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Ter

El autor comparte su experiencia al escribir 'Ter', una historia que surgió de la idea de imaginar a los personajes Prem y Pat teniendo un hijo, Pammy. La narrativa se centra en las vivencias de Pammy, quien enfrenta situaciones cotidianas con un toque de humor y calidez, sin conflictos intensos. A lo largo del relato, se exploran las relaciones familiares y la dinámica entre Pammy y sus dos madres, Pat y Prem.

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Ter

El autor comparte su experiencia al escribir 'Ter', una historia que surgió de la idea de imaginar a los personajes Prem y Pat teniendo un hijo, Pammy. La narrativa se centra en las vivencias de Pammy, quien enfrenta situaciones cotidianas con un toque de humor y calidez, sin conflictos intensos. A lo largo del relato, se exploran las relaciones familiares y la dinámica entre Pammy y sus dos madres, Pat y Prem.

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Ter

Ter…

Palabras del autor

Sinceramente, ni siquiera sé por dónde empezar. En realidad, nunca imaginé que


escribiría esta obra. Desde un principio, no formaba parte de ninguno de mis planes.
La idea surgió por casualidad, mientras trabajaba en el capítulo especial del quinto
aniversario de Poisonous Love, pero no pude terminarlo.

Cuando lo retomé, de pronto me asaltó un pensamiento:

“¿Y si nuestro doctor Prem y Pat tuvieran un hijo? ¿Cómo sería todo entonces?”

Y ese fue el punto de partida de la historia de Pammy, que hoy deseo compartir con
ustedes.

Desde el comienzo, decidí que “Ter”… sería un relato ligero y cálido, sin
dramatismos ni conflictos intensos.

Cuando empecé a publicar la historia de Pammy en ReadAWrite, mi intención era


solo escribir un relato corto de unas diez partes: dulce, sencillo y sin mayores
pretensiones, porque realmente no tenía una trama definida. Escribía dejándome
llevar por la emoción del momento, sin grandes expectativas […].

Nota: la palabra “Ter” en tailandes significa “Ella” en un sentido poético.


“Ella”

Desde el primer encuentro, yo ya había…

¡Chas!

Sí, aquello fue una bofetada de verdad. Y dolió como los mil demonios.

—¡Ah! ¿Esa era una mano o una rama de durián? ¡Qué dolor tan infernal!

La persona recién abofeteada recuperó la lucidez al instante, mientras que quien


había lanzado el golpe aún no conseguía calmar su ira.

Y, siendo sinceros, tampoco se le podía culpar:

la joven frente a ella había tenido el atrevimiento de tocarle el trasero.

—¡Pervertida! —espetó con furia.

—Tía, mida sus palabras. ¿Qué hice yo para que me llame pervertida?

—Tú… acabas de tocarme el…

—¡Por todos los cielos! ¿Yo tocarle el trasero a usted? El culpable fue aquel tipo de
hace un momento. No me interesan los traseros viejos, ¿sabes? Me gustan los firmes,
suaves, sin flacidez… como el suyo, por ejemplo.

—¡Malcriada…!

La “malcriada” se marchó refunfuñando, dejando a la mujer —recién llamada “tía”—


con la rabia hirviendo por dentro.

Maldita sea, qué noche más desafortunada. Ayudar a alguien solo me trae problemas.
Quería gritar, soltarlo todo, pero el enojo se le quedó atorado en el pecho, como un
rugido contenido

—¡Degenerada! ¡Sin educación! ¡Pervertida!

Las palabras llenas de rabia probablemente ni siquiera alcanzaron los oídos de


aquella joven, que en ese momento avanzaba con paso firme hacia el restaurante, el
ceño fruncido y la expresión irritada.
Al llegar a la mesa donde su grupo de amigos charlaba animadamente, su enojo no
hizo más que crecer: ahora tenía que pensar cómo explicar la marca roja que lucía
en la mejilla.

—Pammy, mañana tienes que volver a casa —dijo una de ellas con tono de
advertencia.

—¿Y qué? —preguntó Pammy, desconcertada.

—Por esa marca en tu cara. Si mommy y mama la ven…

De inmediato, todas las miradas se clavaron en su rostro hermoso, observando con


preocupación la mancha rojiza en su mejilla.

Todas sabían perfectamente cuánto la sobreprotegían mami y mamá.

—Estoy perdida… esto es mi fin… —murmuró Pammy con voz apagada.

—Totalmente. Ya estás en problemas, Pammy. ¿Cómo piensas explicarlo?

—Con mami Pat quizá te vaya mejor, pero Mamá Prem… —solo de imaginarlo, un
escalofrío le recorrió la espalda.

Sintió que las lágrimas estaban a punto de brotar.

Sin embargo, no podía quedarse sin ir a casa.

No tenía escapatoria…

Oh…Pammy estas en problemas.


índice

PALABRAS DEL AUTOR ............................................................................................................ 2


CAPÍTULO 1 ......................................................................................................................... 6
CAPÍTULO 2 ....................................................................................................................... 15
CAPÍTULO 3 ....................................................................................................................... 28
CAPÍTULO 4 ....................................................................................................................... 37
CAPÍTULO 5 ....................................................................................................................... 47
CAPÍTULO 6 ....................................................................................................................... 57
CAPÍTULO 7 ....................................................................................................................... 67
CAPÍTULO 8 ....................................................................................................................... 82
CAPÍTULO 9 ....................................................................................................................... 92
CAPÍTULO 10 ................................................................................................................... 100
CAPÍTULO 11 ................................................................................................................... 111
CAPÍTULO 12 ................................................................................................................... 120
CAPÍTULO 13 ................................................................................................................... 129
CAPÍTULO 14 ................................................................................................................... 140
CAPÍTULO 15 ................................................................................................................... 150
CAPÍTULO 16 ................................................................................................................... 161
CAPÍTULO 17 ................................................................................................................... 173
CAPÍTULO 18 ................................................................................................................... 184
CAPÍTULO 19 ................................................................................................................... 195
EPÍLOGO ....................................................................................................................... 200
ESPECIAL 1 ...................................................................................................................... 203
ESPECIAL 2 ...................................................................................................................... 213
ESPECIAL 3 ...................................................................................................................... 221
Capítulo 1

El imponente edificio frente a ella obligó a la joven, que acababa de caminar desde la
parada del autobús, a limpiarse el sudor de la frente con la mano. Tiró un poco de su
camiseta, separándola del cuerpo, y la agitó con la esperanza de que alguna brisa pasajera
aliviara el calor sofocante. Pero el mediodía tailandés no tenía piedad alguna: no había
forma de mantenerse seco bajo ese sol inclemente.

—No puede entrar aquí.

La muchacha se detuvo en seco al ser interceptada. Sabía que el guardia solo estaba
cumpliendo con su deber, pero en ese momento ella no tenía paciencia para cortesías.

—Trabajo en esta empresa —dijo con firmeza.

—No puede pasar. Usted luce muy sospechosa.

Las palabras del guardia del gran edificio la tomaron por sorpresa, y, pese al fastidio, no
pudo evitar soltar una risa breve. Siendo honesta, tal vez el hombre no estaba del todo
equivocado:

quizá sí parecía un poco sospechosa.

A fin de cuentas, ese día llevaba una camiseta negra, unos jeans rotos en las rodillas, una
gorra con visera, una mochila al hombro y un par de zapatillas deportivas.

Podría, si quisiera, reportar directamente a su superior y acusarlo de haber descuidado su


deber al permitir que una persona “sospechosa” se colara al edificio.

—Sé que está cumpliendo con su trabajo —dijo ella, exhalando con fastidio—, pero tengo
un calor insoportable. Solo quiero entrar un momento para refrescarme… déjeme pasar.

—Busque otro lugar para refrescarse. Esto no es un centro comercial para que entre quien
quiera —respondió el guardia, con voz firme y mirada severa.

Aquella reprimenda, lejos de incomodarla, hizo que la joven sonriera con una mezcla de
ironía y aprobación. Sí, el hombre hacía bien su trabajo. Pero el sol de ese mediodía parecía
querer abrasarle la piel; sentía cómo el calor le ardía en cada poro. Con un gesto rápido,
sacó de su cartera una tarjeta de identificación y se la tendió al guardia.

Él la tomó, bajó la vista para leerla… y quedó petrificado.

—¿Y bien? —preguntó ella, con una ceja alzada—. Ahora sí tengo derecho a entrar en este
gran edificio, ¿no?
—Adelante, por favor —respondió él de inmediato, enderezándose con torpeza.

Ella asintió con una sonrisa satisfecha.

—Hace bien su trabajo —dijo, antes de pasar junto a él—, pero la próxima vez, antes de
echar a alguien, sería prudente preguntar primero a qué viene o, al menos, hablarle con un
poco más de cortesía. No hay necesidad de juzgar a las personas solo por su apariencia.

El guardia solo pudo quedarse mirando fijamente su espalda mientras entraba al edificio,
con una expresión que él mismo no sabía cómo describir.

¿Quién hubiera imaginado que alguien vestida así llevara el mismo apellido que el dueño
de la empresa donde él trabajaba como guardia?

Si ella se hubiera quitado la gorra desde el principio, seguramente no la habría detenido.

—Oh ¡señorita Pammy!

—¿Cuántas veces le he dicho, secretaria, que no me llame más “señorita”? por favor. Si
sigues llamandome asi te llamaré entonces “tía secretaria” — Se burló y luevo envolvió sus
brazos alrededor de la mujer de casi cuarenta años.

De hecho, debería llamarla “tía” al ser alguien mayor, pero la propia secretaria le había
indicado que debía llamarla “hermana mayor”, para que ella siempre permaneciera como
una joven fresca y juvenil.

—Solo te llamaré Pammy, ¿de acuerdo? Ya eres bastante más grande, ¿verdad? Mira nada
más, cuanto más creces, más hermosa te ves. Hace nada eras aquella niña que tenía que
seguir por todas partes…

—En ese entonces, solo tenía cinco años, ¿verdad?

—Recuerdo tanto a la pequeña Pammy…Vamos, debes ir a ver a Khun Pat ya. Si llegas
tarde, seguro te regañarán.

—Ya estoy mentalmente preparada para que me regañen. Debería entrar primero, ¿verdad?

Tan pronto como se cerró la gran puerta, entró la hermosa hija del propietario de aquella
empresa. Antes, cuando Pammy era pequeña, Pat solía traerla a la oficina, combinando
trabajo y cuidado maternal. Y de repente, ya estaba cerca de cumplir veinte años. El tiempo
había pasado volando. El rostro sereno de la mujer de cuarenta y seis años hizo que la joven
caminara más despacio, hasta que, de pronto, aceleró el paso y se lanzó a los brazos de la
mujer que se levantaba de su silla.

Para ser honestos, Pammy está muy apegada a sus dos madres. Incluso si sus amigos se
burlan de que se aferra demasiado a ellas como una niña pequeña que se niega a crecer, en
realidad, ella no esta triste por crecer; porque tener a dos madres tan maravillosas como
ellas es suficiente sin importar la edad que tenga.

— Echo de menos a mami.

Después de un fuerte abrazo, besó la mejilla de la persona que siempre la mimaba más. A
pesar de ser regañada a menudo por Mamá Prem, Mami Pat siempre tiene una manera de
ayudarla a escapar.

Como cada vez que Mamá Prem se enfada hasta que se rinde y suspira, diciendo que
Pammy es una copia de Mami Pat.

— Recuerda mirar hacia atrás, ¿cuánto tiempo ha pasado desde que llegaste a casa?

—Vamos, Mami, no te enojes más. Tengo mucho que estudiar, y además debo hacer
trabajo en grupo con mis amigos…

Ella escondía dos dedos cruzados detrás de la espalda. No era mentira: realmente estaba
estudiando y haciendo trabajo en grupo. Simplemente que no contaba toda la verdad de por
qué últimamente iba tan poco tiempo a casa.

—Hace un momento Mami habló con Mamá Prem. Ella llamó dos veces, ¿lo sabías?

Cuando su querida hija se separó de sus brazos, la mujer que había sido una actriz famosa
pero que ahora era directora del grupo Tharanisorn, observó con atención. En cuanto a la
ropa, hacía tiempo que había dejado de preocuparse, dejando esa labor a la doctora
Premsinee. Pero la marca roja en la mejilla izquierda de su hija…

—Mamá…

—¿Qué te pasó, Pam?

Aunque Mami Pat siempre era dulce con su hija, cuando había que protegerla no era
inferior a la doctora Premsinee; a veces incluso parecía más severa. La marca roja en la
mejilla hizo que sus cejas se fruncieran levemente.

—Mami, no me mires así…No lo hagas, no me mires así…

—Pam…
—Te lo contaré todo, pero primero ayúdame, ¿sí? —le pidió con voz mimosa,
acercándosele—. Pensé que con el maquillaje podría taparlo, pero parece que tus ojos lo
ven todo.

——¿Y en qué quieres que te ayude, mi querida hija?

—Solo mira Mamá, la marca roja en mi mejilla. Si Mamá Prem lo ve seguramente moriré
¿No es así?

—Sabes…- dijo Pat con dulzura.- Sé a quién ama más Mamá Prem en la familia. Sin
imoprtar lo estricta que sea Mamá.

—Lo sé. Pero cuando Mamá Prem se enoja da miedo… ¡Incluso a ti te echó del dormitorio
una vez! ¿Crees que yo sobreviviría?

—No te andes con rodeos. Dile a mamá ¿Qué es esta marca?

—Mamá siempre ve a través de mi.

—No puedes engañar a Mami, Pammy.

La que había sido una hermosa antagonista condujo suavemente a su hija hasta el sofá,
sentándola a su lado, lista para escuchar la historia de por qué tenía la marca en la mejilla.

Hmm… así que Pammy recibió una bofetada por un malentendido.

Hmm… ¿de verdad fue un malentendido?

—Sí, Mami, fue así —respondió Pammy.

—Entonces, la querida hija de Mami, ¿recuerdas quién te dio la bofetada?

La pregunta, acompañada de una sonrisa, hizo que Pammy frunciera levemente el ceño.
Luego, la suave mano de su madre tocó con delicadeza la marca en su mejilla.

—No lo recuerdo, Mami.

—¿De verdad no recuerdas quién te dio la bofetada?

—De verdad. Entonces… ¿cuándo iremos a ver a MamáPrem? La extraño mucho.

—¡Cambiando de tema tan rápido! Pero esta bien, solo antes de ver a Mamá Prem…¿no
vas a cambiarte los pantalones o los zapatos?
Miró hacia los vaqueros rotos y los zapato desgastados de su hija y solo pudo suspirar.
Después de todo, la dra. Premsinee ya la había regaño de nuevo, por consentir demasiado a
su hija dejando que Pammy se vistiera como ella quisiera.

—¡De ninguna manera! Mami tambien debe ser regañada por Mamá Prem junto con su
hija.

—Qué lista eres, hija. Nunca te pones del lado de Mami…” Aunque murmuraba con cierto
reproche, su mirada seguía llena de ternura mientras tomaba la mano de su hija, caminando
juntas hacia la mujer que ambas amaban por igual.

—Te quiero, Mami Pat. Pero…

—Pero quieres un poquito más a Mamá Prem…¿verdad? Cuando Mama te regañe, no


corras aquí pidiendo que Mami te salve, ¿eh?

La ex villana, hermosa en su tiempo, soltó una risa ante la adorable actitud mimosa de su
hija, luego la instó a subir al auto para llegar a tiempo a la cita con el doctor Premsinee.

—Mamá Prem me dijo que eligiera ese restaurante.

—¿Está dentro del centro comercial o fuera, Mami?

—Dentro del centro comercial. Mamá Prem también quiere pasar por la joyería de la tía
Ingfah.

—Sí, Mami.

Una vez elegido el destino, no tardó mucho en que la hermosa ex actriz llevara a su hija
hasta allí. Por supuesto, el restaurante elegido por Pammy tenía que ser japonés, pues era el
favorito tanto de Pammy como del doctor Premsinee.

Pero no habían pasado ni cinco minutos cuando Pat tuvo que volverse hacia su hija con una
mirada preocupada. La pequeña estaba mirando fijamente hacia una mesa lejana, con ojos
llenos de inquietud. Una mesa en la que una mujer hermosa estaba alimentando a un
hombre con sushi.

—Pam…

—Esperame un momento, Mami.

La hija solo dijo eso y luego se dirigió rápidamente hacia la mesa que había estado
observando. Mientras tanto, Mami Pat sacó inmediatamente su teléfono y llamó a la
ambulancia de emergencia.
—¡P’Prem! ¡Ven rápido a consolar a Pammy! —porque solo el doctor Premsinee podía
calmar, abrazar o apaciguar a su hija.

La radiante sonrisa de aquella pareja era como cuchillos clavándose directamente en su


corazón. Cuanto más miraba, más clara se hacía la verdad que debía enfrentar: ella nunca
había sido la verdadera elección de esa mujer.

La expresión de asombro en el rostro de la mujer al verla lo decía todo. No hacía falta


explicación. No hacían falta excusas basadas en el tiempo. Casi seis meses de conocerse y
de intentar entenderse, y todo terminaba así. Terminar de una manera que la hacía darse
cuenta de que nunca había sido una verdadera elección, solo un reemplazo de lo que alguna
vez se sintió orgullosa de ser.

Recordó aquellas palabras que alguna vez esta mujer le dijo “—¿Por qué no sabes vestirte
bien, Pam? ¿Qué pensarán los demás de mí al verte?”

Pero claro. Ese hombre tenía todo lo que ella deseaba. Y en cambio ella no tenía nada que
le resultara adecuado. ¿Acaso ser uno mismo era lo que había destruido ese amor?

—Pam…

—Solo necesito que me digas una frase, P’Jane. No hace falta que sea así.

La mirada sombría de la joven al dar la espalda y alejarse hizo que el corazón de Janejira
doliera profundamente. Había lastimado a Pam de una manera que quizá nunca sería
perdonada. Aquella niña, que la había seguido durante tres meses hasta que Jane se rindió y
permitió acercarse, hoy era empujada por Jane misma al abismo del dolor.

—Jane, ¿qué te pasa? —preguntó P’Pop.

—No pasa nada. Sigamos comiendo, P’Pop.

—Si algo te molesta, solo dime.

El hombre miró a su novia con ojos llenos de preocupación, luego echó un vistazo a la
joven que se alejaba, con una expresión de confusión. ¿Quién era esa chica y por qué era
tan importante para Naphak Tharanisorn? Pat acababa de abrazarla y sacarla del
restaurante. Afuera, otra mujer mayor tomó su lugar para guiar a la niña. Pero con solo una
mirada de aquella mujer hacia su mesa, él sintió algo extraño, una inquietud difusa que lo
obligó a preguntar a su novia, como si necesitara confirmar algo.

—¿Qué tanta relación tienes con esa niña?

—¡P’Pop! ¿Por qué preguntas eso? ¿No confías en mí?


—Lo siento. Te amo, Jane. Sigamos comiendo.

Traipop decidió dejar de lado aquellas dudas. Tal vez… solo era un asunto menor
relacionado con una niña.

Pat se sentó en silencio observando a su querida hija llorar desconsolada en los brazos del
doctor Premsinee durante más de dos horas. El dolor de su primer amor, esa primera
decepción, resultaba ser un sufrimiento que hacía que el corazón de la madre doliera el
doble de lo que ella había imaginado.

—Mami… gracias, Mami.

—Hmm… ¿De repente me das las gracias, mi niña llorona de Mamá?

—Gracias, Mami, por no dejar que me engañaran más… Porque si todo hubiera
continuado, el dolor y la tristeza se habrían multiplicado cien, mil veces. Solo seis meses y
ya duele tanto.

—Ven aquí con Mami.

Esta vez, fue el turno de Mami de abrir los brazos y abrazar a su hija. El doctor Premsinee
se sentó a su lado, sonriendo al ver a su pareja besar la frente de su hija, con una mirada
llena de ánimo. Hoy, su hija había aprendido lo que significa un corazón roto. Pero algún
día, ella confiaba en que Pammy volvería a encontrar la felicidad en el amor.

—Esta noche quiero dormir con Mamá Prem.

—¿Y Mami Pat?

—No me importa. Estoy con el corazón roto. Mamá Prem tiene que abrazarme fuerte…
Amo a Mamá Prem.

—Esta niña tan posesiva.

—Estoy triste, Mami, no me des golpecitos en la frente. ¡Mira Mamá Prem! ¡Mami Pat otra
vez me da golpecitos en la frente!
La antigua villana, aún hermosa, no pudo más que reír al ver a su hija aferrarse a Mamá
Prem de manera tan posesiva, igual que cuando era pequeña. La verdadera felicidad
familiar resultaba ser el mejor remedio para el corazón herido de Pammy.

Hoy, había aprendido a enfrentar la decepción.

Y algún día, Pammy aprendería lo que significa el amor verdadero.

—Pat.

—¿Pammy ya duerme, P’Prem? —Al ver a su pareja sentarse a su lado, extendió los brazos
para abrazar al querido doctor como siempre. Aunque ahora ambos tenían una hija de casi
veinte años, el amor entre ellas nunca se había desvanecido.

—Sí, duerme. Pobre niña…

—¿Qué pasa? ¿No fuiste tú la que decía: «Quiero que nuestra hija aprenda todo por sí
misma»? Pammy solo está con el corazón roto. Confío en que nuestra hija pronto volverá a
ser feliz.

—Yo solo…

—Para mí, tú y nuestra hija son todo mi mundo, P’Prem.

El doctor Premsinee miró a la mujer junto a ella con ojos llenos de amor, y en su interior
surgió un silencioso sentimiento de gratitud. Hasta ahora, esos ojos seguían siendo los
mismos.

—Gracias, amor.

—No necesitas darme las gracias. Solo quiero un dulce beso de mi doctor Premsinee.

—¿Ya grande y todavía pides un beso dulce?

—¿No lo sabes? Un beso es como un buen vino… cuanto más tiempo pasa, más intenso es
su sabor. —Pat miró el rostro de su amada, que conservaba intacta su dulzura a pesar del
tiempo. Aunque madre de una hija ya mayor, seguía cuidándose admirablemente. No había
un solo día en que Pat no se sintiera atraída y deseosa de estar cerca de ella.
Pero parece que ese beso dulce que mencionaba fue interrumpido por alguien a quien
ambos amaban más que nada. La puerta se abrió de golpe, y su hija entró, se coló entre
ellos y se acomodó en el regazo de Mamá Prem con un gesto posesivo.

—Otra vez, Mami. Siempre aprovechas para mostrar cariño a Mamá Prem.

—Esta niña… —Aunque el momento dulce fue interrumpido, ver a su hija acurrucarse con
Mamá le arrancó una sonrisa tierna.

—¿Ya tan grande y todavía te aferras a mamá?

—No importa cuánto crezca, siempre me aferraré a Mamá Prem… Me aferraré a Mamá
Prem y a Mami Pat hasta que sea vieja.

—Solo lo dices, pero luego, cuando tengas un novio, seguro te pegarás a él y nos dejarás a
Mami Pat y a Mamá Prem.

—El amor no es un postre, Mami. No se puede tener así de fácil… El amor no se consigue
tan fácilmente.

—Pammy de Mamá es tan linda y adorable, este dolor pasará pronto.

—Ya no quiero amar más. Si el amor significa lágrimas… entonces no quiero volver a
sentir tristeza.
Capítulo 2

—No puedes quedarte aquí con esa cara tan triste. Vas a arruinar la imagen del grupo.

La voz resonó antes de que su dueño apareciera, haciendo que la chica sentada frente al
edificio de la facultad soltara un suspiro. Había intentado actuar con normalidad, pero era
evidente que no podía escapar del ojo agudo de su mejor amigo, especialmente del chico
que acababa de dejarse caer a su lado.

—¿Nosotros tenemos imagen?

—Por supuesto que sí. Ricos, guapos, generosos… ¿a quién no le gustaríamos? No pongas
esa cara tan trágica, Pammy.

—Loetchai…

—¡Ay, no vuelvas a llamarme así, amiga malvada! ¡Te dije que me llamaras Shasha! —
exclamó él, abriendo los ojos con fingida indignación mientras veía cómo la chica esbozaba
una leve sonrisa otra vez. ¿Quién hubiera pensado que una chica tan bonita como Pammy
acabara de ser dejada? Al principio pensó que estaba bromeando, pero esa mirada
melancólica y ese rostro sombrío no podían fingirse.

Pammy, la reina del grupo, acababa de ser dejada… y justo delante de todos. Ni siquiera
estaba segura de si, sin querer, se había convertido en la tercera persona en medio de aquel
enredo.

—Voy a seguir llamándote Loetchai.

—Si me vuelves a llamar Loetchai, Pammy, juro que voy a revelar…

—¿Revelar qué?

—Voy a contarle a todos tus travesuras, Pammy. Esta vez ni Mamá Prem ni Mami Pat
podrán salvarte…

—¿Te atreverías, Shasha?

—¿Y por qué no habría de atreverme?

—Porque si lo haces, le voy a contar a tu tía que cambiaste tu nombre de Loetchai a


Shasha.

—¡Aaaaah, Pammy, no hagas eso! ¡No trates así a tu pobre amigo! —gimió el chico, que
hacía apenas un instante la había amenazado, pero al verla, la furia se desvaneció de
inmediato, dejando solo una sonrisa cómplice entre ambos. Especialmente Shasha, que sin
pensarlo dos veces, rodeó con un brazo el de su bella amiga.
—Shasha, ¿y dónde están Iris, Tawan y Bambi? —preguntó ella, mirando el reloj con una
leve preocupación al notar que las otras tres integrantes del grupo aún no aparecían. Esa
mañana tenían un examen importante.

—Estamos fritos, Pammy.

—¿Qué pasó ahora, Shasha?

—Ayer fue el cumpleaños del novio de Bambi. Los tres se fueron a celebrar. ¿De verdad
crees que van a despertarse a tiempo? —rió él. Cada vez que salían de fiesta, era lo mismo:
regresaban tarde y dormían hasta el mediodía.

—¿Se olvidaron de que hoy teníamos examen?

—Seguro. ¿Y ahora qué hacemos?

—Aún quedan treinta minutos… Vamos a despertarlas —respondió Pammy, poniéndose de


pie, aunque su voz se apagó de pronto—. Uh…

—¿Qué pasa, Pam?

—Tengo la sensación de que alguien me está mirando —murmuró, recorriendo con la


mirada los alrededores, sin encontrar a nadie observándola. Los grupos de estudiantes
cercanos seguían conversando con normalidad.

—¿Quién podría ser? ¿Acaso Mami Pat mandó a alguien a vigilarte? —bromeó Shasha,
recordando que conocía a Pam desde el jardín de infancia. Sabía muy bien que sus dos
madres la protegían como si fuera un tesoro.

—No, no es eso… Bah, déjalo. Vamos a despertar a las tres. Shasha, ¿sigues teniendo la
llave del apartamento de Iris, verdad?

—Claro que sí.

Como el apartamento de Iris quedaba cerca de la universidad, aún les quedaba tiempo
suficiente para sacar a las tres de la cama. Y, tal como lo habían imaginado, una yacía
desparramada en el sofá, mientras las otras dos dormían abrazadas sobre la cama. Con solo
verlas se podía adivinar cuánto habían bebido la noche anterior.
—Ni aunque las sacudas van a despertar. Así vamos a llegar tarde al examen.

—Saca el silbato, Shasha.

—¿Hablas en serio?

—Muy en serio. Elige: llegar tarde o quedar sorda unos segundos.

No hacía falta decir lo que ocurrió después de que Shasha soplara aquel silbato estridente.
El caos fue digno de grabarse para reírse más tarde: una tropezó corriendo al baño, otra se
lavó la cara y los dientes a toda prisa —nada de ducharse—, los uniformes quedaron tan
arrugados que “sin planchar” sería una descripción amable.

Una verdadera mañana de supervivencia por culpa de un examen sorpresa.

Y aun así, llegaron justo a tiempo.

—Otra vez ustedes. De verdad, compadezco a sus familias. Siéntense, empiecen con la
prueba.

El examen transcurrió en un aire tenso y agotador, sobre todo para las tres que seguían
luchando contra el dolor de cabeza y el cansancio de la fiesta anterior, aferradas a sus tazas
de café.

—Solo de verlas me da pena por sus padres, tal como dijo el profesor Somchai.

—Shasha, cuidado con lo que dices.

—Si tu elegante madre te viera así, sin bañarte y con el uniforme hecho un desastre, te juro
que se desmayaría en el acto.

—Shasha, tu boca es un peligro.

—“Señorita Tawan, no, mi amada hija, ¡la ropa arrugada es inaceptable! Hay que vestirse
con decoro y elegancia…”

—Shasha, tengo el número de teléfono de tu tía, ¿lo recuerdo?

—Por favor, no maltrates al pobre y frágil Shasha. Ten piedad de esta alma indefensa,
Tawan.

Pammy no pudo contener la risa ante la discusión entre el único chico del grupo y Tawan,
la señorita distinguida a la que Shasha jamás lograba vencer. Las voces de sus amigos le
aligeraron el corazón; aunque el dolor seguía ahí, la compañía lo hacía más llevadero.
Porque, en realidad, el desamor no desaparece de un día para otro.

—Pam.

—¿Qué pasa, Bambi? ¿Y tú, Iris?

—No estés triste, ¿sí? Ya estamos listas.

Algo en esa frase la puso en alerta. Sus dos amigas se habían sentado a cada lado,
aferrándose a sus brazos con determinación. Era una trampa.

—¿Listas para qué?

—Listas para hacer que nuestra Pammy vuelva a sonreír.

Las miradas de ambas eran tan intensas que no había escapatoria: sus brazos estaban
completamente prisioneros.

—Si van a consolar a Pammy, ¿ya le avisaron a sus novias? Iris, tu novia es Tawan,
¿verdad? ¿Y tú, Bambi? ¿No estabas celebrando anoche el cumpleaños de tu novio? —
intervino Shasha, riendo, mientras Tawan también soltaba una carcajada. Después de años
de idas y venidas desde primer año, Iris y Tawan finalmente estaban juntas oficialmente.

—Ay, perdón, Tawan.

—Está bien, está bien. Ten un poco de compasión, ¿sí? Estoy triste y ustedes tan
románticas no ayudan.

Sí, estaba triste. Pero junto a ellos, esa tristeza parecía perder peso. Y, sinceramente,
Pammy tampoco quería seguir hundida en la pena.

—Ven aquí, Pammy. Déjame cuidar de ti.

—Basta, Bambi. Tu pecho está a punto de aplastar a Pammy. ¿Y para esta noche, qué plan
hay?

—Por supuesto que una fiesta de soltería para Pammy.

—¿O sea que celebran que estoy soltera?

—¡Exacto! ¿No lo entiendes, Pammy? Cuando estabas con P’Jane, ya no eras tú misma.
Cedías en todo, aceptabas todo lo que te pedía. ¿Cómo no íbamos a sentirnos aliviadas de
verte libre otra vez?
—No hablemos de eso ahora, Shasha. ¿No dijiste que necesitabas algo del coche? —
intervino Tawan, dándole un leve codazo. Sabía que Shasha podía decir las cosas más
directas sin mala intención, y que Pam no se lo tomaba a mal… pero la herida de su ruptura
aún estaba fresca.

—Ah, cierto, se me olvidaba. Pam, ven conmigo un momento, ¿sí?

Shasha tomó la mano de su amiga —a quien hacía un instante estaba molestando— y la


llevó con él, mientras las tres detrás estallaban en risas por el estilo tan “Shasha” de
siempre.

—¿No fue Shasha quien estaba regañando a Pammy hace un rato? Y ahora se la lleva de la
mano.

—¿Todavía no te acostumbras a él, Bambi?

—Entonces, ¿qué esperamos? Vamos con ellos.

Al frente, Pam y Shasha caminaban uno junto al otro, en silencio, aunque no hacía falta
decir nada: se conocían demasiado bien. Pam lo miró de reojo, pensando en las palabras
que él había dicho antes. ¿De verdad había cambiado tanto? ¿Había dejado de ser ella
misma por amor?

Cuántas veces se había preguntado por qué había aceptado tantas cosas, por qué había
cedido tanto… por alguien a quien llamaba amor. Había permitido que la otra persona
decidiera todo, una y otra vez.

—Pam.

—¿Qué pasa, Shasha?

—¿Estás segura? ¿De verdad todo con P’Jane terminó?

No era una pregunta de duda, sino de preocupación. Shasha sabía que Janejira había sido el
primer amor de Pammy, y había visto con sus propios ojos lo profundamente enamorada
que estuvo de esa mujer.

—Solo fui la opción de repuesto. ¿Quieres que siga siendo el reemplazo de alguien,
Shasha? —Decirlo todavía dolía. Había creído ser la elegida, la única. Pero al final… solo
fue una entre varias. Y no, Pammy no había sido la elegida.

¿Le dolía? Claro que sí.

—Mírame, Pammy. Tú no eres la segunda opción de nadie. Con esa belleza, con esa
familia, eres perfecta. No pienses más en eso. Shasha estará… ¡Oh no! ¡Pammy!
¡Cuidado…!
.

Demasiado tarde.

El pie de Pammy tropezó con algo.

Su cuerpo se inclinó hacia adelante.

Iba a caer, seguro.

Iba a doler, seguro.

Solo esperaba que no le quedara ninguna marca en la cara…

¿Eh?

No dolía.

Era… ¿suave?

Y además, por los dos lados.

Probó a apretar un poco.

Esa sensación tan blanda, tan cálida…

Sí. Era justo lo que parecía.

Un pecho.

Y su rostro estaba perfectamente encajado entre ambos.

.
¡Plaf!

Apenas levantó la cabeza, recibió una bofetada directa en la mejilla izquierda.

El golpe dolió hasta los huesos.

—Tú…

Esa voz le resultaba extrañamente familiar. Y cuando miró la mano que acababa de
golpearla, le resultó aún más conocida.

—Esa tía…

—¡Pervertida!

—Esa bofetada dolió, ¿sabes?

—Y agradece que solo haya sido una. ¡Me agarraste el pecho! ¡Y encima lo apretaste! Si
solo hubiera sido un roce, lo habría dejado pasar, ¡pero tú lo hiciste a propósito! No darte
una bofetada habría sido una falta de respeto hacia esta cara tan bonita, ¿no crees?

—Pero… es que eran tan suaves…

—¡Tú! ¿Qué palabra debería usar para insultarte hasta que te arrepientas de existir? Una
cara tan bonita y un carácter tan… asqueroso. ¡Deberías ir al médico y curarte esa manía
depravada! Todavía eres una estudiante, ¡tienes todo un futuro por delante!

Cuando Lalin vio bien el rostro de la muchacha que tenía enfrente, soltó un suspiro.

Era preciosa, muy llamativa, pero aquella mirada vacía y la expresión tan fría, sin rastro de
arrepentimiento, solo consiguieron enfurecerla más.

¿Para qué se había molestado en preocuparse? Ahora le parecía una completa pérdida de
tiempo.

—Si quiere que me cure de ser pervertida… quizá deba tocar otra vez, tía.

—¡Maldita mocosa pervertida!

Pammy —la supuesta “pervertida”— se levantó con calma y se marchó sin mirar atrás,
arrastrando al resto de sus amigas con ella.

Mientras tanto, la mujer a la que acababan de llamar “tía” contenía con todas sus fuerzas el
impulso de gritar.
Nadie se había atrevido a hacerle algo así.

Nunca.

Y esa mocosa había osado hacerlo.

La había palmoteado en el trasero.

Le había agarrado el pecho.

Y encima… ¡lo había apretado!

Lalin quería gritar tan fuerte que todo el campus la escuchara.

—¡Lalin! Eso fue…

—No digas nada, Khem. Solo quiero gritar.

Por suerte, en el estacionamiento de la facultad no había nadie más que aquel grupo de
estudiantes y ellas dos.

De otro modo, su reputación habría terminado ahí mismo.

—Tranquilízate, Lin. Creo que Pam no lo hizo a propósito.

Nadie más había escuchado la conversación entre Lalin y la estudiante.

Cuando Pam tropezó y cayó, Lalin había retrocedido hasta chocar contra el coche.

Pero lo que todos vieron con claridad fue: la mano de Pam impactando en el pecho de
Lalin, y luego la bofetada que vino inmediatamente después.

—¿No lo hizo a propósito? ¡No digas tonterías! Esa mocosa…

—¿Esa mocosa qué? Lin, ¿la conocías de antes?

—¿Conocerla? ¡A una mocosa tan pervertida como esa? Ni loca.

—Mis alumnas no son de ese tipo, Lin. Pam no es así, te lo aseguro. Solo fue un accidente.

Khem intentó calmarla, sabiendo que si Lalin explotaba, aquello no acabaría bien.

—Esa chica se llama Pam… ¿y también es alumna tuya?


—Sí. Pam Pasinee Tharanisorn. Es una buena chica, Lin. No es como tú crees.

Lalin estuvo a punto de soltar que esa misma chica ya la había tocado antes, pero se
contuvo. Si lo decía, la conversación no terminaría ahí. Khem insistiría, querría saber todos
los detalles.

—Pam Pasinee Tharanisorn…

—¿Por qué repites el nombre de mi alumna, Lin? No me digas que…

—Solo lo repito para no olvidarlo. Esa mocosa… me acaba de agarrar el pecho.

—Lin, ya basta. Fue solo un accidente.

—¿Agarrarle el pecho a alguien entra dentro de tu definición de accidente?

—¡Pammy! ¡No camines tan rápido! ¡Espéranos!

—¡Pammy, espera!

—¡Pammy, no nos dejes atrás así!

¿Cómo no iba a caminar rápido?

Con todo el grupo gritándole el nombre al unísono, era obvio que querían preguntarle sobre
lo ocurrido en el estacionamiento.

Ni siquiera sabía cómo explicarlo.

¿Y cómo podía explicarlo sin que le preguntaran por qué había hecho algo así?

—¡Pammy, detente! ¡No puedes huir…!

—¡Shasha! ¿Qué haces? ¡Aparecerte de golpe frente a mí así vas a provocarme un infarto!
—exclamó Pammy, llevándose la mano al pecho. No esperaba que su mejor amiga se
lanzara a bloquearle el paso de aquella manera.

—Entonces, ¿por qué huyes, Pammy?


—No estoy huyendo.

—¿Ah, no? Pues tu comportamiento dice lo contrario.

Cuatro pares de ojos la miraban fijamente. Podía negar que estuviera huyendo, pero
avanzar sin mirar atrás hablaba por sí solo. De todos modos, sus amigos no iban a dejarla
escapar tan fácil. Porque lo que acababa de pasar era demasiado raro.

Conociendo a Pammy, era imposible —absolutamente imposible— que hubiera manoseado


a una mujer por simple perversión.

—Tengo prisa.

—¿Prisa? ¿A dónde?

—Tengo que hacer unas cosas…

—¿Ah, justo te acordaste después de tocarle el pecho a alguien? —preguntó Shasha, sin
apartar la vista de su amiga. La expresión vacía de Pammy no la engañaba. Se conocían
desde niñas; sabía que esa mirada escondía algo.

—Fue un accidente. Tú lo viste, Shasha. Tropecé.

—Sí, vi que tropezaste. Pero la distancia entre tú y esa mujer no era como para que cayeras
justo en sus brazos, ¿no crees? —Shasha insistió. Sabía que tenía que presionarla si quería
que su amiga admitiera la verdad.

—Espera —interrumpió Tawan, que había estado observando en silencio—. No hagas de


detective ahora, Shasha. Hay algo más importante que discutir.

—¿Qué pasa, Tawan?

—Pammy, ¿tú sabes quién era la mujer a la que le tocaste el pecho?

—No lo sé… —respondió Pammy, notando la expresión de Tawan y entendiendo al


instante que no era una simple desconocida.

¿Era esto lo que la gente llamaba mala suerte?

Había caído de cabeza en una trampa sin saberlo.

—La doctora Lalin Nattakul —dijo Tawan al fin—. Va a ser la profesora sustituta de
nuestro curso mientras el titular está fuera.

El grupo enmudeció.
—¿Nattakul? ¿Como el apellido del profesor?

—Sí. Es su sobrina. Acaba de regresar del extranjero, tiene un máster, es inteligente,


guapísima… y de una familia adinerada.

—Vaya, Tawan, sabes un montón.

—No me mires así, Iris. Mi madre es amiga del profesor, por eso escuché algunos detalles.
Pero nunca imaginé que el “accidente” de Pam me pondría tan nerviosa —rió con
incomodidad.

Todo el mundo sabía cuán estricto era ese profesor.

¿Y si su sobrina era igual de temible?

Pammy no lo sabía. Lo único que le preocupaba ahora eran las miradas que todos le estaban
lanzando. Ocultó cualquier emoción detrás de su expresión neutra, fingió mirar el reloj y
aprovechó para buscar una excusa.

—Tengo que ir a trabajar. Yo…

—Espera, Pammy. ¿Y lo de esta noche? —Shasha la sujetó del brazo. No quería forzarla
demasiado, pero tampoco dejar que se cerrara por completo.

—En el mismo sitio de siempre. Iré cuando termine.

—No nos dejes plantados, Pam.

—No lo haré… Irme sola al dormitorio es aburrido. Prefiero estar con ustedes.

Dicho eso, se marchó con paso rápido hacia su trabajo. Era un empleo de medio tiempo en
una cafetería cerca de la universidad. Le gustaba el ambiente y quería ganar algo de
experiencia en atención al cliente. Algunos lo aprobaban, otros no tanto. La primera en
oponerse fue Mami Pat, que se negó rotundamente. Pero, por suerte, Mamá Prem la había
apoyado, siempre que los estudios siguieran siendo lo primero.

—Pam, mesa dos: dos capuchinos y una porción de pastel.

—Sí, P’Chewy —respondió sonriendo a la dueña del café, una mujer amable y curiosa,
pero que nunca se metía en los asuntos personales de sus empleados.

La mesa dos estaba junto a la ventana, en un rincón tranquilo.


La clienta parecía concentrada en leer algo, así que Pammy se acercó con cuidado y una
sonrisa profesional.

—Su café y su pastel están listos, señora.

Pero el momento en que vio claramente el rostro de la mujer, su sonrisa se congeló.

¿Cómo no lo había notado antes?

Esa ropa… era exactamente la que llevaba la mujer a la que había manoseado en el
estacionamiento.

—Vaya, pero si es la mocosa pervertida.

—Aquí tiene su café y su pastel, señora —repitió Pammy, manteniendo la sonrisa. Dio
media vuelta para marcharse, pero una mano la detuvo.

—Detente.

—¿Desea pedir algo más?

Lalin la miró con incredulidad.

¿Dónde había quedado la estudiante insolente que le había gritado en el estacionamiento?

Solo veía a una camarera educada y tranquila. Pammy había recuperado su compostura y su
sonrisa cortés en un abrir y cerrar de ojos.

—¿Por qué trabajas aquí? ¿Ha pasado algo?

Pammy la miró directamente a los ojos, desconcertada por la pregunta.

No entendía qué pretendía esa mujer. Era preciosa, tanto que costaba apartar la vista de ella,
pero había algo en su mirada que le ponía en alerta.

Era la doctora Lalin Nattakul, la nueva profesora sustituta.

Aunque, pensó Pammy, no importaba tanto: pronto empezaría sus prácticas y apenas se
verían.

—Si no va a pedir nada más, le ruego me permita volver al trabajo.

—Detente.

—¿Qué más quiere ahora? —Su tono se endureció ligeramente. Era evidente que aquella
mujer no pensaba dejarla ir tan fácilmente.
—Tienes que hacerte responsable.

—¿Perdón?

—Responsable de lo que hiciste, mocosa pervertida.

—…¿?…

—Me tocaste el trasero. Luego, el pecho.

—Fue un accidente, señora.

—¿Accidente, eh? ¿Y lo de apretarlo también entra en la categoría de accidente? ¿No crees


que deberías asumir la responsabilidad por eso?

Responsabilidad.

La palabra sonaba extraña en ese contexto.

Pammy miró con cautela la mano que aún sujetaba la suya.

¿Había cometido un error…?

Un error que la convertiría oficialmente en la mocosa pervertida propiedad exclusiva de la


doctora Lalin Nattakul.
Capítulo 3

Responsabilidad.…

Lalin miró su taza de café, con una ligera sonrisa difusa en los labios. Había visto
claramente el pánico en los ojos de aquella mocosa pervertida, como si lo que acababa de
decir le resultara completamente inesperado. Y, pensándolo bien, ¿quién había llamado
primero a quién “mocosa pervertida”?

Pero, para ser sincera, esa mocosa pervertida también resultaba bastante interesante. No,
mejor dicho: era hermosa, tan hermosa que hizo que el corazón de Lalin se saltara un latido.
Y al conocer su nombre —Pam— la curiosidad aumentó aún más. Quería saber si aquello
de tocar el pecho realmente había sido un accidente, como decía la otra.

Pam… podía haber muchas chicas con ese nombre.


Pero Pammy Pasinee Tharanisorn seguramente solo había una.

—¿Desea pedir algo más, señora? —preguntó alguien que no era la persona que Lalin
esperaba encontrarse.

Lalin sonrió suavemente a la mujer frente a ella, una dama de porte delicado,probablemente
de su misma edad o apenas un poco mayor o menor. Por su actitud, parecía ser la dueña o
gerente del lugar.

—Quiero que me sugieran un postre.


—¿Qué tipo de sugerencia desea, señora?
—Quiero llevar un pastel para llevar, y quiero que sea la empleada llamada Pam quien me
asesore.

La voz de Lalin era firme y decisiva, lo que hizo que la dueña del café se detuviera un
instante. Lalin no bromeaba.

—Pam está revisando el inventario en la parte de atrás. No sé si podría sugerirle yo en su


lugar…

—No, quiero a Pam.

La firmeza de su orden hizo que Chewy, la dueña, suspirara con cierto peso. No podía
entender qué había hecho su querida Pam para que aquella mujer, con mirada cortante
como cuchillo, la notara de esa manera.

—Pero…
—Solo quiero a Pam.
—Está bien, por favor espere un momento.

Chewy dirigió la mirada a la hermosa cliente. Si no fuera por el hecho de que solo había
esta persona en el café en ese momento, nunca habría permitido que Pam saliera del
almacén.

Pam salió, todavía medio adormilada, sin comprender del todo lo que estaba ocurriendo.
Normalmente, ningún cliente pedía algo así. Pero en cuanto sus ojos se cruzaron con los de
la mujer en el mostrador, inmediatamente entendió por qué la habían llamado
específicamente a ella.

Pammy miró aquella sonrisa con expresión vacía. Claramente, esa sonrisa estaba teñida de
un toque de veneno. La doctora Lalin, sobrina del profesor de su curso, no era una persona
común y corriente. Su belleza era radiante, casi hipnotizante, pero también exigía un nivel
máximo de alerta.

—¿Qué tipo de pastel le gustaría comprar? —preguntó Pam, acercándose a la vitrina de


postres.

Aunque mantenía su sonrisa educada, Lalin pudo percibir detrás de ella incomodidad y
molestia, emociones cuidadosamente ocultas. Pam no permitía que sus sentimientos
personales afectaran su trabajo.

—¿Cuál es su pastel favorito?


—¿Perdón?
—Le pregunto, ¿cuál es su pastel favorito?

Esta vez, Pammy se vio obligada a mirar directamente a los ojos de la mujer que estaba
junto a ella para buscar una respuesta. Había algo oculto detrás de la leve sonrisa de la
doctora Lalin. Si solo se tratara de una broma para vengarse por lo ocurrido antes, no habría
llegado tan lejos. Había algo más, algo que hacía que Pammy sintiera la necesidad de ser
cautelosa.

—¿Qué es lo que pretende hacer exactamente?

La pregunta, susurrada lo suficiente para que solo las dos la escucharan, provocó una
sonrisa en Lalin. Aunque la chica trataba de ocultar sus emociones tras una expresión
impasible, su juventud la traicionaba. La impaciencia de Pammy se reflejaba en su tono
ligeramente alterado.

—¿Y usted qué cree que estoy haciendo, mocosa pervertida?

—Usted…

Pammy se quedó paralizada cuando la mujer que estaba junto a ella dio un paso detrás de
ella. Una mano de Lalin se posó suavemente sobre su cadera. Pammy quiso girarse y
protestar, pero como empleada del café no podía hacerlo. Si lo hacía, se correría el rumor
de que una empleada discutió con un cliente, y eso podría causar problemas a la cafetería
de Chewy.

Poner la mano en la cadera ya era demasiado.

Y, sin embargo, la doctora se atrevió a apretarla ligeramente.

¡Dios mío…!

—¿Qué tal… probar un poco de la venganza?

Finalmente, Pammy solo podía quedarse ahí, mirando a la mujer que le susurraba, y dejar
escapar una risa que no era agradable en absoluto. Tuvo que contener sus emociones,
porque en ese momento solo quería acercarse, tomar la mano de la doctora Lalin y
preguntarle qué quería, por qué se acercaba así.

.
.
.

—Pam, ¿estás bien?

—¿Eh?

—Te he visto suspirar varias veces —dijo la dueña del café mientras le entregaba un vaso
de agua y cuidadosamente empaquetaba los pasteles. Si no fuera por la clienta hermosa que
acababa de comprar cinco pasteles para llevar, Chewy habría corrido inmediatamente hacia
su querida Pammy. No podía permitir que nadie la mirara fijamente.

—Solo estoy un poco molesta.

—Qué curioso…

—¿Curioso qué, P’Chewy?

—Pam normalmente no se molesta tan fácilmente, y esta clienta hermosa la hace enojar…
¿Se conocían antes?

—No exactamente…

—Te digo que esta clienta es realmente hermosa, Pam. Tan hermosa que incluso a mí me
impacta. Especialmente sus ojos, tan seductores que da escalofríos. Cada vez que te mira,
da la sensación de que harías cualquier cosa que ella quiera… Solo pensarlo me pone la piel
de gallina.
Sí… había algo en la mirada de la doctora Lalin que hacía que Pammy se mantuviera alerta,
una sensación que nunca había sentido con nadie antes, ni siquiera con su exnovia, a quien
pensaba amar sinceramente. Los ojos de esa chica jamás habían ejercido un hechizo como
los de la mujer que acababa de llamarla mocosa pervertida. Solo había querido ayudar a
alguien a evitar un acoso, y terminó siendo malinterpretada, acusada de acosar a otra
persona.

Pammy sonrió a la estudiante que venía a relevarla al terminar su turno. Miró el reloj, se
puso rápidamente la mochila y salió del café. Si no llegaba al lugar de reunión habitual
dentro de veinte minutos, sus amigos empezarían a llamarla.

Tomar el autobús podía retrasarla un poco, pero le ahorraba dinero. Tomar un taxi habría
sido una pérdida para su día de trabajo, y eso no era estilo de Pammy. Mamá Prem le había
enseñado a gastar con cuidado, y Mami Pat siempre decía que seguir los consejos de Mamá
Prem traería una vida acomodada.

Pensar en Mamá Prem y Mami Pat siempre le sacaba una sonrisa. El amor de esas dos
mujeres llenaba su vida, haciéndola sentir completa, a pesar de que su familia no era como
la de los demás, sin padre ni madre presentes. Cuando era pequeña, siempre se preguntaba
cómo sería una familia de verdad, especialmente rodeada de miradas desconfiadas,
mientras ella crecía con las preguntas típicas de la adolescencia. Pero Mami Pat y Mamá
Prem nunca ocultaron cómo la habían traído al mundo. Su amor era suficiente para que
dejara de preguntarse por qué no tenía padre como los demás niños.

—¿Por qué el autobús va tan lento hoy…?

Mirando el reloj, suspiró. No importaba cuánto pasara, los autobuses en Tailandia seguían
igual, sin ningún progreso. Por eso muchos que podían se compraban su propio coche. No
se podía culpar al tráfico malo cuando el transporte público no se esforzaba por mejorar
para atraer usuarios.

—Supongo que tendré que tomar un taxi. Hoy tendré pérdidas… —murmuró para sí
misma—.

Pero una mano inesperada tomó la suya, y Pammy se sobresaltó. Más impactante aún era
que alguien se atreviera a tomar su mano de esa manera.

—¿A dónde cree que va?

—No puede tomar la mano de otra persona así sin permiso. ¿Y si me da un infarto? —se
volvió molesta hacia la mujer. Por suerte, aún no había levantado la mochila, o su rostro
habría quedado arañado.

—Si le da un infarto, le practicaré respiración artificial.

—¿Qué quiere exactamente, siguiendo así detrás de mí? —no podía retroceder ni escapar.
Miró la mano que aún sujetaba, llena de desconfianza.
—Ya te lo dije.

—Oiga, tía…

—Llámandome tía otra vez, ¿sabes cuántos años tengo?

—¡Ay… duele! —la presión hizo que Pammy frunciera el ceño. Sus manos eran pequeñas
y delicadas, pero la fuerza de esa sujeción no era nada suave. No quería ofender llamándola
tía, solo buscaba que la soltara. Pero con tanto tira y afloja, la gente alrededor comenzó a
mirarlas fijamente.

—Una mocosa como tú debería aprender a comportarse…

—¡Ya basta! —respondió Pammy—. Si hablas de comportamiento, ¿tú te comportas bien?


Si te molestó que ayudara a que no te acosara aquel pervertido, lo siento. Y lo de antes en el
estacionamiento, fue un tropiezo, no intencional. Si aún estás enojada, te pido disculpas de
nuevo.

—Espera…

Lalin observó cómo la figura pequeña se metía rápidamente en un taxi y luego bajó la
mirada hacia la mano ahora vacía, con un leve gesto de satisfacción. Justo en el momento
en que la había tocado, Pammy había retirado la mano de inmediato. ¿Qué significaba
entonces que antes la hubiera dejado sostener su mano tanto tiempo?

Pammy…

—Khem, ¿acaso Lin ya tiene a alguien en su corazón?

—Hmph, ¿por qué preguntas eso, Chon?

—Porque normalmente, cada vez que salimos a beber algo, Lin nunca se aleja de la mesa…
salvo que alguien llame su atención.

—Estás pensando demasiado, Chon. Lin volverá enseguida… Deberíamos disfrutar la


noche, ya que nos reunimos para divertirnos.

Chonticha era una amiga dulce, pero los sentimientos no son algo que se pueda controlar. A
lo largo de los años, el afecto de Lalin por Chonticha nunca había sobrepasado los límites
de la amistad.

—Khem, ¿por qué Lin nunca ve mi valor?

—Chon, ya tenemos más de treinta años. Tú deberías entender mejor que nadie los
sentimientos de Lin… A veces, la amistad dura más que los sentimientos que tú deseas de
ella.
— Hmph … Es solo que Lin siempre está sola, por eso no puedo rendirme.

—Ahora que Lin ha vuelto a Tailandia, quizá ya tenga a alguien de verdad a su lado.

Khemika sonrió al ver cómo Chonticha sacudía la cabeza con frustración. Aunque
Chonticha siempre seguía a Lalin, en realidad también tenía su propio encanto.

Pero ahora, ¿qué estará haciendo la doctora Lalin? Desapareció sin dejar rastro, sin mirar
siquiera la mesa. ¿Acaso está planeando algo para convertir a su estudiante en un
pervertido, como dijo antes? Si fuera así, la situación seguramente se volvería caótica,
porque sus estudiantes…

No son personas fáciles de manipular.

Entonces, ¿qué estará calculando Lalin?

¿Realmente se fijó en Pammy, o hay un motivo más profundo?

—Señora, ¡señora…!

De repente, una mujer borracha y tambaleante salió casi cayéndose, y Pammy tuvo que
apresurarse para sostenerla y evitar que se desplomara.

Pero al ver su rostro, Pammy suspiró. No esperaba encontrarse otra vez con la hermosa
doctora en el mismo día. No sabía si era que el mundo era muy pequeño o que el destino se
burlaba de ella, haciendo que siguiera encontrándose con la mujer que la había llamado
mocosa pervertida.

—No puede dormir aquí. ¿Está borracha o qué? —murmuró mientras sostenía el cuerpo
flojo de la mujer. No era una mujer capaz de cargar con facilidad a otra mujer.

—Señora…

La voz arrastrada de la mujer borracha hizo que Pammy mirara su rostro. A pesar de estar
ebria, seguía siendo hermosa. No podía dejarla vagando sola. Aunque había seguridad, lo
más seguro era llevarla de regreso a su mesa con su grupo.

—¿Está bien? ¿Con quién vino? Déjeme llevarla de vuelta a su mesa.

—Quiero dormir.

—¿Qué…? No puede dormir aquí. Esto no es lugar para dormir.

Los ojos de la mujer borracha hicieron que Pammy comenzara a sudar sin razón clara.
—Si no me deja dormir aquí, tendrá que llevarme a otro lugar para hacerlo.

—Señora…

—Tengo sueño.

—Espera, espera, no… ¡Dios, qué hago ahora?

Pammy miró a la mujer apoyada en su hombro, ya dormida, y suspiró. Llamar varias veces
no funcionaba como antes. No podía dejarla allí como si nada, eso no era propio de
Pammy. La mujer en sus brazos era la sobrina de su profesor, y en pocos días comenzaría a
dar clases en la universidad. Pammy sacó el teléfono y llamó a alguien que pudiera ayudar
a llevar a la doctora Lalin a dormir, tal como la propia Lalin había pedido.

No pasó mucho antes de que lograra acomodar a la doctora Lalin en la cama, tal como
había solicitado. ¿Estaba cansada? Mucho. Mover a alguien casi inconsciente no era fácil.
Tras asegurarse de que la mujer seguía dormida, Pammy salió rápidamente de la habitación,
donde sus cuatro amigas aún esperaban. Por supuesto, todos tenían mil preguntas,
especialmente Shasha, que casi gritó al ver a quién estaba cargando Pammy.

—¿En serio, Pammy?

—Sí, o quizá es mejor que se queden vigilando, por si la doctora se despierta confundida.

—Seguramente no pasará nada, está tan borracha que dormirá hasta la mañana. Creo que
puedo manejarlo. Vayan a descansar, mañana hablaremos en la universidad.

Pammy entendía que sus amigas querían quedarse, pero honestamente, estar todas allí la
incomodaba. Sus amigas lo comprendieron y asintieron para irse.

—Pam.

—¿Olvidaste algo, Shasha?

—No, pero deberías llamar a Mami Pat y Mamá Prem. Si supieran que llevaste a una mujer
hermosa a dormir a casa, no se pondrían contentas, especialmente porque estaba borracha y
dormida.

—No pasa nada. La doctora Lalin no parece peligrosa.

—Puede que no lo sea, pero te ha abofeteado dos veces.

—Estás pensando demasiado, Shasha. Estoy cansada, solo quiero dormir. Hablaremos
mañana.
Aunque había sido abofeteada dos veces, tras los breves encuentros previos, Pammy no
sentía que la hermosa doctora Lalin fuera peligrosa. Para Shasha, “peligrosa” significaba
temer que la doctora hiciera algo inapropiado. Pero dormida, incapaz siquiera de moverse,
Pammy subió a la cama, se quitó el abrigo y se tumbó al lado opuesto, exhausta. Hoy había
ocurrido demasiado, y estaba completamente agotada.

Cansada, Pammy cayó rápidamente en el sueño. Pero la mujer que fingía estar inconsciente
sonrió levemente en la oscuridad. Su mocosa pervertida no era indiferente; incluso había
sido amable llevándola a dormir. Después de todo, esa chica la había tocado antes, le había
manoseado los pechos como nadie más se atrevió, así que ahora debía asumir la
responsabilidad, ¿no, Pammy?

Mañana, no podría escapar de esa responsabilidad.

Lalin la había elegido, Pammy.

Cuando la doctora Lalin hacía su elección,

¿le preguntaría a Pammy si quería ser elegida?

.
.
.

La mañana siguiente quizá sería una que Pammy recordaría toda su vida. En el instante en
que despertó, se encontró en una situación que la hizo suspirar una y otra vez.

El hecho de no llevar ropa encima no era gran cosa; cuando estaba completamente agotada,
solía desvestirse de forma inconsciente. Desde pequeña era así y hasta ahora no había
cambiado.

Pero la persona que yacía a su lado era otra historia. La doctora Lalin tampoco llevaba ropa
puesta. Y en su pecho había marcas rojas.

—Todo esto es culpa tuya, mocosa pervertida.

¿¡Cómo podía ser eso!? ¿¡Qué había hecho ella con la doctora Lalin!?

Pammy se apresuró a tomar su pijama con dibujos animados que estaba junto a la cama, se
la puso y luego se sentó, mirando la espalda desnuda de la mujer que tenía frente a ella.

—Yo no soy una mocosa pervertida.

—Pero anoche…

—Anoche te vi en el club. Estabas borracha, así que te llevé a descansar. No quería que
nadie se aprovechara de ti.
Intentó explicar lo más claramente posible, pero cuando la hermosa doctora Lalin se giró
hacia ella, el rostro de Pammy se puso rojo de inmediato. No es que no hubiera visto antes
pechos de mujer, pero los de la doctora Lalin eran firmes, suaves… imposibles de no querer
tocar.

—¿Entonces quién se aprovechó de mí?

—Yo no te hice nada.

—Entonces, ¿qué son estas marcas rojas en mi pecho? ¿Me vas a explicar?

La mirada inquisitiva, junto con las marcas visibles en su pecho, la hizo sentir
completamente abrumada. El aire acondicionado funcionaba, pero ¿por qué sentía su
cuerpo ardiendo de calor y sudando? Pammy se echó hacia atrás hasta que su espalda tocó
el cabecero, sintiendo la presión tanto de las palabras como del cuerpo de la hermosa mujer
sobre ella.

Mamá Prem, Mami Pat, ¡ayuden a Pammy!

Pammy estaba siendo atacada por la doctora Lalin.

Nunca nadie había sido tan atrevido con ella.

Pammy ya no podía soportarlo.

—Debes asumir la responsabilidad por lo que hiciste, mocosa pervertida.


Capítulo 4

Pammy observaba a la mujer, vestida de manera impecable, con una mirada llena de
precaución. Desde que salió del dormitorio, no había tenido ninguna intención de acercarse
a la doctora Lalin de nuevo. Esta mujer era demasiado peligrosa. Tenía pensamientos e
intenciones imprevisibles. Hace apenas unos días, la había llamado “mocosa pervertida” y
le había dado una bofetada sin piedad. Y hoy se mostraba sospechosamente cercana.
Aunque pudiera ser solo coincidencia, todo estaba ocurriendo con demasiada frecuencia.

—¿Me tienes miedo?

—No.

—Pero tus ojos dicen que estás a la defensiva y asustada.

Lalin sonrió y se acercó aún más a la chica, que retrocedía constantemente hasta que Pam
ya no tuvo escapatoria, su espalda apoyada contra la encimera de la cocina. Cuanto más
intentaba mostrarse calmada y esconder sus emociones, más adorable le parecía a ella esta
“mocosa pervertida”.

—No es eso…

—Los niños no deberían mentir.

—No soy una niña…

—Si no eres una niña, entonces debes asumir la responsabilidad por lo que hiciste,
¿verdad?

La mirada desafiante de la mujer hizo que Pammy exhalara con frustración. Y el rostro de
Lalin se acercaba cada vez más, haciendo que solo quisiera decir en voz alta: “Si vas a
acercarte tanto, ¿por qué no me besas de una vez?” Sus ojos hacían que su corazón latiera
tan rápido que no podía explicarlo. Tenía que admitir que la doctora Lalin era peligrosa,
peligrosa al punto de poder hacerla bajar la guardia sin que ella se diera cuenta.

—¿Qué es lo que quieres… doctora Lalin Nattakul?

La pregunta provocó una risa en Lalin. Le gustaba la terquedad de la chica y su manera de


ocultar sus verdaderos sentimientos. Si fuera cualquier otra chica, probablemente ya habría
cedido y aceptado asumir la responsabilidad. Pero no, era Pammy.

—Así que sabes mi nombre completo.

—Y estoy segura de que la doctora Lalin también sabe quién es Pam, ¿verdad?
¡Ding!… El sonido del microondas interrumpió la conversación. Lalin vio la sonrisa fugaz
en los labios de la chica mientras ésta se dirigía a revisar lo que estaba calentando.

Calentando la leche…

—¿Bebes leche caliente por la mañana?

—Sí. No me gusta tomar nada demasiado frío en la mañana.

Lalin siguió observando a la chica más alta mientras preparaba el desayuno, algo
sorprendida. Anoche había estado en un bar tomando alcohol, y ahora temprano por la
mañana se levantaba para calentar leche y comer pan integral con mantequilla y miel.
¿Cómo podía alguien ir al bar por la noche y al día siguiente comer tan sano? Se
preguntaba qué clase de persona era Pam Pasinee.

Luego, sonó el teléfono cerca de las ocho de la mañana. Lalin se sorprendió aún más al
escuchar a la “mocosa pervertida” hablar con una voz dulce y melodiosa, casi como
cantando. La chica estaba llamando a su madre, e incluso se atrevió a hacer videollamada
mientras estaba en la cocina. Por supuesto, no apuntó la cámara hacia Lalin.

—Hoy he calentado la leche, tostado pan integral y además comí mantequilla esta mañana.

La chica incluso le contaba a su madre lo que había desayunado.

—Pam realmente es una niña buena. Mamá Prem debería premiarte.

Oh… una niña buena que sabe cómo mimar para recibir un premio. Era encantadora siendo
tan dulce con su madre.

—Voy a colgar ahora. Quiero mucho a Mamá Prem y a Mami Pat.

Esas palabras tan dulces solo podían estar dirigidas a las dos mujeres al otro lado de la
línea. Lalin siguió observando a su “mocosa pervertida” mientras ésta preparaba el
desayuno con gran meticulosidad después de finalizar la llamada.

Pam… era sorprendentemente ordenada.

El pan estaba colocado con cuidado, no simplemente tirado en el plato.

El aguacate estaba cortado en trozos del tamaño perfecto para comer.

La miel estaba en un pequeño frasco bonito.

Un desayuno sencillo, pero que hacía sentir a Lalin que esa chica tenía algo más profundo
que su apariencia. Todo lo que veía parecía solo la punta del iceberg. Había demasiadas
cosas ocultas bajo esa superficie.
Especialmente la sensación de orden que percibía claramente. Se había levantado
exactamente con la alarma; Lalin dedujo que así era todos los días. La forma en que
preparaba el desayuno tenía su propio procedimiento. Y el teléfono… Pam parecía saber
cuándo su madre llamaría. De lo contrario, no lo habría colocado tan cerca de la cocina.

Este hábito probablemente se le enseñó desde pequeña.

O se convirtió en un reflejo automático.

Tal vez era parte de la crianza familiar.

—Leche.

—Por la mañana tomo café.

Lalin miró el vaso de leche colocado frente a ella y luego a la chica que lo había traído. Esa
sonrisa hizo que tuviera que mirar hacia otro lado.

—No hay café, doctora… solo hay leche en mi refrigerador.

No solo lo dijo con palabras; el refrigerador mismo lo confirmaba. Lalin miró del
refrigerador a la chica que preparaba el desayuno en silencio. La “mocosa pervertida”
revisó la hora, bebió un sorbo de leche y luego un trozo de pan con mantequilla. Masticaba
lentamente, como si quisiera triturar cada bocado con cuidado.

—Masticás muy despacio.

—Es un hábito. En realidad, no me gusta masticar… prefiero beber leche.

—No es de extrañar que tu refrigerador solo tenga leche.

—Sí.

La conversación del desayuno terminó cuando la “mocosa pervertida” le indicó a Lalin que
podía tomar su parte. Normalmente, solo un café sería suficiente para su desayuno. Pero
hoy era un desayuno tan distinto que Lalin se preguntaba a sí misma: de café a leche, y
ahora pan tostado con mantequilla… Si sus amigas cercanas la vieran, se sorprenderían de
que realmente comiera algo además del amargo café negro.

—¿Ya pensaste cómo vas a asumir la responsabilidad conmigo, Pam?

.
.

Habían pasado dos días desde que esa frase seguía resonando en su cabeza. Y también
habían pasado dos días sin ver a la persona que había susurrado eso. Deberían haber sido
dos días tranquilos, sin caos, sin preguntarse cómo era realmente la doctora Lalin, qué
quería, o por qué se acercaba tanto.

—Pam, ¿estás bien?

—¿Por qué lo preguntas, Tawan?

—Solo que siempre te veo como si estuvieras pensando en algo.

Tawan sonrió a su amiga. En realidad, Pam era un año menor que el resto del grupo. Todos
estaban por cumplir veintiuno, mientras que Pam acababa de cumplir veinte. Aun así, nadie
se sorprendía de que Pam ya estuviera en la universidad y destacara en sus estudios; era una
de las estudiantes sobresalientes, incluso una candidata prometedora para honores de la
facultad.

—Lo de la práctica profesional.

—¿Eh? Pensé que harías tu práctica en la empresa de tu familia.

¿Quién era tan extraño como ella? Con una empresa tan grande en casa, y aun así no quería
hacer la práctica allí.

—Si hago la práctica en la empresa de mi familia, no tendría las mismas experiencias que
los demás.

Era otra presión. Mami Pat seguramente no aprobaría fácilmente esta idea. Desde pequeña
había acompañado a su madre a la empresa; los empleados no podrían no reconocer a la
hija de Napak Tharanisorn.

—Pam, la gente normal escogería el camino más fácil, ¿lo sabes?

Tawan suspiró. Trabajar como extra ya era un desafío, pero esta amiga siempre pensaba
diferente, siempre tenía su propio camino.

—Todo lo que se obtiene demasiado fácil… también se aburre rápido.

—Haz lo que sea mejor para ti. Tawan siempre te apoyará, ¿vale?… Ah, casi lo olvido,
aquí está el cuaderno de apuntes que te presté el otro día.

Aunque Pam pensara diferente, en los estudios siempre era confiable. Nunca ocultaba nada
y siempre estaba lista para ayudar a sus amigos.
—Oye, Tawan, ¿puedo preguntarte algo?

—Pregunta.

—¿Sabes hasta qué punto conoce a la doctora Lalin?


Era un buen momento para preguntar, pues no había nadie más cerca del grupo. Saber algo
más siempre era mejor que no saber nada. Pero la respuesta hizo que Pammy sólo suspirara.
¿Por qué se había molestado en intentar justificarse y, al mismo tiempo, en indagar más
sobre aquella atractiva doctora?

—Ya te lo conté antes… La doctora Lalin es la sobrina de la amiga de mi madre. —dijo


Tawan.

—¿Ah sí? ¿Te interesa ella, entonces? —respondió Pam con falsa indiferencia.

—¿No debería interesarme? La doctora Lalin solo está cubriendo a nuestro profesor de
manera temporal.

—¿Estás segura de que esa es la única razón por la que sientes curiosidad, bella Pam? —
bromeó Tawan.

—Tawan… —Pam suspiró.

—Era broma. Vamos, Iris acaba de escribir: Shasha y Bambi nos esperan en el aula. —
Tawan siguió sonriendo mientras tomaba del brazo a su amiga, la de rostro siempre tan
sereno. ¿Indagar por la doctora Lalin? Claro que había interés. Si no fuera así, ¿cómo iba a
tropezar y caer justo en los brazos de esa mujer? El desinterés de Pammy era un simple
teatro.

—El aula… hoy debería ser la clase de nuestro profesor, ¿no?

—Hoy no es de él. Es el primer día de la doctora Lalin impartiendo clase.

La doctora Lalin empezó su primer día como docente sustituta. Y fue una sesión que
ningún estudiante olvidaría. Porque les puso una prueba sorpresa —con nota— sin avisarlo.

La mirada de la doctora recorrió el aula mientras los alumnos agachaban la cabeza sobre el
examen. Solo una persona se atrevía a sostenerle la mirada, pero apenas un instante;
después volvió a bajar la vista y no miró más.

Los murmullos al entrar en la clase no perturbaban a Lalin; era la primera vez que daba esta
asignatura, pero no por ello incapaz. Había preparado todo con esmero, a la altura de la
confianza que le había brindado su tía. Explicó que el profesor titular se había roto el brazo
por un accidente y que ella cubriría temporalmente las clases.
Tras la breve introducción, los chicos comenzaron a cuchichear y a bromear. Ella no se
sonrojó ni se mostró esquiva; lo cortó anunciando la prueba sorpresa. Los gruñidos de
broma se transformaron en quejas resignadas.

Lalin miró el reloj; habían pasado veinte minutos. Su mirada se detuvo en una estudiante
que ya no escribía. La distancia entre su posición en el estrado y la última fila no le
importaba; veía claramente esos ojos que la atraían, esos ojos que la impulsaban a
acercarse. Le gustaban las personas tranquilas, las discretas, las que eran lo suficientemente
listas como para seguirle el paso.

—Quedan diez minutos, chicos. —dijo ella.

No hubo respuesta, solo el susurro de los bolígrafos sobre el papel. Los que habían
terminado guardaban silencio, y Lalin no pudo evitar acercarse más. No podía resistirlo:
hacía dos días que no veía ni escuchaba a la mocosa esa.

—¿Terminaste tan pronto, estudiante? —preguntó.

—Sí. —contestó ella.

—¿Acabaste rápido… te aburres, acaso?

La pregunta hizo fruncir levemente el ceño a la estudiante.


Una pregunta extraña que llevaba a pensar.

—¿Y a usted le aburre que yo termine antes? —replicó la chica.

La profesora no respondió con palabras; esbozó su media sonrisa característica. Pammy


miró a la docente, famosa por su belleza pero criticada por imponer una prueba sorpresa. Su
porte sereno atraía las miradas, y Pam tuvo que respirar hondo para centrarse en sí misma.

—Pam, ya lo vi. —dijo Shasha en voz baja.

—¿Ves qué? —preguntó Pam.

—Que estabas susurrando con la doctora Lalin. —cuando la clase terminó y la profesora
salió tras hacer la prueba, era el momento de interrogar a la amiga que había entregado la
prueba la primera.

—Sí —confirmó Bambi—, yo también lo vi, Pammy.

—Solo hablaba con ella porque terminé antes. —se excusó Pam.

—¿Ah sí? ¿Entonces por qué no habló con los demás que acabaron después de ti? —
insistió Shasha, mirándola como si quisiera arrancarle la verdad.

—Si tienes curiosidad, ve y pregúntaselo tú, Shasha.


—¡Por favor! ¿Quién se atreve? Aunque tengo envidia de la belleza de la mujer, apuesto a
que es muy estricta. —¿Quién hace una prueba el primer día? Claramente el mensaje fue:
“Aunque sea docente nuevo, no esperen puntos fáciles”.

—Estricto… —repitió Pam con ironía.

—Vamos, Pammy. Eres la que más sabe cómo manejar esto… te dieron una bofetada,
¿recuerdas?
—Sí… fue doloroso, me dejó la mejilla ardiendo. —La bofetada de Lalin dolió, cierto; el
motivo la hizo sonreír por dentro: fue un malentendido, con un toque de intención, si se era
honesto.

—¿Y qué piensas hacer con la doctora Lalin, Pammy? —preguntó Shasha.
—¿Hacer qué? —Pam se encogió de hombros—. Ella es la docente, yo su alumna, eso es
todo. ¿Qué quieres que haga con la doctora?

Rara vez Pam Pasinee se explayaba tanto. Shasha se quedó en blanco; ¿qué quería que
hiciera su amiga con la profesora? El interrogatorio la molestó y Pam decidió marcharse
antes de que continuaran hurgando. No le gustaba repetir las mismas preguntas una y otra
vez. Una cosa era la broma; otra, la insistencia de Shasha, como si realmente hubiese algo
entre ella y la docente. La verdad era que su relación con la doctora no pasaba de una
coincidencia.

—¿Te enfadas, hermosa Pammy? —dijo Shasha, jalando su mano y provocando una
sonrisa en ella. Aunque discutieran, un simple gesto bastaba para arreglarlo. Pam y Shasha
llevaban juntas desde el jardín de infancia; esa complicidad no extrañaba a nadie.

—¿En serio? ¿Quieres que haga…? —murmuró Pam, ya recuperada.

—Sí. La doctora Lalin es intrigante. Quiero que des un paso adelante.

—¿Qué paso? —preguntó Pam.

—No pongas esa cara ingenua… cada vez que la haces, dan ganas de ahorcarte. —Shasha
lo decía en broma, queriendo en el fondo contarle a la doctora Premsinee que su hija, la
dulce Pam, también puede enojarse.

—No quiero dar ningún paso más, Shasha.

—Pam…

—Aún duele.

—Que ahora duela no quiere decir que vaya a doler siempre, Pammy.
—Todavía tengo miedo de lo mismo de antes. —El miedo a ser traicionada, tanto
emocional como físicamente, o a convertirse en la opción que siempre queda de lado,
seguía grabado en ella. No estaba lista para empezar de nuevo con nadie.

—¿Qué quieres decir con “lo mismo de antes”, Pammy?

—Ser engañada, abandonada… siempre ser la que nunca es elegida.

.
.

—Creo que Pam tiene novio. Parece un chico mayor. Si no recuerdo mal, ya se graduó. —
El bolígrafo en su mano quedó quieto mientras echaba un vistazo al rostro de su amiga,
luego volvió a revisar los exámenes de los estudiantes mencionados. Las notas de la prueba
sorpresa decían mucho, especialmente si recordaba lo que su amiga había comentado: los
estudiantes de familias adineradas tampoco eran malos. Pero la más destacada seguía
siendo la estudiante llamada Pasinee.

—Y ahora…

—No estoy segura de si todavía se ven. Uno ya trabaja, el otro sigue estudiando… ¿Por qué
preguntas sobre la vida amorosa de los estudiantes, doctora Lalin? —En este punto, ni
siquiera Khemika podría creer que Lalin no estuviera interesada en la chica a la que alguna
vez llamó “mocosa pervertida”.

—Por supuesto que quiero saber sobre mis estudiantes.

—Entonces, ¿por qué no preguntarles a los demás? ¿Por qué solo a la chica llamada Pam
Pasinee?

—Porque solo me interesa una persona.

—Vaya… esta vez la doctora Lalin ni siquiera lo niega. De hecho, ¿te interesa porque Pam
accidentalmente te tocó en el estacionamiento?

—¿Por qué recuerdas ese recuerdo imborrable, Khemika? —respondió ella con un toque de
broma mientras organizaba los exámenes.

—Perdón… solo quería saber qué es lo que realmente te interesa de tu estudiante.

—Pam no es tu alumna exclusiva, Khemika… Vamos, come algo. Ya terminé.

—No puedo. Tengo cena familiar.

—Entonces nos vemos mañana… qué pena. Iba a invitarte a un café cerca de la
universidad.
—No me digas que es el café donde Pam trabaja a medio tiempo.

No hubo respuesta, pero Khemika pudo leer perfectamente la sonrisa de Lalin y lo que eso
significaba. Realmente no podía comprender cómo alguien tan excepcional podía
comportarse así.

¿Acaso planea hacerse inmortal saliendo con jóvenes?


Pero esa joven era su estudiante.

—Khem, ¿estás bien? Tu expresión se ve demasiado seria.

—Lin…

—Si tienes algo en mente, dilo. Mirarme así es aterrador.

—¿Te gustan las chicas?

La pregunta de su amiga la hizo quedarse en silencio. Nunca mentía sobre sus sentimientos.
Si le gustaba o no algo, siempre lo decía claramente. Pero esta vez eligió callar. En el fondo
sabía por qué no podía responder: no le gustaban todas las chicas, solo algunas.

—Buenas noches. ¿Qué desea tomar hoy? —Chewy sonrió a la atractiva clienta que
recordaba perfectamente. Difícil de olvidar.

—Pam.

—¡Eh!… No tenemos nada llamado Pam —y esa era la razón por la que Chewy nunca
olvidaría a esta clienta. No había ningún platillo llamado Pam, aunque quizás deberían
inventarlo para ella.

—Un cappuccino frío y una porción de pastel de zanahoria, por favor.

—Claro.

—Mm… por favor, dile a Pam que quiero verla.

—¿Quieres…?

—Sí. Quiero a Pam. —Con esa mirada y la manera de enfatizar cada palabra, Chewy no
tuvo más remedio que llamar a Pam.

Pam miró hacia la mesa señalada por Chewy y suspiró suavemente, preguntándose qué
querría esta vez la mujer tan atractiva.

Una docente y una estudiante.


Una relación que no debería acercarse demasiado.
—Vamos, querida Pam.

Aún había clientes en la cafetería. No debería pasar nada demasiado escandaloso. Solo
necesitaba enfrentar a la doctora Lalin correctamente. Pam dejó suavemente el menú y se
sentó frente a la mujer, como ella había pedido.

—¿Desea decirme algo, doctora?

—Esto no es la universidad.

—¿Perdón?

—Aquí y ahora… no soy tu profesora.

—Entonces… ¿qué desea decirme, doctora Lalin? —La manera en que la miraba, junto con
esa sonrisa, hizo que Pam sintiera algo extraño. Una sensación confusa, como si acabara de
entrar en una trampa de la doctora Lalin.

.
.

—¿Has pensado cómo vas a hacerte responsable… Pam?

.
.
.
—¿Entonces, doctora Lalin, cómo quiere que me haga responsable?
Capítulo 5

—¿Hacerme responsable… de qué?

—¡Mommmyyy!

—¿Qué pasa, traviesa de mamá? ¿Ocurrió algo en la escuela? —Pat dejó el bolígrafo sobre
la mesa y se acercó para sentarse junto a su hija en el sofá. El trabajo es importante, sí, pero
nada lo es más que los sentimientos de su hija, especialmente cuando es tan raro ver a
Pammy con semblante preocupado.

—Nada, mamá.

—Si no es algo de la escuela, entonces ¿qué le preocupa a mi pequeña?

—Extraño a Mama Prem.

—Ya eres grande y todavía tan pegajosa, eh, traviesa. Mama Prem solo fue al hospital a
revisar a unos pacientes. Pronto volverá a la oficina. —Sabía que la excusa de “extrañar a
mamá” era solo eso: una excusa. Pero no insistió. Pat confiaba en que su hija solo hablaría
cuando realmente no pudiera contenerse más.

—Mommy Pat…

—¿Sí, cariño?

—¿Mama Prem fue un amor a primera vista para ti, Mommy?

Pat sonrió a su hija y la abrazó, meciéndola suavemente de un lado a otro. La pregunta solo
podía venir de alguien cuyo corazón había empezado a latir de manera diferente al conocer
a alguien. Desearía que la doctora Prem estuviera presente para responder junto a ella, pero
la verdad era… que ella y la doctora Premsinee no habían sido un amor a primera vista.

—¿Quieres escuchar un cuento de hadas o la verdad?

—La verdad, Mommy.

—La verdad es que Mama Prem no fue mi amor a primera vista… pero sí fue la primera
persona a la que realmente presté atención.

—Y el amor a primera vista de Mama no fue Mommy tampoco.

Pammy sonrió ampliamente y abrazó con fuerza a la mujer que más amaba. La pequeña,
tan pegajosa como siempre, se adhiere tanto a Mama Prem como a Mommy, aunque parece
querer abrazar un poquito más a Mama Prem.
—Cuando Mama Prem conoció a Mommy por primera vez, ¿qué pensó? —Después de
preguntarle a Mommy, la pequeña se giró hacia Mama. Y Mommy parecía muy
entusiasmada.

—¿Por qué preguntas sobre nuestro amor, Pam?

—Quiero saber qué pasaron tú y Mami… porque el amor que tienen por mí es tan dulce y
bonito.

La doctora Premsinee miró a su querida hija en sus brazos y luego a su pareja, quien
todavía sonreía. Mami parecía encantada de ver la curiosidad de su hija sobre su historia de
amor. En realidad, nunca le habían contado la historia completa a Pammy, solo que Mama
Prem y Mommy se amaban.

—Mommy Pat solía ser una loca.

—¡¿Qué?!…

—¿Me llamas loca, P’Prem?

Pammy se quedó boquiabierta. ¿Mami era loca para Mamá? ¿Y aun así se enamoraron?
Mientras tanto, Mami solo se reía y fingía estar enojada, aunque la risa le ganaba pronto al
explicar por qué le habían puesto ese apodo.

—Mami llevó a la chica que le gustaba a arruinar la boda de mamá… —comenzó Pat, y al
recordar la anécdota no pudo evitar sonreír—. El primer encuentro no tuvo nada de
espectacular. Y la manera en que Pat persiguió a mamá fue del tipo que da dolor de cabeza:
exhausta y a la vez traviesa.

—Mama Prem habla como si Mommy no tuviera nada bueno —replicó Pam, frunciendo el
ceño—. Entonces, ¿por qué Mama se enamoró de Mommy?

—Exacto. —Pat no perdió la oportunidad de picar a la doctora Premsinee—. ¿Por qué te


enamoraste de mí, P’Prem?

—Mmm… buena pregunta. ¿Por qué me enamoré de ti? Sobre todo cuando al principio no
me agradabas, incluso me resultabas insoportable. —Premsinee rió, recordando.

—Si Mama dice eso, ¿cómo supo Pam cuándo empezó todo? —La niña pareció
confundida, pero al mirar las miradas de sus dos madres empezó a entender algo.

—El amor… puede cambiar en cualquier momento. Si alguien hace que tu corazón se
descontrolara, esa persona merece atención. —respondió Premsinee con calma.
—¿Por qué me metes en esto, Mama? —protestó Pam con una pizca de vergüenza.

—¿Por qué no? Si preguntas sobre el amor es porque seguro te late alguien especial,
¿verdad, Mommy? —Pat la miró con picardía.

—Exactamente, Mama. Vamos, Pam, cuéntanos bien. ¿Quién es la persona que hace que tu
corazón lata así?

—¡No me gusta nadie! ¡Tengo hambre! ¿Vamos a comer, Mama? ¡Tengo muchísima
hambre! —saltó Pam, cambiando de tema de golpe.

—Vaya, qué manera de cambiar de asunto… —Pat se rió y la abrazó cuando Pam se
acurrucó entre ellas. Sabía que era una cortina: su hija tenía algo en la cabeza, algo más
profundo que un simple antojo.

Cuando Pammy dijo que perseguiría a la mayor Janejira, se mostró segura. Esta vez,
aquello que la inquietaba parecía más complejo, algo que removía el corazón de forma
distinta. Las dos madres se miraron con curiosidad: ¿quién habría sido capaz de afectar así
a su hija?

—¿Qué clase de mujer puede trastornar tanto a nuestra Pammy, P’Prem? —preguntó Pat,
juguetona.

—Quizá no del tipo que imaginas, Pat. —Premsinee le devolvió la sonrisa con misterio.

—¿Eh? —Pat se mostró intrigada.

—¿Has olvidado que nuestra hija es complicada? —dijo Premsinee—. Pam analiza y
sopesa todo. No se deja llevar solo por fuegos artificiales ni por amores a primera vista.

Pammy no se altera por sorpresa ni por emoción desenfrenada; más bien, evalúa y siente
cómo algo crece en su interior: entre un flechazo y una semilla que germina en silencio.
Será ella quien aprenda a escuchar esa voz en su pecho.

—Mama Prem ama a Pammy con todo su ser… —murmuró Pat, y la dulce frase siempre
calmaba a la niña.

—El amor de Pammy le pertenece a Pammy —añadió Premsinee—. Sabemos cuánto la


queremos, ¿verdad, pequeña?

Esas palabras, repetidas cada vez que Pam salía de su regazo, la llenaban de paz. Aunque
no mostrara sus emociones abiertamente, las dos mujeres que la criaron percibían lo que
ella callaba: la herida por un amor que creía fulminante y que resultó no serlo. Pam había
soñado con un amor tan perfecto y claro como el de ellas; pero el amor es distinto para cada
persona.
—Oh, Pam. —Una voz familiar la detuvo en el umbral. Se quedó paralizada antes de
entrar; en el pasillo, frente a la puerta, había alguien a quien conocía muy bien.

—¿La profesora Khem, se mudó a este edificio? —preguntó la mujer que esperaba en la
puerta.

—No es ella. —respondió la otra—. Es su amiga y también docente, se acaba de mudar


aquí. Y este apartamento… Pam, ¿vives justo enfrente?

—Sí, aquí. —contestó ella.

—Pues mira por ella, cuida de la amiga de Khem. —La mujer sonrió y se fue.

Pam se quedó frente a la puerta abierta. Dentro, alguien la miraba desde la otra habitación,
con una mirada directa, aguda. Tal vez esa mirada decía, en silencio: no podrás escapar de
la doctora Lalin.

La puerta se cerró con la sonrisa aún pintada en el rostro del vecino. Y Pam se quedó
pensando: ¿había hecho bien en salir a llamar a la puerta del otro lado, en vez de entrar a
casa? Le parecía que había actuado como buena vecina… ¿o solo seguía el impulso de su
propia curiosidad?

¿De verdad lo sabía?

—Profesora…

—Nunca lo recuerdas, ¿verdad? —dijo ella con una sonrisa—. Fuera del campus, no soy tu
profesora, Pam.

—Doctora Lalin…

—Llámame P’Lin… ahora ayúdame a acomodar esto.

—¿Y qué gano yo si ayudo?

—Si te lo digo ahora, ¿dónde estaría la diversión… verdad?

Ordenar una habitación ya bastante arreglada no es difícil. Pero tener a alguien más allí
cambia por completo la sensación: se vuelve más agradable, más divertido, hasta el punto
que Pam no puede evitar sonreír. Y esa persona… es la misma chica que la había molestado
desde la primera vez que se conocieron. Eso hace que todo sea doblemente interesante.

—Parece que casi terminamos. ¿Qué más quieres que haga…?


—El dormitorio.

—¿Eh?

No hubo respuesta; solo la puerta del dormitorio se abrió, y Pam se quedó quieta, dejándose
llevar por sus pensamientos. Sabía perfectamente que acercarse a esa mujer era peligroso
para sus emociones. Pero no podía negar la sensación de excitación al estar cerca de P’Lin.

Excitación por ver qué tramará ahora,


Cómo usará su encanto para tomar la delantera,
Y si la persona que está buscando… será Pam.

Dentro del dormitorio había solo una gran maleta. Pammiró a la mujer que le pidió ayuda,
desconcertada. Se acercó al armario, se detuvo un momento, y luego volvió a mirarla,
preguntándose silenciosamente qué se supone que debía hacer.

—Khun Lalin…

—Te dije que me llames P’Lin. —Su rostro se acercó aún más—. ¿Qué debo hacer para
que recuerdes llamarme así, Pam?

Estaban a apenas unos centímetros, y la voz de Pam desapareció. ¿Quién hubiera esperado
que P’Lin se girara de repente? Sus ojos parecían un hechizo, haciendo que el corazón de
Pam latiera desbocado. Tenía que recordarse a sí misma…

—No lo olvido…

—Sí… entonces, ¿qué debo hacer para que dejes de olvidarlo, Pam?

“No olvidar llamarme P’Lin…” ¿cómo podía ser tan difícil de separar esos ojos? ¿Y esos
labios sonrientes… por qué la invitaban a tocarlos? El color rojo parecía un cebo, una
trampa en la que aún no estaba lista para caer.

—Entonces, ¿qué quieres que haga? —Pam intentó retomar la compostura.

—Sí hay algo.

—¿Ah sí? ¿Qué necesitas que haga?

—Ayúdame a guardar la ropa y arreglar la cama.

—¿La cama…? —entendía lo de la ropa, pero “la cama” la hizo fruncir el ceño al ver la
sonrisa de P’Lin. Un instinto la hizo retroceder un paso, y, por supuesto, P’Lin avanzó otro.
Finalmente, Pam retrocedió hasta tocar con la espalda la cama y se sentó.

—¿Sabes que eres la primera en tocar esta cama, Pam?


—¿Qué?

—Ni siquiera yo la he tocado todavía.

—No fue mi intención… —quizá P’Lin no quería que nadie más tocara lo suyo. Pero su
expresión no mostraba molestia; al contrario, sus ojos hacían latir a Pam más rápido.

—Pero quiero que lo hagas a propósito, Pam.

—Creo que primero deberíamos guardar la ropa…

—Vaya manera de esquivar…

P’Lin la observó mientras Pam se dirigía al armario. Bastaba con eso. La niña, su pequeña
molestia, mostró un breve destello de duda; solo un segundo, pero suficiente para confirmar
que su encanto seguía funcionando. Y eso le gustaba.

—Creo que P’Lin es muy valiosa.

—Pero si soy yo…

—No bromees. Tocarte es fácil, sí. Pero contigo, si eso sucede, debe empezar aquí también.

Escuchar eso de su pequeña molestia hizo que P’Lin sonriera más. No era fácil engañarla.
Y la manera en que hablaba hacía que ella quisiera rendirse. Sus manos, antes sobre la
cintura de Pam, se deslizaron suavemente detrás de su cuello. Sonrió, era hora de que su
pequeña molestia asumiera responsabilidades. Después de todo, ya la había tocado dos
veces.

—Ahora es momento de que asumas tu responsabilidad… Pam.

—¿…?…

—Ser mi novia.

¡Espera, qué!

¡Asumir responsabilidad convirtiéndose en su novia!

Solo por un toque accidental en el trasero… y otro en el pecho…

¡Y ahora debe asumir la responsabilidad de esa manera!

—¿Novia…?

—¿Qué estoy pensando? ¿Cómo pasó todo esto?


Pam se dejó caer en el sofá. Nunca imaginó que terminaría en esta situación: alguien le
exigía asumir responsabilidad convirtiéndose en su pareja. Una relación que no comenzó
por afecto ni cercanía, sino por un malentendido.

—¿Ser mi novia es todo lo que quieres, P’Lin? —se preguntó ella, pero antes de poder
sentarse y reflexionar, supo que la mujer ya estaba frente a la puerta.

—Vamos al supermercado conmigo.

—¿Eh?

—A comprar cosas, Pam.

La voz era más dulce que nunca, la mirada con un guiño y la ropa completamente distinta:
shorts, camiseta, zapatillas blancas. El maquillaje, casi nulo, y los ojos antes hipnotizantes
ahora tras unas gafas lindas.

¿De doctora a chica normal y casual?

—Uhm…

—¿Qué mirada es esa, Pam? Ven al supermercado conmigo.

¿Era realmente P’Lin? ¿Y cómo logró que ella la siguiera solo con tomarle la mano?
Normalmente Pam no cedería así. Pero ahí estaba, ayudándola a colocar cada artículo en la
cesta como si todo fuera completamente natural.

—La cesta está casi llena… ¿basta ya?

—¿Cuándo empezarás a llamarme P’Lin como corresponde? ¿Qué debo hacer, Pam?

Pam la miró con desconfianza. Retrocedió hasta tocar la estantería, pero P’Lin avanzó un
paso más. La sonrisa había desaparecido, reemplazada por descontento. Aun siendo su
profesora sustituta, no le parecía correcto que le ordenara llamar P’Lin de manera casual.

—No somos tan cercanas…

Eso hizo que P’Lin se detuviera, sonriendo suavemente:

—Entonces, haznos cercanas rápido, Pam.

—¿Por qué?

—Porque quiero que asumas tu responsabilidad… siendo mi novia.

Esa sonrisa hizo que sus emociones se desordenaran más que nunca. Pam miró a la mujer
que seleccionaba artículos con una mirada incierta, pero cuando P’Lin giró y le indicó
empujar la cesta, ella obedeció sin más preguntas. ¿Desde cuándo era tan blanda ante esta
mujer?

—¿Por qué…?

—¿Hmm?

—¿Por qué quieres que asuma responsabilidad convirtiéndome en tu novia? ¿De verdad
amas a una chica que antes pensaste que era una molestia… o buscas algo más de mí?

P’Lin colocó una botella de champú en la cesta, luego miró a la chica que sostenía el carrito
con manos sudorosas, apretando fuerte. Sus ojos lo decían todo: desconfianza, incredulidad,
curiosidad. Quería saber si tras ese “asumir responsabilidad” había algo más oculto.

—¿Quieres saber tanto así?

—Necesito entender antes de decidir.

—Me gustan las personas curiosas… por si quieres saber.

P’Lin miró con diversión los ojos de la chica, aún cambiantes. Ahí entendió por qué su
pequeña molestia había apretado la mano del carrito: una mujer hermosa había llegado,
sonriendo solo a ella. Con P’Lin, la otra apenas miraba. Pero solo esa mirada decía
claramente que la chica que sostenía su mano no era su pareja.

—Pam, ¿por qué no contestas mis llamadas? Ni siquiera lees los mensajes. ¿Sabes cuánto te
extraño?

Esa voz, un poco molesta, hizo que Pam apretara más la mano. P’Lin comprendió la
situación, pero permaneció en silencio, dejando que la chica actuara a su manera. Solo
sonreía suavemente de vez en cuando.

—No hay nada más que decir…

—Pam, al menos déjame explicarte lo de aquel día. Puedo explicarte, de verdad… —la
súplica de antes ya no funcionaba. La expresión de Pam era neutra, serena, imposible de
leer. Janejira observaba sus manos entrelazadas, molesta. Esas manos la habían hecho sentir
como una princesa, cuidada, amada. No quería que cayeran en manos de otra.

—Aléjate.

—Pam, escucha… sabes que tengo trabajo, clientes…

—Sí.

—Pam, por favor…


—Sigamos, P’Lin.

P’Lin sonrió al escuchar que finalmente la llamaba P’Lin en voz alta. Sus manos ya no
estaban tan apretadas; ahora Pam empujaba la cesta llena, rodeando su cintura con los
brazos, sin resistirse.

—Pam.

—¿Sí?

—¿Quieres superar esto más rápido?

—…

—Entonces… asume tu responsabilidad y sé mi novia.

Los personajes animados en la pantalla, las voces que antes la hacían sonreír, ahora no
podían captar su atención. Su mente seguía dando vueltas a esas palabras. Cada vez que
algo la desconcertaba o no podía manejar por sí misma, lo primero que hacía era buscar a
Mommy Pat. Pero esta vez no. Si contara lo sucedido, Mommy la interrogaría y, peor aún,
podría incluso obligarla a llevar a la persona que causó todo hasta allí mismo.

Desde aquella frase, aquel “asume tu responsabilidad”, la doctora Lalin nunca volvió a
mencionarlo. Continuaron las compras en silencio. De vez en cuando, Lalin le preguntaba
qué aromas le gustaban, qué marcas prefería, o sobre cocina: si cocinaba, qué platos le
agradaban. Al final, agradeció su ayuda, tanto en la limpieza de la casa como en el
supermercado.

— ufff…

Probablemente ya había suspirado un millón de veces. Tras ducharse, abrió su laptop para
ver su anime favorito, pero nada lograba mejorar su ánimo.

No quería admitir que estaba siendo cortejada. Sobre todo por una doctora. La idea le
parecía absurda. Además, su primer encuentro no había sido nada fluido: malinterpretada
como una molestia, incluso recibiendo una bofetada en el estacionamiento. ¿Cómo podía
algo así llevar a esto? Por más que pensara, no encontraba lógica alguna.

Pero quizá Pammy había olvidado algo: hay emociones que no necesitan razón.
Especialmente cuando la otra persona ya había tomado su decisión. Una persona como la
doctora Lalin, concentrada ahora en revisar un informe recién enviado. Tal vez solo eran
datos triviales, pero para alguien a quien le importaba, ningún detalle era insignificante.

El timbre de la puerta sonó, haciendo que Lalin dejara su teléfono a un lado. Esperó
encontrar a una amiga que viniera después de terminar con sus asuntos familiares. Pero al
ver quién estaba allí, frunció el ceño sorprendida.
Pijama. Camiseta con un dibujo animado que nunca había visto. Y en la mano izquierda…
una caja de leche.

Parecía una niña tocando la puerta del dormitorio de su madre.

—El aire acondicionado de mi habitación… se rompió…


Capítulo 6

Lalin echó una mirada a la caja de leche en las manos de la chica antes de acercarse y
dejarse caer en el sofá. No necesitó decir nada; sabía perfectamente que aquella mocosa
pervertida entraría por su cuenta. ¿Debería sentirse complacida por eso? ¿O debería sentir
otra cosa al ver que quien siempre trataba de evitarla ahora era quien venía a buscarla?

¿Era porque se había reencontrado con su exnovia?


¿O porque ese hecho había hecho que la mocosa cambiara de parecer?

—¿Se dañó el aire acondicionado?

—Sí.

—Entonces, ¿qué deberíamos hacer, Pam?

Esa pregunta hizo que Pammy evitara la mirada que se posaba sobre ella. Nunca antes se
había sentido tan confundida… y tan nerviosa a la vez. De repente, había tomado una caja
de leche y había tocado el timbre. Ni siquiera se había cambiado el pijama; su camiseta con
un dibujo animado la hacía parecer una niña. Nadie la había visto así antes, salvo Mama
Prem y Mommy Pat.

—Pues…

—¿Pues qué?

—El aire acondicionado de mi habitación se dañó.

—¿Y luego? —La doctora Lalin seguía fingiendo paciencia, esperando una respuesta.
Parecía que su pequeña pervertida no sabía manejar la presión. Pammy dejó la caja de leche
sobre la mesa y apretó las manos, entrelazando los dedos.

—P’Lin fue quien lo dijo, ¿no?

—¿Qué cosa?

—Que querías que me hiciera responsable… siendo tu novia… —apenas lo dijo, su rostro
se encendió por completo. Y al ver que la otra seguía mirándola con tanta atención, perdió
aún más la compostura.

—Así es.

—¿Y ya? ¿Solo “así es”?

—Lo que dije… ¿qué tiene que ver con el aire acondicionado de tu casa?
Otra vez el tema del aire. ¿Por qué no podía simplemente dejarlo pasar? Tal vez ni siquiera
se daba cuenta de que estaba lanzándole una mirada molesta a la dueña del lugar.

—Esa leche era mía…

Demasiado tarde. La doctora ya sostenía la caja entre las manos; sin preguntar nada, le
clavó el popote y empezó a beber.

—¿Tuya? ¿Y qué? Yo quería tomarla.

Esa sonrisa.
Esos labios, bebiendo de su caja de leche.
El corazón de Pammy volvió a desbocarse. Desvió la mirada, sin querer mirar a la mujer
que siempre lograba enredarle los pensamientos. ¿Quién se inventaba una excusa tan tonta
como un aire dañado solo para acercarse a alguien? ¿Por qué no decirlo directamente?

La leche se terminó. Lalin tomó el control remoto, encendió la televisión y, sin querer, puso
un programa de variedades de un canal que ni siquiera conocía. No llevaba el tiempo
suficiente en Tailandia como para distinguir los canales o reconocer a los artistas que
aparecían.

—Creo que debería irme.

—¿Hmm?

—Bueno, ya no queda leche.

—¿Así que el aire acondicionado se arregla mágicamente justo después de que se acaba la
leche, Pam?

—…

No supo qué responder. Y entonces, una vez más, esa mano suave tomó la suya. Todo en su
cabeza se detuvo. Volvió a sentarse en el sofá, como hipnotizada. Bastó un leve tirón de la
doctora para que obedeciera sin pensar.
Ahora, la mujer mayor se sentó a su lado.

—Entonces, ¿el aire acondicionado de tu habitación de verdad está dañado, Pam?

—Mmm…

—No está bien mentir, ya lo sabes.

—No estoy mintiendo. El aire hace un ruido como de olas del mar. No me gusta dormir con
sonidos. —Llámalo ser exigente si quieres—. Si no hubiera venido esta noche a esta
habitación, ya habría llamado a Mommy Pat para que mandara a alguien a buscarme.
—Tal vez no esté dañado. Quizá solo necesite limpieza. Deja que llame a alguien para
revisarlo… Pero, ¿a dónde crees que vas, Pam? —Una vez más, Lalin le tomó la mano
justo cuando Pammy intentó levantarse. Parecía haberla irritado, pero no tenía intención de
soltarla todavía.

—Me voy a casa.

—Pam.

—Voy a llamar al chofer para que me lleve. —La sensación de estar acorralada, sin poder
reaccionar como quería, la exasperaba. Solo quería irse, recuperar el control, volver a ser la
Pammy de siempre: la chica vivaz, la hija consentida de Mommy Pat, y no esta versión
lenta y desorientada de sí misma.

—Eres una niña.

—Ya no soy una niña.

—Pero lo que estás haciendo ahora es muy infantil —dijo Lalin con una sonrisa,
acariciándole la mano suavemente, como si quisiera calmar su enojo.

—No soy una niña.

Ah… así que no le gustaba que la llamaran niña. Con razón reaccionaba de forma tan
intensa.
Lalin se levantó del sofá, se acercó a la joven que seguía furiosa y, rodeándole el cuello con
los brazos, la atrajo hacia sí, inclinándole la cabeza con delicadeza, esperando que sus
palabras suavizaran la tensión.

—Entonces, ¿qué debería hacer para que dejes de estar enojada?

—Leche…

—¿Debería dejarte beber mi leche, entonces?

Si quieres saber qué pasó después de esa frase que le encendió las mejillas, basta con decir
que se quedó sin fuerzas. Estaba de pie, y de pronto terminó sentada en el sofá, la mirada
perdida siguiendo la silueta de Lalin que desaparecía detrás de la puerta del dormitorio. No
sabía cuánto tiempo llevaba allí, ni cuánto llevaba Lalin dentro.

Tenía el teléfono aún entre las manos, pero seguía sin decidirse a hacer nada. Dos voces en
su cabeza discutían con fuerza.
Casi veinte años tenía, y jamás había sentido algo así. Ni siquiera con su exnovia, la
hermosa Janejira, a quien ella misma había cortejado, su corazón había latido tan fuerte.
«Cálmate, Pam. No pienses más.»

Se repitió esa frase una y otra vez, pero fue inútil. Su mente solo giraba alrededor de una
misma oración.
La doctora Lalin probablemente solo la estaba molestando, como siempre. Molestándola
para hacerle latir el corazón más rápido. Molestándola para verla sonrojarse. Molestándola
para desarmarla, para hacer que dejara de ser ella misma.

—Pam.

El sonido de su nombre la trajo de vuelta a la realidad. Giró la cabeza, pero de inmediato


volvió la vista hacia la televisión. En verdad, no miró ni diez segundos. Porque la mujer
que estaba allí solo llevaba puesta una toalla grande envolviéndole el cuerpo, y otra más
pequeña cubriendo su cabello aún húmedo. Demasiado arriesgado.

—¿Por qué apartas la mirada?

¿Cómo se supone que debía responder a eso?

Y entonces, ella volvió a acercarse, sentándose justo a su lado.

—Ehm… yo…

—¿Desde cuándo tartamudeas? —El tono burlón, acompañado del suave aroma que la
envolvía, hizo que Pammy la mirara de reojo con una mezcla de reproche y confusión.
Jamás había tartamudeado… hasta que conoció a esa mujer, la misma que convertía su
calma en un caos absoluto.

—Es por tu culpa, P’Lin.

—¿Por mi culpa? ¿Yo te hago tartamudear? Entonces dime, ¿qué te he hecho?

Solo tenía que decirlo. Pero no, la doctora Lalin fue más allá: la giró suavemente y colocó
sus manos frías sobre sus mejillas. ¿Cómo podría apartarse ahora?

—Tengo que volver a mi habitación.

—¿A tu habitación?

—Tengo que beber leche. Ya casi son las diez. —Intentó volver la cara, pero no pudo.
Aquellas manos suaves aún la sostenían, y el nudo de la toalla… estaba peligrosamente
cerca.

—¿Tienes que beber leche antes de dormir?


—Sí.

—Ya te lo dije, ¿no? En mi habitación también hay leche para que la bebas antes de dormir.

Esa sonrisa le encendió el rostro por completo. ¿Quién no se sonrojaría?


Sobre todo cuando la mano de la doctora empezó a moverse hacia el nudo de la toalla,
haciendo que Pammy, por puro reflejo, le sujetara la mano para detenerla.

—No lo hagas.

—¿Hacer qué, Pam?

—Vas a quitarte la toalla.

—No me la estoy quitando. Solo la estoy ajustando… Pam, estás apretándome el pecho.

No podía negarlo.
Lo que Lalin acababa de decir era verdad.
Su mano estaba, efectivamente, sobre el pecho de la doctora.
Y cuando Lalin retiró la suya, todo se volvió aún más claro: sí, la estaba tocando. Por
completo.

—¿Quieres la leche tanto así?

—¡P’Lin!

—Vamos, levántate. Te llevaré a beber leche antes de dormir.

.
.
.

—¡Pam, Pammy, Pammy! ¡Pammy!

Con cada sacudida y grito más fuerte, finalmente su amiga logró sacarla del estado de
ensoñación. Desde la mañana, Pammy casi no había hablado, solo se sentaba allí, perdida,
como si algo la estuviera consumiendo por dentro. Así que Shasha tuvo que hacer algo para
traerla de vuelta a la realidad.

—¡Me vas a dejar sorda, Shasha! Solo estamos sentadas una al lado de la otra.
—Es que estabas en las nubes, Khun Pammy —Shasha la miró con reproche y luego le
mostró el teléfono con cara de muchas preguntas.

—¿Qué pasa…?

—Mira, ¿con quién fuiste al supermercado ayer?

—¿Lo viste, Shasha? —Aunque solo era una foto desde atrás, se veía claramente a dos
chicas caminando juntas; cualquiera un poco observador notaría que era ella y esa persona.

Pammy suspiró, mezclando molestia y alivio, al devolverle el teléfono. Menos mal que solo
estaba Shasha. Si las otras tres chicas del grupo hubieran estado allí, seguro la habrían
interrogado hasta volverla loca.

—Nadie.

—Ajá…

—Pammy, ¿sabes cuántas veces me llamó esa maldita P’Jane anoche? Más de diez veces.
Mientras yo casi me volvía loca coqueteando con alguien nuevo.

—¿Y qué pasó?

—Cuando contesté, soltó un torrente de preguntas: ¿estás saliendo con alguien? ¿Quién era
la chica de ayer? No paraba, hasta que ya no supe qué decir.

—¿Y tú qué le respondiste?

—¿Qué podía hacer? Solo dejé que fluyera, diciendo que tú y tu nuevo amor estaban
extremadamente felices, tan empalagosos como si tuvieran diabetes. P’Jane se quedó
callada. Y todavía se atrevía a decir que no creía y que intentaría ganarte. Menos mal que
escapaste de ese lío… Con ella es terrible.

Shasha no exageraba. Ser hermosa no significa nada si por dentro estás vacía. Cuando
Pammy realmente se acercó, él se dio cuenta de que Janejira no era alguien con quien
debieras pasar mucho tiempo. Pammy merecía algo mejor…

—P’Jane quizá…

—No. No te dejes ablandar por ella. Pammy, tienes que ser fuerte. Recuerda, solo eras una
opción para ella. Recuerda cómo te hizo daño. No te derritas de nuevo, o juro que se lo
cuento a Mommy Pat. Te lo digo en serio, no la apoyo.

La mayor debilidad de Pammy era su corazón blando. Cuando se encariñó con Janejira,
Shasha ya había visto demasiado tarde. Solo con una mirada caía rendida, luego venía un
amor ciego, sin poder detenerse, incluso con consejos de todos. Shasha no pensaba que
Janejira fuera mala, pero ver a Pammy como un perrito corriendo detrás de ella y
perdiéndose a sí misma le dolía.

—Hablas como en una obra de teatro, Shasha.

—¡No! ¡Nunca quiero verte perder la cabeza así otra vez! ¿Recuerdas cuando P’Jane dijo
que la luna era un palito y tú le creíste? Lo que ella quisiera, tú ibas a comprarlo… ¡Me
enloquecía!

—Ya aprendí la lección, ¿vale?

—Bien. Ahora, ¿quién era la chica con la que fuiste al supermercado ayer? —Ahora que el
capítulo de Jane había cerrado, era momento de preguntarle sobre el presente. Por la foto,
parecía de la misma edad o un poco menor.

—¿De verdad quieres saberlo, Shasha?

—¿Qué crees? ¡Dímelo, Pammy! ¿Quién es?

Pammy no respondió. Su mirada se había desviado hacia otra persona: la profesora tan
comentada últimamente. Si fuera la doctora Khemika, nadie pensaría nada extraño; ambas
eran cercanas. Pero era la doctora Lalin, y Pammy estaba al lado de la profesora
extremadamente popular en la facultad de ingeniería, luciendo bastante cercana.

—La doctora Lalin…

—¿Así que es verdad?

—¿Qué cosa, Shasha?

—Dicen que el profesor Mekha está coqueteando con nuestra doctora Lalin. —Shasha lo
dijo como si declarara la propiedad de todo el departamento. La primera clase fue un poco
tensa, sobre todo con el examen sorpresa, pero tras unas lecciones, Lalin se volvió bastante
cercana.

—¿Coqueteando…?

—¡Sí! Se llevan perfecto: una doctora hermosa que estudió en el extranjero, un profesor
guapo con igual nivel académico. Apariencia y títulos perfectos. Pareja ideal. —Si Shasha
hubiera mirado a su amiga, habría visto cómo su rostro pasó de sorprendido a
completamente vacío.

—Me voy ya, Shasha.

—¿Eh? Espera, ¿a dónde tan rápido? ¿No vas con las demás?

—El ambiente hoy es insoportable. Quiero ir a casa a descansar.


—¿Qué dices, Pammy? ¿Qué tiene de malo el ambiente? ¿O es que el PM2.5 subió otra
vez? —Shasha seguía parloteando, pero en vano. Pammy se había ido, sin mirar atrás, con
un rostro tan frío que era imposible leerlo. Cualquiera que intentara seguirla solo recibiría
esa frialdad.

Entonces, ese “ambiente malo” que mencionaba Pammy…

Probablemente era…

—Shasha, ¿qué miras como boba? ¿Dónde está Pammy? ¿No dijiste que estaba contigo? —
Bambi llegó al banco de mármol del grupo y vio solo a Shasha sentada.

—Se fue.

—¿Eh? ¿A dónde? ¡Si íbamos a comer juntas!

—Dijo que el ambiente no estaba bien y se fue.

—¿Otra vez ese ambiente malo?

—Es Nune.

—¿Nune qué, Shasha?

—El “ambiente malo” de Pammy son la doctora Lalin y el profesor Mekha.

Al decir eso, los tres miraron al mismo lugar. El profesor Mekha estaba ayudando a la
doctora Lalin con las cosas, conversando y riendo juntos.

—Espera, ¿Pammy está interesada en el profesor Mekha?

—¡Dios mío, tiara Tawan! ¿De qué estás hablando? ¿Te imaginas a Pammy interesándose
en un chico guapo?

Shasha suspiró dramáticamente.

¿Desde cuándo Pammy se ha interesado en alguien solo por ser guapo?

—¡Jamás! ¡Pammy ya se fijó en la doctora Lalin!

—¿Cuándo? Nunca vi nada sospechoso.

—Cuando Pammy se cayó y golpeó su cara contra el pecho de la doctora Lalin en el


estacionamiento… ahí se enamoró.

—Espera, ¿quieres decir que Pammy se enamoró del pecho de la doctora Lalin?
—Entonces pregúntale a Pammy, tiara Tawan. Si es por los pechos o por otra parte de la
doctora, yo también quiero saber… Mejor vámonos ya.
Desde ese momento, las chicas decidieron en silencio seguir a Pammy muy de cerca. Una
vez que habían identificado el objetivo, no podían perderse ni una sola señal. Todas estaban
emocionadas, esperando ver cómo Pammy coquetearía con la doctora Lalin; solo pensarlo
ya les parecía divertido.

—Esta vez, Pammy, te vamos a vigilar de cerca. A ver cómo planeas seducir a la doctora
Lalin.

Pero parece que tendrían que esperar bastante. Pammy se volvió extrañamente silenciosa,
desapareciendo hasta el punto de preocupar incluso a Lalin. Durante dos días no se la había
visto, ni en la universidad ni en la cafetería donde trabajaba. Era como si estuviera evitando
encontrarse con alguien a propósito. Por eso, ahora Lalin estaba frente a la puerta de su
habitación.

—¿A dónde se habrá ido…?

Sabía que no habría respuesta, porque la única persona que podía responder había
desaparecido. Ni siquiera tenía el número de teléfono de Pammy.

El sonido de pasos hizo que Lalin esperara un momento, pensando que quizá era la chica
traviesa. Pero al girarse, no era la persona que esperaba.

Presionó el timbre una vez más y, al no recibir respuesta, se resignó y volvió a su


habitación. La puerta de enfrente seguía cerrada.

Su relación apenas había comenzado y estaba progresando muy bien. Cada vez que estaban
cerca, Lalin sentía que Pammy también mostraba interés. Y sin embargo, ahora había
desaparecido sin dejar rastro. ¿Sería por la vuelta de un antiguo amor que Pammy se
sintiera indecisa? ¿Realmente pensaba en terminar ahí? Lalin ya sabía la respuesta.

—Lin, ¿qué estás haciendo? ¡Tan lenta que tuve que subir hasta aquí a llamarte! —una voz
regañona resonó. Sin girarse, Lalin ya sabía de quién se trataba. Puso el montón de
documentos sobre la mesa de la sala y salió rápidamente a encontrarse con su amiga, que
esperaba en la puerta.

—Estoy empacando.

—¿De verdad? Pensé que ibas a escapar y no ir a la fiesta de cumpleaños del profesor
Mekha.
Sí, hoy estaban invitadas a la fiesta de cumpleaños del profesor Mekha. Lalin había usado
la excusa de subir cosas solo para tener pretexto de mirar si acaso se topaba con la traviesa
Pammy.

—Oh, Pam.

—Profesora…

La puerta que había tocado tantas veces sin recibir respuesta ahora se abría. Y Pammy
estaba allí, parada. Así que había estado todo el tiempo en su habitación, solo que fingía no
salir. Lalin alcanzó a ver un destello de molestia en los ojos de la pequeña.

—¡Oye! Lalin, ¿qué estás haciendo, Pammy?

El grito sorprendido de su amiga sonó justo cuando Lalin decidió acercar a la chica más alta
hacia dentro de la habitación. Aunque Pammy intentó resistirse y no estaba de acuerdo,
¿cómo dejar que alguien que claramente estaba evitando encontrarse con ella siguiera
huyendo? Y no solo la acercó al apartamento.

No solo la acercó a la habitación.

Sino que la llevó al dormitorio, para que ambas quedaran solas.

—Khem, hoy no podré ir. Ve tú sin mí…

—Porque debo darle la leche a Pam antes de dormir.


Capítulo 7

Debo darle la leche a Pam antes de dormir…

En cuanto escuchó esas palabras, se quedó paralizada. La escena de su amiga arrastrando a


su estudiante hasta el dormitorio ya era suficientemente sugerente. ¿Y esa frase? Hacía que
la imaginación de cualquiera volara mucho más allá.

Al principio pensó que Lalin solo tenía curiosidad, quería conocer mejor a Pammy. Pero al
ver eso, ya no podía ser solo curiosidad. La verdadera pregunta era: ¿hasta qué punto había
llegado su relación para que pudieran arrastrarse mutuamente hasta un dormitorio así?

¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!

No podía quedarse allí, inmóvil en medio de la habitación. Apenas recuperó la compostura,


lo primero que hizo fue golpear la puerta del dormitorio de su amiga. ¿Quién en su sano
juicio diría abiertamente que quiere darle leche a Pam antes de dormir? ¿En qué estaba
pensando su amiga? Apenas el día anterior la había llamado pervertida y decía que la
odiaba con todas sus fuerzas.

A pesar de golpear varias veces, la puerta no se abría. Intentó girar la manija.

Ah… no estaba cerrada con llave.

Entonces… solo quedaba abrir.

“…”

Cuando la puerta se abrió, solo pudo quedarse allí, inmóvil, sin decir palabra. Totalmente
atónita. Todo lo que pudo hacer fue llevarse las manos a la boca, incapaz de gritar siquiera
un suspiro. Casi paralizada.

—Khem, ¿¡qué haces aquí!?

¿Entrar? ¿De verdad?

Lo siento, doctora, pero mira lo que estás haciendo.

Estaba sentada sobre las piernas de Pam, abrazándola por el cuello. La chaqueta estaba
retirada. Los dos botones de la blusa delgada también abiertos. Y lo más importante: la
mano de Pam estaba sobre el pecho de su amiga. ¿Qué demonios era esto? No había otra
forma de interpretarlo que no fuera que algo estaba pasando entre ellas.

—Sal afuera primero, Khem.


—Espera…

—Hablamos después.

Con eso, la empujaron fuera. La puerta se cerró y esta vez sí estaba con llave. Lo que
significaba que ahora no podía saber qué estaba pasando dentro.

—Lin, cálmate. No hagas nada imprudente con Pam. Después de todo, eres profesora,
Lin… —Eso fue todo lo que pudo decir, con la esperanza de que Lalin no hiciera algo
impulsivo. Honestamente, nunca había visto a su amiga así. Normalmente, Lalin controlaba
sus emociones perfectamente. Pero ahora estaba completamente fuera de control.

Aunque Khemika estaba preocupada por las dos mujeres en el dormitorio, aún debía
cumplir con su deber: rechazar la invitación del profesor Mekha y avisar que la hermosa
doctora probablemente no podría asistir a la fiesta de cumpleaños esa noche.

Porque tenía que darle la leche a la niña antes de dormir.

Dios… esto ya no podía considerarse inocente.

La doctora Khemika estaba preocupada por su alumna, y la alumna estaba sentada, atónita,
tratando de recomponer un poco de su juicio que había empezado a perder desde que fue
arrastrada al dormitorio.

La hermosa doctora volvió a hacerla perder el control una vez más al quitarse la chaqueta,
empujarla sobre la cama y sentarse sobre ella, obligando a Pam a rodear con los brazos
aquella cintura esbelta. ¿Y los dos botones de la blusa ya desabrochados? Dime, ¿cómo
podía mantener la calma?

Quería teletransportarse de inmediato con Mama Prem.

Quería contárselo a Mommy Pat.

Que la doctora Lalin la desorientaba una y otra vez.

—Pam.

Mmm… otra vez la llamaba Pam. Y esa mirada, claramente descontenta. Era la segunda
vez que veía esa expresión de Lalin. La primera había sido cuando la malinterpretaron
como una pervertida. ¿Y ahora qué había hecho para merecer esa mirada?

—No desabroches otro botón…

No retrocedió. Esta vez Pammy fue la que dio un paso adelante, enfrentándose a la doctora
que intentaba desabrochar un tercer botón. Un minuto antes su mente aún daba vueltas,
dejando que se desabrocharan dos botones. No podía permitir que Lalin quitara más. Si se
mostraba más, sería demasiado evidente. Solo con un vistazo a esa curva suave, su corazón
ya latía descontrolado.

—Si no quieres que lo haga, dilo.

—¿Decir qué?

—Pam.

—No sé qué quieres, P’Lin. —Aún sostenía las manos de la doctora, impidiendo que
desabrochara el tercer botón. A pesar de la cercanía que hacía que su rostro se sonrojara,
esto era más soportable que ver la blusa fina caer completamente de sus hombros.

—Pam.

—Es hora de que vayamos a comprar leche.

—¿Se acabó la leche en tu habitación?

—Sí.

—No hace falta ir a comprar. En mi habitación hay leche.

Otra vez la frase de la leche, y su rostro se sonrojó completamente. Lo de anoche sobre


tomar leche casi la deja sin palabras. Su corazón latía con fuerza sin control. Finalmente,
obedientemente siguió a Lalin hasta la pequeña cocina. Y sí, bebió la leche, pero de una
caja. ¿Quién hubiera pensado que la doctora Lalin usaría exactamente la misma leche que
ella?

“Porque me importas. Y porque me preocupo por ti.”

Esas fueron las palabras que pronunció mientras abría la caja y se la ofrecía para beber.
Pam aún recordaba perfectamente esa sonrisa, no era la sonrisa astuta o juguetona habitual,
sino una que la hizo recostarse en el sofá de la sala, en lugar de subirse a la cama de Lalin
como había planeado.

—Vamos a beber la leche. Te la daré directamente a la boca, como aquella vez.

—Para ya.

Lalin miró su mano, liberada ahora. Ya no podía sostenerla como cuando fingió que iba a
desabrochar el botón. La mirada de Pammy estaba tranquila, pero con un dejo de
descontento. ¿Qué había hecho para molestarla? ¿O había exagerado en sus bromas?

—Pam, ¿qué pasa?


—No sigas jugando así.

—¿Jugando…?

—Eres demasiado… P’Lin. No te expongas así… los demás lo verán y se emocionarán.

Lalin se quedó inmóvil, mirando a la pequeña decir eso suavemente, y luego sonrió
mientras le volvía a abrochar los botones de la blusa. Su pequeña pervertida estaba bien
educada; incluso en esta situación sabía mantenerse, sin cruzar límites. Con la palabra
“demasiado” Pam le mostraba su verdadero significado.

—Si te emocionas, entonces…

—Ya lo dije. Para mí, la cercanía física debe ir acompañada de esto… Debes ir a buscar
algunas cosas en la habitación. ¿Quieres acompañarme?

La cálida sonrisa de Pammy hizo que Lalin inconscientemente se llevara la mano al pecho
izquierdo. Dejó que la otra la ayudara a ponerse la chaqueta, y luego la guió tomándola de
la mano fuera de la habitación.

—¿Por qué…?

—No es bueno estar siempre en la habitación a solas… Te lo dije, P’Lin, tengo la sensación
de…

Lalin sintió que su rostro se calentaba. Solo por una dulce sonrisa de su pequeña pervertida.
Solo por la mano que apretaba la suya más fuerte. Solo por la confesión de que estar a solas
con ella le causaba esa sensación. ¿Era suficiente para sonrojarla? Hace un momento ella
era quien provocaba que Pam se sonrojara…

—Pam, dime. ¿Qué sientes?

—Ya lo sabes, P’Lin… Por favor, no juegues con mi corazón. Es muy débil.

—Si tu corazón es débil, ¿qué debería hacer yo?

—Nada… excepto que podría terminar en el hospital.

—Es broma. No te pongas tan tensa… Vamos. No queda mucho tiempo para comprar. Una
estudiante tomando de la mano a la profesora así…

—Ya te dije, fuera del campus, no eres mi profesora.


A Lalin le gustaba esta sensación, que alguien la tomara de la mano desde que salían de la
habitación hasta la estación de autobús. La pequeña pervertida no soltaba su mano ni una
vez. Pam propuso ir en transporte público, y Lalin sudaba un poco; no era que no pudiera
hacerlo, pero con tanta gente se cansaba más rápido. Sin embargo, el cansancio desaparecía
con la mano que la acompañaba. Incluso pagó el transporte por ella.

—En la próxima estación bajaremos para cambiar al BTS.

—¿No estás cansada?

—Hace calor, pero es divertido.

Lalin miró a la pequeña pervertida subir al BTS mientras sonreía. Qué niña tan extraña.
Tenía todo a su alcance y nunca lo usaba para facilitarse la vida. Le gustaba gente así,
discreta, aunque tuviera mucho que mostrar.

—¿Prefieres calor o frío?

—Ambos, depende de la situación… ¿No te agarraste del pasamanos?

—Tomarte a ti es más cómodo, Pam. —Aunque el BTS estaba lleno, aún quedaban algunos
pasamanos vacíos. Sin embargo, prefirió apoyarse en la alta figura de su pequeña pervertida
como punto de soporte.

Lalin miró la mano que, tras pedir permiso, volvió a rodearla una vez más. La cercanía en
el espacio reducido entre la multitud la hizo sonreír levemente. No hablaron más hasta
llegar al famoso centro comercial, lo que sorprendió a Lalin. En realidad, ya se había
sorprendido desde que Pam la llevó en autobús y luego al tren.

—¿Por qué no compras en el centro cerca del condominio, Pam?

—Porque está cerca de la escuela.

—Hmm…

—Si no, no podríamos tomarnos de la mano así. —La respuesta hizo que Lalin se
sonrojara, y la pequeña pervertida apretara aún más su mano.

—Pam.

—Sí.

—Lo que estás haciendo ahora, ¿qué significa…? —Quería una respuesta clara de quien la
sostenía. No entendía por qué necesitaba eso, especialmente cuando había sido ella quien
provocó a Pam y la hizo ponerse nerviosa. Pero ahora, con sus sentimientos creciendo, todo
necesitaba reconsiderarse. Solo dos días de ausencia y ya se sentía intranquila.
—Me invitas de compras como aquella vez que tú me invitaste.

¡Bof!

Directo en el brazo. Dolor hasta el corazón.

En cuanto terminó, Lalin levantó la cabeza y se dirigió directamente al centro comercial.


Pam solo pudo frotarse el brazo para calmar el dolor. Pero al ver que la mujer que la había
dejado ir se detenía esperándola, inmediatamente la siguió, manteniendo cierta distancia,
precavida de recibir otro golpe.

—¿Te resulto molesta, Pam?

—P’Lin también tiene hambre como yo, ¿verdad? Por eso te irritas tan fácilmente.

—Pam.

—Vamos a comer. Cuando estés llena, dejarás de estar molesta.

Sabía perfectamente que la pequeña pervertida estaba evitando la pregunta. Pero solo con
ver esa sonrisa, todo malestar de Lalin desapareció. Solo con esa sonrisa. Solo con estar
cerca. Solo con escuchar la voz preguntando qué quería comer. Eso bastaba para que
sonriera y volviera a conversar normalmente.

—Te llevaré a un lugar con muchas opciones.

El “lugar con muchas opciones” mencionado por Pam sorprendió un poco a Lalin. Pero al
ver la sonrisa satisfecha y la descripción detallada, no pudo evitar sonreír también. Se sentía
orgullosa. ¿Cómo podía una chica hacerla sorprender una y otra vez? ¿Quién habría
pensado que una joven de familia distinguida disfrutaría ir a un food court en la planta baja
del centro comercial? Si no lo hubiera visto, jamás lo habría creído. Y ahora, Pam incluso
iba a cambiar su tarjeta de comida antes, y solo al mostrador que le gustaba.

—¿Vienes aquí seguido, Pam?

—Me parece conveniente el food court. Muchos platos ricos y precios asequibles.

—Rara vez veo que alguien rico piense así.

—No todos piensan igual. Entonces, ¿qué quieres comer, P’Lin? ¿Debo comprártelo?

—Ve a escoger primero. Yo elegiré después. —La pequeña pervertida asintió y dejó
—La hermosa doctora volvió a hacerme perder el control una vez más al quitarse el abrigo,
empujarme sobre la cama y sentarse encima de mí, obligando a Pam a rodear su cintura con
los brazos. ¿Y los dos botones de la blusa ya desabrochados? Dime, ¿cómo se supone que
podía mantener la calma?
Quería teletransportarse al lado de Mama Prem.

Quería contárselo a Mommy Pat.

Que la doctora Lalin no dejaba de desorientarla.

—Pam.

Mmm… otra vez me llama Pam. Y esa mirada… claramente no está contenta. Era la
segunda vez que veía esa expresión de Lalin. La primera fue cuando la malinterpretó como
pervertida. ¿Y ahora qué había hecho mal para que la mirara así?

—No desabroches más botones…

Esta vez no se echó atrás. Pammy dio un paso al frente, enfrentando a quien intentaba
desabrochar el tercer botón. Un minuto antes, su cabeza aún estaba dando vueltas, dejando
que se desabrocharan dos botones. No podía dejar que Lalin quitara más; si se mostraba
más, sería demasiado evidente. Solo una mirada a esa curva suave y su corazón ya latía
descontrolado.

—Si no quieres que lo haga, dilo.

—¿Decir qué?

—Pam.

—No sé qué quieres, P’Lin. —Aún sostenía las manos de la doctora, impidiendo que
desabrochara el tercer botón. La cercanía la hacía sonrojarse, pero eso era preferible a que
la blusa fina cayera completamente.

—Pam.

—Es hora de que vaya a comprar leche.

—¿Se acabó la leche en tu habitación?

—Sí.

—No hace falta comprar. Hay leche en mi habitación.

Esa frase sobre la leche volvió a sonrojarla. Lo de anoche sobre beber leche casi la deja sin
palabras. Su corazón latía desbocado, sin control. Finalmente, obedientemente, siguió a
Lalin a la pequeña cocina. Y sí, bebió leche, pero de la caja. ¿Quién hubiera pensado que la
doctora Lalin usaría exactamente la misma leche que ella?
“Porque me importas. Porque me preocupo.”

Esas fueron las palabras que pronunció al abrir la caja y llevarla a la boca de Pam. Pam
recordaba claramente esa sonrisa, no era la sonrisa traviesa o burlona de siempre, sino una
que la hizo elegir sentarse en el sofá del salón en lugar de subirse a su cama como había
planeado.

—Vamos a beber leche. Yo abriré y te daré en la boca, como aquella vez.

—Detente.

Lalin miró sus manos, que acababan de soltarse. Ya no podía sostenerlas como cuando
fingió querer desabrochar el botón. La mirada de Pammy ahora era calmada, pero cargada
de desaprobación. ¿Qué había hecho para molestarla? ¿O había bromeado demasiado?

—Pam, ¿qué pasa?

—No sigas jugando así.

—¿Jugando…?

—Eres valiosa, P’Lin. No te expongas así… si la gente lo ve, se conmoverán.

Lalin se quedó quieta mientras la pequeña lo decía suavemente, luego sonrió y abrochó los
botones de la blusa. Su pequeña pervertida estaba bien educada. Incluso en esta situación,
sabía mantener los límites. “Valiosa”, Pam le estaba mostrando lo que realmente
significaba.

—Si te conmueves, entonces…

—Te dije. Para mí, la cercanía física debe ir acompañada de esto… Tengo que ir a comprar
algunas cosas a la habitación. ¿Quieres venir?

La cálida sonrisa de la pequeña hizo que Lalin inconscientemente pusiera la mano sobre su
corazón. Dejó que le ayudara a ponerse el abrigo y que la guiara de la mano fuera de la
habitación.

—¿Por qué…?

—Estar siempre juntas en la habitación no es bueno… Te lo dije, P’Lin, siento…

Lalin sintió su cara arder. Solo por una sonrisa dulce de su pequeña pervertida. Solo por la
mano que la apretaba más fuerte. Solo por la confesión de que estar a solas en la habitación
con ella la hacía sentir algo. ¿Eso era suficiente para sonrojarse? Hace un momento, ella era
la que estaba provocando que la otra se sonrojara.

—Pam, dime. ¿Qué estás sintiendo?


—Lo sabes, P’Lin… Por favor, no juegues con mi corazón. Es débil.

—Si tu corazón es débil, ¿qué se supone que debo hacer?

—Nada, solo que tendrías que llevarme al hospital.

—Es broma. No te pongas tensa… Vamos. No queda mucho tiempo para comprar. Una
estudiante sosteniendo la mano de su profesora…

—Te dije, fuera del campus, ya no eres mi profesora.

A Lalin le gustaba esta sensación, que alguien la tomara de la mano desde que salían de la
habitación hasta la estación de autobús. La pequeña pervertida no soltó su mano ni una sola
vez. Pam propuso ir en transporte público, haciendo que Lalin sudara un poco. No es que
no pudiera ir, solo que la multitud la cansaba fácilmente. Pero ese cansancio desapareció
solo porque tenía la mano de la otra. Incluso pagó el transporte por ella.

—En la próxima estación bajaremos para cambiar al BTS.

—¿No estás cansada?

—Hace calor, pero está bien.

Lalin miró a su pequeña pervertida sostener su mano mientras subían al BTS y sonrió. Qué
niña extraña. Tenía todo a su alcance, pero nunca lo usaba para su conveniencia. Lalin
admiraba a alguien así, discreta, sin presumir de todo lo que podía.

—¿Te gusta más el calor que el frío?

—Me gustan ambos, depende de la situación… ¿No vas a sostener la barandilla?

—Sostenerte a ti es mejor, Pam. —Aunque hoy el BTS estaba lleno, aún había algunos
lugares libres. Aun así, eligió apoyarse en su pequeña pervertida alta como punto de apoyo.

Lalin vio cómo su mano, que había pedido abrazarla de nuevo, se entrelazaba con la suya.
La cercanía en ese espacio estrecho y lleno de desconocidos hizo que sus labios se curvaran
en una sonrisa. No dijeron nada hasta llegar a un famoso centro comercial, lo que
sorprendió a Lalin. De hecho, ya estaba sorprendida desde que Pam la llevó en autobús y
luego al tren.

—¿Por qué no compras aquí cerca de tu edificio, Pam?

—Porque está cerca de la escuela.


—Hmm…

—Si no, no podríamos tomarnos de la mano así. —Esa respuesta hizo que Lalin se
sonrojara, y la pequeña pervertida apretara su mano aún más.

—Pam.

—¿Dígame?

—Lo que estás haciendo ahora, ¿qué significa…? —Quería una respuesta clara de quien
sostenía su mano. No entendía por qué necesitaba eso, especialmente porque ella misma
había provocado que la otra se sintiera incómoda. Pero ahora, con sus sentimientos
creciendo, todo debía reconsiderarse. Solo dos días de ausencia y ya estaba intranquila.

—Me invitaste a ir de compras, como aquella vez que tú me invitaste.

¡Bof!

Directo en el brazo. Dolor hasta el corazón.

Tan pronto como terminó de hablar, Lalin alzó la cabeza y entró directamente al centro
comercial. Pam solo podía frotarse el brazo para calmar el dolor. Pero al ver que la mujer
que se fue se detuvo a esperarla, la siguió de inmediato, manteniendo una distancia
prudente para evitar otro golpe.

—¿Te molesto mucho, Pam?

—P’Lin también tiene hambre, ¿verdad? Por eso te pones de mal humor.

—Pam.

—Vamos a comer. Cuando estés llena, ya no estarás de mal humor.

Sabía que la pequeña pervertida estaba evitando la pregunta a propósito. Pero solo ver esa
sonrisa hacía que cualquier molestia en Lalin desapareciera. Solo esa sonrisa. Solo estar
cerca así. Solo escucharla preguntar qué quería comer. Eso bastaba para hacer sonreír a la
doctora Lalin y volver a conversar con normalidad.

—Te llevaré a un lugar con muchas opciones para elegir.

El lugar con muchas opciones mencionado por Pam sorprendió un poco a Lalin. Pero al ver
la sonrisa satisfecha y la explicación detallada, no pudo evitar sonreír también. Se sentía
orgullosa. ¿Cómo podía una chica sorprenderla tanto? ¿Quién hubiera pensado que una
señorita de familia adinerada disfrutaría del food court en la planta baja de un centro
comercial? Si no lo viera con sus propios ojos, no lo creería. Y ahora, Pam incluso fue a
cambiar la tarjeta de comida primero, luego señaló los puestos más ricos.

—¿Vienes seguido aquí, Pam?

—El food court me parece conveniente. Mucha comida buena y precios razonables.

—Rara vez veo que los ricos piensen así.

—No todos piensan igual. ¿Qué quieres comer, P’Lin? ¿Compro yo por ti?

—Ve a escoger primero. Yo elijo después. —La pequeña pervertida asintió y dejó su bolso.
Menos de diez minutos después, regresó con su platillo.

—Ahora es tu turno, P’Lin. Aquí está la tarjeta.

—Te la devuelvo después, ¿vale?


—Hoy invito yo.

—¿Por qué ocasión?

—Es nuestro primer día.

Lalin miró la sonrisa de la pequeña pervertida y volvió a sonrojarse. Esa mirada cálida
hacía que su corazón se llenara de emoción. “Primer día” en boca de Pam significaba que
una relación comenzaba paso a paso, descubriéndose lentamente. Una relación que nacía de
los sentimientos, no solo de los roces físicos.

Esa pequeña pervertida…

Tan adorable… ¿lo sabe, verdad?

No dejaré que se me escape.

La primera comida que marcaba ese “primer día” no era en un restaurante elegante, ni con
vino ni velas. Solo en un food court lleno de gente, con un plato de curry y un pad thai. Y
aún así, la sonrisa de Lalin brillaba. Porque la atención y cuidado silencioso de la pequeña
pervertida le hacía imposible no pronunciar unas palabras que la hicieran reflexionar un
poco.

—¿Crees que necesito comer en un restaurante elegante y vestida con ropa cara, Pam?

—Bueno… sí.

—¿No dijiste hace un momento que no todos piensan igual? Y ahora estás pensando por
mí. —Quizás era la primera vez que Lalin reprendía a la pequeña pervertida con ese tono,
por preguntar insistentemente si se sentía incómoda o qué pensaba del food court.
—He estudiado en el extranjero. Soy doctora…

—Y qué, Pam?

—Solo me preocupa…

—Tú misma dijiste que es nuestro “primer día”.

—Sí.

—Entonces sé tú misma, Pam. No dejes que el “primer día” cambie quién eres.

—Alguien no me aceptaba tal como soy…

—No dejes que el pasado defina tu presente. Si aún no lo has superado… no empieces de
nuevo, Pam.

Después de decir esto, Lalin se levantó y se alejó. Pam no podía quedarse quieta. No debió
mencionar el pasado, especialmente porque ella misma había propuesto comenzar de
nuevo. Fue un gran error. Nadie quiere que le recuerden su pasado, sobre todo lo que
debería quedar atrás.

—P’Lin.

Lalin se detuvo, giró y vio la mano que apenas sujetaba el borde de su abrigo. La mirada
insegura de la pequeña pervertida hizo suspirar a Lalin. No le gustaba, no quería que sus
emociones se salieran de control.

En realidad, Pam no había hecho nada mal. Solo que Lalin no quería recordar el pasado,
aunque no fuera algo de lo que avergonzarse. Su relación apenas empezaba. Apenas era…

—Vamos de compras.

—Pero…

—¿No fuiste tú quien me invitó a ir de compras, Pam? Vamos.

—Ya no quiero comprar nada.

—¿Por qué?

—Volvamos a casa.

—Pam.

—En mi habitación hay leche…


—En la tuya también hay, ¿y?

—¿No preguntaste antes si podías beber mi leche?

—¿De verdad te atreves…? —¿Dónde quedó la duda de antes? Ahora su mirada traviesa
dominaba totalmente. Quien debería provocar ahora era ella. Pero Pam ya la había
sonrojado varias veces. Astuta. Cambiaba de emociones con rapidez, ¿cómo confiar en
ella?

—No puedo responder por ti. Tendrás que averiguar si te atreves o no.

—No hables con tanta seguridad, Pam.

Ah…

Decir eso era… demasiado gracioso.

—Vamos.

—¿A dónde, Pam?

—A descubrir si solo hablas o de verdad te atreves.

—Vamos. Quiero saber si realmente te atreves a beber leche.

Al final, nadie compró nada. Y al final, ni siquiera ella se atrevió.

Ahora, Pam solo podía sentarse en el sofá, molesta consigo misma.

Al volver al condominio, quien se retiró primero fue ella, la que había hablado con tanta
firmeza de no ir a su habitación y pasar a la de enfrente. Pero la sonrisa de Lalin hizo que
su corazón trabajara en exceso. Nunca nadie la había confundido tanto solo por querer
acercarse a alguien. ¿Por qué ser proactiva con alguien que te gusta la pone tan nerviosa?

Tomó su teléfono y marcó un número que seguramente sorprendería al receptor. Cerca de


las diez de la noche, posiblemente interrumpiendo el descanso de las dos mujeres que más
amaba. Pero si seguía acumulando confusión, no podría decidir nada y se asfixiaría.
Decidió llamar a Mommy Pat en lugar de Mama Prem, ya que probablemente Pat aún
estaba revisando documentos, mientras que Mama Prem seguramente dormía.

Pero Pam estaba equivocada. Si supiera que Mommy y Mama estaban compartiendo un
beso dulce, probablemente no se habría atrevido a interrumpir. Pero su corazón confundido
no le permitió esperar más. La doctora Premsinee trataba de detener los labios de Pat
mientras el teléfono seguía sonando, sin señales de parar.
—Pat, el teléfono…

—¿Puedo ignorarlo? Pat quiere amarte, P’Prem.

—No, es nuestra hija… —Rápidamente, entregó el teléfono a la mujer que estaba a punto
de hundir su rostro en su pecho, para que ella atendiera la llamada de su hija. Si fuera otra
persona, tal vez se habría atrevido a ignorarlo. Pero esta era su amada hija.

La doctora Premsinee sonrió dulcemente a su compañera, ahora sentada junto a la cabecera.


Pat comenzó a fruncir el ceño al escuchar a su hija por teléfono. Luego, la doctora
Premsinee también frunció el ceño cuando Pat colgó; madre e hija aún no habían podido
hablar ni cinco minutos.

—Pat, ¿qué le pasa a nuestra hija?

—Pammy está bien, P’Prem, solo que…

—¿Solo qué?

—La niña se encontró con una mujer que hizo que su corazón se descontrolara. Me llamó
para preguntarme qué debía hacer. Mientras lo contaba, la señora recordaba las palabras de
su querida hija. Una mujer capaz de hacer que Pammy se alterara así; era la primera vez
que su hija llamaba para pedir consejos sobre amor.

—No me digas que le dijiste que…

—Ya es tarde, P’Prem.

—¿Y si a esa mujer no le gusta? —La doctora Premsinee reprendió inmediatamente a su


pareja. Podía adivinar lo que Pat había dicho. No a todos les gusta ser perseguidos de
manera tan directa, como si los presionaran contra el cuello. Pammy podría ser rechazada.

—Le dije que siguiera a la persona que hace latir su corazón más rápido.

—Pat, Pat…

—Lo siento… mi boca fue más rápida que mi cerebro.

—Si Pammy es rechazada por ser demasiado audaz, prepárate: tendremos una conversación
seria, Pat.

Ahora, todo lo que Mommy Pat podía hacer era desear que su pequeña hija tuviera éxito en
este “ataque”. Porque si algún día regresara a casa con los ojos llorosos por ser rechazada
por una chica, seguramente Mommy Pat no escaparía del enojo de la doctora Premsinee.

.
.

—¿Qué pasa, Pam?

La doctora Lalin miró con sorpresa a la pequeña traviesa que sonreía frente a la puerta de
su habitación. Cuando se separaron y regresaron a sus habitaciones, no había indicios de
que la niña volvería. Entonces, ¿qué la había hecho tocar la puerta ahora?

—El aire acondicionado de mi habitación se descompuso otra vez.

—¿Y qué?

—¿Puedo dormir contigo esta noche?

—Te aviso antes: no me gusta dormir con ropa puesta.


Capítulo 8

Pam… ¿vas a tomar la leche?

¿Qué tipo de pregunta era esa? ¿Una que hace pensar seriamente antes de responder, o una
que hace que tus mejillas se enrojezcan al encontrarte con la mirada de quien la hace?

Ah… la leche.

La persona frente a ella sostenía una caja de leche, simplemente leche en una caja.
Entonces, ¿por qué se sonrojó? Pero esa mirada traviesa la hizo no querer apartar la vista; al
contrario, quería jugar ese juego con la doctora Lalin en lugar de dejar que su corazón
ardiera en silencio. De alguna manera, esa mujer siempre parecía un paso adelante.

O tal vez era porque ella misma se había ofrecido a que eso sucediera.

Porque le gustaba ver el brillo de la inteligencia de la doctora Lalin.

—¿Qué quieres que elija, P’Lin?

—¿Y tú qué quieres elegir, Pam? —Lalin sonrió con esos ojos familiares que siempre la
hacían acercarse más. Su pequeña traviesa tenía demasiados aspectos interesantes por
descubrir.

—Entonces, ¿puedo preguntarte primero, sí?

—¿No puedo preguntar primero yo?

—¿Te estás portando obstinada?

Lalin no respondió, sino que en su lugar le acercó la caja de leche a la chica sentada frente a
ella. La hizo sentarse a su lado. Fue Pam quien tomó su mano para acercar la caja a sus
labios.

Sus labios rodearon lentamente la pajilla, pausadamente. Y la mirada que se encontraron


después, su pequeña traviesa sabía exactamente cuán seductora podía ser. Sabía cómo crear
esa atracción que hacía que la otra persona se sintiera cómoda. Tal como ahora, cada sorbo
que Pam tomaba hacía que Lalin inconscientemente frunciera los labios.

—Solo me rindo ante quien quiero rendirse.

—¿Y tú… ante mí?

—¿Quieres que me rinda, Pam?


Esa pregunta, junto con la ligera sonrisa, hizo que Pam terminara toda la leche de la caja.
Sin embargo, su mano seguía sosteniendo la suave mano de la dueña de la caja de leche de
esa noche. Ahora tenía que preguntarse si realmente quería que la doctora Lalin se rindiera,
a cambio de perder esos juegos traviesos que aceleraban su corazón.

—¿Y tú, P’Lin, quieres rendirte ante mí?

—Eres demasiado traviesa.

—¿Yo? ¿Traviesa?

—Ya respondiste muy bien.

—Pero te gusta, ¿verdad?

—¿Y si te digo que no? —Lalin miró los dedos que dibujaban suavemente círculos en su
palma y sonrió. A estas alturas, la caja de leche ya no era el centro de atención. Lo que
quedaba era la sensación del contacto de la piel.

—No quiero que no te guste…

Porque si dijera que no le gusta, tampoco sería cierto.

Porque su corazón decía que sí le gustaba.

—¿Por qué no quieres que no me guste?

Una buena pregunta. ¿Por qué no querría que ella no le gustara?

Y la única respuesta que ella podía dar era:

Porque me gusta…

—¿Te gusta qué?

Esa pregunta era una trampa.

Una trampa ligera para hacer que alguien tuviera que decirlo primero. Una trampa dulce.

Y ella…

Pam gusta de P’Lin.

Esa palabra “gustar” había sido pronunciada.

Esa palabra “gustar” había sido escuchada.


—¿Esperas algo, Pam?

—¿Qué esperas que espere, P’Lin?

—Muy buena respuesta.

—Aprendo de ti, P’Lin. —Si te gusta alguien, debes observarla, ¿verdad? Y si quien te
gusta es alguien perspicaz como la doctora Lalin, entonces más razón para aprender de ella.

—Entonces observa bien.

—¿A dónde vas? —Se apresuró a tomar la mano que estaba a punto de retirarse. Pero la
respuesta que recibió hizo que su rostro se enrojeciera, incapaz de ocultar la reacción.

—A darme una ducha, y luego a dormir… ¿por qué estás roja, Pam?

—Uhm…

—¿Cambio brusco de temperatura corporal? ¿Tienes algún problema de salud, Pam? —


Preguntó en serio, no en broma. Decir que estaba preocupada no era incorrecto. Al ver sus
mejillas encendidas, Lalin llevó su mano a la frente de Pam para medir su temperatura,
mientras la chica aún no podía decir palabra.

—Tú ve a ducharte primero, P’Lin. No pasa nada…

—¿Estás segura?

—Segura.

¿Cómo podía explicar qué era lo que realmente hacía que su rostro se enrojeciera? Casi
suspiró aliviada cuando ella se levantó y se dio la vuelta.

Ducha.

Luego dormir.

“Nunca uso ropa para dormir.”

Esa frase era la razón por la que su cara estaba roja, incontrolablemente roja. Y, como dijo
la dueña de la cama, era completamente cierto. Sus mejillas aún ardían aunque se hubiera
sentado en la cama que ella misma ayudó a arreglar. En ese momento, estaba dividida entre
dos emociones opuestas. Cuanto más miraba a la mujer que se movía con la toalla alrededor
del cuerpo, más no sabía qué hacer.

Intentó no mirar. Pero cuanto más intentaba, menos podía detenerse. Y cada vez que
miraba, su cara ardía de nuevo. Ahora no solo eran las mejillas; las manos largas y
elegantes aplicando crema sobre sus piernas eran suficientes para acelerar su corazón.
Después de aplicar en la pierna izquierda, ella pasó a la derecha. Cada vez que se inclinaba,
la toalla parecía aflojarse un poco más.

Oh…

Ella… era demasiado seductora.

—¡Pam!

—Sí…

—¡Tápate la nariz!

¿Por qué tenía que taparse la nariz?

¿Acaso la había visto mirar mientras se aplicaba crema?

—Solo…

—¡Pam, te dije que te taparas la nariz ahora!

—P’Lin, ¿por qué estás tan alarmada?

—¡Tápate la nariz, Pam!

Esa mirada seria hizo que ella obedeciera al instante. Y entonces Pam comprendió por qué
ella reaccionó tan fuerte.

Estaba sangrando por la nariz.

¿Sangrando solo por ver a la doctora Lalin aplicar crema en sus piernas?

—¿Cómo es posible…?

—Está pasando. Te está sangrando la nariz, Pam. Mantén la presión —Lalin rápidamente le
indicó cómo sostener la nariz y salió de la habitación a por hielo del congelador para
detener el sangrado más rápido.

Auxiliar a alguien con sangrado nasal no es difícil, especialmente cuando la persona


coopera. La toalla fría con hielo funcionó bastante bien. Casi diez minutos, Pam
permaneció quieta, siguiendo todas las instrucciones de la doctora visiblemente
preocupada.

—P’Lin, creo que…

—Espera. Déjame asegurarme de que el sangrado haya parado por completo.


Pero la sangre no podría parar si la doctora Lalin seguía usando solo la toalla. Ella
realmente quería decir que esta situación de primeros auxilios era peligrosa, especialmente
con el nudo de la toalla que parecía ceder en cualquier momento. Pero cada vez que
intentaba hablar, le pedían quedarse quieta.

—Creo que la sangre ha parado, P’Lin.

—¿Seguro?

—Mira, el papel ya no tiene sangre fresca. —Esta vez tuvo que reunir todo su valor para
entregar el papel a Lalin para comprobarlo. Incluso se movió un poco hacia atrás, sentarse
demasiado cerca la haría mirar cosas que no debía. No era con malas intenciones; su mirada
simplemente se desviaba sola.

—Descansa un poco, ¿de acuerdo? Déjame terminar de ordenar.

—Puedo ayudarte…

—Duerme, Pam.

—P’Lin, ¿puedes cambiar la toalla por una bata o pijama? —Tuvo que reunir toda su fuerza
para decirlo. Si ella seguía moviéndose con solo una toalla, su corazón no lo soportaría.

—¿Eh? ¿Tu corazón se acelera tanto por verme con la toalla? —No pudo evitar bromear
con la pequeña traviesa que acababa de dejar de sangrar. Pero al escuchar la respuesta, solo
pudo sonreír.

—Solo un poco.

—¿Solo un poco? Cada vez que solo me envuelvo con la toalla, reaccionas así.

Ella no respondió, pero su rostro rojo lo dijo todo. Lalin se levantó, se puso lentamente la
bata, atando el cinturón mientras miraba a la chica con expresión de reproche, como si
estuviera siendo provocada.

—Siento que eres tú la que está siendo provocada.

—Duerme. Ya voy a entrar.

La luz del techo se apagó, dejando solo la luz suave de la lámpara de noche, suficiente para
no molestar a quien estaba acostada. Pero claro, Pam no podía cerrar los ojos. Al ver a la
dueña de la habitación salir, sentía que estaba esperando… esperando ver si cuando
regresara y se recostara a su lado, sería tal como dijo.

Maldita sea, Pam. No deberías pensar estas cosas. Si alguien duerme con ropa o sin ella es
su decisión personal. Es asunto privado. ¿Entonces por qué te torturas así? Pero sus
pensamientos se interrumpieron cuando el colchón del otro lado se hundió. Rápidamente
giró el rostro hacia la pared. Creyó incluso escuchar la bata quitándose.

Si se sentaba ahora…

—¿A dónde vas, Pam? ¿Por qué me das la espalda?

Ah… esa mano sobre ella hacía imposible sentarse.

Si preguntas por qué su corazón no tenía valor suficiente en este momento,

Era porque nunca había experimentado algo así antes.

—Acabo de recordar que aún tengo una materia que no estudié…

—Pam.

La manera en que pronunció su nombre esta vez la hizo querer pegarse aún más a la pared.
Pero no podía, porque la mano de Lalin estaba sobre su cintura. Significaba que ella estaba
recostada de lado, frente a la espalda de la pequeña traviesa.

—Uhm… creo que… —Cuando necesitaba hablar, su mente quedó en blanco.


Normalmente Pam nunca actuaba así. Pero cada vez que estaba cerca de esta mujer,
siempre le pasaba lo mismo. Si lo contara a una amiga, la burlarían hasta morir. Pero no,
Pam no podía retroceder.

Porque si retrocedía ahora, su espalda tocaría… um… aquello de Lalin…

—¿Retrocedes, Pam?

—P’Lin…

—Si retrocedes… no te dejaré en paz.

Realmente quería decir que no se retiraría. Pero, ¿podría no acercarse más? Tan cerca que
su corazón latía desbocado, y tenía que abrazarse el pecho izquierdo para calmarse.

No podía…

—P’Lin, ¿puedes retroceder un poco? Me cuesta respirar.

Al escuchar esa súplica seria, Lalin encendió la lámpara de noche. Luego le dijo que se
recostara correctamente, pero se quedó paralizada al ver la frente de Pam cubierta de un
ligero sudor. Aunque poco, su respiración agitada era suficiente para preocuparla y
considerar llevarla al hospital.

—Estás bien, P’Lin. Solo te emocionaste demasiado… ¿Puedo ponerme el pijama?


—¿Seguro que estás bien?

—Claro. Me conozco bien. Cada vez que me emociono demasiado, me pasa esto.

—¿Te emocionas por qué, Pam?

—Porque no llevas ropa…

—Te dije que no te gusta usar ropa para dormir. —Su mirada estaba un poco apenada. Y la
mirada de la pequeña traviesa ahora parecía suplicar que por favor se pusiera algo.

—O tal vez P’Lin debería dejarme volver a mi habitación… —Iba a pedir permiso para
regresar a su cuarto. Esta noche ya había sido suficiente, desde la hemorragia nasal hasta la
dificultad para respirar. Pero cuando la doctora Lalin se levantó para vestirse como ella
pidió, todas las palabras que iba a decir desaparecieron al instante.

¿Cómo podrían no estar así? Por el pijama de la doctora Lalin.

Era una camiseta de tirantes fina, suave, de color vino tinto.

—El aire acondicionado de tu cuarto ya no funciona, ¿verdad, Pam?

—…

—Ahora es demasiado tarde para retroceder, Pam.

—…

Porque no vas a dejar que me vaya a ningún lado.

Pammy solo podía mirar a la mujer frente a ella, cuya sola sonrisa podía hacer que todo su
mundo se tambaleara. Nunca antes había tenido a una mujer persiguiéndola tan
audazmente. Y en este momento, la manera en que la doctora Lalin se acercaba suavemente
a la cama hacía imposible que apartara la vista. ¿Todas las mujeres mayores de treinta
saben usar su encanto así?

—Todavía quieres que asuma la responsabilidad, ¿verdad, P’Lin?

—¿Por qué preguntas eso, Pam? —De repente recordó algo que Lalin había dicho en broma
antes. Ella misma ya había olvidado esa sensación que existía antes, esa sensación que
ahora había desaparecido por completo. Ya no quería bromear sobre ello, porque lo que
sentía ahora no era algo para tomar a broma.

—Solo quiero saberlo.


Lalin la miró mientras Pam se giraba de lado, frente a ella. En la mirada de la pequeña
traviesa ya no había timidez ni vacilación, solo determinación y el deseo de una
confirmación clara.

—¿Por qué quieres saberlo, Pam?

—Solo quiero estar segura de que lo que siento… no es parte de un juego.

Lalin no pudo evitar sonreír ante esa mirada sincera. Se acercó a la pequeña traviesa, tan
cerca que casi desaparecía el espacio entre ellas, levantando suavemente su rostro
sonrojado con ambas manos e intentando esbozarle una sonrisa. Le gustaba, le encantaba
esa expresión cargada de emociones reales. No una cara fingiendo sentimientos, sino
sentimientos que surgían del corazón.

—Después de todo lo que ha pasado, ¿todavía crees que estoy bromeando contigo? Eso
sería un poco doloroso, Pam.

Ah… solo con esa frase todo quedó claro.

Que lo que hay en su corazón es real.

No son solo bromas de una mujer seductora.

Me gustas, Pam.

Un nuevo día debería haber empezado con una sonrisa radiante después de que ambas se
confesaran sus sentimientos. Pero no, no fue así para Pammy, que aún dormía
profundamente, sin abrir los ojos, aunque la mujer que acababa de ducharse la mirara
sonriendo. Casi eran las siete de la mañana, y todavía no había señales de que se despertara.
Cuando Lalin se sentó a su lado y tocó suavemente su mejilla de manera juguetona, Pam
solo giró la cabeza murmurando algo, confundiendo a la doctora con otra persona.

—Mommy, deja de molestarme. Quiero seguir durmiendo.

Ahora ya era “Mommy”, ¿eh? Ese ceño levemente fruncido hizo que Lalin se riera en voz
alta. La última vez no estaba tan dormida, se levantaba fácilmente. Tal vez porque esta
mañana no estaban desnudas como aquel día. Al pensar en eso, recordó la expresión
sorprendida de Pam.

Esa noche, había fingido estar borracha solo para bromear. Pero lo hizo con tanta
naturalidad que la pequeña traviesa terminó llevándola a su habitación. Pero el momento
que más la hizo latir el corazón fue cuando la chica se levantó de repente, murmuró algunas
palabras, y se tumbó desnuda a su lado sin ningún reparo. Ese instante la hizo querer
provocarla como en una novela.

A la mañana siguiente, ambas se despertaron completamente desnudas.


Y esa marca roja en su pecho, cada vez que lo recordaba, Lalin no podía evitar reír.

Su pecho se había convertido en el tipo de leche favorita de Pam.

Lalin se inclinó y susurró algo que hizo que la “gata perezosa” en la cama se levantara de
golpe en pánico. Solo dijo: “Si no te levantas, te quitaré la ropa…” Solo amenazando con
acostarse sin nada ya la hizo levantarse tan rápido; esa frase sería útil por mucho tiempo.

—¡Levántate ya! Si no lo haces, llegarás tarde.

—P’Lin.

—¿Qué pasa? ¿A quién crees que soy?

—No es eso. Solo que pensé que estaba en el dormitorio de Mommy y Mama. —No estaba
segura si eso era un comportamiento inapropiado frente a esta mujer tan hermosa.

—¿Crees que soy tu madre, Pam?

—No, no es eso.

—Entonces, ¿quién soy para ti, Pam?

Lalin miró a la chica paralizada al escuchar la pregunta, luego se acercó y le dijo que fuera
a bañarse. También le indicó que después regresara a su cuarto para desayunar juntas. Pero
cuando la pequeña traviesa dijo: “Como quieras, no soy quisquillosa”, realmente quiso
preguntar: ¿‘no quisquillosa’ significa eso?

Porque para Pam, “lo que sea” significaba que el pan debía ser integral.

Y debía estar bien tostado. Si no estaba tostado, no le gustaba.

El huevo frito debía estar bien cocido. Nada de yema líquida.

La leche debía estar caliente. Absolutamente nada de fría, pero tampoco demasiado
caliente.

Así que “lo que sea” según Pammy tenía esas condiciones.

Un desayuno simple de un vaso de leche tibia y dos rebanadas de pan integral bien tostado
parece sencillo a primera vista. Pero bajo esa simplicidad, Pammy se sentía un poco
nerviosa. Y sabía muy bien que la mujer frente a ella todavía la miraba. No sabía cómo
iniciar una conversación, aunque la noche anterior se habían confesado sus sentimientos.

—¿Te sientes incómoda, Pam?

—Un poco… No sé cómo comportarme.


—Hmm…

—P’Lin tiene un doctorado y es profesora universitaria. Solo siento…

—¿Quieres decir que la diferencia de edad nos hace sentir incómoda, verdad?

Lalin no se mostró molesta al escuchar eso. Que Pam se sintiera así no era extraño; solo
demostraba que era una persona reflexiva, o mejor dicho, alguien que piensa demasiado. La
frase que dijo anoche, “me gustas”, seguramente fue algo que pensó con cuidado antes de
decir.

—No exactamente. Solo que nunca imaginé tener sentimientos así hacia…

—Una mujer casi una generación mayor que tú… Estoy en lo cierto, ¿verdad?

—Sí.

—Entonces, ¿por qué me gustas, Pam?

La pregunta hizo que Pammy levantara la vista hacia la mujer que tomaba un sorbo de café.
Después de dejar la taza, entrelazó las manos bajo el mentón. La sonrisa que le dedicaba
hacía que el corazón de Pam se ablandara, una sensación difícil de describir con palabras.

—No puedo explicarlo. Me di cuenta y ya me gustabas.

Ese sentimiento no tenía razón.

Entonces, ¿por qué esta mañana intentaba justificarlo?

¿Solo porque hay casi una generación de diferencia, iba a detenerme?

—Si Pam ya decidió que le gusto, entonces también deberías cerrar el capítulo del pasado.

Cerrar el pasado… no me digas que…

—Anoche, esas llamadas y mensajes… no me gustaron nada, Pam.

Y era cierto. Ayer por la noche, cuando pensaba que Lalin ya estaba dormida, ella lo sabía.
Ella había visto todo.

Está claro: solo dejar el teléfono en modo vibración no era suficiente.

El instinto de las mujeres, realmente peligroso.


Capítulo 9

—Pammy, ¿qué te pasa? Te ves muy tensa.

Hace solo un par de días, su rostro parecía como si todo el mundo estuviera en su contra, y
ahora está rígida como una cuerda de violín. Pero cuando Shasha e Iris escucharon la razón
por la que su amiga estaba así, ambas no pudieron más que negar con la cabeza al unísono.
Que tu ex te esté persiguiendo no es nada agradable. Para Pammy, además, era doblemente
agotador, porque detesta tener que interactuar con personas a las que ella misma decidió
cortar de su vida.

—Solo ve y acláralo de una vez, Pam.

—Estoy de acuerdo con Iris. ¿Por qué no te enfrentas directamente a P’Jane y lo hablas
claramente? —Aunque Shasha no tenía mucha simpatía por la mayor tan hermosa, si
Pammy seguía sufriendo entre llamadas y mensajes, mejor enfrentarla de una vez.

—No quiero hablar.

—Pammy… no puedes seguir escondiéndote así para siempre. Si no lo dices, nunca


terminará —dijo Iris. Uno de los malos hábitos de Pammy era evitar los problemas. Antes
había rumores de que Janejira estaba con otra persona, pero Pammy no preguntó, porque
confiaba. Hasta que lo vio con sus propios ojos y eligió irse.

—Eso es, Pam. Si quieres, yo voy contigo.

—No solo Iris. Nosotros también iremos —intervinieron Tawan y Bambi al llegar. No
querían que Pammy fuera sola. ¿Y si se ablanda y vuelve al mismo ciclo con Janejira?

—Ve a aclarar todo de una vez, Pam. Si dejas las cosas en el aire, nada nuevo comenzará
—insistió Iris, anticipando que Pammy finalmente enfrentaría lo que había estado evitando.

Esas palabras hicieron que la chica tensa exhalara profundamente. Entendía lo que Iris
quería decir con “dejar en el aire”. Pero enfrentarse a un ex, a alguien a quien amaste con la
intensidad de un amor a primera vista, no era fácil. No estaba lista para hablar. Tampoco
estaba lista para escuchar esas palabras dulces con tono suplicante.

—Tienes miedo de ablandarte, ¿verdad, Pam?

No podía negarlo. Ese amor aún estaba ahí. No se podía borrar de la noche a la mañana. No
era tan fuerte. Janejira había sido la primera mujer en la que realmente creyó que existía el
amor a primera vista. Le gustaba tanto que fue ella quien dio el primer paso, investigó y
finalmente fue aceptada en esa relación.
—Pammy, no puedes dejar que te ablande. Mira, recuerda lo que ella te hizo. ¿Cuánto te
dolió?

—Pero P’Jane dice que esa persona es un cliente…

La respuesta de Pam hizo que todo el grupo suspirara al unísono. Ninguno de ellos ignoraba
que, bajo esa fachada orgullosa y fría, Pammy era realmente sensible, fácil de conmover. Y
con su mente revuelta ahora, necesitaba más precaución que nunca. Que Janejira volviera a
llamar y enviar mensajes con aquel tono dulce de antes era lo último que querían que
sucediera. Preferían verla yendo con la doctora Lalin antes que lidiando con su ex.

El timbre del teléfono despertó a Pammy de sus pensamientos caóticos. Al ver que era su
madre, contestó de inmediato. Solo escuchar esa voz llena de cariño hizo que su rostro se
iluminara. Después de todo, ella misma le había enviado un mensaje a Mama Prem
informándole que le sangraba la nariz. Tras la llamada, guardó el teléfono, sonrió a sus
amigas y se fue al hospital a encontrarse con su madre.

—Shasha, ¿le enviaste mensaje a Mama Prem? —preguntó Iris mientras Pam desaparecía
de vista.

—No… Se lo envié en secreto a Mommy Pat —respondió Shasha. Al principio pensaban


que la llamada era de Mommy Pat, pero resultó ser Mama Prem.

—Supongo que Mommy Pat dejó que Mama Prem se encargara.

—Seguro. Cuando Pammy está tan vulnerable, solo Mama Prem y Mommy Pat pueden
devolverla a su rumbo. No es que Shasha quisiera eso, pero si tuviera que elegir,
definitivamente elegiría mantener a Pammy alejada de Janejira lo más posible. La sonrisa
dulce de Jane no era solo para Pammy.

—Oigan, Shasha, Iris, ¿realmente creen que el hombre de aquel día era un cliente como
dijo P’Jane?

—Tawan, escucha. Si realmente era un cliente, ¿por qué no lo explicó de inmediato? ¿Por
qué permitió que Pammy se fuera con dolor y malentendidos durante tanto tiempo? Y lo
más importante: si Mommy Pat le dijo a Pammy que iría a ese centro comercial, ¿no crees
que ella sabía en qué restaurante estaría P’Jane? ¿De verdad crees que fue una coincidencia
que Pammy los viera?

Tal como dijo Shasha, probablemente no hay coincidencias en la vida. Todo el grupo sabía
cuánto se preocupaba Mommy Pat por su hija. Sobre todo Shasha, que había estudiado con
Pammy desde el jardín de infancia, entendía que aunque Pam tenía libertad para elegir, la
familia siempre estaba observando y protegiéndola en secreto.

—Mommy Pat y Mama Prem son increíbles. Dejan que Pammy sea libre, que ame a quien
quiera, sin intervenir. Pero si se equivoca, ellas corrigen el rumbo de inmediato…
—Entonces podemos descartar a P’Jane, ¿verdad?

—Todavía no. ¿Alguna vez han visto a Mama Prem o a Mommy Pat obligar a Pammy a
terminar con alguien?

—Entonces, ¿qué hacemos ahora, Shasha?

—Solo espera y verás…

—¿Qué quieres decir con eso, Shasha?

—Créeme… la doctora Lalin no es alguien normal. Si no, ¿por qué Pammy se lanzó así
sobre ella? Confía en mí, ella sabe exactamente lo que hace.

—Antes de que la doctora Lalin conquiste a Pam, ¿no sería mejor rezar para que Pam no se
ablande y vuelva con P’Jane primero?

“La única esperanza ahora reside en Mama Prem.”

La doctora Premsinee observaba atentamente el monitor de signos vitales, y su rostro se


había relajado un poco. Todos los indicadores estaban dentro de lo normal, tal como su hija
había dicho desde la mañana. No había nada de qué preocuparse. Sin embargo, con su
instinto maternal, insistió en que Pam se hiciera un chequeo más, por si acaso. Criar a
Pammy y verla convertirse en la joven delicada y sensible que era hoy había sido un viaje
lleno de desafíos.

¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!


—Doctora, ¿puede entrar su hija a verla?

—Adelante.

Pammy entró, y como siempre, la doctora Premsinee abrió los brazos para abrazar a su hija,
besándola en ambas mejillas. Hoy Pammy vestía el uniforme universitario, nada de los
vaqueros rotos y camisetas informales de siempre. A la doctora no le disgustaban los
vaqueros, solo que no quería que su hija siempre se viera descuidada. Criar a una única hija
naturalmente llevaba a desear que se viera algo más femenina y bonita. Sin embargo,
Pammy cada vez prefería la ropa simple y cómoda.

—Mamá, ¿me veo bonita hoy?

—Hoy incluso te has maquillado un poco… ¿algo especial, hija?

La doctora Premsinee la examinaba con atención, preocupándose por su piel, que era muy
sensible y se magullaba con facilidad.

—Tengo una presentación… y mi piel está bien, Mama Prem.


Pammy nunca se había sentido incómoda cuando su madre la revisaba; de hecho, disfrutaba
de esa sensación, de sentir el amor y cuidado de su madre. Sabía cuánto esfuerzo y
sacrificio había hecho su madre para que ella existiera.

—Bien. Mama aún no ha preguntado sobre la marca en tu rostro la otra vez, Pam.

Solo con mirar los ojos de su madre, Pam entendió que Mama Prem esperaba
pacientemente a que ella estuviera lista para hablar.

—Mama Prem, te quiero más que a nada en este mundo.

—No me digas eso por decir, dime la verdad, hija.

—Pensé que Mommy Pat ya te lo había contado…

Se acurrucó contra el pecho de su madre, y la mirada cálida y tierna de Mama Prem hacía
que Pam se sintiera la persona más afortunada del mundo. Nadie la amaba como Mama
Prem y Mommy Pat.

—Mama quiere escucharlo de tu propia boca.

—Fue solo un malentendido, Mama. Vi a una mujer siendo acosada por un hombre y quise
ayudar, pero ella pensó que yo era el acosador…

—¿Y después?

—Me dio una bofetada, por eso tengo este moretón.

—Debe haberte dolido mucho, hija.

—La bofetada dolió menos que el día siguiente, cuando tuve que enfrentarme a la traición.

Aunque luego aquella persona dijera que el hombre que Pam vio era solo un cliente, el
dolor seguía intacto.

—Si no quieres pasar por otra mentira así, ¿por qué pensarías en volver con ella… cierto?

—Mama Prem…

—Quiero que confíes en tus propios sentimientos, Pam. Tómate tu tiempo, no hay prisa.

La doctora Premsinee acarició suavemente el cabello de Pam. No era cuestión de imponer


consejos, sino de guiarla con ternura para que ella misma comprendiera.

—Mama Prem… P’Jane quiere volver conmigo.

—¿Y tú qué piensas, hija?


Pat ya le había informado que Janejira pediría una segunda oportunidad.

—P’Jane dice que el hombre que vi ese día era solo un cliente, porque estaba ocupada.

—Pero ahora parece tener tiempo suficiente para seguirte a todos lados.

—Entonces, ¿qué debería hacer, Mama Prem?

Pammy estaba confundida y dudosa; completamente comprensible para alguien de 19 años.

—Escucha a tu corazón. ¿Con quién quieres estar? ¿Con quién quieres pasar tu tiempo?

Solo pensar en ello hacía que sus labios se curvaran en una ligera sonrisa. Aunque todavía
sentía dolor y nostalgia, sus emociones eran más fuertes que cualquier otra cosa, llevándola
a preguntarse qué era realmente lo que sentía.

—Mama Prem… creo que ya sé la respuesta.

—Eso está bien. Me alegra que hayas encontrado tu respuesta.

—Soy igualita a Mommy Pat.

—¿En qué te pareces a Mommy Pat?

—En la arrogancia.

—¿Y qué hay de malo en ser un poco arrogante? Si alguien te ama demasiado, ¿y si Mama
Prem y Mommy sienten soledad por ello?

—Oh, ¿en serio? Escucha, Pam…

Pam se sentó derecha, instintivamente atenta a cada palabra de su madre. Las palabras de
Mama Prem siempre iluminaban el camino, aclarando cualquier confusión.

—Si quieres empezar de nuevo, primero debes cerrar definitivamente el pasado. A nadie le
gusta amar a alguien cuyo ex sigue rondando. Las mujeres no queremos a quienes no
pueden ser decisivos.

Pammy no era indecisa. Pero al ver la dulce sonrisa y escuchar esas palabras tiernas como
si ella fuera lo más importante… su corazón volvió a calentarse de una manera que ni ella
misma quería.

Pammy miró a la mujer elegante frente a ella, la misma que había sido admirada por todos
los estudiantes, la que había conquistado su corazón, la que hizo que todos envidiaran poder
estar cerca de ella.
—Te extrañé, Pam.

Antes, ella habría respondido: “Yo también te extrañé, P’Jane.”


Pero ahora, lo único que pudo decir fue:
—Sí.

Ella no estaba dando ninguna oportunidad; solo quería cerrar todo.

—Vamos a comer algo antes, Pam.

—Sí.

—Ya pedí tu plato favorito: pescado frito con pimientos, sin picante. Ya le pedí al
restaurante que retirara todas las espinas, así que puedes comer tranquila.

Pammy nunca había sabido limpiar espinas de pescado; desde pequeña, había quedado
traumatizada. Solo comía si alguien retiraba las espinas por ella.

—Antes me molestaba que nunca limpiases el pescado tú misma. Ahora no más, come, está
delicioso.

El plato de pescado no despertaba su apetito; lo que realmente quería era una respuesta de
la mujer frente a ella, que había sonreído durante toda la comida. ¿Por qué los sentimientos
cambiaban tan rápido? Hace unos días parecía indiferente, y ahora intentaba reconciliarse.

—Por favor, no hagas eso, P’Jane. Terminamos aquí, ¿de acuerdo? Que termine de manera
que podamos seguir respetándonos como hermanos.

—No quiero que seamos solo hermanos… El hombre de ese día era solo un cliente que
necesitaba atención. Si hubiera discutido en ese momento, podría haber perdido al cliente y
me habrían regañado.

—Entonces, la culpa es mía, ¿verdad? Por malinterpretar

—Te quiero, Pam. ¿Podríamos volver a estar juntas? ¿De verdad lo que hice es tan grave
como para que me odies? Estoy aquí, pidiéndote perdón, cariño. —¿Quién podría dejar ir a
alguien tan dispuesto a rendirse? Y ahora, sabiendo que Pam pertenece a la ilustre familia
Tharanisorn, ¿cómo podría ella renunciar? Pam nunca hablaba de eso; su modestia la hacía
aún más difícil de comprender.

«Cariño». Esa palabra, aquella faz conocida a la que Pam una vez se entregó, se inclinó
hacia ella: la tomó en brazos, la besó en la mejilla, suplicando volver a empezar. Antes, el
corazón de Pam habría volado ante algo así. Pero ahora sus ojos se posaron en otra cosa…

La carta del menú, tendida entre ella y Jane.

¿Cómo había llegado ese menú allí?


—Perdone, aquí tiene el menú, señora. —La voz lo aclaró todo. La sonrisa dulce del
camarero provocó un escalofrío en Pam. ¿Cuánto tiempo llevaba Lalin allí? ¿Qué había
visto?

—No he pedido la carta —Cortar así una disculpa resulta humillante. Al reconocer a la
intrusa, la ira de Janejira mutó en celos.

Era la mujer de aquel día.

La misma a la que Pam había tomado de la mano en el supermercado, frente a ella.

¿Una nueva amante, acaso?

—P’Lin… —musitó Pam.

—Puedo sugerirte algunos platos exquisitos, Pam. —¿Por qué pronunciaba aquello con esa
sonrisa? Pam ya no era capaz de leer a Lalin. Cuanto más sonreía ella, más irreal le parecía
todo.

—Pam no suele probar platos nuevos, por muy buenos que sean. —¿En serio?

—¿Ah, no? Entonces será mejor que se vaya, o llamaré al encargado. —Por primera vez,
Janejira perdió la compostura. Aquella media sonrisa parecía decir que lo que deseaba no
volvería a estar tan al alcance. No es fácil ganar a una persona como Pam, y menos aún
retenerla cuando todo ha cambiado.

—¿Y entonces quieres probar lo nuevo, Pam? —propuso Lalin.

—¿Qué te ocurre? ¡Te dije que te vayas! Pam, estás… —La mano delicada de Pam detuvo
la que se alzaba, lista para abofetear. Ella odiaba la violencia; Jane había perdido el control.
Frente a eso, Lalin conservó la calma, la sonrisa como siempre, como si todo estuviera
previsto. Como si supiera que aquello sucedería, y que ella provocaría la explosión de Jane.

—Le voy a dar una bofetada a esta mujer. —bramó Jane.

—No puedes hacer eso, P’Jane. —dijo alguien.

—¿Por qué no puedo? ¿Por qué no puedo abofetearla? —respondió Jane.

—Porque a quien pretendes herir es la mujer de quien yo soy ahora. —Pam habló con
firmeza.

—Y yo… —titubeó Jane.


—Hoy, para mí, P’Lin es el presente. Y tú, P’Jane, ya sólo eres pasado. Vámonos, P’Lin.
—Pam soltó a quien pertenecía al pasado con decisión. Sin titubeos ni nostalgias. Había
elegido avanzar junto a su presente, no regresar al pasado.

Y su presente era la doctora Lalin.

—Espera un momento, Pam. He dejado mi cartera en el restaurante. —Lalin pidió que la


chica a la que había tomado de la mano aguardara. Iba a recuperar su cartera, pero en lugar
de dirigirse a la mesa, tomó otro rumbo.

—¡Tú! ¿Por qué vuelves? —protestó Jane.

—Sólo quiero decir una cosa. —respondió Lalin.

—¿Qué tienes que decir? —exigió Jane.

—Que cocinaré un plato nuevo tan delicioso que Pam nunca querrá volver al plato viejo. —
La última frase de Lalin, pronunciada con esa calma mordaz, fue como una chispa.

—¡Maldita! —escupió Jane.

—Mi plato nuevo picará más, será más intenso, más sabroso que el anterior. ¿No crees?
Pues me marcho, porque parece que Pam está lista para que empiece a sazonar mi
especialidad picante. —y con esa declaración la dejó.
Capítulo 10

—Límpiatelo, Pam.
—¿Hmm?
—La marca de labial en tu mejilla. La próxima vez ten más cuidado.
—…

En efecto, había una marca de labial en su mejilla. No era su imaginación… ¿o sí? ¿O era
porque, de pronto, el aire dentro del coche se había vuelto extrañamente frío? Quizá el aire
acondicionado del auto de Lalin estaba demasiado bajo.

—Pam.
—¿Sí?
—¿Todavía no te has limpiado el labial?
—…

—Vamos, límpialo, Pam.


—Lo hago ahora mismo.
—Asegúrate de limpiarlo bien, Pam.

El semáforo cambió a verde y el auto volvió a ponerse en marcha. Sin embargo, fiel a su
mala fama, el tráfico en la capital tailandesa seguía completamente atascado, aun cuando ya
eran casi las ocho de la noche.

Lalin echó una mirada a la mocosa pervertida a su lado, quien se esmeraba en limpiar la
marca de labial con una expresión vacía, aunque sin lograr ocultar su molestia. Nunca antes
había perdido la calma de ese modo, ni había dejado que sus emociones se filtraran, hasta lo
ocurrido en el restaurante. Aquello la obligaba a preguntarse a sí misma: ¿qué estaba
sintiendo en realidad?

¿Sólo era irritación?

¿O…?

¿Estaba celosa de esa mocosa pervertida?

—P’Lin… ya terminé de limpiar el labial.


—Bien.

Pammy sintió que el ambiente dentro del coche se volvía cada vez más denso. La mujer al
volante mantenía un rostro indescifrable, la mirada clavada en la carretera, sin dirigirle ni
una sola mirada aunque el semáforo ya hubiera cambiado a rojo y el auto estuviera
completamente detenido. Qué sensación más inquietante. ¿Qué tenía que hacer para que la
doctora Lalin volviera a prestarle atención como antes?

Lalin lanzó una mirada a la chica sentada a su lado, que en ese momento fruncía levemente
el ceño, como si estuviera inmersa en algún pensamiento. Pero la mente de Lalin no dejaba
de girar en torno a aquello que la había estado atormentando desde hacía tiempo. Que el
restaurante perteneciera a un amigo suyo había sido pura coincidencia; ya habían acordado
verse allí. Por eso, en cuanto Pam entró, ella la vio. Al principio tuvo la intención de
levantarse para saludarla. Pero entonces vio a esa mocosa pervertida dirigirse directamente
hacia otra mujer, alguien a quien reconoció vagamente como su exnovia. Así que decidió
quedarse quieta y observarlo todo en silencio.

—Lin, ¿a dónde vas?

—A cambiarme de mesa.

Eligió una mesa cercana, en un lugar donde Pam no pudiera verla. Pero, cada frase, cada
gesto, cada instante entre ellas, lo vio con total claridad.

La exnovia estaba suplicando otra oportunidad. Rogando. Deseando volver.

A Lalin no le habría importado si solo hubiera sido una conversación.

Pero el beso en la mejilla….

Esa escena la incomodó mucho más de lo que jamás habría imaginado. Tanto, que al final
hizo algo que ni ella misma podía creer. Por primera vez en su vida, actuó de una manera
que dejó incluso a su mejor amiga sin palabras. Y ahora, al recordarlo, no dejaba de
repetirse la misma pregunta una y otra vez. Creía que esta relación apenas estaba
comenzando. Pero ahora… quizá sus sentimientos habían avanzado más de lo que pensaba.

¿De verdad una mocosa pervertida como esa podía cambiarla hasta tal punto?

Entre ellas nunca había existido la palabra “amor”.

Simplemente… se gustaban.

Tal vez debía ser más cuidadosa con sus propios sentimientos.

—P’Lin, P’Lin… ¡P’Lin! —Pam la llamó más alto de lo habitual al ver que la mujer junto
a ella permanecía abstraída, perdida en medio del tráfico aún en movimiento.

¿Dejarla así, sumida en sus pensamientos, mientras conducía por una calle tan
congestionada? Era peligrosísimo.
—Hmm…
—¿Estás bien, P’Lin?
—Estoy bien.
—Pero tus ojos no dicen eso.
—Entonces, ¿qué dicen mis ojos, Pam? —Lalin apartó la mirada de los números rojos que
marcaban la cuenta regresiva del semáforo. El auto llevaba demasiado tiempo parado, lo
que le había dado demasiado espacio para pensar en lo ocurrido. Suficiente como para que
la chica a su lado se diera cuenta, ¿no?

Pammy miró aquel hermoso rostro que, adrede, se inclinaba hacia ella. ¿Era la fragancia de
su perfume? Ese aroma que la empujaba hacia adelante, hasta el punto de que ambas podían
sentir la respiración de la otra. Los ojos de la doctora Lalin, ahora, volvían a fijarse en ella.

—¿P’Lin estuvo mucho tiempo en el restaurante?


—Una evasión bastante deliberada… —murmuró Lalin al ver que la chica no había
respondido su pregunta anterior y, en cambio, lanzaba la que ella misma tenía en mente.

—No cambié de tema… Ya estoy satisfecha, eso es todo.


—¿Satisfecha…?
—Porque ahora tus ojos están mirándome.

Esa sonrisa cálida volvió a aparecer, la misma que hacía que su corazón se inflara como un
globo. ¿Sería consciente aquella mocosa pervertida de que, cuanto más le sonreía así, más
quería Lalin quedarse con esa sonrisa solo para ella? No quería ser egoísta. Pero aquel tipo
de egoísmo, el deseo de ser la única capaz de provocar esa sonrisa… no podía detenerlo.

Su rostro ardía.

No podía ocultarlo en absoluto.

Los labios suaves frente a ella resultaban dolorosamente tentadores.

Tan cerca, que solo necesitaban un poco más… un suspiro más… para alcanzarse.

—¿Por qué quieres que solo te mire a ti?


—Porque soy egoísta. —La seriedad en los ojos de la mocosa pervertida hizo que Lalin
sonriera con satisfacción. ¿Era así como la niña admitía sus defectos?
—¿Qué tan egoísta, Pam? Cuéntale a tu hermana mayor.
—La persona que es mía… solo puede mirarme a mí.
—Vaya, sí que eres egoísta. —Lalin tomó la mano de la chica justo en el momento en que
esta intentó retirarla. Acababa de confesar que era posesiva, y aun así, Lalin tenía que
concederlo: sí, lo era. Una niña, incluso algo molesta.
—Yo siempre he sido así…
—Y yo nunca dije que no me gustara. Nunca dije que no me gustara tu egoísmo.

—…
—Porque yo también soy tan egoísta como tú, Pam. Quizá incluso más.
Si no, no habría interrumpido a la ex de Pam aquella tarde.

Sus dedos rozaron suavemente la mejilla donde antes estaba la marca del labial, como una
forma de hacerle entender sin necesidad de palabras. Y, al final, una sonrisa apareció en ese
rostro que minutos antes estaba fruncido.

—¿P’Lin está celosa?

No hubo respuesta. El semáforo cambió a verde. Pero Pam ya no necesitaba ninguna


respuesta. La mirada de la doctora Lalin, justo antes de volver a fijarse en el camino, lo
había dicho todo.

Hoy había sido su culpa. Había dejado que Jane se acercara demasiado. Y aun así, incluso
si pudiera retroceder el tiempo, quizá no actuaría distinto. Porque lo que ocurrió después le
había calentado el corazón de una forma extraña.

Cuando la persona que te gusta muestra celos tan claramente…

¿Cómo no sentirse feliz?

Y al final, por fin entendió aquello que tanto le había inquietado. ¿Cómo era posible que la
doctora Lalin estuviera en el restaurante cuando Pam jamás le había dicho a nadie que vería
a su ex esa noche? Resultaba que aquel restaurante pertenecía a una amiga de Lalin. Y por
coincidencia, esa amiga había invitado a Lalin a cenar allí. Ella llegó antes, y la mesa donde
se sentaron quedaba muy cerca de la de Pam. Así que no tenía nada de extraño que Lalin
hubiera visto absolutamente todo lo ocurrido entre ella y Jane.

¿Llamarlo coincidencia… o acaso el mundo era demasiado pequeño?

—Pam, ¿por qué estás callada? ¿No me escuchaste preguntar?

—¿Qué dijiste, P'Lin? ¿Puedes repetirlo?


Había estado perdida en sus pensamientos, repasando cada detalle una y otra vez. En
especial, aquel instante en el que la doctora Lalin levantó la carta del menú para
interponerse, evitando que Jane se acercara por segunda vez. Esa imagen seguía grabada
con claridad, y ahora Pam se encontraba frente a una mirada evidentemente molesta por
haberla dejado hablando sola demasiado tiempo.

—¿Hay algo que no te guste comer? ¿O algo que quieras en especial?


Al principio, Lalin había considerado entrar a cualquier restaurante de camino al
apartamento. Pero como ambas habían dicho que no tenían demasiada hambre, cambió de
idea y propuso pasar a comprar ingredientes para preparar algo sencillo juntas en casa.

La verdadera razón era otra.


Conocerse mejor.

¿Qué le gustaba a ella? ¿Y a una misma?

¿Qué no le gustaba? ¿Coincidían?

—No me gustan los platos con huesos.

—Entonces seguro no te gusta el pescado…

—Sí me gusta. Pero tiene que ser un pescado sin espinas… No sé quitarlas.
Lo dijo en voz bajísima. “¿Tan mayor y no sabes quitar espinas?” No quería escuchar eso.
Tampoco quería ver miradas de juicio o burla. Pero la sonrisa de la mujer a su lado hizo
que toda inseguridad se evaporara en un segundo.

—No tienes por qué avergonzarte, Pam. Si no sabes quitar espinas, entonces no sabes. Igual
no vamos a comprar un pescado entero. Ser un poco quisquillosa no es ningún problema.
Pero aquella vez que dijiste que podías comer de todo… quizá deberías reflexionar sobre
esa afirmación.

—P’Lin…

—Ese “puedo comer de todo” tuyo viene con demasiadas condiciones.

—Entonces… ¿estás diciendo que soy difícil de complacer?

—Yo no he usado ninguna palabra de ese tipo. Pero dime, ¿qué sabor te gusta?
La seriedad repentina de su voz la dejó suspendida en el aire, mirándola. Esa sonrisa tan
elegante seguía en su rostro. Lalin no estaba preguntando solo por comida, ¿verdad?

—Puedo comer cualquier cosa.

—Esa no es una buena respuesta. Todas las personas deberían tener un sabor que les
pertenezca.

—Entonces me gusta el sabor que cocina la doctora Lalin.

—Esa sí es una buena respuesta.

—Esperaré a probar tu sabor, P’Lin.

—De acuerdo. Veamos si logro sazonar algo a tu gusto.

—Sí… ya estoy emocionada.


—Si dices eso, entonces no dejes que cualquiera te bese la mejilla tan fácilmente, Pam.
Lo dijo mientras alzaba suavemente su rostro, tocando el lugar donde había estado la marca
del labial. Sólo ese gesto era suficiente para entenderlo: la doctora Lalin también sabía
guardar cosas para sí misma. No le gustaba que nadie más se acercara demasiado a lo que
consideraba suyo.

—¿Estás celosa otra vez?

Volvió a preguntar, porque disfrutaba esa sensación. Le encantaba ver a aquella mujer
hermosa mostrar emociones tan claras. Siempre le había resultado casi imposible descifrar
qué pensaba Lalin. Como si todas sus emociones estuvieran ocultas detrás de esa expresión
impecable. Solo aparecían esas frases provocadoras que la obligaban a adivinar lo que
realmente quería decir. Pero ya no quería adivinar más. Porque ahora lo sabía. Le gustaba.
Mucho.

—¿Y aún no lo sabes, Pam?

—A veces solo quiero escucharlo.

—Estoy celosa. ¿Contenta ahora?

—¿Celosa de quién? Todavía no he escuchado celosa de quién.

—Celosa de ti, Pam. ¿Así está bien? Vamos, compremos lo necesario y regresemos al
apartamento.

La persona que acababa de ser reclamada por alguien más sonrió tanto que los ojos se le
hicieron dos medias lunas. Su humor se volvió luminoso de golpe. Empujó el carrito del
supermercado casi saltando, sin importar si alguien decía que era molesta. La doctora Lalin
había admitido que estaba celosa. Y cuando alguien que te gusta te dice que siente celos,
eso siempre es una buena señal para cualquier relación.

—Yo también estoy celosa por ti, P’Lin.

—Deja de sonreír así, ya es demasiado. Anda, vamos a cocinar algo, ya empiezo a tener
hambre.

—P’Lin, tú cocinas muy rico…

—No tanto. Pero cuando estaba allá, solía cocinar para mí, así que me acostumbré.

“Allá” debía referirse al extranjero. Cocinando para sí misma, como ya le había contado.
Tal vez ese era el motivo de que se viera tan natural, tan serena y tan cautivadora en la
cocina. Empezó por guardar los ingredientes en la nevera, organizar las ollas y los cuchillos
recién comprados, aunque Lalin había dicho que aún no había elegido realmente nada. Si
tuvieran tiempo para ir juntas al supermercado, seguro compraría de todo. La cocina del
apartamento estaría completamente equipada. Pero, por encima de todo, hubo algo que
llamó especialmente la atención de Pam.

La leche.

Justo la marca que ella solía beber.


¿Cómo no sonreír?

—La leche…

—Todavía no. Cena conmigo primero.


—Sí.
—Pam, ¿sabes cocinar?
—Sí. Suelo cocinar con Mama Prem…

Solo recordarlo ya bastaba para hacerla sonreír. Siempre sonreía cuando pensaba en cómo a
Mommy no se le permitía entrar a la cocina porque, cada vez que lo hacía, algo salía mal.
Ni siquiera podía freír un huevo. Pero Mama Prem jamás se quejaba de ello. Solo decía que
cada persona tiene sus propias fortalezas y habilidades.

—Pam, ¿puedes preparar el huevo frito? Yo haré la sopa tom yum. ¿Puedes comer picante?
—Sí. Pero… ¿me pones muchas setas y camarones grandes? Así me gusta.
¿Por qué había susurrado me gusta estando tan cerca?

—Quien dice que puede comer “lo que sea” no debería tener preferencias, ¿no?
—P’Lin…
—Solo bromeo. Vamos, hagamos el huevo frito y la tom yum.

—Sí, señora.

Al final, el huevo frito y la sopa quedaron listos, preparados para que ambas los disfrutaran,
una comida hecha entre las dos. Pero al mirar la olla de tom yum, quien la había sazonado
no pudo contener la risa.

¿Dónde se ha visto una tom yum tan repleta de setas eryngii y setas paja? Todo porque
cierta chica amante de las setas así lo quiso. Eso fue lo que hizo que la sopa se volviera tan
distinta. Al principio, temió que el sabor fuera extraño, que tal vez no quedara bien. Pero la
sonrisa radiante de quien probó la primera cucharada, acompañada de un está deliciosa, la
tranquilizó por completo.
—¿Solo lo dices para molestarme?
—Pero sí está rica de verdad, P’Lin. Solo… quizá un poquito menos que la de Mama Prem.
—¿Aún menos? Si puse todo mi corazón en esto. Entonces, ¿debería enojarme?
La expresión de la chica que intentaba comparar los sabores le provocó una sonrisa
afectuosa. Su pequeña pervertida siempre pensando en Mama y Mommy.

—No te enojes. Si lo haces, me pondrás en aprietos.


—Solo bromeaba. No pongas esa cara tan seria… Y tienes razón. Yo también quisiera
probar la comida hecha por mi madre. Lástima que nunca podré.
—P’Lin…
—No pongas esa cara triste. Mejor disfrutemos esta primera comida que cocinamos juntas.
—Sí

—Tu huevo quedó un poco simple. ¿No le agregaste nada?


—No. Solo batí los huevos y los freí… P’Lin, come camarón. Déjame servirte.
Sonrió con dulzura a la hermosa doctora sentada frente a ella. Aunque ya hablaban de algo
más ligero, no podía ignorar lo que había visto en los ojos de Lalin cuando mencionó a su
madre. No era la tristeza de una despedida cualquiera, sino algo que decía que jamás podría
volver a verla.

—Pam, ¿otra vez estás en las nubes?… Entonces, ¿el elogio de antes solo era para quedar
bien conmigo?
—No, en serio está rico…
—Si está rico, come. No te quedes así quieta… Yo soy igual que tú, Pam. Cuando quiero a
alguien, también quiero que esa persona solo mire hacia mí.
—Cuando dices eso… siento que el corazón se me hincha, P’Lin. Ahora tendré que
comerme todos estos camarones grandes.
—Eso está bien. Le puse muchas setas y camarones, justo como te gusta.
Esta vez, la hermosa doctora volvió a servirle más setas y camarones a su pequeña
pervertida.

Lalin la observó comer, mejillas infladas, sonrisa resplandeciente. Y pensar que esa chica
decía que no le gustaba comer. Y ahora estaban así, juntas, cocinando tom yum y un simple
huevo frito.

—Está realmente delicioso.


—Come lento. Si comes rápido, te vas a ahogar.

No lo dijo solo con palabras. La doctora alzó una mano, rozó suavemente su mejilla y le
sonrió con ternura. Sus labios murmuraron: come despacio, ¿sí?
¿Cómo no iba a ruborizarse? El calor en sus mejillas era imposible de ocultar, una
sensación difícil de describir.

—P’Lin…
—Mastica bien. Lento. Y luego traga… Ven aquí, déjame darte un bocado pequeño.

Oh…
¿No era esto aún más vergonzoso?
Que la alimentaran así, como si hubiera vuelto a ser una niña.

Pero no le importaba.
Si Lalin quisiera darle de comer así cada día, estaría dispuesta a ser una niña una vez más.

—Salgamos juntas, P’Lin.

La palabra “salir”, dicha con una sonrisa, hizo que Lalin dejara la cuchara sobre la mesa.
Miró fijamente los ojos que reflejaban su propia imagen.

¿Esos ojos la mirarían solo a ella para siempre?

¿Y si un día dejaban de hacerlo?

¿Podría soportar ese dolor?

Pasar de ser la número uno… a ser la segunda.


Eso sí que era insoportable.

—¿Estás enamorada de mi sopa tom yum, Pam?


—No es solo la tom yum… Estoy enamorada de todo en ti, P’Lin.
Era la verdad. No tenía por qué negarlo. Quería decirlo claramente: la doctora Lalin la
había conquistado, por completo y sin reservas.

—Con esa boquita tan dulce, ¿cómo se supone que voy a creerte, Pam?
—Prueba un poco… ya verás.

Esa mirada, esa sonrisa… empujaban a la doctora a acercarse. Y eso hizo. Se inclinó hacia
la fuente de aquella calidez.

—¿Quieres que lo pruebe?


—Si tú quieres, te dejaré probar… siempre y cuando digas que sí.

—¿Tanto deseas que acepte?

Lalin la vio sentarse sobre sus piernas, apoyando la cabeza en su hombro. Muy claramente
pidiendo mimos.
Un lado adorable de aquella pequeña pervertida.
Esos ojos suplicantes la miraron de ese modo.
¿Quién podría negarse?

—Si no aceptas, P’Lin… me pondré a llorar muy fuerte.


—Entonces déjame ver las lágrimas primero.

Solo estaba bromeando.


Pero esa pequeña pervertida realmente comenzó a llorar.

Lágrimas de verdad.
¿Eran lágrimas “por pedido”?

Demasiado.

—P’Lin… Olvidé decirte que soy hija de una ex actriz. ¿Lágrimas? Las tengo cuando
quiera.
—Qué fastidio…

—Entonces eso significa que ya no puedes rechazarme, ¿cierto?


—Si vas a querer mi tom yum por el resto de tu vida… entonces supongo que no podré
negarme.
—Ya caí… completamente enamorada de tu tom yum, P’Lin.

Un beso…

¿Podría llamarse este el inicio de nosotras?


¿El sabor de una tom yum?

Pero era una tom yum extraña:


intensa, suave y delicada a la vez.

Lalin se inclinó. Sus labios rozaron los que le ofrecían aquel beso. Respondió con un ritmo
lento, lleno de ternura.
Un beso que claramente era el primero: colmado de cuidado. Sin prisas.
Un beso largo que hizo temblar los corazones de ambas.

—Un beso tan largo como este… será mejor que luego traigas a tu madre a pedirme
matrimonio, ¿sí?
Quizá era el beso más dulce que había dado jamás.
Pero tan largo que la dejó sin aliento.
Y aun así, Pam se atrevía a sonreír así.

—Todavía soy estudiante. P’Lin, espera a que consiga trabajo, ¿sí?


—No me mires con esos ojos. Si los usas tan seguido, te voy a malcriar.
Porque realmente no podía resistirse a la mirada de Pam.
—¿Y si sigo mirándote así?
—Entonces me rendiré. Enana pervertida.
Quisiera lo que quisiera, necesitara lo que necesitara, la doctora Lalin siempre se lo daría.
Aunque debía recordarse a sí misma ser un poco más firme.

—Soy la enana pervertida de la doctora Lalin.


—Inténtalo y verás si “de alguien más”.
—Una enana como yo no le pertenece a nadie… solo a P’Lin. Y esta noche quiero dormir
contigo, ¿puedo?

—Puedes quedarte a dormir, no me molesta.


Pero no olvides una cosa…

—Yo no duermo con ropa.


Capítulo 11

Ella no acostumbraba dormir con ropa.

Y si lo hacía, seguramente sería solo con algo delgado… suave… apenas una caricia sobre
la piel.

Solo imaginarlo hizo que sus mejillas ardieran.

Pero entonces…

—¿Por qué pones esa cara larga, Pammy? ¿No te alegra que vengamos a tu departamento?
—Sí, trajimos un montón de cosas, ¿sabes?
—Vamos, sonríe, Pammy querida.

Quería decirles a las tres que sí, que estaba muy feliz.

¿Sarcasmo?
Por favor… ¿¡quién podría estar feliz en un momento así!?

Sus mejores amigas apareciendo de golpe, sin avisar, justamente esta noche, arruinando
todos sus planes.
Ella había pensado pasar la velada acercándose más a la hermosa doctora Lalin.
No, no de esa manera íntima que todas imaginan.
Solo quería pasar tiempo juntas, conversar, conocerse más.
Por favor, que nadie malinterprete.

—Bueno, hablen. ¿Por qué vinieron?


—¿Qué es esa forma de preguntar, Pammy?
—No pongas esa cara, Shasha. ¿Qué sucede? Tawan, no me mientas.

Normalmente, si sus amigas querían pasar por ahí, siempre avisaban.


Pero esta vez no tenía nada de normal.
Un mensaje de repente: “Estamos abajo, baja a abrirnos.”
Y al entrar, las miradas que recorrieron el lugar no eran nada inocentes.
Como si estuvieran buscando asegurarse de que no había alguien escondido en el
departamento.

—No fui yo, Pam. Yo solo vine porque mi novia quería venir. —Tawan se escondió detrás
de su novia, temiendo que, si no lo hacía, ella misma soltara el verdadero motivo por el cual
todas habían decidido llegar sin avisar.

—No le eches la culpa a Tawan, Pam. Pregúntale a Iris.


—O también puedes preguntarle a Bambi, ya que estamos.
—No juego ese juego de pasarse la pelota, Iris. Bambi… ¿por qué demonios vinieron de
repente a mi casa esta noche?

Ante el tono serio de Pammy, Iris y Bambi retrocedieron, empujando lentamente al


verdadero cerebro del plan hacia adelante.

Shasha.

Ella era la instigadora.


Con el pretexto de pillar a Pammy in fraganti.

—Últimamente te has comportado de forma muy sospechosa, Pammy. Así que tuvimos que
venir.
—¿Sospechosa cómo, Shasha? Dame una razón decente.

La mirada molesta de Pammy hizo que Shasha tragara saliva.


Era raro verla así. Pammy casi nunca mostraba emociones claras en el rostro, pero nunca
antes sus ojos habían expresado irritación hacia sus amigas.
Pero esta vez, solo por haber llegado sin avisar, la estaban agotando.

—Últimamente desapareces todo el tiempo, Pam. Te invitamos a salir y nunca quieres. Vas
a tu trabajo, y después… nada. Antes, aunque estuvieras pegada a P’Jane, nunca te
esfumabas así. Y cada vez que preguntamos, solo dices que quieres volver a tu habitación.
Desde cuándo te obsesiona tanto tu cuarto, Pammy. Eres muy sospechosa.

—Solo he estado trabajando y estoy cansada.


—¿De verdad?
—Después de clases, lo único que quiero es volver a casa a descansar.
—¿De verdad?
—Quiero relajarme, jugar un poco, ver Netflix… para justificar lo que pago, ¿ok?
—¿“De verdad”, dices…? Me dan ganas de gritar ese “de verdad” hasta Marte. Qué razón
tan convincente, Pammy.

La molestia en la mirada de sus amigas se disipó, pero fue reemplazada por una
desconfianza absolutamente transparente.
Claro que desconfiaban.
Y claro que estaban dispuestas a arrancarle el secreto que Pammy ocultaba.

En la universidad no lograron pillar nada.

La doctora Lalin solo daba dos clases a la semana.

Quizá habían interpretado todo mal.


Tal vez Pammy ni siquiera estaba interesada en la profesora Lalin.
—¿Por qué me interrogas así, Shasha? A veces una persona solo quiere estar sola, ¿sí?
—¿En serio? … ¡Oh! ¿Quién vendrá a esta hora, Pammy?

Shasha no necesitó más. Sus largas piernas cruzaron el departamento y llegó a la puerta
antes de que Pammy pudiera reaccionar.
Y no solo Shasha. Iris y Bambi se abalanzaron también.
Solo Tawan se quedó atrás, dándole unas palmadas comprensivas en el hombro.

Con amigas tan entrometidas como estas…


¿qué otra opción tenía ella más que mentalizarse?

—¡Ay!
—¡La profesora!
—¡Lalin!

¿La expresión de sorpresa cuando la puerta se abrió?


¿Acaso solo era actuación?

Porque la sonrisa radiante dirigida a quien estaba afuera era demasiado reveladora.

—La profesora y Pammy…


—En el mismo edificio…
—Y en departamentos frente a frente. No, espera… directamente frente a frente, ¿cierto?

—Exacto.

Una sola palabra. Clara. Firme.

Las tres amigas solo pudieron mirarse entre sí.

Ah… ahora entendían por qué Pammy prefería meterse en su cuarto todo el tiempo.

—Vinimos a hacer un trabajo en grupo en casa de Pam —soltaron de inmediato al ver a la


profesora frente a la puerta, aun cuando ninguna llevaba un libro, ni una laptop… solo
snacks y bebidas fosforescentes.

—¿Quiere pasar, profesora? ¿O…?

—Usted y Pammy… ehm, lo que queremos decir es…

Querían preguntar, MUCHO, pero les faltó valor.

El rostro de la doctora Lalin seguía sereno, como si no le sorprendiera encontrar al grupo de


amigas de Pammy amontonado frente a su puerta.
Y ahora Pammy también estaba allí, parada junto a ellas.
—Si están haciendo un trabajo, puedo revisarlo con ustedes.
—P’…

—Fuera del campus, llámame P’. Además, solo soy docente invitada.

—S-sí, profe— digo, ¡P’Lin! Será mejor que entremos… La mirada de la dueña de la casa
está empezando a resultar aterradora.

Las palabras murmuradas por el único chico del grupo hicieron que Lalin sonriera. Solo
con eso, la distancia entre ella y el grupo se acortó.
Y no era algo malo, especialmente porque quienes estaban en ese departamento eran
precisamente los amigos más cercanos de Pam. Ella recordaba muy bien cada detalle que
Pam le había contado sobre ellos.

Familias adineradas. Buenos estudiantes. No solían causar problemas.


Aunque a veces eran infantiles, como justo ahora.
Porque los artículos sobre la mesa frente al televisor no eran nada baratos.

—¿Vino?… Creí que estaban haciendo un trabajo.


—Ehm… Tawan, cariño, respóndele tú a P’Lin.
—A mi papá se lo regalaron. Él me lo dio… así que lo trajimos a casa de Pam.

No había una sola mentira en esa frase.


Aunque, para conseguir que su padre le permitiera llevarse la botella, Tawan tuvo que
suplicar un buen rato.

La mirada de la doctora Lalin bastó para hacerle sudar frío.


Su madre era cercana a la tía de la profesora, después de todo.
No quería que su mamá se enterara de que se había llevado un vino caro sin permiso.

—Bien, elijan algo en Netflix. Ordenen un poco. P’Lin, siéntese en el sillón. Nosotras nos
sentamos en el piso. Pammy, ¿piensas quedarte ahí parada con esa cara para siempre?

Shasha empujó a la dueña de casa, que fruncía el ceño, obligándola a sentarse.


Para Shasha, crear ambiente nunca era un problema.
Ordenó a Iris y Bambi que eligieran película, a Tawan que abriera el vino, y ella misma se
quedó cerca, lista para espiar la conversación entre Pam y P’Lin.

—El sacacorchos está aquí. Las copas también. Todo listo, Pam —susurró una voz
tranquila cerca de su oído, arrancándole una sonrisa forzada.

—Pues…
—¿Sueles beber vino? —preguntó Lalin. Recordaba perfectamente que, la primera vez que
salieron, Pam no tomó ni una gota de alcohol. Sacó una cajita de leche y la bebió como si
nada. ¿Y ahora tenía copas y sacacorchos listos?
—No muy seguido…
—Pero tienes de todo.
—Mommy Pat me lo preparó… pero me hizo prometer que solo bebería en mi cuarto. Solo
un poco. Nunca hasta perder el control.

Sonrió a la hermosa doctora, quien parecía suavemente sorprendida.


Pero era totalmente cierto: Mommy Pat le había preparado todo, pero con una condición
estricta.
Porque la primera vez que Pam tomó alcohol con Mommy y Mama Prem… se había
desmayado sin darse cuenta. Y al despertar, ya era de día.

—Pam solo puede beber vino… ¿P’Lin quiere tomar conmigo? Le puedo pedir a Tawan
otra copa.
—Mejor no. Por si acaso la pequeña pervertida de aquí se me pone cariñosa… prefiero
mantener el control.

Sinceramente, quien estaba escuchando a escondidas quería morderse el dedo de la


frustración.
Hablaba y reía con Iris y Bambi frente a la TV, pero tenía el oído completamente pegado a
la conversación dulce entre las dos.
¿Y los ojos?
Mirando de reojo cada gesto: cuando Pammy se inclinó y apoyó la cabeza en las piernas de
la doctora, y esta le sostuvo el rostro con suavidad.
Demasiado tierno. Demasiado íntimo. Demasiado claro.
A ese nivel, ya no quedaban dudas de su relación.

Mismo edificio.
Departamentos contiguos.

—El vino está listo. Netflix también. Shasha, ve a apagar las luces. ¿Por qué sonríes así?
¡Si ni siquiera has tomado!

Shasha no protestó. Ir a apagar la luz era un intercambio justo por haber conseguido el
mejor asiento:
la vista perfecta para observarlo TODO.
Una victoria absoluta para Shasha.

—Un momento… ¿Qué película elegimos?


—Annabelle. ¡Hay que crear ambiente!

—¿Qué ambiente ni qué nada, Bambi?


Ver Annabelle y tomar vino tinto… esto sí será una noche memorable.

Una noche de verdad.


De vez en cuando se oían gritos ahogados. Todos abrazaban sus copas de vino como si
fueran salvavidas.

¿Y Pammy? Ella estaba abrazada a la pierna de la doctora.

Si no podía abrazar a toda la persona, abrazar la pierna también servía.

En cuanto a la doctora Lalin, siempre tan firme y tranquila como el acero, no podía evitar
reír al ver al grupo de estudiantes “crear ambiente” viendo una película de terror solo para
terminar muertos de miedo. Era tan gracioso. Sobre todo porque la que más se asustaba era
justo la que estaba aferrada a su pierna. Sintiendo un poco de pena por ella, la doctora se
inclinó, tomó el rostro de Pam con suavidad y le dio un beso en los labios. Ojalá eso la
ayudara a no saltar cada vez que Annabelle aparecía.

—¡Pfft! Cof cof... Perdón...

—¡Agh! ¡Tawan, por qué me escupiste el vino en la cara?!

—No fue a propósito, Shasha... —¿Quién iba a imaginar que al apartar la vista de
Annabelle por un segundo se toparía con una escena que lo dejaría en shock, causando que
escupiera todo el vino en la cara de Shasha, la víctima más desafortunada de la noche?

—¿¡De verdad escupiste todo?! ¡Tawan, esa botella costaba casi veinte mil!

—Ya, deja de quejarte. Ve a lavarte la cara primero.

Shasha y Tawan se alejaron de Annabelle, pero Bambi e Iris seguían pegadas a la pantalla,
sin darse cuenta de que su otra amiga ya no estaba viendo la película. Ella seguía
inclinando la cabeza, mirando hacia atrás, tanto que la persona detrás tuvo que preguntarle
si ya no le interesaba Annabelle. La respuesta era demasiado obvia.

Porque ese beso era más interesante que Annabelle.

Porque ese beso era mil veces más dulce que Annabelle.

Dos seguían gritando, pendientes de Annabelle.

Las otras dos habían olvidado a Annabelle por completo, ocupadas dándose besos a
escondidas.

Y las dos que habían salido…

—Shasha, ¿lo viste...?

—Por supuesto que lo vi.


—¿Es lo que creo que es?

—Clarísimo, Tawan... ¡Estamos viendo Annabelle, por Dios!

—No, yo digo...

—Clarísimo que estamos viendo Annabelle juntas, ¿cierto?... No me digas que ya estás
borracha. ¡Apenas llevas dos copas, señorita Tawan! No puede ser. Esa no es la Tawan que
conozco, hija de una señora tan distinguida.

—Ay... Shasha... No estoy borracha.

—Claro que sí. ¡Acabas de hablar de ti misma como “yo” en vez de decir “Tawan”! Eso
hiere el corazón de Shasha.

—¡Está bien! ¡Estoy borracha! ¿Contenta?! Eres insoportable, Shasha...

—¡Otra vez! ¡“Yo”! Estás re borracha.

—Diablos, ¡sí, estoy borracha! ¡Ya no quiero hablar contigo!

—¿Lo ves? Te dije que estabas borracha, Tawan... Este incidente merece ser anotado en
una queja formal...

—Haz la queja que quieras... Ya me cansaste, Shasha. Voy a volver con Annabelle.

—Definitivamente borracha. La Tawan fiera ha aparecido... Adiós, mi delicada Tawan.

¿Volvió Tawan a ver Annabelle? No exactamente.

Porque las dos personas por las que había escupido vino ya no estaban ahí.

—Babe, ¿dónde están la doctora Lalin y Pammy?

—Todavía estaban aquí hace un momento... ¿Eh? ¿Desaparecieron? ¿No las viste irse?

—¿Me lo preguntas a mí? Acabo de salir del baño, ayudando a Shasha a limpiarse la cara...
Tal vez alguien sí está borracha.

—Anda, Tawan, sigamos viendo Annabelle. No te preocupes por Pammy y la doctora


Lalin.

Así que nadie sabía dónde estaban, a pesar de que hace un momento seguían ahí.

Si Tawan hubiera tenido un poco más de curiosidad y se hubiese levantado a buscar…


Lo habría visto.

Tal como Shasha, que se levantó por agua porque tenía sed.

Caminó por la cocina antes de volver a Annabelle.

—Quizá soy yo la que está borracha... y no Tawan...

Murmuró para sí misma, y se detuvo en seco, incapaz de seguir hacia la refrigeradora. Ahí
estaban. Las dos. Justo frente al refrigerador. Si fuese un día cualquiera, Shasha habría
caminado sin pensarlo. Pero esta vez no. Esto no era normal. No era simplemente cercanía.
Parpadeó varias veces para asegurarse de que no estaba viendo mal.

Ah…

Era Pammy, su adorable Pammy, y la doctora Lalin.

Besándose.

—Wow... clarísimo...

Se cubrió la boca de inmediato. Olvídate de Annabelle, ¿películas? Este era el verdadero


espectáculo. Su amiga estaba besando a la doctora Lalin. Pero había algo raro… Pammy
estaba abrazando el cuello de la doctora, dulce, delicada, como una chica completamente
tierna.

¿Acaso Pammy, siempre tan tranquila y reservada, era en realidad una persona dulce y
romántica? ¿Y nadie lo había sabido?

—Debo estar borracha. Solo fueron dos copas...

Parpadeó otra vez. Ahora solo veía a Pammy abriendo la refrigeradora y la doctora sentada
en una silla esperando. Entonces, ¿el beso de antes? ¿Un espejismo alcohólico?

Eran casi las diez. Pammy sacó una caja de leche y se la dio a la doctora. Esta se la
devolvió, casi como si la estuviera alimentando.

No era raro, ¿verdad?

Solo era leche. Nada especial.

No pienses de más, Shasha… tus ojos ya se están nublando, ¿o no?

Excepto que, justo después de dejar la caja de leche, Pammy se inclinó y le dio otro beso
real.
En ese momento…

Shasha solo quería preguntar:

La leche es algo tan simple, ¿no? Entonces, ¿por qué estaban tan obsesionadas con su
“sabor”?

—Shasha, ¿por qué tardaste tanto lavándote la cara? Annabelle ya casi termina.

—Olvida Annabelle.

—¿Qué? ¿Qué te pasa? Pareces perdida... ¿Te arrepientes de perderte la película?

—¡Estoy borracha! ¡Si no me crees, pregúntale a Tawan!

Estaba borracha de verdad.

Borracha al punto de ver a su Pammy sentada en el regazo de la doctora Lalin.

Inaceptable. Shasha no podía lidiar con esta nueva versión de Pammy.

Quería llorar. T_T

—Pásame la botella.

—¿Shasha, qué te pasa? ¿¡Estás bebiendo directo de la botella?!

—¡Quiero estar más borracha!

—Pero si acabas de decir que ya estabas borracha…

—Ah, cierto... me olvidé de que estoy borracha... Reproduce Annabelle otra vez.

—Pero si dijiste que la olvidáramos... Sí que estás borracha, Shasha.

—¡Olvida Annabelle! Mañana llévame a buscar un amuleto de buena suerte... O vamos al


templo Ai Khai.

—¿Qué estás haciendo, Shasha?— Obliga a Pam a ponérselo. A ver si así podemos
ahuyentar a ese espíritu femenino.

— Estás borracha y hablando sin sentido, Shasha…


— ¡Todo es culpa de Annabelle!
Capítulo 12

— ¿Los labios tan rojos así…? ¿El espíritu femenino aún no se ha ido, Pam?

La persona que fue recibida por su mejor amiga con esa frase frunció el ceño de inmediato.
Ya casi había pasado una semana desde la noche en que vieron Annabelle, y Shasha seguía
murmurando cosas raras desde entonces. Antes nunca había sido así. Ahora, con que
Pammy se pusiera un labial rojo o un tono fuerte ya se quejaba, sin mencionar cuando
usaba la falda del uniforme con corte en A.

— Shasha, ¿qué tiene de malo que me ponga labial rojo?

— Eso mismo, ¿qué te pasa, Shasha? Estos días estás medio rara — incluso Bambi no lo
entendía. ¿Qué demonios le pasaba a Shasha? Ni siquiera podían decir que estuviera
“criticando” a Pammy, porque ni sabían cómo llamar ese comportamiento.

— ¿Estás molesta porque Pam lleva falda de uniforme con corte en A y labial rojo? Qué
extraño, Shasha — Iris también estaba igual de confundida. Después de todo, Pammy
siempre había usado ese tipo de falda.

Bambi, Iris y hasta Pammy no entendían la actitud de Shasha. Solo Tawan sabía
exactamente por qué. Sabía perfectamente por qué Shasha se irritaba cada vez que Pammy
se vestía más femenina. Todo comenzó desde la noche en que vieron Annabelle. Shasha
simplemente no quería que Pammy se viera demasiado femenina dentro de… esa relación.

— Ninguna de ustedes me entiende.

— Entonces dilo, Shasha… ¿Qué problema tienes con el labial de Pammy?

— Basta ya. No vale la pena pelear solo por un labial — Pammy intervino para detener a
Bambi antes de que la situación se descontrolara. ¿Pelear por una falda y un labial? Era
absurdo. Pero la mirada dura y burlona que Shasha le lanzó era aún más incomprensible.

— ¿O mejor que alguien le diga a Shasha que deje de ponerse así?

— Muy bien, digamos que estoy equivocada. Pero Bambi, ¿de qué te molestas tú? ¿Qué
tiene que ver contigo?

— Dios mío, detente ya, Shasha…

— ¡No! Si es así, entonces Pam debería dejar de usar labial rojo, dejar de usar faldas
amplias, dejar de vestirse toda cursi así.

— ¡Suficiente! Si no dices la verdadera razón, entonces no hay nada más que hablar. Estos
días has estado así todo el tiempo — esta vez fue Pammy quien ya no pudo aguantar. Se
levantó y se fue del grupo antes de que todo se convirtiera en una pelea seria entre ella y
Shasha.

— Ya basta, Shasha — Tawan suspiró, tocándole suavemente la mano. Sus ojos estaban un
poco rojos mientras miraba la espalda de Pammy alejarse. Claramente estaba muy molesta.

— Nadie me entiende.

— Nadie te va a entender si no dices nada… Y en serio, ¿solo porque Pam usa labial rojo te
vuelves loca?

— Es que no me gusta…

— ¿No te gusta y por eso la criticas? ¿Quieres decir que los demás tienen que cambiar solo
para complacerte, Shasha? ¿Te crees que vivimos en qué época? ¿Crees que Pammy es
alguien fácil de controlar?

— Yo solo… no quiero que Pammy sea la de abajo.

— ¿Ah? ¿No quieres que Pammy esté abajo…? ¿Qué? ¿Qué demonios? ¡Shasha, explícate
bien! ¡No estamos entendiendo nada! — Bambi e Iris casi hablaron al mismo tiempo,
volviéndose hacia Shasha como si acabaran de oír la revelación más explosiva del siglo.

“La de abajo o la de arriba”

¿Qué demonios está pasandoooooo?

Lalin lanzó una mirada discreta hacia la chica sentada a su lado en el auto; ese rostro seguía
helado, sin una sola sonrisa. Hoy Pam fue a su trabajo de medio tiempo como siempre, y
como siempre, Lalin pasó por la tienda para recogerla al salir. Al observarla trabajar, Lalin
no podía evitar admirarla más. Por más molesta que estuviera, Pam siempre sonreía a cada
cliente. Era el tipo de persona que sabía separar perfectamente su vida personal del trabajo.

— ¿Estás enojada conmigo, Pam?


— No.
— Entonces, ¿por qué no sonríes? —Cuando el auto se detuvo en el semáforo en rojo, Lalin
aprovechó para hablar, intentando aliviar un poco el ambiente tenso alrededor de Pam.
— Ahora mismo no puedo sonreír.
— Hmm… ¿y si pasamos a comer algo? O podemos comprar algo y cocinar en el
departamento.
— ¿No piensas preguntarme qué me pasa?
— ¿Quieres que te pregunte? —Lalin sonrió suavemente mirando a la chica junto a ella,
quien claramente estaba alterada, antes de volver a acelerar cuando la luz cambió a verde.

— Gracias.
Quizá esto era la sensación de madurez. Pam podía notarlo tan claramente. Lalin entendía
que si ella quería hablar, lo haría. Y a Pam eso le gustaba. Le gustaba ese tipo de adultez
tranquila, que le recordaba a Mama Prem. Cada vez que Mommy Pat estaba cansada o tenía
problemas, Pam nunca la vio presionar ni exigir explicaciones.

— Está bien entonces.


— ¿Tienes hambre, P’Lin?
— No realmente.
— Entonces paremos a comprar algo. Cocinaré algo sencillo.
— Hmm…
— Se puede comer, no tiene veneno… ¿Por qué me miras como si no me creyeras? —Esa
sonrisa de quien claramente la estaba molestando solo hizo que Pam frunciera más la boca.

— Yo nunca dije que no te creyera.


— Pero, P’Lin…
— No saques conclusiones por tu cuenta, ¿sí? Si en algún momento te sientes confundida,
molesta o insegura por algo, entonces pregúntame… ¿Puedo pedirte eso?

— ¿Y por qué no podría?

Asentir no era difícil. Era algo que las personas que se quieren deben hacer: hablar y
comprenderse. Especialmente cuando la persona que le gusta es tan atractiva… Pam casi
podía predecir que muchas personas se sentirían atraídas por Lalin. ¿Debería empezar a
mentalizarse desde ahora?

— Pam, frunciste el ceño… ¿Qué pasa?


— ¿Te gustan las chicas celosas, P’Lin?
— Hmm…

De la nada, Pam estaba preguntando si a Lalin le gustaban las personas posesivas.

No.
No puede ser que…

— Creo que yo soy del tipo que se pone celosa. Si no lo veo, no pasa nada. Si no lo sé,
tampoco. Pero si lo veo y si lo sé…
— Por eso te dije: si hay algo que te confunde o te hace sentir incómoda, entonces
pregúntame.

La ligera sonrisa de Lalin detrás del volante hizo que todo se volviera más claro. Al
principio, Pam pensó que aquellas palabras eran solo cosas típicas en una relación, algo que
se dice por confianza. Pero ¿quién sabe lo que pueda pasar en el futuro? Si dejas que la
duda se acumule sin hablarla, seguro surgirán problemas.

— Cuando llegue ese momento, te preguntaré.


— Así está bien.

Lalin volvió la mirada hacia el camino, acelerando cuando el tráfico empezó a fluir. Pam
nunca fue alguien complicada, siempre mostraba sus emociones tal cual. Eso hacía que
Lalin enterrara aún más las suyas. En este instante, la complicada era ella. Tan complicada
que empezaba a hacerse preguntas a sí misma.

Su pequeña pervertida estaba siendo tan seria.

Y ella… ¿estaba siendo igual de seria con estos sentimientos?

Lalin sonrió suavemente al ver a la chica con delantal frente a la cocina. Al parecer Pam
realmente hablaba en serio cuando dijo que cocinaría. La sopa de huevo que preparaba se
veía… aceptable. Solo que… ¿por qué la dejaba hervir tanto? Cuando Lalin se acercó para
preguntar, lo entendió; no pudo evitar hacer una pequeña broma.

‘Me gusta que las verduras queden muy blanditas, así no tengo que masticar.’

Claramente, el hecho de que Pam odiara masticar era un tema que Lalin tendría que
estudiar con más detalle. Volvió a sonreír, soplando suavemente la cuchara antes de probar
la sopa que Pam había hecho.

— ¿Qué tal? —La mirada expectante de Pam era tan adorable que Lalin…
— Pues…
— ¿Pues qué, P’Lin? ¿Está muy malo? —El rostro de Pam se desinfló por completo; toda
su confianza se evaporó al instante. Demasiado adorable.

— Está muy rico.


—…
— ¿Por qué te quedas callada, Pam?
— Estás burlándote de mí otra vez. —Volvió la cara hacia la olla, como si solo se
concentrara en la sopa. Ah, ¿quieres vengarte?

— Pam.
Pero no respondió. Ni se giró. Ni siquiera un “hmm”. Solo sirvió la sopa, repartió el arroz,
todo calmada y ordenada.
— ¿Vas a dejar de hablarme, Pam?

Ese tono, esa mirada que parecía suplicar. Lalin solo pudo suspirar, cruzando los brazos
mientras la observaba. ¿Esa actuación? Seguro estaba fingiendo. Pero le gustaba. Había
algo encantador en esperar a ver qué haría Pam después.
— ¿Estás actuando, verdad?
— ¿Crees que estoy actuando?
— No lo sé… Pero esto, esto sí que no es actuar.

Lalin miró la cuchara de sopa que Pam le acercó otra vez. Intentó contener la risa, pero era
obvio que no podía. Si seguía molestándola ahora, su pequeña pervertida se enojaría de
verdad.

— De verdad está rico.

La sonrisa… pudo volver a ver sonreír a su pequeña pervertida.

Y esa cena, la mimó tanto…

Que prácticamente no tuvo que hacer nada.

Le estaban dando de comer.

— Si sigues así, vas a convertir a tu hermana mayor en una inválida.


— Entonces déjame alimentarte yo, P’Lin.

Solo era una comida con un único platillo en la mesa.

¿Y cómo podía sentirse tan llena de felicidad?

Solo era darse de comer mutuamente.

— Mastica bien… Lo estás haciendo a propósito, ¿verdad?


— ¡No!
— ¿Y por qué dices eso? Casi ni comes arroz, solo te llevas huevo y caldo.
— Así podrás seguir dándome de comer más tiempo, P’Lin.

No sabía por qué su cara estaba tan caliente. Era solo una chica que no quería comer arroz y
prefería que la alimentaran un ratito más. Pero esa sonrisa, esos ojos… hacían que su
corazón se llenara de un calor extraño. Pam estaba ocupando un espacio que Lalin no sabía
que tenía vacío. La última vez que comió mientras reía de verdad… quizás fue en sexto
grado, cuando tenía doce.

— Gracias, Pam.
— No hay nada que agradecer, P’Lin… —Pam levantó un dedo y lo posó con suavidad en
sus labios, haciendo que el resto de la frase se desvaneciera junto con el grano de arroz que
acababa de comer. Esa expresión… Pam nunca la había visto en el rostro de la doctora
Lalin.

— Gracias por hacerme sentir cálida, Pam.


—Prometo ser el calor de tu vida, P’Lin.

Esas palabras realmente hicieron que su corazón se calentara.


Y cuando quien las decía extendió suavemente la mano para tomar la suya,
la emoción subió tanto que ya no pudo ocultar sus lágrimas.

—No seas tan dulce conmigo… Me haces recordar a una mujer que ahora ni siquiera sé
dónde está.

—P’Lin…

—Extraño a mi madre… Yo la abandoné…

Nadie sabía cuánto tiempo había estado Lalin acurrucada en los brazos de Pam, llorando en
silencio. Pam no dijo una sola palabra para consolarla; solo la abrazó fuerte, dejando que
ese abrazo dijera: estoy aquí, no me voy a ningún lado, soy el lugar donde puedes apoyarte.

Lalin la abrazó aún más fuerte, su mente regresando a la mujer que todos llamaban loca. La
mujer que el mundo juzgaba, pero que la había amado y cuidado con todo lo que tenía.
Aunque la casa fuese solo un techo de lámina, aunque las comidas fueran solo huevo
cocido con arroz blanco, seguía siendo un hogar feliz.

—La dejé atrás…

Pam no sabía cuán grande había sido el error de Lalin. Solo sabía que ella no debía cargar
ese dolor sola. Si la culpa había estado royéndole el corazón durante tanto tiempo, ¿cuánto
habría sufrido? Para llorar así… seguramente al fin había podido soltar una parte del peso
que llevaba.

Mommy Pat solía decir que en este mundo nada es perfecto. Ni siquiera ella misma. Hiciera
lo que hiciera Lalin, sin duda la había herido hasta los huesos. Abandonar puede tener
muchos significados. Pam no preguntaría nada, no si Lalin no quería contarlo. Igual que
ahora, mientras Lalin lloraba en silencio en sus brazos.

No sabía cuánto tiempo pasó. Solo sabía que ahora estaban sentadas juntas en el sofá,
después de que Lalin por fin se había calmado. Lalin miró a la chica que acababa de
terminar de limpiar la cocina y le sonrió con una dulzura cálida como la luz del sol. Pam
había hecho grietas en la armadura que ella había llevado tantos años, esa armadura forjada
por recuerdos dolorosos.

—P’Lin.

—¿Sí?

—Clávame la pajilla.
—¿También quieres que te dé de beber?

No hubo respuesta, solo una cajita de leche extendida hacia ella.

Lalin la tomó, colocó la pajilla con gusto y la acercó a la boca de la chica que le sonreía con
dulzura. Pam no preguntó nada, no mencionó las lágrimas, no trató de entender el motivo,
no presionó. Si hubiera sido otra persona, quizás habría lanzado un montón de preguntas:
por qué lloraba así, por qué parecía que el corazón se le rompía.

Pero Pam no preguntó. Solo ofreció un abrazo cálido.

—Se acabó… Mi pancita está llenísima.

—Claro que sí, si cenaste y todavía tomaste leche…

—Me voy a mi cuarto… Tú dúchate y descansa temprano, ¿sí? —Pero apenas se levantó, la
detuvieron. En cuanto se incorporó un poco, una mano la sujetó con fuerza.

—Pam.

—¿Sí?

—Esta noche duerme conmigo, ¿sí?

Por primera vez. Era la primera vez que la doctora Lalin le pedía que se quedara a dormir.

Y también fue la primera vez que Pam vio esos ojitos de cachorro en ella.

Siendo sincera, el corazón de Pam casi explotó. Obviamente no podía negarse. Asintió
rapidísimo, aceptando emocionada.

—Pero tienes que ponerte pijama, P’Lin.

Solo eso. Porque su corazón aún no era lo suficientemente fuerte.

Quien hizo la petición estaba tan sonrojada que era imposible disimularlo. Lalin solo pudo
reír suavemente, pidiéndole que regresara pronto mientras ella se cambiaba.

—Buscaré una pijama que no te haga sangrar por la nariz.

—No me molestes, P’Lin.

—Vuelve rápido… Te esperaré en la habitación.


Con esas palabras, Pam casi respondió que se quedaría a dormir ahí mismo. Ella siempre
estaba lista: bañarse rápido y correr a la habitación de Lalin.
La verdad era que, desde aquella noche en la que le sangró la nariz, no habían vuelto a
dormir juntas. Aunque a veces la recogiera después del trabajo, aunque cenaran juntas o
cocinaran algo sencillo, aunque hablaran durante horas, Pam nunca pidió volver a quedarse.
No estaba lista —no si Lalin no usaba pijama.

Lalin la observó sentada en la cama, con el teléfono en la mano, sonriendo. Pam tardó solo
quince minutos en bañarse y regresar. No sabía si alegrarse por el hecho de que se había
apresurado tanto que había terminado usando una pijama totalmente dispareja: una camisa
de un tipo, un pantalón de otro.

—P’Lin, mira, esto es bien gracioso.

—¿Mm?

—Aquí, lee lo que le escribí a mi amiga en LINE.

Le pasó el teléfono justo cuando Lalin se sentó en la cama. La sorprendió. No llevaban


tanto tiempo conociéndose, pero Pam ya confiaba en ella lo suficiente para mostrarle sus
mensajes privados.

—Hace rato no me pude reír porque discutí con Shasha…

—Tampoco fue una discusión. El día que vimos Annabelle, Shasha me vio sentada en el
regazo de P’Lin, nos vio besándonos. Desde ese día, todos los días me pregunta si el
fantasma ya se fue de mi cuerpo. Hoy por fin entendí.

—…

—Shasha dice que yo no soy del tipo “bottom”. Dice que encajo más como “top”. Qué
exagerado, P’Lin. ¡Solo porque estaba sentada sobre tus piernas!

—¿Y ahora qué? ¿Ya se fue el fantasma o no?

—…

—¿P’Lin, te gusta ese fantasma?

No hubo respuesta. La habitación tenía ya la luz apagada, salvo el brillo cálido de la


lámpara de noche. No estaba completamente oscuro; a la dueña del cuarto le gustaba poder
ver el rostro de la persona que calentaría su corazón esa noche.

—Pam.

—Sí.

—¿Por cuánto tiempo serás mi calor?


—Hasta que ya no me necesites más.

—¿Incluso si no soy una buena persona?

—No me importa cómo defina el mundo lo que es bueno. Me importa la persona que yo
decida cuidar… Nadie puede ser bueno a los ojos de todos.

—Todos dicen que mi madre tenía problemas mentales. Pero yo era feliz, ¿sabes? Aunque
vivíamos en una casa con techo de lámina, aunque comíamos solo huevo cocido con arroz
blanco… hasta que cumplí doce, todo empezó a cambiar.

—…

—Mi mamá se volvió a casar…

Su voz era tan suave que parecía envuelta en amargura. Fue solo en ese momento que Pam
entendió de verdad lo que es tener miedo de escuchar algo.

No quería que aquello que temía fuera realidad.


Temía que Lalin hubiera pasado por algo inimaginablemente cruel.

—Cuando era pequeña yo…

—Ya basta, P’Lin. No lo cuentes. Si te duele, no tienes que decirlo.

—Esa noche… llovía a cántaros. Era aterrador. Yo estaba quedándome dormida… y de


repente mi padrastro se lanzó sobre mí. Apestaba a alcohol. Sus ojos… eran salvajes y
hambrientos.

—Basta, P’Lin. No pienses en eso… Estoy aquí, estoy aquí mismo contigo.

—Yo grité pidiendo ayuda hasta quedarme sin voz. Tenía miedo. Me dolía. Estaba
desesperada…

—Pam, ¿por qué lloras…? —Lalin la abrazó en cuanto vio que la chica lloraba en silencio,
con lágrimas resbalando por sus mejillas. Apenas había cerrado los ojos un momento, y al
abrirlos, su pequeña pervertida estaba llorando.

—No me digas que crees que… él me violó.


Capítulo 13

“ —No me digas que crees que mi padrastro me violó, ¿sí? ”

La verdad, ¿quién no lo pensaría? Con la forma en que Lalin contó todo, cualquiera sentiría
que la historia iba directo hacia ese punto. Era imposible imaginar otra cosa. Pammy se dio
la vuelta, limpiándose las lágrimas con una mano.

El dolor de escuchar lo que Lalin había vivido la hacía incapaz de no llorar. Le dolía el
pasado de Lalin como si fuera propio. Y siendo sincera, no quería que nadie tuviera que
pasar por algo así: ser abusado, ser humillado sin consentimiento.

Aunque Lalin la llamó varias veces, Pam siguió dándole la espalda, sin responder, sin
mirar. Lalin solo observaba aquella espalda temblorosa, con el corazón rebalsando
emociones. ¿De verdad su historia había hecho que Pam se sintiera tan mal? La expresión
en su rostro cuando lloraba, la mirada antes de voltearse… todo eso le hizo doler el corazón
como nunca antes. Así que esto era lo que se sentía al volverse realmente importante para
alguien.

Cuando uno ríe, esa persona ríe contigo.


Cuando uno se entristece, esa persona te abraza.
Cuando uno siente dolor, esa persona también lo siente.

Tus emociones se vuelven lo más importante en su mundo.

Los brazos delgados de Lalin rodearon con suavidad a quien intentaba limpiarse las
lágrimas. Depositó un beso en el hombro de Pam, no aquel hombro ancho que había soñado
de niña para refugiarse, para atravesar juntos el dolor, para escapar de lo terrible. Ahora, era
este hombro pequeño el que le hacía sentir protección. El calor que siempre había anhelado.
Quería ser alguien importante para Pam.

No sabía cuánto tiempo habían estado abrazadas. No contaba cuántas veces sus labios
rozaron ese hombro. Solo sabía que, finalmente, la persona que lloraba por ella se había
girado para mirarla con ternura. Lalin acarició suavemente el rostro de Pam, quien
permanecía en silencio, labios apretados, como si quisiera disculparse. Lalin no pretendía
hacerla llorar, ni tampoco que imaginara que ella había sufrido algo aún peor.

—Esa noche… hice todo lo que pude para sobrevivir…

Pammy no dijo nada, solo la abrazó aún más fuerte mientras la historia continuaba. Con
solo saber que Lalin no había sido lastimada de la peor manera, Pam ya podía seguir
escuchando. La vida de la doctora Lalin no era ni remotamente tan hermosa como su
apariencia actual.
—Mi madre… volvió y me encontró con ese hombre… —la voz de Lalin se volvió más
pequeña en el calor del abrazo. Esa vez, no era la “niña pervertida” la que lloraba, sino
alguien que había tenido que arrastrarse, esconderse y sobrevivir a una infancia demasiado
cruel.

—Ella agarró un palo y lo golpeó, una y otra vez… Luego me dijo que corriera. Que no
mirara atrás… Y corrí. Dejé a mi madre atrás…

—No la dejaste, P’Lin. Claro que no. Ella te amaba. Y porque te amaba, eligió dejarte ir.

—Ni siquiera sé qué pasó después. Solo… corrí. Corrí bajo la lluvia… —Recordar todo
aquello desgarraba su corazón. Era demasiado cruel para que una niña lo soportara.

Pammy dejó que Lalin llorara por su madre en sus brazos. No dijo nada, solo la abrazó con
fuerza mientras su cuerpo temblaba por el dolor del pasado. La consoló con un silencio
lleno de ternura. Sabía que esos recuerdos no se borrarían fácilmente. Lalin debía haberse
culpado miles de veces por haber huido, por haber dejado a su madre atrás.

—Y luego…

—Regresé a la casa después de graduarme, pero ya no había nadie allí. Los vecinos dijeron
que el lugar se había incendiado dos meses antes. Si hubiera tenido el valor de volver
antes… tal vez habría podido ver a mi madre una última vez.

—P’Lin…

—Ahora ni siquiera sé dónde está mi madre… —el sollozo temblaba dentro de su abrazo,
¿cómo no iba Pam a comprender aquel dolor? ¿Cuánto tiempo llevaba Lalin guardando esto
en el corazón? ¿Cuánto se había castigado cada vez que recordaba su pasado? No se puede
juzgar a alguien solo por su apariencia. A veces, detrás de algo que parece brillante, se
esconden fragmentos rotos muy profundos.

Pam no supo en qué momento Lalin se quedó dormida. Seguramente había llorado hasta
agotarse. Observó el rostro de la mujer dormida en su regazo, el corazón lleno de
emociones mezcladas. Una de ellas era la comprensión. Sabía que Lalin había reprimido
durante años estas memorias dolorosas y delicadas.

—Estoy de verdad muy feliz de que confíes en mí, P’Lin.


Si no confiara, Lalin no le habría dejado ver esa parte vulnerable. Pam posó un beso suave
en la frente de la mujer dormida y luego cerró los ojos.

Aunque solo llevaban unas semanas juntas, los sentimientos que Pam sentía por Lalin
habían crecido hasta un punto inesperado. Qué extraño que uno pueda llegar a amar a
alguien con tanta facilidad. Solo sabía que quería ser el calor de Lalin, mientras ella aún la
necesitara. Verla llorar le hacía doler el corazón como si se partiera.
¿Podía llamarse a eso amor?

La melodía del teléfono cerca de la cocina llenó la habitación como si trajera la mañana
consigo. La mujer en la cocina sonreía con una calidez capaz de despertar envidia. Lalin la
observó en silencio mientras preparaba el desayuno. Al despertar, había pensado que Pam
ya había vuelto a su propia habitación. Pero no: ella se había levantado temprano solo para
cocinar. La verdad, Lalin ya empezaba a acostumbrarse a mañanas como esa. Pam estaba
empezando a cambiarla.

—¿Ya despertaste?

Lalin no respondió. Solo caminó hacia ella y abrazó desde atrás a la chica más alta. Estaba
empezando a rendirse ante la dulzura de Pam. A rendirse ante aquellos gestos que
comenzaban a darle miedo.

—Tengo miedo.

—¿Miedo de qué, P’Lin? —Pam dejó el aguacate y se giró para mirar a la mujer que la
abrazaba. Pero cuando sus ojos se encontraron, Pam se detuvo un instante. Lalin dijo que
tenía miedo… y aun así, ¿sus ojos estaban sonriendo?

—Tengo miedo de ti, Pam.

—¿Eh? ¿Qué tengo yo de aterrador?

—Me asusta la idea de no tenerte a mi lado.

Palabras suaves, pero capaces de tocar el fondo del alma. La mano delgada de Pam levantó
con cuidado el rostro temeroso de Lalin, dejando que sus miradas se unieran. Luego se
inclinó para darle un beso dulce de buenos días.

—No tienes por qué tener miedo. No voy a irme a ningún lado.

—¿De verdad?

—Oh, ¿y hoy por qué está tan dulce la doctora Lalin? ¿Dónde quedó la doctora gruñona
que siempre me molesta diciéndome pervertida? ¡Ah! ¿Por qué me pellizcas?

—Arruinaste el momento… —Lalin puso los ojos en blanco, mirando a la chica que aún no
quería soltarla, con aire molesto, pero luego sonrió suavemente. Tal vez justo esa parte de
la personalidad de aquella mocosa pervertida era lo que había logrado conquistarla.
—Todavía soy joven, no me he graduado, no trabajo. Puede que aún ni siquiera pueda
cuidar de P’Lin…

—…

—Si P’Lin quiere perfección, ahora mismo no puedo darte eso. Pero si puedes ser paciente,
prometo que haré que P’Lin sea la persona más feliz del mundo.

—¿Tanto así? —Esta vez fue Lalin quien jaló a la chica hacia su pecho. Hablaban como si
ambas todavía fueran unas niñas. Aunque sí tenían una diferencia de edad, en el amor y en
la comprensión… ¿realmente existen límites para eso?

—Soy hija única de Mama Prem y Mommy Pat. Puede que esté un poco consentida. En
cosas de comida o rutina no hay problema… Pero si hay algo que no te guste, solo dímelo.
Mama Prem siempre me dijo que cuando amas a alguien, quieres cambiar por esa persona.
Quieres hacer cosas por ella sin pedir nada a cambio.

—¿Eres tan seria conmigo…?

—Por supuesto. Ya te lo dije, quiero ser tu calor. —Quizá Pammy no se daba cuenta de que
esa expresión tan seria era justo lo que hacía que Lalin la quisiera aún más.

—Yo también soy seria contigo, Pam. Demos tiempo para conocer bien nuestras
fortalezas… y también lo que aún no es perfecto. Estás preocupada por la diferencia de
edad entre nosotras, ¿cierto?

—Si digo que no, estaría mintiendo. —Decidir amar de nuevo después de la primera
ruptura la hacía más cautelosa. Si no fuera algo serio, no estaría pensando tanto. Solo temía
repetir el dolor del pasado.

—¿Tienes miedo?

—Sí… Por eso dije que quizá Pam de ahora aún no pueda cuidarte completamente. —Le
asustaba ser tan joven, seguir en la universidad, no tener trabajo. Temía que eso se
convirtiera en la razón que volviera a herirlas a ambas.

—No todas las mujeres son iguales, Pam.

—…

¿Y ahora? Pam solo pudo quedarse mirando la espalda de la mujer que se alejaba. La
mirada de Lalin al decir aquello le pesó en el pecho, inexplicable. ¿Había dicho algo
incorrecto? Solo había tomado su relación pasada como aprendizaje. Pero ¿por qué Lalin
estaba triste?

.
.

—¡Dios mío! Pammy, eres una tonta…

—Piensas demasiado, Pammy. Si fuera yo, también estaría molesta.

—¿Quién dice algo así? Suena como si le estuvieras diciendo que si no puedes darle algo
perfecto ahora mismo, pues que se vaya.

La regañada solo se quedó en silencio, mientras Tawan le daba golpecitos en la espalda


para consolarla. Las otras tres, después de escuchar lo que había puesto a Pam tan tensa,
también se quedaron serias. Conocían bien a Pammy: había sido herida antes, y ahora temía
volver a pasar por lo mismo.

—Entonces, ¿ya olvidaste a P’Jane?

—¿Qué tiene que ver P’Jane?

—Por favor… Pammy, cuando la doctora Lalin dijo “no todas las mujeres son iguales”…
estaba muy lastimada. Porque la comparaste con P’Jane, la que te hizo sufrir. ¿Acaso
P’Lalin te ha hecho daño?… Escucha, Pammy: lo que más odiamos las mujeres es que nos
comparen con la ex, sea por el motivo que sea.

Era casi la primera vez que Bambi decía algo tan largo y con tanta lógica, haciendo que Iris
y Shasha la miraran impresionadas. Pero la regañada solo suspiró. En realidad, Pammy no
podía negar por qué había dicho aquello; solo quería advertirle a Lalin.

—Solo no quiero que P’Lin se decepcione.

—…

—No he terminado la universidad, no trabajo, todavía tengo que pedir dinero a Mommy Pat
y Mama Prem… ¡Ni siquiera sé si podría invitarla a una cena elegante! ¿Cómo no voy a
tener miedo? —Porque su primer amor la había criticado por esas cosas, ese miedo seguía
intacto. Por eso se le escaparon esas palabras con Lalin. Pero no esperaba que eso la hiciera
enojar.

—¿Qué mujer pudo dejar a mi Pammy así, triste y sentada toda apagada?

.
No solo era la voz; también fue un abrazo por detrás, acompañado de un beso en la mejilla
derecha. Todo el grupo quedó en shock, pero al ver a la mujer hermosa que acababa de
aparecer en la cafetería, todos terminaron sonriendo. Incluso la persona que había recibido
el beso de sorpresa —y que era la más asustada de todas— no pudo evitarlo.

—¡Doctora Ris!

—Llámame P’Ris, Pammy. Ya no estoy trabajando en el hospital —la doctora, tan bella
como siempre, abrazó con calidez a la más pequeña del grupo. Ese día había pasado cerca
de la universidad por casualidad, así que decidió entrar a ver a Pammy después de tanto
tiempo sin encontrarse.

—¿Qué haces aquí hoy, P’Ris?

—Te extrañaba, Pammy.

—Ay, si alguien no conociera la relación de ustedes dos, pensaría que están saliendo —
comentó Bambi, logrando que todo el grupo asintiera, especialmente Shasha, que conocía a
la perfección la dinámica entre ambas.

—Pues mejor, ¿no? Mi Pammy no necesita a nadie más. Yo puedo cuidarla sola.

—Dices eso, pero apenas aparece alguien que te agarre la mano, me abandonas. ¿O no,
todos? —Pammy enseguida involucró al grupo como testigos, porque todos estaban
familiarizados con la famosa doctora Sarita Kunakul.

—¿Cuándo ha pasado? ¿Acaso has visto a alguna chica siguiéndome?

—Ay, P’Ris, mejor que Shasha y Bambi cuenten lo que pasó ese día…

—No, no. Bambi, Shasha… lo que quieran, yo se los doy, pero no cuenten nada.

—Así sí pareces una verdadera sugar mommy, P’Ris. Y hablando en serio… esa chica ese
día era demasiado sexy. Shasha se quedó paralizada de verla.

El ambiente animado y las risas ayudaron a aliviar el peso que tenía Pammy encima hace
un rato. La chica apoyó la cabeza en el hombro de la mujer a la que siempre veía como una
hermana mayor; mientras que la doctora Ris dejó que Pammy se recostara en ella con
familiaridad. Era obvio que Pammy tenía algo en el corazón para comportarse así.

Después de un rato, los amigos se despidieron uno por uno, dejando a Pammy y a la
doctora Ris solas. Pammy dejó de apoyarse en su hombro y se sentó frente a ella. Al ver la
expresión relajada de la doctora, solo pudo suspirar. ¿De verdad no notaba que TODA la
cafetería la estaba mirando de reojo?
—Entonces… ¿no piensas decirme quién te puso tan triste? No me digas que es la misma
de antes —ella sabía que Pammy había terminado con su primer amor. De hecho, una de las
razones por las que había ido a verla era para asegurarse de que estuviera bien, que no
siguiera atrapada por la sombra de alguien a quien una vez llamó “amor”.

—No es la ex, P’Ris.

—…

Si no era la ex, ¿entonces Pammy ya tenía a alguien nuevo?

¿No era demasiado pronto? Pammy aún no cumplía ni veinte años.

¿Y lo sabrían tía Pat y tía Prem?

—En realidad no es nada grave, P’Ris. Solo estoy pensando demasiado. Tengo miedo…

—¿Miedo de qué, Pam? Dímelo.

—La persona que me gusta ya trabaja. Y yo todavía no puedo cuidarla como quisiera. Soy
joven, no tengo empleo, sigo pidiendo dinero a Mommy Pat y Mama Prem.

La doctora Ris sonrió suavemente al ver a la chica tan abatida. Entendía perfectamente sus
preocupaciones. Pammy aún no llegaba a los veinte, y su primer amor había terminado de
una forma nada agradable. Temor a repetir la historia… era algo normal.

—Tener miedo no está mal, Pam. Lo que no me gusta… es que no confíes en ti misma. No
sé qué te hizo esa ex para dejarte sin nada de seguridad, pero apenas tienes diecinueve, casi
veinte… No olvides eso.

—P’Ris…

—En el amor no hay reglas fijas. No pienses tanto. Deja que todo fluya. Eres muy joven
todavía.

—¿Te estás burlando de mí? ¡Le voy a decir a mamá Sita!

—Ya, Pammy… Mamá Sita te consiente demasiado. Anda, déjame invitarte a comer
omakase. —solo mencionarla ya hacía temblar a la doctora; esa mujer consentía a Pammy
incluso más que la tía Prem… quizá incluso más que a ella, su propia hija.

—Quiero ir a un lugar famoso. Y pedir el menú más caro. El chef tiene que ser alguien
reconocido.

—Todo lo que quieras, Pammy querida…


La mano que estaba a punto de enlazar el brazo de la doctora Sarita se detuvo en el aire
cuando una mujer entró. Tan hermosa que Pammy tragó saliva sin pensarlo.

—Perdón, pero vengo a llevarme a lo que es mío.

Y así, Pammy siguió a la mujer sin decir una sola palabra.

La doctora Ris se quedó allí, aunque en la comisura de sus labios apareció una sonrisa
satisfecha.

Claramente, esa mujer no era alguien común.

Poseía a Pammy de una forma muy evidente.

Sin una palabra. Solo un agarre firme de la mano.

Ninguna sonrisa en su rostro, lo cual hizo que Pammy suspirara.

Desde que subieron al coche hasta llegar al apartamento, el ambiente se mantuvo igual de
tenso. ¿Debería sentarse a su lado a ver televisión? ¿O preguntar directo y aclararlo todo?
Lalin no había formulado ni una sola pregunta. No preguntó qué había pasado, ni quién era
la mujer con la que Pammy había sido tan cercana. Entonces, ¿por dónde empezar?

—P’Lin, si vas a seguir así entonces yo… —Ni siquiera logró terminar la frase cuando el
teléfono comenzó a sonar. Al ver quién llamaba, contestó de inmediato.

—Sí, P’Ris…

No alcanzó a decir nada más, porque la tiraron suavemente para sentarla sobre las piernas
de alguien.

No era tan blando como el sofá, pero era infinitamente más cómodo.

‘Pammy, ¿ya llegaste a casa? ¿Qué estás haciendo?’

¿Cómo iba a responder que estaba sentada sobre las piernas de la doctora Lalin?
Y además abrazada. Aunque en realidad, eso ni siquiera era lo más importante.

Si ya estaban así…

—Cuelgo, P’Ris… —La risa traviesa del otro lado la hizo suspirar. Sin duda Ris la
molestaría con esto por lo menos un par de días. Pero ahora lo importante era sujetar la
mano de la doctora Lalin.

Esa mano que estaba bajo su camiseta, acariciando lentamente su vientre…

¿Y cómo se suponía que debía sentirse uno ante eso, doctora Lalin?

—P’Lin…

—¿Quién era? ¿Por qué estás respirando así?

Si esa pregunta se hubiera hecho con el rostro apenas apoyado en su espalda, quizá sería
normal.

Pero con esa mano suave acariciando sin parar…

¿Cómo no iba a respirar entrecortado?

—P’Lin… —Dios, ¿cómo se supone que debía contestar? Con esas caricias, nadie podría
articular una frase completa. ¿O acaso la doctora Lalin no sabía que estaba imposibilitando
cualquier concentración?

—¿Quién era?

La segunda vez que lo preguntaba. Pero esta vez la voz había bajado, más suave.

Si seguía callada, aquello no se detendría solamente en caricias sobre el vientre.

—¿Estás celosa, P’Lin?

—Sí.

Tan claro como podía ser. Sin evasión.

Lalin observó cómo la chica se apartaba de su regazo para sentarse a su lado. Luego tomó
su mano y la besó varias veces seguidas. Pero aún no había respondido la pregunta de antes.
Había que admitir que verla tan cercana a otra mujer hermosa que ella no conocía le había
hecho pensar demasiadas cosas. Y una de esas sensaciones no le gustaba en absoluto.

Aunque ya estuviera a su edad, Lalin aún no podía controlar del todo sus emociones.
Había sentido celos por una mocosa pervertida.

Celos al punto de perder la calma como nunca antes.

Tanto que hasta su mejor amiga se burló de ella.

Enamorarse de una niña.

—Me gusta cuando P’Lin tiene celos.

¿Le gustaba? ¿Le gustaba ver a alguien celoso por ella?

Esa sonrisa…

Significaba una sola cosa.

—P’Lin me vio en la cafetería, ¿verdad? —Esa media sonrisa, esa mirada fija… no podía
tener otra interpretación. Había sido descuidada. Olvidó que ese era el lugar donde Pam
trabajaba. No importaba dónde estuviera sentada en ese café, sería imposible que esa
mocosa pervertida no la notara.

Celos hasta ese punto.

Olvidó pensar. Olvidó la cautela que la distinguía.

Se descubrió completamente frente a esa niña.

—No sabía que P’Lin podía tener tantos celos —Pammy sonrió mientras levantaba la mano
suave de la doctora Lalin para besarla una y otra vez—. ¿Cómo no voy a sentirme así, si
P’Lin es tan posesiva?

—De verdad que eres una mocosa.

—Y soy aún más traviesa de lo que crees.

—Tendré que vigilarte muy de cerca.

—Si soy tan problemática, entonces tendrás que cuidarme bien, ¿cierto? —No era
exactamente una queja. Ella había dicho que le gustaban las personas inteligentes. Y esta
mocosa pervertida era inteligente y llena de trucos. Ahora empezaba a sospechar si la vez
que Pam le apretó el pecho realmente había sido un accidente.

—Si hago que P’Lin se moleste, entonces tendré que compensarte, ¿verdad?

Dicho así, claramente quería compensar de verdad.


—Sí, compénsame.

Si se le permitía compensar de esta manera, lo haría.

Lo haría una y otra vez.

Muac!

Lalin inclinó el rostro con gusto para corresponder aquella petición, y descubrió que los
labios que se presionaban contra los suyos eran tan dulces que la mente se le nubló, sin
querer separarse.

Besaba realmente bien.

Hasta el punto de dejar a cualquiera sin aliento.

—Quiero compensar a P’Lin otra vez.

—Con besos así, me va a doler el cuello pronto —No debía inclinarse tanto tiempo. Pero
cuando la chica que estaba recostada en su regazo se incorporó de pronto, se puso de pie
frente a ella y extendió la mano, como invitándola a elegir por sí misma, ¿qué más podía
decir?

—¿Y si te compenso en el dormitorio?

—Por supuesto. Ya lo sabes, ¿verdad? Cuando estoy en la cama, no me gusta llevar nada
puesto… Así que dime, Pam, ¿vas a poder compensarme de esa forma?
Capítulo 14

No estaba segura de si realmente podría compensarla. Pero sí sabía con certeza que ahora
mismo estaba sentada sobre la cama.

En silencio, observó a la doctora mientras se cuidaba el rostro.

—¿Qué estás mirando así, Pam?

—Cuando no te maquillas… P’Lin, eres realmente muy hermosa. Te ves muy joven —Lo
dijo con total sinceridad. Sin embargo, ese cumplido solo hizo que la otra frunciera
ligeramente el ceño.

—Entonces, ¿quieres decir que cuando me maquillo no soy bonita?

—No es eso lo que quise decir —Al ver claramente la expresión reflejada en el espejo, Pam
se levantó enseguida y caminó hacia detrás de ella. No tenía intención de insinuar que no
fuera bonita maquillada. Esa mujer, en cualquier estado, era tan hermosa que le estremecía
el corazón. Tan hermosa que hacía a su corazón latir con fuerza. Especialmente a esa
distancia, donde podía sentir incluso el tenue aroma de su piel…

—Entonces, ¿qué quisiste decir? Si te equivocas al hablar, me voy a enojar, lo sabes.

Lalin ladeó la cabeza para mirar a la chica que apoyaba la mejilla en su hombro. En sus
brazos, aquella mirada a través del espejo se clavaba en ella, y ¿cómo podía decir que no
sentía nada? Eso sería mentir. Su corazón latía deprisa, y tenía que contenerse para no dejar
que aquella mocosa pervertida lo notara. Si no, ella pensaría que podía manipular su
corazón a su antojo.

—Hermosa… muy hermosa.

La mirada en el espejo hizo que Lalin casi perdiera el control y la abrazara, cubriéndole los
labios con los suyos. Amaba esa mirada de Pam, una mirada que parecía existía solo para
ella. Como si en esos ojos, solo hubiera una sola persona: ella.

—¿Tan hermosa? ¿Qué tan hermosa, Pam?

El abrazo por detrás ahora se convirtió en un enfrentamiento cara a cara. Lalin se giró y
miró directamente aquellos ojos que hacían temblar su corazón. Aun así, los brazos de la
chica seguían rodeando su cintura. Pero el verdadero choque fue su expresión.
Normalmente, aunque fuera un pequeño gesto de coqueteo, Pam se sonrojaba, se alejaba,
intentaba poner distancia.

El rostro se le ponía rojo, evitaba la mirada, buscaba espacio.


Pero esta vez no.

Solo había esa mirada embelesada. Ese rostro acercándose, tan cerca que sus frentes se
tocaron.

—Estoy hechizada…

La mano fina de Pam sostuvo suavemente su rostro. Esa mirada hizo que Lalin tragara
saliva sin darse cuenta. La niña que siempre retrocedía ahora no lo hacía. Al contrario, solo
parecía querer acercarse más, como si quisiera apoderarse de todo. ¿Acaso Pam tenía dos
personalidades?

—¿Hechizada qué tanto?

—Muchísimo…

La distancia entre sus labios se reducía cada vez más, y el deseo de besarla crecía con
fuerza.

Pero, cuando estaba a punto de rozarla, la chica en sus brazos se echó hacia atrás de pronto,
juguetona.

Como si lo hiciera adrede, como si quisiera hacerla desearla aún más.

Hasta el punto de que Lalin casi la empujó sobre la mesa del tocador.

—¿Ahora piensas compensarme así, Pam?

—Quiero…

—¿Qué quieres? Si no terminas la frase, no sé cuánto tiempo más podré mantener


pensamientos inocentes —La voz suave sonó justo junto a su oído, con sus labios casi
rozando la piel. Le encantaba así. Le encantaba verla tan atrevida, tan decidida. Cuanto más
retrocedía ella, más avanzaba Pam, hasta obligarla a apoyarse casi por completo contra la
mesa del tocador.

—P’Lin está provocándome —¿Cómo no decirlo, cuando la doctora Lalin soplaba aire
caliente junto a su oído y dejaba escapar esos sonidos tentadores cada vez que ella se
acercaba?

—Dímelo, Pam. ¿Qué quieres? Ya te lo dije, solo sé honesta conmigo.

—P’Lin lo sabe bien…


—No lo sé, a menos que tú misma lo digas —El suspiro de la chica escapó cuando sus
dedos acariciaron suavemente el rostro frente a ella. Lalin rió en voz baja, sabiendo que a
esa mocosa le encantaba que la mimaran, aunque siempre escondía su vergüenza.

—P’Lin…

—Dilo, amor. ¿Qué es lo que deseas tanto?

—P’Lin está provocándome.

—Si no lo dices, ¿cómo voy a saberlo…? Mírame, Pam. Verás cuánto quiero que me
compensen.

—Quiero a P’Lin.

Había dicho con claridad el deseo de su corazón.

¿Sería suficiente para recibir lo que buscaba?

—¿Quererme es la forma en que planeas compensarme, Pam? —Sabía que esta vez no
recibiría respuesta, porque la boca de la chica estaba ocupada haciendo otra cosa.

Lalin dejó que los labios suaves de Pam la encontraran como quisieran, mordiendo
ligeramente su labio superior y luego pasando despacio al inferior. Parecía que Pam
entendía perfectamente que a ella no le gustaban los besos apresurados. Por eso jugaba
despacio, provocando sus labios sin prisa, sin usar la lengua todavía.

—P’Lin…

Apenas ese susurro tembloroso bastó para que Lalin sostuviera su rostro con ambas manos.
Estaban besándose, y aun así Pam se detuvo de golpe, como si algo le hubiera atravesado la
mente.

—Pam, ¿quieres decirme algo?

—Si nuestra relación pasa los límites de los besos… ¿qué vendrá después?

—¿Quieres que solo nos quedemos en los besos, Pam?


—No… —La respuesta salió sin una sola duda. Pero para ella, la intimidad no era algo que
terminara en placer y adiós.

—¿Crees que soy fácil… que estaría con cualquiera?

—No es eso.

—Entonces, ¿qué es, Pam? —Pam escondió el rostro en el cuello de Lalin, dejando
pequeños besos suaves, como intentando calmarla. Pero cuanto más evitaba su mirada, más
la retenía Pam con esos besos insistentes sobre la piel. ¿Cómo se suponía que debía definir
eso?

—Estoy siendo seria.

—Yo también soy seria.

La palabra seria salió de ambas casi al mismo tiempo. Con esa mirada cargada de emoción
frente a ella, Lalin sintió que las dudas en su pecho se disolvían. Rodeó el cuello de su
pequeña pervertida y atrajo su rostro hacia abajo. Esta vez, la que tomó la iniciativa fue
ella.

—P’Lin…

Solo alcanzó a oír su nombre, débil, antes de que se mezclara con un sonido suave, y Lalin
dejó de contenerse, entregándose al sabor profundo de ese beso. Dictó el ritmo a su manera,
sin perder el control, pero aun así sintiendo cada respiración acelerada que Pam dejaba
escapar. Sus lenguas se encontraron, rozándose con dulzura una y otra vez, intercambiando
deseos sin cansarse, mientras los dedos de Pam desabrochaban los botones de su blusa sin
que ella se diera cuenta.

Los botones ya estaban fuera; naturalmente, el sostén no duraría mucho más. Y quien lo
desabrochó no fue Pam.

Fue ella misma.

Fue ella quien empezó a sentirse impaciente con las manos de Pam, que apretaban y
acariciaban sus pechos sin parar. Sin el sostén, ya no sería solo caricias.

—¿Piensas seguir tocándome así para siempre, Pam?

La pregunta detuvo la mano de la chica un instante, normal, porque aquella suavidad era
demasiado tentadora incluso para ella.

¿Desde cuándo la doctora Lalin había decidido quitarse el sostén?


—¿Podemos ir a la cama, P’Lin? —Quizá, estando de pie así, provocándose frente al
tocador, no era lo más elegante, ¿no?

La primera vez debía ser en la cama, suave, dulce… al menos eso pensaba ella. Pero la
respuesta que escuchó dejó a Pam desconcertada. Aun así, la siguió. Retiró cuidadosamente
los objetos del tocador al suelo y la ayudó a sentarse sobre la mesa.

—No me gusta la cama.

—Entonces apago la luz —La habitación estaba demasiado iluminada; apagar las luces
haría el ambiente más íntimo. Pero otra vez, sus pensamientos no coincidieron.

—No me gusta apagar la luz… ¿No puedes hacerlo, Pam?

—¿Quién dijo que no puedo? Mucho mejor así, así puedo verte bien, P’Lin.

No le gustaba la cama. No le gustaba la oscuridad.

Ahora ya entendía por qué.

—¿Y si me ves claramente?

—No pasa nada… P’Lin es demasiado atractiva —No estaba exagerando. Ella estaba
completamente desnuda de cintura para arriba, mostrando un pecho hermoso, imposible de
no admirar. Y su mirada, esa intensidad, hacía temblar su corazón. Cuando Pam rozó
suavemente su pezón, el gemido leve que escuchó la dejó sin aliento.

—Ah… Pam.

—¿Sí?

—¿Piensas seguir tocándome así para siempre?

—Si solo hago esto, entonces tú…

—Está bien, está bien. No te pongas el sostén todavía, P’Lin. Solo quiero sentir lo suave
que eres.

¿Era realmente una pervertida la chica frente a ella? ¿Qué tenían sus pechos para que Pam
se obsesionara tanto? ¿Debería Lalin agradecerle a su propio cuerpo por haberlas acercado
tanto? Tan cerca que, aun estando semidesnuda, Pam solo se aferraba a sus pechos, como si
no quisiera soltarlos jamás.

—Pam.

—No me regañes… ¿Tienes prisa, P’Lin?


—Con un solo beso me has dejado mojada. ¿Crees que puedo no tener prisa, Pam?

—Ah… entonces eso significa…

—Pam.

Otra vez ese nombre. Ese tono. A Pam le encantaba cómo la llamaba.

Le encantaban esos ojos que la miraban solo a ella.

—Si una estudiante deja así de mojada a su profesora… ¿qué crees que debería hacer ahora,
hmm? —La mano fina apretó su pecho, jugando suavemente con su pezón. Ella recibió una
mirada acusadora. ¿Sabía la doctora Lalin lo increíblemente seductora que era? Tan
ardiente que resultaba casi insoportable.

—Si sigues provocando así… ya no habrá compensación para ti.

—Voy a compensarte, P’Lin.

—Mocosa pervertida.

—Porque eres tú, P’Lin. Justo porque eres tú… es que me pongo así.
Porque era la doctora Lalin, Pam quería que su primera vez juntas fuera suave, tranquila,
sin prisas. Quería recorrer con calma cada línea de ese cuerpo perfecto. Pero parecía que la
mujer mayor ya estaba perdiendo la paciencia. ¿Quizá debía moverse más rápido antes de
que la regañara?

—Oh…
Esta vez la voz no traía ni una pizca de molestia; era pura satisfacción, escapando de la
boca que tenía los labios de Pam atrapados alrededor de su pezón.

Lalin bajó la mirada hacia la chica que jugueteaba con su pecho, con una mezcla de fastidio
y diversión. La lengua rozaba su pezón, y las manos no se apartaban del busto, pasando del
izquierdo al derecho. ¿Cómo podía no sentirse complacida? Y ahora, además, la muy
traviesa había dejado marcas entre sus senos.

¿Desde cuándo sus pechos se habían convertido en su postre favorito?

¿Y por qué estaba lamiendo tan profundo sin pensar en nada más?

—P’Lin, ¿por qué me apartas?

Todavía se atrevía a preguntar.

¿De verdad quería que lo dijera en voz alta?


—Pam.

—Si no me dices qué quieres, ¿cómo voy a saberlo, eh, P’Lin?


Y todavía se atrevía a reprochar.

Y además con esa sonrisa provocadora… Realmente lo hacía a propósito.

—No quiero que solo me lamas el pecho.

Oh…

Si quería decirlo tan claro, mejor que la dejara morir ahí mismo.

Solo con oírlo a Pam se le detuvo el corazón.

La sonrisa de Lalin era demasiado peligrosa. Ella lo sabía, ¿no? Sabía perfectamente que
una sola frase así podía hacerle perder la cabeza a cualquiera. Pammy trataba de no
mostrarlo, aunque ya tenía las mejillas encendidas; cada vez era más difícil ocultarlo, sobre
todo cuando la doctora empezó a bajarle la ropa interior lentamente, deslizándola por sus
caderas hasta soltarla del todo, dejándola expuesta ante esa mirada. ¿Cómo negar lo
increíblemente atractiva que era Lalin?

No quería contenerse. No quería perder tiempo.

Y, sobre todo, la doctora Lalin era demasiado ardiente como para resistirse.

Ahora, mientras sus lenguas se enredaban, ya no sabía quién cedía primero. Se buscaban
con más y más ganas, compartiendo un sabor cada vez más intenso. Cuando Pam le levantó
la falda, Lalin no se quedó quieta. Sus piernas largas se abrieron apenas cuando los labios
que habían besado los suyos empezaron a descender.

¿Era por la lengua hábil de Pam, o por el placer acumulado durante tanto tiempo? Fuera lo
que fuera, sus caderas ya no podían quedarse quietas sobre la mesa del tocador. Y algo era
seguro: ya no podía encontrar su propia voz. Todo lo que salía eran gemidos llenos de
placer, llamando sin control el nombre del rostro hundido entre sus piernas. Y desde luego,
no lo pronunciaba suavemente.

—Estás muy mojada…

—¿Todavía puedes hablar…? Ah…

¿Y de quién era la culpa? Aun así, Pam se atrevía a sonreír así. Esa sonrisa la obligó a
morderse los labios para no gemir más fuerte.

—¿Te gusta cómo te estoy compensando?


—No preguntes ahora.

—¿Por qué no? ¿Por qué no puedo preguntar?

—Pam.

¿De verdad quería escucharlo? ¿Saber por qué no debía abrir la boca justo en ese momento,
mientras su lengua seguía acariciando exactamente donde más lo necesitaba? Justo cuando
el placer subía al máximo, Pam levantaba la cabeza para hacer una pregunta así… ¿eso era
justo? ¿Cuándo podría por fin llegar al alivio que tanto deseaba?

—No me regañes… Me asusto.

—Pues asústate de verdad… Ah… Pam, ya no lo aguanto.

—Entonces dímelo. ¿Qué quieres que haga, P’Lin?

Pam sentía la mano de ella apretando más fuerte su cabeza, pero aún no hacía lo que la otra
quería.

Solo quería… oír esas palabras.

Solo estaba… hipnotizada por el calor que acababa de descubrir.

Solo deseaba… que ella soltara el control y mostrara esa parte irresistible.

—Hazme… Haz que me venga…

No sabía si fue la voz entrecortada o la mirada desafiante lo que volvió a aquella muchacha
aún más feroz. Cuanto más escuchaba los gemidos, más rápido se movía su lengua. Lalin
casi no podía sostenerse sobre la mesa, y Pam tuvo que sujetarle las caderas para que no se
cayera.

—Despacito…

¿Despacito? ¿Cómo se suponía que podía, en ese estado?

Había sido demasiado. Ya no podía más.

—Pam… ya no lo soporto…

—Nadie se muere por una lengua, doctora… Lalin.

Ese susurro tan burlón la obligó a morderse los labios. Esa lengua la llevaba directo al
borde, moviéndose cada vez más profundo, más fuerte. Todo lo que podía hacer era
presionar más la cabeza de Pam, queriendo que entrara aún más, tanto que su cuerpo
empezó a temblar en oleadas hasta que alcanzó el clímax, quedando sin fuerzas. De hecho,
no podía decir palabra, porque toda su voz se había convertido en gemidos que llamaban el
nombre de la chica que ahora se incorporaba entre sus piernas, con esa sonrisa traviesa que
la hizo caer en sus brazos.

Es verdad: nadie se muere por una lengua.

Pero el placer que acababa de recibir sí la hizo sentir que moría.

Superaba todo lo que había imaginado… incluso daba miedo.

—Pam… ¿por qué haces esto tan bien?

Ah… esa pregunta. Ni ella sabía qué sentir.

Y la mirada de Pam exigiendo una respuesta como si fuera importantísima.

¿Cómo iba a responder?

—Mmm…

—Respóndeme. No te pregunté para que te quedaras así… Dame mi ropa interior.

Tan mandona. Y aun así pidiéndole la ropa interior en ese estado… ¿Cómo se suponía que
debía reaccionar? Pam bajó la cabeza y le dio un beso mientras ella se abrochaba los
botones, después de ayudarla a colocarse el brasier.

Tanto al desvestirse como al vestirse,

siempre lograba ser irresistible.

Lalin aceptó el beso, soltando un suspiro de gusto antes de bajarse de la mesa. La chica,
riéndose, terminó recibiendo un mordisco suave para que dejara de hacerlo.

—P’Lin… Pam quiere quedársela solo para ella.

Lalin dejó que la abrazara. Claro que sabía lo que eso significaba; por eso siempre dudaba
cuando Pam se acercaba. La intimidad era peligrosa para el corazón. Especialmente con
alguien que te gusta tanto. Aumentaba ese deseo de posesión, justo como había previsto.

—Si no fueras tú… yo no habría cedido tanto.

—Yo tampoco sé cómo decirlo… pero ahora mismo, aquí mismo, solo te tengo a ti.
Quizá era muy pronto para empezar algo nuevo después de una ruptura reciente. Pero ese
sentimiento… no podía detenerlo. Con alguien como la doctora Lalin, ¿cómo iba a dejarlo
pasar?

Los labios de Lalin tocaron justo donde Pam tenía la mano. Sonrió al ver cómo la chica se
iluminaba cuando entendió dónde había caído ese beso:

Su pecho izquierdo.

Justo encima de… su corazón.

—Ahora soy tuya. No dejes que nadie más entre aquí, ¿sí?
Con esa voz dulce y los brazos alrededor de su cuello… ¿sabía lo que eso le hacía al
corazón de Pammy?

—¿No dijiste que si quería algo debía decirlo?

—Sí.

—Pues quiero decir lo que deseo ahora mismo.

—Está bien… ¿qué quieres, Pam?

—Quiero compensarte otra vez.

—Entonces hazlo. No te voy a detener. Pero déjame tomar un poco de agua.

—¿Tienes sed por mi culpa, verdad?

—¿Por quién más? Quiero que…

—No busques a nadie más… ¿Dónde quieres que te compense? ¿En el sofá, en la ducha, en
la mesa de la cocina…?

Si ella hablaba tan directo,

no podía culparla por responderle de forma que la pusiera roja.

—En la cama también está bien, Pam… pero esta vez yo voy arriba.
Capítulo 15

La imagen de la mujer con bata blanca que acababa de salir del dormitorio hizo que quien
estaba sentada en el sofá sonriera de inmediato. Si la doctora Lalin no salía en veinte
minutos más, Pammy sin duda habría entrado a jalarla. Pam rodeó con los brazos a la mujer
que acababa de dejarse caer sobre su regazo, con una alegría tranquila y cómoda. Lalin
parecía capaz de leer con exactitud lo que ella estaba deseando.

—¿Puedes leer mis pensamientos? —preguntó, abrazando la cintura de la mujer sentada


sobre sus piernas con aún más fuerza y hundiendo la nariz en su cuello sin poder resistirlo.
¿Sabrá la doctora Lalin que está volviendo a Pammy adicta al contacto físico? El olor al gel
de baño en su piel era delicioso, y el de su loción, incluso mejor.

—Mmm.

—¿Tienes un sexto sentido o qué? —A Pam le encantaba eso, le encantaba cuando Lalin le
levantaba la cara para mirarla a los ojos y le daba esa mirada seria que decía que dejara de
besarle el cuello. Como si Pam fuera a detenerse. Mientras más la regañaran, más ganas le
daban de seguir besándola, una y otra vez. Porque, por más que la besara, nunca era
suficiente.

—Si me besas tanto así, sí que eres una pervertida.

Y no solo en el cuello; la muy traviesa también tenía intención de deslizar la mano hacia el
nudo de la bata.

—Solo soy una pervertida cuando estoy contigo.

—No digas eso. ¿Quién fue la que salió corriendo primero, eh?

—Pues… porque me sonó el teléfono.

Lalin siguió fingiendo estar molesta con la niña que ahora bajaba la cabeza como si de
verdad estuviera arrepentida, y se movió para sentarse a su lado, ajustándose el nudo de la
bata que había quedado flojo.

La llamada había interrumpido todo entre ella y Pam casi una hora antes, deteniendo todo
lo que pasaba en la habitación. Ella decidió ir a bañarse mientras Pam hablaba con la
persona al otro lado de la línea. Sabía muy bien lo importante que era esa persona para su
pequeña pervertida.

—No dije nada… Entonces, ¿por qué terminaste de bañarte más rápido que yo? —Pam
había pensado que regresaría tarde, pero resultó que volvió antes de lo esperado.

—Me apuré para venir a verte.


—¿A qué estás adicta exactamente?

—A un nivel donde… no quiero estar lejos de ti ni un segundo.

—¿Se supone que debo creerte, Pam? —Lalin se recostó despacio en el sofá cuando la otra
se inclinó sobre su pecho, sus brazos rodeando el cuello de la mujer frente a ella.

Ni loca Lalin rechazaría el beso suave que le dejaron en los labios. Le encantaba besar, pero
solo cuando era alguien por quien realmente sentía algo; no cualquiera.

—Puedes creerme… Pero ¿por qué me estás agarrando la cara así, P’Lin?

—¿Y cómo no voy a hacerlo? Tus manos van tan rápido que si no te detengo ahora, quién
sabe con qué sales. Si no te sostengo la cara, en dos segundos ya te me estás enterrando en
el pecho, y así no se puede hacer nada. Mi cuerpo anda demasiado sensible hoy para
cualquier toque.

—No me pegues, duele, Doctora Lalin —protestó con una expresión de niña regañada, su
cara sostenida justo fuera del alcance de su pecho, lo que casi hizo que Pam soltara una
risa. Solo quería decirle que la doctora Lalin era realmente adorable.

—No te enredes más conmigo…

—Si no me puedo enredar contigo, ¿a quién más voy a abrazar?

—Si ahora te enredas conmigo, no voy a soltarte nunca, y entonces no podremos hacer
nada más que… —La mirada de la doctora Lalin lo decía todo. Pammy se resignó y se
sentó junto a ella, luego recostó la cabeza sobre su regazo.

—Entonces, así… ¿ya no te enredarás más conmigo, verdad?

—Ni un poquito… —respondió Pam, con todo el cariño que su mirada transmitía. Lalin no
pudo resistirse; se inclinó y le dio un beso en los labios. La mirada de Pam hizo que todas
sus defensas se derritieran. Nunca habría imaginado que aquella traviesa que alguna vez
había abofeteado pudiera estar tan cerca de ella.

Su mundo, el que nunca había dejado que nadie cruzara…

Pero con Pam, era ella quien se acercaba por voluntad propia.

Y Lalin quería que Pam explorara ese mundo con ella.

Solo con mirarla. Siempre calmada frente a ella, pero con labios que nunca cedían, y esa
mirada directa que la hacía querer acercarse más, querer entender quién era realmente esa
chica.
La chica que su amiga siempre había descrito como dulce, obediente, nada parecido a lo
que Lalin había imaginado. Y ahora mírala. Acurrucada en su regazo, haciéndole sentir
cosas que ya no podía contener. Aunque su amiga le hubiera advertido que la relación entre
profesora y alumna no era algo apropiado.

‘Lin, déjame preguntarte algo. ¿Qué piensas de Pam?’

—¿Por qué me preguntas eso de repente, Khem?

—Al principio pensé que solo estabas jugando con Pam para vengarte. Pero ya no parece
así… Lin, aunque ahora solo seas profesora invitada, en dos meses serás oficialmente
profesora en esta universidad.

Por supuesto que había pensado mucho en las palabras de su amiga. Al principio, solo
quería provocar a esa traviesa. Quería descubrir qué se escondía tras esa cara tranquila que
se atrevía a contradecirla. Pero al final, ella misma no encontró salida. Se había enamorado
de lo que aquella traviesa ocultaba.

Nunca había sobrepasado límites, aunque lo había intentado varias veces.

Esa mirada solo estaba fija en ella.

Cuidado, calidez.

—P’Lin… ¿te preocupa nuestra posición?

Esa mirada otra vez, la atención y el calor que siempre sentía de Pam.

Con solo una mirada, podía sentirlo todo. Y no pudo evitar acariciar suavemente la mejilla
de la chica.

Nunca había necesitado a alguien perfecto.

Porque ella misma no era perfecta.

Lo único que ella siempre había deseado


era a alguien que supiera comprender y cuidar las emociones de ambas.

.
—No es solo preocupación. Estoy pensando.

—¿No puedes decírmelo, o es que no puedes…?

—¿Por qué no quieres decírmelo?

—Entonces… estás pensando en lo nuestro, ¿cierto? —Pam no pudo evitar alzar la mano y
besar el dorso de la mano de Lalin cuando la vio sonreír. Amaba esa mano, amaba la
suavidad de cada uno de sus dedos.

—Así es… en la diferencia de posiciones entre profesora y alumna…

—No te preocupes. Sabes que entiendo muy bien lo que se debe y no se debe hacer. —
Antes, Pam había tenido miedo, había pensado demasiado. Por eso no pudo responder de
inmediato cuando la doctora Lalin dio el primer paso. Pero los sentimientos crecieron día
tras día, y ya no podía retroceder. Cuanto más tiempo pasaban juntas, más quería estar
cerca, más quería quedarse.

—Pronto serás profesora oficial en mi facultad, ya no solo invitada.

—Eso es bueno, ¿no crees? Una profesora tan guapa como tú hará que todos los estudiantes
quieran prestar atención. —Incluso siendo solo profesora visitante, ya lograba que toda la
clase se concentrara solo con su presencia.

—¿Incluida esta estudiante?

—Por supuesto… Nunca he faltado a una sola clase, ¿sabías?

—Hmm… pero cuando daba clase mi tía, sí te escapabas, ¿verdad? —Lalin entrecerró los
ojos al ver cómo Pam se incorporaba con una sonrisa culpable. Se acababa de delatar. Su
amiga siempre aseguraba que Pasinee Tharanisorn era una chica buena y disciplinada.
¿Entonces qué era eso de “escaparse”? ¿Qué más habría estado ocultando?

—Solo una o dos veces…

—¿Segura?

—Claro que sí. ¿No me crees, P’Lin? Soy una chica buena, de verdad.

—Eres muy buena… incluso para hacerme poner celosa a propósito. —Lalin no pudo evitar
inclinarse y morder suavemente la punta de la nariz de la pequeña pervertida cuando esta
acercó la cara con picardía. Pammy era realmente difícil. Quizás debía buscar una forma
seria de disciplinarla.

—Pensé que ya no me ibas a preguntar.


—Recuerdo haber preguntado. ¿No fuiste tú quien se distrajo sola?

—¡Eso! ¿Y cómo no voy a distraerme si tú eres así? —Claramente estaba provocándola.


Soplarla así en la piel, susurrarle tan cerca… ¿cómo se suponía que pensara en otra cosa?
¿Cómo iba a concentrarse?

—¿Así cómo?

—No te hagas.

—Si no me dices, ¿cómo voy a saberlo?

—¡Por tu culpa! Tú… tú solo eres buena diciendo cosas que me ponen roja… y luego me
tiras debajo de ti.

Lalin no pudo evitar reír cuando la pequeña pervertida se lanzó encima de ella como si de
verdad fuera a empujarla tal como había dicho. Ahora mismo Pam estaba literalmente
encima de ella, cumpliendo sus propias palabras.

—¿Piensas aplastarme o qué?

—¿Ves? ¡P’Lin es la que es una malvada! Luego te preguntas por qué pienso cosas
indebidas.

Pam se irritaba más por la mirada divertida de su profesora. Una vez que se le encendían las
mejillas, seguía hasta el final. Sí, estaba nerviosa, pero también le gustaba esa sensación.
No tenía que ocultarse, ni fingir, ni preocuparse por cómo la veían.

—Si yo fuera realmente una malvada… no podría hacer nada más, ¿cierto?

—P’Lin…

—Ya no te estoy molestando… —dijo mientras sujetaba firme el rostro que empezaba a
hundirse en su cuello—. ¿Vas a decirme quién era la mujer que abrazabas en la tienda aquel
día? —Y en ese momento, la bata estaba completamente abierta; no hacía falta preguntar de
quién era la culpa. Esas manos eran demasiado rápidas, merecían estar atadas.

—P’Ris es la hija de la mejor amiga de mamá Prem… —respondió Pam—. Somos amigas
desde niñas. Es como una hermana para mí. Me llamó, me dijo que P’Lin se había
mostrado muy clara… y que quería recuperar lo que era suyo.

—Pero Pam es mía.

—Suena increíble… —Pam sonrió—. Soy tuya, P’Lin. —Esa sonrisa, esa mirada que
coincidía perfectamente con sus palabras… ¿cómo podría Lalin no corresponder con un
dulce beso?
Sus labios se encontraron, compartiendo voluntariamente el dulzor una y otra vez, sin
cansarse jamás. Una ligera lengua juguetona hizo que la otra soltara un gemido suave, lleno
de placer. La respiración se fue acelerando cuando la ropa de dormir comenzó a ser
retirada, seguida de la ropa interior, todo despojado por la propia dueña.

Pammy se recostó en el sofá, observando a la mujer que momentos antes estaba debajo de
ella mientras empezaba a quitarse la bata. No era exagerado decir que cada movimiento de
la doctora Lalin hacía que su garganta se secara. Esos brazos largos desabotonaron la bata y
la deslizaron lentamente, dejando al descubierto un cuerpo desnudo perfecto, haciendo que
su corazón latiera con fuerza hasta doler en el pecho.

—¿Estás nerviosa? Tu corazón late muy rápido.

—Si sigues así, me voy a morir.

—No dejaré que te pase nada… ¿me crees, Pam?

—Sí, confío en ti, P’Lin.

Sus dedos largos rozaron suavemente su pecho, obligando a Pammy a cerrar los ojos. Los
abrió solo cuando levantó las caderas para que los pantalones de pijama fueran retirados
con facilidad. La mirada de Lalin recorriendo su cuerpo desnudo, y luego lamiéndose los
labios de esa manera… ¿cómo no podía llamarlo seductor? Esta mujer sabía exactamente
cómo hacer que su pareja se rindiera por completo, sin resistencia alguna. Y Pam, en ese
momento, ya era completamente suya.

Se ofrecía voluntariamente a la doctora Lalin.

Voluntariamente, hasta el punto de querer que ella sintiera todo en ese mismo instante.

Acostada allí, siendo mirada y tocada así, casi no podía soportarlo.

Pero esa sensación no duró mucho, porque las manos de Lalin se detuvieron. Ahora eran
sus labios los que jugueteaban con sus pechos, haciendo que Pam arquease el cuerpo por
sorpresa. Creyó que la besarían, pero no: la mujer ignoró eso y fue directo a sus pechos. Sin
importar por dónde empezara, mientras fueran los labios de la doctora Lalin, la temperatura
de Pam subía instantáneamente.

Se encendía con cada chupada, izquierdo, luego derecho.

Asegurándose de que ninguno quedara olvidado.

Pero si seguía jugueteando con sus pechos así, Pam no podría contenerse por mucho más
tiempo.

—P’Lin…
—¿Qué pasa?

—Voy a venirme.

¿De verdad tenía que decirlo en voz alta?

El aire se quedó un poco detenido por un instante.

Pero solo con mirar esos ojos traviesos, Pam se sonrojó al instante. Lalin era realmente una
mujer peligrosa. ¿Decía eso solo para que ella abriera las piernas? Un pequeño indicio para
que ella confirmara, una vez más, su consentimiento.

—Quiero esto… quiero ser tuya, P’Lin.

—No te voy a obligar…

—No me obligas. Yo lo hago voluntariamente, P’Lin —repitió una vez más para que la
mujer inclinada sobre ella pudiera estar completamente tranquila. Pam entendía por qué
Lalin preguntaba; había estado cerca de ser dañada antes. Esa herida aún estaba allí, visible,
y probablemente nunca sanaría por completo. Pero en esta relación, eso ya no importaba.

Antes de poder pensar en otra cosa, Pam tuvo que concentrarse en la sensación que la
estaba invadiendo. Mordió su labio justo cuando la lengua de la doctora Lalin tocaba su
punto más sensible, lenta, provocativa. Cuando intentaba acelerar, Lalin deliberadamente
ralentizaba, obligándola a levantar el cuerpo y luego dejarlo caer de nuevo. Porque una vez
que Lalin quería jugar… no había escapatoria.

Si esto no era provocación, ¿qué lo sería?

—Pam, no aprietes tus piernas así sobre mi cara —dijo ella.

¿De verdad se atrevía a decir eso? A veces rápido, a veces lento… ¿quién podría resistirlo?
Justo cuando Pam estaba a punto de alcanzar el clímax, Lalin se retiró. ¿Cómo no iba a
apretar más las piernas? Pam miró con los ojos entrecerrados a la cara que aún estaba entre
sus piernas, sin levantar la cabeza. ¿Sería esta la forma de vengarse por haber jugado con
sus pechos tanto tiempo? Si era así… este tipo de venganza podía hacerla caer de verdad.

—P’Lin, ya no puedo más.

—¿Por qué? ¿Por qué no puedes más?

Esta vez, la mujer levantó la cabeza para mirarla, luego se lamió los labios. Que alguien por
favor mirara a esta persona: respiración agitada, labios húmedos, mirada incendiaria.
¿Cómo podía Pam no rendirse? Pero al final, tuvo que volver a recostarse cuando Lalin
inclinó la cabeza otra vez, tocando su punto más sensible. Demasiado sensible, tanto que
todo lo que quería ahora era que la doctora pusiera fin a este tormento.
—Me voy a morir por la lengua de P’Lin…

—Nadie muere por una lengua… Pam.

¿Ves? La doctora Lalin era realmente astuta.

¿Planeaba vengarse poco a poco por todas las travesuras anteriores?

Pero eso podía esperar, porque ahora mismo su lengua seguía haciendo magia, y Pam no
podía dejar de soltar gemidos sin parar. Ya ni le importaba si el sofá era lo suficientemente
cómodo para estas cosas o no.

Todo lo que le importaba era cómo su cuerpo respondía a este ritmo de placer, hasta el
punto de que, en el instante de liberar el clímax acumulado, su garganta se secaba al
instante. Y como si quien le provocaba ese placer lo supiera de antemano, se levantó para
traerle agua.

Ojalá también se hubiera puesto de nuevo la bata, habría sido perfecto, pero no; ni siquiera
se molestó en hacerlo. Así, la que estaba tirada, exhausta, tenía la oportunidad de observarla
de pies a cabeza sin ningún obstáculo. Por delante y por detrás. Miraba tanto que quien traía
el agua tuvo que llamarla para que regresara al presente. Sinceramente, quizá era la primera
vez que pensaba que la doctora Lalin no debería llevar nada de ropa.

—Estás mirando tanto que casi se te cae la baba —Lalin se dejó caer sobre el regazo de
Pam mientras esta se limpiaba la comisura de los labios con el dorso de la mano y la miraba
fijamente. ¿Quién era el que tenía los ojos llenos de estrellas ahora?

—Otra vez me estás provocando.

—No te provoco. Si realmente se te está cayendo la baba, tendré que sospechar que eres
una pequeña pervertida.

—Vamos… no soy tan mala, ¿verdad?

—Mirándome así, solo puedes mirarme a mí.

—Doctora Lalin, qué celosa eres —Pam apretó con fuerza a la mujer que estaba sentada en
su regazo y le dio algunos besos en el hombro descubierto. Le gustaba esta sensación, cómo
ambas mostraban sus sentimientos de manera honesta.

Sin esconderse, sin preocuparse. Si le gustaba algo, lo decía; si no, también. Simplemente
ser ellas mismas, sin reservas ni miedo a malentendidos como antes.
—¿Por qué no puedes sentir celos, Pam?

—Siéntelos… me encanta. Me hace feliz que tengas celos.

—Hablas tan dulcemente de los celos, pero ¿desde cuándo empezaste a tocarme los
pechos? —Al principio sus manos solo rodeaban mi cintura, ¿y ahora están justo sobre mis
pechos?

—Ni yo misma lo sé…

—No te hagas. ¿Qué te pasa con mis pechos, Pam?

—Me gustan.

—Vaya, qué directa —La mirada y las manos sobre sus pechos hicieron que Lalin se
sonrojara ligeramente. Lo que parecía un juego al principio, ahora requería reflexión.
¿Acaso sus pechos tenían un poder de atracción que la arrastraba irremediablemente?

—Siempre dijiste que si quería algo… debía decirlo.

—Con esto que haces, siento todo, ¿lo sientes?

—Quiero que lo sientas… me gusta.

—Puedes disfrutar todo lo que quieras, pero descansa un poco… tengo hambre —Lalin
retiró suavemente las manos de Pam de sus pechos y le dio un beso dulce en los labios para
calmar el gesto a punto de mostrarse molesto.

—¿Pedimos comida? No tenemos nada en casa para cocinar.

—Suena bien… ¿Qué quieres comer?

—Te quiero a ti, P’Lin.

—Primero comemos algo. Después, te tocará a ti “comerme” —Pam fue provocada hasta el
punto de solo poder besar el cuello de Lalin una y otra vez.

Después, ambas se turnaban deslizando sus dedos por la aplicación de delivery favorita
para elegir el restaurante, mientras seguían completamente desnudas, abrazadas. Solo
entonces Pam se dio cuenta de lo libre y cómodo que se sentía estar desnuda, en un espacio
privado con la persona que amaba. Sin restricciones, sin distancia.

—¿Comida japonesa? ¿Quieres agregar algo más?

—En realidad, casi me comes omakase esta noche… Si no hubieras aparecido, P’Ris ya me
habría invitado —decir lo de la comida japonesa hizo que Pam soltara una risita. Aunque
no fuera el costoso omakase, el hecho de ser compensada, de estar abrazada así, valía
mucho más.

—La próxima vez te llevaré yo.

—¿Ya te convertiste en sugar mommy, doctora Lalin?

—Solo con la estudiante llamada Pasinee Tharanisorn.

—¿Prometes? No me provoques más… Soy muy sensible, ¿lo sabes?

—No te voy a decepcionar… mi pequeña Pammy.

—¡Ay, me encanta… mi pequeña Pammy, tan tierna, P’Lin! —El risito travieso de Pammy
mostraba cuánto le gustaba eso. Y cuando recibió un beso dulce como mimo, le gustó aún
más.

—Mi pequeña Pammy, eres toda de la doctora Lalin.

Felicidad…

Brazos entrelazados.

Labios compartiendo dulzura.

Solo con tener a esta persona… la que hace que cada emoción sea especial.

Tan especial que el tiempo ya no importa a la hora de tomar decisiones.

El vibrar de una llamada hizo que Lalin tomara el teléfono. La dueña del móvil estaba en el
baño. Al ver el nombre en la pantalla, Lalin no pudo evitar suspirar. Era una llamada
importante para Pam, y también afectaba a Lalin.

—Pam, tu teléfono está sonando.


—¿Quién llama, P’Lin? —gritó desde adentro, pero en cuanto escuchó la respuesta, dejó
caer la botella de gel que sostenía.

—Es Mommy Pat, Pam.

El sonido del objeto cayendo en el baño decía todo lo que Lalin necesitaba saber. La
pequeña pervertida estaba claramente en pánico. Y en un instante, la puerta del baño se
abrió de golpe.

—¡Ay, P’Lin! ¿Qué hago ahora?!

—Tranquila, Pam.

—¡No puedo estar tranquila, P’Lin! Mommy seguro me va a regañar… —Solo podía rezar
para que la siguiente llamada no fuera de Mama Prem. Si lo fuera, Pam realmente no sabría
qué decir ni cómo explicarle a Mommy Pat que no estaba en su propia habitación, sino en
la de otra persona.

Mommy Pat llamaba cerca de las ocho de la noche así.

No era para desear buenas noches. Ni para preguntar si había cenado.

Solo había una razón.

Mommy Pat había ido al apartamento a buscar a su hija.

Y casi con seguridad, en ese momento, Mommy Pat estaba parada justo frente a la puerta.
Capítulo 16

¿Cómo se sentiría alguien al ver a su hija querida salir del cuarto de otra persona,

en lugar de su propia habitación, como siempre lo hacía?

Y lo que es más importante, el cuarto del que Pam salió no pertenecía a su mejor amiga,

sino a una mujer que ella misma había presentado como su profesora.

La mujer hermosa, que antes había sido actriz de papeles de villana, solo saludó
cortésmente a la profesora con una leve inclinación de cabeza y agradeció por cuidar de
Pam, antes de entrar al cuarto de su hija, que ahora claramente no estaba del todo bien.

—La próxima vez, antes de salir, revisa que tu ropa esté bien puesta, Pam.

—¿Qué dices, Mommy?

—Tu camisa… la llevas al revés.

El rostro de Pam se quedó pálido de inmediato. Otra vez. Incluso la profesora hermosa solo
pudo quedarse ahí, observando la espalda de la que antes fue actriz villana. La mirada de la
mujer, ahora convertida en empresaria poderosa, era tan penetrante que Pam no podía
pronunciar palabra. También había sido un error no revisar la apariencia de Pam antes de
que ambas salieran frente a Mommy Pat.

—Pam…

—No pasa nada, P’Lin. Yo hablaré con Mommy.

—Si pasa algo, dímelo, ¿sí?

Pam le sonrió levemente a la persona que le había tomado la mano. Sabía que Lalin
probablemente no estaba del todo tranquila en ese momento. Pero ahora, ella misma debía
hablar con Mommy Pat. El tono de voz de su madre, junto con esa mirada desaprobatoria,
la hacía pensar cuidadosamente en lo que iba a decir.

—P’Lin, descansa un poco. Yo necesito hablar con Mommy.

—Esperaré buenas noticias tuyas, Pam.

Pam no respondió con palabras, solo sonrió levemente, luego entró a su cuarto y respiró
profundo para reunir valor. Mommy Pat estaba sentada en el sofá, sosteniendo el control
del televisor, pasando de un canal a otro. En ese momento, lo único que Pam podía hacer
era sentarse suavemente junto a su querida madre.

—Mommy… ya me puse bien la camisa.

—Mmm…

Solo un breve “mmm”, mientras los ojos seguían pegados al control en sus manos.

Eso era suficiente para entender que Mommy Pat no estaba contenta con lo que acababa de
pasar.

No hacía falta recriminarla con palabras; su sola presencia ejercía presión suficiente.

Si Mama Prem hubiera estado también, seguramente ahora habría lágrimas.

Esto era su manera de hacerla reflexionar, ¿verdad? Pam nunca se había sentido tan
culpable. Aunque Mommy Pat y Mama Prem le habían dicho que tenía libertad en su vida,
la libertad no significaba poder olvidarse de la familia.

—Mommy…

—Ahhh… ¿Qué hacer contigo ahora? Ven, deja que Mommy te abrace. —Pat la atrajo
hacia sus brazos, apretándola y comprendiéndola. Pam sabía exactamente por qué su madre
había venido hasta su apartamento hoy.

—Lo siento, Mommy…

—Ya lo sabes, ¿verdad, Pam?

—Sí… sé que no he ido a ver a Mama Prem ni a ti con tanta frecuencia como antes. —
Intentó contener las lágrimas, pero al ver la sonrisa amable en el rostro de su madre, la
última lágrima se deslizó por su mejilla. Mommy había venido para recordarle que no
olvidara a quienes siempre la amaban, la valoraban, quienes daban sin esperar nada a
cambio, aunque regresara a casa muchas veces.

—Mommy entiende que has crecido. Mommy y Mama Prem siempre te han dado
libertad… Pero sabes cuánto te quiere y se preocupa Mama Prem, ¿verdad?

—Ahora lo entiendo, Mommy.

—Mommy lo sabe… Cuando amas a alguien, quieres estar con esa persona. Pero también
debes aprender a equilibrar tu tiempo. No volver a casa, llamar poco a Mama Prem… eso
merece un regaño, ¿no crees?

—No me regañes más, Mommy… si no, volveré a llorar.


—Ya no, querida. Mommy solo quiere recordarte eso. Y… esa profesora.

—¿La doctora Lalin? La que me volvió tan confundida que tuve que llamarte para pedir
consejo, ¿recuerdas?

—Ah… ¿esa persona a la que Mommy dijo que estabas persiguiendo?

—Sí… y lo logré, Mommy. Tuve éxito.

—¡Mommy, lo logré!

La voz de Pam brillaba con una sonrisa radiante. ¿Cómo podría una madre no notar lo feliz
que estaba su hija? Debería alegrarse por ello. Pero en su lugar, sentía otra emoción:
preocupación. Cuanto más escuchaba sobre la mujer que su hija había declarado haber
“conquistado”, más insegura se sentía. No era prejuicio; era porque esta era Pammy, su
querida hija, criada con todo cuidado. Y había otra preocupación: cómo comunicar esto a su
pareja.

—P’Prem…

—Toma un poco de agua. Lástima, hoy tuve que quedarme a hablar con la familia de un
paciente; si no, habría ido contigo a ver a Pammy. —Le entregó el vaso a la que acababa de
entrar y no pudo evitar notar la expresión preocupada de Pat. Incluso murmuró algo
mientras miraba a P’Prem, como dudando si debía decir algo importante o no.

—La niña ya se disculpó. Yo también la ayudé a aclararse un poco.

—Eso está bien… Así aprenderá a organizar mejor su tiempo. —El comportamiento de
Pammy había cambiado lo suficiente como para que ambas sintieran la necesidad de
sentarse a hablar. Sabían que a esta edad, una hija necesita su espacio, necesita
independencia. Pero si descuidaba los sentimientos de quienes la amaban, alguien debía
recordárselo. No ir a casa, no llamar como antes.

—P’Prem…

—¿Qué pasa, Pat? —La miró como si quisiera decir algo pero no supiera cómo empezar.

—Si te lo cuento, debes prometer que mantendrás la calma, ¿sí? —Pat tomó la mano de la
doctora que amaba, inclinó la cabeza y le dio un beso en la mejilla como siempre, una
manera de suavizar cualquier posible molestia.

—Lo único que me haría perder la calma es la manera de dar vueltas que tienes al hablar,
Pat.
—Está bien… Pammy ha conquistado con éxito a la persona que le gusta.

—Mmm, ¿y qué? —En realidad, ya sospechaba por qué últimamente su hija no volvía a
casa tan seguido. Si Pam tenía a alguien que amaba, no era problema. Lo que no quería era
que olvidara a su familia.

—Esa persona es mayor que ella.

—Mmm, ¿y…?

—Es la doctora Lalin. Estudió en el extranjero… y ahora enseña en la universidad de Pam,


P’Prem. Al principio solo era profesora temporal reemplazando a otra, pero Pam dijo que
pronto no será temporal.

Silencio. Un silencio absoluto. Pat se inclinó abrazando con fuerza a P’Prem. La doctora se
quedó callada desde el momento en que supo que la persona con la que su hija salía era una
profesora universitaria. No hacía falta decir nada más; todos entendían la razón de su
silencio.

—Pat… dile a Pammy que vuelva a casa este fin de semana. Quiero hablar con ella.

Así pensaba la doctora Premsinee: el silencio es tiempo para reflexionar.

Y tras reflexionar, decidió que Pammy debía regresar para conversar.

—P’Prem. No estás de acuerdo con esto, ¿verdad?

—Pat, ¿realmente vas a permitir que tu hija salga con su profesora? ¿Qué pasa con la ética?
¿Con la moral? ¿No vale la pena pensarlo bien?

No se trataba de prohibir la relación, sino de un llamado de atención. Un recordatorio de


que Pammy debía reflexionar más profundamente sobre su elección.

—Pero Pammy…

—No intento impedirlo, Pat. Solo que no quiero que se hunda demasiado.

Estudiante y profesora…

Una relación así de especial no debería ocurrir en el campus universitario.

Si desde el principio supieran que la persona que emocionó tanto a Pammy era su
profesora, no lo habrían aprobado.
No solo por el título de “profesora”, sino también por la gran diferencia de edad.

Que la madre también ame a mujeres no significa que esté dispuesta a aprobar todo lo que
su hija elija.

Quiere que su hija ame, que sea amada por quien elija.

Siempre que ese amor no rompa las normas sociales.

—Pam…

Lalin miraba con preocupación a la chica que permanecía en silencio en el sofá. Desde que
Pam volvió a la habitación, no decía nada. Aunque fingía estar atenta a la televisión y
aseguraba que todo estaba bien, que la conversación con Mommy Pat había salido bien,
aquel silencio hacía que Lalin se sintiera aún más intranquila. Y, ¿cómo podía ese tipo de
silencio indicar que todo estaba realmente bien?

—¿Sucede algo, P’Lin?

—Debería ser yo quien te haga esa pregunta… ¿Recuerdas la promesa que nos hicimos?

Esta vez, sus ojos ya no miraban la pantalla, sino a la mujer mayor, que seguramente estaba
preocupada por verse excluida de la conversación. Pammy extendió la mano para tomar la
de su hermosa profesora, apretándola suavemente y sonriendo. No sabía cómo explicarle
que la razón por la que Mommy había venido hoy era simplemente recordarle que debía
aprender a organizar mejor su tiempo.

No quería que la viera como una niña.

No quería tener que llamar a su madre para preguntar sobre cada cosa, contar todo lo que
sucedía.

No quería escuchar otra vez “eres muy infantil” de parte de quien le gustaba.

—Lo recuerdo.

—Entonces no volveré a preguntarlo…

En el momento en que Lalin dijo eso y se levantó, Pammy se apresuró a tomarla para que
no se fuera. La mirada de Lalin la hacía sentirse muy incómoda. Si contaba todo con
franqueza, ¿aceptaría Lalin la situación? ¿Pensaría que su familia era demasiado molesta,
demasiado protectora? ¿Que, aunque su hija había crecido, seguían siguiéndola tan de
cerca?

—Solo estaba pensando… P’Lin, tal vez deberíamos cambiar el sofá…

—¿Eso a qué viene?

—Cambiar al sofá cama… así también sería más cómodo para dormir. Y además, es más
amplio.

—Pam, no me parece gracioso.

Pammy suspiró ante el tono y la mirada de Lalin. No estaba bromeando en absoluto;


simplemente no sabía cómo expresarse para que Lalin lo entendiera. Por eso, solo la hizo
sentarse de nuevo en su regazo, abrazándola con fuerza, la única forma en que podía
mostrar su confusión, que parecía alejarles un poco.

—No quiero que sea así… Lo siento.

La voz suave y arrepentida de quien apoyaba su rostro en su hombro hizo que Lalin
suspirara ligeramente. Su pequeña y traviesa estudiante claramente estaba insegura. Lalin
se movió para sentarse a su lado, levantando suavemente su barbilla para acercar aquel
rostro a ella.

—Si no hablas, ¿cómo voy a saber qué sucede? ¿Por qué mi Pam está así?

—P’Lin…

—¿No dijiste que querías ser seria conmigo? Y si ya lo eres, no deberías guardar problemas
solo para ti, ¿verdad?

Ahí estaba la verdadera madurez, y Pammy no tenía nada que objetar.

—Es solo que…

—Hace apenas un momento… ya éramos “nosotras”, ¿verdad? Y este es solo el primer


problema. Si no lo enfrentamos juntas, ¿cómo vamos a continuar con el segundo, el tercero,
el cuarto?

Esas palabras hicieron que el corazón de Lalin se encogiera. Esa sonrisa, esa frase de
“nosotras”… todo tenía un significado demasiado profundo.

El significado de… nosotras.

Si ya nos hemos tomado de la mano, no debemos temer enfrentar los desafíos.


—No hablé antes porque temía que me vieras como una niña… porque mamá aún sigue
pendiente de todo… No quiero que me veas como una niña, P’Lin.

El rostro triste acompañado de esa confesión hizo que Lalin no pudiera enojarse.

Al contrario, solo sentía aún más cariño por su pequeña estudiante.

¿Tener que preocuparse por la opinión de otros solo porque mamá vino a preguntar…?

—No te apures en crecer… Porque me gustas tal como eres ahora. No te amo porque seas
más madura que tu edad. —Lo dijo claramente. La madurez no era lo que Lalin necesitaba;
ella ya tenía suficiente.

—Mommy me recordó que debía reorganizar mis prioridades…

—¿Y luego qué?

—Normalmente sueles volver a casa, llamar… pero últimamente no lo haces como antes.

Ahora lo entendía. Lalin giró suavemente a Pam para que quedara frente a ella,
levantándole un poco el mentón. Todo estaba claro: entendía por qué Pam no había querido
explicarse antes. Quién sabía cuánto la habían lastimado sus relaciones pasadas, hasta el
punto de temer que la vieran como infantil.

—Por si lo olvidaste, déjame recordártelo.

—…

—No todas las mujeres son iguales, Pam.

—Perdón por haber pensado eso… solo que no quería que me vieran como inmadura.

Su expresión de tristeza hizo que Lalin no pudiera evitar abrazar a su pequeña Pammy. No
había nada de qué culparla cuando una madre protege a su hija. Si había algo, era que ella
estaba celosa; ella también quería esos momentos de cuidado y atención.

—En realidad, eso es adorable. Tu madre debe quererte mucho… Tal vez debería
prepararme mentalmente.

—¿No estás enojada conmigo, P’Lin?

—¿Enojada contigo?… Incluso estoy celosa. Eres hija única, tu familia se preocupa por ti,
no hay nada de raro en eso… pero dime, ¿qué está haciendo tu mano dentro de mi blusa?

—…
—¿Qué tiene mi pecho que te hace querer abrazarlo y tocarlo así todo el tiempo?

—Estoy consolando a P’Lin.

Ah, otra vez…

Aún fingiendo que solo venía a consolarla.

Este era un ejemplo perfecto de “mano más rápida que el cerebro”. Con un pecho así, no
podía bajar la guardia.

—¿Consolarme jugando con mi pecho? Te mereces un castigo. —MurMuró Lalin como


regañando, pero se recostó en el sofá, dejando que la pequeña y traviesa Pam subiera sobre
ella como si nada. Si esto no era amor apasionado de una joven hacia una mujer mayor…
entonces ¿qué era? La chica jugueteaba con límites, y como mucho solo recibiría una
advertencia, nunca un rechazo.

—¿Estás preocupada, P’Lin?

La pregunta surgió mientras su mano desabrochaba lentamente la blusa.

Y levantaba el sujetador… ¿cómo debía responder a esto en una situación así?

—¿Y qué crees que debería preocuparme más en este momento, Pam?

—…

—No te hagas la tonta conmigo… ¿tienes algún problema con mis pechos? ¿Debería
preocuparme, Pam? —Molesta por la sonrisa que aún adornaba los labios de su chica, Lalin
se inclinó y mordisqueó suavemente su nariz como advertencia.

—Porque a P’Lin le gustan las chicas jóvenes, yo seré la pequeña Pammy.

—No entiendo… ¿y eso qué tiene que ver con mis pechos?

—Porque las pequeñas necesitan leche… Así que Pammy también necesita su leche.

—Entonces, ¿quieres que vaya a buscarte un vaso de leche, pequeña Pammy? —Lalin la
miró con ceño fruncido. ¿Cómo podía alguien que hace unos minutos estaba triste y poco
segura, ahora rebosar de energía así?

—La pequeña Pammy quiere la leche de la doctora Lalin, no de caja.

—Nunca te había interesado…

—Ahora es diferente… la leche de caja ya no importa tanto como la de P’Lin.


¿Era demasiado atrevido decirlo? Pero mientras la confusión en su interior desaparecía, sus
labios se pegaron al pecho suave, jugueteando y acariciando ambos lados por igual.

Solo necesitaba un poco de estímulo antes de enfrentarse a la conversación que tendría que
tener con Mama Prem.

Un poco de consuelo antes de afrontar la presión.

Este amor no sería fácil de aceptar para Mama Prem.

Estudiante y profesora.

Su familia no estaría feliz.

Especialmente Mama Prem, quien ya había advertido sobre esto incontables veces.

Pammy entendía claramente los límites que la sociedad había impuesto.

—¿Quieres presentarme a tu familia, Pam?

—Sí, quiero.

—Estoy lista para hablar con tu Mama y tu Mommy sobre nosotras.

—P’Lin…

—No me rendiré, y tampoco soltaré a esta pequeña traviesa, ¿de acuerdo?

Una madre que ama a su hija con todo su corazón,

el nombre de la doctora Premsinee seguramente estaba entre ellas.

La escena frente a ella hizo que la mujer que acababa de regresar a casa se detuviera,
abrumada por emociones indescriptibles. En los últimos días, su pareja se había vuelto
mucho más silenciosa. No preguntaba, no presionaba; simplemente respetaba el espacio de
la doctora Premsinee, porque sabía bien que la mujer que amaba estaba reflexionando
profundamente.

Cuando se trata de los sentimientos de los hijos, nada más es más importante.
Y allí estaba P’Prem, sentada, hojeando fotos de su hija, desde que la llevó en su vientre
hasta ahora. P’Prem no solo pensaba, sino que claramente estaba sufriendo. Porque desde
siempre, cuando se trataba de Pammy, todo en el corazón de la doctora Premsinee se volvía
delicado.

Pat se sentó junto a su pareja y la abrazó suavemente. Sabía. Entendía perfectamente por
qué la doctora Premsinee estaba tan preocupada. Porque esa mujer era la doctora
Premsinee: alguien que siempre pensaba todo, siempre se preocupaba sin cesar,
especialmente cuando se trataba de los sentimientos de su amada hija, a quien habían
cuidado con todo su cariño.

—Pat, ¿recuerdas cuando Pammy se cayó y se raspó la rodilla?

—Claro que sí… Pammy lloraba desconsoladamente. Yo iba a consolarla, pero P’Prem dijo
que no. Luego, lentamente, enseñó a nuestra hija a levantarse sola.

—Y la niña se quejaba diciendo que era por los zapatos resbaladizos, nunca se culpó a sí
misma.

—Si no fuera por la doctora Premsinee, nuestra Pammy no habría crecido siendo esta niña
adorable. Consentida, sí, pero la única que la corrigió con firmeza fue Mama Prem. Si no,
estoy segura de que Pammy habría sido egoísta.

—Pat…

—Sé lo que estás pensando. —El rostro de la doctora Premsinee descansaba sobre su
hombro. ¿Cómo podía una ex actriz como Pat no entenderlo? Sus labios besaron
suavemente la coronilla de su amada. Estos sentimientos no son fáciles de expresar,
especialmente cuando acababan de enterarse de que la relación de su hija con otra mujer
rompía las normas sociales habituales.

El miedo de que su hija no comprendiera.

El miedo de que su hija dejara de amarlas… Ese miedo superaba todo lo demás.

Eso es lo que una madre debe enfrentar.

—Pammy y la profesora Lalin tienen casi una generación de diferencia… La profesora ha


vivido muchas cosas, y Pammy solo tiene veinte años. Me preocupa. Temo que nuestra hija
salga lastimada…

—Pero, ¿no me has dicho tantas veces, P’Prem… que debemos dejar que nuestra hija
aprenda por sí misma? Cuando sea feliz, sonreímos con ella. Cuando esté dolida, la
abrazamos.

—Pero esta vez, realmente me preocupa, Pat…


—Cuando nos tuvimos que separar… ¿sabes cuánto sufrí? No niego que debemos respetar
las normas sociales. Pero, ¿quién puede controlar el amor?

—Pero ella es la profesora y Pammy su estudiante…

—Tú conoces a Pammy mejor que nadie… ¿no es esto un aprendizaje para ella? Mientras
está estudiando, debe aprender a controlarse. A ser cuidadosa con sus acciones. La mujer
que Pammy ama es una doctora que estudió en el extranjero. ¿No es algo digno de orgullo,
P’Prem?

Al ver que el rostro de la doctora Premsinee se suavizaba, Pat no pudo evitar bromear.
Cuando le mostró el currículum de Lalin, la doctora parecía bastante satisfecha. Leía en
silencio, pero esbozó una leve sonrisa, muy diferente de la expresión de solo suspirar al
pensar en el primer amor de su hija: una mujer mayor.

—No te sentirías orgullosa si Mommy no apoyara claramente a nuestra hija… Siempre la


consientes.

—Ahora, Pammy debe estar confundida, llorando en su habitación, temiendo que Mama
Prem rechace este amor, temiendo que tú no la entiendas.

—Cuidado con lo que dices, Pat… esta noche dormirás en el sofá. —Como si esa amenaza
hiciera preocupar a la ex actriz famosa, en cambio sonrió y se acurrucó junto a la doctora
que amaba.

Ahora, Mommy había abierto el camino. Lo que quedaba era que Pammy tuviera el valor
de hablar, de explicarse, de expresar sus sentimientos a Mama Prem. Pero Pat estaba segura
de que eso estaba dentro de las capacidades de su hija: tenía la determinación de ganarse la
confianza de la doctora Premsinee y de vivir un amor que eligiera con su propio corazón.

No sería fácil, pero tampoco imposible…

Eso es lo que Pam entendió que Mommy Pat quería transmitirle. Aunque estaba preparada,
enfrentar a la madre de Pam era suficiente para hacerle sudar las palmas. Incluso intentando
mantener la calma, la tensión se notaba. Especialmente cuando la doctora Premsinee
preguntó sobre los planes a futuro: nunca imaginó que encontrarse con la familia de Pam le
drenaría tantas emociones.

—En el futuro de mi vida, Pam estará allí.

Miró los ojos de la mujer que le hacía sentir más presión que su propia tía. Su amiga le
había dicho que la madre de Pam era amable y sonriente, pero la experiencia real mostraba
que la doctora Premsinee casi no sonreía, incluso con su hija a su lado. Y Pam tampoco se
libraba de regaños.

—Sé que entiendes que una relación entre profesora y estudiante no es apropiada, ¿verdad?
—Sí, lo sé.

—Y aún así la dejaste suceder…

—Perdón. Si alguien debe asumir la responsabilidad, soy yo, por no contenerme. Pero
como dije, estoy seria con este sentimiento. Aunque quizá la doctora no lo crea, quiero una
oportunidad… una oportunidad para que Pam y yo aprendamos juntas.

—Si prohibimos que estén juntas, quien más sufrirá será Pam… la hija que Pat y yo
amamos más que a nuestra propia vida. Si algún día dejas de amarla, devuélvela a quienes
la aman con todo su corazón.

Ese era el sentimiento real de la doctora Premsinee: amar a su hija por encima de todo. Los
brazos de una madre siempre habían estado con Pammy en cada etapa de su vida; ¿cómo
podría arruinar esa sonrisa? ¿Cómo podría quitarle la felicidad? La hija que estuvo en su
vientre, por quien siempre se preocupó cuando ocurría algo malo… ahora pedía amar, pedía
vivir plenamente el amor que eligió. ¿Podría negar esa felicidad solo porque no encaja con
las normas sociales?

Pero si la doctora Premsinee tuviera que elegir…

Entonces, ella siempre elegiría la sonrisa de Pammy.

Su hija más querida.

“El amor llega muy fácil, pero conservarlo es lo más difícil.”

Pam, ¿sabes? Mama y Mommy siempre estarán aquí, detrás de ti, apoyándote en todo.

Solo que, aparte de la relación entre estudiante y profesora… ¿será realmente apropiada?
Capítulo 17

La suave brisa marina de la mañana soplaba, haciendo que la mujer que acababa de salir al
balcón se ajustara la bata alrededor del cuerpo y se sentara a disfrutar del hermoso paisaje.
Aunque había perdido el momento del amanecer, al menos alcanzaba a despertar para
saborear su café y sumergirse en la tranquila atmósfera matutina, sin sol.

La privacidad de la habitación, junto con el paisaje encantador que ofrecía el resort, le


permitió no dudar. Tras el agotamiento acumulado del trabajo, merecía descansar. Había
elegido uno de los destinos más famosos del sur, conocido por la belleza encantadora del
mar. Y hablando de mar, si no fuera al sur, ¿realmente podría decirse que fue a la playa?

Lalin levantó la taza de café y dio un sorbo cuando el calor había disminuido, esbozando
una leve sonrisa al recordar recuerdos que se arremolinaban: emociones entrelazadas con la
determinación que había puesto para superar todo. No era solo ella quien sonreía al
recordar lo ocurrido casi un año atrás.

¿Quién hubiera pensado que aquel regreso a Tailandia la llevaría al amor?

Y su inicio no fue nada agradable.

Pero al final, se convirtió en un desafío profundo a nivel emocional.

—Una relación especial entre profesora y estudiante—

Debía detenerse. No podía continuar.

La primera vez que escuchó hablar de eso, no podía comprender la forma de pensar de la
madre de Pam, ni entender las lágrimas que hacían sufrir tanto a Pam. Pam tenía tanto a
Mama como a Mommy, y ambas se amaban, sin embargo, se oponían al amor de su propia
hija. ¿No deberían ser ellas quienes entendieran mejor ese amor?

Pero no la apoyaban, ni aceptaban la relación de su hija única. Pam, la niña más amada. Sin
embargo, lo que ella veía era que hacían llorar a Pam hasta temblar. Ningún abrazo
consolador, solo Lalin, quien se acercó y abrazó fuertemente a la pequeña.

Ese momento, las emociones dentro de ella eran indescriptibles. El dolor y la decepción por
el rechazo de la familia de Pam permanecían intactos. Todavía recordaba la imagen de Pam
llorando, gritando a Mama Prem con furia. Demasiadas palabras amargas habían salido de
la boca de la niña, hasta el punto que Lalin también rompió en llanto. Las emociones de
Pam se sentían como caer desde un lugar muy alto, algo que Lalin podía entender, aunque
se hubiera preparado mentalmente.

—Mama Prem es cruel… h-hic…—


—Mama Prem no me quiere…—
—¿Por qué? ¿Por qué Mama Prem no me entiende? ¡Mama Prem y Mommy deberían
entenderme! ¿Por qué pasó esto?—

La imagen de Pam llorando y gritando, acusando a quienes la habían traído al mundo,


quedó grabada en la memoria de Lalin. Intentó sentar a Pam para calmarla, pero fue
imposible. Pam seguía rebelándose contra su madre, porque el peso de las expectativas no
correspondidas la aplastaba.

—¡Te odio, Mama Prem!…—

¡Chas!

En el instante en que esas palabras crueles salieron de su boca, el rostro de Pam se giró al
recibir la bofetada de Mommy Pat. La madre también estaba profundamente dolida.

—¿Sabes lo que acabas de decir, Pam? ¡Pide perdón a Mama Prem de inmediato!… ¿Cómo
puedes decir que odias a quien te ama más que a nada en este mundo?—

El dolor en los ojos de Mama al escuchar que su hija decía “odio” era insoportable. No
estaba enojada, solo dolida, porque su hija no podía ver el amor y la preocupación que se
escondían en cada palabra que ella decía.

—Aunque me odies, Pam, está bien… pero yo nunca te he odiado. Nunca.—

Esa fue la última frase que dijo la doctora Premsinee antes de retirarse silenciosamente a su
despacho, dejando a su querida hija colapsada en un llanto lleno de dolor.

—¿Alguna vez te detienes a pensar…? ¿Así es como actúa alguien listo para una relación
amorosa?—

—¿Esto es lo que me dijiste, Mommy, que querías madurar y tener una relación seria?—

—Lalin… ya lo has visto, ¿verdad? ¿Crees que Pam está lista para estar contigo?—

—Piensa bien… y dame tu respuesta.


.

Lalin eligió abrazar con fuerza a la chica que sollozaba, acariciando suavemente, intentando
calmar la marea de emociones que brotaba. Había visto el dolor en los ojos de Mommy Pat
al mirarla a través de sus propias manos.

Pero lo que más le partía el corazón era ver a Mama Prem llorar en los brazos de Mommy.

Dos mujeres que siempre habían conocido solo el amor, ahora tenían el corazón hecho
pedazos.

¿Todo eso solo por un momento de pérdida de control de Pam?

—Lo siento, lo siento…— La forma en que Pam se lanzó a un abrazo que nunca había sido
rechazado hacía que Lalin no pudiera contener sus propias lágrimas. Escuchaba a Pam
pedir perdón una y otra vez, incluso diciéndole a su madre que la castigara si quería. Pero,
¿cómo podría una madre lastimar a su propia hija? Todo lo que Mama Prem decía era que
estaba bien. Ella había entendido todo.

Quizá eso era lo que Mommy Pat y Mama Prem querían que Lalin viera: que Pam, en este
momento, aún no era verdaderamente madura. Que a veces, todavía no podía controlar sus
emociones ni sus deseos.

Si Lalin quería mantener a Pam a su lado, tendría que estar preparada para enfrentar
momentos así: cuando Pam exigiera lo que quería, cuando sus emociones la guiaran, y
cuando no obtuviera lo que esperaba, perdiera el control.

Pam todavía necesitaba tiempo para madurar de verdad.

Pam todavía necesitaba tiempo para convertirse en la persona que todos esperaban que
fuera.

¿Pero cómo podía ella soltar a esa niña traviesa?

La niña que llevaba calor al corazón de Lalin.

—La doctora Premsinee no solo se preocupa por su hija, Lalin. ¿Has pensado alguna vez
que si esta relación entre estudiante y profesora continúa sin control, quién será el más
herido?—
.

Esas palabras de Mommy Pat hicieron que Lalin despertara de su ensueño.

Durante todo este tiempo, había pensado de manera demasiado simple.

Nunca había considerado todos los ángulos con cuidado.

Si la relación entre profesora y estudiante se descubriera…

La que más sufriría… sería la profesora.

El abrazo de la recién despertada hizo que Lalin esbozara una leve sonrisa. Los labios
todavía somnolientos rozaron suavemente su mejilla, como cada mañana en que se
despertaban juntas. Mantener esta relación no era nada fácil. Hubo momentos en que ella
misma se sentía frustrada por no poder expresar su amor como otras parejas. Solo cuando
se convirtió oficialmente en profesora a tiempo completo, justo cuando la traviesa
empezaba su pasantía, las cosas se volvieron un poco más fáciles.

—Te levantaste y no me despertaste.

—Ni lo pensé… Dormías tan profundamente. —Lalin dejó la taza de café, se giró para
mirar a la chica que estaba haciendo un puchero, y esta no pudo evitar sonreír levemente.

—Quería despertarme contigo, P’Lin… Pero al final el personal tocó la puerta y me


desperté.

—¿Y qué?

—Trajeron el desayuno… P’Lin, tú… —Antes de que terminara la frase, Lalin ya se había
puesto de pie y se quitó la bata ligera frente a ella.

Por supuesto, no estaba desnuda; llevaba un bikini de colores dulces, lista para bajar a la
piscina del balcón desde temprano. La niña no estaba lista y solo podía quedarse paralizada.
Ahora entendía por qué el personal del hotel había traído el desayuno a la habitación y
había sugerido disfrutarlo en la piscina.

—No dijiste nada sobre bajar tan temprano a la piscina.

—¿Necesito decirlo?

—Para que yo pudiera prepararme… Pero está bien, puedo manejarlo.


—¿Con ese traje? —Lalin miró a la chica que había llevado la bandeja a la piscina,
desapareció un momento y regresó con shorts y camiseta sencilla, bajando al agua con
naturalidad. Esa era Pam, la Pam que ella amaba. Honesta, sin pretensiones, nunca
necesitando verse perfecta.

Especialmente cuando estaban solas, en su propio mundo.

Esperando el momento adecuado para hacer pública su relación al mundo.

Cuanto más tenían que esperar, más valioso se volvía.

Por eso cada momento juntas era invaluable.

Lalin sonrió levemente mientras sus manos rodeaban la cintura de Pam, acercándola. La
consentía alimentándola con un pedazo de pan, y, por supuesto, ella hacía lo mismo con
ella. La mañana en su piscina privada estaba llena de risas y miradas felices que ninguna
palabra podía describir.

—Nunca pensé que planearías unas vacaciones tan largas, P’Lin.

—Es un premio para ti.

—¿Un premio para mí?

—Sí… Un premio por tu paciencia y esfuerzo. Este año, mi Pam ha madurado mucho,
¿sabes? —No era un cumplido vacío. No lo decía para que la chica en sus brazos se sintiera
orgullosa. Era la verdad, algo que Lalin había visto y sentido claramente. Desde que
comenzó su pasantía, el cambio era evidente y constante.

Solo había una cosa que aún no había cambiado.

—Tus pechos siguen siendo hermosos.

Eso, claramente, no había cambiado en absoluto.

Esas manos seguían ocupadas con sus pechos como siempre.

Realmente no sabía si sentirse feliz… o llevar a Pam a ver a la doctora.

—Algún día, le contaré a Mama Prem.

—¿Contar qué?

—Voy a decir… «Mama, mira… nuestra hija realmente necesita que la lleven a revisarse».
—Lalin no pudo evitar morder suavemente el labio de su pareja, molesta por tanto
fingimiento. Aunque Pam podía haber madurado un poco más que antes, seguía siendo su
niña traviesa de siempre.

—¿P’Lin está pensando en esa niña traviesa, verdad?

—Como si tú supieras todo…

—Tus ojos me están diciendo eso.

No podía negar que, en el fondo, aún recordaba aquella travesura adorable de la niña. Pero
también amaba la madurez que Pam había ganado, esa que le daba seguridad. Ahora, tal
vez eso era todo lo que Pam podía dar, pero ella misma había dicho que en el futuro sería
alguien indispensable, capaz de apoyarla con todo lo que ambas creyeran correcto.

—Pam.

—¿Sííí?

—Si solo vas a jugar con mis pechos así… me voy a recostar encima…

—Hacerlo al aire libre también es divertido, P’Lin.

La mirada brillante de Pam le hizo sentir la intención oculta detrás de sus palabras.
Especialmente mientras sus manos jugueteaban, aumentando la sensibilidad de Lalin. Se
dejó guiar por esos labios dulces hacia un placer sin fin, nunca aburrida, donde la dulzura se
transformaba en una ardiente necesidad, sincronizada con cada respiración.

No se dio cuenta de cuándo el bikini había desaparecido. Todo lo que sabía era que ese
bikini delicado ahora flotaba olvidado, eclipsado por algo cien, mil veces más excitante.
Lalin levantó la cabeza hacia el cielo, donde la luz ya brillaba más intensamente mientras
esos dedos largos la encontraban desde dentro.

—Pam…

—¿Sííí?

—¿Podrías ir más rápido…? —Molesta por el ritmo deliberadamente lento de esos dedos,
tuvo que suplicar. Estar tanto tiempo en el agua también empezaba a cansarla.

—¿Qué tan rápido?

—¡Pam!

—Dímelo. Si no lo haces, ¿cómo voy a saberlo, verdad?


.

—Más rápido, Pam… llévame más rápido. No lo aguanto más.

Quizá fueron esos susurros los que aceleraron el corazón de Pam. Sin dudar, siguió cada
súplica. Cada vez que esos dedos se retiraban y volvían, los labios de Lalin la nombraban,
avivando aún más el fuego del deseo. Sus labios se entrelazaban, tratando de calmar la
creciente pasión entre ambas.

Lalin se sintió exhausta cuando alcanzó el clímax. Afortunadamente, los brazos de Pam la
sostuvieron. Nunca había pensado que una mañana en la piscina podía ser tan agotadora.
Tan agotadora que apoyó la cabeza en el hombro de Pam durante un buen rato, aunque
había dicho que no la molestara más, pero Pam se movía ligeramente, como para
provocarla otra vez.

—Me estoy retirando ahora.

—Mmm…

—¿Duele? Creo que deberíamos salir. —Pam dijo, con una mirada preocupada hacia ella,
ayudándolas a salir del agua. Probablemente habían estado demasiado tiempo en la piscina.

—No duele, pero…

—No digas nada. Ve a ducharte y descansa un poco.

Lalin dejó que Pam la guiara de regreso a la habitación. Tal vez por tanto tiempo sin
intimidad, se sentía adolorida. Pero también era culpa suya, por haber presionado a Pam a
acelerar, olvidando que era la primera vez después de meses. Deberían haberse tomado su
tiempo para reencontrarse.

Ambas se asearon rápidamente. Lalin observaba a Pam recostada en la cama con su


teléfono, sonriendo. Cuando Pam la llamó a acercarse, obedeció, pero la luz del sol ya era
intensa, así que le pidió que cerrara las cortinas primero.

—Mommy Pat y Mama Prem han llegado.

—¿Deberíamos saludarlas?

—No hace falta… Mommy Pat me dijo que no dejara que la alborotadora nos molestara. —
Dijo sonriendo, recordando la conversación previa con Mommy Pat. ¿Quién más sería tan
estricta y le diría a su hija que no molestara a sus madres salvo su madre?
—Qué adorables son… Mommy Pat y Mama Prem siempre tan cariñosas como al
principio.

—Se la pasan escapando a su luna de miel todo el tiempo —dijo, sonriendo al pensar en las
dos mujeres, que probablemente descansaban después del viaje. Las únicas palabras que
podía usar al pensar en ellas eran amor y gratitud, por todo lo que les habían dado.

Especialmente porque les habían permitido a ambas pausar su relación temporalmente.

Una profesora y su estudiante.

—Si no fuera por Mama Prem y Mommy Pat, no sé si podríamos estar juntos así.

Lalin recibió el suave beso que se acercaba. Si aquel día ella y Pam no se hubieran
detenido, tal vez todo habría salido mucho peor de lo que podían imaginar. Cuando el
director de la facultad donde enseñaba la llamó para hablar, él preguntó sobre la cercanía
entre ella y Pam, y le pidió que explicara una foto de las dos tomada antes de que empezara
su relación. Solo era una foto de ella con el brazo alrededor de Pam mientras iban al
supermercado.

Pero la persona más importante era justamente aquella a quien llamaba tía, quien la había
ayudado a recuperar su vida. Esa mujer no podía aceptar que tuviera una relación con una
estudiante. Todo era terrible entonces. Tan terrible que ella llegó a querer rendirse. Tanto
los profesores como los estudiantes de la facultad dejaron de mirarla con respeto.

—Si la escuela decide despedirte de tu puesto de docente, mi hija cargará con ese
sentimiento toda la vida. Los sentimientos de Pammy se verán profundamente heridos…
Terminar la relación ahora, contrario a las normas sociales, sería aún peor que persistir y
que todo se destruya. ¿No sería mejor si tú y Pam esperaran hasta que ambos puedan amar
de manera correcta… Lalin?

Y ahora, el momento que habían esperado pacientemente finalmente había llegado.

El momento de decirle al mundo entero que se amaban.

—En aquel entonces, dolía mucho, P’Lin… Estábamos tan cerca y aun así solo podíamos
mirarnos.

—No habría dolido tanto si hubiéramos entendido a Mama Prem.

—Entonces fue mi culpa, ¿verdad, P’Lin? Solo recordarlo me dan ganas de golpearme cien
veces… Si aquel día no hubiera estado Mommy Pat susurrando, ‘¿Por qué lloras si la
habitación está justo enfrente?’ todavía estaría tontamente pensando que Mama Prem no
quería que me comunicara contigo.
Cada vez que hablaba de esto, no podía evitar reprocharse a sí misma por no haber pensado
con claridad. Mama Prem nunca le dijo que se fuera a casa; incluso le permitió quedarse en
el apartamento. Lo que Mama quería, al hablar de lo correcto, era actitud, sinceridad con
los propios sentimientos. Alcanzar eso no es fácil. Pero lo lograron. Y esa paciencia hizo
que ella creciera mucho.

—Si has decidido tomarte en serio a alguien mucho mayor que tú… entonces tienes que
madurar lo suficiente para caminar a su lado.

—Cuando deseamos algo, siempre mostramos nuestra mejor cara. Pero el tiempo revela la
verdad. Mommy y Mama Prem también tienen defectos. Nadie es perfecto… Lo importante
es cuánto de esos defectos podemos aceptar del otro.

El tiempo realmente lo demuestra todo, tal como Mama Prem y Mommy Pat solían decir.
Comprenderse, ser paciente, amar… no es tan fácil como parece. Todo requiere tiempo. Y
ella no podía negar que tanto ella como Lalin tenían cosas que podían irritar a la otra.

—Pam.

—¿Sííí?

—¿Podemos… probar a estar juntas en la cama?

Esa pregunta, junto con la mirada temblorosa de la doctora Lalin, hizo que Pam la abrazara
con fuerza. Quizá eso era lo único que hacía que Lalin se sintiera insegura. Por mucho que
ella sedujera, por mucho que su pasión hiciera que Pam quisiera devorarla, todavía había
una herida en su corazón que nunca se había cerrado.

—P’Lin… no te obligues.

—Pero yo quiero sanar…

Ella sabía bien que había algo dentro de sí que no estaba bien. Pero cada vez que intentaba
borrarlo, ni siquiera sabía por dónde empezar.

—Tú no estás herida, P’Lin…

—Quiero intentarlo, Pam.

Esa voz suplicante, esos ojos que rogaban, hicieron que Pam soltara un suspiro suave antes
de inclinarse y besar los labios que temblaban. Aunque era apenas un primer beso, Lalin ya
había quedado boca arriba sin darse cuenta, todo el cuerpo sacudido por un temblor que
obligó a Pam a susurrarle que respirara lentamente.

—No cierres los ojos.


—Yo…

—Mírame… Quien está frente a ti soy yo. Soy yo, la que te pertenece, P’Lin.

La sonrisa suave, la voz tierna, los labios dulces, la piel desnuda y tibia… La persona frente
a ella no era alguien aterrador. Era Pam, su pequeña pervertida, la niña que había traído
calor a su corazón. Pam nunca la lastimaría, nunca le causaría dolor, nunca le arrebataría a
quienes la habían amado… no como aquel hombre.

El hombre que la hacía tener pesadillas cada vez que llovía.

El hombre que la sumía en miedo y pánico.

El hombre que casi le arrebató todo.

—¡No!… ¡No te acerques! No, por favor… no…

—P’Lin, P’Lin, soy yo, Pam… Ábreme los ojos, si los abres, P’Lin me verá.

Sin dudarlo, Pam la abrazó con fuerza, sosteniendo a la mujer que acababa de gritar presa
del terror. Las lágrimas que caían, mezcladas con sollozos rotos, hicieron que el corazón de
la doctora Lalin se desgarrara.

—¿Pam, Pam?…

—Soy yo, la pequeña pervertida de la doctora Lalin.

—Pam… tengo mucho miedo, vi esos ojos. ¡Los vi! ¡Tengo miedo!

—Tranquila, nadie podrá hacerle daño a P’Lin. Confía en mí, mi amor.

—Él me encontró, Pam. Está aquí. Tengo miedo, me siento sucia.

—Lo siento…

La suave disculpa parecía decir todo lo que la chica sentada junto a la cama estaba
sintiendo. Pam seguía sosteniendo la mano de la mujer que acababa de quedarse dormida
entre lágrimas. La mirada aterrada y los manotazos desesperados la habían llevado de
regreso a aquellos días oscuros, y el corazón de Pam se apretaba dolorosamente. Si debía
culpar a alguien por haber hecho que Lalin recordara el tiempo en que todo se derrumbó,
esa persona era ella misma.

Fue ella quien le pidió a Mommy Pat investigar información sobre la madre de Lalin.

Si no hubiera pedido esa ayuda, quizá la herida que Lalin había intentado enterrar no habría
sido abierta de nuevo. Fue ella quien la reabrió. Aunque Lalin comprendía sus propios
sentimientos sin resolver, esa verdad solo hacía que el dolor fuera más reciente, más vivo.
Cada vez que pensaba en Lalin, Pam solo sabía culparse.

‘Si aquel día no hubieras huido para salvarte, mamá no habría muerto de forma tan
terrible…’

Seis meses atrás, Mommy Pat le entregó la información ya confirmada: la madre de Lalin
había fallecido en prisión. Ningún familiar reclamó el cuerpo para darle un funeral digno.
El cuerpo fue tratado de manera descuidada, sin respeto. Cuando escuchó aquella noticia,
Lalin lloró hasta desmayarse. Ese dolor era demasiado grande para que una hija pudiera
soportarlo.

‘Tú estás en paz ahora. Te fuiste a estudiar al extranjero, mientras mamá tuvo que enfrentar
la cárcel…’

Era el sentimiento de una hija que no sabía hacer otra cosa más que culparse. Casi un mes
vivió Lalin en ese estado, hasta que un día fue ella misma quien dijo que ya no podía seguir
así. Aquellos sentimientos la estaban destruyendo poco a poco. Acudir a un psicólogo para
recibir tratamiento fue la decisión que todos los que la amaban apoyaron sin dudar.

Aunque la mente de Lalin fue mejorando gracias al acompañamiento de muchas personas,


Pam —la que estaba más cerca— sabía bien que, en lo más profundo, Lalin seguía
mostrando señales preocupantes, especialmente por las noches. Muchas veces despertaba
sobresaltada, o se incorporaba llorando y pidiendo ayuda.

Hoy, Pam por fin había entendido la raíz de todo lo que había sucedido últimamente.
Lalin guardaba su miedo en lo más hondo. Nunca había mencionado al padrastro cruel.
Pero su pánico lo decía todo, hablaba por completo de lo que aquel pasado despiadado le
había dejado.

—Yo voy a cuidar de P’Lin. No dejaré que nadie hiera a la persona que amo.

No era solo una promesa dicha al aire. Pam demostraría que incluso aquella pequeña
pervertida podía hacer cosas buenas. Con una ternura infinita, sus dedos finos acariciaron el
rostro de la mujer que dormía profundamente. ¿Acaso no lo había dicho ya Mama Prem?
Que cuando uno ama de verdad a alguien, se preocupa por cada uno de sus sentimientos,
desea verla sonreír, y no soportaría verla llorar.

—Te amo, P’Lin.


Capítulo 18

El sol estaba hundiéndose poco a poco tras la línea del horizonte.

Pero para ella, aquel sol jamás se había puesto.

Seguía brillando con la misma intensidad, encendiéndose cada día con una sonrisa.

Lalin contempló el paisaje frente a ella y esbozó una sonrisa suave. Pam acababa de ser
empujada al mar por el grupo de amigos que acababa de llegar. Pero, por supuesto, su
pequeña pervertida no iba a permitir ser la única empapada; en cuestión de minutos, todos
estaban calados hasta los huesos. Por mucho que protestaran o gritaran, todo terminó
envuelto en risas claras y contagiosas, al punto que incluso los desconocidos alrededor no
pudieron evitar reír también.

—Estos chiquillos… su amistad no cambia nunca.

Lalin asintió ante el comentario de su amiga cercana, y luego volvió a reír por lo que seguía
ocurriendo. Esta vez, su pequeña pervertida se empeñaba en arrastrar al único chico del
grupo hacia el mar, sin dejar de gritarle a Shasha que dejara de comer shabu de una vez.

—Hay grupos de amigos que cada vez que se reúnen parece que estuvieran compitiendo
por llamar la atención.

—No este grupo… Ya están por graduarse. Estoy segura de que se van a extrañar
muchísimo.

La profesora Khemika asintió. Si no hubiese tenido la oportunidad de convivir de cerca con


ellos, quizá no pensaría así. Ese grupo de estudiantes nunca se preocupó por las miradas
ajenas cuando estaban en público. Pero ella les enseñó desde primer año, y desde entonces
habían dejado una impresión profunda. Organizar fiestas de cumpleaños era algo común…
pero visitar asilos de ancianos o cuidar niños en situación vulnerable ya era otra cosa.
Especialmente la novia de su mejor amiga: siempre era quien iniciaba todas las actividades.
Cada vez que tenían tiempo y posibilidades, salían juntos a hacer algo bueno.

—Escuché a Pam decir que todos están pensando en hacer la maestría.

—Yo pensé que querían irse a estudiar al extranjero.

—Pam no se irá… no quiere dejarme sola.

—Lin…
—Justo el sábado pasado, Pam y yo estuvimos repartiendo comida en un asilo. Me sentí
mucho más tranquila, Khem —Lalin intentó desviar la conversación al notar el gesto
sombrío en el rostro de su amiga. No necesitaban cargar tensiones durante sus vacaciones.

—Me alegra… si tú estás más tranquila, yo también, Lin.

—Gracias, Khem. Lástima que Chon no pudo venir.

—¿Cómo iba a venir? Mekha cuida a su esposa como si fuera un tesoro. Esos dos parecen
irse de luna de miel cada dos meses. ¿Quién podría haber imaginado que Chonticha, nuestra
otra amiga, terminaría casándose con Mekha? Ambos estuvieron enamorados de Lalin en
su momento, pero al final aquella supuesta competencia no llevó a nada. Una cosa llevó a la
otra, y de pronto, terminaron siendo marido y mujer.

—Estás exagerando, Khem…

—¿Exagerando qué? Olvida a esa pareja, hablemos de ti, Lin.

—¿De mí? Si yo no tengo nada que contar.

—Ahora mismo eres feliz, ¿no es así?

Lalin se encontró con la mirada llena de cariño de su amiga. Sonrió con suavidad y volvió
la vista hacia la persona que ahora era la fuente entera de su felicidad. Por más veces que
mirara en esa dirección, siempre había allí una sonrisa cálida esperándola. En sus lágrimas,
en su tristeza, en su enojo, incluso cuando gritaba que estaba harta del mundo entero…

—Pam… es mi felicidad.

—Increíble, ¿verdad? —se rió Khem—. Terminaste enamorándote de la misma niña a la


que una vez le diste una bofetada por atreverse a tocarte el trasero. La misma a la que
llamabas pervertida… y ahora resulta que es la felicidad de la doctora Lalin. ¿Dónde quedó
aquella mujer que decía que no necesitaba a nadie en este mundo?
No lo decía para molestarla, sino para picarla con suavidad. Antes de volver a Tailandia,
Lalin solía quejarse de que no quería volver a enredarse con nadie. En gran parte, porque no
quería que descubrieran las heridas que llevaba escondidas. Pero ahora… ahora no podía
vivir sin ella.

—Si lo recuerdas, Khem, desde el principio ya lo dije… Yo sólo me interesaba por la chica
llamada Pam.

Y era verdad. Al principio, Lalin no sentía nada por Pam, más que ganas de molestarla para
devolverle lo que hacía. Pero poco a poco, aquello se convirtió en amor. No fue su primer
amor, pero sí uno completamente distinto. Tanto que llegó a preguntarse una y otra vez si
era real. Y el tiempo le dio la respuesta.
La primera vez que vio a su amiga llorar porque la familia de Pam se oponía, Khemika no
se sorprendió demasiado. Lo que verdaderamente la dejó atónita fue ver llorar a Lalin. En
todos los años que llevaban siendo amigas, jamás la había visto llorar así.

El tiempo terminó demostrando que los adultos habían tenido razón. Sobre todo respecto a
la familia de la tía que tanto había ayudado a su mejor amiga. Lalin tuvo que esforzarse más
de lo que cualquiera imaginaba para defender un amor que no era fácil de aceptar. Hubo
momentos en los que creyó que se rendiría.

Khemika contempló la sonrisa en el rostro de su amiga y, sin darse cuenta, también sonrió.
La doctora Lalin, aquella mujer hermosa que tantos habían admirado, ahora tenía a alguien
que gobernaba su corazón. Alguien que hacía que sus ojos no se posaran en nadie más.
Desde que se habían sentado a conversar, su mirada no se había despegado de ella ni un
segundo.

—Lin, ¿sabes que llevas mirándola fijamente desde hace rato?

Lalin no respondió. No hacía falta. La persona de la que hablaba Khem ya estaba


caminando hacia ellas. Pam, sin decir palabra, desenvolvió el dulce que llevaba preparado y
se lo metió en la boca a Lalin en cuanto llegó. Después, aún cansada de jugar y hacer
travesuras con el grupo, apuró un vaso de agua de un solo trago.

—Dios mío, Pammy, esto está empalagoso —protestó Shasha.

—¿Empalagoso de qué, Shasha?

—Nada de nada… lo que pasa es que llegó, se dejó caer como si nada sobre el regazo de
P’Lin… ¿alguien notó que está empapada?
Cada vez que Pammy se sentaba en las piernas de Lalin, el ojo de Shasha empezaba a
temblar. Aunque había intentado aceptarlo durante todo un año —que Pammy era ahora
una auténtica bruja enamorada— aún le costaba muchísimo acostumbrarse.

—P’Lin ni se inmuta… porque sabe que me encanta mojarla.

—Ay, Dios mío, Shasha se nos va a desmayar… ¡Tu hija es demasiado atrevida, Iris,
Bambi, vengan a ver a su amiga!

Lalin soltó una carcajada ante aquel intercambio de bromas tan típico del grupo, siempre
listo para causar alboroto por cualquier razón. Rodeó con los brazos la cintura de la chica
sentada en su regazo y apoyó la mejilla en su espalda impregnada del olor del mar. Pam
hablaba con sus amigos y también con la mejor amiga de Lalin, pero su mano no soltaba la
de ella; un gesto silencioso que decía estoy aquí, y no voy a irme a ningún lado.

Pam no preguntó nada, ni una sola palabra sobre lo que había ocurrido esa mañana en la
cama, aunque era evidente que no había sido normal. Siempre le daba tiempo, el tiempo
que Lalin necesitaba para enfrentar y procesar las cosas. Porque una vez, en su primer
ataque de pánico, Pam había preguntado demasiado rápido, demasiado fuerte, y Lalin
terminó llorando y enfadándose con ella. Desde entonces, Pam nunca volvió a presionar.
Simplemente se quedaba a su lado, tomándola de la mano así como ahora, hasta que su
ánimo se estabilizara.
Quien piense que la gente joven no puede cuidar a otros, sin duda nunca ha conocido a
Pam. Esa niña lo hacía más que bien.

—P’Lin, no consienta tanto a Pam. No la deje sentarse así en su regazo.

—Eso, eso… no la mime tanto, o se va a malacostumbrar —Iris y Bambi se sumaron al


coro de bromas de Shasha, provocando otra risa en Lalin. Pam, la pequeña pervertida, se
inclinó y susurró en su oído que ni se le ocurrieraobedecer a sus amigas.

—Son malas, siempre buscando crear drama.

—Ay, Pammy… esto no es nada. No nos hagas contarle a P’Lin, ¿eh?

—¿Contar qué?

—Ay, P’Lin, ¿de verdad no sabe nada… de lo de las prácticas?

—Iris, Shasha… si dicen una palabra de más, olvídense del marisco fresco esta noche.

—Entonces P’Lin no sabe nada de nada, ¿cierto, Shasha? —Pam comenzó a moverse
inquieta, fingiendo curiosidad. Sabía perfectamente que sus amigas adoraban inventar
historias para molestarla.

—Lo importante es que Pammy fue extremadamente dedicada durante esas prácticas,
P’Lin.

—Tan dedicada que todos en el lugar adoraban hablar con ella, P’Lin.

—Iris, Shasha… ¡están pidiendo que las entierro vivas!

Lalin no pudo evitar reír cuando vio a su pequeña pervertida correr detrás de sus amigas
para vengarse. La verdad era que Pam ya le había contado todo sobre ese periodo. Y
justamente durante ese tiempo, ambas aprendieron a ser pacientes, a derribar juntas cada
obstáculo para que su relación pudiera ser aceptada sin condiciones.

—Escuché a Pam decir que mañana irá al asilo a hacer voluntariado, ¿cierto, P’Lin?

—Ajá. ¿Hay algún problema, Tawan?

—Ninguno. Es solo que mi mamá me envió un poco más de dinero para donar.

—Excelente. ¿Ya se lo dijiste a Mommy Pat?


—Sí… Creo que debería ir a ducharme y cambiarme para la parrillada de esta noche, P’Lin,
profesora Khem. A esos tres déjenlos ahí.

—¿Vas a abandonar a tus amigos, Tawan?

—¿Abandonar qué? Si en cuanto nos levantemos, ellos también van a parar. Me apuesto lo
que sea.

Tal como había dicho Tawan, la primera en detenerse fue la pequeña pervertida. Corrió
hacia Lalin, se abrazó a su cintura y empezó a quejarse, y tanto se quejó que Lalin terminó
provocándola: que si seguía así, esta noche no habría abrazos para dormir. Pero, como
siempre, fue Lalin quien cedió.

—¿Y quién es la que siempre pide abrazos primero?

—No sé de qué habla, P’Lin.

—¿Quién es la que, en cuanto se despierta asustada, exige que la abrace?

En cuanto a los abrazos, la doctora Lalin jamás lograba ganar. Para ella, los brazos de
Pammy eran el lugar más cálido del mundo. Pam la miró de reojo, contemplando cómo
sonreía después de que Khem la molestara un poco. Lo único que deseaba era que Lalin
fuese así de feliz todos los días. Su corazón, aunque aún no completamente sano, estaba
mucho mejor. Mejorando. Avanzando. Y Pam tenía la certeza de que pronto Lalin podría
superar esos miedos arraigados.

El pensamiento de Pammy coincidía con el de su madre, que acababa de colgar tras


consultar a una psicóloga veterana. La doctora Premsinee observó desde lejos a su hija
caminar junto a la mujer que había sido tema de tantas conversaciones recientes. La salud
mental de la pareja de Pam era un asunto serio que requería atención. Y cuanto más
profundizaba en las causas que habían moldeado el estado emocional de Lalin, más
entendía por qué su hija conectaba tan profundamente con ella.

—¿P’Prem, ya habló con la doctora Proud?

—Sí, ya terminé.

—Nuestra hija siempre estará al lado de Lalin.


El brazo delicado rodeó la cintura de la mujer que amaba, y ambas miraron hacia la
distancia. La sonrisa de Pam era lo que tanto ella como la doctora Premsinee protegían por
encima de todo.

—La doctora Proud dijo que Lalin se está recuperando bien. No hay nada de qué
preocuparse… el apoyo de quien la ama es lo más importante.
—Yo también lo creo. Pammy será un pilar firme para la persona que quiere… Lalin es
realmente muy fuerte. No podría imaginar si, en su lugar, yo habría tenido fuerzas para
seguir viviendo después de cargar con tantas heridas desde niña.

La doctora Premsinee no respondió nada. Solo observó en silencio a la mujer en la que su


hija había puesto un amor tan sincero. Juntas habían atravesado un camino hecho de
perseverancia, esfuerzo, honestidad y, sobre todo, confianza. Especialmente con un corazón
tan frágil como el de Lalin, marcado por verdades que alguna vez la hirieron
profundamente. Desde fuera, Lalin parecía una mujer perfecta, admirada por todos.

—Nadie debería pasar por algo así… Lo único que podemos hacer es darles fuerza y
buenos consejos, tanto a Lin como a nuestra hija. Yo creo plenamente que el amor puede
sanar todo.

Y de verdad creía que el amor de Pam no sería menor que el de la propia Mommy Pat.

Un amor claro,
un amor que sobrepasa al simple amar,
un amor que solo entrega lo mejor.

Lalin miraba hacia adelante, el corazón lleno de sentimientos. Había llorado tanto por las
verdades que Pam había tenido que revelarle, por la partida de su madre en este mundo.
Pero también había sido Pam quien la ayudó a soltar todos esos nudos imposibles de
deshacer. Y ahora, otra vez, era Pam quien la hacía sentirse completa.

Pam la había animado a llevar felicidad a quienes tenían menos, ya fuera en lo material o en
lo emocional. La llevó con ella al asilo para hacer voluntariado: para hablar con los
ancianos, para escuchar sus historias, para alimentarlos cuando ya no podían hacerlo por sí
mismos. Aquello no podía sustituir el dolor de perder a su madre, pero la sanación que
encontró en el acto de compartir empezó a reconstruirla, especialmente en los momentos en
que su corazón estaba más vulnerable.

Si no hubiera convivido con el grupo de amigos de Pam, jamás hubiera imaginado que esos
chicos podían hacer cosas tan bondadosas: preparar actividades, organizar donaciones, dar
de comer a los mayores con sus propias manos. Nadie protestaba. Nadie mostraba molestia.
Lo único que veía era sonrisas cada vez que alguien hablaba. Aunque algunos ancianos ya
no podían oír bien, el lugar estaba repleto de risas y alegría.

—Lalin.
—¿Sí, Mama Prem?

—Ahora ya estás lista para caminar junto a Pam, ¿verdad?

Lalin seguía sonriendo mientras observaba la escena frente a ella. Su pequeña pervertida
limpiaba con ternura la boca de una anciana de más de ochenta años, riendo y conversando
con otros mayores alrededor.

Pam traía sonrisas. Pam traía risas. Pam era quien había llenado los huecos vacíos de su
corazón. Pam, cuyos ojos solo tenían espacio para ella, siempre le repetía que Lalin era
alguien importante. Que ya no era alguien olvidado. Que ya no era alguien que nadie
necesitara.

—Con amo a Pam, Mama Prem.

—Entonces vive de acuerdo con esas palabras, Lalin… Pam es una niña buena. Y a
cualquiera que Pam ame, tanto Pat como yo también lo vamos a amar.

—Mama Prem…

—Cuida de ti misma, para que puedas cuidar de Pam… la mujer a la que dices amar.
¿Puedes hacer eso por Mama?

—Lo prometo, Mama Prem.

—Pam es el tesoro más valioso que tenemos Pat y yo… Si un día ya no puedes cuidarla
como merece, solo tienes que decírnoslo. Nosotras iremos a buscarla.

Lalin vio la rara sonrisa en el rostro de la doctora Premsinee. Era un instante


profundamente especial: el momento en que era acogida y se le entregaba la
responsabilidad de cuidar al tesoro que esas dos mujeres amaban más que a nada.

—Cuidaré de Pam de una forma que les permita estar tranquilas, Mama y Mommy Pat.

—Sé que podrás hacerlo… Cuida muy bien de Pam, ¿sí, Lin?

—¿Mama…?

—Claro. Ahora Lin es parte de la familia. Déjame ser tu madre también, ¿sí?

—Mama Prem… yo… yo no sé ni qué decir…

—Ahora ya tienes una Mama y una Mommy.

Solo esa frase bastó para que las lágrimas de felicidad inundaran sus mejillas. Un nudo que
había vivido demasiado tiempo en su corazón empezó a deshacerse. La palabra madre, tan
sagrada, ahora volvía a tener un lugar en su vida. Una madre que abría los brazos para
recibirla en su familia. Ahora Lalin tenía una madre. Una madre que la escucharía. Una
madre que le daría consejos. Una madre que estaría siempre a su lado.

—Ya… ya tengo madre…

—Tienes a Mama Prem. Tienes a Mommy Pat. Tienes a Pam. Ahora somos una familia.

—Gracias, mamá. De verdad… gracias, Mama Prem…

Los agradecimientos salían uno tras otro, mientras la doctora Premsinee la abrazaba como a
su propia hija. Sabía que Lalin podía sentir la calidez sincera que tanto ella como Pat le
ofrecían. La sonrisa de su compañera y de su hija —ambas levantando el pulgar con
orgullo— hizo que también ella sonriera. Aunque no fuera psicóloga, comprendía
perfectamente dónde estaba la herida que Lalin necesitaba sanar.

El amor aliviará el dolor.

El amor restaurará la confianza.

El amor hará que Lalin vuelva a atreverse a creer.

El amor llenará los vacíos oscuros en su corazón.

Hoy, el campus de la universidad está lleno de bullicio, alegría y las sonrisas radiantes de
los nuevos graduados con sus togas, así como de sus familias, amigos y seres queridos que
han venido a celebrarlos. Los padres, en especial, no pueden ocultar el orgullo en sus ojos
al ver a sus hijos alcanzar un hito tan importante, uno que habían esperado durante tanto
tiempo.

Lalin miró de reojo el reloj en su muñeca izquierda: llegaba tarde. La conversación con otro
profesor se había extendido más de lo previsto y la dejó más agotada de lo que pensaba.

En el camino, siguió saludando a los graduados que la reconocían, devolviéndoles la


felicitación, pero aquello solo hacía que sus pasos se volvieran más lentos al dirigirse hacia
la persona que llevaba rato esperándola. Y, como lo había imaginado, cuando llegó, aquella
persona ya tenía las mejillas infladas en un gesto de leve molestia. Le cayeron algunas
quejas cariñosas, bromas diciendo que quizá Lalin estaba demasiado ocupada para acudir a
la ceremonia de graduación.
—¿Cómo podría no venir a felicitarte? Felicidades, mi pequeña pervertida.

—¿Entonces dónde está mi regalo, profesora?

—No hay regalo.

—¿Quéee? ¡Todos me dieron regalo! Yo sigo esperando el de P’Lin.


La recién graduada infló aún más las mejillas como un puchero, mientras veía la sonrisa de
la profesora que amaba. Pero al oír un susurro solo para ella, el enfado desapareció al
instante, reemplazado por una sonrisa radiante.

—Un regalo especial para alguien especial debe ser entregado con un poco de discreción,
Pam.

—Entonces esperaré el regalo de P’Lin.

—Pues tendrás que seguir esperando… —Lalin le secó con delicadeza las gotas de sudor
del rostro resplandeciente, y luego caminó con la recién graduada hacia el grupo de amigos
que las llamaba a gritos. Tuvo que darle un pequeño empujón a Pam para que fuera a
tomarse fotos.

—Acompáñame, P’Lin.

—Ve a sacarte fotos con tus amigos primero. Los de cursos menores están esperando para
gritarte. Yo me quedaré aquí con Mama Prem.

—Voy a regresar enseguida.

—Anda rápido, no vaya a ser que Shasha empiece a molestarte otra vez… ¿Trajiste el
dinero de regalo?

—¡Todo listo! ¡Mommy Pat me llenó la billetera!

Lalin dio unos pasos hacia atrás, quedándose junto a la familia de Pam mientras la recién
graduada era rodeada por los estudiantes menores que venían a felicitarla. No pudo evitar
sacar su teléfono para capturar el rostro radiante de Pam, envuelta entre los abrazos de sus
amigos y los vítores que resonaban por todo el campus.

—Pam estaba muy preocupada de que no vinieras —dijo Mama Prem.

—Tenía que venir. Hoy es el día más importante para la persona que amo, Mama Prem.

—Lalin… ven a tomarte la foto familiar —dijo la doctora Premsinee con una sonrisa,
viendo cómo Lalin aún seguía tomando fotos de Pam. La llamó suavemente para que
guardara el teléfono. Mommy ya había hablado, y los gritos de celebración acababan de
detenerse.
—Mama Prem…

—Vamos. Pam y Mommy Pat te están esperando.

La doctora Premsinee sonrió mirando hacia las dos personas que las llamaban con
entusiasmo, y luego tomó con suavidad la mano de la mujer a quien su hija llamaba “la
persona que amo”, avanzando junto a ella.

Hoy, Lalin era la mujer a quien Pam amaba. Lo que les deparara el futuro, solo ellas dos
podrían decidirlo. Ella y Pat siempre serían un apoyo detrás de ellas, dando consejo solo
cuando se lo pidieran, porque creían que el amor pertenece a quienes saben cuidarlo.
Cuantas más voces ajenas se entrometen, más difícil es mantener intacta la alegría sencilla
de amar.

La doctora Premsinee volvió la mirada hacia su esposa, que acababa de situarse a su lado.
Juntas contemplaron a la hija que tanto querían, quien acababa de cumplir el primer hito
importante de su vida. Y desde ese día en adelante, seguirían apoyándola en todo lo que
persiguiera: en el amor, en sus sueños y en todo lo que estuviera por venir.

—El primer paso de Pam ya está dado. Mommy y Mama Prem siempre estarán aquí,
animándote hasta que alcances todos los destinos de tu vida, nuestra niña traviesa.

—Hoy solo es el comienzo. Mama Prem cree que Pam crecerá y se convertirá en una
verdadera adulta: humilde, atenta y segura de sí misma. La niña que siempre se aferra a su
mamá.

—Pam ama a Mama Prem y a Mommy Pat.

—¡Muy bien! Si no nos amaras, Mommy ya estaría tentando a Lalin para que se fuera de
vacaciones solo con Mommy y Mama.

—¡Nooo, Mommy Pat, no! Yo amo más a Mommy.

—Pero igual amas un poquito más a Mama Prem, ¿verdad? —dijo fingiendo estar molesta,
aunque a nadie engañaba. Su esposa y su hija se tomaron del brazo, compitiendo por ver
quién la molestaba más. Incluso la nuera querida, una verdadera doctora, se unió al otro
bando, dejando a Pat sola… aunque nunca realmente sola.

—¡Pam ama a Mama Prem solo un poquitito más!

—Lalin, ven a pararte conmigo —pidió Mommy Pat.

—Lo siento, Mommy Pat. Creo que me pondré al lado de Mama Prem. Después de todo,
ella es la que manda en la casa.

—¡Decisión inteligente, P’Lalin! ¡Mama Prem es la jefa aquí!


—¿Así que elegiste bando, Pammy?

—¡No, no! Yo elijo a Mama Prem, a Mommy Pat y a P’Lin.

Las risas llenaron el ambiente, y Lalin volvió a decirse a sí misma que esto era lo mejor del
mundo. Se alegraba de haber sido paciente, de haber demostrado su sinceridad. Se alegraba
de haber mantenido sus sentimientos firmes para poder tener un amor en el que
verdaderamente pudiera confiar. Hoy, ese amor había dado un paso más, fuerte y seguro. Y
ella creía, con todo su corazón, que todos los pasos futuros serían igual de brillantes.

Porque la persona a quien amo eres tú, y solo tú.

La pequeña pervertida de la doctora Lalin.

Pammy Pasinee Tharanisorn… eres todo para mí.


Capítulo 19

—Pam, apaga la alarma…

El murmullo sonó junto con el movimiento inmediato de darse la vuelta, obligando a la


chica que acababa de despertar a estirar la mano rápidamente para tomar el teléfono y
silenciar el sonido. Sabía muy bien que la doctora Lalin no soportaba el tono de la alarma.
La noche anterior había sido agotadora; apenas llegaron a casa, Pam se dio una ducha
rápida y cayó dormida al instante. Normalmente, cada vez que las dos pasaban la noche
juntas, ella apagaba la alarma. Especialmente en los días libres, no debía existir ningún
sonido que molestara a la doctora Lalin.

Pam besó suavemente la espalda desnuda y abrazó a la mujer que estaba de espaldas, como
de costumbre. No sabía en qué momento de la noche Lalin se había despertado para
quitarse la ropa, pero al menos esa mañana podía abrazarla sin que ella se quejara. Por lo
general, si dormían abrazadas, era la propia doctora Lalin quien le quitaba la ropa antes. Si
no, ella se levantaba, se ponía un pijama delgado y luego volvía a acostarse a su lado.

—Ya me desperté, P’Lin. ¿No va a voltearse a abrazarme?

La voz dulce de la mañana y la mano apoyada en su espalda hicieron que Lalin despertara
casi por completo. Era raro que esta niña pervertida se mostrara tan adorable.

—Sólo abrazar, ¿sí?

—Pues sólo abrazar.

—Entonces ¿qué está haciendo esta mano? Si es abrazar, tendría que ser así.

—Una mano abraza, y la otra toca.

—Ya estás molestando otra vez —murmuró ella, aunque no detuvo la mano que acariciaba
suavemente su pecho. No sabía por qué esta niña estaba tan obsesionada con sus pechos;
antes de dormir, después de despertar, siempre quería tocar, acariciar.

—No voy a hacer nada más, porque anoche P’Lin casi me deja desmayada.

—Querías un regalo, así que te di un regalo.

—El regalo de P’Lin me agarró totalmente desprevenida.

Cualquiera que escuchara hasta aquí pensaría que aquel regalo debía ser algo ardiente y
provocador. Pero en realidad era diez veces más que eso, porque su corazón había latido tan
fuerte…
Tan fuerte que sus manos y su rostro estaban empapados de sudor.

Un regalo cargado de una presión emocional enorme.

—Acompáñame a cenar con la mujer que ha hecho tanto por mí, ¿sí?

Aquel fue el regalo que casi hizo llorar a Pammy de la emoción. Con la reputación de ser
llamada “la profesora honorable” por los estudiantes, ¿cómo no iba a saber quién era esa
persona? Pero verla en persona fue completamente abrumador. La gran casa de madera
estilo tailandés encajaba perfectamente con la atmósfera solemne, y Pam estuvo a punto de
llamar a su mamá para llorar por teléfono en ese mismo instante.

La mirada afilada de la profesora hacía el ambiente aún más sofocante. El sudor le corría
sin parar, al punto de que tuvo que pedir con timidez una servilleta a quien estaba más cerca
de la caja de pañuelos. La doctora Lalin le dijo que conversara un poco con la profesora
mientras ella entraba a la cocina a revisar la comida. La sensación de que la habían dejado
sola para enfrentarse a su suerte frente a ese imponente personaje le estaba drenando toda la
energía mental.

—Pasinee, de verdad no me lo esperaba…

—Yo amo a P’Lin, profesora —Pam supuso que quizá la profesora no estaba de acuerdo,
así que se apresuró a confesar sus sentimientos primero. Aquella frase, junto con la mirada
escrutadora y las palabras “no me lo esperaba”, sin duda no eran señales de aprobación.

—Lalin… es una niña muy desafortunada. La primera vez que la vi, no era más que una
pequeña vagabunda sin un lugar donde dormir, sucia de pies a cabeza. Ese día llovía, y la vi
sentada acurrucada abrazando sus rodillas, llorando al borde del camino.

—Profesora…

—No sé si fue destino o algo más, pero mi hija y yo decidimos hablar con ella… y ahora
esa niña es la Lalin que estás viendo hoy. Lalin nunca ha defraudado a la familia que la
acogió… Pasinee, ¿qué pensarías si yo quisiera que Lalin se casara con un hombre?

Su voz tranquila y firme narraba una historia sin una sola mentira, sin una pizca de broma.
Era una verdad inevitable. Pam decidió mirar hacia la mujer sentada junto a ella. La doctora
Lalin seguramente había escuchado cada palabra de la persona a quien siempre llamó su
gran benefactora. Sin aquella familia, quizá nunca habría existido la Lalin de hoy.

Pammy hizo todo lo posible por contener las lágrimas. No podía permitirse mostrarse débil
frente a la tía de Lalin. Si lo hacía, ella pensaría que aún era una niña inmadura; ¿cómo
podría entonces confiarle el cuidado de Lalin? Si lloraba ahora, ¿cuándo la vería la
profesora como alguien lo bastante adulta para cuidar de otra persona?

—Creo que P’Lin se casará según lo que usted desee, profesora.

—¿Y tú, Pasinee?

—¿Quiere escuchar la verdad o mi opinión personal?

—Ambas.

—La verdad es que me dolería muchísimo, pero respetaría la decisión de P’Lin. Sería muy
doloroso ver a la persona que amo entrar a la ceremonia de boda con alguien más.

—¿Y tu opinión personal, Pasinee?

—Arruinaría esa boda. Por muchas veces que la intentaran celebrar, siempre terminaría
desmoronándose… No voy a rendirme tan fácilmente.

—Eres verdaderamente la hija de Pat… Pasinee.

—¿Mi mamá nunca te contó?

—¿Contarme qué, profesora?

—Tu madre, Pat Naphak Tharanisorn, fue una de mis alumnas… Y también sé muy bien
que fue ella quien arruinó la boda de la doctora Prem.

La presión en la mirada de la profesora hacía que Pam sintiera como si la mitad de su


energía vital hubiera sido drenada. ¿Cómo podía decir que el regalo que Lalin le dio no fue
más intenso que la misma pasión? La sensación de opresión, el sudor que no dejaba de
brotar… Pero al final, ese “regalo” terminó dándole una enorme sensación de alivio.

—¿De verdad estás tan asustada? Mi tía es muy amable.

—Ya para… Si fueras tú, entenderías. Conseguir una A en su clase casi me cuesta la vida.
—¿Y hasta cuándo esta mano va a dejar de jugar con mi pecho? —Tuvo que agarrarle la
mano para detenerla. Al principio lo soportaba, pero después de un rato de caricias, no pudo
evitar suspirar.

—No voy a detenerme.

—Pam.

Otra vez Pam. Pero esta vez sonaba diferente. A ella le encantaba ver ese toque de molestia
pasar por el rostro de la doctora Lalin, seguido por esa voz suave de reproche tan adorable.
Si hubiera sido antes, probablemente no le habría parecido tan linda.

—Te amo, P’Lin.

—Justo cuando estoy por regañarte, dices que me amas. ¿Qué quieres, Pam?

—Quiero escuchar a P’Lin decirlo otra vez.


La voz dulce, la mirada llena de expectativa… ¿cómo podía Lalin resistirse? Ella ya lo
había dicho: la única persona a la que no podía negarse era Pam.

—Yo te amo, Pam.

La confesión fue respondida con un beso suave, y esta vez fue Lalin quien se inclinó para
recibirlo, apoyándose en los brazos de la chica frente a ella. Se besaron. Tocaron la piel
desnuda de la otra. Esta vez ella no tembló. No volvió ningún recuerdo doloroso. Controló
mejor sus emociones. Aunque las dos estaban acostadas de lado, frente a frente, aquel
instante era el primer paso para superar el miedo que había vivido dentro de ella por tanto
tiempo.

—P’Lin… ¿cómo te sientes?

—Me siento mejor… aunque todavía hay momentos…

—No pasa nada. P’Lin lo hizo muy bien. No tienes que forzarte.
La abrazó con suavidad cuando Lalin se apartó un poco después de un rato de besos. Para la
doctora, lo que ocurría en la cama tenía un significado muy importante, y era una de las
razones por las que no dejaba que cualquiera se acercara tan fácilmente.

—Tengo miedo de que te canses de mí…


Era un miedo que llevaba mucho tiempo ahí. Al principio todo puede estar bien, pero con el
tiempo, ¿quién sabe? El entusiasmo puede convertirse en monotonía, especialmente cuando
su vida íntima no era como la de las parejas “normales”, que empezaban o terminaban
simplemente en la cama.

Lalin miró la sonrisa que hacía temblar su corazón. Esa sonrisa cálida era algo que siempre
apreciaba. Una mano delgada tomó suavemente su rostro y la besó de nuevo: una emoción
hermosa. Una caricia sin necesidad de palabras. Una sensación que no necesitaba
explicación.

—¿Por qué no podría amarte directamente aquí, en la cama?

—¿Qué…?

—Siéntate, te voy a mostrar cuánto te amo, P’Lin.

Quien prometió demostrar ese amor se puso de pie al lado de la cama y extendió la mano,
como invitándola a levantarse con ella. La mirada de Pam seguía fija solo en ella. La
sonrisa cálida seguía ahí. Amar es confiar, y ella confiaba en Pam, confiaba en que podía
enfrentar ese miedo junto a ella.

—P’Lin, siéntate al borde de la cama.

—…

—Te voy a mostrar cuánto te amo, justo aquí, en esta cama.

—Espera… Pam…
EPÍLOGO

Las voces conversando, las risas y los rostros iluminados hacían que quien observaba
silenciosamente la fiesta junto al lago no pudiera evitar sonreír. Era la celebración que
Mommy Pat había organizado para su hija, tal como lo había prometido. Así que no era
sorprendente ver al grupo de amigas de la chica reunido al completo, disfrutando al
máximo. Por suerte, también estaba la nuera para ayudar; gracias a ella, todo se volvía
mucho más sencillo.

—Pat.

—¿P’Prem? ¿Ya volviste? —apenas escuchó esa voz familiar, Pat caminó enseguida para
recibir a su compañera, recién llegada del hospital.

—Esas niñas sí que se están divirtiendo. Con Lalin aquí ayudando, puedo estar un poco
más tranquila —dijo la doctora Premsinee mientras sus ojos seguían la escena: su hija
pegada a Lalin, sin dejarla alejarse ni un momento. Una sonrisa suave apareció en sus
labios.

Aquella escena le recordó a alguien más.

A Pat, la persona que siempre estaba allí, siempre dentro de su mirada.

—Míralas, P’Prem. Nuestra hija ya ha crecido lo suficiente como para amar a otra persona
con todo su corazón.

La sonrisa de Mommy rebosaba felicidad cuando vio a su hija agitar la mano para
llamarlas.
—El amor de Pam será algo hermoso… De verdad creo eso.

—P’Prem… ¿crees que esté bien no decirle a Lalin la verdad… sobre ese padrastro
asqueroso?

—No siempre decir la verdad es lo mejor, Pat. Si Lalin supiera… que ese hombre aún está
vivo, que está detenido… podría volver a asustarse. Las heridas del alma sanan mucho más
lento que las del cuerpo; son más profundas de lo que podemos imaginar.

Quizá la doctora Premsinee tenía razón.


Si revelaban esa verdad, quizá la felicidad que ahora tenían se desvanecería al instante.

Y aquellas cicatrices emocionales que Lalin tanto había intentado enterrar… volverían a
sangrar.

—Con alguien que ha repetido crímenes como él… la cadena perpetua es prácticamente
inevitable.

—Lalin es la felicidad de Pammy.

—No te preocupes, P’Prem. Voy a proteger la felicidad de nuestra hija con todo lo que
tenga.

Ahora mismo, todos eran muy felices. Sería cruel destruir esa alegría con una verdad
dolorosa. Mommy Pat y Mama Prem se quedaron allí, con miradas llenas de cariño,
observando a su amada hija.

El amor de Pammy era Lalin.

Y no había nada malo en que una madre eligiera proteger a la persona que su hija amaba.

—Aquí tienes las bebidas y los bocadillos de Mama Prem.

—¿No bajas a la piscina con las chicas, Lalin?

—No puedo, mamá. Bajé una vez y quedé agotada, no creo resistir otra —respondió ella.
En la piscina, su novia jugaba al waterpolo con sus amigas, claramente disfrutando. Incluso
Mommy Pat había terminado siendo arrastrada al juego.

—Lalin, ¿ahora sí te sientes feliz?

—Siento que podría ser feliz todos los días —respondió ella. Entendía perfectamente lo que
Mama Prem quería decir. Esa mirada, llena de cariño y ternura, no era solo para ella, sino
también para Pam, cargada de un amor sincero.

—Cuida de Pam por mí, ¿sí, Lalin? Aún tiene mucho por aprender. No solo en el amor,
sino en la vida, en todo lo que deberá enfrentar más adelante. Tener a una buena persona a
su lado… le dará paz a este corazón de madre.

Lalin sonrió a la madre de la mujer que amaba, para luego mirar a la chica que todos
querían con tanto cariño. Tanto Mama Prem como Mommy Pat habían puesto su tesoro
más valioso en sus manos. ¿Cómo podría fallarles? Ese tesoro… también era lo que ella
más valoraba, la persona con quien quería caminar el resto de su vida.

—Pam se parece mucho a Mommy Pat, ¿sabías, Lalin?

—¿En qué se parecen?

—Pat siempre fue muy clara cuando amaba. Una vez que ama, solo le importa la persona
amada… Pam es igual. El amor de Pam será solo para ti, Lalin.

El amor de Pam… estaría destinado únicamente a Lalin.

Y el de Lalin… también sería solo para Pam.


Especial 1

Porque la persona que amo…

—P’Lin, mira, Mama Prem ya me llamó tres veces para recordármelo. Te quiere tanto que
hasta se olvida de que no fui yo quien te llevó al hospital —murmuró Pam después de
colgar la llamada, haciendo reír a Lalin, quien estaba sentada leyendo un libro.

Pam sí sabía manejar, pero solo necesitaba conducir un tramo corto para quedarse dormida
al volante, lo cual era peligrosísimo. Por eso tenía prohibido conducir sola desde hacía
mucho tiempo.

Lalin bajó la mirada hacia la chica que estaba recostada sobre sus piernas y sonrió. Ya casi
dos años habían pasado desde que ella comenzó a ver a un psicólogo para tratar sus
problemas de salud mental. El miedo en la intimidad había disminuido muchísimo, lo
suficiente para que ahora pudiera estar más tiempo junto a Pam. Se besaban más profundo.
Tocaban la piel desnuda de la otra con más naturalidad. Y la única persona que le había
dado la fuerza para confiar y sanar… era solo una.

—Pam…

Esa persona era su sostén más importante.

Esa persona era todo lo que hacía que ya no tuviera miedo.

—Me llamas y luego te quedas callada así… me preocupo, ¿sabes?

Mientras Pam tomaba su mano y la besaba, Lalin cerró el libro y lo dejó a un lado,
inclinándose para darle un beso dulce a la mujer que siempre cuidaba de ella con todo su
amor. Aunque estaba ocupada con su programa de maestría, Pam siempre encontraba
tiempo cuando Lalin tenía cita con el médico. Ni una sola vez Lalin tuvo que ir sola al
hospital.

—¿Preocuparte por qué? ¿Y por qué me estás levantando la camisa?

—Para masajearte la pancita más fácil… ¡Ay! —se quejó cuando Lalin la pellizcó por
soplarle aire en el vientre suave.

—Espera… ¿y de quién fue la culpa?

—¿Quién sabe?

—La próxima vez no volveré a comer de noche contigo.

—Pero a mí me encanta la pancita de P’Lin.


Las caricias suaves hicieron que Lalin, quien fingía levantarse, sonriera. Ella era la primera
en aceptar comer de noche con Pam, y también era la primera en negarse a hacer ejercicio
aunque Pam había intentado arrastrarla varias veces.

—¿De verdad te gusta tanto?

—No me hables con esa voz, P’Lin.

—¿Y por qué no podría hablarte así? —Lalin no pudo contener la risa al ver esa mirada
pícara tan obvia en los ojos de la chica. Sabía perfectamente lo que esa mirada quería decir.

—Estás molestándome, ¿verdad?

—Quiero darme una ducha antes de salir. ¿Quieres bañarte conmigo, Pam?

¿Y qué respuesta podía esperarse ante algo así? Especialmente cuando la hermosa doctora
ya comenzaba a desnudarse ahí mismo. ¿Cómo iba Pammy a rechazarla sin seguirla
directamente al baño?

—¿Quieres que te tallé la espalda?

—¿Solo tallar, Pam?

—Esa es la frase que siempre dices… pero cuando empiezo a hacerlo, tú misma me
recuerdas: “Pam, todavía tengo que ir a la consulta.” —protestó haciendo puchero, porque
su novia era experta en hacerla perder el control… y luego escaparse con elegancia. Así era
la mujer que tenía el corazón de Pammy.

—Te quejas demasiado.

—Y me molestas demasiado… —la voz de Pam se fue apagando cuando la persona bajo la
ducha se acercó, sus brazos delgados rodearon su cuello y la atrajeron hasta que sus labios
quedaron a un suspiro de distancia. Pero ninguna dio el primer paso, como si ambas
estuvieran esperando a ver quién se rendiría antes.

—Pam.

—P’Lin aún tiene que ir a la consulta, ¿cierto?

—Sí… tengo cita —respondió ella, pero en cuanto miró profundamente los ojos de Pam, ya
no pudo evitar jalar a la chica con ella bajo el agua. Lalin mordió suavemente el labio de la
que seguía murmurando.

—Esta noche no dejaré que P’Lin duerma tranquila… Ya verás.

—Entonces, esperaré, Pam.


Lalin sonrió con dulzura ante la mirada provocadora de la chica. Pero ya bajo la ducha,
cualquier queja desapareció, sustituida por otros sonidos que la obligaron a darle un
pequeño manotazo en la mano. Al ver a Pam enjabonarle la piel con tanto cariño, sus ojos
se llenaron de ternura. Se bañaban juntas muy seguido, pero eso no significaba que cada
vez terminaba en algo íntimo.

—P’Lin, si seguimos así llegaremos tarde con la tía Proud.

Lalin miró la mano que detenía la suya antes de que bajara demasiado por el vientre de
Pam, y luego asintió. Se dejó abrazar, o mejor dicho, ella misma rodeó a Pam con sus
brazos, buscando ese calor familiar.

—Hoy, ¿vienes conmigo a ver a la tía Proud? —preguntó.

La doctora Proudfah Sakunapornnee había sido su psicóloga durante casi dos años. Lalin se
sentía increíblemente agradecida: no solo por el cuidado infinito de Pam, sino también por
la preocupación sincera de Mommy Pat y Mama Prem. Especialmente Mama Prem, quien
fue la persona que la llevó con aquella doctora y le dio el camino para sanar. Gracias a
ellas, Lalin encontró la salida de la oscuridad que la había atrapado tanto tiempo.

Ese día, por primera vez, Lalin entró al consultorio de la mano de Pam. Antes, Pam siempre
esperaba afuera y solo hablaba con la doctora después. Nunca insistió en entrar, nunca
preguntó sobre el tratamiento ni sobre lo que se hablaba ahí dentro. Solo se quedaba a su
lado, consolándola en silencio, sin importar cuánto durara el proceso. Siempre estaba allí.

—Lalin, hoy vienes a consulta agarrada de la mano de tu novia… me hace muy feliz verte
así —dijo la doctora Proud con una sonrisa cálida.

Porque eso significaba que la sombra que había oscurecido su corazón durante tanto tiempo
casi había desaparecido. La sonrisa orgullosa de quien la acompañó durante todo el camino
fortaleció aún más a Lalin, sobre todo porque podía sentir la mano de Pam apretando la
suya.

—Fue gracias a Pam que pude superar la parte más oscura dentro de mí… Yo amo a Pam
—dijo Lalin.

¿Una declaración así, justo delante de la doctora? ¿Quién podía entenderlo? Lalin sabía
perfectamente que la doctora era una amiga cercana de Mama Prem, ¡y aun así lo dijo!
¿Cómo no iba a ponerse roja Pammy?

—Te quejas demasiado.

—Y tú molestas demasiado… —la voz de Pam se volvió más suave cuando la figura bajo
la ducha se acercó a ella, rodeándole el cuello con sus brazos delgados y atrayéndola hasta
que sus labios casi se tocaron. Ninguna de las dos se movió. Era como una provocación
silenciosa, una prueba para ver quién se rendiría primero.
—Pam.

—P’Lin todavía tiene que ir a la consulta, ¿verdad?

—Sí, tengo una cita… —dijo Lalin, y al mismo tiempo clavó la mirada en los ojos de Pam.
Aquella mirada bastó para que la jalara y la guiara bajo el chorro de agua junto a ella. Le
mordió suavemente el labio mientras Pam seguía murmurando.

—Esta noche no pienso dejar que P’Lin duerma tranquila… Ya verás.

—Entonces te esperaré, Pam.

Lalin sonrió con dulzura ante la mirada traviesa de la chica. Pero en cuanto la tuvo bajo la
ducha, todos los suspiros de queja se disolvieron, reemplazados por otros sonidos que la
obligaron a darle un golpecito suave en la mano. Miró esas manos enjabonando su piel, y
sus ojos se llenaron de cariño. Solían bañarse juntas a menudo, pero eso no significaba que
cada vez terminara en algo más.

—P’Lin, si seguimos así vamos a llegar tarde con la tía Proud.

Lalin bajó la vista hacia la mano que detenía la suya antes de que explorara más allá del
vientre de Pam. Asintió despacio. Se dejó envolver por sus brazos, o más bien, fue ella
quien terminó rodeando a Pam con los suyos.

—Pam, hoy entra conmigo a ver a la tía Proud, ¿sí?

La doctora Proudfah Sakunapornnee llevaba casi dos años siendo su psicóloga. Lalin le
estaba profundamente agradecida a su novia. No solo Pam la cuidaba con paciencia infinita,
sino que Mommy Pat y Mama Prem también se preocupaban por ella de verdad.
Especialmente Mama Prem, quien la había llevado con esa doctora para que recibiera la
ayuda correcta. Gracias a ellas, había encontrado el camino para salir del abismo de miedo
que la consumía.

Ese día era la primera vez que Lalin entraba a la consulta tomada de la mano de su novia.
Antes, Pam siempre la esperaba afuera y hablaba con la doctora —a quien llamaba tía
Proud— únicamente después. Nunca pidió entrar, nunca preguntó sobre el tratamiento,
nunca exigió saber qué decía la doctora. Solo estaba ahí, acompañándola en silencio… todo
el tiempo que hiciera falta.

—Lalin, que hoy entres tomada de la mano de tu novia… me hace muy feliz.

Porque aquello significaba que la sombra que la perseguía por tanto tiempo casi había
desaparecido. La sonrisa orgullosa de la doctora —quien la había acompañado en todo el
proceso— hizo que Lalin se sintiera aún más segura, especialmente al sentir la mano de
Pam estrechando la suya.
—Fue gracias a Pam que pude salir de la parte más oscura de mí… Yo amo a Pam.

Una confesión así, directa, frente a la psicóloga. ¿Quién podía entenderlo? Lalin sabía
perfectamente que la doctora era una antigua compañera de Mama Prem, ¡y aun así lo dijo!
No era raro que Pammy estuviera roja hasta las orejas.

—¡P’Lin, eso no vale! ¡Decirme que me amas justo delante de la tía Proud… ahora tengo la
cara hirviendo! ¡Mire, tía, P’Lin me está molestando!

La doctora Proudfah solo sonrió al ver el desordenado sonrojo de la hija de la doctora


Premsinee. Pammy ya había crecido… y ya tenía a alguien a quien amar. Hace no mucho
seguía siendo la niña que insistía en que la cargaran.

—Pammy, Lalin, cuiden su amor. En una relación, lo más importante es comunicarse.


Ninguna pareja encaja perfecta sin hacer ajustes. Si necesitan algo, pueden venir conmigo.

—Tía Proud, ¡no se vaya a convertir ahora en locutora de consultorio amoroso, eh!

Lalin observó la cálida sonrisa de la doctora con sincera gratitud. Entendía el cariño detrás
de cada palabra, no solo como profesional, sino como alguien que apreciaba de verdad a la
sobrina de una amiga cercana.

La doctora Proudfah siguió con la mirada a las dos mientras se alejaban del consultorio, su
sonrisa suave permaneciendo en los labios. Ayudar a un paciente a recuperar la alegría
siempre la llenaba, pero esta vez era distinto. Aquella paciente era alguien a quien Pammy
amaba con todo el corazón. Y era hermoso ver cómo Lalin había decidido enfrentar sus
miedos de forma correcta.

—Pammy ha madurado más de lo que imaginábamos, ¿verdad, Prem?

Sin duda ella no era la única que lo pensaba. Pammy, la bebé prematura que pasaba más
tiempo en hospitales que en casa, ahora estaba sana, fuerte y tan crecida que emocionaba a
quienes la habían criado. La doctora Premsinee sonrió al terminar la llamada con su
mentora. Las últimas palabras de la doctora Proudfah la llenaron de un orgullo profundo
como madre.

—Lalin de verdad ama a Pammy… y ¿sabes algo, Prem? A veces, el apoyo emocional es el
mejor remedio para alguien que está atravesando un momento difícil. Pammy fue ese apoyo
para Lalin durante todo su tratamiento. Y Lalin quiere recuperarse… por la persona a la que
ama.

Por la persona a la que ella ama…


Escuchar esas palabras hizo que Pammy se sintiera verdaderamente feliz.

Porque ser la persona amada… es un milagro en sí mismo.

Pammy debía de sentirse inmensamente satisfecha siendo quien ocupa el corazón entero de
Lalin.

Lalin revisó una vez más el pedazo de pescado del que acababa de quitar las espinas, solo
para asegurarse, y luego lo dejó en el plato de la chica sentada frente a ella. Nunca se había
sentido cansada por hacer esos pequeños gestos por esa niña traviesa.

Alguien que tenía un significado especial para ella. Alguien que siempre la hacía sentir
importante. Alguien que había estado allí, dándole apoyo emocional en todas sus etapas
difíciles: desde el momento en que se enteró de la muerte de su madre biológica hasta los
días en que tuvo que luchar contra ese abismo oscuro que la oprimía por dentro.

Pam nunca la había dejado sola. No una sola vez.

Pam no hablaba mucho, pero siempre usaba acciones para demostrar lo importante que era.

La persona de la que esta pequeña pervertida no podía separarse.

—P’Lin, así me vas a quitar las ganas de comer, ¿sabes?

El tono de reproche cariñoso, junto a esa mirada de advertencia, hizo que Lalin soltara una
risa suave. Dejó el cuchillo y el tenedor, entrelazó los dedos, apoyó el mentón sobre las
manos y la observó con una mirada que puso el rostro de Pam rojo como una cereza. Tan
adorable que Lalin no quería que nadie más en el mundo viera esa expresión.

—Entonces… ¿qué quieres comer, Pam?

¿Qué clase de pregunta era esa, doctora Lalin?

—Vamos al dormitorio y allí te lo digo.

—¿No me lo puedes decir aquí, Pam?

—En la mesa… me preocupa que la espalda de P’Lin no aguante.

—¿Me estás diciendo vieja? —Lalin la fulminó con la mirada justo cuando la chica le
dedicó una sonrisa pícara, y luego levantó la vista hacia la persona que ahora estaba de pie
frente a ella.
—Vamos a la cama…

—Pero…

—Te dejare ir arriba ¿Confías en mí?

—Confío en ti, Pam.

Nos besamos. Nos tocamos, piel desnuda contra piel desnuda. Aprendíamos a
familiarizarnos con el cuerpo de la otra, tal como había aconsejado la doctora. Pero nunca
habíamos llegado a la intimidad plena sobre la cama. Lo que habíamos hecho antes se
limitaba a caricias suaves sobre sus pechos llenos y tensos.

Lalin miró a la chica que estaba recostada contra el cabecero, siguiéndola con la mirada
desde el momento en que entró en la habitación. Se acercó a la cama y se sentó sobre las
piernas de Pam. Las manos de Pam rodearon de inmediato su cintura.

El beso comenzó con la dulzura de siempre. A Lalin le encantaba saborear con calma los
labios de Pam, le encantaba cómo esos labios la mordían suave, tiraban un poco, la
provocaban. Ya fuera cuando la lengua de Pam se deslizaba para jugar con la suya, o
cuando sus manos, que habían estado quietas en la cintura, se movían de pronto hacia sus
pechos, amasándolos hasta obligarla a detenerse para sujetarle las muñecas.

—Duele…

—Debe ser que ya casi te llega el período, ¿verdad? Perdón… hice demasiada fuerza —
murmuró Pam al ver su gesto de molestia, mientras depositaba besos delicados en sus
labios y le desabrochaba, uno a uno, los botones de la camisa.

—¿Te acordaste?

—Por supuesto. Todo lo que tiene que ver contigo me importa, P’Lin.

Con semejante delicadeza, ¿cómo no iba la doctora Lalin a recompensar a esta niña
traviesa? Y fue una recompensa deliciosa, al menos a juzgar por la sonrisa de puro placer
que iluminó el rostro de Pammy cuando Lalin apoyó la cara entre sus pechos. ¿Cómo no
disfrutarlo?

—No muerdas…

—¿Solo un poquito?

Lalin rodó los ojos ante la súplica, pero apenas tuvo tiempo de replicar porque Pam, de
repente, le mordió suave. La sensación la atravesó con más intensidad que otras veces,
sobre todo estando tan cerca de su periodo. No pudo evitar hundir los dedos en el cabello de
Pam y apretarla contra su pecho cuando esta comenzó a succionar, haciendo que oleadas de
placer la recorrieran.

—Pam… estoy toda mojada…

El susurro entrecortado obligó a Pammy a separarse de sus pechos con evidente pesar. Pero
la mirada cargada de deseo en los ojos de Lalin la hizo suspirar, no por molestia, sino
porque jamás podría negarse a la mujer que amaba. Esta noche, había decidido darle todo.
Quería que Lalin se sintiera tan bien que cualquier sombra del pasado se disolviera.

—De verdad estás muy mojada —dijo Pam, casi fascinada.

—Pam, eso…

—¿Qué? Solo quería comprobar cuánto —respondió ella con descaro.

Lalin quiso fulminarla con la mirada, pero no pudo. Mucho menos cuando Pam fue
deslizándose hacia abajo, colocándose en la posición perfecta. El rubor subió al rostro de
Lalin al darse cuenta de que sus caderas estaban justo sobre la boca de Pam.

—Pam… me estás haciendo sentir tan bien…

La sensación creció lentamente cuando la lengua de Pam empezó a explorar con intención,
cumpliendo su promesa. Las caderas de Lalin ya no podían quedarse quietas. A veces
parecía querer huir del torrente de placer; la mayor parte del tiempo, en cambio, lo buscaba:
cada deslizamiento de la lengua, cada presión, cada nueva oleada que la dejaba sin aire.

—Mírame, P’Lin… aquí solo estamos tú y yo. Solo tú y yo en esta cama.

—Pam…

—Sí. Estoy aquí contigo, justo aquí… mírame. La pequeña pervertida de la doctora Lalin
—susurró Pam. Podría haberla sujetado y hundido sus caderas contra su boca, pero este era
el momento de mirarse. De encontrarse. De que Lalin sintiera, con absoluta claridad, que
nada malo podía pasar mientras Pammy estuviera a su lado, tal como había dicho la doctora
Proud.

Lalin miró el rostro de la chica recostada contra el cabecero. La sonrisa de Pam le apretó el
corazón de tanta felicidad. Entendió por qué quería que la mirara. Se buscaron con los ojos.
Se encontraron en un beso. Y cuando los dedos de Pam se deslizaron dentro, saludándola
con suavidad, sus caderas empezaron a moverse por instinto.

Su respiración se volvió desordenada, fundiéndose con el ritmo de los besos. No sabía


cuánto tiempo llevaba besándola, solo sabía que cada movimiento de sus caderas respondía
al compás de los dedos de Pam, arrancándole gemidos sin pausa.
El susurro de Pam —“no cierres los ojos”— la ayudó más de lo que imaginó. Ya no
pensaba en el dolor del pasado. Su presente estaba colmado de placer, tanto que temía que
Pam terminara torciéndose la muñeca por su culpa.

—Pam… —jadeó.

—¿Sí?

—Otro dedo…

—Ya estás tan mojada. Con todos esos movimientos de cadera, deberías haberte corrido
hace rato. —Por supuesto, cuando la doctora Lalin pedía algo, Pam obedecía de inmediato.

—Qué lengua tan experta…

—No solo mi boca. Otras partes también son geniales.

—No solo hables. Por favor, demuéstrame qué tan buena eres… Ah… —Casi no tuvo
tiempo de prepararse cuando dos dedos se deslizaron dentro, moviéndose con un ritmo
decidido, dejando claro que Pam no pensaba ceder fácilmente.

—Te voy a mostrar hasta dónde puedo llegar.

—Déjame verlo, Pam.

Esa mirada desafiante, con esa media sonrisa invitadora… ¿qué en esta cama no podía
incendiarse? Sus caderas se movían al compás de los dedos de la otra, como en una carrera
sin rivales, solo ellas dos, completamente entregadas al ritmo del placer.

—No cierres los ojos, P’Lin. Mírame. Mírame bien. ¿Ves? No solo soy buena con la boca.

Y ella miraba. Tanto que el placer empezaba a ser casi insoportable. La única razón por la
que quería cerrar los ojos era porque la sensación era demasiado intensa. Lalin abrazaba sus
pechos para que la de abajo pudiera contemplar cómo se arqueaba de placer. La sensación
de los dedos entrando y saliendo, mientras sus pezones eran acariciados y mordidos
suavemente, no dejaba espacio para ningún pensamiento que no fuera el orgasmo que la
consumía.

Lalin se desplomó sobre el hombro de Pam justo en el clímax. La garganta seca, el corazón
latiendo con fuerza, su cuerpo temblando, todo mostraba claramente cuán intenso había
sido su placer. El tiempo que pasaban juntas sobre la cama ya no estaba marcado por el
dolor del pasado.

Por esta mujer.

La mujer llamada Pam Pasinee Tharanisorn.


—¡Toc! ¡Toc! ¡Toc! —“Por favor, un poco de discreción, querida de mamá.”

—Pat, ¿por qué le haces eso a la niña?

—Bueno… Pammy también solía tocar la puerta de nuestro cuarto, P’Prem.

—Si sigues molestando a la niña así, ella te devolverá la jugada.

La doctora Premsinee solo pudo sacudir la cabeza ante la travesura de su pareja. ¿Qué clase
de madre va directo al cuarto de su hija apenas llega a casa y toca la puerta, fingiendo que
lo había escuchado hace rato?

—¡Te voy a devolver la jugada, Mommy! ¡No voy a dejar que te acerques a Mama Prem
nunca más!

La voz llena de indignación de Pam y su salto de la cama hicieron reír a Lalin. Pero al
recordar la razón de esa conversación tras la puerta, no pudo evitar sonrojarse. ¿De verdad
hablaban tan fuerte?

Demasiado vergonzoso. ¿Cómo enfrentar a Mama Prem y a Mommy Pat ahora?

—¡Mira, P’Lin! ¡Mommy Pat me está molestando!

¿Así era como se divertían…?

Pero en serio, ¿hablaban tan fuerte?

—Pam, si alguna vez volvemos a dormir en tu casa, tendremos que prestar más atención al
volumen.
Especial 2

Nuestro amor…

Aunque pase el tiempo, nunca se ha desvanecido.

—¿Sigues trabajando, Pat?

La pregunta llegó acompañada de una taza de Ovaltine caliente, lo que hizo que la actriz
que alguna vez interpretó a la villana tuviera que apartar la vista de los documentos frente a
ella. Sonrió con suavidad, como pidiendo disculpas por haber despertado a su querido
doctor solo para descubrir que ya no estaba a su lado. Durante casi un mes, había estado
ocupada con asuntos de trabajo, ocupándose temporalmente del negocio de su hermano.
Aunque el doctor Prem no se quejaba de que ella trabajara hasta tarde, eso no significaba
que la doctora Premsinee permitiría que descuidara su salud.

—Dame solo veinte minutos más, P’Prem.

—Está bien.

La palabra “está bien” salió de los labios de la doctora Premsinee con suavidad, mientras
se sentaba en el sofá, tomaba el libro sobre la mesa de café y pasaba las páginas una por
una, lo suficiente como para que quien había pedido veinte minutos más sintiera una
presión enorme. Años habían pasado, pero la doctora Premsinee siempre había usado el
silencio como una forma de recordatorio poderoso.

No se necesitaban palabras.

Solo con observar sus acciones, era evidente cuánto le importaba.

—Está bien, basta ya. Vamos a dormir.

—¿Ya no vas a trabajar? Apenas han pasado cinco minutos.

¿Quién se atrevería a seguir trabajando después de algo así? Solo cinco minutos, pero en
esas palabras estaba claro que era hora de levantarse y regresar a la cama de inmediato.
Continuar trabajando mientras su querido doctor estaba allí no era apropiado en absoluto.

—Ya casi es la una. Me estoy quedando dormida.

—¿Y tú sabes qué hora es ahora?

Ese tono hizo que la actriz contuviera la respiración y luego siguiera obedientemente al
doctor fuera del despacho, rumbo al dormitorio. Los documentos podían esperar hasta la
mañana. Si insistía en seguir trabajando, no solo se enfrentaría al silencio frío de la doctora.
—P’Prem…

Al acostarse de espaldas, era una señal clara. Ella se movió para abrazar al doctor,
apoyando su rostro contra su espalda, murmurando palabras de consuelo:

—Duerme. Mañana tienes que levantarte temprano para ir a la oficina.

—Mi hermano mayor aún no se ha recuperado, debo encargarme de sus asuntos…

—Lo sé, pero estás descuidando tu salud.

Ella entendía que los negocios internacionales del Grupo Tharanisorn estaban atravesando
dificultades debido al accidente de su hermano mayor, que necesitaba tiempo para
recuperarse.

Pero eso nunca debería ser una excusa para que su pareja descuidara su propio bienestar. A
medida que envejecemos, debemos cuidar nuestra salud, y Pat estaba completamente
ignorando su condición. Incluso había olvidado que aún necesitaba controlar una
enfermedad crónica. Los negocios de la familia Tharanisorn eran importantes, pero ¿valía
la pena sacrificar su propia salud por ello?

—Lo siento…

—¿Cuántas veces me has pedido perdón por esto, Pat? Sabes bien que debes tener
cuidado…

Con la voz seria y la mirada llena de preocupación de la doctora Premsinee, Pat solo podía
pedir disculpas cientos, miles de veces, antes de abrazar con fuerza a la mujer que
descansaba entre sus brazos.

Ese era el corazón de la doctora Premsinee.

Un corazón que no era tan fuerte como el de los demás.

—Te amo, P’Prem.

La doctora incluso frunció el ceño ante quien acababa de inclinar la cabeza para confesarle
su amor. Cada vez que sabía que había hecho algo mal, Pat decía “te amo”, y acompañado
de un dulce beso, la ira y el enfado de ella se desvanecían poco a poco.

—Estás enfadada…

—No te enfades conmigo, doctora. Mañana prometo portarme bien, seguir cada instrucción
que me des… Ahora solo quiero dormir. P’Prem, ¿me abrazas?
—Ya tienes más de cincuenta años y todavía te comportas así… ¿no te da vergüenza frente
a los niños?

—Aunque tenga ochenta, seguiré así, P’Prem. Además, Pammy ya no tiene tiempo de
entrometerse en los asuntos de Mommy.

—Cuida más de ti misma, ¿de acuerdo? Todavía me tienes a mí y a los niños aquí.

Le decía eso con sincero cuidado, abrazando a su pareja. Durante los últimos dos meses,
Pat se había desmayado tres veces. Aunque los resultados médicos eran normales, eso era
una clara señal de alerta.

—Te amo, P’Prem.

—Yo también te amo… Ahora duerme, querida.

Esa voz suave, acompañada de un ligero roce de labios sobre los de Pat… ¿cómo podría Pat
no sonreír? El cansancio acumulado hizo que la hermosa actriz, que alguna vez interpretó a
la villana, se sumiera rápidamente en el sueño. La doctora Premsinee, por su parte,
continuaba acariciando suavemente su cabello, con un amor que nunca había cambiado.

Desde el primer día en que decidió amarla hasta ahora, ese amor no se había desvanecido.
Sería mentira decir que nunca habían discutido. Había desacuerdos, pero cada vez que
surgía un problema, ambas elegían hablar para solucionarlo. Nunca permitían que los
malentendidos duraran demasiado.

Pero en ese momento, lo que más preocupaba a la doctora era la salud de Pat. Ayer Pat
había tenido un poco de fiebre, y aunque mejoró tras medicarse, tras noches de desvelo,
Premsinee no podía quedarse tranquila y se vio obligada a sentarse en el despacho para
crear cierta presión.

Y parece que su preocupación se hizo realidad. Alrededor de las dos de la tarde, recibió una
llamada de una amiga que le informó que su pareja se había desmayado por fiebre alta en la
sala de reuniones y que estaba siendo trasladada al hospital para revisión.

Trabajar demasiado, trasnochar varias noches consecutivas, descansar poco… no era de


extrañar que Pat enfermara y tuviera que ser hospitalizada. A esta edad, ¿no merecía una
buena reprimenda por insistir en el trabajo y descuidar su salud?

—Doctora Premsinee…

—Secretaria, vaya a descansar. De ahora en adelante, me encargaré de su jefe.

La doctora Premsinee sonrió a la secretaria de su pareja y luego se acercó a la cama,


observando a quien dormía profundamente. Su mano delgada acarició suavemente el rostro
cansado de Pat, llena de amor y preocupación profunda. Pat estaba lo suficientemente
enferma como para necesitar hospitalización con suero. ¿No era suficiente motivo para
regañarla? A esta edad, debía aprender a cuidar mejor de sí misma.

—P’Prem…

—¿Cómo te sientes?

Había dicho que regañaría, que se enfadaría, pero al escuchar la voz ronca y ver los ojos
cansados de su pareja, la doctora Premsinee solo colocó suavemente la mano sobre su
frente y besó su mejilla con un gesto lleno de ternura.

—Me duele la cabeza.

—Si tomas medicina y descansas, te sentirás mejor. Pat, ¿puedes descansar un poco más,
por favor?

—¿P’Prem, a dónde vas?

—Tengo que llamar a Pammy. Ya me ha llamado dos veces.

La paciente cerró los ojos de nuevo. Tras comunicarse con su querida hija, la doctora
Premsinee se sentó al borde de la cama, observando a su pareja enferma. La condición de
Pat no era grave: solo fiebre alta por agotamiento. Pero aun así, Premsinee insistió en
realizar un chequeo completo, lo que hizo que su amiga negase con la cabeza y le dijera que
estaba preocupándose demasiado. Pero ¿cómo no preocuparse?

—Si Pat ya no estuviera… ¿cómo viviría yo?

Sabía que algún día una de las dos tendría que irse primero. Pero nunca podría prepararse
para ese momento. Aunque la edad avanzara, no quería que eso ocurriera. Especialmente
sin haber podido decir adiós, sin haber pronunciado el “Te amo” por última vez.

Amaba a Pat tanto que, si tuviera que separarse para siempre…

Su único deseo sería poder decir “Te amo” antes de que fuera demasiado tarde, aunque
fuera solo una vez.

—Te amo, Pat. ¿Podemos estar juntas mucho tiempo más?

Si en ese momento la paciente despertara y escuchara esas palabras, seguramente secaría


las lágrimas de la doctora Premsinee y le diría:

—Estaré contigo, P’Prem. Siempre estaré contigo.

La doctora apoyó suavemente su mejilla contra el rostro de Pat, escuchando los latidos de
su corazón. Sonrió, una sonrisa que surgía del propio corazón de Pat. Deseaba que cada día
pudieran estar juntas, cuidándose, siendo compañeras de vida, formando una sola parte la
una de la otra hasta que alguna de las dos tuviera que partir.

La puerta de la habitación se abrió, y una voz familiar hizo sonreír a Pat. Eran más de las
seis de la tarde. Cuando despertó, su querido doctor todavía estaba sentado a su lado. En
ese momento, su hija y su nuera también habían llegado, llenando la habitación de hospital
de vida y calidez.

—¡Pammy ya compró todas las cosas que a Mommy le gustan!

—¿No había llamado Mama Prem para pedirlas antes, hija?

La doctora Premsinee no pudo evitar bromear con su hija mientras ésta se acercaba a la
cama, y al mismo tiempo, la madre y la nuera acomodaban los objetos que habían traído.

—Aunque Mama Prem no hubiera llamado, yo sabía lo que le gusta a Mommy cuando está
enferma.

—¿Estás segura?

—Al cincuenta por ciento…

—Yo entiendo a Mommy al cincuenta por ciento, pero Mama la entiende al cien por cien.

La doctora Premsinee bromeaba mientras acariciaba suavemente la cabeza de su hija. Sabía


que Pammy también entendía lo que su madre necesitaba cuando estaba enferma, pero ella
conocía cada detalle, y por eso había llamado a Pammy dos veces para dar instrucciones.

—Mommy, no mires a Mama Prem así.

—¿Por qué? ¿Tienes celos, hija querida? —Aunque Pammy ya era grande, seguía sintiendo
celos de la doctora Premsinee. La doctora Prem solía decir que Pammy era como un reflejo
suyo, sobre todo en lo de los celos. Por supuesto, porque ambas querían mucho a la doctora
Premsinee, Pammy no iba a compartirla fácilmente.

—Mommy…

—¿Qué pasa, hija querida? —El tono repentinamente serio de Pammy hizo que la doctora
Premsinee la atendiera de inmediato. La tomó en brazos en cuanto escuchó lo que Pammy
iba a decir. Probablemente era la primera vez que Pammy sentía miedo hasta el punto de
llorar.

Miedo… al sentimiento de pérdida.

Miedo… a no poder estar más en los brazos de Mommy.


—Mommy, tienes que cuidar mejor de tu salud. No quiero que te enfermes…

Pat abrazó a su hija, que estaba más sensible de lo habitual. Vio sus ojos hinchados. Al
tener a su hija entre sus brazos y ver las lágrimas caer, todo se volvió demasiado claro.
Desde ahora, debía cuidar mejor de sí misma, porque si algo le pasara, los que la aman
sufrirían profundamente.

—Prometo… pero ¿no te da vergüenza llorar frente a Lalin?

—No me da vergüenza, porque empecé a llorar apenas supe que Mommy se desmayó y
perdió la conciencia en la sala de reuniones.

Las palabras de Pammy no eran exageradas. Había llorado al instante al saber que Mommy
se había desmayado y tuvo que ser hospitalizada. Lalin miró a su pareja todavía abrazando
a Mommy Pat con una sonrisa tierna. Se sorprendió al ver a su niña llorando y la abrazó,
consolándola hasta que la doctora Premsinee llamó para dar la actualización. Solo entonces
pudo sentirse tranquila…

Luego, ambas salieron juntas a comprar las cosas que la doctora Premsinee había indicado
previamente.

Todo eran cosas que Pat amaba.

No necesitaban muchas palabras; solo con mirarse, entendían cuánto se cuidaban


mutuamente, recordando incluso los detalles más pequeños.

—Solo usa este cepillo, y la pasta de dientes tiene que ser esta.

—Lalin, ¿qué estás pensando? …No dejas de mirar entre Mama y Mommy.

—Las dos son muy adorables.

—¿Eh? ¿De repente elogias a una pareja de cincuenta años por ser adorable?

—La edad no importa. Mama Prem y Mommy Pat son realmente adorables… ¿Puedo hacer
una pregunta?

—Claro.

—¿Alguna vez el amor entre Mama Prem y Mommy Pat se ha desvanecido?

La pregunta de Lalin no era nueva. Ellas mismas se habían hecho esa pregunta antes. La
mano delgada de Pat acomodó la manta sobre la persona dormida, que se había quedado
dormida después de que su hija y nuera salieran a descansar un momento. La besó
suavemente en la mejilla, con ternura y amor.
La respuesta ya la sabía desde hace mucho tiempo.

No importa cuánto tiempo pasara,

El amor entre ellas nunca se había desvanecido.

—P’Prem…

—¿Te sientes mal en algún lugar, Pat?

El tono preocupado de la doctora Premsinee hizo que Pat tomara su mano y la apoyara en
su mejilla como sustituto de palabras.

—Lo siento…

—¿Lo sientes por qué, Pat?

—Lo siento por no cuidar mejor de mí… Lo siento por hacerte llorar, P’Prem. —Sabía que
la doctora Premsinee había llorado. Su persona amada seguía marcada por lo ocurrido,
aunque hubiera pasado hace mucho tiempo.

—No descuides tu salud otra vez. ¿Sabes cuánto me asusté al saber que te desmayaste?…
Si realmente consideras importantes a tu familia y a mí, no vuelvas a hacer algo así. No
pongas el trabajo por encima de tu salud.

—Te amo, P’Prem.

—Cada vez que te sientes culpable, dices que me amas con ese tono…

—Te amo mucho, P’Prem.

—Si me amas tanto, quédate conmigo mucho tiempo, ¿sí?

—Envejeceremos juntas, ¿verdad? Estaré contigo mientras quieras, P’Prem. —Besó las
manos de la doctora Premsinee repetidamente. Ahora debía reducir su trabajo, porque aún
tenía personas importantes a las que cuidar. Y lo más importante, quería sostener la mano
de esta mujer hasta envejecer juntas, sin soltarla antes de tiempo.

—Incluso si algún día no puedo caminar, ni hacer las cosas como antes, prometo…

—No solo tú, P’Prem. Debe ser nosotras… Nos cuidaremos juntas.

—Sí, nos cuidaremos juntas.


No importa quién llegue primero a no poder caminar,

Prometemos cuidarnos hasta que una de nosotras se vaya.

“¿Alguna vez nuestro amor se ha desvanecido?”

Es una pregunta que, aunque se haga cientos de veces, la respuesta siempre será la misma.

Ya sean cinco años, diez años, o solo un minuto más tarde,

La respuesta seguirá siendo la misma, inmutable.

Nuestro amor nunca se ha desvanecido.


Especial 3

Leche…

Una mañana de descanso debería ser como en muchas novelas que Lalin había leído: la luz
del sol entrando por la ventana, el sonido del despertador del teléfono. Pero para la doctora
Lalin, una mañana libre significaba ser despertada por la dulce voz de alguien acurrucada
bajo las sábanas. Últimamente, Pammy había mejorado mucho en las mañanas juntos,
probablemente porque su miedo ya no era un problema.

—Es un día libre, Pam.

—Por eso solo quiero tocar a P’Lin.

—¿Podrías salir de las sábanas? Pensé que ibas a hacer tu juego de “fantasma de la manta”
otra vez. —Lalin miró la figura que asomaba de entre las sábanas con un toque de molestia.
Sus días libres siempre se veían interrumpidos así.

Los labios suaves descendieron para un dulce beso matutino, lleno de nostalgia y deseo.
Pammy quería más, pero la mano de Lalin empujó suavemente su rostro. Sus ojos llenos de
ternura seguían mirando con amor a la mujer debajo, antes de inclinarse para morder el
pecho en lugar de los labios.

—Despierta, tienes que beber tu leche.

—Pam…

Otra vez Pam. Pero ¿cómo podía retirarse cuando la mujer debajo respondía con ese gesto
invitador, arqueando el pecho hacia sus labios? ¿Cómo podría perderse la oportunidad de
beber leche así por la mañana? Momentos como ese no eran frecuentes, así que cuando
ocurrían, había que aprovecharlos.

—P’Lin, quítate las manos de encima…

—Pam, primero tienes que mover tu rostro del pecho de chica…

—P’Liinnnnn, ¡quiero beber lecheee!

—Si quieres leche, entonces levántate. Voy a calentarla para ti. —Lalin no pudo evitar
sonreír ante la insistencia de Pammy, que intentaba sacar su mano. Una mañana llena de
travesuras, ambas como dos niñas traviesas.

—No es esa leche.


—¿Entonces cuál, Pam?

—Esta leche.

Pammy seguía intentando sacar la mano de Lalin del pecho, con ojos suplicantes llenos de
cariño. Pero esta vez Lalin tenía que ir en contra de su deseo. Ya había cedido demasiado;
era hora de ser firme. Si seguía consintiéndola así, quizá en cada habitación juntas Pammy
tocaría su pecho.

—Esta leche no es para ti. Ve a beber la leche del vaso.

—Quiero beber esta leche ahora. La del vaso puede esperar.

—Puedes beber la mía después. —Lalin no sabía si reír o compadecerse de su extraña y


adorable pareja. Ver a Pammy así era enternecedor. Su insistencia era imposible de resistir.

—P’Lin, eres realmente cruel…

—¿Yo? ¿Cruel? ¿Y tú quién eres, que siempre me tocas el pecho, mañana, tarde y
noche…? ¿No te da pena por mí? Mi pecho ya ha sido tocado demasiadas veces. —¿Quién
dijo que solo Pammy podía disfrutar? La doctora Lalin también podía hacerlo.

Las manos de Pammy rodearon el cuello de Lalin, atrayéndola hacia sí. La mirada dulce de
Pammy aceleró el corazón de Lalin. Rara vez se veía tan tierna; ¿quién podría resistirse?

—No me mires así…

—¿Por qué? ¿Cómo te estoy mirando? —Cuanto más cerca de sus labios, más notaba Lalin
el rostro rojo de Pammy. ¿Era vergüenza, o simplemente la incapacidad de ocultar su
rubor?

—Me miras como si quisieras consentirme.

—¿Y tú no quieres consentirme a mí? —Esas palabras dulces hicieron que Lalin se
derritiera. Quería mimarla tanto, pero al mismo tiempo no podía resistirse a la tentación que
Pammy le ofrecía.

—P’Lin, ¿me dejas beber leche cinco minutos? Luego hoy te consentiré todo el día. ¿Está
bien?

¿Qué tipo de negociación era esa?

Probablemente el tipo de negociación que siempre terminaba con leche.

Lalin miró a Pammy, que con sus ojos suplicantes la hizo suspirar. No estaba molesta ni
irritada, pero su pareja claramente seguía obsesionada con la leche, tocando, acariciando y
apretando su pecho sin parar. ¿Cómo podría no notarlo? Y a veces, después de haberse
satisfecho, Pammy sonreía diciendo: “Pam, ya basta,” sin darse cuenta de hasta dónde había
llegado todo.

—Pam, ¿qué tiene de especial mi leche?

—…

—¿Por qué te gusta tanto mi leche? Dame una razón razonable, o dejaré de consentirte.

—Porque es tuya, P’Lin…

—Si no fuera tu pecho, no me gustaría.

—Pero como es tuyo, P’Lin, por eso me gusta.

Claro. Muy claro. Tan claro que Pam enterró su rostro en su pecho.

No solo eso, ella misma se acomodó para que sus labios quedaran presionados contra él.

—Pam, ten cuidado, que tu cara podría quedar aplastada por mi pecho.

—No me importa que me aplaste el pecho, mientras sea el tuyo, P’Lin.

Y así fue. A este punto, la doctora Lalin solo pudo emitir un gemido suave en la garganta.

Dejar que el rostro de Pam quedara aplastado contra su pecho…

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