cuando haya conversaciones ocasionales.
¿A la habitació n del Gran Duque? Siento que no deberı́a entrar
libremente... Si tenemos ese dispositivo, ¿puede cualquiera entrar a la
habitació n del Gran Duque? ¿No es arriesgado?
Accederemos solo cuando tengamos asuntos que tratar. Mi habitació n
cuenta con medidas de seguridad, ası́ que no tiene que preocuparse por
eso, Señ or.
“Dispositivos de transporte má gicos…”
Rensley murmuró en voz baja, observando el plano preliminar del
castillo que Gezell habı́a dibujado, concentrá ndose solo en las partes
necesarias. Aunque sus palabras se atenuaron, sus ojos brillaron,
mostrando un atisbo de emoció n.
Gezell guardó silencio para darle tiempo a re lexionar. El invitado de
Cornia pareció no necesitar mucho tiempo para ordenar sus
pensamientos, pues al poco rato levantó la cabeza.
No sé có mo expresar mi gratitud por su generoso favor. Si se me da la
oportunidad, haré todo lo posible por no decepcionarlo, incluso si
tengo que pasar la prueba.
En la expresió n de Rensley se percibı́a gratitud, y en sus ojos, una
determinació n desbordante. Gezell, mirá ndolo lentamente, parpadeó y
tapó el cuaderno.
“No tengo por qué sentirme decepcionado si no apruebas el examen”.
—Ah, sı́. Es cierto, pero…
Gezell se puso de pie. Tras asegurar el acuerdo, solo quedaban los
trá mites.
Informaré a Sir Sorel, el comandante de los caballeros, sobre las
intenciones de Sir Maelrosen. Ya que Lord mencionó que se está
preparando para el examen de ingreso, serı́a bueno que los tres lo
discutié ramos. ¿Qué tal si vamos a la o icina un momento?
—Sı́. ¡Me prepararé rá pido!
Rensley se levantó apresuradamente y se quitó la camisa que llevaba
puesta, arrojá ndola con despreocupació n. Al considerar la presencia del
Gran Duque observá ndolo desde atrá s, recogió la camisa caı́da del
suelo.
“Estaba a punto de ponerlo todo en orden inmediatamente.”
“Guá rdalo por ahora y luego instruye a las criadas”.
Afortunadamente, Gezell no pareció prestar mucha atenció n al
comportamiento de Rensley. Despué s de todo, alguien del calibre del
Gran Duque no se molestarı́a en analizar las acciones de un gourmet. A
pesar de su propia emoció n ante la inesperada propuesta, Rensley
sintió un momento de confusió n ante la actitud indiferente de Gezell.
Pero Gezell quedó momentá neamente perplejo ante la oferta y
rá pidamente recuperó la compostura.
Habı́a dicho que no tenı́a por qué decepcionarse si Rensley fracasaba,
pero la mayorı́a de la gente no era tan racional como Gezell Jivendad. Si
bien habı́a a irmado no decepcionarse si el extranjero fracasaba, sin
duda habrı́a rumores dentro de la orden de caballeros sobre la visió n y
el juicio de Gezell. Tal situació n era algo que Gezell querı́a evitar a toda
costa.
Desvestirse delante del Gran Duque fue incó modo, pero era algo que
Rensley ya habı́a experimentado. Rá pidamente se quitó la camisa,
dejando solo una prenda interior ceñ ida a sus anchos muslos.
A diferencia de los vestidos de Cornia, que enfatizaban la tela ina y
tenı́an mangas y cintura anchas, los vestidos de Aldrant eran má s
gruesos, con mangas y cintura má s amplias, sin acentuar la igura. El
diseñ o sencillo facilitaba que alguien con fı́sico masculino pareciera una
mujer.
Vestirse con un vestido era la primera vez desde la ceremonia. En
aquella é poca, el vestido ceremonial era recargado y habı́a muchos
detalles que debı́an ajustarse a mano para completar la apariencia. El
vestido que estaba a punto de usar era relativamente sencillo y le servı́a
como atuendo diario. A estas alturas, parecı́a que podrı́a poné rselo
fá cilmente sin la ayuda de las criadas.
…pero…
Su Excelencia, por favor, espere un momento. La cinta está atrá s, ası́ que
puede que tarde un poco en poné rsela.
El tono de Rensley se tornó ansioso. Le incomodaba hacer esperar al
Gran Duque solo para vestirse. ¿Por qué Lady Samlet no le preparó un
vestido con la cinta al frente?
A medida que la impaciencia aumentaba, sus manos, habitualmente
á giles, parecı́an torpes má s de lo habitual. Mientras forcejeaba para
pasar las correas de cuero por los agujeros a ambos lados de la tela,
Gezell, que habı́a estado sentado esperando, se puso de pie.
“Sı́, serı́a mejor que Su Gracia fuera primero a la o icina”.
Gezell murmuró para sus adentros, acercá ndose a Rensley, quien estaba
ocupado ponié ndose el vestido, en lugar de esperar a que llegara al
dormitorio.
"Giro de vuelta."
Rensley parpadeó , mirando al hombre que tenı́a frente a é l. Tras un
momento de silencio, Rensley, que comprendió el signi icado implı́cito,
se sobresaltó y bajó la cabeza.
—¡No, Su Gracia! Yo lo haré . Si la espera le aburre, por favor, vaya
primero a la o icina. Llamaré a Lady Samlet.
No me conviene llamar mucho la atenció n. Hagamos lo nuestro
tranquilamente, sin llamar a la criada.
Incluso una breve re lexió n con irmó la sabidurı́a de sus palabras.
Rensley dudó un momento, pero se dio la vuelta. Debido al vestido mal
abrochado, su espalda era claramente visible a travé s de la abertura de
la tela.
A pesar del frı́o exterior, la habitació n, inundada por el calor de la
chimenea todo el dı́a, no estaba frı́a en absoluto. Aunque andaba
desnudo, el dormitorio estaba cá lido. Sin embargo, en ese momento, la
piel expuesta se sentı́a inusualmente frı́a.
¿Gezell Jivendad, habitualmente sereno y ordenado, estaba lanzando
una mirada gé lida a la espalda del hombre algo torpe? Rensley sintió
una ligera tensió n, pero no tuvo el valor de devolverle la mirada.
Quizá s, mientras Gezell calculaba la longitud de las correas alrededor
de su cintura, el silencio que siguió hizo que Rensley casi jadeara. La
inesperada sensació n de los dedos de alguien deslizá ndose
repentinamente sobre la piel desnuda era demasiado sensible. Su
cuerpo tembló brevemente. Como si Gezell lo percibiera, su voz llegó
desde atrá s.
Disculpa. Me cuesta no tocar tu cuerpo mientras intento atarlo sin
tocarlo.
"Está bien. Por favor, no te preocupes."
Sentı́a calor en el rostro, pero Rensley respondió como si nada hubiera
pasado. Aunque le avergonzaba su propia reacció n ante el simple roce
de la mano de un hombre, intentó disimularlo.
Esperaba que Gezell no lo malinterpretara. Rensley Maelrosen no era
tan tı́mido. En ese momento, todo, el entorno, la situació n, aú n le
resultaban desconocidos, lo que lo volvı́a constantemente cauteloso,
pero su cará cter habitual no era ası́.
A medida que los dos hombres se acostumbraron má s el uno al otro a
travé s de unos pocos toques, la sensació n de la mano de Gezell Jivendad
pasando sobre la espalda de Rensley no era incó moda, sino que hacı́a
que la persona que la recibı́a se sintiera relajada.
Despué s de unas cuantas veces, cuando se volvió familiar, la mano de
Gezell deslizá ndose sobre la espalda de Rensley no solo no era
desagradable sino tambié n relajante, como si el calor envolviera el
cuerpo gradualmente.
Cuando el vestido cubrió completamente la espalda de su dueñ a, se
pronunció una breve frase.
"Está hecho."
Medio perdido en sus pensamientos, Rensley inalmente volvió a la
realidad y se dio la vuelta. A pesar de haber atado personalmente la
cinta en la espalda, la expresió n de Gezell no revelaba emoció n alguna.
La gente como é l es la má s difı́cil de interpretar. Rensley le hizo una
reverencia respetuosa, doblando su esbelta cintura.
Muchas gracias, Su Gracia. Me aseguraré de prepararle ropa con cintas
para el frente má s tarde.
“No es algo signi icativo, no hay necesidad de estar agradecido”.
“Aun ası́… Gracias.”
Rensley volvió a inclinarse y se cubrió la cabeza con el velo. Aunque no
era transparente, bajo la tela oscura, el brillo dorado de su cabello rubio
y el tono pú rpura de sus ojos se ocultaban como una pintura oculta.
Incluso en el dormitorio, que no era especialmente luminoso, el velo
incomodaba mirar hacia adelante. A pesar de fruncir el ceñ o
inconscientemente y mirar a su alrededor, el hombre que tenı́a delante
le extendió la mano.
—Aguanta. Serı́a un problema si te cayeras.
Aunque Rensley querı́a decir que estaba bien, bajar las escaleras en su
estado actual le parecı́a peligroso. Rensley tomó la mano de Gezell en
silencio. El tacto transmitió una calidez que alivió la ansiedad de salir
de la habitació n como la Gran Duquesa.
Salieron de la habitació n uno al lado del otro y recorrieron el pasillo. Un
guardia que se encontraba a cierta distancia los saludó corté smente con
la cabeza baja. Incluso con el velo, parecı́a que los sorprendieran,
quienes permanecieron en silencio.
La o icina estaba en el primer piso, el lugar má s transitado del castillo.
Por diversas razones, la atenció n de quienes transitaban por el castillo
se habı́a dirigido abiertamente a la Gran Duquesa, quien reveló su
apariencia por primera vez en casi dos semanas desde la ceremonia
nupcial.
Incluso con el volumen bajo, las voces emocionadas llegaban a los oı́dos
de Rensley de vez en cuando.
—Oh, ¿cuá nto tiempo ha pasado? La pobre Gran Duquesa. Dicen que
vivı́a en un paı́s cá lido y que aquı́ no soportaba el frı́o, lo que debilitó
mucho su cuerpo. Se veı́a tan sana el dı́a de la boda. Ahora es aú n má s
lamentable.
—Ası́ es. Vié ndola aú n con velo, parece que los rumores son ciertos.
Parece tan frá gil que me preocupa si podrá tener un heredero sano y
salvo.
Poniendo los ojos en blanco bajo el velo, Rensley percibió la realidad
del elaborado engañ o que estaba in ligiendo a la gente de este paı́s.
Tanto si Gezell escuchaba las conversaciones como si no, mantuvo la
compostura con una expresió n indiferente.
Finalmente llegaron a la o icina, tomados de la mano hasta el inal. El
Gran Duque ordenó severamente que no dejaran entrar a nadie má s y
llamó al comandante de los caballeros.
“Ahora puedes quitar el velo”.
Rensley asintió y se quitó el velo. Aunque no hacı́a calor, tenı́a un poco
de sudor en la frente. De repente, se dio cuenta de có mo estaba
engañ ando a todos en este paı́s.
“Antó n ha llegado.”
"Adelante."
El caballero comandante Anton entró en la o icina. Al acercarse, vio a
Rensley dentro un instante despué s. Su mirada oscilaba entre el rostro
de Rensley y el vestido que llevaba, aparentemente perplejo e
incó modo. A pesar de su formal reverencia, el caballero comandante
pronto se recompuso y lo saludó corté smente.
“Ha pasado un tiempo, Sir Maelrosen.”
“Igualmente, Comandante.”
La incomodidad tambié n invadió a Rensley. Tras el breve intercambio
de saludos, Anton giró la cabeza. Aunque habrı́a sido má s apropiado
dirigirse directamente a la persona, optó por hacerlo por boca del
señ or.
—Señ or Maelrosen, ¿ha aceptado realizar el examen de ingreso?
—Sı́. Ası́ que, por favor, explı́cale el proceso.
Al inal, no tuvieron má s remedio que hablar directamente. Anton,
carraspeando en silencio, se acercó a Rensley, que estaba sentado. Su
expresió n era severa.
Los Caballeros Reales de Aldrant no solo juegan un papel en la defensa
de Aldrant de amenazas externas, sino que tambié n llevan a cabo la
misió n de proteger a Su Gracia de cerca como sus ayudantes de
con ianza.
Anton comenzó la explicació n. Incluso antes de llegar al tema principal,
Rensley contuvo la respiració n, sospechando que no solo le estaban
dando un puesto de soldado.
Por lo tanto, el examen de ingreso no termina de una vez. Tras el
examen escrito, solo quienes lo aprueban pasan a la evaluació n
mediante combate de entrenamiento y a caballo, para evaluar su
capacidad para desempeñ ar las funciones de un caballero. Y no será
fá cil.
“…¿Examen escrito…?”
Rensley preguntó , desconcertado por las inesperadas palabras. ¿Acaso
ser caballero no consistı́a en mostrar lealtad a su señ or y ser há bil en el
combate?
Anton, con un tono apropiado, respondió .
—Por supuesto. Ademá s, para Sir Maelrosen, que viene de otro paı́s,
este proceso es aú n má s necesario. ¿Có mo podrı́as sentir afecto por
Aldrant sin saberlo? ¿Y có mo puedes ser leal a Su Gracia sin sentir
afecto por Aldrant?
Las palabras eran ló gicas. Rensley cerró la boca, conteniendo el aliento.
Anton, sin esperar a que Rensley se recuperara de su confusió n,
continuó con la guı́a del examen.
La historia y la cultura de Aldrant son esenciales. Debes memorizar la
geografı́a, las caracterı́sticas de cada regió n y el conocimiento de
familias prominentes distintas a las de Su Gracia . Tras aprobar,
necesitará s obtener informació n personal sobre Su Gracia para tus
funciones como guardia.
—Ah… jaja. Es cierto. Todo lo que dices es cierto.
De hecho, los exá menes de ingreso regulares concluyeron
recientemente. El examen que usted, Sir Maelrosen, presentará es uno
especial ordenado por Su Gracia. Se dice que posee excelentes
habilidades con la espada y la equitació n, y considerando su prestigio,
nos gustarı́a adaptarnos a su conveniencia en la medida de lo posible.
Aunque nunca se habı́a jactado de ello... Rensley de alguna manera
habı́a reunido y presentado su utilidad aquı́, tratando
desesperadamente de encajar.
Al mirar a Gezell, su expresió n se tornó inofensiva. Rensley no tenı́a
forma de saber si el Duque habı́a pronunciado esas palabras con
sinceridad o si el Caballero Comendador las habı́a interpretado a su
manera.
Al presentarme ante el comandante, mis habilidades son muy
de icientes. Sin embargo, haré todo lo posible por estar a la altura de los
caballeros.
“¿Cuá nto tiempo necesitas para la preparació n?”
Antes de que Rensley pudiera terminar sus humildes palabras, el
comandante lo interrumpió con una pregunta. Incapaz de responder de
inmediato, Rensley re lexionó para sı́ mismo. Bueno, ¿cuá ntos libros
gruesos necesitarı́a leer, incluso si los leyera con detenimiento? ¿Un
mes? ¿Dos meses? ¿No serı́a demasiado tiempo?
“¿Cuá l es el perı́odo de preparació n habitual para otros solicitantes?”
“Varı́a de persona a persona, pero como el examen de ingreso es una
vez al añ o, puedes tenerlo en cuenta”.
Nubarrones comenzaron a formarse en la mente de Rensley. Si el
examen se realizaba una vez al añ o, signi icaba que la preparació n
probablemente tomarı́a un tiempo similar.
Comprendió rá pidamente la situació n. Aunque el Duque querı́a que
presentara el examen de ingreso, el Caballero Comendador expresaba
abiertamente su desaprobació n. La voz en su mente resonó , sugiriendo:
«Sigue la orden de Su Gracia, pero si eres ı́ntegro, declina por tu cuenta
en este momento».
'Bueno, en este caso…'
Al pensar en esta repentina y fortuita oportunidad, Rensley rió con
amargura. Aunque la emoció n inicial habı́a menguado, no estarı́a de
má s experimentar un momento de emoció n en estos tiempos aburridos
y agobiantes. Ademá s, si el examen ya aprobado se reabriera solo para
é l, ¿no serı́a apropiado llamarlo un examen especial o una admisió n
injusta?
Considerando la excusa razonable que podı́a inventar para rechazar la
oferta propuesta que ya habı́a aceptado, Rensley eligió sus palabras con
una sonrisa iró nica.
—Una semana. —En ese momento, una voz que no pertenecı́a a
ninguno de los dos intervino de repente. Rensley y Anton voltearon la
cabeza al mismo tiempo.
La persona que habı́a estado escuchando la conversació n en silencio
hasta ahora añ adió con indiferencia: «Una semana deberı́a ser
su iciente. Programemos el examen para dentro de una semana».
"¿Qué ?"
La persona perpleja no era otra que el propio examinado, Rensley
Maelrosen. Gezell, con expresió n indiferente, habló como si respondiera
con indiferencia a la incomodidad tá cita.
Conozco el contenido del examen de ingreso a caballero. Si te
concentras en estudiar, una semana deberı́a ser su iciente.
Aunque la expresió n del Caballero Comandante se tensó
momentá neamente con las palabras que parecı́a a punto de pronunciar,
solo duró un instante. Apretó los labios, reprimiendo su opinió n.
En ese caso, me prepararé para el examen dentro de una semana. Por
favor, consulta esto para ver los temas relevantes.
Anton le entregó a Rensley un pequeñ o pergamino que llevaba en el
pecho. Al desplegarlo con cuidado, Rensley encontró una lista completa
de temas de examen, que incluı́a historia, cultura, geografı́a, aspectos
teó ricos de las tá cticas mercenarias y las habilidades de combate, y el
linaje de la familia real de Orlando y las casas nobles, tal como se habı́a
mencionado anteriormente.
'¿Có mo voy a estudiar todo esto en só lo una semana…?'
Rensley se sentı́a abrumado. Aunque no presumiera de ello, nunca
habı́a tenido intenció n de estudiar en un escritorio, y el talento tambié n
era algo que le faltaba. Sin embargo, como descendiente de la familia
real, asistı́a a varias clases impartidas por los tutores reales, no por
deseo, sino para evitar la ignorancia. Sin embargo, esas clases a menudo
eran aburridas, y se quedaba dormido, lo que le valı́a reprimendas.
Ademá s, como los otros estudiantes eran los hijos de la realeza, el aula
se convirtió en un lugar de tormento y burla, hacié ndolo cada vez má s
desagradable.
A juicio de los altos mandos, que creı́an que no necesitaba estudiar
mucho si podı́a evitar des igurar el rostro real, Rensley se liberó de las
tediosas horas de clase alrededor de los diecisé is añ os. Desde entonces,
siguió disfrutando de la lectura, pero se trataba principalmente de
relatos de viajes aventureros, historias interesantes sobre el amor y la
guerra, lo que difı́cilmente podı́a considerarse un estudio serio.
Incapaz de decir nada, Rensley miró ijamente el pergamino en sus
manos. Sin embargo, Gezell se lo arrebató con irmeza, declarando:
«Todos los libros de texto relevantes está n disponibles en la biblioteca
de la torre del castillo. Empecemos a estudiar esta noche».
'¿Có mo voy a estudiar todo esto en só lo una semana?'
Rensley se quedó ató nito. Aunque disfrutaba de la lectura, lo hacı́a
principalmente por placer, y la idea de estudiar acadé micamente nunca
se le habı́a pasado por la cabeza. La repentina sugerencia de un examen
de admisió n lo confundió .
Gezell continuó con determinació n: «Conozco el contenido del examen
de ingreso a caballero. Si te concentras en estudiar, una semana deberı́a
ser su iciente».
Rensley pensó para sı́ mismo: "Aunque me quede despierto toda la
noche todas las noches a partir de hoy, parece imposible terminar en
una semana, Su Gracia..."
—¿No es ası́, comandante?
Rensley buscó la aprobació n interior al mirar a Anton. En respuesta, la
expresió n de Anton, que parecı́a llena de hostilidad hacı́a un momento,
se suavizó . Frunció el ceñ o ligeramente, y luego sus ojos transmitieron
una sutil conformidad y simpatı́a.
Incapaz de expresar abiertamente su lamento frente a Gezell, quien le
habı́a abierto la puerta cerrada, Rensley dejó escapar un leve suspiro.
Una vez que se menciona el dinero, no hay vuelta atrá s. Ası́ como las
reglas de un garito escondido en un rincó n del mercado tenı́an sus
propios principios, tambié n los tenı́an las propuestas de un monarca
para un paı́s. Rensley apretó el puñ o e hizo una promesa consigo
mismo.
“Haré lo mejor que pueda.”
“Ese es el espı́ritu.”
Rensley no pudo responder a esas palabras y parpadeó . Parecı́a que
Gezell habı́a sonreı́do un poco, solo un poquito, despué s de todo.
—¿Es só lo mi imaginació n, Comandante?
Volviendo la cabeza, Rensley miró a Anton. El Caballero Comandante,
que parecı́a algo sorprendido, cambió rá pidamente su expresió n al
encontrarse sus miradas.
—Bueno, entonces me despido. Mucha suerte con los preparativos, Sir
Maelrosen.
Anton inclinó la cabeza en señ al de despedida y, con su capa carmesı́
ondeando, retrocedió . Tras observar su igura alejarse por un instante,
Gezell, que antes habı́a mostrado cierta hostilidad, se giró hacia
Rensley.
“Empecemos a estudiar de inmediato.”
Cap. 3.6 - Nueva vida
Golpe sordo, golpe sordo, golpe sordo, golpe sordo.
El pesado sonido era el apilamiento de libros sobre gruesos volú menes.
Uno, dos, tres... La irme determinació n de Rensley frente a los libros
cuidadosamente apilados, cada uno tan grueso como su muñ eca y con
má s de diez ejemplares, se derrumbó como una torre de naipes en un
instante.
Sintiendo que su mente se desvanecı́a, Rensley, con la voz má s tranquila
posible, le preguntó a Gezell: "¿De verdad puede Su Excelencia leer
todos estos libros en tan solo una semana?". Si tenı́a que no solo leerlos,
sino tambié n memorizarlos, parecı́a una hazañ a imposible para
cualquiera que no fuera una persona extraordinaria.
Gezell respondió con calma: «Puedo terminar en tres dı́as, pero
mencioné una semana para Lord Maelrosen, que viene de un paı́s
extranjero. Pensé que podrı́a necesitar ese tiempo».
—Ya veo. Su Excelencia no es una persona cualquiera... ¿Pero qué hago
cuando mi mente está por debajo de la media?
La gente suele reı́rse ante la autocrı́tica. Cuando Rensley recibió la
noti icació n de que se casarı́a con Aldrant en lugar de Ivet, fue el
primero en reı́rse. Era demasiado absurdo. No era tan extremo como
entonces, pero incluso ahora, sentı́a ganas de reı́r.
El lugar donde se sentaba Rensley no era una biblioteca, sino el
laboratorio de investigació n subterrá neo del Duque. Gezell le habı́a
ordenado al bibliotecario que trajera libros para la tutorı́a privada de
Lord Maelrosen, y todas las tareas de investigació n de la tarde se
habı́an cancelado.
Rensley agradeció el esfuerzo sincero de Gezell al organizar una sesió n
de tutorı́a privada para é l, pero su corazó n se marchitó gradualmente
cuando se dio cuenta de que no podrı́a cumplir con esas expectativas.
Mientras Rensley luchaba por recuperar su concentració n destrozada
hojeando un librito, Gezell se afanaba en combinar sustancias frente a
una mesa con varios frascos. Cuando Gezell se volvió hacia Rensley con
una botella del tamañ o de una taza de té en las manos, le dijo: «Bebe
esto».
El lı́quido viscoso y de color extrañ o le resultaba inquietante incluso
antes de probarlo. Rensley arqueó las cejas y miró la botella con recelo.
La duda se disipó .
"¿Qué es esto?"
Es una poció n temporal que mejora la memoria y la concentració n. Te
ayudará con los estudios si la bebes.
Rensley abrió mucho los ojos. Habı́a duda en su voz. "¿No es trampa
tomar una poció n ası́ mientras estudias para un examen? Quiero
presentar el examen de forma justa".
¿Por qué buscar una mayor e iciencia se considerarı́a hacer trampa? No
hay ninguna regla que prohı́ba usar el poder de la magia para
prepararse para un examen, siempre que no sea durante el examen en
sı́.
Gezell parecı́a indiferente al problema. Al no poder responder, Rensley
continuó : «Es una poció n que suelen usar eruditos y magos. Puede que
otros candidatos que se preparaban para el examen de admisió n la
usaran. Si a esto se le llama trampa, ¿no se considerarı́a trampa toda la
magia? En la agricultura, no es necesario depender solo de las fuerzas
naturales, y para comunicarse, no siempre hay que enviar cartas,
¿verdad?».
—Bueno, eso es cierto, pero… ¿Su Gracia tambié n toma esas pociones
cuando estudia?
Ahora no, pero sı́ a veces, cuando era má s joven. Querı́a leer má s libros
en el mismo tiempo.
Ah, creo que lo entiendo. Hay veces que quiero bailar, jugar a las cartas
y hacer otras cosas a la vez, todo al mismo tiempo.
Ya que has tenido una experiencia similar, debes aprender rá pido.
Ahora, por favor, adelante, bé betelo.
Rensley dudó , pero inalmente tomó la botella de vidrio. Incluso antes
de probarla, un olor desagradable emanaba del interior.
Aunque lo habı́a notado vagamente desde el principio, la magia en
Aldrant se usaba comú nmente como una tecnologı́a prá ctica. En
cambio, en Cornia, a menos que se perteneciera a la familia real, era
difı́cil siquiera vislumbrar a un mago. El actual rey de Cornia, temeroso
de la magia, prohibı́a estrictamente por ley la investigació n o el uso no
autorizado de la magia. Esto se debı́a a las sospechas que rodeaban a la
familia de la primera reina, un prominente linaje má gico, acusado de
intentar asesinar al rey.
Aunque Rensley se habı́a topado con magos reales en varias ocasiones
debido a su estancia en la ciudad real, todos ellos emanaban un aura
aterradora y severa. Al haber pasado su tiempo en la ciudad real, no
habı́a manipulado directamente herramientas má gicas ni
experimentado con pociones.
'¿En serio está bien beber esto?'
Sintié ndose intimidado por tragá rselo de un trago, Rensley decidió que
no era momento de asustarse por cosas tan triviales. Echó la cabeza
hacia atrá s y, en un suspiro, la botella se vació tras unos tres sorbos.
El sabor no era tan malo como esperaba. Sin embargo, no percibı́a una
sensació n notable de mayor inteligencia. Cuando Rensley, con expresió n
ligeramente perpleja, miró a Gezell, este pareció comprender sus
pensamientos.
Los efectos tardan un poco en notarse. ¿Decidimos qué asignatura
estudiar primero?
Al ver a Gezell rebuscando entre los libros, Rensley no pudo evitar
sonreı́r. «Pensé que tenı́a que aprobar el examen por mis propios
medios, pero parece ser una persona muy ı́ntegra, Su Gracia».
¿Yo? Es la primera vez que oigo una evaluació n ası́.
De hecho, al ocultarle la verdad a la gente y celebrar la ceremonia
matrimonial como un hombre, todo parecı́a ajeno a los principios y las
reglas. Quizá s se debı́a a su expresió n severa o a su atuendo siempre
oscuro, pero algo en Gezell se sentı́a distante. Las apariencias no
permiten comprender a las personas. Rensley sonrió un poco má s.
"Es interesante."
—Bien. Ahora, veamos si la poció n ha hecho efecto.
Aunque Rensley no quiso decir que estudiar serı́a interesante, Gezell
pareció malinterpretarlo. El libro "Aldrent, Historia del Reino Sagrado
en el Continente Norte", un grueso volumen, fue colocado frente a
Rensley con gran peso.
Empecemos con este libro. Despué s de dominar la historia, comprender
las demá s materias será má s fá cil.
Rensley bajó la vista hacia la estanterı́a. Al ver el rostro inexpresivo que
no podı́a borrar el aburrimiento y la lectura mecá nica, una lenta
sensació n de asombro se apoderó de é l cuando Rensley levantó la
cabeza de repente. Gezell asintió como diciendo: «Parece que no habrá
mucho tiempo para leer, aunque haya mucho que cubrir».
Para Rensley, a quien a menudo regañ aban por distraerse en clase, era
una sensació n misteriosa que nunca antes habı́a experimentado. Los
caracteres entraban en sus ojos con luidez, asentá ndose rá pidamente
en su mente sin que otros pensamientos lo interrumpieran.
Quizá s a esto se re iere la gente cuando dice que les da vueltas la
cabeza. La gente como el Duque, que disfruta estudiando, siempre está
en este estado, incluso sin tomar la poció n, supongo.
Mientras hojeaba varias pá ginas, Gezell se sentó junto a Rensley. Señ aló
una frase: era una declaració n donde el rey fundador erigió por primera
vez una barrera. Recordando la vieja historia que habı́a oı́do antes,
Rensley se concentró má s y leyó la lı́nea bajo su dedo.
Serı́a bueno memorizarlo todo, pero las partes que probablemente
aparezcan en el examen de admisió n está n predeterminadas.
Centré monos en leer esas partes.
"¡Sı́!"
La voz de Rensley se fue haciendo má s fuerte de forma natural.
Siguiendo las secciones designadas por Gezell, mientras leı́a, las
palabras se entrelazaban automá ticamente en su mente, creando un
mapa mental de informació n. Era fascinante, casi una locura.
¿Por qué el rey de Cornia no usa la magia de esa manera? Es má s
insensato de lo que pensaba.
Incapaz de contener la emoció n burbujeante que sentı́a en su interior,
Rensley no pudo evitar llamar a su compañ ero de estudio que estaba
sentado a su lado.
“¡Su Gracia!”
"Sı́."
¡El libro es muy interesante! ¡Terminemos la historia hoy!
En ese momento, los ojos y labios de Gezell se movieron con mayor
intensidad que en el estudio. Si bien era un cambio sutil, esta vez, su
sonrisa era inconfundible.
«Esta persona sı́ que sabe sonreı́r, ¿verdad?». La risa de Rensley se hizo
aú n má s alegre. El tiempo dedicado a la preparació n del examen se
estaba volviendo cada vez má s interesante.
"Eso es una suerte."
Estudiar era un placer. Esto era mucho má s fascinante para Rensley que
haber llegado a un paı́s lejano y extranjero disfrazado, haber celebrado
una boda secreta y haber tomado el lugar de su hermanastra.
Autor de novelas originales y traductor de novelas coreanas (⑅˘͈ ᵕ ˘͈ )
Sié ntete libre de compartir tus pensamientos en los comentarios, ya sea
que se relacionen con mis proyectos de traducció n o mis obras
originales; tus comentarios son muy apreciados y brindan un aliento
reconfortante (⁄ ⁄•⁄ω⁄•⁄ ⁄)
Cap. 4.1 - Examen de ingreso
La sesió n especial de tutorı́a privada que el Señ or de Aldrant dedicó
solo para una persona continuó hasta la medianoche.
Era la primera vez en la corta vida de Rensley Maelrosen que conseguı́a
devorar un libro tan grueso en un solo dı́a. La hora de la noche no le
importaba mientras se abrı́a paso a sus estudios, ayudado no solo por la
misteriosa poció n má gica, sino tambié n por la e icaz guı́a de un
maestro experto.
Aunque se podı́a experimentar una mejora temporal en la memoria y la
concentració n, no era posible comprender con luidez historias
complejas y desa iantes como las novelas de aventuras solo por eso. Sin
embargo, incluso las partes que parecı́an un poco difı́ciles se aclararon
rá pidamente tras escuchar las explicaciones del Duque Gezell.
Tras una comida sencilla en el laboratorio sin un descanso adecuado,
continuaron con las largas lecciones. En un momento dado, Gezell,
aparentemente recobrando el sentido, miró la hora y decidió dar por
terminada la noche. Rensley, considerando esta nueva obediencia, se
levantó , asintiendo. Se habı́a convertido en el primer discı́pulo en
seguir obedientemente las instrucciones del maestro desde el principio
de su vida. Gezell amablemente le indicó que repasara lo estudiado hoy
hasta mañ ana, ya que probablemente podrı́an continuar por la tarde.
“¿Se retira usted a pasar la noche ahora, Su Gracia?”
Planeo pasar la noche aquı́. Señ or Maelrosen, regrese a su habitació n y
descanse un poco.
Con la consideració n de Gezell, Rensley habı́a decidido su propó sito
para el dı́a siguiente hasta el inal de la clase. Al regresar a la habitació n
del Duque, se acostó , pensando en el dı́a. Rensley habı́a perdido la
cuenta de cuá ntas vueltas dio en la cama antes de incorporarse
bruscamente.
Miró el reloj cerca de la chimenea. Aunque Rensley aú n no sabı́a leerlo
bien, podı́a calcular el paso del tiempo por la posició n de las manecillas.
'¿Por qué está pasando esto…?'
Incluso si experimentaba situaciones injustas en la vida, se sentı́a
frustrado y triste, o incluso lloraba hasta quedarse dormido, Rensley
nunca habı́a sido incapaz de dormir por la noche. Hoy, habı́a usado su
mente má s que nunca, incluso trabajando en problemas en los que no
habı́a pensado en mucho tiempo.
Ademá s, a diferencia de la concentració n anterior, que no dejaba lugar a
distracciones mientras estudiaba solo o con Gezell, ahora, acostado solo
en la cama, diversos eventos y pensamientos inundaban su mente.
Momentos felices, momentos tristes, aventuras emocionantes,
experiencias aterradoras, momentos de ira y situaciones preocupantes
se entremezclaban. Esta sensació n era nueva para é l.
'¿Es por esa poció n?'
Rensley, apoyado en una gran almohada, murmuró distraı́damente.
Gezell solo habı́a mencionado que era una poció n que ayudaba a
estudiar; no habı́a explicado que era para mantenerse despierto por la
noche. Habrı́a sido mejor si hubiera dado al menos una pista.
Rensley se sentı́a atormentado por una inquietud desconocida, una
oleada turbulenta de emociones confusas. Se sentı́a intranquilo. Cerró
los ojos e intentó dormir, pero no pudo soportarlo má s y se levantó
bruscamente.
Se envolvió en una bata de terciopelo sobre su camisó n y se cubrió con
un velo. Como era medianoche, no habrı́a mucha gente en el primer
piso. En la profunda y silenciosa noche, que magni icaba
inquietantemente la apertura de las puertas, Rensley caminó con
cautela por los pasillos. Sobresaltados, los guardias, que habı́an estado
susurrando entre ellos, lo saludaron.
—Su Gracia, ¿adó nde va tan tarde en la noche?
Aunque habı́a salido de su habitació n casi impulsivamente, fue un error.
Rensley no podı́a hablar. Tardı́amente se dio cuenta de que habı́a
cometido otro acto imprudente.
Sin embargo, a los guardias no pareció extrañ á rseles el silencio de
Rensley. Al verlo en silencio, uno de ellos habló primero.
Su Gracia, sea cual sea la orden, no es conveniente que vaya sola de
noche. La acompañ aremos.
Por suerte, no preguntaron por la situació n. Rensley asintió con la
cabeza. Quizá s, a los guardias, su silenciosa obediencia les pareció má s
digna que una explicació n verbal. Cuando Rensley volvió a caminar, un
guardia con una linterna caminaba a su lado.
“Esto deberı́a ser su iciente.”
Al llegar a la puerta del laboratorio subterrá neo, Rensley levantó la
mano para indicar sus intenciones. Los guardias parecieron
comprender el signi icado de sus acciones sin hacer preguntas. Por un
instante, adoptaron una expresió n de desconcierto, como si hubieran
presenciado un espectá culo inesperado, luego hicieron una reverencia
y se retiraron.
Ya solo, Rensley dudó en el ú ltimo momento. Fue una decisió n atrevida.
El Duque podrı́a estar dormido; ¿estarı́a bien entrar?
Pero si el extrañ o insomnio se debı́a a la poció n, solo el Duque podı́a
resolver la situació n. Rensley llamó a la puerta a regañ adientes.
"¿Quié n es?"
La voz era clara, sin rastro de somnolencia. Con un suspiro de alivio,
Rensley giró lentamente el pomo de la puerta.
A travé s de la puerta entreabierta, vio una expresió n rı́gida al otro lado,
como si le molestara la interrupció n de su tiempo privado. Rensley, sin
ceder, abrió la puerta del todo.
Al mirarse a los ojos, la frente endurecida y la mirada penetrante del
Duque se suavizaron ligeramente. Rensley, al quitarse el velo que lo
oprimı́a, percibió un sutil cambio en la expresió n del Duque. Mientras
Rensley se quitaba el velo, el Duque, que estaba sentado frente a la
chimenea, se levantó y se acercó .
—Señ or Maelrosen, ¿pasa algo?
“Disculpas por perturbar tu descanso.”
Han pasado má s de dos horas desde que subiste a tu habitació n. ¿Aú n
no te has acostado?
Al ver su rostro, una oleada de emociones lo invadió repentinamente.
No sabı́a que no poder dormir por la noche pudiera ser tan angustioso,
pues nunca habı́a experimentado algo ası́. Sin querer, rompió a llorar,
pero se contuvo y rá pidamente recuperó la compostura.
“Me fui a la cama tan pronto como llegué a mi habitació n, pero parece
que no puedo conciliar el sueñ o”.
“¿Suele tener problemas para dormir?”
—No, soy conocido por poder quedarme dormido en lugares ruidosos,
como el bullicio del mercado…
Un tanto desconcertado, Rensley levantó una ceja y formuló la pregunta
que tenı́a en mente.
“¿Podrı́a ser este tambié n el efecto de la poció n del genio?”
—…Puede ser. ¿Es la primera vez que tomas una poció n preparada por
un genio con magia?
Sı́. En Cornia, nunca…
La poció n podrı́a ser demasiado fuerte. Sié ntese, por favor.
Cediendo su có moda silla a Rensley, Gezell se acercó a un gran
escritorio con varios frascos cuidadosamente dispuestos.
—Espera un momento. Haré un antı́doto enseguida.
En lugar de sentarse en el silló n, Rensley se mantuvo un poco apartado,
observando a Gezell preparar la poció n. Gezell mezclaba con destreza
diferentes pociones, recitando ocasionalmente un conjuro. La solució n
opaca brillaba tenuemente y cambiaba de color cada vez que
reaccionaba en la botella de vidrio.
Absorto en la oscuridad de la inminente fecha lı́mite para completar
una semana de estudio durante el dı́a, Rensley no pudo observar con
claridad el proceso de Gezell al preparar la poció n. Los movimientos
re inados y há biles, libres de acciones innecesarias, parecı́an contener
una belleza intelectual e inexplicable en cada simple gesto.
Mientras Rensley miraba cautivado, parecı́a que Gezell habı́a terminado
de preparar la poció n cuando giró la cabeza.
La tolerancia de cada persona puede variar, ası́ que debı́ haber evaluado
cuidadosamente tu condició n. Fue un error mı́o.
—No, normalmente soy inmune a casi todo lo que como. Es frustrante
que mi cuerpo se altere de repente despué s de tomar una poció n
preparada especialmente por Su Gracia.
“¿Experimentó sı́ntomas como iebre o temblores en las manos?”
“Sı́, probablemente…”
Las palabras de Rensley se fueron apagando confusamente. Gezell, que
se habı́a acercado sigilosamente, ahora le tocaba la frente con la mano.
El contacto no era inusual. Al principio, solı́a comunicarse escribiendo
cartas con los dedos en la palma de la mano de Gezell. Cuando Rensley
se disfrazaba de la Duquesa, solı́an tomarse de la mano y caminar un
buen rato, precisamente ese dı́a. Sin embargo, ahora la palma grande y
seca de Gezell le resultaba inusualmente extrañ a. Quizá s estaba má s
frı́a de lo habitual debido a la falta de calor.
Rensley se selló los labios con fuerza y contuvo la respiració n. La mano
que le cubrı́a la frente se detuvo un instante antes de retirarse.
Tiene un poco de iebre. Parece ser un efecto secundario de la poció n.
“¿E-es ası́?”
No le hagas dañ o a tu cuerpo. Tó malo rá pido, duerme y piensa en otra
solució n mañ ana.
“Pero sin esa poció n, suspenderé el examen”.
“Primero ajustemos la poció n y luego consideremos otras opciones”.
Gezell re lexionó un momento y asintió para sı́ mismo como si se
estuviera convenciendo.
“Si es demasiado difı́cil, apuntemos al añ o que viene”.
Al dı́a siguiente, Rensley, quien se habı́a acostado tarde, se despertó
solo despué s de que el sol alcanzara su cenit. Tras lavarse rá pidamente,
revisó el libro que habı́a leı́do el dı́a anterior, siguiendo las
instrucciones del Duque. Hojeando algunas pá ginas, Rensley dejó
escapar un profundo suspiro y apoyó la cabeza en el libro.
A pesar de haberlo estudiado todo, no comprendı́a nada, a diferencia
del dı́a anterior. Parecı́a haber pasado del genio Rensley Maelrosen al
tonto Rensley Maelrosen. De hecho, la ilusió n de que podrı́a terminar
de estudiar para el examen en una semana sin esa poció n era una
fantası́a imposible.
“El duque ha llegado.”
Se oyó la voz de un guardia fuera de la puerta del dormitorio, y esta se
abrió de golpe. Gezell Jivendad, quien habı́a terminado sus deberes
o iciales, entró .
Como un ala rota, el entusiasmo de Rensley se desplomó . En lugar de
leer el libro, habı́a estado garabateando en un cuaderno en blanco.
Cerró el cuaderno rá pidamente y se levantó al ver que Gezell se
acercaba. Gezell se acercó , bajó la vista hacia el escritorio y luego miró a
Rensley con ojos que comprendı́an la situació n.
"¿Tienes problemas para estudiar?"
“…Creo que realmente necesito esa poció n.”
Asintiendo, Gezell metió la mano en la capa. En su mano, al descubierto
de nuevo, habı́a un pequeñ o frasco.
Cambié un poco la combinació n. Reduje la dosis, ası́ que espero que no
haya efectos secundarios hoy.
Rensley asintió rá pidamente. Anoche se habı́a quejado del insomnio
que experimentó por primera vez, pero preferı́a experimentar los
efectos secundarios a suspender el examen que le habı́an dado la
oportunidad de presentar.
Tras beber la poció n y esperar un momento, volvió una sensació n
similar a la de la noche anterior. Su mente se aclaró , sus pensamientos
se aceleraron e incluso su visió n se iluminó .
"Me siento bien."
Al mirar a Gezell con renovada energı́a, Rensley sonrió . Sin embargo,
Gezell no se sentó frente a é l de inmediato, sino que lo observó
atentamente.
Incluso despué s de sentarse, no se olvidó de ofrecer algú n consejo.
“Si por casualidad experimentas sı́ntomas diferentes a los habituales,
no dudes en decı́rmelo”.
—Sı́. No soporto estas cosas, ası́ que no te preocupes.
Gezell abrió un libro nuevo: «El viaje del aventurero David al in del
continente». Los ojos de Rensley brillaron al oı́r la palabra «aventura».
¿Es este un libro escrito por un aventurero? Parece interesante.
Es un diario de viaje dejado por alguien que visitó Aldrant hace mucho
tiempo. Es bastante extenso, e incluso la gente de Aldrant estudia
mucho de este libro. Aunque fue escrito por alguien ajeno a la
comunidad, puede contener errores, pero puedes corregirlos mientras
lees.
Me encantan las novelas de aventuras. Su Gracia mencionó que apenas
ha salido de Aldran, pero yo tampoco he salido nunca de Cornia. Por eso
siempre he sentido curiosidad por có mo se sentirı́a vagar por el vasto
continente. Aunque viajé bastante cuando llegué a Aldrant esta vez, me
sentı́ má s como si me hubieran transportado como equipaje que como
un viaje real. Debido a esas miradas vigilantes, no podı́a deambular
libremente. Cuando Su Gracia encuentre a una duquesa, tendré que
irme de Aldrant, y entonces, quizá quiera viajar como estos aventureros
o poetas.
Mientras escuchaba tranquilamente la larga historia de Rensley, Gezell,
mientras desplegaba el libro, dio una respuesta concisa.
Aunque llegue una nueva duquesa, Sir Maelrosen no tiene por qué irse.
¿No dijiste que querı́as vivir como ciudadano de Aldrant? Para lograrlo,
te está s preparando para este examen, ¿verdad?
¡Sı́, claro! ¡Ese serı́a el mejor resultado! Claro. Trabajaré duro incluso
para obtener la residencia en Roudken.
Rensley levantó la vista del libro con con ianza y un bolı́grafo en la
mano.
Habı́a comenzado el segundo dı́a de tutorı́a. La poció n funcionó como
se esperaba y el estudio progresó sin problemas. Esta vez, parecı́a que
podı́a prepararse para el examen sin problemas. Rensley Maelrosen
creı́a que el sol brilları́a por in para su futuro.
Sin embargo, esa noche, Rensley no estaba preocupado por el insomnio
sino por un fuerte dolor de cabeza, y no tuvo má s remedio que buscar a
Gezell nuevamente, incluso a esa hora tardı́a.
Despué s de examinar cuidadosamente la condició n de Rensley, Gezell,
despué s de una seria contemplació n, llegó a una conclusió n.
Parece que no funcionará . Mejor no usar la poció n.
“¿Y qué pasa con el examen entonces?”
Por ahora, intenté moslo sin la poció n. Como mencioné ayer, aunque
repruebes, el examen de admisió n se realizará de nuevo el añ o que
viene.
Al oı́r esto, Rensley dudó y no pudo responder de inmediato. Gezell,
quien preparaba un remedio para el dolor de cabeza para aliviar el de
Rensley, pareció percibir un silencio incó modo. Lo miró directamente y
le preguntó por qué .
Rensley inalmente habló con cautela: "Incluso si no apruebo el examen
de ingreso, ¿puedo quedarme aquı́ hasta el añ o que viene?"
“…”
En ese momento, el Comandante de los Caballeros y el Mago Jefe
sugirieron continuar el engañ o durante unos meses, celebrar una boda
secreta y luego inventar una excusa para mi dimisió n. Desde entonces,
abandonaré Roudken, y cuando Su Gracia encuentre una nueva
Duquesa, todo se normalizará sin problemas...
Se inventaron las razones segú n fuera necesario. Habiendo corrido ya
rumores de que la salud del Duque Consorte se habı́a deteriorado
signi icativamente, serı́a aceptable que dejara Aldrant para recuperarse
o, en casos extremos, celebrar un funeral falso por seguridad.
Si la noticia de que el sirviente enviado a las tierras del norte habı́a
enfermado y moribundo llegaba a Cornia, serı́a un alivio para ellos y
Rensley obtendrı́a la libertad por la que ya no tenı́a que dudar.
Tambié n se permitı́a el divorcio por mala conducta. Los matrimonios
reales se celebraban principalmente con ines estraté gicos, y los
divorcios y los nuevos matrimonios no eran infrecuentes por razones
similares. Aunque existı́an condiciones como obtener el consentimiento
de la Iglesia y la aprobació n del emperador, los divorcios generalmente
se producı́an con facilidad si se presentaba una justi icació n razonable.
Gezell tampoco reaccionó de inmediato a la historia de Rensley. Pareció
concentrarse en preparar un nuevo remedio para el dolor de cabeza
durante un rato, y solo despué s de terminar la poció n respondió a la
pregunta de Rensley.
“Có mo manejaré la eliminació n de Sir Maelrosen es algo que decidiré
yo, no otros”.
“…”
Eres mi invitado. Como dije desde el principio, si confı́as en mı́, haré
todo lo posible.
Rensley no podı́a levantar la mirada. Sentı́a que habı́a cometido un
error, pensando que nunca habı́a dudado de su autoridad como
soberano. Se disculpó con cautela.
Lo siento, Su Gracia. Parece que dije algo innecesario. Aunque me
considere un invitado indigno, alguien que no sabe agradecer la
indulgencia que ha mostrado y dice palabras desconsideradas, por
favor, comprenda...
Levanta la cabeza. Deja de inclinarte ası́.
El tono irme recordaba las paredes talladas de Roudken. Rensley,
incapaz de resistir má s, se puso de pie.
En lugar de ofrecerle la medicina, Gezell miró a Rensley en silencio.
Incapaz de adivinar lo que estaba pensando, Rensley se acurrucó en
secreto.
Gezell habı́a sido engañ ado y tratado con desprecio, casi insultado, por
un rey extranjero, pero esta persona lo habı́a aceptado. Siempre amable
y educado, le abrió la puerta cerrada del examen. ¿Por qué las cosas se
complicaron tan rá pido?
No, de hecho, Rensley sabı́a la razó n.
El hecho era que las riendas de Rensley Maelrosen estaban en manos de
Gezell. Incluso ante un amo bondadoso, un esclavo yace despatarrado.
Ya fuera para matar o perdonar, doblegar o quebrar, la implicació n
tá cita era dejarlos hacer lo que quisieran.
Incluso con sus pequeñ os caprichos, el destino de Rensley podı́a
cambiar en cualquier momento y en cualquier lugar.
"Pido disculpas."
Sin nada má s que decir, Rensley se disculpó brevemente. Gezell no
pronunció palabra.
La mano que sostenı́a el frasco de vidrio se acercó . Esperó a que
Rensley terminara la medicina, luego tomó el frasco vacı́o y, tras un
breve silencio, habló .
“¿Siempre fue ası́ en Cornia?”
"¿Eh?"
¿Acaso inclinabas la cabeza con tanta naturalidad delante de la gente?
Aunque fueras un sirviente, Sir Maelrosen es innegablemente el hijo del
rey, ¿no es ası́?
—Oh, no. No fue ası́…
Honestamente, a veces lo fue.
Rensley no era de los que insistı́an en preservar su orgullo frente a
personas cuya ú nica preocupació n era hacer el ridı́culo. De joven, se
resistió con terquedad en momentos de frustració n e injusticia, pero
con el tiempo, Rensley aprendió que eso solo di icultaba y cansaba a
ambas partes.
Si era necesario, se humillaba ante ellos. Má s tarde, se burlaba de la
arrogancia insustancial de la realeza y la nobleza mientras tomaba una
copa con amigos, y al despertar de la resaca, ignoraba los sentimientos
del dı́a anterior como si fueran problemas ajenos.
Pero, como le recordaron las palabras del duque, é l tambié n era hijo del
rey. Frente a miembros de la misma familia real, especialmente el
famoso prı́ncipe heredero y algunos colaboradores cercanos, Rensley se
inclinaba obedientemente. Ası́ como Rensley Maelrosen no se rebajaba
fá cilmente ante nadie, tampoco se volvı́a servil con facilidad.
Elegido como chivo expiatorio en lugar de Ivet y embarcado en un largo
viaje hacia Aldrant, los pensamientos se habı́an arraigado
silenciosamente en lo má s profundo de su corazó n sin que é l se diera
cuenta. A regañ adientes, Rensley abrió la boca.
Como dijiste, tambié n formo parte de la familia real, y aunque no sea
igual a los hijos legı́timos, no creı́a que esta vida fuera mala. Pensar en
no poder hacer lo que quiero no es gran cosa. En un mundo donde
innumerables personas luchan por ganarse la vida, no tener que
preocuparse solo por la comida y el techo es una vida bendita. Pensé
que eso era su iciente, y como hijo del Rey, creı́ haber cumplido con mi
deber.
La voz de Rensley murmuró como un soliloquio. El rostro de Gezell, que
se ensombrecı́a gradualmente, no respondió de inmediato. Rensley se
quedó ató nito y levantó la cabeza como si se hubiera sobresaltado
cuando Gezell extendió lentamente la mano. Gezell la retiró
rá pidamente.
Cuando Rensley abrió bien los ojos y se acercó a Gezell, una
determinació n resuelta, como la de un general experimentado antes de
una batalla, se instaló en su rostro.
Tendré cuidado. Creo que mi con ianza laqueó debido a las trampas
inesperadas. No es apropiado para alguien que intenta el examen de
caballero estar ası́.
"Bien."
Incluso sin magia, me prepararé con diligencia. ¡Lo tenı́a pensado desde
el principio! Dejaré de hablar dé bilmente.
—Está bien. Suena bien.
La respuesta de Gezell pareció contener una leve sonrisa, pero tambié n
podrı́a ser producto de la imaginació n de Rensley. Esa noche, Rensley
tenı́a que llevar velo, y la noche estaba oscura. Gezell lo acompañ ó al
dormitorio de la Duquesa y lo revisó por ú ltima vez.
"¿Está bien el dolor de cabeza?"
Rensley asintió . Quizá s debido a su predisposició n natural a reaccionar
bien a la medicina o al excelente efecto del brebaje de Gezell, el dolor de
cabeza habı́a desaparecido por completo.
Cap. 4.2 - Examen de ingreso
Habı́an pasado solo dos dı́as desde que con ió en el poder de la magia, y
despué s, con iando ú nicamente en el intelecto ordinario de Rensley y
una voluntad indomable, una semana pasó en un abrir y cerrar de ojos.
Desafortunadamente, la capacidad de aprendizaje sobrehumana que se
manifestó al beber la poció n genial no reapareció , pero Rensley hizo lo
mejor que pudo. Su mentor, Gezell Jivendad, tambié n compartió
momentos difı́ciles con é l, sin faltar ni un solo dı́a, trabajando juntos
hasta la medianoche.
El dı́a del examen, Rensley se despertó temprano y se dio un bañ o
limpio. Para concentrarse durante el largo examen, sintió la necesidad
de conservar la energı́a, ası́ que se quitó la comida insı́pida. Mientras
seguı́a comiendo, la comida de Aldrant se sentı́a algo comestible.
El lugar del examen fue la habitació n del Duque. Originalmente, se decı́a
que el examen se celebrarı́a en la capilla del castillo. Sin embargo, hoy,
para evitar llamar la atenció n, se decidió celebrar un examen especial
en el dormitorio.
Tras terminar de comer, Rensley ordenó su entorno. Abrió todas las
puertas de madera para dejar entrar la luz y, desa iando el frı́o, ventiló
la habitació n un momento.
Preparado, Rensley estaba a punto de tirar del cordó n junto a la cama.
Tirar de é l señ aları́a la llegada del Caballero Comendador, no de Lady
Samlet, como se habı́a acordado para hoy.
Toc, toc.
En ese momento, alguien llamó a la puerta. Antes de que Rensley
pudiera responder para entrar, la puerta se abrió , revelando al hombre
que esperaba ver allı́. Rensley caminó apresuradamente hacia é l.
“Su Gracia, ¿no es hora del examen?”
—Me voy enseguida. Aú n no ha empezado, ¿verdad?
"Sı́."
Por favor, espere con calma. Ha trabajado duro, ası́ que seguro que
aprobará .
La expresió n del duque Gezell era como una lı́nea recta inquebrantable,
una llanura silenciosa donde no se agitaba ni una sola brisa.
Aunque hoy era igual, sus pestañ as eran suaves. Ahora que Rensley,
quien habı́a aprendido a reconocer cada pequeñ a diferencia en su
rostro, podı́a verla, no pudo evitar sonreı́r al sentirse realmente
convertido en su aprendiz.
—Cierto. Quizá s sea un verdadero milagro haberlo aprobado en tan
solo una semana.
Sintié ndose cá lido y con una visió n optimista infundada, la travesura
repentinamente brilló en su interior.
“Su Alteza, ¿puede prestarme su mano por un momento?”
Gezell arqueó levemente las cejas como si no entendiera la razó n, pero
extendió la mano sin decir palabra. Rensley se aclaró la garganta y,
queriendo demostrar su sinceridad, escribió algo con el dedo.
<Seguro que pasaré y te lo pagaré , Maestro.>
“Jajaja.”
Rensley se sorprendió , con los ojos muy abiertos. Esta vez, no habı́a
lugar a malentendidos ni sospechas. Aunque fue un instante breve, el
Duque rió a carcajadas.
Incluso despué s de esa breve risa, una leve sonrisa se dibujó en su
rostro. Respondiendo primero a la broma y luego sorprendiendo a
Rensley con una mirada, habló .
“Sı́, rezaré por eso tambié n”.
“Sı́… ¡Sı́!”
Rensley respondió , tropezando un poco.
Se acercaba la hora de la ceremonia. Tras un breve intercambio de
saludos, el Duque se dirigió a su despacho. Incluso despué s de cerrar la
puerta, Rensley se sintió como si lotara en una nube de jabó n durante
un buen rato.
—Es muy guapo. Ya lo sabı́a, pero cuando se rı́e ası́, es increı́blemente
guapo.
Para calmar su rostro enrojecido, Rensley se dio varias palmadas en las
mejillas. Aun ası́, se sentı́a incó modo. ¿Por qué se le ponı́a la cara roja al
ver a otro hombre, guapo o no? Sin duda era porque su mente, en algú n
lugar, estaba fallando debido a que ú ltimamente no conocı́a a la gente ni
interactuaba con ella adecuadamente.
Una vez que apruebe, seré libre. Puede que no sea tan libre como Su
Gracia, pero no me quedaré muy atrá s, ¿verdad? El valiente y apuesto
caballero Rensley Maelrosen podrı́a atraer confesiones de bellezas.
Despierta. De ahora en adelante, concé ntrate solo en el examen.
Uf. Rensley respiró hondo y agarró la cuerda larga. Entonces, un brillo
apareció en su muñ eca levantada.
Una luz dorada en forma de brazalete. Rensley, que no llevaba ningú n
accesorio, frunció el ceñ o y se miró la muñ eca.
"¿Qué es esto?"
Como la luz del sol re lejá ndose en un espejo, el breve destello
desapareció al instante. Miró por la ventana, pero aú n era demasiado
temprano para que el sol brillara.
Durante un rato, se examinó la muñ eca, girá ndola a izquierda y
derecha, pero la luz no volvió a aparecer. Aunque fuera una ilusió n
ó ptica, ¿serı́a una buena señ al? Rensley se encogió de hombros y tiró de
la cuerda con energı́a.
Incapaz de relajarse, se quedó de pie frente al escritorio, paseá ndose
nerviosamente de un lado a otro, cuando oyó pasos que se acercaban,
acercá ndose poco a poco. Debido a la vida de con inamiento que llevaba
en su habitació n, donde rara vez veı́a gente durante un tiempo, se
volvió sensible a cualquier señ al de que alguien se acercara.
Los pasos de Lady Samlet acercá ndose eran ligeros y á giles. El Duque se
movı́a casi en silencio. Los pasos del Caballero Comendador eran
amplios y seguros. Rensley permanecı́a irme, esperando al hombre que
podrı́a convertirse en su superior.
“Buenos dı́as, señ or Maelrosen.”
¿Dormiste bien, Comandante?
En cuanto se abrió la puerta, saludó corté smente y, a diferencia de la
ú ltima vez que se vieron, vestı́a de forma informal, quizá porque estaba
a cargo de supervisar el examen. Tras quitarse la armadura metá lica,
solo llevaba una de cuero sobre una camisa. En sus manos, sostenı́a
unas hojas de papel y un pequeñ o reloj de bolsillo.
Un examen escrito. Hacı́a mucho que no se sentı́a ası́, desde los doce
añ os. Incluso los arrogantes hijos de la familia real de Cornia, que se
quedaban paralizados y se quedaban callados frente al profesor, eran
iguales en los exá menes.
Recordó el aula con tantos libros y un olor ligeramente mareante, el
maestro real que repartı́a los exá menes con severidad, y la atmó sfera
ú nica, tranquila y tensa, previa al examen, que solo se sentı́a justo antes.
Era un momento que nunca le gustó , pero tal vez se habı́a convertido en
algo irreversiblemente lejano. Habı́a una extrañ a sensació n de
nostalgia.
¿Có mo está tu condició n fı́sica? ¿No será una carga continuar con el
examen?
“No, no hay problema.”
Por favor, tome asiento. Aunque pueda ser má s estresante hacer el
examen solo, piense que es un privilegio estar en un lugar có modo.
Lo sabı́a bien o no. Rensley asintió y se sentó al escritorio. Respiró
hondo y repasó lo que habı́a memorizado hasta el dı́a anterior. Nunca se
habı́a esforzado tanto en estudiar.
Prepararse para un examen durante un añ o estudiando solo una
semana parecı́a una historia extravagante. Podrı́a haber sonado a
jactancia si se tratara de la historia de otra persona. Sin embargo, el
simple hecho de haber trabajado con pasió n por una meta era
grati icante. El tiempo que habı́a pasado con quienes lo ayudaron y
apoyaron sinceramente era valioso para Rensley, quien nunca habı́a
tenido una oportunidad ası́.
Anton, que habı́a estado mirando el reloj, inalmente se movió . Con un
crujido, el examen fue colocado frente a Rensley.
"Comenzar."
Rensley tomó el bolı́grafo rá pidamente. Empezando por la primera
pregunta, empezó a leer rá pidamente.
La primera pregunta fue sobre el emblema de la familia real Aldrant.
Los motivos plateados bordados en la capa del duque. No, al principio
pensó que era un grifo, pero resultó ser una criatura fantá stica, la
manifestació n de un caballo ilusorio. Una bestia mı́tica con alas de lobo
o leó n, criaturas inexistentes en realidad.
La pregunta se referı́a al signi icado de la oració n, la cantidad de
plumas en las alas abiertas y la forma de los cuernos, dientes y garras.
Era crucial que un soldado o caballero memorizara con precisió n el
sı́mbolo de la facció n a la que pertenecı́a.
“El emblema de Aldrant es una representació n de la bestia invocadora
que solo puede comandar quien se convierte en rey”.
¿Una bestia invocadora? ¿Signi ica eso que Su Gracia el Duque tambié n
puede invocar una bestia?
—Por supuesto. Sin embargo, es una magia permitida solo cuando es
absolutamente necesario. No se usa a menos que sea para prevenir la
invasió n de enemigos.
Recordando la conversació n que tuvo con Gezell, Rensley respondió con
calma a la primera pregunta. Se agradecerı́a mucho que el nivel de
di icultad continuara ası́...
La siguiente pregunta trataba sobre la Batalla de las Murallas, que tuvo
lugar hace unos cincuenta añ os en Aldrant, y las estrategias empleadas
en aquella é poca. Rensley respiró hondo y se concentró . Las batallas en
las murallas en la historia de Aldrant eran frecuentes, y cada vez, las
circunstancias eran ligeramente diferentes, lo que di icultaba
distinguirlas y memorizarlas.
Sin embargo…
Rensley anotó las respuestas con facilidad y seguridad. Al pasar a la
siguiente pregunta y a la siguiente, no hubo mayores obstá culos.
Sorprendentemente, el contenido de los libros que habı́a leı́do hasta
entonces estaba perfectamente almacenado en su mente, y Rensley só lo
necesitaba recuperarlos y ordenarlos adecuadamente.
Anton, que supervisaba el examen con mirada penetrante, se quedó
paralizado, como sorprendido. La frente de Rensley se arrugó
lentamente.
—Qué raro. ¿De verdad me convertı́ en un genio?
¿Podrı́a ser que Rensley Maelrosen fuera originalmente un estudiante
talentoso con una mente aguda? Aunque solı́a pensar que no podı́a
estudiar solo en clase y las lecciones regulares le resultaban tediosas,
y g
las lecciones especiales que se habı́an prolongado durante una semana
eran desa iantes, pero siempre disfrutables. No planeaba ni se relajaba,
dando siempre lo mejor de sı́ dentro del tiempo asignado, sin
remordimientos. Despué s de beber la poció n má gica durante solo dos
dı́as, no la volvió a tocar. Por lo tanto, esto fue ú nicamente el resultado
del esfuerzo de Rensley.
Quizá s siempre tuvo talento para el estudio, pero no se dio cuenta.
Quizá s simplemente no habı́a encontrado un buen maestro que lo
ayudara a lorecer. Su expresió n ligeramente tensa se iluminó
notablemente y, con una sonrisa, continuó rá pidamente anotando las
respuestas. Se sentı́a bien.
Cap. 4.3 - Examen de ingreso
Al salir de sus aposentos, Gezell abrió la puerta de la sala de
conferencias. Los ministros ya estaban reunidos, rodeando el trono del
rey. Gezell recorrió el pasillo central y ocupó su lugar.
En un añ o normal, el invierno habrı́a sido ajetreado y turbulento debido
a los ataques de monstruos. Sin embargo, este añ o, gracias a los
grandes dispositivos má gicos construidos el añ o anterior, la primera
lı́nea de defensa en la barrera habı́a tenido un é xito notable. Las
batallas que solı́an intensi icarse tras la llegada de las tropas de apoyo
de Roudken ahora solı́an contenerse antes de que las llamas se
propagaran.
Como resultado, las discusiones recientes en las reuniones se centraron
principalmente en asuntos civiles. Gezell tramitó los documentos
presentados por los nobles de Roudken y otras regiones.
“¿El conde Hilderoot ha desarrollado un nuevo mé todo para extraer
Membril?”
Sı́, quiere probarlo aguas abajo del Rı́o de la Plata. Si se implementa, los
recaudadores de impuestos deberı́an inspeccionarlo juntos.
“El invierno aguas abajo del Rı́o Plata podrı́a ser peligroso para la
operació n de extracció n…”
Gezell se tocó ligeramente la barbilla, sumido en sus pensamientos por
un momento. Bajo su vista, el á rea alrededor de su mano se iluminó de
repente. Sorprendido, rá pidamente retiró la mano de la barbilla y miró
hacia abajo. Sin embargo, el deslumbrante destello de luz dorada no se
encontraba por ninguna parte.
Siguiendo la luz que se desvanecı́a como humo, Gezell examinó su mano
y el entorno. El ministro que lo observaba preguntó : "¿Qué ocurre?".
¿No viste esa luz que habı́a por aquı́ hace un momento?
Gezell señ aló levemente el espacio vacı́o bajo su barbilla, y el ministro
pareció desconcertado. Gezell volvió la mirada hacia los demá s
ministros que lo rodeaban.
Ellos tambié n miraban al gobernante con expresiones de confusió n.
Podrı́a considerarse un error, pero Gezell Jivendad era un hechicero. La
sensació n que sintió cuando el á rea se iluminó fue sin duda similar a la
de la magia en movimiento. Ademá s, si la luz brillante solo era visible
para é l, signi icaba que la luz misma era algú n tipo de magia.
Sin embargo, a menos que lo lanzara é l mismo o alguien se lo pidiera,
¿quié n se atreverı́a a usar magia imprudentemente contra el
gobernante? Los ojos de Gezell, que repasó rá pidamente su memoria
para ver si habı́a pasado algo por alto, se entrecerraron con una sutil
sospecha.
"Eso es todo."
"¿Qué quieres decir?"
Nada. Continuemos la reunió n.
Como Gezell solı́a perderse en sus propios pensamientos, los ministros
estaban acostumbrados a tales situaciones. Sin má s preguntas,
continuaron su discusió n. Habı́a mucho que atender durante el
invierno, especialmente con los nuevos asuntos que surgı́an a diario en
la corte.
Tras concluir la reunió n y cuando los ministros comenzaron a retirarse
uno a uno, Gezell miró el reloj de la pared de la o icina. El examen de
Rensley Maelrosen aú n no habı́a terminado.
Se levantó y salió de la o icina. Los cortesanos que lo esperaban afuera
lo siguieron.
"¿Irá s al laboratorio de investigació n?"
“No, visitaré la iglesia”.
El clima exterior, acercá ndose al mediodı́a, se habı́a vuelto má s
templado en comparació n con la mañ ana. Gezell salió de la torre
principal y se dirigió a la iglesia.
Aunque la iglesia estaba tranquila sin eventos especiales ni reuniones
multitudinarias, la gente se reunı́a frente al sacerdote para orar,
bendecir o preguntar sobre sus viajes antes de embarcarse en largos
viajes.
Al entrar Gezell, todas las miradas se posaron en é l. A pesar de su breve
reinado, recibió grandes elogios por traer paz y prosperidad a Aldrant.
Sin embargo, en comparació n con reyes anteriores, siempre corrı́a un
sutil rumor sobre su cará cter inusual.
Pasaba la mayor parte del tiempo trabajando e investigando en el
castillo principal, entrando y saliendo rara vez a menos que fuera
necesario. Un hombre só lido, de piedra. Los gobernantes anteriores,
como deber, visitaban con frecuencia la iglesia, ofreciendo oraciones y
conversando con los sacerdotes. Aun ası́, Gezell Jivendad asistı́a
principalmente a los eventos celebrados en la iglesia del castillo solo
cuando habı́a una ocasió n importante.
Al acercarse a la iglesia, Gezell comenzó sus oraciones. Los sacerdotes
reunidos, en plena construcció n, lo recibieron con expresiones de
desconcierto.
Bendiciones para el Guardiá n. ¿Qué le trae por aquı́, Su Gracia?
Tengo algo que me gustarı́a con irmar. ¿Puedo ver al Sumo Sacerdote?
Nadie priorizarı́a nada por encima de la petició n del señ or. El sacerdote
pospuso temporalmente a quienes habı́an venido a verlo y condujo a
Gezell a la sala de oració n del Sumo Sacerdote. Tras conversar
brevemente con el sacerdote en la puerta, se dirigió a Gezell.
Está disponible. Como no hay planes especiales, por favor, pase.
Gezell asintió brevemente y entró por la puerta abierta. Ya sea mago o
sacerdote, su trabajo es bastante similar.
Realizan los rituales necesarios, ofrecen oraciones y estudian para
explorar la verdad. Sin embargo, mientras los magos investigan las
leyes naturales o las teorı́as má gicas, los sacerdotes cultivan su fe y
estudian la voluntad divina.
La magia divina practicada por los sacerdotes, en comparació n con la
magia elemental que estudia Gezell, sigue principios y caminos
completamente diferentes.
Aunque hubo casos en los que se lograron buenos resultados a travé s
de la colaboració n, el interé s de Gezell en la magia divina era limitado,
ya que fundamentalmente no era un tipo de hechizo que pudiera
utilizar ampliamente.
“Ha pasado un tiempo, Su Gracia.”
“Me disculpo por irrumpir inesperadamente”.
El Sumo Sacerdote sonrió cá lidamente y asintió . Señ aló la silla de
invitados.
—Por favor, tome asiento. Haré que traigan el té .
—No, no pretendo quitarle mucho tiempo. Vine a preguntarle una cosa.
“¿Otra pregunta sobre magia?”
Como Gezell habı́a visitado abruptamente el lugar varias veces antes,
buscando consejo en medio de su investigació n, el Sumo Sacerdote se
mostró casual.
Gezell asintió . —Se trata de la ceremonia de unió n que mencioné antes.
¿Realizamos un ritual de luz en las muñ ecas del duque y la duquesa
durante esa ceremonia?
“Ah, ¿te re ieres al ritual de unió n?”
“¿Tuvo algú n efecto má gico real?”
Al oı́r esto, el anciano sumo sacerdote rió entre dientes. Tenı́a la
expresió n de un abuelo al ver a su nieto.
Es una forma de magia divina, pero es difı́cil atribuirle efectos
especı́ icos. Cuando los plebeyos celebran ceremonias matrimoniales,
¿no intercambian regalos como anillos o collares? Considé relo una
magia ritualista propia de la ceremonia sagrada de matrimonio de la
familia real, que simboliza el intercambio de almas en lugar de regalos.
“No hay efectos concretos”, repitió Gezell, pronunciá ndolas como si
intentara aceptar la respuesta, aunque parecı́a sospechoso.
De hecho, un breve destello de luz emanó de mis muñ ecas, donde la
implementació n se habı́a extendido hacı́a un momento. Tambié n sentı́
el movimiento de la magia. No parece que haya ocurrido sin motivo ni
efecto.
"¿Es eso ası́?"
El sumo sacerdote abrió mucho los ojos y miró a Gezell, pero solo por
un instante. Rá pidamente recuperó su expresió n bené vola de abuelo.
Parecı́a aú n má s encantado que antes.
Hay una leyenda que cuenta que cuando los corazones de quienes se
unen se unen, el ritual se llena de poder. Se dice que si quienes se han
unido desean con fuerza lo mismo simultá neamente, pueden leerse los
pensamientos sin hablar, como si escudriñ aran la mente o el corazó n de
los demá s.
“Yo… no sentı́ tal sensació n.”
Mencioné que es una historia casi legendaria. No la he presenciado
personalmente, ası́ que no sé có mo se mani iesta. Sin embargo,
independientemente del mé todo, simboliza la profunda conexió n entre
el Duque y la Duquesa. Es una magia que no dañ a a las personas, ası́
que no hay de qué preocuparse. Si esa luz vuelve a aparecer la pró xima
vez, me gustarı́a verla tambié n.
Gezell contempló al anciano un instante. La atmó sfera distaba mucho
de ser falsa o disimulada. La sensació n de engañ o era considerable. En
su infancia, el sumo sacerdote le habı́a dado refrigerios, realizado magia
juguetona y lo habı́a admirado. Por alguna razó n desconocida, a menos
que se tratara de un evento completamente inverosı́mil, era su iciente
por ahora. Concluyendo que debı́a observar un poco má s, Gezell
expresó su gratitud.
Gracias por su respuesta. Volveré la pró xima vez.
Por favor, visı́tennos má s a menudo. Como los jó venes está n ocupados,
los mayores pueden sentirse solos.
Gezell respondió y salió de la sala de oració n. Atravesando el pasillo,
llegó al saló n principal, y el reloj de pared marcaba el mediodı́a. Aceleró
el paso. Era la hora en que el examen de Rensley habrı́a concluido.
Al llegar a la torre principal, se dirigió directamente al dormitorio del
Duque. Despidiendo incluso a los asistentes, se detuvo un momento
antes de llamar a la puerta. Por si el examen aú n no habı́a terminado, su
voz podrı́a ser una molestia. Entonces, las voces que conversaban
dentro del dormitorio llegaron a sus oı́dos.
Bien hecho, Sir Maelrosen. Le informaré de los resultados durante la
cena, despué s de la cali icació n.
¡Sı́! ¡Entendido!
Una respuesta corté s del caballero comandante fue seguida por la voz
vivaz de un joven. Era ené rgica y animada, indescriptible. Sin
comprobar si el examen habı́a salido bien, Gezell ya podı́a adivinar la
respuesta por el tono. Llamó a la puerta y abrió al cabo de un rato.
La luz del sol que entraba a raudales por la ventana abierta de par en
par iluminaba la habitació n del Duque sin necesidad de iluminació n
adicional. Anton, que estaba ordenando los exá menes, y Rensley, que
acababa de levantarse de la silla, dirigieron su atenció n al nuevo
visitante. Anton bajó rá pidamente la cabeza a modo de saludo.
"Su Gracia."
“¡Su Gracia!”
Antes de que Anton terminara de saludar, Rensley se puso de pie de un
salto. Debido a este movimiento repentino, la silla casi se volcó hacia
atrá s, pero logró recuperar el equilibrio. El hombre que empujó el
escritorio con un chirrido para acercarse a Gezell se acercó corriendo.
Sus ojos violetas brillaban como joyas. Aunque era una pregunta
prede inida, Gezell la formuló .
“¿Terminaste bien el examen?”
¡Sı́! ¡No dejé ninguna pregunta sin responder! Puede que me haya
convertido en un genio. En cuanto vi las preguntas, las respuestas me
vinieron de forma natural. Sentı́ que mi cabeza no era mı́a. Memorizar
todo esto en tan solo una semana... Nunca supe que tenı́a talento para el
estudio.
Gezell escuchó atentamente las efusivas palabras del examinado, que
luı́an como un canto triunfal. De repente, al levantar la cabeza para
mirar a Anton, Gezell, quien no pudo ocultar su sospecha, se encontró
con una expresió n de desconcierto. El comandante, que los habı́a
estado observando a ambos, se aclaró la garganta brevemente y
organizó los exá menes y sus pertenencias.
Gezell desvió su mirada hacia Rensley y respondió a su entusiasta
informe sin ninguna reserva.
Extraordinario. Todo esto es fruto del diligente trabajo de Sir
Maelrosen.
—¡Sı́, es correcto! Muchas gracias, Su Gracia.
Anton parecı́a inquieto. El rastro de mala conducta e irregularidades
persistı́a, pero no habı́a pruebas. Ademá s, si el blanco de las sospechas
era el propio Duque, insistiendo en algo, sin importar la oposició n de
los demá s o tratá ndolo como un asunto personal, era Gezell Jivendad, el
Duque. Si deseaba con ahı́nco la admisió n de Rensley Maelrosen, harı́a
lo que fuera necesario.
El caballero comandante suspiró profundamente para controlar sus
emociones. Sin preocuparse por sospechas infundadas, lo má s
importante eran las habilidades prá cticas. En cuanto entró en la
habitació n, no pudo discernir ninguna cualidad caballeresca en el
hombre que se acercó corriendo sin ningú n peso.
Al preguntarles cuá l era el talento má s crucial en la batalla, la gente
podı́a dar respuestas diferentes, pero Anton priorizaba la cautela. Ser
cauteloso no signi icaba ser lento. Signi icaba juzgar con calma y decidir
rá pidamente la respuesta a situaciones y ataques inesperados, sin
confundirse e implementando contramedidas con rapidez.
El contenido que elegiste para el examen tenı́a muchos problemas. No
participaste en la formulació n de las preguntas, ¿verdad?
—No, no lo hice. No serı́a justo.
Realmente extraordinario. Ni siquiera participaste en la formulació n de
preguntas, pero respondiste el examen tan bien. ¿Será que estudiar con
Su Gracia me trans irió inteligencia y me convirtió en un genio?
Recuerdo las preguntas que se hacı́an en el examen de admisió n cada
añ o. Al examinar los patrones, es fá cil determinar qué tipo de preguntas
se hacen con frecuencia. Cualquiera puede hacerlo.
Su conversació n, algo inquieta, continuó incluso despué s de salir del
dormitorio y se iltró por la rendija de la puerta, intrigando a Anton.
Trataba sobre la falsa ceremonia de boda que se habı́a acordado debido
a la lamentable situació n de ser rechazados por su patria. El invitado
sentado, que ahora adulaba al Duque, meneó la cola y planeó ganar
favores má s tarde.
“Parece bastante astuto y taimado”.
Anton negó con la cabeza. Deseaba fervientemente que su señ or, a
quien consideraba lú cido, no se dejara in luenciar por las ambiguas
historias de un forastero. Muchos tiranos de la historia dieron sus
primeros pasos ası́.
Con una mezcla de ansiedad y pesimismo, Anton se alejó gradualmente
del dormitorio del Duque. Las palabras de Rensley, a irmando con
seguridad su é xito sin esperar la cali icació n, fueron seguidas de una
expresió n incó moda.
No sé có mo devolverle este favor. No tengo mucho, y ya sabe, la dote y
los regalos que trajo de Cornia son bastante modestos. Puede que
parezcan insigni icantes a los ojos de Su Gracia, ası́ que no puedo
devolverle el favor con tales cosas.
De repente, Gezell hizo una nueva pregunta, como si cambiara de tema.
¿Qué crees que querrı́a de ti?
"¿Eh?"
¿Crees que puedes entender lo que quiero sin que te lo diga?
Rensley, con expresió n perpleja, parpadeó y luego se concentró en
Gezell con cierta tensió n. Se concentró , incluso conteniendo la
respiració n, por un momento, luego se encogió de hombros y, como si
buscara una excusa, habló con vacilació n.
—No… Me da vergü enza, pero realmente no lo sé … Aunque me haya
convertido en un genio, comprender los pensamientos de los demá s
sigue siendo… un desafı́o.
Las puntas de las orejas de Rensley se enrojecieron ligeramente al
darse cuenta de que no podı́a adivinar qué querı́a Gezell. Avergonzado,
su voz se volvió má s baja. Sin presionar má s, Gezell dio la respuesta
correcta.
No he hecho nada que merezca mi gratitud. Va en contra de los ideales
de Aldrant dejar a personas capaces sin asignarles tareas. Podrı́a
ayudarte en tus estudios, pero el examen inal depende de las
habilidades de Sir Maelrosen.
“Sı́, lo entiendo.”
“¿Cuá ndo es el examen de artes marciales?”
—Aú n no… Supongo que nos informará n despué s de conocer los
resultados del examen.
“Necesitará s un lugar para practicar”.
Gezell apoyó la barbilla en la mano, en silencio. Rensley, que no se
atrevı́a a pedir tanto, tambié n permaneció en silencio.
Tenı́a con ianza en la equitació n y la esgrima, pero hacı́a bastante
tiempo que no montaba a caballo ni blandı́a una espada. Aunque
intentaba moverse con regularidad dentro de la habitació n, practicando
a diario, sus habilidades habı́an disminuido signi icativamente en
comparació n con cuando practicaba a diario. No podı́a salir, no podı́a
montar a caballo y ni siquiera podı́a observar a los caballos.
¿Có mo está Marilyn? Todavı́a no hay noticias de Lady Samlet, quien
prometió veri icar la situació n.
Los duelos se enseñ aban a todos, pero la esgrima solo se enseñ aba a los
prı́ncipes, especialmente a los enemigos. Sin embargo, tambié n tengo
un mentor. En Celestine, la capital de Cornia, hay un gran mercado y
una taberna regentada por un espadachı́n errante llamado Pedro. De
joven, decı́a ser un mercenario de renombre, aunque casi nadie le creı́a.
Como vivı́a inmerso en el alcohol a diario, no era de iar. Sin embargo,
es un maestro espadachı́n y mi mentor. Ası́ que, aunque a irmaba haber
sido un mercenario famoso, creo en sus palabras. Era realmente fuerte.
¿De qué sirve la esgrima real? Toda la esgrima que aprendı́ es para el
combate real.
Rensley, que llevaba largo rato re lexionando sobre su historia, se selló
de repente los labios. Un bostezo, inesperado y a punto de estallar, fue
reprimido. Apenas lo contuvo, pero las lá grimas brotaron por re lejo.
Gezell, al notar su estado, cambió de tema.
Debes estar cansado despué s de concentrarte toda una semana.
Preocupé monos por lo demá s má s tarde y tomé monos un descanso por
ahora.
Todavı́a es de dı́a. Estoy bien.
Me voy entonces. Podemos seguir hablando mañ ana.
“Está bien que te quedes un poco má s…”
Aunque Rensley añ adió una respuesta como un comentario inal, Gezell
pareció no oı́rlo y se alejó . Justo antes de cerrar la puerta, volvió a
enfatizar.
"Descansar."
Rensley asintió . Una vez cerrada la puerta, el dormitorio, ahora solo, se
sumió en un silencio inusual.
Con un leve suspiro, se dejó caer en la có moda silla frente a la
chimenea. Imitaba el comportamiento del Duque que a menudo se
observaba en el laboratorio subterrá neo de investigació n. Cá lido,
có modo y apá tico. Podı́a entender por qué al Duque le gustaba ese
lugar. Estar sentado demasiado tiempo podı́a volverse tedioso, pero...
Con la mirada perdida en las llamas parpadeantes, parpadeó
lentamente con los ojos entrecerrados. Aunque solo habı́an pasado dos
dı́as desde que tomó la medicina, la experiencia de una semana
estudiando incansablemente como si estuviera ebrio le habı́a pasado
factura. Redujo sus horas de sueñ o, concentrá ndose en sus estudios, y
cuando la desconocida experiencia de intensa dedicació n terminó , la
fatiga, como una deuda pendiente, lo invadió .
¿Deberı́a descansar un poco?
Rensley, dirigié ndose a la cama, tembló levemente y se hundió bajo la
manta. Aunque la cama, al no estar preparada aparte, no le daba el calor
que le darı́a una noche, tampoco hacı́a un frı́o insoportable.
Cuando cerró los ojos, un sueñ o profundamente profundo lo invadió y
Rensley no se resistió .
Cap. 4.4 - Examen de ingreso
El momento en que la conciencia de Rensley regresó , extinguida como
si cayera de un acantilado, fue igual de abrupto cuando regresó .
Los ojos de Rensley parpadearon y se abrieron vı́vidamente. Sin sacudir
la manta, se incorporó .
Debido a que las cortinas de la cabecera de la cama no estaban bien
cerradas, el estado de la habitació n era evidente a simple vista. La
habitació n que brillaba con la luz del sol cuando se durmió ahora solo
tenı́a la tenue luz de las velas, oscurecié ndola.
Rensley tragó saliva y se levantó apresuradamente de la cama. Solo
pretendı́a echarse una siesta, pero ya era de noche. Miró el reloj y la
manecilla pequeñ a señ aló la esquina superior izquierda, indicando
medianoche.
Dado su con inamiento en la habitació n, no habı́a nadie a quien culpar
por dormir todo el dı́a. Sin embargo, se acercaba el examen de artes
marciales. Si dormir de forma irregular le perjudicaba, ¿qué harı́a?
Mientras pensaba si volver a dormir, Rensley encontró una pequeñ a
nota sobre la mesa.
Pensé que ya era hora de que tuvieras hambre, ası́ que vine primero,
pero dormı́as tan profundamente que no te desperté . Si necesitas
comer, llá mame.
Era una nota de Lady Samlet. Rensley frunció el ceñ o ligeramente. La
palabra «comida» despertó el hambre que habı́a quedado sepultada en
la somnolencia. El rugido de su estó mago se oı́a claramente en la
habitació n silenciosa.
Sin embargo, era demasiado tarde para llamar a la señ ora a esa hora.
Probablemente vendrı́a si é l la llamaba, pero ¿y si estaba dormida? Era
demasiado pesado molestarla en mitad de la noche.
Rensley dio vueltas alrededor del mismo lugar, re lexionando sobre el
dilema, y luego tomó una decisió n. Se puso un vestido encima de su
pijama. Despué s del dı́a en que el Duque lo ayudó con la cinturilla,
Rensley le pidió a Lady Samlet que le preparara varios conjuntos que
pudiera ponerse fá cilmente por delante. Ponerse una prenda exterior
hacı́a que su improvisado atuendo pareciera razonable.
Con un velo puesto, salió al pasillo. Dos guardias que patrullaban esa
noche, a diferencia de la primera vez, no parecieron particularmente
sorprendidos y acompañ aron a Rensley sin dudarlo. Al llegar a la
entrada del laboratorio subterrá neo, los guardias, como antes,
mantuvieron una expresió n perpleja y regresaron sin má s comentarios.
Pero esta noche, Rensley no llamó a la puerta del laboratorio. En
cambio, volvió a subir las escaleras y comprobó si los guardias se
habı́an retirado lo su iciente.
El oscuro pasillo del primer piso parecı́a desprovisto de vida. Rensley
contuvo la respiració n y se coló por é l como un ladró n. Sin embargo,
tras haber salido varias veces, conocı́a en cierta medida la estructura
del castillo. La ubicació n de la cocina, donde habı́a interpretado a un
obrero al dı́a siguiente de llegar a Aldrant, le resultaba especialmente
familiar.
Despué s de ese dı́a, se habı́a reunido con esos tipos varias veces má s.
Ultimamente, por cumplir su promesa al Duque, habı́a estado retenido
discretamente y no los habı́a visto en absoluto. Sin embargo, ahora que
habı́a ocultado repentinamente su rastro, podrı́an sentir curiosidad por
su paradero.
Rensley se coló en la cocina. Estaba vacı́a, pero gracias al calor del
horno, no hacı́a frı́o. Tras colocar cuidadosamente su velo, su prenda
exterior y su vestido en un solo lugar, Rensley, como un ladró n, se apoyó
en una pequeñ a vela para explorar la cocina aquı́ y allá .
Una variedad de verduras como chalotas, zanahorias, frijoles y papas
estaban reunidas en un solo lugar, junto con un caldo de huesos de
pollo para hacer sopa. Aunque pensó en abstenerse de la avaricia y
robar comida, el hambre, sepultada por la somnolencia, le hacı́a doler el
estó mago con solo oı́r la palabra "comida". El gorgoteo se oı́a con
claridad en el silencio.
Sin embargo, era imposible encontrar tomates. Aunque eran un
ingrediente comú n en Cornia, parecı́an inexistentes en este lugar frı́o.
Quizá s era un material que no se usaba en Aldrant.
A medida que el hambre empeoraba hasta el punto de que incluso la
energı́a para moverse se desvanecı́a, Rensley, a regañ adientes, dejó de
buscar tomates y reavivó el fuego del horno. A medida que las llamas
crecı́an, la cocina, que antes estaba a oscuras, se tiñ ó de un rojo
brillante.
Preocupado de que alguien notara su intrusió n y entrara, Rensley, que
habı́a estado escuchando en silencio afuera, pronto comenzó a cocinar.
Engrasó la olla de hierro del horno y salteó el tocino inamente picado.
A continuació n, añ adió chalotas, un poco de hierbas para aromatizar,
zanahorias, papas y frijoles, uno a uno.
Mientras espolvoreaba sal, el aroma dulce y sabroso que emanaba de
las verduras salteadas llenó la cocina. Tan solo el olor alegró a Rensley,
y sin darse cuenta, se encontró sonriendo. De repente, se dio cuenta de
que alguien má s podı́a descubrirlo.
Aunque querı́a saltear las verduras un poco má s, ahora era un ladró n de
comida. A regañ adientes, vertió el caldo y esperó a que hirviera con
fuerza antes de retirar la olla del fuego. Agarrando una gran cuchara de
madera, tomó generosamente la sopa aú n caliente, soplá ndola
suavemente antes de tragarla.
"¡Guau!"
Olvidando que necesitaba estar en silencio, Rensley no pudo evitar
exclamar de alegrı́a.
"¿Cuá nto tiempo ha pasado?"
Conmovido inesperadamente, sus ojos estaban al borde de las lá grimas.
Parecı́a que habı́an pasado varios añ os desde la ú ltima vez que probó
algo que le hiciera pensar que era delicioso.
Aunque creı́a haberse acostumbrado a la cocina de Aldrant y no se
obligaba a comer como al principio, resultó que todo era solo un
esfuerzo por sobrevivir. Por mucha hambre que tuviera, no habı́a nada
delicioso en ello.
Rensley llenó un tazó n opaco de sopa. Sentado en un taburete bajo que
usaba para atizar el fuego, la bebió distraı́damente. Si hubiera tenido
tomates, habrı́a sabido má s a Cornia, pero incluso sin ellos, no estaba
mal.
Tras llenarse el estó mago a toda prisa en la oscura cocina, Rensley se
sintió poco a poco má s relajado. Ahora planeaba saborear lentamente el
resto de la sopa. Sin embargo, mientras consideraba pasarla a otro
tazó n, una extrañ a idea cruzó por su mente.
'¿Gezell seguirı́a hoy en el laboratorio?'
Por lo que observó , el Duque solı́a quedarse solo en el laboratorio
estudiando o absorto en sus pensamientos hasta altas horas de la
noche. Quizá s hoy aú n no habı́a subido a su dormitorio.
Si surgı́a la oportunidad, Rensley querı́a dejarle probar la comida
corniana. No se trataba solo de saldar la deuda con una simple sopa de
verduras, sino de brindarle al duque una experiencia diferente. Incluso
una simple sopa podı́a ser una experiencia novedosa para é l, distinta de
la cocina de Aldrant.
La contemplació n no duró mucho. Rensley preparó un tazó n y una
cuchara nuevos, vertiendo toda la sopa restante. Colocó el tazó n en una
bandeja y desanduvo sus pasos, retomando el camino que habı́a
tomado sigilosamente para no hacer ruido.
De pie frente a la puerta del só tano, pegó la cara a ella. A pesar de
escuchar atentamente, el interior estaba en silencio. Sin embargo, como
Gezell era una persona tranquila por naturaleza, estar solo podrı́a no
ser muy ú til para detectar su presencia. Parecı́a seguro que no habı́a
nadie má s alrededor.
Toca, toca. Llamó suavemente a la puerta, pero no hubo respuesta.
Rensley, a punto de darse por vencido, tiró del picaporte con un atisbo
de esperanza. La puerta no estaba cerrada.
“¿Su Gracia…?”
Rensley susurró mientras se deslizaba por la rendija de la puerta.
En la chimenea ardı́an leñ os, y al entrar unos pasos má s, vio a Gezell
sentado en el có modo silló n. Ahora era una imagen familiar, como una
imagen grabada en sus ojos.
Sin embargo, Rensley no pudo acercarse y permaneció en silencio,
sosteniendo la bandeja sin ofrecé rsela. El ambiente del laboratorio era
normal, pero habı́a una ligera diferencia. Rensley permaneció allı́, sin
dejar la bandeja ni ofrecé rsela a Gezell.
Gezell Jivendad dormı́a. Aunque decı́an que dormı́a bien frente a la
chimenea, parecı́a cierto. Dormı́a con la cabeza ligeramente inclinada y
largas pestañ as sobre las mejillas, y parecı́a estar en paz.
Su cabello negro y largo, y sus espesas pestañ as, parecı́an suaves y
tersas como hojas, pero tambié n irmes y robustas, como ramas en un
lugar sin viento. Ya fuera por su nariz alta o su mandı́bula bien de inida,
incluso con los ojos cerrados, su impresió n seguı́a siendo la de la
creació n esculpida de un artista in lexible.
Qué extrañ o. ¿Por qué miro ası́ la cara de Su Gracia? Me apetece tomar
algo.
Mirando distraı́damente a Gezell, Rensley recobró el sentido de
repente. Se humedeció ligeramente los labios y, en silencio, colocó el
tazó n de sopa junto a la mesa. Acercá ndose sigilosamente a la silla,
desvió la mirada hacia el libro que Gezell yacı́a sobre sus rodillas.
¿Tan bueno era el libro? El dı́a que pasó la noche en la habitació n del
duque justo despué s de la boda, abrió la ventana como un loco, lo que
enfrió la cama, pero aun ası́ era grande, suave y có moda. Era difı́cil
entender por qué é l, con un lugar para dormir tan lujoso, preferı́a
acostarse en una cama improvisada o en una simple silla en el só tano.
Rensley inclinó la cabeza para observar el libro que Gezell leı́a.
Ignorando los diagramas ininteligibles, siguió cada letra con la mirada.
<…Y ası́, ahora busco negar los principios comú nmente aceptados entre
los iló sofos sobre la creació n y el funcionamiento de los elementos.
Siempre han a irmado que la materia está controlada por la mente
humana. Sin embargo, la fuente del funcionamiento de la magia no es la
mente ni el espı́ritu humanos, y la materia no es má s que materia.
Ahora necesitamos examinar la magia y la ontologı́a por separado…>
Aunque podı́a leer las palabras, no entendı́a su signi icado. Ahora que
se habı́a convertido en un genio, creı́a que podı́a entender cualquier
cosa rá pidamente, pero ¿acaso habı́a mejorado su memoria?
“…¿Cuá ndo llegaste?”
“¡Ah!”
Sorprendido por la repentina voz, Rensley, quien habı́a estado agachado
junto a é l mientras miraba el libro, exclamó sin querer. Evitando un
choque incó modo, levantó rá pidamente la cabeza, solo para
encontrarse con los ojos de Gezell, ahora de un cá lido color calabaza,
mirá ndolo como si acabara de despertar. Rensley se levantó
rá pidamente y retrocedió unos pasos.
Lo siento. Tenı́a curiosidad por el libro que leı́as... Pensé que, ahora que
soy má s inteligente, podrı́a entenderlo rá pidamente, pero supongo que
no. No tengo ni idea.
¿Un libro…? ¿Viniste porque querı́as leer un libro?
“No, no exactamente.”
Comprendiendo su intenció n inicial, Rensley se dirigió a la mesa, sin
olvidarse de preguntar.
“¿Le gustarı́a a Su Gracia cenar?”
—No especialmente. Terminé de cenar hace un rato y no como mucho
por la noche.
—Ah, ya me lo imaginaba... Pero aun ası́, ¿te gustarı́a probarlo? Si no
quieres, me lo doy.
La sopa aú n desprendı́a un aroma cá lido. Gezell miró el tazó n con una
expresió n que parecı́a preguntar qué era.
Bueno, me eché una siesta durante el dı́a y me acabo de despertar, ası́
que me perdı́ la cena. Es tarde para llamar a Lady Samlet, y aunque es
arriesgado, usé la cocina a escondidas. No te preocupes, nadie se dio
cuenta. Es una sopa de verduras de Cornualles que preparé y está
deliciosa. No es un plato grande, pero pensé que Su Gracia no habrı́a
tenido la oportunidad de probar comida de otro paı́s, ası́ que la traje
para compartir, si te parece bien.
Mientras Rensley le extendı́a la bandeja, Gezell observaba el plato con
expresió n desganada. Aunque se habı́a esforzado mucho en prepararlo
con la intenció n de servirle desde el principio, a Rensley no le ofendió
su indiferencia.
—Gracias. Tomaré un poco.
Gezell, consciente de que sus verdaderos sentimientos ya eran
evidentes, le dio las gracias corté smente y tomó el tazó n y la cuchara.
La sopa, con trozos de papa esparcidos, parecı́a apetitosa incluso sin
tomates.
Gezell tomó una cucharada de sopa. Rensley observó , sin pestañ ear,
có mo la expresió n de Gezell permanecı́a inalterada. Esperando elogios
o comentarios, Rensley inalmente tuvo que preguntar.
"¿Có mo es?"
Tras tragar una cucharada, Gezell, con la cuchara vacı́a en la mano,
guardó silencio. Si no le hubiera gustado, la habrı́a dejado enseguida,
ası́ que al menos no era incomestible, pero su expresió n era má s de
sospecha que de alguien disfrutando de una comida sabrosa.
Despué s de probar unas cuantas cucharadas má s, sin poder contenerse,
Gezell miró a Rensley como si no pudiera soportarlo má s.
“¿Usaste magia?”
"¿Eh?"
Sorprendido por la pregunta, Rensley se rió , dá ndose cuenta de que tal
vez habı́a hecho una broma.
No soy mago y no sé usar la magia. ¿Te gusta?
No se trata de si me gusta o no. No es ese tipo de problema.
La risa se desvaneció lentamente del rostro de Rensley. Se habı́a reı́do,
pensando que era una broma, pero Gezell mantuvo su expresió n seria.
Aunque hace unos momentos su expresió n indicaba claramente que no
tenı́a apetito, esta vez, su rostro re lejaba una mezcla de asombro y
curiosidad. Incluso en su semblante habitualmente inexpresivo,
persistı́a un atisbo de sorpresa, lo que le daba la impresió n de estar
ligeramente desconcertado, al menos momentá neamente.
Rensley rió para sus adentros. Al principio, la expresió n de Gezell
parecı́a siempre seria, pero ya no lo parecı́a. Era curioso darse cuenta
de lo fá cil que era malinterpretar a la gente. Aunque Gezell no lo
supiera, habló con irmeza.
“Nunca habı́a probado nada igual antes.”
Bueno, es cocina de Cornualles. Es diferente de la cocina de Aldrant. No
podemos conseguir todos los ingredientes aquı́, ası́ que es difı́cil decir
que es cocina de Cornualles perfecta, pero...
“Entonces, ¿los demá s alimentos de Cornualles tambié n tienen un sabor
diferente?”
Rensley dudó en responder. Variaba. En realidad, Rensley no estaba
seguro de si la comida que habı́a estado comiendo desde su llegada a
Roudken era «cocina aldrante». Simplemente parecı́a cocina real
anticuada, similar a los platos que se servı́an en el antiguo palacio.
En las posadas que visitó dentro del territorio Aldrant, la comida no era
tan excepcional como para considerarse deliciosa, pero tampoco estaba
mal. Rensley se acercó y le preguntó .
"¿Te gusta?"
"Es delicioso."
Gezell repitió las palabras de Rensley como si fuera un niñ o
aprendiendo una palabra nueva. Arrugó ligeramente la frente,
esbozando una leve sonrisa que parecı́a amarga.
—Eso parece. No, está delicioso.
"Su Gracia."
Esta vez, Rensley arqueó las cejas. Aldrant, situada en un terreno
accidentado y relativamente aislada debido al sistema imperial, tenı́a
fama de ser vasta en territorio y poderosa en fuerza militar y
econó mica.
Esto no tenı́a sentido. ¿Có mo era posible que un gobernante de una
nació n tan poderosa no supiera lo que era la buena comida hasta ahora,
a su edad?
Su Gracia, ¡le prepararé má s platos! Tengo muchas recetas que puedo
preparar. Siempre he estado hablando mal de la familia real, ası́ que
puede que su imagen de ellos no sea buena, pero Cornia es un buen
paı́s. Es conocido por su buen clima, su deliciosa comida y sus
excelentes bebidas. La gente es cá lida y animada, y hay muchos lugares
donde se pueden disfrutar de festivales hasta altas horas de la noche.
Ası́ que, luego…
Extendiendo sus palabras con entusiasmo, Rensley dejó de hablar de
repente, como si hubiera olvidado la historia adicional.
“Má s tarde, si te aburres, puedo contarte historias sobre Cornia”.
Incluso si existiera la posibilidad de regresar milagrosamente, el Gran
Duque no tenı́a motivos para acompañ arlo a un lejano paı́s del sur.
El relato interrumpido se recompuso, y pronto, el plato de sopa reveló
su fondo. Fue la escena má s extrañ a desde que conocı́ a Gezell.
Aunque no habı́an cenado juntos a menudo, Rensley nunca habı́a visto a
Gezell mostrar interé s en la comida, considerando la aburrida vida que
habı́a pasado estudiando en un laboratorio privado de sol.
Sin embargo, Gezell tambié n era un ser humano. Era comprensible que
careciera de apetito, dada su vida de estudios aislada. Sin embargo, el
gobernante de una nació n tan poderosa no debı́a ignorar lo deliciosa
que era la comida. Cuando Rensley miró el cuenco limpio, sintió una
ligera desesperació n. Rensley, que sabı́a que la mente del duque no
podı́a regresar a Cornia, sintió una pequeñ a punzada de tristeza.
Sin posibilidad de regresar a Cornia, prá cticamente expulsado, la
situació n de Rensley era tan buena como la del duque. Incluso si
ocurriera un milagro y pudiera regresar, el duque no tenı́a motivos para
acompañ arlo a un lejano paı́s del sur.
“¿Dó nde aprendiste a cocinar?”
En la cocina. Crecı́ má s cerca de los sirvientes que de los miembros de
la familia real. Como no podı́a cenar con esos nobles seres, solı́a comer
en la cocina. Los cocineros y los ayudantes de cocina me entretenı́an
mucho. Es curioso. La realeza podrı́a pensar que vivı́a de comer las
cosas má s deliciosas, pero en realidad, aproximadamente seis de cada
diez veces, reservaban la parte má s deliciosa para mı́. Si el jefe de
cocina me pillaba, me regañ aba, pero en el fondo, me apreciaban. De lo
contrario, me habrı́an denunciado al funcionario de educació n hace
mucho tiempo. En in, pasar tiempo en la cocina me llevó naturalmente
a aprender a cocinar.
“Deberı́amos estarles agradecidos”.
Gezell le hizo un gesto a Rensley para que se acercara. Mientras Rensley
recogı́a los platos y las cucharas, el rostro de Gezell, ahora iluminado
por la luz de las velas, se sentı́a aú n má s suave que cuando dormı́a.
Aunque no apruebes la prueba de caballero, podrá s trabajar como chef
en la residencia del Gran Duque. Ası́ podrá s prepararme estos platos
todos los dı́as.
“¿Un chef?”
Rensley rió entre dientes un momento. Aunque Gezell conocı́a su
cará cter hablador, no tenı́a intenció n de negarlo. Sin embargo, Rensley
se sentı́a orgulloso de no ser alguien que solo hablaba con la boca.
“Sobre la historia que te conté durante el dı́a”.
“¿La historia del dı́a?”
Para prepararte para el examen de artes marciales, necesitas un lugar
para entrenar y oponentes, ¿verdad? Lo organizaré a partir de mañ ana.
Los ojos de Rensley se abrieron de par en par.
¿Tambié n ayudas con el entrenamiento? Pero para el sparring,
necesitas un oponente...
En el Gran Ducado, solo tres personas conocı́an la verdadera identidad
de Rensley: el caballero comandante Anton, el chambelá n Samlet y el
mago jefe Larcof. Anton, a quien no parecı́a gustarle Rensley ni siquiera
vié ndolo boca abajo, no parecı́a probable que fuera su compañ ero de
entrenamiento. Larcoff era un mago, no un espadachı́n ni un artista
marcial. Entonces, quizá s...
“¿Es Lady Samlet un amo oculto?”
"¿De qué está s hablando?"
Gezell cerró el libro sobre su rodilla y lo colocó sobre la pequeñ a mesa.
“Seré tu compañ ero de entrenamiento, Sir Maelrosen”.
"¿Qué ?"
La voz de Rensley se alzó por re lejo. Gezell lo miró a los ojos como si
preguntara cuá l era el problema.
Rensley tragó saliva seca. Las palabras le acudieron a raudales, pero
hizo todo lo posible por no escupirlas.
Su Alteza, sin duda es mucho má s alto y robusto que yo. Sin embargo,
ser má s grande no signi ica necesariamente ser un experto en esgrima
o artes marciales. Si ası́ fuera, ¿ no llenarı́an todos los reyes de todos los
paı́ses sus ejé rcitos u ó rdenes de caballeros con individuos gigantes?
Incluso si Su Alteza, que se sienta aquı́ todos los dı́as leyendo libros y
dedicá ndose a la academia, quisiera dedicarse seriamente a las artes
marciales con un aspirante a caballero, ¿có mo podrı́a blandir una
espada con toda mi fuerza? Incluso si Su Alteza resultara herido por mi
mano, me convertirı́a en un pecador incapaz de mover un dedo frente a
usted, sintié ndome como una estatua viviente. Por favor, reconsidere
sus palabras.
'… ¿Có mo puedo darle la vuelta a la situació n y rechazar el duelo sin
herir los sentimientos del Duque?'
Mientras Rensley permaneció en silencio, Gezell, pensando que la
conversació n habı́a terminado, habló primero.
—Bueno, vuelve a tu habitació n y descansa un poco. Necesitas estar
bien descansado para empezar a entrenar mañ ana.
"…Está bien."
No hace falta que recojas los platos vacı́os. Mañ ana les daré
instrucciones a los sirvientes.
Al inal, Rensley no pudo pronunciar una sola palabra y tuvo que
regresar a su habitació n.
Cap. 4.5 - Examen de ingreso
Pensando que no podrı́a dormir por la noche debido a las siestas del
dı́a, Rensley, al regresar a su habitació n, pronto se sumió en un sueñ o
profundo. Habı́a estado muy cansado la ú ltima semana, y al abrir los
ojos despué s de un dı́a soleado, pensó en ello distraı́damente.
Considerando que no habı́a pasado mucho tiempo desde su llegada a
Aldrant, los nuevos acontecimientos se sucedı́an uno tras otro, dá ndole
la sensació n de que habı́a pasado mucho tiempo.
Se sentı́a bien. Rensley se estiró bajo la cá lida manta, entregá ndose a la
pereza. Gracias a la siesta que lo habı́a interrumpido, hoy tenı́a la mente
excepcionalmente despejada. Se levantó con lentitud, se ató el pelo,
ahora largo, en un solo moñ o y se lavó la cara. Aunque no tenı́a pensado
salir, se cambió de ropa. Como el Duque mencionó algo ayer, podrı́a
recibir una noti icació n en cualquier momento.
—Rensley, ¿dormiste bien?
La siempre animada Lady Samlet preparó el desayuno esa mañ ana.
Rensley le mostró la nota que habı́a dejado.
Señ ora, lamento haberme dado cuenta demasiado tarde. Gracias por su
atenció n.
Seguramente no me está s evitando porque no quieres perturbar mi
sueñ o, ¿verdad? No pienses en eso y llá mame cuando quieras; tambié n
es mi trabajo ocuparme de tu vida diaria.
“No, realmente no sabı́a que tenı́a hambre mientras dormı́a
profundamente”.
Lady Samlet sonrió amablemente ante la bienintencionada mentira.
Colocó la bandeja sobre la mesa y dijo: «He traı́do mucho hoy, sobre
todo para Rensley, que quizá se haya saltado la cena. Necesitas comer
mucho cuando tienes mucho apetito. Come bastante y recupera
energı́a».
“Sı́, gracias…”
Como alguien familiarizado con el sabor de la abundante comida en la
mesa, Rensley no podı́a expresar sinceramente su gratitud. Sin
embargo, para fortalecerse durante el entrenamiento, su estó mago
necesitaba estar bien lleno. Rensley untó mantequilla en el pan,
preguntá ndose si Lady Samlet siempre cenaba con comida preparada
en la cocina del Duque.
“Señ ora, ¿usted siempre come con alimentos de la cocina de Su Gracia?”
No siempre. A veces salgo del castillo y conozco gente. Y cuando lo
hago, cocino mucho.
“¿El sabor de la comida real y la comida de fuera del castillo di ieren
signi icativamente?”
Al oı́r esto, los ojos y la boca de Lady Samlet se movieron lentamente
antes de adoptar una expresió n sutil. Mirando a su alrededor, como si
examinara su entorno, se acercó a Rensley y bajó la voz.
Para ser sincera, la chef Reyna tiene una personalidad fuerte, ası́ que no
puedo decirlo con certeza... Pero, sinceramente, pre iero la comida de
mercado. Sin embargo, probablemente se deba a mi mala predilecció n.
Quizá s el gusto re inado de los platos exquisitos lo puedan entender
quienes nacieron en la realeza o la nobleza. Tuve la suerte de
convertirme en la Dama del Chambelá n, pero no soy de ascendencia
noble. Ası́ que, puede que no entienda el sabor de los so isticados platos
que preparan los chefs reales.
'¡No! ¡No, eso no es cierto!'
Rensley pro irió un grito silencioso. Una vez má s, se hizo evidente que
la comida del Gran Ducado carecı́a de sabor para todos. Ni siquiera ser
nativo de Aldrant podı́a cambiar el hecho de que tenı́an un paladar
comú n.
¿No serı́a mejor convertirse en un auté ntico chef, sirviendo tanto al
Gran Duque como a Aldrant? Mientras Rensley re lexionaba seriamente,
Lady Samlet sirvió el té .
Su Gracia pidió transmitirle este mensaje durante la comida. Dijo que
vendrı́a a recogerlo sobre la una de la tarde.
Gracias. ¿Pero cuá ndo es la una?
Sonriendo, Lady Samlet se acercó a un reloj. Señ aló la esfera con el dedo
y explicó .
Cuando la aguja larga está arriba y la aguja corta aquı́, es la una. Vendré
antes para ayudarte a vestirte.
“No, ahora puedo usarlo yo sola”.
Ya habı́a recogido y se habı́a puesto un vestido varias veces solo, y no
querı́a molestarse en vestirse formalmente cada vez que salı́a al pasillo.
Lady Samlet podrı́a regañ arlo por su apariencia, pero no querı́a
molestarse con la molestia de vestir formalmente durante el breve
tiempo que estarı́a en el pasillo.
Querı́a salir de ese encierro, aunque solo fuera por su vestimenta. La
vida sofocante de tener que ponerse ropa extra y cubrirse la cara con
un velo cada vez que salı́a lo cansaba cada vez má s.
“Señ ora, hay una cosa que me da curiosidad…”
“Sı́, pregú ntame lo que quieras.”
¿Recuerdas lo que prometiste investigar? Cuando era joven, dijiste que
enviarı́as a alguien a averiguar qué le habı́a pasado al caballo que crié .
—Ah, ¿te re ieres a Marilyn? —La expresió n de la Sra. Samlet denotaba
vergü enza. Era incó modo preguntar, y Rensley se arrepintió de haberlo
mencionado, pero la historia ya se habı́a divulgado. Rensley esperó su
respuesta.
Intenté no mencionarlo porque pensé que podrı́a herir los sentimientos
de Rensley... Alguien me dijo hace poco que Marilyn fue entregada. Es
muy lamentable; si se hubieran ido un poco antes, tal vez habrı́an
podido traerla de vuelta.
—Ah, ya veo… En in, conocer a un nuevo dueñ o signi ica que ha
mejorado, ¿no?
Afortunadamente, se ha recuperado por completo. Dijeron que estaba
muy fuerte y en buen estado. Ası́ que la vendieron a un precio muy alto.
—Menos mal. Si alguien pagó un precio alto, seguro que cuidará bien de
Marilyn.
Era una despedida que é l habı́a aceptado. Si encontraba un buen dueñ o,
serı́a una gran suerte. Rensley sonrió , y Lady Samlet tambié n,
invitá ndolo a terminar la comida lentamente. Tras salir de la
habitació n, Rensley se levantó de la mesa del comedor y se detuvo
frente al reloj.
Cuando la aguja larga apunta hacia arriba y la corta hacia la esquina
superior derecha, es la una. Ahora mismo, la aguja corta sigue
apuntando hacia la esquina inferior izquierda. Como sabe cuá nto
tardan las manecillas en dar una vuelta completa... Aú n queda mucho
tiempo.
¿Está desayunando el Gran Duque? Quizá s piense que la comida de hoy
está inusualmente insı́pida despué s de probar los platos de Cornia ayer.
Es una lá stima. Hay muchas delicias aquı́ que no se pueden comparar
con una simple sopa de verduras...
Si no aprueba el examen de caballero, podrı́a ser el momento de pedir
trabajo en la cocina de verdad. Rensley se decidió y, a regañ adientes,
terminó la comida restante. Luego, con la ayuda de Lady Samlet, se
puso el vestido que habı́a preparado con antelació n y dedicó el tiempo
restante a leer novelas de aventuras que habı́a traı́do de la biblioteca.
Y exactamente a la una, cuando se acercó apresuradamente a la puerta
al oı́r que llamaban, allı́, una vez má s, estaba el comandante con rostro
severo esperando.
Hola, comandante.
Hola. Vengo a acompañ arte por orden del Gran Duque. Vá monos juntos.
En cuanto Anton terminó de hablar, se dio la vuelta y avanzó a paso
rá pido. Rensley, que no se habı́a enterado del resultado del examen
escrito, sentı́a curiosidad por los resultados, pero ya estaba lleno de
gente en la zona donde se podı́a conversar.
“Probablemente quiera entrenarme ya que aprobé el primer examen,
¿verdad?”
Re lexionando en voz baja, Rensley siguió a Anton. Se dirigieron al largo
pasillo en la parte norte del castillo, un camino que Rensley no habı́a
visto antes, y luego se dirigieron a un tranquilo patio. Al entrar a otro
pequeñ o palacio por el patio, solo habı́a una persona dentro, y reinaba
el silencio, sin siquiera un sirviente presente.
Cubierto con un velo, Rensley pasó rá pidamente junto al comandante y
se dirigió hacia el señ or.
“Gracias nuevamente por su consideració n hoy, Su Gracia.”
No hay problema. ¿Dormiste bien anoche?
Sı́. No me lo esperaba, pero en cuanto fui a mi habitació n, me quedé
completamente dormida.
“Debes estar cansado de estudiar tanto.”
Mientras ambos hablaban, giraron la cabeza al oı́r una tos falsa.
El comandante estaba de pie, mirando ijamente a Rensley. De alguna
manera, el ambiente se sentı́a opresivo, y Rensley se sintió un poco
tenso al sostener su mirada. Anton habló en voz baja y tranquila.
“Ya que ambos está n aquı́, les informaré los resultados del examen
escrito”.
La expresió n frı́a di icultaba adivinar si aprobaba o reprobaba. A pesar
de la con ianza en sus respuestas, el corazó n de Rensley se aceleró
gradualmente al ver que Anton no revelaba los resultados de inmediato.
“Sir Rensley Maelrosen ha aprobado el primer examen”.
"¡Guau!"
Aunque estaba seguro de que só lo habı́a escrito las respuestas
correctas, su voz se hizo má s fuerte cuando recibió o icialmente la
noti icació n de aprobació n.
Mientras Rensley estaba exultante, la mirada de Anton permaneció seca
y frı́a. Rensley, quien no notó su reacció n, se aferró a Gezell. La voz
resonó en la habitació n de techo alto.
¡Gracias a todos! Ni siquiera imaginé que podrı́a morir en tan solo una
semana. Si rezas con sinceridad, los milagros pueden ocurrir.
No es un milagro; es el resultado de los diligentes esfuerzos de Sir
Maelrosen. Y bien, Anton, ¿cuá ndo es el examen de artes marciales?
Anton asintió una vez y comenzó a explicar.
Te hemos dado todo el tiempo que has deseado para el examen escrito,
considerando tus circunstancias externas. Sin embargo, la situació n es
un poco diferente para el examen marcial. He oı́do que destacas en
esgrima y equitació n... A diferencia del estudio, las habilidades
marciales no mejoran drá sticamente en poco tiempo simplemente
aumentando las horas de entrenamiento. ¿Media semana, tres dı́as,
serı́an su icientes?
¿Tres dı́as? Rensley puso los ojos en blanco. Aunque su cuerpo se habı́a
oxidado un poco por no moverse con libertad ú ltimamente, el
comandante tenı́a razó n. Ası́ como aumentar repentinamente las horas
de entrenamiento no mejora las habilidades, tomarse un breve
descanso no las hace desaparecer por completo. Una vez que
recuperara la sensibilidad, tenı́a buenas posibilidades.
p p
“Estoy bien con tres dı́as”.
Anton levantó ligeramente la barbilla ante la respuesta de Rensley y
bajó la mirada.
Pareces seguro. Bueno, considerando que estoy hablando con Sir
Maelrosen, quien memorizó una cantidad enorme de libros de texto en
tan solo una semana. Entiendo las palabras del Gran Duque de que no
podemos desperdiciar semejante talento.
"Está s exagerando."
Rensley rió entre dientes y se echó el pelo hacia atrá s. Se sintió aú n má s
encantado con esta muerte, pensando que se habı́a ganado el
reconocimiento del comandante Sorel, a quien no era fá cil complacer.
“Bueno, aquı́ está la cuestió n”.
La mirada de Anton pasó de Rensley, quien reı́a con ganas, al lord, que
permanecı́a inexpresivo, evitando al sonriente Rensley. El tono de
Anton se volvió má s irme.
Debido a las circunstancias de Sir Maelrosen, mantuvimos en privado, a
regañ adientes, los resultados del examen escrito, pero no podemos
hacer lo mismo con el segundo examen. Los exá menes de ingreso a los
caballeros reales siempre se han celebrado pú blicamente en el campo
de entrenamiento por razones de imparcialidad. Esta vez tambié n
sugiero que lo hagamos abiertamente.
“Hagá moslo de esa manera.”
Aunque Gezell estuvo de acuerdo fá cilmente, la historia de Anton aú n
no habı́a terminado.
En ese caso, Sir Maelrosen se revelará o icialmente ante el pueblo de
Roudken. No puedes seguir existiendo y no existir como ahora. Incluso
si repruebas el examen, es imposible hacer desaparecer a alguien que
ha sido revelado al mundo. Ası́ que, incluso como Sir Maelrosen, será
muy incó modo para ti.
“Ah, entonces en esa é poca, podrı́a trabajar como cocinero…”
Rensley intentó dar explicaciones adicionales, pero Anton no le dio la
oportunidad.
El rostro del comandante se iluminó con una sonrisa corté s.
Aunque repruebes el segundo examen, te escribiré una carta de
recomendació n para que trabajes en otra inca noble. Por supuesto,
despué s de que se resuelvan los asuntos relacionados con el Gran
Duque. He oı́do que el Vizconde de Berna de Peter está reclutando
caballeros. Se encuentra al sur de Aldrant, con un clima má s suave que
aquı́, y se centra en la defensa contra invasiones del interior continental
en lugar de las barreras del norte. Podrı́a ser un lugar má s adecuado
para Sir Maelrosen, que es de fuera.
Los ojos y la boca de Rensley se abrieron ligeramente. Aunque pareció
que Gezell estaba considerando su posició n por un momento, al inal,
solo sonó como una amenaza: si reprobaba el segundo examen, no
podrı́a quedarse en Roudken. Rensley miró a Gezell.
Como era de esperar, Gezell, que lo habı́a permitido fá cilmente, no
terminó de hablar.
"Está bien."
Al oı́r la respuesta de Rensley, Gezell giró la cabeza. Sus ojos
entrecerrados revelaron un atisbo de disgusto.
Gracias por comprender mis intenciones. Señ or Maelrosen, por favor,
dedı́quese al entrenamiento.
Rensley llamó a Anton, quien estaba a punto de darse la vuelta.
"Comandante."
"Sı́."
Tengo una pregunta. ¿Cuá ntos puntos obtuve en el examen escrito?
Cerca de las cejas de Anton, los delgados vasos sanguı́neos parecieron
contraerse ligeramente. Respondió brevemente.
“Fue perfecto.”
Mientras Anton, con su capa carmesı́ ondeando, se alejaba má s, Gezell
dejó escapar un ligero suspiro despué s de haber abandonado por
completo el palacio estelar.
“¿Era necesario llegar tan lejos?”
No te preocupes. Acepté porque estaba seguro de que aprobarı́a. El
comandante hizo una apuesta.
Gezell miró a Rensley, aparentemente indiferente, y inalmente asintió
como si no importara.
—Cierto. Aunque dos personas apuesten, al inal, soy yo quien toma la
decisió n inal.
—Su Gracia, no me referı́a a eso.
—Vamos a ello. Quı́tate el vestido. No vamos a practicar con este
atuendo.
"¡Sı́!"
Rensley se quitó rá pidamente el vestido. Como llevaba una camisa y
unos pantalones que le permitı́an moverse con facilidad debajo, no
necesitó una muda de ropa aparte.
Mientras Rensley se desvestı́a, Gezell tambié n se movió . Se quitó su
habitual capa negra bordada con el escudo real y los adornos de los
hombros. Debajo, se quitó el abrigo que llevaba puesto.
Tras doblar cuidadosamente el vestido y ponerse de pie, Rensley
parpadeó con inquietud. Diversas armas se exhibı́an desde la pared
este hasta el suelo del palacio estelar, y Gezell estaba de pie frente a
ellas.
¿Qué arma usará s?
—Ah, un arma. Bueno, tengo que elegir un arma. ¿Qué me vendrı́a
bien...?
Aunque estaba decidiendo verbalmente qué arma usarı́a, Rensley no
podı́a apartar la vista de Gezell Jivendad, el Gran Duque, que se habı́a
quitado la capa y el abrigo.
Los habitantes de Aldrant eran generalmente altos,
independientemente de su gé nero, y el Gran Duque se contaba entre los
má s altos. Siempre se cubrı́a el cuerpo con una tú nica o una capa larga y
gruesa, pero incluso sin verlo sin estas prendas, era fá cil adivinar que
tenı́a un fı́sico atractivo.
Sin embargo, Gezell, quien se habı́a quitado toda la ropa exterior, no
solo era corpulento. La prenda negra que le cubrı́a hasta el cuello
revelaba por completo los contornos bien de inidos que se encontraban
debajo. Sus mú sculos, só lidos y uniformes como un escudo, se
mantenı́an irmes en su lugar.
Los grandes adornos en los hombros y la larga capa adornada con
bordados son comú nmente usados por los señ ores para establecer su
autoridad y enfatizar la dignidad.
Sin embargo, curiosamente, Gezell Jivendad parecı́a mucho má s
intimidante sin esos dos, que ahora estaban descartados.
¿Qué son esos hombros? ¿Y la espalda? Jugar a las cartas en la espalda
del Gran Duque servirı́a. No, ¿có mo puede alguien que se sienta frente a
la chimenea a leer libros todos los dı́as tener un cuerpo ası́...?
"¿Có mo es que eso tambié n está bien?"
"¿Magia?"
Ante Gezell, que parecı́a completamente desconcertado por lo que
Rensley decı́a, este ordenó sus pensamientos dispersos y preguntó con
cautela: "¿Sueles practicar entrenamiento fı́sico o artes marciales...?"
Es esencial heredar el trono de Aldrant. No me gusta mucho, pero lo
hago a diario. ¿Creı́as que me ofrecerı́a como voluntario para ser el
compañ ero de entrenamiento de Sir Maelrosen sin ninguna
cuali icació n?
Rensley rara vez veı́a al Gran Duque durante el dı́a, y la semana pasada,
solo habı́a tenido tiempo para ayudar con sus estudios debido a una
emergencia. Era natural que hubiera muchas má s cosas desconocidas
sobre el Gran Duque que las que sabı́a.
El hombre, con la mente confusa, se echó el pelo hacia atrá s con la
mano y ató el largo cabello negro que le caı́a suelto en un solo moñ o.
Tras ponerse una armadura simpli icada para proteger su corazó n,
tambié n se la entregó a Rensley. Examinó las armas con indiferencia y
luego tomó una espada larga que parecı́a larga y pesada.
Los caballeros del Gran Ducado suelen usar esta espada. ¡Vamos con
ella!
“Oh, entonces me quedo con esto.”
Aú n algo aturdido por la sensació n de haber caı́do en una trampa,
Rensley se acercó a la pared y eligió su arma. La espada que escogió era
relativamente corta: una daga y una espada corta.
"¿Usas dos armas?"
“No siempre, pero hoy…”
Era una idea sencilla, pero al enfrentarse al Gran Duque, cuyo cuerpo
parecı́a estar revestido de armadura, Rensley sintió el deseo de
centrarse má s en la defensa. Si el oponente fuera de un calibre similar,
una espada podrı́a ser su iciente, pero no hoy.
Rensley sostenı́a las dos espadas con ambas manos. Al observarlas má s
de cerca, las hojas y las puntas parecı́an haber sido elaboradas
meticulosamente para entrenamiento. Se encontraban uno frente al
otro, manteniendo cierta distancia en el amplio saló n.
Tras enterarse de que serı́a el compañ ero de entrenamiento del Gran
Duque, una incomodidad distinta a la que experimentó al principio
invadió a Rensley. Apretó la empuñ adura de la espada con fuerza.
Sin saber qué pensaba Rensley, el hombre se peinó , ató su largo cabello
negro en un solo mechó n y le entregó su abrigo. Examinó las armas con
indiferencia y inalmente tomó una espada larga que parecı́a larga y
pesada.
“Ataca primero.”
Al oı́r esas palabras, Rensley asintió levemente a modo de saludo y
adoptó la postura inicial, para luego mover su cuerpo de inmediato.
Corriendo velozmente hacia adelante, su pie golpeó repentinamente el
suelo, impulsá ndolo hacia arriba. El cuerpo de Rensley se elevó .
Atacar desde arriba con fuerza es ventajoso. Como era má s bajo que
Gezell, Rensley tuvo que aprovechar la potencia del salto. La espada
lateral descendió con fuerza con un claro sonido metá lico, pero como
era de esperar, Gezell la bloqueó sin esfuerzo con su espada.
Aterrizando con suavidad, Rensley intentó arremeter sin darle
oportunidad, pero el contraataque de Gezell fue má s rá pido. Gezell
desvió la espada de Rensley e inmediatamente blandió la espada larga
en diagonal. A toda prisa, Rensley levantó la daga para bloquear su
espada, pero el poderoso impacto le provocó un hormigueo de dolor en
la mano que agarraba la empuñ adura.
Apuntó a la cintura sin perder tiempo. Sin embargo, Gezell evitó sin
esfuerzo los ataques de Rensley con solo unos pasos. Rensley intentó
encontrar huecos varias veces, pero inalmente no logró crear un
ataque efectivo. Rá pidamente ejecutó una voltereta en el aire y amplió
la distancia.
Observando al Gran Duque frente a é l mientras recuperaba el aliento,
Rensley consideró las ventajas y desventajas de entrenar con un
oponente de diferente estatura. El Gran Duque lo superaba en fuerza,
pero a Rensley le resultaba má s fá cil identi icar sus puntos dé biles.
Sin embargo, aú n no lo entendı́a. Incluso con su corpulencia, los
movimientos del Gran Duque eran precisos, sin desperdicios, casi como
los de un maestro espadachı́n. Parecı́a imposible para alguien tan
dedicado a la erudició n. Rensley lo admiraba sinceramente, diciendo:
«El mundo es realmente vasto. Tu excelencia, como dices, es
verdaderamente perfecta».
"¿Qué tal si tomo la iniciativa esta vez?"
El hombre, que siempre se movı́a con calma y gracia, se acercó con el
sonido de pasos. La creciente proximidad llenó a Rensley de euforia en
lugar de miedo. Un escalofrı́o le recorrió la espalda y las comisuras de
sus labios se elevaron.
¡Clang! El sonido de espadas chocando y el roce de metal contra metal
se hizo cada vez má s frecuente. El frı́o del norte hacı́a tiempo que se
habı́a retirado de las feroces colisiones. El sudor comenzó a gotear en la
frente de Rensley.
Pedro, maestro de espadas de Rensley y dueñ o de la taberna del
Mercado Celestino, perdió el brazo derecho en el campo de batalla y
controlaba tanto el ataque como la defensa con solo la mano izquierda.
Enfatizó la té cnica de controlar la fuerza del oponente cuando las
espadas chocaban en un estado de atado.
Có mo extrañ aba las quejas del viejo borracho, que de vez en cuando
gritaba: "¡Baila como si estuvieras agarrando la cintura de una dama!
Un sinvergü enza como tú , que baila hasta que se le desgastan las suelas,
¿no puede hacer esto? A veces resiste, a veces empuja y tira, y manté n
los pasos juntos. ¡Bien, dirige la fuerza que intenta cortarte!"
Los dos cuerpos se acercaron fuertemente. Las dos espadas
entrelazadas seguı́an deslizá ndose una de la otra sin caerse. En
combate cuerpo a cuerpo, donde incluso un pequeñ o error era
inaceptable, era imposible parpadear. Unos ojos morados seguı́an
implacablemente el rostro del hombre frente a é l. Sus ojos color
calabaza tambié n respondieron a la provocació n de Rensley sin
evadirla.
En medio del prolongado enfrentamiento, mientras el Gran Duque
intentaba cambiar de direcció n, Rensley cruzó la daga y la espada corta,
atrapando su espada larga entre ellas. En un intento por desarmarlo,
Rensley le torció el brazo hacia un lado.
"Puaj."
Rensley frunció el ceñ o levemente. El intento fue bueno, pero no fue
fá cil, quizá s debido a la diferencia de fuerza.
El desagradable sonido de un rasguñ o resonó entre las espadas
entrelazadas, el incó modo ruido de metal contra metal. Mientras Gezell
intentaba cambiar de direcció n, Rensley, usando la daga y la espada
corta, bloqueó su espada larga. Luego le retorció el brazo para
desarmarlo.
Con su arma en la mano, Gezell, en lugar de evadir el ataque, empujó a
Rensley y avanzó . Rensley, retrocediendo, se defendió de su
contraataque. La espalda de Rensley tocó la pared.
El chirrido de las espadas al chocar y el desagradable ruido de las
espadas que se resistı́an emanaban entre ellos. Gezell, en voz baja,
sugirió : "¿Te rindes?"
“Ah… no.”
Cuando Rensley respondió con una sonrisa, Gezell desenvainó
rá pidamente su espada. Rensley evitó há bilmente la estocada,
encontrando inalmente una abertura. Agachá ndose, apuntó al tobillo
del Gran Duque, aprovechando la pé rdida de equilibrio e intentando
golpear con su espada...
“…¿Señ or Maelrosen?”
Sin embargo, el intenso combate se detuvo abruptamente. Gezell ajustó
su espada para que la hoja apuntara al suelo. Rensley, paralizado en
cuclillas, detuvo todo movimiento. Gezell, que habı́a permanecido allı́
sin atacar ni defenderse, pronto bajó el cuerpo.
—Señ or Maelrosen, ¿se encuentra bien?
Rensley, aú n sentado, miró a Gezell, quien se habı́a sonrojado y habı́a
bajado la mirada al inclinarse para mirarlo a los ojos. Era dudoso que se
hubiera lastimado en alguna parte, pero por suerte, no parecı́a mostrar
dolor. Rensley se levantó del suelo, usando la punta de su espada corta
para impulsarse.
"Estoy bien."
“¿Qué pasó de repente?”
A pesar de la determinació n de Rensley de no rendirse, su expresió n
ahora parecı́a apagada, a diferencia de antes. Gezell, quien desconocı́a
la luidez del combate, no podı́a comprender la situació n.
“…Parece que entrenar contigo podrı́a no ser adecuado.”
“¿Hay algú n problema?”
“Justo ahora… noté un fallo en tu postura e intenté patearte el tobillo,
pero no pude hacerlo”.
Rensley frunció el ceñ o y levantó la mirada para mirar a Gezell.
—En efecto, no pude atacarte el tobillo. No podemos seguir entrenando
ası́.
Gezell parpadeó al encontrarse con sus ojos. Desconcertado, no tuvo
má s remedio que dar una respuesta convencional.
"Está bien."
“Pensé que dirı́as eso.”
“…Puedo instruir a alguien má s para que entrene contigo, pero… Si
quiero llamar a los instructores de artes marciales de la familia real,
tendré que comenzar con este examen de ingreso especial y explicar
varias cosas.”
Ası́ que le resultarı́a menos problemá tico asumir personalmente el rol
de compañ ero de entrenamiento. Rensley comprendió sus palabras y
era consciente de que no tenı́a la autoridad para elegir a su oponente.
Al darse cuenta de que estaba haciendo comentarios presuntuosos, su
rostro se sonrojó , pero ¿qué debı́a hacer con el movimiento de sus
extremidades detenido por re lejo? Sumido en sus pensamientos, Gezell
levantó la cabeza como si se le hubiera ocurrido una buena idea.
“Si parezco otra persona, ¿serı́a má s fá cil tratar conmigo?”
"¿Qué ?"
Para que te parezca un compañ ero de entrenamiento có modo, dé jame
usar un poco de magia por un momento. Si Sir Maelrosen gana, el
hechizo se levantará como condició n.
"¿Es eso posible?"
Hay hechizos que inducen ilusiones o delirios. No hay que preocuparse
por los efectos secundarios como con los medicamentos.
Gezell señ aló al aire, dibujando un sigilo. Una tenue luz aparecı́a y
desaparecı́a con cada movimiento de su mano. Siguiendo el patró n con
la mirada, Rensley sintió una extrañ a sensació n, como si un calor
invisible le atravesara el cuerpo.
El efecto se manifestó rá pidamente. A Rensley, que aú n permanecı́a
inmó vil, Gezell le preguntó : "¿Qué tal? ¿A quié n te parezco ahora?".
Aunque todo parecı́a una ilusió n, incluso la voz habı́a cambiado
milagrosamente. El tono solemne del Gran Duque y la voz vivaz no
encajaban en absoluto. Rensley estalló en carcajadas, una risa vaga
mezclada con lá grimas, pero aun sabiendo que era una ilusió n, la
encontró acogedora.
“La persona que me trajo aquı́.”
“¿El Rey de Cornia?”
—No. Ivet, que huyó antes de la boda. Creo que puedo entrenar contra
ella porque aprendimos esgrima juntas.
Aunque querı́a preguntarle có mo estaba, serı́a una tonterı́a. Quien
estaba frente a é l no era su media hermana perdida hacı́a tanto tiempo,
sino el Gran Duque de Jivendad, a quien nunca habı́a conocido.
Los sentidos humanos son realmente frá giles y fá ciles de engañ ar.
Incluso sabiendo que no es real, cuando alguien a quien extrañ as está
frente a ti, sientes el impulso de saludarlo. Deseas preguntarle có mo ha
estado, incluso abrazarlo. Un regalo sorprendente e inesperado. Cabello
castañ o rojizo y ojos grises que eran tan reales. Frotá ndose la nariz, que
se habı́a vuelto á spera ante una ilusió n tan convincentemente
engañ osa, Rensley ajustó su agarre en la espada. Gezell tambié n giró
suavemente la espada, encarando a su oponente, quien se mantenı́a
irme.
¿Empezamos? En cuanto te acostumbres a los ataques, volveré a activar
la magia.
"Está bien."
Incluso ahora, el gobernante de Aldrant seguı́a siendo un mago há bil. La
mirada de Rensley se endureció mientras se preparaba para la sesió n
de entrenamiento que Gezell Jivendad habı́a programado, sabiendo que
aú n quedaba tiempo de sobra.
Cap. 4.6 - Examen de ingreso
Con un estallido de energı́a, un sonido metá lico reverberó como si se
rompiera. La espada larga se le escapó de la mano de Gezell, dando
varias vueltas en el aire antes de aterrizar en el suelo. Sin embargo,
Gezell no mostró ningú n cambio notable en su expresió n mientras
miraba a su compañ ero de entrenamiento, quien permanecı́a inocente.
Rensley, situado frente a é l, declaró con con ianza: «He ganado».
La magia ilusoria se disipó tras el tercer asalto, revelando la igura que
inequı́vocamente pertenecı́a a Gezell Jivendad. Ya habı́an transcurrido
varios asaltos, y el combate de entrenamiento, acordado como el
ú ltimo, concluyó con la victoria de Rensley. Si bien las victorias no
fueron consecutivas, considerando el recuento general, Rensley
mantenı́a una ligera ventaja.
Apoyá ndose en la empuñ adura, Rensley dirigió la mirada al techo.
Mientras bostezaba, liberando la tensió n de su cuerpo, una voz se
acercó inesperadamente.
“Aú n no ha terminado.”
"¡Eh!"
Casi al instante, alguien le dio una patada suave detrá s del tobillo, lo
que hizo que Rensley sintiera su cuerpo lotando en el aire.
Simultá neamente, escuchó las palabras de Gezell.
“No signi ica necesariamente una derrota só lo porque fallé mi arma”.
“¡Esto es trampa…!”
Se produjo un repentino ataque de lanzamiento. Rensley, girando en el
aire sobre una ancha espalda que fá cilmente podrı́a servir como mesa
de juego de cartas, dejó de hablar. El rostro del Duque estaba
inesperadamente cerca.
"Caer ası́ al suelo duro causarı́a lesiones", comentó Gezell con una leve
risita. Las puntas de las orejas de Rensley se enrojecieron por la
desconocida sensació n de humillació n. Parecı́a una broma, como
cuando un adulto le enseñ a artes marciales a un niñ o. Tratarlo como a
un niñ o solo por una ligera diferencia fı́sica... Pero en Cornia, Rensley
Maelrosen era un hombre que destacaba entre la multitud.
Aunque me tires, caeré sano y salvo al suelo. Por favor, bá jame.
“¿Deberı́as realizar una conducta tan arriesgada justo antes del examen
fı́sico?”
“Parece que no puede aceptar la derrota, Su Gracia.”
Rensley rodeó el cuello de Gezell con su brazo derecho. Esta vez, los
ojos de Gezell se abrieron ligeramente. Al instante siguiente, su pierna
se montó á gilmente sobre su hombro, y en un abrir y cerrar de ojos,
Rensley se encontró colgado detrá s de Gezell, asumiendo la posició n
justo antes de estrangularlo. El pecho de Rensley y la ancha espalda en
contacto con é l sintieron un calor creciente.
Si estuvieran en una categorı́a de peso similar, podrı́a haber sido una
té cnica de reversió n en lugar de colgarse, pero mientras Rensley
saltaba sobre el hombro de Gezell, este solo se sacudió un momento y
luego recuperó el equilibrio, mantenié ndose irme. A pesar de estar
interiormente sorprendido por su fuerza, Rensley repitió su
declaració n.
“He ganado.”
Gezell asintió , levantando ambas manos, con un dejo de risa en su voz.
"De acuerdo, me rindo", dijo Gezell, tambié n jadeando, y inalmente
bajó a Rensley. Rensley se levantó y respiró hondo varias veces para
calmarse antes de devolver las armas usadas a sus lugares. Una vez
terminada la limpieza, Rensley se dirigió a la salida.
Sin embargo, antes de que pudiera abrir la puerta, una voz severa lo
detuvo.
Espera. Si sales ahora, te resfriará s.
Pero ahora hace calor. ¿No te parece bien?
No es bueno sudar y luego exponerse al viento frı́o. Date prisa y
cá mbiate de ropa.
Como alguien acostumbrado a refrescarse saltando al agua fresca o
disfrutando de la brisa despué s de sudar, a Rensley le resultó algo difı́cil
comprender las intenciones de Gezell. Ciertamente, el viento en Aldrant
era diferente al de Cornia.
Sin decir palabra, siguió las instrucciones del Duque. De pie junto a la
chimenea, se quitó la camisa y los pantalones, se limpió el cuerpo con
un pañ o seco y se puso el vestido.
Pensá ndolo bien, el Duque no sudaba mucho. Aunque sentı́a el cuerpo
má s cá lido de lo habitual, apenas se sentı́a desorientado, a diferencia de
Rensley.
'¿Podrı́a ser que só lo vio la sesió n de entrenamiento?'
Con una vaga sospecha, Rensley se abrochó el cinturó n.
Su Gracia, su habilidad con la espada es excepcional. No estoy seguro de
si es necesaria una escolta completa de caballeros. Probablemente no
haya muchos caballeros que puedan igualar su destreza.
Si fuera un combate uno contra uno o un duelo, podrı́a ser el caso. Pero
la mayorı́a de las peleas no son duelos.
Rá pidamente se puso la ropa y la capa que se habı́a quitado
previamente, ajustando su apariencia.
En mi caso, si la primera defensa de la barrera falla y los monstruos
invaden Roudken, a veces necesito invocar al familiar que mencioné la
ú ltima vez. Como esta magia de invocació n solo debe usarse en un lugar
designado, estaré atado a ese lugar. Ası́ que, en esa situació n, otros
desde afuera tendrı́an que luchar.
“Eso tiene sentido… En realidad, todavı́a no puedo comprender la
realidad de los monstruos”.
Hoy en dı́a, los fallos de la primera defensa han disminuido
signi icativamente, pero aú n ocurren ocasionalmente. Apenas unos dı́as
antes de que Sir Maelrosen llegara aquı́, hubo una gran batalla.
Se sentı́a como escuchar una vieja historia sobre un mundo
desconocido. Rensley asintió distraı́damente, recordando algo que
habı́a olvidado por un momento. Los peculiares ojos dorados del Duque
del dı́a en que se conocieron... ¿podrı́an estar relacionados con la
reciente batalla de hace unos dı́as? Mientras Rensley re lexionaba sobre
esta pregunta, el Duque continuó hablando.
Hoy no estaba del todo preparado, pero a partir de mañ ana haré
arreglos para que puedas montar a caballo. Hay una zona abierta a la
que puedo bloquear el paso para que puedas practicar allı́.
Entendido. Gracias de nuevo.
"¿Nos vamos?"
"Sı́."
Al salir de la torre junto a Gezell, Rensley contuvo el aliento,
sorprendido. Al oscurecerse la noche, el viento se habı́a vuelto tan
fuerte que sentı́a que se iba a as ixiar. Aunque se habı́a puesto el velo, el
viento era tan cortante que se le puso la piel de gallina.
Las palabras de Gezell eran correctas. Si se hubiera expuesto a ese
viento con el cuerpo cubierto de sudor, se habrı́a congelado en el acto.
El patio entre las torres, como un manantial, parecı́a atrapar el viento,
haciendo que el aire fuera excepcionalmente frı́o.
“Aldrant generalmente es frı́o y la temperatura luctú a mucho”.
“Ultimamente me he estado quedando en el castillo, ası́ que me he
vuelto complaciente... Tendré cuidado”.
Por un descuido, no se habı́a puesto un abrigo de invierno sobre el
vestido por una razó n trivial. En el castillo, al mediodı́a, la ropa normal
abrigaba lo su iciente, ası́ que no habı́a problemas.
Rensley bajó la cabeza y juntó las manos, intentando protegerse del
frı́o. A veces caminaba encorvado, y de repente, un calor le envolvió los
hombros y la espalda.
“¿Podrı́a ser magia?”
Para con irmarlo, levantó la cara, pero no era magia. Rensley se dio
cuenta de que el Duque habı́a abierto su amplia capa, cubrié ndole la
espalda.
—Su Gracia, estoy bien. La gente se reirı́a si lo viera.
¿Y ahora qué ? No hay nadie.
'Ugh, esto se siente raro…'
Rensley entrelazó los dedos y se pellizcó las yemas. Sentı́a las mejillas
calientes en el ambiente, como si lo trataran como a una princesa o una
duquesa. Por suerte, su expresió n distorsionada probablemente no
serı́a visible para el duque en la penumbra.
Al re lexionar sobre ello, cuando bebı́an juntos, a menudo alguien se
quejaba del viento frı́o, y se prestaban la ropa de abrigo o la usaban
juntos. Incluso ahora, no parecı́a muy diferente. Quizá s era é l quien se
sentı́a incó modo porque esa persona era Gezell Jivendad.
Tratando de aliviar la incó moda situació n, Rensley planteó un tema
diferente.
“¿Existe alguna magia que pueda hacerte no sentir el frı́o?”
Es posible, pero la magia que engañ a los sentidos es, en ú ltima
instancia, una ilusió n. Si persiste, podrı́as resfriarte o morir de frı́o en la
ilusió n de calor.
—Sı́, ya veo. Eso serı́a un problema.
Rensley caminaba deprisa, haciendo comentarios sin sentido. Tras
atravesar el patio y entrar por la puerta trasera del castillo principal, se
sacó rá pidamente la capa del interior del vestido y la arregló mientras
Gezell lo saludaba.
Descansa bien. Ya que se acerca el examen, cuida tu salud.
“¿Vas al laboratorio?”
Gezell asintió brevemente. Rensley dudó un momento y luego expresó
su gratitud.
Su Gracia, muchas gracias por hoy. No solo por el entrenamiento... Me
alegró ver a Ivet despué s de tanto tiempo. Aunque sea una ilusió n, de
alguna manera pude conocerla. La magia es realmente fascinante.
"Si quieres saber có mo está , ¿quieres preguntar?"
Era una propuesta que parecı́a saltarse varios pasos. Rensley,
sorprendido, levantó la cabeza.
No estaba pidiendo otra bú squeda. Solo querı́a expresar mi gratitud.
“Fue solo una simple ilusió n, ası́ que no hay necesidad de sentirse
agobiado”.
“No, no se trata de sentirse agobiado…”
Las palabras de Rensley se fueron apagando. Abandonando el saludo
incompleto que se habı́a desviado de su intenció n, Rensley regresó solo
a su dormitorio tras despedirse. En cuanto regresó , se quitó el vestido y
el velo, se envolvió en la manta de piel y se desplomó frente a la
chimenea hasta que su cuerpo se desvaneció en la relajació n. Luego se
acercó a la ventana, abrió la puerta interior y miró afuera.
Aunque ya estaba oscuro, seguı́a siendo una hora concurrida con
mucha gente entrando y saliendo. Faroles y antorchas iluminaban el
patio y las calles, mientras carruajes, carretas y personas cargadas se
movı́an apresuradamente, prepará ndose para la noche.
A la mañ ana siguiente de llegar a Aldrant, tambié n habı́a admirado la
vista del castillo desde la ventana. En ese momento, habı́a contemplado
el apacible paisaje mientras se sentı́a inseguro sobre el futuro. Ahora,
solo querı́a integrarse en ese paisaje y vivir allı́.
'Finalmente, la verdadera duquesa llegará a Aldrant para celebrar una
nueva boda, y cuando ese dı́a llegue, podré vivir como Rensley
Maelrosen sin necesidad de mentiras.'
Si la suerte le acompañ aba, podrı́a encontrar un socio maravilloso en
Aldrant. El salario de los caballeros que custodiaban al duque no serı́a
escaso, y considerando las pocas monedas de oro que habı́a robado de
los regalos traı́dos de Cornia, incluso podrı́a conseguir una casa decente
dentro de los muros del castillo de Roudken.
¿Quié n sabe si lograré una carrera entre los caballeros? Cuando era
escriba, ni siquiera podı́a soñ ar con una vida tan brillante y feliz.
Cuanto má s se entregaba Rensley a su deliciosa imaginació n, má s
parecı́a decaer su á nimo. Tras cepillarse distraı́damente los hombros,
ahora helados, varias veces, perdió el interé s en mirar por la ventana y
decidió cerrar la puerta. Era innegable que la inminente segunda
evaluació n aumentaba su ansiedad.
Tras respirar profundamente unas cuantas veces en su lugar, Rensley
consideró pedirle a Lady Samlet que le diera un bañ o.
La idea de sumergirse en agua caliente era tentadora y prometı́a
disolver la tensió n innecesaria mientras dormı́a y despertaba.
Autor de novelas originales y traductor de novelas coreanas (⑅˘͈ ᵕ ˘͈ )
Sié ntete libre de compartir tus pensamientos en los comentarios, ya sea
que se relacionen con mis proyectos de traducció n o mis obras
originales; tus comentarios son muy apreciados y brindan un aliento
reconfortante (⁄ ⁄•⁄ω⁄•⁄ ⁄)
Cap. 4.7 - Examen de ingreso
Aunque la semana pasó como un rayo, los ú ltimos cuatro dı́as se
sintieron como una eternidad.
Tras moverse todo el dı́a, la somnolencia lo abrumaba justo despué s de
cenar. Acostarse temprano signi icaba levantarse temprano, y Rensley
montaba a caballo incansablemente hasta que el Duque cumplı́a con
sus deberes o iciales. Una vez que el Duque terminaba su trabajo y
llegaba al patio, se enzarzaban en esgrima o combates cuerpo a cuerpo
hasta la puesta del sol.
Aunque fue un perı́odo corto, Rensley se enorgullecı́a de haberse
preparado e icientemente sin perder tiempo. El dı́a del examen de
admisió n, se levantó temprano como de costumbre y se limpió a fondo.
Consumir demasiado alimento harı́a que el cuerpo se aletargara al
esforzarse. Se conformó con una comida modesta de pan, salchichas y
té caliente.
“Dicen que hoy hay un examen de admisió n para los Caballeros”.
—Pero el examen de admisió n terminó hace poco. ¿Por qué tan de
repente?
El dormitorio del Duque, tranquilo y ordenado a diferencia del caos que
se desataba gradualmente fuera del castillo, transcurrı́a una mañ ana
tranquila. Un examen de admisió n inesperado era inaudito.
En la regió n norte, habı́a menos entretenimientos al aire libre en
comparació n con otros paı́ses. Los exá menes pú blicos de admisió n para
los Caballeros o las ocasionales competiciones de artes marciales
durante las visitas de dignatarios extranjeros eran las atracciones má s
importantes para la gente. En los primeros tiempos de la formació n de
los Caballeros, el proceso de admisió n era supuestamente má s discreto,
pero ahora, el proceso de selecció n era esencialmente un evento
pú blico, abierto incluso al pueblo llano.
En teorı́a, el campo de entrenamiento de los Caballeros solo era
accesible para el Duque, los nobles autorizados por este y los miembros
de la Orden. Sin embargo, la gente encontraba diversas maneras de
presenciar los exá menes de admisió n, como colgarse de la pared,
sentarse, aferrarse a las ventanas de los edi icios cercanos o trepar a los
tejados, creando gradas improvisadas.
Dicen que alguien de un paı́s extranjero está haciendo el examen de
admisió n. Por eso está n haciendo un examen especial.
¿Un extranjero? ¿Quié n?
“Su nombre es Rensley Maelrosen.”
Cuando entre los rumores se mencionó el nombre del examinado,
algunos alzaron la voz.
"¿Ren se unirá a los Caballeros?"
¿Es el Ren que trabajaba en la cocina? Creı́ que habı́a encontrado
trabajo allı́.
¿No trabajaba en los establos? Una vez lo vi dá ndoles heno a los
caballos.
“Pensé que se habı́a convertido en lavandero… Emma lo elogió por
llevar tanta ropa a la vez”.
Quienes intercambiaron testimonios presenciales no pudieron llegar a
una conclusió n de initiva y se encogieron de hombros. Sin embargo,
todos los que conocı́an a Rensley se dieron cuenta de que hacı́a tiempo
que no lo veı́an. Habı́an especulado que tal vez no se habı́a asentado y
habı́a abandonado Aldrant. Sin embargo, durante el breve periodo que
lo conocieron, demostró ser una buena persona. A veces, lamentaban
que no se despidiera de é l, quien se marchó sin despedirse.
¿Pero de repente aparecer para tomar el examen de admisió n para los
Caballeros Reales?
Eventos tan interesantes eran difı́ciles de encontrar durante añ os. La
gente terminaba sus trabajos apresuradamente y se preparaba para
asistir al examen de admisió n.
Al amanecer, el campanario repicaba vigorosamente. Era la señ al que
anunciaba el inicio del examen de admisió n a los Caballeros Sagrados,
que salvaguardaba al señ or y su territorio.
Normalmente, todavı́a era mediodı́a y era hora de las actividades
diarias. Sin embargo, casi todos ya habı́an terminado su trabajo y se
habı́an levantado. En un dı́a como hoy, no habı́a muchos empleadores
despiadados que insistieran en retener a sus empleados.
El que hilaba se detuvo y el herrero dejó el martillo. Los reparadores de
techos, los curtidores que recortaban cuero y los cocineros apostados
junto al hogar se limpiaron las manos, unié ndose a la reunió n cerca del
campo de entrenamiento.
El inesperado suceso despertó la emoció n entre la gente. Al asomarse
desde la sala de entrenamiento, Rensley abrió mucho los ojos.
“¿Vino tanta gente a vernos?”
—Bueno, en invierno no hay mucho entretenimiento, ası́ que ¿por qué
no? Toma, ponte esto.
Cuando el armero de los Caballeros le entregó el guardabrazos, Rensley
volvió a mirar hacia afuera. Pensó que la prueba pú blica solo se
realizarı́a frente al Duque y los Caballeros, pero resultó ser un é xito.
Con la armadura de entrenamiento puesta, Rensley lexionó los dedos,
extendié ndolos completamente, e hizo vigorosos ejercicios de
calentamiento, doblando la cintura a izquierda y derecha.
En ese momento, el caballerizo entró en la sala de preparació n. A pesar
de sus canas, Rensley recibió con cariñ o al anciano de complexió n
robusta.
—¡Hans! ¡Cuá nto tiempo sin verte!
Pensé que este tipo habı́a desaparecido sin decir palabra. De repente,
sacando a un caballero de su escondite, ¿qué pasa?
Ası́ resultaron las cosas. Pero pié nsalo. Vine aquı́ como guardiá n de la
Duquesa. Sabes que para ser guardiá n de la realeza, hay que destacar
en esgrima y artes marciales, ¿verdad?
Intentó convencer a Hans con una expresió n facial que mostraba
comprensió n mientras planteaba el punto principal.
Bien, luego profundizaremos en los detalles. Hoy, te encargará s del
caballo para la justa. Hemos recibido un caballo nuevo y me han
encomendado encargarte de su cuidado.
¿Un caballo? Conozco a los mayores, ası́ que elige uno robusto y dó cil;
no te preocupes.
Llegó ayer. Oı́ que es de Cornia. Dijeron que te llevarı́as bien con é l. Es
bastante bonito y robusto.
Rensley entreabrió la boca. Aunque pensó que no podı́a ser cierto, su
voz tembló .
'De ninguna manera.'
¿Puedo verlo ahora?
Claro. Los caballos para los partidos de hoy ya está n en la arena.
Inquieto, Rensley seguı́a avanzando. Siguiendo a Hans, llegó al establo
improvisado al otro lado de la sala de espera.
Al levantar la sombrilla que les habı́a ayudado a protegerse de la luz
solar directa, los caballos aparecieron. Entre ellos, Rensley identi icó
rá pidamente un caballo castañ o oscuro con un distintivo patró n blanco
en la frente: su viejo amigo.
“¡Marilyn!”
Con los ojos bien abiertos, Rensley corrió hacia é l. Marilyn tambié n
pareció reconocer a su amigo perdido. Moviendo la cola vigorosamente
y relinchando alegremente, el caballo seguı́a moviendo los labios hacia
adelante.
Abrazando el fuerte cuello, Rensley lo acarició repetidamente. Al
presenciar el reencuentro entre un dueñ o y su caballo, que llevaban
mucho tiempo separados, el establo, todavı́a algo desconcertado, lo
interrumpió .
“¿Conoces este?”
Es el que cuidé en Cornia. Tuve que dejarlo en una posada porque
enfermó . Pensé que ya lo habı́an vendido y que no nos volverı́amos a
ver...
Oı́ que un comerciante trajo el caballo que se llevó . Buenas noticias.
Seguro que lo venden bien. Es un golpe de suerte o del destino. Parece
que vas a morir hoy.
Rensley le dio una palmadita en el cuello a Marilyn, recordando el
pasado. Lady Samlet parecı́a completamente ajena a las circunstancias
tras la venta de Marilyn, por lo que era probable que no tuviera ninguna
conexió n con el comerciante.
Fue una coincidencia sorprendente. ¿No era ası́ como se veı́a el destino?
Mientras miraba ijamente las pupilas negras del caballo, Rensley
murmuró .
Perdó n por traerte desde tan lejos. Gracias por venir a verme de nuevo.
Como respondiendo a su saludo, Marilyn exhaló breves y profundos
suspiros. Mientras compartı́an la alegrı́a del reencuentro, una trompeta
sonó desde afuera, anunciando el inminente inicio del torneo.
Date prisa y sal. Como es necesario en la tercera ronda, lo cuidaré bien
hasta entonces.
—¡Gracias, Hans! Aunque apruebe, vendré a ayudar en el establo a
menudo.
“Haz lo que prometiste, bribó n.”
A pesar del frı́o persistente, el cielo estaba despejado y sin nubes. Las
trompetas seguı́an sonando y los vı́tores del pú blico ya llegaban al
centro del campo del torneo.
Mirando nerviosamente a su alrededor, Rensley pronto vio al Duque
sentado en el asiento má s alto de la tribuna central. El hombre que
habı́a entrenado con é l el dı́a anterior ahora lo miraba como si fuera un
extrañ o, con una expresió n severa, propia de un gobernante.
A continuació n, observó a los espectadores que colgaban de las paredes
del campo de juego. Habı́a má s ojos observando de los que habı́a
previsto, y justo cuando la tensió n empezaba a aumentar, alguien gritó
de repente.
“¡Ren, hazlo bien!”
Rensley levantó la vista hacia los vı́tores. Era la voz de un empleado de
lavanderı́a sentado en la azotea de un edi icio cercano. Habı́an
compartido unas cervezas durante el breve rato que habı́an pasado
jugando. Ver una cara conocida lo alivió . Junto a ellos estaba el personal
de cocina con el que se habı́a hecho amigo nada má s llegar a Aldrant.
Tia, que lo habı́a saludado el primer dı́a, le hizo un gesto con la mano.
“¡Ren, mantente fuerte!”
Rensley le devolvió el saludo con una gran sonrisa. Los aplausos y
vı́tores del pú blico resonaron en respuesta.
El apoyo inesperado sorprendió al caballero comandante Anton y a los
demá s caballeros. Anton carraspeó , levantó la mano y la trompeta sonó
largamente, calmando ligeramente el alboroto en las gradas izquierdas.
¡El orden del examen de admisió n ya está determinado! El primer
segmento se centrará en la esgrima, seguido del combate sin armas y,
inalmente, en las justas. Normalmente, el examen asigna un solo
j g
ganador entre todos los candidatos. Sin embargo, debido a las
circunstancias ú nicas de este examen, donde solo participa un
participante, los candidatos aprobados en esta ronda participará n en
duelos competitivos. Para mantener la relevancia de este examen
especial, es imperativo que el ú nico participante alcance el nivel de
habilidad de estos candidatos expertos. En cada evento, habrá tres
duelos, y un candidato debe salir victorioso en dos o má s para aprobar.
Candidato Rensley Maelrosen, ¿está de acuerdo con estas reglas?
Eso signi icaba que Rensley se enfrentarı́a é l solo a tres caballeros. El
rostro severo de Anton lo miraba ijamente. Rensley gritó en respuesta.
"Estoy de acuerdo."
No tenı́a ninguna queja sobre las condiciones. Dado que el examen en sı́
era un privilegio exclusivo para é l, incluso si los requisitos de admisió n
eran má s altos de lo habitual, era un acuerdo justo.
El primer oponente dio un paso al frente. Fiel a la imagen de un
caballero aldrant, era un hombre corpulento y de aspecto fuerte. Como
la mayorı́a de los caballeros, empuñ aba una espada larga, como
mencionó el Duque.
Rensley, una vez má s, empuñ aba una espada ancha y una corta. Dado
que habı́a usado ambas armas durante el combate con el Duque,
mantener la misma estrategia parecı́a prudente en la prá ctica.
"Preparar."
Los dos escuderos, de pie al borde del campo de entrenamiento, alzaron
sus banderas. La bandera verde bosque, adornada con motivos de
relá mpagos, ondeaba al viento.
Los dos hombres enfrentados cargaron simultá neamente. Las espadas
chocaron, y el oponente avanzó implacablemente para apuñ alar a
Rensley sin darle ninguna oportunidad. Rensley intentó esquivar el
ataque y cortar la muñ eca de su oponente con la espada ancha, pero el
hombre evitó el golpe con habilidad.
Un contraataque vino desde arriba. La espada ancha se elevó
rá pidamente para bloquear la espada larga, y la espada corta apuntó a
la cintura del oponente. El hombre se inclinó hacia un lado para evadir
el ataque de Rensley, y Rensley, aprovechando la oportunidad, le metió
el pie entre las piernas. Sorprendido por la té cnica de piernas rá pidas,
el hombre tropezó y cayó al suelo. Rensley lo apuntó con su espada,
concluyendo el primer duelo con bastante rapidez, provocando vı́tores
del pú blico.
—¡No está mal, Ren!
¡Creı́amos que los sureñ os eran todos blandos!
Mientras el oponente caı́do se sonrojaba y se ponı́a de pie, Rensley rió ,
levantando el brazo en señ al de reconocimiento. Agradeció a la
multitud estrechá ndoles la mano.
Rensley se sentı́a a gusto. El hombre al que se enfrentaba en combate
no parecı́a ser un caballero especialmente há bil dentro de la Orden. El
caballero comandante Anton, noble y orgulloso, deseaba repeler a
Rensley, pero no era lo su icientemente despiadado como para
enfrentar al miembro de mayor rango contra un aspirante que se
presentaba al examen de admisió n.
Ademá s, las habilidades del hombre asignado por Anton como su
oponente no eran nada comparadas con las de Gezell Jivendad.
Cap. 4.8 - Examen de ingreso
“Toma, toma una bebida caliente.”
Esos será n bronones. Tambié n tenemos bocadillos de jengibre, pero
probablemente no los necesites.
El vendedor ambulante, despué s de recibir la moneda, entregó al
cliente un licor barato y caliente en un vaso arrugado.
A medida que má s gente acudı́a a ver el inusual evento al aire libre, la
zona cercana al campo de entrenamiento se llenaba cada vez má s.
Rá pidamente se instalaron puestos y la gente disfrutaba de bebidas
calientes y aperitivos, esperando con ansias los pró ximos partidos.
Rensley Maelrosen, originario de Cornia, obtuvo victorias con facilidad
tanto en duelos de espadas como en combate cuerpo a cuerpo. Para
deleite de los espectadores, el extranjero de origen desconocido
derrotó a los caballeros reales de é lite uno a uno. Los á giles y ené rgicos
movimientos del alegre joven rubio contra los formidables caballeros
proporcionaron má s alegrı́a que las habituales disputas entre facciones.
Tras cada triunfo, el joven se inclinaba con gracia ante la multitud,
conquistando incluso a quienes albergaban resentimiento. Los rostros
descontentos que se veı́an entre los juerguistas eran simplemente
jugadores que habı́an apostado sobre el resultado de las victorias del
caballero.
Ahora solo quedaba la justa. Tras ganar dos veces, Rensley Maelrosen
ya tenı́a la entrada asegurada. Sin embargo, el entusiasmo del pú blico
no decayó . La justa se consideraba la cumbre del combate caballeresco
y el punto culminante de este gran escenario.
“¡Está aquı́!”
“¡Vamos, Ren!”
“¡Caballeros, dadlo todo!”
Montado en un caballo con un patró n distintivo en la frente, Rensley,
empuñ ando una lanza, avanzó con con ianza. A diferencia de los duelos
anteriores, ahora iba completamente armado de pies a cabeza. Su
oponente era un caballero montado en un caballo negro.
Rensley contuvo el aliento. El ambiente era diferente al de los dos
partidos anteriores. Parecı́a que Anton habı́a enviado a un oponente
bastante há bil esta vez, posiblemente pensando en evitar otra derrota.
Tras un breve momento de tensió n, Rensley relajó los hombros. Como
su entrada ya estaba garantizada, no habı́a necesidad de preocuparse
demasiado por la victoria o la derrota. Era el ú ltimo partido y querı́a
ofrecerles a los espectadores una contienda má s entretenida.
¿Para defender el honor de la Orden y quizá s permitirles ganar un
poco? La gente de Aldrant no querrı́a ver a sus caballeros perder
continuamente...
Mientras contemplaban la carrera, se izó la bandera de salida. Los
caballos, a ambos lados del campo de entrenamiento, se lanzaron uno
contra el otro, y los vı́tores del pú blico se hicieron má s fuertes.
¡Zumbido! Las lanzas, irmemente sostenidas por sus jinetes, chocaron
contra los hombros del otro. Golpes iguales en el mismo punto. El
resultado aú n no estaba decidido. Los dos jinetes continuaron su
ataque hasta llegar a los extremos opuestos, esta vez dando la vuelta.
Rensley se concentró en la punta de su lanza, olvidando la re lexió n
previa sobre la derrota intencional. No debı́a tomar a su oponente a la
ligera, pues parecı́a capaz de medir la victoria o la derrota. En la
segunda embestida, su lanza golpeó a Rensley justo debajo del cuello.
El vı́nculo que unı́a el cuello y el pecho de la armadura se hizo añ icos, y
los gritos de la multitud instá ndolo a rendirse se hicieron má s
pronunciados.
«Esto no va a funcionar». Decidido, Rensley regresó a la entrada y se
levantó la visera del casco para evaluar su entorno. Tras dos intensos
asaltos, estaba empapado en sudor, lo que le incomodaba ver lo que le
aguardaba.
La velocidad era comparable, pero la fuerza del oponente era muy
superior. Si continuaba ası́, podrı́a verse atrapado en su ritmo.
"¿Qué está haciendo?". Empezando por la voz desconcertada de uno de
los espectadores, la gente empezó a murmurar. Rensley se habı́a
quitado toda la armadura, excepto el peto.
A diferencia de los duelos tradicionales, las justas requerı́an armadura,
ya que implicaban el uso de una lanza destructora. Incluso si se
empleaba una lanza roma sin fuerza letal, ser golpeado con ella a mano
limpia podı́a tener consecuencias fatales.
El Duque, sentado en la tribuna, pareció inclinarse ligeramente hacia
adelante. Fuera mera percepció n o no, habı́a una palpable preocupació n
en su actitud.
¡No pasa nada! Ası́ que, por favor, no uses magia ni nada para ayudar.
Rensley gritó mentalmente. Solo podı́a esperar que su intenció n se
transmitiera.
"Marilyn, por favor."
Este combate decidirı́a el resultado. Dicho esto, Marilyn, llena de
energı́a, echó a correr. La oponente tambié n cargó .
La lanza golpeó a Rensley con fuerza. Sin embargo, esta vez, Rensley fue
má s rá pido. Agarrá ndose a la parte delantera de la silla e inclinando su
cuerpo hacia Marilyn, evadió la lanza y luego aprovechó el retroceso al
incorporarse para contraatacar.
La lanza de Rensley impactó al oponente justo entre el pecho y el
hombro. Su armadura tambié n quedó destrozada.
¡Guau! ¡Qué equitació n tan increı́ble!
La multitud vitoreó con fuerza. Rensley y el caballero caminaron
lentamente, observá ndose mutuamente.
Un empate, una victoria. Se dio una ronda adicional. A lomos del
caballo, Rensley se recostó de nuevo junto a Marilyn, igual que antes.
“Utilizando el mismo mé todo otra vez.”
El oponente se burló y lanzó la lanza hacia abajo.
Sin embargo, esta vez, Rensley no contraatacó . Justo antes de que la
lanza impactara, levantó el cuerpo, esquivando el golpe.
Marilyn dejó de correr y se convirtió en el trampolı́n para su dueñ o.
Rensley, que habı́a saltado sobre é l, pateó al hombre que lo atacó , y el
caballo, desconcertado, relinchó y alzó las pezuñ as delanteras.
La gente olvidó gritar y observó el inesperado combate que se
desarrollaba frente a ellos. Tras el inal de la situació n, Rensley se
encontraba en el caballo robado. El caballero caı́do, aú n con armadura,
miró a Rensley con expresió n desconcertada, luego se levantó
apresuradamente e intentó montar a Marilyn.
Sin embargo, el caballo de Rensley se negó a dejar subir al hombre y
pateó algunas veces mientras Rensley se reı́a a carcajadas.
—Lo siento, señ or. Marilyn no carga a quienes me atacaron.
En ese momento los vı́tores de la multitud estallaron nuevamente.
La trompeta sonó con fuerza y el abanderado anunció el inal del
partido. Era el momento en que Anton, con expresió n de inevitabilidad,
estaba a punto de juzgar el resultado.
"Muchacho indigno."
El caballero derrotado extrajo algo de su pecho y lo arrojó hacia
Rensley. Los espectadores quedaron boquiabiertos al ver que Rensley
abrı́a los ojos de par en par, sorprendido.
¡Zap! Lo que golpeó a Rensley era un artefacto má gico diseñ ado para
uso ofensivo, utilizable incluso por personas sin magia. Chispas de
corrientes má gicas brotaron de la herramienta má gica redonda que
golpeó a Rensley.
“¡Señ or Maelrosen!”
Gritando con voz sorprendida, era el Caballero Comandante Anton
Sorrel. Sin embargo, quien detuvo el brusco movimiento del caballero
no fue é l, sino otra persona.
Sentado en el prestigioso asiento, Gezell Jivendad se levantó y extendió
la mano. Su rostro, habitualmente inexpresivo, se volvió inusualmente
severo y frı́o.
La corriente elé ctrica que envolvı́a a Rensley desapareció , y el artefacto
que se aferraba a su cuerpo cayó al suelo sin energı́a. Anton corrió a
salvarlo.
—Señ or Maelrosen, ¿se encuentra bien?
“Oh, sı́… sorprendido, pero… parece que estoy bien.”
¿Deberı́a considerarme afortunado de no estar asá ndome vivo con esta
armadura de metal? Maldito sea ese rayo. No puedo decir que lo
disfrute. Rensley sacudió sus hombros aú n temblorosos. En ese
momento, Anton asestó un puñ etazo en la mejilla del caballero
derrotado.
Rensley escapó de la multitud y corrió hacia é l, arreglá ndose
rá pidamente el cabello desordenado mientras se acercaba. Al llegar a
Gezell Jivendad, Rensley hizo una profunda reverencia, expresando su
sincera gratitud.
—¡Su Gracia, muchas gracias! Si Su Gracia no me hubiera ayudado,
seguro que no habrı́a aprobado.
Sin embargo, tras terminar el saludo y levantar la cabeza, la expresió n
de Gezell cambió sutilmente. A pesar de que Rensley anticipaba un
momento de celebració n, el rostro de Gezell ahora carecı́a de emoció n y
exudaba una sutil sensació n de ambigü edad que nunca antes habı́a
visto.
Por alguna razó n, Gezell abrió ligeramente sus brazos, pero cuando
Rensley extendió su mano, retrajo sus brazos.
“¿Su Gracia?”
“A Sir Maelrosen tambié n le llaman 'Ren', ¿verdad?”
—Ah, sı́. Me llamo Rensley. Mis amigos tambié n me llaman Ren o Rensi.
“No sabı́a que tenı́as tantos amigos”.
Ups. Rensley bajó ligeramente la cabeza. Aunque solo habı́a salido un
par de dı́as, desde el punto de vista del Duque... Parecı́a que sus
mentiras habı́an quedado al descubierto tras este incidente.
Rensley dejó escapar una risa incó moda y trató de romper la extrañ a
atmó sfera con una broma.
—Pero aú n ası́, Su Gracia, no tengo tantos amigos como usted.
La expresió n de Gezell cambió sutilmente una vez má s. Rensley intentó
adivinar sus pensamientos por un momento, pero fue imposible.
Rensley se animó un poco y rió con torpeza. En ese momento, Anton se
unió a ellos.
Despué s de las pró ximas vacaciones, celebraremos la ceremonia o icial
de investidura de Sir Rensley Maelrosen. Nos aseguraremos de
gestionar rigurosamente las medidas disciplinarias contra el miembro
que infringió las normas anteriormente y de informar al respecto.
Entendido. Bienvenido a la inducció n, Sir Maelrosen. Espero con interé s
trabajar con usted. Le pido disculpas por haber dudado de sus
habilidades y haber sido descorté s antes. Por favor, perdó neme.
—Aunque todavı́a se comporta con formalidad, es bueno que ya no le
quede resentimiento. —Rensley se sintió aliviado.
“¿Entonces se acabó ?” preguntó Rensley.
Sı́. Por favor, tó mese un descanso hoy. Como mencionó Su Excelencia,
celebraremos la ceremonia de investidura despué s de las vacaciones.
“Su Gracia, entonces ¿puedo salir y relacionarme con la gente ahora?”
Aunque inicialmente indiferente a muchas cosas, la respuesta de Gezell
hoy me pareció má s profunda que de costumbre.
—Puedes. Sir Maelrosen ya está libre.
Ahora que lo pienso, hoy me pasó algo increı́ble. Me dieron un caballo,
diciendo que lo habı́an traı́do de Cornia. Aunque parezca increı́ble, era
el caballo que montaba en Cornia del que me separé en medio del viaje.
¡Menuda coincidencia! Parece que vino a buscarme para que pudiera
pasar hoy.
Gezell asintió .
"Ası́ parece."
Su Gracia, ¿puedo salir un rato? Quiero ver el exterior del Castillo de
Roudken. Nunca he salido del castillo del Duque desde que llegué a
Aldrant, y tengo curiosidad.
Al oı́r esto, Gezell giró la cabeza, con una expresió n de incomprensió n.
El clima está a punto de enfriarse, y debes estar cansado de tanto
practicar con el caballo. Puedes salir cuando quieras. ¿No serı́a mejor
descansar dentro hoy? Hace mucho má s frı́o fuera de los muros del
castillo que dentro.
"Pero…"
¿Tu cuerpo está bien? Puede que tengas algunas secuelas del ataque
má gico de hace un rato.
—No, de verdad, estoy bien. Gracias a la acció n inmediata de Su Gracia...
Fue un dı́a liberado del frustrante con inamiento. Rensley anhelaba
galopar libremente a caballo, respirando el aire fresco y puro. Hoy, el
frı́o le parecı́a insigni icante.
Cuando Rensley no respondió rá pidamente, Gezell giró la cabeza con
una leve sonrisa y cambió de tema.
Haz lo que quieras. De ahora en adelante, Sir Maelrosen podrá hacer lo
que quiera.
—Su Gracia, ¿no querrá venir conmigo entonces?
Abrió un poco los ojos.
“¿Fuera del castillo?”
"Sı́."
"¿Por qué ?"
'Só lo…porque quiero…'
No pudo expresar la razó n. Al darse cuenta de lo imprá ctico de su
sugerencia, Rensley se sonrojó . A pesar del vı́nculo cada vez má s
profundo en su relació n —similar al de un profesor que ayuda a un
alumno con los exá menes o al de dos amigos que entrenan juntos—,
Gezell seguı́a siendo el rey reinante. No podı́a simplemente montar a
caballo y vagar libremente. Cada uno de sus movimientos requerirı́a el
esfuerzo coordinado de caballeros y otros asistentes. Ademá s, parecı́a
innecesario incomodar a tanta gente por un simple capricho.
Lo siento. Dije algo extrañ o. Iré solo. O quizá s con esos tipos de allá .
Debe ser difı́cil para Su Gracia salir del castillo sin una razó n especı́ ica.
Rensley hizo una leve reverencia, se retiró y tomó las riendas de
Marilyn, que se encontraba a cierta distancia. «Gracias por tu arduo
trabajo hoy. Todo salió bien gracias a ti». Susurrando elogios, se alejó , y
a sus espaldas se oyó una voz familiar.
"Entiendo."
"…¿Eh?"
Vamos juntos. No está mal salir del castillo de vez en cuando.
Ante la inesperada declaració n, Rensley se quedó paralizado mientras
el mozo de cuadra, Hans, traı́a el caballo de Gezell Jivendad.
El caballo de Gezell tenı́a pelaje negro y se llamaba Roan. Llevaba ropa
de abrigo gruesa, que incluı́a un sombrero, guantes y una bufanda que
le habı́an traı́do a Rensley.
"¿Nos vamos?"
“¡Sı́, sı́!”
Antes de que Gezell pudiera cambiar de opinió n, Rensley montó
rá pidamente a Marilyn. Cuando el Duque empezó a moverse, Anton y
algunos caballeros lo siguieron. A pesar de lamentar las palabras
innecesarias que habı́a pronunciado, Rensley no se negó ni declinó la
petició n y lo siguió .
Al abrirse la puerta de la muralla exterior del Castillo Ducal, apareció
un largo puente. Rensley recordó la noche en que cruzó este puente por
primera vez. La luna frı́a y vacı́a, los ojos y el hielo que re lejaban la luz
azulada de la luna, y el oscuro y ominoso bosque de conı́feras parecı́an
un gigante dormido.
Hoy, en lugar de luna, brillaba el sol. La nieve y el hielo, aú n sin derretir
y irmemente adheridos, brillaban con un tenue resplandor. El bosque
azul intenso invitaba a un paseo en un dı́a despejado.
Al cruzar el puente, apareció ante sus ojos la zona residencial de la
enorme fortaleza Roudken. Edi icios perfectamente ordenados se
alzaban en hileras, y habı́a mucha má s gente circulando que dentro del
castillo del Duque.
A pesar del frı́o, la plaza estaba animada, con diversos trabajadores y
comerciantes ocupados en sus labores. Aunque carecı́a del dinamismo
de Cornia con artistas, acró batas, mú sicos y poetas callejeros, aú n se
respiraba un ambiente cá lido caracterı́stico de los lugares donde se
reunı́a la gente diligente.
Las personas que inicialmente se sorprendieron por la inesperada
visita del gobernante voltearon la cabeza e hicieron una reverencia al
ver pasar a Gezell. A diferencia de Rensley, quien estaba ocupado
observando a su alrededor, Gezell avanzó con la mirada ija al frente.
Al cabo de un rato, aparecieron las puertas de la fortaleza. El portero,
informado o no, abrió la puerta sin mucha sorpresa. Era la misma
puerta por la que Rensley pasó , envuelto en ropas gruesas y un velo,
temblando de hambre y frı́o, soportando la dura prueba.
"Ja."
Rensley dejó escapar un breve suspiro. Fue tal como Gezell le habı́a
advertido. Al salir de la puerta, un viento frı́o lo esperaba, golpeá ndole
la cara como si lo estuviera esperando. El sonido del aire al partirse,
"whoosh", resonó dolorosamente en sus oı́dos. Con di icultad para
respirar, Rensley se cubrió la nariz y la boca con las manos
enguantadas.
El frı́o espantoso, que habı́a olvidado durante su estancia en la cá lida
fortaleza, ahora era imposible de ignorar. El viento cortante le
recordaba con crudeza lo que signi icaba pasar tanto frı́o que las
lá grimas se congelaban. Gezell, vestido con ropa má s gruesa de lo
habitual, le advirtió con un tono que parecı́a decir: «Te lo dije».
“No hay muro protector contra el viento exterior, a diferencia del
interior de la fortaleza”.
“Sı́, eso es cierto.”
Sin embargo, el paisaje que Rensley vio habı́a cambiado por completo.
No era el mismo que la noche en que llegó ; ahora era de dı́a.
Esa noche, Rensley, sentado en un carro de equipaje tirado por un
caballo, parecı́a un simple mozo de equipaje desamparado. Entre los
espectadores, a los que se referı́a como "asistentes", no habı́a nadie
dispuesto a pronunciar palabra, ni siquiera si se sentaba acurrucado,
con lá grimas corriendo por su rostro a causa del frı́o cortante.
El lento y rı́tmico retumbar de los cascos llegó a sus oı́dos. Rensley,
absorto en el recuerdo de su primera noche en Aldrant, giró la cabeza.
El Duque, que se habı́a acercado en silencio sin que é l lo notara, lo miró
con expresió n de preocupació n.
¿No tienes frı́o? Traje una capa de piel, ası́ que cú brete má s. Enfermarse
serı́a un gran problema.
“Estoy bien, quizá porque estoy de buen humor, pero hoy el frı́o me
refresca”.
Rensley respondió con una sonrisa. Muchas cosas han cambiado desde
aquel dı́a.
Miró a lo lejos, donde el sol del atardecer proyectaba un cá lido
resplandor sobre el cielo norteñ o que se movı́a rá pidamente. A medida
que el cielo se transformaba en un lienzo de tonos rojizos, el extenso
campo, antes oculto a la vista, se revelaba gradualmente bajo un tinte
rojizo de nieve.
En el horizonte, los á rboles restantes, adornados con ramas cubiertas
de nieve, pasaban de un brillo coralino a una profunda sombra. La
maleza, resistente al suelo gé lido, se erguı́a alta con hojas largas y
esbeltas, que se elevaban esporá dicamente hacia el cielo.
El camino, que al principio parecı́a frı́o y desolado, cuando se lo
observaba de cerca se revelaba como un lugar de sutiles complejidades,
que invitaba a algo má s que una mirada pasajera.
Inhalando profundamente, Rensley se sumergió en el momento.
El campo invernal que tenı́a ante é l seguı́a siendo frı́o y vasto, pero su
belleza resonaba con la misma grandeza que su frı́o.
<Fin del Volumen 1>
TL/N Este volumen profundizó más en la construcción de
personajes y mundos, pero tendremos muchos más momentos
hermosos entre Rensley y Gezell~ Gracias por leer hasta aquí y nos
vemos mañana para el segundo volumen~
PS ¡Únete a Winter Field en el canal de Discord para mantenerte
actualizado! <3
Arte o icial de Gezell y Rensley (que encontré al inal del epub del
Volumen 2, pero lo pondré aquí~)
Cap. 5.1 - Rumores sobre la
pareja del Gran Duque
Tras terminar el entrenamiento matutino, Rensley se estiró y se dirigió
a la cocina. La ceremonia o icial de inducció n aú n no se habı́a
celebrado, pero, al ser el chef real y sin ninguna tarea que retrasara su
participació n en el entrenamiento, Rensley habı́a participado
diligentemente desde el dı́a despué s de aprobar el examen.
Preocupado por la hostilidad que reinaba en la Orden de Caballeros tras
el incidente en el que un compañ ero le tendió una emboscada
inesperada durante un duelo de prá ctica, Rensley descubrió que la
mayorı́a de sus compañ eros caballeros eran personas comunes y
decentes. Ya habı́a forjado una buena amistad con muchos miembros de
la Orden.
“Reyna, te sigo por dos vasos de cerveza.”
¿Beber antes de comer? Ten cuidado de no arruinar tu reputació n solo
por ser joven.
“Tambié n cortaré algunas salchichas”.
Claro, adelante. Tambié n deberı́as comer algo para picar. Toma, toma
unas patatas.
Interpretando a un ayudante de cocina, Rensley se habı́a hecho amigo
de la jefa de cocina, Reyna. A pesar de su cará cter y tono severos, tenı́a
un corazó n cá lido. Aunque la cocina de Reyna aú n carecı́a de sabor, los
ingredientes bá sicos, como carne, salchichas, pan, mantequilla y
verduras, eran de excelente calidad, y Rensley habı́a estado utilizando
estos ingredientes ú ltimamente para sus comidas.
Con dos vasos de cerveza y un plato de salchichas calientes y puré de
papas, Rensley y Reyna salieron de la cocina. En la entrada, su
compañ ero caballero, Stan, les entregó vasos de cerveza. Ambos
brindaron levemente y dieron un sorbo a la cerveza. Rensley arqueó
una ceja, impresionado.
¿Por qué sabe tan bien la cerveza justo despué s de entrenar? Ni
siquiera está frı́a a estas horas.
“Ten cuidado; si el comandante se entera, será s regañ ado”.
Tomando una copa al aire libre antes del atardecer. Como miembro de
la honorable Orden de Caballeros, siempre sé consciente de tu conducta
y esfué rzate al má ximo.
Rensley imitó al comandante con una expresió n solemne, y Stan rió
entre dientes al imitar su tono de regañ o. En el patio trasero, ardı́a una
gran hoguera que proporcionaba calor a pesar de estar al aire libre.
Mientras disfrutaban del calor de la fogata, Rensley y Stan conversaban
informalmente sobre el entrenamiento de hoy. De repente, las voces de
los demá s les perforaron los oı́dos como lechas.
¿En serio? ¿Es cierto ese rumor?
—Eso parece. Sabes cuá ntas veces he limpiado las camas de los
caballeros y damas de alto rango, ¿verdad? Gretel y yo hacemos la vista
gorda cuando los vemos. Con solo ver el estado de las camas por la
mañ ana, sabes si hicieron algo ayer o no.
Al otro lado del muro, las criadas cotilleaban a gritos. Rensley y Stan
intercambiaron miradas y decidieron escuchar a escondidas su
conversació n, guardando silencio.
Aunque seas una dama de alto rango, sigues siendo una mujer. Pensé
que cambiarı́a un poco al convertirse en dama, pero... Pero, ¿en serio, a
Su Gracia no le importa nada? Quizá s...
¡Shh! Aunque Su Gracia es indulgente con las actividades de sus
subordinados, no deberı́as hablar de cosas tan inapropiadas a la ligera.
Aun ası́, por suerte, son jó venes, ası́ que probablemente tendrá n un
heredero con el tiempo. Dejemos de hablar de esto y volvamos al
trabajo. A estas alturas, podrı́amos meternos en problemas.
Los pasos ajetreados de las criadas se fueron apagando poco a poco.
Alzando su vaso de cerveza y escuchando a escondidas la conversació n,
Rensley dejó escapar un suspiro de alivio. Aunque solo fuera un rumor
infundado, como persona involucrada, era una historia que le dio un
vuelco el corazó n. Estaba cubierto de sudor frı́o.
«No esperaba que tales rumores circularan dentro de los muros del
castillo».
A menos que tuvieras unos seis añ os, podrı́as adivinar fá cilmente qué
fue la "charla inapropiada" que las criadas casi soltaron. Abrumado,
Rensley se dio una palmadita en la mejilla para reaccionar, y Stan lo
miró con una sonrisa.
¿Y tú ? ¿Lo oı́ste?
¿Qué ? ¿De qué está s hablando?
La conversació n de hace un momento. Sobre Su Gracia…
—Ah, ¿te re ieres al nuevo que llegó a Aldrant hace poco? No estoy
seguro, ya que llevo aquı́ poco tiempo, pero nuestro Señ or actual parece
un poco excé ntrico. Parece que los reyes de Aldrant de generaciones
pasadas solı́an ser agresivos y apasionados, pero nuestro Señ or actual
es todo lo contrario. Bueno, ¿no te parece bien? No está nada mal.
“No se trata de personalidad, sino del rumor que acabo de escuchar”.
Tratando de acotar el vago tema, se rascó la nuca y puso los ojos en
blanco.
Bueno... La verdad es que es un poco difı́cil de entender. Los jó venes no
suelen ser tan inocentes. Corren rumores de que, a pesar de celebrarse
una boda, la noche no se celebró como es debido. No puedo evitar
pensar que podrı́a haber otras razones.
Sus palabras fueron cautelosas, pero Rensley casi dejó caer su vaso de
cerveza del susto. Nunca imaginó que rumores tan infundados se
extenderı́an. Aunque sus visitas nocturnas a su laboratorio de
investigació n, ignorando las miradas de los demá s, podrı́an haber
desatado rumores infundados, lo incomodaron muchı́simo.
Rensley no podı́a a irmar que fuera del todo falso. El tambié n
desconocı́a las funciones sexuales o las habilidades nocturnas del Gran
Duque Gezell Jivendad. Si se trataba de amigos sin formalidades, tales
rumores podı́an surgir ocasionalmente. Aun ası́, el Gran Duque Gezell
era su superior. Ahora, como miembro de la Orden de Caballeros que le
servı́a, era aú n má s inapropiado entrometerse en los asuntos privados
del gobernante.
Pero recordando có mo habı́a visto al Gran Duque Gezell durante el
entrenamiento de esgrima... quizá no fuera incompetente en las
actividades nocturnas. Aunque serı́a difı́cil sobrevivir, Rensley habı́a
logrado arrebatar algunas baratijas de oro de los escasos regalos de
boda. Si tales rumores se extendı́an en la ferozmente competitiva
Cornia, el problema de la sucesió n podrı́a haberse resuelto hace mucho
tiempo. A medida que esta preocupació n crecı́a, Rensley preguntó una
cosa má s.
Ademá s del Gran Duque, tambié n he oı́do que hay otra heredera directa
al trono, la Princesa Frida. Si Su Gracia no ha podido encontrar un
sucesor durante tanto tiempo, ¿no serı́a un problema?
¿Ah, Princesa Frida? Sı́, es cierto, pero no es necesario un heredero
directo para convertirse en el pró ximo Gran Duque. ¿No lo supiste
durante la preparació n de tu examen de investidura? Incluso el actual
Gran Duque no es hijo del anterior, sino su sobrino. En Aldrant, una vez
que el rey designa al pró ximo sucesor, se acabó . La gente comú n
desconoce los criterios exactos ni los procedimientos de selecció n, pero
en cualquier caso, no ha habido mucha disputa por el trono en mucho
tiempo.
Con esas palabras, Rensley respiró aliviado, pero la inquietud que lo
aquejaba no desapareció . Que algo no hubiera sucedido hasta ahora no
signi icaba que no sucederı́a en el futuro.
Portada del volumen 2 de TL/N~
Autor de novelas originales y traductor de novelas coreanas (⑅˘͈ ᵕ ˘͈ )
Sié ntete libre de compartir tus pensamientos en los comentarios, ya sea
que se relacionen con mis proyectos de traducció n o mis obras
originales; tus comentarios son muy apreciados y brindan un aliento
reconfortante (⁄ ⁄•⁄ω⁄•⁄ ⁄)
Cap. 5.2 - Rumores sobre la
pareja del Gran Duque
Desde que se mencionó por primera vez el examen de inducció n, se
habı́a planeado que las nuevas habitaciones de Rensley fueran la ú ltima
habitació n del segundo piso. Salvo que hubiera alguna necesidad
especial, usarı́a esta habitació n durante el dı́a y se alojarı́a en el
dormitorio de la duquesa desde la noche siguiente, tras el inal del
horario, hasta la mañ ana siguiente.
Aunque las pertenencias de Aldrant eran, en general, sencillas, los
muebles y la gran cama del dormitorio de la duquesa eran bastante
lujosos. En comparació n, la habitació n de invitados era modesta y
prá ctica. Sorprendentemente, Rensley encontró esta habitació n má s
acogedora y de su agrado.
Hoy, Gezell habı́a traı́do a algunos magos para instalar un dispositivo de
teletransportació n má gica en la nueva habitació n de Rensley. Gracias a
este dispositivo, Rensley podı́a acceder libremente al dormitorio del
duque, a su laboratorio de investigació n y al dormitorio de la duquesa.
Tras la partida de los magos, Gezell le explicó el dispositivo a Rensley.
Como Rensley era una persona comú n y corriente que no habı́a
aprendido a recolectar ni manipular magia, necesitaba una piedra
má gica para activarla cada vez que la usaba. Gezell le enseñ ó có mo
conectar la piedra má gica al dispositivo y operarlo, junto con algunas
precauciones.
Señ or Maelrosen, la magia puede ser difı́cil al principio para alguien
que no sea mago. Algunas personas pueden sentirse mareadas y, en
casos graves, incluso vomitar. Esperemos que se acostumbre pronto.
"Es tan fascinante."
Rensley observaba ijamente el dispositivo creado a un lado de la
habitació n. En Cornia, usar dispositivos o herramientas má gicas para la
vida diaria se consideraba un lujo exclusivo de la familia real,
especialmente del rey o el prı́ncipe heredero. Poder usar un dispositivo
ası́ era una experiencia surrealista.
Aunque siempre habı́a sido curioso, Rensley nunca se habı́a acercado
tanto a la magia. Al escuchar la explicació n de Rensley de que nunca la
habı́a visto de cerca, Gezell se tocó ligeramente la barbilla y sonrió .
Parece que Cornia no usa la magia activamente. Hoy en dı́a, no solo en
Aldrant, sino en cualquier paı́s, si hay su icientes recursos, incluso las
familias nobles investigan y desarrollan la magia. ¿Por qué ?
Las palabras de Gezell eran ciertas. La mayorı́a de los gobernantes
usaban la magia para aumentar su poder militar o para obtener
bene icios econó micos, en lugar de investigarla para el bienestar o la
conveniencia del pueblo llano. La cantidad de poder má gico utilizable y
la fuerza de trabajo que podı́a manejarlo eran limitadas, y no podı́a
distribuirse en todos los á mbitos.
Originalmente, Cornia no era un paı́s antimagia. Sin embargo, el actual
rey de Cornia teme la magia. La familia de la primera reina consorte,
con quien se casó en su juventud, pertenecı́a a un conocido linaje de
magos. En una ocasió n intentaron rebelarse. Creo que teme que
permitir la magia pueda volver a amenazar a la monarquı́a.
Esa lı́nea de pensamiento es erró nea. Que la familia que intentó
rebelarse fuera de linaje de magos no signi ica que lo planearan por ser
magos.
Tienes razó n. Por eso, el desarrollo má gico de Cornia se ha retrasado.
Para mı́ tambié n es lamentable, dada la irracionalidad de estas
historias.
Gezell tenı́a una expresió n que parecı́a haber oı́do una historia
irracional. Mmm. Rensley se aclaró la garganta suavemente y se acercó .
Resolver el malentendido cercano era má s importante que lidiar con
asuntos lejanos.
—Su Excelencia, por favor, tome asiento un momento. Tengo algo que
decirle.
Siguiendo la recomendació n de Rensley sin hacer preguntas, Gezell se
sentó en la silla frente a la mesa. Rensley tambié n se sentó frente a é l.
Cuando la expresió n de Rensley se tornó seria, la curiosidad de Gezell
se despertó , y ijó su mirada en Rensley en silencio. Dudando sobre
có mo empezar, Rensley inalmente decidió explicarlo paso a paso.
“Su Gracia, no ha pasado mucho tiempo desde que celebramos la
ceremonia de boda”.
"Ası́ es."
“A los ojos de la gente, podrı́a parecer que llevamos bastante tiempo
casados”.
"Sı́."
Aunque tuviera que pasar una noche en tu habitació n ingiendo
celebrar la noche de bodas, serı́a difı́cil engañ ar a la gente hasta ese
punto. Si se descubre que el duque y la duquesa duermen separados
por la noche... la gente podrı́a empezar a sospechar varias cosas.
Podrı́an pensar que hay discordia entre la pareja... y eso podrı́a generar
inquietud sobre el asunto de la sucesió n.
Rensley dudó en expresar la sospecha de que pudiera haber un
problema con alguna de sus funciones sexuales.
Incapaz de atreverse a decir esas palabras, Rensley se quedó en
silencio. "Bueno, lo que querı́a decir es..."
Rensley tragó saliva con di icultad. Si bien era una suposició n
descabellada que un caballero extranjero, recientemente ascendido a
un rango inferior gracias al favor del Duque, hiciera comentarios tan
atrevidos, no podı́a ignorar que circulaban rumores.
“¿No serı́a aconsejable que alguien se ocupara de tus arreglos para
dormir hasta que realmente recibas a la Duquesa?”
Gezell parpadeó , respondiendo con calma, como si hubiera oı́do un
comentario obvio. "Ya tengo a alguien a cargo de mis arreglos para
dormir".
—Ah, ¿en serio? No lo sabı́a…
La voz de Rensley aumentó ligeramente de vergü enza y su rostro se
puso ligeramente rojo.
¿Qué ? ¿Hablaste sin saber?
Se arrepintió de sus palabras, sintiendo el deseo de retroceder en el
tiempo. En ese momento, evitando la mirada de Gezell con
arrepentimiento, Gezell continuó su explicació n.
Sir Maelrosen tambié n recibe esos servicios. Bueno, ¿no se ha
encargado siempre de ello directamente? Yo no tengo nada que ver. Los
asistentes limpian la cama todas las noches.
"¿En realidad?"
Los ojos de Rensley se abrieron de par en par. Un breve silencio se
instaló entre ellos, roto por la risa de Rensley.
—No, Su Gracia, no quise decir eso.
“¿Hay otro tipo de servicio?”
“Uh, bueno, ya sabes… por la noche, yo… en la cama…”
Con di icultad para usar expresiones explı́citas delante de é l, Rensley
dudó y buscó las palabras. Le tomó un tiempo, pero la mirada de Gezell
inalmente se posó en é l. Al parecer, entendiendo el signi icado de sus
palabras, Gezell entrecerró los ojos.
“Está s hablando de consumar el matrimonio”.
Sı́, ası́ es. Como nuestra boda es falsa, incluso usar el té rmino
"formalizar" conlleva sus complicaciones.
Tras lograr inalmente comunicarse, Rensley asintió con el rostro
enrojecido. Entre la nobleza y la realeza, casarse y consumar el
matrimonio no era un defecto; era una forma de exhibir riqueza y
poder. Quienes solo permanecı́an ieles en sus relaciones maritales sin
consumar el matrimonio solı́an ser tratados como un caso especial, no
solo en Cornia, sino tambié n en otras regiones.
El actual rey de Cornia, bajo el afecto de su reina, habı́a tenido varias
consumaciones. Incluso las consumaciones bajo su propio favor fueron
numerosas. Debido a ocasionales aventuras extramatrimoniales que
afectaron incluso a mujeres comunes, nacieron Rensley e Ivet.
Gezell Jivendad tambié n era el rey de este paı́s. Si bien un estilo de vida
escandaloso no era necesario, consumar el matrimonio al menos una
vez no le traerı́a ningú n reproche. Incluso servirı́a para disipar rumores
infundados. Sin embargo, con esta idea positiva en mente, el
comportamiento de Gezell se tornó inesperadamente brusco. Su
respuesta fue tan irme como su expresió n.
“Señ or Maelrosen, ya estoy casada”.
—Bueno, es cierto. Pero como nuestra boda es una farsa, y soy hombre,
no puedo intervenir en los asuntos de la noche.
Independientemente de nuestras intenciones, a los ojos de quienes nos
observaban, fue una auté ntica consumació n. Usar el té rmino
«consumació n» con otros no serı́a apropiado.
Ante una reacció n inesperada, Rensley cerró la boca.
'¿Son todos los hombres de este paı́s tan ingenuos?'
Pensando de forma ligeramente diferente, y con la imagen del peculiar
Lord en mente, surgió la pregunta. Sin embargo, considerando la
descripció n de Stan de los gobernantes de Aldrant como generalmente
hostiles e irascibles, parecı́a improbable. Ademá s, Gezell Jivendad era
conocido por sus peculiares rumores dentro y fuera del paı́s.
En cualquier caso, si las cosas seguı́an ası́, las molestias que le causaba
a Gezell solo aumentarı́an. En lugar de ser expulsado o ejecutado, serı́a
con inado por la consumació n predeterminada, restringiendo su
libertad por la noche.
A pesar de eso, habı́a cumplido su sueñ o de ingresar en la caballerı́a y
comenzar una nueva vida gracias al Duque. Pero ahora, prepararse para
la segunda consumació n llevarı́a tiempo. Rensley se sentı́a un poco
desanimado.
—Me disculpo. Por mi culpa, Duke no puede disfrutar de la noche
libremente...
No entiendo por qué Sir Maelrosen se disculpa. Para empezar, nunca me
han interesado estos asuntos.
—Sı́. Yo tambié n lo oı́, pero… aun ası́, debe haber momentos en que lo
desees.
—No. Nunca me ha interesado, ası́ que no tiene de qué preocuparse, Sir
Maelrosen.
“Sı́… ¿sı́?”
Asintiendo mecá nicamente, Rensley levantó repentinamente la cabeza.
Gezell tenı́a una expresió n de desconcierto al mirarlo. Sorprendido,
Rensley acercó la silla y se sentó bruscamente. Frunciendo el ceñ o,
volvió a preguntar.
—Espera un momento, Su Garce. Si nunca has sentido interé s hasta
ahora, ¿alguna vez... has...?
Si no es absolutamente necesario para asuntos de Estado, no hay razó n
para dedicar tiempo a cosas que no te interesan. Incluso hacer cosas
necesarias o interesantes no deja su icientes horas al dı́a.
Habrı́a sido má s natural si hubiera dicho que podı́a encargarse
fá cilmente de cinco personas en una noche. Rensley, silenciosamente
horrorizado, observó el hermoso rostro de Gezell, el cuerpo grande y
robusto tras la ya familiar capa, y se estremeció en silencio.
¿Qué dice? ¿Acaso esto... indica falta de experiencia?
¿Un rey de un paı́s sin experiencia? Aunque no se considerara una
virtud esencial para ascender al trono, Rensley creı́a haber recibido
informació n bá sica sobre Gezell antes de llegar a Aldrant. Sin embargo,
en ese momento, estaba desesperado y no prestó mucha atenció n. No
querı́a saber.
Ahora, impulsado por su reciente conversació n, una informació n vaga
que rondaba en su mente emergió de repente. Rensley, quien luchaba
por aclarar el borroso recuerdo, inalmente decidió con irmarlo con la
persona involucrada.
—Su Gracia, pensá ndolo bien… ¿cuá ndo nació usted?
“Es el añ o 782 de Perilahr”.
“Nacı́ en el añ o 783…”
"Estoy consciente."
Cierto. Habı́a escuchado la informació n bá sica de Gezell antes de venir a
Aldrant, pero en ese momento estaba tan angustiado que no le prestó
mucha atenció n. No querı́a saber.
Objetivamente, la diferencia de edad no deberı́a ser tan signi icativa.
Creı́a que Gezell, quien habı́a asumido el cargo de gobernante a los
diecisé is añ os, parecerı́a mucho má s maduro que é l, que era
relativamente joven. Rensley volvió a examinar a Gezell. Su rostro,
aunque tosco y sereno, no parecı́a delatar una edad signi icativamente
mayor.
Ya veo. Solo un añ o…
Ni siquiera habı́an pasado dos o tres añ os; un añ o de diferencia no serı́a
un problema para una amistad con cierta formalidad. Los pensamientos
de Rensley avanzaban lentamente.
"Su Gracia."
Como si se le hubiera ocurrido una buena idea, Rensley se apoyó en la
mesa con el codo, apoyando la barbilla en la mano. Sus ojos,
elegantemente entrecerrados por una sonrisa, brillaban con un toque
de picardı́a.
“¿Te enseñ o?”
"¿De qué está s hablando?"
Tengo algo de experiencia... Puedo enseñ arte un poco sobre ese tema.
Una vez que aprendas, puede que te resulte interesante.
Recibı́ educació n durante mi é poca de heredero. Simplemente no me
interesaba.
Entiendo có mo es la educació n en el dormitorio real. Es solemne y
aburrida. Entiendo por qué no te pareció interesante.
Entonces Gezell tambié n inclinó ligeramente su cuerpo, apoyando su
barbilla en el dorso de su mano.
“Sir Maelrosen parece tener bastante experiencia”.
Jaja, no. Es vergonzoso, pero yo no dirı́a eso. Como casi no hay
pretendientes serios, pero yo era bastante popular entre las damas...
Ah, estoy hablando sin necesidad. En in, lo que quiero decir es que, a
medida que hablemos má s tranquilamente, Su Gracia podrı́a
interesarse tambié n. Despué s de todo, usted es el gobernante de este
paı́s, y tarde o temprano, tendrá que elegir a una verdadera duquesa.
Rensley sonrió aú n má s. «Me alegra por in serle ú til a Su Gracia.
Normalmente, conversaciones como esta son difı́ciles en el contexto de
nuestra relació n caballero-señ or».
—Es cierto. Mientras escucho, tambié n me da curiosidad. Por favor,
ensé ñame.
“Hoy seré el maestro de Su Gracia”.
La sonrisa de Rensley se ensanchó . Aunque se habı́a unido a la orden de
caballeros, su tiempo en Aldrant habı́a sido mayormente tranquilo. No
sentı́a ninguna utilidad, pero ahora habı́a encontrado la oportunidad de
devolver el favor.
Por supuesto, la experiencia de Rensley no fue lo su icientemente
impresionante como para enseñ arle algo a alguien má s. Era un hecho
que, dada su difı́cil situació n, probablemente habrı́a pasado toda su
vida sin aprender nada si hubiera seguido viviendo en Cornia.
Conociendo su situació n, Rensley no se esforzó por forjar relaciones
romá nticas. La condició n de hijo ilegı́timo era una atadura que no
necesitaba compartir ni heredar.
Sin embargo, las mujeres que mostraban interé s en Rensley aparecı́an
con frecuencia. Ya fueran nobles a quienes conocı́a en banquetes o
plebeyas que trabajaban en la plaza, habı́a ocasiones en que se
cruzaban. Por lo general, terminaban compartiendo bebidas, bailando y
entablando conversaciones agradables. Sin embargo, algunas personas
no estaban dispuestas a separarse de Rensley, incluso al caer la noche.
Ambos sabı́an que solo podı́a ser un encuentro breve. Las sonrisas y las
despedidas corteses eran má s comunes, pero a veces, Rensley querı́a
quedarse en el cá lido y reconfortante abrazo, ingiendo no darse
cuenta.
Está bien. Yo tambié n me siento solo a veces. Se susurró a sı́ mismo con
los ojos cerrados. Quizá s te sientas igual. Añ adiendo esa especulació n.
“¿Sie Maelrosen?”
Sumido en un breve pensamiento nostá lgico, Rensley volvió a la
realidad al oı́r la voz del hombre. Lo que entonces parecı́a un momento
agradable y amable, ahora se tornaba melancó lico y amargo al darse la
vuelta. Bajó la cabeza rá pidamente y se disculpó .
—Disculpe. Me quedé pensando un momento.
“¿Echaste de menos a algú n amante del que te separaste en Cornia?”
—No. ¿Un amante? No existı́a tal persona.
Tienes experiencia, pero no tienes amante. Qué extrañ o. ¿Compartiste
la cama sin matrimonio ni afecto?
Rensley se sintió repentinamente avergonzado. La observació n del
hombre era acertada. No creı́a que pasar una noche juntos y sentir
afecto tuvieran que ir de la mano. Mañ ana será otro dı́a. La gente de
Cornia, que maximiza el placer, probablemente estarı́a de acuerdo con
Rensley.
Pero ¿por qué de repente parecı́a un cuento de hadas para quienes lo
rodeaban? ¿O era por la actitud del Duque, que parecı́a casi ermitañ a?
Rensley sintió una especie de acusació n. Incluso si lo acusaban, estarı́a
bien mientras pudiera enfrentarse a sı́ mismo con con ianza, pero no
entendı́a por qué se sentı́a avergonzado.
Incapaz de responder con rapidez, la voz de Rensley se suavizó .
p p p y
Si está s molesto, te pido disculpas. Era una broma.
-No, lo que dijiste es verdad.
Incluso las palabras que habı́a pronunciado en voz alta antes le
resultaban ahora vergonzosas. ¿Qué intentaba enseñ arle a la verdadera
duquesa? ¿Qué sentido tenı́a relatar encuentros pasados, aunque no
formaran conexiones profundas?
“Entonces, ¿qué debo hacer?”
“Ah…”
Dudando, Rensley inalmente sonrió con impotencia. Tras examinarlo,
no habı́a muchas historias que pudiera compartir. No tenı́a otra opció n.
Tenı́a que dejar de lado la responsabilidad de ingir conocimiento y
dejar que la suerte siguiera su curso.
“Bueno… probablemente sea mejor empezar con un beso”.
“Un beso.”
Sı́. Abrazarse por la cintura o los hombros e intercambiar un beso.
Como Su Excelencia tiene mú sculos fuertes, un poco de fuerza en los
brazos podrı́a incomodar a la persona abrazada. Ası́ que debe ser suave.
"Veo."
Parecı́a escuchar con mucha atenció n. En la mente de Rensley, la
imagen del hombre besá ndose se dibujó involuntariamente.
La duquesa entrante probablemente serı́a má s baja que é l. Era muy
probable que fuera má s pequeñ a y delgada que Rensley Maelrosen. Con
sus brazos fuertes y irmes, Gezell Jivendad podrı́a envolver con
delicadeza a la nueva duquesa, y ella podrı́a posar una mano suave
sobre su amplio pecho o apartar su cabello suelto.
Las actividades nocturnas en la familia real suelen ser rı́gidas, como
una ceremonia. En lugar de empezar solemnemente desde la cama,
quizá sea mejor... sı́, conversar, bailar juntos y, con suavidad, dar el salto
al beso.
Afuera, la luna creciente se alza y la luz de las velas ilumina sutilmente
el dormitorio. A diferencia de la noche de bodas simulada con Rensley
Maelrosen, Gezell Jivendad no se marcharı́a abruptamente, sino que
abrazarı́a a su encantadora Duquesa real.
Los tenues sonidos del festival y la mú sica festiva del exterior
inundaban el dormitorio. Frente a frente, ambos movı́an lentamente los
pies y se besaban suavemente. Probablemente, al principio serı́a ligero
y tierno.
Tras quitarse el elaborado e intrincado adorno de los hombros de su
habitual atuendo, má s deslumbrante, tambié n se despojaban de la larga
y gruesa capa y la armadura ceremonial. La verdadera Duquesa, con
elegancia y belleza, ayudaba a Gezell a desvestirse, y Gezell, con sus
grandes manos, comenzaba a quitarle el vaporoso vestido. El toque es
preciso y rá pido, pero nunca lastima la piel de la Duquesa. No, la suave
sensació n de los dedos rozando su espalda o cintura podrı́a derretirla.
De repente, sintió un cosquilleo en la espalda y Rensley cerró la boca.
La sensació n de la presencia de Gezell Jivendad, el tiempo que pasó
entrelazando los tirantes del vestido mientras los subı́a, y el recuerdo
del dı́a superpuesto a la noche imaginaria, todo destelló en su mente.
Sus manos. Desde que llegó al castillo, las palmas extendidas hacia é l, el
breve rato que pasaron escribiendo juntos, y las manos tomadas
mientras subı́an las escaleras en la oscuridad…
“¿Señ or Maelrosen?”
Rensley miró distraı́damente el espacio bajo, volvió a prestar atenció n y
miró directamente al Duque.
¿Tienes algú n problema? De repente te quedaste en silencio.
"…Lo lamento…."
No se le ocurrieron má s palabras. Rensley se disculpó con voz suave,
procurando que sus palabras no temblaran, y apretó la garganta como
para contener cualquier hinchazó n repentina. Para disipar la
incomodidad, se esforzó por levantar las comisuras de los labios.
Supongo que estaba presumiendo. No se me ocurre nada má s que decir.
¿De verdad? Entonces, por favor, avı́same si se te ocurre algo bueno má s
tarde.
“Entendido, Su Gracia.”
Al observar a Rensley, quien habı́a reducido drá sticamente sus palabras
y energı́a, el Duque del Norte lo escrutó como si estudiara a un niñ o a
punto de ser regañ ado. Bajo la mirada penetrante, Rensley contuvo la
respiració n como un niñ o regañ ado.
p g
Con un crujido al moverse la silla, Gezell se levantó . Rensley encogió los
hombros instintivamente, y al mismo tiempo, la mano grande pero
elegante se extendió sin esfuerzo y le tocó la frente. El dueñ o de la
mano permaneció en silencio un momento y luego ladeó la cabeza
ligeramente.
No tengo iebre... De alguna manera, se siente similar a la ú ltima vez
que tuve iebre. Puede que tu estilo de vida cambiara repentinamente al
unirte a los Caballeros y te cansaras rá pidamente. Es mejor que
descanses hoy.
—Sı́. Sı́, Su Gracia…
“Si te duele el cuerpo, no lo soportes; debes hablar”.
"Sı́…."
Descansa aquı́ hoy. Es arriesgado intentar usar el dispositivo de
transporte si no está s en buenas condiciones.
Rensley asintió sin decir nada. Su expresió n aú n re lejaba cierta
incertidumbre, pero Gezell no indagó má s y salió de la habitació n.
A solas, Rensley se quedó mirando la puerta cerrada con la mirada
perdida por un momento, luego se giró hacia la cama y se desplomó
sobre ella. Parecı́a como si hubiera pasado un dı́a similar al de hoy.
Con la cara enterrada en la manta, la oreja expuesta se puso roja poco a
poco. ¡Uf!, emitió un gemido bajo, agarrá ndose el pelo con fuerza.
“…No, es solo un malentendido.”
«Gracias por su amabilidad». Desde que llegó a Aldrant, se habı́a vuelto
muy cercano a esta persona y, sin saberlo, se encontró deseando con iar
en é l.
Eso es todo. A medida que se acostumbre a la vida aquı́ y conozca a má s
gente, esta extrañ a sensació n que acaba de experimentar desaparecerá
pronto.
Mientras yacı́a con la cara hundida, su respiració n se volvió sofocante,
por lo que Rensley se dio la vuelta rá pidamente. Aunque respiró hondo,
el ritmo cardı́aco, que antes se habı́a acelerado, continuó calmá ndose
gradualmente, sin dar señ ales de calma.
Su frente simé trica se distorsionó lentamente, completamente cubierta
por las manos que ahuecaban su rostro.
Cap. 5.3 - Rumores sobre la
pareja del Gran Duque
¡Golpe!
Se oyó un alegre impacto y, al mismo tiempo, Rensley se agarró la frente
y se desplomó . Gimiendo, Rensley se agachó , y Stan se acercó ,
incliná ndose. Su rostro estaba lleno de desconcierto.
—Rensi, ¿está s bien? ¿Por qué no te defendiste?
“Lo siento… me quedé aturdido por un momento.”
Si pierdes la concentració n durante la prá ctica de espada, ¿qué pasará ?
Tanto tú como yo podrı́amos lastimarnos.
La voz del instructor, que habı́a estado observando el entrenamiento
entre los aprendices de caballero, se hizo má s fuerte.
"¿Qué está sucediendo?"
“Nada, señ or.”
Rensley se levantó rá pidamente a modo de saludo. El instructor se
acercó , caminando con paso irme hacia los dos aprendices de
caballero.
Aunque querı́a ingir que no habı́a pasado nada, a Rensley le picaba el
lado izquierdo de la frente donde la espada de entrenamiento sin ilo la
habı́a golpeado. Al presionarla, sintió un ligero bulto.
La voz del instructor se hizo má s severa.
No debes bajar la guardia ni un instante durante la prá ctica. Incluso con
armas de entrenamiento, puedes lesionarte.
"Pido disculpas."
Despué s de la advertencia, el instructor no se fue inmediatamente; en
cambio, miró a Rensley por un momento y luego hizo un gesto hacia su
frente.
Ya que mañ ana hay una ceremonia de inducció n, ¿no serı́a mejor
cortarte un poco el pelo? Te obstruye la vista. Podrı́a interferir con el
entrenamiento.
—Ah, sı́. Ya lo estaba pensando.
El cabello largo, que habı́a estado suelto y suelto por un tiempo, se
habı́a vuelto molesto, cayé ndole sobre los ojos cuando se movı́a con
fuerza. Incluso recogido y atado en la espalda, durante los movimientos
intensos, se le escapaba y algunos mechones le hacı́an cosquillas en la
mejilla y la frente.
Stan, que habı́a estado escuchando la conversació n entre el instructor y
Rensley, intervino.
—Lo siento, señ or. Marilyn no carga a quienes me atacaron.
En ese momento los vı́tores de la multitud estallaron nuevamente.
La trompeta sonó con fuerza y el abanderado anunció el inal del
partido. Era el momento en que Anton, con expresió n de inevitabilidad,
estaba a punto de juzgar el resultado.
Pensó que despertarı́a en su sano juicio tras una noche de sueñ o, pero
incluso por la mañ ana, al abrir los ojos, sentı́a iebre, como si se hubiera
resfriado. La sensació n de sus pies lotando a unos dos centı́metros del
suelo persistı́a, ası́ como el rá pido latido del pecho y una persona
indeseada apareciendo en su mente.
Algo andaba mal. ¿Podrı́a arreglarse esta extrañ a condició n con magia?
¡Golpe!
Mientras paraba con precisió n la espada de entrenamiento que se
acercaba, la visió n de Rensley se volvió borrosa por un momento.
Tras terminar el entrenamiento, algo debilitado, Rensley se envolvió en
una tela ligera y grande y se sentó en una silla. El sonido de las cuchillas
metá licas rozá ndose ligeramente resonaba, y cada vez que lo hacı́a, su
brillante cabello, como hilos de oro, ondeaba como plumas sobre sus
hombros.
Stan, mientras se cortaba el pelo, expresaba continuamente su
admiració n.
Tienes el pelo muy bonito. Mis hermanos menores sentirı́an envidia si
lo vieran. Uno de ellos sueñ a con ser rubio.
Que un chico tenga un pelo bonito no importa. ¿Dó nde lo usarı́as?
Todo lo bonito es bueno. Ojalá mi pelo fuera un poco má s suave.
Siempre está tieso y me da dolor de cabeza al levantarme.
¿Y qué si está un poco rı́gido? Pre iero parecer fuerte y caballeroso.
Pero las rubias tienen sus ventajas. Puedes venderlo a buen precio si es
necesario; es una buena inversió n.
¿Qué te parece? ¿Está bien?
Rensley aceptó el espejo que Stan le entregó y giró la cabeza a izquierda
y derecha para inspeccionar su cabello corto. Le gustaba. Aunque aú n
má s largo que cuando estaba en Cornia, era má s apropiado para esta
tierra donde soplaba un viento frı́o dı́a y noche. Exponer demasiado el
cuello le harı́a sentir frı́o.
Eres increı́ble. Me encanta. Ya que eres tan há bil, ¿puedo pagarte? Stan,
gracias.
Me quedo con el dinero. Cinco bronones.
“Pensé que é ramos amigos… ¿Eres sincero con alguien como yo que ni
siquiera ha recibido su primer sueldo?”
No te preocupes. Hay un buen sistema en el mundo llamado cré dito.
—Entendido, entendido. Espera un momento. Ganaré algo de dinero
apostando y te pagaré hoy o mañ ana.
Aunque el entrenamiento regular habı́a terminado, algunas personas
permanecieron en el campo de entrenamiento para continuar con su
entrenamiento personal o conversar. Rensley y Stan estaban entre ellos.
Mientras Stan usaba un espejo y charlaba, Rensley escuchó de repente
la voz del caballero comandante.
“Su Gracia, ¿qué parece suceder?”
Los hombros de Rensley, que habı́an estado tensos, se estremecieron al
oı́r la voz del caballero comandante resonar por el campo de
entrenamiento. La respuesta resultante fue particularmente clara, y
Rensley escuchó sus palabras en silencio.
“Hace tiempo que no me visito, parece que las horas de entrenamiento
han terminado.”
“Sı́, empezamos un poco antes hoy, ası́ que terminamos temprano”.
“¿Se ha programado la ceremonia de inducció n de los nuevos reclutas?”
Planeamos celebrarlo mañ ana. Si Su Gracia nos visita, nos levantará la
moral a todos.
La voz de Gezell, quien habı́a entrado al campo de entrenamiento tras
una larga ausencia, se apagó allı́. Sus ojos se abrieron ligeramente,
aparentemente sorprendido.
Hasta ese momento, Rensley, quien habı́a estado sentado con un espejo
en la mano, no podı́a apartar la mirada de Gezell. Stan lo sacudió por los
hombros con urgencia, y solo entonces Rensley se incorporó , colocando
la mano sobre el pecho izquierdo, un gesto aprendido tras la inducció n.
“Al Guardiá n, honor.”
Sin embargo, Gezell, observando a los dos jó venes caballeros novicios,
no respondió de inmediato al saludo. El caballero comandante, a quien
le pareció extrañ o el silencio de Gezell, se acercó y le susurró algo.
“Su Gracia, por favor reconozca el saludo.”
“Oh, que tengas un dı́a tranquilo.”
La expresió n de Gezell, a diferencia de hace un momento, se volvió
indiferente, como siempre. Cuando Anton llamó a Stan para otra tarea,
solo Rensley, Gezell y, un poco má s lejos, Anton, permanecieron en el
campo de entrenamiento. La voz serena de Gezell se dirigió a Rensley.
"Te cortaste el pelo."
—Sı́, claro. Siempre lo llevaba corto, pero no pude mantenerlo durante
mi viaje a Aldrant. Me resultó incó modo durante el entrenamiento, ası́
que inalmente lo corté .
Aparentemente incapaz de mirarlo a los ojos, Rensley se disculpó
vacilante.
¿No te gusta...? Lo siento. Deberı́a haber preguntado antes de cortar...
El cabello de cada uno sigue su propio corazó n; ¿qué clase de discurso
es ese? Me sorprendió un poco el cambio repentino; no te preocupes.
—Sı́, sı́. Gracias.
Por alguna razó n, no pudo sostener la mirada de Gezell. El deseo de
dejarlo solo y no mirarlo chocaba con su mirada errante, que se movı́a
de arriba abajo, de izquierda a derecha. El hombre frente a é l
inalmente preguntó :
¿Có mo está s de salud? Ayer no te veı́as bien.
—Estoy bien. Supongo que estaba un poco cansado, como dijiste.
¿Có mo va la vida en la Orden de los Caballeros? ¿Has tenido alguna
relació n cercana con la gente?
Sı́. Estaba un poco preocupado, pero todos fueron amables y me
trataron bien. Hoy, Stan, un nuevo compañ ero de la Orden, me cortó el
pelo. Siempre les corta el pelo a sus hermanos menores, y parece que es
bastante há bil. Creo que podré con iar en é l en el futuro.
Gezell asintió y se preparó para irse. Solo entonces Rensley pudo
observarlo con atenció n. Quizá s venı́a de visita porque el comandante
tenı́a algú n asunto con é l.
Me alegra oı́r eso. Nos vemos luego.
“Tenga cuidado, Su Gracia.”
Aunque querı́a decir má s, no habı́a nada má s que decir. Rensley suspiró
suavemente, lo su icientemente silencioso como para que nadie má s lo
oyera mientras observaba la igura de Gezell alejarse. Comprendió que
no deberı́a haberse cortado el pelo sin pensar, causando má s
problemas.
Aunque normalmente no tenı́a que interpretar el papel de duquesa, a
veces podı́a ser necesario. En ese caso, llevar el pelo largo le facilitarı́a
disfrazarse. Olvidó que aú n guardaba un secreto y bajó demasiado la
guardia. La sorpresa de Gezell era comprensible.
“…Siempre puedo volver a hacer crecer mi cabello.”
Rensley miró con cierta tristeza los hilos dorados esparcidos por el
suelo, luego tomó una escoba y los barrió todos.
Nota del autor: por favor, denle una cá lida bienvenida a Ohno, nuestro
nuevo editor (ノ◕ヮ◕)ノ*:・゚✧.
Cap. 5.4 - Rumores sobre la
pareja del Gran Duque
Al dı́a siguiente, la ceremonia de ingreso de los caballeros fue muy
diferente a lo que Rensley esperaba. Aunque imaginaba una ocasió n
solemne y seria para la ceremonia de inducció n de los caballeros que
custodiaban al señ or, la realidad distaba mucho de serlo. La prueba
formal de inducció n ya habı́a concluido, y ahora, despué s de la hora en
que deberı́a haberse celebrado la ceremonia de inducció n para todos,
se celebraba otra especı́ icamente para é l, lo que hizo que Rensley se
disculpara por las molestias.
“¡Tres cervezas má s aquı́!”
“¡Y tres muslos de pollo má s!”
“Quiero bailar contigo la pró xima vez.”
Sin embargo, una vez iniciada la celebració n posterior a la ceremonia,
se desvanecieron todas las disculpas. El animado ruido resonaba
persistentemente en los oı́dos, llenando el aire de alegre charla. Los
caballeros, tras inalizar su ceremonia de investidura, se dirigieron al
saló n de banquetes para invitados. Desde el mediodı́a hasta bien
entrada la noche, disfrutaron de una iesta ininterrumpida, comiendo y
bebiendo, bailando y cantando. Rensley tambié n se vio envuelto en el
ambiente festivo, riendo a carcajadas desde el comienzo de la
celebració n.
Por supuesto, hubo un momento serio. Tras el entrenamiento del dı́a, el
comandante Anton Sorel reunió a todos los caballeros. En la plataforma
norte, frente a los estandartes adornados con el emblema de la familia
real de Jivendad a la izquierda y el patró n de relá mpagos de los
caballeros a la derecha, Sorel llamó a Rensley. Los caballeros alzaron
sus lanzas mientras Rensley, bajo el techo de lanzas, se presentaba ante
el comandante Sorel. Tras intercambiar saludos como caballero,
Rensley irmó su nombre en la lista de caballeros.
Ya fuera siempre ası́ o porque fue una ceremonia de inducció n breve
para una sola persona, el Duque no asistió . Mientras la gente bailaba y
se divertı́a, una mujer que bailaba con los caballeros bromeó : "¿Y si de
repente atacan monstruos? ¿Qué hará n?".
Un caballero respondió : "¿Alguna vez hemos fallado en detenerlos?" En
Aldrant, uno podı́a convertirse en caballero sin importar su estatus
noble o gé nero, y la a irmació n del Duque de que no era la forma de
Aldrant corromper el talento con prejuicios no era una promesa vacı́a.
A medida que la multitud crecı́a, quienes sabı́an tocar instrumentos se
turnaban para tocar mú sica, asegurando un lujo ininterrumpido de
melodı́as. Despué s de comer hasta saciarse y beber lo su iciente como
para embriagarse ligeramente, la gente bombardeó a Rensley con
preguntas.
“Rensi, ¿las canciones de Cornia son diferentes a las de aquı́?”
—Claro. ¿Quieres oı́r una?
¿Y los bailes? ¿Son diferentes tambié n?
—Tambié n hay bailes diferentes. ¿Quieres que te enseñ e? ¿Me levanto?
La gente aplaudió cuando Rensley anunció que enseñ arı́a danzas
cornianas. Subié ndose a la mesa, que servı́a de escenario improvisado,
dijo: "¡Subo!". Algunas mujeres del pú blico alzaron la mano
rá pidamente, ofrecié ndose a unirse. Rensley dudó un momento, luego
agarró del brazo a Tia, una trabajadora de la cocina, y la ayudó a subir.
Riendo, se abrazó a Rensley. Agarrados de la mano y de la cintura,
permanecieron juntos.
“Bueno, ası́. Un, dos, tres”. Siguiendo el ritmo y contando, movieron los
pies. Aunque bailaban sobre la mesa, nadie se quejó de la falta de
decoro. El sonido de los platos chocando, las risas y los aplausos resonó
por el saló n de banquetes.
“¡Se ve genial!”
—¡Rensi, encuentra una buena mujer aquı́ y cá sate! —Entre los vı́tores
de la multitud, los movimientos de Rensley se congelaron de repente al
oı́r la palabra «matrimonio». Las animadas risas, la mú sica del saló n de
banquetes y el tintineo de las copas parecieron desvanecerse en la
nada. De repente, dejó de moverse; se quedó inmó vil, como mareado,
como alguien que acaba de sentir un repentino vé rtigo. Tia, que habı́a
bailado con é l, preguntó con preocupació n: —Ren, ¿está s bien? ¿Está s
borracho?
—Oh, eh... lo siento. Creo que el alcohol me está afectando. —Rensley
negó con la cabeza rá pidamente y se rió —. ¡Lo siento! Creo que estoy
un poco borracho. ¡Que alguien má s baile en mi lugar!
¡Ah, Ren! ¡Qué lá stima! Al terminar el baile abruptamente, Tia y el
pú blico refunfuñ aron, pero los que seguı́an borrachos volvieron a dar
un paso al frente con entusiasmo. Entre ellos, Rensley saludó con la
mano a una persona y abandonó el saló n de banquetes. Se oyeron
susurros de preocupació n entre la multitud, y Tia tambié n empezó a
bailar rá pidamente con el nuevo protagonista. Rensley se puso la ropa
de abrigo y llamó a Stan.
"Voy a tomar un poco de aire fresco."
“Cuidado con resfriarse.” Alejá ndose un rato del bullicio, llegó a la
puerta de entrada del Castillo de Jivendad. Apoyá ndose en la frı́a
puerta, apretó contra ella su mejilla sonrojada.
Quizá s fue porque habı́a pasado un tiempo y se emocionó demasiado.
Aunque ahora podı́a vivir como una persona normal, Rensley seguı́a
demasiado abrumado, y perder el control despué s de emocionarse una
vez no era bueno. Sintiendo el viento frı́o en la cara, pareció recuperar
la compostura. Rensley miró hacia el cielo nocturno estrellado del
norte, la luz estelar clara y frı́a.
Era una escena hermosa, pero la frı́a luz plateada hacı́a aú n má s frı́o.
Rensley volvió la vista hacia la ventana de la cocina, donde la luz seguı́a
encendida. Despué s de beber mucho alcohol y de disfrutar de una
mezcla de comida y bebida, sintió un ligero hambre. Rensley se acercó a
la cocina y abrió la puerta. La jefa de cocina, Reyna, ya habı́a terminado
de trabajar, pero algunos cocineros restantes seguı́an ocupados en la
celebració n de los caballeros.
Hola. ¿Necesitas ayuda?
—Oh, Ren. Ya eres un caballero, no necesitas trabajar en la cocina.
Aun ası́, es para la celebració n de los caballeros. Se acabó la comida en
el saló n de banquetes. Prepararé algo rá pido para reponerla.
—Claro. Te lo agradecerı́amos. Los presentes en el saló n de banquetes
ya estaban de humor para llenarse el estó mago de bebidas, y nadie
sospechó nada.
Rensley rebuscó discretamente en la encimera de la cocina, reuniendo
los ingredientes adecuados. Resultó que habı́a pollo recié n asado.
Comprobando el sabor antes de marinarlo, rá pidamente tomó algunos
trozos de pollo, derritió mantequilla en una sarté n resistente, añ adió un
poco de tocino y los frió juntos hasta que quedaron crujientes, casi
como si estuvieran fritos.
Cuando el sabroso aroma empezó a hacerle cosquillas en la nariz,
añ adió zanahorias, chalotas y champiñ ones, salteá ndolos juntos. Tras
sazonar con sal, el dulce aroma de las verduras cocinadas en aceite se
sumó al delicioso aroma.
Por desgracia, hoy no habı́a tomates otra vez, pero no habı́a nada que
hacer. Rensley vertió un poco de caldo de pollo hecho con huesos de
pollo sobre los ingredientes y añ adió un poco de vino de cocina. Luego
tapó la olla, asegurá ndose de no olvidar el tomillo, el romero y las hojas
de laurel.
Originalmente, el plato tardarı́a un poco en alcanzar su má ximo sabor,
pero hoy, Rensley decidió bajar su habitual meticulosidad. Su estó mago
rugı́a, y quedarse demasiado tiempo frente al horno llamarı́a la
atenció n de otros cocineros. Rensley pasó el delicioso pollo cocinado a
fuego lento a un plato grande. Tambié n tomó un tenedor y un cuchillo.
“¡Me lo llevo entonces!”
—Claro, Rensi. Felicidades por unirte a los caballeros. Si tienes hambre,
puedes venir cuando quieras.
—Gracias a todos. Volveré pronto. —Cerró la puerta de la cocina y se
dirigió por el pasillo, apresuró el paso. El olor a pollo recié n hecho le
revolvió el estó mago, que ya rugı́a, pero Rensley se resistió a tocar la
comida.
Regresar al saló n de banquetes y mostrarles su plato a sus camaradas
caballeros serı́a genial, pero... Recordó a alguien que le vino a la mente
mientras cocinaba. Aunque declaró en voz alta que cocinarı́a en
cualquier momento, no tuvo la oportunidad.
¿Está hoy en el laboratorio? ¿O en el dormitorio? En cualquier caso,
ahora podı́a moverse con libertad sin preocuparse por las miradas
ajenas. Rensley se dirigió primero al laboratorio. Quizá s se debı́a al
ambiente animado de la celebració n o a la ligera in luencia del alcohol,
pero a diferencia de ayer, cuando le costaba mirarlo a los ojos, hoy
sentı́a la valentı́a de poder mirarlo a los ojos como siempre.
Aunque tapó el plato, tocó suavemente la puerta por si la comida se
derramaba. Sin embargo, no hubo respuesta desde adentro.
Recordó haberse encontrado con el Duque dormido al abrir la puerta
cerrada del laboratorio. Pensando que podrı́a volver a ocurrir, intentó
empujar la puerta, pero hoy estaba cerrada.
Rensley se quedó de pie un momento, sujetando el pomo de la puerta.
Aunque el laboratorio subterrá neo no solo era el espacio del Duque,
sino tambié n un espacio de trabajo donde varios magos entraban y
salı́an durante el dı́a, la situació n actual de la puerta cerrada le
resultaba extrañ a. Quizá s, equivocadamente, la habı́a considerado un
lugar de encuentro có modo donde podı́a encontrarse con é l libremente
en cualquier momento, aunque no hubiera espectadores.
Como si otros lo estuvieran observando, Rensley sonrió casualmente y
volvió a subir las escaleras.
Si no es el laboratorio, podrı́a estar en el dormitorio. Es má s o menos
cuando acaba de cenar, y no suele comer mucho, ası́ que con esto
deberı́a bastar.
Al llegar al ú ltimo piso de la torre principal, un guardia ijó su mirada y
bloqueó a Rensley.
"¿Qué pasa?"
Soy Rensley Maelrosen, de los Caballeros. Quisiera transmitirles un
breve mensaje.
El Duque ya está en su dormitorio. Si quieres verlo, pide permiso al
Comandante Sorel.
—Oh, ¿no puede un caballero ver a su señ or sin permiso?
“Verlo libremente sin permiso só lo es posible a partir del rango de
mayordomo jefe y superior”.
Rensley asintió y se dio la vuelta.
Pensá ndolo bien, ¿cuá ntos caballeros habı́a, incluyendo aprendices
como é l? Si todos pudieran reunirse con é l libremente cuando
quisieran, causarı́a un grave problema de seguridad.
La razó n por la que Rensley pudo verlo libremente hasta ahora fue que
ingió ser el consorte del Duque, oculto tras un vestido y un velo. Al no
ser el consorte del Duque, Rensley Maelrosen era un simple residente
de Roudken, incapaz de reunirse con el gobernante de este paı́s sin el
permiso de sus superiores. El puesto que tanto anhelaba.
Al regresar inalmente a su habitació n, Rensley puso el plato de pollo en
la mesa y acercó una silla para sentarse. A pesar del hambre, consideró
brevemente si debı́a comer solo y acabar con aquello de una vez.
'Ah, cierto.'
¡Teletransportació n má gica!
Rensley preparó un rincó n en su habitació n y recordó el regalo del
Duque cubierto con tela. Era una buena oportunidad para probarlo, ya
que nunca lo habı́a usado.
Sin embargo, ¿puedo usarlo cuando lo necesite? Aunque es posible
tocar una puerta, este dispositivo ni siquiera tiene puerta...
Tras un momento de vacilació n, Rensley se acercó al dispositivo con la
placa en la mano. Si tuviera que pedir permiso cada vez, no se habrı́a
instalado. Como quien le aconsejó usarlo libremente fue el duque
Gezell, Rensley decidió dejar de lado sus preocupaciones.
Sacó del cajó n el colgante activado por energı́a que Gezell habı́a
preparado. De pie frente al dispositivo, se sintió un poco preocupado
por el estado del plato de pollo que habı́a preparado con tanta destreza
despué s de tanto tiempo.
“Me pregunto si la comida se arruinará al pasar por este aparato… No
deberı́a haber tales efectos secundarios, ¿verdad?”
Sujetando la placa irmemente tapada, acercó el colgante al dispositivo.
La sensació n de caer desde lo alto lo invadió por completo.
TL/N
¡Holaaa! ¡Feliz Noche de Yalda! Como persa, estoy
encantada de celebrar esta noche tan especial llena de alegría,
calidez y unión. ¡Les mando mucha energía y espero que todos
podamos compartir la alegría de esta hermosa tradición!
Nota rápida: La Noche de Yalda, también conocida como Shab-e
Yalda, marca la noche más larga del año en el hemisferio norte.
Familias y amigos se reúnen para disfrutar de una deliciosa
comida, compartir historias y celebrar el triunfo de la luz sobre la
oscuridad. ¡Les deseo una radiante y festiva Noche de Yalda!
Cap. 5.5 - Rumores sobre la
pareja del Gran Duque
"¡Guau!"
De pie en un rincó n de la espaciosa habitació n, Rensley abrió mucho los
ojos y dejó escapar una breve exclamació n. Otro hombre, que estaba allı́
de pie, sorprendido, tambié n lo miró con los ojos muy abiertos.
El hombre que estaba sentado con un libro sobre las rodillas se levantó .
El libro cayó al suelo, pero é l pareció no darse cuenta.
“Señ or Maelrosen.”
¡Mi señ or, mi señ or! ¡Esto es divertidı́simo!
La voz de Rensley se animó . Fue una experiencia increı́ble: sentir como
si cayera de un acantilado, dando vueltas sobre algo, y la emocionante
sensació n de volar por el cielo.
—¡Ah, comida! Espera un momento.
Emocionado por compartir su primera experiencia con el dispositivo de
teletransportació n, Rensley estaba a punto de empezar a expresar sus
impresiones, pero se dio cuenta de la situació n tardı́amente y revisó el
estado de la comida. Abriendo la tapa e inspeccionando con cuidado el
interior del plato, se sintió aliviado al descubrir que la apariencia y el
aroma permanecı́an intactos.
Menos mal. Me preocupaba que la comida se estropeara al usar este
aparato.
¿Qué pasó ? El banquete de la ceremonia de iniciació n debe estar en
pleno apogeo.
Pensé que mi señ or estarı́a en el banquete, pero me sorprendió un poco
que no asistieras. Salı́ ingiendo que cocinaba para el banquete. Lo traje
para que lo probaras.
Rensley colocó el plato sobre la mesa. Al abrir la tapa por completo, el
aroma sabroso y aceitoso que habı́a quedado atrapado en el plato le
atrajo la nariz. Considerando los ingredientes limitados, estaba
excelente. Habrı́a sido mejor si hubiera podido traer vino, pero tenı́a las
manos atadas. Mientras ponı́a la mesa, Rensley no dejó de hablar con
Gezell.
¿Ya comiste? Me disculpo por no haber cumplido mi promesa, aunque
dije que prepararı́a muchos platos deliciosos si aprobaba el examen.
Gracias a ti, puedo vivir esta vida, y me da vergü enza llamarlo
recompensa, pero tambié n me disculpo por haberme retrasado.
Sin embargo, Gezell permaneció en silencio. Rensley se dio cuenta de
que estaba parloteando en el ambiente tranquilo y cerró la boca.
Gezell seguı́a de pie a cierta distancia. En el silencio, la incomodidad
que habı́a desaparecido por la intoxicació n alcohó lica resurgió
sutilmente. Rensley, bajando la mirada de nuevo, ingió estar absorto
cortando la carne de pollo aú n caliente.
—Disculpe. ¿Me entrometı́ mientras descansaba?
"No."
Solo entonces se acercó Gezell. Al mirar su rostro, que ya habı́a visto
varias veces, una leve sonrisa le resultó familiar.
Rensley asintió y continuó cortando un trozo de pollo con un tenedor.
Al llevá rselo a la boca, arqueó ligeramente las cejas. Gezell no se negó y
abrió la boca. Rensley observó , hipnotizado, có mo la esbelta mejilla de
Gezell subı́a y bajaba, y su sonrisa se profundizó un poco.
“Es realmente delicioso.”
"¿Te gusta?"
Está incluso mejor que la sopa de la ú ltima vez. Ojalá pudiera comer
solo la comida de Sir Maelrosen todos los dı́as.
Por suerte, le convenı́a, pero... era demasiado humilde para el
gobernante de un paı́s. Sin darse cuenta, Rensley se encontró al borde
de las lá grimas y asintió .
—¡Yo se lo prepararé , mi señ or! A partir de mañ ana, hablaré con el jefe
de cocina y prepararé todas sus comidas.
—Bueno, entonces tu relació n con el jefe de cocina podrı́a deteriorarse.
Hablaré con amabilidad. Por favor, come má s. Preparé bastante y pienso
compartirlo. Habrı́a sido mejor si hubiera traı́do vino. Combina muy
bien con el sabor.
Si es alcohol, tengo un poco en mi habitació n. ¿Beberá s?
No habı́a motivo para negarse. Sirvieron vino tinto en dos copas de
cristal de bella factura.
Sentado frente a la mesa, Rensley trinchó con diligencia el muslo de
pollo. La carne, bien cocinada, se separó suavemente del hueso. El
exterior crujiente y el interior jugoso, junto con el rico sabor de la carne
bien cocinada, eran excelentes. Los sabores de zanahorias, chalotes y
champiñ ones tambié n se combinaron armoniosamente, creando un
plato que a Rensley le encantó .
Sin embargo, con solo ver la comida entrar en la boca de Gezell, Rensley
sintió que el hambre se le habı́a esfumado. No podı́a ni pensar en
llenarse la boca. Mientras se concentraba en cortar verduras y carne,
una leve protesta lo alcanzó .
—Señ or Maelrosen, parece que no está comiendo.
—Oh, no. Estoy comiendo.
Tambié n tengo cuchillo y tenedor, ası́ que puedo comer solo. ¡Que
disfrutes de tu comida!
"Sı́…"
Aunque se llevó comida a la boca mientras hablaba, tras comer algunos
trozos de carne, se sintió incó modamente lleno. A pesar de no haber
comido mucho, su apetito desapareció extrañ amente.
Para Rensley, que siempre disfrutaba de comer y dormir, tener un dı́a
sin apetito era... Ya habı́a bebido su iciente en el banquete, pero su
mano seguı́a alcanzando la copa de vino.
Sin embargo, la comida tranquila inalmente llegó a su in. Tras
terminar todo el vino restante, su cabeza se sentı́a aú n má s aturdida
por la embriaguez. Rensley bajó la vista hacia la mesa.
El tenue sonido de la mú sica llegó incluso al dormitorio de la residencia
del Gran Duque. ¿Qué tan animada debı́a ser la iesta para que la mú sica
llegara al ú ltimo piso de la torre? Rensley rió entre dientes.
“Parece que todo el mundo está de muy buen humor”.
“¿Qué tal si volvemos ahora y nos unimos a la celebració n?”
“¿Estarı́a bien que no asistiera, mi señ or?”
No sé bailar y no disfruto de la mú sica. Está bien.
“¿No sabes bailar?”
Habı́an pasado solo unos dı́as desde que imaginó a Gezell, el Gran
Duque, bailando con una pareja de verdad. Rensley lo bromeaba
mientras hablaba, chasqueando los dedos.
—Bueno, mi señ or, eso no servirá . Como ya mencioné , cuando
encuentres a una verdadera Gran Duquesa, tendrá s que crear ambiente
bailando. Bailar es una virtud esencial para los hombres.
“Debe haber otras maneras”.
“Sea lo que sea que se te dé bien, te acostumbrará s rá pido a bailar. Bien,
te enseñ aré . Ahora que tienes el estó mago lleno, a movernos un poco.”
Antes de que Gezell pudiera responder, Rensley se puso de pie. Gezell
permaneció sentado, mirá ndolo con expresió n algo incó moda.
“¿Existe un baile para que los hombres bailen juntos?”
Todos se turnan para interpretar papeles de hombre y mujer al
practicar por primera vez. No te preocupes; soy bueno en ambos. Los
bailarines a quienes formé tambié n son excepcionales en Cornia.
Parece que Sir Maelrosen disfruta enseñ ando. Ser profesor le sienta de
maravilla.
“Aprendı́ cosas de usted, mi señ or, por eso quiero corresponderle”.
Incapaz de soltarlo, Gezell se levantó a regañ adientes. Rensley lo tomó
de la mano y lo condujo hasta la ventana. No habı́a otros muebles cerca,
lo que creaba un espacio amplio y despejado, y la mú sica sonaba con
má s claridad allı́.
—Sin embargo, ya aprendiste la postura bá sica, ¿verdad? Rodea mi
cintura con la mano derecha. Sujeta mi mano izquierda ası́.
"¿Como esto?"
Sı́. Y tus pies, ası́, ası́… Piensa en moverte primero de un lado y luego del
otro. Puedes moverte hacia atrá s o de lado. No necesitas moverte
mucho y no es difı́cil. Hay varios tipos de bailes, pero má s adelante,
cuando esté s con la Gran Duquesa, este tipo de bailes serı́an adecuados.
Los bailes animados y emocionantes son para iestas con mucha gente;
cuando son solo dos, los bailes cortos y lentos son mejores.
"Veo."
A pesar de a irmar que no sabı́a bailar, Gezell se acostumbró
rá pidamente. De vez en cuando, contando y tarareando suavemente el
ritmo, Rensley, que bailaba mientras lo felicitaba con una sonrisa, lo
elogiaba.
"Ya eres bueno en eso."
La luz de la luna entraba a raudales, e incluso sin la luz de las velas, la
ventana estaba bastante iluminada. La mirada de Rensley estaba ija en
el rostro que tenı́a delante. El rostro iluminado por la blanca luz de la
luna era diferente al que habı́a visto en el só tano, en la o icina diurna o
en el campo de entrenamiento.
El cabello largo y negro brillaba a mechones con una luz plateada. El
rostro esculpido tenı́a sombras suaves pero de inidas. Los ojos color
calabaza parecı́an de un marró n brillante, y quizá s por eso, su
expresió n frente a Rensley parecı́a má s amable de lo habitual. Rensley
se aclaró la garganta y conversó un poco.
«Señ or Maelrosen, puede visitarnos en cualquier momento despué s de
unirse a la Orden de los Caballeros». Pensé que sı́, pero parece que no.
Intenté entrar por la puerta principal, pero no pude porque los guardias
me lo impidieron.
“Entonces usaste el dispositivo”.
Una sonrisa volvió a los labios de Gezell.
“Gracias por venir desde tan lejos a buscarme”.
—Bueno... lo cociné para presentá rtelo, despué s de todo.
Al principio, comenzó como un plato preparado porque tenı́a hambre,
pero frente a la chimenea, la persona que me vino a la mente fue
efectivamente el Gran Duque, Gezell.
Rensley no podı́a evitar mirarlo ijamente. Las expresiones ligeras y
eté reas que iban y venı́an como una brisa sobre el rostro frı́o y sereno
eran verdaderamente má gicas. La mirada de Gezell tambié n estaba ija
en Rensley y no parecı́a distante.
Al estar tan cerca, no era necesario alzar la voz. Tras un momento de
silencio, los labios de Gezell, que habı́an estado cerrados, emitieron una
voz suave, casi un susurro.
“Señ or Maelrosen.”
"¿Sı́?"
“Pensé que Sir Maelrosen ya no vendrı́a a verme”.
"¿Por qué ?"
Ahora que se ha unido a la Orden de los Caballeros y puede salir con
libertad, debe de haber muchas cosas interesantes que hacer. Sir
Maelrosen disfruta de la compañ ı́a animada, ası́ que pasar tiempo
conmigo debe ser aburrido para é l.
Rensley se sorprendió y levantó la cabeza bruscamente. Sin intenció n
de excusarse, se encontró hablando má s rá pido.
—Para nada. Aunque sea ası́, no hay nadie tan cercano a mı́ como tú , y
lo disfruto má s cuando estoy contigo.
"Me alegro que digas eso."
Entonces, inusualmente, Gezell guardó silencio, separando ligeramente
los labios como si dudara. Tras una breve pausa, su voz, ahora un poco
má s suave, continuó .
“Parece que Sir Maelrosen se ha vuelto cercano a otras personas, ası́
que… me sentı́ un poco solo.”
Esta vez, Rensley no encontró palabras para responder. Simplemente se
quedó mirando al hombre frente a é l, sorprendido por la inesperada
confesió n.
No fue para tanto. Si fuera amigo, podrı́a haberle bromeado, dicié ndole
algo como "¿Está s celoso?" y dá ndole un golpecito juguetó n en el
hombro. Sin embargo, Rensley no querı́a restarle importancia a las
palabras de Gezell Jivendad. Su pulso, que se habı́a calmado
momentá neamente con la embriaguez y la mú sica, volvió a acelerarse
descontroladamente.
Golpe, golpe, golpe. Y esos latidos, como rá fagas má gicas que
despertaban un impulso, hicieron que Rensley se moviera antes de
poder ordenar sus pensamientos.
Ultimamente, el pie que siempre parecı́a lotar a un palmo del suelo
parecı́a estar ahora lejos de la super icie. Rensley levantó los talones y
la cabeza.
La sensació n del roce de sus labios con los ojos cerrados fue de una
suavidad soñ adora. Aunque los labios del hombre parecı́an frı́os a
simple vista, eran tan cá lidos como sus manos. Con solo rozarlos, ya era
una sensació n placentera.
Tras disfrutar un rato del calor desconocido, Rensley abrió los ojos de
repente. Al encontrarse con los ojos color calabaza que lo miraban
ijamente, recuperó el sentido y retrocedió un paso.
"Oh…?"
El que emitió un sonido de jadeo fue Rensley.
Gezell, con los ojos abiertos y sorprendidos, miraba a Rensley sin
pestañ ear. Rensley se tocó lentamente los labios, donde aú n persistı́a
vı́vidamente la sensació n del encuentro.
No fue un sueñ o, ni una alucinació n, ni magia. El rostro de Rensley se
sonrojó al instante. Un sudor frı́o le corrı́a por la espalda y las palmas
de las manos.
—Lo, lo, lo siento... Mi señ or, lo siento. Perdı́ la cabeza...
¡Loco! ¡Un desgraciado desagradecido que paga la bondad con malas
intenciones! ¡Muere!
Rensley se maldijo por dentro y dio un paso atrá s. Solo entonces
reaccionó Gezell, y su movimiento se hizo evidente. Con un golpe sordo,
Rensley abrió la puerta del dormitorio de una patada y salió corriendo.
"¿Quié n está ahı́?"
Los guardias, sorprendidos por la repentina aparició n de Rensley, le
ordenaron que se detuviera, pero é l no se detuvo. Mientras los guardias
que lo perseguı́an se quedaron momentá neamente confundidos,
Rensley se dio la vuelta y bajó corriendo las escaleras, entrando en el
pasillo del segundo piso.
En la breve confusió n de los perseguidores, abrió la ventana, saltó y
aterrizó rá pidamente abajo. De pie en el patio, sin ponerse bien el
abrigo, sintiendo el frı́o viento nocturno, Rensley decidió rá pidamente
su destino y corrió con todas sus fuerzas.
No querı́a volver al banquete, ni ir a donde hubiera má s gente, incluida
la cocina. De pie en el patio, azotado por la frı́a brisa nocturna sin
abrigo, Rensley pronto decidió un destino y corrió con todas sus
fuerzas.
Al abrir la puerta de un lugar donde aú n brillaba la luz de la lá mpara,
un hombre de mediana edad que estaba jugando con un trozo de paja
miró hacia atrá s con sorpresa.
—No, Ren. ¿Qué pasa a estas horas?
—¡Hans! Estaré en el establo un momento. Querı́a ver a Marilyn.
Sé que la has criado desde que era potra en Cornia, pero eres
sorprendentemente cariñ osa. Haz lo que quieras. Pero no armes un
escá ndalo.
Rensley asintió y entró en el establo. Parecı́a que todos los mozos de
cuadra se habı́an ido, dejando solo a Hans. El establo estaba en silencio.
Era hora de que los caballos descansaran. Dentro del establo, los
caballos pasaban el tiempo de diversas maneras. Algunos bebı́an agua,
otros descansaban tumbados o sentados, y otros parecı́an aguantar la
noche como si esperaran algo.
Marilyn estaba tumbada en el suelo, donde habı́a paja limpia extendida.
Cuando Rensley entró , parpadeó , mirá ndolo con expresió n perpleja.
Apoyá ndose en el costado de Marilyn y confesando sus pecados,
Rensley suspiró .
“Marilyn… tuve un accidente.”
Bu ido. Una pequeñ a respuesta llegó .
Sı́, má s de una vez, supongo. Pero esta vez, tuve un accidente muy grave.
¿Qué deberı́a hacer? Justo cuando por in pueda vivir bien contigo,
puede que me echen...
«Todo se fue al traste. Todo era perfecto, pero lo arruiné todo con mis
propias manos». Rensley se cubrió la cara y gimió suavemente.
Cuando llegó al norte en lugar de Ivet, temı́a ser castigado nada má s
llegar. Sin embargo, todos fueron amables. El Gran Duque, que tenı́a una
reputació n aterradora y monstruosa, resultó ser una muy buena
persona.
Como falsa duquesa, aunque hubiera expresado su gratitud y se hubiera
disculpado cientos de veces, no habrı́a sido su iciente. Ademá s, el Gran
Duque, llamá ndolo su invitado, no solo le proporcionó dos
habitaciones, sino que tambié n le ayudó personalmente a unirse a los
Caballeros, llegando incluso a ayudarle con el examen de ingreso.
Incluso instaló un dispositivo má gico especial que permitı́a al hijo de un
rey extranjero entrar libremente en su dormitorio y estudiar.
Y aú n ası́… albergar pensamientos impuros en lugar de pagar la bondad
con lealtad…
“Si me echan, sigue siendo una ganga…”
Por muy amable que fuera, el hecho de que iniciara un beso con un
hombre le sorprendió igualmente. Nunca imaginó que tendrı́a
preferencia por los hombres.
Entre las personas cercanas a é l en Cornia, habı́a quienes solo
mantenı́an relaciones con personas del mismo sexo. Aunque el
matrimonio entre personas del mismo sexo estaba prohibido en Cornia,
fuera del matrimonio existı́an relaciones secretas entre personas del
mismo sexo. Escuchando sus quejas y chismes de vez en cuando, é l lo
trataba como si fuera asunto ajeno, respondiendo como correspondı́a y
restá ndole importancia a los incidentes.
Lo que era aú n má s absurdo era que incluso en ese momento, seguı́a
recordando el beso anterior con una cabeza molesta y un deseo
desvergonzado.
Debe de despreciarme, ¿verdad? Debe de estar furioso... Tengo miedo
de salir... Pero si de todas formas me van a echar, debı́ haber hecho algo
má s antes... Estoy loca de remate, Marilyn.
Bu ido. Marilyn respondió una vez má s. Rensley le dio una palmadita en
la robusta pata delantera.
No pasa nada. Como es generoso, probablemente no te eche. Hans te
cuidará bien. Me alegró mucho volver a verte, pero...
Si hubiera sabido que las cosas terminarı́an ası́, le habrı́a ido mejor
yendo a la inca de un noble recomendado por Antó n. Ası́, al menos,
habrı́a tenido un desalojo honorable. Pero ahora, se habı́a convertido en
un villano sustituto involuntario, enfrentá ndose a una expulsió n sin
posibilidad de apelació n.
No. No es que hubiera evitado la pena de muerte... Si hubiera sido
Cornia, me habrı́an condenado a muerte por insultar a la familia real...
“Eso es demasiado insulto”.
De repente, una voz a sus espaldas hizo que Rensley casi gritara.
Reprimiendo el grito con la determinació n de no asustar a los caballos
p g
que descansaban, Rensley se giró con un crujido.
Como era de esperar, una igura apareció como otra puerta, bloqueando
la entrada al establo.
“Mi señ or… qué … rá pido…”
Antes de que pudiera terminar la frase y continuar, Gezell guardó el
objeto que sostenı́a en su capa. Estaba oscuro, ası́ que no se veı́a con
claridad, pero parecı́a un pequeñ o espejo.
Gezell suspiró suavemente. Abrió de par en par lo que sostenı́a en la
otra mano. Era una capa de invierno con forro de piel.
Ven aquı́. Tu ropa es un desastre.
—No, no pasa nada. No tengo frı́o.
Para Rensley, esa capa parecı́a una red para atrapar a alguien. Si se la
ponı́a, lo atraparı́an, lo encarceları́an, lo torturarı́an como castigo por
haber mancillado los labios del rey en sus aposentos y, inalmente, lo
expulsarı́an.
“Los guardias…”
“Los han devuelto, ası́ que no te preocupes”.
—Incluso me lo arregló . Le ofrezco mis má s sinceras disculpas. —
Rensley ajustó su postura y se sentó erguido. Justo cuando estaba a
punto de inclinar la cabeza, una voz irme desde el otro lado lo detuvo.
“No te arrodilles.”
"…Sı́."
“Levá ntate, ven aquı́ rá pido.”
Rensley se levantó a regañ adientes. Al acercarse, la capa le envolvió los
hombros.
"¿Por qué lloras?"
"Lo lamento."
Rensley se secó las lá grimas con el dorso de la mano. Aunque no notó el
frı́o por la vergü enza y la desesperació n, sintió profundamente el
repentino escalofrı́o cuando la capa lo cubrió .
Con las emociones, antes encogidas y rı́gidas, derretié ndose
repentinamente en la calidez, Rensley se dio cuenta de que, en lugar de
un arrepentimiento, se estaba entregando a la codicia por sentir la
dulce sensació n. ¿Có mo podı́a engañ arse a sı́ mismo?
Perdó name, mi señ or. Lo siento de verdad. Me has mostrado una gran
bondad, y he cometido un grave error. Si deseas castigarme o exiliarme,
es lo correcto. Yo tambié n dejaré a los Caballeros. No me quedaré má s
tiempo en Aldrant. Por favor, perdó name.
¿De qué tienes que pedir perdó n?
“Me atrevo a… el acto in iel e impuro que cometı́ contra ti…”
Sin embargo, la expresió n de Gezell permaneció inalterada. Negó con la
cabeza y, con tono despreocupado, como si preguntara cuá l era el
problema, dijo: «Sir Maelrosen es ahora mi duquesa. Que me hayas
besado no signi ica que sea in iel ni impuro».
"…¿Qué ?"
Frunciendo el ceñ o, Rensley se preguntó si habı́a entendido mal, pero la
siguiente explicació n no era diferente.
Quiero decir, estamos casados, y no importa lo que pase despué s, ahora
eres mi duquesa.
“Pero es temporal y es falso…”
Ya lo mencioné antes. Independientemente de nuestros propó sitos, la
ceremonia nupcial en sı́ fue auté ntica ante la deidad.
“Soy un hombre… ¿No te hizo sentir incó modo?”
Nunca he juzgado a nadie por ser hombre o mujer. Ademá s, Aldrant es
un paı́s donde ha habido un duque.
Rensley parpadeó . Aunque le dio vueltas a la situació n, parecı́a que no
lo echarı́an. Gezell aclaró la situació n mirando a Rensley, quien
intentaba sostener su mirada a pesar de sus ojos vacilantes.
—Ası́ es. Has bebido mucho, y al haber estado tanto tiempo en el saló n
de celebraciones hoy, puede que esté s má s animado de lo habitual.
Consideremos lo sucedido como un error. Ası́ que, ahora es hora de
volver al edi icio principal.
'¿Error?'
Rensley parpadeó . Aunque esperaba que Gezell lo perdonara y lo
pasara por alto, extrañ amente, sintió un vacı́o en el pecho al oı́r esas
palabras. Parecı́a que Gezell no llegarı́a al extremo de echarlo, incluso
despué s de todas las idas y venidas.
Tratando de mantener la mirada ija a pesar de la mirada incó moda que
le dirigı́an, Gezell lo instó .
“Señ or Maelrosen.”
“…No es un error.”
Gezell cerró la boca y Rensley apartó la mirada. Habı́a oı́do hablar del
acto de patear la fortuna enrollada, pero a pesar de eso, habı́a cosas que
no se podı́an evitar.
—No es un error, mi señ or. Agradezco sinceramente su perdó n. Pero...
no lo parece, creo...
“Si no fue un error, entonces ¿para qué fue?”
Rensley no pudo responder de inmediato y se dedicó a re lexionar.
Nunca habı́a experimentado algo ası́ en Cornia. La situació n actual,
donde se sentı́a tan atraı́do por este hombre como para besarlo, sin
importar si era hombre o mujer... ¿se debı́a a una lealtad excesiva al
nuevo señ or, a darle demasiada importancia a la bondad que se desató
en una situació n desesperada? ¿O quizá s a otra interpretació n erró nea
que estaba cometiendo? Pero fuera cual fuera la idea erró nea, Rensley
no querı́a descartar el beso anterior como un error casual.
¿Puedo decir que me gustas...? No. Decir algo ası́ podrı́a ser demasiado
imprudente...
Cuanto má s se preocupaba, má s ruido le hacı́a la cabeza y má s silencio
reinaba en el establo. Finalmente, Gezell habló primero.
—Señ or Maelrosen, ¿me ve como un blanco para las relaciones
sexuales?
—¿Qué ? ¡No! Eh, no, eso no es... ¿verdad?
Rensley, que buscaba una respuesta, fue perdiendo la compostura poco
a poco. Cuando por in logró hablar, su voz estaba cargada de emoció n.
“Sı́… Parece que ese podrı́a ser el caso…”
—Entonces, ¿el beso anterior no fue una señ al de amistad, sinceridad o
reverencia, sino una señ al de que querı́as acostarte conmigo?
Ah, podrı́a haberse dicho ası́…
Antes de que pudiera dar una explicació n há bil, Rensley se dio cuenta
de que solo ahora entendı́a el problema. Si hubiera estado en su sano
juicio, podrı́a haberlo solucionado fá cilmente antes de huir. Sin
embargo, en ese momento, se sintió tan avergonzado que perdió la
razó n.
Gezell, que estaba en silencio, inclinó ligeramente la cabeza.
“De hecho, no estoy seguro.”
"Qué …?"
“No estoy seguro para qué era…”
Si no es un error ni una muestra de amistad o reverencia, ¿quizá s el
beso anterior signi icaba que querı́as tener relaciones sexuales
conmigo? Ya que nos besamos bailando, si, como me enseñ ó Sir
Maelrosen la ú ltima vez… seguiste el procedimiento previo a la relació n
sexual…
No es solo eso. Probablemente, podrı́a haber…
Rensley no pudo continuar inmediatamente la frase.
Rensley dudó en continuar sus palabras.
—Parece que siento algo por usted, Su Gracia. En situaciones como esta,
es comú n pensar que es porque me gusta, ¿no? Sin embargo, usted no
es una persona comú n y corriente, y estoy seguro de que no siente lo
mismo por mı́. Ademá s, hablar de asuntos tan emotivos con alguien que
pronto dejará vacante a la nueva Duquesa solo le traerı́a problemas.
Rensley explicó fervientemente en su mente, lamié ndose los labios
secos una vez.
“Si yo dijera eso… ¿có mo responderı́a, Su Gracia?”
"Como tú quieras."
Lo siento mucho. Es solo que… podrı́a tener esos sentimientos hacia ti.
¿Es aceptable?
"¿Aceptable?"
“Si admito que te besé con esos pensamientos… ¿me castigarı́as o me
expulsarı́as?”
No hubo ningú n cambio en la expresió n de Gezell.
Ya lo he dicho antes: Sir Maelrosen es ahora mi duquesa. Sea cual sea la
intenció n del beso, no habrá castigo.
“E-entonces.”
Rensley sintió que se le encendı́a la cara. La ló gica de Gezell parecı́a
poco convencional al principio, pero al intentar encontrar alguna
inconsistencia, no la encontró . Ası́ que, segú n su explicació n, su
pregunta no tenı́a ningú n problema.
¿Puedo hacerlo de nuevo?
“…¿Quieres hacerlo de nuevo?”
“Si te parece bien…”
Incluso decirlo le daba vergü enza, y su rostro seguı́a volviendo la
cabeza hacia el suelo. Aunque el establo no estaba tan cá lido como el
edi icio principal, donde se encontraban los aposentos del duque, no
hacı́a frı́o. Aun ası́, sentı́a calor en el cuerpo.
Al ver acercarse a Gezell, Rensley levantó la cabeza. Antes de que sus
miradas se cruzaran, Gezell lo abrazó por la cintura y el otro por el
hombro. Sin ejercer demasiada fuerza, los fuertes brazos lo abrazaron
suavemente.
Bajando la cabeza, sus labios se encontraron por segunda vez. Antes de
que sus ojos se encontraran, Rensley sintió que un lado de su cintura y
el otro de su hombro eran abrazados. No se resistió cuando los labios
de Gezell se encontraron con los suyos por segunda vez. Aunque el beso
fue bastante largo, Rensley, con los ojos cerrados, sintió los labios de
Gezell rozá ndolos ligeramente, pero sin hacer nada má s.
Finalmente, Rensley, que abrió los ojos, apartó la cabeza con cautela y
preguntó : "Mi señ or... si le parece bien, ¿puedo... poner mi lengua en su
boca?"
"¿Lengua?"
Sı́. Originalmente, ası́ se besaban antes de la relació n sexual.
“Entonces nuestros rostros quedará n completamente pegados…”
Gezell parpadeó una vez. La mirada de Rensley siguió la trayectoria de
sus largas pestañ as, que subı́an y bajaban.
“¿La nariz no estorbarı́a?”
Rensley casi se rió a carcajadas ante lo absurdo de la situació n.
Reprimiendo la risa que estaba a punto de estallar, esbozó una leve
sonrisa e inclinó la cabeza.
“Si lo hacemos ası́ no chocará n”.
Esta vez, Rensley acercó primero sus labios. Al encontrarse
profundamente, Rensley inalmente introdujo la lengua entre sus labios
ligeramente abiertos.
Contrario al rostro inexpresivo, la boca de Gezell era má s sincera. La
lengua, que deberı́a haber sido suave, no podı́a ocultar su rigidez y
tensió n. Al rozar la lengua de Rensley con la del hombre indeciso, sintió
que su ansiedad se calmaba gradualmente.
Mientras exploraba lentamente el interior de la boca, el hombre que
inicialmente parecı́a rı́gido comenzó a responder poco a poco, lamiendo
cuidadosamente con la punta de la lengua y chupando ocasionalmente
suavemente.
Era la primera vez que el há bil rey del Norte mostraba una faceta tan
inexperta. Sin darse cuenta, Rensley se aferró con má s fuerza a la
cintura de Gezell. Empujó su lengua un poco má s, lamiendo lentamente
el interior de su boca.
"Oh…"
Sin embargo, el gemido que se escapó provino de los labios de Rensley.
Gezell inclinó la cabeza profundamente de repente. Los brazos que lo
rodeaban por los hombros y la espalda se apretaron.
Su lengua penetró profundamente. Las partes superpuestas se rozaron
bruscamente, y la saliva luyó ligeramente, humedeciendo sus labios. En
el beso cada vez má s profundo y el fuerte abrazo, a Rensley le costaba
respirar.
Forcejeando, Rensley inalmente tuvo que levantar la cabeza para
escapar del beso que lo ataba. Solo entonces Gezell liberó la fuerza de
sus brazos.
“Ja, mi señ or…”
"¿Está s bien? Lo siento."
—No, está bien. Es solo que no pude respirar por un momento.
Entonces, Gezell desvió ligeramente la mirada. Aunque al principio era
un hombre de pocas expresiones, ahora, por primera vez, Rensley vio
algo que nunca habı́a visto en el rostro de Gezell. Tras cubrirse la boca,
Gezell murmuró como un niñ o enfurruñ ado.
“Esto es… bastante agradable.”
Sin responder, Rensley agarró ambos lados de la cara de Gezell y lo besó
desesperadamente una vez má s.
Sus labios se encontraron varias veces, emitiendo sonidos como el agua
juguetona de un arroyo. Al recobrar la consciencia, ambos estaban
sentados de rodillas, y Rensley estaba casi completamente envuelto en
la amplia capa de Gezell, evitando la mirada ajena.
El contacto se profundizó al instante. Gezell, que aprendı́a todo con
rapidez, ya era má s há bil besando que antes. No se perdı́a ningú n
rincó n de sus bocas, absorbiendo el aire con fuerza y, ocasionalmente,
succionando suavemente. A medida que Rensley, que al principio
estaba rı́gido, respondı́a poco a poco, los movimientos dentro de su
boca se volvı́an má s cuidadosos.
En medio de estas acciones, Rensley, que respiraba con di icultad,
inalmente se encontró relajá ndose.
Rensley tambié n lamió el interior de su boca, pero los besos de Gezell
se volvieron má s agresivos. Desde la posició n de alguien que habı́a
jurado lealtad, era imposible no aceptar por completo el primer beso
proactivo del señ or. Con una sensació n como si todo su rostro se
hubiera entumecido, Rensley abrió la boca y se concentró en tragar la
lengua de Gezell.
“Hu…”
Los labios de Rensley comenzaron a temblar gradualmente. Su
respiració n se volvió á spera y su cuerpo empezó a calentarse. Incapaz
de actuar arbitrariamente y cometer una falta, Rensley, sin saber qué
hacer, simplemente atrajo a Gezell hacia sı́, agarrá ndolo por los
hombros.
“Uf, mmm…”
Se escaparon gemidos insoportables, y la respiració n de Gezell se volvió
un poco má s agitada. Cuando la lengua de Gezell volvió a rozarle la
parte posterior de los dientes y el paladar, los hombros y la espalda de
Rensley se estremecieron. El movimiento debió de transmitirse a travé s
de los brazos que lo sujetaban por la espalda. Los labios, que habı́an
estado apretados durante un rato, se separaron lentamente.
“Jaja… ¿duele?”
“No, no, mi señ or…”
Rensley contuvo el aliento y levantó la cabeza. Mirando a Gezell,
susurró sus sinceros sentimientos.
"Me gusta…"
Gezell lo miró ijamente. Le hizo una pregunta en voz baja.
“¿Puedo besar otras partes?”
“¿Otros lugares?”
Rensley murmuró y asintió . Gezell volvió a inclinar la cabeza
profundamente. Los labios ardientes rozaron, no solo los labios, sino
tambié n el costado de la oreja, la mandı́bula y el cuello. Sorprendido
por el beso inesperado, los hombros de Rensley se sobresaltaron aú n
má s.
“Eh, ah…”
El gemido incontenible sonó demasiado dulce, lo que hizo que Rensley
cerrara la boca rá pidamente. Intentando controlar su respiració n, que
se estaba volviendo má s agitada, se aferró a los hombros de Gezell.
“¿Por qué ahı́, mi señ or?”
“Querı́a intentarlo.”
No habı́a má s que decir. Empezando por debajo de la oreja, los labios
atravesaban la mandı́bula e incluso rozaban las cejas.
Besarse suavemente en la mejilla o la frente era algo comú n entre
amigos o colegas ı́ntimos que hacı́a tiempo que no se veı́an. Pero la piel,
ya caliente, reaccionaba con tanta fuerza que incluso un beso leve le
hacı́a temblar el cuerpo.
"¿Tienes frı́o?"
Gezell volvió a preguntar. Rensley se dio cuenta de que habı́a estado
apoyado en un montó n de heno. Inconscientemente, habı́a seguido
retrocediendo, y ahora estaba cerca de la pared.
Sentı́a una opresió n en el cuello. Su visió n se volvió borrosa, como si
acabara de beber un trago de licor fuerte. Rensley parpadeó varias
veces para corregir su visió n borrosa. Tras tragar saliva seca, repitió la
misma pregunta que Gezell le habı́a hecho antes.
“¿Puedo… besar otras partes tambié n?”
El asintió . Aunque se puso la capa tarde, Gezell, vestido con la capa y el
atuendo negros de siempre, parecı́a tan sereno como siempre, con solo
sus labios al descubierto por encima de la capa.
Rensley lo miró a la cara, le rozó la nariz con los labios y le besó la
mejilla y la oreja. Al volver a mirarse, la expresió n de Gezell parecı́a aú n
má s acalorada. Al besarle los labios de nuevo, esta vez, la lengua de
Gezell, que exploraba su interior, se volvió má s ansiosa.
No pudieron seguir besá ndose toda la noche, y a Rensley le costaba
decidir qué hacer. Incluso ahora, no sabı́a con certeza si é l, como
Rensley, debı́a ser quien hablara sobre lo que sucederı́a despué s. El
ruido de alguien cercano les llamó la atenció n, y ambos voltearon la
cabeza. Rensley, aú n aturdido por el fervor del momento, emitió un
sonido de sorpresa.
“Marilyn nos está mirando.”
—Es cierto. Parece que estamos molestando al resto de los caballos.
Cuando recobraron el sentido y miraron, ambos eran dignos de
admirar. Trozos de heno cubrı́an la imponente capa negra del rey que
gobernaba Aldrant, y el largo cabello de Rensley, que sus manos habı́an
estado cepillando constantemente, estaba má s despeinado que de
costumbre.
Rensley no dijo nada. Casi revolcá ndose en el heno, se levantaba
lentamente, intentando parecer natural. Gezell, quizá s pensando lo
mismo, le puso los brazos detrá s de la espalda y lo levantó .
¿Entramos? Sir Maelrosen podrı́a resfriarse si seguimos ası́.
“Mi señ or…”
"Sı́."
Mientras Gezell intentaba ordenar, una pregunta repentina surgió de
Rensley.
“Hoy… ¿nos permitirı́as dormir juntos en tus aposentos?”
—Claro. Si es necesario, podemos dormir juntos cuando queramos.
La respuesta inmediata y sin vacilació n inquietó aú n má s a Rensley.
¿Entendı́a el verdadero signi icado de esas palabras? Mientras Rensley
re lexionaba, Gezell, como si leyera sus pensamientos, le susurró .
“Abrá zame fuerte.”
"¿Eh? ¿Por qué …?"
Pero antes de que pudiera terminar la frase, una extrañ a sensació n,
como si se estuviera cayendo, lo envolvió . En un abrir y cerrar de ojos,
Rensley se encontró de nuevo en el dormitorio del Duque.
Cap. 6.1 - Tarde en la noche
¡No apto para el trabajo!
Olvidando su sorpresa, Rensley miró a su alrededor con nerviosismo. El
ocasional crujido de la leñ a quemada resonaba en la chimenea,
iluminando la habitació n. Rensley miró a Gezell a los ojos.
“No habı́a ningú n dispositivo.”
Incluso sin é l, la teletransportació n de corto alcance es posible sin
ningú n dispositivo. Normalmente, usamos dispositivos para conservar
la magia, pero dada la situació n actual...
Gezell explicó mientras se quitaba la capa. Miró a Rensley, quien
permaneció inmó vil, y luego señ aló la bañ era.
Ambos necesitamos lavarnos antes de irnos a dormir. No podemos
meternos en la cama ası́ como ası́.
Rensley asintió apresuradamente. Las palabras de Gezell ahora tenı́an
sentido para é l.
En la habitació n del Duque se colocó una gran bañ era, y debajo habı́a
arena y losas de adoquı́n para absorber el agua. Las criadas habı́an
preparado la bañ era con agua clara y tibia con antelació n.
Mientras Rensley se desvestı́a en silencio, Gezell hizo lo mismo. Rensley
lo miraba furtivamente durante el proceso. Habı́a visto a Gezell sin capa
ni abrigo durante el entrenamiento, pero verlo completamente desnudo
fue una experiencia completamente diferente.
Rensley tragó saliva con nerviosismo. Gezell, tras haberse despojado de
todo, se erguı́a alto e imponente, evocando los imponentes muros del
famoso Castillo de Roudken. Incluso sin armadura ni escudo, el pecho,
la espalda, los brazos y las piernas de Gezell parecı́an inmunes a
cualquier dañ o. La clavı́cula, bien de inida bajo su irme cuello, parecı́a
un arco meticulosamente elaborado; las sombras, acentuadas por la luz
de las velas, revelaban la forma de sus mú sculos.
Normalmente, las personas lucı́an má s imponentes y majestuosas
cuando se adornaban con adornos. Sin embargo, Gezell Jivendad,
despojado de todo, parecı́a la presencia má s imponente. Rensley no
pudo evitar contemplar su ancha espalda. Al sentir que la mirada de
Gezell se posaba en é l, Rensley fue llamado.
“¿Señ or Maelrosen?”
—Ah, sı́. Me desnudaré rá pido.
La mente de Rensley se enredó mientras desabrochaba los botones de
la camisa.
'Lo he oı́do hablar alguna vez, pero nunca he estado con un hombre
antes.'
Si é l estuviera en el lado receptor, se preguntó si podrı́a manejar al
hombre grande con seguridad.
No, ¿no podrı́a hacer algo sin tener que recurrir a eso? Despué s de todo,
dos hombres teniendo relaciones ı́ntimas no llevarı́an a un hijo.
“Deberı́amos entrar.”
—¡¿Qué ?! ¿Dó nde…?
“A la bañ era.”
“Oh, la bañ era…”
Rensley, frotá ndose la nuca, se sonrojó . Con las prisas, aú n llevaba los
pantalones puestos.
Gezell ya habı́a entrado en la bañ era, echando agua caliente para
limpiar el polvo y el heno. Cuando el hombre corpulento entró , el agua
se derramó , creando un agradable desastre en la losa de arena.
Rensley observaba la escena, desvistié ndose distraı́damente. Echó un
vistazo a Gezell, que se habı́a sumergido por completo en el agua.
En Cornia, é l y sus amigos solı́an nadar desnudos delante de otros sin
dudarlo. Aunque no impresionaba, nunca se habı́a sentido avergonzado.
Pero desvestirse delante de Gezell, a pesar de que ambos eran hombres,
le resultaba incó modo.
No pudo evitar pensar que el fı́sico de Gezell, ahora completamente al
descubierto, era imponente. Mientras Rensley ocultaba sus
pensamientos y terminaba de desvestirse, se metió con cautela en la
bañ era al otro lado de Gezell. La bañ era del Duque era lo
su icientemente grande como para que dos hombres adultos cupieran
có modamente.
El agua tibia y fragante, tras un largo rato en el frı́o establo, hizo que
Rensley olvidara momentá neamente sus pensamientos dispersos. A
pesar de ello, no pudo librarse de la inquietud, sobre todo al sentarse
con las rodillas juntas. Gezell extendió la mano y señ aló la cabeza de
Rensley.
“Hay heno dentro.”
"Dó nde…?"
Aunque Rensley intentó barrerlo con las manos, no encontró nada.
Finalmente, Gezell levantó el torso y se acercó a Rensley. Sobresaltado,
Rensley acercó las piernas.
Pronto, la mano de Gezell le rozó la cabeza. Quizá s debido a la
humedad, el heno no se desprendı́a fá cilmente. Gezell movió los dedos
varias veces para retirar el heno pegado a la cabeza de Rensley y luego
lo arrojó fuera de la bañ era.
Esta posició n me parece incó moda. Relá jese, por favor.
—E-está bien. Me siento có moda en esta posició n…
Gezell no regresó a su posició n anterior, sino que continuó observando
a Rensley desde cerca.
¿Quiere besarlo de nuevo? Rensley parpadeó , mirá ndolo, y Gezell
extendió la mano y tocó la punta de su cabello. La gota que se habı́a
formado en el cabello cayó con un suave sonido.
“Me sorprendı́ cuando de repente te cortaste el pelo”.
—Te lo dejaré crecer. ¿Pre ieres el pelo má s largo?
Cualquiera está bien. Ambos te quedan bien...
—¿Y entonces por qué te sorprendes? ¿Porque me sienta demasiado
bien?
“Bueno… podrı́a ser.”
Murmuró , y Rensley cambió de tema. Al in y al cabo, habı́an entrado en
el dormitorio por algo, y no tenı́an intenció n de charlar sin importancia.
“Su Gracia, le ayudaré a lavarse”.
—Está bien. Señ or Maelrosen, no es un sirviente y no hay necesidad de
lavarme.
“No como sirviente… No.”
Sonriendo, Rensley cogió el jabó n que tenı́a cerca. Al enjabonarlo en el
agua, un ligero aroma llenó el aire.
Con manos resbaladizas, masajeó los hombros de Gezell, como si le
diera un masaje. Deslizó las manos hacia abajo para acariciar el irme
pecho, entre la clavı́cula y los mú sculos tensos, e incluso cerca de los
pezones, explorando su cuerpo con suaves toques mientras observaba
su expresió n.
Gezell frunció el ceñ o ligeramente y Rensley, mientras retiraba el jabó n,
lo miró .
-No es que sepa mucho sobre ello.
Rensley murmuró para sı́ mismo. Mientras seguı́an lavá ndose, la
distancia entre ellos disminuı́a gradualmente.
Su mano resbaladiza rozó entre los omó platos. En el agua tibia, Rensley
sintió un agradable escalofrı́o y respiró hondo.
Los dedos de Gezell recorrieron varias partes de su cuerpo, rozando
suavemente su cintura. Cada vez que las manos de Gezell recorrı́an
silenciosamente su piel, Rensley contenı́a el aliento, sorprendido por la
repentina sensibilidad.
Aunque tenı́a cierta experiencia en encuentros secretos, donde habı́a
iniciado caricias, no las habı́a recibido con frecuencia. No tenı́a mucho
margen para evaluar qué partes de su cuerpo eran sensibles o si era
bueno sintié ndolas.
Gezell tambié n exhaló un suspiro ligeramente acalorado, pero, por
mucho que lo miraras, no parecı́a tan emocionado como Rensley.
Dudando, Rensley sumergió la mano, que habı́a estado explorando el
cuerpo de Gezell, en el agua.
“Su Gracia, ¿puedo tocar… su pene un poco?”
"¿Qué dijiste?"
La voz sorprendida se alzó en respuesta. Rensley rá pidamente retiró la
mano del agua.
“Oh, ¿no está permitido?”
—No. Haz lo que quieras.
En ese momento, Gezell habrı́a comprendido la importancia de este
momento. Rensley, explorando con cautela, tocó lo que estaba
sumergido en el agua. Para su sorpresa, era mucho má s grande que
cuando lo habı́a visto hacı́a poco.
Vaya, esto podrı́a no funcionar.
Rensley lo acarició lentamente con una mano, que era difı́cil de sujetar.
Mientras lo hacı́a, el rostro de Gazelle permaneció inexpresivo.
“¿Has estado guardando un arma tan impresionante hasta ahora?”
"¿Qué está s diciendo?"
"No es nada."
Tragá ndose palabras vacı́as, movió las manos un poco má s rá pido.
Quizá s no habı́a nada tan efectivo como la estimulació n directa.
El roce de la mano de Gezell, junto con el llamado de su nombre,
intensi icó la sensació n.
“Señ or Maelrosen…”
"Eh."
Rensley dejó escapar un gemido involuntario. La mano de Gezell agarró
repentinamente el pene de Rensley, tomá ndolo por sorpresa.
“Ah, espera… Dé jame… solo a mı́…”
Aunque Rensley se enorgullecı́a de su considerable tamañ o, la mano de
Gezell era excesivamente grande. A diferencia de Rensley, quien
acariciaba con cautela, la mano de Gezell agarraba con irmeza y
frotaba sin vacilar.
Una descarga elé ctrica le atravesó el muslo. El sonido del agua
corriendo del grifo resonó en sus oı́dos. Aturdido por un instante,
Rensley olvidó mover la mano y hundió la cara en el hombro de Gezell.
—Eh, no, no… Un momento, Su Gracia.
¿No te gusta?
Gezell preguntó con expresió n perpleja y, en tono autocuestionador,
continuó .
"Estoy bien con ello."
“Si esto continú a, podrı́a... Eh, podrı́a...”
Sin embargo, era una noche dedicada a servir al Gran Duque, y no podı́a
permitirse terminar primero. Por mucho que inventara el pretexto de
servir al Duque, la verdadera posició n de Rensley era ni má s ni menos
que la de un aprendiz de caballero al servicio de los deseos del Gran
Duque.
Mientras Rensley negaba con la cabeza, Gezell, con una expresió n
indescriptible, retiró la mano. Respirando hondo, Rensley decidió
cambiar de escenario.
"¿Qué tal si nos vamos a la cama?"
Sentarse en la bañ era restringı́a sus movimientos. Para estimular
adecuadamente algo tan grande, la cama serı́a má s có moda.
Gezell asintió como diciendo que todo estaba bien. Incluso despué s de
salir del agua, sus cuerpos permanecieron calientes. Secá ndose la
humedad con un pañ o seco y sin ponerse la bata, Rensley se subió con
cautela a la amplia cama. Gezell hizo lo mismo.
Dejando la cortina del dosel entreabierta, la cama estaba completa, ni
demasiado iluminada ni demasiado oscura. Al volverse solemne el
ambiente, Rensley preguntó con torpeza, forzando una sonrisa.
¿Tienes algú n aceite perfumado o algo ası́?
Sı́. A veces lo uso antes de acostarme.
Rensley abrió la tapa de la botella de aceite que le habı́a entregado
Gezell. Una ligera fragancia, similar a la que habı́a percibido en el bañ o,
llenó el aire. Pensá ndolo bien, se parecı́a un poco al aroma natural de
Gezell.
Vertiendo una generosa cantidad en la palma de su mano, Rensley
volvió a tocar el pene de Gezell. Mientras lo masajeaba lentamente,
entabló una conversació n.
Mencionaste antes que aprendiste etiqueta en la cama… ¿Qué
aprendiste?
Bueno... sobre todo, formas de concebir. Sé má s o menos sobre mé todos
sexuales.
“¿No aprendiste té cnicas de besos?”
“Los besos no hacen bebé s”.
—Eso sı́ que es educació n sexual de reyes. —Antes de que Rensley
pudiera preguntar má s, Gezell lo besó de nuevo. Rensley se sorprendió
un poco por el beso repentino, pero no lo soltó . Con cada roce de la
palma untada en aceite sobre su pene, se oı́a un chapoteo. Incluso entre
los labios, donde la lengua se movı́a de un lado a otro, se oı́a un sonido
hú medo.
"Puaj…"
Perdido en la sensació n de la exploració n profunda y a veces super icial
de su boca, Rensley ocasionalmente se olvidaba de continuar lo que
estaba haciendo abajo.
A medida que los movimientos de Rensley se volvı́an cada vez má s
fuertes y rá pidos, Gezell se apartó bruscamente, con los labios
hú medos. Con un leve suspiro, dijo: «No funcionará ».
'¿Qué ?'
“Usted, Su Gracia, qué dese quieto ahora.”
Gezell apartó la mano de Rensley. Antes de que pudiera preguntar por
qué , lo abrazó con fuerza y lo tumbó . Indefenso, Rensley no pudo
apartarlo ni mirarlo directamente, ası́ que, torpemente, colocó las
manos sobre el pecho de Gezell.
“Ah…”
Antes de que Rensley pudiera preguntar por qué hacı́a esto, solo pudo
emitir sonidos sin sentido. Sin que é l lo supiera, la mano que habı́a
estado untada de aceite ahora lo apretaba como un trapo escurrido en
la bañ era.
—No, por favor. Su Gracia, no lo haga.
“¿Por qué tú puedes hacerlo y yo no?”
“Si haces esto, si haces esto, terminaré primero... ¡Uf!”
Rensley se mordió el labio. A pesar de su desesperada resistencia,
Gezell empezó a mover la mano. La mano resbaladiza, untada de aceite,
ejercı́a presió n al subir y bajar por su pene.
Era una sensació n que no habı́a sentido en mucho tiempo. Creı́a vivir
có modamente desde que llegó a Aldrant, pero ni siquiera habı́a
probado el autoplacer debido a su tensió n cró nica. Cuando la mano de
otra persona tocó su pene, su cuerpo se calentó al instante.
El sonido de la mano de Gezell sobre su pene resonó , subiendo y
bajando rá pidamente. Los gemidos de Rensley, aunque intentó
contenerlos, no pudieron reprimirse. Los susurros de «Para...» no
pudieron expresarse con fuerza. A pesar de sus sú plicas, las manos de
Rensley, que al principio intentaron apartar a Gezell, terminaron tras
sus hombros, acariciando los tensos mú sculos de su espalda.
El agarre de Gezell se hizo má s fuerte. Un luido transparente, mezclado
con el aceite, luyó de la punta del pene. Lo que al principio sonaba
como agua suave ahora resonaba como un ritmo rı́tmico.
—¡Oh, Su Gracia, por favor…! Ahora, de verdad…
La mano que habı́a acariciado el pene hú medo agarró la punta del
glande, provocando que las caderas de Rensley se contrajeran.
Rensley, con la cabeza echada hacia atrá s, temblaba por completo. Un
luido cá lido brotaba a borbotones, luyendo generosamente desde la
columna de carne. Intentó contenerlo tensando el abdomen y los
glú teos, pero una vez que empezó , no hubo forma de detenerlo. A pesar
de esto, la mano de Gezell no soltó a Rensley.
“¡Eh, ah…!”
Incapaz de mirarlo directamente, Rensley se cubrió la cara con ambas
manos, temblando. Solo pudo abrir la boca.
“Ah, lo siento…”
“¿Por qué disculparse?”
—Deberı́a haberme asegurado de que Su Gracia estuviera contenta
primero, pero yo... ¡Pero Su Gracia tambié n tuvo la culpa! Le dije que no
lo hiciera, pero usted... incluso se ensució las manos...
Incluso exhausto, Rensley seguı́a quejá ndose sin descanso. Bajando
ligeramente las manos, observó la expresió n de Gezell. Curioso por
saber qué expresió n tendrı́a, notó que parecı́a má s emocionado que al
principio.
Aú n no era demasiado tarde. Aunque agotado tras el clı́max, Rensley se
levantó y habló .
“Su Gracia, me encargaré de ello esta vez.”
"Estoy bien."
"¿Por qué ?"
Fue extrañ o soportar el rechazo repentino tras expresarse con tanto
fervor. Sin embargo, al ver la habitual expresió n severa, Rensley adivinó
la razó n.
La sensació n de euforia que lo habı́a animado se desvanecı́a poco a
poco, dando paso a una sensació n de sobriedad. Una sonrisa amarga se
le escapó .
“Como era de esperar, conmigo no es tan grave…”
“¿Señ or Maelrosen?”
“Dijiste que es extrañ o involucrarse sin sentimientos de afecto,
¿verdad?”
El tono frı́o al preguntarle si habı́an tenido relaciones fı́sicas sin el
sentimiento de amor aú n resonaba en su memoria. Gezell seguı́a
insistiendo en que este matrimonio era genuino, y habı́a mencionado
que cumplirı́a con sus deberes una vez casados, ası́ que probablemente
tambié n accedió a hacerlo esa noche. Sin embargo, superar la aversió n
instintiva no serı́a fá cil.
Ahora que lo pienso, es cierto. Aunque me consideres la Duquesa,
mostrarte esta faceta mı́a... Debes sentirte avergonzado, ¿verdad?
Quizá s sea mejor esperar a encontrar una Duquesa de verdad...
"¿De qué está s hablando?"
—Está bien, Su Gracia. Ya es su iciente. Lamento haberme convertido en
un pı́caro que lo disfrutó muchı́simo y luego lo terminó . Es
vergonzoso...
—Señ or Maelrosen, deté ngase.
Con una expresió n algo incó moda, observó el cabello despeinado que
aú n no se habı́a secado, evitando con su mirada el contacto visual
directo.
—Entendido. Deja de decir esas cosas.
“¿Qué cosas?”
“Haz lo que tenı́as previsto hacer.”
Dicho esto, la mirada de Gezell seguı́a evitando la de Rensley. Con una
expresió n aparentemente paralizada, Rensley no pudo evitar especular
sobre la nueva conjetura.
“Su Gracia, por casualidad…”
"¿Qué es?"
“¿Es vergonzoso para ti exponerte a mis manos?”
Sin responder, Gezell frunció el ceñ o levemente. Solo entonces Rensley
rió ante la acció n que inalmente vio su mirada, apretando los labios
con fuerza.
Como si percibiera el estado de á nimo de Rensley, Gezell lo envolvió de
nuevo. Apretando a Rensley contra sı́, frunció aú n má s el ceñ o y bajó la
voz, como si amenazara.
"No es vergonzoso."
—Está bien, Su Gracia. Al principio, podı́a ser ası́. Incluso ahora, me da
vergü enza. ¿Có mo me atrevo a ensuciarle las manos a Su Gracia? Es
realmente vergonzoso. Ah, demasiado vergonzoso.
Mientras expresaba su vergü enza, Rensley no pudo contener la risa. Del
cuello del hombre, tan cerca de é l, surgieron gemidos sordos. Sus ojos,
normalmente frı́os e indiferentes, parecı́an tener un ligero tinte rojo. De
verdad, Rensley no pudo borrar la sonrisa de su rostro, al encontrarse
con esa expresió n por primera vez.
Sin embargo, habı́a espacio para reconsiderar las palabras que habı́a
entendido mal.
Aunque fuera cierto, para el Gran Duque Gezell, esta es… su primera
experiencia. Originalmente, deberı́a haber sido una noche sagrada,
recibiendo o icialmente a la Gran Duquesa en sus brazos y ejecutando
la unió n sexual que habı́a aprendido.
Para un hombre que se habı́a dedicado exclusivamente a la erudició n y
la investigació n, sin mirar nunca nada má s hasta que conoció a su
esposa, esta era realmente su primera vez…
'¿Es demasiado tener su primera experiencia con una falsa Gran
Duquesa como yo?'
Atrapado en un sentimiento casi sacrı́lego, Rensley se sumió en
pensamientos complejos. Aunque Gezell no lo notara, preguntó :
"¿Qué está s pensando?"
“Su Gracia… Si le parece bien…”
Rensley no estaba seguro de si realmente estaba bien con eso, pero al
igual que al principio, su cuerpo se precipitaba hacia adelante,
precediendo a su corazó n.
“¿Te gustarı́a que lo hiciera por detrá s?”
A tientas en la conversació n, cerró la boca avergonzado. Sentı́a la
cabeza hirviendo como una patata caliente en las mejillas.
Bajó la mirada, esperando una respuesta que no llegó . Incluso despué s
de un tiempo, no hubo respuesta. Rensley volvió a alzar la mirada. Una
vez má s, se encontró con la expresió n de Gezell, que parecı́a no
entender lo que decı́a.
Aunque fuera embarazoso dar una explicació n tan detallada…
Rensley gimió por dentro pero continuó vacilante.
Entonces… si no te importa, puedes hacerlo desde atrá s. Nunca lo he
hecho yo… pero lo he oı́do por rumor. Si aplicas su iciente aceite,
deberı́a ser posible.
A pesar de la amable explicació n, solo la sospecha brilló en los ojos
color calabaza de Gezell. Era natural que no estuviera seguro. Rensley
ni siquiera habı́a considerado tal mé todo. Es má s, estaba a punto de
explicá rselo con detalle.
No me convence. Debe ser diferente de los genitales. ¿No es solo un
rumor sin fundamento?
"¿No te gusta?"
Estamos casados, ası́ que considero que las uniones consensuales entre
có nyuges son una obligació n. Sin embargo…
La respuesta contenı́a tanto el signi icado de intentarlo aunque no
quisiera como la resistencia. El rostro vacilante se volvió severo de
nuevo. A irmó con irmeza.
Pero no parece el mé todo adecuado. Es como un impulso durante un
ritual al amanecer. No puedes actuar impulsivamente de esta manera.
Sir Maelrosen deberı́a haber satisfecho sus deseos tanto como quisiera.
Esto deberı́a bastar.
¿Sı́? Dijiste que podı́amos dormir juntos en la habitació n... Aunque no
tengamos relaciones sexuales.
No pasa nada. Al principio no tenı́a en mente hacer eso, pero parece
que hubo un malentendido. Me disculpo.
Su Gracia, incluso con lo que hemos hecho hasta ahora, ya es una unió n
sexual plena. Es prá cticamente lo mismo que pasar una noche juntos.
“Pero aú n ası́ es diferente”.
Rensley frunció el ceñ o levemente y parpadeó . Sintié ndose un poco
descontento, guardó silencio, y la expresió n severa habitual de Gezell se
suavizó un poco.
“¿De verdad quieres llegar a ese extremo?”
“¿Su Gracia no está dispuesta a llegar a ese extremo?”
Es una noche con la Gran Duquesa. Creo que es arriesgado, ya que no sé
nada sobre el sexo entre hombres. Me gustarı́a estar mejor preparada
antes de intentarlo.
—Lo entiendo. Al menos he aprendido la teorı́a.
Aunque la informació n obtenida en la taberna era todo lo que tenı́a,
Rensley no pudo evitar pensar que la diná mica entre hombres y
mujeres no serı́a muy diferente.
Al inal, se trata de ponerlo y moverlo, ¿no? De todas formas, el proceso
probablemente sea el mismo.
Si tener relaciones sexuales por detrá s se considera arriesgado,
entonces todos los hombres del mundo se tomarı́an de la mano y
compartirı́an amor. Si de verdad buscas un riesgo, el tamañ o de Gezell
destaca. Podrı́a doler un poco. Aun ası́, incluso si fuera una noche con
una mujer, serı́a necesario tener precaució n.
Dijeron que aplicar bastante lubricante y hacerlo con calma estarı́a
bien. Es como cuando los niñ os juegan y accidentalmente meten las
manos en lugares estrechos; se usa aceite para sacarlas. Es el mismo
principio.
“¿Hay alguna razó n especı́ ica para que sea hoy?”
Su Gracia, crear el ambiente adecuado es crucial para la unió n sexual.
Una vez que se empieza, es importante terminar bien. ¿No mencioné
antes que soy su maestro en asuntos de la noche?
Al ver su decisió n de actuar como un maestro, Gezell arqueó
ligeramente las cejas. Rensley, al ver su falta de entusiasmo, se sintió un
poco desanimado. Al principio, no habı́a pensado en llegar a la
penetració n, pero detenerse ahora era como perder una oportunidad
con este hombre rı́gido. El corazó n de Rensley latı́a con fuerza y sentı́a
calor en el cuerpo desde hacı́a un rato, pero la imagen del Duque,
conservando la cordura a pesar de estar desnudos y acostados juntos,
comenzaba a resultar inquietante. Ademá s, considerando el deber de
un esposo...
—Su Gracia, ¿se compromete usted en esta noche conmigo por sentido
del deber?
“¿Necesito otra razó n?”
“Me… me gustas, Su Gracia.”
“Tambié n me gusta Sir Maelrosen”.
Una respuesta refrescante llegó inesperadamente a la confesió n de
afecto de Rensley. «Esto no es lo que pretendı́a». Rensley se envolvió el
cuerpo desnudo en una manta y se incorporó .
No hablo de devoció n al señ or ni del afecto por un benefactor. Hablo de
amor. Ası́ es como me siento ahora. Si comparara mis sentimientos por
ti con diez dedos, si tres o cuatro dedos son sentimientos de cariñ o
humano, entonces siete dedos son emociones de amor. Su Gracia no
siente eso en absoluto, ¿verdad?
"¿Amar?"
Gezell abrió los ojos de par en par. Realmente no se lo esperaba. Ante la
expresió n y el tono que sugerı́an que no tenı́a ni idea, Rensley se sintió
p y q g q y
un poco derrotado. Sin embargo, sin retroceder, continuó la
conversació n.
Ultimamente, cuando pienso en Su Gracia, mi corazó n se acelera y
quiero verla constantemente. Nunca habı́a pensado en besar a un
hombre ni en pasar una noche juntos, pero ahora, te lo suplico de esta
manera. Su Gracia, si de verdad no sientes eso por mı́, besarme o tocar
mi cuerpo... hacer esas cosas serı́a difı́cil, ¿verdad? ¿Có mo te sientes
cuando piensas en mı́?
Me siento bien. Sir Maelrosen es una buena persona.
“¿No sientes que tu corazó n se acelera y no quieres verme
constantemente?”
“Mi corazó n no se acelera, pero cuando pensé que ya no vendrı́as, quise
verte.”
“Bueno, entonces…”
Al continuar con su interrogatorio, Rensley pronto admitió que estaba
llevando a cabo un interrogatorio indirecto. Incluso si conseguı́a una
respuesta del Duque sugiriendo que existı́an emociones distintas al
cariñ o humano, ¿qué importancia tendrı́a?
Gezell Jivendad es un gobernante que gobierna una nació n, y
gobernantes como é l rara vez tienen muchos amigos. Pudo llevarse bien
con Rensley durante un tiempo porque era un invitado y un forastero.
Cualquiera sentirı́a soledad cuando un amigo cercano se distancia
repentinamente y se relaciona con otros. Asociar ese vacı́o con
sentimientos de anhelo era una exageració n.
Del mismo modo, vincular la falta de vacilació n al participar en actos
sexuales con una emoció n incondicional hacia é l tambié n era
exagerado. El Duque, que no sentı́a aversió n por besar y tocar a un
hombre, podrı́a simplemente no ser consciente de ello por falta de
experiencia, o tal vez tenı́a una inclinació n natural a explorar
preferencias homosexuales.
Rensley suspiró y murmuró : "Debo ser materialista".
¿De qué está s hablando de repente?
Nunca se habı́a considerado una persona noble, pero hoy, sus instintos
viscerales parecı́an resonar con má s fuerza. Que le gustara Gezell no
signi icaba que tuvieran que besarse y entrelazarse. Sin embargo, una
vez que el deseo se despertó , no pudo evitar querer tocarlo má s.
Aunque fuera un poco arriesgado, querı́a experimentarlo.
Si ese fuera el caso, parecı́a que esta noche no podı́a pasarse por alto.
—Pues yo lo haré . Su Gracia, recué stese.
“¿De verdad quieres llegar tan lejos?”
La actitud de Gezell permaneció inalterada, aparentemente
desconcertado, pero mostró una clara vulnerabilidad ante las
insinuaciones de Rensley. Si presionaba un poco má s, fá cilmente podrı́a
suceder.
Mientras Rensley lamı́a su irme abdomen, pecho y cerca de la clavı́cula,
volvió a verter aceite. Mientras charlaba, movió lentamente la mano,
sujetando al relajado Gezell. La parte interior de sus irmes muslos se
contrajo visiblemente. Sin embargo, una llamada de contenció n
interrumpió el movimiento.
“Señ or Maelrosen.”
“Es mi deber como có nyuge”.
Con un simple empujó n, Gezell exhaló brevemente, pero no intentó
detener a Rensley. El aceite se derramó casi como agua, haciendo un
sonido similar al de un chapoteo en la palma de su mano. Tras acariciar
su pene varias veces, Rensley sonrió mientras lo miraba.
“Puede que digas que no te gusta con tu boca, pero tu cuerpo es
honesto”.
Gezell solo apretó los labios ligeramente, pero no respondió . Bueno, con
una reacció n tan inmediata, probablemente no tenı́a nada que decir.
Rensley se puso de pie. Presionando el pecho de Gezell, lo inclinó para
que se acostara. Sentá ndose a horcajadas sobre sus muslos, dijo: «Yo me
encargo. Su Gracia, simplemente recué stese sin preocupaciones».
Aunque era su primera vez con un hombre, Rensley se creyó mucho
má s há bil que su compañ ero. Frotando la parte inferior de su cuerpo
contra los muslos y los genitales lubricados, presionó la entrepierna. La
sensació n del pene de Gezell contra su perineo fue sorprendentemente
placentera. Mientras se dejaba llevar por el placer y la excitació n que se
elevaban entre la piel desnuda, su respiració n se volvió entrecortada.
Sintiendo sed, Rensley decidió actuar segú n su deseo. Gezell, acostado
abajo, pareció percibir la misma sensació n y frunció ligeramente el
ceñ o.
"¿No te gusta?"
—No, la sensació n… ha sido buena desde el establo.
"Gracias a dios…"
Rensley levantó ligeramente las caderas. Tenı́a mucho aceite entre las
nalgas. Por muy grande que fuera, deberı́a entrar sin problemas con esa
cantidad. No es como si fuera un agujero en la pared; iba a entrar en un
cuerpo humano. No habı́a prisa; simplemente ir despacio.
Sosteniendo el pene de Gezell con las manos, bajó las caderas. La
sensació n del irme glande rozando sus nalgas le puso la piel de gallina.
De repente, se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer: una noche
que jamá s habı́a imaginado en toda su vida promiscua, y ademá s con el
rey del Norte.
Quizá s se aplicó demasiado aceite porque el glande no penetraba bien y
se le resbalaba constantemente. Tras varios intentos inú tiles, se le
formó una gota de sudor en la frente.
"¿Te ayudo?"
“Eh… entonces, en lugar de mı́, ¿puedes simplemente sujetar el… glande
en su lugar?”
Aunque habı́a insistido en hacerlo solo, terminó necesitando ayuda.
Gezell le sujetó el pene para evitar que se balanceara. Rensley estiró
ambas manos hacia atrá s, agarrá ndole suavemente las nalgas y
separá ndolas ligeramente. La pequeñ a entrada oculta entre las elá sticas
nalgas quedó al descubierto.
Tras respirar hondo, Rensley inalmente se agachó . Sintió la gruesa
punta del miembro del Duque penetrando profundamente.
"Puaj…!"
Dejó escapar un gemido antes siquiera de considerar si dolı́a o se sentı́a
bien. La sensació n de su espalda estirada tanto, incluso antes de que el
glande entrara por completo, fue vı́vidamente abrumadora. Antes de
que pudiera sentir claramente dolor o placer, la idea de que podrı́a ser
irreversible surgió desde el momento en que empezó a empujar má s
profundamente.
p
Deteniendo sus movimientos y parpadeando, Gezell abrazó la cintura
de Rensley. Se incorporó ligeramente.
"¿Está s bien?"
—Estoy bien. Vamos a ir despacio...
"Te ayudaré ."
—No, Su Gracia. Estoy bien. Puedo... arreglá rmelas.
Mientras la mano de Gezell sujetaba la cintura de Rensley, la presió n
aumentaba gradualmente. Oh, Rensley se hundı́a en la agonı́a mientras
gemı́a dulcemente.
¡Duele! ¡Duele de verdad!
A pesar del exceso de aceite, la penetració n no fue fá cil. Tras la entrada
inicial, le costó tragarse el glande e incluso el pene que habı́a debajo.
Pero el dolor no tardó en llegar. La carne estirada parecı́a a punto de
desgarrarse, y la parte interior, que nunca habı́a experimentado
penetració n, se vio sumida en un dolor indescriptible.
El cuerpo se calentó no de placer, sino de dolor. ¿Podı́a doler tanto?
Rensley agarró con urgencia la mano de Gezell.
“D-Despacio… vaya despacio, Su Gracia…”
“Tu expresió n no se ve bien… ¿duele despué s de todo?”
Sin embargo, le resultó un poco amargo admitir el dolor con sinceridad.
A pesar de haber sugerido repetidamente posponerlo para prepararse,
terminó siendo una noche organizada por su insistencia, actuando
como si fuera un experto.
Aunque no era necesario mostrar debilidad en ese momento, Rensley
sintió un golpe en su orgullo. Forzó una sonrisa.
“Para nada… Pero es mi primera vez con un hombre…”
Impidiendo que Gezell acercara su cintura, Rensley bajó gradualmente
su cuerpo. Parecı́a que todo encajarı́a ahora, pero la parte sustancial del
Gran Duque parecı́a interminable, por mucho que tragara. En realidad,
debido a los movimientos vacilantes, no habı́a ingerido mucho, pero
desde la perspectiva de Rensley, ası́ lo sentı́a. El dolor y la presió n que
sentı́a como si sus entrañ as se revolvieran no parecı́an disminuir.
Era imposible llevar todo esto dentro.
Tras una rá pida decisió n, Rensley volvió a levantar la cintura, dejando
salir lo que habı́a entrado. La sensació n al salir fue mucho má s extrañ a
que al entrar. Rensley frunció el ceñ o ligeramente y, muy lenta y
brevemente, movió la cintura arriba y abajo para asegurarse de que su
pilar se sintiera bien dentro.
“¿C-Có mo está ?”
“E-estoy bien, pero…”
En medio de la voz baja de su respuesta, se mezcló un aliento distinto.
La mano de Gazell acarició suavemente la cintura y los muslos de
Rensley. Una caricia dulce se superpuso al dolor. La sensació n de dolor
y placer simultá neamente abrumaba su cuerpo. Rensley no supo có mo
responder y tembló .
“Jaja… Su Gracia…”
“¿Puedo mudarme tambié n?”
"¿Eh? Bueno, eso..."
Sin obtener una respuesta adecuada, Gezell comenzó a levantar la
cintura poco a poco. El arma, que apenas habı́a sacado, se clavó
inesperadamente en su cuerpo.
“¡Hng…!”
Un momento de mareo lo acompañ ó de un dolor intenso. Rensley se
mordió el labio e intentó con todas sus fuerzas recibir los movimientos
de Gezell. Perder esta batalla serı́a una deshonra para su caballerı́a. En
ese momento, un cá lido susurro llegó nı́tidamente a su oı́do.
“Se siente bien… Señ or Maelrosen…”
“Ah… Yo tambié n me siento bien, Su Gracia…”
Rensley casi tartamudeó en respuesta. Era mentira, por supuesto; era
puro dolor, no placer sexual. Sin embargo, no era una mentira completa.
El dolor es dolor, pero en ese momento, cuando Gezell susurró que se
sentı́a bien, un hormigueo se extendió por sus labios.
—¡Ah, Su Gracia! ¡Espere, ah...!
Sin embargo, la sensació n de logro mental duró poco. Fuera o no por la
respuesta de Rensley, los movimientos de Gezell se intensi icaron
repentinamente. Al ejercer fuerza y embestir con fuerza, su conexió n se
profundizó . El dolor, que le llegaba hasta el abdomen, le di icultaba la
respiració n. Ningú n sonido salı́a de la boca abierta de Rensley.
El dolor era insoportable, comenzando desde la unió n, y sentı́a como si
su cuerpo se partiera en dos. Rensley habı́a sufrido cortes de espada
durante su entrenamiento y habı́a sido azotado ocasionalmente en el
Palacio Real de Cornia. Incluso entonces, rara vez lloraba, pero soportar
la prolongada tortura de su parte má s delicada era una agonı́a
completamente distinta.
“Jaja, ah, qué asco.”
Intentando resistir de alguna manera, Rensley apretó los puñ os y
abrazó el cuello del Gran Duque, pero fue inú til. Las lá grimas inundaron
sus ojos. Era vergonzoso. Queriendo ocultar sus lá grimas, hundió el
rostro en el estrecho hombro de Gezell.
Sin embargo, tuvo el efecto contrario. Cuanto má s fuerza ejercı́a en el
brazo que le rodeaba el cuello, y cuanto má s intentaba Rensley ahogar
sus sollozos frotando la cara contra el hombro de Gezell, má s se
intensi icaban los movimientos de este. Incapaz de aguantar má s,
Rensley dejó escapar un gemido. Su discurso, empapado en lá grimas, se
desmoronó .
“L-lo siento, Su Gracia… Ah, me duele…”
"…¿Duele?"
Los movimientos de Gezell se detuvieron bruscamente. Rensley asintió
con el rostro aú n oculto. Aunque intentó ocultar las lá grimas, no pudo
disimular el sollozo. Su voz contenı́a el aliento hú medo del llanto.
Lo siento mucho. Me duele demasiado... No puedo soportarlo má s...
"Oh."
Parecı́a genuinamente desconcertado, susurró suavemente y de
inmediato levantó a Rensley. Sacar algo de su reducido espacio tambié n
fue doloroso. Tras retirarse por completo, Gezell acostó a Rensley.
Herido y avergonzado, Rensley no pudo mirar al Gran Duque a los ojos.
Levantó los brazos para cubrirse el rostro, acurrucado como un niñ o
atormentado.
Gezell se inclinó y abrazó a Rensley. Rensley, abrazado por el cuerpo
só lido y sintiendo su cá lida temperatura, inalmente retiró los brazos y
lo miró .
Lo siento. No sabı́a que me dolı́a.
“No… ingı́ estar bien…”
—Pero no fue bueno, ¿verdad? ¿Fue doloroso?
'Me gustó .'
Como si una sutil curiosidad en su rostro indicara que tal inal podrı́a
escribirse, Rensley sonrió levemente, incluso con lá grimas en los ojos.
Para no decepcionar a Gezell, quien lo experimentaba por primera vez,
Rensley decidió añ adir una mentira bienintencionada.
Al principio estuvo bien. Pero… como es mi primera vez con un hombre,
me duele cuando Su Gracia se mueve con demasiada fuerza.
Lo siento. Debı́ haber tenido cuidado.
—No, soy yo quien lo lamenta. Su Gracia tenı́a razó n. Debı́ de ser
demasiado impulsivo...
Rensley no pudo evitar soltar un gemido. Su pronunciació n hú meda
sonó muy apagada.
“Le pido disculpas sinceramente, Su Gracia… Es muy doloroso…”
Aunque la conexió n se habı́a roto, el dolor no remitió de inmediato.
Revisó cuidadosamente que todo estuviera bien cerrado en la parte
trasera. Por suerte, no parecı́a haber desgarros ni dañ os. La expresió n
de Gezell llenó a Rensley de una sensació n de victoria.
—Intenté moslo de nuevo mañ ana. No quiero terminar ası́.
Mañ ana es demasiado pronto. Te va a costar mucho.
—Está bien. Me aseguraré de que Su Gracia disfrute de la noche de
mañ ana.
“Ya sé su iciente.”
“No, aú n no lo has probado como es debido.”
Gezell, que habı́a estado observando en silencio a Rensley, que reı́a
entre dientes, hizo de repente una profunda reverencia. Sus rostros se
acercaron y sus labios se encontraron.
El beso fue delicioso, y Rensley lo abrazó por la espalda. Mordié ndose
los labios, entrelazando las lenguas, lamieron las suaves y tiernas
mucosas. El dolor que aú n persistı́a disminuyó gradualmente gracias al
beso profundo y prolongado.
En medio del beso cada vez má s profundo, Rensley giró su rostro con
una sonrisa.
—Oh, no. Si seguimos, querré má s.
“¿Te toco con mis manos?”
—No, gracias. Ya no quiero ser el ú nico expuesto.
Gezell besó brevemente los labios de Rensley y se levantó . Ambos
regresaron a la bañ era y se lavaron el sudor, los luidos y la grasa que
quedaban con el agua limpia restante.
Tras extender otra sá bana limpia sobre la cama ligeramente hú meda
por el aceite, se acostaron. Aunque el acto en sı́ fue un fracaso, yacer
desnudos en una cama se sentı́a como una pareja de verdad.
Aunque fue solo una penetració n breve, les habı́a pasado factura.
Mientras yacı́an en la cama, la somnolencia los invadió . Hoy habı́a sido
un dı́a muy movido. Rensley se cubrió con una manta y sonrió ,
despidié ndose.
“Buenas noches, Su Gracia.”
"Buenas noches."
Tras haber tenido é xito en el acto inicial esta noche, creı́a que podrı́a
tener é xito en todo el proceso mañ ana. «Animo, Rensley Maelrosen».
Rensley cerró los ojos con determinació n. Justo antes de dormirse,
sintió una suave caricia en la cabeza. Incluso dormido, una leve sonrisa
se dibujó en su rostro.
Cap. 6.2 - Tarde en la noche
Rensley se levantó lentamente de la cama. Al apoyarse en la almohada,
el rostro preocupado de Lady Samlet apareció de inmediato.
"¿Está s bien, Rensley?"
“Sı́, estoy bien.”
Habı́a luchado con valentı́a. Aunque no habı́a blandido la espada y el
escudo con destreza, un guerrero es un guerrero. Rensley se tragó su
pena mientras Lady Samlet le ofrecı́a una taza de té medicinal.
Su propuesta de volver a intentarlo mañ ana fracasó , como era de
esperar. Quizá s los sucesos de la noche anterior le afectaron má s de lo
previsto. Cuando Rensley se despertó por la mañ ana, sentı́a la espalda
baja pesada y le dolı́a todo el cuerpo.
Aunque no era la zona má s dolorosa, la zona justo detrá s de donde ayer
se habı́a insertado con fuerza algo enorme le resultaba especialmente
incó moda. Aunque al instante parecı́a estar bien, el dolor punzante lo
atormentaba al despertar. Con un calor inusual, su cuerpo carecı́a de
fuerza.
Lady Samlet, ajena a la situació n, hizo una pregunta irrelevante.
Me pregunto con qué intensidad disfrutaste del banquete para terminar
con tantos dolores corporales, Rensley. Creı́a que eras una persona
robusta.
“Soy robusta… Pero, ya sabes, cualquier cosa por primera vez puede ser
un desafı́o…”
“Pero no es tu primer banquete”.
Sin comprender las circunstancias, Lady Samlet hizo una pregunta sin
relació n. Por la mañ ana, Rensley, en cuanto abrió los ojos, se alejó
discretamente del Duque y se vistió . Al notar que Rensley se movı́a, el
Duque le preguntó adó nde iba. En respuesta, Rensley le indicó que
regresara pronto a su habitació n para que nadie sospechara y se
apresuró a subir al teletransportador antes de que lo detuvieran.
Con su ya delicado estado, viajar en el aparato de transporte le
resultaba casi nauseabundo. Rensley, ahora dé bil, se despatarró en la
cama de la Duquesa como si fuera mantequilla derretida. Tras aguantar
un rato, pensando que acostarse serı́a mejor que intentar ponerse de
pie, tiró del cordó n junto a la cama. Esto llevó a Lady Samlet a preparar
un brebaje.
—No se lo menciones al Duque. Podrı́a preocuparse.
“El duque deberı́a saberlo, incluso si la falsa duquesa está enferma”.
Está ocupado. De todas formas, no es tan grave.
El Duque está reunido. Podrı́a visitarte cuando termine.
—Por favor, di que estoy durmiendo. Entonces no vendrá .
Ya es bastante vergonzoso haber dado el primer paso, pero ser
descubierto con el cuerpo dolorido es aú n má s vergonzoso.
Ya comiste y tomaste la medicina, ası́ que duerme bien la siesta. La
medicina es efectiva; la iebre deberı́a bajar pronto.
No te preocupes. Dolores como este desaparecerá n con un buen
descanso.
Al ver la resistencia de Rensley, Lady Samlet comentó : «Pareces
bastante valiente, ası́ que el dolor podrı́a no ser muy intenso. Si
necesitas algo, no dudes en pedir ayuda». Dicho esto, salió de la
habitació n. Rensley se cubrió con la manta y ajustó la almohada.
A solas de nuevo, los recuerdos de la noche anterior me invadieron. Un
fracaso en la cama a veces era tema de broma, pero lo ocurrido anoche
realmente escapaba a una conversació n informal. Era demasiado
vergonzoso para hablar de ello en ningú n sitio.
Mientras yacı́a allı́, re lexionando, muchas cosas parecı́an confusas y
confusas. Anoche, arrastrado por la atmó sfera, incluso dejó escapar
palabras de amor, pero no recibió una respuesta similar del Duque, ni
mucho menos algo parecido a una respuesta. Rensley frunció el ceñ o
ligeramente. Al inal, el Duque pareció transmitir que tales emociones
estaban completamente ausentes en é l. El beso y la aceptació n de la
relació n sexual fueron simplemente por respeto a las obligaciones que
conlleva una relació n matrimonial.
'¿No era é l un tanto proactivo para ese tipo de situaciones?'
Negó con la cabeza, corrigiendo sus pensamientos. No habı́a razó n para
que el duque actuara con pasividad. Era un rey, con muchas
responsabilidades a cuestas, pero a cambio ejercı́a el poder de la
má xima autoridad del paı́s. Eran inauditas las historias de un rey que
no se salı́a con la suya en la alcoba. Incluso se contaba que un rey traı́a a
una doncella a la corte real simplemente porque le gustaba su aspecto.
Gezell tambié n podı́a disfrutar de una noche con Rensley por simple
interé s momentá neo.
Bueno, me está empezando a caer bien, ¿no? En in, no es que no sepa
que todo se acabará cuando llegue la verdadera Duquesa.
Intentando consolar su orgullo herido, Rensley inalmente arqueó las
cejas. Rensley era un hombre comú n y corriente. Los sentimientos de
alguien que nunca habı́a experimentado la curiosidad sexual eran
difı́ciles de comprender. Ademá s, albergar afecto por alguien
desconocido era, francamente, una insensatez.
El crepitar de las llamas despertó a Rensley de sus pensamientos. El
fuego de la chimenea parecı́a haberse reavivado y las llamas se
intensi icaron. Podrı́a haber partı́culas doradas volando cerca de la
chimenea. Rensley, presentié ndolo en su somnolencia, abrió los ojos. La
habitació n, antes iluminada, ahora estaba a oscuras. Habı́a dormido
má s de lo esperado.
Lo despertaron de nuevo el sonido de pasos. Una toalla mojada le cayó
sobre la frente mientras intentaba incorporarse. «Señ ora Samlet, parece
que la medicina está haciendo efecto. ¿Puede ayudarme a cambiarme
de ropa? Quiero ponerme ropa seca porque estoy sudando».
"Seguro."
Rensley, aú n aturdido, se sorprendió al oı́r la voz. Un hombre con capa
negra, que habı́a estado junto a la chimenea, se acercó .
“Su Gracia, ¿por qué está aquı́?”
Oı́ que estabas durmiendo, ası́ que pensé en entrar y esperar a que
despertaras. Aquı́ hay libros, ası́ que puedo leer mientras espero.
Tomó una toalla del recipiente con agua que estaba en la mesita de
noche y observó a Rensley en silencio.
Lady Samlet mencionó que Sir Maelrosen no se encuentra bien de
salud. Parece tener iebre.
—Ah, sı́. Ayer pasé demasiado tiempo en los establos... Siento que me
he resfriado. ¿No se preocupó Su Gracia por mı́ ayer en los establos?
Dicen que no hay que pasar mucho tiempo en lugares frı́os.
Mientras Rensley divagaba, intentando justi icarse, un pañ o empapado
en agua tibia, ni caliente ni frı́a, le tocó el cuello. Gezell, sin decir
palabra, le limpió el cuerpo. Para asegurarse de que no se resfriara,
Gezell le quitó la ropa, le secó el sudor de la espalda y el pecho, y le
puso un pijama limpio. Rensley, que habı́a permanecido inmó vil como
un muñ eco, suspiró un momento despué s.
—Su Excelencia... es usted muy buena enfermera. Parece que no hay
nada que no pueda hacer.
Mi padre se encontraba mal a menudo. Habı́a una enfermera, pero a
veces lo hacı́a yo mismo.
Gezell colocó una almohada detrá s de la espalda de Rensley despué s de
cambiarse de ropa y lo miró con severidad. Sintié ndose interrogado sin
culpa, Rensley se mordió el labio. Gezell suspiró levemente.
“Parece que Sir Maelrosen es bastante frá gil”.
"¿Qué ?"
¿Frá gil? ¿En serio? Era la primera vez que Rensley oı́a algo ası́. En
Cornia, Rensley era conocido por su fı́sico robusto, y a menudo era el
ú nico que salı́a ileso cuando otros enfermaban.
¿No tuviste iebre la ú ltima vez? Entonces pensé que solo eras sensible
a los medicamentos, pero al verte en cama ası́, parece que tu cuerpo
está dé bil por naturaleza.
—¡No, para nada! ¿No has visto mi valiente actuació n durante la prueba
de iniciació n?
La esgrima o la equitació n y un cuerpo sano son cosas distintas. Incluso
entre soldados y caballeros, hay quienes son propensos a enfermarse.
Es mejor no volver a intentar algo como lo de anoche.
Rensley se aclaró la garganta varias veces, pero no pudo encontrar una
refutació n satisfactoria. Finalmente, suspiró .
Entendido. De todas formas, no querı́a hacerlo dos veces, porque dolı́a
demasiado.
"Me alivia oı́r eso".
“Cuando realmente conozcas a la verdadera Duquesa, podrá s decidir
entonces sobre estos asuntos”.
Su voz bajó inconscientemente. Rensley levantó lentamente la manta
que se le habı́a deslizado hasta los muslos.
—Le pido disculpas, Su Gracia. Sigo... demasiado mal. Necesito
descansar má s.
“Espera un momento.”
A pesar del comentario un tanto mordaz, a Gezell no pareció importarle
en absoluto. Simplemente tocó la frente de Rensley con la mano y se
concentró en examinar su cuerpo, recorriendo suavemente con los
dedos varias zonas.
“Su Gracia, aunque no sea mé dico, ¿sabe có mo diagnosticar
examinando el cuerpo?”
“He consultado libros de medicina”.
“El mé dico de la corte dijo que probablemente era solo un resfriado
leve, por lo que le dio a Lady Samlet una buena medicina”.
“Serı́a difı́cil incluso para Sir Maelrosen explicarle los acontecimientos
de ayer al mé dico de la corte”.
Por supuesto. ¿Cué ntale al mé dico de la corte lo que pasó ayer y có mo
se enfermó ? Es mucho mejor quejarse y lamentarse hasta que la iebre
baje naturalmente y el cuerpo se recupere. Tras re lexionar un rato,
Gezell volvió a desviar la mirada.
“¿Puedo examinar la espalda del cuerpo de Sir Maelrosen?”
¿Qué ? ¿Qué está s diciendo ahora…?
Despué s de haber dicho dos veces que no lo hicieran, ¿de qué se trata
ahora esta charla?
Mientras Rensley miraba confundido las incomprensibles palabras del
hombre desconocido, despué s de un rato, siguió una explicació n
racional.
¿Puedo revisarte la espalda? Puede que te la hayas lesionado, lo que te
ha provocado la iebre.
¡No! Estoy bien. No tengo ninguna lesió n, me la revisé ayer mismo. No
está desgarrada ni magullada. Puede que estuviera un poco hinchada a
juzgar por el dolor sordo, pero se curará sola con el tiempo.
De manera similar a como no querı́a encontrarse con el mé dico de la
corte, Rensley no tenı́a ahora ningú n deseo de presionar sus nalgas
contra el rostro digno del gran duque só lo por un dolor que el tiempo
curarı́a.
Si descanso un dı́a, mejorará pronto. No te preocupes.
Al oı́r eso, Gezell miró directamente a Rensley, sin cambiar su
expresió n. Preguntó :
"¿Está s avergonzado?"
“…Só lo dije que no habı́a necesidad de tratamiento.”
Rensley logró responder con calma. Tras un breve silencio, Gezell, que
estaba sentado a su lado, se puso de pie.
Entendido. Descansa por ahora. Parece que hoy solo estoy empeorando
el humor de Sir Maelrosen.
“Eso no es… cierto.”
Creyó que no lo habı́an notado. Sin embargo, la voz de Rensley perdió
fuerza rá pidamente. Parecı́a que se habı́a excedido, queriendo quejarse
un poco. Antes de que Gezell pudiera irse, añ adió rá pidamente.
—No me molesté . ¿Có mo me atrevı́? Si te pareció descorté s, te pido
disculpas.
Todos nos volvemos má s sensibles cuando nos sentimos mal. Lo sé
bien. Descansa. Necesito ir al laboratorio un rato, ası́ que si necesitas
algo, no dudes en llamar a alguien.
"Sı́…"
Ahora, só lo podı́a asentir en silencio.
Sin embargo, Gezell no se dio la vuelta de inmediato. Incluso despué s
de decir que se marchaba, se quedó allı́ un momento, luego se agachó y
se cubrió un poco má s con la manta. La cá lida manta cubrió
completamente los hombros de Rensley.
Mientras se enderezaba de nuevo y se alejaba, Rensley miró hacia el
techo de la cama, sin poder ver nada.
En silencio, mientras parpadeaba, resonó el sonido de la puerta al
cerrarse. Ahora, con la presencia de los dispositivos de transporte,
podı́a moverse sin usar las escaleras, pero decidió no usar magia
abiertamente al visitar la habitació n de la Duquesa. Dados los rumores
de discordia entre el Duque y la Duquesa, fue una decisió n sabia,
intencional o no.
Rensley cerró los ojos y buscó dormir. Sin los efectos secundarios de la
medicació n, Rensley, que solı́a dormirse simplemente acostá ndose, no
tenı́a mucha relació n con el insomnio. Hoy, con el cuerpo cansado,
esperaba dormirse má s rá pido.
“Ah…”
Sin embargo, hoy no era un dı́a ası́. Tras mantener los ojos cerrados un
rato, Rensley suspiró y levantó los pá rpados. Serı́a mejor tener una
dolencia fı́sica que no poder dormir por pensamientos inquietantes.
Dando vueltas en la cama, Rensley inalmente se incorporó .
En retrospectiva, era completamente natural que el Duque no aceptara
la unió n con é l, y no habı́a nada de qué quejarse. Habı́a tenido un
arrebato injusto contra el señ or al que debı́a servir, y para colmo, habı́a
recibido crı́ticas por ello. Incó modo, se acostó en diversas posiciones,
sintiendo como si una espina se le clavara en el pecho. No importaba
có mo se acostara, era incó modo. Ası́, podrı́a no pegar ojo en toda la
noche.
“Disculpé monos como es debido y dejemos esto atrá s”.
Rensley se levantó de la cama. A pesar de a irmar que no se encontraba
bien, solo era un resfriado leve. La medicina que le dio Lady Samlet
pareció surtir efecto; su iebre habı́a bajado considerablemente en
comparació n con la mañ ana y el dolor habı́a disminuido. No tenı́a
mayor di icultad para moverse.
Se levantó , se puso su abrigo y se dirigió al dispositivo de transporte.
Sabı́a adó nde iba el Duque, ası́ que no necesitó pedirle con irmació n a
nadie.
Cap. 6.3 - Tarde en la noche
¡No apto para el trabajo!
En cuanto se activó el dispositivo, un vé rtigo vertiginoso invadió a
Rensley. Casi se desploma en el acto. La sensació n de su cuerpo, que
parecı́a al borde del colapso, detenié ndose bruscamente en el aire era
má s extrañ a que el propio mareo. Gezell, quien má gicamente lo habı́a
detenido, se acercó apresuradamente desde la distancia. Sosteniendo a
Rensley, cuyo cuerpo se habı́a quedado rı́gido como paralizado, Gezell
preguntó :
¿Qué pasó de repente? Es recomendable no usar el dispositivo si tu
estado es grave.
Lo siento. Pensé que estarı́a bien usarlo, ya que lo hice esta mañ ana...
Antes de ofrecer la disculpa que pretendı́a, terminó por presentar una
preliminar. Mientras Rensley se tragaba la vergü enza, Gezell lo cargó y
se dirigió a la chimenea. Sentando a Rensley en la có moda silla que
usaba para leer, Gezell volvió a preguntar:
"¿Qué pasó ?"
Rensley echó una rá pida mirada a su alrededor y con cautela pronunció
las palabras preparadas.
—Hace un momento... Lo siento mucho, Su Gracia. Me comporté de
forma grosera en la habitació n. Aunque lo piense, parece que cometı́ un
grave error, ası́ que vine a disculparme como es debido, aunque sea una
interrupció n.
“No he visto nada que justi ique una disculpa”.
Al responder, Gezell asintió . Por alguna razó n, parecı́a satisfecho con la
situació n actual.
—Pero funciona. Estaba a punto de volver a tu habitació n de todas
formas.
"Qué …?"
Gezell se acercó a una mesa larga. Rensley ya conocı́a la mesa, donde se
colocaban diversos reactivos, hierbas y piedras má gicas. Fue allı́ donde
creó la poció n genial que lo convirtió en un prodigio durante el examen
de ingreso, y fue allı́ donde Gezell preparó un remedio para aliviar los
efectos secundarios.
¿Acaso habı́a venido al laboratorio para preparar una poció n, no para
otros asuntos o iciales? Tomó una botella redonda y plana y se la
ofreció a Rensley. Era un remedio especial, probablemente má s efectivo
que la medicina que Lady Samlet le habı́a dado.
Preparé un remedio mejor porque pensé que tu herida no sanarı́a
rá pidamente sin tratamiento directo. Ademá s, como miembro de la
orden de caballeros que necesita montar a caballo, serı́a un
inconveniente para ti si la herida no sana pronto. La orden de
caballeros deberı́a saber que la magia y la medicina comparten muchos
aspectos. Será mucho má s efectivo que la medicina que tomaste sin
consultar al mé dico.
Rensley no pudo comprender sus palabras al instante. Miró a Gezell con
la mirada perdida, y algunas palabras se le quedaron grabadas en la
mente.
Lesió n…, ¿remedio…?
Rensley estalló en carcajadas.
¡Jajaja! Le dije que estoy bien, pero Su Gracia está demasiado
preocupada. Aun ası́, gracias por preocuparse. Lo llevaré a mi
habitació n y lo aplicaré allı́.
Si está en la parte de atrá s, te costarı́a poné rtelo tú mismo. Yo lo hago.
¡No! ¡Lo haré yo mismo!
Su voz se elevó involuntariamente. Rensley se puso de pie, o al menos,
eso creyó . Su cuerpo aú n se encontraba en un estado de magia de
detenció n de Gezell justo antes de caer. A pesar de intentar levantarse
gradualmente apoyá ndose en el reposabrazos, solo se tambaleó
ligeramente, y la idea de caerse de la silla cruzó por su mente. El
discurso de Rensley se aceleró .
—Su Gracia, puedo hacerlo. Le prometo que no soy tan incapaz. Mire mi
brazo. Es bastante largo, ¿verdad? Mi mano está perfectamente bien.
Puedo aplicarme la medicina en la espalda yo sola. ¡Ası́ que, por favor!
Deja de luchar. Necesitamos evaluar la situació n antes de proceder con
el tratamiento.
No tengo sangrado ni desgarro. Esto sı́ que es un alboroto innecesario.
¡Ah!
Mientras Rensley estaba sentado, su cuerpo se levantó repentinamente.
El Gran Duque lo habı́a levantado con suavidad. El dı́a que habı́a
abrazado a Gezell con el atuendo ceremonial de la Gran Duquesa
mientras subı́a las escaleras le vino a la mente por re lejo. Aunque la
postura era diferente ahora, la vergü enza seguı́a siendo la misma.
Rensley quiso cubrirse la cara, pero no podı́a mover las manos.
“Su Gracia, por favor bá jeme.”
Gezell colocó a Rensley en la cama improvisada junto a la có moda silla.
Parecı́a una cama usada para dormir ocasionalmente en el laboratorio.
La cama no era tan grande como la del dormitorio, y no estaba cubierta
por cortinas, pero con varias capas de mantas y un pelaje cuidado, era
suave, cá lida y acogedora. Al estar lejos de la corriente subterrá nea y
cerca de la chimenea, el calor del fuego resultaba má s confortable.
Acostado en la cama, Rensley intentó desesperadamente mover el
cuerpo, pero sus manos y pies solo se movı́an levemente. Era imposible
darse la vuelta, gatear como un niñ o pequeñ o o realizar cualquier
movimiento. Esto no puede ser. Rensley rechinó los dientes.
Por favor, no se resista. Necesitamos determinar la gravedad de su
condició n para brindarle tratamiento.
“¡No necesito tratamiento!”
¿Có mo lo sabrı́a Sir Maelrosen? ¿Acaso el caballero no es mé dico?
A pesar de la inú til resistencia de Rensley, Gezell simplemente hizo lo
que se proponı́a. Rensley sintió con intensidad có mo le subı́an la tú nica
hasta la espalda y có mo le bajaban los pantalones y la ropa interior,
dejando al descubierto su piel desnuda. Como su cuerpo estaba
paralizado, no podı́a moverse, pero percibı́a vı́vidamente la sensació n
de tocar su piel.
¿No serı́a mejor que su mente se paralizara junto con su cuerpo, ya que
no podı́a moverse libremente? Aunque no podı́a moverse, la vı́vida
sensació n solo avivó su frustració n.
“¡Ah!”
La sensació n de una mano grande agarrá ndolo y abrié ndole las nalgas
sin ningú n pudor hizo que Rensley gritara involuntariamente.
g p q yg
En un instante, todo su cuerpo se calentó . Anoche, ambos habı́an
mostrado sus cuerpos desnudos sin una sola prenda de ropa. Se
lavaron, se tocaron e incluso se revolcaron juntos en la cama.
En aquel entonces no le daba vergü enza, pero ahora era tan vergonzoso
que querı́a retroceder en el tiempo. El Gran Duque Gezell permaneció
inalterado en su apariencia habitual, sin quitarse ni una sola prenda de
ropa, mientras Rensley yacı́a en la cama, con las nalgas erguidas como
un niñ o.
Fue tan vergonzoso que su rostro se reventó al pensar en Gezell, con la
expresió n que tenı́a mientras leı́a un libro, ahora mirá ndolo ijamente.
Tras un leve suspiro, una voz grave llegó desde atrá s.
“Esperaba que esto pasara.”
“¿Q-qué está s…?”
Esta zona no es solo la piel; se conecta con el interior del cuerpo. Si la
hinchazó n se extiende de forma incorrecta, podrı́a causar un
sufrimiento prolongado. Si reducimos la hinchazó n y la iebre en la
espalda, su estado general deberı́a mejorar.
Tienes toda la razó n. Lo entiendo. Lo pillo. Me aplicaré la medicina yo
mismo...
“Es posible que tengas que aplicarlo un poco má s adentro, ası́ que
espera”.
Ignorando las palabras de Rensley, Gezell se apartó momentá neamente
de su lado. Era una oportunidad de escapar, pero una vez má s, el cuerpo
de Rensley traicionó su voluntad, mantenié ndose rı́gido.
Se oyó el sonido del agua, como si alguien se lavara las manos, y los
pasos de Gezell se acercaron. La elegante mano que levantaba el frasco
de medicina que habı́a sido depositado apareció ante sus ojos.
La voz del paciente se tornó desesperada y ansiosa, como la de un
prisionero que implora por su vida. «Su Excelencia, por favor. Lo haré
yo mismo».
“¿No está n tus manos restringidas con magia?”
“Espejo, necesito un espejo… ¡Ah!”
Rensley no pudo seguir hablando. El dedo, cubierto de ungü ento
espeso, no le permitı́a tregua, avanzando implacablemente para tocar la
zona posterior. La sensació n, como un cosquilleo, comenzaba en la
punta de los dedos y se extendı́a como un ino chorro de agua por todo
su cuerpo. Los delicados movimientos de la mano le seguı́an
revolviendo la cintura.
Logró contenerse varias veces, rascá ndose el pelaje con los dedos que
apenas podı́a mover. Pero con el cuerpo ya rı́gido y la igura de Gezell
oculta tras é l, la tensió n aumentó , y cada vez que el roce de su mano
cambiaba, la tensió n aumentaba, tensando sus nalgas
involuntariamente.
Relá jate. Se te tensa la espalda.
“Uh, por favor no digas eso…”
Apenas controlando la vergü enza, Rensley enterró su cara en la cama y
cerró los ojos.
Piensen en é l como un mé dico. El es un mé dico. Yo soy un paciente. Es
vergonzoso, pero no tengo má s remedio que mostrar mi condició n...
“Lo aplicaré un poco má s adentro”.
"Puaj…!"
—No, no puedes. Relá jate.
El dedo, generosamente cubierto de ungü ento, intentaba penetrar en su
cuerpo. Mientras Rensley tensaba el cuerpo por re lejo, Gezell usó la
otra mano para calmarlo y acariciarle la espalda, como si calmara a un
animal asustado.
Con la tensió n ligeramente aliviada por esa mano, Rensley, que habı́a
estado conteniendo la voz, inalmente habló . Sus palabras, mezcladas
con cada respiració n, salieron.
—Su Gracia, por favor, ya está bien... Ya no me duele. Ya es su iciente.
Era cierto. La medicina que é l preparó , a diferencia de los brebajes
comunes que preparaban los mé dicos, parecı́a tener un efecto diferente.
El dolor mejoraba rá pidamente.
Si te preocupa aplicar el medicamento internamente, no te preocupes.
Es un medicamento que sirve para eso. Si tratamos el interior, te
recuperará s pronto. A menudo usamos este mé todo para administrar
medicamentos a los niñ os, ¿verdad? Ahora, relá jate un poco.
Las protestas de Rensley no convencieron en absoluto a Gezell. Inclinó
su cuerpo completamente sobre la espalda de Rensley, introduciendo
los dedos. Penetrando fá cilmente tras aplicar el ungü ento, los dedos
cubiertos con el remedio no tuvieron problema en penetrar el interior.
“¡Eh, ah…!”
Aunque no se veı́an, parecı́an ser los dedos ı́ndice y medio. Dos dedos
se deslizaron en el estrecho espacio de atrá s.
"…Ah…."
—Está bien. Lo está s aguantando bien.
Solo dos dedos. Comparado con el arma que recibió ayer, no era nada.
Al luir la sustancia hacia la zona in lamada de la espalda, sintió una
punzada de dolor momentá nea, pero al mismo tiempo, se mezcló con la
sensació n de alivio por la e icacia del medicamento.
¿Habı́a traspasado la vergü enza un umbral? Rensley ya no podı́a pensar.
Parpadeaba lentamente con los ojos entrecerrados, concentrá ndose
solo en el dibujo del pelaje que tenı́a a la vista. Aunque su visió n era
clara, el dibujo pareció desdibujarse momentá neamente.
El dolor habı́a desaparecido, pero ahora habı́a otro problema: la
sensació n estaba cambiando gradualmente. Si bien ayer simplemente le
dolı́a la espalda, el gesto de los dedos acariciando suavemente su
cuerpo le resultaba extrañ o.
El dedo que habı́a aplicado la medicina cerca de la entrada se retiró , se
cubrió con una generosa cantidad de ungü ento y volvió a hurgar. Esta
vez, fue má s profundo.
“Voy a aplicar un poco má s.”
El dedo que extendı́a la medicina rozó suavemente las paredes internas.
El ungü ento viscoso pareció derretirse a temperatura corporal,
produciendo un sonido ligeramente má s blando que antes. Rensley,
quien habı́a estado sobresaltado por la desagradable sensació n, se
habı́a quedado extrañ amente callado.
“¿Te duele mucho?”
“No, está … bien.”
Rensley no pudo continuar. Cuando el dedo que llenaba el vacı́o se
deslizó , una sensació n de hormigueo recorrió el interior de su bajo
vientre. Aunque remitió rá pidamente, por un instante, la sensació n fue
tan intensa que su visió n pareció nublarse. Se detuvo un momento y
luego exhaló el aire que habı́a estado conteniendo.
“¡Jaja, ah…!”
Al respirar con má s fuerza, la mano que lo habı́a estado tocando se
detuvo de golpe. La pregunta volvió a surgir.
“¿Te duele mucho?”
Rensley no pudo responder de inmediato y respiró hondo. No sabı́a qué
decir. ¿Le dolı́a? No le dolı́a, pero... ¿o tal vez era dolor?
“Señ or Maelrosen.”
Gezell volvió a llamarlo mientras permanecı́a en silencio. Rensley se
lamió los labios resecos.
"…Un poco."
“Parece que está s herido por aquı́.”
Los dedos se deslizaron suavemente. Incluso esta sensació n no era la
misma que hacı́a un momento. La simple sensació n extrañ a que antes
recorrı́a su cuerpo ahora se convertı́a en algo caliente, insoportable y
agitador cada vez que los dedos se acomodaban.
Los labios y la mandı́bula de Rensley temblaban delicada y
disimuladamente. Su pecho latı́a con fuerza y su cuerpo se calentaba.
Ante el vago y misterioso precursor de una sensació n desconocida, no
sabı́a qué hacer.
“Eh…”
Cuando los dedos volvieron a entrar, los hombros, antes inmó viles, se
contrajeron. Aunque el cuerpo habı́a querido permanecer inmó vil,
ahora parecı́a querer moverse por todas partes. Rensley fue apretando
poco a poco el pelaje que habı́a arañ ado y con el que jugaba como si
estuviera garabateando en un papel.
Los largos dedos, generosamente untados con ungü ento, acariciaron
especı́ icamente la zona que Rensley habı́a mencionado como dolorosa.
La textura era suave gracias al ungü ento, y el tacto suave, sin fuerza, se
sentı́a suave pero, al mismo tiempo, má s doloroso.
Buf, buf. La respiració n, que intentaba estrangularse como si intentara
matar, se enredaba una y otra vez. Ojalá pudiera taparse la boca, pero
no podı́a mover las manos. Fuera del campo de visió n de Gezell, los
dedos de los pies de Rensley se movı́an lenta y repetidamente,
doblá ndose y estirá ndose.
Si te duele, avı́same. Creo que necesito aplicar má s medicamento.
En lugar de responder, Rensley mordió la piel. Intentó hundir la boca en
ella y recuperar el control. Hundió los dientes en la piel y mordió el
cuero.
—No, no, no. Es una ilusió n. Puedo soportarlo.
Pero cada vez que los dedos de Gezell presionaban dentro, deslizá ndose
suavemente y ascendiendo de nuevo, una sensació n familiar surgı́a
como un torrente. No podı́a soportar la sensació n que avanzaba
constantemente. De alguna manera, incluso la sensació n de su irme
frente contra el suave pelaje se volvió conmovedora.
Mientras contenı́a la respiració n como si soportara un dolor, Rensley
exhaló profundamente.
“¡Hua…! ¡Señ or, Señ or…!”
Finalmente, una voz, parecida a un sollozo, escapó de sus labios. El tono
profundo de Gezell sonó tranquilizador cerca de sus oı́dos.
Aguanta un poco má s. Ya pasó todo.
“No lo soporto… por favor… ahora, por favor libé rame…”
Está bien. Liberaré el hechizo de restricció n. El tratamiento casi ha
terminado.
Al retirarse la mano de Gezell, Rensley se liberó de la postura rı́gida que
le impedı́a moverse. Recuperando la libertad, su cuerpo, una vez má s,
se negó a obedecer la voluntad de su dueñ o.
“¡Huh, huh, ah…!”
Su agarre en el pelaje se aferró con má s fuerza. El cuerpo, que solo se
habı́a estremecido levemente, parecı́a haber esperado este momento,
temblando por completo mientras la cintura y las caderas se
estremecı́an. Una pequeñ a sombra apareció y desapareció en su
espalda baja, representando el placer que experimentaba.
Apenas logró cubrirse la boca con una mano, pero ya era demasiado
tarde. Rensley emitió gemidos desenfrenados sin control, sacudiendo
su cuerpo vigorosamente por un rato. Gracias a la posició n boca abajo,
pudo evitar la mirada del otro, pero el pene erecto, empapado y
pegajoso, sintió vı́vidamente las consecuencias.
“Ajá …”
«Ojalá fuera só lo un sueñ o.»
Tras unos instantes de recuperació n del clı́max, Rensley parpadeó con
impotencia, con los ojos empapados de lá grimas. Solo tras aguantar y
contener los restos de placer, recuperó la compostura. Frente a Gezell,
que debı́a de estar mirá ndolo, Rensley no supo qué hacer. Habı́a
soportado tanto, y ahora, liberarlo todo de golpe...
“Señ or Maelrosen…”
Inesperadamente, Gezell parecı́a desconcertado. Aú n habı́a una
posibilidad. Si el inocente Gezell pensaba: «Tiene dolor», habı́a una alta
probabilidad. Si Rensley lograba levantarse discretamente, evitando la
vista de Gezell, y no notaba las consecuencias, aú n podrı́a haber una
posibilidad de recuperació n.
“¿No está tu cuerpo bastante mal?”
“¡Oh, mi Señ or!”
Sin embargo, la actuació n de Rensley fue inú til. Gezell, que parecı́a
bastante preocupado, lo volteó directamente, dejando al descubierto su
ingle bien humedecida sin ningú n tipo de disimulo. Su rostro
completamente enrojecido y sus ojos llorosos llamaron la atenció n de
inmediato.
Alternando entre lá grimas y enrojecimiento, Gezell, con irracionales
ojos color calabaza, observaba la zona expuesta. Rensley se incorporó
apresuradamente, subié ndose los pantalones que le colgaban por los
tobillos, y gritó .
“¡No me mires tan descaradamente!”
—Señ or Maelrosen, ¿alcanzó el clı́max?
¡En serio, dime! ¿Fingir que me curas mientras usas una medicina
extrañ a? Si no, no habrı́a terminado ası́. No con tu pene, sino con tus
manos...
Sin embargo, Gezell se acercó sin obtener respuesta. Se acercó con
expresió n curiosa, parpadeando. En lugar de responder, preguntó con
insistencia.
¿Te sentiste bien cuando te toqué ?
“No preguntes tan explı́citamente…”
Parecı́a que Rensley era el ú nico avergonzado. Despué s de todo, no
habı́a nada de qué avergonzarse. ¿Có mo podı́a pensar que Gezell, solo
con sus manos, provocarı́a semejante situació n? Aú n incapaz de calmar
su ira, Rensley inalmente asintió .
Sı́... Me sentı́ bien. Lamento sentirme bien sola otra vez...
“Si a Sir Maelrosen le gustó , yo tambié n estoy feliz”.
Al oı́r estas palabras, Rensley, aú n avergonzado, se encontró con la
mirada de Gezell, que se habı́a vuelto má s clara. Su mano apareció a la
vista. La mano que se habı́a estado moviendo dentro de é l, con el
pretexto de aplicar ungü ento, era sorprendentemente elegante,
considerando lo que acababa de hacer.
Mira esos dedos largos. Mis manos tampoco son pequeñ as, pero
comparadas con las del Duque, son como las de un niñ o. Pensar que
esos dedos...
El placer persistente que recorrı́a todo su cuerpo dejaba un calor
residual. Aunque se habı́a aplicado la medicina refrescante, ¿por qué
sentı́a que se calentaba? Pensamientos eró ticos y una curiosidad que no
debı́a albergar seguı́an invadiendo su mente, y el rubor no habı́a
desaparecido de su rostro.
"Ahora está bien. No duele."
"Sı́. Me siento aliviado."
¿Por qué sigo queriendo má s? ¿Crees que podremos terminar con é xito
lo de anoche?
El apuesto hombre se acercó y miró ijamente a Rensley. Su rostro, con
la misma satisfacció n que un animal domé stico despué s de comer, o un
jardinero encantado al ver brotar una semilla, no mostraba ningú n
signo de deseo sexual ni siquiera hoy. «Bueno, ¿qué te parece? Si no te
disgusta, está bien».
Al verlo feliz tras alcanzar el clı́max con sus manos, el Duque sin duda
preferı́a el sexo anal. Sin embargo, cuando la verdadera Duquesa
inalmente llegue, su ingenuo yo ya no tendrá la posició n de amante, y
el Gran Duque no podrá disfrutar de su a ició n a menos que sea con é l
durante el tiempo que pasen juntos.
Tras razonarlo, Rensley se levantó . Se acercó a Gezell, quien seguı́a
mirá ndolo, y, como la primera vez, lo besó en los labios.
Sorprendentemente, esta vez no lo evitó . En cambio, Gezell sujetó la
cintura de Rensley, bajó la cabeza y profundizó el beso.
¿No dijiste que no harı́as má s esto conmigo?
Mi intenció n no era tener relaciones sexuales internas. No mencioné
nada de besos.
Maldita sea. Deja ya de decir tonterı́as que suenan bien al principio.
Rensley agarró el borde de la ropa de Gezell como si estuviera
sujetando su cuello, lo atrajo hacia sı́ y lo besó como antes.
Parecı́a que Gezell no se sorprendió , sino que abrazó a Rensley con má s
fuerza, chupando suavemente la carne que entraba en su boca.
"Mmm…"
Quizá s porque ya habı́a sucedido una vez. Incluso la punta de su lengua
parecı́a má s sensible de lo habitual.
Despué s de que Rensley dejó de moverse momentá neamente y gimió
suavemente, esta vez Gezell comenzó a explorar la boca de Rensley a
fondo.
La carne se movı́a arbitrariamente, lamiendo cada rincó n, explorando la
parte posterior de los dientes y el paladar. A pesar de hacerlo tan pocas
veces, sus besos eran há biles, como los de un libertino en los callejones.
“Ah…”
Rensley, que se lanzó primero, só lo pudo quedarse allı́ parado, incapaz
de escapar del abrazo de Gezell.
Incluso con un simple beso de lenguas, el cuerpo, que no se habı́a
enfriado, se calentó rá pidamente. Los dedos que se movı́an y el bajo
vientre que se retorcı́a parecı́an indicar que aú n no habı́a terminado.
A pesar de que Gezell sentı́a deseo por primera vez, Rensley
comprendió las señ ales que le enviaba su cuerpo. Lo apartó , y é l le
chupó y lamió la lengua y los labios como si pudiera tragá rselos.
“Ja, Su Gracia, solo una vez…”
"¿De qué está s hablando?"
Inté ntalo una vez má s. Si esta vez tampoco funciona bien, no volveré a
sacar el tema.
Gezell frunció el ceñ o como si no entendiera de qué hablaba Rensley,
pero solo por un instante. Pronto ijó su expresió n.
¿Qué dices? Acabamos de terminar el tratamiento.
—No duele, ¿de acuerdo? Ya lo viste, ¿verdad? Con las manos de Su
Gracia, yo...
Aunque las palabras eran vagas, el signi icado pareció entenderse
cuando Gezell entrecerró los ojos ligeramente. Rensley rá pidamente lo
abrazó por la espalda y hundió el rostro en su pecho, sin darle tiempo a
re lexionar, y habló rá pidamente.
Me gusta Su Gracia. Aunque llegue el momento de retirarme, ¿no puedo
tener al menos un recuerdo de mis dı́as como Duquesa? Puede que no
sea tan noble e intelectual como Su Gracia, pero quiero conectar
fı́sicamente con la persona que me gusta. Si injo ignorarla y espero
hasta el dı́a en que no pueda volver a abrazarla, sin duda me
arrepentiré de no haberlo hecho entonces el resto de mi vida.
“Para toda la vida… ¿es eso seguro?”
Sı́. Aunque mi cabello se vuelva blanco y mi espalda se encorve como la
de un anciano, lamentaré no haber pasado una noche apasionada con
Su Gracia, sin importar las medidas que tenga que tomar. Qué miserable
serı́a arrepentirse de tales cosas en el ocaso de la vida. Aunque el
corazó n humano sea eterno, la carne es inita, y nadie sabe qué
sucederá en el futuro. Ası́ que, sea lo que sea, debe hacerse cuando sea
posible.
Comer comida deliciosa, beber alcohol, cantar, bailar, montar a caballo,
blandir espadas, besar y entrelazar cuerpos: todas las acciones tienen
un in. En este mundo cruel, la gente no sabe cuá ndo morirá , y el
momento de satisfacer sus deseos es breve.
Como no existı́an valores perdurables como el honor, la justicia, la
ambició n o el amor que pudieran pertenecerle verdaderamente, ni en el
pasado ni en el futuro, siempre ha vivido apreciando la alegrı́a de una
noche o de un sueñ o de cien dı́as. Nunca ha habido un momento en que
se haya arrepentido o mirado atrá s, ni ha habido un momento en que
haya sentido remordimiento por haberse equivocado.
Si hay un á rbol con raı́ces profundas en un lugar, tambié n hay malezas
que lorecen durante una temporada. Para las malezas, ese brillo
momentá neo podrı́a ser la cima de su vida.
"Su Gracia."
Con solo llamarlo, Rensley desabrochó la capa del hombre que aú n
permanecı́a de pie, vacilante.
La noble capa que solo un gobernante puede usar, la capa negra de
Aldrant bordada con costosos hilos de plata, cayó al suelo sin ningú n
orden. Detenié ndose para ver si Gezell lo regañ aba por su groserı́a,
Rensley lo miró un instante, pero Gezell permaneció en silencio.
Armá ndose de valor, Rensley se quitó la prenda exterior negra y puso la
mano sobre los botones de la camisa interior. Al desabrochar unos tres
botones oscuros hechos de gemas talladas, Gezell suspiró suavemente.
Tiró é l solo del botó n que aú n estaba bajo la mano de Rensley.
Rensley dejó que se quitara la blusa é l solo y rá pidamente se arrodilló ,
desabrochando los pantalones de Gezell. Aunque aú n no se habı́a
endurecido del todo, aú n era lo su icientemente grande, el que lo hizo
llorar de dolor la noche anterior. Rensley presionó sus labios contra é l
en silencio. Sobre su cabeza, se oı́a el sonido de la inhalació n de Gezell.
“No tienes que hacer esto.”
“Dije que servirı́a a Su Gracia primero, ası́ que permı́tame esto”.
Respondió mientras rozaba suavemente el pene aú n hú medo. No se
sentı́a seguro. Como era su primera vez con un hombre, ayer fue la
primera vez que lo tocó . Pero es el cuerpo del mismo hombre. Si se trata
del ó rgano de un hombre, lo conoce bien, ası́ que hacerle sentir placer
no deberı́a ser muy difı́cil.
Rensley agarró el grueso pene con la mano. Apretó el glande, que era lo
su icientemente grande como para abrirle la boca de par en par, y
extendió la lengua. Lamió la parte partida con la punta , presionó la
parte plana con la lengua bien abierta, deslizá ndose hasta la raı́z,
lamiendo hasta los testı́culos y de vuelta, y luego tragó , succionando
mientras envolvı́a lentamente el pene.
La daga que lo habı́a atormentado la noche anterior creció rá pidamente
hasta alcanzar un tamañ o inimaginable. Sus labios se estiraron como si
fueran a desgarrarse. Abriendo la boca hasta que la mandı́bula se tensó ,
continuó lamiendo y chupando tan profundamente como pudo.
Inevitablemente, se oı́an sonidos a veces rı́gidos y a veces frı́os al
chupar el voluminoso tamañ o. Saliva clara goteaba entre sus labios
entreabiertos.
Rensley cerró los ojos. Reprimiendo la lengua, el enorme pene le
invadió la garganta, y la forma se sintió tan vı́vida que le puso la piel de
gallina. Cuando el grueso glande le rozó el paladar, sintió una sensació n
aú n má s aguda que cuando se metió la lengua de Gezell en la boca.
Bajando la mano, se tocó el pene. Un lı́quido transparente recié n
recogido estaba en las yemas de sus dedos. Era extrañ o. El cuerpo de
este hombre, el mismo ó rgano masculino, y en lugar de sentir asco al
chuparlo...
“Uf, ah, hoo…”
Concentrado en cada sensació n, Rensley, que gemı́a, de repente sintió
que su boca se quedaba vacı́a.
Solo entonces levantó la mirada, y Gezell ya habı́a expuesto su irme
torso. La majestuosa tú nica negra que le daba un aspecto má s re inado
y austero estaba esparcida por el suelo del laboratorio de forma
desordenada.
“Su Gracia, só lo un poco má s…”
Sin embargo, en lugar de responder, Gezell se arrodilló y levantó a
Rensley, quien estaba sentado sobre sus rodillas, en un solo
movimiento. Levantó el cuerpo de Rensley sobre é l, recostado en la
cama, y comenzó a desvestirlo.
El atuendo de Rensley, que se quitó solo con el abrigo despué s de
revolcarse en la cama, era sencillo. Al quitarse los pantalones, la ropa
interior y la bata, pronto quedó desnudo. Aunque el laboratorio
subterrá neo estaba cá lido, Rensley sintió un escalofrı́o momentá neo.
Sin decir palabra ni expresió n, Gezell se quitó la ropa que le quedaba y,
al igual que Rensley, quedó completamente desnudo. Al bajar, sus
pechos se tocaron. Rensley exploró su pecho con delicadeza. Lo sentı́a
irme y elá stico, como el muslo de un caballo.
“Eh…”
Tocando su pecho sin ninguna intenció n particular, un beso silencioso
cubrió a Rensley.
Estaba un poco má s impaciente que antes, y má s acalorado. Cuando se
besaban acostados, la lengua de Gezell se adentraba má s que cuando se
besaban de pie.
—¡Ja! Ah, mmm.
Poco despué s de gemir, la boca, profundamente perforada y excitada
por un pene, se sintió aú n má s sensible que hacı́a un rato. La boca, que
normalmente masticaba y tragaba sin problemas, parecı́a haberse
convertido en un ó rgano diferente.
Cada vez que la lengua de Gezell tocaba una zona delicada de su boca,
su cintura se contraı́a. Sus labios, que habı́an estado hú medos desde
antes, emitı́an un sonido hú medo cada vez que se acariciaban.
“Yo, eh, Su Gracia…”
“Aquı́ no hay lubricante.”
Tras soltar tardı́amente a Rensley, que aú n jadeaba, Gezell habló
brevemente. Levantó la botella que habı́a dejado.
“Ya que lo está bamos aplicando de todos modos, ¿deberı́amos usar esto
como sustituto?”
Con su cuerpo desnudo, Gezell, el Duque, sosteniendo un ungü ento
semitransparente, comenzó a acariciar su propio pene como si se
masturbara. Rensley lo miró con la mirada perdida.
A pesar de su afá n por continuar, Rensley no olvidó el dolor que sintió
ayer. Al ver el ó rgano completamente erecto, su boca seca no pudo
evitar tragar saliva. Gezell, percibiendo la ansiedad que se re lejaba en
los ojos de Rensley, lo abrazó sin decir palabra.
“Si me pides que pare, lo haré inmediatamente”.
Mientras el grueso glande presionaba contra la entrada irmemente
cerrada, Rensley cerró la boca, tratando de liberar la tensió n
innecesaria.
Sin embargo, sus pensamientos y su cuerpo no se sincronizaban
fá cilmente. El agujero, que habı́a experimentado un sabor punzante
hacı́a poco, resistió la intrusió n del objeto sustancial, estrechá ndose. Al
ver la expresió n ligeramente incó moda en el rostro de Gezell, Rensley
se encogió de hombros y suplicó .
“Su Gracia, por favor bé same má s.”
Los labios que se encontraron al instante eran tranquilos, suaves y
cá lidos. Al abrirse, como si se conectaran con la parte inferior, la
tensió n bajo la cintura tambié n se alivió .
El glande, empapado en el ungü ento derretido, se hundió
profundamente. Mmm, un gemido ahogado escapó de la boca de
Rensley. A diferencia de cuando Gezell lo habı́a penetrado
imprudentemente como si le estuviera gastando una broma la noche
anterior, esto se sentı́a diferente.
Aunque temporal y falso, en ese momento no faltaba nada, y Rensley,
como compañ ero de Gezell Jivendad (su duquesa) se sentı́a plenamente
realizado.
“Eh, hm…”
Entró …
Má s allá de la invasió n por detrá s, cuando la sensació n de algo
penetrando gradualmente su estó mago lo alcanzó , Rensley abrió
lentamente los ojos. Ayer, meterlo todo parecı́a imposible, pero tras
experimentar el clı́max con un dedo, la espalda, que se retorcı́a y
contraı́a, engulló el gran pene con entusiasmo.
Anoche, le dolió el vientre rá pidamente. Hoy, la sensació n de que Gezell
penetraba mucho má s profundamente que ayer era evidente, pero no le
dolı́a. En cambio...
“¡Ah, mmm…!”
"¿Está s bien?"
Rensley asintió rá pidamente. En realidad, no habı́a discernido si estaba
bien o no. El dedo que le aplicó el ungü ento se sentı́a diferente al
acariciar con cautela sus delicadas paredes internas.
El pene que lo llenaba sin piedad se expandı́a y aplastaba por dentro.
Aunque el amo movı́a las caderas lenta y suavemente, la constricció n en
el estrecho espacio no disminuı́a.
p
Hace un rato, cuando sus dedos lo rozaron, la parte donde su visió n se
oscureció repentinamente ahora estaba completamente llena de peso.
El bajo vientre ya palpitaba agradablemente. Aunque exhalaba con
cautela, el gemido reprimido de Rensley se le escapó . Lo que sintió
cuando los dedos de Gezell lo rozaron levemente pareció ser un
arrepentimiento instintivo.
“Está b-bien… ¡P-ponlo todo, uh, ah…!”
Mientras Gezell avanzaba lentamente, sumergié ndose inalmente hasta
la base, con sus muslos y caderas presionados contra las nalgas de
Rensley, Rensley exhaló un largo suspiro de alivio.
La intrusió n desde atrá s le llenó el estó mago. Era una sensació n que
nunca antes habı́a experimentado, ni siquiera en su imaginació n má s
descabellada.
"Eh…!"
Rensley giró la cintura. Antes de que pudiera acostumbrarse a la
extrañ a sensació n, lo que habı́a entrado en é l se deslizó repentinamente
hacia atrá s.
Probablemente no hizo falta un anuncio aparte al salir. La sensació n de
lo que le habı́a llenado el estó mago, rascá ndose contra las paredes
internas al salir, fue aú n má s peculiar que la breve inserció n de ayer.
“Ah, Su Gracia, espere un momento…”
Gimiendo como si sollozara, Rensley agarró inconscientemente el
muslo de Gezell, y la mano de Gezell subió a la mejilla de Rensley.
"¿Quieres que me retire?"
“Solo, solo lentamente…”
“Si es demasiado difı́cil, no dudes en decı́rmelo”.
Retirá ndose y entrando lentamente, se movió un poco má s rá pido
despué s de un par de movimientos. La fuerza que empujaba tambié n se
hizo má s fuerte.
A pesar de la amable sugerencia de hablar si era difı́cil, Gezell se volvió
má s brusco inesperadamente rá pido. El sonido de sus nalgas y muslos
al chocar fue sorprendentemente fuerte, y el grueso pene penetrando
en las profundidades se volvió cada vez má s siniestro. El cuerpo de
Rensley se estremeció incontrolablemente.
“¡Eh, ja, ah, aah!”
A medida que los movimientos se aceleraban, el punto placentero
seguı́a siendo estimulado. La visió n borrosa regresó antes de que
Rensley pudiera recuperarse por completo, y sin darse cuenta, la
presió n del conducto entrante forzó la apertura de las estrechas
paredes internas.
Sentı́a algo de dolor. La rigidez abdominal y el dolor sordo no
desaparecieron. Sin embargo, en ese momento, el placer presente era
demasiado bueno como para renunciar a é l por el dolor.
Las sensaciones no disminuyeron; de hecho, aumentaron con cada
estimulació n. Inconscientemente inmerso en el placer, la respiració n y
la voz borrosas de Rensley se dispersaron. Ignorando que Gezell, quien
lo observaba desde arriba, respiraba con má s fuerza.
“¿Esto es bueno…?”
Al parecer, comprendiendo dó nde Rensley sentı́a má s placer con los
movimientos aleatorios, Gezell ajustó las gruesas crestas de su glande
hinchado para rozar los lugares que sus dedos untados de ungü ento
habı́an tocado antes. Al penetrar con fuerza en Rensley, la presió n del
pene, que se habı́a hundido profundamente en la siniestra profundidad,
le provocó escalofrı́os por todo el cuerpo.
—¡No, Su Gracia, si lo hace ası́…!
Aunque Rensley intentó cerrar la boca, un gemido que pareció surgir
por sı́ solo continuó . La respiració n cada vez má s agitada de Gezell,
quien no se percató de ello, pasó desapercibida.
El rostro de Rensley se sonrojó naturalmente. Es increı́ble que esa sea
su propia voz. Es la primera vez que una voz ası́ sale durante el sexo. Ni
siquiera estaban en el dormitorio; es casi como su o icina. Incluso
durante el sexo, las cosas no deberı́an ser demasiado caó ticas...
“Uh, huh… Ah, ugh…”
“Ah, hoo…”
La boca de Rensley, que normalmente estarı́a hermé ticamente cerrada,
dejó escapar una bocanada de aire. Intentar detenerla fue inú til. Parecı́a
que Gezell lo interpretó como una señ al para intensi icar la excitació n,
mientras jugueteaba con los puntos sensibles de Rensley y aumentaba
la velocidad. Con cada movimiento de cintura, el largo cabello de
Rensley se mecı́a, hacié ndole cosquillas en los hombros.
Los ojos, habitualmente claros y irmes, se desdibujaron, y el iris color
calabaza pareció borroso por un instante, sin dejar de mirar a Rensley.
Se le marcaban las venas del cuello. La irme espalda, rozada por la
palma de Rensley, parecı́a a punto de estallar en cualquier momento.
El rey se desmoronaba innegablemente ante el placer, ante Rensley. En
medio del caos, Rensley, que observaba el derrumbe con la mirada,
sintió de repente un fuerte impacto abajo.
“¡Ah, ah!”
Los gemidos de Rensley pasaron de gritos a algo parecido a un sollozo.
Sus muslos temblaban de tensió n.
El placer que emanaba del contacto entre las carnes, combinado con el
impacto de los cuerpos al chocar, le envió vibraciones por todo el
cuerpo. Sintió como una poderosa corriente que lo inundaba. Las
lá grimas brotaron como un manantial, y giró la cabeza.
“¿Está bien ası́?”
—Gezell preguntó de nuevo mientras volvı́a a penetrar. Su voz era tan
caliente y hú meda como el vapor que salı́a del agua recié n hervida.
¡Ah! ¡Ajá ! Sı́…, sı́…
El sonido de la carne al chocar se hizo má s fuerte, como el de alguien
golpeando a alguien. La respiració n de Gezell tambié n se volvió má s
agitada.
A medida que los movimientos se intensi icaban, el placer que habı́a
estado saturando lentamente su cuerpo se intensi icó de repente. La
sensació n era tan caó tica que no se sabı́a si era placer o dolor. Rensley
gimió , expresando el desconocido placer con palabras torpes.
—Ah, ah, ¿qué hago...? Su Gracia, me gusta. ¡Me gusta...!
"Jeje..."
Los labios de Gezell, posados sobre la oreja de Rensley, se acercaron
tentadoramente. Los labios, rozá ndose y alejá ndose repetidamente,
eran como plumas que le hacı́an cosquillas, despertando y
sensibilizando gradualmente sus oı́dos.
“Llá mame, Su Gracia, Señ or…”
“Sı́, ah, sı́…”
Cuando susurró semejante discurso, el cuerpo de Rensley se estremeció
de nuevo por re lejo. A medida que la parte interior, que habı́a
absorbido la intrusió n, se tensaba, el bajo vientre le picaba aú n má s.
Escuchar una voz por sı́ sola podı́a despertar placer. Rensley se dio
cuenta de ello por primera vez.
“En momentos como este, eh… ¿Puedo tambié n llamarte por tu
nombre?”
Gezell preguntó sin detenerse. A pesar de preguntar, continuó
moviendo las caderas con fuerza. El rı́tmico golpeteo de sus cuerpos al
chocar acentuó los temblores y gemidos de Rensley.
“Rensley.”
Y entonces, su nombre susurrado llegó a oı́dos de Rensley. Contuvo la
respiració n un instante. El latido de su corazó n, que se habı́a acelerado
por el placer, se aceleró gradualmente, haciendo que su cuerpo
palpitara como si fuera a romperse en cualquier momento.
"Ren... Rensi."
Como quien re lexiona sobre qué tı́tulo serı́a el má s apropiado,
pronunció el nombre suave y lentamente. En medio del placer, parecı́a
elegir cuidadosamente un nombre; no el de un sirviente, sino uno para
una joya. Rensley, que habı́a dejado de respirar, exhaló rá pidamente.
Gemidos se le escapaban como gritos.
“Hu, eh… Ugh, ah…”
Rensley cerró los ojos con fuerza. Su voz se quebró momentá neamente
y su cuerpo tembló convulsivamente. De las yemas de los dedos a los
pies, hombros, cintura, pelvis, muslos y pantorrillas.
El segundo clı́max, mucho má s largo que el pico super icial que habı́a
experimentado con los dedos del Duque, fue interminable. Rensley
gritó a gritos. Como si sintiera dolor, se aferró a la espalda de Gezell.
Rodeá ndole la cintura con las piernas, lo atrajo hacia sı́, sin saber qué
hacer.
¿Era una ilusió n creada por el placer? Aunque no era el cuerpo de una
mujer, sentı́a como si su trasero se humedeciera involuntariamente.
Con la sensació n de luidos calientes extendié ndose en su interior, los
gemidos de Rensley se intensi icaron.
“Hu, eh, ah…”
"¿Está s bien?"
“Lo s-siento, Su Gracia, yo-yo, otra vez, yo, primero…”
Con el rostro enrojecido, Rensley hundió la cara en el hombro de Gezell,
buscando perdó n aturdido. Gezell, aú n riendo, abrazó a Rensley con
má s fuerza. Rensley, con los ojos hú medos, inalmente lo miró
ijamente.
"No es el primero."
El tono era avergonzado, con una timidez disimulada. Solo despué s de
oı́rlo, Rensley comprendió qué era esa sensació n pegajosa. En lugar de
rezumar asquerosamente, parecı́a como si le estuvieran vertiendo
lı́quido; la conexió n no se rompı́a, pero el interior luı́a...
Los ojos de Rensley volvieron a brillar. Gezell le besó la mejilla.
—Lo siento. Sin decir nada.
“¿Disfrutaste… estar conmigo?”
Lo disfruté mucho. Nunca me habı́a sentido tan bien.
¿Ves? Lo hiciste bien, ¿verdad?
“Las palabras del Señ or son correctas.”
Con su respuesta, lo que se habı́a calmado momentá neamente en su
interior se reavivó . El pene, que se habı́a ablandado ligeramente tras el
clı́max, recuperó rá pidamente su irmeza, sintié ndose dentro del
cuerpo. Rensley, aú n inquieto, parpadeó como si intentara comprender
la situació n. Gezell, mirando a Rensley, suspiró y habló .
—Señ or Maelrosen, lo siento. Quiero repetirlo...
'¿Comencé algo innecesario?'
Rensley tragó saliva con di icultad, como hacı́a antes de iniciar el acto.
Aprovechando el silencio, el hombre corpulento lo abrazó
profundamente una vez má s. Mientras lo penetraba y se retiraba
repetidamente de las profundidades donde habı́a sido enterrado,
Rensley inalmente rompió a llorar.
Nota del editor: ¡Dios mı́o, las escenas obscenas son muy largas!
Cap. 6.4 - Tarde en la noche
En Aldrant, el crepitar de una fogata despierta a Rensley Maelrosen en
lugar de los habituales sonidos de pá jaros o insectos. Abriendo
lentamente los ojos, como al despertar de una siesta, Rensley notó que
sus pestañ as, antes temblorosas, habı́an vuelto a su lugar.
En lugar de levantarse de inmediato, giró la cabeza. Cá lido y acogedor,
algo cubrı́a su cuerpo desnudo en la cama. Al incorporarse lentamente,
se dio cuenta de que era la capa del Duque. Sorprendido, Rensley se
dirigió al dueñ o de la prenda.
"Su Gracia."
El hombre que estaba junto a la jarra de agua junto a la cama giró la
cabeza al oı́r la voz de Rensley. Gezell Jivendad, vestido con una tú nica
oscura má s clara de lo habitual, sostuvo la mirada de Rensley.
“No te levantes.”
Gezell se acercó a la cama. En sus manos, sostenı́a una palangana
grande con agua y una toalla limpia. Las colocó sobre la mesita de
noche y miró a Rensley.
“¿Có mo está tu cuerpo?”
—Estoy bien. Nada... eh...
El dorso de su mano le tocó la mejilla. Aunque pareció un gesto
refrescante, Rensley, sin querer, dejó escapar un suave gemido. Sus ojos
se enrojecieron ligeramente. Se dio cuenta de que aú n persistı́an las
secuelas de su intimidad. Parecı́a que no habı́a dormido mucho tiempo.
Tras la primera ronda de sexo, sin retirarse, llegó la segunda. Rensley,
inexperto en alcanzar el clı́max mediante la penetració n, creı́a
mantener la compostura mejor que su pareja, quien lo experimentaba
todo por primera vez. Sin embargo, el placer desconocido lo dejó
inesperadamente impotente.
El tercer clı́max, má s intenso que los dos primeros, llegó entre las
embestidas. Incapaz de soportarlo, Rensley, olvidando su rol de sujeto,
apartó a Gezell. Sollozando, suplicó que parara.
Ahora estaba seguro. Gezell Jivendad en la cama era un tirano
imparable. Aunque se disculpó , no se detuvo. Gezell liberó a Rensley,
quien lloraba, tras penetrarlo con fervor una vez má s, y lo abrazó .
Mientras Rensley sollozaba en su abrazo, Gezell habló con un tono algo
melancó lico.
Lo siento. Deberı́a haber tenido má s paciencia.
No hay necesidad de disculparse. Incluso a Su Gracia le resultarı́a difı́cil
soportar un mundo tan nuevo.
Maldiciendo mentalmente al tirano, Rensley siguió el juego,
cubrié ndose el cuerpo con la capa. Ya era un pecado dejarla caer al
suelo, pero usarla sobre su cuerpo sin lavar era como desa iar la
autoridad.
—Lo sé . No seas terco, yo decidiré qué hacer.
Con esas palabras, Gezell se comportó como un superior comprensivo.
Rensley, ofrecié ndole la capa, susurró : «Su Gracia». Sintiendo terquedad
en su personalidad, ya comprendı́a la situació n. Si es una orden real,
entonces es una orden real.
Aunque no haga frı́o dentro, la bajada de temperatura corporal puede
ser peligrosa. Manté ngase abrigado.
“No, no tienes que…”
¿Serı́a un problema si la Duquesa se pusiera la ropa del Duque?
Recué state.
Con aparente naturalidad, Gezell procedió a limpiar el cuerpo de
Rensley. Tras mojar la toalla de nuevo, le subió la capa hasta los
hombros y levantó la parte inferior, limpiando la parte interior de sus
muslos. Rensley cerró rá pidamente las piernas.
"Está bien."
No tenemos bañ o en el laboratorio. Aunque vuelvas a tu habitació n a
lavarte, serı́a mejor que lo ordenaras rá pido.
—Yo me encargaré . No es necesario que Su Gracia llegue tan lejos.
Yo decido qué hacer y có mo. Si te digo que te vuelvas a acostar, lo hará s.
Al decir esto, Gezell mostró una expresió n excesivamente seria. Rensley
no pudo evitar reı́rse de su seriedad.
—No se apresure, Su Gracia. No es veneno, y no es que esté manchado
con la porquerı́a de nadie. No hay necesidad de ingir que estoy
manchado de barro.
La expresió n de Gezell se suavizó ante las palabras de Rensley. Tras una
leve sonrisa, volvió a cubrirlo con la capa. A Rensley le preocupaba má s
que la capa se ensuciara má s que su propio cuerpo sin lavar.
Me vestiré . Por favor, arregla la capa, porque podrı́a ensuciarse.
—No es barro. ¿Qué pasa? Quedará limpio despué s de lavarlo.
Por supuesto, la ropa del rey serı́a lavada, pero esas palabras cotidianas
no parecı́an apropiadas para la digna vestimenta de un soberano. Como
Rensley presentı́a que quejarse má s serı́a inú til, guardó silencio. Gezell
le trajo algo de beber. Tras saciar su sed, Rensley respiró hondo y el
silencioso laboratorio quedó en silencio.
“¿Está bien tu cuerpo?”
La voz de Gezell rompió suavemente el breve silencio. Rensley se
levantó de la cama, todavı́a envuelto en la capa. Tras unos pasos, sonrió .
Como puedes ver, estoy bien. Un caballero de toda una nació n no
deberı́a emitir sonidos tan dé biles.
En realidad, estaba silenciosamente sorprendido. Aunque sentı́a la
cintura y las piernas dé biles, el cuerpo cubierto por la capa temblaba
ligeramente, era una fatiga distinta a la de estar en cama por la iebre y
el dolor; era consecuencia de levantarse rá pidamente.
Sin embargo, descansar un poco lo aliviarı́a. Tras permanecer de pie un
momento, Rensley se sintió aletargado y forzó una sonrisa forzada.
Gezell, sentado junto a la cama, tambié n se levantó .
“¡Su Gracia!”
Entonces, Gezell abrazó a Rensley con la capa. Sorprendido, Rensley lo
llamó , pero no hubo respuesta. ¿Cuá ntas veces habı́a sucedido esto? A
menos que usara dispositivos má gicos, moverse sin pisar el suelo no
parecı́a resultarle familiar.
Antes de que Rensley pudiera pedirle que lo soltara, Gezell, aú n
agarrando a Rensley, se sentó en la có moda silla donde pasaba tanto
tiempo. Naturalmente, Rensley terminó sentado sobre sus muslos. Para
evitar cargarlo, Rensley dobló las rodillas y ajustó su postura.
—Su Gracia, soy un caballero que deberı́a estar a su servicio, no alguien
que necesite su protecció n. Se vuelve problemá tico si insiste en lo
contrario.
“Pero ahora mismo no está s a mi lado como caballero”.
¿Por qué no? Aunque mi rol como duquesa sea temporal, seguiré siendo
caballero. Imagı́nese levantar a un hombre robusto como yo y considere
la posibilidad de que Su Gracia se torza una mano, un pie o la cintura al
hacerlo. Sobre todo estando yo con usted. Cuando el Comandante le
pregunte por el motivo de su lesió n, imagı́nese explicarle que ocurrió
mientras me levantaba, como si fuera una carga inú til sin las cualidades
de un caballero.
Gezell miró a Rensley con una expresió n sutil, aparentemente
impasible, pero con un atisbo de sonrisa. ¿Qué clase de error verbal
habı́a cometido? Rensley cerró la boca.
La mano de Gezell descansaba sobre su cabeza. Acostado, se dedicó a
peinar el cabello suelto que se extendı́a como un nido al viento, como si
intentara alisarlo.
"¿Planeas continuar como caballero de la Guardia del Duque en el
futuro?"
¡Sı́! Llevo mucho tiempo queriendo ser caballero.
“¿Incluso despué s de que llegue una nueva duquesa?”
Serviré tanto a Su Gracia como al futuro heredero que nazca entre
ustedes. Para entonces, probablemente me habré despojado de la
etiqueta de aprendiz.
Despué s de responder alegremente, Rensley lo miró con sospecha tan
pronto como terminó de hablar.
—Pero hasta entonces, ¿planeas seguir pasando buenos momentos
conmigo de esta manera?
—Sı́. Ahora, por favor, sié ntate bien.
Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Gezell. Rensley, avergonzado,
le devolvió la sonrisa e inevitablemente se apoyó ligeramente en é l.
Observando a Rensley con una mirada escrutadora, Gezell hizo otra
pregunta en voz baja.
¿No dijiste que te embarcarı́as en una aventura cuando llegue una
nueva duquesa?
En ese entonces, aú n no era caballero. Salvo ingir ser duquesa, no
puedo hacer nada aquı́. Si tuviera que hacerme a un lado, tendrı́a que
buscar otra cosa. ¿Qué otra cosa podrı́a hacer?
Rensley levantó la vista. La gran silueta de las dos personas sentadas
frente a la chimenea se habı́a fusionado en una sola y se extendı́a hasta
el techo como un solo objeto. Las tenues sombras, como hojas plateadas
sobre el agua, se re lejaban suavemente en la habitació n. Como muchos
niñ os, la sombra oscilante habı́a sido un juguete para Rensley durante
mucho tiempo. Pasando incontables noches imaginando todo a la
sombra de los objetos proyectados por la luz de las velas, visualizó
animales, plantas, lugares de los que solo habı́a oı́do historias, formas
que solo veı́a en los libros, personas que nunca habı́a conocido, y
mucho má s.
Pero sı́ me interesan las aventuras. El mundo es tan vasto, y serı́a una
pena morir sin pisar lugares distintos a los predeterminados. Antes,
vivı́a renunciando a esos pensamientos, considerá ndolos imposibles.
Pero ahora es diferente... Me pregunto có mo estará Ivet en un lugar
desconocido. De jó venes, solı́amos hablar mucho mientras mirá bamos
mapas o libros. ¿Y su Gracia? ¿Se toma descansos o viaja de vez en
cuando? Aunque para un rey puede ser difı́cil viajar por placer, a veces
hay que visitar otros paı́ses por cuestiones diplomá ticas.
Gezell no respondió de inmediato. Su silencio parecı́a la vacilació n de
un narrador que piensa qué cuento contarle a un niñ o. Sin embargo,
Rensley —que no era un niñ o— esperó sin apremiarlo.
La boca de Gezell se abrió lentamente. «Cuando llega la primavera... hay
momentos en que el castillo está vacı́o».
"¿Primavera?"
Sı́. Cuando llega la primavera, las criaturas má s allá de las murallas se
duermen. Normalmente, los seres vivos hibernan durante el invierno,
pero, por el contrario, cesan sus actividades durante la primavera y el
verano. En esa é poca, incluso los guardias apostados fuera de las
murallas regresan a Roudken cuando la Comandante Frida regresa al
castillo. La primavera aú n está lejos.
—Unas vacaciones para Su Gracia. Entonces, por favor, llé veme con
usted.
"¿Te gustarı́a eso?"
Gezell abrazó a Rensley con má s fuerza. Rensley lo miró y disfrutó del
abrazo. El abrazo del Duque del Norte era amplio, irme y cá lido, y la
capa que cubrı́a su cuerpo desnudo era suave, impregnando el aroma
del viento seco de la llanura.
Ya sea por el deber como có nyuge, por el afecto humano o por el placer
que acababa de descubrir que era irresistiblemente placentero, por la
razó n que fuera, Gezell era excepcionalmente amable con Rensley, y
Rensley no tenı́a intenció n de desperdiciar este dulce momento con
preocupaciones innecesarias.
Si el inal está predeterminado, lo mejor es apreciar y disfrutar cada dı́a
como si fuera el ú ltimo. Rodeado de calidez y comodidad, Rensley cerró
los ojos y susurró vagamente, como si relatara un sueñ o.
De hecho, una vez pensé que, si se presentaba la oportunidad, me
gustarı́a ir a Cornia con Su Gracia. Aunque mi cuerpo ya no puede
regresar a Cornia, el lugar donde nacı́ y crecı́, el deseo persiste.
“¿Quieres volver a Cornia?”
No quiero decir que quiera volver a vivir allı́. Pero no poder ir y elegir
no ir son diferentes. Aun ası́, es donde nacı́, ası́ que a veces lo extrañ o.
Debido a la abrupta decisió n del rey, ni siquiera pude despedirme de
mis amigos antes de irme.
Rodeado de calor, anhelaba algo frı́o. El tiempo que pasaba secando su
cuerpo mojado bajo el cá lido sol junto a un mar con olas rompiendo en
la playa de arena blanca, las sombras del denso bosque teñ idas de azul
bajo el cielo despejado, y cosas como los arroyos frı́os en valles
profundos.
No importa si las demá s cosas son diferentes, pero lo que má s lamento
es la di icultad para obtener ciertos cultivos al cocinar y la
imposibilidad de encontrar ciertos ingredientes. Especialmente para la
cocina de Cornualles, donde se usan mucho los tomates, es
decepcionante no poder encontrar tomates frescos aquı́. Y soy muy
bueno nadando. ¿Sabe nadar Su Excelencia?
“No, nunca lo he intentado.”
Si alguna vez vas de vacaciones a un lugar cá lido, te enseñ aré . Seré tu
maestro en ese momento.
Mientras las palabras de Rensley se iban apagando en un murmullo, la
voz de Gezell se volvió baja y pequeñ a.
—Señ or Maelrosen, parece tener sueñ o.
“No, en absoluto.”
Sube y duerme. Perdó n por haberme pasado tan mal con una persona
enferma.
—No me duele nada, y usted no ha sido demasiado insistente. Fue muy
agradable, Su Gracia...
Como respuesta, Gezell lo besó suavemente en los labios varias veces, y
esta vez tambié n, levantó a Rensley, quien ya estaba vestido, y se dirigió
al dormitorio del Duque. Tal como sucedió en el establo, en un abrir y
cerrar de ojos, ambos regresaron a la habitació n del Duque. Rensley, ya
somnoliento, sintió el toque relajante del agua tibia y las burbujas de
jabó n mientras Gezell comenzaba a limpiarlo.
Recibir un bañ o del rey, qué sacrilegio e incorrecció n. A pesar de
sentirse culpable, Rensley permaneció sentado en silencio, como un
muñ eco, en la bañ era, levantando la mirada desvelada para mirar a
Gezell.
Tras bañ ar a Rensley, Gezell, retrasando su propio bañ o, lo secó . Lo
vistió con una bata nueva y esponjosa y lo acostó en la cama. A
diferencia de la cama improvisada del laboratorio de investigació n, el
dormitorio del Duque tenı́a cortinas gruesas que rodeaban la cama
como si fueran paredes. La cá lida luz de la chimenea, que iluminaba sus
rostros durante el dı́a, se percibı́a en la distancia. La expresió n de
Gezell, envuelta en la oscuridad, no era claramente visible para Rensley.
El hombre silencioso, como si intentara una despedida corté s, llamó
suavemente a Rensley.
“Señ or Maelrosen.”
"¿Sı́?"
“Gracias por decir que te gusto.”
"…Sı́."
“Me disculpo por no devolverte las mismas palabras… Lo siento.”
Rensley rió entre dientes. Todo sobre el duque Gezell era preciso y
claro, pero en este asunto en particular, adoptó una postura ambigua.
Era un asunto que, pensá ndolo bien, no era tan sencillo como parecı́a.
Incluso si, por casualidad, albergaba sentimientos similares a los de
Rensley, este no podrı́a ser la verdadera duquesa. El matrimonio del rey
era diferente al de la gente comú n; ocupaba una posició n demasiado
alta para disfrutar del intercambio de afecto y romance. La terquedad
que no encajaba, el disparate aparentemente plausible, Rensley
re lexionó profundamente, comprendiendo que no podı́a ser un asunto
sencillo.
No tiene que decirlo explı́citamente; no lo malinterpretaré . Su
Excelencia, por favor, no le dé demasiadas vueltas. Espero que disfrute
de nuestro tiempo juntos ahora, hasta que se casen formalmente en el
futuro. No tiene que preocuparse por lo demá s; fue iniciativa mı́a.
“…Entender tus sentimientos es difı́cil.”
Ante sus palabras, Rensley no pudo evitar sonreı́r.
La gente difı́cil de entender dice eso. Creo que casi nadie en el mundo es
tan fá cil como yo.
Basta. ¿De verdad era tan importante el afecto? Con el paso del tiempo,
solo quedaba la fugaz emoció n de los recuerdos agradables. Rensley
habı́a experimentado breves momentos de emoció n que le conmovı́an
de vez en cuando. En aquel entonces, como ahora, no tenı́a intenció n de
cargar con esa emoció n.
El dolor momentá neo cerca del corazó n y el breve vacı́o en el pecho,
como un viento que lo recorrı́a, eran efectos secundarios que seguı́an
naturalmente a la emoció n llamada afecto. Por un sufrimiento tan
trivial, Rensley Maelrosen, quien habı́a sufrido mucho en su vida, no fue
tan insensato como para arruinar asuntos importantes.
Mı́rate a ti misma. Si cambiara de actitud, superara todas las pruebas y
me propusiera sinceramente ser una verdadera duquesa, ¿qué pasarı́a?
Rensley dudó . Habı́a enfrentado amenazas de muerte sin dudarlo, pero
ante tanta sinceridad, no sabı́a si huirı́a. Conocido por su desenfado
incluso en la Plaza Celestina, Rensley Maelrosen no era digno de
ostentar el tı́tulo de consorte de un gobernante.
Un dı́a, mientras se preparaba para el examen de ingreso, pensó que,
con la suerte, podrı́a encontrar una buena esposa y formar una familia.
Sin embargo, la silueta que imaginó vagamente en ese momento... el
Duque Gezell Jivendad no era la indicada.
“Buenas noches, Su Gracia.”
Incapaz de devolverle las mismas palabras, Gezell, quien antes habı́a
expresado su arrepentimiento, no dudó y abrazó a Rensley. Rensley
dejó de lado sus pensamientos y cerró los ojos. La voz suave y baja que
le daba las buenas noches, el peso de sus brazos abrazá ndose y la cá lida
temperatura corporal. Al menos por ahora, esto le bastaba a Rensley.
Cap. 7.1 - La hora del té del gato
ladrón
"¿Qué está s haciendo?"
Rensley, que vino a la cocina a buscar algo para picar despué s del
entrenamiento de hoy, parpadeó y preguntó . El personal de cocina y los
chefs estaban haciendo algo inusual.
En lugar de cargar ingredientes o estar frente a ollas, la gente estaba
ocupada preparando trampas, redes y pequeñ as jaulas de metal.
Rensley miró a su alrededor y preguntó .
¿Vienen ratones a la cocina ú ltimamente? No he visto ninguno; quizá
sea porque hace frı́o en el norte.
“No parecen ratones; parecen má s bien gatos o perros salvajes”.
Uno de los trabajadores respondió .
“O tal vez ladrones.”
Otra persona intervino. Mientras tanto, Rensley cogió una manzana
madura, la limpió con la manga y, con un crujido, le dio un mordisco.
Era una manzana deliciosa, con un fuerte sabor agrio. ¿Quizá s podrı́a
escabullirse con unas cuantas má s tarde y prepararle un pastel al
Duque? Pensá ndolo bien, nunca le habı́a preparado postres dulces.
En medio de la contemplació n, Rayna estalló .
¡Ultimamente, los ingredientes no paran de desaparecer! Es increı́ble
que estemos sufriendo robos en la cocina real. Al principio pensé que
podrı́a deberse a cambios de humor, pero está claro que hay un ladró n.
Ya sea un animal o una persona, si lo atrapamos, ¡le destrozaré las patas
delanteras y traseras!
Rensley guardó silencio con una manzana en los labios. No es que se
hubieran llevado gran cosa, pero el alboroto lo estaba exagerando. No
habı́a nada que decir, ni aunque tuviera diez bocas. Si ella, su amiga de
la cocina, podı́a decir esas cosas, sin duda serı́a la persona má s
aterradora de Aldrant. La persona má s aterradora quizá no fuera el
Duque ni el Caballero Comendador, sino el Jefe de Cocina. Tia, la amable
chica que siempre cocinaba para é l, se acercó a Rensley y le susurró .
No ha desaparecido gran cosa. No te preocupes. Probablemente sea
alguna travesura de algú n gato o rató n. Ren, ¿viniste porque tenı́as
hambre? Tenemos huevos cocidos y patatas fritas de verduras. ¿Quieres
un poco?
—Sı́, gracias, Tia. Al in y al cabo, los amigos son lo mejor.
Su cocina, siempre suave, le sentaba bien a Rensley, pues no era
demasiado fuerte. Ojalá el Duque pudiera disfrutar de una comida tan
sencilla... se preguntaba por el destino del Rey, quien, ademá s de los
platos que cocinaba Rensley, tenı́a que soportar comida insı́pida cada
vez. Sentados uno frente al otro, ambos con una copa de vino barato
sobre una caja de madera, Rensley y Tia disfrutaban de una comida
sencilla.
¿Có mo va la vida en la Orden? ¿Han disminuido tus visitas a la taberna
ú ltimamente? Si es ası́, qué bien; ir a la taberna a menudo no es buena
costumbre.
Todavı́a me estoy acostumbrando. No se trata solo de la Orden; sirvo al
Duque a su lado. Sigo siendo aprendiz, pero tengo que mantener la
mente irme.
¿Has conocido a la duquesa?
Rensley masticó y tragó su comida, luego levantó ligeramente la cabeza.
—No. Ni una sola vez desde que me convertı́ en caballero.
Desde la ceremonia de la boda, no la hemos visto. Es preocupante, ya
que no la hemos visto ni de lejos. Tenı́a muchas ganas de verla sin velo.
Ademá s, corren rumores preocupantes...
“Si son rumores, ¿está n diciendo que su relació n no es buena?”
¿Lo oı́ste? Ese rumor lleva mucho tiempo circulando. Recientemente, se
ha añ adido otro.
Rensley frunció el ceñ o ante la historia desconocida. Tia, adivinando su
reacció n sin preguntar, le dio una respuesta.
“Hace tiempo que dijeron que los dos no se llevaban bien y que ni
siquiera compartı́an la cama, ¿sabes?”
"Ası́ es."
Ahora parece que la relació n entre el Duque y la Duquesa ha mejorado.
Las criadas dicen que ú ltimamente, el Duque ha salido varias veces de
la habitació n de la Duquesa por la mañ ana.
Rensley asintió . Era un relato de un testigo presencial muy, muy veraz.
Incluso esa mañ ana, el duque desayunaba en la cama de Rensley. El
hecho de que é l, sin experiencia, se ofreciera a enseñ ar los deberes
nocturnos al rey de un paı́s le parecı́a increı́blemente surrealista. La
persona que no lograba recomponerse cada vez que estaba en la cama
parecı́a inclinarse má s hacia Rensley.
Si es ası́, el rumor deberı́a haberse corregido sin problemas… ¿pero
otro rumor?
“¿No está todo resuelto entonces?”
No habı́a ningú n problema con las funciones sexuales del Duque; é l
mismo lo habı́a con irmado má s de una vez. Si lograba volver a casarse
en el momento oportuno, se esperaba que el futuro de Aldrant
ascendiera sin contratiempos.
“Si no hay ningú n problema en el dormitorio, el sucesor aparecerá
pronto y entonces no habrá nada de qué preocuparse”.
—Es otra historia. ¡Parece que hay otro amante ademá s del Duque y la
Duquesa!
Rensley casi escupió el vino que estaba bebiendo. Tia frunció el ceñ o y
puso los ojos en blanco.
Su Gracia no tenı́a ningú n interé s en las mujeres ni en socializar antes
del matrimonio. Ası́ que cuando supe que no pasa la noche con Su
Gracia, pensé que quizá solo era ası́, pero ¿un amante? Todos en la alta
sociedad son ası́, pero yo pensaba que Su Gracia era diferente, sobre
todo desde que se casó con la bella Duquesa. Espero que solo sea un
rumor infundado.
"Um... ¿quié n es este 'amante'?"
Nadie lo sabe. Es solo un rumor. Pero a algunos les parece bastante
sospechoso. Aunque es normal en el dormitorio de Su Gracia, se han
oı́do ruidos extrañ os en el estudio e incluso en la o icina... Nadie ha
visto a Su Gracia entrar ni salir.
“¿No es eso casi como una leyenda urbana?”
—Aú n quiero creer en Su Gracia. No puede ser ası́. ¿No lo crees tú
tambié n?
Rensley asintió vigorosamente.
¡Claro! Aunque todavı́a soy aprendiz y no puedo servir a Su Gracia de
cerca, é l no es ası́. ¿Quié n te crees que soy? Soy un mayordomo que vino
desde Cornia para servir a la Duquesa. He oı́do que está muy contenta.
“No la has visto desde que te uniste a la Orden”.
“Pero hay una manera de escucharlo todo”.
¿Intercambias cartas en secreto con la Duquesa? Bueno, considerando
que en Roudken y en todo Aldrant, puede que no haya nadie má s de
Cornia aparte de ti y la Duquesa, debe de ser muy solitario. Suspiró :
«Quiero trabajar de criada en palacio, no en la cocina. Si pudiera
convertirme en dama de compañ ı́a como Lady Samlet, intentarı́a aliviar
la soledad de Su Gracia...».
Rensley intervino, incó modo, y se levantó de su asiento. Lanzó la
manzana recié n adquirida como si fuera una pelota y cambió de tema.
La manzana está fresquı́sima. Nunca habı́a visto manzanas tan recié n
cogidas en invierno.
Todo es gracias a Su Gracia. Cultivar y almacenar cosechas se ha vuelto
muy fá cil gracias a la magia que distribuye. Hace solo unos añ os,
siempre era difı́cil debido a los monstruos, por no mencionar la
constante escasez de alimentos. Hoy en dı́a, al mirar la mesa del
comedor, ya no parece la del antiguo Aldrant.
¿Tan malo fue? ¿Por qué no usaste magia para otra cosa antes?
Antes de que Su Gracia ascendiera al trono, está bamos demasiado
ocupados usando magia solo para ahuyentar monstruos. Ademá s, el
Duque anterior ni siquiera sabı́a usar magia de invocació n. Puede que
no te des cuenta, ya que eres relativamente nuevo, pero gracias a que Su
Gracia es un excelente mago, la vida ha mejorado muchı́simo.
Despué s de terminar sus palabras, suspiró como si se hubiera cansado
de sus propios pensamientos.
Uf... Deberı́a dejar de pensar en cosas innecesarias. Mientras la gente
como nosotros viva en paz, ¿qué importa si hay otro amante o no? Me
levantaré primero. Si seguimos hablando, Reyna me regañ ará .
Serı́a agradable dar una respuesta incluso en la mesa de Su Gracia el
Gran Duque. Aunque el chef seguı́a refunfuñ ando, Rensley gritó con
seguridad.
¡Rayna! ¿Me das unas manzanas?
“Este tipo es un ladró n de caminos, ¿no?”
Rensley se acercó rá pidamente a ella. Sonriendo, le dio unas palmaditas
en los hombros, tensos por cocinar a diario. La mirada, antes feroz, de
Reyna se suavizó .
Me pondré ropa limpia y vendré a ayudar con los platos. ¿De acuerdo?
—¡Muy bien, suban, coman bien y descansen! ¡Qué caballero tan
ocupado lavando platos!
—Gracias, Reyna. Pero aú n queda mucho por hacer en la cocina. Por
favor, entié ndelo. —Rensley inclinó la cabeza, le dio una palmadita en el
hombro y, antes de cambiar de tema, agarró una manzana madura.
Habı́a varios lugares fuera de la cocina con hornos comunes, ası́ que
Rensley planeó hornear pasteles allı́ para ahorrar tiempo. El tiempo era
crucial cuando habı́a mucha gente. Si horneaba un pastel lleno de
manzanas bien maduras, azú car y mantequilla, la gente se sentirı́a
atraı́da por el olor en cuanto saliera del horno, y corrı́a el riesgo de
perderlo todo ante quienes se sintieran cautivados por el aroma.
En la habitació n preparada en el segundo piso, varios ingredientes
como harina, mantequilla, azú car y sal ya se habı́an reunido
sigilosamente durante mucho tiempo. Podrı́a preparar una comida
decente, siempre que no requiriera mucho horneado o fritura. Si Reyna
se enteraba, podrı́a tener que abandonar la Orden, con todas sus
extremidades rotas, por robar ingredientes de la cocina.
Cap. 7.2 - La hora del té del gato
ladrón
¡No apto para el trabajo!
Rensley pegó la cara a la puerta y escuchó atentamente. Reinaba el
silencio al otro lado de la puerta, y no habı́a señ ales de actividad.
No nos preocupemos demasiado. Aunque haya má s gente, si
compartimos, será su iciente.
Llamó a la puerta y la abrió . Como era de esperar, todos ya se habı́an
ido. Gezell, el duque que habı́a estado leyendo solo en el só tano, giró la
cabeza antes de que Rensley pudiera decir nada.
“Estaba a punto de subir a descansar”.
Rensley frunció el ceñ o ligeramente ante su tono de disculpa, como
para justi icarse.
¿No te has quedado aquı́ todo el dı́a otra vez? Te dije que salieras al
menos una vez al dı́a a tomar el sol y el aire fresco.
“Puedo generar fuego aquı́ mismo si es necesario”.
La luz del fuego y la del sol son diferentes, ¿sabes? Incluso sin eso,
Aldrant ya tiene poca luz del dı́a... La gente necesita moverse de vez en
cuando. Leer libros todos los dı́as no es bueno para la salud.
Si es ejercicio, puedo hacerlo aquı́ mismo en el castillo. Yo tambié n lo
hice hoy.
“Serı́a mejor tomar un descanso del entrenamiento de artes marciales
por un dı́a y salir a caminar al aire libre”.
Hace frı́o y hay mucho ruido afuera. Este lugar es tranquilo y cá lido. No
veo ninguna razó n para salir sin ningú n asunto o icial. Me he esforzado
mucho en construir dispositivos para monitorear la situació n exterior
durante mi estancia aquı́. ¿Sabes cuá nto lı́o fue?
Tras una larga refutació n, giró la cabeza en silencio, hundié ndose en la
có moda silla. Al observar a Gezell, Rensley dudó de su primera
impresió n. A veces, su aura y apariencia a iladas le hacı́an pensar en
una bestia feroz y depredadora como un á guila o un lobo... hasta que se
acostumbró a las escenas familiares y su percepció n cambió .
Me pregunto qué animal le sentarı́a mejor. ¿Quizá s un oso negro?
Pensando en un oso, imaginó una criatura grande, mansa y adorable
con orejas redondeadas. Sonriendo con sorna, Rensley rió entre
dientes.
“Señ or Maelrosen.”
Sumido en sus pensamientos por un momento, Gezell lo llamó . Rensley
se acercó rá pidamente. Sentá ndose de rodillas, oculto bajo la tú nica,
sintió la nariz del Duque rozar su mejilla.
Pensé que podrı́a ser por mi humor, pero parece que no. Tienes un
aroma dulce.
¿Te gustan las cosas dulces?
—preguntó Rensley, y los ojos de Gezell mostraron una pizca de
curiosidad. Mmm. Parecı́a que nunca se habı́a planteado si le gustaban
los dulces o no.
"Creo que te gustará ."
Rensley respondió en lugar de Gezell, a quien le habı́an lanzado la
pregunta. Originalmente, deberı́a haber presentado el pastel de
manzana con un gesto elegante, pero al enfrentarse al testarudo duque,
un deseo travieso surgió en su interior.
¿Qué tal si insistimos en salir a disfrutar del viento mañ ana, si no hay
otros asuntos urgentes? El pastel seguirı́a delicioso despué s de un par
de dı́as. Sin embargo, serı́a una pena no mostrar el sabor de los
productos recié n horneados... Como si percibiera su con licto interno,
Gezell cambió de tema.
“De hecho, salı́ a caminar durante el dı́a hoy”.
"¿Es eso ası́?"
¿No está n construyendo un pequeñ o edi icio en el patio norte? Aunque
está en el lado norte del castillo, es una zona soleada, ası́ que decidieron
usarlo como campo de entrenamiento. De vez en cuando lo visito para
ver có mo van las cosas. Pronto estará terminado.
—Ah, yo tambié n lo vi. Yo tambié n pensé que serı́a un desperdicio dejar
ese lugar vacı́o. ¿Qué hacen ahı́?
“Es un espacio multiusos”.
Rensley asintió con aprobació n. «Bien. Es mejor eliminar los espacios
sin usar dentro del castillo. Si la gente se reú ne en esos lugares, pueden
correr rumores extrañ os fá cilmente, ¿no crees?»
¿Rumores extrañ os? ¿Hay algo?
—Bueno, digamos que sı́. En in, como saliste a tomar el aire hoy, te
daré un regalo.
Intentó levantarse para ir a buscar el pastel, pero Gezell lo detuvo con
suavidad. Rensley estalló en carcajadas al ser sujetado por la cintura
por los fuertes brazos de Gezell.
Incapaz de hacer nada al respecto, Rensley rió entre dientes, y Gezell
bajó la cabeza. Sus labios rozaron la mejilla y los labios de Rensley
alternativamente. Respondiendo con entusiasmo, Rensley apretó su
mejilla contra la suya y le rodeó el cuello con los brazos.
Inesperadamente, una lengua le lamió los labios. Sin darse cuenta, sus
hombros se tensaron, incó modos. Mientras continuaba el beso con un
crujido, Rensley desató diligentemente el nudo del pañ o que envolvı́a el
plato. Gezell, al notar su distracció n, levantó la cabeza algo disgustado.
“Deberı́as concentrarte.”
Tengo un regalo. Tienes que dejarme ir a traerlo.
"¿Es eso ası́?"
Gezell hizo un gesto elegante. Con un movimiento rá pido, el plato de
pastel que estaba sobre la mesa lotó y aterrizó en el regazo de Rensley.
Al abrir la tapa, el dulce aroma se intensi icó . Manzanas inamente
cortadas estaban meticulosamente dispuestas sobre el pastel, como una
gran rosa. En medio de la dulce fragancia de manzanas doradas al
horno cubiertas de azú car derretido y mantequilla, un sorprendente
toque de canela á cida llenó el aire. Rensley observó a Gezell con alegrı́a,
mientras la curiosidad brillaba en sus ojos.
Por eso acabas queriendo descansar en lugares có modos. La magia es
una fuerza conveniente, pero sin duda contribuye a la pereza.
“Simplemente pre iero leer en silencio má s que otros”.
—Bueno, a mı́ me gusta un señ or que disfruta de eso.
“Huele un poco diferente a todo lo que he probado hasta ahora”.
¿Có mo lo hacen aquı́?
Solemos usar mucha canela. Sin embargo, el aroma no es tan intenso
como el del pastel que hizo el chef.
La moda de usar mucha canela en los postres está pasada de moda.
Puede que esté bien para el té o el alcohol, pero… a Reyna no le falta
habilidad, pero cocina a la antigua usanza, y ese es el problema.
Rensley tomó un tenedor del plato que trajo y cortó un pequeñ o trozo
de pastel. Las manzanas bien horneadas se partieron fá cilmente con el
tenedor. Llevá ndolas a los labios de Gezell, abrió la boca con gusto.
“Tiene un sabor realmente delicioso.”
Le puse menos azú car de lo habitual porque no estaba segura de si te
gustaban los dulces. Espera un momento. Tambié n voy a hervir un poco
de té . Sabe mejor con té .
—Señ or Maelrosen, por favor, sié ntese. Ya que preparó la merienda, yo
prepararé el té .
"Lo haré ."
Insisto. Despué s de todo, necesito moverme un poco. ¿No era eso de lo
que te quejabas?
Puede que a Gezell no le gustara entrar y salir, pero dedicaba una
cantidad considerable de tiempo cada dı́a al entrenamiento fı́sico, la
esgrima y las artes marciales. No se trataba de animarlo a moverse má s
por falta de ejercicio...
Sin embargo, Rensley dejó de sermonearlo. Se recostó có modamente en
la silla, contemplando las llamas parpadeantes de la chimenea. Si
disfrutaba pasando tiempo allı́, acurrucado en un có modo silló n y
contemplando el fuego, comprendı́a perfectamente por qué .
Dé jalo enfriar un poco. Parece que vertı́ el agua cuando estaba
demasiado caliente.
Mientras el fuego titilaba y Rensley empezaba a dormitar, resonó el
sonido de la porcelana sobre la mesa. Un vapor delicado se elevaba
ligeramente de la elegante taza llena de té de intensos colores.
Gezell se recostó en su silla. Rensley giró la cintura, apoyá ndose en su
regazo. Esta vez, Gezell tomó el tenedor, cortó un trozo de pastel y se lo
puso a Rensley en la boca.
“Mmm, lo hice yo, pero aú n ası́ está delicioso”.
Asintiendo y viendo que Rensley se alababa a sı́ mismo, Gezell continuó
con una pregunta: "¿Có mo se hace este pastel?"
Es muy sencillo, la verdad. Primero, se cortan las manzanas en trozos
pequeñ os y se hierven con azú car y canela. Luego, se derrite la
mantequilla en la harina y se añ aden los huevos, la sal, el azú car y la
vainilla...
La explicació n de Rensley se interrumpió momentá neamente. Fue
porque una mano enorme se deslizó bajo la camisa suelta. Sin embargo,
la expresió n de Gezell permaneció inalterada.
"¿Y luego?"
—Eh, y… tienes que hacer la masa. Despué s de hacer el relleno…
Las yemas de los dedos recorrieron su piel, alcanzando el inicio de la
curva que se elevaba sobre su pecho. Reprimió un gemido que casi se le
escapa y, en lugar de palabras adecuadas, solo surgió el sonido
entrecortado de su respiració n. Rensley se apoyó en el hombro de
Gezell, murmurando.
“Estoy… dando una explicació n…”
Continú e, por favor. Le escucho.
Para hacer la masa de la tarta... hay que dejarla reposar un rato y luego
extenderla con un rodillo. Y tambié n hay que hacer el relleno de crema...
eh...
Ahora, incluso sus labios vacilaron. La boca de Rensley, que habı́a
estado continuando distraı́damente la explicació n innecesaria,
inalmente se detuvo, y rodeó la espalda de Gezell con sus brazos. A
medida que sus rostros se acercaban, los labios que se posaban en el
cuello se dirigieron a la oreja.
“¿Có mo se hace la crema?”
Creo que deberı́amos parar. Si no te interesa…
No puedo creerlo. No hay historia en el mundo que no me dé
curiosidad.
“Si quieres escuchar, deja de hacer bromas”.
“Incluso mientras muevo mis manos, todavı́a puedo escuchar la historia
perfectamente”.
El chiste, que en un susurro hacı́a cosquillas en los oı́dos, parecı́a
sorprendentemente serio al principio. Sonriendo, Rensley lo miró de
reojo sin pensarlo mucho. El libro que Gezell habı́a estado leyendo
estaba extendido sobre la mesa. Rensley abrió mucho los ojos.
"¿Qué es esto?"
Sobresaltado, Rensley dejó de hacer lo que estaba haciendo y se giró .
Escapá ndose del abrazo de Gezell, se acercó a la mesa donde habı́a un
libro abierto. Rensley pasó las pá ginas sin cerrar la tapa, examinando el
libro con ilustraciones sorprendentemente detalladas. Era un libro
ilustrado a color que describı́a con bastante claridad las uniones fı́sicas.
Una risa forzada escapó de sus labios.
“¿De dó nde sacaste un libro tan obsceno?”
No es un libro nuevo. No lo sabı́a, pero la biblioteca del castillo ya tenı́a
muchos libros ası́. Hasta ahora, no los habı́a buscado.
Tambié n habı́a pá ginas que describı́an las relaciones entre hombres.
Aunque existı́an innumerables libros en el mundo, Rensley nunca
imaginó que existirı́a un libro que enseñ ara sobre las relaciones entre
hombres.
“¿Es este un libro para hombres a quienes les gustan los hombres?”
No. Aunque se centra en la unió n general entre hombres y mujeres,
tambié n incluye contenido sobre relaciones entre personas del mismo
sexo. Ven a leerlo aquı́.
Mmm. Rensley se aclaró la garganta como si tosiera, ingiendo ser un
erudito. Con el libro en la mano, retrocedió un paso y volvió a sentarse
en el regazo de Gezell.
Las iguras de las ilustraciones se dedicaban a actividades apasionadas,
a veces con relaciones complejas y posturas extrañ amente intrincadas.
Sin embargo, sus expresiones eran tan solemnes como las de las
pinturas tradicionales, má s có micas que sugerentes.
Mientras Rensley daba un mordisco al pastel, cayeron migajas sobre el
libro. Rá pidamente las apartó y, antes de poder disculparse, Gezell tomó
la iniciativa.
Tranquilo. Mientras puedas leer el contenido del libro, no hay
problema.
Al oı́r esto, Rensley suspiró aliviado y levantó su taza de té . Mientras la
dulzura persistı́a en su boca, el té , agradablemente frı́o y ligeramente
amargo, se mezclaba armoniosamente. Juguetonamente, Rensley, que
habı́a estado hojeando las pá ginas, preguntó :
¿Has aprendido algo nuevo del libro?
No hubo nada particularmente extraordinario, pero aun ası́ fue
bastante interesante. Si lo hubieras intentado desde el principio, te
habrı́as ahorrado un poco de dolor durante nuestra primera noche
juntos.
Si hubieras decidido terminar tus estudios, probablemente habrı́as
leı́do todos los libros sobre relaciones sexuales disponibles en el mundo
antes de empezar. Aun ası́, quizá no podamos superar la primera noche.
A veces, primero hay que experimentar.
Gezell se encogió de hombros como diciendo que no lo negarı́a. A
medida que pasaban las pá ginas, las posiciones representadas se
volvı́an cada vez má s intrincadas.
“¿Qué posició n pre iere, Su Gracia?”
Bueno, me gusta una posició n donde pueda verte la cara con claridad.
Siempre está s hermosa, pero en la cama, haces expresiones que rara
vez veo en la vida diaria.
…Lo que empezó como un comentario ligero y coqueto se convirtió en
un cumplido inesperado. Rensley, que habı́a estado disfrutando
distraı́damente de las historias sobre diferentes posturas y examinando
las ilustraciones explı́citas de tres personas compartiendo una cama, se
sonrojó de repente.
En las horas tranquilas tras una jornada de trabajo, un fuego cá lido, una
silla có moda, una persona amable. Manzanas dulces y un pastel de
mantequilla, té aromá tico. En el otrora desolado laboratorio
subterrá neo del reino del norte, se concentró toda la tranquilidad del
mundo. Solo el corazó n de Rensley se mecı́a como un á rbol al viento,
olvidando la paz.
—¿De nuevo? ¿En serio? ¿Por qué siempre me meto en esto?
Culpá ndose a sı́ mismo, guardó el libro y se giró . La risa ya no le salı́a
con facilidad. Por otro lado, Gezell, que habı́a estado parpadeando con
inocencia, parecı́a desconcertado al ver que Rensley se giraba
repentinamente para mirarlo con el rostro enrojecido.
“Su Gracia…”
Llamá ndolo con entusiasmo, Rensley posó sus labios sobre los suyos,
reclamá ndolos antes de que pudiera hablar. Tras reı́rse a carcajadas,
Gezell abrazó en silencio a Rensley mientras este giraba.
En el laboratorio seco y calentado, como la super icie de un hogar
recié n encendido, el sonido de besos hú medos creaba humedad.
Ignorando la ligera humedad de estar apretados, Rensley, sentado en el
regazo de Gezell, lo miró a los ojos con una suave sonrisa.
Incluso sin camisa, pantalones ni ropa interior, la zona frente a la
chimenea no estaba frı́a. Rensley, iluminado por la luz del fuego, estaba
sentado en el regazo de Gezell, sin un solo hilo puesto, y Gezell lo
observaba en silencio. En lugar de concentrarse en el color de su
intensa mirada, Rensley percibió una esté tica similar a la de quien
aprecia una obra de arte, y rió levemente.
Durante el largo viaje, Rensley se habı́a llenado el estó mago con
comidas escasas, como carne seca y trozos de pan, que llevaba como
una mula de carga. Su cuerpo habı́a adelgazado notablemente debido a
estas penurias.
A pesar de disfrutar de comidas adecuadas y de participar a diario en
equitació n y entrenamiento con espada, habı́a recuperado bastante
vigor en comparació n con su llegada a Aldrant. Sin embargo, soportar la
intensa mirada de Gezell, quien parecı́a ser el ú nico fascinado, seguı́a
siendo un desafı́o fascinante.
“Te gusta la posició n donde puedes ver mi cara, pero ¿vas a seguir
mirá ndome?”
Al oı́r esto, Gezell extendió la mano y la recorrió con delicadeza por sus
hombros rectos. Empezando por los hombros, sus manos recorrieron la
parte superior de los brazos, los codos, los antebrazos, las muñ ecas y
las yemas de los dedos antes de detenerse. Luego, levantó ambas manos
y, con los pulgares, acarició suavemente los pezones que habı́an estado
tentadoramente cerca desde hacı́a un rato.
Fue un toque delicado, como explorar cada rincó n de una obra de arte.
Sintiendo que la respuesta sensible se despertaba como si le tocaran
agua frı́a, Rensley, que se habı́a puesto inquieto, extendió la mano y
murmuró :
“Su Gracia… yo tambié n quiero tocar.”
“Baja las manos y espera un momento”.
Incluso ante una leve resistencia, las palabras del Duque eran una
orden. Para asegurarse de que Rensley no extendiera la mano por sı́
solo, se puso las manos detrá s de la espalda.
Al principio, el hombre simplemente imitaba a Rensley, pero tras varias
noches, se habı́a vuelto bastante há bil. Su tacto se volvió pegajoso y
lento, y la respiració n de Rensley era el ú nico sonido que llenaba
gradualmente el aire. Cuando la mano, que habı́a estado recorriendo su
cintura, se deslizó desde la sensible piel cerca de la pelvis hasta la cara
interna del muslo, Rensley no pudo evitar soltar un grito ahogado.
“Ja, ah…”
Entre las delicadas caricias sobre la piel sensible, la excitació n intacta
se hizo evidente. En ese momento, los labios de Gezell cubrieron
suavemente el pezó n semierecto. La sensació n de su lengua acariciando
el pezó n y la piel circundante hizo que la cintura de Rensley se
estremeciera.
“Ah, oh, Su Gracia…”
"Eres realmente hermosa."
Gezell, quien le habı́a estado besando el pecho varias veces, susurró
suavemente. El sonido de su voz pareció acariciarle la piel, y Rensley se
estremeció involuntariamente. A medida que el placer se intensi icaba,
sus ojos, que habı́an estado mirando al techo para soportarlo, se
estremecieron de é xtasis.
“Esas… palabras… hmm… te quedan mejor…”
Los labios de Gezell se deslizaron desde el pezó n hasta la suave piel que
habı́a debajo. Rensley temblaba mientras sus labios recorrı́an su
cuerpo. Sosteniendo el cuerpo tembloroso de Rensley, las manos de
Gezell lo abrazaron.
Tras saborear la piel un rato, Gezell agarró la mano lá cida de Rensley y
tiró de é l hacia adelante. Finalmente, Rensley se relajó y se acomodó .
y j y
Palpando la ancha espalda con las manos, Rensley respiró hondo. La
voz de Gezell le hizo cosquillas en los tı́mpanos justo a su lado.
“Su Gracia, aquı́ tambié n hay petró leo.”
Ahora, incluso allı́, habı́a fragancia. Aceite con aroma dorado se
derramó generosamente sobre las anchas palmas de Gezell. Al percibir
el aroma familiar, Rensley anticipó instintivamente el placer inminente.
Sintiendo un sutil calor en el estó mago, Rensley miró con indiferencia
su cuerpo transformado. Gezell, dejando la botella de aceite a un lado,
susurró :
“No habı́a nada especial, pero… a medida que leı́a el libro, me di cuenta
de que habı́a muchas cosas que no sabı́a”.
"Qué …?"
“Habrı́a estado bien si me lo hubieras dicho”.
Su voz le hacı́a cosquillas en los oı́dos como si le acariciara la piel,
provocando que a Rensley le picara la espalda. Mientras Rensley
luchaba por contener la respiració n, la mano aceitada de Gezell rodeó
suavemente el pene semierecto. Rensley, sorprendido, levantó la
cabeza.
—Su Excelencia, esto no es apropiado. Si continú a, podrı́a...
¿Qué importancia tiene el orden en estos asuntos? Mué strame la cara
sin decir eso.
La palma hú meda agarró y movió el pene con fuerza, creando un
ruidoso chapoteo. Sonrojá ndose, Rensley se mordió los labios,
intentando reprimir los gemidos que amenazaban con escapar.
Incapaz de resistir má s, la mano de Rensley, ahora libre, desabrochó la
parte delantera de los pantalones de Gezell. El pene ya estaba
sorprendentemente irme y grande. Untá ndose aceite en las manos, lo
acarició suavemente. El enorme pene, respondiendo a cada caricia,
parecı́a retorcerse en su palma.
“Eh, eh…”
Ya fuera por anticipació n o ansiedad, la garganta seca de Rensley tragó
saliva repetidamente. Mientras se mordı́a los labios para reprimir los
gemidos, el cuerpo de Gezell pareció calentarse, y exhaló un suspiro
que sonaba eufó rico. Una vez má s, ordenó :
—Para. Tú … espera en silencio.
"Eres demasiado."
Aunque su tono era corté s, el Duque actuó a su antojo. Rensley
refunfuñ ó , pero no tuvo má s remedio que retirar las manos.
Los gestos de Gezell pronto se aceleraron, y los sonidos pegajosos se
volvieron má s obscenos. Era sorprendentemente difı́cil soportar la
presió n de la mano que agarraba su pene y los sonidos lascivos,
considerando que el acto era relativamente simple.
Con suaves caricias, la elegante mano se volvió má s irme y rá pida,
jugueteando con el pene erecto. Rensley se sentı́a como una marioneta
manipulada por las manos de Gezell y adaptaba su respiració n
acelerada a la velocidad de sus movimientos. De repente, Gezell le
susurró al oı́do:
Ahora huele. Como a arroz...
Era una mano que muchos no se atreverı́an a tocar sin permiso. Tan
solo ver a Gezell jugueteando con su zona inferior le hacı́a sentir
extrañ o.
"Dé jalo ir."
"Mmm…"
Aunque le dieron un permiso despreocupado, Rensley se mordió el
labio. Bajó la cabeza y aguantó la situació n. Era vergonzoso que
siempre terminara primero.
Entonces, Gezell movió las manos con má s naturalidad. Explorando
rá pidamente su pene, usó la parte roma de sus dedos para acariciar la
resbaladiza punta del glande. Tras tragar de nuevo el pezó n liberado, lo
succionó con tanta fuerza que emitió un sonido. Con la punta de la
lengua, perforó y acarició el pezó n, provocando que Rensley acercara
involuntariamente la cabeza, temblando.
Al acercarse el clı́max, los dedos de los pies de Rensley se curvaron. El
bajo abdomen, apretado, se contrajo. Aunque un luido transparente
luyó ligeramente del pene endurecido, Rensley logró resistir el clı́max.
Exhalando el aire que Rensley habı́a estado conteniendo, a lojó el
agarre del brazo de Gezell. El rostro de Gezell mostró una expresió n
ligeramente disgustada, pero pronto besó la mejilla hú meda.
Repitiendo besos cortos, susurró :
p
“El libro tambié n describe la có pula en una silla”.
“Co-copular en una silla… ¿hay alguna forma especı́ ica?”
Rensley murmuró algo, y Gezell le levantó la cintura. Guiado por la
mano de Gezell, se inclinó sobre el respaldo y se sentó de rodillas. El
libro describı́a varias posiciones, quizá s incluyendo explicaciones sobre
el mé todo de inserció n en esta postura. Rensley, quien habı́a doblado
las rodillas y estaba sentado entre los brazos de Gezell, no pudo evitar
sentirse un poco avergonzado por la postura que dejaba expuesta su
espalda.
A diferencia de é l, quien ya estaba perturbado por el placer, Gezell
seguı́a siendo demasiado racional. Quizá s se debı́a a su experiencia con
el «tratamiento». Frente a un hombre ası́, exponerse le hacı́a recordar
vergü enzas pasadas y le ponı́a los nervios de punta.
"¿Tienes frı́o?"
"No."
“Hoy tu cuerpo tiembla mucho.”
Incapaz de comprender los pensamientos de Rensley, el hombre se
lamió las orejas, rozando suavemente con la punta de la lengua el
cartı́lago que sobresalı́a en su interior. Un cuerpo irme y caliente se
cernı́a sobre su espalda. Aunque estaba de espaldas, el Duque tambié n
parecı́a haberse desvestido por completo. El roce de piel sin barrera
alguna transmitı́a la temperatura corporal, haciendo que cada parte del
contacto fuera tan sensible como si despertara de una siesta.
Al sentir el roce de su espalda invisible, Rensley gimió distraı́damente.
Las sensaciones eran similares a un masaje relajante, induciendo una
có moda somnolencia. La suave estimulació n de las zonas sensibles
sumió su cuerpo en un estado placentero, mientras intentaba soportar
el creciente placer.
En lo profundo del oı́do, la lengua burlona hizo que Rensley gimiera
incontrolablemente.
“¡Hmm, ah…!”
Los labios que le habı́an estado atormentando las orejas presionaron
suavemente contra su nuca. Succionando lentamente la zona entre los
omó platos, descendiendo gradualmente por la columna. Gimiendo de
é xtasis, Rensley hundió el rostro entre los brazos que lo sostenı́an en el
respaldo. La zona bajo los labios abiertos del Duque tembló .
“Eh, ah, oh…”
Los labios, que le llegaban hasta el coxis, hicieron que Rensley gemiera
incontrolablemente. Rensley no pudo evitar pensar en la postura del
duque, sentado a sus pies. Imaginar al hombre má s poderoso del paı́s
agachá ndose y sentá ndose a sus pies le resultaba extrañ o.
Sin esperar a que terminara la vergü enza de Rensley, la lengua que
habı́a estado lamiendo cerca del fondo se deslizó hacia abajo
sensualmente.
“¡Ah!”
Rensley lanzó un grito involuntario. Su cuerpo tembló como
sobresaltado. Jadeó e intentó levantarse a toda prisa, pero la mano
grande lo sujetó irmemente por las caderas. El pulgar separó las
abultadas nalgas para revelar aú n má s la abertura oculta, y Rensley giró
la cintura, agarrá ndose al respaldo.
“¡Mi señ or, ah, por favor, mi señ or!”
Sin embargo, la mano de Gezell no vaciló . Impensable e incomparable al
tratamiento previo que le habı́a dispensado, algo impuro e
inimaginable parecı́a estar a punto de suceder. Rensley hundió el rostro
en las palmas de las manos.
“Ah, ah, eh, ah…”
Incapaz de resistirse, gimió de impotencia. Los labios del Duque se
atrevieron a tocar su zona ı́ntima, emitiendo hú medos sonidos. Cada
contacto le hacı́a estremecer el ano, y la sensació n de alguien
observá ndolo se intensi icaba, calentá ndole todo el cuerpo.
“Ah, haa, no… mi señ or, uu, esto es…”
Como la resistencia resultó inú til, sucumbió a los gemidos que se le
escapaban. Las partes má s tiernas y suaves de su cuerpo, al contacto,
creaban una sensació n tan intensa como el dolor. Cada vez que los
labios de Gezell exploraban má s, la visió n de Rensley se volvı́a blanca.
Intentando interferir con sus pensamientos, la vergü enza y la tensió n
intentaron perturbar su mente.
A pesar de todo —la culpa, por haber cometido un acto impuro—,
Rensley lo agobiaba. Incluso mientras le decı́a a Gezell que parara, se
y g q p
sentı́a impotente y jadeante.
En medio de esto, el hombre que estaba detrá s de é l, quien lo habı́a
estado besando, extendió la lengua, intentando lamer el lugar donde
habı́a estado su boca. Incapaz de aguantar má s, Rensley extendió la
mano hacia atrá s.
—¡Mi señ or, mi señ or! ¡Alto! ¡Eh, por favor, alto...!
Bloquear el rostro del rey con su mano o apartarlo con su palma: era
difı́cil determinar qué era má s impuro.
Con los ojos hú medos, Rensley se giró para mirarlo y respiró con
di icultad. Gezell, con el rostro tapado por la palma de la mano,
simplemente ladeó ligeramente la cabeza sin decir palabra.
¿No te sientes bien?
—N-no, no es que me disguste. Es solo que... es solo que lo que hace es
demasiado vulgar para usted, Su Gracia...
“El libro menciona juegos previos especı́ icos antes de la inserció n…”
“La realidad no siempre coincide con lo que dicen los libros”.
Rensley dejó de dar explicaciones detalladas y bajó la cabeza
dé bilmente. Su cuerpo, empapado de excitació n y placer, se relajó .
Temblaba por todas partes, incapaz de controlarse; su cintura, sus
piernas, todo temblaba incontrolablemente.
—Lo siento. No sabı́a que no te gustarı́a.
Mientras hablaban, una voz suave y suave resonó en sus oı́dos. Unos
brazos fuertes lo rodearon por el pecho, acariciando la piel caliente con
la palma. Sonrojá ndose, Rensley giró la cabeza.
Gezell volvió a mirar a Rensley en la silla. Esta vez, volvió a verter el
aceite generosamente. Con un brazo, acercó a Rensley y enterró los
dedos de la otra mano en é l. Besos acompañ aron la penetració n. Los
dedos, que habı́an penetrado con cuidado hasta el segundo nudillo,
comenzaron a profundizar, alcanzando las partes má s profundas.
“Uuh, huh, ugh, hoo…”
Mientras los dedos se movı́an lentamente en su interior, presionando
sutilmente las zonas sensibles de su abdomen, Rensley gemı́a, con el
cuerpo temblando. Cuando los dedos penetraron profundamente y
rozaron suavemente las zonas delicadas, le arañ aron la lengua y el
paladar simultá neamente. A medida que el beso se intensi icaba, la
mano de Gezell tambié n ejercı́a má s fuerza. Sacudiendo la muñ eca, con
un sonido similar a un golpecito, localizó los puntos que sentı́a,
provocando a Rensley gemir frené ticamente.
Acercá ndose al cuerpo de Gezell, exhaló un aliento hú medo entre sus
labios abiertos. Su verdadero placer aú n no habı́a comenzado, pero sus
pensamientos ya se desmoronaban ante la abrumadora sensació n.
“Mi señ or… por favor, apú rese…”
Incapaz de aguantar má s, lo instó repetidamente, y los dedos se
retiraron lentamente de su interior. En su estado insoportable, el Duque
parecı́a igualmente indefenso.
"Estoy entrando ahora."
“¡Ah!”
La advertencia no tenı́a sentido. Simultá neamente con esas palabras,
Gezell penetró a Rensley. Rensley se aferró al cuello de Gezell y respiró
con di icultad. La penetració n fue lenta pero implacable. Empujando el
espacio vacı́o con algo mucho má s grueso que dedos, aunque Rensley se
habı́a relajado durante un buen rato, se sentı́a apretado como si no
hubiera espacio libre.
El cuerpo que se abre a la fuerza, la sensació n desconocida al aceptarlo
por primera vez: ¿cuá ndo se acostumbrarı́a Rensley a ello?
En ese momento, el cuerpo de Rensley se calentó al a lorar
pensamientos irrelevantes. Rensley sacudió la cabeza para ahuyentar
pensamientos sin sentido y se concentró en el placer que lo consumı́a.
Rensley no pudo evitar gemir cuando el grueso glande atravesó cierto
punto. Era mejor moverse que aguantar pasivamente. Rensley colocó la
mano sobre el hombro de Gezell y meció suavemente sus caderas.
Gezell besó el cuerpo de Rensley, susurrando mientras acariciaba la
hú meda parte delantera.
“¿Por qué está s tan impaciente?”
“Hm, porque me gusta.”
Entonces, la mano de Gezell presionó la pelvis de Rensley hacia abajo.
Rensley, que habı́a estado moviendo las caderas a su antojo, no tuvo
má s remedio que bajar el cuerpo con impotencia, atrapado por su
q j p p p p
enorme mano. La carne elá stica presionaba con fuerza contra los irmes
muslos.
“Ah, ah, eh…”
“Ah…”
Su pene, que se movı́a suavemente entre las estrechas paredes, se clavó
como una estaca, alcanzando una profundidad que le di icultaba la
respiració n. Una sensació n má s intensa que el cosquilleo y el
hormigueo placentero se extendió por todo su cuerpo como la lluvia. En
un instante, el sudor cubrió su cuerpo y su vientre plano se tensó
involuntariamente. Sin duda, el interior de Rensley tambié n se estaba
tensando.
Rensley intentó levantar su cuerpo tembloroso, pero fue inú til. La mano
que le apretaba las caderas no lo soltó . Aunque ninguno de los dos se
movı́a, los gemidos de Rensley se intensi icaron. Su cintura y la parte
interna de los muslos temblaban, y su voz se mezcló con un sollozo
entrecortado.
“Mi señ or, ah, es demasiado… profundo…”
“Una vez que entra hasta aquı́, no tienes que moverte, y me gusta. …Ahı́
es cuando se ve bien”.
Al percibir la confusió n de Rensley, Gezell, como si dijera que estaba
bien, lamió desde el pezó n hasta la clavı́cula. La suave estimulació n se
sentı́a ahora tan electrizante como una corriente. Rensley abrazó su
cuello, sintiendo el calor en su nuca.
Gezell suspiró levemente. Sujetando la pelvis de Rensley y levantá ndole
la cintura, hundió profundamente su pene, como si estuviera
enterrando la raı́z. Mientras penetraba profundamente, Rensley no
pudo evitar temblar.
—Ah, ah. —Incapaz de aguantar má s, Rensley, quien alzó la voz, sintió
que los brazos que lo rodeaban se estrechaban con má s fuerza. La
respiració n de Gezell tambié n se volvió agitada.
“Tus entrañ as se han vuelto má s calientes… hoo… Está s temblando.”
“Mi señ or, despacio… ugh, por favor… despacio…”
El Gran Duque, normalmente educado, se volvı́a brusco y salvaje
cuando se emocionaba. Tras haberlo experimentado varias veces,
Rensley comprendió desde el principio sus tendencias y le suplicó .
y p p p y p
“Aú n no es de noche… Si lo haces muy fuerte, ugh, por favor… hazlo
despacio…”
Entonces, la posició n cambió de nuevo, y Rensley se recostó , medio
tumbado en la silla. Colocando las piernas sobre el reposabrazos, Gezell
se inclinó entre sus piernas, bien separadas.
Una vez completamente relajado, el pene del Duque, ahora aú n má s
excitado que al principio, se deslizó con facilidad. Rensley se tragó los
gemidos que seguı́an saliendo. El cuerpo, aú n no enfriado, parecı́a
acercarse al clı́max de nuevo con solo ser penetrado.
“Ja, ah, ah…”
Rensley alzó la voz. Extrañ as convulsiones recorrieron la parte inferior
de su cuerpo, como si lotara en el agua.
Gezell siguió ielmente la petició n de Rensley, continuando con sus
suaves movimientos. Ensanchó lentamente el estrecho interior con el
pene hinchado, entrando y saliendo lentamente.
¡Pum, pum! El sonido de la carne chocando se extendı́a lentamente con
cada contacto de la parte inferior del cuerpo.
¿Es difı́cil? ¿Deberı́a ir má s despacio?
Rensley se cubrió la boca con la mano, respirando con di icultad.
Temiendo que, si no lo controlaba, el Duque embestiera con fuerza, le
habı́a pedido que lo hiciera con calma.
Cerrando con fuerza los ojos hú medos, reprimió los gemidos que
amenazaban con surgir como gritos. El placer al penetrar fue
persistente, y mientras Gezell continuaba explorando las paredes
internas cada vez má s sensibles, su mente se quedó en blanco por
completo.
Las venas de las paredes de su elevada sensibilidad interior parecı́an
trazar repetidamente la forma del pene de Gezell.
Gezell presionó con insistencia con su só lido glande, creando una
sensació n rı́tmica. Como el ritmo no se aceleró , parecı́a que el clı́max no
tenı́a prisa por llegar.
Gezell no daba señ ales de detener su implacable persecució n. La
sensació n de su cuerpo ardiendo sin cesar se volvió casi insoportable.
Incapaz de aguantar má s, Rensley gimió : «Por favor, detente... no
má s...».
El placer, lento y constante, se intensi icaba con cada embestida, sin
intenció n de disminuir. Rensley no pudo evitar soltar un sollozo. «Ah,
por favor... no má s... No puedo soportarlo...»
Antes de que pudiera terminar la frase, llegó el feroz impacto, y Rensley
soportó la repentina conmoció n de la penetració n. El eco resonó de
carne contra carne y el crujido de la silla. El intenso encuentro no dejó
lugar a dudas; Gezell era, sin duda, un tirano por derecho propio.
Mientras permanecı́a de pie con el torso inclinado, su pene, cubierto de
luidos, se movı́a entre los orbes blancos. Comparado con las
ilustraciones lascivas de los libros eró ticos que habı́a visto antes, esto
no era un juego de niñ os. Las lá grimas brotaron de sus ojos y su cabeza
se encendió aú n má s.
—¡Ja, ja, ja! —gimió Rensley al ritmo de cada embestida. Su bajo vientre
se calentó y un lı́quido blanco goteó de la punta de su miembro.
Tras aguantar largo rato, con cada latido, expulsaba semen sin parar. El
hombre de arriba, incluso en pleno clı́max, no detuvo los movimientos
de su cintura.
A medida que la estimulació n continuaba hasta el clı́max, no fue fá cil
detenerla, ni siquiera cuando é l suplicaba. Cuando Gezell inalmente
cesó sus movimientos, Rensley, que habı́a perdido toda su fuerza en el
prolongado orgasmo, se desplomó .
—No... por favor, detente... —Agotados, se abrazaron para un momento
de respiro. Cuando Gezell reanudó sus movimientos, Rensley intentó
detenerlo con urgencia. Sin embargo, su voz dé bil y su dé bil resistencia
no lograron disuadirlo.
Usó sus dedos para recoger el semen que Rensley habı́a derramado,
como si se mojara un dedo en mermelada, y lo lamió . Rensley,
cubrié ndose la cara, le reprochó dé bilmente.
¿Por qué sigues haciendo esto? Es repugnante...
"Es delicioso."
“No eres un niñ o; ¿tienes que probarlo todo?”
Mientras Rensley se sonrojaba y apartaba la mirada, Gezell se tocó
suavemente el ló bulo enrojecido de la oreja. Una vez má s, susurró
palabras que parecı́an de rutina.
“Rensley, mira hacia aquı́…”
y q
Debido a los sonidos obscenos que resonaban en el laboratorio y la
o icina, la gente empezaba a sospechar. En situaciones como estas, se
volvı́a insoportable. Rensley se aferró al hombre que le habı́a
destrozado las entrañ as, sujetá ndolo con confusió n. Al abrazarse, sus
respiraciones entrecortadas se mezclaban en sus labios.
Cap. 7.3 - La hora del té del gato
ladrón
Tras entrelazar sus cuerpos, uno tiende a olvidar que este lugar es un
paı́s frı́o. Rensley, que habı́a estado acostado en la cama para aliviar su
letargo, se levantó y recogió la camisa que habı́a caı́do al suelo. En ese
momento, unos brazos fuertes lo rodearon por la cintura.
¿Adó nde vas? Debes estar cansado; descansa.
"Si sabı́as que podı́a estar cansado, ¿por qué empezaste a provocarme
por segunda vez?", pensó Rensley, dejando de lado cualquier culpa y
dando una sutil reprimenda en su mente.
“Tengo trabajo que hacer.”
“¿Hay algo má s que hacer a esta hora?”
Prometı́ ayudar en la cocina durante el dı́a. Son solo tareas domé sticas.
Iré a tus aposentos cuando termine.
"¿De verdad tienes que hacerlo?"
“Me ofrecı́ voluntariamente a hacerlo”.
Gezell, aparentemente decepcionado, soltó a Rensley de la cintura y
tambié n se levantó . Rensley observó al Gran Duque, que terminaba de
ponerse su sencillo atuendo. A pesar de la mirada penetrante que lo
seguı́a, Gezell giró la cabeza.
“Señ or Maelrosen.”
"¿Sı́?"
“Espero que no haya ningú n problema con mi vestimenta”.
—No. Solo admiro lo bien que se ve, mi señ or.
Rensley se rió entre dientes y Gezell le devolvió una leve sonrisa,
ponié ndose la ropa con naturalidad.
Desde la noche que pasaron juntos, Gezell susurraba su nombre en sus
momentos ı́ntimos y volvió a la formalidad habitual tras el inal de la
aventura. Aunque no lo habı́an acordado explı́citamente, Rensley habı́a
aceptado el cambio de domicilio como señ al de que la puerta estaba
cerrada para esos momentos.
Hasta que vio el cuerpo desnudo de Gezell, lo percibió como un hombre
vestido con las vestiduras negras del Duque. Como el nombre solo se
usaba durante sus encuentros ı́ntimos, el cuerpo desnudo y la
vestimenta del Duque eran sı́mbolos colocados en el lı́mite.
Aunque la cocinera jefa, Reyna, dijo que no era necesario, Rensley tenı́a
la intenció n de ir a la cocina a lavar platos. En la capital de un paı́s
donde mucha gente tenı́a sus comidas organizadas, las constantes
tareas de la animada cocina eran una necesidad ineludible.
Rensley regresó a su habitació n en el segundo piso, se lavó , se cambió
de ropa y salió . A pesar de sentirse cansado, no estaba demasiado
cansado para lavar los platos.
Mientras bajaba las escaleras y se dirigı́a a la cocina, oyó pasos
apresurados. Cuando é l y la persona que venı́a del pasillo norte se
miraron, Rensley se llevó rá pidamente la mano al pecho.
—Comandante, ¿aú n no se ha ido a casa?
—Mmm. Estaba a punto de hacerlo, pero habı́a un informe urgente.
Anton, que tenı́a prisa, se detuvo y miró a Rensley.
Bajo su mirada prolongada, Rensley evitó inconscientemente el
contacto visual.
'Seguro que no ha notado nada de los momentos anteriores…'
Anton señ aló la puerta del castillo y continuó hablando. "¿Vienes?
Oı́mos que habı́a señ ales extrañ as fuera de las murallas de la ciudad. Es
demasiado pronto para tu despliegue, pero como vienes de un paı́s
extranjero, verlo con tus propios ojos podrı́a ser ú til".
En respuesta a la inesperada propuesta, Rensley asintió rá pidamente.
Se sintió aliviado de haberse puesto la ropa adecuada.
“¡Si me llevas contigo será un honor!”
Anton reanudó la marcha, y entre los pocos caballeros que lo seguı́an,
Rensley se unió al grupo. Aunque lo siguió con con ianza, una vez que
montó a Marilyn, se sintió un poco incó modo. Pensó que estarı́a bien, ya
que no habı́an repetido las acciones como lo hicieron durante la larga
noche, pero la fuerza en sus piernas, que necesitaban para sostenerlo
en el caballo, disminuı́a constantemente. Esto era inesperado. Antes
tenı́a la capacidad de montar a caballo incluso medio dormido.
Afortunadamente, al salir de la residencia del Duque, su cuerpo
recuperó gradualmente la normalidad. No fue hasta despué s de ver las
calles bulliciosas, iluminadas solo por las antorchas y las luces de las
tiendas, que se dio cuenta de la escasa població n. Algunos comerciantes
que aú n no habı́an terminado sus negocios y gente borracha y
tambaleá ndose observaban con curiosidad a los caballeros que
cabalgaban.
Roudken era una gran ciudad fortaleza. Les costó bastante salir. Al caer
la noche, el exterior de las murallas de la ciudad estaba ventoso y hacı́a
un frı́o glacial. A pesar de llevar un abrigo grueso, el aire era tan frı́o
que incluso respirar resultaba doloroso. El tiempo que habı́an pasado
tan despreocupadamente sin ropa, hacı́a tan poco, ahora parecı́a una
mentira.
Rensley miró a su alrededor. El cielo nocturno estaba tan lleno de
estrellas que parecı́a un rı́o plateado a punto de desbordarse. En
contraste, las llanuras oscuras se convertı́an en un abismo
impenetrable, inquietante, a diferencia de la luz del dı́a.
“Maelrosen, por aquı́.”
Rensley se acercó a Anton y le entregó una antorcha.
“Es tu primera vez aventurá ndote fuera del castillo por la noche, ası́ que
mantente especialmente alerta y no te alejes de mi lado”.
"Comprendido."
“Si te lastimas, Su Gracia se preocupará ”.
Las ú ltimas palabras fueron pronunciadas en voz tan baja que nadie
má s las oirı́a. Perdido en el paisaje nocturno por un instante, mientras
Rensley ajustaba la antorcha segú n las instrucciones, uno de los
caballeros habló .
“Manchas de sangre.”
Justo cuando Rensley se tranquilizaba para no temer a la oscuridad, se
oyó un trueno. Sobresaltado, Rensley abrió mucho los ojos. En ese
momento, Anton desmontó de su caballo.
“No ha pasado mucho tiempo desde que se derramó ”.
Anton iluminó un á rea má s amplia con la luz. La llama color mar il,
creada má gicamente, se movió como fuegos fatuos, iluminando varios
puntos antes de volver a su posició n original. Rensley tambié n la vio
con claridad. Las gotas de sangre se dirigı́an en una sola direcció n.
“Se dirigió hacia el bosque.”
“¿Qué debemos hacer?”
Incluso sin escuchar la explicació n, comprendieron por qué dudaban.
Rensley lanzó una mirada distante hacia el bosque. Lo que parecı́a
difı́cil de atravesar durante el dı́a ahora parecı́a el centro mismo de la
oscuridad en la noche.
Esperemos hasta el amanecer. Si no pasa nada, será problemá tico. Por
ahora, con irmemos.
"Comprendido."
Anton estaba a punto de hablar, pero se giró hacia Rensley. Señ aló el
castillo.
Maelrosen, regresa al castillo y espera. Viniste con nosotros sin saber
que nos adentrarı́amos en el bosque; es mejor que solo explores esto
por hoy.
—No, comandante. Iré con usted.
El bosque nocturno es peligroso para un aprendiz. Regresa y espera.
Es má s ventajoso tener una persona má s en momentos como este. Iré
contigo.
Mientras Rensley replicó con irmeza, otro caballero que se encontraba
cerca tambié n intervino.
Solo iremos a la entrada. ¿Te parece bien? Segú n los informes, hay má s
probabilidades de que se trate de travesuras de animales salvajes.
Tendré cuidado de no ser un estorbo. Por favor, dé jame acompañ arte.
Ante la irme insistencia de Rensley, Anton frunció el ceñ o y re lexionó
un momento antes de soltar un breve suspiro. Se volvió hacia Rensley y
le advirtió con irmeza.
No importa si eres un estorbo; en el bosque nocturno, nunca debes
estar solo. Ya sea yo o alguien má s, simplemente qué date cerca de ellos.
Soy especialmente há bil para pegarme a alguien como una lapa, ¿sabes?
No te preocupes.
Mientras Rensley bromeaba, Anton y los demá s caballeros rieron entre
dientes. El ambiente se relajó y, con el miedo amainando un poco,
Anton sacó un pequeñ o colgante de su bolsillo.
Toma esto. Es una herramienta má gica que puede invocar un hechizo
actual. Podrı́a ser ú til si aparece un enemigo.
Pensá ndolo bien, habı́a mencionado que los monstruos no atacaban en
dı́as con rayos. Rensley se guardó rá pidamente el colgante en el bolsillo.
Siguiendo la señ al de Anton, los caballeros a caballo se dirigieron hacia
el bosque. La entrada no estaba lejos. Las manchas de sangre conducı́an
a un denso bosque de conı́feras. El viento, que silbaba en la llanura, se
transformó en un aullido inquietante en el bosque. Incluso sabiendo
que era solo el viento, era inevitable sentir un latido acelerado.
Los caballeros desmontaron y tomaron las riendas al llegar a la entrada
del bosque. Era incó modo caminar por el bosque, repleto de á rboles y
hierba, a caballo. Sin embargo, los caballos, bien entrenados, siguieron a
sus dueñ os sin tensió n ni miedo.
Los á rboles del norte eran altos. Al entrar, el cielo nocturno, que antes
estaba lleno de estrellas, apenas era visible. La tenue luz del misterioso
fuego que atravesaba el bosque negro lo hacı́a parecer un cementerio
de espı́ritus errantes.
Rensley siguió a los demá s con cautela. Las hojas del suelo parecı́an
hú medas, lo que le hacı́a sentir que podrı́a resbalar y caer en cualquier
momento. ¿Cuá nto habı́an caminado? Anton detuvo al grupo.
"Es un ciervo."
Los que caminaban en formació n se dispersaron para rodear los
cuerpos caı́dos. Habı́a ciervos grandes, no solo uno. A varios les faltaban
la parte superior o inferior del cuerpo.
Rensley frunció el ceñ o, mirando al ciervo cortado por la mitad. Las
incisiones eran sucias, no como heridas de armas como cuchillos,
hachas o sierras, sino má s bien como si hubieran sido desgarradas por
los dientes.
“Ultimamente, casi no ha habido casos de que vinieran aquı́…”
Puede que hayan regresado. Quizá s vinieron por comida.
q y g Q p
Anton y los demá s caballeros hablaban en voz baja, discutiendo entre
ellos. Incapaz de comprender del todo su conversació n, Rensley se
concentró en observar al ciervo.
Ver animales depredados no era nuevo para é l. Habı́a cazado en Cornia
antes, y en esas ocasiones, ocasionalmente se topaba con escenas
donde herbı́voros como ciervos o cabras salvajes habı́an sido
sacri icados segú n las leyes de la cadena alimentaria.
Sin embargo, las bestias muertas que habı́a visto entonces y estos
ciervos eran diferentes. Por muy depredador que fuera, parecı́a
improbable que destrozara animales tan grandes como los ciervos de
un solo mordisco.
Al observar al ciervo, Rensley se mordió el labio con fuerza. La
sensació n de tener el pelo erizado le provocó un escalofrı́o, aunque no
se oı́a ni se movı́a. Era una sensació n instintiva y escalofriante que se
podı́a percibir incluso sin sonido ni movimiento. No solo Rensley, sino
tambié n los caballeros, aparentemente percibiendo la incomodidad,
habı́an desenvainado sus arcos o espadas y estaban listos.
Crujido, crujido. Se oyó el crujido de las ramas, y las criaturas ocultas
aparecieron.
“No han regresado todavı́a.”
Alguien entre los caballeros murmuró para sı́. Rensley tambié n levantó
su espada por re lejo, pero su cuerpo rı́gido no se movı́a con facilidad.
Las bestias que caminaban entre los á rboles tenı́an una forma que
nunca habı́a visto. No, llamarlas bestias serı́a inexacto; parecı́an algo
humanoides.
'¿Es é ste el monstruo má s allá del muro del que só lo he oı́do hablar en
libros y canciones?'
Ya fuera de un lado o del otro, para Rensley, eran seres que solo se veı́an
en los cuentos. A pesar de haber oı́do historias repetidas sobre
criaturas no humanas que vivı́an má s allá del muro norte, nunca lo
habı́a sentido real.
Eran tres. Las criaturas, con brazos alargados que se extendı́an hasta el
suelo, no tenı́an ni una sola hebra de pelo. Solo una piel gruesa y
resbaladiza cubrı́a sus cuerpos.
No tenı́an ojos ni boca. Quizá s para respirar, solo dos pequeñ os
agujeros en el centro de sus rostros. Su falta de rasgos faciales los hacı́a
aú n má s grotescos. No rugı́an ni gruñ ı́an. Simplemente permanecı́an
allı́, frente a los caballeros.
Encontrarse con seres tan extrañ os podrı́a haber sido familiar para
otros, pero Rensley, solo é l, estaba confundido. Rensley levantó la
cabeza rá pidamente. Como habı́a dicho Anton, necesitaba mantener la
mente alerta.
"Puaj…"
Al instante siguiente, Rensley gimió involuntariamente. Mientras los
observaba, ojos comenzaron a aparecer uno a uno en el rostro
previamente anodino. Ojos de varios colores —amarillos, rojos, azules
— lorecieron en sus rostros como semillas esparcidas al azar.
"¡Ataque!"
A la orden de Antó n, los caballeros al frente alzaron sus arcos. Las
lechas surcaron el aire con el sonido del viento, impactando en los ojos
que acababan de aparecer. Un chirrido espantoso, como metal
raspando, les atravesó los oı́dos. Mientras gritaban, sus bocas,
bruscamente y de forma desigual, se revelaron.
Una boca enorme, como una cueva, se abrió sobre un cuerpo que
parecı́a desprovisto de todo. En su interior, se veı́an varias capas de
colmillos a ilados. La boca era tan grande como la cintura de un ciervo,
con dientes a ilados que fá cilmente podrı́an desgarrar un rı́o.
Al recibir el ataque, la criatura se acercó , golpeando el suelo con todas
sus extremidades. De repente, un luido viscoso salió disparado y su
brazo se extendió como un martillo.
Anton blandió rá pidamente la espada que sostenı́a, sin darle ninguna
oportunidad a la criatura. Entonces, una corriente brillante crepitó
como un rayo, desviando el ataque. Presenciando un estilo de combate
desconocido para é l, Rensley se quedó paralizado, aturdido. Uno de los
caballeros, al notar su sorpresa, le tocó el hombro.
No te preocupes, recluta. Puede que te parezca extrañ o, pero estas
criaturas no tienen nada de especial. Son como zorros que podrı́as
encontrarte en una excursió n.
"¡Sı́!"
A medida que se acostumbraban a su peculiar apariencia, de hecho, no
eran tan formidables como parecı́an. Los ataques alternaban entre arco
y lecha, espada y magia elé ctrica con artefactos. Mientras atacaban uno
a uno, Rensley tambié n desviaba sus golpes con su espada y se unı́a a
los contraataques. A pesar de no ser excepcionalmente há biles, los
monstruos eran monstruos. La batalla fue bastante intensa y, a pesar de
la frı́a noche, el bosque se calentó .
Tras un feroz intercambio de golpes, solo quedaba una criatura. Justo
antes del asalto inal, Rensley se secó la frente con el dorso de la mano y
se tomó un momento para recuperar el aliento. La criatura solitaria
emitió un gemido y retrocedió . Quizá s porque se habı́a acostumbrado a
su aspecto macabro, o quizá s porque la criatura no se diferenciaba de
un animal salvaje llorando a su compañ ero, Rensley dudó en su ataque.
En ese momento, Rensley oyó un crujido a sus espaldas. Los demá s
parecieron no notarlo, pero no fue una alucinació n.
“¿Podrı́a haber má s…?”
Rensley apretó la espada con má s fuerza y se giró . Antes de que pudiera
dar unos pasos hacia el origen del ruido, vio que sus pupilas se
dilataban al instante y algo se abalanzó sobre é l.
TL/N ¡Les deseo un feliz Año Nuevo! <3 Si les ha gustado la novela
hasta ahora, por favor, consideren compartir sus opiniones con
una reseña en la página principal de WF's CG y en NU. ¡Gracias!
Preguntas y respuestas
Cap. 7.4 - La hora del té del gato
ladrón
La puerta del despacho del rey se abrió con urgencia. El duque de
Aldrant, que no solı́a apresurarse, caminaba con paso rá pido. El capitá n
de los caballeros, Anton, que habı́a llegado temprano, lo saludó . Sin
siquiera sentarse, el duque Gezell inmediatamente hizo una pregunta.
"¿Qué pasó ?"
Llegaron informes de que se encontraron cadá veres de animales no
identi icados cerca del castillo. Fui a inspeccionar y encontramos
rastros de sangre en las llanuras, ası́ que nos adentramos en el bosque.
Allı́ descubrimos monstruos y los eliminamos. Despué s, registramos los
alrededores, pero parece que se fueron en grupo en busca de presas.
Refuerza la guardia junto con la muralla. Rara vez bajan cerca del
castillo... Deberı́amos informar a Lady Frida. Podrı́a haber otro ataque
pronto. ¿No habı́a ninguna otra señ al inusual?
No hubo situaciones ni señ ales particulares, pero… durante la
inspecció n, me encontré con Maelrosen y se unió a nuestras fuerzas.
Aunque todavı́a era un aprendiz, es de una regió n forá nea, ası́ que
pensé que serı́a bueno que viera el entorno nocturno de Aldrant.
"¿Qué dijiste?"
La voz de Gezell se hizo má s fuerte. Anton bajó un poco la cabeza.
Recibió una herida leve durante la batalla. Deberı́a haberlo guiado
mejor; me disculpo.
“…¿Dó nde está ahora?”
Debido a la atenció n del pú blico, no pudo ir a la habitació n de Su
Excelencia. Lo dirigı́ a una habitació n en el segundo piso para que
recibiera tratamiento.
Antes de que Anton pudiera terminar de hablar, Gezell se levantó
bruscamente. No usó la puerta, sino que desapareció .
En la o icina, Anton, que se quedó atrá s, abrió los ojos con sorpresa y
suspiró .
"No está solo, Su Gracia."
El que apareció repentinamente en medio de la habitació n sin previo
aviso no solo sobresaltó a Rensley. El mé dico que habı́a venido a revisar
su estado y algunos caballeros que habı́an estado charlando mientras lo
observaban tambié n abrieron los ojos como platos. El mé dico dejó caer
las tijeras que sostenı́a.
¡Su Gracia! ¿Có mo…?
Al oı́r el saludo desconcertado del mé dico, Rensley pensó rá pidamente.
Estaba levemente herido, y ahora era un lord, usando magia para ir a
ver personalmente a un aprendiz de caballero... se sentı́a incó modo.
Otros caballeros tampoco pudieron ocultar su confusió n y miraban
alternativamente a Rensley y a Gezell. Rensley sonrió ampliamente, se
levantó , hizo una profunda reverencia y ofreció sus saludos.
Ha pasado mucho tiempo, Su Gracia. Agradezco que siempre trate a un
humilde servidor como yo como un invitado de honor debido a mis
deberes para Su Gracia. Es un honor recibir su visita en persona.
“…¿Fuiste herido en batalla?”
“Bueno, eso es…”
Los ojos de Rensley se enrojecieron levemente. Puso los ojos en blanco
y simplemente sonrió .
Serı́a genial decir que me lastimé luchando contra monstruos, pero no
es ası́. Me mordió un cachorrito... Creo que, sin querer, provoqué al
pequeñ o asustado que se escondı́a.
“Afortunadamente no es una lesió n grave”.
Entre los caballeros regulares, un miembro mayor, de cierta jerarquı́a,
reforzó las palabras de Rensley. Mientras tanto, los nuevos reclutas
permanecı́an cerca de Rensley, susurrando y bromeando.
Que me mordiera un cachorro en la primera salida despué s del
despliegue. ¿No es memorable?
—Cá llate. ¿Alguna vez te han desplegado o icialmente?
Vamos al bosque a menudo. Era tu primera vez, ¿verdad?
La voz de Rensley al responder estaba llena de risa, como un susurro
confuso. Gezell, tras mirarlos de reojo, habló .
—Vá yanse todos. Tengo algo que discutir con Maelrosen.
Era un tono frı́o. Una vez que con irmaron que las heridas eran leves,
todos, que habı́an pensado que Gezell podrı́a estar preocupado,
volvieron a ponerse tensos en el ambiente gé lido del señ or. El mé dico,
que terminó de vendar, y los caballeros que habı́an estado charlando se
marcharon uno a uno, dejando atrá s saludos y saliendo en silencio,
lanzando miradas furtivas.
Un frı́o ominoso, difı́cil de describir en el cá lido dormitorio, persistı́a.
Rensley observó las iguras que se alejaban de sus compañ eros.
Finalmente, solo quedaron ellos dos en la habitació n, y Rensley le
dirigió a Gezell una mirada aú n má s lastimera. Antes de que Rensley
pudiera inmutarse, Gezell le advirtió .
“No te arrodilles y no te disculpes”.
"...Sı́."
"…Sı́."
"Sentarse."
Rensley se sentó vacilante en la silla. Gezell tambié n se sentó frente a é l
en la silla donde habı́a estado sentado el mé dico, levantando con
cuidado el brazo vendado.
¿No se suponı́a que debı́as ayudar en la cocina?
—Bueno, eso es… Me encontré con el comandante camino a la cocina, y
las cosas resultaron ası́.
“Te mordió un perro.”
Era un cachorrito, por ası́ decirlo. Aú n no le habı́an a ilado los dientes,
ası́ que no me lastimé mucho. Cojeaba, probablemente porque se
lastimó la pata. Parecı́a haber corrido, sorprendido por una pelea
repentina cerca. Al principio, me sobresalté al ver algo que se me venı́a
encima, pero era un cachorrito.
En silencio ante la explicació n que parecı́a una excusa, Gezell desató el
vendaje. A pesar de los esfuerzos del mé dico, el vendaje, que habı́a
estado irmemente envuelto, se desprendió por completo. Incluso con
la desinfecció n y la hemostasia, la herida, donde las marcas de los
dientes de la bestia eran vı́vidas, quedó expuesta, y Gezell frunció el
ceñ o abiertamente. Rensley añ adió rá pidamente una explicació n.
Dijeron que me curarı́a rá pido. Como puedes ver, no es una herida
profunda.
Las heridas por mordeduras de animales son difı́ciles de suturar y
dejan cicatrices importantes. Si la desinfecció n o el tratamiento son
inadecuados, tambié n existe la posibilidad de que se propaguen otras
enfermedades.
Gezell extendió la mano hacia la herida.
Continuaré con el tratamiento, ası́ que aguanta un poco el dolor.
Antes de que Rensley pudiera responder que el tratamiento ya estaba
hecho, una luz verde, como acuarela, se extendió entre la mano de
Gezell y la herida. Rensley se mordió el labio con fuerza. Mientras la
mano de Gezell sujetaba el brazo, aplicó fuerza como si lo pellizcara,
provocando que Rensley jadeara de dolor.
Fue una agonı́a desgarradora, como si le desgarraran la carne. Dolı́a
má s que cuando lo mordió el perro. Rensley, que aguantaba sin
quejarse, no pudo contenerse má s y apeló cuando la luz verde se
intensi icó , en consonancia con el creciente dolor.
—Su Gracia, me duele má s ahora que cuando me mordieron.
Aguanta un poco má s. No soy muy há bil con la magia curativa, ası́ que
ten paciencia.
“Si no eres competente, ¿no deberı́as abstenerte de hacerlo?”
Intentando no pensar si causaba dolor intencionalmente, Rensley se
mordió el labio. A medida que el dolor se prolongaba, las lá grimas
brotaban y caı́an. Inconscientemente, respirando profundamente, miró
a travé s de la misteriosa luz verde.
Aunque mencionó su falta de competencia, su magia pareció surtir
efecto. El intenso dolor, que parecı́a carne y huesos ardiendo, disminuyó
gradualmente. A medida que el dolor má gico disminuı́a, el dolor
punzante de la herida tambié n disminuı́a.
Rensley parpadeó con los ojos hú medos, observando la escena donde la
luz verde entre la mano de Gezell y su piel se desvaneció en un pá lido
lavanda. A medida que la luz se debilitaba, incluso las marcas de
dientes, que parecı́an cicatrices de agujas, se volvieron tenues, como
piel fresca.
Ahora el dolor era soportable. Rensley, quien habı́a relajado su
expresió n mientras observaba su herida cicatrizada, sostuvo la mirada
de Gezell. A pesar de la clara mejorı́a de la lesió n, Gezell no mostró
mucha satisfacció n.
—Su Gracia, muchas gracias. Parece que ya casi está curado, ¿verdad?
“Como dijo Sir Maelrosen, no era una herida profunda”.
Solo despué s de un rato, el brazo de Rensley quedó libre. Aunque aú n
tenı́a manchas de sangre, la herida habı́a mejorado notablemente. ¿No
estaba esto cerca de la recuperació n completa? Rensley contempló su
brazo milagrosamente curado con ojos llenos de asombro.
Tras revisar su estado girando el brazo, Rensley levantó la cabeza y se
encontró con la mirada de Gezell. Aunque la herida parecı́a
completamente curada, Gezell no mostró mucha alegrı́a.
“Su Alteza, estoy realmente agradecido.”
¿Por qué un aprendiz como tú terminó haciendo una patrulla nocturna
en el bosque? ¿Te lo ordenó el comandante Anton?
"¡No!"
Rensley negó rá pidamente con la cabeza.
El comandante me dijo que regresara al castillo y esperara. Insistı́ en ir
con é l, y ası́ fue. Tambié n me advirtió que se preocuparı́a si me
lastimaba, pero fui descuidado y le pido disculpas. Su Gracia, por favor,
no culpe al comandante. Es todo culpa mı́a.
“¿No deberı́as responsabilizar al caballero si crees que es su culpa?”
—Sı́, por favor. Aceptaré cualquier castigo.
“¿Incluso si eso signi ica ser despojado de su tı́tulo de caballero?”
Los ojos de Rensley se abrieron de par en par. Sintió que sus mejillas se
endurecı́an. Incapaz de responder, se mordió el labio ligeramente. La
voz de Gezell, antes frı́a como el viento gé lido má s allá de los muros del
castillo, se volvió aú n má s frı́a.
Originalmente, tu deber era quedarte en silencio en la habitació n de la
Duquesa hasta que se resolviera la situació n. Pero consideré que tienes
varios talentos y tu temperamento no es adecuado para una vida
con inada en una habitació n. Ası́ que te sugerı́ unirte a la orden de
caballeros. Sin embargo, desobedecer las ó rdenes y resultar herido... no
puedo evitar arrepentirme de mi decisió n.
Sus sensatas palabras no tenı́an justi icació n. Rensley bajó la mirada y
re lexionó sobre lo que decı́a. Por mucho que lo pensara, era injusto. Al
inal, no habı́a forma efectiva de expresar sus disculpas ni de prometer
ser má s cuidadoso. Al no encontrar ré plicas contundentes, reprimió
sutilmente su sentido de injusticia.
Poco a poco, un extrañ o sentimiento se apoderó de mı́. Era extrañ o que
un caballero fuera interrogado tan exhaustivamente por haber
resultado herido en batalla.
“Ahora solo soy un aprendiz, pero ¿no pasé la prueba de ingreso a la
orden?”
La persistente incomodidad eclipsó la incomodidad inicial. Rensley,
mientras observaba la expresió n del Duque, continuó hablando.
Oh, he oı́do que los Caballeros Aldrant priorizan no solo la protecció n
de los señ ores, sino tambié n la preparació n para las batallas contra
monstruos, a diferencia de los caballeros para los reyes. Hoy, aunque
era aprendiz, era mi primera salida y estaba nervioso porque aú n no
me habı́a acostumbrado a las batallas con monstruos. Considerando
que contribuı́ a mi manera y que el monstruo no me hirió de gravedad,
creo que no está mal para ser la primera vez.
“Entonces, ¿te sientes tratado injustamente?”
Una vez que las palabras exactas de inieron sus sentimientos, la
vergü enza superó la incomodidad inicial. Rensley no lo negó . Era un
hecho.
Sı́. Siempre existe el riesgo de que los caballeros resulten heridos.
Aunque soy aprendiz, quien me sugirió convertirme en caballero fue Su
Gracia. Pero ahora, tras resultar herido en mi primera batalla real, está
furioso. No sé qué hacer.
No tienes que hacer nada. Como dijiste, fui yo quien sugirió que te
convirtieras en caballero, y estoy considerando las consecuencias de
mis propias acciones.
—Su Gracia, no es nada. Solı́a lesionarme ası́ con frecuencia, incluso
cuando vivı́a en Cornia. Incluso me mordió un perro má s grande.
Al decir eso, la expresió n de Gezell se oscureció .
¿Có mo pasó eso?
De joven, no sabı́a que los perros de caza podı́an dar miedo. Estaba
jugando junto a uno sin darme cuenta, y acabó mordié ndome. Mira,
todavı́a tengo una cicatriz.
La valentı́a de Rensley, que jamá s se habı́a topado con la hostilidad de
los animales, provocó un incidente. El perro de caza, propiedad nada
menos que del prı́ncipe Fé lix, prı́ncipe heredero y enemigo jurado de
Rensley, se parecı́a a su amo y era feroz. Para Rensley, el perro era solo
un perro, sin importar quié n fuera su dueñ o. Pensando que no serı́a
muy diferente de otros perros, Rensley se acercó juguetonamente, solo
para ser mordido en la pata. La herida era grave y, aunque recibió
tratamiento de inmediato, le quedó una cicatriz.
Mientras Rensley se levantaba el bajo del pantaló n, Gezell se sujetó el
tobillo blanco y recorrió la pequeñ a cicatriz de su pantorrilla. La piel
perforada hacı́a tiempo solo conservaba tenues rastros.
Sus largos dedos rozaron suavemente la zona. Al continuar acariciando
el mismo punto, empezó a picar. Gezell, quien habı́a permanecido en
silencio todo el tiempo, suspiró levemente.
—Ası́ es. Nunca puede haber seguridad perfecta en la vida.
Rensley soltó el tobillo. Se levantó de la silla y se acercó a Gezell.
Aunque se sentó lentamente sobre sus rodillas, Gezell no lo apartó .
Su Gracia, fue mi primera salida, mi primer encuentro con monstruos
de los que solo habı́a oı́do hablar, y mi primera vez en el bosque. Habı́a
muchas cosas que querı́a decir cuando nos conocimos, pero desde que
empezó a interrogarme, se volvió frustrante... Lo siento.
Ante esto, Gezell rió amargamente y habló .
—Ya veo. Hablas de ello como si hubieras ido de picnic.
Sı́. Dicen que las criaturas que encontramos hoy no tienen nada de
especial. Pero aun ası́, su aspecto era realmente aterrador. Eran tan
blancos y resbaladizos como un pulpo recié n pescado, y no tenı́an ojos,
nariz ni boca. De repente, empezaron a aparecer ojos por todas partes...
Uf... la verdad, fue realmente repugnante.
p g
“Entiendo qué clase de criaturas son”.
Gezell rió disimuladamente. Un atisbo de desprecio se re lejó en sus
ojos color calabaza. Por otro lado, la expresió n de Rensley estaba llena
de compasió n.
Aun ası́, cuando los mataron a todos y solo quedó uno, me dio un poco
de lá stima. Al principio, parecı́an monstruos, pero luego, criaturas que
conocı́an el miedo. Cuando los demá s dijeron que no se diferenciaban
de los zorros que se encuentran en un picnic, pensé que exageraban.
“Sir Maelrosen parece ser compasivo”.
El sarcasmo de Gezell se convirtió en una sonrisa.
Parece que hay una vulnerabilidad en la defensa norte. Podrı́a haber
otro ataque pronto. No como el encuentro inesperado de hoy, sino uno
planeado.
“En ese momento realmente haré una salida o icial”.
—No tienes ninguna obligació n de hacerlo, pero… quieres hacerlo, ¿no?
Su Gracia, me con ió esta tarea. Nadie se convierte en caballero y sirve
como escolta real solo por diversió n. Aunque mi rol como Gran
Duquesa es temporal, he prometido seguir sirviendo como caballero.
Sin ser un caballero de verdad, ¿qué lugar ocuparı́a en este paı́s?
En lugar de responder, Gezell tocó suavemente el cabello rubio esta vez.
Rensley bajó la mirada. Era má s difı́cil negar el afecto que transmitı́a
esa caricia que soportar la reprimenda anterior. Cuando Gezell le
aconsejó con suavidad, Rensley suspiró aliviado. Por suerte, parecı́a que
podı́a mantener su estatus de caballero.
Aunque muchos son caballeros, solo hay una persona en el puesto de
Gran Duquesa. Si lo consideras peligroso, priorı́zate como Gran
Duquesa, pase lo que pase.
Entiendo. Aunque uno o dos caballeros resulten heridos o mueran, no
será un problema, pero si se trata de la Gran Duquesa, la situació n se
agravará mucho má s.
Incapaz de superar el dolor en el pecho, Rensley dio una respuesta vaga
y de disculpa. En respuesta, Gezell arqueó ligeramente las cejas. Parecı́a
no transmitir ese signi icado, sino má s bien indicar que no lo decı́a en
serio. Rensley preguntó sin darle oportunidad de decir lo contrario.
¿Sabes de posibles candidatos para el nuevo matrimonio de la Gran
Duquesa? Hace tiempo que no estoy aquı́ y aú n no hay noticias.
“…No es un asunto urgente, ası́ que no hay necesidad de apresurarse.”
Aunque no lo parezca, la gente lo ve y lo oye todo. Aunque ahora
parezca estar bien, con el tiempo, les resultará extrañ o si no hay
progreso. Mucha gente sigue sintiendo curiosidad por los movimientos
de la Gran Duquesa.
"Es eso ası́."
Quizá s ya lo sabı́a. El astuto Gezell no permanecerı́a ajeno a la opinió n
pú blica, aunque Rensley no le informara.
“¿Hay un enviado imperial residiendo en Cornia?”
Fue una pregunta repentina. Rensley asintió .
Sı́, habı́a una residencia para el enviado en Celestina. No era tan
imponente como la capital, pero estaba muy cerca.
Tambié n hay uno en Roudken. Aldrant es polı́ticamente independiente
en comparació n con otros lugares, y el enviado no suele interferir en los
asuntos internos. Sin embargo...
Inesperadamente, ¿un enviado imperial? Rensley no entendı́a lo que
decı́a y simplemente parpadeó .
Planeo celebrar un banquete pró ximamente. No disfruto mucho de los
banquetes, pero es parte del deber de un duque entretener a los
invitados. En ese momento, como Gran Duquesa, deberı́a asistir.
Tambié n ayudará a disipar los rumores entre el pueblo.
Solo entonces Rensley asintió . De hecho, revelarse de esa manera
probablemente reducirı́a los rumores entre la gente.
Sin embargo, era solo una medida temporal. ¿De qué servirı́a dar a
conocer al mundo el bienestar de la actual Gran Duquesa? Si habı́a
cosas que hacer, cuanto antes el Gran Duque se volviera a casar y
Rensley pudiera cumplir con su legı́timo papel de caballero, mejor.
Pensando ası́, Rensley no pudo evitar sonreı́r con ironı́a. Acababa de
demostrar una lealtad devota hacia el sujeto al que habı́a escupido
veneno hacı́a poco. Le preguntó a Gezell mientras lo abrazaba por el
cuello.
“Su Gracia, ¿disfruta estar conmigo?”
—Por supuesto. No hay nada mejor que esto.
Una cita secreta con un lı́mite de tiempo, un encuentro a escondidas,
era lo má s dulce que podı́a haber. Rensley, quien solı́a disfrutar de estos
encuentros secretos, conocı́a esa emoció n mejor que nadie. Para un
hombre que solı́a vivir de comida insı́pida en este frı́o paı́s del norte,
probablemente serı́a el mejor regalo especial que jamá s habı́a tenido.
Poniendo in a la aburrida conversació n, Rensley bajó la cabeza. Cuando
sus labios se cruzaron, el brazo que rodeaba la cintura de Rensley,
sostenido por Gezell, se tensó con renovada fuerza.
Cap. 7.5 - La hora del té del gato
ladrón
El frı́o que penetra incluso la temperatura corporal baja no se puede
ignorar fá cilmente. Cuando Rensley abrió los ojos en la cama del Gran
Duque que compartieron anoche, Gezell ya se estaba vistiendo.
Pensar que estaba tumbado y durmiendo mientras el Duque se
levantaba y se vestı́a. Rensley se levantó rá pidamente y se sentó
erguido. Al percibir su movimiento, Gezell se giró .
Descansa un poco má s. Necesito bajar a revisarlo.
“No, yo tambié n deberı́a prepararme para salir ahora”.
Rensley se levantó de la cama desnudo. Rá pidamente se acercó a Gezell,
agarró la ropa que se estaba poniendo y lo ayudó a poné rsela. Una leve
sonrisa se dibujó en los labios de Gezell, que estaban tensos.
“Puedo poné rmelo yo solo.”
"Aú n ası́."
Con el abrigo puesto, Gezell, en lugar de terminar de vestirse, se tocó
las heridas que habı́a curado con las manos. Mientras tanto,
independientemente de si su recuperació n habı́a avanzado o no, la piel
blanca y casi limpia no mostraba rastros signi icativos.
“¿Có mo está n las heridas?”
Como pueden ver, ya está n perfectamente bien y no siento ningú n dolor.
Ayer me sorprendı́ bastante. Si todos pudieran usar magia curativa, no
habrı́a necesidad de medicinas.
Pero la magia curativa es magia avanzada, y no todos pueden usarla. Es
una lá stima, pero...
Gezell miró seriamente las tenues cicatrices que habı́an disminuido.
La magia solo puede curar heridas fı́sicas. No puede curar
enfermedades ni sanar la mente. Sin duda, la magia es una fuerza
conveniente y poderosa, pero nunca es omnipotente.
Aunque la idea de usar magia para curar heridas ya se habı́a oı́do antes,
no habı́a rumores de que curara enfermedades mortales. Muchos
miembros de la realeza padecı́an locura o melancolı́a, por lo que se
insinuaba que las heridas mentales tampoco podı́an curarse con magia.
Rensley observó sus largas pestañ as, mirá ndolo ijamente.
'¿Tenı́as a alguien a quien querı́as curar?'
Como mencionó su padre la ú ltima vez. Curioso como estaba, Rensley
se tragó la pregunta. Tenı́a la discreció n para distinguir entre lo que se
podı́a preguntar y lo que no.
“Tendré cuidado de no lastimarme”.
La satisfacció n se re lejó en el rostro de Gezell; debı́a de ser la respuesta
que buscaba. Mientras Rensley se ponı́a la camisa que se habı́a quitado
el dı́a anterior, Gezell, ahora con capa, sacó a relucir otro tema.
Cuando termine el entrenamiento de hoy, ven a la o icina. Tengo algo
que enseñ arte.
"¿Qué pasa?"
No es nada especial. Necesito la opinió n de Sir Maelrosen, ası́ que
vengan. Yo me iré primero, ası́ que tó mense su tiempo para prepararse.
Rensley asintió . Antes de seguirlo hasta la puerta y salir del dormitorio,
se besaron de nuevo. Con cada leve roce de sus labios, la expresió n
severa se suavizaba poco a poco.
"Hasta luego", dijo Gezell con voz amable, y desapareció por la puerta.
Rensley se quedó un momento frente a la puerta cerrada y luego se giró
hacia el dispositivo de teletransportació n. Para ir al campo de
entrenamiento, Rensley Maelrosen tuvo que salir de la habitació n del
segundo piso.
El hombre del sur entró al bosque en plena noche e incluso se topó con
monstruos. ¿Qué tan sorprendido crees que se quedó ? En Aldrant, ni
siquiera los perros salen de los muros del castillo por la noche. No
hacen ningú n ruido en el bosque.
¿Dijo que lo mordió un cachorrito salvaje? ¡Ensé ñamelo!
—¿Para qué molestarte en mirar, Jasha? Dé jalo pasar.
Durante un descanso del entrenamiento, Rensley limpió las manos de
sus compañ eros que tocaban las vendas. ¿Có mo explicarı́a por qué las
heridas de ayer ya habı́an sanado por completo? Como dijo el Duque
Gezell, la magia curativa era avanzada y no todos podı́an disfrutar de
sus bene icios. Si se supiera que el propio Duque habı́a curado
personalmente las heridas de un forastero, seguramente circuları́an
rumores inquietantes.
Por cierto, ¿te llevas bien con el duque Gezell? Me sorprendió que
viniera de visita ayer.
Como si revelara sus pensamientos sobre el Duque, Stan, un camarada
cercano, le dio un codazo en las costillas. Rensley ajustó rá pidamente su
expresió n.
Viene de visita de vez en cuando. Gracias a é l, estoy sirviendo a la Gran
Duquesa. A veces pregunta por Cornia y a veces por Su Gracia.
“¿Tienes siquiera conversaciones personales con la Gran Duquesa?”
—Bueno, yo... aquı́, me he convertido en una especie de amiga de su
pueblo. A veces nos vemos. No me malinterpretes. Es en presencia de
Su Gracia y Lady Samlet.
¿De verdad se llevan bien? La gente está muy preocupada. Como viene
de un lugar lejano, y aunque lo pienses, el Duque Gezell... no parece de
los que son amables con su esposa.
¿Por qué lo crees? Es muy amable.
Stan frunció el ceñ o con expresió n de desconcierto. Era una evaluació n
coherente. Gezell Jivendad, como señ or, gozaba de gran prestigio, pero,
al ser considerado el esposo de una mujer, solo recibı́a crı́ticas.
Era simplemente un erudito que disfrutaba pasando tiempo solo y
disfrutaba leyendo libros y estudiando má s que otros. Aunque eso no
signi icaba que no pudiera ser un buen esposo, asumiendo que no le
interesaban las mujeres antes del matrimonio, la gente era demasiado
simple. Rensley se enojaba sin motivo.
“¿Amable, dices?”
Digo lo que he visto. ¿No te sorprenderı́a si lo vieras tambié n? Delante
de la gente, parece directo, pero delante de la Gran Duquesa, sonrı́e y
habla mucho. Comparado con las parejas que se rumorean con buena
relació n, no es nada. A veces, incluso la lleva en brazos como si fuera
una muñ eca, como para presumir.
“¿Sonrisas?”
¿
Esta vez, no solo Stan, sino tambié n algunos otros voltearon la cabeza y
reaccionaron. Sı́, sonrı́e. No lo has visto, pero yo lo he visto varias veces.
Pero no se podı́a presumir de algo ası́. Rensley se encogió de hombros
en señ al de que no habları́a má s del tema.
“Si quieres ver, debes convertirte en un conocedor”.
¿Nos está s diciendo que nazcamos de nuevo? ¡Vaya, esto sı́ que es un
privilegio, un privilegio!
Era una orden de caballerı́a fundada para servir al rey. Como el duque
no querı́a casarse con ninguno de los caballeros, daba igual. Sin
embargo, al escuchar las experiencias de camaradas cercanos al señ or,
todos no pudieron evitar ocultar su envidia.
Basta de charlas. Hoy, antes de que se ponga el sol, patrullaremos el
exterior del castillo. Todos los aprendices se unirá n tambié n.
"¡Sı́!"
Con las palabras del comandante, el ambiente se enrareció al instante.
Debido a los sucesos de ayer, la seguridad de Roudken se habı́a vuelto
estricta. Tanto la unidad de guardia, compuesta por ciudadanos y
soldados, como la orden de caballeros, decidieron turnarse para
patrullar fuera de los muros del castillo.
Para salir, Rensley, con armadura ligera, recordó lo que habı́a dicho
Gezell. Podrı́a haber un ataque en un futuro pró ximo. Quizá s todos los
aprendices de caballero, incluido é l mismo, serı́an desplegados en
combate real antes de lo esperado.
—Rensi, ú ltimamente Max ha sentido curiosidad por saber por qué has
estado tan esquiva —susurró Stan mientras cabalgaban juntos. Max era
el dueñ o de una taberna en el pueblo de Roudken, a las afueras del Gran
Ducado, donde solı́a reunirse con otros a menudo. Sin embargo,
Rensley lo visitaba con menos frecuencia desde que pasaba las noches
con Gezell.
He tenido muchas cosas en la cabeza, ası́ que he estado un poco
ocupado. ¡Vamos allá pronto!
“Por la forma en que hablas… ¿te sientes solo?”
¿Solo? ¡Qué tonterı́a! ¡Qué cosa tan rara!
Debe ser incó modo ver a los dos tortolitos. En este mundo solitario, si
ves a una pareja tan unida de reojo, te sentirı́as ası́. Espera un poco. Una
vez que te quites la etiqueta de aprendiz, podrı́as recibir bastantes
ofertas de pareja.
Rensley rió entre dientes ante la broma de Stan. Mientras varios
caballeros galopaban juntos, el sonido de los cascos resonó , creando
una sensació n de vigor. Al ganar velocidad, el viento frı́o les azotó las
mejillas.
En lo má s profundo de su pecho, sentı́a como si una olla de sopa se
calentara sin llegar a hervir, y la temperatura seguı́a subiendo. Quizá s
era porque no era de noche; hoy, ni siquiera cabalgando rá pido sentı́a
frı́o.
Autor de novelas originales y traductor de novelas coreanas (⑅˘͈ ᵕ ˘͈ )
Sié ntete libre de compartir tus pensamientos en los comentarios, ya sea
que se relacionen con mis proyectos de traducció n o mis obras
originales; tus comentarios son muy apreciados y brindan un aliento
reconfortante (⁄ ⁄•⁄ω⁄•⁄ ⁄)
Cap. 7.6 - La hora del té del gato
ladrón
Despué s de la sesió n de entrenamiento, Rensley fue a la o icina segú n
las instrucciones de Gezell.
Sin embargo, a pesar de tocar la puerta, no hubo respuesta. Rensley
pegó la oreja a la puerta, intentando percibir algú n sonido del interior,
pero no hubo ninguno.
«Me dijo claramente que fuera a la o icina, no al laboratorio de
investigació n», pensó Rensley. Dudó un momento y luego decidió abrir
la puerta. La puerta, sin llave, crujió al abrirse. En silencio, entró .
Parecı́a que se estaba discutiendo, pues la mesa de conferencias estaba
abarrotada de papeles y libros. El caos organizado indicaba que la
ausencia no habı́a sido larga. Rensley, considerando qué hacer, decidió
esperar. Si el propio Gran Duque le pedı́a que fuera a la o icina, no tenı́a
por qué ir.
A diferencia del laboratorio de investigació n, que se frecuentaba como
su habitació n, la o icina era diferente. La usaban caballeros de alto
rango responsables de asuntos de estado, Anton, el comandante,
miembros del personal, y no se dedicaba principalmente a estudios
má gicos.
Mientras que el laboratorio de investigació n subterrá neo tenı́a una silla
có moda y estaba abarrotado de libros apilados, ingredientes alquı́micos
y dispositivos mecá nicos, la o icina tenı́a una mesa de conferencias,
rı́gidas sillas de madera, documentos con un lenguaje complejo y una
pancarta que representaba la autoridad del Duque. El ambiente se
sentı́a má s solemne, y a Rensley no le gustaban especialmente esos
espacios formales.
Mientras estaba sentado tranquilamente en una de las sillas de un
rincó n, notó algo que no habı́a visto en sus numerosas visitas. Envuelto
en una tela de terciopelo rojo, era bastante grande y plano. Curioso,
Rensley se inclinó hacia delante, intentando adivinar qué podrı́a ser.
“Si es de ese tamañ o… no puede ser un libro, tal vez un nuevo
dispositivo má gico, o algo para colgar en la pared… tal vez un cuadro…”
De repente, lo asaltó una idea. ¿Serı́a el objeto que Gezell querı́a
mostrarle?
—No vuelvas a mencionar ese asunto. Lo solucionaré yo mismo.
“Pero, Su Gracia…”
Unas voces al otro lado de la puerta interrumpieron sus pensamientos.
Rensley se levantó rá pidamente. Al abrirse la puerta, entraron Gezell y
algunos asistentes desconocidos.
"¿Quié n es é ste?"
Uno de los asistentes que estaba junto al Gran Duque frunció el ceñ o y
preguntó . Gezell levantó la mano para tranquilizarlo.
Es un caballero. Lo llamé , ası́ que no hay necesidad de estar en guardia.
La reunió n ha terminado; todos, por favor, vá yanse.
“Su Gracia, por favor considere lo que nuestros corazones le está n
diciendo”.
Gezell suspiró como si estuviera cansado y frunció el ceñ o ligeramente.
“Entendido, ası́ que por ahora, retı́rate.”
Rensley observaba en silencio. Parecı́a una conversació n seria, pero no
entendı́a de qué se trataba. Pronto, la o icina quedó vacı́a, solo
quedaban Gezell y Rensley.
Disculpe la llamada y la espera. Hubo una breve discusió n con los
empleados.
“¿Hay algú n problema signi icativo?”
—No. Los asistentes mayores suelen tener preocupaciones infundadas.
No es algo de lo que preocuparse.
Gezell miró alrededor de la o icina, luego se volvió hacia Rensley y se
acercó a é l.
“Ahora, ¿nos vamos?”
“Pero mencionaste que tenı́as algo que mostrar…”
No te pedı́ que vinieras a la o icina para esto. Simplemente está má s
cerca desde aquı́.
Rensley echó un vistazo al objeto envuelto en terciopelo. Parecı́a que el
objeto que Gezell querı́a mostrar no era este. Sin hacer preguntas,
Rensley siguió a Gezell mientras este tomaba la iniciativa.
Gezell se dirigió al patio donde se habı́a preparado para el
entrenamiento de esgrima durante los exá menes de ingreso.
Recientemente, el Duque habı́a estado construyendo algo allı́,
a irmando que estarı́a terminado pronto.
«No sé mucho de arquitectura, pero ¿por qué querrı́a mi opinió n?», se
preguntó Rensley.
Caminando por el pasillo norte desde la o icina hasta el patio, era un
á rea comú n cuando era necesario, pero generalmente era el espacio
privado del rey. Salvo el jardı́n, el pasillo que conducı́a allı́ rara vez era
frecuentado, ya que albergaba ú nicamente el campo de entrenamiento
real de artes marciales y el almacé n de las pertenencias reales.
Hoy, ambos caminaron por el largo pasillo. Al cruzar el muro de ladrillo
que separaba el patio, la vista era muy diferente a la ú ltima vez que
Rensley la vio.
Una nueva estructura habı́a emergido en lo que antes solo era un jardı́n
con cé sped y á rboles. Al contemplar la vista, Rensley no pudo evitar
admirarla.
¡Su Gracia! Es realmente esplé ndido.
¿Qué te parece? ¿Tiene buena pinta?
Está má s que bien. ¿No es un desperdicio tener algo ası́ en un patio
trasero tan aislado?
Rensley, conteniendo la respiració n, se adelantó a Gezell. La estructura,
que el Gran Duque habı́a supervisado personalmente durante algú n
tiempo, parecı́a ser un pequeñ o anexo.
No serı́a sorprendente que eso fuera todo. Era comú n construir anexos
sencillos para tomar el té o descansar en el jardı́n del palacio. Sin
embargo, lo que Gezell habı́a construido no era un simple lugar de
descanso.
“Nunca he visto un edi icio como este”.
Los ojos de Rensley brillaban al recorrer el edi icio, construido
completamente de cristal, desde el techo hasta las paredes. El cristal
era caro, y cuanto mayor era el tamañ o, mayor era el coste. Si bien el
y y y
Castillo de Roudken, residencia del Gran Duque, tenı́a vidrieras en
todas las habitaciones, como corresponde a un noble, muchas casas
comunes solı́an tener contraventanas de madera o cubiertas de cuero
en lugar de vidrieras. Pero construir un edi icio entero de cristal,
especialmente de este tamañ o…
El patio trasero estaba frı́o, pero la luz del sol entraba a raudales y las
paredes de cristal transparente brillaban como rı́os dorados iluminados
por el sol. Rensley, cautivado por la luz deslumbrante, miró a Gezell.
“¿Por qué construir un edi icio tan caro aquı́?”
Ven aquı́. Lo entenderá s cuando entres.
Gezell volvió a tomar la mano de Rensley y se adelantó . Rensley lo
siguió apresuradamente, como un niñ o emocionado.
Al abrir la puerta y entrar, el interior era má s espacioso de lo esperado.
No era la tı́pica cabañ a sencilla con suelos de baldosas de piedra, mesa
de té y sillas có modas que Rensley habı́a imaginado. Las paredes de
cristal dejaban que la luz del sol inundara la habitació n, en marcado
contraste con el clima exterior. Parecı́a como si la temperatura interior
estuviera regulada por algú n dispositivo en lugar de solo por la luz
solar.
Bajo la pared de cristal, lo que llamó la atenció n no fue una mesa ni
sillas, sino plantas bien cultivadas. Aunque no estaban del todo
maduras, se colocaron ante ellas frutas familiares, y Rensley murmuró
asombrado.
“Tomates…”
“Te he oı́do lamentarte varias veces de lo difı́cil que es conseguirlas, ası́
que decidı́ hacer algunas”.
Gezell tomó nuevamente la mano de Rensley y avanzó .
En Aldrant, es difı́cil cultivarlos, pero planté solo los cultivos que se
pueden cultivar a pequeñ a escala aquı́. Desafortunadamente, por ahora
es difı́cil tener variedades de á rboles frutales má s grandes. Con má s
investigació n, podrı́amos encontrar una solució n.
El invernadero que construyó Gezell era un invernadero en el que se
podı́an cultivar plantas.
Acercá ndose como fascinado, Rensley cogió un tomate y lo olió . El
aroma fresco y vigorizante era realmente real.
y g
Al principio, usé magia para acelerar el crecimiento, pero despué s de la
primera cosecha, quizá sea mejor dejar que crezcan de forma natural...
Si quieres seguir cosechando, simplemente infunde un poco de magia.
No será un problema distribuir magia de forma privada en un
invernadero como este.
“Su Gracia…”
De hecho, como expresaste tu deseo de nadar, quise construir una
pequeñ a piscina aquı́... Pero nuestra artesanı́a podrı́a tener di icultades
para mantener la temperatura y la claridad del agua. Pospongá moslo
por ahora. Cuando llegue la primavera, podrá s ir a las aguas termales y
disfrutarlas.
Cuando llega la primavera…
Rensley no pudo decidir una respuesta inmediata. Se tapó la boca,
pensando qué expresió n poner.
Una parte de é l querı́a llenar de besos el cuello de Gezell, mientras que
la otra mitad querı́a regañ arlo por siquiera considerar tal
extravagancia. Los sentimientos encontrados libraban una feroz batalla
en su interior. La lucha de sus emociones dejó a Rensley con una
sonrisa incó moda.
¿Has gastado demasiado dinero real solo en mı́? Siento que me he
convertido en una mala duquesa.
Es solo un pequeñ o invernadero. No está decorado como un jardı́n de
lores, y es un intento de cultivar verduras de diferentes regiones que
tambié n podrı́an ser ú tiles para Aldrant.
Gezell se acercó a la tomatera. Rensley, que hasta entonces habı́a estado
mirando el tomate que tenı́a en la mano, giró la cabeza.
Al encontrarse con los ojos del hombre que estaba a su lado, dentro de
la impresió n aguda y solemne que recordaba a una estatua en el centro
de una iglesia, la curiosidad se asomó a travé s de los iris de color
calabaza, revelando una curiosidad como si fuera una gema que
ocasionalmente se revelaba desde una profundidad demasiado
profunda para que la gente la extrajera casualmente.
¿Qué te parece? ¿Crees que esto es comparable a los objetos de Cornia?
"No."
Rensley negó con la cabeza. El con licto interno parecı́a haberse
resuelto ya. Rensley sonrió má s ampliamente, colocando la mano sobre
el cuello de Gezell y acercá ndolo má s.
Sintió el pecho ancho y irme, la calidez del cuerpo. Cuando los brazos
de Gezell lo rodearon, sintió como sumergirse en un bañ o. Rensley
cerró los ojos como si su cuerpo se hubiera sumergido en agua. Ante la
pregunta de Gezell, Rensley susurró su respuesta.
“Nada en el mundo puede compararse con la gracia que me concedes”.
La razó n por la que bajó la voz fue para evitar revelar el ligero temblor
en sus palabras. En cuanto terminó de hablar, apretó los labios con
fuerza, temiendo que su mentó n tembloroso quedara expuesto.
Fue una sensació n extrañ a para Rensley, algo que nunca antes habı́a
experimentado. Si bien era natural sentirse deprimido o melancó lico al
pasar por momentos tristes o decepcionantes, ¿por qué reprimir las
lá grimas tras recibir un trato tan excesivo? Esta vez, fue la voz de Gezell
la que le provocó una sensació n incó moda.
La palabra "gracia" me parece inapropiada. Solo fue una idea como
agradecimiento por las deliciosas comidas que siempre me preparas.
Tambié n tenı́a curiosidad por los platos de Cornia de los que hablas a
menudo.
“Entonces llamé moslo un regalo”.
Rensley levantó el rostro, que habı́a estado hundido contra el pecho de
Gezell. Con una risa teñ ida de alegrı́a, encaró al hombre que abrazaba.
En ese momento, deseó que solo felicidad y alegrı́a llenaran los ojos y
labios que lo miraban. Esperaba que ninguna de las pequeñ as
preocupaciones, ni la vaga tristeza, ni las inquietudes ambiguas, le
fueran transmitidas, al menos por ahora. Para que el resplandor que
Gezell le habı́a regalado no se viera eclipsado.
“El solo hecho de oı́rlo me llena de alegrı́a”.
El rostro de Gezell se llenó de una suave calidez. Era evidente que no
habı́a transmitido ninguna emoció n trivial ni compleja. Aliviado,
Rensley lo abrazó de nuevo.
La luz del sol, que atravesaba la gran pared de cristal, proyectaba un
velo transparente sobre sus cabezas y hombros, extendié ndose hasta el
suelo. Las frutas, que se calentaban, las hojas jó venes y las vides que
crecı́an tranquilamente en ese momento, desprendı́an el fresco aroma
de una vida vibrante.
No hacı́a falta esperar la primavera; ya estaba aquı́. En lugar de esperar
la fruta madura, se besaron como si saborearan sus labios.
Rensley, acurrucado bajo la capa negra, mordió el labio inferior de
Gezell. A pesar de su apariencia irme e imponente, habı́a muchos
rasgos suaves y tiernos. Los labios, la delicada piel que los cubrı́a, los
pá rpados que descendı́an ligeramente por debajo de las cejas, el ló bulo
de la oreja y las suaves expresiones que se mecı́an como una suave
brisa al mirarlo; todo denotaba una suavidad especial.
El vidrio puede romperse fá cilmente, pero Rensley esperaba que el
resorte interior no se agotara tan fá cilmente. Por lo tanto, no se
apresuró . Tras mordisquear ligeramente los labios, extendió la lengua
para lamerlos, repitiendo el proceso.
El gemido sordo de Gezell emanó repentinamente del robusto cuello
del señ or, quien habı́a estado ofreciendo sus labios discretamente. El
hombre, habitualmente corté s, separó con cierta fuerza los labios de
Rensley con la lengua.
Al sentir la suave carne dentro de su boca, Rensley suspiró sin palabras.
¿Dó nde pudo haber salido mal? Gezell habı́a mencionado previamente
que Rensley era el ú nico con quien compartı́a las noches. Su
impaciencia y ferocidad, rasgos que ocasionalmente a loraban, podrı́an
deberse a los há bitos mal inculcados de Rensley.
La lengua invasora se arremolinaba en su boca, derritiendo la suave
carne. Incluso con los ojos cerrados, la sensació n de visió n borrosa era
peculiar. Un hormigueo y mareo ascendió gradualmente por su cuerpo,
y sus labios entrelazados emitieron un gemido mixto.
“Ah, mmm…”
Recientemente, incluso un simple beso le hacı́a temblar la cintura, ası́
que la costumbre de sentirlo de nuevo se extendió tambié n a Rensley.
Se aferró con ansiedad a los brazos de Gezell.
“Su Gracia… Espere un momento…”
“¿Es difı́cil para ti?”
Gezell levantó la cabeza. Sosteniendo con un brazo la cintura, que
parecı́a perder fuerza, su mano grande y huesuda acarició suavemente
la mejilla de Rensley.
“¿Vamos al dormitorio?”
“Pero aú n no es de noche.”
“Normalmente no distingo entre el dı́a y la noche.”
“Entonces, es perjudicial para tu salud…”
Mientras intercambiaban bromas sin sentido, Rensley se sonrojó . Era
aú n má s vergonzoso que lo miraran como si estuviera sosteniendo algo
preciado. En momentos como este, la mirada de Gezell se volvı́a cada
vez má s explı́cita.
-No me mires ası́.
Reprimiendo el deseo de escapar, Rensley tragó saliva con fuerza y lo
abrazó de nuevo. «Bueno, vamos al dormitorio. Eso estarı́a mejor».
Justo cuando estaba a punto de responder de esa manera...
—Su Gracia. ¿Está usted aquı́?
De repente, la voz de una tercera persona intervino, sobresaltando a
Rensley, quien se encogió hasta los hombros. Bajó la cabeza como si lo
hubieran sorprendido en plena escena de un romance. Sin embargo,
Rensley se sentı́a culpable, y no tenı́a ninguna razó n para esconderse.
Aun ası́, Gezell, como si envolviera a Rensley con su capa, lo atrajo hacia
sı́. La visió n se oscureció . Una voz severa resonó suavemente sobre la
cabeza de Rensley.
"¿Qué está sucediendo?"
Disculpe si interrumpimos su descanso. Supimos que estaba en el patio
norte, ası́ que vinimos a ver...
“Está bien, sigue con tus asuntos”.
La General Frida ha enviado un mensaje. Solicita una entrega rá pida, ası́
que vine a informarle, a pesar de la intrusió n.
Voy a la o icina. Hablemos allı́. Adelante. Estaré allı́ pronto.
"Comprendido."
Se sintió el sonido del caballero comandante al alejarse. Quizá s
esperando a que desapareciera por completo, Gezell no soltó de
inmediato a Rensley. Tras un instante, el entorno se iluminó de nuevo.
Cuando Rensley levantó la cabeza con vacilació n, Gezell bajó la voz en
señ al de disculpa.
Desplegaré guardias por separado para evitar que la gente entre sin
cuidado. Hoy no presté su iciente atenció n.
—No pasa nada. Por suerte, fue antes de que empezara el partido.
Mientras Rensley bromeaba, Gezell tambié n sonrió levemente.
Ya lo has oı́do, necesito regresar. Ultimamente, la defensa de las
almenas ha estado desordenada, ası́ que necesitamos intercambiar
noticias con frecuencia.
—Ve rá pido. Exploraré má s aquı́ y luego iré a la habitació n.
Claro. Iré a tu habitació n cuando termine el trabajo.
Sus labios se rozaron de nuevo, y Gezell dio el primer paso. Antes de
cerrar la puerta del invernadero, Rensley lo saludó con la mano. Al
desaparecer, los hombros de Rensley se relajaron. Aliviado de la
tensió n, acercó una pequeñ a silla del invernadero y se sentó frente al
tomatero. Al quedarse solo, la magia de la primavera se disipó , y las
preocupaciones prá cticas se asentaron como una pesada piedra.
Un invernadero para un aprendiz de caballero... ¿cuá ntos considerarı́an
razonable algo ası́? Claro, este era el espacio del señ or, y poca gente
podı́a entrar y salir. Sin embargo...
—De todos modos, no es tu culpa. ¿Te doy un poco de agua?
Rensley llenó una regadera de cobre con agua. Al inclinar el pico, el
aroma a tierra, humedeciendo la tierra rá pidamente, le trajo una
sensació n agradable. Cuidar de las plantas lo tranquilizó
momentá neamente. Hacı́a calor durante el dı́a con la luz del sol, pero
tambié n deberı́a hacer buen tiempo por la noche. Con estos
pensamientos, regó las plantas uniformemente.
Cap. 7.7 - La hora del té del gato
ladrón
Toc, toc, toc.
Apenas el sol se habı́a desplazado hacia el oeste, alguien llamó a la
puerta. Rensley, que se habı́a puesto ropa có moda y estaba acostado en
la cama leyendo una novela prestada de la biblioteca, se levantó
rá pidamente.
"Adelante."
Las discusiones sobre la defensa de las almenas parecı́an haber durado
bastante tiempo. Anticipá ndose a la visita, Rensley concedió
inmediatamente el permiso de entrada.
Despué s de todo, este castillo pertenecı́a a una sola persona. Aunque el
corté s Duque siempre llamaba a la puerta al entrar en la habitació n de
Rensley, salvo cuando aparecı́a de repente con magia, a Rensley no le
importaba.
“¿Está terminado ahora…?”
Pero las palabras de Rensley se interrumpieron. El visitante inesperado
que esperaba frente a la puerta abierta no era quien esperaba. Rensley
se llevó rá pidamente la mano al pecho.
"Comandante."
El invitado era Anton, todavı́a de uniforme. Rensley dio un paso al
costado e hizo un gesto hacia el interior de la habitació n.
¿Qué pasa? Pase, por favor.
“No, no vine a hablar en la habitació n”.
Anton negó brevemente con la cabeza, rechazando la invitació n de
Rensley. ¿Y entonces por qué ? Rensley, desconcertado, le preguntó con
su expresió n cuá les eran sus intenciones.
Disculpen la sorpresa, pero ¿podrı́an acompañ arme a una breve
inspecció n despué s del entrenamiento? No necesitamos salir de las
murallas del castillo, ası́ que no tardaremos mucho.
—¡Oh, sı́! Cuando quieras. Me preparo rá pido.
“Espera delante del establo.”
Rensley asintió y se puso rá pidamente la ropa que se habı́a quitado.
Vestı́a prendas acolchadas, una protecció n improvisada y una capa con
el emblema de la Orden, pero sintió una preocupació n tardı́a.
¿Por qué llevar a un aprendiz de caballero a una inspecció n? La
inspecció n era solo una excusa, y persistı́a un ambiente incó modo,
sugiriendo que habı́a algo má s que discutir. El comandante Anton era
una persona ı́ntimamente involucrada en el gobierno del paı́s, a
diferencia de las criadas que se encargaban de la vida cotidiana o los
magos inmersos en la investigació n. Rensley comprendı́a
perfectamente el motivo para temer la in luencia del duque. Se habı́a
preparado mentalmente. Un pequeñ o regañ o era inevitable.
Anton era uno de los pocos que conocı́a la verdadera identidad de la
Duquesa. Considerando la situació n, Rensley suspiró suavemente. Al
re lexionar sobre ello, habı́a sido excesivamente descuidado en un lugar
casi tan abierto como un campo, haciendo cosas que no debı́an
hacerse...
El comandante tenı́a una expresió n peculiar. Experto en ocultar sus
sentimientos tras una expresió n rı́gida, no podı́a ocultar su rigidez
caracterı́stica justo antes de decir algo desagradable. «Bueno, debió de
vernos en el invernadero durante el dı́a».
Rensley volvió a suspirar suavemente. Considerando la naturaleza del
lugar apartado, habı́a sido demasiado imprudente. Aunque fuera un
privilegio del rey, no era el papel de un aprendiz de caballero de una
tierra extranjera. Rensley estaba preparado para una reprimenda.
Despué s de todo, no era realmente una inspecció n. Rensley asintió
mentalmente.
La zona residencial de Roudken estaba perfectamente organizada.
Quizá s debido al clima frı́o, los techos de cada casa eran robustos, y el
humo de las chimeneas bien mantenidas se elevaba al aire de la tarde,
como si disipara la pesadilla de la aterradora noche pasada en el
espantoso bosque. El pueblo, donde vivı́a gente comú n, parecı́a
tranquilo.
Considerando que aú n era invierno, las horas de luz en Aldrant se
habı́an vuelto bastante largas en comparació n con cuando llegó .
Mientras caminaba y contemplaba la puesta de sol que aú n no habı́a
ocultado su rastro, Anton habló .
“Maelrosen.”
"Sı́."
Clip-clop, clip-clop. Los caballos que cabalgaban avanzaban lentamente.
No habı́a di icultad para mantener una conversació n, y era difı́cil para
los demá s escuchar a escondidas su conversació n.
—La razó n por la que digo esto, Maelrosen, es que espero que no me
malinterpretes.
“Sié ntete libre de decir lo que piensas”.
Al principio, te veı́a con malos ojos. Aunque era un engañ o, ocupabas
una posició n muy cercana al Duque. Pensé que podrı́as aprovecharte de
esa posició n, halagando al Duque y recibiendo favores especiales.
—Bueno… eso no parece del todo incorrecto, ¿verdad?
Rensley respondió con una sonrisa y Anton respondió con una sonrisa
amarga.
He comprobado personalmente que eres un buen compañ ero y sincero.
Sea por las circunstancias de tu incorporació n o no, eres diligente en el
entrenamiento, te llevas bien con tus compañ eros y tus habilidades son
considerables. Sinceramente, como comandante, eres un talento que no
quiero perder. El Duque te vio con claridad.
“Comandante, de repente llenarme de elogios me hace sentir
incó modo”.
Aunque ingió no darse cuenta, la ansiedad crecı́a en su interior. Anton
Sorel no era de los que decı́an palabras innecesarias. Debı́a haber una
razó n para que ofreciera un elogio inesperado. Rensley miró a su
alrededor, esperando las siguientes palabras de Anton.
“No quiero hablar de tu actitud”.
Solo entonces Rensley se volvió hacia é l. Anton ya lo estaba mirando.
“Sé que te has vuelto cercano al Duque”.
Anton no se anduvo con rodeos. Como una lanza larga y a ilada que se
clavaba directamente en la punta. Rensley guardó silencio.
Maelrosen, no digo esto por la seguridad del Duque. Me preocupas tú .
“…”
Al asignarle signi icado a cada favor otorgado por el señ or, es imposible
mantener la claridad. El Duque es el Duque, y el sirviente es el sirviente.
Desde la perspectiva de la persona de arriba, todas las posiciones de
abajo parecen iguales. Pueden tomar lo que quieran en cualquier forma,
ası́ que no le dan mucha importancia al mé todo. Pero para los de abajo,
las posiciones y los nombres importan. Una vez que entras en ese nivel,
es evidente quié n se siente incó modo y preocupado. No quiero verte
conmocionado ni luchando por tales razones.
Rensley ajustó las riendas en silencio. Anton resumió sucintamente las
preocupaciones que le costaban organizar.
Con la mirada dirigida al cielo que poco a poco iba perdiendo su
enrojecimiento y volvié ndose azul profundo, Rensley reconoció en voz
baja… Habı́a albergado un deseo secreto por el nombre que le fue dado
temporalmente.
Al principio, incapaz de imaginarlo ni en sus sueñ os má s descabellados,
se encontró colocando a su lado a un hombre fuera de lugar, que
parecı́a inadecuado para la situació n. En realidad, Rensley no se sentı́a
seguro de llevar ese nombre. Aun ası́, esta contradicció n seguı́a siendo
inevitable. Rensley Maelrosen no era má s que una igura oscura que
rondaba en un lugar vagamente bajo.
“…”
Aunque el Duque no te lo diga directamente, es bueno que lo sepas.
Entre los nobles, ya han comenzado las conversaciones sobre una
nueva Duquesa. La Duquesa actual parece tener mala salud y podrı́a no
poder mudarse, y mucho menos tener un sucesor. Ası́ que, en lugar de
demorarlo má s, sugieren que procedamos con un nuevo matrimonio. El
primer matrimonio es una tradició n en la que el emperador envı́a a la
novia y es un evento signi icativo, pero esto no será lo mismo. Nos basta
con identi icar a una novia primero, y luego, tras obtener el permiso, es
su iciente.
“…Ası́ pues, las cosas está n progresando como lo habı́amos planeado
inicialmente, sin nuestra intervenció n”.
Hoy llegó el retrato de la nueva candidata a duquesa. Se menciona a la
princesa má s joven de Sidesburn, un pequeñ o paı́s cerca de Aldrant.
Aunque Su Gracia rechaza actualmente el cortejo de sus sú bditos, es
solo cuestió n de tiempo. Una vez que dé su permiso, todo se acelerará .
Los ojos de Rensley se abrieron de par en par y no pudo disimular la
incó moda mueca de sus labios. Como cuando encontraba la respuesta a
un acertijo, le vino a la mente el recuerdo de un extrañ o objeto que
habı́a visto en la o icina. Era del tamañ o de un marco de fotos,
elegantemente envuelto en terciopelo... La expresió n de Anton no
re lejaba má s que lá stima. Ante su compasió n, Rensley ni siquiera pudo
ingir humildad; guardó silencio.
“Cuando llegue la primavera…”
Anton fue el primero en hablar de nuevo.
Su Gracia y la nueva Duquesa deben ir juntos a presentar sus respetos
al Emperador. Es tambié n una tradició n y costumbre ineludibles.
Aunque te resistas, hay una fecha lı́mite. En un mes o dos, la temporada
de Aldrant cambiará .
Ante esas palabras, Rensley por in pudo sonreı́r, aunque un poco tarde.
La sensació n de un lado de su pecho enfriá ndose mientras el otro se
calentaba era peculiar en medio del aire gé lido.
No se preocupe, Comandante. Sé que hay una fecha lı́mite. Tambié n le
he informado a Su Gracia. Disfrutemos de los agradables momentos
hasta la llegada de la nueva Duquesa.
—Lo mencioné , pero no me preocupa la seguridad de Su Excelencia.
Asuntos como el matrimonio son triviales para é l.
Lo arreglaré todo antes de que llegue la primavera, tal como dijiste.
Todo.
Mientras Rensley, quien ahora tenı́a una expresió n relajada,
contemplaba el cielo que se oscurecı́a, la mirada de Anton aú n
conservaba una profundidad inalterada. Rensley sintió que la
preocupació n de Anton era genuina y sonrió levemente. Era un lugar
extrañ o, este paı́s del norte.
Gracias, Comandante. Agradezco sinceramente su preocupació n. Tendré
cuidado de no manchar el honor de los Caballeros.
Servir de cerca a un señ or puede ser una experiencia difı́cil. Si gestionas
bien la conclusió n, incluso podrı́a resultar una experiencia valiosa.
Anton giró la cabeza. Aunque miraba a lo lejos, parecı́a que veı́a algo
má s allá .
Aunque Rensley no era mucho má s joven que Gezell, seguı́a siendo un
joven. Sin embargo, la expresió n de su per il erguido parecı́a tan irme
como la de un anciano. Rensley ya no podı́a decir nada. Era vergonzoso
que lo hubieran convocado para un asunto tan trivial como una reunió n
individual durante una posible emergencia.
¿Volvemos ya? La reunió n debe terminar pronto.
“Sı́, comandante.”
Los dos voltearon la cabeza. Para cuando terminó la inspecció n
informal, el cielo se habı́a oscurecido por completo. Mientras caminaba
por los pasillos, Rensley parecı́a vagar sin rumbo. Habı́a muchos lugares
adonde ir, pero ninguno le atraı́a.
Finalmente, mientras caminaba hacia el norte por el pasillo hacia el
invernadero, con la intenció n de revisar el campo una vez má s, Rensley
sintió los pasos de quienes venı́an por detrá s. Creyendo que estaba solo
en un sendero poco transitado, Rensley se sorprendió un poco y se hizo
a un lado.
"Gracias."
Los dos sirvientes hicieron una breve reverencia al avanzar. El conocido
terciopelo rojo tambié n pasó junto a Rensley. Por un momento, se
quedó inmó vil, como si estuviera parado en el mismo sitio. Siguió en
silencio el camino que habı́an tomado. Los sirvientes, que se dirigieron
al patio trasero, entraron en el edi icio ceremonial utilizado para el
entrenamiento de tiro con arco y cerraron la puerta con llave. Rensley
se acercó a la puerta cerrada y exhaló con un silbido.
“La cerradura se ve ası́… ¿Qué demonios…?”
Las murallas de los habitantes de Aldrant, que consideran a los
monstruos sus mayores enemigos, apuntan hacia el lado desconocido
que no se puede ver desde aquı́. La gente, especialmente los residentes
del castillo, apenas sospechan entre sı́. Incluso lugares como la
residencia del Duque o la o icina no parecen tener una seguridad
estricta, ası́ que ¿por qué un edi icio como este serı́a diferente?
Rensley sacó una horquilla que llevaba atada a su capa y la dobló . Al
insertarla en la cerradura, se concentró en la sensació n que sentı́a en la
mano al girarla. Con un suave clic y una ligera resistencia, la cerradura
se abrió . Silenciosamente, se deslizó por la puerta abierta como un niñ o
jugando al escondite.
El campo de tiro con arco real, invisible desde el inal del
entrenamiento, estaba má s frı́o que antes. No habı́a braseros
encendidos, y unas pocas lá mparas oscuras en la pared solo disipaban
la oscuridad en algunos puntos. Rensley entrecerró los ojos, pasando
junto a la chimenea apagada, las armas, armaduras y escudos colgados
en la pared, y subió las escaleras que no habı́a subido antes. El segundo
piso parecı́a usarse como á tico para guardar objetos no utilizados de la
familia real. Estaba desordenado, no era un lugar cuidadosamente
organizado para guardar objetos valiosos.
'Teniendo en cuenta el estado de la cerradura, no es de extrañ ar.'
Entre los objetos desgastados, el envoltorio de terciopelo rojo recié n
colocado destacaba como si fuera lo ú nico que iluminaba. Rensley se
acercó paso a paso.
El nudo, perfectamente atado, parecı́a intacto, como si nunca se hubiera
desatado; lo observó en silencio un instante antes de extender la mano.
El nudo se deshizo con suavidad, y al deslizarse la tela, la igura que se
escondı́a en su interior se reveló .
Quizá s un excelente artista dedicó mucho esfuerzo a la pintura. Incluso
con solo una pequeñ a lá mpara iluminá ndola, el hermoso retrato
iluminó má gicamente el entorno.
La princesa, con las mejillas ligeramente sonrojadas, sostenı́a un
abanico adornado con intrincados patrones. Llevaba un vestido verde y,
con una sonrisa tı́mida pero elegante en el rostro, miraba a Rensley. Su
larga cabellera rubia estaba cuidadosamente peinada. Rensley se sentó
frente al cuadro y habló con la princesa dentro del marco.
Espera un momento. Pronto me llevaré el cuadro de la princesa, ası́ que
no me guardes rencor. Aunque al principio parezcas un poco distante,
una vez que termine la ceremonia, me tratará s con má s cariñ o que a
nadie.
Porque era una persona de estricto cumplimiento. Aunque se resistiera
ahora, no prolongarı́a la situació n hasta la primavera, como habı́a dicho
Antó n.
Para entonces, la princesa del cuadro se convertirı́a en la verdadera
duquesa. Gezell Jivendad la acompañ arı́a, sostenié ndola de la mano. Al
lugar de la ceremonia, al laboratorio de investigació n subterrá neo, al
dormitorio del duque y la duquesa.
Ahora que sabı́a besar y conocı́a los placeres de la noche, podrı́a
disfrutar de su primera noche con la princesa desde el principio.
Pensando en ello, Rensley rió entre dientes.
—Entonces, ¿dó nde deberı́a estar Rensley Maelrosen ese dı́a?
¿Deberı́a quedarse en la puerta para vigilar la primera noche de los
recié n casados? ¿O ir a una taberna despué s de tanto tiempo y celebrar
el inal de la obra corta con Su Gracia el Duque?
Al ver el retrato de la princesa que se convertirı́a en la nueva duquesa,
Rensley se dio cuenta de lo absurdo de su garantı́a de que el duque y la
duquesa, sin mencionar el niñ o nacido entre ellos, estarı́an a salvo.
De verdad, tenı́a la cabeza completamente vacı́a. Rensley Maelrosen,
¿có mo pudiste pensar que algo ası́ serı́a posible?
Aunque contenga sus sentimientos y solo considere al duque Gezell
como su señ or, desde la perspectiva de la duquesa, no es má s que un
adú ltero que le roba la noche a su marido. Si coloca a una persona ası́ a
su lado, ingiendo ser un caballero devoto y dedicá ndole una sonrisa
amable, signi ica que el duque y é l está n conspirando para engañ arla.
Serı́a má s honesto jugar abiertamente con el señ or. Si lo atrapan má s
tarde, podrı́a recibir una reprimenda como a un ladró n, una bofetada y
ser expulsado del castillo sin posibilidad de discusió n.
Rensley se levantó de su asiento y bajó las escaleras. Salió al patio
trasero y esta vez abrió la puerta del invernadero. Curioso por si harı́a
frı́o por la noche, infundió magia, y efectivamente, el interior del
invernadero de cristal, diseñ ado para aprovechar solo la luz solar,
estaba bastante cá lido.
Los tomates, que se habı́an secado al sol en el alfé izar de la ventana
durante el dı́a, parecı́an haberse movido un poco. Rensley los lanzó
como si fueran un juguete, atrapá ndolos repetidamente con las manos.
Tras hacerlo varias veces, se limpió la cá scara con la manga y le dio un
mordisco. El tomate verde tenı́a un sabor á cido y amargo. Era
completamente diferente a los labios del hombre que habı́a probado allı́
durante el dı́a.
Sin embargo, tras masticar el tomate amargo unas cuantas veces má s,
Rensley se lo tragó y enterró la pulpa restante en la tierra. El rostro de
Rensley, mientras palmeaba la tierra suavemente, permaneció
inexpresivo.
'Su Gracia.
Su Gracia, ¿realmente me quiere?
Lo entiendo aunque no respondas. Nadie puede ser tan sincero con
alguien que no le cae bien. Ademá s, no eres de las que ingen interé s en
algo que no le interesa. Si yo fuera una princesa, incluso si pudiera venir
aquı́ en nombre de otra persona, ¿no me habrı́as nombrado ya la
verdadera duquesa?
Me habrı́as presentado a otros sin dudarlo, habrı́amos hablado juntos
de los asuntos del paı́s y habrı́amos planeado el futuro. A estas alturas,
ya habrı́as hablado de ir juntos a ver al Emperador cuando llegue la
primavera.
Siempre me pedı́as que te acompañ ara a dar un paseo cuando llega la
primavera. No hay nada que no pueda hacer. Como caballero, puedo
seguir fá cilmente tus deseos.
Tal vez, como dijo el comandante, no haya mucha diferencia entre é l y la
duquesa a ojos del duque. Al in y al cabo, ambos nombres signi ican
que le perteneces.
“¿Brotará n ası́ estas semillas?”
Murmurando para sı́ mismo, Rensley se puso de pie. Dio una palmada y
miró un instante el cielo nocturno visible tras la pared de cristal.
Cogió unos tomates. Incluso los tomates verdes saben diferente fritos
en aceite. Cuando el paladar está apagado, no hay nada como un plato
tan especial.
TL/N Soooo… esto se suponía que era un regalo de Año Nuevo,
pero no pude terminarlo a tiempo, así que aquí está ahora… Así es
como imaginé a Gezell y Rensley (en mi estilo y honestamente
antes de ver el arte o icial jajaja)
Capítulo 8.1 - Asuntos del Trono
La luz se iltraba por las rendijas de la ventana. Al abrirse la puerta, el
calor y las voces de la gente del interior saludaron a Rensley con
entusiasmo. Stan, compañ ero caballero de Rensley, sonrió y le dio una
palmadita en el hombro. Desde que se hicieron amigos, Rensley habı́a
visitado ocasionalmente la casa de Stan, y hoy era una de esas raras
ocasiones.
No has salido a pasear má s allá de la puerta ú ltimamente. ¿Qué pasa?
¿Sabes que has estado diciendo eso mucho ú ltimamente? Parece que
querı́as pasar un rato conmigo, ası́ que decidı́ pasarme.
Los hermanos menores de Stan corrieron alegremente hacia Rensley. El
má s pequeñ o, de tan solo cuatro añ os, se estiró y tiró del cabello de
Rensley sin piedad. Sintiendo el dolor, Rensley se agachó para recoger
al niñ o, cuya pequeñ a mano seguı́a tirá ndole del cabello.
¡Ay! ¡Marzit, eso duele!
—¡Marzit, no! No deberı́as jalarle el pelo a la gente. Deberı́as decir que
es bonito, ası́.
Stan lo demostró acariciando a Rensley como si estuviera acariciando a
un perro, y la niñ a de cuatro añ os imitó rá pidamente a su hermano
mayor. Mientras la niñ a jugueteaba con el cabello de Rensley, la risa
inundó la sala, y Rensley pronto se unió a ellas, olvidando el dolor.
Mientras tanto, los dos hermanos de diez añ os corrı́an alrededor de las
piernas de Rensley, comportá ndose ené rgicamente.
“Ren, ¿viniste a jugar?”
“¿Vas a preparar algo delicioso otra vez hoy?”
—De acuerdo. ¿Pero pueden nuestra princesita y prı́ncipe comer algo a
estas horas?
Siguiendo a Stan, Rensley entró en la sala de estar. Aunque su casa,
como muchas en Aldrant, era modesta, irradiaba riqueza y calidez.
Rensley la habı́a visitado varias veces tras unirse a la orden, pero el
ambiente se mantuvo siempre confortable.
“¿Dó nde está n tus padres?”
Ambos tienen reuniones hoy, ası́ que llegará n tarde. ¡Qué buen
momento!
"¿Puedo tomar prestada la cocina?"
"¿De verdad planeas hacer bocadillos?"
Hagamos un poco para los hermanos y para nosotros. No tardará
mucho.
Stan le pidió a un sirviente que trajera vino y cerveza. Cuando Rensley
entró en la cocina, Stan lo siguió . Al igual que en la casa de Stan, la
cocina estaba bien equipada y ordenada, una caracterı́stica habitual de
las residencias Aldrant.
Rensley cortó los tomates en rodajas planas despué s de espolvorearlos
con sal. Stan miró por encima del hombro.
¿Qué es esto? Nunca habı́a visto esta fruta.
“Tomates.”
Nunca habı́a oı́do ese nombre. ¿Podemos comerlo aunque parezca que
no está del todo maduro?
No te preocupes, lo haré comestible. Espera. Trá eme una cerveza.
Rensley rá pidamente eliminó el exceso de humedad de los tomates, los
espolvoreó con harina, los sumergió en agua con huevo bien batido, los
cubrió generosamente con pan rallado que los sirvientes de Stan habı́an
triturado inamente y calentó aceite en una olla. Mientras esperaba a
que subiera la temperatura, Stan, rodeado de sus hermanos, observaba
desde atrá s có mo cocinaba Rensley.
“Niñ os, es peligroso, qué dense ahı́”.
Una vez listos los tomates, Rensley colocó uno con cuidado en la olla.
¡Cerca! El sonido de la fritura resonó , haciendo que los niñ os gritaran
de emoció n, y salieron corriendo.
Stan probó un trozo de fruta frita. Crujiente por fuera, la preparació n de
Rensley le abrió los ojos de par en par.
"¿Qué sabor tiene?"
Despué s de tomarse un momento para masticar la comida tibia, Stan,
limpiá ndose la boca, parpadeó y miró a Rensley con sorpresa.
“Esto está delicioso. ¿Qué es?”
Rensley dio un mordisco y pareció aliviado al ver la reacció n de Stan.
¿Crees que será del gusto de la gente de aquı́?
¡No! Mmm, está delicioso. Es un sabor que nunca habı́a probado. Acido
pero sabroso. No me cansaré ; puedo seguir comiendo.
Rensley rió entre dientes y le ofreció una copa de vino a Stan, quien
tambié n levantó la suya con indiferencia. Rensley tomó uno de los
tomates fritos para probarlo. Al romperse la crujiente capa, un sabor
refrescante y un aroma fresco, poco comú n en los tı́picos platos fritos
hechos con abundante aceite, se extendieron por su boca. Sonrió ante el
sabor que esperaba.
Hace tiempo, pero no está mal. Solı́a tomarlo a menudo en Cornia.
Normalmente se acompañ a con bebidas ligeras, pero tambié n combina
bien con el alcohol fuerte de aquı́.
¿Cocina de Cornualles? Nunca he probado una fruta como esta en mi
vida.
Es una rareza. Disfrú tala.
Despué s de tragar un trozo y beber el vino como si fuera agua, Stan,
aparentemente examinando algo, permaneció en silencio.
Rensley sonrió levemente. La gente que conocı́a allı́ era diferente, pero
compartı́an una profunda re lexió n. En momentos como este, echaba de
menos las bromas desenfadadas y descaradas con viejos compañ eros
de copas. Hacer bromas ligeras habı́a hecho que los asuntos serios,
desagradables y tristes parecieran tan ligeros como el aire.
—Stan, ¿planeas seguir viviendo en Roudken?
¿Tengo algo en qué pensar? A menos que herede la casa por milagro o
me case con una mujer de otro lugar, probablemente me quede. Mi
padre era originario de Midgalen, pero se mudó a Roudken cuando se
comprometió con mi madre. ¿Por qué ? ¿Quieres ir a otro lugar? Si vivir
en la residencia del Duque te resulta incó modo, simplemente ven a vivir
aquı́. Si encontrar casa te resulta difı́cil, ven a la nuestra. Tenemos
habitaciones libres.
No es incó modo. Decidı́ vivir en Aldrant, pero si me quedo en la
residencia del Duque todo el tiempo, siento que el tiempo seguirá su
curso. Supongo.
p g
Al principio te envidiaba, pero ú ltimamente siento que estar demasiado
cerca del señ or no es necesariamente bueno. ¿No crees que deberı́as
venir a vivir? ¿Adó nde irı́as? Esta es prá cticamente tu segunda ciudad
natal ya.
Dejar el pueblo natal nunca fue fá cil. Los vagabundos y los forasteros
eran rechazados en todas partes. Rensley, bien recibido por la gente de
aquı́, tuvo suerte.
Los niñ os, inicialmente ansiosos por probar la comida desconocida,
dieron un bocado cada uno y la abandonaron, alegando que no estaba
sabrosa. Solo Rensley y Stan continuaron devorando los tomates, fritos
y con alcohol, uno a uno. Rensley, absorto momentá neamente en la
comida y la bebida, habló de repente.
“La dama que mencionaste de la Guarnició n del Norte”.
Sı́. Volverá en un mes má s o menos. Ha pasado bastante tiempo desde
que llegó .
Oı́ que renunció al tı́tulo de duquesa. ¿Tiene algú n compromiso?
—Bueno... Si tuviera un compromiso, no habrı́a venido a la muralla
defensiva. Si un miembro de la realeza se ofrece a ser el comandante de
la Guarnició n del Norte, signi ica renunciar a una vida normal, ¿no?
Rensley asintió lentamente. Con cada bocado, se dio cuenta de que el
plato estaba vacı́o. A pesar de las protestas de Stan para que los
sirvientes se encargaran de la limpieza, Rensley lavó rá pidamente los
platos vacı́os y se fue.
“Deberı́a visitar la tienda de Max despué s de tanto tiempo”.
¿Ahora? ¿Solo?
Originalmente planeaba ir contigo, pero tus padres está n de viaje de
negocios. ¿No deberı́as estar con tus hermanos?
Eres increı́ble. ¿Por qué precisamente hoy? Qué date en casa y juega
tranquilamente.
Hoy me apetece ir a una taberna. La pró xima vez vamos juntos. Si
puedes venir má s tarde, no dudes en unirte.
Sonriendo, salió . Rensley caminaba lentamente, solo, por las calles
frente a la residencia del Duque despué s del atardecer. Era casi la
primera vez desde su llegada. Durante un breve periodo tras su llegada,
estuvo con inado en su dormitorio, y hasta que se unió a la Orden,
sintió como si solo existieran Gezell y Rensley Maelrosen en este
mundo. Incluso despué s de unirse, permaneció la mayor parte del
tiempo en la residencia del Duque.
No estaba seguro de si eso era mejor o no. A medida que aprendes má s
sobre el mundo, tiendes a apegarte a é l.
"¡Mucho tiempo sin verlo!"
“¡Ren!”
Al girar el cartel, Rensley entró en la taberna, donde la gente que bebı́a
y charlaba lo saludó . Rensley se quitó el abrigo y se acercó al dueñ o.
Este sonrió y sacó una botella de licor.
“Estaba pensando en vendé rselo a otra persona porque dijiste que
vendrı́as a terminarlo pero no apareciste”.
Lo siento. Llena un vaso ahora mismo. ¡Y Benjamin! ¿No deberı́amos
seguir con el juego de la ú ltima vez? Me acosté temprano ese dı́a;
¡perdó n! Como vine pensando en quedarme despierto toda la noche,
sigamos jugando hasta que uno de nosotros se quede sin dinero.
—Bueno, deja de quejarte y trae un vaso. ¡Comencemos ya!
Con un vaso lleno, Rensley se dirigió a la mesa de los jugadores. El juego
má s popular en la tienda de Max no era un juego de cartas, sino un
juego de combate con apuestas. Claro que, en la estrecha tienda, ni
personas ni animales grandes podı́an pelear. En cambio, encerraban
insectos como grillos y escarabajos en una caja y apostaban a qué
bando ganarı́a.
A diferencia de su cará cter educado, la gente del norte tenı́a un gusto
combativo por el juego. Rensley habı́a participado algunas veces, pero
no le interesaba observar insectos, ası́ que, en cambio, estaba
expandiendo la in luencia del juego de dados, menos popular en la
zona.
Mientras Rensley tomaba asiento, algunos de los que habı́an estado
observando las carreras de hormigas se reunieron alrededor de la
mesa. Se turnaron para lanzar tres dados dentro de un cubilete.
“¡10, 5, 9!”
Parecı́a que el experimentado Rensley tenı́a ventaja. Cada vez que
levantaba la copa volcada, acertaba los nú meros de los dados. Las
p
monedas se amontonaban frente a Rensley.
Era solo un juego para pasar el rato con una pequeñ a olla. Aun ası́,
nadie se levantó de sus asientos, y con el paso del tiempo, las voces que
predecı́an los nú meros se hicieron cada vez má s fuertes. A medida que
la noche avanzaba y las calles se tranquilizaban, la taberna de Max se
animaba.
“Ah, me duele la cabeza.”
Uno de los que parecı́an haber perdido la apuesta se frotó la cabeza y
sacó una pipa, preguntando si alguien querı́a compartir. Al encenderla,
el ambiente se animó considerablemente y Rensley, algo achispado, rió
con ganas.
¿Eso es un cigarrillo? Supongo que hiciste un montó n mientras no
estaba. Fumando todos estos caros.
No hay nada como esto para el dolor de cabeza. ¿Quieres un poco?
Gracias, pero paso. Como solo estoy jugando, no me duele la cabeza,
¿verdad? Hagamos una pausa para una ronda.
—¡Rensi! No estará s simplemente ganando y planeando escapar,
¿verdad?
“Si está s preocupado, pon las ganancias de hoy sobre la mesa y lo dejaré
como está ”.
Rensley se encogió de hombros y se levantó de su asiento, dirigié ndose
hacia un grupo de mujeres que conversaban y estaban sentadas juntas.
Al acercarse, lo miraron y rieron. Rensley caminó hacia ellas con gracia,
como un baiları́n en el escenario, y les hizo una reverencia.
“Si te invito a una bebida, ¿baiları́as para nosotros?”
Qué descarado. Prometiste enseñ arnos el resto la ú ltima vez que nos
vimos, pero no apareciste despué s.
“Yo me haré responsable y les enseñ aré a los tres hoy”.
Una mujer con un moñ o alto, ingiendo perder, fue la primera en
levantarse. Para bailar, ocupó su lugar, y un hombre que habı́a estado
bebiendo entre los invitados se sentó frente al viejo piano.
No especialmente elegante, pero propia de una taberna, la mú sica llenó
el ruidoso saló n. A medida que Rensley y la mujer comenzaron a
moverse, uno frente al otro, caminando lentamente en la misma
direcció n y luego retrocediendo, se fueron acercando gradualmente.
Tomados de la mano, se movieron como tentá ndose hasta que
estuvieron aú n má s cerca. Cuando sus rostros casi se tocaron, Rensley
la agarró por la cintura con ambas manos y la levantó por encima de su
cabeza mientras ella reı́a. La mujer que bailaba soltó un grito alegre y
rió . La gente de la taberna silbó y aplaudió . Cuando Rensley la bajó con
cuidado, la falda hinchada se hinchó como un globo antes de asentarse.
Los dos volvieron a caminar, y la mujer susurró .
Siendo un caballero, ¿eres má s fuerte de lo que pareces? ¿No soy
demasiado pesado?
Si eres tú , podrı́a cargarte y abrazarte toda la noche. Vamos, una vez
má s.
¡Jaja! ¿Es este el baile de Cornia?
Sı́. Era el baile má s popular.
Mientras conversaban, algunos hombres y mujeres que bebı́an
empezaron a levantarse e imitar el baile. A medida que el ambiente se
transformaba en una pista de baile, la emoció n por el juego tambié n se
apaciguó .
Rensley bailó un rato, cambiando de pareja. Cuando el pequeñ o saló n se
llenó de risas, mú sica y el sonido de la gente bailando, inalmente se
apartó y pidió otra bebida. El dueñ o llenó un vaso grande de licor y se
lo entregó , con cierta preocupació n.
¿Vinieron a divertirse esta noche? Pero las puertas del Gran Castillo
cerrará n pronto. ¿Está bien? ¿Mañ ana es dı́a libre?
—Está bien. Me quedaré aquı́ toda la noche. A veces se necesitan dı́as
como este.
Rensley vació el vaso de un trago. Un vaso má s. A pesar de la leve
preocupació n del dueñ o, lo volvió a llenar en silencio.
Deng—.
Mientras saboreaba la nueva bebida, se oyó un profundo sonido de
campana. Rensley dejó de beber, escuchando el sonido exterior. Era la
campana que anunciaba que la puerta del Gran Castillo pronto se
cerrarı́a.
Rensley volvió a bajar la cabeza de inmediato. Bebiendo el resto de la
bebida, colocó rá pidamente el vaso vacı́o sobre la mesa. Aunque la
escena estaba animada gracias a la chispa que habı́a encendido, no
habı́a alegrı́a en sus ojos violetas. Con un breve suspiro, Rensley
susurró lo su icientemente bajo para que solo el dueñ o lo oyera.
“Max, volveré la pró xima vez.”
La pró xima vez, vengan preparados para relajarse. Mi ilosofı́a es
vender alcohol solo a quienes quieran pasarlo bien.
¡Lo siento! La pró xima vez hablaré bien de las rebajas. Lo espero con
ansias.
Entre los vı́tores y cantos de la gente ebria, aprovechando el ruido,
Rensley salió de la taberna. Fue al establo, encontró a Marilyn y la
montó .
—Marilyn, lo siento, pero corre rá pido. Sı́, lo siento. Bebı́ un poco. Pero
no hay problema en sentarme en tu espalda.
Ronroneó . Marilyn, que resoplaba su insatisfacció n, echó a correr de
inmediato. En la quietud de la noche, el apremiante sonido de los
cascos, que no encajaba con el ambiente, continuaba en la calle vacı́a. La
campana seguı́a sonando.
Capítulo 8.2 - Asuntos del Trono
¡No apto para el trabajo!
Justo antes de que se cerrara la puerta del castillo, Rensley, que habı́a
llegado al Gran Castillo por un pelo, subió directamente a su habitació n
en el segundo piso.
Ahora que estaba solo, se sentı́a casi avergonzado por el regreso
apresurado, como si estuviera presa de una compulsió n. En in, a esas
horas, no iba a visitar la habitació n de nadie.
Apoyado en la puerta, respiró hondo, como si escupiera veneno. Se
sentı́a increı́blemente agotado. Las iestas, el alcohol, el baile o el canto
siempre habı́an revitalizado a Rensley, y nunca habı́a habido un
momento en que lo cansaran.
¿Hace mucho tiempo que no salgo?
La taberna ruidosa, el viento nocturno zumbando en sus oı́dos, pasando
por las calles, inalmente llegando a la habitació n cá lida y tranquila.
Rensley se secó los pies, se lavó la cara varias veces con agua y, aunque
querı́a bañ arse, era demasiado tarde para conseguir agua caliente. Se
limpió el cuerpo con fuerza, se puso la bata que colgaba en la pared y
estaba a punto de poné rsela cuando se sorprendió .
Fue tan inesperado que, por un instante, se quedó mirando con los ojos
abiertos de par en par. Sin presencia ni sonido alguno, el hombre
apareció como una gran sombra. Rensley solo pudo enviarle un breve
saludo.
"Su Gracia."
Tras llamarlo, se dio cuenta de que se quedó momentá neamente
aturdido. Rensley enderezó los hombros y ofreció el saludo
caballeresco habitual.
“Pensé que estarı́as en tu dormitorio”.
“Si lo piensas, debes saber que a menudo estoy despierto a esta hora,
¿verdad?”
El tono de Gezell sonó algo brusco. Solo entonces Rensley sonrió como
siempre.
“Es cierto, pero aú n es tarde”.
¿Saliste? Dijiste que estarı́as en la habitació n, pero no te encontré por
ningú n lado del castillo.
Sı́. Salı́ a dar un paseo nocturno despué s de mucho tiempo.
El hombre que se acercaba abrió lentamente sus ojos rojizos. Se
acarició suavemente el cabello rubio, ligeramente despeinado, e inclinó
la cabeza a la altura de los ojos de Rensley.
Hueles a alcohol. Y a tabaco tambié n.
“Yo habı́a bebido un poco y alguien a mi lado estaba fumando”.
“Tambié n está el olor del perfume”.
"Supongo que lo conseguı́ mientras bailaba".
“No has salido mucho ú ltimamente… ¿Te aburriste de pasar tanto
tiempo en el castillo?”
Rensley alzó la mirada. El rostro del Duque, que volvió a encontrarse
con su mirada en la noche, parecı́a contener un poco de curiosidad, un
atisbo de disgusto y una suave calidez que se re lejaba ante é l.
O quizá s simplemente tenı́a una expresió n indiferente, y Rensley
proyectaba patrones en su rostro, como si decorara una má scara para
ver qué querı́a. Sin respuesta de Rensley, Gezell asintió levemente,
como si mostrara algo visible pero no expresado.
—Lo entiendo. Sé que te gusta socializar con la gente. No pensé que
fuera correcto con inarte en la habitació n de la Duquesa.
¿Está s molesto porque volvı́ tarde?
Anton y Samlet dijeron que no sabı́an adó nde ibas. Me preocupé porque
no estabas, pero no me enojé .
Gezell levantó una ceja ligeramente.
Pero si hubieras llegado un poco má s tarde, iba a enviar un equipo de
bú squeda. Qué suerte que volvieras a tiempo.
¿En serio? ¿Un grupo de bú squeda?
“Si algo te pasara, serı́a un gran problema para todos”.
¿Quizá s? ¿No serı́a mejor para todos que desapareciera en silencio
como el humo? Rensley rió entre dientes y bajó la cabeza.
Disculpe la preocupació n. No tiene por qué preocuparse; puedo
cuidarme sola donde sea.
Si no fuera por la magia curativa, la herida de la mordedura del perro
no habrı́a sanado. Es demasiado pronto para bajar la guardia.
“Tengo una cosa má s por la que disculparme, Su Gracia.”
"¿Qué es?"
“Comı́ tomates antes que nadie”.
Se suponı́a que serı́a una confesió n como una broma, pero tan pronto
como habló , su corazó n se volvió pesado como una esponja empapada.
Cuando Rensley guardó silencio, Gezell tambié n permaneció en silencio
durante un rato y luego pronunció un breve soliloquio.
"Oh querido."
El interrogatorio continuó .
¿Con quié n comiste?
Por má s pesado que estuviera mi corazó n, la reacció n de Gezell fue má s
seria de lo que esperaba.
Rensley decidió rá pidamente que serı́a mejor no mencionar el nombre
de Stan. No serı́a prudente atraer la atenció n innecesaria del Señ or
eligiendo mal a un amigo.
“Simplemente… lo compartı́ con varios compañ eros caballeros”.
¿Por qué hiciste eso?
“Lo siento. Simplemente pasó …”
“Rensley.”
Los hombros de Rensley temblaron por un instante. Era la primera vez
que lo llamaban por su nombre fuera del dormitorio. Sin embargo,
Gezell, aparentemente imperturbable, se limitó a mirarlo ijamente.
"Pareces molesto."
¿Sı́? Estoy enfadado conmigo mismo.
"¿Qué pasó ?"
Rensley entreabrió la boca. Incapaz de recuperarse de la sorpresa,
levantó la cabeza tardı́amente. Habı́a hablado sin pensar, causando un
malentendido innecesario.
Es ridı́culo. No tengo motivos para estar enojada contigo. Recibo tu
gracia siempre y solo recibo regalos excesivos... ¿Có mo puedo albergar
emociones tan indignas cuando siempre estoy en posició n de recibir?
Es algo que no entiendo. Tras gobernar un paı́s, me he dado cuenta de
que lo má s difı́cil en todo es armonizar nuestra comprensió n mutua.
Incluso si doy algo con buenas intenciones, si es un regalo que la otra
parte no desea, podrı́a generar resentimiento.
¡Su Gracia! ¡En absoluto! Nunca he sido desagradecido con su gracia. Es
solo que...
¿Solo…? Cuando Rensley hizo una pausa, los ojos de Gezell se abrieron
ligeramente. Rensley cerró la boca para ordenar sus pensamientos y
luego habló lentamente.
Solo querı́a saber má s sobre Aldrant. Ahora soy uno de los habitantes
de Aldrant. Ha pasado bastante tiempo desde que empecé a vivir aquı́ y
me unı́ a los Caballeros. Para convertirme en un auté ntico habitante de
este lugar, necesito analizar la situació n fuera del Castillo de Roudken,
hacerme amigo de la gente, para poder ser uno de ellos, ¿no? Por eso he
estado pasando má s tiempo y con má s entusiasmo relacioná ndome con
los demá s. Por favor, aclaren cualquier malentendido.
“Paso casi todo mi tiempo dentro del Gran Castillo”.
“¿Puede un extrañ o como yo y el Señ or ser el mismo?”
Rensley sostuvo la mirada de Gezell, evitá ndola vagamente. El divorcio
es solo un pretexto. Todo en el mundo es ası́. Puedes disfrazarlo con
mentiras e inventar razones plausibles.
He estado pensando ası́ ú ltimamente. Quiero saber má s sobre este
paı́s...
“Es un pensamiento propio de alguien que disfruta de las aventuras”.
Las palabras de Gezell eran casi divertidas. La di icultad de armonizar
la comprensió n mutua era, sin duda, cierta. Los asuntos humanos no
son sencillos; cuanto má s se acercan las personas, má s pueden tener
ideas diferentes, aunque parezcan ver lo mismo.
“Su Gracia, tengo algo que decirle.”
“Sea lo que sea, sié ntete libre de hablar”.
Rensley lo condujo a una silla có moda y lo sentó , sentá ndose frente a é l.
Hizo fuerza varias veces con las manos apoyadas en las rodillas. La
tensió n aumentó . Gezell pareció percibirla tambié n al recostarse contra
el respaldo, apoyando ligeramente la barbilla en la mano.
Aldrant es un paı́s vasto. Aunque la tierra habitable es escasa en
comparació n con su vasto territorio, nadie niega que sea una nació n
poderosa. Como mencionó , Su Gracia, gobierna varias regiones, y cada
una tiene sus propias caracterı́sticas y cultura.
—Es cierto. Hay algunas diferencias, claro.
“Entonces… quiero ir a ver otras regiones.”
Tras terminar sus palabras, Rensley miró a Gezell con cierta vacilació n.
El Duque no respondió de inmediato, como si necesitara má s
explicaciones.
Como dijo, Su Gracia, disfruto viajando y tengo mucha curiosidad inú til.
Como vine desde mi ciudad natal para vivir aquı́, pensé que tambié n
podrı́a explorar un mundo má s amplio. Aunque es difı́cil ir demasiado
lejos, si Su Gracia lo permite, es posible visitar otros lugares dentro de
Aldrant.
Gezell pareció re lexionar un momento, apartando la mirada, y luego
guardó silencio. Su cabello negro se deslizó silenciosamente junto a sus
orejas mientras ladeaba ligeramente la cabeza. El silencio no duró
mucho. Simplemente asintió .
"Sı́, es una buena idea."
“Su Gracia, si ese es el caso…”
Has viajado mucho desde Cornia hasta aquı́, y en cuanto llegaste, te
dedicaste a estudiar y entrenar sin descanso. Te daré un tiempo libre.
Sigo sin poder salir del castillo, pero si vas con alguien de la ciudad, ese
problema deberı́a estar resuelto.
“…”
Hay un lugar precioso cerca de Roudken con un lago. ¿Qué te parece?
Tambié n hay una cervecerı́a famosa que elabora vino con fresas
silvestres en primavera. Sié ntate aquı́. Hablemos de dó nde te vendrı́a
bien. Un descanso en un lugar ası́ seguro que te anima.
Rensley parpadeó . Aunque no se podı́a decir que é l y Gezell fueran
personas similares capaces de mentir, parecı́a que no habı́a dı́a en que
sus palabras no coincidieran tanto como hoy.
“Su Gracia, eso no es lo que quise decir…”
Claro que no. Era natural. Estaba ocultando lo que realmente querı́a
decir y narrando algo diferente.
En otras regiones… quiero quedarme. Por ejemplo, el territorio de la
familia que el comandante mencionó podrı́a recomendar… O cualquier
lugar que necesite gente. Entiendo que es una petició n presuntuosa e
inapropiada, dado que Su Gracia tuvo la gentileza de colocarme en los
Caballeros, pero…
Sintiendo el peso de la falsedad, a Rensley se le hizo un nudo en la
garganta. ¿Por qué pedı́a esto? Mientras seguı́a hablando lenta y
vacilante, Gezell permaneció en silencio.
No miró ijamente a Rensley, ni frunció el ceñ o, ni lo interrumpió , ni
torció los labios amenazadoramente. Simplemente escuchó la historia
con el rostro inexpresivo.
Sin embargo, su mirada se volvió tan gé lida como las llanuras heladas
de una noche desierta. No cabı́a duda de que la frialdad se intensi icaba
gradualmente.
Finalmente, cuando Rensley terminó su pedido con un inal borroso en
sus palabras, la respuesta en forma de hacha cayó sin piedad.
"Lo desapruebo."
“Su Gracia...”
—Lo que dices de repente no está claro. El asunto de la Gran Duquesa
aú n no está resuelto.
“¡Por eso, Su Gracia!”
Impulsivamente, Rensley alzó la voz y cerró la boca bruscamente. Pero
ya era demasiado tarde. Acomodá ndose, Gezell exigió una explicació n.
¿Qué signi ica? ¿Qué quieres decir con "por eso"?
Perdó name. Me equivoqué .
Las palabras son armas, una orden. Explica lo que quieres decir.
Las pupilas de Rensley se estrecharon por re lejo ante esas palabras. La
incomodidad, la ira, la rebeldı́a y otras emociones que habı́a intentado
no mostrar ante é l brotaron como un rı́o.
Rensley apretó los dientes. ¿Enojado? Sı́. Tristemente, parecı́a que sus
palabras eran correctas. Habı́a perdido la compostura por la ira. No solo
eso, sino que ahora estaba haciendo un berrinche como un niñ o
pequeñ o, esperando que reconocieran su retorcido sentimiento.
¿Necesita una explicació n? Su Gracia puede darme ó rdenes cuando
quiera. Si me da las ó rdenes que desee, deberı́a bastar. ¿Por qué le
interesa saber lo que pienso?
“¿Eres sincero?”
Fue una ira descarada y absurda. No habı́a a quié n culpar, y por lo tanto,
no habı́a forma de resolverla. Al llegar aquı́, pensó que serı́a una suerte
no ser ejecutado por engañ ar al Duque. Sin embargo, ahora, estaba
armando un escá ndalo, esperando comprensió n, como un niñ o que
busca reconocimiento por su torpe afecto.
Lo sabı́a en su cabeza, pero ¿qué podı́a hacer? Rensley Maelrosen, un
prı́ncipe de origen plebeyo y una persona emotiva, no podı́a
comportarse con la misma ló gica y racionalidad que un hombre de
noble cuna, con un origen noble, poder y una actitud serena como
Gezell Jivendad.
—Hoy sı́ que está s raro. Algo habrá pasado.
“No, nada.”
No lo ocultes. Aunque no hables, si investigo a la gente que te rodea,
descubriré el motivo. El mayordomo, el comandante, los caballeros.
Sobre todo Stan Simon, quien te cortó el pelo, entre ellos. Tambié n
tienes una relació n estrecha con los cocineros, los sirvientes y las
lavanderas, y te encuentras a menudo con Max, el dueñ o de la taberna,
y con los jugadores. Hablando con cada persona, acabaremos
descubriendo por qué está s enfadado.
Rensley se quedó estupefacto. Aunque lo sabı́a en su cabeza, se quedó
mirando al hombre frente a é l por un instante. Parpadeando
p p
rá pidamente, llegó tarde para hacer una pregunta.
"¿Me vigilaste?"
Que un señ or supervise la vida de un invitado no se considera
vigilancia. Si lo hubiera hecho, no habrı́a tenido que preguntar dó nde
estaba ni por qué se comporta ası́. Si hubiera pensado que escucharı́a
esas palabras, lo habrı́a vigilado como se sugirió desde el principio.
“¡Su Gracia!”
No se trata solo de ti; vigilo a mucha gente y he establecido mecanismos
para ello. No solo a funcionarios de alto rango, sino tambié n a señ ores
de diferentes territorios, residentes fuera del castillo principal y
señ ores de otras regiones. Aldrant y Roudken son como las fronteras de
todo el continente. Es mi responsabilidad y deber examinar
minuciosamente todo en este paı́s.
Al concluir sus palabras, se hizo un silencio absoluto, capaz de zumbar
los oı́dos. El tono de Gezell se volvió aú n má s contundente.
“Entonces, explı́came.”
La expresió n de Rensley, distorsionada por la sorpresa y la conmoció n,
se suavizó poco a poco. Las palabras de Anton tuvieron un efecto
refrescante, como un chorro de agua frı́a.
«Cuestiones como el matrimonio son triviales para é l».
Tras respirar brevemente, Rensley se secó la cara. La inquietud que
acompañ aba su llegada a un lugar desconocido se habı́a desvanecido
hacı́a tiempo. Al pasar tiempo en el có modo palacio proporcionado por
el Gran Duque, sentı́a que sus sentidos fallaban. Como un niñ o que
ruega a adultos ocupados que jueguen, el mundo a su alrededor se
habı́a vuelto tan pequeñ o y con inado.
Le disgustaba esa sensació n. No querı́a ser alguien que armaba un
berrinche por nimiedades delante de alguien con grandes
responsabilidades. Rensley Maelrosen nunca habı́a sido ası́, y no querı́a
retroceder de esa manera.
“Vi un retrato de la princesa enviado desde otro paı́s”.
La voz de Rensley se mantuvo tranquila. Gezell arqueó una ceja
levemente, pero permaneció en silencio. Sin insistir, Rensley continuó
con su explicació n.
No fue algo que alguien me mostrara deliberadamente. Casualmente vi
a gente cargando la pintura cerca del invernadero. Curioso por saber
qué era, la seguı́ y la observé a escondidas. Disculpen mi descortesı́a,
solo tenı́a curiosidad.
“…Si nadie te lo mostró , ¿có mo sabes el propó sito de ese retrato?”
Hay reglas y sentimientos especı́ icos para los retratos que muestran a
los novios. Habiendo crecido en la familia real, he visto los retratos de
princesas de las casas reales que se enviaban durante el matrimonio. Sé
có mo se ve.
Rensley se levantó y se acercó a Gezell. Cuando estaban solos, se
sentaba junto a é l, mirando sus fuertes muslos como si fueran asientos
designados. Rensley se arrodilló , mirando el empeine de Gezell.
Su Gracia, por favor, no lo posponga má s y trabaje por la estabilidad a
travé s de la Gran Duquesa. Proponga un sucesor resiliente para
asegurar el futuro de Aldrant. Nuestra relació n no durará mucho de
todos modos. Fue un plan que comenzó con una treta a corto plazo y
terminó despué s de organizar la situació n. Por favor, ¿no es hora de
encontrar a la Gran Duquesa y asegurar la estabilidad? Aunque me
reconozcan como Gran Duquesa, no puedo convertirme en una. No
quiero convertirme en una. No puedo tener un hijo, e incluso si por
casualidad me reconocen como Gran Duquesa, se necesitarı́an muchos
ajustes. Su Gracia mencionó el precedente de un Gran Duquesa varó n,
pero es una vieja historia del pasado. Hoy, Aldrant es má s estable y
pacı́ ico que nunca. Se dice que esta paz se debe al sabio gobierno de Su
Gracia. Su Gracia, que se preocupa por el paı́s, no querrı́a crear
disturbios innecesarios.
“Te dije que te levantaras.”
Rensley, incapaz de aguantar má s, se levantó lentamente. Gezell, quien
tambié n se habı́a levantado, no dio señ ales de ceder. Su tono
permaneció tan frı́o como siempre.
¿Usas el pretexto de ampliar tus horizontes para irte? ¿No dijiste que,
aunque concertara un matrimonio, podrı́as continuar con tus deberes
de caballero?
Me disculpo por haber mencionado esas palabras tan
precipitadamente. Sin embargo, considere esto: si Su Gracia y yo
volvemos a una relació n de señ or y sirviente, podrı́a ser el in. Pero
desde la perspectiva de la Gran Duquesa, soy un hombre con el que
alguna vez pasó noches. Si lo mantengo en secreto, serı́a engañ oso, y si
lo revelo, a la Gran Duquesa podrı́a resultarle difı́cil con iar en mı́ como
su subordinado.
¿No es esto diferente a lo que dijiste antes? ¿No fue otra persona quien
sugirió establecer un haré n? Ahora te preocupa la perspectiva de la
Gran Duquesa, que ni siquiera ha llegado todavı́a.
¡Sı́! Tiene razó n; soy una persona desordenada. Sin embargo, Su Gracia,
no tolerarı́a una relació n ası́.
Alzando la voz de nuevo, Rensley se mordió el labio. Quizá s sus
pensamientos podrı́an cambiar. Ahora es diferente a entonces. En ese
momento, no querı́a sugerir la creació n de un haré n.
El tono de Rensley perdió fuerza. Su voz, ligeramente má s baja, luyó
con suavidad.
O… ¿ha cambiado la perspectiva de Su Gracia? Incluso si se celebra un
nuevo matrimonio, ¿quiere conservarme en su haré n?
—Señ or Maelrosen, levante la cabeza. Le diré una cosa.
Gezell esperó en silencio hasta que Rensley lo miró a los ojos. Su voz
tambié n recuperó su serenidad y calidez habituales.
Ese cuadro es un retrato de la princesa de Sidesburn. La razó n por la
que rechacé el compromiso no tiene nada que ver contigo, sino con mi
relació n con ellos.
“…”
El rey de Sidesburn no solo tiene un hijo para heredar el trono, sino
tambié n dos prı́ncipes ambiciosos. Hace tiempo que desean establecer
su in luencia en Aldrant. Si acepto a la princesa, podrı́an querer
apoderarse de un territorio o tı́tulo aquı́ con el pretexto del
matrimonio. Aunque corren rumores de fragilidad, Aldrant aú n tiene
una Gran Duquesa reinante. ¿Por qué enviarı́an un retrato si no fuera
por interé s? Aunque Aldrant pueda parecer aislado de otros paı́ses,
Sidesburn está geográ icamente cerca. Preferirı́a una Gran Duquesa de
una tierra lejana. Incluso los emperadores anteriores, al elegir una Gran
Duquesa para Aldrant, lo tuvieron en cuenta. Su llegada desde la lejana
Cornia no es una mera coincidencia, como sugieren los rumores.
La expresió n de Rensley se tornó desconcertada. Aturdido por la
repentina revelació n, miró ijamente a Gezell, intentando procesar la
informació n.
“No fue por mi culpa…”
Al comprender el signi icado de las palabras de Gezell, su rostro se
sonrojó . Las palabras de Anton sobre no preocuparse por el Gran
Duque, sino por é l, resonaron en su mente, hacié ndole sentir una
profunda vergü enza. Tal como Anton habı́a dicho, é l era el ú nico que se
dejaba llevar por la situació n y las emociones.
Gezell volvió a hablar despué s de con irmar que Rensley entendió sus
palabras.
No te preocupes. Defenderé el linaje del Gran Ducado de Aldrant y
cumpliré con mis deberes. Como lı́der, cumpliré con mis obligaciones.
¿No te mencioné antes que revelaste tu identidad? Por la mañ ana,
realizo rituales, asisto a reuniones para tratar asuntos importantes y
superviso la situació n dentro y fuera del castillo, incluyendo la
protecció n contra incursiones de monstruos. Para mı́, el matrimonio es
solo una parte de estas responsabilidades. Deberı́a ser lo mismo para la
Gran Duquesa y, ademá s, vivir como la Gran Duquesa de este paı́s es
esencial.
"Pero…"
“Lo que se requiere para un matrimonio estraté gico es la alineació n de
intereses, un sentido del deber y la responsabilidad, no afecto o
favoritismo”.
Los ojos violetas miraron ijamente al hombre de cabello negro sin
pestañ ear. Como para comprobar si Rensley entendı́a, la mano de Gezell
rozó brevemente su irme mejilla antes de deslizarse hacia abajo.
Parecı́a haber un dejo de ansiedad en la voz autoritaria que emanaba
autoridad.
No tengo intenció n de que formes parte del haré n. No se ajusta a los
mé ritos de un rey que ha pasado por la ceremonia matrimonial. Sin
embargo, si te quedas a mi lado en otra posició n...
“…”
Te concederé lo que desees. Si quieres un tı́tulo, te lo daré ; si quieres un
territorio, te lo concederé . Si te resulta difı́cil continuar con las
obligaciones de un caballero, puedo conseguirte otro puesto. Si deseas
viajar, puedes hacerlo. Si deseas visitar Cornia, puedo facilitarte la
comunicació n con su familia real, asegurá ndome de que regreses sin
problemas. Sin embargo, despué s de tu viaje... espero que regreses.
Al terminar sus palabras, la habitació n quedó en silencio. Su silencio
habitual cuando estaban juntos era como un hechizo que calmaba los
pensamientos ajetreados del dı́a. En la quietud, incluso los sonidos má s
sutiles se oı́an con claridad: el crujido de la tela al moverse, el crepitar
ocasional del fuego al romper una ramita, y el viento afuera, llorando en
la ventana; todo se mezclaba con el silencio. En esos momentos,
Rensley a veces se sorprendı́a sonrié ndole a Gezell sin motivo alguno. Y
entonces, sin preguntar por qué sonreı́a, Gezell le tocaba suavemente la
mejilla o le pasaba los dedos por el pelo, rozando ocasionalmente sus
labios.
Si alguien má s se jactara de conceder algo —frutas que nunca crecen en
tierra frı́a, un invernadero construido con vidrio caro—, podrı́a
considerarse una broma barata. Sin embargo, al ser el Duque quien
hablaba, se hizo realidad. ¿Habı́a habido alguna vez una confesió n tan
sincera en su vida?
Só lo una cosa, excluyendo el puesto de reina.
En ese puesto, no existı́a conexió n con el amor, el afecto ni ningú n
vı́nculo emocional. Gezell Jivendad solo querı́a un aliado polı́tico para
ese puesto.
La razó n por la que ni siquiera podı́a hacer una broma sobre querer ese
puesto era porque el propio Rensley Maelrosen no tenı́a absolutamente
ninguna con ianza en cumplir ese papel...
Rensley sonrió esta vez, como siempre. Extendió los brazos para
abrazar al Duque, se detuvo un momento y luego abrazó lentamente a
Gezell, mirá ndolo de una manera que no encajaba del todo.
Si actú as ası́, todos odiará n al astuto extranjero que te hechizó para su
propio bene icio. No quiero que la gente de Aldrant me odie.
“Me aseguraré de que no hablen imprudentemente”.
A eso me re iero. No quiero crear una situació n ası́.
Rensley rió entre dientes. La mirada penetrante de Gezell, que parecı́a
tensa y penetrante, se suavizó gradualmente. Rensley lo sentó de nuevo,
se sentó en el asiento designado que el Duque le habı́a recomendado y
cruzó las piernas.
“Yo tambié n parezco un miembro de la realeza poco entusiasta”.
¿De qué está s hablando de repente?
Las palabras de Su Gracia me resultan un tanto extrañ as. Pensá ndolo
bien, incluso mis hermanos casados en Cornia se casaban de forma
similar. Antes que yo, Ivet casi vino aquı́ por razones similares...
Rensley arrugó la frente levemente y esbozó una sonrisa pı́cara. El
hombre que lo sostenı́a, con la rigidez de una regla desapareciendo de
su rostro, parpadeó lentamente, mirando a Rensley.
Si Su Gracia organiza un nuevo matrimonio y no me incluye en el haré n,
ya no podremos pasar noches juntos. ¿Le parece bien?
“…Me acostumbraré .”
¿De verdad puedes? ¿Aunque no podamos besarnos ni sentarnos juntos
ası́?
Como si preguntara con indiferencia, el rostro de Gezell mostró una
leve sonrisa amarga, apenas perceptible a menos que se mirara con
atenció n. Cerró los ojos y, apoyando el rostro en el cuello de Rensley,
aplicó fuerza al brazo que le sujetaba la cintura.
“No es comparable a que te vayas”.
—…Um. Al verte decir eso con tanta facilidad, parece que Su Gracia aú n
no comprende del todo la alegrı́a de la noche. ¿Có mo puedo corromper
a Su Gracia y convertirla en una esclava del deseo sin razó n alguna?
Ya está bien ası́. ¿No le cuesta a Sir Maelrosen pedirme que pare cada
vez que llego a ese punto?
“Ahora que lo pienso… Si Su Gracia se vuelve a casar, yo tambié n podrı́a
casarme o tener un romance con otra persona.”
Las cejas de Gezell se arquearon levemente. Rensley suspiró como si
hubiera llegado a una conclusió n.
—Oh, ¿qué hago? Siento que ya soy un hombre adulto... Si Su Gracia no
puede abrazarme, tendré que buscarme otro hombre.
Gezell permaneció en silencio, con la boca cerrada. Hay un cierto porte
en un gobernante. Quizá s, al no tener palabras para negarlo
explı́citamente esta vez, su expresió n, rı́gida por su terquedad, indicaba
que no habı́a una respuesta adecuada. En cualquier caso, Rensley
contuvo la risa, conteniendo las ganas de reı́r ante la extrañ a irmeza en
su expresió n.
Sin embargo, fue solo un instante. Finalmente, cuando una carcajada
incontenible estalló con un sonoro "¡Jajaja!", Gezell, aú n abrazando a
Rensley, se levantó de repente y lo levantó .
"¿No va contra la etiqueta del dormitorio decir esas cosas en un
momento como este?"
—Le pido disculpas, Su Gracia. De repente me dejé llevar por
pensamientos prá cticos.
“Dormiremos en mi habitació n esta noche”.
Antes de que Rensley pudiera responder, la situació n habı́a cambiado.
Los labios se apretaron, la ropa se descartó capa por capa antes de que
Rensley pudiera siquiera hablar. La bañ era del dormitorio se llenó de
agua. Desnudo, Rensley se hundió en la bañ era en lugar de en la cama.
Al sumergirse en el agua fragante, la tensió n restante se disipó y tiró de
la tela de la ropa del hombre con las manos mojadas.
“Por favor, entre usted tambié n, Su Gracia.”
“Me bañ é hace un rato.”
—Vamos. Bañ arse no es el propó sito, ¿verdad?
En respuesta a esa sugerencia, Gezell se quitó la ropa lentamente.
Rensley observó el cuerpo al descubierto como si apreciara una obra de
arte, mientras cada capa de ropa caı́a, revelando su igura.
Ni la ropa ni las joyas tienen vida, y no mienten. Sin embargo, cada vez
que Rensley veı́a a Gezell Jivendad quitá ndose el atuendo de duque,
sentı́a como si estuviera frente a su lado má s honesto.
Pero llevara ropa o no, Rensley Maelrosen nunca fue del todo honesto.
Su sinceridad no dependı́a de la vestimenta. Con el rostro apoyado en el
borde de la bañ era, Rensley susurró en secreto.
Su Gracia, desde el principio no fui nadie especial. Pero incluso
entonces, fue amable conmigo. Esa amabilidad probablemente fue
cortesı́a, responsabilidad y deber hacia su prometida.
¿Pero lo sabes? No hay tanta gente en el mundo que cumpla con las
responsabilidades y deberes que se les encomiendan como te imaginas.
Ası́ que, para mı́, te volviste especial má s rá pido de lo esperado.
Su Gracia quizá s solo desee responsabilidad y deber de la nueva Gran
Duquesa, pero mı́renos. Los corazones de la gente no luyen como se
espera. Quienquiera que venga de cualquier paı́s, sin duda se
enamorará de usted.
Responder a ese amor es el deber má s importante de un có nyuge. No
puedes negarlo, ni siquiera con tu formalidad. Me disculpo por
engañ arte. Soy un hijo de rey inmaduro y con poca educació n, que no
puede contemplar ese espectá culo con calma.
Pero hasta entonces, sigamos disfrutando de buenos momentos como
ahora. Si me das un poco má s de tiempo, terminaré lo que empecé .
Mientras Rensley susurraba para sı́ mismo, Gezell, al igual que é l, se
habı́a desnudado y entrado en la bañ era. Al estar ası́, la diferencia de
estatus se desdibujó vagamente por un instante. Ahora, en la bañ era,
igual que sentado en la silla, el hombre insistió en que Rensley se
sentara en su regazo.
“Ven aquı́ y apó yate en mı́”.
“Pero el rostro de Su Gracia será difı́cil de ver ası́”.
“Podrá s verlo mucho má s tarde”.
Sonriendo, Rensley se acercó . Apoyá ndose en su torso, se tumbó ,
apoyando su peso sobre el pecho de Gezell, cuyo pecho irme sostenı́a
su espalda. En el agua tibia, incluso la tristeza parecı́a disiparse con el
agradable aroma. Rensley, riendo entre dientes, apoyó la cabeza contra
el pecho de Gezell.
Me ha empezado a gustar mucho bañ arme aquı́. En Cornia, la gente se
bañ a por naturaleza, pero es raro sumergirse en agua tan caliente como
esta.
“¿Te lavas el cuerpo con agua frı́a?”
Los niñ os pequeñ os y los jó venes se lavan con agua frı́a, o incluso si no,
usan agua tibia. A muchas personas les gusta enjuagarse con agua en
lugar de meterse en una bañ era en casa porque les gusta la sensació n.
Dicho esto, Rensley de repente salpicó agua, haciendo un sonido similar
al de una salpicadura al girarse. Quedaron uno frente al otro en la
bañ era, con las piernas cruzadas y las ingles juntas. Gezell entrecerró
los ojos ligeramente, pero Rensley continuó como si no se hubiera dado
cuenta.
Sobre todo en los valles del bosque, hay que tener cuidado. Hay muchos
niñ os pequeñ os cerca de rı́os y mares, pero la espesura del bosque es
p q y p p q
peligrosa, ası́ que rara vez se envı́a a los niñ os solos. La mayorı́a de los
que juegan en el valle son adultos.
Lo he leı́do en libros, pero no es fá cil imaginarlo. Adentrarse en el valle
del bosque.
“Si haces eso en este bosque, podrı́as intentar suicidarte”.
Rensley, riendo entre dientes, palmeó el pecho de Gezell. En respuesta,
Gezell extendió la mano y la rozó por la espalda. Sus largos dedos
exploraron delicadamente los contornos de la columna vertebral de
Rensley, como si tocara un instrumento musical. Dondequiera que sus
dedos tocaran, una leve calidez permanecı́a como pequeñ os resortes.
Rensley respiró hondo y continuó hablando.
Entonces… deambular sin cuidado por el valle podrı́a llevarte a
encontrarte con personas involucradas en actividades ı́ntimas. La
advertencia de tener cuidado signi ica que…
“¿Dentro del valle?”
Los ojos de Gezell se abrieron ligeramente. Para un hombre nacido y
criado en el frı́o norte, que originalmente no era partidario de las
actividades al aire libre, la idea de tener relaciones ı́ntimas al aire libre
o aparearse bajo el agua le parecı́a bastante sorprendente. Rensley rió .
“Pareces sorprendido… ¿No se mencionaba eso en el libro que estabas
leyendo?”
No lo habı́a. Ese libro se centraba principalmente en las posiciones
durante el apareamiento.
Dicho esto, pronto a irmó con irmeza: "Interesante historia".
Antes de que pudiera terminar de hablar, Gezell atrajo a Rensley hacia
é l. La mano que le acariciaba la espalda de repente ejerció fuerza. Sin
darse cuenta, Rensley estaba sentado sobre su muslo. La mano que
habı́a recorrido su piel hú meda le agarró suavemente las nalgas.
“Oh, Su Gracia…”
“¿Alguna vez has tenido relaciones en el bosque?”
—Bueno… no sé . Las preguntas sobre experiencias pasadas parecen
violar la etiqueta en la alcoba…
—Ya veo. —Gezell, quien respondió brevemente, no indagó má s.
Simplemente le amasó las nalgas como si fueran masa, como para
decirle que, aunque era imposible en el valle, sı́ era posible en la bañ era.
Los labios descendieron desde justo debajo de la barbilla, recorriendo
el cuello. Al acercarse a la clavı́cula, la mordisquearon como si la
mordieran, provocando un breve estremecimiento en Rensley, quien
habı́a estado luchando por mantener la compostura. Los a ilados
dientes, deslizá ndose por la piel hú meda, acariciaron suavemente las
protuberancias del pecho, como gotas formá ndose en la cima de un
montı́culo. La respiració n de Rensley se aceleró . Los pezones,
constantemente atormentados con cada encuentro, se habı́an
transformado ahora en una zona donde experimentaba una completa
sensació n sexual.
Tirando y jalando suavemente, repitió el proceso de excitació n.
Gemidos que habı́a contenido brotaron espontá neamente. Con un
sonido de succió n, los labios de Gezell se posaron sobre el pecho de
Rensley. Los pezones, que antes hormigueaban, ası́ como la piel blanca
cerca de la areola, ahora estaban enrojecidos. La respiració n de Rensley
se aceleró .
De vez en cuando, los labios succionaban cerca de la clavı́cula, haciendo
que Rensley no pudiera soportarlo y echara la cabeza hacia atrá s.
“Oh, Su Gracia…”
“¿Es incó modo?”
Lo siento. Si me estimulas demasiado, siento un cosquilleo...
Entonces, la cá lida lengua lamió suavemente el pezó n erecto. Mientras
Rensley reprimı́a sus gemidos, la mano se movió lentamente hacia su
trasero.
En lugar de ahondar, los largos dedos acariciaron suavemente el
perineo y la entrada. Rensley cerró la boca e inclinó la cabeza hacia el
hombro de Gezell. El cuerpo, que habı́a perdido resistencia en el agua
tibia, se relajó con má s facilidad de lo habitual.
La piel, sin fricció n, intentaba tragarse los dedos sin esfuerzo. Mientras
las yemas palpaban y presionaban las partes má s profundas, Rensley
tuvo que recordar la forma de la mano que habı́a estado observando
hasta hacı́a un rato.
Gezell era brusco, pero cuando se trataba de palabras importantes, no
dudaba y, sorprendentemente, a menudo usaba las manos. Quizá s los
pequeñ os gestos que hacı́a inconscientemente, que mostraban la
actitud de gobernante que habı́a interiorizado durante mucho tiempo,
se manifestaron sin ningú n problema.
Cuando los dedos, que se habı́an movido con tanta suavidad,
comenzaron a tocar sus partes ı́ntimas, los pensamientos comenzaron a
a lorar. La sensació n de calor surgió como si la hubieran incitado.
Apretando la cintura sin querer y retorcié ndose, Rensley sintió un calor
repentino cerca de la oreja mientras una voz grave murmuraba.
“Rensley, está s impaciente otra vez hoy.”
“Esto es solo un re lejo… Ah, ah…”
Su excusa fue interrumpida por los dedos que inalmente habı́an
comenzado a penetrar en su cuerpo. Aunque pensaba que serı́a má s
fá cil entrar al agua, el movimiento instintivo para evitar que el agua
entrara le tensó la espalda.
Los dedos, que ni siquiera alcanzaban la segunda articulació n,
presionaron suavemente las membranas mucosas cerca de la entrada.
Aunque la zona tocada por la mano era la pared interna poco profunda,
sentı́a como si lo má s profundo de su vientre temblara constantemente.
La voz de Rensley tambié n temblaba.
“Eh, ja… Su Gracia, por favor, deté ngase ahora…”
“¿Ya está s diciendo eso antes de que empiece?”
“Hagá moslo otra vez en la cama… Siento que podrı́a entrar agua…”
Sin embargo, los dedos solo ejercieron má s fuerza y continuaron
penetrando. Al abrirse la espalda, Rensley sintió que el agua iba a
entrar, ası́ que jadeó y levantó la cintura. Pero los robustos brazos de
Gezell seguı́an envolviendo irmemente el cuerpo de Rensley, y salvo
por el sonido del agua al salpicar, Rensley no pudo zafarse de su abrazo.
“¿No me enseñ aste el signi icado de querer hacerlo bajo el agua?”
“No, no… Eh…”
Negarlo era inú til. Gezell Jivendad, que habı́a empezado a albergar sus
propias convicciones, actuaba con má s libertad de la habitual, como
correspondı́a a un rey.
Con fuerza tras los dedos, continuó conquistando las entrañ as de
Rensley. Sin darse cuenta, las raı́ces de sus largos dedos habı́an
penetrado entre sus nalgas. Aunque incomparable a lo que vendrı́a
despué s, esto por sı́ solo le dio una sensació n de plenitud. Rensley
luchó por relajarse, intentando liberar la tensió n.
Mientras sus esfuerzos se transmitı́an a travé s de los dedos en
movimiento, los labios de Gezell recorrieron la mejilla hú meda de
Rensley. Unos labios resbaladizos cubrieron la boca abierta de Rensley.
Mientras la lengua saboreaba lentamente el interior de su boca, los
dedos acariciaban la zona inferior. En lugar de abrirla a la fuerza,
presionó suavemente y retorció ligeramente la lengua hú meda.
“Uf, uh, uf…”
El cosquilleo, que al principio solo le provocó un nudo en el estó mago,
se acumuló gradualmente, aumentando su placer. Los dedos que se
movı́an dentro seguı́an siendo lentos y cautelosos, pero la respiració n
de Rensley, atrapada entre los labios de Gezell, se volvió má s á spera y
rá pida.
Retorciendo la cintura sin querer y mordié ndose ligeramente el labio
inferior, Gezell se lo aferró . Antes de que pudiera escapar un gemido
por la excitante sensació n de sus labios mordidos e hinchados, contuvo
el aliento. Rensley agarró los hombros de Gezell, como si se aferrara a
ellos, con la mente derretida aunque el acto aú n no habı́a alcanzado el
frenesı́.
¿Có mo podrı́a, con solo gemir, corromper al estimado Gran Duque,
convirtié ndolo en esclavo del deseo? Rensley ordenó sus pensamientos
dispersos. Movió la mano que agarraba los hombros de Gezell y la
deslizó por el pecho y los abdominales bien de inidos para sujetar el
pene grande y erecto.
El pene completamente erecto respondió con sensibilidad al tacto de
Rensley. Se contrajo y se endureció aú n má s. Ja, el aliento bajo y caliente
se escapó ligeramente antes de que los labios se encontraran, y el
hú medo susurro continuó .
"¿Tienes prisa?"
“Só lo quiero tocarte, Su Gracia…”
Entonces sus cuerpos se acercaron aú n má s. A medida que los
movimientos de los dedos que ensanchaban la espalda se aceleraban un
poco, su miembro y el de Rensley se presionaban. Rensley seguı́a
presionando su cuerpo hacia adelante, acercá ndolo al de Gezell. Su
esbelta cintura se retorcı́a en respuesta a la estimulació n continua, sin
demasiada fuerza, pero con la su iciente.
“¿Toco el frente?”
—No… No, Su Gracia…
No querı́a que la estimulació n se intensi icara má s. Rensley bajó la
cabeza, sujetando el pene de Gezell con la mano que lo sujetaba,
apoyando la suya en la palma de Gezell. Aunque no podı́a mantener
juntos sus gruesos y erectos penes, podı́a hacer que se adhirieran má s.
En el agua, el peso perdió su signi icado. Con solo una mano levantando
la espalda, el cuerpo de Rensley se balanceaba, y sus penes, al frotarse,
se excitaban mutuamente.
“Ah, ah, eh…”
La mano que acariciaba el grueso pene de Gezell se detuvo de repente,
inmó vil. El pene de Rensley se apretó gradualmente contra el de Gezell,
irmemente ijado.
Se siente bien…
“Jaja, ah, ah.”
Mientras Rensley sacudı́a la cintura, frotando el glande, los gestos de
Gezell tambié n se aceleraron. Con un chapoteo, el movimiento irregular
detrá s se intensi icó .
A medida que la intrusió n se repetı́a, las respiraciones agitadas se
convirtieron en jadeos á speros, y el ó rgano rı́gido que se habı́a
mantenido irme comenzó a temblar junto con el bajo vientre de
Rensley. Rensley apartó con urgencia los hombros de Gezell.
—Oh, Su Gracia, deté ngase... a este paso, parece que podrı́a...
“De hecho… es preocupante actuar imprudentemente”.
Su respiració n tambié n se aceleraba. Tras terminar de hablar, Gezell
abrazó la cintura de Rensley. Con el sonido del agua cayendo como una
pequeñ a cascada, sus cuerpos lotaron en el aire.
Rensley pensó que por in se irı́an a la cama, pero en lugar de salir de la
bañ era, Gezell lo sentó en el amplio borde de piedra. Sumergido en el
agua, el pene que habı́a estado un poco oculto quedó ahora
completamente al descubierto, erecto. Mientras Rensley, un poco
avergonzado, juntaba los muslos, siguió una orden.
“Abre las piernas.”
“Su Gracia, ¿por qué …”
"Apresú rate."
Diciendo esto, Gezell inclinó una botella de aceite aromá tico que habı́a
dejado cerca de la bañ era y se la aplicó en la mano. Indefenso, Rensley
abrió las piernas. Como no habı́a nada detrá s de la bañ era, podrı́a
golpearse la cabeza si caı́a hacia atrá s. Por suerte, el brazo que le
sujetaba la cintura ahora le sostenı́a la espalda. La mano, mojada con
agua y aceite, brillaba a la luz de la vela.
Rensley siguió el movimiento de esa mano con la mirada. La mano, que
se deslizaba suavemente entre los muslos abiertos, pronto se extendió
hacia atrá s y levantó las nalgas.
“Apó yate má s en mis brazos con tu espalda.”
Aunque se resistiera, era obvio que no lo oirı́an. Rensley se rindió y
apoyó el cuerpo en los brazos de Gezell. Al recostarse, el borde hú medo
de la bañ era, donde se habı́an adherido sus nalgas, se deslizó , revelando
la entrada que hacı́a un momento habı́a estado tapada por los dedos.
Al igual que otras partes de la carne, la zona hú meda se sentı́a
extrañ amente relajada en lugar de tensa en el agua. Al percibirlo,
Rensley bajó la mirada, cerró la boca con fuerza y reprimió la
vergü enza.
“Ah…”
Pero la boca cerrada de Rensley pronto tuvo que exhalar
profundamente. Una mano grande empujó y entró entre las piernas
abiertas. No solo el agua, sino tambié n los dedos aceitados se
deslizaron fá cilmente, y la cautelosa exploració n de los dedos
rá pidamente cobró fuerza.
Tres dedos largos y gruesos acariciaban la parte inferior como un pene.
El sonido del chapoteo en el agua era aú n má s fuerte que antes. A
medida que el sonido aumentaba, la voz de Rensley tambié n se hacı́a
má s fuerte. Aunque intentara resistir, era inú til.
“Uh, Tu, ja, ah, uuuh!”
La sensació n de las yemas de los dedos rascando el interior hinchado
era tan intensa que lo mareaba. Los gestos que golpeaban la zona má s
sensible sin descanso eran má s crueles que amables. Cuando los dedos
llegaban hasta la raı́z, la palma golpeaba su trasero, provocando placer
desde lo má s profundo de su cuerpo.
Rensley rodeó el cuello de Gezell con los brazos. Apoyando la frente en
su hombro, sacudió la cabeza con fuerza. Su cabello rubio y hú medo se
sacudió con fuerza mientras hundı́a la cara, pero Gezell no apartó la
vista del rostro de Rensley. Cuando los dedos y la muñ eca de Gezell
ejercieron fuerza, la cintura de Rensley tembló al unı́sono. El placer
ardiente y vı́vido le apuñ aló el vientre. Se oyó un golpe seco, y el bulto
hú medo pareció ser golpeado por la palma de Gezell.
"¡Ah, ah, uh! ¡Uf, uf, ah!"
La etapa de resistencia habı́a sido superada. Intentando contener el
aliento lo má s posible para que su voz no sonara demasiado fuerte,
Rensley con ió su cuerpo a su señ or.
Rensley jadeó en busca de aire. Los dedos, que ya habı́an dejado de
explorar, estaban irmemente insertados, y con la mano aú n dentro,
rá pidamente subió hacia la sensible parte del abdomen profundo de
Rensley.
Con cada fuerte sacudida de la muñ eca de Gezell, la cintura de Rensley
se estremecı́a. La mano, aú n dentro, estaba ahora medio enterrada en el
hú medo montı́culo, golpeando repetidamente una parte profunda de
Rensley que no podı́a alcanzarse solo con embestidas. La carne
empapada y palpitante respondı́a vı́vidamente al movimiento de los
dedos, como si bailara a un ritmo intenso.
“¡Ah, ah, ah!”
Las sensaciones, cada vez má s intensas, eran tan abrumadoras que
Rensley no pudo contener la voz. Su voz resonó en el bañ o, una mezcla
de placer y desesperació n.
“Uh, Tu, ja, ah, uuuh!”
Los gemidos de Rensley se hicieron má s fuertes y se aferró al cuello de
Gezell, sus dedos clavá ndose en la carne como si buscara apoyo.
—Uf, Su Gracia, no me gusta. No puedo, sola...
—Rensley, no digas eso y ensé ñamelo.
“¡Ah, ah, ah!”
“Tambié n disfruto viendo có mo te sientes cuando está s solo”.
Quiso preguntar por qué le gustaba, pero no pudo formular una
contrapregunta. Los dedos que le removı́an las entrañ as se volvieron
má s rá pidos y persistentes.
A medida que las sensaciones pulsantes se intensi icaron, Rensley se
aferró a Gezell, enterrando su cara en el hombro de Gezell para
amortiguar sus propios gemidos.
La parte interna de los muslos, muy separados, tembló varias veces y se
convulsionó rá pidamente. «Su Gracia, Su Gracia». La voz, mezclada con
sollozos, seguı́a gritando sin un propó sito claro. Gezell cerró los ojos y
sus labios se tragaron la lengua de Rensley.
“¡Huh…!”
Al mismo tiempo, un lı́quido blanco brotó del pene erecto. Gezell aú n
mantenı́a los dedos detrá s. El semen derramado humedeció la mano de
Gezell y goteó en el agua de la bañ era.
Rensley, con la mirada perdida, miró el pegajoso abdomen inferior. A
pesar de su voluntad, su cuerpo tembloroso le dolı́a por todas partes.
La vergü enza se apoderó de é l a medida que la situació n se volvı́a
incó moda. Parecı́a que no estaba acostumbrado a sentirse avergonzado
cada vez. Apartó a Gezell, intentando aclarar su mente confusa.
“Su Gracia, por favor, sué lteme… Esta vez, dé jeme…”
Siempre se opuso a la idea de que un sirviente como é l lo cuidara ası́.
Aunque el temblor de su cintura y piernas no cesó tras terminar,
Rensley movió el cuerpo y gimió .
Sin embargo, en lugar de soltar a Rensley, Gezell se levantó . Sin soltarlo,
presionó la irme punta de su pene contra la entrada, ahora libre de
dedos.
"Su…"
Rensley, que intentaba contenerlo, abrió mucho los ojos y estiró mucho
el cuello.
El ó rgano, que irrumpió sin previo aviso, no se detuvo ni un instante,
deslizá ndose hasta la raı́z. Fue una inserció n repentina e inesperada,
sin previo aviso. Si los brazos de Gezell no hubieran sostenido su
cuerpo, podrı́a haber caı́do hacia atrá s y golpeado el suelo.
"¡Ugh, ah! ¡Haah...! Hu, huk".
Fue un coito repentino. Rensley agarró los brazos de Gezell con ambas
manos, sacudié ndolo. La cabeza, que se habı́a estado calentando desde
hacı́a un rato, estaba demasiado mareada para pensar.
El vientre, repentinamente lleno, se contrajo como sorprendido por
algo grande. Gezell, que habı́a penetrado hasta el fondo, exhaló
profundamente. Permaneció inmó vil un rato, luego descendió
lentamente por la espalda de Rensley antes de abrazarlo. Las nalgas,
que asomaban por el borde de la bañ era, fueron atrapadas por las
manos de Gezell.
“De esta manera…podemos hacerlo bajo el agua tambié n”.
“¡Ah…!”
El hombre que abrazaba a Rensley, en lugar de salir de la bañ era, bajó el
cuerpo, aú n conectado. Aunque el agua solo le llegaba a las rodillas al
estar de pie, el placer le daba vueltas a Rensley. Sus brazos se aferraron
con má s fuerza a los de Gezell mientras intentaba resistirse a hundirse
como quien no quiere ahogarse. Una risa hú meda y baja pareció pasarle
por los oı́dos al ejercer má s fuerza sobre los brazos colgantes.
Con un ó rgano irme enterrado en su interior, Gezell sujetó la cintura de
Rensley y comenzó a penetrar lentamente su cuerpo. El chapoteo
resonó , extendiendo lentamente ondas. En el agua, el cuerpo de Rensley
lotaba con facilidad, subiendo y bajando con cada movimiento.
“La relació n en el agua… Me preguntaba si serı́a especial…”
La voz que luı́a suavemente hizo temblar las pestañ as de Rensley.
“Sı́, eh, sı́…”
“Hoo… Es hermoso que todavı́a esté s mojada… te hace aú n má s
hermosa.”
Los labios de Rensley temblaron de vergü enza. El cuello y las orejas, ya
acostumbrados, se oscurecieron. Normalmente, Rensley era mucho má s
hablador, pero como un pez ató nito, no podı́a decir nada. Mientras
tanto, los movimientos de Gezell se intensi icaron.
Incluso la postura de sentarse uno frente al otro se desmoronó
gradualmente, y la espalda de Rensley tocó el borde de la bañ era. Los
movimientos de Gezell se aceleraron. Sus acciones eran bruscas, no
como las de un elegante Gran Duque, sino má s bien como las de una
enorme bestia devorando a su presa.
Las calientes paredes internas chocaban, raspaban y recibı́an
repetidamente las embestidas. Las secuelas del clı́max de hacı́a un rato
aú n no se habı́an calmado. Rensley, a pesar de temblar, absorbió sin
piedad el abrumador placer de las fuertes embestidas de Gezell.
“Ah, haa, ah… aa, ¡hooaaa!”
El sonido de una respiració n agitada y el chapoteo del agua desbordada
en el suelo llenaban de ruido la espaciosa habitació n. La voz de Rensley
fue aumentando gradualmente, como si creyera que sus gemidos
quedarı́an ahogados por el estruendo del chapoteo.
Mientras tanto, la respiració n de Gezell tambié n se volvió irregular. Con
el sonido del agua al caer, esta vez salió de la bañ era, todavı́a dentro de
Rensley. Sin quitarse el inserto, levantó a Rensley y lo abrazó . Con cada
paso, la intensa sensació n del pene latiendo en su interior era palpable.
Rensley no se atrevió a decir que parara, y seguı́a aferrado a los
hombros de Gezell.
Sin secarse el cuerpo mojado, se tumbaron en la cama. Rensley tenı́a las
piernas en alto y sus esbeltas pantorrillas descansaban sobre los
hombros de Gezell.
Por un rato, la piel de Rensley, violada en la bañ era, se cubrió de marcas
por todas partes. Su expresió n, desgarrada por el placer, era caó tica.
Gezell se detuvo y miró a Rensley. Susurros que parecı́an murmullos se
mezclaron con suspiros.
—Ası́ es. No será fá cil…
¿Qué está diciendo?
Antes de que Rensley pudiera preguntar, una pelvis irme y un bulto
cá lido chocaron con é l. La inserció n, que soportaba el peso de Gezell,
descendió como una estaca de arriba abajo.
¡Pum, pum, pum! El sonido de la carne chocando resonó má s fuerte que
el chapoteo anterior.
“¡Ah, ah! ¡Ja, ja!”
Rensley, levantando sus pá rpados, que cada vez le pesaban má s, miró al
hombre atento. El placer parecı́a ser justo para todos, e incluso el rostro
habitualmente sereno de Gezell no podı́a ocultar el aura de é xtasis.
Cejas negras, largas y espesas, ligeramente fruncidas, labios
entreabiertos y respiraciones pesadas que llegaban hasta el cabello
despeinado. Al mirarlo ijamente, Rensley sintió que el placer que le
habı́a cubierto el bajo vientre le subı́a al pecho.
Rensley se cubrió la boca con la mano que sujetaba el fuerte brazo del
duque, secá ndose la cara hasta los ojos. Tenı́a las pestañ as hú medas, lo
que indicaba que estaba llorando.
Cuanto má s se resistı́a, má s crecı́a la fuerza de Gezell mientras giraba su
cintura contra el placer.
"¡Ah, ah, ah...! ¡Huk, ahh...!"
Sus acciones, arañ ando y removiendo constantemente la zona sensible,
difuminaban la lı́nea entre la violencia y el placer. Se sentı́a como un
bulto caliente lamiendo y golpeando las entrañ as, recorriendo todo su
cuerpo.
Rensley inalmente sollozó con el rostro cubierto. Cuando el placer, que
se habı́a vuelto excesivo, empezó a convertirse en dolor, una mano
enorme agarró la muñ eca de Rensley.
“Haa… Rensley, mué strame tu cara.”
La mano de Gezell sujetó irmemente las muñ ecas de Rensley,
colocá ndolas junto a su rostro. Con las manos atadas, Rensley sollozaba
mientras temblaba al ritmo de los movimientos de Gezell.
—¡Su Gracia, Su Gracia! ¡Huk, un poquito, má s despacio…!
A pesar de las sú plicas desesperadas, nada cambió , y el segundo clı́max
se acercaba. El abdomen, contraı́do desde dentro por la presió n del
pene, se balanceaba. Las piernas le temblaban y los dedos de los pies se
encogı́an. Si hubiera tenido las manos libres, podrı́a haber apartado al
hombre que lo penetraba implacablemente.
En medio de gemidos y gritos ahogados entre labios fuertemente
entrelazados, el implacable pene de Gezell continuó empujando y
golpeando, sin mostrar signos de detenerse.
Incluso en medio de sensaciones abrumadoras que nublaban todos sus
sentidos, Rensley tuvo que re lexionar. Ya fuera una salida para la
y q p
discusió n anterior o algo má s, hoy su amo parecı́a má s violento que de
costumbre.
Ya exhausto, el dı́a de Rensley Maelrosen habı́a terminado de manera
casi sofocante.
Entre las piernas de la igura dormida, habı́a una humedad pegajosa
que no distinguı́a entre el frente y la espalda. Evidencia de la
eyaculació n que habı́a expulsado y las huellas del acto carnal que habı́a
recibido por detrá s.
Incluso cuando Gezell abrió la abertura y la limpió con agua tibia, no
despertó . Los ojos de Rensley, sumidos en un sueñ o sofocante, estaban
ligeramente humedecidos por las lá grimas que derramó durante el
largo acto.
Gezell suspiró y, esta vez, presionó suavemente los ojos de Rensley con
un pañ o suave empapado en agua frı́a.
“Pido disculpas por actuar por mi cuenta”.
Tras ofrecer una disculpa que no serı́a escuchada, Gezell recorrió
lentamente la piel desnuda de Rensley y presionó su dedo ı́ndice contra
el centro de su pecho. Al mover la mano como si dibujara algo sobre la
piel, apareció una lı́nea tenuemente brillante donde pasaron las yemas
de sus dedos.
Parecı́a como si estuviera creando un tatuaje brillante.
Sin embargo, el que dibujaba el patró n detuvo lentamente su mano.
Tras un instante de vacilació n en su rostro inexpresivo, Gezell respiró
hondo y retiró la mano. El dibujo incompleto permaneció en la suave
piel un instante, y luego desapareció como si nunca hubiera estado allı́.
Gezell se inclinó y besó la frente de Rensley. Le susurró algo al hombre,
aú n inconsciente, pero con una voz tan suave que no se le oyó nada.
<Fin del Volumen 2>
Cap. 9.1 - El último baile
La mañ ana en Aldrant es opaca. Incluso al amanecer, el cielo tarda en
adquirir su tono azul. Si observas con atenció n, se aclara lentamente,
como si estuviera a punto de nevar. Rensley ya se ha acostumbrado a las
mañ anas grises. Exhaló un suspiro que se dispersó en el aire como
humo de tabaco. A pesar de que la mayor parte del añ o es invierno en
Aldrant, aú n hay cambios estacionales. El tiempo que tarda el cielo en
volverse azul se ha acortado. Seguı́a haciendo frı́o, pero comparado con
cuando Rensley llegó a Aldrant, se sentı́a má s cá lido.
“Cuando llega la primavera, no hay necesidad de preocuparse por
invasiones má s allá de los muros”, dijeron, pero recientemente, la Orden
de Caballeros estuvo ocupada con inspecciones circundantes,
entrenamiento y controles de armas.
“Cuando llega la primavera, tienden a hacer su ú ltimo movimiento
antes de la hibernació n”.
“¿Es similar a cuando los animales se dan un festı́n antes de hibernar?”
Durante un descanso en el entrenamiento, Stan asintió en respuesta a la
pregunta de Rensley.
Hace unos añ os, hubo un disturbio. El difunto rey era un gran guerrero,
pero no un mago. Aunque existı́a un gremio de magos en aquel
entonces, el poder destructivo de su magia era diferente al que usaba
directamente la familia real. En batallas a gran escala, la magia puede
ser ú til, y son vulnerables a los ataques má gicos porque no son
humanos. Puede que aú n no lo hayas visto, pero la invocació n que
controla Su Gracia el Gran Duque es realmente poderosa. Como
resultado, en batalla, nos volvemos demasiado dependientes de Su
Gracia.
"Si la invocació n es tan poderosa, ¿no está bien con iar en ella?"
La invocació n puede ser poderosa, pero Su Gracia sigue siendo un
humano. Hubo una vez que el castillo estuvo asediado, y Su Gracia
estuvo enfermo durante unos dı́as. Desafortunadamente, esto ocurrió
cuando la defensa fue violada. No pudo usar magia como de costumbre
porque no gozaba de buena salud.
Rensley frunció el ceñ o levemente. Recordó las palabras que decı́an que
la magia no curaba enfermedades. Aunque el Duque era generalmente
una persona tranquila a la que no le gustaba moverse mucho, enterarse
de que habı́a estado postrado en cama por una enfermedad le revolvió
el pecho.
'Yo tambié n estoy en una condició n bastante grave'.
Rensley suspiró levemente, reprendié ndose. Es comú n enfermarse y
quedarse en cama en algú n momento de la vida. Ahora que estaba sano,
la enfermedad que padeció no debió ser má s que un resfriado con
iebre. Sin embargo, sentı́a un frı́o exagerado en el corazó n.
En aquella é poca, luché con la milicia antes de unirme. Fue realmente
terrible. En la é poca del difunto rey, era natural enfrentarse a las cosas
solo con la fuerza humana, pero las cosas han cambiado. Hubo muchas
bajas y heridos, muchos edi icios e instalaciones fueron destruidos, y
los dañ os fueron inmensos. Fue por esa é poca cuando el comandante
Anton asumió el cargo. No es una persona tolerante.
En cuanto terminó de hablar, como para con irmar la historia, el
comandante Anton levantó la mano. Se dio una orden estricta para
reanudar el entrenamiento, y los instructores lo impartieron al unı́sono.
Rensley y Stan tambié n tomaron sus armas, formaron una formació n y
comenzaron un combate simulado.
El entrenamiento de los caballeros solı́a terminar a primera hora de la
tarde. El resto del programa variaba segú n las tareas del dı́a o la
persona. Los herederos nobles volvı́an a casa para participar en los
asuntos familiares o aprendı́an algo má s, ayudando en los negocios
familiares. Cuando la gente oye hablar de los Caballeros Reales, suele
pensar en un grupo compuesto ú nicamente por nobles, un sı́mbolo de
la nobleza. Para Rensley, quien naturalmente pensaba ası́, la apariencia
de los Caballeros del Norte era bastante extrañ a, pero ahora ya estaba
acostumbrado. Despué s del entrenamiento, Rensley a veces ayudaba en
la cocina o en los establos. De vez en cuando, visitaba las casas de Stan
o de otros miembros cercanos para comer.
Tambié n bebı́a alcohol en la tienda de Max, fuera del castillo, desde la
tarde, y a veces tomaba prestada de la biblioteca una novela que querı́a
leer y la leı́a en su habitació n. Incluso despué s de unirse a la Orden de
los Caballeros, la condició n de ser tratado como un invitado por el
señ or del castillo no cambió . Como no tenı́a que preocuparse por las
comidas, la vida reciente de Rensley habı́a sido generalmente relajada.
Si bien Rensley tenı́a entrenamientos u horarios de inidos, el trabajo
del Duque no tenı́a una hora de inalizació n ija. A veces terminaba
temprano, a veces continuaba hasta altas horas de la noche. Sin
embargo, se produjo un pequeñ o cambio en la vida del hombre, que
solı́a implicar estar con inado bajo tierra despué s de terminar sus
funciones o iciales.
"Su Gracia."
Sentado frente a su escritorio en el dormitorio de la Gran Duquesa,
Rensley se levantó rá pidamente para saludar al invitado que entró en la
habitació n. Como siempre, Gezell se acercó a Rensley en silencio.
"¿Estabas leyendo un libro?"
Sı́. La siguiente parte de la historia de piratas que mencioné la ú ltima
vez ya llegó a la biblioteca. ¡Termina con Alfred robando las joyas de un
noble y escapando! ¡Tenı́a muchı́sima curiosidad por las consecuencias!
Me pregunto cuá ndo saldrá la siguiente parte... Quiero encerrar al autor
y obligarlo a escribir en lugar de escapar.
“Si lo deseas puedo hacer que los investiguen y los traigan aquı́”.
Ante esto, Rensley rá pidamente extendió su mano.
—No, no. No lo decı́a en serio.
Si bromeaba y seguı́a el juego, podrı́a hacerse realidad. Con una
expresió n que parecı́a indicarlo, Gezell asintió . De repente, Rensley
sintió curiosidad.
—Su Excelencia, le gustan los libros, ¿verdad? ¿Ha conocido alguna vez
a autores o eruditos que escriban libros?
A veces es ası́. Hubo ocasiones en que recibı́ ayuda cuando el difunto
rey estableció un nuevo sistema. Sin embargo, como estoy lejos, invitar
tiene un precio, ¿sabes?
Incluso en el palacio real de Cornia, el rey invitaba ocasionalmente a
eruditos de renombre. Rensley nunca habı́a asistido a tales reuniones,
ni habı́a sentido especial curiosidad.
Cornia, originalmente un lugar muy visitado, era, en ciertos aspectos,
má s de moda que Pheraira, gobernada por el emperador. Gracias a su
pró spero puerto, la variedad de comida, bebida, mú sica, baile, ropa y
joyas era inigualable. Desde la plaza, el mercado y la iglesia hasta el
palacio real, siempre habı́a caras nuevas movié ndose por allı́. Con esa
experiencia, era natural pensar que los extranjeros deambuları́an por
allı́, pero no era ası́ en esta tierra lejana.
"¿Empezamos pronto la prá ctica de hoy?"
Rensley extendió la mano mientras hablaba, y Gezell se la estrechó .
Frente a frente, se miraron a la cara. La habitació n de la Gran Duquesa
era espaciosa, con espacio su iciente para ambos. Rensley se aclaró la
garganta y habló con severidad, como un maestro.
“Repasemos lo que te enseñ é ayer”.
"Seguro."
Gezell solo sonrió levemente, como si quisiera decir algo sin decirlo.
Como no habı́a mú sica, Rensley movió los pies primero, siguiendo el
ritmo con la boca. Cuando Gezell lo siguió , bajando ligeramente la
cabeza e imitando el movimiento, Rensley respondió de inmediato.
—No, Su Excelencia. Por favor, levante la cabeza y mı́reme a la cara. Si
sigue mirando hacia abajo mientras baila, su té cnica no mejorará .
“Me preocupa pisarte el pie”.
El rey del Norte, que decı́a tales cosas, parecı́a inusualmente vacilante.
Con esa actitud, serı́a difı́cil mantener la severidad. Rensley rió
rá pidamente.
No pasa nada, porque al principio se aprende pisá ndose los pies. No
pasa nada si te pisan el pie.
Aunque no era un erudito ni un escritor, Rensley Maelrosen tenı́a
conocimientos que podı́an difundirse en estas tierras del norte.
Fortalecer las defensas contra las invasiones no signi icó que todos los
aspectos de la vida se convirtieran en una operació n militar. La vida
cotidiana continuó , y por un lado, la gente se afanaba en prepararse
para la llegada de la primavera.
Cuando el Gran Duque decidió invitar al Embajador Imperial a un
banquete, los obreros que apenas reparaban o arreglaban las partes
viejas o defectuosas del castillo, limpiaban meticulosamente las
lá mparas que colgaban del techo. Quitar cortinas o alfombras, quitar el
polvo, lavar y reparar eran tareas laboriosas.
La tarea asignada a Rensley era bailar con el Gran Duque como la Gran
Duquesa. El embajador imperial sabı́a perfectamente que la Gran
Duquesa era de Cornia. Al tratarse de una recepció n o icial, difundir el
baile desde la elegante Cornia del norte no serı́a mala idea. Aunque
habı́a bailado varias veces en tabernas, aú n no lo habı́a hecho en el
castillo. Al in y al cabo, no se habı́a celebrado una gran recepció n en el
Gran Castillo desde la ceremonia nupcial.
Está bien. Sujé tame la cintura.
La mano de Gezell sujetó irmemente la esbelta cintura de Rensley. Al
saltar, la mano de Gezell lo levantó , y Rensley lotó silenciosamente en
el aire, riendo discretamente. Fue muy placentero para é l mirar hacia
abajo al hombre al que siempre tenı́a que mirar hacia arriba al estar de
pie.
Descendiendo suavemente, cambiando de direcció n, y una vez má s. Una
y otra vez. A diferencia de los saltos vigorosos en el mismo lugar, la
clave era lotar silenciosamente como si volara y luego aterrizar
suavemente. Tras levantar a Rensley de nuevo, Gezell, sin soltarlo, giró
en el mismo lugar. Esta vez, Rensley tambié n emitió un sonido y crujió
de alegrı́a.
“Me siento como si me hubiera convertido en un niñ o”.
“Eres ligera, ası́ que podrı́a abrazarte todo el dı́a”.
Bueno, no adelgacé tanto. Ultimamente como bien y entreno mucho, ası́
que mi cuerpo se ha vuelto bastante irme.
“De todas formas, te sientes ligero”.
“Su Gracia, su fuerza es demasiado abrumadora”.
Mientras hacı́a un chasquido, el cuerpo de Rensley volvió a descender
lentamente. Tras bailar un rato, sintió la garganta un poco seca.
¿Podemos descansar un momento? ¿Qué tal una taza de té ?
Los dos se sentaron uno frente al otro en la mesa. Gezell compartió sus
breves impresiones de la lecció n.
“No sabı́a que existı́a un baile tan diná mico”.
Originalmente, era un baile para la gente comú n. Pero ya sabes, la gente
encuentra las cosas interesantes si las reconoce, ¿verdad? Al principio,
algunos lo criticaron por vulgar, pero despué s, todos empezaron a
bailarlo en iestas sin importarles su estatus. Cuando me fui de Cornia,
era increı́blemente popular. Estoy seguro de que ahora se ha extendido
a la capital imperial.
Ası́ que, si lo dominaba ahora, cuando llegara la primavera y fuera a
reunirse con el emperador, Gezell podrı́a bailar este baile popular con la
nueva Gran Duquesa. Si no se lo enseñ aba, ¿quié n se lo enseñ arı́a? Dado
que a una princesa noble le podrı́a resultar difı́cil hacer tales cosas, era
el primer y ú ltimo mé rito que podı́a dejar como Gran Duquesa de
Aldrant.
Al mover los pasos en orden o alzarme, tus movimientos son buenos,
pero al animarme, eres demasiado pasivo. El encanto de este baile
reside en tentarse libremente hasta que se toman de la mano y se
mueven juntos. Claro, la realeza y la nobleza no bailan tan
abiertamente, pero...
“Eh…”
Ante un contemplativo Gezell, Rensley rió para sus adentros. No tenı́a
grandes expectativas ni siquiera al impartir la conferencia. Serı́a su
tarea má s difı́cil hasta el momento enseñ ar a un hombre que solo habı́a
leı́do libros a diario a bailar de repente y seducir a su pareja.
La crı́tica de que este baile era vulgar se debı́a en parte a la coreografı́a
de hombres levantando a mujeres, pero, má s signi icativamente,
provenı́a del preludio del baile, donde las parejas se enfrentaban y
participaban en un ritual seductor. En los bares y plazas donde la gente
comú n se reunı́a para las iestas, no era raro que el ambiente se
animara con actos que casi evocaban el acto sexual.
Por supuesto, los nobles no participaban en bailes tan explı́citos. Sin
embargo, la esencia de este baile residı́a en besarse la mano, con gestos
elegantes pero seductores, y demostrando el má ximo afecto posible por
la pareja antes de bailar juntos.
Si es demasiado difı́cil, prueba algo sencillo. Primero, presiona los
labios contra el dorso de la mano.
"¿Como esto?"
De repente, Gezell tomó la mano de Rensley y la besó suavemente. A
pesar de que los besos en la mano y sus actividades nocturnas se
habı́an vuelto habituales, los labios de Rensley se entreabrieron
ligeramente. Sintió calor en los oı́dos al inclinar la cabeza.
"No yo; me referı́a a tu propio revé s".
“¿Mi propia mano?”
A pesar de su confusió n, Gezell siguió las instrucciones, apretando los
labios contra el dorso de los dedos. Esta vez, Rensley hizo una
demostració n.
Luego, ası́, extiende la mano mientras miras a tu pareja. Enviar un beso
es el cumplido bá sico que se le ofrece a una mujer antes de bailar.
Como un sirviente leal, Gezell imitó a Rensley. Al extender su mano, que
acababa de besar, se resaltaron sus largos y elegantes dedos, con
articulaciones bien de inidas y uñ as impecables.
Miró a Rensley sin sonreı́r ni dirigirle miradas signi icativas, como
solı́an hacer los hombres que bailaban. Sin embargo, Rensley no pudo
decir nada y se limitó a mirarlo ijamente.
Si se vestı́an apropiadamente y realizaban las mismas acciones en el
saló n de baile, los intentos de cortejo de otros hombres quedarı́an
eclipsados por Gezell Jivendad. Cuando Rensley forzó una sonrisa,
Gezell, que esperaba la evaluació n, preguntó primero.
“¿Fue extrañ o?”
—No. Te envidio como a otro hombre. Bueno, aú n tengo mis propias
virtudes.
Rensley se levantó de su asiento y se acercó a é l. Al sentarse, Gezell
abrazó la cintura de Rensley con aú n má s naturalidad que cuando
bailaban, sentá ndolo sobre sus rodillas.
—De hecho, Su Gracia, puede que no le interesen esos nuevos bailes…
Gracias por considerar mi petició n.
No hace falta que me lo agradezcas. Pensé que no lo disfrutarı́a mucho,
pero despué s de aprenderlo de Sir Maelrosen, no está tan mal.
Ya fuera inexperto en la seducció n o há bil, Rensley no pudo evitar
sonreı́r ambiguamente otra vez.
Antes de que pudiera borrar la sonrisa, llamaron con irmeza a la
puerta. Mientras Rensley se levantaba apresuradamente de las rodillas
de Gezell, se oyó una voz familiar desde afuera.
“Rensley, soy Samlet.”
"¡Adelante!"
Cuando Samlet, la camarera, entró en la habitació n, sonreı́a radiante
desde el principio. Solo Rensley, que habı́a notado la identidad de la
ropa que sostenı́a en sus brazos, tragó saliva. Acercá ndose, Lady Samlet
extendió dos conjuntos de ropa frente a las dos.
¡Ay, Su Gracia tambié n está aquı́! Estos son vestidos para que Rensley
los use en el banquete. Hoy, ambos deben probarse una vez, y
necesitaremos arreglos. Originalmente, deberı́a venir una costurera,
pero esta vez tendré que ser meticulosa y pedirlo.
“Me disculpo por molestarla cada vez, señ ora”.
No es ninguna molestia; lo disfruto. De joven, incluso intenté coser.
Cré eme, ya lo he hecho antes. Me salió bien. ¿Qué tal si Su Excelencia
elige uno tambié n?
Gezell asintió sin intenció n de evadir la situació n desde el principio.
Rensley, mirando los vestidos, preguntó :
¿Necesitamos dos? De todas formas, solo vamos a usar uno.
Elegirá s uno de estos dos. El vestido que no usará s esta vez puede ser
modi icado y usado má s tarde.
Tener dos vestidos para la reina en un banquete real era modesto. Dado
que los banquetes eran frecuentes en Cornia y la realeza asistı́a con
frecuencia, encargaban sus trajes a medida para diversas ocasiones. A
veces, en banquetes a gran escala con muchos invitados, el rey y la reina
se cambiaban de ropa dos o tres veces en una misma noche. Preparar
ropa nueva justo antes de un banquete podı́a ser frené tico, por lo que la
realeza solı́a encargar varios trajes a la vez, pensando en los futuros
banquetes que seguramente vendrı́an.
Por supuesto, a Rensley no le hacı́a falta un vestido de repuesto, y no
necesitaba uno adicional para la ocasió n. Sin embargo, para no
empañ ar el entusiasmo de Lady Samlet, quien hablaba con aire de
seguridad, Rensley simplemente sonrió , como si reconociera la
pertinencia.
Como de todas formas llevará s velo, un escote ligeramente revelador no
deberı́a ser un problema. Abrı́ un poco el escote de un vestido. Tambié n
dejé ver la espalda. Por favor, é chales un vistazo a ambos; la elegancia
de las faldas es esencial. Aunque es un traje ceremonial, no es
tradicional, ya que está pensado para un banquete en la capital
imperial. Lo he diseñ ado siguiendo las tendencias de faldas que son
populares allı́.
De hecho, los vestidos eran esplé ndidos. Habrı́a sido estupendo que
Rensley, actuando como una dama noble, hubiera logrado que los
vestidos gozaran del cariñ o y la admiració n que merecı́an. Qué
desgracia para ambos. Rensley, con su silenciosa compasió n, se probó la
ropa.
“Creo que este vestido muestra demasiado el cuerpo… ¿Y si alguien
descubre que soy hombre?”
¿Quié n lo dirı́a? Con tu esbelta igura y cubierto por un velo, no
llamará s la atenció n. No es que vayas a exponer tus brazos o piernas. ¿Y
tú , Su Gracia? ¿Cuá l pre ieres?
Hasta entonces, Gezell habı́a estado escuchando en silencio la
conversació n. No dudó mucho cuando se le pidió que lo hiciera. Señ aló
uno de los vestidos con el dedo.
Parece mejor que el cuerpo no esté demasiado expuesto. No hay
necesidad de correr riesgos innecesarios.
Si Su Gracia tambié n lo cree, no hay nada que hacer. Aunque me gustó
má s esta.
Con expresió n decepcionada, Lady Samlet apartó ligeramente uno de
los vestidos. Entonces, Gezell añ adió un comentario.
Aun ası́, probar ambos no estarı́a mal. ¿Qué opina, Sir Maelrosen?
¿Mmm? Ah, claro. Probá rtelos aquı́ está bien.
¡Qué buena idea! Ven aquı́, Rensley. Probé monos este vestido primero.
Aunque Rensley se volvió má s elegante al quitarse la camisa, se sentı́a
algo incó modo. Antes de unirse a la Orden de los Caballeros,
ocasionalmente usaba vestidos de casa o ropa de calle y visitaba la
residencia del Duque. La vestimenta informal que se usaba dentro del
castillo apenas se diferenciaba de las tú nicas masculinas, salvo por la
presencia de una falda. Sin embargo, llevar un vestido tan glamuroso
resultaba incó modo, sobre todo despué s de la ceremonia, y era la
primera vez que lo hacı́a delante de Gezell.
Este vestido requiere una cinturilla ajustada porque la espalda está
abierta. Espere un momento, Su Excelencia, despué s de que le ate la
cinturilla.
—Está bien; lo ataré yo misma. Señ ora Samlet, mejor manipule el
vestido un poco má s. Parece que la falda está arrugada.
p q g
—Oh, no. Es mi trabajo. Despué s de atarme la cinturilla, bastará con
ordenar.
“Estoy bien, ası́ que no te preocupes”.
Cuando Gezell se levantó , retrocedió a regañ adientes. Mientras Lady
Samlet hervı́a agua para alisar las arrugas del vestido, Gezell se acercó a
Rensley por detrá s. Rensley sintió que le agarraban la cintura y no pudo
evitar reı́rse entre dientes.
Hubo una vez que me ataste el cinturó n. ¿Te acuerdas?
—Claro. Era la primera vez que recibı́a tanta amabilidad, y fue má s
agradable de lo que pensaba.
Quizá s por eso, el toque de Gezell al atar el cinturó n esta vez se sintió
má s preciso y rá pido que la vez anterior. Comparado con entonces, se
sintió má s cuidadoso. Al re lexionar sobre la sensació n pasada, una
sonrisa regresó . La voz del hombre que estaba detrá s de é l se volvió
má s baja y suave, solo audible para Rensley.
“Si hubié ramos vivido como ahora en aquel entonces, quié n sabe, quizá
habrı́amos hecho otras cosas primero”.
“¿Otras cosas?”
“Tu espalda es recta y hermosa.”
“Su Gracia, Lady Samlet puede oı́r.”
Susurrando en respuesta, Rensley no pudo evitar sonreı́r discretamente
otra vez.
En cuanto Rensley inalmente se puso el vestido, su expresió n se tornó
algo tı́mida. Sin embargo, se mantuvo erguido, como un maniquı́, para
que Gezell y Lady Samlet disfrutaran de la vista có modamente.
Ultimamente, en Pheraira, los vestidos con estampados vibrantes como
estos está n de moda. Los estampados son vivos y los colores só lidos son
brillantes, ası́ que complementan a la perfecció n el color de pelo de
Rensley. ¿Qué le parece, Su Gracia? Me parece precioso.
“Hermoso, pero hay demasiadas á reas expuestas para un evento de
saló n de baile”.
El velo cubrirá todo hasta el pecho. Solo tendrá un ligero efecto
transparente.
“En las clases de arte, enseñ an que la ocultació n imperfecta puede
atraer la atenció n y la curiosidad de la gente”.
Hermoso y todo, pero a Rensley no le pudo evitar parecer ridı́culo
ponerle un vestido tan llamativo a un hombre como é l, con una igura
imponente y sin curvas. Quizá s ambos se habı́an malinterpretado.
Mientras los cumplidos continuaban, Rensley hizo un gesto dramá tico
con la mano.
—Creo que este vestido tampoco me queda bien, señ ora. Me probaré el
otro. Es mejor no hacer nada arriesgado.
—Mmm. Es extrañ o que Rensley diga algo ası́.
Con un comentario escalofriante, Lady Samlet preparó un vestido
nuevo. Esta vez, era un vestido relativamente grueso y resistente, de un
rojo tranquilo y algo oscuro. Tenı́a mucha má s sustancia que el vestido
anterior, que sin duda serı́a má s adecuado para un evento de saló n,
pero para un hombre que no podı́a revelar su identidad, carecı́a de
importancia.
El vestido tenı́a muchos botones, tanto por delante como por detrá s.
Esta vez, Gezell, con la garganta seca, ahuyentó a Lady Samlet,
dicié ndole que é l se encargarı́a.
“A la dama podrı́a parecerle extrañ o”.
“Incluso si lo hiciera, ¿qué podrı́a hacer al respecto?”
Rensley abotonó la parte delantera mientras Gezell se encargaba de los
botones de la espalda. El vestido de tela gruesa, ceñ ido hasta el cuello,
parecı́a má s el atuendo de un clé rigo estudiando en un monasterio que
el de una reina asistiendo a un baile.
—Si le gustaban las iestas, debe haber asistido a menudo a los
banquetes de la corte en Cornia, ¿señ or Maelrosen?
He asistido a muchas iestas, pero los banquetes reales… Asistı́ varias
veces, pero dejé de asistir. Me parecieron aburridos y nada agradables.
La actual reina de Cornia se esforzaba por tratar a Rensley e Ivet sin
discriminació n. Gracias a su amabilidad, Rensley asistı́a ocasionalmente
a banquetes. Su apariencia con atuendo de iesta no diferı́a de la de
otros prı́ncipes, y quienes desconocı́an su condició n de escriba se
acercaban a é l en busca de halagos, pero se marchaban con cara de
insulto. Aú n no estaba seguro... ¿No deberı́a ser é l mismo quien se
siente insultado en tales situaciones?
Tras algunos incidentes como ese, Rensley dejó de asistir a los
banquetes reales. Como nadie lo obligaba, Rensley continuó pasando
tiempo con los sirvientes, y solo se coló en el saló n cuando faltaban la
comida y la bebida.
Mientras tanto, a veces conversaba con los hijos de los jó venes nobles
en la aburrida iesta y a veces disfrutaba de una breve escapada o
reunió n secreta para escapar del aburrimiento.
“Espero que disfrutes de la pró xima iesta”.
Será divertido. Bailaré con Su Gracia, y ademá s, aquı́ no hay gente
comú n.
Todos los botones estaban abrochados. Rensley examinó
cuidadosamente su re lejo en el espejo. La pulcritud del atuendo
resaltaba aú n má s su cabello rubio y sus ojos violetas.
No estaba mal, ya que de todas formas tendrı́a el rostro cubierto con un
velo. La incomodidad de tener que usar ropa que no le sentaba bien
pareció disiparse. Rensley asintió con aprobació n.
“Creo que este es mejor despué s de todo.”
De acuerdo. Si les queda bien a Su Excelencia y a Rensley, está bien.
Puedes usar el otro vestido en el pró ximo evento. Ahora, dé jame revisar
si hay alguna zona que necesite ajustes. ¿Hay algo incó modo? Las
mangas, la cintura o el cuello. No debe quedarte demasiado apretado,
ya que necesitas moverte con comodidad para el baile.
“No, parece que está bien.”
Lady Samlet suspiró como decepcionada, pero midió y anotó
diligentemente el largo de la falda del vestido, la circunferencia de la
cintura y el largo del cuello mientras se movı́a aquı́ y allá .
Cuando salió de la habitació n tras organizar ambos vestidos, Rensley
volvió a su atuendo habitual de camisa y pantalones. Cuando los pasos
animados del otro lado se desvanecieron, Rensley miró a Gezell y
sonrió .
“Llevar ropa bonita y de repente parecer desaliñ ado, ¿no me hace
parecer un mendigo?”
Bueno, no importa lo que lleves puesto, parece que no puedes verte
mal. De hecho, Sir Maelrosen luce mejor cuando no lleva nada puesto.
Con un tono serio y una expresió n como ninguna otra, Rensley desistió
de responder al comentario.
Portada del volumen 3~
Cap. 9.2 - El último baile
En el invernadero, los tomates maduraban bien. Las berenjenas, la
calabaza, la radicchio, la rú cula y otras hortalizas crecı́an sin problemas.
Tambié n se plantaron olivos jó venes en un lateral del invernadero, pero
tardarı́an un tiempo en dar fruto.
La breve pausa en la selecció n de vestuario y el ensayo de baile habı́a
terminado. Gezell tenı́a una reunió n y necesitaba regresar a la o icina.
Rensley, considerando la larga ausencia de Gezell, decidió preparar un
refrigerio sencillo.
Tras una larga reunió n, incluso para alguien tan sereno como Gezell,
una ensalada refrescante acompañ ada de una copa de vino bajo en
alcohol podı́a ser una forma agradable de terminar el dı́a. Rensley se
sentı́a despreocupado, ya que se trataba de un plato que no requerı́a
cocció n. Mientras la gente salı́a de la cocina vacı́a, Rensley tarareaba
una melodı́a mientras cortaba tomates y asaba berenjenas con sal. Picó
inamente queso de cabra, preparó una salsa con aceite y hierbas, y
montó el plato.
Mientras pensaba adó nde llevar la placa terminada, Rensley decidió
visitar el laboratorio. Gezell solı́a ir al laboratorio despué s de una larga
reunió n en lugar de ir directamente al dormitorio. Quizá s era su forma
de aliviar la fatiga.
Pensando que el laboratorio probablemente estarı́a vacı́o para
entonces, Rensley decidió esperar allı́ y regresar a la habitació n si se
hacı́a demasiado tarde. Como la comida no perderı́a su sabor al
enfriarse, parecı́a una buena idea.
A pesar de llamar educadamente, no hubo respuesta. Rensley introdujo
la llave que Gezell le habı́a dado en la cerradura, pero resultó inú til; la
puerta no estaba cerrada.
"¿Mmm?"
¿Ya habı́a terminado la reunió n? Quizá s, al entrar, Rensley podrı́a jugar
a la broma con un beso. Con una sonrisa pı́cara, Rensley abrió la puerta.
¡Rensley! ¡Cuá nto tiempo sin verte!
Sin embargo, tras identi icar a la persona dentro del laboratorio,
Rensley se recompuso rá pidamente. Abrir la boca imprudentemente sin
con irmar quié n era podrı́a haber provocado una situació n incó moda.
Mucho tiempo, sı́. Llamé a la puerta, pero no hubo respuesta, ası́ que
pensé que estaba vacı́a. Pero como la puerta se abrió , me preocupó que
hubiera un intruso o algo ası́.
—Oh, lo siento. A veces, cuando estoy concentrado, no oigo bien los
sonidos. Vine a buscar algo que olvidé y me quedé absorto en ello. ¿Te
uniste a los caballeros para patrullar o algo ası́?
Quien custodiaba el laboratorio no era Gezell, sino el jefe del Gremio de
Magos, Larcof. Dejó el frasco que sostenı́a y se acercó , abriendo mucho
los ojos. Se subió las gafas y concentró la mirada.
“Espera, ¿no es este un plato de tomate y berenjena?”
Ah, sı́. Ultimamente me ha dado por cocinar. Resultó ser bastante, ası́
que lo he estado compartiendo.
Increı́ble. Nunca habı́a visto tomates frescos en Aldrant. Aunque sı́ he
probado los secos varias veces.
Parecı́a que el Duque no le habı́a mencionado nada sobre el
invernadero del patio trasero al jefe del Gremio de Magos. Rensley,
murmurando vagas explicaciones, dejó el plato.
Me colé en la cocina porque tenı́a hambre. Soy de Cornia, y este plato
solı́a comerlo allı́ con frecuencia. Lo preparé porque me recordaba a
casa.
¡Ah, Cornia! Visité Cornia hace mucho tiempo. Aú n la recuerdo.
Celestine es una ciudad realmente hermosa. No habı́a ningú n lugar con
tanta abundancia y exquisitez en comida y bebida. Aunque hoy en dı́a
se ha vuelto un poco intimidante para los magos visitarla, antes no era
ası́.
Mientras Rensley pensaba en có mo ofrecer con gracia una ensalada no
tan abundante al Duque sin crear un alboroto, Larcof le extendió una
botella de color oscuro atada a su cintura.
Casualmente, tengo esto. Un licor de melocotó n importado
personalmente de Pheraira. He estado pensando cuá ndo abrirlo; dicen
que tiene un sabor fuerte y espumoso gracias a una nueva té cnica de
elaboració n.
Ası́ pues, Rensley y Larcof se sentaron uno al lado del otro frente a la
larga mesa donde estaba colocado el plato de ensalada. Apartando
libros y materiales experimentales dispersos, sirvieron el licor en vasos
sencillos.
Antes de tomar un sorbo, Rensley inclinó la nariz. El aroma á cido le
envolvió el rostro como una fragancia loral. Al tragar un bocado, sintió
un hormigueo en la punta de la lengua. Rensley procedió a su
evaluació n.
"No es tan dulce como esperaba."
“¿No es de tu gusto?”
—No, lo pre iero ası́. ¡Es refrescante y delicioso!
El plato que preparó Rensley es exquisito. El refrescante sabor de los
tomates, el rico sabor de las berenjenas a la parrilla, todo envuelto en
queso, aceite y aromas de hierbas: una combinació n tan fresca. Es
realmente impresionante. ¿Quié n hubiera pensado que podrı́a comer
algo ası́ aquı́? Aunque, Rensley, sabes que Roudken no es muy bueno en
la cocina, ¿verdad? Para nosotros, está bien salir a comer fuera de vez
en cuando, pero para Lord Roudken, tener que comer la comida del
cocinero todos los dı́as debe ser un reto. Por suerte, su Señ orı́a es
bastante indiferente a la hora de comer y beber, ası́ que no ha habido
ningú n problema.
De hecho, parecı́a que todos se conocı́an. Sin embargo, Rensley, má s
cercano a Reyna que Larcof, no se atrevió a asentir tan fá cilmente.
Bebió el preciado licor má s despacio. Larcof, pinchando tomates y
berenjenas con un tenedor, tragó saliva y preguntó : "¿Qué tal has estado
ú ltimamente? Supongo que unirte a los caballeros te ha hecho la vida
má s llevadera".
No es solo soportable; dista mucho de serlo. Si Su Señ orı́a me hubiera
pedido que me quedara en la habitació n todo el tiempo, quizá lo habrı́a
soportado un tiempo, pero probablemente habrı́a escapado o habrı́a
seguido saliendo y habrı́a acabado descuidando mis deberes. Es una
decisió n que Su Señ orı́a tomó sobre mı́ sin conocerme bien. Unirse a los
caballeros y establecerse en Aldrant. Su Señ orı́a es verdaderamente
sabio.
Aunque debe ser duro con la doble vida secreta... Aguanta un poco má s.
He oı́do que este estilo de vida no durará mucho má s.
"¿Qué ?"
Se trata de la nueva duquesa de su señ orı́a. No presto mucha atenció n a
los asuntos de la corte, y no es asunto mı́o, pero he oı́do que, tras
examinar a varias candidatas, está casi decidido. ¿Sabe? Hay un
pequeñ o paı́s no muy lejos de Cornia llamado Isren. El hermano menor
de su rey aú n tiene una hija soltera mayor de edad. Dicen que lo
promoverá n o icialmente una vez que termine el pró ximo banquete. Ah,
¿no lo sabı́a?
Aunque aú n no habı́a bebido mucho, Rensley sentı́a la lengua pesada,
como paralizada. Bebió de un trago el licor restante. Al saborear de
golpe el dulce aroma a melocotó n, la cabeza le daba vueltas y hablaba
má s rá pido.
“Escuché que se estaban preparando, pero no sabı́a hasta dó nde habı́an
llegado”.
Bueno, no es algo que nos preocupe a gente como nosotros. Con tu
incorporació n a los caballeros y tu asentamiento en Aldrant, no hay
necesidad de dar explicaciones aparte. Parece que su Señ orı́a está
llevando la situació n bastante bien.
Sı́. Espero que se solucione pronto. Es agotador llevar esta doble vida,
como dice el mago.
El licor de frutas, inesperadamente potente, le estaba haciendo mella.
Para calmar el hormigueo en la lengua, Rensley comió a regañ adientes
los tomates, las berenjenas asadas y el queso. Le pareció menos
delicioso de lo que pretendı́a. Por suerte, aú n no se lo habı́a ofrecido a
Gezell, pues decidió dejar que otros lo probaran primero.
A algunos nobles no les gusta preparar banquetes en estas fechas. Es
extrañ o. No le interesa gobernar, y no es su trabajo, pero insiste en
celebrar un banquete precisamente en estas fechas.
Dicen que es para entretener al enviado del Emperador antes de que
llegue la primavera. Al in y al cabo, la diplomacia es el deber del rey.
De todos modos, los banquetes no tienen por qué celebrarse a una hora
ija. Serı́a má s conveniente celebrarlos despué s de que se decida el
nuevo matrimonio, ¿no? Ya te uniste a los caballeros y te instalaste en
Aldrant, ası́ que no estará s ocupada preparando el banquete.
—Es cierto. Antes de venir a Aldrant, ¿has viajado a muchos otros
paı́ses, mago?
A medida que el tema cambiaba, la conversació n se desplazó sin
problemas hacia otras historias. De buen humor tras la comida y la
bebida, el mago compartió experiencias fascinantes, a irmando haber
trabajado bajo tres reyes e incluso haber participado activamente en
una unió n de magos continentales durante un tiempo. Si bien
disfrutaba socializando, surgı́an con lictos polı́ticos dondequiera que
aumentaba el nú mero de magos, y inalmente se cansó . Ası́ que se
recluyó , dedicá ndose a la investigació n y la escritura durante ese
perı́odo.
Fue por esa é poca, poco despué s de ascender al trono, cuando recibió
una invitació n del joven duque. Intrigado por sus libros, el duque
expresó su deseo de conocerlo en persona y conocer su opinió n. Larcof
emprendió su primer viaje a las tierras del norte, donde encontró un
lugar má s có modo que ningú n otro, a pesar de las frecuentes batallas
con criaturas má gicas. El mago se estableció allı́ mientras continuaba la
temporada del Festival de Hielo.
A medida que la botella importada se vaciaba gradualmente, el mago
compartió má s de su pasado. Rensley, profundamente absorto en la
elocuente narració n del mago, asintió .
“Parece que está s usando el laboratorio real como taberna.”
Una voz extranjera intervino. Rensley giró la cabeza bruscamente.
Ya fuera por el alcohol o por la conversació n tan entretenida, ninguno
de los dos se dio cuenta de que alguien abrió la puerta y entró . Larcof
rió entre dientes y se levantó al ver entrar al recié n llegado.
Disculpe la intromisió n. Dejé mis notas aquı́ durante el dı́a y volvı́ a
buscarlas, pero me distraje con otros experimentos. Mientras tanto, Sir
Rensley, al parecer, estaba patrullando y trajo un refrigerio. Como tenı́a
algunas bebidas a mano, pensé que podrı́amos compartir una copa.
Rensley, ¿no serı́a mejor que trabajaras en la cocina en lugar de unirte a
los caballeros? Tus habilidades culinarias son realmente excelentes.
“Es aconsejable abstenerse de comer en el laboratorio fuera de la hora
de comer, especialmente consumir alimentos en el escritorio donde se
manipulan las pociones”.
—Le pido disculpas, Su Gracia. Fue mi error traer comida aquı́.
Rensley se sintió avergonzado e inclinó la cabeza. No sabı́a que era
inapropiado comer en el laboratorio fuera de la hora de comer.
Ciertamente, habı́a estado comiendo allı́ sin una palabra de reproche
del duque Gezell, quien, sin mostrar desagrado, le habı́a permitido
comer sin crı́ticas siempre que traı́a comida.
Está bien compartir la comida que has cocinado. Las reglas de uso del
laboratorio son responsabilidad de los usuarios, y no le corresponde a
la Duquesa disculparse.
Tienes razó n. Lo tendré en cuenta. Rensley, gracias por la comida de
hoy. Regreso ahora. Su Gracia, me despido.
Aprovechando la distracció n causada por la atenció n de Gezell hacia
Rensley, Larcof se disculpó apresuradamente y abandonó el laboratorio.
Aunque el mago le habı́a hablado, Gezell no miró atrá s y dio un paso
má s hacia Rensley.
Levanta la cabeza. Se lo dije a Larcof, no a ti.
Cuando Rensley levantó la cabeza en señ al de acatamiento a las
palabras de Gezell, la mirada del Duque se ijó en el plato vacı́o. Rensley
rá pidamente lo recogió del escritorio y lo escondió tras é l.
—No fue nada. Solo un poco de ensalada... Pensé que estaba aquı́, Su
Gracia, ası́ que abrı́ la puerta, y el mago estaba aquı́.
¿Qué tipo de ensalada era?
Mezclé tomates, berenjenas y queso... ¡Su Excelencia, puedo volver a
prepararlo cuando los tomates esté n maduros! No me di cuenta de que
no estaba aquı́, y usé todos los maduros, ası́ que ahora mismo es difı́cil.
“…¿Cuá ndo podré probar ese tomate del que hablas?”
Madurará n pronto. En unos dı́as, habrá varios de color rojo brillante.
Mientras hablaba, Gezell bajó la cabeza y hundió el rostro en el cuello
de Rensley. Al rozar sus pieles, los hombros de Rensley se tensaron
involuntariamente.
“¿Su Gracia?”
¿Has bebido mucho?
—Para nada. Solo compartimos una botella de vino de frutas.
Sigues siendo la duquesa o icial, y aun ası́, está s bebiendo sola con un
forastero en un lugar como este. No es muy digno.
¡Jaja! ¿Cuá ndo he estado intacta mi dignidad?
Aunque Rensley se rió de buena gana y le dio una palmadita en el
hombro a Gezell, el duque no se rió .
“Por cierto, sobre la duquesa o icial.”
El tema, olvidado momentá neamente, resurgió en la mente de Rensley,
y poco a poco perdió las fuerzas. Suavizó su expresió n con cuidado y
miró ijamente al Duque.
“¿Tiene algo que decirme, Su Gracia?”
“¿Algo que decir?”
Si de verdad me consideras la duquesa, ya deberı́as tener algo que decir.
¿Có mo va la boda? No es momento de preocuparse por los preparativos
del banquete. Incluso cuando se disfruta del tiempo libre, hay que
acompañ arlo con los deberes necesarios.
A pesar del repentino sondeo, la expresió n de Gezell permaneció
inalterada. Incluso resopló levemente.
“Parece que Larcof ha estado balbuceando innecesariamente”.
No es innecesario. Deberı́an informarme tambié n de estos asuntos.
¿Acaso no tengo derecho a saber a quié n está considerando? Y creo que
puedo ofrecerle algunas opiniones ú tiles si me lo dice. Su Excelencia,
dado que no tiene mucha experiencia con mujeres, si comparte los
detalles, puedo re lexionar profundamente sobre qué mujer podrı́a ser
la má s adecuada para usted...
¿No te lo expliqué la ú ltima vez? Solo busco a alguien que interprete el
papel de la duquesa en Aldrant, no necesariamente a una mujer que me
convenga.
Es la misma historia. Por muy estraté gico que sea el matrimonio, se
convierten en pareja una vez celebrada la ceremonia. Les guste o no,
tienen que vivir juntos. Como duquesa de Aldrant y, por supuesto, como
su compañ era, necesito encontrar a alguien que se adapte a ambos
roles.
“Eso no tiene ninguna importancia.”
La irmeza de Gezell dejó a Rensley desconcertado, y cerró la boca, sin
saber si se habı́a equivocado. El hombre que negó sus palabras parecı́a
tan seguro que Rensley se vio obligado a reconsiderar si habı́a dicho
algo incorrecto.
No tiene por qué preocuparse, señ or Maelrosen, ahora y en el futuro,
solo tiene que pensar en lo que quiere.
Gezell tomó el plato vacı́o de las manos de Rensley, lo colocó sobre otra
mesa y, como siempre tras terminar su trabajo en el laboratorio, se
acomodó en su có moda silla. Luego tomó la mano de Rensley,
llevá ndolo a sentarse en su regazo. Incluso sentados frente a frente, sus
manos unidas no se soltaron.
Sentados frente a la cá lida chimenea, todo lo demá s parecı́a distante e
insigni icante. Rensley esperó a que volviera a hablar. Tras un largo
silencio, como si estuviera insatisfecho con la situació n, surgió un tono
de descontento.
Iba a decı́rtelo despué s de este evento. De todos modos, es un
matrimonio que se debe seguir despué s de que termine este evento.
“…Su Gracia, ¿es necesario celebrar el evento ahora? Si pronto tendrá
una nueva Duquesa, serı́a má s apropiado celebrarlo despué s de la
nueva ceremonia nupcial. Serı́a incó modo para la gente verla abdicar de
repente y celebrar una nueva ceremonia nupcial inmediatamente
despué s del evento. Podrı́a resultarles extrañ o. Entre los sirvientes,
podrı́a haber otros que piensen lo mismo que yo.”
No es imposible. Estoy de acuerdo en que puede parecer incó modo.
El hombre que habló ası́ esbozó una sonrisa inoportuna. Era má s aguda
de lo habitual, pero a la vez, contenı́a una amarga diversió n.
¿Pero qué tal esto? Desde el dı́a de la boda, salı́ directamente del saló n
de banquetes, y ni siquiera pudiste bailar en la celebració n. Eso debe
parecerles un poco incó modo a los demá s.
“…No soy una mujer real y no me arrepiento de no haber usado un
vestido y de haber bailado frente a la gente”.
Aunque ingió indiferencia, ahora adivinaba lo que tenı́a en mente. Sin
importar el momento ni lo que dijeran los demá s, querı́a celebrar este
evento con irmeza. Ya fuera un ú ltimo regalo conmemorativo para
Rensley antes de su abdicació n o un recuerdo necesario para sı́ mismo...
Rensley dejó escapar un suspiro silencioso, organizando sus
pensamientos.
—Bueno, da igual. ¿A mı́ qué me importa? —Pensó , no fue demasiado
forzado, solo un poco incó modo. Aunque sinceramente querı́a decir que
no se arrepentı́a de no llevar vestido y bailar, no tuvo el valor de
rechazar el banquete que le ofrecieron.
“Despué s de todo, serı́a un desperdicio cancelarlo ahora que he
practicado el baile”.
Porque fue el ú ltimo. Para que fuera un perı́odo plausible para el inal.
Pensando ası́, todo el reproche se alivió . A medida que su corazó n se
aliviaba, el beso tampoco fue diferente de lo habitual. Rensley susurró
que el vino de frutas que el mago compartió era fragante al sorbo y
suave al tragarlo. No se sentı́a ebrio en absoluto, pero el alcohol debió
de hacerle efecto tarde, pues se quedó dormido sin ningú n recuerdo.
Recordó el momento en que é l y el duque Gezell se besaron y
empezaron a abrazarse en el dormitorio. Sin embargo, faltaba el
momento entre quedarse dormido y ese instante. Preocupado por si
habı́a dicho algo absurdo en su estado de ebriedad, de repente se
preocupó .
De espaldas a la ventana, sintió la familiar calidez de la piel contra su
espalda. Rensley se giró lentamente. Si é l tambié n estaba dormido, no
querı́a despertarlo, pero el rostro que encontró era claro, como si no
hubiera dormido nada. Sus ojos color calabaza se entrecerraron
levemente al encontrarse.
Rensley lo miró en silencio. Normalmente, habrı́a sido el primero en
hablar, pero con la cabeza aú n nublada por el alcohol, no podı́a abrir la
boca fá cilmente.
Quizá s tengas sed. ¿Te gustarı́a beber agua?
Asintiendo en respuesta a la pregunta de Gezell, levantó la botella de
agua que habı́a estado en la mesita de noche. El sonido del agua
luyendo en el tranquilo dormitorio era refrescante.
Rensley se levantó lentamente y tomó el vaso de manos de Gezell. Al
beberlo de un trago, sintió una revitalizació n gradual, como una planta
que cobra vida al ser regada.
"Gracias."
Con un suspiro y un breve saludo, la gran mano de Gezell tocó su frente
esta vez.
¿Tienes dolor de cabeza o mareos? Me preocupa porque está s dé bil y
pareces disfrutar del alcohol y el entretenimiento.
“Su Gracia, creo que ya lo mencioné antes, pero mi cuerpo no está dé bil
en absoluto”.
Si tu cuerpo está dé bil, no deberı́as beber. Es mejor ser precavido.
La expresió n de inquietud en los ojos de Gezell no desapareció . Quizá s
se debı́a a que el alcohol consumido por el eminente mago no era algo
que una persona comú n pudiera tolerar desde el principio... Sin
embargo, culpar a Larcof solo serı́a contraproducente, ası́ que Rensley
abandonó el juego de culpas. Despué s de todo, lo importante no era su
tolerancia ni su fuerza; era no convertirse en una carga.
"No causé una escena estando borracho, ¿verdad?"
—Bueno, quié n sabe. ¿No te acuerdas?
¡Su Gracia! Por favor, no se burle de mı́; solo dı́gamelo. Si me comporté
mal, espero que pueda perdonarme.
En lugar de responder sı́ o no, Gezell, como siempre, solo esbozó una
sutil sonrisa. Rensley puso los ojos en blanco. Estaba empezando a
sentirse ansioso, como no le habı́a pasado ú ltimamente sin una
sensació n de decepció n. Si se hubiera quejado de algo en su estado de
ebriedad, habrı́a sido de haberse disparado en el pie.
Unos brazos fuertes abrazaron a Rensley. En un instante, Rensley se
encontró tendido sobre Gezell, quien se habı́a volcado. Intentando
apoyarse en los brazos para evitar cargar peso, la mano de Gezell lo
detuvo y quedó tendido indefenso.
La palma seca de Gezell se deslizó desde la nuca hasta la espalda como
si saboreara la textura de la piel. Fue un toque lento pero irme, como si
disfrutara de la sensació n de la carne. Inconscientemente, Rensley
respiró hondo, sintiendo có mo el calor que se habı́a apoderado de su
cuerpo antes de quedarse dormido se iltraba a la piel. Gezell susurró
tardı́amente.
No hay nada que perdonar. No fue divertido porque no te comportaste
mal ni siquiera estando borracho.
“No sabı́a que encontrabas placer en mi borrachera”.
“No sabı́a que tenı́a tal a ició n”
Al darse la vuelta, Rensley, que estaba encima, tambié n se deslizó hacia
un lado. Esta vez, jalado hacia un lado y abrazado, Rensley terminó
tendido cerca de su clavı́cula.
“Aun ası́, fuiste má s honesto de lo habitual durante nuestra intimidad”.
—¡¿Qué ?! ¿De qué está s hablando?
“Fue agradable verte má s directo durante nuestra intimidad”.
"¿Qué está s diciendo?"
Ansiosamente, Rensley habló má s rá pido, pero Gezell retrasó
deliberadamente su respuesta. Mientras acariciaba suavemente el
cabello y el cuello de Rensley, cambió de tema.
Sobre la historia que comentamos antes de dormir, que parece que has
olvidado... La encargada de la ceremonia despué s de la iesta se enteró
de que el matrimonio concertado que estaba a punto de celebrarse se
canceló , lo que la puso en una situació n incó moda en su paı́s de origen.
Parecı́a que no habı́a nadie má s adecuado, ası́ que he decidido proceder
con el arreglo.
¿Qué signi ica eso? No es que Su Gracia esté lidiando con un miembro
problemá tico de la familia real. Como siempre ha dicho, necesita
encontrar una buena pareja, alguien compatible con el Duque.
Piensa en la princesa Ivet. Escapó porque no querı́a casarse, y tú
tambié n recorriste un largo camino en contra de tu voluntad. A todos
nos pasa lo mismo.
En mi caso es diferente. A la princesa Ivet no le disgustaba el
matrimonio; solo querı́a esconderse para fastidiar al rey.
Mientras refutaba, Rensley adivinó vagamente el signi icado de sus
palabras. Querı́a a alguien para el puesto de duquesa que no estuviera
ligado a ningú n poder externo; en otras palabras, alguien de un paı́s
lejano. Quizá s lo que Gezell Jivendad deseaba para el puesto de duquesa
no era realmente una realeza problemá tica. Incluso si no se tratara de
una duquesa falsa, preferirı́a a alguien que viviera como el aire,
cumpliendo con sus obligaciones y dando herederos como si nada.
Si escuchaba con atenció n, parecı́a que la persona que deseaba ni
siquiera era un aliado polı́tico. De ser ası́, su vida matrimonial solo se
volverı́a monó tona y á rida. Ya fuera la princesa que llegarı́a a esta tierra
lejana para la ceremonia nupcial o el duque que tendrı́a que vivir con
semejante persona como compañ ero de por vida.
Puede que sea un paı́s lejano y pequeñ o, pero comerciar con nosotros
ofrece ventajas. Es un socio ideal. Tomé la decisió n considerando varios
factores.
“La gente tambié n debe ser de tu agrado”.
“Señ or Maelrosen, no me caso para pasar dı́as felices y agradables”.
"…Entiendo."
Fue una declaració n que pareció vislumbrar los pensamientos ı́ntimos
de Rensley. A pesar de saber que era mejor ceder primero, se obstinó en
añ adir un comentario.
“Pero espero que Su Gracia sea feliz”.
Si no se oyeran los sonidos del crepitar del fuego ni el susurro del
viento a travé s de las gruesas ventanas dobles, el silencio se habrı́a
sentido muy pesado. Los sonidos creados por el frı́o intenso ahora
susurraban suavemente entre ambos, circulando.
Ası́ que Rensley pudo permanecer abrazado sin rehuir las palabras que
habı́a pronunciado. El ú nico sonido que interrumpı́a la suave quietud
era el leve crujido de la manta al arrugarse. De repente, el cuerpo de
Gezell giró media vuelta, cubriendo a Rensley como si quisiera
aplastarlo. Las respiraciones se sincronizaron, y el beso que siguió ,
despertá ndolos del sueñ o y el placer, aú n estaba fresco en sus mentes.
Fue un beso como pé talos de lor doblados. Sus lenguas se hundieron,
entrelazá ndose. El cuerpo debajo se sentı́a pesado mientras la
respiració n se aceleraba, pero los brazos de Gezell no soltaron
fá cilmente a Rensley.
“Umm, ah…”
No tenı́a intenció n de pedirle que lo soltara. El aliento hú medo y á spero
del hombre, que rara vez vacilaba, era reconfortante. Era bueno que el
cuerpo, apretado contra é l, aú n temblara. Rensley se aferró a Gezell sin
decir palabra. Dejó intacta la mano de Gezell, que intentaba reavivar el
fuego con un poco de desorden, y la parte inferior de su cuerpo, que
intentaba penetrarlo con rapidez.
Cap. 9.3 - El último baile
Tras varios dı́as nublados, por in llegó una mañ ana soleada. Resultó ser
el dı́a del banquete.
A pesar del banquete, la rutina matutina de Rensley se mantuvo
inalterada. Los trabajadores de Roudken estaban visiblemente
ocupados prepará ndose para el banquete de la tarde, pero el
entrenamiento de los caballeros continuó como de costumbre despué s
de los ejercicios matutinos. Sin embargo, a partir del entrenamiento, las
actividades de los caballeros cambiaron. Personas de otras regiones y
algunos embajadores extranjeros visitaban el lugar uno tras otro para
asistir al tan esperado banquete del Duque. Tambié n habı́a
comerciantes y dignatarios que acudieron de los alrededores al oı́r los
rumores de un gran evento en el castillo.
Teniendo en cuenta la necesidad de reforzar la seguridad dentro y fuera
del castillo, estaba previsto que hoy todos participaran en tareas
prá cticas, excepto una persona.
Le pido disculpas, Comandante. Soy el ú nico exento en estos momentos
tan ajetreados.
“No es una exenció n, ya que se te ha con iado una misió n mucho má s
importante”.
Tras inalizar el entrenamiento y ver a sus compañ eros caballeros
trasladarse a sus puestos de guardia, Rensley se disculpó con el
comandante Anton en voz baja. Anton, quien inspeccionaba
meticulosamente su espada, observó brevemente pero con atenció n la
expresió n de Rensley y luego rió en silencio con satisfacció n.
Parece que está s de buen humor. ¿Ya te has tranquilizado?
“Los resolvı́ hace un tiempo.”
Rensley sonrió modestamente y el comandante asintió . Parecı́a tan
aliviado como Rensley.
Tu periodo de aprendizaje terminará el mes que viene. Para entonces,
te llamará n simplemente Caballero Rensley Maelrosen de la Orden de
Caballeros. Espero que lo esperes con ilusió n.
“Comandante, le juro que nadie espera eso tanto como yo”.
—Vamos. No llegues tarde.
Anton le dio una palmadita suave en el hombro a Rensley, como para
animarlo. Tras saludarlos, Rensley se dio la vuelta y corrió de vuelta
con Marilyn.
En los dı́as en que se celebraba un gran banquete en el castillo, el señ or
a veces compartı́a comida y bebida con los plebeyos. Hoy, incluso fuera
del castillo del Duque, las calles estaban má s animadas que de
costumbre, ya fuera por los regalos de Gezell a la gente o simplemente
por la presencia de visitantes extranjeros.
Tras inalizar su entrenamiento, los caballeros formaron grupos para
patrullar diversas zonas de la ciudad. Dado que los aprendices de
caballero estaban asignados a vigilar el exterior del castillo, cada uno se
dispersó a su respectiva zona, dejando solo a Rensley con la excusa de
buscar a los caballeros de escolta desde su tierra natal y regresar al
castillo.
“…¿Por qué me siento sutilmente nervioso?”
Giró sus hombros rı́gidos un par de veces. Tambié n respiró hondo
varias veces. Interpretar o icialmente el papel de la duquesa despué s de
la ceremonia nupcial fue una novedad para é l.
Antes de la inminente boda, se habı́a mudado sin pensarlo mucho,
impulsado por las circunstancias. Centrado en sobrevivir allı́ de alguna
manera, habı́a interpretado el papel de la duquesa con indiferencia, sin
temer las consecuencias. Ahora, sin embargo, le resultaba pesado
representar una actuació n falsa en el lugar que se habı́a convertido en
su hogar.
Oye, tú . ¿Por qué está s tan terco hoy precisamente? ¡Entra ahı́, anda ya!
Intentando reprimir su inquietud, Rensley se detuvo de repente. Un
hombre forcejeaba con un caballo frente a la taberna de Max, un lugar
que visitaba a menudo. Rensley se acercó a ellos.
"¿Qué está sucediendo?"
—¡Oh, hola, señ or caballero! No es nada. Este tipo simplemente se niega
a entrar a la taberna.
A juzgar por su atuendo, el hombre que causaba problemas no era de
Aldrant, sino un forastero. Rensley sonrió y sacó un pequeñ o sobre de
su capa.
Vienes de muy lejos, ¿verdad? A veces la gente no se adapta a los
diferentes climas y aires. Huele esta bolsita. Está hecha de hierbas secas
y tiene un efecto signi icativo en los nervios de los caballos. Podrı́a
ayudar.
—Oh, no podrı́a estar má s agradecido. Gracias por hablar conmigo,
noble caballero.
—Oh, no hace falta decirlo. No soy tan noble.
Rensley se alisó la nuca con elegancia. Para ojos desconocidos, podrı́a
parecer un joven vestido con la capa de los caballeros reales, con
aspecto de noble de alto rango.
El comerciante colocó el sobre de Rensley bajo el hocico del caballo, y la
respiració n agitada del caballo, antes inquieto, se calmó gradualmente.
El comerciante alternaba entre la peculiar fragancia y las miradas a
Rensley antes de suavizar notablemente las riendas y conducir al
caballo al establo.
Ganamos. Fue un poco complicado porque la terca criatura resistió , a
pesar del frı́o.
Si eres comerciante, tu equipaje parece bastante sencillo. La gente suele
decorar sus pertenencias, aunque sea con modestia, cuando viaja tan al
norte.
Nuestro grupo se aloja en una posada aparte. Tenı́a prisa y vine a tomar
algo rá pido, pero este caballo se puso difı́cil. El ambiente es bastante
agradable hoy, quizá s gracias al gran banquete.
Como estaban reforzando la seguridad, Rensley examinó brevemente
las pertenencias del comerciante y los alrededores, pero solo encontró
mercancı́as comunes. Rensley volvió a montar a caballo. Tras desearle
un buen viaje, aceleró el paso hacia el castillo del duque.
Al llegar al castillo, Rensley atravesó las habitaciones de invitados del
segundo piso y subió al dormitorio de la duquesa. Lady Samlet, la
doncella jefa que habı́a llegado antes, lo atendió con agilidad sin perder
un segundo.
Llegas tarde. ¡Date prisa, Rensley! Tengo que prepararte sola porque la
Duquesa necesita tiempo de sobra para sus preparativos.
Lo siento. Surgió algo de camino hacia aquı́.
Rá pido, bá ñ ate. Has estado cabalgando afuera, ası́ que necesitas
quitarte el polvo. Te he preparado el agua del bañ o.
Aunque nunca la conoció , si la madre bioló gica de Rensley estuviera
viva, probablemente tendrı́a má s o menos la misma edad que la dama
de compañ ı́a. Esto podrı́a atribuirse a su papel como doncella de la
corte, pero su facilidad para ayudar a un hombre como Rensley con su
aseo tambié n podrı́a deberse a la diferencia de edad.
El ambiente en Aldrant era algo diferente al de Cornia. Incluso en
Cornia, donde abundaban los amantes del placer, se tendı́a a distinguir
entre hombres y mujeres en lugares pú blicos, pero aquı́, a veces,
hombres y mujeres se desnudaban con naturalidad, incluso en los
campos de entrenamiento de caballeros. Rensley se sorprendı́a
ocasionalmente.
En in, la situació n de Rensley era distinta a la de un lugareñ o. Incluso
siendo su madre adoptiva, era una mujer... Aunque se desvestı́a con
facilidad delante de otros hombres, era un poco incó modo hacerlo
delante de ella.
¿Qué haces, Rensley? Ya preparé el agua del bañ o.
—La señ ora está a mi lado. ¿Có mo puedo bañ arme ası́?
¿Ay, Dios mı́o? No sabı́a que te avergonzarı́as. Mi hijo mayor es mayor
que Rensley. Hazlo hoy mismo. Está s ocupado.
"Aú n."
Riendo, Lady Samlet le entregó há bilmente una bata. Abrió la puerta
con una expresió n juguetona, como si viera a su propio hijo, y habló .
—Bueno, no hay nada que hacer. Lá vate. Te llamaré cuando llegue el
momento.
"¡Seré rá pido!"
Rensley se desvistió rá pidamente y se sumergió en el agua tibia que
llenaba la bañ era. La sutil fragancia de hierbas secas y aceite
perfumado, como siempre, se mezclaba con el vapor ascendente. Este
aroma era algo similar al del Duque, que se hacı́a má s evidente al
anochecer. Al respirar profundamente, la tensió n y la inquietud se
disiparon en el agua.
Una pequeñ a risa ahogada escapó de sus labios. No habı́a nada inusual
en el caballo que acababa de ver en el camino.
q
Tras terminar apresuradamente su bañ o, los procedimientos
continuaron, similares a los preparativos de la boda. Se maquilló con
cuidado y se puso un vestido. El esfuerzo adicional de ponerse una
peluca, debido a que se cortó el pelo impulsivamente, aumentó el
tiempo de preparació n.
Por mucho maquillaje que se aplicara o peinara, seguı́a sintié ndose
incó modo al exponer completamente su rostro y cuerpo. Sin embargo,
al ponerse el largo velo que le llegaba hasta el pecho, los contornos
masculinos que antes se le notaban por todas partes de repente
parecı́an elegantes, como los de una esbelta noble.
Tras beber la poció n preparada por Larcof, que le cambió la voz,
completó el hechizo de transformació n. Al principio, preocupado de
que no recuperara la voz, ahora se maravillaba de la voz aguda que salı́a
cada vez que abrı́a la boca, tarareando la frı́vola melodı́a de una canció n
pegadiza.
Lady Samlet comentó amablemente: «Espere un poco má s. Su Gracia
pronto vendrá a buscar a la Duquesa».
—Sı́. Señ ora, adelante. Seguramente está ocupada con el banquete, ası́
que no tiene que esperarme aquı́.
—Eso es imposible. Es mi deber servir a la Duquesa hasta el inal.
“Señ ora, acordamos que solo me llamarı́a Rensley”.
Ella sonrió torpemente ante sus palabras. Sin embargo, a pesar de su
rotunda negativa, Rensley la persuadió con delicadeza y la sacó del
dormitorio.
Finalmente solo, Rensley agarró el pomo de la puerta y respiró hondo.
A pesar de la tranquila atmó sfera norteñ a que se respiraba tanto dentro
como fuera del castillo en este dı́a inusualmente animado, para otros,
podrı́a ser simplemente un dı́a de banquete bullicioso. Sin embargo,
para Rensley, fue diferente.
Rá pidamente se levantó el velo que le cubrı́a el rostro y se acercó al
escritorio. Abriendo un cajó n, sacó un cuaderno escondido en el fondo.
Tras varios garabatos y borrones, habı́a escrito largos pasajes, con
varias pá ginas marcadas con tachaduras.
Una vez que el banquete terminara esta noche, la ú nica tarea de
Rensley Maelrosen serı́a dejar su puesto antes de la llegada de la nueva
duquesa. Por mucho que se considerara audaz, parecı́a haber
sobreestimado su capacidad para decidir su propio destino. A pesar de
rodear al duque como si fuera a estar a su lado, no tenı́a la con ianza
para protegerlo ingiendo ser solo una duquesa. Aunque lo rodeaba,
hacı́a tiempo que habı́a decidido abandonar Aldrant para asegurarse de
que el duque no lo buscara má s.
En retrospectiva, desde su partida de Cornia, todo habı́a sido una serie
de circunstancias inesperadas. Pero al inal, la vida volvió a la
normalidad. Cuando llegó a este paı́s, tenı́a la cabeza llena de planes
para no ser descubierto y escapar. Aunque tomó un desvı́o en el camino,
llegó al mismo punto.
A juzgar por los resultados, se podrı́a argumentar que perdió el tiempo,
pero Rensley no consideró inú tiles los encuentros de regreso. ¿Habı́a
pasado alguna vez dı́as tan signi icativos como estos en su vida?
Los recuerdos creados por el Duque Gezell en la desolada tierra
invernal quedaron grabados en su corazó n, como el re lejo brillante de
un rı́o de verano. No, quizá s se parecı́an má s a la calidez y los tonos
carmesı́ de la hoguera que compartieron que a esa luz deslumbrante. Al
partir, aunque se fuera, querı́a expresar su gratitud al hombre que le
habı́a regalado dı́as preciosos.
Por lo tanto, tras decidir irse, habı́a estado escribiendo cartas de forma
intermitente. Sin embargo, hasta entonces, solo habı́a interactuado con
la gente de forma espontá nea, y se dio cuenta por primera vez de que
no tenı́a talento para la escritura. Aunque su habla no era torpe, al
escribir una carta, ¿por qué cada palabra le resultaba tan torpe y
engorrosa? Habı́a repetido escribir y borrar varias veces y aú n no habı́a
terminado.
No habı́a tiempo ahora. Despué s del banquete de esta noche, podrı́a
irse en cualquier momento. Aunque aú n no habı́a formulado planes
concretos, necesitaba estar alerta y preparado para cualquier
oportunidad de ahora en adelante. Rensley re lexionó un momento y
luego escondió el cuaderno dentro del adorno de la falda del vestido.
Toc, toc. En cuanto retiró la mano de la falda, se oyó el eco de alguien
llamando a la puerta. Rensley respondió rá pidamente: "¡Sı́!". La puerta
se abrió silenciosamente, revelando a la persona que habı́a estado
esperando.
El hombre vestı́a el mismo atuendo monocromá tico negro, pero quizá
por ser un atuendo formal para el banquete, irradiaba una apariencia
má s esplé ndida de lo habitual. Rensley no pudo evitar sonreı́r y hablar
antes de seguir pensando.
"Su Gracia."
“…Vié ndote ası́, pareces una persona diferente.”
¿No es mejor que mi apariencia masculina? ¡Mira esto! Incluso cambié
mi voz con magia.
Ante eso, Gezell asintió con severidad. "No importa si eres hombre o
mujer".
¿Por qué no importa? Si fuera mujer, Su Gracia me habrı́a propuesto
matrimonio antes.
Aunque querı́a replicar ası́, lo murmuró para sus adentros. En cambio,
Rensley desvió la mirada y le lanzó una indirecta.
No mientas. Durante la ceremonia, saliste del dormitorio en cuanto
recuperé la voz.
Ante esas palabras, la expresió n de Gezell se endureció . Sus ojos color
calabaza, normalmente tranquilos, brillaron. Rensley rememoró el
pasado en silencio, preguntá ndose si alguna vez habı́a visto sus ojos
temblar ası́.
Esto es incó modo. No deberı́a haber dejado que una visió n tan extrañ a
persistiera. No deberı́a haber má s aspectos ocultos, pero no puedo
evitar sentirme arrepentido.
Mientras Rensley lo miraba con una emoció n compleja, Gezell frunció el
ceñ o ligeramente y a irmó con certeza.
No puede ser. La situació n debió de haberse dado ası́ por casualidad.
¿En serio? Lo recuerdo perfectamente. Ese dı́a, justo hoy, me quitaste la
corona y me revelaste el rostro, y nos quedamos juntos en el
dormitorio. En cuanto recuperé la voz, te marchaste solemnemente al
laboratorio.
Es solo una coincidencia. Si hubiera sido intencional, ¿no recordarı́a ese
momento tambié n?
Las cejas de Gezell se fruncieron aú n má s. Sin encontrar las palabras,
miró ijamente a Rensley con la boca apretada.
El rey de la vasta y desolada tierra del norte era aclamado como un
santo dentro de sus murallas y temido como un gigante fuera de ellas.
Gezell Jivendad, gobernante y mago excepcional, es solo un añ o mayor
que Rensley. Nunca ha compartido una noche ni ha compartido el amor
con nadie má s.
Rensley sonrió como deslumbrado por la luz. Imaginen confesar que le
cuesta irse frente al rey de un paı́s con miles de soldados, y todos se
reirı́an.
Está bien. Lo consideraré una coincidencia. Ahora bajemos. Hay gente
esperando.
—Señ or Maelrosen, realmente fue una coincidencia.
—Ya entiendo. Bueno, pues cú breme bien con el velo.
Aú n tenı́a una expresió n incó moda, pero en lugar de insistir má s, Gezell
cerró la boca. Extendiendo la mano, arregló el velo que Rensley llevaba
tras la frente. Durante la ceremonia nupcial, lució una corona bastante
grande, pero hoy, solo lucı́a una pequeñ a tiara y la joya para la frente
conocida como Phironiel.
Rensley cerró los ojos. Delgados velos se deslizaron sobre su rostro
capa a capa como alas, y cuando abrió los ojos, Gezell, el Gran Duque, se
veı́a dé bilmente má s allá de la niebla, como una persona en la distancia.
“Como no verá s bien, por favor toma mi mano.”
Tocó inesperadamente la mano de Rensley, lo que lo sorprendió . Al
subir y bajar las oscuras escaleras, siempre extendı́a la mano como si
ofreciera un bastó n.
Corté s y gentil, esa mano, al quedar sola en la oscuridad de la noche, se
volvió á vida exploradora, tocando cada rincó n de la ropa. Indagó en
lugares que Rensley jamá s pensó que alguien má s tocarı́a. Rensley,
sonriendo tras el velo, tomó su mano. Tocó las uñ as pulidas y los
nudillos irmes. La palma ancha era suave, pero justo debajo del pulgar,
donde se unı́a con el ı́ndice, habı́a un ligero callo.
De principio a in, todo parecı́a provenir de esta mano. Si no pudieran
volver a verse, si los recuerdos de este lugar se desvanecieran con el
tiempo, ¿no serı́a su hermosa mano la ú ltima en venir a la mente?
Caminando uno al lado del otro, Gezell sonrió levemente.
“Tu juego de manos es bastante severo hoy”.
"¿Tiene cosquillas?"
Negó con la cabeza. Sonriendo, avanzaron lentamente, y cuando los
guardias los saludaron e inclinaron la cabeza, sus expresiones se
endurecieron.
Bajaron todas las escaleras y se acercaron al saló n central. Allı́ se
celebraba el banquete de felicitaciones. El saló n, normalmente menos
animado que el vibrante centro del reino, ahora estaba repleto de
ornamentadas decoraciones, mú sica y la vibrante energı́a de la gente.
La mú sica, que luı́a tranquilamente, cambió . Era una actuació n que
anunciaba la llegada del Gran Duque y su esposa. Sentados a la mesa,
los que habı́an estado reunidos y conversando dirigieron su atenció n a
la pareja que ofrecı́a la celebració n.
“Su Gracia, gracias por invitarnos hoy”.
El primero en saludar fue un hombre maduro entre los invitados.
Incluso sin la explicació n de Gezell, Rensley supo quié n era. Era el
embajador enviado por el emperador de Pheraira.
El Emperador, que gobierna todo el continente, envı́a embajadores para
comprender la situació n local de cada paı́s. Naturalmente, incluso
Aldrant tiene un embajador de Pheraira destacado, y no solo de
Pheraira, sino tambié n de varios otros paı́ses involucrados en el
comercio.
Los embajadores que se alojaban en el norte, incluyendo Cornia, tenı́an
menos acceso al palacio real en comparació n con otros paı́ses. Aunque
el continente que abarcaban era vasto, polı́ticamente, Aldrant gozaba
de una posició n ventajosa, mostrando sus caracterı́sticas distintivas.
Lamento no haber tenido má s oportunidades de recibirlos con má s
frecuencia. Espero que lo pasen muy bien hoy.
En respuesta a las palabras de Gezell, expresó levemente su gratitud y
esta vez se giró ligeramente hacia Rensley, extendié ndole sus saludos.
Su Excelencia, he oı́do que su salud se ha deteriorado
considerablemente debido al frı́o del norte. Es una verdadera suerte y
un honor conocerlo ası́. Gracias por organizar un evento como este.
Me siento avergonzada por no haber cumplido debidamente mi funció n
como Gran Duquesa de un paı́s pequeñ o. Por favor…
Las elegantes palabras de Rensley fueron interrumpidas. Rensley se
tapó la boca e inclinó la cabeza. Tos, tos. Mientras la tos seca
continuaba, el embajador que habı́a saludado, junto con todos los
invitados en el saló n, parecı́a preocupado. El ambiente alegre que habı́a
reinado se congeló como el hielo.
Entre ellos, Gezell estaba notablemente nervioso. Hizo una reverencia y
le susurró algo a Rensley.
"¿Está s bien?"
—E-estoy bien. Disculpe la preocupació n, Su Excelencia...
La voz de Rensley, tras contener la tos, tembló como un pé talo marchito.
Tocó suavemente el hombro de Gezell, quien se habı́a acercado, y se
irguió de inmediato. Sonriendo tras el velo, se esforzó por dirigirse al
pú blico con un tono alegre.
Me disculpo por mostrarme feo. Solo es una tos leve; estoy bien, ası́ que
disfrutemos hoy. Este evento se organizó para eso, ası́ que dejemos de
lado las preocupaciones menores.
Nos conmueve profundamente la bondad y generosidad de Su
Excelencia. Deseamos sinceramente su pronta recuperació n.
Para cambiar el ambiente del saló n, empezó a sonar mú sica nueva. La
gente se relajó un momento con la alegre melodı́a y rá pidamente
inclinó sus copas para entablar conversaciones. La gente empezó a salir
al saló n, incluso antes de que se sirviera la comida, a bailar. Gezell aú n
tenı́a una expresió n de preocupació n que no pudo quitarse de la cabeza
hasta que empezó la mú sica.
¿De verdad está bien? Si no te sientes bien y asistes contra tu voluntad,
es mejor que regreses. Podemos celebrar el banquete en otro momento.
¿Qué dice, Su Gracia? Claro, es solo una actuació n. Me conocen como la
Gran Duquesa que no puede entrar ni salir con normalidad debido a mi
mala salud. Hoy, milagrosamente, he venido al banquete porque mi
condició n ha mejorado un poco.
Cubrié ndose la boca con un abanico y susurrando rá pidamente, Gezell
abrió un poco los ojos antes de sentarse. Ocultó su risa tras una copa de
metal de bella factura.
"Lo siento. Soy tan tonta."
Cada uno tiene sus puntos fuertes. No hay necesidad de culparse.
El futuro es el futuro. Rensley miró a su alrededor con relativa calma.
Aunque era el protagonista de la boda, en aquel momento no tenı́a
ningú n derecho en ese lugar. Observando a la gente beber y bailar,
recordó la vez que vagó sin rumbo, con envidia.
Con gran entusiasmo, Rensley echó una mirada a su alrededor, y solo
tardı́amente sintió la mirada de alguien y se giró para observar. Gezell,
el Gran Duque, lo miró directamente a los ojos. Incluso a travé s del ino
velo, no habı́a temblor en su mirada. Extendió la mano.
“Gran Duquesa, ¿le gustarı́a bailar conmigo?”
Hoy no era Rensley Maelrosen, sino Ivet Elbanes. De hecho, seguı́a
engañ ando a la gente hacié ndose pasar por la princesa ausente, pero al
menos hoy, é l era el verdadero dueñ o de este lugar. Este banquete serı́a
el ú ltimo regalo que le prepararı́a el Gran Duque.
"Seguro."
Rensley colocó su mano sobre la de Gezell. Al levantarse, una suave
emoció n recorrió la sala como una brisa primaveral. Incluso quienes
habı́an estado bailando se apartaron, abriendo paso al espacio má s
amplio.
Bajando lentamente los escalones, ambos se quedaron uno frente al
otro en el centro del pasillo. Gezell susurró lo su icientemente bajo
como para que Rensley lo oyera.
“Es un poco incó modo para mı́ bailar delante de tanta gente por
primera vez”.
Ya has practicado su iciente. Puedes lograrlo.
La orquesta continuó la actuació n, que se habı́a interrumpido
momentá neamente. Era el baile de Cornia, que Rensley habı́a solicitado
con antelació n.
Las sombras de las dos personas que estaban en el centro del saló n se
mecı́an levemente bajo la lá mpara de arañ a que colgaba del alto techo.
La lá mpara, que llevaba un tiempo sin usarse, fue bajada por los
sirvientes, limpiada y desempolvada con cuidado, y se colocaron y
encendieron velas nuevas, largas y pulcras.
No solo la gran lá mpara central, sino tambié n la iluminació n auxiliar y
las lá mparas laterales y de las paredes estaban iluminadas con velas. La
noche en la fortaleza invernal de Roudken, que rara vez habı́a estado
iluminada, estaba ahora rodeada de agradables murmullos y un calor
cá lido.
El comienzo de la pieza era lento y pesado, como si descendiera
gradualmente. Quienes no estuvieran familiarizados con la danza
podrı́an quejarse de que el baile era oscuro, como un canto fú nebre,
pero quienes bailaban con frecuencia sabı́an que un ritmo lento era una
preparació n para la sensualidad. Quizá s debido a la melodı́a
desconocida, la gente los observaba en silencio.
La pareja, frente a frente, intercambió saludos con cierta distancia.
Cuando Rensley colocó la mano en el dobladillo de su vestido y bajó
ligeramente el cuerpo, Gezell puso en prá ctica ielmente lo aprendido.
Rensley sonrió tras el velo mientras Gezell le besaba el dorso de la
mano y le hacı́a un gesto de saludo.
Creer que podı́a ajustar a su antojo una relació n que nunca habı́a
experimentado el amor ni el matrimonio, ¿era arrogancia o inmadurez?
Ante la incomodidad ante un beso de mano mal ejecutado, la respuesta
apuntaba má s hacia lo segundo. Culpar de todo a la inmadurez incluso
le parecı́a encantador. Quizá s fuera solo un afecto parcial por el joven
Rensley, pero eso tambié n estaba bien. Quedaba poco tiempo para el
resentimiento o el reproche.
Se acercaron unos pasos, tomados de la mano. Al mover lentamente los
pies, el ambiente de la mú sica cambió . Quienes habı́an estado
observando el baile en silencio comenzaron a susurrar y a aplaudir
ocasionalmente, mientras el tono lento y sombrı́o se iluminaba
gradualmente y se volvı́a alegre.
Gezell, que caminaba al unı́sono, agarró la cintura de Rensley, y este le
puso la mano en el hombro. Cuando el cuerpo de Rensley saltó en el
aire, una ovació n alegre estalló entre los espectadores. Rensley,
descendiendo con gracia, con su vestido ondeando, susurró
suavemente.
"Lo está s haciendo muy bien. A todos les gusta mucho".
"Veo."
—¿Qué se siente, Su Gracia, al bailar delante de la gente?
Los instrumentos de cuerda crearon una melodı́a dulce y animada. En
lugar de responder, Gezell volvió a levantar a Rensley.
Era raro que un hombre mayor fuera alzado por alguien má s. Los
recuerdos de los momentos alegres cuando los sirvientes del palacio lo
llevaban a caballo durante su infancia o lo alzaban para jugar
reaparecieron espontá neamente. La sensació n de volver a la infancia
siempre era placentera. Rensley sonrió ampliamente, pero la risa
velada solo habrı́a sido visible para Gezell, quien estaba frente a é l.
Esta vez, no bajó a Rensley de inmediato. Sin soltarlo, se giró
lentamente. Este movimiento podrı́a haber parecido má s una expresió n
explı́cita de afecto que un baile. Risas mezcladas con vergü enza se
percibieron en las reacciones del pú blico.
Cuando los pies de Rensley tocaron el suelo, Gezell lo levantó por
tercera vez. Sin moverse, giró varias veces mientras sostenı́a a Rensley.
Sin embargo, los pies de Rensley no tocaron el suelo, y solo las miradas
de ambos, que estaban muy juntos, se cruzaron.
Los mú sicos ajustaron el ritmo para acompañ ar los movimientos de
ambos. Rensley bajó la vista a medias. A medida que la mú sica y el baile
se ralentizaban simultá neamente, el tiempo pareció ralentizarse
tambié n.
Entre los susurros de aprobació n de la gente circundante, las miradas
de quienes observaban el primer baile de los recié n casados, el duque y
la duquesa, las luces de colores que capturaban la luz del sol
almacenada durante el dı́a brillante y adornaban el techo, y la
inesperada atmó sfera animada de la noche en Roudken, que se habı́a
estado hundiendo silenciosamente como un pantano helado…
Todo parecı́a perfectamente preparado para este momento. El viento
cortante fuera de los muros del castillo, cualquier evento futuro, no
podı́a invadir este momento.
Rensley bajó lentamente la cabeza para tocar la frente de Gezell. El velo,
ligero como una pluma, se balanceaba considerablemente incluso con
pequeñ os movimientos, envolviendo los rostros de ambos.
Entre las numerosas miradas que los observaban, Rensley no pudo
resistirse y susurró .
“Te amo, Su Gracia.”
Una confusió n momentá nea se apoderó del rostro de Gezell, pero
pronto, solo una sonrisa se profundizó . La risa de Rensley tambié n
loreció en respuesta. El brazo que sujetaba a Rensley se tensó , y sus
cuerpos se acercaron aú n má s.
Sus labios se encontraron con el velo que los separaba. La sensació n
suave y tersa no provenı́a de su piel ni de sus labios, sino de la ina
seda; sin embargo, la calidez se sentı́a genuina. Las voces de la gente se
acercaban a los vı́tores.
Cuando sus pies inalmente tocaron el suelo, Rensley parpadeó como si
despertara de un largo sueñ o. La mú sica aceleró de nuevo, y ambos
continuaron la coreografı́a con mayor precisió n que antes.
“¡Bendiciones para el Guardiá n y su compañ ero!”
“¡Gloria a Aldrant!”
Cuando el Duque y la Duquesa terminaron su baile y se retiraron, la
gente aplaudió y pronunció bendiciones al unı́sono. Algunos
espectadores que habı́an estado observando con entusiasmo se
acercaron para imitar el nuevo baile que acababan de presenciar. Era
inevitable que hubiera personas con vista aguda y pies á giles que ya
imitaban el baile con destreza.
—Su Gracia, ¿el baile que acabamos de ver era el de Cornia? Por favor,
ensé ñenoslo tambié n.
Parece que Su Gracia se ha recuperado mucho, y estoy sinceramente
feliz. Seguiré rezando para que Su Gracia reciba in initas bendiciones. A
partir de mañ ana, iré a la iglesia todas las mañ anas a rezar por su
felicidad.
Los recié n casados tuvieron que tomarse un tiempo para conversar con
los invitados. Como se trataba de una gran iesta muy esperada, muchos
querı́an intercambiar saludos con los duques.
Mientras Gezell conversaba con embajadores, cortesanos y señ ores
lejanos que habı́an visitado la capital por primera vez en mucho
tiempo, Rensley, rodeada de varias personas, sonreı́a detrá s del velo y
el abanico, cubrié ndose el rostro lo má s posible.
No he hecho nada como Duquesa, ni siquiera despué s de celebrar la
boda, ası́ que no sé có mo responder a tan cá lida bienvenida. Como me
faltan fuerzas, les pido a todos que cuiden bien de Su Gracia en el
futuro.
¿Qué dices? Aunque digas eso, todos en Aldrant saben que se llevan
bien. ¿Sabes cuá nto se habla de que Su Gracia ha cambiado tanto? Una
persona que solo se interesaba por la polı́tica y la magia ahora baila
delante de la gente, algo inimaginable en el pasado. ¿No es cierto,
señ ora?
Ası́ es. Todos los que visitan el palacio dicen que Su Gracia se ha
animado mucho estos dı́as. ¿Y quié n cree que es el responsable? No
tiene por qué preocuparse. Su Gracia ya está haciendo má s que
su iciente por Aldrant.
Era inevitable alegrarse por los elogios. Aunque la preocupació n surgió
de inmediato, Rensley respondió con risas, movié ndose entre la gente.
“¿Dó nde está Sir Maelrosen, el caballero llamado Maelrosen?”
¿Maelrosen? ¿Por qué lo buscas?
La conversació n lejana que se podı́a escuchar era en ese momento.
Rensley se dio la vuelta rá pidamente. Entre los guardias que escoltaban
el saló n de banquetes, se veı́a a un hombre que preguntaba por su
paradero. El lugar donde se encontraban estaba oscuro, y con el velo,
era difı́cil ver con claridad. Rensley se acercó lentamente y la voz se
hizo má s clara.
No es sospechoso. Tiene permiso. Entré a este evento como
comerciante para entregarle algo a Sir Maelrosen.
—No lo sé . Cada caballero tiene una misió n diferente. No soy miembro
de la Orden de los Caballeros...
Rensley apenas pudo con irmar su rostro. Era el comerciante que habı́a
conocido frente a la taberna de Max.
Recordó rá pidamente la conversació n que tuvieron. ¿Habı́a mencionado
su nombre? Aunque intentó recordarlo con detalle, no recordaba
haberse presentado. Un murmullo llegó a oı́dos de Rensley mientras el
comerciante, que no habı́a logrado encontrar su paradero, se quejaba
para sı́ mismo.
Deberı́a haberle preguntado al caballero que conocı́ durante el dı́a. ¿Por
qué no se me ocurrió ? Ay, Dios mı́o...
Rensley echó un vistazo hacia donde estaba Gezell. La gente que habı́a
conocido al rey por primera vez parecı́a quedarse un rato, conversando
entre ellos. Debido a la multitud, la igura de Gezell no era claramente
visible desde donde se encontraba Rensley.
A punto de perseguir al mercader, Rensley dudó . Era imposible que
Gezell, el duque, no le estuviera prestando atenció n. Este lugar estaba
en el centro del castillo de Roudken, y numerosos guardias y caballeros
de escolta vigilaban cada rincó n. Pensando en Gezell, quien, sin saberlo,
conocı́a todos los detalles de su vida diaria, Rensley se volvió cauteloso.
En lugar de continuar, Rensley le hizo un gesto silencioso al guardia que
hablaba con el comerciante. Respondiendo de inmediato a la llamada
de su señ or, el guardia asintió e hizo una reverencia.
"¿Tienes un momento?"
“¿Qué sucede, Su Gracia?”
Traigan al hombre de antes. Parecı́a curioso por las historias de mi
pueblo. Me intriga saber por qué .
Que Rensley Maelrosen fuera caballero del mismo lugar que la Duquesa
era una historia muy conocida en el castillo. El guardia asintió de
inmediato y llamó al mercader, quien se alejaba.
—Eh, eh… ¿por qué me buscaba, Su Gracia?
El comerciante, paralizado por la tensió n al enterarse de que la propia
Duquesa lo buscaba, estaba visiblemente nervioso. Rensley lo guió con
suavidad a un lugar menos visible en el bullicioso saló n de banquetes.
Cubrié ndose el rostro con el abanico, habló en voz baja.
Rensley Maelrosen es un caballero de Cornia, igual que yo. Está a cargo
de mi guardia personal. ¿Por qué lo buscan?
¡Ah, ya veo! En ese caso, ¿podrı́a concertar una reunió n despué s del
banquete? Vine a entregar artı́culos para este evento, y mi colega del
piso superior dijo que conoce a Sir Maelrosen y me preguntó si
podı́amos vernos.
"¿Colega?"
¿Era alguien de la é poca en que vivı́an en Cornia? Celestine, la capital,
bullı́a con la clase alta y los comerciantes, y Rensley tenı́a varios
conocidos entre ellos.
“¿Có mo se llama tu colega?”
“Su nombre es Daria.”
Era un nombre desconocido. Rensley, frunciendo el ceñ o mientras
intentaba recordarlo, se cubrió la cara con el abanico y pidió má s
detalles.
Dijo que conoció a Sir Maelrosen en un lugar llamado Kunkara. Dijo que
lo sabrı́a si se lo mencionaba.
Los ojos de Rensley se abrieron de par en par. Conteniendo la
respiració n y ocultando su expresió n tras el abanico, le habló al
comerciante.
¿Dó nde te alojas? Enviaré a Sir Maelrosen en cuanto termine el
banquete.
Podrı́a ser difı́cil encontrarla si menciono el nombre de la posada...
Seguro que conoces la taberna llamada "Rose Goblet". Está en la zona
central. Esperaré allı́. Por favor, avı́sale. Tenemos otro contrato que
atender mañ ana por la mañ ana, ası́ que te agradecerı́a que me lo
con irmaras.
A punto de aceptar, Rensley dudó por un momento antes de asentir.
Si no es urgente, ¿puedes esperar dentro del castillo? Lo enviaremos en
cuanto termine el banquete. ¿Viniste a caballo?
—Sı́. Hay un carruaje en el establo.
En un dı́a como hoy, puede que haya otros invitados en el establo. Les
proporcionará n un caballo y bebidas. Es mejor encontrarse con Sir
Maelrosen allı́.
—Sı́, sı́. Entiendo. Lo esperaré allı́ esta noche. Por si no puede venir...
“No te vayas hasta la mañ ana.”
Incó modo ante la presencia de una igura de alto rango, el comerciante,
con una mirada cautelosa, se marchó rá pidamente. Rensley se quedó
quieto un momento antes de abrirse paso entre la multitud.
La gente que creı́a ver a una frá gil duquesa rodeaba de nuevo a Rensley,
ofrecié ndole diversos saludos y halagos. Sonriendo y restá ndole
importancia, Rensley temblaba de anticipació n.
Aunque Rensley tenı́a varios medio hermanos, solo uno era
considerado pariente consanguı́neo. Juntos, solı́an disfrutar de juegos
de aventura, explorando cada rincó n del palacio donde las manos no
llegaban, representando obras improvisadas en almacenes apartados
llenos de materiales y herramientas sin usar.
Una vez prometieron explorar el mundo juntos, imaginando tierras
desconocidas. Kunkara era el nombre icticio del continente que
crearon, y Daria era el seudó nimo de Ivet en su obra. Bueno, eso tenı́a
sentido. Una princesa que habı́a escapado del castillo no vivirı́a bajo su
nombre real.
—Te has aventurado mucho má s allá de Cornia. Espero que te
encuentres bien.
Rensley no supo si el latido en su pecho se debı́a a la tensió n o a la
excitació n. Quizá s se debı́a al velo que le cubrı́a el rostro, pero el
bullicioso saló n de banquetes de repente se sintió incó modamente
cá lido.
El mareo le nubló aú n má s la vista. Rensley, verdaderamente fatigado
en lugar de ingir, se disculpó corté smente entre la multitud y se acercó
al Duque. Parecı́a difı́cil abrirse paso entre la gente que lo rodeaba, ası́
que Rensley lo llamó desde la distancia.
"Su Gracia."
Sin estar seguro de que su voz llegara, gritó en voz baja, casi como un
murmullo. Gezell, que estaba conversando, se levantó de inmediato y se
volvió hacia é l. Tras intercambiar unas palabras con quienes lo
rodeaban, Gezell se acercó a Rensley.
—Señ or Maelrosen, ¿qué ocurre?
El vestido me resulta un poco incó modo, ası́ que pensé en tomarme un
descanso en un lugar tranquilo. ¿Puedo levantarme?
—Por supuesto. Con tantos dignatarios invitados, podrı́a ser difı́cil
subir de inmediato... Primero, tó mate un descanso en el dormitorio.
¿Cuá nto tiempo má s crees que tendrá s que estar aquı́?
Probablemente tendré que quedarme aquı́ una hora. Si está s cansado,
puedes irte a dormir primero.
Un ligero beso en la frente. Rensley bajó la cabeza.
Regresaré en una hora. No quiero terminar mi primer baile ası́. Quiero
bailar otra vez.
—Bueno, como te encantan las iestas, debe ser una pena terminarla
tan pronto. Por favor, adelante. Te espero en el saló n de baile.
Tras el regreso de Gezell a su asiento, algunas criadas siguieron al
Duque. Rensley apretó el puñ o dentro de la manga, respiró hondo y
contuvo el latido de su pecho.
De ahora en adelante, debı́a aprovechar la oportunidad cuando se
presentara. Habı́a pensado que llegarı́a, pero no esperaba que sucediera
tan repentinamente, como un orá culo que le decı́a que se fuera antes de
ser hechizado por la hermosa noche.
Tras la severa orden de la Duquesa, otros sirvientes se marcharon a
saludarlo. En cuanto entró en el dormitorio, Rensley suspiró
profundamente. Con una sonrisa ené rgica, Lady Samlet lo miró .
¿Cansado, Rensley? ¡Pero el baile con el Duque fue esplé ndido! No sé
con qué intensidad lo vi desde un lado. ¿Por qué no existı́a un baile ası́
cuando yo era joven?
Gracias, mi señ ora. Fue un placer bailar, pero ingir ser la Duquesa
frente a la gente me quita las energı́as rá pidamente. Pensé que serı́a
divertido, pero es má s desa iante de lo que esperaba.
¿Te sirvo algo? Quizá s te ayude a relajarte.
—No, gracias. En un dı́a como hoy, no deberı́a arriesgarme a
emborracharme.
—Bueno, date la vuelta. Te a lojaré el cinturó n. Incluso un pequeñ o
descanso te ayudará a disfrutar del baile má s tarde. Ponte ropa có moda
y, cuando quieras volver al saló n, podemos arreglarte de nuevo. Ah, ya
que quedó ası́, ¿qué te parece probarte el segundo vestido de la ú ltima
vez cuando vuelvas a salir?
La dama seguı́a tan animada como siempre, aparentemente impasible
ante el cansancio de la iesta. Rensley, con una sonrisa pı́cara en los
labios, se asomó .
“Dijiste que Su Gracia no aprobaba ese vestido”.
"Si Rensley lo usa, ¿crees que realmente se enojará ?"
Rensley imaginó al irritado Gezell Jivendad. No fue fá cil, pues nunca lo
habı́a visto enojado.
Ignorante del inminente incidente, incomparable con llevar un vestido
prohibido, la Duquesa permaneció imperturbable. El se quitó el
maquillaje, la peluca y desató há bilmente los nudos y botones del
vestido.
Finalmente, mientras Rensley, con un atuendo má s informal, apartaba
la mirada, ella alisó las arrugas del vestido. Rensley, mirá ndola de esa
manera, habló de repente.
"Gracias."
¿Eh? ¿Para qué ?
Has sido amable conmigo desde el principio. Sé que no es por orden de
Su Gracia.
Sorprendida por la repentina expresió n de gratitud, Lady Samlet
parpadeó con expresió n de desconcierto. Rensley sonrió con picardı́a.
¿Será porque soy guapo y lindo? ¡Rensley Maelrosen, un hombre con el
que es imposible no ser amable! Aunque me he puesto un vestido varias
veces delante de ti, mi encanto masculino no se ha ido a ninguna parte.
¿Me está s tomando el pelo otra vez? En serio, tú ... Sı́, tienes razó n. Te
traté bien porque eres tan guapo y lindo como mi hijo. ¿Satisfecho?
La señ ora se rió juguetonamente de Rensley, quien ingió reı́r y colgó el
vestido en una percha. Ordenó la ropa colgada en el perchero y luego
miró el reloj.
Cuando la manecilla apunte a este nú mero, habrá pasado una hora. Te
enseñ aré a leer el reloj cuando termine la iesta.
Probablemente ya lo entiendo. Baja, por favor. Está s ocupado. Te llamo
en una hora aproximadamente.
Si está s muy cansado, sigue descansando. Rensley, todos saben que
tienes una constitució n dé bil, ası́ que no habrá rumores de que no
volverá s al saló n de baile.
Descansaré un rato. Buenas noches, mi señ ora.
Lady Samlet asintió y salió del dormitorio. Esperando a que sus pasos
se desvanecieran por completo tras la puerta cerrada, Rensley se
levantó de inmediato.
Si tenı́a que irse en cualquier momento, pensó que serı́a mejor hacerlo
por el patio trasero que por el dormitorio de la Duquesa. Ya fuera por el
dormitorio o por las habitaciones de invitados, tendrı́a que pasar por el
pasillo central, lo que di icultarı́a escabullirse sin ser visto. Sobre todo
en un dı́a como hoy.
Habı́a traı́do al invernadero algo de oro extra del estipendio, dinero
acumulado, una muda de ropa, herramientas má gicas de combate
preparadas discretamente y raciones de emergencia similares a carne
seca. El dormitorio y las habitaciones de invitados eran frecuentados
por escuderos y otros miembros de la Orden de Caballeros, pero solo
Rensley y el duque Gezell usaban el invernadero. Ademá s, el patio
trasero con el invernadero permitı́a un fá cil acceso a los establos a
travé s de la puerta trasera, lo que lo convertı́a en el lugar ideal para
esconder pertenencias.
'Seguramente no tendré que volver al dormitorio de la Duquesa justo
antes de irme...'
Aunque ya estaba solo, persistı́a una inquietante sensació n de ser
observado, como si alguien lo estuviera observando. Rensley se movı́a
con discreció n y rapidez. Se puso una bata que usaba para dormir sobre
grandes cojines y la metió entre las sá banas. Sacó un poco del puñ o
para que se viera, y luego, Lady Samlet le habı́a puesto una peluca al
vestido, que é l trajo y despeinó sobre la almohada.
Fue un engañ o burdo, pero cuando se apagaron todas las velas que
iluminaban el dormitorio, la situació n cambió . En la habitació n en
penumbra, visible solo cerca de la cama o de la puerta, parecı́a
simplemente alguien que se habı́a quedado dormido.
Finalmente, vestido con ropas comunes en lugar de la armadura de la
Orden de los Caballeros, se puso un grueso abrigo de piel y una capa
ribeteada de piel que le cubrı́a hasta la boca. Se ajustó el sombrero
irmemente a la cabeza. Tambié n se aseguró los guantes y las botas.
Con solo sus ojos asomando, su rostro estaba completamente cubierto,
hacié ndolo casi indistinguible de un disfraz. Rensley abrió mucho los
ojos mientras revisaba mentalmente si faltaba algo.
'¡Oh! La carta.'
Al inal, no habı́a terminado de escribir la carta. Rensley se acercó al
vestido que colgaba frente a é l y rebuscó en la amplia falda, adornada
como un bolsillo. Tras unos movimientos, Rensley frunció el ceñ o
profundamente y se levantó lentamente, mordié ndose la lengua.
Ja, lo sabı́a. Deberı́a haberlo dejado aquı́.
Habı́a pensado que serı́a mejor separarlo de su cuerpo y dejarlo, pero
fue un error de cá lculo. Si se le hubiera caı́do durante el baile con el
Duque Gezell, se habrı́a notado, ya que no habı́a mucha gente en el
saló n. Pero el suelo estaba indudablemente limpio. Quizá s lo habı́a
dejado por descuido mientras charlaba con la gente.
Se frotó la mejilla mientras re lexionaba, Rensley se dio por vencido
rá pidamente. El objeto estaba cubierto de garabatos sin sentido, y serı́a
difı́cil reconocerlo incluso si alguien lo encontraba. Intentar encontrar
la nota bajando de nuevo cuando limpiaran despué s de la iesta no serı́a
prudente.
Rensley cogió un trozo de papel que habı́a sido colocado sobre el
escritorio para notas, garabateó apresuradamente unas lı́neas, dobló la
carta escrita a toda prisa, la guardó de forma segura en su bolsillo y,
apoyá ndose en la tenue luz de una pequeñ a lá mpara, se acercó
silenciosamente a la ventana.
Afuera estaba completamente oscuro. Si fuera de dı́a, se habrı́a
escabullido fá cilmente, pero ahora, incluso un leve esguince de tobillo
podrı́a acarrear diversas di icultades en el futuro.
'Hace tiempo que no uso esta entrada…'
Rensley, con una pequeñ a lá mpara en una mano y una daga en la otra,
descendió palpando el hueco con la daga. Calculó con cautela la forma
del ladrillo que tocaba la planta de su pie, tanteando con cuidado la
pared. Su cuerpo se tensó de emoció n, y el frı́o viento nocturno no pudo
congelar las manos de Rensley.
Hubo momentos en que casi tropezó , pero Rensley logró llegar al suelo
ileso. El sonido distante de la mú sica de la iesta llegó dé bilmente a sus
oı́dos.
Apagó los pasos y avanzó sigilosamente. A pesar del ruido dentro del
castillo, seguramente habrı́a má s trabajadores movié ndose de lo
habitual afuera.
Sin embargo, la tensió n de Rensley pronto se disipó . El patio trasero
estaba tan tranquilo como otros dı́as, sin rastro de gente. El suelo
cubierto de escarcha emitı́a un suave sonido a cada paso. La puerta del
invernadero de cristal recié n construido, que se abrió suavemente,
anunció su llegada sana y salva.
Al entrar al invernadero, Rensley examinó primero los cultivos. Dentro,
se respiraba una calidez inusual para las tierras del norte, acompañ ada
del aroma terroso de la tierra y la fresca fragancia de diversas hierbas
que crecı́an vigorosamente, como tomates, berenjenas, calabazas y
hortalizas de hoja.
Rensley recogió unos tomates, donde la mezcla de tonos verdes y rojos
apenas comenzaba, y los colocó en el alfé izar de la ventana. Madurarı́an
en unos dı́as, y luego podrı́a limpiarlos y disfrutar de una comida.
'Despué s de todo, nunca llegué a cocinar para el Duque usando
tomates.'
Suspirando, Rensley sacó la carta recié n escrita de su bolsillo. Aunque
parecı́a má s una nota breve que una carta propiamente dicha, era mejor
que irse sin decir nada.
Rensley colocó la nota debajo de la mesa con una regadera encima. No
estaba seguro de si Gezell la descubrirı́a, pero colocarla en el
invernadero parecı́a má s probable que llamara la atenció n del Duque
que dejarla en el dormitorio, que pronto serı́a frecuentado por los
sirvientes.
Habı́a escondido sus pertenencias de viaje en el invernadero, entre las
herramientas agrı́colas de un estante. Con el equipaje al hombro,
Rensley se dirigió con decisió n hacia la salida.
Antes de cerrar la puerta, se giró solo una vez. Recordando el abrazo y
beso que habı́a dado a Gezell hacı́a un rato, lo repasó una ú ltima vez. La
sensació n de labios suaves y lengua hú meda era tan vı́vida como el
aroma fresco de las plantas. La sensació n de congestió n nasal y
palpitaciones persistı́a.
Como quien habı́a deseado que la primavera interior no se acabara,
Rensley ahora intentaba acabarla con sus propias manos. Ni siquiera
podı́a cumplir la promesa de preparar algo realmente delicioso cuando
los tomates maduraran. En lugar de devolverle el favor al benefactor de
la vida, le daba la espalda.
Rensley cerró la puerta y se dio la vuelta. Sus pasos rá pidos pronto se
convirtieron en un trote apresurado. Silencioso y veloz, saltando el
muro bastante alto como una sombra, el patio trasero quedó en silencio
como si nadie lo hubiera visitado.
Hoy, cerca de los establos de Roudken, se respiraba un ambiente de
taberna. Se encendı́an varias hogueras grandes aquı́ y allá , y alrededor
de ellas se congregaban invitados, mozos de cuadra, carreteros e
incluso residentes que habı́an venido a ver la iesta. Mientras tomaban
bebidas o sopa caliente, charlaban y disfrutaban del ambiente festivo. A
pesar de contar con una sala de espera para mozos de cuadra, quienes
querı́an disfrutar del animado ambiente desa iaban el frı́o, yendo y
viniendo entre el interior y el exterior.
“¿Eres tú quien me busca?”
El comerciante que Rensley buscaba estaba un poco apartado de la
multitud, fumando una pipa. El hombre, que giró la cabeza al oı́r la voz
familiar, frunció el ceñ o sorprendido.
—¡No, señ or! Señ or, usted…
Es una coincidencia interesante. Soy Rensley Maelrosen.
Acercá ndose, Rensley le estrechó la mano. En voz baja, para que nadie
má s lo oyera, le explicó que debı́an abandonar el castillo
inmediatamente y prometió explicá rselo afuera.
El comerciante, con una expresió n ligeramente perpleja, sostuvo la
mirada de Rensley. Sin embargo, como alguien que ha deambulado por
todas partes y experimentado diversas cosas, no pareció perturbado y
asintió con la cabeza en señ al de acuerdo con la decisió n de Rensley en
lugar de ahondar en los detalles.
Rensley lo siguió al cabo de unos momentos. El comerciante le entregó
un billete numerado al jefe de cuadra, y este, que habı́a estado bebiendo
con los invitados, trajo a regañ adientes un carruaje. Rensley, quien
apenas lo habı́a saludado, expresó en silencio su gratitud al jefe de
cuadra. De vez en cuando, intercambiaban historias.
Se oı́a a Hans, el jefe de los mozos de cuadra, gritar desde la sala de
espera. Parecı́a bastante borracho. Rensley, igualmente, lo saludó
mentalmente en silencio.
La siguiente fue Marilyn. Durante su viaje a Aldrant, Marilyn, que habı́a
enfermado, no necesitó emprender un viaje con un futuro incierto.
Como el duque Gezell la apreciaba especialmente, Marilyn seguirı́a
recibiendo buenos cuidados en este lugar.
"Por favor, suba."
Rensley subió al carruaje como el grupo del comerciante. El
compartimento de equipaje estaba rodeado por una gruesa tela tratada
con aceite para protegerlo del viento. Mientras se acomodaba en el
interior, el comerciante tiró de las riendas. Con un chasquido, el caballo
empezó a moverse, impulsado por el suave impulso, y el carruaje
emprendió su viaje.
Cada paso era rá pido y luido, sin contratiempos. Rensley esperaba
expectante, conteniendo la respiració n, a que el carruaje cruzara la
puerta del castillo. El carruaje se detuvo brevemente, y Rensley oyó una
conversació n entre el mercader, que habı́a llegado a la puerta del
castillo del Duque, y el portero.
Echando un vistazo al compartimento de equipaje, el portero preguntó
con indiferencia: "¿Viaja con acompañ antes?"
El comerciante respondió : «Sı́. No podrı́a arreglá rmelas solo debido al
peso del equipaje».
El portero respondió : «Has tenido un viaje difı́cil. Ten cuidado al
regresar».
El portero se dio la vuelta. Rensley, agradecido por la laxa seguridad de
Aldrant, ajustó su postura, limpiá ndose el pecho. Entonces, otro grupo
de cascos se acercó por detrá s. "¿Ya se va el invitado del castillo?",
preguntó Rensley, sobresaltado por la voz que siguió . Un sudor frı́o le
cubrió la espalda, pero la conversació n continuó fuera del carruaje.
¿No reforzaron la guardia hoy? Difı́cilmente se puede llamar a esto
vigilancia con tan poca atenció n.
“Disculpas, comandante Sorel”.
El comerciante hizo una reverencia, pidié ndole disculpas al portero que
lo regañ ó .
Sı́, sı́, señ or. Estaba a punto de irme despué s de terminar mis asuntos.
Normalmente, la gente se va inmediatamente despué s de terminar sus
asuntos o se queda a pasar la noche y se va. Abandonar el castillo en
este momento tan incierto es inusual.
Hay otros esperando fuera del castillo. Planean irse al amanecer, ası́ que
me uniré a ellos.
Rensley sintió un escalofrı́o en la espalda cuando el dueñ o de la voz
saltó del carruaje. Se subió el cuello del abrigo e inclinó la cabeza. La
tela que cubrı́a el maletero ondeó al ser levantada brevemente.
“Muestra tu cara tambié n.”
“…”
Hay mucha seguridad debido al banquete. Cooperen y presé ntense
pronto.
No habı́a opció n. Rensley giró la cabeza a regañ adientes. En ese
momento, el hombre de afuera y Rensley se miraron a los ojos. Ambos
permanecieron en silencio, intercambiando miradas. El personal de
seguridad tuvo que ser minucioso para la veri icació n, pero Rensley
mantuvo el rostro cubierto con el collar, y el hombre no exigió revelarlo
por completo.
Fue una breve confrontació n, con varios parpadeos. La tensió n, como si
el sonido de la sangre corriendo por sus oı́dos fuera audible, duró solo
un instante. Cuando el rostro de Rensley palideció , el hombre fuera del
carruaje preguntó con voz ronca: "¿Tienes que irte?".
Se le ocurrieron numerosas respuestas, pero ninguna pudo
pronunciarse. Mientras Rensley guardaba silencio, el comerciante,
intuyendo que la pregunta era para é l, respondió con calma.
Sı́, señ or. Tenemos otra cita comercial programada de inmediato.
Planeá bamos entregar la mercancı́a e irnos sin demora. Sin embargo,
terminamos hablando un rato, y se nos hizo tarde. Aú n tenemos muy
poco tiempo.
"Se ve bien. Puedes pasar."
Tras decir eso, el hombre cerró la puerta del maletero. Rensley,
asintiendo a regañ adientes, giró la cabeza. Cuando la persona que
estaba afuera estaba a punto de irse, oyó al hombre preguntar con voz
algo ronca: "¿Tiene que irse?".
Incapaz de resistirse, Rensley dudó con la cabeza gacha. El comerciante,
pensando que la pregunta iba dirigida a é l otra vez, respondió
discretamente: «Sı́, señ or. Debemos salir pronto para otro negocio. No
tenemos tiempo que perder. Disculpe las molestias. Agradecemos su
comprensió n».
“Que tu viaje sea seguro.”
"Gracias."
Al concluir la despedida, resonó el sonido de la puerta del castillo al
abrirse. El carruaje arrancó y, con el chasquido de los cascos, el caballo
lo impulsó hacia adelante, dejando poco a poco atrá s el Castillo Ducal
de Roudken.
"Es como cuando llegué aquı́ por primera vez, en una noche oscura,
transportado en un carruaje".
Rensley recordó el frı́o intenso que sintió al principio, abriendo una
pequeñ a ventana de ventilació n en la parte trasera de la tienda. El
Castillo Ducal de Roudken se alejaba.
El saló n de banquetes bullı́a de gente animada que disfrutaba. Anton
Sorel, tras completar su inspecció n exterior, entró en el castillo. El Gran
Duque Gezell estaba rodeado de algunas personas, que parecı́an
haberse separado de la multitud e intercambiaban saludos. El señ or,
que notó la llegada del caballero comandante al saló n de banquetes,
saludó con un gesto de la cabeza.
En dı́as como este, los caballeros lo tienen má s difı́cil. Has trabajado
duro.
—Para nada. Es parte del trabajo.
Anton miró al Gezell sentado por un momento antes de disculparse.
“¿Y qué pasa con la duquesa?”
Vestido con una tú nica desconocida, parece que se cansó de pasar
tiempo frente a la gente. Mencionó que querı́a descansar una hora y
subió a su dormitorio.
Mientras conversaban, Lady Samlet se acercó . Al ver que Gezell la
observaba con expresió n interrogativa, hizo una ligera reverencia, como
si ya hubiera recibido una orden.
—Su Gracia, parece que la Duquesa ha descansado y se ha quedado
dormida. Pensé que serı́a mejor no despertarla inmediatamente. ¿Qué
debo hacer?
Ante esto, la mirada de Gezell se suavizó ligeramente y sus labios
formaron una suave curva. Era una sonrisa cá lida, una rara oportunidad
para que sus subordinados la presenciaran. Tanto Anton como Lady
Samlet olvidaron por un momento hablar mientras lo miraban.
Será mejor no despertarla. En cuanto termine el banquete, subiré yo
mismo al dormitorio. Dé jala descansar profundamente por ahora.
“Sı́, Su Gracia.”
Anton, quizá s sea hora de que dejes de mezclarte con la gente en el
banquete. Considerando el silencio hasta ahora, parece que no habrá
nada especial esta noche.
"…Muy bien."
Anton hizo una reverencia y retrocedió . Al darse la vuelta, vio al Gran
Duque, momentá neamente solo, sacando un pequeñ o espejo. Sin
embargo, antes de que pudiera mirarse, se acercaron personas, y Gezell,
cumpliendo su funció n de señ or, tuvo que saludarlas. Anton observó
esto antes de acercarse tambié n y comenzar a saludar a la gente.
Cap. 10.1 - Profecía ominosa
El lugar llevaba má s de una hora ordenado. Aunque el banquete aú n no
habı́a terminado y se esperaba que continuara durante toda la noche,
quienes no soportaban el sueñ o se escondieron en carruajes o
habitaciones de invitados. Ya era de noche cerrada y era aceptable que
Gezell, el an itrió n del banquete, abandonara su asiento.
Tras un breve saludo, Gezell abandonó el saló n de banquetes. Sin
detenerse en otro lugar, se dirigió directamente al dormitorio de la
duquesa. El proceso de apartar a los asistentes cerca de la entrada fue
el habitual.
Abrió la puerta silenciosamente. El dormitorio estaba tranquilo y
agradablemente cá lido, como si fuera un mundo diferente del animado
saló n de banquetes. Gezell exhaló profundamente por re lejo.
Los lugares concurridos y bulliciosos no le gustaban. El silencio lo
reconfortaba. El sutil aroma del dueñ o de la habitació n, que
deambulaba como un hada por el dormitorio, lo reconfortaba aú n má s.
Para no despertar al durmiente, Gezell silenció sus pasos al acercarse a
la cama. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa. Probablemente era
por el hombre que habı́a dicho que se tomarı́a un pequeñ o descanso,
querı́a bajar despué s de descansar una hora y querı́a bailar má s.
¿Deberı́a haberlo despertado?
Sintié ndose cansado, Gezell habı́a pensado que serı́a mejor dejarlo
descansar, pero desde su perspectiva, podrı́a haber sido demasiado
frustrante perder el tiempo de esta manera cuando no sabı́a cuá ndo
volverı́a a presentarse una oportunidad ası́ despué s del inal de este
banquete.
Mientras caminaba la corta distancia desde la puerta hasta la cama,
Gezell pudo visualizar varios aspectos de Rensley Maelrosen. El rostro,
menos despierto por la somnolencia, sonriendo levemente como si se
burlara de Gezell por no despertarlo, o refunfuñ ando un poco por
haberlo despertado; tal vez una reacció n que Gezell no habı́a
imaginado. ¿Cuá l serı́a esta vez?
“Señ or Maelrosen.”
Al ver que las cortinas de la cama no estaban corridas, era evidente que
no se habı́a quedado dormido del todo. Gezell se acercó y miró hacia la
cama. El cabello rubio y despeinado, incluso en la penumbra, era una
peluca que cubrı́a el pelo corto. El volumen que creyó pertenecer a una
persona era un cojı́n largo. Gezell contempló la escena en silencio,
sonriendo de nuevo.
"¿Qué clase de broma es é sta?"
Pensá ndolo bien, habı́a mencionado que rara vez asistı́a a los banquetes
del palacio real en Cornia porque eran aburridos. Hoy era un dı́a en que
invitados de fuera se reunı́an aquı́ y allá en el castillo. Para alguien con
su cará cter vivaz, era má s agradable mezclarse con mercaderes y
divertirse que asistir a una iesta escondido tras velos y vestidos,
quitá ndose imperfecciones.
“Si querı́as socializar con gente de fuera del castillo, deberı́as haberlo
dicho…”
Incluso el murmullo bajo irradiaba calidez. Hasta ahora, a Gezell no le
gustaba la gente habladora y animada. No le molestaba que lo
interrumpieran constantemente mientras pasaban tiempo juntos ni que
alguien hablara sin parar perturbara sus pensamientos.
Pero el hecho de que trabajaran en la residencia del Duque o tuvieran
un cargo no signi icaba que todos, como el propio Gezell o el Caballero
Comandante Anton, estuvieran callados. No todos los reunidos allı́
estaban tranquilos; incluso iguras como el Jefe del Gremio Má gico,
Larcof, o la Camarera Samlet, eran má s habladores que tranquilos.
La personalidad y las habilidades eran independientes. Que la
personalidad de alguien no coincidiera no signi icaba que dudara en
usarlo como subordinado. Sin embargo, cuando le preguntaban si
querı́a pasar tiempo con esas personas, Gezell respondı́a sin dudar:
«No». Hacı́a poco que se habı́a dado cuenta de que las diferencias de
personalidad no necesariamente signi icaban con licto.
Se sentó junto a una trampa tan meticulosamente elaborada que
llamarla muñ eca serı́a vergonzoso. De entre sus ropas, sacó un pequeñ o
espejo y, con un gesto de la mano, este re lejó un lugar distinto del
entorno inmediato.
El primer lugar que examinó fue el establo. En un dı́a como hoy, durante
un banquete, se esperaba que el á rea alrededor de los establos
estuviera llena de invitados externos. Incluso sin un asunto especı́ ico,
era probable que quienes disfrutaban de visitar los establos para cuidar
de los caballos o jugar con los cuidadores se encontraran allı́.
Quizá s porque era bastante tarde, la zona cerca del establo estaba
sorprendentemente tranquila. Gezell observaba atentamente a la gente,
no solo fuera del establo, sino tambié n alrededor de la torre de magos y
el lugar de descanso de los cuidadores. Como si jugara a encontrar
imá genes ocultas en un mural, desvió la mirada gradualmente.
Sin embargo, el hombre de cabello dorado no aparecı́a por ningú n lado.
Incluso entre quienes se cubrı́an la cabeza con sombreros o capas, no
habı́a rastro de Rensley. Gezell abandonó la bú squeda alrededor del
establo sin dudarlo. El siguiente lugar que iluminó el espejo fue la
habitació n de Rensley Maelrosen y la cocina en el segundo piso, varios
pasillos cerca del saló n de banquetes, el campo de entrenamiento de
caballeros, la sala de reuniones, la lavanderı́a, el huerto, el patio
delantero, el patio trasero, el almacé n, la biblioteca, la habitació n del
Duque, el estudio, el laboratorio en el só tano, el invernadero y má s...
La herramienta má gica, casi como los ojos del Duque, cubrı́a casi cada
rincó n de la residencia ducal. Durante un buen rato, la presencia de
Rensley desapareció , y para cuando Gezell bajó el espejo, ya no quedaba
rastro de sonrisa en su rostro.
Gezell se levantó y miró alrededor del dormitorio. Al observar
conscientemente, una parte incó moda le llamó la atenció n. Si Rensley
no tenı́a intenció n de acostarse, no habı́a razó n para encender tantas
velas. La habitació n estaba excesivamente oscura. Gezell hizo un gesto
para encender todas las velas y luego caminó hacia la ventana,
bordeando la pared. Mientras caminaba, miró ijamente una ventana en
un lugar apartado.
La puerta estaba entreabierta.
“¡Invocad al Caballero Comandante!”
Cuando Gezell abrió con fuerza la puerta del dormitorio y alzó la voz,
los guardias se sobresaltaron y se giraron para mirarlo. En la atmó sfera
de urgencia del señ or, habitualmente silencioso, algunos bajaron
corriendo las escaleras.
Incluso mientras esperaba al comandante Anton, Gezell examinó
minuciosamente los alrededores. No era algo reconfortante, pero no
habı́a señ ales de objetos rotos ni rastros de una pelea. Dado que la
duquesa, tan activa, habı́a intentado escapar por la ventana antes, no
habı́a necesidad de sospechar algo ilı́cito.
"Mi señ or."
La voz de quien habı́a estado esperando detrá s de Gezell, examinando
cada rincó n del dormitorio, llegó a sus oı́dos. Cuando Gezell se levantó ,
Anton hizo una reverencia.
"¿Qué pasa?"
“Sir Maelrosen no está por ningú n lado.”
Ante las palabras abruptas y sin mayor explicació n, Anton pareció algo
perplejo y sostuvo la mirada de Gezell. Gezell asintió y añ adió una
aclaració n.
Entiendo lo que intentas decir. Como le gusta divertirse, podrı́a haber
salido a una aventura nocturna. Sin embargo, será problemá tico si no
podemos localizarlo, ası́ que envı́a un grupo de bú squeda de inmediato
para con irmar su destino. Empieza por revisar el pub "Rose's Goblet"
fuera del castillo y la casa del caballero Stan Simon.
“Subió al dormitorio a descansar…”
—Lo dijo, pero parece que se escabulló sin hacer ruido. Si hubiera sido
sincero, le habrı́a dicho que saliera, pero como es un banquete formal,
probablemente le pareció incó modo pedirlo. Date prisa. Seguiré
explorando el interior del castillo.
Aunque el Caballero Comandante pareció dudar, fue solo un instante.
Inmediatamente, se dio la vuelta y salió del dormitorio. Tras asignarle a
Anton la tarea de buscar fuera del castillo, Gezell fue a investigar en el
interior.
Si bien la exploració n má gica era conveniente, se limitaba al interior del
castillo. Los lugares donde no se habı́a implantado previamente un
mé dium imbuido de la esencia má gica del dueñ o no podı́an verse a
travé s del espejo. Si bien era posible explorar todos los rincones de la
Residencia Ducal de Roudken, no era posible hacerlo en las afueras del
castillo.
Sin embargo, como conocı́a la mayorı́a de los lugares a los que Rensley
Maelrosen podrı́a ir, era aceptable. Considerando lo tarde que era, serı́a
el pub o la casa de un amigo, una de las dos.
Parecı́a que la emoció n que no coincidı́a con su habitual
comportamiento tranquilo durante la discusió n sobre querer partir
hacia una regió n diferente lo habı́a preocupado má s de lo que pensaba.
Cuando regresara, sin duda lo reprenderı́a duramente esta vez. Ademá s,
le pedirı́a que no ocultara su paradero sin decir nada. Ademá s, le
preocupaba salir sin avisar, ası́ que de ahora en adelante, sin importar
adó nde fuera, debı́a informar primero a Gezell.
Gezell salió del dormitorio y se dirigió primero al invernadero. Mientras
que otros lugares eran lugares de reunió n para mucha gente, el
invernadero era un lugar donde solo ellos dos podı́an ir y venir
libremente. Aunque no se veı́a la igura de nadie al mirarse por el
espejo, el invernadero nocturno era oscuro y, con tantas plantas, habı́a
muchas zonas de sombra. Las cosas podrı́an ser diferentes si lo
comprobara en persona.
“Señ or Maelrosen.”
Al abrir la puerta de cristal y entrar, Gezell pronunció el nombre una
vez. No hubo respuesta, y la atmó sfera dentro del invernadero parecı́a
incó moda, como si la repentina visita de alguien la hubiera perturbado.
Gezell agitó la mano para generar luz. El brillo, mucho má s intenso que
el de las velas o lá mparas, iluminó todo el invernadero como si fuera
pleno dı́a. Sus ojos color calabaza observaban lentamente de un
extremo a otro del invernadero. El buscador no se encontraba por
ningú n lado: ni frente a las vides ni a los tallos frutales, ni en el huerto
donde crecı́an las hojas, ni frente a los pequeñ os retoñ os.
“Rensley.”
Sabiendo que no estaba allı́, quizá porque lo sabı́a, Gezell volvió a
pronunciar el nombre. Balanceando la cabeza a izquierda y derecha,
avanzó lentamente y descubrió un papel que sobresalı́a debajo de la
regadera.
Rensley visitaba el invernadero sin falta todos los dı́as y usaba esta
regadera para regar el campo. Aunque podrı́a haberle con iado la
gestió n a un sirviente, Gezell no lo recomendó . Fue porque habı́a visto
la alegrı́a con la que Rensley sonreı́a al regar las plantas.
A veces de lejos, a veces de cerca. Si observaba el acto de regar desde
muy cerca, no necesitarı́a preguntar sobre ané cdotas triviales como lo
ocurrido en Cornia o los diversos usos de los cultivos.
El papel que sobresalı́a en el espacio de luz, agua y tierra le llamó la
atenció n de forma extrañ a. Gezell sacó el papel colocado debajo de la
regadera. Al desdoblar la nota, doblada arti icialmente, una breve lı́nea
de escritura apresurada se reveló en la super icie visible.
Sé que explicar mi partida diciendo que es por Su Excelencia me harı́a
sentir mejor, pero no es cierto. Lo siento.
PD: Disfruten de los tomates que dejaron junto a la ventana despué s de
unos dos dı́as. Está n deliciosos incluso si los comen ası́.
PS2: ¡Por favor, esté n contentos con la nueva Duquesa! Les estoy muy,
muy agradecido. De verdad, lo digo en serio...
Rensley Maelrosen]
Gezell parpadeó al leer la nota, lo su icientemente ambigua como para
ser considerada una carta. Leyó el breve mensaje varias veces de
principio a in y luego le dio la vuelta al papel. Aunque buscó algo en el
reverso, no encontró nada. Esta vez, sacudió el papel, agitá ndolo de un
lado a otro. Rensley Maelrosen no era mago, pero sospechaba que la
nota pudiera ser algú n tipo de artilugio. Sin embargo, al balancearse el
papel, no se desencadenó ningú n efecto oculto ni se reveló ningú n
mensaje real.
Era en realidad un trozo de papel normal y corriente, que se podı́a
encontrar en cualquier parte.
La mano que sostenı́a el papel cayó lentamente. Al arrugarse el extremo
del papel, la frente del hombre, paralelamente, se arrugó de repente,
como si tuviera una profunda arruga. Gezell Jivendad no hizo nada.
Simplemente permaneció inmó vil, como clavado. Sin embargo, la
atmó sfera tranquila y apacible comenzó a resquebrajarse como un
cristal roto, expandié ndose y temblando gradualmente, a pesar de que
no habı́a ni una pizca de viento en el invernadero.
Mientras el invernadero permanecı́a inquietantemente tranquilo, la
larga cabellera negra se mecı́a lentamente como algas en el agua. En la
oscuridad de la noche, sus profundos ojos color avellana se volvı́an tan
oscuros como un abismo, y su brillo brillaba como relá mpagos a cada
instante.
¡Crack! Un sonido profundo, como si se grabara oro en una ventana de
cristal, rompió el silencio. Sobresaltado, Gezell sacudió los hombros
bruscamente. La intensa luz dorada que habı́a quedado atrapada en sus
pupilas como hierro fundido pareció extinguirse, como si la hubieran
rociado con agua frı́a.
"…No."
—No —murmuró Gezell una vez má s y salió del invernadero. Con pasos
rá pidos, llegó al estudio al instante.
Con el movimiento de su mano, se dibujaron patrones luminosos en el
vacı́o oscuro. En el instante en que se completaron, resonó la voz de
alguien que no existı́a en el mismo lugar.
“¿Qué ocurre, Su Gracia?”
"Necesito encontrar a alguien."
"¿OMS?"
Envié al Comandante, pero parece que el personal podrı́a ser
insu iciente. Despachen a todos los miembros del equipo de bú squeda y
encuentren a Rensley Maelrosen, el escudero de la Guardia Real. No
deberı́a haber ido muy lejos todavı́a.
"Comprendido."
La voz se cortó bruscamente. Gezell caminó con paso irme y se sentó
en el trono vacı́o.
En el estudio, silencioso y en penumbra, permaneció sentado un rato,
aparentemente con la mirada perdida. Aunque parecı́a no hacer nada,
examinaba meticulosamente los detalles que habı́a pasado por alto.
Un hombre que rara vez fallaba o se equivocaba en sus decisiones
tambié n tenı́a pocas experiencias de arrepentimiento. El Rey del Norte,
que habı́a permanecido en silencio, inclinó lentamente el torso hacia
adelante. Suspiró brevemente y se cubrió el rostro con las manos.
Deberı́a haber lanzado un hechizo de rastreo sobre el durmiente
Rensley Maelrosen. ¿Por qué se detuvo a la mitad?
Era la primera vez que guardaba rencor hacia su yo pasado, y aú n no
habı́a aprendido a lidiar con ello. Gezell permaneció en esa posició n
durante un buen rato, como una obra de arte congelada, con el rostro
aú n cubierto.
Cap. 10.2 - Profecía ominosa
Entre quienes se movilizaron para la bú squeda, el primero en regresar
al castillo fue el caballero comandante Anton Sorel. Al enterarse de que
el duque se habı́a trasladado al laboratorio subterrá neo, apresuró el
paso.
Aunque fue é l quien despidió al individuo que se marchaba sin
formalidades militares, por precaució n, registró a fondo lugares
conocidos como las tabernas habituales, la residencia de Stan Simon y
otros lugares que Rensley Maelrosen frecuentaba. Sin embargo, no
encontró a Rensley Maelrosen por ninguna parte, y los comerciantes
que lo acompañ aban ya habı́an abandonado las puertas de la ciudad.
¿De verdad fue la decisió n correcta despedirlo ası́? Al bajar las
escaleras que conducı́an al laboratorio, Anton se sentı́a atormentado
por pensamientos pesados. No estaba seguro de si esta decisió n era por
su señ or, por el desafortunado subordinado o para consolarse. Como
Caballero Comendador al servicio del Duque, esta incertidumbre no
solo se sentı́a vaga, sino incó modamente cercana a algo inquietante.
“¿Có mo te fue?”
El duque Gezell estaba de pie frente a una mesa larga, rebuscando entre
algo sin volverse hacia Anton. El laboratorio de investigació n, con solo
unas pocas velas encendidas, estaba oscuro como si estuviera bajo
tierra. La parpadeante luz carmesı́ per ilaba tenuemente la igura de
una persona, pero no podı́a iluminar su expresió n. Anton bajó la cabeza
e informó la noticia que no querı́a dar.
Busqué en todos los lugares que me indicaste, ası́ como en los que
Rensley visita con frecuencia, pero no lo encontré por ningú n lado. Ya
está oscuro, ası́ que serı́a mejor reanudar la bú squeda cuando
amanezca...
“No salió a patrullar de noche; abandonó Roudken”.
Anton no pudo encontrar las palabras para responder de inmediato. No
habı́a pasado mucho tiempo desde el anochecer. Gezell, que no habı́a
oı́do ni visto nada, ya habı́a llegado a esa conclusió n.
¿Por qué dices eso?
“Dejó una carta.”
La voz del Duque era tan frı́a, diferente a todo lo que Anton habı́a
escuchado antes. Gezell Jivendad era originalmente una persona con
pocas luctuaciones emocionales, que hablaba secamente y sin mucha
emoció n. Sin embargo, como nunca habı́a mostrado una frialdad
particular con los demá s, el cambio de temperatura era fá cilmente
perceptible para el oyente.
Anton esperó en silencio sus siguientes palabras. Si se daba cuenta de
que Rensley se habı́a ido por voluntad propia y con razó n, podrı́a
considerar detener la bú squeda.
Gezell ordenó todo lo que encontró sobre la mesa, como libros y lo que
parecı́an cuadernos. Solo entonces se volvió hacia Anton, con má s
impaciencia.
Deberı́as regresar a tu misió n original. Yo personalmente lideraré el
equipo de bú squeda para encontrar a Sir Maelrosen.
"Su Gracia."
Si bien el castillo tiene limitaciones, el alcance de la magia que se puede
usar fuera es mayor. Aunque no lo hubié ramos planeado de antemano,
deberı́amos poder encontrar a una persona.
¡Su Gracia! ¡No puede abandonar el castillo todavı́a!
Sobresaltado, Anton alzó la voz sin darse cuenta. La mano de Gezell,
que habı́a estado recogiendo documentos, se detuvo de golpe, y las
miradas de ambos chocaron como espadas en un duelo.
La expresió n de Gezell, que habı́a estado apurada, se agudizó como si se
hubiera perfeccionado. Su voz, que habı́a recuperado algo de serenidad
al cabo de un rato, se apagó .
"No irá muy lejos."
Por favor, cá lmese. ¿Qué decı́a la carta? Si querı́a irse solo, debı́a haber
una razó n. Sir Maelrosen es un invitado extranjero, no un criminal. No
podemos simplemente traer de vuelta a alguien que desea irse.
Nunca dije que lo traerı́a de vuelta. Solo quiero hablar.
—¡Su Gracia! Aú n no puede salir del castillo. ¿No lo sabe?
Querı́a irse de aquı́ hace tiempo. Pero le pedı́ que no lo hiciera y aceptó .
No hay razó n para que se vaya ası́. Algo anda mal. Si hay alguna razó n
que desconozco, necesito averiguarla.
Anton se mordió el labio interior. Le costaba decidir por dó nde
empezar a explicar.
Tanto Rensley como Gezell llevaban el peso de sus vidas a su manera,
pero eran jó venes adultos que acababan de entrar en la edad adulta,
tras haber cumplido los veinte. Anton habı́a entrenado a muchos
jó venes desde que se convirtió en comandante. Era experto en leer los
pensamientos de los jó venes. No le fue difı́cil notar el cambio en su
relació n, tras haber observado a ambos que llevaban asuntos secretos.
—Su Excelencia, la situació n ha cambiado desde el principio —
comenzó Anton con di icultad. Tras evitar el contacto visual por un
momento, Gezell lo miró .
Una creciente sensació n de inquietud nublaba la mente de Anton.
Quizá s se le habı́a escapado algo. ¿Habrı́a cometido un error?
Intentando calmar la vaga ansiedad que lo invadı́a, Anton quiso
transmitir los hechos tal como eran.
Su Gracia, como tambié n sabrá , Sir Maelrosen ya albergaba
sentimientos diferentes desde el principio hacia el nuevo matrimonio
de Su Gracia. Le habrı́a resultado difı́cil simplemente observar a su lado.
Si se marcha en silencio, deberı́amos celebrarlo.
¿Y qué ? Le pedı́ que no se fuera y aceptó .
“…¿Por qué Su Gracia busca a Sir Maelrosen?”
El rey hizo una petició n, y el sú bdito escapó en secreto en plena noche.
Hubo una diferencia considerable entre las palabras de Gezell y las
acciones de Rensley esa noche.
Aunque acatar ciegamente las ó rdenes del gobernante podrı́a ser el
principal deber del Caballero Comendador, creer en cada bando era un
asunto aparte. Anton Sorel no podı́a discernir fá cilmente cuá l de los dos
decı́a la verdad.
Gezell no dio una respuesta inmediata, pero a diferencia de Anton,
tampoco parecı́a buscarla. Su expresió n se mantuvo frı́a tras la
pregunta y se sumió en un breve silencio, aparentemente organizando
sus pensamientos.
Lo quiero a mi lado. No tiene por qué ser necesariamente la Gran
Duquesa. Hay un puesto má s adecuado para é l que el de Gran Duquesa,
y puedo conseguirlo fá cilmente. No está mal que un rey quiera tener
cerca a alguien que le guste, ¿verdad?
“….”
Sir Maelrosen tambié n lo entendió .
Gezell parecı́a un tanto injustamente frustrado.
“Su Gracia, es decir…”
¿Entenderı́a el joven rey que este no era un á rea que se comprende con
la mente, como al estudiar una materia acadé mica? Anton no estaba
seguro. El mismo no era lo su icientemente sabio como para enseñ ar a
alguien sobre la vida o el rumbo del corazó n, y mucho menos a alguien
con una rica experiencia vital.
Sin embargo, Anton Sorel tenı́a que hablar. El banquete habı́a
terminado y una nueva boda se celebrarı́a. Justo antes de la llegada de
la primavera, cuando debı́an estar en alerta má xima ante cualquier
intrusió n externa, el rey, quien debı́a ser el pilar de todas las defensas,
no podı́a permitirse el lujo de distraerse con otro problema.
Pero antes de que Anton pudiera empezar a hablar, Gezell habló
primero.
“¿Me mintió Sir Maelrosen?”
Su tono era genuinamente curioso. Anton, a punto de explicar, se vio
incapaz de continuar y mantuvo los labios sellados.
Tras la pregunta aparentemente tranquila, las emociones del
gobernante eran evidentes. Ante una emoció n inesperada, incluso al
leal Caballero Comandante le resultó difı́cil ocultar su confusió n.
Ahora, Gezell Jivendad no pudo contener su sensació n de traició n.
Dijo que me amaba. Dijo que me amaba hace un rato en el saló n de
banquetes. ¿Me engañ ó para que me fuera en secreto? ¿Rechazó mi
petició n de quedarme porque querı́a vivir en otro territorio?
—No, Su Gracia. La sinceridad de sus sentimientos por usted es
genuina. No se habrı́a ido si no hubiera podido soportarlo.
Esta vez, la respuesta fue inmediata. Aunque culpar a Rensley de todos
los males podrı́a ser una forma má s conveniente de persuadir al
enojado duque, Anton no estaba dispuesto a hacerlo.
Como Caballero Comendador, cuya má xima prioridad era el trono y la
defensa del paı́s, se sentı́a incó modo. Sin embargo, no podı́a engañ arse
a sı́ mismo. Anton cerró los ojos con fuerza. Se arrodilló frente a Gezell.
A diferencia de Anton, ni Gezell ni Rensley mentı́an. El ú nico que mentı́a
en esta situació n era el propio Anton.
—Su Gracia, no tiene por qué perdonarme. Vi con mis propios ojos
có mo Sir Maelrosen se marchaba.
"…¿Qué ?"
Salió del castillo con un grupo de mercaderes rumbo a Roudken. Dado
que las rutas comerciales superiores suelen utilizar medios de
transporte má gicos en lugar de terrestres, ya deben de haber recorrido
una buena distancia. Me di cuenta de que salı́a de Roudken sin permiso,
pero hice la vista gorda. Les pido disculpas.
Anton inclinó la cabeza profundamente y confesó todos sus errores. Al
concluir sus palabras, el laboratorio de investigació n subterrá neo se
llenó de un silencio opresivo.
Tras un breve instante de silencio, las palabras de Gezell surgieron. Su
voz carecı́a notablemente de fuerza.
"Por qué ."
“…”
¿Por qué lo dejaste ir? ¿Por qué no me dijiste nada...?
Estaba bajo su autoridad. Lo he visto a ligido y angustiado muchas
veces. Su Gracia, el cargo de Gran Duquesa puede que no signi ique
nada para usted, pero no es lo mismo para Sir Maelrosen. No se trata de
ambició n por el puesto; simplemente no soportaba verla casarse con
otra persona.
Anton levantó la cara. Con sinceridad, reveló incluso las oscuras
intenciones que habı́a ocultado, mirando al desconcertado gobernante.
Ademá s, pensé que serı́a mejor para el futuro de Aldrant que Sir
Maelrosen no estuviera. Querı́a evitar cualquier posible perturbació n
cuando se trate de un nuevo matrimonio y se dé la bienvenida a la Gran
Duquesa. Si se va voluntariamente, no hay necesidad de detenerlo. Por
favor, repré ndeme por lo que he hecho.
Una vez má s, el joven duque permaneció en silencio.
—Levá ntate. —Al cabo de un rato, con un tono que parecı́a una orden
dada sin fuerza, Anton se levantó lentamente de su asiento. Las
preguntas continuaron.
“¿Se fue con un comerciante?”
Sı́. Viajaba en un carruaje de carga traı́do por un comerciante. Se
disfrazó de uno de su grupo.
“Comerciante… transporte de carga…”
La expresió n de Gezell, que habı́a estado repitiendo algunas palabras
como un cá ntico, se fue rea irmando gradualmente. Tras escapar de la
confusió n y llegar a una conclusió n, su tono se volvió estricto.
“No puedo permitir esto.”
"Su Gracia."
No puede irse ası́. No con las manos vacı́as, sin dar nada. Como no se
han seguido los trá mites de divorcio ni de abdicació n, sigue siendo mi
Gran Duquesa. Aunque se vaya, no puede ser ası́. Es absolutamente
inaceptable.
Tras terminar sus palabras, Gezell encendió las velas del laboratorio de
investigació n una por una. El tenue espacio subterrá neo se iluminó
gradualmente con unas cuantas velas, como si no hubiera tiempo que
perder para má s luz. Mientras ordenaba los nuevos documentos sobre
el escritorio, dio una orden.
Averigü en inmediatamente con qué o icial superior se fue Sir
Maelrosen e infó rmenlo. El resto se lo dejaremos al equipo de
bú squeda. Aunque se haya alejado un poco, podemos encontrarlo
rá pidamente si publicamos una orden de bú squeda. Han tenido buenas
razones para su juicio, y lo sé , ası́ que ayú denme hasta aquı́.
Era un equipo decidido que ya no podı́a dejarse vencer.
A pesar de ser una decisió n preparada, perder gran parte de la
con ianza del rey como lı́der de la Orden de Caballeros fue una pé rdida
dolorosa. ¿O deberı́a estar agradecido simplemente por evitar el
castigo? Reprimiendo sus tumultuosos pensamientos, Anton saludó y
abandonó el laboratorio de investigació n.
De pie frente a las escaleras que conducı́an a la super icie, se giró de
repente y miró la puerta cerrada del laboratorio. Apretó el puñ o con
fuerza, sintiendo que la incertidumbre se aclaraba poco a poco.
Si se le habı́a escapado algo. Si Rensley Maelrosen no hubiera albergado
emociones má s allá de lo previsto...
Si ese fuera el caso, la decisió n de Anton esta vez no se podrı́a explicar
con má s palabras que un error. Anton miró al techo, suspiró
profundamente y subió corriendo las escaleras con má s determinació n.
Identi icar la identidad del individuo de clase alta que abandonó el
castillo en una é poca con pocos visitantes, presenciado directamente
por el Caballero Comendador, fue sencillo. El equipo de bú squeda real
tambié n pudo alcanzar un carruaje de carga que llevaba poco tiempo
fuera de Roudken.
Como Anton habı́a previsto, el grupo de comerciantes al que se unió Sir
Maelrosen era bastante grande y planeaban salir de Aldrant por mar,
utilizando el puerto. Para ello, necesitaban reunirse en el puerto, y
afortunadamente, el comerciante que acompañ aba a Rensley aú n no
habı́a llegado.
—No lo sé . Me separé de ese caballero camino hacia aquı́. Intenté
convencerlo de que nos fué ramos juntos, pero se negó rotundamente,
diciendo que irı́an por separado...
El comerciante, que habı́a reservado alojamiento una noche má s antes
de partir hacia el puerto, respondió con ojos soñ olientos. El equipo de
bú squeda, que habı́a corrido a toda velocidad, disimuló su decepció n y
volvió a preguntar.
"¿Dó nde se separaron?"
Bueno, nos separamos en el camino. Es difı́cil precisar dó nde. No era un
lugar con monumentos ni edi icios.
¿Salir solo con semejante tiempo, en semejante noche, sin ningú n punto
de referencia? Fue un acto suicida para un desconocido que ni siquiera
conocı́a el camino. El equipo de bú squeda del Duque intercambió
miradas pesimistas.
Sin embargo, a pesar de la falta de informació n del comerciante,
buscaron en varios lugares de la llanura. Sin embargo, encontrar a una
persona que habı́a desaparecido sin dejar rastro en la vasta llanura era
una tarea imposible.
El equipo de bú squeda concluyó que perder el tiempo en el camino era
una tonterı́a. Finalmente, no tuvieron má s remedio que regresar con su
señ or sin obtener ningú n resultado. A primera hora de la mañ ana de
ese dı́a, los sirvientes del castillo del Duque de Roudken tuvieron que
moverse en silencio para limpiar los escombros de la costosa ventana
rota que se habı́a hecho añ icos inesperadamente.
Antes del amanecer, el Duque salió personalmente del castillo, a caballo
con el equipo de bú squeda. Aunque muchos cortesanos se opusieron a
abandonar el castillo, esta vez no pudieron detenerlo.
Cap. 10.3 - Profecía ominosa
Cuando el traqueteante carro abandonó por completo el castillo de
Roudken, Rensley levantó la cortina y salió , sentá ndose junto al asiento
del cochero.
En la oscuridad total de la noche, donde apenas se veı́a un paso
adelante, solo la luz de la farola junto al carruaje iluminaba el campo,
parpadeando como un fantasma. Aunque todo a su alrededor parecı́a
uniformemente oscuro, si mirabas a lo lejos, podı́as distinguir
vagamente la silueta de las montañ as y el lı́mite del cielo, aliviando la
ansiedad de estar en un mundo completamente diferente.
El aire frı́o, como congelado, hacı́a que uno sintiera un hormigueo en la
nariz. Pero ahora, el frı́o era un asunto trivial. El comerciante, que
tambié n negociaba afuera, tambié n se verı́a afectado por el frı́o, ası́ que
no habı́a lugar para extravagancias repentinas desde la perspectiva de
alguien que acababa de verse envuelto en una situació n difı́cil.
"¿Qué pasó ?"
Curioso por la historia, el comerciante le preguntó a Rensley con
cautela. El comerciante, que viajaba incluso a regiones frı́as, levantó el
pequeñ o bulto y una taza arrugada que tenı́a a su lado, ofrecié ndole
algo. Al olerlo, era un licor especiado y caliente. Tras unos sorbos, sintió
como si su cuerpo rı́gido se relajara. Rensley rió entre dientes.
Cometı́ un error delante de Su Gracia. Por eso, ya no puedo vivir allı́.
Gracias por sacarme. Me preguntaba có mo escapar.
¿Acaso el Caballero no sigue siendo aprendiz? ¿Hay algo que un
aprendiz pudiera haber hecho mal delante de Su Gracia?
Bueno... Si tengo suerte, quizá me perdone. Pero es incó modo para mı́.
En cualquier lugar, la gente está mejor con las di icultades fı́sicas, pero
la mente deberı́a estar tranquila, ¿no? Me trató con tanta amabilidad
desde lejos, pero en lugar de corresponderle, causé problemas. Irme
pronto fue bene icioso para mı́ y para Su Gracia.
—No es gran problema, ¿verdad? ¿Vale la pena perseguirnos hasta las
altas esferas?
—Oh, no. ¿Irı́an tan lejos los Caballeros por un error de un aprendiz?
Dio una palmada y bebió unos sorbos má s de licor. Con la lengua
pegada a los labios, Rensley sacó a relucir la historia que le habı́a
intrigado.
“¿Qué … qué dijo Daria?”
Dijo que su hermano fue a Aldrant en su lugar. Su padre intentó
venderlo, ası́ que huyó , pero luego descubrió que lo habı́an entregado
en su lugar. No pudo darme los detalles, pero me pidió que comprobara
su bienestar y, si seguı́a en Aldrant, que lo trajera de vuelta si era
posible. Pero cuando te interrogué , dijiste que te convertiste en
Caballero, ası́ que me sorprendı́. Suele ser obvio lo que les ocurre a las
personas vendidas a cambio de deudas. O ruedan como esclavos,
mueren al cabo de un tiempo, o son vendidos a otro lugar y se
desconoce su paradero... La mayorı́a de la gente acaba ası́.
Sinceramente, no esperaba encontrarte.
Rensley asintió . Aunque las palabras «vendido a cambio de deudas»
eran un eufemismo, la esencia no era diferente.
Incluso si el equipaje entregado fue desechado inmediatamente por las
manos del Duque con un mensaje implı́cito de que no habrı́a ruido
incluso si fuera eliminado, mirando hacia atrá s ahora, podrı́a haber sido
mejor para la rá pida estabilizació n de la residencia del Duque Aldrant.
Bueno, he estado deambulando por esta zona varias veces para
comerciar, y la gente de Aldrant no es tan indecente como dicen.
Aunque puedan parecer un poco rudos, no son meticulosos con las
cosas triviales, ası́ que tienen un lado audaz y refrescante. No se
preocupan por los cá lculos pequeñ os, ası́ que no hay nadie mejor con
quien un comerciante pueda tratar.
“¿Daria está bien?”
—Claro. Lo conoces bien, ya que es tu hermano. Al principio, se unió a
la guardia de las altas esferas porque era bueno con la espada. Gracias a
su habilidad, ha cerrado varios tratos ú ltimamente. Es una estrella en
ascenso en nuestras altas esferas.
Como era de esperar. Creı́a que a Daria le irı́a bien en cualquier sitio.
Por eso no me preocupaba demasiado, aunque tenı́a curiosidad por
saber có mo le iba.
Al escuchar los elogios de Ivet, su corazó n abatido se animó . Aunque
habı́an llegado sin dignidad para quienes se habı́an marchado, la idea
de reencontrarse con su hermana despué s de tanto tiempo aú n le
producı́a una sutil emoció n.
“¿Puedo encontrarme con Daria donde vamos ahora?”
¿Mmm? No. Si el plan hubiera sido venir por aquı́, ¿no habrı́a venido
Daria personalmente a pedı́rmelo? Daria tiene otro trato, ası́ que fue
allı́. Pero si regresas conmigo al cuartel general superior, podrá s
conocerlo, por supuesto.
"Ah, claro."
Rensley bajó la copa y se quedó mirando la copa de licor,
aparentemente negra. El banquete probablemente estaba en pleno
apogeo, y la gente del castillo probablemente no habı́a notado la
ausencia de Rensley.
La pregunta casual del comerciante lo incomodaba poco a poco. A pesar
de restarle importancia a la posibilidad de ser perseguido hasta las
altas esferas, siempre existı́a una posibilidad.
Si se hubiera escabullido discretamente sin que nadie lo notara, la
preocupació n habrı́a sido menor, pero habı́a testigos. Anton Sorel, lı́der
de la Orden de Caballeros, siempre comprendió la postura de Rensley,
pero si el Duque querı́a encontrar a Rensley Maelrosen a travé s de
Anton, naturalmente seguirı́a su voluntad. Al igual que con el Duque
Gezell, siempre habı́a una sensació n de vagar entre el sentimiento y el
deber al tratar con Anton.
"No puedo ir hasta allı́ contigo."
Rensley tomó una decisió n rá pidamente y el comerciante abrió mucho
los ojos.
¿Por qué no? No tardará s mucho. Si vas un poco má s lejos y pasas la
noche en la posada, puedes tomar un bote y usar el rı́o para dirigirte
directamente al sur. Se reunirá gente allı́ y podrá s conocer a Daria
enseguida.
No creo que Su Gracia hiciera eso, pero escuchá ndote, no estoy seguro.
Si fuera allı́ y me rastrearan...
—No, en serio, ¿qué hiciste? ¿Planeaste una traició n?
Mientras confesaba con tristeza, la mirada del comerciante se
ensombreció . Al mirarlo ijamente, que al instante se puso rı́gido,
Rensley no pudo soportarlo y estalló en carcajadas.
y p p y j
¡Es una broma! No es nada, pero no sé si Su Gracia se enojará o me
perdonará .
¿Qué demonios? ¿Por qué haces una broma tan escalofriante? Creı́ que
se me iba a parar el corazó n.
Quizá s no lo creas, pero no quiero perjudicar ni un poco a las altas
esferas. Ası́ que será mejor que nos separemos.
—No, aun ası́... Si no tienen un destino especı́ ico, ¿no serı́a mejor ir
juntos? Daria tambié n estará esperando.
El deseo de no perjudicar a las altas esferas era mayor por parte del
comerciante. Sin embargo, quizá s algo incó modo con las palabras de
Rensley, su tono de sugerencia de ir juntos se suavizó un poco.
—Señ or Caballero, vayamos juntos a la posada. Si nos separamos allı́,
¿habrá algú n problema?
“No, me bajaré aquı́.”
¿Qué ? No, no puedes. ¿Sabes dó nde está esto para bajar con tanta
seguridad? Te morirá s de frı́o vagando por las llanuras del norte.
En lugar de eso, por favor, vé ndeme algunas cosas. Como no tardaré
mucho en llegar a la siguiente posada, si me das uno de los burros que
tiran del carruaje, serı́a genial. Comida, ropa, herramientas para hacer
fuego... Probablemente sepas mejor que yo lo que necesitas para un
viaje.
Rensley rebuscó en la bolsa que traı́a y sacó una pequeñ a pieza de oro.
En efecto, el oro era oro, e incluso en la oscuridad de la noche, mostraba
un brillo especial.
La mirada del comerciante tambié n cambió . Alternando entre Rensley y
el oro, lo aceptó y lo mordió levemente.
“¿Esto será su iciente para cubrir el costo de los artı́culos?”
“Es má s que su iciente como compensació n por ayudar con los
preparativos del viaje”.
Gracias a ti, pude escapar fá cilmente del castillo. Por favor, considera
esto como una recompensa.
El comerciante ya no intentó detener a Rensley. Detuvo la carreta un
momento, movié ndose de un lado a otro, preparando nuevas
pertenencias para Rensley.
El burro era robusto y dó cil. Incluso cuando se desató la cuerda atada al
carruaje, solo miró a su alrededor un par de veces y no pateó ni se
quejó .
El invierno en las llanuras del norte no es lugar para que un novato en
viajes nocturnos deambule tranquilamente. Ten cuidado, mucho
cuidado.
"Sı́."
Bien, primero, ponte esta capa. Ponte guantes y cá mbiate de zapatos. El
encantamiento no es permanente, pero te ayudará a mantener la
temperatura corporal en el exterior durante unos dı́as. Ponte esta
diadema sobre el sombrero. Es la que usan los herbolarios y mineros al
entrar en las cuevas. No se apagará con el viento como una vela, ası́ que
no hay nada mejor para viajar de noche. No durará para siempre, pero
deberı́a aguantar hasta el amanecer. Y si te encuentras con bestias o
monstruos, tı́ralos.
El comerciante le explicó cada artı́culo con detenimiento, ayudando a
Rensley a prepararse. Aunque se quejaba de algunas imprudencias, no
parecı́a desaprobarlas del todo. Rensley, al contrario, se sentı́a aliviado.
Con esto, no deberı́as tener problemas para salir un rato. Pero espera
un momento. Ya sea una posada o un pueblo, encuentra uno rá pido,
descongela tu cuerpo y decide tu pró ximo destino.
"Gracias."
Rensley rebuscó en la bolsa una vez má s. Esta vez, sacó un collar de
cobre. Parecı́a un objeto de escaso valor monetario, má s bien un
souvenir o un juguete.
Por favor, dale esto a Daria. Lo reconocerá como mı́o. Dile que estoy
bien. Y que no se preocupe; no tiene la culpa.
¿De verdad no me acompañ ará s? Aunque te vayas, al menos un
encuentro y un saludo por ahora serı́a...
“Habrá otra oportunidad.”
Rensley desvió la mirada hacia el Castillo Ducal de Roudken, que ya no
era visible. Unos mechones de cabello rubio que se le habı́an escapado
del sombrero le revoloteaban en la mejilla con el viento cortante. A
pesar del frı́o gé lido, una cá lida sonrisa, impropia de un dı́a tan frı́o, se
dibujó en el rostro de Rensley.
Ahora que me enteré de la noticia, me ha venido a la mente la idea de
que podemos vernos cuando queramos. Si quiero verte má s tarde,
¿adó nde deberı́a ir?
Señ or Caballero, nuestra organizació n se llama Kyros. Nuestra sede está
en las afueras de la ciudad de Molbessa, en Pheraira, un lugar
considerable. No deberı́a ser difı́cil encontrarnos si pregunta por ahı́.
"Lo recordaré . Gracias."
Rensley montó el burro. Le estrechó la mano al comerciante, se dio la
vuelta y, aunque una voz algo lamentatoria lo siguió , murmurando algo
ası́ como «Oh, bueno…», Rensley no miró atrá s.
El comerciante tambié n parecı́a estar partiendo, pues se oyó el sonido
de las ruedas del carro rodando sobre el duro suelo. Los sonidos se
fueron apagando poco a poco hasta desaparecer por completo.
El resonante sonido del viento, mezclado con el susurro de la hierba
seca, parecı́a amenazar a Rensley, resonando a su alrededor. Aunque las
lá grimas brotaron instintivamente debido al viento cortante, Rensley
parpadeó para contenerlas. Se subió la bufanda nueva hasta la nariz y
tarareó una melodı́a inapropiada para un dı́a tan frı́o.
El viento siempre habı́a sido amigo de Rensley. Aunque se volviera un
poco má s frı́o y cortante, una amistad de muchos añ os no se romperı́a.
Perdó n por haberte involucrado de repente en este viaje. Cuento
contigo.
Cuando Rensley saludó al burro bajando la cabeza cerca de su cara, el
burro resopló como si quisiera reconocerlo.
¿Adó nde ir? Tenı́a que decidir un destino concreto tras consultar un
mapa a la luz del dı́a. Por ahora, escapar de una posible persecució n era
la prioridad.
Si lo rastrearan, probablemente primero seguirı́an los niveles
superiores. Incluso si abandonara el castillo en secreto, se adivinarı́a la
distancia má xima que podrı́a recorrer. ¿Quizá s serı́a mejor esconderse
en algú n lugar cercano? Rensley observó el oscuro bosque que parecı́a
un mar negro a lo lejos.
Decı́an que el bosque de noche era peligroso, pero é l tenı́a armas y
herramientas má gicas defensivas. Quedarse un rato en el borde no
deberı́a ser un problema, sobre todo considerando có mo recordaba los
campos, donde el frı́o y el viento eran má s suaves.
"Ahora, vá monos."
Tirando de las riendas, el burro caminó con paso irme y sin protestar.
Alzando la cabeza, Rensley miró al cielo. Las estrellas dispersas
brillaban como si dieran la bienvenida a la escarcha. Apareció un
hermoso cielo nocturno, y los pensamientos que habı́an estado
pospuestos lo invadieron.
'¿Qué harı́a si descubriera que he desaparecido?'
Aunque se habı́a separado del comerciante para prepararse ante
cualquier imprevisto, no creı́a que el Duque fuera a buscarlo. Sin
embargo, era una situació n repentina y era de esperar una reacció n.
Rensley imaginó su igura con cautela.
¿Te enojará s mucho? ¿Quizá s te enfades? ¿Pensará s que te engañ é ?
Quizá s no deberı́a haberte dicho palabras como "Te amo". Pero fue la
ú ltima vez... ¿De verdad intentará s encontrarme? Al inal, solo esbozó
una sonrisa amarga.
No entiendo por qué el corazó n humano es tan astuto. Estar a tu lado se
volvió cada vez má s pesado, y repetir la petició n de que me dejaras ir
fue tan inú til. Pensando que el Duque querrı́a encontrar al sujeto que lo
abandonó como si huyera, Rensley se sintió extrañ amente mejor.
—Bueno, da igual. Es solo imaginació n.
Mientras avanzaba por la silenciosa oscuridad, las pequeñ as fantası́as
se convirtieron en sus mejores compañ eras. A medida que la noche se
transformaba en un tenue amanecer, Rensley llegó al lı́mite del bosque.
El bosque, que antes estaba tenuemente iluminado por la luz de las
estrellas, se convirtió en una zona completamente oscura donde incluso
la luz se ocultaba.
“Da un poco de miedo…”
Rensley murmuró para sı́ mismo, intentando calmar sus temores.
Aunque el amanecer se acercaba poco a poco al exterior del bosque, en
el interior aú n reinaba la oscuridad de la noche. Se bajó del burro y
sujetó irmemente las riendas. Guiado por la luz de la lá mpara que le
habı́a dado el mercader, caminó lentamente, iluminando el suelo frente
a é l y bajo sus pies.
No tenı́a intenció n de adentrarse en el bosque. Planeaba pasar un
tiempo cerca de las afueras, examinando el mapa cuando el dı́a brillara
por completo para decidir su destino. Ya le habı́an mordido animales
salvajes en el bosque y, considerando el peligro, nadie esperarı́a que
Rensley se refugiara allı́.
¿Hasta dó nde debı́a adentrarse? Sus gestos cautelosos para
inspeccionar los alrededores eran cuidadosos. Con la daga en la cintura,
Rensley se movı́a sigilosamente, sin soltar el arma. El interior del
bosque estaba cubierto de nieve aquı́ y allá , lo que lo hacı́a aú n má s
cauteloso.
Mientras tanto, la luz del amanecer, plateada como la plata, comenzaba
a iltrarse a travé s del denso bosque caducifolio. Rensley miró hacia
atrá s. Aunque creı́a avanzar lentamente, parecı́a haber caminado una
buena distancia, pues la entrada del bosque ya no era visible, envuelta
en una neblina.
¡Crujido! Poco despué s de mirar atrá s, oyó pasos que no eran los suyos
desde el frente. Giró la cabeza rá pidamente y retrocedió unos pasos.
"Ups."
Se soltó un breve suspiro. En la oscura niebla, algo parecido a los ojos
de una bestia brillaron como linternas.
Rensley apretó los dientes y desenvainó su espada de inmediato. No
podı́a permitirse la confusió n. Si solo fuera uno, podrı́a evitar la pelea
sin necesidad de escapar.
Grrrr. Siguiendo los pasos, se oyó un gruñ ido. A juzgar por el sonido,
parecı́a má s una bestia que un monstruo. Ademá s, aú n no era adulto.
Si era joven, fue una suerte. Rensley no atacó primero, sino que se
preparó para la defensa, observando los movimientos del oponente.
Entre los animales salvajes, muchos mostraban los dientes, pero
inalmente se retiraban sin atacar a los humanos. Rensley era bueno
calmando animales.
El burro empezó a mostrar signos de ansiedad. Rensley sacudió
suavemente las riendas, tranquilizá ndolo.
No te preocupes. Yo me encargo.
Sin embargo, los ojos brillantes traicionaron las expectativas y se
acercaron cada vez má s. La mano de Rensley que sostenı́a la espada se
tensó cada vez má s.
¡Zum! Con un fuerte ladrido, el dueñ o de los ojos inalmente se
abalanzó sobre Rensley con todo su cuerpo. Rensley, intentando no
entrar en pá nico, giró el cuerpo hacia atrá s, pero recibió un golpe en el
trasero y terminó rodando.
"¿Eh?"
De los labios de Rensley se escapó una voz ató nita. La igura que se
reveló era completamente distinta a la que habı́a imaginado.
¡Guau! Con alegres ladridos, Rensley se echó a reı́r. La criatura con
aspecto de lobo que saltó a sus brazos meneó la cola y le lamió la
mejilla. Rensley abrazó al peludo bulto de lengua y pelo que le lamió la
cara con la lengua y sonrió .
“¡Eres tú de antes, ¿verdad?!”
El peludo lobo gris habı́a crecido un poco má s desde entonces, pero era
inconfundiblemente el que habı́a mordido a Rensley en la primera
exploració n del bosque. El lobo que atacó a Rensley ese dı́a era un
cachorro pequeñ o, y parecı́a estar herido, asustado por la repentina
aparició n de monstruos. Rensley se dio cuenta de que podrı́a haber
pisado una trampa; tenı́a la pata herida.
Sintiendo dolor y miedo, se volvió agresivo. Al darse cuenta, Rensley
calmó al cachorro con calma, tratando su pata herida con las hierbas y
vendajes que tenı́a. Despué s de alimentarlo con carne seca que tenı́a
como ració n de emergencia, lo dejó ir. En realidad, querı́a llevarlo de
vuelta al castillo, pero parecı́a tener madre, ası́ que no podı́a ir tan lejos.
¿Ya tienes la pierna completamente curada? Mmm, se ve bien. ¿Pero
qué haces aquı́?
Despué s de separarse del cachorro reunido como si se separara de un
miembro de la familia, Rensley, que lo acariciaba cá lidamente, inclinó la
cabeza un momento despué s.
El lugar donde se encontró por primera vez con el lobo estaba en el
bosque junto al castillo de Roudken. Dado que habı́a viajado una gran
distancia en carruaje desde el castillo, estaba lejos de allı́. Incluso si el
bosque estuviera conectado como uno solo, parecı́a extrañ o que un
lobo joven hubiera llegado tan lejos.
¿Te perdiste? ¿O se mudó toda la manada aquı́?
Guau, guau, guau. Lo entendiera o no, el perro seguı́a ladrando como si
quisiera decir algo. Rensley se levantó con el perro aú n en brazos. Sin
embargo, el cachorro, lejos de quedarse quieto, giró el cuerpo.
“¿Quieres bajar?”
Al bajarlo con cuidado, el perro meneó la cola con satisfacció n,
gimiendo. Miró a Rensley como invitá ndolo a seguirlo, luego se giró y
caminó unos pasos. Cuando Rensley dio unos pasos y se detuvo, el
perro se dio la vuelta, ladró de nuevo y meneó la cola. Era un mensaje
claro para que lo siguiera.
Rensley rió entre dientes. Gracias a la repentina compañ ı́a, su miedo
habı́a desaparecido por completo. Si la manada se hubiera movido
junta, conocerı́an los senderos del bosque mucho mejor que é l, y
seguirlos sin preocupaciones signi icaba que la probabilidad de que
aparecieran bestias o monstruos peligrosos en esa zona era baja.
Claro que no se podı́a con iar ciegamente. El primer dı́a que se
conocieron, era evidente que la apariencia de quien se topó con un
monstruo mientras jugaba solo, separado de la manada, era distintiva.
En cualquier caso, considerando que serı́a mucho má s seguro que vagar
solo, Rensley no dudó y siguió al lobo sin má s demora.
Bajando la guardia, el paisaje del bosque, que hasta hacı́a un rato le
habı́a resultado aterrador, ahora revelaba su majestuosa belleza.
Aunque aú n estaba oscuro, la oscuridad total, como cuando entró por
primera vez, se habı́a disipado un poco.
A diferencia de los bosques de Cornia, no habı́a sol radiante ni el canto
de los pá jaros, pero el sonido de la nieve cayendo de las ramas de los
á rboles y las pisadas de los pequeñ os animales que vivı́an en las
regiones frı́as, caminando por el suelo y los á rboles, ocasionalmente,
hacı́an cosquillas en los oı́dos. Ası́ como la tierra desolada de Aldrant,
supuestamente habitada, resultó ser un paı́s comú n y corriente, este
bosque no era solo un espacio aterrador.
¿Cuá nto habı́an caminado? El sonido del agua luyendo se acercaba.
Rensley, siguiendo al perro sin detenerse, continuó avanzando.
"Guau…."
Rensley exclamó involuntariamente ante el paisaje que apareció poco
despué s. En lo profundo del bosque luı́a un rı́o bastante caudaloso.
No sabı́a si era parte del Rı́o Plateado que habı́a mencionado el Duque
Gezell. Aú n no habı́a su iciente luz para ver el agua con claridad, pero la
escala era perceptible incluso con la vista borrosa. A juzgar por el
sonido de la corriente, era bastante rá pida.
Al oı́r el sonido del agua, el corazó n de Rensley se tranquilizó . Sin
embargo... Rensley sonrió mientras miraba al lobo que estaba a su lado.
-No podemos cruzar por aquı́ ¿verdad?
El rı́o luı́a bajo un acantilado que parecı́a tallado. No habı́a ni puente ni
transbordador al alcance de la vista. Si fuera un dı́a soleado, podrı́a
intentar encontrar una manera de descender por el acantilado, pero
ahora seguı́a oscuro y, a juzgar por el sonido del agua, no habı́a ningú n
lugar adecuado para cruzar a nado.
«Si hubiera andado solo por aquı́, quizá no habrı́a visto bien el camino y
habrı́a caı́do al dar pasos en vano…»
Cuando el pensamiento llegó tan lejos, un escalofrı́o le recorrió la
columna.
¡Guau! El lobo volvió a ladrar. El lobo que habı́a estado meneando la
cola siguió ladrando y de repente saltó por debajo del acantilado.
Sorprendido, Rensley extendió la mano para agarrar al lobo.
“¡Hola amigo!”
Pero fue demasiado tarde. Con un intento inú til y un giro de cuerpo,
evitó por poco caerse del acantilado. Por un instante, el terror a la
muerte inundó todo el cuerpo de Rensley. ¡Uf, uf! Rensley respiró
hondo, parpadeando.
Pero antes de que el miedo pudiera apoderarse de é l por completo, esta
vez una visió n irreal apareció ante sus ojos.
Ciertamente, el cachorro que saltó del acantilado no cayó abajo.
De initivamente saltó del acantilado, pero...
“…¿Por casualidad eres un monstruo?”
Rensley murmuró aturdido. El cachorro estaba de pie en el aire, má s
allá del acantilado. Por mucho que parpadeara y se frotara los ojos, la
increı́ble escena onı́rica no desapareció .
Lo miraras como lo miraras, el cachorro era solo un cachorro, no un
pá jaro ni un monstruo. Era un lobo sin alas que lotaba
despreocupadamente en el aire entre acantilados, como si estuviera en
tierra irme.
¿Será que me caı́ del acantilado y ya estoy muerto? ¿Acaso estoy viendo
algo absurdo bajo la in luencia de un monstruo del bosque?
Le pareció extrañ o que se hubiera encontrado casualmente con el lobo
de aquel dı́a. ¿Y si no era un cachorro, sino un monstruo que intentaba
llevá rselo a otro mundo?
De repente, Rensley se sintió inquieto y retrocedió un paso. En ese
momento, el lobo ladró con má s fervor, corriendo de un lado a otro sin
moverse del sitio.
¿Me está s pidiendo que te siga? ¿Me está s diciendo que me tire del
precipicio?
Despué s de dudar un momento, Rensley soltó las riendas que sostenı́a
como si fueran un salvavidas.
Qué date aquı́. Dé jame ir primero.
Decidido, Rensley montó en su burro y se paró frente al acantilado con
el ceñ o fruncido. Aunque caminara con seguridad, podrı́a oı́r elogios
por su valentı́a, pero no habı́a espectadores que lo vitorearan, y aun ası́
daba miedo.
Rensley se sentó en el borde del acantilado, pegando las nalgas.
Extendió la pierna desde el acantilado y pateó al aire.
"Eh…?"
Una oleada de desconcierto se extendió por el rostro de Rensley, y su
ceñ o fruncido se contrajo. Levantá ndose lentamente, se puso de pie y
extendió el pie izquierdo.
Aunque podı́a ver el espacio abierto, sentı́a el suelo bajo sus pies.
Rensley abrió mucho los ojos. Parecı́a como si hubiera un cristal
transparente bajo el acantilado.
Uf. Pero el miedo no desapareció del todo. Con gemidos, Rensley
arrastró su pie derecho casi desesperadamente y logró levantarlo del
acantilado. Finalmente, con ambas piernas en el aire, el surco
desapareció de su frente.
Al igual que el cachorro hacı́a un rato, intentó dar un paso sin moverse.
Rensley lotaba en el aire, pero bajo sus pies, se mantenı́a estable y sin
temblores. Incluso en la situació n actual, donde podrı́a estar muerto o
viendo algo absurdo, la curiosidad y el asombro superaron la ansiedad
y el miedo.
Tirando de las riendas, el burro, al ver que el lobo y la persona iban
delante, afortunadamente siguió a Rensley sin mucha resistencia.
Convencido de que el lobo lo seguı́a, el can aceleró y se adelantó .
¿Cuá nto tiempo habı́an caminado? De repente, un sol radiante bañ ó el
rostro de Rensley mientras seguı́a al cachorro. Los ojos morados, que
antes estaban teñ idos de azul, recuperaron su color original y
temblaron con transparencia ante el paisaje recié n descubierto.
"Qué está sucediendo…?"
¿De verdad habı́a venido a otro mundo? Rensley no podı́a callarse y
miró lentamente a su alrededor. Todo a su alrededor habı́a cambiado
por completo.
El oscuro y frı́o bosque invernal desapareció , reemplazado por un cielo
azul con nubes ligeras y una cá lida luz solar, que dio la bienvenida a
Rensley. Hojas hinchadas con un tinte azul y lores fragantes de
diversos colores, que no eran plantas de Aldrant, colgaban exuberantes
entre los campos de hierba suave y rala, y pequeñ os animales como
conejos y ardillas vagaban pacı́ icamente.
Una brisa suave y tenue le acarició el rostro como un velo. El alegre
canto de los pá jaros resonó como el tintineo de las campanas. Rensley
se quitó el grueso sombrero y se a lojó la bufanda. El frı́o, que parecı́a
haberse evaporado por completo, desapareció , y solo el aire cá lido
envolvió su cuerpo.
Un pá jaro que habı́a estado piando voló hasta el hombro de Rensley. No
parecı́a recelar de los humanos. Olvidando temporalmente su
confusió n, Rensley extendió la mano en silencio. El pá jaro, de hermosas
plumas iridiscentes, saltó a la mano de Rensley y le picó los dedos con
su pequeñ o pico. El cosquilleo en la punta del pico apenas abierto lo
hizo reı́r.
[Tú eres el humano que ayudó a mi hijo.]
Una resonancia ú nica de una voz resonó en ese momento.
[Te doy la bienvenida a mi bosque.]
Sin poder responder, una sombra tan grande como una nube pasajera
cubrió el rostro de Rensley. Era enorme. La ú nica forma de expresarlo
era que era gigantesco. Un lobo blanco, varias decenas de veces má s
grande que el cachorro, sobresalı́a como un libro desplegable, mirando
a Rensley.
Cap. 10.4 - Profecía ominosa
—Su Gracia, no puede seguir adelante desde aquı́ —la voz del lı́der del
grupo de bú squeda detuvo a Gezell. Hacı́a mucho tiempo que no llegaba
tan lejos del castillo antes de la llegada de la primavera. Gezell
escudriñ ó la oscura extensió n, como si midiera con la mirada lı́mites
inexistentes.
Aunque querı́a asegurar un alcance mayor para localizar a Rensley
Maelrosen, era improbable que superara la distancia de sus
movimientos. Si se hubiera separado del comerciante en las llanuras,
Rensley seguirı́a viajando por tierra.
Gezell, montado en su caballo, abrió un medalló n que colgaba de su
cuello. Lo que emergió fue un ino mechó n de cabello dorado. En medio
de la noche, el capitá n hechicero, que cabalgaba junto a Gezell, bajó la
voz al comprender sus intenciones.
—Su Gracia, incluso usar un pequeñ o hechizo que involucre una parte
del cuerpo como conducto es cercano a la magia oscura y es peligroso.
“Es una emergencia, ası́ que no tenemos otra opció n, aunque sea
arriesgada”.
Mientras Gezell recitaba el conjuro, el mechó n de cabello lotaba sobre
su palma como una brú jula, girando lentamente. Una vez que el cabello,
que antes se balanceaba, se detuvo y se estabilizó , Gezell miró en una
direcció n especı́ ica. Las oscuras sombras de un gran bosque
aparecieron ante su vista, y una leve sonrisa se dibujó en su sereno
rostro.
Rensley se habı́a adentrado en el bosque de noche, sufriendo algunos
contratiempos. Fue despué s de recibir informació n sobre los peligros.
¿Se adentrarı́a en el oscuro bosque a pie esta vez?
Sin embargo, Gezell con iaba má s en los resultados de la magia que en
sus propios cá lculos. Desde el principio, Rensley Maelrosen no era una
persona fá cil de predecir.
Por suerte, parecı́a que Rensley no se habı́a alejado demasiado. La
energı́a má gica proporcionaba una estimació n bastante precisa del
paradero del buscador. Gezell, sabiamente, se habı́a alejado lo má s
posible del castillo para activar la magia. Aunque los senderos que se
adentraban en el bosque estaban dispersos, no fue difı́cil localizar por
dó nde habı́a entrado Rensley.
Parece que ha entrado en el bosque. Dispé rsense y busquen. No será
fá cil encontrar a nadie en la espesura del bosque.
"Comprendido."
Aunque parecı́a algo inusual que el grupo de bú squeda real, incluido el
propio duque, buscara personalmente a un escudero, nadie cuestionó
los motivos. Podrı́an especular que Rensley Maelrosen se habı́a
encontrado con un incidente signi icativo o habı́a recibido una petició n
especı́ ica del duque.
Mientras el grupo de bú squeda comenzaba a investigar el bosque,
Gezell tambié n entró . Las antorchas que sostenı́an los miembros y la luz
má gica que emitı́a el propio Gezell iluminaban el oscuro bosque con la
misma luminosidad que la luz del dı́a.
Hay huellas. Parece que no ha pasado mucho tiempo desde que alguien
pasó por aquı́.
Ante las palabras del soldado que lo precedı́a, Gezell desmontó y
examinó cuidadosamente las huellas en el suelo. Nunca habı́a
aprendido a rastrear, pero podı́a estar seguro. ¿Quié n se aventurarı́a a
vagar por un bosque oscuro a estas horas?
Ademá s de las huellas de los cascos, el tamañ o de las pisadas en el
suelo era casi idé ntico al de los pies que Gezell veı́a a diario. A pesar de
su habitual calma, le costaba controlar los latidos de su corazó n en ese
momento.
Recibir noticias como esta antes del amanecer, escapando del castillo en
secreto. ¿Era necesario correr semejante riesgo solo porque querı́a
pasar desapercibido?
Encontrarlo en ese estado podrı́a hacer que Gezell expresara su ira sin
querer. Las emociones abrumadoras que luı́an y se desbordaban le
resultaban desconocidas, lo que las hacı́a difı́ciles de controlar. Gezell
continuó caminando, intentando reprimir el creciente resentimiento.
Las huellas de Rensley se extendı́an casi en lı́nea recta por el sendero
forestal. No parecı́a haber intenció n de evitar ser rastreado. Tras
caminar un rato, quienes seguı́an las huellas empezaron a oı́r un sonido
diferente. Era el sonido del agua.
“Su Gracia…”
El soldado que caminaba delante se giró con expresió n perpleja. Habı́a
llamado al Duque, pero aun ası́, no recibió ninguna respuesta suya.
Gezell tambié n miró al frente sin pronunciar palabra.
El ancho rı́o, imposible de cruzar sin una barca, luı́a rá pidamente con
fuertes corrientes.
Mirando al frente en silencio, Gezell desmontó de su caballo. La luz
iluminó el suelo y las huellas que dejaba en é l. Las huellas consecutivas
conducı́an directamente al borde de un acantilado, detenié ndose
bruscamente, dejando la direcció n incierta.
Mientras tanto, el mechó n dorado de cabello que aú n sostenı́a en la
mano seguı́a señ alando una sola direcció n, impulsá ndolo hacia
adelante. Gezell, observando alternativamente el rı́o caudaloso y el
cabello de su palma, extendió el brazo. Una voz grave, hablando en un
idioma incomprensible para la gente comú n, emanaba una luz azul
como humo de las yemas de sus dedos.
¡Pum! El aire reverberó como si se hubiera disparado un cañ ó n. Ondas
invisibles emanaron de las yemas de los dedos de Gezell, formando un
gran cı́rculo que se extendió por los alrededores en un instante.
El suelo tembló como si hubiera ocurrido un terremoto, y las conı́feras
del bosque agitaron sus ramas, produciendo el sonido del viento. Los
que estaban cerca sintieron una extrañ a sensació n, como si una
corriente de aire invisible les atravesara el cuerpo. Gezell, quien habı́a
estado esperando en silencio los resultados, habló .
No se detectan otros dispositivos ni magia. Larcof, ¿podrı́as intentar
buscar?
Esta vez, Larcof levantó su bastó n. Recitando un hechizo y agitá ndolo
en todas direcciones, examinó detenidamente si habı́a alguna magia
invisible cerca. Sin embargo, fue breve. Finalmente, al bajarlo, su
expresió n no era nada refrescante.
“Yo tampoco pude encontrar nada.”
Larcof miró el ino cabello dorado que rodeaba el dedo de Gezell y
suspiró . Le susurró a Gezell, asegurá ndose de que nadie má s pudiera
oı́rlo.
Su Gracia, la magia de rastreo que utiliza una parte del cuerpo funciona
rastreando el cuerpo mismo, no las respuestas vitales. Ası́ que…
"¿Qué está s tratando de decir?"
La voz de Gezell, interrumpiendo las palabras de Larcof, era gé lida. Su
mirada estaba llena de hostilidad. Ni siquiera un mago experto y
respetado por el rey pudo seguir hablando y cerró la boca.
Con una atmó sfera que habı́a comenzado a envolverlo, creando una
atmó sfera escalofriante en lugar de frı́a, Gezell, que ahora miraba hacia
adelante, fue abordado por el lı́der del grupo de bú squeda, que habı́a
estado observando debajo del acantilado con una expresió n
preocupada.
Serı́a mejor realizar una bú squeda má s detallada cuando aclare, pero
no parece haber otro camino que lleve por debajo del acantilado en los
alrededores. Por el momento, está demasiado oscuro para darse cuenta
de que es un acantilado, y lo má s probable es que se resbale y caiga.
Deberı́amos revisar por debajo del acantilado por ahora. Sin embargo,
como todavı́a es invierno, entrar al rı́o podrı́a ser...
Interrumpiendo al lı́der del grupo de bú squeda, que estaba intentando
calmar la ira que aumentaba momentá neamente, Gezell ordenó .
Alguien tan á gil como é l no se habrı́a caı́do al rı́o. Registra a fondo los
alrededores y, si encuentras algo inusual o si lo descubren, repó rtalo de
inmediato. Larcof, qué date aquı́. Si el grupo de bú squeda necesita ayuda
má gica, é chale una mano. Tambié n tenı́as una buena relació n con Sir
Maelrosen; podrı́as ayudar.
"Comprendido."
Como sugeriste, la magia opera rastreando el cuerpo. Si se hubiera
caı́do al agua, no habrı́a indicado esta direcció n. Debe estar cerca. Te lo
confı́o.
Tras dar las ó rdenes, Gezell volvió a montar. Cuando los cascos del
caballo tocaron el suelo y empezó a moverse con rapidez, su larga
cabellera ondeó como una bandera negra.
Autor de novelas originales y traductor de novelas coreanas (⑅˘͈ ᵕ ˘͈ )
Sié ntete libre de compartir tus pensamientos en los comentarios, ya sea
que se relacionen con mis proyectos de traducció n o mis obras
originales; tus comentarios son muy apreciados y brindan un aliento
reconfortante (⁄ ⁄•⁄ω⁄•⁄ ⁄)
Cap. 10.5 - Profecía ominosa
Para cuando regresaron al castillo, el sol ya habı́a salido por completo.
Dado que el prolongado banquete tuvo lugar justo antes de un dı́a
festivo o icial, no habı́a deberes ni rutinas formales programadas para
hoy.
Aunque desconocı́an los detalles, aquellos cortesanos de alto rango que
presentı́an que algo habı́a sucedido, incluida Lady Samlet, lo siguieron
con expresiones ansiosas.
“Reú ne a todos los cortesanos dentro del castillo”.
Habı́a conseguido obtener algunos mechones de cabello con facilidad,
pero la partida fue precipitada y aú n no se habı́a realizado una
investigació n exhaustiva. Registrar el lugar donde se habı́a alojado
podrı́a revelar algunas pistas.
Fue una situació n totalmente inesperada, pero era evidente que esta
desaparició n no fue una decisió n impulsiva ni repentina. Todo, desde la
peluca y el cojı́n tirados en la cama como engañ o hasta la nota dejada
en el alfé izar de la ventana del invernadero, insinuaba una acció n bien
planeada.
Si hubiera decidido irse en secreto, se habrı́a preparado con antelació n,
y sin duda habrı́an quedado rastros. Aunque Gezell no habı́a pasado
mucho tiempo desde que supo de é l, Rensley Maelrosen, conocido hasta
entonces, no era meticuloso ni minucioso en comparació n con sus
acciones contundentes. Gezell llamó a Lady Samlet discretamente.
Registrad a fondo todo el castillo, centrá ndoos en las habitaciones del
segundo piso de Sir Maelrosen y la Gran Duquesa. Trá eme lo que
encontré is.
—Su Gracia, ¿le ha pasado algo a Sir Rensley?
Explicaré las razones má s tarde. Por ahora, instruye a los cortesanos.
Despué s del banquete, infó rmales que la Gran Duquesa ha trasladado
su dormitorio al exterior por motivos de salud.
"Comprendido."
Samlet huyó a toda prisa, y Gezell re lexionó sobre su siguiente paso.
Primero, necesitaba investigar a la gente que lo rodeaba. Podrı́a haber
uno o dos individuos que compartieran el plan. Podrı́an ser miembros
de los Caballeros, o quizá s los trabajadores del castillo o la gente de la
taberna exterior.
Tambié n era necesario explorar lugares como la sala comú n y los
campos de entrenamiento de los Caballeros. Esta tarea se
encomendarı́a a Anton, el Caballero Comandante. No querı́a involucrar
a la Orden de Caballeros en la bú squeda, pero tambié n aprobaba
tá citamente las razones del incidente. Tal cooperació n tambié n podrı́a
ser necesaria para é l. Y…
A pesar de los sirvientes, ocupados desde temprano con las
consecuencias de la bomba, Gezell avanzó , dejando atrá s el caos.
Caminó hacia el pasillo que conducı́a al patio trasero, que, incluso a esa
hora, permanecı́a en silencio. Al salir, la luz del sol, recié n naciente,
iluminó delicadamente la parte superior del invernadero.
Con la mirada perdida en los deslumbrantes re lejos dorados del cristal,
Gezell entró . Dado que habı́a descubierto una nota de Rensley dentro,
podrı́a haber otras pistas. Querı́a investigar personalmente el
invernadero sin con iarlo a nadie má s.
Crujido. Al abrir la puerta y entrar, el bullicio exterior pareció
desaparecer. En cambio, una calidez cá lida, clara y vibrante, como una
sonrisa, recibió a Gezell.
“Su Gracia, ¿ha venido?”
La voz familiar y animada pareció resonar en sus oı́dos. Gezell
permaneció inmó vil, esperando a que la premonició n se hiciera
realidad. Casi podı́a imaginar la igura del hombre acercá ndose con
expresió n de vergü enza, alegando que era solo una broma, que querı́a
disfrutar brevemente del exterior del castillo antes de que terminara el
banquete.
Sin embargo, el invernadero permaneció inquietantemente silencioso,
como si se burlara de la anticipació n de Gezell. Contuvo el aliento y dio
un paso adelante.
Las plantas, que emanaban un aroma natural, parecı́an indiferentes a
las preocupaciones de su dueñ a y parecı́an haber crecido un centı́metro
má s hoy. Los tomates en el alfé izar de la ventana permanecieron
intactos, tal como estaban. Gezell observó atentamente la fruta madura
por un momento antes de inspeccionar cuidadosamente la zona cerca
del estante con la regadera.
Primero examinó el lugar donde habı́a estado la nota, pero no habı́a
rastro de ningú n objeto especial. Se agachó para inspeccionar el suelo y
las paredes, y luego pasó a otro expositor. Entre algunos objetos
diversos se habı́an acumulado muebles que organizaban
cuidadosamente herramientas agrı́colas bá sicas, como macetas,
plantones y una hoz.
Un libro con pá ginas marcadas como si ya lo hubiera leı́do, pero que
parecı́a diferente de la ú ltima y emocionante historia de ladrones que
habı́a descrito. Una media galleta seca caı́da con fruta olvidada. Un
bolı́grafo, tinta, lá piz y algunas pá ginas en blanco... Todos eran objetos
aleatorios que no ayudaban mucho a comprender la situació n.
Sin embargo, cuando Gezell vio un par de zapatos abandonados, su
expresió n re lejó una renovada contemplació n. Eran las botas de cuero
que Rensley usaba con frecuencia.
Aunque Aldrant sufrı́a fuertes nevadas y frecuentes heladas, lo que
obligaba a la mayorı́a de la gente a usar botas con tacos metá licos para
actividades al aire libre, dentro del castillo, los zapatos de cuero o tela
gruesa eran su icientes para los habitantes. Rensley parecı́a haberse
cambiado de zapatos allı́. El hecho de que dejara la nota debajo de la
regadera y todas las demá s señ ales indicaban que el invernadero le
servı́a de base.
«Este invernadero no fue diseñ ado para este propó sito…»
Gezell sintió un sabor amargo en la boca cuando se puso de pie.
Aú n no podı́a saber nada. Si se trataba de una acció n plani icada,
Rensley podrı́a haber trazado cuidadosamente su ruta antes de partir, o
tal vez, incluso dejar sus huellas al borde del acantilado podrı́a ser
parte de la operació n. Rensley Maelrosen era una persona astuta. Si no
hubiera usado magia de rastreo, Gezell no habrı́a pensado que se
adentrarı́a en el bosque.
«Pero si realmente es el inal…»
Si estas siniestras especulaciones fueran ciertas…
Cerró los ojos con fuerza ante las horribles palabras que surgieron
inesperadamente en su mente. Tocá ndose la frente con las yemas de los
dedos, Gezell miró hacia la tierra marró n oscura donde crecı́an varias
plantas.
No, eso no puede ser. La gente puede engañ ar a otros, pero la magia no
miente. Rensley Maelrosen debe seguir escondido en el bosque. Tiene
que ser ası́.
Con una respiració n profunda y silenciosa, como si enterrara su
ansiedad debajo del pecho, Gezell sacó la nota que habı́a colocado en el
bolsillo delantero.
La vivaz caligrafı́a de Rensley Maelrosen era sorprendentemente pulcra.
Aunque habı́a mencionado que su educació n como miembro de la
realeza era de iciente, su caligrafı́a no se diferenciaba mucho de la de
un noble culto. Parecı́a escrita con cierta precipitació n, con algunas
letras al inal que parecı́an volar o salpicar tinta, pero nada má s.
Examinó la nota como si buscara có digos ocultos o acertijos, pero no
encontró nada. Dobló el papel con cuidado y lo guardó en el bolsillo
delantero. Nada se resolvió , ni se encontraron pistas. Solo las preguntas
crecieron como enredaderas enmarañ adas.
Si hubiera pensado que era el inal, ¿no habrı́a dejado algo má s que
estas lı́neas de escritura lú dicas?
Si tenı́a intenció n de irse con la idea de no regresar, ¿no deberı́a haber
explicado má s?
Desde que se dio cuenta de la desaparició n de Rensley, Gezell habı́a
intentado indagar en sus pensamientos, pero permanecı́an en la má s
completa oscuridad. Sentı́a como si se hubiera topado con un problema
irresoluble por primera vez en su vida.
Le rogó que no se fuera, diciendo que no querı́a que se fuera. Le
prometió que le concederı́a cualquier cosa si Rensley lo deseaba y que
podrı́a viajar a donde quisiera. Estarı́a satisfecho con su regreso.
El tambié n respondió que harı́a lo mismo. Desde entonces, nadie le
habı́a pedido que se fuera ni le habı́an rogado que lo dejara ir. Era un
hombre que a menudo regañ aba má s que los molestos asistentes.
Hablando con indiferencia sobre su pró ximo matrimonio y
preguntá ndole con quié n planeaba casarse, bromeó con Gezell,
diciendo que incluso é l, nacido ilegı́timo, con su limitada educació n
como miembro de la realeza, podrı́a conocer gente nueva, enamorarse y
casarse algú n dı́a. Incluso bromeó con Gezell dicié ndole que serı́a é l
quien le presentara a la alegre recié n casada.
Sin embargo, nunca dijo lo que realmente querı́a.
'Te amo…'
Dejando estas palabras, desapareció esa noche. ¿Por qué , exactamente?
—Su Excelencia, soy Samlet. ¿Puedo pasar?
Mientras permanecı́a inmó vil, absorto en sus pensamientos, Gezell oyó
que llamaban a la puerta. Solo entonces volvió a la realidad y respondió
en voz baja: «Pase».
Samlet entró con cautela, y Gezell examinó su expresió n en busca de
alguna novedad. Su expresió n no era precisamente alegre, ni siquiera
en broma. La esperanzada anticipació n de Gezell, aunque no por pistas
signi icativas, se inclinaba hacia noticias má s optimistas, y el miedo
comenzaba a crecer en su corazó n.
“¿Has encontrado algo?”
“No pude encontrar nada especial, pero esto…”
Samlet extendió ambas manos, revelando un objeto oculto tras unas
mangas anchas y gruesas. Era un cuaderno comú n con tapa de cuero,
presente en todas las habitaciones del Gran Castillo.
Los conserjes que limpiaban el saló n de banquetes lo encontraron
cuando estaban a punto de tirarlo. Se ijaron en é l, y parecı́a ser una de
las pertenencias de Rensley.
“…Es realmente suyo.”
Tras hojear unas cuantas pá ginas, Gezell asintió . Las pá ginas con
bocetos de Cornia y garabatos triviales le resultaban familiares. Samlet
suspiró y dio má s explicaciones.
Me pareció extrañ o que hubieran dejado un cuaderno en el saló n de
banquetes, ası́ que lo revisé ... No leı́ el contenido. Con solo mirar la
primera pá gina, supe que lo habı́a escrito Rensley. Su Gracia, ¿le pasa
algo a Rensley?
¿Puedes darme un momento a solas? Por favor, espera un poco má s
para una explicació n.
"Comprendido."
Aunque Samlet habı́a estado meticulosamente a su lado, se retiró sin
formalidad alguna, con el rostro lleno de preocupació n. Al verla salir del
invernadero y regresar a la torre principal, Gezell se sentó en la silla
junto al estante.
Traicionó la esperanza de encontrar un plan para abandonar el castillo
o un camino escrito tras su partida. El cuaderno estaba lleno de
pensamientos aleatorios que le venı́an a la mente en distintos
momentos: garabatos, breves impresiones del libro que estaba leyendo,
recetas de cocina y dibujos caprichosos a lá piz. Gezell examinó
cuidadosamente cada pá gina, sin querer perderse ni la má s mı́nima
pista.
Habı́a varios pasajes que podrı́an provocar risa, pero la expresió n de
Gezell se mantuvo seria. Mientras pasaba las pá ginas a un ritmo
constante, su mirada y sus manos se detuvieron repentinamente al
llegar a la mitad del cuaderno.
Una pá gina entera estaba llena de dibujos a lá piz. A diferencia de los
bocetos que representaban principalmente paisajes, bodegones y
personas, esta pá gina presentaba animales, como un oso negro con una
gran corona, en un estilo ú nico.
No criamos osos en el castillo. De hecho, encontrarse con uno al vagar
por el bosque o las montañ as se considera uno de los desastres que la
gente de Aldrant má s quiere evitar.
—Un oso. ¿Por qué Lord Maelrosen dibujarı́a semejante imagen?
Frunciendo el ceñ o, leyó el nombre escrito bajo el dibujo y abrió un
poco los ojos. Tras leerlo varias veces, elegantemente escrito con una
caligrafı́a so isticada que incluso incluı́a los adornos de la bandera del
Gran Duque, resultó ser el nombre de Gezell Jivendad.
Gezell observaba atentamente el dibujo. Aunque habı́a leı́do algunos
libros sobre arte y dibujo, estos solo explicaban el signi icado de las
obras de artistas famosos. Nunca habı́a leı́do un libro que enseñ ara a
interpretar garabatos hechos por gente comú n.
Por un momento, las arrugas del entrecejo de Gezell desaparecieron
gradualmente mientras observaba el dibujo. Sin embargo, su expresió n
se volvió aú n má s sombrı́a.
Incluso si intentara interpretarlo positivamente, un oso era
simplemente una bestia depredadora que amenazaba la vida de las
personas. Incluso capturado, tenı́a poco valor, ya que ni su carne ni su
piel eran valiosas y solo circulaban entre la gente comú n y corriente. La
gente tenı́a tanto miedo de encontrarse con osos que intentaban
evitarlo como cualquier otro desastre.
Era difı́cil determinar la razó n exacta, pero en algú n momento, Rensley
Maelrosen pareció percibirse como inú til y amenazante. Quizá s el
problema residı́a en la irmeza con la que Gezell se habı́a negado
cuando Rensley expresó por primera vez su deseo de abandonar
Roudken. Si Rensley hubiera temido volverse tan depredador como un
oso, y hubiera abandonado el castillo discretamente sin una segunda
solicitud, la situació n no habrı́a sido tan difı́cil de comprender.
Como si eludiera la conclusió n, pasó a la pá gina siguiente. Tras varias
pá ginas de bromas similares y hojas en blanco, esta vez apareció una
pá gina diferente.
Gezell acercó el cuaderno un poco má s y examinó la escritura. Aunque
habı́a mucho escrito, era difı́cil reconocerlo. Estaba todo cubierto de
gruesas lı́neas negras que borraban el extenso texto.
Renunciando a comprender cada cará cter individual, Gezell hojeó las
pá ginas siguientes. Desde las pá ginas borradas, cada pá gina era similar.
Se habı́a escrito algo largo, solo para ser borrado por completo. La
meticulosidad de la escritura y el nerviosismo que se percibı́a en las
lı́neas borradas daban una idea del estado de á nimo irritable de
Rensley Maelrosen. Antes de borrar, se podı́a inferir que la escritura
estaba muy bien elaborada.
Gezell jaló la mesa improvisada que habı́an colocado a cierta distancia.
Desplegó el cuaderno sobre la mesa, que habı́a estado sosteniendo
hasta entonces, y apoyó la barbilla en los dedos.
Leer la escritura borrada desordenadamente e intentar deducir el
contenido le llevarı́a tiempo. Aunque le costaba concentrarse con la
ansiedad, no podı́a cambiar la situació n solo con impaciencia, ası́ que
debı́a tener cuidado.
Cap. 10.6 - Profecía ominosa
Anton Sorel, al frente de algunos caballeros e investigando los campos
de entrenamiento y las á reas de descanso, dejó escapar un suspiro de
cansancio. A pesar de intentar no arrepentirse de su decisió n, al
amanecer, no pudo evitar culparse por sus acciones de la noche
anterior.
Fue un error inconfundible e irreparable. La noche del gran banquete
festivo, escondido tras un carruaje destartalado, habı́a observado la
mirada acusadora como si buscara un salvavidas, como un pecador
escondido en las sombras. No deberı́a haber emitido un juicio tan
precipitado, pero habı́a caı́do en la trampa de la impulsividad.
No pudimos encontrar ninguna pista especı́ ica. Solo cosas como estas…
Como era de esperar, dentro de la orden de caballeros, Rensley
Maelrosen no habı́a dejado nada signi icativo. En el maletero personal
del campo de entrenamiento, solo habı́a algunas insignias, ropa de
repuesto y una piedra de a ilar.
Comandante, ¿le pasa algo a Ren? Se rumoreaba que se topó con un
monstruo en el bosque y no pudo regresar. ¿Es cierto?
Los rumores se extendieron má s rá pido que la luz. La atmó sfera
siniestra, de origen desconocido, parecı́a haberse extendido ya. Anton
apretó la mandı́bula, con el rostro rı́gido.
“No hables como la plebeya.”
"Pido disculpas."
Aunque los subordinados rá pidamente bajaron la cabeza, Anton sabı́a
que la razó n por la que se volvió sensible no era por ellos.
Informaré a Su Gracia y volveré . Investigue si Rensley dejó algú n otro
mensaje para los demá s miembros.
"Comprendido."
En cuanto Gezell regresó , se con inó en el invernadero. Hacı́a un rato,
Lady Samlet habı́a llegado con expresió n melancó lica, pidié ndole que le
transmitiera el mensaje al Comandante para que viniera a verla, ya que
Su Gracia no habı́a comido ni salido, mostrando signos de angustia.
¿Podrı́a alguien como una forastera torpe, sin las habilidades de una
dama de compañ ı́a con experiencia prá ctica, calmar a la gente? Anton
llamó a la puerta con dolor de cabeza.
—Su Gracia, soy Anton. Vine a informarle, ya que parecı́a estar
esperando.
La voz de aceptació n llegó desde el otro lado de la puerta de cristal.
Anton abrió la puerta con cautela. Aunque habı́a pasado má s de medio
dı́a desde el regreso del Gran Duque, y el breve dı́a de Aldrant ya se
habı́a inclinado hacia el oeste, el invernadero, repleto de luz, aú n
brillaba. Anton se tomó un momento para respirar con el aroma
desconocido de tierra fé rtil y hierba. Solo habı́a estado allı́ un par de
veces, pero se sentı́a como un espacio extrañ o, como si alguien hubiera
desprendido una parte de otro mundo y la hubiera colocado allı́.
Aunque Anton habı́a entrado, Gezell simplemente lo miró fugazmente,
como si la mirada se le escapara un instante, para luego desviarla de
inmediato hacia la mesa. Má s que un invernadero donde se cultivaban
cultivos, parecı́a la apariencia de un rey comú n en una biblioteca o un
laboratorio, desconocido y distante.
Si habı́a una diferencia con lo habitual, era que, en lugar de una
curiosidad silenciosa en su rostro, habı́a algo oscuro, como una antigua
telarañ a de desesperació n, entrelazada. Sin embargo, Anton tenı́a que
sacar a colació n un tema difı́cil.
Disculpe, pero no se encontraron pistas especiales en los campos de
entrenamiento de la orden de caballeros ni en otros lugares. Hemos
ordenado que investiguen a todos los miembros restantes, ası́ que si
espera un poco má s, podrı́a haber otra pista.
El silencio llenó la habitació n.
El rey, que solı́a dar ó rdenes mecá nicamente, con rapidez y decisió n, no
parecı́a prestar mucha atenció n a las palabras de Anton hoy. Anton alzó
un poco la voz.
Su Gracia, entiendo que debe estar incó modo, pero necesita proteger su
bienestar. Por ahora, por favor, regrese a la torre...
¿De verdad se cayó del acantilado?
La voz de Gezell, que habı́a bajado repentinamente, lo interrumpió
inesperadamente. Anton cerró la boca con irmeza y asintió . Negar la
muerte de Rensley Maelrosen no solo buscaba consolar al gobernante.
Aú n no podemos estar seguros. Agentes especializados está n
realizando una bú squeda. No se ha encontrado ningú n cuerpo, ni
siquiera una sola prenda de ropa o pertenencia personal. Por favor, no
saquen conclusiones precipitadas y esperen pacientemente.
Solo entonces apareció ante la vista de Anton un cuaderno extendido
sobre la mesa. La portada, dibujada con trazo irme, parecı́a bastante
caó tica a primera vista, pues cubrı́a el contenido escrito.
Gezell levantó la cabeza y miró ijamente a Anton. Sin querer, Anton se
aclaró la garganta, tragá ndose la sorpresa.
Durante los ú ltimos añ os, Anton, uno de los má s cercanos al rey, no
exageraba. El duque Gezell tenı́a una expresió n en el rostro que nunca
antes habı́a visto.
No, el té rmino "expresió n" no era apropiado. Parecı́a que no pensaba en
absoluto en las emociones que su rostro pudiera revelar.
El ambiente era tan tenso que parecı́a casi marchito. La voz profunda de
Gezell, tranquila pero autoritaria, y sus ojos que no delataban deseo:
todos estos elementos no solo eran rasgos naturales de Gezell Jivendad,
sino tambié n fruto de su educació n y crianza como duque.
Una torre de piezas que habı́a estado formando un joven, ahora de má s
de veinte añ os, parecı́a balancearse precariamente, como si pudiera
derrumbarse en cualquier momento.
Si tanto deseaba irse... pensé que podrı́amos haberlo discutido. Le dije
claramente que, mientras regresara, todo estarı́a bien. No tenı́a por qué
huir como si necesitara escapar, dejando solo una nota burlona... Creı́ en
é l, y é l deberı́a haber creı́do en mı́ hasta este punto.
"Su Gracia."
"Ya me lo imaginaba."
Gezell lo interrumpió y echó un vistazo rá pido al huerto. Anton tambié n
giró la cabeza para seguirlo.
En la ventana, habı́a plantas esbeltas con hojas frescas y frutos rojos
desconocidos. Una voz susurrante las siguió .
“Parece que le creı́ sin pensarlo dos veces”.
“No era su intenció n engañ ar a Su Gracia.”
Nunca he creı́do en las palabras de la gente al pie de la letra. En los
juicios, siempre analizo los signi icados ocultos de las palabras. Pero,
por alguna razó n, no pude percibir ninguna intenció n oculta en las
palabras de Rensley.
No parecı́a que buscara especı́ icamente una respuesta. Anton esperó
sin interferir en la inusual queja del Duque.
“Cuando llegó aquı́ hace poco, habı́a una fuerte lluvia”.
En Aldrant, el invierno rara vez era lluvioso. Por eso, Anton tambié n
recordó la ú ltima vez que llovió . Fue una noche en la que los truenos y
relá mpagos continuaron hasta bien entrada la noche, y todos se
sintieron aliviados y se durmieron.
Parecı́a que habı́a pasado mucho tiempo. Habı́an pasado unas dos
semanas desde que Rensley Maelrosen llegó a Aldrant para la
ceremonia de matrimonio. En aquel entonces, nadie esperaba
semejante situació n. Llevaba discretamente la má scara falsa de la
duquesa y lo enviaron a otro lugar, sin noticias ni novedades.
Ese dı́a, Samlet me pidió que dejara ver el rostro de la Gran Duquesa en
la habitació n del Duque. Dijo que Rensley no soportarı́a estar solo en su
habitació n sin encontrarse con nadie y que se aburrirı́a. Al principio,
pensé que solo se trataba de permitir una salida desde la torre, pero fue
otra historia. Rensley no era alguien que se conformara con leer libros
en la habitació n, como yo.
“…Lo entiendo porque es una persona muy ené rgica.”
Debido a las circunstancias, no tuve má s remedio que aceptarlo. En in,
fue mi invitado quien lo recibió . Sintiendo que habı́a sido demasiado
negligente con mi hospitalidad, decidı́ visitar la habitació n de la Gran
Duquesa por primera vez en mucho tiempo. Sin embargo, estaba
demasiado silenciosa. Las cortinas de la cama estaban cerradas, ası́ que
pensé que estaba durmiendo.
A menos que hubiera un acuerdo, Rensley Maelrosen habı́a decidido
quedarse solo en el dormitorio de la Gran Duquesa sin revelar su
identidad en ningú n otro lugar. El ú ltimo dı́a que llovió se supo incluso
sin acuerdo. Anton recordó aquella noche en que los truenos y
relá mpagos continuaron hasta bien entrada la noche, y todos pudieron
por in dormir en paz.
“Pero de repente se cayó de un lado del muro”.
No fue sorprendente, pero fue difı́cil comprender el signi icado de
inmediato. Sin embargo, en una atmó sfera donde era imposible
cuestionarlo, Anton lo miró en silencio, y Gezell continuó la historia.
Solı́a escabullirse del dormitorio, mezclarse con la gente y volver por la
ventana, ingiendo trepar la pared. Recuerdo que me sorprendió . No
supe qué decir, ası́ que me quedé allı́ mirando. Se levantó , empapado
por la lluvia, tambaleá ndose al intentar levantarse, y se quedó
paralizado al verme.
Gezell, al hablar de esta manera, pareció levantar las comisuras de su
boca como si recordara ese momento, o tal vez só lo lo sugiriera.
Anton, esperando que esta repentina e inesperada historia pudiera
distraer momentá neamente al Duque de la melancolı́a actual, habı́a
estado observando una leve sonrisa que aparecı́a ocasionalmente en el
rostro de Gezell.
Era un dı́a lluvioso y ya era de noche. El dormitorio estaba má s oscuro
que afuera porque no encendı́ todas las velas.
“…”
Pero en ese momento, no sentı́ oscuridad alguna. Pensé que el sol, que
deberı́a estar en el cielo, se habı́a puesto frente a mı́.
La mirada de Gezell, ija en el alfé izar de la ventana, se volvió hacia
Anton. Como si fuera una confesió n, el Caballero Comandante no pudo
ocultar su desconcierto, con los labios apretados.
El ritmo del discurso de Gezell se aceleró como si estuviera haciendo
preguntas o argumentando en contra de una conferencia, como cuando
cuestiona algo con un erudito o profesor.
No podemos atar el sol bajo la sombra. Ya me lo dijiste antes. Encarcelar
a alguien es como encarcelar a un prisionero, porque los humanos,
cuando está n con inados, se sienten miserables. Si fuera una criatura
que pudiera ser encarcelada, el encarcelamiento no serı́a un castigo.
¿Qué signi ica convertirse en duquesa y formar parte de la familia
Jivendad en esta tierra del norte?
—Su Gracia, le ruego que perdone mi falta de convicció n. Me atrevı́ a
emitir un juicio presuntuoso y distorsioné la situació n.
Anton bajó la cabeza de inmediato y se arrodilló . Sin embargo, Gezell no
dijo si lo castigarı́a o lo perdonarı́a. Continuó su relato sin mirar a
Anton.
Pero estoy satisfecho con mi vida actual. Sé que entre las razones por
las que la gente me elogia, esta satisfacció n tambié n está incluida. Sin
embargo, una vida satisfecha solo con leer libros frente a la chimenea e
investigar sobre mis intereses no puede ser la vida de todos.
Especialmente para é l, no pensé que eso fuera su iciente.
“…”
Ası́ que le dije a Sir Maelrosen que lo que necesitaba para mi
matrimonio no era afecto ni simpatı́a, sino simplemente comprensió n.
El, que es libre, no necesita estar sujeto a este contrato.
La cabeza de Gezell, sostenida por las lı́neas apretadas del cuaderno
densamente lleno, se inclinó como si se marchitara.
Pero, mirando atrá s, creo que solo dejé una relació n comprensiva con
Maelrosen. He sido demasiado negligente como para dejarlo todo como
está .
Pasó un momento de silencio. Anton, mirando la tierra bajo sus pies, se
sumió en un profundo sentimiento de culpa.
No podı́a asegurarse de que no hubiera compasió n por sı́ mismo tras la
preocupació n que lo cuidaba má s que al señ or. Quizá s, debido a esa
torpe compasió n, Rensley Maelrosen se habı́a convertido en alguien
fuera de este mundo.
Si el error esta vez no fue solo un simple problema de expresar
arrepentimiento por perder a un amado subordinado por sobre su
propio corazó n como señ or al que deberı́a haber priorizado, sino si
habı́a fallado como Caballero Comandante, no era solo un problema
simple.
Sin embargo, intentó defenderse solo. Los pensamientos má s ı́ntimos
de Gezell le resultaron tan inesperados como a é l mismo. Tras
observarlos de cerca, creyó que el afecto que parecı́a estar ardiendo era
recı́proco. Si el corazó n de Rensley era afecto, el del Duque no serı́a má s
que un favor o una respuesta digna de un ser superior.
Si hubiera sabido que el Duque sentı́a lo mismo, no habrı́a dejado ir a
Sir Maelrosen tan fá cilmente. Esa era la ú nica excusa que podı́a poner.
Mientras Gezell, aú n sentado, se inclinaba ligeramente hacia é l, Anton
levantó la cabeza. El rostro del joven duque estaba pá lido e inexpresivo,
pero su mirada, má s apremiante que nunca, expresaba profundas
preguntas.
“Te divorciaste de Lady Freida”.
“…”
Pensé que ese incidente podrı́a haber in luido en esta decisió n. Por eso,
quiero preguntar.
“…Por favor, pregunte lo que quiera, Su Gracia.”
Me preguntaba si le hubiera dicho que tambié n lo amaba, ¿no se habrı́a
ido? Anton, ¿deberı́a haber dicho eso?
Gezell Jivendad parecı́a decir que, si no se habı́a equivocado con la luz
solar que lo sorprendió , no querı́a verla extinguirse en un solo lugar, y
si quien se fue regresaba, no querı́a equivocarse esta vez. Si Anton no lo
habı́a malinterpretado, Gezell Jivendad hablaba ası́.
Sin embargo, Anton tampoco pudo responder con facilidad. Mientras el
silencio que los con inó se solidi icaba como un molde, la luz del sol que
habı́a inundado el invernadero se enfriaba y la noche azul oscura se
acercaba. Anton re lexionó cuidadosamente sobre qué preguntar y
có mo responder, y luego abrió la boca lentamente.
—Entonces, ¿está s insinuando que está s dispuesta a aceptar
formalmente a Sir Maelrosen como Gran Duquesa?
Gezell asintió con la misma expresió n sombrı́a. Sin embargo, al
calmarse, su expresió n se tornó aú n má s perpleja, y volvió a envolverse
en la misma mirada injusta que habı́a mostrado la noche anterior.
Pero el propio Sir Maelrosen no querı́a el puesto de Gran Duquesa. Se
sentı́a incó modo y decı́a que no le convenı́a. Estoy de acuerdo. Incluso
ahora, Sir Maelrosen tiene un temperamento inapropiado para vivir
como Gran Duquesa de este paı́s.
“Aunque é l no quiera ser la Gran Duquesa, Su Gracia, aú n puedes
apreciarlo”.
“Tambié n creı́ que podı́a quererlo lo su iciente sin convertirlo en Gran
Duquesa, ası́ que le pedı́ que se quedara a mi lado”.
Gezell cerró el cuaderno que tenı́a extendido frente a é l. Su per il
a ilado parecı́a má s sombrı́o que de costumbre, envuelto en tristeza.
“Ahora parece que no hay diferencia entre eso y decirle a Sir Maelrosen
que asuma el papel de amante”.
Solo entonces Anton se dio cuenta de que las notas que habı́a estado
leyendo eran documentos dejados por Rensley Maelrosen. ¿Eran
registros o diarios que dejó ? ¿Qué habı́a escrito en ellos que causó tal
desá nimo en el Duque?
—Su Gracia, disculpe mi presunció n, pero sé que usted y Sir Maelrosen
ya compartı́an la misma habitació n. ¿Planeaban continuar esta relació n
despué s de recibir a la nueva Gran Duquesa?
Tonterı́as. Una persona casada tiene la obligació n de abstenerse de
tener relaciones fı́sicas con otras personas.
“¿Podrá s seguir viviendo con Sir Maelrosen a tu lado como lo has hecho
hasta ahora?”
No hay razó n para que no pueda. Pensé que era un problema que solo
yo podı́a soportar.
¿Y si Sir Maelrosen encuentra a otra persona en el futuro? ¿Y si pasa la
noche con otra persona y le expresa afecto? ¿Podrı́as soportarlo?
¿Estaba dentro de tu capacidad de paciencia?
De repente, como si se hubiera frenado, la respuesta de Gezell
desapareció . Anton suspiró en silencio, dá ndose cuenta de que Gezell
no iba a entenderlo. Una sonrisa amarga, con un toque de lá stima, se
dibujó en su rostro.
¿Podrı́a haber ideado semejante mé todo poseyendo realmente la
capacidad de perseverancia? A veces, uno inge esperanza con inocente
arrogancia, pensando que lo que dice es algo factible, sin saber cuá l es
la verdad. El tiempo para crear ilusiones deslumbrantes para los demá s
es corto y limitado.
—Su Gracia, parece que aú n no puede imaginarse que Sir Maelrosen
pueda amar a otra persona.
“Eso no es cierto.”
O quizá s te prometiste a ti mismo que no lo permitirı́as. ¿Crees que
puedes mantener todo lo relacionado con Sir Maelrosen intacto como
está ahora?
“…”
No es extrañ o. Cuando alguien se enamora por primera vez y siente una
conexió n, a menudo siente que tanto la persona como el otro nunca
cambiará n para siempre. Incluso sin las restricciones ni las promesas
de la sociedad, se suele percibir como si estas cosas má gicas pudieran
suceder. Su Gracia podrı́a lograrlo. Sin embargo, considere la ansiedad
que puede sentir Sir Maelrosen. Por favor, piense en la inquietud que
podrı́a sentir si decide unirlo a su corazó n.
Si la larga exposició n hubiera sido erró nea, el duque, normalmente
irascible, lo habrı́a negado de inmediato. Pero esta vez, Gezell guardó
silencio, y ası́ Anton pudo consolarlo.
La calidez habitual en la voz del Caballero Comandante, sepultada en la
ansiedad y el vacı́o, regresó .
Perdó neme por interferir en lo que ustedes dos necesitan resolver. Sin
embargo, Su Gracia, tenga la seguridad de que estoy haciendo todo lo
posible por encontrarlo. Seguramente se volverá n a encontrar. En ese
momento, hable con Sir Maelrosen sobre lo que piensa ahora. El es una
persona perspicaz que seguramente comprenderá las intenciones de Su
Gracia. Por lo tanto, le solicito que regrese al palacio por ahora. Si Su
Gracia se hace dañ o, no se logrará nada.
Gezell observó el invernadero, que estaba a punto de oscurecerse. A
medida que la luz del sol se retiraba, el aroma terroso, que empezaba a
absorber la humedad, se hizo notablemente má s intenso. La fragancia
de vida que latı́a en el hombre acostumbrado al olor de la leñ a seca y el
viento gé lido era tan intensa y vı́vida como violenta.
“Si todavı́a estuvieras ahı́ fuera, con vida…”
Aturdido, como si entrecerrara los ojos, Gezell lanzó repetidas miradas
a las frutas maduras. Como una promesa murmurada para sı́ mismo.
“Haré cualquier cosa si puedo encontrarlo de nuevo”.
Su voz dejó una huella densa como una puesta de sol y se fue apagando
poco a poco. Hoy, el lugar donde se ponı́a el sol parecı́a el in del mundo.
Gezell, que habı́a permanecido con la mirada perdida, tosió
bruscamente, una tos breve. Al ver un repentino hilillo de sangre bajo
sus labios resecos, Anton se levantó de inmediato.
“¡Su Gracia!”
Fue una hemorragia inesperada. Que el rey escupiera sangre era una
señ al fatal. Varias palabras siniestras, como enfermedad pulmonar,
envenenamiento y maldiciones, pasaron rá pidamente por la mente de
Anton.
Sin embargo, Gezell levantó la mano para calmar su ansiedad. Tras
limpiarse bruscamente la sangre con el dorso, murmuró como si la
sangre lo hubiera cansado.
No te preocupes. Es solo la consecuencia de usar un poco de magia
negra por la mañ ana.
“¿Magia negra simple?”
Anton ijó la mirada, asombrado, ante la explicació n, que parecı́a como
si se tragara hielo caliente. Pero Gezell seguı́a con la mirada hundida y
simplemente suspiró .
No te molestes. Es solo la consecuencia de usar magia negra simple
antes de querer invocar a un demonio.
La menció n casual del Duque de prá cticas prohibidas le hizo sudar frı́o
a Anton. Su Duque era aú n joven y tenı́a defectos inesperados propios
de su edad, pero no era en absoluto una persona que dijera palabras
vacı́as.
Cap. 10.7 - Profecía ominosa
Entre ellos, un hollejo de uva azul marino ligeramente mordido explotó .
Antes incluso de masticar la pulpa, el jugo agridulce se derramó ,
provocando un hormigueo en la lengua. Rensley frunció ligeramente el
ceñ o y exclamó con admiració n.
¡Qué rico! ¡Es lo má s rico que he comido en mi vida!
Sobre las rodillas de Rensley yacı́an diversas frutas: uvas, ciruelas,
albaricoques silvestres, melocotones, naranjas y frambuesas. Todas
eran tan grandes, irmes y frescas que serı́an difı́ciles de encontrar
incluso en un gran mercado o huerto. Rensley sonrió al lobo que lo
miraba.
Estas frutas eran comunes en mi pueblo, pero eran difı́ciles de
conseguir en el norte. Las hay secas, pero no se comparan con las recié n
cosechadas.
Come todo lo que quieras. Estas frutas abundan todo el añ o.
Si existe un lugar ası́, ¿por qué la gente de Aldrant no lo conoce? Solo he
oı́do historias sobre lo peligroso que es caminar solo por el bosque, no
sobre este lugar paradisı́aco.
Rensley se tumbó sobre la suave y exuberante hierba. La suave luz del
sol, que no penetraba la vista, pero calentaba el cuerpo
placenteramente, lo acariciaba por completo. La simple sensació n de
llenar su estó mago con frutas dulces y frescas era un lujo.
Habı́a caminado por el frı́o sendero del bosque con tensió n en lugar de
dormir a la hora habitual. Ahora, la somnolencia inalmente lo venció y
bostezó . Las pestañ as, ligeramente humedecidas por las lá grimas,
brillaron a la luz.
Este es un mundo que yo gobierno. Puede parecer un lugar similar a
donde vivı́as, pero existe en una dimensió n diferente. Sin que yo abra la
puerta desde este lado, los humanos no pueden encontrarlo ni poner un
pie en é l.
Quizá s porque era el rey de este mundo, el tono del lobo, a pesar de su
corpulencia, era inesperadamente elegante y suave. Rensley re lexionó
sobre las palabras que acababa de escuchar. A pesar de expresarse de
forma algo difı́cil, ¿signi icaba eso que... no estaba muerto? Rensley se
incorporó y miró al lobo con cara de desconcierto.
—Entonces, en el mundo humano, ¿me considero muerto?
¿De qué hablas? Esto no es el má s allá ; es mi bosque. Eres un humano
con permiso especial que me ha visitado a cambio de ayudar a mi hijo.
De vez en cuando, me encuentro con humanos a los que quiero invitar.
Sucede aproximadamente una vez cada cien añ os. ¿No has oı́do
historias ası́? He oı́do que quienes regresan al reino humano a veces
presumen de sus experiencias.
Rensley asintió en lugar de responder. Aunque no pudo identi icar
especı́ icamente las historias sobre este lugar, las experiencias de
quienes a irmaban haber viajado a otros mundos se transmitieron a
travé s de las é pocas a travé s de libros o las palabras de poetas.
El pensó que eran todas historias inventadas, pero podrı́a haber algo de
verdad mezclada. Incluso si no es un bosque gobernado por un lobo
parlante, es probable que haya todo tipo de misterios en el mundo de
los que Rensley nunca ha oı́do hablar.
Mi hijo aú n es pequeñ o, ignora las costumbres del bosque y siempre
quiere adentrarse en el mundo humano. Fue una situació n que se
produjo entre los huecos de mi mirada vigilante. Como eres un
benefactor de mi hijo, eres bienvenido a quedarte todo el tiempo que
quieras.
Gracias. Aunque no me lo hubieras ofrecido, estaba pensando adó nde ir.
¿Por qué motivo caminabas por el sendero del bosque en el oscuro
amanecer?
—Bueno, ¿por dó nde deberı́a empezar la historia? El relato es largo, y
se preguntaba si el lobo, semejante a un dios de la montañ a que
gobernaba el bosque, comprenderı́a plenamente los intrincados
asuntos humanos.
[Parecı́a que estabas haciendo un escape secreto.]
Lo viste con claridad. Habı́a razones para ello. Servı́a como guardia real
en un paı́s llamado Aldrant, pero terminé desa iando las ó rdenes del
Duque.
¿Entonces intentaste una rebelió n? Parece que ese Duque es bastante
violento.
—Para nada. De hecho, es un gobernante bené volo. Quizá s si le hubiera
suplicado con má s detalle, habrı́a cambiado de opinió n.
[Dices palabras incomprensibles. ¿Pero por qué huiste por un camino
tan peligroso?]
Como duque, cumpliendo con su deber, decidió tomar una nueva
esposa, la duquesa, que le darı́a un hijo, manteniendo a su lado al
hombre que amaba como un caballero de con ianza. Esta decisió n se
ajustaba perfectamente al orden secular. Sin embargo, el indeciso
humano Rensley Maelrosen no podı́a decidir nada. No querı́a
presenciar có mo la persona que amaba se convertı́a en la pareja de
alguien má s, ni imaginar sus noches juntos ni enfrentarse al hijo que
nacerı́a entre ellos.
Sin embargo, pedir ser nombrada duquesa era otra historia. No solo era
una petició n imposible, sino que tambié n implicaba asumir el peso de
un cargo que otorgaba un poder solo superado por el de un emperador
en un paı́s. ¿Podrı́a asumir las responsabilidades de un cargo tan
importante? ¿Y en el cuerpo de otro hombre?
Tan solo imaginarlo le hacı́a negar con la cabeza. A pesar de vivir como
guardia real y albergar innumerables deseos de reconocimiento, tenı́a
limitaciones. Solo anhelaba ser aceptado como una persona comú n en
cualquier lugar, sin desear competir con sus enemigos por el trono,
como si nunca hubiera albergado tales ambiciones.
“Hay muchas cosas que no me gustan y no quiero hacer, pero sin
respuestas claras, lo ú nico que puedo hacer es huir”.
Aunque querı́a desaconsejar un nuevo matrimonio, no con iaba en ser
un verdadero compañ ero. Incluso si recibiera una propuesta de
matrimonio primero, Rensley probablemente darı́a marcha atrá s. Si
todo era desagradable, la ú nica opció n era dejarlo todo atrá s. Es má s,
incluso engañ ando a quien lo amaba y escapando en secreto, logró
acumular y cumplir lo que querı́a hasta el inal. Disfrutó de su baile
favorito en el banquete e incluso confesó su amor.
…Despué s de re lexionar, Rensley se dio cuenta de que todos los
problemas comenzaron con sus acciones impulsivas.
Desde el principio, Gezell Jivendad mostró la amabilidad que un duque
debı́a brindar al invitado extranjero, y la especial cercanı́a que se
desarrolló entre ellos no di irió de la amistad que se sentı́a entre pares.
Todo comenzó con palabras.
Fueron las acciones impulsivas de Rensley Maelrosen las que
convirtieron la situació n en el protagonista de la tragedia. No pudo
evitar pensar que la amabilidad de Gezell y la especial intimidad que
surgió entre ellos no eran diferentes de la amistad entre iguales. Al
principio, solo eran palabras.
La persona que besó impulsivamente a alguien que nunca habı́a
experimentado algo ası́, lo sedujo con insistencia y lo arrastró a la cama,
aunque no tenı́a intenció n de formalizar el matrimonio y se negó
cuando no querı́a. Rensley empezó a despejarse mientras disfrutaba del
sol, contemplando el cielo azul claro despué s de comer fruta fresca
hasta saciarse.
Al re lexionar sobre cada suceso, Rensley sintió que se habı́a
distanciado de ser el protagonista trá gico y ahora podı́a mirarse a sı́
mismo desde la distancia. Y al eliminar los detalles innecesarios, se dio
cuenta de que podı́a resumir la esencia de lo que habı́a hecho.
“….”
Habı́a seducido impulsivamente a un hombre inocente un añ o mayor
que é l y que nunca habı́a besado a nadie antes… Y antes de que el
con licto surgido por la diferencia de estatus se volviera demasiado
grave, huyó .
"Puaj…."
Mientras Rensley gemı́a mientras se limpiaba la cara con ambas manos,
el lobo blanco habló amablemente.
Si te duele el estó mago, te daré una medicina. A veces, los humanos se
molestan si comen demasiadas frutas a la vez.
“Gracias, Rey del Bosque.”
Con el burro, el lobezno y varios animales del bosque retozando
alegremente en el prado, sin distinció n, era sin duda una vista poco
comú n en el mundo humano. Rensley, quien habı́a terminado sus
desalmadas expresiones de gratitud, contempló con la mirada perdida
la pacı́ ica escena y re lexionó sobre el futuro.
…Es un lugar que ya abandonó . Incluso si se da cuenta de la verdad de
la situació n, no hay razó n para regresar. La situació n seguı́a igual sin
respuestas satisfactorias, y volver a encontrarse con el Duque
probablemente resultarı́a en una repetició n del mismo ciclo.
El duque Gezell podrı́a sentirse absurdo o enojado. Al inal, pensó que
recordar su apariencia mientras aceptaba en silencio incluso la ira o la
tristeza sin reservas era verdaderamente doloroso. El joven y hermoso
duque de Aldrant fue una persona especial en la corta vida de Rensley
Maelrosen, como por arte de magia, quien trajo los frutos del cá lido sol
del sur a las frı́as y á ridas tierras del norte.
Una persona que le permitió disfrutar de la abundancia de fruta fresca
a su antojo. Incluso si siguiera viviendo de otra manera, las huellas que
Gezell Jivendad dejó en su corazó n nunca desaparecerı́an. Lo extrañ ará
por mucho tiempo, incluso en este preciso momento. Pero como todas
las despedidas, esperaba que algú n dı́a pudiera recordar esos
recuerdos y encontrar consuelo.
Es triste que Rensley Maelrosen, quien permanecerá en la memoria de
ese hombre, traicionara su afecto y con ianza. Fue un recordatorio
incó modo en un rincó n de su corazó n, como si hubiera sembrado una
descon ianza infundada en una persona tan bené vola. Sin embargo,
desear acciones astutas e incluso refrescar la conciencia era
ciertamente extravagante.
Sus acciones fueron, sin duda, conmovedoras y genuinas. Rensley no
dudaba de que toda la amabilidad que Gezell le habı́a demostrado era
puro afecto que trascendı́a las discusiones seculares y polı́ticas.
No dudo de la magnitud ni de la sinceridad de su corazó n, pero el
duque Gezell Jivendad es duque de un paı́s con responsabilidades
mucho má s importantes que las de un caballero devoto. El recuerdo del
extranjero que estuvo brevemente a su lado no tardará en
desvanecerse, sobre todo tras dar la bienvenida a una nueva duquesa.
Al in y al cabo, vivir signi ica encontrarse con villanos o personajes
extrañ os y vivir diversas experiencias desagradables. Con el tiempo,
Rensley Maelrosen se convertirá en uno de esos "personajes". Incluso si
se convierte en un personaje cobarde y malvado, desaparecer
silenciosamente de la escena serı́a la decisió n correcta, visto desde la
distancia.
'¿A dó nde ir…?'
Rensley desplegó un mapa para despejar su mente de pensamientos
innecesarios. Habı́a dos mapas: uno que representaba los alrededores
de Aldrant y el otro todo el continente.
Aldrant es como una isla lotante dentro del continente. Para viajar por
tierra a los paı́ses vecinos, hay que atravesar vastas llanuras y
cordilleras que actú an como barrera entre Aldrant y otras naciones.
Aunque hay posadas y restaurantes para viajeros dispersos por el
camino, son escasos. Rensley aú n recordaba el dı́a que llegaron a
Aldrant cuando, debido a que el grupo se desvió de su camino para
evitar el frı́o viento invernal de las llanuras, casi murieron congelados.
Los grandes nobles y los viajeros adinerados a veces usan magia para
moverse rá pidamente a travé s de largas distancias, pero para la
mayorı́a de las personas, viajar por tierra usando caballos o carruajes,
seguido de rutas marı́timas, es el está ndar.
—Si hubié ramos seguido a ese comerciante, nuestro viaje habrı́a sido
má s có modo… —murmuró Rensley, pasando los dedos por el mapa.
¿Está s planeando montar ese burro?
Mientras Rensley estudiaba diligentemente el mapa, una voz resonó
suavemente, como un eco, desde arriba. Rensley miró al burro que
llevaba al cachorro de lobo a cuestas y sonrió .
Por ahora, sı́. Puedo cambiarme a caballo cuando lleguemos a un
alojamiento. Estos burros locales pueden ser lentos, pero aguantan bien
el frı́o, ası́ que viajar largas distancias es mejor con ellos.
Cuando decidas tu destino, te ayudaré con la mudanza. Si es un lugar al
que puedo enviarte desde mi territorio, puedo abrirte una puerta de
conexió n.
"¡¿En realidad?!"
[Puede que no sea una ciudad que agrade a los humanos, má s bien es
una puerta que conduce al bosque en esa zona.]
¡Perfecto! Quizá s incluso serı́a mejor si no llamara la atenció n.
Con las palabras del lobo, las preocupaciones y las cargas de un largo
viaje desaparecieron al instante. El corazó n de Rensley se conmovió y
rió con ganas antes de tumbarse en el campo. El lobezno, que habı́a
estado jugueteando, corrió y, con valentı́a, pisó el estó mago de Rensley
tras una breve tos. A pesar de su considerable peso, Rensley rió entre
dientes incluso despué s de un breve hipo.
—Tú tambié n eres hijo de un rey, ¿eh? ¡Menudo atrevido! ¿Acaso este
pequeñ o aú n no habla el lenguaje humano?
[Todavı́a no. Pero no tardará en poder hacerlo.]
Extendiendo la mano para abrazar al cachorro de lobo, el Prı́ncipe del
Bosque, quien parecı́a simpatizar con Rensley, se acurrucó y se acostó .
Sintiendo el calor de la criatura peluda, Rensley bostezó repetidamente
y murmuró .
“Un prı́ncipe como tú parece tener talento para ganarse el favor de la
realeza estimada…”
[Los humanos no pueden ser compañ eros para ese niñ o.]
¿Eh? Bueno, es cierto. Yo, siendo hombre, no me atreverı́a a soñ ar.
Recibir favores pero no poder casarse... una situació n
sorprendentemente similar. ¿Era realmente un destino innato? Rensley
rió para sus adentros, parpadeando. Como el cielo permanecı́a
inalterado, era difı́cil calcular la hora exacta, pero parecı́a que
anochecerı́a despué s de pasar la noche. Quizá s debido al alivio de haber
completado el viaje, la somnolencia se habı́a acumulado
incontrolablemente desde hacı́a un rato. La misteriosa luz del sol de
este mundo, diferente a la del mundo humano, era cá lida y vı́vida, pero
no perturbó su sueñ o.
—Rey del Bosque, solo tomaré una siesta... —En cuanto terminó de
hablar, el sueñ o lo venció . Rensley ni siquiera escuchó la respuesta del
lobo. Sumido en el profundo mundo del sueñ o, lo ú ltimo en lo que
Rensley pensó fue en el viento de la inconsciencia, incapaz de recordar
nada.
La misteriosa luz del sol en este mundo era cá lida y brillante, pero no
perturbó su sueñ o.
Espero que Su Gracia no esté demasiado sorprendida ni entristecida. Y
espero que no me odie demasiado... Su Gracia, lo siento...
Mientras Rensley se quedaba dormido, el cachorro de lobo que yacı́a
tranquilamente sobre su cuerpo pareció cerrar los ojos y se quedó
dormido tambié n.
Con el extrañ o hué sped y el querido niñ o durmiendo a la vez, el dueñ o
del bosque envió una advertencia silenciosa, mordiendo a cualquiera
que hiciera ruido. La ú nica excepció n fue el burro traı́do por Rensley,
que disfrutaba tranquilamente de su tiempo mordisqueando la hierba
cercana.
Una suave brisa sopló , revelando una vasta extensió n de hierba azul
hasta donde alcanzaba la vista. Las largas y frondosas briznas de
hierba, extendidas en una direcció n, producı́an un suave crujido, similar
al de las olas en calma vistas desde la distancia. La brisa lejana acarició
el pecho de Rensley, levantó el pelaje del cachorro de lobo dormido y
alborotó su cabello dorado. El cuello de la ropa que lo rodeaba se mecı́a
suavemente, rozando su piel desnuda.
Ahora, diversas formas translú cidas de diferentes colores, que no se
habı́an revelado hasta entonces, lotaban en el aire como pompas de
jabó n. Con aspecto de brillantes semillas de diente de leó n o grandes
lucié rnagas, aparecieron de repente y revolotearon alrededor del
dormido Rensley, murmurando melodı́as incomprensibles como una
nana.
[Esto es…] El lobo blanco murmuró para sı́ mismo, pero fue muy breve.
Decidió no expresar sus pensamientos y se tragó las palabras.
Mientras los espı́ritus del bosque lotaban alrededor de Rensley, el
sueñ o que una vez los habı́a visitado no daba señ ales de despertar. Era
un sueñ o profundo que lo absorbı́a todo, desde la brillante luz del sol
hasta las persistentes preocupaciones.
Cap. 10.8 - Profecía ominosa
Gemido.
Con la sensació n de una pequeñ a y robusta pata delantera golpeá ndole
el pecho y un leve gemido, Rensley abrió lentamente los ojos. Recié n
despertado, el refrescante pero aturdido estado mental le hizo olvidar
momentá neamente dó nde estaba y por qué .
Mientras contemplaba perezosamente la cambiante vista del bosque, la
noche que parecı́a improbable se acercaba y el cielo se oscurecı́a.
Gracias a los golpecitos de la pata en su rostro, Rensley pronto volvió a
la realidad.
—¡Despierto! ¡Despierto! —Rensley, que ya se habı́a despertado,
levantó al joven lobo que lo apremiaba y lo abrazó de nuevo. Estiró las
patas, se sentó y miró lentamente a su alrededor.
Todavı́a medio aturdido por el despertar, con la mente despejada y
aturdida a la vez, Rensley olvidó por un momento dó nde estaba y por
qué . El cielo del atardecer sobre el apacible bosque era diferente del
bullicio de la ciudad.
Los altos tejados del edi icio de la Plaza Celestina, las murallas del
castillo y el atardecer desde la playa de Cornia eran de un rojo intenso y
estaban cubiertos de llamas doradas. Al extinguirse el sol, el intenso
color dorado tiñ ó el mar con una belleza exquisita, pero al ponerse el
sol, un carmesı́ profundo, casi ominoso, envolvió el mundo. Bajo esa luz
roja, los habitantes de Cornia brindaron con sus primeras copas de la
noche, tocaron instrumentos musicales y bailaron.
El atardecer en Aldrant fue diferente. Como el sol se ponı́a rá pidamente,
el sol tambié n llegó temprano, mostrando breves colores y
desapareciendo rá pidamente.
Sin embargo, eso no signi icaba que el atardecer en el norte fuera
menos hermoso que en Cornia. La luz serena y ardiente que caı́a al
anochecer en Aldrant, con un toque de frı́o y hielo en los colores,
siempre fascinaba a Rensley.
En la ventana del castillo, en el invernadero, y de pie contra el sol
poniente, el hombre que le hablaba en voz baja y tranquila era tan
hermoso que parecı́a inapropiado. A veces, no entendı́a lo que decı́a.
El cielo del atardecer en el bosque era diferente para ambos. El cielo,
con su mezcla de luz sureñ a, carmesı́ y amarillo, era má s deslumbrante
y confuso comparado con la apacible tierra verde. Al contemplar la
escena de estrellas loreciendo antes del atardecer, Rensley comprendió
una vez má s que este no era el mundo humano.
¿Te has despertado?
“¿Dormı́ mucho tiempo?”
[Que sea largo o no depende de có mo lo veas.]
Era demasiado pronto para discutir sobre esas cosas. Mientras Rensley
estaba cautivado por el misterioso cielo, el lobo decı́a tonterı́as.
¿Qué tal vivir aquı́?
"¿Qué ?"
Rensley, despertando repentinamente, ijó su mirada en el rostro del
lobo. Sin embargo, le resultó difı́cil interpretar su expresió n.
¿Vivir aquı́? ¿De qué está s hablando?
Como pueden ver, este bosque es tranquilo y hermoso. Aunque no hay
otros humanos, no faltan los que viven solos. Algunos humanos han
vivido aquı́ durante añ os antes de irse.
¿Por qué dices esto de repente? Antes dijiste que está prohibido
emparejarse con humanos. ¿De repente te interesas por mı́?
Al oı́r esto, el lobo miró ijamente a Rensley por un momento sin decir
nada, luego abrió la boca y gruñ ó . Al descubrir sus grandes y a ilados
colmillos, incluso una criatura que hasta entonces se habı́a mostrado
amable con é l, como el lobo, le infundió miedo instintivamente. Rensley
se arrodilló rá pidamente y lo observó con atenció n.
¿Hice algo mal? Por favor, no te enojes; dı́melo.
En lugar de una respuesta, el lobo miró a Rensley un rato, luego abrió la
boca y gruñ ó . Sus grandes y a ilados colmillos quedaron expuestos, lo
que impidió interpretar su expresió n.
¿Sientes algo?
¿Qué ? ¿Qué …?
¿Alguna vez has aprendido magia?
"No."
Rensley negó con la cabeza. La familia real de Cornia, que dudaba en
obligarlo a estudiar como los demá s, no le habrı́a enseñ ado magia. Pero,
al igual que otros prı́ncipes y princesas, Rensley habı́a presentado un
examen ante el gremio má gico real a los diez añ os.
Si existiera algú n talento para la magia, se habrı́an esforzado por
cultivarlo como es debido. En cualquier paı́s, un mago excelente es
valioso, e incluso si el rey actual prohı́be la magia, la historia cambia si
el rey puede convertir a ese mago en su sú bdito.
No tengo ningú n talento. Apenas habı́a visto magia antes de venir a
Aldrant.
El lobo blanco se acercó a Rensley. El cachorro se acurrucó contra su
pecho, y cuando este se movió , el lobo blanco se sentó junto a é l,
rodeá ndolo como para con inarlo.
Todavı́a un poco asustado, Rensley parpadeó en silencio, pero… el gran
y suave abrazo del lobo blanco indudablemente se sentı́a placentero.
Eres muy linda. ¿Para qué salir al mundo exterior si puedes vivir aquı́
con nosotros?
“…¿Quizá s me secuestraron o me encarcelaron por ser tan linda?”
¿Quié n dijo eso? No soy como los demá s humanos. Puedo prever un
poco el futuro. ¿Có mo te llamabas?
El lobo blanco, que nunca habı́a preguntado su nombre, habló como si
ya lo hubiera oı́do. Rensley entrecerró los ojos y respondió con claridad.
Soy Rensley. Rensley Maelrosen.
[Muy bien, Rensley, hijo de Maelrosen. Pareces un poco diferente a los
demá s niñ os. Te esperan solo di icultades. Incluso en los dı́as en que
piensas que es mejor morir, ¿aú n quieres volver a la sociedad humana?]
Los ojos de Rensley se abrieron como faroles. A pesar de su voz
elegante y su tono amable, el lobo proferı́a una maldició n de puro
sufrimiento.
Su vida no habı́a sido precisamente tranquila hasta entonces, pero de
repente, se anunció una tormenta. Rensley se sintió inquieto y
preguntó : "¿De qué está s hablando de repente?".
[Literalmente. Tu futuro te depara di icultades incomparables en
comparació n con lo que has experimentado hasta ahora. ¿Es necesario
vivir afanosamente entre los humanos? Aquı́ reina la paz y la belleza.]
“…Pero el rey del bosque no es un profeta.”
Eso dije. Puedo preverlo un poco.
Rensley miró al cielo. El color del atardecer se intensi icó gradualmente
y, por un instante, se volvió oscuro. Sin embargo, en lugar de
oscurecerse por completo, el cielo nocturno se detuvo allı́, extendiendo
suavemente un tono profundo sobre el campo de hierba. Quizá s no
habı́a una oscuridad total como la de la noche.
El paisaje era siempre hermoso, sin frı́o ni calor. No habı́a monstruos,
enemigos ni desastres naturales que atacaran, y no habı́a emociones
como el odio, la envidia o los celos que atormentaran a la gente. Quizá s
tampoco habı́a enfermedades ni heridas. Una vida sin dolor y una
tranquilidad que todos admiraban. Rensley bajó la mirada en silencio.
A veces, es bueno tener eso. Simplemente estando en silencio y en paz
cada dı́a, solo, sin nadie má s, ¿có mo vivo…?
“Cuando era joven conocı́ a un profeta, é l dijo que las profecı́as no son
absolutas y que el destino de una persona puede cambiarse”.
[Pero só lo el destino sabe evitar la desgracia.]
Solo quedaban sufrimiento y penurias. Probablemente llegarı́a a pensar
que serı́a mejor morir.
A primera vista, podrı́a parecer una broma pesada, pero quien dijo eso
no era un humano, sino un ser como el espı́ritu guardiá n del misterioso
bosque. A los ojos del gran lobo blanco, todas las vidas humanas
podrı́an parecer tontas y dolorosas, simples á caros.
Podrı́a parecer una arrogancia infundada, pero no creı́a que no pudiera
soportar las di icultades predichas. Empezar una nueva vida sin duda
no serı́a fá cil. Si hubiera tenido suerte, no habrı́a nacido como prı́ncipe
ilegı́timo.
Pero junto a las grandes desgracias, siempre habı́a pequeñ as fortunas
esparcidas como piedras, y Rensley tenı́a la habilidad de recogerlas
rá pidamente en lugar de sumergirse en la tristeza o la desesperació n.
Nació como prı́ncipe ilegı́timo, y aunque a veces se sentı́a triste, vivı́a
con relativa libertad. Y ahora, consideraba afortunado no haber crecido
como un ser humano despreciable como algunos de los demá s
descendientes del rey.
Al enterarse de que lo habı́an abandonado en Aldrant en lugar de en
Ivet, creyó haber afrontado inalmente el desastre de su vida, pero
verse envuelto en esa gran desgracia lo llevó a conocer al duque Gezell.
Aunque el encuentro terminó con su ruptura unilateral, el encuentro
con é l fue sin duda una fortuna y una felicidad en la vida de Rensley
Maelrosen.
Está bien. Aun ası́, confı́o en que puedo soportarlo todo. Tengo una
voluntad fuerte y me recupero rá pido.
[Entonces, ¿todavı́a quieres salir?]
Sı́. Ya que me he echado una siesta, es hora de irme.
¿Tan pronto? Mi hijo se decepcionará .
Ahora que he decidido adó nde ir, tengo muchas ganas de llegar rá pido.
Tengo gente que conocer y cosas de las que hablar.
Rensley tomó un mapa que estaba extendido al azar y se lo presentó al
lobo, señ alando un lugar especı́ ico con su dedo.
Quiero ir aquı́, Molbessa, al desierto de Pheraira. Pero no puedes
enviarme allı́, ¿verdad?
No hay nada que no pueda hacer, pero si quieres ir, tengo que
acompañ arte, lo cual complica las cosas. Nosotros, como otros, tenemos
nuestros propios territorios.
—Entonces... ¿podrı́as enviarme a la frontera de Aldrant? Cerca de la
frontera, hay muchos otros que parten hacia diferentes lugares, y hay
muchas posadas. No deberı́a ser difı́cil encontrar un grupo que se dirija
a Pheraira.
El lobo asintió , como si comprendiera, y bajó la cabeza. El suave
gruñ ido parecı́a genuinamente reticente, y Rensley sonrió mientras
apoyaba la cara en la mejilla del lobo.
“Mencioné ese dı́a que todo lo que hice por Su Alteza fue curar sus
heridas… Muchas gracias.”
Como si estuviera consciente de la postura de despedida, el joven lobo
gimió de vez en cuando cerca de las rodillas de Rensley. Rensley lo
abrazó y le besó la frente.
Fue un placer conocerte. Cuı́date. Gracias.
Tras despedirse, afortunadamente, el joven lobo descendió bajo
Rensley sin causar problemas. Luego, rozó con su hocico las piernas de
Rensley, como despidié ndose, antes de darse la vuelta.
Salvo unos pocos miembros de la familia real de Cornia, todos habı́an
tratado a Rensley con respeto y cariñ o. Era un talento extraordinario
ganarse el favor de seres tan preciados. Era un talento aterrador que ni
siquiera é l conocı́a. Como decı́an que no habı́a poder tan grande como
la autoridad en el mundo, esto deberı́a estar bien sin importar las
di icultades que le aguardaran, ¿verdad?
“Podrı́a tener é xito incluso si entro en una gran organizació n”.
¿De qué está s hablando? Ahora, prepá rate y qué date aquı́. No tardaré
mucho.
Un cı́rculo má gico que brillaba con un dorado intenso apareció en la
hierba. Aunque le recordaba al dispositivo de teletransportació n que
habı́a visto en el castillo, era claramente diferente.
Tras preparar sus pertenencias, incluyendo un mapa y provisiones,
Rensley se subió al cı́rculo má gico con un burro. El burro habrı́a estado
má s có modo sentado allı́, pero Rensley necesitaba un compañ ero de
viaje de todos modos.
El lobo no memorizaba hechizos como los magos. Simplemente miraba
a Rensley con los ojos, como Rensley lo miraba a é l. Sin embargo, el
viento cambió . La brisa nocturna, que se habı́a asentado al caer la
noche, silbó y sopló repentinamente, creando una luz má s brillante y
levantando pé talos del cı́rculo má gico dibujado debajo. La luz
circundante envolvió a Rensley como un muro, impidiendo que el lobo
fuera visible. No pudo soportar la luz cegadora y se cubrió los ojos con
la mano.
“¡Su Majestad…!”
Aunque ya habı́a subido al cı́rculo má gico, Rensley, que aú n no pensaba
que estaba en medio de una ceremonia de despedida, lo llamó con
urgencia.
Pero no hubo respuesta. Cuando la luz circundante se difuminó y abrió
los ojos, el lugar donde Rensley se encontraba ya no era el bosque del
lobo.
Cap. 11.1 - Profecía ominosa
En un instante, la transformació n del paisaje tomó a Rensley Maelrosen
por sorpresa. Parpadeando, Rensley observó con cautela su entorno y
respiró hondo antes de mover los pies con cuidado.
«Una vez má s, parece un bosque…», murmuró Rensley para sı́ mismo,
examinando la zona con cautela. Por suerte, parecı́a que Rensley no se
habı́a alejado mucho del lı́mite del bosque, pues pronto descubrió una
entrada no muy lejos.
De hecho, como era de esperar cerca de la frontera, al consultar el mapa
para orientarse, apareció a la vista un pequeñ o pueblo con posadas,
tabernas y restaurantes. Al entrar, Rensley tragó saliva. El corazó n le
latı́a con fuerza y necesitaba calmar su emoció n primero.
Aunque habı́an pasado varios meses desde su llegada a Aldrant, no
habı́a explorado las zonas fuera del Castillo de Roudken. Si bien el
duque Gezell habı́a mencionado que Rensley tenı́a libertad para tomar
vacaciones, fue solo idea del rey. Internamente, era una falsa duquesa y
externamente, un caballero novato, lo que le dejaba pocas posibilidades
de descuidar sus deberes y viajar con total libertad.
Al inal, tendrı́a que explorar solo las aldeas cercanas a la frontera y
luego abandonar Aldrant. Aun ası́, la perspectiva de aventurarse en
zonas fuera de la capital lo entusiasmaba.
Quizá s por haber salido del cá lido Bosque del Lobo, el frı́o al que se
habı́a acostumbrado de repente le resultó punzante. Rensley se abrochó
bien la ropa de abrigo y se ajustó el sombrero. Envolvié ndose la
bufanda hasta la nariz, caminó lentamente hacia el pueblo.
Bienvenido, hué sped. Tenemos una habitació n cá lida disponible.
¿Buscas un buen alojamiento? Nuestra casa es la má s econó mica y
tambié n ofrecemos comidas.
¿Llegaste hoy? Podemos organizar una partida de bú squeda para
mañ ana por la mañ ana.
Al entrar en el pueblo, Rensley se sorprendió por dentro y apretó los
dientes. Fuera por la frontera o no, habı́a má s gente bulliciosa en el
pueblo de lo que esperaba. Los posaderos se acercaron con entusiasmo
al recié n llegado, ofrecié ndole su hospitalidad.
No era tan grandioso como las festividades en Celestina, pero aun ası́,
no era como siempre. Cuando hacı́a buen tiempo y el mar era hermoso,
Cornia atraı́a a muchos viajeros. Los festivales obligaban a los
extranjeros a gastar desesperadamente dinero para encontrar buen
alojamiento.
Creyendo que podrı́a encontrar un lugar donde pasar la noche sin
mucha demora, Rensley buscó primero un restaurante. A diferencia del
Bosque del Lobo, donde no sentı́a hambre ni siquiera con fruta,
regresar al mundo humano le reavivó el apetito má gicamente.
"Bienvenido."
El interior del restaurante estaba bastante animado. Rensley se sentó
rá pidamente en la ú nica mesa libre. Tras echar un vistazo al menú
pegado al cartel, pidió sin dudarlo en cuanto se sentó .
“Guiso de ternera y patatas con pan y una copa de vino tinto, por favor.”
“Espera un momento.”
Rensley echó un vistazo rá pido a las demá s mesas mientras esperaba.
Los olores, colores y sabores eran evidentes. El menú tambié n estaba
colgado en la pared. ¿Habı́a algú n plato que no se mencionara afuera?
Rensley miró en esa direcció n con indiferencia.
Sin embargo, la mirada de Rensley no estaba ija en el menú , sino en la
pared de al lado, una pared que no tenı́a relació n con la comida.
“¿Se elevó del suelo o se elevó al cielo?”
¿Es razonable que nadie lo haya encontrado, incluso despué s de tanta
prisa? Parece que está atrapado en el fondo del rı́o, sin poder salir a
lote...
Como era invierno, no podı́an meterse al agua, ası́ que usaron magia de
adivinació n para registrar el lecho del rı́o. Incluso lograron recuperar
varios cadá veres viejos, pero el que buscaban no estaba.
Se oyeron voces de otros en la sala discutiendo el asunto. Rensley, aú n
sujetando el extremo de su bufanda que estaba a punto de bajar, se
quedó paralizado como una estatua, escuchando atentamente. A pesar
de la tenue luz, sus ojos morados temblaban de nerviosismo. Casi todos
en el restaurante, sin importar a quié n pertenecı́an, parecı́an estar
hablando del mismo tema.
Bajo la tenue luz, los iris violetas temblaban como frá giles cuentas a
punto de romperse. Varios carteles de bú squeda, aparentemente
relacionados con Rensley, junto al menú del restaurante. En esos
carteles, Rensley Maelrosen aparecı́a inequı́vocamente...
[Rensley Maelrosen.
Cabello rubio, ojos morados, altura aproximada de 5'10”~11”,
originario de Cornia Celestine.]
Desde lejos, el texto impreso en letras grandes y negritas contenı́a la
informació n personal de Rensley y una cantidad de recompensa
llamativa que dejaba a cualquiera boquiabierto. El contenido, con texto
pequeñ o y espaciado, incluı́a detalles de peculiaridades difı́ciles de leer,
y la informació n era bastante extensa.
“El guiso y el vino está n listos.”
Frente a Rensley, que estaba pá lido y congelado, con las cejas apenas
movié ndose, se colocaron en secuencia un guiso humeante con vapor
ascendente, pan recié n salido del horno y un vino abundante.
A diferencia del guiso de verduras de verano de Cornia, este estaba
impregnado del aroma de patatas y tubé rculos. Normalmente, Rensley
ya se habrı́a quitado la bufanda, dado un mordisco y luego habrı́a
hablado con el camarero que le trajo la comida con una sonrisa. Sin
embargo, en ese momento, ni siquiera podı́a levantar la cara para
comer.
“Parecı́a bastante favorecido, pero intentar traicionarlo… Es una
locura.”
He oı́do que no es traició n. Mantienen los cargos en secreto por la
dignidad de la familia real, pero al parecer, se reunı́a frecuentemente
con la duquesa en secreto. Durante el apogeo de la rebelió n, cuando
juntan a hombres y mujeres, la situació n no se calma, ¿sabes? Debido a
la traició n de sus subordinados de con ianza y su esposa, el duque de
Aldrant se enfureció .
«Rensley Maelrosen, si lo atrapan, podrı́a vivir sin preocupaciones.
Podrı́a disfrutar de una vida no inferior a la de los nobles...». La
conversació n continuó , desapareciendo gradualmente del oı́do de
Rensley, y su consciencia se nubló involuntariamente.
“Ah…”
El mareo lo invadió y bajó la cara. Al apoyar el codo en la mesa y
inclinarse, esta se tambaleó ligeramente. La profecı́a, que le habı́a
parecido extravagante y distante, revivió vı́vidamente, y se dio un
golpecito en la cabeza.
“Aunque haya dı́as en los que pienses que serı́a mejor morir, ¿por qué
deberı́as dar marcha atrá s?”
Las palabras del lobo blanco previeron esta situació n…
Rensley se mordió los labios. ¿Por qué le vino de repente a la mente la
primera impresió n del duque Gezell, mucho má s furioso de lo
esperado? Los ojos que brillaban como el oro, la voz que gruñ ı́a como
una bestia furiosa. No habı́a visto esa apariencia desde el primer dı́a y
la habı́a olvidado por completo.
El duque Gezell estaba mucho má s furioso de lo esperado. Olvı́dense de
Rensley, que habı́a escapado; habı́a puesto una cuantiosa recompensa
por é l y lo buscaba activamente. Si se reencontraban, esta vez Rensley
podrı́a no escapar de la pena de muerte.
—No. Dijo: «Creo que es mejor morir». Ası́ que podrı́a aguardarme algo
má s terrible que la pena de muerte. Quizá s una tortura tan espantosa
que preferirı́a que me cortaran el cuello...
Es increı́ble. ¿Fue un incidente tan grave que me llevó a abandonar el
castillo? ¿Comparable a una rebelió n?
Rensley negó con la cabeza varias veces. Cuando la conmoció n y el
miedo, que apenas habı́an remitido, se calmaron, una sensació n de
crisis lo invadió por completo.
“Si me atrapan, moriré ”.
Todos en este lugar buscaban a Rensley. Lo má s urgente era escapar
sano y salvo del restaurante antes de revelar su identidad.
Ya no lo sé . Incluso con todos los cazarrecompensas del continente
acudiendo, si no ha aparecido en má s de dos semanas, ¡es imposible
encontrarlo! Rensley Maelrosen se ha convertido en comida para peces.
“Entonces, ¿vas a volver?”
Me quedaré hasta mañ ana y luego lo buscaré sin prisas. Ha pasado
su iciente tiempo para que escape de Aldrant si está vivo. Aunque la
recompensa es tentadora, actuar con tanta imprudencia...
Aun ası́, no hay noticias de ningú n otro lugar. Los que corrieron a
Cornia tampoco tienen noticias.
'¿Qué es esta tonterı́a?'
Rensley dudó de lo que oı́a. ¿Acababan de decir "má s de dos semanas"?
Aunque el dı́a y la noche fueran diferentes entre el bosque y el mundo
exterior, el tiempo que Rensley pasó en el Bosque del Lobo fue de
aproximadamente una noche. ¿Dormı́ varios dı́as seguidos? Algo
andaba muy mal.
“Invitado, ¿no se siente bien?”
Por encima de Rensley, quien solo agachó la cabeza con el plato de
comida frente a é l, se escuchó una voz amable y preocupada. La voz
preocupada pertenecı́a a la chica que trajo la comida.
—¡Madre mı́a, mira ese sudor! Hace calor dentro de la tienda, ası́ que
¿por qué no te quitas esto un poco...?
Su mano bajó la bufanda de Rensley. Sorprendido, é l la miró sin querer,
y ella tambié n abrió los ojos de par en par al ver a Rensley.
“…¿Rensley Maelrosen?”
Aunque la voz de la niñ a no era particularmente fuerte, fue su iciente
para estimular la audició n de todos los reunidos con un solo propó sito.
Como si una ducha frı́a hubiera caı́do sobre la bulliciosa tienda, el
silencio se apoderó gradualmente de la zona, y durante el tiempo en
que las miradas agudas se dirigı́an hacia é l como lechas, Rensley
comprendió profundamente la frase «miedo extremo». Ni siquiera
durante las noches atado a un á rbol durante una tormenta en el jardı́n,
se habı́a sentido tan aterrador.
Sin embargo, el tranquilo estancamiento en el restaurante, donde un
disturbio parecı́a inminente, no se resolvió fá cilmente, y mientras tanto,
Rensley logró recuperar la compostura. Un estado de confrontació n
donde nadie se movı́a con facilidad, todos descon iaban unos de otros.
En un estrecho terreno de caza con una sola presa, habı́a demasiados
cazadores. En el tenso silencio, Rensley respiró hondo en silencio y
observó rá pidamente a la gente en la tienda. El restaurante estaba lleno,
sin un solo asiento vacı́o, e incluso con un vistazo rá pido, habı́a al
menos veinte personas. Parecı́a una situació n donde una pequeñ a
chispa podı́a desatar una gran pelea.
'¿Puedo salir de aquı́ sin problemas?'
Mientras Rensley observaba nerviosamente su entorno, una breve y
falsa tos se escuchó justo a su lado. Era el hombre de mediana edad que
se quejaba de irse de allı́ mañ ana.
Dejó la jarra de cerveza que sostenı́a y sacó un cartel de "Se busca" del
bolsillo. Mientras el silencio aú n persistı́a, miró alternativamente a
Rensley y al cartel, y preguntó corté smente.
¿Es usted realmente, señ or Rensley Maelrosen?
“…¿Me crees si te digo que no lo es?”
“Eh… no.”
No hagas preguntas cuando ya tienes una respuesta en mente. ¿No se
sentirı́a vacı́a mi respuesta?
“Tienes una personalidad má s que una apariencia”.
No me gusta buscar peleas, pero entiendo. He encontrado nuevas
experiencias donde antes no las habı́a.
Al terminar de hablar, Rensley golpeó al guardia con la daga que llevaba
en la cintura. La hoja plateada, liberada de su vaina, reveló al instante
una forma creciente.
Mientras Rensley se levantaba y se apoyaba contra la pared, todos en el
restaurante, como si esperaran, se pusieron de pie. El pequeñ o
restaurante, lleno de gente con armas, se volvió cada vez má s tenso,
como si fuera a incendiarse en cualquier momento. Rensley tambié n
frunció el ceñ o y escupió una palabra.
“No me atrapará n fá cilmente, ası́ que será mejor que todos esté n
preparados”.
Los cocineros y camareros se retiraron apresuradamente a la cocina.
Incluso en medio de una situació n de riesgo vital, el plato de estofado,
sin haber sido rozado ni una sola vez por su lengua, apareció ante la
vista de Rensley, reclamando su vitalidad con un gorgoteo. Rensley
frunció el ceñ o.
'Mi guiso.'
“¡Espera, espera, espera!”
El hombre que habló primero con Rensley volvió a alzar la voz. Dejó la
jarra de cerveza que sostenı́a y sacó un cartel de bú squeda del bolsillo.
Mientras el silencio persistı́a, agitó el cartel.
¡Tranquilos todos! Los rumores corren a raudales, pero nada se ha
demostrado. Ya sea que el Sr. Rensley Maelrosen fuera descubierto
planeando una traició n, se enfrentara al Duque, lo envenenara para
enfermarlo, cambiara el escudo de armas del Duque por uno falso y
escapara, o difundiera rumores de que el Duque es impotente, ¡ningú n
rumor se ha demostrado cierto!
¿El rumor de que el Duque es impotente se ha extendido a nivel
continental? Ademá s, ¿se originó en mı́? Los ojos de Rensley temblaron
ante las acusaciones que el hombre habı́a mencionado por ú ltima vez.
Sin embargo, sin prestar atenció n a la confusió n de Rensley, el discurso
continuó .
Sea cual sea la verdad sobre la familia real Aldrant, ¡esta orden de
bú squeda es, en rigor, una orden de desaparició n! Perseguir criminales
es algo que hemos estado haciendo, y parece que todos está n
completamente confundidos. No se trata de arrestar a un criminal, sino
má s bien de encontrar a una persona desaparecida. Nuestra misió n es
llevar a este apuesto muchacho al castillo del Duque sin tocarle ni un
pelo.
—Entonces, ¿qué está s tratando de decir?
Otro cliente, aparentemente cansado de la larga introducció n, expresó
su insatisfacció n.
Uno, dos, tres... Unas veinte personas, ¿no? Con esta recompensa,
incluso si la dividimos entre veinte, es mejor que cualquier recompensa
individual. ¿Qué les parece? En lugar de discutir entre nosotros e
intentar atrapar a uno, dividá mosla amistosamente. Es má s seguro para
todos nosotros y para este tipo. Si hay ruido, la gente de afuera podrı́a
darse cuenta y entrar corriendo.
Era una propuesta nueva, y un murmullo tranquilo llenó el interior de
la tienda. Re lexionando sobre la situació n, Rensley era el ú nico que lo
contemplaba. Quizá s una pelea serı́a mejor; la situació n se estaba
deteriorando. Aunque podrı́a escapar o ganar en un combate cuerpo a
cuerpo contra la multitud, le costaba sentirse seguro al enfrentarse a
cazarrecompensas que habı́an acordado colaborar.
—No, no te pongas tan tenso. Humanos codiciosos buscando
recompensas no tomarı́an una decisió n tan racional, ¿verdad?
¡Por favor, que sea una pelea!, rezó Rensley con fervor, apretando con
fuerza su daga.
Tiene sentido. Es una buena idea…
Sin embargo, la situació n traicionó las oraciones de Rensley y continuó
pacı́ icamente.
Incluso antes de hablar con propiedad, este tipo saca una espada. Si
intentamos someterlo y lo herimos accidentalmente, no solo podrı́amos
perder la recompensa, sino tambié n asumir la responsabilidad.
¿Verdad?
Vayamos con sigilo. Hay gente afuera que tambié n lo está buscando.
Oiga, Sr. Maelrosen. Lo atraparemos sin hacerle dañ o, ası́ que mejor no
se resista. Al inal, puede que no le salga mal. ¡Posadero! Dele la vuelta
al cartel, cerramos. Le compensaremos bien tambié n.
“¡Oh, sı́, sı́!”
El cocinero, que observaba la situació n desde la cocina, salió corriendo.
Con la vista puesta en su espalda mientras intentaba cerrar la puerta,
Rensley, con expresió n decidida, se selló los labios con irmeza.
Apretando la empuñ adura de su espada, corrió hacia adelante al
instante. Aunque eran numé ricamente superiores y se sentı́an algo
relajados tras llegar a un acuerdo, los cazarrecompensas se
sorprendieron por las repentinas acciones de Rensley.
"¿Qué está haciendo?"
“¡Capturadlo!”
Rensley destacaba en el manejo de la espada y la equitació n. Sin
embargo, su habilidad má s destacada era su agilidad. Nunca habı́a
perdido en carreras a pie, y a pesar de que Ivet a veces se burlaba de é l,
llamá ndolo simiesco por su habilidad para trepar á rboles o muros altos,
se enorgullecı́a de su destreza fı́sica.
Esta vez, la velocidad de Rensley superó a la de todos los demá s. Los
cazarrecompensas corrieron hacia é l, pero Rensley ya habı́a salido
corriendo del restaurante antes de que pudieran cerrar la puerta.
Rensley se quitó la bufanda y gritó con fuerza.
“¡Soy Rensley Maelrosen!”
Los movimientos de la gente que paseaba tranquilamente afuera se
detuvieron. El brillante cabello rubio era evidente incluso bajo la tenue
luz del sol. Con cada paso del joven que corrı́a, la atenció n se
concentraba.
Los fornidos cazarrecompensas irrumpieron por la puerta del
restaurante como si fuera de papel y Rensley, que los habı́a dejado
atrá s, volvió a gritar.
¡Rensley Maelrosen está aquı́! ¡Soy yo! ¡Rensley Maelrosen!
¡Captú renlo! ¡Atrapen a ese tipo!
Las personas, desconcertadas por el repentino giro de los
acontecimientos, recobraron gradualmente el sentido y comenzaron a
perseguir a Rensley. Mientras tanto, Rensley, quien ya habı́a saltado a la
pared de una casa y luego al tejado, iba de edi icio en edi icio. Los
cazarrecompensas, perseverantes, seguı́an persiguié ndolo a medida
que ascendı́a.
“¡Usa un arco!”
—No, si cometemos un error y le damos, ¡no solo perderemos la
recompensa!
Un arquero que se disponı́a a disparar fue detenido por un espadachı́n
que corrı́a a su lado. Mientras Rensley miraba hacia atrá s mientras huı́a,
esta vez un mago apuntaba con su varita y cantaba un hechizo.
Aunque desconocı́a qué tipo de magia era, el humillante recuerdo de
haber sido alcanzado por un hechizo paralizante del Duque Gezell
cruzó por los ojos de Rensley. Podı́a evitar los ataques fı́sicos, pero no
sabı́a có mo esquivar la magia.
“¡No puedo dejar que los demá s lo atrapen!”
“¡Ah!”
Mientras un mago cantaba un hechizo, otro cazarrecompensas lo atacó
con un martillo. Aprovechando el tiempo ganado, Rensley movió los
pies rá pidamente y saltó .
Escondido tras la chimenea del tejado, Rensley miró hacia abajo y vio la
caó tica escena que se desarrollaba tal como la habı́a anticipado. Los
cazarrecompensas se abalanzaban unos sobre otros en un caos
descomunal, solo por el bien de la presa solitaria. Rensley asintió
solemnemente.
"Ası́ es como debe ser."
Los humanos eran criaturas intrı́nsecamente insensatas que no podı́an
resistir sus deseos inmediatos, perdiendo algo aú n mayor en el proceso,
¿no?, murmuró Rensley para sı́ mismo con autodesprecio, y luego
corrió rá pidamente por los tejados.
De todas formas, ahora que el caos habı́a estallado, los rumores sobre la
aparició n de Rensley Maelrosen seguramente se extenderı́an. Como
huir continuamente tenı́a sus lı́mites, necesitaba encontrar un lugar
seguro donde esconder su cuerpo.
Junto a las grandes desgracias, solı́an esconderse pequeñ as fortunas.
Era demasiado pronto para desesperar. Mientras Rensley se agachaba,
caminando por los tejados del pueblo, vio una carreta a punto de partir.
Un carro de madera repleto de paja bien seca y un conductor modesto y
de rostro robusto que no parecı́a tener relació n con palabras agresivas
como "cazadores de recompensas".
"Bien."
Justo antes de que el conductor pudiera pronunciar palabra, Rensley
saltó al carro. La paja blanda, apilada hasta el borde en el maletero,
crujió , pero absorbió el peso de Rensley sin impacto perceptible.
Rensley se enterró completamente en la paja.
Tras escapar para salvar su vida, exhaló un profundo suspiro de alivio y
se encontró re lexionando sobre su destino. Parecı́a que no habı́a dı́a
para evitar esta maldita situació n del carro.
Cap. 11.2 - Profecía ominosa
Un caballero corrı́a apresuradamente por el pasillo. Normalmente, los
caballeros de la familia real seguı́an el principio de no correr dentro del
palacio. Habı́a un miembro que ignoraba por completo este principio,
pero en ese momento no estaba dentro del castillo. En cualquier caso,
cualquiera podrı́a adivinar que algo urgente habı́a sucedido con solo
mirarlo.
"¡Comandante!"
“¿Por qué tanto alboroto?”
Anton Sorel, el comandante, cuyas ojeras se habı́an oscurecido
notablemente en comparació n con hacı́a un rato, levantó la vista del
informe que estaba revisando. Aunque era miembro de los caballeros y
tambié n desempeñ aba el papel de o icial de informació n dentro de la
orden, parecı́a preocupado al responder, y la mirada de Anton era
penetrante.
“Se ha encontrado Maelrosen.”
"¿Qué dijiste?"
Sobre todo, Anton inmediatamente dejó el informe que estaba
revisando y se puso de pie.
"Cué ntame má s."
Fue encontrado en un restaurante en un pueblo cerca de la frontera.
Testigos a irman que entró casualmente sin saber que lo buscaban, e
incluso pidió comida. Parece que su identidad fue expuesta en el
interior, lo que provocó un enfrentamiento y persecució n con personas
que se reunieron para obtener la recompensa.
—¿Y bien? ¿No está herido?
No hay noticias de que haya resultado herido. Como sabes, Mael…, Sir
Maelrosen es excepcionalmente rá pido. Al inal, logró escapar de las
manos de cualquiera y parece estar huyendo de nuevo.
"¿De nuevo huyendo?"
Anton, como si no pudiera creerlo, respondió y se quedó en silencio,
como perdido. Luego suspiró .
Quizá s se asustó por la situació n de ser buscado. Por mucho que le
dijera que ese mé todo no era adecuado.
Incluso insistió ante el Ministro del Interior. El jefe del equipo de
bú squeda tambié n cedió .
“…Primero informaré al señ or.”
“¿Está bien informar antes de con irmar?”
Es mejor dar buenas noticias por ahora. Aunque se hayan extendido los
rumores, no los menciones a la ligera.
Anton abandonó rá pidamente el cuartel general de la orden de
caballeros. Como era de esperar, la noticia de que Rensley se habı́a
revelado de nuevo ya se habı́a extendido por el castillo. Los que
murmuraban guardaron silencio y se dispersaron al acercarse Anton.
Ignoró el hecho y entró en la torre principal del Castillo Roudken. Sin
embargo, no se dirigió al despacho del señ or, al laboratorio de
investigació n subterrá neo ni a los dormitorios. Tampoco fue a los
aposentos de Rensley Maelrosen ni a la habitació n privada del Duque.
Atravesando el corredor central, salió al patio norte y llegó a la entrada
de la torre, cerca del muro exterior norte, má s allá del desolado jardı́n y
el terreno abierto.
Los residentes y trabajadores del castillo tenı́an prohibido el acceso a la
zona cercana a la muralla exterior norte. Si la defensa má s
septentrional no lograba detener la invasió n de monstruos, la muralla
exterior norte de Roudken serı́a el siguiente objetivo. Solo se permitı́a
la entrada permanente al duque que gobernaba el paı́s, a los magos y
caballeros de alto rango, y a quienes contaban con un permiso especial.
La entrada a caballeros y soldados rasos solo estaba permitida en caso
de emergencia.
Dentro de la muralla norte, habı́a una robusta torre. Una gran y só lida
torre de piedra con su propia torre de vigilancia resultaba inquietante y
frı́a incluso al acercarse. Era una prisió n fuertemente custodiada que se
usaba para con inar a quienes cometı́an alta traició n y a los condenados
a muerte. Por lo tanto, era un edi icio aislado dentro del castillo del que
la gente dudaba en hablar, incluso dentro del castillo, debido a los
fantasmas, las maldiciones y el resentimiento que lo rodeaban.
En la torre, habı́a dos magos de pie a un lado, y al acercarse Anton,
comenzaron a cantar sin preguntar por qué . Al hacerlo, un leve rastro
se extendió por la pared oscura como una mancha, y la pared se abrió
como la entrada de una cueva. Anton entró sin decir palabra.
Las lá mparas iluminaban discretamente el interior de la oscura pared, y
el só lido garaje de piedra no tenı́a muebles decorativos comunes. Los
pasos de Anton resonaban por el silencioso pasillo. Al inal del
laberı́ntico pasillo sinuoso, habı́a una robusta reja de hierro. Tras ella,
se encontraban objetos que podrı́an describirse como pertenencias de
la prisió n: una cama bastante grande y robusta, una silla y una mesa.
Un brasero frı́o ardı́a a un lado, calentando la frı́a pared de piedra. El
hombre que habı́a estado sentado frente a la silla giró ligeramente la
cabeza.
"Su Gracia."
Ante aquella mirada á spera, que parecı́a desprovista de toda emoció n,
Anton se aclaró la garganta inconscientemente. Al re lexionar, su rey
siempre habı́a sido una persona muy seca, y é l mismo parecı́a haberse
acostumbrado a su apariencia gradualmente cambiante.
Han pasado unas tres semanas desde la desaparició n de Rensley
Maelrosen. Las noticias que les llegaron fueron prá cticamente
inexistentes, e incluso cuando la familia real de Cornia envió a Pavels a
preguntar, la respuesta fue sucinta: «Todo es ajeno a nosotros, y es
sorprendente que siga vivo».
Durante la primera semana tras su desaparició n, Gezell Jivendad buscó
a Rensley Maelrosen como un loco. Contrariamente a la prioridad
habitual de la defensa de Aldrant, movilizó numerosos efectivos para
encontrarlo.
El equipo de bú squeda visitaba bosques y diversos territorios a diario,
y los magos usaban magia de vigilancia para escanear el lecho del rı́o.
Gracias a esto, descubrieron algunos cuerpos ahogados, pero entre ellos
no habı́a rastro del cadá ver de Rensley Maelrosen.
Si hubiera usado rutas convencionales, la posibilidad de que
abandonara Aldrant en una semana era baja. Sin embargo, el rastro de
Rensley Maelrosen se interrumpió despué s de que se borraran las
huellas en el borde del acantilado.
Entonces Gezell Jivendad tomó una decisió n que no debió tomarse.
Intentó con irmar si Rensley Maelrosen realmente se habı́a convertido
en un cadá ver.
Afortunadamente, Larcof, quien observaba con cortesı́a, intervino justo
antes de que se completara el hechizo que invocaba la muerte. Sin
embargo, los ancianos concluyeron que ya no podı́an permanecer
indiferentes.
En el momento en que necesitaban fortalecer sus defensas para la
pró xima primavera, el perı́odo en el que debı́an consolidar su ú ltima
lı́nea de defensa, podrı́a haber sido una elecció n peligrosa, pero
precisamente por eso, Gezell Jivendad aceptó en silencio su insistencia
en un enfoque má s contundente.
El rey de Aldrant era el guardiá n no solo del norte, sino de todo el
continente. Gobernaba la Selva Negra y el Rı́o de Plata, sujeto a la
obligació n de obediencia al dominio sagrado.
A pesar de ser un rey joven, era un genio y un gobernante ideal, hasta el
punto de que no era exagerado decir que habı́a surgido uno en siglos.
Priorizaba el cumplimiento de su deber por encima de todo,
considerando su excepcional sabidurı́a y genialidad como mago. No
dejaba que sus emociones se dispersaran por asuntos personales ni
mostraba un interé s innecesario por el mundo exterior.
—Su Gracia, se ha avistado a alguien que se presume es Sir Maelrosen.
Sin preguntar por qué habı́a venido Anton, Gezell, que habı́a
permanecido sentado en silencio, se levantó de repente. Anton tragó
saliva al ver los ojos dorados que lo miraban como si estuvieran
dispuestos a clavarle los dedos que sujetaban la reja.
"¿Vivo?"
Un calor gé lido llenó el tono bajo y agrietado de Gezell. Anton asintió .
“¿Es eso cierto?”
Todavı́a se basa en testimonios de testigos presenciales, pero varias
personas a irman haberlo visto. El equipo de bú squeda pronto
procederá a con irmarlo.
No se atrevió a mencionar que habı́a escapado otra vez. Anton tragó
saliva mientras los ojos dorados que se habı́an alzado como llamas se
enfriaban gradualmente hasta adquirir un color calabaza, y la
impresió n á spera y amenazante se suavizaba en el rostro familiar y
romo de un joven.
Anton se tragó la amargura que parecı́a surgir por ené sima vez. Ya fuera
antes o despué s, el mayor error que cometió como caballero del rey fue
dejar ir a Rensley Maelrosen esa noche sin detenerlo.
Gezell, como si no creyera del todo las palabras de Anton, pero
visiblemente aliviado, cerró la boca con irmeza, como si expresara
alivio. Habı́a estado investigando varios asuntos relacionados con
Aldrant mientras estaba sentado en su asiento. Estar con inado en un
solo lugar y esperar solo noticias externas sin duda serı́a frustrante.
La torre norte de Roudken fue el grillete que ató a los reyes de Aldrant a
lo largo de generaciones. Reprimió el «poder» que podı́a descontrolarse
y sirvió como recordatorio de sus deberes.
Asegú rese de que no se lastime bajo ninguna circunstancia. Dı́gaselo
con irmeza al equipo de bú squeda.
No tenı́a tiempo para preocuparse por alguien que habı́a abandonado
su con inamiento. Los dedos de Gezell se apretaron con fuerza sobre la
reja, y la ansiedad impregnaba su voz. Anton asintió .
Entendido. No te preocupes.
“…¿Volverá ?”
“Por supuesto, Su Gracia.”
Aunque quiera irse otra vez, pı́dele que vuelva al menos una vez. Ya lo
he dicho antes, pero no podemos dejarlo ir ası́.
Encontrar y despedir a alguien, incluso utilizando magia oscura, dice
mucho sobre esa persona.
Anton contuvo el suspiro, mezclado con una pregunta. Ya fuera antes o
despué s, estos dioses inquebrantables estaban inquietos por la
repentina desviació n del joven rey. La visita de Gezell a la torre norte no
era la primera. Su padre, quien fue el anterior guardiá n, pasó la mayor
parte de su vida allı́ tras el debilitamiento de su salud mental. Gezell
Jivendad, su hijo, visitó esta torre desde muy joven para conocer a su
padre.
Desde su nombramiento como comandante de los caballeros, Anton
habı́a aprendido varias cosas sobre la familia real, a la que habı́a
servido con vago patriotismo y lealtad. A veces especulaba vagamente
sobre por qué su señ or pasaba todos los dı́as con inado en el
laboratorio subterrá neo.
Era cierto que no soportaba el frı́o exterior, estaba profundamente
inmerso en la investigació n má gica y apreciaba los libros, pero antes de
todas estas preferencias, estaba má s familiarizado con las oscuras
paredes de piedra iluminadas solo por la chimenea que con cualquier
vasto palacio.
—Su Excelencia, espere un momento. Es culpa mı́a que las cosas hayan
llegado a este punto. No tengo palabras para ofrecer.
“El decidió irse por mi culpa, y tú te culpas a ti mismo, hombre tonto”.
Gezell soltó la mano que sostenı́a la reja. Retrocedió unos pasos y se
enfrentó a Anton.
“¿No hay nada especial afuera?”
—No. No hay disturbios. Larcof y yo estamos persuadiendo a los
ancianos, ası́ que saldrá pronto.
“Debemos aislar o eliminar cualquier amenaza potencial; no hay otra
manera”.
Anton no tuvo palabras para responder al tono indiferente de Gezell,
quien se señ aló a sı́ mismo como si fuera un objeto. Bajó la cabeza y
saludó .
"Saldré ."
“Si hay algú n cambio con respecto a Sir Maelrosen, infó rmeme de
inmediato”.
"Comprendido."
Como el rey está con inado, el comandante de los caballeros no puede
abandonar su puesto por mucho tiempo. Reprimiendo el deseo de
quedarse un poco má s, Anton se dio la vuelta. Una vez resuelto el
asunto de Maelrosen, este caos llegará a su in.
Cualquiera podrı́a suponer que existen historias no contadas
relacionadas con Rensley Maelrosen. La pregunta persistente sobre
có mo explicar dicha existencia a los demá s y a las diversas personas
que los rodean persiste, pero… si regresa y el rey se recupera, todo será
secundario.
Cuando Antó n salió de la torre, los magos cerraron la puerta que habı́an
abierto en la muralla. La torre norte se convirtió en una prisió n perfecta
sin entrada ni salida. Tras echar un vistazo rá pido al inal de la torre,
Antó n pronto siguió adelante.
Al regresar a la torre central por el pasaje norte, Anton notó que el
ambiente en el castillo se habı́a vuelto má s ajetreado durante su
ausencia. Agarró a uno de los soldados.
"¿Qué está sucediendo?"
—¡Oh, comandante! Ha llegado un informe de la muralla defensiva.
“¿El muro defensivo?”
En lugar de preguntarle detalles al soldado, Anton se dirigió
rá pidamente a la o icina. Al abrir la puerta, varios o iciales de alto rango
y magos ya estaban reunidos. Larcof, que miraba el mapa, habló
brevemente.
Parece que la defensa del muro norte se ha derrumbado. Parece ser un
ataque a gran escala. Las criaturas má gicas probablemente llegará n a
Roudken en pocas horas.
Anton frunció el ceñ o. Sabı́a que no era del todo culpa suya, pero culpó
en voz alta a los funcionarios allı́ reunidos.
¡Mira eso! ¿No dije que traer a Su Gracia a la torre en este momento fue
una mala decisió n?
Ha estado demasiado tranquilo hasta ahora. No pudimos determinar si
hubo un ataque, incluso si Su Excelencia estaba presente o no.
¿No está n todos especulando que las criaturas detectan la protecció n
má gica de Aldrant? Entrará n corriendo, pensando que Su Gracia está
ausente.
La atmó sfera se volvió tensa y frı́a.
Sin embargo, habı́a demasiado que decirse, y no era momento de
discutir ni culpar a los demá s. Todos en la o icina se pusieron de pie y
fueron a sus respectivas tareas.
Cada uno de los o iciales encontró su tarea asignada, y Larcof se dirigió
a la torre norte, mientras que Anton se dirigió al cuartel general de los
caballeros.
Por mucho que se les considere "elementos peligrosos", al inal, se
necesita a una persona. Es como usar veneno como remedio.
Cap. 11.3 - Profecía ominosa
Un crujido provenı́a de las articulaciones de la rueda de madera.
Cuando el lento carro de equipaje se detuvo tambaleá ndose, Rensley,
que habı́a estado dormitando, parpadeó , completamente alerta.
¿Eres un tonto? ¿Có mo puedes relajarte y quedarte dormido? ¿Cuá nto
tiempo llevo viajando? ¿Dó nde estoy?
Rensley se agachó , prepará ndose para la situació n en que el cochero
viniera a revisar la carga. Era comú n que viajeros o bardos subieran a
los carros de equipaje, pero nunca era bien recibido en ningú n lugar.
Antes de que el dueñ o del carro los viera, era costumbre saltar del
compartimento de carga y continuar su camino.
Tal vez exhausto por la persecució n antes de subir al carro, Rensley
habı́a caı́do en un sueñ o profundo sobre la paja dentro del
compartimiento de equipaje.
“¿Tuviste un buen viaje?”
—Sı́. Nada raro en casa, ¿verdad?
Mientras contenı́a la respiració n, esperando el siguiente movimiento
del cochero, Rensley escuchó una conversació n que sonaba cariñ osa y
cá lida. Poco a poco se relajó y soltó una risita.
El cochero, ajeno a la presencia de un invitado no deseado en el
carruaje, procedió a intercambiar cumplidos en lugar de revisar el
equipaje de inmediato. Rensley respiró aliviado; parecı́a que la persona
que habı́a usado el compartimento sin permiso no se enfrentarı́a a una
ira tan grande.
¿Pero qué pasarı́a si el autoestopista resultara ser Rensley Maelrosen?
La situació n serı́a diferente. Los recientes y generalizados carteles de
bú squeda parecı́an haber llegado a todos los rincones del continente,
incluyendo a Aldrant, Cornia e incluso a personas relacionadas con Ivet
o a altos cargos.
¿Por qué me hice tan famoso de repente? Solo quiero vivir una vida
sencilla como todos los demá s.
Refunfuñ ando para sı́ mismo, Rensley cambió de postura. Era buena
idea escabullirse discretamente durante la conversació n entre el
cochero y la otra persona.
El carro de equipaje, aú n sin guardar en el establo, estaba sobre el suelo
de tierra. Si hubiera sido un campo de grava, habrı́a sido difı́cil
amortiguar el sonido, pero afortunadamente no fue ası́. Rensley bajó
con cautela, movié ndose sigilosamente como un gato, paso a paso.
“Relá jate, descansa y come algo antes de irte”.
"¿Qué dijiste?"
Ante las repentinas palabras del cochero, la persona que conversaba
con é l preguntó sorprendido.
No habı́a forma de que pudiera ser una conversació n dirigida a é l, y
Rensley estaba congelado, incapaz de moverse, como cuando estaba
atrapado por magia.
“El invitado ha llegado.”
¿Ah, sı́? ¿Dó nde?
Invitado, por favor, no se vaya. Ya que ha venido hasta aquı́, descanse un
poco.
Rensley no respondió y tragó saliva nerviosamente varias veces. Pero al
mirar a su alrededor, solo habı́a altas montañ as y llanuras desoladas.
Incluso las viviendas cercanas parecı́an escasear por allı́, salvo la casa
del cochero.
Sin poder evitarlo, respiró hondo, se subió la ropa de abrigo hasta la
barbilla y se cubrió la mandı́bula. Esta vez, se movió rá pidamente
detrá s del carro y saltó por detrá s.
¡Hola! Disculpe las molestias en su viaje, pero me torcı́ la pierna. Es una
verdadera vergü enza; alquilé el maletero por má s tiempo del previsto
por haberme quedado dormido. Planeaba desaparecer sin decir
palabra, pero parece que lo presentiste como un fantasma. Ya que me
atraparon, pagaré el transporte sin remordimientos.
—¡Dios mı́o, sı́ que hay un invitado!
La persona que conversaba con el cochero parecı́a sinceramente
complacida. Agitó las manos, indicando que cualquier historia servirı́a,
y lo instó a entrar.
Pasen. No pasa mucha gente por aquı́, ası́ que, naturalmente, debemos
tratar bien a nuestros invitados. No sé cuá nto tiempo hace que no
vemos a alguien que venga de fuera.
A pesar de la inesperada hospitalidad, Rensley no pudo seguirlos
fá cilmente al interior de la casa.
Una cabañ a ubicada bajo las altas montañ as de la llanura á rida.
Ademá s, el an itrió n lo recibió sin conocerlo... ¿Será que algo lo ha
cautivado de nuevo? Hay innumerables historias trá gicas de quienes
entraron imprudentemente en casas misteriosas y aisladas,
encontrá ndose con bandidos que las robaban o monstruos que
devoraban gente.
Bienvenido. Estaba preparando la comida. Por favor, un guiso caliente,
aunque sea un ratito.
"¡Gracias!"
Aunque terminara siendo devorado, Rensley decidió que primero debı́a
llenarse el estó mago. Con la mente puesta en complacer sus deseos,
rá pidamente dejó de lado sus preocupaciones, sonrió y entró en la casa.
La menció n de preparar una comida parecı́a cierta, pues la pequeñ a
casa se llenó del delicioso aroma de la comida. El dueñ o, de pie frente a
la olla, removiendo el guiso, dijo con una sonrisa: «Es modesto, pero
por favor, tomen asiento. Viviendo en un lugar como este, no es fá cil
recibir visitas de fuera. Conduzco el carruaje por el pueblo, ası́ que
puedo hablar con la gente, pero mi esposa, que está aquı́, pasa la mayor
parte del tiempo en casa y puede pasar un mes entero sin ver a nadie».
La mujer, que habı́a estado charlando animadamente, inalmente le
preguntó al cochero: «Si trajo un invitado, vamos a conocerlo. ¿De
dó nde es esta persona?»
—No estoy seguro. ¿De dó nde eres?
Incluso la mujer parecı́a desconcertada por las palabras del cochero.
Sonriendo, lo regañ ó : «No, ¿trajiste a alguien sin siquiera saludarlo? ¿De
dó nde es?».
—Ah, eso es. Subı́ al carruaje sin permiso, me eché una siesta y no
pensaba seguirlo hasta la casa... No pretendı́a encontrarme en una
situació n donde recibiera tanta hospitalidad. Le pido disculpas
sinceramente.
Rensley resumió brevemente la explicació n que habı́a dado antes,
mirando a la pareja que parecı́a ser marido y mujer. Aunque estaban
cubiertos toscamente con sombrero y ropa de abrigo, sin bufanda para
ocultar sus rostros como en un restaurante, no parecieron reconocer a
Rensley en absoluto.
En busca de cualquier señ al, Rensley se humedeció los labios y luego se
quitó el sombrero. Con su brillante cabello rubio al descubierto y
bajando el cuello de su abrigo, su rostro quedó completamente
expuesto. Sin embargo, no habı́a señ al alguna de reconocimiento en los
ojos del hombre sentado frente a é l.
Puedes quitarte la ropa de abrigo. La casa puede ser vieja, pero no hace
tanto frı́o.
"Ah, okey."
La mujer tambié n miró de reojo el rostro de Rensley sin mostrar
ninguna reacció n en particular. Parecı́a que esta pareja no conocı́a a
Rensley Maelrosen, a quien buscaban. Ya fuera ingido o real, Rensley
intentó actuar como siempre, prestando atenció n.
“Ahora, por favor disfrú talo.”
Sin embargo, el guiso caliente que tenı́a frente a é l incluso le quitó la
cautela. El vapor que subı́a levemente y el olor fragante fueron
su icientes para desmoronar en un instante a una persona atormentada
por el frı́o y el hambre.
No era un plato suntuoso con carne generosamente cortada y varias
verduras, como el guiso que se pide en un restaurante. El plato, repleto
de repollo y algunos trozos de carne lotando, parecı́a má s una sopa de
repollo que un guiso. Pero para Rensley, que tenı́a un hambre mucho
mayor de lo habitual, era la mejor comida del mundo.
“¡Lo disfrutaré !”
Rensley tomó su cuchara. El dueñ o de casa, que habı́a estado cocinando,
tambié n se sentó a la mesa y compartió la comida.
El pan de la cesta colocada en el centro de la mesa era á spero y duro,
pero al sumergirlo en el guiso recié n hecho, se ablandó para facilitar su
consumo. Era una mesa que encajaba con la descripció n de un festı́n
modesto.
“¡Es realmente delicioso!”
“Por favor, come mucho. No tengo mucho aquı́, pero para un invitado
despué s de tanto tiempo…”
Dejando de lado cualquier sentimiento de vergü enza y concentrá ndose
ú nicamente en comer, Rensley preguntó qué era lo que le habı́a
despertado curiosidad despué s de sentir cierto alivio de su hambre.
¿Có mo supiste que estaba en el carrito de equipaje? Creı́ que no me
habı́an pillado.
Lo supe desde que subiste. El pueblo de la posada era bastante ruidoso,
ası́ que ¿viajaste para evitar las molestias?
"¿Eh? Ah, sı́..."
Dicen que ú ltimamente ha habido mucho revuelo por ahı́. He oı́do que
buscan a alguien con una gran recompensa, ası́ que no me extrañ a que
alguien como yo sea un desconocido.
“Escuché la historia, pero ¿aú n no lo han encontrado?”
—Parece que sı́. Veo gente ajetreada constantemente.
Esta conversació n casual no podı́a ser una actuació n. Ninguno de los
actores que Rensley habı́a visto podı́a realizar un acto tan asombroso.
Rensley ingió no darse cuenta y miró su reloj de bolsillo.
Si hay una recompensa, debe haber habido un aviso de bú squeda. ¿Lo
han visto?
En ese momento la mujer se rió entre dientes.
No puedo salir, y é l no puede ver el frente. Incluso si alguien a quien
buscamos estuviera justo enfrente, no lo sabrı́amos.
"Oh…"
Incapaz de dar una respuesta inmediata, Rensley parpadeó y la mujer
agitó la mano como diciendo que no era nada.
Aun ası́, las personas ciegas suelen ser má s sensibles que las que sı́ ven.
Yo trabajaba en un taller. Ası́ que, aunque no veo, voy y vengo en coche
al pueblo.
—Ya veo. Disculpa por no saberlo.
Si pudiera salir, serı́a mejor… Pero tengo un niñ o que cuidar en casa.
Cuidar a un niñ o es mucho má s trabajo que conducir un carruaje.
Mientras hablaba, varias cosas que Rensley no habı́a notado antes
llamaron su atenció n: ramas y plantas secas colgando de la pared,
herramientas desconocidas para la casa de un granjero sencillo y la
ubicació n de la casa debajo de la montañ a.
El aroma de la botica lotaba en el aire. De repente, se oyó un leve
sonido de tos desde el interior de la habitació n. La mujer se levantó y
caminó hacia ella.
“Sı́, mamá , estoy aquı́.”
El sonido de la tos continuaba sin cesar tras la puerta cerrada. El
ambiente se volvió algo pesado.
Sintié ndose culpable por haber aceptado la comida con tanta
indiferencia, Rensley se mordió la uñ a. Sin expresió n alguna, pero
observando atentamente la expresió n del cochero, que parecı́a estar
cargada de tristeza, Rensley inició una conversació n con cautela.
“Parece que el niñ o está enfermo”.
Sı́. Ha pasado mucho tiempo. Como no tenemos mucho, no pudimos
tratarlo adecuadamente... Estamos intentando solucionarlo nosotros
mismos, pero no es fá cil.
Rensley sacó unas monedas. Si ofrecı́a una o dos, podrı́a ser ú til.
Aunque habı́a estado en una situació n de vida o muerte, tal vez podrı́a
devolverlo con una comida. Aunque de repente ofreciera dinero, no era
fá cil, ası́ que continuó la conversació n un poco má s.
¿Has visto a un mé dico? Si vas a Roudken, seguro que hay un mé dico
cuali icado.
Fui cuando el niñ o empezó a enfermarse. Dijeron que era una
enfermedad rara. Esa persona se esforzó por ayudarlo e incluso se lo
mostró a un mé dico de Pheraira. Aunque no se garantiza una
recuperació n completa, con un tratamiento continuo, el niñ o podrı́a
llevar una vida relativamente normal.
La historia, que salió como un chisme, era comú n, pero para la persona
involucrada, era una historia extraordinaria. La pareja, que
originalmente operaba un pequeñ o taller y lograba sobrevivir, habı́a
gastado todas sus posesiones en el tratamiento del niñ o. El dinero tardó
tan solo seis meses en agotarse.
Al principio, el mé dico le habı́a proporcionado un tratamiento sencillo
sin cobrar honorarios, pero como los medicamentos eran caros, pronto
se encontraron con limitaciones. Al no poder brindarle tratamiento, la
condició n del niñ o empeoró , y acorralados en una situació n
desesperada, la pareja, acorralada, abandonó el pueblo para establecer
un refugio bajo la montañ a para recolectar hierbas y atender al niñ o.
Durante dos añ os, habı́an estado ganá ndose la vida a duras penas,
recorriendo los campos para recoger paja y vender leñ a. Aunque era
una vida difı́cil, la pareja logró sobrevivir durante un tiempo. Sin
embargo, ahora que habı́an vendido la casa donde vivı́an, no les
quedaba nada.
Estamos endeudados y vendimos nuestra casa. No nos queda nada. Por
suerte, el niñ o aguanta por ahora, pero no sabemos cuá nto tiempo má s
podremos seguir con esta vida. Incluso con el dinero que consigamos,
es como echar agua en tierra seca. Hay un lı́mite para pedir dinero
prestado, ¿no?
El cochero, que habı́a estado melancó lico, pareció recobrar el sentido
de repente. Su rostro se tornó avergonzado.
Estoy hablando demasiado delante de alguien que acabo de conocer. Lo
siento. Hacı́a mucho que no tenı́amos visitas, ası́ que terminé hablando
demasiado.
—No, para nada. Lamento no poder ayudarte. Lamento no poder
ayudarte.
A toda prisa por disculparse, Rensley inclinó la cabeza. El cochero
probablemente no se darı́a cuenta del gran favor que le habı́a hecho a
su invitado. El hecho de que apenas hubiera escapado con vida gracias a
su carruaje, y justo cuando estaba a punto de desmayarse de hambre, le
ofrecieron la comida má s preciada.
"Papá ."
La puerta se abrió con un crujido y la mujer salió con el niñ o en brazos.
El niñ o en brazos de la mujer, quizá por la iebre, se sonrojó y buscó a
su padre. El cochero se levantó rá pidamente y lo tomó en brazos.
“Elsa, ¿có mo te sientes hoy?”
"Estoy bien."
Tenemos un invitado. ¿Quieres saludarlo?
¿Q
"Hola."
Hola, Elsa. Mucho gusto.
La respiració n de la niñ a era rá pida y di icultosa. Aunque sentirse mal
se habı́a convertido en algo cotidiano, al ver a Rensley, sonrió
tı́midamente. Cuando hundió la cara en el hombro de su padre, el
cochero pareció desconcertado.
“¿Por qué está s ası́, Elsa?”
Mientras la niñ a le susurraba al oı́do a su padre, el cochero soltó una
carcajada. Ante la desconcertada Rensley, el cochero transmitió las
palabras de la niñ a.
“Ella dice que eres genial y que le gustas”.
¿En serio? ¡Gracias, Elsa! Tú tambié n eres genial. He viajado a muchos
lugares, pero nunca habı́a visto a una niñ a tan valiente y maravillosa
como tú .
Cuando Rensley respondió alegremente, el niñ o siguió sonriendo
mientras lo miraba rá pidamente. Rensley tambié n echó un vistazo a la
casa. Se respiraba una fuerte camaraderı́a: una cabañ a sencilla y
desgastada se calentaba junto a la chimenea con la familia del cochero.
Rensley apretó la cuchara con má s fuerza. Un par de monedas de oro no
les servirı́an de mucho. Aunque serı́a mejor que nada, menos mal que
no se exigió demasiado.
Lo que esta familia necesitaba era una cantidad considerable de dinero
para continuar el tratamiento del niñ o. Algo ası́ como el dinero
su iciente para vivir có modamente sin trabajar toda la vida, casi lo
mismo que la nobleza...
Rensley se mordió el labio. Los ojos que habı́an estado mirando el
cuenco vacı́o ahora se cerraron con fuerza, y se cuestionó .
…¿Estoy loco?
…Si me disculpo desesperadamente como un perro… ¿Serı́a el Señ or tan
amable de mirar para otro lado aunque sea una vez?
Gezell Jivendad es un gobernante muy misericordioso. A pesar de haber
otorgado una cuantiosa recompensa, quizá se debió a la ira, pero ¿no
eran ı́ntimos en secreto? ¿Podrı́a conceder una oportunidad de perdó n?
—No. Cuando me hice pasar por Ivet, ya me mostró su perdó n. Esta es
la segunda vez.
¡Pero! Con iar ú nicamente en su misericordia para buscar perdó n no
era la solució n. Considerando el fervor que mostró hacia Rensley
Maelrosen, recordando favores como abrir especialmente la puerta
cerrada para el examen de ingreso a caballero, soportar juntos la dura
prueba a pesar de su insistencia, construir un costoso invernadero y
prometer tı́tulos o tierras...
Ha sido muy bueno conmigo. Traicionar a un gobierno que funciona tan
bien sin duda lo enfurecerı́a.
El lo comprendió . Aunque la magnitud de su ira excedı́a la imaginació n.
"Suspiro…"
Las incesantes re lexiones sobre sı́ mismas continuaron sin solució n.
Cuando Rensley, que se frotaba la frente con la mano, pareció
preocupado, el hombre preguntó .
"¿Te sientes mal?"
—No, es que tengo algo en mente… ¿Cuá nto tiempo se tarda en llegar
desde aquı́ a Roudken?
Depende, pero con un carruaje como el nuestro, tarda unas dos
semanas. Si tienes un asunto urgente, ve al puesto de control cerca de la
frontera. Hay un dispositivo que te lleva rá pidamente a la capital. Antes,
solo los nobles podı́an soñ ar con usarlo porque la tarifa era demasiado
cara. Pero despué s de que Su Gracia arreglara la red de transporte
má gico del paı́s varias veces, se convirtió en algo que incluso la gente
comú n podı́a permitirse. Aunque no es un precio bajo, lo usamos una
vez con prisas cuando nos establecimos aquı́.
La luz que emanaban los logros del Duque llegó incluso a esta remota
cabañ a. Un gobernante verdaderamente extraordinario. La menció n de
un tı́tulo y su apodo, aterrador y profundamente extrañ ado, surgió
inesperadamente en este contexto, lo que hizo re lexionar a Rensley.
Un puesto de control cerca de la frontera. No era un lugar adecuado
para que un delincuente buscado lo visitara solo. Sin embargo, si
estuviera con este posadero, tal vez podrı́an pasar desapercibidos.
Incluso si lo atrapaban, ser arrestado o icialmente por las autoridades
servirı́a como prueba de que fue entregado a este hombre...
Mientras Elsa gemı́a, la mujer levantó a la niñ a y comenzó a calmarla.
Rensley se acercó al hombre y le susurró en voz baja: «Posadero, ¿có mo
se llama?».
Ahora que lo pienso, no me he presentado despué s de dar la bienvenida
al invitado. Soy Bill Bower.
Soy… eh… Stan Simon. Sr. Bower, tengo un asunto urgente en Roudken y
me gustarı́a contar con su ayuda.
¿Será por falta de fondos? Pero ¿qué puedo hacer? Como mencioné , no
tenemos dinero para prestar de inmediato.
—No es que… Soy de Aldrant, para ser sincero, y correré con todos los
gastos del viaje de ida y vuelta. ¿Puedes llevarme a Roudken en el
dispositivo de transporte? Te compensaré generosamente si me guı́as.
"¿A Roudken?"
La mirada desenfocada de Bower vaciló . Si bien usar el dispositivo
má gico podı́a agilizar el viaje, aú n quedaba una distancia considerable
por tierra. Serı́a una carga dejar atrá s a su hija y esposa enfermas.
Con aire de preocupació n, Rensley bajó aú n má s la voz. «Soy un
mensajero de Pheraira. Tengo un mensaje urgente que entregarle a Su
Gracia».
—Oh, no me extrañ a que tu tono sonara un poco diferente al de los
lugareñ os... ¿A Su Gracia?
La sorpresa era evidente en la voz de Bower. Ignorando la expresió n
vacilante del hombre, Rensley continuó : «Sı́. Pero es un mensaje
con idencial, y los lugares visibles como posadas u o icinas pú blicas
pueden llamar la atenció n. Hace un rato, hubo un disturbio en el
pueblo, ası́ que tuve que irme. Si me acompañ a, será má s fá cil llegar a
Roudken».
Ya veo. No puedo ver lo que hay delante, ası́ que estoy cuali icado para
ser tu guı́a.
—No, señ or Bower, esa no era mi intenció n.
Aunque Rensley levantó la cabeza avergonzado, Bower no parecı́a
particularmente molesto. El hombre, agotado por la vida repetitiva y
aburrida, parecı́a encontrar la repentina situació n algo agradable.
Si está dispuesto a cubrir los gastos, guiarlo un momento no deberı́a ser
un problema. Espere un momento. Hablaré con Anna.
Oh, Sr. Bower, por favor, mué strele esto a su esposa. Es para gastos de
viaje y compensació n. Lo pagaré por adelantado.
Entre sus objetos, Rensley le entregó la pieza de oro má s grande a
Bower. Bower, quien habı́a dirigido un taller, pareció comprender al
instante la textura, el peso y el valor del metal que le habı́an entregado.
Acercá ndose a Anna con una expresió n má s seria, abrió los ojos
sorprendida. "¡Invitada! Esto es solo un regalo de despedida, ¿por qué
es una compensació n tan grande? Con esta pieza de oro, puedes llevar
el dispositivo de transporte a la capital varias veces".
—No es eso. Recibı́ una gran ayuda de ustedes dos hoy. Por favor,
considé relo una muestra de agradecimiento.
La pareja probablemente ayudó a Rensley solo por buena voluntad, sin
esperar recompensa alguna. Rensley lo sabı́a. Sin embargo, renunciar a
una ganancia inesperada era demasiado para ellos. La mujer, que no
sabı́a qué hacer, pronto adoptó una expresió n de arrepentimiento y se
acercó a Rensley.
No deberı́amos cobrar nada por ayudar a los demá s. Lo siento, invitado.
“Me alegro de haber recibido tu ayuda”.
—Cariñ o, despı́delo bien. Despué s de todo, has traı́do a un noble a
nuestra casa.
Estaba oscureciendo. Antes de que cerrara el puesto de control, Rensley
y el hombre salieron apresuradamente. Rensley se ocultó el rostro,
incluyendo la nariz y la boca, envolvié ndose bien con la bufanda que le
habı́a prestado el posadero.
Con la idea de regresar a la zona fronteriza antes de que cerraran el
puesto de control, Rensley y el hombre salieron. Tras despedirse de la
madre y la hija, Rensley se puso el sombrero, cubrié ndose el rostro
hasta el puente de la nariz. El carruaje, que transportaba a un invitado
con una misió n vital, viajaba mucho má s rá pido que cuando regresaba a
casa. A medida que el carruaje recorrı́a velozmente el accidentado
camino, tanto Rensley como el hombre se sentı́an levantados de sus
asientos con cada sacudida.
“Parece que hemos llegado.”
Tras un viaje caó tico, Rensley inalmente encontró el puesto de control
aú n iluminado. Era bastante tarde, pero las puertas aú n no se habı́an
cerrado, y la gente bullı́a, recordando la actividad en el pueblo
fronterizo. El hombre, al notar la inesperada multitud, murmuró
confundido: «Qué extrañ o. No es la hora habitual, pero parece que hay
bastante gente».
“Sı́, algo debe estar pasando…?”
Se volvió difı́cil moverse discretamente con tanta gente alrededor.
Mientras Rensley, con expresió n preocupada, se subı́a la bufanda, el
hombre fue a buscar al supervisor responsable.
No, no puedes entrar a Roudken ahora. El dispositivo de
teletransportació n tampoco está disponible.
¿Por qué ? ¿Qué pasa?
¿No oı́ste las campanas de emergencia y viste las señ ales de fuego
antes? Han traspasado las barreras de defensa y la batalla es inminente.
Hubo paz por un tiempo, pero parece que no será tan tranquila hasta
que llegue la primavera. Aunque las probabilidades de que los
monstruos lleguen a la frontera son bajas, es mejor estar preparado.
Hace unos diez añ os, Aldrant se convirtió en un campo de batalla.
Regresa a casa. Asegú rate de que tu familia esté bien preparada.
Rensley, que habı́a oı́do la conversació n unos pasos atrá s, se acercó a
ellos apresuradamente. "¿Un ataque a Roudken? ¿Por monstruos?"
—Sı́, es cierto. Ası́ que el dispositivo de teletransportació n no se puede
usar ahora. Por favor, retroceda.
—¡No! ¡Tengo que irme ya!
Las palabras de Rensley se aceleraron. Su pecho latı́a con fuerza como
si fuera a estallar de ansiedad. El miedo a la siniestra profecı́a del lobo y
la preocupació n por su destino se desvanecieron como polvo.
Monstruos, ataques, un campo de batalla: cosas que só lo parecı́an
historias que nunca habı́a experimentado de repente se convirtieron en
una situació n real e inminente má s allá de los muros de Roudken.
Los rostros de Lady Samlet, el Comandante Sorel y sus camaradas, Stan
y sus hermanos, Tia y el personal de cocina, Marilyn y los trabajadores
del establo —todas las personas que habı́a conocido y con quienes
habı́a entablado amistad en Aldrant— inundaron su mente. La persona
que má s sobresalı́a era, sin duda, su difunto señ or.
Los ojos de Rensley se fruncieron como si estuviera llorando. Escuchar
noticias de un ataque y ingir que no lo sabı́a era una traició n aú n má s
enorme que engañ ar y huir del señ or, una traició n tan inmensa como la
magnitud de la batalla inminente.
Ahora no es el momento. Es peligroso.
¡Swish! La mirada de Rensley se desvió hacia la cintura del supervisor.
Varias llaves y equipo colgaban del grueso cinturó n de cuero. Tras
haber usado el dispositivo de teletransportació n varias veces en el
castillo, Rensley pudo reconocer cuá les de los objetos eran las piedras
má gicas del dispositivo.
Rá pidamente, Rensley sacó su daga y se acercó a la cintura del
supervisor antes de que nadie pudiera detenerlo. Bill, que no podı́a ver,
estaba en la misma situació n. El supervisor exclamó sorprendido: "¡Qué
locura es esta!".
¡Lo siento! Debo irme. Volveré para devolverte el favor.
¡Es peligroso! ¡No está permitido ahora!
La gente que se habı́a reunido ansiosamente, esperando noticias de la
capital, observaba ahora a Rensley con total atenció n. Los guardias,
intentando intervenir, solo pudieron observar a Rensley con expresió n
perpleja, envuelto en luz.
¡Volveré luego! ¡Lo prometo!
Aunque le hablaron a Bill, no estaba claro si lo escuchó .
Cuando la brillante luz que saturaba las piedras má gicas se desvaneció ,
Rensley, que estaba de pie sobre el dispositivo, no estaba a la vista.
Cap. 12.1 - El rey del norte
Cuando Rensley recuperó el conocimiento, se encontró de pie en un
edi icio vacı́o. Examinando frené ticamente los alrededores, Rensley
corrió rá pidamente hacia la ventana y miró hacia afuera. Se oı́an gritos
desde abajo.
Lo habı́an transferido de una estació n a otra. Al igual que los puntos de
transferencia que impedı́an el uso de la teletransportació n, la estació n
de Roudken tambié n debı́a de estar cerrada. Sin perder tiempo
buscando otra salida, Rensley saltó por la ventana. Al mirar a su
alrededor, su expresió n se tornó desconcertada.
"Qué es esto…?"
Un murmullo involuntario e impotente escapó de sus labios. Rensley
cerró la boca y observó los alrededores. La capital de Aldrant, Roudken,
no era tan bulliciosa ni ruidosa como otras ciudades, pero irradiaba una
vitalidad ordenada, creada por gente diligente y sincera.
Debido al frı́o, habı́a relativamente poca gente activa en el exterior, pero
las tiendas y restaurantes siempre estaban llenos de un ambiente cá lido
y conversaciones. Incluso con el frı́o, se notaba que la ciudad
funcionaba correctamente.
La gente caminaba por calles bien pavimentadas junto a carruajes y
caballos, y a veces, grandes carretas transportaban mercancı́as. Incluso
de noche, la plaza central estaba iluminada por las lá mparas má gicas, y
equipos de patrulla inspeccionaban las murallas y las casas,
comprobando que todo estuviera en orden.
Sin embargo, lo que iluminaba la oscuridad ahora no era la luz de las
farolas, sino las llamas reales que quemaban casas dispersas por todas
partes. La gente corrı́a frené ticamente, gritando incoherencias.
Contrariamente a lo que se oı́a en las zonas fronterizas, no se trataba de
una preparació n para la batalla; la batalla ya habı́a comenzado.
¡Apaguen el fuego! ¡Una vez que empiece a extenderse, será imparable!
¡Evacuen a los niñ os y mujeres! ¡Milicia, al frente de las murallas!
¡Clang! Entre los gritos desesperados, se mezclaban gritos extrañ os.
Sobresaltado por los agudos gritos desde arriba, Rensley
instintivamente levantó la cabeza.
Bajo el cielo nocturno olvidado, un monstruo gigantesco y carmesı́,
diferente a todo lo que habı́a visto, volaba hacia ellos. No tenı́a plumas,
y su apariencia, como si se hubiera desprendido de su piel exterior, era
extremadamente espeluznante.
Clang. Mientras la criatura voladora emitı́a sonidos desgarradores,
llamas brotaron de su boca abierta. Junto con los gritos de la gente, se
encendieron nuevos incendios.
A menos que repelieran el asalto demonı́aco, extinguir el fuego serı́a en
vano. Finalmente, recobrando la consciencia ante el increı́ble
espectá culo, Rensley le preguntó a un hombre que parecı́a liderar la
milicia: "¿Dó nde puedo conseguir armas?".
“¿Sabes có mo usar un arco?”
Asintiendo, Rensley recibió un arco. Varios arqueros ya disparaban
lechas a los monstruos. Rensley disparó lechas a los monstruos
visibles, abalanzá ndose.
Tenı́a que llegar al castillo. Segú n las lecciones de la orden de
caballeros, a menos que derrotara a las criaturas má gicas centrales que
suministraban poder, por muchos monstruos que matara, seguirı́an
reapareciendo. Disparar lechas a los monstruos serı́a inú til a menos
que terminara la batalla má s allá del muro norte de Roudken.
En su carrera, notó un caballo perdido y confundido sin su jinete.
Rensley saltó a la silla. Sin decir palabra, el caballo, que se habı́a
extraviado y vagaba sin rumbo, galopó desenfrenadamente cuando
Rensley sacudió las riendas.
Ignorando las llamas del caballo y concentrá ndose en enfrentarse a los
monstruos que se acercaban, Rensley inalmente llegó a la puerta de la
fortaleza. Sin embargo, la puerta estaba cerrada.
"¡Abrir!"
Rensley alzó la voz. Tiró del cordó n de la campana y llamó al portero.
Ding, ding, ding. La campana sonó varias veces, pero no hubo respuesta
desde adentro. Tenı́a sentido cerrar la puerta para evitar que la pelea se
extendiera a las zonas residenciales, pero alguien deberı́a estar
vigilando la puerta para obtener informació n sobre la situació n en el
exterior.
“¿¡No hay nadie aquı́?!”
¡¿Quié n es?! ¡No pueden entrar a la fortaleza ahora!
De repente, una persona apareció en la puerta de la fortaleza y
preguntó . Con ganas de llorar, Rensley le gritó .
"¡Soy un caballero!"
¿Un caballero? ¿Por qué un caballero deambula fuera de la fortaleza en
medio de este caos?
“¡Hay un problema fuera de la fortaleza y llegué tarde!”
Tras desempacar rá pidamente sus pertenencias, Rensley se puso la
capa de la orden de caballeros. Al ver la capa verde con sı́mbolos de
relá mpagos bordados caer sobre su espalda, el portero apartó la mirada
con recelo. Por suerte, la habı́a traı́do como recuerdo.
¡Kee-ek! Con un sonido prolongado, la gruesa puerta de la fortaleza se
abrió . Rensley entró en la fortaleza aú n má s rá pido que antes.
¡Dirı́gete a la puerta norte!
El portero gritó como si diera ó rdenes. La enorme puerta se cerró tras
é l a toda prisa. Rensley no se detuvo, sino que siguió adelante.
Tranquila y pacı́ ica, la Gran Fortaleza, que siempre habı́a sido ası́, se
habı́a transformado por completo. Estaba dañ ada por todas partes,
envuelta en llamas al igual que las casas. Soldados y trabajadores
comunes estaban ocupados intentando evitar má s dañ os, pero parecı́an
abrumados ante el asalto demonı́aco.
Rensley los atravesó y entró en el pasillo principal de la torre. El
interior de la fortaleza estaba vacı́o, como si los residentes hubieran
evacuado. Atravesando el patio, por el que Gezell y el Gran Duque solı́an
pasear solos, llegó a la puerta norte que conducı́a a la muralla exterior.
Se veı́a gente trepando la muralla de la fortaleza. Má s allá , se oı́a un
ruido tremendo, gritos y alaridos, y los rugidos de demonios
desgarrando y aullando. Sonidos extrañ os, desconocidos para cualquier
criatura que hubiera oı́do antes, se arremolinaban al otro lado de la
puerta.
Tan solo oı́r los aullidos de los demonios le aceleraba el corazó n, como
si fuera a desmayarse. Rensley abrió y cerró los ojos varias veces. Desde
la mano que sostenı́a el arco hasta el temblor de sus piernas, no era
momento de asustarse.
Si un criminal buscado aparecı́a de repente y causaba confusió n en el
campo de batalla, serı́a un gran problema. Rensley se arrancó un trozo
de su camisa interior y se cubrió la cara con fuerza antes de desmontar.
Subiendo por la escalera que colgaba de la pared, los sonidos del otro
lado se hicieron má s claros.
“Ah….”
De pie en el muro, Rensley emitió un sonido que no era ni un suspiro ni
un lamento. Era la primera vez que veı́a el muro norte. Los lugares a los
que podı́a ir se limitaban al patio trasero, con un invernadero y un
almacé n. Nunca habı́a visto lo que se extendı́a má s allá del muro norte,
con la puerta trasera de Roudken.
Lo habı́a imaginado má s sereno, vasto y extenso que cualquier otro
lugar, imaginando llanuras interminables o un enorme bosque de
conı́feras extendido en negro. Pero hoy era diferente, por muy tranquilo
que estuviera al otro lado del muro.
La palabra «guerra» no era una exageració n. La noche se iluminaba con
grandes antorchas que ardı́an por doquier, y tanto el cielo como la
tierra estaban tumultuosos. Mirando hacia abajo desde lo alto, los
demonios que se acercaban parecı́an una plaga de ratas escapando de
un barco que se hundı́a.
Aunque eran visibles los destellos de luz y los truenos creados por los
hechiceros que habı́an creado o participado en ataques má gicos, la gran
cantidad de demonios limitaba el impacto de los ataques localizados.
¿Podrı́an los soldados de Roudken resistir semejante cantidad?
Fue un ataque mucho mayor de lo que se habı́a oı́do. Me brotó sudor
frı́o.
"¡Fuego!"
La orden del comandante parecı́a desesperada. Los arqueros soltaron
las cuerdas de sus arcos simultá neamente. El sonido de las lechas
cortando el aire era tan agudo como el viento.
Rensley corrió entre la multitud. Las murallas de la fortaleza y las
torres de vigilancia estaban repletas de arqueros y lanceros, y la llegada
de unas cuantas personas má s fue tan discreta que nadie habrı́a
reparado en el rostro de Rensley, aunque no lo ocultara.
Rensley disparó lechas junto con los demá s, intentando localizar a los
caballeros. Pero ni el comandante Anton ni los demá s caballeros eran
visibles en la muralla de la fortaleza.
“¡Ya vienen subiendo!”
Antes de que terminara el grito apremiante, varios enormes ganchos de
tres puntas se alzaron en el aire. Los robustos ganchos, parecidos al
hierro, cayeron con un ruido metá lico, y la gente se retiró al ver que una
parte de la muralla de la fortaleza resultaba dañ ada. Incluso si alguien
intentaba cortarla con un hacha, era tan robusta que no se movı́a.
El comandante alzó la voz: "¡No se retiren! ¡Sigan disparando! ¡Resistan
hasta que las fuerzas terrestres los derroten!"
Rensley bajó la mirada con un silbido. ¿Acaso los demonios saben usar
armas o herramientas como los humanos? Sin embargo, los ganchos no
eran armas de asedio, sino los brazos largos y fuertes de un demonio
enorme. Los brazos estaban cubiertos de escamas resistentes y só lidas,
parecidas al robusto caparazó n de los crustá ceos o a una hombrera.
En el lugar donde deberı́an estar las manos, habı́a grandes ganchos
colgando, lo su icientemente resistentes para soportar cualquier
impacto.
Con estos ganchos, el demonio podı́a trepar la muralla de la fortaleza
como si fuera una escalera o una cuerda. Las fuerzas terrestres estaban
demasiado ocupadas lidiando con la multitud de demonios, y no
pudieron enfrentarse de inmediato al gran demonio apostado cerca de
la muralla.
Al comprender la situació n, Rensley se subió al brazo del demonio sin
dudarlo.
¡Oye, qué haces ahı́! ¡Baja! ¡Los ataques en solitario no sirven!
Cuando Rensley sacó dos dagas que colgaban de su cintura, el
comandante gritó sorprendido. Los arqueros y lanceros tambié n
abrieron los ojos de par en par.
“¿Por qué hay un caballero aquı́?”
Ignorando a alguien que murmuraba detrá s de é l, Rensley bajó el
cuerpo y pateó . Empezó a descender rá pidamente, como si se deslizara
por el brazo del demonio.
Querı́a tranquilizar a la gente que gritaba sorprendida. Podı́a luchar en
una cornisa má s estrecha. Con su sentido del equilibrio, tenı́a con ianza.
¡Kaaak! La molestia se mezcló con la frustració n al ver que los gritos
á speros de los invasores, que se arrastraban unos sobre otros, se
interrumpı́an. Un demonio, con los a ilados colmillos expuestos, saltó
hacia Rensley.
“Deja de ladrar desde donde esté s.”
Murmurando con desdé n, Rensley blandió su daga. El demonio, atacado
simultá neamente por el cuello y el corazó n, cayó al suelo.
“¡Lo que me molesta está aquı́!”
Tras ese ataque, los demonios que ascendı́an desde abajo aceleraron su
avance hacia Rensley. Este contraatacó con rapidez, pero la velocidad
tenı́a un lı́mite con la desventaja numé rica.
Por suerte o por desgracia, el espacio limitado para moverse era una
desventaja mutua. Incluso si se abalanzaban sobre ellos, parecı́a
imposible que varios destrozaran a Rensley simultá neamente en una
cornisa tan estrecha.
Un demonio blandió sus largas garras, inquietantemente parecidas a un
cuchillo. Rensley saltó hacia atrá s, pero la punta de la garra le rozó el
pecho. Era má s a ilada de lo que parecı́a; la ropa estaba desgarrada
como si la hubieran cortado, dejando al descubierto carne que
rezumaba sangre, manchando la tela.
Rensley respiró hondo. Tendrı́a que abrirse paso, aunque le hicieran
algú n arañ azo. Incluso en una cornisa má s estrecha, podrı́a luchar.
Una de las largas y a iladas garras del demonio descendió
repetidamente hacia Rensley como una espada de un solo ilo. Mientras
Rensley esquivaba el ataque y saltaba con todas sus fuerzas, la garra
emitió un sonido metá lico al impactar contra el suelo. Rensley agarró el
hombro del demonio, como si subiera una escalera o cruzara un muro, y
lo saltó como si saltara un obstá culo. Los demonios parecı́an
confundidos y no se molestaron en perseguir a Rensley.
"¡Mover!"
Con dos dagas irmemente en la mano, Rensley se enfrentó a los
demonios, uno tras otro, cortá ndolos, pateá ndolos y saltá ndolos.
Algunos demonios cayeron de la escalera hecha de brazos, y otros,
heridos, contraatacaron contra Rensley. Sin embargo, el objetivo de
Rensley no eran los demonios; su objetivo tampoco era Rensley. Era
escalar la muralla de la fortaleza.
Tras abrirse paso entre los demonios, Rensley llegó a las inmediaciones
del suelo. Su ropa estaba desgarrada por todas partes. Sin siquiera un
instante, sacó los artefactos que tenı́a escondidos en los bolsillos. Eran
armas de viaje que le habı́a dado el comerciante que lo ayudó a escapar,
y que nunca habı́a usado en el bosque.
El demonio de brazos largos y robustos sirvió de apoyo a sus aliados, de
pie en el suelo con su cuerpo grande y robusto. Rensley equipó varios
artefactos en la espalda del demonio mientras descendı́a. Sin dudarlo,
saltó y, en cuestió n de segundos, la magia se activó . El demonio,
envuelto en electricidad y llamas, gritó al extinguirse.
Tras observar brevemente las armas y los demonios que caı́an desde la
muralla de la fortaleza, Rensley no tuvo tiempo de saborear la pequeñ a
victoria. Echó a correr hacia el frente, soportando los continuos ataques
entre la infanterı́a que luchaba cuerpo a cuerpo.
Incluso mientras lidiaba con los constantes ataques de la infanterı́a
intercalada entre ellos, Rensley se concentró ú nicamente en una cosa.
¿Dó nde está el comandante? ¿Está a salvo? ¿Y el Gran Duque? ¿Y los
demá s caballeros?
¡Infanterı́a a la retaguardia! ¡Concé ntrense en defender la muralla!
En ese momento, una voz familiar llegó a sus oı́dos. Tambié n vio la
igura de alguien que pronunciaba palabras conocidas. Despachando
rá pidamente a un demonio que intentaba morderlo, Rensley volvió la
mirada hacia el origen de la voz.
Una capa adornada con el emblema de la Orden de los Caballeros
ondeaba al viento. A diferencia de las capas verdes de los miembros
regulares, esta era carmesı́. A pesar de encontrar a la persona que
buscaba, Rensley dudó en llamar o acercarse.
Anton Sorel, comandante de la Orden Real de Caballeros y lı́der de los
defensores de la gran fortaleza, alzó el brazo. En su mano sostenı́a un
espadó n excepcionalmente largo, casi la mitad de la altura de una
persona promedio.
Mientras blandı́a la espada a caballo, el movimiento cortante era como
un rayo. Con cada golpe, varios demonios caı́an simultá neamente. El
movimiento de la espada, como un rayo brillante, dejó a los demonios
incapaces de reaccionar, y cayeron uno tras otro. El solo se enfrentaba a
tantos demonios como un pequeñ o escuadró n.
¡Caballeros Reales, primera y segunda ilas, adelante! ¡Arqueros y
lanceros, prepá rense detrá s!
Incluso combatiendo contra demonios en el frente, continuó
dominando el campo de batalla. A pesar del caos causado por el
inesperado regreso de Rensley, no pudo integrarse y permaneció en la
retaguardia, observando a la Orden de Caballeros.
En medio de todo esto, la atmó sfera fue cambiando gradualmente.
Rensley sentı́a que todos en ese lugar esperaban lo siguiente. ¿Qué
podrı́a estar empezando?
“¡Ya está aquı́!”
Con los gritos de la gente, el cielo nocturno se iluminó lentamente como
si fuera el amanecer. Sin embargo, era diferente a cuando salı́a el sol. La
luz que iluminaba el cielo no era tan deslumbrante como la del sol, y no
habı́a rastros de tonos dorados ni carmesı́; era má s bien un color azul
verdoso.
¡Kyaahhh! Los demonios gritaron, sus gritos llenos de entusiasmo o
asombro. Rensley abrió mucho los ojos al contemplar la luz verde que
inundaba el cielo.
"Qué es eso…?"
Rensley murmuró inconscientemente, mirando a su alrededor
demasiado tarde. Los soldados, aunque aparentemente tensos, no
entraban en pá nico y todos miraban al cielo. Rensley parecı́a ser el
ú nico entre la multitud que se sorprendió .
El demonio recié n aparecido era colosal, por encima de todo.
Tan grande como toda la muralla de la fortaleza de Roudken, parecı́a
que podrı́a demoler la fortaleza defendida por humanos como hormigas
en unos pocos minutos.
La enorme espada de Anton, las lechas que caı́an como una tormenta, e
incluso los cañ ones probablemente serı́an triviales para ese demonio.
Era un monstruo gigantesco, hasta el punto de que las peleas hasta el
momento parecı́an insigni icantes.
El demonio, de un verde brillante, lotaba en el aire, con alas parecidas
a las de mariposas o polillas adheridas a su espalda. Su cuerpo de forma
extrañ a, que no era ni insecto ni humano, aleteaba lentamente como si
buscara algo.
La antena, como una antena alargada en un ojo de cristal, se movı́a
como si buscara algo. El inquietante sonido que emanaba del demonio,
inquietante, inquietante, era estremecedor incluso con solo escucharlo,
como si fuera una onda en lugar de una voz.
¿Es ese el demonio al que llaman el demonio colosal? ¿Có mo demonios
se le puede derrotar?
Abrumado por su extrañ a forma y su inmenso tamañ o, Rensley no
podı́a cerrar la boca y se quedó mirá ndolo ijamente.
¡Waaah! El demonio colosal batió sus alas una vez. Ya fuera una ovació n
o una expresió n de asombro, los demonios, animados por la aparició n
de su comandante, intensi icaron aú n má s sus ataques. Al mismo
tiempo, la voz del comandante se hizo má s fuerte.
"¡Fuego!"
Los arqueros soltaron las cuerdas de sus arcos. Comenzó una rá faga de
disparos, varias veces mayor que la de la muralla de la fortaleza.
Las lechas volaban como lluvia, y los demonios que sobrevivieron
fueron atravesados por soldados con lanza. La Orden de Caballeros se
enfrentó a los demonios má s resistentes directamente en el frente. Los
ataques má gicos tambié n continuaron.
El sonido de las armas chocando, los gritos y los alaridos resonaban en
la larga noche que parecı́a interminable. Con cada espadazo, el cuerpo
de Rensley se empapó de sangre, y era difı́cil distinguir su propia
sangre de la de los demonios.
Incluso mientras luchaba junto a otros, Rensley se sentı́a
desconcertado. No podı́a comprender có mo derrotar a ese demonio
colosal con ese mé todo de lucha.
“¡Ha llegado una criatura convocada!”
De nuevo, alguien gritó . A diferencia de la voz de hace un momento,
llena de tensió n y miedo, esta vez, la esperanza rebosaba.
Al igual que los demonios que vitoreaban antes, esta vez, los aliados
comenzaron a gritar de alegrı́a. Rensley tambié n se unió , pero no hubo
nada particularmente especial. Al darse cuenta tardı́amente de que la
gente levantaba la cabeza y miraba hacia arriba, Rensley tambié n la
levantó bruscamente.
Bajo el cielo negro de la noche, un cı́rculo má gico que brillaba con luz
dorada se estaba inscribiendo en el aire como si estuviera tallado en el
vacı́o.
No podı́a descifrar su forma, pero como alguien que alguna vez habı́a
sido compañ ero de un hechicero excepcional, podı́a reconocerlo
fá cilmente como la marca de un hechizo.
Al completarse el gran cı́rculo má gico circular, apareció un vacı́o negro,
como si el cielo se abriera. Y a travé s de ese espacio, algo emergió
lentamente y descendió al suelo.
Entre los huecos del cielo nocturno, al principio se revelaron garras
a iladas y puntiagudas cubiertas de cuero negro, seguidas de empeines
y piernas gruesos y robustos. Incluso el pecho y la espalda, cubiertos de
escamas que parecı́an má s resistentes que las del demonio acorazado
de antes, eran má s só lidos.
Un leó n con melenas negras ondeantes, o tal vez un lobo negro
enfurecido, o tal vez una bestia con un rostro diferente al de cualquier
animal en el suelo, aparecieron uno por uno.
Sobre su cabeza habı́a dos cuernos má s grandes que un lado del brazo
de una persona promedio, y en su espalda, cuatro grandes alas batı́an
como las de un á guila. De la cabeza a los pies, corrientes plateadas de
electricidad brillaban aquı́ y allá , y luego se calmaban gradualmente.
La luz plateada sobre la igura, que tenı́a la forma de un enorme haz de
oscuridad, era especialmente llamativa.
La bestia, que aleteaba lentamente, aterrizó en el suelo. Incluso su
aterrizaje hizo temblar el suelo con un golpe sordo que resonó . El
temblor se extendió por las plantas de los pies de quienes estaban
cerca. La criatura invocada por Aldrant era aú n má s gigantesca que el
formidable demonio que habı́a sorprendido a Rensley momentos antes.
Los demonios que habı́an estado abrumando a la gente hasta ese
momento se quedaron en silencio como si estuvieran congelados
cuando apareció la criatura invocadora.
Tras un momento de silencio, la criatura invocada abrió los ojos de par
en par. Sus brillantes ojos dorados brillaban como si alguien hubiera
colocado una forja allı́ mismo. La boca abierta estaba llena de colmillos
terriblemente grandes y puntiagudos.
El primer rugido parecı́a que podrı́a partir el mundo en dos.
Rensley se tapó los oı́dos e inclinó la cabeza. Era tan extrañ o y
aterrador como una criatura mı́tica de dibujos o cuentos, que no
resultaba extrañ a al imaginarla, pero se volvı́a inquietante y aterradora
al encontrarla en la realidad. Era difı́cil mantener la idea de que era un
aliado, aunque lo sabı́a en su cabeza.
¿Qué diferencia a esa criatura invocadora de los demonios? No solo
Rensley sentı́a repulsió n hacia la extrañ a criatura; la gente, incluido
Rensley, parecı́a incapaz de librarse de su miedo y asco instintivos,
retrocediendo a pesar de la expectativa de que la criatura remediara la
situació n.
Pero seguramente la criatura estaba bajo el control del Gran Duque.
Con eso en mente, Rensley se esforzó por no apartar la mirada de la
bestia. Recordó haber oı́do hablar directamente del Gran Duque sobre
la invocació n de criaturas cuando se preparaba para el examen de
caballero.
“La aparición de una criatura convocada vista por quien se convierte en
el rey de Aldrant”.
¿Una criatura invocada? ¿Entonces el Gran Duque también puede invocar
demonios?
—Por supuesto. Sin embargo, es una magia que solo se permite cuando es
absolutamente necesario. No se usa a menos que sea para prevenir la
invasión de enemigos.
Recordando la conversació n pasada, la criatura levantó un brazo.
La criatura, cuya mano parecı́a la pata delantera de una bestia, extendió
horizontalmente la mano que parecı́a la pata delantera de un animal.
Rensley, esta vez, quedó verdaderamente asombrado y se agachó .
¡Bum, bum, bum! El estruendoso sonido resonaba sin cesar, como si
fuera a reventar los tı́mpanos. Cada vez que la criatura movı́a la mano,
grandes rayos, má s masivos que los vistos en los primeros dı́as de
Aldrant, caı́an sin cesar.
“¡Protejan todos a la criatura invocada por el Gran Duque!”
Para asegurar que la señ al no fuera ahogada por el estruendo, todos
tocaron trompetas. El caos en el campo de batalla nocturno alcanzó su
clı́max una vez má s, y la lucha se reanudó .
A medida que los demonios, como los del norte que evitaban acercarse
cuando caı́an rayos, parecı́an perder mucha fuerza ante los rayos de la
criatura convocada, los dé biles demonios cayeron uno a uno,
lastimosamente.
Mientras un ataque a gran escala se acercaba al fracaso, el demonio de
alas verdes que habı́a estado lotando se acercó lentamente,
aparentemente furioso. Con un siseo, voló sobre las cabezas de la gente,
creando una rá faga de viento, y extendió sus a ilados tentá culos
rá pidamente hacia la criatura negra que lo invocaba.
Sin embargo, fue un ataque inú til. Antes de que los tentá culos pudieran
alcanzar a la criatura que los invocaba, fueron rá pidamente envueltos
en llamas, y el demonio alado voló de regreso, retirá ndose.
La criatura negra invocadora rugió de nuevo. Saltó , elevá ndose en el
aire, y atacó al demonio. Cuando las llamas lo atacaron, el demonio
extendió un nuevo tentá culo como un lá tigo, atravesando el hombro de
la criatura invocada. La sangre esparcida goteó al suelo. Los gritos,
rugidos y gemidos alternados de los dos monstruos estremecieron el
mundo.
La lucha entre las criaturas gigantes fue tan grandiosa y vı́vida que
incluso aquellos acostumbrados a la batalla encontraron imposible
apartar la mirada, y algunos giraron la cabeza para evitar la escena.
“Sabemos que está de nuestro lado, pero vié ndolo ası́, es difı́cil ver en
qué se diferencia de los demonios…”
Alguien murmuró un soliloquio tı́mido y avergonzado, y Rensley tragó
saliva seca. Mientras empatizaba sinceramente con las palabras de la
persona, Rensley, quien habı́a estado observando los ojos dorados de la
criatura de brillo plateado, gradualmente sintió una extrañ a sensació n.
¿Por qué ?
¿Por qué sigue viniendo a nuestra mente el rumor que se extendió en la
sociedad hace mucho tiempo?
El rey del norte. Un recluso con inado en el castillo. Un erudito que
estudiaba magia dı́a y noche, del que se rumoreaba que tenı́a un toque
de salvajismo o incluso sangre demonı́aca en su linaje, lo que le daba su
inquietante apariencia.
La gente del norte, que valoraba el linaje, creı́a que debı́a haber una
mezcla de sangre demonı́aca o monstruosa en su linaje, lo que
explicaba su siniestra apariencia. ¿Por qué , si no, tendrı́a un aspecto tan
siniestro?
Desde el dı́a en que lo conoció por primera vez en un só tano oscuro,
Rensley no habı́a vuelto a presenciar la luz de esos ojos dorados hasta
ahora, como si hubieran vuelto a la vida despué s del encuentro de ayer.
“¡Todos, retrocedan!”
Se dio la orden de retirada. Mientras las dos criaturas se enzarzaban en
una batalla feroz, los caballeros se concentraron en proteger a la
criatura invocada, y la primera lı́nea comenzó a retirarse.
Mientras la gente en el campo de batalla se precipitaba hacia la
fortaleza, en retirada, Rensley permaneció inmó vil, el ú nico que no se
movió . Recordó otra historia contada por Gezell.
Al observar el rostro que estaba lleno de miedo y confusió n mientras
miraba a la criatura gigante invocadora, que luchaba contra los
demonios con rugidos furiosos, el miedo y la confusió n se disiparon
gradualmente.
Pensó que si traía el agua de vuelta, podría proteger a la gente del
peligro. Sin embargo, el pozo creado por el rayo era diferente del agua, y
por mucho que lo intentó, no pudo contenerla en un recipiente. Al inal,
cayó en el pozo, en vano.
“Oh… ¿Entonces murió?”
No. El elegido del pozo renació. Aunque adoptó forma humana, se
convirtió en un ser semidivino, adquiriendo el poder de usar libremente el
rayo para proteger la tierra y a la gente.
El relá mpago de la criatura invocadora volvió a iluminar la super icie.
Esta vez, Rensley no se tapó los oı́dos. Contempló los rayos blancos sin
asombro alguno.
"¿Por qué actú a ası́?"
“Hoy, la criatura invocada por el Gran Duque parece un poco extrañ a…”
La gente que vitoreaba con con ianza el triunfo se fue inquietando poco
a poco, preguntá ndose por qué el demonio mariposa no atacaba, pero
la criatura invocada se convulsionó . Su piel negra y á spera se encendió
como si la quemaran, y luego volvió a hundirse. Los gemidos que
emanaban de su garganta sonaban má s agonizantes que amenazantes.
Se volvió insoportable. Rensley agarró las riendas que sostenı́a un
soldado a su lado. Mientras montaba rá pidamente el caballo sobre la
silla vacı́a, el soldado desconcertado gritó : "¡¿Qué haces?! ¿No oı́ste la
orden de proteger?".
Rensley no respondió y espoleó al caballo. El caballo galopó
vigorosamente. Mientras todos los demá s retrocedı́an, é l avanzó , a
contracorriente.
¡Soldado! ¡Retı́rense cerca de la fortaleza y esperen!
Naturalmente, el comandante militar no dejó pasar desapercibido a
Rensley, quien desobedeció la orden al avanzar. La voz severa del
comandante contrastó con la mirada de Rensley.
Aunque la tela que cubrı́a el rostro de Rensley aú n estaba algo suelta, el
comandante del campo de batalla, Anton Sorel, reconoció
inequı́vocamente su igura. El comandante Anton abrió mucho los ojos.
“¡Maelrosen, tú …!”
Llamó a Rensley como si lo regañ ara, pero se obligó a cerrar la boca,
como si intentara recuperar la compostura. La voz que inalmente salió
tras meditar varias palabras estaba recobrando la calma.
¡Por ahora, retrocedan! Hablamos luego. Cuando comience el combate
contra la criatura invocada, los soldados y caballeros deberı́an
centrarse en la protecció n.
—¡Pero, Comandante! ¡Algo anda mal!
"¿De qué está s hablando?"
Rensley se quitó la tela que le cubrı́a la boca. Su rostro ansioso seguı́a
mirando a la criatura invocada, que seguı́a rugiendo. Con la mirada ija
en las criaturas que luchaban, Rensley murmuró como si su mente
estuviera en otra parte.
“Su Gracia parece extrañ a.”
"…¿Qué ?"
Ignorando la pregunta de Anton, Rensley volvió a sacudir las riendas.
Gritó mientras cabalgaba sobre el caballo que acababa de empezar a
correr.
¡Lo siento! ¡Necesito comprobarlo yo mismo!
—¡Espera, Maelrosen! ¿Qué fue eso de ahora?
Las objeciones del Caballero Comendador cayeron en saco roto. Sin que
nadie lo supiera, Rensley huyó solo hacia la desolada llanura del norte.
Su mirada se elevó gradualmente. La igura de la criatura negra y
gigante que la invocaba se acercaba. Las dos criaturas, vistas desde
abajo, eran tan enormes que, incluso estirando el cuello al má ximo, no
se veı́a el inal.
Aunque corrı́a desesperado, no sabı́a qué hacer. Mientras corrı́an, las
dos criaturas, enfrascadas en una pelea, se atacaron. El suelo tembló , y
tierra y rocas volaron hasta la altura de la cabeza de Rensley.
El caballo asustado relinchó y pateó sus patas delanteras, ansioso.
“¡Está bien, está bien!”
Rensley tiró suavemente de las riendas, azuzando al caballo. En lugar
de acercarse a las criaturas, mantuvo la distancia. Acercarse demasiado
lo enredarı́a en la pelea, y en un instante, podrı́a terminar en otro
mundo, como un insecto pisoteado, desconocido para la gente.
'¿Có mo puedo verlo má s de cerca?'
Mientras Rensley re lexionaba, desvió el caballo hacia un lado. Al borde
de la llanura donde las criaturas luchaban, se alzaban viejos á rboles.
Aunque estaban lejos de alcanzar la altura de las criaturas, serı́a mejor
que mirar hacia arriba desde el suelo.
“Vuelve al campamento.”
Golpeó suavemente el trasero del caballo con la palma de la mano. El
que habı́a recibido entrenamiento militar comprendió el signi icado y
se alejó rá pidamente con la silla vacı́a.
Rensley pisó un tocó n de á rbol. Trepó rá pidamente y se paró en la rama
má s robusta que encontró . La robusta rama del viejo á rbol tenı́a el
grosor de un tronco pequeñ o.
“¡Su Gracia!”
Rensley gritó . Sin embargo, su voz chocó con el estruendo sı́smico de la
pelea de las criaturas, que se arremolinaban cerca, pero se dispersaron.
Intentó gritar varias veces má s despué s de alzar la voz, pero fue en
vano.
Mientras tanto, la lucha continuaba. Sin embargo, la criatura invocada
por el Gran Duque seguı́a sin poder desplegar toda su fuerza. Rensley,
quien nunca habı́a presenciado una pelea entre criaturas, podı́a
percibir que el estado del monstruo negro era anormal.
Cuando el tentá culo del demonio, robusto como una lanza, voló , la
criatura negra lo ató con magia. Al intentar atacar al demonio con
magia, no era un demonio comú n. Cortó el tentá culo é l mismo y
revoloteó hacia arriba con un rá pido aleteo.
Rensley frunció el ceñ o y se tapó los oı́dos. Las inquietantes ondas
sonoras del principio, que le daban escalofrı́os, ahora le hacı́an doler la
cabeza como si fuera a estallar.
La criatura negra, ahora con un dolor extremo, comenzó a rugir con
má s fuerza. Era diferente del rugido que lo inundó todo cuando
descendió al suelo.
Era evidente que sufrı́a. No solo por el ataque del demonio, sino por
otra razó n. En opinió n de Rensley, no era el momento de centrarse
ú nicamente en la protecció n de la retaguardia segú n los principios de
combate de Aldrant.
Rensley trepó a otra rama. Aunque la altura era su iciente para marear
a cualquiera con solo mirar hacia abajo, a Rensley no le importó . Sin
mirar hacia abajo, trepó a la copa del á rbol, sin dejar de observar la
batalla.
«Si hubiera sabido que serı́a ası́, no habrı́a esparcido los artefactos de la
pared».
Con inú til arrepentimiento, sacó una lecha. Sin embargo, aú n habı́a
su iciente espacio para encender la lecha untada de aceite. Con la
esperanza de que sirviera como señ al, apuntó con el arco.
La lecha voló silenciosamente.
En la lı́nea del frente vacı́a, solo quedaban dos criaturas en el campo
negro donde se habı́an retirado los soldados. La lecha, ahora en llamas,
mostró una presencia mayor de la esperada al atravesar el cielo
nocturno.
La lecha clavada en el cuerpo del demonio no pareció tener el impacto
signi icativo esperado; el demonio simplemente agitó sus alas para
sacudirsela.
Sin embargo, el movimiento de la criatura negra se detuvo
abruptamente. La criatura invocada, controlada por el Gran Duque,
pareció darse cuenta de que una lecha imposible se dirigı́a hacia ella.
Mientras los militares se retiraban en busca de apoyo, una lecha en
llamas voló desde una direcció n inesperada.
“¡Su Gracia!”
Aprovechando el momento de breve rigidez, Rensley gritó una vez má s.
La criatura negra giró la cabeza. Sus ojos dorados, como lava,
di icultaban distinguir el iris de la escleró tica, y la pupila era invisible,
lo que hacı́a imposible adivinar su mirada.
Pero Rensley pensó que la criatura lo habı́a notado.
¡Krrrr!... El tamañ o y el tono de la voz que resonaba en las cuerdas
vocales de la criatura parecı́an diferentes a los de hacı́a un momento.
Comparativamente má s amenazante y á spera, era mucho má s
amenazante. Sin embargo, en su inesperada situació n, Rensley,
confundido, asoció el gruñ ido de la criatura con la voz de un perro
gruñ ó n. Era un pensamiento absurdo, pero no podı́a evitar sentirlo ası́.
"¡Ten cuidado!"
Rensley gritó . La criatura, momentá neamente distraı́da, tambié n giró
rá pidamente la cabeza para mirarlo.
Tentá culos verdes, aparentemente má s poderosos que antes, volaron
hacia la criatura negra. Sin inmutarse, la criatura negra los atrapó con
las manos y los destrozó . La mariposa gritó de disgusto.
No habı́a tiempo para explicaciones ni discusiones. Lidiar con el
demonio mariposa era urgente. Solo entonces podrı́a enfrentarse al
Gran Duque Gezell. Rensley apretó los dientes y disparó má s lechas.
Entonces sucedió . Cuando Rensley estaba a punto de tensar la cuerda
del arco, abrió mucho los ojos y miró su mano que sostenı́a el arco.
Cerca de su muñ eca, habı́a un resplandor intenso. No era cegador, pero,
curiosamente, iluminaba el entorno con intensidad, sin que su ropa lo
afectara. Tras disparar la lecha, Rensley giró la muñ eca.
'Ya he visto mi muñ eca brillar ası́ antes...'
Rensley descartó rá pidamente la idea. No era un asunto importante en
ese momento. Distraı́do momentá neamente por la muñ eca brillante,
recuperó la concentració n y volvió a centrarse en las criaturas.
p y
Y Rensley lo vio. En una de las muñ ecas de la criatura negra habı́a un
anillo de luz, con la misma forma que el suyo.
La luz repentina, una breve luminiscencia, fue su iciente. Historias
iné ditas en la vida, pensamientos jamá s meditados, ahora parecı́an
familiares, como si siempre los hubiera conocido en cuerpo y alma.
No fueron necesarias má s explicaciones ni con irmaciones.
¡Kwaaang! El sonido, como si fuera a destrozar el mundo, resonó como
si alcanzara el cielo. La criatura negra, antes retorcié ndose de dolor e
incapaz de controlar su cuerpo, rugió con fuerza. Un destello surgió de
su gigantesca mano.
Aunque el demonio bloqueó rá pidamente el ataque con un escudo, el
poder destructivo de este asalto fue indudablemente diferente al
anterior. El escudo del demonio se desgarró como alas de mariposa y,
envuelto en el destello, el demonio gigante ascendió a la oscuridad
total.
No quedó nada en el lugar donde desapareció el destello. Ni siquiera el
cadá ver del demonio.
Rensley se agarró a una rama de á rbol y saltó . Como una ardilla
voladora, movié ndose á gilmente de rama en rama, aterrizó
rá pidamente en el suelo.
La criatura negra, de pie en la copa del á rbol donde habı́a estado
Rensley, parecı́a mirar en esa direcció n. Rensley corrió hacia ella,
gritando.
—¡No! ¡Su Gracia, no es un sueñ o!
Pero antes de que Rensley pudiera acercarse, un portal de invocació n
comenzó a manifestarse en el espacio vacı́o. Tal como apareció por
primera vez, abrió una incisió n en el cielo nocturno.
Cada paso del proceso se repitió . El vacı́o se dividió , revelando un
profundo y oscuro abismo. La criatura invocada que emergió de la
oscuridad ahora estaba siendo absorbida por ella. A pesar de que la
criatura inalmente ijó su mirada en la de Rensley, parecı́a imposible
desa iar la ló gica de la magia de invocació n, incluso con su fuerza.
Rensley corrió má s rá pido, pero no pudo alcanzar la velocidad con la
que la criatura desapareció . Para cuando llegó al lugar donde habı́a
estado la criatura negra, esta habı́a regresado a un campo vacı́o, sin
nadie alrededor.
Cap. 12.2 - El rey del norte
Tanto la victoria como la derrota perturban el orden por igual. La gente
estaba tan emocionada por la repentina batalla a gran escala y la
victoria obtenida al concluirla, que no pensaban en dormir.
A pesar de la difı́cil tarea de reconstruir los edi icios destrozados y las
instalaciones quemadas, la gente, en lugar de desesperarse, encendió
grandes hogueras frente a los restos de la destrucció n. Cantando
canciones con la energı́a su iciente para no dormir, se entregaron
continuamente al alcohol.
“Hacı́a mucho tiempo que no habı́a una batalla tan grande.”
De hecho, la magia de invocació n del Gran Duque es invencible. ¿Viste
có mo aniquiló a ese monstruo gigante?
Yo tampoco me he oxidado todavı́a. Cuando sostenı́a el arco, sentı́a
como si me hirviera la sangre.
Los caballeros que habı́an repelido a poderosos monstruos en el frente
se movı́an entre los residentes, recibiendo un trato heroico. Ellos, a su
vez, practicaban artes marciales para los residentes.
El inal de la victoriosa batalla fue como un festı́n. Entre charlas, chistes
y cá nticos, una persona entró tardı́amente en las bulliciosas murallas
del castillo de Roudken. El hombre que acababa de cruzar la puerta
norte, aú n abierta, celebrando la victoria, parecı́a visiblemente
exhausto.
La zona cercana a la puerta norte, donde todos los enemigos habı́an
sido derrotados, parecı́a desolada comparada con la animada plaza
central donde se celebraba la celebració n. Anton Sorel, el lı́der de los
caballeros, permanecı́a allı́ como esperando. El, quien habı́a
permanecido en silencio durante toda la celebració n, observó en
silencio a Rensley que regresaba.
Rensley tambié n bajó la mirada con expresió n vacı́a, sin decir nada.
Anton suspiró levemente y habló primero.
Atiendamos primero a los heridos. Está s hecho un desastre.
—No es nada. Solo unos rasguñ os…
"¿Crees que podrá s encontrarte con Su Gracia con esos rasguñ os?"
Al oı́r esto, Rensley levantó la cabeza. La expresió n momentá neamente
vacı́a en su rostro desapareció , reemplazada por una mirada ardiente al
observar a Anton.
“¿Dó nde está Su Gracia?”
Llamaré a alguien. Regresa a tu habitació n en secreto, cura tus heridas y
espera en silencio. Si se enteran de tu regreso, causará un gran revuelo.
Estaré con Su Gracia, ya que aú n hay mucho que discutir con los
agentes. Cuando la situació n se calme, sin duda vendrá a buscarte
primero. No tienes idea de cuá nto te ha estado buscando.
"¡Mentiras!"
Rensley alzó la voz. Cuando Anton cerró la boca, Rensley retrocedió
unos pasos, aparentemente aturdido.
—Le pido disculpas. No quise enfadar al comandante.
No te disculpes. Es normal que hoy no puedas mantener la compostura.
Ası́ que regresa a tu habitació n y descansa un poco.
Rensley asintió . Para é l, el paisaje de esa noche era como una pesadilla
inimaginable, incluso en sus sueñ os má s locos. Pero la emoció n de
Rensley no se debı́a a los monstruos ni a la batalla.
“Por favor, dé jame ver a Su Gracia ahora.”
“Nadie puede ver Su Gracia en este momento”.
“Sé dó nde está Su Gracia.”
Los ojos de Anton se abrieron ligeramente. Rensley apretó el puñ o.
Cuestionando cada palabra como si las masticara, preguntó :
“Está en la torre, ¿no?”
“…Maelrosen, ¿de qué has estado hablando desde antes?”
Está en la torre norte. Está solo y encerrado, ¿verdad? El que luchó hace
un rato no era una criatura invocada; era Su Gracia en persona,
¿verdad?
El rostro severo del lı́der de los caballeros, que hasta entonces se habı́a
mostrado serio, esta vez reveló una pizca de confusió n mani iesta.
Rensley se acercó de nuevo a é l, estrechá ndole las manos.
—Comandante, por favor… dé jeme ver a Su Gracia. Por favor,
permı́tame estar a su lado ahora mismo. Aceptaré cualquier castigo o
reprimenda despué s.
“No es algo que pueda decidir unilateralmente”.
Aunque la respuesta de Anton fue inmutable y estoica, sus ojos
contenı́an una simpatı́a genuina e innegable.
Rensley bajó la cabeza, con lá grimas en los ojos. Tras un momento de
silencio, de repente pareció recordar algo y, de nuevo, su mirada se
cruzó con la de Anton.
“¿Por casualidad, Su Gracia ha elegido una nueva Gran Duquesa durante
este tiempo?”
“¿Có mo puede ser eso?”
El tono de Anton era de genuina incredulidad. Rensley asintió .
“La nueva Gran Duquesa aú n no ha llegado y Su Gracia aú n no me ha
destituido de mi cargo”.
“…”
Ası́ que, por ahora, sigo siendo la Gran Duquesa de Aldrant.
Comandante, como Gran Duquesa, le doy ó rdenes. Por favor, guı́eme
hasta donde está Su Gracia.
Anton Sorel no respondió de inmediato. Un silencio intenso los
envolvió .
Los ojos violetas brillaban de deseo incluso en la oscuridad. El caballero
comandante, que lo habı́a estado observando, juntó las piernas y se
puso irme con una pierna estirada hacia atrá s, ligeramente doblada
por la rodilla. Se echó la capa derecha sobre el pecho, colocando la
mano en el lado izquierdo, e hizo una reverencia. Era un saludo
caballeresco al rey.
“Acepto el mando, Gran Duquesa.”
Rensley parpadeó só lo ante el repentino saludo corté s.
Anton, que rá pidamente enderezó su postura, dio unos pasos hacia
adelante e hizo un gesto.
Instas a la gente, ¿por qué te quedas ahı́ parado, perdido en tus
pensamientos? Date prisa, sı́gueme.
"¡Oh sı́!"
Solo entonces Rensley corrió tras é l a toda prisa. Dentro de la oscura
puerta norte, solo pequeñ as lá mparas se encendı́an esporá dicamente,
oscureciendo aú n má s el camino.
Llegaron al rincó n má s remoto de la muralla del castillo, frente a la
torre cú bica. La torre sin puerta aú n estaba custodiada por los magos.
Antes de hablarles, Anton se volvió hacia Rensley.
“Maelrosen.”
"Sı́."
Esta es tu ú ltima oportunidad. Una vez que entres en esta torre, ya no
podrá s salir de Aldrant. ¿De verdad conocerá s a Su Gracia?
Tras un breve silencio, Rensley asintió rá pidamente. Sin evitar el
contacto visual, respondió .
"No importa."
Antó n no lo preguntó dos veces. Mientras hablaba con los magos, estos
murmuraban conjuros.
Sobre el muro de piedra, previamente vacı́o, apareció un agujero negro,
similar a cuando un ser invocado emerge del vacı́o. Como la entrada a
una cueva profunda.
“Sigue el camino y podrá s encontrar Su Gracia”.
“Gracias, comandante.”
Rensley inclinó la cabeza respetuosamente. Al darse la vuelta, Anton
pareció sonreı́r levemente con un dejo de amargura.
Su rostro desapareció de la vista poco despué s. En cuanto entró en la
torre, la entrada desapareció , dejando solo un robusto muro de piedra.
Rensley dio un paso al frente.
Los pasillos sinuosos parecı́an interminables, incluso despué s de
caminar tanto tiempo. No parecı́a tan grande desde fuera... Sin duda, era
un espacio extraordinario. Rensley siguió caminando, mirando a su
alrededor.
¿Cuá nto tardó ? Por in, el inal del pasillo empezó a hacerse visible. La
forma de unas rejas, que recordaban a una prisió n, recibió al primer
visitante. El rostro de Rensley palideció al con irmar la identidad de la
persona que estaba dentro. Era el momento de correr hacia adelante.
“No te acerques má s.”
Para Rensley, solo habı́an pasado unos dı́as desde que dejó este lugar.
Parecı́a mucho tiempo, pero la voz familiar sonaba tan distante.
Detenié ndose bruscamente, Rensley se quedó quieto. La voz que
anhelaba oı́r era frı́a como el hielo, y el ambiente era tenso. Mientras
luchaba por mirar a travé s de los barrotes, Rensley no pudo ver nada en
la oscuridad.
Tragando saliva con di icultad, abrió la boca. Querı́a hablar con má s
seguridad, pero las palabras que le salieron eran borrosas e inciertas.
“Su Gracia, querı́a verla…”
Este lugar no está permitido para ti. No te acerques má s. Regresa y toca
la pared. La puerta se abrirá de nuevo. Hablamos má s tarde, cuando me
vaya.
"…¿Está s enojado?"
"No."
A pesar de decir que no estaba enojado, el tono era frı́o. Rensley no se
atrevió a acercarse y se quedó vacilante en su lugar.
Se sentı́a como un tonto, corriendo de un lado a otro sin saber qué
hacer. En aquella vasta llanura, donde ni siquiera su voz se oı́a bien, al
gritar con fuerza, podı́a examinar sus propias acciones como si se
mirara en un espejo.
Incluso preguntá ndose si eso tambié n era una ilusió n o una idea
erró nea causada por el encantamiento de un monstruo, no pudo evitar
pensar que, de ser ası́, jamá s se habrı́a enterado de que estaba atrapado
en esa torre. Ya fuera un milagro momentá neo o algú n tipo de magia, su
efecto parecı́a haber desaparecido por completo. Los pensamientos de
Gezell en ese momento eran completamente desconocidos.
He re lexionado mucho. Nunca pensé que Su Gracia vendrı́a a
buscarme. Como mencioné antes, me fui porque no tenı́a la con ianza
para recibir con cariñ o a la nueva Gran Duquesa debido a mi creciente
afecto por Su Gracia. No podı́a difundir rumores. Me fui porque pensé
que serı́a mejor para todos que alguien se fuera.
“No pensaste que vendrı́a a buscarte”.
Gezell murmuró al ritmo de las divagaciones de Rensley. A pesar de su
tono tranquilo, su desconcierto era evidente. La mejilla de Rensley se
contrajo ligeramente. Mientras estaba absorto en sus pensamientos,
otra pregunta le siguió .
¿Crees que te odio, aunque te gusto?
¡No! No, no lo creo. Usted... Su Gracia, bueno, comprenda que le tengo
un cariñ o extraordinario. Pero pensando que conformarme con eso y
no poder servirle discretamente serı́a inú til en lo que a sentimientos
mutuos se re iere, me marché .
Hablando mientras se daba la vuelta, Rensley, al igual que Gezell, se
sintió igualmente desconcertado. Claramente, ambos compartı́an sus
emociones, ası́ que ¿por qué se dejaba llevar tanto por sus propios
sentimientos? Nunca se consideró una persona responsable, pero esta
vez era realmente...
Le pido disculpas. Fui demasiado irresponsable. Sé que irme despué s
de engañ ar a Su Excelencia es algo que no puedo justi icar con palabras.
Palabras como temer las heridas del corazó n serı́an, en el mejor de los
casos, excusas. Rensley Maelrosen siempre habı́a evitado mostrar sus
heridas, incluso cuando habı́a resultado herido.
La razó n por la que se obsesionó tanto con la autocompasió n, algo tan
inusual en é l, fue simple: porque funcionaba. Conocer a alguien que lo
tratara con amabilidad sin ser obsequioso, sin tener que actuar con
pretensiones, parecı́a haber sido una experiencia placentera.
No se le daba bien darse aires delante de la gente, ası́ que no sabı́a si
eso era pretencioso. La sensació n de despertar tras haber sido
in luenciado por la situació n que é l mismo creó no solo no dejaba lugar
a la autocompasió n, sino que tambié n era vergonzosa.
Lo siento mucho. Haré lo que sea si me perdonas.
“No te postres.”
—Ah, cierto. Odiaste eso...
Rensley se incorporó de inmediato cuando estaba a punto de
arrodillarse. Una voz apagada surgió de la oscuridad, má s allá de los
barrotes.
No estoy enojada. No es que esté enojada. Es que no deberı́as venir
aquı́.
“¿Por qué , por qué …”
No hiciste nada malo, y no tienes por qué re lexionar. Te fuiste por algo,
y la culpa es mı́a por obligarte a irte.
—¡No! Su Gracia tomó la mejor decisió n como rey de una nació n.
Gritarse a travé s de los barrotes, proclamando que yo estaba
equivocado y tú tenı́as razó n, parecı́a absurdo. Incluso con el problema
sin resolver acechando, Rensley rió entre dientes.
Tras reı́r ası́, una serie de inquietudes lo invadieron. Esta vez, parecı́a
que las lá grimas estaban a punto de brotar. Aunque sus ojos aú n no
estaban bien humedecidos, ya fuera por la humedad mezclada con su
aliento o por alguna otra razó n, se oyeron palabras tranquilizadoras
desde el otro lado de los barrotes.
“No llores.”
“…No quiero.”
“Señ or Maelrosen.”
“Si me impides venir, lloraré aú n má s fuerte”.
Respondiendo con tono amenazador, el hombre del otro lado contuvo
un sollozo. Parecı́a que Rensley Maelrosen era, sin duda, una persona
má s astuta y emotiva de lo que creı́a. Cuando Gezell mostró signos de
debilidad frente a é l, grandes lá grimas comenzaron a caer sin control.
Empezar a llorar hizo que el ambiente fuera aú n má s melancó lico.
“Quiero ver a Su Gracia…”
Má s allá de los barrotes, reinaba el silencio. Rensley, que llevaba un rato
inmó vil, levantó la mirada.
Con cuidado, dio un paso adelante. Sin embargo, Gezell no le dijo que no
se acercara. Al principio, se acercó con cautela, luego un poco má s
despacio, y inalmente, se apresuró hacia é l como si corriera.
Apoyá ndose en los barrotes, acercó su rostro.
Dentro de la prisió n, que observó de cerca, habı́a una chimenea y
lá mparas. Sin embargo, no estaban encendidas, dejando el lugar a
oscuras. Era un hombre que detestaba el frı́o y disfrutaba pasando el
tiempo frente a una cá lida chimenea. ¿Estaba evitando tanto verme?
¿Querı́a esconderse en la oscuridad?
En medio de la prisió n se encontraba el Gran Duque Gezell. Aunque
Rensley se habı́a acercado tanto, seguı́a en silencio. Cubierto por una
amplia capa negra, permanecı́a allı́ como una gran estatua.
Rensley habló , y su voz, má s seria que intencionalmente determinada,
resonó entre ellos.
—Su Gracia, ya he venido. ¿Sigue decidido a no verme?
"Tú …"
Só lo se oı́a la voz apagada, amortiguada por la capa.
“Te fuiste cuando te pedı́ que no te fueras, y ahora te acercas cuando te
pido que no vengas.”
Me disculpo por desobedecer repetidamente sus ó rdenes. Por favor,
perdone mi in idelidad.
Rensley observó los barrotes que les impedı́an el paso. ¿No habı́a forma
de entrar? Anton no les dio la llave para abrir la puerta de la prisió n.
Durante el breve instante en que una luz desconocida emanó de su
muñ eca, la mente de Rensley se llenó de extensas respuestas a las
preguntas que le intrigaban. Lo que má s le intrigaba en ese momento:
por qué el demonio negro luchaba en esa forma, qué habı́a hecho para
lograrlo, adó nde irı́a despué s de esta pelea y, má s allá de eso, qué
estaba pensando ahora...
Las respuestas a estas preguntas se absorbieron en la mente de Rensley
al instante, como si ya las supiera, pero convertirse en un sabio sabio no
fue el resultado. Aú n no entendı́a por qué lo evitaba despué s de
proclamarse y ser deseado.
Secá ndose las lá grimas que aú n persistı́an en sus mejillas, Rensley
habló en voz baja.
“Su Gracia, todavı́a estoy llorando…”
“Por favor no llores.”
Gezell respiró hondo. Fue un suspiro que destilaba resignació n.
“Si has llegado hasta aquı́, ya no puedes abandonar Aldrant libremente”.
En su tono debilitado habı́a una palpable sensació n de compasió n.
“Ya recibı́ esa advertencia del comandante”.
“…Te arrepentirá s.”
Como te dije antes, el cuerpo es inito, y debes hacer lo que puedas
mientras puedas. Aunque luego te arrepientas, no hay nada que puedas
hacer.
“Parece que te comprometes con cualquier cosa sin dudarlo”.
Sı́, ası́ ha sido siempre. Con un comentario amargo para convencerse,
Gezell añ adió algo má s, levantando el brazo que habı́a bajado
lentamente. La capa que le ocultaba el rostro, como el velo que Rensley
solı́a usar cuando se travestiba, se deslizó hacia abajo.
Dentro de las rejas de hierro, que aú n no estaban iluminadas, la
oscuridad seguı́a siendo la misma de siempre. Sin embargo, el pasillo
estaba su icientemente iluminado, y la persona que estaba frente a é l
no era tan oscura como para ser reconocida.
Rensley miró el rostro revelado sin parpadear, tal como cuando solı́a
contemplar el rayo plateado que golpeaba la llanura seca.
Erase una vez, Rensley estaba harto de los truenos y relá mpagos, pero
cuando observó sinceramente la cascada de luz creada por las yemas de
los dedos del demonio negro, pensó que era hermosa.
"Deja de mirarme."
Gezell volvió a levantarse la capa para cubrirse el rostro. Sorprendido,
Rensley, que habı́a estado algo distraı́do, se acercó a los barrotes de
hierro.
“Su Gracia, se ve magnı́ ica.”
“No es necesario decir cosas que no quieres decir”.
Lo digo en serio. Siempre pensé que eras digna y elegante, pero ahora
rebosas de belleza salvaje.
"No me molestes."
Los amenazantes ojos dorados que brillaban aú n no habı́an recuperado
su tranquilo color calabaza original. Los grandes cuernos, parecidos a
los de un bú falo de agua, que sobresalı́an de la parte superior de la
cabeza y los colmillos puntiagudos que se asomaban bajo los labios aú n
estaban presentes. Al observarlo má s de cerca, tanto la altura como el
fı́sico parecı́an má s grandes de lo habitual.
Desde la frente hasta las mejillas y la barbilla, Rensley, al igual que é l
mismo, no podı́a distinguir si los patrones grabados en el rostro del
hombre eran dibujos o caracteres. ¿Podrı́an ser tambié n sı́mbolos
má gicos? Rensley miraba ijamente el rostro del hombre, quien evitaba
constantemente el contacto visual, y suplicaba.
No lo ocultes. Soy sincero. Aunque siempre está s magnı́ ico, te ves
estupendo incluso ahora. Te devolveré las palabras que me dijiste a
menudo hoy. Su Gracia, tú tambié n eres hermoso.
"En serio, te está s burlando de mı́."
—Por favor, no lo hagas, y mı́rame. Como no me miras, parece una
broma.
Los inquietos ojos dorados se volvieron inevitablemente hacia Rensley
al oı́r esas palabras. El hombre, que habı́a estado observando en
silencio tras los barrotes, dudó antes de preguntar: "¿No te da miedo
mirarme?".
“Hace un rato, vi la forma del demonio y no me dio miedo en absoluto”.
“Aunque ya me encuentras repulsivo, vié ndome ası́…”
¿Qué ? ¿Yo? ¿Cuá ndo?
A pesar de las palabras ininteligibles, Rensley se sintió desconcertado,
pero no hubo má s explicaciones. Rensley alzó un poco la voz.
No hubo tal ocasió n. No hay forma de confesarle amor a alguien que te
resulta repulsivo.
“¿No está s tratando de burlarte de mı́ con esas palabras?”
¡Para nada! Te juro por mi honor que no te mentiré al decir que te amo.
“Cada vez que juras por tu honor, parece como si tu honor se hubiera
desgastado por completo”.
"Su Gracia."
Rensley no sabı́a qué hacer con el tono que parecı́a no poder relajarse.
Pero cuando Gezell le indicó con la mirada que continuara, no pudo
evitar estallar en carcajadas. Fue porque notó una leve sonrisa en el
rostro a ilado con rastros del demonio.
—¿Qué pasa? Su Gracia, parece que me está tomando el pelo.
"No te estoy tomando el pelo."
—Entonces, ¿por qué sonrı́es?
Gezell se tapó la boca y se aclaró la garganta. Tampoco quedaba nada
aristocrá tico en sus manos. Sus grandes dedos, con nudos de hueso, y
sus gruesas uñ as estaban manchadas de escamas negras.
“No querı́a que fuera ası́…”
“…”
“Verte de nuevo… me hace feliz.”
Rensley se quedó estupefacto una vez má s.
El rostro se le está volviendo familiar poco a poco. Quizá s no haya
cambiado tan terriblemente como un tomate. Al sentir que sus orejas se
calentaban, Rensley hizo una profunda reverencia, evitando el contacto
visual.
A pesar de ser mucho má s hablador que é l, Gezell, el Gran Duque, a
veces lo callaba con una palabra cualquiera. Ya fuera por su excelente
elocuencia o por la debilidad de Rensley, resultaba confuso. Rensley,
torpemente, seguı́a el juego.
—Yo, yo siento lo mismo. De verdad.
Pareces dolido. ¿Te importa? En lugar de venir aquı́, deberı́as recibir
tratamiento.
La voz, antes frı́a, regresó con un tono familiar. Animado por las
palabras preocupadas y cariñ osas, Rensley levantó lentamente la
cabeza para mirarlo.
Nada grave. Solo un pequeñ o rasguñ o y sangre por todas partes... Su
Gracia, ¿se encuentra bien? Se lastimó al luchar contra esa polilla
enorme.
Me recuperaré rá pido ası́. Ya estoy curado.
Qué alivio. Asintiendo mientras murmuraba, apretó con má s fuerza las
barras.
Sintió ganas de llorar de nuevo. Era una situació n cruel tener a la
persona que extrañ aba justo delante de é l, sin poder tocarla ni besarla.
Rensley preguntó desesperado: «Su Excelencia, quiero entrar. ¿No hay
forma de abrir la puerta?».
"Está abierto."
"…¿Qué ?"
La puerta está sellada con magia, ası́ que no se puede abrir desde
dentro, pero sı́ desde fuera. Adelante.
“Ah… no lo sabı́a.”
Cuando Rensley empujó la puerta por el borde de los barrotes, esta se
abrió con una facilidad decepcionante. La irmeza con la que se agarró a
los barrotes ahora le parecı́a vergonzosa.
Al entrar en la celda, Rensley dudó cerca de la puerta, con aspecto
inseguro. Gezell, que lo observaba en silencio, abrió ligeramente los
brazos y sus largas mangas cayeron pesadamente hacia abajo.
"Ven por aquı́."
Ante sus palabras, Rensley se mordió el labio inferior con fuerza. Su
rostro, que se habı́a endurecido, se llenó de lá grimas al instante.
Antes de armarse de valor, sus piernas ya se movı́an. Sin pensarlo dos
veces, se arrojó a los brazos abiertos. Los brazos de acero de Gezell
atrajeron a Rensley hacia sı́, y la fuerza fue abrumadora, casi as ixiante.
¿Era esto tambié n la in luencia de haberse convertido en demonio?
Incluso la temperatura corporal se sentı́a má s alta de lo habitual en su
amplio y irme abrazo. El tenue aroma que intentaba olvidar le mareaba
la mente.
Habı́a tantas cosas que decir, pero cuando lo tenı́a en brazos, todos los
pensamientos se evaporaban. Rensley, apretado contra é l, susurraba
como un niñ o que acaba de aprender a hablar.
“Su Gracia, Su Gracia, Su Gracia…”
Rozó suavemente sus mejillas contra la suave ropa. Rozó el cuello de
Gezell con los brazos, cerró los ojos y se dejó deslizar hacia arriba,
presionando sus labios contra los suyos.
Las manos de Gezell se apretaban cada vez que los labios de Rensley
rozaban su piel. El aliento empapado de calor le rozaba la mejilla y la
coronilla. Tras oı́r varias veces la respiració n profunda de Gezell,
inalmente se apartó , interrumpiendo el intento de Rensley de besarlo.
Ja, no. Para. Podrı́as lastimarte.
Se oyó una voz baja y temblorosa, como si apenas mantuviera la
paciencia. Rensley levantó sus pá rpados pesados con gran esfuerzo.
Cada vez que sus labios rozaban la piel, los a ilados colmillos aparecı́an
a la vista. Incluso si viera sangre, no serı́a extrañ o dado el intenso beso.
Aun ası́, Rensley se acercó , susurrando con urgencia.
“No importa si me lastimo”.
“Tonterı́as.”
“Si me lastimo, puedes curarme con magia, ¿verdad?”
Rensley volvió a cerrar los ojos. Presionó los labios contra la piel,
deslizá ndolos hacia arriba como antes.
El chirrido emanaba del interior de su garganta, como cuando era un
demonio. Rensley, entrelazando su lengua con la de Gezell, ya no tenı́a
la mente clara para pensar en la vergü enza de dejar su marca.
Con cada roce de sus lenguas, el calor en la boca se intensi icaba.
Aunque Rensley tambié n entrelazó su lengua, solo pudo aferrarse a é l
con impotencia, luchando por respirar el calor.
“Eh, eh, hm…”
Entre la respiració n agitada y el sonido hú medo mezclado con saliva,
resonó un gemido ahogado. Los besos, incluyendo la respiració n
agitada, fueron má s intensos de lo que Rensley recordaba. Rensley, ya
aferrá ndose a é l con má s fuerza, hablaba con frases cortas, como un
niñ o aprendiendo a hablar.
“Su Gracia, Su Gracia, Su Gracia…”
Nervioso, rozó con los labios la suave tela. Aferrá ndose a su nuca con
los brazos, cerró los ojos. La lengua de Gezell, má s gruesa y larga de lo
habitual, exploró a fondo el interior de su boca, lamiendo la sensible
mucosa, el paladar e incluso el interior de los dientes.
A Rensley no le importó y siguió apretando los labios. Casi con todo su
peso sobre sı́ mismo, tuvo que usar las puntillas para alcanzarlo.
Parecı́a que el fı́sico de Gezell, en efecto, parecı́a má s corpulento de lo
habitual.
“¡Huh…!”
Parecı́a que Rensley no era el ú nico que no podı́a ver el entorno debido
al beso repentino. Gezell, como si se diera cuenta tardı́amente de su
incomodidad, lo abrazó con fuerza. Sorprendido, Rensley respiró
hondo, pero solo por un instante. Rensley rodeó la cintura de Gezell con
sus piernas y continuó besá ndolo.
Cada vez que la carne hú meda penetraba profundamente en su boca, el
calor subı́a en los cuerpos pegajosos. El beso apasionado, donde la larga
lengua incluso exploró el interior de la garganta, parecı́a má s un
gemido que un beso.
Las sensibles membranas cerca de la garganta seguı́an siendo rozadas
por la punta de la lengua. ¿Acaso el suave movimiento lo hacı́a má s
placentero, a pesar de que estaba estimulando un punto cercano al
clı́max? El placer superaba al dolor. Rensley jadeó , abriendo la boca
repetidamente.
“Hu, eh, ah…”
—Ja, Rensley…
Mientras la lengua exploraba a fondo el interior de la boca y se retiraba,
su voz pronunció el nombre de Rensley con un suspiro acalorado.
Rensley, apoyá ndose en los brazos que lo rodeaban los hombros, ejerció
má s fuerza.
—Su Gracia, se siente tan bien. Me gusta tanto...
A medida que el afecto entusiasta y la sensualidad se mezclaban, el
deseo se volvió insoportable y má s intenso, haciendo que los
sentimientos honestos de Rensley estallaran como una voz desde su
corazó n.
En respuesta, los brazos que sujetaban a Rensley se apretaron. Aunque
no se esperaba que sus palabras provocaran una respuesta, Gezell le
susurró una respuesta al oı́do.
“A mı́ tambié n me gusta.”
Ante eso, Rensley abrió los ojos, sin poder creer lo que acababa de oı́r.
Como si negara la sospecha de Rensley, Gezell lo repitió con una
pronunciació n clara.
"Me gustas. Te amo."
“Su Gracia…”
“Ası́ que por favor, qué date a mi lado”.
“…”
“Haré lo que quieras, ası́ que no me dejes”.
Rensley era una persona comú n y corriente. Habı́a imaginado en
secreto una respuesta a sus sentimientos cariñ osos, aunque ingı́a
indiferencia. Sin embargo, al enfrentarse a un entusiasmo que superaba
su imaginació n, se sintió no solo desconcertado, sino tambié n un poco
avergonzado. Rensley, momentá neamente ató nito, parpadeó con las
pestañ as hú medas y luego, abrumado por la emoció n, golpeó
suavemente el hombro de Gezell un par de veces.
¿Qué dice, Su Gracia? Solo deme una orden. Puede atarme con el
nombre que quiera. En lugar de decir eso, serı́a mejor convertirme en
un criminal y encerrarme en la mazmorra.
“No eres mi subordinado, entonces ¿qué ganará s dá ndome ó rdenes?”
—Ası́ es. Ası́ que, por favor, no puedo estar sin ti.
A pesar de su comportamiento tan irrespetuoso hacia el rey, Gezell
simplemente asintió y siguió el juego. Rensley se secó las pestañ as
hú medas con el dorso de la mano, sintiendo que el corazó n le iba a
estallar, y en algú n lugar del pecho, un ligero dolor.
Cap. 12.3 - El rey del norte
¡No apto para el trabajo!
Cuando sus labios rozaron el dibujo de la marca en su mejilla, Gezell
respondió besá ndolo. La lengua que hacı́a un momento se movı́a en su
boca ahora lamı́a su mejilla y cuello. Las zonas doloridas con las
cicatrices restantes sintieron un dolor punzante. Cuando pareció haber
pasado la zona herida, el hormigueo se hizo má s evidente. Rensley, que
acababa de recordar su apariencia, levantó la cabeza.
—Para. Estoy sucio porque ni siquiera pude lavarme.
“El olor de la sangre.”
"Es por eso…"
Como habı́a dicho el comandante Anton, deberı́a haberse limpiado
primero. Lamentaba su comportamiento precipitado, pero ya era
demasiado tarde.
“Ahh, Su Gracia, por favor… no ası́…”
Sin embargo, Gezell parecı́a indiferente. Hundió la nariz en el cuello de
Rensley, olié ndolo abiertamente, y exhaló con di icultad. Incluso rozó
ligeramente la piel apretando suavemente los dientes.
Parecı́a una bestia intentando resistir el impulso de clavarle los
colmillos en el cuello. A pesar de temblar de miedo instintivo, similar al
de una presa bajo un carnı́voro, Rensley lo abrazó con fuerza.
El aliento caliente se extendió por la carne tensa. A medida que su
respiració n se hacı́a má s á spera, la voz de Rensley se hacı́a má s dé bil.
Entonces, los a ilados colmillos, en lugar de estar en el cuello blanco, se
clavaron en la tela de su extenso collar. El sonido del desgarro resonó
en el aire, y cuando Rensley abrió los ojos, Gezell estaba mordiendo y
rasgando su ropa.
Transformada como las patas delanteras de una bestia, la mano que no
habı́a regresado del todo, en lugar de desatar nudos y botones con
educació n, como de costumbre, agarró la tela restante y la rasgó . El
sonido de la ropa al rasgarse le resonó en los tı́mpanos. Al quedar
expuesto el cuerpo desnudo de Rensley, este contuvo la respiració n
como una presa esperando el in de las acciones del cazador.
Sin embargo, la mano que rasgaba la ropa se detuvo de repente y el
movimiento se detuvo. Como si notara tardı́amente la rigidez de
Rensley, Gezell bajó el cuerpo.
"Lo lamento."
Aunque no querı́a disculparse, la tensió n era evidente. Rensley respiró
hondo y lo encaró .
—No pasa nada. Solo estoy preocupada porque soy demasiado
desordenada...
—Ası́ es. Estaba impaciente. Lo siento.
De repente, el interior de la celda se iluminó con un color carmesı́. Era
el comienzo del fuego que se encendı́a espontá neamente en la
chimenea. Rensley no se sorprendió ; no era difı́cil para este mago
encender un fuego con solo una mirada.
Colocó la mano sobre la cabeza de Rensley y luego la recorrió con la
mano. Esta vez, Rensley abrió los ojos de par en par, asombrado. Las
manchas de sangre y la suciedad de sus brazos y manos desaparecieron
al instante. El cabello enredado, que hacı́a un momento era un desastre,
se mecı́a como si lo hubieran cepillado.
Si esta prá ctica té cnica tambié n fuera má gica, entonces las acciones de
limpieza y bañ o que Rensley realizaba con tanto esmero parecı́an solo
un pasatiempo de Gezell. Gezell, sin dar explicaciones, levantó a
Rensley, ahora desnudo, y dio unos pasos, abrazá ndolo. Colocá ndolo
lentamente sobre la gran mesa junto a la chimenea, desplazó su peso
hacia é l.
“Mmm…”
Recostá ndose de golpe, Rensley levantó lentamente la cabeza al
comienzo de la caricia. La lengua hú meda de Gezell recorrió
suavemente la piel expuesta. Deslizá ndose desde la clavı́cula hasta el
pezó n en diagonal, presionó , amasó y rodó con fuerza.
Fue má s provocativo de lo habitual. Rensley, sintiendo un hormigueo,
gimió de impotencia. Gezell, quien habitualmente chupaba el pezó n,
levantó la cabeza, sorprendido por la sensació n de sus colmillos
clavá ndose en la carne. La zona alrededor del pezó n se enrojeció al
instante. Rensley, imperturbable, le acarició la mejilla.
“Quiero ver el cuerpo de Su Gracia tambié n…”
“…Mi cuerpo no está presentable en este momento.”
“Dijiste que harı́as cualquier cosa que yo quisiera”.
En respuesta, Gezell le besó la frente y se levantó sin decir palabra.
Incorporá ndose, se quitó la capa y el atuendo negros como un iel
sirviente que obedece ó rdenes. A medida que el fı́sico que se revelaba
gradualmente atrajo la atenció n de Rensley, este se quedó mirando
como atraı́do por la escena.
Ya bien entrenado, su robusto cuerpo parecı́a aú n má s robusto hoy.
Desde el amplio pecho y el abdomen esculpido hasta los hombros, la
cintura y las caderas, los mú sculos estaban tensos y irmes como una
roca que ninguna espada podrı́a penetrar.
Los misteriosos patrones esparcidos por su cuerpo se mezclaban con
las sombras creadas por sus contornos. El cuero negro que lo cubrı́a
aú n estaba disperso en fragmentos, sin desaparecer por completo. Una
sonrisa pı́cara se dibujó en el rostro de Gezell.
"No tiene buena pinta."
Es magnı́ ico. Soy sincero.
Aunque ciertamente no fue intencional, la mirada de Rensley se centró
lentamente en su centro.
El objeto que casi se habı́a alzado como una erecció n, sin duda, cobraba
má s impulso de lo habitual. Incluso sin exagerar, el tamañ o del pene era
comparable solo al de un antebrazo. Se alzaba casi vertical. Las venas,
visibles hasta la epidermis, y las cicatrices dispersas, parecı́an má s
gruesas de lo habitual.
Rensley se alzó . Como atraı́do magné ticamente, se acercó a Gezell. Esta
vez, esta vez, presionó primero sus manos y labios contra su cuerpo.
Deslizó los dedos sobre la piel con los patrones restantes. Extendiendo
la lengua, lamió las marcas dispersas de la piel del demonio caı́do.
Gezell, respirando con di icultad, secó a Rensley con ansiedad.
—Rensley, detente.
Sin embargo, Rensley no se inmutó . Mientras lamı́a el irme abdomen,
bajó el cuerpo. Al acercar la cara a la ingle, el pene parecı́a mucho má s
grande que hacı́a un momento.
Al acercarle la mejilla y rozarla, sintió una calidez instantá nea. Rensley
contuvo un suspiro. Morder los colmillos podı́a añ adir un poco de
p p p
vitalidad, pero insertar un objeto ası́ podrı́a destrozarlo todo por
dentro.
La preocupació n excesivamente ansiosa permaneció interna. Rensley lo
sostuvo con la mano y lo lamió desde la base con la lengua. Podı́a sentir
las venas pronunciadas en la punta de la lengua. El pene estimulado se
retorcı́a como una serpiente, y quizá s debido al estado de á nimo, el olor
pareció intensi icarse, ahora diferente del habitual, con un olor a hierro
oxidado.
"Hoo..."
La respiració n inestable de Gezell desde arriba excitó gradualmente a
Rensley. Mientras lamı́a el pene y engullı́a el glande, Rensley lo tragó
apresuradamente. Apoyá ndose como una roca, levantando el irme
muslo, empujó la cabeza, intentando introducir el pene má s
profundamente en su boca.
“Uf, sorbo, uf…”
Pero en lugar de mover la lengua, se quedó sin aliento antes de tragar
bien. Sentı́a como si su boca estuviera llena no con el pene, sino con un
bulto só lido. Su mandı́bula, abierta al lı́mite, se sentı́a rı́gida como si
fuera a dislocarse. La sangre le a luyó a la cara, calentá ndola.
Intentando soportar el dolor, moviendo la cabeza para hundirla en la
garganta e intentando succionar un poco má s profundo, todo duró solo
un instante. La mano de Gezell sujetó la cabeza de Rensley, impidiendo
cualquier protesta. Tras ser privado de lo que estaba succionando,
Rensley tosió , mirá ndolo con resentimiento.
“Aquı́ no hay lubricació n.”
“¿Qué importa eso?”
“Si no está bien mojado, puede que… sea demasiado doloroso”.
Gezell levantó a Rensley de nuevo. Acostado de nuevo sobre la mesa,
Rensley, sin resistencia, se giró y se colocó boca abajo. Sorprendido por
la fuerza que le elevaba las caderas, Rensley se giró para mirar. La
expresió n de Gezell era tan indiferente como siempre.
“Si necesitas lubricarlo con la boca, puedo hacerlo”.
"¿Qué ?"
Cuando Rensley volvió a preguntar, Gezell asintió .
—Entiendo tu intenció n —exclamó Rensley, intentando arrastrarse
para escapar, pero fue inú til. El brazo de Gezell, irmemente sujeto a su
cuerpo, estaba má s fuerte que de costumbre.
—¡No, no quiero! ¡Lo odio, lo odio!
A pesar de haber dicho que harı́a cualquier cosa si se lo pidieran, la
decisió n inal la tomó Gezell sin dudarlo.
Gezell hundió el rostro entre las nalgas levantadas, con la nariz rozando
el coxis. Su lengua alargada lamió sin vacilar la delicada entrada.
Aunque el contacto fue desde atrá s, inmediatamente aumentó la
erecció n del pene. Una sensació n similar a una corriente elé ctrica
recorrió las yemas de los dedos de las manos y los pies, y Rensley se
retorció desesperado. Mientras las caderas, los brazos que sostenı́an la
parte superior del cuerpo, temblaban incontrolablemente, la fuerza se
agotó .
“Uf, esto, esto es terrible, sollozos, por favor, ah…”
Incluso con todas sus fuerzas restantes, sus esfuerzos fueron en vano.
La sensació n de la insistencia de Gezell, incluso mientras se retorcı́a, no
cesaba. Rensley solo podı́a gemir, con la respiració n mezclada con
suspiros.
La vista se nubló y la sed se apoderó de é l. A pesar de querer ocultar su
trasero, el intenso placer fue tan abrumador que le arrebató la voluntad
y la fuerza de voluntad. Cuando Gezell levantó la cabeza, Rensley,
empapado en sudor, tembló como quien acaba de recibir una paliza. El
luido viscoso y transparente que habı́a brotado de la punta del pene
tembloroso se mezcló con saliva y humedeció la mesa.
Mirando hacia la entrada enrojecida, Gezell susurró suavemente, como
si explicara sus acciones.
“Como dijiste, no hay lubricació n y hoy ni siquiera puedo usar mis
dedos por esto…”
“Ja, ugh, para… te lo ruego, te lo ruego… no má s…”
“No hay otra manera.”
“¡Ahh, hoo!”
Cuando Gezell volvió a enterrar la cara, la voz de Rensley se hizo má s
fuerte. Rensley, que habı́a estado gimiendo como un grito, pronto
derramó lá grimas ardientes.
g
La lengua que lamı́a desde atrá s presionó y perforó la hú meda entrada.
Intentando aferrarse a la sensació n invasora, Rensley sintió el voraz
placer que se habı́a aferrado a las paredes internas. A pesar de gritar
que estaba prohibido, el vergonzoso placer que irrumpió con fuerza,
casi irresistible, lo hizo sonrojar. Con el movimiento de la lengua de
Gezell, el calor creciente se extendió gradualmente, provocando un
hormigueo en el bajo vientre.
La lengua que solı́a estimular la garganta al besar profundamente ahora
se adentraba aú n má s. Aunque incapaz de presionar las zonas sensibles
con la fuerza de los dedos, cosquilleaba la delicada carne interna en
todas direcciones.
“Ja, ah, uh, ah, hoo…”
El brazo de Gezell apenas sujetaba el muslo de Rensley, pero este no se
dio cuenta. Gimió , cediendo a los labios atormentadores, y aunque
habı́a dicho que estaba prohibido, la sensació n de placer que penetraba
en el agujero que forcejeaba desde dentro era vergonzosa. Sus
pensamientos estaban paralizados por las excitantes fantası́as que
surgı́an en su mente.
“Eh, no, aah, por favor, ahh…”
Incluso antes de que Rensley, recié n liberado del é xtasis pegajoso,
pudiera calmarse, su cuerpo se tumbó de inmediato. Gezell,
aparentemente emocionado, frunció el ceñ o.
“Si dices tales cosas…”
¿Qué cosas? Rensley lo miró con la mirada perdida. No pudo pensar en
nada hasta que se recuperó por completo de las sensaciones que aú n le
quedaban en el cuerpo. Parecı́a que Gezell le presionaba la barbilla.
Antes de que Rensley pudiera reaccionar, sus piernas ya estaban sobre
los anchos hombros de Gezell. Rensley se dio cuenta de lo que estaba a
punto de hacer y, sollozando, bajó la mano. Con la mano ya difı́cil de
usar, necesitaba ayudar con la unió n. Rensley se agarró las mejillas,
separá ndolas para revelar el rojo interior, y Gezell suspiró
profundamente.
El glande caliente y irme, hú medo de saliva, rozó la entrada
humedecida. Gezell no esperó má s y empujó sus caderas.
“Uf, ahh… ah…”
Sintió como si una barra de hierro al rojo vivo le partiera el cuerpo. El
dolor era intenso. El placer que parecı́a derretirlo no alivió el dolor de
la penetració n. Rensley, que habı́a recuperado la consciencia, se aferró a
los brazos de Gezell y jadeó . A pesar de sus sinceros esfuerzos por
penetrarlo con cuidado, el tamañ o de Gezell no era fá cil de aceptar.
“Su Gracia, espere, por favor… hoo…”
Pero el miembro de Rensley, en lugar de apaciguarse, temblaba y se
ponı́a aú n má s rı́gido. El dolor era dolor, y el placer era otra historia. La
espalda enrojecida, a pesar del sufrimiento, se clavaba en el pene con
ansia. Aunque el dolor sordo de la penetració n era una tortura, las
gruesas venas arañ aban suavemente las paredes internas, aliviando el
dolor de la penetració n.
“Ugh, uhh… ugh, ah…”
Gezell no se detuvo y continuó embistiendo con sus caderas. Rensley
solo pudo aguantar y gemir. A mitad de la penetració n, Gezell sujetó
suavemente las caderas de Rensley y comenzó a retirarse y penetrar
lentamente. El irme glande cambió de á ngulo, tocando un punto
sensible y levantá ndolo. Aunque al principio fue soportable, el placer
repetido, concentrado en un punto sin descanso, se volvió insoportable.
Con un gran esfuerzo por controlar la respiració n, Rensley inalmente
sucumbió al llanto.
Cada lenta retirada y entrada parecı́a excavar má s y má s hondo. El
cuerpo hirviente estaba a punto de convertirse en vapor. Estaba
caliente y doloroso. Sin embargo, incluso el nudo de dolor se disipó
entre sollozos al encontrarse con el hombre que lo miraba con lá grimas
en los ojos.
El hombre, que se movı́a lentamente, detuvo sus caderas mientras
exhalaba temblorosamente. Aú n dentro, atrajo a Rensley hacia sı́ y
suspiró con fuerza.
“Si nos movemos má s, podrı́a no ser bueno…”
Gezell hundió la nariz en el cuello de Rensley. A medida que sus rostros
se acercaban, el sonido de sus cuerdas vocales al rozar con un gruñ ido
resonó con claridad en los oı́dos de Rensley. Inconscientemente, se le
tensó el estó mago y Gezell gimió suavemente.
El interior que contenı́a su cosa se estremecı́a a cada instante. Ya hacı́a
demasiado calor para detenerse allı́. Rensley le susurró .
“Estoy…estoy bien…”
“Siento que te puedes romper.”
El rey de Aldrant habló con un tono que parecı́a haber superado por
completo su miedo. Incluso en medio del esfuerzo, Rensley rió entre
dientes con impotencia. Parecı́a que incluso ahora querı́a presumir.
“Si tuviera que romperme por algo ası́, ya me habrı́a roto… al menos
cien veces”.
En ese momento, el dolor y el placer no eran una gran preocupació n.
Pasando por situaciones peores sin problemas, ahora, la unió n con la
persona que amaba era tan agonizante que se rompı́a. Era absurdo.
“Por favor, ahó rrame el teatro…”
Gezell levantó la cabeza al oı́r las palabras de Rensley. Sus labios,
siempre cerrados, se entreabrieron y su fuerte mandı́bula tembló .
Rensley suspiró sin darse cuenta. No habı́a afrodisı́aco tan excelente
como mirarlo a los ojos cuando estaba excitado, aunque siempre
estuviera tranquilo.
Gezell ejerció fuerza de inmediato y empujó profundamente hacia
abajo. Aú n má s excitado que antes, sujetó a Rensley con fuerza,
empujando y embistiendo como una bestia. Rensley dejó de pensar y
simplemente gritó al sentirlo todo. Incluso despué s de proclamar que
exageraba, Gezell no tenı́a intenció n de soltarlo.
La presió n se extendió al plexo solar y la respiració n se aceleró . Las
paredes internas, forzadamente ensanchadas, se esforzaban por
aceptar la invasió n. El pene, má s largo y grueso de lo habitual, latı́a con
má s fuerza. El placer penetrante punzaba con fuerza cada vez, y el
sudoroso Rensley retorcı́a la cintura mientras gritaba.
En algú n momento, el pene que habı́a estado penetrando con fuerza
entró en una zona má s profunda, inalcanzable hasta entonces. Fue un
instante fugaz, pero la sensació n de un glande duro alcanzando una
zona intacta le abrió la boca y los ojos de par en par. La columna se
estremeció . No le habı́a ocurrido en uniones anteriores. No era una
sensació n que Rensley pudiera recordar.
Sin tiempo para reevaluar la sensació n desconocida, el mismo lugar
volvió a ser aplastado. La entrada, que deberı́a estar cerrada, se abrió
sin piedad con una sensació n que lo atemorizó .
“¡Ah, no, ah, ah!”
Antes de decir que no podı́a, su pene salió con un chasquido, y antes de
recuperar el sentido, volvió a penetrar. Esta vez, el mismo lugar fue
penetrado continuamente. Rensley se mordió los labios sin darse
cuenta, y entonces, incapaz de soportar el grito, abrió la boca de nuevo.
—¡Ah! ¡Ay, ay, ay!
Mientras sacudı́a su cuerpo imprudentemente, Rensley, sin saber qué
hacer, gimió al ser perforado. Gezell siguió sujetando a Rensley y
golpeá ndolo por dentro, ignorando los arañ azos de las a iladas uñ as.
—Ah, ah, Rensley…
Al ser llamado, los ojos de Rensley se arremolinaron vertiginosamente
debido al cruel placer, que pareció perforar de repente la frá gil y tierna
membrana mucosa que nunca antes habı́a sido estimulada.
Parecı́a que gritaba que iba a volverse loco, suplicando que parara. Para
cuando perdió la noció n de lo que decı́a, Gezell, quien habı́a golpeado
ferozmente sus caderas contra Rensley, lo abrazó profundamente.
Rensley alcanzó su clı́max, fuertemente atado por los fuertes brazos de
Gezell. Los calientes luidos corporales se derramaron
imprudentemente en la profunda abertura forzada contra su voluntad.
—¡Ah, uf, ah! ¡Oh…!
Las paredes internas, nunca acostumbradas a recibir algo ası́,
hormiguearon como si se estiraran. Rensley giró la cintura,
convulsionando todo su cuerpo. Las pulsaciones de cada cuerpo se
sincronizaban en su interior, fusioná ndose como si fueran una sola.
Respirando con di icultad, Gezell llevó el ó rgano excitado dentro, y
Rensley, quien respiraba con di icultad, comenzó a mover lentamente el
pecho. En lugar de expresar placer, gritos que se acercaban má s al dolor
estaban a punto de estallar.
Sabı́a que serı́a duro, pero el coito fue aú n má s pesado de lo esperado.
El clı́max abrupto que parecı́a que lo harı́a perder la cabeza, el ó rgano
que lo llenaba con má s fuerza de lo habitual y Gezell, que se embestı́a
con fuerza, lo hicieron extenuante. Gezell, que no sabı́a nada al
respecto, continuó pro iriendo gemidos mientras golpeaba la pró stata
de Rensley varias veces.
—Rensley, Rensley. Lo siento. Lo siento.
y y
“Voy a morir, ah… Siento que voy a morir…”
Ya no ingı́a estar bien. Con voz desprovista de fuerza, gimió con
sinceridad, intentando expresar sus sentimientos, pero una extrañ a
sensació n seguı́a surgiendo de su interior.
Rensley contuvo el aliento y miró hacia abajo. Sus ojos hú medos
temblaban de miedo. Miró a su rey con una mirada hú meda,
implorando clemencia.
—Su Excelencia, por favor, deté ngase... No puedo má s. Hasta luego...
Sin embargo, Gezell, tambié n avergonzado al mirarse la parte inferior
del cuerpo, estaba igualmente desconcertado. Cuando retiró
rá pidamente las caderas con un gemido bajo, el cuerpo de Rensley dio
un salto, como si estuviera en shock.
¡Ah! ¡Oh, no, no! No te muevas... Uf, por favor, qué date ası́...
Rensley murmuró incoherentemente. Las lá grimas le corrı́an por la
cara, mojá ndole el pelo.
No era una ilusió n. El pene de Gezell se hinchaba por dentro. Cuando
estaba muy excitado, solı́a aumentar ligeramente el volumen, pero
ahora lo superaba.
El entorno del robusto glande que llenaba el estrecho interior se
expandı́a como un corcho só lido. Presionaba las paredes que aú n no se
habı́an recuperado de las secuelas del clı́max, intentando expulsar el
ú ltimo placer restante.
El dolor que le hacı́a reventar el estó mago y el placer que lo llevaba al
lı́mite se alternaban con Rensley. Gemidos que parecı́an gritos
estallaron espontá neamente, y continuaron durante un largo rato.
Aunque intentara sacarse el pene, si lo hacı́a sin cuidado, sentı́a que la
entrada se desgarrarı́a. Al inal, Gezell decidió penetrar má s.
Fue un movimiento leve, pero con ese breve estı́mulo, la visió n de
Rensley brilló y parpadeó . Su respiració n se volvió irregular y sintió
que se iba a as ixiar.
“Su Gracia… ugh, por favor sá lvame…”
Ja, lo siento. Ah... Solo un poco má s, aguanta un poco má s...
Gezell no supo qué hacer y simplemente abrazó a Rensley. Su
respiració n agitada era incesantemente agitada. Hundió el rostro en las
lores del cuello de Rensley, y sus colmillos y labios se hundieron en la
piel.
Era el lı́mite. Incapaz de esperar a que terminara el largo clı́max de
Gezell, Rensley cerró los ojos. La visió n borrosa y oscura, que se habı́a
vuelto borrosa y confusa, tiñ ó por completo su conciencia de negro.
Cap. 12.4 - El rey del norte
El primer sonido que llegó a los oı́dos de Rensley cuando abrió los ojos
fue el crepitar del fuego ardiendo en la chimenea.
Acostumbrado a ese sonido, Rensley entrecerró los pá rpados y pensó
distraı́damente: «He vuelto». Tras despertarse del todo, se dio cuenta
de que lo que yacı́a bajo su mejilla no era una almohada ni una manta,
sino la piel de alguien. El ritmo regular del corazó n bajo su rostro, el
roce irme pero elá stico del pecho que sostenı́a su cabeza, y el calor de
los brazos que le rodeaban la espalda.
En cuanto abrió los ojos, su corazó n se aceleró . Al incorporarse con
cuidado, el brazo que apoyaba sobre su espalda se deslizó .
Gezell estaba sentado en una có moda silla frente a la chimenea. Rensley
estaba en una posició n que lo habı́a hecho acurrucarse encima. Gezell
parecı́a haberse quedado dormido con Rensley encima.
Parecı́a que aú n pasaban el rato frente a la chimenea. Rensley sonrió en
silencio. El interior de la prisió n estaba completamente oscuro, lo que
hacı́a imposible calcular el tiempo. Rensley intentó levantarse
lentamente para no despertar a Gezell, pero se quedó sin aliento por la
sorpresa.
"Eh…"
Intentando levantarse en silencio, un pequeñ o gemido escapó de sus
labios. Increı́blemente, al despertar, Rensley se dio cuenta, con la
mejilla apoyada, de que no era una almohada ni una manta, sino la piel
de una persona. El latido constante desde abajo, la temperatura de los
brazos que sostenı́an su cabeza y la sensació n del cuerpo de Gezell
debajo de é l.
Su pecho se agitó levemente al abrir los ojos. Al levantarse con cuidado
para no despertar a Gezell, el brazo que habı́a estado sobre su espalda
se deslizó suavemente.
“…Ah, eh…”
Intentando levantarse sin hacer ruido, un pequeñ o gemido escapó de
sus labios. Rensley, sorprendido, se tapó la boca con la mano. Se movió
lentamente para no despertar a Gezell y se ijó en lo que yacı́a debajo de
é l.
Recordó la vergonzosa situació n de no poder extraer ni insertar el pene
de Gezell, que tenı́a una forma extrañ a. No estaba seguro de cuá nto
tiempo habı́a pasado en ese estado durante su inconsciencia, pero
afortunadamente, parecı́a que todo habı́a vuelto a la normalidad.
Al observar su rostro, los patrones y los a ilados colmillos parecı́an
haber desaparecido. Sus manos tambié n estaban bien. Gezell Jivendad
habı́a recuperado la apariencia corté s que Rensley recordaba. La luz
parpadeante del fuego realzaba aú n má s su atractivo rostro.
¿Permanecieron en ese estado hasta que ambos despertaron? Era una
suposició n escalofriante. Rensley se mordió el labio y levantó
lentamente las caderas para no despertarlo.
“Eh, ah…”
Rensley se cubrió la boca con la mano. Su respiració n se aceleró y sus
muslos temblaron por encima de las rodillas. La sensació n del pene de
Gezell, aú n dentro, deslizá ndose entre las hú medas paredes internas
donde habı́a liberado su semen, fue má s estimulante de lo que Rensley
habı́a anticipado. Los luidos corporales acumulados en el interior no se
enfriaron por completo y luyeron hacia afuera con los movimientos de
Rensley.
Al despertar, levantó ligeramente las caderas para retirar fá cilmente el
miembro de Gezell, a pesar de que habı́a perdido la erecció n. Aun ası́,
era má s largo y grueso de lo habitual. Se mordió el labio un poco má s
arriba y lo saboreó con los labios.
En ese momento, Rensley bajó la cabeza al sentir algo deslizá ndose
suavemente sobre sus muslos. Antes de que pudiera comprender lo que
sucedı́a, una mano enorme tiró de sus caderas hacia abajo.
"Ja…!"
El grito de sorpresa no fue bien pronunciado. Solo sus labios abiertos y
la mandı́bula de Rensley temblaron levemente.
El cuerpo que habı́a sido levantado se hundió repentinamente por
completo. Como si intentara bloquear la abrupta intrusió n, las paredes
internas se tensaron, como si intentaran cerrar hermé ticamente el
interior. Rensley se agarró los hombros y resistió la cintura que se
desplomaba.
“Uh, huh… ¿A dó nde ibas?”
“Ah, en ninguna parte… Acabo de… despertar…”
Levantó los brazos y se subió la cintura hasta el pecho. Finalmente, sus
cuerpos se superpusieron por completo, y adoptaron la misma postura
que antes, con Gezell sujetando a Rensley.
Griiind, al mover un poco el cuerpo, la silla crujió y se movió
lentamente. Solo entonces Rensley se dio cuenta de que la silla en la
que estaban era una mecedora. Aunque Rensley se habı́a sujetado con
cuidado, se mantuvo estable. Sin embargo, cuando Gezell se movió ,
comenzó a balancearse lentamente.
Gritaa ...
Rensley gimió suavemente, volvió a cerrar los ojos y envolvió sus
brazos alrededor del cuello de Gezell.
Los labios de Gezell exploraron suavemente la mejilla y la nuca de
Rensley, mordisqueando el ló bulo de su oreja. Su mano sujetó con
fuerza la mejilla de Rensley, sacudié ndola ligeramente. La humedad
emergió de nuevo en la piel pá lida, acompañ ada de una sombra carmesı́
que se extendı́a sobre ella con cada movimiento.
El pene, que se endurecı́a en su interior, empezó a latir. Sin embargo, a
pesar de la fuerza, no se endureció como de costumbre. La parte rı́gida
pareció doblarse ligeramente por sı́ sola, presionando y deslizá ndose
contra cada recoveco de las paredes internas con el movimiento de la
silla.
“Eh, ja, ah.”
Rensley gemı́a sin control. El pene de Gezell le acariciaba el interior
como una lengua, dejando una sensació n pegajosa. El hormigueo
placentero que subı́a desde el bajo vientre era tan intenso que Rensley
deseaba seguir sintié ndolo aunque volviera a perder el conocimiento.
Olvidando la vergü enza, Rensley movı́a las caderas al ritmo de las
acciones de Gezell.
En respuesta, Gezell tambié n respiró agitadamente, emocionado.
Mientras abrazaba a Rensley, susurró : «Tus entrañ as está n
completamente suaves y hú medas...».
Era cierto. El interior, que se habı́a agrandado extrañ amente antes de
dormirse, ahora estaba aú n má s relajado que cuando los dedos de
Gezell lo acariciaban. El cuerpo, tras haber experimentado el clı́max
varias veces, buscaba incansablemente el placer sin sentir dolor, y cada
parte del cuerpo hormigueaba como si alguien la tocara.
Al darse cuenta de esto, Rensley se asustó un poco. «Mi, mi cuerpo... se
siente extrañ o...»
"¿Duele?"
—preguntó Gezell, y luego giró lentamente las caderas de Rensley con
irmeza. El glande redondeado, profundamente incrustado, rozó el pilar
irregular del interior, y Rensley rompió a llorar. Balbuceó su respuesta.
—Ah, qué rico... qué raro, demasiado rico. Ah, ah, ah...
“Siento lo mismo…”
—Eh, está ... completamente estirado por detrá s. Si ya no sirve... ¿qué
hago?
Ya sea por agotamiento o por no sujetar bien, la entrada no parecı́a
cerrarse bien. La sensació n era pastosa, mucho má s lı́quida de lo
esperado.
Gezell, aparentemente divertido por la genuina preocupació n de
Rensley, rió entre dientes. Sus dedos acariciaron suavemente la mejilla
de Rensley.
“Lo arreglaré con magia.”
Rensley se sintió sinceramente aliviado con esta respuesta. Parecı́a que
el estiramiento no era una enfermedad, sino un trauma, y que podrı́a
haber tratamiento. Con lá grimas en los ojos, sonrió a Gezell, quien se
levantó de repente sin soltar a Rensley.
“¡Ja, ja!”
Gezell balanceó la cintura de Rensley mientras aú n estaba de pie. La
parte inferior del pene, completamente lá cida, ahora completamente
presionada desde abajo, penetró profundamente.
Mientras el sonido de las embestidas continuaba, el cuerpo intentó
instintivamente escapar del placer repentinamente intensi icado,
percibié ndolo como un peligro. Aferrá ndose a los hombros de Gezell,
Rensley intentó trepar por su propio cuerpo como si escalara una
pared.
Sin embargo, la parte inferior del cuerpo, atrapada por la mano de
Gezell, descendı́a repetidamente. La conexió n, que soportaba el peso, se
profundizó sin posibilidad de escape.
"Je, ah, ah... eh, ah..."
“¡Jaja, ah!”
Gezell tambié n jadeaba mientras levantaba vigorosamente a Rensley. El
movimiento errá tico de su cuerpo, caminando sin rumbo ijo, hizo que
Rensley, atrapado entre ellos, se apoyara en los barrotes de la ventana.
Al aceptar al hombre que se abrı́a paso entre chapoteos, Rensley se
agarró a los barrotes de la ventana presa del pá nico. Al inclinarse hacia
atrá s, la cintura estirada quedó al descubierto.
Con cada choque, el delgado abdomen parecı́a aparecer y desaparecer,
mostrando su irmeza. Mientras contemplaba la escena invisible en el
rostro, los movimientos de Gezell se volvieron má s rá pidos e intensos.
El sonido de la carne al chocar reverberaba sin cesar.
"¡Aah! ¡Aheuk... huk! ¡Ah, ah, aah!"
En el ú ltimo momento, los gemidos de Rensley se convirtieron en
gritos. Su voz se quebró , y con fuerza, la pierna y los dedos del pie que
lotaban en el aire temblaron notablemente.
En el intenso clı́max que recorrió su cuerpo en un instante y la
sensació n de que su interior volvı́a a calentarse y palpitar, Rensley casi
perdió el conocimiento otra vez. La fuerza en la mano que agarraba los
barrotes de la ventana se debilitó . Cuando la espalda de Rensley pareció
deslizarse por los barrotes de hierro, Gezell lo levantó rá pidamente.
Una profunda confusió n se percibı́a en la voz de Gezell mientras se
disculpaba.
Rensley, lo siento mucho. No quise que esto pasara...
Rensley, que habı́a permanecido en silencio un momento, logró abrir
los labios temblorosos. Su respuesta sonó inesperadamente cortante.
“…Está bien.”
Gezell besó la frente sudorosa de Rensley como si intentara consolarlo.
Rensley, aú n abrazado, fue transportado a la cama y permaneció
inmó vil, completamente agotado, cubierto con una manta.
Era un lugar digno de la residencia de un rey, incluso dentro de una
prisió n. Se prepararon diversos artı́culos para mayor comodidad y, por
supuesto, una cama resistente. La razó n para dormir en la silla en lugar
de la cama parecı́a ser la imposibilidad de deshacer la conexió n durante
bastante tiempo.
Gezell estaba llenando la bañ era. Al observarlo mientras preparaba el
bañ o, Rensley sonrió en silencio. Aunque la magia podı́a limpiar la
suciedad, era solo un mé todo para eliminar la contaminació n. Bañ arse
seguı́a siendo esencial para aliviar la fatiga.
De repente, surgió una inquietud: ¿podrı́a meterse al agua ahora?
Rensley se tocó discretamente entre las nalgas. Por suerte, la zona que
se habı́a hinchado antes parecı́a haberse calmado, incluso sin
tratamiento má gico, probablemente despué s de un tiempo.
"Ven aquı́."
Gezell, tras los preparativos, levantó a Rensley, y este, aferrado a é l,
suspiró suavemente. Recordando el dı́a de la ceremonia de
compromiso, cuando el viento lo sobresaltó al ser levantado por
primera vez, Rensley se habı́a acostumbrado a ese trato.
“Jaja…”
Mientras el cuerpo de Rensley se sumergı́a en la bañ era, un suspiro se
le escapó involuntariamente. Se sentı́a como el cielo en el agua limpia y
tibia.
Gezell, como si observara el entorno, dudó un momento y luego besó
las yemas y los dedos hú medos de Rensley. Recibiendo un beso
pequeñ o, como el de un pá jaro, que no correspondı́a al tamañ o de
Gezell, Rensley lo regañ ó con tono severo.
Te lo adelanto: no lo haremos en la bañ era. Hoy es el in.
“No lo haré má s.”
Gzell asintió y Rensley se rió entre dientes.
Durante un rato, permanecieron sentados en silencio en el agua,
contemplando ú nicamente la luz parpadeante del fuego. Rensley apoyó
los brazos en el borde de la bañ era. El sonido del agua, extendié ndose y
resonando como ondas en una prisió n silenciosa, llenó el aire.
“¿Vienes aquı́ cada vez que termina la pelea?”
Me lleva un tiempo volver a mi forma original. Durante ese tiempo, no
deberı́a ser visible para la gente.
Cuando te vi por primera vez, el color de tus ojos era diferente al
habitual. ¿Era el mismo entonces?
Hubo una batalla hace unos tres dı́as. Aunque mi recuperació n fue casi
completa, los ojos siempre vuelven al inal. El color del iris es ajustable,
ası́ que está bien.
Rensley asintió y miró a los ojos color calabaza de Gezell.
“Ahora has vuelto a tu yo original”.
Gezell parpadeó sorprendido y, al darse cuenta de su apariencia, se
miró las manos. Tras tocarse la cara y examinarse el cuerpo, volvió a
mirar a Rensley.
Es extrañ o. Ni siquiera ha pasado una noche. Nunca habı́a regresado tan
rá pido...
¿En serio? ¿Será porque pasaste un rato apasionado conmigo?
Rensley bromeó con una sola sonrisa, pero parecı́a serio. Gezell,
mirando a Rensley en silencio, preguntó :
“¿Alguna vez has aprendido magia?”
Era la misma pregunta que le habı́a hecho el lobo en el bosque. Rensley
negó con la cabeza.
“No, me hicieron pruebas cuando era joven, pero dijeron que no tenı́a el
talento”.
“¿Desde entonces no ha pasado nada especial?”
“No, nada en absoluto.”
Con un chapoteo, Gezell se acercó , haciendo el sonido del agua. Rensley
giró y se inclinó hacia é l, encontrando có modo sentarse en la bañ era
ahora que tenı́a respaldo.
“De ahora en adelante, siempre estaré contigo cuando esté s aquı́”.
"No tienes que hacer eso."
“Debe sentirse solo cuando está solo”.
Gezell solo respondió con una leve sonrisa. Rensley frunció el ceñ o
ligeramente y habló .
Quizá s no sea necesario que vengas en el futuro. Si establecemos una
relació n como la de hoy, ¿no volverá s pronto?
—Bueno, ¿quié n sabe? Lo averiguaremos la pró xima vez.
Gezell cogió una esponja de bañ o situada cerca de la bañ era, la
sumergió en agua y comenzó a lavar el cuerpo de Rensley, empezando
por las esquinas.
Al principio, Rensley lo dejó lavarse, pero de repente levantó la cabeza.
Al principio, se resistió a su manera, pero recibir la atenció n del
hombre má s importante del paı́s se habı́a vuelto completamente
familiar para é l. Ahora, ni siquiera consideró negarse, sintié ndose
agradecido y sin vergü enza.
Despué s del bañ o, Rensley se secó meticulosamente con una toalla
calentada por la chimenea y se envolvió en una bata abrigada. Relajado
en la cama, ni siquiera recordaba que aquel lugar era una torre de
con inamiento, separada ú nicamente por la torre principal.
Cuando Gezell terminó de secarse y se sentó en la cama, Rensley
tambié n se levantó y se sentó a su lado.
“Su Gracia, a partir de ahora, cumpliré tambié n con mis deberes”.
"¿Deberes?"
En el futuro, siempre estaré cerca de Su Gracia. Ya no me quejaré con
petulancia sobre los roles en el haré n. Sea correcto o incorrecto, ya sea
amante o caballero, ¿qué hay de usar cualquier pretexto? Lo importante
para mı́ es estar a su lado.
Ante estas palabras, Gezell parpadeó levemente. Frunció el ceñ o, ladeó
la cabeza y preguntó : "¿Haré n?".
Su Gracia no querı́a ver la lluvia caer sobre usted... Ası́ que me fui. Pero
ahora me he preparado. Aunque sea para ser una amante, está bien.
Como alguien que anhela al rey, no deberı́a pedir demasiado. En
cambio, he sido demasiado codiciosa conmigo misma...
“Rensley.”
Gezell gritó su nombre, interrumpiendo su discurso. Rensley esperó en
silencio a que continuara.
Sin embargo, no continuó con la siguiente historia de inmediato. En
cambio, se puso un poco ansioso, se cubrió la barbilla con las manos y
suspiró . Tras un breve silencio, abrió la boca.
“La nueva duquesa no vendrá .”
—¿Eh? Pero oı́ que se está preparando para el compromiso.
Eso fue cosa del pasado. ¿No te dije que te amo?
—Bueno, sı́, pero… el anhelo y el matrimonio son cosas distintas…
“Lo fue entonces y lo es ahora”.
Rensley cerró la boca. Sintiendo la seriedad en la expresió n de Gezell y
su mirada pesada, tragó saliva seca. Gezell tomó la mano de Rensley.
“Historias como estas es mejor comentarlas despué s, pero…”
“¿Qué clase de historia…?”
Por favor, convié rtete o icialmente en la Duquesa de Aldrant cuando
salgas de aquı́. La duquesa o icial será s tú .
“….”
Convenceré a los demá s. Ya lo mencioné , pero aú n hay precedentes de
una duquesa. La gente lo aceptará .
"Es increı́ble."
Rensley respondió rá pidamente, como si no hubiera lugar a
consideraciones. Soltó la mano de Gezell y se puso de pie.
¿De qué hablas? Una duquesa o icial. ¿Crees que alguien como yo, que
creció sin importarle el estatus social, puede asumir semejante
responsabilidad?
“Este no es un asunto que tome a la ligera”.
No puedo. Me falta con ianza. Absolutamente…
Convertirse en una verdadera duquesa era una propuesta má s
desa iante que pedirle que aguantara y viviera en silencio como parte
del haré n junto a Gezell. Ser duquesa signi icaba gobernar el paı́s junto
al duque, una posició n importante y de peso. Incluso si llegaba una
princesa noble y distinguida, serı́a difı́cil para Rensley, quien no se
preocupaba por el estatus social. Ademá s, solo pensar en las reacciones
de la gente lo ensombrecı́a todo.
¡Ademá s, la sucesora! La principal razó n por la que no pude
convertirme en duquesa o icial fue el asunto de la sucesora. No es un
problema que se pueda resolver a base de forzarlo sin solució n.
Si se trata de un problema de sucesor, no hay prisa. Algunos
funcionarios mayores simplemente tienen prisa. Tengo una hermana
soltera y parientes que heredan la lı́nea real. Aunque no tenga hijos, hay
personas que pueden gobernar el paı́s.
"Pero…"
Rensley negó con la cabeza. Sin embargo, no podı́a ignorar la razó n por
la que la gente querı́a al sucesor de este hombre, como habı́a aprendido
durante la reciente batalla.
“Si no es el hijo de Su Gracia… las habilidades del 'Guardiá n' pueden no
heredarse correctamente, ¿verdad?”
Gezell permaneció en silencio. Rensley volvió a levantar la cabeza.
Dentro de esta prisió n, pensó en la infancia y el presente de Gezell
Jivendad, pasando incontables horas allı́.
Los mitos que Aldrant habı́a contado como viejos cuentos en una noche
tormentosa contenı́an algunas verdades.
La historia de caer en un manantial hecho de rayos y obtener poderes
má s allá de la comprensió n humana probablemente fue un cuento
inventado, pero independientemente de su origen, alguien de la familia
real Aldrant, una vez elegido, podı́a ejercer una fuerza tremenda y
convertirse en un semidió s.
Só lo una persona, elegida por un ser desconocido, ya sea un dios o un
demonio.
El poder del Guardiá n se transmite a uno de los descendientes de la
lı́nea real, el heredero del elegido.
Cuando los hijos reales de Aldrant cumplen doce añ os, se someten a un
ritual para determinar si son elegidos o no. Si el hijo elegido muere
antes de convertirse en rey, el ritual se repite para una nueva selecció n.
Por eso no hay disputa por el trono en Aldrant. A pesar de estar
decorado con mitos de plata, ceremonias má gicas y coronas enjoyadas,
convertirse en rey en esta tierra del norte puede ser má s una maldició n
que un honor o una bendició n.
La elecció n del maldito como rey y su admiració n por é l pudo haber
sido el resultado de un acuerdo colectivo, creyendo que só lo de esa
manera aceptarı́an su destino y lucharı́an contra esos temibles
monstruos.
Esa es solo la vaga creencia de la gente. Aunque se dice que muchos
descendientes de la lı́nea directa han sido elegidos y sobresalientes, la
organizació n de los datos demuestra que no es tan sencillo.
“…”
Mi padre no fue el primer Guardiá n, ya que mi abuela paterna heredó la
facultad y gobernó el paı́s como duquesa antes que mi padre. Pero aun
ası́...
"Aú n ası́…"
"Ven aquı́."
Gezell extendió la mano. Rensley, que dudó , volvió a tomarla y se sentó
en su regazo.
Recibir el poder no signi ica que puedas ejercerlo sin control. Mi padre
fue un Guardiá n fracasado. Por eso no pudo convertirse en rey segú n la
tradició n. Gracias a eso, mi tı́o sufrió mucho durante su reinado.
“…”
Tenı́a habilidades excepcionales, pero no podı́a controlar su poder. Mi
padre se casó con una criada de la que habı́a estado enamorado desde
la infancia. Mi madre me dio a luz y falleció poco despué s. Despué s de
eso, mi padre quedó invá lido incurable. Mi recuerdo de mi padre
siempre estará presente.
Rensley tambié n lo sabı́a. El joven Gezell Jivendad solı́a venir aquı́ para
ver a su padre, ya que era hijo ú nico, y despué s de cumplir doce añ os, lo
visitaba con má s frecuencia despué s del ritual.
La imagen de un hombre tendido en la cama, agotado por la medicina,
no era agradable ni siquiera para el joven prı́ncipe. Quizá s serı́a mejor
transferir rá pidamente el poder al siguiente sucesor y facilitar las cosas.
Sin embargo, la criatura dentro del cuerpo del Guardiá n, el Maas, no le
permitió que su destino elegido fuera extinguido por humanos, ni por
sus propias manos ni por las de otros.
p p p
Los funcionarios de educació n que le tomaron la mano y subieron a la
torre a menudo decı́an esas palabras fuera de las rejas.
—Por favor, mire, Lord Gezell. Si el Guardián no puede controlarse,
incluso después de recibir la selección sagrada, pasará toda su vida en
prisión, igual que su padre.
Aquellos con habilidades excepcionales como Lord Gezell son raros en la
historia. Si estudias y entrenas con ahínco, cumpliendo con tus deberes,
menos gente morirá cuando los monstruos ataquen, como ocurre ahora.
Absorbiendo los sentimientos de Gezell, quien habı́a escuchado
palabras similares repetidamente durante su infancia, Rensley frunció
el ceñ o. Agarró la mano de Gezell con irmeza.
“Hablarle ası́ a un niñ o no es apropiado, ni siquiera en el á mbito de la
educació n imperial”.
Pero ya no soy un niñ o. Me he convertido en rey y puedo pensar y
juzgar por mı́ mismo. No te preocupes; está s aquı́ para ayudar a una
persona aburrida como yo.
Quienes lo rodeaban esperaban que tuviera un viaje placentero,
probara diferentes comidas, se enamorara de los demá s y sintiera el
contacto fı́sico. Querı́an que no tuviera ningú n interé s ni emoció n
especial má s allá de proteger el paı́s. Gezell Jivendad tenı́a el talento
para lograrlo.
Sin embargo, las personas inevitablemente crean un objeto de apego. El
joven Gezell Jivendad encontró ese objeto en los libros. Aunque se le
elogiaba por disfrutar de los libros difı́ciles a tan temprana edad, se
absorbı́a en las historias de otros mundos y personas que conocı́a en
los libros.
Se conformaba con leer sobre los paisajes de lugares desconocidos y las
diferentes culturas culinarias de otros paı́ses. En cuanto a las
emociones difı́ciles de comprender sin experiencia, no mostraba mucho
interé s, pues eran distintas del conocimiento. Má s tarde, se sumergió en
el estudio de la magia y se absorbió en las investigaciones que se
podı́an realizar en el castillo.
El mundo de Gezell Jivendad era perfecto con eso, y é l estaba contento
con su vida.
“…Pensé que un mundo má s amplio te convenı́a.”
"¿Qué ?"
"No importa."
Gezell acarició la mejilla de Rensley con una sonrisa iró nica.
No necesito un hijo. Aldrant no es un paı́s donde solo el hijo del rey se
convierte en el pró ximo rey. No me involucraré con nadie solo por tener
un hijo.
Miró má s allá de los barrotes como si tomara una decisió n. La mano de
Rensley se apretó un poco má s.
Rensley, por favor, sé mi duquesa. Nadie en el mundo puede ayudarme
tanto como tú . Haré todo lo posible para que no tengas que pasar por
momentos difı́ciles.
Diciendo esto, bajó la mirada como si se sintiera deprimido.
“Aunque no parece correcto decir esto estando atrapado en un lugar
como este”.
"No, Su Gracia."
Rensley enfrió su mejilla ardiente con la palma de la mano.
Parecı́a absurdo. Pensaba que jamá s podrı́a asumir la responsabilidad
de gobernar un paı́s, pero ante una sú plica tan ardiente, se sintió
paralizado. Si alguien recibiera una propuesta ası́ del duque Gezell
Jivendad, se emocionarı́a sin importar su gé nero.
Pero…
—Su Gracia, he oı́do que han pasado unas dos semanas desde que dejé
el castillo.
—No. Han pasado tres semanas.
—Sı́. Pero yo... Solo han pasado unos tres dı́as.
¿De verdad? Por favor, cué ntame la historia del bosque misterioso.
Tengo curiosidad por los detalles.
“Pero aú n ası́… no soy un niñ o ni un cachorro ni un gatito.”
"¿No te gusta?"
“Bueno, no es que no me guste…”
q g
Rensley cerró la boca. Sus ojos color calabaza, generalmente
indiferentes, parecı́an bastante serios, probablemente debido a su
propio humor.
Probablemente, la razó n por la que hizo tal petició n fue porque esta vez
se habı́a marchado sin decir palabra. No serı́a fá cil negarse cuando é l
era quien le brindaba la oportunidad. Incapaz de responder de
inmediato y vacilante, la voz baja de Gezell volvió a sonar.
"Pensé que podrı́as estar muerto."
"¿Qué ?"
Rensley, que se habı́a quedado mirando los dedos de los pies, pensativo,
levantó la cabeza. Incluso el recuerdo de aquella ocasió n hizo que sus
elegantes cejas se fruncieran con aparente angustia.
“Tus huellas se perdieron en el acantilado que conduce al rı́o…”
“…”
Movilizamos a magos y grupos de bú squeda para que buscaran hasta el
lecho del rı́o, pensando que podrı́as estar muerto. Por suerte, como
está s vivo ası́, no se encontró nada.
“Su Gracia…”
Las lá grimas brotaron de los ojos de Rensley al instante. ¿Có mo era
posible? ¿Cuá nto lo habı́a atormentado su decisió n precipitada y
despreocupada?
Pensá ndolo bien, incluso puso una enorme recompensa por su cabeza.
Todo fue obra de Gezell Jivendad para encontrarlo. Una recompensa...
“Ah, por cierto.”
Rensley recordó algo de repente y murmuró . Gezell, absorto en su
expresió n de angustia, se giró para mirar a Rensley sin derramar una
lá grima.
—¡Su Gracia, la recompensa! Alguien me trajo aquı́. Deberı́a darle la
recompensa.
¿De qué está s hablando de repente?
Pusiste una recompensa por mı́ para encontrarme, ¿verdad? La
cantidad era enorme, atrayendo a cazarrecompensas de todo el
continente a Aldrant. Casi me atrapan una vez, pero ¿quié n soy yo para
que me atrapen? Me escabullı́ con habilidad. Sin embargo, la persona
que me ayudó a escapar se encuentra en una situació n muy, muy difı́cil.
Su hija padece una enfermedad incurable, y la cantidad que ofrecı́ no
será su iciente para cubrir sus gastos. Ası́ que le pedı́ que me llevara a
Roudken a cambio de la recompensa. Como sé su nombre y dó nde vive,
por favor, asegú rate de pagar la recompensa cuando salgas.
¿Ofrecı́ una recompensa? ¿Te re ieres a despué s de tu partida? Rensley
asintió . La frente de Gezell se arrugó aú n má s. En lugar del rostro
angustiado y desesperado de antes, su expresió n ahora rozaba la ira.
“Te dije explı́citamente que no le hicieras dañ o, pero te atreviste a hacer
algo ası́ sin informarme”.
Mientras el hombre murmuraba, los ojos color calabaza volvieron a
emitir una luz dorada. Sobresaltado, Rensley lo agarró del brazo
rá pidamente.
—¡Pero Su Gracia! Al inal, gracias a eso, regresé sano y salvo. ¿No es
una suerte? Aunque hubo algunos errores en el mé todo, considerando
el buen resultado, hay margen para un reconocimiento normal.
Gezell miró en silencio a Rensley en ese estado. Rensley le devolvió la
mirada. Los centelleantes ojos dorados, que desaparecı́an y
reaparecı́an, parecı́an contener una pequeñ a perla que transmitı́a el
cielo atronador. Era a la vez aterrador, misterioso y hermoso.
La luz dorada intermitente se debilitó gradualmente, y inalmente, los
ojos recuperaron su color calabaza puro. Rensley suspiró aliviado para
sus adentros. Sin embargo, el tono de Gezell, reprimiendo su ira, era un
poco má s hosco que antes.
“…¿Es esa la razó n por la que regresaste?”
"¿Qué ?"
“Supongo que no fue porque estuvieras pensando en Aldrant”.
¿Qué ? ¡No! No, no lo fue. La recompensa era parte de ello, pero la
verdadera razó n por la que decidı́ regresar fue porque oı́ que los
monstruos atacaban Roudken y me preocupé ...
Despué s de un momento de vacilació n, Rensley de repente estalló en
una brillante sonrisa, acercá ndose a é l como si estuviera bromeando.
—No se preocupe, Su Gracia. Mejor, puede lanzarme un hechizo de
rastreo.
"¿En realidad?"
Sı́. Me da miedo que guardes rencor. Olvidemos el pasado y
centré monos en el futuro.
Al oı́r esto, Gezell tambié n sonrió levemente. Despué s de un rato,
Rensley se tumbó en la cama. Miró al techo, dejando al descubierto su
pecho y abdomen al mojarse la ropa. La tensió n lo invadió , obligá ndolo
a morderse los labios innecesariamente. Estar en la cama, esperando no
magia, sino un hechizo, lo hacı́a sentir como un paciente esperando a
que un mé dico le realizara un ritual.
“¿Te duele cuando lanzas un hechizo?”
—No. No sentirá s nada.
Rensley bajó la mirada hacia su cuerpo, evitando el contacto visual. Los
largos dedos de Gezell tocaron la mitad de su pecho. Al moverlos, sintió
cosquillas. Rensley observó divertido có mo Gezell jugaba con sus dedos
sobre é l. Sin embargo, su breve risa pronto cesó . Sin tinta ni pintura en
sus dedos, una lı́nea brillante apareció cuando los dedos de Gezell se
movieron hacia abajo, creando un patró n.
Gezell dibujó el patró n con cuidado. Mientras dibujaba una vena
brillante en su cuerpo, se detuvo como si algo le llamara la atenció n.
Pronto, Rensley observó a Gezell completar el dibujo inscribiendo un
hechizo ilegible, y la magia cobró vida, emitiendo una luz brillante
desde el cuerpo de Rensley por un instante antes de ocultar su forma. El
cuerpo de Rensley parecı́a imperturbable, como si nada hubiera
sucedido.
“Se ha ido…”
“No puedes verlo, pero la magia está completamente realizada.”
Diciendo esto, Gezell miró a Rensley con una expresió n curiosa.
“Aunque no hayas aprendido magia, ¿no ocurrió nada relacionado con
la magia en Cornia?”
¿Por qué sigues preguntando? ¿Sospechas que tengo talento para la
magia? Hasta los lobos del bosque me lo preguntaron. Me sometı́ a una
prueba. En Cornia, al llegar a cierta edad, los niñ os de la realeza se
someten a pruebas para determinar si tienen talento para la magia. A
p p p g
pesar de la hostilidad del rey hacia la magia, al igual que los magos
reales actú an como si la tuvieran, la usan si tiene algú n valor prá ctico.
Pero fallé , y desde entonces, nunca má s he tenido que volver a ver a esa
gente.
Gezell se acarició suavemente el pecho y el abdomen, donde habı́a
dibujado el patró n, y asintió .
—Ya veo. Qué suerte que no haya pasado nada.
Luego se inclinó para besarlo. Rensley tambié n lo abrazó .
Intercambiaron besos suaves y rieron, compartiendo un momento de
intimidad.
“Ahora estamos comprometidos.”
“Ya tuvimos la ceremonia de boda, y ahora estamos comprometidos… El
orden parece extrañ o, pero resultó ası́”.
Parecı́a que ya habı́a amanecido afuera, pues habı́an luchado en la
batalla y llegaron tarde en la noche. Aliviado, Rensley dejó escapar un
pequeñ o bostezo.
“Tengo sueñ o, Su Gracia.”
¿Descansamos ya? Todo parece haber vuelto a la normalidad, ası́ que
podemos volver a la torre mañ ana.
"Suena bien."
Aunque era una prisió n, seguı́a siendo la prisió n del rey. La cama tras
los barrotes era tan có moda como la del dormitorio. Con una chimenea
cerca, se sentı́a aú n má s acogedora.
Rensley se acostó con el brazo alrededor de la espalda de Gezell. La
espalda de Rensley tambié n estaba abrazada por los fuertes brazos de
Gezell.
"Dormir bien."
La suave voz era agradable al oı́do, y Rensley sonrió . «Usted tambié n, Su
Gracia». Cerró los ojos mientras respondı́a.
Pensar que recibirı́a una propuesta del duque Gezell... ¿Có mo será
exactamente la vida de Rensley Maelrosen?
¿Acaso la aterradora profecı́a del lobo fue solo una mera palabrerı́a?
Aunque habı́a pensado que morirı́a al conectar con el Duque hacı́a un
tiempo, ¿podrı́a haber sido una predicció n de su relació n fı́sica tras el
reencuentro? Serı́a mejor si ası́ fuera...
La curiosidad lo invadió , pero por ahora no querı́a preocuparse por
nada. El sueñ o que llegó poco despué s fue má s dulce que cualquier
noche que hubiera tenido en su vida.
Cap. 12.5 - El Rey del Norte
Tras ganar la batalla, Roudken se mostró sorprendentemente ené rgico.
Aquellos acostumbrados a la lucha unieron fuerzas rá pidamente para
acelerar la restauració n del castillo a pesar de los importantes dañ os.
Los caballeros lideraron las labores de restauració n. Rensley tambié n
se relacionó con la gente, trabajando diligentemente para transportar
materiales y ayudar en las reparaciones.
Dicen que habı́a una recompensa por Rensley por planear una rebelió n,
pero no lo creı́mos. Pensamos que habı́a algú n malentendido entre las
altas esferas.
Oı́ que fuiste a un recado que solo Su Gracia y el Comandante sabı́an.
Debiste de trabajar duro.
La gente le lanzó comentarios a Rensley, quien habı́a sido protagonista
de varios rumores. Tomá ndose un descanso y brindando, Rensley
respondió con una sonrisa desenfadada.
—Oh, nada. Gracias a todos, volvı́ sano y salvo. ¿Me extrañ aron mientras
estuve fuera?
Incluso sus compañ eros caballeros levantaron sus copas y se burlaron
de é l.
Ya está s haciendo tareas tan importantes. ¿No te está s haciendo famoso
tú solo?
“No nos ignores má s tarde só lo porque tienes vı́nculos con Su Gracia”.
¿Te diste cuenta? Entonces deberı́as presumir en lugar de ponerte
celoso. Oigan, todos, formen ila. Los atenderé por orden.
Extendiendo su mano y haciendo una broma, los subordinados de
Rensley se burlaron ansiosamente de é l dá ndole primero una palmadita
en el dorso de la mano.
Tu ascenso a la fama no es comú n. Podrı́as convertirte en Su Gracia, a
quien ninguno de ustedes se atreve a mirar, si no tienes cuidado.
Al mirarlos, Rensley sonrió , sin saber si reı́r o llorar.
Los esfuerzos colectivos de restauració n concluyeron antes del
atardecer. Aunque aú n quedaba mucho por hacer, no pudieron hacerlo
todo de una vez.
Al tener por in algo de tiempo libre, Rensley apartó temporalmente a
quienes querı́an socializar y se dirigió al patio trasero. Se sentı́a extrañ o
estar de vuelta allı́ despué s de solo unos dı́as, pero ya habı́an pasado
varias semanas desde su partida.
Sin embargo, al llegar cerca del invernadero, Rensley dejó escapar una
pequeñ a exclamació n. Curiosamente, a pesar de que varios edi icios
fueron destruidos e incendiados, el invernadero, que deberı́a haber
estado en el peor estado, permaneció intacto, sin un solo cristal roto.
¿Los monstruos evitaron este lugar? ¡Qué extrañ o!
Rensley abrió la puerta y entró . Al entrar, contuvo la respiració n,
sorprendido por la respiració n silenciosa de quien habı́a llegado
primero.
"Su Gracia."
—Oh. ¿Ya está todo listo afuera?
“¿Su Gracia tambié n ha terminado?”
Al acercarse, Rensley notó a Gezell, que estaba peiná ndose el cabello
ligeramente despeinado con los dedos.
Ahora que acabo de regresar, deberı́as tomarte un dı́a o dos libres. No
pasa nada. No tienes que quedarte sola mientras todos trabajan.
Eres fuerte, ası́ que no pasa nada. Todos está n trabajando, y se notarı́a
si me acuesto solo.
“No necesitas preocuparte por nadie má s”.
“No, si vivo ası́, perderé a todos mis amigos”.
El hombre sin amigos cerró la boca. Rensley lo miró con una sensació n
ambigua, sin saber si reı́r o llorar.
“Anda, haz lo que quieras con muchos amigos”.
"¿Está s de mal humor otra vez?"
Sonriendo, Rensley observó el invernadero. Contrariamente a lo
esperado, estaba limpio y bien cuidado. Los cultivos del jardı́n estaban
frescos y vigorosos, ni secos ni demasiado maduros.
“¿Alguien se encargó de esto mientras estuve ausente?”
“Lo hice yo al principio, pero mientras estabas en la torre, tuve que
con iá rselo al jardinero”.
¿En serio? Tambié n eres bueno cultivando…
Nunca lo he probado, pero he leı́do muchos libros sobre agricultura.
Siguiendo las instrucciones, pareció conservarlo bien.
El cristal tambié n está intacto. Parece que los monstruos solo evitaron
este invernadero.
—Correcto. Puse una barrera sencilla aquı́.
Ante esto, los ojos de Rensley se abrieron de par en par.
"¿Una barrera? ¿Ah, sı́? ¿Magia?"
—Sı́. Claro, era improvisado y se romperı́a si decidı́as destruirlo... pero
los monstruos de la reciente batalla no pudieron atravesar las murallas
del castillo, ası́ que no pudieron llegar tan lejos.
Si algo ası́ es posible, ¿por qué no construir una barrera alrededor de
toda la fortaleza o de Roudken? Ası́ tambié n se podrı́an prevenir los
ataques de los monstruos, ¿no?
Eso serı́a ideal si fuera posible. Sin embargo, crear una barrera requiere
mucho poder má gico y habilidad, tanto para lanzarla como para
mantenerla. No es algo que pueda mantenerse perpetuamente. Siendo
realistas, es una historia imposible.
Rensley asintió , entendiendo. Desafortunadamente, era algo inevitable.
Como un paı́s donde muchos aspectos fueron movidos y mantenidos
por magia, Rensley regresó de la torre norte despué s de realizar otra
ceremonia.
Se decı́a que cualquiera que conociera el secreto del Duque debı́a pasar
por é l. Un juramento similar al juramento de lealtad, un voto má gico
que impedı́a la revelació n de secretos. Una promesa de por vida de
lealtad al gobernante, intercambiando vida y secretos para nunca
abandonar Aldrant. Un grillete invisible que seguirı́a a quien realizara
la ceremonia para siempre.
Cuando Gezell lanzó el voto má gico sobre Rensley, su expresió n era
amarga, a diferencia de cuando lanzó la magia de rastreo, que era una
marca de compromiso.
¿Has probado los tomates que cultivé ?
Gezell parecı́a un poco disgustado.
“No planeé comerlos solo”.
Rensley se acercó a la zona cercana a las tomateras. Si no las hubiera
consumido a tiempo, una cantidad considerable de frutas se habrı́a
desperdiciado. Lamentablemente, con el tiempo, la comida se volverı́a
inservible.
Al examinar el campo, Rensley abrió un poco los ojos y se arrodilló .
Gezell se acercó .
"¿Hay algo?"
Creo que ha brotado un brote de las semillas que planté hace un
tiempo. El tallo ha crecido bastante.
Señ alando un lugar, estaba creciendo un pequeñ o tallo de tomate, má s
pequeñ o que los otros á rboles que lo rodeaban.
Rensley sonrió discretamente. En lugar de comerse los tomates
ligeramente verdes y á cidos, querı́a enterrar allı́ su cariñ o por Gezell.
Cogió dos de los má s maduros. Tras limpiarlos con la manga, le entregó
uno a Gezell.
Está delicioso incluso si te los comes bien maduros. Te prepararé algo
por la noche, ası́ que ¿por qué no lo pruebas primero?
Gezell lo recibió con un gesto corté s. Mirando la fruta madura,
murmuró para sı́.
“Por in voy a comer esto.”
Se la llevó a la boca y le dio un mordisco en cuanto la cogió . Comer la
fruta justo despué s de arrancarla fue una experiencia nueva para é l.
Una explosió n de vitalidad vibrante, mezclada con el aroma a hierba
fresca, explotó en su boca. La textura era irme pero jugosa, algo que
tampoco le resultaba familiar.
"¿Có mo es?"
"Es dulce y picante."
Miró a Rensley y sonrió .
"Es como tú ."
“Pero yo no soy comida…”
“Metafó ricamente hablando, sı́.”
Al ver a Gezell dar otro mordisco, Rensley inalmente probó el tomate.
La fruta, completamente madura, desprendı́a un sabor intenso, difı́cil
de expresar con palabras. Rensley tambié n sonrió , maravillado.
“Es realmente delicioso.”
"Ası́ parece."
"Lo mismo que Su Gracia."
Ante esto, Gezell dejó escapar una pequeñ a tos falsa.
Estaban sentados uno frente al otro en sillas dentro del invernadero,
comiendo tomates. Gezell, limpiá ndose el jugo de las manos, habló de
repente como si algo se le hubiera ocurrido.
Ahora que lo pienso, parecı́a que ya te habı́as preparado para irte de
aquı́. Ya no usará s el invernadero para eso, ¿verdad?
“Su Gracia, acordamos dejar atrá s el pasado”.
Esto tambié n aplica al futuro. No te imaginas lo confundido que estaba
por la nota que dejaste.
¡Bueno! Originalmente... querı́a escribir una carta como Dios manda,
pero perdı́ el cuaderno donde la escribı́. Con las prisas, no pude evitar...
La voz de Rensley, con el rostro tenso, fue subiendo poco a poco. Gezell
asintió .
Por suerte, Lady Samlet me encontró el cuaderno. Estaba
completamente borrado, ası́ que era difı́cil de leer.
“¿Qué ? ¿Lo leı́ste?”
Me llevó bastante tiempo. Aun ası́, la carta que escribiste en la ú ltima
pá gina estaba casi intacta. Pude memorizar gran parte.
—¡Su Gracia! ¡Por favor, no lo haga! ¡Deje de burlarse de mı́!
Como si intentara recitar, la voz de Rensley se alzó con fuerza. Gezell
asintió e hizo una señ a.
No te estoy tomando el pelo. Lamento profundamente haberte hecho
pensar ası́. No lo volveré a hacer.
—Su Gracia, eso ya es cosa del pasado. No hablemos má s de ello.
Mientras Rensley murmuraba, Gezell le besó la mejilla. Gezell repitió el
gesto y Rensley, aparentemente intentando taparle la boca, le dio el
primer beso.
La luz del sol iluminaba cada rincó n del invernadero con un brillo
dorado.
[Su Gracia, estoy verdaderamente agradecido por todo.
Aunque a menudo me sentı́ desafortunado por haber nacido como
prı́ncipe ilegı́timo, he tenido la fortuna de contar con personas
cariñ osas a mi alrededor que me colmaron de afecto, a pesar de no
haber heredado sangre real. Por suerte, he conocido a muchos amigos
amables y he vivido una vida relativamente agradable gracias a su
amabilidad.
Sin embargo, nunca me he sentido verdaderamente feliz. A pesar de
saber que hay mucha gente que tiene menos y sufre má s que yo,
siempre me sentı́ incompetente. La razó n es que, en ú ltima instancia,
creı́a que no habı́a lugar en el mundo para mi existencia.
Nacido como hijo de un rey, no pude ser reconocido como noble ni
como prı́ncipe. Debido a mi linaje inú til, no pude integrarme
plenamente entre la gente comú n. No pude formar una familia, tener
trabajo ni poseer nada propio.
Viviendo como un fantasma, sin pertenecer ni a aquı́ ni a allá , estoy
convencido desde hace tiempo de que mi vida serı́a como el viento,
soplando aquı́ y allá , sin dejar nada atrá s y inalmente muriendo.
La persona que creó un lugar solo para mı́ fuiste tú , Su Gracia. Gracias a
ti, siempre pude mantenerme irme ante ti. Me hiciste una persona
segura de mı́ misma, y eso fue una enorme alegrı́a y felicidad para mı́.
Ahora, si tengo que volver a ser una existencia oculta, no creo que
pueda soportar estar a tu lado por má s tiempo. Creo que llegaré a
resentirme contigo, incluso conmigo mismo.
Me disculpo por mi debilidad y falta de perseverancia a pesar de tu
con ianza. Rezo sinceramente, con lo que me queda de vida, para que
encuentres la felicidad.
El invernadero que creaste para mı́ jamá s se marchitará en mi corazó n.
Realmente fuiste un mago extraordinario.
-Con amor, Rensley Maelrosen]
<Fin del Volumen 3>
Cap. 13.1 - Ciudad Imperial
A medida que la puesta del sol se hacı́a má s tardı́a, el frı́o se
intensi icaba silenciosamente. Un dı́a, cuando Rensley, junto con sus
compañ eros caballeros, salió de las murallas del castillo para
inspeccionar, descubrió inesperadamente algo nunca antes visto en la
llanura cubierta de hierba seca y tierra frı́a. Saltando de su caballo,
rebuscó entre la maleza, recogió algo y exclamó en voz alta:
“¡Las lores han lorecido!”
Era una voz llena de alegrı́a y asombro, como si hubiera descubierto
una hierba rara. Al ver a Rensley ası́, sus compañ eros caballeros rieron
a carcajadas. Stan, que se acercaba a caballo, bromeó :
¿Creı́as que aquı́ no lorecerı́an lores?
“Nunca los habı́a visto antes.”
Los capullos eran diminutos. Delicados y diminutos pé talos morados
bajaban tı́midamente la cabeza, mirando al suelo. Era una especie de
lor violeta que Rensley habı́a visto a menudo en Cornia.
Siempre habı́a pensado que las lores solo lorecı́an en primavera, y
nunca imaginó que pudieran lorecer ası́ en el frı́o norte. Cuando vivı́a
en lugares donde las lores eran comunes, nunca consideró especiales
las pequeñ as lores que lorecı́an junto al camino, pero ahora era un
momento de alegrı́a. A pesar de su delicada apariencia, la lor era una
planta robusta.
Rensley sujetó con cuidado el tallo para no dañ ar los pé talos, volvió a
montar su caballo y exclamó :
“¡Ha llegado la primavera!”
Stan, mirando al cielo distante, murmuró alegremente:
Parece que ha llegado la primavera. No necesitaremos mucha
inspecció n por un tiempo. Los monstruos deben de haberse dormido.
“¿Los caballeros tambié n tendrá n un descanso?”
Bueno, no es exactamente un descanso, pero probablemente tendremos
algo de tiempo libre. No solo nosotros, sino todos en el pueblo.
Rensley asintió . Aldrant es como un paı́s en constante guerra. Viven con
la ansiedad de no saber cuá ndo podrı́a ocurrir una invasió n, aun
manteniendo una vida cotidiana ordenada y pacı́ ica.
Aunque ya no podı́a sentir conscientemente la ansiedad, a Rensley le
parecı́a que, aunque no habı́a pasado mucho tiempo desde que llegó a
Aldrant, el momento en que esa sensació n desapareciera por completo
le traerı́a un gran alivio. Emociones como la presió n y el miedo solo se
sentirı́an de verdad una vez que desaparecieran.
Los caballeros recibieron a Rensley con calidez, sin hacerle demasiadas
preguntas sobre su repentino regreso tras su desaparició n. Aunque no
creyeran todas las historias inventadas por Gezell, eran los caballeros
del rey. Parecı́an no tener intenció n de cuestionar las decisiones de su
señ or, y fue una suerte para Rensley.
Regresemos. Tenemos estimados invitados a cenar esta noche, ası́ que
los caballeros deben prepararse para la bienvenida.
El lı́der que dirigı́a a los miembros habló en voz alta, y todos giraron la
cabeza hacia la puerta del castillo. Rensley guió lentamente a su caballo,
observando la llanura. A primera vista, aú n parecı́a un paisaje invernal,
pero podı́a percibir el silencioso surgimiento de la vitalidad entre la
hierba seca, el hielo parcialmente derretido y el suelo endurecido.
Habı́a transcurrido bastante tiempo desde la batalla a gran escala. Era
difı́cil encontrar rastros de la invasió n anterior en el Roudken,
e icientemente restaurado. La primavera, como un invitado audaz,
habı́a ocupado silenciosamente su lugar aquı́ y allá , ahuyentando el
largo invierno. Lo que la diferenciaba de un intruso comú n era que
todos la saludaban, aunque nadie la hubiera invitado. La gente, sin
quitarse las capas de caballero, recibı́a a Rensley con sonrisas mientras
corrı́a por los pasillos.
Hola, Rens. Ven a la lavanderı́a algú n dı́a.
—¡Sı́, vendré pronto! Han lorecido las lores fuera de los muros del
castillo. Respira un poco de aire fresco.
“¡No solo lo digas, llé vame a dar un paseo en tu caballo!”
¡Claro! Te recogeré mañ ana, ası́ que espé rame.
Mientras intercambiaba saludos, Rensley no se detuvo. Subió
rá pidamente las escaleras hasta el segundo piso y luego abordó el
dispositivo de transporte, rumbo a su destino inal.
"¡Granizo!"
Gezell, que habı́a estado sentado al escritorio, levantó la cabeza. Parecı́a
estar leyendo informes o documentos, pero enseguida se levantó y
saludó a Rensley al acercarse. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro,
habitualmente severo. Rensley, ingiendo impresionar, se acercó .
Adiviné bien. Pensé que estarı́as aquı́, ası́ que subı́ directamente.
"¿Có mo lo supiste?"
Bueno, estimados invitados vienen esta noche. Pensé que no tendrı́an
tiempo para investigar ni estudiar, pero tampoco querrı́an pasar todo el
tiempo en una o icina sofocante. Pensé que podrı́an venir a la sala con
algo que hacer.
“Como era de esperar, eres inteligente”.
Rensley lo bromeó medio en broma, pero Gezell asintió con seriedad.
Aunque Rensley hizo la predicció n en broma, Gezell pareció tomá rsela
en serio. Rensley rá pidamente sacó algo de su mano.
Han lorecido lores en los campos fuera de los muros del castillo.
Querı́a enseñ á rtelas primero. Pero son lores muy pequeñ as... y ya se
han marchitado un poco.
Son lores violetas. Florecen primero por esta é poca.
Parece que ya llegó la primavera. Bueno, tiene sentido desde que
regresaron, ¿verdad?
Sı́. Desde las murallas, podemos ver claramente los movimientos de los
monstruos.
Los 'estimados invitados' que llegaron por la noche fueron los
miembros de la defensa que pasaron la mayor parte del añ o en el punto
má s al norte de Aldrant, la vanguardia no solo de Aldrant sino de todo
el continente.
Al imaginar la apariencia de personas que nunca habı́a conocido,
Rensley sintió una secreta emoció n. Aunque los caballeros que
custodiaban al señ or y el castillo en Roudken eran fuertes y admirables,
los miembros de la defensa de primera lı́nea parecı́an dar una
impresió n diferente. Podrı́an ser má s rudos, fuertes y resistentes, como
una multitud de bestias.
“Me encontraré con mi hermana [1] despué s de mucho tiempo”.
Rensley intentó calibrar las emociones de Gezell sobre su hermana
examinando la expresió n del hombre mientras murmuraba para sı́
mismo. Sin embargo, Gezell permaneció inexpresivo, sin mostrar
ninguna reacció n en particular.
¿Está is en buenos té rminos?
No está mal. Se llevaba bien conmigo cuando era joven. Despué s de
unirme a la defensa, solo puedo ver su rostro antes de que llegue el
invierno, ası́ que ya no es lo mismo que antes...
Respondiendo con naturalidad, Gezell miró la lor violeta que Rensley le
habı́a entregado y luego levantó la vista. Sin previo aviso, extendió la
mano detrá s de la oreja de Rensley y la insertó allı́. Rensley parpadeó
sorprendido.
Combina con el color de tu iris. Aunque tus ojos son un poco má s
azules.
“Ponerme lores en el pelo, de verdad… Se supone que soy un
caballero…”
Te queda bien. Combina bien con el color de tus ojos y el color de tu
pelo.
—Entonces, ¿por qué no te pones uno tú tambié n?
Rensley se arrancó el tallo de la lor violeta de la oreja y lo insertó
detrá s de la oreja de Gezell. Retrocediendo unos pasos, no pudo evitar
sonreı́r al verlo. Rostro blanco, ojos color calabaza, cabello largo y
negro, y una lor morada se equilibraban armoniosamente como una
obra de arte.
"Oye, te ves muy genial."
Tras murmurar una queja, Rensley sacó la lor y tosió con torpeza. La
pequeñ a lor se marchitaba poco a poco en las manos de los dos
hombres, que se movı́an de un lado a otro. Al ver esto, Rensley no pudo
evitar esbozar una sonrisa amarga.
Supongo que la traje por razones egoı́stas. Querı́a que esta lor diera la
bienvenida a la primavera como es debido.
“Dá melo aquı́.”
Una mano elegante, como un lirio en plena loració n, tomó la lor
marchita. Mientras murmuraba un breve conjuro, los pé talos marchitos,
que se habı́an marchitado, recuperaron su brillante color pú rpura y se
tensaron de nuevo, como recié n cortados.
El espectá culo de la magia siempre es asombroso. ¿Por qué los
pequeñ os hechizos que aparecen inesperadamente en la vida cotidiana
son má s má gicos que los hechizos que sacuden el cielo y la tierra? Al
observar la lor revivida, Rensley se dio cuenta de repente de que tenı́a
en la mano la pequeñ a botella de vidrio que usaba para lavar bolı́grafos.
Gezell tomó la botella e insertó la lor.
Decorar tu habitació n con lores no es mala idea, ademá s de disfrutar
del aire fresco del exterior. No es comú n que las lores silvestres
decoren una habitació n en un gran castillo.
Cuando la pequeñ a lor fue insertada en la pequeñ a botella de vidrio,
parecı́a má s una decoració n adecuada para las habitaciones de enanos
o hadas en historias antiguas que la habitació n de una persona.
Lindo. Rensley sonrió con satisfacció n, mirando el pequeñ o lorero.
Mientras tanto, un hombre corpulento lo abrazó por detrá s.
“¿Só lo vas a admirar las lores?”
¿Está s celoso de esta pobre lorecita?
Rensley se giró con un crujido. Acurrucado entre las mangas y la capa
de Gezell, levantó la cabeza. Sus labios estaban tentadoramente cerca.
Aunque sus labios se encontraban a diario, siempre se sentı́a nuevo. Los
besos de invierno y los de primavera serı́an diferentes, al igual que los
abrazos de invierno y los de primavera.
“Mi señ or, es hora de prepararnos para enfrentar al equipo de defensa”.
De repente, llamaron a la puerta y una voz los interrumpió . Rensley
retrocedió sobresaltado. La puerta se abrió y apareció el dueñ o de la
voz.
—Oh, Rensley. ¿Estaba usted con Su Gracia?
—¡Jaja, sı́, Lady Samlet! Hoy tenı́a algo que informarle directamente a
Su Gracia.
Por suerte, los labios no se juntaron del todo antes del golpe. Rensley se
soltó del abrazo de Gezell y se quedó a cierta distancia, sonriendo
torpemente y con fuerza. Lady Samlet entró y vio la lor violeta sobre el
escritorio.
—¡Qué monada! ¿Es esto lo que trajo Rensley?
Sı́. Es la primera vez que veo lores lorecer en Aldrant desde que llegué .
Traje una como recuerdo.
—Ah, sı́. Es la primera primavera que Rensley experimenta en Aldrant.
Ella, que habı́a estado sonriendo cá lidamente, giró la cabeza hacia
Gezell.
“Por cierto, Su Gracia, ¿qué cree que deberı́a hacer Rensley?”
"¿Qué quieres decir?"
Dado que la noticia de la boda de Su Gracia es conocida por la Princesa
Frida y los miembros de la defensa, ¿no serı́a apropiado que Rensley se
presentara como la Gran Duquesa en el banquete de esta noche?
¿Quizá s usar el vestido que compró en el ú ltimo baile y no se puso?
Lady Samlet podrı́a considerar vestir a Rensley como un nuevo
pasatiempo en lugar de una actividad forzada. Rensley la miró con
recelo y negó con la cabeza.
Como no son invitados externos, no es necesario presentarlo hoy.
Podrı́a ser difı́cil que conozca a los rudos miembros de la defensa de
inmediato, considerando que viene del sur y podrı́a no estar
acostumbrado a entornos desconocidos y hostiles.
—¿Qué opina, Su Gracia?
Gezell respondió sin cambiar su expresió n.
“Haré lo que Maelrosen desee”.
Rensley estaba satisfecho, pero Lady Samlet parecı́a decepcionada.
Originalmente, recibir a una bella Gran Duquesa, gestionar sus rutinas
diarias y proporcionarle varios vestidos hermosos habrı́a sido
responsabilidad de Lady Samlet. Sintiendo pena por haberle arrebatado
su alegrı́a hasta ahora...
Es el primer dı́a. Hoy me enfrentaré a ellos como un caballero.
"Muy bien."
Una vez recibida la respuesta de Gezell, Lady Samlet abandonó
rá pidamente su objetivo y cambió su objetivo.
—Muy bien, Su Gracia. Entonces, para la iesta de bienvenida, al menos
deberı́a ponerse ropa formal...
Estoy bien. No hay necesidad de tomarse tantas molestias solo por mı́.
Ademá s, no es una reunió n para invitados externos.
—¡Ay, Dios! Los dos está n haciendo que los sirvientes sean demasiado
ociosos.
Ella puso los ojos en blanco, pero pronto corrigió su estado de á nimo
positivamente y sonrió .
Bueno, no está mal, ya que hoy no hace sol. Ademá s, Su Excelencia, ya
llegaron los artı́culos que pidió la ú ltima vez.
¿En serio? ¡Que pasen!
Como era de esperar, Su Gracia tiene un gusto exquisito. Todos son
realmente extraordinarios. Es un gran honor para un humilde servidor
como yo participar en un evento como este.
Sorprendentemente, Gezell pareció mostrar una notable re lexió n. Al no
haber escuchado los detalles, Rensley no pudo unirse a la conversació n
y los observó a ambos, examinando el ambiente. Lady Samlet, con una
sonrisa que parecı́a genuinamente encantada, se acercó al escritorio y
dio instrucciones.
“Traedlos.”
Como se les ordenó , los sirvientes que esperaban afuera trajeron
numerosos artı́culos, apilá ndolos en una torre en la amplia sala.
Rensley se mordió el labio, apenas parpadeando. Cajas con contenido
desconocido se apilaron en un instante, y telas de diversos colores
colgaban como columnas. Tras colocar los artı́culos, los sirvientes
retrocedieron, y Rensley, algo desconcertado, miró a Gezell.
“¿Qué es todo esto…?”
Rensley lleva bastante tiempo en Aldrant. No solo ha cumplido con
é xito sus deberes, sino que tambié n se ha distinguido en batallas
pasadas. Sin embargo, Su Gracia lamentó no haberlo recompensado
como correspondı́a hasta ahora. Ası́ que, esta vez, Su Gracia ha
preparado muchos regalos para Rensley. Le llevó tiempo prepararlos
con objetos preciosos, pero ¿qué le parece? ¿No es magnı́ ico?
Lady Samlet explicó alegremente en lugar de Gezell, quien asintió
levemente y le susurró a Rensley: "Es un regalo de compromiso".
y y g p
—Oh, bueno… Mi señ or, de repente ası́…
Las tapas de las cajas se abrieron rá pidamente. Anillos, brazaletes,
broches y botones de capa hechos de joyas costosas y raras, espadas
ceremoniales adornadas con gemas, cinturones y vainas de cuero suave
delicadamente elaborados, y sombreros bellamente decorados con
plumas de ave o de armonı́a, meticulosamente elaboradas.
Fue un espectá culo de lujo abrumador, y la sala de Gezell, antes sencilla,
elegante y có moda, se habı́a transformado en una exposició n
deslumbrante llena de todo tipo de extravagancia.
No solo las joyas, sino tambié n las telas de diversos colores y las pieles
brillantes eran de la má s alta calidad, aunque se notaba sin tocarlas. Era
intimidante incluso tocarlas. Incluso si Rensley, como caballero de bajo
rango, usara esas telas para confeccionar ropa, ¿cuá ndo las usarı́a? Un
poco abrumado, Rensley le susurró a Gezell.
—Mi señ or, se lo agradezco de corazó n, pero, sinceramente, esto es
demasiado. ¿Có mo puedo llevar cosas tan caras?
Si no los usas, ¿qué sentido tiene? Las joyas y los accesorios son para
poseerlos. Yo no los uso a menudo, pero tengo mucho má s de lo que hay
aquı́.
—Bueno, eso es porque Su Gracia administra las inanzas del ducado.
Esto es otro asunto.
¿No me diste un regalo tambié n?
Entonces, Gezell agitó un frasquito que contenı́a la lor violeta. Rensley,
desconcertado, suspiró y le preguntó a Samlet, quien seguı́a
organizando las telas con entusiasmo.
Señ ora, ¿qué le parece? ¿No es una recompensa demasiado
extravagante para una falsa Gran Duquesa?
—Soy solo una joya del ducado, Rensley. No puedo juzgar esos asuntos.
Su Gracia es conocida por su excelente gestió n inanciera, ası́ que no
creo que Rensley deba preocuparse por ello.
Gezell se dirigió a las cajas. Tomó un anillo adornado con za iros y
diamantes y lo levantó . Luego, acercá ndose de nuevo a Rensley, se lo
puso en el dedo y lo miró a los ojos.
“Te queda bien.”
Bueno, me gusta cualquier cosa que combine con el fondo. Pero que
algo quede bien no signi ica que la gente pueda permitirse tenerlo todo.
"¿Por qué no?"
Rensley se quedó sin palabras. A pesar de ser conocido por su falta de
interé s en la extravagancia, el duque de Aldrant, Gezell, era ahorrativo y
sencillo solo porque le permitı́a evitar con lictos con sus intereses. Al
darse cuenta de que, a pesar de las constantes luchas con los magos y
las di icultades en la producció n de alimentos, las inanzas del ducado
de Aldrant se estaban agotando considerablemente, el costo habı́a
disminuido signi icativamente desde que Gezell ascendió al trono.
—Um… Bueno… Como no parece haber ningú n uso inmediato para
estos, me gustarı́a pedirle a Su Gracia que los guarde por ahora.
“Entonces, antes de guardarlos, escojamos algunos”.
Lady Samlet, que escuchaba atentamente su conversació n, sonrió y se
inclinó ligeramente.
Bueno, ya que ambos dicen que no hay necesidad de preparativos
especiales hoy, nos centraremos en preparar el banquete. Por favor,
bajen a tiempo. Rensley, te agradecerı́a mucho que me mostraras lo que
has elegido má s tarde.
—¡Claro! Gracias, señ ora.
Lady Samlet, sin mostrar resentimiento alguno, echó un vistazo y salió
de la habitació n. Dejando atrá s el tesoro amontonado como una
montañ a, Rensley se rascó la nuca.
“Ni siquiera pensé en saludar a la princesa como Gran Duquesa”.
“No pasará nada.”
“Tengo que engañ ar a otra persona otra vez.”
Rensley dejó escapar un leve suspiro. Aunque serı́a má s fá cil seguir
mintiendo que afrontar la verdad que no estaba listo para afrontar, no
podı́a librarse de la cobardı́a de preferir una mentira có moda a una
sincera.
Ası́ que, los tesoros dorados que tenı́a frente a é l se sentı́an como una
carga en su corazó n. No tenı́a intenció n de negarse, y una vez que tomó
una decisió n, pudo terminar con ella rá pidamente. Sin embargo, las
palabras de aceptació n no salieron de su boca.
¿Qué opinas? Serı́a mejor informar a Lady Frida. ¿Qué opinas?
¿Informarla? ¿Qué ...? ¡Ni hablar! Soy hombre.
“No le importará … aunque quizá no sea muy acogedora.”
Rensley seguı́a observando el rostro impasible de su prometida, quien
parecı́a no tener reparos. Considerando el cará cter de Gezell, se
preguntó si su prima, la princesa Frida, podrı́a ser una persona similar.
Sin embargo, Rensley habı́a aprendido en los ú ltimos meses que la
gente de este lugar no se dejaba in luenciar fá cilmente. En otros
lugares, algo que pudiera causar alboroto y regañ os los sorprendı́a por
un momento, y luego simplemente se encogı́an de hombros, asentı́an o
negaban con la cabeza y seguı́an adelante. Claro que los rumores
podı́an correr, pero eso era otro asunto.
“Seguiré … seguiré las intenciones de Su Gracia.”
Mientras Rensley respondı́a obedientemente, Gezell sonrió con má s
claridad que de costumbre. Esta vez, no hubo interferencias, y sus
labios se encontraron suavemente.
Sus labios se rozaron ligeramente y sus lenguas se lamieron las yemas.
La risa cosquillosa de antes se intensi icó en un beso profundo. Cada
rincó n de sus bocas fue lamido como si se lo tragaran todo. El beso
pegajoso parecı́a haberse convertido en un há bito para Gezell Jivendad.
Cada vez que su lengua rozaba el paladar, los hombros de Rensley
temblaban. Sus largas pestañ as, que habı́an subido y vuelto a bajar,
temblaban levemente.
Este no era el primer beso de Rensley. Antes de conocerlo, ya habı́a
besado a varias personas. Sin embargo, un beso que le hiciera temblar
el cuerpo con solo rozar los labios y lamer las lenguas era algo que
jamá s habı́a imaginado.
¿Y qué hay de las noches que se repetı́an ası́ todos los dı́as? Cuando
Rensley vivı́a en Cornia, nunca imaginó que llegarı́a el dı́a en que
aceptarı́a el calor de otra persona en lo má s profundo de su cuerpo.
Nunca imaginó sentir el placer que no habı́a sentido antes, a veces
sollozando con una voz que no sonaba como la suya.
No era solo una relació n que jamá s habı́a imaginado, sino que ahora se
sentı́a má s incó modo que antes. Aunque se habı́a acostumbrado al
placer, Rensley Maelrosen, quien lo aceptaba, aú n encontraba su propia
imagen a veces extrañ a.
“Eh…”
Despué s de que Gezell lamiera concienzudamente los labios de Rensley,
el beso concluyó con suavidad. Rensley mordisqueó ligeramente sus
labios, saboreando el dulce regusto que le hormigueaba la mandı́bula.
Como mencionó Lady Samlet, pronto llegarı́an invitados y no podı́an
permitirse el lujo de ir despeinados como la noche anterior.
Sin molestarse en abrir del todo sus ojos entrecerrados, Rensley se
acurrucó cerca del hombro de Gezell. Disfrutaba del lento roce de sus
dedos por su cabello. Cerrando los ojos como un animal que siente el
tacto de su dueñ o, Rensley susurró de repente un pensamiento.
“Sigues llamá ndome Maelrosen”.
Pensó que era una especie de lı́mite llamarse solo por el nombre de pila
en la cama, mientras que usar el apellido en pú blico. Sin embargo,
incluso despué s del compromiso, la direcció n de Gezell permaneció
inalterada.
Recientemente, incluso cuando estaban solos, Gezell empezó a llamarlo
por su nombre con má s frecuencia, pero en presencia de otros, seguı́a
manteniendo un trato formal. Bueno, no podı́an mostrar familiaridad
de repente, sobre todo en la situació n actual, donde no podı́an anunciar
o icialmente a Rensley como la Gran Duquesa.
“Como cada uno te llama como quiere, me parece má s de mi agrado”.
Sin embargo, la respuesta que recibió fue algo que Rensley no habı́a
previsto. Rensley levantó la cabeza, que estaba apoyada en el hombro
de Gezell.
"¿Todos?"
¿No es ası́? Ren, Renci, Rensley. He pensado qué nombre te queda mejor,
pero son tı́tulos que ya usan otros. Cuando hay mucha gente, parece que
soy el ú nico que te llama Maelrosen.
Al escucharlo, tenı́a sentido. Desde el principio hasta ahora en Roudken,
Gezell fue el ú nico que usó siempre una forma má s respetuosa de
dirigirse a Rensley.
Para otros, era natural que un trabajador extranjero y señ or del castillo
se tratara de eso, nada má s. Lady Samlet, que consideraba a Rensley
y q y
una falsa Gran Duquesa, y Larcof, ası́ como Anton, el caballero recié n
graduado, no elevaban su discurso hacia Rensley a menos que se tratara
de una circunstancia especial. Sin responder, Gezell preguntó .
“¿Es incó modo?”
Rensley sonrió y negó con la cabeza.
“No, está bien.”
Aunque lo trataran con desdé n desde el principio, no importaba.
Despojado de su nombre por desa iar al rey, tratado como esclavo o
incluso encarcelado, no habı́a excusa para sus acciones.
Y, sin embargo, su prometido nunca lo habı́a regañ ado, ni mucho menos
le habı́a dicho una palabra dura. Al principio, Rensley lo habı́a
considerado rı́gido y formal, pero incluso esos aspectos ahora le
parecı́an muestras de afecto.
Todo está bien. Si quieres, incluso puedes llamarme cerdo libertino o
adulador inmundo.
¿Qué dices? Eso nunca pasará .
Era una broma, pero la expresió n de Gezell se tornó seria. Rensley rió
entre dientes mientras le daba un beso en la mejilla.
En tan solo un rato de charla, el tiempo habı́a volado. Aunque la noche
les prometı́a besos e intimidad hasta el amanecer, aú n quedaban tareas
por hacer.
Su Gracia, tomé monos nuestro tiempo para elegir el regalo de
compromiso má s tarde, cuando tengamos tiempo libre. Necesito ir a la
Orden de los Caballeros ahora, ya que el tiempo apremia.
—Eso suena bien. Nos vemos luego.
Puede que pareciera un poco sorprendido y reservado, pero... muchas
gracias. Nunca habı́a visto objetos tan extraordinarios. Rensley rió entre
dientes con picardı́a.
Gezell acompañ ó a su prometida hasta la puerta de la habitació n del
duque. Tras otro breve beso, Rensley por in pudo salir de la habitació n.
[1] “누님을” (nunimeul), que es una expresió n honorı́ ica que se puede
usar para dirigirse o referirse a una hermana o una dama con respeto.
Portada del volumen 4~
Cap. 13.2 - Ciudad Imperial
En el momento en que el sol comenzaba a ponerse, la puerta norte,
hermé ticamente sellada, se volvió a abrir despué s de una invasió n a
gran escala por parte de los demonios.
Una bandera con el emblema de la familia real ondeaba en lo alto del
cielo. Entre los disciplinados caballeros, Rensley observaba la bandera
con la mirada perdida. Los patrones de invocació n que ondeaban al
viento ya no eran considerados meros adornos.
"Es visible."
Stan, que estaba de pie junto a é l, murmuró . Rensley, que tambié n
miraba la bandera, rá pidamente volvió la vista hacia la puerta.
Aú n a lo lejos, parecı́a como si se acumularan nubes de arena en el
suelo. La primavera habı́a llegado a Aldrant y, a medida que el frı́o
amainaba, las llanuras, ya descongeladas, eran ocasionalmente
azotadas por vientos con mezcla de arena.
Inconscientemente, Rensley entreabrió la boca, observando las nubes
que se acercaban. A medida que las nubes de arena se acercaban, el
suelo temblaba con el estruendoso sonido de los cascos, má s fuerte de
lo que Rensley habı́a imaginado. La fuerza defensiva en las murallas era
aú n mayor de lo que habı́a imaginado.
Los que inalmente habı́an llegado a la puerta del castillo comenzaron a
entrar uno a uno tras llegar a la vanguardia. Incluso los soldados al
frente, con sus miradas penetrantes, abrumaban el entorno con su
simple movimiento.
La persona que caminaba al frente de la procesió n probablemente era
la comandante de las fuerzas de defensa, la princesa Frida. Avanzando,
dejando atrá s a las fuerzas de defensa, sonrió radiante y abrió la boca.
“¿Có mo has estado, Anton?”
Su saludo despreocupado eclipsó la bienvenida disciplinada de la orden
caballeresca. La princesa Frida, ataviada con una armadura ligera de
cuero y una capa corta, tenı́a el cabello negro y largo, similar al del
duque, pero despeinado. Tenı́a la cara sucia.
Vié ndola ahora, podrı́a resultar difı́cil pensar en ella como la princesa
de cierto paı́s sin informació n previa. Sin embargo, el aura cautivadora
que podı́a atraer la atenció n era, sin duda, la que poseı́an quienes
habı́an gobernado a otros desde su nacimiento. Habiendo crecido en
Cornia, Rensley era muy consciente de tal carisma.
“¿Ha llegado sano y salvo, comandante?”
Dije que no hay necesidad de tales formalidades, pero está s haciendo
sufrir a tus subordinados. Ya que está s aquı́, disué lvelos a todos.
Gracias a la fuerza de defensa, Roudken se mantiene a salvo. Estos
saludos son naturales.
—Sigues siendo ingenuo. ¿Dó nde está Su Gracia? ¿Aú n no ha salido?
"Saldrá pronto."
Mientras conversaban, la persona que Frida buscaba apareció por la
abertura. Aunque habı́a dicho que no era necesario llevar ropa formal,
quizá Lady Samlet lo habı́a convencido de nuevo, ya que Gezell vestı́a
un poco má s formal de lo habitual.
Frente a ella, a quien solı́a llamar Señ ora, Gezell hizo una reverencia sin
dudarlo.
“Le pido disculpas por la demora en la bienvenida, Comandante Frida.”
"Su Gracia."
Acercá ndose a Gezell a grandes zancadas, la princesa Frida lo saludó .
Sin vacilació n, se arrodilló con gracia. Luego, tomó la larga capa negra
extendida y se cubrió ligeramente la boca con el borde.
“Honor al Guardiá n”.
En un instante, todos los defensores estaban arrodillados con la cabeza
inclinada detrá s de la Princesa Frida. Rensley, de alguna manera, sintió
una oleada de emoció n indescriptible.
Hacı́a apenas un momento, estaba sentado en el regazo de Gezell,
charlando sin parar. En medio de los olvidos ocasionales durante esas
conversaciones casuales, la posició n que fá cilmente podrı́a pasarse por
alto ahora era evidente. Gezell Jivendad gobernaba este vasto paı́s del
norte y era el guardiá n de todo el continente.
Tenı́a muchı́sima curiosidad por la noticia de tu boda. Estaba esperando
el dı́a para conocer a la Duquesa. ¿No salió contigo?
Tras los saludos y levantarse, la princesa Frida fue directamente al
grano. Tosiendo brevemente, como si hubiera sido atacado por una
emboscada repentina, Rensley se tensó .
Desafortunadamente, el clima del norte no le resulta familiar a la
Duquesa, y su salud se ha deteriorado mucho. Intenta evitar salir al
exterior lo má s posible.
—Ah, ya veo. Oı́ que venı́a de Cornia, en el extremo sur. Dicen que allı́
casi nunca hiela, ni siquiera en invierno.
Frida hizo un gesto hacia los defensores que habı́a dispuesto detrá s de
ella. Entonces, algunos se pusieron de pie y desempacaron el equipaje
que habı́an traı́do en el carruaje.
Para aumentar tu energı́a, estos chicos trajeron má s que solo carne.
Como regalo para ayudarles en su producció n.
Los miembros desplegaron rá pidamente el paquete. Rensley abrió los
ojos de par en par al ver lo que se revelaba: una pequeñ a prisió n hecha
de barras de hierro. Dentro, una gran serpiente con mú ltiples cabezas
estaba atrapada, retorcié ndose y silbando.
¿No parece má s un demonio que una serpiente comú n? ¿Comiendo
demonios…?
Rensley, sudando frı́amente, miró a su alrededor, pero las expresiones
de la gente no re lejaban sorpresa. Finalmente, volvió la mirada hacia
Gezell. El tambié n parecı́a indiferente.
Probablemente nunca haya probado una carne ası́. Me pregunto si será
del gusto de la duquesa.
—¡No, absolutamente no, Su Gracia!
Rensley bajó la cabeza inconscientemente y Frida, sonriendo,
respondió .
¿Por qué lo duda? Le sugiero que pruebe con carne de cordero o de
cabra. Al in y al cabo, ¿no es ası́ como se suele tragar la medicina, con
los ojos cerrados?
¿Pensar que serı́a posible distinguir el sabor de esta extrañ a carne de
reptil del de cordero? La idea de que semejante engañ o fuera factible
era en sı́ misma impactante. Los ojos de Rensley temblaron. La princesa
Frida, que habı́a crecido disfrutando de la cocina del castillo de
Roudken con Gezell, tambié n parecı́a desinteresada por las delicias
gourmet.
Gracias por la oferta. Terminemos los saludos aquı́. Todos han
regresado a Roudken. Por favor, tó mense un tiempo con sus familias y
disfruten.
Tras la aprobació n de Gezell, la formació n de la fuerza de defensa se
desintegró rá pidamente. Salvo la Princesa Frida, que permaneció en su
lugar, todos los demá s, aú n de pie, se dispersaron y echaron a correr.
Algunos corrı́an hacia ellos, y el patio norte bullı́a de gente por primera
vez en mucho tiempo.
"¡Mamá !"
"¡Querida!"
Los miembros abrazaron a sus familias, con quienes podı́an reunirse
como má ximo dos o tres veces al añ o, y compartieron sus experiencias
durante su separació n. Los soldados, que hacı́a un rato eran tan astutos
como armas humanas, se transformaron instantá neamente en personas
comunes que se reunı́an con sus familias despué s de mucho tiempo,
derramando lá grimas.
Al observarlos, Rensley sintió una inexplicable sensació n de calor en la
nariz y frunció el ceñ o ligeramente. Aunque solo habı́a una hermana a
la que le gustarı́a conocer, eso no signi icaba que no pudiera empatizar
con las emociones del reencuentro.
—Comandante, por favor, suba usted tambié n. Serı́a bueno descansar y
asistir al banquete má s tarde, ¿no?
"Acordado."
Ante la sugerencia de Frida, Gezell rió entre dientes y, en lugar de
entrar al castillo de inmediato, se acercó a los caballeros. Anton la
siguió , caminando justo detrá s de ella.
¿Qué te parece, Anton? ¿Hay algú n recié n llegado prometedor entre los
caballeros?
“Especialmente este añ o”.
Mmm. Ya que he vuelto, cuando pase la primavera, deberı́a buscar
gente dispuesta a ir al norte conmigo.
La princesa, en broma o en serio, observaba a los miembros del fondo.
Mientras Rensley la observaba, no pudo evitar notar que su mirada se
cruzó inesperadamente con la de Frida. Sus ojos se abrieron de par en
par como si hubiera visto algo extrañ o.
“¿Tambié n eres un caballero?”
—¡Ah, sı́! Ası́ es, Su Gracia.
Cuando el nervioso Rensley respondió un poco tarde, ella se paró frente
a é l. De hecho, era de la misma estirpe que Gezell. Aunque desde su
llegada, Rensley habı́a sentido que los lugareñ os eran generalmente
má s altos que los sureñ os, conocer a una mujer con una altura de ojos
signi icativamente mayor era la primera vez que lo hacı́a. Apretando los
labios con fuerza mientras la miraba a los ojos verde esmeralda, Anton
intervino para darle una explicació n.
Se llama Maelrosen. Un nuevo miembro que vino a cumplir funciones
para la Duquesa y terminó quedá ndose aquı́.
—Ah, ya veo. Con razó n la atmó sfera y la apariencia me resultaron un
poco desconocidas. ¿Qué te parece, Maelrosen? ¿Qué tal la vida en
Aldrant?
“…Cá lido y… agradable.”
¿Caliente? ¿Tú tambié n? Espero que la Duquesa, que trajiste contigo, se
recupere pronto y diga lo mismo.
Parecı́a buscar a otro caballero con quien hablar, desviando la mirada.
Incluso con el pelo revuelto y la cara sucia, desprendı́a una atmó sfera
encantadora al verla de cerca. Todos los caballeros, tensos, miraban
ijamente al frente, y Anton volvió a hablar desde atrá s.
Princesa, por ahora, por favor, tó mese un descanso. Será su iciente con
saludar a los miembros en el banquete má s tarde.
¿De verdad? Bueno, en este estado, podrı́a ser difı́cil encontrar gente
que pueda seguir el ritmo.
Se rió , como si buscara a otro caballero con quien hablar. Tras girarse,
volvió a reı́r. A su lado, Anton sonrió con amargura.
La breve ceremonia de bienvenida habı́a terminado. Los caballeros se
dispersaron para cambiarse de ropa o hacer otros preparativos para
asistir al banquete.
Cap. 13.3 - Ciudad Imperial
Antes de que la gente se dispersara para tomar un descanso y
comenzara el banquete, Rensley, quien esperaba en una sala del
segundo piso, recibió la noticia de que Gezell lo llamaba. Se dirigió al
saló n de recepció n que se usaba para recibir a los invitados cuando se
reunı́an con dignatarios.
En las tierras del norte, los invitados externos deambulaban
ocasionalmente. Sin embargo, como nunca antes habı́a recibido
invitados como duque, entrar en la ı́ntima sala de recepció n anexa a la
habitació n del duque, en lugar del saló n principal o la o icina, fue una
novedad para é l.
“He llegado.”
Al entrar a la habitació n y saludar, Rensley encontró a Gezell, Frida y
Anton sentados adentro.
Rensley se sorprendió en secreto. Frida, que acababa de terminar su
cambio de imagen, parecı́a otra persona que cuando se conocieron
frente a la puerta del castillo.
Se hubiera bañ ado o no, el polvo de barro que se le habı́a pegado habı́a
desaparecido, y su cabello despeinado se habı́a convertido en brillantes
mechones negros despué s de peinarlo. El vestido de terciopelo
escarlata que llevaba era provocativo y, a la vez, elegante.
"Oh, es el caballero que conocimos antes".
Frida ingió ser la primera en reconocerlo. Sin dar explicaciones, Gezell
hizo un gesto, y Rensley se acercó rá pidamente a é l. Frida, con una
sonrisa traviesa, preguntó .
“Dijiste que presentarı́as a la Duquesa, pero ¿solo nos está s mostrando
al enviado de la Duquesa?”
—No. Esta persona es mi compañ era, mi señ ora.
Debido a la abrupta introducció n de Gezell, Rensley fue el má s
desconcertado. Apenas logró contener una exclamació n.
La gran mano de Gezell descansaba sobre el hombro de Rensley.
Mientras Frida arqueaba una ceja, las presentaciones continuaron con
calma.
Permı́tanme presentarles. Este es Rensley Maelrosen, que vino de
Cornia.
Su Gracia, parece que me ha gastado una broma en mi ausencia. ¡Qué
ocurrencia tan curiosa!
Ella se rió entre dientes, tomá ndolo como una broma. Sin embargo, al
darse cuenta de que ni Gezell, ni Rensley, ni Anton se reı́an, frunció el
ceñ o rá pidamente.
"¿Es cierto?"
"En efecto lo es."
“¿Es este hombre tu duquesa?”
Sé que ya lo sabes, pero habı́a un duque en Aldrant. No hay razó n para
que no pueda casarme con un hombre solo por ser el duque.
“Bueno, puede que no haya ninguna razó n, pero…”
Frida miró a Rensley con expresió n perpleja. Rensley, al ver su
expresió n, se echó a reı́r rá pidamente.
Encantada de conocerla, Princesa Frida. Tenı́a mucha curiosidad por
saber qué clase de persona es usted despué s de escuchar historias de
Su Gracia y del comandante. Conocerla en persona me impresiona aú n
má s de lo que imaginaba.
“Yo tambié n me alegro de conocerte, pero esto realmente supera mi
imaginació n”.
Gezell le explicó la larga historia a Frida. Desde la petició n del
emperador Pheraira al rey de Cornia de enviar a una hija para la huida
de Ivet, el envı́o de Rensley en lugar de su hermana, el plan de convertir
a Rensley en duquesa interina temporalmente y preparar poco a poco el
pró ximo matrimonio para lograr el mejor resultado posible para todos,
y que solo unas pocas personas compartı́an el secreto por ahora.
Incluso despué s de escuchar toda la historia, la expresió n inquieta de
Frida no cambió mucho. Tras escuchar en silencio, cuestionó como una
investigadora.
Felicitaciones por su mutuo afecto. Sin embargo, ¿qué le dirı́a al
Emperador?
Si se trata del Emperador de Pheraira, ¿no le encantarı́a ingir que no le
importa? Un matrimonio que no tiene nada que ver con el poder ni con
la expansió n de la in luencia, es poco probable que sea un problema
importante. Puede que haya algo de ruido, pero no será un problema
grave.
Mmm... Ya sea entre hombres o entre mujeres, nunca he pensado
mucho en el amor entre personas del mismo sexo. En Aldrant tampoco
hay ninguna ley que prohı́ba el matrimonio entre personas del mismo
sexo. Es solo que...
Incluso antes de pronunciar las siguientes palabras, tuvo una
corazonada. Rensley se mordió el labio inferior.
La razó n por la que el matrimonio igualitario es poco comú n en la
familia real es el problema de los herederos. ¿Qué hará al respecto?
No hay ninguna ley que diga que mi hijo debe ser el heredero. Hay
muchas familias con linaje real, ası́ que, en algú n lugar, se presentará un
niñ o elegible para la selecció n. Siempre ha sido ası́ cuando no nace un
heredero de los descendientes directos del rey. Ası́ que no hay
necesidad de apresurarse.
Esta respuesta no fue precisamente refrescante, y la expresió n de Frida
permaneció incó moda. Miró alternativamente a Rensley y a Gezell, y
inalmente asintió como si hubiera entendido.
“Creo que los matrimonios reales deberı́an ser uniones necesarias”.
“…”
Pero sı́, somos un poco diferentes a otros paı́ses. Mientras que otros se
casan por el poder, es costumbre que nuestro rey acepte a una esposa
elegida por el emperador. Sirve como sı́mbolo de paz, indicando que
Aldrant no representará una amenaza para el imperio.
Ası́ es. Por lo tanto, creo que el emperador aceptará el nombramiento
de la duquesa Maelrosen como consorte. Una vez que el emperador lo
reconozca, la opinió n pú blica nacional se estabilizará pronto.
Entiendo. La duquesa pertenece al duque, y yo, que estaré en el norte
todo el añ o, no interferiré en los asuntos importantes del duque. Sin
embargo...
Frida enfatizó sus palabras. Parecı́a que el punto principal estaba a
punto de ser discutido.
Todavı́a no tengo planes de matrimonio. Ası́ que, por favor, no
menciones nada como tener un hijo en lugar de la Duquesa dentro de
un añ o.
—No tengo intenció n de violar su libertad, mi señ ora.
—Bien. Duquesa, contaré con usted en el futuro.
—Sı́, sı́. Haré lo mejor que pueda.
Rensley, que esperaba una discusió n má s compleja, se sorprendió por la
rapidez con la que terminó la reunió n. Sin embargo, é l fue el ú nico
sorprendido; el trı́o de nativos de Aldrant parecı́a impasible.
“Ahora, ¿no serı́a mejor que bajá ramos al saló n de banquetes?”
Todos se pusieron de pie al oı́r las palabras de Frida. Mientras se dirigı́a
a la puerta, de repente se giró para mirar a Rensley con una sonrisa.
—Bueno. Como ya la ha visto, no puedo darle de comer a escondidas la
serpiente que le traje de regalo. Su Gracia, es buena para la salud, ası́
que prué bela. De vez en cuando, los guardias del palacio la hierven o la
asan como un capricho especial para el bienestar del Emperador.
“Ja, jajaja… Gracias.”
Al salir al pasillo, los cuatro caminaron en parejas, dos delante y dos
detrá s. Normalmente, el duque y la duquesa se paraban delante o al
lado de los invitados, pero por alguna razó n, Rensley querı́a caminar
detrá s de Frida.
Gezell caminaba junto a Rensley sin decir palabra. Rensley, quien
rá pidamente se hacı́a amigo de cualquiera, se sentı́a extrañ amente
incó modo al tratar con la princesa que conoció hoy. Pensá ndolo bien, en
Cornia era igual. A pesar de haber crecido en la familia real, Rensley
nunca se habı́a sentido có modo con sus miembros. Gezell era sin duda
una persona excé ntrica; en cualquier paı́s, los miembros de la familia
real parecı́an tener un aura de agudeza similar.
La princesa Frida sin duda serı́a una buena persona, y Rensley no podı́a
percibir ninguna malicia en ella. Pero por ahora, estaba claro que no le
gustaba este matrimonio.
Lo siento. ¿Te sentı́ incó modo al presentarte tan de repente?
Rensley, a quien rara vez le incomodaba tratar con la gente, pareció
notar que Gezell, a quien normalmente no le importaban los
sentimientos de la gente, se esforzaba. Bajó la voz y habló . Rensley negó
con la cabeza. No era justo preocuparlo por su incomodidad.
—No. Como nos conocimos hoy, solo quiero ser cauteloso para no
parecer antipá tico. Pronto nos haremos amigos.
¿Quié n te odiarı́a? Eres una persona directa y alegre, pero pasar tanto
tiempo defendiendo el castillo te ha vuelto un poco má s rudo. Ella es
buena persona; puedes tratarla con comodidad.
—Sı́. No tienes por qué preocuparte.
No eran solo palabras vacı́as; realmente lo creı́a. Aunque todos los
miembros de la familia real eran bastante similares, tanto Gezell como
la princesa Frida parecı́an carecer de la presencia autoritaria que
Rensley habı́a visto en otros.
Anton y Frida, que caminaban delante, tambié n conversaban. Rensley
escuchaba discretamente su conversació n.
No digo que nunca me casaré , pero Anton, ¿cuá nto tiempo planeas
permanecer soltero? Por muy popular que seas como apuesto caballero
comandante, a medida que envejezcas, cada vez habrá menos mujeres
dispuestas a dejarse conquistar por ti.
“Bueno, cuando llegue el momento conoceré a alguien”.
“¿Có mo está tu padre?”
—Está bien. Por favor, ven a visitarlo cuando tengas tiempo; quiere ver
a la princesa.
Eso es lo que planeo hacer. Lo visitaré antes de regresar a la defensa del
castillo.
A cada palabra de la princesa, Anton respondı́a con una sonrisa suave y
tenue. Rensley los observaba desde atrá s.
La princesa Frida caminaba delante, Anton a su lado, sus expresiones...
Era una imagen ligeramente distinta a la de Anton Sorel, el comandante
que conocı́a.
Cap. 13.4 - Ciudad Imperial
“Originalmente, ambos iban a casarse”.
¿En serio? ¡Ah, eso tiene sentido!
En respuesta a las palabras de Stan, Rensley frunció el ceñ o y se unió a
la iesta. A un lado del saló n de banquetes, ignoraron la mú sica,
inclinando sus copas y charlando sin parar. Frida, la comandante de las
fuerzas de defensa que regresaban, era sin duda la estrella del banquete
de hoy. Con su vestido rojo, seguı́a encontrando nuevas parejas de baile.
A diferencia de su callada prima, parecı́a disfrutar plenamente de la
iesta.
En el pasado, no era tan tranquilo aquı́ debido a las constantes
invasiones de monstruos. Hubo una é poca en que la gente tenı́a muchos
agravios contra la casa del duque, y fue entonces cuando se concibió el
plan para su matrimonio. En aquel entonces, el Comandante era un
joven caballero cuya fama estaba en ascenso, y la Princesa Frida era
má s popular que nuestro actual duque, casi lo su iciente como para ser
mencionada como sucesora. La gente pensó que la noticia de su
matrimonio tranquilizarı́a al pú blico por un tiempo.
“Eso es… un matrimonio estraté gico”.
¿Cuá ntos miembros de la realeza o la alta nobleza se casan por afecto
genuino? Ninguno se opuso al decreto de matrimonio, ası́ que todos
asumieron que se convertirı́an en pareja. Sin embargo, antes de que el
matrimonio se formalizara, el exduque dimitió y nuestro actual duque
ascendió al trono. El plan de matrimonio se desmoronó
silenciosamente. La SicnePrincesa Frida se convirtió en la Comandante
del Norte... ahora es cosa del pasado.
Rensley recorrió con la mirada el saló n de banquetes. La princesa Frida
seguı́a bailando, cambiando de pareja, pero Anton no habı́a bailado con
ella. ¿Adó nde se habı́a ido? En medio de esta gran celebració n, su igura
no aparecı́a por ninguna parte.
“Para ella los asuntos matrimoniales son asuntos triviales”.
“Creo que los matrimonios reales deberían ser uniones necesarias”.
La voz que habı́a escuchado hacı́a mucho tiempo y la voz de la princesa
Frida que acababa de escuchar surgieron naturalmente en su mente.
'¿Esa historia es la experiencia del Comandante de aquel entonces?'
No podı́a saberlo con solo preguntarse. Rensley volvió la mirada hacia
Gezell. Normalmente, deberı́a estar sentado junto al Duque, pero ese
asiento estaba vacı́o.
Rensley bebió un sorbo de su bebida como si quisiera evitar la culpa.
No era momento de distraerse con los amorı́os pasados de otra
persona. El compromiso tá cito entre ambos transcurrı́a poco a poco.
Parece que la salud de la Duquesa ha empeorado. Fue un placer verla
asistir al banquete de invierno.
Fue una declaració n que pareció leer la mente de Rensley. Miró el
asiento vacı́o de la Duquesa con Stan.
“Si el asiento de la Duquesa está frecuentemente vacı́o, no se ve bien,
¿verdad?”
Que se vea bien o no no es la cuestió n. Pero bueno... el Duque no
deberı́a preocuparse. Debe encargarse de todo dentro y fuera del
castillo é l solo; por suerte, Lady Samlet es excelente en su trabajo.
Si la duquesa, que existı́a o icialmente, estuviera a menudo postrada en
cama, a la larga no serı́a bueno para la opinió n pú blica. Ası́ como tener
un paciente de larga duració n naturalmente pesa en los corazones de
quienes gobiernan el paı́s, la enfermedad prolongada de un gobernante
inevitablemente pesarı́a en la mente del pueblo. Rensley suspiró en
silencio.
Hoy tampoco podı́a bailar con el duque Gezell. La sensació n de vacı́o, de
no encajar ni aquı́ ni allá , se habı́a convertido en una nueva fuente de
preocupació n, reemplazando al pasado.
Saludos, Duquesa. Parece que su salud se ha deteriorado. Fue un placer
verla en el banquete de invierno.
Parecı́a un comentario que podı́a leer el corazó n de Rensley. Suspiró en
silencio.
En ese momento, se vio a Gezell disculpá ndose y prepará ndose para
abandonar el saló n de banquetes. Rensley, temeroso de perder su
oportunidad, se escabulló por la puerta trasera, evitando las miradas de
la gente, y corrió hacia el pasillo exterior del muro exterior.
Los animados sonidos del banquete, la mú sica y las voces de la gente
zumbaban levemente. En el pasillo exterior del saló n de banquetes,
p q
expuesto al viento gé lido, era normal que no hubiera nadie má s que la
persona que se habı́a escabullido con un propó sito.
Sin embargo, en el pasillo tenuemente iluminado, habı́a otro invitado.
En lugar de avanzar, Rensley lo llamó .
"Comandante."
La igura, aparentemente absorta en sus pensamientos, giró la cabeza.
Miró a Rensley y sonrió lentamente.
—¿Por qué has venido hasta aquı́, duquesa?
"¿Me está s tomando el pelo?"
Fue una broma inusual. Rensley se acercó a é l sonriendo.
¿Bromeando? Algú n dı́a tendré que llamarte ası́, ası́ que deberı́a
practicar despacio.
¿Qué haces afuera? ¿Hay mucho ruido adentro?
“Solo salı́ para despejarme un momento”.
¿Qué hay que despejar la mente en un dı́a tan excesivo y placentero
como hoy?, pensó Rensley, recordando la historia que acababa de
escuchar. Sı́, la protagonista del ruidoso saló n de banquetes es la
exprometida de Anton Sorel. La princesa Frida, con su vestido rojo,
probablemente siga bailando en este momento.
'Deberı́a ingir que no lo sé y seguir mi camino…'
Incapaz de resistir su curiosidad, Rensley preguntó con cautela.
El regreso de la Princesa sin duda ha encantado a todos. Es
extremadamente popular. Aunque baile toda la noche, parece que no
podrá bailar con todos esperá ndola.
Hasta que ella se vaya a la frontera, los pretendientes no parará n. Ha
habido reyes que, a pesar de ser rechazados, le propusieron
matrimonio varias veces.
“Alguien tan estimada como ella que no se ha casado hasta ahora…
¿Podrı́a haber alguien por quien sienta algo?”
Preguntó con cuidado, pero no hubo respuesta. Con la mirada ija en el
paisaje fuera del pasillo, el comandante inclinó la cabeza.
¿Bebió demasiado? Rensley lo miró preocupado, y entonces oyó una
risita baja y apagada.
"¿Comandante?"
No te impacientes. ¿Viniste a preguntar despué s de escuchar mi
historia?
Aunque se revelaron las intenciones de Rensley, el ambiente era tal que
no podı́a alejarse fá cilmente. Cualesquiera que fueran los sentimientos
de la princesa, parecı́a haber un profundo afecto por el comandante
Anton Sorel. Rensley se inclinaba má s hacia la perspectiva de Anton que
hacia la de la princesa Frida, a quien acababa de conocer ese mismo dı́a.
“…Ambos siguen solteros, ası́ que ¿por qué no lo vuelven a considerar?
Oı́ que fue antes de que el Gran Duque ascendiera al trono.”
Como pueden ver, la princesa va al Comando Norte. Tiene sus
principios. No quiere que el matrimonio la limite solo por el hecho de
casarse.
¿Por qué es un impedimento para que dos personas compatibles se
casen? Pueden casarse y luego solo verse durante las vacaciones por un
tiempo. La princesa regresará a Roudken algú n dı́a, y podrá n comenzar
su vida matrimonial como es debido a partir de entonces.
Honestamente, Rensley suspiró en silencio.
Sabı́a que el comandante era in lexible, pero esto era demasiado.
Pronunciar palabras nobles mientras se encontraba solo en el solitario
Norte, sin saber a quié n podrı́a encontrarse. Y, ademá s, a alguien tan
popular como ella.
Como ya oı́ste, el Gran Duque de Aldrant suele casarse con una esposa
elegida por el emperador. Por lo tanto, ademá s del rey, otros miembros
de la realeza prestan aú n má s atenció n a los asuntos matrimoniales.
“…”
Las palabras de la princesa sobre la necesidad del matrimonio real
signi icaban que, cuando surgió nuestro asunto matrimonial, era
necesario, pero ahora ya no lo es. Muchos esperan el momento en que
ella decida casarse, y cuando llegue ese momento, tomará la mejor
decisió n para ella y para Aldrant.
Rensley cerró la boca. Dudó , sin nada má s que decir, y esta vez, en lugar
de la voz, usó la palma de la mano y se dio una bofetada en la mejilla.
p y j
Bueno... un matrimonio real no puede ser tan mundano como lo es para
la gente comú n. Ultimamente empezaba a pensar que me habı́a vuelto
menos directa, pero aquı́ vamos de nuevo.
¿No es bueno? No tengo experiencia, pero dicen que cuando una
persona inalmente encuentra la felicidad a travé s de su pareja, sus
pensamientos y acciones se vuelven má s complejos.
“Puede que esté bien para la gente comú n, pero estoy a punto de
convertirme en la consorte del Gran Duque”.
“Quiero decir que no piensen demasiado en ello… pero serı́a un consejo
imprudente viniendo de mı́”.
Anton terminó de hablar y se rió entre dientes. Ya fuera por el alcohol,
la mú sica o el regreso de la princesa, sin duda estaba má s relajado que
de costumbre.
En primer lugar, tu situació n y la mı́a son diferentes. El Gran Duque ha
decidido convertirte en su consorte, pero la princesa no me ve ası́.
Entonces, ¿có mo puedo volver a insistir en el matrimonio?
Espere, Comandante. No lo entiende de verdad. Su Gracia no me veı́a ası́
desde el principio. ¡Fue fruto de un esfuerzo constante! El dı́a de
nuestra boda, me dejó sola en el dormitorio y se fue a su estudio. ¿Sabe
cuá nto trabajé para llegar hasta aquı́?
Rensley tenı́a con ianza. Aunque a otros les pareciera que el sabio y
serio Gran Duque se dejaba llevar por las astutas intrigas de un astuto
forastero para conseguir un matrimonio homosexual irracional, podı́a
decirse con seguridad que Rensley Maelrosen habı́a hecho todo lo
posible.
Se enfrentó a un hombre que jamá s habı́a besado, le confesó sus
sentimientos primero, lo sedujo y lo persuadió , e incluso celebró una
ceremonia nocturna. A pesar de ser hombre, perseveró en el cortejo
con otro hombre, aunque nunca pensó en permanecer con una sola
persona toda su vida. El orgullo no era má s que una fachada humana, e
incluso el humilde Rensley se sintió un poco herido. Aun ası́, no cedió y
conquistó cuerpo y corazó n mediante esfuerzos persistentes.
Claro, hubo momentos en los que casi se va por una ligera diferencia de
estatus y falta de comunicació n, pero al inal todo salió bien. Despué s
de todo, ¿no es bueno cuando todo acaba bien?
En in, fue un matrimonio real impulsado por los ex duques, ¿no? Si el
Comandante expresa sus intenciones directamente, la situació n podrı́a
cambiar.
“Asegú rate de recordar ese consejo”.
Era un tono nada convincente, pero intervenir cuando desconocı́a sus
circunstancias solo serı́a una intromisió n injusti icada. Rensley pronto
sintió un amargo sabor de boca y dio un paso atrá s.
—Bueno, entonces… seguiré mi camino.
Anton, quien respondió brevemente con un «hazlo», seguı́a sin tener
intenció n de regresar al saló n de banquetes. Rensley, asintiendo, se
apartó de é l y aceleró el paso hacia su destino.
El Gran Duque, que habı́a abandonado el saló n de banquetes antes,
habı́a ocultado su presencia hacı́a tiempo. Sin embargo, en lugar de
sorprenderse, Rensley abrió la puerta del laboratorio subterrá neo sin
llamar.
El hombre sentado en una có moda silla frente a la chimenea abrió
ligeramente los ojos y se levantó al ver entrar a Rensley. Rensley
levantó la cabeza: «Por favor, tome asiento».
¿Por qué a alguien que le gustan los banquetes no le gustan má s? ¿Qué
pasa?
“Te vi salir, ası́ que pensé que quizá s te tomarı́as un descanso y te
seguı́”.
Pensando en elegir el lugar má s có modo para relajarse despué s de salir
a descansar de la multitud, Rensley fue adonde sabı́a que el Duque se
sentı́a má s a gusto. Una vez má s, Rensley habı́a acertado. Con una
sonrisa, Rensley se acercó a é l.
Supervisar el banquete sola debe ser agotador, ¿verdad? Lo siento. Solo
lo pensaba. Como sugirió Lady Samlet, habrı́a sido mejor disfrazarme
de Duquesa para poder estar a tu lado.
No, acostumbrarse a soluciones temporales no es lo ideal. Ya que la
presentació n de la Princesa Frida terminó , deberı́as considerar
seriamente tu respuesta ahora.
Ups. Rensley cerró la boca y evitó el contacto visual. No esperaba ser
atacado directamente aquı́.
—Lo entiendo, pero tengo que reunirme con el Emperador pronto.
—Ası́ es. Lo sé .
De pie, obediente como un niñ o arrepentido, la mano de Gezell tocó el
brazo de Rensley. Solo entonces Rensley se movió , entrelazando sus
brazos con los de Gezell y sentá ndose a su lado.
Al ver a la Princesa Frida, deberı́as entenderlo. Aldrant no es un paı́s
obsesionado con los matrimonios entre personas del mismo sexo. Si
supiera que el matrimonio no tenı́a importancia estraté gica, el
Emperador no se opondrı́a, aunque tuviera reservas. ¿Qué es tan difı́cil?
¿Sigues preocupado por el asunto del sucesor? Deja de pensarlo y
avı́same.
Presionado por la garantı́a, Rensley no pudo evitar revelar todos sus
pensamientos.
No hay ninguna razó n importante. Me siento demasiado incompetente,
y quizá por eso no me siento seguro de asumir un puesto con tanta
responsabilidad…
Quienes nacieron en la realeza pueden cumplir las condiciones sin
preocupaciones. Entre quienes he considerado para matrimonio, nadie
cumplı́a requisitos aparte de haber nacido en la realeza.
Y… ha pasado bastante tiempo desde que llegué a Aldrant, y no he
entablado amistad con mucha gente. Aunque haga pú blico que soy la
Gran Duquesa, no todos me apoyará n y, aunque quiera negarlo, no
puedo seguir viviendo como hasta ahora.
Ya sea sacar a Marilyn del castillo para contemplar las llanuras, salir del
castillo del duque para explorar el mercado, tomar una copa en la
taberna de Max, cotillear con Stan como durante el banquete, tener
conversaciones triviales con colegas despué s de terminar el
entrenamiento de caballero, intercambiar saludos con personas al azar
y salir a caminar juntos...
Estos asuntos triviales podı́an parecer insigni icantes a los ojos del
Duque, pero eran preciados en la vida cotidiana de Rensley. Gracias a
estas sencillas cotidianidades, se encariñ ó con la desconocida tierra del
norte. Si lo hubieran tratado como a la realeza desde el principio, ahora
habrı́a vivido una vida diferente. Sin embargo, Rensley Maelrosen se
habı́a vuelto dependiente de la simplicidad de la vida cotidiana.
Con la premonició n de que su vida cambiarı́a por completo, la emoció n
y la ansiedad lo invadieron simultá neamente, y Rensley, de pie en el
punto de in lexió n, aú n no habı́a recuperado el equilibrio. Enfocó la
mirada en la de Gezell.
Pero, Su Gracia, no se preocupe. Haré lo que sea necesario para
prepararme mentalmente antes de partir hacia Pheraira.
—Sı́. Ya que aú n queda tiempo, pié nsalo un poco má s. Por cierto,
Maelrosen, hay algo que quiero decirte.
Gezell sacó un pequeñ o y grueso trozo de papel del interior de su capa.
El papel doblado resultó ser una invitació n similar a las que se usan
para banquetes.
"¿Qué es esto?"
Aquı́ está la respuesta que recibı́ hoy. Me demoré en decı́rselo debido a
los preparativos para la recepció n de las fuerzas de defensa.
¿Una respuesta? No he enviado ninguna carta que merezca respuesta.
Rensley desdobló la invitació n doblada con expresió n de desconcierto.
El contenido escrito en el papel blanco con el sello no era extenso.
Rensley abrió mucho los ojos y se volvió hacia Gezell.
“Me parece injusto que só lo conozcas a la Princesa Frida cuando
tambié n tienes familia”.
"Su Gracia."
La voz de Rensley tembló levemente al inal de sus palabras. Sentı́a la
garganta un poco seca al tragar con di icultad. La letra de la carta que
tenı́a junto a é l era familiar. Era una respuesta enviada por el remitente
reconocido en la parte superior, aceptando la invitació n del duque
Gezell de Aldrant.
Te tranquilizarı́a hablar con tu hermana despué s de tanto tiempo.
Espero que mis palabras no te resulten demasiado pesadas.
No era una carga. Rensley asintió . Apoyó la cabeza en los anchos
hombros de Gezell, abrazá ndolo. La gran mano de Gezell acarició
lentamente la cabeza de Rensley hasta su espalda.
Gracias, Su Gracia. Aú n no he podido responder, pero siento que recibo
regalos constantemente, ası́ que no sé qué decir...
Es natural que quien propone y corteja le dé regalos a la otra persona.
Lo entiendo perfectamente.
Recordando los viejos tiempos cuando ingı́a ser arrogante frente a
Anton, Rensley se rió .
Incluso cuando te cortejaba activamente, apenas llegaba a in de mes.
Parece que iba en contra del orden natural.
Solo envié la invitació n porque encontré la ubicació n de la Princesa Ivet
mientras te buscaba. No le des tanta importancia.
Aunque Rensley sintió ganas de postrarse en agradecimiento, se limitó
a sonreı́r, sabiendo que las palabras de Gezell eran sinceras. Para
controlar la creciente expectació n en su pecho, bajó un poco la mirada y
miró ijamente la chimenea, como solı́a hacer Gezell.
Los re lejos dorados, siempre cambiantes, se transformaban
continuamente. Incluso sin mú sica, el baile ante é l nunca parecı́a
aburrido. Rensley ahora entendı́a por qué a Gezell le gustaba pasar
tiempo allı́.
“Si vas má s al este, hay paı́ses con costumbres diferentes a las de
nuestro continente”.
Una dulce voz luyó sobre la cabeza de Rensley, quien, en lugar de
aferrarse a los conceptos que se desvanecı́an, los dejó luir. Levantando
ligeramente la cabeza, Rensley escuchó .
“En esos lugares, al dios del fuego tambié n se le llama el que revela todo
lo que necesitas saber”.
¿En serio? Cuando miro el fuego, mi mente se queda en blanco y me
siento como entumecido.
Ante esto, Gezell rió suavemente.
“A veces, tomar un descanso para despejar la mente puede ayudarte a
aceptar nuevos conocimientos”.
—Ah. ¿Ası́ que ese es su secreto para ser tan inteligente, Su Gracia? Casi
siempre está sentado frente a la chimenea, sin comprender.
"Tal vez."
Aunque fue una broma un tanto descorté s para un duque, Gezell la
aceptó con un asentimiento y abrazó a Rensley con má s profundidad.
Rensley sonrió aú n má s alegremente y se puso de pie. Tomó la mano de
Gezell y la levantó .
“Por mucho que me gustarı́a quedarme ası́ con Su Gracia, parece que
deberı́a regresar ahora”.
—Sı́, los banquetes son aburridos. No quiero volver.
Si solo fuera un banquete aburrido, los guardias que sufrieron en el
frente elogiarı́an aú n má s tu mando al regresar. Deberı́as trabajar má s
hoy.
Mientras Rensley hablaba, Gezell tambié n se levantó y besó la frente de
Rensley.
“No te preocupes; será s una excelente duquesa”.
No dice palabras vacı́as. Rensley se sonrojó levemente y presionó con la
palma de la mano el lugar donde los labios de Gezell habı́an rozado.
Sintiendo un atisbo de con ianza por el sincero cumplido, bajó la
mirada.
Como serı́a antinatural que regresaran juntos, Gezell entró primero al
saló n de banquetes, y Rensley, como antes, abrió la puerta trasera y
recorrió el pasillo exterior del castillo. El capitá n caballero no aparecı́a
por ninguna parte.
Cap. 13.5 - Ciudad Imperial
¿Fueron las violetas realmente el presagio de la primavera?
Desde el dı́a en que se descubrieron las lores, el clima en Aldrant
mejoró rá pidamente. Aunque no hacı́a tanto calor como tumbarse en un
suave campo de hierba en Cornia, ni tanto como para sumergir los pies
descalzos en el agua del rı́o, que se calentaba gradualmente, para
pescar, Rensley, quien solı́a ponerse varias prendas de algodó n y una
capa de cuero cada vez que salı́a, ahora solo necesitaba un par de capas.
Rensley, quien siempre habı́a andado con camisas inas y solo un
chaleco o prenda exterior, se dio cuenta por primera vez tras llegar al
norte de lo laborioso que podı́a ser ponerse y quitarse la ropa. Tan solo
aligerar la carga de ropa lo hacı́a sentir renovado.
“Es realmente agradable tener el sol brillando intensamente despué s de
tanto tiempo”.
“Deberı́as tomar mucho el sol en momentos como este”.
Sin embargo, parecı́a ser el está ndar de Rensley, siendo sensible al frı́o,
que incluso aunque hacı́a calor, la gente en Aldrant se quitaba las
camisetas y disfrutaba del sol afuera.
A Rensley, ver a sus compañ eros sentados en el cé sped despué s del
entrenamiento sin camisa le provocó escalofrı́os. A pesar de poder
tomar el sol incluso con ropa puesta, se alejó apresuradamente del
lugar. Aunque hoy podı́a disfrutar del sol despué s del entrenamiento,
tenı́a otros preparativos que hacer.
Al entrar en la torre principal, Rensley se dirigió a la cocina. Al abrir la
puerta, sintió un calor cá lido, como si entrara en un gran horno. A pesar
de que ya era pasada la hora del almuerzo y aú n faltaba mucho para la
cena, los chefs parecı́an má s ocupados de lo habitual.
“Reyna, ¿necesitas ayuda?”
“¡Estoy ocupado hoy, no hay tiempo para tus bromas!”
Vine a ayudarte porque está s ocupado. Ay, el pollo se ve regordete. ¿Lo
cocino?
¿Por qué un caballero como tú está tan interesado en la cocina?
¡Vá yanse! Lo dejaré pasar cuando preparen bocadillos, pero hoy, con la
llegada de invitados importantes del Gran Duque, ¡olvı́denlo!
Es que vienen invitados… Rensley suspiró por dentro.
Aunque no se habı́a convertido en un robusto guerrero del norte que
pudiera reı́rse del frı́o mientras se quitaba la camiseta despué s del
entrenamiento, querı́a ver a los invitados que probaban la comida de
Aldrant elogiá ndola.
Las habilidades culinarias de Reyna no habı́an mejorado ni empeorado.
Quizá s la in lexibilidad y la terquedad de la gente de Aldrant se
re lejaban plenamente en su cocina. A veces, Rensley intentaba indagar
sutilmente sobre té cnicas culinarias, pero todos los intentos fracasaban.
Con su fé rreo orgullo y terquedad, era tan impenetrable como los
muros de Roudken.
Hacı́a tiempo que no llegaban invitados de tan lejos. El ex Gran Duque
solı́a recibir invitados externos con frecuencia, pero a menos que
fueran eruditos o magos, el actual Gran Duque rara vez los invitaba. Es
cierto que su salud le di iculta conocer gente, pero parece que la
presencia de la Duquesa que trajo está teniendo un impacto positivo.
Llamaré a altos funcionarios en cuanto llegue la primavera.
Buena in luencia, sin duda. Al oı́r hablar de la Gran Duquesa sin saber
quié n era, Rensley no pudo evitar sonreı́r levemente.
Es una igura de muy alto rango. Ya ha visitado Aldrant varias veces por
motivos o iciales.
Tiene sentido. Sin embargo, Su Gracia no la ha invitado directamente al
castillo. Ası́ que los preparativos de esta noche deben hacerse con sumo
cuidado. Como no eres chef, está s libre de responsabilidades. Si tienes
hambre, hay pan por allá . Corta un poco de jamó n y queso y có melo.
Aunque Reyna era una persona de cará cter rı́gido, parecı́a tener cierta
debilidad. Hoy, sin embargo, parecı́a tan in lexible que no permitı́a que
una aguja la atravesara. Rensley retrocedió a regañ adientes.
La organizació n Kyros era una organizació n grande, conocida incluso en
el continente. Aunque la invitació n se envió por el bien de Rensley,
Gezell no invitó solo a Ivet. Rensley supuso que era una decisió n
diplomá tica invitar a o iciales de alto rango y algunos comerciantes,
teniendo en cuenta la torre.
En cualquier paı́s, los comerciantes poderosos poseı́an una riqueza
comparable a la de los nobles, y esta se traducı́a en poder. Por lo tanto,
entre la nobleza y la realeza, no eran pocos los que deseaban establecer
vı́nculos con comerciantes u organizaciones in luyentes.
Al caer la tarde, justo cuando la Puerta Norte se habı́a abierto de par en
par hacı́a un rato, hoy se abrı́a la Puerta Principal Central. No hubo una
procesió n formal como la de la Orden de Caballeros, pero los
encargados de guiar la organizació n esperaban cerca de la puerta del
castillo. Aunque Rensley no tenı́a ninguna tarea asignada, llevaba un
rato paseando afuera.
¡La organizació n Kyros está entrando!
Ante el grito del portero, la puerta del castillo se abrió aú n má s para dar
la bienvenida a los invitados. El primero en entrar fue un gran carruaje.
El carruaje, má s grande que la mayorı́a de los usados por los nobles,
estaba decorado con brillantes colores azul y dorado. Lucı́a una pintura
inusual y deslumbrante para Aldrant. Las robustas ventanas enrejadas
de madera maciza no encajaban del todo con la atmó sfera, recordando
a un carruaje de prisió n, pero considerando los frecuentes ataques de
ladrones y asaltantes, era comprensible.
Rensley permaneció a cierta distancia, observando a los atareados
guı́as que daban la bienvenida a la organizació n. Habı́a buscado a Ivet,
pero no la encontró entre la multitud de caballos y carruajes, y la
multitud reunida di icultó su rá pida localizació n. Habı́a un bullicio de
gente bajando de los carruajes y los caballos, empezando por el jefe de
la organizació n, quien descendió e intercambió saludos con los guı́as.
“Bienvenido al Castillo del Gran Duque de Roudken”.
“Gracias por la invitació n.”
Desde el momento en que intercambió saludos, la gente descendió de
los carruajes y los caballos. Rensley se quedó a cierta distancia,
deambulando entre el grupo. Parecı́a que ella no lo habı́a notado, pero
é l vio la igura del mercader que se habı́a metido en problemas al salir
del castillo.
“Aldrant es realmente algo.”
La voz familiar sonó con claridad. Rensley sintió que se le cortaba la
respiració n al oı́rla. Se giró hacia donde provenı́a.
“Toma un tiempo incluso despué s de entrar en la frontera”.
Tenı́a muchas ganas de venir a verlo. ¡Qué suerte que se me presentara
la oportunidad!
Rensley se mordió la lengua, mirando ijamente al dueñ o de la voz.
Al encontrarla, planeaba correr a saludarla con cariñ o, pero por alguna
razó n, diversas emociones lo invadieron, lo que le impidió superar la
rigidez. Mientras Rensley observaba en silencio a los comerciantes, su
conversació n continuó .
“¿Tienes algú n amigo aquı́?”
Sı́. Me pregunto có mo estará . Quiero verlo pronto.
Aunque ambas eran hijas ilegı́timas, sus posiciones eran diferentes. A
diferencia de Rensley, quien vivı́a con sirvientes, Ivet fue reconocida
formalmente como princesa por el rey. Con su larga cabellera pelirroja
cuidadosamente peinada y un vestido que realzaba sus ojos grises,
saludó a la familia real.
Ivet siempre encontró su puesto pesado. Maldecı́a el sutil tormento de
la familia real, que la obligaba a asistir a diversas ceremonias sin
considerarla realmente una realeza. El sufrimiento diario de
humillaciones, tanto grandes como pequeñ as. Las ú nicas veces que Ivet
reı́a a carcajadas era cuando le hacı́a bromas a Rensley, paseaba por el
bosque, se cambiaba de ropa a escondidas y practicaba esgrima, o
vagaba libremente por aquı́ y por allá .
Tras dejar su tierra natal, Rensley podı́a admitirlo. Pensó en el alivio
que sentı́a al saber que no era el ú nico que se sentı́a humillado, aunque
empatizaba con la humillació n que ella sentı́a. Podı́an estar unidos
como hermanos porque compartı́an la humillació n.
¿Existı́a una camaraderı́a tan bá sica? Sabiendo que era un pensamiento
cobarde, nunca lo habı́a expresado en voz alta. Sin embargo, como las
emociones no se controlaban solo con la razó n, los dı́as en que una
sombra sombrı́a se cernı́a sobre su corazó n, negaba la insigni icante
satisfacció n con un movimiento de cabeza.
Habı́an pasado muchos dı́as desde entonces.
La apariencia de su ú nica hermana habı́a cambiado mucho. Llevaba el
pelo recogido con una cinta negra, y en lugar de vestidos, vestı́a ropa
có moda para moverse o montar a caballo. Incluso cuando no sonreı́a, su
expresió n era má s radiante que cuando vivı́a en el palacio real de
Cornia.
Rensley sonrió lentamente y dio un paso al frente. Dejando atrá s a la
gente de la organizació n, entró en la torre principal. Ahora que habı́a
con irmado que ella se encontraba bien, los saludos podı́an posponerse.
Ademá s, el Duque Gezell pronto concertarı́a una reunió n.
Para esperar a Ivet, Rensley volvió a la sala de audiencias hoy. Cuidó de
la daga que llevaba a todas partes, e incluso con tiempo libre, exploró la
novela que habı́a tomado prestada de la biblioteca. Sin embargo, le
llegaron voces del exterior.
Aquı́ está el lugar. Pase, por favor.
"Gracias."
Tras terminar la conversació n al otro lado de la puerta, que al principio
pareció un poco incó moda, la persona que tı́midamente se reveló era el
hermano esperado. Sentado frente a una mesa, Rensley se levantó
bruscamente.
“¡Ivet!”
“¡Rens!”
Al ver a Rensley, Ivet corrió rá pidamente hacia é l, aparentemente
olvidando la tensió n de hacı́a un momento. Sin dudarlo, se abrazaron
con fuerza. Cerrando los ojos, apoyaron la cara en los hombros del otro.
"Me alivia saber que está s a salvo".
Las manos de Ivet temblaban mientras se aferraba con fuerza a la
espalda de Rensley, y su voz tenı́a un matiz de lá grimas. Los ojos de
Rensley tambié n se humedecieron, pero rió a carcajadas.
"Seguro es quedarse corto. A ambos nos va de maravilla. Tal como
soñ amos de jó venes, dejamos Cornia y seguimos viviendo nuestras
vidas".
—Escuché la historia. ¿Te convertiste en caballero?
Acabo de quitarme la insignia de aprendiz, pero sı́. Sabes, desde
pequeñ o siempre he soñ ado con convertirme en caballero.
Solo entonces Ivet levantó la cabeza y sonrió . Las lá grimas brotaron
ligeramente de sus ojos sonrientes.
Con su temperamento fogoso, lloraba tanto como reı́a. Las lá grimas
eran como lluvia que pasaba bajo la luz del sol, formá ndose
rá pidamente y secá ndose pronto.
Rensley tocó suavemente su mejilla con la de ella dos veces, expresando
alegrı́a por reencontrarse con la familia despué s de tanto tiempo.
—Princesa Ivet, una vez má s, ¿no?
Rensley la provocó con una sonrisa burlona. Ivet resopló en respuesta.
¿Qué tiene de malo llorar? Las lá grimas son solo un lı́quido que sale del
cuerpo. Es como el sudor o la orina que sale cuando llega el momento.
“Como metá fora.”
Mientras ambos bromeaban, el hombre que habı́a organizado el
encuentro permaneció de pie en la puerta, observá ndolos con torpeza.
Rensley soltó a Ivet y le tendió la mano.
—¡Su Gracia! ¿Ha llegado?
“… ¿Es esa la etiqueta de Cornia?”
—Ah, sı́. Si nos alegra ver a alguien, quizá lo abracemos. ¿No se abrazan
tambié n en Aldrant?
Parecı́a querer decir má s, pero pronto se calló . Acercá ndose a los dos,
dio la bienvenida a los invitados con elegancia.
“Encantado de conocerla, Princesa Ivet Elbanes.”
Gracias por la invitació n, Su Gracia. Ya no puedo ser considerada
princesa. Por favor, trá teme con la comodidad de una persona comú n y
corriente.
Ha pasado mucho tiempo desde la ú ltima vez que nos vimos, y creo que
tenemos mucho de qué hablar. Si la organizació n lo permite, no dude en
quedarse y hacerse amigo de Sir Maelrosen.
“Ah, por cierto.”
Como si algo le hubiera venido a la mente, despué s de los saludos, Ivet
miró alternativamente a los dos.
¿Ha llegado aquı́ la noticia de Cornia?
"¿Noticias?"
Rensley abrió mucho los ojos. No entendı́a de qué hablaba. ¿Aú n habı́a
noticias de Cornia a estas alturas?
Parece que todavı́a no. Pronto lo sabrá s, pero este tipo de noticias
suelen llegar má s rá pido desde las fuentes de informació n de la
organizació n.
Ivet miró a Rensley en silencio. Su voz, que habı́a estado llena de
emoció n, se apagó .
“El rey de Cornia ha muerto.”
Un pesado silencio cayó en la sala donde los tres estaban reunidos.
“¿Murió ?”
Quizá s ya era lo su icientemente mayor como para que la muerte no le
resultara incó moda, pero cuando Rensley recordó la ú ltima vez que vio
al rey, distaba mucho de ser la imagen de alguien que se acercaba al
inal. No, al contrario, el rey parecı́a excesivamente sano, hasta el punto
de que Rensley no podı́a soportar su vitalidad debido a la ira.
Tras haber superado la prueba de reconocimiento de heredero legı́timo,
Rensley sin duda llevaba la mitad de la sangre del rey en sus venas.
Incluso sin la prueba, nadie dudaba de su linaje real. Sin embargo,
Rensley nunca habı́a sentido el afecto del rey como hijo, ası́ que ante
esta muerte, no sintió tristeza ni conmoció n. Simplemente...
—Entonces, ¿Fé lix será el rey ahora?
La expresió n de Ivet perdió vigor, como si estuviera cansada de la
pregunta de Rensley. Su respuesta fue igualmente cı́nica.
Parece que sı́. Oı́ que falleció esta mañ ana temprano hace cuatro dı́as.
Celebrará n el funeral y probablemente esperará n unos dı́as para la
ceremonia de coronació n. Con Fé lix irmemente establecido como el
ú nico heredero de la sucesió n de Cornia, no habrá ningú n con licto
ahora.
“…¿Qué pasarı́a si Fé lix matara al rey?”
Matar a su propio padre serı́a toda una hazañ a. Pero, en in, como el
trono acabarı́a recayendo en é l, no hay razó n para que cometa un acto
tan peligroso ahora.
Gezell, que habı́a estado escuchando en silencio la conversació n,
inalmente habló .
Fé lix Dimora Elbanes. Ası́ se llama el prı́ncipe heredero de Cornia.
Ası́ es. Al principio, hubo disputas sucesorias entre bastidores en
Cornia, pero desde hace varios añ os, no hay ningú n heredero
prominente aparte del prı́ncipe Fé lix.
Cuando Ivet terminó su explicació n, Rensley suspiró y se enderezó .
“Bueno, Fé lix se deshizo de todos los demá s”.
El rey de Cornia tuvo muchos hijos, pero tres de ellos murieron jó venes.
Eran hijos de reinas anteriores y el hijo mayor de la reina actual.
Aunque no se probó nada y todos lo mantuvieron en secreto, no cabı́a
duda de que estos tres prı́ncipes habı́an muerto a manos del prı́ncipe
Fé lix.
Rensley no lo creı́a necesario entonces, y sigue sin creerlo ahora. No
habı́a nadie entre ellos que representara una amenaza para la posició n
de Fé lix.
Sin embargo, murieron. Uno fue alcanzado por una lecha desconocida
en el terreno de caza, otro bebió té envenenado durante una merienda
en grupo. El ú ltimo sufrió una enfermedad cutá nea inexplicable, se
retorció de dolor durante dı́as y inalmente sucumbió .
La muerte de los jó venes prı́ncipes despertó interé s en el palacio y sus
alrededores, pero la verdad nunca se reveló por completo. El rey,
indiferente a las esposas que destronó , tambié n observó la disputa
sucesoria desde la distancia. Fé lix eliminó rá pidamente a las facciones
restantes, consolidando con é xito el poder.
¿Se trataba simplemente de establecer al heredero aparente? Rensley
no lo creı́a. Sobre todo despué s de que la primera reina, ejecutada por
cargos de conspiració n, perdiera a su hijo mayor, quien no heredó el
talento de sus parientes maternos, vivió una vida tranquila en el exilio.
Las matanzas dentro de la familia real corniana fueron simplemente
resultado del temperamento humano de Fé lix. Aunque habı́a perdido
poder, la mera existencia de los hermanos, a quienes deberı́a tratar con
cierta cortesı́a, podrı́a haberle resultado molesta.
En momentos ası́, solı́a pensar que era una suerte haber nacido como
hijo ilegı́timo. De lo contrario, ya me habrı́a convertido en alguien del
má s allá . Seguramente, habrı́a sido la prioridad.
Rensley se encogió de hombros, haciendo un comentario bromista,
pero Gezell guardó silencio. Tras una breve mirada a Rensley, Gezell
volvió la vista hacia Ivet.
Princesa Ivet, si no le importa, ¿podrı́a desocupar el asiento un
momento? Hay algo que necesito discutir con Maelrosen y no tardaré
mucho.
"Oh, claro."
Cuando se vaya, una criada estará esperá ndolo. Serı́a bueno explorar el
lugar. Entiendo que tengamos mucho que ponernos al dı́a, pero
tenemos mucho tiempo, ası́ que, por favor, discú lpenos.
—No, no pasa nada. Me diste una noticia bastante inesperada. A mı́
tambié n me sorprendió .
Rensley se sentı́a desconcertado. ¿De verdad habı́a algo que el invitado
y Gezell pudieran discutir en privado? Si querı́a hablar sobre los
cambios en la situació n de Cornia, podrı́a obtener informació n má s
valiosa de Ivet, quien en su dı́a habı́a sido reconocida como miembro de
la familia real. Ademá s, Ivet, trabajando en las altas esferas, podrı́a
haber oı́do varias noticias, pero no habı́a estado expuesta a historias
externas desde su llegada a Aldrant.
A pesar de su confusió n interna, Rensley decidió no intervenir y
observó có mo su hermana salı́a de la habitació n. Gezell, aparentemente
tan ambiguo en sus pensamientos como Ivet, cerró la puerta con
expresió n pensativa.
Una vez que los pasos de Ivet se alejaron por completo, Gezell se dio la
vuelta. Cuando Rensley lo miró , Gezell, que se habı́a acercado, lo levantó
de repente y lo colocó sobre el amplio escritorio.
“¿Su Gracia…?”
Con su gran mano, Gezell acarició la cabeza y la mejilla de Rensley antes
de bajar bruscamente. Gezell abrazó a Rensley, presionó sus labios
contra los de Rensley sin previo aviso y, como si sellara una promesa,
profundizó el beso.
Aunque el beso repentino lo tomó por sorpresa, duró solo un instante.
Incliná ndose hacia los brazos que lo sujetaban, Rensley, a su vez, rodeó
la espalda de Gezell con sus brazos. Mientras Gezell agachaba aú n má s
el torso, el amplio borde de su capa cubrió a Rensley como una cortina
o una manta.
La lengua de Gezell penetró en la boca de Rensley con má s profundidad
y persistencia de lo habitual, intentando fundirse en ella. El hú medo
sonido que emanaba de sus bocas les hacı́a cosquillas en los oı́dos.
“Uf, ah…, eh…”
Era difı́cil reprimir los gemidos que se le escapaban con el placer del
beso profundo e intenso. Sintiendo el hormigueo de placer
extendié ndose por su cuello y cintura, Rensley se apartó un momento,
se retrajo ligeramente y se mordió la lengua para aumentar el sonido
hú medo y pegajoso. Un gemido ahogado escapó de la garganta de
Gezell.
Despué s del beso, ambos tenı́an los labios hú medos. Rensley, quien
jadeó varias veces, inalmente preguntó el motivo.
“Su Gracia, ¿por qué de repente…?”
“Hasta hace un momento, mi cuerpo estaba frı́o”.
Gezell tomó la mano de Rensley, la levantó y la colocó sobre su mejilla.
“Ahora hace calor otra vez.”
Al principio, el rostro de Rensley, redondo y regordete, se enrojeció
gradualmente al comprender las intenciones de Gezell. Evitando el
contacto visual, bajó la cabeza, y Gezell incluso llegó a tumbar a Rensley
sobre la mesa.
Despué s de que los ojos color calabaza se cruzaran con los de Rensley,
no hubo vuelta atrá s. Rensley soltó una leve risa amarga.
—Su Gracia, todavı́a es de dı́a. Hay invitados aquı́ tambié n.
De todos modos, la recepció n de invitados está programada para la
cena. Ahora mismo, probablemente esté n descansando y aliviando la
fatiga.
“Pero aú n ası́…”
Hace mucho tiempo, me contaste historias sobre el Prı́ncipe Heredero
de Cornia. ¿Aú n te asusta?
En la atmó sfera suavizada, los ojos de Rensley se endurecieron
brevemente ante la pregunta inesperada.
Ahora que lo pensaba, hubo una vez que Rensley murmuró algo al
pasar. Era una historia sobre el loco prı́ncipe heredero de Cornia, que lo
habı́a atado en el jardı́n toda la noche, un dı́a en que cayeron truenos y
relá mpagos. Era una historia que habı́a compartido una noche lluviosa
despué s de la ceremonia nupcial, la primera vez que durmió en una
cama.
Gezell, con una mirada penetrante, como si intentara escudriñ ar sus
pensamientos, miró a Rensley. Rensley, que lo encaraba como si se
enfrentara a un duelo de miradas, inalmente apartó la mirada de
aquella mirada distante. Los delicados mú sculos cubiertos de ino vello
rubio se arrugaron sutilmente al bajar las cejas.
"¿Todavı́a te da miedo? Me pregunto."
“¿Ahora lo encuentro aterrador?”
—No estoy seguro. Pero si le tengo miedo a ese tipo, me siento
avergonzado.
Incluso si se convierte en el Rey de Cornia, ya no tiene relació n contigo,
que te has ido. Cornia está muy lejos y casi no hay interacció n con
nosotros.
—Lo sé . Quizá s no nos volvamos a ver en el futuro. Pero aun ası́, me
siento incó modo y no me agradezco por ser tan dé bil. No deberı́a ser
tan frá gil, sobre todo siendo un caballero a tu servicio.
Quedarse en la mesa le enfrió la espalda. Para evitarlo, Gezell, que habı́a
estado dando vueltas, volvió a abrazar a Rensley.
Incluso la gente valiente tiene cosas en las que no quiere pensar. Es
natural. Pero Rensley, no tienes por qué tenerle miedo a alguien del
otro lado del continente cuando está s aquı́ conmigo.
Ante esas palabras susurradas, Rensley pudo sonreı́r genuinamente,
aunque con retraso. Mirando con expresió n hosca al hombre que se
preocupaba por é l, esta vez acarició suavemente la mejilla de Gezell.
Querı́as consolarme, ¿verdad? ¿Se notaba tanto que me agachara?
No te preocupes. La princesa no pareció darse cuenta.
Es increı́ble. Antes, Ivet siempre era la primera en notar mis reacciones,
pero...
Apoyado en los hombros anchos y robustos, Rensley pudo reı́rse
sinceramente de Gezell, quien, despué s de un rato, acercó su rostro a la
mejilla de Rensley, la apoyó contra ella y luego repitió el gesto del otro
lado. Parecı́a que Gezell, el Gran Duque, estaba haciendo travesuras
infantiles.
Deslizando disimuladamente la mano bajo la camisa de Rensley, Gezell,
como si lo regañ ara, lo reprendió suavemente: «Tu ropa es demasiado
ina. Aunque sea primavera, el frı́o te resiente, ası́ que ponte algo má s
grueso».
¿De qué hablas? Me da vergü enza ser el ú nico que anda ası́. Los demá s
simplemente se desnudan y se broncean. Incluso me pidieron que me
uniera a ellos.
“…Entonces, ¿lo hiciste?”
¡Claro que no! Ni siquiera me atreverı́a. Incluso ahora, siento que hace
inales de otoñ o. Solo mirarlo me pone la piel de gallina.
Al ver a Rensley temblar de disgusto, Gezell sonrió , aparentemente
satisfecho con algo.
De acuerdo. Aunque es primavera, para alguien como tú , de una regió n
cá lida, hace frı́o. Es fundamental abrigarse bien para evitar resfriarse.
Su toque ascendió gradualmente desde la cintura hasta el pecho de
Rensley. En lugar de rechazarlo, Rensley mordisqueó ligeramente los
labios de Gezell y, bajando la mano que lo sujetaba, exploró su irme
cintura y muslos. La sonrisa de Gezell se profundizó un poco má s.
“Dijiste que no te gustaba a plena luz del dı́a”.
“Todavı́a tenemos tiempo hasta la noche.”
Antes de que Rensley pudiera terminar la frase, sus labios se
encontraron de nuevo, apretá ndose con urgencia esta vez. A diferencia
del anterior, que fue má s profundo, lento y persistente, este beso fue un
poco má s impaciente.
Esta vez, sin cuestionar las razones ni ahondar en los pensamientos
internos, Rensley simplemente se abrió al placer que Gezell le
proporcionaba, entregá ndose su corazó n voluntariamente.
Cap. 13.6 - Ciudad Imperial
A la hora de la cena, la larga mesa del comedor estaba repleta de gente.
El jefe del Kyros, má s joven de lo esperado, demostró excelentes
habilidades, propias de una gran reunió n, equilibrando la cortesı́a y la
informalidad.
Rensley, como invitado de Cornia, tomó asiento, ya que no asistı́a a la
gran iesta, ası́ que se sentó en una mesa diferente a la de Gezell. Ivet
tambié n encontró un lugar cerca de Rensley.
He visitado a Aldrant varias veces, pero es la primera vez que nos
vemos en privado. Espero que nuestros altos mandos puedan
establecer y mantener una buena relació n.
Espero lo mismo. Despué s de un largo viaje, por favor, disfrute de su
comida con tranquilidad.
Mientras Gezell alzaba una copa de metal, todos imitaron el gesto y
comenzó la comida. A pesar de parecer modesta en comparació n con
otros festines opulentos, la comida del Castillo de Roudken,
meticulosamente preparada como el propio castillo, carecı́a de platos
improvisados. El jefe de Kyros elogió : «Su Gracia parece tener un chef
experto. He asistido a muchas reuniones por todo el continente, pero
hacı́a tiempo que no probaba una comida festiva tan tradicional».
Reyna, de pie junto a la mesa, sonrió y explicó los platos: «Gracias por
su reconocimiento. Es un plato especial que sigue la receta de mi
mentor. El plato principal se llama «Pescado del Bosque», que parece un
plato de pescado, pero en realidad está hecho con carne de jabalı́.
Incluye diversas especias como jugo de uva, canela, anı́s y clavo, lo que
le da un sabor delicioso. Este pastel, llamado «Jaula Encantadora», se
elabora para conservar al má ximo la forma natural de la carne de
faisá n. Retirar las plumas antes de comer».
Comprendiendo el signi icado oculto de la «cocina tradicional de
festı́n», Rensley sonrió con torpeza. De hecho, para el lı́der de Kyros,
que recorre el continente, una cocina tan anticuada debı́a ser toda una
rareza. Rensley cortó el queso con resignació n. A pesar de la
abundancia de comida, solo habrı́a pan, queso, salchichas y fruta cruda
que mereciera la pena comer hoy.
Mientras Ivet untaba mantequilla en el pan, cortaba con destreza el
pastel que tenı́a delante. Rensley la observaba en silencio mientras
comı́a.
Ivet cortó un trozo grande de pastel y le dio un mordisco. Sus ojos
brillaban de anticipació n y se abrieron de par en par por la sorpresa. Se
tapó la boca con la mano, masticó la comida y luego la tragó .
Sin llamarlo, Ivet miró a Rensley con naturalidad. Sus ojos, expresió n y
pequeñ os gestos transmitı́an un mensaje desesperado.
'¡No tiene buen sabor!'
—Lo sé . Te prepararé algo para picar má s tarde.
Rensley respondió con expresiones, movimientos oculares y gestos.
Al observar a los individuos de clase alta que disfrutaban de la misma
comida, Rensley asintió mientras masticaba pan. Se le ocurrió una
buena idea. Podrı́a cocinar y agasajar a Gezell, Ivet e incluso a la
princesa Frida. Como la princesa parecı́a acostumbrada a la increı́ble
cocina de Reyna, presentarle la cocina sureñ a podrı́a ganarse su favor.
A nadie le extrañ ó que Rensley, quien no era la igura principal del
comedor, se pusiera de pie en medio de la comida. Solo Gezell lo miró
con curiosidad, pidiendo una explicació n.
“Saldré primero y regresaré a mi habitació n”.
Cuando Rensley se acercó y bajó la voz, la expresió n de Gezell mostró
sorpresa.
¿Qué pasa? Sin hablar durante la comida con la princesa.
Quiero prepararle comida a Ivet. Quizá s extrañ e la comida de su
pueblo... Si les parece bien, ¿nos acompañ an la princesa Frida y tú ?
¿Qué les parece?
Gezell, al oı́r palabras inesperadas, arqueó ligeramente las cejas. Ya
fuera por la gran cantidad de gente presente o por otra razó n, no sonrió
ni expresó admiració n, pero pareció agradarle la sugerencia de Rensley.
Si no te molesta mucho, es buena idea. Se lo diré a la Princesa.
Gracias, Su Gracia. Por favor, no coma demasiado y deje espacio.
Incluso sin previo aviso, Rensley, cuando no era comida suya, siempre
comı́a ligero. Gezell sonrió y asintió , como si quisiera decir que era una
buena idea. Dejando atrá s la animada mesa del comedor, Rensley se
dirigió solo al invernadero.
Al abrir la puerta de cristal, el calor hú medo lo recibió . El invernadero
de cristal, diseñ ado para mantener una temperatura cá lida durante
todo el añ o, no habı́a escapado a la in luencia de las estaciones. Con la
llegada de la primavera, la cosecha se volvió cada vez má s abundante, y
el refrescante aroma le llegó a la nariz en cuanto abrió la puerta.
¿Qué preparar? Mientras contemplaba el menú , cosechó hileras de
frutas y verduras recié n cultivadas. Tomates, calabacines largos,
berenjenas, pimientos picantes, diversas verduras de hoja que crecı́an
en el suelo y aceitunas que, aunque no estaban completamente
desarrolladas, habı́an formado varios frutos.
Mientras Rensley llenaba la cesta con la cosecha, recordó ...
precisamente, recordó los ingredientes que habı́a intentado olvidar. La
serpiente de mú ltiples cabezas.
Me cuesta llamarlo ingrediente, pero no puedo dejar el regalo que Frida
le trajo a la Duquesa en un rincó n del almacé n para siempre. Recibı́ un
regalo, ası́ que al menos deberı́a ingir que lo como, ¿no?
En una reunió n con varias personas, incluso ingir tomar unos sorbos
podrı́a satisfacer a la Princesa Frida. Parecı́a la mejor opció n.
Asintiendo para sı́ mismo, Rensley salió del invernadero.
No se habı́a atrevido a pensar en empezar con la caza de la serpiente,
pero afortunadamente, la serpiente ya habı́a sido cuidadosamente
descuartizada por los há biles carniceros y almacenada en el congelador.
Vine a buscar el regalo que preparó la Princesa Frida. Por in, Su Gracia
la Duquesa quiere probarlo.
Cuando Rensley visitó el almacé n de ingredientes, el almacenista
mostró una reacció n. Se llevaban bien porque a ambos les encantaba
cocinar.
¿En serio? ¡Bien pensado! No hay nada mejor para reponer energı́a. Si
se lo das a los niñ os, crecerá n mucho.
¿En serio? ¿Entonces la gente del norte es toda alta?
Es improbable. No es algo comú n; no cualquiera puede comerlo.
Probablemente sea algo que la Princesa preparó como regalo con
mucho esfuerzo.
Ante esas palabras, Rensley sintió resignació n. La idea de comer veneno
de serpiente seguı́a siendo extrañ a, pero parecı́a indudable que Frida lo
habı́a preparado sinceramente como regalo.
Dentro del congelador, el encuentro con el veneno de serpiente fue
signi icativamente diferente a la primera vez que lo vio.
“Este procesamiento hace que parezcan trozos de pescado”.
Ası́ es. Aunque tenı́a un aspecto extrañ o cuando estaba vivo, al
probarlo, su sabor se parece má s al del pescado que al de la carne. Sabe
a pescado grande de carne blanca. De hecho, su sabor es incluso mejor
que el del pescado. Si lo hierves bien, sabe bien tanto para el paladar
como para el cuerpo.
Al oı́r esto, la expresió n de Rensley se tornó seria. Intentar engañ ar a la
princesa Frida sirvié ndole carne con sabor a pescado... ¿Será que la
princesa no estaba acostumbrada a comer carne? En Cornia, donde
abundaba el marisco del mar cercano, Rensley conocı́a bien diversas
recetas de pescado. Recogió con cuidado los grandes trozos de carne y
las espinas, y los complementó con mejillones frescos, almejas, tocino,
salchichas, ajo, cebolla y otros ingredientes.
De vuelta en su habitació n, Rensley preparó los mariscos mientras
llenaba una olla de cobre con agua clara. Colocó la olla en el hogar,
asegurá ndose de que el fuego no fuera demasiado fuerte, y esperó a que
el agua hirviera mientras preparaba los ingredientes.
La carne de serpiente, que supuestamente sabı́a a pescado, mariscos
frescos y verduras recié n cosechadas, ahora que los ingredientes
estaban listos, no habı́a necesidad de pensar en el menú . Una vez que el
agua hirvió , Rensley vertió todos los huesos de serpiente en la olla. Para
obtener el sabor perfecto de la sopa, necesitaba cocerse a fuego lento
durante una o dos horas. Hasta entonces, simplemente podı́a preparar
los demá s ingredientes para su uso inmediato.
«Pero esto solo no será su iciente».
Este era solo un plato para presumir ante la Princesa Frida. La comida
para Ivet y para é l aú n estaba por hacerse. Rensley tomó varios frascos
de vidrio del estante. Al principio, los tomates que desaparecieron
rá pidamente y entristecieron a Gezell ahora abundaban.
Recientemente, habı́a preparado muchas conservas en frasco
escaldá ndolas en agua hirviendo.
Tras picar inamente las verduras recié n recogidas, Rensley colocó una
pequeñ a olla de hierro en el horno. Echó aceite y esperó a que se
calentara antes de añ adir las verduras. Con solo eso, la habitació n
empezó a llenarse de un delicioso aroma. Al percibir el delicioso aroma,
sintió un rugido en el estó mago.
“Ahora que lo pienso, solo comı́ un pedazo de pan y salı́”.
Deberı́a haber resuelto al menos el problema del hambre.
Refunfuñ ando para sı́ mismo, Rensley tomó un tomate fresco y lo
masticó pensativo. A medida que el jugo á cido se extendı́a en su boca,
su apetito, sorprendentemente, se avivó .
Probó las distintas verduras, salchichas y tocino mezclados de forma
intermitente mientras bebı́a de la botella de vino de uva que habı́a
reservado.
Cada vez mejor, Rensley tarareaba mientras añ adı́a mermelada de
tomate a los ingredientes asados. Espolvoreó sal, pimienta y pimentó n.
Lo dejó hervir a fuego lento hasta que las burbujas rojas y espesas se
elevaron por encima de la salsa de tomate, y luego retiró la olla del
fuego.
Antes de servirlo, ajustó la sazó n y añ adió varios huevos y queso. Un
hervor má s y estarı́a listo. Para ser precisos, no era un plato de
Cornualles, sino un mé todo de cocina aprendido de extranjeros que
frecuentaban la zona portuaria. Sin embargo, a Ivet le gustó mucho.
Mientras tanto, la olla colgada en el hogar tambié n hervı́a a borbotones.
Rensley retiró las espinas y coló la sopa. Preocupado de que el sabor
fuera diferente al que esperaba, la probó con cautela con una cuchara.
—¡Mmm...! ¿Está realmente delicioso?
Ciertamente, tenı́a un sabor similar al caldo de pescado, pero con un
toque distintivo. Asar la carne de serpiente en una sarté n nueva con
verduras y luego verter vino blanco de uva hizo que las llamas se
elevaran como si se acercaran a la sarté n. Hacı́a tiempo que no usaba
fuego para cocinar en serio.
Sonriendo, Rensley vertió el caldo sobre la carne asada con veneno de
serpiente y las verduras, llevá ndolo a ebullició n. Estofado de pescado al
estilo de Cornualles. Bueno, precisamente, era estofado de serpiente.
Estaba perfecto. Al contemplar los dos platos preparados justo antes de
terminar, Rensley sintió un orgullo inmenso, como si se hubiera
convertido en un gran chef preparando un gran festı́n.
“¿Cuá ndo terminará el banquete de abajo?”
Tras preparar la comida a toda prisa, parecı́a que aú n quedaba mucho
tiempo para el banquete en el piso de arriba. El eco de la mú sica abajo
indicaba que la celebració n seguı́a en pleno apogeo.
Tras concentrarse en la cocina durante un buen rato, se sentı́a un poco
cansado. Estar tanto tiempo frente al fuego le habı́a hecho sudar un
poco. Rensley se lavó rá pidamente y se puso ropa limpia. Despué s,
sintié ndose un poco aletargado, no tenı́a muchas ganas de volver al
saló n de banquetes.
“Tomé monos un breve descanso.”
Rensley yacı́a en la cama sin siquiera cubrirse con una manta. La
mú sica que sonaba desde el saló n de banquetes de abajo era tan
relajante como una nana.
Cap. 13.7 - Ciudad Imperial
En algú n momento, Rensley abrió los ojos de golpe, sobresaltado por
una sensació n de urgencia, como si acabara de tener una pesadilla.
Aunque pretendı́a tomarse un breve descanso, se habı́a quedado
completamente dormido. No podı́a calcular cuá nto tiempo habı́a
pasado. ¿Acaso el banquete no habı́a terminado ya? Se incorporó
rá pidamente y una voz le llegó desde junto a la cama.
¿Tuviste un sueñ o? ¿Por qué te sorprendes tanto?
Sobresaltado, Rensley, que habı́a estado momentá neamente
desorientado, notó a Gezell sentado en la cama. Parpadeó y se arrastró
hacia é l.
“Su Gracia, ¿cuá nto tiempo dormı́…?”
Debiste estar cansado. No pasa nada por dormir má s.
—No, no puedo. Hoy…
Habı́an preparado mucha comida para compartir por una vez. La
mú sica habı́a cesado y el silencio de la noche lotaba en el aire. Gezell
probablemente consideraba su siesta má s importante que la comida, y
quizá no se molestó en despertarse. Rensley se puso ansioso, sintiendo
que algo andaba mal con todos debido a su prolongado sueñ o.
En ese momento, alguien apartó rá pidamente las cortinas de la cama.
Sorprendido, Rensley giró la cabeza y se encontró con una mirada vivaz
que lo observaba.
¿Ya te levantaste?
“Ivet.”
¡Ya preparé toda la comida, solo le puse huevos y queso! ¿Preparaste
este guiso solo para dá rmelo? ¡Este guiso de pescado sabe
extraordinario! Ren, parece que está s mejorando en la cocina.
Al otro lado de la cortina, la princesa Frida estaba sentada a la mesa del
comedor, alternando entre el guiso y el vino. Miró a Rensley y lo elogió .
Nunca habı́a probado algo tan delicioso. Su Gracia, parece que tiene un
gran talento. Si es caballero del Duque y ademá s cocina, la casa del
Duque debe estar bendecida. Su Gracia, pı́dale a la Duquesa que le
enseñ e a cocinar. ¿Por qué lo ha dejado pasar hasta ahora?
Rensley observaba con la mirada perdida la escena frente a é l. Aunque
era primavera, la noche era frı́a. A un lado, ardı́a una fogata, y al
despertar, se encontró rodeado por su hermana perdida, posiblemente
su futura hermana, y su amada. En lugar de despertarlo, Ivet, quien
habı́a cocinado para terminar la comida, la princesa Frida, elogiando la
comida, y Gezell, velando en silencio por é l hasta que despertó .
Parecı́a una reunió n familiar normal. Aunque la chimenea estaba lejos,
el rostro de Rensley se calentó de repente. Entonces, el hombre sentado
a su lado se llevó la mano a la frente.
¿No tienes un poco de frı́o? Mucha gente se resfrı́a con el cambio de
estació n.
Rensley asintió ené rgicamente y se levantó , agarrando la mano de
Gezell.
—No, Su Gracia, no me siento nada mal. Vamos rá pido a la mesa. La
comida que preparamos hoy es algo que nunca ha probado.
"Lo espero con ansias."
Mientras los vasos recié n llenados tintineaban en el aire, los cuatro
intercambiaron breves bendiciones y comenzaron una nueva comida.
Cuando Rensley explicó los platos, la princesa Frida, con los ojos muy
abiertos, preguntó : "¿Esto es estofado de buche?".
“Sı́, fue un regalo de la princesa, ası́ que intenté cocinarlo má s delicioso”.
Extraordinario. Su sabor es completamente diferente al que conocı́a.
Nunca imaginé que pudiera ser tan delicioso.
Espera, Ren. ¿Carne de buche? ¿Qué es eso? ¿No es pescado?
“Sı́, es bueno para la salud”.
Rensley respondió con naturalidad a la pregunta de Ivet y probaron el
guiso juntos. Al principio, pensó en ingir, pues dudaba que pudiera
comé rselo de verdad, pero una vez que se lo metió en la boca, el sabor
era má s intenso e irresistible que el del guiso de pescado que solı́a
preparar.
“¿Es del gusto de Su Gracia?”
“Tu cocina siempre lo hace.”
Despué s de probar el guiso, susurró mientras tomaba un bocado de un
plato de huevo cocido en tomate.
“Este plato tambié n es delicioso, pero es un poco picante”.
“La pró xima vez usaré menos pimentó n en polvo”.
Aunque habı́a asistido a muchas reuniones agradables, una comida que
lo satis iciera tan profundamente parecı́a algo sin precedentes.
Rensley se sentı́a lleno, incluso sin comer, y bebió un sorbo de vino.
Mientras tanto, Ivet, que habı́a estado comiendo en silencio, habló con
cautela.
“Pero… he tenido curiosidad desde antes.”
"¿Oh?"
—Ren, ¿qué signi ica «Su Gracia»?
Rensley se quedó congelado por un momento.
Cierto. Ivet no tenı́a ni idea de la situació n. ¿Por dó nde empezar a
explicar? Pensativo, Rensley guardó silencio y miró ijamente a Ivet. Sin
embargo, Gezell inició la conversació n.
“La historia era demasiado larga para explicarla por escrito, ası́ que
querı́a conocerte y explicá rtela en persona”.
"Sı́."
Princesa Ivet, originalmente, se suponı́a que vendrı́a a Aldrant como mi
duquesa. Sir Maelrosen vino en su lugar.
Ası́ es. Como estaba huyendo, tardé mucho en enterarme de la noticia
de Ren, incluso despué s de salir de Cornia. Como no podı́a ir solo a
Aldrant, pedı́ ayuda a mis superiores y apenas pude con irmar su
bienestar. Ademá s, Su Gracia, usted me informó personalmente por
carta que se encontraba bien. No tengo palabras para expresar mi alivio
y agradecimiento... A Ren, solo le expreso mi gratitud y mis disculpas.
Gezell repitió la explicació n que le habı́a dado a la princesa Frida. A
medida que avanzaba la historia, la expresió n de Ivet cambió
drá sticamente, y cuando llegaron a la parte donde é l se convertirı́a
formalmente en la duquesa, su rostro, ya lleno de comprensió n, se llenó
de lá grimas.
Su Gracia, si esto es algo que Ren eligió , ¡lo apoyo incondicionalmente!
Por favor, cuide bien de Ren. Es una persona verdaderamente amable y
maravillosa. Esas ratas de la familia real de Cornia, ¡cuá nto hicieron
sufrir a Ren...!
“Un niñ o… Ivet, ¿olvidaste que soy tu hermano mayor?”
Aunque Rensley preguntó en tono burló n, Ivet ingió no haberla oı́do.
Frida, que habı́a estado escuchando en silencio a los tres, apretó el
puñ o ligeramente y luego habló .
Pero no podemos hacerlo pú blico. Pronto tenemos que ir a Pheraira, y
no sé si deberı́a asumir tal responsabilidad rá pidamente. Su Gracia
mencionó que habı́a un duque en Aldrant, pero era má s bien una
formalidad. Los registros mencionan el nombre de otra persona.
“Aunque sea solo una formalidad, el registro de la Duquesa actuando
como representante sigue ahı́”.
“¿Qué piensa Su Gracia?”
Sin estar seguro del signi icado de la pregunta, Rensley apretó los labios
y miró a Frida. La mirada de Frida era penetrante.
¿Te has preparado para convertirte en la Duquesa de Aldrant? La
realeza y la nobleza suelen celebrar matrimonios ceremoniales,
impulsados por sus padres o familiares, pero por eso, cuando haces
algo que llama la atenció n, necesitas una preparació n aú n má s
exhaustiva.
"Hermana."
Incapaz de responder con seguridad que estaba preparado, Rensley
jugueteó con una servilleta debajo de la mesa.
La princesa Frida poseı́a un excelente sentido del discernimiento. Para
alguien que habı́a comandado soldados desde una frı́a y dura fortaleza
del norte durante mucho tiempo, los pensamientos de Rensley parecı́an
super iciales, incluso con unas pocas miradas. Los trucos
probablemente serı́an ine icaces.
Incapaz de responder, se recostó en su silla, como si lo esperara. Su
expresió n no era la de un o icial al mando que preside a un rey, sino la
de una hermana mayor preocupada por su hermano menor.
y p p p
Gezell, entiendo que esté s ansioso por tu afecto, pero no te apresures.
Aunque no haya problemas legales, los matrimonios entre personas del
mismo sexo en la familia real son poco frecuentes y no son bien
recibidos por el pueblo. Ademá s, como duquesa, es extranjero, ası́ que
si algo sale mal, la gente solo lo culpará a é l. Para Su Gracia, que ya vive
aquı́ en armonı́a, anunciar un nuevo estatus al pueblo e ir a saludar al
emperador esta noche serı́a bastante incó modo. Por favor, pié nsalo un
poco má s.
Rensley se sorprendió con sus palabras y la miró ijamente. Parecı́a
comprender los sentimientos de Rensley con mayor precisió n que é l
mismo.
Sintié ndose culpable por dudar a pesar de amar a Gezell, Rensley solo
pensó en prepararse mentalmente hasta el plazo establecido. No
pensaba esperar má s.
Por primera vez en su vida, se sintió cobarde al crear una posició n de la
que pudiera presumir con orgullo. Si la forma de la posició n creada por
quien le habı́a dado un lugar de agradecimiento era una carga, ¿no
deberı́a de alguna manera re inarse para adaptarse a ella?
Sin embargo, las palabras de Frida eran completamente opuestas a los
temores y dudas de Rensley.
'¿Es este el destino?'
La princesa Frida, cinco añ os mayor que Gezell, parecı́a disgustada no
solo con la situació n en sı́. Rensley se tragó en silencio el calor que se le
formaba alrededor del cuello. Si bien apreciaba la preocupació n por é l,
emocionarse frente a Gezell, el duque, debido a una reprimenda pú blica
de su primo, le parecı́a una indiscreció n.
Gezell, que parecı́a perdido en sus pensamientos por un momento,
asintió .
“…Ya habı́a escuchado historias similares del comandante Sorel antes.”
“¿De Anton?”
Las situaciones eran diferentes, pero escuchar palabras similares dos
veces debe ser mi problema. Tienes razó n. Lo discutiré con má s
detenimiento con Sir Maelrosen.
"Está bien."
La discusió n terminó en silencio, pero el ambiente, ligeramente
incó modo, no se recuperó fá cilmente. Entre el tintineo ocasional de la
vajilla, la alegre voz de Ivet fue la primera en romper el silencio.
Aun ası́, creo que es una historia realmente maravillosa. Si los poetas la
escuchan, se apresurará n a componer canciones para ustedes dos,
¿verdad? Me pregunto cuá ndo conoceré a alguien a quien recordar…
“¿No hay gente buena en los rangos superiores?”
Los de alto rango ni siquiera parecen hombres. Ah, hablando de eso, vi a
una persona realmente impresionante antes. Era el comandante de los
caballeros del Gran Castillo.
Rensley miró a Frida sin querer. Sin embargo, Frida tenı́a una expresió n
completamente tranquila e incluso se echó a reı́r.
Ese es Anton. Puede que no sea emocionante, pero es un buen hombre.
Sigue soltero, ası́ que ¿por qué no ser amable con é l mientras visitas a
Aldrant?
¿En serio? ¿Sigue soltero?
“Estuvo a punto de casarse una vez, pero fracasó , ası́ que es un soltero
sin defectos”.
Rensley, al observar la reacció n de Frida, intervino rá pidamente.
“¿Quizá s el comandante Sorel tambié n tenga en mente a alguien?”
¿En serio? ¿Tienes alguna informació n? Llevo fuera casi medio añ o, ası́
que no me gusta oı́r esas noticias.
No, no hay ningú n chisme en particular. Solo pensé que si casi te casas
con alguien, quizá aú n lo guardes en tu corazó n...
Al oı́r esto, Frida se rió aú n má s fuerte.
Te aseguro que no es ası́. Sé un poco sobre ese matrimonio; no fue nada,
solo algo que mis padres presionaron.
Rensley no preguntó má s y se tapó la boca con la copa de vino.
¿Por qué la gente se vuelve sabia y racional solo en asuntos ajenos? Ni
siquiera una excelente perspicacia parece funcionar con normalidad en
lo que respecta a los propios asuntos. Quizá s, a ojos de otros, Rensley
Maelrosen podrı́a considerarse una persona sabia.
El dicho de que el mundo es justo parecı́a ambiguo en tales situaciones.
Cap. 13.8 - Ciudad Imperial
La noche se hizo má s profunda. Frida, declarando que tenı́a que parar,
regresó a su habitació n. Ivet, aú n con la somnolencia a cuestas, estaba
sentada a la mesa del comedor con un vaso medio vacı́o, incliná ndolo
lentamente. Gezell, que no solı́a acostarse temprano, y Rensley, que no
dormı́a siestas cortas, permanecı́an sentados a la mesa con la vista
despejada.
“Rensley.”
"Sı́."
“¿Quieres posponer la reunió n con el emperador?”
Gezell, que llevaba un rato bebiendo vino, sacó a relucir de repente la
conversació n anterior. Rensley dudó antes de responder con sinceridad.
Para ser sincero, sı́. Nunca he estado en Pheraira, y conocer al
emperador, la má xima autoridad del continente, me pone bastante
nervioso. Pre iero no conocer al emperador.
Rensley se quedó en silencio. El emperador y la atenció n ajena eran sin
duda factores, pero la razó n por la que Rensley dudaba cada vez má s
sobre este ritual residı́a en un lugar inesperado.
Gezell parecı́a ajeno a la incomodidad que sentı́a Rensley desde que se
enteró de que Fé lix se habı́a convertido en rey. El hecho de que un
hombre del otro extremo del continente heredara el trono no tenı́a
nada que ver con que Rensley se convirtiera en Gran Duquesa.
No habı́a una razó n clara para el malestar, pero Rensley habı́a sentido
ocasionalmente esa sensació n desde la infancia, como si el viento que
rozaba sus oı́dos le estuviera dando una advertencia.
—Pero si no es por el emperador, ¿te sientes má s preparado para
cambiar tu vida como mencioné antes?
—Sı́, claro. Eso parece.
De acuerdo con Gezell, quien mencionó otra razó n, Rensley asintió .
Tras escuchar las palabras de la Princesa, me doy cuenta de que quizá
me apresuré demasiado en mis deseos. Lo importante es tu corazó n, no
que los demá s reconozcan tu estatus... Si es necesario, podrı́amos
considerar buscar un representante para la ceremonia de Alhein.
Podrı́as modi icar el plan ligeramente, quizá s revelando que la actual
Gran Duquesa renuncia y nombrá ndome a mı́ como la nueva, en lugar
de revelar que siempre he sido la Gran Duquesa. La gente suele ser
indulgente con los nuevos matrimonios.
Gezell mostró una expresió n amarga, pues querı́a evitar que su
matrimonio con Rensley se convirtiera en un nuevo matrimonio. Sin
embargo, su tono indicaba un compromiso.
"¿Dé jame manejar eso?"
Rensley y Gezell miraron a Ivet simultá neamente. Ivet inclinó
ligeramente la cabeza hacia adelante.
Si es por orden del rey, deberı́a haber venido, ¿verdad? El nombre que
le di al emperador en Cornia tambié n es el mı́o, ¿verdad? Ası́ que, si
ocupo el lugar de Rensley esta vez para el Alhein, nadie tiene por qué
mentir. Despué s de regresar de Pheraira, siguiendo tus palabras,
podemos tomarnos un tiempo para abdicar en mi nombre y luego dejar
que Rensley asuma el cargo de la nueva Gran Duquesa. ¿Qué les parece?
Les dará a ambos tiempo de sobra para prepararse para el futuro.
Rensley abrió mucho los ojos. Giró la cabeza rá pidamente y miró a
Gezell con ojos brillantes.
¡Su Gracia! Entonces tampoco deberı́a haber ningú n problema con Ivet.
Al in y al cabo, es cierto que Ivet se opuso a las ó rdenes del emperador
y el rey y huyó . Esa era una de las cosas que nos preocupaban
inicialmente.
"Mmm…"
La expresió n de Gezell todavı́a era dudosa, como si no pudiera tener
plena con ianza, pero asintió .
Cierto. Si vamos a buscar un sustituto de todas formas...
consideré moslo.
En opinió n de Rensley, parecı́a la mejor propuesta en ese momento.
—Ivet, eres una hermana maravillosa. —Cuando Rensley hizo un gesto
con el pulgar hacia arriba, Ivet tambié n levantó el suyo en respuesta.
Me alegra poder ayudarlos a ambos. Me gustarı́a quedarme má s tiempo,
pero acabo de llegar y estoy un poco cansado. Me despido.
—Claro, Princesa. Pensaremos má s en la propuesta que sugeriste.
“Entonces, que pases una buena noche.”
Cuando Ivet se fue, Rensley y Gezell se quedaron solos en la habitació n,
como de costumbre.
Los platos de comida estaban vacı́os, pero aú n quedaban algunos dulces
de colores que Ivet habı́a traı́do como regalo y postre. Rensley se metió
uno en la boca, pensando en limpiar la mesa bruscamente para mañ ana
por la mañ ana, y miró a Gezell.
—Su Gracia, ¿no deberı́a descansar ya? No tengo mucho sueñ o desde
que me quedé dormido antes.
Yo tampoco tengo mucho sueñ o. Podemos dejar la limpieza para má s
tarde, y como todavı́a queda vino, podemos quedarnos despiertos un
rato má s.
Ser el compañ ero del rey tenı́a sus ventajas, una de las cuales era poder
evitar por completo las tareas molestas. Dejando la mesa desordenada
como estaba, Rensley se acercó a Gezell, acercó una silla y se sentó a su
lado. Apoyando la cabeza en el hombro de Gezell, susurró .
Su Excelencia, gracias. Disfruté mucho hoy. Fue como una reunió n
familiar.
Gracias a Sir Maelrosen por el ambiente tan agradable. Hacı́a mucho
que no comı́a ası́.
—No, es gracias a que Su Gracia invitó a Ivet. Aunque hubo ocasiones
en que varios miembros de la realeza se reunieron para comer en
Cornia, no podı́amos llamarlo una reunió n familiar. Rara vez asistı́a a
esos eventos.
“Ahora que lo pienso, no viviste en el palacio de Cornia desde el
principio, y nunca he escuchado la historia de cuando vivı́as fuera”.
La mano de Gezell acarició la mejilla de Rensley desde la cabeza.
Rensley entrecerró los ojos y esbozó una sonrisa iró nica.
Parecı́a que mi madre me crio sola y enfermó gravemente. No podı́a
dejarme sola, ası́ que realizó el ritual de con irmació n de parentesco y
me con ió al palacio. No pude mencionar a mi madre y no habı́a forma
de saber qué le habı́a pasado. Probablemente ya no estuviera en este
mundo.
“Hablas como si lo hubieras oı́do de otra persona”.
Ası́ es. No recuerdo mucho. Era demasiado joven. Si tuviera recuerdos
vı́vidos, quizá querrı́a verla, pero por suerte no fue ası́. Aun ası́, parecı́a
una buena madre. Aunque no hay nada que destaque en particular, a
veces pienso en los sentimientos de mi primera infancia. Parecı́a
agradable.
Rensley acarició la mano de Gezell. Su mano se sentı́a bien. Desde
pequeñ o, Rensley no rehuyó tareas como la cocina o el establo, y a
diferencia de las manos de Rensley, á speras por correr tras é l y
presumir de haber aprendido esgrima en el mercado, las manos de
Gezell eran impecablemente largas y elegantes, dignas de la realeza. Sin
embargo, en lugar de sentir los huesos sobresaliendo y el tamañ o
grande e impresionante, daba una sensació n de pulcritud.
Hoy, mientras el sol estaba en su cenit, giró los dedos de Gezell hacia
atrá s. El duque Gezell presionó persistentemente a Rensley hasta que
tartamudeó . De no saber ni lo bá sico y de luchar con mé todos torpes
durante sus primeros encuentros, Rensley se habı́a vuelto tan há bil que
era imposible de vencer. La torpeza del pasado ahora le parecı́a algo
adorable.
'¿Por qué de repente me vienen pensamientos tan inapropiados?'
Rensley, cuya re inada sensibilidad estaba nublada por tales
pensamientos, picoteó suavemente los largos dedos de Gezell desde las
elegantes yemas. En respuesta, Gezell bajó la cabeza y, al instante
siguiente, sus labios cubrieron los de Rensley como si quisiera
devorarlo.
¿Lo pillaron pensando algo lascivo al mirarse la mano? El beso
repentino se profundizó rá pidamente, y Rensley, al sentarse, sintió que
se le derretı́a la cintura, ası́ que se agarró a los brazos de Gezell.
Su lengua se hundió profundamente en la boca de Rensley y luego se
retiró con suavidad. Sin darse cuenta, Rensley abrió la boca de par en
par, y en lugar de sentir có mo se deslizaba densamente, la lengua de
Gezell se deslizó profundamente, retorcié ndose en su interior. Su saliva
se mezcló en sus bocas. El sabor del caramelo aú n no derretido se
extendió con má s densidad por la lengua, dulci icando toda la boca.
"Mmm…."
Su cabeza se encendió con los movimientos de la lengua, que sugerı́an
abiertamente una unió n sexual. En contraste con el elegante y re inado
beso del rey, parecı́a demasiado vulgar.
Cuando sus rostros inalmente se separaron, Gezell extendió la lengua
como para presumir. El dulce, que se habı́a vuelto má s pequeñ o, ahora
estaba en su lengua. Rensley sujetó con fuerza las mejillas del rey,
cerrando sus labios.
“Ah… nunca te habı́a enseñ ado este tipo de beso.”
"¿Qué clase de beso es este?"
Gezell respondió con un susurro, lamiendo suavemente la oreja de
Rensley esta vez. A pesar de soltar un gemido, Rensley siguió
quejá ndose.
“Se siente como los besos de los matones del callejó n… es, eh, como
esos besos desordenados…”
"¿Eso es un cumplido?"
"No."
Segú n los libros, iró nicamente, las relaciones nocturnas, que son algo
vulgares, tienen mayor valor. ¿Has estudiado por tu cuenta?
Llamé moslo conocimiento aplicado. Tras aprender lo bá sico, toda
disciplina acadé mica depende de las habilidades aplicadas de cada
individuo.
Rensley se lamió los labios humedecidos. Debido al caramelo, tenı́a los
labios pegajosos por el beso. Se los secó con una servilleta y miró a
Gezell.
“Lo robaste mientras lo saboreaba, ¿no?”
Es dulce besarse. Hagá moslo ası́ la pró xima vez.
—No, no podemos. Quiero saborearlo má s tiempo.
¿Tanto necesitas saborearlo? Aú n queda mucho por aquı́.
Pre iero saborear dulces durante mucho tiempo, no morderlos. Ahora
que puedo comprar los mı́os, me basta, pero he desarrollado el há bito
de saborearlos. De joven, ¿acaso no les gustaban a todos los dulces?
Pero esos insensatos humanos, mientras se daban el gusto con lo que
les apetecı́a delante de mis ojos, no me dejaban comer ni un solo dulce.
Los dulces para niñ os los administraban los maestros de palacio, no los
chefs.
“Si te conviertes en mi duquesa, construiré una montañ a de dulces para
ti”.
“¿Dó nde aprendiste a decir esas cosas mientras leı́as libros difı́ciles
todos los dı́as?”
Gezell abrazó al quejoso Rensley. En la habitació n del Duque,
probablemente ya habı́a una bañ era llena de agua fragante y cristalina
para el bañ o nocturno. Rensley rodeó perezosamente la cintura de
Gezell con sus piernas. Aunque se quejaba ası́, cada dı́a era una noche
de lujo.
Tumbados en la cama, sin ropa tras lavarse bien el cuerpo, miraban
ijamente al techo. La primavera es primavera. Mientras el brasero esté
encendido, aunque deambulen desnudos por la habitació n, sus cuerpos
no se enfriará n pronto.
“Ahora que lo pienso, tengo algo que darte”.
Gezell abrió el cajó n junto a la cama. Rensley, envuelto en la manta, se
quedó mirando la pequeñ a bolsa marró n claro que sacó .
¿Qué es esto? Ademá s de lo que me enseñ aste antes en la habitació n,
¿habı́a algo má s?
Lleva esto contigo cuando vayas a Pheraira. Es un amuleto que bloquea
las maldiciones. Es algo que el Gran Mago bendijo personalmente.
Rensley aceptó la bolsa que le entregó . Al abrirla, un pequeñ o brazalete
azul con gemas incrustadas cayó en su palma. Aunque Rensley ya habı́a
visto gemas, el colgante con forma de za iro del brazalete era diferente
a cualquier gema que hubiera visto hasta entonces.
“Parece una piedra má gica.”
“Ahora reconoces las piedras má gicas”.
¿Preparó esto a propó sito para mı́? ¡Gracias, Su Gracia! Sin duda lo
llevaré conmigo.
Rensley sonrió feliz al ponerse el brazalete. El adorno azul contrastaba
con su piel clara. La expresió n de Gezell se suavizó .
“Te queda muy bien.”
Ası́ es. Ya sea ropa o accesorios, lo que me pongo me queda bien.
“Es cierto, pero te ves hermosa incluso cuando no llevas nada puesto”.
"Oh sı́…"
Tras una respuesta vaga, se oyó otra risa traviesa. Los brazos de ambos
se entrelazaron con fuerza. La risa que brotaba con facilidad incluso de
bromas triviales se apagó pronto tras otro beso.
Cap. 13.9 - Ciudad Imperial
Por suerte, al dı́a siguiente no hubo entrenamiento. Tras pasar un buen
rato juntos en la habitació n del Duque la noche anterior, inalmente se
durmieron. Cuando Rensley despertó , má s lento de lo habitual, Gezell
ya habı́a salido de la cama. Que no hubiera entrenamiento para la
Orden de Caballeros no signi icaba que fuera un dı́a de descanso para el
Duque.
En la mesita de noche, habı́a una nota dejada por Gezell. Tras leerla,
Rensley desayunó rá pidamente una tortilla y se dirigió a la habitació n
de Ivet. En cuanto abrió la puerta, una voz animada resonó como una
canció n.
¡Ay, có mo es que tienes el pelo tan bonito! Cae con suavidad sin
necesidad de mucho aceite. ¡Mira qué tez! ¿Todas las sureñ as son tan
encantadoras con las mejillas sonrosadas? Ni siquiera necesitas mucho
maquillaje. Dicen que trabajas en un puesto de alto nivel, pero tienes las
manos un poco á speras. No te preocupes. Si empiezas a cuidarlas desde
hoy, enseguida estará n suaves como la seda. ¡Qué belleza! Si te pones el
vestido recié n hecho, todos te mirará n como a una princesa.
La persona que con entusiasmo pronunciaba un monó logo como un
actor de teatro era Lady Samlet, quien estaba ayudando a Ivet, quien
habı́a asumido el papel de duquesa temporal que hasta ahora habı́a
sido de Rensley.
La nota de Gezell explicaba que habı́an aceptado las tareas propuestas
por Ivet. Ivet habı́a comenzado a prepararse para presentarse como
Duquesa de Aldrant ante el Emperador a partir de hoy.
Planeaba retomar la etiqueta cortesana, que habı́a olvidado
temporalmente debido a su vida de comerciante, y arreglar su cabello y
atuendo algo desordenados. Sentada frente al espejo, Ivet respondió
con una sonrisa.
Hace tiempo que no me maquillo. Antes me resultaba molesto, pero
ahora que lo hago por decisió n propia, lo disfruto.
Lady Samlet solı́a felicitar a Rensley por su apariencia al vestirlo de
mujer. Aunque le resultaba bastante incó modo, presenciar sus sinceros
elogios hacia la bella princesa le hizo comprender que los cumplidos
que habı́a recibido hasta el momento eran meros saludos corteses.
Rensley se acercó a ambos con una sonrisa iró nica.
“Ivet, ¿alguna vez has recibido elogios tan extravagantes desde que
naciste?”
Es la primera vez. Lady Samlet, me dan ganas de casarme con usted
despué s de oı́r eso.
—Bueno, bueno. Por desgracia, he decidido no volver a casarme. Pero
aceptaré con gratitud los sentimientos de la princesa.
“Dios mı́o, entonces ahora…”
Ha pasado mucho tiempo desde que nos separamos. Aun ası́, como tuve
muchos hijos de joven, siempre hay mucho ruido. Gracias a que trabajo
en el castillo, no es tan difı́cil criar a los niñ os sola, ası́ que nunca pensé
en volver a casarme.
Rensley se enteró por primera vez de que era viuda. Sabı́a que tenı́a
varios hijos e hijas adultos, pero al ver a los dos algo avergonzados,
Lady Samlet rió con ganas.
No es una historia triste. Ocurrió hace mucho tiempo, ası́ que ahora es
má s nostá lgica que triste. Con el tiempo, la tristeza se desvanece y solo
los buenos recuerdos se hacen má s nı́tidos. Ahora, dé jame peinarte. Al
natural, para que no te duela mucho la cabeza... Ah, qué esplé ndido,
princesa.
—Señ ora, ¿no solı́a decir que yo era la má s bonita? ¿Ahora se ha ijado
en Ivet?
Claro, incluso Rensley con ropa de mujer es hermoso. Pero hay una
diferencia entre un hombre vestido de mujer y una mujer de verdad
disfrazada, ¿no? Rensley tenı́a que disimular su fı́sico, ası́ que los
vestidos que podı́a usar eran demasiado limitados. ¿No estará s celoso,
Rensley?
¿Celosa? Señ ora, no sabı́a que fuera tan alegre. Antes me consideraban
la má s bella entre las antiguas duquesas...
Mientras ingı́an estar molestas y se burlaban, Ivet, que se habı́a estado
mirando al espejo, preguntó con naturalidad: "¿Vamos juntas a
Pheraira? ¿A la Ciudad Imperial?".
¡Claro! Voy como miembro de la Orden de Caballeros al servicio del
Duque. Será mi primera visita al Imperio. Tengo muchas ganas.
Te encantará . Celestina tambié n se considera una capital bastante
grande y hermosa, pero la escala de la Ciudad Imperial es enorme.
g y p p
Verá s muchas cosas por primera vez.
No era una exageració n. Tras ser relevado de la pesada tarea de servir
como Alquimista Imperial, Rensley estaba entusiasmado todo el
tiempo, esperando su primera visita a Pheraira.
Pheraira, la tierra del Emperador, alabada por los aventureros como un
lugar que todos deberı́an visitar antes de morir. La capital, Molbessa,
era la ciudad má s pró spera de todo el continente.
Desde niñ o, Rensley disfrutaba imaginando paı́ses que nunca habı́a
visitado mientras escuchaba las historias de los viajeros que recorrı́an
el continente. Si no podı́a tener nada, deseaba al menos disfrutar de la
libertad al má ximo, pero la familia real de Cornia, alegando la gestió n
del honor del rey, habı́a atado los pies del prı́ncipe.
Aunque le dijeron que podı́a ir a cualquier parte con el permiso del rey,
como nunca se lo concedieron, era solo una condició n vacı́a. Tras
alcanzar la madurez, visitó las zonas cercanas a Cornia varias veces,
pero cruzar la frontera hacia Aldrant fue la primera vez desde que lo
trajeron allı́.
Por cierto, Ren, debiste dormir muy tarde ayer. Te ves cansado.
“Sı́, un poco.”
Regresé a mi habitació n porque yo tambié n estaba cansado, pero
curiosamente no pude dormirme enseguida. Habı́a una novela en el
dormitorio, ası́ que leı́ un poco antes de dormirme.
El efecto vigorizante de la carne de serpiente fue tan notable que
incluso despué s de enredar sus cuerpos dos veces la noche anterior, los
dos no se durmieron inmediatamente.
Gezell desplegó un mapa bastante grande sobre la cama. Como quien
enseñ a geografı́a a un niñ o, explicó el camino a Pheraira, señ alando
cada lugar a Rensley. Al ser una visita para reunirse con el Emperador,
serı́a una misió n diplomá tica considerable, por lo que tendrı́an que
soportar el consumo de magia y los costos, y usar dispositivos de viaje
de larga distancia divididos en varias etapas.
Aunque la magia no conocı́a fronteras, los humanos decidı́an dó nde
podı́an y dó nde no cruzar y establecı́an reglas en consecuencia. Para
atravesar los dispositivos má gicos en las fronteras de cada paı́s, habı́a
procedimientos que seguir.
Por lo tanto, incluso con magia, se decı́a que tomarı́a má s de diez dı́as
atravesar algunas regiones y paı́ses para llegar a Pheraira. De hecho,
Gezell habı́a estado allı́ varias veces, pero le pareció aburrido y difı́cil.
Sin embargo, Rensley replicó con una sonrisa. Insistió en que en aquel
entonces era aburrido solo porque el Duque iba solo, y que un viaje
juntos no podı́a ser aburrido. Aunque el camino estuviera lleno de
maleza y rocas, serı́a agradable si estuvieran juntos. Al oı́r esto, Gezell
rió entre dientes y susurró que, en realidad, pensaba lo mismo.
Autor de novelas originales y traductor de novelas coreanas (⑅˘͈ ᵕ ˘͈ )
Sié ntete libre de compartir tus pensamientos en los comentarios, ya sea
que se relacionen con mis proyectos de traducció n o mis obras
originales; tus comentarios son muy apreciados y brindan un aliento
reconfortante (⁄ ⁄•⁄ω⁄•⁄ ⁄)
Cap. 14.1 - Invitado no invitado
Las murallas de la ciudad eran imponentes y las puertas eran enormes.
Las grandes puertas estaban abiertas de par en par, dando la
bienvenida a los visitantes.
Esta era Molbessa, la ciudad donde se encontraba el palacio imperial
del Imperio Pheraira. Era luminosa, y fue la primera impresió n que
Rensley tuvo de la capital imperial. A diferencia de otras fortalezas que
cerraban sus puertas prepará ndose para posibles invasiones, la puerta
central de Molbessa no estaba cerrada. Parecı́a signi icar apertura a
todos los visitantes y mostraba una actitud orgullosa que nadie se
atreverı́a a invadir.
"¡Ingresar!"
Al concluir el proceso de veri icació n, el guardia de vanguardia gritó
con fuerza, lo su icientemente alto como para que todos lo oyeran. Las
ruedas de los carruajes detenidos comenzaron a girar, y la larga
procesió n entró en la capital imperial. Entre la caballerı́a que los
escoltaba, Rensley observaba el paisaje de la capital imperial a medida
que avanzaban.
"Asombroso…."
Rensley murmuró para sı́ mismo sin querer. Sus ojos violetas brillaban
como cuentas, re lejando el entorno.
En el viaje hacia la capital imperial, dejando temporalmente a Aldrant al
cuidado de la princesa Frida, el enviado diplomá tico habı́a viajado por
varios paı́ses durante unos diez dı́as. Desafortunadamente, la
predicció n de Gezell de que serı́a aburrido y arduo resultó ser acertada.
El viaje con un grupo numeroso no fue tranquilo, y a pesar de la rara
oportunidad de un viaje de ida, todos estaban má s concentrados en
controlar su cansancio dı́a a dı́a que en disfrutar de la expedició n.
Incluso Rensley, quien no se habı́a preocupado por usar dispositivos de
teletransportació n con frecuencia dentro de la fortaleza, sintió una
ligera sensació n de letargo alrededor del cuarto dı́a. Los breves
desplazamientos dentro del edi icio y el transporte má gico a travé s del
continente le impusieron distintos niveles de tensió n fı́sica.
Aunque Gezell y los magos, por supuesto, no tenı́an di icultades, la
gente comú n que no usaba poderes má gicos con regularidad se agotaba
rá pidamente. Incluso con tiempo libre, en lugar de explorar o hacer
turismo, la mayorı́a se concentraba en descansar. Al in y al cabo, el
destino inal no eran los paı́ses por los que pasaban, sino Pheraira.
A pesar del persistente arrepentimiento por el camino recorrido,
Rensley se sintió aliviado al entrar en la capital imperial. Claro que cada
paı́s tenı́a sus atracciones, gastronomı́a y encantos ú nicos, pero ningú n
otro lugar podı́a compararse con este paisaje.
—Stan, ¿has estado aquı́ antes?
“Para mı́ tambié n es mi primera vez.”
Tras intercambiar unas palabras con su compañ ero, Rensley respiró
hondo. Stan parecı́a igualmente tenso.
A pesar de la procesió n en curso, el ancho camino permitı́a el libre
trá nsito de personas y carruajes. El pavimento, liso y decorado con
piedras de diversos colores, relucı́a con destellos plateados a la luz del
sol.
Se plantaron á rboles frutales y lorales a lo largo de la carretera, y la
gente que caminaba por las calles lucı́a ordenada. Las tiendas que
bordeaban la calle principal tambié n estaban limpias, y las expresiones
de los niñ os que jugaban frente a ellas eran alegres.
Como era propio de una gran ciudad, se veı́a gente de fuera por todas
partes. Las calles que se bifurcaban de la carretera principal estaban
pulcramente pavimentadas y parecı́an animadas a su manera. La plaza
central lucı́a una alta torre de reloj, una vista sin precedentes para
Rensley. Como alguien que disfrutaba de la bulliciosa vida urbana, no
pudo evitar sentirse emocionado.
La procesió n del duque Aldrant continuó avanzando a travé s del
cautivador paisaje que atraı́a la mirada de Rensley en todas direcciones.
A medida que avanzaban, el palacio imperial, situado a lo lejos, se
revelaba gradualmente en el horizonte, como una gran montañ a visible
incluso desde la distancia. El castillo imperial, con sus tejados
puntiagudos que se alzaban hacia el cielo como la punta de una lanza,
se alzaba imponente, dá ndole una presencia imponente.
Rensley miró ijamente el castillo, que parecı́a má s un castillo que un
simple edi icio. Mientras acompañ aba a la escolta, sin saber si podrı́a
ver al emperador de cerca, Rensley sintió que el corazó n le latı́a con
fuerza a medida que el castillo se acercaba. La deslumbrante luz del sol
iluminaba las banderas que ondeaban en los tejados.
“Como hoy es el dı́a de llegada, Su Gracia solo intercambiará breves
saludos. Pueden esperar afuera”, anunció Anton, el lı́der de la escolta, al
entrar inalmente en el castillo imperial. Solo unos pocos caballeros de
alto rango, incluido Anton, los acompañ aban.
Aunque entraron en Molbessa temprano por la mañ ana, al llegar al
castillo imperial, el sol ya habı́a alcanzado su cenit por la tarde. El
acceso al castillo imperial tambié n llevó algo de tiempo debido a
diversos trá mites.
Dentro del castillo imperial, se respiraban escenas pintorescas por
doquier, pero sus tareas aú n no habı́an concluido. Los caballeros
permanecieron vigilantes, sin relajarse ni desviar la mirada
descuidadamente.
La puerta del carruaje má s grande y lujoso, en medio de la procesió n, se
abrió con un chirrido. Gezell Jivendad, vestido de gala, descendió
primero y extendió la mano. Una mano enguantada emergió con gracia
del carruaje, e Ivet, ataviada con un vestido verde y una pequeñ a
corona en la cabeza, descendió . Aparte de la pequeñ a corona, no llevaba
velo, lo que dejaba al descubierto su rostro.
“Gracias, Su Gracia.”
"De nada."
La asamblea caballeresca se sumió en un silencio sepulcral, conmovida
por la cariñ osa aparició n de la pareja ideal. Stan, que habı́a
permanecido callado hasta entonces, susurró con un tono cargado de
emoció n: «Nunca pensé que llegarı́a el dı́a en que conocerı́a a Su Gracia
la Gran Duquesa».
En lugar de ofrecer una respuesta adecuada, Rensley se limitó a reı́rse
entre dientes. Aunque eran una pareja falsa para engañ ar a los
espectadores, Gezell e Ivet eran una pareja que parecı́a perfecta a ojos
de cualquiera. Era una idea absurda, pero Rensley se imaginó qué
habrı́a pasado si... ¿Y si Ivet hubiera seguido voluntariamente las
ó rdenes del rey de ir a Aldrant, aceptado el cargo de Gran Duquesa y
vivido en el norte? ¿Se habrı́an enamorado?
Es un problema sin solució n, de todos modos. No puedes estar seguro
de si habrı́a sucedido o no.
Sumido en sus pensamientos por un momento, Rensley estalló en
carcajadas. Quizá s el encuentro planeado originalmente y su
conversió n en pareja habrı́a tenido un resultado natural y mejor en
todos los aspectos. Sin embargo, a pesar de eso, existı́a la sensació n de
que, independientemente de quié n interpretara el papel de Rensley, no
podrı́an ser tan felices como ahora.
¿Por qué ? No hay pruebas. Es una con ianza casi arrogante e infundada,
pero da pie a una fe efervescente.
Gezell, que estaba a punto de entrar al palacio imperial con Ivet, giró la
cabeza con expresió n indiferente. La mirada de Rensley se cruzó con la
suya.
Rensley sonrió ampliamente, y la mirada de Gezell bajó levemente, casi
imperceptiblemente, a diferencia de otros que no lo notaron.
Levantando la mano y haciendo un gesto como de saludo, Gezell se dio
la vuelta.
Aunque no pudieron darse la mano, el momento fue conmovedor. El
preciado y tierno afecto del poderoso rey del norte era un tesoro que
solo Rensley conocı́a.
Con sus capas ondeando al viento, ambos, junto con sus acompañ antes,
comenzaron a subir las escaleras. Los miembros de la escolta alzaron la
vista hacia las escaleras y, una vez que sus iguras desaparecieron por
completo, se relajaron un poco y comenzaron a charlar en voz baja.
Naturalmente, el tema ahora giraba en torno a la Gran Duquesa, cuyo
rostro inalmente se reveló .
“Pensé que se verı́a bastante grave, pero me alivia ver que se ve
saludable”.
Es má s hermosa de lo que imaginaba. ¿No le sienta de maravilla a Su
Gracia el Gran Duque?
“Nunca creı́ esos rumores que decı́an que ellos dos no se llevaban bien
desde el principio”.
Los murmullos llegaron con claridad a oı́dos de Rensley. Sin embargo,
de pie junto a é l, Stan miraba ijamente el lugar por donde habı́an
desaparecido el Gran Duque y la Duquesa, sin decir palabra. Rensley le
dio un codazo en el costado.
¿Por qué está s tan despistado? Ni siquiera es hora libre; necesitas estar
alerta.
"¿Eh? Ah, sı́. Claro."
Entonces, Stan miró directamente a Rensley. Rensley se encogió de
hombros.
"¿Por qué me miras ası́?"
—Parecen un poco similares. ¿Alguien de la misma familia los trajo
aquı́? —A pesar de su apariencia despreocupada, Stan
inesperadamente tenı́a una mirada aguda. Sintiendo un cosquilleo,
Rensley le puso la mano en el hombro.
Probablemente la gente de este lado vea algú n parecido. Pero, ¿es
realmente tan grande el palacio imperial? Parece excesivo.
—Sı́. Probablemente sea para demostrar la autoridad del emperador,
pero…
El inal de la frase de Stan estuvo acompañ ado de una expresió n algo
incó moda. Las preferencias prá cticas y minimalistas de los habitantes
de Aldrant, que apreciaban la e iciencia y detestaban la extravagancia,
contrastaban con los excesivos adornos del palacio imperial.
Por otro lado, los habitantes de Cornia disfrutaban de las
extravagancias. A Rensley, quien apreciaba tal esplendor, incluso la
magnitud del palacio imperial le parecı́a asombrosa. Má s intrigado que
repelido, Rensley miró a su alrededor con una mirada de aprobació n.
Por cierto, ¿has oı́do esa historia? Supuestamente Pheraira tiene un
enorme bañ o pú blico al aire libre.
¿Un bañ o? ¿De verdad necesitan que sea tan grande?
No tiene sentido. No es un bañ o; es un lugar para nadar, no para
bañ arse. Con este tiempo, parece que se puede nadar al aire libre
durante el dı́a. Espero de verdad que podamos ir esta vez.
“¿Nadar al aire libre, incluso cuando no es una fuente termal?”
Stan, quien habı́a vivido en un paı́s frı́o, habló con incredulidad ante la
idea de estar en el agua frı́a afuera. Mientras ambos discutı́an esto, otro
asistente que estaba detrá s de ellos se unió apresuradamente a la
conversació n.
Quizá s puedas ir. Nos quedaremos aquı́ al menos una semana. Despué s
de saludar al emperador, los asistentes tendremos un horario rotativo,
ası́ que tendremos tiempo de sobra para explorar el exterior. He oı́do
que vale la pena verlo. Tengo muchas ganas de ir.
Durante el invierno, Gezell le habı́a mencionado a Rensley varias veces
que, al llegar la primavera, debı́an ir a las aguas termales. Sin embargo,
este añ o, con el largo viaje para reunirse con el emperador y la agenda
apretada que se esperaba, parecı́a difı́cil. La primavera y el verano de
Aldrant fueron cortos, lo que los hacı́a aú n má s preciados.
Aun ası́, Rensley no querı́a renunciar a las actividades acuá ticas.
Durante su estancia en Cornia, excepto en invierno, pasaba sus horas
libres nadando todos los dı́as. Por lo tanto, para Rensley, quien
esperaba con ilusió n la oportunidad, era algo que no podı́a ignorar.
Aunque la charla se volvió tediosa, cuando los o iciales reaparecieron
en la escalera alta, los asistentes se pusieron tensos de inmediato,
ajustaron sus posturas y los miraron. Mientras bajaban las escaleras
con paso decidido, hicieron un gesto para indicar la disolució n.
Ya pueden ir a sus aposentos. Los sirvientes del palacio los guiará n, ası́
que sı́ganlos.
"¡Sı́!"
Gezell e Ivet no regresaron, y Anton no estaba a la vista. Rensley echó
un vistazo rá pido a las escaleras antes de seguir adelante con los demá s
asistentes.
El lugar al que llegaron, siguiendo a los sirvientes del palacio, era un
anexo para invitados externos. El anexo era igual de lujoso, con
decoraciones a juego con los edi icios principales, amplios ventanales y
un interior espacioso.
“Las habitaciones está n asignadas para que cada uno de ustedes las
utilice individualmente”.
Siguiendo las instrucciones de los lı́deres, los asistentes del palacio los
guiaron a sus habitaciones. Mientras cada uno organizaba sus
pertenencias, uno de los asistentes hizo una pregunta sutil, y la
conversació n llegó a oı́dos de Rensley.
He oı́do que hay un bañ o al aire libre en Pheraira. ¿A qué distancia está ?
No está lejos. Si vas a caballo, llegará s rá pido.
La conversació n que Rensley escuchó sin querer no escapó a los
asistentes del palacio. Sin embargo, estos, ahora aparentemente
relajados, solo rieron entre dientes, mezclando bromas juguetonas con
sus bromas.
¿Ya solo piensas en divertirte? Bueno, como probablemente sea la
primera vez que estos chicos vienen a Pheraira, no podemos evitarlo.
Las dos Gracias y el comandante se alojará n en el palacio principal. Nos
turnaremos para la seguridad. Hoy recibimos o icialmente a Su Gracia,
y en unos dı́as planeamos celebrar con un banquete como Dios manda
su visita y matrimonio. Para entonces, toda la unidad tendrá que estar
de guardia.
"¡Sı́!"
Como hoy es el primer dı́a, recojan sus cosas. Nosotros nos encargamos
de la seguridad, ası́ que sié ntanse libres de disfrutar hasta la hora de
comer. Pero regresen puntualmente. Recuerden, esto no es un lugar de
vacaciones. Tengan en cuenta que cualquier mala conducta como
guardias reales será severamente castigada. ¿Entendido?
"¡Entiendo!"
Los asistentes respondieron al unı́sono. Los lı́deres, con semblante
severo, los examinaron con atenció n antes de dirigirse tambié n a sus
respectivas habitaciones. Cada asistente se detuvo rá pidamente junto a
sus camas asignadas, organizando sus pertenencias. Stan le preguntó a
Rensley.
¿Adó nde vas primero? ¿Vas a ese bañ o tan grande?
Sı́. ¿Y tú ? A menos que tengas planes especı́ icos, vamos juntos. ¡Ino,
Gunner! Ustedes tambié n, vamos juntos. Será má s divertido en grupo.
En Aldrant no se puede nadar al aire libre. Una vez que lo pruebes,
nunca lo olvidará s. Qué refrescante y fresco es. Hoy hace buen tiempo, y
despué s de jugar en el agua, salir a tomar el sol con una bebida fresca es
como estar en el paraı́so. Aunque no sé si podemos beber allı́.
“Escuchá ndote hablar, suena tentador… ¿deberı́a?”
Los jó venes asistentes, aú n jó venes, se a lojaron las capas, hablando
animadamente. Aunque no era un lugar de vacaciones, la emoció n de
explorar un nuevo lugar por primera vez y el tiempo permitido para el
ocio eran inevitables.
Rensley y sus colegas encontraron los caballos que habı́an dejado en el
establo y los montaron. A diferencia de marchar con un carruaje al
costado, ganaron velocidad rá pidamente y llegaron al camino fuera del
castillo en un abrir y cerrar de ojos.
Al relajarse y salir, el paisaje de Molbessa parecı́a aú n má s animado que
por la mañ ana. Los niñ os jugaban, chapoteando en una gran fuente.
Rensley, cabalgando con orgullo sobre Marilyn, daba vueltas alrededor
de una plaza gritando: "¡Viva el campesino Rensley Maelrosen!".
¡Basta! Solo por tu culpa, si parecemos gente de campo, ¿qué vamos a
hacer?
¿De qué hablas? Poner la cara rı́gida con tensió n parece má s rú stico.
Estamos en el campo. ¡Disfrú talo al má ximo!
Mientras Rensley y los demá s intercambiaban bromas, señ alá ndose y
burlá ndose unos de otros, Stan, que habı́a estado mirando el mapa,
señ aló hacia un lado.
“Parece que el bañ o está aquı́”.
Mientras corrı́an por el sendero, el edi icio de los bañ os apareció a la
vista. Aunque era un bañ o al aire libre, la entrada parecı́a la de un
edi icio normal. Como muchos edi icios grandes que encontraron en la
capital, su tamañ o era impresionante. Un hombre de pie junto a la
puerta los guió .
“Para los varones adultos son 70 soles”.
“¡Vaya, eso es caro!”
Los asistentes, que habı́an acudido entusiasmados, dudaron ante la
posibilidad de pagar. A Rensley, quien siempre habı́a nadado libremente
en el rı́o Cornian o en el mar, la idea de pagar por nadar le resultaba
incó moda. Ademá s, Pheraira era conocida por su alto coste de la vida.
La mayorı́a de los caballeros eran personas adineradas, pero la
situació n de gastar el equivalente a varias comidas en una sola
actividad acuá tica les sorprendió a todos. Sin embargo, las voces que
inicialmente dudaban pronto se unieron.
¡No! No pensemos en ello. ¿Cuá ndo volveremos a venir?
—¡Sı́, sı́! Aquı́ está el dinero.
La vacilació n momentá nea de los resueltos jó venes no duró mucho.
Rensley y sus colegas, con un arranque de determinació n, sacaron
dinero y se lo entregaron al cajero antes de entrar.
Desde la entrada, el interior estaba adornado con hermosos azulejos de
diversos colores. Personas empapadas y descalzas deambulaban con
tú nicas ligeras que cubrı́an solo lo esencial. Al salir, la impresionante
vista de los bañ os les cautivó de inmediato.
"¡Esto es increı́ble!", exclamó uno de los asistentes. Rensley abrió los
ojos de par en par, asombrado. Esperaba una simple piscina al aire
libre, ya que no era un valle ni un lago natural, pero la magnitud superó
con creces su imaginació n.
Junto al amplio y cristalino bañ o donde la gente nadaba, se disponı́an
paredes y columnas de má rmol. En los altos muros de dos pisos, se
construyeron balcones para quienes deseaban disfrutar de la comida o
relajarse con un masaje. No tenı́a techo, lo que ofrecı́a una vista
despejada del cielo, y el aire refrescante era palpable. Cascadas caı́an
desde varios puntos, y las fuentes lanzaban agua al aire. Se veı́a a
algunas personas zambullirse desde rocas suavemente pulidas y
inclinadas, y otras deslizá ndose.
A un lado, se instaló un escenario con mú sicos tocando. "¡Entremos
rá pido!", instó Rensley.
Fiel a su nombre, el gran bañ o contaba con espacios separados para
hombres y mujeres, con piscinas no solo de agua frı́a, sino tambié n de
agua caliente y tibia. Los hombres disfrutaban del agua sin vacilar.
Con ganas de jugar, Rensley se apresuró a poner la mano sobre los
botones de su camisa. Otros compañ eros tambié n comenzaron a
desvestirse a toda prisa. Los asistentes, vestidos solo con sus tú nicas,
guardaron su ropa en las taquillas y observaron a Rensley.
“Rensi, ¿qué está s haciendo?”
Rensley frunció el ceñ o con fuerza. Su postura permaneció igual, con los
dedos sobre los botones. Hizo fuerza para desabrocharse la camisa,
pero su mano no se movió , casi como si estuviera paralizada, como
alguien bajo los efectos de la anestesia.
Al realizar otras acciones que implicaban retirar la mano de los
botones, no hubo problema. Sin embargo, al intentar desvestirse, el
movimiento se congelaba repentinamente.
Considerando experiencias pasadas, solo la magia podrı́a explicar tal
fenó meno. ¿Habrı́a algú n dispositivo má gico en un lugar como este?
Con sospecha, Rensley miró a su alrededor y murmuró en voz baja.
“No puedo… quitarme la ropa.”
¿Qué ? ¿De qué está s hablando? ¿Te ayudo a desvestirte?
Uno de los asistentes se acercó a Rensley y le tendió la mano, pero,
como antes, se retiró tras tocar su tú nica. "¿Por qué pasa esto? Algo
extrañ o".
Sus palabras eran acertadas. A pesar de los mú ltiples intentos de sus
colegas por desvestirse uno tras otro, todos fracasaron. ¿Ropa que ni
siquiera un escuadró n de sargentos podrı́a quitar? La ropa que vestı́a
Rensley era el uniforme está ndar que los Caballeros entregaban a los
asistentes regulares. Nunca se habı́a dado ninguna explicació n ni se
habı́a mencionado ningú n encantamiento o maldició n.
Intentando quitá rsela por la cabeza o desgarrá ndola tirando de la
camisa por los lados, Rensley intentó varios mé todos. Sin embargo, la
extrañ a situació n persistı́a: cada vez que intentaba desvestirse, sus
manos se endurecı́an inexplicablemente. Tras varios intentos, Rensley
suspiró y se encogió de hombros.
No lo sé , pero ya pasó . Ponte la ropa y sorpré ndete. Todavı́a puedes
nadar con la ropa puesta.
“Hué spedes, de acuerdo con nuestra polı́tica de gestió n de la calidad del
agua, no pueden ingresar si no se quitan la ropa”.
El encargado, que observaba en silencio el pequeñ o alboroto causado
por el grupo de Rensley, intervino discretamente. Rensley, con
expresió n preocupada, explicó : «No nos quitamos la ropa, y ademá s, ya
pagamos».
He con irmado que aú n no has entrado. Si lo deseas, puedo
reembolsarte el dinero; solo tienes que avisar en la taquilla.
Aunque el tono era corté s, la mirada parecı́a la de alguien que atendı́a a
un borracho o a un paciente nervioso. Hombres corpulentos se
reunieron, haciendo un escá ndalo porque no se quitaban la ropa; fuera
cual fuera el motivo, era natural no querer tales invitados.
Rensley, tras un momento de re lexió n, miró a sus compañ eros, que
seguı́an de pie, semidesnudos, incapaces de sumergirse en el agua. Con
una sonrisa forzada dirigida a sus rostros incó modos, dijo: "¡Disfruten
sin mı́! Me reú no con ustedes enseguida".
Rens, eras el má s emocionado con esto. ¿Pero solo nosotros? Pidamos
un reembolso y vá monos a otro lado.
No, no podemos. No puedo dejar que desperdicies tu valioso tiempo
libre por mi culpa. Ve a nadar y no te preocupes por mı́. Encontraré una
solució n. Si no funciona, volveré al castillo, me cambiaré de ropa y
volveré . Probablemente…
Un breve atisbo de sospecha cruzó el rostro de Rensley mientras
prolongaba el inal de su frase.
“El problema parece estar ahı́, no aquı́”.
“Rens…”
No pongas esa cara. ¡Entra rá pido! Aunque no pueda entrar, deberı́as
agradecer que te haya traı́do hoy. Tengo mucha experiencia nadando,
ası́ que ve y divié rtete. Oportunidades como esta son raras en Aldrant.
Rensley rió y aplaudió . Los jó venes, indecisos, inalmente le
estrecharon la mano y, uno a uno, saltaron al agua. La sensació n de
tomar el sol y sumergirse en el agua fresca era sin duda especial para
quienes vivı́an en las regiones frı́as todo el añ o, y sus rostros se
iluminaron rá pidamente.
En una ocasió n, Rensley, quien nunca se cansaba de ir y venir al agua
todo el añ o, pudo anticipar con generosidad la primera alegrı́a que
sentirı́an sus colegas. Querı́a compartirla con ellos.
“Como lo discutimos, por favor reembolseme el dinero.”
Con voz irme, Rensley hizo que el encargado asintiera y lo guiara.
Quizá s porque el lugar iba bien, o quizá s por el é xito constante, tras una
breve conversació n entre el encargado y la taquilla, devolvieron la
entrada sin mayor problema.
Rensley encontró a Marilyn en el establo, la montó y caminó sin prisa.
Aunque lamentaba no haber metido un dedo del pie en la piscina, su
frustració n y sospecha ante la absurda situació n eran cada vez má s
intensas que esa decepció n.
Mientras regresaba al castillo, oyó risas. Era el sonido de niñ os jugando
con bidones de agua en la gran fuente que habı́an visto de camino.
Rensley tiró de las riendas, deteniendo a Marilyn, y descendió a paso
rá pido.
A medida que avanzaba la tarde, el clima se volvió bastante cá lido y
habı́a una multitud considerable disfrutando de los juegos de agua en la
fuente. Sin embargo, casi todos los que jugaban dentro eran niñ os. Los
adultos, que parecı́an ser padres o espectadores, observaban desde
afuera o se lavaban las manos en el agua que luı́a.
Durante un momento cá lido y tranquilo en la Plaza Molbessa de
Hwangdo, Rensley, con una expresió n solitaria y severa, se integró a la
perfecció n entre la multitud. Cuando un hombre, evidentemente adulto,
subió la barandilla de la fuente sin dudarlo, las miradas de la gente se
posaron en é l al instante. Rensley se arrojó a la fuente.
¡Chapoteo! A diferencia de los niñ os pequeñ os y ligeros, el adulto,
considerablemente pesado, creó una gran y breve tormenta de agua al
entrar. ¡Ay, Dios mı́o!, resonaron las exclamaciones de sorpresa de los
espectadores. La gente, aunque desconcertada, permaneció absorta en
el repentino espectá culo.
Aunque no era una piscina propiamente dicha, el agua donde jugaban
los niñ os era refrescante y cristalina. ¡Plop!, las burbujas subı́an
mientras se sumergı́a y se asentaba brevemente. Rensley, al llegar al
fondo de la fuente poco profunda, se levantó .
¡Puha! Con el sonido del agua al salpicar, giró la cabeza, todavı́a sentado
en la fuente. Por alguna razó n, las miradas curiosas de la multitud se
posaron en é l. Rensley rió entre dientes antes de encogerse de
hombros.
Llevo un buen rato de viaje y el calor se agravó . Como soy un chico de
campo, acostumbrado a refrescarme con agua, calculé mal el ambiente.
Disculpen la groserı́a.
Si sigues ese camino, hay unos grandes bañ os termales donde puedes
nadar. Es un lugar famoso en Molbessa.
Una joven que parecı́a hija de un noble respondió con un dejo de
vergü enza aú n visible. Rensley esbozó una sonrisa iró nica.
Lo sé . Lamentablemente, como viajero pobre, no tengo dinero.
"Oh querido…"
“Oh, Dios mı́o…”
Las personas que estaban cerca de la fuente, especialmente las mujeres,
dejaban escapar suspiros de simpatı́a uno tras otro.
Rensley se levantó , con el agua goteando. Su cabello rubio y hú medo
brillaba a la luz del sol aú n má s de lo habitual. La camisa blanca mojada,
ceñ ida a su fı́sico irme y esbelto, revelaba el contorno de sus mú sculos
y
y los contornos má s allá de la tela translú cida. Gotas de agua caı́an con
gracia de varios lugares, incluyendo las puntas de su cabello y la
mandı́bula bien de inida. Un brazalete azul con piedras incrustadas
brillaba en su muñ eca, visible má s allá de la manga mojada.
Con una sonrisa encantadora, Rensley salió de la fuente y saludó a la
dama, que se cubrı́a con una sombrilla blanca, con una lenta reverencia.
Parece que hice el ridı́culo en el lugar donde juegan los niñ os. Me
disculpo.
Cuando está s cansado de un viaje largo, pueden pasar estas cosas. Ya
que está s de viaje, ¿qué te parece venir a nuestra casa a cambiarte de
ropa? Recibir a los viajeros y escuchar sus historias es una alegrı́a para
nuestra familia.
“¿Está bien causarte tantos problemas?”
"No es ninguna molestia."
Las yemas de los dedos enguantados de la dama rozaron suavemente la
camisa mojada de Rensley. Bajó la voz discretamente.
“Recibir a hué spedes de lugares lejanos tambié n es deber de la
nobleza”.
“Si lo pones ası́, es vergonzoso, pero ¿te importarı́a si…?” …lo intento?
Las palabras que pretendı́a decir se interrumpieron en ese instante.
Varias personas a caballo se acercaron a la fuente, interrumpiendo sus
palabras. Rensley los miró .
"Lı́der."
¿Qué pasa? ¿Por qué está n todos empapados?
“Hubo un pequeñ o incidente.”
La expresió n del lı́der denotaba incomodidad, pero parecı́a reacio a
presionar má s a Rensley, quizá consciente de las miradas a su
alrededor. Señ aló a Marilyn con la barbilla.
Parece que te la encontraste al ir a los bañ os. La Duquesa quiere hablar
contigo. Disculpa que te interrumpa, pero deberı́as ir a verla.
—Ah, ¿la «Duquesa» dices?
Rensley, ingiendo sorpresa, enfatizó el té rmino "Duquesa" mientras
preguntaba, pero el lı́der, sin darse cuenta del contexto, simplemente
asintió .
Parece que, como vienes de tan lejos, está preocupada y quiere hablar
contigo. Retrocedamos un momento.
"Comprendido."
Rensley, aú n goteando agua, miró a la dama con expresió n triste. La
aparició n de los caballeros a caballo pareció sobresaltarla, y é l le
levantó la mano, besá ndola suavemente por encima del guante.
No olvidaré la bondad que le has mostrado a una persona humilde
como yo. Tengo que irme ahora por asuntos urgentes.
—¡Ay, Dios mı́o! No eras un viajero cualquiera despué s de todo.
"Pido disculpas."
“Fue divertido por un momento, ası́ que está bien”.
La señ ora rió entre dientes, ajustando su sombrilla, mientras Rensley se
acercaba a la gente reunida cerca de la fuente, estrechá ndoles la mano y
dirigié ndose a ellos.
La apariencia goteante de Rensley llamó una vez má s la atenció n del
lı́der, quien chasqueó la lengua.
¿Có mo terminaste como un perro ahogado? Como caballero del Duque,
debes mantener tu dignidad.
Quise hacerlo, pero no pude quitarme la ropa. Aun ası́, me desaté la
capa antes de salir, para que nadie de por aquı́ me reconociera.
"¿Có mo no pudiste quitá rtelo?"
—Bueno, simplemente no lo hizo. ¿Quizá s un mago?
"De qué está s hablando…"
Sin responder má s, Rensley, acompañ ado de los caballeros que vinieron
a buscarlo, regresó apresuradamente al castillo real.
Cap. 14.2 - Invitado no invitado
El palacio de invitados no podı́a ser pequeñ o, y no hacı́a falta
mencionar la torre principal. Las habitaciones para invitados
distinguidos estaban adornadas con extravagancia desde la puerta.
Sin embargo, Rensley, sin entusiasmo ni admiració n, solo esperó a que
se abriera la puerta. El chambelá n hizo una reverencia y saludó : «Su
Gracia, he traı́do a Maelrosen».
Bien hecho. Lo llevaré yo mismo ante la Gran Duquesa, ası́ que pueden
retirarse.
"Comprendido."
Gracias al buen tiempo, el cuerpo de Rensley ya se habı́a secado
considerablemente durante el viaje. En general, las gotas que caı́an de
su cuerpo y ropa habı́an disminuido, dejando solo humedad.
Hasta que la puerta se cerró y los demá s caballeros se retiraron,
Rensley permaneció en silencio. Gezell le secó cuidadosamente la
cabeza con una toalla grande.
"Está s empapado."
No podı́a quitarme la ropa, ası́ que tuve que mojarme con ella puesta. ¿Y
Ivet?
Está descansando en el dormitorio. Como acabamos de llegar, la visita
de hoy es solo para saludar al Emperador.
Aunque charlaban con naturalidad, era evidente que la voz de Rensley
sonaba in lada. Gezell se bajó la toalla que le cubrı́a la cabeza para
mirarlo a los ojos. Su mirada era penetrante.
“Te dijeron que no fueras a los bañ os”.
“¿Sabes cuá nto querı́a ir?”
Durante el largo viaje a Pheraira, siempre que tenı́a tiempo libre,
Rensley deambulaba libremente por la residencia del Gran Duque. Lo
justi icaba alegando que la Gran Duquesa, fatigada por el viaje, deseaba
mantener cerca a Maelrosen, quien es de la misma ascendencia
corniana. Era, por supuesto, un pretexto para pasar tiempo libre con
Gezell.
Como de costumbre, ambos intercambiaron varias historias. Rensley
tambié n le contó a Gezell lo que querı́a hacer en Pheraira. Querı́a visitar
la taberna má s grande del continente en Molbessa, ver el mercado junto
al rı́o de noche, presenciar la competició n de caballerı́a en un dı́a
soleado y observar de cerca la torre del reloj de la plaza. Gezell lo
aprobó todo. Como era una visita poco frecuente a Pheraira, le dijo a
Rensley que hiciera lo que quisiera.
Solo habı́a un lugar al que se oponı́a: los bañ os pú blicos. Tras varios
intentos de persuadir a Gezell, al ver su irmeza, Rensley decidió
cambiar de opinió n. Irı́a en secreto.
Es realmente absurdo. Como los bañ os de hombres y mujeres está n
separados, solo habı́a hombres. ¡Qué má s da si los hombres se ven
desnudos!
Rensley, eres o icialmente la Gran Duquesa. La gente ni siquiera sabe
quié n es la Gran Duquesa de Aldrant. Imagina lo que pensarı́an despué s
de que, como Gran Duquesa, te vieran desnuda en un lugar donde
cualquiera podrı́a estar presente. ¿Qué pensará s despué s del anuncio?
Todos los miembros que te acompañ aron habrı́an visto tu cuerpo
desnudo.
¿Qué hay de malo en eso? ¿Acaso no hay reyes o reinas que sean
personas antes de convertirse en realeza? Aunque luego revele que soy
la Gran Duquesa, nadie recordará a quienes pensaron en mi cuerpo
cuando estaban allı́. La gente no nos imita como si vistié ramos de azul.
Ademá s, ¿no deberı́a la Gran Duquesa mostrar su cuerpo desnudo? Al
in y al cabo, cada vez que la realeza se viste y se quita, recibe atenció n
pú blica.
Quienes presentan atuendos reales de cerca son individuos
cuidadosamente seleccionados. ¿Có mo podemos conocer las
inclinaciones de cada persona en un lugar donde se reú ne un nú mero
indeterminado de personas? Es posible que algunos sospechen de
usted.
Mientras Rensley fruncı́a el ceñ o con desagrado, Gezell bajó
ligeramente la cabeza y acercó su rostro al de Rensley. Su expresió n
tosca, tambié n disgustada con la situació n, era de absoluta indiferencia.
“Me habı́a preparado por si acaso, pero, de hecho, tan pronto como la
habitació n distante se volvió menos accesible, intentaste visitarla sin mi
conocimiento”.
Su Gracia, usar esa magia sin previo aviso es excesivo. Prometió usar
magia de rastreo solo cuando fuera absolutamente necesario.
La magia que usé esta vez no es magia de rastreo; es un tipo diferente
de magia, similar a un hechizo de prohibició n. Establece condiciones
para evitar que se realicen acciones especı́ icas.
No vine a que me dieras una charla sobre magia, ¿sabes? ¿Acaso viniste
a buscarme justo ahora por esta magia diferente? Parece que ya sabes
exactamente lo que estoy tramando.
Ante la pregunta escé ptica, Gezell no respondió . Rensley desabrochó un
botó n con dedos á speros. De pie frente a Gezell, la magia pareció
desvanecerse y, a diferencia de antes, la ropa se desprendió con
facilidad.
Ya transformado, Rensley, envuelto en una toalla grande, caminó
torpemente hacia una lujosa silla y se dejó caer. Gezell, que habı́a
estado observando al perplejo Rensley, se acercó lentamente y se sentó
a su lado. Se aclaró la garganta brevemente e inició la conversació n con
tono má s suave.
“Maelrosen, aunque no esté allı́, Pheraira tiene muchos atractivos, ¿no?”
Ya he mencionado varias veces cuá nto me encanta nadar. Se puede
comer y beber en cualquier sitio, pero no podré disfrutar de juegos
acuá ticos cuando regrese a Aldrant.
“No te detuve sin ninguna contramedida”.
Rensley se giró para mirarlo. No deberı́a haber otra casa de bañ os; ¿de
qué clase de contramedida hablaba?
"Ven aquı́."
Gezell tomó la mano de Rensley y se puso de pie. Sin a lojar su
expresió n severa, Rensley lo siguió . Gezell lo condujo hasta una ventana
alargada.
Rensley se inclinó hacia adelante y miró hacia afuera. Se veı́a un gran
lago azul. La zona cercana al lago estaba repleta de á rboles y lores,
ofreciendo una vista impresionante a simple vista.
Es un lago dentro del Hwangdo. A menos que se abra especialmente
para eventos, solo los aristó cratas e invitados de Pheraira pueden
visitarlo. Deberı́a ser comparable a tu castillo.
Rensley apoyó la cabeza contra la ventana, parpadeando. De repente,
volvió a la realidad y se incorporó . Sin perder su expresió n severa,
respondió sin rodeos.
No, es diferente. Hay cascadas y fuentes allı́… Era mucho má s
impresionante que un simple lago.
Te crearé cascadas y fuentes. No es difı́cil; solo tienes que mover el
agua.
“Y jugar con amigos y jugar en un lugar tranquilo como ese son
diferentes”.
“Ya veo… ¿Será porque jugar conmigo es menos divertido que jugar con
amigos?”
—¡Su Gracia! No lo dije con esa intenció n.
Rensley, sobresaltado, encontró a Gezell inclinado tras é l, abrazá ndolo.
Rensley se encogió de hombros, incó modo, pero no lo apartó . Su largo
cabello le rozaba la nuca, y el suave susurro de Gezell le hacı́a cosquillas
en los oı́dos.
—Por favor, deja ir tu ira, Rensley.
“No es que esté enojado porque no sé nadar… Es porque Su Gracia
rompió la promesa y usó magia libremente…”
La culpa seguı́a in iltrá ndose en las palabras de Rensley, aunque é l no
era el culpable. La situació n estaba tomando un giro extrañ o.
Lo siento. Sin embargo, no quiero que muestres tu cuerpo a los demá s
sin cuidado. Fue difı́cil hasta el invierno pasado, pero cuando
regresemos a Aldrant, encontraré la manera de crear un espacio para
que puedas nadar.
Rensley estaba completamente desanimado. Levantó la cabeza y miró a
Gezell a los ojos.
—Por favor, no. No quiero causarles problemas a los demá s solo por mi
culpa.
—Entonces, vayamos juntos al lago. Mientras esté s en Pheraira, nada
como quieras.
Sin duda, un compromiso razonable, pero Rensley no captó la ironı́a. Si
este hombre no fuera duque, al menos se habrı́a dado un golpecito en la
frente... Imaginando un comportamiento tan escandaloso, Rensley
asintió como si no pudiera resistirse.
En lugar de volver a ponerse la ropa mojada, Rensley se puso una bata
fá cil de quitar. Gezell no se puso otra ropa, pero Rensley tambié n tomó
la suya. Sin necesidad de atravesar pasillos abarrotados, habı́a un
camino desde el balcó n de la habitació n de invitados que conducı́a al
lago al abrir la ventana.
Hacı́a tiempo que no salı́a a un balcó n. Mientras que en Cornia la gente
a veces echaba siestas en los balcones para sentir la brisa de la
montañ a, no habı́a muchos edi icios en Aldrant, donde la temperatura
era baja todo el añ o, que ofrecieran espacios para aprovechar el viento
exterior. Caminando por el paseo perfumado con lores, la sensació n de
malestar que habı́a empezado a experimentar pareció disiparse.
Rensley sonrió , mirando al hombre que caminaba a su lado.
“Su Gracia, su atuendo se ha vuelto mucho má s ligero”.
“Aquı́ no hace tanto frı́o como en el norte”.
A pesar de haber crecido en el norte y de no gustarle el frı́o, Gezell
parecı́a no sentir el calor ni siquiera tras llegar a la mucho má s cá lida
Pheraira. No habı́a cuellos gruesos de piel ni guantes de piel negra, pero
las formalidades eran inevitables. Hoy, Gezell llevaba una gruesa tú nica
azul con una tela má s ina de lo habitual, pero la misma insignia de
Aldrant estaba delicadamente grabada en la tú nica, como siempre.
Acostumbrados a verlo siempre de negro, el color ligeramente má s
brillante le daba la impresió n de haber escapado de una noche solemne
hacia un amanecer fresco. Tras caminar un rato, el lago centelleante al
inal del sendero, entre los á rboles, se reveló ante ellos.
“Su Gracia… ¡es increı́ble!”
“De hecho, de cerca parece incluso má s grande que desde el castillo”.
Era un lago lo su icientemente grande como para construir un palacio si
se llenaba con tierra.
De cerca, el agua, tan transparente que se veı́a el fondo, parecı́a tan azul
como el mar desde lejos. Aunque el centro del lago parecı́a bastante
profundo, el terreno descendı́a suavemente desde la orilla hacia el
centro, lo que facilitaba el juego incluso para los nadadores menos
há biles.
Molbessa es genial, pero siempre me sentı́ un poco decepcionado
porque el mar está lejos. Con esto, no me faltará n actividades acuá ticas,
aunque no sean tan buenas como el mar.
Mientras Rensley se maravillaba sin cesar, Gezell se paró junto al agua y
señ aló al aire. Al notar el movimiento que indicaba la activació n de
conjuros má gicos, Rensley lo miró con curiosidad, preguntá ndose qué
estaba a punto de hacer.
Tras oı́r el sonido de grandes olas, un lago sereno ahora tenı́a olas que
recordaban al mar o a un rı́o. El agua subı́a en un torbellino desde un
lado, elevá ndose por los aires antes de volver a caer. Era una cascada
mı́stica creada sin ningú n soporte fı́sico.
Rensley se quedó boquiabierto al contemplar la surrealista escena. Sin
embargo, Gezell frunció el ceñ o ligeramente.
“Las cascadas son sencillas, pero las fuentes requieren artesanı́a, por lo
que puede llevar un poco má s de tiempo del que crees”.
—No, Su Gracia. ¡Con esto basta! No necesita usar má s magia.
“¿Pero no te prometı́ hacerte una fuente?”
No pasa nada. No es necesario. Ya es fantá stico tal como está .
Rensley dejó de intentar quitarse la bata apresuradamente. A diferencia
de la incomodidad de estar en los bañ os, donde todos estaban vestidos,
allı́, junto al lago, solo estaban ellos dos, y, ademá s, era el lago dentro
del palacio. Aunque estaba lejos de las torres o pabellones donde se
alojaba la gente, rodeado por un pequeñ o bosque, Rensley no podı́a
evitar la preocupació n de si era apropiado andar descalzo en un lugar
ası́.
“¿De verdad está bien nadar aquı́?”
No te preocupes. Ya lo hemos preparado todo con antelació n, ası́ que
disfruta nadando a tu antojo.
Ciertamente, no parecı́a un evento improvisado. En la mesa junto al
lago habı́a frutas enfriá ndose con hielo, uvas y ciruelas, y queso aú n sin
cortar, acompañ ado de un cuchillo bellamente tallado. Parecı́a un
refrigerio ligero preparado con antelació n por los asistentes para el
disfrute de los invitados de tierras lejanas.
Un cenador para descansar, largas sillas talladas en piedra y una cama
circular con mosquitero y cortinas drapeadas estaban instalados, lo que
q y p q
sin duda lo identi icaba como el refugio de un noble. En lugar de
meterse de inmediato en el agua, Rensley, que habı́a tendido su tú nica
sobre la sombra de la cama, miró ijamente a Gezell.
"¿Por qué me miras ası́?"
¿Por qué deberı́a entrar al agua sola? Ya que renuncié a mis amigos y
vine, Su Gracia deberı́a jugar conmigo.
"Mmm…"
Claramente carente de experiencia en quitarse ropa de exterior, Gezell
simplemente dejó escapar una risa corta e incó moda.
En cambio, la gente de Aldrant era generalmente indulgente con la
exposició n. Los caballeros solı́an desnudarse casualmente, quedando
solo en camiseta, sin importar su gé nero, y al llegar la primavera, no
dudaban en exponer su piel desnuda al sol. Hasta ahora, Rensley se
abstenı́a de desnudarse delante de otros, no porque Gezell lo
desaprobara, sino simplemente porque hacı́a frı́o.
“¿Los miembros de la realeza Aldrant prestan mucha atenció n a la
vestimenta?”
—No especialmente. A la Princesa no le importa mucho...
—Entonces, adelante. ¿Lo olvidaste? Quedamos en que te enseñ arı́a a
nadar cuando vinieras de vacaciones. Como Su Excelencia es experto en
esgrima y artes marciales, aprenderá s a nadar rá pidamente.
“Necesito algo de preparació n mental, ası́ que entra tú primero”.
“¿Realmente necesitas preparació n mental?”
Rensley estalló en carcajadas y, de mala gana, dio un paso atrá s.
Está bien, lo entiendo. Pero no me hagas esperar demasiado.
Enfrascados en sus divertidas charlas, el paisaje frente a Rensley era
encantador. Sacudió los brazos un par de veces para relajarse y bajó las
escaleras que conducı́an al lago, sumergiendo el pie en el agua frı́a.
La luz del sol iluminaba el agua, creando sombras doradas que
brillaban en su piel. Rensley bajó la vista hacia su pie y se sumergió
lentamente, primero hasta las rodillas, luego hasta la cintura y,
inalmente, hasta el pecho. A partir de ahı́, levantó los pies del fondo y
se estiró , deslizá ndose suavemente por el agua. Mientras nadaba, la
suave frescura del agua lo envolvió y una sonrisa espontá nea se dibujó
en su rostro.
El entorno estaba tranquilo, pero el canto de los pá jaros e insectos del
bosque cercano impedı́a que se sintiera demasiado silencioso. Una
suave brisa soplaba, acariciando su cabello mojado. A pesar de ser un
lago, gracias a la magia de Gezell, se sentı́a como nadar en un rı́o o en el
mar.
Tras nadar boca abajo un rato, Rensley cambió de postura y lotó sobre
la super icie del agua. Con una vista despejada, el cielo se llenó de un
azul vibrante. Realmente, rendirse por completo a la deslumbrante luz
del sol despué s de tanto tiempo fue revitalizante. Al extender los
brazos, el agua de la cascada má gica lo salpicó , provocá ndole risa. Sintió
como si hubiera entrado en un mundo diferente, má s allá de la realidad,
como cuando entró por primera vez en el Bosque del Lobo.
Hasta que Gezell le mostró el lago desde la ventana, Rensley no estaba
satisfecho con esta alternativa. Sin embargo, al observarlo má s de cerca,
comparado con los bulliciosos bañ os pú blicos, era incomparable.
Aunque cualquiera podı́a entrar con su iciente dinero, un lugar donde
se pudiera monopolizar el lago dentro del palacio real podrı́a no volver
a existir en toda la vida.
'¡Es lo mejor!'
No era solo una alternativa; era la elecció n ó ptima. En un instante, todo
se volvió perfectamente satisfactorio. Saltando hacia la orilla del lago,
Rensley tocaba rı́tmicamente un tambor de agua. Gezell seguı́a
observá ndolo en silencio, sin molestarse en levantar una punta de su
capa.
—¡Su Gracia, me siento realmente bien!
“Me alegro que te guste.”
“Si vienes y juegas conmigo, será un momento perfecto”.
Gezell permaneció en silencio, observando a Rensley. Cuando Rensley,
sacudiendo ligeramente el pie, lo miró , Gezell esbozó una sonrisa algo
amarga y compleja.
“En verdad, un lugar ası́ te viene muy bien.”
¿Un lugar ası́? Un lugar ası́ le viene bien a cualquiera.
Se desató un mechó n de su largo cabello tras soltarse un lazo de la
manga, ajustá ndolo al azar. En lugar de meterse en el agua, Gezell
cubrió la ropa de Rensley con su capa.
Al desabrocharse la camiseta para exponer su amplio pecho, este reveló
unos mú sculos inesperadamente grandes y irmes bajo la brillante luz.
Con solo la camiseta interior y la camiseta desabrochada, era difı́cil
prever los mú sculos irmes y toni icados que se extendı́an desde los
hombros, el pecho y el abdomen musculoso hasta los irmes huesos de
la cadera y los muslos fuertes.
Ante alguien que lo instó a desvestirse rá pidamente, Rensley tragó
saliva seca, sintiendo que no debı́a ver algo que no debı́a. Que Gezell no
se desvistiera de inmediato tambié n signi icaba que Rensley nunca
habı́a visto su cuerpo desnudo a plena luz.
Su rostro se ponı́a cada vez má s rojo. Si bien Rensley a veces se habı́a
parado desnudo frente a é l a la luz del dı́a, recibiendo burlas con
frecuencia, nunca habı́a ocurrido lo contrario. En la oscuridad, bajo la
tenue luz de las velas o los faroles, cuando la luz brillante se proyectaba
sobre su cuerpo, se convertı́a en una forma vı́vida, palpitante y masiva
que abrumaba a cualquier observador con una intensidad que rozaba la
violencia. La situació n tambié n le resultaba desconocida a Gezell, quien
se examinó el cuerpo.
“Nadie nos mira, pero se siente un poco incó modo”.
—Oh, ven aquı́ rá pido. Una vez que esté s en el agua, no tendrá s que
preocuparte.
Rensley, que yacı́a en el agua, se incorporó y extendió la mano. Gezell
rió suavemente, adoptando una actitud que recordaba a la de escoltar a
una dama.
“Con la valiente Gran Duquesa, Aldrant seguramente prosperará en el
futuro”.
“Aunque no sea yo, con Su Gracia aquı́, Aldrant solo puede prosperar”.
En lugar de tomar la mano de Rensley, Gezell se adentró en el agua,
abrazá ndolo por la cintura. Instado a entrar rá pidamente, Rensley
retrocedió vacilante mientras Gezell se acercaba, entrando
gradualmente en el agua.
Habiendo llegado a un lugar razonablemente profundo, Gezell atrajo a
Rensley má s cerca, abrazá ndolo fuertemente y bajando su cabeza para
encontrarse con los ojos de Rensley.
¿Por qué sigues intentando escapar?
Rensley lo miró brevemente y luego desvió la mirada. Tras repetirlo un
par de veces, los ojos de Rensley se enrojecieron gradualmente y se
cubrió la cara con las manos, murmurando algo parecido a un suspiro.
“¡Oh, esto no puede ser…!”
"¿De qué está s hablando?"
Rensley giró rá pidamente la cabeza para mirar a Gezell a los ojos. Los
ojos morados, que habı́an brillado de alegrı́a durante su juego con agua,
ahora parecı́an serios, casi amenazantes.
—Su Gracia, de ahora en adelante, por favor, por favor, nunca se
desnude delante de nadie. Solo delante de mı́. Lo prometo.
“…¿Incluso al cambiarte de ropa o bañ arte delante de los asistentes?”
Puedo con eso. Eres adulta; deberı́as poder vestirte y bañ arte sola. No
es buena costumbre dejar que otros lo hagan todo por ti.
Aunque no ignoraba los há bitos de los miembros de la realeza que
recibı́an ayuda en todos los aspectos de sus vidas, Rensley insistió .
Mientras Rensley mantenı́a la vista ija en el agua frı́a, refrescá ndose,
Gezell pareció comprender, aunque tardı́amente, el signi icado de sus
palabras. Reprimiendo una risa, se tapó la boca y asintió .
“No puedo resistirme a las ó rdenes de la Duquesa, ası́ que haré lo que
digas”.
"No me molestes."
"Lo digo en serio."
A pesar de su tono juguetó n, Rensley se sintió aú n má s avergonzado.
Hacı́a un momento, habı́a protestado por desnudarse delante de otros,
pero ahora decı́a lo mismo. Aunque lo ridiculizaran, no podı́a rebatirlo.
Por impresionante que fuera el cuerpo desnudo de un hombre, Rensley
no habrı́a sentido esa extrañ a mezcla de envidia e incomodidad en el
pasado. Gezell Jivendad, el hombre en cuestió n, sin duda habı́a
trastocado el mundo de Rensley.
Ahora, a nadar. ¿Có mo te sientes en el agua?
En momentos como este, la mejor manera de desviar la atenció n era
cambiar de tema. Gezell respondió a la pregunta de Rensley con una
expresió n ligeramente incó moda.
“Lo encuentro fascinante porque nunca antes habı́a sumergido mi
cuerpo en agua frı́a”.
Bueno, las aguas termales son bonitas, pero jugar en agua fresca en un
dı́a caluroso tambié n es divertido. Pheraira está cerca de Cornia, y el
clima no es muy diferente. Sin duda, hace calor por la tarde. Ahora, te
alcanzo, ası́ que relá jate y tú mbate. Todos tienden a lotar en el agua.
Gezell, avergonzado, miró el agua un instante y luego se hundió
gradualmente. Su larga cabellera negra danzaba con gracia en el agua.
Sonriendo, Rensley, que habı́a observado su expresió n rı́gida, agarró a
Gezell por los hombros.
“Parece que no está s muy familiarizado con el agua”.
Rara vez lo toco, a menos que sea hora de lavarme. A menudo cruzo rı́os
o mares en barca, y si no es posible, simplemente puedo caminar sobre
el agua.
“De hecho, la magia tiende a hacer que la gente sea perezosa”.
Rensley condujo a Gezell a las profundidades del agua. Como era de
esperar, Gezell, con un talento especial para el manejo del cuerpo, se
adaptó rá pidamente al agua, movié ndose con comodidad tras cubrirse
brevemente la cara y la nariz. El alto Gezell logró tocar fondo incluso en
una zona bastante profunda, y má s tarde, cargó a Rensley mientras
caminaba.
Encontrarse bajo la luz del sol bajo el agua, en la acogedora atmó sfera
de amor que suele verse entre el hielo, la nieve y las mantas, fue
inusual, pero igualmente dichoso. Mientras nadaban, ambos se
encontraron ocultos a la sombra de los á rboles submarinos y, sin
querer, sus respiraciones se sincronizaron al besarse.
Rensley, con el cabello mojado acariciado suavemente y los labios
calentados por las lenguas del otro, sonrió y preguntó en voz baja:
"¿Qué tal, Su Gracia? ¿Lo está pasando bien?"
¿No lo dije antes? Desde que te conocı́, todo ha sido muy agradable.
Incluso la leve sonrisa de Gezell parecı́a má s brillante de lo habitual
mientras hablaba. Tras pasar un buen rato sumergidos en el agua frı́a,
incluso en un dı́a cá lido, empezó a refrescar. Ambos salieron del agua y
se sentaron en las sillas preparadas para descansar.
Aunque no se secaron, el calor del sol y el de las piedras pulidas
secaron sus cuerpos naturalmente. Rensley tocó la piel de Gezell con la
tú nica que lo cubrı́a.
“Parece que te has bronceado un poco.”
¿En serio? ¿Te desagrada?
—No. Se ve bien. Pareces saludable. Te vendrı́a bien tomar má s sol
incluso cuando volvamos.
Despué s de una larga sesió n de juegos con agua, sintieron hambre.
Rensley picó queso, uvas y otros bocadillos, y de paso, preguntó qué le
habı́a despertado la curiosidad.
¿Terminaste de saludar a Su Majestad?
No fue nada especial. Hoy fue solo una visita de cortesı́a. Despué s de
cenar juntos esta noche, habrá un banquete o icial de celebració n
dentro de una semana. Asistirá n embajadores de varios paı́ses y nobles
prominentes. Presentaremos formalmente a la Gran Duquesa una vez
má s, nos quedaremos brevemente y luego regresaremos.
“¿A Ivet le fue bien actuando?”
“Sı́, naturalmente.”
Bueno, considerando que ha sido criada como princesa durante
bastante tiempo. Ademá s, para otros, sin duda es la mismı́sima Lady
Ivet Elbanes, ¿verdad? No es exactamente actuació n, ya que no es
mentira.
Contrario al tono excitado de Rensley, la expresió n y el tono de Gezell se
volvieron irmes.
No me agradó presentar a otra persona como Gran Duquesa. Cuando
regresemos, será s anunciada o icialmente como Gran Duquesa antes de
que llegue el invierno. No te relajes demasiado.
“No lo quise decir de esa manera…”
Perplejo, Rensley rá pidamente agarró la mano de Gezell, y mientras se
movı́an hacia la cama circular con cortinas semitransparentes, é sta
crujió .
Ya se nos acabó todo. Si tienes tiempo, echa una siesta aquı́.
“Me gusta mucho este lugar.”
Bueno, es precioso, el agua es cristalina y hay una cama con vino dulce,
fruta y brisa. En Cornia, se usan muchas camas al aire libre como esta.
Incluso en palacio, los nobles con di icultades econó micas usaban
camas grandes como esta en el jardı́n para dormir la siesta y descansar,
pero yo nunca habı́a disfrutado de tal lujo. La luz del sol es agradable,
pero tenı́a curiosidad por dormir en un lugar como este.
Al escuchar la entusiasta respuesta, Gezell, que habı́a estado
observando en silencio, susurró discretamente.
¿De verdad te gusta Pheraira y el Palacio Imperial? ¿Quieres quedarte
aquı́ para siempre?
Rensley parpadeó . La intenció n tras una pregunta tan intimidante
parecı́a sospechosa, sobre todo porque era una pregunta directa con el
hecho evidente de que tenı́a que regresar a Aldrant.
—Bueno, si dices que te gusta, ¿planeas dejarme atrá s y regresar?
“Responde honestamente.”
Bueno… me gusta, pero no quiero vivir aquı́ inde inidamente. Lo
considero una especie de viaje a medias. Es emocionante porque es algo
ú nico, pero vivir en un lugar tan magnı́ ico…
Rensley se rió entre dientes con un tono autocrı́tico.
—No lo sé . Sabes que no soy una persona con grandes ambiciones. He
estado dudando en anunciarme como la Gran Duquesa, y…
Quizá s parecido a Gezell no solo en preferencias, sino tambié n en
comportamiento, Rensley se preguntó si Gezell, el gobernante del
Norte, sentı́a lo mismo. Un poderoso hechicero que poseı́a un ejé rcito y
caballeros formidables, capaz de transformarse má s allá de ser
considerado humano, podrı́a potencialmente trascender el señ orı́o y
someter el continente a sus ó rdenes. ¿Habrı́a albergado Gezell alguna
vez tales ambiciones?
Pheraira no fue el imperio que es ahora desde el principio. Pheraira fue
solo uno de los reinos que dividieron y devoraron la tierra durante la
guerra continental de hace unos 400 añ os.
Pheraira se apoderó de su territorio y posició n actuales tras ganar esa
guerra. Al principio, hubo varias escaramuzas, e incluso los reinos
actuales perdieron y recuperaron su estatus de estados independientes.
Sin embargo, la gente se acostumbró a la situació n en la que Pheraira se
movı́a bajo el liderazgo del Emperador, considerá ndolo má s un orden
que una desigualdad, durante mucho tiempo.
Segú n los registros, Aldrant no participó en esa guerra. Se centró
ú nicamente en proteger a Aldrant como paı́s neutral y, como siempre,
luchó contra monstruos, sirviendo como escudo del continente.
Sabiendo que Aldrant era el escudo de todos, ningú n reino, ni siquiera
Pheraira, podı́a perturbar fá cilmente su neutralidad.
Tras la calma de las batallas má gicas del continente, Aldrant reconoció
a Pheraira como un imperio sin resistencia. Para enfatizar que no se
opondrı́an al resultado preestablecido, se re irieron a su gobernante
como el Gran Duque, mostrando respeto al emperador, y siguieron las
costumbres establecidas.
En voz baja, Rensley susurró , como si fuera a romperse en pedazos:
"¿Su Gracia alberga ambiciones?"
Una conversació n ası́ en medio del palacio imperial.
Si alguien lo oyera, serı́a una historia escandalosa. Incluso mientras
hablaba, su corazó n latı́a con fuerza, sintiendo como si estuviera
rompiendo un tabú .
"No."
“Entonces por qué …”
El poder de un rey es para la protecció n de Aldrant. Nunca he
considerado usarlo para ningú n otro propó sito.
Gezell respondió con decisió n, como si estuviera escudriñ ando los
pensamientos de Rensley. Inusualmente, habı́a un toque de travesura
en su rostro. El toque ligeramente travieso añ adió un peligro
inesperado a su sonrisa, normalmente tranquila y cariñ osa, haciendo
que Rensley no pudiera apartar la mirada de su rostro.
“Pero si lo deseas, puedo considerarlo”.
p
—Oh, no, eso me disgusta. Ser la Gran Duquesa ya da bastante miedo.
Rechazando la aterradora propuesta presentada como una broma,
Rensley se encogió y cambió de tema.
Ahora me gusta. Siento que tambié n me he convertido en una persona
de Aldrant.
Cap. 14.3 - Invitado no invitado
¡No apto para el trabajo!
Mientras respondı́a, Gezell miró ijamente a Rensley y de repente lo
abrazó y lo recostó . A pesar de su conversació n tranquila, Rensley,
acostumbrado a los repentinos besos y exploraciones de Gezell, no se
sorprendió y simplemente le devolvió el abrazo.
El beso continuó con naturalidad. Como un intercambio de calor
corporal en el agua frı́a, era un beso que ya habı́an compartido varias
veces. Al principio fue super icial, pero poco a poco se fue
profundizando, con sus lenguas explorando sus bocas. Sin embargo,
Rensley, que empezaba a preocuparse, apartó a Gezell.
Aunque no haya nadie aquı́, estamos al aire libre. ¿Y si alguien nos ve
ası́, tan descaradamente?
Si los pillaban disfrutando de una aventura con otro hombre durante la
presentació n o icial de la Gran Duquesa, el rumor se extenderı́a por
todo el continente. Aunque antes se consideraba imposible, el honor de
Gezell Jivendad podrı́a ser restaurado, pero la reputació n del Rey de
Aldrant estarı́a en juego. Disfrutar de un bañ o con un amado sirviente y
socializar eran cosas completamente distintas.
“Nadie nos verá .”
“¿Có mo puedes estar tan seguro… um?”
Sin embargo, Gezell se mantuvo irme. Mientras exploraba sin descanso
la boca de Rensley con má s profundidad que antes, el pecho de este
comenzó a latir rá pidamente con una mezcla de ansiedad y la inevitable
excitació n que la acompañ aba.
Habı́a demasiada luz. Aunque habı́an pasado bastante tiempo en el
agua y emergieron, el sol seguı́a suspendido en medio del cielo,
haciendo que todo fuera vı́vidamente visible. El azul del agua, el verde
de los á rboles, los colores de las lores, las semillas de uva y las copas de
vino recié n consumidas, los ojos y rasgos faciales del otro, las gotas de
rocı́o en las puntas del cabello mojado, cada detalle de la piel y el
cuerpo. Todo.
A pesar del miedo a ser descubiertos, no querı́an perderse la belleza del
momento. Ambos mantuvieron los ojos abiertos incluso mientras se
besaban. Lo ú nico que los ocultaba de la dorada luz del sol y de las
posibles miradas externas eran las columnas que rodeaban la cama y
las cortinas blancas semitransparentes que colgaban de arriba.
“Ah…”
El cuerpo de Rensley se tensó brevemente y luego se relajó . Con Gezell
sostenié ndolo desde arriba, no podı́a moverse con libertad.
Tocarse en un lugar iluminado no necesariamente intensi icarı́a las
sensaciones, pero sentı́a como si los dedos de Gezell deslizá ndose sobre
su piel crearan pequeñ as chispas. Rensley exploró suavemente la
espalda de Gezell, recorriendo sus irmes contornos, mientras se
besaban con los ojos abiertos, absorbiendo el entorno. La ú nica
protecció n contra el sol y las posibles miradas externas eran los pilares
que rodeaban la cama y las cortinas blancas semitransparentes que
colgaban de arriba.
Gezell, sin soltar los labios ni la lengua, continuó explorando el cuerpo
seco de Rensley. Sus dedos se movı́an juguetonamente por el cuello, los
hombros y la parte superior de los brazos de Rensley, deslizá ndose
hasta tocar sus pezones.
“El clima está despejado, por lo que tu cuerpo se secará rá pidamente”.
Los labios, ahora liberados, respondieron a las palabras de Gezell
respirando profundamente, pero Rensley no pudo responder de
inmediato.
Gezell se acercó a una mesita junto a la cama. Sobre ella, habı́a un
lorero de elaborado diseñ o y una hermosa botella de vidrio color
esmeralda con un contenido desconocido. Al inclinar la botella, un
lı́quido fragante goteó sobre sus pezones. Rensley, sorprendido, bajó la
mirada hacia su pecho.
"¿Qué es esto?"
Es aceite para masajes. Pero no llamaremos a una masajista.
“Ah…”
Dicho esto, Gezell se frotó los pezones con má s fuerza. El placer, ahora
mayor que antes, se extendió al bajo vientre de Rensley. La sensació n
sorda y el calor, parecido al dolor, que se acumulaban en la parte
inferior de su cuerpo se intensi icaban gradualmente.
La mano de Gezell rodeó el pene erecto, que se habı́a endurecido aú n
má s. El cuerpo de Rensley se contrajo brevemente y luego se hundió . El
p y j y g
agarre de Gezell le impedı́a retorcerse con libertad.
—Su Gracia deberı́a ser cautelosa… Ya hemos cruzado el lı́mite de lo
que podemos excusar si nos descubren.
“Originalmente eras alguien que compartı́a el amor con las mujeres”.
Fue una digresió n inoportuna. Rensley parpadeó sorprendido antes de
asentir. Era la verdad.
“Hasta que conocı́ a Su Gracia… Sı́.”
Ahora que lo pienso, probablemente esté s má s acostumbrado a usar
este lado que el trasero. Me preocupa que te sientas insatisfecho
conmigo despué s de conocerme.
¿Eh? ¿De repente...? Estoy satisfecho, de verdad. A veces, algo nuevo es
mejor que lo que estamos acostumbrados.
"¿Es eso ası́?"
Murmuró algo poco sincero y luego, descendiendo por el cuerpo, Gezell
inesperadamente tomó en su boca el pene erecto con el que habı́a
estado jugando.
Rensley se sintió genuinamente desconcertado y se sonrojó . Aunque
habı́an compartido varias experiencias, el acto realizado con la boca era
algo a lo que no terminaba de acostumbrarse. Le parecı́a una falta de
respeto recibir semejante servicio de un rey, especialmente en un lugar
tan expuesto.
“Su Gracia, eh, puedo encargarme de esto por usted”.
Con di icultad para hablar, Gezell extendió la lengua y lamió con malicia
desde la raı́z hasta la punta, adoptando una expresió n serena y brusca a
la vez. Despué s, miró a Rensley.
¿Por qué siempre me lo impiden? ¿No te gusta porque no tengo la
habilidad su iciente?
“¡Bueno, yo…!”
Gezell tragó saliva de nuevo, creando un sonido de succió n. Rensley se
sintió incó modo y se mordió el labio para reprimir la voz que querı́a
salir. Todo en Gezell era má s grande que Rensley, e incluso dentro de la
boca, la de Gezell era má s grande, engullendo fá cilmente toda la de
Rensley.
El calor que envolvı́a el sensible pene era intenso, y la suave lengua y el
mú sculo le provocaban un hormigueo intenso en todo el cuerpo. Quizá s
porque Rensley rara vez usaba la parte delantera ú ltimamente, o quizá s
por la situació n al aire libre, la estimulació n fue inusualmente intensa
para é l hoy.
“Ugh, ah… Su Gracia, ¿por qué hoy…?”
Gezell continuó sus acciones sin responder. Entre la vergü enza y la
culpa que le remordı́an la conciencia, era difı́cil resistir el placer que le
nublaba la vista.
Rensley hundió los dedos entre su largo cabello negro. El ritmo de
succió n de Gezell, como si fuera una señ al, se aceleró .
Los sorbos, como si chuparan el jugo de una fruta, continuaron. Rensley
intentó reprimirlos, retorcié ndose intermitentemente. Incapaz de
aguantar má s, apartó la cabeza de Gezell.
—Ah... ¡Para, por favor! ¡Creo que voy a...!
Querı́a evitar eyacular en la boca. Los labios de Gezell, empapados del
luido que Rensley habı́a liberado, estaban manchados con una mezcla
de lı́quido preseminal y saliva. Un placer sensual, normalmente
contenido tras una expresió n tranquila y serena, ahora a loraba en un
intenso tono rojo. Ante este deseo bajo la brillante luz, Rensley no sabı́a
qué hacer.
Incapaz de decir nada y simplemente mirá ndolo, la mano de Gezell se
movió hacia abajo, agarrando irmemente el pene ahora rı́gido, como si
estuviera a punto de lidiar con é l.
“¡Ah!”
“Hay que apaciguar adecuadamente este lugar para no llamar la
atenció n de los demá s”.
¿Qué ? ¿Cuá ndo atraje... ah... la atenció n... uuuh...?
Cuando Gezell la frotó varias veces con la mano, el clı́max inminente
llegó rá pidamente. El semen lechoso luyó como jugo derramado,
ensuciando la mano, antañ o elegante.
El estó mago de Rensley, tendido sobre la cama, reveló sus delgados y
largos mú sculos mientras se contraı́a.
Rensley miró con desdé n a Gezell, quien se lamı́a el semen de la mano.
Jadeando, encontró un lugar donde apoyarse y preguntó con voz tensa:
«Otra vez has estado... ja, observá ndome, ¿verdad?».
No es vigilancia. Es mi deber garantizar la seguridad de la Gran
Duquesa, quien se encuentra de visita o icial desde un paı́s lejano.
“Al principio, me impediste hacer payasadas y charlar con otros delante
de la gente, eh…”
La rá pida protesta de Rensley fue interrumpida. Gezell volvió a bajar el
cuerpo, esta vez comenzando a lamer la ingle y zonas aú n má s
profundas. Sintiendo la carne hú meda arrastrá ndose suave y pegajosa
sobre su piel, Rensley bajó la mirada y contuvo la respiració n.
Las grandes manos de Gezell separaron lentamente los muslos de
Rensley. La deslumbrante blancura de su cara interna quedó
completamente expuesta a la luz del sol. El semen, de un color similar al
de la cortina translú cida que cubrı́a la cama, luı́a desde los testı́culos
hasta el perineo.
Siguiendo la luz del sol, Gezell lamió cada rincó n entre las piernas de
Rensley. Rensley no se resistió y se permitió gemir de placer mientras
las tiernas caricias de Gezell se sentı́an como una dulce siesta. Tras
levantar las piernas de Rensley sobre sus hombros, la lengua de Gezell,
que habı́a estado lamiendo el perineo, se deslizó má s y má s abajo.
Rensley sintió que su rostro se calentaba gradualmente. La cabeza le
daba vueltas, como si estuviera atrapado en un sueñ o de incierta
bondad o maldad. Era mareante y letá rgico. Si no hubiera habido
cortinas en la cama, podrı́a haberse expuesto al cielo azul a travé s de un
agujero.
Rensley inalmente intentó juntar las piernas en ese momento, pero ya
era demasiado tarde. Gezell rodeó irmemente ambos muslos con sus
fuertes brazos, hundiendo el rostro entre sus blancas nalgas.
Mientras la lengua exploraba con iereza la zona sensible de arriba, el
cuerpo de Rensley reaccionó como si lo hubieran sumergido en agua
frı́a, agudizando sus sentidos. Sus pupilas temblaron, sin saber dó nde
enfocar.
“Ah, Su Gracia, adentro… ¡eh, ah…!”
Gezell continuó sin responder, lamiendo las paredes internas con má s
profundidad esta vez. Sorprendido por el espacio inesperadamente
reducido, Rensley se retorció . Su consciencia se volvió má s clara, como
si estuviera sumergido en agua frı́a.
Mientras Gezell hacı́a lo que se proponı́a, Rensley, abrumado por un
surrealismo excesivo, no se resistió . Se quedó con la mirada perdida,
observando ú nicamente los fragmentos de la escena que entraban en su
campo de visió n.
Con un chapoteo, como si un gato lamiera leche, la lengua hú meda
alcanzó la estrecha entrada, derritiendo el cuerpo de Rensley como un
sueñ o fugaz. El ojo de Rensley tembló , sin saber dó nde enfocar.
—Ah, Su Gracia, no, ¡ah, oh…!
Gezell, apartando los hombros y la cabeza de Rensley sin reaccionar, no
se detuvo, sino que profundizó má s. Rensley, que habı́a estado rasgando
las sá banas, inalmente se tapó la boca con la mano. Aunque sabı́a que
no habı́a nadie cerca, no querı́a arriesgarse a llamar la atenció n de
alguien con un ruido fuerte.
“¡Uf, oh, ohh…!”
Gemidos reprimidos se iltraron entre sus dedos. La palma que cubrı́a
su boca retuvo el aliento hú medo, y un ligero sudor se formó en la
frente, enfriada por el agua frı́a.
Con fuerzas debilitadas en la cintura y las piernas, incapaz de apartarlo,
Rensley, impotente y sin expresió n, miraba só lo los fragmentos del
paisaje que entraban en su vista.
“Ja, ah, ueung…”
“Rensley….”
Un suave gemido y la voz que lo llamaba se entrelazaron en voz baja. La
mano que sujetaba la cintura de Rensley se deslizó hacia atrá s,
esculpiendo lentamente sus nalgas.
El irme glande rozó los densos pliegues y comenzó a penetrar la
estrecha abertura. Poco a poco, el torso de Rensley se balanceó y se
inclinó hacia abajo con una sensació n de penetració n. El brazo
tembloroso de Gezell agarró la espalda temblorosa de Rensley,
atrayé ndolo hacia sus brazos.
“Ah…”
Mientras su toque se detenı́a brevemente en el pene palpitante de
Rensley, sus labios mordisqueaban la presió n que aumentaba
gradualmente. Sintió un hormigueo en la columna, y la sensació n era
similar a la primera inserció n, evocando tiempos frı́os. El bajo vientre
se llenó de una sensació n pesada.
Aunque no expresaba placer, la sensació n parecı́a estar cerca. Rensley
no pudo evitar quedarse sin aliento, incapaz de controlar su respiració n
acelerada. Con un beso ligero, Gezell susurró : «Ultimamente, parece
que te has vuelto má s sensible... ¿Te pasa lo mismo?».
“Eh, no sé … ¡No sé …!”
Aunque dijo no saberlo, Rensley sı́ lo sentı́a. Tras pasar noches en la
prisió n de la Torre Norte con un hombre medio muerto, su cuerpo se
volvió extraordinariamente sensible.
El extrañ o e hinchado pene habı́a permanecido dentro durante bastante
tiempo. Las paredes internas, que se estimulaban dondequiera que las
tocara, le producı́an un hormigueo que le llegaba hasta las yemas de los
dedos. Cuando el largo y grueso pene se deslizó en lo má s profundo, el
intenso placer lo hizo estremecer y gemir mientras convulsionaba.
Al principio, fue lento y cauteloso. Pero ese tiempo no duró mucho,
pues Gezell no esperó a que la gruesa masa se aclimatara a su cuerpo.
Levantó las caderas con fuerza y sin demora. Rensley, recostado sobre
Gezell, soltó un grito breve y se aferró a sus hombros con rapidez.
“Oh, Su Gracia… Es demasiado fuerte…”
"Iré despacio."
“Sı́… Eh, ah…”
La respiració n y la voz de Gezell estaban cargadas de calor. Cuerpos
apilados uno sobre otro, el sonido del agua latiendo entre ellos.
Rensley hundió el rostro en los anchos hombros de Gezell y cerró los
ojos. Poco a poco, la conciencia de dó nde estaban desapareció de su
mente. Solo la sensació n del intruso tocá ndolo, el calor y la textura de
su piel permanecieron en este mundo. Rensley se perdió en el placer
que se extendı́a por todo su cuerpo.
Gezell, sabiendo qué hacer, continuó sin detenerse y profundizó
gradualmente. Rensley sintió que su consciencia se agudizaba como si
saliera de un bañ o frı́o.
“Hu… Ja… Ahhh…”
Su voz no salió de golpe; en cambio, se volvió esporá dica. Ni sol, ni lago,
ni viento ni cantos de pá jaros. El mundo de Rensley carecı́a de ellos.
Mientras Rensley luchaba con una voz que no habı́a tomado forma, el
arma que lo golpeaba implacablemente en la espalda no daba señ ales
de detenerse. Al contrario, solo se intensi icaba.
El color del placer que consumı́a su cuerpo era tan oscuro y negro como
las incontables noches que habı́an pasado juntos. No era diferente a
estar bajo la luz del sol.
Rensley se sumergió en el placer agridulce que se habı́a apoderado de
su cuerpo. Se aferró al hombre que lo abrazaba, incapaz de despejar los
pensamientos oscuros de su mente. Se entregó a la abrumadora
sensació n, hundiendo la cabeza en el abrazo del hombre.
“Uung, bien, ah, bien… ¡Hngh, haah, ah, ah…! ¡Para, para…!”
Mientras Rensley se retorcı́a con cada embestida, alternaba entre
expresar placer y rogarle que se detuviera, incapaz de decidir lo que
realmente querı́a.
—Ja, Rensley. Ven aquı́. Acé rcate.
—¡Ah, aaah! ¡Eh…!
Aunque ya estaban apretados como un solo cuerpo, Gezell acercó aú n
má s la cintura de Rensley. Al levantarse, la conexió n se profundizó .
Rensley tembló y se encogió , sintiendo que todo su cuerpo se
derrumbaba.
Con la profunda penetració n, Gezell se detuvo momentá neamente,
como si les diera un breve respiro. Rensley, soportando la punzada en
su interior, frunció el ceñ o como si soportara dolor.
Al poco rato, recuperó la vista poco a poco, y Rensley, sudando
frı́amente, miró a su alrededor confundido. Habı́a olvidado mirar a su
alrededor en el caos de sus gemidos.
“Eh… Su Gracia.”
Sorprendido, Rensley apartó a Gezell de los hombros. Sin embargo,
Gezell lo abrazó con má s fuerza y le preguntó : "¿Por qué te pones ası́?".
“Hay…alguien.”
Ante las palabras de Rensley, Gezell volvió la mirada en la misma
direcció n. Tras la cortina translú cida, era evidente que alguien se
movı́a, probablemente un sirviente que reponı́a bebidas y comida. Se
oı́an sonidos de lı́quido vertié ndose y el tintineo de platos.
Sorprendido, Rensley se agachó y parpadeó . Gezell lo tranquilizó con
indiferencia: «Está bien».
—¡Ay, no! ¡Hngh, no! No está bien. Que te vean haciendo esto con un
hombre... ah, no está bien...
Por lo general, la realeza y la nobleza no se avergonzaban de exhibir
escenas de intimidad. Como Lady Samlet habı́a dicho hacı́a mucho
tiempo, incluso habı́a casos en que celebraban banquetes pú blicos con
tales ines.
Sin embargo, Rensley, al ser un miembro no o icial de la realeza, no era
ajeno a tales tradiciones. La conexió n entre é l y Gezell se habı́a
mantenido en secreto, algo que jamá s debı́a revelarse.
Sobre todo, ser descubierto disfrutando de un momento apasionado en
el palacio que habı́a engañ ado a Ivet hacié ndose pasar por la Gran
Duquesa, y especialmente si se trata del rey de Aldrant, sorprendido en
el acto con un caballero a su lado para protegerlo. Ademá s, si habı́a
planes para anunciar a ese caballero como la Gran Duquesa má s
adelante.
"Por favor…."
Incluso la idea era confusa. Rensley empujó con fuerza los hombros y
brazos de Gezell, pero incluso cuando este no cedió , Rensley golpeó sus
muslos con determinació n. Cuando la sensació n de crisis se agudizó ,
incluso el acto de desenvainar una daga contra el cuerpo del rey se
volvió insigni icante.
“Su Gracia, por favor suelte esto.”
“Dijiste que estaba bien, ¿no?”
¿Qué dice? De verdad que no. Su Gracia, no es tan sencillo como cree,
¿eh...?
Mientras Rensley luchaba por detenerse, la mano que le presionaba la
pelvis se tensó . A medida que lo que se habı́a incrustado
profundamente empujaba aú n má s, Rensley no pudo continuar su
protesta y bajó la cabeza. Su largo cuello temblaba levemente.
Mientras hacı́a coincidir sus labios con las orejas y el cuello enrojecidos,
Gezell susurró con voz acalorada.
No te preocupes. No puede vernos.
—¿Huut, sı́…? ¿Qué …? ¿Qué …?
Alquilé este lugar, y aunque no haya nadie, solo hago lo que hay que
hacer. Ahora mismo, a sus ojos, esta cama parece vacı́a.
Rensley miró hacia afuera con lá grimas en los ojos. No podı́a creer lo
que oı́a.
Los sirvientes de la realeza y la nobleza eran personas que hacı́an la
vista gorda incluso si se desataba el caos ante ellos. ¿Qué sirviente se
quedarı́a boquiabierto ante la escena del invitado del emperador
participando en tales actos?
¿Es magia otra vez? Eh... ¿Crees que soy tonto?
Es cierto. ¿No te he hablado antes de la magia que crea una barrera?
Mantener una cama oculta a la vista de los demá s no consume mucha
magia.
“Los asistentes del palacio ingen no ver tales escenas… ingen no verlas
y luego difunden rumores a sus colegas”.
—Entonces llá malo. A ver si responde. Invı́talo a tomar algo con
nosotros.
La nuez de Rensley tembló al tragar saliva. Aú n conectado
profundamente con Gezell, lo llamó con una voz que se habı́a
recuperado ligeramente.
“Toma… ¿Te gustarı́a tomar algo?”
Rensley miraba ijamente hacia afuera, lleno de curiosidad animal. Sin
embargo, solo se oı́a el sonido de la organizació n tras la cortina.
Realmente no hubo respuesta.
Mientras Rensley observaba nervioso la situació n exterior, Gezell volvió
a mover las caderas. A medida que la sensació n que lo habı́a embargado
comenzaba a desvanecerse, Rensley se apresuró a cubrirse la boca con
ambas manos.
“Uh… ¿có mo pasó esto…? uh… es má s estrecho que antes…”
“Eh, eh, eh… eh…”
Incluso con los movimientos lentos, Rensley respondió con
impaciencia. La sensibilidad interior, temblando de anticipació n, aferró
con fuerza el pene. Gezell reprimió un gemido bajo. Lo sacó hasta la
punta y lo introdujo profundamente, solo una vez, pero la sensació n era
como si hubieran tenido mú ltiples rondas de sexo apasionado. Tomó la
mano de Rensley, que le cubrı́a la boca.
“Está bien… Puedes hacer ruido.”
“Ah, no me gusta… Pero aú n ası́… se siente…”
Rensley respondió en un susurro, pero volvió a taparse la boca. La nuca
se alzó hasta quedar blanca. Los mú sculos de la espalda, que parecı́an
contraerse al acercarse el clı́max, se aferraban, haciendo que los
muslos, la cintura, los labios y la barbilla temblaran sin control.
La excitació n de Gezell se desbordó sin control mientras besaba y lamı́a
indiscriminadamente cada parte visible: orejas, cuello y mejillas. Le
susurró a Rensley al oı́do.
“Entonces, de initivamente te ocultaré para que nadie pueda verte”.
Antes de que Rensley pudiera responder, la capa de Gezell, que habı́a
quedado tirada a un lado de la cama, ondeó y cayó sobre é l. La suave
capa azul oscuro lo cubrió como una manta desde la cabeza hasta la
espalda.
Esta vez, la oscuridad no se debı́a a su estado de á nimo, sino a que se
volvió completamente oscura. Rensley parpadeó y luego, lentamente,
soltó la mano que le cubrı́a la boca. Al hacerlo, Gezell, sujetando a
Rensley con fuerza, comenzó a golpearlo ferozmente hacia abajo.
“Uh, haah, uung, yo… ¡eh, ah, aah!”
Aunque el sonido no desapareció por completo porque estaban ocultos,
cuando Gezell empezó a moverse correctamente, esta vez se volvió
realmente insoportable. Incluso si los ruidos se amortiguaban o se
escupı́an al tragar, parecı́a que no habrı́a mucha diferencia.
'Quizá s incluso si se levanta la magia, deberı́a estar bien siempre y
cuando no se revele la identidad.'
Si ese es el caso, podrı́a evitar los rumores sobre que el rey de Aldrant
disfrutaba de momentos ı́ntimos con su caballero. Parecı́a estar bien. Su
cabeza, aturdida por el placer y el alivio, le infundı́a un optimismo
infundado.
Mientras reprimı́a los gritos y gemidos que no dejaba de salir, Rensley
sollozaba suavemente. En medio del intenso placer que lo embargaba
sin descanso, rodeó con sus brazos los hombros de Gezell y lo atrajo
hacia sı́. Los hombros de Gezell se estremecieron, abrumado por las
incesantes sensaciones, aunque el clı́max aú n no habı́a llegado.
“Su Gracia, Su Gracia, eh, Su Gracia…”
"Puaj…"
Rensley, como si lanzara un hechizo para llamar a su mago en medio de
una ola implacable, llamó a su propio hechicero. Era como si hubiera
olvidado quié n lo habı́a empujado a esa marea, hacié ndolo a ciegas.
Mientras se raspaba la cara contra los hombros del hombre.
Gezell sujetó irmemente su cuerpo con su capa y susurró una voz
ferviente al oı́do de Rensley.
“Rensley, tú tambié n, jajaja… llá mame por mi nombre.”
“Eh, Su Gracia, su nombre…”
"Por supuesto."
“Gezell, ah, Gezell, Ge… ¡eh!”
La respiració n y los movimientos de Gezell se intensi icaron al instante.
Los sonidos de la vigorosa fricció n, como si se vertiera condimento
sobre las nalgas ya enrojecidas, se intensi icaron rá pidamente.
Fuertemente atado por los brazos y la capa, Rensley abandonó por
completo su dé bil racionalidad y gritó en cuanto salió .
¡Ja, ja, ja, ja!
Su cuerpo temblaba incontrolablemente, y los dedos lisos se
retorcieron independientemente antes de encorvarse. El cuerpo que
deberı́a haber estado pegado al pecho de Gezell intentaba inclinarse
hacia atrá s una y otra vez. Un luido turbio brotó de la punta del pene
de Rensley como un chorro.
"Eh…!"
El pene de Gezell, incrustado en el abdomen, inalmente tambié n
erupcionó , expulsando oleadas de calor. En la ancha espalda del
hombre con la boca abierta, grandes mú sculos se hincharon y luego se
asentaron con cada respiració n rá pida.
“Huuh, jaja…”
Tras un largo clı́max, Gezell, respirando con di icultad, liberó al hombre
convulsionado de su abrazo. Besando el rostro hú medo de Rensley
varias veces, retiró con cuidado el tesoro que habı́a aferrado con fuerza,
impidiendo que se lo arrebataran. El brillante cabello dorado, el cuerpo
blanco aú n temblando por las secuelas del placer, yacı́an despatarrado
sobre la inmaculada cama blanca.
La insignia real de la familia real Aldrant, bordada en la capa
iridiscente, estaba ahora manchada de semen, colocada bajo ese
cuerpo. Gezell, observando con satisfacció n el cuerpo robusto y terso
que se agitaba como un caballo brioso, se recostó . Entre las persistentes
señ ales del clı́max, Rensley, aú n aturdido, oyó a Gezell lamer y susurrar
mientras se superponı́a a sus cuerpos.
«Rensley, mi Gran Duquesa». Como un niñ o orgulloso de haber
obtenido algo enteramente suyo por primera vez.
Cap. 14.4 - Invitado no invitado
Tras descansar y disfrutar del lago, Rensley, que habı́a regresado al
dormitorio del Duque, se despatarró como una esponja empapada. Sin
molestarse en ajustarse la bata, estiró las piernas en la gran cama.
Dá ndose vueltas perezosamente, Rensley refunfuñ ó con indiferencia.
Es demasiado para estar sofocante en pleno dı́a. Estoy tan cansado que
no podré hacer nada por la noche.
No hubo respuesta de Gezell. Inesperadamente, tenı́a una expresió n
algo sombrı́a. Despué s de nadar a sus anchas bajo la brillante luz del
lago y devorar gente como una bestia allı́ mismo, ¿por qué estarı́a
descontento ahora?
Para Rensley, Gezell era un hombre con un mundo interior a veces
incomprensible. Se incorporó y se colocó junto a Gezell, quien seguı́a
acostado en la cama.
¿Por qué está s ası́? Solo dime. Tendré energı́a incluso por la noche.
“La verdad es que ú ltimamente me siento un poco…”
¿Qué pasa? Dı́melo. Si puedo ayudar en algo, haré todo lo posible.
Gezell no respondió de inmediato. Tenı́a una mirada ligeramente
evasiva, como si é l fuera el que se habı́a equivocado. Finalmente habló
un poco má s tarde.
“Normalmente, solo pensar en ti llorando me rompe el corazó n, pero…”
“¿Pero qué ?”
“…por alguna razó n, cuando tenemos intimidad, pre iero que llores.
Aunque dijiste que no te gustaba hoy, simplemente me concentré
má s…”
"Ah."
La breve exclamació n fue má s un matiz de «¿De verdad?» que de
sorpresa. Rensley sonrió levemente y besó la mejilla de Gezell, que se
habı́a vuelto má s seria, como si hubiera cometido un error.
"Eso es perfectamente normal."
"¿Crees eso?"
Si has probado algo dulce, quizá quieras hacer llorar a alguien con tus
propias cosas. Es algo comú n. Ademá s, ¿no eres… bastante excepcional?
No es algo que cualquiera pueda hacer solo porque quiera, ası́ que
puedes estar un poco orgulloso.
¿De verdad? ¿Entonces Maelrosen tambié n se siente ası́ cuando me
mira?
"¿Qué ?"
Rensley miró sorprendido a Gzell.
¿Y bien? El actual Rensley Maelrosen era sin duda alguien que
compartı́a el amor con un hombre, y se habı́a acostumbrado por
completo a aceptarlo. Sin embargo, esto era solo una ané cdota de su
relació n. Si le preguntaban si alguna vez habı́a considerado a un
hombre como objeto de deseo o amor por curiosidad, decı́a…
“Um… creo que es mejor para mı́ llorar.”
¿Eso tambié n es normal?
—Claro. Ambos somos perfectamente normales. Seamos normales o
anormales, si llega el dı́a en que quieras atarme los brazos sin motivo y
hacerme llorar golpeá ndome las nalgas con una muleta, entonces
puedes preocuparte.
Gezell frunció el ceñ o, sorprendido.
Qué historia tan rara. Por alguna razó n, jamá s te golpearı́a.
Mire esto. Ya está dentro de lo normal. Aun ası́, como Su Excelencia
tiene tan buena energı́a, por favor, no se preocupe demasiado.
Cuando Rensley sonrió , Gezell inalmente relajó su expresió n y le
devolvió el beso en la mejilla.
Lo siento. Les daré instrucciones con antelació n, ası́ que por favor,
coman có modamente aquı́.
—Pero Su Gracia deberı́a cenar con gente de la Corte Imperial como
Ivet, ¿no? Yo cenaré con mis compañ eros caballeros.
“Pensé en traer todo tu equipaje a esta habitació n, pero…”
No. Mientras esté en el palacio, me alojaré con mis compañ eros
caballeros en los aposentos de los caballeros. No serı́a raro ir y venir de
vez en cuando, pero si seguimos aquı́, todos lo verá n como favoritismo.
Preguntá ndose si los demá s se habı́an divertido en el bañ o pú blico,
Rensley, en una larga posició n postrada, miró a Gezell.
Como me trajiste aquı́ durante el dı́a, no pude hacer turismo. No he ido
al mercado ni he visto la torre del reloj de cerca. Si terminamos de
cenar y tenemos tiempo, ¿puedo ir a hacer turismo con otros
miembros?
Está bien. No tengo intenció n de detenerte. Serı́a bueno que fué ramos
juntos, pero como Duque, vine a anunciar mi relació n con el Emperador,
ası́ que no puedo ir a ver la plaza desde el primer dı́a.
Apenado por salir solo una noche, Rensley besó la mejilla de Gezell.
Sonriendo, Gezell preguntó en voz baja:
¿Te gusta la torre del reloj? ¿Deberı́a construir una en Roudken
tambié n?
Si digo que me gusta, ¿hará s algo que yo quiera? Solo quiero ver algo
grande y bonito. Ni siquiera sé leer bien un reloj.
Bromeando, Gezell se acostó junto a Rensley, apoyando su cabeza sobre
su costado.
No es difı́cil. Eres inteligente, ası́ que lo entenderá s enseguida. Si te
parece bien, te lo enseñ o ahora.
"¿Ah, de verdad?"
Espera un momento. Si tengo papel y bolı́grafo…
—Los traje. Por favor, escrı́beme aquı́. Ası́ puedo revisarlo yo mismo.
Rensley bajó apresuradamente debajo de la cama, rebuscando en una
pequeñ a bolsa que colgaba junto a la silla de montar. Sacó un cuaderno
lleno de garabatos, notas y bocetos, el mismo cuaderno donde habı́a
escrito una carta que no tenı́a intenció n de mostrarle a Gezell. Hacı́a
tiempo que Gezell no le habı́a pedido que se quedara con la carta, y
Rensley se la entregó a regañ adientes.
Al abrir el cuaderno, Rensley hojeó las pá ginas hasta que aparecieron
algunas en blanco. De repente, Gezell ijó su expresió n y agarró la mano
de Rensley que sostenı́a el cuaderno.
—¿Su Excelencia? ¿Por qué vuelve a hacer esto?
Gezell ya habı́a pasado varias pá ginas. Mientras Rensley lo observaba
con expresió n perpleja, encontró la pá gina deseada, desdobló el
cuaderno y bajó la mirada en silencio. No hubo cambios signi icativos
en su rostro pá lido, pero parecı́a insatisfecho con algo. Rensley dirigió
su mirada a la pá gina que Gezell habı́a encontrado.
Allı́, Rensley habı́a dibujado garabatos. Un carruaje tedioso que llegaba
hasta Pheraira, un oso negro con corona y capa, y un dibujo
humorı́stico con el nombre de Gezell Jivendad debajo. Era un garabato
que a Rensley le gustaba dibujar cuando se aburrı́a, y a medida que lo
repetı́a, su estilo se habı́a consolidado.
¿Se enojó porque me atrevı́ a dibujar al rey como un animal?
Representar a las personas como animales es una té cnica comú n en las
caricaturas, ası́ que podrı́a malinterpretarse. Rensley ofreció una
explicació n rá pidamente.
“Su Gracia, esto es solo una broma”.
“Todavı́a dibujas este tipo de imá genes”.
Es solo una broma. Garabatos. No te dibujé como una bestia... Se trata
de la imagen. De encajar con la imagen.
“Quizá s pensé que podrı́a ser ası́ antes, pero no sabı́a que todavı́a me
veı́as ası́”.
“Simplemente pensé que se sentı́a similar…”
¿De verdad es algo que incomoda tanto? No era una burla; en realidad,
era un dibujo lleno de cariñ o. Rensley, quien siempre habı́a sido
indulgente con su propia rudeza y defectos, se volvió cauteloso cuando
Gezell se comportó con una sensibilidad inusual.
Los osos son animales grandes y adorables, ¿verdad? Aparecen mucho
en cuentos antiguos, y si se les enseñ a bien, pueden hacer trucos. Una
vez vi a un comerciante en la Plaza Celestina hacer rodar una pelota con
un oso enorme, y era realmente adorable. Cuando veo a Su Gracia
sentado solo junto a la chimenea, me recuerda a un oso, ası́ que lo
dibujé . No tiene otro signi icado.
Al oı́r esto, Gezell permaneció en silencio, solo mirando a Rensley. El
leve ceñ o fruncido que habı́a aparecido inicialmente ahora parecı́a
inseguro.
Los osos son animales muy agresivos. Ademá s de ser agresivos, son
omnı́voros y dañ an cultivos, ganado y humanos por igual. Su carne y
pelaje tambié n son menos valiosos en comparació n con otros animales
salvajes.
¿Eh? ¿Osos? Los osos que he visto eran tiernos y adorables...
“Los osos del bosque no son nada dó ciles”.
Rensley estaba sinceramente sorprendido. Parpadeando un par de
veces, comprendió rá pidamente la razó n de la incomodidad de Gezell y
se acercó a é l.
¿En serio? Si no me crees, pregú ntale a Ivet. ¿Dirı́a Ivet lo mismo que
yo? La gente de Cornia suele encontrar adorables a los osos cuando
oyen hablar de ellos. No he vivido en el bosque del sur, donde casi no
hay osos, y no soy cazador, ası́ que ¿có mo iba a saber de los osos
salvajes?
“…Entonces, ¿eso signi ica que los dibujos que hice en el pasado no
pretendı́an retratarme como feroz, amenazante e inú til?”
—¡De ninguna manera, Su Gracia!
Al ver la confusió n de Rensley, Gezell volvió a mirar el dibujo. Su
expresió n se suavizó poco a poco y, al inal, asintió con la cabeza, como
si comprendiera.
“Independientemente de lo reales que sean los osos, los dibujos que
hiciste son lindos”.
"¿Es eso ası́?"
“Entonces, ¿aprendemos a leer un reloj?”
"¡Sı́!"
Gezell volvió a extender una pá gina en blanco, dibujó un cı́rculo y
escribió nú meros de reloj dentro.
Dicen que la torre del reloj de la plaza es un lugar turı́stico, pero se usa
a menudo para concertar citas. Es fá cil de localizar en cualquier lugar,
ası́ que si sugieres quedar allı́, es fá cil que la otra persona te encuentre.
Exactamente. Por eso hay tantos restaurantes y pubs deliciosos por esa
zona. Suele usarse como lugar para que las parejas celebren el amor o
se casen. Hace poco leı́ una novela sobre un caballero y una reina que se
enamoran de forma prohibida. Finalmente, deciden escapar juntos, y
hay una escena en la que la reina se disfraza de doncella y va a
encontrarse con el caballero que la espera bajo la torre del reloj. Era
una historia fantá stica... Dijeron que la torre del reloj estaba inspirada
en la de Molbessa, ası́ que tenı́a aú n má s ganas de verla en persona.
“Un romance y fuga de la reina… No sabı́a que habı́a literatura tan
inapropiada en mi biblioteca”.
Al ver que los ojos de Gezell se entrecerraban sutilmente, Rensley se
echó a reı́r. Acercá ndolo má s al cuello, lo besó un par de veces, y Gezell
pronto respondió con una risa suave.
“Só lo sé que eres tú quien se burla de mı́ con tanta facilidad.”
“Por favor, manté ngalo como secreto nacional”.
La pró xima vez, vamos juntos a la torre del reloj. Podemos ijar una
hora, y si esperas, iré .
"¿Está is pensando en huir juntos?"
No es mala idea. El paı́s se pondrá patas arriba.
Terminando la broma tonta, Gezell acarició suavemente el cabello rubio
de Rensley.
“Si está s pensando en beber al aire libre, asegú rate de no
emborracharte demasiado”.
Vine como caballero; claro, no puedo emborracharme. …No piensas
volver a cuidarme, ¿verdad? No te preocupes; iremos muchos juntos.
“Lo diré otra vez: nunca te he cuidado”.
Ignorando la mirada sospechosa de Rensley, Gezell cubrió los nú meros
con un lá piz.
Ahora, mira esto. Al leer un reloj, divide las horas por los minutos. Al
mirar los minutos, considera el espacio entre los nú meros como 5.
Cuando Gezell comenzó su explicació n, Rensley se concentró de
inmediato en sus palabras. Escuchar la voz baja y tranquila que le
enseñ aba algo le recordó la preparació n para los exá menes de
caballero, y no pudo evitar sonreı́r.
Aunque Rensley no fuera conocido por su a ició n al estudio, aprender
sobre el uso prá ctico de las cosas que le intrigaban siempre le resultó
interesante. Má s aú n cuando provenı́a de Gezell.
***
Para cuando terminó la cena, el sol casi se habı́a puesto. Sin embargo, el
mercado de Molbessa permaneció abierto hasta altas horas de la noche.
Incluso corrı́an rumores de que era má s agradable por la noche.
Rensley y los caballeros, tras terminar su cena y entusiasmados, se
prepararon de inmediato para salir.
Mientras ajustaba la silla de su caballo, Rensley preguntó a sus
compañ eros: "¿Có mo estuvo el bañ o pú blico?"
¡Fue increı́ble! Voy a ir a Pheraira otra vez solo por eso. Rens, es una
pena que no pudié ramos disfrutarlo todos juntos. Por cierto, ¿qué pasó
con tu ropa? ¿Te cambiaste?
Parece que alguien me gastó una broma mientras estaba en la bañ era.
Se largaron en cuanto regresé .
No era mentira si no especi icaba quié n lo hizo. Como a veces habı́a
magos o hechiceros que lanzaban hechizos molestos a personas al azar,
los compañ eros pensaron que podrı́a haber sido uno de esos casos.
Rensley tomó las riendas de Marilyn, su caballo, e instó a sus
camaradas: «Vá monos rá pido. El capitá n dijo que volvié ramos a las
diez».
"Sı́."
Sin embargo, mientras los caballeros se apresuraban hacia la puerta del
castillo, tuvieron que detenerse de nuevo. Otra procesió n entraba en la
ciudad por la puerta central.
¿Qué es esto? ¿Venı́a má s gente?
Era una procesió n considerable, tan numerosa como el enviado del
Norte que habı́a traı́do el duque Aldrant. Brillantes antorchas ardı́an
cerca de la puerta para dar la bienvenida a los nuevos visitantes.
Banderas rojas ondeaban en el cielo. Rensley las observaba con ojos
inexpresivos. El familiar emblema de la vid dorada con espinas, visto a
diario desde la infancia, se hacı́a notar incluso contra el cielo que se
oscurecı́a.
"De ninguna manera."
g
El hombre que iba al frente de la procesió n tocó una trompeta y gritó :
“¡El rey de Cornia, Fé lix Dimora Elbanes, llegó para presentarse ante Su
Majestad Imperial!”
Aú n tardarı́a un poco en llegar a la Torre Imperial desde la puerta
central. La fanfarria no llegarı́a directamente al Emperador dentro de la
torre. Era solo un saludo ceremonial para anunciar el inal del proceso
de entrada.
Sin embargo, Rensley sintió un escalofrı́o en los hombros, como si ese
grito lo hubiera convertido en el blanco de un asesinato con irmado. La
voz del jinete fue como una lecha que le atravesó el corazó n, no los
oı́dos.
El nombre que nunca esperó oı́r allı́ hizo que los ojos de Rensley
temblaran de confusió n y luego se fruncieran ligeramente con fastidio.
No sabı́a que el rey de Cornia planeaba visitarlo. Si Gezell lo supiera, no
lo habrı́a ocultado.
Se necesitan má s de diez dı́as para viajar de Aldrant a Pheraira, incluso
con magia, pero desde la frontera de Cornia hasta aquı́, se puede llegar
en mucho menos tiempo a caballo. Podrı́a haber habido un cambio
inesperado en el itinerario. Si el anuncio de la visita del Rey de Cornia
no se hubiera hecho al Palacio Imperial con antelació n, serı́a natural
que Aldrant no estuviera al tanto de la noticia.
A medida que la caballerı́a avanzaba, los carruajes que los seguı́an
tambié n comenzaron a moverse. El fuerte sonido de los cascos de
numerosos caballos resonó con fuerza en el suelo. El carruaje, decorado
con la mayor profusió n, probablemente transportaba al recié n
coronado rey. Estaba demasiado oscuro para ver el interior desde fuera,
ya fuera por la hora del dı́a o por las cortinas corridas. Frente a la
puerta del castillo, brillantemente iluminada en la noche, solo el rostro
de Rensley brillaba tenuemente.
—Ah, ¿ası́ que viene una delegació n de Cornia? No he oı́do nada al
respecto. En in, Rens, esto te viene bien. Quizá s haya venido alguien
que conozcas. La duquesa tambié n estarı́a encantada.
—Ah… sı́. Es cierto.
Tardará n un poco en entrar todos, ¿verdad? Deberı́amos haber
esperado un poco má s y habernos ido.
Las voces de sus camaradas, que desconocı́an la situació n, fueron
ahogadas por el latido palpitante del corazó n de Rensley. Aunque nada
habı́a sucedido, la inquietud provenı́a de añ os de experiencia.
Emociones que se habı́an mantenido ocultas como muertos a loraron
repentinamente por re lejo. Rensley respiró hondo varias veces, negó
levemente con la cabeza y disipó los restos de ansiedad.
El Palacio Imperial era inmensamente vasto, y Rensley Maelrosen era
solo un miembro de la guardia del palacio, un simple caballero. Durante
su estancia en Pheraira, Gezell estarı́a custodiado por Ivet y Anton, y
Rensley no tendrı́a muchos deberes o iciales que atender. Fé lix tambié n
solo asistı́a a eventos con dignatarios, por lo que la probabilidad de
encontrarse con é l de cerca hasta que abandonara Pheraira era muy
baja.
Incluso si se encontraran, felicitarlo por su ascenso al trono serı́a
su iciente. Fé lix Elbanes ya no era el inexperto prı́ncipe heredero.
Aunque tenı́a una personalidad peculiar, poseı́a la habilidad para
asegurar el trono. Sobre todo, «Aunque sea solo un rango inferior, ahora
soy un caballero de Gezell Jivendad».
Estar tenso por culpa de un humano al otro lado del continente le
resultaba inaceptable. Finalmente, la procesió n se detuvo. El caballo
que se encontraba al inal se alejó gradualmente, mostrando la cola.
"Ahora vá monos."
Rensley sonrió radiante, sacudiendo las riendas. Los caballos de los
jó venes caballeros cruzaron la puerta del castillo a toda velocidad.
Cap. 15.1 - Otro mago
Cuando el duque Gezell visitaba el palacio real, la hora de la comida se
prolongaba considerablemente. La cena, que comenzaba antes de la
puesta del sol y se prolongaba hasta bien entrada la noche, parecı́a un
banquete sin baile. Los platos sobrantes llegaban sin cesar, y las bebidas
y el té se reponı́an constantemente.
Este añ o, el Emperador, con el pelo apenas canoso despué s de los
cincuenta, elogió a Gezell e Ivet sin contar las veces. «Ustedes dos se
complementan de maravilla. A medida que envejezco, ver a los jó venes
encontrar su media naranja y lorecer me hace feliz. Tu padre, que dudó
en despedir a su hija, estarı́a satisfecho viendo esto».
La mesa del comedor estaba ocupada por varias personas. El
Emperador en el centro, la Emperatriz a su izquierda, y su hermano
menor y el prı́ncipe heredero a su derecha. Gezell e Ivet se sentaron en
la ila contigua, mientras nobles, diplomá ticos y diversas iguras
in luyentes de diferentes paı́ses formaban ila, conversando.
Me disculpo por enviar a la princesa tan lejos de repente. Sin embargo,
al ver esto, siento que deberı́a estar agradecido. Aldrant es un lugar
realmente hermoso.
Sea bueno o no. Ha pasado tiempo desde mi ú ltima visita, pero siempre
me pareció hermoso cuando venı́a.
Ivet sonrió con sinceridad, como si estuviera verdaderamente
complacida. A pesar de su perfecta interpretació n de una princesa
tranquila y elegante, su inherente vivacidad y modestia se revelaban
sutilmente en su voz y mirada. Su alegre actitud creó un ambiente
positivo en la mesa desde el principio.
Por otro lado, corrieron rumores por todo el continente sobre Gezell
Jivendad, gobernante de Aldrant, un hombre rudo y taciturno que
pasaba la mayor parte del tiempo encerrado en su laboratorio de
investigació n. Por lo tanto, nadie dudaba de é l brindando en silencio y
bebiendo té .
Mientras la conversació n luı́a, un mensajero se acercó al Emperador.
Cuando se agachó para informarle en voz baja, el Emperador rió entre
dientes y sonrió ampliamente. "¿Ya? Llegaron antes de lo esperado.
Infó rmales que pasen".
Ya era tarde, y todos sostenı́an sus bebidas y pasteles, con irmando que
todos los invitados esperados ya estaban sentados. Ivet ladeó la cabeza
confundida. "¿Ha llegado otro invitado?"
“Bueno, el rey Fé lix de Cornia terminó su ceremonia de investidura y
expresó su deseo de presentar sus respetos”.
Los ojos de Ivet se abrieron de par en par. Gezell tambié n ijó su mirada
en el Emperador. «Un pariente de la familia de la Gran Duquesa está de
visita. Deberı́an estar contentos. Aunque es raro conceder una petició n
tan rá pido, lo permitı́ por el bien de Ivet. Disfruta de un rato con tu
hermano despué s de tanto tiempo. Considé ralo mi regalo».
“¿F-Felix ha venido?”
Antes de que el Emperador pudiera responder a Ivet, una puerta
enorme y robusta se abrió de golpe. El recié n llegado invitado y sus
acompañ antes entraron en el saló n.
Las miradas de quienes habı́an estado pasando el rato tranquilamente
se dirigieron ahora al nuevo hué sped. Sin embargo, no era solo para
aliviar el aburrimiento. El hombre que apareció por la puerta era un
joven indudablemente atractivo, capaz de atraer la atenció n en
cualquier lugar.
Con pasos seguros y animados, se acercó a la larga mesa del comedor. El
visitante se irguió , ijó la mirada y caminó directo hacia el Emperador.
Su postura, mojando ligeramente su capa roja y haciendo una
reverencia grá cil, parecı́a una danza. El Emperador, con una sonrisa,
ofreció el primer saludo.
Pensé que llegarı́as mañ ana por la noche. Llegaste rá pido.
Ha pasado un tiempo. Lo saludo, Su Majestad. Me fui con cierta prisa.
—Bueno, debiste haber querido ver a tu hermana por una vez.
En lugar de responder, Fé lix se levantó con una sonrisa radiante. Su
mirada se dirigió directamente al asiento donde el Duque y sus ojos se
encontraron en el aire.
El cabello del joven rey corniano era de un rubio deslumbrante. Sus
ojos violetas evocaban a alguien que no estaba presente en ese lugar.
Comparado con sus brillantes ojos violetas, el rojo en ellos era má s
intenso, casi pú rpura, pero...
'Se le parece.'
p
Fue la primera impresió n de Gezell. A diferencia de Rensley, habı́a un
aire evocador, y quizá s por eso, las lı́neas y las impresiones generales
eran má s gruesas y fuertes. Cualquiera que los conociera a ambos
probablemente pensarı́a lo mismo.
Mientras el nuevo invitado los miraba sin expresió n, sus labios fueron
los primeros en moverse.
Encantado de conocerlo, Duque Gezell Jivendad de Aldrant. Me alegro
de conocerlo.
"Placer."
Acercá ndose má s, mantuvo su alegre sonrisa y, bajando la cabeza, miró
a Ivet.
¿Có mo está s, hermana? Me resulta extrañ o y satisfactorio verte bien en
tu lugar.
Gracias por su preocupació n. Como puede ver, Su Majestad, me
encuentro muy bien.
Ivet tambié n respondió con una sonrisa y sirvió té en la taza algo vacı́a
del Duque. Era obvio que el motivo de su actitud caprichosa y
satisfactoria, sentada como la Duquesa tras huir ante la inminente
boda, era divertido e intrigante.
Las comisuras de los labios de Fé lix se elevaron aú n má s al observar la
escena. Su apariencia era radiante y extravagante, y su rostro se volvı́a
má s arrogante a medida que la risa se intensi icaba.
Ya que hay mucha gente reunida, pospongamos la reunió n para má s
tarde. Bien, entonces.
Encontró un asiento vacı́o y se sentó , mientras Gezell lo observaba en
silencio. Reconoció que, ası́ como tallar lo mismo podı́a dar resultados
diferentes segú n el escultor, una apariencia similar podı́a transmitir
una sensació n muy distinta, como el cielo y la tierra.
Gezell agarró distraı́damente el asa de la taza. El lamento de haber
estado atado a la intemperie toda la noche bajo un aguacero con
truenos y relá mpagos, un recuerdo ya lejano, resurgió vı́vidamente, tal
como lo habı́a escuchado momentos antes.
Como una broma ligera, como un rumor insigni icante. Antes, cuando lo
escuchaban, lo descartaban con indiferencia, como si fuera una persona
peculiar má s, pero ahora, la historia resonaba en el pecho como una
llama ardiente.
"¿Qué pasa?", lo llamó Ivet, confundido. Gezell, que se habı́a perdido
momentá neamente en sus pensamientos, volvió rá pidamente a la
realidad. En el pasillo, con todas las ventanas cerradas, sin la menor
brisa, el té dentro de la taza temblorosa causaba pequeñ as
ondulaciones. Gezell ajustó la taza y respondió en voz baja: "No es
nada".
Es mejor que no se reú na con Ren. Su relació n no es buena.
"Yo tambié n lo creo."
Como no era una é poca peligrosa, una protecció n considerable era má s
que su iciente con Anton, el jefe de los caballeros, y otros caballeros de
alto rango. Tambié n se encargaban principalmente de asuntos
diplomá ticos. Sin embargo, traer a varios caballeros con el enviado era
por el bien de futuros acontecimientos.
Incluso aquellos que acababan de unirse a los caballeros se convertirı́an
má s tarde en lı́deres, comandantes, y algunos incluso en jefes. Para
lograrlo, necesitaban experiencia, y para adquirirla, era necesario
observar y aprender algo, incluso en puestos que no ofrecı́an asistencia
inmediata.
Aunque quien se convertirı́a en la Gran Duquesa ya no necesitara la
experiencia de un caballero, Gezell no querı́a excluirlo de sus deberes
actuales. Hacı́a poco que no veı́a la igura de Rensley Maelrosen, quien
brillaba de emoció n ante la idea de convertirse en caballero. No era solo
por deber; tampoco pensaba dejarlo en Aldrant mientras esperaba con
ansias la visita de Pheraira.
El nuevo visitante fue una variable inesperada. En el largo añ o, a la
misma hora, en el mismo lugar. Pero la mirada de Gezell se calmó
rá pidamente.
—No importa. No hay necesidad de que el compañ ero del Rey de
Aldrant tema a los demá s ni doblegue su voluntad.
Gezell rozó con el dedo la gema azul que habı́a tallado como adorno de
manga. Rensley Maelrosen estaba con sus camaradas en la Plaza
Molbessa, como estaba previsto. Probablemente estaba disfrutando de
un rato agradable.
En la plaza Molbessa, un pequeñ o garito. La gente se apiñ aba, creando
un ambiente animado alrededor de una mesa de juego en un rincó n.
¡Gané otra vez! ¡Oye, hermano, tu habilidad es increı́ble!
“Gracias a mi hermano, los que dicen que aquı́ se usan trucos, se
callará n la boca”.
El ú ltimo dado rodó , con un ruido metá lico, y luego se detuvo. El rostro
de Rensley se iluminó con una sonrisa triunfal.
“¡Le di!”
La gente vitoreó , pero el dueñ o del establecimiento tenı́a cara de
disgusto. Arrojó una bolsa de monedas de plata delante de Rensley.
Se acabó el asunto de hoy. Toma esto y vete. Tú tambié n. En lugar de ir a
una casa de dados como esta, ¿por qué no vas a una iesta de nobles y te
diviertes? Allı́ lo que está en juego es diferente.
No se preocupe, dueñ o. Gracias a mı́, ya no habrá rumores de fraude en
este mercado. A la larga, ¿no serı́a má s rentable deshacerse de la
reputació n de ser un establecimiento fraudulento, incluso si hoy sufre
pé rdidas? Solo soy un viajero que pronto se irá de aquı́, ası́ que no se
preocupe.
—¡Ah, deja de parlotear y sal rá pido!
Ignorando al tendero, que agitaba los brazos como si estuviera
espantando moscas, Rensley arrojó su bolso y salió de la tienda. Sus
compañ eros, que lo observaban, lo siguieron con entusiasmo.
Ren, si eres tan bueno con los dados, no necesitas trabajar, ¿verdad?
Solo jugando podrı́as ganar dinero.
Se puede ganar dinero robando, engañ ando o apostando. Pero eso no
signi ica que vivir se trate solo de ganar dinero. Desde que nacı́, he
querido vivir haciendo algo signi icativo.
¿Qué vas a hacer con esto? Es una suma considerable.
—Bueno, tomé monos una copa antes de entrar. El dinero que ganamos
en el juego hay que gastarlo rá pido, ese es mi lema.
—¡Sı́, es cierto! Eres generoso.
Con sus compañ eros, Rensley regresó a la plaza. Al mirar la torre del
reloj central, sonrió satisfecho. Ahora que podı́a leer la hora, se sentı́a
satisfecho.
Los caballeros aprovecharon bien su escaso tiempo libre. Exploraron el
mercado, comieron bocadillos de los vendedores ambulantes y Rensley
compró un paquete de regalos en la tienda general para sus amigos
trabajadores y compañ eros de copas en Aldrant.
Incluı́a un collar con un colgante de madera, horquillas para el cabello
adornadas con gemas falsas de varios colores, correas multiusos con
patrones, pequeñ as cuentas y cascabeles adecuados para que los niñ os
jugaran, navajas de afeitar, tijeras de uñ as, una pintura xilográ ica que
representaba los paisajes de Hwangdo, frutas secas, bonitas botellas de
licor perfumado, jabó n fragante, agua de rosas para la cara y crema
para las manos, ası́ como tizas de varios colores.
El presupuesto para regalos fue mucho má s generoso de lo que habı́a
pensado inicialmente, gracias a las ganancias inesperadas del garito.
"¿Es esto un oso?"
—preguntó Rensley, sosteniendo un broche de madera oscura. El dueñ o
de la tienda asintió .
Ası́ es. Las decoraciones de oso son populares como sı́mbolo de valentı́a
entre cazadores y soldados. Si te lo llevas ahora, te lo daré a bajo precio.
No era un artı́culo caro, pero Rensley lo incluyó en el total. No habı́a
pensado en comprar regalos para que el Gran Duque los usara, pero
considerarlos juguetes no era mala idea. Como é l decı́a, las joyas no
tenı́an por qué usarse necesariamente; bastaba con tenerlas.
Tambié n vieron farolas a lo largo del rı́o Hwangdo y un parque de
atracciones. Parecı́a el momento perfecto para compartir una copa.
Hwangdo es un lugar realmente bonito. ¿Puedo volver el añ o que viene?
Su Excelencia no viene a ver al Emperador todos los añ os, ¿verdad?
Volveré de vacaciones. Deberı́a plani icarlo con antelació n. Es un viaje
muy largo, ası́ que deberı́a empezar a prepararme desde ahora para
poder volver el añ o que viene.
Mientras charlaban por el camino, Rensley y sus compañ eros entraron
en un famoso y amplio pub antiguo, popular entre los viajeros. El
animado ambiente del pub, lleno de gente bailando y cantando, hacı́a
que el ambiente fuera aú n má s emocionante.
Al chocar sus jarras de cerveza, el á nimo de los jó venes caballeros se
animó rá pidamente. Siguiendo las canciones cantadas, los chistes sin
valor nutricional y las copas de alcohol vacı́as, Rensley tambié n se
animó , olvidando las preocupaciones y la inquietud que sintió
brevemente en el Palacio Imperial.
"Ren."
En ese momento, una voz que llamaba a Rensley provenı́a de una
direcció n inesperada. Al principio, pensó que podrı́a ser un error o que
alguien llamaba a otra persona con el mismo nombre.
"Ren. ¡Rensi!"
Sin embargo, la voz persistı́a, y Rensley, aú n absorto en la conversació n
y las risas con sus compañ eros, giró la cabeza sin cambiar del todo su
expresió n. Al mirar de dó nde provenı́a la voz, todos los que estaban
sentados en una mesa cercana lo observaban ijamente.
—Ren, ¿verdad? Rensley Maelrosen.
Los de la otra mesa no eran de Aldrant. Con atuendos completamente
diferentes, unos soldados con capas rojas miraban a Rensley con
incredulidad.
Los ojos de Rensley, nublados por el alcohol y las bromas, se enfocaron
con nitidez.
“Theo… Noah… ustedes…”
El tenso enfrentamiento, parecido al de dos enemigos, duró apenas un
instante. Rensley se levantó de la mesa. Abriendo ligeramente los
brazos, los soldados tambié n se acercaron con expresiones similares.
Extendieron los brazos a ambos lados y, en un momento dado, se
abrazaron cá lidamente.
¡Ren! ¡Granuja! ¡Deberı́as haber enviado una carta o algo si estuvieras
vivo!
En cuanto se acercaron, los soldados, sin reservas, abrazaron a Rensley.
Le dieron palmaditas en la espalda e incluso le alborotaron el pelo con
fuerza. En medio del ataque, Rensley, incapaz de enderezar la cintura y
encorvado, soltó una carcajada.
Siguieron varias acusaciones, que sugerı́an su crueldad, las
especulaciones sobre su destino y la abundancia de rumores sobre é l.
Tras convertirse en un saco de boxeo, Rensley por in pudo ponerse de
pie con dignidad.
Eran soldados del palacio real de Cornia, que solı́an pasar tiempo con
é l. Rensley esperaba que hubiera conocidos entre el personal de la
embajada, pero conocerlos tan rá pido superaba su imaginació n.
Con emociones encontradas, con lá grimas en los ojos pero riendo,
Rensley se giró de repente. Sus compañ eros Aldrant, que observaban la
inesperada escena del reencuentro, se habı́an reunido detrá s de é l.
Rensley hizo un gesto conmovedor.
¡Estos son mis amigos de cuando vivı́a en Cornia! Como nos conocimos
en el mismo lugar, permı́tanme presentá rselos. Vimos al personal de la
embajada de Cornia cuando salimos.
Los jó venes, que se observaban sutilmente, se dieron la mano e
intercambiaron saludos mientras Rensley los presentaba.
"Encantado de conocerte."
¡El placer es nuestro! No tenı́amos ni idea de encontrarnos con Ren
aquı́. ¿Qué tal has estado en Aldrant?
"Como se puede ver."
Los muros invisibles entre los jó venes de edades similares se
derrumbaron rá pidamente, haciendo que las fronteras nacionales
parecieran insigni icantes. Las mesas separadas se fusionaron por
completo y, má s emocionados que antes, chocaron sus copas para
brindar.
Ren, ¿qué te pasó ? ¿Có mo pudiste desaparecer sin despedirte? ¿Sabes
lo preocupados que está bamos? Má s tarde, podrı́a haber una orden de
arresto contra ti. Incluso corrieron rumores de que estabas muerto.
No tuve opció n porque tenı́a que venir urgentemente. Sabes que la
Princesa Ivet fue a Aldrant. Su Majestad me envió en ese momento.
Despué s de eso, tuve que encontrar la manera de contactar con Cornia
de nuevo. Sucedieron algunas cosas.
Ahora ya no es el rey, sino el exrey. ¿Te has enterado? Abdicó hace poco.
Al escuchar esas palabras, Rensley asintió y habló con cautela.
—Ya veo. Fé lix se ha convertido en rey.
—Ası́ es. La ceremonia de coronació n ha terminado. Ası́ que hoy ha
venido a ver al Emperador.
“Theo, ¿có mo está el ambiente en Cornia estos dı́as…?”
Ante eso, miró a su alrededor y luego bajó la voz. Rensley tambié n
frunció el ceñ o e inclinó ligeramente la cabeza.
“Bueno, ya sabes… sorprendentemente, es bueno”.
"¿En realidad?"
Rensley abrió mucho los ojos y re lexionó sobre esta noticia inesperada.
El soldado corniano levantó la frente y asintió .
En su é poca de prı́ncipe, a veces podı́a ser cruel... no, violento... no, frı́o.
La gente de fuera del palacio lo sabı́a, ası́ que no es algo que ocultar...
Ası́ que muchos estaban preocupados. Pero... puede que no haya pasado
mucho tiempo desde la coronació n, pero por ahora, le va de maravilla.
En su primer discurso, se disculpó por los errores de su inexperiencia
juvenil y se comprometió a ser una persona diferente con el objetivo del
Reino Santo. Incluso liberó a presos polı́ticos y magos detenidos sin
pruebas.
“Fé lix… No, ¿el Rey Fé lix se disculpó ?”
Unas palabras inesperadas dejaron a Rensley desconcertado. El
prı́ncipe heredero de Cornia que recordaba nunca fue alguien dispuesto
a inclinar la cabeza ni a disculparse con nadie.
Oh, era innegable. De vez en cuando, frente al difunto rey, se
comportaba como un buen hijo, ingiendo re lexionar sobre sus errores.
Sin embargo, eso solo ocurrı́a frente al difunto rey. Frente a
subordinados, cortesanos, plebeyos e incluso al propio Rensley, de
rango inferior al de la familia real y los nobles, era difı́cil encontrar
semejante comportamiento.
Una persona arrogante, despiadada y cruel que consideraba a las
personas como maleza que debı́a eliminar de su camino. Rensley se
estremeció varias veces, imaginando un futuro donde Cornia se
convirtiera en un paı́s terrible gobernado por un tirano.
¿Era este el poder que poseı́a la corona? Tras pasar medio añ o al lado
del Gran Duque, Rensley habı́a percibido la in luencia que ese cargo
podı́a tener en una persona. Si alguien se convertı́a en rey, a la inversa,
un trono tambié n podı́a moldear a una persona.
Durante los con lictos internos, cuando cada uno se controlaba, la
situació n inestable se estabilizaba al elegirse un rey. De igual manera,
por la misma razó n, una persona que parecı́a un sinvergü enza podı́a
convertirse en un gobernante decisivo y excelente una vez en el trono.
Esta era una caracterı́stica de la monarquı́a reconocida que muchos
reconocı́an.
“Bueno, de todos modos, me siento aliviado”.
Rensley respondió con cierta duda, y el soldado asintió . Mientras
continuaban su conversació n, el tiempo pasó volando, y antes de que se
dieran cuenta, eran má s de las diez.
“¡Oye, tenemos que volver rá pido!”
De repente, un miembro miró el reloj y gritó sorprendido. Todos se
pusieron de pie a toda prisa. Los soldados de Cornin parecı́an tener
algo de tiempo; se despidieron con la mano de los caballeros de
Aldrant, que se organizaban rá pidamente.
Rensley terminó de pagar con las monedas que ganó en el garito y salió
corriendo. Cabalgando sobre Marilyn, sacudió las riendas, y Marilyn
resopló .
¡No bebı́ mucho! ¡Marilyn, date prisa!
Solo entonces los caballos empezaron a galopar, y los jó venes, que
llevaban un rato cabalgando por la plaza, desaparecieron uno a uno por
la puerta central del palacio. Tras guardar sus caballos en el establo y
dirigirse apresuradamente al cuartel, encontraron a los jefes de
escuadró n y al capitá n Anton ya esperá ndolos allı́. Los jefes de
escuadró n, con expresió n severa, los regañ aron.
Llegas tarde. ¿No te dije que este no es un lugar para el ocio? Date prisa
y entra, prepá rate para mañ ana.
"¡Lo siento!"
Al oı́r la reprimenda, los jó venes corrieron a sus alojamientos como
locos. Rensley tambié n estaba a punto de unirse a ellos, pero Anton le
hizo un gesto para que se acercara.
—Maelrosen, por aquı́. Hoy, bajo las ó rdenes del Señ or, tienes la tarea
de escoltar a la Gran Duquesa hasta la Torre Principal.
q p
Rensley dudó un momento y luego corrió rá pidamente hacia é l. A pesar
de haber insistido en que querı́a vivir como los demá s caballeros hasta
el anuncio pú blico de la Gran Duquesa, hoy, con el repentino cambio de
circunstancias, incluso é l sintió que se le desvanecı́a el corazó n.
Anton echó a andar sin decir palabra. Rensley no le quitaba los ojos de
encima. Caminando a su lado, con la mirada ija en su larga capa verde,
la ansiedad que se habı́a gestado a medida que se acercaban al palacio
se a ianzó de repente y se instaló en lo má s profundo de su corazó n.
Aunque habı́a muchos hermanastros, excepto Ivet, todos eran inferiores
a é l. Si existiera tener un hermano mayor, ¿no serı́a esa la sensació n?
Anton tenı́a pasos rá pidos y amplios, asegurá ndose de no quedarse
atrá s. Rensley lo siguió , y pronto se encontraron dentro de la Torre
Principal. Rensley preguntó con cautela:
“¿Su Gracia me pidió que viniera?”
"Sı́."
Los hombros de Rensley se relajaron de alivio. Su corazó n se sintió
mucho má s ligero.
"El sabe que Fé lix vino."
De hecho, era solo una ansiedad innecesaria. Rensley Maelrosen no
estaba solo. Estaban el duque Gezell, el capitá n Anton, Ivet y sus
camaradas.
La recepció n de la noche parece estar llegando a su in. Si espera en la
sala, Su Excelencia regresará . Ya es tarde, ası́ que no salga y no se quede
callado.
—Lo haré . Gracias como siempre, Capitá n.
“Escoltar a la Gran Duquesa es mi trabajo, ası́ que no hay necesidad de
darle las gracias cada vez”.
Aunque era un tono brusco, signi icaba que Rensley tambié n pertenecı́a
a la familia real. Anton abrió la puerta de la residencia de Gezell, y
Rensley, con una tı́mida sonrisa y una ligera reverencia, entró en la
habitació n. Al cerrarse la gran puerta, la tensió n acumulada durante el
dı́a se liberó al instante, y suspiró profundamente.
Tras lavarse y ponerse una bata, se acercó a la ventana. La luna estaba
alta en el cielo, iluminando la noche, pero el otrora hermoso bosque y
lago ahora aparecı́an solo como sombras negras. A solas en la noche, los
g p g
recuerdos del hermoso mediodı́a pasado con el duque Gezell volvieron
como un sueñ o.
Cap. 15.2 - Otro mago
El banquete nocturno se prolongó hasta bien entrada la noche. Incluso
tras la llegada de los nuevos invitados, persistieron las largas
conversaciones. Finalmente, el Emperador se levantó de su asiento.
“Quizá s sea debido a mi edad, pero estar sentado durante mucho
tiempo resulta cansador”.
“Ahora, Su Majestad, es hora de que se retire”.
Dé jenme en paz y disfruten. Yo me despido primero.
La Emperatriz tambié n observó al Emperador con una mirada
escrutadora y ofreció unas palabras para concluir el dı́a a los invitados.
Todos permanecieron de pie, inclinando la cabeza hasta que el
Emperador y la Emperatriz desaparecieron.
Fue un banquete largo. Tras la partida del Emperador, pocos se
quedaron para custodiar las mesas restantes. Gezell e Ivet se levantaron
enseguida y se marcharon sin dudarlo. No olvidaron estar uno al lado
del otro, formando una pareja armoniosa. En ese momento, alguien los
llamó desde atrá s.
“Duque Gezell.”
Aunque quiso ingir que no lo habı́a oı́do e irse, el entorno no se lo
permitió . Gezell se dio la vuelta. Bajo las esplé ndidas luces que
colgaban del amplio techo del pasillo, un joven de cabello dorado,
ataviado con una capa roja, se acercó con una sonrisa.
"Si está bien, ¿podrı́as concederme un momento?"
“¿No la duquesa sino yo?”
“Si ambos pudieran tomarse un tiempo para mı́, lo agradecerı́a.”
La frente de Ivet se arrugó ligeramente. Sin embargo, no evitó el
contacto visual y permaneció junto a Gezell.
Fé lix caminó lentamente hacia ellos y se detuvo frente a ellos con el
rostro aú n sonriente. Fé lix Elbanes, con su sonrisa inagotable, parecı́a
un joven brillante, amigable y seguro de sı́ mismo.
Me alegra mucho verlos tan unidos. Han ocurrido algunos incidentes
desafortunados desde la boda, ası́ que me interesa saber có mo está n.
Es difı́cil de entender. No ha habido ningú n incidente desafortunado.
Ante la contundente respuesta de Gezell, Fé lix arqueó una ceja con
expresió n interrogativa. Sin embargo, pronto sonrió , como si dijera que
la historia recié n mencionada estaba bien.
“Han pasado varios añ os desde que el duque Gezell asumió el cargo”.
"Eso es correcto."
Es mi primera vez, ası́ que todo me resulta desconocido. Tras ascender
al trono, me encontré re lexionando sobre las responsabilidades que
desconocı́a durante mi inmadurez e inexperiencia como prı́ncipe.
Duquesa Ivet de Aldrant, ¿podrı́a perdonarme los muchos errores que
cometı́? Dado que nuestras residencias está n tan lejos, podrı́a ser difı́cil
que nos visitemos en el futuro. Cuando supe que vendrı́a a Pheraira,
tenı́a muchas ganas de conocerla.
Los ojos de Ivet parpadearon rá pidamente. Aunque no lo expresó
verbalmente, su rostro parecı́a decir: "¿Qué le pasa a esta persona?". Sin
embargo, se recompuso rá pidamente. Al igual que Fé lix, bajó con gracia
su rostro sonriente.
Las rivalidades entre hermanos son comunes a medida que crecemos
peleando. Creo que si cada uno cumple con su rol, esa serı́a la imagen
de los hijos que nuestro difunto padre, el ex rey, deseaba.
Agradezco su indulgencia. Si surge la oportunidad, tambié n me gustarı́a
pedirle perdó n a Rensley.
Rensley. Cuando Fé lix mencionó ese nombre por primera vez, la
expresió n de Ivet pareció endurecerse momentá neamente. La mirada
de Fé lix se dirigió a Gezell.
“Duque Gezell, durante el reinado del difunto rey, Aldrant recibió una
consulta sobre un individuo llamado Rensley Maelrosen que se habı́a
marchado a Aldrant”.
“Rensley Maelrosen, dices.”
Se cuestionaba si Rensley Maelrosen, quien habı́a partido hacia Aldrant,
habı́a regresado a Cornia. Se dice que el difunto rey respondió con
prontitud. La noticia corrió por Cornia, ya que se otorgó una importante
recompensa.
p
En lugar de responder, Gezell lo miró ijamente. La repentina menció n
de la historia de Rensley Maelrosen en este contexto la desconcertó .
Ivet tambié n parecı́a insegura; su expresió n denotaba confusió n.
Queriendo terminar la conversació n allı́, la respuesta de Gezell se tornó
má s irme.
Fue solo una confusió n momentá nea, nada má s. Sir Maelrosen es iel
amigo del duque de Aldrant.
—Señ or Maelrosen. Ya veo.
Fé lix asintió como si el tı́tulo le pareciera intrigante.
Tengo algo que decir sobre Sir Maelrosen, duque de Gezell. Sir
Maelrosen, al igual que la duquesa Ivet, es de sangre real de la familia
real de Cornia. No sé si lo sabe...
"Estoy consciente."
—Muy bien. Entonces, creo que comprenderá s mi petició n.
Dicho esto, Fé lix miró a Ivet. Una sonrisa amable y amarga apareció en
sus ojos violetas.
Quiero disculparme con mi medio hermano, igual que lo hice con mi
hermana. Antes de considerar seriamente la gran responsabilidad de
gobernar el paı́s, querı́a disculparme primero con mis hermanos. Me
pareció que era el orden correcto.
“Depende de las intenciones de Sir Maelrosen, no de las mı́as”.
Si me concede la oportunidad en el futuro, Duque Gezell, no la olvidaré .
Tengo muchas historias que me gustarı́a compartir con usted. He oı́do
que es un mago excelente. No tengo un talento natural, pero a
diferencia del difunto rey, me interesa bastante la magia.
Tras terminar de hablar, Fé lix intercambió una mirada con un gesto de
la cabeza. Su capa roja se balanceaba ligeramente. Cada movimiento
revelaba la suave melena despeinada de su rubio cabello.
—Los he tenido abrazados demasiado tiempo. Disculpen.
Los asistentes cornianos que habı́an estado esperando en segundo
plano regresaron para acompañ ar a su rey. El interé s expresado por
Fé lix en la magia parecı́a má s que un saludo corté s; entre su sé quito
habı́a individuos que parecı́an ser magos. Los dos observadores se
dieron la vuelta, pero al dar unos pasos, Ivet murmuró como si no
pudiera contenerse.
Es claramente una obra de teatro. Presentarse como un rey bené volo
ante la gente del palacio. La gente no puede cambiar tan drá sticamente
a menos que renazca.
“Eso podrı́a ser cierto.”
Bueno, ya sea que actú e o no, ya no es asunto mı́o. Se siente extrañ o.
Recibir una disculpa es má s reconfortante de lo que pensaba.
Aunque se supusiera que era falso, Ivet no parecı́a disgustada. Se
saludaron frente al dormitorio.
—Duque, entonces entraré . Que tenga una buena noche.
“Oh, Princesa Ivet.”
"¿Sı́?"
Gezell la llamó como si recordara algo olvidado. Ivet, que estaba a punto
de abrir la puerta y entrar, giró la cabeza.
¿Qué opinas de los osos, los animales?
¿Sı́? ¿De repente sobre osos…? Bueno, no sé mucho de osos, pero creo
que son animales tiernos y tiernos.
—Ya veo. Nos vemos mañ ana.
Tras despedirse, Gezell subió a su habitació n en el piso superior. En
cuanto abrió la puerta, una brisa fresca y clara le rozó la mejilla. En
lugar de entrar de inmediato, Gezell se quedó junto a la puerta,
contemplando el paisaje.
El viento entraba por la ventana abierta. Rensley, sentado en el alfé izar,
no notó la entrada de Gezell. Su rostro pá lido, mirando ijamente a la
oscuridad, tenı́a una expresió n tan desconocida que parecı́a desprovista
de emoció n.
“¿Hay algo visible en la oscuridad de afuera?”
—¡Oh, Su Gracia! ¿Ha venido?
En cuanto Gezell habló , Rensley se levantó rá pidamente y se acercó ,
dando unos pasos rá pidos. Gezell no podı́a esperar má s a su prometido,
que se habı́a alejado unos pasos. Lo abrazó con fuerza y le dio un beso
en la frente.
Mientras Gezell lo sostenı́a, una radiante sonrisa iluminó el rostro de
Rensley, como si se hubiera encendido una luz en su rostro previamente
inexpresivo. Cada vez que Gezell tocaba la mejilla de Rensley, sentı́a una
sensació n de satisfacció n, como si toda su sed se hubiera saciado, una
sensació n similar a la de puri icarse. La voz de Gezell, al preguntarle
sobre sus impresiones mientras acariciaba la mejilla de Rensley, se
suavizó naturalmente.
¿Disfrutaste la vista de la plaza?
Fue increı́ble. Visité casi todos los lugares que querı́a. Aunque el distrito
central de Molbessa es extenso, los lugares turı́sticos má s famosos
está n concentrados, lo que facilita su exploració n. ¿Qué tal te fue?
Me resultó increı́blemente tedioso. Al encontrarme con el Emperador
despué s de varios añ os, esperaba menos palabras. Sinceramente, no
esperaba que la cena durara tanto el primer dı́a.
Gezell, aú n con su capa puesta, estaba sentado en una có moda silla.
Salvo por la ausencia de chimenea, no era muy diferente de su
apariencia en Aldrant. Rensley estaba sentado a su lado, sonriendo.
Debes estar cansado. ¿Te doy un masaje?
“Me daré un masaje con un profesional má s tarde”.
Gezell acarició suavemente la mejilla de Rensley y pasó los dedos por su
suave cabello rubio. Rensley, quien habı́a estado recibiendo
pasivamente las manos ocupadas, se acercó gradualmente a Gezell, y su
expresió n, antes divertida, se transformó en una leve risa.
Tienes las manos muy activas hoy. Te ves muy cansado.
“Sı́, fue aburrido e irritante, no fue una reunió n muy agradable”.
Veo que está s molesto. ¿Qué pasó ?
Gezell miró ijamente a Rensley antes de hablar.
—Rensley, no te sorprendas.
¿Sı́? ¿Por qué …?
El nuevo rey de Cornia está aquı́. Todo gracias a que el Emperador
permitió la visita sin avisarme.
—Oh, si se trata de eso, lo sé . Vi a la delegació n de Cornia al salir del
castillo.
Como si intentara tranquilizar a Gezell primero, Rensley sonrió ; su
rostro amigable mostraba diversió n mientras casualmente pasaba un
brazo alrededor de los hombros de Gezell.
—Está bien. Este es el palacio imperial y tenemos a los caballeros con
nosotros. Al principio me sorprendı́ un poco, pero ¿qué tiene de
especial? No me importa. Las historias que te conté son de hace mucho
tiempo.
Si te preocupa, no es necesario que participes en deberes caballerescos.
Puedes quedarte en esta habitació n. Si quieres salir, te organizaré una
escolta.
—No. Mientras sea caballero, no quiero excusarme. Ademá s, con usted
y los caballeros presentes, no hace falta una escolta aparte. Su Gracia,
no se preocupe. No quiero que nos desanimemos por algo tan trivial.
"…¿Es eso ası́?"
Si por casualidad nos encontramos, pienso felicitarlo por su ascenso al
trono con buen corazó n. De hecho, me encontré con unos amigos
cornianos en la taberna de la plaza, y me comentaron que Fé lix ha
cambiado mucho desde que se convirtió en rey. Puede que sea un
cambio duradero, pero... ahora que ya es rey, espero que sus palabras
sean ciertas. Despué s de todo, no es raro que un prı́ncipe vagabundo se
convierta con el tiempo en un rey santo.
Habiendo terminado de hablar, Rensley inalmente inclinó la cabeza con
curiosidad.
—¿Pero por qué te enojaste? ¿Acaso ese tipo te provocó en el banquete?
La frente y los labios de Gezell se endurecieron ligeramente.
“Me mencionó algo.”
—Ah, esa es una historia muy vieja. Ya no hay por qué enfadarse, Su
Excelencia. Por favor, no le guarde prejuicios sin motivo. La gente
cambia, ¿sabe?
“…Si Sir Maelrosen ası́ lo desea, que ası́ sea.”
Ciertamente, si se hubieran conocido sin conocer su pasado, Gezell
podrı́a haber tenido una impresió n favorable de é l. Felix Elbanes
parecı́a un poco má s joven que Frida. Un joven rey de edad similar. Su
atractivo fı́sico podı́a ganarse el favor de muchos, una actitud entre la
arrogancia y la con ianza, una forma de hablar alegre pero educada.
Ademá s, mostraba interé s por la magia. Si Gezell no hubiera sabido la
verdad, podrı́a haberlo considerado un buen conversador.
Rensley, con una leve sonrisa, miró a Gezell.
“¿Me parezco a é l?”
—En la cara, sı́. Al principio me sorprendió un poco.
Gracias a eso, nadie sospechó que yo no fuera el hijo bioló gico del rey.
Fue conveniente en ese sentido. Ivet recibió muchas burlas por no ser el
heredero legı́timo. Te dije por qué habrı́a sido el primer objetivo de la
destitució n si no fuera el hijo legı́timo, ¿verdad?
“Pensé que parecı́a un impostor cuando lo vi por primera vez”.
Ante esto, Rensley estalló en carcajadas.
¿Un impostor? Fé lix nació unos añ os antes que yo, ¿sabes?
"Eso no importa."
Si hubiera sabido que esto pasarı́a, no habrı́a insultado a Fé lix ante Su
Gracia. Es mi error.
Sonriendo torpemente, Rensley redirigió la conversació n.
—¿Pero está bien llamar a un rey de otro paı́s sin previo aviso? ¿No es
una falta de respeto a Su Excelencia?
Mencionó que es por el bien de la princesa, pero sé que no hay afecto
entre el rey de Cornia y los demá s hermanos. Dado que se ha
establecido una conexió n entre ambos paı́ses a travé s del matrimonio,
quiere ponernos uno al lado del otro y con irmar algo. Descon iar de los
reyes vecinos es el destino del Emperador.
Gezell levantó a Rensley y lo sentó en su regazo. Con un gesto familiar,
Rensley se apoyó en é l, y su voz se volvió má s relajada.
¿Qué debemos hacer? ¿Es mejor estar cerca o ser hostiles?
Manté n una distancia prudencial. A quienes ostentan el poder no les
gusta que quienes buscan gobernar cooperen o formen alianzas. Pero
ser demasiado hostil podrı́a, con el tiempo, volver esa enemistad contra
uno mismo.
“Eso tiene sentido.”
Rensley asintió . En sus breves respuestas y gestos, se desprendı́a una
sincera empatı́a. Gezell lo abrazó con má s fuerza.
Para evitar la mirada de quienes anhelan el poder, es crucial no intimar
demasiado con personas no autorizadas. Sea excepcionalmente
talentoso o no, no se permite mostrar un deseo mani iesto de
competencia o lucha.
Gezell aprendió estas estrategias teó ricamente. Rensley Maelrosen, por
otro lado, podrı́a haberlas experimentado en carne propia. Al mirar los
ojos violetas que parpadeaban lentamente, Gezell pensó que Rensley
probablemente no era ajeno a estas situaciones. Rensley,
aparentemente absorto en sus pensamientos, sonrió de repente como si
recordara algo agradable.
“Por cierto, Su Gracia, tengo un regalo para usted”.
“¿Un regalo?”
Lo encontré paseando por el mercado de la plaza. Mira esto. Con
baratijas como estas destinadas a la gente comú n, no deberı́a haber
má s malentendidos, ¿verdad?
Rensley sacó el broche con forma de oso que guardaba en el bolsillo.
Gezell lo aceptó y le dio la vuelta, sonriendo con los ojos entrecerrados.
“Señ or Maelrosen, muchas gracias.”
¿No es bonito? Es un poco barato, pero lo traje para explicá rselo mejor
a Su Gracia.
Los malentendidos se resolvieron hace mucho tiempo, pero traer un
regalo solo para mı́ es un detalle. Me aseguraré de usarlo siempre.
—No tiene por qué hacerlo. Su Gracia, si la gente lo ve con algo de una
tienda de baratijas...
A pesar de la protesta de Rensley, Gezell se prendió el broche en la capa.
El broche de madera, algo torcido, sobre la lujosa tela azul marino no
combinaba del todo, pero a Gezell pareció gustarle. La voz del Duque,
aú n má s suave, expresaba su satisfacció n con el regalo.
Se hace tarde. ¿Nos vamos a dormir?
Al igual que la cama junto al lago, la cama del dormitorio estaba
adornada con cortinas vaporosas. Gezell y Rensley, acostados uno al
lado del otro, acariciaban las cortinas con los dedos.
“Este tipo de camas eran comunes en el pasado… Ahora las cortinas
resultan incó modas porque son delgadas”.
Tras solo una temporada de ausencia, las temperaturas, má s extremas
que el aire suave del dı́a, y una frialdad distintiva en lugar de brisas
frescas, se habı́an vuelto sorprendentemente familiares. Ahora Rensley
apreciaba el calor que parecı́a capaz de derretir la carne, contrastando
má s con el viento cortante del norte que con la brisa fresca. El frı́o
necesario para que el cuerpo aprecie el calor se habı́a vuelto familiar
para é l.
A pesar de la ansiedad que sentı́a ante la inesperada situació n, el
tiempo que pasó abrazando a su amante le resultó especialmente
reconfortante. El cansancio que habı́a ignorado pareció disiparse al dar
la bienvenida a la tan ansiada noche juntos.
***
Por la mañ ana, Rensley se paró frente a la puerta donde Ivet comı́a y
escuchó brevemente los sonidos del interior. Si aú n dormı́a, no querı́a
despertarla innecesariamente. Sin embargo, oyó voces dentro, pues las
criadas hablaban. Tocó a la puerta y anunció su identidad.
“Caballero Rensley Maelrosen”.
"Adelante."
La puerta se abrió y apareció Ivet. Hoy llevaba un vestido rojo a juego
con su color de pelo. Tras terminar sus tareas, despidió elegantemente
a las criadas.
—Ya basta; puedes irte. Te llamaré cuando quiera comer.
“Sı́, Su Gracia.”
Cuando las criadas se retiraron y la puerta se cerró , Ivet, que habı́a
mantenido una expresió n solemne durante un rato, se dejó caer en la
cama. Rensley rió entre dientes al verla menear las piernas
juguetonamente, con las puntas de sus zapatos colgando.
¿Ay, ya te aburres? ¿Por qué la realeza tiene que usar ropa tan
incó moda? Es divertido de vez en cuando, pero usar vestidos todos los
dı́as es una auté ntica tortura.
—Solo aguanta un poco. Su Gracia seguro te recompensará
generosamente má s adelante.
Bien. Derrocar reinos está bien, pero necesito conseguir fondos para la
visa esta vez.
El á nimo de Ivet pareció mejorar al instante. Se rió mientras jugaba con
su lequillo rojo, rodeá ndolo con los dedos, y luego preguntó .
“¿Y Su Gracia?”
El Emperador lo convocó al estudio. Parece que lleva una eternidad
aburrido.
Es comprensible. Ese señ or habla mucho.
El Emperador tenı́a predilecció n por hablar de magia y academia cada
vez que se encontraban. Era conocido por su prolijidad, y aunque Ivet
no podı́a ocultar su aburrimiento, no podı́a negarse a las peticiones del
Emperador cuando este querı́a hablar. Al comenzar el tema del
Emperador, Ivet alzó la voz como si recordara algo de la noche anterior.
“Ah, por cierto, ¿sabes algo sobre el palacio…?”
Si se trata de Fé lix, lo sé . Anoche me encontré con Theo y Noah en la
taberna. ¿Tú tambié n los conoces?
—¡Claro! Claro, la llegada de Fé lix signi ica que el equipo de escolta
tambié n está aquı́.
Tener muchos malos recuerdos no signi icaba tener solo malos
recuerdos. Ivet, que solı́a sonreı́r al recordar su ciudad natal, pronto
adoptó una expresió n misteriosa. Su rostro era el de alguien que no
podı́a decidir qué emoció n mostrar, incapaz de elegir entre varios
sentimientos contradictorios.
“¿Su Gracia dijo algo má s?”
Parecı́a un poco molesto. Una vez hablé mal de Fé lix.
“¿Só lo mencionó que estaba molesto?”
—Sı́... ¿Por qué ? ¿Habı́a algo má s?
Ivet inclinó la cabeza. Se ajustó los zapatos y se puso de pie.
—No pasó nada. Rens, ¿no es hora de que visites el cuartel de los
caballeros?
Ya me voy. Me alegra que te veas bien. Me preocupaba que estuvieras
muy cansado.
Me quedé despierta tres dı́as y tres noches trabajando con mercancı́as
cuando tenı́a tareas en las cá maras superiores. Ya no soy la princesa de
antes. No te preocupes.
Tras saludarse y estrecharse la mano, Rensley bajó apresuradamente
las escaleras. Como Ivet habı́a mencionado, necesitaba actuar con
rapidez. Incluso con solo unas palabras, las mañ anas ajetreadas
siempre se sentı́an fugaces.
Al entrar en el cuartel asignado a los caballeros, Rensley se metió en la
formació n y se puso irme. Los jó venes, que habı́an estado animados
hasta la noche anterior, ahora mostraban un rostro disciplinado. Los
lı́deres colgaron un diagrama que mostraba diversas ubicaciones
dentro del palacio y comenzaron a explicar las tareas del dı́a.
Aquı́ está el plan de despliegue de hoy. Cambiaremos de turno a partir
de las dos de la tarde, ası́ que asegú rense de conocer sus posiciones con
precisió n.
Mientras Rensley escuchaba la sesió n informativa sobre las tareas de
escolta, su mirada se ijó en una bandera que colgaba en la pared. En
lugar de la conocida bandera del norte, la imagen del escudo imperial
de un fé nix adornado con llamas en la pared le resultaba desconocida.
Cap. 16.1 - Otro mago
Era el tercer dı́a en Pheraira. El campo de entrenamiento, mucho má s
grande de lo habitual, estaba lleno con una cantidad de gente mucho
mayor de lo habitual.
El campo donde los caballeros participaban en simulacros de batalla
durante los eventos contaba con asientos en la parte frontal y los
laterales. En la parte delantera del recinto, adornado con columnas que
representaban el emblema de Pheraira y el Dios de la Guerra, se
encontraba el comandante de los Caballeros de la Guardia Imperial.
Hoy, bajo el mando de Su Majestad el Emperador, los caballeros de la
guardia de é lite de Aldrant, Cornia y Pheraira se han reunido para un
entrenamiento conjunto. Aunque todos son miembros de é lite, cada
uno proviene de un paı́s y una cultura diferentes, por lo que puede
haber diferencias. Creo que hoy será una buena oportunidad para
aprender de las fortalezas de cada uno.
Fue un discurso preparatorio breve y claro. El entrenamiento conjunto
fue una decisió n inesperadamente repentina tras la propuesta del
Emperador de reunir a los caballeros de dos paı́ses diferentes para
entrenar juntos, con sus respectivos monarcas guiá ndolos a un lugar
comú n.
De hecho, la oportunidad de entrenar junto a caballeros de otro paı́s es
poco comú n, especialmente con los Caballeros de la Guardia Imperial.
Los jó venes, impulsados por un espı́ritu competitivo y una emoció n que
no disminuı́a con la tensió n, no querı́an quedar rezagados respecto a
otras ó rdenes de caballeros.
“Por favor cuida de nosotros.”
Tras completar el entrenamiento fı́sico sin armas y los ejercicios de
combate plani icados, pasaron al combate libre. Rensley fue
emparejado con un caballero de la Guardia Imperial. Ambos se miraron,
intercambiando saludos mientras desenvainaban sus espadas.
Los miembros que habı́an terminado el entrenamiento anterior
parecı́an má s cansados de lo habitual, probablemente debido al
nerviosismo de estar con otros. El caballero de la Guardia Imperial
sonrió y apartó a Rensley.
"No parece que lo esté is pasando mal allı́."
"¿Es eso ası́?"
Tienes agallas. En la Guardia Imperial, a veces tenemos entrenamientos
conjuntos como este. Pero normalmente, si mencionamos
entrenamiento conjunto, se arruina la atmó sfera.
Quizá s soy un poco torpe. Quizá s mi incapacidad para notar la
diferencia, incluso en un entorno cambiante, se deba a mi torpeza.
Sudando en el campo de entrenamiento, no percibo mucha diferencia
entre Aldrant y el Palacio Imperial.
El caballero de la Guardia Imperial rió entre dientes en respuesta. Su
risa parecı́a má s bien la de alguien que mira con cariñ o a un Rensley
mucho má s joven.
Aunque hablaba en tono de broma, Rensley era sincero. La Guardia
Imperial, la guardia personal del Emperador de Pheraira, puede
presumir de ser la mejor del continente, pero Rensley Maelrosen
tambié n es caballero del Duque Gezell Jivendad.
Incluso como miembro de la tropa, tenı́a un orgullo equivalente al de un
comandante. ¿Deberı́a intimidarse solo porque la Orden Aldrant no se
llama Guardia Imperial?
Los caballeros asumieron sus posiciones.
"¡Comenzar!"
Al darse la orden, los caballeros enfrentados comenzaron
simultá neamente su combate. ¡Choque! La espada de Rensley chocó con
la del caballero de la Guardia Imperial. Con cada choque y
deslizamiento de las espadas, la expresió n del caballero de la Guardia
Imperial se tornaba cada vez má s seria.
El sonido del choque de espadas disminuyó . Se habı́an decidido muchas
rondas, lo que indicaba el resultado de los combates. Sin embargo, el
combate entre Rensley y el caballero de la Guardia Imperial se
intensi icó sin dar señ ales de terminar. Mientras los caballeros, cuyos
turnos habı́an terminado, se tomaban un descanso y observaban los
combates en curso, cada vez má s miradas se dirigı́an a ellos.
—Nada especial. Quizá s gane, ¿no?
Atacando y defendiendo repetidamente, avanzando y retrocediendo,
Rensley percibió sutilmente un espı́ritu competitivo. Por otro lado,
cuando el caballero de la Guardia Imperial, má s á gil de lo esperado,
lanzó un ataque veloz, Rensley, concentrado en sus movimientos,
resbaló al desplazar su peso, revelando una brecha. Fue en ese
momento que Rensley ajustó rá pidamente el agarre de la espada y la
atacó .
"¡Oh!"
Entre los espectadores, se escuchó un suspiro sordo. Rensley, que habı́a
aprovechado la oportunidad con un ataque contundente, pareció
perder el equilibrio como si se hubiera quedado atrapado en una roca.
“No bajes la guardia”.
“¡Ah!”
Aprovechando la oportunidad, la empuñ adura de la espada del
caballero de la Guardia Imperial golpeó ligeramente el costado de
Rensley. Con un grito exagerado, Rensley sonrió torpemente y levantó
ambas manos. Era una señ al de rendició n.
“Pensé que podı́a ganar, ası́ que me descuidé ”.
Eres joven todavı́a, pero ya eres bastante há bil. Los caballeros de
Aldrant son impresionantes.
En respuesta al apretó n de manos ofrecido por el oponente que se
alzaba con la victoria, Rensley estrechó la mano. La expresió n del
victorioso caballero de la Guardia Imperial re lejaba un dejo de orgullo.
Quizá s presentı́a que Rensley habı́a perdido deliberadamente. Aunque
Rensley lo supiera, a los espectadores no les importaba.
A medida que má s gente observaba, una extrañ a aversió n sustituyó la
sensació n inicial de triunfo. Si este fuera el campo de entrenamiento de
Aldrant, habrı́a celebrado su victoria, pero por alguna razó n, no querı́a
destacar. No era necesario ser tı́mido, pero, como habı́a hablado con el
duque Gezell, la combatividad excesiva podı́a despertar resentimiento,
sobre todo cuando caballeros de tres reinos se reunı́an en el Palacio
Imperial.
“Su Majestad, ¿qué le trae al campo de entrenamiento?”
La voz del comandante de los Caballeros de la Guardia Imperial, quien
inspeccionaba el entrenamiento, llegó a oı́dos de Rensley mientras este
se movı́a. Su mirada se dirigió re lexivamente al comandante, usando el
tı́tulo reservado para dirigirse a un monarca. ¿Podrı́a ser que el Duque
Gezell hubiera estado de visita? Aunque sabı́a que era improbable, no
pudo evitar girar la cabeza.
Cuá nto tiempo sin verte, Comandante Moyira. Me enteré del
entrenamiento conjunto y vine por curiosidad. Es raro que alguien
tenga la oportunidad de presenciar semejante espectá culo de cerca.
Los campos de entrenamiento son peligrosos, con armas volando y
movimientos bruscos. Les proporcionaremos un lugar có modo para
observar.
—No, es solo una visita breve. No pasa nada. ¿Está n entrenando bien
los caballeros de Cornia?
Su Majestad, tiene una excelente orden de caballeros. No deberı́a haber
problemas con la defensa de Cornia en el futuro.
Incluso el rostro de Rensley, que habı́a estado tranquilo cuando todos
los demá s estaban tensos, se puso rı́gido tardı́amente.
A una distancia lo su icientemente cercana para hacer contacto visual,
un hombre que estaba conversando con el caballero comandante no era
el duque Gezell de Rensley despué s de todo.
“El elogio de Su Majestad al caballero comandante es verdaderamente
un honor para mı́”.
Con voz suave y un tono elegante, la gente miraba al joven con
curiosidad. El hombre que respondió al elogio se giró rá pidamente,
observando su entorno. Rensley intentó mezclarse con la multitud, pero
incluso los caballeros aldrant que lo rodeaban lo observaban. Las
miradas silenciosas, reunidas por varios individuos, podı́an conmover
el aire. Y la atenció n del rey Fé lix Elbanes de Cornia tambié n siguió esta
corriente.
Se oı́an pasos suaves acercá ndose.
Aunque Rensley mantuvo la cabeza erguida, como si no se diera cuenta,
oyó con atenció n los pasos que se acercaban. Cuando cesaron, Rensley
inevitablemente se giró .
"¿Quié n podrı́a ser?"
Sabiendo que no podı́a engañ ar a su medio hermano, con quien habı́a
mantenido una estrecha relació n durante casi veinte añ os, Rensley
forzó una sonrisa. Hizo una reverencia respetuosa, ofreciendo un gesto
de homenaje al rey. Era un saludo corniano poco comú n, incliná ndose
hacia adelante con las manos cruzadas frente al pecho.
“Ya ha pasado un tiempo, Fé lix.”
Supuse que estarı́as con la delegació n de Aldrant, ya que la duquesa
Ivet está aquı́. Aunque es inesperado encontrarnos aquı́.
Se produjo una sutil conmoció n. Los dos, uno al lado del otro,
mostraban un inconfundible parecido familiar, lo que eliminaba la
necesidad de má s explicaciones. Colores de cabello y ojos similares,
rasgos faciales reconocibles. Aunque Fé lix era má s alto, la gente
reconocerı́a inconscientemente la similitud en la estructura ó sea,
evidente en hombros y piernas.
Aunque Rensley nunca se consideró una igura oscura, estar junto a
este hombre lo hacı́a sentir como una sombra amenazante o un
espectro. Incluso despué s de tanto tiempo, reencontrarse con é l no
habı́a cambiado esa sensació n.
Ya sea que estuviera consciente de la atmó sfera o no, Fé lix sonrió
casualmente y ofreció una disculpa al comandante de los Caballeros de
la Guardia Imperial.
“¿Estoy retrasando demasiado el entrenamiento?”
—Para nada, Su Majestad. Pensá bamos tomarnos un descanso despué s
del entrenamiento.
El comandante de los Caballeros de la Guardia Imperial ordenó una
retirada colectiva. Sin embargo, incluso con la retirada, los caballeros de
Aldrant y Cornian no abandonaron sus posiciones voluntariamente,
mantenié ndolos vigilados. Fé lix, probablemente consciente de la
atenció n, ingió no darse cuenta y centró su mirada ú nicamente en
Rensley.
¿Có mo has estado durante todo este tiempo?
“Como puedes ver, me ha ido bien”.
Tengo muchas cosas que me gustarı́a discutir con mi hermano despué s
de tanto tiempo... pero supongo que no podemos tener una
conversació n larga aquı́. Por casualidad, ¿tenı́a el Duque Gezell alguna
instrucció n especial para ti?
Ivet habı́a hecho una pregunta similar. ¿Pasaba algo que é l desconocı́a?
Dudando, Rensley inalmente asintió .
y
En cuanto se mencionó la palabra "hermano", la tensió n que los
rodeaba se hizo má s palpable. Rensley no querı́a llamar la atenció n de
los Aldrant de esa manera. Una mezcla de deseo de irse rá pidamente de
la situació n y curiosidad por lo que Felix querı́a decir creó una marañ a
de emociones en el pecho de Rensley.
Le agradecerı́a que tuvié ramos una breve conversació n. Despué s de
informar a Su Excelencia, concertaré una reunió n aparte.
Quien respondió a la propuesta de Fé lix no fue Rensley. Al girar la
cabeza hacia el dueñ o de la voz, Anton, el comandante que impartı́a
instrucciones de entrenamiento en otra secció n, se acercaba. Fé lix
arqueó una ceja, revelando su confusió n.
¿No eres el comandante de los caballeros de Aldrant? No hay necesidad
de informar individualmente sobre lo que hace cada miembro en su
tiempo libre.
Tambié n es mi deber gestionar y controlar el paradero de los miembros
cuando estamos fuera. Ademá s, Maelrosen no solo es un caballero, sino
tambié n un invitado recibido por Su Gracia y compatriota de la
Duquesa. Recibe un trato especial.
Fé lix asintió , aparentemente comprendiendo la explicació n. Con un
movimiento de su capa, su sonrisa se iluminó de nuevo. Una mirada
amable se dirigió a Rensley, suave y desconocida, una mirada que a
Rensley le pareció un tanto extrañ a.
—Bueno, esperemos hasta entonces. Disculpen la interrupció n de sus
caballeros. Rensley, nos vemos luego.
—Sı́, tó mese su tiempo, por favor, Su Majestad.
A punto de irse, Fé lix se giró ante la llamada urgente. Rensley hizo una
rá pida reverencia.
Felicidades por ascender al trono. Desde que supe de tu llegada, he
querido felicitarte cuando nos encontremos.
La sonrisa de Fé lix se desvaneció levemente ante las palabras de
Rensley, pero pronto volvió a sonreı́r.
—Sı́, gracias. Hablamos má s tarde.
Acompañ ado de algunos acompañ antes que habı́a traı́do consigo, se dio
la vuelta por completo y se alejó caminando entre la multitud.
Los caballeros que seguı́an al rey corniano con la mirada comenzaron a
discutir con vehemencia solo despué s de que este se hubiera ocultado
por completo. Un colega cercano fue el primero en lanzar una pregunta,
que no se desvió mucho de lo esperado.
“Ren… ¿eres de la realeza?”
Rensley se encogió de hombros. Nunca lo habı́a revelado
deliberadamente, pero tampoco habı́a necesidad de ocultarlo. Ademá s,
Aldrant era prá cticamente un paı́s sin discriminació n de clases.
—La mitad. Mi madre no era noble ni reina. ¿Eso lo explica?
La gente murmuraba y asentı́a, como si intentaran organizar la
situació n.
“Ahora que lo pienso… Su Gracia te trataba con tanto respeto, y eras
muy cercano a la Duquesa, ası́ que debe haber habido una razó n.”
Si lo hubiera sabido antes, no habrı́a habido malentendidos. Ibas y
venı́as entre las habitaciones de sus Excelencias, diciendo que te
reunirı́as con la Duquesa.
"¿Qué ?"
Como siempre, solo los oı́dos de las partes implicadas se salvaron, y
varios rumores inundaron repentinamente a Rensley. Circulaban
rumores como que no era un enviado, sino el amante del duque, que la
duquesa desconocı́a a Maelrosen y lo trataba como invitado, o incluso
que vivı́an juntos bajo un acuerdo.
Sintié ndose incó modo, Rensley murmuró en voz baja. Aunque no
ocultaba nada a propó sito, al parecer circulaban varios rumores.
Aldrant, en particular, parecı́a disfrutar de los rumores y las
especulaciones, a pesar de que prá cticamente no habı́a discriminació n
entre clases en el paı́s.
Si lo hubiera sabido... Incluso corrieron rumores extrañ os de que el
Duque tenı́a problemas con su funció n sexual o de que eras su amante
para ayudar a su estado. ¡Menudo desastre!
Perturbado, Rensley suspiró en silencio. Aparte de la inoportuna
intrusió n de monstruos durante el largo y frı́o invierno, habı́a habido
muy pocos incidentes emocionantes. Quizá s los generalmente
complacientes habitantes de Aldrant, ademá s de su actitud liberal,
tambié n disfrutaban de los rumores y las investigaciones sobre
diversos asuntos.
“Si la gente hubiera sabido que usted y la duquesa eran parientes de
sangre, ¿no se habrı́an evitado estos rumores?”
“Bueno, considerando la situació n, parece que habrı́a habido rumores
igualmente extrañ os…”
Por cierto, ¿deberı́amos dirigirnos a ti con tı́tulos formales de ahora en
adelante? Si eres el hermano de la Duquesa...
Cuando alguien sacó el tema, los colegas que hasta entonces habı́an
tratado a Rensley con tanta naturalidad se sintieron incó modos y
empezaron a murmurar. El ambiente se estaba volviendo desagradable.
Rensley se aclaró la garganta y extendió la mano. Necesitaba aclarar la
situació n antes de que surgieran má s comentarios desagradables.
¡No! Mira mi apellido. Si fuera un miembro de la realeza, me habrı́a
llamado Elbanes, no Maelrosen. No tengo un tı́tulo hereditario, ni he
sido reconocido como prı́ncipe. Si hubiera venido como hermano de la
duquesa, habrı́a recibido un tı́tulo diferente. Solo soy un caballero,
Rensley Maelrosen. Puedes seguir pensando en mı́ igual que antes.
“Pero aú n ası́…”
¿Ahora que lo dices, está s harto de jugar conmigo?
Cuando Rensley estaba a punto de quejarse en tono amenazante, Stan
se acercó y le dio una palmadita en el hombro. Parecı́a estar
mostrá ndole su apoyo.
“Su Majestad no ha dado ninguna instrucció n, ası́ que ¿debemos dar un
paso adelante sin una razó n?”
"Stan."
Ahora veo que mis ojos estaban bien. Dije que te parecı́as a la Duquesa.
Fue entonces cuando Rensley sonrió iró nicamente ante la broma de
Stan con un dejo de burla.
“Rensi tiene razó n.”
Esta vez, el apoyo resonó desde otra direcció n. Los caballeros aldrant
giraron la cabeza y encontraron allı́ a varios soldados cornianos, con
quienes Rensley habı́a compartido una copa hacı́a unos dı́as. Se habı́an
familiarizado bastante tras varios encuentros.
A diferencia de Aldrant, los caballeros cornianos estaban compuestos
por nobles. Aunque no podı́an participar directamente en el
entrenamiento, observaban desde detrá s del campo de entrenamiento.
Rensi vivı́a como cualquier plebeyo en Cornia. Ası́ que estamos en
igualdad de condiciones con é l.
Ah, cierto. Pensá ndolo bien, es cierto. La gente murmuró en señ al de
acuerdo. Si Rensley hubiera sido tratado como un rey en su tierra natal,
no habrı́a compartido una bebida con tanta naturalidad con soldados
rasos. La oportuna asistencia hizo que Rensley sonriera ampliamente al
acercarse.
“¡Hola a todos!”
—Ren, debió ser una sorpresa. Normalmente te sientes incó modo con
Su Majestad, ¿verdad?
—No… Parece que ha cambiado segú n tus palabras. Nunca habı́a visto a
Fé lix tan amable. Gracias por tu ayuda.
El ambiente de Cornia tras el cambio de reyes lo intrigó . Dejando a un
lado a los sorprendidos colegas aldrant que discutı́an entre ellos,
Rensley caminó con los soldados cornianos.
Los jó venes, en su mejor momento, tambié n parecı́an ansiosos por
hablar de la nueva Cornia. Inicialmente, enfrascados en una animada
charla sobre el estado de Cornia, pronto llegaron a un claro consenso.
“Es difı́cil decir mucho sobre los primeros dı́as del reinado, pero
creemos que la direcció n del gobierno es mejor que la del rey anterior”.
Sobre todo con la magia. El rey anterior la prohibı́a. Hoy en dı́a, muchos
paı́ses potencian su poder mediante la magia, pero nosotros nos hemos
quedado muy atrá s.
Rensley asintió en acuerdo con sus opiniones.
Sı́, experimentar la magia de cerca por primera vez aquı́ en Cornia es
bastante impresionante. El rey anterior, que evitaba la magia, se sentı́a
como un tonto.
Mientras se alejaban de la zona abarrotada debido a la conversació n en
curso, se encontraron en un lugar apartado. Rensley y los soldados
cornianos caminaron por el pasillo vacı́o, bordeado de columnas,
alejá ndose del campo de entrenamiento. Aunque no era una
conversació n particularmente secreta, hablar del rey requerı́a cautela.
“Ustedes parecen estar bastante preocupados por el paı́s”.
Los jó venes que charlaban se pusieron de pie de repente al oı́r una voz.
Dirigié ndose a una zona menos poblada, encontraron a otro grupo ya
establecido. Fé lix, con quien Rensley se habı́a topado antes, se acercaba
a paso lento. Rensley se quedó ató nito, pero ya era demasiado tarde.
A medida que Fé lix se acercaba, su radiante sonrisa se intensi icaba
gradualmente. Para Rensley, su rostro solo parecı́a una má scara.
“Eres parte de nuestros Guardias de Cornia, ¿correcto?”
—Le pedimos disculpas, Su Majestad. Está bamos conversando
tranquilamente.
No hay necesidad de disculparse. Incluso los subordinados pueden
hablar de los asuntos del rey. Cuando te encuentras con un amigo que
vive lejos despué s de mucho tiempo, quizá s quieras intercambiar ideas.
Rensley permaneció en silencio, observá ndolos. No podı́a interpretar la
situació n. Si se tratara del Fé lix anterior, no habrı́a dejado que los
soldados rasos evaluaran las acciones del rey con tanta indiferencia.
Fé lix volvió a sonreı́r.
Es el momento perfecto. Tengo algo que hablar con Rensley, ası́ que
apá rtate un momento. No pudimos hablar antes porque habı́a
demasiada gente.
"Pero…"
¿Por qué ? ¿Te molestarı́a que tuvié ramos una breve conversació n?
"…No."
Sintié ndose incó modo, Rensley abrió la boca re lexivamente, pero no
tenı́a motivos para negarse.
Anton estuvo allı́ hace un rato, pero ahora solo habı́a unos pocos
soldados cornianos presentes, y no tenı́an la fuerza para detener a Fé lix.
Dudando, Rensley pronto se recompuso y se enderezó .
Bueno, estaba afuera. Se encontraban en un pasillo en el primer piso
del edi icio exterior del campo de entrenamiento, un poco alejado del
á rea de entrenamiento, pero no en un espacio cerrado. Si ocurriera un
ruido fuerte, sin duda se oirı́a, lo que harı́a imposible que Fé lix lo
maltratara como solı́a hacerlo.
Cuando Rensley, que se sentı́a perplejo, dio un paso atrá s, Fé lix giró su
mirada entre las columnas y luego giró su cabeza hacia Rensley.
Ahora, frente al hombre que se habı́a convertido en rey de un paı́s,
aquel que compartı́a un asombroso parecido con é l, Rensley se sintió
inexplicablemente pesado. Fé lix comenzó a hablar.
Me alegra verte bien despué s de tu repentina partida tras la de mi
padre. Tenı́a curiosidad por saber có mo has estado. Por cierto, me
intriga la razó n por la que Ivet, quien ocultó su paradero, ha asumido el
cargo de Duquesa Consorte.
No es nada especial. Ivet se enteró de la noticia y regresó enseguida. El
Duque estaba considerando mi paradero y estaba contento. Ası́ que
todo se ha resuelto sin problemas.
¿Te contó Ivet la historia?
Evitando el contacto visual, Rensley miró a Fé lix cuando este le
preguntó . Aunque Ivet y Fé lix parecı́an hablar como si existiera un
acuerdo tá cito entre ellos, Rensley no pudo discernir los detalles.
Le comenté el pasado a Ivet en el banquete el dı́a de mi llegada. Le
expresé mi deseo de disculparme y tambié n se lo transmitı́ al Duque.
Las pestañ as de Rensley parpadearon levemente. Sin responder, Fé lix se
encogió de hombros.
“Parece que no te han informado.”
“…Soy solo un caballero de bajo rango. Desde que llegué al palacio, no
he tenido la oportunidad de ver a Sus Excelencias con frecuencia.”
Cuando estabas en Cornia, como tu hermano mayor, no pude cuidarte
bien. Siempre fui duro. Puede que haya maltratado a muchos, pero
nadie soportó mis travesuras como tú . Quiero disculparme contigo.
“…”
“¿Puedes perdonarme?”
Fue una historia totalmente inesperada. Rensley no pudo responder de
inmediato y entreabrió ligeramente los labios.
¿Es realmente cierto? ¿De verdad ha cambiado Fé lix Elbanes?
¿Inclinando la cabeza ante el pueblo, disculpá ndose con Ivet y ahora
expresando su intenció n de disculparse conmigo?
La discriminació n o el acoso contra los hijos ilegı́timos por parte de las
madrastras era algo habitual incluso en los hogares nobles.
Desde su juventud, Rensley habı́a dejado de sentirse especialmente
agraviado. La tradició n de que los nobles tuvieran varias familias era
comú nmente aceptada, pero no existı́a la obligació n de aceptar
voluntariamente a medio hermanos o medio hermanas que no fueran
deseados.
Sin embargo, ¿cuá ntos se atreverı́an a confrontar a sus padres con
lechas de resentimiento? Al inal, fueron los niñ os inocentes quienes
sufrieron el peso del trato injusto. El comprendı́a la injusticia. Uno no
podı́a simplemente ignorar el resentimiento y el tormento de alguien.
Sin embargo, por mucho que lo considerara injusto, solo le
apesadumbraba el corazó n.
Todos elogiaron al prı́ncipe y a la familia real por su nobleza, pero é l ni
siquiera pudo usar el nombre de la familia.
A Fé lix no le gustaba que el rostro del desafortunado se pareciera al
suyo. Incluso amenazó con convertirlo en chivo expiatorio, y en una
ocasió n lo golpearon hasta dejarle la cara cubierta de sangre, con
heridas en los labios y una hemorragia nasal.
En ocasiones lo castigaron hasta el punto de quemarle la espalda, o lo
golpearon con un garrote hasta hinchá rsele. Aunque cada vez resentı́a
la humillació n, no comprendı́a el castigo.
Su cara era solo una excusa. Fé lix incluso lo habı́a amenazado con má s
castigos por parte de sus subordinados, pero con el tiempo se
acostumbró . Aunque se sentı́a profundamente humillado cada vez, no
podı́a hacer nada al respecto. Aunque se compadeciera de sı́ mismo por
sentirse injusto, solo le dolı́a má s el corazó n.
Las huellas de sus fechorı́as no quedaron en el cuerpo de Rensley por
una sencilla razó n: para desestimar los impulsos fú tiles y violentos del
prı́ncipe como si nunca hubieran ocurrido. Ademá s, Rensley, como
miembro de la estirpe real, recibió tratamiento inmediato del boticario
de palacio. El boticario elogió a Rensley por su buena respuesta a la
medicina, aunque no se supo con certeza la naturaleza exacta de los
elogios.
Incluso si se supusiera que las medicinas de aquella é poca tenı́an
propiedades má gicas, eso podrı́a explicar por qué no quedó ni una sola
cicatriz. Rensley solo empezó a especular sobre esto despué s de llegar a
Aldrant. De ser ası́, fue un gesto de agradecimiento del boticario ayudar
secretamente a Rensley en un paı́s donde el uso de la magia estaba
prohibido sin permiso.
Tras soportar una ronda de abusos, Rensley no pudo evitar sentirse
deprimido, aunque quisiera cambiar de humor. Al recluirse en su
habitació n, recibió consuelo y visitas de varios residentes del palacio —
ya fuera en la cocina, el establo, la lavanderı́a, el jardı́n o el taller—,
cada uno ofrecié ndole consuelo antes de partir.
Aunque no habı́a ningú n hé roe que detuviera el asalto ni lo ayudara a
resistir, Rensley no fue lo su icientemente valiente para tales acciones.
Despué s de que la gente se fuera, el viento, la luz del sol, la luz de la
luna, las hojas verdes junto a la ventana y otros elementos naturales lo
acompañ aron. Sanando sus heridas y apaciguando su corazó n, le
brindaron consuelo. Tras una noche de descanso, Rensley pudo volver a
enfrentarse al mundo, sonriendo y saludando a todos.
La conexió n entre el cuerpo humano y la mente es intrincada. Cuando la
persona que lo atormentaba desapareció de la vista, los recuerdos del
pasado tambié n se desvanecieron. Antes de volver a oı́r el nombre de
este hombre de boca de Ivet, antes de su llegada al palacio... La
existencia y el nombre del Prı́ncipe Heredero de Cornia se borraron de
la mente de Rensley.
Sı́, completamente puri icado. Rensley sonrió levemente.
¿Có mo no podrı́a perdonar a Su Majestad? Usted es mi hermano mayor,
el Prı́ncipe Heredero, y ahora Rey de Cornia. Considero el pasado como
su guı́a estricta.
Fé lix miró a Rensley por un momento y preguntó : "¿Es eso realmente
sincero?"
Sı́. No miento. No tengo nada que perdonarle a Su Majestad. Felicidades
por ascender al trono. Que deje huella en la historia del continente
como un rey justo.
Despué s de que Rensley terminó su respuesta, Fé lix tenı́a una expresió n
ligeramente aliviada pero extrañ amente ambigua.
Bueno, gracias. Tus palabras me tranquilizan mucho. Hay algo má s que
quiero comentar contigo.
¿Qué má s? Rensley ahora sostuvo su mirada sin evitarla.
Me alegra que te vaya bien en Aldrant. Sin embargo, al in y al cabo, es
un paı́s extranjero. Sigues siendo corniana, a diferencia de Ivet, que se
casó y ahora es duquesa.
Sı́. Naturalmente, considero Cornia como mis raı́ces.
Enviarte con Aldrant fue una decisió n precipitada de mi padre. Sabes lo
impulsivo que podı́a ser cuando se enojaba. No habı́a forma de
detenerlo.
Rensley no pudo comprender el signi icado de las palabras de Fé lix.
Mantuvo la boca cerrada.
Los ojos violetas frente a é l estaban tranquilos y serenos. Las palabras
que siguieron fueron mucho má s decisivas que antes.
Como papá falleció , ya no necesitas quedarte allı́. Rensley, regresa a
Cornia. Te haré un lugar.
Parecı́a como si el entorno hubiera caı́do en un completo silencio.
¿Es por mi humor? El ruido del campo de entrenamiento y el canto de
los pá jaros a lo lejos no llegaron a los oı́dos de Rensley, como si se
hubieran borrado. Rensley se quedó inmó vil como una estatua. Tras un
momento de silencio, Fé lix inició la conversació n con un pequeñ o
suspiro.
Parece que te has adaptado bastante bien allı́, ası́ que esto podrı́a
sorprenderte. Pero no te preocupes. Creo que serı́a mejor que te
reconocieran como miembro de la familia real de tu lugar de
nacimiento, Cornia, y que asumieras las responsabilidades que te
corresponden, en lugar de pasar tiempo como caballero en la Orden del
Norte. Tengo planes para crear un paı́s diferente al de mi padre, y
necesito tu ayuda.
Tras las palabras de Fé lix, Rensley por in pudo hablar. La sensació n de
falta de aire persistió un instante. Ahora, surgieron dudas sobre esas
palabras.
¿Có mo puedo... ayudar a Su Majestad? Soy un sirviente sin educació n.
Aunque no sea yo, hay mucha gente que puede ayudar a Su Majestad.
Quiero discutir qué tareas asignar cuando lleguemos. No hace falta
hablar de los asuntos de Cornia en palacio. Estaba considerando si
enviar una carta o visitar a Aldrant en persona para tratar este asunto,
p p
pero has venido a Pheraira, ası́ que tengo suerte. Explı́cale bien la
situació n al duque Gezell. Si se necesita al con idente de Ivet, podrı́a ser
cualquiera de tu edad.
Por un instante, Rensley ni siquiera pudo pensar en ocultar sus
pensamientos sobre semejante absurdo. Solo logró esbozar una sonrisa
amarga.
¿Ahora se ofrece a hacerme un puesto? ¿Un puesto para Rensley
Maelrosen?
Independientemente de las intenciones de Fé lix o de cuá l fuera su
posició n, ya era demasiado tarde. La familia real de Cornia nunca le
habı́a dado una oportunidad a Rensley cuando má s la necesitaba. En
lugar de tenderle una mano, lo criticaron por ser un ignorante que no
entendı́a nada de los asuntos de la corte.
Ademá s, Fé lix fue el instigador y torturador que lideró con ahı́nco la
persecució n contra Rensley. Si alguna igura poderosa lo hubiera
investigado con má s detenimiento, no lo habrı́a desechado como
basura, independientemente de su papel.
Sin embargo, Rensley no guardaba rencor. Era un camino que se vio
obligado a tomar, sin importar có mo empezara. Ya no importaba si
habı́a empezado en buenos o malos té rminos. Rensley recordaba la
sensació n de extrañ eza que sintió al mirar por primera vez desde la
ventana del castillo de Roudken. Fue una sorpresa frı́a y refrescante que
lo hizo querer seguir mirando, incluso a riesgo de revelar su identidad.
"Pido disculpas."
¿Disculparse? ¿Por qué ?
Ya soy caballero al servicio del duque Gezell en Aldrant. Agradezco tus
palabras, pero no tengo intenció n de regresar a Cornia.
Quiso negarse corté s y claramente, pero ni siquiera el propio Rensley
estaba seguro de si se habı́a expresado correctamente. Fé lix, a su vez, lo
miró como si hubiera oı́do un sonido desconocido.
Una sonrisa reapareció en sus labios. Fé lix rió entre dientes como si le
pareciera divertido un chiste inesperado.
—Entonces, ¿te has convertido en el comandante de la Orden? ¿Has
recibido un tı́tulo o territorio? No ha pasado ni un añ o desde que
partiste hacia Aldrant. ¿No es demasiado pronto para hablar de lealtad
a tu señ or?
No se trata de recompensas. Respeto y sirvo sinceramente al Duque
Gezell. Mientras haya jurado lealtad, no tengo intenció n de servir a dos
señ ores.
Tonterı́as de alguien que ignora el mundo. Si supieras con qué
frecuencia cambian los caballeros de amo, no dirı́as esas cosas.
No importa có mo se comporten los caballeros mundanos. He sido
nombrado caballero guardaespaldas de la familia ducal Aldrant. A
menos que Su Gracia me despida primero, no tengo intenció n de
abandonar mi puesto.
La expresió n de Fé lix denotaba total incomprensió n. Su frente, antes
lisa, se arrugó gradualmente. A pesar de ello, su boca seguı́a sonriendo.
La expresió n cautelosa que siempre descon iaba de Rensley se estaba
haciendo evidente.
"¿Vas a jurar lealtad al jefe fronterizo despué s de pasar menos de un
añ o en el extremo norte, dejando de lado a la familia real de Cornia que
te acogió durante unos veinte añ os?"
“¡No hables imprudentemente!”
Sin embargo, antes de que pudiera contenerse, una ira momentá nea lo
invadió . Para cuando cerró la boca apresuradamente, ya era demasiado
tarde. El temperamento colé rico del rey corniano, que actuaba
impulsivamente cuando se enojaba, no era exclusivo de Fé lix o Ivet. A
pesar de desagradarle, y de haberlo ido desgastando con el tiempo,
Rensley tambié n tenı́a algunos rasgos de la familia real de Elbanes.
Aunque gritó , el enojo no disminuyó , pero era mejor concluirlo en este
punto, ya que serı́a bene icioso para todos.
¿Qué dijiste tan imprudentemente? Si hay algo incorrecto en mis
palabras, explı́calo.
Su Gracia, no tengo intenció n de volver a Cornia. Si me buscó para oı́r
esas palabras, no hay necesidad de seguir discutiendo.
"Ja ja."
La risa de Fé lix resonó y entrecerró los ojos. Levantó ligeramente la
barbilla y la sonrisa se profundizó . Sus ojos violetas se oscurecı́an
rá pidamente.
p
“Ası́ pues, el humilde hombre se ha vuelto presuntuoso”.
El tono que emanaba era cortante y frı́o como una espada. La
amabilidad que mostraba al observar a la gente en el campo de
entrenamiento no se veı́a por ningú n lado.
Rensley sonrió con su iciencia. No era sorprendente.
“Como un perro callejero que ladra como si hubiera encontrado un
nuevo dueñ o despué s de haberlo dejado salir por un momento”.
¿Qué propó sito tendrı́as al coleccionar perros callejeros? Espero que
consigas un buen perro con buen linaje y lealtad. Me despido entonces.
Rensley se giró primero. Aunque en Cornia se consideraba una falta de
respeto concluir una conversació n antes que el rey, é l ya no era de allı́.
Por lo tanto, no era Rensley, el residente de Cornia, y aquel a quien le
juró lealtad no era ese arrogante medio hermano.
De regreso al campo de entrenamiento, vio a Theo y Noah, los amigos
cornianos que habı́an sido perseguidos por Fé lix. Caminaban hacia é l,
tras haber esperado cerca, posiblemente preocupados por lo que
pudiera haber sucedido. Rensley los saludó con la mano, y ellos le
devolvieron el saludo, preguntando:
“¿Ha terminado la conversació n con Su Majestad?”
En el momento en que Rensley estaba a punto de responder a esa
pregunta, su mano, que agitaba, se congeló en el aire. El paisaje que se
extendı́a tras sus amigos atrajo su atenció n. El campo de entrenamiento
seguı́a igual, pero todos los caballeros que llenaban el espacio parecı́an
haber desaparecido.
Rensley entrecerró los ojos. No habı́a habido señ al del in del
entrenamiento ni orden de dispersarse, ası́ que era extrañ o. Aunque el
lugar donde Rensley y Fé lix conversaron era bastante discreto, no era
un lugar donde no llegaran los sonidos del campo de entrenamiento.
No solo el campo de entrenamiento, sino todo el espacio quedó en
silencio. Como si el tiempo se hubiera detenido en el vasto palacio
donde miles de personas vivı́an y trabajaban, el aire mismo parecı́a
contener la respiració n en silencio.
Theo preguntó de nuevo: “¿Por qué no hay respuesta?”
En ese momento, su paso á gil, caminando hacia ellos, se transformó de
repente en algo má s. Noé seguı́a igual.
p g g g
"Tú …!"
Los ojos de Rensley se abrieron de par en par como si hubiera visto un
fantasma. Su mano se dirigió instintivamente a su cintura.
Desenvainando rá pidamente su espada, se enfrentó a la persona que se
acercaba, quien tambié n levantó la mano. En su mano sostenı́a un
bastó n propio de un mago.
Rensley blandió rá pidamente su espada. ¡Clang! La a ilada hoja chocó
contra el bastó n, creando un eco resonante.
Los magos, en general, no podı́an lanzar hechizos instantá neamente
como Gezell con un simple gesto. En la mayorı́a de los casos, la magia
no garantizaba la victoria en un combate, ya que requerı́a tiempo y
herramientas para el ritual.
Mientras Rensley lanzaba rá pidamente ataques consecutivos, el mago,
con aspecto nervioso, se apresuró a defenderse. Finalmente, luchando
por bloquear la espada de Rensley, soltó el bastó n.
“¡Qué date en silencio!”
Tras desarmarlo y sujetarlo rá pidamente, Rensley desvió la mirada
hacia otro mago. Un mago con una tú nica negra y capucha estaba
cantando un hechizo. No habı́a tiempo. En lugar de blandir la espada,
Rensley la arrojó hacia la mano del mago.
"Puaj…!"
La a ilada espada apuntó con precisió n al objetivo, pero eso fue todo. En
el ú ltimo instante, con las puntas de los dedos temblando, la espada
voladora no recibió su iciente fuerza y cayó al suelo con un golpe sordo.
Rensley se encontró repentinamente incapaz de mover el cuerpo ni
hablar. Como si estuviera paralizado hasta las cuerdas vocales, esta
sensació n, donde no podı́a mover un mú sculo sin intervenció n mé dica,
no era nueva. La habı́a sentido una vez en el laboratorio de
investigació n subterrá neo del Castillo Roudken, frente a Gezell.
El mago, sumido en la confusió n, suspiró y se puso de pie. El, que hacı́a
un rato parecı́a un amigo de su pueblo, ahora se habı́a transformado
por completo en una copia exacta de Rensley Maelrosen.
Acercá ndose a Rensley, el mago de la tú nica negra susurró frı́amente:
«Si hubieras aceptado la oferta de Fé lix, no habrı́a necesidad de tales
mé todos. Es todo culpa tuya, Rensley Maelrosen».
Gemidos inexpresables se le escaparon mientras exploraba a Rensley
de pies a cabeza, como si buscara algo. Al ver el brazalete de gemas
azules, puso cara de desconcierto y se lo arrancó de un tiró n, mirá ndolo
con desprecio.
Detrá s de é l, se oyeron otros pasos. Era Fé lix, que habı́a dejado solo a
Rensley, acercá ndose. Toc, toc, toc. Aplaudió lentamente.
Theo y Noah, que antes eran Theo y Noah pero ahora parecı́an tener
identidades misteriosas, le sonrieron triunfalmente a Fé lix.
La magia es realmente maravillosa. Mi padre fue un cobarde al ignorar
una tá ctica tan esplé ndida por pura paranoia. Bueno, ¿qué te parece,
Amin? Nada grave, ¿verdad?
La voz de Fé lix, tras haber logrado su objetivo, era sumamente amable,
y su risa denotaba diversió n, como si acabara de presenciar una
actuació n entretenida. El mago de tú nica negra, llamado Amin,
respondió . Inesperadamente, un dejo de arrogancia se hizo evidente en
su voz.
Lleva un dispositivo de adivinació n de largo alcance. Ademá s, tiene
magia de rastreo en el cuerpo. Normalmente, se usa para esclavos
fugitivos o rehenes... Parece que fue criado como esclavo en Aldrant.
¿En serio? Ese hechicero sombrı́o tiene ojo perspicaz. Si lo libero, se
reconocerá como un perro callejero, meneará la cola y buscará un
nuevo amo.
La mano de Fé lix se deslizó lentamente desde el cuello de Rensley hasta
debajo de su barbilla. Aunque un escalofrı́o le recorrió todo el cuerpo,
Rensley no pudo moverse en absoluto. Mirá ndolo ijamente, Fé lix
arqueó una ceja con curiosidad y preguntó a la persona que estaba a su
lado.
—Pero hacer todo esto hasta tal punto… debe saber el propó sito de este
tipo, ¿verdad?
No hay señ ales de manipulació n del sello. Puede que lo haya notado
hasta cierto punto, pero aú n desconozco su propó sito especı́ ico.
¿Qué hay de la magia de rastreo? ¿Puedes deshacerla?
Es un poco complicado para alguien que no sea un mago deshacer el
hechizo. Ademá s, este tipo de magia no funciona a menos que se active
intencionadamente. Sin embargo, una vez liberada, el mago puede
detectarla, ası́ que manipularla solo aumentarı́a el riesgo de exposició n.
Incluso si la rastreas, no encontrará s un pasaje, ası́ que es mejor dejarla
en paz.
¿Sello? ¿Propó sito?
Rensley intentó seguir la incomprensible conversació n aunque fuera un
poco, pero las pistas que le dieron no le fueron muy lejos. Fé lix le
dedicó una radiante sonrisa.
Aunque tu nuevo maestro es un mago de renombre, hay má s de un
mago excepcional en el mundo. He admirado la conveniencia de la
magia cada dı́a. Nos permite secuestrar gente en secreto incluso en un
palacio tan esplé ndido. Amin, ¡bien hecho!
“Fue un honor poder ayudar, Lord Fé lix”.
—Me voy ahora. Encá rgate del resto.
“Sı́, Señ or Fé lix.”
Mientras el mago de Cornia cantaba un hechizo, la igura de Fé lix
desapareció como humo.
Rensley frunció el ceñ o. Las palabras de Fé lix sobre «regresar», el
mé todo de atravesar puertas má gicas o invisibles en lugar de pasajes
fı́sicos, la aparente sensació n de extrañ eza del palacio imperial a pesar
de que parecı́a una sala de audiencias...
Rensley habı́a visitado un lugar similar. Sin embargo, este estaba lleno
de paisajes hermosos y fantá sticos, difı́ciles de imaginar o de plasmar
para los humanos, a diferencia de las ré plicas que emanaban el hedor
de la realidad.
Un bosque gobernado por un lobo blanco.
Rensley se alejó del misterioso lugar donde habı́a con iado brevemente
su cuerpo antes de la llegada de la primavera. Se presionó la frente, que
le costaba incluso fruncir el ceñ o debido a la pará lisis.
Al principio, habı́a varias personas en el campo de entrenamiento, pero
en algú n momento, inexplicablemente, se transformó en un lugar
extrañ o. Si los amigos que lo atrajeron eran falsos, ¿qué pasó con los
verdaderos Theo y Noah?
En medio de los pensamientos caó ticos que se entrelazaban sin orden
en su mente, el ladró n que habı́a tomado prestada la apariencia de
Rensley habló .
“Bueno entonces me iré .”
“Solo demora todo lo que puedas. No tienes que aguantar hasta que se
vuelva demasiado peligroso. Sé astuto.”
“Dé jamelo a mı́.”
El falso Rensley sonrió con sorna y malicia. Era como ver un espectro.
Ver a alguien con la misma cara haciendo expresiones desconocidas de
frente era de lo má s escalofriante.
Solo los pá lidos labios y los ojos entrecerrados del congelado Rensley
temblaron levemente. Incapaz de resistirse a pronunciar una palabra,
desapareció repentinamente en el aire. En el vacı́o, solo quedaron el
mago de tú nica negra y Rensley.
“Debes tener muchas preguntas, Rensley Maelrosen”.
El mago restante se acercó lentamente. Con la capucha de la tú nica baja,
solo la boca, apenas visible, insinuaba una sonrisa, dejando el rostro
oculto.
Habı́a oı́do en la taberna que Fé lix habı́a liberado sin pruebas a los
magos que el exrey habı́a capturado. Si los liberaba, los utilizarı́a.
No hay prisa. Tenemos tiempo de sobra y estamos dispuestos a explicar
nuestra situació n con calma.
Rensley intentó resistirse, retorcié ndose de dolor como una persona
apretada por unas tijeras, pero no podı́a mover un dedo ni pronunciar
palabra. Se sentı́a como una marioneta clavada a la pared, incapaz de
moverse.
***
La tetera, que estaba llena, empezó a humear. El emperador, que habı́a
estado conversando tranquilamente con Gezell y habı́a apartado a la
gente para tener una conversació n privada, hizo sonar la campana
sobre la mesa, e inmediatamente se acercó el mago de la corte.
—Trae má s té . Tengo sed —dijo el emperador mientras el mago de la
corte tomaba rá pidamente la tetera y desaparecı́a. El emperador se
recostó en su silla. Sonrió a Gezell, sentado frente a é l, con largas
arrugas en los ojos.
—Debes encontrar a este viejo molesto, ¿verdad? No nos vemos a
menudo. Te molesto de vez en cuando porque conversar contigo es
interesante. Espero que lo entiendas.
“No se preocupe, Su Majestad.”
Despué s de escuchar tantas historias difı́ciles por primera vez en
mucho tiempo, me da vueltas la cabeza. Deberı́a dar un paseo por el
pasillo. ¿Te gustarı́a venir conmigo?
—Está bien. Pre iero quedarme sentado en un mismo sitio mucho
tiempo.
“Aun ası́, no tener mú sculos rı́gidos es gracias a la juventud, supongo”.
El emperador se levantó , sonriendo, y, con el mago de la corte a su lado,
salió del estudio. Gezell observó su igura alejarse, suspiró brevemente
y repasó las decoraciones de las mangas. Como no podı́a simplemente
sacar un espejo de cualquier parte del palacio, habı́a preparado un
nuevo dispositivo de adivinació n para esta visita. Era un dispositivo
má gico vinculado a la gema del brazalete que le habı́a regalado a
Rensley, lo que le permitı́a a Gezell ver su paradero.
Se vio a Rensley, junto con otros miembros, entrenando en el campo de
entrenamiento a travé s de la pequeñ a super icie de la gema. Gezell no
querı́a forzarlo demasiado, sabiendo que el emperador podrı́a regresar
en cualquier momento.
“…Sus movimientos parecen rı́gidos hoy.”
Incluso con un breve vistazo a la super icie de la pequeñ a gema, Gezell
pudo percibir que Rensley, conocido por su agilidad con la espada,
parecı́a algo rı́gido. Considerando que solo habı́an pasado unos dı́as
desde su llegada a Molbessa, la fatiga acumulada no era sorprendente.
Gezell pensó en prepararle un bocadillo dulce una vez terminada la
audiencia con el emperador.
Los pasos del emperador se acercaron de nuevo. Mientras Gezell barrı́a
de nuevo las decoraciones de la manga, la gema que habı́a estado
iluminando a Rensley recuperó su aspecto habitual.
“Ahora, continuemos nuestra conversació n”.
Mientras el emperador se sentaba, el mago de la corte sirvió té en la
taza vacı́a. Su fragancia era tan delicada como las hojas que se usaban
en el palacio imperial. Gezell bebió el té y se sentó de inmediato.
Explicar teorı́as a alguien que no está familiarizado con la magia podı́a
ser aburrido, pero al narrar, se percibı́a una sensació n de reaplicar y
refrescar los fundamentos que a menudo se daban por sentados. No, la
percepció n del aburrimiento era relativa.
Cuando Gezell le explicó los fundamentos de la magia a Rensley, este
nunca se aburrió . La expresió n de vergü enza ante la complejidad de las
teorı́as má gicas era entrañ able cuando pertenecı́a a un amante.
Capítulo 17.1 - El secreto de
Rensley
Aunque sea repentino, hay personas en este mundo conocidas como
Elementalistas. El espacio que imitaba el campo de entrenamiento se
transformó de nuevo, dejando el entorno vacı́o, vacı́o de todo. Se sentı́a
como estar atrapado en una habitació n blanca.
El hechicero de tú nica negra abrió la boca con naturalidad mientras se
sentaba en una silla conjurada en el espacio blanco. Rensley solo pudo
parpadear y no pudo responder con naturalidad.
Aunque mucha gente conoce a los magos, los Elementalistas son raros.
No solo son difı́ciles de encontrar, sino que su nú mero es tan escaso que
rara vez se mencionan. Hay incluso má s gente que desconoce su
existencia. ¿Has oı́do hablar de los Elementalistas?
Incapaz de mover la boca, Rensley se preguntó por qué el hechicero se
molestaba en preguntar. Cuando Rensley lo miró ijamente, el hechicero
rió entre dientes y respondió por su cuenta.
Supongo que no. Es difı́cil conocer elementalistas en Cornia, un lugar
difı́cil de ver para los magos.
“….”
La magia opera con poder má gico. Cosas como cı́rculos má gicos y
hechizos, aunque di ieren en nombre y mé todo, son herramientas para
que los humanos utilicen el poder má gico. Ası́ como cultivar trigo por sı́
solo no hace prosperar una granja, la magia requiere má s que solo
poder má gico puro. Para hacer pan, hay que cosechar trigo, molerlo,
amasar la masa y luego hornearlo, ¿verdad?
Este conocimiento bá sico era comú n incluso entre quienes no eran
magos. Ademá s, durante su estancia junto a Gezell, Rensley habı́a
aprendido varios conceptos bá sicos de la magia. Aunque a menudo
habı́a partes difı́ciles e incomprensibles, nunca habı́a bloqueado las
explicaciones del hechicero, apreciando la voz pausada y amable que
explicaba las cosas paso a paso.
La magia requiere poder má gico para implementarse, y este es la fuerza
procesada por el mago. Dependiendo de la habilidad del chamá n, la
cantidad de poder má gico extraı́do y procesado de la fuente de poder
determina có mo se puede utilizar. Las fuentes de poder tambié n son
diversas.
La magia má s investigada y utilizada por la mayorı́a de los magos,
incluyendo a Gezell, es la magia elemental, que extrae poder má gico de
la naturaleza. Fuego, agua, viento, rayos, tierra, rocas… cosas comunes
para la gente son clasi icadas como elementos por los magos segú n su
naturaleza y se convierten en fuentes esenciales de poder má gico.
Ademá s, existe la magia divina, que utiliza el poder de las oraciones y el
poder divino, principalmente empleada por el clero; la magia oscura,
ampliamente prohibida en el continente, que toma prestado el poder de
los inframundos del má s allá ; la magia de las sombras, similar a la
magia oscura, pero diferente porque toma prestado el poder de una
dimensió n distinta al mundo de las sombras, lo que la hace ú nica; la
magia de ilusió n, que utiliza un sutil poder psı́quico para lanzar
hechizos en secreto; y la alquimia, que convierte el poder inherente del
cuerpo humano en poder má gico… A medida que los nombres
detallados continuaban, Rensley no podı́a recordar todos los nombres
que nunca habı́a oı́do. La gente generalmente sabı́a muy poco sobre
magia.
La invocació n, que consiste en llamar a criaturas o espı́ritus de otros
mundos o dimensiones, se considera una de las magias má s desa iantes,
y se dice que solo unas pocas personas en todo el continente pueden
usarla. Gezell explicó que no se debe usar la magia de invocació n de
forma imprudente, ya que podrı́a di icultar el control del ser invocado,
enfatizando que simplemente llegan a este lugar y que controlarlos
como mago requiere un poder especı́ ico.
Pero aquı́ está la cuestió n. Algunas personas no necesitan ese proceso.
¿Qué pasarı́a si alguien pudiera hablar directamente con el trigo en un
trigal? Puede parecer absurdo, pero imagina si pudieras preguntarle
directamente al viento, al agua, al fuego o incluso a la tierra. Si pudieras
hablar con los elementos, imagı́natelo como si pudieras pedirles que te
dieran poder. Probablemente puedas imaginar cuá n vasta se volverı́a la
fuente de poder y cuá nto esfuerzo se ahorrarı́a en extraer, convertir y
operar el poder má gico. ¿Te imaginas lo asombroso que serı́a eso para
los magos?
El mago parloteaba con entusiasmo. Conversando con el viento, el agua
y el fuego, parecı́a un verso sacado de una balada romá ntica cantada
por trovadores. Se entendı́a el contenido, pero no estaba claro el motivo
del tema. Atar a la gente con magia y mencionar de repente un
fenó meno de despertar. El mago se puso de pie.
Las personas capaces de tales cosas son Elementalistas. Has oı́do hablar
de los Elementalistas, ¿verdad? Son elegidos. Claro que convertirse en
mago requiere talento innato, pero incluso aquellos con menos talento
pueden llegar a ser grandes magos con esfuerzo y prá ctica. Sin
embargo, los Elementalistas son diferentes. Nacen como
Elementalistas, son elegidos desde su nacimiento. No todos los que
nacen como Elementalistas pueden llegar a serlo plenamente. Por lo
general, nacen como Elementalistas, pero pueden vivir toda su vida sin
darse cuenta, solo para morir sin despertar. Pero si tienen la suerte de
despertar...
La varita del mago levantó la barbilla de Rensley. Bajo la tú nica con
capucha, brillaban unos ojos carmesı́.
“Cuando despiertan… ¿qué pasa?”
El té rmino "Elementalista" se escuchó por primera vez hoy, y no habı́a
forma de saber la respuesta. Rensley quiso escupirle en la cara al mago,
pero su rostro se endureció y solo pudo temblar.
El mago encontró divertida la dé bil resistencia de Rensley y sonrió . Ya
fuera Fé lix o este mago, Rensley parecı́a tener mala suerte al elegir
reyes y sus sú bditos.
'¿Podrı́a ser yo aquel al que llaman Elementalista?'
Considerando la conversació n anterior sobre sellos, la conversació n
parecı́a ir en esa direcció n. Rensley rió para sus adentros. Si poseı́a una
habilidad tan excepcional, deberı́a haberla descubierto durante su
infancia, cuando el mago real probó si tenı́a talento má gico. Si era un
ser tan excepcional, ¿por qué la familia real de Cornia lo abandonó en
las tierras del norte hasta el dı́a de hoy?
…Mientras re lexionaba sobre esto, de repente recordó la conversació n
olvidada.
“¿Sientes algo?”
¿Eh? ¿Qué…?
“¿Alguna vez has aprendido magia?”
"No."
No só lo el Lobo Blanco, sino tambié n el Duque Gezell le habı́a hecho
una pregunta similar.
“¿Alguna vez has aprendido magia?”
No. Me hicieron pruebas cuando era joven, pero dijeron que no tenía
talento.
“¿Desde entonces no pasó nada especial?”
“No, nada.”
¿Por qué el lobo y el duque hacı́an tales preguntas? De repente, durante
la indagació n, el mago, sin que nadie lo notara, empezó a girar su
bastó n y a recitar un conjuro. Cı́rculos má gicos, como có digos,
aparecieron por todas partes. Incluso para alguien que no estuviera
familiarizado con la magia, los patrones que se extendı́an en el aire eran
espeluznantes.
Aunque no se podı́a calcular nada concreto, una instintiva sensació n de
peligro se elevó como un torrente, llegando incluso bajo la nariz de
Rensley. Sintió como si alguien le susurrara al oı́do que debı́a escapar.
Pero su cuerpo permaneció inmó vil, como congelado.
Finalmente, el bastó n del mago completó un cı́rculo completo y rozó
suavemente la espalda de Rensley. No fue una puñ alada ni un golpe,
solo una suave presió n.
“…Ay, qué …”
Sin embargo, poco despué s, gemidos incontenibles escaparon de los
labios apretados de Rensley. Pá lido como una hoja en blanco, su rostro
se cubrió de sudor frı́o al instante. Los ojos desa iantes que habı́an
mirado al mago momentos antes estaban ahora llenos de confusió n y
miedo.
El mago, encontrando algo satisfactorio en esta visió n, aplaudió con
deleite.
"¡Exito!"
Rensley jadeaba con di icultad. El grito que habı́a ascendido hasta sus
cuerdas vocales se convirtió en gemidos y toses ahogados, atascados en
unos labios que no se separaban bien.
Sus pupilas seguı́an parpadeando. Cuando el grito no pudo escapar, las
lá grimas comenzaron a luir sin control. La saliva goteaba de las
comisuras de su boca, una manifestació n de la rebelió n del cuerpo,
intentando liberar el dolor.
"¿Puedes oı́r?"
El mago preguntó , pero la pregunta, lanzada tan cerca, no llegó a
Rensley adecuadamente. Demasiados sonidos lo asaltaron,
impidié ndole concentrarse en la vocecita del mago.
Los sonidos. Eran enormes, casi exagerados, como si el mundo entero
se rompiera en innumerables ruidos fragmentados. A veces parecı́an
voces humanas, otras veces el gemido de criaturas completamente
alienı́genas. La hermosa melodı́a que parecı́a tocar un instrumento se
transformó de repente en un sonido aterrador y de pesadilla, casi
imposible de oı́r incluso en pesadillas.
Risas, llantos, gritos, susurros, sonidos de arañ azos agudos, sonidos de
desgarros, sonidos sordos, la colisió n de objetos duros, sonidos de
rotura, el sonido de respiraciones profundas, sonidos de vuelos: una
variedad indescriptible de sonidos enredaron y abrumaron la mente de
Rensley, dividié ndose y explotando como miles de cuchillas,
desgarrando todo su cuerpo.
Le dolı́an los oı́dos y sentı́a que la cabeza le iba a estallar. Los mú sculos
se le tensaron por todo el cuerpo y los nervios le ardieron. Ojalá
pudiera gritar con libertad. Ojalá pudiera agitarse. Rensley miró al
mago con lá grimas en los ojos. A pesar de saber que el mago no lo
escucharı́a, quiso rogar por su vida, pedir ayuda. En ese momento, si
pudiera escapar del tormento, sentı́a que podı́a hacer cualquier cosa.
El mago se quitó la capucha. Apareció el rostro de un niñ o, aú n má s
inocente de lo esperado, de unos diez añ os.
Parece que puedes oı́r por tu reacció n. Despertar como Elementalista
signi ica poder comunicarte con todo en el mundo. ¿No es magnı́ ico?
Originalmente, todos los sonidos que los humanos no deberı́an oı́r se
vuelven audibles. Se dice que la mayorı́a de las personas que se
convierten en Elementalistas se vuelven locas o mueren antes de poder
controlar adecuadamente sus habilidades debido a la a luencia
indiscriminada de todos los sonidos del mundo.
El mago, que murmuraba distraı́damente, blandió su bastó n de nuevo.
Mientras cantaba, Rensley, inalmente liberado del hechizo, se
desplomó en el suelo. Incluso el breve respiro de la tortura solo le trajo
un alivio momentá neo. Cada vez que jadeaba, los mú sculos de su
espalda y hombros, que habı́an estado subiendo y bajando
constantemente, se contraı́an violentamente.
“Guh, tos…”
Incapaz de soportar la reciente conmoció n, Rensley, quien vomitaba en
el suelo, fue observado con indiferencia por el mago. Mientras el cuerpo
de Rensley, debilitado por el vó mito, se hundı́a aú n má s, el pie del mago
le levantó la barbilla.
Los ojos de Rensley, hinchados y hú medos por la congestió n, se
encontraron dé bilmente con la mirada del mago.
Fé lix tiene ambiciones. Planea construir una Cornia nueva y poderosa y
establecer un nuevo orden en el continente. Para lograrlo, necesita tu
fuerza, Rensley Maelrosen.
“…Qué risible, ma…”
"Es lindo, ¿no?"
El mago rió entre dientes y se agachó frente a Rensley, dá ndole una
palmadita en la barbilla. Su rostro, frente a Rensley, permaneció tan
inocente como el de un niñ o.
Si el mismo dolor persiste, no podrá s soportarlo. Como alguien que ya
ha despertado, si no te ayudamos en tu entrenamiento, terminará s
como otros que enloquecieron o murieron arrasando con las
habilidades de un Elementalista. ¿Quieres que eso suceda?
Rensley respiró profundamente, permaneció en silencio por un
momento y luego habló .
"¿Có mo lo supiste?"
"¿Qué ?"
—Que tengo tal habilidad... ¿Có mo lo supiste? Nunca... habı́a oı́do hablar
de ella.
Como mencioné antes, los Elementalistas son extremadamente raros.
No solo no nacen fá cilmente, sino que son aú n má s difı́ciles de
encontrar. Dicen que conseguir un Elementalista de verdad no es
inferior a conquistar el mundo entero. Todos los magos y gobernantes
desean encontrarse con un Elementalista al menos una vez en la vida,
pero se ha vuelto tan difı́cil que se puede decir que la lı́nea se ha
cortado durante varias generaciones.
El mago sacó un pañ uelo de su tú nica. Limpiá ndole la boca a Rensley
con amabilidad, continuó su relato.
¿El antiguo rey, que temı́a y rechazaba la magia, pudo controlar
adecuadamente a semejante ser? El viejo mago de palacio que sirvió al
difunto rey y reconoció tu talento no lo creı́a. Un Elementalista
excepcional, capaz de alterar el equilibrio de poder en el continente,
serı́a un desperdicio si un rey insensato lo arruinara. Ası́ que decidió
sellar tus habilidades hermé ticamente y esperar el momento oportuno,
guardando el secreto.
Pero… viviendo en Cornia tanto tiempo, tambié n lo sabes, ¿verdad? El
antiguo rey descon iaba y tenı́a mucho favoritismo, ası́ que reemplazó
al mago de palacio dos veces. Quien reconoció tus habilidades ni
siquiera tuvo la oportunidad de informar a nadie y murió . Pero dejó un
registro oculto que cayó en manos de Lord Felix. Y ahora, la veracidad
del registro ha sido demostrada. La rueda del destino gira en la
direcció n donde se encuentra Lord Felix.
El mago terminó su relato y se puso de pie. Rensley, que estaba sentado
en el suelo, tambié n fue levantado por una fuerza invisible.
Era un registro bastante detallado. Recopilaba algunas historias de
antes de que entraras al palacio. Incluso desde que eras un recié n
nacido, los animales se acercaban a ti sin evitarte. ¿Recuerdas? Al
principio, intentaban ahuyentarlos por miedo a que te hicieran dañ o,
pero incluso los perros feroces se volvı́an mansos frente a ti. Para los
extrañ os, podrı́a haber parecido simplemente una armonı́a
encantadora, pero para el mago que reconoció tu talento, todos esos
eventos eran señ ales.
Rensley permaneció en silencio, jadeando. Desde su infancia,
deambulando por pastos, establos y potreros como si fueran su
segundo hogar, era natural que los animales no lo evitaran.
“Fuiste elegido, Rensley Maelrosen”.
Hubo momentos en que Rensley Maelrosen creı́a tener má s talentos
que otros. Talentos que aportaban alegrı́as y comodidades sencillas a
una vida por lo demá s inalterada, como criar animales o plantas, nadar
en el mar embravecido o correr velozmente con el viento. Aunque no
era algo que le mereciera elogios ni fama, era una habilidad modesta
que le proporcionaba pequeñ os placeres en su vida, siempre anodina.
Sin embargo, el mago que tenı́a delante le estaba dando de repente un
nombre extrañ o y grandioso a Rensley Maelrosen, quien no tenı́a nada
excepcional.
Mientras el mago ajustaba y alzaba su bastó n, Rensley se estremeció
por re lejo. El dolor desconocido que experimentaba por primera vez
fue má s que su iciente para llenarlo de miedo. El mago lo miró con una
sonrisa.
Agradece. Este es otro mundo, otro espacio que he creado. Si fuera el
mundo en el que vivimos, no habrı́as podido soportarlo ni un instante.
Muchas veces má s espı́ritus te habrı́an hablado. Los espı́ritus se
vuelven extremadamente comunicativos cuando encuentran a un
humano con quien comunicarse.
Desde que escuchó la historia de la ascensió n de Fé lix al trono, Rensley
se habı́a sentido intranquilo. Gezell le aseguró que no habı́a por qué
temer al hombre en los con ines del continente, pero ahora Rensley lo
comprendı́a. No era solo a Fé lix Elbanes, el individuo, a quien temı́a
entonces. Era evidente que Fé lix lo habı́a planeado desde antes de
ascender al trono.
Desde el invierno en que emergió del Bosque del Lobo y no regresó a
Roudken, Rensley se preguntaba qué habrı́a pasado si hubiera cruzado
la frontera segú n el plan. Si hubiera llegado a Pheraira como estaba
previsto, esta situació n podrı́a haber ocurrido incluso antes. Rensley
Maelrosen, quien se habı́a evaporado en las garras de Fé lix sin que
nadie lo supiera, probablemente nunca habrı́a sido encontrado por
Gezell.
Pero Rensley habı́a regresado a Gezell. En retrospectiva, esa decisió n
resultó ser un golpe de suerte, fruto de la casualidad. Una oportunidad
para evitar el peligro...
La cabeza congelada de Rensley bajó sutilmente. Aunque los
acontecimientos que se avecinaban eran tan opacos como la niebla
espesa, una cosa estaba clara ante Rensley ahora.
La ominosa profecı́a del lobo blanco inalmente se habı́a hecho realidad.
Capítulo 17.2 - El secreto de
Rensley
Gezell habı́a sido liberado de la presencia del emperador alrededor del
mediodı́a. Fue despué s de un largo y tedioso perı́odo, durante el cual su
apetito habı́a menguado. Tras haber comido solo un sá ndwich de jamó n
y algunas frutas para el almuerzo, se llevó una taza de té a los labios,
dirigié ndose a su asistente.
“Prepara algo dulce para picar”.
El encargado, tras una breve re lexió n, bajó la cabeza. "¿Qué tal unos
caramelos violeta? Son bocadillos que se producen en abundancia en
las regiones del sur, incluyendo Pheraira. Son populares como regalo,
ası́ que me aseguraré de prepararte algunas botellas para que te las
lleves cuando te vayas".
"Bien."
Fue una propuesta que le vino a la mente de forma natural, evocando la
é poca en que su prometida recogı́a con entusiasmo violetas en
primavera. Aunque la respuesta de Rensley fue breve y brusca, una
sonrisa se dibujó en sus labios. Al verlo complacido, el asistente
rá pidamente le indicó a otro sirviente que trajera los dulces.
El sirviente que regresaba traı́a varias botellas de vidrio
cuidadosamente elaboradas. Las botellas, transparentes, estaban llenas
de caramelos violetas. A primera vista, parecı́an uvas pasas o
ará ndanos, pero al observarlas má s de cerca, era evidente que eran
dulces de azú car elaborados con gran detalle. Rensley quizá no los
hubiera probado antes, pero si se trataba de bocadillos abundantes en
las regiones del sur, probablemente sı́.
Con la expectativa de encontrarse con el emperador y entablar una
conversació n amistosa con el rey de Cornia, el emperador le permitió
un descanso hasta la cena, donde volverı́a a verlo. Al mirar la hora, se
dio cuenta de que probablemente el entrenamiento conjunto de los
caballeros ya habı́a concluido.
Llama a Rensley Maelrosen, de los Caballeros de Aldrant. Si el Gran
Duque lo busca, sabrá el motivo.
Al regresar a su habitació n y dar la orden, el asistente que habı́a estado
atendiendo a Gezell hizo una reverencia y se marchó . Mientras
descansaba tranquilamente, con la botella de dulces en la mano, la
puerta se abrió de nuevo poco despué s de que el sirviente se marchara.
Un caballero regresó , y poco despué s, el mismo sirviente. Antes de que
Gezell pudiera preguntar sobre la situació n, entró el caballero
comandante Anton.
Su Excelencia, Maelrosen sufrió una lesió n durante el entrenamiento y
está en tratamiento. Lo traeré una vez que termine el tratamiento.
"¿Qué dijiste?"
Cuando Gezell se puso de pie, Anton le hizo un gesto al asistente para
que se fuera.
Se lastimó y tú estabas allı́. ¿Qué pasó ?
Disculpe. El entrenamiento no fue lo su icientemente peligroso como
para que Maelrosen se lesionara gravemente. Parece que perdió la
concentració n por un momento, lo que le provocó una leve lesió n en el
tobillo. Por favor, no se preocupe demasiado.
Iré a verlo yo mismo. Si Maelrosen se lesiona, no puedo quedarme
esperando.
Deberı́as esperar. Maelrosen con ió sus tareas a otros. Estará encantado
con la preocupació n. Hoy parecı́a má s fatigado que de costumbre, quizá
por exigirse má s.
Anton, bajando las escaleras de la torre principal con Gezell, lo miró con
expresió n perpleja ante la ú ltima declaració n.
¿Viste el entrenamiento? No te he visto, pero...
“No, ocurrió cuando salı́ del dormitorio por la mañ ana”.
Aunque el Caballero Comandante era un con idente que compartı́a
muchos secretos, parecı́a incó modo revelar que usaba magia de
adivinació n para observar los movimientos de su amada. Anton miró a
su alrededor con indiferencia, con una expresió n algo inescrutable
incluso en comparació n con Gezell, antes de cambiar de tema.
“El rey Fé lix de Cornia visitó brevemente el campo de entrenamiento”.
—Nada inusual, ¿espero?
Se encontró con Maelrosen. Expresó su deseo de hablar, ası́ que obtuve
permiso para concertar una reunió n aparte má s tarde. Despué s,
conversó brevemente con los jó venes miembros de la delegació n de
Cornia y regresó . No ocurrió nada má s digno de menció n.
Ahora, la situació n se aclaró . Encontrarse con alguien que le resultaba
molesto de repente, naturalmente, inquietó a Rensley. Aunque dijo con
indiferencia que estaba bien reunirse, probablemente era una
conversació n para la que estaba mentalmente preparado.
“Sin embargo, debido a ese encuentro, los miembros se enteraron de
que Maelrosen es del linaje real de Cornian”.
—No importa. Les habrı́amos informado pronto de todas formas.
Probablemente sea lo mejor.
Tras completar su entrenamiento, los caballeros se dedicaban a
diversas tareas, lo que hacı́a que el alojamiento fuera relativamente
tranquilo. Gezell, compartiendo los sentimientos de Rensley, querı́a
alojarlo en su habitació n todos los dı́as, pero Rensley insistió en
quedarse con los demá s miembros hasta que se convirtiera
formalmente en Gran Duquesa.
“Entraré solo a la habitació n”.
"Comprendido."
Tras ahuyentar incluso a Anton en la puerta, Gezell abrió . Rensley
estaba solo en la habitació n vacı́a, durmiendo plá cidamente. Un
brazalete adornado con una gema azul brillaba en su muñ eca, visible
por encima de la manta.
Gezell se sentó en la silla junto a la cama. No querı́a despertar
deliberadamente a la persona dormida debido al cansancio. Pensaba
esperar, aunque le llevara horas, observando a Rensley mientras
dormı́a. Habrı́a sido mejor si hubiera traı́do un libro, pero incluso sin
algo que leer, siempre habı́a algo en qué pensar. Quizá s mañ ana
llegarı́an los informes de Frida enviados por Aldrant.
Levantando con cuidado la colcha para no despertarlo, Gezell reveló el
tobillo de Rensley, vendado, como habı́a mencionado Anton.
Contrariamente a lo habitual, no le habı́a puesto una fé rula
convencional, ya que, segú n Anton, la lesió n no era grave.
La curació n má gica es difı́cil en el caso de lesiones musculares o
fracturas subcutá neas. Sin embargo, Gezell colocó la mano sobre el
tobillo de Rensley y recitó un breve conjuro. Una luz cá lida,
acompañ ada de un calor reconfortante, emanó entre su palma y el
tobillo lesionado.
"Puaj…"
Parecı́a poco realista intentar una curació n má gica sin despertarlo,
pues los pá rpados de Rensley se abrieron lentamente, revelando una
leve incomodidad. Gezell giró la cabeza hacia é l.
"Su Gracia."
Rensley, sorprendido, se incorporó rá pidamente. —Gezell preguntó ,
mirá ndolo a los ojos.
¿Qué pasó ? Un tipo tan há bil como tú se lesionó durante un
entrenamiento sencillo.
“Creo… creo que bajé un poco la guardia.”
Rensley alternaba la mirada entre el rostro de Gezell y la mano que
lanzaba el hechizo de curació n, con una expresió n incó moda. Gezell
mantuvo una actitud relajada mientras explicaba.
No soy muy há bil con la magia curativa, y heridas como esta no se curan
fá cilmente con magia, sobre todo comparadas con las heridas causadas
por una mordedura de perro. Aun ası́, es mejor que no hacer nada.
Es solo una pequeñ a torcedura. Se curará rá pido.
Poco a poco, a medida que el calor entre la piel y la mano sanadora
disminuı́a, Gezell retiró la mano del tobillo lesionado. Una vez liberado
del irme agarre, la pierna de Rensley se deslizó bajo la manta.
A diferencia del tratamiento anterior, Rensley no se quejaba ni hacı́a
nada vergonzoso; simplemente sacaba la pierna de debajo de las
sá banas y se secaba un poco el sudor. Gezell ladeó ligeramente la
cabeza, reprimiendo una risita, pero comprensivo. Dada la habitual
con ianza desbordante de Rensley en su esgrima, una pequeñ a lesió n
durante el entrenamiento de hoy podrı́a ser un poco embarazosa.
Hoy pareces sorprendentemente educado. No te preocupes. Hasta los
mejores caballos tropiezan, ¿verdad?
"Sı́."
Dicen que cuando uno se cansa, las cosas dulces son buenas. Traje esto
para compartirlo contigo.
Gezell sacó una botella de vidrio que llevaba guardada en su capa. Al
abrirla, descubrió galletas de azú car color violeta en la palma de su
mano, que desprendı́an un dulce aroma loral bajo su nariz. Gezell se la
ofreció a Rensley.
Dicen que estos dulces se producen en abundancia en las regiones del
sur. ¿Los has probado antes?
Las he probado un par de veces. Son unas galletas bastante caras.
Tras inspeccionar brevemente el caramelo morado con forma de
violeta, Rensley se lo metió en la boca. Lo hizo girar un rato y empezó a
masticarlo, y la pequeñ a galleta de azú car se desmoronó rá pidamente y
desapareció en su boca. Tras terminar el caramelo, Rensley sonrió .
Gracias. Gracias a tu valioso regalo, mi tobillo sanará pronto.
"Me alegra oı́r eso."
—Su Gracia, pensaba pedirle permiso má s tarde, pero… ya que vino
hasta aquı́, tengo un favor que pedirle.
Gezell se levantó de la silla y se movió hacia el borde de la cama,
acercando sus rostros.
¿Qué pasa? Habla.
Antes de regresar a Aldrant, me gustarı́a hacer una breve visita a
Cornia. Ha pasado mucho tiempo desde que vi a mis amigos, y he
estado pensando en mi ciudad natal. Deberı́a poder reunirme con el
grupo unos dı́as antes de regresar. ¿Es aceptable?
¿A Cornia? ¿Sir Maelrosen planea ir solo?
Gezell ladeó ligeramente la cabeza, algo desconcertado. Rensley asintió ,
algo tenso.
Sı́. Es una visita personal.
Con el reciente cambio de monarquı́a, la situació n podrı́a ser precaria.
¿No serı́a mejor visitarla por estas fechas el añ o que viene en lugar de
este?
Por eso ahora parece un momento má s apropiado. En los primeros dı́as
del nuevo reinado, la gente suele ser optimista. He oı́do que el ambiente
en Cornia es bastante positivo ú ltimamente. El añ o que viene, podrı́a
cambiar de nuevo.
“Hay cierta ló gica en eso, pero…”
Gezell extendió su mano en silencio, agarrando la mano de Rensley
como si tuviera la intenció n de estrecharla, acercá ndola má s como si
incluso fuera a besarla.
“Hay algo que me genera curiosidad antes que cualquier otra cosa.”
"Qué es…?"
Antes de que Rensley pudiera terminar su frase, un rayo de luz plateada
brilló como un relá mpago entre sus manos unidas. Se retorció y giró
rá pidamente, enroscá ndose alrededor de la muñ eca de Rensley como
una serpiente de agua. En un instante, la igura atada ganó un peso
considerable, y la constricció n presionó ambos brazos hacia abajo con
fuerza.
Sorprendido por la repentina restricció n, Rensley, con expresió n de
dolor, abrió los ojos sobresaltado y miró a Gezell. Gezell continuó
cantando el conjuro.
“¿Su Gracia?”
A pesar de que Rensley llamó a Gezell, este solo lo miró con ojos cada
vez má s frı́os, ignorando la sú plica. La atadura plateada descendió
rá pidamente, envolvié ndole los brazos y las piernas como un grillete
rı́gido.
—¡Su Gracia! Perdó neme. Si mi petició n le desagradó , olvidé moslo.
Rensley buscó desesperadamente perdó n, pero Gezell permaneció
indiferente, observando al hombre prometido atado a la cama. La voz
de Gezell, ahora tan seca como las arenas movedizas del desierto del
norte, preguntó : «Entonces, ¿quié n eres?».
¿De qué habla? Soy Rensley Maelrosen, Su Gracia.
En lugar de responder, Gezell extendió la mano bruscamente hacia
atrá s. La puerta se abrió con un fuerte golpe, y Anton, que habı́a estado
esperando afuera, entró corriendo.
"¿Lo que está sucediendo?"
“Arresten aquı́ a Rensley Maelrosen y vigı́lenlo de cerca para evitar
cualquier fuga”.
Cuando Gezell dio la orden, incluso Anton, quien rara vez parecı́a
sorprendido, abrió mucho los ojos. Rensley, mostrando su capa y de
espaldas, gritó a todo pulmó n.
—¡Su Gracia! ¿Por qué hace esto de repente?
Anton, yo me encargo de esto. Detenlo e infó rmale sobre lo que está n
haciendo el rey y la delegació n de Cornia. Regresaré enseguida, ası́ que
asegú rate de que no escape. Concertaré una reunió n con Sir Maelrosen
hoy mismo. A ver qué dice.
"Comprendido."
“…Su Gracia, si mi petició n le pareció desagradable, consideré mosla un
malentendido.”
Ignorando la sú plica desesperada de Rensley, Gezell lo miró con ojos
gé lidos. Rá pidamente, Gezell lanzó un hechizo de pará lisis para evitar
que el cautivo hiciera cualquier movimiento precipitado. Aunque
pudiera tratarse de una travesura de mago incontrolable para una
persona comú n, Anton, tras haber resistido el trance de una criatura
má gica de alto nivel durante una batalla añ os atrá s, era improbable que
se dejara engañ ar fá cilmente. Incluso si se tratara de un intento de
engañ o, Anton no lo tomarı́a a la ligera. Habı́a seguido las ó rdenes de su
señ or sin cuestionarlas en el pasado.
Al pensar en las quejas de Rensley de que esta magia solo debı́a usarse
en situaciones absolutamente necesarias, mientras imaginaba la
imagen de un cachorro perdido o un niñ o buscando a tientas una
direcció n, a Gezell se le encogió el pecho. Continuó siguiendo la lı́nea
que se extendı́a ante é l. La lı́nea se extendı́a hasta el campo de
entrenamiento donde los caballeros realizaban sus ejercicios conjuntos
por la mañ ana y luego...
"Se ha cortado."
Al inal de la lı́nea, que se interrumpió bruscamente, Gezell se quedó en
silencio, con la boca abierta y una expresió n perpleja.
Si la magia seguı́a siendo efectiva, necesitaban encontrar a Rensley
Maelrosen. Si la magia se hubiera disipado, la lı́nea no deberı́a haber
existido.
Fue cortado por la mitad. Gezell nunca se habı́a encontrado con una
situació n ası́. ¿Si la magia se hubiera activado y luego se hubiera
disipado? No, si ese fuera el caso, el hechicero habrı́a detectado la
disipació n de la magia disipadora.
Gezell metió la mano en la ropa. Sacó un objeto que llevaba consigo
como amuleto, un pequeñ o objeto con forma de cohete, y procedió a
recitar un hechizo diferente. En pleno invierno, cuando el frı́o azotaba,
tras vagar buscando rastros de la desaparecida Gran Duquesa, no habı́a
desatado el nudo hecho con el cabello de Rensley Maelrosen. El cabello
de su palma actuarı́a como una brú jula, señ alando a su dueñ o.
Sin embargo, el cabello simplemente giraba en su lugar, sin indicar
ninguna direcció n. Parecı́a que este era el destino.
“Es parecido a lo de antes”.
Gezell aferró el cabello brillante con la mano y lo mordió . Se quedó
inmó vil un instante, absorto en sus pensamientos, y luego se dio la
vuelta. Se habı́a topado con una situació n inesperada, similar a cuando
dejó Molbessa para lo que parecı́an unas vacaciones. Frunció el ceñ o
con naturalidad. Sus dientes rechinaban al apretarse entre sı́.
En un instante, Gezell regresó al alojamiento donde se encontraban
Rensley y Anton. Se acercó a la cama con pasos rá pidos y no se molestó
en abrir la puerta. Incluso al ver a Gezell entrar sin abrir la puerta,
Anton no mostró sorpresa.
“Como usted ordenó , estuve monitoreando”.
Rensley, o mejor dicho, la igura no identi icada que habı́a adoptado su
apariencia, parecı́a forcejear como si hubiera intentado usar magia. Con
expresió n suplicante, miró a Gezell. A medida que el rostro de Gezell se
enfriaba gradualmente, la igura envuelta en el hechizo suplicaba con
mayor desesperació n.
—Su Gracia, por favor, dı́game por qué hace esto. Si he cometido alguna
ofensa, le pido perdó n.
Anton tambié n mostró curiosidad por el mismo asunto. Gezell miró la
cama sin mostrar emoció n alguna.
“¿Sabes el nombre de la Gran Duquesa de Aldrant?”
Rensley parpadeó . Las cejas de Gezell se fruncieron bruscamente al ver
una expresió n falsa imitada. Tras esperar un poco má s, el cautivo, que
habı́a permanecido callado, decidió hablar.
¿Hay alguien entre la gente de Aldrant que no lo sepa? Es Lady Ivet
Monte Elbanes.
Ante esto, incluso Anton abrió los ojos con sorpresa.
Ambos guardaron silencio, sin responder. Presintiendo que algo andaba
mal, el cautivo dejó de suplicar. Cuando Gezell lo miró ijamente,
inexpresivo, Anton, que estaba a su lado, bajó la cabeza rá pidamente.
Cometı́ un error. No pensé que habrı́a ningú n problema, ya que se
llevaba bien con los soldados de Cornia desde el principio, dada su
larga amistad con ellos.
—No, yo tampoco esperaba una situació n ası́. ¿Y qué hay de Cornia?
Nada inusual. El Rey Fé lix está cumpliendo con sus actividades
programadas y la delegació n simplemente lo acompañ a. Hasta el
momento, no hay novedades signi icativas que informar. Cuando sugerı́
concertar una reunió n, el Rey Fé lix simplemente sonrió y me dijo que le
informara cuando se ijara la hora.
“…Fingió no saberlo. ¿Y qué hay del lado de Cornia?”
No tengo intenció n de anunciarlo externamente. Una vez que entienda
la intenció n, no puedo revelar la situació n desde nuestra parte.
Gezell miró en silencio al impostor. El cautivo parecı́a haber decidido no
hacer má s peticiones y permaneció en silencio.
Que el Rey de Cornia pudiera atacar a Rensley era predecible para
cualquiera. A Gezell, a quien le disgustaban quienes acosaban sin
motivo y rá pidamente perdı́a el interé s en quienes no le agradaban, le
costaba comprender a este tipo de humano.
Sin embargo, Gezell Jivendad ya llevaba siete añ os gobernando los
territorios del norte. Consciente de que predecir y gestionar el
comportamiento humano mediante la informació n y la experiencia
adquiridas era la forma má s e iciente, no hacı́a suposiciones sobre las
situaciones y las personas basá ndose en su comprensió n.
Gezell habı́a visto ocasionalmente a individuos que sentı́an un apego
tan fuerte por sus vı́ctimas que parecı́a un afecto intenso. No, serı́a má s
preciso decir obsesió n que apego. La expresió n de Rensley, que
palideció al oı́r el nombre, revelaba la magnitud de la ansiedad
arraigada. La rencor que Felix sentı́a hacia Rensley serı́a proporcional a
esa ansiedad.
En ese momento, Gezell creyó que no habrı́a ocasió n de volver a verlo,
ası́ que pudo dedicarle unas palabras para consolar a Rensley. Incluso
despué s de encontrarlo en palacio, no le habı́a dado mucha
importancia. Habı́a dado instrucciones a los caballeros y jefes de
escuadró n para que se aseguraran de que Rensley Maelrosen no
terminara solo ni se enfrentara al rey Cornia. Eso era todo. Gezell nunca
tuvo intenció n de bloquear el contacto con el pueblo de Cornia ni de
ordenar una protecció n cercana constante. Habı́a coincidido en silencio
con las palabras de Rensley de que llegar a tales extremos era
innecesario y desagradable.
La direcció n no era incorrecta, pero el problema fue subestimar el
peligro. Solo habı́a considerado la posibilidad de atormentar a Rensley
desde un lugar oculto, sin llegar al extremo de ocultarlo, usando magia
para cambiar de lugar y má s.
La razó n por la que no consideró escenarios extremos fue simple: no
era plausible. Un rey que apenas ascendı́a al trono y estaba preocupado
por su reputació n nacional e internacional no se enfrentarı́a
voluntariamente a peligros para recrear el tormento de su infancia.
—Es improbable. Debe haber otra razó n.
“Si hay una razó n.”
—No lo sé ahora, pero ¿no lo sabrı́a la persona de aquı́?
Gezell miró al cautivo. Como un santuario oculto que surge de las
profundidades de un rı́o, una luz dorada comenzó a brillar en sus ojos,
cubiertos por guantes negros tras su llegada al clima templado de
Pereira.
Anton, sienta a esta persona y vigila la habitació n para que nadie pueda
entrar. Controla estrictamente y evita que se iltre informació n.
“Sı́, entendido.”
“Primero… ¿Le quitamos la cá scara sin saber el truco?”
Mientras Gezell empezaba a memorizar un nuevo conjuro, Anton, que
estaba cerca, tragó saliva con di icultad. Aunque Anton, que habı́a
presenciado numerosos interrogatorios de sospechosos o criminales,
sentı́a cierta inquietud, era extremadamente raro que el propio Duque
interviniera.
Gezell Jivendad fue sin duda un gobernante racional y moderado que no
expresaba su ira innecesariamente. Gracias a su bondad, incluso con los
prisioneros en las mazmorras, el sistema de castigos y
encarcelamientos en Aldrant habı́a cambiado signi icativamente desde
que ascendió al trono.
Sin embargo, ocasionalmente, cuando ocurrı́an incidentes importantes,
como poner en peligro a los guardias del norte o iltrar informació n
clasi icada, participaba personalmente en los interrogatorios. El
historial de interrogatorios de Gezell siempre habı́a sido irme, y hasta
ahora, nadie habı́a soportado la indagació n completa del Duque.
Capítulo 17.3 - El secreto de
Rensley
El joven duque de Aldrant, debido a su mala salud, evitaba las
reuniones sociales e incluso se saltó la cena con el emperador.
Inicialmente desconcertado por la inesperada ausencia del duque del
norte, el emperador se sintió incó modo. Sin embargo, surgieron
informes de que la duquesa Ivet, quien asistió sola al banquete, animó
el ambiente con una animada conversació n, aliviando la tensió n.
Cuando el sol ya estaba en lo alto, las puertas cerradas inalmente se
abrieron tras el amanecer. Los caballeros que habı́an estado de guardia,
alternados y sin motivo aparente, saludaron a Gezell cuando inalmente
salió . Alguien lo llamó justo cuando estaba a punto de irse.
"Su Gracia."
¿Por qué haces eso?
—Disculpa. En el oı́do…
Al oı́r esto, Gezell miró el espejo que colgaba en la pared opuesta.
Aunque creı́a que estaba limpio, aú n tenı́a un rastro de sangre en la
oreja. Cuando un sirviente trajo apresuradamente una toalla empapada,
Gezell la secó y se la devolvió .
Su rostro inexpresivo parecı́a notablemente cansado comparado con el
dı́a anterior. Nadie se atrevió a expresar la curiosidad que ardı́a entre
los guardias sobre por qué el rey habı́a pasado la noche en los
aposentos de los caballeros, e incluso los guardias de turno sentı́an
curiosidad. Lo que hubiera sucedido parecı́a lo su icientemente
importante como para que el rey interviniera personalmente. Ademá s,
esto ocurrı́a dentro de los muros del palacio. La vigilancia para evitar
cualquier iltració n de informació n era tan alta como la fortaleza, y
todos guardaban silencio como si tuvieran la costumbre de guardar
secretos cuando se trataba de la seguridad del Norte.
“¿Có mo está el Rey de Cornia?”
Como siempre. Tras desayunar con el Emperador, ahora mismo está
tomando el té con los nobles de Pheraira.
Gezell asintió ante la respuesta de Anton. Saliendo del cuartel de los
caballeros y dirigié ndose a la torre principal, levantó la mano para
protegerse los ojos de la luz del sol.
La luz del mediodı́a, tras interrogar a la gente toda la noche, era como
una medicina fuerte que estimulaba los nervios. El asistente que
caminaba a su lado levantó de inmediato una sombra, pero Gezell
incluso la ignoró y aceleró el paso.
Duque Gezell, ¿có mo está su salud?
Tras terminar de almorzar y sentarse solo en su despacho, el
Emperador recibió afectuosamente a Gezell. Gezell hizo una reverencia
y se acercó a é l.
—Te ves pá lido. ¿Está s bien?
"Estoy bien."
—Trae un poco de té para el Duque. Y…
Gezell levantó la mano para interrumpir la instrucció n del Emperador
al asistente de entretener al invitado.
—Su Majestad, disculpe a los asistentes un momento. Tengo algo
importante que discutir.
El despacho del Emperador siempre estaba custodiado por sus
guardias personales. Pedirles que los despidieran abruptamente sin
previo aviso era descorté s y arriesgado. La mirada del Emperador
tambié n cambió , incó moda.
¿Qué pasa? Ten cuidado con tus palabras.
Gezell guardó silencio. Las miradas de los dos gobernantes se cruzaron
silenciosa pero intensamente. Tras un breve instante de silencio, el
brazo del Emperador, apoyado en el respaldo de su silla, se levantó
ligeramente.
“Todos, un paso atrá s.”
Los guardias y asistentes bajaron la cabeza y salieron de la habitació n.
Solos, el Emperador y Gezell se quedaron, mientras el Emperador se
acomodaba má s có modamente en su silla, sonriendo con ironı́a
mientras aliviaba la tensió n.
—Ahora, habla con libertad. Es la primera vez que te veo tan ansioso
por algo.
“He recibido informació n sobre individuos que está n planeando una
invasió n del palacio imperial”.
"¿Qué ?"
El Emperador se incorporó bruscamente. Miró a Gezell con una mirada
que parecı́a decir que habı́a oı́do una historia increı́ble y suspiró como
si descartara el absurdo.
Dijiste que no te encontrabas bien, que te saltaste el desayuno, ¿y ahora
sacas a relucir esos rumores tan infundados? No eres profeta, y aun ası́,
¿por qué una historia tan infundada? Los con lictos, grandes y
pequeñ os, son comunes, pero ¿una invasió n del palacio imperial?
Como dije, corren rumores de que alguien ambiciona el trono.
¿Quié n podrı́a pensar semejante cosa?
“Aunque te lo diga ahora no lo creerı́as.”
"Eh."
Con un sonido que reveló su absoluta perplejidad, el Emperador apartó
la mirada. Gezell tambié n se detuvo un momento, esperando una
respuesta, mientras parecı́a ordenar sus pensamientos.
El prisionero se habı́a arrodillado ante el tribunal tras tan solo una
noche, pero el problema era que solo era un peó n en el tablero, y la
informació n que poseı́a era limitada. La informació n que pudo obtener
fue que el hechicero real de Cornia habı́a secuestrado a Rensley, y que el
lugar al que Rensley fue secuestrado era un espacio creado por magia.
Se desconocı́a por qué se lo llevaron, y Fé lix, a pesar de ser interrogado,
se declaró inocente en todo momento. Aun ası́, no habı́a motivos para
creerle.
Aunque la informació n era escasa, era una pista crucial. La historia era
difı́cil de comprender, incluso para quienes la conocı́an. Invocar seres
de otro mundo, incluso la magia misma, era una prá ctica
extremadamente avanzada. Crear un espacio separado del existente y
aislarlo de los demá s era un tipo de magia que jamá s se habı́a
mencionado en ningú n libro ni registro. Era una magia que ni siquiera
Gezell, con su vasto conocimiento, habı́a intentado. Si las palabras del
prisionero eran ciertas, Cornia habı́a obtenido un mago extraordinario.
Un mago con una habilidad ú nica que ni siquiera Gezell podrı́a
enfrentar fá cilmente. Si tal persona se llevó a Rensley, debı́a haber una
razó n importante.
El rey de Cornia estaba llevando a cabo acciones peligrosas con audacia
dentro del reino del Emperador. ¿Cuá l era el objetivo de Fé lix Elbanes,
quien habı́a eliminado a sus competidores para asegurar el trono, y
ahora contrataba a un nuevo mago y atacaba deliberadamente el
palacio imperial? Si Gezell conociera toda la historia, la conclusió n del
Emperador no diferirı́a mucho de la suya.
¿Có mo puedo creer lo que dices? Ayer dijiste que no te encontrabas
bien, y ahora, ¿será que está s perdido en delirios por estudiar
demasiado? Hay casos de gente absorta en los libros que termina ası́, o
eso he oı́do.
“Todavı́a es una sospecha, pero con la ayuda de Su Majestad, podemos
evitarlo”.
¿Y si era una falsa alarma? Aun ası́, no importaba. Lo importante ahora
era alertar al Emperador.
Gezell, haciendo una reverencia a su alta estatura, cruzó miradas con el
Emperador.
Su Majestad, no olvide que Aldrant es el bastió n de todo el continente.
No hablo para bene icio propio. Mis historias son para la prosperidad
mutua del continente.
Las pupilas del Emperador parpadearon. A medida que uno ascendı́a a
un puesto má s alto, las sospechas aumentaban. Dudaba de Gezell, Fé lix,
de todos los reyes de los paı́ses vecinos y de los nobles poderosos.
El Emperador parecı́a re lexionar profundamente sobre el motivo de
haber pronunciado repentinamente palabras tan asombrosas.
¿Intentaba manipular a la fuerza con palabras plausibles, o planeaba
atacar por la espalda? Si esta pista era auté ntica, ¿quié n podrı́a ser el
ambicioso personaje al que apuntaba Gezell?
Incluso si un rey de cualquier paı́s realmente aspiraba a una conquista
imperial, esta no tenı́a relació n con Gezell. Aldrant mantendrı́a la
misma postura de antes si estallara otra guerra continental. Sin
embargo, si este proceso implicaba involucrar a su prometida, la
historia cambiarı́a inevitablemente.
—Entonces, ¿qué intentas decir? ¿Qué me exiges de repente?
Ya mencioné que es una sospecha. Quiero reunir pruebas. Necesito la
ayuda de Su Majestad.
"¿Asistencia?"
Para con irmar, necesito salir brevemente de Molbessa y visitar a
Aldrant. Entiendes que se requieren procedimientos má gicos para tal
viaje. Concé deme el paso rá pidamente y dame un pretexto. Si dices que
me voy temporalmente debido a noticias urgentes del norte, nadie lo
cuestionará .
En la frente del Emperador aparecieron arrugas.
Actú as como si dieras ó rdenes. Si tienes tanta con ianza, haz lo que
quieras. ¿Por qué necesitas mi permiso?
Como mencioné , aú n es una sospecha. Quiero actuar con la mayor
discreció n posible.
Claramente, el equipo de Fé lix tambié n vigilaba sus movimientos.
Puede que aú n no se hubieran percatado de la informació n obtenida del
prisionero, pero era solo cuestió n de tiempo.
La operació n para engañ ar a Gezell y a los demá s usando a un
subordinado transformado en Rensley fue simple, pero no una mala
idea. La razó n de su fracaso fue una: los cornianos desconocı́an la
verdad tras bambalinas. Podrı́an haber pensado que Gezell y Rensley
tenı́an una relació n militar comú n y corriente, ası́ que calcularon que
este mé todo funcionarı́a. Por eso necesitaban actuar con rapidez. Si
Rensley era capturado en el otro bando, el secreto podrı́a revelarse en
cualquier momento y la situació n cambiarı́a con cualquier nuevo
descubrimiento. Era mejor terminarlo antes de que cambiara.
Gezell no sabı́a có mo crear un mundo en otra dimensió n, ni sabı́a
exactamente có mo se conectaba ese mundo con el mundo humano.
Quizá s podrı́a denunciar a Fé lix ahora y movilizar al ejé rcito imperial.
Luchar contra Fé lix y su mago no serı́a difı́cil. Pero a menos que
conociera el meollo del asunto, no habı́a garantı́a de que pudieran
recuperar a Rensley. Si actuaban imprudentemente y permitı́an que
Fé lix dañ ara a Rensley para destruir pruebas, cualquier contramedida
serı́a un error inú til.
Mirando ijamente el rostro contemplativo del Emperador, Gezell lanzó
una pregunta que ahora era inú til.
'¿Qué hubiera pasado si hubiera revelado el hecho sobre la Duquesa
desde el principio?'
¿Se habrı́a evitado esta situació n?
Miembro de la Guardia Real, un caballero joven recientemente
ascendido de escudero, y no solo un hermanastro tratado
imprudentemente en su juventud sino como la duquesa de Aldrant: si
se hubieran reunido en tales circunstancias, ¿podrı́a el rey de Cornia
atreverse a cometer un acto tan imprudente?
La desaparició n de un caballero y la de la duquesa de todo un paı́s eran
cosas completamente distintas. Ademá s, incluso si diez guardias
siguieran cada paso, a nadie le habrı́a parecido extrañ o.
“Hay condiciones.”
Los arrepentimientos emocionales no sirvieron para resolver la
situació n. Sin embargo, por un instante, Gezell, quien casi perdió la
cabeza, levantó la cabeza ante las palabras del Emperador. El
Emperador tenı́a una mirada severa, como si hubiera tomado una
decisió n.
Te daré permiso. Puedes regresar. Pero deja a la duquesa en palacio. No
puedo dejar que te lleves a todos tus subordinados. ¿Cuá ntos crees que
necesitará s? ¿Serı́an su icientes diez soldados de é lite?
"¿Necesitas un rehé n?"
No puedo seguir tus palabras sin ninguna explicació n ni prueba. En una
situació n en la que no sé en absoluto si tus palabras son ciertas o no.
—De acuerdo. No hacen falta guardias. Cuanta má s gente, má s lento
será el movimiento. Iré solo.
Incluso el Emperador no pudo ocultar su sorpresa ante esa declaració n.
Los reyes y emperadores nunca viajaban solos en largos viajes. No, no
debı́an. Si habı́a un problema con la seguridad del rey, todo el paı́s
podı́a sumirse en el caos. Siempre habı́a gente cerca para proteger al
monarca. Se decı́a que a quienes ocupaban altos cargos les costaba
encontrar amistad o amor verdaderos, pero estar solo era igual de
difı́cil en la vida de un gobernante.
“¿Qué pasa si pasa algo?”
Si Su Majestad me ayuda, no habrá ningú n problema. Por favor,
asegú rese de que nadie especule sobre el motivo de mi partida. Dejar a
algunas personas atrá s podrı́a incluso considerarse un engañ o.
Parecerı́a como si hubiera abandonado temporalmente el palacio por
asuntos de negocios.
La expresió n del Emperador denotaba sorpresa, pero el rostro de Gezell
permaneció indescifrable. El Emperador, con determinació n, abrió un
estante cerrado con llave en un lugar de su escritorio, sacó un trozo de
papel, escribió unas lı́neas con un bolı́grafo, lo selló y se lo entregó a
Gezell.
No era de oro solo por ser el pase del Emperador. Era un documento
compuesto por un papel especial y frases que lo certi icaban como
documento del Emperador. Gezell se lo guardó en el bolsillo.
“¿Cuá ndo partirá s?”
"Me iré inmediatamente."
No tienes buena cara. ¿Seguro que te pondrá s bien?
Gezell se fue sin responder.
La persona que conoció antes de partir fue Anton. Era el ú nico que
conocı́a la situació n actual.
Nos conviene que el falso Rensley inja estar herido. Vigı́lenlo
cuidadosamente para que no entre en contacto con el exterior y sigan
ingiendo que Maelrosen descansa en el alojamiento solo por su lesió n,
sin ningú n otro problema. Tengan especial cuidado si el prisionero se
ofrece voluntario. El oponente es un genio de la magia de
transformació n. De ahora en adelante, sospechen de la apariencia de
cualquiera, sin importar quié n sea ni có mo se vea.
Aceptaré el encargo. Sin embargo, Su Gracia, es demasiado lejos para
que vaya sola.
Algunos necesitan quedarse en la bulliciosa ciudad, y alguien debe
quedarse en el palacio. No podemos dejar solo a la princesa Ivet. No hay
de qué preocuparse. Puedo irme porque está s aquı́.
“…Si hubiera sido un poco má s cuidadoso… Por favor, castı́game
despué s.”
No pretendo responsabilizar a mis subordinados por imprevistos. Dado
que el incidente ya ocurrió , debemos centrarnos en recti icar la
situació n lo antes posible. Entregue esto a la princesa Ivet y, ademá s, le
pido una cosa.
Gezell le entregó una nota. Anton la aceptó , esperando nuevas
instrucciones.
No hay planes para dentro de un par de dı́as. Contacta con los altos
mandos de Kyros y pı́deles que recopilen toda la informació n detallada
posible sobre la situació n actual de la familia real de Cornia y del
prı́ncipe Fé lix Elbanes desde su etapa como prı́ncipe heredero hasta
ahora. Debe haber alguien en los altos mandos que sepa mucho.
"Comprendido."
Informa en secreto a Lady Frida. Si algo sucede, dé jale el trono.
“¡Su Gracia!”
Ante la siniestra orden, Anton alzó la voz involuntariamente. Sin
embargo, pronto cerró la boca y dirigió una mirada sombrı́a al vacı́o.
Gezell desapareció repentinamente, sin dejar a nadie frente a Anton.
Apretó con fuerza la nota recibida y se dio la vuelta de inmediato.
Fin del volumen 4
Cap. 18.1 - Torre Blanca, Selva
Negra
Cuando Rensley abrió los ojos, el paisaje que vio permaneció
inalterado. Las paredes y el techo estaban pá lidos, y a pesar de que no
habı́a lá mparas encendidas, la habitació n estaba extrañ amente
iluminada. Al otro lado de la ventana, un cielo gris, cubierto de niebla,
se extendı́a hasta donde alcanzaba la vista. Parpadeó varias veces, con
los ojos secos y llenos de arena, pero nada cambió .
El cansancio se habı́a instalado, lo que le hacı́a fá cil aceptar que todo
podrı́a ser una pesadilla. Contar las veces que perdı́a el conocimiento y
despertaba se convirtió en un esfuerzo inú til. Su cuerpo y su mente
estaban desorganizados, zarandeados como un muñ eco de trapo en
olas turbulentas. Desde que fue capturado por el hechicero, no podı́a
comprender cuá nto tiempo habı́a pasado. Parecı́a que fue ayer y, sin
embargo, parecı́a que fue hace añ os.
Fuera de la ventana, se alzaba una gran torre de reloj parecida a la de la
plaza Molbessa. Aunque Rensley ya podı́a leer las manecillas de las
horas y los minutos, hacı́a tiempo que no podı́a seguir el paso del
tiempo, pues marcaban horas diferentes cada vez que abrı́a los ojos.
Rensley habı́a bebido agua y gachas distraı́damente, y tambié n habı́a
dormido unas horas, incapaz de determinar con exactitud cuá ntos dı́as
habı́an pasado.
¿Cuá ntos dı́as habı́an pasado? Aparte de oı́r sonidos extrañ os, todos sus
sentidos estaban embotados, y el miedo a haberse derrumbado lo
atormentaba. Sin embargo, como no habı́a visto a Fé lix ni una sola vez
desde su captura, especuló que no habı́a pasado tanto tiempo como
temı́a.
Inicialmente, el espacio en el que Rensley se encontraba, camu lado
como el campo de entrenamiento del Palacio Imperial, se habı́a
transformado en un paisaje similar al Palacio de Cornia en Celestine
mientras estaba inconsciente. Rensley no pudo discernir si se trataba
de un cambio de ubicació n o simplemente de una alteració n de la
apariencia del espacio.
En cualquier caso, el lugar donde Rensley se encontraba atrapado era el
ú ltimo piso de una torre alta. Salvo una ventana en la pared, no habı́a
ninguna entrada ni salida má gica a la torre. Cuando el hechicero a irmó
que escapar era imposible, llevó a Rensley a la ventana, mostrá ndole la
vista. Incluso para Rensley, quien solı́a saltar por la ventana del
dormitorio del Gran Duque y descender por las paredes sin esfuerzo, la
vertiginosa altura hacı́a impensable cualquier intento de escape.
"¿Despierto?"
La voz del hechicero, al percatarse de que Rensley habı́a recobrado la
consciencia, llegó hasta é l. Por re lejo, Rensley dudó en responder y
bajó la mirada. El hechicero continuó la conversació n.
“¿Quieres hablar de lo que escuchas ahora?”
Desde su con inamiento en la torre, las experiencias de Rensley habı́an
sido un ciclo repetitivo de tortura. Atado a la pared para evitar
movimientos imprudentes, sus extremidades estaban sujetas y una
mordaza le impedı́a morderse la lengua de dolor.
El hechicero controlaba estrictamente las acciones y los sentidos de
Rensley. Al levantarse el sello, diversos sonidos asaltaron su mente, y la
paz regresó al volver a aplicarlo. Si bien Rensley podı́a oı́r las voces de
los espı́ritus, solo podı́a escuchar; incluso si gritaba mentalmente en
agonı́a, parecı́a que la comunicació n era unilateral.
Durante los periodos de silencio permitidos, Rensley pudo mantener la
cordura hasta cierto punto. Cuando los ruidos volvieron a oı́rse, hizo
todo lo posible por aguantar, pero al inal, su ú nico recurso fue gritar
como un loco.
El intenso dolor era el principal perturbador de la noció n del tiempo de
Rensley. El tiempo que soportaba los sonidos se le hacı́a interminable,
lo que hacı́a imposible calcular cuá nto tiempo habı́a transcurrido
realmente.
El hechicero insistió en exigirle a Rensley que hablara sobre lo que
habı́a oı́do, pero este permaneció en silencio. Buscaban despertarlo y
explotarlo como Elementalista, y é l no tenı́a intenció n de ofrecer
ninguna cooperació n que pudiera servirles.
¿Habı́a existido alguna vez un enemigo tan impotente?
Incluso abandonado en Cornia, Rensley no se habı́a sentido tan
desesperado. Habı́a intentado escapar, re lexionado sobre có mo
cambiar la situació n, pero ante la prisió n perfecta donde un hechicero
lo inmovilizaba con un simple toque, Rensley no podı́a hacer nada. Ni
siquiera podı́a permitirse el lujo de contemplar, y mucho menos actuar.
El dolor, como si su cuerpo se desgarrara y su cabeza estuviera a punto
de partirse, le hizo pensar con pesimismo que la muerte serı́a
preferible. Sin embargo, ahora que Fé lix tenı́a un propó sito claro para
Rensley, no lo dejarı́an loco ni muerto. Gracias a esa certeza, Rensley se
habı́a preparado para resistir hasta el inal.
Está bien. No importa lo agonizante que sea, algú n dı́a terminará . Solo
espera. Aguanta.
Si esperaba, si aguantaba, Gezell seguramente vendrı́a a buscarlo.
El Duque de Rensley nunca se dio por vencido con su compañ ero. Una
irme convicció n le hacı́a recordar con iereza un solo rostro mientras el
dolor se intensi icaba. Incluso si se volvı́a loco, mientras no olvidara a
Gezell, estarı́a bien. Gezell ya estarı́a trabajando activamente para
encontrar a Rensley. Rensley no lo dudaba en absoluto.
El hechicero levantó su bastó n y lo presionó irmemente contra la
espalda de Rensley. Incluso con las extremidades atadas, sobresaltado,
su cuerpo se estremecı́a. Aunque su fe era irme, el miedo inmediato,
sensible a cada movimiento del hechicero, lo hizo reaccionar
involuntariamente.
El hechicero sonrió con sorna y le quitó la mordaza a Rensley. Mientras
Rensley, ya sin aliento, jadeaba y gemı́a, el hechicero no dejaba de
intentar persuadirlo.
¿Por qué soportar todo esto? Te entiendo, Rensley Maelrosen. Tenemos
algo en comú n. Desde que sobrevivı́ solo, he vivido para asegurarme de
no morir sin má s. Por extraordinarios que sean mis talentos, ¿de qué
me sirven si no tengo un maestro que los reconozca y los use? El mundo
de las personas no está diseñ ado para vivir solo. Fé lix sin duda te dará
un propó sito. ¿Por qué resistirte tanto?
Tras recuperar la consciencia y despertar varias veces, Rensley le
preguntó : «Si tuviera tanto poder, probablemente podrı́a derrotarlos a
todos. ¿Por qué atormentarlo ası́?».
La respuesta fue solo risa. Por muy poderosas que fueran las
habilidades de un Elementalista, solo eran una fuente de poder má gico
ilimitado. Para manifestar ese poder en una forma, se requerı́a magia.
La cuestió n ahora era si Rensley podı́a romper la magia y usar sus
habilidades correctamente. El hechicero parecı́a genuinamente
perplejo.
El hechicero atormentaba constantemente a Rensley y, en ocasiones, lo
asustaba. Durante este tiempo, como el hechicero conocı́a su historia,
Rensley tambié n la conocı́a. Mientras Rensley repetı́a el ciclo de perder
el conocimiento y despertar, el hechicero, sin dudarlo, le contó su
historia.
Amin, el hechicero de Fé lix, era descendiente de la familia de la primera
reina asesinada por el difunto rey de Cornia. No fue fá cil reprimir a una
renombrada familia má gica en todo el continente, y mucho menos en
Cornia. La lucha se habı́a prolongado, con una tremenda reacció n
contra el rey, y se habı́a desatado un caos considerable.
Durante el caos, un sobreviviente que habı́a vivido la masacre en
silencio se enamoró clandestinamente, formó una familia e incluso tuvo
un hijo. Ese hijo era el hechicero que ahora se presentaba ante Rensley.
Los afortunados sobrevivientes, que inalmente sucumbieron a la
enfermedad, dejaron el hechizo como legado, un secreto familiar, algo
que no podı́an implementar ellos mismos.
Conozco la reputació n de tu amo, pero despierta. El espacio entre
mundos, la magia que construimos y utilizamos, es una visió n
transmitida solo al legı́timo sucesor de nuestra familia. Gezell Jivendad,
por muy gran hechicero que sea, no puede entrar aquı́. Ni siquiera
puede encontrarlo, y mucho menos entrar.
“…”
Ademá s, solo eres el hermano de la Duquesa, ni siquiera su con idente.
¿Acaso el Duque se moverı́a solo porque falta un subordinado? El
Duque podrı́a ingir que busca, ya que la Duquesa se lo pedirá , pero
nada má s. Podrı́an tardar un tiempo en actuar. Ademá s, como ya se ha
contratado a un sustituto, será difı́cil que alguien note tu ausencia.
Fé lix, quien desde hacı́a tiempo aspiraba al trono, habı́a establecido una
red de informació n dentro y fuera del palacio real. Rensley lo sabı́a
desde hacı́a mucho tiempo. Tras recibir informació n de que un
descendiente de la familia de la primera reina, ejecutado por su padre,
seguı́a vivo, Fé lix investigó en secreto y logró entrevistarse con el
hechicero.
El ú nico descendiente de la familia de hechiceros tuvo la fortuna o la
desgracia de nacer con un talento extraordinario. Sin embargo, al no
haber aprendido nada y siendo joven, el niñ o vagaba por los barrios
bajos como una rata de alcantarilla, sin saber có mo re inar o utilizar su
talento. Un prı́ncipe ambicioso encontró un objeto que podrı́a traerle
alegrı́a.
Evitando el desprecio del rey por la magia, Fé lix logró adquirir al joven
Amin, quien tenı́a un talento má gico innato. Ası́, Rensley pudo
comprender al hechicero. Ası́ como Rensley admiraba a Gezell, el
hechicero sin duda considerarı́a a Fé lix como su ú nico señ or.
Para Rensley, Felix Elbanes puede ser un villano despreciable, pero los
villanos pueden convertirse en benefactores de alguien.
"¿Cooperará s con nosotros?"
Era una pregunta que Rensley habı́a oı́do incontables veces. Esperando
una respuesta que nunca llegó , el hechicero suspiró y recogió la
mordaza de la mesa.
Voy a liberarte ahora. No sé có mo un Elementalista escucha las voces de
los espı́ritus. Ası́ que tienes que contarme tu historia para que te ayude.
Es frustrante. ¿No es un desperdicio tu rara habilidad? El valor del
poder se determina, en ú ltima instancia, por có mo se usa. Con un mago
como yo y un Elementalista como tú juntos, no hay nada que temer del
Hwangdo, ni siquiera del ejé rcito de todo el continente. Te dije que
fuiste elegido. Incluso puedes conquistar el continente. Puedes dejar tu
huella en la historia con Fé lix.
Clic. Se oyó el sonido de la mordaza al cerrarse tras su cabeza. Rensley
no pudo evitar imaginar el dolor inminente. Sin siquiera memorizar el
hechizo, el hechicero, mirando a Rensley con expresió n de
incomprensió n, levantó su bastó n y comenzó a recitar el conjuro.
El gemido que rasgaba y sacudı́a constantemente el aire de la
habitació n blanca cesó de repente. Amin, que habı́a estado observando
su botı́n y experimento, se levantó de su asiento y palpó el rostro de
Rensley, que se habı́a desplomado. Con irmando que respiraba
correctamente, Amin murmuró dé bilmente.
“Se desmayó otra vez.”
El cuerpo, cubierto de sudor frı́o, temblaba incluso despué s del
desmayo. A pesar de la mordaza irmemente puesta, la sangre manaba
levemente de las comisuras de la boca de Rensley.
No se debe dañ ar seriamente al preciado Elementalista. El hechicero
limpió el rostro y el cuerpo de Rensley con una toalla empapada en
agua, regulando su temperatura corporal.
Afortunadamente, no habı́a iebre ni hipotermia. Considerando la
naturaleza humana, incluso sin trauma fı́sico, un shock excesivo podı́a
causar la muerte. Aunque no se sabı́a con certeza si Rensley Maelrosen
recibirı́a este shock, el hechicero vigiló meticulosamente su estado.
Llevaba varios dı́as intentando incansablemente persuadir a Rensley en
esta torre. Si Rensley accedı́a a cooperar, el hechicero podrı́a
comprender los sonidos que escuchaba el Elementalista y ajustar la
intensidad del entrenamiento para aliviar el dolor. Le frustraba que
Rensley permaneciera en silencio. Cada vez era má s tedioso.
Habı́a oı́do historias sobre la tensa relació n entre Fé lix y Rensley. Sabı́a
que Fé lix habı́a atormentado a su hermanastro Rensley cuando eran
jó venes. Sin embargo, Fé lix se arrepentı́a de sus acciones pasadas y
querı́a llevarse bien con su hermano.
El señ or de Amin era un rey bondadoso, pero no mostraba piedad con
quienes se rebelaban o se descontrolaban innecesariamente, y no
toleraba a los enemigos de Fé lix. Segú n Amin, no era un defecto, sino un
talento y una virtud propios de un rey que aspiraba a apoderarse del
continente.
Si Rensley prometı́a cooperar, Fé lix probablemente mostrarı́a una
faceta má s amable con su gente. A Amin le parecı́a lamentable que el
joven que habı́a alejado a la gente con solo resentimiento infantil ahora
perdiera al bondadoso Fé lix.
“¿Va todo bien?”
“Fé lix, señ or.”
Amin, que habı́a estado revisando el estado de Rensley, se giró con una
amplia sonrisa. Justo cuando el tiempo a solas con el cautivo se estaba
volviendo sofocante, su rey regresó en el momento oportuno.
¿Está todo tranquilo afuera?
Sigue tranquilo. Má s bien, hay buenas noticias. El duque se marchó
temporalmente debido a noticias urgentes del norte. La duquesa se
quedó , y casi todos los caballeros se han ido. Parece ser cierto. La
persona de la que má s debemos cuidarnos se ha ido, ası́ que solo
necesitamos quedarnos un poco má s y regresar a Cornia para hacer
nuestro trabajo.
“¿El duque se fue?”
Al principio, sospeché que podrı́a tener algo que ver con alguna intriga,
pero la duquesa se quedó y los caballeros casi se habı́an ido. Parece
auté ntico.
Aunque haya motivos ocultos, no importa. De todas formas, nadie
puede traspasar los muros de mi espacio.
Fé lix sonrió y le dio una palmadita a Amin en la cabeza. Amin se sonrojó
y le devolvió la sonrisa tı́midamente.
Como era de esperar, eres con iable. Soy un rey afortunado. Solo confı́o
en ti.
Solo entonces Fé lix se giró para mirar a Rensley, atado a la pared. Antes
de que Fé lix pudiera preguntar nada, Amin empezó a explicar.
Le cuesta despertar y sigue perdiendo el conocimiento. Aunque
promete cooperar, sigue...
¿No te está s exigiendo demasiado? Si sigues ası́, será inú til si se vuelve
inú til.
"Todavı́a está bien. Lo estoy gestionando a mi manera".
Fé lix se acercó a Rensley, inconsciente, cerca de la pared. Mirá ndose con
rostros similares pero diferentes, Amin se sintió extrañ amente
incó modo y parpadeó .
¿Quizá s sea mejor usar medicina? He oı́do que hay pociones má gicas
que pueden domar a la gente. Pero si sale mal, podrı́a dañ ar las
habilidades de un Elementalista. Al in y al cabo, las habilidades de un
Elementalista está n relacionadas con el reino mental. No puedo
garantizar qué pasará si esa parte cambia debido a la poció n.
“Ya veo… ¿No hay otra manera?”
Fé lix murmuró para sı́ mismo y colocó su mano sobre la muñ eca de
Rensley, que estaba atado.
Dé mosle un respiro por ahora. Aunque digas que lo está s curando con
magia de recuperació n, le costará mucho aguantar estando atado ası́.
—Sı́. A veces he a lojado las ataduras.
Tras soltar las ataduras que sujetaban las extremidades de Rensley, el
hechicero lo recostó en una pequeñ a cama. Rensley, con aspecto de
agotamiento, no abrió los ojos ni siquiera cuando lo movieron. Fé lix,
observando al dormido Rensley, se giró hacia el hechicero con
expresió n complacida.
Cuando se gestiona a la gente con rigor, es fundamental ofrecer
recompensas que lo hagan soportable. ¿Y qué tal algunos incentivos?
“¿Tienes alguna sugerencia?”
Es una tarea sencilla para ti. Es solo una idea divertida, pero podrı́a ser
reconfortante para este chico.
Fé lix sonrió . A Amin le pareció que la sonrisa era realmente agradable y
se rió entre dientes.
Portada del volumen 5~
Este es el último volumen :))
Cap. 18.2 - Torre Blanca, Selva
Negra
¿Es todo un sueñ o? La razó n por la que volvı́a a entretenerse con el
pensamiento, que se habı́a vuelto tedioso de repetir, era que el paisaje
cambiaba cada vez que abrı́a los ojos. Su cuerpo, que habı́a estado
atado a la pared, ahora yacı́a en una cama, y en lugar de la pared
opuesta o una puerta, aparecı́a el techo.
"Puaj…."
Rensley gimió involuntariamente, retorciendo el cuerpo como si sus
mú sculos se estuvieran desgarrando de dolor. Su cuerpo, normalmente
lexible, se habı́a endurecido, y hasta el má s mı́nimo movimiento le
provocaba un dolor punzante que le subı́a a la cabeza.
La fugaz esperanza que habı́a albergado por un tiempo se desvaneció al
darse cuenta de que la ubicació n no habı́a cambiado. Sin embargo, una
momentá nea sensació n de alivio al no estar colgado de la pared lo
invadió . Rensley suspiró y se giró para tumbarse de lado. Al instante
siguiente, olvidando todo el dolor, se incorporó de un salto.
“¡Su Gracia!”
La voz, ronca y entrecortada, temblaba de genuina alegrı́a. Sin embargo,
al mirar a la persona frente a é l, a Rensley le costaba creer que fuera
real. Habı́a pensado que no era un sueñ o, pero ¿quizá s lo era despué s
de todo? Creı́a que Gezell vendrı́a si esperaba, pero lo repentino del
suceso lo hacı́a difı́cil de comprender.
El hombre que habı́a estado junto a la ventana se dio la vuelta. Como
esperando a que Rensley despertara, sonrió y se acercó . A pesar de las
circunstancias, observar el paisaje desde la ventana con tanta calma
resultaba desconcertante. Pero Rensley pronto comprendió . Esta
persona nunca habı́a despertado a Rensley a la fuerza.
“Señ or Maelrosen.”
Al oı́r la direcció n que lo llamaba, Rensley sonrió casi con impotencia.
La risa se mezcló con un ligero sollozo, pero no le prestó atenció n. Solo
Gezell Jivendad se dirigı́a a Rensley de esa manera.
Rensley apresuró sus pasos y lo abrazó como si fuera a saltar a sus
brazos. Rodeá ndole el cuello con los brazos, frotó su rostro contra su
irme pecho, hombros y pecho.
“¡Su Gracia, Su Gracia…!”
Por un momento, Rensley, que parecı́a simplemente llamarlo, levantó la
vista. Abrumados por el é xtasis, se besaron. Sin embargo, en lugar de
corresponderle, Gezell, un poco perplejo, se echó hacia atrá s y se puso
rı́gido.
Oh. Fue entonces cuando Rensley, recobrando el sentido, bajó la cabeza.
Si alguien venı́a corriendo en cualquier momento, complicarı́a aú n má s
las cosas si los vieran besá ndose. Respirando hondo, Rensley apoyó la
cara en el hombro de Gezell.
Pensé que vendrı́as... La verdad es que no me preocupaba nada. Solo
tuve que aguantar un poco, creyendo que vendrı́as.
"¿Es eso ası́?"
—Sı́. Ya sea Fé lix o ese maldito hechicero, Su Gracia se encargará de
ellos. Mientras no me rinda, todo estará bien, porque Su Gracia nunca se
rendirı́a conmigo.
Su mano levantó la cabeza de Rensley. Sus largos dedos rozaron las
comisuras hú medas de sus ojos. Gezell, sintiendo la humedad, sonrió
levemente, como siempre. Sin embargo, a Rensley no le importó .
Mirá ndolo, rió casi con indiferencia y luego tensó lentamente los labios.
No pudo precisar la razó n exacta, pero sintió un escalofrı́o repentino.
Como si hubiera encontrado un objeto misterioso escondido, la intensa
mirada que recibió fue excepcionalmente apasionada. Ver el rostro de
Gezell, que se parecı́a al suyo, pero con una expresió n diferente,
despertó en é l un miedo instintivo, similar al que sentı́a al encontrarse
con una versió n modi icada de sı́ mismo, incluso con el mismo rostro.
“¿Por qué eres ası́?”
Separá ndose de su abrazo, Gezell se acercó a Rensley, quien retrocedió .
Rensley bajó lentamente la cabeza.
"No es nada."
La boca de Gezell se abrió tanto que sus colmillos eran visibles. La
certeza de Rensley se consolidó rá pidamente. Ciertamente, aunque
tenı́an la misma apariencia, esa risa no era la de Gezell Jivendad.
Si alguien le preguntara a Rensley si Gezell, a pesar de su nombre, no es
alguien que sepa reı́r, responderı́a que Gezell tampoco se habrı́a dejado
engañ ar por el falso hechicero que habı́a adoptado su apariencia. Tras
observar rá pidamente los alrededores, no habı́a nada en la sala
superior de la alta torre que pudiera usarse como arma.
"Ven por aquı́."
La tez de Rensley volvió a palidecer y su expresió n se arrugó con
fastidio. Podrı́a haber sido una coincidencia, pero esas eran las palabras
que Gezell solı́a usar, llenas de afecto. En circunstancias normales, tales
palabras, dichas con alegrı́a, lo habrı́an hecho obedecer de buena gana,
pero esta vez, las escenas de Gezell lanzando hechizos con alegrı́a y
ponié ndose una má scara para engañ ar no evocaron otra emoció n que la
ira.
Tras retroceder un momento, Rensley se abalanzó de repente sobre el
falso Gezell. Rensley no era hechicero ni tenı́a un arma. La ú nica opció n
que le quedaba era un ataque fı́sico.
"¡Ja ja!"
Sin embargo, el oponente debió anticipar lo que Rensley podrı́a pensar.
El cuerpo de Rensley, al precipitarse hacia el impostor, se tensó como
una roca, igual que cuando se topó con el hechicero. El impostor, sin
ocultar su curiosidad, rió abiertamente, disfrutando de la situació n.
Rensley apretó los dientes. Al igual que la magia que impidió que se
desvistiera en los Bañ os Pú blicos de Molbessa tras descubrir el secreto
de Gezell, parecı́a que esta vez tambié n habı́a un hechizo preconjurado.
Al inal, Rensley no pudo atrapar al impostor y solo pudo fulminarlo
con la mirada. El impostor, que habı́a dejado de reı́r, aú n llevaba la
má scara de Gezell y rió suavemente, emitiendo un bu ido que
recordaba a un tarareo.
Esto es realmente gracioso. ¿Ese tipo te estaba ayudando no por Ivet,
sino por esto?
Tan solo por el contenido y el tono de la pregunta, desapareció
cualquier necesidad de re lexionar sobre su identidad. La persona má s
odiada del mundo se hacı́a pasar por el amante má s preciado del
mundo.
La ira se apoderó de la garganta de Rensley, pero la contuvo e intentó
calmarse. Fue un error bajar la guardia, apresurarse demasiado para
actuar o hablar antes de recuperar la compostura.
"Pensé que, ya que parecı́as tan absorto jugando a los caballeros, si te
presentaba esta apariencia, te dejarı́as convencer má s fá cilmente y no
te resistirı́as", continuó el impostor. "Pero al inal escuché una historia
mucho má s interesante de lo que esperaba".
Mientras se reı́a, tocó la frente de Rensley con el dedo, como diciendo:
"Escucha bien".
Fue un poco extrañ o. Crear un puesto en los Caballeros para un simple
recadero como tú , o encargarse personalmente del miembro de menor
rango cuando suele estar tan ocupado... Conociendo la basura que se
aferraba a ti y a Ivet desde niñ os, me engañ ó porque creı́ que la
amabilidad que les mostró se debı́a a Ivet.
“…”
Declaraste lealtad con valentı́a, pero... resulta que no eres leal, sino que
te vendiste a ese hechicero. No pude resistirme a un hombre tan
despreciable.
Fé lix, que se habı́a acercado, extendió la mano. El gesto de tocar la
cintura de Rensley fue, sin duda, intencional.
Aunque ambos actos eran de naturaleza sexual, los gestos de Gezell no
transmitı́an esa vulgaridad. Rensley no ocultó su disgusto ante la burla
del impostor. Fé lix rió asombrado.
El tipo conocido por sus habilidades resulta tener un gusto peculiar. Por
no hablar de su cará cter amable. Es sorprendente que haya hombres
que pre ieran a tipos rı́gidos y estoicos como tú . Si tu padre lo supiera,
se habrı́a quedado destrozado. Si yo hubiera sabido que tenı́as tales
habilidades, te habrı́a vendido a un poderoso burdel de nobles en lugar
de abandonarte tan fá cilmente.
Eso habrı́a sido bastante divertido. Ya que todo el mundo sabe que mi
cara es idé ntica a la tuya. Quizá s algú n pervertido fantaseó con el noble
Prı́ncipe Heredero de Cornia mientras hacı́a sus necesidades.
El labio de Fé lix se curvó lentamente. Ni siquiera su expresió n burlona
era la de Gezell. Por mucho que se imitara el alma real tras la fachada de
una copia con el mismo rostro y cuerpo, la esencia era imposible de
replicar.
El momento reciente en que se aferró a é l por error, alineando sus
bocas, fue humillante. Si pudiera, querrı́a arrancarse los labios,
enjuagarlos bien y volver a poné rselos.
¡Golpe!
El sonido de una potente bofetada cortó abruptamente el aire. Rensley
tardó unos segundos en darse cuenta de que su cabeza se habı́a girado
bruscamente.
De repente, sintió calor en la mejilla. No por vergü enza ni ira, sino
simplemente porque el calor irradiaba del punto donde lo habı́an
golpeado.
Aú n rı́gido, Rensley no podı́a girar la cabeza libremente, solo miraba al
vacı́o. Tanto Fé lix, quien habı́a levantado la mano, como Rensley, quien
habı́a recibido una bofetada, no mostraron cambios signi icativos en
sus expresiones.
"Oh querido."
Fé lix suspiró como si hubiera saboreado la derrota, acercá ndose un
paso má s. Agarró bruscamente la barbilla de Rensley y lo giró
directamente hacia é l. Sus rostros estaban ahora a centı́metros de
distancia. La burla en los ojos color calabaza se intensi icó .
No pude evitarlo. Las viejas costumbres son difı́ciles de olvidar cuando
estoy de tan buen humor. Ahora que te has convertido en el amante de
otra persona, serı́a de mala educació n usar mi mano y mi espada a
voluntad.
“…Todavı́a te duele la mano.”
"¿Te está s burlando de mı́ ahora?"
Solo digo algo. Si quieres golpear, adelante. Aunque te dijera que pares,
no me harı́as caso.
Fé lix, en respuesta a la provocació n de Rensley, sonrió y volvió a
levantar la mano. Agarrando la mandı́bula de Rensley, giró su rostro
una vez má s. Los dos rostros estaban ahora muy cerca. La expresió n
burlona en los ojos color calabaza se intensi icó .
Rensley, consciente de la falsedad, no podı́a evitar sentir un profundo
dolor cada vez que la mano que siempre lo habı́a tratado con cariñ o lo
golpeaba. A pesar de saber que era una mentira, cada golpe de la mano
de Fé lix resonaba, causá ndole inevitablemente un dolor que se extendı́a
hasta el pecho.
Su cuerpo inerte perdió el equilibrio y se retorció en la mano de Fé lix.
Hasta quedar completamente indefenso, Fé lix continuó golpeando sin
descanso, maravillá ndose casi con una risita.
Rensley, respirando con di icultad y entrecortadamente, cerró los ojos.
El mareo y el zumbido en los oı́dos, generalmente seguidos de una
paliza como aquella, eran, en efecto, raros. Los dedos de Fé lix
presionaron los labios sangrantes, sondeá ndolos e irritá ndolos. Aunque
solo fue una paliza, el dolor agudo se sintió como si le clavaran agujas, y
Rensley se dio cuenta de que la parte interna de la mejilla se habı́a
desgarrado.
Por muy há bil hechicero que seas, parece que te han hechizado por
completo. Tú , que hace mucho tiempo te habrı́as arrodillado y
suplicado perdó n si hubiera sido antes.
Como se decı́a, hubo una é poca en que Rensley Maelrosen se
arrodillaba e inclinaba la cabeza con solo que Fé lix levantara la mano o
un bastó n. Aunque era por razones prá cticas para resolver las cosas
rá pidamente en lugar de dejar que el orgullo se convirtiera en una
carga para muchos, la causa principal era que enfrentarse a la violencia
sin nadie que la frenara se estaba volviendo cada vez má s difı́cil. Si
hubiera ocurrido una o dos veces, podrı́a haberlo soportado por
orgullo, pero Rensley habı́a pasado casi veinte añ os en el ambiente
vigoroso y sucio creado por su hermanastro en Cornia, lo que lo hacı́a
difı́cil.
“Cobarde… atar a alguien incapaz de moverse y decir esas cosas… Ni
siquiera puedo golpearte la cara, y mucho menos hacerte arrodillar.”
“¿Te arrodilları́as y suplicarı́as si te dejo ir?”
Al no responder Rensley, Fé lix rió entre dientes y se acercó de nuevo a
la ventana. Se paró en el alfé izar, sin borrar aú n la presencia de Gezell, y
volvió a hablar.
Es inú til resistirse, Rensley. Reı́rme de que alguien conserve su
dignidad no signi ica que no la aprecie, pero tu dignidad ya ha expirado.
“…”
El tiempo luye de forma distinta dentro y fuera. Aunque aquı́ solo
hayan pasado unos dı́as, afuera ha pasado má s de medio añ o. Al igual
que yo ahora, que me he convertido en tu nuevo dueñ o, ¿no has visto al
tipo que se transformó en ti? ¿Có mo crees que lo usaron?
Ante esas palabras, los hombros rı́gidos de Rensley se crisparon.
Cansado y tras la paliza, le costaba mantener la compostura, y la cabeza
le daba vueltas.
Diferentes velocidades del tiempo en diferentes espacios. Podrı́a haber
sido un concepto difı́cil de entender para la gente comú n, pero para
Rensley, quien ya habı́a estado en un lugar similar, no era una frase que
pudiera ignorar fá cilmente.
Por muy há bil que fuera Fé lix engañ ando a la gente, era una persona
comú n y corriente, ignorante de la magia. Era difı́cil creer que pudiera
inventar semejante historia al instante. Era cierto, ası́ que habı́a que
tener cuidado.
Ese tipo se convirtió en tu cadá ver. Aparentemente, fue un accidente. El
duque Gezell y la duquesa se llevaron tu cuerpo y regresaron al norte.
Sentı́ que el duque estaba demasiado angustiado por perder a un solo
caballero, pero ahora veo que habı́a una razó n para ello.
"…Mentiras…"
Rensley perdió la paciencia y habló .
No digas tonterı́as sobre algo que no lograste engañ ar ni una sola vez.
Su Gracia jamá s se dejarı́a engañ ar por una farsa tan torpe.
Eso es cuando se trata de una persona viva. ¿Có mo determinarı́as si es
real o falso cuando se trata de un cadá ver? Si yo estuviera aquı́ muerto,
no podrı́as distinguirme de é l, ¿verdad?
Rensley no pudo seguir hablando y se quedó en silencio. Fé lix, que
estaba de pie junto a la ventana, en á ngulo, se acercó en silencio.
Fé lix, quien antes habı́a blandido el lá tigo sin piedad, esta vez se secó
lentamente la mejilla sudorosa con la palma de la mano. Rensley,
perturbado por la incomodidad de una serpiente arrastrá ndose por su
rostro, cerró los ojos temblorosos. Los ojos de iris color calabaza se
abrieron de nuevo, sonriendo con dulzura y compasió n.
“Simplemente rı́ndete y trabaja para Cornia”.
"Callarse la boca…"
Si quieres, puedo nombrarte jefe de gobierno. Seguiré haciendo el papel
de mago aburrido, ası́ que si vives creyendo que eres el amante de ese
tipo, no hay problema. Es una historia hermosa que dos hermanos
gobiernen el paı́s juntos. No me gusta abrazar un trozo de madera como
un hombre, pero... Si es necesario, podrı́a ser divertido intentarlo. El
incesto está prohibido porque existe el riesgo de que nazca un heredero
enfermo o dé bil, pero si es entre hermanos varones, no hay posibilidad
de que nazca un hijo, ası́ que no hay problema.
El loco continuó su charla sin sentido sin cansarse. La mente de Rensley
estaba demasiado abrumada para responder a cada frase de la caó tica
conversació n. Rensley solo pudo soltar una risa hueca e iró nica.
Esto es realmente asombroso... Te felicité sinceramente por ascender al
trono. Oı́ rumores de que habı́as cambiado, y tras obtener el trono que
tanto anhelabas, creı́ que habı́as recobrado el juicio. ¿Pero qué es esto?
Te has vuelto aú n má s perverso.
Rensley, estoy má s sereno que nunca. ¿Por qué aspirar a convertir a mi
paı́s en el má s grande del continente se considerarı́a una fantası́a para
un rey?
Si fueras una persona decente, habrı́a apoyado tu ambició n como
corniano. Pero te conozco. Es simplemente irritante que haya otra
persona por encima de ti y que desees alcanzar metas aú n mayores. Ni
siquiera quiero imaginar un mundo donde alguien como tú conquiste el
continente y se convierta en emperador. Bueno, claro, tu sueñ o nunca
se hará realidad.
¿El cacique del norte, al que le abriste las piernas, mejoró de alguna
manera signi icativa? Me pareció igual de loco. Mi mago me dijo que te
llenó de magia y cadenas que solo los esclavos soportarı́an. Si de verdad
te considerara parte de los caballeros o un amante, jamá s habrı́a hecho
tales cosas. Conoce tu lugar. Ya sea bajo mi mando o bajo el de ese tipo,
no eres má s que un hombre humilde, un perro de baja estofa. Te está s
vendiendo al lı́der de las tribus bá rbaras del norte. Eres una vergü enza
para la familia real de Cornia, entonces y ahora.
A medida que la reprimenda se hacı́a má s frı́a, los labios y la mandı́bula
de Rensley, que habı́an estado fuertemente apretados, temblaron por la
tensió n.
Ese tipo podrı́a haber planeado engañ arte y usarte con palabras dulces.
Si es un mago tan extraordinario, podrı́a haber percibido tus
habilidades aunque no las viera. ¡Amin!
Cuando Fé lix llamó el nombre, el mago que habı́a ocultado
momentá neamente su presencia apareció .
Vuelve a atarlo. Parece que necesita un poco má s de persuasió n.
Le pido disculpas, Su Majestad. Si mi magia de transformació n hubiera
sido má s completa, la tarea habrı́a sido má s fá cil.
—No, descubrı́ algo muy interesante. Todo gracias a ti.
El mago blandió su bastó n, asegurando a Rensley contra la pared de
nuevo. Aunque Rensley resistió las frı́as ataduras que le sujetaban
brazos y piernas, no mostró miedo, sino que mantuvo la mirada ija en
Fé lix.
El sello que le cubrı́a la boca, impidié ndole emitir cualquier sonido, se
liberó . Rensley habı́a intentado soportar el dolor lo mejor que pudo
para no revelarle su sufrimiento a Fé lix. Sin embargo, pronto dejó de
importarle si habı́a alguien cerca. Dentro del radio de acció n permitido,
Rensley se convulsionó y se retorció , incapaz de soportar la repetició n
de los horribles sonidos que parecı́an a punto de destrozarle la cabeza.
Sin embargo, tras el repetido con inamiento en la terrible prisió n
sonora, Rensley experimentó un cambio distinto al inicial. Ahora podı́a
distinguir ligeramente los diversos ruidos. Si realmente se trataba del
sonido de los espı́ritus, poco a poco podı́a identi icar al dueñ o de la voz.
Sin embargo, el signi icado de los sonidos era completamente
incomprensible y no habı́a forma de responder.
Fue una é poca de tormento. Cuando Rensley se desmayaba, Fé lix le
rociaba agua para despertarlo, y cuando volvı́a a perder el
conocimiento, lo despertaba de nuevo.
Mientras tanto, Fé lix permaneció có modamente apoyado en el respaldo
de la silla, observando a Rensley, que estaba contenido, gemir como si
estuviera en una funció n de teatro. Finalmente, cuando Fé lix empezó a
aburrirse un poco, le dio un codazo suave al mago que estaba a su lado.
“Si jugamos bien, podrı́amos involucrar a ese arrogante mago del Norte
en nuestros asuntos”.
“¿El, para este caso?”
Mmm, no es una mala herramienta si se puede usar. Es una persona
bastante há bil.
Incluso con un solo invocador, deberı́a ser su iciente. Creo que aú n
puedo conspirar solo con nuestro ejé rcito y el Cuerpo de Magos. Tener
un invocador nos darı́a una ventaja má s segura, pero...
Debe ser cierto. No se trata de algo que se pueda hacer a la ligera. Si
fallamos, podrı́amos perderlo todo.
Cuando el mago se quedó en silencio, Fé lix le dio una palmadita en la
espalda.
No es que no confı́e en ti; es solo que la situació n ha cambiado de lo que
pensé inicialmente. Aldrant se ha mantenido neutral en los con lictos
del continente durante mucho tiempo, pero ahora eso es incierto.
Dependiendo de có mo usemos a ese tipo, podrı́an convertirse en
nuestros aliados o no. Queda por ver si tiene su iciente valor como
cebo.
"¿Carnada?"
Pensé que no te habı́as dado cuenta... Es posible que tambié n esté n
desplegando una cortina de humo desde su lado. Si lo hubiera sabido,
habrı́a preparado un cadá ver... No, eso habrı́a complicado demasiado
las cosas desde el principio. Necesitamos decidir nuestra direcció n y
actuar con mayor rapidez.
En medio de su soliloquio, Fé lix pareció divertirse aú n má s con la
expresió n cada vez má s desconcertada de Amin. En lugar de dar má s
explicaciones, Fé lix se limitó a sonreı́r con su iciencia.
“Todavı́a eres joven; no necesitas conocer todas estas complicaciones”.
"No tan joven."
“Ahora es momento de un breve descanso”.
Cuando Fé lix levantó la mano brevemente, el mago comprendió de
inmediato la intenció n del maestro y aplicó el hechizo de sellado para
bloquear el sonido de nuevo. El cuerpo de Rensley se desplomó como si
toda su fuerza lo hubiera abandonado justo antes de perder el
conocimiento. Fé lix se acercó a é l, deshacié ndole personalmente las
ataduras y dejá ndolo caer al suelo.
Secá ndose el rostro empapado de sudor con una mano frı́a, Fé lix miró
la expresió n confusa de Rensley, una mezcla de accidentes sin resolver
y fatiga extrema.
“Maelrosen.”
Esta vez, Fé lix no se burló de Rensley. Imitó la expresió n que habı́a visto
en el rostro de Gezel, esbozando una leve sonrisa. Mientras el rostro de
Rensley mostraba señ ales de querer tener dulces sueñ os, Fé lix bajó la
mirada con interé s.
“¿Ese mago te llama ası́?”
Las formas de humillació n son tan diversas que uno no puede
conocerlas todas hasta que las experimenta una por una. Frente al
rostro de Rensley, que parecı́a querer contener la ira mientras se
mordı́a los labios, Fé lix continuó bajando la voz.
Verte sufrir tanto… aunque no tenga una razó n en particular, me alegra
tenerte postrado a mis pies. Es divertido.
“…”
Cada vez que te veo con esa cara de lá stima y tristeza, siento que lo que
tengo es má s valioso. Ha habido momentos en que te he considerado
lá stima y tristeza. Nunca he compadecido a nadie, pero contigo sı́.
¿Quizá s esto tambié n sea una forma de cariñ o?
Ja. Una risa hueca resonó en los labios de Rensley. Como si no valiera la
pena responder, apartó la mirada y volvió a levantar la cabeza para
mirar ijamente a Fé lix.
“Está bien… Está bien.”
"¿Bien?"
“Simplemente aguantar no ayudará , y he llegado a comprender que
ahora solo te suceden cosas agradables”.
La voz de Rensley, ronca tras horas de gritos reprimidos, sonaba tan
tensa como la de un paciente. Sin embargo, sacudió las muñ ecas atadas
y continuó hablando con un ritmo constante.
Cooperaré . Me convertiré en el Elementalista o lo que quieras.
"¿En realidad?"
Quien respondió con voz emocionada no fue Fé lix, sino el mago que
estaba detrá s de é l a cierta distancia. Corrió hacia Rensley para pararse
frente a é l.
Incluso despué s de dı́as de estar colgado y hablando, ingió no oı́rme...
¡Pero usted, Lord Felix, es realmente asombroso! Logró persuadir al
prisionero en tan solo unas horas desde su llegada. ¡Qué suerte!
Rensley sacudió los brazos con má s fuerza. No tenı́a intenció n de ser un
espectá culo para ellos por mucho tiempo. Cuando las ataduras
crujieron, las miradas de los dos cornianos que estaban frente a
Rensley se volvieron hacia é l.
Entonces, comencemos por liberar esto. Ya que está dispuesto a
cooperar, no lo trataremos como a un cautivo.
“…Libé rame.”
Al acercarse el mago, Fé lix desató las ataduras. Rensley sacudió los
brazos y hombros, liberando la rigidez que se habı́a instalado. Con el
apoyo del mago, se desplomó sobre la cama y continuó con sus
peticiones.
Desde que estoy atrapado aquı́, solo he comido gachas insı́pidas y agua.
A estas alturas, podrı́a morir de hambre. Trá eme comida de verdad. Si
dices que soy un Elementalista tan valioso, trá tame como es debido. Si
me uno y logro el objetivo, debes prometerme claramente có mo me
recompensará s. No trabajaré con ellos si me tratan mal.
—Ah, entendido. Señ or Fé lix, yo prepararé la comida. En cuanto a
usted...
Fé lix asintió y dijo con naturalidad: «Me voy. No puedo seguir dejando
mi asiento vacı́o. Amin, cuı́dalo bien y ensé ñale. Es un perro malo, con
malos há bitos y mal linaje. Podrı́a volver a morder a alguien».
No te preocupes. Lo educaré bien.
Mientras el mago recitaba un hechizo, Fé lix inalmente regresó a su
forma original y pronto desapareció .
Una vez que se fue, la fuerza que habı́a reunido para una demostració n
de fuerza se disipó . Rensley, aú n sentado, se inclinó hacia un lado,
dejando que todo su cuerpo se desplomara.
No le quedaban fuerzas en todo el cuerpo. Aunque el sonido habı́a
cesado, el dolor de cabeza no desapareció de inmediato, y la constante
lucha con las ataduras le hacı́a doler todo el cuerpo. Quizá s debido a la
relajació n, su cuerpo temblaba como si tuviera frı́o.
Sin embargo, el mago parecı́a alegrarse de que Rensley hubiera
obtenido su cooperació n, indiferente a su condició n. Con una amplia
sonrisa, preparó rá pidamente la comida.
p p p
Rensley Maelrosen, me alegra mucho que por in hayas entrado en
razó n. Aunque las palabras fueron un poco duras, Lord Felix es una
buena persona. Ahora, come mucho. No pude darte una comida decente
porque no entraste en razó n.
“Aunque hubieras querido decir algo, ¿no podrı́as habermelo dicho
cuando estaba atado…?”
Dé jalo ir. Si hubieras aceptado cooperar antes, te lo habrı́a dado. Como
ahora.
Con esfuerzo, Rensley se incorporó y acercó el humeante tazó n de sopa
que tenı́a frente a é l. A pesar de estar nervioso por la avalancha de
ruido, logró soportarlo, y afortunadamente, aú n pudo soportarlo
cuando el sonido cesó . Parecı́a que la tortura habı́a cesado justo antes
de que perdiera la razó n.
Se llevó la cuchara a la boca y tragó un buen bocado. La cremosa sopa,
hecha con mariscos cocidos a fuego lento en mantequilla y leche, era
reconfortante y reconfortante. Era un plato muy apreciado por los
cornianos, que se disfrutaba no solo como comida, sino tambié n como
refrigerio.
“Tiene buen sabor… En las afueras de Celestine, cuando llega la
primavera, las mareas suben para los mariscos”.
—Ası́ es. Es mi sopa favorita.
En otras palabras, todavı́a era primavera.
Rensley miraba por la ventana. La torre del reloj, visible desde el
exterior, indicaba que habı́an pasado má s de tres horas desde la llegada
de Fé lix. Tras pasar una noche en el Bosque del Lobo y salir, habı́an
pasado tres semanas afuera. ¿Có mo era posible sentarse
tranquilamente durante horas, observando el sufrimiento de un
cautivo, si unos pocos dı́as allı́ equivalı́an a medio añ o afuera? Incluso
sentarse unas pocas horas podı́a resultar en que pasaran varios dı́as.
Solo los esclavos llevan cadenas. Si eso es lo que quiere creer, que lo
deje. ¿Acaso algú n rey del mundo le propone matrimonio a un esclavo?
Tras murmurar esta amarga re lexió n, Rensley se detuvo y guardó
silencio. Incluso si Rensley hubiera sido realmente un esclavo, sentı́a
que el resultado habrı́a sido el mismo mientras estuviera con Fé lix.
Condiciones como el estatus, la edad y el gé nero podı́an obstaculizar las
decisiones del Rey de Aldrant, pero no serı́an barreras para el corazó n
de un hombre llamado Gezell Jivendad. Incluso la persona má s
despreciada y digna del mundo podrı́a alcanzar la dignidad al lado de
Gezell.
Tras oı́r hablar del paso del tiempo, Rensley se sintió inicialmente
confundido, pero tras re lexionar detenidamente, se dio cuenta de que
no podı́a creerlo. Incluso si fuera cierto que el mundo exterior y el paso
del tiempo fueran diferentes, podrı́a haber sido inventado hasta cierto
punto. En realidad, la diferencia podrı́a ser solo de un par de horas, o
quizá s de unos dı́as.
Si ese fuera el caso, Gezell aú n lo estarı́a buscando. La mente de Rensley
se habı́a calmado rá pidamente al notar la falla en las palabras de Fé lix.
No habı́a necesidad de vacilar ni de sentirse herido por burlas triviales.
Las palabras que escupı́a eran má s como las inofensivas calumnias de
un borracho que como una daga venenosa que penetraba el corazó n de
la gente.
Si no puedo hacer nada ahora mismo, con iemos en el Duque y
esperemos. Si ni siquiera puedo hacer eso, no tengo las cualidades para
ser Gran Duquesa, ni siquiera para ser sú bdito. Cuidarse lo má ximo
posible y prepararse para seguir a Gezell cuando llegara era la mejor
opció n. Independientemente de las vanas ambiciones de Fé lix, su
propio rey estarı́a má s triste que nadie.
Este nivel de di icultades no era sorprendente. Rensley ahora era
inquebrantable.
"Tengo un hechizo de rastreo lanzado sobre mı́".
—Lo sé . Al lanzar semejante hechizo, el Gran Duque debió ser muy duro
contigo.
Estoy perfectamente vivo. Incluso si ese hechizo se anulara, ¿no podrı́a
crearse a alguien má s para reemplazarme? Parece improbable que
alguien pudiera engañ ar al Gran Duque hasta ese punto solo para
reemplazarme.
La expresió n de Amin permaneció indiferente. «La magia puede tener
errores. Incluso estando aquı́, con la magia de ese mundo, no podrá
encontrarte. ¿Pero qué pasa si hay un cuerpo justo delante de é l?
Normalmente, un mago pensarı́a que su propio hechizo ha fallado. Es
mejor no depositar esperanzas en esa magia».
—Normalmente —dijo Amin—. Sin embargo, Gezell Jivendad no era
normal en varios sentidos. A pesar de que le dijeron que no se abrigara
esperanzas, Rensley se compuso aú n má s. —¿Qué hay de los soldados
de la escolta que se transformaron? ¿Có mo está n?
¿Mmm? Ah, no te preocupes. Está n perfectamente bien. Solo fuimos al
campo de entrenamiento en su lugar para traerte aquı́.
“Ya veo… ¿Tienes má s sopa?”
—Claro. ¡Come mucho! Tienes que aguantar el entrenamiento hasta
convertirte en un auté ntico Elementalista. ¿Quieres pan y jugo?
Tambié n podemos llevar carne y fruta.
Por suerte, tambié n tenı́an asuntos con é l, ası́ que no lo dejarı́an solo
para que se volviera loco o fuera destruido. «Se acerca el momento en
que inalmente podamos actuar. Me estoy preparando para ello».
Mientras el mago traı́a una olla llena de sopa y la vertı́a generosamente
en el tazó n, Rensley lo miró con amargura y murmuró : "Tú tambié n
eres bastante lamentable... ¿Có mo terminaste ante la vista de esos ojos
de basura?"
¿Basura...? ¿Te re ieres a Fé lix? No seas tan grosero, Rensley Maelrosen.
Por mucho que digas ser el hermano de Fé lix, si sigues actuando con
insolencia, no lo toleraré .
El mago se puso serio al instante, y su tono se volvió frı́o. Rensley
suspiró aú n má s profundamente y asintió con apatı́a.
Por cierto, ¿de verdad es tan genial ser Elementalista? ¿Hasta el punto
de causar tantos problemas?
“Tiene su valor.”
El tono del mago se volvió entusiasta mientras compartı́an un plato de
sopa.
Si has estado en la corte del Duque de Aldrant, seguro que lo has oı́do al
menos una vez, ¿verdad? La esencia de la magia depende, en ú ltima
instancia, de la cantidad de poder má gico que puedas extraer y manejar
con destreza. Para lograrlo, necesitas dominar las té cnicas de
ampli icació n del poder má gico e incluso desarrollar dispositivos
má gicos para la ampli icació n. La tecnologı́a relacionada sigue
avanzando. Sin embargo, un invocador puede crear poder má gico casi
sin restricciones desde el principio. Puede realizar magia por sı́ mismo,
pero lo má s importante es que puede transferir poder má gico a otros
magos o dispositivos má gicos. Tan solo esa habilidad le permite realizar
el trabajo de todo un escuadró n de magos de é lite.
"Oh…"
Los magos extraen poder má gico mediante hechizos o herramientas,
pero los Elementalistas deben comunicarse directamente con los
espı́ritus. Por lo tanto, existe una diferencia inherente. Segú n los
registros, un renombrado Elementalista de la antigü edad cambió por
completo la direcció n y la velocidad del viento con un solo gesto en una
batalla naval, hundiendo a toda la lota enemiga. No es de extrañ ar que
un ser ası́ no nazca fá cilmente.
"¿Tengo esa habilidad? Es difı́cil de creer..."
Rensley murmuró , mirá ndose las manos. Amin lo miró ijamente.
—Claro. Apenas has abierto los ojos. Serı́a prudente no pensar en
traicionarnos despué s. La capacidad de extraer poder má gico y la de
manipularlo son dos cosas distintas. Que alguien sea fuerte no signi ica
que sea bueno luchando, ¿verdad? Solo necesitas aprender lo que
necesitas. Desecha los sueñ os inú tiles.
—Amin, no seas tan duro. Actuar ası́ podrı́a hacerme parecer má s
aterrador de lo que soy en realidad.
¡No seas ridı́culo! ¿Quié n le tendrı́a miedo a alguien como tú ? Aú n te
queda mucho camino por recorrer para convertirte en un auté ntico
Elementalista.
Frente al joven mago ruborizado, Rensley rió entre dientes. Era
asombroso que la risa pudiera surgir en semejante situació n. Rensley
respiró hondo, sin dejar de sonreı́r.
Cap. 18.3 - Torre Blanca, Selva
Negra
Crujido.
En el bosque desierto, una alta silueta cayó con el sonido de pisadas
sobre hojas caı́das. Si un cazador la hubiera visto, podrı́a haber
confundido la sombra, que emergı́a de los á rboles como una gran bestia
de montañ a, con una criatura. Sin embargo, allı́ de pie no habı́a una
bestia, sino un hombre de cabello negro y despeinado. No llevaba la
capa real que solı́a envolverse ni ningú n adorno en la cabeza ni en el
cuerpo. El hombre, vestido de forma oscura y sencilla como un viajero,
tenı́a una tez pá lida, visible incluso a la luz del amanecer.
Al salir de entre los arbustos, el hombre se tocó la frente como si
sintiera fatiga por primera vez. Sus estrechos hombros se
estremecieron momentá neamente, temblando de arriba abajo.
“Hoo….”
Mientras se limpiaba la sangre que le goteaba por la barbilla con el
dorso de la mano, brotó con fuerza. El duque Gezell Jivendad se la secó
rá pidamente con la manga y se tomó un momento para recuperar el
aliento. En realidad, no habı́a tiempo para un breve descanso, pero el
mareo momentá neo se debı́a al alivio de haber llegado a su destino.
Si hubiera venido por medios convencionales, le habrı́a llevado al
menos una semana, incluso con magia. No habı́a tiempo que perder
para desplazamientos sencillos. El permiso se obtuvo simplemente
como precaució n ante situaciones inoportunas y para asegurar la
autorizació n externa del Emperador. Gezell no tenı́a intenció n de
regresar por la misma ruta que tomó al partir.
No estaba lejos de Pheraira, un lugar cercano a Cornia. En otras
palabras, habı́a regresado del extremo sur del continente al norte.
Gezell habı́a agotado todo su poder má gico lo má s rá pido posible para
regresar, e incluso entonces, con iaba a regañ adientes en el poder de la
magia oscura. Las recompensas no fueron excepcionalmente grandes,
pero la carga sobre su cuerpo fue considerable, dada la tensió n
acumulada.
Ası́ que tardamos dos dı́as en llegar. A pesar de acortar
considerablemente el viaje, no habı́a tiempo para descansar. Gezell
recorrió el sendero forestal restante, donde la espesura del bosque
di icultaba distinguir el entorno incluso por la mañ ana.
El sonido del agua corriendo se acercaba. Cuando Gezell se detuvo, un
acantilado escarpado se extendı́a ante é l.
“Oh, señ or del otro mundo, por favor ayú dame”.
Gezell murmuró en voz baja, como si rezara, mientras dibujaba
rá pidamente un cı́rculo má gico con la mano. Un patró n complejo, de un
brillo plateado, emergió en el aire contra el fondo azul del bosque y el
rı́o. Entonces comenzó a recitar un conjuro en un idioma que solo los
magos podı́an comprender.
Los hechizos de invocació n para evocar la existencia del otro mundo se
denominaban colectivamente hechizos de invocació n, pero dentro de la
magia de invocació n, existı́an diversas clasi icaciones. La magia de
construcció n espacial sobrenatural utilizada para ocultar a Rensley era
algo inaudito e invisible. Sin embargo, Gezell, como miembro de la
familia real Aldrant, no se sorprendió del todo. Los hechizos de
invocació n de la dinastı́a Aldrant, transmitidos de generació n en
generació n, no eran fá cilmente descifrables para otros magos del
continente.
Incluso en Aldrant, pocos conocı́an la identidad de esta magia de
invocació n, y quienes la conocı́an habı́an intercambiado sus secretos y
vidas mediante lealtad y juramentos. La magia de la familia real del
norte se originó a partir de una combinació n desconocida, imposible de
rastrear con precisió n, que comenzó hace mucho tiempo y se ha
transmitido hasta nuestros dı́as.
Aunque la gente solı́a referirse a é l como un hechizo de invocació n para
facilitar su comprensió n, lo que Gezell invocaba se acercaba má s a una
deidad que a un demonio. Albergaba a un demonio del otro mundo en
forma material, precisamente dentro del cuerpo del invocador, y lo
manifestaba cuando era necesario.
Controlar al demonio no fue fá cil, y el proceso de fusionarse con
criaturas del otro mundo para formar un cuerpo humano fue
igualmente desa iante. La sensació n de que los huesos y mú sculos de
todo el cuerpo se reconstruı́an y fortalecı́an en un instante fugaz era
algo que solo quienes la experimentaban podı́an comprender. Aunque
Gezell habı́a aprendido a soportar el dolor, algunos de los elegidos
como reyes no habı́an podido soportar la agonı́a de la transformació n,
fracasando inalmente en su funció n.
Normalmente, las invocaciones que los magos podı́an evocar eran
demonios mucho má s comunes involucrados en asuntos humanos,
criaturas de nivel inferior que podı́an emplearse para diversas tareas.
Seres má s cercanos a los dioses, má s poderosos y con mayor
inteligencia que los humanos, no se dejaban in luenciar fá cilmente por
hechizos o invocaciones humanas. Incluso si se invocaban con é xito, se
requerı́a una cantidad considerable de poder má gico y el talento del
hechicero. Ademá s, controlarlos una vez atraı́dos requerı́a la misma
fuerza. La invocació n, en varios aspectos, era una magia de alto nivel.
—No soy un simple demonio. Puede que no lo consiga.
Rensley habı́a visitado al misterioso «Rey del Bosque», y
de initivamente no era un demonio de nivel inferior. Entendı́a el
lenguaje humano, dominaba el reino sobrenatural que controlaba,
parecı́a tener descendientes y exhibı́a la capacidad de prever el futuro.
De ser ası́, se trataba de un ser divino, y uno de gran valor. Que
respondiera a su invocació n dependı́a enteramente de su voluntad. La
luz plateada que rodeaba el cı́rculo má gico se intensi icó , y la voz de
Gezell se aceleró . Un sudor frı́o le cubrió el rostro mientras cerraba los
ojos y cantaba el hechizo en voz baja. Realizar magia de invocació n en
su estado de agotamiento era casi imposible para un mago comú n.
La luz plateada, que ardı́a a lo largo del cı́rculo má gico, inalmente se
desvaneció por completo. Los patrones dibujados en el aire
desaparecieron. Gezell, con los ojos cerrados, se sumió en un silencio
momentá neo antes de abrirlos lentamente.
El rı́o seguı́a luyendo visiblemente. Aparte del sonido del viento y el
susurro de las hojas, el bosque permanecı́a en silencio, sin mostrar
señ ales de cambio. Gezell, recuperando el aliento, contempló el rı́o que
luı́a ante é l. El invierno pasado, no habı́a imaginado que volverı́a a
sentir la misma desesperació n frente a este acantilado.
Se quedó quieto un momento antes de levantar la cabeza. Sin embargo,
¿no era la situació n algo mejor que entonces? Sabı́a quié n era el
responsable, y su prometida no estaba muerta. Era mejor que cuando
buscó frené ticamente un cuerpo en el lecho del rı́o, oscilando entre la
esperanza y la desesperació n.
Sus ojos color calabaza miraban al frente con mayor claridad. Empezó a
dibujar el cı́rculo má gico de nuevo y a recitar el conjuro. El cı́rculo
má gico plateado aparecı́a y desaparecı́a repetidamente, y la voz de
Gezell, al recitar el conjuro, se fue roncando poco a poco. Sin darse
cuenta de cuá ntas veces lo habı́a recitado, Gezell dejó de hablar
lentamente.
No procedió de inmediato a la siguiente invocació n, sino que volvió a
mirar hacia el acantilado. El sonido del agua corriendo era tan intenso
que le dolı́an los oı́dos, salvo por el ocasional ruido del viento o el
susurro de las hojas.
"¡Maldito!"
Una blasfemia, nunca antes pronunciada por el solitario rey, salió de su
boca.
Gezell levantó la cabeza bruscamente y rá pidamente comenzó a cantar
un nuevo hechizo. En la oscuridad del bosque, sus ojos, brillando con
una luz dorada, se destacaban conspicuamente.
Balanceando la mano, con los tendones empezando a tensarse, cantó el
hechizo. Con un estruendo, como si la tierra temblara, todo el bosque se
estremeció . El viento rugió entre los á rboles, y como hojas de otoñ o, las
hojas frescas que habı́an brotado en primavera cayeron al suelo.
Con cada cambio en el encantamiento de Gezell, el escenario creado por
la magia tambié n cambiaba. A veces, el bosque entero se estremecı́a y
se formaban remolinos en el rı́o bajo el acantilado, solo para
desaparecer. Relá mpagos brillaban en el cielo seco, acompañ ados de
truenos, y al otro lado del acantilado, á rboles invisibles eran derribados
por una cuchilla invisible, cayendo al suelo con un golpe sordo.
Sin embargo, a pesar de sacudir el bosque, el rı́o y el cielo, lo ú nico que
deseaba no apareció . Los lobos parecı́an ajenos a la invocació n de
Gezell, y la puerta invisible por la que Rensley habı́a pasado
permaneció oculta para Gezell.
La ira engendró impulso, y este casi obligó al poder del demonio
invocado, latente en Gezell, a emerger sin importarle su voluntad.
Gezell gruñ ó como una bestia, agudizando su determinació n.
“Si tanto te agradaba, ¿no estarı́a bien ayudarlo, aunque sea una vez…?”
En el bosque desordenado, Gezell se cuestionó a sı́ mismo para
mantener la compostura.
“…¿Qué pasa si la invocació n falla…?”
Fuera alta o baja la probabilidad, este era el ú nico lugar en el que se
podı́a con iar. Para abrir y penetrar el espacio sobrenatural invisible al
p yp p
poder humano, se necesitaba el poder de alguien que pudiera
controlarlo. El lobo con el que se topó Rensley era sin duda un demonio
capaz en ese aspecto. Para é l, podrı́a no ser una tarea difı́cil.
Rensley habı́a recibido una propuesta del lobo para vivir juntos en sus
dominios. Los humanos tan queridos como para que un dios los quiera
a su lado son extremadamente raros, como si fuera un cuento o una
leyenda. No serı́a sorprendente que la belleza, la inocencia y la dulzura
de Rensley hubieran conmovido al demonio. A Gezell no le sorprendió .
Con la cabeza gacha, Gezell miró al cielo. Ya parecı́a má s la mañ ana que
el amanecer. Era necesario tomar una decisió n.
¿Deberı́a rendirse ahora y dirigirse a Roudken? Allı́, Gezell lideraba un
grupo de magos. Aunque nadie se consideraba superior a é l, hablar con
los magos del palacio real, incluyendo a Larcof, podrı́a revelar una
solució n.
Si se trataba de investigació n y estudio má gico, Gezell se jactaba de no
ser menos que nadie en el continente. Sin embargo, debı́a de haber
informació n que se le habı́a escapado. Quié n sabe si los registros
dejados por el mago que se habı́a escabullido podrı́an contener
informació n sobre la construcció n de espacios de otro mundo. Si
encontraba pistas, podrı́a ser posible encontrar una solució n para
contrarrestar la magia de Cornia.
O siempre existı́a la opció n de recurrir a la fuerza. Provocar al
Emperador, reclutar al ejé rcito de Aldrant y derrocar al Rey de Cornia.
Si se necesitaban pruebas o justi icaciones, habı́a maneras de crearlas.
En ese punto, no habı́a razó n para no lograr la victoria.
“…”
Su mente estaba ocupada ideando diversos mé todos, pero el vacı́o en su
interior no podı́a ser má s profundo. Gezell, que habı́a estado
levantando la cabeza, bajó la mirada lentamente.
Si dedicaba tiempo, podrı́a probar numerosos mé todos, como lo habı́a
hecho en su investigació n hasta entonces, y inalmente encontrar una
respuesta. Existı́a la posibilidad de ganar mediante un combate directo.
Cualquiera podı́a concebir tales mé todos. Sin embargo, no podı́a
garantizar la seguridad del rehé n.
Cuando descubrió la solució n a este enigma, no podı́a predecir qué le
sucederı́a a Rensley Maelrosen ni si podrı́a recuperarlo sano y salvo.
El vasto océ ano de desesperació n, como estar aislado, se sentı́a
desconocido. Mirando hacia la mesa, que miraba ijamente al vacı́o, bajo
el rostro rı́gido, la humedad se acumulaba en los ojos transparentes
bajo los iris dorados. En los rasgos uniformes, la humedad formada
apresuradamente goteaba al suelo.
"Qué …?"
Desconcertado, se limpió la cara apresuradamente con la palma de la
mano. Era una lá grima absurda.
Durante la mayor parte de su juventud, cuando su padre, que habı́a
estado con inado en la torre la mayor parte de su vida, inalmente
exhaló su ú ltimo suspiro, cuando su tı́o polı́tico, que lo habı́a cuidado
má s como un padre que como propio, triunfó , y cuando se enfrentó a
los cuerpos de personas cuyas vidas fueron arrebatadas por monstruos,
entre ellos, vio los cadá veres mezclados con los de sus sirvientes.
Las circunstancias eran diferentes cada vez, pero siempre eran tristes.
Sin embargo, nunca lloró . Originalmente no era propenso a llorar, y le
habı́an enseñ ado durante mucho tiempo que un rey no debı́a llorar.
Gezell no era de los que lloraban al convertirse en rey.
Hubo momentos en que le embargaba la ansiedad de que Rensley
Maelrosen pudiera haber muerto. ¿Por qué ? ¿Por qué la situació n era
ahora má s desesperada que la muerte?
No habı́a situació n má s desesperada que la muerte en este mundo.
Gezell organizó las respuestas que le venı́an a la mente mientras
contemplaba el rı́o que luı́a.
A diferencia de la ú ltima vez, Rensley no se ocultó por voluntad propia
esta vez.
Se fue por voluntad propia, para estar disfrutando en algú n lugar. Con la
idea de que podrı́a estar pasando por alguna di icultad en ese preciso
momento, Gezell no querı́a ni imaginarlo. Y probablemente, porque
ahora amaba má s que antes...
Levantó la mirada. Entre los acantilados, se extendı́a el vasto rı́o, y
aparte del ancho rı́o, no habı́a nada en el vacı́o que tenı́a ante sı́. Gezell
miró al vacı́o, abriendo gradualmente los ojos. Recordó la historia de
Rensley, quien habı́a caminado por el aire sin sendero ni puente,
llegando al bosque del lobo.
“…Si se convierte en un mito transmitido de generació n en generació n,
el progenitor de la familia real Aldrant obtuvo su poder actual al
arrojarse a un manantial creado por un rayo”.
¿En serio? Si quieres pedir prestado el poder de un dios, necesitas un
precio adecuado y determinació n...
Gezell, murmurando dé bilmente, se movió lentamente. El espacio entre
los escarpados acantilados, por donde habı́a caminado sobre el aire,
perdió su espacio libre entre el borde del acantilado y sus pies.
Pequeñ as piedras que se habı́an adherido a las plantas de sus pies
cayeron al abismo con un ruido sordo.
La humedad en sus ojos, al contemplar las corrientes que luı́an
velozmente, desapareció al seguir los pensamientos serenos de su
mente. A diferencia de cuando pensaba en Rensley, esta vez se
cuestionó con calma.
¿Es esta realmente la opció n má s adecuada? Si, por casualidad, este
mé todo falla, ¿có mo se resolverá la situació n de Rensley?
Si el rey desaparece, ¿qué le sucederá a Aldrant en el futuro? ¿Qué
pasará con el equilibrio del continente?
Ah, por suerte, Aldrant tiene a Frida. Ası́ como su tı́o polı́tico lo guió de
alguna manera cuando su padre enloqueció . Si llegara a morir, el poder
del guardiá n tambié n pasarı́a a otra persona, quien continuarı́a la tarea
que era responsabilidad de Gezell.
…Entonces, ¿quizá s Gezell Jivendad ya no está en sus cabales? ¿Puede
una persona cambiar tan rá pido en tan poco tiempo? Tras perder a su
madre, quiso preguntarle a su padre, quien se habı́a vuelto loco tras
perderla, si podı́a volver a verlo.
Ordenando sus abrumadores pensamientos, Gezell desenvainó la daga
que llevaba en la cintura. Aunque Aldrant tenı́a a Frida, quien podı́a
salvar a Rensley Maelrosen ahora era solo Gezell. Al comprender la
conclusió n, desenvainó la hoja sin dudarlo.
La sangre brotó rá pidamente a travé s de la piel desgarrada, y Gezell,
dibujando un cı́rculo má gico sobre ella, memorizó un hechizo
completamente diferente al anterior. Una sustancia oscura, pegajosa e
irregular, parecida al humo, se elevó alrededor de Gezell y,
gradualmente, como si se hundiera en el suelo, desapareció . La sangre
que habı́a luido hacı́a un momento tambié n desapareció , dejando solo
marcas negras de quemaduras en su mano, que tambié n se
desvanecieron gradualmente como si se iltraran en la piel.
Despué s de completar todos los preparativos, Gezell miró hacia el rı́o
debajo de é l con una expresió n serena.
“Si es necesario un sacri icio, que ası́ sea”.
Cerrando los ojos y dando un paso hacia adelante en el borde del
acantilado, su tarea estaba realizada.
Gezell Jivendad no muere ası́.
Incluso ahora, podrı́a haber detenido temporalmente la caı́da si hubiera
querido, o podrı́a haber caminado sobre el agua en lugar de hundirse.
Incluso si hubiera querido morir, el demonio dentro del cuerpo de
Gezell impedirı́a la extinció n de esa vida. Si un mago del calibre de
Gezell cayera de un acantilado y muriera, no quedarı́a rastro alguno
má s que el suicidio.
Sin embargo, no hizo nada. Observó có mo el paisaje se alejaba en lo
alto, sintió el aterrador viento frı́o que le rozaba el cuerpo y
simplemente dejó escapar el estruendoso sonido al romperse el aire. El
largo cabello, arrastrado por el viento, emitió un sonido como el de
ramas que se sacudı́an.
Fue una sensació n extrañ a. Aunque la caı́da fue instantá nea, para quien
cayó , fue un tiempo larguı́simo.
Con un chapoteo, un cuerpo enorme atravesó la super icie del agua. El
impacto fue como si se hubiera estrellado contra una roca en lugar de
contra el agua.
Bajo las frı́as y rá pidas aguas, el Gezell se hundió rá pidamente. Ya de
dı́a, la tenue luz del sol comenzó a brillar sobre la super icie.
Si lo has olvidado, cuando viniste de vacaciones, te prometí enseñarte a
nadar. Como eres hábil con la espada y las artes marciales, aprenderás a
nadar rápidamente.
La segunda razó n para sumergirse en el rı́o podrı́a ser algo ası́. Incluso
ahora, la imagen que evocaba, desde la radiante sonrisa hasta la voz
vivaz, podrı́a ser otra señ al de su locura.
La luz del sol adulto se alejó rá pidamente. Sumergido en las in initas
aguas profundas, Gezell exhaló su ú ltimo aliento, que aú n no habı́a
soltado. Se formó espuma y una rá pida sensació n de as ixia lo siguió .
p y p g
Gezell cerró los ojos solo. Tanto la visió n como la mente pronto se
oscurecieron por completo.
Cap. 18.4 - Torre Blanca, Selva
Negra
[Increı́ble.]
Lo que despertó a Gezell, quien habı́a estado inconsciente por un breve
instante, fue una voz resonante y distintiva. Sin mucha sorpresa, Gezell
se incorporó . El paisaje a su alrededor se habı́a transformado mientras
tanto. Cerca de é l, habı́a una in inidad de lores de las cuatro estaciones,
ú nicas en su tipo, loreciendo como el mar.
Bajo el cielo despejado, pá jaros, pé talos de lores y mariposas
revoloteaban juntos. El cielo no era solo azul; era una vibrante mezcla
de diversos colores, vı́vidamente mezclados como acuarelas. En medio
del sereno y hermoso paisaje, Gezell, vestido de forma extrañ a, como si
viniera de un mundo lejano, estaba sentado solo.
La cá lida luz del sol y la suave brisa eran reconfortantes. El «Bosque del
Lobo Blanco», recordado varias veces por Rensley como un lugar
peligroso, resultó ser, segú n é l mismo lo describió , un lugar hermoso
que superaba la imaginació n de un ser humano comú n, con Gezell allı́
sentado como un desastre de otro mundo.
El dueñ o del bosque, mirando a Gezell con aire de arrogancia, habló de
nuevo.
¿Qué tonterı́a planeaste arriesgando tu vida si yo no hubiera
intervenido?
“…Esperaba que me ayudaras, ası́ que salté .”
¿Qué hubiera pasado si al inal no te hubiera ayudado?
Gezell se levantó y respondió : «Aposté mi vida a un hechizo que se
activa tras la muerte del lanzador. Si sobrevivo, signi ica que busqué tu
ayuda, y si muero, pretendo tomar prestado el poder del má s allá ».
[Qué jugada tan audaz. En tu mundo, ¿no es eso equivalente a una
maldició n? Una vez lanzado el hechizo, tu cuerpo y alma pasan a ser
propiedad de los segadores al morir. ¿Sabes lo agonizante que es para
un humano convertirse en esclavo del má s allá ?]
No distingo mucho los medios y mé todos una vez establecido el
objetivo. La situació n era urgente, ası́ que planeé afrontar las
consecuencias má s adelante.
El lobo blanco gigante resopló con arrogancia. Tras mirar a Gezell con
superioridad, cerró los ojos un instante. Un tenue resplandor dorado
rodeó su cuerpo, y al instante siguiente, se transformó en una elegante
mujer humana con una ondulante cabellera platino.
Me parece un buen trato. He oı́do la historia. El niñ o llamado Rensley
está en peligro, ¿verdad?
“Te devolveré el favor durante toda mi vida si me ayudas esta vez”.
[¿Pero no eres tú el rey del paı́s del norte llamado Aldrant?]
El lobo entrecerró los ojos. Incluso en forma humana, su gruñ ido era
idé ntico al de una bestia. Acercá ndose a Gezell con los colmillos al
descubierto, el lobo preguntó bruscamente.
En ese momento, el niñ o huı́a de ti. ¿Por qué deberı́a creer en tus
palabras y ayudarte?
“Sié ntete libre de quitarme la vida si mentı́”.
No me sirven las vidas baratas que se intercambian. Quiero a ese niñ o
tan lindo. Bien. Te ayudaré . Despué s de rescatarlo, tomaré posesió n de
é l.
Gezell no respondió de inmediato. Sus ojos color calabaza miraban al
lobo en silencio y, tras un breve silencio, inalmente respondió .
"Acordado."
El lobo, mirando a Gezell, rió entre dientes y giró su cuerpo.
Te haces llamar rey en el reino humano, pero haces comentarios tan
presuntuosos. ¿Creı́as que podrı́as deshacerte de mı́ una vez que
rescataste al niñ o, rompiendo tu promesa?
“…Incluso ahora, no soy lo su icientemente fuerte por mi cuenta. Vine
buscando ayuda siendo un simple humano. ¿Có mo podrı́a hacerte
dañ o?”
[Pero tú lo creı́as. Es curioso có mo un hechicero puede tomar tan a la
ligera las promesas con seres de otro mundo. Por eso es difı́cil romper
completamente los lazos con los humanos. Muy interesante.]
Tras dar unos pasos, cuando el lobo hizo un gesto, un trono de platino
apareció de repente en medio del campo de lores. El lobo se sentó en
é l, apoyado en el reposabrazos.
[A juzgar por tus divagaciones, debes saber sobre las habilidades del
niñ o, ¿verdad?]
"¿Talento?"
Ese niñ o posee las habilidades de un Elementalista. Por eso me
interesa. Como sabrá s, los humanos amados por los espı́ritus son
extremadamente raros, y hoy en dı́a, estos individuos está n casi
extintos.
Elementalista. Los ojos de Gezell se abrieron de par en par ante la
inesperada revelació n. Solo habı́a leı́do sobre Elementalistas en libros y
nunca se habı́a topado con uno en persona. Como habı́a mencionado el
lobo, hacı́a siglos que nadie descubrı́a uno, y hoy en dı́a, muchos los
consideran iguras legendarias de un pasado lejano.
¿No lo sabı́as? ¿Acaso no te interesa tambié n ese niñ o por sus
habilidades?
“…Fue sellado.”
Gezell recordó la inquietud que sintió al grabar el hechizo de rastreo en
el cuerpo de Rensley. Era inusual que una persona comú n tuviera un
hechizo permanente, especialmente uno destinado a bloquear una
manifestació n en lugar de mantener una funció n especı́ ica. Gezell le
habı́a preguntado a Rensley al respecto, pero este parecı́a desconocer
los detalles, dejando el asunto temporalmente sin resolver.
Es raro, pero a menudo se colocan sellos que la persona desconoce para
evitar maldiciones o male icios. Los nobles y la realeza que conviven
con hechiceros a veces lanzan este tipo de hechizos. Ası́ que, sin prisas,
planeé descubrir poco a poco las razones sin revelarlo de inmediato.
[Una maldició n… no del todo inexacta. Desconozco las circunstancias,
pero ese niñ o tenı́a selladas las habilidades de un Elementalista. Parecı́a
completamente inconsciente de poseerlas. Mencionó que nunca
aprendió magia ni la habı́a intentado.]
Las palabras del lobo completaron una pieza crucial del rompecabezas.
Gezell ahora podı́a comprender plenamente la historia. Si las
habilidades de Rensley estaban selladas, independientemente de la
intenció n o de quié n lanzara el hechizo, era muy probable que ocurriera
dentro de la familia real corniana. Fé lix comandaba hechiceros há biles,
soldados entrenados y el poder de los Elementalistas. Con tales fuerzas,
una guerra era concebible. Si bien existı́an hechiceros reales en muchos
paı́ses, las historias de reyes que tuvieran a Elementalistas como
ayudantes cercanos eran raras y casi inexistentes despué s de una larga
historia.
Si a Rensley lo habı́an secuestrado por su utilidad, al menos no le harı́an
dañ o. Al darse cuenta de esto, Gezell, sin darse cuenta, respiró aliviado.
El lobo lo siguió con una risita burlona.
¿Te consideras un rey humano afortunado, joven e inexperto? Obtener
el favor de un Elementalista no es tarea fá cil. ¿Sabes por qué es difı́cil
encontrar Elementalistas humanos? Nacen con poca frecuencia, y
quienes contraen enfermedades o se debilitan y mueren durante el
proceso superan en nú mero a los que sobreviven. El futuro que vi para
ese niñ o era, sin duda, de sufrimiento, deteriorá ndose hasta quedar
inservible.
La mirada de Gezell se volvió frı́a y oscura. El lobo continuó sin pausa.
Ası́ que pensé en quedarme aquı́ para protegerlo y cuidarlo. Sin
embargo, ese niñ o rechazó mi oferta y se fue de aquı́... Ahora, a menos
que cooperes, parece que no gano nada rescatando a ese niñ o.
“Excepto a Rensley Maelrosen, prometo conseguir todo lo que desees”.
No hay nada entre las posesiones del reino humano que me interese. Tu
vida no me vale nada, y aunque me ofrecieras todo tu reino, no me
interesa.
Un tenso silencio se cernió entre ellos. En medio del enfrentamiento, el
lobo volvió a abrir los ojos y soltó una carcajada.
[Pero tú tampoco eres un humano comú n y corriente. Eres muy raro, de
hecho.]
“….”
Hay una presencia dentro de ti que no es humana. ¿Por qué acudiste a
mı́ en lugar de buscar la ayuda de esa entidad?
“…El ser dentro de mı́ no entiende el lenguaje de los humanos.”
Gezell permaneció en silencio por un momento antes de volver a hablar.
“Y nuestra relació n está lejos de ser amistosa”.
En la inmensidad de un mundo dividido en numerosos reinos má s
pequeñ os, habitados por diversas formas de vida, era difı́cil distinguir
fá cilmente entre lo que se consideraba superior o inferior. Cada entidad
poseı́a poderes y habilidades diferentes. Si bien la fuerza dentro del
cuerpo de Gezell era lo su icientemente formidable como para ser
considerada una deidad, no establecı́a emociones ni un lenguaje similar
al de los humanos. Coexistiendo en un solo cuerpo, a veces protegiendo
esa forma fı́sica mientras que en otras ocasiones se comportaba de
forma impredecible como la naturaleza misma, Gezell se convirtió en
un "elemento peligroso", reconocido como el guardiá n del glorioso
continente por la familia real, pero siempre observado con inquietud
por quienes conocı́an el secreto.
La invocació n de la fuerza interior se limitaba a momentos de crisis en
el reino, se limitaba a un lugar designado dentro del palacio real y se
realizaba bajo la atenta mirada de hechiceros de alto rango y
representantes del consejo, todos conscientes de la verdad. Circulaban
rumores por el continente de que la invocació n del familiar del Duque
solo podı́a ocurrir en los territorios del norte, y Cornia no los
desmintió .
“¿Alguna vez has oı́do hablar de un humano que visite voluntariamente
otro reino o cree un espacio entre dimensiones?”
[Imposible. Los humanos solo pueden visitar otros reinos cuando se les
permite, como cuando su dueñ o les permite la entrada o cuando sus
vidas han terminado y parten hacia el má s allá . Ese es un principio
inalterable de este mundo. Si tal cosa fuera posible, el individuo no
serı́a humano o serı́a una entidad similar a la humana. Podrı́a haber
hecho un pacto o fusionado con una entidad no humana para obtener
habilidades no autorizadas.]
—¿Pero has oı́do hablar alguna vez de un ser humano que, como tú ,
haya sido testigo de un acontecimiento ası́?
[Pero tú tambié n eres testigo, ¿no? La imposibilidad y la baja
probabilidad de posibilidad son completamente diferentes.]
Gezell asintió . Como si comprendiera lo que el lobo deseaba, lo miró en
silencio, demostrando su comprensió n.
Despué s de que esto termine, sié ntete libre de probar cualquier cosa
que te interese usarme. Pareces interesado en un tipo especial de
humano.
[En efecto. He visto a magos cumplir deseos mediante hechizos de
invocació n transitorios o contratos, pero es la primera vez que me topo
con un humano como tú .]
El lobo, sin molestarse en ocultar su curiosidad, frunció ligeramente el
ceñ o.
Fascinante, pero ¿no eres extremadamente peculiar desde el principio
hasta ahora? Ya compartes tu cuerpo con una fuerza, y tu vida está
comprometida con el má s allá . Ahora, ¿está s dispuesto a dedicar la
mitad restante a mi diversió n? ¿Audaz o falto de re lexió n?
"Bien…"
Gezell dirigió su mirada al lejano paisaje nevado. El jardı́n de lores del
lobo era má s hermoso que cualquier cosa vista en una pintura, y para
Gezell, nacido y criado en el norte, era aú n má s surrealista. Hace unos
dı́as, el lago celestial en el que nadó con Rensley, e incluso los
esplé ndidos jardines que rodeaban el palacio junto al agua, parecı́an
pequeñ os y exiguos comparados con este lugar.
Si fuera Rensley, se habrı́a integrado a la perfecció n en este hermoso
paisaje, como si hubiera existido desde el principio. Incluso si no
hubiera nacido con el talento de un Elementalista, el lobo se habrı́a
sentido atraı́do por é l. Raro, puro, hermoso, valiente, noble, difı́cil de
comprender, distante, con incontables vidas, secretos profundos,
rastros de tiempo e historia entretejidos en la tierra de los humanos...
En este mundo, hay tesoros que no se pueden medir con una sola vida:
cosas que se convierten en el propó sito de uno. Gezell Jivendad era un
centinela, un guardiá n con el tı́tulo de rey, que juró protegerlos.
“Un paı́s no es má s que un medio y un mé todo entre muchos para los
seres humanos”.
[…]
Si logro mi propó sito y cumplo con mi funció n, me siento satisfecho.
Ahora mismo, quiero salvar a Rensley Maelrosen, y por eso haré lo que
sea necesario.
El lobo asintió .
Bien, felicidades. Has conseguido despertar mi interé s.
Bueno, espero que te des prisa. He oı́do que el tiempo pasa má s lento
aquı́ que en el mundo exterior. Mientras hablamos, el reloj en el reino
q q j
humano debe estar corriendo.
[Impaciente. No ha consumido tanto tiempo como para ser motivo de
preocupació n.]
Cuando se puso de pie, el trono que sostenı́a su peso desapareció por sı́
solo.
Me gustarı́a que vinieras conmigo. Hace tiempo que no exploro el reino
humano, y tambié n quiero conocer a esa niñ a.
Gezell, que solo tenı́a la intenció n de tomar prestado el poder para abrir
la puerta, parpadeó sin responder.
¿Por qué ? ¿No quieres? Si vienes conmigo, sin duda será s una fuerza
importante. Agradezco tu cooperació n.
[Hmph.]
El lobo levantó las comisuras de la boca y resopló , desviando la mirada.
Alzó la voz.
[¡Oron!]
Gezell se giró para mirar en la direcció n hacia donde se dirigı́a su voz.
En algú n lugar, quizá tras salir de su escondite, se encontraba un niñ o
que parecı́a tener unos nueve o diez añ os. Sin embargo, a diferencia de
un humano comú n, tenı́a orejas de perro y una cola peluda que se
mecı́a tras é l.
A diferencia del lobo blanco de pelaje platino, el pelaje del chico era de
un gris plateado ligeramente má s oscuro, y su color de piel era bastante
anodino. El chico dudó un momento, cubrié ndose el rostro, pero se
acercó sin retroceder.
¿Tienes algo que decir? ¿Qué estabas escuchando a escondidas
mientras te escondı́as allı́?
Iba a pedirle ayuda a mamá si seguı́as negá ndote hasta el inal.
Cuando el lobo blanco extendió sus brazos, el niñ o corrió hacia ella y
fue abrazado.
[El me salvó ese dı́a.]
¿No se habı́a pagado ya la deuda aquella noche?
Pero aú n ası́ querı́a pedir ayuda.
Parece que te gustan mucho los humanos.
El lobo murmuró mientras sostenı́a al niñ o y luego levantó la mano.
Brillantes y hermosos pé talos revolotearon, creando un patró n. Gezell
reconoció que la magia que usaba el lobo era de una naturaleza
completamente diferente a la suya, y se expresaba en un lenguaje
desconocido para el mundo humano.
Los humanos son dé biles, y el mundo que habitan es pequeñ o. Incluso
si alguien estudiara toda la magia del continente entero o incluso del
mundo má s allá del mar, no podrı́a comprender plenamente la
existencia que los rodea. Observar los pequeñ os fragmentos permitidos
por esos seres y descifrar su signi icado era todo lo que los humanos
podı́an hacer.
El lobo y Gezell se quedaron juntos. El lobo bajó al niñ o que sostenı́a y
dijo:
Vuelvo enseguida. Ahora que has crecido, deberı́as poder cuidar este
lugar tú sola, incluso sin mı́. No salgas hasta que vuelva.
Sı́, mamá . No te preocupes por mı́.
Una luz tenue envolvió a Gezell y al lobo. La expresió n de Gezell, que
habı́a sido rı́gida, inalmente se suavizó . Tras haber alcanzado su
objetivo, no sentı́a fatiga en su cuerpo. Era hora de regresar al camino
donde habı́a agotado todo su poder má gico e incluso habı́a tomado
prestado el poder de la magia oscura.
Cap. 18.5 - Torre Blanca, Selva
Negra
El mundo falso con la torre blanca no experimentaba la puesta ni la
salida del sol. No habı́a dı́a ni noche. Rensley, por primera vez en su
vida, descubrı́a có mo la ausencia de la sensació n del paso del tiempo
desgastaba lenta y constantemente los nervios de una persona.
Rensley amaba la noche. A veces socializaba con gente desde el
anochecer hasta el amanecer, y otras veces se encontraba solo, absorto
en la contemplació n, mirando por la ventana y abrazando la noche. Con
Gezell, quien disfrutaba leyendo hasta tarde, conversaba tanto fı́sica
como verbalmente hasta el amanecer.
Sin embargo, para alguien que disfrutaba de las siestas durante el dı́a y
desvelarse por la noche, soportar dı́as sin noches era una experiencia
agonizante. Incapaz de soportar la fatiga, Rensley se desplomó sobre la
mesa, y el hechicero sentado frente a é l lo regañ ó .
"Levantarse."
“Solo un poquito…”
En serio... Rensley Maelrosen, exageras demasiado. Aú n está s lejos de
lograrlo. A este paso, será difı́cil alinearse con los planes de Lord Felix.
Cuando cometı́a errores de niñ o, a veces lo castigaban con iná ndolo en
su habitació n y destrozá ndole un libro entero. Era el peor castigo:
aburrido y doloroso tanto para las manos como para la cabeza. Habrı́a
preferido que le golpearan en las pantorrillas o las palmas de las manos
antes que estar encerrado en un espacio estrecho, repitiendo una
misma tarea. Y ahora, soportar esos dı́as sin la noche era una
experiencia dolorosa.
“Me duele mucho la cabeza.”
Toma esto. Te ayudará .
La hechicera le ofreció una poció n. Rensley la miró y negó con la
cabeza.
—No. Si lo acepto, me nublaré aú n má s la cabeza despué s.
No te preocupes y tó mala. No te darı́a una poció n que te perjudique la
mente. Se supone que eres un clé rigo.
Rensley suspiró y tragó la poció n. No recordaba cuá ntas de estas
misteriosas pociones habı́a tomado hasta entonces. Al principio,
sospechó que podrı́a ser una extrañ a poció n que hacı́a intolerable a la
gente, pero como dijo el hechicero, no presentaba sı́ntomas de
deterioro mental ni de pé rdida de memoria. El dolor de cabeza mejoró
y su sensibilidad a los sonidos aumentó , lo que lo hacı́a adecuado para
este «entrenamiento». Sin embargo, el problema era que, una vez
transcurrido el tiempo de efecto de la poció n, sentı́a la cabeza aú n má s
aturdida que antes.
¿Puedes hacerlo ya? ¿Todavı́a te duele la cabeza?
Estoy bien. Empecemos.
Rensley respiró hondo y cerró los ojos. Al principio, los sonidos
frené ticos que llegaban como olas no eran má s que dolor, pero ahora,
poco a poco, podı́a distinguir las voces y comprender en cierta medida
su pronunciació n. Concentrarse en una de ellas y seguirla sin perder el
ritmo fue el primer ejercicio de Rensley.
¡Swish, swoosh, swip, ja, ju! Rensley imitaba las voces má s como si
respiraran que como si pronunciaran. Claro que no todos hablaban ası́.
Sin embargo, en lugar de imitar una pronunciació n desconocida, era
má s fá cil imitar este estilo.
Al hacerlo, hubo un breve momento en que las voces y las respiraciones
se sincronizaron. Rensley no sintió la necesidad de decirle
explı́citamente al hechicero cuá ndo llegó ese momento.
El hechicero grabó el discurso de Rensley e interpretó el lenguaje de los
espı́ritus consultando varios libros gruesos. Despué s de un rato,
Rensley, quien habı́a transcrito sus palabras, inalmente obtuvo
permiso para escuchar.
¿Has descansado lo su iciente? ¿Todavı́a te duele la cabeza?
Estoy bien. Continuemos.
Rensley miró al hechicero mientras todavı́a estaba acostado.
Estar atrapado en la torre blanca era irritante, y el entrenamiento
forzado era ciertamente exigente. Sin embargo, a medida que Rensley
se adaptaba gradualmente a sus palabras y respiraciones, hubo
momentos en que sintió cierto interé s. Aunque aú n no entendı́a el
signi icado, tras haber experimentado momentos en los que podı́a
predecir y sincronizarse con sus voces incluso antes de oı́rlas, Rensley
tenı́a la irme intuició n de que continuar ası́ eventualmente lo llevarı́a a
comprender su signi icado.
“Sigues entrenando porque te lo dijeron… ¿Hay alguna posibilidad en
esto?”
Estoy siguiendo ielmente los registros restantes para el entrenamiento.
Si son correctos, deberı́a mejorar con el tiempo.
Dado que se decı́a que la existencia de un Elementalista estaba al borde
de la extinció n, quienes sabı́an entrenar a Elementalistas
probablemente serı́an extremadamente escasos. Rensley tampoco sabı́a
có mo criar un espı́ritu, pero, de alguna manera, presentı́a vagamente
que el mé todo del hechicero era de iciente. Sabiendo que el lenguaje de
los espı́ritus era diferente al humano, comprendió que, aunque pasara
cien añ os buscando en libros, no comprenderı́a del todo sus palabras. El
hechicero no mostró intenció n de guiarlo.
En ese momento, apareció un cı́rculo má gico de entrada y salida.
Signi icaba que un visitante estaba a punto de llegar a la torre. Rensley,
que estaba tumbado, se contrajo de hombros.
“¿Está yendo bien la lecció n?”
—Sı́, Lord Felix. Hasta ahora, no ha habido ningú n problema
signi icativo.
Sigue ası́ de despatarrado. Supongo que sigue exagerando.
No puedo hacer nada. Entrenar a los Elementalistas es una tarea ardua,
ası́ que necesita descansos ocasionales.
Desde que quedó atrapado en la torre, Rensley no ha podido dormir
bien a pesar del agotamiento. Los espantosos sonidos a veces lo
atormentaban en sueñ os como alucinaciones. Incluso cuando lograba
dormirse, se despertaba sobresaltado, con los ojos bien abiertos. En
este extrañ o mundo sin distinció n entre dı́a y noche, donde llenaba su
tiempo de descanso con sueñ o super icial y somnolencia, Rensley
estaba visiblemente má s debilitado que cuando estuvo con inado aquı́.
—Pervertido. —Con los ojos hinchados, Rensley murmuró maldiciones
para sus adentros, mirando de reojo al nuevo visitante. Desde que Fé lix
se enteró de la relació n de Rensley con Gezell, se habı́a ijado en su
apariencia cada vez que visitaba la torre.
Habı́a pasado bastante tiempo desde que Fé lix descubrió la identidad
de Gezell. Rensley habı́a sufrido numerosas agresiones de Fé lix
disfrazado de Gezell, ya fueran agresiones fı́sicas, tirones de pelo o
insultos y humillaciones. Era como revivir los acontecimientos de los
ú ltimos veinte añ os en la Capital Real de Cornia.
Rensley cerró los ojos, aislá ndose del incesante vertido, los dolores de
cabeza cró nicos y la fatiga mental de encontrarse con Fé lix disfrazado
de Gezell. A pesar de saber que era un impostor, enfrentarse a Fé lix con
la apariencia de Gezell era mucho má s doloroso que soportar los
recurrentes golpes mentales. Aunque no podı́a negar el doble impacto
emocional comparado con el abuso fı́sico o los insultos verbales.
Originalmente, era un tipo sin perseverancia. Si hubiera tenido el
potencial de convertirse en heredero, tu padre no lo habrı́a rechazado
ası́. Sı́, ¿cuá nto má s crees que tendrá s que esperar?
El hechicero dudó en responder, y Rensley rió disimuladamente.
Aunque se esforzara al má ximo, el dı́a en que se convirtiera en espı́ritu
segú n el plan de Fé lix nunca llegarı́a. Los ingredientes para crear un
Elementalista estaban preparados, pero el chef que lo completara no
aparecı́a por ninguna parte.
“¿Có mo está la situació n afuera?”
Nada mal. Las fuerzas se está n reorganizando y el mundo está en paz.
Mientras esté s aquı́, por muchas cabezas que tenga el Marqué s, no
sirven para nada. El ejé rcito siempre está entrenando y, sobre todo,
mientras controlemos el espacio, no perderemos.
Fé lix lanzó una mirada frı́a a Rensley.
Por supuesto, la 'Esfera Maelrosen' necesita ser má s ú til antes de que
podamos empezar a trabajar. ¿No te he dicho que es un reto incluso
para un genio como tú usar magia constantemente?
Rensley ingió no escuchar, cerró los ojos y se perdió en sus propios
pensamientos.
¿Qué podrı́a estar haciendo Gezell en este momento?
Habı́a decidido con iar y esperar a que Gezell viniera a buscarlo, pero
habı́a transcurrido un tiempo considerable incluso dentro de la torre. A
pesar de sus sentidos embotados, era consciente de que habı́a
transcurrido una cantidad considerable de tiempo, contando
torpemente los dı́as como si fueran añ os. Si la proporció n del tiempo
dentro de la torre con el mundo exterior coincidı́a, podrı́an haber sido
varios añ os fuera. En ese caso, Fé lix deberı́a haber envejecido en
consecuencia. Sin embargo, cada vez que visitaba la torre, Fé lix aparecı́a
con la misma apariencia de Gezell invertida, lo que hacı́a imposible
discernir nada solo por su apariencia exterior. Era un disfraz
indistinguible, ya fuera un pasatiempo sá dico o un plan para engañ ar.
Varios añ os. Fue mucho tiempo, considerando lo rá pido que pasó el
tiempo. Sin embargo, si consideraba seriamente tomar el trono, era una
inversió n que valı́a la pena.
“Si me das un poco má s de tiempo… Aú n ası́, poco a poco va
mejorando.”
Cuando el hechicero respondió con cautela, Fé lix suspiró y se acercó a
Rensley. A pesar de percibir su presencia, Rensley mantuvo los ojos
cerrados. Entonces, una mano enorme le agarró con fuerza la nuca,
levantá ndola bruscamente.
Rensley tragó saliva y abrió los ojos.
“¿Fingir que duermes cambia la situació n?”
Ah, va a causar una escena otra vez hoy hasta que esté satisfecho.
Rensley, al percibir la irritació n de Fé lix en su voz, suspiró para sus
adentros. El prı́ncipe Fé lix de Cornia era alguien que no toleraba que las
situaciones no le salieran bien desde su nacimiento. En esos momentos,
descargaba su frustració n con Rensley y otros subordinados «inú tiles».
Vivir con una imitació n real que no le sentaba bien podı́a ser bastante
incó modo en varios sentidos. Atrapado, evitando las miradas de la
gente, Rensley era el desahogo perfecto para sus herramientas.
Ya que estabas descansando, sal un rato. Necesito pasar un rato a solas
con mi hermano.
El hechicero dudó en responder, mirando a Rensley y a Fé lix. Al
principio, se puso ciegamente del lado de Fé lix, pero con el tiempo,
empezó a notar que Rensley estaba siendo atormentado por Fé lix.
“Pero Señ or Fé lix, el descanso es esencial ahora para que pueda volver a
entrenar inmediatamente”.
¿Quié n dijo que alguien lo iba a molestar? Ademá s, tú tambié n necesitas
descansar. Sal un rato. Entrenar a este tipo es importante, pero tú eres
la persona má s crucial en nuestro plan.
Rensley se mordió la lengua al ver la sonrisa de Fé lix. Cada vez que Fé lix
imitaba la expresió n de Gezell, sentı́a como si le revolvieran las
entrañ as. Era algo a lo que nunca podrı́a acostumbrarse.
El hechicero se recuperó rá pidamente. Sonrió obedientemente y
respondió como un sirviente leal.
Entendido. Rensley Maelrosen, escucha las palabras de Lord Felix. Tu
agotamiento frecuente se debe a tu pereza y a no dirigirte a Lord Felix
como es debido.
Por un momento, pareció que el hechicero iba a apoyar a Rensley, pero
cambió rá pidamente de tono. Rensley, sin esperar apoyo, dejó escapar
un suspiro mezclado con una risa amarga. Parecı́a que el hechicero, que
inicialmente se habı́a puesto del lado de Fé lix sin pensarlo mucho,
habı́a comprendido que Rensley, atormentado por Fé lix, no carecı́a del
todo de mé rito.
Con estas palabras, la hechicera pareció inalmente liberar la tensió n.
Salió de la torre, dejando a Rensley y Fé lix solos. Una vez solos, Rensley
habló .
“¿Hasta cuá ndo tendré que soportar este esfuerzo inú til?”
“¿Esfuerzo inú til?”
¿Cuá ndo crees que mis habilidades estará n completamente
desarrolladas? ¿No es hora de que dejes de malgastar esa so isticada
habilidad de transformació n burlá ndote de mı́ y la uses con má s
inteligencia? ¿Te sugiero una buena solució n? En lugar de mı́, secuestra
al emperador. Luego, transfó rmate en é l y toma el control de Pheraira.
Ası́ podrá s lograr tu objetivo sin perder tiempo en este arduo
entrenamiento.
Fé lix se burló .
Eres solo un tipo insigni icante con ideas insensatas. No es posible
gobernar el imperio simplemente imitando al emperador. ¿Puedo
engañ ar a toda la gente de Aldrant con esta apariencia? Como tú mismo
dijiste, incluso engañ arte a ti solo fue un fracaso. No tengo intenció n de
arriesgar mi vida con una broma tan peligrosa.
“…”
“Y lo que quiero no es asumir el papel de ese anciano, sino convertirme
en el Emperador Fé lix Elbanes, gobernando el continente”.
Fé lix se recostó en su silla, mirando en silencio a Rensley. Su rostro no
mostraba expresió n alguna, pero habı́a una inconfundible irritació n en
sus ojos ocultos.
Me enteré por Amin que se te ha empezado a soltar la lengua. ¿Có mo
está ? ¿Hay algo má s?
"Nada má s."
Puede que Amin sea un genio como hechicero, pero el problema es que
aú n es joven y no sabe có mo tratar a la gente. Necesito enseñ arle que
complacer todos tus caprichos es in inito. No deberı́as tomarte al pie de
la letra lo que te dicen; con un poco de habilidad, puedes entender má s
de lo que te dicen.
Incluso en medio de la peor situació n, Rensley no se consideraba una
persona desafortunada. Sin embargo, hubo dı́as en que las cosas
salieron mal.
Ya fuera por su poca paciencia al chocar contra una pared o por algú n
incidente desagradable en el exterior, Fé lix parecı́a aú n má s incó modo
hoy. El hechicero, que solı́a intentar secarlo de vez en cuando, habı́a
abandonado la torre. Incluso en buenas condiciones, parecı́a difı́cil
soportar el mal humor de hoy, y ahora, las secuelas de la poció n que
habı́a tomado antes empezaban a notarse.
Sentı́a la cabeza entumecida. Su visió n se nublaba. Rensley, incapaz de
reunir la fuerza para responder a las palabras de Fé lix, se tambaleó
sentado y luego se desplomó sobre la mesa.
Intentando recuperar la compostura, Rensley parpadeó lentamente con
los ojos entrecerrados. Cuando estuviera a solas con el hechicero, lo
dejarı́a descansar un poco cuando los efectos secundarios de la poció n
aparecieran. Pero esperar tal consideració n de Fé lix parecı́a
improbable.
Hasta el momento, no habı́a habido ninguna ocasió n en que Rensley,
bajo los efectos de la poció n, sollozara cuando Fé lix lo visitaba. Si fue
una suerte o una desgracia, Rensley no podı́a discernirlo en ese
momento.
“¿Está s pidiendo atenció n quejá ndote de esa manera?”
Fé lix, lanzando una mirada de desprecio como si dijera: "¿En serio está s
actuando ası́?", sorprendentemente no hizo nada má s y se limitó a
mirar a Rensley.
Ya fuera para golpear o insultar con palabras, no hacer nada durante
ese tiempo era aú n má s irritante. Pero, sin energı́as para discutir ni
explicar los efectos secundarios de la poció n, Rensley reunió las fuerzas
que le quedaban solo para evitar desplomarse demasiado.
“Hmm… supongo que sı́ cuando lo pienso.”
Fé lix murmuró para sı́ mismo con un tono absurdo, sonando como si
estuviera re lexionando sobre algo de la cabeza confusa de Rensley.
Viviendo en palacio, debes haber aprendido a soportar este tipo de
cosas. Si inalmente has decidido aceptar la realidad, es un paso
positivo desde mi punto de vista. Admı́rame ahora, aú n está s a tiempo.
¿No te lo dije? Te tengo mucho cariñ o.
Dicho esto, Fé lix colocó suavemente su gran mano sobre la nuca
agachada de Rensley. La mano que le recorrió la nuca se deslizó por el
cuello de su ropa, provocando una sensació n que paralizó incluso el
mareo.
Aunque se parecı́a a la mano de Gezell, la sensació n en la piel era
completamente diferente. Rensley retrocedió horrorizado, sacudiendo
el cuerpo hacia atrá s. Aunque le dolió el lugar donde se cayó de la silla y
se golpeó , no le prestó atenció n y se incorporó rá pidamente.
“¿Está s loco…?”
Maldijo metafó ricamente, pero Gezell nunca habı́a hecho algo ası́.
Rensley, desconcertado, solo pudo esbozar una dé bil sonrisa.
Fé lix, quien habı́a aprendido todas las malas acciones de su padre, el ex
prı́ncipe, las usó una vez, pero se separaron unos añ os despué s debido
a la muerte de su padre. Para entonces, Fé lix ya habı́a obtenido todo lo
que podı́a de su familia, por lo que circularon brevemente rumores
oscuros sobre la muerte del prı́ncipe. No duraron mucho.
Despué s de eso, Fé lix desplegó su encanto sobre varias mujeres
cercanas al haré n, incluso en tales circunstancias. Sin embargo, nunca
hubo rumores que bromearan sobre su interé s por los hombres. Lo que
dijo sobre incluir a Rensley en el haré n fue solo un insulto; no habı́a
ninguna intenció n sincera tras ello.
Para Fé lix, podrı́a haber sido solo una nueva forma de burla, una nueva
broma. Pero para Rensley, fue letal. ¿Có mo podrı́a soportarlo, por muy
indiferente que se hubiera vuelto a los insultos y las burlas? ¿Y si no
cedı́a, ni siquiera en semejante situació n? No era fá cil soportar la
humillació n y la burla, sobre todo cuando provenı́an de Fé lix.
Su habitual indiferencia ante los insultos y las burlas, que habı́a sido
como una roca, pareció complacer a Fé lix por una vez. Sonrió con
su iciencia y apretó el puñ o.
¿Por qué quejarse tanto con un cuerpo que ha estado revolcá ndose con
ese mago? Ademá s, no volverá s a ver a ese hombre. Si planeas vivir
solo, ¿no serı́a menos solitario si fueras a la prisió n subterrá nea y te
lanzaras a los prisioneros hambrientos? Hay gente sin escrú pulos;
despué s de ir una vez, tendrá n cuidado e intentará n engañ ar a los
demá s sin armar un escá ndalo. Amin se preocupa por ti; dice que si te
trata con demasiada brusquedad, podrı́a ser peligroso, pero ¿crees que
no te conozco? Si me decidiera, podrı́a arrojar a alguien como tú a la
prisió n subterrá nea en cualquier momento. No soy de los que dudan en
nimiedades.
Ante la intimidació n directa, ingir dureza tenı́a un lı́mite. La
respiració n de Rensley se aceleró . ¿Habrı́a sido mejor ingir locura en
lugar de seguir las instrucciones del mago?
¿Qué tonterı́a es esta? Originalmente... nunca tuve la intenció n de estar
con nadie toda mi vida...
Ah, cierto. Mientras respondı́a, Rensley se dio cuenta. Fé lix nunca habı́a
pensado en la situació n de Rensley.
Nacido de una relació n entre un plebeyo y la realeza, pero no
reconocido o icialmente por la familia real, un prı́ncipe incapaz de amar
como es debido, salir con alguien, tener hijos, casarse y formar una
familia. A Fé lix no le interesaban esas historias, y el valor del mensaje
de que una yegua en los establos reales o una yegua criada en un
establo habı́a dado a luz no era má s que una broma.
Fé lix se acercó de nuevo, agarrando el cuello de Rensley como si
quisiera estrangularlo. Ya no habı́a travesura en su expresió n frı́a.
Escú chame bien, Rensley. Si lo decides, puedo enviar a alguien como tú ,
que se porta de forma descarada, a los prisioneros hambrientos de la
prisió n subterrá nea en cualquier momento. Si no eres sincero, te traerá
problemas.
No. Si ası́ fuera, lo habrı́an enterrado hace mucho tiempo, considerado
inú til. Si hubiera intentado engañ arlo y lo hubieran descubierto, podrı́a
haberme metido en la cá rcel. Con la mente nublada, Rensley no podı́a
formarse una opinió n clara. Sin con irmar ni negar la amenaza de Fé lix,
lo miró con ojos temblorosos, sin evitar su mirada.
¡Golpe fuerte…!
En ese momento, un sonido extrañ o llegó desde lejos. Un ruido como el
de algo que se derrumbaba o como el aire vibrando con el potencial de
volar.
¿Era por su humor? Rensley, apartando la mirada de Fé lix, quien
parecı́a haber oı́do el mismo sonido, vio un cı́rculo má gico familiar. El
mago que habı́a prometido mantenerse alejado se habı́a revelado
apresuradamente.
“Fé lix, ¿está s bien?”
"Estoy bien. ¿Qué pasa?"
Solo entonces Fé lix liberó a Rensley. Mientras Rensley tosı́a y se
aclaraba la garganta, el mago lo miró con expresió n de incomprensió n.
“Parece que necesitamos examinar las paredes por un momento”.
“¿Por casualidad alguien se dio cuenta de este lugar?”
Imposible. Quizá s hubo un error en el hechizo de sustento. Llamaré al
gremio de magos por ahora. Fé lix, será mejor que regreses.
Fé lix frunció el ceñ o y meneó la cabeza.
Necesito observar un poco. Este lugar es la base de nuestro plan. Como
lı́der, necesito evaluar la situació n adecuadamente, ¿no?
Entendido. Entonces, Fé lix, si sientes algú n peligro, sal de aquı́
inmediatamente.
A pesar de ingir indiferencia, el mago rá pidamente se escondió de
nuevo.
Rensley dio un paso atrá s y se paró frente a un gran ventanal. No habı́a
puertas, cristales ni cortinas que bloquearan la luz en las ventanas de la
torre. Quizá s para burlarse de Rensley, el mago habı́a perforado un gran
agujero en el grueso muro de piedra y solo habı́a colocado allı́ una
ventana.
Rensley miró por la ventana. La insondable altura de la torre era
imposible de descender para un humano.
Rensley miró hacia afuera. Un cielo gris pá lido y descolorido, una torre
de reloj que señ alaba un tiempo sin sentido y edi icios deshabitados. El
mundo, congelado como si estuviera hecho de cera, permanecı́a
inalterado.
Kukugung…
Esta vez, el sonido se oı́a má s cerca. Las dos personas dentro de la torre,
en lugar de hablar, escuchaban atentamente el ruido externo. Era
inconfundiblemente un sonido como si algo se rompiera o colapsara.
¿Qué podrı́a ser en este mundo creado solo con prisioneros y cautivos?
“¿Qué pasa? ¿Está bien estar tranquilo?”
Amin fue a ver qué pasaba; é l lo solucionará . Ese niñ o nunca me ha
decepcionado hasta ahora.
Rensley asintió en silencio y ijó la mirada por la ventana. Era un raro
momento de silencio entre los hermanastros, que siempre intentaban
sacarse de quicio cada vez que se encontraban.
El silencio no duró mucho. Rensley, quien por primera vez compartı́a la
misma preocupació n con alguien sin intereses comunes, miró a Fé lix
sin apartar la mirada y de repente abrió los labios resecos.
¿Recuerdas cuando dije que sentı́a lá stima por mı́ mismo?
Fue una pregunta murmurada. Fé lix arqueó una ceja como diciendo:
"¿Por qué de repente dices tonterı́as?".
No, nunca me he compadecido de mı́ mismo. Aunque haya vivido en la
pobreza, nunca he pasado hambre ni he sufrido mucho. No puedo
considerar una vida ası́ como lamentable.
Rensley volvió entonces la mirada hacia Fé lix. Los ojos apagados, que se
habı́an nublado, recobraban algo de vitalidad, quizá porque los efectos
de la poció n se desvanecı́an gradualmente.
Claro, a tus nobles ojos, podrı́a parecer lamentable... Alguien decı́a que
quienes ocupan altos cargos ven todo lo que está por debajo de ellos
como igual. Y tú , Fé lix. Mi vida es mejor que la tuya. Al menos sé lo que
es el cariñ o entre las personas.
¿Por qué de repente dices tantas tonterı́as? ¿Crees que puedes irte de
aquı́ solo porque Amin está ocupado?
Ah... cierto. Supongo que querı́a decirte algo ası́ al menos una vez.
Nunca has sentido afecto por nadie en tu vida. ¿Sabes siquiera lo que es
el afecto? No sientes nada por tus padres, compañ eros, hermanos, ni
siquiera por los caballos y perros de caza que crı́as. Solo piensas en
usar a Amin. ¿Por qué ? Tú eres el miserable, Fé lix. Solo puedes vivir ası́,
ascendiendo al trono.
La expresió n de Fé lix solo contenı́a una sonrisa frı́a. Sin embargo, al ver
que no arremetı́a de inmediato, parecı́a sentir curiosidad por lo que
Rensley intentaba decir. Pero Rensley no comenzó esta conversació n
esperando una reacció n particular de é l.
Aunque habı́a sufrido todo tipo de insultos y violencia, tanto grave
como leve, por parte del hombre que tenı́a delante desde su infancia,
solo se habı́a resistido unas cuantas veces. Cada vez que se resistı́a, las
represalias volvı́an en repetidas ocasiones, afectá ndolo no solo a é l,
sino tambié n a otros sirvientes cercanos y, a veces, incluso a personas
no relacionadas. Al darse cuenta de que Fé lix era el ú nico capaz de
provocar incluso a otros miembros de la familia real, ademá s de a é l
mismo, Rensley esperaba que Fé lix desviara rá pidamente su atenció n a
otra parte y viviera en silencio, con la cabeza gacha.
Tras contenerse y mantener la boca cerrada durante unos veinte añ os,
el deseo de soltar todo lo que querı́a decir de vez en cuando creció
inevitablemente. ¿Por qué ahora? Rensley no dejó de hablar.
El Gran Duque me aprecia sinceramente, y tambié n lo echo de menos.
¿La frontera norte? Los bienes del Gran Ducado de Aldrant son mucho
mayores que los de la familia real de Cornia. ¿Te atreves a convertirme
en funcionario del gobierno? Deberı́as saber cuá l es tu lugar, Felix
Dimora Elbanes. Vivir una vida en la que tú , que nunca has amado de
verdad a nadie, imitas mal al amante de otro y hablas de ello, es
simplemente lamentable. Ultimamente, me pareces el bufó n má s
ridı́culo del mundo. ¿No te da vergü enza delante del joven Amin? Si yo
fuera Amin, le habrı́a pedido a mi señ or que se abstuviera de
semejantes payasadas, pues me parece vergonzoso jurar lealtad.
“….”
Probablemente pienses que me inclinaba ante ti porque te tenı́a miedo,
¿verdad? No, no es eso. Eres demasiado insigni icante. No eres má s que
un niñ o adulto. No solo no eres digno de ser amigo, compañ ero o rey,
sino que ademá s careces de las cualidades para ser amigo o compañ ero
de la persona má s miserable. ¿Crees que alguien te temerı́a sabiendo
todo esto? Si te miré con lá stima, considé ralo un acto de misericordia,
recibir el comportamiento de un niñ o sin educació n que no ha
aprendido nada.
“¿Hay algo má s que decir?”
Como la larga conversació n terminó en burla, Fé lix parecı́a no tener
intenció n de continuar la discusió n.
Justo cuando los pasos que se acercaban parecı́an culminar en otro
movimiento del lá tigo, el fuerte ruido se hizo aú n má s cercano.
“¡Fé lix, señ or!”
En ese momento, el mago apareció de nuevo en la torre. Esta vez no
estaba solo. Varios magos con tú nicas similares acompañ aban a Amin.
Fé lix bajó el brazo que habı́a levantado y se volvió hacia ellos. Todos los
magos jadeaban, y algunos ya mostraban signos de lesió n.
"¿Qué está pasando hoy en el mundo?"
Tenemos que evitarlo inmediatamente. Hay algo mal en la pared. ¡Hay
un intruso!
¿Un intruso? ¿Será el Prı́ncipe Heredero o, quizá s, el Gran Duque de
Aldrant?
"No."
El rostro de Amin palideció . La situació n de informarle al maestro le
parecı́a extremadamente humillante, como lo indicaban la expresió n y
la voz del mago, que parecı́an ahogadas.
“…No… sé la identidad con seguridad.”
"¿Qué ?"
¡Golpe! ¡Golpe! ¡Golpe!
El sonido, como si intentara destrozar el mundo, se intensi icó . Fé lix,
Rensley, los magos… todos los que estaban dentro de la torre se giraron
simultá neamente para mirar por la ventana. Solo la expresió n de
Rensley, con su aspecto tranquilo, parecı́a predecir este momento.
El cielo, como un desierto de arena gris sin rastro de lluvia, se
fragmentaba bajo los repentinos rayos plateados. Un rayo gigante
brillaba sin cesar, atravesando el mundo como un pilar radiante.
El sonido que se escuchaba de forma intermitente y cada vez má s
cercano era un trueno.
—¡Date prisa, Fé lix, señ or!
Nos lo llevaremos. No podemos dejarlo aquı́ si hay un intruso.
No, si la atenció n está dividida, el riesgo de perderse algo aumentará si
Lord Felix sale con Rensley. ¡Me llevaré al Elementalista, ası́ que, por
favor, Lord Felix, primero!
Mientras discutı́an, Rensley dio un paso ligero, se subió al alfé izar de la
ventana y se agarró a ambos lados del marco como si estuviera a punto
de saltar. El viento que entraba hacı́a ondear la amplia camisa beige de
Rensley.
Era una visió n precaria, como si estuviera colgado del marco de la
ventana con solo manos y pies. Con un pequeñ o resbaló n, podrı́a caer
en picado en un instante.
—¡Rensley Maelrosen! ¿Qué haces?
En medio de la lucha con Fé lix, Amin, distraı́do momentá neamente, se
quedó ató nito. Ignorando todo lo que lo rodeaba, Rensley esbozó una
sonrisa alegre y le sacó la lengua como para burlarse de Fé lix.
¡Fé lix! La razó n por la que de repente te dije estas palabras es, primero,
porque parecı́a que se habı́a formado una montañ a de insultos incluso
hacia mı́, y segundo, porque esta podrı́a ser la ú nica oportunidad para
hablar ası́. Parece que el cielo nos ha dado otra oportunidad para
encontrarnos y poder hablarte con sinceridad.
Antes de que Fé lix pudiera responder, Rensley, que apenas se sostenı́a
de la pared, extendió las manos. Quienes estaban dentro de la torre no
habrı́an visto el oro brillante de sus muñ ecas.
El mago, sobresaltado, comenzó a lanzar un hechizo a toda prisa, pero
ya era demasiado tarde. Rensley se desplomó hacia el abismo como un
hilo roto. Su cuerpo se balanceó en todas direcciones.
“¡Rensley!”
El grito del mago resonó despué s. Rensley, a quien le encantaba saltar
desde lugares altos en su infancia, experimentó por primera vez la
visió n de caer desde una altura tan peligrosa.
A pesar de la aparente distancia, el suelo se acercaba rá pidamente. El
viento que le golpeaba la cara parecı́a que le arrancarı́a la piel. El viento
que azotaba la igura que caı́a era tan fuerte como el implacable viento
del norte.
Sin embargo, Rensley no sentı́a miedo en absoluto.
El viento siempre habı́a sido el mejor amigo de Rensley. Tras una
vigorosa sesió n de prá ctica con la espada, era una caricia refrescante
que le refrescaba el sudor y le acariciaba el pelo. Cuando abrı́a una
ventana en un rincó n de la biblioteca y leı́a un libro, era un compañ ero
travieso que hojeaba las pá ginas y huı́a. En el dulce vino de frutas, era
un compañ ero que jugaba con é l, y en el animado mercado nocturno,
era un compañ ero que refrescaba su rostro enrojecido.
En su infancia, eran aú n má s unidos. Cuando no soportaba las burlas y
el acoso, el viento le secaba suavemente las lá grimas que le corrı́an por
la cara. En un á tico oscuro, atrapado por una picadura de abeja, era su
compañ ero, asegurá ndose de que no estuviera solo. Cuando corrı́a por
la orilla del rı́o o por el bosque, era su compañ ero de juegos,
acompañ á ndolo en carreras improvisadas.
¿Por qué no habı́a pensado en ello de manera extrañ a hasta ahora?
Incluso despué s de saltar varias veces desde lugares altos,
sorprendiendo a los demá s hasta el punto de gritar, Rensley Maelrosen
nunca habı́a resultado herido.
Incluso despué s de ser golpeado directamente por truenos y
relá mpagos aterradores, ni una sola hebra de su cabello quedó
quemada.
Cap. 19.1 - Persona preciosa
Cuando llegó el lobo, abrir la puerta no fue difı́cil.
"Es má s crudo de lo que esperaba."
Como un cerrajero experto abriendo una simple cerradura, el lobo
abrió fá cilmente la puerta interdimensional. Fue su iciente. Gezell
con iaba en que si lograba abrir la puerta y entrar, nadie lo derrotarı́a.
La magia dispuesta a lo largo del camino creado por el lobo seguı́a
siendo efectiva. Sin embargo, no estaba claro adó nde habı́an llegado
exactamente en el mapa humano, siguiendo las huellas.
Aunque se expresó como la apertura de una puerta, esta no existı́a
como sustancia material visible. En un abrir y cerrar de ojos, el
panorama del mundo cambió .
El lugar al que llegaron era inesperadamente vasto y estructural, pero
parecı́a un mundo muerto. Parecı́a una ciudad desierta o, mejor dicho,
una ciudad fortaleza recié n terminada, pero que aú n no habı́a recibido
residentes.
"…Allı́."
A lo lejos, una imponente torre blanca se alzaba como si quisiera
perforar el cielo.
Quienes urdı́an un plan discretamente solı́an agacharse y ocultar lo que
debı́a ocultarse bajo tierra. La razó n para con inar el tesoro robado en
una torre a la vista de todos era probablemente la vanidad del cerebro,
que disfrutaba presumiendo.
La ciudad falsa, donde nadie vivı́a, evocaba la desolació n del pá ramo.
Junto a la torre se alzaba una torre de reloj, un sı́mbolo que recordaba a
la plaza Molbessa. Su imponente altura indicaba lo que codiciaba el
dueñ o de este espacio.
Han creado bastantes estructuras. Una de ellas debe ser el nú cleo de la
magia espacial necesaria para mantener este espacio. Podrı́a llevar un
tiempo descubrir cuá l es el nú cleo.
No hace falta encontrarlos uno por uno. Simplemente destrú yelos
todos.
[Realmente tienes una personalidad desagradable.]
—No tengo tiempo. Me adelantaré .
Gezell dejó un breve mensaje al lobo que vagaba por los paisajes del
otro mundo y movió sus pies.
Sin embargo, los pasos de Gezell pronto se vieron obstaculizados. Como
era de esperar, las criaturas má gicas colocadas allı́ para defenderse
aparecieron de repente. Gezell no dudó y recitó un hechizo. Incluso con
un simple hechizo de ataque, fueron derrotadas rá pidamente.
Golpe, golpe, golpe, golpe…
Pero no fue el inal. Tras la derrota de aquellas criaturas, resonó un
rugido similar al aullido de una gran bestia. En ese momento, el lobo,
que habı́a estado vagando sin mucho interé s en la pelea, volvió la
mirada con brillo.
Tras las criaturas má gicas má s pequeñ as que se alzaban como un muro,
emergı́a un monstruo colosal. Surgiendo del suelo y abrié ndose paso, el
monstruo no se diferenciaba mucho de los seres má gicos que
ocasionalmente invadı́an má s allá del muro norte.
El lobo blanco que habı́a llegado hasta allı́ en forma humana regresó
silenciosamente a su forma original. Gruñ ó , adoptando una postura
defensiva.
[Sorprendentemente, parece que la comunicació n podrı́a no funcionar
aquı́ tampoco.]
Segú n las reglas, la magia de invocació n transmitida al Rey de Aldrant
debı́a ser estrictamente limitada y usarse solo en un lugar y momento
determinados mediante un riguroso ritual. Gezell, quien jamá s habı́a
violado este principio desde su elecció n, se encontró en un lugar que no
era el mundo humano, y aparte del lobo, no habı́a ojos que lo
presenciaran.
La apariencia de Gezell cambió gradualmente. El blanco de sus ojos se
extendió por completo en un tono dorado, y su boca, perfectamente
cerrada, se abrió de par en par, revelando dientes a ilados que
sobresalı́an entre sus labios entreabiertos. Sus dientes, antes
ordenados, se agrandaron y le atravesaron los labios. Si alguien
desconocido presenciara esta escena, serı́a tan espeluznante que podrı́a
retroceder de miedo.
Surgieron articulaciones ó seas, cubiertas de escamas negras, plumas y
pelaje, que envolvieron todo su cuerpo. Cuernos brotaron de su cabeza,
alas crecieron de su espalda, y la criatura invocada, tan grande como la
barrera que los habı́a bloqueado, se alzó . No habı́a rastro de Gezell
Jivendad en la imponente igura de la invocació n negra.
La criatura del norte rugió , mostrando colmillos que parecı́an armas.
Entonces, una mano enorme, adornada con garras gruesas y a iladas,
dibujó un patró n en el aire.
Un rayo, previamente suspendido en el cielo sereno, sacudió el mundo
que se habı́a detenido. Los pequeñ os seres má gicos se convirtieron en
cenizas y desaparecieron en un instante, y la gigantesca criatura
tropezó y gritó .
Sin perder el ritmo, Gezell cargó hacia adelante esta vez. ¡Bum! Cuando
dos grandes criaturas chocaron, el impacto resonó , haciendo temblar el
aire.
"¿Quié n eres?"
En ese momento, se escuchó una nueva voz. Aunque fá cilmente pudo
haber quedado ahogada por el rugido, su tono irritado llegó a todos los
presentes.
La voz era inesperadamente joven. Al girarse, vieron a hechiceros con
tú nicas negras reunidos. Sus ojos dorados y rechinantes se
entrecerraron, y esta vez, los brazos que habı́an estado en alto se
balancearon como hachas o martillos gigantes.
¡Boom! Rá pidamente se dibujaron cı́rculos má gicos donde impactaron
los puñ os, y el suelo se onduló mientras los hechiceros reunidos salı́an
despedidos o se dispersaban por el impacto. Intentaron lanzar
hechizos, pero esta vez, sus ataques fueron bloqueados por la cortina
dorada transparente del lobo.
El hechicero de ojos rojos, que parecı́a ser el lı́der entre los magos
vestidos con tú nicas, murmuró confundido.
¿Es esa la supuesta invocació n que ordenó el Gran Duque? No, no.
Nunca he oı́do que haya invocado a dos criaturas. Ademá s, se dice que
esa invocació n solo puede hacerse dentro de Aldrant...
[Ya basta de charla, es molesto escucharlo.]
Mientras los ojos del lobo brillaban, rayos de luz irregulares se dirigı́an
hacia los hechiceros. Los gritos resonaban en todas direcciones.
Algunos hechiceros ya habı́an sufrido heridas, pero los miembros,
claramente de é lite, no se retiraron fá cilmente.
¡De ié ndanse con todas sus fuerzas! Por ahora, haré retroceder al
mensajero.
"¡Comprendido!"
Tras una breve escaramuza, algunos hechiceros se disponı́an a
retirarse. Si los dejaban ir, el paradero de Rensley podrı́a volver a ser un
misterio.
Cuando Gezell se acercó a ellos, a punto de apuntar una vez má s, el lobo
se abalanzó hacia adelante, gritando.
¡Aparecerá n má s! Dé jamelo a mı́. Despué s de todo, ¿no es tu propó sito
no luchar, sino ese niñ o?
¿Quié n eres?
Mientras hablaban, nuevas criaturas emergieron del suelo. En
respuesta a la silenciosa pregunta de Gezell, el lobo volvió a emitir luz.
Como pueden ver, son solo seres triviales que intentan ganar tiempo.
Puedo encargarme de ellos solo, ası́ que adelante y cumple tu
propó sito. Al in y al cabo, nuestra compañ ı́a dependı́a de eso, ¿no? Les
enviaré una señ al cuando la tarea esté terminada.
Por muy talentoso que fuera un joven mago humano, manejar tantas
criaturas má gicas como un maestro era imposible. Debı́a haber un
dueñ o de este mundo, y para el humano contratado, probablemente
estaba defendiendo su verdadera forma sin revelarla.
Como dijo el lobo, enredarse allı́ era una pé rdida de tiempo. Gezell, tras
aceptar la bondad, no perdió tiempo y aceleró , elevá ndose como un
rayo. El hechicero que huı́a del ataque se habı́a ocultado astutamente
mientras tanto.
En ese momento, mientras Gezell intentaba un hechizo de
teletransportació n para llegar rá pidamente a la cima, un anillo dorado
brilló en su muñ eca.
Sus ojos, brillantes como lava fundida, se abrieron de par en par. A lo
lejos, en lo alto de la torre que no se veı́a hacı́a un momento, una igura
se balanceaba contra la escarpada pared de piedra, suspendida como
p p p p
una silueta blanca. La igura, con los brazos extendidos como una
bandera ondeante, descendı́a de lo alto de la imponente aguja. Incluso
sin acercarse, la identidad de esa igura era evidente.
“¡Rensley!”
Gezell gritó el nombre, pero de la boca transformada de la criatura solo
resonó un rugido parecido al grito de una bestia.
La gravedad se apoderó directamente del cuerpo de Rensley, tirá ndolo
bruscamente hacia abajo.
Rensley cerró los ojos al caer. ¿Habı́a sobrevivido a la suerte hasta ese
momento, o al poder del Elemental del que hablaban? Justo antes del
impacto, extendió los brazos en el viento cambiante para agarrar lo que
pudiera. Quedó atrapado, y en lugar de romperse en pedazos, rebotó
ligeramente. Sintiendo algo resistente y cá lido envolvié ndolo, Rensley
abrió los ojos.
Sin comprender del todo la situació n, extendió los brazos para
aprovechar el viento cambiante. Justo antes de tocar el suelo, se encogió
y rodó . Solo despué s del descenso se dio cuenta de la verdadera
naturaleza de la fuerza que lo habı́a atrapado.
"¡Ja ja!"
A pesar de que la situació n no era para reı́rse, Rensley rió entre dientes.
No estaba claro si su supervivencia hasta ese momento se debı́a a la
suerte o a su propia fuerza. O quizá s, justo antes de la colisió n, la ligera
sensació n de amortiguació n que rodeaba su cuerpo al caer no se debı́a
a la magia del individuo que intervino, sino al poder de su amigo, el
viento.
El cuello de la criatura, ahora completamente transformada en una
bestia má gica, tenı́a plumas negras de la longitud de un brazo humano.
Aunque relativamente suave en comparació n con el cabello o la piel
humana, era rı́gido y á spero. Sin importarle su rostro algo arañ ado,
Rensley acarició a la criatura con cariñ o.
¡Su Gracia! ¡Ha venido! ¡Su Gracia!
Fue realmente un tı́tulo muy acogedor escucharlo despué s de tanto
tiempo. Rensley, conmovido por el cariñ oso discurso, rió con ganas.
Gezell, ahora completamente transformado en una bestia má gica, no
pudo responder en lenguaje humano, pero Rensley comprendió la
emoció n del gruñ ido. Rensley respondió con una risa incesante.
¿Tenemos una audiencia real ahora mismo? Gracias por encontrarme
justo a tiempo.
Al mirar hacia arriba durante su breve conversació n, las ventanas de la
torre aú n revelaban a los hechiceros y a su grupo extendié ndose. Era
evidente la imagen de un hechicero blandiendo un bastó n con rapidez,
con las llamas redondas y rojas reunidas como proyectiles listos para
ser lanzados.
¡Su Gracia! ¡Nos atacan! ¡Pó nganse a cubierto!
Antes de que el grito de Rensley pudiera concluir por completo, el
entorno quedó envuelto en un silencio plateado y silencioso, como si
todo hubiera sido blanqueado.
Kwaang-.
Un sonido que entumeció oı́dos y cabezas se escuchó inmediatamente
despué s de un breve instante. Y se repitió varias veces.
Má s allá del estruendo atronador que parecı́a como si el mundo entero
explotara, se podı́a oı́r el sonido de la maqueta de la ciudad
derrumbá ndose. Era evidente que tanto la ciudad falsa donde Rensley
habı́a quedado atrapado como la torre del reloj que imitaba la
estructura de Molbessa se estaban derrumbando.
¿No era esta una situació n en la que inalmente se habı́an encontrado
bajo la torre del reloj y ahora escapaban juntos? Rensley rió
alegremente.
Sin embargo, pronto todo se volvió invisible e inaudible. Si bien
recordaba el momento en que estuvo atrapado dentro de la torre
blanca, era un espacio igualmente prı́stino, o mejor dicho, puro.
En medio del otrora aterrador rugido del rayo gigante, Rensley sintió
una sensació n de seguridad absoluta como nunca antes. Apretó su
cuerpo contra una esquina del lomo de la enorme criatura, aferrá ndose
irmemente a sus resistentes y grandes escamas, similares a los cuernos
de la mayorı́a de las bestias.
Bajo la luz torrencial, Gezell se elevó . A diferencia del legendario
progenitor de Aldrant, quien en los cuentos saltó a una cascada de
relá mpagos, Gezell Jivendad volaba hacia arriba contra una cascada de
relá mpagos.
Cap. 19.2 - Persona preciosa
Tras salir inalmente del largo pasillo plateado, Rensley respiró hondo
como si hubiera llegado a la cima de una montañ a. Tanto el aire como el
entorno habı́an cambiado por completo. Parecı́a como si acabaran de
cruzar una puerta invisible. No se veı́an edi icios deshabitados, torres
blancas ni el cielo gris brillante.
Gezell, ahora con aspecto de aguilucho con las alas desplegadas,
planeaba por el aire en lugar de acelerar. Rensley se puso de pie
lentamente, con los labios temblorosos por la sorpresa. Sus ojos
violetas, que vagaban desconcertados, captaron la luz del sol como
cuentas de cristal. Al abrir los labios de Rensley, inhaló aire fresco.
“…Su Gracia, estamos en Cornia. Abajo está Celestine…”
La explicació n de Rensley, murmurada distraı́damente, no concluyó
bien. Debido a la distancia, el terreno parecı́a un pequeñ o juguete de
madera, pero el palacio en el centro de Celestine era indudablemente
reconocible.
Era un dı́a soleado. Gezell y Rensley se elevaban suavemente por el
cielo azul sin nubes. Abajo, se extendı́a una vasta extensió n de mar,
teñ ida de un azul intenso en el centro y una franja verde. Dibujaba un
horizonte que parecı́a in inito.
Rensley contemplaba aturdido el fondo del mar. Era una escena que
anhelaba incluso en sueñ os. Desde su infancia, Rensley nadaba en el
mar. Saltando sobre la abrasadora arena del mediodı́a, se zambullı́a
rá pidamente al agua a medida que subı́a la temperatura. Incluso sin
nadar activamente, entregarse a las olas que se arremolinaban
constantemente hacı́a del mar su cuna.
Aunque habı́a surcado el mar incansablemente durante su corta vida,
contemplar el paisaje desde una posició n tan elevada fue una novedad.
La super icie del agua, iluminada por el sol, brillaba
deslumbrantemente, como si esparciera miles y miles de joyas a cada
instante.
Ambos guardaron silencio por un momento. A pesar de la creciente
necesidad de palabras que compartir, preguntas que hacer y cosas que
con irmar, la vista del mar del sur desde el cielo era abrumadora.
Los ojos de Rensley, que contemplaban en silencio el horizonte, se
humedecieron ligeramente. Rensley, una vez má s, giró su cuerpo hacia
Gezell, quien habı́a estado observando el mar.
Su Gracia, ¿recuerda haber mencionado que querı́a ir al mar en Cornia?
Querı́a mostrarle lo hermoso que es.
El efecto má gico dorado que rodeaba su muñ eca parpadeaba como la
luz justo antes de apagarse. Rensley asintió en respuesta a la voz de
Gezell.
—Sı́, leer sobre ello en los libros no se compara con ver este azul y
brillante cielo. —Las lá grimas en sus ojos no son de alivio por la huida
ni de emoció n por el reencuentro. La alegrı́a pura de Gezell, como si
fuera un niñ o, luyó hacia Rensley.
Fue una alegrı́a enorme reencontrarse con é l, escapar de las garras de
Fé lix. Sin embargo, una ligera melancolı́a se apoderó del corazó n de
Rensley, mezclá ndose con la alegrı́a y la inocencia de los enamorados,
haciendo que las lá grimas se agolparan en sus ojos.
—No, es porque me gusta. Su Gracia es tan adorable.
En un instante, los pensamientos de Gezell se volvieron indescifrables.
Afortunadamente, parecı́a no notar los sentimientos de Rensley, ya que
estaba demasiado absorto en la contemplació n del mar. Rensley,
alineando sus labios con las duras escamas y cuernos, respondió .
—No es nada. Su Gracia, por favor, no se preocupe por mı́ y disfrute de
la vista al mar. Quizá s volvamos, pero no es comú n ver el cielo ası́,
¿verdad? Sé que está ocupado con las consecuencias, pero ya que
estamos aquı́, aproveché moslo al má ximo.
El paisaje en tierra era verdaderamente apacible. Era un dı́a hermoso.
Aunque serı́a fantá stico volver a su forma humana y bajar a la playa
para disfrutar del agua, aú n quedaban muchas tareas por delante.
Gezell serı́a el primero en informar al Emperador que el Rey de Cornia
habı́a planeado una guerra. La revelació n del secuestro de Rensley, las
confesiones de los magos cornianos involucrados en el plan y la
probable adquisició n de nueva informació n durante su ausencia
reforzarı́an su declaració n.
Aunque Pheraira y su rey ostentaban los tı́tulos de Imperio y
Emperador, al igual que Aldrant, eran esencialmente naciones
autó nomas con sus respectivos gobernantes y sistemas polı́ticos.
Incluso si un rey de un paı́s desa iaba el poder supremo del continente,
no se podı́a lidiar con la misma sencillez con la que se manejaba un
complot de rebelió n cuando un señ or local alzaba un ejé rcito contra un
rey. Si se querı́a tomar represalias contra quien habı́a izado el
estandarte, la guerra era la ú nica opció n.
Sin embargo, el poder estable se transforma gradualmente en una
forma má s calculada. El Emperador sopesarı́a si era ventajoso soportar
sacri icios y aplastar por la fuerza u ocultar el desafı́o, optando por la
paz. Esto se debı́a a que la mera presencia de un retador podrı́a animar
a otros a soñ ar con una posibilidad similar. En ú ltima instancia, el
Emperador preferirı́a encubrir la situació n discretamente en lugar de
agravarla. Considerarı́an una suerte descubrir la pó lvora antes de que
explotara y cortarı́an há bilmente la mecha encendida.
Tal como Fé lix Elbanes habı́a lidiado con sus oponentes en el pasado,
esta vez é l mismo serı́a eliminado de las sombras. La ambició n se
desvanecerı́a con justi icaciones polı́ticas, y un nuevo rey en la lı́nea de
sucesió n gobernarı́a Cornia. A Gezell no le interesaban los tronos de
otros paı́ses. Independientemente del reino que iniciara una guerra,
conquistara el continente y alterara la diná mica de poder, Aldrant
continuarı́a con sus responsabilidades, como lo habı́a hecho durante
siglos.
Tanto si el emperador actual tenı́a razó n como si Fé lix, quien codiciaba
el trono, se equivocaba, tener poder signi icaba que siempre habrı́a
quienes lo buscaran. Ası́, si surgı́an con lictos, solo quedaban la victoria
y la derrota, y si la lucha estaba justi icada o traı́a bene icios para toda
la humanidad serı́a juzgado por las generaciones futuras.
Por lo tanto, Gezell Jivendad habı́a hecho lo correcto. Solo querı́a
recuperar a su ser má s querido. En lugar de apresurarse a regresar a la
capital, Gezell continuó sobrevolando el mar como deseaba Rensley. En
ese momento, lo que Rensley Maelrosen deseaba era má s importante
para é l que la venganza, las luchas de poder o la paz del continente.
Autor de novelas originales y traductor de novelas coreanas (⑅˘͈ ᵕ ˘͈ )
Sié ntete libre de compartir tus pensamientos en los comentarios, ya sea
que se relacionen con mis proyectos de traducció n o mis obras
originales; tus comentarios son muy apreciados y brindan un aliento
reconfortante (⁄ ⁄•⁄ω⁄•⁄ ⁄)
Cap. 19.3 - Persona preciosa
Los aposentos de Gezell en el Palacio Imperial de Molbessa estaban
custodiados por caballeros incluso cuando el dueñ o se ausentó
brevemente. Sin embargo, Gezell no entró por la puerta principal. Aú n
no era el momento de anunciar su regreso a la multitud. En medio del
dormitorio vacı́o, reveló repentinamente su apariencia, recuperando su
forma habitual, pero los rastros de la transformació n se extendı́an por
todas partes. Pasarı́a un tiempo antes de que se revelara directamente a
la gente.
Al acercarse la noche, el cielo occidental, al otro lado de la ventana, se
tiñ ó con los colores del atardecer. El dormitorio se estaba oscureciendo,
pero para evitar la presencia de alguien, Gezell no encendió las
linternas deliberadamente.
Rensley, que estaba ansioso por ver má s del mar, se habı́a quedado
dormido, acostado sobre la espalda de Gezell sin darse cuenta cuando
Gezell habı́a regresado al palacio usando magia de teletransportació n.
Gezell cargó al dormido Rensley y caminó hacia la cama. No era tarea
fá cil conciliar el sueñ o mientras volaba por el cielo. Gezell querı́a
preguntarle muchas cosas y, sobre todo, querı́a abrazar y besar a su
prometida, a quien inalmente habı́a recuperado.
Pero no querı́a despertarlo de su merecido descanso. Gezell recostó con
cuidado a Rensley en la espaciosa y suave cama, se inclinó y lo miró con
la cabeza gacha.
Aunque su reencuentro ocurrió durante el dı́a, ahora Gezell podı́a
examinarlo má s de cerca. Su rostro, generalmente brillante como el sol
al despertar y claro como las estrellas al dormir, se veı́a notablemente
pá lido. El contorno de sus ojos era oscuro y su tez tenı́a un ligero tono
azulado, lo que lo hacı́a parecer una luna tranquila. Plumas, grandes y
pequeñ as, parecı́an rozarle el rostro y se extendı́an por sus mejillas.
Aunque Gezell inspeccionarı́a las heridas má s a fondo má s tarde, querı́a
curar las lesiones visibles antes de irse. Gezell se llevó la mano a la
mejilla, con cuidado de no arañ arle la cara con las garras amenazantes
aú n presentes de su é poca de monstruo. Habı́a planeado recitar un
hechizo, evitando con cuidado cualquier contratiempo.
Ya sea que el movimiento lo despertara o no, Rensley abrió los ojos y
miró a Gezell. Normalmente, era el primero en sonreı́rle al despertar.
No habrı́a sido extrañ o que Gezell lo abrazara y lo besara, sobre todo
ahora que por in se habı́an reencontrado.
Sin embargo, esta vez, Rensley no dijo nada al abrir los ojos. La luz aú n
no habı́a regresado por completo a sus pupilas, y habı́a una fugaz
tensió n y miedo en su mirada, como una presa anticipando a un
depredador, sin que Gezell lo notara.
Como inconscientemente, Rensley se encogió de hombros y contuvo la
respiració n, luciendo tenso por unos segundos antes de suspirar
levemente.
“Su Gracia, le pido disculpas.”
“Me sorprendió ver tu aspecto asustado despué s de tanto tiempo”.
—No… Su Gracia, de verdad que no es ası́. Lo siento.
No te disculpes si no has hecho nada malo. Es comprensible, ya que no
es algo comú n.
En lugar de iluminar la habitació n con una linterna, Gezell creó una
pequeñ a luz recitando un breve conjuro. La luz se cernió sobre la
cabeza de Rensley, iluminando su rostro.
Al examinarlo má s de cerca, ademá s de los recientes rasguñ os en sus
mejillas, se encontraron otras heridas menores. Tenı́a una costra casi
cicatrizada cerca de los labios.
Al ver que Gezell fruncı́a el ceñ o inconscientemente, Rensley esbozó
una sonrisa amarga y extendió la mano para tocarle suavemente la
mejilla. Aunque habı́an formado una barrera y susurraban como si
temieran que alguien los oyera desde afuera, se acurrucaron juntos.
“¿Te hicieron esto?”
Solo Fé lix. Dijo que unas bofetadas no eran nada cuando no podı́a
vencer mi ira. Ya te lo dije, siempre fue un alborotador. A irmaba haber
cambiado, pero todo era mentira.
¿Qué má s hizo? Aunque el tiempo apremia, necesito saberlo.
Dijeron que tengo el talento de un Elementalista. ¿Su Excelencia
tambié n lo sabı́a?
Gezell miró a Rensley a los ojos y asintió .
“Me enteré mientras te buscaba”.
Recibı́ entrenamiento de invocació n mientras estaba atrapado en la
torre. Fue un desafı́o. Aparte de eso, no me hicieron dañ o
intencionalmente.
El camino para convertirse en Elementalista es conocido por ser arduo
y duro. Hay registros de personas que, incapaces de soportar el dolor,
optaron por el suicidio. Hacerte algo ası́...
Pero debieron tener planes de usarme tambié n. No me llevaron al
extremo de la autolesió n ni de la locura. Su Gracia, hay un joven mago
bajo el mando de Fé lix llamado Amin. Lo reconocerá fá cilmente por sus
ojos rojos. Si tiene el poder, por favor, ayú delo a mantenerse al margen
de esta situació n. Fé lix lo está manipulando, y no sabe mucho, pues se
han aprovechado de é l desde pequeñ o.
Las cejas de Gezell se fruncieron aú n má s.
El es el cerebro que construyó el espacio extradimensional para
secuestrarte. En lugar de castigarlo, me pides ayuda.
De verdad que no lo sabe. No podemos tratarlo igual que a Fé lix. Se dice
que es descendiente de una familia exterminada por el rey anterior. Por
lo que he oı́do, su vida ha sido lastimosamente retorcida.
Rensley sonrió levemente. Sus ojos, que habı́an tenido una breve pausa
de miedo y confusió n, ahora estaban llenos de su vitalidad habitual,
brillando incluso bajo la tenue luz.
Ademá s, gracias a las di icultades, siento que he adquirido mayor
comprensió n de mis habilidades. Si me convierto en un Elementalista
realmente ú til, ¿no podrı́a ayudar a Su Gracia?
“No necesitas soportar el dolor para ayudarme”.
A medida que la expresió n de Rensley se iluminaba, los ojos de Gezell
se oscurecı́an. Los pá rpados entrecerrados creaban sombras sobre los
ojos aú n dorados que no habı́an perdido por completo su brillo.
Lo siento. Si no hubiera actuado con imprudencia desde el principio y
hubiera sido má s cauteloso, tal incidente podrı́a no haber ocurrido. Yo,
la Gran Duquesa de Aldrant y su compañ era, lo pensamos con
demasiada ligereza, creyendo que usted, Su Gracia, no deberı́a
preocuparse por los problemas causados por ese sinvergü enza.
—Su Gracia, por favor. Como puede ver, todavı́a estoy sano. La razó n
por la que no me di por vencido mientras estuve atrapado allı́ fue
porque creı́ que Su Gracia vendrı́a a rescatarme de la desgracia que me
aguardaba.
Gezell no se negó a la mano que lo atraı́a. Los dos, tumbados uno junto
al otro en la cama, se miraron ijamente. Bajo la tenue luz, se miraron
ijamente a los ojos un rato, observando el brillo habitual bajo las largas
pestañ as; ojos que desaparecı́an y reaparecı́an momentá neamente.
Quien rompió el silencio fue Rensley.
De no ser ası́, habrı́a sido un esclavo, haciendo todo lo que me
ordenaran, como un esclavo. Si lo hubiera hecho, habrı́a sufrido aú n
má s. Como predijo el lobo del bosque, me ocurrió este incidente. Usted,
Su Gracia, es el hé roe que me salvó de la desgracia predestinada.
“…Interpretando como quieras.”
¿Qué te parece? ¿Te gusta mi interpretació n?
Una leve sonrisa amarga se dibujó en el rostro de Gezell. Incluso sin oı́r
la respuesta, era prá cticamente una respuesta. Rensley, con la mejilla
pegada a la de Gezell, con irmó lo má s curioso.
“¿Cuá nto tiempo exactamente ha pasado afuera?”
“Necesito comprobarlo con precisió n, pero… podrı́a tardar una semana
como má ximo.”
Hubo un momento de silencio. Rensley parpadeó varias veces antes de
volver a preguntar.
—Un momento. ¿Una semana?
"Sı́."
“Pensé que habı́an pasado varios meses dentro…”
Rensley suspiró profundamente y se cubrió la frente.
¡Ja, ese fraude...! Me dijo que llevaba má s de medio añ o afuera. Escuché
esas palabras unos dı́as despué s de ser capturado, ası́ que pensé que
habı́an pasado varios añ os sin que me diera cuenta.
“En otro mundo experimentabas el tiempo de manera diferente, ası́ que
es comprensible que le creyeras”.
Por eso Fé lix se comportó con tanta tranquilidad. Aunque yo hubiera
pasado añ os entrenando allı́, é l tenı́a tiempo de sobra.
Utilizar la distorsió n del espacio-tiempo no está permitido para los
humanos. Tu compasió n es hermosa, pero aunque no intervenga, ese
mago no podrá escapar de las consecuencias.
“¿Es ası́…? Entonces Fé lix realmente tenı́a la intenció n de explotarlo.”
Sintié ndose un poco vacı́o, Rensley se secó la cara con la mano seca.
Tras dormir largo rato en el Bosque del Lobo, al despertar descubrió
que habı́an pasado varias semanas afuera. ¿Por qué no habı́a
considerado la posibilidad de lo contrario?
De ser ası́, Fé lix lo habı́a atormentado astutamente en tan solo una
semana. Ya sea por astucia o por mal cará cter.
Sir Maelrosen, el trabajo aú n no ha terminado, ası́ que necesito salir un
momento. El Emperador decidirá có mo lidiar con los remanentes, pero
tambié n necesitamos pruebas. Ya he creado una barrera en esta sala, y
todos los guardias será n enviados aquı́. Es inquietante dejarlo atrá s,
pero... Volveré pronto, ası́ que, por favor, espere un poco.
—Sı́, no te preocupes. Aunque me vuelvan a atacar, esta vez no caeré en
la trampa. No daré un solo paso hasta que Su Gracia regrese.
Los dos se miraron ijamente un momento antes de acercar sus rostros.
Aunque los a ilados colmillos que les habı́an crecido aú n no habı́an
retrocedido lo su iciente como para un beso de verdad, sus labios se
tocaron tardı́amente.
Los labios, normalmente suaves, de Rensley se sentı́an un poco
agrietados y secos. En lugar de un beso profundo, se rozaron
suavemente varias veces, con irmando el regreso de cada uno a su lado.
“Mmm…”
El cuerpo exhausto, que habı́a estado inquieto con todos los sentidos en
la torre durante mucho tiempo, se habı́a vuelto má s frá gil. El simple
roce de los labios hacı́a que la iebre de Rensley subiera, y tuvo que
controlar su respiració n acelerada.
Antes de que se dieran cuenta, sus manos se exploraban la cabeza y el
rostro. Varias veces. Con el rostro ligeramente sonrojado, Rensley
contuvo el suspiro y abrió los ojos.
“…Tengo un poco de prisa, ası́ que realmente necesitas volver rá pido.”
g p p q p
¿Te queda esa energı́a?
—Claro. ¿Creı́as que me acostarı́a como si estuviera tan dé bil que
simplemente me acostarı́a despué s de estar atrapado unos dı́as?
Gezell sonrió y besó a Rensley en la frente.
Ahora que el tema habı́a salido a la luz, algo le inquietaba. Rensley, tras
volver a besarlo, dudó antes de preguntar.
“Los lobos… ¿Qué pasó con los lobos?”
Aunque Gezell y Rensley, gracias a la aparició n del brazalete dorado,
podı́an comprender sus pensamientos, no era ilimitado. Sin compartir
la historia, solo podı́an extraer informació n o recuerdos fragmentados.
Gezell se encontrarı́a en una situació n similar.
Con solo mi poder, no pude entrar al espacio extradimensional. Fui a
buscar ayuda. Probablemente se derrumbó cuando escapé hace un
tiempo, ası́ que ya deberı́a estar hecho...
Gezell se levantó y recorrió la mitad del dormitorio a oscuras. Un
cı́rculo má gico plateado y brillante apareció mientras cantaba un
hechizo, trazando su ó rbita y desapareciendo por el camino. Cuando
todo rastro del cı́rculo má gico desapareció , una mujer extrañ a estaba
allı́ de pie. Rensley, desconcertado, se levantó rá pidamente de la cama.
"Quié n eres…?"
Incluso en la oscuridad, se veı́an el cabello rubio platino, el atuendo de
un color similar por todas partes y el rostro que irradiaba una
atmó sfera misteriosa con elegancia y arrogancia. Rensley se arregló
rá pidamente la ropa despeinada y se paró junto a Gezell. La mujer,
sonriendo, lo miró .
[Cuá nto tiempo sin verte, adorable.]
¡Jaja! Gracias por el cumplido. ¿Nos conocı́amos? Si es ası́, no lo
olvidarı́a.
La mujer solo sonrió con dulzura, y Gezell no los dejó solos, sino que
continuó la conversació n. Colocó suavemente la mano sobre el hombro
de Rensley y habló .
"Es el lobo."
“Sı́… ¿¡qué !?”
Rensley, casi alzando la voz sin querer, se tapó la boca con la mano. El
lobo se acercó unos pasos. Mirando a Gezell en lugar de a Rensley, el
lobo rió entre dientes mientras le acariciaba la barbilla con los dedos.
[Al considerarlo tan desesperadamente, ¿te preguntas sobre mis
pensamientos solo despué s de lograr tu objetivo?]
“No hemos estado aquı́ por mucho tiempo.”
Pensé en volver, pero querı́a ver al niñ o. ¿Te encuentras bien?
Todavı́a nervioso, Rensley asintió rá pidamente con la cabeza.
—Ah, sı́... Ha pasado tiempo, Señ or del Bosque. Me alegra volver a verte.
Te agradezco mucho tu ayuda.
Está s hecho un desastre. Pero bueno, te recuperará s pronto.
El lobo, que habı́a estado sonriendo a Rensley, giró la cabeza hacia
Gezell.
[Está s planeando perseguirlos de nuevo, ¿no?]
—Sı́. Planeo partir de inmediato para capturar a los testigos y
entregá rselos al Emperador.
[En ese caso, cuidaré del niñ o mientras tanto. Aunque has puesto una
barrera muy fuerte... Aun ası́, nunca se sabe. Ya que lo estoy haciendo,
quiero asegurarme hasta el inal.]
¿En serio? Si Su Majestad está con nosotros, yo tambié n me sentiré
aliviado.
Aunque Rensley parecı́a ansioso, Gezell no respondió de inmediato. Lo
miró con recelo.
Si la loba sugiere ir juntas, ¿de verdad te parece bien seguirla de
inmediato? Dijiste que no saldrı́as ni un paso hasta que yo regresara.
¿Lo juras por tu honor?
¿Sı́? Ya te dije que no iré a ningú n lado. Lo juro por mi honor. No te
preocupes.
El lobo, frunciendo el ceñ o, avanzó unos pasos y se sentó en una lujosa
silla.
Si quisiera, podrı́a derrotarte y no dejar que te llevaras a este niñ o. No
lo atrapé antes solo porque no te gustaba. Hacı́a mucho que no sentı́a la
sensació n de rebajarme entre humanos. Para mı́, ustedes dos no son
diferentes a recié n nacidos. Olvı́dense de la absurda idea de que llegaré
tan lejos como para engañ arlos.
—Ası́ es, Su Majestad. Vino a ayudarnos.
Mientras Rensley le susurraba al oı́do, Gezell aú n parecı́a algo
dubitativo. Sin embargo, asintió con una expresió n que reconocı́a, en
ese momento, que el lobo era su aliado má s con iable.
No tardaré mucho. Volveré antes del amanecer, ası́ que, por favor,
espera un poco.
"Comprendido."
Gezell giró su cuerpo hacia el lobo y le ofreció un saludo corté s.
Señ or del Otro Mundo, gracias por su amabilidad. Dejaré este lugar a su
cuidado por un momento.
[Ya no puedo con iar en tus agradecimientos.]
Sin pestañ ear ante la brusca respuesta del lobo, Gezell comenzó a
entonar un hechizo. Por un instante, apareció un gran cı́rculo má gico, y
dentro de é l, Gezell desapareció .
Sabiendo que volverı́a pronto, la sensació n de vacı́o lo invadió en
cuanto se quedó solo. Rensley se dirigió a la ventana. ¿Adó nde habrı́a
ido? Quizá s se habı́a mudado a otro lugar o se habı́a transformado en
un pá jaro para surcar el cielo. Con un pequeñ o suspiro, una pregunta
surgió de atrá s.
¿Está s preocupado?
—No, Su Majestad, usted es má s que capaz por sı́ solo. Si pensara que le
faltaban fuerzas, no se habrı́a aventurado solo.
Rensley miró al lobo y sonrió dé bilmente. «Incluso esta vez, si no me
hubieran pillado como a un tonto, Su Majestad no habrı́a tenido que
sufrir».
[Aunque es arrogante, sabe humillarse cuando es necesario. Algo
bastante notable para un humano.]
“Quienes me capturaron mencionaron que tambié n tengo habilidades
ú nicas”.
Mientras ambos se recostaban en la cama, la loba miró a Rensley con
una expresió n que sugerı́a que ya conocı́a la historia. Asintió
brevemente.
[Sı́. Por eso te aconsejé que volvieras conmigo. Solo sufrirá s si regresas,
ası́ que no te vayas al reino humano. Qué date conmigo.]
Fue duro, como dijiste, pero aun ası́ soy feliz. Si tengo esas habilidades,
puedo ser ú til en el mundo humano, y a los ojos de los demá s, no
pareceré tan tonto... Bueno, quizá tú , que vives en el bosque, no lo
sepas, pero ası́ es la gente. Puede que a Su Majestad no le importe, pero
otros se preguntará n por qué alguien como yo llegó a un puesto tan
alto. Entonces seguro que encontrará n la manera de burlarse de é l por
mi culpa. No puedo evitar ser el hazmerreı́r, pero no quiero que Su
Gracia sea ridiculizado por mi culpa.
¿Por qué no lo sabrı́an? ¿Crees que no sabrı́a lo que pasa por la mente
de los humanos? Deberı́as preocuparte má s por si ese arrogante te hace
dañ o que por si se burlará n de ti. Aú n no sabes lo ciegamente devoto
que puede ser.
Para ser sincero… Su Gracia es un gobernante misericordioso. Ni
siquiera a un pecador le impondrı́a fá cilmente un castigo tan cruel.
El lobo se acercó a Rensley en silencio. Impulsado por su tacto, Rensley
se tumbó en la cama.
[Descansa ahora. Despué s de un suspiro, probablemente todo habrá
terminado.]
“…¿Le dijiste algo a Su Majestad?”
El lobo simplemente sonrió sin responder. Para entonces, el dı́a ya se
habı́a convertido en noche, y una gran luna colgaba fuera de la ventana.
Cap. 19.4 - Persona preciosa
En medio de las bestias de la montañ a de ojos brillantes de la noche,
era un momento en que pecadores, fugitivos y ladrones se movı́an entre
é l en las sombras mezcladas.
Alguien corrı́a por el bosque deshabitado. Una tú nica negra andrajosa,
rasgada como harapos, se le pegaba. El bastó n, que antes era má gico y
ahora estaba parcialmente desaparecido, ya no podı́a ayudarle en sus
torpes pasos. Sin embargo, el mago de ojos carmesı́ lo aferraba con
fuerza mientras corrı́a.
“¡Señ or Fé lix!”
La llamada al maestro estuvo llena de ansiedad e inquietud.
El espacio extradimensional, la sede del plan y el pasadizo secreto
habı́an sido destruidos. A pesar de haber enviado a Fé lix sano y salvo al
Palacio de Cornia, el mago permaneció allı́ hasta el inal. Aunque
intentó desesperadamente proteger el espacio extradimensional creado
por é l mismo, fue en vano. Amin era indudablemente talentoso, pues
habı́a asimilado la visió n de la familia, pero carecı́a de la experiencia
prá ctica esencial.
El joven mago, que lanzaba ataques má gicos exclusivamente para el
maestro, fue derrotado al enfrentarse a un nuevo tipo de batalla. Las
consecuencias fueron graves; el poder má gico acumulado durante la
lucha no regresó , lo que di icultaba incluso lanzar un simple hechizo de
teletransportació n.
Reunir las ú ltimas fuerzas para recitar el hechizo de teletransportació n
fue estresante. ¿Ya se habı́a librado una batalla en Celestine? ¿Y si algo
le ocurrı́a a Lord Felix?
Pero cuando Amin inalmente regresó a Cornia, todo era
inesperadamente normal. No hubo invasiones de Hwangdo ni de los
soldados de Aldrant. La gente seguı́a con calma su vida cotidiana, como
si nada hubiera pasado.
Amin, aliviado, con irmó la ubicació n de su amo. Sin poder má gico que
pudiera usar, corrió por el bosque a dos pies.
Este era el coto de caza exclusivo de Cornia Royal, y la entrada sin
permiso del rey estaba prohibida. Contaba con una base y se permitı́an
armas, lo que lo convertı́a en un lugar de encuentro ideal. Fé lix, amante
de la caza, venı́a aquı́ a menudo desde su é poca de prı́ncipe. A veces
llevaba asistentes, y habı́a ocasiones en que no era para cazar de
verdad. Amin instalaba barreras y dispositivos cada vez que Fé lix
entraba en el coto de caza, convirtiendo este lugar en un escondite
secreto para Fé lix.
Finalmente, llegó a la villa del bosque. Solo unas pocas personas que
conocı́an el plan podı́an entrar. No habı́a lugar má s seguro en Cornia
que este.
Cuando Amin tocó la manija, la cerradura má gicamente tejida se liberó .
La puerta se abrió y un hombre sentado en una silla larga se levantó .
“¡Señ or Fé lix!”
“Amin, ¿has venido?”
Fé lix habı́a estado esperando a Amin allı́.
Una vez que Amin con irmó que su amo estaba ileso, sintió un profundo
alivio. Corrió hacia Fé lix, se arrodilló a sus pies y Fé lix le acarició
suavemente la cabeza.
¡Señ or Fé lix! ¿Está usted a salvo?
—Sı́. Gracias a ti, estoy completamente ileso.
Solo entonces el entorno se iluminó . La mirada sorprendida de Fé lix se
volvió hacia Amin.
¿Está s solo? Por muy seguro que sea este lugar, es peligroso. Ademá s,
¿dó nde está n los caballeros y guardias de escolta, sobre todo en un
momento como este?
Mmm. Necesitaba tiempo para pensar, ası́ que di vueltas. No te
preocupes demasiado. Siempre estamos preparados, y no es fá cil para
nadie empezar una guerra, ni el emperador ni un mago. No hay ninguna
razó n legı́tima para que ataquen directamente nuestro palacio real.
Amin asintió en silencio. Dada la necesidad de una revisió n a fondo del
plan, sabı́a que habrı́a tiempo de sobra para re lexionar.
El espacio extradimensional creado por Amin servı́a como una especie
de pasaje: una ruta directa desde el Palacio de Cornia hasta la Corte
Imperial. El plan era reunir allı́ a todas las fuerzas militares y lanzar un
ataque sorpresa. Los contraataques serı́an inú tiles. En lugar del palacio
real de Cornia, la batalla se desarrolları́a en la fortaleza
extradimensional creada por Amin, y se producirı́a un asedio.
Sin embargo, las habilidades má gicas de Amin por sı́ solas no eran
su icientes para gestionar la cantidad de personas necesarias para un
combate real. La estrategia requerı́a la ayuda de los Elementalistas. En
otras palabras, el plan habı́a fracasado.
Estoy bien. ¿Y tú ? ¿Qué pasó con los demá s magos?
En lugar de responder, Amin simplemente asintió y Fé lix, sin obligarlo a
hablar, suspiró .
Entendido. Hablemos de lo que hay que hacer de inmediato.
Amin, quien habı́a estado bastante ansioso, se relajó conscientemente
ante esas palabras. Durante esta emergencia, su rey se mostró
inusualmente tranquilo. Siempre mantenı́a su guardia cerca y
reaccionaba con rapidez ante situaciones inesperadas. Sin embargo, allı́
estaba, esperando a Amin solo. Se sentı́a como si tuviera plena
con ianza, y Amin no pudo evitar sentirse sombrı́o.
Fé lix habı́a soñ ado con ser rey antes de ascender al trono. Elogió a
Amin varias veces, diciendo que solo con sus habilidades, podrı́an
vencer a un paı́s tan antiguo como Pheraira, que habı́a perdido su vigor
y fuerza. Si Amin hubiera sido un mago má s há bil, la humillació n de la
huida de su maestro no habrı́a ocurrido. Tragá ndose la amargura, Amin
bajó la cabeza.
¿Quié nes crees que son los intrusos diurnos? ¿Hwangdo o las fuerzas de
Aldrant?
Parecı́a ser una invocació n del Duque. Aunque los rumores eran
distintos... Parecı́a que el objetivo principal era capturar a Rensley
Maelrosen. Si se tratara de Hwangdo, se habrı́an centrado má s en
desmantelar nuestro poder y expulsarnos que en capturar a Rensley
Maelrosen.
Comparto la misma opinió n. Si es ası́, aú n cabe la posibilidad de que el
emperador desconozca nuestra situació n. El duque de Aldrant es
famoso por su escasa intromisió n en asuntos ajenos a su voluntad.
Quizá s esta vez salió personalmente para recuperar a su querida
amante, pero no pudo informarle de la situació n al emperador tan
rá pidamente. Si se trata de afecto y no de polı́tica, debe de haber
bastantes asuntos pendientes por resolver.
El mago asintió . La invocació n del Duque de Aldrant solo capturó a
Rensley Maelrosen, y luego destruyó por completo el espacio
extradimensional que Amin habı́a creado durante tanto tiempo. Parecı́a
que no le interesaba la conspiració n de Cornia.
Al recordar la sonrisa de Rensley al saltar de la torre, aparentemente
con iado en que el Duque vendrı́a a rescatarlo, un escalofrı́o recorrió la
espalda de Amin. Si hubiera habido un pequeñ o error y la invocació n no
lo hubiera capturado, Rensley Maelrosen se habrı́a convertido en un
cadá ver destrozado, irreconocible.
—¿Aú n crees que Rensley y tu estrategia basada en la magia son
efectivas?
No.
Amin pensó eso, pero no pudo expresarlo inmediatamente.
Habı́a estudiado bastante sobre los Elementalistas, seres capaces de
comunicarse directamente con diversos espı́ritus de la naturaleza
mediante un largo entrenamiento en la fuente del poder má gico. La
palabra «Elemental» era solo un nombre dado en el lenguaje humano;
era una existencia que no podı́a expresarse plenamente en té rminos de
seres vivos o personalidades tal como los humanos los entendı́an.
Tambié n se decı́a que la forma de comunicació n era incomprensible
para la gente comú n.
Sin embargo, la con ianza de Amin en despertar a Rensley como
Elementalista, basá ndose ú nicamente en la teorı́a, se habı́a
desvanecido. Sin embargo, no habı́a necesidad de rendirse. Incluso sin
Rensley Maelrosen y con la destrucció n de la magia de construcció n
espacial, aú n existı́a la posibilidad de una pelea. Si Fé lix no se rendı́a, se
podrı́a idear otra estrategia.
Para ser honesto… creo que es necesaria una reevaluació n exhaustiva.
Aunque puedo usar magia de construcció n espacial, es difı́cil emplearla
para la batalla a gran escala que imaginamos originalmente solo con
mis habilidades. Ademá s, usar la misma estrategia de nuevo despué s de
que ya haya sido destruida…
—Sı́. Pienso lo mismo.
Sorprendentemente, Fé lix accedió de inmediato. Amin parpadeó ante
su expresió n inesperadamente refrescante.
No te desanimes, Amin. Aú n tenemos muchas oportunidades. Lograr
una tarea ası́ a la primera es inherentemente difı́cil. No habı́a nada
fundamentalmente malo en nuestro plan. El error fue no saber que un
mestizo y el jefe de una tribu bá rbara se habı́an enredado. Pero ¿acaso
la gente comú n puede adivinar en qué relació n sucia podrı́an estar
involucrados?
"Sı́."
Fé lix dejó escapar un suspiro que parecı́a autodesprecio.
En retrospectiva, creo que estaba demasiado emocionado. Me
emocionaba tener una rareza legendaria a mi lado. Considerando que
las historias sobre Elementalistas en los registros podrı́an ser muy
exageradas, era difı́cil calcular el tiempo que tomarı́a re inar a Rensley
para convertirlo en un Elementalista ú til. Los registros son solo
registros, y plani icar basá ndose en historias sin veri icar fue un error.
Tú tampoco has experimentado el poder de un Elementalista, ¿verdad?
“Es cierto, pero… el talento de Rensley Maelrosen era real”.
Ahora es una historia irrelevante. No te decepciones demasiado.
Sabiendo que tenı́a tal habilidad, me emocioné demasiado rá pido.
Incluso antes de darme cuenta de que tenı́a tal habilidad, ya estaba
planeando. Es un error con iar en historias sin veri icar. Piensa que es
como volver a esa é poca.
"Sı́."
“Amin, ¿planeas seguirme hasta el inal?”
Sorprendido por el sentimiento de culpa, Amin levantó la cabeza.
Sea cual sea el resultado de este plan, permaneceré junto a Lord Felix
hasta el inal. Solo soy una herramienta para Lord Felix.
Incluso los reyes no pueden conseguir un solo sú bdito leal en vida. En
ese sentido, tuve mucha suerte de tener a alguien como tú como
sirviente antes de convertirme en rey.
Amin ya no pudo contener las lá grimas.
Fé lix intentó culpar del fracaso por no sospechar de la relació n entre
Rensley y el duque de Aldrant, pero fue enteramente culpa de Amin. La
magia de construcció n espacial que solo é l creı́a poder controlar
colapsó rá pidamente, algo que Amin jamá s habı́a previsto, ni siquiera
en sueñ os.
Ni siquiera un mago poderoso como Gezell Jivendad, capaz de surcar
los cielos, habrı́a conocido un hechizo que nunca se habı́a iltrado al
mundo. Sin embargo, el mundo creado por Amin se desmoronó
demasiado rá pido. El Duque encontró de inmediato una solució n para
romper la magia desconocida.
Incluso sin que nadie se lo señ alara, Amin lo sabı́a mejor que nadie. Era
una diferencia de conocimiento, experiencia y pericia. Si los talentos
eran similares, el duque de Aldrant, educado por los mejores maestros
del continente desde niñ o, acumulando experiencia prá ctica paso a
paso, estaba naturalmente un paso por encima de é l.
Amin habı́a practicado y usado magia solo para eliminar la está tica de
Fé lix y lograr su objetivo. A pesar de poseer habilidades
extraordinarias, té cnicas secretas y talentos que nadie má s podı́a
desarrollar, carecı́a de una base só lida.
Lo siento de verdad. Es totalmente culpa mı́a que Lord Felix haya tenido
que pasar por semejante desgracia... Pero esta oportunidad me ha
enseñ ado mis defectos. Como dijiste, puede que me lleve tiempo, pero
empezaré desde el principio. Incluso sin la ayuda de un Elementalista,
puedo encontrar una nueva forma. La pró xima vez, seguro que
conseguirá s lo que quieres.
—Sı́. Es algo que se puede ocultar fá cilmente por varias razones, como
tener una mala relació n con un hermanastro desde joven o secuestrar
en secreto a un caballero de bajo rango. No puede ser un gran
problema. Si el duque Gezell está realmente cegado por el ı́ndigo, no
querrı́a presumir de las habilidades de su amada delante del
emperador.
La té cnica está ahı́, pero la base es dé bil. ¿De qué sirve si ni siquiera una
planta rara puede lorecer adecuadamente debido a raı́ces dé biles?
Amin planeó volver a la mentalidad de un mago principiante,
practicando para ampli icar el poder má gico disponible. Si bien usar el
poder de un Elementalista era incomparable, no querı́a volver a sufrir
una derrota tan inú til como la de hoy.
“Amin, no tengo muchas cosas que valore”.
"Sı́."
No puedo decir que tenga pocos deseos, pero apreciar algo es una
emoció n ligeramente diferente a desearlo. Pero eres un sirviente al que
aprecio de verdad.
“Señ or Fé lix.”
Fé lix Elbanes era un maestro que, a veces, era tan estricto como severo,
pero generoso con elogios y recompensas cuando las tareas se hacı́an
bien. Independientemente de la opinió n de los demá s, ası́ era para
Amin.
Claro que, incluso si Fé lix hubiera sido un amo má s severo, Amin habrı́a
sido leal. Sin embargo, las palabras y los gestos cariñ osos iban má s allá
de la simple lealtad. Escuchar la historia de su gran aprecio fue una
novedad para Amin.
En los ojos rojos y llenos de lá grimas de Fé lix se re lejó una sonrisa. Y al
instante siguiente, Amin sintió calor en el cuello.
¿Fue el viento el que le trajo lá grimas y le calentó la garganta? Amin,
distraı́damente, se palpó el cuello, que se habı́a calentado.
Mientras bajaba lentamente la cabeza, vio una palma empapada en
sangre caliente y pegajosa. Con la mirada perpleja, Amin miró a su amo.
Fé lix ya no sonreı́a.
“Nunca pensé que algo fuera demasiado valioso como para dejarlo ir
hasta ahora…”
“Señ or F-Fé lix….”
Es muy doloroso dejarte ir. Incluso para mı́.
La daga en la mano de Fé lix tambié n estaba manchada de sangre roja.
La sensació n, que solo habı́a sido cá lida hasta que se dio cuenta de lo
sucedido, pronto se convirtió en un dolor intenso. Amin se desplomó al
suelo, dé bil.
La sangre se extendió como un pequeñ o charco en un instante. Incluso
si se aplicara tratamiento de emergencia de inmediato, era incierto si
podrı́a salvarle la vida. A pesar de jadear, Amin no se atrevió a intentar
magia curativa. Sobre su cabeza, resonó la voz de Fé lix. No habı́a rastro
de vacilació n en su tono tranquilo.
Pretendo tratar este incidente como un evento que llevaste a cabo por
tu cuenta, sin nada má s que cultivar. Por suerte, ocurrió antes del inicio
o icial. Puede que ese mago sombrı́o haya aprovechado la oportunidad
para atacar al emperador, pero tambié n tengo algo que decir. Utilizando
la magia transmitida por la visió n familiar, algunos magos conspiraron
con fuerzas rebeldes para derrocar a Cornia y Pheraira, atrevié ndose a
usar a la familia real. Puede que despierte las sospechas del emperador,
pero ese es el precio del fracaso.
Fé lix, quien siempre contaba con una unidad de guardia a su lado,
estaba solo hoy. Ya fuera porque con iaba en é l o porque habı́a estado
esperando allı́ con la idea de eliminarlo en secreto desde el principio...
En su consciencia cada vez má s oscura, Amin sentı́a curiosidad por
algunas cosas que ya no tenı́a sentido preguntar.
Cornia ha oprimido a los magos durante mucho tiempo, y ademá s, ¿no
eres descendiente de una familia ejecutada por rebelió n? Quienes
escuchen la historia pensará n que no solo yo, sino tambié n tú , no
podemos escapar de la sospecha. Como dije, hay mucho tiempo y aú n
hay muchas oportunidades. El mundo es vasto, ası́ que puedo encontrar
a otro mago. En in, la magia de tu casa no era invencible.
“….”
Amin, la mayor lealtad que puedes ofrecerme es irte en silencio. Has
trabajado duro todo este tiempo.
No hubo má s respuesta a la orden irme y baja de Fé lix. Los gemidos y
jadeos se calmaron, dejando solo el susurro del bosque nocturno con la
brisa nocturna.
La expresió n de Fé lix al deshacerse del sirviente que habı́a criado con
sus propias manos no era agradable. Dado que lo habı́a apreciado y
con iado en é l, el fracaso fue aú n má s decepcionante. Pequeñ os
sacri icios para un gran objetivo eran inevitables. Ahora era el
momento de ir ante el emperador, explicarle toda la historia y disipar
las sospechas.
"Oh querido."
Para explicarle toda la situació n al emperador, tuvo que presentar el
cadá ver. Fé lix chasqueó la lengua brevemente. Siempre habı́a estado
acostumbrado a que le ofrecieran la cabeza. Mientras consideraba si
debı́a mover el cuerpo é l mismo, pronto cambió de opinió n.
Este lugar era accesible solo para personas autorizadas. Fé lix decidió
caminar hacia la puerta, considerando encargar a alguien má s que se
encargara del cuerpo má s tarde. No solo de Amin, sino que para
empezar de nuevo, necesitarı́a atender a má s de una persona durante
un tiempo. Tras regresar al palacio real, comprobar el ambiente y
completar la reorganizació n, serı́a hora de dar un paso atrá s antes de
avanzar.
Tras abrir la puerta, se escuchó un fuerte crujido al balancearse la
hierba alta. Fé lix miró a su alrededor. La sensibilidad propia de quien ha
cometido un delito lo inquietaba. En el tranquilo bosque, la brisa
nocturna traı́a un viento cada vez má s fuerte del exterior.
En ese momento, una grieta negra apareció en el aire, y una persona
emergió de repente. No, si alguien hubiera presenciado este
espectá culo desde la distancia, solo recordarı́a los cuernos o colmillos
que brotaron, los ojos dorados brillando como bestias incluso en la
oscuridad, preguntá ndose si la criatura que vieron en el bosque era
realmente un "humano".
"¿Quié n está ahı́?"
Al menos, Fé lix no se quedó de brazos cruzados. Esta vez, sacó una
espada larga de su cintura en lugar de la daga que habı́a usado antes. Al
acercarse el intruso, Fé lix retrocedió instintivamente y volvió a entrar
en la tienda estrella. En cuanto el intruso lo siguió , la puerta se cerró
automá ticamente tras é l.
Fé lix, que habı́a abierto mucho los ojos para examinar al intruso que
apareció de repente, tragó saliva y preguntó con expresió n de
incredulidad: "¿Podrı́a ser... el duque Gezell?"
Sin responder, el intruso, con cierta indiferencia, miró al mago caı́do. Y
en lugar de responder, le preguntó a Fé lix con tono despreocupado:
"¿Es este el mago Amin, que trabajaba para ti?"
"¿Qué ?"
Gezell levantó el cuerpo sin vida. La sangre aú n luı́a de la garganta
profundamente apuñ alada. Al colocar la mano sobre la herida y lanzar
un hechizo, una vibrante luz verde comenzó a emanar. Fé lix replicó con
dureza: "¿Qué haces? No inter ieras imprudentemente; he ejecutado a
un criminal que cometió rebelió n y blasfemia".
“He recibido una misió n.”
“¿Una misió n?”
Fé lix frunció el ceñ o.
Este lugar es un coto de caza al que solo pueden acceder miembros de
la familia real de Cornia. Tus acciones pueden considerarse un acto de
invasió n de Aldrant. Pero dices que recibiste una misió n. ¿Quié n te
envió aquı́?
"Nadie."
“…”
“Esta es una visita personal, no como duque de Aldrant”.
Gezell soltó a Amin y se puso de pie. Fé lix parpadeó rá pidamente.
Aunque sin duda era Gezell Jivendad, el conocido Duque del Norte, al
observarlo má s de cerca, parecı́a una anomalı́a confusa y difı́cil de
clasi icar.
“Hay algunos casos entre la gente del Norte donde la sangre de
monstruos se mezcla, y ocasionalmente, nacen descendientes
peculiares… ¿Eres uno de esos seres?”
Habı́a construido una barrera bastante só lida, pero parece que se
debilitó debido a tu apuñ alamiento. Buscaba una solució n cuando
llegué fá cilmente gracias a ti.
El rostro de Fé lix mostró un evidente desconcierto, pero rá pidamente
compuso su expresió n.
No sé qué historia te trajo aquı́, pero sea lo que sea, es un truco del tipo
que yace a tus pies. Ese mago es experto en magia de transformació n,
capaz de transformarse en cualquier cosa y tambié n puede transformar
a otros. Yo tambié n fui engañ ado en su elaborado plan. Ejecuté
personalmente al sirviente que traicionó a su amo.
"Veo."
¿Viniste a informar al emperador? En ese caso, puedes llevarte ese
cadá ver. De todas formas, planeaba ir al palacio, ası́ que podemos ir
juntos.
—No. Solo el mago y yo regresaremos.
El bosque nocturno se estremeció una vez má s con un suave susurro.
Desde su llegada al terreno de caza, la expresió n de Gezell se habı́a
mantenido tranquila e impasible, y su tono era mesurado. La tez de
Fé lix, en cambio, palidecı́a. Sin embargo, contuvo cualquier signo de
debilidad, con una mueca de desprecio y metiendo la mano en su capa.
Bien. Si capturamos un monstruo del norte, el emperador podrı́a estar
aú n má s contento.
Fé lix sacó un artefacto. Incluso la realeza de Cornia, que solı́a ignorar la
magia, solı́a llevar consigo artefactos para su protecció n personal. Los
que Fé lix poseı́a fueron creados por el propio Amin, con un poder
incomparable comparado con los objetos comunes.
Al activarse el artefacto, una red negra emergió alrededor de Gezell,
envolvié ndolo. De los muros de la prisió n, numerosas lanzas negras
emergieron, dispará ndose hacia Gezell. El sonido pesado y agudo de las
lanzas al atravesar la carne resonó con claridad.
La espaciosa tienda estelar quedó en silencio. Fé lix, observando a Gezell
atrapado en la prisió n negra, sacó un nuevo artefacto como medida de
precaució n.
“…Realmente atacaste a un mago leal y talentoso.”
Con estas palabras, la prisió n que con inó a Gezell se desgarró como si
se hiciera añ icos. Fé lix retrocedió involuntariamente. Era increı́ble. Oyó
claramente el sonido de las lanzas al atravesar la carne, pero Gezell
parecı́a ileso.
Aunque la tienda estelar estaba tenuemente iluminada, Fé lix aú n podı́a
discernir el estado de los heridos. Incluso a sus ojos, la sangre que luı́a
de la carne perforada era claramente visible. Los agujeros en la piel
perforada se rellenaron rá pidamente, y las escamas negras que cubrı́an
la carne entre ellas eran tan só lidas como una concha.
Mientras Fé lix tragaba con di icultad, Gezell continuó caminando hacia
adelante con un rostro inexpresivo.
Es un artefacto creado con magia oscura. Debió de derramarse bastante
sangre para fabricarlo. Quizá s este resultado sea el precio que pagó .
"¡Disparates!"
Fé lix volvió a activar el artefacto que sostenı́a. Sin embargo, esta vez,
antes de que el ataque pudiera alcanzarlo, fue bloqueado por el hechizo
defensivo de Gezell. Gezell permaneció indiferente.
Es un esfuerzo inú til. La magia que puede borrarme no existe en el
artefacto defensivo.
No humano.
Al comprender la conclusió n, el corazó n de Fé lix latı́a con má s fuerza
que nunca. Como prı́ncipe del sur, nunca habı́a presenciado un demonio
de verdad. Al activar el ú ltimo artefacto, las llamas estallaron sobre el
cuerpo de Gezell. En lugar de enfrentarse a las llamas, Fé lix corrió hacia
la puerta. Ganar tiempo y movilizar refuerzos rá pidamente eran las
mejores opciones.
El rey del sur, que se llevaba en secreto a un caballero de otro paı́s para
jugar un rato contra el rey de Aldrant, que invadı́a territorio extranjero
sin permiso y actuaba amenazantemente, era de distinta severidad, sin
sobrepasar ni bajar los lı́mites de la provocació n. Mientras escapara de
la tienda estelar, podrı́a avisar a los guardias que protegı́an el terreno
de caza.
Sin embargo, tras unos pasos, Fé lix se detuvo bruscamente. Con o sin
magia, Fé lix, que no la entendı́a bien, percibı́a la armonı́a en ello. Habı́a
presenciado de primera mano có mo Rensley estaba fuertemente atado
en el aire, incapaz de mover un dedo.
Como si las llamas no lo hubieran tocado, Gezell se acercó con
indiferencia. Fé lix, incapaz de hacer nada má s, alzó la voz.
¡Amin! Si no está s muerto, levá ntate. ¡Levá ntate y encá rgate de este
monstruo!
Sin embargo, sus devotos seguidores, quienes obedecı́an
apasionadamente cualquier orden, permanecieron inmó viles. La
hemorragia se habı́a detenido, pero el mago, ahora en un profundo
estado de coma, no pudo responder a la llamada.
Gezell nunca habı́a memorizado ningú n hechizo. Con garras a iladas
creciendo y venas poderosas sobresaliendo, extendió su enorme mano
hacia Fé lix.
Los instintos animales advertı́an de un peligro inminente en todo el
cuerpo de Fé lix. Palideciendo aú n má s, Fé lix hizo un ú ltimo esfuerzo
por recuperar la compostura e intentó conversar. Le avergonzaba
entablar una conversació n racional con una criatura inferior a la
inteligencia humana.
Aunque el plan fracasó por tener un con licto contigo esta vez, hay una
forma infalible de tener é xito. Gezell Jivendad, ¿no te sientes ofendido?
Este no es el poderoso imperio que ganó la Guerra de Perei hace cientos
de añ os. No hay supremacı́a eterna en el mundo. ¿Por qué deberı́amos
doblegarnos y vivir bajo el sistema establecido? Este no es momento de
luchar entre nosotros. Unamos nuestras fuerzas y derroquemos al
emperador. Si las dos naciones se unen, jamá s seremos derrotados. El
trono será tuyo. Puedes creerlo. No soy tan insensato como para
arriesgar mi vida y mentir en un momento como este.
Fé lix persistió en su persuasió n hasta el inal. En ese momento, fuera o
no por las palabras que pronunció como ú ltimo recurso, Gezell sonrió .
Pareció re lexionar por un momento y luego respondió rá pidamente.
Me llevó mucho tiempo convencerlo de convertirse en la Gran Duquesa
de la Frontera Norte. Le pregunté si lo considerarı́a si ası́ lo deseaba,
pero dijo que no le gustaba porque el puesto de Emperatriz era una
carga.
"¿Qué ?"
Fé lix, aparentemente incapaz de comprender el signi icado de
inmediato, abrió mucho los ojos y frunció el ceñ o. Gezell, que se habı́a
acercado a Fé lix, lo miró en silencio.
No me interesa la guerra ni el trono. Solo quiero hacer lo que debo
hacer.
—No he hecho nada. ¡Es todo obra suya! Soy el rey de Cornia, hermano
del amante que tanto admiras. Aldrant a irmó no interferir en la polı́tica
continental, ¿y ahora intentas iniciar una guerra como esta? ¿Está s
seguro de que tú y el Norte saldrá n ilesos despué s de dañ arme ası́?
“Tiene heridas en la cara”.
¡No sé nada! Es culpa de ese tipo, no mı́a. Se cambió la apariencia para
imitarme, y...
Gezell se detuvo bruscamente ante esas palabras. Fé lix, respirando con
di icultad, lo miró ijamente, incapaz de discernir qué parte de sus
palabras lo hizo detenerse.
Como si entendiera algo, Gezell frunció el ceñ o levemente. Su largo
cabello negro comenzó a ondear y gradualmente se agitó con má s
violencia. Incluso en la oscuridad, sus ojos dorados, antes claros, ahora
se intensi icaban como brasas ardientes.
La mayor intensidad del oro parecı́a un tono carmesı́ espeso, no una
señ al de disminució n de la luz, sino un aumento del calor, como el
magma que se acumula en un volcá n antes de entrar en erupció n y
derramarse.
Aunque el viento no soplaba, todo el bosque gritaba. No era por el
estado de á nimo. Fé lix, sin palabras, contempló al Rey del Norte, cuya
apariencia cambiaba lentamente. Su campo de visió n se elevó
gradualmente. Por primera vez en su vida, vio la luz y la oscuridad
expandié ndose simultá neamente.
[Has hecho uso de mi apariencia.]
“….”
[Has adoptado mi forma y has causado lesiones.]
El joven y arrogante rey de Cornia inalmente se dio cuenta de un hecho
importante.
Lo que se desarrollaba en ese momento no era polı́tica ni guerra desde
el principio. Era simplemente una cacerı́a en el reino del salvajismo del
que siempre se habı́a burlado.
Por cruel y audaz que fuera, Fé lix Elbanes se habı́a entregado a un
re inado juego de azar en palacio, moviendo piezas de ajedrez en el
tablero. El hombre que permanecı́a allı́ desconcertado, sin fuerzas para
reaccionar ante el horror sin precedentes, estalló de repente en
carcajadas.
¡Sı́! Me aproveché de tu apariencia. ¿Y sabes qué hizo tu amante? Me
besó primero. Fue una tortura para mı́ tambié n, con có mo meneaba las
caderas como un perro calenturiento. ¡Mira luego có mo le va a ese tipo,
al que convertı́ en mi compañ ero de cama!
No hubo respuesta a la provocació n que le quitó la ú ltima pizca de
dignidad. En cambio, la atmó sfera pareció forjar incluso el aire como un
hacha, hacié ndolo tan denso y corto como una barba incipiente. Tras
advertir con un breve silencio, la voz que luyó fue baja, como si
surgiera de la tierra, y el color de la ira era vı́vidamente siniestro.
¿Esa es tu despedida?
“….”
[Sea verdadero o falso, no importa.]
“Espera, yo…”
[Lo que le has hecho hasta ahora ya es su iciente…]
Una mano cubierta de escamas negras y robustas se acercó a Fé lix,
agarrando irmemente su mandı́bula.
El lı́der del Norte, el rey de los bá rbaros con sangre demonı́aca
mezclada, el guardiá n del continente, pronunció el veredicto inal con
una voz baja y retumbante, como si lo hubieran sacado de debajo de la
tierra.
De todos modos, los forasteros que presenciaron esta aparició n no
pudieron regresar con vida.
Cap. 19.5 - Persona preciosa
Rensley habı́a intentado mantenerse despierto hasta que Gezell
regresara, pero no pudo resistirse a dormir y se quedó dormido antes
de darse cuenta.
Cuando Rensley abrió los ojos, se levantó lentamente para mirar a su
alrededor. En el espacioso dormitorio, Rensley estaba solo. El lobo, que
habı́a estado sentado en el silló n, parecı́a haberse ido a algú n lado
mientras tanto.
"¿Está s despierto?"
Sin embargo, suponer que estaba solo fue un error. Ya fuera porque la
habitació n no parecı́a oscura o no, la voz de Gezell se escuchó desde un
lado.
—¡Su Gracia! ¿Ha regresado?
Rensley, sin poder contener la alegrı́a, se levantó de la cama. Por alguna
razó n, no se sentó en la silla, sino que se quedó inmó vil como una
estatua en un rincó n. A punto de correr hacia Gezell para abrazarlo,
Rensley se sorprendió al verlo.
¿Qué pasa? ¿Tuviste algú n problema? ¿Está lloviendo?
Parecı́a completamente empapado, como si se hubiera sumergido bien
antes de salir. Su cuerpo, cubierto de ropa hú meda, estaba helado.
Gezell levantó la cabeza con una leve sonrisa.
“Mientras buscaba los restos, mi cuerpo y mi ropa se ensuciaron, ası́
que nadé un poco en el camino de regreso”.
¿Fuiste a nadar? ¿A estas horas, al aire libre?
Hacı́a bastante calor, ası́ que ni siquiera metié ndome en agua frı́a por la
noche sentı́ frı́o. Una vez me hablaste de un arroyo. Resultó que habı́a
un lugar con un arroyo cerca, ası́ que me lavé allı́.
—No… Deberı́as haber venido a bañ arte aquı́. Aunque sea casi
medianoche, no deberı́as secarte ası́ sin descansar. Si se trata de
contaminació n, puedes usar magia para eliminarla. ¿Por qué …?
Mientras hablaba rá pidamente, una mano frı́a le tocó la mejilla. Su
sonrisa se sintió má s solitaria de lo habitual, y Rensley dejó de hablar.
Querı́a lavarme enseguida. Ademá s, para refrescarme la cabeza. ¿Huelo
mal?
—Para nada. Su Gracia, venga aquı́ rá pido. Quı́tese la ropa. Si se queda
ası́, se resfriará . No vamos a encender la chimenea de esta habitació n
ahora mismo.
Rensley lo jaló hacia la silla. Se quitó la ropa mojada una a una y se secó
el cuerpo con una toalla seca. Los rastros de magia aú n eran evidentes
en el cuerpo, que aú n no habı́a recuperado su estado original.
Mientras se secaba la humedad restante de su pecho ancho y irme, que
parecı́a má s extenso de lo habitual, percibió una mirada. Cuando
Rensley levantó la cabeza, Gezell lo observaba atentamente. Con una
leve sonrisa, Rensley le dedicó una sonrisa burlona. En ese momento,
Gezell emitió un sonido incomprensible.
“Ahora no tienes miedo.”
¿Qué ? ¿Por qué deberı́a tener miedo?
¿No me tuviste miedo cuando me viste antes?
Fue solo un malentendido. ¿No me lo reprochará s todavı́a? No me
asusté porque Su Gracia tenı́a un aspecto siniestro. Por favor, no te
preocupes.
Tras secarse hasta el pelo largo y ponerse las tú nicas, los dos, listos
para descansar, por in pudieron disfrutar de su tiempo habitual.
Aunque no habı́a chimenea para calentarse, la cá lida noche de
primavera era propicia para relajarse.
Rensley, sentado en una silla có moda, le preguntó a Gezell, que estaba
sentado con las rodillas en alto, sobre lo sucedido.
¿Có mo te fue durante tu ausencia?
Encontré al hechicero que mencionaste. Parecı́a tener algunos
con lictos internos y resultó herido. Sobrevivió , ası́ que no hay de qué
preocuparse. Dejé que Anton se encargara de é l, para que mantuviera
un per il bajo por ahora.
“…¿Qué pasa con Fé lix?”
Desafortunadamente, sigue allı́. Parece que ya ha regresado al palacio
de Cornia, ası́ que no podemos buscarlo a la ligera, sin importar en qué
paı́s se encuentre. Sin embargo, si se presentan pruebas, el emperador
lo buscará .
"Veo…"
Rensley parecı́a avergonzado.
“Incluso si el emperador se entera de las acciones de Fé lix, ¿dejará a
Cornia en paz?”
No te preocupes. A estas alturas, ya no hay remedio.
¿Cuá ndo lo reportará s?
Ordenaré un poco mis ideas y le informaré en cuanto amanezca. Ahora
que este asunto preocupa tanto a Cornia como a Pheraira, debemos
prepararnos para la noche. Quizá s tengamos que comunicarnos a travé s
de Anton hasta que regreses.
Al oı́r esto, Rensley se acercó a Gezell. Mirando ijamente a los
desconocidos ojos dorados, Rensley le susurró en voz baja.
“¿Tenemos que esperar hasta que regrese por sı́ solo?”
"Zorro astuto."
“Como la ú ltima vez… si haces algo, puede que vuelvas enseguida”.
Bajando el rostro, presionó sus labios contra el cuello de Gezell. Cuando
el cá lido aliento rozó el irme cuello, el escalofrı́o que recorrió el cuerpo
de Gezell se transmitió claramente a Rensley, sentado sobre sus
rodillas.
—Para. Hoy será s demasiado duro contigo mismo.
Pero incluso con la resistencia de Gezell, la pasió n ya estaba encendida.
Rensley asintió con sinceridad.
“Estoy cansado por culpa de esos bastardos que me llevaron”.
“Cualquiera sea el motivo, es mejor descansar ahora”.
“Quiero… me parece má s có modo ası́.”
No hubo respuesta a sus palabras.
En cambio, Rensley sintió un roce lento y envolvente en la espalda. Por
desgracia, la mano era distinta a la que pertenecı́a a Gezell Jivendad en
g q p J
sus recuerdos, con restos de magia, á speros y a ilados. Aun ası́, Rensley
se aferró má s a é l.
“Su Gracia…”
Esta vez, sus labios se encontraron. Tras acariciar suavemente y
provocar con una ligera inclinació n de cabeza, Rensley, ignorando los
dientes duros y a ilados, extendió la lengua. La carne hú meda se
entrelazó má s profundamente, emitiendo sonidos hú medos al acariciar
su boca.
¿Cuá nto tiempo exactamente llevaba sumergido en el agua frı́a? Incluso
sus labios y lengua se habı́an enfriado.
Por un instante, el simple hecho de lamerse les hizo sentir un
hormigueo en la lengua. Como si recordara aquella vez en que tuvieron
tanta intimidad en la oscura torre del norte tras una noche invernal de
batallas, Gezell presionó sus labios profundamente contra los de
Rensley, extendiendo su lengua, larga y gruesa, má s de lo habitual.
“Uh, hoo, ugh…”
No solo sus labios, sino tambié n las caricias y lamidos en la garganta y
el paladar hicieron temblar el cuerpo de Rensley con solo besarlo. No
pudo evitar gemidos ahogados, acariciando suavemente la espalda y los
hombros de Gezell.
En realidad, habı́a pasado casi una semana, pero para Rensley, quien
habı́a quedado atrapado en otro mundo, parecı́a que habı́an pasado
varios meses. Sus caricias, sus besos, todo parecı́a haber pasado mucho
tiempo desde la ú ltima vez que los experimentó .
No. Ahora estaba mucho má s ansioso que la primera vez, cuando no
sabı́a nada. Ahora conocı́a demasiado bien su calidez, el placer que
generosamente le brindaba, el cariñ o desbordante y la sensació n de
seguridad. Durante el tiempo que no pudieron verse, Rensley extrañ ó
no solo a Gezell, sino tambié n su cuerpo.
Quizá s por eso, Rensley se sintió rá pidamente sensible y acalorado,
como si se le hubiera quitado una capa de inhibició n. Mientras lo
besaban, cada vez que los largos dedos de Gezell rozaban
cuidadosamente su cuello y la ropa, la sensació n pasajera le hacı́a
estremecer los hombros y la cintura. Con cuidado de no provocar una
reacció n sensible, Gezell retiró los labios y acarició el cabello de
Rensley.
—Ah, Rensley… ¿Está s bien?
“E-está bien… Está bien…”
Como mareado, Rensley enderezó vigorosamente su cuerpo, que seguı́a
perdiendo fuerza. Colocando sus piernas, que habı́an estado
estrechamente unidas a los muslos de Gezell, se inclinó para chupar la
lengua del rey.
“Ah…”
Lamiendo los cá lidos labios, Rensley se deslizó lentamente por su
cuerpo. Al morder los irmes mú sculos que descendı́an oblicuamente
por el cuello de Gezell, oyó su respiració n temblorosa. Tras abrir la bata
y lamer el amplio y irme pecho, bajó hasta los marcados abdominales.
Con cada roce de la lengua, la fuerza penetraba por todo el cuerpo del
hombretó n. A medida que Rensley recibı́a la excitació n de Gezell con las
manos y la boca, su cuerpo se calentaba gradualmente. Al presionar sus
labios contra el pene agrandado, Gezell se inclinó repentinamente y
levantó a Rensley en sus brazos. Rensley, con la mirada perpleja, se
resistió .
"¿Por qué no puedo hacerlo?"
"Vamos a la cama."
Cap. 19.6 - Persona preciosa
¡No apto para el trabajo!
Aunque Rensley no se habı́a convertido en un frá gil muñ eco de cristal
que se romperı́a con un poco de esfuerzo, Gezell lo colocó
cuidadosamente en la cama.
“No hagas nada difı́cil hoy.”
Gezell tiró la tú nica desaliñ ada y le quitó la ropa a Rensley. Luego, con
expresió n de pesar, frunció el ceñ o.
"Está s herido."
No te preocupes. Si como bien y descanso bien, volveré pronto.
“Durante el tiempo que estuviste atrapado…”
Mientras abrazaba a Rensley, lo desnudaba por completo y acariciaba
suavemente su piel desnuda, Gezell susurró . Con un inal borroso,
Rensley respondió con una pregunta.
“Uh…, ¿durante el tiempo que estuve atrapado?”
“¿Habı́a algo má s?”
—Te lo dije. Recibı́ entrenamiento para convertirme en Elementalista…
“Dijiste que te habı́an golpeado.”
Ante esas palabras, la expresió n de Rensley se tornó incó moda. ¿Por
qué ahora? Habı́a una inconfundible mirada interrogativa.
De vez en cuando. No era tan frecuente.
Alguien que se transformó en ti se me acercó . Intentó engañ arme
hacié ndose pasar por ti, pero lo desenmascararon rá pidamente. El
hecho de que desconociera nuestra relació n fue crucial.
“…”
“¿No les revelaste nuestra relació n?”
Gezell esperó pacientemente la respuesta de Rensley, quien evitó el
contacto visual como si se resistiera a responder. Se quedó mirando los
labios que luchaban por abrirse.
"En realidad…"
"Sı́."
Tambié n me engañ ó Fé lix, que se habı́a transformado en ti. Ası́ que…
La frente de Rensley se frunció y, de repente, envolvió su cabeza como
si estuviera conteniendo la frustració n.
¡Cuando pensé que habı́as vuelto, solo te rocé los labios suavemente!
¡Uf, es demasiado vergonzoso incluso ahora que lo pienso! ¡Quise
limpiarme los labios y volver a pegarlos si era posible! ¡Pero en realidad
fue solo un poquito!
"Labios."
—Sı́... No te lo dije a propó sito porque pensé que te molestarı́a si lo
supieras. Lo siento...
Como si confesara, los ojos violetas se amargaron y Gezell, depositando
un beso en la frente, susurró en voz baja.
“No hay necesidad de que te disculpes”.
Tambié n vi al mago que se transformó en mı́, ¿sabes? Ası́ que debı́
haber pensado que tú tambié n podrı́as transformarte en mı́, pero en
ese momento no tuve el lujo de pensarlo... Despué s, pensé que se
entusiasmó demasiado porque creı́a haber encontrado una debilidad.
Por suerte, inalmente dijo algo antes de irse. Me reı́ al verlo ingiendo
ser tú .
Los labios que estaban en la frente se deslizaron hacia la mejilla.
Cuando Rensley respiró suavemente, Gezell preguntó .
"¿Aquı́?"
"¿Qué ?"
—No te tocó aquı́, ¿verdad?
—Oh, no. No en un lugar como ese…
La lengua hú meda comenzó a descender por el cuerpo de Rensley.
Observando los labios que se abrı́an con cuidado, Gezell preguntó .
"¿Qué pasa aquı́?"
¿Eh? No, no irı́a tan lejos...
La lengua hú meda comenzó a recorrer el cuerpo de Rensley. Lamiendo
el cuello, la clavı́cula y el pecho, cubrió ligeramente el pezó n erecto. La
parte que solı́a pasar desapercibida se volvió sensible y hormigueante.
"Aquı́."
“Ugh… Ah, no… solo los labios, nada má s… incluso eso fue quizá s mi
imaginació n, ¡ah!”
El hormigueo se extendió rá pidamente al bajo vientre. La lengua de
Gezell se deslizó por el cuerpo de Rensley, explorando meticulosamente
desde el pezó n hasta la parte interior del brazo.
Sintiendo la sensibilidad que le hormigueaba la piel, Rensley se contuvo
para no gemir y se esforzó por contenerlos. Las lá grimas comenzaron a
resbalar, haciendo la situació n incó moda, aunque el acto aú n no habı́a
comenzado. No importaba cuá nto tiempo hubiera pasado, su cuerpo,
excesivamente sensible, ahora se sentı́a casi febril, lo que le causaba
cierta vergü enza.
“¿Por qué , por qué sospechas…? Aunque nuestra relació n no sea tan
buena como la de otros, ¡é l es mi medio hermano, conectado por
sangre!”
"No estoy sospechando."
Gezell volvió a subir y besó a Rensley en la mejilla.
"Estoy preocupado."
"Estoy bien."
“Maelrosen puede ser bastante directo, pero a veces intenta
engañ arme”.
“…”
Me preocupa que te esté s aferrando a la di icultad que pasaste y solo
compartas una pequeñ a parte. Me temo que te está s guardando el resto
para ti.
Los ojos de Rensley se enrojecieron un poco. A pesar de que la
excitació n ya le habı́a acalorado la piel, la vergü enza que lo atravesó
profundamente le dio otra capa de calor al rostro.
“Bueno, en realidad…”
"Sı́."
“Fue difı́cil porque cada vez que me golpeaba, siempre aparecı́a en tu
forma… Aunque sabı́a que era falso, simplemente me sentı́ extrañ o”.
Rensley parecı́a un poco avergonzado, quizá recordando lo ocurrido en
la torre. Antes de que Gezell pudiera sacar otro tema, Rensley levantó la
vista, evitando seguir hablando.
¡Pero, por favor, no me malinterpretes! Aunque pienses ası́ porque eres
nueva en esto, en el mundo hay mucha gente que no se siente atraı́da
por el mismo hombre... No, para nada. Puede que Fé lix te haya asustado
con sus palabras, pero es la verdad.
"¿Es eso ası́?"
—Dios mı́o… no eres realmente sospechoso, ¿verdad?
Al ver que Rensley parecı́a genuinamente asustado y preocupado,
Gezell no pudo evitar sonreı́r. Lo abrazó con má s fuerza, le besó la
frente y dijo:
No sospecho nada. Solo necesito saber có mo te causó problemas para
que, cuando lo atrape má s tarde, pueda pagarle como es debido.
“¿Tenı́as que sacar ese tema en la cama?”
"Lo siento. Me disculpo."
Dicho esto, Gezell besó a Rensley en los labios esta vez. El sonido de sus
besos se repitió , y antes de que sus lenguas pudieran entrelazarse, el
interior de sus bocas se calentó .
Pronto, el sonido de la conversació n se apagó , dejando solo dé biles
gemidos y respiraciones. Gezell exploró lenta y persistentemente la
suave carne dentro de la boca, haciendo que Rensley gimiera de é xtasis.
Aú n difı́cil debido a los dientes a ilados, el cá lido contacto boca a boca
hizo que el cuerpo de Rensley se contrajera incontrolablemente,
provocá ndole mareos.
Rensley cerró los ojos, rozando distraı́damente los hombros y la
espalda de Gezell. La habitació n quedó en silencio, solo se oı́an
pequeñ os gemidos y respiraciones.
“Ajá , ajá …”
“Jaja…”
Mientras el prolongado beso dejaba hú medos los labios de Rensley,
Gezell lamió varias partes de su cuerpo. Su lengua se deslizó
gradualmente hacia abajo. Separá ndole las piernas y levantando las
caderas, Gezell se colocó má s arriba. A pesar de estar acostumbrado a
tales encuentros, Rensley se sonrojó involuntariamente.
“¿Vas a volver a usar la boca?”
“Bueno, ¿no es la ú nica opció n?”
Es cierto que, aunque lo reconoció a regañ adientes, Rensley refunfuñ ó
en voz baja.
“Habrı́a sido mejor si me hubiera preparado con antelació n para un dı́a
como hoy… No pude porque me quedé dormido.”
"¿Preparado?"
“Si lo hubiera soltado con mis manos mientras te esperaba… Podrı́amos
haber procedido directamente sin esfuerzo innecesario ahora.”
Justo cuando Gezell estaba a punto de extender su lengua para lamer
entre las mejillas de Rensley, sus ojos se abrieron inesperadamente,
como si hubiera escuchado una historia inesperada.
"¿Está s diciendo que te tocaste mientras yo no estaba aquı́?"
“Si lo pones ası́, bueno, ¿eh…?”
Antes de terminar la frase, una lengua suave y hú meda se deslizó
suavemente sobre los pliegues ocultos. Rensley levantó las caderas
involuntariamente, temblando ligeramente.
“Yo… ¡Agh, ah…!”
Sú bitamente abrumado por el placer, Rensley intentó retraer la pierna
instintivamente. Sin embargo, los brazos de Gezell, má s fuertes que de
costumbre, sujetaron irmemente la parte inferior del cuerpo de
Rensley. Rensley giró la cintura, aferrá ndose a la sá bana con
impotencia.
La carne lexible abrazó con fuerza la entrada, acariciá ndola suave y
pegajosa. La sensació n era inconfundible, como si despertara cada
nervio interior, a diferencia del placer pesado y lento de la penetració n.
El cuerpo se sentı́a inusualmente cá lido, como si realmente ardiera. El
sudor se formó en la piel enrojecida.
“¡Ah, ah, eh…!”
Gezell, al oı́r inesperadamente a Rensley mencionar la preparació n,
sintió una conmoció n má s profunda. Incapaz de resistir, Rensley
mordió involuntariamente la carne de Gezell.
El calor interno se extendió por todo el cuerpo, provocando un
hormigueo en la piel con solo el contacto con la sá bana. A pesar de
saber que era parte del proceso necesario para la penetració n, Rensley
seguı́a subiendo la cintura, buscando alivio.
—¡Basta ya! ¡Para ya! ¡No aguanto má s!
“Aú n es demasiado estrecho.”
Gezell, que habı́a superado la sú plica de Rensley, se movió con aú n má s
fuerza. Rensley estaba sin aliento, incapaz de pronunciar las palabras
prohibidas. A pesar de comprender que era un proceso necesario, se
levantó la cintura, como si pidiera un respiro.
—¡Uf, para…! ¡P-Por favor, para…!
¿Todavı́a te duele? ¿Entonces quizá s deberı́amos parar por hoy?
Sabiendo que se habı́a establecido una barrera, Gezell se secó
suavemente la espalda empapada de sudor. Preocupado por su amante,
que parecı́a jadear, Gezell susurró mientras abrazaba a Rensley, quien
jadeaba con di icultad.
¿Fue demasiado? ¿Deberı́amos parar ya?
"Ja, no me gusta eso. Ah, no sé ..."
Rensley negó con la cabeza. Su cuerpo estaba demasiado caliente como
para detenerse a mitad de camino. Sin embargo, la mayor sensibilidad
le di icultaba continuar ası́.
Aunque su tono era tranquilo, el pene de Gezell, claramente visible a su
vista, se habı́a oscurecido. Las venas se abultaban bajo la piel tensa, y
los de inidos mú sculos abdominales parecı́an latir rı́tmicamente.
Rensley, al mirar a Gezell con un leve gemido, vio un nuevo brillo en sus
ojos dorados.
“Bueno entonces…”
Gezell, quien habı́a estado acariciando la espalda de Rensley, tomó su
mano y la bajó . Las yemas de sus dedos tocaron la entrada suavizada
por las persistentes caricias. Rensley bajó la mirada hacia su propia
mano, respirando con di icultad.
“Como mencionaste antes, intenta a lojarlo tú mismo”.
“Está bien… eh, ¿sı́…?”
A punto de responder dó cilmente, Rensley miró a Gezell con una
expresió n sospechosa.
Sin embargo, en lugar de darle má s explicaciones, Gezell colocó a
Rensley en la cama. Apoyá ndolo con una almohada gruesa bajo la
espalda, se acostó a su lado, abrazando los hombros de Rensley.
Repitiendo sus palabras, Gezell dijo con suavidad: «Intenta a lojarlo tú
mismo».
“¿Está s diciendo que deberı́a hacerlo delante de ti…?”
“Las caricias boca a boca te parecen demasiado difı́ciles, y mi mano está
en su estado actual… ¿No serı́a mejor que lo hicieras tú mismo?”
Aunque parecı́a una explicació n ló gica, Rensley tragó saliva seca. A
pesar del tono amable de Gezell, habı́a una sutil calidez en su voz y sus
ojos, en comparació n con antes.
¿De verdad eso es todo? La mirada inquisitiva de Rensley inalmente
hizo que Gezell suspirara suavemente, cediendo en la discusió n sobre la
cama. En cambio, se acercó al rostro de Rensley, confesando con
dulzura sus intenciones.
No cuando no estoy, sino cuando estamos juntos, mué stramelo. Quiero
ver.
¿De verdad es eso todo? La masturbació n suele ser un acto privado e
ı́ntimo que se disfruta en solitario...
—No. No es masturbació n; es hacer el amor.
"Oh…!"
Interrumpiendo la protesta de Rensley, Gezell le lamió sensualmente el
ló bulo de la oreja, sorprendié ndolo, quien instintivamente contrajo el
cuello. La sensació n de la lengua de Gezell jugueteando con el ló bulo, el
cartı́lago e incluso penetrando, junto con el sonido como si le tocara el
tı́mpano, estimuló la mente de Rensley.
¿Se habı́a vuelto especialmente sensible a los sonidos durante el tiempo
que pasó en la torre, atormentado en aislamiento? Rensley tembló con
má s intensidad que de costumbre. El sonido de los dedos arrastrá ndose
por su oı́do era cautivador, trascendiendo sus suspiros. Mientras
forcejeaba con las restricciones de su voz, Rensley subió el volumen
involuntariamente, expresando su placer con gemidos ahogados. Esta
vez, mientras se derretı́a en el placer abrumador que lo envolvı́a de pies
a cabeza, una voz familiar, baja y tierna, luyó a sus oı́dos.
"Mué stramelo, Rensley."
“¡Uf… ah, oh, sı́, sı́…!”
Incapaz de pensar má s, Rensley se apresuró a mover la mano bajo sus
caderas. Con el beso de Gezell en su espalda y un suave lujo de luidos
provenientes de su excitació n, el perineo ya estaba hú medo entre sus
nalgas.
Gezell inclinó la botella de aceite, vertiendo generosamente aceite
sobre los dedos de Rensley y la abertura. Sus dedos, apretados en las
puntas, acariciaron con suavidad la zona sobre las arrugas irmemente
cerradas. Ya humedecidos por el placer y la estimulació n, parecı́a que
con un poco má s de presió n, sus dedos podrı́an deslizarse fá cilmente
dentro.
Aunque era un agujero que Rensley habı́a tragado innumerables veces
con el apé ndice masculino de Gezell, no se atrevı́a a insertar su propio
dedo delante de otra persona; sentı́a una sensació n de ardor incluso en
los ojos. El ú ltimo lı́mite era demasiado difı́cil de cruzar para Rensley.
Justo cuando su racionalidad, momentá neamente perdida, regresaba, la
mano de Rensley se detuvo solo en la entrada, incapaz de realizar la
tarea que Gezell le habı́a sugerido.
"¿Te ayudo?"
Como si percibiera vacilació n, Gezell cubrió el dorso de la mano de
Rensley. Con una ligera presió n, el dedo que acariciaba la entrada se
deslizó suavemente.
“¡Eh, ja, ah…!”
Mientras Gezell lo sujetaba, el dedo de Rensley se deslizó por la
abertura sensibilizada. El agujero hú medo producı́a un sonido
chirriante, similar al de chuparse el dedo.
Empujó y sacó solo unas cuantas veces, practicando una forma de
autoestimulació n que no llegó muy profundo. Aun ası́, el perineo y la
parte interna de los muslos temblaban libremente. La parte interna,
que ya se habı́a relajado por el placer y la estimulació n, esperaba con
ansias sensaciones que aú n no se habı́an dado.
Incluso despué s de que Gezell lo soltara, Rensley no detuvo el
movimiento en su espalda. Sus dedos se adentraron gradualmente má s,
rozando apenas la zona sensible. Queriendo presionar con má s fuerza o
estimular má s, emitió suaves gemidos sin querer. Se esforzaba mucho,
pero con su propia mano, no era fá cil proporcionar la intensa
estimulació n en su interior.
“¿Por qué me miras ası́…?”
Era incó modo exponer su excitado yo con una inserció n de
autoestimulació n tan torpe, pero Gezell observó a Rensley atentamente
sin apartar la mirada.
En lugar de un comentario burló n o una respuesta tı́mida que se
adaptara a la situació n, la expresió n de Gezell era apasionada y sincera.
“Dije que quiero ver.”
Sin palabras para responder, Rensley inalmente giró su cuerpo hacia el
lado donde yacı́a Gezell. Con la espalda al descubierto, Gezell presionó
sus labios contra la nuca de Rensley. Lentamente, su lengua recorrió el
cuello, acariciando los hombros y la espalda.
“¡Ja, ah…!”
Aunque la expresió n de Gezell parecı́a indiferente, su beso era
inconfundiblemente má s voraz que antes. Acariciando el espacio entre
los omó platos, Gezell jaló a Rensley por detrá s, cubrié ndole todo el
cuerpo. Rensley, atrapado bajo el fı́sico robusto y irme de Gezell,
jadeaba con má s urgencia.
“Rensley… ¿Por qué no me miras?”
En posició n boca abajo, con sus cuerpos superpuestos, la erecció n entre
las redondeadas nalgas de Rensley era má s pronunciada que antes.
Sintiendo aú n la estimulació n de los dedos de Gezell dentro, Rensley
tembló y tragó saliva con di icultad.
“Si me miras ası́ en un momento como este… Ah, ¿có mo podrı́a, cara a
cara contigo…? ¡Ja, ah…!”
Rensley retiró los dedos apresuradamente, apretando la almohada
contra su cabeza. Su pene erecto, aparentemente listo para perforar en
cualquier momento, se deslizó sobre la super icie irregular,
deslizá ndose sobre el coxis y luego de nuevo sobre el perineo.
Mientras el irme pene se movı́a con fuerza sobre la piel arrugada,
Rensley se convulsionaba como si le costara respirar. Aunque Gezell
apenas rozaba la super icie, el interior se calentaba gradualmente y se
retorcı́a incó modamente.
Con cada embestida, la respiració n de Rensley se entrecortaba, como si
fuera a as ixiarse. Inconscientemente, sus caderas se movı́an hacia
arriba, hacia la fuente de estimulació n.
“Mi señ or, por favor, deté ngase…”
Un sollozo ansioso se mezcló con la voz de Rensley. Con los labios
apretados contra el cá lido oı́do, Gezell emitió un sonido que transmitı́a
inequı́vocamente su falta de genuina preocupació n.
"¿Me detengo?"
“Eh, sı́… Por favor, detente.”
"¿En realidad?"
“Detente ahora… y, por favor, introdú celo…”
En ese momento, la garganta y los oı́dos de Rensley se llenaron de un
aliento cá lido. A pesar de que todo su cuerpo se calentó en respuesta,
un repentino escalofrı́o le recorrió la espalda. Aunque la sensibilidad de
Rensley habı́a alcanzado un punto á lgido, gimió inconscientemente
mientras su cintura se elevaba involuntariamente.
Por re lejo, Rensley se quedó boquiabierto. Gezell rodeó los hombros de
Rensley con sus brazos desde atrá s, exhalando con fuerza mientras
empujaba sus caderas con irmeza. Rensley cerró los ojos con fuerza,
tirando de la almohada con má s fuerza. Solo podı́a respirar
entrecortadamente, soportando la fuerte presió n en su interior sin
emitir un gemido.
Su cuerpo permaneció obstinado. A pesar del deseo por la dulce
sensació n recordada, la lexibilidad para aceptar con facilidad la
ansiada penetració n faltaba. El cuerpo inexperto no pudo contener el
p p p p
deseo impaciente, estrechá ndose aú n má s, resistiendo la intrusió n del
objeto extrañ o. Sin embargo, el pulso palpitante, caliente y pesado del
pene erecto era in lexible y arañ aba vigorosamente las paredes internas
con venas hinchadas.
Aunque la entrada inicial siempre fue un reto, el cuerpo que habı́a
permanecido cerrado durante tanto tiempo era particularmente
doloroso. Rensley frunció el ceñ o, se mordió los labios y la frente se
humedeció con el sudor que recié n emergı́a. El glande y el grueso pene
se movieron má s allá de la entrada, presionando con fuerza contra la
pared interna y empujando hacia arriba casi simultá neamente.
“Ajá , ajá …”
Jadeando, su rostro se apretó contra la cama, y su respiració n, acelerada
sin darse cuenta, se entrelazó con la de alguien má s. Gezell no pudo
resistir la urgencia y empujó sus caderas hacia adelante, pero cuando el
cuerpo de Rensley se tensó , como si se resistiera, detuvo la penetració n.
El sonido á spero que emanaba de la garganta parecı́a realmente
amenazante, como el de una bestia.
Mientras Rensley tanteaba la cama, una mano enorme cubrió sus dos
manos. Los rugosos pliegues del glande presionaron contra su parte
vulnerable, golpeando las paredes internas como si las tallaran,
provocando un pequeñ o gemido que escapó de sus labios.
“¡Ah, aah!”
Rensley dio un salto y alzó la voz. Debido a que Gezell lo cubrı́a por
completo, el breve temblor cesó , pero incluso despué s de que cesara el
grito, el cuerpo de Rensley seguı́a temblando.
Gezell echó ligeramente la cintura hacia atrá s y apuñ aló en el mismo
lugar. Empujó con fuerza, golpeando los irmes huesos pé lvicos y los
muslos, y abofeteando las nalgas por debajo. Aunque la suave parte baja
de la espalda se convulsionaba como si se hubiera sobresaltado, no se
detuvo, sabiendo que era de placer.
“Uh, huh, huh… Señ or, ja…”
A pesar del intento de Rensley de estirarse hacia atrá s para detenerlo,
Gezell apretó las manos con má s fuerza. Indefenso en posició n boca
abajo, Rensley continuó recibiendo su pene que avanzaba.
Mientras Gezell penetraba el punto estimulante, deslizá ndose
gradualmente, su pene inalmente llegó a lo má s profundo de Rensley.
Con la presió n extendié ndose por el espacio má s ı́ntimo y estrecho, la
garganta de Rensley emitió un leve gemido. El robusto glande y el irme
hueso pé lvico se presionaron a la perfecció n.
Gezell, en lugar de embestir de inmediato, giró lentamente la cintura.
Como si intentara ensanchar las entrañ as de Rensley, usó la gruesa
columna de carne para explorar cada rincó n. Con cada fricció n contra
las nalgas apretadas, el glande rı́gido punzaba intermitentemente la
entrada, provocando que Rensley gimiera como una bestia indefensa.
“Uh, eso es… ¡ja, ah, ah…!”
Rensley gimió , retorcié ndose en posició n postrada, su respiració n cada
vez má s entrecortada.
El abdomen, liso y liso, se hundió , tensá ndose aú n má s. El vientre le
picaba. Las paredes internas luctuaban como si expulsaran la sustancia
extrañ a, y el doloroso gemido de Gezell resonó en los oı́dos de Rensley.
Rensley, jadeando, giró la cabeza con esfuerzo, animá ndolo.
“Mi señ or, mi señ or…”
—Eh, Rensley…
“Hasta el inal… Por favor, continú a…”
Incluso despué s de conectar con é xito, no hubo necesidad de con irmar
por qué no se movı́a como de costumbre. Era cauteloso, temiendo que
su pene se hinchara de forma extrañ a y atormentara a Rensley.
La experiencia de entonces seguı́a presente, fue la primera y la ú ltima.
Ambos desconocı́an si serı́a igual esta vez. No sabı́an si habrı́a algú n
cambio o si serı́a aú n má s doloroso.
“Aunque diga que no me gusta… ¡No pares, aah!”
Antes de terminar la frase, lo que habı́a entrado por completo salió por
completo. Las paredes internas, antes ensanchadas, ahora se cerraron
con fuerza, como si intentaran retener la sustancia extrañ a. Cuando la
plenitud del vientre se vació repentinamente, sintió como si el cuerpo
perdiera su calor, reemplazado no por placer, sino por un escalofrı́o que
lo hizo estremecer.
Sin esperar explicació n, el cuerpo que ya estaba tendido se desplomó .
Respirando con di icultad, Gezell, jadeante, besó la mejilla, el cuello, los
hombros, el pecho de Rensley, dondequiera que pudiera alcanzar, sin
control. Su cuerpo, que lo cubrı́a por completo, estaba caliente. A pesar
p q p p p
de percibir su creciente excitació n, Rensley se aferró a é l como si
intentara recuperar lo perdido.
El pene, que habı́a penetrado una y otra vez, llegó hasta el punto donde
lo tocó primero. Mientras Rensley gemı́a como si no pudiera soportarlo,
los movimientos de Gezell se volvieron má s ené rgicos. El sonido del
fuerte impacto resonaba cada vez que se estrellaba contra sus nalgas.
Sintiendo que su abdomen estaba a punto de desmoronarse, su mente
se aturdió . Cuando el estrecho y profundo lugar fue apuñ alado y
levantado repetidamente, Rensley gritó como si fuera a desplomarse
varias veces. El semen, que habı́a estado goteando de su pene desde el
principio, ahora brotaba con má s fuerza. El cuerpo blanco, empapado
de sudor y luidos corporales, brillaba en varios puntos.
—¡Ah, ah! ¡Qué rabia!... ¡Voy a morir...! ¡Solo un poquito, con cuidado...!
¡Ah, ah!
Incluso en pleno clı́max, los movimientos de Gezell no se detuvieron. Al
contrario, parecieron aumentar el tormento de Rensley. Aunque un
grito escapó de la boca de Rensley, rogá ndole a Gezell que se detuviera,
este obedeció ielmente la petició n del Señ or, aunque dijera que no le
gustaba.
La sensació n de su vientre cada vez má s hundido y apretado por dentro
continuaba. Rensley gimió al moverse libremente las paredes internas y
expulsar el objeto hinchado. Los dolorosos gemidos sonaban como el
tormento de Gezell y llegaron a los oı́dos de Rensley. La cabeza de
Rensley yacı́a sobre la cama, con las manos agarrando
desesperadamente las sá banas. El clı́max llegó rá pidamente, y su
cuerpo se estremeció incontrolablemente.
Los ojos de Rensley se oscurecieron, y sintió que la consciencia podı́a
desvanecerse en cualquier momento. Mordiendo el hombro y la
muñ eca de Gezell, que estaban a su alcance, Rensley aguantó . Querı́a
verlo. No querı́a quedarse dormido. Sin embargo, de alguna manera, los
labios de Gezell rozaron su nuca. Ahora sus labios habı́an recuperado
por completo su calor. Agotada, la mano de Gezell, aú n dura y á spera en
algunos puntos, sostuvo la cabeza de Rensley.
—Eh, mı́rame, Rensley…
Temblando con las embestidas desde abajo, Rensley le agarró la
muñ eca, colocada junto a su rostro. Ahora, respondió distraı́damente a
las palabras de Gezell, que eran una mezcla de gemidos. «Sı́, lo haré . Lo
haré , Gezell».
"¡Huaaah! Ah, uh, ugh... ¡hoo!"
Mientras el intenso placer aumentaba, Rensley, respondiendo a las
embestidas de Gezell, gimió incontrolablemente.
A medida que los movimientos de Gezell se intensi icaban, la voz de
Rensley se hacı́a má s fuerte. Rensley sentı́a que el clı́max de Gezell era
inminente. Su cuerpo, agrandado y robusto, como un recipiente de los
dioses, latı́a con fuerza y temblaba de placer, igual que Rensley.
Con un calor profundo y latente surgiendo en mi interior, la sensació n
familiar del encuentro anterior regresó .
“¡Ah, ja, eh, ah…!”
"Kr, ¿eh…?"
El cuerpo de Rensley temblaba y se sacudı́a incontrolablemente, a pesar
de que Gezell lo sostenı́a con fuerza.
El pene de Gezell, como la ú ltima vez, se hinchaba con fuerza. La parte
inferior se ensanchaba como si no permitiera que el pene saliera
fá cilmente. Todo el pene seguı́a creciendo con cada latido, hacié ndose
cada vez má s grande.
A pesar de haber agitado el pene vigorosamente durante un buen rato,
contener la expansió n anormal dentro del vientre le producı́a un dolor
desgarrador. Aunque consciente de la necesidad de ejercer la menor
fuerza posible, los muslos y glú teos de Rensley, tensos por re lejo,
temblaron.
Gimiendo largo rato, Rensley apretó con má s fuerza el cuello de Gezell.
Incluso en su agonı́a, inalmente rodeó su cintura con las piernas. Gezell
tambié n hundió la cara en el cuello de Rensley, aparentemente
forcejeando. Los mú sculos de los hombros y la espalda, tensos, subı́an y
bajaban considerablemente, revelando la intensidad de sus
sensaciones.
“Huu… ¿está s bien?”
Rensley, incapaz de responder, pronunció una sola palabra.
"Caliente…"
El só lido bloqueo de Gezell en la entrada con el ó rgano masculino
hinchado continuó sin in.
La ú ltima vez, perdió el conocimiento casi al instante y no recordaba
qué sucedió despué s. Al despertar, supo que lo habı́a abrazado tal como
era y se habı́a quedado dormido. Cuá nto tiempo duró este estado y
có mo habı́a llegado el clı́max de Gezell eran desconocidos para Rensley,
quien estaba mareado.
“¡Uhh, ah, jajaja…!”
A medida que Rensley se fue acostumbrando poco a poco a la dolorosa
apertura de las paredes internas, la sensació n del lı́quido corriendo por
las paredes internas sensibilizadas se hizo cada vez má s sutil.
Recibir su orgasmo por detrá s era ahora algo cotidiano, pero la
sensació n implacable e interminable era algo completamente nuevo. El
semen caliente seguı́a luyendo sin parar. En lo má s profundo de su
vientre, empapado de intenso calor, la sensació n, ya fuera de placer o de
dolor, era desconocida para Rensley, quien temblaba
incontrolablemente, contoneando las caderas con furia.
Fue má s desa iante que simplemente lidiar con la micció n,
considerando lo fuerte e interminable que fue el clı́max de Gezell.
—¡Hu, ah…! ¡Sué ltame… ah, ah! ¡Huh, sué ltame, por favor…!
Gezell presionó sus labios contra la frente sudorosa, lamiendo las
lá grimas que corrı́an por ella, y luego bajó la cabeza. Rensley, que gemı́a
de dolor mientras convulsionaba, rodeó con má s fuerza la cintura de
Gezell con sus piernas. Gezell tampoco parecı́a sentir solo placer;
hundió la cara en el cuello de Rensley y forcejeó . Apretando con fuerza
a Rensley, susurró lastimeramente.
“Ahora mismo… jaja… no puedo retirarme.”
—Ah, eh, no puede ser. Ah, mi barriga... mi barriga se siente rara...
Intentando extraer é l mismo el ó rgano profundamente insertado,
Rensley empujaba continuamente las caderas hacia arriba. Sin
embargo, aunque pidió que lo retiraran, la espalda se tensaba,
adhirié ndose irmemente al ó rgano que habı́a aumentado de tamañ o.
Gezell, recuperando el aliento, agarró con fuerza la cintura de Rensley y
tiró de é l hacia abajo. En lugar de que el pene hinchado se retirara,
continuó hundié ndose má s, y el cuerpo de Rensley, que habı́a estado
gimiendo lentamente, se estremeció de repente como si lo hubieran
electrocutado.
“¡Ah, agh…!”
—Qué date quieto, Rensley… solo un poco má s, qué date quieto…
Mientras Gezell susurraba para calmarlo, Rensley, ahora temblando con
el pecho y los hombros agitados, ahogó sus gemidos. El pene hinchado,
llená ndolo por completo, permaneció inmó vil, pero desde lo má s
profundo hasta la entrada, se tensaba y a lojaba por sı́ solo, trayendo
nuevas sensaciones y dolores con cada oleada.
Incluso el má s leve movimiento le arañ aba las paredes internas, y con el
ó rgano llenando su espacio abdominal, incluso respirar se volvı́a
sofocante. Se sentı́a como un herbı́voro atrapado sin escapatoria.
El placer abrumador que Rensley sentı́a, acorralado al lı́mite, tambié n
se transmitı́a a Gezell. Cada vez que Rensley sollozaba, Gezell tambié n
luchaba por controlar las intensas sensaciones, exhalando
violentamente para contener el clı́max.
Un intenso placer recorrió todo el cuerpo de Rensley, desde la coronilla
hasta las puntas de los pies, provocando que sus piernas se tensaran
con fuerza y que el pene, que antes estaba inactivo, se levantara
parcialmente de nuevo.
Un lı́quido transparente brotó de la uretra ya terminada, deslizá ndose
por su abdomen hasta las sá banas. Mientras el clı́max de Gezell
continuaba, Rensley, quien apenas habı́a recuperado la compostura
despué s, volvió a temblar.
"Hoo, eh, ah."
La mirada de Gezell se posó en el pene de Rensley. Murmuró
asombrado.
“Durante las relaciones sexuales… tambié n sale orina.”
—No… ah, ni hablar. Ja, no puede ser…
Con los ojos llenos de lá grimas, Rensley tambié n bajó la mirada. Su
rostro, rojo de vergü enza y vergü enza, era claramente visible.
No podı́a ser. Aunque habı́a oı́do historias de sucesos similares en
ocasiones, era absurdo para los hombres. Rensley intentó explicarlo,
sudando profusamente.
“Quizá s, eh, por lo que pasó antes… el semen se volvió má s lı́quido…”
A diferencia de Rensley, que intentaba explicarlo, Gezell parecı́a algo
letá rgico, como si el clı́max acabara de amainar.
Tocó suavemente el ó rgano que chorreaba lı́quido. Aunque Rensley le
indicó que no lo tocara, el toque de Gezell fue cariñ oso.
“Ah, no toques… Está sucio…”
Entonces, Gezell se llevó de repente a la boca la mano que tocaba el
ó rgano. Rensley, horrorizado, alzó la voz.
¡Mi señ or! Ya no eres un niñ o, y uf... ¿por qué siempre te lo llevas a la
boca?
“Está claro que no parece orina, aunque…”
“¡Ah, por favor!”
—Rensley… No duele mucho, ¿verdad?
Ante esas palabras, Rensley, que se habı́a cubierto el rostro con ambas
manos, miró a travé s de sus dedos. Tras mirar a Gezell con
resentimiento, asintió lentamente. Aunque la sensació n en su cuerpo
era un caos, no era solo dolor.
Gezell sonrió , enjugando las lá grimas de la mejilla de Rensley. Rensley,
olvidando su vergü enza y dolor, parpadeó . Los ojos dorados se
enfriaron gradualmente, cambiando de su radiante color a su habitual
color calabaza.
"Mi señ or."
El colmillo puntiagudo que sobresalı́a de los labios, ası́ como las
escamas y la piel que quedaban en la super icie, estaban
desapareciendo. Sin embargo, Gezell, aparentemente ajeno a su propia
transformació n, parpadeó como si nada hubiera pasado y, un momento
despué s, miró sus uñ as y piel pulcramente restauradas. Volvió a sonreı́r.
Parece que volvı́ pronto. Gracias.
"Mi señ or."
La voz de Rensley tembló levemente al llamar a Gezell. Incluso antes de
que Gezell pudiera responder, Rensley le agarró la mano.
En silencio, Gezell observó las acciones de Rensley. Mientras Rensley
acariciaba suavemente la mejilla de Gezell, sus lá grimas se
intensi icaron debido a la abrumadora sensació n.
“Rensley.”
“Tó came, por favor.”
Gezell dudó un momento, pero pronto se acercó má s a Rensley. Sus
labios se encontraron, se separaron y volvieron a entrelazarse
profundamente.
Durante los besos continuos, Gezell acarició a Rensley sin reservas,
desde la cabeza y las mejillas hasta las orejas, el cuello y la cintura.
Aunque su cuerpo, en constante aumento, reaccionaba con facilidad a
gestos no sexuales, estos eran bienvenidos. Como una persona sedienta
que bebe agua no con la boca, sino con la piel, Rensley se entregó por
completo al tacto de Gezell.
A pesar de la suciedad, la mano bella y elegante, el contacto cá lido y
suave, fueron borrando poco a poco los restos de recuerdos cuando era
golpeado cada dı́a como una falsi icació n de lo auté ntico.
¿De verdad estaba ileso o era solo una farsa? No se podı́a explicar
simplemente diciendo que estaba cansado. Los sedimentos de
emociones sombrı́as, previamente acumulados como precipitados en
algú n lugar bajo el pecho, fueron absorbidos por las manos de Gezell,
emergieron por un momento y luego desaparecieron, como por arte de
magia.
“Di que me amas.”
"Te amo."
“Yo tambié n soy vuestra Gran Duquesa.”
Eres mi Gran Duquesa. Bella y noble, es má s de lo que merezco.
El estatus de Rensley, quien habı́a sido constantemente denigrado como
nada má s que un hombre, un perro, un esclavo, se elevó
repentinamente. Las lá grimas brotaron de sus ojos al aceptarlo.
“Los elogios excesivos pueden parecer una broma”.
"No es una broma."
Gezell realmente no se estaba riendo.
Abandonaré el plan de usar a la Princesa Ivet como mi Duquesa. En
cuanto se resuelva la situació n, anunciaré al Emperador y a todos que
eres mi Gran Duquesa sin demora.
"…Sı́."
“A partir de ahora, nadie en el continente se atreverá a tratarte
irrespetuosamente”.
"Sı́."
Rensley ya no se resistió a sus propuestas. Respondió obedientemente a
las palabras de Gezell, bajando la voz con expresió n digna.
—Pero, mi señ or, considerando nuestra situació n actual, discutir estos
asuntos…
Gezell pareció contento, sonrió levemente y retiró lentamente su pene
que habı́a recuperado su apariencia original, junto con el resto de su
cuerpo.
“Ah…”
Al igual que en la primera experiencia, los mú sculos estirados y
sometidos a fricció n se volvieron extremadamente sensibles al placer,
hasta el lı́mite. La sensació n del pene resbalando contra las paredes
internas hizo que Rensley gemiera suavemente en un é xtasis
super icial.
Al desaparecer el irme pene de la entrada, se derramó una abundante
cantidad de semen, varias veces má s de lo habitual. Rensley intentó
apretar y bloquear la salida por re lejo, pero ya era demasiado tarde. El
lı́quido caliente que se habı́a acumulado profundamente en su interior
salió a borbotones, hacié ndole estremecer la espalda.
Rensley se llevó las manos a la espalda y palpó . El ori icio que contenı́a
algo difı́cilmente descriptible como humano se cerró un poco, pero
permaneció ligeramente abierto. La piel estaba enrojecida en varias
zonas, y todo el cuerpo estaba hú medo de sudor y luidos corporales de
ambos individuos. El rostro estaba mojado por las lá grimas, el vientre
lleno de semen, y el cuerpo se sentı́a a la vez caliente y frı́o, como si
todo hubiera salido mal.
"Mi señ or."
A pesar de las circunstancias, Rensley volvió a atraer la mano de Gezell
hacia é l. Presionando sus labios contra los dedos de Gezell, lamiendo y
y
chupando las puntas, absorbió por completo el calor persistente.
“Por favor, usa tus manos tambié n…”
"¿Manos?"
Tenı́a miedo de que me doliera. Por dentro tambié n... Por favor, tó came.
Guiados por la mano de Rensley, los dedos de Gezell alcanzaron su
entrada trasera. Gezell suspiró con calidez y susurró .
“Has soportado mucho.”
"Está bien."
“Incluso meter las manos ahora podrı́a doler”.
Dicho esto, Gezell no dudó y deslizó lentamente los dedos hacia atrá s.
La frente de Rensley se arrugó al instante y dejó escapar un suave
gemido. Gezell observó atentamente el rostro ligeramente contraı́do de
Rensley y continuó presionando sus dedos lenta y profundamente.
La entrada, antes abierta, se cerró , y los mú sculos hú medos parecieron
roer los dedos de Gezell, contrayé ndose como si intentaran encogerse.
La cá lida y suave sensació n envolvió los dedos de Gezell. Un aliento
caliente escapó de sus labios.
La parte má s sensible de Rensley estaba ahora hinchada. Al sentir la
presió n, Rensley cerró los ojos con fuerza, encogié ndose como si fuera
é l quien la oprimiera.
"¿Duele?"
"Sı́…"
"A este paso, podrı́as lastimarte".
“En ese caso, ¿podrı́as… ja, curarme…?”
Gezell acarició suave y persistentemente las ardientes paredes internas
de Rensley con sus dedos. Cuando los dedos, que inalmente habı́an
penetrado hasta el fondo, presionaron hasta la raı́z, la irme palma
acarició el tierno perineo. Un dolor sordo mezclado con placer se sintió
similar al calor lá nguido que uno experimenta al salir repentinamente
al sol primaveral. La mirada de los ojos violetas se desdibujó , como
embriagada por la lenta penetració n. El cuerpo de Rensley tembló
levemente. Sujetando los hombros de Gezell, dejó escapar un gemido
contenido en sus labios.
“Ah, me gusta… ahı́, me gusta, mi señ or…”
Al mirar a Rensley, quien alternaba entre sollozar y expresar
abiertamente su alegrı́a, la expresió n de Gezell era inesperadamente
ansiosa. Rensley extendió el brazo y se echó hacia atrá s su largo cabello
negro y despeinado.
Gezell tomó la mano de Rensley y la besó . Lamió lentamente desde la
punta de los dedos hasta la palma, hasta la muñ eca. Mordiendo
suavemente la blanca muñ eca, Gezell retiró la mano que habı́a estado
ocupando el dorso.
Por un momento, con el vacı́o creado despué s de haber sido llenado
durante mucho tiempo, Gezell empujó directamente contra la cintura
de Rensley y se reinsertó en el agujero enrojecido entre sus gruesas y
erguidas nalgas.
“¡Ah, ah, ah…!”
Rensley gimió , con el cuello hú medo de saliva. El cuerpo bajo Gezell
volvió a convulsionarse intensamente. Los genitales semierectos
temblaban solo en la parte profunda del bajo vientre, inmersos en un
profundo placer sin llegar a estar completamente de pie.
Sin previo aviso, Gezell alcanzó el clı́max y, sin dudarlo un instante,
abrazó profundamente a Rensley. Rodeó la mandı́bula de Rensley con el
brazo, impidié ndole escapar. Los movimientos posteriores fueron
intensos y sin indulgencia.
El sonido de la carne chocando, las partes hú medas fusioná ndose con
un sonido chapoteante, las respiraciones calientes que se volvı́an
gradualmente á speras y los gemidos mezclados, señ alaron el comienzo
de una larga noche que no mostraba signos de terminar.
Cap. 20.1 - Todo está en su lugar
En el é xtasis que cruzó el umbral, Rensley perdió el conocimiento por
completo. Lo primero que hizo al recobrar el sentido fue respirar
hondo. Tenı́a la garganta seca. Mientras buscaba a tientas el recuerdo
de una botella de agua junto a la cama, oyó pasos arriba, justo antes de
quedarse dormido.
“Aquı́ tienes”, dijo Gezell.
Fue entonces cuando Rensley abrió bien los ojos. Gezell, sentado a su
lado, le sostenı́a un vaso lleno de agua clara cerca de la cara.
"No puedo levantarme", dijo Rensley.
En respuesta, Gezell se llevó el vaso a los labios y bebió un sorbo,
echando la cabeza hacia atrá s. El agua luı́a de labios a labios, goteando
rı́tmicamente. Tras varias repeticiones, Rensley, sonriendo, lo miró .
“¿Es de mañ ana?” preguntó .
—No. Todavı́a está oscuro afuera.
“¿Cuá ndo planeas dormir?”
Cierra los ojos un momento. Podré dormir tranquilo cuando termine el
trabajo.
Rensley golpeó la almohada que yacı́a a su lado. Gezell, tras mirarla
ijamente un momento, inalmente se acostó junto a Rensley.
El cuerpo de Rensley, antes pegajoso y hú medo, ahora se sentı́a
agradablemente seco. Era imposible saber si era por la magia o por algo
que hizo mientras dormı́a. Palpó suavemente la espalda y descubrió
que el agujero que antes estaba abierto ahora estaba cerrado.
Sentı́a el cuerpo lá nguido y la cintura dolorida. Un dolor persistente en
la espalda, pero comparado con el tiempo que pasó atrapado en la
torre, era una sensació n refrescante.
"Su Gracia."
"Sı́."
La noche ruidosa de cuerpos entrelazados, jadeantes y sollozantes se
habı́a vuelto silenciosa. Incluso las vocecitas que se llamaban y
respondı́an sonaban mucho má s fuertes.
“Quiero continuar mi formació n como Elementalista”.
“…”
Si quiero, los lobos del bosque visitará n a Roudken de vez en cuando
para ayudarme. Puede que sea un reto, pero no será tan tortuoso como
lo que recibı́ del mago de Fé lix... ese tipo enseñ a a otros sin saber nada
é l mismo.
“Debe ser difı́cil todavı́a.”
Es una habilidad muy poco comú n, y como nacı́ con ella, no quiero
desperdiciarla... Tengo mucha curiosidad por ver si puedo
comunicarme con los espı́ritus. Incluso durante el breve tiempo que
estuve atrapado en la torre, hubo momentos en los que sentı́ una
conexió n. Fue una sensació n extrañ a.
Gezell permaneció en silencio un rato y luego asintió , como solı́a hacer.
“Sı́, hablemos má s sobre ello despué s de que se resuelva el incidente”.
¿Por qué no tienes má s ambició n? Fé lix llegó al extremo de secuestrar
para conseguir un Elementalista... Si despertara como un Elementalista
de verdad, ¿no te serı́a de ayuda tambié n?
Rensley se rió entre dientes, ofreciendo una sonrisa, pero Gezell
mantuvo una expresió n seria.
Sin duda será un poder considerable. Sin embargo, no estoy seguro de
que valga la pena obtenerlo a costa de tu sufrimiento.
Mmm... Si de verdad es demasiado doloroso, yo tampoco me siento
seguro. Pero como aú n no he experimentado el entrenamiento del lobo,
podrı́a ser sorprendentemente valioso.
O, Rensley, ¿tienes ambiciones similares a las de Fé lix? ¿Deseas un
territorio cá lido y fé rtil en lugar de tierras frı́as y á ridas?
Rensley abrió mucho los ojos e inclinó la cabeza.
—En absoluto. Incluso en una batalla victoriosa, habrá gente herida o
muerta una vez que comience. Estoy perfectamente feliz ası́; no hay
necesidad de pasar por todo eso. Y no creo que Aldrant sea solo una
tierra frı́a y á rida. De hecho, me parece fascinante que usted, mi señ or,
no tenga esas ambiciones. Si se lo propone, podrı́a lograrlo mucho má s
fá cilmente que el atribulado Fé lix, ¿verdad?
“…En todo hay un toma y daca.”
Rensley esbozó una sonrisa tı́mida y amarga.
Al estudiar, no puedo evitar sentir que los humanos son como pequeñ as
piedras en un vasto rı́o. Ası́ como las naciones antiguas cayeron y las
razas que coexistı́an desaparecieron del continente, en el futuro,
Pheraira, Aldrant, Cornia y todos los demá s paı́ses podrı́an desaparecer,
y un nuevo mundo podrı́a surgir. Solo quiero disfrutar del lujo de leer
ese lujo mientras viva, y no tengo otros deseos.
“¿Guijarros?”
No me malinterpretes. No signi ica que considere insigni icantes a las
personas. Normalmente no hablo de esto porque es difı́cil de explicar a
los demá s...
Rensley miró ijamente a Gezell, quien, torpemente, se quedó callado al
inal de la frase. Tenı́a la mirada como si quisiera decir algo. En lugar de
continuar, Gezell esperó a que hablara, mirá ndolo ijamente a los ojos.
Al principio, intenté no inclinarme ante Fé lix. A diferencia de antes, no
querı́a ceder a sus caprichos, ni siquiera un poquito.
"Sı́."
Pero eso solo me complicó las cosas. Si me rebelaba, Fé lix intentarı́a con
má s ahı́nco doblegarme. La situació n de la que no podı́a escapar por mi
cuenta era demasiado obvia... Normalmente, me habrı́a resistido hasta
el inal, arriesgá ndome a ser doblegado o morir, o me habrı́a rendido y
cedido dó cilmente ante é l, una de las dos. Por desgracia, esto ú ltimo era
má s probable.
Gezell frunció el ceñ o levemente. Al ver su expresió n de dolor, Rensley
esbozó una sonrisa amarga.
Pero esta vez no sucedió . Aunque me secuestraron y me encarcelaron, y
el torpe entrenamiento de ese tipo lo hizo dolorosamente difı́cil,
sobrevivı́ a mi manera mientras esperaba que vinieras a buscarme. Creı́
que vendrı́as por mı́. ¿Qué tan triste te sentirı́as si estuviera destrozado
cuando llegaras? Ası́ que pensé que debı́a resistir y mantenerme fuerte,
evitando lastimarme lo má s posible. Eso fue lo que pensé .
Gezell no respondió , solo miró a Rensley. La emoció n en sus ojos, al
contemplar a su prometida, trascendı́a el simple afecto y rozaba la
admiració n y el orgullo. Tomó la mano de Rensley, posó sus labios en el
dorso y confesó .
“Muchas gracias por esperar con seguridad.”
“¿Pero qué pasa contigo?”
En lugar de responder a la afectuosa gratitud, la expresió n de Rensley
se tornó solitaria. Gezell, sin comprender la pregunta, parpadeó .
Rensley frunció ligeramente el ceñ o.
Oı́ de los lobos. Te arrojaste al rı́o por mi culpa... Juraste tu vida con
magia prohibida y dijiste que, si esta misió n tenı́a é xito, te usarı́as como
sujeto de prueba.
“Rensley.”
—Yo tambié n lo entiendo. Fue mi insensatez la que me llevó a ser
capturado, exponié ndote a riesgos innecesarios. Como es mi culpa, no
tengo derecho a quejarme.
Intentando hablar con calma, las emociones de Rensley parecieron
intensi icarse y respiró hondo. Evitando la mirada de Gezell, hundió la
cara a medias en la almohada.
Yo tambié n quiero hacerme má s fuerte. Estoy lejos de ser solo capaz de
blandir una espada. Aspiro a ser el compañ ero del rey del Norte y el
mago má s poderoso del continente. Seguramente, ocurrirá n varias
cosas en el futuro. Aunque no puedas intervenir directamente, no
quiero que se repitan situaciones en las que corras peligro por mi culpa.
Como mencioné antes, este incidente ocurrió por mi descuido. Si no
hubiera sido arrogante y me hubiera protegido adecuadamente de ese
tipo desde el principio, no te habrı́an secuestrado.
Sea cual sea la razó n, si hubiera tenido má s fuerza, incluso si me
hubieran apresado, habrı́a escapado con má s facilidad. Con mi propia
fuerza, incluso sin arriesgar tu vida, sin doblegarme ante los lobos, lo
habrı́a logrado.
Rensley agarró irmemente la mano de Gzell.
No vuelvas a hacer eso. No te abandones por mı́ ni por nadie má s.
“…”
Mientras pensaba en ti, intenté protegerme, como mencioné . Espero
que hagas lo mismo en el futuro. Por favor, piensa en lo triste que me
sentirı́a si te hicieran dañ o... al menos una vez.
Las palabras de Rensley se desvanecieron con incertidumbre al inal.
Gezell, al verlo hundir aú n má s el rostro en la almohada, abrazó a
Rensley, acercá ndolo má s. Con voz suave, susurró una disculpa.
"Lo lamento."
Pero al inal, gracias a ti, escapé sano y salvo. Ahora solo puedo hacer
un berrinche diciendo estas cosas. Ası́ que tambié n quiero un arma.
Naturalmente, para protegerme, y en caso de que esté s en peligro en el
futuro, quiero poder rescatarte. Por suerte, ha surgido un extrañ o
poder.
“Ya me has salvado.”
"¿Cuá ndo lo hice?"
Solo entonces Rensley levantó la cara para mirar a Gezell. Inclinando la
cabeza, Gezell pensó un momento antes de responder.
“De todos modos, sı́.”
—Ah, ¿qué es eso? ¿Te está s inventando cosas que no sucedieron solo
para animarme?
“Si no te hubiera conocido, todavı́a estarı́a encerrado en el laboratorio,
leyendo libros hasta que, al inal, me habrı́a cubierto de moho”.
—Si ese es el caso, ¿no me habrı́a pudrido en el palacio real de Cornia si
no fuera por ti?
Sin necesidad de discutir, ambos rieron entre dientes y se dieron un
beso rá pido y cariñ oso. Sin darse cuenta, se habı́an acostado sobre una
sola almohada y ahora se miraban ijamente.
Continuando con un breve beso, Gezell, que habı́a estado observando
en silencio el rostro de Rensley, abrió la boca con curiosidad.
—Es extrañ o. No pareces muy feliz.
"¿Eh? ¿Yo?"
Se supone que te alegras de haber descubierto que eres Elementalista,
pero por alguna razó n, no parece que lo notes. Si te preocupa que el
entrenamiento sea demasiado duro, no te esfuerces. Intentaré cuidarme
mejor, como me sugeriste.
“No, no me preocupa en absoluto el entrenamiento…”
Rensley levantó la cabeza, pero Gezell no apartó la mirada hasta que
Rensley dejó escapar una leve sonrisa amarga, indicando rendició n.
Ahora sı́ que no puedo engañ arte. Sinceramente, despué s de que Fé lix
me arrastrara, mi estado de á nimo se volvió extrañ o. Mientras estaba
atrapado, el mago de Fé lix me empujaba constantemente. Dijo que era
un ser elegido, con una habilidad especial que aparece cada pocos
cientos de añ os.
"¿No te gusta eso?"
No es que me disguste... Creı́a tener varios talentos y haberme
esforzado a mi manera. Pero resultó que todo se debı́a a que nacı́ como
Elementalista.
La cá lida alegrı́a de cuidar el ganado y las ovejas en el establo, la
inmensa satisfacció n de surcar el viento y la familiaridad con la vida y
el mundo se acumulaban gradualmente al trabajar en el campo, cultivar
y sentir la riqueza de las frutas en las manos. Aunque Amin insistı́a en
que se enorgullecı́a de ello, a Rensley no le agradaban las palabras que
menospreciaban estas pequeñ as alegrı́as, fruto de sus habilidades de
Elementalista. La naturaleza que Rensley conocı́a no siempre era
amable, pero no era una existencia injusta que solo sonriera a los
elegidos. Sin embargo, incluso esto podrı́a ser la idea erró nea de
Rensley de haber nacido Elementalista.
No es gran cosa. Simplemente no estoy acostumbrado a que de repente
me impongan una habilidad tan grande.
Yo tampoco estoy de acuerdo con esa historia. Quizá s ese mago in luyó
demasiado en la investigació n sobre los Elementalistas con sus
emociones desmedidas.
"…¿En realidad?"
Los elementalistas son, sin duda, seres excepcionales que nacen con la
selecció n de espı́ritus, pero al inal, son simplemente personas dotadas
de la capacidad de comunicarse directamente con ellos. Que tengas
talento no signi ica que puedas manejar con destreza a todos los seres
vivos o elementos naturales incluso antes de despertar. Es má s
razonable considerarte alguien que posee tales talentos, y los espı́ritus
te eligieron por esa razó n. Por supuesto, durante tu vida, es posible que
hayas recibido alguna ayuda de tus habilidades innatas.
La expresió n de Gezell era natural.
“Incluso si no tuvieras el talento de un Elementalista, seguirı́as siendo
el mismo que eres ahora”.
Con tono irme, Rensley, sin responder, miró a Gezell un instante y
luego sonrió lentamente. Mientras sonreı́a, se acercó un poco má s a
Gezell y cerró los ojos, saboreando su aroma.
“Gracias por decir eso, Su Gracia.”
“No dije eso para recibir agradecimiento”.
“Entonces diré que te amo”.
El rostro de Gezell mostró una leve sonrisa, como si esa a irmació n le
agradara a pesar de la di icultad para comprender del todo la respuesta
de Rensley. Acarició suavemente su cabello.
Mientras recibı́a el toque reconfortante, la expresió n de Rensley volvió
a transformarse en una de preocupació n.
Por cierto, ¿có mo es realmente? ¿Puedes deshacer esa magia
prohibida?
Como tenemos mucho tiempo, tomé monos nuestro tiempo para
investigar. Nunca he fallado en encontrar una respuesta despué s de
dedicarle tiempo a la investigació n, ası́ que creo que esta vez tambié n
podremos resolverlo.
Entiendo lo que dices, pero por favor, abstente de tratarte como grava
en el futuro. No me gusta que otros traten lo mı́o como grava sin
permiso; me hiere.
No dejes que te hieran. Aunque todos los demá s sean de piedra, tú eres
una joya.
“No, no dije eso para escuchar esas palabras…”
Afuera de la ventana, la luz se intensi icaba gradualmente. Pronto, no
solo el palacio real, sino todo el continente se llenarı́a de vida. Sin
embargo, al elegir conscientemente profundizar en diferentes temas,
Gezell y Rensley continuaron su conversació n durante el resto del
amanecer. Hablaron de lo hermoso que se veı́a el mar durante el dı́a, de
lo que harı́an en los pró ximos dı́as, de si podrı́an tomarse un momento
para visitar la costa de Cornia... Habı́a innumerables planes para
disfrutar.
Como habı́an permanecido despiertos toda la noche, Rensley, que habı́a
declarado que verı́a el amanecer, parpadeó unas cuantas veces y
rá pidamente volvió a caer en un sueñ o profundo, como si se
desplomara por el agotamiento de los experimentos y el con inamiento
ante la intensidad de sus actividades ı́ntimas.
Probablemente tendrı́a que descansar sin moverse en absoluto hoy.
Gezell cubrió los hombros desnudos de Rensley con una manta y, tras
levantarse de la cama, corrió las cortinas alrededor de las columnas. Se
puso la tú nica que habı́a tirado y abrió la puerta, sobresaltando a los
guardias que habı́an estado de guardia.
—Su Excelencia. ¿Cuá ndo regresó ?
“Regresé anoche.”
Aunque la puerta no se habı́a abierto, el hombre apareció de repente, y
las expresiones de los soldados parecı́an como si hubieran visto un
fantasma. ¿Se perderı́a ası́ el sentido de montar guardia? Gezell no
explicó la situació n a quienes, secretamente preocupados por si la
situació n se descontrolaba. En cambio, dijo lo necesario.
Me reuniré con el Emperador, ası́ que llama al jefe de personal y a
Anton para que me ayuden. Mué vete con cuidado.
"Comprendido."
Sin embargo, los caballeros y soldados de escolta de Aldrant estaban
bastante acostumbrados a la forma de hablar y actuar de Gezell.
Acataron las ó rdenes con prontitud y sin rechistar. Poco despué s, los
jefes de estado mayor entraron en el dormitorio. Gezell señ aló la cama
con la barbilla y bajó la voz.
“Alguien todavı́a está durmiendo, ası́ que quiero prepararme en
silencio”.
Al cerrar la cortina con cuidado, solo se veı́a la vaga silueta de alguien
acostado en la cama. La gente intentaba contener la risa, formando
expresiones que ocultaban la diversió n.
El joven y apuesto Gran Duque del norte, objeto de mucha curiosidad,
conocido por su frialdad e indiferencia debido a diversos rumores. Tras
completar sus tareas, regresó y pasó la noche en palacio con la Gran
Duquesa. Habı́a entretenido a los sirvientes a lo grande hoy. Sin
embargo, eso serı́a asunto para má s tarde. Los jefes de estado mayor
guardaron silencio, siguiendo ú nicamente las instrucciones y preguntas
necesarias. Ademá s de las ó rdenes y preguntas esenciales, se movı́an en
silencio, solo con el sonido del agua, el crujido de la ropa y el ruido de
los peinados.
Tras lavarse y ponerse su atuendo, Gezell Jivendad regresó con la igura
familiar del Gran Duque de Aldrant. Mientras colocaba el ú ltimo adorno
en la tú nica adornada con motivos plateados, abrió la puerta. Entró un
nuevo visitante.
“Su Gracia, la saludo.”
"Cá llate."
Gezell se llevó un dedo a los labios, indicá ndole a Anton que guardara
silencio en el ambiente inusualmente silencioso. Anton, sintiendo la
incomodidad, miró a su alrededor y pronto cerró la boca, con aspecto
algo sereno.
—Ya basta. Ya pueden irse.
Tras despedir a los asistentes, Gezell se acercó a Anton. Sentados uno
frente al otro, comenzaron su ú ltima sesió n informativa antes de
reunirse con el Emperador.
“¿El hechicero?”
Aú n no ha recuperado el conocimiento. Sin embargo, segú n el mé dico,
deberı́a despertar pronto. El tratamiento de emergencia fue efectivo,
por lo que se espera una pronta recuperació n.
La ú nica prueba ú til que tenemos ahora mismo es el tipo que se
transformó en Maelrosen con magia. Incluso con eso, convencer al
Emperador no deberı́a ser un problema.
El tambié n se resistió un tiempo, pero tras ver al hechicero que trajiste
ayer, se desanimó . Ahora que reconoce plenamente que las cosas han
dado un giro, no deberı́a haber problema en presentarlo como testigo.
Gezell levantó ligeramente la barbilla y continuó con una pregunta.
¿Recibiste alguna noticia de los superiores?
Sı́. Yo, junto con la princesa Ivet, interrogué y, sorprendentemente,
obtuve pistas rá pidamente. Alguien entre los in iltrados dijo que habı́a
planeado guerras desde su é poca de prı́ncipe, y que, debido a su
insatisfacció n con el asunto de los rangos no nobles, le guardaba rencor.
Al parecer, ya habı́a varias personas ejecutadas internamente, y por
miedo, no pudo salir de la situació n. Prometió presentarse como
testigo, comprometié ndose a proporcionar informació n con la
condició n de que Aldrant le garantizara seguridad y compensació n
posteriormente.
"Bien."
Eso pareció bastar. Gezell tomó un bolı́grafo y una hoja de notas de la
mesa, garabateó algo rá pidamente y se lo entregó a Anton. Bajando la
voz, Gezell habló con má s con idencialidad.
Ahora solo queda la reacció n de la familia real de Cornia.
Independientemente de có mo se exprese el Rey de Cornia o de las
noticias que recibamos, debemos estar preparados para afrontarlo de
inmediato.
"Comprendido."
Quizá s un enfrentamiento visible entre Pheraira y Cornia podrı́a
comenzar aquı́ mismo. Anton aceptó un breve mapa que describı́a el
terreno de Cornia y sonrió con ironı́a. Gezell arqueó una ceja
ligeramente al observar a Anton.
“¿Hay algú n problema?”
No. Sé que Su Excelencia es excepcionalmente astuto, pero esta vez, este
subordinado parece estar fallando. Lamento profundamente no haberle
sido de mucha ayuda. Si no hemos podido apoyarlo de ninguna manera,
le pido disculpas.
Tonterı́as. Si no hubieras vigilado la retaguardia, no habrı́a podido salir
solo del palacio y encontrar a Sir Maelrosen. Cualquier rey, de cualquier
paı́s, puede actuar solo si se lo propone. La razó n por la que no lo hacen
no es porque carezcan de la capacidad para actuar solos, sino porque
no deberı́a hacerse.
“…!”
Esta vez, actué solo por mi propio bien, dejando de lado mis deberes
como rey. En todo caso, deberı́a ser yo quien te pidiera disculpas.
Su Gracia no solo no ha hecho aú n un anuncio o icial, sino que ya ha
tratado a Maelrosen como a una duquesa. Cuando hubo un problema
con la seguridad de la duquesa, ningú n rey se quedó de brazos
cruzados. Tras el anuncio, incluso si estallara una guerra entre los dos
paı́ses, Su Gracia solo resolvió la situació n con su fuerza.
Despué s de terminar sus palabras, la expresió n de Anton se volvió algo
incó moda.
Soy un poco mayor que Su Gracia y aú n no me he casado, ası́ que no
estoy en condiciones de decir estas cosas... Despué s del matrimonio,
todos tienen obligaciones como có nyuges, ¿verdad? Ya seas rey,
caballero, noble, comerciante o granjero, todos tienen
responsabilidades similares.
“¿Está s pensando en casarte estos dı́as?”
“No… no es eso lo que quise decir al decir eso.”
Anton dobló cuidadosamente el mapa que Gezell le habı́a dibujado y lo
guardó en el bolsillo de su pecho. Ambos se levantaron de sus asientos.
Rensley, tumbado en la cama, parecı́a profundamente dormido, sin dar
señ ales de despertar a pesar de las diversas conversaciones.
He llamado a todos los caballeros. Deja a Maelrosen en paz y ven
conmigo a ver al Emperador.
"Comprendido."
—Ah, y aquı́ tienes. Traje lo que mencionaste.
Sosteniendo un brazalete adornado con gemas azules, Gezell, sin decir
palabra, regresó tras la cortina que rodeaba la cama. Anton observó
distraı́damente la sombra de Gezell, quien se habı́a inclinado sobre
Rensley, que dormı́a, y jugueteaba con su enorme mano. Al poco rato,
ingió una tos leve y giró la cabeza.
"Vá monos ahora."
Tras hechizar por completo el entorno de la cama y toda la habitació n,
Gezell inalmente se alejó . Al abrir la puerta, los caballeros de la escolta
y sus asistentes ya esperaban frente a la habitació n. Gezell advirtió
repetidamente a la gente que tuvieran cuidado de no despertar a la
Gran Duquesa, pero insistió en dormir lo má s posible. Tras dudar un
momento, se dio la vuelta.
Cap. 20.2 - Todo está en su lugar
Cuando Rensley se despertó , el cielo estaba teñ ido de rojo, como si el
sol apenas estuviera empezando a salir.
“No debo haber dormido bien”, murmuró para sı́.
La habitació n de Gezell tenı́a una vista magnı́ ica desde la ventana.
Incluso habı́a una ventana orientada al este, lo que ofrecı́a una
oportunidad ú nica de contemplar el amanecer desde el palacio real.
Rensley, que tenı́a la intenció n de experimentarlo, abrió los ojos en el
momento perfecto.
A pesar de no haber dormido en muchas horas, se sentı́a renovado. Sin
embargo, el hambre era el ú nico inconveniente. Rensley bostezó con
una sensació n de pereza que quizá no volverı́a a experimentar en su
vida y se giró hacia el otro lado. De repente, se sobresaltó y se echó
ligeramente hacia atrá s.
¿Podı́an los hechiceros ver a la gente incluso con los ojos cerrados? A
pesar de moverse en silencio sin decir palabra, los fuertes brazos de
Gezell abrazaron á gilmente la cintura de Rensley. Sus penetrantes ojos
color calabaza quedaron al descubierto.
¿Por qué te sorprendes? ¿Aú n te da miedo mi cara?
—Sı́. Creı́ que estaba solo y me sorprendió encontrarte a mi lado.
Rensley se acercó a Gezell. Unos curiosos ojos violetas se encontraron
con la mirada de Gezell.
¿Has estado durmiendo conmigo todo este tiempo? Creı́ que ibas a
conocer al emperador.
Ya lo conocı́ hace tiempo. He resuelto los asuntos urgentes y he dado
instrucciones para las tareas restantes.
¿Ya? No, ya amaneció . ¿Cuá ndo terminaste todo el trabajo?
Gezell se rió entre dientes y apoyó su frente contra la de Rensley. "Has
estado durmiendo durante dos buenos dı́as".
"¡¿Qué ?!"
Rensley giró la cabeza sorprendido. Miró el cielo que se aclaraba
gradualmente y luego volvió a mirar a Gezell.
—Entonces, ¿quieres decir que has estado despierto continuamente
desde entonces?
Al principio, pensé que estabas bajo algú n hechizo extrañ o o muy
enferma, ası́ que me preocupé . Pero el mé dico dijo que era mejor
dejarte dormir profundamente por el agotamiento. Recuerdo haber
oı́do historias de que los magos elementales recié n despertados suelen
caer en largos sueñ os. ¿Te duele algo?
“Ninguno en absoluto. Simplemente siento que he dormido bien…”
Bueno, durante su estancia en la torre, se dedicó principalmente a
siestas, y las noches de verdadero descanso eran escasas. Incluso si la
fatiga, que habı́a sido superada por la tranquilidad mental, se
desbordaba, no era extrañ o.
“¿Có mo… có mo fueron las cosas?”
Claro, todo debió de haberse resuelto bien. De lo contrario, Gezell no
estarı́a durmiendo plá cidamente a su lado. Sin embargo, Rensley sentı́a
curiosidad por los detalles. Gezell le dio un vaso de agua y se lo explicó .
El hechicero llamado Amin sigue inconsciente, recibiendo tratamiento
mientras esperamos. Cuando despierte, será el testigo má s crucial. Tú
tambié n.
¿Todavı́a? ¿Está gravemente herido?
Hubo un poco de sangrado, pero se está recuperando sin problemas. No
te preocupes.
La expresió n preocupada en el rostro de Rensley se suavizó un poco
cuando Gezell pasó sus dedos por el cabello de Rensley y habló .
Hemos detenido a otro hechicero que tenı́amos bajo custodia. Tambié n
hemos conseguido a alguien cercano a Fé lix que puede testi icar.
Aunque parezca que hay muy pocos testigos, no hay razó n para que el
emperador no nos crea. Se esperan má s revelaciones internas que dejen
aú n má s claro que Cornia estaba tramando una guerra.
“La familia real de Cornian…”
El rey ha desaparecido, presumiblemente escondido porque creen que
sus planes han sido descubiertos. Hemos enviado personal del palacio y
de nuestro bando para la bú squeda.
Si, debido a este incidente, Fé lix se retira, uno de los hijos de la actual
reina podrı́a ascender al trono. El mayor tiene quince añ os. Serı́a un
reto para alguien tan joven gobernar un paı́s.
Heredé el trono a los diecisé is añ os. Si mi madre está viva, podrı́a
ejercer de regente, o incluso si no, con la gente adecuada a su alrededor,
es posible gestionarlo.
Ni siquiera oı́r semejante historia hizo que Rensley se sintiera
pesimista. A pesar de haber sido expulsado, amaba su tierra natal,
Cornia. El paı́s, con sus amigos alegres y cariñ osos, su hermoso clima y
mar, su deliciosa comida y bebida, y las animadas y alegres noches en la
plaza, permaneció en su corazó n como un primer amor.
Si Fé lix no tuviera una personalidad destrozada, Rensley podrı́a haber
apoyado sinceramente al nuevo rey de Cornia. Claro, con la condició n
de no molestar a Aldrant durante la guerra.
¿Podrı́a el emperador usar este incidente como excusa para intervenir
en la polı́tica corniana? Considerando el reciente cambio de monarcas,
serı́a inquietante para el palacio real, aunque é l ya no estuviera allı́.
"¿Está s preocupado?"
Sı́. No es que me disgustara Fé lix ni algunos miembros de la familia real
de Elbanes. Nunca le he deseado mal a Cornia.
No te preocupes demasiado. El emperador no pudo manejar la
situació n a su antojo; de lo contrario, habrı́a encontrado a Fé lix, habrı́a
creado un pretexto adecuado y la habrı́a resuelto discretamente
atacando Cornia. El emperador calcula que es má s ventajoso que las
cosas se desarrollen pacı́ icamente. Una vez que encontremos a Fé lix, la
situació n se resolverá con una excusa adecuada.
La guerra entre naciones y la represió n de unos pocos rebeldes por
desa iar ó rdenes son completamente diferentes a declarar la guerra a
todo un paı́s o usar la fuerza para aplastar a familias rebeldes. En la
situació n de estabilidad actual, si no solo Cornia, sino tambié n Aldrant,
se convirtieran en enemigos, la lucha no terminarı́a como un con licto
local. Iniciar una guerra a gran escala bajo la acusació n de planear una
guerra provocarı́a un derramamiento de sangre considerable, y
dependiendo del resultado, el emperador no podrı́a evitar la condena
histó rica.
"Hablando de eso... Su Majestad, si surge una situació n imprevista,
¿tiene la intenció n de ponerse del lado de Cornia?"
—Mi Gran Duquesa es de Cornia, ası́ que es una decisió n natural, ¿no?
El Gran Duque de Aldrant, el mago má s grande del continente, es mi
amante. Si decide darse un capricho, podrı́a vaciar el tesoro nacional a
mansalva, incitar guerras por doquier y ahuyentar a la gente molesta
del palacio cada noche.
Rensley se subió a Gezell, que estaba acostado, y le susurró suavemente
mientras acunaba sus mejillas con ambas manos.
Es maravilloso. Ser duquesa se siente ası́. No está nada mal.
Gezell tambié n sonrió , su rostro radiante con la sonrisa de un rey. Sacar
sonrisas del rostro del duque tambié n era un privilegio de la duquesa.
Rensley bajó la cabeza y besó a Gezell. En el tranquilo dormitorio, sus
labios se encontraron lentamente, creando un sonido hú medo a modo
de signo de puntuació n. Entre los suaves sonidos que se alejaban, una
voz grave volvió a luir.
“Tambié n le conté tu historia al emperador”.
“¿Mi historia…?”
Al explicar este incidente, es inevitable omitir tu historia, y es mejor
informar al emperador con antelació n antes de hacerlo pú blico. Dijo
que vendrı́a a saludarte cuando te recuperaras.
Fue una explicació n informal, como si estuvieran discutiendo un tema
cotidiano. Rensley se incorporó de repente.
“E-entonces, ¿qué dijo el emperador?”
Al principio, lo malinterpretó y se sorprendió , preguntá ndome si estaba
abrazando a ambos hermanos a la vez. Gracias a eso, reaccionó con
relativa calma a la historia de que te habı́as convertido en la Gran
Duquesa.
Rensley frunció el ceñ o ante esas palabras. No pudo evitar recordar
varios rumores que habı́a oı́do de sus camaradas caballeros.
La gente pone cara de cortesı́a, pero no sé qué piensan realmente...
Bueno, no es para tanto hablar del matrimonio igualitario en un paı́s
que, de todos modos, estaba al borde de la guerra. De alguna manera,
parece que se anunció en el momento oportuno.
Incluso mientras hablaba, habı́a una persistente incomodidad en la
expresió n de Rensley. La mano de Gezell le acarició la mejilla.
“Todavı́a pareces preocupado.”
No sé có mo reaccionará n los caballeros. Me da escalofrı́os pensar que
me tratará n con respeto. Si lo anuncio aquı́ de repente y me voy sin
discutirlo, probablemente se opondrá n con vehemencia, ¿no?
¿Necesitas má s tiempo para pensarlo?
Al oı́r eso, Rensley rió y negó con la cabeza. Gezell le devolvió la sonrisa.
—No, ya lo he decidido. Aunque me cueste dudarlo, tenemos que seguir
adelante.
"Muy bien."
“Necesito contá rselo a Ivet tambié n.”
Ya te he transmitido el mensaje. Ya que has descansado bien, ¿qué te
parece si desayunamos juntos? La princesa está muy preocupada por ti.
¡Qué bien! Con razó n tenı́a hambre. He estado muerta de hambre, ası́
que es natural.
Rensley se levantó rá pidamente. La tú nica, que lo cubrı́a sin apretar, se
cayó debido al ené rgico movimiento.
De pie junto a la ventana donde el sol de la mañ ana comenzaba a brillar,
con solo un conjunto de ropa interior cubriendo su igura bien de inida
y vibrante, rayos anaranjados se deslizaban sobre los contornos de los
mú sculos recié n levantados.
Bueno, entonces deberı́amos bailar juntos en el baile. Tendré que
practicar el baile que tenı́amos pensado para Ivet y para ti por
separado. El baile que planeaban realizar serı́a incó modo si dos
hombres lo bailaran juntos. Tendré que inventar una nueva rutina. ¡Su
Gracia, venga por aquı́! Si le parece bien, practiquemos ahora mismo.
“Si tienes hambre… ¿no está s cansado?”
Ya estoy perfectamente. Practiquemos un poco y luego comamos.
Todavı́a puedo.
Gezell se levantó de la cama y recogió la bata de Rensley. La colocó
sobre los hombros de Rensley, le ajustó las mangas y solo entonces lo
miró .
Los movimientos bá sicos son los mismos. Ahora, toma mi mano.
El palacio imperial, repleto de gente, siempre albergaba numerosas
reuniones de nobles tocando instrumentos musicales o bailando,
incluso si el emperador no abrı́a el gran saló n para una recepció n. Se
oı́an tenues sonidos de instrumentos de cuerda de fondo.
Rensley quiso preguntarle a Gezell qué estaba pensando en ese
momento. ¿Recordaba aquella noche, antes incluso de besarse, cuando
se habı́an parado junto a la ventana del dormitorio del duque de
Roudken, practicando su primer baile con la mú sica que llegaba del
exterior? ¿Estaba Gezell recordando aquella noche, llena de una
atmó sfera extrañ amente emocionante y su sonrisa solitaria? Incluso
durante esa noche extrañ amente emocionante, Rensley ya pensaba en
el momento en que fue el primero en iniciar un beso.
En ese momento, alguien llamó a la puerta desde afuera. Rensley y
Gezell voltearon la cabeza al mismo tiempo.
“Su Gracia, soy Maes de la segunda Orden de Caballeros”.
Era uno de los nombres de los lı́deres. Mientras Rensley soltaba
rá pidamente la mano de Gezell, este se dirigı́a a la puerta.
"Espera aquı́."
Rensley se vistió apresuradamente. Aunque el anuncio era inminente,
sintió la necesidad de estar atento a la extrañ a atmó sfera. Tras ponerse
rá pidamente una camisa, la puerta se abrió .
"¿Qué pasa?"
“Ha llegado un informe urgente de Cornia”.
Dicho esto, el lı́der miró a Rensley. Al ver su expresió n incó moda al dar
la noticia, Rensley se acercó .
“Lı́der, ¿qué está pasando?”
“Bueno, se trata del rey Fé lix de Cornia”.
¿Lo has encontrado?
Ante la pregunta de Gezell, el lı́der inclinó la cabeza.
“Lo encontraron muerto.”
Los ojos de Rensley se abrieron de par en par. Sus labios, fuertemente
cerrados tras un momento de shock, temblaban de tensió n.
Ahora, el sol, revelando plenamente su presencia, ascendı́a
rá pidamente. La luz de la mañ ana, que penetraba por las cortinas
extendidas, infundı́a una profunda quietud en el dormitorio, la
habitació n de invitados donde el sol era má s favorable en el palacio.
Rensley no pudo determinar de inmediato si la muerte inesperada era
una buena o mala noticia.
Aparentemente preocupado por el hecho de que Rensley Maelrosen
formara parte de la familia real de Elbanes, el lı́der, en lugar de
continuar con el informe, infundió un ambiente sombrı́o con una
expresió n amarga. Rensley parpadeó varias veces y luego preguntó .
¿Está muerto...? ¿Có mo?
Aú n no hemos recibido informació n detallada. La noticia vino del
equipo de bú squeda de Cornia, no de nuestra parte, con irmando el
cuerpo... Sin embargo, Su Gracia, dado que existe un decreto imperial,
aú n necesitamos con irmar si la muerte es verdadera y regresar.
Gezell asintió . De todos modos, tomarı́a má s tiempo recibir informes
adicionales. Gezell le dio nuevas instrucciones al lı́der.
Ya debe estar despierta. Informa a la Gran Duquesa y trá ela.
Cuando el lı́der salió de la sala, Rensley se desplomó en la silla como si
perdiera las fuerzas. Con el ceñ o ligeramente fruncido, como si no
pudiera creerlo, miró ijamente a Gezell. ¿Qué habı́a pasado? Como si se
hiciera esa pregunta, sus ojos desconcertados parecı́an buscar una
respuesta.
"¿Está s bien?"
Sı́, estoy bien. Solo me sorprendió un poco la noticia inesperada.
Parecı́a que habı́an surgido con lictos internos a medida que la
situació n cambiaba. Quizá s se enzarzaron en una pelea.
Gezell se arrodilló frente a Rensley y le tomó la mano. Aunque Rensley
intentó levantarlo, sorprendido, la pregunta posterior lo silenció .
"¿Está s triste?"
Rensley frunció aú n má s el ceñ o. Tras mirarlo un instante, como si se
preguntara, respondió con irmeza.
"No."
"¿En realidad?"
Recibió su merecido. No estoy triste. Incluso si estuviera vivo, podrı́a
haber resultado ası́ de todos modos... Solo me siento un poco extrañ o.
Despué s de todo, é ramos hermanastros que crecimos en el mismo
palacio, y hace apenas unos dı́as, seguı́amos juntos.
Sin embargo, la expresió n de Rensley, con la boca cerrada, contradecı́a
su tono sarcá stico. Gezell, presionando sus labios contra la mano de
Rensley como si se disculpara, habló con tono conciliador.
Entiendo. Eres una persona amable, y aunque sufriste, no puedes evitar
sentirte conmovida por la muerte de un hermano con quien creciste
durante tanto tiempo.
“Bueno, no llegaré al punto de alabarlo por su muerte…”
En ese momento, la puerta se abrió de golpe sin llamar. Alguien entró
apresuradamente por la puerta abierta.
“¡Ren!”
“Ivet.”
Las criadas comenzaron a seguirlos, pero retrocedieron ante el gesto de
Ivet. Ivet hizo una leve reverencia a Gezell y luego corrió hacia Rensley,
sentá ndose a su lado. Los hermanos se tomaron de la mano y se
preguntaron có mo estaban.
Ren, ¿está s bien? ¿Tienes alguna herida?
—Sı́, estoy bien. Acabo de salir despué s de estar con inado un tiempo.
¡Fé lix, ese hijo de puta! Quizá s tambié n mató al rey. Si volvemos a
investigar ahora, ¿quié n sabe si encontraremos pruebas?
Derramando su ira en lugar de sobre Rensley, pronto adoptó una
expresió n lastimera.
Pero aunque aparezcan pruebas ahora, no servirá n de nada. Ren, Fé lix
tambié n está muerto.
“Sı́… acabo de enterarme.”
No sé qué pasa. El rey y la reina de Cornia mueren uno tras otro...
Aunque he maldecido a Fé lix varias veces, me siento raro cuando oigo
que está muerto de verdad.
"Yo tambié n."
Rensley asintió . Los hermanos permanecieron sentados uno junto al
otro en silencio un rato, con aspecto sombrı́o. Rensley, que habı́a estado
mirando la alfombra, inalmente habló .
Cuando supe que el rey habı́a muerto, no me emocioné . Aunque era mi
padre.
Yo tambié n. De hecho, pensé : «Por in, está muerto».
“Tanto el rey como Fé lix me atormentaron por igual, entonces ¿por qué
se siente tan extrañ o esta vez?”
Ivet se apoyó en el respaldo del sofá , dejando reposar la cabeza. Sus
rizos rojos ondeaban sobre sus hombros. Miró al vacı́o por un instante
y luego levantó lentamente las cejas.
“Aunque Fé lix era un bastardo, el rey fue quien creó a ese bastardo”.
“…”
El era quien má s nos molestaba y nos atormentaba, pero aunque sabı́a
de las sospechas de Fé lix de matar a otros hijos, no hizo nada. Solo por
ser el hijo que dejó la reina consorte a la que tanto amaba, le concedió
demasiados privilegios. Nunca te otorgó el tı́tulo de prı́ncipe y te usó a
su antojo, pero Fé lix se salió con la suya matando gente. De todas
formas, todos está bamos bajo el rey... Al inal, dejó a Fé lix, y a nosotros,
ası́.
En lugar de responder, Rensley pareció meditar sobre esas palabras y
bajó la mirada. La luz del sol brillaba en sus pestañ as ligeramente
temblorosas. Gezell, sentado en silencio, se limitó a observar las puntas
de sus largas pestañ as. Tras un momento de silencio, Rensley, cabizbajo,
sonrió .
“Ivet, ¿no tienes hambre?”
¿Eh? Tengo hambre. Quiero comer pronto.
“Su Gracia, ¿puedo desayunar en la habitació n de Ivet hoy?”
Gezell asintió .
“Siempre y cuando a la princesa le parezca bien.”
—Ah, entonces prepararé la comida en la habitació n. Subı́ en cuanto
supe que podı́a ver a Rensley, ası́ que me vestı́. Todavı́a está un poco
desordenado. —Cuando Ivet se levantó , Rensley tambié n se levantó —.
Bajaré pronto. Nos vemos. Tras una breve despedida, Ivet regresó a su
habitació n, dejando solo a Gezell y Rensley.
—Gracias, Su Gracia. ¿Llamó a Ivet a propó sito para que me hiciera
compañ ı́a porque temı́a que me sintiera deprimida?
“No creo ser el tipo de persona que discute asuntos que no entiendo
bien”.
Rensley, que se habı́a acercado paso a paso, apoyó la cara en el pecho de
Gezell. Un leve suspiro rozó su ropa. Como si ese suspiro hubiera
aliviado algo de la ansiedad, Rensley levantó la cabeza y su sonrisa
habitual apareció en su rostro. Gezell, mirá ndolo, permaneció en
silencio.
“En realidad, cuando Su Gracia vino a buscarme, me di cuenta de que le
habı́a dicho todo lo que querı́a decirle a Fé lix durante todo este tiempo”.
"¿Qué dijiste?"
Me llamó lastimoso, ası́ que le dije que tu vida es aú n má s lamentable.
Bueno, no lo decı́a con mala intenció n. Rensley dudó un momento antes
de hablar.
“Para é l, probablemente era una posició n dada, pero para algunas
personas, es algo con lo que ni siquiera pueden soñ ar…”
“…”
Podrı́a haberme convertido en una mejor persona, pero al inal resultó
ası́. Me sentı́ un poco vacı́o al pensarlo.
"Ya veo." Ante la breve e incó moda respuesta de Gezell, Rensley, que no
habı́a borrado por completo su melancolı́a hasta entonces, soltó una
suave carcajada. Gezell, como de costumbre, tenı́a un rostro sin
expresió n especial, pero la incomodidad que sentı́a se transmitió a
Rensley, que lo miraba de frente. La mirada de Gezell, preguntá ndose
por qué se reı́a, tambié n estaba presente.
—No es algo que deba consolarse... Su Gracia, no es usted muy bueno
consolando.
“Lo siento… no lo he probado mucho.”
Lo siento. Deberı́as tener algo que no se te dé bien. Vamos. Tengo
mucha hambre.
A pesar de las palabras de consuelo ensayadas y adornadas, Rensley,
quien habı́a recibido consuelo genuino de é l muchas veces, apreció
incluso la incomodidad de la sinceridad de Gezell. Rensley volvió a ser
el mismo de siempre y tomó la mano de Gezell. Solo la luz del sol, que
gradualmente brillaba, iluminó la habitació n vacı́a mientras ambos se
marchaban.
Cap. 20.3 - Todo está en su lugar
El hechicero que se habı́a hecho pasar por Rensley estaba acostado en
la cama, y ahora otra persona estaba acostada sobre ella.
El paciente, que yacı́a en la cama, tosió como si le doliera. La persona a
su lado pareció sorprendida y miró ijamente al paciente recié n
despertado.
Querı́a beber agua, pero no salı́a ningú n sonido. Quien lo cuidaba abrió
la puerta y llamó a alguien de afuera en lugar de responder.
Por re lejo, el paciente, ahora en postura defensiva, buscó el bastó n que
solı́a llevar a todas partes, pero no lo encontró . Incluso si el bastó n
hubiera estado allı́, habrı́a sido inú til. Un momento despué s, se dio
cuenta de que no tenı́a fuerzas para levantarse de la cama, y mucho
menos para usar magia.
Ademá s, sus muñ ecas estaban irmemente atadas con grilletes má gicos
especialmente elaborados, hechos de Maeseok. Un supresor para
impedir que los hechiceros o magos usaran magia. Un objeto muy
conocido entre los habitantes de Cornia, quienes habı́an sufrido mucho
a manos de los hechiceros.
“Su conciencia ha regresado.”
El hombre que entró en la habitació n tenı́a un rostro familiar, pues lo
habı́a visto antes. En la armadura ligera estaba grabado el emblema de
los Caballeros de Aldrant.
El paciente se inquietó aú n má s y se aferró a la manta con fuerza. Sin
embargo, el hombre simplemente le ofreció la botella de agua sin decir
nada.
"¿Puedes beber esto?"
El paciente, apenas incorporá ndose, no pudo hablar y, en cambio, tomó
la taza con ambas manos y bebió el agua. Ni siquiera eso lo hizo con
suavidad; el agua se derramó , mojando la manta y la ropa. Los ojos
enrojecidos inspeccionaron a la persona que le dio agua y la habitació n,
con un aspecto desolado.
“Aquı́ está …”
El paciente, Amin, que intentaba con irmar su ubicació n, se sorprendió
y cerró la boca. Su voz sonaba ronca, como si tuviera una herida grave
en la garganta. El hombre, sentado en la silla cercana, se llevó las manos
al pecho y esbozó una sonrisa amistosa.
No hay necesidad de preocuparse tanto. Como pueden ver, no llevo
armas y soy una persona comú n y corriente, no un hechicero.
“…”
Te llamas Amin, ¿verdad? Eres un hechicero de Cornia y sirviente del
rey Fé lix. ¿Cuá ntos añ os tienes?
Despué s de un largo silencio, como si ignorara la pregunta, llegó la
respuesta.
"Diecisé is."
Despué s de dudar un momento, como si quisiera decir algo, el hombre
se presentó primero.
Amin, soy Anton Sorel, comandante de los Caballeros de Aldrant. Estoy
aquı́ para protegerte bajo las ó rdenes del Duque.
"¿Por qué el duque de Aldrant…?"
Tus planes fueron revelados al Emperador. Si Aldrant no te protege,
estará s en una situació n en la que no podrá s escapar de la ejecució n.
Sin embargo, Maelrosen le pidió al Duque que te protegiera, y el Duque
aceptó .
Amin levantó la cabeza al oı́r esas palabras. Sus ojos, llenos de
sospecha, mostraron por primera vez un atisbo de vulnerabilidad,
temblando.
“¿Está a salvo Rensley Maelrosen?”
—Sı́. No tengo lesiones. Estoy perfectamente bien.
“…¿Qué pasa con Lord Fé lix?”
"Está muerto."
El joven hechicero permaneció en silencio, sin mostrar gran sorpresa.
Su expresió n, como si esperara la noticia, se tornó aú n má s desolada.
Anton le dio un momento para comprender la realidad, observando su
rostro con profunda tristeza para un joven de diecisé is añ os.
Parece que fue atacado por bestias salvajes. Lo encontraron en las
profundidades del bosque. En respuesta, Amin frunció el ceñ o,
aparentemente sorprendido por la informació n. Su rostro,
profundamente ensombrecido por el arrepentimiento, expresó
incredulidad ante la razó n de la muerte de Fé lix.
Imposible. Lord Felix tenı́a varios artefactos que le di. Era experto en el
manejo de la espada. No hay forma de que cayera ante simples animales
salvajes...
Si no son bestias, podrı́an ser demonios. Normalmente, se dice que los
demonios surgen solo del norte, pero hay registros de su aparició n en
los mares del sur hace mucho tiempo.
"¿Está s diciendo que un demonio que desapareció hace cien añ os
apareció de repente, mató a Lord Fé lix y luego desapareció de nuevo?"
Amin, tosiendo y respirando con di icultad, replicó . Anton le ofreció
agua de nuevo, y Amin, aparentemente dolorido, tomó la taza y bebió .
Sus ojos rojos parecı́an desolados, mirando ijamente a quien le habı́a
dado agua y a la habitació n.
Manejá ndolo ası́ es tu camino a la supervivencia. Admite como testigo
que Fé lix planeó la agresió n, con iesa que lo seguiste por miedo, como
te ordenó el Duque. El Duque ha intervenido; si haces precisamente eso,
podrá s vivir.
"No."
Amin negó con la cabeza. Su voz quebrada ahora temblaba.
No le tenı́a miedo a Lord Felix. Lo seguı́ con sinceridad. Aunque me
abandonara, eso no cambiará .
—Entonces, ¿planeas morir siguié ndolo?
“De todas formas, pensé que mi vida ya se habı́a ido”.
El rey Fé lix valoraba mucho tu talento y te nombró su sirviente a tan
temprana edad. El duque tambié n te valora mucho. El duque dijo que
no hay nadie en todo el continente de tu edad que pueda usar la magia
como tú . Te admiraba como un prodigio.
Ante esas palabras, Amin abrió mucho los ojos. Su mirada hacia Anton
estaba llena de descon ianza y sospecha.
Mentiras... Engañ é al Duque y luché contra é l. No me elogiarı́a ası́.
El Duque no juzga a las personas por sus relaciones ni sus emociones.
Incluso si fueras un enemigo, reconoce tus excepcionales habilidades
má gicas.
“…”
Salvó a quien derramó mucha sangre y estaba a punto de morir. Dijiste
que tenı́as diecisé is añ os, ¿verdad? Serı́a un desperdicio desperdiciar tu
preciosa vida ası́.
Amin no pudo responder y bajó la mirada hacia la manta. Bajo la ira y la
tristeza, se escondı́an claramente la confusió n y la vacilació n.
En ese momento, la puerta se abrió de nuevo. Finalmente, una
expresió n reconocible apareció en el rostro de Amin al con irmar la
llegada del nuevo hué sped.
“Rensley Maelrosen.”
¡Amin! Está s bien despierto. Menos mal. ¿Tu garganta está bien? Por
có mo me reconoces, tu cabeza tambié n parece estar bien.
Rensley se acercó rá pidamente y se sentó junto a Anton. Mirando a
Amin y Anton como si evaluara el ambiente, Rensley abrió la boca con
una sonrisa.
Hace frı́o. ¿De qué hablabas?
Lo está bamos persuadiendo para que declarara que se habı́a movido
bajo la amenaza del rey de Cornia. Ası́, podrı́a evitar ser considerado
responsable de este incidente.
—Amin, hazlo. Si no, el Emperador no te dejará ir ası́ como ası́. Aunque
nadie lo sepa, eras el con idente má s cercano de Fé lix, ası́ que cooperar
activamente es la ú nica forma de salvarte la vida.
Amin frunció el ceñ o ante esas palabras.
¿Traicionar a Lord Felix? ¿Sabes lo que Lord Felix hizo por mı́?
Segú n Su Gracia, parece que Fé lix intentaba eliminarte. ¿Es cierto? Fé lix
se vio envuelto en con lictos internos y parece haber muerto. Si
hubieras estado allı́, Fé lix podrı́a haber estado bien, pero parece que
Fé lix cayó en la trampa de otros mientras intentaba hacerles bromas.
El hechicero, que habı́a estado mirando a Rensley con rebeldı́a, giró la
cabeza sorprendido. Aunque no hubo respuesta inmediata, era evidente
que no hubo una negació n inmediata. Rensley suspiró .
¿Traició n? ¿Qué traició n? ¡Si hay alguna traició n, es lo que ese tipo te
hizo! ¿Deberı́a adivinar? Ese imbé cil te apuñ aló e intentó ponerlo todo
patas arriba, ¿verdad? ¿Có mo lo sé ? Ese tipo ha sido ası́ desde el
principio. Es un inú til y un in iel. ¿No te dije desde el principio que
incluso la quiromancia que se re lejaba en sus ojos era absurda?
Despierta. Ese tipo te usó de principio a in. Sobreviviste dos veces a la
muerte. Qué suerte increı́ble. No desperdicies tu vida en la infelicidad.
—No me importa. Dije con mis propias palabras que fui la herramienta
de Lord Felix. No me importa ni que me usaran.
Claro que lo pensarı́as. Pero, Amin, aú n te queda mucho por recorrer.
Habrá muchas cosas en el futuro por las que estará s agradecido de
haber sobrevivido. Alguien que pueda ser má s leal que Fé lix podrı́a
parecer. Eres un mago genial. ¿No deberı́an valorarse tus habilidades?
Sı́. Es bueno vivir como la herramienta de alguien. ¿Es fá cil? Quizá s yo
sea alguien que te valore un poco má s en este vasto mundo. No tienes
que renunciar a la vida a los diecisé is.
Ante las palabras de Rensley, Amin bajó aú n má s la cabeza. Sus ojos
rojos brillaron con crueldad. Rensley le hizo un gesto a Anton para que
le hiciera espacio, pero Anton negó con la cabeza. Dejar solos los restos
de la persuasió n de Fé lix y a Rensley era irrazonable.
La pequeñ a voz de Amin, que habı́a permanecido en silencio mientras
é l solo inclinaba la cabeza, surgió un poco má s tarde.
“…Si sobrevivo… ¿entonces a dó nde deberı́a ir?”
"¿Mmm?"
Yo… sin Lord Felix, no tengo nada. La mayorı́a de nuestros magos se
movı́an en secreto, y yo era su con idente má s cercano. No hay mucha
gente que me conozca en el palacio real, y sin la residencia que Felix me
preparó , no tengo dó nde vivir. Y mi estatus…
Debes haber ganado dinero trabajando como mago hasta ahora. Si
tienes dinero, puedes vivir donde sea. No tienes que vivir en Cornia.
Aunque el rey de Cornia maltrataba a los magos, los magos talentosos
recibı́an buen trato en diversos lugares. Incluso los magos reales de
Cornia recibı́an mejor trato que los de otros paı́ses. De lo contrario, ¿se
habrı́an quedado?
Amin se quedó mirando a Rensley con una expresió n vacı́a. Poco a poco,
comprendiendo esa expresió n, el rostro de Rensley, que hasta entonces
habı́a estado relativamente tranquilo, ahora mostraba las arrugas má s
pronunciadas.
“Bueno… incluso despué s de muerto, este tipo se las arregla para
escupir basura…”
¡Le dije que no necesitaba dinero! Todo lo que necesitaba ya me lo
habı́a proporcionado Lord Felix, y no necesitaba dinero...
Rensley se movió para sentarse en la cama. Cuando Amin le agarró la
mano bruscamente, se quedó ató nito y miró directamente a Rensley.
Dé jame que te cuente. Como Su Gracia tambié n valora mucho tu talento,
podrı́a saber de alguna organizació n de magos o algo adecuado para
que te unas. Pero no te hagas muchas ilusiones. Aunque tus habilidades
son reconocidas, las circunstancias no son precisamente favorables,
considerando que me secuestraste.
“….”
No te preocupes. Con tus habilidades, aunque no tengas dinero ahora
mismo, no será un problema establecerte. Puede ser un poco
inquietante emprender un camino sin entender bien el mundo... Bueno,
no es raro que chicos de tu edad se independicen y trabajen.
Una lá grima cayó de sus ojos rojos. El hechicero la secó rá pidamente. Ni
Rensley ni Anton mencionaron las lá grimas.
—Bueno, Amin, descansa bien esta noche. Espero que mañ ana aceptes
nuestra propuesta con má s tranquilidad.
Cuando Rensley se levantó , Anton volvió a llamar a los guardias. Como
Amin no podı́a moverse bien, no le vendrı́a mal darle tiempo para
pensar a solas en un dı́a como hoy. Rensley se arrepintió por dentro,
pero conociendo a Anton, no volvió a mencionarlo.
Las cosas se estaban resolviendo con discreció n y rapidez. La muerte de
Fé lix se trató como resultado de un accidente de caza sin la protecció n
adecuada, y las iguras clave del plan fueron dispersadas con diferentes
pretextos.
El proceso de sucesió n al trono de Cornia transcurrió con má s luidez
de lo previsto. La cuarta reina, como si hubiera estado esperando,
colocó con calma a su hijo mayor en el trono. Se llegó a un acuerdo con
los regentes para gobernar hasta que cumpliera diecisiete añ os. De esta
manera, se ocultó la conspiració n para librar una guerra contra el
Imperio.
Rensley caminó por el sendero que conducı́a a la torre principal, con
cierta amargura. Anton lo siguió como una sombra. Desde su regreso al
palacio, Rensley no habı́a estado solo en ningú n lugar fuera del
dormitorio de Gezell.
“Señ or Maelrosen.”
Gezell, que parecı́a estar esperando noticias de Amin, se acercaba a
ellos. Rensley apresuró el paso con una sonrisa.
"¿Está todo bien?"
—Por supuesto. Parece que su á nimo se ha calmado rá pidamente.
Quizá s mañ ana tenga má s control de sus emociones.
El palacio estaba bellamente decorado, incluso en las zonas peatonales
circundantes, adornadas con lores y á rboles. Ambos caminaban
lentamente, conversando.
Me siento aliviada. No me importa de ninguna manera, pero si vas a
poner todo tu corazó n, espero que salga como deseas.
Sospecho que Fé lix realmente le hizo algo a Amin, como especuló Su
Gracia. ¡Qué canalla! Sé lo leal que era ese chico a Fé lix. Ademá s,
involucrando a un niñ o tan pequeñ o... ¡Qué grande debe ser la
sensació n de traició n! Es natural que sus sentimientos se alejaran.
Anton siguió en silencio a Gezell y Rensley. Su señ or miró a su
prometida con una leve pero amable sonrisa. La sonrisa que una vez
sorprendió a Anton ahora le resultaba familiar.
Es increíble. ¿Cómo pudo Lord Felix, quien poseía varios artefactos que le
di y unas habilidades excepcionales con la espada, ser derrotado por
simples animales salvajes...?
Anton habı́a llegado a Cornia para con irmar personalmente el cadá ver
de Fé lix. Incluso para alguien que habı́a lidiado con todo tipo de
cadá veres hasta entonces, el estado del cuerpo era tan espantoso que
frunció el ceñ o momentá neamente. La condició n del cadá ver era
inexplicable, aparte de haber sido atacado por una bestia feroz o un
monstruo. El mé dico forense que analizó las huellas del cuerpo tambié n
concluyó que era difı́cil considerarlo obra humana.
Sin embargo, como a irmó el hechicero Amin, no habı́a habido ninguna
aparició n de monstruos en la regió n sur durante má s de cien añ os.
Incluso si aparecieran, era irrazonable pensar que solo dañ arı́an a Fé lix
y luego desaparecerı́an sin dejar rastro.
Finalmente, se concluyó que se trataba de travesuras de animales
salvajes, y el emperador decidió no proseguir con las investigaciones.
En un esfuerzo por estabilizar Cornia, que repentinamente habı́a
comenzado los preparativos para una nueva sucesió n, se mostraron
indulgentes con la participació n de Pheraira.
Si la persona a la que intentaban controlar discretamente habı́a muerto
en un accidente, no habı́a necesidad de indagar má s en las razones. Sin
embargo, Anton no pudo evitar especular sobre la verdadera causa del
cadá ver.
…Gezell habı́a nombrado personalmente a Anton capitá n de la guardia
personal, y compartı́a todos los secretos polı́ticos y privados
ú nicamente con é l. No era que Anton fuera de mucha con ianza; los
secretos del rey debı́an ser conocidos por el jefe de la guardia personal
y algunos ministros clave por el bien de los secretos del paı́s.
Sin embargo, durante el invierno en que Rensley Maelrosen abandonó
Roudken, atormentado por el dolor de su primer amor, Anton, quien se
enfrentó al duque Gezell, quien no sabı́a có mo lidiar con su dolor,
aprendió una cosa: no fue por responsabilidad real que compartió
todos los hechos, sino simplemente porque nunca habı́a tenido secretos
que no quisiera que otros supieran.
Los tres hombres llegaron a la habitació n de Gezell. Anton hizo una
reverencia corté s.
"Me despediré entonces."
Oh, Capitá n. Muchas gracias tambié n hoy. Gracias a que lo convenciste
bien al principio, parece que Amin se ha calmado rá pidamente.
Mientras respondı́a con una sonrisa a la despedida, Anton lo miró en
silencio por un momento. Cuando el silencio se prolongó , Rensley
pareció algo incó modo.
“¿Por qué eres ası́?”
—Nada. Que tenga buenas noches, Su Gracia.
—Eh... ¿por qué haces esto? Por favor, no empieces ası́ ya.
“Yo tambié n necesito practicar.”
No estoy acostumbrado a esto y es un gran problema. Su Gracia, por
favor, entre rá pido.
—Entra tú primero. Tengo algo que decirle a Anton por un momento.
Asintiendo, Rensley entró en la habitació n y, cuando los pasos del
interior se desvanecieron, Gezell bajó la voz.
“Antó n.”
"Sı́."
Oı́ que Amin, ese tipo, recuperó la consciencia. Deberı́a conocerlo
tambié n. Sir Maelrosen es sabio, pero a veces tiende a verlo todo con
buenos ojos.
"Comprendido."
“Intenta ir a verlo despué s de que Sir Maelrosen se duerma”.
Con eso, Gezell desapareció detrá s de la puerta y Anton siguió su
mirada con los ojos.
Finalmente, el cambio del joven rey, quien nunca habı́a compartido
secretos que no querı́a que otros supieran, debido a su sentido de
responsabilidad como rey, o mejor dicho, solo por eso, la historia de su
anhelo que no querı́a revelar a nadie, lo notaran o no, dejó a Anton con
una mezcla de emociones. Sonrió con ironı́a, sin saber si debı́a
lamentarse o alegrarse por el cambio.
Cap. 21.1 - Verano sin in (El
inal)
Estoy muy disgustada. Si hubiera sabido que algo ası́ sucederı́a, te
habrı́a seguido a Pheraira. Pero… El duque se ha ido del castillo, y
deberı́a ocuparme mejor de la casa. Ademá s, se necesita a alguien que
se encargue de los asuntos de la princesa Frida, ası́ que me quedé …
Han pasado casi dos semanas desde que regresaron a Aldrant.
Un dı́a, mientras Lady Samlet continuaba lamentando la misma historia,
Rensley se rió juguetonamente y se volvió hacia ella.
Planeo tomarme unas vacaciones el añ o que viene. Iré hasta Cornia y
volveré . Deberı́as venir entonces.
“Gracias por decirlo, Su Gracia.”
“Oh… ¿Cuá ndo me acostumbraré a ese tı́tulo?”
Pronto te acostumbrará s. Me alegra servir a la duquesa. La princesa
Frida podrı́a dar a luz en el futuro, o si no, uno de los hijos de la realeza
podrı́a convertirse en el heredero. No te preocupes por lo que digan los
demá s. Con el tiempo, todos lo aceptará n.
“Su amabilidad estos dı́as no tiene precedentes…”
Mientras Rensley estaba sinceramente conmovido, Lady Samlet hizo
una señ al y los sirvientes se acercaron apresuradamente. Rensley se
levantó y siguió las instrucciones: levantó los brazos, estiró las piernas,
se dio la vuelta y repitió el proceso.
El sacerdote, que llegó con los asistentes, examinó cuidadosamente
cada parte del cuerpo de Rensley. El sacerdote de hoy ya era el quinto.
Las lujosas telas que Gezell le habı́a regalado generosamente por in
veı́an la luz.
Se acercaba la ceremonia nupcial, y Rensley habı́a prometido
permanecer en silencio en su habitació n. Sin embargo, al valiente
Rensley Maelrosen, que solı́a escaparse por la ventana y trepar las
paredes durante tales promesas, ahora le costaba dar un solo paso al
exterior.
¿La razó n? Era obvia. La existencia que antes se consideraba una mera
fantası́a, una duquesa, se estaba haciendo realidad en Aldrant. Los
habitantes de Aldrant estaban profundamente divididos sobre si
aceptar o no a Rensley Maelrosen como duquesa. En medio de esto,
Gezell expresó su intenció n de celebrar la boda por todo lo alto,
mientras que varios nobles de la familia real declararon su intenció n de
boicotear la ceremonia.
Afortunadamente, la Iglesia se mostró positiva respecto a la boda,
a irmando que no habı́a necesidad de sentar un precedente.
“Era demasiado impulsivo…”
Rensley se apoyó en la ventana y murmuró mientras miraba hacia
afuera. Debido a las reacciones exageradas, Rensley aú n no habı́a
participado en el entrenamiento de caballeros planeado.
Gezell prometió que Rensley podrı́a mantener sus cali icaciones de
caballero incluso despué s de convertirse en la duquesa o icial, pero
hasta que esta situació n se resolviera, era un desafı́o para Rensley ir y
venir libremente.
Los sirvientes del Ducado de Roudken obedecı́an las ó rdenes del señ or
y trataban a Rensley como «Su Gracia», pero Rensley no querı́a pensar
en lo que pudieran decir a sus espaldas. Habiendo crecido entre ellos,
Rensley sabı́a lo á speras que podı́an volverse sus conversaciones
cuando estaban solos.
“El caballero Stan Simon solicita una audiencia”.
"¡Adelante!"
Rensley respondió con prontitud. Como no podı́a salir, agradecı́a a
todos los que lo visitaban.
Caballero Stan Simon, saludos. Su Gracia.
“Por favor, hasta la ceremonia de la boda, ¿no puedes simplemente
llamarme por mi nombre?”
—Bueno… Si Su Gracia insiste…
“Insisto.”
Los dos se sentaron con una jarra de vino del mediodı́a. Inclinando su
copa, Rensley apoyó la cara en el reposabrazos de la silla y suspiró
amargamente.
“Todo el mundo me odia.”
"No es cierto."
Para Rensley Maelrosen, quien siempre fue querido, esta es la prueba
de su vida... Aunque he tenido algunos problemas con gente mala,
nunca he sido detestado por tanta gente.
“No es que no les gustes; es solo que la historia es demasiado iné dita”.
Stan, eres un verdadero amigo. Nuestra amistad se ha fortalecido aú n
má s gracias a este incidente. Me conmueve. No olvidaré este favor
cuando me convierta en la Duquesa.
Su Gracia, una vez que se decide, rara vez cambia. Si se trata de
matrimonio, se aferrará aú n má s a ella. Ya está decidido. La gente
comprenderá que es inú til oponerse. Y tanto usted como Su Gracia no
tuvieron otra opció n en algunos aspectos. Sinceramente, fue bastante
repentino, ¿verdad?
Rensley no tenı́a palabras para refutar eso.
Los procedimientos matrimoniales en las familias reales eran
generalmente similares en todas partes. Si una familia deseaba un
matrimonio estraté gico o tenı́a una relació n adecuada con una familia
real extranjera, viajaba al paı́s donde se celebrarı́a el matrimonio y
celebraba la ceremonia. Antes de la ceremonia, se informaba a los
sacerdotes y al emperador sobre la noticia del matrimonio y la pareja
del otro paı́s. Si bien té cnicamente tenı́an la autoridad para oponerse o
anular el matrimonio, estos casos eran poco frecuentes.
El duque de Aldrant solı́a casarse sin revelar su futura esposa, a menos
que hubiera una persona en particular con la que deseara casarse. Esta
era una convenció n simbó lica que representaba el compromiso de
Aldrant de mantener la paz en el continente al no oponerse demasiado
al emperador, ya que esto generaba una poderosa fuerza para prevenir
a los demonios.
Gezell, a quien nunca le habı́a interesado mojarse bajo la lluvia durante
su é poca de prı́ncipe ni el matrimonio, habı́a pasado por esta
convenció n mucho despué s de heredar el trono. El resultado fue la
situació n actual, donde, curiosamente, Rensley Maelrosen se convirtió
en el consorte del duque.
Gezell Jivendad, quien rara vez cambiaba de opinió n una vez tomada,
resolvió rá pidamente todo en el palacio imperial. Tratar con el
emperador no fue tan difı́cil como se esperaba. Gezell mezcló algunas
mentiras en su explicació n.
Contó una historia sobre el difunto rey de Cornia que no querı́a enviar a
su hija al norte y en su lugar envió a Rensley Maelrosen, quienes,
inicialmente sorprendidos, inalmente se enamoraron el uno del otro, lo
que hizo imposible continuar con el falso matrimonio.
Ivet, quien inicialmente huyó porque no le gustaba el matrimonio
concertado, visitó posteriormente Aldrant, trabajó allı́ y fue presentada
como la duquesa, ya que era difı́cil presentar un duquesa varó n al
emperador. Todo esto formaba parte del engañ o de Gezell. Tambié n
solicitó que, si habı́a alguna consecuencia por engañ ar al emperador, la
ira se dirigiera solo contra é l.
El punto de partida de todo el incidente, el rey Elbanes, habı́a muerto, e
incluso Fé lix se habı́a marchado, ası́ que era demasiado tarde para
discutir si estaba bien o mal. Ademá s, sinceramente, ¿no serı́a asunto de
otros en lo que respecta al matrimonio? El emperador siempre estaba
alerta ante el posible aumento del poder de Aldrant, ası́ que no habı́a
razó n para oponerse a que un duquesa se casara con un miembro de la
familia real, incluso si no pudiera engendrar un heredero.
Cuando Rensley fue a saludar al emperador, é ste parecı́a genuinamente
divertido, haciendo bromas sobre có mo los jó venes podı́an llevarse tan
bien y riendo de buena gana.
El problema surgió despué s. En un principio, convencer a la gente
habrı́a llevado mucho tiempo, pero Gezell convocó a los caballeros y
diplomá ticos y anunció que Rensley Maelrosen serı́a reconocida como
Gran Duquesa.
Perdı́ la cabeza. Deberı́a haberlo detenido, pero en ese momento yo
tambié n estaba demasiado emocionado.
“Tenı́as que decirlo de todas formas.”
Por supuesto, la misió n diplomá tica de Aldrant estaba alborotada.
Incluso hubo algunos pocos que, en su excitació n, cuestionaron lo
sucedido. Algunos incluso entregaron personalmente mensajes
urgentes a Aldrant.
En medio de todo esto, el baile imperial se desarrolló sin demora, y fue
entonces cuando la realidad de la situació n de Rensley lo golpeó
tardı́amente. Ni siquiera la misió n diplomá tica aliada pudo
convencerlos. De pie ante un pú blico de iguras in luyentes de diversos
á mbitos en el saló n má s imponente del palacio, tuvo que saludarlos
como el Duque, un papel nunca visto en siglos. Parecı́a un espectá culo,
un evento donde se le presentaba a todos como la igura má s
extraordinaria del continente.
Las repercusiones del secuestro y el con inamiento habı́an dejado a
Rensley emocionalmente vulnerable. Se sentı́a resentido con su yo del
pasado, quien habı́a asentido con entusiasmo a la decisió n de Gezell de
anunciarlo como duquesa.
La situació n ya habı́a dado un giro irreversible. Incluso los preparativos
del banquete se hicieron a toda prisa, y Rensley, que no habı́a estado
bien preparado, se puso un atuendo improvisado y caminó junto a
Gezell.
A pesar de saberlo todo, Rensley empleó todas sus fuerzas para
mantener una actitud digna ante el Emperador. Saludó
respetuosamente mientras este explicaba la historia a los presentes. El
debut en palacio era algo que deseaba desechar como una manta.
“No podemos arruinar la ceremonia de la boda”.
El tono de Rensley se volvió resuelto.
"¿Qué es esto de repente?"
El ambiente en el baile de palacio era muy tenso. ¿Sabes lo bien que
bailo? Ese dı́a, le pisé el pie a Su Gracia dos veces... Aun ası́, no pasó
nada, ya que la mayorı́a de los presentes me conocı́an por primera vez.
Ya tendré la oportunidad de redimirme má s tarde. Pero la ceremonia de
la boda no puede fallar. Tiene que ser un evento donde pueda
establecerme como la Duquesa ante el pueblo de Aldrant.
¿Por qué no hablarlo con la princesa Ivet? Ella ocupaba un puesto
importante, ası́ que podrı́a estar al tanto de estos asuntos.
Por supuesto, eso se consideró . Ademá s, a Rensley y a Ivet les
encantaban las iestas y los eventos.
Aunque el Emperador sugirió que Ivet podrı́a ayudar con los asuntos de
palacio mientras se distanciaba del papel de duquesa, Ivet pidió tiempo
para pensarlo y declinó por el momento. Su reticencia era evidente,
quizá por temor a que el Emperador interviniera y organizara una
ceremonia nupcial.
Má s tarde, Ivet tambié n explicó la situació n a las altas esferas y se
encontraba en plena estancia en Aldrant temporalmente. Rensley, como
de costumbre, se enfrentó a otra encrucijada.
“Por cierto, Stan, bailaste con la princesa Ivet en el baile, ¿verdad?”
—Sı́. Pensé que Su Gracia lo estaba preguntando, pero resultó ser otra
persona. Ademá s, no hay razó n para que no pueda bailar con ella.
En el baile donde Rensley tenı́a su mente en otra parte, Ivet terminó
bailando con varios hombres en lugar de Rensley.
Al principio, Ivet le propuso bailar a Anton. Normalmente, una princesa
o una dama noble no invita a un hombre a bailar primero, pero como
era Ivet, lo hizo. Anton bailó con Ivet, y luego Stan le pidió a Ivet el
segundo baile. Despué s, varios hombres siguieron su ejemplo. Esa
noche, Ivet se lo pasó genial bailando con varios hombres.
“¿La princesa se quedará aquı́ un rato?”
¿Mmm? No. No estoy segura. Parece que está pensando qué hacer.
Podrı́a volver a trabajar en el Palacio Pheraira, o rechazar esa opció n y
quedarse aquı́... Me gustarı́a que se quedara, pero lo importante es lo
que quiere Ivet.
En in, Rensi, estoy de tu lado. Somos amigos y compañ eros caballeros
de la misma orden. Quiero ayudarte hasta el inal. Si necesitas algo, solo
dı́melo.
“Sı́, claro… Siempre me has ayudado mucho.”
Por alguna razó n, Stan tenı́a una expresió n incó moda y se levantó de
golpe. Parecı́a ansioso por irse, evitando la mirada de Rensley. Era como
si quisiera salir de la habitació n urgentemente.
—Bueno, entonces volveré . Te visité porque pensé que podrı́as estar
deprimido. Tus compañ eros caballeros suelen apoyarte.
"Stan."
"¿Sı́?"
“Parece que Ivet está interesado en el Comandante”.
¿Qué ? No, ¿de qué hablas de repente? ¡No le pregunté porque siento
algo má s por la princesa!
“Só lo lo digo.”
Rensley se encogió de hombros y le hizo un gesto de desdé n a Stan,
quien estaba excesivamente emocionado. Por la noche, Gezell y Rensley
se sentaron uno al lado del otro, frente a Frida e Ivet. Rensley se sonrojó
levemente.
“No esperaba que viniera la princesa…”
Me pareció interesante, ası́ que vine a verlo. Espero no molestar.
No lo estarı́as. Si la princesa no nos hubiera cuidado, no estarı́amos en
esta situació n. Es solo que... es un poco vergonzoso.
“¿Hay algo de qué avergonzarse ahora?”
Bien. Rensley simplemente suspiró . La princesa Ivet llamó la atenció n
golpeando ligeramente la mesa.
Hay varias maneras de vender cosas. El mé todo bá sico es ajustar el
precio, pero lo que vendemos no es un objeto, sino a la Gran Duquesa
Rensley Maelrosen, ası́ que no podemos ijar un precio. En de initiva, la
ú nica manera es promocionar las ventajas especiales de forma amplia y
activa.
Puede haber tantas ventajas especiales como desee. Maelrosen tiene
una apariencia excepcional, un cará cter cariñ oso y una personalidad
excelente, a diferencia de la realeza comú n. Es diligente, competente en
diversas tareas e inteligente.
—No, Su Gracia. No me re iero a esas ventajas. Admito que Rensley es
un buen hombre, pero sinceramente, ser guapo y tener buena
personalidad di iculta ganar popularidad en Aldrant. Es má s
importante tener una cualidad impresionante que cien ventajas
diversas.
Fue una evaluació n dolorosa. Rensley solo pudo asentir sin decir
palabra. Rensley Maelrosen era, sin duda, una persona impecable, pero
si le preguntaban si destacaba en algú n aspecto en particular, la
respuesta no era tan clara.
'Para alguien como yo, que siempre ha creı́do que vivir una vida
moderada y sin incidentes es la clave de la vida, es iró nico que ahora
necesite un desafı́o completamente opuesto.'
En cambio, las desventajas son bastante graves. Mucha gente,
naturalmente, tiene reservas sobre las uniones entre personas del
p
mismo sexo, y la imposibilidad de engendrar un heredero en el
matrimonio real se percibe como fatal en la opinió n general. Rensley
necesita presentar algo que compense estas dos importantes
desventajas.
“No tengo nada de eso…”
De hecho, tenı́a algo. Su excepcional talento como Elementalista.
Sin embargo, no pudo demostrar sus habilidades como Elementalista
de inmediato. Aú n le quedaba mucho entrenamiento por delante, y
Rensley apenas habı́a recibido algunas lecciones del lobo.
Ademá s, para quienes no estaban familiarizados con la magia, el
té rmino «Elementalista» era solo un nombre que quizá habı́an oı́do en
alguna parte, e incluso si lo hacı́a alarde, la respuesta probablemente
serı́a: «¿Qué es eso? ¿Es algo extraordinario?».
“Ademá s, el mayor problema en este momento no es que sea hombre”.
La historia de un duque entre la nobleza no era má s que un cuento
infundado. La oposició n se basaba en razones fundamentales, como la
imposibilidad de engendrar un heredero mediante el matrimonio entre
personas del mismo sexo, pero la gente comú n de Aldrant era diferente.
La razó n principal por la que no podı́an aceptar a Rensley Maelrosen
ahora era de cará cter emocional.
“¿Cómo pudo engañarnos tan fácilmente?”
Esto fue lo ú ltimo que Rensley escuchó del encargado del establo, que
solı́a ser cercano a é l, despué s de declarar pú blicamente su intenció n de
convertirse en la duquesa.
La princesa del paı́s del sur, que habı́a llegado con velo en una frı́a
noche de invierno. La nueva duquesa de Aldrant, recibida tras un
cambio de liderazgo siete añ os despué s, era conocida por su belleza y
amabilidad, pero por su debilidad fı́sica. Sin embargo, tras el velo de la
duquesa se escondı́a un caballero, Rensley Maelrosen, robusto, robusto
e incluso impecablemente arreglado. Quienes conocı́an a Rensley se
quedaron ató nitos, y quienes no, sintieron una profunda traició n.
“¿Qué habrı́a pasado si te hubieras divorciado de Ivet y te hubieras
vuelto a casar conmigo, como pensamos inicialmente?”
“Entonces te habrı́as enfrentado a aú n má s di icultades, etiquetado
como un villano histó rico que le quitó el marido a su hermana”.
q q
Ante el comentario de Frida, Rensley asintió dé bilmente. Ante la
realidad, el problema no era el emperador ni los nobles. Se habı́a
tomado el engañ o demasiado a la ligera.
Los habitantes de Aldrant ya sentı́an afecto por la falsa duquesa que
Rensley Maelrosen habı́a interpretado. Les costaba aceptar que el
objeto de su afecto fuera completamente icticio y engañ oso.
Al hacer el anuncio, Rensley esperaba que sus relaciones con colegas y
vecinos se tornaran incó modas, y que hubiera gente que no lo
reconocerı́a. Sin embargo, no previó este tipo de rechazo.
En otras palabras, el mayor obstá culo que Rensley Maelrosen
enfrentaba ahora no eran cuestiones como el matrimonio igualitario, el
problema de los herederos o la elegibilidad. Era el pecado del engañ o.
Aun ası́, ¿no hay manera de cambiar la situació n? Primero deberı́as
acercarte a la gente e intentar hacerles cambiar de opinió n.
La verdad es que no sé qué hacer. La ú ltima vez, salı́ de los muros del
castillo y me cayeron huevos de quié n sabe dó nde.
“¿Es eso realmente cierto?”
Ups. Rensley, quien le habı́a ocultado ese hecho a Gezell, cerró la boca.
Gezell agarró la mano de Rensley con irmeza.
Sir Maelrosen. Aunque acepté porque parecı́a dispuesto a que todo
saliera bien, este es, en ú ltima instancia, nuestro matrimonio. Me
encargaré de la oposició n, ası́ que, por favor, no se preocupe má s.
—No, Su Gracia… Ese mé todo es el ú ltimo, no es una opció n en
absoluto…
Si Gezell se lo propusiera, probablemente podrı́a silenciar a todos
presionando. Sin embargo, eso solo conducirı́a a la peor conclusió n,
creando el resultado má s negativo que un forastero, un duque que
habı́a engañ ado a la gente con engañ os, podrı́a lograr.
Frida le entregó un vaso de licor al abatido Rensley.
Al menos hablemos mientras tomamos algo. Pensar en lo que ya pasó
no cambiará nada, ¿verdad?
Princesa… En la familia real, eso es otra historia, pero ella parece
disfrutar de los asuntos ajenos. Rensley sonrió levemente al aceptar la
copa, pero dudó a mitad de camino.
—Ası́ es. Es asunto de otros. Lo importante es disfrutar.
“¿Asunto de otro?”
—A mı́ me pasa lo mismo. La gente suele sentirse atraı́da por las cosas
interesantes, y ademá s, a los aldrant les encantan los rumores.
Ivet asintió ante sus palabras.
“Pensé en alguien que podrı́a ayudar”.
"¿OMS?"
Es alguien que conocı́ en las altas esferas. Intentaré contactarlo. Suele
estar por aquı́ por estas fechas. Solo se quedan en el norte cuando hace
frı́o. Deberı́a ser ú til. Rensley, puede que sea duro, pero anı́mate. En in,
tu sociabilidad es una de tus fortalezas. Si sigues escondié ndote, los
malentendidos solo crecerá n. No te hiciste pasar por la Duquesa para
engañ ar a la gente a propó sito, ası́ que con el tiempo, la gente
comprenderá tu sinceridad.
Rensley estuvo de acuerdo con esas palabras. Era cierto. Esconderse en
su habitació n no mejorarı́a la situació n.
Cap. 21.2 - Verano sin in (El
inal)
Anton Sorel, comandante de los Caballeros Aldrant, entró en la o icina
de Gezell con expresió n seria. El semblante de Gezell, aú n sombrı́o tras
la escaramuza con los adversarios de ese dı́a, no mejoró al verlo.
—¿Se encuentra bien por el momento, Su Gracia?
"Mmm."
Anton se aclaró la garganta brevemente y le extendió unos documentos.
Gezell los tomó y los examinó rá pidamente.
"¿Qué es esto?"
Se lo con iscamos a unos soldados que estaban siendo vigilados. Parece
que ú ltimamente se ha hablado de cosas ası́ entre la tropa.
Gezell regresó a la primera pá gina y comenzó a leer las frases escritas
allı́.
¡Oh, fatı́dico destino! El prı́ncipe Rensley Maelrosen, incluso
abandonado por su padre, llegó tan lejos, en el lejano norte, a una vasta
y desolada llanura. En la frı́a y profunda noche, ni siquiera el suave
susurro de los copos de nieve le ofrece hoy consuelo. La plateada y
majestuosa belleza, creada por el hada de hielo, solo se acerca como un
miedo desconocido. Si se revela su identidad, podrı́a ser desterrado y
resignarse a los campos helados. El destino de Rensley Maelrosen está
ahora en manos de la deidad Aldrant…
Despué s de leer hasta allı́, Gezell preguntó sin cambiar su expresió n:
"¿Quié n escribió esto?"
Se dice que un conocido poeta errante se alojó en la inca del Conde
Grundle antes de visitar Roudken. Con la intenció n de componer una
canció n basada en la historia del matrimonio de Su Gracia, vagaba por
la zona escuchando las historias de la gente. Ultimamente, ha estado
actuando incluso en lugares como tabernas y plazas, y parece que ha
alcanzado una enorme popularidad. La composició n es una versió n de
la letra hecha por alguien que escuchó la canció n. Tendremos que estar
atentos, pero por lo que hemos con irmado hasta ahora, no hay nada
sedicioso ni ofensivo.
Gezell hojeó las pá ginas, leyé ndolas una por una. La ú ltima pá gina, en
lugar de letras, contenı́a contenido diferente acompañ ado de una
ilustració n divertida.
[¿El color del vestido ceremonial que usará la Gran Duquesa en la
ceremonia de la boda?
1. Blanco 2. Azul 3. Rojo 4. Plata 5. Ninguna de las anteriores
¡Cualquiera puede participar en la apuesta con só lo un bronon!
¡Dividendos para quienes adivinen el color del manto ceremonial de la
Gran Duquesa! ¡Esperen con ansias el pró ximo concurso!
Eso es un buen ejemplo de la tendencia actual en las apuestas. Como no
hay mucho dinero en juego ni parece muy arriesgado, pensé que
deberı́amos estar atentos por ahora. ¿Qué opinas?
“…Bien. Probablemente sea buena idea observar por ahora.”
Aú n no se ha identi icado la ubicació n exacta del grupo que organiza
esto. Parece que está n usando el festival como tapadera para sus
actividades de apuestas ilı́citas. Si el asunto se vuelve demasiado grave,
quizá tengamos que investigarlo.
“No, eso no será necesario.”
Gezell organizó cuidadosamente los papeles y le indicó a Anton:
«Sié ntete libre de investigar a fondo. Si encuentras algo má s, no lo
rompas ni lo tires; trá emelo».
—Ah, sı́. Entendido.
Gezell concluyó su reunió n con Anton y salió de la o icina. Mientras
caminaba por el pasillo que conducı́a al patio trasero, la luz del sol se
re lejaba en el edi icio de cristal. Entró en silencio por la puerta
entreabierta. El dueñ o del invernadero, que habı́a llegado antes, estaba
de pie frente a una tomatera, sosteniendo una fruta recié n cogida y
examiná ndola atentamente.
“Su Gracia, ¿ha terminado sus tareas?”
"¿Te molesté ?"
—Para nada. Mira esto.
Gezell miró el tomate que Rensley le ofreció . Era una fruta pequeñ a y
verde, aú n no madura para comer.
Rensley, mirando el tomate, comenzó a murmurar en un idioma
desconocido, un idioma verdaderamente misterioso incluso para Gezell,
quien era experto en varios hechizos má gicos.
Guiada por un hechizo que parecı́a una canció n y un aliento, la pequeñ a
fruta verde se hinchó en la mano de Rensley, torná ndose roja poco a
poco. Rensley, sosteniendo el tomate completamente maduro, sonrió
con satisfacció n.
Ahora yo tambié n puedo hacer esto. Parece que aprender de un buen
maestro marca la diferencia.
Si bien el uso de la magia para mejorar el crecimiento de las plantas se
empleaba ocasionalmente en la agricultura, el mé todo de Rensley
diferı́a del que conocı́a Gezell. Gezell sintió una sincera admiració n al
aceptar el tomate.
La magia que nutre a los seres vivos requiere un entrenamiento
considerable. Parece que los Elementalistas pueden hacer estas cosas
desde las etapas má s bá sicas.
¿En serio? Su Gracia, en el pasado, revivió una lor marchita, ¿verdad?
No se puede revivir algo muerto con magia. Simplemente le di un poco
de vitalidad a algo marchito. Eso no es magia; es una té cnica fı́sica. Lo
que Maelrosen mostró es una magia mucho má s avanzada.
Prué balo, verá s si sabe bien.
Gezell mordió el tomate. Con un leve y satisfactorio sonido, el sabor de
la vitalidad se extendió por su boca. El rico y dulce sabor y la
refrescante acidez no eran diferentes a los de los tomates cultivados
bajo la abundante luz del sol. Quizá s se debı́a a que quien recitaba el
hechizo era el mismo. Gezell compartió su agradecimiento.
“Es excelente. Delicioso.”
Tan solo tocar la tierra me da energı́a. Quizá s he estado demasiado
encerrada ú ltimamente, como mencionó Ivet. No me sienta bien.
¿Todo va bien con el plan que discutiste con la Princesa Ivet?
“Hmm… No estoy seguro de si va bien, pero no parece haber ningú n
problema importante”.
Rensley recogió algunas frutas maduras má s y continuó hablando.
Amin habı́a mencionado que los Elementalistas podı́an comunicarse
con todo en el mundo. Sin embargo, la capacidad de comunicarse solo
aseguraba la posibilidad de obtener resultados; no garantizaba que los
espı́ritus cumplieran necesariamente las intenciones de uno. Incluso si
pudieran transmitir sus intenciones a los espı́ritus, no signi icaba que
pudieran penetrar en los verdaderos sentimientos de las personas.
Esta noche prepararé algo delicioso con esto. Hace tiempo que no entro
en la cocina, pero me animé a probar algo diferente.
“¿Seguirá s cocinando incluso despué s de convertirte en la Gran
Duquesa?”
¿Por qué no? ¿No conoce la historia de la reina que difundió la cultura
culinaria de su patria por todas partes? Su Gracia, por favor,
comprenda. No fui criada como miembro de la realeza. Aunque me
convierta en la Gran Duquesa, quiero seguir haciendo lo que pueda.
Haz lo que quieras. Si quieres seguir cocinando, está bien construir una
cocina aparte para la Gran Duquesa.
Rensley sonrió con torpeza al oı́r esas palabras. Podrı́a ser conveniente,
pero, bueno, si construı́a una cocina digna de ese tı́tulo, necesitarı́a
herramientas y materiales caros. Tambié n se asignarı́an ayudantes. No
querı́a cocinar con gente siguié ndolo a cada paso, vigilá ndolo cada vez
que cogı́a un cucharó n.
Tras armarse de valor y antes de ir a la cocina por primera vez en
mucho tiempo, Rensley se dio cuenta de que necesitaba una excusa
contundente. Respiró hondo, se paró frente a la puerta y llamó .
"Hola."
Reyna, parada frente a una olla de cobre, le dirigió a Rensley una breve
mirada, pero nada má s. Volvió a mirar la olla, ofrecié ndole un saludo
desapasionado.
“¿Qué trae a la Gran Duquesa a esta humilde cocina?”
“Tomaré prestado uno de los hornos, Reyna.”
¿No son todos los hornos del Gran Palacio propiedad de la Gran
Duquesa? Usalos donde quieras. Si te resulta incó modo, podemos
hacernos a un lado.
“Reyna, ni siquiera es la ceremonia de la boda todavı́a, no seas tan…”
y q
¡Hola a todos! La Gran Duquesa quiere cocinar para sı́ misma, ası́ que la
cocina podrı́a estar demasiado abarrotada. Serı́a má s có modo para é l,
ası́ que todos tenemos que hacernos a un lado.
Ante el grito del jefe de cocina, los cocineros y ayudantes de servicio
dejaron de trabajar y de inmediato dejaron las ollas y sartenes del
fuego. La ordenada ila que salı́a a toda prisa, con reminiscencias de una
formació n militar, evocaba la imagen de un ejé rcito.
Antes de que Rensley pudiera decir nada má s, ocurrió algo inesperado.
En un instante, la cocina quedó vacı́a, y Rensley se quedó solo en el
espacio desierto.
Lamentó haber causado un alboroto en la cocina por una sola razó n. ¿Se
habrı́a precipitado al decidir cocinar algo é l mismo en lugar de
preparar la comida en su habitació n como siempre? Con melancolı́a,
Rensley murmuró para sı́.
“Si no me dan la oportunidad de hablar, no hay forma de enmendarlo”.
No pudo evitar lamentar ese acto, considerá ndose solo un caballero
novato que solı́a colarse en la cocina para picar algo. Sin embargo, si ese
fuera el caso, podrı́a ser para bien. Rensley desempacó el paquete que
habı́a traı́do y lo colocó en el estante compartido. A pesar de las
miradas hostiles, no se atrevió a tirar lo que habı́a traı́do.
Presintiendo la situació n y dá ndose cuenta de que podrı́a estar
estorbando, Rensley decidió cambiar de planes y regresó a su
habitació n. Necesitaba desaparecer rá pido para que los ocupantes
originales de la cocina pudieran reanudar su trabajo.
Rensley pensó en las plantas que crecı́an en el invernadero. Incluso
durante su relació n con Fé lix, en los dı́as en que era un espectá culo en
palacio, e incluso ahora, al enfrentarse a un nuevo desafı́o, las plantas
del invernadero seguı́an prosperando, aparentemente ajenas a los
problemas que las rodeaban. Los humanos no eran má s que pequeñ as
piedras en la vasta corriente de la vida. ¿Por qué le vinieron a la mente
las palabras de Gezell?
Sacó un papel doblado de su bolsillo. Stan se lo habı́a dado. Segú n
Roudken, la historia de Gezell y Rensley, cantada como una epopeya por
el bardo, estaba ganando popularidad no solo dentro del castillo, sino
tambié n fuera de sus muros.
—Es interesante. Nunca pensé que mi destino pudiera ser tan teatral.
Los hermanos, amantes de la emoció n, idearon un plan. Rensley sugirió
usar juegos interactivos para generar interé s positivo en la boda de
forma natural, mientras que Ivet propuso convertir su historia de amor
en una canció n. El material incluı́a matrimonios estraté gicos y
relaciones entre personas del mismo sexo, y el hecho de que todo fuera
cierto fue su iciente para garantizar el é xito.
Rensley, quien solı́a recorrer la biblioteca de Gezell buscando novelas
de aventuras y romances que el dueñ o nunca leı́a, comprendı́a bien la
estrategia de su hermana. No se trataba de difundir mentiras, y no
habı́a ningú n problema é tico.
Sin embargo, ver historias exageradas hasta convertirlas en tragedias o
comedias lo hacı́a sentir incó modo en lugar de entretenido. Incapaz de
leer hasta el inal, lo guardó en el bolsillo.
'De hecho, la gente que no me conoce puede encontrar este tipo de
historias o apuestas entretenidas, pero…'
Dentro del Gran Castillo de Roudken, las personas cercanas a Rensley
que pasaban cada dı́a con é l, los camaradas que compartı́an risas y
tristezas, no se dejaban in luir por tales mé todos. Para ellos, Rensley no
era solo el protagonista de una historia, sino un invitado, un vecino, un
amigo y un colega. Era frustrante no tener la oportunidad de
disculparse sinceramente y compartir su versió n de los hechos.
A pesar de la oposició n popular, los preparativos de la boda estaban en
marcha. Al inal, como a irmó Gezell con irmeza, el matrimonio era
algo que estaban haciendo.
La sinceridad de Gezell en esta boda se re lejaba en el atuendo. Los
sastres de diversas casas reales y modistas preparaban compitiendo
para Rensley. Segú n el procedimiento, tras confeccionar varios
conjuntos, Gezell elegı́a el que má s le gustaba. El Gran Duque de Aldrant
incluso buscaba con fervor la adquisició n de un vestido de novia.
Finalmente, Rensley reunió todos los ingredientes y se dirigió a la
cocina. Tras dar unos pasos, sintió un movimiento en un rincó n del
pasillo, como un conejo escondido en el bosque al encontrarse con
alguien.
"Tı́a."
Rensley gritó el nombre de su amigo, quien solı́a acompañ arlo en las
copas y charlas en la cocina. Siguiendo las ó rdenes de Reyna y saliendo
juntos, parecı́a que Tia no se habı́a alejado mucho y estaba observando
los alrededores.
Sin embargo, incluso despué s de esperar un rato, no hubo respuesta del
amigo oculto. Si querı́a evitarlo, no le quedaba má s remedio que dejarlo
estar. Al inal, Rensley suspiró .
Ya que la cocina es toda tuya, vuelve rá pido. No deberı́as causar
problemas en la cocina por mi culpa.
No esperaba mucho, pero se quedó sin energı́a. Rensley se animó a
regresar rá pidamente a su habitació n con la cesta de ingredientes. Al
cruzar el pasillo y doblar en una esquina, oyó el ruido de gente que
volvı́a a la cocina. Ası́, parecı́a má s una plaga que gente.
Quizá s por el cansancio, sus pasos se ralentizaron. ¡Pum, pum!,
mientras subı́a las escaleras, de repente oyó una voz a lo lejos.
“¡Ren!”
Tras haber subido casi un tramo entero de escaleras, Rensley se detuvo.
Se quedó de pie, torpemente, entre los pasos bulliciosos, y Tia, una
amiga de la cocina que habı́a subido corriendo sin aliento, lo miró .
“Ren, un momento.”
Habı́a adivinado el motivo de su llamada. Quedó un poco desconcertado
por la reacció n, má s intensa de lo esperado.
—Tia, cá lmate. Te falta el aliento.
“¡Gracias por esto!”
Ella lo saludó de repente, extendiendo algo en la mano. Era uno de los
artı́culos del paquete. Regalos que Rensley habı́a comprado en el
Emporio de Molbessa Square para sus amigos de la cocina.
Si bien esto podı́a ser cierto para los plebeyos, sin importar dó nde
vivieran, entre los habitantes de Aldrant, al inal del continente, muchos
pasaban toda su vida sin aventurarse jamá s a otras regiones. Las
historias sobre el uso de la magia para viajar largas distancias eran
historias para quienes participaban en asuntos de estado, comerciantes
adinerados o un pequeñ o grupo de nobles con considerables riquezas.
Para emprender un viaje, se necesitaban recursos tanto temporales
como materiales, y se debı́a obtener el permiso de las autoridades antes
de partir. Por lo tanto, para la gente comú n, con sus dı́as ocupados, era
pura palabrerı́a.
Aunque Rensley habı́a comprado muchos regalos esta vez, no pudo
compartirlos debido al caos reinante a su regreso. Aun ası́, esperaba
compartir recuerdos con sus impredecibles amigos en el futuro.
"¿Te gusta?"
Es tan bonito. Nunca habı́a recibido algo tan bonito. Muchas gracias...
No es caro. Ademá s, las joyas incrustadas ya son mı́as, regalo del Gran
Duque, ası́ que es demasiado simple para la Gran Duquesa, ¿no crees?
¿De qué hablas? Incluso una sola pieza de vidrio coloreado puede ser
bastante cara.
El regalo preparado para Tia fue una horquilla adornada con gemas
falsas. Aunque se recogı́a o trenzaba su larga y exuberante cabellera
para trabajar, le gustaba adornarla con bonitos lazos o lores cuando
socializaba.
Reyna, quien siempre sufrı́a en la cocina, recibió varias botellas de licor
local de la reconocida destilerı́a, y a los sirvientes que lavaban los
platos con frecuencia, Rensley les regaló productos para el cuidado de
la piel elaborados con aceites aromá ticos para evitar que se les
agrietaran las manos. Para un colega amante de las lores, preparó un
objeto decorativo hecho con lores secas que solo lorecı́an en el sur. A
la cocinera, curiosa por los utensilios de cocina de Molbessa, le regaló el
deseado equipo.
No se olvidaron de los bocadillos que todos podı́an compartir.
Originalmente, los habı́a comprado para distribuirlos individualmente,
pero como la situació n se volvió caó tica, les puso etiquetas con sus
nombres y los dejó .
“Todos se sienten mal y no saben qué hacer ahora… Vine porque sentı́
que debı́a hablar de ello tambié n”.
Mentı́. No tienes por qué arrepentirte ni tú ni nadie má s.
Rensley colocó la cesta con los ingredientes de la comida que habı́a
estado sosteniendo en la barandilla y bajó las escaleras.
A ver qué tal te queda. Lo pongo.
La horquilla se le escapó de la mano a Tia. Al mirar su cabello castañ o,
recogido con fuerza, Rensley lo sujetó a un lado y luego bajó unos
escalones má s para mirarla. Tia, adornada con la brillante horquilla, se
sonrojó tı́midamente.
Como era de esperar, tengo buen ojo para elegir las prendas. Te queda
de maravilla. Ni las mejores princesas del mundo te vencerı́an, Tia.
Eres muy bueno con las palabras. Ren, ¿recuerdas el dı́a de la
ceremonia de investidura de caballero cuando bailamos en la mesa del
comedor? Fue muy divertido.
—Claro. Ahora que me he convertido en la Gran Duquesa, no puedo
subirme a la mesa sin educació n. Esos buenos tiempos ya pasaron,
¿verdad?
Rensley, que respondió con voz entrecortada, acabó soltando una risa
amarga.
Siempre admiraste a la Gran Duquesa con velo. Debió ser má s
impactante descubrir que era yo. Aun ası́, si quieres, hablaré con Lady
Samlet para ver si puedes trabajar de criada en lugar de en la cocina.
Cualquiera deberı́a poder hacer lo que quiera, si es posible.
No, imaginarme a la Gran Duquesa era como jugar. Solo me quejé
verbalmente; no me disgusta lo que hago. Me gusta cocinar. No me
sorprendió por eso...
Tia murmuró por un momento, luego cambió su expresió n, como si algo
divertido hubiera venido a su mente.
“La razó n por la que Reyna está enojada contigo no es só lo porque
mentiste”.
"…¿Entonces?"
Mientras estabas fuera, la princesa Frida comparó tu cocina con la de
Reyna y le dijo que volviera a aprender a cocinar contigo. Estaba
deseando armar un escá ndalo cuando regresaste, pero ahora es
imposible. Piensa en la personalidad de Reyna. ¿Qué tan molesta crees
que está ahora?
“Ah…”
Ademá s, todo lo que te dijimos durante ese tiempo... revelando rumores
sobre el Gran Duque y quejas sobre la clase alta. Resulta que fuiste la
Gran Duquesa desde el principio. La gente no puede evitar evitarte. No
es porque te odien, sino porque... no saben qué hacer.
Sus palabras eran todas vá lidas.
Las palabras de Ivet tambié n eran correctas. Si Rensley Maelrosen, el
mentiroso, querı́a que lo comprendieran, debı́a dar un paso al frente,
gritar y aclarar su postura, no esconderse en su habitació n y murmurar
sobre hablar o usar un bolı́grafo para explicarse.
Se compraron regalos para los empleados de los establos y prados, para
los lavanderos, para los artesanos o almacenistas, e incluso juguetes
para los niñ os que se encontraban con frecuencia. Hoy los dejó solo
para los trabajadores de la cocina, pero planeaba ir a dejarlos para los
demá s mañ ana. Sin embargo, parecı́a que no era momento de ser
cauteloso con las reacciones de la gente.
“Tia, creo que necesito volver a la cocina”.
"¿Ahora?"
“Sı́, ahora mismo.”
Rensley se dirigió a la cocina con Tia. Quienes lo vieron caminar y
conversar por primera vez en mucho tiempo al pasar por el pasillo lo
miraron. Al abrir la puerta con un golpe seco, la cocina quedó en
silencio. Se veı́a claramente que quienes habı́an estado charlando
animadamente con regalos en las manos escondı́an objetos en los
bolsillos de sus delantales y serenaban sus expresiones.
Rensley endureció su expresió n y fue directo hacia Reyna sin dudarlo.
“…¿Qué sucede de nuevo, Gran Duquesa?”
“Reyna, la gastronomı́a del sur y del norte es bastante diferente”.
Reyna parpadeó sorprendida.
Por supuesto, es natural. Incluso en Aldrant, el sabor de la comida varı́a
segú n la regió n, la familia e incluso entre la cocina real y la residencia
del Gran Duque. La cocina palaciega debe ser acorde a su estatus.
—Cierto. No sé preparar platos de banquete de alta calidad. Todo
empezó porque querı́a mostrarle al Gran Duque el sabor de la cocina de
Cornia. Y a Su Gracia parece gustarle bastante la cocina de Cornia.
“…¿Qué está s tratando de decir?”
De ahora en adelante, haré sopa de tomate al estilo de Cornualles. Por
favor, traigan la olla má s grande. La haremos afuera, no aquı́.
"¿Afuera?"
Reyna frunció el ceñ o. Con expresió n de sospecha sobre sus
intenciones, Rensley preguntó : "¿Está permitido?".
“¿Es una orden?”
—Sı́. Si es necesario, daré la orden.
“Si Su Gracia lo ordena, só lo puedo seguirlo”.
De repente, una gran olla apareció en el espacioso patio de la Gran
Residencia Roudken. La olla de gran capacidad, usada al aire libre para
ir de caza o acampar durante varios dı́as para combatir, no se habı́a
usado desde que Gezell ascendió al trono.
Mientras la gente encendı́a el fuego y preparaba la olla, Rensley regresó
al invernadero para cosechar la mayor cantidad posible de verduras.
Reyna abrió los ojos de par en par al ver las desconocidas verduras
crudas del sur.
¿De dó nde salieron? No son de nuestra cocina ni de nuestro jardı́n.
Estos son cultivos nuevos que Su Gracia ha estado cultivando
experimentalmente en el patio. Son plantas que abundan en el sur.
Reyna se rió entre dientes.
¡El sabor puede ser diferente porque los ingredientes son diferentes!
Con razó n la gente que nunca ha trabajado en la cocina dice esas cosas,
¿verdad?
Incluso sin instrucciones explı́citas, Rensley, quien ya conocı́a toda la
historia, no podı́a ignorar que se trataba de un plan de Reyna. Bueno,
no se podı́a evitar. Solo por eso, podrı́a haberse ganado la animosidad
incluso de una criada como Reyna. Despué s de todo, por mucho que el
chef prepare comida que termina en su boca, el resentimiento que un
sirviente puede soportar tiene un lı́mite.
Puso mantequilla en la olla grande, seguida de cebolla inamente
picada. El fuego de leñ a, una olla grande, trozos de mantequilla
entrando y una gran cantidad de cebolla. Era una armonı́a perfecta.
Mientras las cebollas se cocinaban hasta adquirir un color marró n, un
delicioso aroma que loreció al instante se extendió por todas partes,
como un rumor sin fundamento.
La gente que estaba ocupada con su trabajo se detenı́a aquı́ y allá y
lanzaba sutiles miradas curiosas o comenzaba a deambular. ¿Existe un
cebo en el mundo tan atractivo como la comida deliciosa? La comida
que apacigua la lengua puede incluso derretir un corazó n helado.
Quizá s ser un gran chef sea una profesió n aú n má s magnı́ ica que ser
Elementalista. Rensley refunfuñ ó mientras salteaba los ingredientes.
Ah, estarı́a bien tener má s carne. Tocino o jamó n estarı́an bien.
¿Jamó n? Si es jamó n, no hay problema. Está guardado en el almacé n
ahora mismo... bueno, si el chef lo permite, puedo sacar un poco. Tú
decides si lo traes o no.
El almacenista, encargado de los ingredientes, insinuó que podı́a oı́r.
Reyna resopló y respondió .
Si la Gran Duquesa lo ordena, ¿para qué molestarse en decı́rmelo? ¡No
soy responsable! ¡Haz lo que quieras, lo traigas o no!
Poco despué s, un jamó n bien curado, que desprendı́a un aroma sabroso
con solo olerlo, fue entregado a Rensley en trozos. Mientras lo cortaba
en lonchas gruesas y lo añ adı́a a la olla, el chisporroteo del jamó n al
cocinarse crujiente comenzó a estimular sus oı́dos.
Las verduras desconocidas despertaron la curiosidad de la gente. Uno
de los curiosos, que se acercaba poco a poco, le preguntó a Rensley:
"¿No sabrı́a aú n mejor si le pusieras nabos...?".
Claro. Como es una sopa mixta, ¡cuanto má s, mejor!
Tras las palabras de Rensley, trajeron nabos frescos enseguida. Al
picarlos y añ adirlos a la olla, la humedad de la misma hirvió ,
extendiendo un aroma aú n má s intenso.
“Si es una sopa mixta, ¿qué tal agregar esto?”
"¿Qué tal esto?"
Salchichas, zanahorias, patatas, calabazas grandes, espinacas, trozos de
pescado… De repente, empezaron a llegar todo tipo de ingredientes. La
gran olla se fue haciendo poco a poco má s abundante.
Cuenta una vieja historia. A un pueblo pobre llegó un viajero que se
habı́a quedado sin provisiones. A pesar de mendigar comida porque
tenı́a muchı́sima hambre, nadie en el pueblo estaba dispuesto a
compartirla. Desesperado, el viajero, al borde de la inanició n, difundió
el rumor de que tenı́a una piedra má gica capaz de preparar una sopa
deliciosa y pidió prestada una olla grande en el centro de la plaza del
pueblo.
El viajero, que hervı́a la piedra en la olla llena solo de agua, ingió
probarla y murmuró : «Si tan solo hubiera un poco de carne, si tan solo
hubiera un poco de zanahoria, si tan solo hubiera un poco de cebolla, si
tan solo hubiera un poco de sal y pimienta, esta sopa estarı́a aú n má s
deliciosa…».
En ese momento, los aldeanos, que presenciaban có mo se preparaba la
sopa de piedra má gica, empezaron a traer los ingredientes uno a uno, y
la sopa, hervida con todos los ingredientes, se convirtió en una
exquisitez inigualable. Desde el dı́a en que compartieron la sopa de la
olla grande, los aldeanos se volvieron má s amables entre sı́, y la sopa
hervida con la piedra má gica se convirtió en una especialidad local
ú nica en su tipo.
Cuando la sopa en la olla grande estuvo su icientemente sabrosa, se
acercaba la hora de cenar. Rensley, con un tazó n en la mano, sirvió
generosamente la sopa humeante.
“¡Ahora, el primer tazó n!”
Incluso los trabajadores que habı́an terminado sus tareas se estaban
reuniendo para prepararse para un descanso. La mirada de la multitud
estaba ija en las yemas de los dedos de Rensley.
¡Chef Reyna! Si la Chef Reyna no nos hubiera dado permiso, no
habrı́amos podido preparar esta sopa hoy.
¿Qué dices? Este humilde chef simplemente siguió las ó rdenes de la
Gran Duquesa.
Aunque dijo eso, su expresió n, con el tazó n y la cuchara en la mano, era
solemne. Probando una cocina sureñ a que nunca antes habı́a probado,
diferente a su estilo culinario...
Reyna probó la sopa, enrojecida por los tomates, y luego probó un
bocado con varios ingredientes, como carne y verduras. Su expresió n se
volvió tan compleja como la sopa, con sus diversos sabores. Sin decir
palabra, Rensley le habló primero.
Puede que no te suene, pero es el sabor de Cornia. Lo que preparo es
pura comida de plebeyos, ası́ que quizá no sea del gusto so isticado de
Lady Reyna.
En el momento oportuno, Tia le entregó una copa de vino. Tras beberlo
de un trago, Reyna le devolvió la copa vacı́a a Tia y luego le entregó el
tazó n vacı́o a Rensley, sonriendo.
De initivamente no es de mi gusto. El sabor es demasiado simple y el
aroma es simple. Tiene intensidad, pero sin hervir la sopa tanto tiempo,
no tendrı́a sentido.
“….”
Pero, como chef del palacio real, no me queda má s remedio que cocinar
segú n las preferencias de quien servimos. Para complacer el gusto de la
Gran Duquesa, que viene del sur y tiene el paladar de la plebeya, no me
queda má s remedio que aprender a preparar los platos locales.
Oh. Sin conocer los detalles, algunos aplaudieron instintivamente como
si las palabras de Reyna fueran una señ al. Siguiendo el ejemplo de
Reyna, Rensley y varios otros chefs sirvieron la sopa con diligencia, y la
gente recibió con entusiasmo tazones para probar.
¿Qué es esto? Nunca habı́a probado nada igual.
"Uf, es demasiado picante para mı́".
¡Me encanta! Tiene un sabor ú nico que le sienta de maravilla a mi
paladar.
"¿Pero por qué de repente servimos comida hoy? ¿Para qué es la
ocasió n?"
Mientras la gente comenzaba a expresar sus opiniones, apareció un
vigoroso heraldo, haciendo rodar varios barriles grandes de madera, y
gritó : «Esta es la bebida ofrecida por el Gran Duque. ¡Disfrú tenla
todos!».
La gente, que al principio se deleitó con la comida desconocida, vitoreó
con entusiasmo. ¿Qué podrı́a ser má s importante que el motivo? Beber
del barril ası́ era una experiencia difı́cil de conseguir, a menos que se
tratara de un gran festival o iesta.
La improvisada degustació n de sopa se convirtió en un banquete,
autorizado por el Gran Duque. La gente se reunió y comenzó a asar
diversas carnes y verduras en una gran hoguera. Incluso antes de que el
sol se pusiera por completo, estallaron los cantos y los bailes.
“¡Oh, fatı́dico destino!”
“Gran Duquesa, ¿es realmente cierto el contenido de esta canció n?”
Algunas personas siguieron la canció n que habı́an escuchado fuera del
castillo y preguntaron por la historia. Frente a la olla que causó un
revuelo mayor del esperado, Rensley se detuvo y contempló la torre del
dormitorio del Gran Duque. Por supuesto, la pintoresca vista del ú ltimo
piso de la torre no se veı́a desde allı́.
“¡Gran Duquesa!”
“Llá mame casualmente hoy”.
—¡Sı́, Rensi! ¡Tó mate un trago tambié n! No tendremos una oportunidad
como esta despué s de celebrar la boda, ¿verdad?
Uno de los establos le ofreció un vaso lleno de licor. Rensley lo aceptó y
lo bebió de un trago sin respirar. Tras beber varios vasos, tiró el vaso
vacı́o y gritó con seguridad.
¡Ası́ es! Despué s de celebrar la boda, no tendremos una oportunidad
como esta. ¿Quié n baila conmigo?
¡Yo! ¡Yo! Las mujeres que disfrutaban del banquete levantaron la mano
como si hubieran estado esperando. Rensley fue el primero en tomar la
mano de Tia, quien arreglaba la horquilla que le habı́a regalado.
“¿Puedo pedirle un baile, señ orita?”
Tia rió entre dientes y luego le dio un golpecito a Rensley en la espalda
antes de inalmente tomarle la mano. Se dirigieron hacia la hoguera,
que empezaba a arder con má s fuerza.
A medida que la mú sica interpretada por los mú sicos maduraba y la
tarde se convertı́a en noche, la iesta interminable en el animado jardı́n
era observada desde la alta ventana de la torre por alguien que reı́a
entre dientes y miraba hacia arriba.
La marea ha subido bastante. ¿Deberı́a animar a la futura Gran Duquesa
a que se descontrole un poco má s? Ya está bailando con varias parejas;
¿puedo tentarlo tambié n con alcohol?
Sentado junto a la chimenea, bebiendo vino tranquilamente sin
acercarse a la ventana, Gezell respondió .
“Con que esta situació n se resuelva, deberı́a ser su iciente, ¿no crees?”
Sorprendentemente. Pensé que estarı́as má s desesperado por tu Gran
Duquesa, llegando al extremo de desa iar la oposició n de mucha gente
para celebrar la boda.
“Mi señ ora, tengo mi propia urgencia”.
Gezell inclinó el vaso una vez má s.
Ultimamente, debido al asunto de la boda, la atenció n de la Corte de
Malos se ha centrado exclusivamente en otras personas. Si puedo
remediar esta situació n, naturalmente podré cooperar.
Al oı́r esto, Frida puso los ojos en blanco, como si expresara molestia.
Extendió la mano hacia Gezell.
—No te quedes ahı́ sentado tan malhumorado. Sı́rveme un trago
tambié n.
Gezell se levantó y se acercó a ella. Vertiendo con cuidado vino de uva
en la copa de metal inamente elaborada, los dos primos contemplaron
el paisaje exterior con rostros inexpresivos.
La gente bailaba junto a la gran fogata, má s grande que la altura de una
persona. La celebració n improvisada al aire libre parecı́a revitalizar a
quienes habı́an sido liberados por la primavera. Entre los bailarines
estaba, por supuesto, Rensley. Como decidido, tras terminar de bailar
con una persona, vació una copa de vino e inmediatamente comenzó a
bailar con otra. Observando esto en silencio, Gezell habló .
“Mi señ ora, para ser honesto, cuando fui a Pheraira, casi descuidé los
deberes del Duque”.
"Estoy consciente."
La respuesta indiferente de Frida impulsó a Gezell a continuar.
Pero, curiosamente... aú n creı́a que todo estarı́a bien. Si te hubiera
explicado la situació n en ese momento, probablemente me habrı́as
dicho que hiciera lo que quisiera. Tú , Anton, la Corte de Malos...
¿Por qué serı́a extrañ o? Creo que está bien que alguien tan diligente
como tú actú e por su cuenta de vez en cuando. Por muy duque que seas,
un duque sigue siendo una persona, ¿no?
Aunque las palabras de Gezell fueron inusualmente largas, la actitud de
Frida permaneció inalterada. Con expresió n impasible, respondió a la
detallada explicació n de Gezell. Al observar la inmutable actitud de
Frida, Gezell asintió .
Sı́. Ası́ que… me he dado cuenta de que he recibido mucho má s cariñ o y
apoyo de lo que pensaba.
"Mmm."
Siempre pensé que no podrı́a llegar a ser una persona brillante y
divertida como Sir Maelrosen debido a diversas diferencias en mis
circunstancias... Pero no es solo eso; tambié n se debe a diferencias
inherentes en mi temperamento.
—Claro. Tuviste rasgos peculiares desde joven. No es algo por lo que se
pueda culpar a los demá s.
Frida señ aló a Rensley con la barbilla.
Mira a tu futura Gran Duquesa. ¿Crees que se habrı́a convertido en
alguien como tú solo por estar encerrado en la biblioteca de joven?
Gezell solo rió entre dientes en ese momento. Al ver la sonrisa de su
prima menor, Frida, quien habı́a estado observando el paisaje en
silencio durante un rato, sonrió levemente y arqueó las cejas.
“Oh, incluso Anton se vio involucrado en esto”.
—Ah, parece que lo trajo la princesa Ivet. Incluso bailaron juntos en el
baile del Palacio Imperial.
"…¿Es eso ası́?"
Hmm. Frida emitió un breve zumbido, pero eso fue todo.
Cuando la hoguera parecı́a a punto de apagarse, se echaron nuevos
leñ os para reavivar las llamas. Aunque la noche se hacı́a má s profunda,
la reunió n improvisada en el jardı́n central no daba señ ales de terminar,
sumergié ndose en la noche primaveral de Aldrant.
Cap. 21.3 - Verano sin in (El
inal)
Rensley regresó a la torre principal poco despué s de la medianoche.
Crujido. Rensley abrió con cautela la puerta del dormitorio del Gran
Duque, mirando dentro con solo su rostro visible.
A la luz de las velas y lá mparas apagadas, junto a la chimenea, que ardı́a
modestamente en comparació n con el invierno, el dueñ o de la
habitació n seguı́a despierto, sentado có modamente. «Su Excelencia,
¿aú n no se ha retirado?»
Gezell sonrió al entrar, cerrando el libro que parecı́a estar leyendo
como si hubiera notado el regreso de Rensley. «Es bastante raro que
esté s despierto a estas horas».
¿El ruido de afuera interrumpió tu lectura? Pensaba regresar antes,
pero... la conversació n se alargó mientras aclaraba malentendidos.
“Entonces, ¿se resolvieron todos los malentendidos?”
Má s o menos. Creo que puedo volver a llevarme bien con quienes me
rodean. Ahora que me he reconciliado con los que está n cerca, ¿quizá s
la opinió n pú blica má s allá del palacio mejore poco a poco?
Gezell se levantó . Sonriendo, Rensley recorrió con la mirada al dueñ o de
la habitació n como si intentara adivinar su estado de á nimo. Gezell, con
su habitual tono brusco, preguntó : "¿Has bebido mucho?".
—Sı́. Probablemente un poco má s de lo habitual... ¿Puedes oler el
alcohol en mı́?
“¿Tuviste una cena su iciente?”
—Sı́. La gente no paraba de sacar cosas. Su Gracia, usted...
“Tambié n comı́ algo sencillo”.
Como Gezell no respondió de inmediato, Rensley continuó sin darle
oportunidad. «No pude pedir permiso por adelantado y rompı́ una
promesa. Pero gracias a eso, ¿no se resolvió el asunto que me
preocupaba? Antes de la ceremonia nupcial, necesitamos cambiar el
á nimo de la gente. Sé que eres experto en manejar la insatisfacció n de
nobles y lugartenientes. Sin embargo, no puedes manejar la
insatisfacció n de sirvientes o plebeyos. Si intentas reprimir incluso sus
quejas insigni icantes, ¿no serı́a eso tiranı́a?»
Al mirar al prometido que protestaba, Gezell inalmente no pudo
contener la risa, levantando las comisuras de los labios. Al suavizarse la
expresió n de Gezell, Rensley se le unió rá pidamente con una sonrisa. Su
mano grande y irme rozó la mejilla impregnada de olor a alcohol.
Cierto. Aunque quisiera ayudarte, no querı́as que lo hiciera, ası́ que
tambié n fue frustrante para mı́.
Si hubieras hecho eso, la situació n habrı́a empeorado. Estoy seguro. De
ser ası́, habrı́amos presenciado el nacimiento de la peor pareja en la
historia de Aldrant: Su Gracia, manipulada por la astuta Gran Duquesa
hasta convertirla en una tirana insensata, y yo, una perversa Gran
Duquesa que arruinó a Aldrant. Ambos habrı́amos pasado a la historia
con una desgracia imperecedera.
“Me alegro de que las cosas hayan salido como querı́as”.
Cuando Gezell se inclinó , Rensley levantó la cabeza con naturalidad. La
habitació n, que se habı́a quedado en silencio cuando sus labios se
rozaron, permaneció en silencio. Las sombras parpadeaban como
espectadores silenciosos cada vez que la luz de la vela oscilaba,
rodeá ndolos como observadores mudos.
El beso, impregnado de un sutil aroma a alcohol, fue profundo y lento.
Rensley, má s ebrio que de costumbre, experimentó un dulce mareo por
los suaves labios y el roce de la lengua que lo acariciaba hasta las
profundidades. Tambaleá ndose inconscientemente, su cuerpo fue
sostenido por fuertes brazos. Sintió como si lo levantaran suavemente.
Al abrir los ojos, Rensley se encontró sentado en la mesa vacı́a.
Rensley parpadeó , mirando hacia abajo, donde estaba sentado. La
mayorı́a de los reyes observan la formalidad durante las comidas.
Cuando hay invitados, suelen disfrutar de una cena formal en un
espacioso comedor, o incluso si no, disfrutan de una comida suntuosa
en una larga mesa de comedor.
Sin embargo, cuando Gezell estaba inmerso en otros asuntos, le
disgustaba perder tiempo en las comidas. A menudo se llenaba el
estó mago con comidas sencillas en su estudio o habitació n personal. En
esos momentos, sirvientes y cocineros le llevaban la comida en
bandejas a Gezell sin siquiera ponerla en la mesa, y habı́a ocasiones en
que terminaba su comida con el plato casi al instante. Un rey comiendo
como un campesino: una escena raramente vista en otras familias
reales.
“Hoy comiste aquı́ otra vez.”
Gezell, distraı́damente desabrochando el puñ o de la camisa de Rensley,
asintió mientras hablaba. "¿Có mo voy a tener apetito si mi prometido
rompió nuestra promesa y está bailando afuera con otros, uno tras
otro?"
¿Está muy molesto? Le pido disculpas, Su Excelencia...
No estoy tan enojado. Soy torpe por naturaleza, ası́ que estaba un poco
decepcionado conmigo mismo.
Hoy es realmente el ú ltimo. Anunciar de repente a la Gran Duquesa y
causar problemas, necesitamos darle tiempo a la gente para que lo
acepte. De ahora en adelante, no habrá razó n para asistir a tales
reuniones. Lo juro.
La dignidad no es algo que se pueda perder a la ligera, ¿verdad? ¿Ya la
has agotado?
—No. Aú n queda un poco…
Mientras Rensley ponı́a los ojos en blanco con torpeza, Gezell sonrió
levemente y se recostó . Al desabrochar todos los botones de la camisa,
un cuerpo joven, fuerte y bien esculpido se reveló a travé s de la tela
suelta. El brillo dorado de la piel clara, bañ ada por la luz, parecı́a danzar
delicadamente como un tenue dibujo en el lienzo. Gezell recorrió con
los dedos las artı́sticas manchas dibujadas en la piel, que parecı́a lienzo,
mientras se inclinaba para besar la espalda de Rensley.
“Tanto el trono como el cargo de Gran Duquesa está n destinados a una
sola persona”.
"Su Gracia."
“Hasta ahora he cedido ante la gente, pero a partir de ahora, es
completamente mı́o”.
"Mmm…"
Los labios, profundamente incrustados en la nuca, emitieron un sonido
al succionar la carne cá lida y suave antes de mordisquearla. No fue
doloroso, pero la estimulació n en el cuerpo caliente fue
provocativamente intensa. Pronto, la voz de Rensley comenzó a
dulci icarse con un ligero temblor.
“Si vas a hacer eso, hazlo en la cama”.
Sin embargo, sin responder a las palabras de Rensley, Gezell continuó
humedeciendo la piel con fuerza, dejando marcas de su succió n.
Mientras succionaba con insistencia en el mismo punto y se detenı́a, la
sensació n inicial, tolerable, se extendió gradualmente como un dolor.
Incapaz de aguantar má s, Rensley extendió la mano y empujó el
hombro de Gezell.
"Duele…"
Al oı́r eso, Gezell se apartó ligeramente de la zona mordida. Rensley,
renunciando a apartarlo, gimió mientras abrazaba el hombro de Gezell.
Aunque sentı́a un hormigueo en la garganta, tuvo que soportarlo, pues
era la treta de un rey que habı́a perdido a su prometida. Las caricias
cariñ osas, no solo besos, continuaron mucho despué s. Gezell, que habı́a
estado mordisqueando el cuello extendido, bajó por su cuerpo con los
labios. De repente, mordisqueó el pezó n ligeramente levantado,
mordisqueá ndolo meticulosamente. Incapaz de soportar la
intensi icada sensibilidad, Rensley gimió con fuerza.
“¡Ah… Uf!”
Con la tensió n en las piernas extendida hacia abajo, la cintura tembló
bruscamente como si la hubieran cortado. Como una señ al, le quitaron
los pantalones y la ropa interior. Yaciendo en la bandeja, como
devorado, el robusto y erecto pene carmesı́ se elevó hacia el vacı́o
durante el proceso de mordida.
Entonces, sin decir palabra, Gezell movió su boca hacia la parte inferior
de su cuerpo, lo que provocó que Rensley inalmente entrara en pá nico
y protegiera su propio pene con ambas manos.
“¡No deberı́as morder aquı́!”
Ahora bien, es cuestionable si expresar sus acciones como caricias.
Gezell, que habı́a estado mordiendo, levantó la vista y observó a
Rensley.
Su cuerpo rubio y terso estaba completamente sonrojado. La sangre
parecı́a haberse extendido como una pintura sobre su cuello, hombros,
pecho y pezones. Gezell rió entre dientes y le dedicó un elogio
irrelevante.
"Se ve bien."
“¿Qué , qué está s diciendo?”
Ese fue el inal de la conversació n. Debido a la sorpresa, las manos de
Rensley, que habı́an estado en guardia, fueron apartadas suavemente.
Gezell entonces lamió su pene erecto desde la base hasta la punta sin
dudarlo.
Por suerte, parecı́a que no tenı́a intenció n de morder el pene. De vez en
cuando, cuando los dientes rozaban ligeramente el glande o el tronco,
Rensley se estremecı́a como sobresaltado, pero fue breve. Mientras la
suave lengua de Gezell acariciaba el sensible nú cleo, Rensley, que al
principio se sentı́a incó modo, pronto sucumbió al placer, dejando que
todo su cuerpo se estremeciera.
“Ah… Ahh, ja…”
Embriagado por el alivio de las circunstancias mejoradas, la
camaraderı́a del amigo de todos, Rensley Maelrosen, y las iestas que
continuaron hasta altas horas de la noche como si hoy fuera el ú ltimo,
bailando como si esta fuera la iesta inal y volviendo aturdido a los
sueñ os, Rensley sintió el inicio repentino del acto y el placer como un
sueñ o.
Entrelazó los dedos en el largo cabello de Gezell como si buscara apoyo.
Levantó las piernas, que estaban abiertas, sobre los hombros de Gezell.
En respuesta, Gezell ejerció fuerza para levantar el pene, y con la cabeza
movié ndose de un lado a otro, comenzó a gemir intensamente. La
respiració n de Rensley se aceleró y dejó escapar gemidos
desenfrenados. Con cada sacudida de su cuerpo, la mesa chirriaba,
temblando.
El clı́max no tardó mucho. Un lı́quido claro y viscoso luyó como un
chorro, y Gezell, sin sacarse el pene, se lo tragó todo de un trago.
Rensley recuperó la cordura despué s de eso, y el acto comenzó cuando
Gezell empezó a lamer la secreció n acumulada en su glande.
“¡Ah, te lo tragará s todo… Ah!”
Sin embargo, Gezell no soltó lo que habı́a terminado. Tras escupirlo,
esta vez lo agarró con la mano y jugueteó con la cabeza humedecida con
una mezcla de saliva y semen.
La mano grande que apretaba con fuerza el pene emitió un sonido
chirriante al frotarlo sin piedad. Justo cuando se acercaba el clı́max, el
sensible pene, intensi icado por la fricció n, se endureció rá pidamente,
como si fuera a estallar.
—¡Ah, Su Gracia! Su Gracia, eh, eh, pare... ¡Por favor, pare!
Las sú plicas de Rensley se volvieron desesperadas. Querı́a detenerlo
levantá ndose, pero debido a la mesa resbaladiza, le costaba mantener el
equilibrio. Aunque intentó resistirse agarrando la muñ eca de Gezell y
aplicando fuerza, no pudo dominarlo.
El cuerpo, que se habı́a calentado, se calentó aú n má s. Los temblores se
extendieron como sombras, formando largas sombras dentro de los
muslos blancos. Rascando la lisa super icie de madera sobre la que
yacı́a, Rensley soportó el segundo clı́max. Todo su cuerpo se sacudió , y
la mesa vibró , temblando.
“¡Ah, no, no…!”
La razó n para soportar a un sujeto con tanta valentı́a y eyacular en la
boca del rey se hizo evidente. El segundo deseo de eyaculació n se
parecı́a má s a una sensació n de orinar que a un placer sexual. Como no
era la primera vez que experimentaba esta sensació n, Rensley se sintió
aú n má s incó modo. Se mordió los labios, retorció el cuerpo y aguantó ,
intentando apartar a Gezell bajando las piernas y rodeá ndolo con sus
espaldas. Sin embargo...
“Rensley, no te resistas.”
De repente, su concentració n y paciencia se dispersaron en el aire ante
la voz que susurraba en su oı́do, bajando su cuerpo.
“¡Ah, ah…!”
Con un profundo gemido, el cuerpo de Rensley perdió fuerza al
instante. Solo quedaron sus piernas temblorosas, su abdomen
contraı́do y su cintura en movimiento.
El pene de Rensley, atrapado en la mano de Gezell, excretaba gotitas
transparentes como orina, goteando sin parar. Gezell, como si disfrutara
del espectá culo, miró a Rensley, que seguı́a goteando, y luego volvió a
bajar el cuerpo, colocando su lengua sobre el pene que aú n goteaba.
“Ah, Su Gracia… Por favor, no use la boca…”
Aunque Rensley intentó protestar con voz dé bil, fue en vano. Gezell lo
lamió como si fuera una fuente de agua, supuestamente originada en el
segundo clı́max, cuando uno estaba de muy buen humor.
g y
"Qué lindo, Rensley."
En tal situació n, no habı́a forma de responder con valentı́a a los elogios.
Tras morder y chupar el pene de Rensley dos veces, e incluso en la
segunda, tragarse el extrañ o lı́quido en el que no querı́a pensar
demasiado, Rensley giró la cabeza dé bilmente, exhausto.
Entonces, algo que no habı́a sido visible hacı́a apenas unos momentos
se hizo evidente. Bajo la mesa cerca de la chimenea, en una sombra
oscura, habı́a numerosas botellas de licor vacı́as. Rensley, que estaba
recuperando el aliento, cruzó rá pidamente la mirada con Gezell.
“S-Su Gracia… ¿Quizá s ha estado bebiendo?”
¿Beber? No.
—Pero bebiste algo de alcohol, ¿verdad?
“Compartı́ algunas copas con Lady Freida, pero… ella bebió mucho má s
que yo.”
Rensley extendió rá pidamente la mano y acercó a Gezell. Le olió el
cuello, intentando discernir el olor. Aunque era difı́cil distinguirlo
debido al alcohol, percibió un ligero olor a alcohol proveniente de
Gezell.
Aunque Gezell ocasionalmente participaba en festines o reuniones con
varias personas presentes, solı́a preferir el té al alcohol. Si lograban
beber varias botellas entre los dos, por mucho que Freida hubiera
bebido, la contribució n de Gezell no habrı́a sido pequeñ a.
“Ahora, descansa, ah, eh, ah…”
A pesar de intentar mostrar preocupació n y disuadirlo, Gezell deslizó la
mano entre los dedos y, por primera vez, comenzó a estimular el
agujero que habı́a permanecido intacto hasta entonces. La zona,
empapada de diversos luidos corporales, se acomodó fá cilmente a los
dedos largos y gruesos sin ninguna resistencia. Mientras Rensley se
entregaba al placer, las paredes internas se contrajeron y temblaron
como si estuvieran siendo succionadas suavemente, hacié ndole gemir.
“¡Ah, ja…!”
"Parece que haces sonidos aú n má s agradables que cuando toco el
frente", comentó Gezell, y Rensley, a pesar de jadear, logró sonreı́r con
estilo.
“Su Gracia, a usted, eh, le gusta tocarme ası́… eh… ¿no?”
En cuanto terminaron esas palabras, los dedos se adentraron aú n má s.
El sonido de los dedos hú medos resonaba con claridad con cada
movimiento. A medida que la carne caliente del interior presionaba y
rozaba contra diversos puntos, la sensació n se extendió por todo
Rensley, hacié ndolo incapaz de soportar las provocaciones.
"¡Uh, ja, agh...! ¡Ah..., no!"
La elegante mano de Gezell sondeó provocativamente el interior,
emitiendo sonidos chapoteantes. Rensley gemı́a sin cesar, apretando
sus muslos con fuerza. Mientras soportaba el placer, aparecieron
marcas rojas donde las manos lo agarraban.
La emoció n comenzó a re lejarse en el rostro habitualmente pulcro y
sereno de Gezell. Su atuendo empezó a desaliñ ar. Al quitarse la blusa
negra que le cubrı́a el cuello, la llama temblorosa de la chimenea
acentuó las curvas y contornos de su cuerpo corpulento y robusto.
Mientras abrı́a má s las piernas para dejar espacio al hombre que lo
cubrı́a como un techo, Rensley no pudo evitar preguntarse: ¿Podrı́a
soportar otro clı́max despué s de haberlo experimentado ya dos veces?
En la ansiosa pregunta se escondı́a una inevitable mezcla de emoció n y
anticipació n.
La vı́vida imagen de los mú sculos tensá ndose sobre la só lida mesa
entre las piernas abiertas era clara. El pene hinchado, irmemente
apretado entre sus nalgas, pronto penetró a Rensley.
“¡Uhng…!”
Un breve gemido se escapó cuando el pene se impulsó . Con cada
movimiento fuerte, todo el cuerpo de Rensley se convulsionaba,
abrumado por la sensació n de que su espalda era irmemente tomada.
La mayor sensibilidad de sus paredes internas las hacı́a apretarse con
avidez alrededor del intruso. Cada contracció n mientras el grueso pene
penetraba se sentı́a como un apretó n tentador, provocando escalofrı́os
por todo su cuerpo. La placentera embestida lo hacı́a retorcerse
incontrolablemente.
A diferencia de Rensley, quien estaba sin aliento, absorto en los
momentos inales de repetidos clı́max, Gezell, que ahora comenzaba a
liberar su excitació n, no tenı́a tiempo que perder. Sin darle a Rensley
respiro, Gezell lo penetró implacablemente una y otra vez. Cada vez que
necesitaba liberar algo de presió n, intensi icaba la siguiente embestida.
“¡Uf, es demasiado!”
“P-Por favor, deliberadamente… ah, deliberadamente haciendo esto…”
"Tranquilı́zate un poco", dijo Gezell, pero en lugar de eso, volvió a
embestir con fuerza. Con cada embestida, la inmensa presió n del
grueso pene se intensi icaba, provocando que Rensley soltara un
torrente constante de gemidos, como llantos o gritos.
A toda prisa, Rensley rodeó la cintura de Gezell con sus piernas.
Mientras luchaba por cruzar sus piernas temblorosas para evitar que
Gezell se moviera, Rensley respiraba con di icultad.
De repente, Gezell se inclinó hacia delante, acercando su rostro. Antes
de que Rensley pudiera recobrar la compostura, sus labios se
encontraron. La carne hú meda presionó la lengua lá nguida de Rensley,
lamió el interior de sus mejillas y exploró con humedad cada comisura
de su boca. El beso pegajoso se sintió como si se derritiera por dentro.
"Puaj…"
Con cada entrelazamiento de sus calientes respiraciones y lenguas, la
parte inferior tambié n se derretı́a, retorcié ndose y contorsioná ndose
mientras el grueso pene era succionado. Cada vez que la carne
resbaladiza y regordeta empujaba dentro, el placer surgı́a a travé s del
cuerpo de Rensley como olas, llegando desde la cabeza hasta los pies.
La intensidad de los besos de Gezell aumentó , acorde con la creciente
excitació n. Todo el cuerpo de Rensley tembló , perdiendo fuerza no solo
en las piernas que rodeaban la cintura de Gezell, sino tambié n en toda
la parte inferior del cuerpo.
“¡Ah, ah!”
Empujando como si hubiera estado esperando, Gezell embistió con
insistencia, y un gemido mixto brotó de Rensley. Sin embargo, sus
labios permanecieron pegados al beso, y Rensley, incapaz de emitir un
sonido con libertad, se estremeció . Despué s de un rato, cuando su
abdomen pareció retorcerse lentamente y sintió que su respiració n se
detenı́a, por in pudo respirar con normalidad.
“¡Huh, eh…!”
El lı́mite ya estaba cerca. El placer abrumador hizo que Rensley
agarrara el asa de la mesa colocada sobre su cabeza y levantara la
cintura, intentando escapar instintivamente del arma que intentaba
dominar su cuerpo.
Sin embargo, esta vez no fue la cama. Mientras Gezell sujetaba
irmemente la cintura de Rensley y tiraba, la mesa con ruedas, con un
crujido, fue arrastrada. Apenas logró levantarse, se deslizó sin remedio,
chocando contra la parte inferior del cuerpo, como un golpeteo.
—¡Eh, ah! ¡Má s rá pido..., má s despacio..., por favor, ah, no!
—Entiendo. Ja, despacio…
Gezell siguió las palabras de Rensley como si fuera a obedecer, pero fue
en vano. El acto de ser derribado se sumó a los intensos movimientos
que soportaba hoy. Cuanto má s imploraba un ritmo má s lento, má s
rá pida se volvı́a la velocidad de penetració n. Rensley, que gemı́a como si
fuera a llorar, inalmente no pudo aguantar y derramó lá grimas. El
é xtasis continuo parecı́a volverlo loco.
Esta vez, extendió los brazos. Mientras Gezell lo levantaba cuando
Rensley lo jalaba, Gezell lo abrazó con gusto. En medio del sollozo
incesante, Gezell levantó las caderas casi como represalia cuando
Rensley le mordió el cuello provocativamente.
—¡Ja, ah! Me duele…
Gezell se detuvo bruscamente, aprovechando la oportunidad.
Aprovechando el momento, Rensley habló apresuradamente.
Me duele la espalda, eh... Lo haré desde arriba. Desde arriba...
En lugar de apartarlo, Rensley acercó a Gezell, dá ndole fuerza en los
brazos. En respuesta, Gezell abrazó a Rensley con un fuerte gemido.
Sin retirar lo que tenı́a insertado, Gezell sujetó a Rensley y se dirigió no
a la cama, sino a la có moda silla en la que se habı́an sentado antes. En
lugar de mirarse de frente, Rensley se sentó en el regazo de Gezell, de
espaldas. Preocupado de que le mordieran de nuevo los pezones
enrojecidos, esta posició n le resultó má s có moda para moverse
despacio.
“Me moveré … jaja… ası́ que, por favor, Su Gracia, qué dese quieta.”
"Entiendo."
Los labios de Gezell rozaron su nuca. Con un leve chasquido, el leve
ruido se deslizó desde la nuca hasta los hombros. Perdido en la suave
caricia momentá nea, Rensley, sujetando el irme muslo de Gezell, le
levantó lentamente la cintura.
"Hoo..."
A cada instante en que la carne caliente rozaba el glande estriado,
Rensley, absorto en la deliciosa sensació n, apenas podı́a exhalar
alientos de diversos colores. Bajando lentamente las nalgas una y otra
vez, aceptó la densa penetració n en las profundidades de sus paredes
internas.
Tras permanecer ası́ varias veces, mientras lo revolvı́an por dentro, las
piernas cansadas de Rensley, incapaces de soportarlo má s, temblaron.
La mano que acariciaba suavemente su cintura cayó sobre la zona
pé lvica de Gezell, sujetá ndola con irmeza.
“¿Está s cansado ahora?”
“¡Ah, no, ah, no!”
Incapaz de soportar por má s tiempo los movimientos lentos y
cautelosos, Gezell agarró las caderas de Rensley y lo sentó
profundamente encima de é l.
“¡Ja, ja, eh… ah, ah, ah…!”
Al penetrar desde un á ngulo distinto al habitual, algo justo encima del
ombligo de Rensley le picó de repente, provocando una picazó n en una
zona especialmente sensible. El placer, que habı́a disminuido
ligeramente gracias a la suave sensació n, hizo que el miembro de
Rensley se erguiera de nuevo, con espasmos. Sus mú sculos se tensaron
involuntariamente cuando el irme muslo de Gezell presionó contra el
blanco, provocando una sensació n prolongada y estremecedora.
Aunque Gezell permaneció inmó vil, Rensley, aparentemente absorto en
su propio mundo, extendió los hombros y apoyó la cabeza en su amplio
pecho. A pesar de intentar levantarse agarrá ndose al muslo de Gezell, la
mano decidida no soltó a Rensley.
Los labios de Gezell rozaron el cabello y la frente empapada de sudor
de Rensley. Le lamió la nuca y la barbilla, rozando su mejilla con los
labios. Aunque no estaban uno frente al otro, ambos estaban sentados
de tal manera que sus respiraciones se entrelazaban ı́ntimamente.
Cuando Gezell le sujetó las caderas, las presionó con fuerza y cambió la
direcció n sacudié ndolas ligeramente, el temblor y el llanto de Rensley
aumentaron. Entonces, una de las manos de Gezell tocó con fuerza el
pezó n erecto, que descendı́a por el pecho, y tiró de su estó mago como si
lo agarrara, creando una sensació n de presió n que resonó en la cabeza
de Rensley.
“No presiones… ah, ugh, ah…”
“Aquı́, puedo sentir el mı́o aquı́, ja… en tu estó mago.”
La mano grande presionó el abdomen de Rensley, acariciá ndolo
suavemente. A pesar del temblor, Rensley inclinó la cabeza. Gezell, sin
moverse, continuó explorando la forma de lo que estaba
completamente insertado en las entrañ as de Rensley.
El vientre sobresalı́a de forma inusual. Aunque era natural que algo se
insertara dentro, ver la forma con irmada con sus propios ojos le
provocó una emoció n indescriptible, lo que le di icultaba aú n má s la
respiració n.
“Rensley… quiero estar conectado contigo continuamente.”
“Con, ¿conectado…?”
Todo el dı́a, ya sea en la cama, en la mesa, en una silla, donde sea...
puedes abrir las piernas debajo de mı́ o sentarte encima de mı́. Puedes
tumbarte o mirarme... jaja, cada vez es una locura...
“Ah, ahhu, ugh…”
En voz baja, como si leyera un libro, Gezell le susurró obscenidades
corté smente al oı́do. A medida que la sensació n de derretirse en su
cabeza y estó mago se intensi icaba, Rensley gimió como si sollozara.
“Me gusta, ah… me gusta mucho, todo… es bueno…”
Con la mano sobre el vientre de Rensley, lo sacudió por la cintura.
Mientras Rensley se movı́a, Gezell le levantó la parte inferior del cuerpo
desde abajo.
"¿Está bueno?"
“Hu, huh, sı́… bien, ¡ah, ah!”
La respiració n de Gezell, que formulaba una breve pregunta, se alteró
de repente. Un gemido bajo se escapó como un suspiro. Los gemidos de
Gezell, que le hacı́an cosquillas en los oı́dos, combinados con la voz
acalorada, aumentaron la excitació n de Rensley.
Entonces, como antes... esperá ndote en la habitació n, ¿no es genial
hacerlo incluso en la mesa del comedor o en una silla? Ya sea que esté s
debajo o encima de mı́, o tumbada, o mirá ndonos... jaja, me vuelvo loca
cada vez...
“Ah, yo, huu, si Su Gracia… desea, haa…”
—Ah... ¿A ti tambié n te gusta? Se siente mejor por detrá s.
Al chocar la carne con un ruido resonante, los dedos de los pies de
Rensley, tocando el suelo, se erguieron sin darse cuenta. El peso del
intenso placer en lo má s profundo de su vientre resonó hasta la punta
de su cabeza, hacié ndolo cada vez má s difı́cil de soportar.
Rensley, que se habı́a incorporado y meneado las caderas, no pudo
resistir la abrumadora sensació n y bajó gradualmente el torso. Al inal,
terminó sentado en el suelo con las nalgas levantadas.
¡Uf! ¡Ja, ah, uf!
Con la cintura y las caderas sujetadas por detrá s, cada vez que Gezell
embestı́a profundamente, parecı́a como si su vientre resonara con
fuerza. El sonido de la carne al chocar era tan intenso como á spero.
La saliva que luı́a de sus labios entreabiertos y el semen que rezumaba
de la punta del pene goteaba sobre la alfombra. El campo de visió n se
estremeció bruscamente. Tras el tercer clı́max, todo el cuerpo de
Rensley tembló como un sauce.
“Su Gracia… espere, solo un poquito, ah, un momento…”
A pesar de pedir una breve pausa debido al clı́max abrumador, la voz de
Rensley salió como un jadeo. Gezell, como si no lo hubiera oı́do,
embistió má s profundo e intenso.
Incapaz de resistir a Gezell, Rensley, sostenido por sus cuatro
extremidades como un perro, inalmente cedió y dobló las rodillas,
aplastá ndose. Naturalmente, Gezell tambié n descendió de la silla, y
ambos se abrazaron con fuerza sobre la suave alfombra.
Gezell cubrió la espalda de Rensley, embistiendo con su grueso pene.
Con cada descenso, el grueso pene penetraba profundamente. El cuerpo
de Rensley, que se habı́a vuelto má s sensible despué s de tres orgasmos,
resistı́a implacablemente la sensació n de ser presionado, a veces
golpeando la alfombra, a veces echando la cabeza hacia atrá s,
derramando lá grimas. Ya no proferı́a palabras pidiendo que parara.
Tras alcanzar el clı́max, Gezell, quien aparentemente no tenı́a intenció n
de detenerse, continuó explorando el interior de Rensley durante un
rato. Retirando lentamente el grueso pene del resbaladizo interior, lo
introdujo de nuevo profundamente. Rensley, sintiendo el inmenso
placer de la sensació n caliente y hú meda en su interior, gimió de placer.
Tras inalizar los intensos movimientos, Gezell, sujetando al inerte
Rensley, se tumbó de lado, abrazá ndolo. Ambos permanecieron en
silencio un rato, apenas recuperando el aliento. Rensley tenı́a la mirada
perdida. El rá pido latido de Gezell, transmitido desde su espalda hasta
su pecho, resonaba en sus oı́dos. Sintié ndose uno con su propio latido,
Rensley rió entre dientes lentamente, sin molestarse en limpiarse la
cara mojada.
“Aunque tu apariencia no cambie… ciertamente puedes ser lo
su icientemente bestial…”
Gezell, que tambié n respiraba con di icultad, abrazó a Rensley aú n má s
fuerte.
“Lo siento por poné rtelo difı́cil”.
“Lo disfruté , ası́ que está bien… Ahora, por favor, recoge cuando
termines de comer.”
“¿Una comida?”
Cuando Rensley, quien habı́a estado en la posició n de servir de alimento
al Gran Duque, se quejó , Gezell rió suavemente, mezclando la risa con
una tos. Las quejas estallaron de inmediato.
¿Por qué te rı́es? Me cautivaste de verdad. Sentı́ que casi me convertı́a
en comida, expresá ndolo con educació n.
"Pido disculpas."
Gezell levantó rá pidamente al tembloroso Rensley y lo metió en la
bañ era. Le vertió agua tibia varias veces, limpiando su cuerpo y
vaciá ndolo de los luidos derramados. Rensley se sentó en la bañ era,
dormitando brevemente. Con su cuerpo ahora limpio, se sintió có modo
y relajado mientras se ponı́a una có moda bata, un marcado contraste
con su condició n de presa hacı́a un rato.
Sin embargo, las ronchas enrojecidas en su piel permanecieron,
resistié ndose obstinadamente incluso despué s de un lavado a fondo.
Su Gracia, ¿có mo piensa asumir la responsabilidad de esto? Si no se
gestiona adecuadamente, podrı́a no desaparecer ni siquiera hasta la
ceremonia de la boda.
Quizá s sintié ndose incó modo por las huellas que habı́a dejado, Gezell,
en lugar de responder inmediatamente, abrazó a Rensley, evitando el
contacto visual.
“Si no desaparece para entonces, te prepararé una medicina para que te
la apliques”.
Si se puede quitar con medicamento, no hay necesidad de esperar. Lo
aplicaré mañ ana.
“Cuando no hay nadie má s que lo vea, ¿hay necesidad de apresurarse y
borrarlo?”
Si lo dejo ası́, me costará usar camisa normalmente. Tengo que
cubrirme hasta el cuello.
Se ve bonito, como si tuvieras dibujos lorecientes en el cuerpo. Dé jalo
un poco má s.
Rensley se quedó sin palabras ante la absurda expresió n. Finalmente,
suspiró y apoyó la frente en el hombro de Gezell.
Si muerdes muy fuerte, duele. Por favor, no lo vuelvas a hacer.
"Lo lamento."
Jugué hasta muy tarde hoy, ası́ que debes estar enojado. No solo bebiste
demasiado... ¿Ya se te pasó la borrachera?
Gezell, bañ ado y limpio de sudor y luidos corporales, habı́a recuperado
su compostura habitual, distinta a la de cuando empezaron. Sin
embargo, ya fuera por no querer admitir que estaba borracho o por
alguna otra razó n, volvió a guardar silencio, sin mirar a Rensley a los
ojos.
No fue necesariamente ası́. No me sentı́ mal porque parecı́a que la
situació n se estaba resolviendo favorablemente.
Ya veo. Brindaste con la princesa e incluso participaste en el frenesı́ de
la ira. Como bebiste el doble, podrı́a considerarse un exceso de alcohol.
Bromeando, Gezell no lo negó . En cambio, miró a Rensley sin mirarlo a
los ojos y preguntó con picardı́a.
"¿Está bien que espere solo en la habitació n?"
—Bueno, si Su Gracia lo desea, con gusto la acompañ aré .
Sonriendo como si estuviera bromeando, Gezell tambié n sonrió
levemente. Manteniendo la sonrisa, rozó la cabeza de Rensley con la
mano con indiferencia.
Sé que no puedes responder de otra manera. Eres muy inteligente.
Pero cuando dices que extrañ as esos tiempos, estoy de acuerdo.
Mirando atrá s, sentı́a que solo está bamos los dos en el mundo haciendo
algo importante. Claro, puede que no fuera lo mismo para ti, pero para
mı́...
“Siento cada vez má s que eres el ú nico que importa”.
—Entonces, con má s razó n debo despejarme. Desafortunadamente, no
tengo má s remedio que involucrarme en actividades diplomá ticas
externas. La sonrisa de Gezell se profundizó . Abrazó a Rensley con
fuerza.
Tras una intensa intimidad, siempre llegaba una agradable sensació n de
somnolencia. Si pudieran pasar ese tiempo abrazados, parecı́a que no
habrı́a problemas en el mundo, y que la paz y la calidez serı́an eternas.
Mientras intercambiaban historias de escaso valor nutritivo, se
aferraban al lı́mite del tiempo, deseando prolongar este momento
eternamente.
Como era de esperar, la comida deliciosa es poderosa. Quizá s ser chef
sea una profesió n má s destacada que ser elementalista. Aunque puedas
manejar espı́ritus, no signi ica que puedas conquistar el corazó n de la
gente.
“En ese caso, ser Elementalista y chef te hace invencible”.
Ante las palabras de Rensley, Gezell le dirigió una mirada signi icativa.
“Hablando de eso, hay algo en lo que he estado pensando”.
"¿Algo en tu mente?"
Cuando domino bien mis habilidades como Elementalista, puedo
generar un poder má gico casi in inito, ¿verdad? Aldrant tiene muchas
tareas que requieren poder má gico. Y...
La expresió n de Rensley se tornó algo vacilante, insegura e insegura.
Gezell, que habı́a estado esperando en silencio, le dio un suave codazo
en la espalda.
"¿Y?"
En in, el mayor desafı́o en el Norte siempre es la invasió n de
monstruos, ¿verdad? Ya lo mencionaste. Si logramos crear una barrera
que cubra toda la frontera, los monstruos no podrá n invadir desde el
principio. Pero, en la prá ctica, se dice que es imposible.
Rensley, incluso si te conviertes en un excelente Elementalista, no
puedes crear una barrera ası́. Generar poder má gico continuamente y
operar y mantener un hechizo de barrera son cosas diferentes. No es un
problema tan sencillo.
"No, no estaba sugiriendo eso."
En la profunda noche, donde unos ojos brillantes, incapaces de un lecho
tranquilo, refulgı́an con la aventura, Rensley miró a Gezell con una
mirada signi icativa. Gezell, como atraı́do, ijó su mirada en é l.
Se dice que los Elementalistas excepcionales pueden comunicarse con
todo lo que existe en el mundo. Entonces, ¿no podrı́an hablar tambié n
con los monstruos que se encuentran má s allá de la barrera?
“….”
Hasta ahora no se habı́a descubierto un sistema de comunicació n que
los humanos pudieran utilizar o comprender entre los monstruos del
Norte.
Carecı́an de lenguaje como el que entendı́an los humanos, y los ó rganos
para emitir sonidos variaban entre los monstruos. Ası́ como los
animales de diferentes especies no podı́an conversar, no estaba claro si
existı́a alguna forma de comunicació n o intercambio entre los
monstruos.
Cuando aparecieron monstruos gigantescos de alto rango, se
comprendió que in luı́an en otros monstruos, pero eso fue todo.
Aunque se intentó usar monstruos capturados para diversos
experimentos, no se obtuvieron resultados particularmente
destacables.
Gezell tambié n solo habı́a leı́do sobre las habilidades de los
Elementalistas en documentos. Aceptar estas historias sin escepticismo
estaba prohibido, ya que probablemente habı́an sido embellecidas y
exageradas con el tiempo.
¿Es una idea demasiado descabellada? Aun ası́, podemos intentarlo. Si
logramos comunicarnos un poco, quizá ya no tengamos que
preocuparnos por el invierno.
“Sı́, si es posible…”
Gezell deslizó sus dedos por el cabello dorado de Rensley. Si semejante
escenario de ensueñ o fuera posible, la vida en las tierras del norte,
donde má s de la mitad del añ o era invierno, se volverı́a increı́blemente
có moda, como nunca antes. Con el enorme presupuesto y la mano de
obra que se habı́an empleado hasta ahora para protegerse de las
invasiones y hacer preparativos, podrı́an redirigirse a otras zonas para
que Aldrant prosperara.
Sin embargo, el aspecto crucial no era la productividad. En primavera y
verano, cuando no habı́a que preocuparse por los monstruos, la gente
se alegraba y todo el territorio rebosaba vitalidad. Gezell Jivendad,
nacido y criado en el norte, ni siquiera podı́a imaginar una paz eterna
en esa atmó sfera vibrante.
“Lo sabrá s cuando llegue el invierno y podrá s aventurarte como
Elementalista”.
Pero incluso con poca imaginació n, la sola idea le trajo felicidad.
Mientras Gezell se unı́a a é l con una sonrisa, Rensley tambié n lo abrazó ,
riendo.
En la antigü edad, existı́an personas conocidas como caballeros
elementalistas. ¿No te parece genial solo oı́r el nombre? Tambié n
planeo convertirlo en mi meta.
“No te dejaré hacer nada demasiado peligroso”.
“No es algo peligroso. Es algo impresionante”.
Susurrando en voz baja, apagaron la ú ltima lá mpara que quedaba.
Aunque la conversació n que acababan de tener fuera un sueñ o
completamente irreal e imposible desde el principio, la paz de esta
noche no se romperı́a. Quizá s eso solo fuera su iciente historia.
Cap. 21.4 - Verano sin in (El
inal)
Finalmente, la mañ ana de la ceremonia nupcial programada, Rensley se
despertó temprano. En lugar de quedarse en la cama, salió rá pidamente
y se dirigió a la ventana, pasando por alto las lujosas cortinas. Al
apartar las cortinas y abrir la ventana, una brisa refrescante entró .
Habı́a llegado la primavera y la mañ ana ya brillaba con la luz del sol.
Quizá s debido a un evento importante en el palacio real, ya habı́a
mucha gente ajetreada.
Rensley se apoyó en el alfé izar de la ventana, mirando hacia abajo. Con
la ventana abierta, las voces de la gente de abajo, ocupada y alegre
prepará ndose para la inminente ceremonia nupcial, llegaron a sus
oı́dos. Habı́a gente cargando diversos artı́culos en pequeñ os carritos,
otros cruzando el jardı́n con ramos y regaderas, y varios individuos
desplegando rá pidamente un mantel estrecho. Tambié n habı́a niñ os
jugando en un rincó n, apartando a los adultos atareados. Un niñ o, que
habı́a estado en cuclillas con sus amigos dibujando en el suelo, levantó
repentinamente la cabeza como si percibiera la mirada de alguien. El
niñ o se levantó y saludó a Rensley, quien le devolvió la mano.
“Su Gracia, ¿se ha levantado?”
Aunque era una escena familiar, hoy le pareció nueva. Mientras miraba
ijamente, una voz familiar siguió al golpeteo. Rensley se giró con una
sonrisa.
Te levantaste temprano. ¿Dormiste bien anoche?
—Sı́, mi señ ora. ¿Y usted?
Me aseguré de no cometer ningú n error y descansé bien. Como el
tiempo apremia, es mejor apresurarse con los preparativos. Por muy
temprano que empieces a preparar la ceremonia, siempre hay má s
gente despué s.
Hoy, varios asistentes entraron en la habitació n de la Duquesa, que
anteriormente solo habı́a visitado discretamente. La fresca fragancia de
las lores, recié n cortadas para el arreglo en el jarró n, impregnaba
delicadamente el aire.
Para recibir como es debido a la nueva duquesa, los asistentes se
habı́an preparado a conciencia. Rensley, tras recibir su ayuda, se bañ ó y
salió con una ina bata para empezar a vestirse. A diferencia de lo
habitual, tener a varias personas preocupá ndose por su apariencia le
resultó algo incó modo. Rensley murmuró algo a Lady Samlet.
Es porque hoy es la ceremonia de la boda. Normalmente, puedo con
esto sola.
“Podemos pensar en có mo se manejará n las recepciones habituales
despué s de que termine la ceremonia de la boda”.
El atuendo de compromiso, cuidadosamente preparado, esperaba a
Rensley. A diferencia del traje negro de Gezell, el de Rensley era de tela
blanca. Gezell habı́a sugerido que el sencillo color blanco
complementarı́a el cabello rubio y los ojos violetas de Rensley. Rensley
estuvo de acuerdo. Combinar blanco y negro no le parecı́a nada mal.
Ademá s, con toques bordados en azul y accesorios, el sencillo atuendo
blanco lucı́a esplé ndido.
Esta vez no llevaba velo cubriendo su rostro. En la larga capa, la misma
inscripció n que en la capa de Gezell, estaba bordado el emblema de la
familia real Aldrant. Rensley pensó que el atuendo formal podrı́a ser
má s sencillo que un vestido, pero los numerosos botones, lazos y la
necesidad de prestar atenció n a la disposició n de la tela lo hicieron aú n
má s laborioso que la primera ceremonia nupcial, donde lució un
vestido. Aunque esperaba que la segunda vez fuera má s relajada,
presentarse como Rensley Maelrosen en el papel de la duquesa le
infundió cierta tensió n, sobre todo al ser su primera vez.
“Su Gracia, ha llegado un invitado”.
“¿Un invitado?”
“Dijeron que si digo que vienen del bosque, probablemente lo sabrá s”.
El asistente miró a Rensley con expresió n perpleja, sin comprender sus
palabras. ¿Un invitado del bosque el dı́a de la boda del duque, no un
vizconde o un marqué s? Sin embargo, Rensley re lexionó y respondió .
“Llé valos rá pidamente adentro.”
Poco despué s, el invitado entró en la habitació n de la Duquesa. La
elegante loba, con su cabello platino esparcido con gracia, sonrió .
¡Maestro! ¡Ya has venido!
[Querı́a comprobar los resultados de nuestras lecciones.]
Gracias. Y ademá s de ti…
La loba no estaba sola. Habı́a traı́do a dos invitados má s, uno de los
cuales le resultaba desconocido a Rensley. Un niñ o de unos diez añ os,
de pelo canoso y piel oscura, y la otra persona era...
¿Có mo has estado, Amin? ¿Te va bien en los estudios?
—Claro. Salı́ primero en el primer examen.
¡Guau, qué impresionante! Bueno, es un genio reconocido incluso por
Su Gracia.
Al encontrarme con Amin despué s de mucho tiempo, parecı́a estar
completamente sano. Tenı́a una leve cicatriz en el cuello, pero no era
muy visible.
La loba parecı́a interesada en Amin, quien a tan temprana edad ejercı́a
libremente una magia que rara vez se veı́a en el reino humano, ası́ que
decidió llevarlo con ella. Rensley pensó que serı́a difı́cil verlo en el
futuro si lo llevaba al bosque, pero la loba llevó a Amin a una academia
de magia donde un hechicero experimentado era el director.
Rensley ya habı́a recibido varias cartas de Amin enviadas desde allı́.
Aunque se quejaba de que la academia má gica era tan agobiante como
un monasterio, parecı́a disfrutarla. Estudiar con diligencia con un
maestro estricto era mejor para el futuro de Amin que ser explotado y
no recibir dinero con alguien como Fé lix.
Sus sentimientos hacia Fé lix aú n parecı́an complejos. Era natural que
no pudiera superar fá cilmente la traició n de alguien a quien habı́a
seguido con tanta sinceridad. Podrı́a llevar mucho tiempo encontrar la
respuesta, pero Rensley creı́a que inalmente lo aceptarı́a a su manera.
Habı́a emociones que no podı́an llamarse amor ni odio; Rensley, quien
habı́a sido marginado por sus parientes de sangre durante una corta
vida, lo sabı́a.
Al principio, le preocupaba enviar a un niñ o tan lejos solo, pero despué s
de que la loba revelara sus pensamientos, Rensley se quedó en silencio.
La loba habı́a decidido observar a Amin, quien parecı́a destacar en su
talento má gico, en lugar de investigar a Gezell, quien poseı́a una
criatura invocadora. Hay una manera de dar a todos si tienes algo, y
tambié n hay una manera de recibir. Si todos obtenı́an los mejores
resultados, Rensley tenı́a que saber có mo estar satisfecho.
Rensley desvió su mirada hacia el chico que conocı́a por primera vez.
“Y de este lado…”
¿No es la primera vez que me conoces ası́? Mi hijo, Oron.
“¡Ah!”
Rensley abrió los ojos sorprendido. Ese cachorrito, no, ¿el lobo ya habı́a
crecido tanto? Sorprendido, Rensley parpadeó , pero enseguida se echó
a reı́r.
Está s creciendo muy rá pido. Agradezco tu ayuda, prı́ncipe Oron.
[Felicitaciones por tu matrimonio, Rensley.]
Corté smente, le ofreció un gran ramo de lores, lo cual pareció extrañ o.
¿Acaso no habı́a perdido algo de su juventud comparado con cuando
era un cachorro? Pero ahora parecı́a má s maduro, ¿verdad? Aunque
todavı́a era un niñ o pequeñ o comparado con los demá s, incluso si lo
felicitara como un adulto, parecı́a tan lindo. Rensley sonrió al aceptar
las lores.
¡Incluso un regalo! Muchas gracias.
[Cuando crezca má s, por favor considera convertirme en tu segundo
compañ ero.]
"¿Mmm?"
Sorprendido, Rensley abrió mucho los ojos y el lobo blanco se rió entre
dientes.
A veces digo cosas interesantes porque aú n soy joven. Cuando crezca un
poco má s, quizá quiera cancelar lo que dije por mi cuenta, ası́ que mejor
lo dejo.
¡Jaja! De hecho, cuando era joven, les pedı́ matrimonio a varias damas
de la corte que se casaran conmigo. Me trae viejos recuerdos. Tambié n
les pedı́ matrimonio con lores.
Rensley le susurró al lobo blanco y cariñ osamente despeinó el cabello
del prı́ncipe.
¡Qué belleza! Aquı́ solo hay lores que no se marchitan.
¿Puedes distinguirlos simplemente mirá ndolos ahora?
—Sı́. Las lores de aquı́ y de allá son diferentes.
Antes de que el lobo pudiera sugerir nada, se sentó có modamente en la
silla má s conveniente, miró alrededor de la habitació n y examinó a
Rensley, que estaba vestido con traje de boda, de arriba a abajo.
Parece que has ganado bastante prestigio. Hasta hace poco, la gente se
oponı́a a tu boda. ¿Se ha resuelto ese problema?
No del todo, pero no hay problemas para proceder con la ceremonia
nupcial. En cuanto al asunto del niñ o, no podemos resolverlo nosotros
mismos, ası́ que tendremos que seguir llevá ndolo con nosotros en el
futuro. No podemos tener hijos porque ambos somos hombres.
Normalmente, el rey querrı́a un heredero directo, pero eso no es algo
que se pueda lograr solo con mano de obra.
¿Por qué no puedes tener hijos? Yo tampoco me he apareado con
ningú n macho.
—Bueno, porque el Señ or del Bosque es un ser superior a los humanos.
Los humanos somos mucho má s... animales fı́sicos.
Mientras Rensley respondı́a con una sonrisa frı́a, los asistentes que
estaban esperando lo apremiaron.
“Su Gracia, debe comenzar a prepararse ahora”.
“Oh, ¿ya ha llegado el momento?”
Sin terminar la conversació n con el lobo, Rensley miró a los invitados.
¿Nos vamos? Su Gracia tambié n nos espera.
La gente salió en tropel de la habitació n del Duque. Los guardias que
estaban en el pasillo sonrieron y saludaron a Rensley. El, devolvié ndole
la sonrisa, respondió y bajó las escaleras. Ya se oı́a el ruido de la gente
reunida en el pasillo.
Al entrar al saló n central, donde se completaban los preparativos para
la ceremonia nupcial, todas las miradas se posaron en Rensley. El joven
rubio, vestido de etiqueta, recibió los saludos de todos, y Rensley sonrió
y les devolvió el saludo. Gezell, que los esperaba y caminaba hacia ellos,
fue observado por Rensley con una sonrisa.
“Verdaderamente noble y hermosa.”
Ante el comentario inmediato de su prometida al estar juntos, Rensley
rió suavemente, casi inaudiblemente. Acercá ndose, susurró .
“Deberı́amos tomarnos de las manos primero”.
Ante ese comentario, Gezell extendió rá pidamente la mano. Rensley la
colocó sobre la de Gezell. La mano del Señ or del Norte volvı́a a estar
cá lida hoy. Fue entonces cuando Rensley notó el broche de madera con
forma de oso que llevaba prendido en el cuello. Sorprendido, Rensley
abrió mucho los ojos.
—No, ¿de verdad adjuntaste esto al atuendo de boda?
“Es un regalo tuyo y no hay dı́a má s adecuado que hoy”.
Rensley se encogió de hombros y sonrió a medias como si se diera por
vencido.
Aunque era su segunda boda, no existı́an precedentes de celebrar
ceremonias nupciales con la misma persona. Entre los nobles que
inicialmente a irmaron que no asistirı́an, muchos parecı́an incapaces de
superar la curiosidad por el duque. Por supuesto, hubo quienes se
opusieron hasta el inal sin mostrar la cara.
La canció n de celebració n cantada por el coro resonó hasta el techo. En
el abarrotado saló n, el escenario central esperaba a la pareja. Los dos, a
punto de convertirse o icialmente en pareja, caminaron hacia é l,
agarrados de la mano. El sonido del metal chocando contra el metal,
creando copas vacı́as, resonó majestuosamente por el saló n una vez
má s.
Cuando los dos individuos se inclinaron ante el o iciante, la ceremonia
nupcial inalmente comenzó .
Gezell Jivendad, el Guardiá n de Aldrant. Quien gobierna la Selva Negra y
el Rı́o Plateado, sometié ndose al sagrado deber de gobernar. ¿Está s de
acuerdo con la unió n de almas que se llevará a cabo hoy?
"Estoy de acuerdo."
Cuando el Duque respondió , el o iciante giró la cabeza hacia Rensley.
Rensley Maelrosen, compañ ero de Roudken. El que cuida la Montañ a de
Hielo y la tierra irme, acompañ ando el camino del Guardiá n. ¿Está s de
acuerdo con la unió n de almas que se llevará a cabo hoy?
"Estoy de acuerdo."
A diferencia de antes, esta vez Rensley respondió con su propia voz.
Tras el velo que le cubrı́a el rostro, Rensley sonrió involuntariamente,
recordando los falsos votos hechos el invierno pasado con una voz
má gicamente camu lada.
Se siguieron varios procedimientos, y esta vez, se colocó un "fuego
sagrado" frente a la pareja. Rensley pudo colocar su mano en el fuego
con naturalidad.
Tras completar todos los trá mites, llegó el momento del ú ltimo paso:
enmendar el documento de votos matrimoniales. Esto marcó la
existencia eterna de Rensley Maelrosen en los registros de Aldrant.
Gezell primero escribió su nombre con tinta negra.
<Gezell Jivendad>
Al recibir el bolı́grafo, Rensley escribió su nombre con una letra
completamente diferente e inigualable.
<Rensley Maelrosen>
Al mirar el documento de votos matrimoniales con su nombre, el
corazó n de Rensley se agitó nuevamente.
Rensley Maelrosen. Nombre de pila de un plebeyo que no podı́a llevar el
tı́tulo de la familia real. Rensley habı́a vivido pensando que este era su
apellido materno, pero en realidad no era seguro. No se habı́a esforzado
por con irmarlo, temiendo que se sintiera vacı́o si se enteraba de que
no lo era.
Ahora, ya no importaba. Este nombre serı́a recordado como el de la
duquesa del duque Gezell Jivendad, no como el de una sirvienta de la
familia real de Cornia.
“¡Abran las puertas!”
La gran puerta principal del castillo se abrió . El coro, que cantaba sus
felicitaciones, sonaba má s suave y alegre que al entrar.
Para presenciar la escena donde se reproducı́a la legendaria historia de
la Duquesa, los ciudadanos se congregaron má s que nunca. Sin
embargo, no se oyeron los fervientes vı́tores de la primera ceremonia
nupcial. En cambio, el ambiente se llenó de miradas escé pticas y
curiosas, junto con los murmullos que perturbaban el espacioso saló n.
Sin embargo, Rensley mantuvo la compostura. Aceptó con calma un
colgante con forma de trompeta y se lo prendió a la ropa, como
g p y p p
entonces. Sus ojos violetas, con un toque de azul, escudriñ aron primero
al pú blico y luego el cielo despejado y los alrededores. Su voz serena
luyó tras cruzar miradas.
“Cuando estuve aquı́ por primera vez, lo ú nico que habı́a oı́do sobre
Aldrant era que es un paı́s extremadamente frı́o”.
—¡Guau, la voz es de initivamente de un hombre! —exclamó alguien
sorprendido, y pareció que el asombro resonó en su rostro.
Sin embargo, con la cá lida bienvenida, no sentı́ frı́o, y como mencioné ,
Aldrant me pareció el paı́s má s cá lido del continente. Durante el
invierno que pasé allı́, esas palabras se convirtieron en una auté ntica
realidad.
“…”
Puede que no tenga habilidades tan destacadas como las del Duque,
pero quiero expresar mi gratitud correspondiendo a la calidez que
recibı́ de todos ustedes. Aquı́ y ahora.
Dicho esto, Rensley levantó ambas manos. Mientras cerraba los ojos y
hablaba en voz baja, el pú blico, sin darse cuenta, ijó la mirada en las
yemas de sus dedos, y una explosió n de admiració n estalló entre ellos.
¡Mira eso! ¿Qué pasa? ¿La Gran Duquesa tambié n es hechicera?
Los murmullos crecieron y inalmente se convirtieron en vı́tores. La
gente rió , se maravilló y, inalmente, aplaudió , colmando de elogios a la
Gran Duquesa. Fue entonces cuando Rensley abrió los ojos.
En el balcó n, en las murallas del castillo y en los pilares de la
columnata, las lores brotaron repentinamente de las enredaderas que
los rodeaban. Numerosos y hermosos racimos, tantos que era imposible
recordar cada nombre, lorecieron a la vez.
El Gran Castillo de Roudken, que hacı́a apenas unos momentos tenı́a
vides entrelazadas, se transformó en un templo primaveral en lugar de
la severa fortaleza del Norte. Con una suave brisa, la rica fragancia se
mezcló con el aire, creando una atmó sfera encantadora. Los habitantes
de Aldrant, que rara vez habı́an visto una escena ası́, incluso en plena
primavera, dejaron atrá s su cautela inicial y se maravillaron ante el
espectá culo. Algunos incluso exclamaron que era un milagro de Adriel,
la Diosa.
“Funcionó .”
La tensió n en el corazó n apretado de Rensley se fue calmando poco a
poco. Lo que acababa de ocurrir era una té cnica practicada con los
lobos del bosque para preparar la ceremonia nupcial. Aunque habı́a
practicado con diligencia, manejar a tantos espı́ritus simultá neamente
era algo que nunca antes habı́a intentado, y el fracaso era inevitable.
Lo consideró un é xito aunque solo la mitad loreciera, pero casi todos lo
hicieron. Incluso los espı́ritus de las tierras del norte parecı́an celebrar
su matrimonio, lo que reforzó por completo la con ianza de Rensley.
Despué s de que los vı́tores que habı́an resonado como si resonaran por
toda la ciudad comenzaran a amainar, volvió a hablar.
He oı́do rumores de que la historia de Duke y yo ha estado circulando
como canció n. Todavı́a no la he escuchado, pero dicen que ha recibido
crı́ticas positivas. Creo que muchos de ustedes podrı́an tener curiosidad
por los detalles.
Y una vez má s, sonrió ampliamente mientras miraba a la audiencia.
“¡Ahora todos en Aldrant podrá n ver la secuela!”
“¡A las bendiciones eternas del Guardiá n del Continente y su
compañ ero!”
La gente respondió en voz alta, con voces llenas de una lealtad y un
afecto renovados. Aunque estas emociones fueran momentá neas,
fueron su icientes por hoy. Con una sonrisa inalterada, Rensley, tras
inalizar sus saludos con elegancia, retrocedió un paso.
Mientras la Duquesa, que acababa de terminar la ceremonia nupcial,
saludaba a los ciudadanos, algunos caballeros de guardia no pudieron
contener la risa, y se oyeron risas ahogadas desde atrá s. Rensley, de pie
junto a Gezell, le susurró algo.
¿Fue demasiado audaz? ¿Deberı́a haber mostrado má s dignidad como
duquesa?
“Tu modesto encanto quedó bien.”
La mú sica que luı́a dentro y fuera del castillo se animó . La celebració n
habı́a comenzado.
Dentro de los lorecientes muros primaverales, la gente empezó a
bailar, cada uno sonriendo como una lor. Los nobles que esperaban en
el saló n de banquetes rodearon a Rensley y Gezell, ofrecié ndoles sus
felicitaciones.
¡Rensley, felicidades! ¡Que seas verdaderamente feliz de ahora en
adelante!
“Te con iamos a Aldrant, Duquesa”.
Ivet y Freida, elegantemente vestidas para la ocasió n, ofrecieron sus
bendiciones una tras otra. Para estas dos, que habı́an sido de gran
ayuda, habrı́a otra oportunidad para expresar su gratitud tras el ajetreo
de las festividades. Lo mismo ocurrió con Anton, quien estaba ocupado
al mando de los caballeros, y Stan, quien custodiaba el lugar.
“¿No vas a bailar hoy, Ivet?”
—Lo haré . Pero como puede ver, Sorel, el comandante, todavı́a está muy
ocupado. Tenemos mucho tiempo, ası́ que esperaré un poco.
Tras intercambiar cumplidos con varias personas, Gezell y Rensley se
sentaron uno al lado del otro, observando la escena festiva en el saló n
de banquetes. En lugar de unirse al baile, Rensley, exhausto de saludar a
la gente y hacer conjuros de lores, necesitaba un breve respiro.
Fue un placer observar a la gente tan animada. Mientras movı́an los
pies al ritmo de la mú sica, Rensley y Gezell, sin bailar, se sentaron a
contemplar la animada escena. Gezell, sintiendo la emoció n del pú blico,
se inclinó hacia Rensley.
¿Qué tal si llamamos a ese poeta para que actú e frente a nosotros?
Deberı́amos escucharlo al menos una vez, ¿no crees?
¿En serio? ¿No serı́a un poco vergonzoso para nosotros, los implicados?
Gezell se encogió de hombros con indiferencia. "¿Por qué no? Jugó un
papel importante en el é xito de la boda, ası́ que merece una
recompensa. Aunque el tı́tulo era bastante largo".
Se llama <El cuento de la llegada del prı́ncipe del sur Rensley Maelrosen
a los campos de invierno y el matrimonio disfrazado con el duque del
norte>. Segú n Ivet, resaltó má s mi nombre porque el propó sito de
difundir la canció n era darme a conocer.
“Nunca me habı́a interesado mucho la poesı́a hasta ahora, pero estos
tı́tulos son bastante largos”.
A los poetas romá nticos se les paga má s por sus representaciones má s
largas. Por eso les gusta alargarlo todo.
“Pensé que era porque eran personas romá nticas, pero ¿era por
razones econó micas…?”
Má s adelante, la gente les dará tı́tulos má s cortos a las canciones.
Siempre pasa. Esto tambié n es econó mico.
Rensley extendió su mano, sosteniendo la mano de Gezell que
descansaba sobre el apoyabrazos.
¿Bailamos un poco? Seguro que todos tienen curiosidad. ¿Qué tal un
baile de la pareja masculina?
Cuando Gezell y Rensley se levantaron de sus sillas y se dirigieron al
centro del saló n, la gente que bailaba creó un espacio para ellos,
hacié ndose a un lado.
Aunque ya habı́an bailado allı́ antes, lo hacı́an como el duque y la falsa
duquesa. Cuando empezó la mú sica, que Rensley habı́a programado con
los mú sicos con antelació n, Rensley y Gezell no dudaron en levantar los
pies.
No era un baile que exhibiera el ondear de un rico vestido ni gestos
extravagantes, pero sus movimientos, en armonı́a con la mú sica, tenı́an
una modestia que cautivaba a los espectadores. Al principio, el pú blico,
dispuesto a reı́r al ver a dos hombres bailando, pronto quedó tan
absorto que no pudo apartar la mirada.
Tras recibir ya mucha atenció n en palacio, ¿se debı́a a eso que se habı́a
vuelto inmune? ¿O a que se trataba de una celebració n en Aldrant,
ahora casi como su ciudad natal? Aunque Rensley solo habı́a bailado
con un hombre delante de la gente dos veces, se movı́a con gracia y
seguridad, guiando sutilmente a Gezell con facilidad.
Mientras bailaba, Rensley imaginaba los siguientes pasos. ¿Y si se
llevaba a Marilyn y salı́a de la fortaleza con el Duque, como cuando
aprobó el examen de ingreso a la Orden de los Caballeros? Se habı́a
acercado al espı́ritu de su caballo, Marilyn, durante las clases de
Elementalista, aunque al principio la comunicació n parecı́a difı́cil.
Serı́a un placer saludar a los habitantes de Roudken, a quienes no pudo
ver durante la ceremonia de boda de hoy. Me pareció una buena idea.
En medio de estos pensamientos, la voz de Gezell interrumpió sus
cavilaciones. «Parece que está s pensando en otra cosa mientras bailas».
Me disculpo. Me siento abrumado por las emociones.
"¿En qué está s pensando?"
“Estaba pensando en qué deberı́amos hacer despué s de que termine el
banquete”.
Quizá s serı́a agradable salir del castillo del Duque y saludar a la gente.
Como alternativa, podrı́an pasar la noche vigilando el saló n de
banquetes, charlando con la gente o compartiendo una copa. Regresar
temprano a su habitació n, dejar a todos atrá s y crear un nuevo
ambiente nocturno no serı́a mala idea.
Como recié n casados, podrı́an disfrutar del privilegio de dormir hasta
tarde mañ ana y desayunar tranquilamente en la cama. Rensley pensó
en retener a Gezell mañ ana, impidié ndole visitar el laboratorio antes de
tiempo. Despué s de cepillar a Marilyn en el establo, podrı́an ir a la
biblioteca y dedicar tiempo a leer diferentes libros. Tambié n
necesitaban planear una visita a los nobles de Aldrant antes de que
llegara el invierno.
Incontables dı́as pasarı́an para ambos en el futuro. Tras la primavera
llegó un breve verano, seguido de un largo invierno. Hasta el dı́a en que
el sueñ o de Rensley pudiera ser puesto a prueba, Gezell, Rensley y el
pueblo de Aldrant permanecerı́an como escudo al norte.
Incluso en medio de estos pensamientos, la vida continuaba en el
invernadero, con frutas y verduras bañ adas por la luz del sol, llamas
danzando en el horno y la gente realizando sus tareas cotidianas.
Rensley y Gezell explorarı́an juntos las tierras aú n desconocidas de
Aldrant.
La vida humana no es má s que una piedra en una vasta corriente, pero
cada piedra, una por una, cambia de forma y reordena sus posiciones,
alterando la apariencia del mundo.
La primera boda fue en pleno invierno, pero ya era primavera. Una
suave brisa entraba por las ventanas abiertas del saló n, y los colores de
las lores conjuradas por Rensley adornaban el Gran Castillo con má s
brillo que cualquier mural o decoració n. Esta vez, Rensley le susurró
primero a Gezell.
“Algú n dı́a quiero cubrir no só lo el castillo sino tambié n su exterior con
lores como é sta”.
Como si recordara el beso aprendido hace mucho tiempo, los labios de
Gezell rozaron suavemente las yemas de los dedos de Rensley. Fue tan
delicado como besar el pé talo de una lor.
“Só lo te construı́ un pequeñ o invernadero y, sin embargo, me traes la
primavera”.
—Bueno, ese tambié n es tu mé rito, ¿no?
Que tu temporada nunca termine entonces.
El Señ or del Invierno y del Hielo, junto con el Elementalista del Trueno,
pidieron un deseo, y mientras tomaban un largo camino, la primavera
los abrazó en sus brazos, sonriendo.
<El in>
Tabla de contenido
ı́ndice
# Campo de frambuesas
# Campo pequeñ o
# Campo de sueñ os
Derechos de autor
Rensley Mallosen se despertó desnudo nuevamente hoy.
Como de costumbre, me senté , pasé bruscamente mi mano por mi
cabello rubio, despeinado y somnoliento, y un collar que habı́a estado
colgando alrededor de mi hombro se deslizó hasta mi ancho pecho.
“Oh, hace frı́o.”
Aunque se calentó con el calor corporal, el metal es fundamentalmente
frı́o. El collar, que tocó mi piel cá lida y desnuda justo despué s de
despertar, estaba sorprendentemente frı́o.
Rensley recogió el collar que se le habı́a caı́do entre las piernas. Con un
gran za iro incrustado y un diamante de hermosa talla, era una joya
preciosa que nunca se habı́a atrevido a tocar, y brillaba con un brillo tan
deslumbrante que la hizo sentir lá stima.
“Ugh, esta cosa preciosa como esta…….”
Rensley suspiró y recogió una por una las baratijas esparcidas por toda
la amplia cama.
Una joya es una joya, por lo que su valor no disminuirá
signi icativamente solo porque la uses ocasionalmente... pero no
deberı́as tratarla tan descuidadamente.
Anoche, Giselle adornó a Rensley con todo tipo de joyas preciosas y se
acostó . Una vez, adornó su cuerpo desnudo con un brazalete bastante
grueso de granate y rubı́, otra con un cinturó n de esmeraldas y otra con
un collar de za iros.
Todos eran objetos grandes y ornamentados, hechos para ceremonias o
banquetes. Llevarlos sobre mi cuerpo desnudo me parecı́a un acto
pecaminoso. Quizá s la extrañ a sensació n de convertirme en una
posesió n de Su Alteza, como las joyas, me emocionó aú n má s.
Habı́a oı́do rumores de que el norte era rico en minas y que a su gente
le encantaban las cosas brillantes, pero Giselle parecı́a tan
desinteresada en el lujo que supuse que serı́a una excepció n. ¡Pero
espera, qué sorpresa! Cuando se balanceó las joyas hasta que
tintinearon, comparando su resplandor con el de sus ojos, cabello y piel,
me di cuenta de que no era un mago de la investigació n, sino un poeta
corpulento practicando sexo.
Al principio era una persona que ni siquiera sabı́a besar y só lo
parpadeaba.
'Creo que deberı́a decir esto de una manera muy… so isticada… '
Mientras recordaba la noche anterior, que inevitablemente me habı́a
hecho llorar, me sentı́ avergonzada, pero la puerta se abrió . Giselle, ya
vestida brevemente, entraba en el dormitorio.
"¿Está s despierto?"
¿Por qué no me despertaste en lugar de dejarme dormir solo?
"¿Puedo despertar a alguien que se quedó dormido porque estaba
cansado por mi culpa?"
Incluso dijo algo descarado.
Rensley entrecerró los ojos y miró a Giselle. En sus manos habı́a una
tetera de cobre y hierro forjado y una taza vacı́a. El agua tibia,
despertando el sueñ o, luyó con gracia hacia la taza. Rensley se estiró .
—Su Majestad, no hace falta que me sirva el té . Llamaré a un sirviente.
“No puedes hacer eso porque aú n no está s vestido”.
“De todos modos, otras personas me dará n ropa”.
Hay una diferencia entre verse desaliñ ado en la cama y verse listo para
vestirse.
El Gran Duque, marcando sus propios está ndares, se acercó a Rensley
con una taza de té . La taza, con su tenue vapor saliendo de ella, estaba
caliente incluso en el asa, calentando la mano de Rensley al aceptarla.
Cuando vivı́a en el sur, ni siquiera pensaba en el té caliente. Siempre
tenı́a un refresco o bebida en la boca. Pero desde que llegó aquı́,
Rensley se ha convertido en un auté ntico experto en té .
Aunque era primavera, las mañ anas en Oldenland seguı́an siendo frı́as.
Rensley ocultó su cuerpo desnudo en la suave capa que le cubrı́a los
hombros y saboreó el té que el propio rey le habı́a servido.
La noche y la mañ ana se alternaban lujosamente.
***
“Prepararé la ropa, Su Alteza.”
Tras vaciar la taza de té , comenzó el verdadero dı́a. Rensley permaneció
en silencio, observando a la gente prepararse con afá n.
Mientras los sirvientes preparaban la camisa, el cuello y el chaleco,
sobre los cuales se ponı́a abrigo, pantalones, calcetines y zapatos para
el dı́a, ademá s de diversos accesorios y complementos para entreactar,
Rensley tenı́a poco que hacer. Solo seguı́a sus movimientos, moviendo
ligeramente las extremidades o pará ndose frente al espejo para
comprobar su estado.
“Te ves deslumbrantemente hermosa hoy, Su Alteza”.
No habı́a forma de sospechar que este elogio fuera una formalidad. La
expresió n en el rostro de la doncella jefa, Samrit, quien habı́a seguido
sirviendo a la Gran Duquesa incluso despué s de la boda, era de genuino
orgullo, como si viera a una niñ a adulta ante sus ojos.
Ella era quien habı́a cuidado de Rensley desde que llegó aquı́,
prá cticamente exiliado, en una carreta, en pleno invierno, una estació n
que incluso los norteñ os encontrarı́an difı́cil de soportar. Rensley
respondió con una sonrisa.
Eso es porque mi esposa lo pule todos los dı́as. Si esto sigue ası́, se
desgastará .
Aunque nos vistamos igual, no todos brillaremos. Como servir a los
demá s es grati icante, no nos queda má s remedio que darlo todo.
Los sirvientes que estaban cerca asintieron y ingieron estar de acuerdo
con las palabras de la dama. Rensley tambié n terminó riendo
tı́midamente.
La rutina diaria de prepararse puede ser un poco tediosa a veces, pero
¿a quié n no le encantarı́a despertarse y recibir elogios y felicitaciones
en el momento en que abre los ojos?
Rensley siempre se habı́a considerado un simple ilisteo. Nunca habı́a
tenido grandes fortunas, pero no era por falta de deseos materiales.
Disfrutaba de verdad del dinero, los lujos, los metales preciosos, las
telas caras y las suaves pieles que vestı́a.
Al principio, abrı́ los ojos de par en par. Me habı́an preparado
mentalmente para la extraordinaria naturaleza de convertirme en
reina, y aunque me habı́an tratado como la acompañ ante no o icial de
Giselle durante bastante tiempo, me llevó un tiempo aceptar la rutina
diaria de ser atendida abiertamente por sirvientes y adornada con todo
tipo de lujos.
A la mañ ana siguiente de la boda, mientras se preparaba para su
primera ordenanza como archiduquesa, Rensley Mallorcen, vista en el
espejo, no parecı́a una bastarda nacida de un monarca norteñ o.
Resplandecı́a, como si hubiera nacido para ser su consorte, e incluso
lucı́a bastante digna y elegante.
¿Có mo te sentiste? Claro que sı́. Ademá s, conocı́a a la mayorı́a de la
gente que iba y venı́a de Loudken, ası́ que no tuve que molestarme en
memorizar sus nombres ni sus caras.
Mientras asistı́a a ordenanzas y diversas discusiones nacionales con
Giselle, tambié n cumplı́a con facilidad sus deberes como archiduquesa,
y mientras se hacı́a cargo de las audiencias con los visitantes y
celebraba banquetes apropiados en lugar de Giselle, a quien no le
gustaba especialmente recibir invitados, la reputació n del archiduquesa
masculino del sur fue aumentando gradualmente tanto dentro como
fuera del castillo.
"¿Qué está sucediendo?"
Como ya se estaba acostumbrando a la vida de archiduquesa, Rensley
no pudo entender la repentina pregunta de Giselle durante el almuerzo.
Parpadeé mientras recordaba el pasado y negué con la cabeza.
—No. ¿Te parece que pasa algo?
El mé dico me dijo que no tienes ningú n problema de salud. Pero
ú ltimamente pareces un poco aletargado.
¿En serio? Mmm... Comparado con antes, he pasado má s tiempo en
palacio. No es que esté apá tica, es que me he vuelto má s reservada.
Ahora que soy una archiduquesa reconocida, no puedo ser una
holgazana para siempre.
Rensley se rió , respondiendo medio en broma y medio en serio.
Habı́a que hacer sacri icios para llevar la vida có moda y lujosa de una
archiduquesa. Cabalgar frecuentemente en Marilyn, socializar hasta
altas horas de la noche, solo para regresar a casa justo cuando se
cerraban las puertas, pasear por el castillo, ayudar en diversas tareas y
bromear con los sirvientes, o cantar e hilar cuerdas con los mozos de
cuadra toda la noche; todo esto se estaba volviendo cada vez má s difı́cil.
Giselle no la detendrı́a si asumiera ella misma las tareas del servicio,
pero sabı́a que incomodarı́a a los trabajadores. Su Alteza la
Archiduquesa, de espı́ritu libre, solo toleraba el cuidado personal del
invernadero y cocinar ocasionalmente como pasatiempos.
Cada vez que sentı́a distancia de las personas a las que habı́a saludado
con tanta libertad no hacı́a mucho, sentı́a una amargura incontenible.
Pero Rensley sabı́a que no podı́a tenerlo todo en la vida. Por cada
ganancia, algo se perdı́a. Aunque lamentaba tener que renunciar a los
pequeñ os placeres de la vida cotidiana que habı́an moldeado su vida,
no sentı́a arrepentimiento. Nada de lo que Rensley Mallorsen habı́a
poseı́do jamá s era tan preciado como Giselle.
“Tengo algo que quiero repasar contigo hoy”.
Tras terminar de comer, Giselle le hizo un gesto a su sirviente. Este
desenrolló el gran pergamino que sostenı́a sobre la mesa vacı́a.
Rensley miró con interé s el mapa sobre la mesa. Era un mapa completo
de Oldenland, que mostraba no solo la capital, Laudken, sino tambié n
diversas regiones del vasto norte.
"¿Adó nde vas?"
¿
Mencioné que viajarı́a a otra regió n antes de que terminara el verano.
Creo que es hora de empezar a prepararme.
“¿Tiene usted un lugar designado?”
No puedo visitarlos todos, ası́ que planeo visitar una de estas tres á reas.
Tambié n aprovecharé la ruta para conocer la opinió n pú blica reciente y
la situació n actual.
Rensley levantó las cejas ligeramente mientras medı́a la distancia entre
la mano de Giselle y Loudken.
Aunque use un dispositivo mó vil para recorrer el lugar, tardaré dos
semanas. ¿Está bien estar fuera tanto tiempo? No ha pasado tanto
tiempo desde que visité Pereira.
Este viaje solo es posible hasta el verano. Tendré que visitar otros
territorios de vez en cuando.
Tenı́a razó n. Si bien era prudente que un rey se ausentara en persona,
muchos monarcas aprovechaban este perı́odo de seguridad para
recorrer sus territorios o, en ocasiones, cruzar fronteras para visitar
otros paı́ses.
Fue por una razó n intuitiva: no habı́a mejor manera de recordar a la
gente que la presencia del rey no era una historia lejana sino una
realidad cercana que a travé s de una procesió n personal.
Rensley sonrió brillantemente.
“Bueno… ni siquiera hemos ido de luna de miel todavı́a.”
Despué s de nuestro regreso, tambié n visitará s algunos lugares. Luego,
terminará el verano y volverá s al muro.
"bueno……."
No parecı́a que hubiera pasado mucho tiempo desde su boda, pero la
corta primavera ya habı́a pasado. Rensley miró por la ventana.
El cielo era azul y el paisaje exterior era bastante verde. El paisaje
desolado y sombrı́o que vi al llegar al norte era un recuerdo lejano.
Incluso en Oldenland, que parecı́a una tierra helada todo el añ o,
existı́an las estaciones.
Con la llegada de la primavera, el palacio bullı́a de actividad. Gracias al
amor de la archiduquesa por la mú sica, la danza y la socializació n, se
celebraron má s banquetes que nunca durante esta tranquila estació n.
La princesa Frida y su gente, residentes en el castillo del Gran Duque,
estaban sin duda má s animadas que en invierno. Sin embargo, incluso
este perı́odo tumultuoso estaba destinado a llegar a su in.
“Ya es una pena.”
Incluso sin decir qué lamentaba, Giselle pareció comprender el
signi icado y sonrió levemente. Volvió a mirar el mapa, que habı́a
apartado brevemente.
“Ası́ que pasemos el tiempo que nos queda sin remordimientos”.
Genial. Nunca lo habı́a considerado un viaje de larga distancia. ¡Me
encanta!
El hombre, antes directo, se habı́a vuelto má s elocuente ú ltimamente.
Rensley tambié n se deshizo rá pidamente de su sentimentalismo y le
devolvió la sonrisa.
Tan pronto como pensé en emprender un viaje, tal como le habı́a
preocupado a Giselle, mi estado de á nimo algo letá rgico y apá tico de
repente se energizó y sentı́ una oleada de energı́a.
“Entonces, tengo una sugerencia”.
"¿Tienes alguna otra sugerencia ademá s de viajar?" Rensley estaba
desconcertado esta vez. Giselle dobló el mapa y continuó su explicació n.
No hace falta anunciar siempre que está s en una procesió n real cuando
está s fuera del palacio. Desde pequeñ o, mi difunto tı́o, de vez en
cuando, se vestı́a de civil y salı́a del castillo para mezclarse con la
multitud. Nunca he sentido la necesidad, ası́ que nunca lo he hecho.
—Está s hablando de operaciones encubiertas, ¿verdad? Ya lo sé .
Rensley asintió y, de repente, miró a Giselle con los ojos muy abiertos.
Antes de que pudiera continuar, Rensley volvió a hablar.
“¿Podrı́a ser que nosotros…?”
Es una é poca menos peligrosa. Sigues siendo miembro de los Caballeros
Templarios, ası́ que no deberı́a ser difı́cil ocultar tu identidad. Fuera del
castillo, poca gente reconoce al Rey y a la Reina a menos que sean
nobles.
Fiel a su palabra, solo un puñ ado de personas en esta vasta Tierra Vieja
han visto el rostro del Archiduque en persona. Salvo los residentes del
castillo o los comerciantes habituales de Loudken, el monarca rara vez
aparece en persona, aunque ocasionalmente lo hace.
Fue una sugerencia realmente inesperada. Rensley se quedó ató nito y,
con una sonrisa iró nica, corrió hacia Giselle.
Mientras Giselle hundı́a su rostro en el amplio pecho de Rensley, lo
abrazó , ajena a las miradas ajenas. Rensley susurró .
"Por mucho que lo piense, este no parece un plan de viaje del gusto de
Su Majestad. ¿Se le ocurrió esta idea por mı́?"
“Has vivido una vida libre, por lo que es posible que necesites un
cambio de aires de vez en cuando”.
No me arrepiento. No me importarı́a renunciar a un poco de libertad de
movimiento si eso signi icara estar al lado de este hombre.
Para empezar, la "libertad" de la que hablaba Rensley, como la expresó
Giselle, no era má s que un vagabundeo sin rumbo, aparentemente sin
restricciones, pero inalmente marchito, atrapado por barreras
invisibles, incapaz de lograr nada de lo que realmente deseaba. Pero
ahora, Rensley estaba allı́ por voluntad propia.
***
El Margrave de Eivorn, el destino de nuestra visita esta primavera, era
una vasta zona en la parte suroeste de Oldenland.
Originalmente, el marqué s y su esposa, que vivı́an en esa inca, debı́an
asistir a la ceremonia nupcial, pero desafortunadamente, una tos severa
estalló casi al mismo tiempo, y tanto el marqué s como su esposa
enfermaron y no pudieron asistir.
Giselle decidió aprovechar estas vacaciones para explorar el
Marquesado. Usó un transporte para llegar a la zona cercana a Loudken,
pero con un nú mero considerable de acompañ antes, y para asegurarse
de poder cubrir no solo su destino sino tambié n la ruta, decidió usar
tierra a partir de cierto punto.
Rensley obedeció obedientemente la sugerencia de Giselle de cambiar
de humor. Hacı́a mucho que no corrı́a tanto al aire libre. Al igual que
antes de su boda, Rensley, montada a lomos de Marilyn con atuendo
informal, sintió la brisa y corrió . No parecı́a la gran duquesa de ningú n
paı́s, pero nadie del grupo frunció el ceñ o ni se quejó de su falta de
estilo.
¡Majestad! Hay otra manada de renos por allá .
“Eso se debe a que en primavera hay muchas bandadas migratorias”.
“En el sur tambié n hay ciervos, pero son mucho má s pequeñ os…”
El Gran Duque y su sé quito disfrutaron de un viaje tranquilo,
detenié ndose en pueblos a lo largo del camino para presenciar
pequeñ os festivales y degustar delicias locales. Tambié n corrieron junto
a una gran manada de renos mientras cruzaban los verdes campos
primaverales.
¿Tiene el frı́o el poder de agrandar los cuerpos de los seres vivos?
Manadas de renos, con cuernos anchos y enormes, que parecı́an má s
grandes y fuertes que la mayorı́a de las bestias, corrı́an en grupos de
docenas, empequeñ eciendo incluso a los pequeñ os humanos. Como el
propio permafrost del norte.
Al principio, Rensley estaba entusiasmado por dejar Loudken, pasar la
noche en su alojamiento y parar en restaurantes de zonas remotas.
Pero al inal de su viaje, quedó cautivado por el paisaje natural del
camino. Solo habı́a vagado por Loudken durante todo el invierno, e
incluso cuando salió brevemente del castillo, atravesó el Bosque del
Lobo y se dirigió directamente a la frontera, sin haber tenido la
oportunidad de pasear tranquilamente por el exterior. Ahora, al
descubrir Oldenland en toda su extensió n, lo invadió una nueva
sensació n de asombro.
Altas y enormes cadenas montañ osas y acantilados donde la nieve
nunca se derrite durante todo el añ o, llanuras interminables, el ancho
rı́o Vals que atraviesa el centro y bosques de conı́feras que permanecen
en su lugar durante todo el añ o… … .
Misteriosamente, en ese momento en que su propia existencia se sentı́a
má s insigni icante, Rensley sintió que se habı́a convertido en el má s
poderoso. Quizá s el orgullo de quienes sobreviven como criaturas
pequeñ as y dé biles en esta vasta tierra, luchando contra el frı́o y los
monstruos, provenga de este sentimiento.
“Creo que fue una buena decisió n venir por tierra”.
“¿Qué es lo que má s te gustó ?”
“Má s que decir que me gusta especı́ icamente… siento que me he vuelto
má s norteñ o”.
Giselle se limitó a sonreı́r levemente, sin saber si entendı́a lo que querı́a
decir o no.
Tras varios dı́as de viaje, por in vislumbré mi destino. La regió n del
Marqué s, una tierra rica en fresas y cornejos desde la primavera hasta
el verano, era famosa por sus especialidades frutales, incluyendo licores
elaborados con fresas y cornejos.
Por supuesto, estos artı́culos se podı́an encontrar en el castillo del Gran
Duque, pero el placer de degustarlos localmente serı́a excepcional.
Como Gran Duquesa, ademá s de su propó sito polı́tico de recorrer otros
territorios, Rensley sentı́a secretamente una gran emoció n ante la
perspectiva de comer y beber platos especiales.
¿No es una fresa? Ya veo el campo.
Rensley, subido a la espalda de Marilyn, miraba a lo lejos. El campo
visible a lo lejos era claramente un exuberante campo de fresas. Giselle,
cabalgando a su lado, miró en la misma direcció n que Rensley y abrió la
boca.
La zona que ven ahora probablemente sea un campo de fresas
silvestres. Tengo entendido que, originalmente, solo cosechaban las
fresas silvestres que crecı́an en esta zona, pero debido a la producció n
insu iciente, urbanizaron el terreno y comenzaron a cultivar fresas.
Eres una auté ntica enciclopedia. ¿Có mo sabes tanto de agricultura en
un pueblo tan remoto?
Está un poco lejos, pero el Marquesado es una zona importante. La
Archiduquesa deberı́a saberlo.
“No te preocupes, tengo buena memoria.”
Rensley, que habı́a revisado el campo, tenı́a una mirada satisfecha en su
rostro.
Cultivamos algunas fresas en el invernadero del Gran Duque, pero aun
ası́ es un espectá culo verlas esparcidas en abundancia. Como se
cultivan al aire libre, su dulzura y sabor son mucho mejores. Cuando
vivı́a en Cornia, solı́a recoger y comer fresas silvestres, pero en
Loudken, las fresas no crecen mucho ni siquiera en primavera. Voy a
aprovechar esta oportunidad para comé rmelas todas.
Giselle miró en silencio a Rensley, quien ya balbuceaba, con la cara
como si acabara de comerse un montó n de fresas. El rostro de Rensley
se tornó ligeramente incó modo al ver su mirada ija.
¿Por qué me miras ası́? Como si tuviera algo en la lengua aunque aú n no
lo haya comido.
—No. Me alegra que parezcas feliz. Puede que sea difı́cil hacer esto
siempre, pero intentemos salir má s a menudo, aunque sea a un lugar
cercano.
“¿He estado tan callado ú ltimamente?”
No me habı́a dado cuenta, pero Giselle parecı́a estar bastante deprimida
ú ltimamente. Es cierto que el cambio repentino de estilo de vida me
resultaba extrañ o, pero yo disfrutaba de la vida como archiduquesa a
mi manera... ... Rensley estaba un poco desconcertado.
Pero pronto, como si entendiera, abrió los ojos y sonrió , luego tiró
suavemente de las riendas de Marilyn y se aferró má s a Giselle.
Ahora lo entiendo. ¿Se ha sentido solo Su Majestad desde que me quedé
callado?
"De ninguna manera."
Supongo que sı́. Durante un tiempo, estuve tan concentrada en ser la
elegante Gran Duquesa que no podı́a encontrarle ningú n defecto. Creo
que, sin darme cuenta, descuidé a Su Alteza. Ahora que lo pienso,
tuvimos tantos invitados la semana pasada que solo pude salir a pasear
tres veces. Su Alteza, si se quedaba solo, se sentaba en su escritorio y
nunca salı́a a disfrutar del sol, ası́ que tuve que acompañ arlo... Entiendo
lo sola que debió sentirse. De ahora en adelante, por muy ocupada que
esté , siempre encontraré tiempo para pasear con Su Alteza.
Giselle, quien inicialmente lo habı́a negado, preguntó : "¿Có mo es
posible?". Al escuchar las palabras de Rensley, su rostro se tornó
confuso, como si se preguntara: "¿De verdad?". Rensley rió entre
dientes ante la expresió n inocente que apareció de repente y señ aló la
entrada del pueblo.
—No se preocupen, ¡a partir de ahora esta Gran Duquesa los
entretendrá ! Su Majestad, ¿quieren que compitamos para ver quié n
llega primero?
“…¿Hay algú n premio si gano?”
"¡seguro!"
Sin siquiera responder qué recibirı́a el ganador de la apuesta, Rensley
sacudió las riendas de Marilyn. Marilyn aceleró el paso rá pidamente,
como si hubiera estado escuchando toda la conversació n.
Giselle tambié n galopó sin vacilar. Los caballeros que la acompañ aban
comenzaron a galopar, y el repentino repiqueteo de cascos resonó por
la quietud del campo. Los extensos campos de fresas se acercaban cada
vez má s.
***
Al llegar inalmente a la entrada del tan esperado campo de fresas,
Rensley tenı́a una expresió n de desconcierto. Los asistentes que lo
seguı́an sentı́an lo mismo.
Rensley cogió una frambuesa y miró a su alrededor, luego examinó los
á rboles cercanos. No tardó mucho en llegar a una conclusió n.
“La cosecha es realmente mala.”
"bueno."
Giselle asintió . El á rbol, que deberı́a haber estado repleto de bayas rojas
y carnosas, ahora solo daba bayas oscuras, arrugadas y ya marchitas.
Rensley intentó llevarse una fresa a la boca. No percibió ni dulzor ni
sabor, solo una textura dura y masticable.
"¿Esto es un poco decepcionante?" Mientras Rensley murmuraba para
sı́, una persona apareció de repente en el campo de fresas, que é l
suponı́a vacı́o.
"¿Quié n está ahı́?"
Era un granjero, con capucha y cubierto de tierra, como si hubiera
estado trabajando. Rensley sonrió rá pidamente y lo saludó .
Hola. Disculpen nuestra mala educació n. Somos de clase alta y estamos
visitando esta zona para comprar una gran cantidad de fresas locales.
"¿arriba?"
El granjero miró a Rensley y a su grupo con recelo. Sin embargo, al ver
su apariencia, la pulcra ropa, los elegantes caballos y el considerable
nú mero de miembros, pareció convencerlo la presentació n de Rensley.
A primera vista, parecı́an ser un grupo adinerado, ası́ que, si no eran
nobles, probablemente eran comerciantes.
En realidad, Rensley parecı́a no ser má s que uno de los altos mandos.
Habı́a usado el viaje como excusa para mantenerse có modo durante el
traslado y vestı́a de forma mucho má s sencilla que dentro del castillo.
Giselle tambié n eligió una chaqueta de lana negra y pantalones de piel
de oveja marró n oscuro, intentando mantener una apariencia lo má s
comú n posible.
Si hubieras tenido buen ojo, habrı́as notado que, incluso con su atuendo
aparentemente ordinario, cada prenda que Rensley llevaba era un
artı́culo de lujo difı́cil de conseguir para una persona promedio. Sin
embargo, la probabilidad de que alguien con ese nivel de
discernimiento estuviera allı́ era extremadamente baja.
"¿De dó nde eres?"
Estoy cerca de Pereira. Si hay algo bueno, viajo a cualquier parte del
continente.
¿No hay fresas en abundancia en el imperio? Las fresas de nuestro
pueblo son famosas, pero no producimos su icientes para venderlas a
otros paı́ses. Y como pueden ver, la cosecha de este añ o fue un fracaso,
ası́ que no tenemos nada para comer.
“¿Hubo poca lluvia?”
Cuando Rensley preguntó , el granjero desvió la mirada por alguna
razó n. Agitó la mano, como si los de arriba estuvieran molestos.
Debe haber una o dos razones. La mitad de la agricultura es obra de
Dios, ası́ que no podemos evitarlo. Las cosechas son malas, pero aú n no
tan malas como para que no podamos sobrevivir. Estoy má s ocupado
que el añ o pasado. Como puede ver, este no es momento de hablar de
negocios, ası́ que puede irse.
El granjero recogió sus herramientas y desapareció entre los madroñ os.
Rensley, ató nito por el repentino desalojo, oyó otra voz.
"Es por una maldició n."
Rensley miró a su alrededor. Un niñ o, que habı́a estado jugando en el
á rbol, ahora se deslizaba por el tronco. Rensley preguntó ,
imperturbable.
"¿maldició n?"
El mago que llegó al pueblo dijo esto. Dijo que la cosecha de fresas de
este añ o se arruinó por una maldició n.
¿Por qué te maldijeron?
Su Alteza el Gran Duque se encontró con la Gran Duquesa por error. Por
eso, la diosa que cuidaba de Oldenland se enfadó .
Ante esas palabras, Rensley abrió los ojos de par en par. Y no fue solo é l.
Los rostros de Giselle y los asistentes, aú n sentados en sus caballos, se
endurecieron.
Antes de que Giselle o los demá s pudieran dar un paso al frente,
Rensley levantó rá pidamente el brazo. El gesto irme indicaba
claramente su negativa a interferir.
“¡Oye, los adultos me dijeron que no dijera ese tipo de cosas en ningú n
otro lugar!”
Luego, unos niñ os que parecı́an mayores bajaron del á rbol y
comenzaron a golpear y reprender al niñ o que estaba hablando con
Rensley.
Rensley sonrió suavemente, sintiendo que la atmó sfera de quienes
estaban detrá s de ella inevitablemente se agitaba.
¿Dó nde escuchaste esa historia?
Aquı́ y allá . Todo el mundo en el barrio lo sabe.
¿Dó nde vive ese mago?
—No lo sé ahora. Estuvo en nuestro barrio hasta hace un mes.
Mientras conversaban, varias personas se acercaron a la bifurcació n del
camino. Tambié n parecı́an estar trabajando en el campo, cargando
aperos de labranza en las manos y los hombros.
Al ver al grupo de desconocidos mezclá ndose con los niñ os del pueblo,
se pusieron inmediatamente agresivos. Blandı́an hoces y mangos como
si fueran armas, con los ojos llenos de alarma.
"¿Quié n eres?"
“Dijo que vino a comprar fresas”.
Mientras los niñ os respondı́an, los granjeros, que habı́an estado
contando los dı́as, se relajaron un poco. Suspiraron con tristeza.
Este añ o es difı́cil, ası́ que volvamos. No hay su icientes fresas para
ofrecerle al Marqué s, ası́ que no hay nada que vender.
“¿Vino el mago?”
El comerciante, que acababa de llegar al pueblo, contaba una historia
sobre un mago, lo que indicaba que la historia estaba fuera de lugar. Los
granjeros captaron de inmediato la fuente y palmearon la espalda de
los niñ os que permanecı́an allı́, inexpresivos.
¡Esos chicos! ¡Ustedes tambié n deberı́an ir a ayudar! Si les quitan la
vista de encima, se pondrá n a jugar y a correr por ahı́, ¡y causará n
problemas!
No los regañ es demasiado. No habrı́an dicho nada si solo hubieran
mirado a su alrededor. Tambié n tenemos un mago en nuestro nivel
superior.
Rensley cogió otra fresa marchita y se la ofreció a Giselle, quien estaba
encaramada en su caballo. Giselle la aceptó con cara seria, la miró , la
examinó brevemente y asintió .
“Es tosco, pero tiene magia”.
"Mira eso."
A medida que Rensley se mostraba cada vez má s triunfante, los
granjeros fueron los que empezaron a movilizarse. Uno de ellos, que
parecı́a mayor, se le acercó con urgencia, juntó las manos con humildad
y preguntó con desesperació n.
¡Mago! ¿Puedes entonces deshacer la maldició n de las fresas? Desde
tiempos antiguos, la voluntad de los dioses ha sido el factor má s
importante en la agricultura, pero la maldició n ha arruinado esta
cosecha.
Giselle frunció el ceñ o levemente, miró a la distancia y suspiró
suavemente. Parecı́a aburrido y disgustado con la conversació n.
Rensley sabı́a que no era de los que escuchaban con tanta indiferencia
las quejas de los granjeros que sufrı́an. Giselle ya estaba enfadada por
lo que habı́an dicho los niñ os. Apenas logró contenerse gracias a la
señ al que le dio Rensley para que guardara silencio. Rensley sonrió
ampliamente.
Nuestro mago tendrá que investigarlo para averiguarlo. Acabamos de
llegar, ası́ que no podemos resolverlo de inmediato.
—Bueno, ¿dó nde piensas pasar la noche? Si quieres, qué date en la
mejor posada del barrio. El posadero estará encantado de recibirte.
"Eso es un poco difı́cil", dijo Rensley encogié ndose de hombros. Estas
ya eran tierras de cultivo del Marquesado. De camino, se habı́an hecho
pasar por un joven noble tranquilo, un rico comerciante y un grupo de
caballeros al servicio de un noble señ or, disfrutando del viaje sin
mayores problemas. Pero ahora se apresuraban hacia el Marquesado,
con la intenció n de llegar a ú ltima hora de la tarde y encontrarse con
ellos como el Archiduque y su esposa. Un giro inesperado de los
acontecimientos, una breve visita a los campos de fresas, habı́a
prolongado su estancia, pero tenı́an que partir pronto.
Creo que necesito saber má s de tu historia antes de poder ayudarte. Los
niñ os dijeron antes que el mago estaba maldito. ¿Qué querı́an decir?
El granjero miró a su alrededor, miró a su alrededor y luego se acercó a
Rensley y susurró .
—Como eres extranjero, te lo advertiré , pero es un asunto profano, ası́
que no puedo hablar en voz alta. Por favor, no te muevas.
Sı́. No dudes en hablar conmigo.
Un mago llegó aquı́ a inales del añ o pasado. Algunos magos viajan
como poetas errantes, recolectando ingredientes para pociones y
piedras má gicas. Oı́ que é l estaba en uno de esos viajes. Era
especialmente há bil haciendo pociones, ası́ que nos bene ició mucho su
estancia en la aldea.
"¿Pero?"
El mago habı́a preparado una poció n que, segú n é l, fortalecerı́a la tierra
y producirı́a frutos abundantes. Nos dijo que la rociá ramos. La
rociamos rá pidamente. Y funcionó de maravilla. Todos tenı́amos
muchas esperanzas, pensando que los frutos madurarı́an má s
abundantemente de lo habitual. Pero cuando llegó el momento de la
cosecha, se marchitó , y ya me entiendes. Pero eso fue lo que dijo el
mago.
El granjero bajó aú n má s la voz. Rensley se inclinó un poco para
escucharlo.
Todo esto es la ira de Dios. Usa su magia tomando prestado el poder de
la Diosa de la Tierra, y ahora la Diosa de las Tierras del Norte está
furiosa. ¿Có mo podrı́a la Diosa de la Tierra, que gobierna la cosecha y el
nacimiento, no enojarse cuando el gobernante de la nació n se ha casado
sin heredero? ¡Ah, ahora que lo oigo, parece cierto! De hecho, justo
cuando Su Majestad celebró su boda, la tierra empezó a secarse y las
fresas a marchitarse.
“Ajá … ¿porque só lo somos hombres?”
“Es un problema que sea hombre, pero los rumores que circulan por
aquı́ son…”
Resumió a grandes rasgos los rumores que circulaban y se los
comunicó a Rensley. Los rumores eran de gran alcance, y no acabaron
ahı́.
La nueva Gran Duquesa es una belleza mortal y cautivadora. Dicen que
puede cautivar a los hombres con solo una mirada. Le encantan las
gemas de las minas del norte, y los impuestos que recaudan allı́ son
enormes.
"¿No es genial?"
Dicen que no solo los hombres quedan cautivados. Dicen que las
lá grimas de las jó venes que adoraban a la Gran Duquesa formaron un
mar en la capital. Si planeabas casarte con un hombre, ¿no deberı́as
haber evitado, por moral, tocar a las mujeres?
Debes haber conocido a mucha gente. Pareces una persona sociable y
trabajadora.
Descubrı́ que llegó a Oldenland hacié ndose pasar por una mujer en
lugar de su hermana. Algunos dicen que desde el principio no planeaba
seducir a Su Alteza. Su Alteza es conocido por su dedicació n a la
investigació n má gica, ası́ que ¿có mo iba a saberlo? Debió de ser
ingenuo.
“Estoy de acuerdo con algunas cosas”.
Rensley escuchó los murmullos del granjero sin cambiar su expresió n, y
cuando la historia terminó , se sentó y preguntó con una sonrisa.
¿El mago que vino aquı́ te dio la poció n como favor? ¿Gratis?
No. Era bastante caro. Pero incluso antes, tanta gente se habı́a
bene iciado de la poció n del mago que todos en el pueblo juntaron sus
ahorros y la compraron juntos.
—Pero escuché que el mago ya no está en este pueblo.
Sı́. Se fue, diciendo que ya no podı́a permanecer en una tierra maldecida
por la Diosa de la Tierra. Dijo que si permanecı́a en un lugar como este
demasiado tiempo, su poder má gico disminuirı́a.
Bien. Tomemos estas fresas por ahora. Nuestro mago es un maestro en
su o icio, ası́ que investiguemos juntos.
Ante las palabras de Rensley, los agricultores se apresuraron a recoger
fresas. Justo cuando intentaba disuadirlos, diciendo que solo
necesitaban unas pocas, los agricultores se sobresaltaron de repente,
retrocedieron hasta el borde del camino, se quitaron las capuchas y los
sombreros e inclinaron la cabeza.
¿Qué pasa? Al percibir un cambio en la atmó sfera, Rensley desvió la
mirada. Otro grupo se acercaba desde el otro lado del camino. Banderas
con los escudos de las familias nobles ondeaban en el cielo.
Era una frase que Rensley habı́a memorizado antes de emprender su
viaje. Un hombre de mediana edad que cabalgaba delante se apeó de su
silla, se acercó apresuradamente e hizo una reverencia. La gente que lo
acompañ aba tambié n se unió a é l. Una capa con la frase estampada
ondeó brevemente detrá s del hombre.
¡Gloria a los Guardianes del Norte y del Continente! Bienvenido, Su
Alteza.
"Mucho tiempo sin verlo."
"Escuché que llegarı́as hoy al lı́mite del territorio, ası́ que vine a
recogerte. Disculpa la demora".
Rensley, que habı́a estado escuchando la conversació n de Giselle y el
hombre, abrió mucho los ojos. ¿Ası́ que este hombre era el marqué s de
Avon?
Rensley miró rá pidamente a los granjeros. Todos estaban absortos en
sus pensamientos, comprendiendo enseguida quié n era el hombre que
habı́an asumido como un mago de alto rango y la magnitud de su
metedura de pata.
Mientras tanto, Giselle y el Marqué s intercambiaron saludos corteses.
Tras saludar al Archiduque, el Marqué s echó un vistazo a su alrededor,
buscando nuevos invitados.
“Tambié n me gustarı́a presentar mis respetos a Su Alteza la Gran
Duquesa”.
Ante esas palabras, Giselle naturalmente miró a Rensley.
'¡No!'
Rensley transmitió rá pidamente sus intenciones con gestos y miradas.
En circunstancias normales, revelar la identidad de alguien y
sorprenderlo habrı́a sido su broma favorita, pero ahora, ambas partes
habı́an superado el punto en que podı́a pasar por broma.
Giselle miró a los granjeros con cara frı́a por un momento, pero
inalmente se dio la vuelta.
La archiduquesa se resfrió de camino hacia aquı́, lo que la dejó varada.
Dijo que se recuperarı́a en un par de dı́as, ası́ que me pidió que me
fuera primero, ası́ que vine solo. Ahora que ha llegado sana y salva,
deberı́a enviarle un convoy.
—Ay, Dios mı́o. ¿Te encuentras muy mal?
No es grave, pero si te precipitas, podrı́a empeorar. He dejado buenos
sanadores y sirvientes, ası́ que llegaré a tiempo.
“¿Es ası́…? Esperaba verte pronto, pero es una lá stima.”
“La Gran Duquesa tenı́a muchas ganas de probar las fresas de aquı́, ası́
que pasó por aquı́ a su regreso, pero la cosecha no fue muy buena este
añ o”.
Lo siento. No hacı́a mal tiempo, pero terminó ası́. Los agricultores dicen
que cambiaron el fertilizante, ası́ que creo que esa podrı́a ser la causa.
Pero no se preocupe demasiado. Podemos producir su iciente para que
Su Majestad lo pruebe.
El marqué s parecı́a ajeno a los detalles de lo que ocurrı́a entre los
campesinos. Parecı́a un noble comú n y corriente. Era raro encontrar a
un monarca que examinara con tanta meticulosidad las diversas
condiciones industriales de su dominio e interviniera para mejorarlas,
como lo hizo Giselle.
Giselle levantó la mano en silencio y llamó a Anton, que esperaba unos
pasos atrá s. Rensley tambié n se acercó ante su gesto. Mientras los dos
hombres se envolvı́an en sus capas y hacı́an una reverencia al marqué s,
Giselle los presentó brevemente.
"Este es el Caballero Comandante Anton y su Vicecomandante Ren.
Será n mis escoltas inmediatos mientras permanezca en su territorio.
Solicito su atenció n especial."
Ya conocı́ al capitá n Anton una o dos veces. Creo que esta es mi primera
vez con el vicecapitá n.
Rensley le devolvió la mirada con una sonrisa corté s, como si hubiera
estado esperando. Al bajar la mirada, sus ojos azules, ligeramente rojos,
le dieron la apariencia de un joven perfectamente sano y alegre.
“Es un honor conocerle, Marqué s”.
"Estoy encantado de conocerte tambié n."
Hasta que el grupo, ahora el doble de grande, abandonó el campo de
fresas, los granjeros, arrodillados e inclinados, no levantaron sus
pá lidos rostros. Al mirarlos, Rensley sintió una punzada de inquietud.
No me siento bien, pero no lo dije a sabiendas. Cuando vivı́a en Cornia,
yo tambié n solı́a maldecir a la familia real cada vez que me reunı́a con
otros. Si hubiera sido noble de nacimiento, podrı́a haberme enfurecido
y exigido que todos esos campesinos que creı́an y difundı́an falsos
rumores sobre la archiduquesa fueran castigados por blasfemia. Pero
quizá s sea porque no vengo muy lejos de Rensley Mallothen, quien aú n
no tenı́a nada. En lugar de sentirme insultado como realeza, me inclino
má s por el deseo de la gente comú n de culpar de todo a quienes
ostentan el poder y olvidar sus propias di icultades y angustias.
Mientras caminaba, inquieto, vio a un grupo de niñ os acurrucados en la
hierba, como ratones de campo asustados. Rensley se detuvo un
momento, y el niñ o que habı́a bajado primero del á rbol corrió a su lado.
Con lá grimas en los ojos, se aferró al suelo, susurrando lo
su icientemente bajo para que Rensley lo oyera.
“Señ or, por favor no le diga a Su Alteza lo que dije”.
Si yo fuera el ú nico que lo escuchó , fá cilmente podrı́a haber ingido no
escucharlo, pero como Giselle y varios de los asistentes tambié n lo
escucharon, no era un problema que pudiera resolverse simplemente
con que Rensley se quedara callado.
Pero la niñ a parecı́a pensar que, como habı́a hablado con Rensley, si no
se lo decı́a, la supuesta archiduquesa no sabrı́a nada. Rensley, mirando
el rostro inocente y lloroso, asintió y le sonrió .
—Sı́. No te diré nada. No te preocupes.
***
El marqué s, que inalmente llegó , era tan grande como el castillo de un
pequeñ o reino, pero carecı́a de la grandeza del castillo de Loudken.
Quizá s por haber llegado tan al sur, su falta de majestuosidad lo hacı́a
parecer má s brillante que el de Loudken.
Una ila de personas descendió las escaleras del patio para saludar al
archiduque Giselle. La esposa, los hijos y las hijas del marqué s se
reunieron, haciendo una reverencia al monarca que habı́a visitado
personalmente sus dominios.
El Marqué s guió personalmente a Giselle y a su grupo hasta la
habitació n má s elegante. Mientras Giselle caminaba delante y
conversaba con el Marqué s, Anton y Rensley caminaban uno al lado del
otro, unos pasos detrá s de ellos, por el largo pasillo. La luz del sol
entraba a raudales por los grandes ventanales, iluminando el pasillo.
Rensley miró a su alrededor y abrió la boca.
“La apariencia del castillo tambié n parece un poco diferente a la de
Loudken”.
Oldenland es tan vasto que los estilos de vida varı́an de una regió n a
otra. Loudken es la regió n habitable má s septentrional, por lo que es
g p p q
inherentemente má s incó moda. Normalmente, no construirı́amos un
castillo en un lugar ası́, pero tenemos que lidiar con monstruos.
Anton, que habı́a respondido con sinceridad, tosió incó modo y susurró
suavemente, tapá ndose la boca con la mano.
—Su Majestad, por favor, hable con má s libertad. ¿Cuá nto tiempo
piensa seguir ası́?
Pero Su Alteza el Gran Duque dijo que conservarı́a mi tı́tulo de
caballero. El Comandante de los Caballeros sigue siendo mi superior, ası́
que no se incomode. Ademá s, ahora me presentan o icialmente como
Vicecomandante.
A medida que el grupo avanzaba, los sirvientes y los residentes de la
mansió n pasaban. Las miradas se posaban en ellos desde todos lados,
casi inapropiadas para ignorarlas. Anton guardó silencio un momento y
luego bajó la voz, aparentemente un poco avergonzado.
Por alguna razó n, siento que hoy me observan muchas personas. Dudo
que se haya descubierto ya la identidad de Su Alteza...
—Ah, bueno, si dos chicos guapos como nosotros caminá ramos uno al
lado del otro, ¿no llamarı́amos la atenció n? Todas las chicas nos está n
mirando ahora mismo.
Aunque Rensley fue nombrado vicecapitá n apresuradamente, Anton ya
era un caballero comandante joven, alto y soltero, con una reputació n
reconocida. No era de extrañ ar que la gente estuviera ansiosa por
tomar nota.
'Pero ya hay alguien que te tiene en la mira.'
Rensley sonrió , pensando en su hermana, que habı́a dejado a Loudken
un momento para atender sus propios asuntos. Mientras charlaban, las
grandes puertas de la habitació n de invitados a la que llegaron se
abrieron de par en par.
Esta era quizá s la habitació n má s acogedora de la mansió n. Quizá s
meticulosamente diseñ ada para recibir a los recié n casados, la
espaciosa y soleada habitació n estaba decorada con lores aquı́ y allá ,
un deleite para la vista. El marqué s se hizo a un lado y habló .
Hemos hecho todo lo posible para garantizar la comodidad de Su
Majestad, pero no es nada comparado con el Gran Palacio. Si
experimenta algú n inconveniente durante su estancia, por favor, avı́sele
a los sirvientes.
-Bueno, me gustarı́a descansar un poco.
—Sı́. Me haré a un lado un momento.
El marqué s y sus sirvientes se habı́an retirado, dejando só lo a Giselle,
los caballeros y los sirvientes leales que habı́an ayudado al Gran Duque
y su esposa desde Laudken.
Finalmente, uno de los sirvientes no aguantó má s y empezó a reı́rse.
Como incluso Rensley se reı́a entre dientes, abrió la boca como para
excusarse.
Lo siento. Me parece gracioso que Su Alteza la Gran Duquesa esté
engañ ando a todos...
—Claro. Dicen que la Archiduquesa de Oldenland es un hombre
diabó lico con un encanto fatal. Yo tambié n soy bastante atractivo, pero
no fatal.
Las risas se intensi icaron ante el chiste de Rensley. Parecı́an
encantados de haber logrado engañ ar a toda la familia del marqué s.
No se puede decir nada hasta que yo dé la orden. Será aburrido si nos
pillan. Todos tendrá n cuidado, ¿no?
“Por supuesto, Su Majestad.”
Enfatizar la camaraderı́a, en lugar de invocar recompensas y castigos,
es má s efectivo para guardar el secreto. Los sirvientes se dispersaron a
sus respectivas tareas, dejando solo a Rensley, Giselle y Anton en sus
respectivos puestos.
Rensley sacó las fresas que habı́a traı́do de una bolsita de seda. Las
pequeñ as bayas que habı́an caı́do en su palma estaban apenas
hú medas, ası́ que no se hincharon mucho ni siquiera al guardarlas en la
bolsita. Rensley las examinó y preguntó .
"¿Es realmente por magia que las cosechas de este añ o fallaron?"
He trabajado con magia para el crecimiento de cultivos muchas veces, y
no es tan difı́cil acelerar repentinamente el crecimiento de las plantas.
El problema es lo que sucede despué s. Al forzar el crecimiento má s allá
de su ritmo natural, pueden producirse diversos efectos secundarios,
pero no se han implementado contramedidas. Un estafador con ines
lucrativos no tendrı́a que pensar en las consecuencias.
“Supongo que inventaron una maldició n como contramedida”.
Ademá s, tendrı́a que investigarlo má s a fondo, pero es má s probable
que la magia se aplicara a la tierra del campo que a los cultivos. Eso
tambié n serı́a má s ventajoso para el efecto general.
Entonces, ¿el suelo mismo ha sido destruido? ¿Es posible restaurarlo?
“Tendremos que investigar el terreno para averiguarlo, pero
normalmente no es una tarea fá cil”.
El panorama era pesimista. La expresió n de Rensley se tornó seria al
contemplar las fresas ennegrecidas.
“Si lo dejamos solo, podrı́a volver a hacer algo ası́, ası́ que debemos
atrapar a ese estafador y castigarlo”.
“Emitimos una orden de arresto de inmediato”.
Por favor, hazlo. No importarı́a si solo difundieran rumores, pero el
dañ o real que está n causando es demasiado grande. Aunque quisiera
ser indulgente, no podrı́a dejarlo pasar.
Rensley se levantó de su asiento y habló con irmeza, como si estuviera
tomando una resolució n.
Si fuera un problema de suelo, tendrı́a que revisar el campo de nuevo.
Mirando el camino que tomé , el campo parecı́a extenderse hasta la
residencia del marqué s. Iré a revisar la zona má s cercana.
En lugar de asentir de inmediato, Giselle miró ijamente a Rensley.
"¿Por qué ?" Rensley simplemente parpadeó y suspiró levemente antes
de hacer otra pregunta.
"¿De verdad planeas ocultar el hecho de que eres la Gran Duquesa
incluso despué s de venir aquı́?"
—Eh... Solo será un momento. No sé de qué hablaba ese mago estafador,
pero si se revela que soy la Archiduquesa, ¿no di icultarı́a la
investigació n?
El impulso de Rensley, tan fuerte hasta ese momento, habı́a disminuido
un poco. Si todo hubiera salido segú n lo previsto, la misió n secreta para
ocultar su identidad deberı́a haberse completado inmediatamente al
llegar al territorio del Marqué s.
La misió n de Rensley era presentar formalmente a la archiduquesa a los
marqueses, quienes no pudieron asistir a la boda, y regresar a Loudken
despué s de una visita real. Giselle continuó .
La forma má s precisa de comprender las circunstancias y los rumores
que rodean el incidente es arrestar e interrogar a los agricultores
anteriores. Podemos enviar investigadores para que realicen un estudio
del suelo, ası́ que no es necesario que salgan a investigar por su cuenta.
¿Interrogatorio...? No quiero llegar tan lejos. Por favor, que sea solo una
investigació n. Los agricultores deben de estar muy deprimidos,
habiendo terminado ası́ tras esforzarse al má ximo. Ya es bastante
frustrante cuando un invernadero sale mal, pero ¿cuá nto peor debe ser
cuando se arruina la cosecha de un añ o entero de esta magnitud? Por
eso siguen buscando explicaciones externas a las cosas que salen mal.
Rensley, que habı́a estado observando la reacció n de Giselle, inalmente
confesó sus verdaderos sentimientos.
Podrı́a ordenarle a alguien que hiciera lo que dices, pero me frustra solo
pensar en esperar. No es mucho. Echaré un vistazo a los campos y
hablaré con la gente una vez, y luego volveré . ¿Quié n sabe? Quizá s haya
algo que yo, que no soy mago, pueda hacer.
Giselle Sibendard sabı́a mejor que nadie que Rensley Mallorsen era una
persona curiosa y amante de la gente, que necesitaba el contacto fı́sico
para sentirse satisfecha. Si é l no hubiera sido ası́, ella, que pasaba sus
dı́as disfrutando de la luz de las sombras, jamá s habrı́a experimentado
el sol ponié ndose ante sus ojos.
Giselle, que habı́a estado perdida en sus pensamientos por un
momento, inalmente asintió .
Entendido. Intenta encajar con tu apellido. Pero por mucho que
disfraces tu identidad, no puedes solo. Esto no es Loudken, Anton.
"Sı́."
Cuida bien de la Gran Duquesa. Los presenté como Capitá n y Vice
Capitá n, ası́ que a nadie le parecerá extrañ o que viajemos juntos.
Incluso si no hubiera sido por este incidente, Rensley habrı́a preferido
caminar libremente por la zona en lugar de ser el primero en visitar a la
gran duquesa y avergonzarse por ella.
Giselle todavı́a sentı́a que su posició n como archiduquesa habı́a puesto
algunas pequeñ as restricciones a la libertad de Rensley Mallorsen, y
estaba feliz de usar esto como una excusa para permitirle disfrutar de
sus viajes un poco má s libremente.
“No te detendré , ası́ que llé vate esto contigo”.
"¿Qué es esto?"
Giselle personalmente colocó un collar alrededor del cuello de Rensley.
Rensley, al examinar la forma del collar de piedra má gica azul,
entrecerró los ojos con aprensió n.
"¿Está s intentando espiarme otra vez?"
No es vigilancia, es gestió n de riesgos. Aunque estemos cerca de la
residencia del Marqué s, debemos estar preparados para cualquier
imprevisto.
Rensley respiró profundamente, abrió la boca ligeramente como si
tuviera algo que decir, luego la cerró de nuevo y asintió como si se
hubiera dado por vencido.
Está bien. Tendré cuidado.
"excelente."
Giselle tambié n sonrió , ahora con expresió n satisfecha.
***
Rensley salió a un campo cercano, se sentó en el borde del campo,
agarró un puñ ado de tierra y la dejó luir hacia abajo.
Ciertamente estaba seco y desmenuzable. Para alguien que no estuviera
familiarizado con la magia, simplemente se sentirı́a como tierra reseca
por una sequı́a. Rensley se incorporó y le preguntó al granjero que
estaba a su lado.
—¿Entonces está s diciendo que no llovió menos de lo habitual?
Sı́. Nevó mucho durante todo el invierno y el clima fue realmente
agradable. Tenı́a muchas ganas de tener una cosecha abundante este
añ o.
La investigació n no fue difı́cil. Los campos de fresas estaban dispersos
por todo el territorio del Marqué s, y las manos del estafador habı́an
barrido meticulosamente cada campo.
Dicen que los estafadores que buscan un gran botı́n se esfuerzan mucho
por adelantado, pero este malvado autor llevaba desde inales del añ o
pasado curando dolencias menores y ayudando con las granjas,
aumentando su popularidad gracias al boca a boca. Finalmente, asestó
un golpe tremendo y se marchó tranquilamente. Quienes llevaban
meses cautivados por los diversos trucos del mago parecı́an ignorar por
completo su engañ o. O quizá s simplemente no querı́an aceptarlo.
"¿Se lo has mostrado alguna vez a otros magos?"
¿Qué demonios? Claro, llamé a un par de personas para que vinieran a
enseñ arles. Pero todo lo que dijeron fue decepcionante. Dijeron que su
intelecto estaba completamente destruido y que la cosecha del añ o
siguiente era incierta. Dijeron que lo intentarı́an, pero exigı́an precios
exorbitantes. Parecı́an estafadores, ası́ que no podı́a con iar en ellos.
"Habı́a un verdadero estafador ahı́ fuera, viejo", se quejó Rensley para
sus adentros, pero comprendı́a los sentimientos de los granjeros. Ya era
bastante duro lidiar con la mala cosecha de este añ o, y que le dijeran
que la del añ o siguiente serı́a desalentadora. Una conclusió n tan
terrible era inaceptable.
Mientras Rensley miraba la tierra, sin darse cuenta de la suciedad en
sus manos, una de las damas que habı́a seguido a Rensley y su grupo,
diciendo que deberı́an salir a caminar, le habló de manera amistosa.
“¿Le gustan las fresas, señ or?”
A Su Alteza la Gran Duquesa le encantan las fresas, pero tambié n le
interesa mucho la jardinerı́a. He llegado a apreciarlo trabajando
estrechamente con ella.
¿Ah, sı́? ¿Su Alteza la Gran Duquesa?
Sı́. Hay un invernadero en el castillo, ası́ que cultivan sus propios
cultivos.
“¿Dice usted que Su Majestad la Gran Duquesa realiza ella misma el
trabajo del campo?”
Las damas y duquesas nobles, los sirvientes que las seguı́an, e incluso
los campesinos que escuchaban, estaban asombrados. Era difı́cil
imaginar que la Gran Duquesa, considerada un sı́mbolo de lujo en esta
regió n, trabajara personalmente los campos.
Sı́. Vienes de una tierra lejana del sur. Para aliviar la nostalgia, cultivas
cultivos que no crecen bien en el norte.
Es increı́ble. Aunque sea un invernadero, el clima es diferente, ası́ que
no será fá cil.
Sı́. Tienes un gran talento para cultivar plantas.
Rensley, presumiendo con calma, se dirigió con di icultad hacia el
centro del campo. En lugar de seguirlo, la gente estaba ocupada
comentando las ú ltimas noticias sobre la Archiduquesa.
Cerró los ojos y respiró hondo. Luego abrió la boca en silencio. Sus
labios se movieron ligeramente como si dijera algo, pero apenas se le
escapó un sonido.
La gente comú n no puede entender el lenguaje de los espı́ritus. Sus
canciones solo llegan a ellos. Al principio, Rensley tenı́a di icultades
para respirar, emitiendo sonidos extrañ os como jadeos y chillidos. Sin
embargo, gracias al entrenamiento con los lobos, sus habilidades han
mejorado signi icativamente.
Segú n su explicació n, el talento como chamá n era innato, pero lo má s
importante era el poder de in luencia, la concentració n y la capacidad
de expresar las intenciones en un lenguaje no humano. Wolf elogió a
Rensley por su rá pido progreso, diciendo: «Los chamanes son como
inté rpretes entre humanos y no humanos». Sin embargo, su segundo
invierno aú n se acercaba, y Rensley nunca habı́a demostrado
plenamente sus habilidades en combate.
No, el té rmino "combate real" es engañ oso. En el mundo humano,
donde el con licto es constante, los maestros espirituales solı́an
desempeñ ar un papel destacado en la guerra y se labraban su
reputació n. Sin embargo, sus habilidades no estaban destinadas a
usarse en la guerra. Al igual que los magos, no estaban destinados a
usarse en la guerra.
Rensley, que habı́a permanecido con los ojos cerrados como si ofreciera
una oració n en silencio, los abrió un momento despué s. Echó un
puñ ado de tierra en la bolsa de lino que contenı́a las fresas y se dio la
vuelta.
“Capitá n, regresemos al castillo.”
“¿Está terminada la investigació n?”
"Apenas."
Stan, un amigo de sus dı́as como Caballero que habı́a estado
observando de cerca lo que Rensley estaba haciendo, tampoco pudo
ocultar su curiosidad y se inclinó .
¿Qué hacı́as justo ahora cuando entraste al campo? Estabas ahı́ parado.
“No es nada especial, solo tuve una charla con Strawberry”.
“Su Majestad, todavı́a se está divirtiendo”.
Stan rió entre dientes, como si pensara que las palabras de Rensley
eran una broma tonta. Su reacció n fue natural, ya que el entrenamiento
de Rensley como maestro espiritual seguı́a siendo un secreto
compartido solo por unos pocos, incluida Giselle. Todos sabı́an que la
Archiduquesa habı́a adquirido habilidades má gicas gracias a las
lecciones de Giselle.
No habı́a garantı́a de que surgiera otro individuo codicioso como Fé lix.
Algú n dı́a, el talento otorgado a la Archiduquesa del Norte serı́a
conocido en todo el continente, pero para entonces, por mucho que se
deseara un maestro espiritual excepcional, capturar a Rensley
Mallothen serı́a casi imposible.
Mientras se apresuraban a prepararse para regresar a la residencia del
marqué s, el sonido de cascos de caballos resonó repentinamente desde
el otro lado del camino. Todas las miradas se dirigieron hacia el origen.
Una mujer con có modos pantalones claros y botas de cuero se acercó ,
con su cabello rojo ondeando al viento. Tiró de las riendas para detener
el caballo, luego saltó y se detuvo ante la multitud.
¡Está n todos aquı́! Oı́ que fueron a la residencia del marqué s y luego al
campo, ası́ que vine.
Rensley le preguntó al dueñ o del caballo con una mirada de sorpresa en
su rostro.
"¿Yvette? ¿Có mo llegaste aquı́?"
Terminé de trabajar. Iba directo a Loudken, pero por si acaso, revisé y vi
que todos habı́an ido. Tenı́a curiosidad por saber qué estaba pasando,
ası́ que vine por aquı́ tambié n. Está má s cerca.
¿Terminaste tu trabajo?
Sı́. Hacı́a tiempo que no veı́a a la gente de arriba. Me pidieron ayuda
brevemente con un favor relacionado con la ruta de ventas del norte.
Tras terminar su discurso, Yvette pareció inalmente percatarse de la
presencia de la multitud parlanchina mientras miraba a su alrededor.
Su mirada se desplazó entre Anton y Rensley, las personas con
atuendos llamativos que no combinaban con el camino de tierra
lanqueado por campos, y luego, como si comprendiera la situació n,
abrió la boca levemente en silencio. Luego, se paró junto a Anton y
sonrió como una dama que no sabı́a nada de nada.
Comandante, regresemos rá pidamente a la mansió n. ¿Sabe lo arduo que
ha sido el viaje? Tengo muchas historias que contarle.
—Sı́, claro. Me alegra que hayas tenido un buen viaje.
Anton, aunque desconcertado, siguió caminando como guiado por
Yvette. Mientras se alejaban de los curiosos, Rensley susurró para que
solo ella pudiera oı́r.
"¿No es eso demasiado obvio, verdad?"
“No puedo darme el lujo de preocuparme ni por una sola princesa
Frida, y mucho menos por desconocidos”.
La respuesta fue, como era de esperar del hermano de Rensley
Mallosen, directa. "Si es ası́". Rensley simplemente se encogió de
hombros y miró a Stan. Naturalmente, su expresió n era sombrı́a, pero
no parecı́a tener el valor de intervenir entre Anton e Yvette.
—Ren, tú tambié n, ven aquı́. Un hombre casado no debe excitar a la
gente sin motivo. Al menos inge tener una esposa con la conciencia
tranquila.
“Haré lo que me ordenes.”
Rensley estaba al lado de su hermana. Aunque uno era su medio
hermano y el otro solo un interé s lejano, Yvette se sentı́a un poco mejor,
rodeada de hombres apuestos.
***
Aunque la maldició n sobre el campo de fresas la distrajo brevemente, el
propó sito principal de esta visita era establecer una buena relació n con
la familia del marqué s. Como la archiduquesa, resfriada, aú n no habı́a
llegado, Giselle tuvo que asistir sola al banquete de la noche, y solo
despué s de que la mesa estuviera bien limpia pudo estar a solas con
Rensley.
Tan pronto como los dos se quedaron solos en el dormitorio, Giselle
frunció el ceñ o ligeramente y dio una orden irme.
"Debo revelar mi identidad como Gran Duquesa mañ ana. No quiero
asistir sola al banquete dos veces".
Yo tampoco pienso alargarlo. Si esta broma se alarga, quien la reciba se
enojará .
Rensley sacó su bolsillo y sacudió la tierra en un platillo vacı́o de taza
de té . Giselle, sin embargo, parecı́a desinteresada mientras se sentaba a
la mesa, recogiendo la tierra con los dedos y frotá ndola. El á rea
alrededor de la tierra en su mano brilló tenuemente. Tras un momento
de silencio, Giselle asintió .
Es cierto que tu intelecto está gravemente debilitado. Los hechizos que
ampli ican el poder o potencial de crecimiento de la tierra o las plantas
son magia que se usa a menudo cuando es necesario. Yo tambié n utilicé
magia similar cuando construı́ tu invernadero. Sin embargo, para evitar
un declive posterior, la ampli icació n debe controlarse cuidadosamente,
y el equilibrio debe lograrse no solo aumentando el poder, sino tambié n
mediante el uso de magia u otros recursos. Esta persona no ha
empleado ninguno de estos mé todos.
“Su Majestad, ¿puede restaurarlo?”
Es posible. Pero llevará tiempo. Como dije antes, no soy muy há bil con
los hechizos de curació n o restauració n. Son diferentes de los hechizos
que simplemente cambian de forma o estado. La tierra aquı́ ha sido
gravemente dañ ada y necesita ser restaurada...
Giselle, que pareció dudar por un momento, sostuvo la mirada de
Rensley y entregó su conclusió n.
Seré sincero, Lord Mallosen. No puedo dedicar tanto tiempo y esfuerzo
a los campos del Marquesado. El apoyo de la familia del Gran Duque
tampoco es una opció n.
Fue una respuesta frı́a, pero Rensley entendió lo que querı́a decir.
Las fresas son una especialidad y un manjar local, pero eso no signi ica
que todos en el Marquesado dependan exclusivamente de su cultivo.
Las fresas no son cereales esenciales ni ganado, ası́ que recaudar
tributos e impuestos este añ o podrı́a ser un pequeñ o obstá culo, pero
nada má s. El estafador debió de tenerlo en cuenta, aprovechá ndose de
los agricultores que cultivaban frutales.
Si el señ or hubiera inclinado la cabeza y pedido ayuda, las cosas
podrı́an haber sido diferentes, pero ¿no habı́a visto personalmente
durante el dı́a que incluso el marqué s, que gobernaba esta tierra, no se
tomó muy en serio la cosecha de fresas de este añ o?
Hay muchos territorios del norte con di icultades agrı́colas. Serı́a una
historia apropiada si el Archiduque Gisel, el mago supremo que
gobierna todo el norte de Oldenland, se encargara especialmente de los
huertos de una inca noble en particular, pero como acababa de
mencionar, no serı́a una historia de equilibrio. Incluso Rensley, quien
recientemente habı́a sido coronada Archiduquesa, tenı́a ese sentido.
El mago que destruyó el campo ha sido arrestado, ası́ que pronto lo
atrapará n. Será severamente castigado por engañ ar al pueblo y difamar
a la Archiduquesa, dando ejemplo a todo el Norte.
Giselle habló como si la consolara. Rensley tocó la tierra en silencio y
luego la miró ijamente.
“…Parece que tienes má s que decir.”
“Hay algo que quiero hacer…….”
Giselle asintió con una mirada que decı́a: "Habla".
Cuando salı́ al campo, eché un vistazo rá pido. Normalmente, en un
campo de cultivo, deberı́a haber tantos espı́ritus que harı́an ruido
incluso sin que yo hablara, pero estaba todo en silencio.
—Ası́ es. Porque es una tierra de poder debilitado.
Como sabes, el reino espiritual es diferente del reino material. No se
trata de quitar algo para llenar un vacı́o, ni de añ adir uno para hacer
dos. La restauració n de la que hablas tambié n di iere de lo que se suele
q q
pensar. Aú n no estoy seguro, pero... creo que si le doy un tiempo, podrı́a
restaurarlo.
A medida que continuaba practicando, sintió que sus habilidades
mejoraban y su maestro lo elogió muchas veces, pero Rensley nunca
habı́a podido utilizar adecuadamente sus habilidades en una situació n
de la vida real.
Fallar en combate con monstruos puede tener consecuencias letales, ası́
que es fundamental ser precavido. No es algo que se pueda
experimentar a lo loco con un simple "Quiero probarlo".
Pero ahora es primavera, los monstruos duermen, y esto es solo un
campo de fresas. Serı́a mejor para todos que el campo devastado
pudiera revivir, pero incluso si el intento de Rensley fracasara, seguirı́a
siendo un secreto entre Giselle y Rensley, y nadie lo sabrı́a.
…No hay razó n para no intentarlo. Giselle tambié n parecı́a haber
llegado a la misma conclusió n que Rensley, incorporá ndose a medias de
su asiento. Incluso é l, ansioso por aprenderlo todo, aú n carecı́a de
mucho conocimiento sobre los maestros espirituales, y sus ojos á mbar
brillaban con una curiosidad mani iesta.
"¿Cuá nto tiempo necesitas?"
“Una noche es su iciente.”
Rensley tambié n acercó una silla y se sentó , mirando a Giselle a los ojos.
Estoy seguro de que nadie aquı́ sabe de maestros espirituales, pero por
si acaso. Todavı́a me cuesta controlar a los espı́ritus que me rodean, ası́
que, Su Majestad, por favor, ponga una barrera para que pueda
concentrarme.
"excelente."
El acuerdo en el territorio del Marqué s, sin que é ste lo supiera, terminó
ası́.
Si el Archiduque saliera de la mansió n a esa hora, el Marqué s saldrı́a
corriendo a preguntar qué pasaba, causando un alboroto. Los
caballeros insistirı́an en acompañ arlo, lo que les causarı́a noches de
insomnio. Rompiendo ligeramente la regla de que un rey siempre debe
ir acompañ ado de una escolta, ambos decidieron embarcarse en un
viaje nocturno secreto.
“La luna está bastante brillante.”
Una linterna iluminada con magia de luz lotaba y los guiaba. Cuando
Rensley tomó la mano de Giselle, Giselle dobló sus largos dedos y los
entrelazó . Rensley sonrió y susurró .
Parece que hace tiempo que no salimos juntos. Hoy en dı́a, dondequiera
que vayamos, siempre hay un sirviente o un caballero con nosotros.
"¿Está bueno?"
—Claro. Estoy nervioso sin motivo alguno.
Ante esas palabras, la expresió n de Giselle se iluminó . Intercambiaron
una breve sonrisa antes de apresurarse.
Rensley entró en la hilera de madroñ os. Aunque marchitos por la estafa,
los á rboles maduros le llegaban a la cintura. La sensació n de las hojas
contra su piel era sorda, pero si lo conseguı́a, pronto cobrarı́an vida.
Los dos avanzaron hacia el centro del campo. Solo la luz de la linterna
de Giselle, la luna y las estrellas en el cielo iluminaban tenuemente las
sombras del campo de fresas y sus iguras.
“¿Empezamos por aquı́?”
Rensley se detuvo. Giselle y su linterna tambié n se detuvieron.
Mientras Giselle cantaba un breve hechizo, una barrera invisible se
extendió desde ambos hasta el borde del campo. No era necesario crear
una barrera que cubriera todo el campo, pero era necesario asegurar la
distancia su iciente para ocultar las acciones de Rensley.
Rensley respiró hondo. Nunca habı́a demostrado sus habilidades
psı́quicas delante de nadie y se sentı́a un poco avergonzado. Si bien es
cierto que los psı́quicos y los magos son diferentes, alguien como
Giselle se darı́a cuenta rá pidamente de cualquier incomodidad en
ambos.
Es natural ser torpe, ya que aú n eres nuevo en esto. No pasa nada. Solo
concé ntrate. Rensley cerró los ojos, armá ndose de valor. Un murmullo,
como para sı́ mismo, empezó a escapar de sus labios.
Giselle estaba cerca de Rensley, observá ndolo. El lobo habı́a impedido
que otros invadieran la clase de Rensley, ası́ que Giselle solo lo habı́a
visto demostrar sus poderes como maestro espiritual unas cuantas
veces.
Los labios de Rensley pronunciaban un lenguaje que desconocı́a por
completo, como un poema, una canció n, un susurro. Parecı́a un mago
recitando un hechizo, pero al observarlo de cerca, era completamente
diferente.
Los hechizos que un mago usa para activar una fó rmula son los
comandos que la ejecutan. Al usar la misma magia, se debe memorizar
el mismo hechizo, y los magos que utilizan magia basada en los mismos
principios memorizan los mismos hechizos.
Por supuesto, esto solo es cierto en el lenguaje de los magos. La gente
comú n, sin estar familiarizada con los poderes má gicos, no se limita a
recitar hechizos en voz alta para lograr el efecto deseado. Los magos
excepcionales pueden crear hechizos iné ditos o modi icar los existentes
para aumentar su e icacia.
A medida que la habilidad aumenta, es comú n que cada lanzador utilice
hechizos re inados a su manera, asegurando que sus intenciones
permanezcan ocultas. Con el tiempo, pueden emplear diversos mé todos
má gicos en lugar de memorizarlos, pero al principio, todos tienen que
recitar el hechizo repetidamente.
Los hechizos má gicos de nivel inferior son cortos y simples, pero a
medida que aumenta el nivel de di icultad, los hechizos en sı́ se vuelven
má s difı́ciles de memorizar, por lo que los principiantes que recié n
comienzan a menudo comienzan sus estudios memorizando hechizos.
Giselle tambié n habı́a empezado a aprender magia antes de los diez
añ os, pero el lenguaje que hablaba Rensley era, a primera vista,
diferente a cualquier hechizo. Sus palabras eran expresivas y de tono
variado. Aunque ininteligibles, parecı́an susurrar, luego gritar con
irmeza, y luego pasar de una oració n solemne a una canció n animada.
Giselle, que habı́a estado escuchando atentamente la voz de Rensley,
miró de repente a su alrededor. En el campo oscuro, sin luz alguna salvo
una pequeñ a luz que habı́a encendido má gicamente, una luz similar a
una lucié rnaga emergió de repente.
Se sabe que los espı́ritus son invisibles al ojo humano promedio. Quizá s
porque se encontraban dentro de la barrera creada por Giselle, o quizá s
porque ella no era una humana comú n. Giselle tambié n quedó fascinada
por esta visió n, vié ndola por primera vez desde su nacimiento, y
contempló su mı́stica forma sin pestañ ear.
La luz con su cola translú cida revoloteaba y nadaba en el aire como si
estuviera nadando, y el nú mero de luces redondas aumentó
silenciosamente hasta que fue lo su icientemente brillante como para
iluminar el campo de fresas dentro de la barrera.
Parecı́an volar sin trayectoria alguna, pero al observarlos, quedó claro
que estaban orbitando alrededor de Rensley, ampliando y estrechando
repetidamente la distancia entre ellos.
¿Qué es un espı́ritu?
Ocasionalmente, los magos debaten este tema. Dependiendo de la
teorı́a que sigan, algunos incluso niegan la existencia de espı́ritus.
Los magos, que poseen inmensos poderes invisibles, a veces caen en la
arrogancia y el exceso de con ianza, creyé ndose superiores al mundo.
Pero un maestro espiritual, un ser que nace solo una vez cada cien o
milenios, jamá s podrá lograrlo. ¿Cuá ntas cosas, invisibles al ojo humano
y a veces incluso incomprensibles, constituyen y gobiernan este
mundo?
La luz arremolinada se concentró alrededor de Rensley. En la noche
oscura, Rensley, sola, envuelta en luz, brillaba blanca. Su cabello rubio,
ondeando al viento, ahora parecı́a plateado.
No serı́a extrañ o que desapareciera junto con los espı́ritus, como un ser
de otro mundo. La mano de Giselle, que colgaba hacia abajo, se tensó
involuntariamente.
Los murmullos desconocidos de Rensley llegaron con claridad a los
oı́dos de Giselle. Parecı́a una canció n, o quizá s la risa que tanto le
gustaba a Giselle. Giselle sintió que Rensley saludaba a los espı́ritus.
Entonces, esta vez, un dé bil sonido provino de una voz que no era la de
Rensley. Las esferas de luz que habı́an estado volando alrededor de
Rensley en trayectorias circulares convergieron repentinamente y se
elevaron, formando una gran masa similar a una nube. La luz
deslumbrante me hizo fruncir el ceñ o involuntariamente. Las masas de
luz se dispersaron como gotas de agua, y cada gota comenzó a estallar,
como si explotara.
Los fragmentos de luz, dispersos en silencio, brillaron aú n má s,
repitiendo el mismo movimiento varias veces antes de caer como lluvia,
iluminando toda la barrera con un resplandor plateado. Giselle miró
ijamente a Rensley, quien, bañ ado por la luz en el centro de la barrera,
parecı́a haberse desvanecido hasta convertirse en un blanco puro.
¿Cuá nto tiempo habı́a pasado? La luz que antes lo llenaba se desvaneció
lentamente, iltrá ndose en el suelo, y el interior de la barrera volvió a su
oscuridad original.
Cuando Rensley abrió lentamente los ojos, recuperando su color
natural, Giselle inalmente abrió la boca.
"¿Ya terminaste?"
Ufff, Rensley dejó escapar un largo suspiro y se giró hacia Giselle,
sonriendo.
—Sı́. Quizá s.
Su agotamiento era palpable. Giselle se acercó , rodeá ndole los hombros
con el brazo, y Rensley se apoyó en ella sin oponer resistencia.
"¿Es difı́cil?"
Solo un poco. Pensá ndolo vagamente, pensé que esto podrı́a ser mucho
má s sencillo que luchar... Aunque luchar es ciertamente má s peligroso,
no creo que salvar los campos sea má s fá cil.
“No sé mucho sobre có mo tratar con espı́ritus… pero revivir una tierra
con un intelecto tan empobrecido requerirı́a inevitablemente un
proceso complejo”.
—Su Majestad, dijo que necesitá bamos encontrar un equilibrio. No era
algo que se pudiera lograr simplemente invocando a los espı́ritus de la
tierra.
Giselle hundió los labios en el cabello de Rensley. El cabello rubio,
espeso y suave, de alguna manera olı́a al viento frı́o que ahora estaba
fuera de lugar. Giselle cerró los ojos y susurró .
“Tal vez gracias a la barrera pude ver un poco del espı́ritu”.
¿En serio? ¡Dicen que solo un maestro espiritual puede ver a los
espı́ritus! ¿Quizá s, Su Majestad, usted tambié n tenga talento?
Si ası́ fuera, habrı́a notado algo mientras estudiaba magia. El entorno
actual es especial, y como tengo una presencia demonı́aca en mi
interior, es difı́cil compararme con una persona comú n.
La expresió n de Rensley parecı́a insegura sobre có mo responder. Su
rostro parecı́a ambiguo, como si estuviera satisfecho o insatisfecho con
lo que decı́a Giselle. Giselle sonrió levemente y lo miró .
“Nunca habı́a considerado ese punto al tratar con monstruos... pero en
dı́as como hoy, me siento afortunado”.
¿Qué tal? ¿Te gustó la vista?
Era misterioso. Era muy hermoso.
“¿Ah, yo?”
“Sı́. Tú .”
Rensley, quien habı́a preguntado en broma si la belleza era su historia,
se sonrojó y sonrió torpemente cuando recibió una respuesta seria.
En lugar de responder, se agachó . Al igual que antes, la linterna má gica
que Giselle habı́a creado iluminó el campo de fresas, ahora desprovisto
de espı́ritus.
Mira esto. Las hojas se ven mucho má s frescas.
“El olor tambié n ha cambiado”.
La tierra seca y desmenuzable, los tallos y las hojas ahora emanaban un
fresco aroma a vida. Incluso en la oscuridad, era palpable, ası́ que el
espectá culo que la gente presenciarı́a al amanecer serı́a nada menos
que milagroso.
La sonrisa de Rensley al contemplar las fresas estaba llena de emoció n.
Era la primera vez desde la boda que intentaba una magia espiritual de
esta magnitud por sı́ sola, sin la guı́a de un lobo, y afortunadamente, lo
habı́a logrado. La sensació n de logro de lograr algo con sus propias
manos siempre aceleraba el corazó n de Rensley. Giselle tampoco le
quitó los ojos de encima, con los ojos llenos de alegrı́a.
Por ahora, solo esta zona se recuperará . Pero con el tiempo, todos los
campos de fresas conectados por la cresta volverá n a la vida.
¿No hay nada que pueda hacer para ayudarte ahora?
—Sı́. Por favor, hazme solo un reactivo má gico. Debe ser algo sencillo
que hasta el Marqué s pueda hacer.
"¿aproximadamente?"
Dijiste que no con iabas en tu magia de recuperació n, pero sé que la
curació n a pequeñ a escala no es difı́cil para Su Majestad. Una poció n
que actú e en una pequeñ a zona del diente servirá . Soy demasiado
intolerante para hacer buenas obras en secreto. Pero como ya he
ayudado, haré que cuente.
"¿De qué sirve la medicina en un campo que ya está salvado?" Giselle lo
miró con curiosidad, y Rensley sonrió con picardı́a.
“Debemos asegurarnos de que todos en la inca vean claramente có mo
la maldita Archiduquesa revive los campos”.
"bueno."
Só lo entonces Giselle comprendió su signi icado y sonrió junto con é l.
Pero no sirve de nada tener un madroñ o fuerte. A ver si el sabor ha
vuelto a la normalidad.
Rensley arrancó dos fresas. Incluso bajo la luz de la lá mpara, las fresas,
regordetas y carnosas, se veı́an frescas y dulces, y su aroma agridulce
impregnaba el aire.
"Mmm."
Rensley, que acababa de meterse una fresa en la boca, abrió
rá pidamente los ojos de par en par y le puso la que le quedaba en la
boca a Giselle. Giselle, que se la habı́a tragado sin pensar, asintió .
"Nada mal."
Como era de esperar, la fruta cultivada al aire libre tiene un sabor
intenso y es maravillosa. Merece su fama. Como la guardé , creo que
tengo derecho a comerla gratis.
Rensley cogió unas cuantas fresas má s y se las metió todas en la boca.
El fresco y dulce sabor de la primavera le llenó la boca, y esta vez una
sonrisa se dibujó en su rostro.
¡Está delicioso! Solo invertı́ una noche, pero parece que lo he cultivado
yo mismo. Estoy muy orgulloso de mı́ mismo. A este paso, el licor que
prepare este añ o sin duda será delicioso.
"¿Te gusta?"
—Por supuesto. Por supuesto.
Los espı́ritus invocados por Rensley no solo hicieron crecer los
madroñ os, sino tambié n las diversas lores silvestres y malezas que
acechaban en los surcos del campo. Rensley, quien se habı́a agachado
sobre la hierba esponjosa entre los á rboles para examinar las fresas,
encontró a Giselle agachá ndose para sostener su mirada. Rensley tomó
una fresa de su palma y se la ofreció a Giselle.
—Su Majestad, por favor, tome un poco má s. Ah.
Pero en lugar de tomar la fresa, Giselle simplemente miró a Rensley con
la mirada perdida, luego le pasó la mano y acercó su rostro. Sus labios
se rozaron, emitiendo un beso.
"Mmm."
Rensley se estremeció ante el repentino ataque, pero solo por un
instante. El aire nocturno del norte, incluso en primavera, carecı́a de
calidez. Un frı́o que no habı́a notado antes de que sus labios se rozaran,
y el calor lo recibió . Rensley extendió los brazos, rió entre dientes y se
acurrucó en la capa de Giselle.
Beso, beso, beso. Sus besos breves y suaves, que luego se desvanecı́an,
emitı́an pequeñ os sonidos redondos como fresas recié n cogidas. Pero a
medida que se profundizaban, sus labios se volvieron tan gruesos como
fruta madura. Sin decir palabra, sus lenguas, enredadas en el deseo
mutuo, lamieron suave y pausadamente lo que tenı́an dentro de sus
bocas.
A diferencia de las fresas, Giselle era una gourmet má s persistente en
cuanto a besos se referı́a. Si bien devoraba rá pidamente las frutas
pequeñ as en cuanto se las llevaba a la boca, no se soltaba fá cilmente de
la lengua de Rensley. Lamı́a, mordı́a y, a veces, chupaba la punta y la
base de su lengua, la suave pulpa y la tersa mucosa, saboreá ndolas
durante largo rato.
“Uf, eh.”
Lensley, que le habı́a ofrecido la lengua en lugar de fresas, no pudo
evitar un gemido tembloroso al sentir la sensació n en su boca cada vez
má s intensa. Aunque era una noche completamente oscura y no podı́a
ver con claridad, cerró los ojos.
Las yemas de los dedos de Giselle acariciaron suavemente la lı́nea
blanca de su cuello, que se revelaba entre el cuello de su camisa. Los
labios y la barbilla de Rensley temblaron simultá neamente.
“Eh, ah…….”
Giselle acarició las mejillas de Rensley y, con retraso, soltó sus labios.
Sin dejar de lamerlos con un dejo de arrepentimiento, susurró
suavemente.
“Sabe a fresas.”
“Pero ni siquiera te comiste las fresas como es debido…”
Hundiendo el rostro bajo el cuello abierto de su camisa, Giselle rozó la
punta de su nariz contra la piel de Rensley. La sensació n de su
prominente nariz cosquilleando la piel de Rensley casi la hizo sonreı́r,
pero el largo beso encendió secretamente el cuerpo de Rensley.
Cuando Rensley se encogió de hombros y gimió en lugar de sonreı́r,
Giselle presionó su rostro má s cerca del de é l.
“Parece que mi cuerpo huele a fresas”.
No es mi culpa. Simplemente lo siento ası́ porque hay tantas fresas por
ahı́.
Aunque era una historia conocida, me sentı́ un poco avergonzado.
Mientras nos besá bamos, la capa azul de Giselle se deslizó y cayó al
pasto mientras é l rá pidamente soltaba su mano.
“Personalmente, me gustan má s los tomates que cultivá is que las fresas
de aquı́”.
“Eso lo comes todos los dı́as, ¿verdad?”
“Ası́ es ahora, pero cuando lo probé por primera vez me sorprendió su
sabor ú nico”.
Al escuchar có mo le frotaban la piel, sentı́ una vaga incertidumbre
sobre si Giselle estaba señ alando un tomate. Las yemas de sus dedos,
largas y blancas, se hundieron bajo la camisa de Rensley y acariciaron
su piel desnuda. Rensley mantuvo la boca cerrada, temiendo que se le
escapara algú n sonido.
Rensley preferı́a la ropa holgada y suelta, e incluso despué s de
convertirse en archiduquesa, siguió usando tú nicas holgadas. Esto
permitı́a que las manos de Giselle tocaran fá cilmente la suave piel que
habı́a debajo cuando quisiera.
"Puaj……."
Sus dos pequeñ os pezones erectos fueron pellizcados suavemente
desde dentro de su ropa. Cada vez que las yemas de los dedos o los
labios de Giselle le recordaban las pequeñ as protuberancias,
generalmente olvidadas, Rensley se sonrojaba levemente sin que nadie
lo notara.
Como me molestaban dı́a y noche, los pezones de ambos pechos, que
estaban ligeramente congestionados, ahora los siento un poco má s
hinchados que antes.
“Ya ha crecido.”
Ası́ que cuando Giselle dijo eso, pensé que intentaba burlarse de mı́.
Pero lo que dijo despué s fue otra historia.
“¿Estaba frı́o?”
“No hace tanto frı́o.”
Cuando Rensley respondió con una risita, Giselle tomó a Rensley en sus
brazos y puso su peso sobre é l, hacié ndolo acostarse.
El suelo estaba cubierto de hierba exuberante, pero donde Rensley
yacı́a, la capa de Giselle cubrı́a la zona, dejá ndola suave y esponjosa.
Giselle le subió la camisa a Rensley hasta el cuello y le besó y acarició
varias partes del torso, que brillaban de un azul pá lido a la luz de la
luna.
Rensley levantó levemente la cabeza y miró a Giselle con una expresió n
medio dudosa mientras susurraba.
Espera un momento. ¿Vas a hacer algo má s aquı́?
"¿No puedo?"
Los labios de Giselle envolvieron el pezó n, hinchado como una lá grima.
Mientras su lengua lo presionaba con fuerza y lo succionaba
simultá neamente, Rensley, inconscientemente, le tapó la boca con un
gemido.
Ignorando los esfuerzos de Rensley, Giselle continuó jugueteando con la
delicada carne atrapada entre sus labios. "Sorbo, sorbo", dijo, emitiendo
un sonido irritante incluso en la tranquilidad de la noche. Chupó y
mordió la protuberancia sin descanso, aparentemente decidida a
extraerle algo de jugo, aunque no lograba salir nada.
El frı́o solo llegó en cuanto le levantaron la camisa. Mientras las manos
y los labios de Giselle recorrı́an su cuerpo, acariciando su suave piel, el
cuerpo de Rensley se calentó lo su iciente como para desa iar el aire
nocturno. La mano que habı́a estado acariciando su torso desnudo se
deslizó hacia su espalda y ahora se deslizaba por su columna vertebral.
"Ja……."
Un escalofrı́o recorrió la espalda de Rensley. Agarró el hombro de
Giselle e intentó contenerla dé bilmente.
“Ni siquiera es un jardı́n… Está fuera de la mansió n”.
“La barrera sigue vigente, por lo que nadie puede verla”.
—Aun ası́, me siento un poco… ¿por qué de repente está s, eh,
emocionada?
“Quiero sentir que está s aquı́.”
Fue una respuesta repentina. No habı́a habido momentos incó modos
antes, ası́ que ¿por qué aquı́? Curiosa por naturaleza, Giselle dio una
respuesta vaga, acariciando la parte interior del muslo de Rensley y
besá ndolo en la oreja. Rensley le dio una palmadita en el hombro.
¿Por qué eres ası́ si nunca he estado en ningú n lugar?
"Bueno."
“La residencia del marqué s está justo al lado…”
“Quiero hacerlo ahora.”
"¿Hablas en serio?"
"¿No quieres hacerlo?"
"No dije que no."
“¿Pero por qué no funciona?”
La expresió n de Giselle al preguntar por qué no era posible era
completamente sincera. Rensley se quedó sin palabras ante su actitud
segura y irme, lo su iciente como para preguntarse: "¿Soy rara?".
Giselle intentó persuadir a Rensley, que se habı́a quedado sin palabras.
Duque Malosen, aunque seas margrave, toda Oldenland está bajo tu
mando. Puedes hacer lo que quieras, cuando quieras y donde quieras.
No hay nada que no podamos hacer en esta tierra.
—No, no es algo tan grandioso. Es solo algo vergonzoso.
"Necesitas ser un poco menos consciente de lo que piensan los demá s.
¿Quié n se atreverı́a a avergonzar a la Archiduquesa de Oldenland?"
“Su Majestad, me está avergonzando ahora mismo…”
Sı́. Es un privilegio que solo yo tengo.
Ante esas palabras, a Rensley se le pusieron las orejas rojas. Sentı́a que
nada de lo que dijera funcionarı́a. Era monarca de nacimiento. No
querı́a que lo vieran, ası́ que ni siquiera se molestó en bloquear su
dormitorio.
La cama de seda reservada para el Gran Duque y la Duquesa en el piso
má s alto de Loudken, o los campos de fresas que se extienden hasta el
cielo, le dan igual. En una mano, la corona del Norte; en la otra, la
reputació n de ser el mago má s grande del continente. Con poder en
ambas manos, ¿qué podrı́a evitar Gisel Zibendad en el mundo de la
humanidad?
La razó n por la que Su Alteza el Gran Duque pasa sus noches evitando
las miradas de los demá s es porque Rensley, que no creció como un
miembro de la realeza, tiene la vergü enza de una persona comú n y
corriente, y aunque no le importa su propia apariencia, odia ver a
Rensley en la cama siendo visto por otros.
Su deseo privado e ı́ntimo de dominio sobre su amante era algo poco
propio de un rey, y Rensley lo atribuyó a la tendencia de la familia
Oldenland a descuidar el entrenamiento adecuado en el dormitorio
hasta el momento en que un compañ ero tuviera la edad su iciente para
recibirlo.
“Llamé moslo premio”.
Giselle añ adió de repente.
"¿Cuá l es el premio?"
¿No gané la carrera de caballos esta tarde? Me atrae mucho má s esto
que las fresas.
Giselle, que habı́a inventado una excusa razonable para salir a jugar,
mordisqueó su ló bulo de la oreja y lamió lentamente el cartı́lago del
interior, sin dejar de mover la mano sobre su ropa.
“Ufff, ah.”
La respiració n de Rensley se aceleró . Con los labios pegados a su oı́do,
incluso la respiració n normal que respiraba se volvió vertiginosa. Los
labios de Giselle rozaron su mejilla y luego volvieron a cubrir los suyos.
El beso, mientras yacı́a acostado, se volvió má s insistente que el
primero.
Mientras un dulce calor comenzaba a extenderse de pies a cabeza,
Rensley ya no sentı́a la fuerza de voluntad para apartar al hombre que
la chupaba y mordı́a. «Lo bueno es bueno», pensó . «Si este es el sabor
del poder, ¿por qué no disfrutarlo?». La idea de revolcarse al aire libre
todavı́a le resultaba un poco incó moda, pero Rensley cambió de
opinió n.
Pasé mis dedos por el largo cabello negro que luı́a hacia mı́,
deslizá ndolos lentamente hacia su cabeza. Mientras acariciaba su irme
nuca, oculta por su cabello y ropa, Giselle tambié n pareció disfrutarlo y
suspiró profundamente.
Sus labios se separaron, sus rostros se encontraron. A medida que la
noche se hacı́a má s profunda, la luz de la luna se hacı́a má s brillante.
Rensley, ahora contento con la visió n de la capa real tirada
descuidadamente sobre la hierba, su ropa despeinada, su cabello negro
enredado y cayendo al suelo, mirá ndolo con sus oscuros ojos á mbar,
sintió que inalmente estaba satisfecho.
A pesar del rubor antes mencionado, Rensley sonrió tranquilamente,
envolvió su largo y suave cabello negro alrededor de las yemas de sus
dedos y la besó .
¿Sabı́as que la gente comú n a veces tiene relaciones sexuales en los
campos de cebada o trigo durante la cosecha?
“…Entonces tener sexo en un campo de fresas no es tan inusual.”
“Um… nunca habı́a oı́do hablar de eso.”
Se quitó los pantalones. Durante la cosecha, los campos de cebada y
trigo se espesan como una niebla dorada, lo su iciente como para
ocultar la apariencia de una persona, pero los campos de fresas no. Bajo
un á rbol bajo, semidesnudo sobre la hierba iluminada por la luna,
Rensley giró la cabeza y rió , sintiendo una extrañ a sensació n.
En lugar de reı́r, Giselle colocó la pierna desnuda de Rensley sobre su
hombro y la recorrió lentamente con los labios, empezando por el
tobillo. Fue un beso seco y acariciador, pero dadas las circunstancias, la
piel de Rensley ardı́a con un calor sensible. Sus labios, subiendo
lentamente, se separaron hacia la parte interior de la rodilla y el muslo,
y cuando mordió ligeramente con los dientes, me encontré arqueando
las caderas involuntariamente.
Aparte de su excitació n, una pequeñ a preocupació n rondaba la mente
de Rensley. A diferencia del dormitorio, aquı́ no habı́a preparació n para
el coito, ası́ que ¿serı́a posible recibirlo sin el aroma de una cita
posterior?
Como si leyera la ansiedad de Rensley, Giselle desató un colgante de su
cinturó n. Era un pequeñ o frasco de perfume, de esos que usan las
personas de alta posició n social como bolsita. Originalmente no estaba
destinado a ese in, pero las cosas en este mundo no siempre funcionan
como se espera. Rensley rió entre dientes.
“Está s muy bien preparado.”
"Es una coincidencia."
Se sentı́a extrañ o sentir el perfume goteando por sus nalgas expuestas.
Aunque el perfume estaba tibio, la cintura de Rensley temblaba
ligeramente.
En la cama, Giselle preferı́a moverse despacio, casi hasta el punto de ser
acusadora. A veces, preferı́a pasar largas horas sondeando a Rensley
solo con las manos y los labios, hasta que le pedı́a que se corriera
primero.
Pero é l tampoco parecı́a dispuesto a pasar la noche en un lugar como
este, ası́ que retiró la mano de inmediato. Rensley jadeó , mirando al
cielo. Las estrellas, densamente agrupadas contra el cielo oscuro, eran
vı́vidas. Cerró los ojos, y la sensació n de los dedos acariciando
lentamente su piel hú meda fue vı́vida.
“Ah, jaja.”
La cantidad de perfume que le impregnaba la espalda era menor de lo
habitual, pero su cuerpo respondı́a con mayor rapidez incluso a las
caricias má s breves. Sus dedos comenzaron a abrirle la espalda
lentamente.
Se sentı́a mal estar solo y desorientado. Rensley, con una mano
temblorosa involuntariamente mientras la pasió n le subı́a lentamente
al cuerpo, abrió el cuello de Giselle. Recorrió con las manos su pecho y
hombros desnudos, irmes y expuestos, intentando compartir con é l el
calor que sentı́a.
Como respuesta, los dedos de Giselle penetraron profundamente en su
vagina. El interior cá lido y maduro se quebró ligeramente. Rensley
tragó saliva bruscamente, casi emitiendo un fuerte gemido. Giselle le
susurró al oı́do con voz febril.
“No hay necesidad de soportarlo”.
“Oh, lo sé , pero…”
Saber algo en la cabeza y sentirlo son dos cosas diferentes. Cuando
Rensley apretó los labios con fuerza, Giselle pareció emocionarse y la
abrazó .
Giselle no intentó separar bruscamente su cuerpo tenso. En cambio,
sacudió y frotó lentamente el dedo que habı́a introducido
profundamente, intentando despertar su interior aú n cerrado.
“Ugh, hmph, ah, Su Majestad… No me toque ası́…….”
Mis dedos presionaron suavemente el punto sensible, extrayendo el
placer. Mientras la sensació n se extendı́a por mi estó mago, me deslicé
hacia afuera. Antes de que pudiera sentirlo, mis dedos se retiraron y mi
espalda se tensó , intentando retener el placer. Mi delgado vientre se
tensó aú n má s.
“Hmm, hmph…….”
El movimiento de la entrada, apretá ndose cada vez má s con cada
embestida, era palpable. Las puntas de las orejas de Rensley se
enrojecieron aú n má s, incluso en la oscuridad.
Una leve sonrisa apareció en la voz de Giselle mientras repetı́a la acció n
varias veces, taponando el agujero y luego insertando otro dedo.
“Si no lo haces, dirá s que te duele”.
“Ah, aunque duela un poco, lo soportaré , ja, lo soportaré … Ah, ahh…”
Los gestos insensibles de Giselle seguı́an siendo lentos y suaves. Sin
embargo, los intervalos entre ellos se alargaban. Penetran má s
profundamente y se retiran má s tiempo.
“Ah, ah, ah…….”
El placer que le cosquilleaba el estó mago le hizo sacudir las caderas.
Rensley dejó de hablar y se llevó ligeramente el dorso de la mano a los
labios, reprimiendo los gemidos que estaban a punto de hacerse má s
fuertes.
Pero no podı́a soportar la respiració n acelerada. El silbido se hizo má s
fuerte, casi como un gemido sordo. Incluso en el aire fresco de la noche,
la hierba donde yacı́an los dos parecı́a calentarse.
Giselle mantuvo la mirada ija en el rostro jadeante de Rensley mientras
le descongelaba la espalda con la mano. Las manos de Rensley estaban
ocupadas presionando sus labios y arrugando su capa, intentando
reprimir el placer. Con solo observarlas, los movimientos de Giselle se
volvı́an cada vez má s bruscos, como si estuviera excitada. El pene de
Rensley, inclinado hacia su vientre, se contraı́a como si estuviera a
punto de eyacular sin siquiera tocarlo.
“Ja, Su Majestad, deté ngase ahora…”
Giselle comprendió claramente el confuso signi icado de la palabra
"detente". Exhaló un suspiro acalorado y se incorporó ligeramente.
Al bajarle un poco los pantalones, su erecció n, que llevaba un rato
hinchada, se reveló en toda su magnitud. Incluso en la oscuridad, su
forma era inconfundible.
“Ahhh…….”
El pene se tensó de inmediato alrededor del punto por donde sus dedos
se habı́an deslizado. El grueso glande, como envuelto en carne, rozó la
entrada, y Rensley contuvo un gemido, ya dolorido.
Giselle levantó los brazos de Rensley y los colocó sobre su espalda. Se
hundió entre sus piernas abiertas, contrajo su pelvis, empujando
lentamente su pene erecto contra las paredes aú n cortas de su vagina.
“¡Uf, uf, ja……!”
"Ja……."
Al tragar la gruesa columna de carne, Rensley no pudo disimular su
incomodidad, haciendo una mueca de dolor. El brazo que le rodeaba la
espalda se tensó , y las yemas de los dedos de Rensley arrugaron la ropa
de Giselle en lugar de su capa.
Mi excitació n era tan intensa que estuve a punto de rogarle que parara,
pero estar desnuda en ese lugar desconocido, con la parte inferior del
cuerpo expuesta, me sentı́a fuera de lugar. Tras soltarla con la mano, me
contraje rá pidamente, apretando la parte de Giselle con una fuerza
dolorosa.
"Es demasiado estrecho."
Incluso la voz tranquila de Giselle vaciló . El rostro de Rensley se sonrojó
por la intensa sensació n, entre placer y dolor. Cuando Giselle hizo una
pausa, aparentemente ofrecié ndole un momento de descanso, Rensley
negó con la cabeza y susurró .
"Sigue, eh, por favor, sigue... Ah, aguantaré , haré lo mejor que pueda..."
Aunque sabı́a que era nuestro espacio privado, la inevitable
incomodidad, mezclada con la excitació n y la emoció n, me hacı́a latir el
corazó n con fuerza. Incluso el simple hecho de quedarme quieta me
dejaba sin aliento. La tensió n y el placer eran tan intensos que no podı́a
relajarme como solı́a hacerlo.
Giselle se abalanzó repentinamente sobre su cintura. El peso del
miembro caliente, presionando su estó mago, obligó a Rensley a alzar la
voz.
“¡Guau, ah!”
Sin darme cuenta, arrugué la capa tras de mı́. Por re lejo, mis muslos y
glú teos se tensaron, y todo mi cuerpo, de la cintura a los hombros,
tembló .
La gran mano de Giselle acarició suavemente la parte exterior del muslo
endurecido. Unos labios se acercaron a su oı́do, susurrando suavemente
como para calmar su dolor.
“Por supuesto, sé que puedes soportar cualquier cosa, jaja, pero…”
“Jaja, ugh, eh, ah.”
“No quiero hacerte soportarlo aunque hayas venido al extranjero a un
lugar agradable para cambiar tu estado de á nimo”.
Pase, el sonido de los fresales mecié ndose con la brisa hizo que Rensley
abriera los ojos cerrados. Pero no fue el viento lo que meció los fresales,
sino el hechizo de Giselle.
Ante su gesto, fresas rojas cayeron de las ramas y volaron por el aire,
aterrizando en el pecho de Rensley.
¿Qué vas a hacer?, preguntó Rensley con solo la mirada, alternando
entre la fresa caı́da y Giselle, sin cubrirse la ropa ni la piel desnuda. Sin
decir palabra, Giselle tomó la fresa que habı́a caı́do cerca del pezó n de
Rensley y se la metió en la boca. Sus suaves labios rozaron el pezó n
erecto, y Rensley gimió suavemente.
Giselle se incorporó , aú n con la fresa en la boca, y bajó la cara. Sus
labios se encontraron profundamente, y la fresa que é l mordı́a rodó
hacia la boca de Rensley.
"Mmm……."
Sin piel, la fruta de raı́z joven se desmenuzaba con la má s mı́nima
presió n. Incluso la presió n de la pulpa blanda contra el interior de la
boca la rompı́a fá cilmente, provocando que supurara jugo.
La lengua que se adentraba en su boca, explorando repetidamente la
delicada mucosa, y la fresa que bullı́a entre ellas eran indistinguibles.
Rensley, ansiosa por recibir el dulce beso, extendió la suya y lamió el
interior de la boca de Giselle.
"Eh……!"
Mientras me distraı́a momentá neamente el dulce sabor, la sustancia
só lida que llenaba mi parte inferior del cuerpo volvió a hundirse.
Rensley frunció el ceñ o y se estremeció , pero yo permanecı́ callada.
"¿A qué sabe?"
Giselle, que por in habı́a soltado sus labios, preguntó con calma.
Rensley no pudo responder de inmediato y se esforzó por continuar.
“Luna, oh…….”
Giselle volvió a rozar el pecho de Rensley con los labios. Esta vez,
mordisqueó descaradamente el pezó n, ingiendo que se habı́a
tropezado al intentar coger una fresa.
“Sı́, sı́.”
La segunda fresa se deslizó de boca en boca, aplastá ndose entre sus
lenguas. Un aroma refrescante y un sabor dulce llenaron sus fosas
nasales y su boca. Mientras los sentidos de Rensley estaban dominados
por el olfato y el gusto, Giselle la penetró profundamente en la cintura,
apretando la carne restante.
Para cuando la tercera, cuarta y quinta fresas pasaron de boca en boca,
Rensley apenas podı́a tragarlas bien y gemı́a casi sollozando. Con cada
trago, su pene, empujado cada vez má s profundamente, se alojaba en lo
má s profundo de su estó mago, palpitando.
“Ah, ugh, es demasiado profundo…”
Antes de que pudiera terminar de hablar, lo que le habı́a llenado las
entrañ as se escapó lentamente. "Uf", dijo Rensley, torciendo la cintura y
apretando má s fuerte. El jugo que habı́a salido le manchó las comisuras
de la boca.
La sensació n de la curva pronunciada del glande raspando suavemente
la delicada pared interior era má s dulce que la fresa que quedaba en mi
lengua.
“Ah, ah, ah…….”
Incapaz de contener sus gemidos, Rensley jadeó y tembló . El placer la
obligó a tensarse, su estó mago se hundió y su espalda se arqueó . Giselle
agarró la pelvis de Rensley con sus grandes manos, impidié ndole dar
vueltas.
-Relá jate, Rensley.
“Ja, jajajaja…….”
“Vamos… mira hacia aquı́.”
Incluso la voz de Giselle revelaba los lı́mites de su paciencia.
Resistiendo el impulso de acelerar de inmediato, dio algunos giros
suaves, y cada vez, Rensley forzaba su visió n borrosa para enfocarse en
Giselle.
Giselle, antes de que é l pudiera moverse, vio a su archiduquesa, que
estaba recuperando el sentido, intentando abrir los ojos y mirarlo a la
cara, como si estuviera a punto de perder la compostura por el placer.
La apariencia pulcra cuando discuten polı́tica juntos, la sonrisa brillante
y traviesa, la voz cuando bromean sin alterarse fá cilmente, la apariencia
misteriosa de espı́ritus blancos brillantes y controladores son todas
p y
buenas, pero Rensley Mallorsen, que no sabe qué hacer, llora y se
derrumba sin siquiera poder hablar, es solo de Giselle Sibendard.
"¡Uf, uf, uf! Ja... ¡Ah, ah!"
Giselle no esperó mucho, sino que apretó las caderas para igualar la
euforia que sentı́a.
Cada vez que golpeaba el interior oxidado hasta que hacı́an un ruido
sordo, Rensley inevitablemente dejaba escapar un gemido parecido a
un grito.
En la tranquila hierba nocturna, donde no se oı́an otros sonidos salvo
alguna rá faga ocasional de viento, los gemidos de dos hombres
jadeando como animales salvajes y el sonido pegajoso de la carne
frotá ndose y chocando contra la carne eran demasiado claros.
¡Ja! ¡Aaah, uhhh, ahh!
“Uf… Rensley.”
Giselle susurró su nombre y se acercó má s, sus pechos casi se rozaron.
Rensley, que estaba acostado, respiraba con má s di icultad bajo el peso
del hombre boca abajo.
Hasta entonces, las fresas que se habı́an aferrado a la camisa y al pecho
de Rensley, negá ndose a caer, estaban siendo aplastadas. Sus pechos se
humedecieron, sus pieles rozá ndose, suaves y resbaladizas. Cuanto má s
se apretaban sus cuerpos, má s se tensaban sus entrañ as, aferrá ndose
con fuerza al pene grumoso y duro.
"Uf……."
Giselle dejó escapar un gemido bajo y abrazó simultá neamente la nuca
y la espalda de Rensley. Sentados uno frente al otro, la penetració n se
profundizó .
"¡café helado!"
Rensley alzó la voz y echó la cabeza hacia atrá s. Giselle, boca abajo, con
el rostro oscurecido por la sombra del madroñ o, su cabello rubio
bañ ado por la luz de la luna, brillando tenuemente incluso en la
oscuridad de la noche. Giselle se detuvo un momento, contemplando a
su amante, conmovida por la luna.
Mientras tanto, Rensley, quien jadeaba de cansancio por el placer, miró
a Giselle a los ojos y sonrió juguetonamente. La agarró por los anchos
hombros y la besó , luego meneó suavemente las caderas.
¿Deberı́a, ja, moverme? ¿Está s cansado?
"¿Lo ves?"
Rensley se rió entre dientes, como si fuera una broma ridı́cula, aunque
é l mismo la hubiera dicho. Sus caderas, encorvadas, se aceleraron
lentamente.
Su torso se balanceaba como si estuviera montado a caballo. Rensley,
libre del empujó n unilateral de Giselle y comenzando a moverse por sı́
solo, borró gradualmente su sonrisa y comenzó a sumergirse en sus
sensaciones internas.
Sin apartar la mirada de Rensley, que gemı́a sin comprender, Giselle
acarició en silencio su esbelta cintura, pecho y espalda, animando sus
movimientos.
“Ja, ja, ah.”
Cada vez que sentı́a un hormigueo en todo el cuerpo, dejaba de
moverse, se sacudı́a y luego empezaba a mover la cintura arriba y abajo,
adelante y atrá s, varias veces. La cintura y la pelvis de Rensley sufrı́an
espasmos en repetidas oleadas. Giselle lo llamó con un suspiro.
“Rensley…….”
—Yo, ja. Me siento, ¿eh?, bien. ¿Te vas...?
Giselle, quien preguntó con el ceñ o ligeramente fruncido y el rostro
tenso por el placer, en lugar de responder, agarró las irmes nalgas de
Rensley con ambas manos. Mientras Rensley sacudı́a violentamente el
cuerpo que tenı́a encima, abrazó la nuca de Giselle y sollozó .
“Ah, uh, espera un minuto, es demasiado, demasiado profundo… uh, uh,
¡ahh!”
Está oscuro y es difı́cil ver, pero su esbelta barriga debe estar abultada,
apenas visible. Giselle ha visto a Rensley muchas veces mientras me
recibı́a.
Al no poder ver con claridad, se impacientó aú n má s. Abrazó la cintura
del hombre, quien suspiró : «Es demasiado profundo», y aumentó sus
embestidas desde abajo. Mordió la oreja de Rensley, estremecié ndose.
“Es profundo, ¿eh? ¿No te gusta?”
“Uf, mierda, no lo odio… ¡Ah, ja, ahhh!”
Los restos de la fresa aú n se aferraban a la clavı́cula y el pecho de
Rensley. Giselle le metió la lengua por el trasero y luego lo lamió .
Mientras succionaba la carne triturada y dulce, los gemidos de Rensley
se convirtieron aú n má s en sollozos.
Justo cuando Rensley empezó a llorar, Giselle dejó de moverse de
repente. Con su pene palpitante y palpitante llená ndola por dentro, el
movimiento de sus caderas cesó de repente, dejando a Rensley sin
aliento.
—Su Majestad. ¿Por qué …?
Sintió que iba a alcanzar el clı́max en cualquier momento, pero de
repente, la agitació n interior cesó y Rensley sufrió un espasmo. Su
cuerpo se tensó y empujó contra su voluntad, como si la impulsara.
Avergonzada por su propia reacció n, Rensley gimió y meneó las
caderas.
Giselle respondió agarrando las nalgas de Rensley y sacudié ndolas,
empujando su pene dentro, pero no fue tan violento como antes.
“Ah, uf.”
¿Intentaba ponerme nerviosa? Rensley, con una punzada de tristeza,
meció brevemente las caderas y se oyó un crujido, el madroñ o
mecié ndose. Al principio, pensé que era el viento, pero no. Algo que se
movı́a con irmeza rozaba el á rbol.
¿A dó nde fueron los dos?
“Parece que saliste a caminar o algo ası́…”
Las voces de los Caballeros Templarios se oı́an a lo lejos. Rensley se
quedó paralizado de la sorpresa.
"Puaj."
Giselle frunció el ceñ o levemente y dejó escapar un gemido sordo. La
tensió n en la espalda de Rensley se tensó como si estuviera a punto de
estallar.
—Ja, Rensley. No hay de qué sorprenderse. Estos son nuestros
caballeros.
“Es un problema porque son caballeros, caballeros, caballeros……”
Habı́a ido a ver al Archiduque y a su esposa en plena noche, y al
encontrar la habitació n vacı́a, salió a buscarlos. Si hubiera recorrido
todo este camino y me hubiera topado con este caos, preferirı́a ser un
extrañ o que un caballero al que veo a diario.
—Oh, mira, mira. Te dije que te dieras prisa y lo hicieras…
Rensley apoyó la cara en el hombro de Giselle y susurró
apresuradamente. Pero Giselle, acariciando el cuello blanco de Renselle,
permaneció completamente tranquila.
Volvió a levantar las caderas lentamente, penetrando cada vez má s
profundamente en Rensley. Rensley se estremecı́a cada vez, mordiendo
el hombro de Giselle mientras ella apretaba los labios, apenas logrando
contener un sonido.
¿Lo sabes, verdad? ¡Uf! Hasta que no se levante la barrera, nadie podrá
verte ni oı́rte.
“Pero estoy preocupado.”
"Confı́a en mi barrera, Rensley. Es completamente invisible."
“Oh, pero, en mis ojos, jaja, puedo verlo.”
“…Si cierras los ojos, no lo verá s.”
De repente, el tono de Giselle se volvió brusco.
“¡Ah, ah, ah, ah!”
Entonces, de repente, un golpe despiadado se escuchó desde las
profundidades. Incapaz de contenerse, Rensley lanzó un grito
estridente, con el rostro enrojecido.
Incapaz de reprimir las embestidas que hacı́an un ruido sordo, Rensley
se tapó rá pidamente la boca con la mano. Mientras ahogaba sus sonidos
y temblaba, Giselle preguntó .
“Si tan solo la voz, hoo, no saliera.”
“Ugh, ah, sı́……”
—Entonces ¿no te molestarı́a?
Rensley asintió rá pidamente ante su pregunta. Aunque no puedas ver ni
oı́r nada, sigue siendo cuestió n de sentir.
A Giselle probablemente no le gustarı́a que se distrajera cuando
deberı́an estar concentrados el uno en el otro. Pero es má s fá cil decirlo
que hacerlo, ¿no? Si esta fuera una habitació n vacı́a, en una cama como
siempre, Rensley estarı́a obsesionado con Giselle. Pero...
Mientras Rensley seguı́a murmurando excusas, la mano de Giselle rozó
suavemente la zona cercana al cuello de Rensley. Un breve destello de
luz, una calidez tibia, lo atravesó , pero nada cambió . Rensley,
desconcertado, lo llamó .
¿majestad?
Pero solo mis labios se movieron, ningú n sonido salió de mi boca. Solo
entonces Rensley comprendió el hechizo que me habı́an lanzado y abrió
los ojos de par en par.
"¿Está bien ahora?"
Mientras Giselle hablaba, agarró irmemente la cintura de Rensley. Su
cuerpo, que habı́a estado ligeramente levantado, se desplomó con
fuerza.
“……!”
Rensley creyó que gritaba, pero se equivocó . Tenı́a la boca abierta, pero
permaneció en silencio.
Entregué mi cuerpo tembloroso a los brazos de Giselle, el placer
hormigueaba hasta las puntas de mis dedos, y lo ú nico que pasó entre
nosotros fue el sonido de mi respiració n rá pida.
Dos, tres veces. Lo mismo ocurrió una y otra vez. Su entrepierna se
estrelló contra ella, haciendo un ruido sordo. Incluso mientras echaba
el cuello hacia atrá s y se retorcı́a de placer, ni un solo gemido escapó de
los labios de Rensley.
“Si no puedes aguantar má s, entonces golpé ame”.
Con esas palabras, Giselle comenzó a mover sus caderas violentamente.
Chirani, ¿có mo te atreves a golpear a Su Alteza el Gran Duque con tanta
fuerza? Pero como no puedo emitir ningú n sonido, ni siquiera puedo
protestar.
Las paredes internas, ya calientes y maduras, fueron introducidas con
fuerza en la vagina. El punto sensible, hinchado por la estimulació n, fue
presionado y raspado repetidamente.
Rensley, quien solı́a rogarle que parara, que esperara un momento,
cuando el placer de sobrepasar sus lı́mites se volvı́a insoportable,
seguı́a rogá ndole que parara. Hoy, por costumbre, le suplicó , pero sus
palabras silenciosas fueron inú tiles.
Al desaparecer la interrupció n, las embestidas de Giselle se volvieron
aú n má s fuertes y persistentes de lo habitual. Levantó las piernas de
Rensley, que ahora yacı́a sobre la capa, abiertas y abiertas, y sin dudarlo
un instante, intentó sujetar el cuerpo que tenı́a debajo.
Mientras giraba su cintura de un lado a otro para evitar que el peso se
hundiera profundamente en sus entrañ as, parecı́a que eso solo servı́a
para excitar a Giselle.
Finalmente, Rensley abrazó a Giselle por la espalda. En lugar de gritar,
se aferró a é l con fuerza, mordié ndole el hombro. Incapaz de contener
las lá grimas y los gritos que brotaban de sus ojos al acercarse al
orgasmo, aulló .
Aunque gritara con todas mis fuerzas, solo salı́an jadeos, ası́ que no
habı́a necesidad de contenerme. Perdida en el placer y la sensació n, me
volvı́, como habı́a dicho Giselle, completamente ajena a todo lo demá s.
Cuando el chorro de sangre se hundió profundamente en la pared
interna, sin darse cuenta, por ené sima vez, Rensley se estremeció como
si le hubieran infundido fuerza. Un chorro de lı́quido opaco brotó de sus
genitales temblorosos y luego luyó hacia afuera.
Incluso al llegar al clı́max, Rensley ni siquiera pudo sollozar. Solo pudo
derramar lá grimas y gemir en silencio. Al llegar al clı́max del placer, el
interior de Rensley tambié n se contrajo con impaciencia. Las
embestidas de Giselle se intensi icaron en consecuencia.
"Ja, eh, Len, Sly".
Cuando Giselle lo llamó , Rensley negó con la cabeza en silencio en lugar
de responder. Tenı́a los ojos cerrados y hú medos. Giselle le ahuecó las
mejillas hú medas entre las manos.
“Ufff… ¿Es difı́cil?”
Ante eso, Rensley movió los labios en respuesta. No emitió ningú n
sonido, pero la forma de sus labios dejaba claro lo que decı́a.
Giselle, instintivamente, dejó escapar un suspiro tembloroso y comenzó
el movimiento palpitante que habı́a estado esperando. Como si sintiera
el calor al expulsar, penetrando el miembro hasta la raı́z, Rensley echó
la cabeza hacia atrá s y jadeó . Su pecho blanco, manchado de fresas
machacadas, se movı́a con di icultad. Giselle envolvió a Rensley en su
capa, abrazá ndolo.
“Uf, uf, uf…”
La magia se rompió mientras sollozaba en sus amplios brazos.
Rensley gimió , como si tuviera hipo, y luego exhaló lenta y
uniformemente. Mientras tanto, los caballeros que buscaban a Giselle y
Rensley habı́an regresado a sus posiciones, y ni su presencia ni sus
voces habı́an desaparecido.
Tras un breve sollozo para recuperar el aliento, Rensley asomó la cara
por debajo de su capa y rió . Cuando Giselle la miró y le preguntó por
qué se reı́a, Rensley le rozó la mejilla contra el cuello. Su voz aú n tenı́a
un dejo de lá grimas, pero parecı́a haber recuperado las fuerzas
mientras sonreı́a y hablaba.
“Pensé que lo harı́as por má s tiempo”.
“¿Cuá ndo lloras?”
“Estaba preparado para rodar por aquı́ hasta que saliera el sol, ya que
me tapaste la boca”.
“…cuando dices que te sientes bien mientras lo hago, me excito
demasiado rá pido”.
“¿Ni siquiera salió como sonido?”
“Pero lo entiendo.”
Giselle, con una expresió n ligeramente avergonzada, besó el rostro
juguetó n de Rensley. Cuando los labios de Giselle rozaron su mejilla
derecha, Rensley le devolvió el beso. Hizo lo mismo en su mejilla
izquierda y en la frente.
Incluso mientras intercambiaban besos, Rensley estaba desastroso.
Tenı́a el pelo hecho un desastre, y la cara, el cuello, el pecho e incluso el
cuello de la camisa estaban manchados de jugo de fresa machacado.
Con lá grimas aú n corrié ndole por la cara, soltó una risita, y cualquier
extrañ o podrı́a fá cilmente confundirlo con un loco.
Despué s de intercambiar besos y sonreı́rse, el Gran Duque y la Duquesa
inalmente decidieron regresar a donde todos los esperaban.
"¿Puedes caminar?"
“Sı́, está bien.”
Me vestı́ y me arreglé el pelo desordenado con un peine. Gracias a la
magia, mi aspecto, al menos, estaba tan limpio que me costaba creer
que acababa de tener una salida salvaje.
Giselle levantó de repente a Rensley en brazos. Antes de que Rensley
pudiera decir nada, los dos estaban de vuelta en la habitació n del
marqué s.
Rensley, que estaba siendo cargado por Giselle, ni siquiera pensó en
bajarse y simplemente parpadeó sorprendido por un momento.
“…Pensé que estabas caminando cuando llegaste.”
“Pensé que podrı́as estar cansado.”
Rensley respondió con una sonrisa amarga.
Como dijo, estaba un poco cansado. No habı́a tenido muchos hechizos
psı́quicos en solitario que me hubieran dado buenos resultados, y la
conexió n al aire libre me habı́a puesto los nervios de punta, ası́ que
estaba má s cansado de lo habitual en una noche normal.
Aunque era tarde, ambos pidieron agua caliente y se lavaron.
Sintié ndose renovada, Rensley se incorporó en la cama, pero por alguna
razó n, no querı́a quedarse allı́ dormida. De hecho, la sensació n de estar
aú n má s emocionada que antes de ir al campo de fresas le latı́a con
fuerza el corazó n en plena noche.
Rensley miró por la ventana y luego giró la cabeza hacia Giselle.
—Eh... ¿no te gustarı́a disfrutar de la luz de la luna un poco má s?
¿Quizá s en el patio trasero de la mansió n o algo ası́?
"¿Está bien?"
—Está bien. No tenemos que caminar mucho. Solo quiero tomar un
poco de aire fresco. Serı́a bueno avisarles a los sirvientes que seguimos
a salvo dentro de la mansió n de camino.
El jardı́n espiral, de noche, estaba completamente oscuro, con poco que
ver. Claramente, las siluetas de Loudken y del jardı́n trasero eran
diferentes, pero la oscuridad impedı́a distinguirlas.
No importaba. El aire estaba limpio y la luz de la luna era hermosa. De
todas formas, solo querı́a tomar un respiro, ası́ que Rensley caminó
despacio, contemplando el cielo nocturno despejado. Su emoció n se fue
calmando poco a poco.
Pero la caminata no duró mucho. Antes de que pudieran dar unos pasos
má s, los dos, que habı́an estado disfrutando tranquilamente de la brisa
nocturna sin ninguna conversació n en particular, oyeron de repente un
murmullo de conversació n.
“Hay otras personas saliendo a caminar de noche ademá s de nosotros”.
Rensley susurró y sonrió . Despué s de todo, el Patio de la Noche era un
lugar de encuentro secreto.
Estaba tratando de evitar encontrarlos tomando una ruta diferente,
pero escuché su conversació n.
“¿Tiene a alguien en mente, señ or?”
—No, Princesa. Sin embargo… por ahora, deseo dedicarme a ayudar a
Su Majestad y a proteger el Norte.
—Pero Su Majestad, ya ha encontrado la horma de su zapato. No creo
que deba hacer tanta distinció n entre defender su territorio y vivir su
propia vida.
"Tienes razó n, Princesa. Simplemente no tengo la capacidad de hacer
ambas cosas en este momento".
¿Pero quié n habrı́a pensado que los presentes en esa reunió n secreta
eran conocidos? Giselle abrió un poco los ojos. Rensley le tapó la boca
rá pidamente con la mano.
Shh. Le hizo una señ a a Giselle con la mirada y regresó lentamente. Tiró
del brazo de Giselle y retrocedió en silencio, soltá ndola solo cuando ya
no podı́an oı́rla. Entonces Giselle preguntó , desconcertada.
“¿No eran Anton y la princesa Yvette?”
"Como se puede ver."
¡Qué increı́ble! No sabı́a que habı́a una conversació n ası́ entre ellos dos.
¿En serio? ¿No tenı́as ni idea?
Aú n má s sorprendente fue que desconociera por completo los
sentimientos de las dos personas má s cercanas. Cuando Rensley volvió
a preguntar, Giselle asintió y, como si se le hubiera ocurrido una idea
brillante, habló .
Si tu hermana y Anton se casaran, formarı́an una pareja maravillosa.
Nos serı́a de gran ayuda. Cuando volvamos a Loudken, organizaré el
enlace.
—No, Su Majestad. ¿No me oyó antes? El Comandante aú n no está listo.
"Si está s posponiendo esto por la Guardia del Norte, te diré
directamente que no hay necesidad de demorarse".
—No, Su Majestad. El Comandante aú n no está mentalmente
preparado... Bueno, la Princesa Frida está aquı́.
No hay problema. Mi compromiso con mi hermana se rompió hace
mucho tiempo.
—No, Su Majestad. Será mejor que injas que no lo sabes. No digas nada.
“¿Por qué deberı́a hacer eso?”
Rensley tragó saliva con di icultad, observá ndolo desconcertado, como
si realmente no comprendiera. Giselle, quien en secreto se habı́a
sentido emocionada ante la perspectiva de ayudar personalmente a
organizar el matrimonio de su amado sú bdito, parecı́a algo
decepcionada.
Pero este no era el lugar adecuado para dar una charla sobre la sutil
psicologı́a de hombres y mujeres en una relació n secreta. Rensley
apoyó la cara en su pecho.
“Su Majestad, por favor regrese a su habitació n.”
Acabas de salir, ¿está s bien?
—Sı́. Quiero estar a solas contigo ahora.
Entonces, Giselle sonrió levemente, como si la conversació n de hace un
momento hubiera mejorado. Asintió , besó la frente de Rensley y lo
abrazó por la espalda.
***
La residencia del marqué s estaba ruidosa desde la mañ ana.
Despué s de terminar de prepararse con Giselle, Rensley se detuvo por
un momento y preguntó a los residentes con los que se habı́a vuelto
cercano ayer.
¡Buenos dı́as! ¿Qué pasa?
La gente que estaba de pie y hablando se sobresaltó y se inclinó para
saludar a Giselle, y pronto no pudieron ocultar su alegrı́a y abrieron la
boca con entusiasmo.
Gloria al Guardiá n. Gracias a la visita personal de Su Majestad, algo
bueno ha sucedido.
"¿Qué está sucediendo?"
¿No echaste un vistazo a los campos de fresas de la zona ayer? Todos se
habı́an dado por vencidos, diciendo que la cosecha se habı́a arruinado
por una mala cosecha este añ o, pero esta mañ ana, de repente, se veı́an
mucho mejor. Los agricultores vinieron a informar esta mañ ana, y
salimos a comprobarlo, y es cierto. La historia corre por todas partes.
Dicen que todo es gracias a la visita de Su Majestad.
"Los rumores viajan rá pido", asintió Rensley, ingiendo admiració n.
Genial. Entonces supongo que podré disfrutar de unas fresas deliciosas
tambié n este añ o.
Sı́. Estoy muy agradecido de que todo saliera bien cuando llegó Su
Majestad. Gracias a usted, pudimos ofrecerle unas deliciosas fresas.
Rensley siguió a Giselle, sonriendo a la gente que se reı́a.
Al entrar Giselle en el comedor, el marqué s la saludó corté smente.
Habı́a preparado con esmero un plato para el desayuno del archiduque.
El marqué s, que parecı́a indiferente a la escasez de fresas, pareció
encantado con la noticia de que los campos de su inca habı́an sido
restaurados. Cuando Giselle se sentó , el marqué s mencionó la misma
historia como saludo matutino.
"Majestad, con su presencia, solo cosas buenas suceden en el territorio.
Dicen que los campos de fresas, que sufrieron una hambruna, está n
volviendo a la vida."
—Qué suerte. La archiduquesa estará encantada.
Es un verdadero honor poder obsequiarle a Su Majestad estas
deliciosas fresas. ¿Cuá ndo llegará Su Majestad?
“Llegará hoy.”
“Entonces saldré a encontrarte primero.”
Despué s de comer, pienso ir a la granja del pueblo donde saliste a
saludarme la ú ltima vez. ¿Te importarı́a acompañ arme?
El Marqué s estaba encantado y se apresuró a preparar todo de
inmediato. Mientras los sirvientes y asistentes se afanaban en recibir a
la Archiduquesa, Giselle y el Marqué s terminaron de desayunar.
Normalmente, Rensley habrı́a desayunado junto a Giselle, pero como la
Archiduquesa aú n no habı́a llegado, Rensley ya habı́a cenado algo ligero
en su dormitorio.
Tras el desayuno, una procesió n partió de la residencia del Marqué s
para dar la bienvenida a la archiduquesa, que llegaba tarde. La acogida
fue abrumadora. La procesió n incluı́a al Marqué s, numerosos nobles,
caballeros, sirvientes e incluso gente comú n de los alrededores. La
curiosidad por la archiduquesa, un hombre del que solo se habı́a oı́do
hablar hasta entonces, se convirtió en una iebre, y los vendedores
ambulantes instalaron sus puestos, creando un ambiente festivo en
todo el territorio del Marqué s.
¿Có mo se imaginan que es la Archiduquesa? Rensley se tragó una
carcajada y apartó la vista de la multitud. Contempló las tierras de
cultivo que pasaban a caballo. Los campos de fresas cerca de la
residencia del Marqué s estaban en plena loració n, pero cuanto má s se
alejaba de la mansió n, má s á rido se volvı́a el terreno.
Los espı́ritus se irá n reuniendo y dispersando gradualmente, y
inalmente se producirá la recuperació n, pero pasará n varios dı́as má s
para que tanto la tierra conectada por las venas como las fresas
recuperen su salud.
"Bienvenido, Su Alteza."
Y la tierra del pueblo que Rensley conoció por primera vez cuando
entró al territorio aú n no habı́a sido restaurada a su estado original.
El anciano jefe de la aldea, que dirigı́a el pueblo, caminó delante y se
inclinó junto con los aldeanos.
La aterradora propuesta de Giselle de reunir e interrogar a los
residentes que difundı́an falsos rumores sobre la Archiduquesa fue
frustrada por la disuasió n de Rensley. Sin embargo, quienes habı́an
perdido la lengua ni siquiera pudieron contemplar la posibilidad de
huir en plena noche, y permanecieron indefensos, a la espera de su
destino. Los rostros de quienes la recibieron estaban pá lidos por la
noche.
El granjero que le habı́a contado a Rensley los chismes locales tambié n
se quitó el sombrero e hizo una profunda reverencia. Mientras todos
seguı́an sentados en sus caballos, Giselle habló en voz baja.
La compasiva Gran Duquesa desea abrazarlos. Yo tambié n pretendo
desestimar este incidente como un accidente ocurrido durante mis
viajes al extranjero. Todos deberı́an estar agradecidos por la gracia de
la Gran Duquesa.
Los campesinos sollozaron e inclinaron aú n má s la cabeza. Sin saber el
motivo, el marqué s miró a Giselle con desconcierto, pero en lugar de
ofrecer má s explicaciones, cambió de tema.
La Archiduquesa es originaria de la regió n meridional de Cornia y
anhelaba adquirir las frutas y verduras que allı́ abundan. Como los
suministros locales no eran fá ciles de conseguir, construyó un pequeñ o
invernadero en el Castillo de Laudken. Ahora, la Archiduquesa cuida los
cultivos del invernadero a diario.
“¿Es Su Majestad la Gran Duquesa quien habla directamente?”
"Sı́."
Giselle respondió brevemente a la sorprendida pregunta del marqué s.
Rensley desmontó .
"Ası́ es. Puede que la Gran Duquesa no tenga ningú n talento especial,
pero es bastante buena cuidando sus cultivos. Incluso he logrado revivir
frutas marchitas y enfermas como esta."
Los ojos del marqué s se abrieron de par en par, sorprendido por el
repentino y grosero tono del guardia. Se quedó boquiabierto, con la
mirada alternando entre Giselle y Rensley, sin saber qué hacer. Sin
embargo, la expresió n de Giselle permaneció inalterada, siguiendo con
la mirada los pasos de Rensley.
Los demá s no eran diferentes. La gente que habı́a sido amable hasta la
mañ ana ahora murmuraba como si estuvieran viendo a un luná tico.
Rensley, de pie ante el jefe de la aldea, sacó una botella de vidrio que
contenı́a una poció n de color de la pechera de su chaqueta y preguntó .
Si la Diosa de las Tierras del Norte estaba enfadada con la
Archiduquesa, ¿por qué descargarı́a su ira en los campos de fresas del
Margrave de Eivorn? ¿No es una escala bastante modesta para una
maldició n divina?
"eso……."
El jefe de la aldea dudó y no pudo responder. Sin esperar respuesta,
Rensley se adentró unos pasos en el campo de fresas.
Rensley abrió la tapa del vial y roció una gran cantidad del reactivo que
Giselle habı́a preparado. Todas las miradas, curiosas por lo que estaba a
punto de hacer, se volvieron hacia Rensley.
Al principio, no se observó ningú n cambio tras rociar el reactivo. Sin
embargo, al poco tiempo, el á rea circundante comenzó a cambiar
notablemente. La tierra, antes dura y gris, que se secaba rá pidamente
incluso con riego, adquirió un color cobrizo y esponjoso, e incluso los
tallos y hojas marchitos comenzaron a revivir.
“¡La tierra!”
Los nobles que observaban no notaron el pequeñ o cambio. Sin
embargo, los agricultores que trabajaban sus campos gritaron de
sorpresa y, sin darse cuenta, corrieron hacia los campos.
Rensley dio unos pasos atrá s, dejá ndoles inspeccionar su tierra, y
suspiró mientras cerraba la tapa vacı́a de la botella.
"No existı́a ninguna maldició n desde el principio. Simplemente te
atrapó un estafador."
“Ja, ¿y ahora qué ?”
Ya te lo dije, ¿no? Tu Gran Duquesa es tan há bil con la agricultura que
una vez revivió una fruta marchita. Por cada persona que arruina algo,
siempre hay alguien que puede restaurarlo. Esa medicina la acabo de
preparar con la ayuda de Su Alteza el Gran Duque, ası́ que deberı́a ser
efectiva.
Los granjeros se miraron con la mirada perdida, incapaces de
comprender las palabras de Rensley. Solo el marqué s, montado a
caballo junto a Giselle, abrió mucho los ojos y la miró con expresió n
agria.
g
“…Su Majestad, ¿cuá ndo llegará Su Alteza Real la Gran Duquesa?”
¿No acabas de oı́rlo? La Archiduquesa ya está aquı́.
Giselle respondió con indiferencia y desmontó . En cuanto el rey puso un
pie en el suelo, todos lo imitaron. Abrié ndose paso entre la multitud,
medio congelada y medio murmurando, Giselle se detuvo al borde del
campo y extendió la mano.
—Basta, Gran Duquesa. Las visitas secretas está n bien, pero ya hemos
llegado a nuestro destino, ası́ que es hora de volver a su asiento.
“Sı́, Su Majestad.”
Rensley salió al campo a paso rá pido y tomó la mano de Giselle. Luego,
al mirar a su alrededor, todos los que los rodeaban ya habı́an agachado
la cabeza. Giselle miró a su alrededor y fue al grano.
Permı́tanme presentarme de nuevo. Rensley Mallorcen. Caballero
honorario de la Orden de los Caballeros y mi archiduquesa.
El marqué s, que estaba aturdido, se acercó rá pidamente y tomó la
iniciativa en el saludo.
¡Bendiciones para el Guardiá n y su compañ era! ¡Perdone la groserı́a de
ayer, Alteza la Gran Duquesa!
Qué grosero. Te engañ é , ası́ que ahora me toca a mı́ ser grosero.
Rensley sonrió disculpá ndose y respondió . Entonces, mientras
observaba el campo, los granjeros, que por in habı́an comprendido lo
que Rensley querı́a decir, yacı́an boca abajo, con la cabeza hundida en la
tierra, aú n má s pensativos que ayer. Rensley dio una orden.
“Todos, pó nganse de pie.”
Los granjeros se levantaron de sus asientos con vacilació n. La
Archiduquesa, como persona involucrada, debió creer que los chismes
se rumoreaban a puerta cerrada, pero ya no era ası́. Ademá s, a
diferencia de Giselle, quien solo habı́a escuchado breves mensajes de
sus hijos, Rensley habı́a captado hasta el ú ltimo rumor malicioso que
circulaba por la zona. En el peor de los casos, incluso si lo acusaran de
traició n colectiva, no tendrı́a ningú n recurso.
Pero Rensley no dijo ni una palabra sobre los rumores. Se quedó junto a
Giselle, observando a cada granjero individualmente, y simplemente
dijo esto.
Este es un favor personal que te ha hecho la Archiduquesa, quien,
ansiosa por recibir las fresas del Marquesado, tambié n es agricultora.
Esto no volverá a suceder, ası́ que no te dejes engañ ar por las palabras
super iciales y engañ osas del estafador.
Los sorprendidos levantaron lentamente la cabeza. Solo entonces la
expresió n rı́gida de Rensley se relajó y sonrió levemente.
“Vine aquı́ con muchas ganas de beber todo el vino de fresa local que
pueda, ası́ que espero que puedas traerme una botella má s tarde”.
—¡Eso es lo que puedo ofrecerle ahora mismo, Su Majestad!
Cuando una mujer gritó con urgencia, el hombre que parecı́a ser su
esposo se sobresaltó y le hizo un gesto para que se callara. Pero el
rostro de Rensley se iluminó y respondió con una carcajada.
—Te está s precipitando otra vez. ¿Y si me estafan esta vez? De
momento, solo se han recuperado las zonas donde rocié el pesticida,
pero el campo estará en perfectas condiciones en unos dı́as. Lo
recogeré cuando vea los resultados.
¡Gracias! ¡Gracias, Su Majestad!
Esta vez, varias personas saludaron simultá neamente. Algunas incluso
sollozaron, quizá de alivio. Rensley tomó la mano de Giselle y montó en
su caballo.
"Vamos, Su Majestad."
El grupo que habı́a salido a recibir a la Archiduquesa, tras haber
logrado su objetivo de forma un tanto inesperada, comenzó a regresar
por donde habı́an venido. Ahora, todos en el grupo parecı́an haberse
dado cuenta, sin excepció n, de que Rensley Mallorcen era el
Archiduquesa por el que habı́an estado intrigados, y todos tenı́an
expresiones algo desconcertadas.
Rensley, que caminaba junto a Giselle, miró de repente a un lado. Los
niñ os, que antes estaban apiñ ados como ratones de campo, ahora
estaban escondidos en un á rbol como ardillas.
El chico que le habı́a rogado a la Archiduquesa que no le contara nada
de é l, incapaz de comprender la situació n con solo escuchar a
escondidas a los adultos, miró ijamente al grupo hasta que sus ojos se
encontraron con los de Rensley. Rensley sonrió y se llevó un dedo a los
labios, haciendo un gesto de silencio. El chico lo imitó y rió . Rensley
murmuró alegremente.
“Me siento bien porque las cosas van bien”.
“Eres demasiado inocente para dejar pasar esta blasfemia ası́”.
Dijiste que viniste de vacaciones a un lugar bonito para cambiar de
humor. No quiero causar ningú n disgusto. Como no sabı́a lo que hacı́a,
puedes darme una oportunidad. Ese rumor pronto se disipará .
Aunque refunfuñ ó , Giselle no pareció discrepar del todo de la opinió n
de Rensley, y en cambio sonrió levemente. Rensley ladeó la cabeza
desde su caballo y susurró .
¿Qué tal? ¿Viste algo de tu encanto diabó lico?
Fue demasiado. Ahora todos en este territorio te amará n.
¿Está s celoso de algo ası́? Anı́mate. En el banquete de hoy, te daré la
oportunidad de bailar con la letal Archiduquesa.
“Ha pasado tanto tiempo que no sé si puedo bailar bien…”
Giselle frunció el ceñ o ligeramente, como si se estuviera poniendo
nerviosa por un tema del que no estaba segura. Rensley, quien le habı́a
dado la tarea al Archiduque, rió entre dientes y contempló el vasto
campo de fresas.
En el banquete de esa noche, Rensley degustó varias botellas del mejor
vino de fresa, enviado a granel por agricultores de la zona. El vino de
fresa era exquisito, con un sabor agridulce y una graduació n alcohó lica
superior a la esperada.
El rumor de que el Gran Duque y la Duquesa estaban tan cautivados por
el vino que incluso lo llevaron a su dormitorio circuló entre la gente del
Margrave de Eivorn como una jactancia durante un tiempo, junto con
los elogios al milagro de la Gran Duquesa.
# Campo pequeñ o
El corto verano de Oldenland llega a su in mientras los paı́ses má s allá
de sus fronteras aú n disfrutan de su má ximo esplendor. Es demasiado
tarde para prepararse para el invierno, ası́ que los norteñ os se sacan
sus abrigos de piel y los acicalan mientras el aire matutino empieza a
refrescar. Con la llegada del otoñ o, encienden chimeneas y braseros, y
por la noche, sirven sopa caliente.
El accidente se produjo en otoñ o, cuando las temperaturas empezaron a
bajar.
Despué s de que los asuntos polı́ticos de la mañ ana terminaron, Giselle y
Rensley se tomaron un tiempo para hacer su propio trabajo personal.
La rutina diaria de Giselle era similar. Despué s de sus deberes o iciales,
iba a la biblioteca, estudiaba para leer o se sumergı́a en la investigació n
má gica. El horario de Rensley, en cambio, variaba a diario. Cuidaba los
cultivos en el invernadero, visitaba las reuniones de sacerdotes o
caballeros para participar personalmente en el entrenamiento y
levantar la moral, e incluso atendı́a a los invitados que solicitaban
audiencia.
A Giselle no le gustaba mucho recibir visitas, y Rensley era mucho má s
há bil entreteniendo. Ası́ que, en algú n momento, incluso los invitados
del Archiduque empezaron a buscar a Rensley. La sala de recepció n,
normalmente tranquila, del Castillo de Loudken ahora se llenaba con
frecuencia.
Giselle continuó con su rutina de hoy. Como monarca del Norte y mago
de renombre, tenı́a una amplia gama de intereses, pero su mayor
preocupació n ú ltimamente era la tecnologı́a del transporte de
materiales. Las tierras á ridas del Norte y los largos inviernos lo
obligaban a depender de suministros importados, incluyendo
alimentos. En consecuencia, los costos de transporte eran
considerables.
A medida que aumentaban los costos de transporte, se hacı́a má s difı́cil
importar o exportar recursos del Norte. Por lo tanto, experimentaba
constantemente con maneras de reducir el esfuerzo y el costo del
transporte de materiales, sin descuidar nunca el esfuerzo.
“Entonces comencemos.”
“Sı́, Su Majestad.”
Hoy estaba listo para experimentar con un nuevo hechizo má gico. El
objetivo del experimento era claro: si lograba reducir drá sticamente el
volumen y el peso de un objeto y luego restaurarlo, el costo y el
esfuerzo necesarios para transportarlo tambié n se reducirı́an
drá sticamente.
A primera vista, podrı́a parecer simple, pero la magia que preserva la
integridad cualitativa de varios objetos ajustando ú nicamente su
tamañ o nunca ha sido completamente exitosa. Sin embargo,
investigaciones recientes han revelado un nuevo hechizo combinado
con una alta probabilidad de é xito, y Giselle, inusualmente emocionada,
se encontraba frente al cı́rculo má gico.
Cerró los ojos para concentrarse. Una voz grave, con las manos
extendidas, entonando un hechizo a ritmo constante, resonó por el
estudio. A medida que el cı́rculo má gico comenzó a brillar con fuerza,
los magos reales que observaban desde los alrededores murmuraron y
vitorearon suavemente. La luz del cı́rculo se hizo má s brillante e
intensa, hasta llegar a ser tan intensa que no se veı́a nada, y un pá lido
resplandor azul se extendió por todo el estudio. Todos se cubrieron el
rostro con las mangas o las manos para evitar el resplandor.
A medida que se completaba el pedido, la luz se atenuó gradualmente.
La gente abrió mucho los ojos y examinó el estado de sus objetos.
Giselle tambié n observó el objeto que tenı́a delante. Tras un momento
de silencio, murmuró , como si se cuestionara a sı́ mismo.
“…¿es un fracaso?”
Era un tono algo astuto. El objeto no se habı́a encogido tanto como
esperaba, pero no era exactamente el mismo que antes de recitar el
hechizo.
¿Qué habı́a cambiado? Giselle frunció el ceñ o ligeramente, intentando
encontrar la diferencia entre antes y despué s de recitar el hechizo. Pero
pronto notó una atmó sfera extrañ a. Los magos que rodeaban el cı́rculo
má gico lo miraban a é l, no a los objetos.
Giselle tambié n miró a su alrededor y se dio cuenta de que algo andaba
mal. Todo habı́a cambiado de perspectiva. Larkov, el jefe de los magos
reales, fue el primero en hablar.
“Su Majestad, Su Majestad…….”
Giselle se miró las manos. Notó que estaban notablemente má s cortas
que antes de recitar el hechizo.
“No es el objeto, sino Su Majestad… quien se ha vuelto má s pequeñ o.”
"…Veo."
Incluso la voz habı́a cambiado. El asistente trajo apresuradamente un
espejo y se lo mostró a Giselle. Giselle se miró en el espejo, inexpresiva.
Giselle Givendard, re lejada en el espejo, era, segú n todos los indicios,
una niñ a de rostro hosco de só lo cinco o seis añ os.
***
Giselle estaba sentada en una silla alta, con los pies apenas tocando el
suelo, re lexionando en silencio sobre su experimento fallido. Quisiera
considerarlo un simple fracaso, pero era una situació n
inesperadamente incó moda.
Estaba intentando reducir el tamañ o del sujeto de prueba, pero la
condició n fı́sica del lanzador cambió . ¿Dó nde demonios ocurrió el
error?
Quizá s sea una bendició n disfrazada que hayan regresado a una etapa
en la que pueden pensar y comunicarse con normalidad. Si bien los
magos de alto rango pueden usar magia de transformació n para
cambiar su apariencia, independientemente de su edad, esto es
simplemente una forma de disfraz que engañ a a los ojos humanos.
Manipular la verdadera esperanza de vida o revertir el tiempo es un
hechizo peligroso que no debe manipularse. Por lo tanto, el consenso
entre los magos que estudiaron el hechizo fue que se trataba de un
evento estrictamente repentino, y que, si no se controlaba, podrı́an
envejecer rá pidamente o incluso volverse completamente infantiles.
Ahora, la prioridad de la Orden Real de Magos era restaurar a Gisel
Zibendad a su forma original. Los magos discutieron có mo manejar la
situació n, concluyendo que simplemente ocultarse debido a su
encogimiento serı́a una desventaja. Explicaron que esto era comú n para
quienes no estaban familiarizados con la magia y planearon encontrar
una solució n entre bastidores.
Giselle, que estaba apoyada la barbilla en su mano y perdida en sus
pensamientos, le preguntó al asistente que estaba a su lado.
¿Le diste la noticia a la Gran Duquesa?
—Sı́. Ya que dijiste que estabas en el invernadero, debe estar de camino.
Pensando en Rensley, suspiré levemente. Ver a un niñ o con cara de
archiduque, respirando profundamente y con expresió n seria, fue
divertido para todos, pero Giselle lo ignoraba por completo.
Todo problema tiene una solució n, y en el proceso de encontrarla, el
fracaso y el é xito siempre se cruzan. Esta vez, con iaba en encontrar
una solució n, pero no habı́a forma de ocultar mi error inmediato.
Imaginen la sorpresa de Rensley al ver esto. Debió pensar que era
alguien en quien podı́a con iar el resto de su vida, ası́ que debió de
aceptar la propuesta con gran di icultad. Pero cometió este ridı́culo
error.
Giselle, quien anhelaba ser la compañ era y monarca perfecta frente a
Rensley, sintió una vergü enza que nunca antes habı́a experimentado.
Simplemente, sus sentimientos internos no eran lo su icientemente
visibles para que los demá s los percibieran.
"¡majestad!"
Pronto, una voz urgente resonó por los muros del palacio. El sonido de
pasos a toda velocidad acompañ ó el sonido. Los asistentes que seguı́an
a la Archiduquesa tambié n corrieron tras ella, provocando una
conmoció n en los salones del palacio.
Rensley, quien entró en la o icina, se paró frente a Giselle, jadeante. Su
corto cabello rubio, cuidadosamente peinado esa mañ ana, estaba
despeinado. Giselle intentó mantener la calma y miró a su
archiduquesa.
El rostro de Rensley, normalmente una cabeza má s abajo, ahora estaba
muy por encima. Miró a Giselle sin pestañ ear, con una expresió n
incapaz de ocultar su desconcierto. Rensley habló con cautela.
“Su Majestad… ¿es ası́?”
“Esa es la Giselle Zibendard que conoces”.
¿Hay algú n problema? ¿Está s bien?
—Está bien. Mi cuerpo simplemente se debilitó un poco por un tiempo
debido a la magia.
Tras un breve intercambio de preguntas y respuestas, se hizo un
momento de silencio, como si se tratara de un enfrentamiento. Rensley
me tapó la boca lentamente y, como si estuviera abrumado por la
emoció n, gritó .
¡Dios mı́o! ¿Qué clase de magia es esta? ¡Eres tan adorable!
Rensley se agachó de repente, quedando a la altura de los ojos de
Giselle. Sus miradas estaban ahora al mismo nivel, lo que le permitió a
Giselle ver la expresió n de Rensley con mayor claridad. Sus ojos, de un
azul intenso y rebosantes de emoció n, brillaban como joyas.
Pensé que habı́a pasado algo grave, ası́ que vine corriendo, pero te has
vuelto tan adorable... ¿Intentas sorprenderme con una broma? No sabı́a
que Su Majestad pudiera ser tan adorable.
Ante esas palabras, Giselle miró rá pidamente a los asistentes que la
rodeaban. Los ú nicos que conocı́an los detalles de su encogimiento eran
los magos que habı́an participado en la investigació n y sus
colaboradores má s cercanos, esenciales para sus asuntos polı́ticos. Los
demá s, aú n ajenos a las circunstancias, simplemente esperaban una
explicació n de sus superiores.
Giselle no se molestó en negar la suposició n de Rensley, pero preguntó
en voz baja.
"¿Funcionó mi broma?"
¡Fue todo un é xito! Me sorprendió mucho, pero eres tan adorable. Uf, de
verdad... Creo que podrı́a hacer una broma ası́ varias veces al añ o. Su
Majestad, ¿puedo abrazarlo?
"Por supuesto."
"¡Guau!"
Rensley extendió la mano y abrazó a Giselle con fuerza. Giselle abrió
mucho los ojos al levantarse bruscamente.
La ú ltima vez que se sintió ası́ probablemente fue cuando era niñ a, en
brazos de su niñ era. Era un recuerdo tan infantil que a Giselle le resultó
tan desconocido como si fuera la primera vez. Rensley se removı́a y
exclamaba con admiració n.
Es ligero... Su Majestad, que era como un gigante, se ha vuelto tan
pequeñ o. La magia es realmente asombrosa...
“…¿Te gusta tanto?”
—Claro. Conocı́ a Su Majestad cuando tenı́a má s de veinte añ os, ası́ que
nunca lo he visto de niñ o. ¿No le gustarı́a a Su Majestad verme en mi
vejez?
Giselle asintió rá pidamente ante esas palabras. El joven Rensley
Mallorsen, sin duda, habrı́a sido la persona má s adorable del mundo.
Puede decir con seguridad que se convirtió en el Rensley que es hoy
gracias al afecto de quienes lo rodeaban, a pesar del hecho de que los
parientes de sangre de la familia real de Cornian, especialmente su
medio hermano que ahora ha sido destrozado, se presentaron y lo
atormentaron.
Si hubiera podido conocerlo entonces, lo habrı́a traı́do a Oldenland hace
mucho tiempo, habrı́a celebrado una boda y habrı́a dormido en la
misma cama todas las noches para no tener que vagar nunca de una
habitació n a otra ni encerrarme en el establo por miedo a otra
tormenta.
“Si fuera posible, me gustarı́a volver a esa é poca”.
Jaja, es imposible retroceder en el tiempo, pero se siente genial poder
ver a Su Alteza ası́ gracias a la magia. Entonces, ¿cuá nto tiempo podré
ver esta vista?
Bueno, como aú n no habı́a ningú n plan, Giselle respondió
apropiadamente.
“Mientras quieras.”
Entonces, uno de los cortesanos que estaba cerca se aclaró la garganta,
como si ya no pudiera soportarlo má s. Rensley tambié n sonrió
tı́midamente, abrazó a Giselle con má s fuerza y susurró .
“Aunque seas mayor, tus habilidades para hablar siguen siendo las
mismas”.
Giselle, que nunca habı́a sido especialmente elocuente, estaba un poco
desconcertada, esperando que esta situació n se considerara magia
deliberada y no un accidente. Pero no sintió la necesidad de dar
explicaciones, y optó por obedecer y aceptar la posició n de la niñ a en
los brazos de Rensley.
y
“Me gustarı́a hablar tranquilamente contigo por ahora, ası́ que vayamos
al dormitorio”.
"Ajá , a plena luz del dı́a... De verdad que has rejuvenecido. ¿Pero ya está s
volviendo? Aú n quiero verte ası́ un poco má s."
Ante la sugerencia de ir al dormitorio, Rensley sonrió con picardı́a,
como si imaginara una situació n ridı́cula. En lugar de negar la
especulació n, Giselle simplemente siguió su ejemplo.
Al regresar al dormitorio, despidieron a los sirvientes y dejaron a los
dos hombres solos. Giselle señ aló la mesa de té .
“Senté monos allı́ y hablemos”.
¿De verdad ibas a decirme eso?
Rensley, obedientemente, sentó a Giselle en la silla. Sin embargo, el
mueble estaba diseñ ado para un hombre mucho má s corpulento que
una persona promedio. Un niñ o sentado en el mismo asiento apenas
lograba levantar la cabeza por encima de la mesa.
“Es lindo, pero es difı́cil hablar ası́”.
Giselle no tuvo má s remedio que volver al abrazo de Rensley,
acurrucada en el silló n, y conversar. Normalmente, Rensley se sentarı́a
en su regazo, pero hoy fue al revé s.
A medida que refrescaba, los sirvientes encendieron temprano el fuego
en el dormitorio para mantener la temperatura. Se sentaron frente a la
chimenea, mirá ndose. Excepto que una persona era má s pequeñ a.
—Está bien. ¿Qué te gustarı́a decir?
Incluso el habla de Rensley era extrañ amente parecida a la de un niñ o.
La razó n por la que Giselle mordió a todos no fue otra que informarles
de la situació n actual. La Archiduquesa era su con idente má s cercana y,
por razones polı́ticas, necesitaba estar al tanto de las variables que
surgı́an en la vida del Rey.
Pero cuando vio a Rensley sentado en su regazo y mirá ndolo con ojos
tan dulces, como si estuviera mirando a un niñ o, los pensamientos de
Giselle cambiaron lentamente.
Siempre habı́a tenido una gran con ianza en sus habilidades como
mago. Incluso si hubiera fallado con un nuevo hechizo, sabı́a que pronto
encontrarı́a una solució n y esperaba superar su situació n actual pronto.
Habı́a con irmado que, si bien su cuerpo habı́a rejuvenecido, sus
recuerdos y su espı́ritu permanecı́an intactos, y sus poderes má gicos no
se habı́an deteriorado. Cualquier error serı́a corregido rá pidamente.
Entonces, ¿era realmente necesario inquietar a Rensley revelando la
verdad? Si no se encontraba una solució n antes de lo esperado, no serı́a
demasiado tarde para compartir la situació n. Para la Archiduquesa,
quien estaba genuinamente encantada, el hombre, que nunca habı́a
conocido un chiste en toda su vida, sintió la necesidad de contarle uno
de verdad.
“¿Có mo está n los cultivos en el invernadero?”
Bien. Traje algunas semillas nuevas para plantar esta vez, pero
tendremos que esperar a ver si germinan bien. Hay bastantes casos en
los que se arruinan camino al norte.
—Ya veo, semillas… Aunque son pequeñ as, se dañ an fá cilmente, ası́ que
necesito investigar má s.
Rensley miró a Giselle sin comprender e inclinó la cabeza.
“¿La razó n por la que me pediste que viniera al dormitorio fue por el
invernadero?”
No. Simplemente me sentı́ incó moda porque todos me miraban, ası́ que
les pedı́ que vinieran.
—Bueno, no puedo evitarlo. ¡Eres tan linda!
Lensley sonrió y tiró suavemente de las mejillas de Giselle, luego las
acarició con las palmas antes de besarlas alternativamente. Sus mejillas,
antes suaves y esbeltas, se erizaron, y su mandı́bula, antes a ilada, se
redondeó .
Rensley sonrió y le preguntó a Giselle, quien parpadeaba con los ojos,
que estaban má s redondos de lo habitual.
¿Có mo se te ocurrió la idea de gastar semejante broma?
Actualmente estoy experimentando con la reducció n del tamañ o de los
objetos manteniendo su forma original. Acabo de probarlo en mı́
mismo.
Dado que la magia que reduce el tamañ o de los objetos inanimados y la
magia que cambia el estado de los objetos vivos eran cosas diferentes,
si el mismo mago lo hubiera escuchado, habrı́a objetado y dicho que era
una tonterı́a, pero Rensley hizo la pregunta sin ninguna duda.
"¿Está bien que te quedes ası́ hasta que yo te diga que está bien?"
Giselle asintió con calma, ocultando el hecho de que incluso si quisiera
regresar, serı́a difı́cil de inmediato.
“Mi trabajo es sobre todo mentalmente exigente, ası́ que mi cuerpo
inmaduro no supone ningú n problema”.
¿Has comido? Ya casi es la hora de comer.
"Aú n no."
Habı́a olvidado que ya era hora de comer, tan ocupado intentando
corregir su error. Rensley levantó a Giselle y se puso de pie.
Hoy tengo que preparar yo mismo el almuerzo de Su Majestad. He
estado tan ocupado ú ltimamente que solo he cocinado la cena de vez en
cuando, pero nunca me he molestado en preparar el almuerzo.
“Ahora que terminamos de hablar, puedes volver al invernadero si está s
ocupado”.
—No, no. Tenemos que comer de todas formas. Espere un momento.
Hoy prepararé un menú especial para Su Majestad.
***
La noticia de que el cuerpo de Giselle se habı́a encogido rá pidamente se
conoció por todos en el castillo.
Anton, quien acababa de enterarse de la situació n debido a
responsabilidades externas, Frieda, quien se preparaba para partir
hacia el Muro en unas dos semanas, e Yvette, quien recientemente habı́a
estado má s ocupada con diversas reuniones, tenı́an expresiones
peculiares al mirar a Giselle, quien estaba sentada en una silla. Frieda
frunció el ceñ o profundamente.
¿Qué clase de pasatiempo asqueroso es este? Un hombre adulto
hacié ndose pasar por un niñ o. ¿Te apetece presumir ahora?
¿Te parece asqueroso? No te preocupes. Me gusta porque es bonito.
Majestad, no te preocupes. Mientras yo sea feliz, eso es todo lo que
importa.
Rensley se puso del lado de Giselle, abrazá ndola como para protegerla
de los comentarios negativos de Frieda. Rensley era el ú nico que
adoraba a la encogida Giselle y nunca la soltaba de su abrazo. Los
demá s reaccionaron con menos entusiasmo.
Anton añ adió con una sonrisa incó moda.
Seguro que volverá pronto. Debe ser incó modo para é l atender asuntos
de Estado siendo un niñ o.
“Tengo la intenció n de permanecer ası́ todo el tiempo que la Gran
Duquesa desee”.
Anton mantuvo la boca cerrada. Yvette, pariente consanguı́nea de
Rensley, se mostró algo má s comprensiva.
La magia puede hacer muchı́simas cosas. Su Alteza el Gran Duque tiene
fama de ser inaccesible, ası́ que creo que esta podrı́a ser una buena
oportunidad para familiarizarme con é l.
Para un monarca, la intimidad de las masas era una molestia. Giselle ası́
lo pensaba, pero le parecı́a demasiado problemá tico sacarlo a colació n
y continuar con aquella conversació n innecesaria.
Bueno, que todos disfruten. Hoy cociné por primera vez en mucho
tiempo.
Mientras charlá bamos, nos sirvieron la comida. La especialidad de
Rensley: pollo con tomate, una sopa caliente y picante con pimentó n,
verduras escaldadas y patatas asadas, salchichas saladas e incluso un
licor ligero para acompañ ar. Fue un almuerzo sencillo pero
satisfactorio.
Sin embargo, la comida que Giselle tenı́a delante era completamente
distinta a las demá s. Giselle miró ijamente su plato y luego se encontró
con la mirada de Rensley. Rensley sonrió radiante.
Lo preparé por separado. Aunque el contenido siga siendo el mismo, tu
lengua seguirá siendo la de un niñ o, ası́ que la comida que sueles comer
te resultará irritante.
Delante de Giselle habı́a una sopa suave hecha con abundante leche,
huevos cocidos machacados mezclados con salchicha picada y lindas
p y
brochetas de vegetales cultivados en invernadero como tomates,
pimientos, coli lor, berenjenas y aceitunas asadas en palitos de madera.
Parecı́a má s un juguete de colores brillantes que comida. Mientras
Giselle lo observaba con curiosidad, Rensley susurró , entregá ndole un
pequeñ o tazó n de salsa.
“Si terminas, tambié n hay postre”.
Frida, que los estaba observando a ambos, intervino nuevamente como
si no pudiera soportarlo má s.
“De esta manera, no son como un matrimonio, sino como padre e hijo”.
“Al menos llá mame hermano y hermana…”
A pesar de la resistencia impotente de Rensley, el almuerzo comenzó de
todos modos.
Giselle no era precisamente un gourmet. Era una persona a la que no le
importaba la comida, contenta con saciar su hambre sin importarle el
gusto. Pero aun ası́, en secreto tenı́a preferencias y aversiones.
Normalmente, devorarı́a cosas como verduras asadas sin preparació n
especial, mecá nicamente, sin pensarlo dos veces. Pero hoy, de alguna
manera, sabı́a aú n má s delicioso. Rensley explicó , como si le leyera el
pensamiento.
Los niñ os tienen paladares má s sensibles que los adultos. Incluso
alimentos que a los adultos les parecen insı́pidos pueden ser deliciosos
para los niñ os con un poco de cuidado al prepararlos.
“Nunca has criado a un niñ o antes, entonces ¿có mo sabes tanto?”
Dijiste que frecuentabas la cocina a menudo. Hay muchos niñ os en el
palacio, sin importar su estatus social, y los he visto quejarse mucho de
la comida.
Yvette inclinó la cabeza y abrió la boca.
Yo tambié n quiero comer esa cosa tan linda. Brochetas a la parrilla.
No. Esto es solo para niñ os. Preparamos comida aparte para los adultos.
Es fatal. ¿De verdad hay que dividir los gustos por edades? ¿No es
cierto, capitá n?
Anton, que habı́a estado comiendo tranquilamente, dudó ,
aparentemente desconcertado por la repentina pregunta dirigida a é l.
Entonces, en su lugar, Frieda habló .
—Su Majestad, está siendo demasiado indulgente. Que sea un niñ o no
signi ica que deba prepararse comidas especiales. Su Majestad, yo
tambié n crecı́ comiendo lo mismo que mis padres.
No. Apuesto a que los chefs reales pusieron especial cuidado en
prepararlo. La princesa simplemente no lo sabe.
Incluso si el chef real de la é poca hubiera prestado atenció n, es poco
probable que hubiera hecho una gran diferencia. Mientras los adultos
se enfrascaban en conversaciones improductivas, la joven Giselle comı́a
en silencio la comida que le ofrecı́an. Rensley le hizo una pregunta.
“Su Majestad, ¿le gustarı́a comer su propia comida?”
Giselle asintió en silencio. Cuando Rensley sonrió ampliamente y le
acarició la mejilla regordeta, Frieda volvió a quejarse.
—Es absolutamente repugnante, ¿verdad, Anton?
“Ah… ¿Te sientes incó moda?”
El primo del Archiduque era alguien a quien no le importaban cosas
como la impiedad incluso ante el monarca, pero como Comandante
Anton, no podı́a tomar partido y se quedó sin palabras para responder.
Frida se portaba extrañ amente malhumorada con Giselle hoy, casi como
si estuviera celosa. Al principio, Rensley se quedó perpleja, pero no
tardó mucho en entender por qué .
-Seguro que la princesa tambié n quiere quejarse.
Se acerca el dı́a de partir hacia el Muro. Que me haya ofrecido a asumir
esta carga no signi ica que no le temeré al invierno que se acerca. La
gente del Norte experimenta este ciclo de estaciones a lo largo de su
vida.
'Estarı́a bien si el capitá n pudiera estar un poco má s relajado'.
El decidido y fuerte Comandante de los Caballeros, Anton Sorel, era un
holgazá n total con las mujeres. Era un hombre con un fuerte sentido de
la responsabilidad, por lo que no se involucrarı́a a la ligera en una
relació n con una mujer que mostrara interé s en é l. Habiendo estado
comprometido una vez y teniendo un estatus social diferente, era
natural que fuera cauteloso con alguien.
¿Pero no serı́a mejor para todos si Frieda e Yvette recibieran el mismo
trato que los Caballeros y se les brindara la misma comodidad? Rensley
negó con la cabeza para sus adentros.
El grupo, que inalmente se habı́a reunido para almorzar, dio un paseo
por el patio para disfrutar del sol del mediodı́a. Frida sonrió al ver a su
primo y a su hermana menor caminar delante.
"Es agradable ver a la Princesa Yvette aquı́ con nosotros. Estoy seguro
de que Su Majestad se sentirá menos sola".
“La princesa Yvette puede abandonar Loudken”.
Los ojos de Frida se abrieron ante la respuesta de Anton.
¿En serio? En lugar de salir a hacer recados como la ú ltima vez, ¿de
verdad…?
Está considerando regresar al Imperio para un puesto má s alto. Volverá
si es necesario, pero por ahora. Tambié n necesita vigilar los
movimientos de Cornia, ası́ que parece estar discutié ndolo con ambas
Altezas.
Frida asintió como si entendiera.
—Sı́… Si no te has establecido en Oldenland como Su Majestad, y no hay
otras circunstancias, no hay necesidad de pasar el invierno en el norte.
Ella murmuraba para sı́ misma, luego cerró la boca como si dudara por
un momento antes de volver a mirar a Anton.
Pero es un poco sorprendente. Creı́ que la princesa sentı́a algo por ti.
"¿Es eso ası́?"
La princesa Yvette no es mala opció n. Puede que su posició n en su paı́s
sea dé bil, pero sus habilidades son só lidas y, sobre todo, ha llamado la
atenció n del Emperador. En lugar de dejarla marchar, ¿no deberı́as
adoptar una actitud má s proactiva?
“Probablemente no era el tipo de afecto en el que estabas pensando”.
Tu padre se preocupa mucho, aunque no dice nada. El hijo mayor de la
familia no puede pasar tiempo solo para siempre.
Anton lo siguió en silencio, medio paso detrá s de Frida. Frida tambié n
guardó silencio un momento, pero esta vez fue ella quien habló
primero.
Fue mi culpa que rompié ramos el compromiso, ası́ que no hay
necesidad de obedecer. Si es necesario, cá sense primero.
No me malinterpreten. Ası́ como la princesa está en las murallas por el
bienestar de Oldenland, yo tambié n deseo cumplir mi rol como
Caballero Comendador por ahora.
“…El invierno seguirá llegando, ası́ que tendrá s que encontrar el
momento adecuado para ti”.
"Es solo autosatisfacció n para satisfacer mi lealtad. No te preocupes por
mı́."
Frida no volvió a abrir la boca. La comisura de su rostro, que momentos
antes sonreı́a, ahora tenı́a una sonrisa extrañ amente sombrı́a y amarga.
Anton no era la excepció n. Una a una, las hojas de colores caı́an de los
á rboles que adornaban el patio.
***
Giselle, cuya mente seguı́a igual pero cuyo cuerpo se habı́a vuelto como
el de una niñ a, empezó a sentirse cansada despué s del almuerzo. A
pesar de dormir siempre tarde y despertarse temprano por falta de
sueñ o, estaba perfectamente bien.
Ver a Giselle Givendard dormitando, incapaz de soportar la
somnolencia, me hizo reı́r. Rensley la levantó , le dio unas palmaditas en
la espalda y le cantó la canció n de cuna de Cornia. El rostro de Giselle se
endureció al ser tratada como una niñ a. Al principio, le habı́a pedido
solemnemente que la bajara, pero ahora se estaba quedando dormida
con los ojos cerrados.
"Su Alteza, tenemos un invitado. He oı́do que hay una audiencia
concertada."
"¿cliente?"
“Eres un joven maestro que nos visita a menudo”.
Ante las palabras del sirviente, los ojos de Rensley se abrieron de par en
par.
Pasar tiempo con la ahora joven Giselle le devolvió una promesa
olvidada. Rensley asintió , sorprendido.
“Llé vame aquı́ rá pido.”
El sirviente asintió y se marchó a toda prisa, regresando un momento
despué s con el invitado de hoy. El niñ o, que aparentaba unos diez añ os,
le sonrió ampliamente y lo saludó con la gracia y elegancia de un
prı́ncipe. Rensley tambié n sonrió , dá ndole la bienvenida al niñ o que
ahora viene solo de visita ocasionalmente.
Bienvenido, Oron. ¿Có mo está tu madre?
Sı́. No pudo venir conmigo hoy porque tenı́a algo que hacer. Pero no
pasa nada, ya puedo ir sola.
¿Sabes có mo está Amin? Envı́a cartas de vez en cuando, pero hace
tiempo que no lo veo.
Lo conocı́ en la escuela hace un tiempo. Dijo que estudiaba mucho. Pero
se peleó con sus compañ eros de dormitorio, ası́ que creo que escribió
una carta de re lexió n.
Oron respondió con seriedad, pero sus ojos estaban ijos en el niñ o en
sus brazos, no en Rensley.
Giselle, a quien creı́an dormida, abrió los ojos al oı́r al invitado y miró a
Oron. Rensley sonrió juguetonamente y la cargó en brazos.
“¿Sabes quié n es?”
"…Bueno……."
Oron preguntó con una expresió n ligeramente ansiosa en su rostro.
“Lensley, ¿tuviste un hijo mientras tanto?”
Ante las palabras completamente inesperadas, Rensley parpadeó , luego
se rió y acarició suavemente la cabeza de Oron.
“Los hombres no pueden tener hijos”.
—Eso no es cierto. Mi madre dijo que, si querı́a, podı́a tener hijos de
cualquier sexo.
Eso es porque tú y tu madre son seres divinos. Los humanos somos
diferentes. Incluso si tuvieras un hijo, ese niñ o no habrı́a crecido ası́ ya.
La expresió n de Oron se tornó agria, pero no se molestó en discutir má s
con Rensley. Habiendo estado rodeado de humanos desde joven, sabı́a
que ni siquiera esas palabras le habrı́an hecho caso.
Giselle no participó en la conversació n, sino que miró a Oron con una
expresió n vacı́a. A medida que continuaba, el rostro de Oron se tornó
cada vez má s hosco, hasta que su saludo inicial, maduro, se volvió tan
sombrı́o que pareció insigni icante. Rensley bajó la cabeza ligeramente.
"¿Qué pasa, Oron? ¿Qué pasa?"
"Por favor, abrá zame tambié n. Cuando vengas a visitar a Rensley, ¡se
supone que solo debes jugar conmigo! ¿Quié n es?"
Cuando Oron extendió los brazos y montó en có lera, Rensley abrió los
ojos de par en par, confundido. Pero Giselle, aú n con el reloj en la mano,
simplemente miró ijamente a Oron, quien temblaba a sus pies.
En un giro inesperado de los acontecimientos, Rensley inalmente
decidió dejar a Giselle y le susurró al oı́do.
—Su Majestad, ahora la llevaré . Oron debı́a visitarnos hoy, pero las
circunstancias me obligaron a olvidarlo. Si desea tomar una siesta,
¿quiere que la lleve a su cama?
"No me gusta."
"¿Sı́?"
"¿No podemos seguir hablando ası́? No tienes que abrazar al otro niñ o."
“Oh, pero Oron es realmente un niñ o, y Su Majestad……”
En té rminos humanos, ¿no tienes ya unos diez añ os? Ya pasaste la edad
en la que puedes pedirle a otros que te carguen.
¿Acaso ser estricto con las travesuras de los demá s no era solo un rasgo
de la princesa Frieda, sino de todo el clan Zibendad? Rensley se quedó
boquiabierto, luego suspiró y se sentó en el largo silló n.
Como puedes ver, hoy tengo a otro amigo conmigo, ası́ que supongo que
tendremos que pasar tiempo juntos. Originalmente tenı́a planes
contigo, pero de repente estoy a cargo de esta persona.
“…¿Vas a seguir viviendo aquı́?”
—No. Un momento.
¿Dó nde está el Archiduque? ¿Está otra vez en el laboratorio?
—Ah, es cierto. Hoy tambié n estoy en el laboratorio.
Explicar que ese niñ o no era otro que el Archiduque Gisel solo
prolongarı́a la confusió n, ası́ que intentó explicarlo. Rensley sostuvo a
Gisel en un brazo, extendió el otro y llamó a Oron.
Ven a sentarte. Hace má s frı́o, ası́ que en vez de salir hoy, ¿por qué no
nos quedamos aquı́ a charlar?
No sé lo que es tener frı́o. Quiero jugar al escondite con Rensley.
Tambié n me gusta jugar a la pelota.
Oron refunfuñ ó mientras se sentaba junto a Rensley. Rensley rodeó los
hombros de Oron con un brazo y abrazó al niñ o.
Oron y Giselle se miraron ijamente, fulminá ndose con la mirada. Oron
extendió la mano y le dio un codazo en la pierna a Giselle, lo que hizo
que esta frunciera el ceñ o. Una nuez del tamañ o del puñ o de un niñ o
que estaba en la mesita de noche salió volando de repente, golpeó la
frente de Oron y rodó al suelo.
"¡Ay!"
"majestad."
Rensley susurró una reprimenda, pero Giselle, con expresió n brusca,
ingió no darse cuenta. Cuesta creer que solo se hubiera convertido
fı́sicamente en una niñ a. "¡Ay!", rio Rensley y abrazó a las dos niñ as.
—Ya basta, los dos. Deberı́an llevarse bien. Ah, ahora está n solos, pero
puede que tengan un hermano menor má s adelante.
“Lensley, me siento mal aquı́.”
Oron no perdió un segundo para hacer pucheros y bromear. Rensley
acercó sus labios a la frente de Oron y sopló sobre é l: "¡Guau, guau!".
—No te dolerá si lo haces ası́. ¿No es fuerte Oron?
Rensley se puso de pie, sosteniendo a Giselle y Oron en cada brazo.
Cuando Rensley salió de la habitació n con sus dos hijos en brazos, la
atenció n de todos se centró al instante en esta inusual imagen. Era una
escena que se creı́a imposible presenciar en Loudken, ya que los
actuales Grandes Duques nunca tendrı́an hijos, pero era una escena
montada, aunque super icial.
Rensley, que conocı́a la mirada, sonrió con amargura para sus adentros
y salió al jardı́n. El jardı́n este del Castillo de Loudken era tan extenso
como un bosque. Habı́a llegado el otoñ o y todas las lores habı́an caı́do,
pero las hojas coloridas aú n persistı́an, embelleciendo el jardı́n.
Rensley hizo que los sirvientes que seguı́an al Gran Duque y la Duquesa
esperaran a una distancia apropiada y se preparó para jugar con los
niñ os.
—Su Majestad, ¿se encuentra bien? A Oron le gusta este tipo de juego,
pero probablemente no sea divertido para usted. Si desea descansar,
por favor, há galo.
No pasa nada. Como tenemos invitados, los trataremos como
corresponde.
Parecı́a que no consideraba a Oron un invitado en absoluto. Al ver su
hostilidad, Rensley, quien habı́a menospreciado a Oron, le susurró al
oı́do con preocupació n.
¿Por qué eres tan malo con el niñ o? No eres lo su icientemente maduro.
“No puedo ser feliz cuando sigues diciendo que será s mi segundo
compañ ero”.
Eso es lo que se dice de joven. Los niñ os suelen decir cosas ası́. De
joven, les propuse matrimonio a todas las doncellas del palacio.
“Son diferentes de los niñ os humanos, por lo que crecerá n y será n
irreconocibles en tan solo unos añ os”.
Normalmente, é l simplemente fruncirı́a el ceñ o o fruncirı́a levemente el
ceñ o cuando viera a Oron decir esas cosas, pero ahora que era un niñ o,
parecı́a querer desahogar su ira a su antojo.
—Bueno... ¿no es tierno ser sincero y quejarse? —Rensley se rió entre
dientes y dejó a Giselle en el suelo.
¡Entonces empecemos con las escondidas! Contaré hasta 30, ası́ que
ambos tienen que esconderse bien. Si los atrapan, el siguiente será el
que sea atrapado.
Rensley se apoyó en el tronco de un á rbol alto, hundió la cara en é l y
empezó a recitar nú meros en voz alta. Oron huyó rá pidamente,
mientras Giselle, que rara vez habı́a jugado a este juego, se quedó allı́
ató nita, volteá ndose solo cuando Rensley contó hasta cinco.
En el jardı́n de Laudken, el otoñ o habı́a llegado y el verde escaseaba.
Hojas rojas y amarillas colgaban profusamente de cada rama,
susurrando con cada rá faga de viento. Doce, trece... La voz de Rensley,
que contaba, se hacı́a distante.
Giselle corrió entre las hojas revoloteando, pisando las hojas caı́das que
ya se habı́an amontonado. Pasó junto a una larga valla de madera y una
puerta de piedra ornamental. Hacı́a mucho que no corrı́a tan rá pido
que se quedaba sin aliento. El aire fresco y refrescante le rozó las
mejillas y el cabello, le entró por la nariz y la boca, y pareció limpiarle el
pecho.
Esconderse de Giselle era sencillo. Sin tener que correr sin aliento,
podı́a esconderse justo detrá s de Rensley y evitar que la encontrara.
Pero quizá s usar magia en los juegos infantiles iba contra las reglas.
Como con todo, Giselle respetaba las reglas del juego. Corrió con
honestidad, moviendo las piernas, hasta que inalmente encontró un
espacio adecuado y se detuvo. Era una cueva, formada naturalmente en
un tronco grande y viejo. Lo su icientemente grande como para que un
niñ o se escondiera.
Giselle se metió a rastras. El interior estaba cá lido, protegido del viento
frı́o, y el suelo estaba cubierto de hojas secas. El tronco del viejo á rbol
parecı́a grueso y robusto, pero estaba prá cticamente hueco, lo que
permitı́a que la luz del sol que entraba a raudales penetrara hasta el
suelo.
Sentı́ como si estuviera mirando hacia arriba desde el interior de un
pozo. Unas ardillas y un par de polillas, ingiendo estar en la corteza,
huyeron hacia arriba, asustadas por la intrusió n del intruso.
¿Habı́a un lugar como este en los jardines de este castillo? ¿Me llegaban
estas vistas, este aire y estos sonidos cada otoñ o?
Era el Castillo de Loudken, donde habı́a vivido como atrapada, sin
haberse aventurado lejos desde su nacimiento. Pero Giselle, como una
invitada que visita un espacio completamente nuevo, observaba con
extrañ eza las hojas caı́das y los viejos troncos apilados a sus pies.
Inhaló lenta y profundamente el aire otoñ al que luı́a a su alrededor
como agua cristalina.
¡30! ¡Lista o no, te encontraré !
La voz de Rensley resonó a lo lejos. A pesar del propó sito del juego, a
Giselle no le preocupaba en absoluto que el etiquetador la encontrara.
Se paró dentro de la cueva del á rbol y se sentó sobre un montó n de
hojas caı́das. Las hojas, aú n frescas y no del todo marchitas, eran suaves
como almohadas y olı́an a otoñ o.
"¿Dó nde está s? ¡Te encontraré pronto!", murmuró Rensley, intentando
que sonara como un chillido, y el canto de los pá jaros resonó
alegremente.
Fue el jardı́n el que me siguió de repente mientras intentaba echarme
una siesta. Mientras esperaba en silencio a que Rensley me encontrara,
Giselle intentó levantar sus pá rpados caı́dos, pero pronto, aturdida, se
acurrucó sobre un montó n de hojas caı́das y se cubrió con su capa.
¿Quizá s me estaba escondiendo demasiado para que me encontraran?
Me lo pregunté brevemente, pero luego me asaltó la idea de que eso no
sucederı́a. No tardé en quedarme medio dormido.
“Lo encontré .”
¿Cuá nto tiempo llevaba dormido? Al oı́r una voz mezclada con risas,
Giselle abrió los ojos.
Rensley se inclinó y miró dentro de la cueva.
—Su Majestad, está aquı́. ¿Tiene mucho sueñ o?
“…….”
"Es demasiado estrecho para que quepa. Está bien."
Rensley estiró ambos brazos hacia la cueva. Giselle, aú n inmó vil, quizá
medio dormida, observaba ijamente a quien habı́a venido a verla.
Sus ojos se entrecerraron, como si estuvieran deslumbrados por la luz
del sol que se iltraba a travé s de los troncos de los á rboles.
—Vamos. Te vas a enfriar si te quedas aquı́ mucho tiempo.
Al no responder de inmediato, Rensley lo instó de nuevo. Giselle
extendió lentamente la mano, y una mano cá lida tomó la suya,
guiá ndolo con suavidad afuera.
Rensley abrazó a Giselle de inmediato. Se rió entre dientes, frotando su
mejilla contra la de Giselle, que se habı́a enfriado un poco.
¿Có mo se te ocurrió esconderte en un lugar como este? Eres tan
adorable. Parecı́as un osezno de verdad hibernando.
Giselle, aú n medio dormida, apoyó la cara en el hombro de Rensley en
lugar de responder. Rensley, con el pequeñ o Archiduque en brazos,
siguió caminando con di icultad, alzando la voz de nuevo.
—¡Oh! Ahora que ya has encontrado a Su Alteza, tendremos que elegir
un nuevo escudero.
“Rensley se esconde tan bien que es difı́cil encontrarlo”.
Las quejas de Oron perturbaron menos a Giselle que antes. Se apartó
silenciosamente del abrazo de Rensley, jugó a lanzar piedras con Oron y
observó a Rensley trepar a un á rbol como una ardilla voladora para
esconderse, admirá ndola en silencio.
Tras unas cuantas rondas de escondite, intercambiando roles, el cielo se
oscureció . De vuelta en el castillo, los tres se sentaron uno junto al otro
en el largo silló n, cada uno ocupando la cintura y los brazos de Rensley.
Rensley se ofreció a contar una historia.
¿Qué historia te cuento? A Oron le aburren las historias de fantasmas,
como las que les gustan a otros niñ os...
Por favor, continú a la historia que me contabas antes. Me contaste
sobre un prı́ncipe con un prometido y una doncella con un prometido
que se enamoraron de forma prohibida.
Ante esas palabras, Giselle miró a Rensley en silencio.
¿Qué le has dicho ya al niñ o?
“Mientras hablá bamos, simplemente luyó ası́…”
Rensley parecı́a avergonzado y evitó la mirada de Giselle, pero solo por
un instante. Con los dos niñ os en brazos, sonrió y empezó a contar lo
que se le ocurrı́a.
Era una historia trivial, inventada a toda prisa, y debió de ser aburrida
para Giselle, quien aú n era una niñ a solo en el cuerpo. Pero si de verdad
era aburrida, podı́a simplemente quedarse dormida. Pensaba dejar eso
a la tolerancia de la adulta. Sin embargo, Giselle no mostró ningú n signo
de aburrimiento y escuchó atentamente el inal del relato inventado y
cautivador de Rensley.
Como un lado dormı́a má s, las noches del Gran Duque y la Duquesa
tambié n llegaban má s temprano de lo habitual.
Acostado en la misma cama de siempre, Rensley extendió la mano hacia
Giselle para apoyarla. Apoyando su cabecita en su brazo, lo abrazó con
fuerza, besando sus suaves mejillas alternativamente y sonriendo.
“Si alguien que no me conoce me ve, probablemente só lo me verá como
un padre que pone a dormir a su hijo”.
“De initivamente se siente un poco incó modo ser má s pequeñ o que tú ”.
“Aun ası́, ¿parece que lo está s disfrutando lo su iciente?”
¿Qué opinas? ¿Deberı́amos volver a como eran las cosas?
Ante esas palabras, Rensley suspiró , pensó por un momento y luego
preguntó .
“Si regresas, ¿podrá s volver a ser un niñ o si lo deseas?”
Es imposible. Es la ú nica vez.
"¿Es ası́?"
Rensley meneó la cabeza como si no fuera necesario pensar má s en ello.
Si no hay má s problemas, ¡qué date ası́ un poco má s! Dijiste que solo
serı́a esta vez, pero si es posible, quiero verte ası́ hasta que te canses. Te
diré cuá ndo quieres volver.
“Te gustan los niñ os.”
“Su Majestad, ¿no le gusta?”
No me gusta ni me disgusta. Sin embargo, creo que deben ser
protegidos y educados, ya que son quienes continuará n el legado de
Oldenland.
"Solo pensar en eso es su iciente para un adulto. Ahora, Su Majestad,
por favor, bé same tambié n."
Giselle besó a Rensley en la mejilla. Rensley sonrió y le dio una
palmadita en la espalda para arrullarla. Probablemente estaba bastante
dormida, pues se habı́a perdido una siesta por la visita de Oron.
“¿Te divertiste hoy?”
“…Era un lugar por el que siempre pasaba, pero me sentı́a como si
estuviera en un lugar completamente diferente, ası́ que fue increı́ble”.
“Me alegro que lo hayas disfrutado.”
Giselle se quedó en silencio por un momento, luego se encontró con la
mirada de Rensley.
“A veces cuando estoy contigo todo se siente nuevo.”
Los ojos de Rensley se abrieron levemente ante esas palabras y luego
sonrió .
"Eso está bien. Yo tambié n."
Normalmente, serı́a el momento del dı́a en que nos quitá bamos toda la
ropa que nos habı́a envuelto con tanta fuerza durante el dı́a y
dejá bamos que nuestras manos y labios recorrieran las sombras que la
luz de la chimenea proyectaba sobre nuestra piel desnuda. Nos
besá bamos, nos lamı́amos las entrañ as y nos calentá bamos el cuerpo
hasta que nuestras mejillas y orejas se enrojecı́an, perladas de sudor,
desa iando el frı́o.
Pero hoy, el dormitorio estaba cá lido, tranquilo y silencioso. Giselle, que
habı́a estado correteando con la brisa otoñ al, se durmió má s rá pido de
lo habitual, y Rensley, que yacı́a a su lado, acariciando su suave cabello
negro, tambié n cerró los ojos, como si la hubiera contagiado un sueñ o
temprano.
Niñ o, niñ o… …. Sin rumbo, sin propó sito, sin saber por qué , me repetı́a
esas palabras como una canció n de cuna, y luego perdı́ el conocimiento.
***
Ha pasado má s de una semana desde que el cuerpo de Giselle se
convirtió en una niñ a.
El monarca del Norte era conocido por su excentricidad, dispuesto a
emplear cualquier medio necesario para su investigació n má gica, por lo
que a nadie le extrañ ó que el "experimento" de Giselle se prolongara.
Aunque su cuerpo se habı́a convertido en el de un niñ o, sus poderosos
poderes má gicos y su mente aguda permanecieron intactos, por lo que
no tuvo problemas particulares para gobernar su paı́s ni para seguir
con su vida cotidiana.
Durante un breve, aunque algo largo, perı́odo, Giselle se adaptó
plenamente a la vida de niñ a. Incluso al discutir asuntos polı́ticos con
sus ministros en el estudio, se aferraba irmemente al abrazo de la
archiduquesa, donde normalmente se sentaba a su lado. Se contentaba
con las comidas especiales y los postres dulces que preparaba su
compañ era, a veces sentá ndose en su regazo para comer y,
ocasionalmente, picando en su cama.
Incluso en momentos en que normalmente habrı́a salido a pasear
tranquilamente, Rensley llevaba a Giselle al hombro y corrı́a, mientras
Giselle y su compañ era desa iaban el viento gé lido, cuidando a los
animales en la perrera o jugando a la pelota. Luego, de vuelta en su
habitació n, cuando la Archiduquesa de vez en cuando trenzaba o ataba
una cinta a su largo cabello, Rensley se sentaba en silencio, recibiendo
su cariñ o. Incluso durante el dı́a, cuando tenı́a sueñ o, dormı́a en sus
brazos. Cuando Frieda la insistı́a para que volviera a ser la de siempre,
Rensley escuchaba con un oı́do y lo dejaba salir por el otro.
La frase "solo mientras sea niñ a" hacı́a que Giselle se sintiera má s
perezosa que nunca. Le encantaba sentarse en un sitio, a menudo
encerrado en su estudio, ası́ que nunca parecı́a diligente a los demá s.
Pero Giselle Zibendad siempre habı́a vivido con sus propias reglas. Sin
embargo, durante los ú ltimos diez dı́as, las habı́a ido rompiendo poco a
poco, saboreando la dulzura de la pereza.
Era una tarde, despué s de que todos los asuntos de estado hubieran
terminado y la cena hubiera terminado. Normalmente, estarı́a sentada
sola en su escritorio, leyendo un libro. Hoy tambié n, Giselle leı́a un libro
difı́cil en su estudio, pero era diferente en los brazos de Rensley.
Mientras Giselle leı́a su investigació n, Rensley pasaba lentamente las
pá ginas de una novela que habı́a traı́do de la biblioteca. Las dos estaban
absortas en un momento de verdadera paz.
En una noche como aquella, la visita del mago Larkov fue inesperada.
Rensley cerró su libro y lo saludó .
—Larkoff, hace tiempo que no te veo. ¿Qué te trae por aquı́ a estas
horas?
Justo cuando Larkov estaba a punto de responder, Giselle levantó su
pequeñ a mano, interrumpiendo la conversació n. Levantó la cabeza,
miró a Rensley a los ojos y habló .
“Su Majestad, ¿podrı́a hacerse a un lado por un momento?”
¿Qué pasa? ¿Tienes algo que decirme en privado despué s de echarme?
Rensley sonrió y besó a Giselle en los labios. Incluso un beso breve
entre una pareja casada serı́a su iciente para incomodar al espectador,
pero ahora era solo un adulto besando a una niñ a, ası́ que Larkov los
miró con indiferencia.
“Entonces volveré primero al dormitorio”.
"Estoy descansando."
Larkov saludó a Rensley mientras se levantaba de su asiento.
“Pido la comprensió n de Su Majestad, ya que la conversació n con Su
Alteza el Gran Duque probablemente será larga”.
—Planeas quedarte despierto toda la noche otra vez para hablar de
magia difı́cil, ¿verdad? Lo entiendo.
Despué s de que Rensley terminó de saludar y salió del estudio, y el
sonido de sus pasos se desvaneció , Giselle inalmente sostuvo la mirada
de Larkov, como para invitarlo a hablar. La historia que Larkov le contó
fue la esperada.
“Su Majestad, inalmente he completado la té cnica para restaurarlo a su
forma original”.
Giselle, sorprendentemente, no reaccionó a los resultados que los
magos habı́an trabajado con tanto esfuerzo tras varias noches.
Preguntó con cierta indiferencia.
"¿Está seguro?"
Si hubiera sido resultado de brujerı́a, no habrı́a sido posible
solucionarlo tan rá pido. Pero afortunadamente, fue una situació n
inesperada causada por un error, ası́ que creo que puedo solucionarlo.
Llevo bastante tiempo estudiando magia, pero es la primera vez que me
pasa algo ası́.
Gizel hojeó el extenso informe que Larkov habı́a traı́do, hojeá ndolo con
sus pequeñ as manos. Los magos lo habı́an organizado, pero los
cimientos de la magia de restauració n se diseñ aron en gran medida
bajo el liderazgo de Gizel. Con solo un vistazo, estaba lista.
Una vez que lo hayas con irmado, prué balo de inmediato. Los magos
siguen esperando y no regresan.
Ya es tarde hoy. No hay nada particularmente inconveniente, ası́ que
elijamos un dı́a adecuado en los pró ximos dı́as y practiquemos.
Larkov parpadeó sorprendido ante la respuesta.
Dicen que la magia luye con má s luidez por la noche, ¿no? La hora
tardı́a realza la perfecció n del ritual.
“Lo decidiré por mi cuenta”.
La voz de Giselle, como dicié ndole que no inter iriera má s, era como la
de una niñ a pequeñ a, pero la determinació n en su interior permaneció
inalterada.
Larkov se encogió de hombros e inclinó ligeramente la cabeza mientras
daba un paso atrá s.
Entendido. Si necesitas mi ayuda o la de cualquier otro mago, por favor,
há zmelo saber.
Giselle asintió y cerró el informe que detallaba la magia de
restauració n. No era de los que repetı́an el mismo error, ası́ que la
probabilidad de que el ritual fallara era mı́nima.
Podrı́a volver ahora mismo, pero no quiero. Al principio, querı́a volver a
mi estado original lo antes posible...
Si no hay má s problemas, ¡qué date ası́ un poco má s! Dijiste que solo
serı́a esta vez, pero si es posible, quiero verte ası́ hasta que te canses. Te
diré cuá ndo quieres volver.
Rensley aú n no habı́a pedido volver a su forma original. La
Archiduquesa estaba profundamente complacida con la joven Giselle, a
quien no volverı́a a ver a su regreso.
A Giselle tampoco le disgustaba có mo habı́an ido las cosas estos ú ltimos
dı́as. Incluso de niñ o, nunca se habı́a quedado dormido en brazos de
nadie, rara vez oı́a una voz contá ndole un cuento hasta altas horas de la
noche o sentı́a labios en su mejilla.
No hubo muchas veces en las que me topé con el viento frı́o, y hubo
muchas personas que inclinaron sus cabezas frente a mı́, pero no se
agacharon para hacer contacto visual, escuchar mis historias o jugar
conmigo.
Por supuesto, nunca me he arrepentido de no haber tenido esa
experiencia. Si no hubiera sido por Rensley, no habrı́a sentido este
consuelo.
Pero Giselle, ahora de vuelta en el tiempo, se mantuvo iel a sus deseos
de infancia. Dormı́a cuando querı́a, jugaba cuando querı́a, comı́a dulces
con má s frecuencia de lo habitual y recibı́a los besos de la
Archiduquesa, que daba sin vacilar, incluso en pú blico.
En realidad, Giselle Zibendard solo habı́a crecido fı́sicamente, ası́ que ya
no necesitaba tiempo para jugar. Sin embargo, Rensley, como si fuera
algo natural, le asignó ese tiempo a Su Alteza, y Giselle, sin rechistar, se
con ió al cuidado de la Archiduquesa, quien jugaba con ella como si
fuera una niñ a de verdad.
Sı́, Rensley no era el ú nico que no estaba cansado de esta situació n.
Giselle tambié n anhelaba disfrutar de ese privilegio por tiempo
limitado el mayor tiempo posible. Incluso de adulta, sentı́a el amor
inmenso de Rensley, pero la actitud de este hacia sus hijos era, de
alguna manera, aú n má s cariñ osa, tierna y desinhibida. Cada dı́a, con
solo respirar, sentı́a como si estuviera sorbiendo constantemente algo
dulce, como un pastel de miel o un pastel con compota de fruta.
Aunque dure má s, solo durará dos o tres dı́as. No habrá problema si lo
disfrutamos un poco má s. Sobre todo, Rensley aú n no se ha cansado de
esta situació n.
'Ahora que lo pienso.'
Giselle metió la mano en su bolsillo delantero y sacó el espejo de mano
que siempre habı́a llevado consigo desde que era niñ a.
Desde que eran niñ os, han estado literalmente pegados el uno al otro
todo el dı́a. Normalmente, despué s de asistir a asambleas y desayunos
juntos, recibı́an a los invitados y pasaban un rato a solas. Pero ahora,
Rensley se encargaba personalmente de la merienda y las comidas de
Giselle, e incluso compartı́a siestas, juegos y lectura con ella. Era má s
como un padre y una hija que como una pareja amorosa.
Giselle, como si estuviera de vacaciones, habı́a estado visitando el
laboratorio con menos frecuencia, por lo que Rensley rara vez habı́a
estado solo ú ltimamente. Curiosa por saber qué harı́a Rensley con su
primera oportunidad de estar solo, Giselle, por costumbre, sacó un
espejo.
Al pasar la mano por el cristal, este no re lejó la escena ante é l, sino a la
persona que el hechicero buscaba. Rensley, iel a su palabra, habı́a
regresado a su dormitorio. Aú n era demasiado temprano para
acostarse, ası́ que supuse que estarı́a terminando su libro o, como a
veces hacı́a, tomando té con alcohol frente a la chimenea. Pero ya
estaba acostado.
No parecı́a tener sueñ o. Ademá s, a pesar de su aparente deseo de
dormir, las luces y las velas del dormitorio permanecı́an encendidas, lo
que le dejaba una extrañ a sensació n de incomodidad. Giselle frunció el
ceñ o ligeramente y se miró má s de cerca en el espejo.
Luego se transmitió la voz de Rensley.
- … Eh, ah… … .
Era una voz dé bil pero clara.
Una voz tan familiar al oı́do que era imposible confundir lo que Rensley
estaba haciendo en ese momento.
Giselle se miraba ijamente al espejo. A diferencia de Giselle, paralizada
como una estatua, Rensley, en el espejo, estaba cada vez má s ocupado.
- Hmm, jajaja… … .
Nunca sospeché nada, pero fue instintivo mirar a su alrededor. Pero no
habı́a rastro de nadie má s en el dormitorio.
Solo. Rensley Mallorsen yacı́a solo en la cama. Se habı́a quitado la bata
que llevaba en su estudio y solo llevaba una camisa holgada y suave. Era
una camisa que conocı́a, una que Giselle habı́a enrollado incontables
veces o metido la mano para palparla.
Una de las manos de Rensley estaba debajo de mi ropa. Incluso debajo
de la tela, podı́a ver claramente su mano toqueteando mi pecho. Su otra
mano no se veı́a debajo de mis pantalones, pero parecı́a estar tocando
mi parte delantera, con la muñ eca justo por encima de la cintura.
Rensley jadeaba suavemente y gemı́a de vez en cuando, incapaz de
contenerse. Se frotaba la piel, intentando generar calor. Incluso en la
habitació n vacı́a, se sonrojó ligeramente, avergonzada por sus acciones,
y apartó la mirada, evitando cualquier mirada.
Giselle observó la escena sin pestañ ear. Rensley, que habı́a estado
metiendo la mano en sus pantalones, inalmente se los quitó por
completo y los apartó , aparentemente incapaz de moverse. Sus piernas
desnudas e incluso sus genitales, que Rensley sostenı́a en su mano bajo
su camisa blanca, eran claramente visibles. El miembro erecto y rojo
que se alzaba entre sus muslos blancos era particularmente llamativo.
Lensley abrió las piernas y me miró , acariciando mi pene erecto. Estaba
hinchado y tenso, como a punto de eyacular en cualquier momento,
pero incluso con un roce bastante brusco, se mantuvo en su posició n
sin alcanzar el clı́max fá cilmente.
Rensley dejó escapar un suspiro lastimero. Incluso a travé s del espejo,
su aliento era hú medo. Me miró ijamente los genitales y luego deslizó
lentamente la mano hasta tocarme el perineo. Sus movimientos
parecı́an vacilantes. Entonces, con el rostro ligeramente lloroso,
susurró con voz desesperada.
- majestad…….
Antes de que los labios de Rensley pudieran cerrarse, Giselle se puso de
pie como si de repente hubiera despertado de su pará lisis e
inmediatamente activó su magia de teletransportació n.
Varias personas que aú n no habı́an salido del laboratorio se giraron al
ver aparecer repentinamente a la pequeñ a Giselle. Larkov se acercó .
“Su Majestad, ¿qué ocurre?”
“Voy a probar la té cnica de restauració n ahora mismo”.
¿Eh? Acabas de decir que ya era demasiado tarde.
No hay tiempo para charlas triviales. Se acaba el tiempo, ası́ que date
prisa.
Incluso disfrazada de niñ a, la insistencia de Giselle era tan aguda como
la escarcha. Los magos restantes, presentiendo que algo urgente habı́a
surgido, se dedicaron a realizar magia en lugar de hacer má s preguntas.
Naturalmente, ya habı́a terminado los preparativos, sabiendo que se
realizarı́a hoy, ası́ que los preparativos se hicieron rá pidamente. Giselle
se paró en el centro del cı́rculo má gico, cerró los ojos y comenzó a
recitar el hechizo. Los demá s magos tambié n ocuparon sus posiciones
asignadas y recitaron el hechizo.
El cı́rculo má gico, de compleja construcció n, empezó a brillar desde los
extremos. Las voces que recitaban el hechizo se hicieron má s fuertes.
***
¿Qué pasarı́a si un joven que solı́a tener relaciones sexuales dos o tres
veces al dı́a no pudiera tener ninguna actividad sexual durante má s de
una semana?
No es raro que alguien decida masturbarse durante un raro momento
de soledad.
No lo habı́a planeado desde el principio, pero al pasar un tiempo a solas
en la tranquilidad de mi habitació n, mis deseos ocultos se manifestaron.
No podı́a evitarlo, considerando que aú n estaba en la lor de la vida. No
era algo que pudiera hacer, como pedirle a Giselle que volviera a su
forma adulta. Podrı́a haber aprovechado el tiempo libre y resolverlo por
mi cuenta.
Con esa simpleza en sus pensamientos, Rensley jadeó al sentir su
perineo, ahora caliente. La masturbació n habitual, que implicaba
tocarse los genitales, la habı́a practicado desde su adolescencia, y serı́a
difı́cil encontrar a alguien que no lo hiciera, ası́ que no habı́a nada de
qué avergonzarse.
Pero lo que el cuerpo de Rensley necesitaba en ese momento era
completamente diferente.
'Mi cuerpo realmente se ha vuelto extrañ o… … .'
Ante ese pensamiento, incluso con su habitual descaro, su rostro
inevitablemente se sonrojó . Incluso en la intimidad de su dormitorio,
Rensley se sintió avergonzado, ası́ que cerró los ojos y apartó la mirada.
y g q j y p
En el pasado, de initivamente podı́a alcanzar el clı́max simplemente
estimulando mis genitales con mi mano y no sentı́a ninguna falta de
placer, pero ahora, cuanto má s tocaba mi frente, má s y má s caliente se
ponı́a mi estó mago, sin mencionar el clı́max.
El descanso no fue tan largo. No habı́a podido tragar el suyo en apenas
una semana, pero mi cuerpo, a pesar de mis sentimientos, empezaba a
sentir sed. Empecé a exigir placeres que no conocı́a antes de venir aquı́
y fundirme con Giselle.
En esta rara noche a solas, Rensley luchaba por controlar el calor que se
habı́a apoderado de su cuerpo. Pero parecı́a que estaba fallando. Habı́a
pensado que unas caricias ahı́ abajo y un tiró n rá pido la calmarı́an, pero
su cuerpo, acostumbrado a un tipo diferente de coito, luchaba por
alcanzar el clı́max.
Salió un poco de lı́quido turbio, pero el calor acumulado en mi cuerpo
no daba señ ales de desaparecer. Sentı́ que habı́a empeorado las cosas al
tocarme torpemente.
"majestad……."
Intenté invocar a Aquel que habı́a llenado mi cuerpo sin descanso cada
noche hasta hace poco, pero fue en vano.
Por supuesto, no hubo respuesta ni contacto. De hecho, si hubiera
estado allı́, nunca lo habrı́a visto ası́.
Rensley tragó saliva con di icultad. El corazó n le latı́a con fuerza, como
un ladró n que trama un mal en secreto. Sacó un frasco de perfume de la
mesita de noche con tapa junto a su cama. El aceite fragante goteaba del
frasco puntiagudo y le empapó los dedos.
Nunca imaginé que me masturbarı́a ası́ en el Castillo de Loudken.
Cuando estaban solos, el joven rey desataba los deseos ocultos bajo su
rostro severo, dı́a y noche, sin dejarle tiempo a Rensley para sentirse
vacı́o.
Giselle me tocó el trasero con la mano en Pereira, pero como dijo, fue
má s como un juego previo que una masturbació n.
Aunque metió el dedo mojado en el agujero, Rensley dudó y no pudo
meterlo. ¿De verdad iba a hacerlo? Siguió una ligera vacilació n.
Pero mi determinació n no tardó en consolidarse. Si no hubiera
empezado, no lo sabrı́a, pero si ya lo habı́a decidido, al menos deberı́a
ingir que sı́. Me mordı́ el labio ligeramente y metı́ las yemas de los
dedos en el agujero cerrado.
"...Qué asco......"
Solo dije dos palabras, pero mi espalda se tensó a la defensiva. No tuve
tiempo de pensar en si era feliz o no, y en cambio, me quedé con una
sensació n extrañ a, casi desagradable.
Rensley se contuvo y empujó el dedo un poco má s, pero aunque ya casi
lo habı́a introducido por completo, la sensació n era ambigua. El cuerpo
extrañ o era grueso, pero la presió n en el punto que sentı́a era
extrañ amente dé bil. Má s que placer, la sensació n de su dedo explorando
la mucosa lisa y lexible era má s palpable.
Me sentı́ mucho mejor cuando estuve con é l en el palacio. Aunque fue
una actividad en solitario, fue muy diferente.
Cuando su cuerpo ardı́a de excitació n, Rensley sentı́a que iba a eyacular
en cualquier momento, incluso si Giselle simplemente insertaba su
pene hasta el fondo. Su cuerpo temblaba y se le escapaban gemidos,
tanto que no podı́a evitar intentar contenerlos.
En tales casos, era casi un procedimiento habitual pedirle a Giselle, que
estaba a punto de empezar a temblar, que esperara un poco.
"Mmm……."
Imagina el tiempo que pasaste con Giselle, e incluso entonces, podı́as
sentir una calidez extendié ndose por tus dedos. Rensley cerró los ojos
con fuerza e imaginó a Su Alteza en la cama.
Una voz baja que susurraba palabras a veces sorprendentemente
obscenas, siempre educadas; un cuerpo só lido y suave como una
escultura, oculto por un vestido ajustado durante el dı́a; los
movimientos desordenados de dedos largos y elegantes; y cada
momento en el que un cabello largo y suelto rozaba suavemente el
cuerpo desnudo.
"Ufff, eh."
Poco a poco, mi aliento se fue calentando. La sed que sentı́a en lo má s
profundo de mı́, má s allá del alcance de uno o dos dedos, se sentı́a má s
intensa que antes de introducir los dedos.
Quizá s no deberı́a haber empezado. Con un dejo de arrepentimiento,
Rensley giró la cabeza como si buscara algo.
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Antes de que pudiera siquiera mirarlo un par de veces, uno de los
objetos de la mesa auxiliar le llamó la atenció n. Rensley lo recogió con
vacilació n.
Lo que Rensley sostenı́a en su mano era una daga decorativa. Si bien
rara vez se usaban espadas reales en palacio, muchos nobles usaban
espadas pequeñ as como adorno. La que estaba en la mesa auxiliar era
de este tipo, con su vaina intrincadamente grabada con un diseñ o
antiguo y adornada con pequeñ as joyas.
Pero lo que atrajo la atenció n de Rensley no fue la hermosa vaina ni la
hoja de plata que ocultaba. Observó ijamente la empuñ adura de la
daga, un arma a la que nunca antes le habı́a prestado mucha atenció n.
El artesano que creó esta daga prestó especial atenció n hasta al má s
mı́nimo detalle. Para garantizar un agarre có modo y un atractivo
esté tico, la empuñ adura, que se extiende por debajo de la hoja, fue
hecha de piedra bruta, pulida y lisa. El centro era aerodiná mico,
mientras que la punta era redondeada y estaba rodeada por un borde
dorado. La empuñ adura tenı́a la forma de una serie de pequeñ os anillos
que sobresalı́an una y otra vez.
"Nunca lo habı́a pensado de esa manera, aunque lo veo todos los dı́as...
Pero cuando lo vi hoy, me pareció un poco..."
Comparada con la de Giselle, era notablemente má s delgada y mucho
má s corta, pero parecı́a al menos tan ú til como sus propios dedos.
Rensley acarició el frı́o y liso pilar. Pensá ndolo bien, habı́a oı́do el rumor
de que algunas personas usaban estas espadas ornamentales para
diversos ines.
Pase lo que pase, me resisto a meterme en... No, ¿có mo terminé en esta
situació n...? La balanza en la mente de Rensley oscilaba entre el deseo
que la habı́a dominado desde hacı́a tiempo y el sentido comú n que
habı́a estado usando.
Pero tambié n tenı́a curiosidad por probar algo nuevo.
¿Cuá ndo volverá a ocurrir esto? Esto es solo una vez.
La mano de Rensley, habiendo llegado silenciosamente a esa
conclusió n, se acercó lentamente entre sus piernas.
La empuñ adura de la espada, redondeada y lisa sin aristas a iladas,
apenas rozaba la entrada empapada de perfume.
"¿Te gusta?"
"¡Puaj!"
Rensley gritó de sorpresa ante la repentina interrupció n de otra voz. Su
corazó n, que habı́a estado latiendo con fuerza, se aceleró
repentinamente. Se dio la vuelta rá pidamente.
Pensé que habı́a oı́do mal porque estaba muy nerviosa, pero antes de
darme cuenta, Giselle estaba junto a mi cama. Rensley abrió mucho los
ojos, olvidando la vergü enza de verse atrapada en una situació n tan
embarazosa.
"¡majestad!"
Y esa era la visió n má s familiar para Rensley. El niñ o pequeñ o, que
apenas le llegaba a la cintura, desapareció como una ilusió n, y un
hombre corpulento, como si los muros de la fortaleza norteñ a de
Loudken hubieran sido tallados con forma humana, apareció allı́.
Todavı́a sentado inclinado sobre la cama, la mirada de Rensley se
dirigió rá pidamente hacia el hombre imponente y parecido a una
columna.
—Oh, ¿qué te pasó ? ¿Cuá ndo creciste tanto?
¿No dijiste que podı́a volver cuando quisiera?
“Pero hasta que yo te diga que regreses, seguirá s siendo un niñ o…”
Antes de que pudiera terminar de hablar, Giselle extendió la mano. Una
mano escultural, la primera que veı́a en mucho tiempo, pasó frente a
Rensley y se metió entre sus piernas.
Giselle recogió la daga que yacı́a cerca de la ingle de Rensley. El rostro
de Rensley se enrojeció poco a poco al reconocer la situació n que habı́a
olvidado brevemente en su conmoció n.
Rá pidamente junté mis piernas y bajé la parte inferior de mi camisa
para cubrir el espacio entre mis piernas, pero Giselle solo miró la
empuñ adura de la daga y habló en un tono frı́o, como si se hubiera
sorprendido.
“Supongo que querı́as tener sexo”.
¡Ay, no! No planeé hacer esto desde el principio. Es que... llevo mucho
tiempo sola en la habitació n. Estoy aburrida y todo eso.
“Ahora que lo pienso, nunca pude besar a nadie como es debido cuando
era niñ o”.
Habı́a pensado que solo se convertirı́a en un niñ o fı́sicamente, pero
¿podı́a el espı́ritu humano separarse del cuerpo fı́sico? Por un breve
periodo, contenta con nada má s que un beso en la mejilla y un cá lido
abrazo, Giselle, quien habı́a regresado a su infancia, habı́a olvidado
naturalmente la lujuria que albergaba por su compañ era, un soplo de
aire fresco, incluso a los veintitré s añ os.
“Pero eras el mismo, ası́ que nada habrı́a cambiado…”
¿Qué ? ¿Qué pasa?
“Me faltaba responsabilidad como có nyuge”.
Giselle dejó caer al suelo la daga que sostenı́a. Con un ruido metá lico,
Rensley se movió y miró hacia el suelo, viendo la preciosa espada tirada
descuidadamente. Una boca seca se ahogó inexplicablemente.
“Vamos a compensar nuestros errores pasados”.
¿Un error? ¿Por qué dirı́as algo ası́…?
Mientras Rensley forcejeaba, incapaz de comprender del todo la
situació n, Giselle se subió a la cama. El se arrodilló , agarró ambas
muñ ecas de Rensley y apoyó su peso sobre ella. Rensley se desplomó ,
completamente de espaldas, antes de que pudiera hacer nada. Giselle
murmuró frustrada.
“No sabı́a que te sentı́as tan solo”.
La lengua de Giselle se lamió lentamente los labios. Aú n confundida,
Rensley cerró los ojos.
Con solo lamerme los labios lentamente, sentı́ un hormigueo por todo
el cuerpo. El suave beso fue casi vertiginoso. Mi cuerpo, calentá ndose
por sı́ mismo, recibı́a con descaro el placer que inalmente me habı́a
invadido.
Giselle se mordió los labios, ahora hú medos y suaves, y los separó . Los
separó sin resistencia y su lengua se deslizó dentro.
Al rozar sus sensibles mucosas contra la carne elá stica, la sensació n le
ablandó incluso la cabeza. Rensley jadeó involuntariamente y se
estremeció ante el tan esperado beso entre dos adultos.
“Uf, eh…….”
Sus respiraciones rá pidas se cruzaron en sus labios. Rensley extendió la
mano para abrazar la espalda de Giselle, pero é l la sujetó por la muñ eca
y se negó a soltarla.
Giselle hizo una pausa en el beso pegajoso y levantó la cabeza. Su
cabello negro se deslizó y cayó sobre el rostro de Rensley. Rensley,
recuperando el aliento, se encontró con los ojos á mbar que lo
observaban y luego lo observó con una expresió n ligeramente ansiosa.
“¿Por qué eres ası́?”
Giselle respondió sin expresió n a las palabras de Rensley.
"¿Qué signi ica eso?"
“Su Majestad, no creo que se sienta bien…”
Al inal de un beso profundo, sus labios hú medos se acariciaron,
susurrando palabras que no encajaban entre sı́, pero eran los
sentimientos honestos de Rensley.
Giselle acarició el cabello de Rensley, su toque estaba lleno de su afecto
habitual.
¿Có mo me siento? Estoy bien.
“Su Majestad dijo que si me besas, incluso si está s de mal humor, te
sentirá s mejor”.
Rensley continuó hablando, aunque vacilante.
“Pero si no te importa, debes estar molesto”.
Giselle entrecerró los ojos ligeramente. Parecı́a un poco impresionado
por la observació n má s aguda de lo esperado de Rensley. Se aclaró la
garganta y cambió de tema.
“Somos una pareja, Lord Mallosen.”
"Sı́."
“Pensé que siempre eras honesto conmigo sobre lo que querı́as”.
"Es cierto. Lo estoy haciendo."
“Si querı́as tener una relació n, ¿por qué no me dijiste que volviera a mi
estado original?”
Ja, pero... fue solo una idea que se me ocurrió al volver al dormitorio.
Otras veces, simplemente me gustaba có mo se veı́a Su Majestad de
joven.
Rensley, que hablaba como si estuviera poniendo una excusa, de
repente sintió algo extrañ o y frunció el ceñ o.
Espera un momento. Estaba sola en la habitació n, ¿y có mo supiste que
estaba haciendo esto sola? ¿Có mo llegaste aquı́ ası́?
Es una coincidencia. La razó n por la que Larkov vino a verme fue para
recomendarme magia de restauració n. Querı́a mantener mi forma tanto
tiempo como tú quisieras, pero las exigencias polı́ticas tambié n son
importantes.
“¿Es esa realmente la respuesta?”
Rensley la miró con recelo, pero el rostro de Giselle permaneció
inmó vil. Simplemente entrelazó sus dedos con los de Rensley y hundió
el rostro en el hueco de su cuello.
Sus labios mordieron y tiraron de su piel desnuda, con cierta
brusquedad. La sospecha en los ojos de Rensley se desvaneció
rá pidamente.
"Ah……."
“Si de repente hubieras pensado en eso al volver al dormitorio…
podrı́as habé rmelo dicho despué s”.
Giselle miró al suelo donde habı́a dejado caer la daga.
“¿Có mo te atreves siquiera a pensar en poner algo extrañ o en tu
cuerpo?”
“Oh, eso… Una vez que empiezo, es difı́cil parar, ugh, es difı́cil…”
“Si hubiera llegado un poquito má s tarde, esa cosa habrı́a entrado en tu
cuerpo”.
Giselle mordió la camisa blanca de Rensley, subié ndola hasta el cuello y
luego retirá ndosela por completo. Su cuerpo, intacto por un rato, estaba
liso, libre de los habituales coá gulos rojos de sangre, y tan blanco como
una hoja en blanco, invitando a cualquiera a marcarlo. Giselle bajó la
cabeza como si se precipitara hacia adelante.
“Eh… No, no… Es peligroso…”
Mientras hundı́a mis labios en la zona donde se unı́an su cuello y
hombro, succionando, Rensley se estremeció levemente y puso una
mano sobre el hombro de Giselle. Debió de querer decir que era una
zona peligrosa, apenas cubierta por su collar. Pero ¿qué podı́a haber de
malo en el má s mı́nimo rastro de la noche en el cuerpo de la
Archiduquesa despué s de su boda?
Solo despué s de teñ irse la nuca de carmesı́, sus labios se deslizaron
desde la clavı́cula. Acarició sus pezones, su cintura irme y tersa, el
borde de su pelvis y sus muslos con los dedos y los labios, chupando y
lamiendo con los dientes, dejando marcas en cada rincó n de su cuerpo,
antes vacı́o. Moratones coloridos comenzaron a extenderse como
pintura por su cuerpo desnudo, antes limpio.
Sin darse cuenta, Giselle giró a Rensley de lado y la abrazó por detrá s.
Desde la nuca, bajando por los ló bulos de las orejas y los hombros, a lo
largo de los omó platos y la columna vertebral, presionó sus labios
contra su espalda, succionando su piel sin dolor. Sus manos
continuaron acariciá ndola y rozá ndola desde las axilas hasta la cintura
sin parar.
“Ja, ah…….”
Incluso mientras recibı́a suaves juegos previos, Rensley forcejeaba, a
veces retorcié ndose como si estuviera en aguas profundas. La lengua se
aferraba tenazmente a su delicada piel, siempre oculta por la ropa,
provocando una sensació n escalofriante a medio camino entre el
cosquilleo y el placer. Sus dedos se deslizaron lentamente por el hueco
de su coxis, llegando a su raja.
Con solo pasar un dedo por la entrada cerrada, una ligera descarga
elé ctrica le recorrió la espalda. Rensley se estremeció , emitiendo un
extrañ o ruido entre risa y sollozo. Giselle le susurró al oı́do.
"Eso es increı́ble."
“¿Qué , jajaja… qué pasa?”
“Hace tiempo que no te veı́a ası́.”
“¿Te ves tan agotado, como un cerdo al que le han agarrado la cola…?”
Incluso Giselle se rió a carcajadas ante el chiste autodespectivo.
La minuciosa caricia alivió por completo la tensió n de Rensley. Giselle
se frotó los dedos y el ano con el aceite, dejá ndolo luir, y exploró su
entrada.
Giselle, que estaba acariciando el agujero que ya estaba medio
terminado, dejó escapar un suspiro de insatisfacció n, sin poder ocultar
su excitació n.
“Ah, ah, Su Majestad…….”
Rensley miró entre mis piernas y llamó a Giselle. Giselle tambié n sabı́a
lo que signi icaba esa llamada urgente.
Pero en lugar de insertar fá cilmente su dedo, Giselle miró hacia el
agujero que ahora brillaba con un rojo tenue y de repente hizo una
pregunta.
¿Por qué elegiste eso?
“Yo… ¿esa cosa?”
Una daga tirada en el suelo apareció repentinamente y voló entre
Rensley y Giselle. Giselle la examinó con atenció n, como si la
considerara una prueba.
"¿No ha terminado esta historia?" murmuró Rensley.
“No es que me gustara especialmente, simplemente me llamó la
atenció n”.
No es muy grande, pero es irme y suave. La piel humana no tiene esa
textura. Creo que entrará fá cilmente incluso sin aplicar mucho aceite.
“No es necesario explicarlo tan especı́ icamente”.
El rostro de Rensley se encendió aú n má s. Pero Giselle, indiferente,
empezó a acariciar el mango, luego el extremo convexo, que parecı́a
tener mú ltiples anillos.
Y este lugar sin duda destaca. No hay lugar como este en el cuerpo
humano.
Algo la inquietó . En lugar de responder, Rensley se concentró en lo que
Giselle decı́a, intentando descifrar lo que querı́a decir.
'Seguro que está s intentando ponerlo ahora, ¿no?'
Rensley tragó saliva con di icultad. Solo lo habı́a tocado por curiosidad
hacı́a un momento, ya que Giselle no estaba allı́, pero ahora que estaba
a su lado, no sentı́a la necesidad de olvidarse de nada.
—Ven aquı́, Rensley.
Pero, por suerte, Giselle arrojó la daga y llamó a Rensley. Rensley, que
estaba acostado, se acercó a Giselle y la apretó contra ella. Como solı́a
hacer cuando estaba sentada en una silla, se sentó sobre sus piernas, y
sus grandes manos acariciaron sus nalgas, previamente expuestas. Sus
labios se cruzaron una y otra vez.
La lengua que lamı́a suavemente su boca, como si derritiera cada
rincó n, se apartó , y ahora sus duros dientes mordisqueaban y
succionaban con delicadeza la lengua de Rensley. Su lengua,
entumecida y sensible, temblaba, pero se sometı́a obedientemente a las
caricias de Giselle. La saliva que rezumaba emitı́a un sonido indigno y
descuidado.
Mientras tanto, la magia de Giselle manipulaba los objetos del
dormitorio. El dormitorio del rey siempre albergaba diversos tesoros.
Un cofre de terciopelo, enterrado en lo profundo de un cajó n que se
habı́a abierto sin tocarlo, se alzaba en silencio, lotando junto a Giselle y
Rensley.
"Ja……."
Cuando el largo beso terminó y sus labios quedaron libres, la caja de
terciopelo ya habı́a aterrizado junto a ellos.
Solo tras una breve pausa, Rensley se dio cuenta de que algo habı́a
aparecido de la nada. Respiró hondo y bajó la mirada. Giselle levantó
una caja del tamañ o de la palma de la mano. Con un clic, la abrió , y
dentro, estaba llena de joyas y baratijas de aspecto precioso,
cuidadosamente ordenadas y apretadas.
“¿Por qué está pasando esto de repente…?”
Incluso mientras preguntaba con curiosidad, Rensley parecı́a haber
adivinado las intenciones de Giselle. El acaudalado monarca norteñ o a
veces tenı́a la manı́a de adornar a su archiduquesa con todo tipo de
metales preciosos y pasar la noche con ella, ası́ que supuso que hoy
serı́a igual.
Giselle sacó algunas baratijas de su joyero. Eran anillos sencillos y
elegantes, hechos ú nicamente de piedras preciosas pulidas, sin ningú n
otro adorno. Contrario a lo esperado, empezó a poné rselos en el dedo,
no en el de Rensley.
Uno, dos, tres… Rensley parpadeó , mirá ndose los dedos. Cuatro en el
dedo corazó n, cuatro en el anular. Sostuvo la mirada de Rensley, con sus
largos nudillos repletos de anillos, casi incó modamente.
“¡Ah, Su Majestad!”
Los dedos de Giselle se deslizaron entre sus nalgas desnudas. Rensley,
apenas consciente de lo que estaba a punto de hacer, alzó la voz
sorprendida.
Pero el brazo restante de Giselle agarró fuertemente la cintura de
Rensley, y sus delicados ló bulos de las orejas quedaron apretados entre
sus dientes.
“Eh, ah…….”
“Hagamos lo que querı́as hacer”
“Yo, eh, só lo Su Majestad…….”
“Puede que no sea exactamente lo mismo, pero…”
Giselle se movió antes de terminar la frase. El ori icio, reluciente de
perfume, absorbió fá cilmente las yemas de sus dedos, y sus largos
dedos se deslizaron en la carne excitada por los meticulosos juegos
previos y la torpe masturbació n.
“Hmm, eh…….”
En lugar de soltar un gemido, Rensley hundió los labios en el hombro
de Giselle y se estremeció . Solo llevaba unos dı́as sin comer, y la
sensació n de sus dedos deslizá ndose de nuevo en su interior la
mareaba.
Era insoportablemente bueno. El cuerpo grande y só lido apretado
contra mi pecho, los brazos alrededor de mi cintura, impidié ndome
moverme, la voz grave resonando en mis oı́dos, incluso la respiració n
entrecortada. Todo en ello.
Era una iebre que incluso Rensley encontraba desconcertante. No era
mentira que habı́a atesorado cada momento de los ú ltimos dı́as, pero
quizá habı́a un vacı́o dentro de mı́, un vacı́o que no podı́a comprender
del todo, un vacı́o que sentı́a completamente perdido. Era tan profundo
que ni siquiera podı́a calmarlo con mis propias manos.
“Ha pasado un tiempo.”
Giselle tambié n parecı́a encantada con la sensació n que hacı́a tiempo
que no sentı́a. La lenta y penetrante sensació n en su interior se sentı́a
menos como una caricia sexual y má s como una con irmació n de que
algo que le gustaba seguı́a ahı́.
Por supuesto, eso no signi icaba que las sensaciones sexuales de
Rensley hubieran disminuido.
“¡Uf, ahh… ah……!”
Rensley, que habı́a estado sentado frente a Giselle, ahora estaba
acostado boca abajo sobre sus muslos, exponiendo su trasero como un
niñ o siendo castigado.
El tope que se habı́a ido introduciendo lentamente inalmente llegó a su
raı́z. Un gemido ahogado escapó de los labios de Rensley, incapaz de
contenerlo por má s tiempo.
Fue por la extrañ a sensació n que sentı́ al inal de mi entrada, diferente a
todo lo que habı́a experimentado antes. Era suave y frı́a, y sobre todo,
las curvas irregulares creadas por el contacto entre los anillos arañ aron
suavemente mi delicada y sensible entrada.
Un hormigueo se extendió por mi bajo vientre y muslos, y luego mi
pelvis y glú teos empezaron a temblar. Mi espalda recta se tensó , y mis
abdominales, largos y esculpidos, se contrajeron sin parar, claramente
visibles.
"¿Có mo es?"
Antes de que mi cuerpo pudiera siquiera acostumbrarse al placer que
experimentaba por primera vez, el dedo que habı́a estado penetrando
profundamente se retiró . Esta vez, la curva que habı́a estado enterrada
cambió de direcció n, deslizá ndose hacia atrá s y estimulando mi entrada
una vez má s.
“¡Ja, ah……!”
Debe ser diferente a la piel humana. Por favor, dı́ganos có mo se siente
diferente.
“Ugh, hace, hace frı́o, eh…”
Hace calor dentro, ası́ que se calentará rá pido. ¿Hay algo má s?
Giselle no movió los dedos mucho tiempo. Los movió brevemente,
dejando que los anillos de sus manos entraran y salieran rá pidamente,
y jugueteó con insistencia con la palpitante entrada.
“¡Ah, eh… eh, ah!”
—Por favor, hable rá pido, Archiduquesa.
“Ugh, es accidentado, es accidentado……”
"¿entonces?"
“Ah, no sé … Es extrañ o, pero…”
No era solo una sensació n vaga, era realmente extrañ a. Fue un placer
indescriptible. No deberı́a haber sido nada especial, pero los dedos
movié ndose de un lado a otro me hacı́an temblar las caderas y menear
los dedos de los pies.
Como dijo, la piedra frı́a se calentó rá pidamente a la temperatura
corporal, pero la sensació n de las curvas raspando contra la sensible
membrana mucosa cerca de la entrada y el agujero abrié ndose y
saliendo era algo a lo que no podı́a acostumbrarse sin importar cuá ntas
veces lo experimentara.
No eran má s que pequeñ os anillos. Algo del tamañ o de un garrote
parecı́a insigni icante comparado con el intenso y sordo placer de estar
profundamente incrustado en su interior. Pero el hormigueo me
recorrió la columna vertebral, dolorosamente, y no pude evitar doblar
las caderas.
“Uh, uh, para, ahora……”
"¿ya?"
¡Ah! ¡Ajá ! ¡Uf, uf...! ¡Ajá , ah...!
Giselle no se detuvo. Los cuatro inos anillos, alineados en sus largos
dedos, se movı́an lentamente de un lado a otro, abriendo y cerrando la
entrada repetidamente.
Rensley jadeó , agarrando el dobladillo del vestido de Giselle, que
colgaba sobre la sá bana. Su voz irme y educada aú n llegaba a sus oı́dos.
“¿Nunca te has preguntado có mo serı́a devolver algo ası́ y frotarlo?”
“Ahora, ahora lo sé , ası́ que… ¡ahhhh…!”
Creo que no estarı́a mal probar un cinturó n de perlas en lugar de un
anillo... ¿No te sentarı́a mejor con tantos bultos? ¿Qué te parece?
“Ah, no… Deja de bromear…”
O quizá s, en lugar de los dedos, intenta envolverlos por debajo. Ası́
podrá s rascar má s profundamente.
A pesar de las sú plicas de Rensley para que parara, Giselle se negó a
moverse, soltando obscenidades y permaneciendo inmó vil. Lejos de
escapar, comenzó a embestir, ensanchando el agujero, llegando incluso
a su dedo anular, que aú n no habı́a sido insertado.
“Eh, jaja…….”
Los anillos de sus dos dedos se rozaron, tintineando. El extrañ o placer
que Rensley sintió aumentó a medida que el diá metro aumentaba.
El placer que creaban las curvas suaves y resbaladizas de su vagina,
repetidas dentro y fuera, era una sensació n verdaderamente nueva. El
pene de Rensley temblaba y un lı́quido transparente rezumaba de su
glande, goteando sobre las sá banas.
—¿Có mo está , Gran Duquesa?
“Ugh, ja, ahh.”
Aunque solo se estimulaba la zona super icial, y el placer de la
penetració n profunda no llegaba, Rensley seguı́a temblando y
apretando su trasero. El calor que emanaba de su entrada subı́a por su
estó mago, calentando todo su cuerpo.
¿Se han respondido de alguna manera sus preguntas?
“Sı́, sı́… ¿Eh…?”
Rensley asintió re lexiva y dó cilmente. Su voz se habı́a quedado sin
fuerza.
"¿Có mo te sientes?"
"excelente……."
¿Te gusta? ¿Te gusta cuando el anillo roza aquı́?
“No es por el anillo… sino porque Su Majestad me tocó …”
Rensley giró la cabeza. Sus ojos, ligeramente llorosos y borrosos,
miraron a Giselle.
Giselle, que habı́a estado observando la expresió n, de repente hundió el
dedo profundamente en la raı́z. Presionó con fuerza el punto má s
sensible, el punto hinchado que llevaba tanto tiempo atormentá ndole,
que los tendones de su muñ eca se le marcaban.
El sonido del llanto de Rensley se mezcló con el contacto chirriante y
desordenado.
¡Eh! ¡Aaah! ¡Aah, ah! ¡Su Majestad, ah, Su Majestad...!
"Está demasiado apretado. El anillo se caerá . Por favor, a ló jalo un
poco."
“¡Uf, uf!”
El consejo de Giselle fue inú til, pues el dorso de su dedo crujió y tembló .
Tanto la entrada como el interior estaban apretados.
Un luido turbio luı́a de la punta de su pene erecto, que llevaba un rato
temblando. Las nalgas de Rensley se tensaron. Los mú sculos lisos de su
abdomen y la cara interna de los muslos se aclararon de repente y
sufrieron espasmos visibles.
"Ahhh... Ah, ja, ja, uh..."
Solo despué s de que Rensley temblara y eyaculara una vez, Giselle dejó
escapar un largo suspiro y retiró lentamente la mano. Tuvo cuidado de
no perder el anillo, ya que la estrechez en su vagina seguı́a aumentando.
Incluso cuando las curvas del anillo rozaron la pared interior poco
profunda y se deslizó , Rensley gimió y se resistió .
La entrada, aunque lisa, habı́a sido frotada repetidamente contra un
objeto duro y á spero, no piel humana. Al retirar completamente el
dedo, estaba má s rojo e hinchado de lo habitual. Giselle, que habı́a
estado empujando a Rensley con todas sus fuerzas, inalmente lo
recostó . Con una expresió n ligeramente hosca y el ceñ o ligeramente
fruncido, acarició la mejilla de Rensley.
¿No está s enfermo?
Rensley meneó la cabeza lentamente y respondió con una voz pequeñ a
y hú meda.
“Hace un poquito… de calor.”
Ante esas palabras, Giselle bajó la cabeza y miró hacia el fondo. Empujó
la ingle de Rensley y acercó sus labios al agujero, ahora má s visible.
"Te ves enfermo."
Giselle susurró suavemente, como si hablara consigo misma.
Rensley se sintió avergonzada al verlo hablarle, pero no podı́a apartar
la vista de é l. Que su boca le acariciara el trasero siempre le resultaba
insoportablemente vergonzoso, pero al mismo tiempo, era tan delicioso
que no podı́a negarse.
Giselle sacó la lengua ligeramente. Con solo verla, su agujero se contrajo
por re lejo, anticipando la estimulació n.
Pero al acercarse, como para lamerle la entrada, retiró la lengua de
repente y sopló entre sus nalgas, repetidamente, "¡zas!" o "¡zas!". El
rostro de Rensley se sonrojó aú n má s de vergü enza, pero antes de que
pudiera decir nada, su lengua hú meda inalmente tocó su entrada.
"bajo……."
La cintura de Rensley temblaba. Acarició con cuidado la suave y
hú meda piel sobre la entrada hinchada, como si la calmara.
Un escalofrı́o le recorrió el cuerpo, pero fue fugaz. Cuando Giselle volvió
a exhalar su cá lido aliento en el agujero, Rensley no pudo contenerlo
má s y forcejeó , levantando a medias el torso de donde habı́a estado
tendido.
Oye, ¿qué está s haciendo ahı́?
Giselle, que tenı́a los labios presionados entre sus mejillas, miró hacia
arriba y respondió .
¿No le dijiste a ese pequeñ o lobo que si hacı́a esto, no le dolerı́a?
¿Eh? ¿De qué está s hablando de repente…?
La vergü enza le impidió hablar, pero de repente una lengua hú meda
comenzó a lamerla lentamente desde la entrada hasta el perineo.
Rensley ni siquiera pudo gritar, pero se estremeció y se retorció la
cintura.
“Ah, ah.”
“Simplemente hice lo que aprendı́, simplemente lo intenté …”
Las caricias ligeras y lentas evocan anhelo en quienes está n
familiarizados con las sensaciones de la vida cotidiana. Su cuerpo, ya
sensible tras la eyaculació n, sintió el intenso placer de unos labios
suaves, y sin darse cuenta, estaba aú n má s excitada que antes.
Rensley arqueó la espalda y la parte interna de sus muslos se tensó .
Respirando con di icultad, dejó las piernas colgando cerca de la cabeza
de Giselle, sin saber qué hacer. Finalmente, habló rá pidamente.
“Ugh, cometı́ un error, ugh, lo hice…….”
"…¿qué ?"
“A Oron… algo ası́…….”
Entonces los ojos de Giselle se entrecerraron en una leve sonrisa.
"Oh, solo eres un niñ o. Me está s haciendo quedar como una persona
mezquina otra vez."
—¡Ah, ja! Pero... ¡Ah!
Antes de que Rensley pudiera protestar que esto no era diferente a la
ú ltima vez, la lengua de Giselle se adentró en su agujero. Tras un largo
rato de toqueteo, su lengua se cerró , y mientras acariciaba suavemente
su piel caliente como para calmarla, su visió n se aturdió y una oleada
momentá nea de placer la invadió .
La vergü enza de la broma se evaporó y desapareció . No se pudo decir
nada má s. Rensley jadeaba, como si hubiera perdido la voz.
La sensació n de mi mucosa hinchada y endurecida rozando mi suave
piel parecı́a má s una pesadilla que realidad. Me penetraron durante un
buen rato, succionando mi agujero hasta que oı́ un sonido hú medo.
El ú nico lugar donde lo acariciaban era una pequeñ a puerta trasera, y
todo su cuerpo parecı́a haber sido succionado dentro y fuera de su
boca, lá cido y sin vida. Incluso antes de que el miembro de Giselle
fuera introducido, el cuerpo de Rensley estaba empapado de sudor y
humedad.
Al mirar su cuerpo, ligeramente mojado y ahora aú n má s resbaladizo,
Giselle inalmente se desnudó por completo. Sobre el abrigo y la capa
que habı́a tirado a un lado, cayeron una blusa negra que le cubrı́a el
cuello y un pantaló n a juego. Los anillos de sus dedos cayeron sobre la
cama, rodando descuidadamente.
El cuerpo desnudo, oculto bajo su gruesa ropa negra, quedó al
descubierto. Bajo sus anchos hombros, sus clavı́culas, largas y gruesas,
arqueadas como arcos, revelaban el resto de su fı́sico. Su pecho estaba
esculpido, su caja torá cica y sus abdominales tallados como un enorme
relieve. Bajo ellos, sus genitales, erectos como mazas, estaban repletos
de venas que parecı́an má s gruesas que el anillo que habı́a estado
atormentando la espalda de Rensley hacı́a un momento.
"Ja……."
Giselle, que llevaba un buen rato hundida en la cara de Rensley, tambié n
respiraba con di icultad. El apoyó su tobillo blanco sobre su hombro y
inalmente introdujo la punta de su pene en el agujero que habı́a
humedecido con tanto esmero. Sus movimientos fueron un poco
apresurados, considerando la insistencia del hombre en acariciarla.
Sin darse cuenta, la noche se habı́a profundizado. El sufrimiento de
Rensley habı́a sido igual de largo. Con las manos entrelazadas, sobre las
sá banas, Giselle bajó lentamente su peso entre sus nalgas levantadas,
tal como las habı́a humedecido con la boca. La entrada, hinchada y
hú meda como gelatina, se abrió hasta el diá metro del glande, y el
grueso miembro se hundió lentamente con un chapoteo.
“Ah, eh… hhh…….”
A pesar de los intensos juegos previos con los dedos y la boca, mi
agujero, que no se habı́a tragado un pene en dı́as, parecı́a haber
olvidado su propó sito original en el poco tiempo que llevaba allı́,
incapaz de relajarse de inmediato. En cambio, se endureció torpemente.
Cada vez que el grueso y fuerte pene penetraba lentamente, lo mordı́a y
masticaba, intentando bloquear su entrada.
Pero el ligero rechazo que el cuerpo de Rensley mostraba pareció
intensi icar el placer que habı́a sentido despué s de tanto tiempo.
Mientras Giselle se apretaba contra su cintura, agudizando sus sentidos
ante cada pequeñ a reacció n, Rensley gimió dolorosamente y abrió las
piernas de par en par. Durante toda la penetració n, Giselle no contuvo la
respiració n entrecortada.
“Ja, uf…….”
“-Eh, eh… ah, ah, ah, ah…….”
Aunque los dedos de Giselle eran má s largos que los de otros, no
alcanzaban lo má s profundo de su estó mago. En cuanto la carne, que
solo podı́a abrirse con sus genitales, se abrió , la pasió n se extendió
como un reguero de pó lvora por todo su cuerpo.
Las paredes internas, previamente intactas, fueron aplastadas por la
enorme columna de carne, liberando un placer pegajoso. El pene de
Rensley, que acababa de eyacular, comenzó a inclinarse y elevarse de
nuevo.
Incluso el cuerpo del joven entrenado, in lexible, se encogió bajo el
Señ or del Norte. El cuerpo, rocoso y agreste, invadió el cuerpo esbelto y
pá lido que yacı́a debajo. El enorme pene, que lo habı́a penetrado sin
descanso, llenó su trasero, y su grueso glande alcanzó la pared má s
profunda y sin salida de su abdomen. Rensley, que habı́a estado
temblando todo el tiempo, se estremeció levemente al hacerlo.
Giselle me penetró profundamente y no se movió . Rozó con los labios el
cabello dorado que se pegaba a mi mejilla, luego bajó la cabeza y me
besó la frente, arrugada por la profunda penetració n. Rensley, gimiendo
de dolor, habló con una sonrisa amarga.
“Supongo que es porque ha pasado tanto tiempo… hmph, es un poco…
cansador…….”
“Haa… ¿No te gusta?”
La cintura de Giselle se movió lentamente. Rensley hundió la cara en el
hueco del cuello de Giselle.
“Ah, no……. Haa, ah…….”
El cuerpo caliente presioná ndose contra mı́, el volumen del pene
llená ndome, la pasió n que me venı́a a la mente peligrosamente clara en
los ojos que siempre estaban silenciosamente hundidos.
¿No era este el preciso momento que habı́a imaginado mientras se
palpaba el cuerpo? Rensley presionó su rostro contra el de Giselle,
como intentando ocultar la vergü enza de recordar en secreto la noche
anterior, y respiró hondo, como si intentara absorber su aroma.
“En realidad, me lo imaginé ”.
“¡Qué imaginació n!”
“Su Majestad, justo como ahora, ah, sostenié ndome, ası́, dentro, eh…
¡ja!”
¡j
“Pensando ası́… Ugh, ¿có mo lo soportaste hasta ahora?”
Mientras Giselle apretaba los dientes y arqueaba la espalda, el cuerpo
de Rensley temblaba. Sus paredes internas, tensas por el agarre del
grueso objeto, rozaban impotentes contra las gruesas y dentadas
columnas de carne. Por un instante, sus ojos morados se desenfocaron
y se volvieron borrosos.
"¡Haaaaa...! Uf, uf..."
—Sin que yo lo supiera, ya estabas… atrayé ndome con esa cosa, ¿eh,
no?
“No, ja, no… hoy es el primero, hhh… ¡ahhh, ah!”
Lo que se le habı́a escapado hasta la punta del pene se le metió en el
estó mago y luego volvió a salir. Giselle, con fuerza en la cintura, empujó
hacia abajo verticalmente. El sonido de su pelvis y sus nalgas chocando
resonó levemente.
—¡Uf, uh, uh! ¡Ahh...!
Rensley no pudo soportar por mucho tiempo la excavació n que llegó
hasta lo profundo de la pared interior y aplastó la carne oculta.
No lloró ni siquiera cuando un dedo presionó descuidadamente el
punto sensible de su pared interna, cuando una joya curva recorrió su
entrada, cuando una lengua hú meda lamió y succionó su coñ o
hinchado. Incapaz de soportarlo má s, rompió a llorar. Antes de que su
miembro, empapado por su eyaculació n anterior, pudiera siquiera
secarse, un segundo orgasmo lo invadió .
Sentı́a como si todo mi cuerpo se hubiera derretido hasta el cuero
cabelludo, y tenı́a el estó mago entumecido. En cuanto me acostumbré a
la intensa penetració n, el placer que me derretı́a las paredes internas
fue como un fuego abrasador. Me temblaba tanto el cuerpo que sentı́a
un dolor sordo por todas partes. Era aú n peor porque habı́a estado
descansando durante má s de una semana antes de esto.
“Su Majestad, deté ngase ahora, deté ngase……”
Aunque sabı́a que Giselle ni siquiera habı́a pronunciado su primera
palabra, Rensley suplicó dé bilmente. Como era de esperar, a diferencia
de Rensley, sus ojos á mbar parecı́an estar lejos de madurar.
"¿Ya?"
“¡Uf, jaja ...
Giselle susurró con tono de reproche, luego volvió a menear las caderas
y se sumergió má s en el agua. Rensley exhaló bruscamente y estiró el
cuello.
El largo cuello, con sus venas vibrantes, temblaba intensamente. El
hombre, observando, se tocó el ombligo con su mano grande y luego
presionó con irmeza.
“Pensé que estabas solo todo este tiempo, ası́ que esta noche, toda la
noche, jaja… iba a llenar este lugar”.
“Ah, ugh… Aquı́, por favor…….”
A medida que la presió n en su zona sensible se hacı́a aú n má s intensa,
Rensley agarró la muñ eca de Giselle y sollozó .
Giselle se inclinó tanto que casi cubrió a Rensley. El lento golpeteo de
sus caderas siguió con un sonido chirriante.
Quizá s para Rensley, que forcejeaba, sus movimientos se ralentizaron
notablemente, pero la fuerza de cada embestida se mantuvo. A medida
que sus movimientos se ralentizaban, la sensació n de sus sensibles
paredes internas siendo raspadas y levantadas se volvió brutalmente
vı́vida. Los labios de Giselle acariciaron la comisura de su oreja y la
punta de su mandı́bula. Las lá grimas volvieron a brotar, aparentemente
por el beso reconfortante.
“Vaya, vaya, vaya, vaya, su alteza…….”
Rensley llamó a Giselle como si le suplicara. A diferencia de cuando lo
habı́a dicho en secreto, para tranquilizarse, el nombre que pronunció
estaba lleno de pasió n, mezclado con sollozos.
La voz temblorosa que me llamaba le dolı́a el cuello a Giselle. Su
espalda y hombros se tensaron como si respirara con todas sus fuerzas.
Rensley reunió todas sus fuerzas para abrazarlo por la espalda y rozarle
la mejilla con los labios.
“Uf, paremos, no lo haré … Espera, solo un poquito, por favor…”
"Eh……."
Unos brazos gruesos rodearon con fuerza la cintura de Rensley. Sus
movimientos, que habı́an sido lentos, inalmente cobraron velocidad.
Con un golpe seco, sus redondas nalgas vibraron.
Como si la sú plica hubiera fracasado, Giselle abrazó la cintura de
Rensley, que estaba medio lotando en el aire, y continuó paleando sin
decir una palabra de broma.
—¡Ah! ¡Ah! ¡Ah, ah, ah!
La voz chillona de Rensley sonaba ligeramente ronca. El placer
despiadado que perforaba la sensible pared interior bajo su ombligo
hizo que sus dedos de los pies apenas rozaran las sá banas antes de
levantarse de nuevo, tensá ndose.
Aaah. Rensley temblaba, sollozando desconsoladamente. Antes de que
la oleada de placer pudiera siquiera calmarse, otro orgasmo violento la
golpeó , y ya no pudo contenerse.
De su pene erecto, en lugar de semen, brotaba un lı́quido caliente a
raudales. Giselle inalmente sonrió levemente, aparentemente
satisfecha, al ver su entrepierna empapada, sus piernas abiertas y todo
su cuerpo temblando.
Uf... Es cierto. En serio, eh, ha pasado tanto tiempo, eh...
Chupó las orejas, el cuello y los pezones de Rensley uno por uno,
dejando inalmente salir su placer.
El gemido hú medo de Rensley se escapó vacilante. La sensació n de su
miembro palpitante contrayé ndose instintivamente, la sensació n de
luidos calientes iltrá ndose profundamente en su cuerpo, era intensa,
como si hubiera pasado tanto tiempo desde la ú ltima vez que los habı́a
sentido. El cá lido y profundo saludo de Giselle llegó a sus oı́dos.
“Es un placer volver a encontrarme con usted… Su Majestad.”
“Ugh, uh, do… Me alegro de que hayas vuelto, ah, haa, gi, me alegro,
yo…….”
Incluso con el cuerpo tembloroso y una pronunciació n desastrosa,
Rensley respondió al saludo. La sonrisa de Giselle se profundizó
ligeramente y bajó la cabeza, presionando sus labios contra los de é l. El
beso continuó , tan profundo y apasionado como la suave penetració n
por detrá s.
Rensley cerró los ojos hú medos y se sumergió en la codicia del hombre,
decidida a devorarla por completo. Mientras sus lexibles nalgas
seguı́an temblando ligeramente, Giselle se mantuvo inmó vil,
manteniendo su miembro irmemente plantado en su interior. Giró
bruscamente las caderas y continuó embistiendo suavemente,
esperando a que su trasero se llenara de sus luidos. Los gritos de
Rensley se hicieron má s fuertes y luego se apagaron con cada
embestida.
El clima afuera se estaba volviendo má s frı́o cada dı́a, pero las sá banas
de la cama donde ambos estaban acostados estaban hú medas de sudor
y arrugadas.
Se acabaron las noches tranquilas de compartir besos breves y
dormirnos juntos en ropa de cama tibia.
Rensley suspiró profundamente, todavı́a hú meda por los luidos
corporales que aú n no se habı́a lavado.
Yacı́a inexpresivo junto a Giselle, con el rostro aú n lloroso. Le dio dos
palmaditas en el robusto pecho y murmuró algo parecido a una queja.
"Ya está s todo crecido."
Giselle rió entre dientes y le besó el dorso de la mano. Rensley seguı́a
lamentá ndose.
“Hasta ayer, era ası́ de grande y encajaba perfectamente en mis
brazos…”
"¿Odias volver?"
Ni siquiera estaba mentalmente preparada. Esto es tan repentino. ¿Por
qué no me lo dijiste antes de volver? Dijiste que solo volverı́as si te lo
decı́a.
Giselle no respondió . Pero Rensley, aparentemente desinteresado en
escuchar la respuesta, de repente empezó a reı́rse.
"¿Por qué te rı́es?"
Es curioso. Esto es lo que hizo Su Majestad en cuanto volvió a la
normalidad.
Rensley sonrió , acariciando la mejilla de Giselle.
Bien. Me gustabas porque eras linda de niñ a, pero... supongo que ahora
Su Majestad es lo mejor para mı́.
Qué suerte. Justo ahora, Lord Malosen lloraba tan tristemente que me
pregunté por un momento si deberı́a haber regresado.
—Aquı́ vas otra vez. Te lo dije, llorar cuando haces eso no es llorar.
Mientras é l se sonrojaba y la regañ aba, Giselle sonrió suavemente,
como era tı́pico de Rensley, y acarició su mejilla blanca, el rubor aú n no
habı́a desaparecido por completo.
Luego, mientras sus labios rozaban su mejilla, Rensley ingió estar un
poco hosco.
Fue demasiado. Lo he tratado tan bien, pero Su Majestad, ha vuelto
despué s de tanto tiempo y se está poniendo de tan mal humor...
"Está s siendo malo. Solo fui un asistente leal en tus experimentos".
Tras terminar de hablar, Giselle hizo un gesto breve y rá pido, como si
recordara algo que é l habı́a olvidado. La daga que habı́a caı́do debajo de
la cama lotó en el aire. Extendió un dedo hacia la espada.
Si tienes alguna otra pregunta, no dudes en preguntar. Estaré encantado
de ayudarte a encontrar las respuestas sin necesidad de usar esas
herramientas.
Tan pronto como terminó de hablar, se escuchó un breve crujido y la
daga en el aire instantá neamente se convirtió en polvo ino y se
dispersó .
El rostro sonriente de Rensley se endureció . Giselle, tras terminar un
pedido sencillo, se volvió hacia Rensley con expresió n indiferente y la
besó en la mejilla.
“Prepararé una nueva daga con mejor material”.
"…Sı́……."
Fue una suerte que fuera un objeto. Es improbable que ocurra mientras
yo viva, pero si Rensley, por casualidad o por error, hubiera creado una
situació n similar con otra persona, ¿qué habrı́a sido de su destino?
Rensley se mordió los labios con fuerza, sintiendo dolor en sus
pertenencias sin usar, y tiró de la manta que estaba en el suelo para
cubrirse la ingle con fuerza.
¿Ya lo está s pensando? ¿No tengo má s expiació n que hacer esta noche?
¿De qué está s hablando? Ya basta... Ajá ...
Sin embargo, el duque, que habı́a decidido profundamente re lexionar
sobre sus errores, rá pidamente se quitó la manta y tuvo que volver a
estar desnudo.
A diferencia de su boca, que se negaba, diciendo que era su iciente, su
agujero, suavemente a lojado, se tragó el pene que avanzaba como si lo
succionara. Esta vez, levantó las caderas y se tumbó boca abajo,
aceptando a Giselle. Incapaz de controlar el calor repentino de su
cuerpo, Rensley, que agonizaba, se vio obligada a gritar de dolor una
vez má s.
La noche que volvı́ despué s de mucho tiempo se me hizo muy larga.
***
Los habitantes de Loudken, que habı́an cuidado al joven monarca
durante un tiempo, se adaptaron rá pidamente a su regreso. La armonı́a
má gica que habı́a perdurado durante dı́as parecı́a no haber existido, y
nadie hablaba de la transformació n de Giselle en niñ a.
Rensley miró por la ventana la procesió n de Giselle y los ministros que
pasaban, luego se volvió hacia su hermana sentada frente a é l.
Una persona que regresa a su infancia. Cuanto má s aprendo sobre
magia, má s fascinante me parece. He adquirido habilidades similares,
pero ni siquiera puedo soñ ar con algo ası́.
"Es cierto. Pero solo un nú mero muy reducido de personas puede usar
magia, y la mayorı́a no puede retroceder en el tiempo ni
teletransportarse a lugares lejanos al instante. Tenemos que hacer lo
que podamos."
Fue una declaració n simple, pero conmovedora. Rensley, percibiendo
que los pensamientos de Yvette eran inusuales, se acercó a la mesa.
"¿Qué ocurre?"
Yvette respondió , mirando por la ventana con su taza de té en la mano.
“Vuelvo a la cima”.
—Oh, ¿ inalmente te decidiste?
Desde que llegó a Loudken con Rensley la primavera pasada, Yvette ha
estado re lexionando sobre su futuro. Recibió una oferta del Emperador
para ayudar en el Castillo de Pereira, y su empleador original, la
Asociació n de Comerciantes, ha estado intentando convencerla de que
siga trabajando con ellos.
Rensley sabı́a que Yvette se habı́a quedado en Loudken sin tomar una
decisió n hasta ahora, en parte porque querı́a pasar su iciente tiempo
con su hermano, a quien no habı́a visto en mucho tiempo. Pero esa no
era la ú nica razó n. Preguntó con cautela.
"¿Está s bien?"
"¿qué ?"
"Usted sabe lo que quiero decir."
La mirada de Yvette se ijó de repente en un solo punto. Rensley
tambié n miraba por la ventana. Anton y Frieda caminaban por el patio,
hablando de algo. Yvette los miró y se encogió de hombros.
"No va con mi personalidad quedarme atrapado en tareas
improductivas y que consumen mucho tiempo. ¿No está s de acuerdo?"
“Hmm, bueno…….”
Pensá ndolo bien, parece que sı́. Rensley asintió sin negarlo. Yvette
continuó .
El capitá n siente lá stima por la princesa Frida. Se queda entre los
muros. Cree que no es justo que encuentre pareja ni sea feliz hasta que
haya regresado por completo a Loudken.
“…¿Dijo eso mismo el capitá n?”
“No lo dijo directamente, pero fue prá cticamente lo mismo”.
“De initivamente sentı́ que tenı́a sentimientos por ti”.
"Claro que sı́. Lo he expresado hasta este punto, ası́ que es difı́cil no
sentirse bien. Pero los buenos sentimientos son solo sentimientos. Son
como hermanas menores muy cercanas. Ademá s, soy tu hermano, ası́
que claro que el director puede ser amable contigo."
“…….”
¿De qué servirı́a simplemente quedarme sentado y observar a la otra
persona en una situació n como esta? Mejor me irı́a. Si te sientes un
poquito vacı́o porque no estoy, signi ica que mis seis meses de trabajo
duro no fueron del todo en vano. Hay que mantener la distancia para
ver algunas cosas.
Esas palabras hicieron que Rensley volviera a Giselle y a sı́ misma el
añ o pasado. No habı́a pensado ni actuado como Yvette ahora, pero no
fue hasta que Rensley se fue que Giselle inalmente reconoció sus
propios deseos.
La observació n de Yvette era correcta. Deber, responsabilidad, culpa.
Capas de tales cargas se han acumulado en los corazones de los dos
hombres que custodian el Norte, congeladas como fó siles. El deseo de
encontrar la felicidad apenas emerge en el fondo. A menos que ella los
desvaneciera, tal vez nunca se darı́a cuenta de que albergaba tal codicia.
Lo mismo podrı́a suceder con la princesa Frida, quien viaja al norte
cada invierno.
Pensá ndolo ası́, me sentı́ un poco confuso, pero como tercero, no tenı́a
espacio para añ adir nada. Frieda, la hermana de Giselle y prometida de
Anton, e Yvette, mi hermana y mejor amiga. Ambas eran buenas
personas. No querı́a tomar partido ni aconsejarle a Anton que se diera
prisa.
“Está bien, haz lo mejor que puedas”.
Ante la obvia ré plica, Yvette rió entre dientes e inclinó su taza de té
como si fuera una copa de vino. Tras un momento de silencio, se volvió
hacia Rensley y preguntó .
"¿y tú ?"
¿Yo? ¿Qué te parece? ¿Qué es?
¿Está s contento con tu matrimonio? Ya no tendrá s que preocuparte por
nada como yo, ¿verdad?
—Claro que soy feliz. Qué matrimonio tan difı́cil fue aquel. —Rensley
intentó responder con naturalidad, pero luego cerró la boca.
Estoy feliz. Pero mis preocupaciones son algo aparte.
¿En serio? ¿Qué te preocupa?
“Son todos pensamientos triviales, pero de todos modos, terminé en
una posició n alta que no estaba en mi destino”.
Parece que Rensley es el ú nico que extrañ a a la niñ a que en silencio
exigı́a afecto en sus brazos. No solo Giselle, sino todo el castillo celebró
el regreso, no el del Archiduque.
Por supuesto, Rensley tambié n se alegra de verlo en su estado actual.
Fue una experiencia divertida, una que disfrutó porque tenı́a la
salvedad de que podı́a terminar en cualquier momento. Si se viera
obligado a vivir para siempre con Giselle, quien realmente se habı́a
convertido en una niñ a, Rensley serı́a el má s atribulado de los
ciudadanos de Oldenland.
Ası́ que esta preocupació n no se trata de Giselle. A diferencia de los
hombres del Norte, que ignoraban sus propios deseos, Rensley, quien
siempre habı́a vivido con discernimiento y autodisciplina, siempre supo
tan bien lo que querı́a que preferı́a ignorarlo.
Un niñ o pequeñ o, inocente, que crecerá exuberante como la primavera
y el verano y que se parece a la persona que má s ama.
Pero no habı́a tiempo para preocupaciones inú tiles. La temperatura
bajaba dı́a a dı́a. En un momento en que todos en Oldenland se
preparaban, con la mente y el cuerpo tensos, prepará ndose para un
ataque monstruoso, la mera idea de contemplar fantası́as sin sentido se
sentı́a como la ignorancia de una archiduquesa extranjera.
“¿Cuá ndo volverá s a la cima?”
Antes de que haga má s frı́o. Dicen que aquı́ todo el mundo está ocupado
en invierno, ası́ que creo que serı́a mejor que los comensales se fueran
entonces.
—No digas eso. Vuelve cuando quieras. Siempre tendré tu habitació n
lista para ti.
Gracias. Tu hermano tiene é xito, ası́ que tienes un respaldo seguro.
Rensley siguió charlando con Yvette mientras servı́a má s té . Al in y al
cabo, todavı́a era otoñ o, y la nueva estació n en Oldenland era preciosa.
# Campo de sueñ os
Era de noche, pero el suelo estaba lleno de antorchas y linternas, y los
fuegos disparados por arte de magia hacı́an que el cielo brillara como el
amanecer.
A lo lejos, un sonido parecido al aullido de una bestia se acercaba. Era
evidente que aú n estaban bastante lejos, pero los ecos resonaban en las
profundidades de los muros del castillo, haciendo imposible saber
cuá ntos se acercaban. No, entre las bestias criadas y cazadas por los
humanos, nunca habı́a visto nada igual. El sonido sobrenatural e
incomparable me heló la sangre, provocá ndome escalofrı́os en la
espalda.
“Si vino tanta gente, ¿cuá nto dañ o se le hizo al muro?”
“No digas nada, ni siquiera quiero pensarlo”.
“Maldita sea, parece que ha crecido má s desde el añ o pasado”.
Las puertas del norte se abrieron por primera vez en siglos para dar la
bienvenida al invierno y a las inevitables hordas de monstruos. La gente
desa ió el frı́o y la oscuridad para salir, pero sus ojos estaban llenos de
ansiedad.
Muchas naciones se han repartido vastos territorios. Innumerables
personas han construido castillos y casas, cultivado, comerciado y
criado ganado. Sin embargo, el miedo y el aislamiento que trae el
invierno nunca trascienden las fronteras de Oldenland, y, en ú ltima
instancia, esta guerra pertenece ú nicamente a los norteñ os. Conscientes
de esto, el pueblo, aunque teme al invierno cada añ o, se ha unido aú n
má s.
La gente comenzó a alzar la voz y a cantar canciones dando la
bienvenida a la guerra. Los lanceros tamborileaban con sus lanzas en el
suelo, animá ndolos. Ahora, los monstruos empezaban a aparecer,
aunque solo fueran sombras. Si esperá bamos má s, la distancia entre
nosotros y las murallas se acortarı́a demasiado.
"¡cargar!"
No habı́a espacio para congelarse. "¡Waaaaaa!", gritó el comandante, y
todos, intentando armarse de valor, corrieron hacia adelante, alzando la
voz.
Si bien los demonios poseen una fuerza y un poder má gico muy
superiores a los humanos, carecen de inteligencia, al menos segú n lo
observado hasta ahora. Por lo tanto, en lugar de depender de tá cticas y
estrategias meticulosas, como en las guerras entre humanos, la lucha
por el tiempo y un aluvió n de material es crucial.
Una vez activada la magia de invocació n del Archiduque, los aliados se
unirá n, facilitando la batalla. Sin embargo, una invocació n segura
requiere tiempo, y quienes han defendido el Norte durante tanto
tiempo han aprendido por experiencia que luchar temerariamente y
arriesgar la vida minimiza las bajas.
Pero la batalla de hoy fue diferente a cualquier otra anterior.
“¡Abre el camino!”
“¡Protejamos a Su Majestad!”
Los caballeros formaron y corrieron, gritando. Quienes se apresuraban
a enfrentarse a los monstruos se desorganizaron repentinamente y se
dispersaron rá pidamente a ambos lados.
Durante generaciones, las batallas en Loudken han seguido un patró n
similar. En primavera y verano, los monstruos duermen y permanecen
inmó viles, y hasta la llegada del invierno, atacan a la gente en zonas
especı́ icas como bosques y campos. Luego, en pleno invierno,
recuperan energı́a y comienzan a arrasar.
Monstruos que surgieron de las montañ as, bosques y mares má s allá de
la muralla se apresuraron a conquistar Loudken. Caballeros, magos,
soldados e incluso los aldeanos reclutados en ese momento intentaban
ganar tiempo, y entonces apareció un demonio gigante invocado por el
Gran Duque y sometió a los invasores.
Era inaudito que el Archiduque participara personalmente en una
batalla antes de poder siquiera invocar a sus demonios. Sin embargo,
antes de que nadie pudiera dudar, el pueblo cumplió las ó rdenes de los
Caballeros.
Montada en su caballo marró n con una marca blanca entre las cejas, la
omnipresente Archiduquesa Rensley Mallorcen de Oldenland, con su
cabello rubio y su capa azul ondeando en la oscuridad, galopó hacia el
monstruo. Sus caballeros galopaban junto a ella en formació n de lecha.
Justo cuando las sombras de la horda de monstruos comenzaban a
tomar forma, Rensley extendió la mano. Habı́a estado murmurando
para sı́ mismo durante todo el trayecto, y entonces gritó algo en voz alta
en un idioma que los humanos no entendı́an. El aire bajo sus dedos
comenzó a cambiar de inmediato.
Tsk tsk tsk… …. Un sonido que no podı́a volar en el aire vacı́o tomó
forma y se extendió rá pidamente hacia arriba. La gente murmuró con
incredulidad ante lo que tenı́an ante ellos.
“¿Es la magia de la lluvia……?”
Dejando atrá s el murmullo de la multitud, el hielo comenzó a formarse
en la palma de Rensley, luego en el aire. Ocurrió en un instante. Con un
crujido, una enorme pared de hielo se alzó donde antes no habı́a nada,
extendié ndose hacia el suelo y luego hacia el cielo.
Los hechizos de congelació n, que captaban la humedad del aire para
crear hielo o lanzaban hechizos para congelar personas, monstruos u
objetos, eran magia usada frecuentemente por los magos. Sin embargo,
nadie presente habı́a visto ni oı́do hablar de magia de congelació n
realizada a esta velocidad y escala. Ni siquiera los magos de la realeza.
Gracias a la actuació n de Rensley Mallorsen en la boda, la gente sabı́a
que Rensley poseı́a un talento má gico. Sin embargo, como nunca habı́an
re lexionado mucho sobre sus habilidades, quedaron
momentá neamente confundidos.
El muro de hielo que Rensley creó era tan alto que superaba las
murallas septentrionales de Loudken y tan vasto que parecı́a abarcar
las montañ as. Sobre todo, el hecho de que un muro tan enorme pudiera
crearse en un abrir y cerrar de ojos no tenı́a precedentes.
Los monstruos, incapaces de atravesar el muro de hielo, tan alto que
parecı́a perforar el cielo, aullaban y golpeaban la pared. Aunque las
criaturas aladas lograron escalarlo, su nú mero fue su iciente para
someterlas de inmediato.
Incluso con el ataque de los monstruos, la pared de hielo se mantuvo
irme, sin romperse ni derrumbarse fá cilmente. "¡Koosh! ¡Koosh!" Los
monstruos golpearon la pared con todo su peso y fuerza, cuyo rugido se
transmitió vı́vidamente al otro lado. Cada vez que el sonido resonaba, la
gente se estremecı́a, pero la pared permanecı́a intacta. Cada vez que
parecı́a agrietarse o derretirse, la pared de hielo se congelaba,
volviendo a su forma original. Incluso mientras los monstruos gritaban,
la rubia Archiduquesa no mostró signos de agitació n.
Sin embargo, permaneció rodeado por los caballeros, con las manos
enguantadas aú n aferradas a la pared. Con los ojos cerrados, continuó
hablando, con la mirada ija en algo, el rostro aterradoramente
concentrado, como si la conmoció n circundante fuera indiferente. Su
per il distaba mucho del habitualmente tranquilo Rensley Mallothen.
Y luego vino el silencio.
Un alto y grueso muro de hielo los separaba, y un silencio impropio de
un campo de batalla reinaba en ambos bandos. Los monstruos, que
habı́an estado arañ ando y golpeando la barrera, gritando
frené ticamente, fueron enmudeciendo poco a poco. Lo mismo ocurrió
con quienes se habı́an adelantado para proteger a Loudken.
Una sensació n de extrema incomodidad los silenció a todos. En la
guerra contra los monstruos, que se repetı́a cada invierno, nunca se
habı́an encontrado con algo ası́. El desconocido acontecimiento los
sumió en un estado de temor y emoció n, esperando lo que sucederı́a a
continuació n.
El campo de batalla se volvió tan silencioso que el hecho de que tanto
monstruos como humanos se hubieran reunido para llenar las vastas
llanuras era insigni icante, solo se oı́an los sonidos del viento, el
crepitar de las antorchas y los sonidos de animales salvajes que huı́an
de la oscuridad para escapar de la atmó sfera sospechosa, dejando solo
un puñ ado de sonidos.
Solo Rensley seguı́a cantando, como si recitara algo. Como si alguien se
dirigiera a alguien. En el silencio del entorno, la voz de Rensley,
hablando en un idioma desconocido, se oı́a dé bilmente, aunque nadie
podı́a distinguir si era el lenguaje de los espı́ritus o los conjuros
habituales de un mago.
¿Podrı́a ser que los monstruos al otro lado del muro de hielo lo
estuvieran escuchando? Algunos lo creyeron, pero rá pidamente
descartaron la idea por absurda.
Incluso un breve instante al aire libre te hace tiritar en el invierno de
Oldenland. Incluso con varias antorchas grandes encendidas, el calor se
desvanece rá pidamente en el aire frı́o. El sudor perlaba el cuello y las
sienes de Rensley, algo inusual en un clima que hace castañ etear los
dientes si uno se queda quieto. Pero sus ojos cerrados estaban má s
pá lidos de lo habitual, y sabı́a que no era por el calor, sino por un sudor
frı́o.
Finalmente, incluso Rensley guardó silencio. Con expresió n cansada,
abrió los ojos y miró má s allá de la pared de hielo, como curioso por lo
que les esperaba, igual que los espectadores. El silencio duró un
instante.
Golpe, golpe, golpe, golpe.
Al reanudarse los golpes regulares e intermitentes en la pared, Rensley
se estremeció y retrocedió un paso. Golpe, golpe, golpe, golpe, golpe,
golpe, golpe, golpe, golpe. El sonido se hizo má s rá pido y má s fuerte.
Las sombras proyectadas por la linterna mostraban las huellas de las
manos de los monstruos, que dejaban rastros en el hielo, cada vez má s
altos. Por muy alto que llegaran, habı́a un inal, ası́ que eventualmente
escaları́an la pared.
“¡Prepá rense para contraatacar!”
Los arqueros tensaron sus arcos al instante.
Rensley apretó los dientes y retrocedió , pero mantuvo la vista ija en lo
que ocurrı́a al otro lado del muro. Los monstruos que trepaban por é l
no se desbocaban simplemente para atacar a Loudken.
Era una señ al de que "eso" estaba a punto de aparecer. Efectivamente,
poco despué s, un extrañ o silbido comenzó a llenar el cielo, y una parte
del cielo comenzó a iluminarse. Apareció una monstruosa y gigantesca
bestia demonı́aca, con varias cabezas largas y docenas de ojos carmesı́
alineados a lo largo de su silueta.
La gente estaba tensa, pero la tensió n no duró mucho. Finalmente, un
cı́rculo má gico dorado se formó en el cielo y surgió la tan esperada
invocació n.
La criatura invocada, con sus ojos dorados brillando como lava y sus
alas negras aleteando, aterrizó brevemente en el suelo antes de saltar
hacia adelante con todas sus fuerzas. Rensley rá pidamente retrajo parte
del muro de hielo que habı́a erigido, despejá ndole el camino para
avanzar.
Un trueno retumbó , como si la tierra estuviera a punto de partirse. Un
relá mpago plateado brilló , como si fuera a teñ ir el mundo. Mientras los
dos demonios gigantes se enredaban y comenzaban a luchar, los
caballeros que habı́an rodeado a Rensley para protegerlo gritaron con
entusiasmo.
“¡Su Majestad, usted es realmente increı́ble!”
“¡Fue un é xito!”
Como dicen, la batalla de hoy fue un é xito. El muro de hielo que Rensley
creó bloqueó con irmeza el avance de los monstruos, y gracias a ello,
pudieron ganar tiempo hasta que llegó la llamada del Archiduque, con
bajas sin precedentes.
Gracias. Todo es gracias a tu ayuda.
Pero Rensley, quien respondió , tenı́a una sonrisa algo incó moda, y su
expresió n no era especialmente alegre. Como aú n estaban en combate,
a nadie le extrañ ó la ligera sombra en su rostro.
A medida que avanzá bamos, eliminando a los monstruos restantes uno
por uno, la batalla entre los demonios llegó a su in, y la batalla de hoy
se acercaba lentamente a su in. Fue otra victoria para los norteñ os.
***
Só lo las velas que colgaban aquı́ y allá en las paredes y la luz de la
chimenea rompı́an la oscuridad total del interior de la prisió n sin
ventanas.
El hombre recluido en esta prisió n estrictamente vigilada, rodeada de
muros de piedra y custodiada por varios guardias, no era un
delincuente. Las sombras de dos iguras, entrelazadas como una sola, se
re lejaban en la só lida pared.
"Ajá ……."
Tras gritar tanto tiempo, su voz gemı́a se habı́a vuelto ligeramente
ronca. Tenı́a la mandı́bula relajada y saliva clara goteaba de sus labios
entreabiertos. Las rodillas y los muslos de Rensley temblaban contra las
sá banas.
Antes de que pudiera siquiera mover su cuerpo tembloroso, el miembro
de su pene, que parecı́a una estaca, se clavó en é l, aferrá ndose
irmemente. Sus codos, apenas capaces de enderezarse, se estrellaron
contra la cama, y el torso de Rensley se desplomó .
"defecto……."
Agotado de tanto gritar, jadeaba cuando una mano, con sus largas y
inas uñ as y dibujos negros irregulares, acarició con cautela la cintura
de Rensley, para luego descender hasta su pecho, teñ ido de un rojo
vibrante. Rodeó su torso con todo el antebrazo, se inclinó
profundamente y lamió suavemente la parte posterior de la oreja de
Rensley.
Incluso las suaves caricias, aparentemente destinadas a calmar el dolor,
se sentı́an como una corriente elé ctrica en mi cuerpo, ya al lı́mite de su
capacidad. No pude contener los sollozos. Las nalgas de Rensley
sufrieron espasmos involuntarios, tensá ndose al sujetar el gran pene
detrá s de mı́. A medida que mi trasero se tensaba, el placer que me
invadı́a el bajo vientre me derretı́a. Todo mi cuerpo perdió fuerza, pero
mis nalgas y muslos seguı́an tensá ndose por sı́ solos, y la repetició n de
esa abertura se volvió tan dolorosa que me hizo llorar.
“Su Majestad, há galo ahora, hmph, por favor…….”
Ante la sú plica de Rensley, Giselle dejó escapar un suspiro vacilante.
Incluso el aliento que exhalaba, consumida por la preocupació n, le
resultaba tan doloroso que Rensley se estremeció y encorvó los
hombros. Giselle abrazó su cuerpo sollozante por detrá s y besó
suavemente su nuca sudorosa.
“Ugh, eh, ahh…….”
“Vamos un poquito má s lento, ¿eh?, hagá moslo”.
“No… No. No puedo… No puedo aguantar má s…”
Rensley negó con la cabeza dé bilmente. Los genitales de Giselle, aú n
con las marcas de la bestia demonı́aca, eran un esfuerzo para
mantenerlos dentro. Y ahora ambos sabı́an que no era el inal.
¿Qué pasarı́a si Giselle llegara a su punto má ximo ahora? ¿Có mo se
hincharı́a su pene ya grande, se pondrı́a en forma, se erigirı́a y
penetrarı́a el estrecho interior de Rensley, hacié ndolo llorar?
Giselle dedicó mucho tiempo hoy a descongelar el cuerpo de Rensley.
Calculó que, tomá ndose su tiempo, despacio y gradualmente, hasta que
el cuerpo de Rensley se abriera por completo, podrı́a aliviar la agonı́a
inal.
Pero cuanto má s se demoraba el clı́max de Giselle, má s tardaban en
unirse. Esa noche, Rensley ya experimentaba sensaciones que
superaban su capacidad de soportar.
“Esto es má s difı́cil…….”
La garganta de Giselle se agitó bruscamente ante las palabras, que
pronunció con un tono quejoso. Soltó un suspiro entrecortado, luego
deslizó el brazo alrededor del pecho de Rensley y sujetó su pelvis, esta
vez presioná ndola.
Un pene palpitante, con las venas abultadas y brillantes entre las
mejillas enrojecidas por la fricció n constante, sobresalı́a. Mientras
Giselle arqueaba la espalda, Rensley hundió el rostro en sus brazos y
tembló .
Tras volver a introducir el objeto extraı́do, Giselle no pudo contenerse
má s. Pronto llegó a su lı́mite. Los gemidos y jadeos que habı́a estado
conteniendo brotaron de detrá s de Rensley.
El lento chapoteo de la manta rozando el cuerpo habı́a desaparecido. El
rá pido y violento roce de carne contra carne resonaba con especial
intensidad en la prisió n de muros de piedra.
—¡Uf...! ¡Ah! ¡Uf, ah! ¡Ah! ¡Ajá !
Quizá s era el tiempo extra que le quedaba lo que lo hacı́a sentir tan
agotado que ni siquiera podı́a gritar. Mientras Giselle embestı́a con
tanta fuerza que todo su cuerpo se estremecı́a, un grito brotó de los
labios de Rensley, incontrolable. No habı́a necesidad de reprimirlo. Ese
grito jamá s escaparı́a de los gruesos muros de piedra de la prisió n.
—Ja, ah. Rensley, ¿está s bien…?
Giselle jadeó , pero en lugar de responder, Rensley simplemente recogió
las mantas debajo de é l, con las yemas de los dedos blancas.
Finalmente, los genitales de Giselle se contrajeron dentro de su
estó mago, expulsando luidos calientes.
La sensació n, normalmente humectante, le proporcionó a Rensley
placer y alivio. Signi icó la culminació n de otra unió n, la fusió n de sus
placeres.
Pero no esta noche. El clı́max de Giselle marcó el segundo comienzo de
la noche.
“Ugh, eh, eh.”
Los gemidos de Rensley, antes llenos de pasió n, se convirtieron en
meros sonidos de dolor persistente. Mientras sus mejillas, cuello y
pecho se enrojecı́an, un sudor frı́o le corrı́a por la espalda.
p j p p
“Rensley.”
Giselle abrazó a Rensley con fuerza por detrá s. Rensley se aferró a sus
fuertes brazos, aferrá ndose a ellos, pero eso no alivió el dolor. Quien le
causaba este dolor era nada menos que el hombre que la sujetaba, y
Rensley se aferró frené ticamente a su brazo, como si buscara alivio.
El pene, que llenaba su interior, se expandı́a rá pidamente. Se abrió paso
a travé s de las estrechas paredes, penetrando en el punto muerto, y
inalmente, invadió má s allá de la curva cerrada.
Rensley gimió y luego tosió , con una mezcla de ná useas y dolor. Habı́a
aprendido que incluso la sensació n de que le expulsaban los intestinos
se le volverı́a familiar con el tiempo, pero el dolor inmediato se le hizo
demasiado prolongado. Tenı́a la visió n borrosa. Las lá grimas luı́an sin
cesar.
“Haa, eueueueueu, Su Majestad, haeu, Su Majestad, ha…….”
—Lo siento. Solo un poquito má s…
—Ah, no, no, ah… ¡ah!
Cuando Rensley arqueó instintivamente su espalda para hacer la
penetració n má s super icial, Giselle apretó su agarre sobre é l,
superponiendo completamente su cuerpo mientras é l yacı́a boca abajo,
con las piernas estiradas.
A medida que el peso de su ya profunda penetració n presionaba aú n
má s sus recié n abiertas paredes internas, Rensley se estremeció y
rompió a llorar de nuevo. Los susurros de Giselle tambié n eran
apagados, como si estuviera sufriendo.
—Por favor, no te muevas. Uf... Si te mueves ahora, uf, te lastimará s.
Rensley sollozó sin responder. Mientras lo hacı́a, su pene hinchado
seguı́a chorreando semen caliente hasta el fondo de su estó mago.
Su cuerpo plano y blanco, empapado en sudor, temblaba sin cesar. No
tuvo tiempo de avergonzarse, ni siquiera cuando un lı́quido hú medo,
parecido a la orina, luyó de sus genitales, mojando la cama.
Fue só lo cuando Rensley, que habı́a estado gimiendo y sufriendo todo el
tiempo, estaba medio consciente y jadeando en silencio que su unió n
inalmente se disolvió .
***
Rensley estaba sentado en la bañ era, recliná ndose contra Giselle como
solı́a hacer, y jugando con el agua con sus manos.
Giselle permaneció en silencio. Rensley ladeó ligeramente la cabeza
para mirarlo.
"¿Qué está s pensando?"
Giselle miró en silencio a Rensley, apoyando los codos en el borde de la
bañ era y descansando ligeramente la barbilla.
"¿Có mo te sientes?"
—Estoy bien. Bueno, aunque esté un poco indispuesto, puedes
arreglarlo con magia, ¿no?
Rensley sonrió y respondió , hundié ndose má s en el agua. Sus hombros
blancos y rectos se hundieron bajo la super icie.
Como era de esperar, las cosas no son tan fá ciles como pensaba. Al
principio, pensé que era un é xito. Pero luego sentı́ que los demonios me
escuchaban. Incluso guardaron silencio por un momento.
¿Pudiste tener una conversació n?
"De nada."
¿No está s practicando contra monstruos capturados? ¿Y aun ası́?
—Sı́. Por ahora... Necesito esforzarme un poco má s, pero creo que fue
un error siquiera pensar que la comunicació n serı́a posible. Solo estaba
suponiendo sin siquiera intentarlo.
No. Si te sentiste ası́, debe haber una razó n, ası́ que sigamos
investigando. En mi experiencia, nunca he fallado en encontrar una
respuesta. Solo lleva tiempo.
Ante las palabras de Giselle, Rensley pareció recuperar algo de energı́a
y se volvió hacia é l. Besó los labios de Giselle, luego lo miró a los ojos,
que habı́an recuperado su color original, y le preguntó de nuevo.
“Su Majestad, ¿se encuentra bien?”
¿No lo sabes? Cuando está s en un estado demonı́aco, la mayorı́a de las
heridas se pueden curar.
—Lo sé . Pero creo que tienes algo en mente.
Dedos largos y elegantes, que volvı́an a su forma original, como ojos
á mbar, apartaron su cabello rubio y hú medo de la frente. Giselle no
respondió de inmediato, pero inalmente, aparentemente resignada,
abrió la boca.
“…De ahora en adelante, serı́a mejor evitar tener relaciones sexuales
inmediatamente despué s de la invocació n.”
¿Sı́? ¿Por qué ? Despué s de decir eso, Su Majestad regresa de inmediato
y me acuesto con é l a propó sito.
"Solo tienes que esperar. De todos modos, era natural esperar a que
todo volviera a la normalidad antes de conocerte."
“Hasta entonces, ¿soy el ú nico que custodia el castillo?”
Giselle parecı́a avergonzada por la queja de Rensley.
“Porque lo está s pasando mal.”
"Aun ası́, es solo temporal. Puedo tolerarlo."
"Solo necesito esperar un poco. No tienes que complicarte la vida."
“No tienes que tomar al pie de la letra las palabras o bromas aleatorias
que surgen durante las relaciones sexuales”.
Rensley se mostró aú n má s decidido que de costumbre. El sujeto en
cuestió n era inusualmente irme en sus opiniones, ası́ que ni siquiera
Giselle, quien probablemente habı́a re lexionado antes de hablar, pudo
permanecer terca.
Si esto ayuda, me alegro. Ademá s, si te quedas aquı́ esperando tu
regreso, tendré que proteger a Loudken yo solo... No ha pasado ni un
añ o desde nuestra boda, y no me siento seguro de proteger el castillo
solo.
Este es el castillo al que regresé sin siquiera estar presente antes de la
boda. Estoy bien preparado para esta situació n, ası́ que mis allegados
me ayudará n.
“Lo considero uno de mis papeles como Gran Duquesa, ası́ que ya no
tienes que preocuparte por eso”.
—Pero Rensley.
“Si lo pones de esa manera, ¿no serı́a igualmente difı́cil para Su
Majestad convocar y utilizar criaturas convocadas?”
Rensley interrumpió la conversació n, se sacudió el agua caliente, se
levantó y se envolvió en una toalla.
Pero estoy de acuerdo en que es mi deber como Gran Duque, y creo que
es algo que debo soportar naturalmente. Un poco de di icultad no es
nada. Si otros lo supieran, probablemente se reirı́an y dirı́an: «Estoy
presumiendo de mi condició n de recié n casada».
“…….”
No dirı́a que soy una persona responsable, aunque presuma... pero no
soy tan dé bil como para quejarme de no poder hacerlo. No te preocupes
demasiado.
Si Giselle hubiera ignorado las objeciones y dado sus ó rdenes con
sinceridad, Rensley no habrı́a tenido má s remedio que obedecer. Sin
embargo, Giselle tambié n era una persona sensiblera con su
archiduquesa.
No querı́a arruinar su orgullo con mis preocupaciones, quizá s triviales.
Giselle, ya completamente recuperada, se levantó de la bañ era, se
acercó a Rensley por detrá s y lo abrazó .
“Lo siento si te ofendı́.”
¿Dices que es desagradable? En realidad, está bien, por eso.
—Lo sé . Gracias.
Incluso Rensley, quien se habı́a tensado ligeramente ante las palabras
de disuasió n, se derrumbó indefenso ante las palabras de
agradecimiento. Con Giselle completamente recuperada, comenzó a
prepararse para regresar a la torre principal sin siquiera esperar el
amanecer.
***
Poco despué s de la fuerte nevada, el mundo se cubrió de blanco.
Rensley estaba de pie junto a la ventana, admirando el paisaje nevado.
Las condiciones habı́an sido tan duras en su primer viaje al norte que ni
siquiera se inmutaron ante la perspectiva de ver nieve por primera vez
en sus vidas.
Los trabajadores retiraban diligentemente la nieve acumulada con
palas de madera, abriendo un camino para que la gente pudiera
caminar. Tras una gran batalla, Oldenland se reconcilió . Esto
probablemente se debió al creciente sentimiento de solidaridad entre
quienes habı́an compartido la gran tarea. Tras una gran batalla, era
comú n que incluso los monstruos se tomaran un descanso breve o
prolongado, lo que, por un tiempo, tambié n alivió la ansiedad.
“Su Majestad, el Conde y Lady Gerten está n esperando en la sala de
recepció n para una audiencia”.
“Oh, me voy ahora.”
Impulsado por este ambiente, el nú mero de personas que solicitan
reunirse con Rensley ha aumentado signi icativamente. Los condes que
concertaron citas hoy fueron los que asistieron a la boda, y en ese
momento, la esposa estaba embarazada.
Bendiciones para el Guardiá n y su compañ ero. Su Alteza, ha pasado un
tiempo.
¿Có mo está n? Me alegra que ambos se vean saludables.
La condesa visitaba el castillo del Gran Duque por primera vez desde
que dio a luz. Los sirvientes trajeron el té con rapidez y sigilo.
Rensley y los dos invitados charlaron sobre la situació n del condado y
diversos acontecimientos recientes, intercalando bromas. En esta
tranquila reunió n social, la conversació n giró naturalmente hacia el
bienestar del conde y su esposa, quien habı́a dado a luz recientemente.
“El Conde parecı́a preocupado, pero me alegra ver que está a salvo”.
Eramos demasiado mayores para tener hijos. Me habı́a dado por
vencido en secreto... pero gracias a los cuidados de Su Majestad, el bebé
está sano.
¿Qué se siente ser padre? Tengo un poco de curiosidad, ya que
probablemente no tendré que vivirlo yo mismo.
p q y
Al principio, me sentı́ aliviada de que hubiera terminado bien. Pero
luego, al ver la carita de mi hijo, fue tan cariñ osa, como nunca antes
habı́a sentido. Supongo que es la forma en que un padre ve las cosas.
Cuando la dama terminó de hablar, el conde hizo lo mismo.
“Estaba considerando la adopció n porque no podı́a tener hijos y me
alegro de que las cosas hayan funcionado”.
"¿Adopció n?"
"Porque necesito un sucesor. Planeaba traer a uno de mis parientes y
cederle el tı́tulo, pero ya no me parece necesario."
—Ah, sı́. Me alegro de que todo saliera bien.
Rensley asintió , estando de acuerdo apropiadamente.
Incluso despué s de terminar el cuento de los niñ os, varios temas
seguı́an surgiendo en la mesa, pero Rensley, en ocasiones, no respondı́a
y les preguntaba de qué estaban hablando. Por suerte, el Conde y su
esposa parecı́an simplemente felices por su tan esperada visita al
castillo, y no parecieron ofenderse. Disfrutaron de su tiempo hasta el
inal antes de irse.
Cayó la noche. Incluso despué s de terminar la audiencia, Rensley, quien
a menudo parecı́a preocupado por algo, relató repentinamente los
acontecimientos del dı́a en cuanto estuvo a solas con Giselle en el
dormitorio.
“Hoy conocı́ al conde Gerten y a su esposa”.
—Lo sé . ¿Su esposa goza de buena salud?
El bebé está sano y la esposa parece feliz. Quizá s porque nacieron tarde,
con solo ver su expresió n, parecı́a increı́blemente feliz.
¡Genial! La familia del Conde tambié n tendrá menos preocupaciones en
cuanto a la sucesió n.
Sı́. Dijeron que inicialmente consideraron la adopció n, pero que ya no
era necesaria despué s del nacimiento del bebé .
Giselle, que se habı́a quitado su atuendo formal y su capa para asuntos
de estado y se habı́a puesto una bata có moda, tomó su lugar habitual en
un silló n frente a la chimenea e hizo un gesto a Rensley.
Rensley se sentó en su regazo y bajó la voz.
—¿Qué opina, Su Majestad?
"¿De qué está s hablando?"
"Adopció n."
En lugar de responder, Giselle miró ijamente a Rensley, como si
acabara de oı́r algo completamente inesperado. Rensley se acercó .
“Podemos pensarlo, ya que no tenemos la posibilidad de tener un hijo
nosotros mismos, aunque sea tarde”.
Es diferente a una familia normal. ¿No te lo dije? El cargo de Gran
Duque de Oldenland no se transmite solo a los descendientes directos.
Que sea nuestro hijo no signi ica que necesariamente sea el sucesor.
—Lo sé . Pero…
Cuando Rensley se quedó callado y bajó la mirada, Giselle lo miró
ijamente y preguntó con una expresió n ligeramente sorprendida.
“Rensley, ¿quieres tener hijos?”
Rensley se sonrojó levemente al oı́r esas palabras. Era un tema
repentino. Desde su matrimonio, el tema de los hijos nunca habı́a
surgido entre ellos.
"Recientemente."
"¿por qué ?"
"Bien……."
¿Por qué ? Rensley siempre habı́a amado a los niñ os, pero no era muy
diferente de có mo amaba a los gatitos o a los cachorros. No tardó
mucho en empezar a pensar en criar un hijo propio, o incluso uno
propio.
El tiempo que pasé con Giselle, ya niñ a, despertó un deseo que habı́a
estado ignorando. Quizá s albergaba expectativas equivocadas o
anhelaba la alegrı́a y la calidez que habı́a sentido durante esos añ os...
Sin embargo, innumerables personas anhelan tener o criar hijos,
especialmente con alguien a quien aman. Es raro cuestionar las razones
de este deseo, conocido como instinto bioló gico. Cuando Rensley dudó
en responder, Giselle habló primero.
Entiendo lo que piensas. Pero la adopció n de la que habló el Conde
probablemente no implicaba traer un niñ o. Cuando las familias nobles
adoptan para heredar la lı́nea familiar, suelen registrar a un familiar de
entre 15 y 20 añ os, que puede recibir educació n de inmediato y
acompañ arlos a reuniones sociales. A esa edad, es comú n que la gente
abandone el hogar para estudiar o aprender un o icio, separados de sus
padres.
"…bueno."
Si se trata de un niñ o adoptado entre nosotros dos, tendremos que
buscar uno entre los parientes consanguı́neos del Gran Duque. Pero si
de verdad quieres un hijo... Tendré que quitá rselo a sus padres y traerlo
de vuelta. ¿Te parece bien?
Rensley negó con la cabeza sin má s. Cautivada por la posibilidad de
tener un hijo, olvidó considerar las diversas circunstancias que podrı́an
haber sido evidentes con un poco de re lexió n.
No se trata de una pareja particular que quiera adoptar un niñ o; es un
asunto de la realeza. Como siempre, esta vez tampoco iba a ser tan
sencillo.
—No. Estaba siendo imprudente otra vez.
“Si realmente lo quieres, me parece bien, pero…”
Giselle abrazó a Rensley. Rensley, a su vez, apoyó la cara en su hombro.
“No sabı́a que pensabas de esa manera”.
"Su Majestad, se encogió al caer. Pensé entonces: 'Ojalá pudiera tener
un hijo que se le pareciera'".
“Aunque adopte un bebé recié n nacido, no hay garantı́a de que crezca y
se parezca a mı́”.
“Ası́ es… Supongo que me emocioné al escuchar la historia del Conde
hoy”.
Los brazos que sujetaban a Rensley lo apretaron con má s fuerza.
Giselle, con los labios apretados contra su pá lida frente, sonrió
levemente.
No estoy de acuerdo. Si tuviera un hijo, me gustarı́a uno brillante,
valiente y lleno de energı́a como tú .
¿De qué sirve ser valiente? Aunque no te elijan sucesor, al menos
tendrá s responsabilidades importantes como la Princesa Frida. Debes
ser tan inteligente como Su Majestad.
La brillante refutació n de Rensley pronto se volvió amarga. No
importaba a quié n se pareciera. Siempre y cuando pudiera ser mi hija y
la de Giselle.
Pero ese es un sueñ o imposible. Ni siquiera el mago má s grande del
continente, ni el excepcional maestro espiritual que emerge tras siglos,
puede crear algo que supere el poder humano.
Los dos yacı́an en la cama, abrazados. Giselle susurró palabras
reconfortantes.
“Es una pena, si yo fuera mujer, podrı́a haber dado a luz a un niñ o”.
“Bueno… si piensas en la forma en que interactuamos, ¿no deberı́a ser
yo quien dijera eso?”
Ante la pregunta de Rensley, que fue hecha con una sonrisa, los ojos de
Giselle se entrecerraron ligeramente, sintié ndose ligeramente
avergonzada.
“Porque te gustan las mujeres má s que a mı́”.
—No, ¿cuá nto tiempo má s vas a molestarme con palabras ası́?
Rensley se echó a reı́r, como si estuviera ató nita. Giselle, sin perder un
segundo, la besó en los labios.
En lugar de risas, unos dé biles gemidos llenaron rá pidamente el
dormitorio, junto con el calor de la chimenea. La noche de invierno se
hacı́a má s profunda.
***
El entrenamiento de Rensley en el dominio espiritual se intensi icó aú n
má s tras su primera batalla a gran escala. Como era la primera vez que
usaba magia espiritual de tal magnitud en combate real, el Lobo del
Bosque tenı́a muchas preguntas.
Despué s de informar detalladamente a su maestro sobre los
acontecimientos del dı́a y completar su entrenamiento, Rensley sonrió
al invitado que habı́a venido a verlo por primera vez en mucho tiempo
con su maestro.
¿Qué tal la vida en la residencia? ¿Has hecho amigos?
“Bueno, má s o menos.”
La escuela de entrenamiento de magos, ubicada en una isla remota en
el océ ano, ofrecı́a a sus estudiantes unas breves vacaciones de invierno.
Mientras otros estaban ocupados visitando sus pueblos y familias, Amin
tenı́a pocos lugares adó nde ir.
Amin, quien inalmente encontró al lobo que era como un guardiá n, dijo
que é l tambié n estaba pasando sus vacaciones en la cabañ a de un
cazador que el lobo le habı́a dado.
Puedes quedarte en el castillo. Hay muchas habitaciones.
—Está bien. Es solo que es incó modo.
El objeto de la "incomodidad" de Amin que no se atrevió a expresar era,
por supuesto, el propietario del castillo de Loudken.
A pesar de la petició n de Rensley y la tolerancia de Giselle hacia las
habilidades de Amin como mago, este seguı́a temié ndole y evitaba
verlo. Por lo tanto, esta era su primera visita al castillo desde la boda.
Has crecido bastante. Supongo que te alimentan bien en el centro de
entrenamiento.
Dije que se harı́a má s grande. Con el tiempo, serı́a má s grande que tú .
—Bueno, ¿es posible? Diecisiete añ os es una buena edad. Ya era tan alto
como ahora a los diecisiete.
“¡Fé lix tiene má s de veinte añ os...!”
Amin, que estaba a punto de replicar, se irritó ante la sugerencia de que
no crecerı́a, palideció de repente y cerró la boca. Rensley, que solo habı́a
bromeado, tambié n se quedó sin palabras.
Tras regresar del Zodiaco, el nombre de Fé lix se volvió tabú . Ni Giselle
ni Rensley lo mencionaron jamá s, e incluso en las cartas de Amin que
llegaban ocasionalmente al castillo, su nombre nunca se mencionaba.
Aunque en ocasiones expresaba confusió n y tristeza, nunca revelaba el
motivo.
Rensley se rió entre dientes y le revolvió el cabello a Amin.
Ese tipo comı́a y vivı́a bien, por eso. ¿Comı́an algo cuando trabajaban
juntos? Estaba delgado por aquel entonces, pero parece que ha
engordado un poco.
En lugar de responder, Amin bajó la mirada y se pasó una mano por el
pelo despeinado. Rensley se giró hacia el lobo, que permanecı́a allı́,
aparentemente aburrido de la conversació n.
"¿Có mo está s, Oron? Pensé que vendrı́as conmigo."
Querı́as venir. Pero me desobedeciste y abandonaste el bosque por tu
cuenta, ası́ que tienes prohibido salir.
Has crecido tanto, ¿por qué no sales a jugar? Te lo dije, te preocupas
demasiado.
Rensley solı́a bromear con los lobos. Pero su sonrisa, que antes estaba
del lado de Oron, pronto se tornó un poco triste.
—Bueno, eso es lo que siente una madre, ¿no? ¿Có mo podrı́a yo, que
nunca seré madre, entenderlo?
Supongo que quieren tener crı́as despué s del apareamiento. El orden de
los humanos es obvio.
Nunca podré seguir ese orden tan obvio. Pensé que estaba bien cuando
nos casamos, pero ú ltimamente me siento un poco incó moda.
Una vez despertada, mi codicia no dio señ ales de disminuir. Cuando
quiero algo, me siento atraı́da por ello de forma natural. Es como en la
é poca de Celestine, cuando las botas de piel de bú falo bañ adas en oro
estaban de moda, y solo quienes las usaban se daban cuenta. Me
resultaba incó modo comparar el deseo de tener hijos con el deseo
material, pero la sensació n inmediata fue muy similar.
Hoy en dı́a, la mirada de Rensley se centra en los padres con hijos
dondequiera que vaya. ¿Quié n iba a imaginar que habı́a tantos niñ os y
padres en el mundo?
Si quieres lograrlo, hazlo. Yo tambié n me lo he preguntado. ¿Qué te
preocupa?
—Maestro, tú tambié n. Es porque los hombres no pueden tener hijos
entre sı́.
El lobo se encogió de hombros y su rostro mostró total falta de
convicció n.
Normalmente, serı́a ası́. Pero ese bastardo arrogante es un mago
bastante capaz en el mundo humano, y tú eres un maestro espiritual.
No creerá s que creé a Oron apareá ndome con un macho como ustedes,
los humanos, ¿verdad? Oron es un niñ o que creé solo. Los humanos
solos no pueden crear vida, pero si trabajan juntos, deberı́an poder
hacerlo.
¿Dices que creaste un niñ o con magia? Hay muchos magos en el mundo,
y no es raro que se casen entre sı́. Pero nunca he oı́do hablar de nadie
que haya creado un niñ o con magia.
[Eso debe deberse a tu naturaleza humana. Crees que solo los niñ os
nacidos por apareamiento, no por magia, son reales, o que usar el ú tero
de una mujer es má s e iciente y econó mico que usar poderes má gicos.
¿No son razones triviales?]
Amin, que habı́a estado escuchando la conversació n desde un lado,
abrió la boca con cuidado.
Nunca habı́a oı́do hablar de algo ası́. Es solo que está prohibido crear
humanos mediante magia...
Está s empezando, ¿qué sabes? Aunque seas un poco listo, sabes muy
poco.
Fue una observació n dolorosa. Amin claramente poseı́a un talento
excepcional, pero estaba construyendo todo desde cero en el centro de
entrenamiento. Incluso Amin, siempre con iado en sus habilidades, se
inclinó humildemente ante el lobo.
Pero… Rensley ladeó la cabeza para sus adentros. Incluso si Amin
estuviera de acuerdo, no serı́a exagerado decir que Giselle conocı́a toda
la magia del mundo humano. Este no era el juicio personal de Rensley,
sino la evaluació n de Giselle Zibendad por parte de magos destacados.
Si era una magia que desconocı́a, incluso si las palabras del lobo fueran
ciertas, el camino hacia su cumplimiento estarı́a muy lejos. Incluso si
hubiera una montañ a a lo lejos, ¿có mo podrı́a alcanzar su cima si no
conocı́a el camino?
Incluso despué s de escuchar la historia del lobo, todo parecı́a absurdo.
Despué s de la clase, la Archiduquesa bajó personalmente las escaleras
para despedirlos. Tras despedirse, Amin dudó un momento antes de
hablar de repente.
“No sé si los humanos pueden crear niñ os con magia”.
"¿eh?"
Si crı́as a un hijo, será s un buen padre, Rensley Mallorsen. Si el niñ o vive
como tuyo, estoy seguro de que será feliz.
El rostro de Amin se sonrojó . Desvió la mirada, terminó la frase lo má s
rá pido que pudo y, sin decir palabra, se alejó . Incapaz de responder al
repentino cumplido, Rensley se quedó allı́ estupefacto y inalmente
tuvo que gritarle a sus espaldas.
¡Amin! ¡La pró xima vez, durmamos en el castillo!
Amin no respondió .
La loba blanca habı́a desaparecido. Rensley ni siquiera se sorprendió ,
pues siempre iba y venı́a tan rá pido.
***
Los dı́as que tengo clases de maestros espirituales, estas ocupan casi
todo mi tiempo, ası́ que rara vez hago otros arreglos. Con un poco de
tiempo antes de la cena, Rensley re lexionó sobre el asunto y se dirigió
al laboratorio del só tano por primera vez en mucho tiempo. Giselle
tambié n probablemente estarı́a sola a esa hora.
"majestad."
Abrı́ la puerta y asomé la cabeza. Giselle, que preparaba una poció n
desconocida con un grueso libro abierto, se giró para mirar.
Inmediatamente dejó lo que estaba haciendo y saludó a mi
archiduquesa.
"¿Terminó la clase?"
Sı́. Fue divertido hoy.
"¿Ese mago?"
Nos quedamos juntos y luego nos fuimos. Te dije que podı́as dormir en
el castillo... Supongo que aú n te sientes incó moda.
No todos, pero los magos generalmente pre ieren estar solos. Hacen lo
que les parece bien, ası́ que no hay necesidad de obligarlos.
Rensley asintió y se sentó en la silla vacı́a. Giselle cerró su libro y le
preguntó a Rensley.
¿Nos quedamos aquı́ hoy? Tendremos que comer pronto, ası́ que
¿subimos juntos?
"majestad."
Ansiosa por compartir la fascinante historia que acababa de descubrir,
lo llamó apresuradamente. Giselle, que se habı́a levantado para guardar
su libro, giró la cabeza para mirar a Rensley. Presintiendo que estaba a
punto de tener una conversació n seria, se sentó frente a é l.
“Esta es una historia que escuché de mi maestra hoy”.
“¿Aprendiste alguna magia interesante?”
“El Maestro dijo que é l mismo creó a Oron y que entre los dos
podrı́amos crear un niñ o con magia”.
"¿Es ası́?"
Sı́. Amin dijo que era la primera vez que escuchaba una historia ası́. El
Maestro lo interrumpió , diciendo que Amin no sabı́a mucho al respecto.
Giselle no reaccionó a las palabras de Rensley. Simplemente asintió y se
puso de pie.
Es curioso que puedas tener un hijo tú sola. Es imposible en el mundo
humano.
¿No es increı́ble? Nos vemos tan a menudo ú ltimamente que a veces me
quedo paralizada, pero é l es realmente un ser de otro mundo.
Yo tambié n he visitado brevemente su mundo. Gracias a ti, he adquirido
esta experiencia, y como mago, te lo agradecerı́a.
Giselle sonrió levemente y envolvió sus brazos alrededor de los
hombros de Rensley, quien todavı́a estaba sentado.
“Ahora que hemos terminado de organizarnos, ¿subimos?”
"Sı́."
Los dos se dirigieron juntos al restaurante. Mientras charlaban un rato,
la comida ya estaba lista.
La mesa era larga, pero Rensley, como siempre, se sentó junto a Giselle.
Gracias a los incansables esfuerzos de Rensley, la comida del Castillo de
Loudken ahora tenı́a un sabor que no desentonarı́a en ningú n sitio.
Quizá s gracias a esto, Giselle, quien antes de la boda solı́a saltarse las
comidas a menos que Rensley las preparara, ahora las ofrecı́a primero,
como hizo hoy.
Este invierno, el arenque abundaba especialmente. Rensley sirvió
arenque en escabeche sobre pan. Tenı́a un ligero sabor a pescado, pero
al combinarlo con una salsa de vinagre, hierbas y buen aceite, la brisa
marina se volvió fragante. Despué s de comer el pan, Rensley se enjuagó
la boca con un licor fuerte y especiado y sonrió .
Lo probé por primera vez desde que llegué . Al principio, el sabor no me
resultaba familiar y no me gustaba, pero ahora me arrepiento de no
haberlo podido probar.
Porque es un pescado abundante en el norte. Los pescadores suelen
comerlo crudo.
¿Pescado crudo? ¿Te parece bien?
Los dos continuaron comiendo, charlando. Giselle era un poco má s
reservada que Rensley, pero sin importar el tema que abordara,
siempre tenı́a respuestas que Rensley no entendı́a, lo que hacı́a que
conversar con é l fuera siempre un placer.
Despué s de comer, beber té e incluso bañ arse, los recié n casados se
fueron a la cama, dejando só lo unas pocas lá mparas cerca de la cama
como hacı́an todas las noches.
Los dos yacı́an en la cama, naturalmente enredados el uno con el otro.
Los labios de Giselle rozaron primero la mejilla de Rensley.
Rensley tambié n rodeó el cuello de Giselle con sus brazos. En lugar de
rozarle los labios de inmediato, le dio ligeros besos en la frente, las
mejillas y las sienes. Acarició varias partes de su cuerpo, deteniendo
gradualmente su mano y llamando suavemente a su acompañ ante.
"majestad."
Giselle miró a Rensley, que estaba boca abajo. Rensley lo miró ijamente
y preguntó .
“Su Majestad, ¿conoce usted la magia de crear niñ os?”
Hubo silencio por un momento.
La expresió n de Giselle permaneció inmó vil. Miró a Rensley en silencio,
sin a irmar ni negar, antes de volver a preguntar.
¿Por qué piensas eso?
Si no lo supieras, te habrı́as interesado mucho má s. Si Su Majestad,
quien dice saber toda la magia del mundo, realmente no lo supiera, no
lo habrı́as pasado por alto sin decir nada.
“Tambié n me intrigaba la historia del lobo”.
"No digo que creé a Oron solo. Digo que los dos podrı́amos tener un hijo
juntos".
“El no es humano, por eso no sabe de qué está hablando”.
Solo entonces Giselle se incorporó en la cama. Rensley tambié n se
incorporó .
¿De verdad no lo sabes? ¿Puede Su Majestad jurarme, por nuestra
lealtad conyugal, que no conoces esta magia?
No hubo respuesta. Giselle miró a Rensley sin expresió n alguna, luego
se levantó de la cama y se puso la bata. Rensley, quien normalmente lo
habrı́a seguido, permaneció en su lugar.
Giselle se sirvió un vaso de agua de la mesa cerca de la chimenea, lo
bebió y, en lugar de darse vuelta, se quedó allı́, mirando a Rensley.
—Existe, pero es una magia imperfecta. No quiero que te hagas
ilusiones.
"¿imperfecció n?"
La idea de crear humanos mediante magia humana es tentadora,
¿verdad? Ha habido intentos, pero el é xito fue bajo y la controversia fue
tan grande que se abandonaron hace mucho tiempo. No queda mucha
documentació n relevante. Desde hace tiempo se acepta que aprovechar
las capacidades reproductivas innatas de los humanos es mucho má s
e iciente que recurrir a la ardua tarea de la magia, y la investigació n
sobre el tema se ha estancado, ası́ que, aunque sepamos de su
existencia, la situació n no cambia. Pensé que no era necesario decı́rtelo,
ya que te decepcionarı́as si lo supieras.
Rensley se quedó sin palabras ante la clara explicació n. Giselle
probablemente sabrı́a mucho má s sobre magia, ası́ que hacer preguntas
era inú til. Pero su curiosidad persistió .
“Si se detiene, Su Majestad podrá realizar má s investigaciones”.
“…….”
Ya que se dedica a estudiar a diario, ¿no podrı́a Su Majestad seguir
desarrollando esta magia? No sé mucho de magia, pero he oı́do que Su
Majestad creó muchos hechizos por primera vez... Aunque no sea
posible de inmediato, podrı́a serlo en unos añ os.
Giselle, que habı́a perdido algo de con ianza, no respondió de inmediato
a la pregunta de Rensley. Quizá s no habı́a previsto sus palabras; miró en
silencio la luz de la chimenea antes de hablar por in.
“Eso puede ser cierto, pero…”
Giselle se quedó en silencio, algo inusual para su tono habitual, como si
intentara ordenar sus pensamientos. Pero su tono pronto se volvió
irme.
“¿Es realmente necesario?”
"¿necesario?"
Lo he dicho varias veces, pero el sucesor no tiene por qué ser
necesariamente un descendiente directo del Gran Duque. No vale la
pena arriesgarlo. Digan lo que digan, solo debemos dejar clara nuestra
postura.
No quiero un sucesor. Solo quiero a Su Majestad y a mi hijo...
Rensley hizo una pausa a mitad de la frase y sus pensamientos se
dirigieron hacia algo que no habı́a considerado antes.
Su expresió n se volvió vacı́a. Su voz perdió fuerza.
-No quieres tener hijos, ¿verdad?
“…….”
“Pensé que Su Majestad tambié n lo querrı́a…”
El malentendido no fue culpa de Rensley. Cada vez que Rensley
mencionaba el tema de los niñ os, su archiduque se habı́a mostrado muy
cariñ oso y comprensivo.
Incluso dijiste que si fueras mujer habrı́as dado a luz un hijo, y ahora
dices que no quieres tener un hijo.
“Si pudiera tenerlo normalmente, no habrı́a pensado si lo querı́a o no”.
Mientras Rensley permanecı́a sin palabras, Giselle se acercó
nuevamente a la cama y se sentó a su lado.
"Lensley, nunca me ha gustado nadie antes de ti. Mis ú nicos intereses
han sido Oldenland y la magia."
"…lo sé ."
Incluso ahora… solo amarte me basta. No necesito a nadie má s en mi
vida que necesite ser amado.
¿No serı́a genial si tu familia creciera?
“No soy una persona que pueda dedicar su corazó n a muchas cosas, ası́
que manejarte solo a ti es mi lı́mite”.
Rensley volvió a quedar ató nito ante esas palabras. En momentos como
estos, sentı́a que é l y la otra persona eran fundamentalmente
diferentes. Incapaz de comprender el signi icado exacto, dudó y no tuvo
má s remedio que preguntar.
¿Te cuesta amarme? ¿Porque le he causado problemas a Su Majestad?
—Ni hablar. Eso es lo que podrı́a signi icar. Pero si fueran má s de dos,
sin duda serı́a una carga. Me re iero al cará cter y las habilidades de la
persona, no a ti.
“…….”
Sobre todo, no se garantiza que esta magia sea segura. No sé mucho
sobre las consecuencias. Si la intentas imprudentemente y sale mal,
incluso por una sola casualidad, podrı́as lastimarte...
Giselle frunció el ceñ o ligeramente.
“Nunca me lo perdonaré .”
Solo imaginar la tragedia le dolı́a la expresió n como nunca antes.
Rensley no pudo resistir má s.
Intencionalmente o no, ya le habı́a causado pé rdidas en numerosas
ocasiones. De no ser por mı́, este noble y hermoso rey nunca habrı́a
tenido que experimentar emociones tan dolorosas.
Rensley se acercó a Giselle y apoyó la cabeza de ella en su hombro.
“Me disculpo por molestarte con palabras innecesarias”.
No te disculpes. Sé có mo te sientes.
—Sı́. Entiendo lo que dice Su Majestad.
La mano de Giselle acarició suavemente el cabello rubio de Rensley.
Rensley cerró los ojos y pensó en cuá nto le encantaba esa caricia.
Es hora de aceptar humildemente una vez má s el principio de la vida:
no puedes tener todo lo que quieres.
***
Esa noche, Giselle compartió un poco má s sobre su conocimiento de la
magia, probablemente para convencer aú n má s a Rensley.
Desde la antigü edad, los magos han intentado con todas sus fuerzas
crear humanos, pero la mayorı́a de sus intentos han fracasado y han
obtenido resultados imperfectos.
Algunos han intentado un proceso similar a la reproducció n natural.
Crearon embriones mediante una combinació n de poderes má gicos y
los implantaron en cuerpos humanos para asegurar un crecimiento
estable. Sin embargo, los organismos implantados crecieron
excesivamente dentro del cuerpo, transformá ndose en formas que
desa iaban el propó sito original, lo que resultó en un fracaso.
Esos eran todos los registros que sobrevivı́an. Los antiguos magos,
reconociendo la futilidad y la nocividad del deseo de la humanidad de
crear humanos, abandonaron su investigació n, dejando solo sus propias
historias de fracaso. Con el tiempo, repetidas experiencias desastrosas
llevaron a que la prá ctica misma se considerara tabú , y nadie se
aventuró en el campo ni siquiera consideró su potencial.
La esperanza era vaga, pero el peligro era real. Rensley estaba
completamente convencido. Decidió no volver a hablar de niñ os ni caer
en la codicia innecesaria, y enterró los pensamientos que habı́a
albergado durante un tiempo. La vida del Gran Duque y la Duquesa de
Oldenland continuó como siempre.
—Su Majestad, ¿sigue aquı́? Es de noche.
Rensley se giró hacia quien la habı́a llamado. La doncella jefa, Samlet,
estaba allı́ de pie. Preguntó con ansiedad, envolvié ndola con otra capa
de gruesa capa de piel.
Has estado ocupado todo el dı́a, ası́ que deberı́as descansar un poco por
la noche.
"Está bien. No sabemos cuá ndo volverá n a atacar los monstruos, ası́ que
tenemos que estar preparados".
Oldenland ha capturado monstruos durante generaciones para
experimentar y estudiarlos. Recientemente, Rensley ha estado
visitando la prisió n donde se retiene a los prisioneros a diario e
intentando comunicarse con varios monstruos, pero hasta ahora no ha
obtenido resultados signi icativos.
A veces siento que responden a mis historias, pero sigo sin poder
entender sus pensamientos. ¿De verdad son tan insensatos como dicen?
Aunque carezcan de inteligencia, probablemente posean fuerza de
voluntad y razonamiento, pero a Rensley le cuesta comprender incluso
eso.
Quizá s todo este esfuerzo fue en vano. Rensley suspiró y se puso de pie.
Al cruzar la puerta de la prisió n donde estaban los demonios, estaba
completamente oscuro.
Ultimamente, he estado comiendo ligero mientras trabajo, tanto que
cualquiera que me viera probablemente se reirı́a y dirı́a que empiezo a
parecerme a mi compañ ero. No parece haber mucha diferencia entre el
Archiduque Gisel y yo, quien solı́a estar con inado en su só tano,
atiborrá ndose de lo que le traı́an sus sirvientes, y luego concentrá ndose
ú nicamente en su trabajo.
Es sorprendente que Rensley Mallorcen, a quien siempre le encantó
bailar, cantar y beber, y vivió una vida de ocio, se convirtiera en una
archiduquesa tan trabajadora.
Mientras caminaba por el jardı́n hacia mi dormitorio, me encontré con
el primer ministro, quien se jubilaba tardı́amente. Inclinó la cabeza a
modo de saludo, y Rensley se detuvo y le ofreció un breve saludo.
Llegas tarde al retiro. Ten cuidado al volver.
Su Majestad, que tenga una buena noche de descanso. Estamos
profundamente impresionados por sus esfuerzos dı́a y noche para
defender Oldenland.
"Está s diciendo lo obvio. Todos está n tan ocupados, ¿có mo podrı́a
permitirme ser perezoso?"
Mientras intercambiá bamos saludos con una sonrisa y nos dá bamos la
vuelta, la Sra. Samrit nos dio una pista.
Es cierto. Ultimamente, oigo elogios para Su Majestad por todas partes.
Este es su primer invierno desde que se convirtió en Archiduquesa. Ha
sido muy activa en la batalla y ha seguido siendo muy diligente desde
entonces. Todos pueden percibir la sinceridad de Su Majestad.
Al verla decir esto, debió de ser un saludo formal. Rensley sonrió
alegremente y entró en la torre principal.
Cuando llegó al dormitorio, atendido por el asistente, Giselle ya habı́a
regresado. No era raro que é l llegara má s tarde que Giselle. Rensley
sonrió mientras se quitaba la capa.
Lo siento. Llegué un poco tarde.
¿No te está s esforzando demasiado estos dı́as? Pasas la mayor parte de
las tardes luchando contra monstruos.
—No es nada comparado con lo que Su Majestad suele hacer. He sido
muy diligente ú ltimamente. Este es mi primer invierno desde que me
convertı́ en Archiduquesa.
Por eso planeaba regresar antes que Giselle, pero hoy iba un paso por
detrá s. Adapté un poco las palabras de la criada y respondı́, luego
Rensley se preparó apresuradamente. Se puso el pijama y se metió en la
cama.
Si lo miras uno por uno, no es que esté haciendo nada especial.
Ocupá ndome de los asuntos de estado, reunié ndome con quienes
solicitan audiencia, cuidando el invernadero, practicando lo que
aprendı́ de los lobos, pasando tiempo con los monstruos... los dı́as
vuelan. A medida que el invierno se acentuaba y los dı́as se acortaban,
los dı́as parecı́an aú n má s rá pidos.
Era un dı́a normal. En lugar de decir que ú ltimamente he sido diligente,
quizá s deberı́a decir que he sido demasiado perezoso hasta ahora. Me
invadió el sueñ o en cuanto me acosté . Giselle se acostó a mi lado,
abrazando suavemente a Rensley. Sus labios rozaron su frente. Y sus
labios. Un beso suave y penetrante.
Normalmente, la noche comenzarı́a ası́, tocá ndonos con naturalidad,
entrelazá ndonos las lenguas y, inalmente, con los cuerpos
fusioná ndose. Pero ú ltimamente, quizá porque habı́a estado
entrenando hasta tarde, a Rensley le costaba seguir el ritmo que
siempre me dejaba. Giselle, presentié ndolo, susurró suavemente.
"¿Está s cansado?"
"Un poco."
Rensley sonrió disculpá ndose.
Lo siento. Yo tampoco pude hacerlo ayer. Su Majestad, nunca ha estado
ası́, aunque esté en el laboratorio hasta tarde todas las noches... No me
habı́a dado cuenta, pero supongo que soy má s dé bil que Su Majestad.
Parece que hago má s ejercicio, ası́ que es injusto.
"Es porque está s gastando demasiado poder má gico. Aunque se dice
que el poder del maestro espiritual proviene de la magia generada sin
cesar, aú n está s en la etapa de entrenamiento, ası́ que, por favor, no te
excedas".
Está bien. Tendré cuidado.
En lugar de besarla má s, Giselle extendió la mano y abrazó a Rensley.
Rensley, a su vez, le rodeó la espalda con los brazos y respiró hondo.
El aroma de los bosques de conı́feras nevados y las olas del mar negro
invernal impregnan mis pulmones. El aroma del frı́o que impregna a un
hombre nacido en el norte.
Quizá s por eso. Cuanto má s inhalaba su aroma, má s se deprimı́a el
corazó n de Rensley. El calor del cuerpo que lo rodeaba, la manta de
lana, la cama calentada con carbó n y el calor que irradiaba la estufa...
todo era increı́blemente cá lido, pero ¿por qué ?
Quizá s sea porque el frı́o del pleno invierno está en su apogeo.
***
Al dı́a siguiente, la rutina de Rensley fue idé ntica a la del dı́a anterior.
Tras completar el servicio matutino con Giselle, se ocupó de los asuntos
dentro y fuera del castillo hasta la hora del almuerzo, reunié ndose con
quienes solicitaban audiencia. Leyó las cartas dirigidas a la
archiduquesa, respondié ndolas cuando era necesario, y revisó
documentos.
Quienes solicitaban una audiencia incluı́an desde nobles que deseaban
presentar sus respetos a la corte real, comerciantes que buscaban
establecer un mercado en la capital, hasta señ ores y funcionarios que
buscaban llegar a un acuerdo o discutir asuntos tributarios o locales.
Una de las funciones de Rensley era escuchar sus historias, apaciguar
sus sentimientos con delicadeza y luego transmitirle a Giselle cualquier
asunto planteado durante la audiencia o plantearlo en la reunió n del
consejo.
Despué s de eso, paso por el invernadero despué s de la cena para cuidar
los cultivos y hacer algunas tareas diversas, luego repaso lo que aprendı́
del lobo y me dirijo a la prisió n donde mantienen a los monstruos.
“Su Majestad, hemos atrapado a un nuevo tipo”.
El portero dio la noticia. Los ojos de Rensley se abrieron de par en par.
"¿Nuevo?"
Sı́. Es un monstruo atrapado en la costa, y hace tiempo que no lo
capturan vivo. Hace un ruido extrañ o que atrae a los pescadores y a
menudo los ahoga, ası́ que tengan cuidado si investigan.
Incluso los norteñ os encuentran inquietantes las prisiones con
demonios, y pocos se aventuran a acercarse a ellas. Pero con las visitas
diarias de la Archiduquesa, los guardias se han sentido con má s energı́a
ú ltimamente.
Cuanto má s me preocupo, má s energı́a infundo en los demá s. A veces,
basta con un poco má s de re lexió n y unas palabras extra para que todo
gire. Ha pasado casi un añ o desde nuestra boda, y siento que por in
estoy cumpliendo mi papel de Gran Duquesa, lo que me llena de orgullo
y vergü enza.
"Bien. Supongo que tendré que usarte como mi compañ ero de prá ctica
de magia hoy".
¿No es agotador venir todos los dı́as? Sin embargo, es grati icante para
nosotros trabajar aquı́, ya que Su Majestad la Gran Duquesa nos visita.
—No te preocupes. Sabes que no soy tan astuto, ¿verdad?
El guardiá n, recordando a Rensley Mallosen antes de su boda, rió
silenciosamente ante esas palabras.
En una é poca, solı́an compartir una bebida e intercambiar bromas
frı́volas, pero ahora que una de ellas era la Gran Duquesa y la otra era
una sirvienta del castillo, era comprensible que estuvieran celosos, pero
estaban agradecidos de no haberlo hecho.
"Son buena gente", dijo Rensley sonriendo al entrar en la prisió n. Habı́a
soldados de guardia dentro, preparados para cualquier imprevisto.
Rensley acercó una silla y se sentó . La criatura recié n capturada era una
especie nueva para Rensley, quien nunca habı́a pasado mucho tiempo
cerca de la costa norte. Era una criatura con una parte inferior del
cuerpo larga, lisa y espinosa, similar a la de un pez, y una parte superior
azul, similar a la humana, con cuatro brazos, todo en un solo cuerpo,
acurrucado en un gran tanque lleno de agua de mar.
Un solo ojo blanco, sin iris, se centraba en su rostro, y un agujero,
probablemente una boca, atravesaba la frente, lo que le daba una
apariencia cualquier cosa menos humana. En el sur del continente
circulaban leyendas sobre una criatura mitad humana, mitad bestia,
que seducı́a a los humanos con su belleza y su canto. Quizá s se trataba
simplemente de cuentos embellecidos por bardos, embelleciendo la
realidad.
Pero si tienes la capacidad de deslumbrar a los humanos con sonidos,
independientemente de tu apariencia, quizá s puedas acercarte un poco
má s a la comunicació n.
El tanque estaba cubierto con varias capas de barreras para evitar que
los monstruos lo destruyeran. Rensley, con valentı́a, acercó su silla y se
sentó . Los soldados prepararon sus espadas, prepará ndose para
cualquier eventualidad.
Lensley abrió la boca, mirando directamente a los ojos sin iris. Empezó
a susurrar en un idioma que la gente comú n jamá s entenderı́a, ni
siquiera oirı́a, de cerca.
El contenido era trivial. ¿Quié n eres? ¿De dó nde eres? El mismo tipo de
preguntas que le harı́as a alguien que conoces por primera vez. El
lenguaje cambió de forma varias veces. Rensley intentaba
constantemente comunicarse con los monstruos de alguna manera. No
necesariamente para escuchar respuestas, sino simplemente para
evaluar sus reacciones.
Suspiro… … .
Rensley se quedó en silencio por un momento. De initivamente se oyó
un sonido. Una criatura agazapada en un rincó n del tanque nadó
silenciosamente hacia Rensley y sacó la cabeza por encima de la
super icie.
Silbido, silbido, silbido.
Los sonidos de algo escribiendo y el canto de los insectos no eran
sonidos de agua, sino de un monstruo. Los ojos de Rensley se abrieron
de par en par, sorprendido.
Este sonido no le era desconocido a Rensley. En la Torre Blanca, donde
Fé lix lo habı́a capturado y encarcelado, mientras Amin realizaba su
torpe entrenamiento, Rensley inicialmente habı́a emitido sonidos que
parecı́an má s una respiració n que una voz. Para quienes no lo sabı́an,
podrı́a haber sonado como una simple respiració n, pero para Rensley
era diferente.
Rensley contuvo la respiració n y observó a la criatura en el tanque. Solo
podı́a imaginar que le estaba enviando algú n tipo de señ al. Nunca habı́a
visto a una criatura expresarse con tanta claridad.
Un monstruo que engañ a a los humanos. ¿Pero no es porque la gente no
puede aceptar lo que los monstruos intentan decir? Si comprendes las
intenciones de los espı́ritus y puedes transmitirles las tuyas, podrı́as
aceptar su lenguaje y manifestarlo de otra manera. Amin fue el primero
en decirme que un maestro espiritual, a medida que desarrolla sus
habilidades, puede conversar con todo en el mundo.
Al principio, no solo los sonidos que necesitaba, sino todos los sonidos
del mundo, cuyos nombres ni siquiera podı́a descifrar ni adó nde iban,
se adentraron en mis oı́dos y mi mente, volvié ndome loco. Pero a
medida que seguı́ entrenando y dominando mis poderes, logré
bloquear las intrusiones.
Rensley tragó saliva con di icultad y cerró los ojos. Poco a poco,
desmanteló una especie de barrera, distinta a la que usaban los magos.
Se acercó lentamente al nú cleo del monstruo...
Rensley acercó su rostro al tanque. Respiraba al ritmo de los sonidos de
la criatura.
'¿Qué deseas?'
A medida que pasaba el tiempo, el sonido resonó como si viniera de
dentro de su mente, pero Rensley no respondió de inmediato.
¿Estoy interpretando esto correctamente? ¿Qué quieres? ¿Es una
pregunta demonı́aca?
Era un sonido extrañ o y turbio, parecido al mı́o, al de un demonio o al
de un espı́ritu. Frunció ligeramente el ceñ o.
"Archiduquesa."
Entonces, una voz repentinamente sonó desde atrá s, rompiendo la
concentració n que habı́a estado acumulando. Sobresaltado, Rensley se
dio la vuelta.
“Su Majestad, ¿qué ocurre?”
Entrenar con monstruos requiere un alto nivel de concentració n, por lo
que se ordenó que, si era posible, nadie má s que los guardias pudiera
acercarse.
Los soldados, por supuesto, e incluso Rensley, se levantaron de sus
asientos para recibir al inesperado visitante. Giselle se acercó y colocó
otra capa de su abrigo sobre los hombros de Rensley. Rensley lo miró
con curiosidad. Sabı́a que este entrenamiento requerı́a concentració n,
ası́ que debió acercarse con la intenció n de interrumpir.
“Terminé mi investigació n un poco antes hoy”.
"¿Qué ocurre?"
"Creo que te has estado esforzando demasiado ú ltimamente."
La mirada de Giselle era tan profunda que parecı́a atravesar la mente de
Rensley. Rensley miró ijamente esos hermosos ojos, fascinado.
"¿Qué tal si dejamos otras cosas de lado esta tarde y pasamos un
tiempo relajá ndonos juntos?"
Ante esas palabras, aparté la mirada tardı́amente, avergonzada. Aun ası́,
era solo una fracció n del trabajo e investigació n de los que Giselle era
responsable. Habı́a decidido asumir el papel de Archiduquesa, pero mis
torpes y entusiastas esfuerzos parecı́an insatisfactorios a los ojos de
Giselle.
Pero tenı́a razó n. Ultimamente, he estado tan absorta en mi trabajo que
la pareja ha tenido menos tiempo a solas. Llevo dı́as saltá ndome tareas
que deberı́a haber hecho por la noche, alegando agotamiento. Rensley
sonrió y me tendió la mano.
—Sı́. Jugar con Su Majestad es mi primer deber, pero ya es un poco
tarde. Hace frı́o, pero ¿te gustarı́a tomar un poco de aire fresco?
Giselle sonrió levemente y tomó la mano de Rensley. Rensley se puso
otra capa de la capa de piel que Giselle habı́a traı́do y salió .
Los sirvientes habı́an despejado los caminos con diligencia, pero la
nieve aú n cubrı́a muchos lugares, y se habı́a formado hielo aquı́ y allá ,
haciendo que el Castillo Loudken pareciera una gigantesca escultura de
hielo y nieve. Brillaba como una joya bajo la luz del sol.
Era una belleza natural ú nica en invierno, diferente del verdor de la
primavera y el verano. Cada respiració n me hacı́a cosquillear la nariz,
pero el aire se sentı́a má s limpio que nunca, a pesar del frı́o.
"Estuvo bien haber salido. Pero hoy parece que hace má s calor que
ayer".
“Siempre te digo que tomes un poco de sol y me preocupa que esté s
empezando a parecerte a mı́”.
—No está mal, ¿verdad? Nunca imaginé que llegarı́a el dı́a en que Su
Majestad me sacarı́a del oscuro y lú gubre lugar donde practicaba.
Mientras caminá bamos por el sendero, intercambiando bromas
cariñ osas, muchos niñ os del interior del castillo salieron, quizá s porque
inalmente el tiempo estaba despejado.
Los niñ os, todos con gorros de piel, abrigos gruesos y botas, jugaban
entretenidos en la nieve. Rensley no pudo evitar reı́rse al ver a los
torpes muñ ecos de nieve, cuyas siluetas parecı́an las iguras regordetas
y redondeadas de niñ os con varias capas de ropa gruesa.
Mira eso. No se puede distinguir entre un muñ eco de nieve y un niñ o.
Al acercarse al patio, una criada los vio y se acercó . Era la primera vez
que Rensley la veı́a.
¿Era recié n llegada? Rensley, que conocı́a a casi todos los asistentes,
estaba un poco desconcertado, pero podrı́a consultarlo con Samrit má s
tarde.
Gloria al Guardiá n y a su compañ era. ¿Han venido a ver al Prı́ncipe y a
la Princesa?
"¿Confucio?"
Era la primera vez que oı́a hablar de un prı́ncipe y una princesa
con iados a Loudken. Hoy fue un dı́a de constantes sucesos
inexplicables. Rensley ladeó la cabeza, pero Giselle sonrió y le puso una
mano en el hombro.
“¿Está n jugando bien los niñ os?”
Sı́. Es la primera vez que juegan al aire libre en la nieve, y se lo está n
pasando genial. Son realmente inteligentes y vivaces, igual que Su
Majestad.
Giselle se volvió hacia Rensley y dijo:
¿Vamos a verlo tambié n?
“Su Majestad, el Prı́ncipe… ¿A quié n se re iere?”
Entonces Giselle miró a Rensley con expresió n perpleja y se rió un poco
en vano, como si hubiera escuchado una broma sin sentido.
Creo que necesito descansar un rato. Me he vuelto olvidadizo de tanto
practicar el espiritismo.
Mientras tanto, la criada de antes y otra persona se acercaron, cada una
con un niñ o en brazos. Rensley las observaba, incapaz de hacer nada.
Todo parecı́a tan vı́vido e increı́blemente lento. La luz del sol,
re lejá ndose en la nieve y el hielo, brillaba con un dorado transparente;
los cará mbanos en los tejados, derritié ndose lentamente y goteando
agua; Giselle, con el paisaje resplandeciente a sus espaldas, extendió la
mano para recibir al niñ o de manos de los sirvientes; los suaves
pliegues de sus anchas mangas negras, seguı́an sus movimientos.
Una mano grande acarició suavemente la mejilla de la pequeñ a. Giselle
sonrió levemente y le preguntó a la niñ a.
Tienes las mejillas frı́as. ¿No tienes frı́o?
“Sı́, Padre.”
Fue una respuesta bastante educada, pero la niñ a seguı́a arrastrando
las palabras. La expresió n de Giselle parecı́a má s alegre de lo habitual.
—Venga aquı́, Su Gracia. ¿No estaba deseando que llegara la noche
anterior para ver qué pensarı́an los niñ os cuando tocaran la nieve por
primera vez?
Los niñ os en sus brazos eran uno negro y el otro rubio. Sus diminutas y
desaliñ adas manos, que tiraban despreocupadamente de la capa del rey
sagrado como si fueran cortinas de un á tico, eran increı́blemente
diminutas.
Rensley dudó en acercarse, observando atentamente la escena antes de
avanzar lentamente, aparentemente absorto. Fiel a sus palabras, se
preguntó si, tras haber lidiado con monstruos con tanta frecuencia y
durante tanto tiempo, habrı́a desarrollado algú n efecto secundario
inexplicable. Wolf habı́a advertido repetidamente a los humanos que
tuvieran cuidado, ya que su prá ctica espiritual podı́a tener efectos
impredecibles.
Eso es ridı́culo. Pase lo que pase, ¿có mo pude olvidarlos?
Al igual que Giselle antes, Rensley rió con incredulidad y extendió la
mano hacia la niñ a. Las yemas de sus dedos rozaron su suave y liso
cabello, a diferencia del de un adulto.
“¡Rensley!”
En ese momento, alguien llamó a Rensley. Rensley abrió los ojos y
respiró hondo, como si despertara repentinamente de un sueñ o
p p p
profundo.
¿Dó nde se habı́a desvanecido la luz del dı́a, cuando la nieve y el hielo
brillaban? Todo estaba oscuro, iluminado solo por unas pocas velas.
Rensley, que habı́a salido a caminar, yacı́a en la cama. Entonces, la igura
de Giselle apareció ante sus ojos. Su Alteza el Archiduque,
extrañ amente nervioso, parecı́a completamente desconcertado.
Rensley vio la punta de su mano extendié ndose hacia é l. Era evidente
que era una mano que se extendı́a, buscando algo má s. Pero antes de
que pudiera siquiera pensar con cuidado en qué buscaba, Giselle le
agarró la mano con fuerza, suspiró desesperadamente y apoyó la frente
en ella. El cerró los ojos brevemente, como si rezara, y luego sostuvo la
mirada de Rensley y preguntó .
"¿Está s bien?"
No entendı́a por qué me hacı́an esa pregunta. Fue Rensley quien sintió
el impulso de preguntar qué habı́a pasado.
No abrı́a la boca, ası́ que asentı́. Al examinar mi campo de visió n, me di
cuenta de que Gisel no era la ú nica que me observaba. Larkov y varios
otros magos me examinaban mientras yacı́a allı́. Rensley me observaba
como si fuera un paciente, cada uno con su propia opinió n.
“El lujo de la magia es extremadamente caó tico”.
Es la primera vez que observamos este tipo de rasgo. Lo má s seguro es
esperar a que se estabilice. Si lo manipulamos mal...
Antes de que pudieran terminar de hablar, Giselle levantó la mano.
Mientras todos guardaban silencio e inclinaban la cabeza, Giselle habló
brevemente.
¡Salgan todos! Solo quedamos la Archiduquesa y yo.
“Pero Su Majestad.”
“Si hay algú n problema te llamo entonces”.
Finalmente, los magos se fueron uno a uno. Rensley observó
lentamente la sala en silencio.
Era un lugar familiar. Gruesos muros de ladrillo, las sombras
parpadeantes de las velas sobre ellos, una habitació n oscura sin
ventanas, lo que hacı́a indistinguible el dı́a de la noche, y la ú nica
persona a su lado era Giselle.
Este era un lugar preparado para evitar que el invocador elegido por el
Gran Duque de Oldenland se volviera loco. Pero ahora, Giselle estaba
tan serena como siempre. No habı́a habido ninguna incursió n a gran
escala de demonios, y no habı́a rastro visible de la invocació n de las
bestias. Giselle se sentó junto a Rensley y preguntó .
¿Recuerdas lo que pasó ?
Rensley, superando un dolor de cabeza, recordó su ú ltimo recuerdo.
Entró en la prisió n que contenı́a a los monstruos y, lentamente, redujo
su barrera de maestro espiritual para comprender las señ ales del
monstruo marino recié n llegado.
Mientras lo hacı́an, Giselle llamó a Rensley para que descansara, y
Rensley dejó lo que estaba haciendo y salió a caminar con Giselle. Los
niñ os que vivı́an en el castillo jugaban en la espesa nieve sin derretir, y…
"niñ o……."
Rensley apenas podı́a abrir su boca temblorosa para pronunciar una
palabra.
“Oh, habı́a niñ os…”
"¿niñ o?"
Cuando la ú ltima escena que habı́a visto llegó a su mente, una confusió n
mayor que la primera se apoderó de Rensley.
Niñ os que nunca habı́a conocido, rostros y nombres desconocidos. Pero
Rensley enseguida supo quié nes eran. Pensando que era absurdo
olvidarlos, se acercó a su suave cabello. El sentimiento de amor de ese
momento aú n era vı́vido, pero ahora...
Rensley se quedó mirando en silencio sus manos vacı́as. Aunque no
podı́a perder algo que nunca existió , la pé rdida de algo que una vez
creyó real sı́ lo era, y sus ojos se llenaron de lá grimas. Pero logró
contenerlas con un solo trago y habló con calma.
“Supongo que fue un sueñ o.”
Giselle se quedó en silencio por un momento y luego volvió a apretar la
mano de Rensley.
Mientras estabas con el monstruo, tus poderes se ampli icaron y
manifestaron. Como resultado, te desplomaste allı́. Se dice que el
monstruo contra el que luchabas tenı́a la capacidad de hechizar a la
gente.
Ante esas palabras, Rensley comprendió toda la historia. Habı́a
intentado bajar la guardia con cuidado, pero le habı́a dado al monstruo
una oportunidad para invadir su mente.
Era una ilusió n tan perfecta que ni siquiera podı́a distinguir dó nde
comenzaba. La vergü enza se apoderó de mi tristeza. Intenté cumplir mi
papel de archiduquesa como es debido, para aliviarlo de su carga, pero
en cambio, terminé creando una situació n sin sentido.
Y lo peor, tuve que tener esa especie de alucinació n. Nunca pensé que
deseara tanto un hijo, ası́ que me sentı́ avergonzada.
Lo siento. Aú n no soy capaz de hacer eso.
“Rensley.”
Re lexionaré sobre esto por ahora. He molestado innecesariamente a Su
Majestad...
“¡Duque Malosen!”
Giselle, por una vez, alzó la voz. Rensley se detuvo y lo encaró . Giselle
apretó la mano de Rensley.
¿De qué hablas? ¿Crees que me parecerı́as una molestia ahora mismo?
Sı́, eso no puede ser verdad.
Era natural decirlo. Rensley tampoco pudo responder, solo miró a
Giselle con la mirada perdida. El irritante sonido continuó .
Sabı́a que necesitaba reconstruir la barrera, pero no estaba en las
mejores condiciones. Me dolı́a la cabeza y me temblaba el cuerpo. La
voz de Giselle volvió a estar llena de tristeza.
Lensley. Lensley, ¿está s bien?
“Sı́…está bien.”
Un mago siempre conserva su poder má gico. Seguro que tú no eres la
excepció n. Sin embargo, al lidiar con ese monstruo hace un rato, ese
sistema parece haberse interrumpido. Ası́ que...
“…….”
El sistema de los maestros espirituales es diferente al nuestro, ası́ que
no pudimos actuar de inmediato. A algunos les preocupa que sus
poderes má gicos se descontrolen, ası́ que vinimos aquı́ por si acaso. Me
quedaré contigo hasta que te estabilices.
La situació n era desesperada, ası́ que la explicació n fue algo concisa,
pero Rensley, que comprendió lo necesario, asintió . «Viniste a esta torre
no por Giselle, sino por mı́. ¿De verdad fui tan genial?»
Ahora que entiendo el motivo, inalmente puedo decirle lo que
realmente querı́a decirle.
“Hace un frı́o extrañ o. Me siento mareado…”
Me sentı́ congelado por dentro y por fuera. Incluso má s que cuando me
llevaban en una carreta por las llanuras nevadas. Aunque estaba
cubierto con una manta gruesa y el fuego rugı́a en la chimenea cercana,
no sentı́a el calor en absoluto.
Giselle se quitó la capa de inmediato y se subió a la cama. Sus amplios
brazos abrazaron a Rensley. Rensley tembló y se acurrucó en su abrazo.
“¿No te duele si te abrazo ası́?”
La voz de Giselle estaba llena de preocupació n. Solo hablaba
abiertamente de sus emociones cuando se dirigı́a a sı́ mismo.
Su corazó n, que nunca debió haber sido frı́o, se derritió al oı́r la dulce
voz. Rensley asintió , con los ojos encendidos de nuevo y la cabeza
gacha. Giselle continuó susurrando.
No es que mi temperatura corporal haya bajado, sino que el lujo de
energı́a má gica se ha vuelto inestable. Los sı́ntomas que aparecen
cuando la energı́a má gica se interrumpe varı́an segú n la persona.
Giselle sacó un frasco opaco de su pecho. Era un frasco que usaba con
frecuencia en sus investigaciones, y con el que Rensley estaba
familiarizado. Le habı́a dado un frasco del mismo color cuando llegó
por primera vez a Oldenland y estudió para el examen de caballero.
“Otros magos me dicen que espere, pero… no hay nadie en este
continente que sepa má s sobre magia estabilizadora que yo”.
Rensley lo miró a los ojos tardı́amente.
“Su Majestad… ¿le ha pasado esto alguna vez?”
“A veces, cuando practicas, la motivació n viene primero”.
Rensley sonrió levemente ante esas palabras, que presentaban sus
errores como consecuencia de sus propios esfuerzos. Giselle tambié n
sonrió con amargura y descorchó la botella. La inclinó , llevando la
punta a los labios de Rensley, pero luego, como si hubiera cambiado de
opinió n, se la echó en la boca.
Giselle, con la medicina en la boca, bajó la cabeza profundamente y
presionó sus labios contra los de Rensley. Los labios de Rensley
llevaban un rato temblando, pero estaban irmemente unidos, lo que le
permitió tragar la medicina entera. La medicina era ligeramente
amarga y astringente, y aunque no picaba, le produjo un cosquilleo en
la punta de la lengua.
Mientras la lengua de Giselle lamı́a el rastro de la poció n que se habı́a
depositado ligeramente en los labios de Rensley, este se acurrucó aú n
má s en su abrazo. El frı́o aú n persistı́a, pero sintió que podrı́a
soportarlo con é l a su lado.
Cada vez que Rensley temblaba de frı́o y jadeaba, Giselle fruncı́a el ceñ o.
Giselle suspiró , hundió los labios en el cabello de Rensley y murmuró .
“Nunca habı́a pensado en esto antes.”
¿Qué opinas? Rensley escuchó en silencio.
“Pre iero estar enfermo.”
Rensley no respondió de inmediato a las siguientes palabras.
Simplemente respiró hondo y le sonrió a Giselle.
“Eso es lo que dicen los padres cuando sus hijos está n enfermos”.
Mi niñ era me dijo lo mismo cuando tuve iebre de niñ a. Ası́ me sentı́.
—Nunca… habı́a oı́do hablar de eso. Su Majestad, es la primera vez que
lo hace.
Giselle frunció el ceñ o ligeramente. Ante esa expresió n lastimera,
Rensley rió entre dientes, olvidando su dolor de cabeza.
“¿Sientes pena por mı́ ahora?”
¿No es natural sentir lá stima por una mascota enferma?
“No quiero preocuparte… pero me alegro de que esté s preocupado, y no
sé có mo me siento”.
Mientras Rensley hablaba, tomó la mano de Giselle. Giselle parpadeó
lentamente.
Has estado diciendo cosas raras ú ltimamente. Puedes preocuparme
tanto como quieras.
Su Majestad es un sabio universalmente reconocido y el mago má s
grande del continente. Dedica gran parte de su energı́a a los asuntos de
estado. Dedica todo su tiempo libre a la investigació n.
“…….”
“Entonces, yo tambié n querı́a ponerme al dı́a rá pidamente, aunque no
fuera su iciente… pero no salió como lo habı́a planeado”.
"No sé hacer mucho, ası́ que simplemente paso mi tiempo allı́. Uno hace
lo que puede".
“Me gustarı́a ganar má s con ianza de Su Majestad”.
Los ojos de Giselle se abrieron ligeramente. A Rensley le encantaba ese
momento. La expresió n aparentemente inocente que el hombre que
parecı́a saberlo todo del mundo a veces solo le mostraba a ella, cuando
escuchaba una historia de la que no sabı́a nada.
Todavı́a creo en ti. ¿Por qué piensas eso?
“Dijiste que era difı́cil manejar solo uno de ellos”.
“…….”
Incluso si criara a un niñ o, serı́a yo quien se encargarı́a de é l junto con
Su Majestad, no quien deberı́a ser cuidado como un niñ o por Su
Majestad. Pero parece que usted piensa eso…
Rensley inalmente apartó la mirada. La razó n por la que me sentı́a tan
deprimido ú ltimamente. Querı́a contarle a Giselle mis frustraciones
má s profundas, pero cuando intenté expresarlas en voz alta, me sentı́
mezquino y avergonzado.
"Pero no pude evitar presentá rmelo ası́ a Su Majestad. Me faltaba algo.
Eso debió causarme ansiedad."
Incluso despué s de escuchar toda la historia, Giselle no respondió de
inmediato. Un leve atisbo de preocupació n se dibujó en su rostro serio,
como si las palabras hubieran sido inesperadas. Abrazó a Rensley y
abrió la boca lentamente.
Protegiste a mucha gente en la ú ltima batalla. En la primavera, incluso
ayudaste a los agricultores que sufrı́an hambruna. Y eso no es
su iciente. Ninguna otra Gran Duquesa ha logrado algo parecido.
“En comparació n con Su Majestad, estamos hablando en té rminos
relativos”.
“No tengo ningú n interé s real en nada má s que gobernar esta tierra y
estudiar magia”.
"lo sé ."
Era natural que dedicara todo mi tiempo y energı́a allı́, pero desde que
te conocı́, siempre está s en mi mente. ¿Sabes a qué me re iero?
“…….”
No importa lo que haga, no importa lo que piense, nunca me dejas.
Antes de conocerte, nunca me habı́a sentido ası́, ası́ que a veces es una
carga. Hoy... me impactó aú n má s saber que te desmayaste que la
noticia del fallecimiento de mi tı́o y mi padre.
Só lo pensarlo hacı́a que Giselle pareciera cansada.
“Si tengo un hijo, ese hijo será ese tipo de persona para mı́, igual que tú ”.
Sus palabras fueron má s rá pidas de lo habitual. Suspiró suavemente al
terminar, apretando con fuerza a Rensley.
No fuiste tú quien dijo que no podı́a con ello, fui yo. Mi nave es
demasiado pequeñ a y no tengo la con ianza para manejar a nadie má s
que a ti.
Lensley, que lo sostenı́a, respiraba con calma. Tenı́a el rostro hundido
en su grueso pecho y cuello, y aunque tenı́a los ojos abiertos, su visió n
era oscura.
La medicina empezaba a hacer efecto, el dolor de cabeza se me iba
aliviando y el resfriado iba desapareciendo poco a poco. Quizá s porque
é l me sostenı́a constantemente, empezaba a sentir má s calor.
—Creo que sı́. Su Majestad es un hombre con un gran sentido de la
responsabilidad.
Pero lo consideraré . De verdad creo que cualquier cosa, siempre que
esté abierta a la posibilidad, puede tener é xito. Incluso si otros fracasan,
yo podrı́a perfeccionar esa magia con mis propias manos.
No es que deseara desesperadamente un hijo. Era lo que cualquier
pareja normal desearı́a. Simplemente me molestaba un poco que Su
Majestad pensara ası́ de mı́.
Las preocupaciones que habı́a postergado, sintié ndose inú tiles,
comenzaron a resurgir al abrirse las aguas. Rensley miró a Giselle a los
ojos.
“Tampoco creo en absoluto que el tiempo que paso a solas con Su
Majestad sea insu iciente”.
"¿Es ası́?"
Pero... disfruté mucho cuando la Princesa Frieda e Yvette se quedaron
juntas en el castillo. Como Yvette es la ú nica persona a la que puedo
llamar familia, supongo que envidiaba esa clase de familia tan
bulliciosa. Cuando era Caballero, la casa de Stan siempre estaba llena de
sus padres y hermanos menores, y me encantaba, ası́ que solı́a ir allı́ a
jugar.
“Hoy en dı́a es difı́cil visitar casas de amigos como antes”.
—Ası́ es. Por eso…
La expresió n de Giselle se suavizó . Besó la frente de Rensley y susurró .
De initivamente intentaré completar el ritual.
Pero esta vez fue Rensley quien negó con la cabeza.
“No te apresures.”
“Dijiste que querı́as tener un hijo”.
“Aunque algú n dı́a tengamos hijos, como dijiste… quiero tenerlos
cuando Su Majestad esté lista.”
Rensley sonrió con los ojos muy abiertos. Rodeó a Giselle con los brazos
y le puso las manos en ambas mejillas.
“Dos personas tienen que criar a un niñ o juntas”.
Se inclinó y la besó primero. Fue un beso má s suave que cuando tomó la
poció n, solo labios rozando, pero un gemido bajo escapó de la garganta
de Giselle.
Estaba tan deprimida por algo tan trivial que evité su contacto durante
varias noches. Si me lo hubiera dicho enseguida ese dı́a, me habrı́a dado
cuenta de su sinceridad. ¿Por qué , aunque nunca dudé de su cariñ o, a
veces me dan ganas de jugar al escondite?
Quizá s no soy lo su icientemente maduro para ser el guardiá n de
alguien. A veces, como un niñ o, me escondo, esperando que venga a mı́.
Rensley ahora tenı́a los brazos alrededor del cuello de Giselle y se lamı́a
los labios. Giselle lo apartó y negó con la cabeza.
“Tu cuerpo todavı́a está ……”
“Creo que me siento mejor gracias a la medicina”.
Susurró sin siquiera separar los labios. Mientras hablaba, los besos
apresurados continuaron, emitiendo un sonido de lamido. Giselle dejó
escapar un suspiro vacilante. Un leve rubor apareció en sus ojos,
normalmente blancos y frı́os, y sus pá rpados lá cidos cubrı́an a medias
sus pupilas ambarinas.
Al ver esa cara, Rensley se mordió el labio inferior. No era solo su
imaginació n; sentı́a mucho calor. Habı́a hecho un frı́o glacial, pero ahora
hacı́a un calor abrasador. Ciertamente, su condició n fı́sica no era
normal, pero por suerte, el dolor habı́a remitido.
Giselle gimió una vez má s, y luego inalmente mordı́ primero los labios
de Rensley.
"Eh……."
En cuanto empezaron, sus besos se volvieron má s pegajosos de lo
habitual, como caramelos derretidos. Rensley cerró los ojos y lo abrazó
con má s fuerza. Una mano grande, cautelosa pero incapaz de disimular
su impaciencia, le acarició la nuca.
La simple caricia lenta de sus dedos en la nuca le provocó un gemido
largo y emocionante. Como conmovida por el sonido, Giselle frunció el
ceñ o y hundió la lengua má s profundamente. Sus mucosas, má s
calientes que de costumbre, y la zona alrededor de la base de la lengua,
ahora má s sensible, hormigueaban con cada roce.
g
“Uf, jaja.”
Sujetando su nuca con una mano, Giselle deslizó lentamente la otra
dentro del vestido de Rensley. Sus dedos, ligeramente separados,
acariciaron suavemente su piel desnuda, pasando por las costillas,
sobre los pezones y bajando hasta la clavı́cula. Luego, volvió a acariciar
el mismo punto, con suaves movimientos de arriba abajo. La mano de é l
se movı́a como una pluma, como si le hiciera cosquillas.
Aun ası́, el beso continuó . El chupó sus labios, mordisqueó la punta de
su lengua y luego, como si le mordiera los genitales, hundió la lengua
profundamente, recorrié ndola hasta su garganta.
Como si el frı́o que habı́a sentido momentos antes hubiera sido ingido,
su cuerpo se calentaba cada vez má s. Rensley se estremecı́a y gemı́a
cada vez que los dedos de Giselle acariciaban lentamente bajo su ropa.
De la cintura al pecho, luego bajando por el cuello. Sus manos,
movié ndose repetidamente de arriba abajo por la parte superior del
cuerpo, inalmente se deslizaron por sus pantalones, acariciando la
parte interna de sus muslos y casi hasta las rodillas. Rensley dejó
escapar un gemido sin darse cuenta.
“¡Uf, buf……!”
Sus labios, ahora sellados por la profunda penetració n de su lengua,
temblaron. Los genitales de Giselle, repentinamente llenos de energı́a,
palpitaron, y podı́a sentirlos abultarse cerca de sus piernas, donde se
tocaban a travé s de la ropa.
La erecció n de Rensley era igualmente irme. Una mano grande la
sujetó , ahora rı́gida. Sin darse cuenta, un lı́quido hú medo se habı́a
escapado de su uretra y se habı́a acumulado allı́.
Sin soltar sus labios, Giselle acarició lentamente el pene de Rensley, que
sostenı́a con fuerza en su mano. Frotó el glande hú medo con las yemas
de los dedos. El placer de estimular directamente su miembro caliente
hizo palpitar el bajo vientre de Rensley. Pero ahora, incluso el roce de
su mano solo la hacı́a sentir má s sedienta. Avergonzada, no pudo evitar
preguntar.
“Yo, ah, Su Majestad…….”
“Dijiste que podrı́as soportar cualquier cosa”.
La suave voz de Giselle sonó como un suspiro cá lido. La respiració n de
Rensley se aceleró cuando el susurro sopló como viento en su oı́do.
“Por favor… ten paciencia hoy tambié n.”
“Ah… no, eh….”
Las palabras "aguantar" signi icaban contentarse con la masturbació n.
Rensley negó con la cabeza inconscientemente. Su respiració n se volvió
di icultosa. No era el frı́o gé lido lo que amenazaba con congelarla, sino
el calor incesante que la recorrı́a, hacié ndola sentir incó moda.
Al principio, pensé que la medicina apenas comenzaba a hacer efecto,
pero la situació n se volvió aú n má s extrañ a. El má s leve roce de los
dedos de Giselle contra mi piel me dejaba una sensació n de hormigueo,
casi tan intensa como el dolor.
“Su Majestad, no…….”
Rensley puso su mano sobre la de Giselle. Intentó apartarla, pero su
fuerza era tal que no pudo apartarme en mi actual estado de
impotencia.
Incluso sin ungü ento, el lı́quido preseminal se iltraba, empapado. Sus
dedos, huesudos y rectos, con las articulaciones prominentes, sus
hermosas manos blancas, que debieron haber irmado varios
documentos como rey esa misma mañ ana, sujetaron y levantaron su
pene erecto, y Rensley lo miró ijamente, jadeando.
Es demasiado obsceno para que alguien que exige paciencia lo muestre.
Solo sirve para despertar excitació n.
Mirando la escena, que parecı́a una sola imagen negativa, Rensley se
metió el dedo en la boca y lo chupó como un poseso. Llevó el dedo,
ahora empapado de saliva clara, entre sus piernas y frotó su entrada
aú n abierta como si se masturbara.
Ante esto, fue Giselle la que se puso nerviosa. Su mano, que habı́a
estado acariciando sus genitales, se detuvo, y Rensley se sonrojó
mientras lo miraba ijamente, pero no apartó la mirada ni movió la
mano.
“Eh, eh, ah…”
En otoñ o, incluso me masturbé a escondidas, evitando su mirada. En
aquel entonces, pensé que me darı́a mucha vergü enza hacerlo si me
miraba, pero ¿por qué me excitaba esa mirada de sorpresa?
Rensley metió el dedo apresuradamente. Ni siquiera le habı́a tocado la
espalda, pero quizá porque su cuerpo estaba caliente, lo aceptó sin ser
p p q p q p p
demasiado terca. Acarició lentamente el interior, introduciendo dos
nudillos, y no era una ilusió n, sino un calor intenso.
Empujé mi dedo un poco má s adentro. Seguı́a sintié ndose má s extrañ o
que sensual, pero quizá por estar frente a Giselle, me sentı́ aú n má s
mareado que cuando estaba solo. Al in y al cabo, no era realmente
masturbació n, sino má s bien una provocació n diseñ ada para agotar la
paciencia de Su Alteza.
La confusió n en los ojos á mbar de Giselle, que observaban los
movimientos simples, lentos y breves de sus manos, se desvaneció
gradualmente, y una expresió n caracterı́stica de calor y frı́o, curiosidad
y aburrimiento tomó su lugar.
Rensley habı́a pensado que la expresió n de su rostro era un atisbo de la
majestuosidad que un rey debe poseer, pero podrı́a haberse
equivocado.
"Ası́."
Giselle se inclinó sobre Rensley.
¿No puedes soportarlo?
Esta expresió n no era la de un rey, sino la de una bestia con colmillos
frente a su presa. Rensley reconsideró sus pensamientos, mirando en
silencio a Giselle, que se acercaba. Un escalofrı́o le recorrió la espalda,
como si realmente fuera presa de una bestia.
Giselle sujetó suavemente el pene de Rensley, que habı́a soltado
brevemente. Sostuvo la espalda de Rensley en diagonal con el otro
brazo y le sostuvo la mirada con dulzura.
"Sigue adelante."
“Uf, ah.”
Má s. Hasta que te llene el corazó n.
“Eh, eh, eh…….”
Rensley obedeció . Introdujo el dedo un poco má s, frotando la carne
caliente y retorcida del interior. Giselle acariciaba su miembro con má s
intensidad y lentitud que antes.
Las sensaciones de delante y de detrá s se entrelazaron tanto que era
difı́cil identi icar dó nde sentı́a placer. Su cuerpo, apoyado en Giselle,
parecı́a desvanecerse, desorientá ndose, pero ninguna de las dos sentı́a
su iciente placer para alcanzar el clı́max.
Los gemidos de Rensley se mezclaron con jadeos impacientes. A
medida que los dedos que le palpaban la espalda se a lojaban, Giselle la
instó en voz baja.
¿No te basta? Sigue adelante.
—No. Esto no servirá …
Fue bueno que é l hubiera sido el primero en provocarla, pero al inal,
sintió que la estaban manipulando. Rensley sintió ganas de llorar. Sin
darse cuenta, se encontró frotando la cara contra su nuca.
“Mi cuerpo se siente raro…….”
"¿Duele?"
“Antes hacı́a frı́o, pero ahora hace calor… ¿Será por magia?”
“Puede ser un sı́ntoma que aparece durante el proceso de estabilizació n
del poder má gico”.
Pero en cuanto Giselle terminó de explicar, tomó el frasco que habı́a
traı́do. Se quedó mirando la botella vacı́a, ahora vacı́a por el sorbo de
Rensley, con un silencio sospechoso. Luego la dejó y abrazó a Rensley.
“Eres dé bil a los reactivos que haces con magia, ası́ que reduje mucho
su efectividad…….”
Oye, ¿hay algú n problema con la medicina?
“La e icacia seguirá siendo la misma, pero… es posible que el efecto
haya sido ligeramente má s fuerte”.
—Entonces… Su Majestad, asuma la responsabilidad.
Rensley, que momentos antes lo habı́a considerado una bestia que
calculaba el momento de comer, ahora se quejaba y enterraba su cara
en su ancho hombro como un perro intré pido.
Giselle dudó , pero solo un instante. Abrazó a Rensley con má s fuerza
que antes. Apretó la cabeza contra la mı́a, hundiendo los labios en su
pá lida nuca, succionando hasta oı́r un lamido antes de apretar los
dientes. Mientras masticaba la carne caliente, Rensley ya soltó un
gemido.
La parte superior suelta se desprendió fá cilmente, como una concha
suave. Los labios que recorrı́an mi cuello y pecho se deslizaron hasta mi
cintura y caderas.
“Ja, ja, huah.”
Incluso con la simple caricia —sus labios trazando un camino, sin dejar
rastro, sobre su piel—, Rensley se excitaba cada vez má s. Giselle, que
habı́a estado movié ndose por su cuerpo, inalmente mordió un pezó n
que se habı́a contraı́do. Mordió con fuerza, y los gemidos de Rensley se
hicieron má s fuertes.
—¡Ay, ay! Me duele.
Sin embargo, Giselle se mordió suavemente el pezó n, luego succionó
cerca de la areola y succionó con suavidad el punto donde lo habı́a
mordido, hinchado y enrojecido. Fue una caricia tan suave que ni
siquiera se oyó un lamido. Mientras Rensley, aliviado, comenzaba a
relajarse gradualmente,
“¡Uf, eh…!”
Giselle volvió a morderse el pezó n, colocá ndolo entre los dientes. Al
mismo tiempo, los muslos de Rensley temblaron, y un chorro de lı́quido
opaco inalmente brotó de su pene erecto, que llevaba un rato erecto.
Rensley, con el rostro ya familiar, jadeaba con di icultad, como si
acabara de experimentar un orgasmo apasionado. Los dedos de Giselle
se deslizaron por el coñ o de Rensley, empapado de semen blanco, antes
de llegar inalmente al hueco entre sus piernas.
“¿Preferirı́as que te muerda el pecho antes que tocarte aquı́?”
Ante su tono de voz, que parecı́a puramente curioso, Rensley ni siquiera
pudo sostener su mirada y se cubrió el rostro enrojecido con la mano.
“Haa, ahh… Ahora mismo, la situació n es extrañ a…”
“¿Te gustarı́a que te chupe má s?”
Era una pregunta, pero esta vez no parecı́a que la hiciera por
curiosidad. Antes de que Rensley pudiera responder, sus labios
volvieron a rozar su pezó n, que estaba má s hinchado de lo habitual.
Chupó con fuerza la pequeñ a protuberancia y al mismo tiempo su dedo
medio tocó la entrada del agujero medio liberado de Rensley y empujó
hacia adentro.
“¡Uf, uf, ah……!”
¿Fue por haber sido tan pronto despué s de la eyaculació n, por la
medicina? ¿O por la magia enredada de la que hablaban los magos y
Giselle?
Todo su cuerpo lo anhelaba, anhelaba. Rensley gimió y se estremeció
sin resistencia al sentir los largos dedos rozando sus contracciones
internas. El placer que le provocaban los labios que le acariciaban los
pechos con tanta fuerza que resultaba doloroso, y los dedos que le
acariciaban suavemente el interior, consumı́an a Rensley.
Mi cabeza gritaba de alegrı́a incontrolable. Nuestros encuentros
sexuales siempre eran emocionantes, pero hoy se sentı́an diferentes.
Querı́a ser uno. La sensació n de estar controlada por algo má s allá del
deseo y el instinto era algo que ni siquiera Rensley podı́a explicar.
El placer que atacó todo su cuerpo sin un momento para ocultarse era
claramente visible en la expresió n de Rensley, y tambié n se transmitió a
Giselle, quien nunca apartó los ojos del rostro de Rensley por un
momento cuando compartieron sus cuerpos.
El aliento caliente de Giselle le hacı́a cosquillas en el pá lido y sonrojado
pecho. El gemido no provenı́a de Rensley, sino de lo má s profundo de su
garganta.
"Por favor quı́tatelo."
"Sı́……?"
No tengo su icientes manos para tocarte. Por favor, quı́tate la ropa.
Sus palabras hicieron que Rensley, ya de por sı́ emocionado, se sintiera
aú n má s ansioso. Normalmente, lo encontraba en su dormitorio por la
noche, vestido con ropa có moda, pero ahora, de repente, habı́a llegado
en medio de una reunió n de gobierno. La tú nica del rey tenı́a tantos
botones que era bastante difı́cil desabrocharla sola.
“Ah, Su Majestad, eh, espere un minuto…….”
Incluso mientras le decı́a a Rensley que se desvistiera, Giselle no se
detenı́a. Mientras forcejeaba para desabrocharse las nalgas, sus dedos
ı́ndice, anular y meñ ique, cada uno presionando contra sus nalgas,
comenzaron a asomar por los agujeros, obligando a Rensley a soltar los
botones varias veces. Giselle ingı́a severidad y reprendı́a a Rensley.
“Señ or Malosen, debe mantener la calma”.
“Ja, lo siento, oops, lo siento… ¡ahhh, hhh, ah……!”
Cuando su mente está apurada, ni siquiera se queja. A medida que las
manos de Rensley se impacientan, los dedos que se han adentrado má s
en su interior se mueven con má s fuerza, presionando y deslizá ndose
contra diversas partes de su interior. Mientras frotaba y frotaba las
zonas sensibles, hasta llegar a su muñ eca, Rensley olvida lo que hace,
cierra los ojos y deja escapar un largo gemido entre sollozos.
Su cuerpo temblaba y le temblaban las yemas de los dedos, pero logró
desabrochar los botones. Tras un largo rato, uno a uno, el abrigo
inalmente se a lojó , y Giselle inalmente se lo quitó con sus propias
manos. Mientras se quitaba las capas interiores, revelando su cuerpo
duro y desnudo, colocó sin vacilar su pene erecto entre las nalgas de
Rensley.
El aroma le corrı́a por las nalgas y los genitales. La masa ardiente y
chisporroteante que se alzaba entre sus piernas abiertas fue frotada
con fuerza. El simple deslizamiento del pene, rozando el agujero rojo y
maduro con sus venas, hizo que Rensley jadeara varias veces.
El glande duro asomó de repente en el agujero. La entrada se cerró por
re lejo, pero gracias a la larga digitació n, empujé con fuerza y se abrió
sin di icultad.
Le habı́a estado rogando que lo hiciera primero, pero cuando llegó el
momento de que me tragara entera, me sentı́ como una persona en un
bote a punto de ser golpeada por un maremoto, aterrorizada. Sin darse
cuenta, Rensley extendió la mano y empujó contra su pelvis.
“Su Majestad, por favor espere un momento…”
“¿No te dije que asumieras la responsabilidad?”
Giselle preguntó con calma, agarrando la muñ eca de Rensley y
atrayé ndolo hacia ella. El grueso glande se deslizó en la abertura.
"defecto……."
Mi vista se aturdió y me palpitaba el bajo vientre. Mis muñ ecas,
cautivas, temblaban. Sin pestañ ear, Giselle miró el rostro de Rensley y
empujó lentamente sus caderas.
Giselle se adentró lentamente, llená ndose el estó mago. Rensley
temblaba sin cesar, emitiendo gemidos que escapaban de sus labios.
Me palpitaba el estó mago y sentı́a que un orgasmo suave se acercaba;
mi cuerpo lotaba momentá neamente en el aire. Aunque algo grande y
á spero, como una bola de madera toscamente tallada, atravesaba las
estrechas paredes internas, el placer indescriptible era mayor que el
dolor.
La parte elevada del glande arañ ó la suave carne y luego presionó con
fuerza, obligando a Rensley a echar la cabeza hacia atrá s. Ni siquiera
pudo emitir un sonido; su cuerpo temblaba ligeramente.
En cuanto recuperó el aliento, un sollozo escapó de sus labios. La
sensació n de estar profundamente unida y ser una sola con ella derritió
por completo la razó n de Rensley. El aire y el color del hombre Giselle la
impregnaron, luyendo por su cuerpo, y la sensació n no podı́a
describirse simplemente como placer. ¿Se deberı́a a la poció n que é l
habı́a creado?
“Su Majestad, Su Alteza…….”
Incapaz de pensar con claridad, simplemente llamé a Giselle y sollocé .
Rensley, sollozando tan fuerte que era difı́cil distinguir si era de dolor o
de placer, Giselle lo abrazó lentamente. Su respiració n era
completamente irregular. Giselle, aplastando mi carne caliente con su
pene y ocupando mi lugar, se quedó allı́ un buen rato, aparentemente
saboreando la sensació n de su abrazo, mordié ndome y apretá ndome.
Sin moverse, Rensley seguı́a gimiendo, como si lo hubieran penetrado
repetidamente. El dorsal ancho de Giselle, como una cintura pectoral, se
abombaba y luego se hundı́a repetidamente, y su ancha espalda se
retorcı́a como si intentara soportar el placer. Suspiró e intentó relajarse,
pero Rensley lo abrazó por los hombros.
“No te lo quites…”
“Jaja… ¿por qué ?”
—Bueno, bueno. Su Majestad, bueno... bueno...
Las palabras que salieron atropelladamente fueron inconexas y torpes,
poco propias del elocuente Rensley Mallosen. Querı́a decirle que no se
fuera, que permaneciera unida sin perder un instante, pero sus
pensamientos estaban desorganizados, lo que le impidió hacer una
petició n adecuada.
Pero Giselle pareció comprender, incorporá ndose sobre los codos junto
a su cabello rubio despeinado y besando la frente de Rensley. Del
cuerpo del hombre, siempre frı́o como una escultura de hielo, emanaba
una calidez casi superior a la de una chimenea.
Giselle comenzó entonces a mover las caderas, manteniendo esa
posició n. El no se retiró ni se abalanzó , como Rensley le habı́a pedido.
La apretó contra sı́, llená ndola con fuerza, y con suavidad y irmeza
movió sus caderas arriba y abajo, tan suavemente que no se oyó ni un
solo golpe de piel contra la suya.
“…Uf, eh.”
La lenta estimulació n la hizo bajar la espalda y soltar un gemido
contenido, pero solo fue un instante. Rensley no tardó en agarrar y
retorcer la funda de almohada que rodaba sobre su mesita de noche.
“¡Ahh, ugh, eh……!”
“Uf, ah…….”
Los dos gemidos se mezclaron. Aunque no parecı́an moverse con
mucha violencia, el robusto soporte de madera que los sostenı́a crujió .
Cada vez que Giselle deslizaba sus caderas hacia arriba, los puntos má s
dé biles de Rensley eran aplastados y raspados, y se creaba fricció n en el
extremo muerto de su pared interna. Una sensació n tan intensa que
parecı́a que todo su cuerpo estaba a punto de estallar, incluso de
derretirse, la invadió , privá ndola por completo de su capacidad de
pensar.
“¡Ah, ah, eh, eh, eh!”
Cada vez que Giselle me penetraba con fuerza, sentı́a que llegaba al
clı́max. El placer era tan abrumador que pensé que me estaba volviendo
loca, pero cuanto má s sufrı́a, má s sedienta estaba.
No era su iciente. Era como si su cuerpo estuviera destrozado, y seguı́a
exigié ndole má s a Giselle Zibendad. Má s, má s, má s. Tenı́a que aceptarlo
todo.
Mi visió n, empapada de lá grimas, se tambaleó . La parte interior de mis
muslos sufrió un doloroso espasmo. El semen luı́a del pene de Rensley,
que habı́a eyaculado una vez má s, empapando la articulació n. El
chapoteo proveniente de la zona ya empapada de perfume se hacı́a
cada vez má s fuerte.
Rensley sollozó repetidamente y echó la cabeza hacia atrá s. La silueta
del techo apareció a la vista. Una torre, irmemente rodeada por todos
p p
lados por gruesos y toscos ladrillos, donde antiguos grandes duques
habı́an sido encarcelados, esperando a que se desvaneciera el ú ltimo
rastro de su citació n.
No serı́a una exageració n decir que esta torre, que habı́a existido solo
como un sı́mbolo de di icultades a lo largo de la larga historia de
Oldenland, era ahora un lugar de pasió n poco realista para ambos.
"…por favor……."
Con la mirada ija en los ladrillos, Rensley murmuró distraı́damente,
como un borracho. Giselle, jadeando de placer, perdió el hilo de sus
palabras e hizo una profunda reverencia, cerca del rostro de Rensley.
"de nuevo."
“Por favor haz lo que siempre haces… Ah, por dentro, crecerá má s
grande…”
Rensley habló , sus dedos temblorosos palpando la zona justo encima
del ombligo. Giselle frunció el ceñ o ligeramente. Su expresió n era de
duda, como si sospechara haber oı́do mal a Rensley.
Quizá s habı́a malinterpretado la situació n debido a la confusió n.
Susurró , acariciando la mejilla de Rensley.
“Lensley… Hoy, jaja, no es ese tipo de dı́a.”
Quiero. Por favor, hazlo...
Lensley, con lá grimas corriendo por su rostro, ya estaba
semiconsciente. Ya habı́a eyaculado dos veces, y hasta la má s mı́nima
estimulació n la hacı́a temblar, suplicando constantemente por má s.
Giselle apretó los dientes. Ya sean fı́sicos o emocionales, los impulsos
desatan fá cilmente las inmensas llamas que latentes en su interior.
Desde el momento en que fue elegida Señ or del Norte, Giselle Zibendad
habı́a vivido su vida encarnando el arte de mantener la compostura, sin
soltar jamá s las riendas de la bestia que llevaba dentro.
Rensley Mallossen no lo sabe. Cuá ntas veces, entre risas o lá grimas, con
cada impulso re lexivo que evoca en mi corazó n, de dı́a o de noche,
cuá ntas veces, un trueno rojo y dorado crepita en mi interior.
¿De verdad te gustó esto?
Giselle, murmurando una extrañ a queja, agarró uno de los tobillos de
Rensley mientras é l yacı́a debajo de ella.
El cuerpo de Rensley se dio la vuelta sin siquiera romper el vı́nculo
profundo.
“¡Ah, ah, ah!”
Mientras sus genitales, aú n erectos como un arma, golpeaban
violentamente las paredes internas, Rensley forcejeaba
inconscientemente por mantener su posició n. Pero Giselle no lo dejó .
Finalmente, obligó a Rensley a tumbarse boca abajo, de espaldas a ella.
“Aunque me arrepienta… ya no lo sé .”
Giselle se acostó , proyectando una sombra sobre Rensley, quien
temblaba y sollozaba. Apretó la mano con irmeza contra su omó plato
tembloroso, y Rensley, dá ndose cuenta tardı́amente de las intenciones
de Giselle, sollozó de miedo. "¿Me insististe para que lo hiciera primero,
y ahora huyes asustado? Es demasiado tarde."
¡Pum! La cosa de Giselle, que habı́a caı́do hacia atrá s, se estrelló contra
su cuerpo con tanta fuerza que todo su cuerpo se estremeció .
“¡Guau!”
Un grito salió de la boca de Rensley.
Se inclinó hacia adelante con brazos temblorosos y se agarró al borde
de la cama. Rensley poseı́a al menos la fuerza su iciente para blandir
una lanza pesada desde un caballo al galope. Levantarse de su posició n
boca abajo fue tan fá cil como arrancar una lor de tallo ino.
Pero con las manos grandes y los brazos fuertes presionando su
espalda, y el cuerpo de Giselle profundamente incrustado en sus muslos
y glú teos, Rensley se sintió atrapada e incapaz de moverse. Sin tiempo
para escapar, las embestidas continuaron, amenazando con aplastar su
cuerpo.
"¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Yo, sollozo, je, ja, ah, ahh!"
“Por favor, hazlo.”
“¡Uf, ah, che, lento, ahh, eh……!”
Incluso mientras escuchaba a Rensley, quien inalmente no pudo seguir
hablando y rompió a llorar, Giselle no bajó el ritmo. Sus nalgas y la parte
posterior de sus piernas, donde habı́an sido golpeadas por los irmes
mú sculos de su pelvis y muslos, estaban rojas. Su cuerpo blanco,
empapado en sudor, bañ ado en luz, brillaba como si fuera dorado.
Cuando inalmente se tambaleó de un lado a otro, con la cabeza como
ú nico movimiento, e incluso eso parecı́a agotador, con la nuca
temblando al hundirla en la cama, Giselle inclinó el torso, que habı́a
estado de pie, dominando a Rensley, y se colocó el ló bulo de la oreja
entre los dientes. A diferencia de los feroces movimientos
desgarradores que perforaban las entrañ as de Rensley, las caricias,
succiones y tirones fueron suaves.
“Uf, ahh…….”
“Mué vete, despacio… uf, no lo hagas.”
La suave caricia era un dulce truco, como una galleta de azú car.
El pene, que habı́a vuelto a embestirle las nalgas, se hundió con fuerza,
como si le aplastara las entrañ as. La mera sensació n fue su iciente para
dejarla sin aliento, provocando convulsiones en todo el cuerpo de
Rensley. Incluso las estrechas paredes que se apretaban alrededor del
pene temblaron junto a su cuerpo.
Giselle abrazó a su compañ ero por detrá s, rodeá ndolo con todo su
cuerpo. Parecı́a un abrazo suave, que calmaba el placer que habı́a
alcanzado su punto má ximo, rozando el dolor, pero en realidad era un
gesto de contenció n. El dorso de su elegante mano se volvió irregular y
abultado, como si le hubiera crecido hueso. Se extendieron patrones
negros, e incluso sus uñ as comenzaron a crecer má s largas.
“Ja, ugh, eh…….”
Incluso Giselle, que lentamente habı́a comenzado a liberarme, no pudo
controlar su pasió n y cerró los ojos, dejando escapar un gemido.
Los mú sculos de su espalda y muslos se contrajeron, endurecié ndose y
abultá ndose. Sus colmillos brotaron ligeramente, y sus ojos á mbar
brillaron con un oro espeso, como la lava.
"Huk, ugh……."
Mientras Rensley respiraba con di icultad, como si le faltara el aire, algo
incrustado en lo profundo de sus paredes, como si tuviera raı́ces,
empezó a latir y a crecer. La sensació n de luidos calientes luyendo por
el agujero y regresando a su cuerpo era algo a lo que jamá s se
acostumbrarı́a. La espalda de Rensley tembló , proyectando una tenue
sombra.
Incluso en su estado normal, era mucho má s grande que otros,
aumentando de volumen y longitud, lo que me provocaba una
sensació n de presió n que me subı́a hasta la garganta. Empezando cerca
de la estrecha entrada, los pilares carnosos se hincharon y
endurecieron.
—¡Ahhh, ahh! ¡Uf, uf!
Su mejilla, ahora enrojecida y brillante como si la hubieran azotado con
un lá tigo, se tensó y se retrajo, temblando varias veces. Sus pantorrillas,
postradas de dolor como si se hincharan como su estó mago, se elevaron
como si quisieran patear el aire, y luego cayeron al vacı́o. Los dedos de
sus pies se endurecieron y luego se hundieron. Fue una lucha
desesperada por soportar la agonı́a, pero incluso eso, reprimido por
Giselle, se desató .
Lensley, que habı́a estado gimiendo y retorciendo los hombros, levantó
el brazo de donde lo habı́a dejado sobre la sá bana y se colocó el dorso
de la mano bajo los labios. Se mordió la piel, intentando de alguna
manera lidiar con las diversas sensaciones que experimentaba su
cuerpo.
Aunque yacı́a boca abajo, Giselle sorprendió rá pidamente a Rensley
mordié ndole la mano hasta hacerle sangrar. Sus grandes manos
sujetaron con fuerza las muñ ecas de Rensley y tiraron. Las manos de
Giselle, ahora apartadas de su boca, quedaron inmovilizadas a un lado
de su cabeza como si estuvieran sujetas. La parte inferior de su cuerpo,
presionada contra la de Rensley, presionó aú n má s, dejá ndole sin
espacio para la libertad.
"Ah, uh, jaaah, uf..."
"No deberı́as lastimarte."
La voz de Giselle era severa incluso en medio del calor.
Al intensi icarse la presió n, Rensley se estremeció de inmediato, pero,
contrariamente a sus intenciones, su cuerpo permaneció inmó vil.
Aplanado, atado hasta las muñ ecas, parecı́a un prisionero o un cautivo.
Sometido, sin escapatoria, Rensley gimió como si su ú ltima cordura se
hubiera desvanecido. Giselle bajó la cabeza y posó sus labios en el
dorso de la mano de Rensley.
“No puedo permitirlo…….”
Sacó la lengua y lamió suavemente la mordedura roja y ensangrentada.
Rensley, que sollozaba, observó con lá grimas en los ojos có mo la lengua
de Giselle lamı́a el dorso de su mano.
Incluso mientras su cabeza ardı́a con el pene, extendié ndole la espalda
y penetrando profundamente en sus paredes internas, los movimientos
de la suave y suculenta lengua que lamı́a su mano permanecı́an
extrañ amente vı́vidos. La zona alrededor del coxis de Rensley se
contraı́a como si le estuvieran haciendo cosquillas.
Giselle, al notar que los sollozos de Rensley habı́an cesado, besó su
mejilla hú meda como para secarle las lá grimas. Tumbadas boca abajo,
esperaron a que terminara el largo y prolongado beso, frotando con
cuidado sus cuerpos empapados y entrelazados. Cada vez, sus jadeos y
gemidos, entrelazados sin distinció n, calentaban la oscura torre como
un inmenso horno. El vı́nculo era tan profundo que incluso el má s leve
movimiento hacı́a temblar a Rensley, sollozando como si la hubieran
golpeado.
“Ugh, ja, ahh…….”
Mientras Rensley soportaba el dolor de su estó mago tensá ndose
mientras sostenı́a la carne palpitante y dura, una nota dulce comenzó a
mezclarse con sus gemidos.
Me sentı́ tan mareado como al despertar. Mi visió n era turbulenta, como
borrosa en el agua. Pero no sentı́a dolor de cabeza ni resfriado. Cada
parte del cuerpo de Giselle se tocaba, cada centı́metro de su carne se
fundı́a en uno solo; un placer casi de trance, má s allá del placer sexual,
luı́a por mi cuerpo, desbordando e impregnando el aire a mi alrededor.
Mi cuerpo parece derretirse como el mar, convirtié ndose en parte del
mundo. Me rompo en pedazos y me disperso como semillas.
Sin saber có mo manejar el inmenso y desconocido placer que se
extendı́a por su cuerpo, Rensley continuó forcejeando, jugueteando con
los dedos. Como si la barrera mental se hubiera derrumbado, una voz
surgió , que no era ni suya ni de Giselle.
¿Qué deseas?
Alguien hace esa pregunta. Es extrañ o entender el signi icado de esas
voces ahora, cuando estoy tan confundido que no puedo interpretar
nada. Ası́ que quizá s esta sea la voz dentro de mı́.
Soy.
Rensley querı́a responder esa pregunta.
Soy…….
La mano grande que sujetaba la muñ eca de Rensley apretó con má s
fuerza. Sentı́ a Giselle gruñ endo como una bestia, apretando los dientes
contra mi cuello y hombro. Mientras gritaba, Rensley empezó a reı́rse
dé bilmente.
Rensley comprendió la verdadera naturaleza de la sed que lo habı́a
atormentado desde siempre. No buscaba el placer ni rehuı́a el dolor.
Compartió todo lo que poseı́a: sangre, carne, huesos, alma y fuerza,
unié ndose para luego separarse y luego reunirse. Ası́, el sistema
má gico, una vez destrozado y destrozado, fue reconstruido.
Una luz blanca brilló ante sus ojos. Rensley, sin dudarlo, abrazó la luz
circular que se acercaba a é l como un espı́ritu desconocido.
***
Rensley.
Rensley.
Rensley abrió lentamente los ojos al oı́r que algo lo llamaba desde algú n
lugar cercano a la super icie distante.
Sus largos dedos me acariciaban el pelo. Suavemente. Eran las
hermosas manos que tanto amaba.
Las garras que habı́an crecido de sus cuencas, los tatuajes que habı́an
aparecido, los huesos que sobresalı́an como extremidades anteriores de
bestias, desaparecieron sin dejar rastro. Como si hubiera sido un sueñ o.
“¿Dormı́ mucho?”
“Simplemente cerré los ojos por un momento”.
Giselle besó la mejilla de Rensley repetidamente, como si sintiera pena.
“Aunque fuera por poco tiempo… perdı́ el conocimiento dos veces en un
dı́a.”
La vida sigue y sigue, a veces pasan cosas ası́. No es que esté enfermo ni
nada.
Rensley lo miró , lo besó y sonrió , luego de repente su expresió n se
volvió seria.
"Si lo piensas."
"¿Mmm?"
Nunca me he puesto a pensar mucho en el porqué . ¿Por qué Su
Majestad regresa inmediatamente despué s de haber tenido sexo con
é l...?
“Supongo que la habilidad que tienes ayudará a estabilizar mi magia”.
“Creo que lo contrario tambié n era posible”.
Giselle tambié n asintió .
Uno es un mago con una mano demonı́aca, y el otro es un maestro
espiritual. Sin una muestra de referencia, la razó n exacta sigue siendo
desconocida, pero su unió n fı́sica podrı́a llevar al intercambio de poder
má gico, ası́ como a los efectos secundarios de la divisió n, la unió n y la
reconstrucció n. Ası́ como Rensley estabilizó el poder má gico
ampli icado de Giselle, hoy Giselle ha desatado el poder má gico
entrelazado de Rensley.
Rensley parpadeó , mirando al techo. La melancolı́a contenida y la
sensació n de necesidad insatisfecha —los sentimientos que se habı́an
ido acumulando como polvo, como resentimiento y desasosiego—
parecı́an haberse desvanecido por completo. —preguntó Giselle.
"¿Có mo te sientes?"
Me siento má s có modo. ¿Có mo está Su Majestad?
"Yo tambié n."
Giselle sonrió un poco juguetonamente, de manera inusual, y miró de
cerca a Rensley a los ojos.
Habı́a decidido no volver a hacerlo nunca má s porque siempre era muy
difı́cil. Pero me sorprendió cuando de repente me lo pidió .
Ya te lo dije. Que sea difı́cil no signi ica que no sea siempre bueno.
Aunque sea difı́cil, hay cosas buenas.
Rensley se sonrojó y refunfuñ ó , y luego se incorporó rá pidamente. La
manta que la cubrı́a se desvaneció .
¡Estoy completamente bien ahora! Prepá rense y regresen a la torre
principal. La gente estará preocupada.
Tras un momento apasionado, Rensley se levantó con orgullo,
mostrando descaradamente incluso sus genitales, que habı́an estado
profundamente dormidos. Pero se quedó paralizado. Giselle abrió los
ojos de par en par, sorprendida.
"…¿Qué es esto?"
Rensley frunció el ceñ o y bajó la cabeza. Escondido bajo las sá banas,
algo que nunca habı́a visto estaba irmemente acurrucado en la cama.
Estaba justo entre ellos dos.
Giselle tampoco pudo responder. Era algo que ninguna de las dos habı́a
visto antes. Si tuviera que compararlo con algo...
"capullo……?"
"Se parecı́a mucho al capullo en el que las mariposas y otras larvas de
insectos pasan un tiempo antes de mudar", murmuró Rensley.
De niñ o, me encantaba jugar en el bosque, ası́ que habı́a visto
innumerables capullos de todo tipo. Pero el que tenı́a delante era
demasiado grande para ser un capullo de insecto. Era casi
perfectamente esfé rico, del tamañ o de una pelota de niñ o. El material
que envolvı́a la esfera tambié n me resultaba desconocido. Era un hilo
plateado y translú cido que brillaba suavemente y se mecı́a con
suavidad ocasional, como si se moviera por sı́ solo dentro de la torre sin
viento.
Giselle atrajo rá pidamente a Rensley hacia ella. Preparó su hechizo para
responder de inmediato al repentino intruso y lo miró con el ceñ o
fruncido.
Pero no hubo respuesta de Kochi. La expresió n de Giselle tambié n se
suavizó gradualmente.
No parece un objeto comú n. Puedo sentir su magia.
¿De dó nde salió esto? ¿Estuvo ahı́ desde el principio? Seguro que no es
un monstruo.
“La cama estaba vacı́a antes de que te acostara”.
Los dos observaron en silencio la extrañ a sustancia que apareció de
repente, con expresiones serias. No podı́an tocarla sin saber qué era.
Giselle suspiró levemente y rodeó con el brazo los hombros de Rensley.
“Como no hay ningú n signo de agresió n, llamemos a los magos y
hagamos que lo transporten al laboratorio”.
"Sı́……."
Mientras murmuraba distraı́damente y asentı́a, Rensley miró a Giselle
con una expresió n que parecı́a indicar algo. Giselle, que estaba a punto
de contactar a los magos, se detuvo.
¿Tienes idea de lo que signi ica eso?
Dudó un momento, algo inusual en Rensley.
Ni siquiera é l pudo dar una respuesta de initiva. Pero justo antes de
perder el conocimiento, pensó que lo que habı́a creı́do una simple
ilusió n, fruto del orgasmo y la confusió n, podrı́a ser real. No podı́a
manejar esto sin cuidado.
Si lo que creı́as que era real era una ilusió n, y lo que creı́as que era una
ilusió n era la realidad, si é sta era la ú ltima de tus recientes y confusas
experiencias, era hora de arreglar las cosas, no de darte la vuelta o huir.
“Tal vez… lo hicimos”.
Me ponı́a nervioso soltar una fantası́a tan descabellada, pero Giselle no
se sorprendió demasiado. Parecı́a haberlo adivinado hasta cierto punto
y asintió , aparentemente tranquilo.
“La energı́a me resultó familiar, ası́ que pensé que podrı́a ser algo
relacionado contigo o conmigo”.
En respuesta, Rensley tambié n ganó con ianza y continuó explicando.
Antes de dormirme, sentı́ una luz blanca y redonda acercá ndose. A
veces uno se queda medio dormido antes de dormirse, ¿sabes? Pensé
que era algo ası́...
"Entonces, ¿qué crees que es esto?"
El rostro de Rensley se sonrojó levemente. No era cierto en absoluto,
pero intentar decirlo en voz alta la hacı́a sentir como si aú n se aferrara
a sus delirios, a sus propios remordimientos. Pero no podı́a ignorar esa
sensació n.
“Pensé que estaba alucinando mientras luchaba contra el monstruo,
pero tal vez no fue una alucinació n, sino una señ al o algo ası́”.
"¿señ al?"
Mientras intentaba conversar con el demonio, Su Majestad vino a
verme. Sugirió que dié ramos un paseo, ası́ que salimos juntos.
Caminando cerca del muro, nos dirigimos al patio. Nevaba
copiosamente, ası́ que habı́a niñ os jugando afuera... Los observaba,
encontrá ndolos adorables, cuando una criada desconocida se me
acercó . Me preguntó si habı́a venido a ver al Duque y la Duquesa.
“…….”
Fue extrañ o. No habı́a ningú n prı́ncipe ni princesa bajo el cuidado de
Loudken, y yo nunca habı́a visto a esa criada. Pero fui la ú nica a quien le
pareció extrañ a la situació n. Su Majestad, como era de esperar, pidió ver
a los niñ os, y la criada vino con ellos.
“Esos niñ os……”
“Llamé a Su Majestad 'Padre'”.
Giselle parecı́a perdida en sus pensamientos y no dijo nada má s.
En conclusió n, podrı́a no haber sido má s que un sueñ o o una
alucinació n. Pero ahora, con el misterioso objeto claramente moldeado
por la magia de ambos ante mis ojos, era má s difı́cil descartar el sueñ o
como insigni icante que darle signi icado.
Rensley extendió la mano hacia la esfera. Quizá s fue el pensamiento lo
que hizo que su corazó n latiera de forma extrañ a. La acarició con
suavidad, y el hilo que envolvı́a el capullo se movió como si sintiera su
tacto. Sobresaltado, Rensley retiró la mano.
Me armé de valor y volvı́ a extender la mano. Un hilo plateado se
desenrolló y empezó a hacerle cosquillas en las yemas de los dedos a
Rensley. Los ojos de Rensley brillaron con el movimiento, respondiendo
claramente al gesto.
"lindo……."
Mientras Rensley murmuraba sin darse cuenta, Giselle, que habı́a
estado en silencio, abrió la boca.
La fuente de la creació n y la creació n a travé s del poder má gico reside,
en ú ltima instancia, en el deseo del hechicero. Ademá s, tu poder para
manipular la fuerza vital...
"Aunque nuestra suposició n sea correcta, no es solo mi poder.
Probablemente sea porque Su Majestad compartió su poder má gico
conmigo, ası́ que la mitad es de Su Majestad."
Tal como dijo Giselle, no hubo agresió n, y no importaba cuantas veces
acercara su mano a Gochi, este solo soltaba una parte diferente del hilo
y respondı́a dependiendo de la direcció n de la mano de Rensley, y no
era amenazante en absoluto.
“Pero aú n no está claro, ası́ que vayamos al laboratorio ahora…”
Dejando atrá s a Giselle, quien nuevamente estaba hablando de
investigació n, Rensley lo recogió con cautela. Su brillante brillo
plateado lo hacı́a parecer frı́o, pero al sostenerlo en sus brazos, lo sintió
tan cá lido como el calor corporal. Su corazó n latı́a con fuerza, como si
su pulso se acelerara dentro del capullo.
Esto es un gran problema. El bulto, cuya identidad aú n no está clara, ya
es adorable. Rensley miró a Giselle a los ojos.
Siento que mi corazó n late por dentro. ¿Será solo yo?
Giselle, que habı́a estado observando, se acercó lentamente y con
cautela colocó su mano sobre Kochi. Kochi, que habı́a respondido al
toque de Rensley, desenredó el hilo de nuevo y pinchó las yemas de los
dedos de Giselle. Aunque ingió no darse cuenta, quizá por nerviosismo,
la mirada, antes directa, de Giselle se suavizó un poco.
Rensley preguntó en voz baja.
“¿Por qué tiene que ser ası́?”
Debe ser una imagen que se te ocurrió inconscientemente. Sobre la vida
o sobre có mo protegerla.
"¿Qué tengo que hacer?"
"¿De qué está s hablando?"
“Si esto es… si realmente es como pensamos…”
Dije que esperarı́a hasta que Giselle estuviera lista. No pude evitar
sentirme emocionada y esperanzada, pero tambié n estaba mucho má s
preocupada de lo que esperaba.
En cualquier caso, ¿no es esta una situació n sin precedentes que ni
siquiera Giselle Zibendard pudo concluir de inmediato? La idea de que
lo que se escondı́a dentro de este capullo era su hijo, o una forma de
vida similar a un niñ o, o una que se convertirı́a en uno, era solo una
ilusió n. No serı́a de extrañ ar que surgiera una criatura no humana y sin
identi icar.
“…Debemos prepararnos bien para recibirlo.”
Giselle respiró hondo y respondió con un argumento simple y directo.
Rensley inmediatamente hizo otra pregunta.
Lo vi... Bueno, en una alucinació n. Eran dos. Dijeron que eran un
prı́ncipe y una princesa, ası́ que uno era niñ o y la otra niñ a. ¿Serı́an
gemelos?
Es difı́cil ver la realizació n de un deseo como una premonició n, como la
consciencia de un hechicero. Es demasiado pronto para sacar
conclusiones precipitadas sobre el nú mero o el gé nero de los hijos...
¿Verdad? Debe ser un niñ o, ¿verdad?
La emoció n de la anticipació n era palpable en la voz apremiante de
Rensley. Giselle, como si hubiera caı́do en su propia trampa, volvió a
guardar silencio y se sentó tranquilamente en la cama, con un dejo de
resignació n en la voz.
Rensley se sentó a su lado, sintié ndose un poco apenado por ser el
ú nico que lo disfrutaba, ası́ que tomó la mano de Giselle.
Lo siento. Le dije que esperarı́a hasta que Su Majestad estuviera listo.
"Estoy un poco sorprendido. Tambié n me preocupa que te decepciones
si mi suposició n resulta ser erró nea".
Giselle tambié n tomó la mano de Rensley. Su actitud pareció frı́a al
principio, pero Rensley sabı́a perfectamente que estaba preocupado
por ella, como habı́a dicho.
No me decepcionarı́a tanto... No lo harı́a. Pero, eh, si de verdad fuera un
niñ o, podrı́as intentar prepararte mentalmente. Por ejemplo... si de
verdad fuera nuestro hijo, ¿có mo se lo explicarı́amos a los demá s?
Ahora que mucha gente sabe que tienes talentos má gicos, no es difı́cil
de explicar. Todos te dará n la bienvenida y te bendecirá n.
“…¿Qué pasarı́a si yo naciera diferente a las demá s personas?”
"No existe nada ordinario. Si lo piensas ası́, ni tú ni yo somos personas
ordinarias."
¿Cuá ndo podré salir de Kochi? Incluso en este caso, tardarı́a unos diez
meses.
Para saber má s, necesitamos realizar una investigació n exhaustiva.
Necesitamos revisar registros antiguos y escuchar las opiniones de
otros magos. Tambié n deberı́amos consultar al lobo que te enseñ a.
Probablemente sepa má s sobre este fenó meno que nosotros.
Mientras hablaban, la expresió n de Rensley, que inicialmente habı́a sido
excitada, se fue complicando cada vez má s con preocupació n y
ansiedad, y el rostro de Giselle, que habı́a estado algo confundido, se
fue calmando gradualmente.
Envolvió sus brazos alrededor de la cabeza de Rensley y la atrajo hacia
su hombro para que descansara sobre su hombro.
No te preocupes, Rensley. Nadie resultó herido, ası́ que podemos ir paso
a paso.
Sus palabras estaban libres de miedo y duda. Sintié ndose absorbido por
su inquebrantable con ianza, Rensley poco a poco encontró la paz.
Giselle, que habı́a permanecido absorta en sus pensamientos por un
momento, inalmente habló .
Sı́. Primero construyamos una villa. Si nace un descendiente directo,
previamente abandonado por matrimonio igualitario, será un
acontecimiento nacional. Estoy seguro de que los ministros estará n de
acuerdo en construir una villa para conmemorarlo.
“¿Eh? ¿Una villa?”
Si hay dos, construyamos uno para cada uno y contratemos a personas
cuidadosamente seleccionadas de familias prestigiosas para que los
cuiden. Y no tienes que preocuparte por su educació n. Tengo contacto
constante con eruditos de renombre en todo el continente, ası́ que si me
pides que sea su tutor real, seguro que algunos estará n de acuerdo. Ah,
y tampoco te preocupes por eso, no planeo criarlos para que sean
estudiosos como yo. Me aseguraré de que tengan su iciente juego y
ejercicio al aire libre. Tambié n consideraré cuidadosamente a sus
compañ eros de juego de la misma edad.
—Su Majestad, Su Majestad. Un momento.
No soy muy entendido en gastronomı́a, pero si voy a criar a un niñ o,
serı́a bueno inculcarle buenos há bitos alimenticios desde pequeñ o.
Contratar a otro chef real serı́a una buena idea. Con el tiempo, tendrá n
que aventurarse en la alta sociedad, ası́ que necesitará n un profesor de
baile y canto. Espero que se parezcan má s a ti que a mı́, para que
puedan disfrutar plenamente de esas ocasiones.
“Su Majestad, nunca le habı́a visto hablar tanto a la vez.”
Ante esas palabras, Giselle parpadeó , como si volviera en sı́. Rensley rió
entre dientes y le dio un codazo en el brazo.
¿Qué ? Dijiste que no lo querı́as, pero te está s adelantando demasiado.
“Tener un hijo en la familia real es un gran acontecimiento, incluso
polı́ticamente”.
No sabemos qué tipo de niñ o nacerá , ni siquiera sabemos si nacerá .
¿Qué sentido tiene decidirlo entre nosotros? La prioridad es un niñ o
sano. Ya decidiremos quié nes será n sus amigos, ası́ que no tenemos que
prepararlo todo con antelació n. Si lo fastidiamos, será s un padre muy
estricto, ¿verdad?
Era solo una broma, pero la expresió n de Giselle se tensó de repente y
é l dudó , como si tuviera algo que decir. Rensley, al notarlo, sostuvo su
mirada y preguntó con un gesto de la cabeza, y é l abrió la boca, un poco
avergonzado.
“Por eso lo digo.”
"¿Sı́?"
“¿Qué clase de padre era yo en el sueñ o que tuviste?”
Rensley lo miró en silencio. Al no obtener una respuesta inmediata, los
ojos de Giselle brillaron de impaciencia.
Era nuestro primer pleno invierno juntos desde nuestra boda, y ya
podı́a oı́r el sonido del hielo derritié ndose. Los preparativos para la
llegada de la primavera serı́an aú n má s ajetreados.
El mago má s grande del continente, que jamá s ha tenido un problema
que no pudiera resolver, cree poder encontrar una solució n para todo
en el mundo. Rensley Mallothen, quien se ha fortalecido con su fe una y
otra vez, ahora necesitaba tranquilizar a su mago.
Lensley, que sostenı́a un capullo plateado en sus brazos y miraba sus
ojos color á mbar, sonrió brillantemente y le susurró al oı́do.
“Fuiste muy amable.”
Historia paralela de Winter ield, inal
Winter ield 6 (Historia paralela)
Autor: Mango Bear
Editorial: Park Yong-su
Editorial: Phase
Edició n: Equipo Editorial Phase
Direcció n: 165-1 Chunui-dong, Wonmi-gu, Bucheon-si, Gyeonggi-do
Parque Tecnoló gico Seorim, Edi icio 1, 705-1 (14555)
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Registro de publicació n: 6 de agosto de 2009 (n.º 2009-000212)
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ⓒ Mango Bear, 2022.
* Precio: 3.800 wones
* Fecha de publicació n: 10 de febrero de 2022
* ISBN: 979-11-318-4857-9 05810
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del titular de los derechos de autor.