Poder Judicial de la Nación
TRIBUNAL ORAL EN LO CRIMINAL FEDERAL DE LA
PLATA NRO. 2
FLP 79418/2018/TO1/4
NV
La Plata, 29 de julio de 2024.
AUTOS Y VISTOS:
Para resolver el presente incidente de falta de acción
interpuesto en la causa FLP N° 79418/2018/TO1/4, caratulada:
“VILLARREAL, Miguel Ángel s/ incidente de falta de acción”,
del registro de este Tribunal Oral en lo Criminal Federal n° 2.
Y CONSIDERANDO:
A fs. 1/4 de este incidente, la Sra. Defensora Pública Oficial,
Dra. Ana María Gil, interpuso excepción de falta de acción, sosteniendo
que por razones de economía procesal llevó a la conclusión de que la
aplicación del instituto del sobreseimiento en esta etapa constituye la
solución más adecuada (art. 361 del CPPN), pues no se advierte la
posibilidad de que la solución que aquí habrá de postularse pueda ser
modificada luego de la sustanciación del juicio oral.
En ese sentido, señaló que los fundamentos del planteo guardan
estricta relación con cuestiones de derecho y no de hecho o prueba, es
que consideró formalmente admisible la solicitud efectuada.
La Dra. Gil agregó que conforme el requerimiento de elevación
a juicio formulado por la titular de la Fiscalía Federal Nº 2 de Lomas de
Zamora, de fs. 101/103 del Sistema Lex100, a su asistido se le atribuye
“… haber utilizado una cédula de identificación del automotor ACC85289, con
dominio ISI-786, falsa, al exhibirla a personal policial el día 21 de junio de 2018,
alrededor de las 19:50 hs., en la intersección de las calles Lisandro de la Torre y
Florencio Sánchez de la localidad de Banfield, partido de Lomas de Zamora,
provincia de Buenos Aires.”, encuadrando dicha conducta en las previsiones
de los arts. 296 en función del art. 292 segundo párrafo del Código
Penal, en carácter de autor.
Continuó su relato manifestando que el aspecto objetivo del tipo
legal en que se subsumiera la conducta de su asistido, lleva ínsito, como
un mandato constitucional que deriva del principio de lesividad, la
puesta en riesgo o lesión de un bien jurídico protegido. Esto es, la
verificación de la causación de un perjuicio. Es por ello que dicha
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calificación legal requiere como requisito de configuración, que la
falsificación del instrumento público pueda resultar perjuicio.
La defensa, hizo mención a lo señalado por Ricardo C. Núñez, en
cuanto que “la posibilidad de perjuicio propio de la falsificación documental tiene
su fuente inmediata en el documento o en el certificado en cuestión”. (Núñez,
Ricardo C., Manual de Derecho Penal, Lerner, Tomo VII, pág. 220).
Sosteniendo que la posibilidad de causación de perjuicio,
implicará la afirmación previa de la idoneidad intrínseca del documento
para inducir a engaño a los destinatarios de aquella situación jurídica que
el cartular pretende probar. Si a la vista del agente con conocimientos
específicos en la materia, el documento no apareciese como genuino, la
posibilidad de perjuicio jamás podría siquiera estar insinuada.
Por otra parte, destacó lo afirmado por Creus y Buompadre: “la
imitación se exhibe como un procedimiento que tiende a una resonancia psíquica
sobre determinados sujetos, que se traduce en un error sobre el carácter auténticamente
verdadero del documento que como tal se les presenta. Por consiguiente, para que se dé
el tipo, hemos de pensar, como mínimo, en la posibilidad del éxito del engaño que
busca la conducta”. (Creus, Carlos-Jorge Buompadre, Falsificación de
Documentos en General, Editorial Astrea, 4° edición, Bs. As., 2004,
pág. 59).
Por lo que la defensa consideró que no basta entonces la
constatación de la existencia de un documento falso o adulterado para
que el delito se configure, sino que, en palabras de los autores citados en
el párrafo precedente, debe acreditarse la potencialidad dañosa del
documento.
Así afirmó que “No hay relación de disponibilidad que se agote en el
documento en sí, sino que ella es la que ha nacido de la relación jurídica representada
o referida en aquel. Su sola falsificación no alcanza jerarquía penal si no logró, por lo
menos, poner en peligro la relación de disponibilidad, representada por el documento,
pero que reside en la relación jurídica que opera en distintas esferas de lo jurídico. No
es admisible que la posibilidad de perjuicio se determine como entidad abstracta que
venga a surgir de la simpe pérdida de autenticidad o veracidad del documento”
(Creus, Carlos- Jorge Buompadre, Derecho Penal, Parte Especial 2, 7°
edición, Astrea, 2007, págs. 468/469).
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En el caso, y solamente a los fines de ampliar la hipótesis
defensista, sin que ello implique reconocimiento alguno por parte del Sr.
Villarreal, la Dra. Gil sostuvo que el documento público, cuya presunta
utilización se le imputa, habría sido presentado al funcionario público
con conocimientos específicos en la materia, alguien por demás
habituado a manejar este tipo de documentación.
En apoyatura a sus dichos cito la declaración testimonial glosada
a fs. 37/38 del expediente digital, brindada por el señor Mauro Daniel
Nasral agente de la policía de la provincia de Buenos Aires que participó
en el procedimiento, quien expresó que: “…al exhibirse la cedula verde,
mediante una aplicación de código QR de su propio celular, que se intentó escanear el
documento y no pudo ser escaneado. A su vez se la comparó con una cedula verde
original y se observó a simple vista que el color no era el mismo ni la tipografía,
motivo por el cual se presumió que era apócrifa.” (el subrayado conforme
original).
Por otro lado, manifestó que no puede arribarse a otra conclusión
si se tiene en cuenta que del dictamen pericial del documento en
cuestión que obra a fs. 43/51 del expediente digital surge: “Analizada que
fuera la Cedula de Identificación de Vehículos ACC85289, con el instrumental
óptico y luminoso necesario, se obtuvo que la misma corresponde a una cartilla
apócrifa, producto de una reproducción y posterior impresión a chorro de tinta.”, por
lo que es lógico deducir que la supuesta presentación del documento en
cuestión resultaba, a su sola presentación a personal capacitado en la
materia, inidónea para afectar el bien jurídico protegido por la norma,
como es la fe pública.
Por lo que, las reglas de la lógica y de la experiencia le permitió
concluir que, desde el mismo momento de su exhibición el agente
policial advirtió el origen espurio del documento en cuestión, no
superando, por ende, el primer control al que fuera sometido.
Asimismo, la defensa destacó, que es requisito del tipo objetivo,
que el documento falso para que tenga aptitud para vulnerar el bien
jurídico protegido, debe resultar idóneo para llevar a engaño a aquellos
que están llamados a controlarlos de acuerdo a su destino.
A su vez señaló que lo que puede resultar verosímil para cualquier
ciudadano común, no lo será para quien se encuentre especializado en la
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materia, siendo esto, según la defensa, lo que efectivamente ocurrió en
el presente expediente.
Por otra parte, la Dra. Ana María Gil, hizo mención a la
jurisprudencia que adoptó dicho criterio y así se ha sostenido que “ ... la
falsificación del documento y eventualmente su uso, no crean per se el riesgo genérico
que el legislador ha pretendido aventar con la prohibición de tal conducta, puesto que
la propia norma del art. 292 CP, exige que el instrumento pueda causar un
perjuicio... en el caso que nos ocupa, de acuerdo con las maniobras de falsificación que
hemos relatado, entendemos que el documento de esa forma confeccionada no pudo
haber creado, razonablemente, un riesgo jurídicamente prohibido a la luz del art.
292 CP, y ello se refuerza si se tiene en cuenta que la propia tesorera manifestó que,
a simple vista, el instrumento aparentaba ser apócrifo...” (CNCC Fed., Sala I. 27
/11/2007. “Stoops, Alberto E.”).
Asimismo, expresó que en la misma dirección la doctrina ha
sostenido que “... la imitación se exhibe como un procedimiento que tiende a una
resonancia psíquica sobre determinados sujetos, que se traduce en un error sobre el
carácter auténticamente verdadero del documento que como tal se les presenta. Por
consiguiente, para que se dé el tipo, hemos de pensar, como mínimo, en la posibilidad
de éxito del engaño que procura la conducta. Según esto, la imitación tiene que ser
idónea para hacer aparecer como verdadero el documento falso.” (Carlos Creus.
“Falsificación de documentos en general”. Ed. Astrea. 4ª edición, 2004.
pág. 59).
A su vez, destacó lo resuelto por este Tribunal Oral en la causa
Nº FLP 11019341/2011/TO1 caratulada “MEDINA, Víctor Javier s/
Falsificación documentos públicos” en la cual sostuvo: “…Siendo que la probada
falsedad del documento secuestrado a Medina adolece de claros visos que exteriorizan
la verificación de la deformación de aquello que la pieza está destinada a probar, esa
realidad torna de imposible aceptación –cuanto menos dudosa que se haya podido
derivar, siquiera como posibilidad en el caso sometido a esta encuesta, un perjuicio
para terceros. En atención a la característica que traduce el documento afectado a esta
encuesta no es posible sostener, más allá de toda duda, que la conducta adjudicada a
Medina pueda encuadrarse en la figura penal de la falsedad de documento destinada
a acreditar la identidad de las personas art. 292 del Código Penal –art. 3 del
Código Procesal Penal de la Nación- tal como fue acusado, razón por la cual solo
una decisión liberatoria puede definir la situación procesal del nombrado”.
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Acorde con lo expuesto, la defensa manifestó que toda vez que la
Cédula de Identificación del Vehículo ACC85289 -cuya presunta
adulteración se imputa a Villarreal, debido a las circunstancias de la
supuesta presentación y a sus características externas-, era incapaz de
generar perjuicio y de inducir a engaño a un funcionario público que
controlara dicha documentación, por lo que la conducta atribuida
resulta atípica por ausencia de tipicidad objetiva.
Por ello, esa defensa solicitó se dicte el sobreseimiento de su
asistido por lo que así lo dejo peticionado (art. 336 inc. 3° y 361 del
CPPN).
II.- A su turno, el Sr. Fiscal General, el Dr. Rodolfo Marcelo
Molina, consideró que el planteo de la defensa no tiene asidero en los
hechos del caso, por lo que su solicitud deberá rechazarse.
En primer lugar, estimó que de la simple lectura de las
actuaciones se observa que la imputación se realizó en base a las dudas
del personal policial respecto del documento exhibido por el imputado
del que sospecharon por tener conocimientos previos sobre las medidas
de seguridad que éstas deben cumplimentar.
Ello implicó que se aplicaran diversos dispositivos, como la
comunicación con las autoridades judiciales de turno, las
correspondientes actuaciones administrativas, la realización de peritajes
documentales y la necesidad de retener el vehículo, lo que bajo ningún
concepto puede concebirse como causal de tal despliegue la exhibición
de una mera fotocopia que no debería causar lesión alguna, destacando
el riesgo de que circule un automóvil con documentación apócrifa.
En ese sentido, el Dr. Molina expresó que la disminución de ese
riesgo es, entre otros, el objetivo de los retenes con fines de prevención
que establecen los ministerios de seguridad en el marco de sus
funciones.
Asimismo, manifestó que, tratándose de falsificación o
adulteración de un documento público, el delito se consuma en el
momento mismo en que se cumple la fabricación, alteración o
supresión, sin que sea necesario para integrar la figura que la pieza
falsificada sea efectivamente empleada.
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La falsificación o alteración por sí sola lesiona la confianza
pública y la referida potencialidad perjudicial puede ser de cualquier
naturaleza, sin exigirse que con el documento se obtenga beneficio
alguno.
En ese marco, estimó que no es viable dar curso a solicitud
impetrada por la defensa, toda vez que los argumentos planteados son
meras aseveraciones dogmáticas, que hasta llegan a incluir el principio
de reserva que surge del artículo 19 de la Constitución Nacional y que
lejos están de encontrar respaldo en las constancias que surgen de la
causa.
Por tal motivo, consideró que se hace necesario la realización de
la audiencia de debate con el objetivo de ventilar las circunstancias del
caso a fin de dirimir la conducta atribuible a Miguel Ángel Villarreal,
máxime teniendo en cuenta que a la fecha ya se ha ofrecido prueba y
sólo resta avanzar con el debate oral.
Por lo expuesto, solicitó no hacer lugar al pedido de falta de
acción peticionado por la Defensa y se arbitre lo pertinente a fin de fijar
audiencia oral, a la brevedad posible o en su defecto se resuelva su
situación procesal por alguna otra solución alternativa.
Ahora bien, puesto a pronunciarme sobre el planteo apor la
defensa conforme las razones que de seguido daré.
Como punto de partida, cabe destacar que el art. 339, inc. 2°, del
Código Procesal Penal de la Nación establece los casos en los cuales se
carece de potestad para perseguir penalmente un delito, en razón de un
obstáculo que provisoriamente lo impida o bien de manera definitiva,
comprendiendo en su texto: a) la imposibilidad de promover la acción
penal, fundamentalmente por obstáculos de índole personal -como el
desafuero o el antejuicio-, b) la ausencia de instancia impulsora o falta
de legalidad en la misma, c) la circunstancia de que no pudiese
continuarse su promoción, por cuestiones de prejudicialidad y d) la
extinción de la acción penal.
Sin embargo también se ha permitido la posibilidad de
introducirla como excepción perentoria cuando el hecho resulte
objetivamente atípico.
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En esa inteligencia Guillermo Navarro y Roberto Daray en su
obra: “Código Procesal Penal de la Nación. Análisis doctrinal y
jurisprudencial”, recordando que en el el Código Obarrio se había
discutido su posible planteo ya que la única modalidad de falta de acción
aceptada se conectaba a los casos en los que el querellante no reunía la
condición de particular damnificado (art. 443 inc. 3° del CPMP),
señalan, de cara al texto normativo y a aquel antecedente, que tal
posibilidad debe basarse en ciertos requisitos apuntando en esa
dirección, con cita jurisprudencial, que “...Más para ello, el hecho debe carecer
inequívocamente de tipicidad objetiva....O debe mediar respecto del excepcionante una
excusa absolutoria....Por tanto debe quedar en claro que este modo de excepcionar no
admite debate por su vía acerca de cuestiones vinculadas al plano subjetivo. Tampoco
tolera hechos controvertidos o la producción de prueba, lo que ha hecho decir que,
como regla, no debe ser admitido....”.(Tomo 2; pág 675 y sgtes., Hammurabi
2013).
Ello así es dable sostenerlo, por razonadas cuestiones de
economía procesal, dado que si surge de las actuaciones hasta el
momento labradas que el hecho resulta notoriamente atípico, carece de
sentido continuar con el proceso.
Al respecto resulta conveniente recordar las palabras de Julio
Maier “...En principio, el Derecho procesal penal es libre de disponer que ciertas
cuestiones, si se presentan claras antes de finalizar el procedimiento, puedan ser
decididas previamente mediante un pronunciamiento especial, lo que tampoco obsta a
que, si se presentan en la sentencia, deban ser decididas allí. En segundo lugar, no
sería desaconsejable que el Derecho Procesal Penal incluyera en este tratamiento
anticipado otras causas de exclusión de la punibilidad, como, por ejemplo, las excusas
absolutorias, porque, fáciles de comprobar, permitirían conseguir el mismo fin que se
persigue al tratar anticipadamente las causas de extinción de la persecución penal:
evitar que prosiga un procedimiento que no podrá arribar a condena. En tercer lugar,
si prescindimos de los formalismos, se notará que este cierre anticipado del
procedimiento es una particularidad del procedimiento penal, viable incluso por
cualquier causa cierta que excluya el fundamento de la reacción penal en sentido
amplio (sobreseimiento), como, por ej., si se comprueba que el hecho imputado no se
llevó a cabo o su reconstrucción demuestra que no es típico, o no es antijurídico u
opera una causa de exclusión de la culpabilidad; se trata de evitar un debate
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inútil....” ( “Derecho Procesal Penal. Fundamentos”- To. 1- Ed.
Ad-Hoc-2016- pág 111).
Tales circunstancias, tendientes a optimizar el funcionamiento
judicial basadas en el principio de economía procesal, autorizan al
tratamiento de estas cuestiones de manera pretoriana -en cierto modo-
mediante el carácter de excepción, dado que cuando los hechos traídos a
debate aparecen manifiestamente atípicos, el continuar con el proceso
normal implicaría un desgaste jurisdiccional inútil que resulta
beneficioso evitar. Tal lo que acontece con el presente caso.
Sentado cuanto aquí se ha dicho, conforme surge de lo actuado,
la Dra. Ana María Gil basa su petición en que la exhibición de la una
cédula de identificación del automotor ACC85289 –apócrifa-,
correspondiente al rodado Volkswagen Gol Trend, dominio ISI-786, a
nombre de González Juan Pablo, DNI 30344074, constituye un obrar
atípico, dado que su ahijado procesal no figuraba como titular.
La postura de la defensa centra el tema a examinar y decidir en
torno a si resulta típica la conducta de quien tenía en su poder una
cédula de automotor apócrifa, expedida a nombre de otra persona y
cuya fecha de validez para el uso por parte de terceros se encontraba
vencida el día 9 de febrero de 2018, conforme surge de la documental
reservada en Secretaría.
Ahora bien, en ese emprendimiento es conveniente recordar la
normativa legal vigente al respecto.
La tipicidad de la conducta debe ser analizada en el marco del art.
296 del Código Penal -uso de documento falso- en función del art. 292
del mismo cuerpo normativo, cuyo segundo párrafo agrava aquellas
falsedades realizadas sobre documentos destinados a acreditar la
habilitación para circular de los automotores.
En este marco expositivo, resulta necesario transcribir la norma
jurídica -de derecho privado- que da sustento al tipo penal en examen
en cuanto informa las características que debe revestir la cédula en
cuestión para conformar el documento al que hace referencia la norma
penal.
En lo que atañe al carácter y finalidad del documento el art. 22
del Decreto 1114/97, texto ordenado del Dto. Ley 6582/58 ratificado
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por la ley 14.467, en la parte que nos interesa prescribe: “...el Registro
entregará al titular del automotor una o más cédulas de identificación de éste. ...Su
tenencia acreditará derecho o autorización para usar el automotor ...”.
Por su parte, el art. 23 del citado decreto establece “...El
Organismo de Aplicación determinará los distintos tipos de cédulas que se expedirán,
su término de vigencia y forma de renovación...” y tal término de vigencia se
encuentra regulado en el Digesto del Registro Nacional de la Propiedad
Automotor, Parte Especial, Título II, Capítulo IX, art. 4° que prescribe
“...Salvo en los casos en que expresamente se determine un plazo menor ([Link].
automotores importados temporalmente), las Cédulas de Identificación del
Automotor...vencerán a UN (1) año corrido de su expedición, excepto en poder del
titular registral del automotor..., en cuyo caso no tendrán plazo de vencimiento....”
(vigente a la fecha del hecho materia de imputación).
Cabe aclarar que dicho artículo fue reformado por la Disposición
n° 61/06 del 25 de enero de 2006, que redujo a un año la vigencia del
documento de mentas cuando es utilizado por quien no es el titular,
modificando las Disposiciones 376/03 y 516/03 reglamentarias del
Decreto 1114/97 que la fijaban en dos años.
Tales normas constituyen el marco dentro del cual corresponde
analizar si el documento adulterado secuestrado es dable considerarlo de
aquéllos que producirían efectos jurídicos en caso de resultar verdadero.
Y asiste razón al incidentista en cuanto a que el vencimiento de la
validez del documento quita toda posibilidad de que los produzca, en el
caso concreto.
El tipo legal de falsedad documental, o el uso de dichos
documentos -materia de reproche aquí-, requiere que el instrumento
tenga la potencialidad de causar perjuicio.
Si el documento verdadero careciese de validez, con la
imposibilidad, por ende, de causar un perjuicio por no poder producir
ningún efecto jurídico, su falsificación o adulteración tampoco podrá
producirlo más allá de su probada fabricación.
Al respecto Carlos Creus señala “...De todo lo afirmado se deduce sin
esfuerzo que la perjudicialidad típica de la falsedad documental es la que procede del
documento falsificado como representación de lo que no siendo verdadero se presenta
como tal por medio de una forma de documento que produciría efectos jurídicos de no
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mediar la falsificación. Por tal razón, lo que presentado como auténticamente
verdadero sin serlo, pero que aún de serlo, no sería documento válido, productor de
efectos jurídicos, o el que siendo falso no esta dirigido sino a la prueba de un hecho
verdadero, no quedan comprendidos en el tipo...” (Falsificación de documentos
en General. Edit. Astrea. 3° edición. Pág. 78.Año 1999) (el resaltado me
pertenece).
La exigencia legal dispone, que del documento “pueda resultar
perjuicio”.
Para que el instrumento aquí secuestrado tuviese tal
potencialidad, el original tenía que resultar válido, es decir, tener la
capacidad de provocar efecto jurídico.
Empero, la cédula verde que se secuestró en autos, incluso de ser
verdadera, tenía validez para ser utilizada por terceros no titulares del
rodado hasta el 09 de febrero de 2018, dado que aparece como fecha de
expedición el 09 de febrero de 2017.
Que a partir de aquella fecha, en manos de quien no fuera la
persona que se mencionara como titular del bien registral, carecía de
toda significación jurídica por no encontrarse vigente. Al caducar su
vigencia para el uso de terceros, perime para ellos la posibilidad de
causar efectos jurídicos, por ende, en este caso concreto que fuera
hallada en una persona distinta al titular mencionado, no es dable
calificarla como documento típicamente válido. Su utilización por parte
del imputado el 21 de junio de 2018, por ende, carece de relevancia
penal pues, su vigencia a esos fines, había caducado.
Finalmente, corresponde destacar que la posibilidad de inducir en
error, cuando se trata de este tipo de instrumentos, debe ser apreciada
en forma muy particular habida cuenta de los fines y funciones para los
cuales fue creado.
En tal sentido, es cierto que la falsificación de otro tipo de
documentos públicos o de moneda puede tener una aptitud para el
engaño pese a que los vicios y defectos materiales sean de cierta
envergadura.
Ello es así pues al estar destinados a circular entre particulares su
exhibición ante quien no está acostumbrado al control exhaustivo de la
moneda o de los documentos que recibe, aquellos defectos, pese a que
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puedan ser ostensibles para un grupo especializado de personas, bien
pueden pasar desapercibidos, ya sea porque quien los recibe confía en
su autenticidad sin efectuar ninguna observación detenida de él o bien
porque no está suficientemente capacitado para reconocerlos.
Esa situación no se presenta con las cédulas de identificación de
los automotores, toda vez que al ser creados por la ley se les adjudicó un
uso y un destino específico que, por cierto, no es el de ser presentado
ante otros particulares para justificar la tenencia o la propiedad del
vehículo -tal como muchas veces se ha entendido-mucho menos su
habilitación para el uso del automotor.
Antes, al contrario, el único fin al que está destinado es el de ser
exhibido a las autoridades competentes que lo requieran a efectos de
demostrar, ante ellas, que están autorizados para usar el rodado.
En tal sentido, el artículo 22, del decreto-ley 6582/58, ratificado
por ley 14.467 estableció que la finalidad de ese documento era la de
acreditar, ante las autoridades nacionales, provinciales o municipales que
quien conduce el vehículo está legitimado para hacerlo. Dicha norma
establece, al respecto:
“Su tenencia acreditará derecho autorización para usar el automotor...
Será obligatorio exhibir esos documentos a la autoridad competente...El que se
negare a exhibir a la autoridad competente la cédula de identificación del
automotor...será sancionado...”
Tal como se dijo, la única función que tiene este documento es la
de demostrar ante la autoridad competente que quien conduce un
vehículo está autorizado para hacerlo y esa exhibición es obligatoria.
Carece, por lo tanto, de una función legítima ante los particulares.
En esas condiciones la circunstancia de que el lapso de vigencia, a
la fecha en que tuvo lugar la conducta materia de acusación, estuviese
vencido lo priva de la posibilidad de inducir en error, no sólo por la falta
de idoneidad objetiva que tiene sino también debido a que ese detalle no
puede pasar desapercibido a las únicas personas ante quien puede
utilizarse conforme su destino normativamente establecido, toda vez
que si se trata de funcionarios estatales competentes, tal como establece
el artículo, no pueden dejar de observar con atención si el documento
que se les exhibe está en vigor o no -en este caso, en ese momento-.
Fecha de firma: 29/07/2024
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Véase que el policía o cualquier otra funcionario estatal con
competencia para controlar la autorización para circular que deba portar
el conductor de un vehículo no sólo se supone que debe tener una
capacitación mínima en tal sentido, pues imaginar que el estado va a
destinar a controlar esos aspectos a personas que no saben qué
documento tiene que requerir y qué tienen que observar en él es
absurdo, sino que, además, son pocos datos sobre los cuales ese
funcionario debe focalizar la atención.
Quizá la autenticidad o no del instrumento mismo pueda ser más
difícil de establecer aun para esas personas, mas establecer si está o no
vigente, no sólo es un dato que debe advertirse de inmediato, sino que
surge en forma palmaria y no puede pasar inadvertido.
Por último, y a efectos de cerrar este examen de la cuestión,
integrando los diferentes elementos a considerar, como bien lo señala
Soler al analizar la figura del art. 296 del Código Penal, ella representa
“…la razón de ser de las falsedades. Ellas van a parar a la determinación de un
falso juicio, de manera que el momento decisivo de este delito es aquél en que la obra
del falsificador va a cumplir su función específica…” (Derecho Penal Argentino,
To. V., TEA 1992, pág. 456) y tratándose de quien usa el documento
(que no es quien lo falsificó ni intervino, de algún modo, en su
fabricación -coautoría o complicidad-), “…[p]ara determinar cuándo ha
existido uso debe tenerse presente la relación entre el documento y su destino probatorio
…” y “…dado el requisito constante de la posibilidad de perjuicio, debe decirse que
hay empleo del documento toda vez que se crea esa posibilidad…” (autor y obra
citada, pág. 457).
Teniendo en consideración entonces, el destino que la ley le
reconoce al mentado documento en manos de terceros, habiendo
caducado esa autorización de uso para estos en el caso sometido a la
presente encuesta judicial, a todas luces resulta la atipicidad de la
conducta enrostrada, en tanto no hubo posibilidad de perjuicio con su
empleo.
La cédula se hallaba vencida respecto de terceros y no era el
titular registral quien la exhibió, lo expresado, sin perjuicio de que
Fecha de firma: 29/07/2024
Firmado por: NELSON JAVIER JARAZO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: NATALIA DE JESUS VARELA, SECRETARIA DE JUZGADO
#38728603#420142051#20240729101244539
Poder Judicial de la Nación
TRIBUNAL ORAL EN LO CRIMINAL FEDERAL DE LA
PLATA NRO. 2
evidenciara signos de falsedad -vid acta de intervención policial agregada
en la solapa “documentos digitales” del sistema Lex 100 y documental
reservada en secretaría-.
La mentada exhibición del falso documento por quien no se
encontraba autorizado para su empleo, en razón de haber caducado su
vigencia, en las condiciones en que ello tuvo lugar, revela la inexistencia
del eventual perjuicio derivado de la falsificación; esta comprobación,
por cierto, no requiere de ninguna otra actividad más que la simple
observación de la pieza instrumental afectada a esta causa en conexión
con la naturaleza y desenvolvimiento del hecho atribuido, por manera
tal, que, no obstante la objeciones introducidas por el Sr. Fiscal General,
habré de hacer lugar a la excepción de falta de acción propiciada por la
Señora Defensora Oficial -art. 336 inc. 3°, 361 y concordantes del
Código Procesal Penal de la Nación-, en la inteligencia de que, en el
caso, la conducta adjudicada resultó atípica.
En consecuencia, por lo expuesto, oído al Sr. Fiscal General y
disposiciones legales citadas,
RESUELVO:
I.-HACER LUGAR A LA EXCEPCIÓN DE FALTA DE
ACCIÓN interpuesta por la Sra. Defensora Publica Oficial, Dra. Ana
María Gil, en representación Miguel Ángel Villarreal, en la presente
causa, sin costas.
II.- SOBRESEER a MIGUEL ANGEL VILLARREAL,
cuyas demás condiciones personales obran en los autos principales, en
orden al delito de uso de un documento público falso, agravado por
tratarse de un instrumento destinado a la circulación de vehículos
automotores (arts. 296 en función del art. 292, segundo párrafo del
Código Penal), por el cual fue elevado el expediente de mención.
Tómese razón, notifíquese, firme que sea la presente,
practíquense las comunicaciones del caso a las autoridades pertinentes y
agréguese el presente incidente al sumario principal, destrúyase por
secretaría la cédula de identificación del automotor n° ACC85289.
Nelson Javier Jarazo
Fecha de firma: 29/07/2024
Firmado por: NELSON JAVIER JARAZO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: NATALIA DE JESUS VARELA, SECRETARIA DE JUZGADO
#38728603#420142051#20240729101244539
Juez de Cámara
Ante mí:
Natalia de Jesús Varela
Secretaria
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