MENISCOPATIAS
La rodilla es la articulación más grande y probablemente la más complicada del cuerpo
humano. Tanto por su localización, entre los extremos de dos largos brazos de palanca,
como por su escasa protección, unido a la intensa solicitación a que es sometida durante
la práctica deportiva, constituye un asiento común de lesiones. De todas las estructuras
que la conforman, son quizás los meniscos los que se dañan con más frecuencia.
RECUERDO ANATOMICO El complejo articular de la rodilla está compuesto por dos
articulaciones: - la femorotibial, formada por el extremo distal del fémur y el extremo
proximal de la tibia;
- la femororrotuliana, entre el fémur y la rótula. (fig1)
Los meniscos forman parte de la primera de ellas, entre cuyas superficies articulares se
interponen. La superficie articular de la tibia está compuesta por dos mesetas separadas
por las espinas tibiales. La meseta tibial interna es cóncava en el plano sagital y frontal,
mientras que la meseta externa únicamente mantiene su concavidad en el plano frontal,
siendo convexa en sentido sagital. El fémur ofrece sus dos cóndilos, convexos en ambas
direcciones y separados posteriormente por la muesca intercondílea. Existe, por tanto,
una incongruencia articular evidente entre los cóndilos femorales y las plataformas
tibiales, de ahí la importancia de los elementos anatómicos de unión:
aparato ligamentoso, cápsula y meniscos → componente pasivo;
músculos y tendones periféricos → componente activo. Los meniscos son restos de los
discos cartilaginosos que durante la vida fetal separaron las superficies articulares de
fémur y tibia. Son estructuras fibrocartilaginosas, semilunares, de sección transversa
triangular (con el vértice orientado hacia dentro) que están situadas sobre las mesetas.
Sus superficies superiores son cóncavas, mientras que las inferiores son planas o
ligeramente convexas. Su forma difiere: el interno se asemeja a una “C”, mientras que el
lateral, de aspecto más circular, recuerda a una “O” incompleta. La periferia de ambos es
convexa y gruesa y el borde interno cóncavo y delgado. (fig2)
El menisco interno o medial se encuentra unido a la tibia por ambos cuernos y a la
cápsula a lo largo de su borde externo, en cuyo punto medio se fija firmemente a la
porción profunda del ligamento lateral interno. El asta anterior se inserta en la superficie
pre-espinal, por delante del ligamento cruzado anterior, desde donde parte una expansión
transversa hacia el cuerno anterior del menisco lateral conocida como ligamento yugal o
transverso. El cuerno posterior queda inserto en el espacio retroespinal, entre el cruzado
posterior y el asta anterior del menisco lateral. En su cara posterior el cuerpo del menisco
conecta con el tendón del semimembranoso (punto del ángulo postero-interno).
El menisco externo o lateral presenta una inserción capsular poco firme y se agarra
principalmente a través de sus dos cuernos: el anterior se inserta detrás del cruzado
anterior, y el posterior lo hace delante del asta posterior del menisco medial. Su porción
posterolateral se halla separada de la cápsula y del ligamento lateral externo por el hiato
poplíteo. Es ahí donde el tendón del poplíteo envía una expansión fibrosa (punto del
ángulo postero-externo) que permite desplazar al menisco durante la contracción,
protegiéndolo durante los movimientos. Debido a su escasa unión con la cápsula y a la
proximidad de las inserciones de sus cuernos, además de la mayor discordancia existente
entre las superficies del compartimento externo, disfruta de mayor movilidad que su
homónimo. Todo ello ocasiona la rotación externa fisiológica que se produce en la rodilla
al extenderse, un mecanismo que se conoce como autoatornillamiento.
En la gran mayoría de los casos existen fibras procedentes de la cara posterolateral del
menisco lateral que se insertan en el cóndilo interno, por delante y por detrás de la
inserción del ligamento cruzado posterior. Son, respectivamente, el ligamento
meniscofemoral anterior o de Humphrey y el ligamento meniscofemoral posterior o de
Wrisberg.
Los meniscos se relacionan con la rótula a través de las aletas meniscorrotulianas, que
se extienden desde los bordes de la rótula a las caras laterales de los meniscos,
traccionando de éstos durante los movimientos de la rótula.
FUNCIONES DE LOS MENISCOS
Varias son las funciones que se atribuyen a los meniscos:
1) Aumentar la congruencia articular: dotan a las mesetas tibiales de una mayor
concavidad, incrementando el contacto entre las superficies articulares.
2) Proporcionar estabilidad a la articulación en todos sus movimientos, preservándola de
los micromovimientos peligrosos ya que sirven de freno al deslizamiento horizontal entre
la tibia y el fémur. Sin embargo, se ha RE Posición neutra RI Instituto Andaluz del Deporte
24 comprobado que su ausencia no tiene repercusión sobre la estabilidad, salvo que se
asocie a lesión del ligamento cruzado anterior (LCA).
3) Absorber y distribuir la carga. Transmiten y disipan la energía, disminuyendo el estrés
sobre el cartílago articular y el hueso subcondral. La protección que proporcionan ante la
continua agresión del cóndilo femoral se considera fundamental en la prevención de la
artrosis.
4) Lubricación articular. Distribuyen el líquido sinovial e interactúan con éste para producir
un coeficiente de fricción adecuado, facilitando el deslizamiento de las superficies
articulares.
5) Colaboran discretamente en la sensibilidad propioceptiva de la rodilla
MECANISMO LESIONAL
Dos son los mecanismos principales de producción de la lesión meniscal:
Ø La extensión brusca de la rodilla partiendo de una posición de flexión y rotación, con el
pie apoyado. Al rotar la rodilla flexionada el menisco es desplazado hacia atrás y hacia el
centro de la articulación; si a estos parámetros unimos una brusca extensión, el
fibrocartílago queda atrapado entre la tibia y los cóndilos femorales y acontece el desgarro
meniscal, el cual estará localizado en el menisco interno en caso de rotación externa, y
viceversa.
Ø Valgo forzado, es decir, la combinación de la flexión y la rotación externa de la tibia
abre el compartimento interno y posibilita la entrada del menisco interno. Al disminuir el
grado de flexión se produce el aplastamiento del menisco. (figura 3)
Por otro lado, el mecanismo de compresión por sí solo no es capaz de lesionar el
menisco. Siempre lleva asociada una tracción. Cuando los meniscos no son capaces de
seguir el movimiento de los cóndilos quedan atrapados y acontece el desgarro. Así ocurre
en una hiperflexión forzada, en la que se lesionan los cuernos posteriores. Cuando el
movimiento lesivo es la hiperextensión –típica patada al aire del futbolista o pateador- son
los cuernos anteriores los que se ven afectados.
TIPOS DE LESION
Las lesiones meniscales, según su etiología, pueden agruparse en traumáticas y
degenerativas. Las primeras ocurren en adultos jóvenes, deportistas, y se asocian
frecuentemente a patología femoro-patelar o lesiones del LCA. Las segundas se
caracterizan por sobrecargas añadidas a procesos degenerativos propios de sujetos en
edad adulta, y suelen acompañarse de dolores compartimentales. Dicha degeneración
afecta a toda la articulación (osteoartrosis) o únicamente al tejido meniscal,
desproveyéndolo de sus propiedades elásticas y de resistencia.
En el ámbito deportivo predominan las lesiones de origen traumático, y a ellas
dedicaremos gran parte de nuestras reflexiones. El mecanismo suele ser indirecto, a
Deficiencia constitucional Laxitud capsular y ligamentosa Insuficiencia muscular Hábitos
posturales predisponentes Obesidad Defectos en la alineación (varo o valgo excesivos,
recurvatum) Antecedentes meniscales: quistes, meniscos discoides, etc Deportes
violentos Instituto Andaluz del Deporte 26 causa de un movimiento forzado y brusco. En
pacientes con antecedentes lesionales en la rodilla o procesos degenerativos en curso, la
fuerza lesional no es importante. Así, en períodos de edad avanzada un movimiento
relativamente trivial puede lesionar un menisco degenerado. Asimismo, ciertas posturas
forzadas prolongadas pueden dañar los meniscos.
El menisco interno se lesiona con más frecuencia que el externo, aunque la relación varía
de unos autores a otros. Esto parece deberse a la mayor movilidad que posee el menisco
externo. Por otro lado, los traumatismos directos suelen producirse sobre la cara externa
de la rodilla, viéndose afectado el compartimento interno. Muchas son las clasificaciones
propuestas en la literatura. Desde el punto de vista anatomo-patológico, distinguiremos la
lesión funcional de la lesión anatómica (con daño estructural).
a) LESION ANATOMICA
Desgarros verticales (completos e incompletos)
..horizontales
..longitudinales
- en asa de cubo
- del segmento anterior
- del segmento posterior
..transversales
- simples
- oblicuos
..longitudinales y transversales combinadas
..pediculado
Desinserción periférica
Degeneración quística
Anomalía congénita (menisco discoideo)
Cada una de estas lesiones pueden aparecer de forma aislada, pero con frecuencia
se asocian a la afectación de ligamentos colaterales, cápsula o ligamentos cruzados.
b) LESION FUNCIONAL También conocida como “meniscitis traumática”, “esguince
meniscal” o “distensión meniscal”. La lesión funcional tiene lugar en la zona del
paramenisco, formada por tejido conjuntivo fibroso ricamente vascularizado e
inervado. Consiste en una distorsión o pinzamiento de esta zona, sin que llegue a
producirse la rotura del fibrocartílago. Origina una reacción inflamatoria local en el
punto que sufrió la tracción que puede acompañarse o no de una respuesta
regional de carácter sinovial, con derrame de intensidad variable que aparece al
cabo de una horas. El sujeto tiene la sensación de que “algo ha pasado en su
rodilla” tras experimentar un leve chasquido o fallo articular. Este mismo cuadro es
compatible con una rotura meniscal con escasa sintomatología.
Los principales signos físicos que pueden hallarse son:
1) Derrame articular o hidrartrosis. Los desgarros meniscales suelen acompañarse de
derrame sinovial como consecuencia de la afectación de la membrana sinovial, de la
cápsula, de los ligamentos o del tercio periférico. El sangrado masivo (hemartrosis)
inmediato indica grave afectación ósea, ligamentosa y/o capsular, y difiere de la
hidrartrosis en la intensidad del dolor que genera y en la rapidez de su instauración. La
segunda no aparece hasta algunas horas después y constituye un proceso menos
doloroso. Todo derrame implica una distensión articular que lleva consigo una inhibición
refleja de la musculatura periarticular, incompatible con actividades funcionales. El vasto
interno se muestra particularmente sensible a este fenómeno, afectándose con pequeñas
cantidades de líquido intraarticular.
2) Dolor. Su aparición es intensa e insidiosa, aunque suele atenuarse y quedar reducido a
una molestia difusa; generalmente se acompaña de impotencia funcional. No todos los
meniscos desgarrados provocan dolor y tumefacción, ya que el menisco en sí posee una
pobre información nociceptiva, al contrario que la cápsula y la membrana sinovial. Este
dolor puede tener una localización puntual en la interlínea articular y estar asociado a
desgarro de la inserción meniscal periférica. Las zonas más comunes son las inserciones
periféricas anterior y posterior y el punto medio de la interlínea. A veces la localización
varia con el grado de flexión y la sensasión dolorosa se proyecta horizontalmente; es lo
que se conoce como signo de desplazamiento doloroso de Steinmann.
3) Bloqueo articular. Ante un desgarro meniscal, el fragmento desgarrado bloquea
mecánicamente el movimiento normal e impide el desplazamiento de las superficies
articulares. Existe una limitación elástica a la extensión de rodilla, detenida en unos 130-
160º de flexión; en estos casos, y acompañando al bloqueo, puede existir cierta sensación
de inestabilidad o de claudicación debida a la inhibición muscular
En ocasiones, la limitación de la movilidad obedece simplemente a la instauración de un
reflejo antiálgico ocasionado por la irritación del paramenisco.
PRUEBAS ESPECIALES
Pretenden provocar un pinzamiento entre el cóndilo femoral y la meseta tibial que
ocasione dolor o resalte.
- Prueba de Mc Murray. Fue desarrollada originalmente para detectar desgarros
en la porción posterior de los meniscos; un pequeño fragmento pedunculado o una
lesión longitudinal pequeña en asa de cubo suelen pasar desapercibidos ante esta
prueba. Consiste en buscar un chasquido o resalte articular audible o palpable, en
ocasiones doloroso. El enfermo se sitúa en decúbito supino con las rodillas
extendidas en posición neutra. El examinador coloca los dedos en la interlínea
articular medial y el pulgar y la eminencia tenar en la interlínea articular lateral. La
otra mano sujeta el talón, realiza flexión de rodilla y rotación de la misma en
ambos sentidos, asociando abducción de la pierna a la rotación externa (valgo
forzado) y aducción a la rotación interna (varo forzado). El desgarro posterior se
manifiesta por un chasquido o resalte articular doloroso en la cara posterointerna o
posteroexterna de la interlínea, entre la flexión completa y los 90º. Este mismo test
se efectúa con un menor grado de flexión para valorar la porción anterior y media
de los meniscos. El chasquido aparecerá siempre en el mismo ángulo de flexión,
momento en que el cóndilo contacta con el desgarro.
- Mc Murray con carga de peso. Para el menisco interno el sujeto se sitúa en
bipedestación con la rodilla en flexión y rotación externa, en sentido valguizante;
en esta posición trata de reproducir el mecanismo del accidente. El menisco
externo es evaluado con rotación interna y varo de rodilla. Esta prueba provoca,
como la anterior, la aparición del chasquido y, sobre todo, de dolor.
- Prueba de compresión (y distracción) de Apley. Combina la rotación con la
presión sobre los meniscos. El paciente se sitúa en decúbito prono, con la rodilla
flexionada a 90º. Desde el pie se empuja la pierna comprimiendo los meniscos
entre tibia y fémur; manteniendo esta presión se asocia la rotación en ambos
sentidos. Esta maniobra debe realizarse con diversos grados de flexión de rodilla.
La afectación del compartimento externo es detectada mediante la rotación
interna, y viceversa. (figura 4)
TRATAMIENTO
El enfoque terapéutico difiere según el alcance de la lesión. Tomaremos como referencia
la clasificación anatomo-patológica expuesta anteriormente y de la cual depende
igualmente la actuación fisioterápica.
A. TRATAMIENTO LESION FUNCIONAL En la práctica, este tipo de cuadros suelen
resolverse en espacio de 2 ó 3 días asociando reposo deportivo a sesiones de criomasaje
en la zona de dolor, varias veces al día. Las típicas medidas de elevación y compresión
representan un complemento para las dos anteriores. El reposo debe limitarse a las
regiones directamente afectadas, manteniendo el trabajo del resto de regiones y
articulaciones, con objeto de minimizar el menoscabo sobre la condición física del sujeto.
B. TRATAMIENTO LESION ANATOMICA En la actualidad existen tres opciones
terapéuticas ante una rotura meniscal diagnosticada:
- Tratamiento conservador
- Tratamiento quirúrgico:
Reparación o sutura meniscal
Meniscectomía total o parcial
Sea cual fuere la gravedad de la lesión y la decisión terapéutica, esta última debe
ponerse en práctica cuanto antes. El retraso en la instauración del tratamiento puede
originar laxitud ligamentosa y degeneración del cartílago articular, además de favorecer la
aparición de lesiones secundarias sobre ligamentos, cápsula, membrana sinovial y
menisco contrario. En los casos resueltos tardíamente suele perdurar una clínica
atribuible a la sinovitis existente, a la atrofia muscular o a la inestabilidad ligamentaria.
TRATAMIENTO CONSERVADOR
Se admite que las lesiones meniscales no reparadas desarrollan procesos artrósicos
locales que a medio plazo están también presentes tras una meniscectomía. Por ello, el
tratamiento inicial de una lesión meniscal no desplazada debe ser conservador. Los
principales objetivos que persigue dicho tratamiento son: evitar la progresión de la atrofia
muscular, reducir la reacción inflamatoria, aliviar el dolor y potenciar la musculatura
periarticular.
La tendencia actual es la no inmovilización de la rodilla. Por tanto, durante las primeras
semanas deben evitarse movimientos y posiciones ofensivas para la rodilla y practicarse
ejercicios destinados al fortalecimiento. En estos ejercicios predomina inicialmente la
cadena cinética abierta, para, progresivamente, y según la tolerancia del sujeto, ir
añadiendo el apoyo –unipodal o bipodal-, otorgandoles así un carácter más fisiológico. El
regreso a la actividad deportiva será gradual.
A lo largo del tratamiento deberá atenderse a la reacción sinovial. Si se produjera un
derrame, se aspirará y se aplicará un vendaje compresivo combinado con crioterapia local
cada hora y media o dos horas durante 48-72 horas. Pese a todo, pueden aparecer
episodios recurrentes que agraven el cuadro y hagan inevitable la intervención quirúrgica
La vía conservadora conlleva un período de inactividad más prolongado y no aporta
suficientes garantías de curación y/o funcionalidad, lo que explica su infrecuente
indicación en deportistas jóvenes o sobre los que existe un cierto nivel de exigencia. Esta
postura sí encuentra sentido en adultos de hábitos sedentarios.
TRATAMIENTO POST-QUIRURGICO La elevada incidencia de las meniscopatías junto
a la frecuente indicación de cirugía como acto terapéutico, ha contribuido a que la
artroscopia sea considerada como el procedimiento quirúrgico ortopédico más frecuente.
La tendencia actual es salvar tanto tejido meniscal como sea posible. Lo ideal, pues, es
suturar el menisco y conservarlo íntegro, evitando con ello el desarrollo de procesos
artrósicos. La decisión suele ser intraoperatoria.
A pesar de ser descrita en 1885, la sutura meniscal no se desarrolla hasta la década de
los ochenta. Constituye una indicación de las lesiones periféricas únicas, poco extensas
(< 20 mm), accesibles y cercanas a la inserción capsular (< 5 mm). Es una técnica
compleja y exigente, que se acompaña de un período de inmovilización y descarga
caracterizado por la retracción y atrofia de tejidos blandos y una inevitable alteración de la
sensibilidad propioceptiva.
La actitud del fisioterapeuta ante una sutura meniscal es más conservadora, puesto que
es necesario respetar el tiempo de cicatrización. El primer objetivo es minimizar los
efectos adversos de la inmovilización. Se han propuesto multitud de protocolos. La gran
mayoría coinciden en limitar la carga al mero apoyo del pie durante las 3 ó 4 primeras
semanas. No obstante, el trabajo de articulaciones y grupos musculares no afectos por la
inmovilización, así como el mantenimiento de la capacidad cardiovascular son pautas
obligadas. El cuádriceps es fundamental debido al papel tan importante que juega en la
estabilidad de la rodilla y del miembro inferior en general; en la fase de descarga se
efectúa un trabajo indirecto mediante técnicas de irradiación. Durante los 4-6 primeros
meses la flexión no debe superar los 125º, y las actividades que implican saltos o giros se
posponen hasta el 4º-5º mes.
La extirpación meniscal total o parcial está indicada en caso de pérdida funcional y
aparición de dolor, bloqueo o derrame recurrente. El fibrocartílago extraído será
reemplazado por una delgada estructura lisa relativamente inelástica, de aspecto
semejante al menisco original, aunque compuesta por tejido colágeno denso.
FISIOTERAPIA TRAS MENISCECTOMIA
Previo a la intervención quirúrgica el paciente deberá ser informado de las características
del proceso rehabilitador y ser instruido en la ejecución de las contracciones estáticas de
cuádriceps, a fin de realizarlas cuanto antes tras la cirugía.
Los principales objetivos a cumplir son:
- Controlar el dolor y la inflamación
- Restablecer la movilidad articular y la flexibilidad
- Recuperar la fuerza y la resistencia muscular
- Reeducar la marcha
- Restablecer la sensibilidad propioceptiva
- Mantener la capacidad cardiovascular o funcional.
- Readaptación al esfuerzo y actividad deportiva específica
1) Controlar el dolor y la inflamación. Generalmente encontramos al paciente con un
vendaje compresivo; aproximadamente a la semana se retiran los puntos. El dolor
postoperatorio no es frecuente, a no ser por un torniquete aplicado durante mucho tiempo
o por la compresión prolongada de los separadores. Pueden aparecer molestias
transitorias en la región operatoria durante la contracción muscular por la tracción que
ésta ejerce sobre la incisión. En caso de existir dolor está indicado el uso de corrientes de
baja frecuencia (diadinámicas, TENS). Se busca una analgesia eficaz que permita
progresar en el tratamiento.
Con fines analgésicos y antiinflamatorios se empleará la crioterapia varias veces al día. La
pauta a seguir comprende aplicaciones de hielo o cold-packs cada hora y media o dos
horas por espacio de 15 a 20 minutos. Una vez que se ha retirado el vendaje compresivo,
puede efectuarse un criomasaje. A medida que avanza el tratamiento esta aplicación se
reserva para el final de cada sesión.
Al ir desapareciendo el edema, pueden aplicarse ultrasonidos en modo continuo sobre los
puntos dolorosos, con una frecuencia de 1 Mhz y una densidad de potencia de 1-1´5
W/cm2 durante períodos de tiempo próximos a los 7 minutos.
Resulta conveniente el mantenimiento de una postura antiedema, con movilizaciones
activas repetidas de tobillo y pie para favorecer el drenaje venoso, previniendo a su vez el
desarrollo de fenómenos trombóticos. Todo ello se completa con masaje de drenaje
circulatorio en todo el miembro.
La presencia de una hidrartrosis masiva post-operatoria debe comunicarse al médico
especialista, quien determinará si procede su evacuación. De realizarse, deberá ir
acompañada, como ya se ha dicho, de la aplicación de un vendaje compresivo y
crioterapia local.
2) Restablecer la movilidad articular y la flexibilidad. La recuperación de la amplitud
articular no suele plantear problemas en las meniscectomías. De cualquier modo, siempre
es importante mantener la movilidad rotuliana, así como asociar traslación posterior
pasiva de la tibia en las movilizaciones hacia la flexión, y viceversa. El empleo de brazos
de palanca cortos incrementa la eficacia de la movilización y genera menos tensiones
sobre los elementos articulares, lo que se traduce en una menor irritación sinovial.
Durante los primeros días se evitarán las flexiones excesivas, la posición de cuclillas y las
escaleras, así como la bipedestación prolongada.
Pueden emplearse todo tipo de técnicas dirigidas a aumentar el recorrido articular:
movilizaciones asistidas, automovilizaciones, poleoterapia, hidrocinesiterapia, posturas
osteo-articulares, ... con la precaución de no forzar en exceso la articulación e irritar la
sinovial.
Los ejercicios de flexibilidad representan un complemento ideal para todo procedimiento
que pretenda aumentar la amplitud articular, además de prevenir los de sobrecarga en los
músculos más solicitados, sobre todo cuádriceps, flexores de rodilla y tríceps sural.
Incluyen técnicas de estiramiento estáticas y mantenidas a realizar varias veces al día, en
tres series de cinco repeticiones de diez segundos de duración. Posteriormente el
mantenimiento de una buena flexibilidad va a permitir al atleta competir en condiciones
óptimas y reducir el riesgo de lesión.
3) Recuperar la fuerza y la resistencia muscular. Resulta difícil el desarrollo selectivo
de la fuerza y de la resistencia, pues se producen simultáneamente. La primera aumenta
proporcionalmente a la cantidad de carga aplicada, mientras que la segunda se desarrolla
incrementando el número de series o de repeticiones, es decir, el tiempo de
entrenamiento. Se realizan básicamente tres tipos de ejercicio: isométrico, isotónico e
isocinético.
Se iniciará la potenciación isométrica e isotónica de los principales grupos musculares del
miembro inferior, en especial cuádriceps, isquiotibiales y tríceps sural. El inconveniente de
las contracciones estáticas es que el incremento de fuerza se produce específicamente en
el ángulo de la articulación en el que se produce el trabajo, sin beneficios sobre la
resistencia muscular. Sin embargo, son tremendamente útiles para evitar la progresión de
la atrofia en períodos de inmovilización o durante los cuales no pueden aplicarse cargas o
movilizar las articulaciones.
En caso de atrofia evidente, puede complementarse la potenciación activa con la
electroestimulación, mediante corrientes de trenes de impulsos rectangulares de 20
minutos de duración. El trabajo de fuerza incluye ejercicios isotónicos concéntricos y
excéntricos. Estos últimos son imprescindibles en todo programa de reeducación, pues la
mayoría de actividades funcionales requieren contracciones excéntricas. Además, su
desarrollo es crucial para la deceleración del movimiento, hasta tal punto que se habla de
otorgarle mayor importancia que al trabajo concéntrico.
Pueden emplearse gomas elásticas de diferente resistencia, elevaciones de la pierna
extendida en los planos sagital y frontal (con o sin carga), ejercicios en cadena cinética
cerrada o la propia resistencia manual. - Trabajo con cargas directas. Tradicionalmente se
han venido utilizando los programas de ejercicio contra resistencia progresiva (método
Delorme o Dotte) como método de potenciación muscular, debido principalmente a su
sencillez y asequibilidad. Berger emplea una carga tal que permite entre 6 y 8 RM en cada
una de las tres series, las cuales están separadas por períodos de recuperación de 60 a
90 segundos. Cualquier exceso (más de tres series de 8 RM) o defecto (menos de tres
series de 6 RM) hace necesario un reajuste de la carga. Sea cual fuere el método
empleado, éste debe adaptarse a la respuesta del paciente. Finalmente, los aparatos
isocinéticos ofrecen un medio objetivo para cuantificar los niveles de fuerza muscular a la
vez que constituyen una útil herramienta de diagnóstico. Su principal virtud es la máxima
tensión que proporcionan durante todo el rango articular, a una velocidad angular
constante y una resistencia ajustable, obteniendo unas condiciones “funcionales” reales.
En los ejercicios isotónicos, en cambio, la solicitación es máxima en los sectores
angulares donde el músculo presenta mayor debilidad, es decir, al principio y al final del
movimiento. Una vez que el atleta posee un buen control neuromuscular, pueden ir
introduciéndose ejercicios de intensidad y dificultad de ejecución crecientes, como el trote,
la carrera continua, los saltos, la comba, lanzamientos, pliométricos y, en definitiva, todos
aquellos ejercicios que produzcan una tensión funcional exenta de riesgos y semejante a
la que aparece en la práctica deportiva. Igualmente útiles son Instituto Andaluz del
Deporte 36 los patrones de FNP resistidos y las diversas técnicas específicas, lo que
facilita la respuesta del sistema neuromuscular y la potenciación en general. Seguimos
defendiendo el trabajo de articulaciones y segmentos corporales no afectos, pues permite
mantener la condición muscular de los mismos de cara al reinicio de la actividad
deportiva. La intensidad es la propia de la condición física del sujeto y no de su patología.
4) Reeducar la marcha. Normalmente la deambulación está permitida a las 24-48 horas
de la intervención, auxiliada con bastones. La progresión lógica comprende la marcha con
dos bastones, con uno y marcha libre. Resulta ideal iniciar esta reeducación en el agua,
merced a la desgravitación que proporciona y donde también pueden realizarse ejercicios
de tonificación muscular. En ocasiones, no se han retirado aún los puntos cuando el
sujeto ya realiza una marcha normal, con lo que puede precindirse del medio acuático.
Bajo ningún concepto se permitirá la instauración de patrones anormales de marcha,
debidos a actitudes antiálgicas o de sobreprotección adoptadas por el paciente que
influyan negativamente sobre la mecánica corporal.
5) Restablecer la sensibilidad propioceptiva, la cual se ve alterada no sólo por el
traumatismo, sino también por el acto quirúrgico. Se pretende devolver al sujeto los
esquemas normales de postura y movimiento, creando respuestas automatizadas de
protección. El trabajo propioceptivo debe iniciarse el primer día, proporcionando el mayor
número de estímulos al organismo. Para ello se introducen ejercicios de equilibrio y
coordinación en diversas posiciones, en cadena cinética abierta o cerrada –los ejercicios
en cadena cinética cerrada se introducen cuando es autorizado el apoyo total-, sobre
planos estables o inestables, en superficies irregulares. En la fase última se introducen
ejercicios pliométricos de dificultad creciente en los que, por definición, la contracción
excéntrica se convierte en una rápida contracción concéntrica. El acondicionamiento
muscular se ve ampliamente beneficiado por todo este trabajo.
6) Mantener la capacidad cardiovascular o funcional. El entrenamiento de la
resistencia cardiovascular debe comenzar en cuanto sea posible llevar a cabo una
actividad que la desarrolle. Esto se logra mediante la realización de ejercicios de carácter
aeróbico, como lo puedan ser la marcha, la natación, el ciclismo y la carrera. En las
primeras jornadas, cuando la carrera representa aún un esfuerzo demasiado violento, es
conveniente la puesta en práctica de un programa de marchas. El ciclismo en ruta irá
igualmente precedido de varias sesiones de bicicleta estática. En cuanto a la natación,
parece ser la braza el único estilo que en ocasiones causa o reaviva el dolor, sobre todo
en las meniscopatías internas. El entrenamiento en circuito es igualmente válido, siempre
y cuando los ejercicios sean adaptados al estado y respuesta del lesionado. Si existiera
algún impedimento en los miembros inferiores, puede recurrirse al pedaleo de miembros
superiores; varios estudios han demostrado que la efectividad de este entrenamiento
sobre la capacidad funcional es menor que en cualquiera de las propuestas anteriores.
7) Readaptación al esfuerzo y actividad deportiva específica. El retorno a la actividad
deportiva debe ser progresivo tanto desde el punto de vista cardiocirculatorio como
locomotor. Para ello son necesarias una flexibilidad normal, Fisioterapia del deporte 37
una fuerza y resistencia muy desarrolladas, ausencia de dolor y una excelente forma
cardiovascular; el dolor, la cojera o la aprensión desaconsejan la vuelta. Como norma, el
deportista puede incorporarse a la competición cuando el miembro inferior afecto se
encuentra en unas condiciones iguales o similares al contralateral. La intensidad, duración
y cantidad de los ejercicios será creciente. Son ejercicios propios de la modalidad
deportiva que el deportista realiza como último paso hacia su reincorporación. Por
supuesto, irán precedidos de un calentamiento general y específico y ejercicios de
flexibilidad. En esta fase resulta fundamental la colaboración estrecha entre el
fisioterapeuta y el preparador físico, cuyas funciones llegan frecuentemente a solaparse.
Anexos
Figura 1
Figura 2
Figura 3
Figura 4
Figura 5
BIBLIOGRAFIA
1. Mangine, R.E. (1991). “Fisioterapia de la rodilla”. Barcelona: Editorial Jims.
2. Smillie, I.S. (1980). “Traumatismos de la articulación de la rodilla”. Barcelona: Editorial Jims.
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