Qué Es Sentencia en CNY
Qué Es Sentencia en CNY
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Analizaremos aquí las notas distintivas del arbitraje (2), y su comparación con otras
figuras que presentan semejanzas (3), para establecer finalmente una conclusión
respecto del criterio general que debe aplicarse para determinar si una decisión
califica o no como laudo a los fines de la aplicación de la Convención de Nueva
York (4).
1 En su versión inglesa, la Convención alude a “arbitral awards”; en su versión francesa refiere a “sentences
arbitrales”.
2 Más que “alternativo” (adjetivo que, aunque se ha generalizado para calificar a los métodos de resolución de
conflictos diferentes del litigio judicial, tiene una cierta connotación peyorativa y sugiere una interpretación
restrictiva) en realidad es “opcional”, porque parte de la libertad o facultad de las partes de elegir. Sobre el
carácter equívoco del vocablo “alternativo” aplicado a estos métodos, remitimos a Caivano, Roque J., Gobbi,
Marcelo y Padilla, Roberto E.: Negociación y Mediación. Instrumentos apropiados para la abogacía
moderna, ed. Ad Hoc, Buenos Aires, 2a edición, 2006. El arbitraje es “cooperativo” en el sentido que “opera
con” el Poder Judicial en la heterocomposición de los conflictos, necesaria para asegurar la paz social.
entre dos o más partes, ejerciendo una función jurisdiccional que le ha sido
conferida por ellas.3
Aunque objeto de intenso debate décadas atrás,4 ya no se discute que los árbitros
ejercen funciones de naturaleza jurisdiccional equivalentes a las de los jueces. El
arbitraje, en tanto “justicia privada”,5 representa la idea de una actividad
jurisdiccional ejercida por particulares que no integran los órganos del Poder
Judicial de un Estado ni pueden ser considerados funcionarios públicos.6 Ello
significa, en otras palabras, que conocen de las cuestiones sometidas a ellos en
términos similares a los magistrados del Poder Judicial, y que las decisiones que
adoptan en uso de sus facultades, una vez firmes, adquieren el efecto de cosa
juzgada y su cumplimiento forzado puede perseguirse por los procedimientos
previstos para la ejecución de sentencias judiciales. La estipulación de una cláusula
arbitral implica tanto la exclusión de la jurisdicción judicial como la atribución de
una jurisdicción equivalente en cabeza de los árbitros: al pactar el arbitraje las partes
renuncian a ser juzgadas por los tribunales ordinarios;7 pero, al mismo tiempo,
otorgan a los árbitros potestades que, aunque no idénticas a las que ejercen los
magistrados judiciales, son indiscutiblemente de naturaleza jurisdiccional.
En ese sentido, la jurisprudencia española ha resuelto que “el árbitro que zanja una
controversia mediante un laudo de Derecho actúa en ejercicio de una potestad de
iuris dictio, pues el arbitraje es un ‘equivalente jurisdiccional’, mediante el cual las
partes pueden obtener los mismos objetivos que con la jurisdicción civil, esto es, una
decisión que ponga fin al conflicto con todos los efectos de la cosa juzgada. Su
declaración de los derechos y obligaciones recíprocas de las partes de la controversia
Señalamos que las atribuciones de los árbitros son similares -aunque no idénticas- a
las que detentan los jueces estatales. Entre otras, las principales diferencias se
verifican en cuanto a su origen y a su alcance: los árbitros obtienen su jurisdicción
de un acuerdo de voluntad entre las partes y carecen de imperium para hacer cumplir
forzadamente sus decisiones.16
A pesar de su génesis convencional, los efectos del arbitraje no se comparan con los
de un contrato. Lejos en el tiempo ha quedado la tesis conforme la cual no existe en
el arbitraje un verdadero proceso sino un contrato, del que resulta la obligación de
17 Conforme esta teoría, la única fuente de la que emana la fuerza vinculante del laudo es ese consentimiento
previo: si el árbitro puede imponer su parecer a las partes es porque ellas han aceptado primeramente esa
decisión. Guasp, Jaime: El arbitraje en el Derecho Español, ed. Bosch, Barcelona, 1956, pág. 22.
18 La legislación argentina, por ejemplo, los denomina “jueces árbitros” (artículo 736, Código Procesal Civil y
Comercial de la Nación).
19 Fouchard, Philippe, Gaillard, Emmanuel y Goldman, Berthold: Traité de l ’arbitrage commercial
international, ed. Litec, Paris, 1996, pág. 792.
20 Cremades, Bernardo M.: “El arbitraje en la doctrina constitucional española”, Revista Internacional de
Arbitraje, N° 6, ed. Legis, Bogotá, enero-junio de 2007, págs. 13 y siguientes.
21 Redfern, Alan y Hunter, Martin: International Commercial Arbitration, ed. Sweet & Maxwell, London, 4a
edición, 2004, pág. 13.
22 Jarrosson, Charles: “La notion d’arbitrage”, en Silva Romero, Eduardo (Dir.): E l contrato de arbitraje, ed.
Legis y Universidad del Rosario, Bogotá, 2005, pág. 9.
La segunda de las limitaciones mencionadas tampoco cambia la naturaleza del
arbitraje. Si bien es cierto que los árbitros carecen de imperium, lo que define la
esencia de la jurisdicción es la atribución cognoscitiva y decisoria, y el efecto que
esta decisión tiene, independientemente de si el órgano que la dictó puede ejecutarla
forzadamente por sí mismo o si debe recurrirse al auxilio de otro. Lo característico
de la jurisdicción es la potestad de adjudicar pretensiones de manera definitiva como
resultado de un proceso adversarial que haya respetado los principios de audiencia y
bilateralidad. La atribución de ejecutar forzadamente esa decisión es un elemento
meramente accidental: no en todos los casos es necesario ejercerla y no siempre el
mismo juez que dictó la sentencia tiene autoridad suficiente para hacerlo. El hecho
de que los árbitros carezcan de imperium y que la coerción sea aplicada por un juez
distinto del que dictó la resolución no quita al acto (y a la actividad que lo generó)
su carácter jurisdiccional. Aun los jueces estatales carecen de imperium fuera de su
ámbito territorial de competencia y deben requerir el auxilio de otros si la sentencia
debe cumplirse en un lugar diferente; pero no por ello puede negarse que hayan
ejercido potestades jurisdiccionales o que sus sentencias no sean resultado de un
proceso de naturaleza jurisdiccional.23
Explicado ya cuáles son las características salientes del arbitraje, corresponde ahora
examinar algunos otros mecanismos con los que presenta alguna similitud, y
precisar si éstos cumplen la condición exigida por la Convención para ser
ejecutables bajo sus normas.
23 Caivano, Roque J.: Arbitraje, ed. Ad Hoc, 2a edición, Buenos Aires, 2000, pág. 100.
24 Rocco, Ugo: Derecho Procesal Civil, ed. Porrúa, México, 1944, pág. 89.
utilizan para designar a esta categoría de árbitros: amigables componedores,25
arbitradores,26 árbitros de conciencia,27 árbitros de equidad,28 o se conservan los
términos latinos ex aequo et bono”.29 Para definir la forma en que resuelven también
se utilizan diferentes expresiones: algunas normas disponen que estos árbitros
resuelven “según su saber y entender”,30 o su “leal saber y entender”;31 y otras
refieren a la equidad o la conciencia como soportes de su decisión.32
25 Código Procesal Civil y Comercial de la Nación Argentina, artículo 766 (que también los menciona como
“arbitradores”); Código de Comercio de México, artículo 1445 (que también recepta la denominación de
“árbitros en conciencia”); Código Procesal Civil de República Dominicana, artículo 1019.
26 Código de Procedimientos Civiles de Chile, artículo 626 (aplicable a arbitrajes domésticos).
27 Ley de Arbitraje de Perú, que en su articulo 3, lo define como aquel en que los árbitros “resuelven
conforme a sus conocimientos y leal saber y entender”.
28 Ley sobre Resolución Alterna de Conflictos y Promoción de la Paz Social de Costa Rica, artículos 19 y 20;
Ley de Arbitraje y Mediación de Ecuador, artículo 3; Ley de Arbitraje de España, artículo 34 (en la
Exposición de Motivos se aclara que las partes pueden pactarlo ya sea a través de una remisión literal a la
‘equidad’, o a términos similares como decisión ‘en conciencia’, ‘ex aequo et bono ’, o que el árbitro actuará
como ‘amigable componedor’); Ley de Arbitraje de Guatemala, artículo 37 (aunque alude, indistintamente a
“arbitraje de equidad”, arbitraje “ex aequo et bono” o “amigable composición”); Ley de Arbitraje y
Conciliación de Honduras, artículo 34; Código Procesal Civil de Italia, artículo 808; Ley de Arbitraje,
Conciliación y Mediación de Panamá, artículo 2; Ley de Arbitraje de Paraguay, artículo 32 (que también
alude a la amigable composición); Ley de Arbitraje de Venezuela, artículo 8.
29 Códigos Procesales de las provincias de Córdoba (artículo 633) y Santa Fe (artículo 431).
A título anecdótico puede señalarse que en el idioma inglés no existe ninguna denominación propia para esta
clase de arbitraje. Los textos legales y reglamentarios, la doctrina y la jurisprudencia recurren,
alternativamente, a la voz latina ex aequo et bono para calificar la naturaleza de sus decisiones, o a la francesa
amiable compositeurs para designarlos. Puede verse, UNCITRAL Model Law, artículo 28.3; UNCITRAL
Arbitration Rules, artículo 33.2; Rules o f Arbitration o f the International Chamber o f Commerce, artículo
17.3; London Court o f International Arbitration Rules, artículo 22.4; New Zealand Arbitration Act, 1996,
artículo 28.3; Commercial Arbitration Act o f Canadá, artículo 28.3.
30 Código Procesal argentino, artículo 769.
31 Ley de arbitraje de Bolivia, artículo [Link] (“conforme a sus conocimientos y leal saber y entender”); Ley de
Arbitraje de Ecuador, artículo 3; Ley de Arbitraje de Guatemala, artículo 37.1; Ley de Arbitraje de Panamá,
artículo 3; Ley de Arbitraje de Paraguay, artículo 32; Ley de arbitraje de Nicaragua N° 540, artículo 24 inc. e).
32 Ley de Arbitraje de Costa Rica, artículo 20; Ley de Arbitraje de España, artículo 34; Ley de Arbitraje de
Honduras, artículo 34 inciso b) (“según el sentimiento común y la equidad”).
solución “legal” y, en cambio, sujetar el resultado del caso al recto juicio de una
persona, permitiéndole despojarse de convencionalismos o consideraciones
puramente legales.33 En cuanto a sus efectos, el más trascendente es que el laudo se
torna prácticamente invulnerable por alegados errores de derecho o defectos en la
fundamentación legal, que de otro modo podrían esgrimirse como causal de
revisión.34 Si bien, en general, el error de derecho no es revisable por el tribunal
judicial cuando el laudo sólo es impugnable por recurso o acción de nulidad, la
experiencia demuestra que, en ocasiones, los jueces tienden a justificar su
intervención y controlar la solución de fondo si la consideran muy equivocada. Al
carecer de un razonamiento que pueda ser escrutado jurídicamente, el laudo de los
amigables componedores reduce esta tentación correctora del juez.35
De todas maneras, es claro que un laudo dictado por árbitros de equidad es tan
sentencia arbitral como el que dictan árbitros iuris. El diverso modo de razonar o de
fundar su decisión no cambia la naturaleza típicamente arbitral de este proceso, que
cumple todos los requisitos para ser considerado tal. Y tampoco cambia los efectos
del laudo: éste es obligatorio y vinculante para las partes, alcanza la categoría de
cosa juzgada y su ejecución forzada tramita por las reglas previstas para la ejecución
de sentencias judiciales.36
33 Zavala Rodríguez, Carlos Juan: Código Comercial Comentado, ed. Depalma, Buenos Aires, 1967, Tomo I,
pág. 559.
34 Aun en aquellas legislaciones -com o la argentina- que conservan un recurso de apelación contra los laudos
arbitrales, los que dictan los árbitros de equidad son inapelables (artículo 771, Código Procesal Civil y
Comercial de la Nación). Ver, Anaya, Jaime Luis: “Recursos contra los laudos arbitrales”, Rev. El Derecho,
161-514; Caivano, Roque J.: “Recursos en el arbitraje”, Revista de Derecho Procesal, Ed. Rubinzal-Culzoni,
N° 2, marzo de 1999, págs. 271 y siguientes.
35 Aguilar, Fernando y Caivano, Roque J.: “Notas sobre el arbitraje de equidad o de amigables
componedores”, Rev. Jurisprudencia Argentina, 2006-III-893.
36 Caivano, Roque J.: “La ejecución de los laudos arbitrales”, Rev. Jurisprudencia Argentina, 1998-II-30.
La diferencia entre esta figura y la del arbitraje de equidad analizada
precedentemente es obvia: mientras que los árbitros (aun los de equidad) actúan
como jueces y dictan una sentencia que hace tránsito a cosa juzgada, el amigable
componedor del derecho colombiano actúa como delegado de las partes, precisando
-como si fueran ellas mismas- la forma de cumplimiento de un negocio.37 La
función de los amigables componedores, más que resolver una controversia o
pronunciarse sobre pretensiones en sentido estricto, se limita a determinar, señalar o
precisar las condiciones de la relación preexistente entre las partes.38 Se trata, en
suma, de un mecanismo de autocomposición, que consiste esencialmente en una
expresa autorización que las partes otorgan al amigable componedor para que los
represente, en lo que constituye una variedad del contrato de mandato.39
Es claro, a partir de ello, que las decisiones de los amigables componedores del
derecho colombiano no son ejecutables extraterritorialmente al amparo de la
Convención de Nueva York: en tanto no son sentencias arbitrales, no reúnen la
condición básica que esta norma exige.
37 Cárdenas Mejía, Juan Pablo: “El arbitraje en equidad”, Rev. Universitas, N° 105, Bogotá, 2003, págs. 347 y
siguientes.
38 Azula Camacho, Jaime: M anual de Derecho Procesal Civil, ed. Temis, Bogotá, 1998, Tomo V, págs. 385 y
386.
39 Ternera Barrios, Francisco: “El concepto de amigable composición”, en Herrera Mercado, Hernando y
Mantilla Espinosa, Fabricio (eds.): Temas estructurales en torno al arbitraje, la conciliación y la
negociación, ed. Universidad del Rosario, Bogotá, 2007, págs. 190 y siguientes. Ver, también, Ternera
Barrios, Francisco: “Amigable composición: contrato para solucionar conflictos”, Revista de Derecho
Privado, N° 38, Universidad de los Andes, Bogotá, junio de 2006, págs. 3 y siguientes.
40 Corte Constitucional (Colombia), 2/02/2000, Sentencia SU-091/00, Expediente T-241.138; ídem,
20/01/2005, Sentencia T-017/05, Expediente T-973.352.
41 Corte Constitucional (Colombia), 14/03/2007, Sentencia SU-174/07, Expediente T-980.611.
El Código Civil francés, al regular el contrato de compraventa, define al precio
como uno de sus elementos esenciales: señala, concretamente, que la promesa de
venta se considerará como venta, cuando existiera consentimiento mutuo de las
partes sobre la cosa y el precio (artículo 1589). Coherente con ello, el artículo 1591
dispone que el precio debe ser determinado y designado por las partes, aunque
admite, a renglón seguido, la posibilidad de que las partes confíen su determinación
“al arbitraje de un tercero”(artículo 1592).42
42 Code Civil, article 1592: “Il peut cependant etre laissé á l'arbitrage d'un tiers” [énfasis añadido].
43 No obstante que Domat y Pothier distinguían claramente esta figura del arbitraje jurisdiccional y se
apartaban de esa denominación para evitar equívocos - y no obstante la influencia que estos autores tuvieron
en la codificación francesa-, la ambigua referencia al arbitraje permaneció en el texto legal. Clay, Thomas:
1804-2004. Le Code Civil. Un passé, un présent, un avenir, ed. Dalloz, París, 2004, págs. 696 y 697.
44 Motulsky, Henri: Écrits. Études et notes sur l ’arbitrage, ed. Dalloz, París, 1974, pág. 47.
45 Robert, Jean: L ’A rbitrage, ed. Dalloz, 6a edición, París, 1993, págs. 7 y 8.
La jurisprudencia francesa ha señalado que el arbitraje supone una controversia que
los árbitros deben resolver, situación que no se verifica cuando las partes requieren
de un tercero la estimación del precio de un contrato. En este último caso, la
decisión del tercero reviste un carácter puramente contractual derivado de una
relación de mandato, equivalente a un pacto directo entre las partes.46 Así también
resolvió que no existe arbitraje si la misión encomendada al tercero no consiste en
juzgar una reclamación sobre un derecho pretendido por una parte respecto de la
otra, sino únicamente en determinar el precio de un contrato cuya existencia no está
en discusión.47
46 Cour de cassation, sala Civil 2a, 9/06/1961, Revue de l’arbitrage, 1961, pág. 186.
47 Cour de cassation, sala Civil 1a, 19/03/1962, Revue de l’arbitrage, 1963, pág. 139.
48 Así, en ocasiones, la Corte de Casación calificó como arbitraje a la fijación del precio de una locación, en
atención a la forma en que ello estaba pactado. Cour de cassation, sala Civil 2a, 24/02/1965, Revue
Trimestrielle de Droit Commercial, 1965, pág. 595.
49 Cour d’appel de Paris, 7/01/2001, in re Masson c. Wolfsburg Motors, sumario en Les Cahiers de
l ’arbitrage, ed. Gazzete du Palais, Vol. II, julio de 2004, pág. 296. En el caso, se había sometido al tercero la
determinación del valor de las acciones de una sociedad, pacto que no fue considerado “arbitral” por la Corte.
50 Cour d’appel de Paris, 21/12/2000, Revue de l ’arbitrage, 2001, pág. 178. En el mismo sentido, Cour
d’appel de Paris, 9/11/1999, Revue de l ’arbitrage, 2001, pág. 159; Cour d’appel de Paris, 27/04/2000, Revue
de l ’arbitrage, 2001, pág. 175; Cour d’appel de Versailles, 11/09/1998, in re Diakite et autres c. Société
Taxitel et autres, sumario en Les Cahiers de l ’arbitrage, ed. Gazzete du Palais, julio de 2002, pág. 274.
51 Oppetit: op. cit., pág. 172. Con todo, el autor advierte sobre las dificultades prácticas para saber cuándo se
está en presencia de una u otra categoría, y recuerda que la misma función jurisdiccional de los jueces
estatales está evolucionando hacia el reconocimiento de poderes que exceden la clásica misión de solucionar
una controversia sobre un derecho personal.
52 Feldstein de Cárdenas, Sara L. y Leonardi de Herbón, Hebe M .: E l arbitraje, ed. Abeledo-Perrot, Buenos
Aires, 1998, pág. 63.
De donde se desprende, como principio, que las decisiones que adoptan estos
terceros a los fines de integrar los términos de un contrato no pueden ser calificadas
como “sentencias arbitrales” y no aplica a ellas la Convención de Nueva York.
Los Dispute Boards son paneles de expertos concebidos para gestionar y resolver
conflictos derivados de proyectos de infraestructura, que usualmente se constituyen
desde el comienzo de la obra, y cuya función esencial es la de actuar ante
controversias que se planteen en el curso de la obra. El objetivo de este mecanismo
es doble. Por un lado, busca “atajar” tempranamente las divergencias, evitando que,
por su acumulación, se conviertan en complejos y costosos conflictos que pongan en
riesgo la terminación de la obra. Por el otro, procura concentrar, a través de un único
remedio, la multiplicidad de controversias que usualmente se producen entre el
dueño de la obra, el contratista principal y los subcontratistas que ejecutan partes
específicas de la obra.
Una versión diferente se conoció luego, con la creación de una figura denominada
Dispute Adjudication Board, que se comenzó a utilizar a mediados de la década del
’90, tanto en Inglaterra como en proyectos del Banco Mundial.54 A diferencia del
53 El primer Dispute Board de que se tiene registro fue constituido en 1975 para intervenir en la ejecución del
proyecto de construcción del Túnel Eisenhower en el Estado de Colorado, [Link]. Ver, Koch, Christopher:
“ICC's New Dispute Board Rules”, ICC International Court of Arbitration Bulletin, Vol. 15, N° 2, 2004, pág.
13.
54 En 1996 Inglaterra promulgó una ley que obligaba a usar este mecanismo en proyectos públicos de
vivienda, con el fin de aliviar los problemas de flujo de caja que afligían a la industria de la construcción.
Cuando el Banco Mundial introdujo el funcionamiento de Dispute Boards como requisito para el
financiamiento de proyectos que superaran los U$S 50 millones, originariamente optó por el modelo de
anterior, que emite meras recomendaciones, éste panel se encuentra en aptitud de
emitir decisiones que son, aunque provisionalmente, vinculantes para las partes.
Además de estas dos formas de Dispute Board (Dispute Review Board, que emite
recomendaciones en principio no vinculantes, y Dispute Adjudication Board, que
emite decisiones vinculantes), existe una tercera variante, conocida como Combined
Dispute Board, creada por la Cámara de Comercio Internacional, en la que el panel
normalmente emite recomendaciones, pero puede emitir decisiones vinculantes bajo
ciertas condiciones.55
En relación con los efectos de las decisiones emanadas de estos paneles, la situación
es clara en relación con las que emiten los Dispute Recommendation Boards, dado
que no son vinculantes para las partes. Las que emiten los Dispute Adjudication
Boards, aunque vinculantes, tampoco tienen las características de un laudo arbitral.
En tal sentido, los artículos 4(3) y 5(3) del Reglamento de la CCI relativo a los
Dispute Boards disponen que las partes deben cumplir la Recomendación (no
cuestionada en el plazo previsto) o la Decisión (desde su expedición) “sin demora” y
que acuerdan no impugnarla, “siempre y cuando un acuerdo de esta naturaleza sea
válido”. Sin embargo, los artículos 4(4) y 5(4) del mismo reglamento disponen que,
ante el incumplimiento de una de las partes la otra “puede someter este
incumplimiento a arbitraje, si las partes lo han pactado, o, a falta de acuerdo, a
cualquier tribunal competente”.
Dispute Recommendation Boards, pero en el año 2000 dio un paso más, exigiendo la implementación de
Dispute Adjudication Boards. Ver, en general, Koch: op. y loc. cits.
55 Ver Dorgan, Carroll S.: “The ICC's New Dispute Board Rules”, The International Construction Law
Review, N° 22, 2005, págs. 142 y siguientes.
56 Jiménez Figueres, Dyalá y Caivano, Roque J.: “Funcionamiento de los Dispute Boards de la CCI y su
encuadre en el derecho argentino”, Rev. Internacional de Arbitraje, ed. Legis, Bogotá, vol. 6, enero-julio de
2007, págs. 147 y siguientes.
En el derecho italiano se conoce la figura del arbitraje informal (arbitrato irrituale).
Su origen se remonta a una sentencia de la Corte de Apelaciones de Torino de 1904,
en la que se afirmaba que la obligación asumida por dos comerciantes de someter
sus controversias a un tercero sin las formalidades legales y aceptar su decisión, no
daba lugar al juicio arbitral ni estaba sujeta a la exigencia del compromiso arbitral,
pero originaba en caso de incumplimiento una responsabilidad equivalente a la de un
incumplimiento contractual.57 Su mayor desarrollo se dio en la praxis, como
consecuencia de la exigencia de realizar el depósito judicial de los laudos como
condición para reconocerles el carácter de sentencia. Para evitar este trámite -y el
pago de la tasa de registro- las partes comenzaron a estipular la atribución a un
tercero de funciones de mandatario de ambas, con el compromiso de considerar
como manifestaciones de la propia voluntad lo decidido por aquel.58
A través de esta figura, las partes se obligan a adoptar la decisión del árbitro como si
fuese el resultado de un acuerdo directo de voluntad entre ellas. El laudo así dictado
no tiene fuerza ejecutiva de sentencia,59 sino que reviste el carácter de un acuerdo
que es el fruto de un mandato para transigir.60 El arbitraje informal es, en otras
palabras, una modalidad particular de definición de una controversia, en la que las
partes han conferido a los árbitros el encargo de determinar contractualmente la
solución, mediante una composición equiparable a su voluntad que valdrá como un
contrato celebrado por ellas.61 En relación con esta figura, la jurisprudencia había
sostenido que si bien el compromiso arbitral para el arbitraje informal importa una
renuncia de las partes a los tribunales estatales, no implica el ejercicio de facultades
jurisdiccionales, sino que más bien consiste en un acto negocial perfeccionado por
los árbitros en reemplazo de la voluntad de las partes, en su condición de
mandatarios de éstas.62
57 Corte di Cassazione di Torino, 27/12/1904, Rivista di diritto commerciale, 1905, tomo II, pág. 45.
58 Inclusive, en ocasiones, las partes firmaban un papel en blanco (conocido como bianco-segno) que
entregaban al árbitro para que éste insertara allí su decisión. Barbuto, Mario: “Arbitrato irrituale e tutela
cautelare”, conferencia pronunciada en el Convegno di studio ‘L'obiettivo sulla riforma processuale’ llevado a
cabo el 24 novembre 2001 en Torino, disponibile en el sitio web de la Associazione Giovani Avvocati Torino,
[Link]
59 Gazzoni, Francesco: M anuale di diritto privato, ed. Edizioni Scientifiche Italiane (ESI), Napoli, 2000, pág.
1249.
60 Rubino Sammartano, Mauro: IlD iritto d e ll’arbitrato, ed. Cedam, 5a edición, Padova, 2006, pág. 79.
61 Marinelli, Marino: La natura dell'arbitrato irrituale. Profili comparatistici e processuali, ed. Giappichelli,
Torino, 2002, pág. 8.
62 Corte di Cassazione, 25/11/1995, N° 12225, Rev. Giurisprudenza Italiana 1996, I,1, 897.
haber abolido la Convención el requisito del double exequatur que contenía su par
de Ginebra.63 Esta interpretación es criticada por Van den Berg, quien afirma que
ella no se condice con la intención de los redactores de la Convención, y que la
referencia al carácter obligatorio de la sentencia contenida en el artículo V.1.e)
significa que no esté sujeta a recurso de apelación, pero jamás fue pensada para
darle el alcance que la Corte italiana pretende.64 A este argumento podría añadirse
que el primer requisito que la decisión debe cumplir para ser ejecutable al amparo de
la Convención es que se trate de una “sentencia arbitral”. De modo que la condición
de vinculante u obligatoria no se aplica a cualquier decisión sino sólo a las que
pueden, conforme el artículo I, considerarse arbitrales.
El artículo 773 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación regula este
mecanismo estableciendo que procederá para resolver “exclusivamente cuestiones
de hecho concretadas expresamente”, que serán de aplicación las reglas del juicio de
amigables componedores, debiendo tener los árbitros peritos especialidad en la
materia, y que “la decisión judicial que, en su caso, deba pronunciarse en todo juicio
relacionado con las cuestiones de hecho laudadas, se ajustará a lo establecido en la
pericia arbitral”.68
Se trata, como se ve, de una figura particular, que combina algunos aspectos propios
del arbitraje y otros de la pericia. De esta última toma la idea de que existen
supuestos de hecho en los que es necesario que un experto emita una opinión
técnica, por tratarse de temas que exceden el conocimiento regular de los jueces. Del
juicio de árbitros toma el carácter vinculante y definitivo del veredicto, que resuelve
de manera irrevisable las cuestiones sobre las cuales ha versado.69 Como se ha
explicado, “la pericia arbitral se asemeja al dictamen pericial porque ambos
requieren conocimientos especiales y versan sobre cuestiones de hecho. Pero
mientras el dictamen pericial constituye un medio de prueba que, como tal, sólo
puede verificarse en el transcurso de un proceso y tiende únicamente a ilustrar al
juez, quien puede apartarse de las conclusiones enunciadas por los peritos, la pericia
arbitral puede llevarse a cabo dentro de un proceso o fuera de él, y conduce al
pronunciamiento de una decisión provista de fuerza vinculante para el juez. Si bien
éste tiene facultades para apreciar libremente el derecho aplicable al caso, debe
70 Palacio, Lino E.: M anual de Derecho Procesal Civil, ed. Abeledo-Perrot, 11a edición, Buenos Aires, 1995,
pág. 906.
71 Truffat, Edgardo Daniel y Caivano, Roque J.: “El arbitraje pericial y los procesos concursales”, Rev. El
Derecho 183-247.
72 Así lo denominan buena parte de los códigos procesales vigentes en las provincias argentinas: Buenos Aires
(artículo 811); Catamarca (artículo 800); Chaco (artículo 776); Entre Ríos (artículo 802); Formosa (artículo
808); Neuquén (artículo 800); Salta (artículo 802); San Juan (artículo 758); San Luis (artículo 800); Santa
Cruz (artículo 757) y Santiago del Estero (artículo 792.). El Código Procesal Nacional también utilizó esta
denominación hasta el año 1981.
73 Normas citadas en nota anterior y, además, códigos procesales de La Pampa (artículo 750) y Mendoza
(artículo 301). Ver, asimismo, Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Mar del Plata (Argentina),
sala 1a, 29/09/1992, in re Tours S.C.A. c. De Angelis, Rosario, Lexis-Nexis on line, N° 14/20460.
74 Kielmanovich, Jorge L.: Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, ed. Abeledo-Perrot, Buenos
Aires, 2005, Lexis-Nexis on line, N° 8008/002989, comentario al artículo 773. Igualmente, Cámara Nacional
de Apelaciones en lo Comercial, 13/07/2007, in re Debarbieri, Ernesto Gabriel c. Goldstein, Pablo D.
75 Anaya, Jaime L.: “La olvidada pericia arbitral”, Rev. El Derecho, 134-605.
para la ejecución de sentencias judiciales;76 que el perito árbitro decide sobre
cuestiones de hecho con el alcance de verdadera y cabal sentencia, y si la solución
que de allí surja no es voluntariamente acatada por las partes, deberá recurrirse a la
vía de la ejecución de sentencia para su cumplimiento coactivo;77 y que en la pericia
arbitral la opinión del experto tiene las características de un verdadero laudo arbitral,
que hace cosa juzgada, quedando el juez obligado a dictar sentencia ateniéndose a
las conclusiones del perito árbitro.78
76 Palacio, Lino E.: Derecho Procesal Civil, ed. Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1992, Lexis-Nexis on line, N°
2512/001428.
77 Camps, Carlos E.: Código Procesal Civil y Comercial de la Provincia de Buenos A ires (Anotado.
Comentado. Concordado), ed. Depalma, Buenos Aires, 2004, Lexis-Nexis on line, N° 8010/011659,
comentario al artículo 811.
78 Caivano, Roque J.: “La pericia arbitral y una nueva muestra de la falta de cultura arbitral”, Rev.
Jurisprudencia Argentina, 2001-I-134
79 Sessler, Anke y Leimert, Corina: “The role o f expert determination in mergers and acquisitions under
German Law”, Arbitration International, vol. 20, N° 2, 2004, págs. 151 y siguientes.
80 González de Cossío, Francisco: “La naturaleza jurídica del arbitraje: Un ejercicio de balanceo químico”,
Lima Arbitration, N° 2, 2007, págs. 200 y siguientes.
81 Van den Berg: op. cit., págs. 46 a 50; Grigera Naón, Horacio A.: “Ratificación por la Argentina de la
Convención de Nueva York de 1958 sobre reconocimiento y ejecución de laudos arbitrales y extranjeros”,
Rev. La Ley 1989-C-881; Sanders, Pieter: “UNCITRAL's model law on international and commercial
arbitration and conciliation: present situation and future”, Arbitration International, vol. 21, N° 4, 2005, págs.
443 y siguientes.
Muchas legislaciones sobre arbitraje,82 y algunos reglamentos institucionales,83
contemplan la posibilidad de que las partes lleguen a un acuerdo durante el juicio
arbitral, admitiendo que, en tal caso, a solicitud de ellas, el árbitro haga constar ese
acuerdo en un laudo. Usualmente, esas normas prevén también que ese acuerdo
tendrá la misma naturaleza y efectos que cualquier otro laudo pronunciado sobre el
fondo del asunto.
Es de anotar que, en general, no basta la voluntad de las partes para que el acuerdo
de las partes se consagre en un laudo, sino que es necesario que los árbitros estén de
acuerdo en proferir el laudo correspondiente. Salvo disposición legal o normativa en
contrario, no parece que las partes puedan obligar a los árbitros a expedir un laudo
que refleje el acuerdo al que ellas hayan llegado. Lo cual es lógico, a poco que se
tenga en cuenta que un laudo es una decisión proferida por los árbitros.
Naturalmente, la autonomía de la voluntad permite a las partes acordar lo que deseen
en relación con sus disputas. Pero de ello no se sigue que los árbitros se encuentren
obligados a recoger ese acuerdo en un laudo.84
Aunque la Convención de Nueva York nada dice sobre el punto, pensamos que
siempre que ese efecto esté reconocido en la legislación de donde el laudo proviene,
es evidente que estos laudos cumplen las condiciones exigidas por la Convención y
pueden ser ejecutados por sus reglas.85
82 Alemania (artículo 1053); Austria (artículo 605); Bélgica (artículo 1715.1); Bolivia (artículo 51); Brasil
(artículo 28); Chile (artículo 30); Corea (artículo 31); Costa Rica (artículo 63); Ecuador (artículo 28); España
(artículo 36); Inglaterra (artículo 51); Japón (artículo 38); Ley Modelo de UNCITRAL (artículo 30); México
(artículo 1447); Panamá (artículo 30); Paraguay (artículo 34); Perú (artículo 118).
83 American Arbitration Association (artículo R-44); Cámara de Comercio Internacional (artículo 26);
UNCITRAL (artículo 34); London Court o f International Arbitration (artículo 26.8); Swiss Rules of
International Arbitration (artículo 34); Stockholm Chamber o f Commerce (artículo 39.1); Centro
Internacional de Arreglo de Disputas relativas a Inversiones, CIADI (artículo 43); Reglamento de las Cámaras
Arbitrales de Cereales (artículo 14).
84 En contra, Fouchard, Gaillard y Goldman : op. cit., pág. 758.
85 Van den Berg: op. cit,, pág. 50. En contra, Fouchard, Gaillard y Goldman: op. cit., pág. 758. Estos últimos
opinan que su condición de laudos debe surgir de la Convención de Nueva York y no de la legislación del
país en que se dictaron. Sin embargo, reconocen que la recepción de este principio por la Ley Modelo
(artículo 30.2), manifiesta la existencia de un consenso en favor de la solución que propiciamos. Fouchard,
Gaillard y Goldman: op. cit., pág. 759.
Como se ha anticipado, la Convención se aplica a decisiones adoptadas en el marco
de un arbitraje. Ante la falta de precisiones acerca de qué constituye un arbitraje,
esta definición debe ser adoptada sobre la base del común entendimiento general,
tomando especialmente en consideración el carácter que a esa decisión le atribuye la
propia legislación interna del país de donde proviene: aquellas decisiones no
consideradas como arbitrales en el país de origen deben ser tratadas del mismo
modo en la esfera internacional y no podrían ser ejecutadas al amparo de la
Convención.86
Cabe, a esta altura y a modo de conclusión, preguntarse qué tienen en común los
métodos que encuadran en una y en otra categoría. Ello, en definitiva, permitiría
establecer un criterio general para determinar cuándo estamos en presencia de una
sentencia arbitral a los fines de la Convención de Nueva York.
Esta última condición, en definitiva, es la que reúne todas las demás, pues para que
una decisión emanada de un particular alcance ese status, es preciso que concurran
las demás: ningún ordenamiento jurídico reconocerá efecto de sentencia judicial a
una decisión si ésta no ha sido precedida de un procedimiento en el que se hayan
respetado las garantías esenciales del debido proceso, si no es obligatoria o si no es
susceptible de algún grado -aunque sea mínimo- de control judicial.