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El Medio Ambiente: Cronología

La Tierra enfrenta una creciente presión debido a la actividad humana, lo que ha llevado a la necesidad de reexaminar nuestra relación con el medio ambiente y priorizar la ética ambiental. A lo largo de la historia, la explotación del planeta ha sido común, pero el movimiento ecologista moderno aboga por un desarrollo sostenible que respete los recursos naturales y reconozca el valor intrínseco de todas las formas de vida. La Hipótesis de Gaya sugiere que la salud del planeta depende de un enfoque holístico, donde los humanos son solo una parte del ecosistema, y su supervivencia no está garantizada si continuamos dañando el medio ambiente.

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El Medio Ambiente: Cronología

La Tierra enfrenta una creciente presión debido a la actividad humana, lo que ha llevado a la necesidad de reexaminar nuestra relación con el medio ambiente y priorizar la ética ambiental. A lo largo de la historia, la explotación del planeta ha sido común, pero el movimiento ecologista moderno aboga por un desarrollo sostenible que respete los recursos naturales y reconozca el valor intrínseco de todas las formas de vida. La Hipótesis de Gaya sugiere que la salud del planeta depende de un enfoque holístico, donde los humanos son solo una parte del ecosistema, y su supervivencia no está garantizada si continuamos dañando el medio ambiente.

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50 El medio

ambiente
Solo existe una Tierra. Durante el futuro próxim o, este
planeta será nuestro único hogar, y nuestra supervivencia
depende de que siga teniendo la capacidad de
proporcionarnos alimentos y otros recursos. A lo largo de
la historia, la Tierra ha cubierto estas necesidades, pero
últimamente la carga que le hemos puesto ha aumentado
dramáticamente y cada día existen más preocupaciones
sobre su capacidad de hacer frente al impacto causado por
la actividad humana. La necesidad de reexam inar nuestras
relaciones con la Tierra y el valor que le damos a todo su
contenido han dado prioridad al estudio de la ética
medioambiental.

Por cada persona que había en la Tierra a principios del siglo x v ih , ac­
tualmente hay más de once, y cada una de ellas (en promedio) requie­
re muchísimos más recursos de los que disponemos. El ingenio huma­
no ha ideado nuevas formas de cubrir la creciente demanda de los ya
agotados recursos, pero la industrialización en todo el planeta ha in­
crementado enormemente la capacidad de la humanidad de dañar los
sistemas naturales. La presión a la que sometemos el planeta no puede
seguir aumentando de forma indefinida: los estilos de vida dependien­
tes de energía adoptados en los países occidentales son insostenibles.

Durante gran parte de la historia de la humanidad, las actitudes hacia


animales y plantas, y hacia el mundo natural en general, han sido ex­
plotadoras. Los seres humanos han tendido a comportarse como si el
planeta fuera algo que tiene que ser conquistado y domesticado, un
activo que debe explotarse, un recurso que hay que saquear. Este pun­
to de vista fue respaldado por la Biblia y corroborado por los antiguos
griegos, en particular por Aristóteles, quien pensaba que los humanos

Cronología
1700 Década de 1960
La población mundial es de unos Primeras advertencias de que la
600 m illones de habitantes. actividad hum ana podría contribuir al
calentamiento global.
0 problema, de la, no identidad
Supongam os que estamos que sufrirán como resultado de
debatiendo, como sociedad, si nuestra elección de consumir
vivim os al máximo ahora o si deberán su propia existencia a esa
ahorramos para el futuro: agotar misma elección. Podemos pensar
o cuidar los recursos que tenemos. que agotar los recursos está mal
Imaginemos también que la opción porque será perjudicial para estas
de agotarlos implica que las futuras generaciones, pero en
personas que están vivas ahora realidad no es perjudicial para
y las que lo estarán durante el nadie: asumiendo que sus vidas
próximo siglo disfruten de una valen la pena, estas personas
ligera mejoría en la calidad de vida, deberían alegrarse de nuestra
pero que los que tienen que vivir elección, porque de otro modo
después, durante muchos siglos, no existirían. Esta conclusión
tengan una pésima calidad de vida. paradójica es un ejemplo del
¿Este panorama nos ofrece una llamado problema de la no
razón moral para no elegir la opción identidad, discutido por el filósofo
del consum o? Pero la decisión que británico Derek Parfit en su libro de
tomemos ahora será determinante 1984 Razones y personas. El
en múltiples aspectos, siendo no el argumento de Parfit quizás dice
menor las circunstancias y el más sobre la naturaleza de las
momento de las concepciones malas acciones que sobre los pros
humanas. Las generaciones futuras y los contras de agotar los recursos.

se encontraban al final de una «cadena de seres», y que la función de


los animales inferiores era servir a los superiores en la jerarquía.

Gestión inteligente Muchos pioneros del movimiento ecologista


moderno, que nació en la década de 1960, estaban motivados por el
peligro que representaban los seres humanos con su comportamiento
abusivo para el planeta. No necesariamente cuestionaron la atención
centrada en el ser humano (antropocéntrica) de las actitudes tradicio­
nales, y con frecuencia, sus preocupaciones eran expresadas en térmi­
nos de nuestras responsabilidades para con otros seres humanos y para
con las futuras generaciones. La imagen favorecida fue la de la «ges­
tión inteligente», en la que la conciencia ecológica suficientemente
desarrollada, junto con la prudencia y el interés propio, recomenda­
ban una gestión respetuosa y sostenible de nuestro frágil planeta.

1992 2012
La sostenlbilidad es discutida en la La población mundial supera los siete
primera Cum bre de laTierra de la ON U, mil millones de habitantes,
en Rio de Janeiro, Brasil.
El aspecto pragmático de esta propuesta se reflejó en 1987 en el Infor­
me Brundtland, realizado por la Comisión Mundial sobre el Medio
Ambiente y el Desarrollo. En este informe, la sostenibilidad se definió
como el «desarrollo que cubre las necesidades del presente sin poner
en peligro la capacidad de generaciones futuras de cubrir sus propias
necesidades». El informe reconocía que había más posibilidades de
cambiar el comportamiento que la naturaleza humana, y no sugería
que «las necesidades del presente» fueran insensatas. De hecho, anti­
cipó «la posibilidad de una nueva era de crecimiento económico, ba­
sada en políticas que apoyaran y expandieran la base de recursos natu­
rales». El mensaje no consistía en que tenemos que abandonar todas
nuestras aspiraciones, sino que debemos ser más inteligentes y más
comprensivos a la hora de realizarlas.

Ecología profunda Siempre han existido otras voces más estri­


dentes que han solicitado una transformación de nuestra relación con
el medio ambiente. Desde este punto de vista radical, conocido como
«ecología profunda», se rechaza la imagen de una gestión comprensi­
va porque implica una relación explotadora y desigual entre los hu­
manos y la naturaleza.

El principal reclamo de los ecologistas profundos es que los animales no


humanos, las plantas y otros componentes del ambiente poseen un va­
lor intrínseco, no solo instrumental como medio para alcanzar el bene­
ficio humano. La Tierra y su vastísima vida no merecen nuestra consi­
deración porque (o solo porque) cubran nuestras necesidades, sean
hermosas o enriquezcan nuestras vidas. De hecho, muchas especies que
comparten el planeta con nosotros no son ni hermosas ni útiles, pero
aún así son intrínsecamente valiosas. Por lo tanto, nuestras obligaciones
morales van más allá de los demás seres humanos, presentes o futuros;

Po/te., no opaiie.
Los defensores del medio ambiente a nosotros mismos salvando el
por lo general concuerdan en el planeta, y esto requiere cambios
remedio para nuestros actuales de actitud. «Abusamos de la tierra
males: el desarrollo sostenible. porque la vemos como un artículo
Según este modelo, toda actividad que nos pertenece», escribió el
económica (y otras) deben tomar ecologista estadounidense Aldo
plenamente en cuenta el gasto Leopold en su influyente A Sand
que representan para el medio C o u n ty A lm a n a c (1949). «Cuando
ambiente, con el fin de evitar la veamos la Tierra como la
degradación ambiental y el comunidad a la que pertenecemos,
agotamiento a largo plazo de los podremos empezar a utilizarla con
recursos naturales. N os salvamos amor y respeto.»
u iimuiu aiiiuisiiiv i tun

abarcan otras formas de vida y el propio planeta. N o es suficiente salvar


la Tierra para salvamos a nosotros mismos: necesitamos vivir en armo­
nía con la naturaleza porque no vivimos al margen, somos parte de ella.

Independientemente del atractivo de la ecología profunda, esta no


viene sin dificultades. Podríamos suponer que debemos consideración
moral a seres que tengan intereses o sentimientos, y la cantidad de
consideración debe ser proporcional al grado de sensibilidad que tenga
ese ser. Sobre esta premisa, podemos pensar que muchos, o la mayoría,
de los animales no humanos merecen alguna cantidad de respeto mo­
ral. ¿Pero qué pasa con los intereses de un árbol? O , lo que es más cu­
rioso, ¿qué pasa con objetos inanimados como un arroyo o una monta­
ña? Incluso aceptando que la idea de que todo en la naturaleza tiene
un valor intrínseco tiene sentido, podríamos preguntamos cuánto res­
peto moral debemos, como seres humanos, profesarle al mosquito del
paludismo o al virus de la viruela, aunque tengan, al igual que noso­
tros, sus propios intereses. La ecología profunda se mueve rápidamente
hacia lo místico, que es, sin duda alguna, parte de su atractivo, pero tal
misticismo a veces puede albergar una incoherencia fundamental.

Con o sin nosotros U n a de las teorías más influyentes de la


ecología profunda es la Hipótesis de Gaya, que fue propuesta por el
científico independiente británico James Lovelock en su libro de
1979 Gaya, una nueva visión de la vida sobre la Tierra. La idea princi­
pal de Lovelock es que la vida sobre la Tierra mantiene las condicio­
nes necesarias para su propia supervivencia: nuestro «estable plane­
ta, compuesto por partes inestables» se mantiene en un estado de
equilibrio a través de enormes mecanismos de retroalimentación di­
rigidos por la actividad regulatoria combinada de todos sus compo­
nentes animados e inanimados. Los seres humanos pueden ser partes
y compañeros del conjunto, pero tan solo son «otra especie más, no
son ni los dueños ni los administradores de este planeta». La lección
de Gaya es que la salud de nuestro mundo depende de que adopte­
mos una postura planetaria. La alarmante insinuación es que es pro­
bable que la Tierra sobreviva, por muy mal que la tratemos, pero su
supervivencia no necesariamente nos incluye.

La idea en síntesis:
salvarnos
a nosotros, salvar
al planeta

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