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Propuesta Práctica: Introducción

La propuesta didáctica presentada está dirigida a niños de 3 a 6 años y busca abordar el tema del duelo a través de diversas actividades, incluyendo cuentos y ejercicios de reflexión. Se enfatiza la importancia de hablar sobre la muerte y las emociones asociadas para ayudar a los niños a lidiar con el dolor y la pérdida. La metodología es cognoscitiva y conductual, permitiendo a los niños empatizar y comprender la realidad de la muerte de manera adecuada.

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Propuesta Práctica: Introducción

La propuesta didáctica presentada está dirigida a niños de 3 a 6 años y busca abordar el tema del duelo a través de diversas actividades, incluyendo cuentos y ejercicios de reflexión. Se enfatiza la importancia de hablar sobre la muerte y las emociones asociadas para ayudar a los niños a lidiar con el dolor y la pérdida. La metodología es cognoscitiva y conductual, permitiendo a los niños empatizar y comprender la realidad de la muerte de manera adecuada.

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

3. PROPUESTA PRÁCTICA

INTRODUCCIÓN

A continuación vamos a encontrar un conjunto de actividades que formarán una propuesta


didáctica. Ésta está dirigida a niños y niñas de la segunda etapa de Educación Infantil, es
decir, niños y niñas entre 3-6 años. Se van a encontrar actividades para detectar un posible
problema en el niño y, de esta manera, ponerle solución o hacer todo lo que esté en manos
de la maestra o el maestro. Además, habrá actividades para el conocimiento de qué es el
duelo y qué es posible sentir ante ese suceso una vez se encuentren con él y la manera de
lidiar con ello para cuando se encuentren con esa situación, ya que es ley de vida y es
inevitable que todos, en un momento u otro, nos enfrentamos a dicha situación.

Tanto padres como educadores tenemos la obligación de hablar a los niños sobre el duelo,
no debe convertirse en un tema tabú. Es cierto que queremos darles a los niños una
infancia alegre y divertida, pero la vida no es así, y hay que educarlos para la vida real, con
lo positivo y negativo de ella.

El descubrimiento del significado de qué es la muerte en los niños es algo realmente


angustioso. Este descubrimiento surge a pesar de no haber tenido contacto con ninguna
persona ni mascota que haya fallecido. Llegado el caso de vivirlo, los niños captan las
emociones de los adultos, y captan también si están reprimiendo las lágrimas que en esos
momentos aflorarían en su piel. No es malo que nos vean llorar, todo lo contrario. En el
caso que se repriman los sentimientos de angustia, pena, dolor, lo que se les enseña es que
llorar es malo. Que expresar la rabia que pueden sentir es malo. Que estar triste es malo. Y
no lo es.

A partir de estas actividades se les intentará hacer ver todo lo comentado anteriormente, y
llegado el caso en el que alguno o algunos de los niños esté pasando por una situación de
duelo en ese momento, poderle ayudar en todo lo posible, y ayudarle a que encuentre la
manera de lidiar con ese dolor y esa pena.

La metodología que se va a seguir a lo largo de las diferentes actividades es totalmente


cognoscitiva y conductual. Vamos a realizar actividades que les ayuden a entender, a partir
de ejercicios que ellos sientan, todo lo relacionado con el duelo. Vamos a intentar que

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

empaticen, que se pongan en el lugar de otro, que sientan cada una de las actividades como
suyas, que las interioricen.

A continuación, expongo varias actividades, entre las cuales destacan cuentos (en distintos
formatos), actividades de grupo, actividades más individuales o en pequeños grupos,
actividades de reflexión, de creatividad, etc.

Por último decir que las actividades no tienen por qué seguir el orden establecido aquí. Se
encuentran numeradas pero no significa que deban seguir ese orden. La persona que
decida hacer un uso de ellas podrá elegir qué actividades llevarlas a cabo y en qué orden
realizarlas.

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

ACTIVIDADES

1. CUENTO SOBRE LA MUERTE DE UN SER QUERIDO.

El cuento que voy a explicar a continuación trata sobre cómo unos hermanos devuelven a
la vida a su padre. El aprendizaje que da el cuento es que una manera de mantener vivas a
las personas que queríamos y que, por desgracia, han muerto, es el recuerdo. Es un cuento
con cierta dificultad de comprensión, por ello, lo más sensato será tener una charla con los
niños después de leérselo.

Edad: niños de 5-6 años (P5)


Material:
- Cuento “El postizo de cola de vaca”
- Aula acogedora con espacio para sentarse en el suelo.
Duración: entre ½ y ¾ de hora.
Objetivos:
- Aceptar la realidad de la pérdida.
- Saber escuchar con atención.

El postizo de cola de vaca


De HAROLD COURLANDER y GEORGE HERZOG, en The Cow-tail Switch and Other
West African Stories
Cerca de los linderos de la selva ecuatorial de Liberia, en una colina que domina el
río Cavally, se hallaba la aldea de Kundi, cuyos campos de arroz y mandioca se
extendían en todas direcciones. El ganado pastaba en praderas próximas al río. El humo
de las hogueras en las chozas circulares de arcilla serpenteaba entre las hojas de las
palmeras, y de lejos, aquellas débiles columnas de humo parecían flotar, inmóviles, sobre
el poblado. Los hombres y los niños pescaban en el río con redes, mientras las mujeres
machacaban el grano en morteros de madera frente a las chozas.
En aquella aldea vivía un cazador llamado Ogaloussa con su esposa y muchos
hijos. Una mañana, Ogaloussa descolgó su arma de la pared y fue al bosque a cazar. Su
mujer y los niños salieron a cuidar de los campos y a conducir el ganado hasta el prado.
Transcurrió la jornada, y cenaron pescado y mandioca. Llegó la noche, pero Ogaloussa
aún no había regresado.
Transcurrió otro día, y ni rastro de Ogaloussa. Todos hablaban de ello y se
preguntaban qué le pudo haber entretenido. Pasó una semana y luego un mes. De vez en
cuando, los hijos de Ogaloussa preguntaban por qué no regresaba a casa su padre.
Entretanto, la familia cuidaba la cosecha y los hijos mayores salían a cazar, y llegó el día
en que nunca más se volvió a hablar de la desaparición de Ogaloussa.
La esposa de Ogaloussa dio a luz otro hijo, al que llamaron Puli. Puli creció, se
hizo mayor, empezó a sentarse y gatear, y un día empezó a hablar, y lo primero que dijo
fue: “¿Dónde está mi padre?”.

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

Los demás hijos otearon el horizonte a través de los arrozales.


“Sí”, dijo uno de ellos. “¿Dónde está papá?”.
“Debería de haber vuelto hace años”, comentó otro.
“Debe de haberle ocurrido algo. Tendríamos que salir en su búsqueda”, intervino
un tercero.
“Fue a la selva, pero ¿dónde lo encontraremos?”, preguntó otro.
“Yo lo vi marchar”, dijo uno de ellos. “Se fue en esa dirección, cruzando el río.
Sigamos su rastro”.
Así fue como los hijos cogieron sus armas y empezaron a buscar a Ogaloussa.
Cuando estaban en la espesura de la selva, entre los grandes árboles y lianas, perdieron
el rastro. Buscaron y buscaron por la selva hasta que uno de ellos volvió a encontrarlo.
Lo siguieron hasta que lo perdieron por segunda vez, y otro hijo volvió a encontrarlo. En
la selva reinaba la oscuridad y se perdían muchas veces. Pero siempre había alguien que
conseguía encontrar el camino. Por fin, llegaron a un claro, y allí en el suelo yacían
dispersos los huesos y las armas de Ogaloussa. Había muerto durante la cacería.
Uno de los hijos dio un paso al frente y dijo: “Yo sé recomponer los huesos de un
difunto”. Los recogió y los fue colocando, uno a uno, en su lugar.
Otro dijo: “Yo sé cubrir el esqueleto con tendones, nervios y carne”. Puso manos a
la obra y recubrió los huesos de Ogaloussa de nervios y carne.
Un tercer hijo dijo: “Yo tengo el poder de inyectar sangre en un cuerpo”. Inyectó
sangre en las venas de Ogaloussa y luego se hizo a un lado.
Otro hijo dijo: “Yo puedo dar respiración a un cuerpo”. Hizo su trabajo y todos
pudieron ver que el pecho de Ogaloussa subía y bajaba. Estaba respirando.
“Pues yo puedo conferir la capacidad del movimiento a un cuerpo”, dijo otro,
otorgando al cuerpo de su padre la capacidad del movimiento. Entonces, Ogaloussa se
sentó y abrió los ojos.
“Yo puedo darle la capacidad del habla”, dijo otro hijo. Y así lo hizo.
Ogaloussa miró a su alrededor y se puso en pie.
“¿Dónde están mis armas?”, preguntó.
Los hijos recogieron las armas oxidadas de la hierba y se las dieron. Luego
deshicieron el camino andando, a través de la selva y de los arrozales, hasta llegar al
poblado.
Ogaloussa entró en su choza. Su esposa le preparó un baño y se lavó. Permaneció
en casa durante cuatro días, y el quinto salió y se afeitó la cabeza, pues eso es lo que
hacía la gente cuando regresaba del mundo de la muerte.
A continuación, mató una vaca para organizar un gran festín. Cogió la cola, la
trenzó y la adornó con cuentas, conchas de cauri y fragmentos brillantes de metal. Era
preciosa. Ogaulossa solía llevarla a todos los actos importantes. Cuando había una
danza o una ceremonia oficial siempre la llevaba consigo. En la aldea, la gente decía que
era el postizo de cola de vaca más bonito que habían visto jamás.
Pronto hubo una celebración en el poblado para festejar el regreso de Ogaulossa
del mundo de la muerte. La gente se vistió con sus mejores túnicas, los músicos llevaron
sus instrumentos y se organizó una gran danza. Los tambores retumbaban y las mujeres
cantaban. El vino de palma corría en abundancia. Todos eran felices.
Ogaulossa llevaba su admiradísimo postizo de cola de vaca. Algunos hombres se
dirigieron a Ogaulossa y le pidieron el postizo, pero él se negaba reiteradamente y no lo
soltaba de la mano, poco a poco, el clamor y la confusión fue en aumento; cada vez era
mayor el número de personas que se lo pedían, incluyendo las mujeres y los niños. Pero
Ogaulossa los rechazó a todos.
Por fin, se levantó para hablar. La danza cesó y todos se acercaron para oírle.
“Hace mucho tiempo fui a la selva”, empezó diciendo. “Mientras estaba cazando,
un leopardo me mató. Luego vinieron mis hijos y me trajeron de vuelta a mi aldea desde
el mundo de la muerte. Le daré este postizo de cola de vaca a uno de ellos. Todos han

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

hecho algo para devolverme a la vida, pero sólo tengo una cola de vaca para ofrecer, y se
la daré al que hizo más para traerme a casa”.
De inmediato se inició una discusión.
“¡Me la dará a mí!”, dijo uno de los hijos. “¡Yo fui quien hice más, pues encontré el
rastro en la selva cuando lo habíamos perdido!”.
“¡No, me la dará a mí!”, replicó otro. “¡Yo fui quien recompuse sus huesos!”.
“¡Pero yo los recubrí de tendones, nervios y carne!”, intervino otro. “¡Soy el que
más se la merece!”.
“¿Olvidáis que fui yo quien le concedí la capacidad de movimiento?”, dijo otro hijo.
“¡La merezco yo!”.
Otro dijo que era él quien debía quedarse con el postizo de cola de vaca, pues le
había inyectado sangre en las venas, y otro reivindicó el trofeo por haberle otorgado la
respiración. Cada uno de los hijos reclamaba su derecho a poseer la maravillosa cola de
vaca.
Al rato, no sólo los hijos, sino también toda la gente de la aldea estaba hablando.
Algunos decían que el hijo que había inyectado la sangre en las venas de Ogaulossa debía
quedarse con el premio. Otros pensaban que todos los hijos tenían el mismo derecho, pues
habían hecho cosas importantes, y que por lo tanto debían compartirla. Y discutieron,
discutieron y discutieron hasta que Ogaulossa impuso silencio.
“Le daré la cola de vaca a este hijo, pues casi todo se lo debo a él”, dijo Ogaulossa.
Dio unos pasos, se inclinó y se la entregó a Puli, el pequeño que había nacido mientras él
estaba en la selva.
La gente recordó cuáles habían sido las primeras palabras del niño: “¿Dónde está
mi padre?”, y comprendieron que Ogaulossa tenía razón.
De ahí que circule un proverbio entre ellos según el cual un hombre no está
realmente muerto hasta que todos se han olvidado de él. (Lipkin 2001. Aprender a
educar con cuentos).

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

2. RETRATO DE LA FAMÍLIA

Edad: niños de 5-6 años (P5)


Material:
- Hojas de papel.
- Lápices
- Gomas
- Sacapuntas
- Colores de madera
- Plastidecors.
Duración: una hora.
Objetivos (de la maestra o maestro):
- Detectar el miedo a la muerte en alguno de los infantes.
Objetivos:
- Desarrollar las técnicas del dibujo.
- Expresar los sentimientos de lo que representa su familia y su casa.

Pediremos que hagan un dibujo, un retrato, de la familia, de los que viven en su misma
casa, y dibujarla también. Luego, la maestra o el maestro analizará los dibujos para
comprobar la existencia de un posible miedo a la muerte o a la enfermedad.
La causa del miedo puede ser debido a que en casa hay alguna persona que esté enferma o
haya algún disminuido físico, aunque también puede ser debido a que la madre siempre
esté indispuesta.
La edad de aparición de estos miedos son, por lo general, durante el primer periodo
escolar.
No hay ninguna tipología característica. Aunque sí que hay un tipo de comportamiento en
este tipo de niños. El niño tendrá una madre frágil con la que se identificará y, además, él
también se siente así, frágil.
Si no se pone algún tipo de solución a estos miedos, puede evolucionar y transformarse en
una auténtica hipocondría.
¿Qué signos podemos encontrar en el dibujo que nos muestre este miedo? El retrato no
estará coloreado. Además, las puertas y ventanas de la casa dibujada estarán cerradas.

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

2 Ejemplo de dibujo con miedo a la enfermedad o a la muerte. Del Libro: Crotti, Evi y Magni, Alberto.
(2005). Los miedos de los niños. Cómo descubrirlos a través de sus dibujos y cómo ayudarles a
superarlos. Barcelona: Oniro.

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3. CUENTO: EL PATO Y LA MUERTE

Edad de los niños: 5-6 años.


Material: el cuento en papel o el cuento en la página de youtube, donde se encuentra
colgado con sus imágenes.
Duración: media hora aproximadamente.
Objetivos:
- Familiarizarse con el concepto de muerte.
- Entender que la muerte forma parte de la vida.

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

Sinopsis:

“Siempre llega un momento en que el niño se pregunta sobre la muerte. Ingenuamente,


con toda la naturalidad del mundo. Los padres lo saben, pero pocas veces tienen preparada
una respuesta simple y convincente. El personaje de la muerte en este libro de Erlbruch es
una acompañante silenciosa y leve como una pluma, siempre presente aunque no la
percibamos: Desde hacía tiempo, el pato notaba algo extraño. -¿Quién eres? ¿Por qué me
sigues tan de cerca y sin hacer ruido? La muerte le contestó: -Me alegro de que por fin me
hayas visto. Soy la muerte. El pato se asustó. Quién no lo habría hecho. -¿Ya vienes a
buscarme? -He estado cerca de ti desde el día en que naciste… por si acaso. -¿Por si acaso?
-preguntó el pato. -Sí, por si te pasaba algo. Un resfriado serio, un accidente… ¡nunca se
sabe! - Sí, nunca se sabe… pero si de algo podemos estar seguros es que Wolf
Erlbruch responde con sencillez las grandes preguntas con la poesía de sus ilustraciones y
de sus historias. Para niños y adultos.“ ([Link]
archivos/el-pato-y-la-muerte-2e/ , párr. 1)

Imágenes del cuento:

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

CUENTO: 3
Desde hacía tiempo, el pato notaba algo extraño.
- ¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido?
La muerte le contestó:
- Me alegro que por fin me hayas visto.
Soy la muerte.
El pato se asustó.
Quién no lo habría hecho.
- ¿Ya vienes a buscarme?
- He estado cerca de ti desde el día en que naciste… por si acaso.
- ¿Por si acaso?- preguntó el pato.
- Sí, por si te pasa algo. Un resfriado serio, un accidente… ¡nunca se sabe!
- ¿Ahora te encargas de eso?
- De los accidentes se encarga la vida; de los resfriados y del resto de las cosas que os
pueden pasar a los patos de vez en cuando, también. Sólo diré una cosa: el zorro.
El pato no quería ni imaginárselo.
Se le ponía la carne de gallina.
La muerte le sonrió con dulzura.
Si no se tenía en cuenta quién era, hasta resultaba simpática; incluso más que simpática.
- ¿Te apetece ir al estanque?- preguntó el pato.
La muerte ya se lo había temido…
Después de un rato, la muerte tuvo que admitir que su pasión por zambullirse tenía
límites:
- Perdóname, por favor- dijo-. Necesito salir de este lugar tan húmedo.
- ¿Tienes frío?- preguntó el pato- ¿Quieres que te caliente?
Nunca nadie se había ofrecido a hacer algo así por ella.
A la mañana siguiente, muy temprano, el pato fue el primero en despertarse.
- “¡No me he muerto!”, pensó.
Le dio a la muerte un golpecito en el costado:
-¡No me he muerto! – graznó henchido de felicidad.
La muerte levantó la cabeza:
- Me alegro por ti- dijo desperezándose.
- ¿Y si me hubiera muerto…?
- Entonces no habría podido descansar tan bien – contestó la muerte bostezando.

3 Ver vídeo en [Link]

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

“Esa respuesta no ha sido nada simpática”, pensó el pato.


A pesar de que el pato se había propuesto, a partir de ese momento, no volver a decir
nada más, no aguantó mucho tiempo callado:
- Algunos patos dicen que te conviertes en ángel. Te sientas en una nube y desde ahí
puedes mirar la tierra.
- Es posible- la muerte se incorporó-, pero de todas maneras tú ya tienes alas.
- Algunos patos también dicen que en las profundidades de la tierra hay un infierno en el
que te asan si no fuiste un pato bueno.
- Es asombroso todo lo que se cuenta entre los patos, pero quien sabe…
- ¿Entonces tú tampoco lo sabes?- graznó el pato.
La muerte sólo lo miró.
- ¿Qué hacemos hoy?- preguntó de buen humor
- Hoy no iremos al estanque- exclamó el pato- ¿Qué te parece si hacemos algo
verdaderamente emocionante?
La muerte se sintió aliviada.
- ¿Subirnos a un árbol?- preguntó burlonamente.
El estanque se veía muy, muy abajo.
Ahí estaba, tan silencioso…y solitario.
“Así que eso es lo que pasará cuando muera”, pensó el pato.
“El estanque quedará… desierto. Sin mí.”
A veces, la muerte podía leer los pensamientos.
- Cuando estés muerto el estanque también desaparecerá; al menos para ti.
- ¿Estás segura? – preguntó el pato desconcertado.
- Tan segura como seguros estamos de lo que sabemos- dijo la muerte.
- Me consuela, así no podré echarlo de menos cuando…
- ….hayas muerto- terminó la muerte
“Le resultaba tan fácil hablar sobre la muerte”, pensó el pato.
- ¿Por qué no bajamos?- le pidió el pato un poco después-
- Subido en los árboles se piensan cosas muy extrañas.
Durante las siguientes semanas, fueron cada vez menos al estanque.
Se quedaban sentados en cualquier lugar que tuviera hierba y casi no hablaban.
Hasta que un día, una ráfaga de aire fresco despeinó las plumas del pato y éste sintió frío
por primera vez.
- Tengo frío- dijo una noche- ¿Te importaría calentarme un poco?
- La nieve caía. Los copos eran tan finos que se quedaban suspendidos en el aire.

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

- Algo había ocurrido. La muerte miró al pato.


Había dejado de respirar. Se había quedado muy quieto.
Lo acarició para colocar un par de plumas ligeramente alborotadas, lo cogió en brazos y
se lo llevó al gran río.
Allí, lo acostó con mucho cuidado sobre el agua y le dio un suave empujoncito
Se quedó mucho tiempo mirando cómo se alejaba.
Cuando le perdió de vista, la muerte se sintió incluso un poco triste.
Pero así era la vida….4

4Ver referencias sobre el tema en ([Link]


[Link])

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

4. CUENTO: CUANDO LA MUERTE VINO A NUESTRA CASA

Edad de los niños: a partir de tres años.


Material: cuento en papel o vídeo del youtube.
Duración: unos 30 minutos.
Objetivos:
- Aprender que la muerte es una parte de la vida.
- Dar expresión al duelo: la conciencia, la comprensión, la aceptación, la expresión, la
integración.

Hay sucesos de la vida y sentimientos que no es realmente difícil exponer a los niños. Este
cuento nos ayuda a hablar de la muerte con ellos. Trata sobre el fallecimiento de alguien
pero desde un punto de vista sencillo, desde los ojos de la inocencia, pero también incita a
la reflexión y a hacerse preguntas sobre la muerte.

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

Sinopsis:5
El protagonista de este relato es la muerte, no solo como tema sino como
personaje. Una muerte quejosa, algo torpe e incluso ingenua, sobre la que vuela una nube
negra, que llega a un pueblo donde nadie hasta ahora la conocía: “Entonces no había una
última hora. Solamente existía la primera, la segunda la tercera, la milésima… Siempre
una más”. Y con la Muerte, inevitablemente, llega también la tristeza de un ser querido
que se va, y el desconcierto de un pueblo que se enfrenta por primera vez a la
incertidumbre de no saber dónde está la vida del que no se mueve ni se despierta.
Lo que sigue es el llanto, el duelo, y luego el consuelo. Y la vida, sin ese ser querido, sigue
también. Porque así es como funciona, y porque la Muerte seguirá llegando de visita al
pueblo, y su torpeza volverá a causar otra desgracia, y tendrán que volver construir “una
pequeña caja que se llamaba ataúd”.
La ilustración de Rotraut Susanne Berner, al igual que ocurre con el texto, es inteligente y
lúcida. Esconde muchos pensamientos, sentimientos y reflexiones dentro de su sencillez.
Está llena de símbolos, y de subtramas que el texto no cita. Y también plantea muchas
preguntas al lector, que busca significados en esos pequeños detalles, y al hacerlo se ve
obligado a reflexionar sobre lo que ambos, autora e ilustrador, le están contando.
([Link]

Imagen del cuento:

5 Ver vídeo en: [Link]

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

Cuento:
Hace ya tiempo la muerte no existía. En realidad nadie había oído hablar de la muerte.
Nadie conocía a ninguna persona que se llamara “Muerte”. Y tampoco se sabía el
significado de esta palabra. ¿Muerte? ¿Qué es muerte?. Y las horas nunca terminaban.
Siempre había una hora más, dos, tres, cuatro, cinco horas más, mil horas más… Nunca
acababa el tiempo. Además, las cosas que crecían seguían siendo bonitas, y seguían
creciendo, y nunca morían. Las cazuelas, los vestidos, los zapatos, nunca se rompían. La
verdad es que cuando uno se iba de casa, nadie le decía “¡Buenos días!” porque todos los
días eran buenos.
Pero un día cuando estábamos todos por ahí, en la calle, como todos los días, viendo como
crecían los árboles, las flores, que nunca se marchitaban, los perros, los peces, que nunca
morían, y los caracoles que se estaban haciendo ya muy grandotes de tantos años de vida,
apareció por ahí un señor que nadie conocíamos. Y era muy extraño, porque venía
caminando con un paso lento, apoyado en un paraguas, y se le veía muy agotado, y tenía
los pies polvorientos. Venía tan agotado que no vio a ese caracol, que ya os he comentado
que era muy grandote de tanto tiempo viviendo. Pues venía caminando, caminando y
cuando llegó al caracol…. ¡¡Cataplum!! Se cayó y a nosotros nos entró una risa, que no
parábamos de reírnos. Es que nunca habíamos visto a nadie que se tropezara. Así que no
sabíamos lo que era eso, y aquel señor se sentó y empezó a hacer unas cosas muy raras,
¡pero muy raras! Que nosotros no habíamos visto nunca. La verdad es que lo que estaba
haciendo era poner caras de dolor, pero como nosotros no sabíamos lo que era eso, cuando
de repente vimos que empezaba a poner caras y a torcerla, y a poner los ojos achinados de
dolor, a nosotros nos entró la risa, porque era muy divertido. Pero claro, el pie lo tenía rojo,
rojo, rojo. Y además le estaba empezando a salir sangre. Pero a nosotros nos estaba
entrando la risa; ¡ja, ja, ja! ¡Porque esas caras eran muy divertidas!
Pero él empezó a decir:
- ¡Esto no tiene nada risa!
Nosotros nos quedamos mirándole y pensando “¡vaya!”. Y entonces se presentó:
- Soy, ¡la muerte!
Y la verdad es que nos hizo tanta risa que algunos empezaron a ensayar. Se pusieron a
hacer como tropezaban, y se empezaban a caer de espaldas, y también se caían por delante,
y también se caían de lado, y se daban con la nariz en el suelo, y con las rodillas en el suelo,
y les empezó a salir sangre. Y la verdad es que muy divertido no era. Pero tampoco
sabíamos para qué servía eso de tropezarse. Y la muerte empezó a quejarse. Le dolía tanto,

40
ESPELT SALAZAR, AÏDA

tanto, que se sentí en la puerta de nuestra casa. Cuando se hizo de noche mi mamá le dijo
que se podía quedar en casa a pasar la noche. Y no teníamos cama, pero la muerte dijo:
- Bueno no importa, porque yo me puedo quedar a dormir ahí, en el establo.
Y allí se quedó. Durmiendo. Bueno, más bien tumbado sobre el heno. Y se aburría tanto y
le dolía tanto el pie que se puso a fumar, y nosotros nos acostamos. Y aquella noche,
después de fumar mucho, ocurrió una cosa que no habíamos visto nunca. Se incendió
nuestra casa. Un olor a quemado… Y mi padre dijo:
- ¡Todo el mundo en pie!
Y nos levantamos, echamos a correr y salimos fuera. Y la casa se nos quemó toda todita. Y a
la mañana siguiente solamente había cenizas. Bueno, y algunas vigas muy chamuscadas, a
punto de caerse. Pero lo peor de todo es que mi hermano estaba tumbado y no se movía. Y
le movimos hacia un lado y mi hermano seguía sin moverse. Y la muerte empezó:
- ¡Ay, ya lo he vuelto a hacer! Si es que todo lo que toco se estropea. Si fumo, se quema. Si
cojo un vaso, se rompe. Si piso algo, se muere.
Y fue ahí cuando empezamos a descubrir qué era eso de morirse. Y la muerte dijo:
- Lo siento de verdad, ¡lo siento! Es que estas cosas siempre me ocurren a mí. Tengo muy
mala suerte.
Y la muerte cogió a mi hermano y le empezó a limpiar la cara, que tenía manchada de
cenizas, con un pañuelo. Empezó a escupir, le pasó el pañuelo por la cara, y empezó a llorar
a llorar.
- Lo siento mucho hijo, lo siento.- Dijo la muerte.
Y se empezó a empañar mi hermano con las lágrimas de la muerte.
La muerte, entonces, hizo una caja que lo llamó ataúd. Y lo empezó a clavar con los clavos.
Y en una de esas… pum! ¡Uy! Se pegó un golpe con el martillo en uno de los dedos.
- ¿Veis de lo que hablo? ¿Veis? Es que todo lo que toco es una desgracia. Si doy con el
martillo, me hago daño.
Nosotros la verdad es que estábamos muy tristes por la pérdida de mi hermano, pero la
verdad es que la muerte nos daba mucha pena.
Y enterramos a mi hermano. Y todos estábamos llorando, incluida la muerte, también.
Y al día siguiente, nos despedimos de la muerte, que se fue con el paraguas con el que
había venido y con sus pies cansados y polvorientos, y nosotros nos quedamos ahí
haciendo la casa de nuevo.
Y desde entonces, aprendimos que la muerte nos trae desgracias, también consuelo, pero
sobretodo ahora todas las mañanas cuando alguien sale de casa le decimos “¡Buenos días!”,

41
ESPELT SALAZAR, AÏDA

y cuando alguien estornuda le decimos, “¡Salud!, y también todos, todos los días pensamos
que tiene que ser un día feliz.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

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ESPELT SALAZAR, AÏDA

5. PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Edad de los niños: a partir de 4 años.


Material: tantas sillas como niños haya y las preguntas preparadas por la maestra o el
maestro.
Cantidad de niños: a partir de seis niños.
Duración: unos 30 minutos.
Objetivo:
- Saber los conocimientos previos sobre la muerte en los niños. (Objetivo de la
maestra).
- Familiarizarse en el tema de la muerte. (Objetivo de los niños).

El objetivo d la siguiente actividad es orientarnos sobre el nivel de conocimiento que los


niños tienen sobre el tema de la muerte y la despedida.
La actividad consiste en colocar a los niños en forma de Rondó. Los niños se colocarán por
parejas uno enfrente del otro. Es decir, se formarán dos círculos de niños y se pondrán por
parejas uno enfrente del otro.
El maestro o la maestra formulará una pregunta. Los niños responderán por turnos.
Primero los del círculo de dentro (hacia su pareja), y luego los del círculo de fuera. Una vez
los dos miembros de cada pareja hayan contestado a la pregunta, según su manera de ver
las cosas y la vida, se cambiarán de parejas. Lo harán de la siguiente manera: los niños del
círculo de fuera, se desplazarán un sitio hacia su derecha.
La actividad irá transcurriendo de la misma manera hasta que la maestra haya formulado
todas las preguntas. Y se irán cambiando de lugar después de cada una.

Si durante la actividad hay algún niño o niña que quiera formular una pregunta al resto de
sus compañeros y/o compañeras también podrá realizarla.

Hay que hacer entender a los niños y niñas que todas y cada una de las respuestas son
correctas. Que nadie tiene la verdad o la razón absoluta.
Cada respuesta dependerá de lo que ha vivido cada niño y niña. Variará según las
experiencias previas y las explicaciones que hayan podido recibir de otras personas adultas
en otros momentos.
Algunas preguntas posibles, según Baum, Heike (2010) son:

43
ESPELT SALAZAR, AÏDA

- De noche, en la cama, tienes miedo de que aparezca un fantasma y te haga daño?


¿qué haces para evitarlo?
- Cuando sientes miedo, ¿tienes algún muñeco que te protege?
- ¿Te has sentido triste cuando alguien marchó de viaje?
- ¿Dónde mueren las personas?
- ¿Has visto alguna vez alguna persona muerta o animal muerto?
- ¿Has visitado alguna vez el cementerio?
- ¿Has sentido añoranza alguna vez?
- ¿qué ocurre cuando muere alguien?

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6. LAS CUATRO ESQUINITAS

Edad de los niños: 3 años o más.


Material: 4 dibujos de las esquinas.
Lugar: habitación amplia para moverse.
Tiempo: unos 15 minutos.
Cantidad de niños: a partir de 8 niños y niñas.
Objetivo:
- Expresar los sentimientos de cada individuo con total libertad. (Objetivo de los
niños).
- Saber la opinión de los niños. (Objetivo del maestro).

En la habitación, se colocarán cuatro dibujos. Estos serán los siguientes: en una esquina un
dibujo de un puño con el pulgar hacia arriba (significa: sí, de acuerdo); en la esquina
opuesta un dibujo con el puño con el pulgar hacia abajo (no, falso). Y en las otras dos
esquinas, también opuestas, un dibujo con una cara alegre y otra con la cara triste.
Hay que dejar bien claro el significado de cada uno de los dibujos y saber a ciencia cierta
que todos los niños entienden su significado.
La maestra o el maestro irá formulando preguntas y los niños espontáneamente se
desplazarán hacia el rincón del aula donde se sientan identificados según la respuesta que
darían.

Algunas de las preguntas que la maestra o el maestro pueden formular, según Baum, Heike
(2010). son las siguientes:
- ¿Qué os parecen la visita del abuelo en casa?
- ¿Cómo os sentís cundo el abuelo se despide?
- ¿Creéis que hay sensaciones, sentimientos, buenas y malas?
- ¿Duele morirse?
- ¿Creéis que los niños y las niñas pueden llorar lo mismo?

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7. ¿TRISTE ANTE LAS DESPEDIDAS?

Edad: 3 años o más.


Material: todo el material posible: láminas, colores de diferentes tipos, plastilina, pintura,
pinceles… (material para manualidades).
Cantidad de niños: a partir de 3 niños y niñas.
Duración: una hora aproximadamente.
Objetivo:
- Adaptarse al ambiente en el cual el difunto ya no está presente.

La actividad que viene a continuación servirá para recordar qué los hace sentir tristes y cómo
vuelven a estar contentos. Qué es lo que hicieron, qué es lo que les consoló en esos momentos
La maestra o el maestro pondrá a disposición de los niños muchos materiales para que puedan
expresar libremente sus sentimientos y pensamientos.
Se les pedirá que recuerden un momento en el que se sintieron realmente tristes. Cuando
perdieron un muñeco y no lo encontraron, cuando papá o mamá se fue de viaje por unos días, etc.
Cuando cada niño ya tenga claro cuál es el recuerdo que le hizo poner triste, elegirá los materiales
que más le convengan para plasmarlo en un papel o para modelarlo en el caso que prefiera
plastilina, por ejemplo.
Una vez terminadas sus obras se reunirán los niños y contemplarán sus obras. Se les ofrecerá que
expliquen qué es lo que han querido expresar y qué es lo que les hizo sentir mejor.

El objetivo de la actividad no es que hagan mejor o peor sus obras de arte, sino que ellos mismos se
reconozcan emocionalmente en lo que están haciendo.

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8. TIC-TAC TIC-TAC

Edad: a partir de los tres años.


Material: cartón, tijeras, ceras de colores, encuadernadores, palo para la manecilla.
Duración: unos 30 minutos.
Cantidad de niños: a partir de un niño.
Objetivo:
- Reflexionar sobre sus sentimientos.

Vamos a realizar un reloj. El reloj de los sentimientos. Éste será un reloj individual que cada niño
tendrá. Cada niño y niña tendrá el suyo.
Lo realizaremos con un trozo de cartón, el cual la maestra ayudará, dependiendo de la edad, a
recortar en forma redonda. La manecilla del reloj se fijará en el centro con un encuadernador. Ésta
marcará el sentimiento que elija el niño o niña. Es decir, en vez de cifras cada niño dibujará caras:
una alegre, una triste, una enfadada, una indiferente y una furiosa.
Cuando han acabado lo dicho anteriormente y hayan decorado el reloj como cada niño o niña haya
querido, el maestro o la maestra procederá a explicar en qué consiste y como harán funcionar el
reloj.
Les explicará que cuando lleguen por la mañana al colegio, tendrán que pensar cómo se sienten y
mover la manecilla hacia la cara que describa mejor sus emociones.
El maestro o la maestra preguntará a cada niño por qué ha señalado esa cara en concreto. El niño
deberá intentar explicar (cada edad con su vocabulario) cómo se siente y por qué.
Si hay algún niño o la niña que haya sufrido alguna pérdida reciente, el maestro o la maestra,
deberá intentar averiguar sus sentimientos.
Si algún niño o niña algún día no quiere contar nada, el maestro o la maestra deberá respetar su
silencio.
Si el niño que había venido enfadado, por ejemplo, explica lo que le ha pasado y se siente mejor,
más feliz, puede cambiar su manecilla hacia la cara que en ese momento se encuentra. Ya que sus
sentimientos han evolucionado a mejor.
La operación se puede repetir diferentes momentos del día, no solamente por la mañana.

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9. QUÉ HERMOSO FUE, RECORDÉMOSLO

Edad de los niños: a partir de 3 años.


Material: ninguno.
Duración: una hora aproximadamente.
Lugar: cualquiera donde no se les interrumpa y se sientan cómodos.
Cantidad de niños: a partir de uno.
Objetivo:
- Aceptar la realidad de la pérdida.
- Expresar de manera clara lo que quieren decir.

la pérdida, o muerte, de un ser querido o de una mascota es doloroso, y su recuerdo también. A


pesar de eso, el recordar cosas bonitas y cosas que dicha persona o animal sabía hacer bien, o que
hacía con los niños, es algo gratificante y sirve de conmemoración hacia esa persona o animal.

La maestra o el maestro se sentará junto a los niños y les ofrecerá hablar de las personas a las que
querían y que ya no están con ellos. Los niños explicarán aquellas cosas que recuerdan de ellos,
como por ejemplo qué les ponía alegres, o qué sabían hacer bien, o a qué jugaban con ellos, cuál era
su nombre, etc.
Los niños que hayan sufrido alguna pérdida de este tipo podrán ir hablando sobre este echo, pero
los niños que aún no han sufrido ninguna deberán escuchar a sus compañeros y compañeras. Eso
les servirá de ayuda en el momento en el que sufran alguna muerte, o pérdida, a su alrededor.

Si algún niño o niña no quiere hablar en público no se le obligará en ningún momento. Cada
individuo tiene su proceso de duelo y de aceptación. Se le dirá que no es un deber para él o ella, que
no se sienta forzado para hablar. Quizá necesita hablar en privado con la maestra o el maestro, y
éste debe proporcionárselo. El hablar de alguien a quien queríamos y nos ha dejado es un
ofrecimiento, no una obligación. 6

6 Actividad sacada de: Baum, Heike (2010). ¿Está la abuelita en el cielo? Cómo tratar la ausencia y la
tristeza con los niños (p. 39).Madrid: Oniro.

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10. DESPEDIDA

Edad de los niños: a partir de 3 años.


Material: corchos de botella, cortezas de pino, cúter, pinturas, palitos, trozos de tela, pegamento,
velas, globo, papel, helio.
Cantidad de niños: a partir de 1.
Duración: una hora aproximadamente.
Lugar: cerca de la orilla del agua o un sitio espacioso al aire libre.
Objetivo:
- Aceptar la realidad de la pérdida.
- Superar el duelo.

La actividad consistirá en realizar barquitos con el material que proporcione la maestra o el


maestro. Éste se ocupará del trabajo más mañoso (cortar con el cúter, por ejemplo).
Cada niño y niña montará su barquito a su gusto. Al final, colocarán las velas encima de la barca y
las encenderán. Pondrán los barquitos en la orilla del agua y los dejarán marchar con la corriente.
Este símbolo significará algo distinto para cada niño o niña. Para algunos será la despedida con
una persona muy querida para ellos. Para otros, será la manera de despedirse de su mascota. Para
otros será el símbolo de alguna preocupación, de algún juguete que un día se rompió y tuvo que
tirarlo a la basura porque no se podía arreglar, etc.

Una variante de esta actividad es la de, en vez de construir barquitos personalizados de cada niño y
niña, se harán dibujos para mandarlos al cielo con globos. Es decir, cada niño hará un dibujo sobre
lo que quiera despedirse. Una vez terminado, la maestra o el maestro lo enrollarán de tal manera
que se pueda meter en un globo, el cual será hinchado de helio para que, cuando lo sueltan, salga
volando hacia el cielo.
Si no consiguieran meter el dibujo dentro del globo, lo que se hará es atar el globo en una cinta
bonita y el dibujo enrollado, como si fuera un pergamino, atado a la cinta del globo. De esta
manera, cuando se suelte la cinta, ésta saldrá volando junto al globo y el dibujo.

Es una manera de poder despedirse de aquel ser querido de una manera simbólica.

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11. MI COFRE SECRETO

Edad de los niños: a partir de 3 años.


Material: caja de zapatos, material para decorarla.
Duración: 30 minutos aproximadamente.
Lugar: cualquier lugar tranquilo.
Objetivo:
- Relacionar situaciones con objetos.
- Invertir la energía emotiva en otras relaciones
- Superar el duelo.

La actividad consiste en que cada niño debe disponer de una caja de zapatos. La decorarán como a
cada niño y niña le guste más. La caja de zapatos se va a convertir en su cofre de los secretos.
Una vez terminada la decoración de la caja, cada niño y niña, se la llevarán a casa.
En ella guardarán imágenes u objetos que le recuerden cosas felices que les han pasado, por
ejemplo. Además, guardarán también algún objeto o imagen que lo relacionen con alguien a quien
querían y que ha fallecido (ya sea persona o animal).

De esta manera, los niños podrán tener la caja en casa y abrirla siempre que les apetezca. Cada día
que pase, los sentimientos hacia las cosas tristes y dolorosas irán cambiando hasta que se produzca
el proceso de asimilación.
El objetivo es crear un cofre con diferentes tipos de sentimientos, y que ellos mismos se hagan
conscientes de ellos.

Es muy importante que nadie abra la caja sin el permiso del niño o la niña.7

7Actividad extraída de: Baum, Heike (2010). ¿Está la abuelita en el cielo? Cómo tratar la ausencia y la
tristeza con los niños (p.46).Madrid: Oniro.

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4. CONCLUSIONES

El duelo por muerte es un tema muy importante y es cada vez más estudiado, pero los
recursos aún son muy escasos y los necesitamos en nuestro día a día.

Existen diferencias entre el duelo llevado a cabo por los adultos y el que siguen los niños,
pero ellos también pasan por ese proceso y hay que ayudarlos, comprenderlos y apoyarlos
en todo lo necesario.

Hoy en día la muerte se ha convertido para los adultos en un tema tabú, pero en el mundo
de los niños no debe ser así, así que hay que ir rompiendo las barreras poco a poco para
superar este tabú y hablar con los niños de las verdades de la vida, con el debido
vocabulario. Sin mentir.

La unidad familiar es especialmente importante en momentos de duelo. Hay que incluir a


los niños en estos procesos y respetar cada uno de los sentimientos que vayan surgiendo, a
pesar de que es una tarea larga y difícil.

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