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“AÑO DE LA RECUPERACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA ECONOMÍA PERUANA”
UNIVERSIDAD NACIONAL SAN LUIS GONZAGA DE ICA
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIA POLITICA
CURSO
SOCIOLOGÍA
TEMA
Análisis del problema de la tierra en Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de
José Carlos Mariátegui
ELABORADO POR:
Ormeño Vargas, Máximo David
Huertas Donayre, Camila Alessandra
Inca Astuvilca, Sandy Esmeralda
Cabrera Altamirano, Ademaro
Quispe Sacsa, Milagros Lizbeth
Achulli Carrión, Naomy
DOCENTE:
DOC. Guevara Uchuya, Luis Aldo
CICLO: II
SECCIÓN: “B”
ICA-2025
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INTRODUCCIÓN:
Mariátegui asume explícitamente un “testimonio de parte”, declarando su parcialidad
socialista y constructiva frente al “testimonio de defensa” liberal y gamonal de los ideólogos del
orden latifundista. Rechaza la imparcialidad agnóstica, para explicar el problema agrario como
una herencia colonial persistente, caracterizada por el latifundio y la servidumbre, que revela la
raíz de la desigualdad peruana en el despojo histórico del indígena y del campesino, dominada
por el gamonalismo y la continuidad del régimen colonial bajo formas republicanas.
El presente trabajo grupal examina el ensayo como herramienta para desentrañar la
realidad del Perú, destacando el problema de la tierra como eje estructural que permite
comprender la cuestión indígena no como un asunto moral o educativo, sino como una
consecuencia directa de la organización económica. Se estructura en: revisión conceptual del
origen colonial de la propiedad de la tierra, análisis del latifundio y la servidumbre como formas
de dominación social, y balance crítico de su vigencia frente a los procesos de reforma agraria y
el debate contemporáneo sobre justicia social en el Perú. La tesis central sostiene que, para
Mariátegui, la superación de la desigualdad peruana solo es posible al transformar radicalmente
el régimen de propiedad agraria, devolviendo la tierra a quienes la trabajan, superando el
colonialismo supérstite y sentando las bases de una auténtica revolución social y nacional.
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ÍNDICE:
INTRODUCCIÓN:............................................................................................2
I. Desigualdad en la propiedad de la tierra...................................................3
1.1. Herencia colonial y continuidad histórica..........................................4
1.2. El latifundio como base de la desigualdad social..............................4
1.3. Servidumbre y subordinación del campesinado................................5
1.4. La transformación social como solución al problema agrario...........5
II. El problema del indio es económico...........................................................6
2.1. Testimonio de Acusación:...................................................................6
2.2. Critica al Colonialismo Literario:.........................................................6
2.3. Implicaciones Revolucionarias:...........................................................7
2.4. Relación entre lo social y lo literario:..................................................7
2.5. Critica al criollismo:.............................................................................7
III. El gamonalismo domina el campo.............................................................8
IV. Valor de la comunidad indígena:................................................................9
V. Necesidad de una reforma agraria...........................................................12
VI. Solución socialista....................................................................................14
I. Desigualdad en la propiedad de la tierra
José Carlos Mariátegui abordó el problema de la tierra como uno de los ejes
fundamentales para comprender la estructura social y económica del Perú. La cuestión agraria no
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podía reducirse a un simple problema de productividad o distribución económica, sino que
constituía el reflejo histórico más profundo de las relaciones de poder y dominación heredadas
desde la colonia. La concentración de la propiedad de la tierra en manos de una élite
terrateniente, frente a la exclusión del campesinado indígena, revelaba una contradicción
estructural que explicaba la persistencia de la desigualdad social en el país.
I.1. Herencia colonial y continuidad histórica
Mariátegui sostuvo que el origen del problema agrario debía buscarse en el proceso de
conquista y colonización española, durante el cual se produjo el despojo sistemático de las tierras
comunales indígenas. La implantación de instituciones coloniales como la encomienda y la
hacienda reorganizó el espacio agrario en beneficio de una minoría, estableció una estructura de
propiedad profundamente desigual. Lamentablemente después de la independencia esta
organización no fue desmantelada, por otro lado, se mantuvo bajo nuevas élites criollas,
convirtiéndose en una herencia colonial que marcó de forma permanente la vida social peruana.
I.2. El latifundio como base de la desigualdad social
El latifundio ocupó un lugar central en el análisis mariateguiano gracias a la herencia
colonial. La concentración de grandes extensiones de tierra en manos de unos pocos
terratenientes no solo limitaba el desarrollo económico, sino que consolidaba relaciones de poder
asimétricas. El latifundio funcionaba como un sistema de dominación social que mantenía al
campesinado indígena en una posición de dependencia, sin acceso a la propiedad ni a los
beneficios de su propio trabajo.
Mariátegui decía que el latifundio era una de sus características estructurales, principal
responsable de la reproducción constante de la pobreza rural y la exclusión social. El problema
de la tierra se convertía en la raíz material del llamado problema indígena.
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I.3. Servidumbre y subordinación del campesinado
La concentración de la tierra dio lugar a formas de trabajo basadas en la servidumbre, que
perpetuaban la subordinación del campesinado. Los indígenas se veían obligados a trabajar en las
haciendas bajo regímenes de dependencia personal, como el gamonalismo, que reproducían
prácticas semifeudales. Estas relaciones afectaban la economía rural y negaban al campesino de
su dignidad social y cultural.
Mariátegui entendía que la servidumbre era una consecuencia directa del latifundio y de
la herencia colonial, y que ambas constituían obstáculos fundamentales para el desarrollo de una
sociedad justa. Sostenía que el problema agrario no podía resolverse mediante reformas
parciales, sino a través de una transformación profunda de las relaciones de propiedad y trabajo
en el campo.
I.4. La transformación social como solución al problema agrario
Desde esta perspectiva, Mariátegui propuso una transformación social que devolviera la
tierra a quienes la trabajaban y permitiera reconstruir la dignidad económica y cultural del
campesinado. Su proyecto de un socialismo peruano se basaba en el reconocimiento de las
formas comunitarias indígenas como una alternativa histórica y viable para reorganizar la
sociedad. Así, la solución al problema agrario no solo implicaba una redistribución de la tierra,
sino también la superación de una herencia histórica de dominación y desigualdad.
Mariátegui sostuvo que el origen del problema agrario debía buscarse en el proceso de conquista
y colonización española, durante el cual se produjo el despojo sistemático de las tierras
comunales indígenas. La implantación de instituciones coloniales como la encomienda y la
hacienda reorganizó el espacio agrario en beneficio de una minoría, estableciendo una estructura
de propiedad profundamente desigual. Tras la independencia, esta organización no fue
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desmantelada, sino que se mantuvo bajo nuevas élites criollas, convirtiéndose en una herencia
colonial que marcó de forma permanente la vida social peruana.
II. El problema del indio es económico
Mariátegui concibe el “proceso” de la literatura peruana como un juicio judicial abierto,
donde aporta un testimonio de parte acusadora contra la tradición colonial y civilista dominante.
Rechaza la imparcialidad crítica, asumiendo una posición beligerante y parcial influida por sus
ideas políticas, filosóficas y morales socialistas. Su crítica busca esclarecer la historia literaria
desde una perspectiva dialéctica y revolucionaria, promoviendo una literatura nacional auténtica
basada en lo indígena y proletario.
2.1. Testimonio de Acusación:
Mariátegui declara explícitamente que su intervención no pretende elaborar una historia
neutral de la literatura peruana, sino contribuir como testigo convictamente parcial al juicio en
curso. Hasta entonces, predominaban testimonios de defensa (como los de Riva Agüero, de corte
colonialista y aristocrático); él ofrece acusación para equilibrar el debate histórico. Renuncia a la
imparcialidad, argumentando que toda crítica obedece a preocupaciones ideológicas, alineándose
con pensadores como Gobetti y Croce.
2.2. Critica al Colonialismo Literario:
Enfoca su requisitoria contra la literatura colonial y cosmopolita, qué refleja dependencia
española y falta de personalidad nacional peruana. Analiza etapas desde la Colonia (dominada
por Garcilaso como excepción mestiza) hasta el cosmopolitismo de González Prada,
denunciando el españolismo y el europeísmo superficial como obstáculos para una literatura
indígena y revolucionaria. Propone un ciclo: colonial, cosmopolita y nacional, con énfasis en la
reivindicación del indio como base.
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2.3. Implicaciones Revolucionarias:
Su perspectiva es afirmativa y constructiva, pero opositora al pasado; ve la crítica como
motor dialéctico para forjar una literatura proletaria y antioligárquica. Reconoce influencias
marxistas al exaltar la lucha de clases y el realismo histórico sobre síntesis a priori. El proceso
queda abierto, con la historia como árbitro final.
2.4. Relación entre lo social y lo literario:
Mariátegui integra lo social y lo literario al concebir la literatura como expresión
inseparable de las estructuras económicas, políticas y de clases de un pueblo, rechazando su
autonomía estética. En “El proceso de la literatura”, argumenta que la obra literaria se nutre de
su sustrato socioeconómico, reflejando conflictos como el colonialismo, el gamonalismo y la
lucha indígena-proletaria. Su marxismo heterodoxo ve la crítica literaria como testimonio
ideológico, parcial, dialéctico y revolucionario.
2.5. Critica al criollismo:
Mariátegui critica el enfoque criollo como expresión de una oligarquía terrateniente
(gamonales) que perpetúa la servidumbre indígena, desconectada de la realidad económica
andina y el socialismo agrario. Lo ve como herencia colonial que bloquea la peruanidad
integral, priorizando el gamonalismo costero sobre el indio productivo, además de que propone
su superación vía reforma agraria incaica-socialista.
Desde lo social, el criollo es “españolismo arraigado”: literatura y élites limeñas evocan
virreinato, desdeñando lo indígena como exotismo. Riva Agüero ejemplifica esta casta que
justifica latifundio colonial. Mariátegui exige literatura nacional indígena-proletaria, no
cosmopolita elitista.
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III. El gamonalismo domina el campo
El gamonalismo se define como un sistema de poder local en el cual los gamonales,
grandes propietarios de tierras, ejercen un control casi absoluto sobre los campesinos y las
comunidades indígenas. Estos gamonales no solo poseen vastas extensiones de tierra, sino que
también detentan autoridad política y judicial en sus territorios, actuando como intermediarios
entre el Estado y la población rural. La explotación de los campesinos a través de relaciones de
servidumbre y trabajo forzado es una característica central del gamonalismo, que impide la
modernización de la agricultura y la emancipación de los trabajadores del campo.
Por otro lado, los terratenientes, dueños de grandes haciendas, desempeñan un rol
dominante en la economía peruana. Su control sobre los recursos naturales y la producción
agrícola les permite acumular riqueza y ejercer una influencia considerable en la política
nacional. Los terratenientes se resisten a cualquier intento de reforma agraria que amenace sus
privilegios, perpetuando así la concentración de la tierra en pocas manos y la exclusión de la
mayoría de la población rural.
Las consecuencias de esta estructura agraria son profundas y multifacéticas. La
concentración de la tierra genera pobreza y desigualdad en el campo, provocando conflictos
sociales y revueltas campesinas. Además, impide el desarrollo de una economía nacional
moderna y diversificada, manteniendo al país en una situación de dependencia y subdesarrollo.
Ante esta problemática, Mariátegui propone una reforma agraria radical que redistribuya
la tierra entre los campesinos y las comunidades indígenas. Él considera que esta reforma es
esencial para transformar la estructura agraria y liberar a los campesinos de la opresión del
gamonalismo y los terratenientes. En este sentido, Mariátegui ve en el socialismo la vía para
construir una sociedad más justa e igualitaria en el Perú, donde la tierra seLa solución socialista
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al problema de la tierra parte de la convicción de que la raíz del conflicto agrario en el Perú se
encuentra en la existencia del latifundio y en las relaciones de servidumbre que este sistema ha
mantenido con el campesinado desde la Colonia. Según el análisis de Mariátegui, retomado
críticamente por Gay, el latifundio no solo representa un modelo económico ineficiente, sino
también un régimen social que perpetúa la explotación, la pobreza y la subordinación de la
población indígena. La desigual propiedad territorial impide que el campesino pueda convertirse
en un actor productivo libre y con derechos plenos dentro de la nación.
Por ello, se considera que únicamente un cambio social profundo, de orientación
socialista, puede eliminar de manera definitiva el latifundio y otorgar una auténtica liberación al
campesinado. Esta solución no se limita a una reforma legal dentro del marco del capitalismo,
porque dicho sistema tendería nuevamente a concentrar la tierra en pocas manos. En cambio, el
socialismo propone transformar la estructura económica del país, socializando o nacionalizando
la tierra para que esta cumpla una función social y esté al servicio de quienes la trabajan.
Dentro de esta propuesta, la comunidad indígena adquiere un papel fundamental.
Mariátegui reconoce en ella una tradición de organización colectiva que ha demostrado su
capacidad de resistencia y eficiencia frente al latifundio. Desde la lectura de Gay, la valorización
de la comunidad constituye un elemento clave para comprender que la solución socialista no
pretende copiar modelos extranjeros, sino partir de las propias realidades sociales del Perú. La
tarea consiste en fortalecer estas formas comunitarias, garantizar la participación política del
campesino y otorgarle control sobre los recursos que históricamente le pertenecieron.
IV. Valor de la comunidad indígena:
.. La comunidad indígena posee una relevancia fundamental dentro del análisis de la
realidad social peruana, al constituir una forma histórica de organización que expresa valores de
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solidaridad, cooperación y arraigo colectivo. Esta institución social no puede ser entendida como
una estructura primitiva ni como un obstáculo para el desarrollo, sino como una manifestación
concreta de una racionalidad económica y social distinta al individualismo predominante. Su
importancia radica en que representa una experiencia viva de organización comunitaria que ha
logrado subsistir frente a procesos prolongados de dominación, despojo territorial y exclusión
social.
Uno de los principales aspectos que otorgan valor a la comunidad indígena es su
concepción colectiva de la tierra. En este sistema, la tierra no se concibe como un bien destinado
a la acumulación individual ni como un objeto de intercambio mercantil, sino como un recurso
común orientado a garantizar la subsistencia del grupo. Esta forma de propiedad comunal
permite una distribución más equitativa de los recursos y asegura la continuidad de la vida
comunitaria. Frente a los efectos negativos de la concentración de la tierra, la comunidad
indígena evidencia un modelo alternativo que prioriza el interés colectivo sobre el beneficio
particular.
En el ámbito económico, la comunidad indígena se sustenta en el trabajo solidario y
cooperativo. Las relaciones laborales dentro de la comunidad se caracterizan por la ayuda mutua
y la responsabilidad compartida, lo que fortalece los vínculos sociales y contribuye a la
estabilidad del grupo. Las prácticas tradicionales de trabajo colectivo constituyen mecanismos
eficaces para enfrentar condiciones adversas y limitaciones materiales, demostrando que la
cooperación puede ser un principio organizador más eficiente y humano que la competencia
individual. Este sistema no solo asegura la producción necesaria para la subsistencia, sino que
también refuerza valores sociales como la reciprocidad y la cohesión.
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El valor histórico de la comunidad indígena se expresa en su continuidad a lo largo del
tiempo. Su origen se remonta a formas de organización anteriores a la conquista, las cuales
alcanzaron un alto grado de desarrollo social y económico. A pesar de la imposición de
estructuras coloniales y republicanas que intentaron debilitarla o eliminarla, la comunidad logró
mantenerse como una institución funcional y adaptativa. Esta persistencia evidencia que no se
trata de una estructura circunstancial, sino de una forma social profundamente enraizada en la
realidad del país.
Desde el punto de vista social, la comunidad indígena cumple un rol esencial en la
preservación de la identidad cultural. En su interior se conservan la lengua, las costumbres, las
tradiciones y las formas propias de organización social del mundo indígena. La comunidad actúa
como un espacio de protección frente a la marginación y la desintegración social, permitiendo la
transmisión intergeneracional de conocimientos y valores. De este modo, no solo garantiza la
supervivencia material de sus miembros, sino también la continuidad de su identidad colectiva.
La exclusión histórica del indígena no puede atribuirse a su cultura ni a su pertenencia
comunitaria, sino a un sistema económico y social que ha favorecido la explotación y la
desigualdad. En este contexto, la comunidad indígena se presenta como un medio de resistencia
frente a la dominación ejercida por el poder económico y político. Su existencia cuestiona las
estructuras que sostienen la concentración de la riqueza y evidencia la necesidad de transformar
las bases del orden social vigente.
Asimismo, la comunidad indígena posee un valor político significativo, en tanto
constituye una base para la organización colectiva del campesinado. Al reconocer su capacidad
de acción conjunta, se supera la visión del indígena como un sujeto pasivo y se le reconoce como
un actor social con potencial transformador. La defensa de la comunidad implica el
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reconocimiento de los derechos colectivos sobre la tierra y la participación activa de los pueblos
indígenas en la vida social y política del país.
La idea de progreso que propone la disolución de la comunidad en favor de la propiedad
individual resulta incompatible con la realidad social del mundo indígena. Lejos de promover el
bienestar general, esta concepción ha contribuido al fortalecimiento de estructuras de dominación
y al empobrecimiento de amplios sectores rurales. En cambio, el fortalecimiento de la
comunidad indígena no supone un rechazo al cambio, sino la posibilidad de construir un proceso
de desarrollo que respete las condiciones históricas y sociales del país.
En conclusión, el valor de la comunidad indígena se manifiesta en su dimensión
económica, social, histórica y cultural. Su importancia radica en que encarna una experiencia
colectiva basada en la solidaridad y la cooperación, capaz de ofrecer respuestas a los problemas
estructurales de la sociedad peruana. La comunidad indígena no representa una forma social
destinada a desaparecer, sino una base legítima para la construcción de un orden más justo,
integrado y equitativo, en el cual el desarrollo esté orientado al bienestar colectivo y no a la
exclusión de las mayorías.
V. Necesidad de una reforma agraria
El problema de la tierra es algo más que solo un tema económico. El problema de la tierra
está muy unido a la vida real de las personas y a la historia del país. La forma en que se
distribuye la tierra muestra lo que está sucediendo en la sociedad y ayuda a entender las
desigualdades que existen. El problema de la tierra forma parte de los conflictos sociales y puede
influir en cómo vive la población. Es importante porque refleja la pobreza, la exclusión y la
injusticia que afectan principalmente a los campesinos. Al mismo tiempo, el análisis del
problema de la tierra ayuda a comprender mejor la realidad del país y a cuestionar las estructuras
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injustas. Esto significa que la tierra es un elemento clave para cambiar la sociedad. La forma en
que se organiza la propiedad puede hacer que las personas vivan mejor o peor. El problema de la
tierra es una parte importante de la historia y de la realidad social del Perú. Ayuda a entender el
pasado y las luchas del campesinado. También permite pensar en un futuro más justo. En
general, el problema de la tierra es un tema fundamental para comprender la realidad peruana y
buscar un desarrollo más justo.
La idea de José Carlos Mariátegui es muy importante. Él la desarrolló en su libro Siete
ensayos de interpretación de la realidad peruana. En este libro, el problema de la tierra es visto
como un aspecto central de la vida social del Perú. La tierra, según José Carlos Mariátegui, no es
solo un bien económico, sino un problema social y humano que ha marcado la historia del país
Para Mariátegui, el problema de la tierra no se puede separar de la situación en la que
viven los campesinos. No se puede hablar de justicia social sin tener en cuenta cómo está
distribuida la tierra. Los campesinos trabajan la tierra, pero no son dueños de ella, lo que genera
pobreza y exclusión. Esta situación crea una gran injusticia, ya que quienes producen los
alimentos viven en malas condiciones, mientras unos pocos propietarios concentran la riqueza.
En este sentido, el problema de la tierra refleja la desigualdad social del país y permite analizarla
de manera crítica. Mariátegui cree que entender este problema es clave para comprender la
realidad nacional. La tierra permite ver los problemas del Perú y pensar en cómo se pueden
solucionar. Para él, el problema agrario debe ser entendido como parte del proceso de
construcción de una sociedad más justa, y no como un tema secundario o técnico
El problema de la tierra también cumple un papel muy importante para mostrar las
injusticias sociales y la situación de los grupos que han sido marginados durante mucho tiempo,
como los campesinos e indígenas. En Siete ensayos, Mariátegui sostiene que mientras exista la
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concentración de la tierra en pocas manos, no puede haber verdadera justicia social. La reforma
agraria aparece entonces como una necesidad urgente, no como un acto de caridad, sino como
una medida de justicia social. Redistribuir la tierra permitiría mejorar las condiciones de vida del
campesinado y fortalecer la economía del país. El problema de la tierra se convierte así en una
forma de cuestionar el orden social existente y de pensar nuevas formas de organización social
La función transformadora del problema de la tierra está en su capacidad para generar
conciencia social. Al mostrar las desigualdades y los conflictos en el campo, se invita a
reflexionar sobre las causas profundas de la pobreza y la exclusión. Mariátegui considera que sin
una reforma agraria real no puede existir un desarrollo equilibrado ni una verdadera democracia.
Mantener estructuras injustas en el campo solo perpetúa el atraso y los conflictos sociales.
El problema de la tierra es muy importante para construir una sociedad más justa. En
Siete ensayos, Mariátegui sostiene que el Perú necesita reconocer al campesino como un sujeto
clave del progreso nacional. La tierra debe cumplir una función social y beneficiar a toda la
sociedad, no solo a una élite. Esto es fundamental para que el país pueda desarrollarse de manera
justa y democrática.
El problema de la tierra es fundamental. Según José Carlos Mariátegui en Siete ensayos
de interpretación de la realidad peruana, la tierra no solo explica la desigualdad social, sino que
también es parte del cambio histórico. La reforma agraria permite denunciar las injusticias,
generar conciencia crítica y avanzar hacia una sociedad más equitativa. El problema de la tierra
no debe verse como un tema aislado, sino como una base esencial para la dignidad del
campesinado, la democracia y el progreso colectivo
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VI. Solución socialista
El problema de la tierra, nos dice sin proclamarlo como consigna, no nace en los
despachos ni en los discursos bienintencionados, sino en el campo, en la hacienda, en el esfuerzo
cotidiano del campesino subordinado a intereses que le son ajenos. La estructura agraria
heredada de la conquista y perpetuada por la República no es neutral: orientó la producción hacia
el mercado externo y convirtió al trabajador rural en una pieza subordinada de un sistema que
nunca pensó en el desarrollo nacional. La tierra, así organizada, deja de ser sustento colectivo y
se convierte en instrumento de dominación.
En el Perú —ese país construido sobre herencias que nunca se quisieron revisar— esta
realidad resulta particularmente evidente. El latifundio no es una excepción ni un error histórico:
es la norma. Y la servidumbre, su consecuencia lógica. Allí donde unos pocos acumulan
extensiones improductivas, la mayoría trabaja sin poseer, vive sin decidir y produce sin
beneficiarse. No es solo una injusticia económica; es una negación humana. Y señalarlo, como
hace Mariátegui, es ya un gesto profundamente político.
Conviene aclarar aquí una idea central: la solución socialista que propone Mariátegui no
es un eslogan ni una promesa abstracta. No se trata de maquillar el sistema con reformas
superficiales ni de redistribuciones simbólicas. Se trata de una ruptura real con el modelo agrario
impuesto desde la conquista y sostenido por la República. La reforma agraria, en este sentido, no
es caridad ni concesión: es justicia. Es desmontar la estructura que mantiene al campesinado
sometido y reorganizar la producción en beneficio de la colectividad.
Mariátegui entiende, además, que esta transformación no es solo económica. Liberar la
tierra implica liberar al campesino como sujeto económico y político. Allí donde el trabajador
del campo recupera el control sobre la tierra que trabaja, recupera también voz, dignidad y
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capacidad de decisión. La tierra deja de ser un privilegio acumulable y se convierte en garantía
de bienestar para quienes la hacen producir. Solo así puede hablarse de un nuevo orden agrario y
de un desarrollo auténticamente nacional.
Este proceso, naturalmente, tiene consecuencias. No es cómodo. Eliminar el latifundio
significa enfrentar intereses históricos, romper inercias y cuestionar una estructura social
profundamente arraigada. Pero para Mariátegui no hay atajos: sin una transformación estructural,
el problema de la tierra seguirá reapareciendo bajo nuevas formas. Mantener el viejo orden es
perpetuar la desigualdad rural, el atraso económico y el conflicto social.
De ahí que la solución socialista no sea presentada como una opción más, sino como una
necesidad histórica. No promete milagros inmediatos, pero sí un cambio profundo y duradero. La
tierra, entendida como recurso fundamental de la vida y la economía, debe cumplir una función
social. Y cuando eso ocurre, no solo se beneficia el campesinado, sino toda la sociedad.
En síntesis, el ensayo de Mariátegui nos recuerda algo esencial y, curiosamente, siempre
postergado: el problema de la tierra solo puede resolverse mediante un cambio social profundo.
Su propuesta socialista no busca administrar la injusticia, sino erradicarla desde sus causas
históricas. Pensar la tierra de este modo es, en el fondo, pensar el país. Y hacerlo implica tomar
partido, no desde la retórica, sino desde la transformación real de la vida social.
VII. Conclusión
El recorrido por el pensamiento de José Carlos Mariátegui permite entender que el
problema de la tierra en el Perú no puede reducirse a una cuestión económica o jurídica. Se trata,
más bien, de una estructura histórica que atraviesa la organización social, política y cultural del
país desde la conquista española. Lejos de adoptar una postura neutral, Mariátegui asume una
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posición crítica y comprometida, enfrentando tanto el legado colonial como las propuestas
reformistas que pretendían corregir la desigualdad sin alterar las bases del poder agrario.
A lo largo de su análisis, se evidencia que el régimen latifundista no fue una excepción ni
un accidente histórico, sino una forma de organización que se mantuvo durante la República y
que reprodujo relaciones de servidumbre y exclusión del campesinado indígena. Esta continuidad
explica por qué los intentos de reforma superficial resultaron insuficientes y por qué la
desigualdad rural persistió como uno de los principales problemas nacionales. La concentración
de la tierra, en este sentido, aparece como la causa profunda de la pobreza, la falta de democracia
real y el atraso del campo peruano.
Desde una mirada más amplia, Mariátegui plantea que la solución al problema de la tierra
exige una transformación estructural. La reforma agraria no puede entenderse como un acto
asistencial ni como una concesión del Estado, sino como una medida de justicia social orientada
a liberar al campesinado y reconocerlo como sujeto económico y político. Devolver la tierra a
quienes la trabajan no solo implica modificar la propiedad, sino también replantear el sentido del
desarrollo nacional y el papel de la colectividad en la organización de la producción.
En ese sentido, el aporte mariateguiano sigue siendo vigente, pues invita a pensar el
problema agrario como un espacio de conflicto social donde se enfrentan intereses históricos
opuestos. Su propuesta no busca administrar la desigualdad existente, sino eliminar sus causas de
raíz. Así, el problema de la tierra se revela como un punto clave para comprender la realidad
peruana y como una condición indispensable para avanzar hacia una sociedad más justa,
democrática y digna.