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La Ciudad Que Olvidó El Tiempo: Auroria

La ciudad de Auroria, donde el tiempo no se medía, cambió cuando un viajero trajo un reloj, lo que llevó a sus habitantes a vivir apresurados y desatender la naturaleza. Una niña llamada Alma, al notar la tristeza en la ciudad, detuvo el reloj, permitiendo que la gente redescubriera la felicidad al vivir en armonía con el entorno. Desde entonces, Auroria volvió a guiarse por el sol y las estrellas, dejando el reloj parado para siempre.

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La Ciudad Que Olvidó El Tiempo: Auroria

La ciudad de Auroria, donde el tiempo no se medía, cambió cuando un viajero trajo un reloj, lo que llevó a sus habitantes a vivir apresurados y desatender la naturaleza. Una niña llamada Alma, al notar la tristeza en la ciudad, detuvo el reloj, permitiendo que la gente redescubriera la felicidad al vivir en armonía con el entorno. Desde entonces, Auroria volvió a guiarse por el sol y las estrellas, dejando el reloj parado para siempre.

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1.

La ciudad que olvidó el tiempo


En lo alto de una montaña existía una ciudad llamada Auroria, un lugar

donde el tiempo parecía moverse de manera distinta. Nadie sabía

exactamente cuándo había sido fundada, porque sus habitantes no usaban

relojes ni calendarios. Vivían guiándose por el sol, las estrellas y el canto

de los pájaros.

Durante muchos años todo funcionó perfectamente. Las personas

sembraban cuando las flores abrían, descansaban cuando el cielo se teñía

de rojo al atardecer y celebraban cuando aparecía la primera luna llena del

verano.

Pero un día llegó un viajero llamado Tomás. Venía de tierras lejanas y traía

algo extraño: un reloj de bolsillo.

—Este objeto mide el tiempo —explicó.


Los habitantes se sorprendieron. Jamás habían pensado en medir algo tan

invisible.

Pronto comenzaron a usar relojes para todo. Se despertaban a horas

exactas, trabajaban a horas exactas y hasta se apresuraban para comer.

Poco a poco la ciudad cambió. Las personas dejaron de mirar el cielo,

dejaron de escuchar a los pájaros y comenzaron a correr de un lado a otro.

Hasta que una niña llamada Alma notó algo triste: nadie parecía feliz.

Una noche subió a la torre más alta de la ciudad y detuvo el gran reloj que

habían instalado en la plaza.

Al día siguiente el silencio llenó Auroria. Las personas no sabían qué hora

era.

Entonces escucharon algo que hacía mucho no oían: el viento entre los

árboles.
Y poco a poco recordaron cómo vivir sin prisa.

Desde ese día la ciudad volvió a guiarse por el sol y las estrellas.

Y el reloj de la plaza quedó quieto para siempre.

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