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Tarea

Carina, tras veinticuatro años de matrimonio, se prepara para un almuerzo familiar, pero su esposo Arturo le informa que no podrá asistir. La conversación revela tensiones en su relación, culminando en la dolorosa confesión de Arturo sobre su desinterés hacia Carina, lo que la deja devastada. Al final, Carina, con un oscuro secreto, se encuentra en un centro comercial, lidiando con la inquietud de haber cometido un crimen.

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Tarea

Carina, tras veinticuatro años de matrimonio, se prepara para un almuerzo familiar, pero su esposo Arturo le informa que no podrá asistir. La conversación revela tensiones en su relación, culminando en la dolorosa confesión de Arturo sobre su desinterés hacia Carina, lo que la deja devastada. Al final, Carina, con un oscuro secreto, se encuentra en un centro comercial, lidiando con la inquietud de haber cometido un crimen.

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Salsa Carina:

Personajes:
Narrador
Carina
Arturo.
Vigilador.

Los primeros sábados de cada mes eran sagrados y ella preparaba una esmerada comida.
Vendrían sus hijos, Marcela y Tomás, que ya vivían solos

Carina se preparaba en su cocina, la luz era suave y cálida, de un tono anaranjado, la


ventana de la habitación estaba entreabierta. El lugar estaba algo desordenado por los
ingredientes y los utensilios que Carina estaba usando. La cocina tenía una olla con un par
de ingredientes cociéndose a fuego lento.

Carina: (Se detiene frente a la góndola de conservas. Quiere hacer una rica salsa, la mejor
que haya hecho. Aunque sea la misma de siempre. No cocina bien, pero sabe que
preparando buenos acompañamientos cualquier plato mejora).

Llevaba veinticuatro años de matrimonio, dos hijos y tres recetas de salsas que alterno
hasta el hartazgo y ahora cocinaba.

Salsa de champiñones para las carnes, crema de puerros para los pescados y salsa de
tomate Carina para las pastas. Se apropió de una receta de un viejo libro de cocina y la
bautizó con su propio nombre, Carina. Una mentira piadosa si le preguntan.

Carina: (agrega vegetales picados en trozos muy pequeños, como zanahorias, puerro y
alcaparras, que ya había cortado esa mañana, al tomate)

Arturo: (aparece en la cocina, cruzando la puerta despacio. La mira un poco y luego le dice
despacio). Carina, me voy, no voy a poder estar para el almuerzo.

Carina:(se queda quieta, terminando de echar los vegetales. Procesando las palabras de
Arturo. Para ella el primer sábado de cada mes era sagrado, porque hacía un almuerzo y
sus hijos, quienes ya vivían solos, venían para almorzar junto a ellos).

Carina: Por muy importante que fuera lo que tenés que hacer, lo podes dejar para después
de comer. (Le dice ella, sería).

Arturo: (la queda mirando, sin saber si responder o no. Buscando unas palabras que se
sientan correctas).

La escena se corta. El telón cubre el escenario, las luces se apagan.


Las luces se prenden otra vez, ahora el tono anaranjado cálido cambió por uno Blanco
fuerte. El telón vuelve a abrirse.

Ahora nos situamos en un centro comercial, Carina está con su carrito, mirando una zona
con latas de tomate, observando cual puede elegir.
El lugar es un pasillo de latas, cada una contiene diversas cosas y son de marcas
diferentes.
Está cerca de la línea de cajas, donde Carina después va a ir para pagar sus compras. Hay
varias personas, pero ninguna es de importancia para Carina, quien está concentrada en su
compra.

Carina: (ya decidida, sonríe levemente, agarra dos latas de tomate y las pone dentro del
carro donde ya están el frasco de alcaparras, dos botellas del vino tinto que le gusta a
Arturo y las cajas de ravioles que puso en el carrito antes). Estás me llevo mejor (dice,
frunciendo el señor y mirando con detenimiento las latas que acababa de poner, notando
que una tiene una abolladura.). No, mejor está otra que está sana, si igual te cobran lo
mismo. ¿Para qué elegir una lata abollada si sale igual que una sana? (Toma otra lata de
tomate, está vez sana).

Antes de volver a caminar para dirigirse a las cajas de pago recuerda una frase que solía
usar su esposo.

Carina: No pagar gato por liebre (dice en voz baja, con la mirada nostálgica). Pobre
Arturo… (dice haciendo una cara de tristeza evidente va hacia la línea de cajas,se para en
aquella donde hay menos hombres).

Ella siempre creyó que los hombres hacen mal las compras, cargan de más y cuando pasan
por la caja dudan, se dan cuenta de que no pesaron algunos alimentos, van a buscar algo
que se olvidaron. Siempre lo mismo según ella.

Carina: ahora que recuerdo… Arturo nunca hizo las compras. (Piensa ella, mirando su
carrito). Ni tampoco le reclame… nunca le reclamé nada en estos veinticuatro años. Ni él
me reclamó nada sino hasta hoy… (se dice a sí misma, haciendo una cara sería, frunciendo
el entrecejo y recordando la charla de esa mañana). Pero tampoco es que me haya
reclamado… Reclama quien pide un cambio, una modificación. El “informó"... No pidió, pero
ojalá lo hubiera hecho. (Dice para sí misma, lastimera y enojada).

La última mujer delante de ella avanza y empieza a descargar sus compras. Carina mira la
hora. A pesar de que le llevó tiempo limpiar la cocina, va a llegar bien. Los chicos no
vendrán antes de las dos.

El telón vuelve a cerrarse, las luces bajan.


El telón se vuelve a abrir, el escenario cambia, volvemos a la cocina de la casa, la luz
vuelve a ser anaranjada y suave. Estamos en el recuerdo de Carina acerca de lo que
ocurrió en su charla con Arturo.
Carina: ¿Y qué les digo a los chicos? Vos te vas, me dejas acá y yo les tengo que explicar
las cosas. (Le reclamó, en su voz se nota el enojo, pero si cara permanece algo sería, con
solo las cejas fruncidas)

Arturo:Yo les voy a explicar. (Le respondo, algo molesto también) después (añadió).

Carina: Sí, claro, Arturo siempre después. (Pensó sarcástica). Pero soy yo quien tiene que
decirles, soy yo quien tiene que enfrentarlos a ellos, para decirles que su padre falta a él
almuerzo… (piensa con enojo).

La cocina queda en silencio, Arturo mira a Carina esperando su respuesta. Porque siente
que ella le quiere decir algo más.

Carina: (lo mira en silencio. Después gira la cabeza mirando otra vez la salsa que está
haciendo, se muerde el labio pensando en qué decir). Arturo, quédate, después podes ir.
Pero los chicos van a querer estar con vos también, no solo conmigo. Dale, Arturo, quédate,
por lo chicos aunque sea.

Arturo:(la mira a los ojos, y le dice algo seco). No, ya tengo la valija lista, no puedo ir
después del almuerzo, Carina.

Para Carina ese no fue el punto, ni la valija lista, ni el almuerzo al que no asistió ese día.
Aunque estaba aturdida, eso no fue lo que la llevó al límite.

Carina:(quieta, aturdida, sosteniéndose de la mesada para no caer al suelo en un mal


movimiento. No mira a Arturo, mira la salsa,como si fuera un recordatorio de la
desagradable charla que tendría con sus hijos acerca de la ausencia de su padre en aquel
almuerzo).

Arturo: no puedo ir después del almuerzo porque me está esperando… otra mujer.

Para Carina ese tampoco fue el punto porque siempre hay otra mujer. Pero entonces, a ella
le dio ganas de saber qué. No le importaba ni quién ni porqué ni cómo.

Carina:¿Qué? (Pregunto entre desorientada y decidida a saber).

Arturo:(confundido) ¿Cómo “qué”?

Carina: ¿Qué cosa de mí te hizo buscar otra mujer, alejarte? (Explicó Carina a Arturo, ahora
más decidida a saber).

Arturo:(la mira intranquilo. Respira hondo y responde con cuidado) No es por algo en
específico, el tiempo que pasa, el amor que se desvanece, la cotidianidad arrasa con lo que
se ponga delante. A nosotros, a mí, me pasó eso. (Explicó él)

Carina: (insiste) ¿Qué? Si me vas a venir con algo así mejor decime la verdad, no cosas
generales. Porque uno no se va con otra persona por eso, de ejemplo tenés a mis viejos,
que siguen juntos a pesar de su cotidiana vida juntos. (Ella estaba decidida, no iba a dejar ir
a Arturo hasta que él le dé una verdadera razón, un motivo concreto para que él se fuera
con otra)

Arturo:(notando lo que su esposa quiere hacer, le dice la verdad para que lo dejara ir. En un
tono cansado le responde al fin). “Tu olor, olés mal”.

Carina quedó estupefacta sintió un hachazo en el cuerpo. Ella… ella huele mal para
Arturo…

Arturo: (continúa hablando en el mismo tono) Huele mal tu aliento, tu piel, tu pelo…

Esa confesión fue la que cortó el hilo que sostiene a las personas para que no pasen del
deseo al acto.

Así como Carina sintió un hachazo en el cuerpo, tuvo el deseo de que un hachazo lo
atravesara a él. Y aún empuñaba la cuchilla con la que acababa de cortar los vegetales.

El telón vuelve a cerrarse, las luces cambian. El blanco fuerte solo ilumina una parte del
escenario, donde Carina termina de pagar las compras.
El escenario muestra dos espacios. El primero es la parte de la línea de cajas, donde están
Carina y el cajero. El segundo espacio es el estacionamiento, donde hay varios autos, la luz
es algo cálida comparada con la luz del centro comercial. Un vigilador se deja ver cerca de
la entrada, observando el estacionamiento entero.

Volvemos a la actualidad, Carina está terminando de pagar las cosas que compró, las
bolsas están algo llenas, pero no son muchas.

Carina: (Paga la cuenta, mete las bolsas en el chango y va al estacionamiento. No puede


recordar dónde dejó su auto. Recorre la playa en un sentido y en otro). Ay, ¿Dónde dejé el
auto? (Se pregunta inquieta, teme demorar más de lo que tenía planeado tardar).

Vigilador: (ve a Carina inquieta, y confundido se le acerca a ella). ¿La ayudó?, no se


inquiete le pasa a mucha gente.

Carina:(inquieta, porque tiene que ir a su casa, terminar la salsa y decirle a sus hijos que su
padre no almorzará con ellos). No sé preocupe, busco el auto, tengo que preparar el
almuerzo para mí familia y no lo encuentro… (dice ella con cuidado. No quiere que ese
hombre la acompañe).

Vigilador: ¿Me permite las llaves del auto, señora? (Dice con amabilidad. Cuando Carina
saca las llaves, el hombre casi se las saca de las manos). No sé preocupe, ya vamos a
encontrar su auto (le dice, para empezar a apunta a un lado y al otro hasta que por fin oyen
el sonido de una alarma que se desactiva y ven luces titilando a unos metros de ellos).
Carina: Muchas gracias, buen hombre, me voy llendo para no llegar tarde (le dice y se
dispone a irse, pero el hombre no deja que empuje el carro. Inquieta, decide mirar fijamente
su auto, para notar que, mientras más avanzan, ella puede ver el hilo de sangre que chorrea
del baúl) La sangre de Arturo. (Piensa. Mira al vigilador que todavía no parece haberse
dado cuenta, algo que ella agradece).

Vigilador: La ayudó a cargar. (Se ofrece el hombre).

Carina:( sabe que es en vano negarse). En el baúl no, cargue todo en el asiento de atrás.
(dice ella y se para sobre una pequeña mancha en el piso, ahí donde caen las gotas de
sangre).

Vigilador:( baja la mirada) ¿Qué hizo señora? (Pregunta el hombre, notando algo).

Carina (Del miedo, está a punto de confesar, o de empujar el carro sobre él y salir corriendo,
o de clavarle la cuchilla con la que mató a Arturo y lleva en la cartera). Ay no, ¿Ahora que
hago? ( Se pregunta. Pero entonces el hombre la mira y sonríe, algo que la deja
confundida).

Vigilador: Se ve que estaba muy distraída esta mañana (sonríe algo divertido mientras
señala los pies de Carina).

Recién entonces ella nota que lleva puesto un zapato marrón y otro negro.

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